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Democracia siglo XXI

mes

marzo 2009

Historia del número diez

Por Teódulo López Meléndez
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Lenguaje

Cualquier psicólogo social podría dar una extensa explicación sobre la conexión entre pensamiento y lenguaje o entre estructura mental y expresión lingüística. Cuando el lenguaje se desvirtúa toda la psiquis colectiva se desmorona. Cuando ya lo que se dice carece absolutamente de importancia se ha llegado al extremo de la barbarie, al hombre primitivo, al mantenimiento de los lazos sociales basados exclusivamente en la alimentación, en la satisfacción de las necesidades primarias y elementales, como los pueblos de la edad de piedra.

Cuando se llega a estos extremos el pensamiento no pasa sino por la sobrevivencia, por los rasgos elementales, se pierde toda conexión racional, prevalece el instinto, desaparece toda posibilidad de estructuración de conceptos.

El irrespeto continuo, la dicotomía absurda, el maniqueísmo llevado al grado de doctrina de Estado, convierte a un país en un rebaño, pero con una advertencia, uno que pasa por una rebelión subyacente, en estado de letargo momentáneo. La praxis política no se destaca de esta anonimia. Pero es que la falta de imaginación, la imposibilidad de romper el enclaustramiento maniqueo y sesgado, es lo que caracteriza a la Venezuela de hoy.

Hay que aprender a deletrear el alfabeto, a conocer cada letra en todas sus posibilidades, a formar sílabas y de allí pasar a las oraciones. Analfabeta no es sólo quien no sabe leer y escribir, analfabeta es el incoherente. Hablo de política, claro está.

La forma es tan importante como el contenido. En muchas ocasiones la exploración de la forma se sobrepone a la realidad aparente. Quien no maneja la forma entierra pilares en lo inconsistente. Una de las formas sustentables de la política es hacerla capaz de generar realidad.

Lo real no puede separarse de la forma. Cuando algo resiste a la mirada de quien quiere transformar o sustituir hay que aprender a superar la capacidad de resistencia que opone y ello pasa por sembrar de manera tal que las posibilidades se hagan muchas. Para ello se requiere creatividad, porque cuando se riegan formas creativas se multiplican las opciones y las alternativas.

Lo que vivimos en Venezuela se asemeja cada día más a una manifestación de fidelidad a la miseria. Esta realidad tiene variantes psicosociales y políticas. Este régimen se encontró un país naturalmente propenso a ser hipnotizado, es más, se encontró con un país que quería ser hipnotizado. La protección que sobre él habían ejercido los gobiernos democráticos se había resquebrajado, diluido y evaporado. El gran padre es, en la historia universal, el que restituye, el que venga, el que tiende su manto asistencialista mediante el cambio de nombre de todo y con la cobija verbal arropa y da calor. Toda la escenografía converge a la creación del ambiente de ilusión, siendo el teatro “Teresa Carreño” el ejemplo más claro y preciso: ese espacio ha sido convertido en la gran sala de ópera de la revolución. Lo que quiero decir es que, ante la incapacidad de construir sus propios escenarios, el proceso-cambia-nombres se apodera del espacio de lo anterior porque ese espacio ya forma parte de la imago colectiva y con banderas y el uso monótono de un color transfiere a la masa la sensación episódica de una aventura revolucionaria de la cual bien vale la pena formar parte. Los códigos son simples, primitivos diríamos, dado que se recurre más que al uso de las viejas maneras de los fascismos del siglo XX a un ejercicio propio de lo tribal, en el sentido de hacer entender a la gente que hay un nuevo manto protector que para ser adquirido sólo requiere pertenencia, llámese militancia. La mejor prueba de este aserto es la constante afirmación de que ser rico es malo: con esta afirmación lo que se quiere es retrotraer a la población venezolana a unos supuestos fundamentos del ser humano, a un supuesto estado de carencia de las originarias construcciones humanas.

Esto es, estamos ante planteamientos que nos remiten a trasnochos que ya ni siquiera pertenecen al siglo XIX sino que van más atrás, a los orígenes mismos de la investigación sociológica cuando comienza a analizar la agrupación de los hombres en sociedad. Se quiere organizar este país sobre la base de una solidaridad primitiva y para ello se le advierte a los objetivos del experimento que allí en el horizonte hay una preñez de peligros que sólo el gran organizador puede conjurar con “camisas rojas”, con discursos que mantienen a raya a los monstruos que se asoman. Este país se convierte, entonces, en una tribu apretujada de gente asustada-emocionada-ilusionada que cree haber encontrado la protección requerida.

La paradoja de este planteamiento de regreso a lo cuasitribal está, en primer lugar, en que arrastra a su oponente a la misma atmósfera mental y, en segundo lugar, lo que constituye lo más grande del ángulo paradójico, es que hace imposible el regreso al pasado que se pregona desde ambas partes. He allí el encierro en un alfabeto con cuyos elementos no se sabe construir frases y conceptos: no hay códigos sustitutivos, nadie sabe lo que es el mañana, nadie tiene el manejo de lo que política se llama “los tiempos”, nadie logra articular frases, la forma, para hacerle entender a un país cohabitante con un espasmo de retorno temporal y espacial, que la palabra futuro aún se conserva en el diccionario y en el campo de las posibilidades.

Mentira

Hemos llegado a la disolución del lenguaje en el pozo séptico de la mentira. El país está mudo porque la palabra es apenas un ruido estrambótico, un extraño sonido gutural que nada significa ni nada pretende, a no ser eso mismo, ruido. Parecemos una sociedad que involuciona tan aceleradamente que reduce sus formas de expresión a los signos más elementales y a los murmullos inarticulados. Podríamos exagerar diciendo que nuestro retroceso es tan pronunciado que pronto intentaremos los mensajes indispensables mediante movimientos de las manos señalando objetos o tal vez con movimientos insonoros de los labios que cual pico abultado señala aquello que antes identificábamos con palabras.

Estamos reduciendo el proceso lógico de la mente a pocas frases aún articuladas como latiguillos, como por ejemplo, “eso es culpa del imperio”. El empobrecimiento del lenguaje ha llegado a los extremos de cortar la articulación que solíamos llamar pensamiento. Ya no hilvanamos frases, ya no identificamos sujetos con palabras, ahora soltamos sonidos que no provienen de un trabajo cerebral de producción de ideas. No, ahora simplemente se dice eso es “terrorismo mediático”.

Así, el país ha ido perdiendo la capacidad de pensar. “Pensamiento” es quizás, y no más, esa planta herbácea de la familia de las violáceas. Imaginar y discurrir ya no es la acepción de la palabra “pensamiento”. O tal vez, en una olvidada acepción, pensar no es más que echar pienso a los animales. Este país, entonces, carece de pensamiento en las acepciones generalmente aceptadas para reducirse a algunas antiguas en desuso, pero más grave aún, ya carece de la palabra que es la expresión sonora de ese antiguo proceso que hilvanaba con coherencia lo que en otro tiempo se llamaban ideas.

La verborrea no es muestra del uso del idioma. La verborrea es comprobación de la imbecilización de la vida diaria de una sociedad que se ha quedado sin expresión. Hemos sido agredidos de tal manera que “pensar” no es más que echar alimento a los “animales” desde los puertos abarrotados por una agricultura de petrodólares, lo que se denomina en este particular lenguaje de una sociedad sin palabras, “seguridad alimentaria”.

En el terreno de la política, uno donde las ideas son elementales para evitar que esta actividad sea algo más que un macho vencedor que organiza la manada, es donde la pobreza del lenguaje –más que pobreza, esta desaparición del lenguaje- nos muestra a un país subsumido en el silencio, uno donde todo está por decir y que, paradójicamente, parece que no tiene nada que decir. La banalidad es la forma de expresión “vincente”. Nadie dice nada, en el sentido de que la expresión tenga coherencia, lógica o propósito (en el sentido de que se busca un objetivo adecuado u oportuno), pues jamás podemos considerar como tal el abochornamiento en la pérdida de la expresión.

Si la palabra (o mejor, su sustituto) es utilizada como ingrediente para fosilizar, para envolver momias, para endurecer la muerte bajo el cuidado de vendas, podemos afirmar que este país ha sido convertido en un cadáver curtido. Nos han convertido este país en un amontonamiento de hierbas paralizantes donde estas han perdido hasta el aroma, pues mientras camino por la parroquia donde vivo es el olor a basura descompuesta lo predominante, tan descompuesta como el remedo de lenguaje que nos va quedando hasta que definitivamente entremos sólo a producir chillidos.

La expresión y el pensamiento van de la mano. Un país que no piensa no puede superar sus conflictos del momento. Se convierte en un país mudo, como somos ahora, uno que asiste impávido a las barbaridades guturales, sin capacidad de reacción, paralizado y entretenido en la pérdida del lenguaje, pérdida que contribuye a la “felicidad” de la inconciencia, como un autista que mantiene un pararrayo que detiene los sonidos molestos.

No, ya no hay palabras en este país. Ya este país perdió el lenguaje. El país no puede hablar porque perdió el pensamiento. Terminaremos de ser autistas cuando se aplique en la educación el nuevo pensum. Entonces aprenderán nuestros niños que hay lagunas históricas, que hay grandes períodos de nuestra historia que no existieron, se internalizará en nuestros niños que la historia es una invención, que no es más que ficción entretejida en la verborrea –que es silencio- del poder enclaustrado.

Atmósfera

Venezuela se ha convertido en una agencia de publicidad. Lo que prevalece es el decorado, la forma de vender el producto, la repetición de la “cuña” publicitaria. El producto que se vende es la revolución bolivariana-socialista-endógena-indoamericanana. Así se ha construido sobre el territorio nacional una inmensa campana de plástico. Hemos pasado a ser un espacio cerrado, uno donde no hay circulación del aire, uno donde las exhalaciones van viciando lo que respiramos. Nos hemos convertido en plástico con un escenario de cartón piedra y anime. Vivimos inmersos en la repetición constante de esta publicidad por parte de un gobierno que no gobierna sino que se vende.

Esta campana es impermeable, no permite la circulación del aire, la entrada de aire renovador; en verdad hemos llegado a un punto donde no tenemos exterior, lo que tenemos sobre esta campana son ventanas pintadas con escenas de exterior. Los publicistas dibujan sobre el plástico. Todo lo damos por supuesto, lo que implica una tarea descomunal que no es otra que la de reinventar lo supuesto. Los venezolanos miramos los dibujos y no nos hemos dado cuenta que son dibujos, que esto no es más que una campana. La normalidad no es otra cosa que el envenenamiento progresivo con el aire contaminado que se presenta como no renovable. Lo supuesto se ha establecido con todo su peso y los organismos que somos nos movemos en una cámara lenta impuesta por el estupor del aire contaminado. Carecemos de la capacidad de reinventar lo supuesto y, en consecuencia, languidecemos en la falta de imaginación, en la ausencia de pensamiento, en la imposibilidad de un esfuerzo por perforar la burbuja en procura de aire fresco, en la incapacidad aplastante de negarnos a dar por ciertos los dibujos simuladores de lo real exterior.

Atontados como andamos por la falta de oxígeno, por el envenenamiento del aire de la campana donde estamos encerrados, caemos en la rutina del horror, de uno permanente. Explicar significa hacer entender al paciente melancólico la causa de su melancolía, hacerle entender que se hipnotiza con el aire viciado, que es necesario hacer brotar la creatividad desde los restos de energía y que es necesario reinventar, redescubrir, reformular.

Mimetismo

Parecemos vivir en un tiempo atemporal, valga la magnífica paradoja, magnífica sólo como paradoja, puesto que como realidad es muestra de una inconsciencia profunda. Venezuela parece sumida en una profunda incapacidad para ser de este tiempo. No hacemos cosa distinta de retroceder. Es siempre hacia atrás que marchamos y todos los esfuerzos de contemporaneidad parecen caer en un pozo sin fondo donde se deslizan ad eternum.

Hay algo que hala a este país hacia el pasado. No pretendo explicaciones de psicología social, sólo constato. Nuestra incapacidad para ser de este tiempo se debe a que no tenemos herramientas para ser de este tiempo. Nos lleva a olvidarnos de lo que conseguimos como país y así regresar al pasado. Pareciera que nos sentimos cómodos en el pasado. Nuestros impulsos son hacia atrás, a las viejas consignas, a los viejos procederes, al mimetismo psicopático, a recomenzar todo imitando lo que sucedió.

Rosanvallon menciona a Marat para ejemplificar una imagen biliosa del mundo. Esto que nos hala hacia el pasado, esta incapacidad manifiesta de caminar hacia delante, este gatear hacia atrás como hacen algunos bebés, implica una carencia intelectual, conceptual, de pensamiento, simplemente abismal. Se nota en el lenguaje, el primer punto a analizar si se quiere un diagnóstico. Hablamos mal, en todas partes y a todos los niveles, hablamos con el tono de la ignorancia. El liderazgo que aparece repite consignas de hace 40 años. El gobierno que tenemos sólo quiere parecerse al pasado. Esta república desanda, retrocede, recula, repite. Esta república marcha hacia cuando no era república. Volvemos a ser una posibilidad de república, una harto teórica, harto eventual, harto soñada por los primeros intelectuales que decidieron abordar el tema de esta nación y de su camino. Nos están poniendo en un volver a reconstruir la civilidad y en el camino de retomar el viejo tema de civilización y barbarie.

Extravío

La sociedad venezolana anda mal, en sus modos de comportarse, en sus modos de expresión política, en su lenguaje, en sus reacciones.

Los venezolanos padecemos de una especie de regeneración de genes totalitarios. Parecemos querer exterminar al diferente. El lenguaje político es una competencia de banalidades.

Este país ha sido reducido al rasero. Ese igualitarismo venezolano aparentemente provechoso y dañino en muchos aspectos, nos ha puesto a todos, o a casi todos porque las excepciones son virtudes, a hablar el mismo lenguaje de abajo, del sótano de la historia, del pasado. Montarse sobre aquél de quien queremos salir sólo se puede mediante el uso y la implementación del lenguaje del futuro, de los planteamientos del por venir, de la oferta creativa lanzada hacia formas innovadoras de gobierno y al estímulo de formas inventoras de cultura.

Entendemos el afán por salir, pero sólo anotamos que no basta ese afán, si queremos que no se produzca un retorno y si queremos ir hacia las fuentes reales de este período de nuestra historia para secarlas y evitar que el interregno sea breve e ilusorio. Y hacia donde debemos ir es hacia los extravíos de la sociedad venezolana, sobre los mitos, traumas y resabios aparentemente insertados en su propia cadena de ADN. Esta sociedad presenta resquebrajaduras serias que el resabio ha aprovechado, ensanchado, estimulado y llevado a doctrina de estado. Esta sociedad es egoísta, presenta herencias atávicas, no ha sabido asumir el reto de ciudadanía política que la aparición del brote decimonónico le ha impuesto. Es por ello que no ha generado los líderes necesarios y es por ello que se debate de fracaso en fracaso. Sin criterio político reproduce situaciones, se deja manipular impunemente, vive de la quema de adrenalina en la hoguera de la inutilidad.

La aberración política que vivimos está sembrada, con profundas raíces, en un extravío nacional, en una pérdida de brújula, en unas enfermedades sociales profundas. La inseguridad proviene de un asomo de revolución que ha estimulado al hampa con sus desplantes, pero el hampa –sintiéndose liberada- actúa para demostrar patéticamente que actúa porque ese asomo que le permitió salir a flote es imposible, falso y maniqueo. Mencionado el ejemplo del hampa basta mirar hacia la pequeña turba que ataca las caminatas del oponente. En una campaña electoral se dice que el hecho de que el candidato no oficialista camine por una barriada es una provocación. Sólo tal planteamiento bastaría para indicar la perversión a la que hemos arribado. Podríamos elencar sin fin, pero el asunto a destacar que es todas las aberraciones son posibles porque estaban latentes en la sociedad venezolana.

Nuestro mestizaje, elogiado por Uslar Pietri con muchísima razón, está pereciendo a punto de colapso. Detesto esa palabra “polarización” que los inteligentes maestros de evitar guerras civiles y todo tipo de conflictos sociales, usan como latiguillo. Mestizaje no lo es sólo de razas, sino, fundamentalmente, de culturas, de estilos de vida, de mitos y leyendas, de comidas, de estructuras mentales. Es ese mestizaje enriquecedor el que se rompe ante nuestros ojos. Lo que está aquí sembrado es un fundamentalismo, uno donde las culturas y las estructuras mentales se separan, lo que indica un proceso disolutivo que hay que detener so penar de pagar con destrucción. Es necesario un esfuerzo de reintegración sobre nuestras virtudes impulsadas con un proceso regenerativo del lenguaje, de las actitudes, del liderazgo, de los planteamientos, de ese innumerable concepto que denominamos cultura.

Cultura

Los “invitados predilectos” repiten ideas del pasado, obsoletas, periclitadas. He escuchado, a quien pretendía convencer a la gente de votar, el argumento de que la política se les meterá igual en la casa y que no intenten una escapatoria. La política, así vista, es algo desagradable de lo cual se huye. El planteamiento es al revés, la política debe salir de las casas e impregnar el entorno. Cuando esto suceda tendremos una república de ciudadanos. La insistencia sobre la política como algo desdeñable está inserta en la psiquis de estos “predilectos” que copan los programas de opinión televisados. Esto escapa al territorio de la anécdota para pasar a ser una perversión, dado que implica una población desarticulada y sin capacidad de vigilancia sobre la esfera pública, aparte de una concepción desdeñosa que ha permitido el desleimiento de la representación y el crecimiento pasmoso de la indiferencia por la democracia.

Argumentos como este confirman la existencia de una “cultura política” vacua, absolutamente al margen de estos tiempos, deformada y deformante. Limita la política a los profesionales de la actividad y reduce toda ingerencia ciudadana al acto de votar. Esta concepción encarna el pasado, reproduce todos los vicios que debemos eliminar para avanzar hacia una democracia del siglo XXI. La actividad ciudadana debe estar centrada en numerosos puntos de alarma que se encienden produciendo una cadena de reacciones. La vigilancia ciudadana sobre la representación ejercida debe pasar a ser algo tan natural como lo fue en el pasado –al menos para una parte de la población- el estar informados. Esta nueva mirada que he denominado “cultura de la comunicación” no equivale a un estado hipersensible ni de permanente conflicto, sino a uno introyectado en un cuerpo vivo.

Mientras los viejos conceptos mantengan el control absoluto de la política, una divorciada de los intereses colectivos, ajena a todo control de vigilancia ciudadana, una que le permite actuar a sus anchas como dueños y señores de una actividad que les ha sido conferida por delegación del cuerpo social, no saldremos de la crisis. Frente a estos repetidores de oficio hay que plantear, como respuesta contundente, lo que bien podríamos llamar una reapropiación de la política por parte de los ciudadanos. Ello conduciría, qué duda cabe, a un elevamiento de la calidad del debate público, al surgimiento de un contrapoder que oponer a quienes ejercen el control de las instituciones del Estado.

Hay que cambiar el desprestigiado concepto de “opinión pública” por el de “atención pública”, pues esta última implica un estado permanente de vigilancia, lo que no significa, como he dicho antes, un estado de exaltación generalizada y permanente, sino de tranquila y consuetudinaria acción de la ciudadanía.

Sólo con una cultura de la comunicación reemplazando a una cultura de la información será posible meter en cintura a estos “dirigentes” prevalidos del poder massmediático. Si recordamos el viejo concepto del permanente esfuerzo ciudadano frente al poder, habrá que decir que los medios son un poder tremendamente usurpador, tanto como el viejo poder encarnado en el gobierno que ejerce de ejecutor teórico de los designios del estado y, en consecuencia, hay que resistirlos.

Hay que crear nuevos “campos de historicidad”, para utilizar palabras de Alain Touraine. Ello implica abandonar viejos temas que los “invitados predilectos” insisten en poner sobre el tapete evitando una discusión seria sobre los nuevos modos de ser del cuerpo social. Ello implica formas innovadoras de movilización de recursos para afrontar los abusos de poder, sea de los gobernantes formales o de los informales representados por los medio radioeléctricos alzados por encima de los ciudadanos. Los medios deben ser instrumentos para expresar con mayor alcance las acciones contraloras ejercidas por el cuerpo social. Si los medios ejercen una función pública deben estar bajo la observación de los ciudadanos al igual que los poderes del Estado. En otras palabras, los medios deben ser órganos de la “atención pública”, es decir, deben tener sobre sí a ciudadanos vigilantes. Es este el contrapeso requerido, el equilibrio necesario.

Militarismo

La celebración de un desfile militar para conmemorar un intento de golpe de Estado es ya, en sí, una afrenta. Reservistas gritando “Patria, socialismo o muerte” y la colocación en las puertas de los cuarteles de letreros con esa consigna, tal como lo demuestra la fotografía publicada por un diario nacional, nos hace ver que la Fuerza Armada Nacional es tratada no como tal, sino constreñida a ser el ejército de una facción en el poder, o tal vez deberíamos decir de una “falange” en el poder, o quizás deberíamos decir de un “fascio” en el poder. La colocación, por vez primera desde Pérez Jiménez, de la banda tricolor presidencial sobre un uniforme militar elimina toda duda sobre esta realidad.

Leo Hitler, del historiador inglés Ian Kershaw. ¿Desfile militar para celebrar un golpe fallido? Hitler lo hacía cada año para “gloria” del fracasado de 1923. Leo en el libro de Kershaw como, desesperados, los militares alemanes se miraban los unos a los otros y argumentaban “el pueblo está con Hitler”, para volver a la parálisis total y a la resignación, aún a sabiendas de que el camino que seguían conducía a la destrucción de Alemania. Este libro del historiador inglés es el mejor ensayo que he leído sobre la locura colectiva, de cómo se dejaron pasar “pequeñas violaciones” en aras de la reconstrucción de la grandeza alemana, de cómo se recurrió a la “vista gorda” ante los “éxitos” de Hitler, perdonándole así sus desvaríos. Leo aquí como la oposición al régimen fue aplastada hasta convertirla en nada, proceso que comenzó con la Ley Habilitante que Hitler hizo aprobarse en 1933 con el nombre de “Ley para la protección del Pueblo y el Estado”, bajo el argumento de que era necesaria la rapidez para avanzar con la revolución nacionalsocialista.

Estas más de 2.500 páginas del Hitler de Ian Kershaw, originalmente publicado en inglés en el 2000 y en español en el 2002, demuestran como 60 años después de la tragedia alemana aún faltaba mucho por decir. Especial interés revisten las contradicciones internas del régimen nazi, las pugnas por la obtención de cuotas de poder, las oportunidades desperdiciadas por los hitlerianos para desembarazarse de Hitler. Cuando un régimen acumula tanto poder y se centra en la figura de un caudillo, toca a las propias fuerzas internas tomar decisiones. Lo que hay que recordar es que esas fuerzas internas existen.

Con la lectura de Kershaw uno se da cuenta que el poder totalitario no es una roca indestructible como aparentemente luce. Las conspiraciones estaban al orden del día y, una de las cosas más interesantes, a pesar de la SS, Hitler no se enteró, ni siquiera que el propio Jefe del Estado Mayor, el fiel seguidor, era el líder de una de ellas. Las implosiones vienen de la estructura misma del poder totalitario, implosiones siempre vivas y al borde de encenderse. Los éxitos sin disparar (Austria, los Sudetes) mantuvieron al Führer en el prestigio. Después los militares alemanes tuvieron que pelear y las docenas de conspiraciones para derrocar a Hitler se fueron disipando. Militar en guerra no conspira, a menos que la guerra conduzca al suicidio.

Las contradicciones, los apetitos desatados, los deseos de poner término a la situación indeseable, no son visibles en el poder totalitario. Este parece, hacia fuera, una roca inconmovible, pero adentro es una jaula donde las pasiones siempre están al rojo vivo. Es, al menos, lo que uno concluye leyendo Hitler de Ian Kershaw.

Mito

Los elementos que se acumulan en un sumario político no desaparecen, más bien establecen vinculaciones entre ellos como si una correa trasmisora imitara los procesos biológicos. Nada de lo que ha sucedido ha sido absorbido inocuamente. Todo toma su tiempo, desde la formación de una estructura endurecida hasta la aparición de la fiebre como manifestación de enfermedad.

Este país ha crecido desmesuradamente sin que se tomaran precauciones en ningún campo para atender a los nuevos requerimientos. La vialidad está colapsada, la asistencia hospitalaria igual, la prestación de servicios elementales como el de la basura igual. Nadie ha planificado, por ejemplo, el crecimiento urbano y a cualquier parte de este país que uno vaya no encuentra otra cosa que caos.

Hechos políticos más desidia en la ausencia de planificación conforman este cuadro que bien podríamos llamar la Venezuela caótica. La Venezuela caótica es un cuerpo enfermo y tras la apariencia de normalidad, prefabricada incluso por quienes se refugian en los límites de sus propios intereses, yace una enfermedad que nadie diagnostica y muchos menos somete a tratamiento.

La enfermedad se ha ido desarrollando de manera lenta, acelerada por momentos por acciones concretas de parte del gobierno, acciones que, en alguna ocasión, califiqué como una sucesión ininterrumpida de pequeños golpes de Estado. Mirar el país como una totalidad es un ejercicio de pensamiento ausente. Pocos se dedican, aquí y allá, a determinar algunos síntomas o a señalar algunas ulceraciones. El cuerpo social revienta en múltiples protestas, aisladas las unas de las otras, que son aplacadas como casos puntuales, como si en el fondo no tuvieran relación entre sí.

La respuesta que se encuentra frente a tantas muestras sintomáticas es la del mito consolatorio. El llamado al optimismo, a la fe, a la convicción de que se hace lo posible, es una especie de rosario cantado por quienes carecen, en primer lugar, de visión lo suficientemente profunda y, en segundo lugar, de capacidad para diagnosticar y responder ante un país al que no entienden y ante el cual se comportan como si la transformación hacia la enfermedad no existiese y ante el cual son absolutamente ineptos para introducirse con un monitoreo agudo y efectivo.

Las células de este cuerpo comienzan, así, a tomar el comportamiento que la enfermedad les impone. La hinchazón de este cuerpo es ignorada y los tristes protagonistas de estos sucesos llamados historia presente que vivimos brillan por su ausencia en cuanto a centrarse en los elementos que podrían descongestionar las tupidas vías respiratorias de la república.

Nada pasa en vano. La desmemoria colectiva no es suficiente para incluir en la nada la cadena de hechos que vivimos y estamos viviendo. Vamos, por lo tanto, hacia las consecuencias. Cualquier estudioso de los procesos sociales que no estuviese imbuido por los hechos políticos contingentes y lograse mirar un poco más allá, tendría que concluir que la metástasis está cerca. Hay un ingrediente tranquilizante, una pastilla para los nervios llamada elecciones a cada rato, un aplacamiento del dolor de cabeza que siempre se produce ante el llamado a las urnas electorales, pero se olvida que el efecto de los químicos es limitado en el tiempo y que cuando pasa reaparecen los dolores de manera ilimitada. Se olvida, por ejemplo, que el “Caracazo” se produjo pocas semanas después de unas elecciones donde se había producido un cambio de poder tal como se producía en esa época y que el cuerpo social enfermo no concedió ningún tiempo al nuevo gobierno para enfrentar los males.

Hemos estado viviendo durante una década una ruptura vertical entre partidarios y adversarios del gobierno. Esta ruptura bien podría ser sustituida por una horizontal, una que no distinguiría entre partidarios y adversarios, una que quedaría superada por un retorno a una identidad reconstruida sobre los intereses comunes. El elemento determinante bien puede localizarse en la ineptitud obvia de los dirigentes de ambos bandos. Escuchar a los dirigentes del partido oficialista, a los altos funcionarios del gobierno o a quienes ejercen como sus voceros extraoficiales en los medios de comunicación del Estado transformados en apéndices radioeléctricos de una secta, conlleva a concluir que los preside una ignorancia patética. No saben gobernar, no saben dirigir, dependen exclusivamente de la voz del caudillo que dicta dicterios (cacofonía intencional de mi parte), hasta llegar a una especie de ingenuidad patética resultante de una incapacidad abisal. Al mismo tiempo se escucha a los dirigentes opositores (más grave aún, se les ve) en una absoluta incoherencia que no tiene nada que ver con unidad o no unidad, que tiene que ver con una mediocridad rampante, con una incultura profunda, con una separación radical del tiempo que vivimos, con una ausencia total de pensamiento, inmersos en una manera de actuar que no tiene parentesco ninguno con una idea ni con una visión de la nación que todavía conformamos.

El país está en malas manos y el país se está dando cuenta. Y el país no va a distinguir entre quienes están con una fractura vertical que todos los estudios indican cansa ya hasta la obstinación. Ahora el conflicto conyugal se traslada a otro escenario, a la de un país conjugado abajo que mirará hacia arriba y dirá que el marido no le sirve y el marido se llama dirigentes, de todos los signos y colores. El reventón podrá transformarse en brote anárquico y ante este cuadro de república enferma donde no es posible tomar previsiones es bastante probable que ello sea lo que suceda. Si es así, entonces sí que viviremos una revolución.

Falsificación

Hay que iniciar una operación de salvamento de los principios. Hay que rescatarlos de las fauces voraces que los han prostituido. Los principios correctos deben ser rápidamente reivindicados. Hay que organizar con toda rapidez la operación de salvamento antes que la nave se hunda y pretenda llevarse al fondo del océano los planteamientos correctos, de tanto haberlos degenerado, de tanto haberlos utilizado incorrectamente, de tanto haberlos extrapolado hacia la locura. Los básicos de la libertad y de la democracia, entendidos no como parabas hechos de granito, sino como un proceso permanente de vuelo hacia la justicia y la equidad.

Hay que revalorizar los principios de una economía social inclusiva, con diversas formas de propiedad conviviendo pacíficamente. Hay que sacar a flote al Derecho, entendido como una construcción jurídica que procura una conformación social para la equidad. Hay que poner sobre el salvavidas la concepción de ciudadano que interviene y participa y recurre a toda forma de organización para hacer sentir su voz.

Tenemos que utilizar agua y jabón para devolver su transparencia prístina a todo lo verdadero que ha sido enlodado con el menjurje de la equivocación, del pasticcio ideológico mal asimilado, de la arrogancia unipersonal elevada a calidad de dogma.

Hay que salvar la idea del cooperativismo, principio y norma universal, ahora señalado como generador de empresas que tienen aspiraciones capitalistas de obtener ganancias y que, por ende, deben entrar en proceso regresivo. Hay que reivindicar al cooperativismo, como forma de asociación de ciudadanos en procura de objetivos comunes de producción y de consumo.

Hay que advertirle rápidamente a aquellos a quienes han llamado demagógica y genéricamente “pueblo” que serán elevados a una mejor condición, a la de poder ciudadano que vigila, controla y castiga o premia las acciones de sus gobernantes. Hay que aclararles que podrán participar sin ponerse camisas de algún color determinado, hay que suministrarles la explicación razonada de que los demagogos que gritan “pueblo” no saben nada de la creación de una República de Ciudadanos, que ser ciudadanos implica un cúmulo de responsabilidades y decisiones compartidas.

Es la hora de aclarar meridianamente que aquí no hay vuelta atrás, que aquí se construirá una televisión pública sobre las bases del respeto, del equilibrio y del sentido de Estado. Es menester llamar a la república a que infle los salvavidas para que algunas cosas que se han dicho bajo el manto de la arrogancia y del ataque contra la libertad vuelvan a ser colocadas en su justa dimensión. Hay que reformular la división político-territorial sobre la base de una concepción sustentable de desarrollo. Hay que buscar papel lija para quitarle a los conceptos toda la herrumbre decimonónica. Hay que devolver el respeto a la majestad presidencial, cambiar los discursos por obra tangible. Hay que devolver a Bolívar a donde siempre estuvo, en el corazón de los venezolanos, quitándole la esquizofrenia y la utilización indebida.

Hay que educar para la amplitud, para la comprensión de lo que fuimos, somos y seremos. Hay que llamar a todos los equipos de rescate. La limpieza general de mutilaciones, equívocos, extrapolaciones, minestrones ideológicos y corrupción de ideas apropiadas, deberá ser tarea de todos. Hay que aprestar los útiles de limpieza, devolver el brillo a las ideas, deslastrarlas de este óxido maligno que levanta estatuas de cien metros, que compra sistemas de misiles antiaéreos, que se lanza a adquirir la producción de coca, que sueña con aviones no tripulados.

Galimatías como “la dictadura de la democracia verdadera” deben ser echadas al barril de los elementos tóxicos para ser sustituidas por pensamiento transparente conductor hacia una democracia de ciudadanos en pleno ejercicio de sus derechos.

De allí la confusión, de allí el desasosiego, de toda esta amalgama de delirios oficiales y de opositores disfrazados, de allí sólo puede brotar la desesperanza. Este país parece un burdel; haría falta un Toulouse-Lautrec para que pinte los rostros pintarrajeados, para que refleje la decadencia, para que deje testimonio de esta hora menguada. Hay que comprar toneles de cloro, coletos, esponjas de metal y espátulas, para desinfectar, para raspar, para desintoxicar el piso de esta república. O se produce una reacción colectiva frente a los desatinos y frente a las impudicias o nos iremos consumiendo bajo un alzheimer colectivo. Hay que iniciar una operación de salvamento, urgente, acelerada, de emergencia, antes que esta mezcla fatídica de locura y bolsería nos convierta en óxido insalvable en las profundidades de la corrosión y de lo inaccesible.

Moral

La verdadera revolución es la voz moral. El populismo es una asunción de un modo radical para lograr la homogeneidad sobre lo imaginario. La posibilidad de un gobierno omnisciente no cabe en el siglo XXI. Muchos políticos creen que entienden a la gente cuando ofrecen soluciones concretas a los problemas concretos. El verdadero político es el que hace el mundo inteligible para el pueblo, esto es, el que le suministra las herramientas para actuar con eficacia sobre lo ya entendido. El populismo debe ser combatido con la siembra de la comprensión llevada al grado de un estado de alerta.

La legitimidad electoral y la legitimidad social pueden contrastarse o encontrarse. La manera de encontrar la segunda excede al simple hecho de buscar el voto en una campaña electoral plena de promesas, generalmente demagógicas. Buscando la segunda suele encontrarse la primera. El planteamiento inteligible que produce efectos previos mejora notablemente la capacidad de escogencia. La masificada propaganda en nada podría modificar una asunción previa ganada en una democracia de cercanía generada por los líderes verdaderos que en ese proceso electoral buscan la voluntad mayoritaria del pueblo.

No se puede combatir demagogia con demagogia. El proceso de crear lucidez y pertenencia es ajeno a las palabras altisonantes y mentirosas. El proceso de repetición demagógica por parte de dos o más adversarios en una contienda por el voto conduce a soliviantar un individualismo feroz que se traduce en apostar a la mayor oferta engañosa. El vencedor, naturalmente, será el que ejerce el poder.

Uno de los dramas de nuestro continente es el abandono de la seriedad pedagógica, de la proximidad a los ciudadanos quienes son, en primer lugar seres pensantes, para ser, en segundo plano, sólo en segundo plano, electores. Si seguimos con esta plaga de activistas de la política, mentirosos y demagogos, se mantendrá el punto en que la gente prefiere a quien menor desconfianza le produce, pues ninguno le produce confianza. Así la legitimidad del poder y la legitimidad del ejercicio democrático estarán afincadas sobre un barro extremadamente frágil y, lo más grave, la democracia se derrumbará por efecto directo de todos, de los que ejercen el poder y de quienes pretenden sustituirlo. Terminará así la era de las elecciones y de la libertad, terminará así la democracia, matada en una acción conjunta por quienes no entendieron la necesidad de hacerle comprender el mundo al pueblo, de hacérselo inteligible, de hacerlo producir una acción consecuencial de posesión de los instrumentos para cambiar el entorno, de los cuales el principal es la conciencia.

teodulolopezm@yahoo.com

En Argentina hay 122 ‘think tanks’

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Argentina es el quinto país del mundo con más ‘think tanks’ -centros de estudios o depósitos de ideas, según su traducción literal- de acuerdo a la información recopilada por una universidad en Estados Unidos. El estudio de la Universidad de Pennsylvania, que clasifica estas organizaciones dedicadas a la investigación y a las políticas públicas, posiciona al país sudamericano detrás de EE.UU., Gran Bretaña, Alemania y Francia en cantidad de este tipo de organismos.

De los 5.550 que hay en todo el mundo (538 de ellos situados en Latinoamérica), 122 están en Argentina. En la región le siguen México con 54, Brasil con 39 y Chile con 36. En tanto España tiene 49, de acuerdo con el informe académico.

Las instituciones argentinas también logran una buena posición en cuanto a calidad, con 12 ‘think tanks’ nombrados entre los principales 407 de todo el mundo.

¿A qué se debe la popularidad de estos organismos en el país? Y ¿por qué no se ve reflejado este interés en las instituciones públicas?

Según Federico Merke, del Consejo Argentino de Relaciones Internacionales (CARI), elegido como el mejor ‘think tank’ de América Latina y el Caribe, el fenómeno tiene que ver con la falta de interés de muchas personas en formar parte del gobierno o del Estado.

Merke le dijo a BBC Mundo que no existen incentivos por parte del Estado para atraer a pensadores y académicos y además no existe una continuidad en el servicio público.

Argentina está situada detrás de EE.UU., Gran Bretaña, Alemania y Francia. “Hay una sensación de que el Estado argentino está muy politizado, hasta en las unidades más pequeñas de decisión”, afirma, explicando que “el imaginario es que el espacio o el margen de acción para hacer una diferencia es relativamente limitado”.

Para Merke a pesar de no poder ejecutar políticas, desde un ‘think tank’ se puede “ejecer presión, llamar a la conciencia, plantear puntos en los medios de comunicación, realizar marchas, movilizaciones, seminarios, debates”, que son otra forma de participar.

Merke destaca que estas organizaciones no gubernamentales son “un puente entre el mundo de las ideas y el mundo de la acción” y ofrecen un espacio en el que pueden acercarse los funcionarios y la sociedad.

Miguel Braun, director ejecutivo del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) -también elogiada en el informe- coincide con la importancia del papel que juegan estos organismos en la sociedad.

Pero además, para Braun los ‘think tanks’ cumplen un papel fundamental en la formación de funcionarios, y se nutren de la experiencia de quienes dejan la función pública para volver al ámbito privado.

“Creo que mejoramos la calidad institucional del país. Que haya múltiples voces en la difusión de la política pública y no una voz monolítica desde el Estado fortalece la calidad de la discusión pública y por lo tanto de las políticas públicas”, le dijo a BBC Mundo.

por Veronica Smink
BBC Mundo, Argentina

El príncipe y la utopía: El derecho natural a la igual-libertad

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por Jorge Majfud

Nicolás Maquiavelo y Tomas Moro

Podemos decir que el año 68 significó el clímax de los sesenta y a la vez el inicio de su caída abrupta. Pero esta aparente derrota a corto plazo, que se extendió por décadas, fue en realidad un éxito más del humanismo utópico.

Si consideramos la Edad Media y el Renacimiento de las conquistas geográficas y de la consolidación del cupiditas capitalista —avaricia, ambición; el principal atributo del demonio, según la olvidada teología medieval— como valor moral del “espíritu de superación”, podemos observar que los valores exaltados en los sesenta y en todos los movimientos sociales y comunitarios que hicieron y siguen hoy haciendo historia, no son otros que la continuación de los valores de la revolución humanista de los inicios del mismo Renacimiento que, lenta y casi clandestinamente, se ha ido imponiendo a lo largo de la historia y de las geografías del mundo.

Creo que podemos ilustrar esta ambivalencia histórica con dos libros clásicos: por un lado El Príncipe (1513) de Nicolás Maquiavelo y por el otro Utopía (1515) de Tomás Moro, donde la ambición por el oro, como lo será en los posteriores conquistadores de América y lo dejará explicito Guaman Poma de Ayala cien años después en sus Cronicas, no era un signo de progreso sino de retardo mental, de primitivismo social. Por el otro lado, el maquiavelismo es más lógico y necesario en un sistema democrático-representativo que en un sistema absolutista, como lo era el de muchos príncipes de la época.

Las Américas, especialmente, fueron desde entonces campos de batalla de estas dos formas de ver y de construir o destruir el mundo: el pragmatismo de la política en el poder y la utopía de los revolucionarios; la practica y la imaginación; el ejercicio de la manipulación del lenguaje para adaptarlo a la realidad y el ejercicio del lenguaje como instrumento de concientización para cambiar la realidad; la creencia de que vivimos en el mejor de los mundos posibles y la protesta y el desafío practico e intelectual de que otro mundo es posible, etc.

Poco a poco esa humanidad ha ido tomando conciencia de sus derechos a ser protagonista de su historia y conciencia de su fuerza real para serlo. Pero el inicio o por lo menos la centenaria maduración de esa conciencia que alguna vez fue hereje, radical y subversiva fue responsabilidad de una elite de disidentes. Aquellos hombres de letras que comenzaron por las humanidades y siguieron por las ciencias, aquellos estudiosos de la historia y críticos de la autoridad política, moral y religiosa, fueron el resultado también de la convergencia de múltiples tradiciones. Pero fueron siempre minorías por fuera del poder de los césares de turno, quienes en principio persiguieron y condenaron a los disidentes y en última instancia se apoderaron de sus discursos para legitimarse ante una realidad que los invadía como una marea. Y así, por ejemplo, destruyeron el humanismo, la utopía del fraternalismo universal del primer cristianismo y siguieron persiguiendo o tratando de integrar a sus filas a los peligrosos disidentes que veían en cada ser humano y en toda la diversidad de las culturas, de las disciplinas y de la historia, al mismo ser humano pugnando por su derecho natural de igual-libertad.

El siglo XX significó un violento choque entre ambas corrientes, el maquiavelismo y el cesarismo por un lado y la rebelión de la utopía por el otro. Solo que no siempre estaba claro ni coincidían las retóricas y las declaraciones de intención con la practica, y así más de una utopía se convirtió en cruda realidad de los cesares y los fariseos de turno. Pero la experiencia humanista que reclamó con los hechos el valor de la igual-libertad continuó adelante, tropezando, cayendo como un Cristo en su via crucis. Detrás del simbólico, real y maldecido 1968 había al menos siete siglos de reflexión y de sangrientas luchas. Su abrupta caída revela que fue víctima de una poderosa fuerza conservadora. Su lenta e inexorable persistencia revela que no fue simplemente una moda sino una estación más de un largo viaje que ya lleva siglos.

Valores e intereses

Ahora, basado en estas observaciones nos queda una reflexión, que menos que teoría es una hipótesis. Hoy en día ni el más radical antimarxista —digamos un investigador, que no sea un político o un predicador— podría negar la fuerte conexión que existe entre la economía, los procesos de producción —y de consumo— con las morales en curso. Por ejemplo, siglos antes de la abolición de la esclavitud en América ya existía la crítica radical de humanistas seculares, ateos y religiosos que rechazaban esta práctica y su correspondiente justificación moral. Pero no fue hasta que la revolución industrial hizo innecesario y hasta inconveniente la existencia de esclavos en lugar de obreros asalariados que se impuso la moral antiesclavista. Lo mismo podemos observar de la educación universal y de los derechos de la mujer.

Cada vez que un político y alguno de sus religiosos seguidores repiten que lo que importa en política son “los valores”, los valores del político y los valores morales del partido, lo que hacen es confirmar lo contrario.

Estos valores son los valores de Maquiavelo, sentimientos morales estratégicamente establecidos por una práctica de dominación a veces imperial, a veces solo domestica. La expresión de “un hombre de valores conservadores” hasta no hace mucho conmovía hasta las lágrimas a la mayoría de la población norteamericana. Tanto que nadie podía contestar a esa fanática convicción “del centro”, que en la práctica significaba mandar ejércitos a invadir países para mantener “nuestro estilo de vida” imponiéndole a los bárbaros de la periferia, por las malas cuando no por las buenas, “nuestro humanismo democrático”.

Sin embargo, por otro lado, si vemos desde el punto de vista histórico, podemos destilar un factor común.

Hay valores que sobreviven a los imperios, que se sobreponen y sobrepasan cualquier sistema económico, político y militar. Son valores de liberación pero también son valores de opresión. Es decir, esos valores no dependen de la circunstancia y de los intereses del momento. Con el tiempo el mismo poder hegemónico debe manipularlos ante su propia incapacidad de contradecirlos. Es decir, el lobo debe vestirse de cordero ya que no puede convencer a los corderos de que es bueno. La expresión del poder es en última instancia siempre directa —una invasión, por ejemplo— pero en estado normal siempre recurre a la legitimación moral. El poder siempre se oculta, el poder siempre se viste de lo que no es y esa es su principal estrategia de perpetración.
Podemos decir, entonces, que los valores morales están fuertemente condicionados por un sistema de producción y al mismo tiempo sirven para justificarlos y reproducirlos.

Pero al mismo tiempo no, pueden trascenderlo. El mismo sistema capitalista ha pasado por diversas etapas, como la era industrial y la postindustrial, la era de consumo, la era digital, etc. y, sin embargo, los valores que llamamos humanistas continúan su marcha inexorable. Con frecuentes rebeliones, con más frecuentes reacciones, pero inexorable al fin.

Sé que mi viejo maestro Ernesto Sábato dirá lo contrario; que, como en el paradigma religioso, todo tiempo pasado fue mejor; que desde el Renacimiento el hombre se ha cosificado, corrompido, deshumanizado. Pero no es del todo verdad. Basta echar una mirada a la historia y también veremos opresiones, esclavitud, violaciones, violencia física y lo que es peor, violencia moral, ignorancia del derecho a la igual-libertad, pueblos reventados, individuos sobreviviendo a duras penas hasta los cuarenta años. Críticos como él también son parte de una conciencia humanista y su pesimismo se debe a las altas expectativas de su sensibilidad intelectual, más que a los retrocesos de la historia.

Para llegar a los logros que podemos contar hoy en día, sean pocos o muchos, hubo que pasar por muchos mayos del 68, revelándose contra el dolor o contra la autoridad arbitraria, alzándose por el derecho a la vida individual y colectiva, reclamando, siempre reclamando hasta la última gota el derecho a la desobediencia y a la vida en toda su plenitud, a la igual-libertad.

Jorge Majfud
Lincoln University

Reflexiones sobre la república (1978)

Teódulo López Meléndez

Un libro de 1978 donde se presentaban las causas de lo que sucedería 30 años después. Las coincidencias con lo que hoy se repite indican un país sin memoria histórica y que recurrentemente vuelve a cometer los mismos errores, aunque se disfracen de diferente signo.

reflexiones-sobre-la-republica

Cualquiera que sean las circunstancia
históricas es importante para las
sociedades que algunos hombres
tomen la decisión de pensar, pase lo que pase
Etiemble

Es en nuestros días cuando la avaricia
se ha visto acrecentada por la opulencia,
provocando el desbordamiento de los placeres,
ante el temor de perderlo todo, en el deleite
y el desenfreno
Tito Livio

La aldea, de fiesta, descansa en los prados
junto al buey ocioso
Horacio

Al borde del precipicio

Este país convive con la confusión, con la hipocresía, con un cuadro social lamentable, con un marasmo de los valores, con una democracia falsa, con el espectáculo de los mejores hombres apartados de la dirección, con el encumbramiento del dinero como nuevo regulador ético-moral de la República.

La falsedad se ha hecho norma. Mentimos en cada uno de nuestros actos en adecuación a las exigencias de un cuerpo enfermo. Nuestro comportamiento colectivo va contra la naturaleza, contra los otros; lo vital es el lucro; el ansia de beneficio nos mueve y conduce.

La democracia está enferma porque está edificada sobre falsedades. Sus principios y enunciados son letra muerta.

Escasean los políticos confiables. Los que no se hayan lanzado, en esta nueva “fiebre del oro”, a vencer a toda costa.

El mejor estímulo a la depredación de los dineros públicos es el que da la sociedad venezolana al recibir en su seno con algarabía y profesar admiración a quienes han robado el erario nacional.

Desde nuestro cuerpo legal hasta nuestro cuerpo moral están sumidos en una grave crisis. Lo que se intenta en las páginas siguientes es un rápido buceo en la podredumbre de la República de hoy; lo que se intenta es un somero muestreo de la polilla que carcome el alma nacional y de cómo la República se tambalea ante la ausencia de un esqueleto ético-moral y como los venezolanos, enfermos por dentro, hacemos con nuestro comportamiento que la manifestación jurídico-política de nuestra unión, esté al borde de sucumbir.

Lo que aquí está intentado, es desnudar a la República frente a sí misma. Manifestar que sólo una profunda reflexión colectiva, sólo una toma general de conciencia, sólo la adopción de una decisión firme en tal sentido, puede alejar a la República de los peligrosos precipicios.

El bonche

Vivimos a la deriva. El país se entretiene en el juego de caballos y en las aventuras amorosas de las misses. Vivimos en una calma falsa y peligrosa. A este país dejaron de importarle los asuntos trascendentes y que afectan su destino. Este país vive pendiente de los “puentes” vacacionales, del jolgorio, de las fiestas, de los bonches. Somos un país en que se está corriendo una juerga sin control y sin medida. Terminaremos todos en un hospital cuando el alcohol de la insensatez que nos estamos tomando nos haga irremediablemente perder la cabeza.

La política se ha puesto insustancial. El juego diario se torna cada día más aburrido. Todas las expectativas están copadas. No hay nada novedoso. El aburrimiento se aposenta donde esta nación tuvo alguna vez la grandeza de alma. Estamos atravesando la peor hora de la política nacional en cuando a talento, sobriedad, trascendencia, contenido, densidad, profundidad y seriedad se refiere. Quienes integran nuestras élites dirigentes no tienen nada en la cabeza. Parece ser que quienes han llegado a la dirección de este país no han tenido una alma caritativa que le enseñe el amor por los libros. El juego está descubierto. Todas las cartas están sobre la mesa en esta pesada, ruinosa, desvencijada casa que es la política venezolana. La única conclusión es que a los de primera fila el país les importa un bledo y el juego de las ambiciones injustificadas, inmorales y pequeñas es el único motor que aún mantiene a algunos buscando el control de este país próximo a desplomarse.

El país parece carecer de fuerzas de reserva. Henos aquí aumentando semanalmente los millones del 5 y 6 y la lotería. Henos sin preocupación colectiva sobre los destinos nacionales. Henos aquí a los venezolanos que nos importa un comino lo que pase. Todas nuestras instituciones están socavadas por el comején de la abulia. La inteligencia nacional ha pasado la aspiradora por las torres de cristal y cobardemente se ha retirado a medrar del prestigio acumulado. La CTV es un cenáculo donde comen engordados sindicalistas que tienen que cuidad sus viáticos y sus prebendas. Los colegios profesionales callan. La voz de algún iluso llegado a Contralor se escucha admonitoria y sola, pidiendo a los desesperados que no roben.

Vivimos una feliz paz bucólica. Los venezolanos estamos conociendo el bonche más divinos que pueda concebir alguna mente juvenil. Los venezolanos somos felices. No tenemos nada de qué preocuparnos. Alguna que otra queja por los precios de los alimentos y la consabida frase de “Dios proveerá”. Somos el pueblo más feliz de la tierra. Nos estamos convirtiendo en un hatajo de borregos que juega con los frutos de una buena cosecha.

El país marcha hacia el barranco, el país está quemando su futuro; no hay seriedad, autoridad moral y dignidad ciudadana que se alce a edificar, a represar, a abrir caminos, a despertar a sus conciudadanos. A los líderes de la Venezuela pobre moral de hoy en día, sólo les interesan el juego de factores, el manejo de las fuentes de poder, el equilibrio de las posibilidades. El país les interesa un comino.

Las perspectivas están tan claras que asustan. No hay nada misterioso ni en la política ni en la economía. Somos el país de las claridades. Todos sabemos a dónde vamos y lo que va a pasar. Sin embargo seguimos viviendo en la ficción del millonario derrochador. Parece que la herencia de los padres libertadores fue perdiéndose en la genética con el paso de los años. Parece que los genes de los viciosos, de los traidores de la República y de los malversadores fueron más poderosos. Los venezolanos hemos dejado de lado las virtudes y nos regocijamos en los vicios.

Lo que somos y a donde hemos llegado, es la consecuencia lógica de permitir que los acontecimientos nos presidan. Parecemos incapaces de dar forma al futuro. Ya no nos impresionamos con nuestra miseria, con nuestros desarrapados, con nuestras llagas purulentas, con nuestros barrios marginales, con nuestros campesinos. Eso pertenece a las primeras épocas de la democracia en que se hablaba de reforma agraria y se ofrecían pan y trabajo. Ya no nos impresionamos con los niños abandonados ni con los que no tienen escuela. Nos parece un problema tan viejo, tan repetido. Lo que el país olvida es que la democracia ha sido incapaz de solucionar estos asuntos o sólo ha sido efectiva en borrarlos de nuestro juego diario. Mientras tanto la nación mata su futuro. Que en paz descanse la tierra de nuestros mayores.

Tiempo y abismo

Cuando el hombre aprendió a medir el tiempo comenzó a temerle. El miedo al tiempo ha estado acompañando al hombre, adherido a él, motivándolo a la acción, conduciéndole a la reflexión sobre su origen y destino. El tiempo mortifica también a los pueblos. Las naciones sienten la presión de las metas y del tiempo disponible. El hombre que no siente la angustia de su paso, puede ser un in dividuo ajeno a las grandes preguntas existenciales o, por el contrario, se está realizando dentro de la medición consciente de su tránsito vital, haciendo conforme a las expectativas. Las naciones, menos aquejadas de prontitud debido a su vida mayúscula comparada con la de los individuos, pueden andar realizándose, apreciando el tiempo, desarrollándose material y espiritualmente o, al contrario, inmersas en una somnolencia que amenace su vitalidad y por ende su futuro.

En relación a la vida, los pueblos no son solamente la suma de los individuos. Existe un alma colectiva, una razón colectiva, un mínimun vital colectivo. Se puede presentir el destino de una nación a través de sus hombres, pero es necesario pulsar el fondo común para emitir opinión. Venezuela está dilapidando su tiempo. Parecemos inmersos en una catástrofe inevitable, dormidos sobre las crestas de las circunstancias, inertes ante la marcha y el devenir de las situaciones. Parecemos agotados tras la larga marcha de la conquista y la colonia hasta el petróleo y la riqueza.

No hemos nacionalizado el futuro. Vivimos enterrados hasta la coronilla en un alud de vicios que parecen poder más que nuestra fuerza vital como nación. Parecemos impotentes ante las fuerzas que nos mueven y nos sacuden. Los venezolanos van a los cargos públicos a enriquecerse, a envolverse en un halo prepotente de desprecios hacia la colectividad. Los burócratas que vemos en las noticias engañan a la opinión, mienten, desvirtúan, hablan con un desprecio olímpico hacia la verdad y destilan una incapacidad que no les inquieta. Los venezolanos no se angustian cuando enfrentan la toma de decisiones, no les duele la cabeza cuando disponen del poder y no sienten ese placer mágico y embriagante que sienten los líderes cuando se aprestan a construir.

Los partidos se distraen en las querellas internas. Quienes gobiernan parecen hacerlo a ratos con desgano. Quienes hacen oposición, las más de las veces, sólo se ejercitan en la negación irracional, en la palabrería insulsa. Vivimos en un teatro donde toda la pasión política se reduce a querer cambiar de actores para el mismo libreto cada cinco años. A pasar de unas manos a otras la palabrería vacía y la acción insustancial de gobierno. No encontramos mística en los partidos, pasión creadora, fuerza. Los partidos marchan al abismo con l nación, le abren el camino hacia el precipicio. A muchos hombres sólo pareciera interesarles el placer del mando por sí mismo, la oportunidad de hacer negocios, de asaltar el poder para solucionar para siempre su cuestión económica.

La nación parece impotente. Pareciera que no existen en el alma colectiva los recursos para salir del alud. La nación se ha acostumbrado a que las cosas pasen como están pasando. Ya a la nación le parece –intoxicada e incapaz- que no hay posibilidades por explorar, que es razonable que los funcionarios roben, que es lógico que se encuentren estafas contra el país en la mayoría de los planes que se abordan, que los problemas parezcan tan grandes que ante cada uno de ellos aparezca la impotencia de enfrentarlo. El pueblo venezolano parece carecer de silos de almacenaje de fuerzas de cambio, parece carecer de depósitos de reserva, parece incrédulo y desinteresado frente al destino colectivo.. El pueblo venezolano parece inerte, desmayado, entregado y dominado por las circunstancias. El pueblo venezolano parece estar sentado a la orilla del camino, mientras el tiempo pasa y las posibilidades disminuyen. Pareciera que este país se agotó en el alumbramiento de la élite excepcional que nos condujo a la independencia.

Fallamos en la administración de justicia. Fallamos en el gobierno y en la administración de nuestra riqueza. Fallamos en la implementación y ejecución de nuestras leyes. Estamos fallando peligrosamente como nación. El gobierno falla fundamentalmente por reflejo de la falla del país. Cada día somos más una nación entregada al juego, al despilfarro, al consumo irracional, a la elevación de los hombres menos capaces, a la incuria, a los licores importados, al desprecio del tiempo y de lo que fuimos. Somos un país montado en un tiovivo que ya parece haber abandonado la búsqueda de su camino. Somos un país al borde del peligro que parece haber borrado de su agenda el logro de una identidad y un futuro. Grave cosa, que parecemos un país cuyos hombres excepcionales están abrumados, pesimistas, hartos de golpear la cabeza contra las paredes. Pareciera que no tenemos dónde buscar y ese estado de ánimo conduce al suicidio.- No faltará quien se lamente.

La pequeña Venecia

El puerto de La Guaira se congestiona no sólo por anticuado sino por el inmenso volumen de las importaciones. Cualquier puerto vería abarrotada y superada su capacidad de descarga y almacenaje ante el inmenso oleaje de mercadería de todo tipo que los venezolanos traemos de fuera.

Aquella vieja protección arancelaria para los productos nacionales se ha trastocado en un desenfrenado otorgar de licencias de importación. Es más, esas licencias se otorgan en muchos casos por la falta de calidad de los productos nacionales o porque los industriales o los productores del campo quieren el alza de un producto e incurren en el delito de acaparamiento.

Los venezolanos importamos todo lo que necesitamos y todo lo que no necesitamos. Por nuestros puertos entran caraotas, pollos, vaquillas, pero también los más sofisticados perfumes o telas importadas. Nuestros puertos son verdaderos tubos de desagüe. Por allí lanzamos hacia los cargueros la riqueza que la providencia puso en nuestra tierra.

Los venezolanos compramos fuera desde la legumbre que no hemos sembrado hasta rl artificio que se supone la bonanza económica exige colguemos del cuello de nuestras mujeres. Los venezolanos no sabemos producir alimentos pero tenemos dinero para comprarlos en el exterior. A nadie se le ocurre que podamos privarnos de algo. Nadie concibe que si tenemos escasez de carne podamos privarnos de ella tres días a la semana y en cambio comer pescado. Menos aún puede concebirse que el país coma pescado para impulsar nuestra flota pesquera cuando en este campo y ante millares de kilómetros de costa andamos también en pañales. A nadie se le ocurre enfrentar la ausencia de trigo con otras gramíneas o comprar tanto pescado barato que nos queda en lugar de caros filetes o cubrir las necesidades de calorías con algo distinto a la basura que la ignorancia y la propaganda imponen a la dieta diaria de nuestro pueblo.

Los gobiernos se asustan ante el desabastecimiento. Para los gobernantes los armarios de los mercados deben estar llenos para que el pueblo esté tranquilo y presto a votar de nuevo. No importa que los alimentos no sean nacionales, no importa que aún habiendo determinado producto en el país, el que se consiga sea importado, porque los empresarios no quieren vender a precio regulado. Si se acerca diciembre traeremos dos barcos cargados de pollos y unos cuantos más con los ingredientes restantes de las hallacas. Si se trata de Semana Santa nuevos abarrotamientos de producirán en los puertos.

Lo único que los venezolanos tenemos es dinero. No tenemos voluntad de sacrificio, ni agricultura, ni temple. El petróleo se ha convertido en una maldición que nos ha hecho holgazanes, perezosos, manirrotos. Tenemos riqueza y ello parece bastarnos. Como no la hemos conquistado sino que estuvo aquí por el azar, nos complacemos sensualmente en dilapidarla. Si el petróleo desapareciera, nos encontraríamos en la situación de un niño recién nacido que no puede bastarse en nada. Pero tenemos petróleo parea muchos años y esa convicción acentúa la flojera. Habremos de llegar a tal grado de corrupción y desidia que esa riqueza, sin término fijo de agotamiento, pesará como una maldición.

El petróleo es una riqueza que marca con su aparición a un país, pero una riqueza que puede ser cabalgada, domada, controlada y jineteada con fuerza y temple. Los venezolanos hemos convertido al petróleo en estigma. No lo hemos utilizado para convertirnos en un país poderoso sino como sustituto de todo esfuerzo y sudor. El petróleo se ha transformado en un fetiche. Los venezolanos nos hemos transformado en holgazanes confiados que desde mullidas poltronas gastamos y gastamos la riqueza que no ha requerido esfuerzo alguno.

Un país en semejante postración, un país que sufre la enfermedad de la riqueza, no será capaz de arranque, de sacrificio,. de empuje sostenido. Quizás aquella vieja y manida frase de que el dinero no lo es todo en la vida, nos sirva para afirmar que aparte de un inmenso vacío existencial parece que nos estamos condenando a una atropamiento de aptitudes. La vida vegetativa conduce al cataclismo. Llegará el momento en que no todo lo podamos solucionar con dinero, tal como hoy lo hacemos. Cuando ese momento llegue, seremos víctimas fatales de cualquier peligro.

Día a día acentuamos la dependencia psicológica de la riqueza del subsuelo. La muestra patética del drama que se desarrolla es al abarrotamiento de los puertos, la diaria información sobre importaciones permitidas u ordenadas por el gobierno. Allí estamos mostrando al mundo que sólo debe esperarse tiempo para ser testigo de la decadencia de la bautiza Venezuela por el marino que trazaba mapas y que quedó extasiado por los palafitos adheridos al lago, cual pequeña Venecia.

El poder contralor

Para que el Estado de Derecho funcione, cada órgano institucional debe tener la posibilidad de cumplir con sus tareas. Para que se pueda hablar de la vigencia del ordenamiento jurídico democrático, cada órgano del Estado debe ser respetado en el cumplimiento de sus específicas tareas. Los gastos del estado deben ser controlados. Tal es el principio básico de todo orden basado en el Derecho. La función contralora se convierte así en pilote fundamental. Ella es garantía de que los dineros públicos serán administrados con honestidad, prudencia y pulcritud. El Derecho implica pues, que el Estado no puede disponer a su antojo de los presupuestos y la riqueza. La Contraloría existe para cumplir esa tarea, vital e indispensable a la existencia de un Estado fundado sobre principios inalienables de juridicidad.

Cuando se pretende que la Contraloría ablande su vigilancia y rigor, se está exigiendo al mismo tiempo un ablandamiento del Estado de Derecho. Cuando se pretende establecer como costumbre que la Contraloría sea ejercida por un ciudadano que no entienda demasiado rigurosamente sus funciones o que se adapte a un estado colectivo de corrupción, se está declarando a viva voz que el Estado de Derecho es imperfecto y, más grave aún, que se pretende convertir dicha imperfección en la norma por encima de la natural rigidez del ordenamiento jurídico. Cuando al ciudadano que ejerce la Contraloría se le acusa de excesivo celo, lo que se le está pidiendo es que ejerza a medias su magistratura. Cuando un funcionario público, en este caso el Contralor, es exigido de moderación y de cautela acentuada, se está estableciendo como requisito para presidir el ejercicio de cualquier función un desajuste moral previo, la aceptación del Poder Público como un ente relajado y la aceptación tácita de la presunción de que el ejercicio de una tarea administrativa cualquiera implica al titular un abandono de su formación ética, de la rigidez de sus principios y una adopción ipso iure del bajo nivel de moralidad y rectitud imperante en el cuerpo social y en el gobierno.

Las deducciones son claras: una dramática declaración de impotencia; una declaración tajante del órgano adecuado de que no puede enfrentar el manejo de la riqueza nacional por parte del gobierno; una admisión definitiva de incapacidad de controlar el manejo de los fondos públicos; una declaración de que estamos llegando a la anarquía social y también a la libertad total para prevaricar; la admisión de que el monstruo burocrático está libre y que sabe zafarse de cualquier empresa temeraria por reducirlo al orden legítimo; la admisión de un desbocamiento y de un desenfreno de extrema gravedad.

El país está en medio de la corrupción administrativa más asfixiante. El país está acostumbrado a descubrir semanalmente en las páginas de los diarios algún escándalo. En el país está generalmente admitido que se va al gobierno a robar y a solventar situaciones particulares de manera definitiva. El país parece convencido de que la honestidad perdió ante la corrupción.

En el manejo de la riqueza nacional prevalecen una sordera absoluta ante los llamados al orden contralor, una repetida violación del ordenamiento jurídico y un equipo de abogados del diablo que salen a la palestra a parar al Contralor y a demostrarle su insuficiencia para cambiar las cosas. Estamos al borde de darnos el lujo de proclamar la anarquía como doctrina y procedimiento administrativos. Estamos tocando los límites del “vivalapepismo” más alegre, seductor y peligroso. Estamos llegando a los límites de declararnos “irresponsables jurídicos” y de ofrecer nuestro patrimonio a todos los peligros. Somos ricos botarates que nos sentimos molestos cuando alguien pretende poner fin al dilapidar alegre. Somos un país alegre, trasnochador, bonchón, confiado, disoluto, derrochador. Váyase a saber quien nos puede salir de noche.

Ajuridicidad

El país vive en crisis jurídica. Estamos frente al espectáculo lastimero de que toda la legislación positiva se ha quedado atrás, es anticuada para el país de hoy, resulta incompetente para cubrir las necesidades jurídicas de nuestra población.

Nuestro Código Civil regula la propiedad y la posesión tal como eran los conceptos válidos del siglo pasado y, más lejos, como era la realidad que produjo la legislación que a nosotros nos sirvió de fuente. En ese mismo Código encontramos disposiciones en torno al Derecho de Familia realmente incomprensibles y añejas de tiempo. Nuestro Código de Comercio parece, en infinidad de casos, regular las relaciones mercantiles de esos viajeros que entre batalla y batalla de la guerra emancipadora viajaban por los llanos llevando y trayendo mercancías. Nuestro Código Penal no contempla delitos surgidos en la vida moderna. Algunos actos transgresores son castigados con baja penalidad y otros con una excesiva. El Código de Procedimiento Civil, lleno de lapsos intolerables, bajo el signo del proceso escrito, entorpece y a modorra la administración de justicia. El procedimiento penal no es menos latoso y atentatorio contra el reo. La Ley del Trabajo ya no da para más y obreros y patronos claman por una nueva legislación laboral. Nuevas leyes que han salido del horno parlamentario han causado malestar en el cuerpo social y sus disposiciones engorrosas y sus conceptos mal definidos son causa de trabazón y derroche de tiempo y, en general, de efectos contrarios a los perseguidos.

Esta crisis de juridicidad la constatamos, cuando diferentes entes públicos anuncian medidas de excepción violando la Constitución y leyes para afrontar males del cuerpo social. Las disposiciones en torno al tránsito terrestre son la muestra más patética de que el Estado de Derecho anda de basamento cojitranco, porque todo el cuerpo de leyes está carcomido de polillas, de antigüedad, de disposiciones superadas por la actividad social, carcomido también por la indiferencia de quienes han debido producir las nuevas leyes y no lo han hecho.

Vivimos en un Estado de Derecho donde el derecho está muerto. No tenemos un Derecho vivo porque las leyes tienen también edad y las nuestras ya cumplieron su ciclo. Cuando metemos las narices en el paquete de leyes que nos rigen, no encontramos justicia, no respiramos frescura y de nosotros se apodera la desagradable sensación de que aquellos papeles son inútiles, de que solamente hay vacío, de que los venezolanos hemos perdido la esencial garantía jurídica, base de todas las demás garantías.

No es necesario entrar a los claustros de las bibliotecas jurídicas o a las salas de audiencia de los tribunales para respirar el aire de ajuridicidad. Basta con ver la vida cotidiana de los venezolanos, presencias los negocios públicos o privados, detenerse en el comportamiento colectivo de una ciudad, mirar la actividad individual de cualquier parroquiano aquí y acullá en su diario actuar. El Derecho no está presente en la vida diaria de esta nación. Por el contrario, está presente en todos los intersticios de nuestra vida una peligrosa ajuridicidad. Encontramos en todos los órdenes de la vida una tal ausencia de norma competente o la vigencia de una norma impotente y hasta casi ese desacomodo apenas posterior a la aparición del Estado y el Derecho, que uno se asombra de que Venezuela no haya desligado las partes que la forman y se haya desparramado en una erupción anárquica de descontrol demoledor.

En Venezuela escasea la seguridad jurídica. Aún si se llama al magistrado para que interprete la norma y solucione el conflicto, tendrán las partes la convicción de que largo tiempo habrá de esperar y puede que esa espera sea coronada con un exabrupto. Las deficiencias del Poder Judicial venezolano se suman a la amarga calidad de nuestro derecho. El espectáculo es cotidiano. Jueces venales, jueces toreros que esquivan expedientes; jueces que sentencian en una línea despreciando centenares de folios argüidos por un litigante y cargados de doctrina y jurisprudencia; jueces políticos nombrados por un Consejo de la Judicatura donde la militancia política de los candidatos es factor decisorio; jueces anquilosados que jamás han abierto un libro y que no son motivados al estudio organizadamente por nadie. Dentro del cuadro lamentable de nuestro Poder Judicial existen, por supuesto en minoría, los jueces capaces, honestos, valientes, estudiosos. En la República de hoy aún los jueces trabajan temerosos de la inestabilidad. Al existir semejante vacío en la cúpula interpretativa del derecho es menester que campee la inseguridad jurídica.

Nuestro sistema penitenciario puede recordar por momentos la barbarie o los castillos en que los príncipes medievales ejecutaban lentamente a sus prisioneros. Tímidamente a veces entrevemos en las páginas de los diarios que alguien está planteando algunas fórmulas o al menos haciendo un llamado de atención. Hay que construir, sí, nuevas prisiones, pero la solución no va sólo en garantizar decencia al prisionero, sino el desarrollo de nuevas tendencias en cuanto al cumplimiento de la pena por el reo y a la concepción misma de la pena.

La ajuridicidad que carcome la vida venezolana de nuestros tiempos debe ser anotada en primer renglón a la hora de enumerar factores que atentan contra nuestra subsistencia como nación.

La Constitución

Es digno de señalarse como al lado de los festejos y publicaciones por el cumpleaños de la Constitución Nacional, se produjeron las declaraciones más atrabiliarias exigiendo su modificación

Uno se pregunta como en medio de los encendidos elogios a ese texto se colaron decenas de proposiciones para reformarlo. Lo más grave es que la casi unanimidad de esas proposiciones, formuladas por encumbradas figuras, resultaron francamente ridículas. Las cosas que se propusieron pueden engrosar fácilmente una antología del absurdo. Lo menos que puede decirse es que la Constitución del 61 no parece ser tan buena como dicen sus apologistas, si a su cumpleaños siguieron millares de centímetros de informaciones con una larga lista de todas las modificaciones que nuestra élite dirigente, mediocre y anquilosada, considera imprescindibles.

La OCI, por su parte, emprendió la tarea de divulgar la Constitución. Cumpliendo esta tarea este organismo del Estado pudo convertirse en peligroso agente revolucionario. Si este país toma conciencia de las bases de nuestro sistema, de los derechos que nos han sido consagrados y de los principios claves de nuestra estructura jurídica y política, es posible que se produzca un remezón. Tal cosa sucedería de la comparación entre la letra del texto constitucional y la realidad del país. Concluirían que vivimos en medio de la más aberrante hipocresía, nadando en la más gran de las falsedades, sumidos hasta el cuello en un mar de engaños.

Aquella frase sibilina que la Constitución era un librito que servía para cualquier cosa, se ha convertido en nuestro tiempo en otra que podría resumirse diciendo que la Constitución es un librito para dar importancia a las promesas que la democracia formula y que no ha cumplido ni cumplirá. Basta leer la Constitución para darse cuenta de su diaria violación.

He aquí una pequeña lista: la Constitución nos garantiza el derecho a la salud, el derecho a la educación, el derecho de dedicarnos a las ciencias y a las artes, el derecho al trabajo; se nos dice que la familia es la célula fundamental de la sociedad y que el Estado la protege; que el Estado protegerá a la madre y al niño, que el Estado protegerá a toda organización destinada a mejorar la economía popular.

La Constitución asegura que tenemos derecho a una economía fundada en la justicia social, que todos los venezolanos tenemos derecho a la propiedad privada, que el régimen latifundista es contrario al interés social, que los consumidores podemos opinar en torno a la vida económica del país.

La Constitución asegura que los venezolanos podemos elegir a nuestros representantes cuando todos sabemos que los ciudadanos efectuamos en verdad una elección adulterada por las oligarquías partidistas.

La formidable campaña de la OCI se quedó en el derecho que tenemos de obtener respuesta del Estado y de sus funcionarios ante cualquier planteamiento que los ciudadanos hagamos. Bastó con ese ejemplo de derecho incumplido para que todo el mundo se diera cuenta de los peligros de la campaña.

El tránsito como ejemplo

Cuando es necesario pasar por encima del imperio del derecho es evidente que el cuerpo social está enfermo. Cuando para salvar vidas y ordenar una actividad como la del tránsito, es menester romper la juridicidad, puede afirmarse que la colectividad está viviendo en un falso Estado de Derecho o que el cuerpo legal no se ajusta a la realidad social o que es tal la descomposición de la estructura social que ha roto la barrera que separa la sociedad organizada de la sociedad en caos. Podría también colegirse que la coersibilidad de las leyes ha perdido toda su fuerza intrínseca y que es necesario por lo tanto recurrir a medidas extremas para imponer el orden en la actividad humana objeto de las decisiones de derecho administrativo, que son los decretos que regulan el tránsito. Por lo demás, cuando se hace necesario pasar por encima de las normas que el legislador ha establecido para recurrir al acto administrativo, se está corrigiendo necesariamente que el Parlamento es incapaz de dotar al cuerpo social de las normas de su convivencia o que el Parlamento falla ostensiblemente en el cumplimiento de su papel de dotar a la nación de un normativo acorde con las necesidades de la organización social.

No puede negarse que el sentido común exige la aceptación de una medida que tiende a poner orden y a frenar la muerte. Involucra sí un grave precedente porque se establece de manera clara que es necesario violar el ordenamiento jurídico para ordenar una acción de los venezolanos. Se colige necesariamente que este país está llegando a extremos donde el imperio de la ley no permite el funcionamiento normal del cuerpo organizado. Se colige que los venezolanos estamos funcionando mal dentro del Estado de Derecho. La conclusión es tan grave que cualquier asomada contra la institucionalidad puede argüir este fracaso como justificativo. Claro, si dentro del ordenamiento legal vigente los venezolanos no funcionamos correctamente, cualquiera puede afirmar la necesidad de sustituirlo por el imperio de la fuerza.

Advertencia a los partidos

Los partidos políticos venezolanos deben darse cuenta que corren las últimas oportunidades de corregir importantes fallas y vicios y por ende de preservar la democracia o, al contrario, apuntalar esas deficiencias y contribuir definitivamente al deterioro de la misma.

Es importante, desde luego, ganar, pero para ello debe haber elecciones que ganar. Los partidos no han tenido suficiente visión para captar en toda su magnitud el fenómeno eruptivo de peticiones de las comunidades. Frente a la debacle de la mayoría de los Concejos Municipales han surgido manifestaciones comunitarias muy importantes que hasta cierto punto recuerdan las acaecidas en Inglaterra contra el poder local durante la década del sesenta. Esta exigencia de participación va aún más allá del ambiente comunal. Ha llegado hasta las altas esferas por la ineficacia del parlamento para dotar a la nación de un cuerpo de leyes acordes con las exigencias de desarrollo y aún de perfectibilidad del Estado de Derecho, y también por los frecuentes casos de peculado, tráfico de influencias y vicios de todo tipo que corroen a la administración.

El fenómeno de esta exigencia se presenta en el seno de democracias representativas agotadas seriamente, agobiantes por su ineficacia. El fenómeno de exigencia de participación ha sido por ello hecho diario en el seno de la democracia británica. Nuestra corta tradición democrática y la erupción de semejante fenómeno debería motivar a profundas reflexiones a los dirigentes partidistas. Podría concluirse, y así creo que debe hacerse, que en cortos años nuestra democracia ha sufrido un grave y peligroso desgaste que en otros países se ha producido a través de muchísimo más tiempo. La situación es, por ende, más peligrosa entre nosotros y ello tiene una explicación perfectamente localizable. Nuestra democracia es muy imperfecta en el aspecto de su representatividad. En Venezuela no elegimos sino que eligen los partidos. Estos no quieren aflojar tan extraordinario poder, sin percatarse de que el mismo está minando su propia existencia. Lo evidente, es decir, los vicios de la representatividad, aunados a nuestras propias eficiencias para hacer efectiva la democracia, hacen delicada y peligrosa la expectativa de un régimen de libertades públicas.

La democracia participativa no excluye la democracia representativa. Los partidos deberán aceptar el clamor colectivo de mejorar la representación, la forma de producirla y la calidad de los representantes.

Los venezolanos no quieren ser sólo peonada llamada ante las urnas cada cinco años. Los venezolanos sienten que cada día están más lejos de influir sobre los dirigentes, sobre los “decitions makers”, como se les llama en la moderna jerga de las ciencias sociales. Esto conlleva una alienación en el campo de la organización político—social. El cuerpo social deberá buscar los mecanismos para hacer que la gente participe, que esté más cerca de controlar las decisiones vitales.

Este es el reto y los partidos deberán enfrentarlo. No deberán violar su democracia interna a la hora de la escogencia de sus candidatos a representantes. No deberán realizar componendas electorales que se traduzcan en la llegada al Parlamento y a los Concejos de sujetos que luego resultan reos de derecho penal. Deberán hacer sus listas con mucho tino y por encima de pasiones mezquinas y de circunstancias intrascendentes.

Por supuesto que esto es importante pero no lo esencial. Lo esencial será hacer realmente representativa nuestra democracia con todas las reformas que ello implica y luego, y al mismo tiempo, estructurar los mecanismos para hacerla participativa. En ello va la vida misma de los partidos. No creo necesario recordar que las tiranías, como la que puede emerger si no se aplican los correctivos y se dan los pasos necesarios, lo primero que hace es ilegalizar a los partidos cualquiera sea su giro ideológico.

El poder

Leyendo “Yo El Supremo”, de Augusto Roa Bastos, se entra necesariamente a pensar sobre el poder. Dentro de ese cuadro trepidante de El Supremo, manejando haciendas y vidas, dentro de ese universo mágico, dentro de las múltiples emanaciones de este extraordinario libro, uno se plantea una reflexión sobre el poder. Roa Bastos lleva buena parte de su novela en un monólogo íntimo del dictador y en un diálogo casi unilateral también con el escriba que recibe sus decretos supremos. Podríamos decir que allí esta minusválido el intelectual que en nuestros países vióse reducido, un poco por propia voluntad y un poco por las ansias imperativas de salvarse, a servir de alter ego del tirano.

A medida que se lee, se sale del libro, se sale del paraguay y se entra a pensar en nuestros propios gobernantes, en nuestro propio país, en nuestra propia historia, en nuestras propias lacras. Se percibe en el propio rostro una mueca. No se trata sólo de los tiranos. No es sólo Castro tirándose desde una ventana ante el anuncio de un temblor de tierra, o Gómez creyéndose zamarro por dejarle a norteamericanos e ingleses el petróleo para que se lo disputen, neutralizándose unos con otros en el entender “inocente” del hacendado de La Mulera. Roa Bastos hace meditar sobre l poder más allá de los dictadores.

Uno cierra “Yo El Supremo” y se pasea por todos los que se han enriquecido indebidamente con los dineros del Estado. Por la aceptación que la sociedad se apura en brindar a los ladrones considerándoles prósperos comerciantes. Por los jueces venales que no castigan a los peculadores. Por la sensualidad con que los burócratas disfrutan de sus cargos. Por la ineficacia y el desorden, por el combinado de sexo y despilfarro que caracteriza la vida de muchos de quienes encarnan el poder.

Uno revisa mentalmente la lista de quienes han sido ministros y gobernadores y presidentes de Institutos Autónomos y comprueba que es absolutamente indispensable una fuerte dosis de imbecilidad para encarnar el poder en Venezuela. Los brillantes, talentosos y trabajadores, han sido siempre excepción. El poder, en inmenso porcentaje, se reserva en nuestro país a los idiotas. Después que ciertas personalidades han ocupado, por ejemplo, un ministerio, a ningún hombre inteligente le provoca ser titular de ese despacho. Roa Bastos ha novelado la historia paraguaya, el tránsito de un tirano que pudo serlo de cualquiera de nuestras patrias. No hay en su libro consideraciones concretas sobre las cosas que digo, pero se llega irremediablemente a las consideraciones que he ido apuntando. Quizás este libro de Roa Bastos sea un magistral ensayo sobre el poder, sobre los hombres que lo ejercen. Por la magia de su pluma este deicida paraguayo abofetea al lector y lo sumerge en su propia purulencia, la que existe y crece en su propio país.

La tentación de dejar de lado el pesado fardo de las cosas inútiles, honestidad, verdad, justicia, es grande para cualquier venezolano que reflexione. Sólo la solidez de las convicciones y la certeza en el hombre, rompe, volatiliza la inclinación. Muchos han dejado el fardo a un lado. Otros aseveran que este país no vale la pena. escapes falsos ambos que han tentado con mucha fuerza a mucha gente y que son productos legítimos de la tragedia venezolana. Hemos visto como se corrompen los políticos más jóvenes y toman como metas exclusivas de la vida la posesión del carro, de la billetera repleta, del alcohol en exceso y de las mujeres fáciles. Esta élite llamada a suceder en el ejercicio del poder va maracda con lo que ha aprendido es la meta de un político hábil. Para ellos esto es el poder, para ellos está el argumento simple de que siempre ha sido así; el poder no se les ha presentado como la realización personal en el servicio colectivo, como el logro de la identidad en una posición privilegiada para la tarea común. Al fin y al cabo nuestros jóvenes políticos se retratan en quienes han ejercido el poder, en sus dotes de incultura, bravuconería, incapacidad, exceso y cortedad.

El país se solaza en la concepción aceptada del poder. Para los venezolanos dirigentes, el poder se ha convertido en un turno para el aprovechamiento. Por ello no faltan falaces dispuestos a gobernar, ni honestos que no quieran el poder. Ni prevaricadores, ni capaces al margen de los gobiernos. Ni ladrones prestos a lanzarse sobre el erario público, ni lúcidos desesperados por el camino que lleva la república.

Uno confirma con Roa Bastos que la tarea esencial del intelectual es ser conciencia de su tiempo.

Relación de campaña

La campaña electoral se caracterizará por una repetición peligrosa de las viejas ofertas. Ya comenzamos a oír los viejos estribillos de que “ningún niño se quedará sin escuela” o de que “los campesinos serán incorporados plenamente a la vida nacional”. La campaña será vacua. La campaña será reflejo de la pobreza a la que ha arribado nuestra política. La campaña mostrará ese tremendo vacío donde ya gobernar se ha convertido en aperitivo secundario, en plato poco apetitoso, en pesada carga para todos aquellos que entienden del gobierno como un servicio a la república.

La campaña mostrará la mediocridad de la actual élite dirigente. La campaña estará llena de lugares comunes, de consignas gastadas en las que nadie cree. La campaña será copia fiel del carnaval de propaganda de otras campañas. La campaña será una fiesta en una república que no tiene ningún motivo para la juerga.

La campaña contará con la presencia adormilada de la poderosa clase media que se ha alzado en Venezuela como la decididora de elecciones. La campaña será para un país que no cree en programas de gobierno y al cual esos programas le son presentados un mes antes de las elecciones. La campaña será fundamentalmente un juego de cancioncitas pegajosas y un alarde de creatividad de cuñas y afiches.

Los políticos prostituyen a la nación cuando son incapaces de exigirle sacrificios. Nadie se atreve a decir la verdad. La dolorosa verdad de que el país anda mal y que se requerirá un excepcional esfuerzo colectivo para la salvación. Que la presencia del petróleo no nos exime de un sacrificio. Que es menester reconocernos unos a otros y dejarnos de juegos idiotas para ponernos a construir un país que anda todavía sobre los primeros pilotes de su edificación.

Al país se le ofrece bonanza. Nadie le ofrece la digna pobreza del que guarda para el mañana. Al país se le ofrece que el que ofrece garantizará abastecimiento. Nadie le ofrece una vuelta sincera al campo y una medida heroica para tornar a ser una familia decente que encuentra los alimentos sin echar mano a la bolsa millonaria. Al país se le ofrecen villas y castillos, abundancia ilusoria, mercancías a más no poder para saciar el ansia consumista. Nadie le ofrece un reto, un desafío, una idea, una meta, un sueño.

Necesitamos un sueño. Necesitamos avanzar hacia ese sueño. Ya en este país los políticos no sueñan. Ya este país no sueña. Cuando no se sueña se muere.

Necesitamos un reto. A este país hace rato que nadie lo sacude. A este país hace rato que nadie lo emociona. Hace tiempo que este país no se estremece, no vuelve a lo que es en esencia, no se encuentra a sí mismo.

Necesitamos un ideal. Hemos perdido el idealismo de la lucha, la mística, el coraje, el ideal mismo. Como carecemos de ideal carecemos de fuerza. Nadie nos ha planteado una propuesta, un ideal de lo que debemos ser y menos nos ha llegado a las fibras íntimas dándonos un camino.

Necesitamos una meta. Es hora del examen definitivo de las propuestas concretas. El país carece de metas. Vivimos los días sin avanzar hacia una meta.

Necesitamos un desafío. Necesitamos que alguien nos haga una propuesta grandiosa que se avea tan inmensa que concluyamos que la ú8nica manera de alcanzarla es dando todo lo que tenemos, tensando al máximo los músculos del valor y la osadía.

Necesitamos un sueño, un reto, un ideal, una meta, un desafío. No necesitamos carnavales; no necesitamos ofertas mediocres, repetitivas, gastadas; no necesitamos líderes blandengues; no necesitamos una campaña electoral sin ilusiones. De nada nos sirve un país gastándose en una campaña electoral si de allí no sale un país encontrado consigo mismo. Los desgastes positivos son los que se hacen construyendo. El país esta huérfano de esta gran oferta.

Hombres

El observador que emergiera de una cámara aséptica podría afirmar que somos un país mediocre. Comprobaría sí mismo que no somos un país joven. Hemos hecho de esta última premisa algo dogmático. Si bien nuestra población actual es joven, si bien no podemos compararnos con las viejas civilizaciones ni siquiera en el plano de nuestra América pre-colombina, lo cierto es que ya tenemos suficientes siglos de historia como para estarnos regodeando y justificándonos en nuestra juventud. El observador aséptico nos vería como somos, con una tradición histórica larga y compleja a la ignoramos en los más de los casos. Determinaría, sin mucho esfuerzo, que estamos entre los primeros en cuanto a malbaratar el tiempo, a despreciar las oportunidades, a dispendiar los recursos.

Somos un país donde la mediocridad es un condición sine qua nom para alcanzar posiciones en las clases dirigentes. Somos un país de dirección mediocre. La burocracia pública está llena de nulidades. Tenemos escritores que han hecho fama gracias al artificio publicitario y no a la calidad de su obra. En las esferas del capital no hay una clase gerencial brillante. Nuestro parlamento está lleno de insensatos. A la prensa accede mucha gente que no sabe redactar una frase mientras otros con ideas que aportar no compiten por el centimetraje. En suma, somos un país donde tenemos invertidos y trastocados los valores.

Sin embargo estamos lejos de ser un país mediocre. Buscando un poco bajo la superficie engañosa, nos encontramos que tenemos gente talentosa. Pululan por allí escritores que con una oportunidad comenzarían a enviar interesantes originales a las prensas. En el mundo de las finanzas hay gente inteligente condenada al subempleo. Tenemos técnicos –es verdad que en poca cantidad- que se han devanado los sesos especializándose y andan a la caza de una oportunidad. Hay médicos con masters en administración de hospitales que se decían a sus actividades privadas cuando quieren rendir un beneficio al país. Hay por ahí algunos jóvenes científicos doliéndoles el dolor de no recibir un chance para impulsar sus ideas que podrían resultar novedosas y espectaculares. Hay infinidad de jóvenes con talento macerado en el estudio, deseosos de servir pero que no son llamados porque no pertenecen al partido ganador de las últimas elecciones. Son llamados a la administración de los asuntos públicos los que llevan la tarjeta de recomendación o portan el carné partidista del momento, mientras centenares de personas capaces son dejadas de lado por esa única razón.

Ya decir que los boxeadores andan millonarios y los poetas desfallecientes de hambre, es un lugar común del tamaño de una montaña. Sin embargo, el Perogrullo sigue siendo válido para mostrar claramente la jerarquía de valores de la estructura social que soportamos. El cambio de mentalidad que permitiría a los poetas comer o a los capaces arribar a la administración pública, forma parte de un complejo proceso extraño a los actuales dirigentes.

Nos perderemos como nación si en todos los órdenes de nuestra vida sigue campeando la mediocridad. Magro es nuestro futuro si las vías de acceso a la dirección siguen abiertas para los mediocres y cerradas para los capaces. Triste nuestra estructura jurídica y digna de risa la coersibilidad de nuestras leyes si al Congreso sigue llegando tanto papanata y si reciben nombramiento de jueces sólo aquellos cuyos partidos están representados en el Consejo de la Judicatura. Inútiles todos los esfuerzos por mejorar nuestras ciudades si los Concejos Municipales son escenario de la incapacidad encumbrada. Pérdida de tiempo estos años cruciales si en la dirección del Estado venezolano siguen “busca-puestos” de cintura grasosa y mente estrecha. Pobre país en el que debemos mirar a los cuadros dirigentes cada vez que debemos citar malos ejemplos y fallas en la conducta cívica.

Qué el azar repare

Cada día se acentúa más el divorcio entre el país y las élites que dirigen todas las fases de su vida. Cada día más el país se echa a un lado y se muestra menos interesado en las decisiones de sus clases dirigentes. Cada día más el país se acentúa en el escepticismo. Cada día interesa menos el destino colectivo. Cada día más el país se encoge de hombros. Cada día más el país está consciente de su incapacidad para influir en el rumbo nacional.

El país se preocupa cada día menos por lo que habrá de decidirse en torno a cualquier asunto. La decisión es recibida con esa peligrosa apatía de los resignados. El país se siente al margen. El país no confía en sus clases dirigentes, pero la imposibilidad de sacudirse y liberarse le llena de abulia y de apatía, de insensibilidad, de triste conformidad. Estamos llegando a los extremos de que al país casi no le interesa la decisión que se tome, el paso que se dé, la resolución que se adopte, la vía que se escoja.

La impotencia domina a la nación. Hemos acumulado tal carga de errores, de ofertas incumplidas y de mensajes traicionados, que ya la sensación colectiva es la de pesadez, de insuficiencia, de entrega. Bajo los Excmo. BROS yacen las reservas y la potencialidad creadora está obstruida por el polvo recogido en nuestro largo camino.

Ya las decisiones apenas producen reacción. El país parece conteste de que la decisión, cualquier decisión, ya estaba cocinada, tomada, prevista, y hasta ha surgido una especie de preparación defensiva para enfrentarse a sus consecuencias. El país parece asustado cuando la pompa de nuestra clases dirigentes anuncia un pronunciamiento, porque tiene una certeza íntima de que aquel parto causará daño; si deja las cosas como están, la decisión será buena. Jamás habíase visto tal desprecio colectivo, tal cinismo introyectado en la vida de una nación.

Cada quien parece envuelto en una rápida carrera por asegurar el bienestar propio. Cada quien parece interesado en la posibilidad de medrar, de asegurarse. Cada quien está desesperado por prever su propio bienestar, su propia seguridad, ante las contingencias del futuro. Este afán de salvarse, de atrincherarse en lo propio, no puede ser otra cosa que reflejo de profundas dudas sobre el destino de la nación. Al mismo tiempo puede ser confesión de imposibilidad de influir en ese destino, en algunos, y en otros, a los que jamás les ha importado lo que acontezca con el país, la puesta en práctica de esa sibilina sentencia que más o menos significa que lo importante esa salvar el propio pellejo, que los demás verán como salvan el suyo. No hay nada criticable, todo lo contrario, en que cada quien atesore su seguridad. Lo que quiero significar es que este enunciado se ha distorsionado hasta tal extremo que somos testigos de una rapiña por llenar las propias alforjas. Pareciera entonces presente en el subconsciente colectivo ese signo trágico de que vamos a concluir mal. Peor aún, pareciera importar poco que se sucedan los males si ellos nos afectan lo menos posible en lo individual.

El país carece de obreros dispuestos a apartar la pesada carga. Más aún, si esos obreros insurgieran y ofrecieran la mano y el espíritu de obra, podríamos ver el espectáculo de que el país los rechace. Hay tal convencimiento de que cada quien ansía el poder para cohabitar con él, para amancebarse con él, para copular con él, que los obreros salidos de los restos de la dignidad nacional serían confundidos y tachados de demagogos.

Veamos a manera de ejemplo que la opinión nacional está de acuerdo con la importación masiva de alimentos. Sólo pide que los precios sean bajos. Poco importa el hecho en sí, la forma saudita de vida que implica, si podemos colocar los productos en los anaqueles sin afectar mucho nuestros propios presupuestos. A nadie parece importarle que somos una familia atrincherada en el dinero por el cual no hemos sudado, que vivimos una opulencia que cada día nos hace más débiles de espíritu y más faltos de moral y dignidad y carácter.

El país se conforma. El país se relaja. El país vive esa tranquilidad que nos producto de la confianzas sino de la resignación. El país acata las decisiones de sus clases dirigentes no porque las estime correctas sino porque las considera insacudibles. El país no piensa en quitarse de encima sus clases dirigentes en un gran esfuerzo de renovación porque ese esfuerzo ya le es imposible, porque ese esfuerzo ya no le es atractivo, porque ese esfuerzo le parece romántico, utópico, despilfarrador. Más aún, porque le parece que no hay sustitutos y que los sustitutos se embriagarían de una vez en ese aire pesado. contaminado, enfermizo, que envuelve a la república con conceptos equivocados, con incapacidad manifiesta, con ostentación criminal, con abúlica resignación a lo que el azar repare.

La cuota de responsabilidad social

Nadie quiere dar nada. No quiere dar nada el funcionario público que se limita a sacudirse las horas cumpliendo más o menos pasablemente. No quieren dar nada los conductores de autobuses y taxis que violan las normas del tránsito y en una especie de obstinación invariable recorren las calles de nuestras ciudades. No quieren dar nada los políticos que se limitan a mantener posiciones o quizás emplean sus fuerzas en subir un poco más hacia donde las prebendas son mejores. No quieren dar nada los empresarios solamente preocupados por sus ganancias. No quieren dar nada los gremios encerrados en una defensa a ultranza de sus asociados y sus intereses. No quieren dar nada los partidos centrados exclusivamente en intereses egoístas. No quieren dar nada los productores del campo ni los industriales ni los comerciantes. En este país nadie quiere dar nada.

En este país cada quien quiere ser una isla aprovisionada y suficiente. En este país cada quien desea tener el país para sí, que el país le sirva, que el país lo provea, que el país destine sus esfuerzos a engordarle y a ayudarle. En este país se quiere invertir el viejo principio de que cada quien tiene una cuota de responsabilidad social que cumplir. En este país hasta los conceptos más elementales de la sociedad civil son olvidados. Se están olvidando los principios fundamentales de la vida en convivencia. El egoísmo se ha apoderado de la república. Nadie quiere dar nada al país.

El afán de lucro, desmedido y pretendidamente intocable, domina, preside y “machinea” la sociedad venezolana. Cada quien desea para sí todo y nada para el país. Estamos in meros en una carrera desenfrenada por el atesoramiento personal. A cada quien le importa un bledo que sus aspiraciones y los modos de conseguirlas, choquen y dañen los intereses colectivos. A nadie le importa un comino el cuerpo social; nadie siente los cargos de conciencia si sus actos por enriquecerse producen magulladuras a una escuela, a un barrio, a una ciudad, a toda la nación.

Hay gente que construye por encima de la salud de los niños de una escuela vecina. Hay gente que quiere destruir una extensa zona verde para aprovechar del bajo costo de los terrenos. Hay gente que quema y tala para defenestrar a los habitantes naturales del lugar y obtener pingues ganancias. Hay gente que oculta los productos agrícolas porque no se les concede el exceso de beneficio que aspiran, sin importarles la alimentación del país. Hay gente que introduce deliberadamente materias de inferior calidad en sus productos para aumentar el renglón de las ganancias, sin importarles las consecuencias dañinas de desabastecimiento e importaciones sustitutivas y disminución de la productividad. Hay gente que vende sus productos contaminados o deficientes, gente que está en la onda nacional de riqueza a cualquier precio.

Está desenfrenada la clase dirigente de la economía. Está desenfrenada la rapiña contra los dineros del Estado. Hay desenfreno a todos los niveles. Hasta el más pequeño procura a su nivel, pero procura. Especular se ha convertido en norma invariable. Hay que obtener más con menor esfuerzo, es la aspiración nacional. Cada día es menor la preocupación por el país; llegaremos a perder completamente esa preocupación y nos destruiremos unos a otros, o mejor, los poderosos destruirán a los débiles, sin darse cuenta que cavan su propia tumba. Acabaremos destruyendo la república. La república quedará desértica de moral, de principios, de cordura, de solidaridad, de comunión.

Graves taras han crecido a la sombra de la opulencia petrolera. Gravas taras han brotado parásitas del árbol venezolano. Las taras están gordas y continúan engordando a costa de la república. Los vicios se elevan frondosos opacando las virtudes. El atrincheramiento en el propio feudo usando como víctima los intereses nacionales para hacerse próspero, es una señal inequívoca de descomposición. Estamos pasando de la responsabilidad culposa a la responsabilidad intencional en esto de llenarnos con desmedro de los derechos de la comunidad. Ya estamos dejando de ser un país alocado por el boom del engorde para ser un país suicida. En este país nadie quiere cumplir, dar, pagar, su cuopta de responsabilidad social. Más allá, parece olvidarse que existe la obligación de esa cuota, el deber de esa cuota, la ineluctable necesidad de esa cuota. Esa cuota no figura en la lista de urgencias. Parece que los culpables han olvidado que al menos necesitan una república donde clavar las succionadoras.

Si nadie da nada, si nadie aporta nada; si, al contrario, se quiere que la república se dé íntegra como pastizal para todas las depredaciones, nos encontraremos de cahetes chupados, de costillas al aire, de rostro macilento, a la vuelta de poco tiempo. La repúblcia se nutre de las cuotas de sus ciudadanos, del aporte de su gente. Es bueno recordar que la riqueza también desaparecerá. La riqueza desaparecerá al tiempo que se come la carne de la república, porque nada puede sostenerse sin un esqueleto de moral, sin solidez ósea, producto del deseo de vivir juntos, de progresar todos, de salir avantes en solidaridad de propósitos. Hemos olvidado que tenemos un cuerpo común al que hay que cuidar. Tantos han salido y salen del cuerpo común a engolarse en el egoísmo que el esqueleto que sostiene la república se está debilitando peligrosamente.

Sobre la moral

I

El país vive en una moral desvaída. El país transcurre en una rara moral, adaptable a todo. La moral en que vive el país es hipócrita. Todo el cuerpo de normas del espíritu está afectado. Todas las actividades ciudadanas dan ejemplo de que hemos saltado la talanquera, de que hemos abandonado todo tinte moral, de que los venezolanos hemos llegado en nuestro fuero interno a graves conclusiones.

Los venezolanos proclamamos hacia fuera lo que debería ser el patrón de una conducta correcta, pero en nuestro interior nos solazamos en la forma de evadir ese patrón. Los venezolanos tenemos normas morales para proclamarlas hacia la calle y un comportamiento opuesto. A medida que transcurre el tiempo se deteriora, incluso, el afán de la apariencia y cada día importa menos la fachada. Nos estamos sinvergüenzeando hasta tal extremo, que estamos sentando como justos los comportamientos inmorales, que estamos por proclamar la amoralidad como nueva moralidad de la república.

Esta situación confusa de inversión de conceptos, de ruptura de los frenos, de enmarañamientos, no encuentra en un código sustitutivo una salida. Como no existen un planteamiento y una propuesta serios para hacer un país distinto, no existe la oferta de una moralidad centrada en el cambio, en el apartar brusco y decidido de todos los patrones de conducta corruptos, mercantilistas, monetarios, lucrativos, que están haciendo de la república un bazar.

Hay un grave vacío de propuestas en torno al espíritu. Nadie quiere meterse en la intimidad del hombre venezolano a hurgar, a destapar la podredumbre, a descubrir los tejidos cancerosos, a proponer el cambio del hombre por dentro, a poner sobre el tapete de las aspiraciones nacionales una profunda involución sobre sí mismo.

II

Lo que se acepta, aceptado queda. Hemos ido lentamente aceptando el desmoronamiento del sostén moral, permitiendo que la conducta se adecue a las exigencias de una vida basada en el lucro. Los venezolanos, inmersos en las exigencias de la competencia y victoria que la sociedad capitalista nos traza como metas, hemos incluso corrompido lo de por sí corrupto.

Esta sociedad nos exige que compitamos con el prójimo, que rechacemos cualquier solidaridad o comunión con él. Esta sociedad nos exige que seamos unos “triunfadores” a costa de los otros. Pero aún aceptando la competencia y el afán de lucro como objetivos de la vida, este sistema establece linderos, correcciones, afanes a ratos para evitar un desbordamiento de sus propios enunciados. Los venezolanos, aceptada primero esta concepción de la vida, estamos ahora llevándola a situaciones inadmisibles, sembrando la corrupción en una concepción de por sí corrupta. Estamos yendo más allá de lo tolerable por una moral intolerable. La gravedad radica en que habiendo hecho nuestro un código de normas que van contra el hombre, hemos sido tan extraordinariamente aptos para la disolución, que la hemos llevado a los linderos de su maldad intrínseca y por ende más allá de su capacidad de resistencia antisísmica.

III

Nuestras erradas concepciones de la vida se reflejan inmediatamente en el comportamiento político. La organización social tiene los patrones de conducta de los individuos. El Estado refleja los vicios de los ciudadanos. Nos comportamos en conjunto con todas las taras que cada uno de nosotros ha hecho suyas. El cuerpo social está confundido. Las instituciones políticas sienten la sacudida. Nuestra institución política fundamental es, por supuesto, esta república. Esta república está hecha de cada uno de nosotros, contiene dentro de sí el hecho sociológico de la nación que conformamos. Si está deteriorado el fuero interno de los venezolanos, si dentro de nosotros hemos perido la moral, en obvio que la manifestación jurídica de nuestra unión, es decir el Estado, la república, esté en graves peligros.

Estamos en tan delicada situación, hemos llegado tan cerca de los despeñaderos, que debemos detenernos a pensar sobre la supervivencia nacional. Nuestro comportamiento individual y colectivo ha corroído las bases mismas de la república. Hemos estado actuando con tal inconciencia que debemos ocuparnos inmediatamente, que nuestra fundamental preocupación debe ser ahora, la de preservar la existencia misma de la unión.

Las necesidades de la república
I

Tenemos un país y una difícil tarea por delante. No parecemos a la altura de la tarea. Es más, los males se han introyectado de tal manera en nuestras concepciones y por ende en nuestro comportamiento, que primero que toda acción debe estar el convencimiento general de la degradación que hemos sufrido, el conocimiento de nuestro actual estado, la convicción de que hemos equivocado los rumbos.

La nación necesita urgentemente una reflexión profunda. La nación debe meditar sobre sus fallas. El país debe lograr un análisis certero, cierto en toda su crudeza, verídico en toda su crueldad. La república debe comenzar por esa investigación íntima que es necesaria para la elección de correctivos. Tal como lo apuntamos al comienzo de este libro se ha producido una revisión. Sin embargo esa revisión ha sido a ratos forzada, no sincera. Cuando nuestras élites dirigentes han participado en ella, lo han hecho sin convicción, obligados por una tendencia que ha salido fundamentalmente de unos pocos hombres de pensamiento. Es, pues, cierto, que la tarea de análisis ha partido de pocos. No ha cundido la reflexión en el país.

Me temo que el país aún no está consciente de esta revisión impostergable. Aún no se ha logrado la conmoción necesaria para que el país entienda que anda mal, que debe revisar sus patrones de conducta, que debe en consecuencia exigir otra actitud de quienes tienen la responsabilidad de dirigirlo. Las manifestaciones en este sentido han sido aisladas, esporádicas, concretas sobre algo que ha tocado muy de cerca la piel de la comunidad contestataria. El país no está consciente de la gravedad de su momento. La misión esencial de quienes han estado reflexionando sobre la república es crear la angustia general sobre la necesidad de revisión.

La dirigencia del país no ha hecho suyo el llamado a participar en el análisis. El análisis ha sido hecho parcialmente por escritores, intelectuales e, inclusive, por unos pocos políticos que decidieron correr con las consecuencias que sus advertencias ocasionarían. La élite dirigente, culpable en primer grado, participa de la modorra general porque, simplemente, le va muy bien con las cosas como están; no es de su interés primordial comandar una revisión que los señalaría como culpables y que exigiría su remoción. La inteligenztia tampoco ha promovido el autoanálisis. Los intelectuales en general andan ocupados en la caza de prebendas. En la búsqueda de compuertas que den acceso a la fama y al reconocimiento; señalar las purulencias de la república cierra esas puertas. Los intelectuales no han querido entender su tarea de ser conciencia de su tiempo. Nadie que señale estigmas, vicios e inmoralidades en esta república, será objeto de boato oficial o privado. Se han olvidado que es preferible ser un marginal que un agasajado.

En verdad los que se han dedicado a reflexionar sobre la república han sido muy pocos. Muy pocos han escogido la tarea de pensar. Es que pensar ocasiona problemas. Pensar lleva a la reclusión voluntaria y a la ruptura con las oportunidades de la vida. Pensar conlleva al rechazo, la lucidez señalada como locura, al marginamiento de los oropeles de las fiestas que dan los señalados como responsables de nuestro drama.

Debemos hacer pensar a los que tienen capacidad de pensar. Debemos convencer al país de que algo anda mal, de que este comportamiento colectivo lleva en sí tristes presagios. Debemos desenmascarar a los que opinan sobre la república con una “bondad” criminal, con una dejadez que quiere decir que “esto pasa en todas partes”, “que debemos corregir un poco allá y otro pocoa cullá”; esos que convierten las advertencias en “exageraciones de exaltados” y que insisten en que no andamos tan mal y que con unos pequeños correctivos bien aplicados habremos superado lo que para ellos no es crisis sino desajustes pasajeros. Esos no tienen remedio y la única posibilidad con ellos es procurarles el desprecio colectivo. Hay que hacer pensar a los venezolanos capaces que no tienen compromisos, que están incontaminados, que no están atados a las pasiones colectivas. Esos son los venezolanos de los que el país puede creer que verdaderamente es necesaria la revisión.

La única manera de que el país sacuda la modorra que lo aturde es oír un grupo combinado de voces que logren atrapar su confianza. Si la revisión la siente el país como propia, el país buscará salida ante la convicción de que necesita esa salida.

II

Los partidos son responsables en grado sumo de los males de la república. Tienen responsabilidad en los vicios de la representatividad; en la ineficacia del parlamento; en la crisis de los concejos; en la malversación de los fondos públicos; en los vicios del Poder Judicial; en las características de comodidad, facilismo y apatía de los ciudadanos, en todas las cargas y lastres que atenazan al país a su crítica situación.

La única manera es que el país se imponga sobre los partidos. La única posibilidad es que el país wexija el cambio,, lo logre a base de constancia, de rechazos y de premios. Hay que transportar muchas responsabilidades de los partidos a la comunidad. Los partidos no querrán entregar sus privilegios y por eso habrá que arrancárselos. Esta tarea, difícil y compleja, sólo puede emprenderse si el país está concientizado, lúcido, alerta, dispuesto, decidido. Si el país reclama a los partidos la responsabilidad altísima que tiene en los males que lo aquejan, si les reclama y los castiga y exige un comportamiento diferente de los líderes partidistas, si impone nuevos criterios y logra de ellos nuevas decisiones, si se sacude el yugo partidista e impone sobre ellos el yugo del país, habremos comenzado a entrar en el terreno de las acciones concretas.

En este momento se trata de algo muy simple: la salvación de la república sólo puede dársela la república en conjunto. No me refiero a “compromisos históricos” o a alianzas multipartidistas que se traducirían en reparto alocado de cuotas de poder. Me refiero a algo más profundo: a una república consciente de los peligros que la acechan, consciente de la unión que formamos todos nosotros, consciente de ser un cuerpo común, consciente de que su salvación debe encontrarla aún por encima de las élites dirigentes, consciente de los vínculos que nos atan a cada uno de nosotros con los demás, consciente de buscar y de lograr una identidad nacional, conscientes de que somos una unidad y que cada uno de los integrantes de esa unidad debe soldarse en el propósito de salvarla.

La república no puede esperar hombres providenciales. En este proceso reflexivo colectivo brotarán los hombres que sepan interpretar la nación reacomodada, reajustada, impregnada de nuevas fuerzas y de nuevas ambiciones. La nación parirá, descubrirá, concederá el poder sobre las riendas, a quienes estén contestes de su nueva interioridad. La nación no puede esperar a que llegue un hombre o un grupo de hombres a salvarla. Sólo ella puede salvarse a sí misma. Ella producirá de sí misma los que deben interpretar y ejecutar su voluntad. Si la nación no es capaz de este proceso, las conclusiones tienen que ser de extremo pesimismo. Si la nación no es capaz de concientizarse de que hay que regenerar los tejidos, si no es capaz de estos propósitos, pues la república dejará de ser tal y nuestra suerte será decidida por los más audaces, por los más aventureros, siempre por quienes no la aman. Por eso la tarea debe ser la de pensar. Hay urgente necesidad de hombres que se dediquen a pensar.

Cuidado. Nadie pretende eunucos o ascetas retirados a la contemplación. Lo que se pretende es el rompimiento de vínculos que impidan vínculos con la república en búsqueda. Nadie pretende solitarios encerrados; lo que no es posible es servir de motor en la regeneración de la república entregándose en cuerpo y alma a pasiones colectivas sectoriales. El compromiso de pensar no excluye la acción para que la república accione; no excluye intentos parciales para ir reacomodando la república. Marchemos hacia la salvación o hacia la destrucción, se irán produciendo variaciones, la situación no permanecerá siempre igual. Habrá que estar atentos a todos los reacomodos y a todas las posibilidades de influir hacia los caminos correctos. Lo que se exige es que comencemos por estar liberados nosotros mismos; no podríamos ayudar al salto si estuviéramos integrados a alguna barrera o fuéramos parte sustancial de algún contrapeso. Hay una exclusión evidente entre ambas cosas.

III

La nación lleva dentro de sí las posibilidades de su regeneración. Ningún hombre carece de fuerzas interiores para evitar el suicidio. Así mismo, ninguna nación está carente de los mecanismos que le permitan despertar a una vida auténtica. Esta república tiene esperanzas. Hay que saber despertarla. El sueño en las fallas y equivocaciones no puede ser eterno. Hay que inducirla a su transformación interior. Hay que saber interpretarla cuando haya despertado.

La nación no puede inclinarse y caer en los despeñaderos mientras haya entre sus miembros gente que resista. Nos negamos a creer que no tendrán fuerza, que serán arrollados por la caída estrepitosa. Nos negamos a dar por definitivo que la república no tiene salvación. Hay que dar la batalla de resistencia contra el proceso de degradación que vivimos. Primero, resistir. Segundo, alejar del peligro inminente. Tercero, provocar la reflexión. Cuarto, determinar las nuevas metas y propósitos. Quinto, escoger los caminos. Sexto, entregar el liderazgo. Séptimo, avanzar hacia las metas.

La revisión

I

En cambiar un partido por otro en los procesos electorales no está la solución a los males de la nación. ese cambio puede y debe producirse convenientemente al juego de las libertades públicas. Por encima de la alternabilidad den el poder hay que formular grandes planteamientos, grandes propuestas. La primera de ellas, es sin lugar a dudas, la revisión.

Los venezolanos debemos comenzar una gran revisión de nuestra conducta. La revisión debe particularizarse a cada venezolano. Para ello lo primero que hay que enseñar a los ciudadanos es a reflexionar. Dar a cada quien la facultad de voltearse sobre sí mismo para salir rejuvenecido hacia los otros.

El venezolano debe revisar su conducta en familia. El venezolano debe revisar su conducta con los más cercanos sujetos de su trato. El venezolano debe revisar sus relaciones en el área del trabajo con amigos y compañeros. El venezolano debe revisar su conducta diaria en las tareas de la producción. El venezolano debe revisar su tiempo de ocio. El venezolano debe revisar sus propósitos en la vida. El venezolano debe revisar sus relaciones con la naturaleza.

De la revisión saldrá una gran confesión de culpa. De la revisión saldrá necesariamente la vergüenza del comportamiento errado. De la revisión saldrá, aparte de nuestra propia culpa, el señalamiento de los grandes responsables. En la medida que se produzca la verificación interna y se constate la necesidad de ser un hombre nuevo, se producirá la necesidad de transformación radical de nuestra organización social.

De la revisión particular saldrá la conciencia de la situación de injusticia. En la medida en que los venezolanos nos hagamos hombres alertas, menos podrán sobre nosotros los manipuladores que pretenden mantenernos en el servicio de las injusticias. Se pondrá de manifiesto la impostergabilidad de reducirlos, de dominarlos.

Un país que comience por la convicción de revisión en cada uno de sus ciudadanos, que avance en esta revisión particular y pormenorizada, que adquiera certidumbre de sus vicios y equivocaciones, producirá regeneraciones en el tejido del cuerpo social, acentuará su inmunidad ante las enfermedades, se hará solidario y abandonará el egoísmo, estará listo para generar su propia salida, estará disponible para el gran salto en busca de un destino correcto.

II

Mientras no se haya producido este remezón que conllevará a la revisión, ninguna opción será definitiva; ninguna opción podrá arrogarse y menos cumplir como opción válida. Todas las opciones llevan en sí el germen de la realidad nacional, de la realidad de crisis y drama. Todas ellas no harán entonces sino mantener dentro de la inversión actual de valores y dentro de la carencia actual de una apertura, de una salida. No podrá haber depositarios del poder que encarnen esta transformación porque se les habrá exigido, ab initio, adecuarse a exigencias viciadas y erráticas.

Como ya he dicho, la revisión no se originará en el poder. La revisión brotará del país y se impondrá por parte del país a los depositarios del poder. El país habrá alcanzado suficiente fuerza y coraje y convicción para apartar a quienes no quieran adelantar los propósitos adoptados por el cuerpo colectivo.

Mientras tanto el país está imponiendo, en medio de la inconsciencia colectiva, a todo aspirante al poder, moldes y una exigencia de identificación previa con sus taras. El país vicia actualmente toda elección porque todos los optantes caen inmersos dentro de la situación que hay que superar.

No significa la revisión un abandono del proceso político real, actual, inmediato y mediato. Ya hemos dicho que no se quiere ascetas ni encierros en cámara neumáticas. Lo que debe estar claro es el pri9ncipio de que allí no está la salida, aunque ese proceso pueda brindas oportunidades aprovechables y circunstancias utilizables. Si el país sigue pusilánime y dominado por el proceso político real, esperando de él algo que no le puede dar, estaremos bogando hacia el fracaso y no se habrá abierto la alternativa de la salvación nacional.

La definición

El país tiene que definir sus metas. El país tiene que clarificar propósitos. Tenemos viejos planteamientos irresueltos. Tenemos nuevos problemas nacidos al amparo de nuestro crecimiento incontrolado. Hemos vivido tratando de enfrentarlos y, aparte de haber fracasado las más de las veces, nunca hemos tenido claro hacia donde avanzamos. No están trazados los grandes objetivos nacionales.

No están propuestas y buscadas las condiciones básicas. No hemos hecho la obra de infraestructura indispensable al arranque. No hemos delineado las vías de acceso simplemente porque no sabríamos hacia donde delinearlas. Estamos viviendo la vida por vivirla. No hay grandes atracciones que nos llamen y que nos motiven. Hay un gran vacío en la existencia de la república.

El país debe definir lo que quiere ser. Cuando se vive bajo la impronta de las circunstancias y de la improvisación, se anda al garete, navegando en falso, propenso a encallar en cualquier islote. No hay grandes faros que dirijan la navegación de la república. Trazarse las metas y definir los propósitos, plantearlos como un reto a la potencialidad nacional y acular la energía para lanzarse en su búsqueda, es requisito indispensable para zarpar. No se puede zarpar sin saber hacia dónde se va. No se puede tener seguridad si no se sabe ciertamente hacia dónde se marcha.

Hay que definir. La definición implica una ética y una moral. La ética del gran proceso de transformación venezolano debe estar sentado sobre bases sólidas. El cambio implica una moral, una moral sentada sobre al sinceridad y sobre la libertad plena del hombre. Mientras exista una moral hipócrita, una moral para ser violada y no haya ética en el comportamiento y en las actitudes, no podrá haber definición y por ende tampoco punto de partida. Debemos definir claramente las bases de nuestro nuevo trata miento recíproco, de la interrelación entre los ciudadanos de esta república.

La definición implica el trazado y el respeto a una jerarquía de valores. Esa jerarquía debe estar apoyada en el hombre y no en términos mercantiles. Debe ser una jerarquía humana, no una jerarquía del dinero. En la medida en que esto se logre los venezolanos aprenderemos a utilizar la riqueza nacional. El valor deberá estar centrado en las virtudes humanas y no en las cuentas bancarias. Si valorizamos al hombre, el dinero retornará desde su encumbra miento actual como regulador de nuestras existencias hasta un nivel de instrumento para el intercambio y de instrumento para la construcción nacional. En la jerarquía de valores de la república el dinero figura en primer lugar. Debemos bajar el dinero de su majestad omnímoda sobre esta república.

La definición implica patrones de conducta colectiva. Nuevas acepciones para una autoridad que sólo se ejerce contra los desvalidos, mientras tiembla frente a los poderosos. Una autoridad que se sabrá ejercida con propósitos claros y dirigida a la salud común. Unos depositarios de la autoridad que merezcan el respeto. Dentro de la conducta colectiva retornará el orden, el cese del anarquismo que nos corroe, como reflejo de confianza en la administración de la república, en la justicia y en la eficacia. La autoridad no se respeta y se autoprostituye y nos lanzamos desbocadamente en el tránsito y el respeto ha desaparecido de la conducta ciudadana, porque ni la autoridad se ha comportado correctamente ni el orden y el respeto están presentes en el cuerpo social. Definido el código de conducta colectiva, castigadas sus violaciones más allá de la normativa penal, en el ámbito de la aceptación y el rechazo social, la república encontrará la convicción de que sui transcurrir se hace fluido y propenso a la tarea común. La autoridad y el orden y el respeto brotados como deseos de los ciudadanos se tornarán definidos y necesarios a los propósitos nacionales.

La definición implica las metas materiales. Esto es obvio, evidente. Lo que quiero significar es que todas esas áreas han sido contaminadas y necesitará ser adecuadas a la nueva fuerza ético-moral de la república. Que aparte de reorganizarlas para hacerlas efectivas, útiles, deberán programarse al servicio del hombre y dejar de transcurrir en una vida amorfa, convencional, para hacer de ellas riqueza organizada, tranquilidad nacional, muestrario de nuestra eficacia y de nuestro temple. El manejo de la riqueza material, la eficacia y la organización que en ese manejo pongamos, sólo encontrar su norte y su garantía en una república definida en su fuerza interior, en sus patrones de conducta, en sus propósitos y metas. Fallaremos en todas las áreas de la riqueza material, trabajaremos allí con vicios e irregularidades, no sabremos aprovecharla mientras trabajemos sobre ella a tientas.

Constancia de una verdad

Hay que dejar constancia de que la república está frente a un dramático dilema. Tenemos que decidir. Primero que nada alguien deberá hacer entender a la nación que el dilema existe. Que no hay ya términos medios. Sólo extremos. Ya no cabe la posibilidad de distraernos, de ocuparnos temporalmente en otras cosas. No, la decisión que se nos exige es radical. Radical la hizo nuestra falla, nuestra inmoralidad, nuestro botaratismo.

Mantenernos en nuestra actual desidia significará la escogencia del suicidio. Si la nación rechaza las advertencias y continúa entregada al ocio, al bonche, al paterrrolismo, si dejamos seguir pasando el tiempo, si permitimos que los vicios continúen acumulándose, la destrucción llegará irremediablemente.

Escoger la salvación implica un esfuerzo grande. Escoger la salvación implica una decisión que requiere carácter y conciencia. Para destruirse no hace falta coraje., Para destruirnos nos bastará quedarnos quietos. Escoger la salvación implica recoger y aunar las pocas fuerzas que anos quedan, antes de que el fango las cubra y nos sea entonces imposible encontrarlas.

La república está frente a la encrucijada decisoria. Ela país está allí frente a donde se bifurcan los caminos. Tomar el de la destrucción es más fácil porque irnos por allí no requiere preparación previa, arreglos previos, esfuerzos previos. Ha sido, la fiesta que vivimos, tan agradable y disipada, que el cuerpo nos pide continuarla.

El reto es grande. Sacudir la república y obligarla a buscar la salvación requiere de muchas calorías de inteligencia, de valor y de fe. Debemos mantenernos en la fe de que la república es salvable. Apuntalar los esfuerzos iniciales que ya se están manifestando. Recargarnos nosotros mismos en las fuentes de la sabiduría y la cordura, en las fuentes del amor y la esperanza, en las fuentes de la virilidad y del temple.

Que estamos frente a la gran encrucijada, frente al más grande reto, frente a una decisión donde nos jugamos la existencia misma, son cosas que algunos hombres debemos decir aunque sobre nosotros recaigan los más terribles epítetos y se nos señale con las más grandes ofensas.

Poder instituyente

a

por Teódulo López Meléndez

Las instituciones dialogantes de la democracia representativa son lo que denominamos burocracia. Frente a este anquilosamiento se alza lo que hemos dado en llamar poder instituyente. En el caso venezolano la pregunta es si la sociedad puede constituirse como tal, en primer lugar frente a un poder autoritario con deseos de perpetuarse y frente a una organización opositora con las mismas características del pasado y que dieron lugar a lo segundo. Este poder instituyente debe estar en capacidad de pasar por encima de lo instituido y producir otro cuerpo social con características derivadas del planteamiento teórico que la llevó a insurgir. En otras palabras, deben estar en capacidad de pasar sobre el poder, no sólo el que encarna el gobierno, sino las propias formas que la sociedad instituida ha generado y que la mantienen inerme. En otras palabras, la sociedad instituyente debe servir para crear nuevas formas y no una repetición de lo existente. En el caso venezolano tenemos una sociedad instituida de características endebles, bajo la presión de las instituciones secuestradas y cuyas decisiones de resistencia están en manos de partidos débiles que se reproducen en los vicios tradicionales de las organizaciones partidistas desaparecidas y que en el fondo no hacen otra cosa que indicar una vuelta al pasado, a las instituciones de la democracia representativa con diálogo, consenso y acuerdos, sin alterar para nada la esencia de lo instituido.

Seguramente debemos ir hasta Cornelius Castoriadis para dilucidar que detrás de todo poder explícito está un imaginario no localizable de un poder instituyente. Así, se recuerda que los griegos, cuando inventaron la democracia trágica, acotaron que nadie debe decirnos como pensar y en el ágora se fue a discutir sobre la Polis en un proceso autoreflexivo. De allí Castoriadis: “Un sujeto que se da a sí mismo reflexivamente, sus leyes de ser. Por lo tanto la autonomía es el actuar reflexivo de una razón que se crea en un movimiento sin fin, de una manera a la vez individual y social”.

Ahora bien, de la democracia griega hasta la democracia representativa han pasado muchas consideraciones teóricas, hasta nuestros días cuando se habla de una democracia participativa. En otras palabras, la política ha desaparecido, en el sentido de la existencia de ciudadanos libres que permanentemente cuestionan reflexivamente las instituciones y a la sociedad instituida misma. Castoriadis juega con los artículos para asegurar que lo político ha sustituido a la política. Épimélia es una palabra que implica el cuidado de uno mismo y que da origen a la política, con el artículo “la”, para respetar las variantes conceptuales de Castoriadis. La libertad propia de la política ha sido exterminada, porque lo que se nos impone es como “pertenecer”.

Ahora bien, esta persona que piensa es un producto social. La sociedad hace a la persona, pero esta persona no puede olvidar que tiene un poder instituyente capaz de modificar, a su vez, a la sociedad. La persona se manifiesta en el campo socio-histórico propiamente dicho (la acción) y en la psiquis. Se nos ha metido en esa psiquis que resulta imposible un cambio dentro de ella que conlleve a una acción. Es cierto que las acciones de la sociedad instituyente no se dan a través de una acción radical visible. Nos toca, a quienes pensamos, señalar, hacer notar, que la participación impuesta en una heteronomía instituida, impide la personalización de la persona, pero que es posible la alteración del mundo social por un proceso lento de imposiciones por parte de una sociedad trasvasada de instituida a instituyente. La posibilidad pasa por la creación de articulaciones, no muy vistosas, es decir, mediante un despliegue de la sociedad sometida a un proceso de imaginación que cambie las significaciones produciendo así la alteración que conlleve a un cambio sociohistórico (acción). He allí la necesidad de un nuevo lenguaje, la creación de nuevos paradigmas que siguen pasando por lo social y por la psiquis. Partimos, necesariamente, de la convicción de que las cosas como están no funcionan y deben ser cambiadas (psiquis) y para ello debe ofrecerse otro tipo de sentido. La segunda (social) es hacer notar que la persona puede lograrlo sin tener un poder explícito (control de massmedia, un partido, o cualquier otra de las instituciones que tradicionalmente han sido depositarios del poder). Hay que insinuar una alteración de lo procedimental instituido. Se trata de producir un desplazamiento de la aceptación pasiva hacia un campo de creación sustitutiva. He puesto como ejemplo la no aceptación de los partidos verticales y su sustitución por una red social que permita el flujo de la voluntad ciudadana.

Apagar, disminuir, ocultar y frustrar el espíritu instituyente es una de las causas fundamentales de que los venezolanos vivamos lo que vivimos. Ahora tenemos al nuevo poder instituido tratando de crear un imaginario alterado al que no se le opone uno de liberación, en el sentido de soltar las posibilidades creativas del cuerpo social. En realidad lo único que se argumenta en su contra es la vuelta a la paz, a la tolerancia, al diálogo, manteniendo incólumes las viejas instituciones fracasadas. Alguien argumentó que siempre hay un porvenir por hacer. Sobre ese porvenir las sociedades se inclinan o por preservar lo instituido o por soltar las amarras de lo posible. En Venezuela debemos buscar nuevos significados derivados de nuevos significantes. Si este gobierno que padecemos continúa impertérrito su camino es porque los factores que lo sostienen se mantienen fieles a una legitimidad imaginaria. La explicación está en una sociedad instituyente constreñida, sin capacidad de poner sobre el tapete la respuesta al futuro.. Ya los griegos sabían que no podrá haber una persona que valga sin una polis que valga

Vivimos en lo instituido y, por si fuera poco, en un instituido aún más degenerado. Se está basando el presente en una legitimidad de la dominación, lo que hace dificultoso la transformación de la psiquis y su proyección hacia lo concreto histórico-social.

La transformación comienza cuando el cuerpo social pone en tela de juicio lo existente y suplanta el imaginario ofrecido. Se requiere la aparición de una persona con su concepción del Ser en la política, uno que se decide a hacer y a instituir. El asunto radica en que domesticar al venezolano no es posible. El planteamiento correcto es inducir que la vida humana no es repetición, y muchos menos de los enclaves políticos, y encontrar de nuevo en la reflexión y en la deliberación un nuevo sentido. No estamos hablando de una “revelación” súbita sino de la creación de un nuevo imaginario social. Así, sin llenarse de ideas y pensamiento sobre el futuro por hacer no será posible cambiar lo existente. La posibilidad instituyente está oculta en el colectivo anónimo. De esta manera hay que olvidar la terminología clásica. El máximo valor no es un poder constituyente. Lo es un poder instituyente, lo que no quiere decir que no se institucionalice lo instituyente, para luego ser cuestionado por la nueva emersión de lo instituyente. La democracia es, pues, cambio continuo. Todo proceso de este tipo transcurre -es obvio- en una circunstancia histórica concreta. En la nuestra, en la de los venezolanos de hoy, no podemos temer a lo incierto del futuro. Lo instituyente no es calificable a priori como bueno o malo. Ello es posible en una democracia viva. La clave está en hacerlo posible bajo un régimen que impone.

teodulolopezm@yahoo.com

Articulación política y acción comunicativa

b

por Alfonso Torres

De ahí que un proyecto político que quiera aportar a la profundización de la democracia y la consolidación de sus instituciones está desafiado a apostar, más que por los modelos organizativos, por las acciones comunicativas.

Al momento de pensar la articulación de un movimiento político en el contexto actual del país se nos viene encima el peso de la concepción política organicista de la sociedad. Desde principios del siglo XX la política se ha desarrollado en sus componentes instrumentales en ambos bandos de la guerra fría. La razón instrumental derivada de la filosofía de la conciencia y de alianzas de sujetos explotados en pos de una “utopía” liberadora ocupó el centro de las producciones teóricas que orientaron la acción.

Desde Para qué la acción de Simone de Beauvoir de finales de los años 40, y las reflexiones políticas de Hannah Arent, conjuntamente con el Eclipse de la razón de Adorno y la Escuela de Fráncfort, las reflexiones acerca de la acción política libertaria tomó nuevos caminos.

Con la caída de los muros y la entrada en una época global el pensamiento crítico estructuró su hermenéutica con los temas de las sociedades abiertas y los teóricos liberales de la democracia. El choque de escuelas y de visiones dio lugar a un pensamiento complejo conjugador de vertientes múltiples y heterogéneas que fueron marcando huellas y ocupando vacíos de paradigmas de finales del siglo pasado.

Democracia es promesa, construcción, diversidad, autonomía, interculturalidad. Comunicación inter-subjetiva basada en códigos que revelan signos culturales, semióticas y niveles de información diferenciados. Variadas concepciones de ella misma conviven en el interior de este sintagma cuya genealogía más inmediata y cercana en América se remonta a Tocqueville y sus célebres estudios del mundo de la vida en Estados Unidos.

Una política democrática entonces toma en cuenta los ADN de los actores con los que trabaja y a partir de los cuales se propone interpelar el resto social. Por lo tanto habría que evitar una estructura organizativa que tenga por finalidad homogenizar, estructurar la acción, jerarquizar roles y actuaciones, superponer mandos, centralizar y concentrar la autoridad.

Entiendo que debemos hacer lo contrario. Auspiciar la diversidad, sacar provecho de la heterogeneidad, conjugar lo distinto sin tratar de convertirlo en único, y motivar para que puedan expresarse generaciones desiguales, variados sectores e intereses dentro de un mismo movimiento. Esto podría parecer inviable, y talvez lo sea, pero hasta ahora lo unísono, lo homogéneo, lo centralizado, lo totalitario es lo que se ha impuesto como forma de construcción política y los resultados humanos de este tipo de acción ya lo conocemos.

La fuerza del bi

Contrario pasa con la música. El bi digitalizado surgido en la Alemania unificada después de la caída del muro (good bye Lenin) da cuenta del poder de la música electrónica como uno de los fenómenos más espectaculares del siglo XXI. El bi se fusiona y al hacerlo genera su fuerza avasalladora. Las masas se electrocutan y se lanzan al vacío de la existencia reconociéndose en el parpadeo de imágenes ilusorias convertidas en realidad por el efecto de ritmos disímiles provenientes de todas las culturas. En la mezcla, en la fusión reside y se oculta la seducción, el contagio, la fuerza capaz de transformar lo imposible en posibilidad, lo irreal en realizable.

Podríamos entonces partir de que como la música somos signos y bi, y que igualarnos se hace no solamente innecesario sino que sería una pérdida de potencia y de riqueza. ¿Puede esto impedir articular actuaciones conjuntas en el sentido político? Es un dilema a resolver pues si la acción quiere seguir siendo política ha de tomar en cuenta esta cuestión. Mujeres y hombres somos distintos. Jóvenes y viejos separados por brechas generacionales tanto como campesinos, obreros, estudiantes, profesionales, comerciantes, empresarios que forman redes complejas tejidas bajo ciertas lógicas de poder.

Tenemos menos en común de lo que por lo general consideramos. De ahí que sea imposible encerrar en una ideología el interés y los saberes de un grupo o de una persona. Al formular los postulados básicos del neoliberalismo, que dieron pie al consenso de Washintong, Hayec estudió a profundidad la naturaleza del ser para levantar una propuesta de organización de la producción de bienes, de circulación de mercancías y de su consumo acorde con la voluntad de poder que da impulso a toda acción humana.

De otro lado, la racionalización de los estilos de vida en los socialismos reales o existentes tiene como fundamento la razón instrumental que tiende al autoritarismo. Una economía planificada que intenta controlar y pautar la creatividad individual pierde de vista ese basto infinito que es el Ser. En Totalidad e infinito Emmanuel Levinas encontró en esa la mirada del otro lo distinto que se esconde en cada ser humano y en esa distinción la infinitud de sus potencialidades. De ahí que la solidaridad, la a-cogida, la apertura y el acontecimiento sean nociones que nos proporcionan otro modo de ver la política si la asumimos desde una ética dialógica y comunicacional que da cabida a la condición postmoderna del ser contemporáneo (Lyotard).

Ahora bien. ¿Por qué siendo diversos nos conjugamos para hacer política? Porque la política hoy es acción común de lo plural. Ciudadanos y ciudadanas obligados a pactar sus individuales para convivir en paz y en armonía con la naturaleza tomando en cuenta su voluntad de poder destructora y animal. Es lo que hace surgir el Estado como control del Leviatán (Hobbes).

Acción comunicativa

En la actualidad se trata de ciudadanos subsumidos y subordinados por una política antidemocrática que les impide su realización. Nos juntamos libremente y nos valemos de los saberes acumulados para vivir mejor, para aprovechar de mejor manera nuestras potencialidades, para ser más libres y para que haya más justicia, he ahí la pertinencia de la democracia, paradigma que más allá de lo jurídico se concreta con los procedimientos y la reglamentación por la acción comunicativa (Habermas vs. Rawls).

De ahí que un proyecto político que quiera aportar a la profundización de la democracia y la consolidación de sus instituciones está desafiado a apostar, más que por los modelos organizativos, por las acciones comunicativas. Entendiendo comunicación como el espacio en disputa de lo público donde la democracia toma cuerpo.

Comunicar nuestras ideas, seducir y contagiar contingentes poblacionales, articular sectores con microrelatos atractivos, crear iconografía y semióticas que identifiquen ideas, relevar imágenes de-constructivas de verdades obsoletas son las armas de lucha de un proyecto político que pretende introducir innovaciones y vivificaciones en la sociedad.

Por lo tanto, la acción política contagiosa, seductora y liberadora de energías es contraria a toda organización arreglada a fines orientados por la razón instrumental. La razón comunicativa y dialogante escoge como escenario de su práctica el espacio de lo público y las corrientes de opinión de modo que en esta simbiótica vayan surgiendo las mejores formas y prácticas organizativas.

Por eso más que de construir un movimiento pienso que debemos hablar de articular los movimientos que ya existen como expresión de intereses preestablecidos en la sociedad. Seducirlos y contagiarlos con nuevos relatos del mundo de la vida, asidos a los signos del tiempo y de saberes sometidos (Foucault) de jóvenes y de mujeres que aspiran a otro país posible.

Un movimiento de movimientos, enfatizando que de lo que se trata es de articular la diversidad procurando que la misma pueda ser expresada en un clima de respeto y de autonomía. Por consiguiente la dirección política ha de estar sujeta a estos principios y debe promoverlos como fundamento de los modos organizativos.

Jans Jonás y su ética ecológica, Habermas y su democracia deliberativa, Derrida y su deconstrucción, Rorty y su contingencia encontraron eco tardío en América Latina para amortiguar un debate que apenas comienza y que tiende a abrirse campo con el giro a la izquierda, si se me permite tal vocablo, del continente americano.

Un movimiento político contemporáneo está compelido a hacer acopio de nuevas visiones y debates para iluminar su práctica y superar conceptos políticos excluyentes corroídos por el tiempo social. Las nuevas tecnologías, la revolución internetiana, los límites de los recursos naturales, el respeto de los estilos de vida y de los derechos de minorías, así como la economía y la política en la era de la globalización digital obligan a reflexiones que ameritan poner en tensión la imaginación creadora.

Superar los grandes relatos, las exclusiones, las utopías de un mundo fantástico, las totalidades y la autoridad cientificista de los saberes se hace imposible desde una visión cultural anquilosada y desde unas prácticas políticas acríticas y conservadoras muy presentes entre los actores que en República Dominicana asumen discursos de transformación, ciudadanía y democracia más como retórica que como compromiso cotidiano.

Democracia y juegos de lenguaje

Encarar los temas de los juegos de lenguaje, de los códigos comunicaciones como significantes de relaciones de poder, desempeña un rol estelar a la hora de plantearse la participación política de una asociación de ciudadanos y ciudadanas que se interpelan y que quieren dotar de nuevos sentidos y direccionalidad la crítica social.

Si asumimos que de lo que se trata es de contribuir a la generación de nuevas prácticas y de nuevas visiones de la política que se entronquen con la aspiración de una sociedad democrática, es oportuno preguntarse a qué nos referimos cuando hablamos de democracia.

* Periodista

CAMBIOS SIN COMPLICIDADES

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por Pedro Corzo

La llegada del presidente Barack Obama a la Casa Blanca ha estimulado a los sectores que promueven un cambio de política hacia el gobierno de Cuba. Los argumentos en cierta medida son los mismos del pasado, pero en esta ocasión se sostienen sobre la propuesta del mandatario de producir un cambio en las relaciones de Washington con La Habana.

La afirmación de que la situación en Cuba no ha cambiado en 50 años como exponen dirigentes de organizaciones defensoras de los derechos humanos, centros académicos y personalidades de prestigio internacional es una realidad, pero muy frágil, ya que se soporta en la hipótesis de que la sobrevivencia del totalitarismo es consecuencia de la política hostil de Estados Unidos hacia Cuba, por lo que obvian una realidad mas concreta, y es que entre el Gobierno de Cuba y la mayoría del pueblo, hay un diferendo que nada tiene que ver con el embargo y Estados Unidos.

Además es indiscutible que la influencia que tienen los cubanos en las diferentes vertientes de la vida política estadounidense hace que en ocasiones las relaciones con Cuba tiendan a parecer como un asunto interno de este país, pero no es así, Cuba no es parte de la Unión Americana por lo que ésta no tiene que determinar el futuro de nuestra nación.

Sin duda alguna muchas de las personas, instituciones y gobiernos que están a favor de relajar las restricciones del gobierno de Estados Unidos a la isla, incluyendo el embargo, rechazan la dictadura imperante en la isla y favorecen un cambio genuino hacia la democracia, pero por lo regular un sector de éstos, acomodan la solución de la crisis insular no en la voluntad del pueblo y de quienes lo gobiernan, sino en la convicción que por la indulgencia de una de las parte, se va a lograr el milagro que la dictadura crea en la alternabilidad democrática, el pluralismo y los derechos humanos.

Recientemente el Brookings Institute, por mencionar uno entre muchos, propuso en una serie de puntos los pasos que debería dar el presidente Obama para mejorar las relaciones entre los dos países y a la vez servir satisfactoriamente los intereses de Estados Unidos y del pueblo cubano. Un esfuerzo valido e importante pero que deja, una vez más, todo en las manos de la Casa Blanca, pasando por alto que los principales responsables de lo que sucede en Cuba no están en Washington.

Días mas tarde José Miguel Vivanco, director para América latina de Human Right Wacht, repitió en un programa de televisión en Miami, Maria Elvira Comenta, que la política del Potomac hacia Cuba tenia que cambiar para lograr así una unidad de acción entre la Unión Europea, Estados Unidos y América Latina que llevara los cambios a Cuba. No dijo, como no lo han dicho tampoco otras instituciones o personalidades, cual sería la estrategia para lograr el ansiado cambio, en caso de que Estados Unidos cese su hostilidad con el totalitarismo.

Nunca antes en el hemisferio, a pesar de que la isla se vive una sucesión dinástica, en la que el rey padre aparenta seguir con el sello real, había existido una corriente tan favorable a la dictadura cubana como en el presente. Algo similar ha ocurrido en Europa gracias a las gestiones del presidente del gobierno español, José Luís Rodríguez Zapatero

Rodríguez Zapatero y el presidente de Brasil, Lula da Silva, ha sido los principales impulsores de la oleada de solidaridad con la dictadura. Ocho presidentes del hemisferio, en menos de tres meses, han visitado Cuba que se integró al Grupo de Rió, recientemente. La Unión de Naciones Suramericana, UNASUR, en su reunión en Chile prácticamente condicionó la mejoría de los vínculos entre Latinoamérica y Estados Unidos al levantamiento del embargo.

En esto coincide Diálogo Interamericano, que apunta que si Washington quiere un acercamiento con América Latina debe reordenar la política hacía Cuba, porque el objetivo de la democracia no debe ser una precondición en las relaciones con la isla.

Por otra parte es paradójico que algunos de los que impulsan el acercamiento sean los primeros en alegar que Cuba no quiere estrechar relaciones con la Unión. Afirman que la dinastía de los Castro prefiere una política de tensiones, agregando que cuando en la Casa Blanca hay una disposición al diálogo, en La Habana se rompe el puente.

Aseveran que el gobierno de los Castro se gana una legitimidad interna y externa por la política de Estados Unidos, que el embargo le sirve de coartada al régimen y a aquellos que intentan justificar las depredaciones del totalitarismo, a lo que cabe preguntarse,¿por que entonces favorecer una política de cambio, si el régimen la sabotea?.

Tal parece que la mayoría de lo que defienden una entente cordial entre Cuba y Estado Unidos están convencidos que por el mero hecho de que Washington levante las restricciones existentes y suspenda el embargo, el gobierno de La Habana por mimetismo, o una especie de osmosis, va a cambiar su naturaleza y acceder a las demandas de propiciar una sociedad libre y abierta. ¿Ingenuidad o connivencia?

Sin dudas el embargo al régimen de los Castro se refleja en cierta medida en el pueblo cubano y puede servir de coartada al gobierno y a aquellos que intentan justificar las depredaciones del totalitarismo, pero ese argumento se invalida cuando se guarda silencio ante la represión y las restricciones que las autoridades de Cuba imponen a sus ciudadanos.

El ex presidente del gobierno español José María Aznar, que siempre ha abogado por el levantamiento del embargo, asegura que la miseria y opresión que padecen los cubanos son cosechas del comunismo insular y no consecuencia de esa disposición estadounidense, y afirma que para cualquier acción orientada hacia la democratización de Cuba, se debe tener en cuenta la oposición al régimen.

El desacuerdo entre los demócratas cubanos y la dictadura que los gobierna, debería ser el punto de partida de cualquier ofrecimiento serio que se oriente a resolver la tragedia de la isla. Todas las propuestas que ignoren a los demócratas cubanos, tienen un soplo de desprecio hacia aquellos que por años han confrontado la dictadura.
Cuando un gobernante calla ante las violaciones a los derechos humanos, apoya al régimen en los foros internacionales, viaja a Cuba y se niega a entrevistarse con la oposición, no tiene fuerza moral para hablar de cambios sino de complicidades.

Catastrofismo y “negacionismo”: Dos obstáculos para la implicación ciudadana en el logro de la sostenibilidad

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Una de las dificultades a la que hemos de hacer frente muchos ciudadanos y ciudadanas, incluidos los educadores, cuando intentamos entender problemas como el cambio climático, es que, frecuentemente, nos encontramos con informaciones muy contradictorias.

Por una parte se hacen públicos informes como, por ejemplo, los elaborados por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), organismo científico de Naciones Unidas, que llaman la atención sobre un preocupante incremento de los gases de efecto invernadero que amenaza con provocar un cambio climático de graves consecuencias. Pero cualquiera que siga la prensa diaria o “navegue” por la red se encontrará también con abundantes documentos que se refieren a “las mentiras del cambio climático”, al “catastrofismo de los ecologistas” o al “alarmismo climático” e incluso con contundentes tomas de posición de conocidos responsables políticos que se oponen a que, en épocas de crisis como la actual, se financien causas “científicamente cuestionables” como el cambio climático. ¿A quién hacer caso? No es de extrañar que la conclusión de muchos ciudadanos sea que la cuestión no está clara. Así, un reciente estudio señala que más del 60% de los estadounidenses piensa que el cambio climático es una cuestión científicamente controvertida. En consecuencia, buena parte de la ciudadanía –incluyendo, insistimos, muchos educadores- sigue sin ver necesaria su implicación en la resolución de esta problemática.

Ante esta situación, es preciso dejar claro que el consenso científico es total. Podemos referirnos, por ejemplo, al estudio realizado por la investigadora Naomi Orestes, con cerca de un millar de artículos científicos analizados (http://www.sciencemag.org/cgi/content/full/306/5702/1686) ni uno solo de los cuales ponía en duda la realidad del actual cambio climático, ni su origen, asociado, entre otros, a la quema de combustibles fósiles. Por contra, más del 50% de los artículos publicados en la prensa diaria durante el mismo periodo expresaban dudas acerca del cambio climático. Esta confusión constituye un serio obstáculo al que es preciso hacer frente, dejando claro que las posturas “negacionistas” no tienen ningún apoyo científico.

Una situación similar se vivió en los años 70 con el uso de los compuestos fluorcarbonados (CFC), utilizados en sistemas de refrigeración, pulverizadores, etc., y el hallazgo de que provocaban un peligroso adelgazamiento de la capa de ozono que nos protege de las radiaciones ultravioleta: gracias a los trabajos de científicos como Crutzen, Rowland y Molina y al apoyo del movimiento ecologista, que contribuyó a dar realce social a sus investigaciones, se logró en 1987 prohibir su uso en el Protocolo de Montreal, a tiempo de evitar una catástrofe. Pero no debemos olvidar que la primera reacción, sobre todo del mundo empresarial, fue poner en duda estos resultados acusando a los científicos de catastrofistas. Por ejemplo, el presidente de “Dupont”, líder mundial en producción de CFC, calificó los estudios de “relatos de ciencia ficción” y “montón de basura”. Crutzen, Rowland y Molina acabaron obteniendo el Premio Nobel de Química en 1995, pero en Internet podemos seguir encontrando “documentos” (¡incluso del año 2008!) acerca del “mito” y del “fraude” del agujero de Ozono (http://www.mitosyfraudes.org/Ozono.html); documentos tan escasamente fiables, por supuesto, como los que se refieren a “las mentiras del cambio climático”.

No es, pues, haciéndonos eco de quienes tildan hoy de catastrofistas a los científicos del IPCC (como se hizo antes con Crutzen, Rowland y Molina, por no mencionar otros ejemplos como el de Rachel Carson y su denuncia de las graves consecuencias del uso del DDT) como lograremos avanzar en la compresión de los problemas, sus causas y medidas que es necesario adoptar. Nuestra obligación como ciudadanos y educadores es manejar información contrastada, procedente de auténticas fuentes científicas, y no dejarnos confundir por opiniones peregrinas y a menudo interesadas (es decir, literalmente pagadas por compañías petrolíferas, mineras, etc., como se ha documentado también fehacientemente) aparecidas en unos media más atentos a la “noticia” con capacidad de llamar la atención que al rigor científico.

Este rechazo del “negacionismo” no supone, en modo alguno, adoptar las posturas catastrofistas de quienes afirman que los problemas no tienen solución y que, por tanto, no ven posible ni necesario hacer nada… lo que les condena a la misma pasividad de quienes sostienen que no hay problema. La forma de no ser catastrofistas es reconocer los problemas y trabajar por su solución. En efecto, el estudio científico de los problemas tiene como finalidad conocer su origen y poner a punto las posibles soluciones. Y debemos insistir en que esas soluciones existen y que estamos a tiempo de adoptar las medidas necesarias. Baste recordar que en el IV informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC, 2007) destaca el espacio concedido a las medidas mitigadoras y la fundamentada conclusión de que todavía estamos a tiempo… pero que es urgente actuar.

Educadores por la sostenibilidad
Boletín Nº 34, 15 de marzo de 2009
http://www.oei.es/decada/boletin034.htm

La crisis del becerro de oro

Cuando la hiperrealidad de los símbolos se fractura de la realidad material

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por Jorge Majfud

Ernesto Sábato alguna vez observó que la sencilla operación de cambiar una oveja por un saco de trigo ya implica un ejercicio de abstracción.

También podemos considerar que más tarde la aparición de las primeras formas de dinero, aun antes de la antigua Mesopotamia, materializó esta abstracción e implicó la invención de un Estado implícito.

Desde entonces, el dinero estuvo vinculado a una realidad material. En una última instancia histórica fue el oro. Pero el oro, representado por el dinero, también era una realidad más simbólica que material. No solo porque requería de un acto de fe colectiva sobre su misteriosa existencia en algún banco de Londres o de Estados Unidos sino porque el valor mismo de un lingote de oro como el valor de cualquier moneda o papel financiero es simbólico. En primera instancia depende de la fe colectiva. A su vez, esta fe se garantiza y estabiliza con la fuerza del Estado a través de sus ministerios de economía, de sus aparatos legislativos y judiciales y, en última, de la policía y del ejército.

La diferencia de nuestro tiempo con los tiempos de Hammurabi o de los primero siglos del capitalismo consiste en la progresiva y radical separación entre el símbolo y la realidad, entre el valor que se le atribuye al capital y los bienes de consumo y producción.

El valor abstracto del capital posmoderno ya no representa una realidad —por ejemplo, el número y la calidad de bienes escasos— sino que lo modifica doblemente: por un lado (1) es capaz de modificar la realidad material y por el otro (2) es capaz de decretar por sí sola el valor de esa realidad.

Un ejemplo breve consiste en recordar los valores inmobiliarios en Estados Unidos. En el 2007 existían N casas para N’ personas con un valor A’ en permanente crecimiento. En el 2008 existían las mismas N casas y las mismas N’ personas pero el valor A’’ de las mismas había caído abruptamente al tiempo que un X por ciento de las N’ personas desalojaban sus casas hipotecadas.

¿Qué cambio brusco de la realidad material provocó la caída abrupta del valor A’? Ninguno. La realidad seguía allí, exactamente igual, ciegamente indiferente, pero el valor abstracto de A’ había caído de forma radical.

Detrás del cambio de la realidad abstracta, representada por las dramáticas curvas del Down Jones y del Nasdaq, llegaron los cambios en el reino material, primero con la contracción del consumo, luego con la disminución de la producción de bienes y finalmente con la expulsión de los trabajadores.

Las graficas de Wall Street miden la superstición que relaciona el mundo abstracto de los valores y el mundo material de los bienes y servicios. No es una simple expresión del estado de estos últimos, sino la medición del pulso nervioso de los inversionistas que se mueven en este mundo abstracto que estratégicamente se llama “el mundo real”, “el mundo de los hombres pragmáticos”. No es casualidad, porque los mitos sociales siempre se refieren a un fenómeno con nombres que lo contradicen, lo niegan o lo silencian.

Una de las leyes más antiguas de la economía, la ley de la oferta y la demanda, relaciona el valor de algo con el mundo material. Este mundo material está compuesto por bienes (oferta) y necesidades (demanda). Esta ley todavía une el mundo material y el mundo simbólico de una forma estrecha. Ejemplo: durante la escalada del precio del petróleo en la primera mitad de 2008, la explicación y la posible razón del fenómeno derivaban de esta ley. El incremento del consumo industrial de China e India justificaban el precio del barril de petróleo a 145 dólares. Dejemos de lado el factor de la especulación y la manipulación de los precios por parte de las grandes petroleras. De cualquier forma la ley de la oferta y la demanda continuaban relacionando de forma estrecha el precio/valor de un producto a una determinada realidad material. Por entonces dijimos que semejante escalada solo podía ser una burbuja, ya que era difícil imaginar un incremento de la demanda proporcional a la triplicación del precio del petróleo en tan pocos meses. A partir de la histeria de Wall Street en setiembre del 2008 el precio del petróleo se derrumbó a menos de 40 dólares. Antes lo habían hecho los precios de las casas en Estados Unidos. ¿Qué ocurrió del lado de la realidad material? ¿Un tsunami devastó el veinte por ciento de las casas y mató el cinco por ciento de la población del mundo? No. Ni siquiera el terrible tsunami en Indonesia en el 2004 tuvo el más mínimo efecto en la economía mundial. ¿Algún terremoto movió los cimientos de la industria china? ¿Alguna plaga devastó las siembras en el Midwest? No. ¿Alguna sequía a nivel mundial detuvo la maquinaria de producción de alimentos? No. ¿Algún filosofo infestó el mundo con una ideología anticonsumista que contrajo la demanda de productos inútiles al treinta por ciento? Menos.

Entonces, ¿Qué es lo nuevo sino una ruptura en la relación que suele mantener ligados (1) el mundo material con (2) el reino de la tiránica abstracción del capital?

La crisis mundial actual es una crisis de los símbolos —el crédito y los capitales de inversión— que terminó por arrastrar al mundo material a una crisis real. Es lo más parecido a la situación donde el antiguo conquistador europeo, que iba detrás del oro en America o del diamante en África, no solo necesitó de la fuerza bruta para conseguir el objeto de su deseo sino también la fuerza ideológica para imponer al resto del mundo el reconocimiento del valor de esos minerales primero y el reconocimiento de sus representaciones abstractas en forma de dinero papel, de intereses y de deudas impagables más tarde. Pero tanto el dinero como una deuda no valen nada si entre deudor y acreedor no media un reconocimiento implícito y explicito sobre ese valor.

Esta relación que une al beneficiado con perjudicado de mutuo acuerdo, normalmente se da de forma implícita e incuestionable, pero en última instancia la relación está garantizada por el Estado que no solo legaliza la relación sino que tiene la facultad de validar al beneficiado en casos en que el perjudicado cuestione el reconocimiento de dicha relación simbólica.

En la crisis actual ese “acuerdo implícito” entre el mundo material y el mundo simbólico se mantiene a pesar de una ruptura entre ambas categorías, entre lo abstracto y lo concreto, entre lo simbólico y lo material. Sin dar noticia de la ruptura, ambas partes buscan desesperadamente su autoregeneración según las leyes y fórmulas anteriores. Es lo que se llama “botton up”, o rebote de las graficas del Down Jones, por ejemplo. Cuando esto ocurra, significará que los inversionistas han vuelto a confiar en el mundo material y los capitales (el agente del mundo simbólico) volverán a fluir hacia dichos templos financieros. Algunos meses después los trabajadores ocuparán nuevos puestos de trabajo, no obedeciendo a las leyes del mundo material sino a las leyes del mundo abstracto, simbólico, que el capitalismo ha fracturado en su desesperada empresa de generar valores materiales. Y todos nos afanaremos por aprender las nuevas leyes del juego en la lucha por no caer fuera del único sistema sin alternativas a la vista dentro de la cultura en la que nacimos —incluido los países que se llaman socialistas, que no conforman un mundo aparte sino una variación dentro del mundo capitalista-financiero.

Como lo bosquejamos en un ensayo anterior, el mundo actual casi no puede ser entendido según el clásico modelo marxista donde la infraestructura (el mundo material) determina o condiciona radicalmente la supraestructura (el mundo simbólico) sino que cada vez más es el mundo simbólico, a través de una tiranía ideológica asentada en los centros de poder financieros, la esfera que hace orbitar el mundo material según sus intereses y necesidades. Una tiranía sistemática, ideológica y monetaria. ¿O no es tiranía la que sufren los trabajadores del mundo, absolutamente a merced del estado de ánimo de los inversionistas, es decir, de los venerados dueños del mundo? No es una tiranía con un rostro personal, amargo y oscuro. Es una tiranía que se expresa con sonrisas en los medios de incomunicación. Una tiranía ideológica que exige el reconocimiento de que el mundo funciona y existe gracias a ella. Una tiranía del mundo simbólico desgarrado del mundo material y del mundo humano. Una tiranía del consumismo y la inestabilidad psicológica. Una tiranía dulce, por momentos orgásmica, pero tiranía al fin.

Jorge Majfud
Lincoln University, marzo 2009.

Jorge Majfud, PhD
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http://escritos.us

Lincoln University
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LIBROS: UNA PALABRA QUE MATA LA LIBERTAD

totalitarismo

por Pascual Tamburri Bariain

Simona Forti, El totalitarismo: trayectoria de una idea límite. Traducción de María Pons Irazazábal. Herder, Barcelona, 2008. 192 pp. 14,33 €

Camboya está juzgando estas semanas a Kaing Guek Eav, más conocido como Duch, uno de los responsables del sistema represivo de los Jemeres Rojos de Kampuchea. Entre una cuarta parte y un cincuenta por ciento de la población del pequeño país asiático fue “reeducada”, y en muchos casos asesinada, por no responder al proyecto de sociedad ideal que el partido comunista de Pol Pot había diseñado. Saber leer, hablar un idioma occidental, llevar gafas, tener estudios o haber viajado al extranjero se convirtieron de repente en otros tantos crímenes punibles con la muerte. Simona Forti intenta explicar lo más inexplicable del siglo XX en un libro que sintetiza muchas otras reflexiones.

Ya desde el primer tercio del siglo pasado “totalitarismo” y “totalitario” han sido conceptos polisémicos y debatidos. Los reproches generalizados de impotencia a los Estados liberales o tradicionales y la emergencia de nuevas ideologías políticas –el marxismo-leninismo, el fascismo y el nacionalsocialismo, ante todo- dieron como resultado la aparición de una nueva realidad: el Partido totalitario primero y el Estado totalitario después. Y si bien las culpas de la Segunda Guerra Mundial no pueden recaer en un totalitarismo apenas intuido cuando se firmó el error de Versalles, es innegable que la naturaleza totalitaria de determinadas ideologías ha hecho de las guerras y conflictos del siglo XX algo especialmente cruel, ilimitado y carente de sentido. ¿Qué es o qué fue, pues, un Estado totalitario?

El libro de Simona Forti no intenta ser una respuesta más, dentro de una larga lista de estudios que quizás empiece con los críticos más o menos liberales del régimen de Mussolini –de Benedetto Croce a Don Sturzo- y que llega hasta los postmodernos de nuestro tiempo. Forti reúne las diferentes respuestas que ha merecido el fenómeno totalitario y las hace accesibles al gran público de manera eficaz, casi a modo de prontuario, del que se pueden sacar conclusiones concretas para la acción pública en el siglo XXI.

Ante todo, para Forti –porque así fue ya para Margherita Sarfatti primero y para Hannah Arendt después- el totalitarismo no es una ideología, y en realidad casi todas las ideologías del siglo XX llevadas a su extremo son susceptibles de desarrollar una patología totalitaria. Puede debatirse si y cómo los mismos conceptos de “estado” y de “ideología” son totalitarios in nuce, pero no puede aceptarse que determinadas ideologías modernas sean inmunes al totalitarismo, e hipotéticamente ninguna de ellas estaría condenada in toto a serlo. Ser liberal o declararse demócrata no excluye que estemos hablando de un régimen totalitario, y de hecho muchos críticos norteamericanos de Franklin D. Roosevelt tuvieron esa opinión en los años 30 y 40 del siglo XX.

El totalitarismo no es una tentación recurrente: es un fenómeno político novedoso del siglo pasado, pero con los sucesos de 1945 y de 1989 no ha desaparecido como propuesta. Forti explica, preguntándose por la naturaleza del totalitarismo, que no es una realidad de épocas anteriores, sino que se trata de una consecuencia de la modernidad. No se trata sólo de saber quién lo bautizó, sino más bien de comprender que fue bautizado porque nada había sido así antes. Y desde entonces sigue entre nosotros: el secreto del totalitarismo es que se ofrece como atajo contundente para lograr esa felicidad que es la meta de nuestras vidas.

Tendemos a pensar en el totalitarismo como en una molesta posibilidad de tiempo de nuestros abuelos y bisabuelos, una posibilidad felizmente descartada por la historia. Pero el totalitarismo sigue vivo, no sólo en los partidos y regímenes más o menos herederos de los derrotados en el 45 y en el 89, sino sobre todo en todos los demás partidos y regímenes. Elevar la democracia parlamentaria existente a la suposición de perfección y eternidad es, ya, un paso hacia el totalitarismo. El totalitarismo no es una agresión externa a la democracia ni un mero paréntesis en ésta, sino un tumor interno, y por consiguiente su estudio es algo más que un capricho erudito. En este sentido el libro de Forti y la excelente traducción de María Pons Irazazábal para Herder ofrecen una amplia variedad de respuestas filosóficas, politológicas e históricas que podrán apreciar muy distintos tipos de lectores.

Cortesía de http://www.elsemanaldigital.com

LA SEVICIA

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poema de Oscar Portela

Los monederos falsos han triunfado.

Tasadores y buitres se disputan

la historia escrita tras agónicos años

en los cuales reinaran las imperiales sombras

y las luces de lanzas y de dagas

hicieran la riqueza deste pueblo:

su memoria de equívocos y duelos.

Hoy se repite el estribillo cruento:

se remata el imperio de los sueños.

¿Quien da más? ¿Cuantos denarios

cuesta la corona que conseguir supieron

los ilustres en otros tiempos de clavel y olivos?

Hoy triunfa la canalla luctuosa

con un veneno que tritura el alma.

Argentina se vende. Buhoneros, bufones,

filisteos de rasgos inconclusos

van a pulir la lapida impoluta

con estilete vil e impulso ignaro.

Aquí yacen las sobras espectrales

de antiguos remos fundadores.

Argentina se ha muerto. La utopía

que el poeta de “argentum” puso en marcha

yace postrada ahora ante tanta estulticia

y tan oscura cantinela enana:

¿Quién da más? ¿Cuántos denarios

Cuesta aqueste sueño?

¡Oh tanta ingrata y cruel sevicia!

Venezuela y las Leyes del Caos Social

a1

Por Andrés Moreno Arreche(*)

1º.- El ‘momentum’ político venezolano

En Venezuela, igual que en resto del planeta, se aproxima una crisis de percepción. La complejidad del mundo nos ha conducido a simplificar la realidad, a abstraer la naturaleza para hacerla cognoscible y, tristemente, a caer en la trampa de la dualidad. Bien y mal; objetivo y subjetivo; arriba y abajo; revolucionario o escuálido. Pero la tendencia a ordenarlo todo choca con la misma realidad, irregular y discontinuo. Muchos científicos sociales ya han renunciado a la ilusión del orden para dedicarse al estudio del caos, que acepta al mundo tal y como es: una imprevisible totalidad.

Un ligero vistazo a nuestro momentum social advierte de la tendencia general al desorden: una piedra rompe un vidrio; el agua de un vaso se derrama… nunca ocurre al revés. Pero, contrariamente a lo que se piensa, este desorden no implica confusión porque los sistemas caóticos se caracterizan por su adaptación al cambio y, en consecuencia, por su estabilidad. Si tiramos una piedra a un río, su cauce no se ve afectado; no sucedería lo mismo si el río fuera un sistema ordenado como el de una torreta de productos en la esquina de una góndola de un Supermercado, en el que cada parte tiene una estructura interdependiente y una trayectoria fija; el orden se derrumbará inexorablemente.

Las leyes del caos ofrecen una explicación para la mayoría de los fenómenos naturales, desde el origen del Universo a la propagación de un incendio o a la evolución de una especie. Sin embargo, también arrojan luces esclarecedoras sobre los fenómenos sociales aparentemente inexplicables. En el estudio del comportamiento humano y del consecuencial ‘orden social’, el problema parte del concepto clásico de ciencia social, que exige la capacidad para predecir de forma certera y precisa la evolución de las estructuras y hasta del comportamiento masivo en un conglomerado, desde las más elementales agrupaciones humanas como la familia y el dintorno social, hasta las más etéreas pero complejas organizaciones sociales como las vecinales, las municipales, el país y el Estado.

El primer paso hacia la Teoría del Caos Social viene de la mano de Poincaré, cuando introdujo el fantasma de la no linealidad, pues origen y resultado divergen y las fórmulas no sirven para resolver el sistema. Este devastador fenómeno se asemeja al acople del sonido cuando un micrófono y su altavoz se encuentran próximos: el sonido que emite el amplificador vuelve al micrófono y se oye un pitido desagradable. Los procesos de realimentación se corresponden en física con las ecuaciones iterativas, donde el resultado del proceso es utilizado nuevamente como punto de partida para el mismo proceso. De esta forma se constituyen los sistemas no lineales, que abarcan el 90% de los objetos existentes. En el comportamiento social de los conglomerados venezolanos estamos presenciando fenómenos caóticos similares: el proceso de retroalimentación política, que en las sociedades ‘ordenadas’ funciona como un feed-back desde las estructuras sociales hacia la dirigencia política, se transforma en una ecuación iterativa inversa, donde los conductores de las masas son conducidos por ellas, y estas mismas masas perciben que el reflejo de sus directrices en el líder no es más que la ratificación de una dirección ‘que emana’ del líder mismo.

Proceso e inicio se confunden provocando un caos social, que como veremos más adelante, no es más que la manifestación de un ‘orden bizarro’ que sólo puede ser comprendido desde la Teoría del Caos y sus siete Leyes fundamentales.

El segundo paso hacia la Teoría del Caos lo dio en 1960, el meteorólogo Edward Lorenz. Entusiasta del tiempo, se dedicaba a estudiar las leyes atmosféricas y realizar simulaciones a partir de sus parámetros más elementales. Cierta vez, para estudiar con más detenimiento una sucesión de datos, copió los números de la impresión anterior y los introdujo en la calculadora. El resultado le conmocionó. Su tiempo, a escasa distancia del punto de partida, divergía algo del obtenido con anterioridad, pero al cabo de pocos meses las pautas perdían la semejanza por completo. Lorenz examinó sus números y descubrió que el problema se hallaba en los decimales; el ordenador guardaba seis, pero para ahorrar espacio él sólo introdujo tres, convencido de que el resultado apenas se resentiría. Esta inocente actuación fijó el final de los pronósticos a largo plazo y puso de manifiesto la extremada sensibilidad de los sistemas no lineales: el llamado “efecto mariposa” o “dependencia sensible de las condiciones iniciales”.

Se trata de la influencia que la más mínima perturbación en el estado inicial del sistema puede tener sobre el resultado final o, como recoge el escritor James Gleick, “si agita hoy, con su aleteo, el aire de Pekín, una mariposa puede modificar los sistemas climáticos de Nueva York el mes que viene”.

Los científicos J. Briggs y F. D. Peat aplican esta idea al ciclo vital humano: “Nuestro envejecimiento se puede abordar como un proceso donde la iteración constante de nuestras células al fin introduce un plegamiento y una divergencia que altera nuestras condiciones iniciales y lentamente nos desintegra”. El carácter no lineal e iterativo de los sistemas de la naturaleza permite que instrucciones muy sencillas originen estructuras extremadamente complejas. La física de la complejidad busca reglas simples que expliquen estos organismos complejos. “La mayor parte de la materia –señala el astrofísico Ignacio García de la Rosa – “se encuentra en los estadios inferiores y no forma elementos más desarrollados, de modo que la pirámide va cerrándose; nosotros somos una minoría en comparación con todo el material que hay en el Universo. La pirámide va de la abundancia de lo sencillo a la complejidad de lo escaso”.

Este concepto guarda relación con el de lenguaje, que parte de las letras y pasa por las palabras, frases, párrafos, capítulos, libros, etc, con la peculiaridad de que las letras no tienen nada que ver con las palabras ni éstas con el contenido o la intencionalidad de la oración. Del mismo modo que la “z” no está emparentada con el concepto de “azul”, las moléculas que dan origen a una cebra no determinan su constitución. Las estructuras complejas tienen propiedades ajenas a los ingredientes anteriores, pues son más que la suma de sus partes, lo que plantea un problema para las ciencias sociales, que pierden su anteriormente escasa capacidad de predicción.

En la física clásica se presupone que los objetos son independientes de la escala que se emplee para medirlos y que existe la posibilidad de relacionarlos con su medida exacta. No así en la geometría fractal y la lógica borrosa, instrumentos empleados por los científicos sociales que estudian y aplican las leyes del caos para ofrecer explicaciones a los comportamientos humanos aparentemente fuera de la lógica social. . Bart Kosko, autor de la llamada Lógica Borrosa, afirma de modo tajante que “cuanto más de cerca se mira un problema en el mundo real, tanto más borrosa se vuelve su solución”. Pero si la precisión difumina aún más el objeto de estudio, ¿Cuál estrategia debe emplearse para estudiar los sistemas sociales más complejos? Aquí interviene la Teoría de la Totalidad, que concibe al mundo social como un todo orgánico, fluido e interconectado. Si algo falla no debe buscarse la “parte dañada”, como en el caso de un televisor o una lavadora, sino que hay que revisar el sistema completo, pues se trata de una unidad indisoluble.

La obsesión por interpretar el caos desde el punto de vista del orden debe dejar paso a una interpretación global, que salva las fronteras de las diferentes disciplinas y acepta la paradoja que convierte lo simple y lo complejo, el orden y el caos, en elementos inseparables. De hecho, lo más complejo que ha concebido el hombre, el fractal de Mandelbrot, se creó a partir de una ecuación iterativa muy simple. Por iteración conceptual podemos inferir que el caos social no es más que una inagotable fuente de creatividad organizacional, de la que puede también surgir el orden. Muy posiblemente ‘otro’ orden, bizarro e inexplicable pero útil y necesario, al cual llamamos por indexación, ‘caos social’.

2º.- La Ley del Vórtice y ‘El Caracazo’

Decíamos que en Venezuela, igual que en resto del planeta, se aproxima una crisis de percepción. La complejidad del mundo nos ha conducido a simplificar la realidad, a abstraer la naturaleza para hacerla cognoscible y, tristemente, a caer en la trampa de la dualidad. Bien y mal; objetivo y subjetivo; arriba y abajo; revolucionario o escuálido.

Pero la tendencia a ordenarlo todo choca con la misma realidad, irregular y discontinua. Afirmamos entonces que en nuestro momentum social se advierte la tendencia general al desorden pero contrariamente a lo que se piensa, este desorden no implica confusión porque los sistemas caóticos se caracterizan por su adaptación al cambio y, en consecuencia, por su estabilidad.

Sostuvimos en esa primera parte que las Leyes del Caos ofrecen luces esclarecedoras sobre los fenómenos sociales aparentemente inexplicables que estamos viviendo en Venezuela pues en el comportamiento social de los conglomerados venezolanos estamos presenciando fenómenos caóticos: el proceso de retroalimentación política, que en las sociedades ‘ordenadas’ funciona como un feed-back desde las estructuras sociales hacia la dirigencia política, se transforma en una ecuación iterativa inversa, donde los conductores de las masas son conducidos por ellas, y estas mismas masas perciben que el reflejo de sus directrices en el líder no es más que la ratificación de una dirección ‘que emana’ del líder mismo.

La Ley del Vórtice puede disipar unas cuantas incongruencias aparentes que se manifiestan en el ambiente sociopolítico de Venezuela.

Pero, ¿Cómo se interrelacionan La Ley del Vórtice y ‘El Caracazo’, ocurrido en 1989? ¿Puede la primera Ley del Caos explicar lo sucedido? ¿Podrá ayudarnos a predecir una conducta social similar a futuro?

Veamos: La Ley del Vórtice se refiere a los múltiples procesos auto organizados que conforman la naturaleza, por ejemplo: un río, agua hirviendo, una bandada de pájaros volando, nuestro cerebro, el torrente sanguíneo…Estos “fenómenos” se pueden interpretar como el caos de la creatividad de la naturaleza en tanto cada elemento necesita mantener su propio espacio y simultáneamente cooperar con la totalidad en una permanente atracción y repulsión que regula y amplifica los efectos (retroalimantación positiva y negativa) provocando un equilibrio entre el caos y el orden.

Esta ley también es conocida como efecto alfombra y de acuerdo a ella, dadas ciertas condiciones, el caos se auto organiza y produce patrones ordenados. Surgen formas estructuradas a partir de un punto de bifurcación, momento en el cual se crea un rizo de retroalimentación y el sistema se transforma a sí mismo. Dentro de la retroalimentación se distingue la retroalimentación negativa, la cual delimita y regula la actividad dentro de un determinado rango, y la retroalimentación positiva, que amplifica los efectos. Los rizos de retroalimentación negativa y positiva se acoplan, se crea un punto de bifurcación y surge una forma organizada, en este caso, un levantamiento popular. Las formas organizacionales sociales resultantes permanecen estables “en la medida en que las condiciones en que fueron creados se mantienen dentro de ciertos límites” (Briggs & Peat, 1999:23). Es importante destacar que las formas organizadas que surgen del caos sobreviven únicamente si se mantienen abiertas al flujo constante de materia y energía. De hecho, como el vórtice de un río, se componen del mismo material que su entorno.

Ahora bien, un sistema social se compone de diferentes áreas de actividades, instancias o regiones, las cuales deben ser organizadas de manera estable. Todas estas áreas forman una sola unidad y no son sino aspectos diferentes de un solo sistema. De este modo, el sistema social se mantiene estable cuando tiene reguladas todas estas áreas a su interior y entre sí de manera congruente y coherente, o dicho con otras palabras: de manera armónica.

Pero todos los sistemas sociales se desestabilizan, y al hacerlo entran en una fase caótica. ¿Por qué acontece esto? Porque se cumple el Principio de la Turbulencia de la Ley del Vórtice, el cual asegura que las organizaciones sociales requieren para su desarrollo la ambigüedad de saber y no saber, de lo inadecuado, de la incertidumbre, de la alegría, del horror, de la aceptación de los rasgos metamórficos y no lineales de la realidad, es decir todas las facetas del caos creativo.

La estabilidad general de un sistema social está dada por la relación entre orden-desorden, organización-caos y específicamente por la dialéctica información-entropía. La información va a indicar el grado de orden del sistema en tanto que la entropía es la medida del desorden, su grado de desequilibrio, su nivel de inestabilidad e inseguridad. La entropía es un proceso permanente y en constante aumento, por la naturaleza misma de la resistencia que los individuos que integran el colectivo aplican a las estructuras sociales que los contienen. ¿De dónde viene aquello?
En los sistemas sociales la entropía viene tanto de la dinámica interna del sistema como del medio exterior. Pero hemos dicho que la dinámica interna de los sistemas sociales acumula entropía. Esto es así por el hecho que la estabilidad de un sistema está enmarcada en límites circunscritos; traspasados estos, el sistema se desestabiliza. De manera que al aumentar la entropía al interior del sistema, llega a un momento que atraviesa un umbral, que más allá, el sistema se vuelve ineficaz. Los mecanismos de regulación del sistema social, que también son denominados mecanismos reductores de la entropía, implican la coherencia entre las áreas económicas, psico-sociales, político-estatales y paradigmático-culturales, además de demográficas y ecológicas.

El Caracazo: ¿del Caos social a la entropía revolucionaria?

Todo proceso social recorre un ciclo más bien caótico, que en algunas sociedades se manifiesta en forma de yuxtaposición y en otras de sucesión, pero en ambas abarca cuatro momentos, los cuales se enfocan en mantener bajo su control los procesos entropizadores, tanto hacia el interior como al exterior del sistema. Para percibir a ‘El Caracazo’ en su justa dimensión sociopolítica es imprescindible observar la manifestación de la Ley del Vórtice en todos los ‘momentos entropizadores’ o fases del proceso de auto organización del caos:

1.- La primera fase de la auto organización de las sociedades es la llamada Controlentrópica integrada por aquellos procesos que el sistema utiliza para controlar los mecanismos reductores de la entropía. Cuando los sistemas sociales son estables se organiza la cohesión psico-social de una población en una institucionalidad estatal, que es orientadora y coherente con una narrativa discursiva que explica la necesidad del tipo de organización económica que sustenta la materialidad del sistema y permite un crecimiento demográfico de acuerdo con ella, en la medida que las condiciones lo permitan. Cuando estas instancias están en congruencia se habla de una fase en que el sistema mantiene bajo su mando los mecanismos reductores de la entropía, el sistema se encuentra en la fase Controlentrópica, y se abre el crecimiento del sistema en su conjunto; impulsa un crecimiento económico lo que permite la satisfacción de las necesidades de las élites así como de la población, estabilizando y fortaleciendo de tal manera el inconsciente colectivo, llamado también carácter social y, permitiendo un crecimiento demográfico, aumentando la población joven. Lo que genera entradas de financiación fiscal al Estado, que potencian su expansión para satisfacer el crecimiento demográfico de las clases dominantes, dándoles trabajo al interior del Estado, lo que conlleva a la consolidación y el fortalecimiento de la institucionalidad y la narrativa discursiva que justifica y legitima toda la organización social.

La estructura social de venezolana fue ‘Controlentrópica’ desde 1958 hasta los dos primeros años de la Presidencia de Jaime Lusinchi, lapso durante el cual los periodos de crecimiento, fueron procesos de fortalecimiento político y social. Estos procesos de fortalecimiento son lo que se conocen como la retroalimentación positiva, para diferenciarlos de la retroalimentación negativa o regulativa.

2.- La segunda fase, la Fase Entrópica, es económicamente hablando, de recesión larga, debido al decrecimiento agrícola y por otro, por la caída de la cuota media de ganancia en las sociedades capitalistas. La subsistencia de la población productora y de las elites dominantes ven bloqueadas sus posibilidades de acceso al Estado, el cual ve restringido los impuestos, situación que provoca déficit fiscales, que acompañados por las altas presiones demográficas de las elites jóvenes y de las insatisfacciones poblacionales, generan una importante crisis políticas del estado.

El paradigma cultural del ‘estado-nación’ establecida pierde eficacia orientadora en el conjunto social y el mecanismo de control psico-social se vuelve incongruente, entre lo que se cree y siente. La realidad percibida en el inconsciente colectivo comienza a fracturar la relación-sentimiento entre la fe en el proyecto político y la ineficacia que muestra la narrativa dominante para justificarse. La población se torna ambivalente. Las presiones demográficas, la crisis fiscal, la división de las elites jóvenes insatisfechas, la angustia inflacionaria y las presiones tributarias en el pueblo que generan la aguda ambivalencia psico-social, son los índices característicos que muestran que los mecanismos reductores de la entropía se vuelven ineficaces, conduciendo con ello a que una entropía global del sistema aumente aún más.

La entropización global es el periodo que vive la sociedad venezolana a partir del mandato de Luis Herrera Campins, una entropía política y social que está sincronizada con dos fenómenos: El desmoronamiento de la institucionalidad y el crack económico producido por el Viernes Negro, cuando se decreta un control de cambios y la estabilidad económica del país comienza un oscuro periplo que aún se transita en estos tiempos de la Quinta República y la Revolución Bolivariana.

3.- La tercera etapa es la llamada Fase Caótica. El espacio psico-social comienza a entrar en la denominada sobrecarga depresiva. Las anomalías paradigmáticas se trasladan al centro del sistema, aunque cierta gente sigue fiel al paradigma cultural, pero sus emociones le están mostrando sus profundas anomalías. El sistema ya no funciona. El paradigma cultural está mintiendo. Este periodo psico-social es como una recta ascendente que se aleja hacia el infinito, la cual llegado a un momento, atraviesa un umbral y traspasa un punto de no retorno, a partir del cual la población manifiesta abiertamente su rechazo.
La población comienza a reunirse espontáneamente, y los que ya están en un estado de exaltación, reconocen su afinidad y empiezan a formar grupos y unos y otros comienzan a protestar y rebelarse.

Se renueva el antiguo paradigma o se comienza a elaborar uno nuevo, formándose así múltiples grupos, abriéndose así una fase caótica del sistema, caracterizado este periodo con una serie de rebeliones, insurrecciones y movimientos de todo tipo, (religiosos, políticos, sindicales, culturales, étnicos, etc.), al comienzo en la zonas, áreas y regiones periféricas del sistema, allí donde los mecanismos de control son aún más débiles. El sistema dominante comienza a perder respaldo público y seguidores, la gente comienza a desobedecer, el control comunicativo se rompe, se está en la fase de entropía comunicativa o caótica, surge ‘El Caracazo’ como entropía comunicativa y nuevas formas de solidaridad social comenzaron a auto-organizarse.

Surgió a partir de allí un nuevo paradigma poderoso: la desobediencia civil y comienza a encausarse en una nueva realidad. Este periodo de caos es una fase de la inestabilidad caracterizada por amplias fluctuaciones de todo tipo, que se traducen en posibilidades de cambio social, lo que en la Teoría del Caos se conocen como bifurcaciones. En la fase caótica o de entropía comunicativa, de fluctuaciones y bifurcaciones, surge espontáneamente la auto-organización del sistema, a través, de una figura, que en la Teoría del Caos se conoce como atractor extraño o atractor caótico.

Chávez encarnó el papel de ‘atractor extraño’ en un momento de nuestra historia. Chávez fue como una figura geométrica compuesta por varias cuencas de atracción, por las cuales orbitan y circulan los elementos considerados, en nuestro caso, como movimientos sociales. Los diferentes sistemas, que cada uno se desarrollaban por su cuenta, comienzan a encontrarse y a reconocer afinidades, a reconocer que se encuentran en una experiencia fundamental, que es la vivencia de un estado mental colectivo exaltado y entusiasta, lleno de sentido la cual los activa en su movimiento social. Con todo, los diferentes movimientos se reconocen entres sí y comienza un periodo de alianzas, allí donde multitud de activistas transitan de organización en organización o crean nuevas hasta sentirse identificados.
Otra manifestación de las orbitaciones se da cuando los movimientos que surgen a propósito del caos social comienzan a justificarse, buscando precedentes en la historia: Héroes, episodios o ideologías con las cuales identificar el proyecto político mientras genera una amalgama conceptual-sentimental con el dintorno social. Llevado esto a la matemática cuántica, se trata de orbitaciones en el espacio semiótico, allí donde el pasado y el presente está siempre presente, por lo cual es fácilmente atraíble al nuevo atractor.

La caotización de la formación global genera las inestabilidades, o más bien el comienzo del derrumbe de los Estados y, aquí solo estamos hablando del primer periodo, cuando el estado aún está en pié. Al jurar sobre ‘La Moribunda’ y emplazar al país hacia la Quinta República, Chávez no hizo otra cosa que ratificar el destino que le tenía preparado el Principio de la Turbulencia de la Ley del Vórtice.

4.- La cuarta etapa, o Fase Negentrópica es la del Estado naciente visto como una reorganización de todo el campo de la solidaridad o de la cohesión del sistema. Es una auto-organización del sistema. Si las condiciones son las propicias para la reorganización global del sistema, se está frente a un proceso de revolución cultural, lo cual implica una reordenación del campo social, político, económico y paradigmático e incluso ecológico. Es lo que se conoce como la fase negentrópica del sistema y que es el momento cuando Chávez se vuelve dominante o está en el centro del sistema. Es un periodo de creación ilimitada de las fantasías, donde se multiplican las bifurcaciones, generando una atmósfera de entusiasmo; se está, entonces, frente a una nueva realidad sociopolítica.

El lugar estructural donde se desenvuelve el estado naciente es la instancia psico-social, el inconsciente colectivo, el de las pasiones motores de la activación de los grupos, del cohesionador psíquico del sistema. Esta instancia es captada por el liderazgo insurgente de Chávez como un campo propicio para la solidaridad popular espontánea, un espacio dinámico organizador de energías e información, con una gran capacidad de cohesión de los grupos humanos.
La Quinta República venezolana, se auto organiza en atractores locales de ciclo límite. Atractores que justamente conquistan la plusvalía psíquica de la población y que retroalimenta al atractor principal (Chávez), produciéndose centros y periferias de dominio y control. De acuerdo con los postulados modernos de la psicología social, esta plusvalía psíquica tiene un fundamento neurofisiológico, ubicados en neurotransmisores cerebrales que generan la satisfacción; la endorfina, la excitación; la dopamina y la unión de oxitosina y vasopresina. “Esta plusvalía psíquica satisfactoria y unificadora” – sostiene el renombrado psicólogo brasileño Aroldo Rodrígues – “se traduce semióticamente en la fe que la población deposita o reviste a los líderes de ciclo límite o lo que es lo mismo, dota a la institucionalidad de la autoridad, de legitimidad. “
¿Cuáles son las características de ‘estado naciente’ que justificaron y personalizaron a Chávez como fenómeno político-social y a la Quinta República como consecuente ideológico? El estado naciente posee tres estructuras: Una psíquica subjetiva que se origina en los individuos. Otra social que nace en las colectividades y una tercera, de corte ideológico, que se sustenta en las narrativas discursivas. Estas tres estructuras están firmemente unidas como las caras de una misma estructura geométrica.

A nivel psíquico es la vivencia de una experiencia fundamental que lo diferencia de la vivencia de la vida cotidiana, estando caracterizada por una serie de vivencias emotivas tales como; el sentimiento de liberación de las opresiones de la vida cotidiana; una vivencia de metanoia, es decir, de transformación mental interior, lo comúnmente conocido como la experiencia ahá o intuición profunda; un sentimiento de unión entre la contingencia, lo pasajero y furtivo de la experiencia cotidiana y la necesidad del cambio, traducido en que el cambio social es realizable ahora y aquí. Una fuerte emotividad hacia la comunidad, el comunismo y la igualdad, aboliendo la propiedad privada, predominando la colectividad e igualdad de todos sus miembros, no reconociéndose los jefes, sino que ahora todos son solo compañeros. Una toma de consciencia de la historia o historización, lo cual implica que la verdadera historia comienza ahora y todo lo anterior no es sino prehistoria, abriendo así intensos debates teóricos, ideológicos, doctrinarios, etc. El sentimiento de la identificación del grupo propio como un ente contrapuesto y cualitativamente diferente al sistema exterior, el cual es reconocido como el enemigo a combatir.

A nivel social o colectivo implica la formación de grupos a través del mecanismo del reconocimiento de las afinidades, es decir, que la gente que ya se encuentra en esta experiencia fundamental se reconoce entre sí por, justamente, este estado mental y comienza la formación de grupos. Pronto surge la diferenciación, que no es reconocida sino que negada por el principio de la igualdad, del liderazgo, o colectivo o individual del gran líder carismático, lo que a posterior va a dar pié al despotismo al interior del grupo, a través de los mecanismos de la exclusividad, se exige el exclusivo amor al líder y cualquier otra expresión en considerada una traición. Al mismo tiempo se crean los mecanismos de la unión simbólica del grupo que vive el estado naciente, a través de una serie de ritos, ceremonias y procedimientos.
A nivel ideológico el proceso de historización genera una discusión intensa de los fundamentos filosóficos, ideológicos, políticos, doctrinarios, etc., en los cuales comienzan a apoyarse y, que en forma progresiva tienden a la elaboración de cuerpos ideológicos cada vez más formales, los cuales dan pié al programa cultural-político del grupo en cuestión para la transformación social.

Se cierra el ciclo con un proceso de institucionalización o la vuelta a la fase controlentrópica. El sistema dominante es obligado a definirse, a delimitar su carácter y los objetivos, que son los mecanismos por los cuales los Estados intentan controlar a los movimientos opositores o insurgentes. Los mecanismos son dialécticamente dos:

1.- Neutralización a través de la designación de nuevos participantes a la Asamblea por los miembros que la integran, a través de pactos y alianzas.

2.- Exclusión, tildándolos de fanáticos o terroristas de manera de tener legitimidad al reprimirlos.
La reversión del ciclo es el periodo de fortalecimiento de los Estados, a todos los niveles, además de los económicos, de una gran fortaleza ideológica de ellos, los cuales, capitalizan la reorganización del campo de la solidaridad en estabilizar los Estados. Es así como se estabilizan los nuevos Estados-Naciones y los pueblos reviven el estado naciente a través de las uniones simbólicas, tales como las banderas y canciones nacionales que inflaman el orgullo patrio. Ese es el papel de los himnos, los símbolos y los íconos revolucionarios, que van de la mano con la conversión en héroes de los fundadores nacionales llamándolos Padres de la Patria, tales como San Martín, Simón Bolívar o Bernardo O´higgins. Los Estados se reglamentan a través de novísimas Constituciones Jurídicas, y las sociedades experimentan la traslación del ‘estado nuevo’ hacia un ‘estado institucionalizado.
Pero el caos continúa allí. Solapado. Latente. Intestino. A veinte años de ‘El Caracazo’ un nuevo vórtice se desarrolla secretamente como una forma estructurada a partir de un punto de bifurcación, momento en el cual se creará un nuevo rizo de retroalimentación y el sistema se transformará a sí mismo. Las formas organizacionales sociales resultantes permanecerán estables, como afirman Briggs y Peat “en la medida en que las condiciones en que fueron creados se mantengan dentro de ciertos límites”.

3º.-La Ley de la Influencia Sutil ¿Nuevo paradigma político-social en Venezuela?

Manifestamos en el capítulo precedente que todo proceso social recorre un ciclo más bien caótico, que en algunas sociedades se manifiesta en forma de yuxtaposición y en otras de sucesión, pero en ambas abarca cuatro momentos, los cuales se enfocan en mantener bajo su control los procesos entropizadores, tanto hacia el interior como al exterior del sistema. Identificamos esos cuatro momentos en fases que se subsumen unas a otras y que encadenan los movimientos sociales como el flujo y el reflujo de las mareas oceánicas: Fase Controlentrópica, Fase Entrópica, Fase Caótica y Fase Negentrópica.

La segunda Ley del Caos Social, la Ley de la Influencia Sutil, llamada también ‘el efecto mariposa’ y de la que hicimos mención al comienzo de este trabajo, se puede traducir al terreno de lo social cuando vemos que en la sociedad venezolana, de marcada orientación unipolar, se fundamenta en el principio de imposibilidad de control y de su poder de predicción de todo. Este principio es de imposibilidad porque como hemos venido subrayando, la Teoría del Caos nos enseña que la mayoría de los sistemas auto regulados (como lo son la mayoría de los sistemas sociales modernos occidentales) están ligados a innumerables cambios sutiles, la mayoría de ellos imperceptibles porque son como pequeñas mariposas de muchas variedades sutiles y de infinitos colores. Así, tanto en la naturaleza como en la sociedad, la vida en sus múltiples formas está gobernada por la Ley de la Influencia Sutil.

En este contexto, las organizaciones opositoras al status quo establecido en Venezuela necesitan comprometer su creatividad con otros modelos explicativos, modelos en los que se asuma la trascendente importancia de la influencia de lo sutil en el devenir de lo político y lo social. Al asumir este nuevo paradigma se puede analizar críticamente a la sociedad contemporánea venezolana, a través del efecto mariposa y la influencia que pueden ejercer los individuos y las sociedades para la trasformación de aquello que atenta contra la vida, y aunque de acuerdo con los postulados de esta Ley no se pueden conocer de antemano todos los resultados de la inflexión social a largo plazo, tampoco se pueden desdeñar las mínimas y aparentemente pequeñas proposiciones sociales, que sin duda alguna tendrán un efecto determinante a corto, mediano o largo plazo. El presupuesto axiomático mostrado por la segunda Ley de la Teoría del Caos es que cualquier contexto social puede cambiar, y de hecho cambiará.

Esta ley señala que en un sistema caótico, “todo está conectado a todo lo demás, mediante la retroalimentación positiva y negativa” (Briggs & Peat, 1999:46). Con esta ley, las palabras “poder” e “influencia” cambian de significado, ya que los sistemas caóticos no pueden controlarse de forma exclusiva y su comportamiento no se puede predecir: jamás se puede estar seguro de la contribución individual de cada elemento del sistema, ni cómo ni cuándo tendrá efecto. Sin embargo, aunque nadie posee un control total, cualquier elemento del sistema puede ejercer su influencia sutil y de esta manera convertirse en un transgresor. Este poder positivo, aplicado a los fenómenos sociales, implica “el reconocimiento de que cada individuo es un aspecto indivisible del todo” y que “cada momento caótico del presente es un espejo del caos del futuro” (Briggs & Peat, 1999:57). Por eso la segunda Ley del Caos, la Ley de la Influencia Sutil, permite que suceda lo imposible, ya que cada elemento del sistema influye delicadamente pero de manera definitiva, en la dirección del resto de los elementos del sistema.

¿Será éste el paradigma ideal para provocar, desde el contexto social venezolano, un nuevo inicio a la Ley del Vórtice y con ello el desplazamiento de la actual Fase entrópica hacia una Fase Caótica, a partir de la cual el espacio psico-social comience a entrar en la denominada sobrecarga depresiva?
Desde el origen de las sociedades humanas, los individuos hemos sentido la imperiosa necesidad de influir con las ideas y razonamientos en los demás; de estar en contacto con los otros para modelar el curso de los acontecimientos desde la óptica de quien ejerce la influencia de manera impactante. Sin embargo, en las sociedades occidentales esto es cada vez más difícil porque el poder, representado históricamente por el dinero, los bienes materiales, el sexo, y las religiones desplazan los valores espirituales y humanistas. El poder da “seguridad” a las personas. Este es el síntoma de nuestro propio sentido de impotencia. Rompiendo este esquema, la segunda Ley del Caos asegura que el poder para controlar, en el sentido tradicional, no sólo es una falacia conceptual sino que en la realidad de los hechos sociales, todos poseemos una ‘influencia sutil’ pero determinante.
Al relacionar esta ley con los procesos humanos de interacción, se sientan las bases para un nuevo modelo paradigmático, un nuevo patrón epistemológico con el que podemos reconocer lo importante de influir sutilmente en los otros, en relación con su aprendizaje social, a través de la sutileza del lenguaje. De persuadir al otro de lo importante de su participación en la construcción de un nuevo modelo social, que involucra su mente y su espíritu, a través de un proceso educativo social que toma en cuenta su entorno, a partir de la estructura familiar y sus valores, el dintorno próximo de los maestros y sociedad y de la importancia de asimilar estas experiencias en las que interactúa para generar los cambios sociales que necesita y desea. En resumidas cuentas, un modelo de libertad que fomenta el albedrío social y que conjuga los intereses individuales en la esperanza de un beneficio colectivo, basado en sólidos valores éticos, libremente aceptados y de compromiso social mutuo.

Los enfoques interdisciplinarios y/o transdisciplinarios parecen adecuarse cada vez mejor a los complejos cuestionamientos e instrumentalizaciones que van apareciendo poco a poco en el recorrido de los caminos de la sociedad que nos conducirán a la conquista inexorable de la libertad. Las teorías de la auto organización nos dicen que el átomo, la célula y el resto de las cosas que no conocen, ni necesitan conocer se organizan “por sí mismas”. La evolución es, en consecuencia, un proceso dirigido por la auto organización. Pero, además, la auto organización, que Kant caracteriza como lo propio de los seres vivientes, no proporciona una comprensión de la generación ni un conocimiento genuino sobre las organizaciones sociales, sino tan sólo un “principio de juicio”, una idea regulativa del limitado entendimiento humano.

Por esta razón, la dinámica de la vida social tiene una serie de procesos mutagénicos, que han hecho que tenga una direccionalidad, que pone en riesgo la vida por la negación de la misma. Sólo basta con mirar la empresa, la calle, la escuela, el hospital, entre otros. Por tanto, lo verde, el trabajo, la técnica, la ciencia, la política, la religión, en fin, toda la cotidianidad, tiene que entrar en consonancia, para construir unas miradas que procuren sentidos diferentes de lo humano y por ende de la vida.

4º.-La Ley de la Creatividad y la Renovación Colectiva
Activación del nuevo paradigma político-social.

La tercera Ley del Caos, aplicada a lo social, se refiere a la capacidad que tiene el ser humano de trabajar y participar “espontáneamente” en la resolución de situaciones o problemas de la comunidad. Esto se logra en sistemas abiertos, no lineales, creativos y caóticos, en los que, como en la Internet, no se requiere que alguien tenga el poder de decidir por los demás, sino de un sistema social exento de control central pero con altísimas dosis de creatividad colectiva para que dentro de ese caos, sucedan cosas ordenadas y productivas, que son más que la suma de partes mecánicas que aportó cada quien, pues se trata de formas adaptables y resistentes del colectivo.
Esta ley nos conecta, desde la perspectiva del caos con toda la actividad en la sociedad, y nos percatamos de que toda esa acción en la naturaleza es colectiva; en el caos, los individuos son parte indivisible del todo. El caos ofrece muchas sugerencias sobre las formas curiosas y paradójicas de relacionarse las personas entre sí y los grupos con sus miembros y con otras agrupaciones. El caos nos demuestra que cuando diversos individuos se auto organizan, son capaces de crear formas sociales adaptables a las nuevas mutaciones pero suficientemente resistentes como para enfrentar con relativo éxito la Fase Entrópica inevitable en toda forma organizativa, hasta que deviene, inevitablemente, en un nuevo caos, que reproduce el modelo explicado en la Ley del Vórtice..

Un ejemplo de la naturaleza arroja luces de entendimiento: la selva tropical es un delicado ejemplo de cooperación y coevolución. Al igual que la selva, el proceso de activar un nuevo paradigma político-social, parte de una dinámica creativa y en constante desarrollo, y por lo tanto, proclive a cambios permanentes. De ahí que el efecto reduccionista de luchar por instaurar paradigmas, por promover nuevas inter relaciones sociales, puede ser sustituido por el de un fluir informativo-persuasivo, suave y armonioso con la corriente de la vida social, sin provocar resistencias, sino procurando ese ‘momentum’ político de bifurcación que nos permita la creación de nuevas estructuras de funcionamiento individual y colectivo.

La coevolución, como característica inmanente de la tercera Ley del Caos, es un concepto que se refiere a la maravillosa posibilidad que tienen los sistemas de evolucionar conjuntamente, de cooperar en vez de competir. En los sistemas caóticos fluyen las interconexiones, una coevolución en la que se mantiene una actividad caótica constante y esto permite su auto organización y el buen funcionamiento. Cada sistema social tiene atractores extraños que le permiten su funcionamiento. Uno básico es la diversidad, que se necesita en todo sistema para ser fuerte y creativo. Otro tiene que ver con las organizaciones sociales; éstas deben ser sistemas no alienantes, en las que no se impongan ideologías; que no sofoquen la creatividad. Y finalmente otro atarctor extraño tiene que ver con el diálogo, que no debe confundirse con intercambio informativo ni con discusión. Para construir un nuevo paradigma político-social, el diálogo se concibe como un proceso abierto, permanente y creativo para negociar, escuchar y decidir.

5º.-La Ley de lo Simple y lo Complejo
Una aproximación explicativa hacia la simplcidad de los complejos sociales.

Esta es la cuarta Ley del Caos y se refiere a la coexistencia de lo simple y lo complejo y su relatividad. Uno es reflejo del otro y son inseparables. Algo que se originó de manera simple puede alcanzar niveles de complejidad importantes y viceversa. Un ejemplo de esta ley son los fractales cuyas imágenes son muy complejas, pero se desarrollan de manera muy simple. Otro ejemplo es la sociedad, que es una forma relativamente simple que emerge de los sueños, deseos y contribuciones complejas de sus miembros, en ella alternan la simplicidad y la complejidad de manera intermitente. Un ejemplo de intermitencia es un carnaval que rompe con la cotidianidad y el orden de una sociedad. El caos del carnaval permite su propia renovación para conservar la cohesión social.
La Cuarta Ley del Caos nos revela que aquello que en la sociedad pueda parecer muy complicado, como en el caso venezolano la definición del por qué hay un 30% de indecisos de manera consistente en todas las consultas electorales, puede tener un origen muy sencillo… Muy sencillo de definir, aunque bastante complejo de implementar. Mientras que la sencillez superficial puede ocultar algo sorprendentemente complejo, la Cuarta Ley de la Teoría del Caos sugiere que es posible descubrir una salida si aceptamos la danza dinámica del caos entre la simplicidad y la complejidad.

La teoría del caos aplicada a los constructos sociales plantea que cuando algo en la sociedad se muestra difícil y complejo, un orden simple parece estar a la vuelta de la esquina. Y cuando los problemas sociales nos parecen simples, es cuando se deben descubrir los matices sutiles con los que se oculta la complejidad del asunto. Pero esta teorización del caos parte de que la complejidad y la simplicidad no están presentes de modo inherente en los propios objetos, sino en el modo en que las cosas interactúan entre sí y de los conglomerados con ellas. Cualquier fenómeno social puede ser simple y complejo al mismo tiempo pues el movimiento regular y caótico coexisten en la naturaleza misma de la sociedad, ya que sin la infinita complejidad del caos no existiría el orden simple.

Un concepto importante para esta ley es El Principio de la Intermitencia, el cual concibe las irrupciones del caos dentro de un orden regular , como por ejemplo el carnaval de Brasil, o la algarabía de los graduados que irrumpe en el augusto ambiente de una Universidad. Pero el Principio de la Intermitencia también se manifiesta como los estallidos de orden en medio del caos, como los ejemplos de estabilización de la población en medio de un desarrollo caótico, tal como sucedió en el Litoral Central de Venezuela, instantes después de la tristemente famosa ‘Vaguada de 1999, que cambió no sólo la vida de miles de personas, sino hasta la geografía del Litoral Costero.

El azar y la aleatoriedad significan complejidad infinita. Según la teoría del caos, la complejidad o la simplicidad no están presentes en los objetos mismos, sino en el modo en que éstos interactúan entre sí y con el observador, con lo cual la teoría del caos apunta más allá de la simplicidad y la complejidad, más allá de la objetividad y la subjetividad, trascendiendo de esta manera estas dualidades.

La activación de la Ley de lo Simple y lo Complejo como soporte para un nuevo episteme político-social en Venezuela se enfrenta con un problema serio: Al venezolano lo cautiva la simplificación y esto conduce a la creación ficticia de estereotipos que categorizan a las personas, a las organizaciones, a la sociedad toda, e inevitablemente cae en la dicotomía de lo bueno y lo malo, en las pautas y en los modelos preconcebidos. Para provocar un cambio con base a esta Ley del Caos hay que romper con el paradigma vigente aplicando el arte de la simplicidad y la paradoja de la complejidad.

La complejidad y la casualidad son las puertas del orden social. Cuando estamos frente a sistemas sociales muy complejos (por ejemplo los números irracionales) y su complejidad nos parece infinita, termina semejante a un sistema casual y aleatorio. Pero la casualidad no es novedad, es una herramienta altamente productiva utilizada por personas que en la sociedad desarrollan ideas novedosas, propuestas bizarras, que actúan como detonantes de nuevas creaciones sociales. Cuando en los conglomerados sociales todo parece complicarse, “aparece”, “irrumpe” el orden de lo simple; también sucede a contra corriente Esto acontece regularmente porque las cualidades no están en los objetos o las situaciones, están en las interacciones que hay entre ellas y de nosotros con ellas.
Anteriormente se mencionó este fenómeno bajo la figura de la explosión social de El Caracazo cuando un conglomerado humano pasó con sorprendente rapidez del orden preestablecido a un modo de actuar bizarro. Esta conducta social sólo tiene analogía en las propiedades emergentes, propiedades del sistema cuya existencia no se puede predecir o que no es aparente mediante la observación de los componentes del sistema. Es un ejemplo evidente de la intermitencia, ya que se trata del estallido del caos en medio del orden regular.

6º.-La Ley de los Fractales y la Razón
El caos social genera formas… ¡Y deja huellas!

La palabra fractal fue utilizada por primera vez por el matemático Benoît Mandelbrot (Braña, 2002) y se entiende como “auto semejanza a muchas escalas diferentes”. Fractales son formas caóticas que poseen la característica de que las “partes” de la forma repiten la forma a diferentes escalas, son “formas irregulares o secuencias numéricas que se repiten a sí mismas en diversas escalas (árbol / rama / tallo)” (Brady, citado en Ferrer, s/f). Briggs & Peat (1999) los llaman “la geometría de las formas irregulares y los sistemas caóticos”(p.105). Los fractales presuponen diferencias individuales y la singularidad así como las similitudes. Como la auto semejanza fractal entre el microcosmos y el macrocosmos sugiere que a partir de una pequeña parte se puede ampliar y reproducir algo que se parece al total, “la geometría fractal permite estudiar los hechos caóticos de manera rigurosa” (Bolaños, 1998-2000).

La quinta Ley del Caos, la Ley de los Fractales y la Razón hace referencia a las huellas, las pistas, las marcas y las formas realizadas por la acción de sistemas dinámicos caóticos. El caos genera formas y deja huellas que poseen lo que los científicos denominan “auto semejanza a muchas escalas diferentes”. Estos ‘fractales’ nos permiten relacionarnos desde lo matemático, lo caótico y lo estético, con las formas no lineales, con formas como la orilla de un acantilado, la copa de un árbol…¡El movimiento de una turba de gentes!, para calcular su dimensión fractal , que es la medida aproximada de su complejidad, y apreciar el misterioso e impredecible movimiento que lo ha creado y lo mantiene cohesionado.

El término auto semejante incluye la idea de la existencia, tanto de las diferencias individuales y la singularidad, así como también de las similitudes. Como ya hemos dicho, hay un amplio abanico de auto semejanza fractales que se dan tanto en las formas de la naturaleza como en la conciencia humana y en la sociedad. En algunas formas fractales, particularmente aquellas generadas por las pantallas de los monitores de las computadoras mediante fórmulas matemáticas, la auto semejanza tiene algo de mecánica. En los fractales de la naturaleza y del arte, lo que es auto semejante se halla mezclado con lo que es diferente, de forma tal que constituye un desafío a la descripción.

Al apreciar la diversidad social, nos conectamos más, nos interrelacionamos de una manera más enriquecedora y oportuna, porque al respetar con sutileza las particularidades individuales llegamos a las auto semejanzas sociales. Aprender a convivir con personas que se parecen o que piensan igual que nosotros es una tarea relativamente fácil; el gran reto es convivir con aquellas personas que no se parecen, ni comparten nuestra cosmogonía, ni nuestros pensamientos. Hacerlo es un interesante proceso de aprendizaje en el que podemos descubrir no sólo las distintas ‘huellas sociales’, sino el camino hacia donde se dirigen.

Ese es el reto para quienes se autocalifican de líderes sociales: Desmontar la actual ecuación iterativa inversa, a partir de la cual los actuales conductores de las masas son conducidos por ellas, y estas mismas masas perciben que el reflejo de sus directrices en el líder no es más que la ratificación de una dirección ‘que emana’ del líder mismo. Pero ‘ver la huella’ no necesariamente significa ‘conocer el camino’. La naturaleza construye sus fractales a partir de la materia y la energía, mientras que la materia de los fractales sociales incluye también la conciencia humana, a través de las categorías de percepción y de lenguaje.

7º.-La Ley de los Rizos Temporales
La percepción relativa del espacio-tiempo en los nuevos constructos sociales.

Esta sexta Ley del Caos se refiere a la dificultad de utilizar adecuadamente el tiempo en el mundo “moderno”. Se cuestiona la desaparición de sus cualidades e invita a reconectarnos con él, a vivir el tiempo de manera creativa y no con el tic-tac del reloj. Para lograrlo tenemos de dejar atrás la creencia de que el tiempo es una línea recta y reconocerla como una línea fractal, con giros, curvas y arabescos.

¿Cuánto tiempo ha pasado desde que el señor Chávez juró la Presidencia de Venezuela con su mano sobre ‘la moribunda’ Constitución de la Cuarta República? Cronológicamente, diez años. Fractalmente, eso depende. Si le preguntásemos a un correligionario del señor Presidente, contestaría que apenas ‘fue ayer’ que se inició ‘la revolución’. Si le preguntamos a un opositor, en especial a cualquiera de los 20.000 expulsados de PDVSA en el año 2003, respondería que esos diez años son ‘toda una eternidad’, pero que aún se sienten ‘gente del petróleo’.

Los relojes biológicos y operativos de muchos de ellos han quedado anclados en el espacio-tiempo que desarrollaron mientras estuvieron en la industria petrolera venezolana. Conozco casos de ex-trabajadores que viven en Maracaibo, pero que luego de seis años fuera de la industria se sorprenden ellos mismos conduciendo sus carros de madrugada por el Puente que une a Maracaibo con la zona petrolera, rumo a los campos donde trabajaron por más de veinte o más años. ¿Se trata de patologías psicológicas producidas por el schock de su despido… o estamos en presencia de un reloj interno que marca un ritmo de ‘espacio-tiempo’ a contrapelo del tiempo nominal?

Cada elemento del universo, desde el más pequeño hasta el mismo cosmos, lleva un reloj interior que mide y ‘significa’ su paso individual y cada sistema se auto organiza con base a ese tiempo. Esto lo logra contemplando y armonizando el tiempo de cada uno de los elementos que lo componen, por eso cada persona tiene múltiples sistemas y por lo tanto múltiples relojes internos.
Es necesario dejar atrás la creencia de que únicamente es real el tiempo exterior porque esto es una amenaza para nuestra auto organización fractal interna. Para desarrollar nuevos constructos sociales hay que pactar de nuevo con nuestros relojes internos, vivir cada experiencia, estar presente, sin prisa. Esto permite renovar sin traumas el epitelio social, descubrir nuevos ritmos colectivos, permitir que fluya la creatividad propositiva de los ciudadanos. En cualquier acto creativo, individual o grupal, el tiempo trasciende lo lineal, lo externo y se convierte en un tiempo de dimensiones fractales.

Pero el tiempo, al igual que los fractales, son auto semejante porque el tiempo se curva, se vierte, se separa, fluye. Basta con escuchar una dulce melodía para perder la sensación del tiempo transcurrido… Basta con evocar el tiempo transcurrido en un sueño –o en una pesadilla- y saber que ese ‘espacio-tiempo’ es irreal y que apenas le tomó unos segundos al cerebro para recrearlo.

De acuerdo con la Ley de los Rizos Temporales de la Ley del Caos, el tiempo no es más que una energía del universo que fluye ‘subjetivamente’ porque además de una nueva dimensión del espacio fractal existe una nueva dimensión del tiempo fractal, en el cual se puede experimentar vivencias del tiempo muy distintas de la medida por el reloj. A propósito, Bolaños (1998 – 2000: www) señala que la relación con el tiempo no está vinculada a su medición, lo que importa es “como sentimos y no como medimos esta relación”. De esta manera, la línea recta del tiempo se reemplaza por una figura inacabable de dimensión fractal.

Tiempo fractal es tiempo multidimensional, como en el que entramos cuando estamos en momentos de crisis: en la auto organización, los relojes internos de los sistemas más pequeños se acompasan, y en cuanto sistema conectado con su entorno, el tiempo se enriquece y se llena de dimensiones.

El tiempo fractal también es auto semejanza, por lo cual se puede decir que cada etapa del desarrollo de un conglomerado cualquiera es un microcosmos fractal de toda su existencia social. Tratamos aquí con un concepto de vital importancia: El tiempo característico, definido por Ekeland (2001) como “el tiempo al final del cual una pequeña perturbación se multiplica por diez” (p.30), en otras palabras, se vuelve perceptible. Así, por ejemplo, se calculó el tiempo característico para el sistema solar y el resultado fue 10 millones de años. Eso significa que un cambio sutil e imperceptible en la vida de nuestro sistema solar se convierte en un cambio evidente sólo después de haber pasado 10 millones de años. Nadie ha calculado el tiempo característico para una sociedad pero se puede afirmar con toda seguridad que éste sería mayor que la duración promedio de la vida humana, por lo cual los cambios sociales que están ocurriendo pasan por desapercibidos hasta que transcurra un determinado lapso.

Mientras creamos que el tiempo es una línea recta, como la hipotética trayectoria del dardo del Titán Cronos lanzado desde el pasado hacia el futuro, es difícil relatar muchas de nuestras experiencias temporales interiores. Usualmente las menospreciamos como delirios, segregaciones, rarezas de la memoria y la percepción. En cualquier caso sin relación alguna con la naturaleza física y esencial del tiempo.

La Teoría del Caos reemplaza la hipotética línea de Cronos con una compleja e inacabable figura de dimensión fractal. A cualquier escala de aumento, los fractales revelan nuevos modelos y complejidades, por ello la sexta Ley de la Teoría del Caos sostiene que no hay líneas simples en la naturaleza. Lo que a cierta distancia podemos considerar lineal, si es observado más cerca o de manera tangencial, revela giros y curvas insospechados al principio. Quizás sea por ello que en momentos de crisis solemos desconectarnos temporalmente del tiempo del reloj, para entrar en un ‘tiempo fractal’, en el que cronología y el espacio se ‘tuercen’ en una espiral que nos parece infinita, o se detiene y nos parece que todo a nuestro alrededor se ha ralentizado y percibimos al mundo exterior como en cámara lenta, sin profundidad de foco y con desconcertantes sonidos ‘ululantes’. Al experimentar sus matices temporales es cuando nos adentramos en el espacio-tiempo fractal.

Cuando un grupo social entra en una dimensión fractal, la experiencia grupal se enriquece y se expande dentro del tiempo lineal; los grupos exploran los matices del tiempo y los individuos actúan en consecuencia con el ritmo interno del grupo. Por eso la primera responsabilidad del ‘líder nuevo’ consiste en romper con la línea del tiempo, porque visto así, el tiempo social termina pareciéndose a un viaje entre dos estaciones, en el que se pierde la posibilidad de disfrutar cada minuto del viaje, porque solo esperamos llegar lo antes posible… Alcanzar una meta, lograr un objetivo son los puntos finales de ese viaje social.
La perspectiva fractal, sin embargo, nos permite formular una pregunta distinta: ¿qué tiempo tiene significado relevante para una comunidad? El ostracismo, la indiferencia y la ausencia del sentido de pertenencia social deja un tiempo vacío, pero la pasión por las metas colectivas y el entusiasmo por alcanzar objetivos mancomunados ‘fractaliza’ el tiempo, lo enriquece y lo retorna al colectivo brillante y polifacético. Quizás por ello surge el Principio del Tiempo Social Relativo: Los grupos sociales, los colectivos no necesitan más tiempo, sino un tiempo pleno y comprometido con los objetivos político-sociales y las actividades en ellos involucradas.
El tiempo por lo tanto es relativo y depende de las experiencias particulares de cada quien. La conciencia del tiempo es diferente para cada persona; lo interesante es ver el tiempo como ese espacio para la creación, el disfrute, el compartir y la integración de todos con el todo. El tiempo del que realmente necesitamos es el tiempo fractal del que ya disponemos.

8º.-La Ley de la Corriente de una Nueva Percepción
El reto de la percepción holística.

Esta séptima Ley del Caos reconoce que cada partícula del universo tiene su propia historia, trabaja a partir de ella y tiene una evolución autónoma, sin embargo, de manera mágica todo se unifica para formar una entidad global interdependiente. Quienes habitamos este país lo hemos fraccionado marcando fronteras geográficas y sociales, arrasando con las identidades locales, agotando el discurso de las minorías, exterminado la memoria histórica y cultural. Es necesario un sutil cambio que nos regrese a la percepción real de la sociedad venezolana como algo orgánico, completo, holístico. Un retorno al mundo social al que instintivamente pertenecemos como un elemento más, en armonía con el resto de las sociedades. En la caótica armonía auto organizada que permite el desarrollo un sistema dentro de otro sistema.

Los procesos de la sociedad son indivisibles y constituyen un holismo que hay que mantenerlo y alimentarlo para que no se “rompa”. El mundo no es una máquina, las sociedades no funcionan mecánicamente, ni las personas tampoco. Todos somos una unidad caótica auto organizada. La séptima, es la ley de la corriente de una nueva percepción: volver a unirse con el todo. Nos conecta con la imagen de nuestro país en el mundo. Nos ofrece una perspectiva y una concepción asociada a un mundo interconectado, un mundo orgánico, de una pieza sin costuras, fluido. La totalidad es el tema central de las revelaciones místicas acerca del mundo, pues para muchos pueblos, la totalidad es el camino de la vida diaria.

Este cambio se refleja también en la conciencia social. Entendemos que la conciencia social es la esencia de individualidad de las estructuras sociales. La Teoría del Caos nos muestra que siempre somos parte del problema. Los problemas sociales que nos afectan, se originan de situaciones particulares, que luego se transforman en un todo. Peat y Briggs señalan que …”debajo de nuestros sentimientos de aislamiento y soledad como individuos separados de los demás, vibra un sentimiento de pertenencia y de interconexión con todo el mundo.”

Experimentar la solidaridad tiene que ver con el hecho de liberarnos a nosotros mismos del hábito crónico de pensar que somos meros fragmentos inconexos. Tiene que ver con la necesidad de experimentar que el observador siempre es parte de lo que observa. También tiene relación con abandonar esa obsesión por el control y la predicción, y sustituirla por una sensibilidad hacia el cambio y lo emergente. Finalmente, tiene que ver con la utilización de la influencia sutil para convertirnos en participantes de la sociedad en la que vivimos, antes que en sus gerentes. Estas hermosas palabras de Briggs y Peat sirven para replantear la interconexión del ser humano con el todo, para retomar los pensamientos de la creación y la visión de co-creadores junto con Dios, y cuidar de nosotros y del planeta.

(*) Comunicólogo venezolano.
Asesor de Identidad e Imagen Corporativas.
Profesor de Mercadeo Electoral
Escritor

Las ataduras democráticas de la oposición venezolana

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por Pedro Corzo

Venezuela es un país sumido en una crisis muy propia de una sociedad democrática, porque tanto el gobierno como la oposición parece que procuran resolver sus diferencias en el que sin dudas es el lugar ideal para los entuertos de cualquier nación; las urnas, solo que las evidencias indican que el oficialismo no esta dispuesto a perder en ninguna circunstancias y cuando eso sucede, tiene los recursos “legales” suficientes para modificar los resultados cualesquiera que estos sean.

El dos de diciembre de 2007, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, sufrió su primer fracaso al rechazar la población un referendo constitucional que le otorgaba mayores poderes y le daba la posibilidad de reelegirse indefinidamente. Pero esa derrota no le impresionó porque pocas horas después proclamó, “para mí esta no es una derrota. Esto es un por ahora”, algo similar a lo que pronuncio después del fracasado golpe de estado que protagonizo el 4 de febrero de 1992.

En esa ocasión el anuncio de los resultados por parte del Consejo Nacional Electoral se produjo casi ocho horas después de cerradas las urnas, y cuando varios sectores de la sociedad empezaban a exigir que la información fuera revelada. Ese largo silencio del Consejo del que se pueden inferir muchas cosas, contrasta con la rapidez con la que ese mismo organismo reconoció este 15 de febrero, que el referendo para la reelección indefinida de los funcionarios electos había sido ganado por el gobierno.

La propuesta de Chávez reformaba 69 de los 350 artículos de la Constitución de 1999, abarcando desde la reducción de la jornada laboral de ocho a seis horas hasta la transformación de la Fuerza Armada. También establecía nuevos tipos de propiedad social, eliminaba la autonomía del Banco Central e implantaba otras disposiciones que favorecían a su mandato.

Aunque Chávez perdió no se “rajó” y por medio de la Asamblea Nacional, que en mayoría aplastante le es incondicional, logro aprobar muchas de las medidas que la población había rechazado en el referendo. Su voluntad autoritaria y la manipulación que hace de la vía electoral se mostró sin tapujos cuando unos pocos meses después convocó al Pueblo para que decidiera una vez sobre lo que ya se había pronunciado.
En las elecciones regionales que se realizaron el 23 de noviembre de 2008, para elegir gobernadores, legisladores estaduales y alcaldes, la oposición triunfo en cinco estados, Carabobo, Nueva Esparta, Zulia, El Táchira y Miranda y también en la muy importante alcaldía Mayor de Caracas y de la no menos relevante ciudad de Maracaibo.

La derrota de los candidatos del chavismo fue tan aplastante que no pudieron hacer nada para evitarlo, no obstante Chávez ha entorpecido la labor de los funcionarios electos con todos los medios posible como fue el caso de Cesar Pérez Vivas en la gobernación del Tachira y el del gobernador de Carabobo, Henrique Fernando Salas Feo, quien tuvo que recurrir a los tribunales para lograr ocupar el puesto sin que tal decisión impidiera otras muchas obstrucciones del oficialismo incluyendo la de jueces partidarios del gobierno.

El alcalde mayor de Caracas, Antonio Ledezma, todavía continua enfrentado numerosos problemas incluyendo el que no puede despachar desde la sede de la alcaldía porque esta ocupada por los partidarios del mandatario. La ceremonia de juramentación de Ledesma debió posponerse en dos ocasiones. Por otra parte prácticamente fue despojado de los atributos más importantes de su cargo como el control de la policía metropolitana, la administración de hospitales y el saqueo de los bienes de la alcaldía.

Es evidente que el gobernante venezolano sabotea y obstaculiza la labor de los funcionarios electos que pertenecen a la oposición, que juega sucio y que es un tramposo que recurre a todos los poderes del Estado y de la delincuencia oficial para imponer su voluntad.

Para Chávez el más “constitucionalista” de todos los déspotas que ha conocido el hemisferio es muy sencillo convocar a elecciones las veces que le haga falta, porque aunque su poder no es monolítico y es razonable que entre sus operadores políticos hayan serios conflictos, él es el único denominador común de la ecuación bolivariana. Después de Chávez no hay mas gobierno y los chavistas lo saben, por eso le soportan todas sus patanerías, incluyendo sus ridículas interpretaciones musicales en los actos oficiales.

La oposición venezolana tiene ante si un serio dilema. Participar en elecciones en las que el gobierno utiliza los recursos económicos del estado, moviliza los empleados públicos y dispone de los servicios armados en la medida que determinen su necesidades, en fin, cuenta con todos los recursos del estado y dicta las reglas de lo que conocemos como el juego democrático.

La confrontación electoral es una demanda de la democracia pero el problema es que Hugo Chávez no es un demócrata, aunque recurra a los votos y a la participación de la oposición en los comicios que convoca para legitimar sus poderes.

Chávez y esta es la novedad que percibo, cumple todas las prácticas aberrantes de cualquier dictador típico: presos políticos, asesinatos políticos, intimidación y represión, abusos de poder, corrupción, control de los poderes públicos y una lista interminable de arbitrariedades que agota de solo pensarlas.

Pero por otra parte choca con el modelo del clásico Jefe americano porque gusta de elecciones, por supuesto que hechas a su medida, le agrada tener una oposición organizada que le legitime, pero que no sea tan poderosa que pueda poner en peligro su autoridad. Acepta una oposición plural a la que no cesa de desacreditar y acusar de estar supeditada a factores extranjeros

Difiere de los líderes del desaparecido socialismo real en que cuando estos permitían partidos políticos de oposición eran solo copias a carbón del oficial. Además aunque procura controlar la sociedad civil no la asfixia, como se hacia en los antiguos países socialistas, incluido el régimen cubano.

Reprime a la prensa de manera selectiva aunque a toda le hace saber que tiene el garrote listo para ser usado cuando sea necesario. Inicialmente procura imponer su voluntad por medio de legislaciones que favorecen sus intenciones, y no duda en recurrir al chantaje de la masa enfebrecida contra un objetivo u objetivos determinados cuando las soluciones a sus planes se complican.

Chávez y sus pares, no son enemigos de los capitalistas ni de las transnacionales, siempre y cuando estos favorezcan sus pretensiones. El Socialismo del Siglo XXI como le llaman, gusta del dinero, el lujo y el confort. Favorece la creación de nuevos ricos que tengan la conciencia de que sus bienes son producto de la gracia del Caudillo.
Es sin dudas un juego duro y en cierta medida nuevo, aunque no del todo porque hay que recordar los tiempos en que hombres como Raúl Haya de la Torres, eran elegidos en países como Perú y derrocado por los militares que le repudiaban. Por supuesto que eso no solo ocurría en Perú, es un ejemplo entre otros muchos.

Los retos que generan los socialistas del Siglo XXI cuando acceden al poder demandan estrategias que tal vez todavía no se encuentren en los arsenales de los demócratas. Rafael Correa en Ecuador y Evo Morales en Bolivia, han copiado las formulas del caudillo venezolano, también en esos países han triunfado las propuestas oficiales, no son hechos aislados, es una concertación antidemocrática en pleno desarrollo; es lo que algunos denominan el post totalitarismo.

Es indudable que el deber de un demócrata es participar en elecciones cuantas veces sea necesario y esforzarse al máximo para vencer las dificultades, pero también hay un cuestionamiento obligado sin que haya una aproximación al Ser o no Ser de Shakespeare: Vale la pena echar una pelea como aquella del mono amarrado y el león en la urna electoral, cuando la derrota anunciada solo sirve para legitimar al déspota.

Es una pregunta que deja a cualquiera fuera de juego porque si no participas, en el caso venezolano el 45 por ciento de los ciudadanos rechazaron la propuesta oficial, un número importante que refleja una nación dividida, abandonas el campo sin luchar y los milagros a veces ocurren.

El Kremlin se desmoronó cuando menos se esperaba, y todavía cincuenta años después, los cubanos seguimos en la brega de acabar con el totalitarismo insular contra el que hemos usado de todo, menos los votos, porque el castrismo proviene de aquella escuela de ¿Elecciones para qué?

XIV Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del Estado y de la Administración Pública

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El CLAD y el Gobierno Federal de Brasil, a través del Ministerio de Planificación, Presupuesto y Gestión (MP), conjuntamente con la Gobernación del Estado de Bahía, tienen el placer de anunciar la celebración del “XIV Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del Estado y de la Administración Pública” que se llevará a cabo en Salvador de Bahia, Brasil, del 27 al 30 de octubre de 2009.

El acto de inauguración se llevará a cabo el martes 27 de octubre a las 19 hrs. Los días 28, 29 y 30 de octubre se desarrollarán las conferencias plenarias y los paneles. Durante el Congreso tendrán lugar reuniones especiales de las redes propiciadas por el CLAD y se presentarán pósters y libros editados durante el año 2009. A finales de septiembre, el Programa completo estará disponible en el portal del Congreso.

Conferencias Plenarias

Durante el evento, reconocidas especialistas dictarán conferencias plenarias, a saber:

Rebeca Grynspan Mayufis
Directora, Oficina Regional para América Latina y el Caribe, Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)

“Los nuevos roles del Estado frente a los impactos de la crisis económica internacional en América Latina”
Jocelyne Bourgon
Distinguished Fellow at the Centre for International Governance Innovation (CIGI) and President Emeritus, Canada School of Public Service (CSPS)

“Public purpose, government authority and collective power”
Maria Joao Rodrigues
Assessora Especial para a Estratégia de Lisboa, Unión Europea

“Governança estratégica para o desenvolvimento”
Metodología

Las propuestas de paneles deberán referirse obligatoriamente a alguna de las siete áreas temáticas que se especifican a continuación y su abordaje deberá estar orientado por la caracterización conceptual y las interrogantes centrales que se plantean para cada una de ellas.

Las Áreas Temáticas serán coordinadas por profesionales externos de relevante trayectoria quienes, junto con el Comité Académico del CLAD, integrarán el Comité Evaluador y seleccionarán las propuestas referidas a su respectiva área. Dichos Coordinadores de Area Temática también asistirán a los paneles de su área y formularán un conjunto de conclusiones que serán expuestas en la Ceremonia de clausura del Congreso.

Areas Temáticas

Capacidades para gobernar el futuro a través del proceso de formación de las políticas públicas. Coordinador: Manuel Villoria Mendieta. Director del Departamento de Gobierno, Administración y Políticas Públicas. Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset (IUIOG). España

Frente a los utópicos sueños de un siglo XXI que expresara el fin de la historia, el siglo que vivimos comenzó con la expresión más brutal de ataque terrorista conocida en la historia y, a partir de tal catástrofe, con un clima de movilización antiterrorista que puso en peligro derechos civiles y libertades que habían sido trabajosamente reconocidos en los últimos doscientos años. Apenas recuperados de este clima de tensión, la economía mundial ha entrado en una de las más complejas y profundas crisis de la historia del capitalismo. Y, por si fuera poco, el crimen organizado y la corrupción extienden sus redes sin descanso en todo tipo de países y continentes, pero muy especialmente en Latinoamérica. Cuando aún no hemos cumplido una década del siglo actual vemos cómo el mercado, la democracia y la seguridad pública, hasta hace poco marcos insustituibles de nuestros proyectos individuales y colectivos, se tambalean. Esta área temática pretende recoger todas las reflexiones e investigaciones que hayan analizado las competencias y capacidades que deberían poseer los gobiernos actuales para hacer frente a esta crisis sistémica en la que nos encontramos. En concreto, qué marcos cognitivos y argumentativos (frames) pueden dar cuenta de la realidad actual y contribuir a diagnósticos adecuados, qué competencias deben reunir los directivos y gestores públicos implicados en la formulación de políticas para los Presidentes y sus ejecutivos, qué nuevas formas de organización y estructuración de los gabinetes se precisan hoy, qué forma de relacionarse con la sociedad se demanda en la actualidad y qué respuesta tecnológica sería la más adecuada para lograr enfrentar eficazmente los riesgos actuales. En el área se recibirán con pleno agrado trabajos que traten tanto de la construcción de la agenda pública como del proceso de toma de decisiones en la generación de políticas que ayuden a gobernar el futuro en un mundo sometido a profundas incertidumbres.

Enfoque interdisciplinario y coordinación intersectorial en la gestión de una administración pública compleja. Coordinador: Luis Alberto dos Santos. Sub-chefe. Subchefia de Análise e Acompanhamento de Políticas Governamentais. Casa Civil da Presidencia da República. Brasil

La coordinación de la acción gubernamental es un aspecto de la gobernanza pública cada vez más relevante, dada la creciente complejidad tanto de la administración pública como de las sociedades modernas. En el día a día profesional de los dirigentes públicos y burócratas, la capacidad de decidir incluye tanto la posibilidad de éxito como de fracaso, en este último caso con costos para el conjunto de la sociedad. La mejora de la calidad de los procesos decisorios, la seguridad jurídica, el análisis consistente de escenarios y alternativas, la identificación previa de outputs e outcomes derivados de las decisiones políticas, son fundamentales para la buena gobernanza, evidenciando el carácter intersectorial de la coordinación gubernamental y la necesidad de un enfoque interdisciplinario, que tenga en consideración no solamente los factores políticos, sino también los organizacionales, jurídicos, financieros, culturales, y los aspectos sociológicos e históricos presentes en cada contexto.

La necesidad de perfeccionar la actuación del Estado en el campo de las políticas públicas y de sus instrumentos de gestión ha sido enfatizada en diversos documentos oficiales, tales como la Carta Iberoamericana de Calidad en la Gestión Pública, aprobada por la X Conferencia Iberoamericana de Ministros de Administración Pública y Reforma del Estado en junio de 2008. La Carta destaca entre los principios inspiradores de una gestión pública de calidad el “principio de coordinación y cooperación”, según el cual la coordinación interadministrativa resulta clave en los Estados con modelos descentralizados y con diferenciación competencial a nivel territorial. Las administraciones públicas, para lograr una gestión pública de calidad, deben prever la designación de competencias, relaciones, instancias y sistemas de coordinación de sus entes y órganos, para prestar servicios de forma integral al ciudadano.

Las desigualdades regionales y sociales, la complejidad de las estructuras burocráticas, las relaciones intergubernamentales y con los diferentes actores políticos y sociales imponen desafíos significativos a la coordinación intersectorial y a los órganos coordinadores o que lideran sistemas administrativos, no solamente en lo que se refiere al trinomio eficiencia-eficacia-efectividad, sino también en lo que se refiere a equidad, legitimidad, liderazgo, capacidad de negociación y construcción de consensos, análisis de políticas públicas, definición de prioridades estratégicas y construcción de agendas realizables en el contexto de democracias representativas pero cada vez más participativas. Como una función esencialmente política, pero que conlleva responsabilidades operativas y gerenciales, la coordinación intersectorial requiere, cada vez más, un enfoque interdisciplinario que pueda responder a las demandas provenientes de esa complejidad.

Coordinador: Javier González Gómez. Director General. Dirección General de Eficiencia Administrativa y Buen Gobierno. Subsecretaría de la Función Pública. Secretaría de la Función Pública (SFP). México

Durante los últimos años, prácticamente todas las administraciones públicas de Iberoamérica han desarrollado, de manera consistente, esfuerzos interesantes y creativos tanto para asegurar niveles de calidad en los trámites y servicios que entregan, como para brindar resultados. Sin embargo, parecería que en el largo camino que los países han recorrido han ido dejando a un lado al protagonista principal de todas las iniciativas y las acciones: el ciudadano. ¿Buscamos ser administraciones públicas excelentes para salir mejor posicionados en los rankings internacionales o para que nuestros ciudadanos vivan mejor? ¿Queremos colgar en las paredes de nuestras oficinas certificados que avalen la calidad de nuestros procesos o que la sociedad no padezca al interactuar con su gobierno? ¿Procuramos enlistar una amplia gama de resultados para satisfacer los requerimientos asociados al acceso a la información o para maximizar la utilidad pública y que las personas verdaderamente se vean beneficiadas? Iberoamérica trabaja fuerte y consistentemente para estructurar una gestión pública de excelencia, pero ¿cómo vamos a asegurarnos de que las mejoras se verán impactadas, tanto de la ventanilla para adentro como de la ventanilla para afuera? El reto está en poner al ciudadano en el centro de la atención de los gobiernos y, entonces, comenzar a quitarle todos aquellos obstáculos que frenan su crecimiento y bienestar. No basta con adoptar las mejores prácticas y herramientas, si son vistas sólo como una “tendencia pasajera” o “el requisito de moda”. No basta con incrementar el monto de los recursos que se entregan, si no se mide el impacto que provocan en la vida diaria de las personas. No basta con identificar procesos, documentarlos y certificarlos cada dos años si, finalmente, no agregan ningún valor al ciudadano. Lo trascendental no es la adopción de tal o cual estrategia, metodología, herramienta o buena práctica, sino lo que suma al bienestar de cada ciudadano.

Se pretende que los paneles y las discusiones aporten estrategias y acciones novedosas, que permitan conocer qué tanto valor real recibe el ciudadano por parte de su gobierno, cuando éste instrumenta una política de calidad en la gestión con orientación a resultados.

Hacia el mérito profesional y la flexibilidad de gestión en los sistemas de función pública/servicio civil. Coordinadora: Petra Fernández Álvarez. Directora General. Dirección General de la Función Pública (DGFP). Secretaría de Estado para la Administración Pública (SEAP). Ministerio de Administraciones Públicas (MAP). España

La Función Pública ha sufrido importantes modificaciones, algunas de ellas derivadas de los cambios sociales y del entorno y otras, de demandas directas del ciudadano. En todo caso, todas ellas han contribuido a que la evolución de la gestión de recursos humanos se haya convertido en un valor fundamental en la organización pública.

La exégesis que acompaña al cambio de denominación desde la trasnochada gestión de “personal” que situaba en la periferia de las organizaciones esta competencia, ha dado paso a una nueva gestión de los recursos humanos llamada “gestión del capital humano” situada en el centro neurálgico sobre el que pivota el desarrollo de las organizaciones y que contribuye a fijar la idea de valor añadido.

En el ámbito de los servicios públicos, la centralidad en las personas se ha hecho también evidente. De hecho, ninguna política pública, fuera cual fuera su contenido y alcance, omite el tratamiento especial de la valoración, gestión y desarrollo de los recursos humanos.

Dos son los aspectos capitales que deberán fijar el desarrollo de este área temática y reflejarse en las propuestas de panel: por un lado, el mérito profesional y por otro la flexibilidad de la gestión.

Ambos van íntimamente unidos ya que, la gestión de “lo público” tiene un matiz gerencial y otro institucional. El primero requiere medidas de eficacia y eficiencia, el segundo garantiza la perspectiva constitucional y el respeto de los principios que inspiran la legitimidad democrática y la llamada Nueva Gestión Pública.

Respecto al mérito, convendría valorar la evolución de sus perfiles a lo largo del tiempo y la fijación de los modelos de implantación, con experiencias de países que han avanzado en esta línea. Los aspectos que alejan del clientelismo, la vigente definición en el ámbito privado, así como su vinculación con la seguridad jurídica, habrán de abordarse a lo largo de las sesiones. Estos aspectos son asimismo importantes de abordarse en las propuestas de panel.

El puente entre el mérito y la flexibilidad habrá de referirse a la posibilidad de acudir a elementos de “desregularización”. Así, se analizarán la disminución de controles, la ampliación de poderes a los gestores públicos en el ámbito de los recursos humanos y la “personificación” en la función pública, tales como la evaluación del desempeño. En este sentido, sería necesario explorar las vías y los resultados que han permitido avanzar hacia una mayor flexibilidad en el sector público en los países participantes.

Organismos como el Banco Mundial y la OCDE, han impulsado posiciones importantes en esta dirección, dejando abierto el camino para valorar la interacción entre mérito y flexibilidad en un recorrido que empieza con la consolidación del modelo democrático y que conduce y termina en “la nueva gestión pública”.

Por último, este análisis que también interesa explorar en las propuestas de panel, nos llevaría al debate sobre la “privatización” de las reglas aplicables a la gestión de recursos humanos y al análisis de las repercusiones que estas decisiones pueden tener sobre la seguridad jurídica, la legalidad democrática y la legitimación de los poderes públicos.

Una formación de directivos y funcionarios públicos que persiga el éxito de la acción de gobierno. Coordinadora: Helena Kerr do Amaral. Presidenta. Escola Nacional de Administração Pública (ENAP). Brasil

El ambiente de la acción pública cambió con la evolución demográfica, la redefinición del objetivo de la acción gubernamental, la tendencia a reducir el papel de las estructuras burocráticas tradicionales y la ampliación de la necesidad de saber trabajar en red. El contexto actual de crisis financiera global aumentó aun más la importancia de la acción gubernamental coordinada y actualizó desafíos de largo plazo, principalmente porque muchas referencias y paradigmas supuestamente consolidados se mostraron frágiles, cuando no impotentes.

¿Cuál debe ser la capacitación de funcionarios y gerentes públicos en ese ambiente? El debate que queremos tratar en esta área estará referido al desarrollo de capacidades, entendido como “la habilidad de las personas, de las instituciones y de las sociedades en desempeñar funciones, resolver problemas, establecer y alcanzar objetivos, anclada en el protagonismo, guiada por el liderazgo e informada por la confianza y por la autoestima” (Lopes, C. e Theisohn, T., Desenvolvimento para céticos: como melhorar o desenvolvimento de capacidades, Editora da UNESP, São Paulo, 2006).

Prácticamente es consenso que las respuestas a los más complejos y relevantes problemas públicos contemporáneos dependen de la administración pública y del desarrollo de nuevas habilidades y competencias. El valor creciente es el del conocimiento, de la imaginación y del pensamiento no-lineal. Y el de apoyarse en la experiencia de los otros países, no con el propósito de copiar, pero sí de innovar. Funcionarios otrora reclutados y entrenados para ocupar cargos estrechos tienen más dificultades para liderar en un mundo con interdependencia creciente. Gobernar en red exige liderar en medio de contradicciones y paradojas para las cuales la mayor parte de los funcionarios y gerentes no fue preparada.

Nuestro punto de partida presupone que el avance de la profesionalización de la administración pública potencia la efectividad de la acción gubernamental. ¿Cómo profesionalizar en un contexto de redefinición del perfil, de la escala y del objetivo de actuación de los funcionarios y gerentes públicos? ¿Cuál es el papel de la formación permanente de funcionarios para la consolidación de instituciones democráticas y la atención con calidad y agilidad de las demandas de la sociedad? La capacidad de responder a las demandas de la sociedad y de los gobiernos está estrechamente asociada a la claridad de la misión institucional. ¿Cómo formar para la construcción de ambientes institucionales adecuados al enfrentamiento de los desafíos así como para la movilización de recursos para la implementación de las políticas públicas? ¿Cómo desarrollar la capacidad de gestión de políticas públicas, adoptar prácticas de negociación y participación, mejorar la visión estratégica, la capacidad de escuchar y de diálogo con la sociedad?

Esta área temática deberá abordar y debatir las necesidades de redefinición de competencias necesarias para enfrentar los problemas públicos del siglo XXI y atender a la población con calidad, agilidad y transparencia.

Valores, normas e instrumentos de la ética pública para garantizar el buen gobierno en Iberoamérica. Coordinador: Roberto de Figueiredo Caldas. Membro. Comissao de Ética Pública. Presidencia da República. Brasil

La insatisfacción social con la conducta ética de los gobiernos alude, de modo general, a todos los países. Es necesario tornar el Estado más transparente y eficaz. Un desafío, con la reciente crisis económica mundial, será la escasez de recursos, a pesar de que diversos estudios comprueben que la ética y la transparencia generan mayor desarrollo social y económico.

La ética pública ha sido abordada a partir de la definición de valores, aclaración de normas de conducta e implementación de instrumentos que proporcionen una mejor posición a los funcionarios y aumento de la confianza de los ciudadanos. Los valores deben ser claramente establecidos y las normas de conducta adecuadas y diseminadas entre los funcionarios y la sociedad. El seguimiento del cumplimiento de las normas y un sistema generador de consecuencias son necesarios.

Temas importantes en ética son la prevención de conflictos entre el interés público y el privado, y el combate a la corrupción. En este último, destacan tres convenciones internacionales: contra la Corrupción, OEA 1996; sobre el Combate a la Corrupción, OCDE 1997; y contra la Corrupción, ONU 2003.

La transparencia, la integridad, la reglamentación del lobby, códigos de ética, comisiones de ética, protección a los denunciantes, acceso a la información, participación de la sociedad civil, compras públicas, investigación de fraudes y auditorías patrimoniales son asuntos que también merecen ser profundizados.

Las diversas instituciones involucradas tienen actuación que varía entre la educación, la prevención y la punición. Todas son bienvenidas al debate.

Los paneles relativos a esta área temática deberán presentar análisis teóricos, estudios de caso o técnicas y herramientas innovadoras. En particular, es importante fomentar programas de cooperación horizontal en esta materia.
Gobierno electrónico para la participación popular y la gestión del desarrollo

Coordinadora: Elida Rodríguez Bizole. Directora Nacional de la Oficina Nacional de Tecnologías Informáticas (ONTI) y Subsecretaría de Tecnologías de Gestión de la Secretaría de Gabinete y Gestión Pública (SGGP). Argentina

Si bien el gobierno electrónico constituye un proceso social, político y tecnológico relativamente joven, está atravesando transformaciones importantes. Hasta el presente, la lógica predominante en sus implementaciones ha sido la de reproducir, con mayor o menor fidelidad, el modelo burocrático existente en la Administración Pública tradicional.

Sin embargo, los procesos de Reforma del Estado, la necesidad de la modernización de la gestión, la mejora en la calidad y transparencia y el fortalecimiento de los organismos públicos han constituido factores determinantes para producir un cambio de visión, no sólo en la Administración Pública, sino en la concepción misma del gobierno electrónico. De este modo, no resulta ser ya, la traducción en el ciberespacio de la Administración Pública tradicional. Antes bien, últimamente se ha comenzado a tener en cuenta la necesidad de pasar de un modelo estado-céntrico a otro centrado en el ciudadano.

No obstante, son variadas y numerosas las dificultades para la implantación de este nuevo modelo, tanto hacia el interior de las propias administraciones, como por parte de la sociedad.

En función de ello, la finalidad de lograr una activa participación popular tiene como pre-requisito un esfuerzo constante de educación, no sólo en el campo de la tecnología, sino también con relación a las implicancias sociales de su uso y las consecuencias que ello tiene en el desarrollo de la comunidad.

Precisamente, el concepto de desarrollo (entendido no sólo en su dimensión económica, sino -sobre todo- humana), implica ineludiblemente la necesidad de una participación comprometida y responsable por parte de todos los actores.

Por tales razones, resulta imperiosa la necesidad de que los gobiernos produzcan una aceleración en la construcción del nuevo paradigma democrático con participación popular. Y es justamente en este sentido, que el gobierno electrónico es la mejor herramienta para ejercer el derecho al desarrollo con inclusión social, económica y cultural, reforzando el empoderamiento de la ciudadanía.

En consecuencia, resulta central discutir respecto de estos aspectos del gobierno electrónico en la región. Tanto su debate, como el conocimiento de las diferentes estrategias, abordajes y soluciones que los países han adoptado, contribuirán a disminuir las asimetrías existentes en la región, por todos conocidas.
Paneles

Cada panel debe ser propuesto por una persona que actuará como su coordinador(a), y debe estar compuesto por cuatro o cinco panelistas, incluyendo el/la coordinador(a).

Las propuestas de paneles deberán referirse, obligatoriamente, a alguna de las siete áreas temáticas especificadas y responder a los términos de referencia correspondiente al área.

Toda propuesta de panel debe remitirse electrónicamente a la Secretaría General del CLAD antes del 13 de abril de 2009, mediante el Formulario de Panel Propuesto, con la información solicitada completa. En el mencionado Formulario, el/la coordinador(a) debe incluir: a) un texto sumario con la descripción de los problemas y/o interrogantes que el panel intentará abordar en su conjunto; y b) un resumen de cada una de las ponencias a ser expuestas en el panel propuesto.

La remisión de la propuesta de panel supone:
i) la decisión en firme de participación de los panelistas con base en la previsibilidad cierta de que podrá conseguir el debido financiamiento para su viaje; y ii) el compromiso de que cada panelista preparará una ponencia inédita para el Congreso y la enviará al CLAD según las condiciones establecidas.

Teniendo en cuenta los criterios mencionados, el Comité Académico del CLAD junto con los Coordinadores de Área Temática harán una selección de las propuestas de paneles y, a partir del 1º de junio de 2009, el Comité Organizador del Congreso comunicará los paneles aceptados provisionalmente. Los resultados de la selección no serán justificados. La aceptación definitiva estará condicionada a la recepción de al menos cuatro de las respectivas ponencias antes del 24 de julio de 2009.

Las ponencias que presentarán los panelistas y coordinadores deben ser inéditas e individuales. A título excepcional se aceptarán documentos en co-autoría; sin embargo, el CLAD considerará como ponente al autor que figure de primero en el documento.

Sólo se aceptarán las ponencias que cumplan rigurosamente con las Normas de Presentación de los Documentos, establecidas para tal fin, y que sean recibidas por el CLAD antes del 24 de julio.

Asistentes libres

Las personas que no deseen integrar un panel, podrán inscribirse en el Congreso como Asistentes Libres, pagando el arancel respectivo.

Los Asistentes Libres podrán optar por presentar un Documento Libre o un Póster (no se pueden presentar ambos) así como un libro de su autoría publicado en el año 2009.

Documentos libres

Los Asistentes Libres podrán remitir un trabajo para que sea incluido entre los documentos oficiales a publicarse en el CD-ROM del Congreso. Cabe destacar que el trabajo en cuestión no será expuesto durante el evento.

Los requisitos para que un trabajo sea aceptado como Documento Libre son los siguientes: i) Ser inéditos, individuales y de la autoría del Asistente Libre; ii) Estar referidos a alguna de las áreas temáticas especificadas para este Congreso; iii) Ajustarse rigurosamente a las Normas de Presentación de los Documentos; iv) Ser recibidos por el CLAD antes del 5 de junio; v) El Asistente Libre debe enviar el Formulario de Registro junto con el pago del arancel respectivo antes del 1° de agosto

Pósters XIV Congreso

Se ha designado un área especial para la presentación de información sobre estudios, proyectos, actividades o experiencias que se adelantan en algunas de las áreas temáticas señaladas en esta convocatoria.

Los Asistentes Libres interesados en presentar un póster (y que no hayan previsto enviar un Documento Libre) deberán completar el Formulario de Propuesta de Pósters y remitirlo al CLAD antes del 5 de junio. La aceptación de los pósters se dará a conocer a más tardar el 30 de junio. La decisión del Comité Académico será inapelable.

El material de los pósters aceptados deberá ser elaborado siguiendo las Normas de Presentación de Pósters. Asimismo, los autores serán responsables de colocar el póster en el lugar y fecha que se les asigne, así como también de su retiro.

Para la aceptación definitiva del póster es indispensable que el autor/a realice el pago del arancel de inscripción al Congreso antes del 1º de agosto.
Presentación de libros

Los participantes en el XIV Congreso (coordinador, panelista o asistente libre) que tengan interés en difundir un libro de su autoría, publicado durante el año 2009, deberán cumplir con los siguientes requisitos:

i) enviar por correo electrónico (clad@clad.org.ve) los datos completos de Autor(es); Título; Editorial, año y ciudad de publicación; Breve resumen del libro (de no más de 1.000 caracteres, incluyendo espacios); Indice del libro (con los nombres de los capítulos y los respectivos autores); y Contacto para adquirir la publicación: (Nombre, Apellido, Dirección, Teléfono, Fax, E-mail, Página Web); ii) remitir un ejemplar del libro a la siguiente dirección: Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo (CLAD). Ref.: Libros a ser presentados durante el XIV Congreso. Calle Herrera Toro, Quinta CLAD, Sector Los Naranjos, Las Mercedes, Caracas 1060. Apartado 4181, Caracas 1010-A, Venezuela; iii) el libro debe ser recibido por el CLAD antes del 5 de junio; iv) enviar el Formulario de Registro junto con el pago del arancel respectivo antes del 1º de agosto. Idiomas:Los idiomas oficiales del Congreso serán español, portugués e inglés. Durante todo el Congreso, una sala tendrá traducción trilingüe y otras seis dispondrán de traducción español-portugués.
Publicaciones

Las ponencias elaboradas por los coordinadores y panelistas, así como los documentos libres preparados por los asistentes libres, serán incluidos en el CD-ROM del XIV Congreso. Posteriormente, los documentos serán divulgados en texto completo en el SIARE del CLAD

El CLAD se reserva el derecho exclusivo de publicación de las ponencias y documentos libres en la Revista del CLAD Reforma y Democracia, previa notificación al autor dentro de los cuatro meses siguientes al Congreso.

Inscripción

Todo participante en el Congreso (coordinador, panelista o asistente libre) debe pagar el respectivo arancel de inscripción. Para hacerse acreedor de un descuento en el mismo, se debe remitir electrónicamente al CLAD hasta el 15 de septiembre, debidamente completado, el Formulario de Registro junto con el pago del arancel. Después de la fecha referida, la acreditación y el pago del arancel deberán hacerse directamente en la sede del Congreso.

Inscripción 15/09/2009 (*) Durante el Congreso
Participantes US$ 120 US$ 160
Miembros Asociación CLAD(**) US$ 60 US$ 80
Estudiantes de Licenciatura (***) US$ 60 US$ 80

Nota: Bajo ningún concepto se devolverá la cuota de inscripción.
(*) Para la inscripción con descuento sólo se aceptará: 1.) cheque no endosable a nombre del CLAD en US$ contra un Banco en Nueva York (o en Euros), enviado a la Secretaría General del CLAD, en Caracas, Venezuela; 2.) transferencia: – en US$ a la cuenta CLAD No. 152-004327 del JPMorgan Chase Bank, First Avenue and 44th Street, 1 United Nations Plaza, New York, N.Y. 10017, Estados Unidos – ABA: 021000021 – SWIFT CODE: CHASUS33 – en Euros a la cuenta CLAD No. 0049-0263-51-2711823683 del Banco Santander Central Hispano, Atocha, 55, Madrid, España – IBAN ES 29 0049 0263 51 2711823683 – SWIFT: BSCHESMM. Es posible efectuar una única transferencia cubriendo el arancel de varias personas. Al enviar el comprobante de la misma, deben especificarse claramente los nombres y apellidos de los participantes al evento. El costo de la transferencia debe ser asumido por el participante, de manera que el CLAD reciba el monto exacto del arancel. 3.) depósito en Bolívares en la Cuenta Corriente CLAD No. 0102-0105-52-00-0896809-2 del Banco de Venezuela. (**) Tarifas válidas para los miembros de la Asociación CLAD 2009, afiliados antes del 1º de septiembre de 2009. (***) El Formulario de Registro debe acompañarse de una carta firmada por el director de la escuela o el decano de la facultad respectiva. Si el estudiante envía el Formulario de Registro y paga hasta el 15/09/2009, la carta debe ser enviada al fax del CLAD: (58-212) 9918427. Si la acreditación se efectúa durante el Congreso, el original de la mencionada carta debe ser entregada en el momento del pago. En el lugar del evento todos los participantes deberán acreditarse y solicitar su credencial, condición indispensable para participar en las actividades del Congreso. La acreditación estará habilitada en la sede del Congreso, desde el lunes 26 de octubre, a las 9 a.m.

Exhibición

Durante el evento se realizará una exhibición comercial de publicaciones y servicios. Los detalles al respecto se publicarán en breve.

Sede

La sede del evento será el Pestana Bahia Hotel, Rua Fonte do Boi 216, Rio de Vermelho, 41940-360 Salvador Bahia, Brasil.

Alojamiento

El Pestana Bahia Hotel tiene es un establecimiento de cinco estrellas, con una ubicación privilegiada frente al mar, en el bohemio Barrio do Rio Vermelho. Se ha acordado con el hotel sede del evento descuentos significativos en el precio de las habitaciones. El número de habitaciones reservadas para el Congreso con la tarifa especial es limitado, por lo que se aconseja hacer las reservas a la mayor brevedad.

Habitación Precio (*)
Lujo
(Sencilla o Doble) US$ 170
Superior
(Sencilla o Doble) US$ 150
* Los precios incluyen desayuno. Debe adicionarse un 15% de impuestos y servicios.

Las tarifas son válidas hasta el 1º de septiembre de 2009. Montos pagaderos en Reales (BRL), al cambio del día, según el valor “turismo de compra” de la Gazeta Mercantil. Las consultas y reservas de hotel deben hacerse directamente al Pestana Bahia Hotel: Srta. Mabel Dias, Coordinadora de reservas. Tel.: (5571) 21038000, Fax: (5571) 21038066. E-mail: reservas@pestanabahia.com.br. El CLAD no tendrá intervención ni asumirá responsabilidades respecto de las reservas.

Transporte

Se ha designado a GOL Líneas Aéreas Inteligentes como transportadora oficial del Congreso. Código E1909SSA. Descuento especial de 16 %. Válido entre el 21 de octubre y el 4 de noviembre de 2009. Los participantes que deseen utilizar esta aerolínea disfrutarán de un 16% de descuento sobre las tarifas aéreas disponibles en el momento de realizar las reservaciones, excluyendo tarifas promocionales. Los pasajes con descuento son válidos entre el 21 de octubre y el 4 de noviembre de 2009, para rutas operadas por GOL en los trayectos Brasil – Salvador – Brasil o América Latina – Salvador – América Latina, y para mayores de 12 años de edad. Las modalidades de compra son las siguientes: – completando el Formulario – por correo electrónico, a la dirección eventos@golnaweb.com.br – por teléfono, al número (5511) 5508-4201, Atención a Congresos y Eventos. Una vez recibido el boleto aéreo, el participante deberá enviar un correo electrónico al CLAD especificando los datos siguientes: nombre del pasajero, ciudad y país de procedencia, número del localizador y valor del boleto.

Normas de presentación de los documentos

1. El documento debe ser recibido por el CLAD antes del 24 de julio de 2009. Los “Documentos Libres” deben ser recibidos por el CLAD antes del 5 de junio. 2. Los trabajos deben ser remitidos por correo electrónico a la cuenta clad@clad.org.ve indicando en el subject únicamente el apellido del autor. El Comité Organizador del XIV Congreso notificará la correcta recepción del documento, una vez éste sea procesado. 3. El documento que se envíe deberá ser la versión definitiva. No se aceptarán sustituciones ni correcciones posteriormente. 4. Los trabajos deberán ser elaborados en formato OpenDocument (.odt) http://es.wikipedia.org/wiki/OpenOffice.org- o en Microsoft Word (.doc). No se recibirán trabajos enviados por fax ni versiones impresas sin el correspondiente soporte magnético. 5. El nombre del archivo debe tener un máximo de ocho caracteres y debe corresponder con el primer apellido del autor. No deben utilizarse nombres que incluyan puntos o cualquier otro caracter, puesto que los sistemas antivirus del CLAD pudieran bloquear la recepción del mensaje. 6. La extensión del documento debe ser de un mínimo de diez y un máximo de treinta páginas. 7. Debe emplearse papel tamaño carta (8 ½ x 11 pulgadas). Los márgenes superior, inferior y laterales deben ser de dos cms. cada uno. El encabezado (header) y pie de página (footer) deben estar en 0 cm. 8. El texto del documento debe presentarse en tamaño 12. El espaciado entre líneas debe ser sencillo (single). El espaciado entre letras debe ser normal. 9. En la primera página debe aparecer el título del documento y el nombre completo del autor. A título excepcional se aceptarán documentos en co-autoría; sin embargo, el CLAD considerará como ponente al autor que figure de primero en el documento. 10. El orden de presentación del documento debe ser el siguiente (de corrido: sin comenzar una página para cada parte y en un solo archivo): # Texto del documento # Bibliografía # Reseña biográfica # Cuadros, tablas y gráficos # Resumen. 11. Deben estar numeradas todas las páginas.
12. Debe evitarse el uso de colores y no deben sombrearse partes del texto. 13. Los capítulos han de presentarse de corrido y no en página aparte. 14. Las citas o referencias a trabajos de otros autores, deben consignarse según los formatos siguientes, dependiendo del caso: * Apellido del autor (año de publicación: página de la cita). Ejemplo: Miranda (2009: 458) * Apellido del autor (año de publicación). Ejemplo: Miranda (2009). 15. Las notas al pie de página deben restringirse a lo estrictamente necesario, reservándose únicamente para hacer aclaraciones o ampliaciones sobre alguna idea contenida en el texto. No deben utilizarse para las referencias bibliográficas, las cuales deben consignarse en la bibliografía. 16. La BIBLIOGRAFIA debe contener con exactitud toda la información de los trabajos consultados y citados (nombre del o de los autores, título completo incluido subtítulo cuando corresponda, editor, ciudad, mes y año de publicación; si se trata de una serie, indicar el título y el número del volumen o la parte correspondiente; etc.). Se sugiere la siguiente presentación (en orden alfabético de apellido): – Artículo de un libro (el título del libro va en cursiva): Aquina, Herman y Bekke, Hans (1993), “Governance in Interaction: Public Tasks and Private Organisations”, en Modern Governance: New Government-Society Interactions, Jan Kooiman (ed.), London, Sage Publications. – Artículo de una revista (el título de la revista va en cursiva): Avritzer, Leonardo (1993), “Além da dicotomía Estado/mercado”, en Novos Estudos CEBRAP, No. 36, Sao Paulo. – Documento no publicado (no se coloca el título en cursiva y se indica “mimeo”): Amaro, Nelson (1993), Hacia una cultura de participación, Tegucigalpa, Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, mimeo. Los documentos, fuentes o bases de datos publicados en Internet, deben indicar el URL respectivo y, de ser posible, la fecha de la consulta (día-mes-año), ejemplo: http://www.clad.org.ve/siare/innova/paginas/innova_a.html, 15-04-2009. No deben dejarse líneas en blanco entre cada referencia. 17. La RESEÑA BIOGRÁFICA debe ser breve, de media página de extensión. Es conveniente indicar el cargo actual, nombre de la dependencia e institución, la dirección postal, números de teléfono, fax, e-mail y página web. 18. Los cuadros y gráficos, que sean indispensables para la comprensión del texto, deben consignarse en blanco y negro, sin tramas ni sombreados. 19. Debe incluirse el RESUMEN (de 3.000 caracteres, incluyendo espacios), donde el autor exprese las ideas principales del documento. Únicamente los documentos que satisfagan las condiciones estipuladas, serán incluidos en el CD-ROM del XIV Congreso que se entregará durante el evento.

Normas de presentación de pósters XIV Congreso

Los Asistentes Libres interesados en presentar un póster, y que no hayan previsto enviar un Documento Libre, deberán completar el Formulario de Propuesta de Póster y remitirla al CLAD antes del 5 de junio. La aceptación provisional de los pósters se dará a conocer a más tardar el 30 de junio. 1. El CLAD proveerá el espacio para colocar el póster. 2. Habrá dos sesiones de presentación de pósters por día. Las sesiones figurarán en el programa del Congreso 3. El póster tendrá las siguientes dimensiones: 180 cm de alto por 80 cm de ancho, en formato vertical. 4. El material del póster aceptado deberá ser elaborado por el autor/a. 5. El autor/a será responsable de colocar el póster en el lugar y fecha que se le asigne, así como también de su retiro. Si el autor/a no lo retira, se entiende que no tiene interés en conservarlo y, por tanto, autoriza al Comité Organizador del Congreso para que disponga del material. 6. En los casos de pósters presentados en coautoría se tomará en cuenta al autor/a que aparece de primero como el responsable de su presentación. 7. El póster debe estar referido a una de las áreas temáticas del evento, y debe presentar información relevante y consistente, resaltando las ideas importantes. 8. El póster debe seguir una secuencia lógica de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo y debe incluir la siguiente información: a) Título del estudio, proyecto o actividad. El título debe ser el mismo usado para el resumen. Se recomienda usar tipo de letra Arial o Helvética, tamaño 36, en negrita. b) Autores. Las personas que figuren como autores deben asumir la responsabilidad del contenido intelectual del trabajo. Se recomienda usar tipo de letra Arial o Helvética, tamaño 30 o 32, en negrita. c) Institución. Se debe indicar el nombre de la institución a la cual pertenecen los autores. Se recomienda usar tipo de letra Arial o Helvética, tamaño 30 o 32, en negrita. d) Contenido: La presentación del trabajo debe contener: – Introducción: Debe contemplar los antecedentes, importancia teórica o práctica, objetivos, hipótesis.
– Metodología: Descripción de los métodos y materiales usados que permita al lector conocer cómo se realizó el trabajo – Resultados: Los datos más relevantes y directamente relacionados con el objetivo del tema. Se recomienda usar tablas, figuras y fotografías sencillas que permitan al lector visualizar los alcances del trabajo. – Conclusiones: Se puede incluir una breve reseña de los resultados, recomendaciones, sugerencias, etc. Se recomienda para el encabezado usar tipo de letra Arial o Helvética, tamaño 24 o 26, en negrita y para el texto debe usarse tipo de letra Arial o Helvética, tamaño 20 o 22, sin negrita 9. Para la aceptación definitiva del póster es indispensable que el autor/a realice el pago del arancel de inscripción al Congreso antes del 1º de agosto.

Información complementaria: Por favor consulte las Preguntas Frecuentes. Comité Organizador XIV Congreso del CLAD. Tel.: (58-212) 9924064 / 3297 / 5953 / 9937277 / 9104. Fax: (58-212) 9918427. E-mail:clad@clad.org.ve

Viaje a ras del suelo

Teódulo López Meléndez

http://www.dailymotion.com/user/tvrobert/video/x8ly82_viaje-a-ras-del-sueloteodulo-lopez_creation

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Una visión sobre el país que no alza vuelo.

Proudhon y la ‘demoacracia’

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por Rafael Cid Estarellas

Hay aniversarios que no tienen quien les escriba. Darwin, el sabio que facilitó la base teórica para romper amarras con el creacionismo, está siendo justamente celebrado en su doscientos cumpleaños. También Lincoln, el presidente norteamericano que desde la política acabó con la segregación racial, tiene su merecida cuota de reconocimiento. Pero apenas ha tenido eco el bicentenario de otro coloso de la emancipación, Pierre Josep Proudhon (1809-1865), el tipógrafo francés que acuñara el término anarquía como sinónimo de no-autoridad para identificar una escuela de pensamiento que pretendía pasar por la izquierda al liberalismo y al socialismo mediante la acción directa y el autogobierno de la sociedad civil.

A los liberales, por su solipsismo de mercado, y a los socialistas, por su enrocamiento estatista. Y sin embargo, a pesar de ese desdén, la historia le reivindica. El suicidio del socialismo de Estado, tras su holocausto económico y vital; el no menos trágico derrumbe del neoliberalismo de mercado; y la búsqueda de una salida de urgencia refundando un poscapitalismo subvencionado deberían suscitar una renovada atención intelectual sobre el hombre que desbrozó caminos para que la sociedad industrial cambiara de base sin sacrificar la libertad ni renunciar a la conquista de la felicidad. Una utopía está para cuantos, desde Thomas Hobbes a Carl Schmitt, creyeron imposible un imaginario colectivo sin representación política exclusiva, que empezó a dejar de ser ucrónica cuando, primero en el mayo del 68, y ahora en la Grecia del siglo XXI, los movimientos populares irrumpieron enarbolando proclamas demoacráticas.

Autodidacta, hombre de acción, obrero orgulloso, político desengañado, agitador de muchedumbres, periodista, escritor, revolucionario romántico y misógino confeso, todo eso fue Proudhon. Pero, igual que Carlos Marx decía respecto a sus seguidores, el padre del anarquismo nunca fue anarquista, sino simplemente proudhoniano. En esta lábil distinción se esconde en buena medida la aún insuficientemente reconocida actualidad de su pensamiento.

Porque Proudhon, precursor de la dialéctica y del socialismo científico, no edificó su proyecto transformador desde la “nada teórica”. Inmerso en la realidad de su tiempo, soportando por experiencia propia las contingencias de la clase trabajadora, jamás dejó que sus convicciones, incluso las más arraigadas sobre la negatividad del autoritarismo y el decisionismo, le llevaran a erigirse en un doctrinario ni en un líder. Proudhon era “revolucionario, pero no atropellador”.
Universalmente reconocido en la frase “la propiedad es un robo”, que tantas lecturas merecería hoy ante vorágine depredadora de banca y gobiernos, Proudhon sigue siendo un gran desconocido. Aunque, por su trayectoria personal y por su obra, se trata de uno de los más importantes renovadores de la democracia que ha existido y quizás el primero que supo ver que la emancipación política y la lucha contra la explotación económica eran inseparables. El propio Marx, amistoso rival primero y luego su principal increpador, le dedicó 60 elogiosas páginas en su Sagrada Familia y saludó la edición de Qué es la propiedad afirmando que “la obra de Proudhon tiene para la economía social moderna la misma importancia que la obra de Sieyés Qué es el tercer estado tiene para la política moderna”, y que “su libro es el manifiesto científico del proletariado francés”.

El desprestigio de la política profesional y el déficit de legitimidad que su sistemática corrupción acarrea fue anticipado en su día por el autor del Sistema de las contradicciones económicas o Filosofía de la miseria, quien entendía que la única respuesta sostenible ante la barbarie capitalista radicaba en la democracia económica, una iniciativa transformadora que sólo podía promover un proletariado “fuera de toda legalidad, actuando por sí mismo, sin intermediarios”.

Lejos del pretendido ingenuismo con el que se le ha querido fosilizar, en Proudhon hay un pensador honesto, vigoroso y comprometido que vio en la humanidad de los productores, el federalismo y el mutualismo los factores para el auténtico progreso social. Un librepensador radical que diferenció entre la injusta y usurpadora propiedad de los medios de producción y la necesidad de la posesión como atributo de la dignidad individual; que criticó la mitificación de las huelgas en situación de desigualdad de fuerzas respecto al capital porque podían debilitar al proletariado al aumentar su miseria, y que, consecuente con su activismo, creó un banco del pueblo para facilitar el crédito gratuito. Todo para desarrollar el proyecto de su vida, “la idea de la nueva democracia”, como dejó dicho en el prólogo de La capacidad política de la clase obrera, libro escrito un año antes de su muerte y editado póstumamente.
Por ello no se entiende su solapamiento a nivel académico e histórico y la obstinación por desmerecerlo. La pretendida caducidad del legado de Proudhon queda desmentida por la frecuencia de las expresiones de acción directa en calles y pueblos, hoy Lebrija, ayer Atenas. Porque el mapa no es el territorio. La insistencia en calificar de desregulación a la causa del crac en ciernes, juzgando anomía lo que en realidad ha sido una acción Estatal unilateral en toda regla, y la contumacia en explorar alternativas en una vuelta al Estado-patrón (regulación), podrían estar en la raíz de ese prejuicio hacia Proudhon y lo que significa. Se olvida que la crisis sistémica actual no es una perturbación económica más, sino una crisis civilizatoria, y que cualquier remedio que no implique salirse del sistema puede resultar baldío. Proudhon lo previó. Por eso la centralidad de la ética anarquista como compromiso de responsabilidad y su llamamiento a la acción directa solidaria para organizar la convivencia de abajo arriba en base al trabajo productivo. Esa es la vigencia de Proudhon y su demoacracia. Porque cuando todos gobiernan (democracia) nadie manda (anarquía).

Rafael Cid Estarellas es Jefe de la unidad de comunicación de ANECA

Ilustración de Iker Ayestarán
Fuente: http://www.rojoynegro.com

España: Fuera el nacionalismo

espana

por Pablo A. Iglesias
Hay que reconocer que Zapatero es un genio de la estrategia política. Aquello que se propone suele conseguirlo. Es capaz de alcanzar lo imposible: ganar de forma inesperada las elecciones generales de 2004, desalojar a CiU de la Generalitat de Cataluña, revalidar su mandato en La Moncloa pese a la nefasta gestión, conseguir un asiento para acudir a la cumbre del G-20 y ahora arrebatar el poder al PNV en el País Vasco. Lo nunca visto Zapatero lo consigue. Cosa distinta es el precio a pagar, tanto si asume él la cuenta como si la pasa a los ciudadanos. En 2004 ganó violando la jornada de reflexión. La contraprestación en Cataluña fue un estatuto manifiestamente inconstitucional. Para repetir en La Moncloa mintió una y mil veces sobre la crisis económica. El asiento del G-20 también nos ha salido caro en favores a Francia y EEUU. Y que Patxi López pueda ser lehendakari nos ha costado aún más: una negociación con ETA, aguantar cuatro años al PCTV y tolerar que ANV esté en los ayuntamientos vascos.

Zapatero no ha aprendido todavía que el fin no justifica los medios. Los gallegos se lo acaban de demostrar. Hace cuatro años arrebató el gobierno de la Xunta al Partido Popular pese a que Manuel Fraga se quedó a apenas 9.000 votos de la mayoría absoluta. No importó. Pactó con el Bloque Nacionalista Galego a cambio de cuanto le exigieron los independentistas. Ahora, los propios gallegos han votado masivamente al PP con tal de expulsar del poder a quienes desprecian a España. En el País Vasco puede conformarse por primera vez un gobierno no nacionalista. Juan José Ibarretxe puede pasar a la historia con sus planes y desafíos al estado. Euskadi lo necesita, aunque sólo sea por higiene democrática. Todos los lehendakaris han sido siempre nacionalistas. Patxi López puede ser el primero en romper esa maldita tradición. Lo tiene en su mano, pero mal haría si acepta a la desesperada los votos del PNV cuando se lo están ofreciendo PP y UPyD. Los vascos han votado cambio y eso significa desalojar del poder a quienes han mandado durante décadas. No es suficiente con cambiar la cara del lehendakari. Hace falta un cambio de políticas y de ideas. Además, es la primera oportunidad que tienen PSOE y PP de demostrar a los vascos desde las instituciones que saben gobernar y lo pueden hacer mejor que los nacionalistas.

En Galicia, el popular Alberto Núñez Feijóo ha hecho desaparecer al nacionalismo de la Xunta, ha borrado en las urnas sus imposiciones lingüísticas, ha tachado sus constantes amenazas y ha acabado de un plumazo con su demagogia sectarista. El BNG vuelve a la oposición, el mismo sitio donde CiU sigue reflexionando tras dos décadas de dominio en Cataluña. El PNV puede ser el tercero. Sería una gran alegría para la solidez de la democracia y para el futuro del Estado. Los partidos nacionalistas deberían redefinir su proyecto político, abandonar sus reivindicaciones independentistas y transformarse en formaciones reivindicativas pero leales con el proyecto común que todos compartimos. Los nacionalismos de este país todavía no han asumido que son un anacronismo, un reducto del siglo XIX que por alguna extraña razón siguen dando coletazos en la España del siglo XXI. Zapatero tiene en su mano expulsarles del poder en el País Vasco. Ojalá no lo desaproveche. Llegar hasta aquí ha salido demasiado caro como para desperdiciar la primera opción -y posiblemente la única en mucho tiempo- de llevar una política sensata y constitucionalista a Euskadi
Fuente: http://www.lasemana.es

República Dominicana: Constitución: Seguridad y defensa

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por Milton Ray Guevara

El proyecto de reforma de la Constitución a conocerse en las próximas semanas, por vez primera en nuestra historia constitucional introduce dos elementos importantes: a) dota de acta de nacimiento constitucional a la Policía Nacional, y b) introduce un capítulo sobre seguridad y defensa que crea un órgano consultivo que asesorará al Presidente de la República, en la formulación de las políticas y estrategias en la materia y contiene, además, novedosas cuestiones.

Tradicionalmente los textos constitucionales latinoamericanos sólo abordaban el tema de las Fuerzas Armadas. Por su parte, en la lejanía histórica, el artículo 356 de la constitución española de Cádiz 1812, rezaba: “Habrá una fuerza militar permanente, de tierra y mar, para la defensa exterior del Estado y la conservación del orden interior”. Hoy en día, al lado de los tres espacios militares tradicionales, tierra, mar y aire, existe el cuarto espacio exterior y el quinto ciberespacio.

Sin embargo, las Fuerzas Armadas son un concepto y, sobre todo, una realidad de aparición tardía que se perfila en el siglo XIX y se configura plenamente en la segunda mitad del siglo XX. La defensa es la primera función del Estado y ella es inconcebible sin unas Fuerzas Armadas, más o menos organizadas. Ser es defenderse. Se ha dicho que las Fuerzas Armadas forman parte de la cultura de la paz ya que son un instrumento para alcanzarla, restaurarla o garantizarla. Obviamente “el mundo de hoy está lleno de más gente animada por mayor odio y en posesión de más medios para hacer la guerra que en ningún otro momento anterior”.

Nadie escapa al fenómeno; en Europa se enfatiza en nuevos riesgos y amenazas a la seguridad: el terrorismo, la proliferación de armas de destrucción masiva, los conflictos regionales, descomposición del estado y la delincuencia organizada. En nuestro continente la OEA adelanta el concepto de seguridad multidimensional, más allá de la seguridad hemisférica, para combatir el tráfico de drogas, lavado de dinero, tráfico de armas, trata de personas, terrorismo, corrupción institucional y crimen organizado, minas terrestres (desgraciadamente existen en América Latina) y desastres naturales.

El tema es tan palpitante que Benita Ferrero, Comisaria Europea, señaló en 2007 que, uno de los derechos humanos más fundamentales es el derecho a la seguridad. La seguridad ciudadana se ha convertido en un tema ineludible de la vida política de muchos países. Afirmando que en muchos de ellos “los niveles de inseguridad han alcanzado cifras que recuerdan las horas más duras de los conflictos armadosÖ”. Convengo en que en el siglo XXI debemos hablar, en América Latina, de seguridad humana que implica más allá de lo existente, defensa del medio ambiente y de la naturaleza a la sanidad, combate contra la desigualdad y la pobreza, causas básicas del subdesarrollo y por lo tanto de la conflictividad social y política existente y el auge sin precedente de la criminalidad.

Todo lo anterior explica que, en las reformas constitucionales de finales de siglo XX, pero sobre todo de inicios del presente, las constituciones latinoamericanas paulatinamente hayan abordado el tema: Bolivia, Consejo Superior de Defensa Nacional, Brasil, Consejo de Defensa Nacional, Chile, Consejo de Seguridad Nacional, entre otros.

En la consulta popular, la Comisión de Juristas solicitó la opinión de los ciudadanos, primero, sobre la consagración de los principios básicos relativos a la misión y organización interna de las Fuerzas Armadas, aprobado por el 88.7% en 132 municipios; segundo, envío de misiones de paz al extranjero, aprobado por el 66.9% en 101 municipios; tercero, ratificación del Congreso para envío de tropas fuera del país, aprobado por 82.1% en 124 municipios. El plan de seguridad democrática del país ha sido un semi-fracaso, el Consejo de Seguridad y Defensa será más plural, incluyente, participativo y democrático. Debemos conservar la tranquilidad de la familia y el mantenimiento del orden.

Sin seguridad personal no habría paz interior ni turismo. El proyecto de reforma consagra el carácter defensivo de las Fuerzas Armadas y le asigna a la Policía Nacional la elevada misión de proteger la seguridad ciudadana, prevenir y perseguir los actos delictivos y mantener el orden público, para garantizar el libre ejercicio de los derechos fundamentales y la convivencia pacífica en el país.

Se consigna que constituyen objetivos de alta prioridad nacional combatir actividades criminales transnacionales que pongan en peligro los intereses de la República y sus habitantes, organizar y sostener sistemas eficaces que prevengan o mitiguen daños ocasionados por desastres naturales o antrópicos. En adición, se prevé la formación de cuerpos de seguridad permanentes y se dispone la regulación legal de la inteligencia estratégica.

Sobre este delicado tema se requiere del consenso de todas las fuerzas políticas representadas en el Congreso para enviar, de manera contundente, un mensaje al crimen organizado consistente en que la sociedad dominicana no se rendirá nunca frente al crimen y la delincuencia.

Fuente: http://www.listindiario.com

Federico Mayor Zaragoza insta a los ciudadanos “a dejar de ser marionetas” para protagonizar “el cambio de modelo”

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El presidente de la Fundación para una Cultura de Paz, Federico Mayor Zaragoza, instó hoy a los asistentes a su conferencia ‘¿Cuántos mundos hay?’, “a dejar de ser marionetas y súbditos para convertirse en ciudadanos” para protagonizar “el cambio de modelo” que la sociedad requiera, aprovechando la coyuntura de la crisis actual, pues afirmó que “todas las crisis son una oportunidad para poder construir un mundo mejor”.

SEVILLA, 4 (EUROPA PRESS)
En la conferencia pronunciada hoy en Sevilla dentro del ciclo ‘Factor Humano’, organizado por la Universidad hispalense, el que fuera rector de la Universidad de Granada llamó “a la movilización a la sociedad para mostrar el poder ciudadano y de esta forma diseñar su camino y el futuro”.

Señaló que para transformar la realidad hay que conocerla en profundidad, “sólo así se podrá pasar de actuar bajo el juzgado de alguien a ser ciudadanos, teniendo un comportamiento producto de nuestra reflexión”. Advirtió de que existe “un problema que impide ver las cosas y observarlas, la inercia”. Esto es, los seres humanos tienen “una tendencia tremenda a querer aplicar a las soluciones de los problemas de hoy, soluciones de ayer”. Y apuntó que “hay cosas que conservar del pasado, pero hay otras que se tienen que renovar y transformar”.
Este conocimiento de la realidad tiene que producirse de forma paralela al “conocimiento de uno mismo”, lo que se consigue con “una educación, no sólo para conocer, sino también para ser”. De esta manera, los ciudadanos actuarán en “virtud de sus reflexiones y en virtud de sus pensamientos, conviviendo de forma armónica en sociedad”.

El aprendizaje tiene que incluir “aprender a no estar callado y a no resignarse, pues es el tiempo de que el silencio de los silenciosos termine, el silencio de los que pudiendo hablar se callan, dejando de ser espectadores pasivos y pasar a actores participativos, no siendo impasibles receptores y si, emisores”, recalcó.

Los ciudadanos han de participar en la democracia de forma activa y pacífica para poder “expresar el MODELO ciudadano deseado”. Mayor Zaragoza anunció que “es el momento de la emancipación histórica de los ciudadanos, siendo la esperanza en los albores del siglo XXI para una democracia genuina”, pues, según él, “la democracia no consiste en que nos cuenten, sino en contar como ciudadano”.

Abogó por un cambio donde tome “un papel importante” la palabra frente a la fuerza física, sustituyendo la cultura de la violencia y la guerra por la cultura de transición, donde haya cabida para los cambios de impresiones, conversar y, fundamental, escuchar a los otros. Añadió que se debe crear un mundo donde “sólo se produzca la exclusión para aquellos que intentan imponer sus ideas con la violencia extrema, el fanatismo o el extremismo, tal como se refirió al caso de las recientes elecciones vascas, donde hay que darle paso a la palabra, sólo excluyendo a los que usan la violencia”, afirmó.

En otro orden de cosas, prosiguió diciendo que la crisis que se está viviendo es “una crisis ética”, pues, según en el que fuera ministro de Cultura (1981-9182), la crisis financiera, democrática o medioambiental, “visionada por muchos”, se ha producido porque a finales de los años 80 “se sustituyeron los valores basados en la dignidad humana, valores de igualdad, justicia, solidaridad o equidad en la acción política a escala mundial como criterio de desarrollo económico por las leyes de mercado”, dijo.

Por ello, insistió en que ha llegado el momento del cambio y que el mundo pase de la mano de unos pocos a los ciudadanos, para ello “todos juegan un importante papel en la revolución de la inteligencia, ya que todos tiene la obligación de inventar en lugar de copiar y recopiar, es decir inventan o te devoran, y no se han de dejar devorar”.

CONFLICTO PALESTINO-ISRAELÍ

Aprovechando la visita a Israel y Palestina de la secretaria de Estado de los Estados Unidos, Hillary Clinton, y la mesa de diálogo que tiene lugar hoy en ‘Factor Humano’ entre el palestino Sami Naïr y el israelí Shlomo Ben Ami, Mayor Zaragoza consideró “una ocasión excepcional” para lograr ofrecer “nuevas mediaciones y nuevos enfoques a un problema que no puede permanecer como está” y lamentó que “Israel haya sido perdonado por los acontemicimientos sucedidos hace poco en la franja de Gaza y que los niños muertos no pueden olvidarse”.

Abogó porque aquel proceso de paz que estuvo a punto de concluir, siendo él director general de la Unesco en 1992, se reabra buscando nuevos caminos para el proceso de paz. “Aquellos años se dieron pasos formidables, pero la persona de Isaac Rabin lo pagó con su vida, como Gandhi, Kennedy o Luther King, por haber creído en la paz, pues la paz y el desarme es posible”, aseveró; afirmaciones que fueron rotas por el fuerte aplauso del muchísimo público allí convocado.

Asimismo, indicó que los ciudadanos deben ser capaces de conocer lo que “para los medios no es noticia, es decir, lo ordinario e invisible, y así se hará lo imposible”. De este modo, se podrá construir un nuevo mundo, pues “en la medida de que seamos capaces de ver lo invisible, seremos capaces de hacer lo imposible”. Como consecuencia se podrá “anticipar” las cosas.

Mayor Zaragoza apuntó que hay que “saber para prever y prever para prevenir, ya que la prevención es la gran victoria que nadie agradece”, así a los que “ganan una batallan los condecoran y a los que evitan la guerra nadie los premia”. Continuó diciendo que “esas son las medidas que hay que promover, las medidas preventivas”

Es la hora de la revolución democrática

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por Rafael Grooscors Caballero

No es suficiente admitir como una esperanzadora recuperación de las fuerzas democráticas del País, los, para algunos, sorprendentes, resultados de la consulta refrendaria del 15F, cuando más de cinco millones de venezolanos se atrevieron a negarle su apoyo a una temeraria propuesta del Presidente Chávez. Desde luego, la cifra es alentadora, sobre todo si se tiene en cuenta que otros Cinco Millones no asistieron a los centros de votación y mantuvieron un silencio no precisamente cómplice. En todo caso, hay que ir a más y comprender que Venezuela está entrando en una fase decisiva, de la cual puede surgir un exitoso fenómeno de recuperación institucional e ir al encuentro de su verdadero destino, liberando todas sus potencialidades y caminar, firmemente, hacia el Primer Mundo, como Nación amplia y definitivamente desarrollada. Pero, también, a sólo un paso, la Patria de Bolívar, puede transformarse, con vertiginosa rapidez, en un nuevo y vergonzoso episodio socialista, obligatoriamente condenado al fracaso, siguiendo el tortuoso modelo de la Cuba fidelista. Pensamos que aún hay margen para intentar un cambio radical en la opinión, actualmente, en su expresión mayoritaria, bajo el control del discurso chavista. Aprovechar la coyuntura unionista y de concertación que pesa, firmemente, en los principales operadores políticos y activar un sólido frente único, con una atractiva propuesta de fácil interpretación popular y, literalmente, escarbar en las bases de sustentación de la pirámide social, para difundir exhaustivamente el mensaje e ir rescatando los espacios, los límites abandonados en la práctica política, ocupados perversamente por la demagogia del autócrata gobernante. Por eso propusimos la estratégica promoción de la Revolución Democrática, como respuesta al desacierto del socialismo bolivariano. Y, precisamente, ahora, cuando no hay que bajar la guardia, porque hay que hacerle honor a quienes confiaron en la oposición a la descabellada enmienda, inconstitucional y anti-histórica, que pretende el ejercicio vitalicio del Poder para un grupo reinante, con un líder fundamentalista a la cabeza. Hacerle honor a Cinco Millones de votantes, de una población de 17 Millones, haciéndole, a la vez, una formal invitación a los otros Cinco Millones que se abstuvieron de votar, sin dejar de enviar un mensaje de esperanza y redención efectiva, a miles de los Seis Millones que sufragaron a favor de Chávez, sin entender porqué, ni para qué, ni mucho menos con cual intención precisa. Pero es en este sentido que deben definirse, con mucha claridad, las pautas a seguir. Nuestro esfuerzo no debe consagrar paradigmas del pasado, pero si tiene que enseñar lo que es el presente y el futuro de la Venezuela que vivimos. No importa que ya hayan pasado las gordas y que ahora venga el tiempo de las vacas flacas. Venezuela tiene inmensas potencialidades. Su pueblo es vital y su geografía es magnífica. Nuestros recursos distan mucho de agotarse, ni los materiales, ni los morales. Es la hora de la Revolución Democrática, para cuyo posicionamiento es para lo que tenemos que organizarnos y volcarnos sobre la opinión. Los que votaron en contra de la enmienda, los que se abstuvieron y los que confundidos, manipulados u obligados, votaron por la propuesta gubernamental, deben conocer la tesis de la verdadera Revolución venezolana, del País actual, con miras al futuro inmediato y dentro del Mundo de hoy. Manos a la obra.

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