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Democracia siglo XXI

mes

marzo 2013

Libros: “Gobernanza inteligente para el siglo XXI”

GOBERNANZA1
Nathan Gardels (Izq.) y Nicolas Berggruen (Der.) llevan gran parte de sus carreras analizando gobiernos y sistemas. 
Foto: CEET

Los coautores del libro ‘Gobernanza inteligente para el siglo XXI’ hablan de una vía intermedia de acción en la que se reconcilian la democracia informada y la meritocracia responsable.

Descrito como “brillantemente agudo” por el premio nobel de Economía Michael Spence, el libro ‘Gobernanza inteligente para el siglo XXI’ trata sobre la forma de manejar los países en un mundo que se encuentra en plena transformación.

Contrastando el modelo de las democracias occidentales, basadas en el consumo, y el de China, sus autores, Nicolas Berggruen y Nathan Gardels, plantean una vía intermedia en la que se reconcilia la democracia informada con la meritocracia responsable. Sobre este y otros temas, ambos conversaron con Portafolio durante su reciente visita a Bogotá.

¿Cómo analizan el estado del planeta?

Nicolas Berggruen:Hay un hecho en la actualidad, y es que prácticamente todos los gobiernos y los sistemas tienen complicaciones.

Eso es algo que probablemente no ocurría una generación atrás.

Si se mira a Estados Unidos (EE. UU.), Obama ha sido reelegido, pero aun así no es mucho lo que ha logrado, en parte porque el sistema pareciera estar luchando contra sí mismo y contra él.

Esto, por el hecho de tener dos partidos, uno haciéndole contrapeso al otro.

Si se mira a Europa, hay un centro que no tiene poder ni legitimidad; no obstante, hay una sola moneda, lo cual sitúa a todos en el mismo paquete.

China ha hecho grandes progresos a nivel económico, sin embargo, ahora se enfrenta con los problemas de una creciente brecha social y la demanda de mayores libertades por parte de la ciudadanía. Mientras tanto, India ha sido siempre disfuncional, y Rusia parece haber retrocedido un siglo.

¿Qué proponen?

Nicolas Berggruen:El libro plantea que no existe un solo sistema que funcione para todos los casos. Hay que adaptarse y hacer cambios. Algunos países quizá están comenzando a cambiar, como Japón o México. Colombia y Brasil también pueden estar en esa categoría.

Nathan Gardels:El mundo se está moviendo de la globalización liderada por EE. UU., a la globalización 2.0, que consiste en la interdependencia de identidades plurales.

Tenemos a todas las economías juntas, entonces vemos una realidad más compleja en la que estas convergen y se explayan, así como las culturas.

Al mismo tiempo, tenemos esta prosperidad global y una mayor conciencia política en todas partes.

Entonces, los gobiernos se ven ante el reto de tener mayor poder, a la vez que darle a la gente la posibilidad de tomar decisiones y tener una mayor participación política, pues hay un despertar global.

¿Cuáles son los desafíos?

Nathan Gardels:Hay que involucrar a la ciudadanía en las decisiones, al tiempo que proveer servicios e infraestructura, y manejar correctamente las finanzas por el bien de la mayoría.

Gobernar tiene que ver con cómo se equilibran esas dos tensiones, entre lo que quieren los individuos por separado y el bien común.

¿Existe algo así como un modelo de sistema ideal?

Nathan Gardels:De manera abstracta, el modelo ideal es democracia con meritocracia, en donde la gente tiene espacio para participar de manera significativa en las áreas en las cuales es competente.

EE. UU. ha intentado hacer esto. Proveer un gobierno que ofrezca rendición de cuentas ante el pueblo a través de sus representantes.

Cada institución, el Congreso, el Ejecutivo, funciona como una instancia ante la ciudadanía sirviendo a la democracia.

Esto se aplica de manera distinta en cada lugar.

Por ejemplo, en California hay voto directo como mecanismo para la toma de decisiones. Pero esto presenta algunas dificultades.

La ciudadanía de California votó por mandar de por vida a la cárcel de por vida a quienes cometan un delito por tercera vez, pero no votó para incrementar los impuestos y poder atender a esa creciente población carcelaria.

Estamos bien en la retroalimentación participativa en la democracia, pero no tan bien a la hora de incorporar dicha retroalimentación en el sistema.

¿Cómo describiría esa contradicción?

Nathan Gardels:A este deseo de satisfacer los deseos inmediatos de la ciudadanía lo llamamos ‘las democracias Coca Cola Light’, pues la gente quiere satisfacción instantánea, pero no pagar por las consecuencias que dicha satisfacción tendría, como lo puede ser un incremento en impuestos.

Todo movimiento político que piensa en el largo plazo, en vez de en el corto, suele ser castigado electoralmente.

Es por eso que existe la tendencia a pensar a corto plazo desde el gobierno.

Hay que encontrar la manera de equilibrar esos deseos inmediatos con las necesidades de largo alcance de las naciones.

¿Cuál es el papel de las redes sociales en su análisis?

Nathan Gardels:En Occidente, las redes sociales tienen una participación creciente, pero el problema es que, en lugar de ampliar la visión sobre un tema, la reducen, pues la gente solo se conecta con sus amigos y se limita a una manera de ver las cosas.

El caso de China es muy distinto, pues la expresión pública es censurada.

Ahí entran las redes sociales, pues hay millones de microblogs donde la gente se queja de temas cotidianos que afectan a la mayoría.

En este caso hay una vigilancia por parte del Estado, que monitorea a la ciudadanía.

Nicolas Berggruen:Lo interesante es lo enterada que parece estar en general, la gente, a pesar del control que se ejerce sobre ella. Si se habla con un periodista, no está ciego.

Los ciudadanos reconocen cuál es su situación, a diferencia de occidente donde tenemos una negación ante la idea de buscar otras alternativas.

China, sabe que existen formas alternativas. Es indiscutible que tiene que abrirse de muchas maneras, pero siente que tiene una cultura de 3.000 años de antigüedad, diferente a todas las demás, y muchas de las ideas como multiculturalidad, consenso, participación, resultan ajenas a ella, así como la noción de un sistema político basada en el concepto de “ganadores” y “perdedores”.

Los chinos sienten que les ha ido bien en los últimos 30 años y no quieren hacer parte de un sistema que consideran destructivo, miran lo que ocurre en Occidente y ven las dificultades.

Entonces, lo que quieren hacer es cambiar el sistema sin caer en los mismos errores.

Hay una gran participación…

Nicolas Berggruen: Las redes sociales le han dado una voz a todo el mundo, hasta cierto punto, pero es solo una y puede influir, pero no cambiar el sistema.

La pregunta es ¿Quieren darle el poder a la gente para cambiar la política? ¿Quieren darles mayor libertad a los medios independientes? El sistema legal es muy diferente.

En China, el modelo se basa en las relaciones, que son más importantes que los contratos. Los chinos no están completamente cerrados, saben que tienen que hacer reformas, pero no es fácil saber cuáles y cómo llevarlas a cabo.

Nathan Gardels: Uno lee en el Financial Times que, en dólares, China creció el año pasado doce veces y media lo que creció Italia.

No se puede discutir que el sistema les sigue rindiendo frutos.

Ahora, con la llegada de un nuevo liderazgo no se sabe hacia dónde irá, pero es innegable que hay una apertura desde las más altas autoridades para discutir los asuntos del país más abiertamente.

¿Cómo encajan las economías emergentes en esta realidad?

Nicolas Berggruen: El crecimiento de estas economías no se va a detener. La globalización y la tecnología solo lo incrementarán, ocasionando que la presión para hacer ciertas reformas sobre sistemas más antiguos aumente.

No creo que los hechos en Occidente detengan a Oriente. Allí, la tendencia es hacia mayores oportunidades, acceso y libertades, y Occidente terminará por beneficiarse de ello.

Si bien países como China han sido sobre todo exportadores, sus necesidades aumentan, se están volviendo países de grandes consumidores y esto lleva a mayores importaciones, convirtiéndose en consumidores mucho más relevantes de Occidente.

No solo de África o de algunos países de Suramérica, sino también de productos cada vez más sofisticados y de marcas de lujo de Europa y América.

Nathan Gardels: Las cosas están dando un giro. El presidente Santos habló de Colombia ofreciéndole ayuda a España.

También se ve el retorno migratorio. En Estados como California, los mexicanos están regresando a su país.

Pero hacia dónde vayan las cosas depende del equilibrio que logren los gobiernos en esa nueva dinámica. EE. UU. solo se refiere a China como un país corrupto y cerrado, y esa arrogancia debe parar.

¿Además de este llamado a los gobiernos, qué creen ustedes que va a suceder?

Nicolas Berggruen: Yo doy mi opinión, que puede ser distinta a la de Nathan y más optimista. El lado optimista nos lleva a la primera pregunta sobre el estado del mundo, y creo que hay una creciente presión e influencia que impulsan al cambio y, por ejemplo, China se va a terminar abriendo.

Tendrá que hacer cambios dirigidos hacia un enfoque democrático, quizá no multipartidista, incluso no de electorado, pero tendrá que darle más libertades a su pueblo.

Y creo que Occidente tendrá que hacer lo opuesto, hacerse más funcional, hacer cambios que no solo satisfagan los deseos de corto plazo de los electores, sino que piensen a más largo plazo. En conclusión, quienes no estén dispuestos al cambio, se quedarán atrás.

Nathan Gardels: Creo que Estados Unidos tiene muchos cambios por hacer. Hay una democracia de consumo, un pensamiento a corto plazo; a eso hay que sumarle la arrogancia de “sabemos cómo hacer las cosas”, “sabemos cómo funciona y cómo hacerlo funcionar mejor”.

Por su lado, Europa tiene que seguir en la búsqueda de los cambios a largo plazo. Si tomamos el caso de China, hay unas instituciones muy fuertes bastante conscientes de sus problemas; entonces, de alguna manera tienen cómo lograr un equilibrio.

Respecto a las economías emergentes, hay una cierta humildad en el hecho de no ser una potencia mundial. Se buscan salidas, alternativas distintas, no se cree que se tengan todas las respuestas. Brasil ha hecho eso, Chile también, así como Colombia y México.

Entonces, los gobiernos importan, lo vemos con casos como el de Barranquilla y Medellín. En Europa el ejemplo es Turquía.

En un mundo competitivo, ser práctico da mayor éxito

Nicolas Berggruen: Creo que también se trata de ser práctico en un mundo tan competitivo como este, no ideológico.

Si se es práctico, se tiene mayor posibilidad de éxito. La ideología no es lo que cuenta, es lo que el liderazgo puede lograr.

En China no se preocupan por el nombre, si son capitalistas, comunistas, confucionistas.

La pregunta debe ser qué podemos hacer para conseguir lo que realmente les sirve a los ciudadanos, qué ofrecer como gobierno.

A Brasil le fue bien más allá de las ideologías. No se trata de elegir entre una vertiente u otra, hay que ser capaces de buscar alternativas.

Ricardo Ávila Pinto

Director de Portafolio

portafolio.co

 

Obama en Oriente Medio

Audio de Teódulo López Meléndez

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Mediocritas

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Teódulo López Meléndez

El equilibrio ha sido un punto buscado en muchos períodos y por muchos pensadores. No ha faltado quien hable de alejar la afectación por las alegrías y las penas o de conformarse con lo que se tiene, esto es, alejarse de las emociones desproporcionadas. Es lo que se ha denominado el Aurea Mediocritas y que tuvo un punto culminante en los poemas de Horacio.

No es ese el concepto que manejamos en política. En este campo lo entendemos como juicio peyorativo. Mediocre es el que se mantiene en el terreno fácil de lo obligatorio. Mediocre es aquel incapaz de alzar la mirada mientras mantiene la nariz sobre la tierra.

Ya en otro texto habíamos pergeñado algún texto sobre la mediocridad política de América Latina. La definición de José Ingenieros en El hombre mediocre es particularmente grave en el terreno de lo social-político porque el espectáculo de un cuerpo social mediocre produciendo dirigentes mediocres habla de rebaños ajustados a las domesticidades.

La cultura política de las clases medias es indispensable al mantenimiento de una estabilidad democrática. Cuando dan muestras repetidas de incoherencia y desean fervientemente sus dirigentes las ratifiquen en los caminos cómodos se hacen profundamente instrumentos conservadores de lo que dicen pretender cambiar.

Los dirigentes populistas y el cuerpo social que los produce se retroalimentan en la limitación intelectual y el poder pasa a ser un objetivo per se. Los dirigentes mediocres y el cuerpo social que los alimenta, los elije y los sigue, se convierten en un pantano donde, lenta pero inexorablemente, se va hundiendo el concepto mismo de república.

Los dirigentes mediocres suelen asumir un lenguaje agresivo, insultante y lleno de consignas fatuas, uno que diversas franjas del cuerpo social asumen si no es el cuerpo social todo atribuyendo los improperios a quien los emite en una especie de toma y daca que asegura que el autor original de la agresión es el verdadero receptor que la merece.

La mediocridad política asfixia, cubre de calina cualquier posibilidad de un relámpago o de un simple hilillo de luz. La mediocridad política no puede generar convicciones elevadas ni propósitos situados por encima del ras. La mediocridad política acogota, reduce las ofertas a improperios que van desde calificativos de ignorancia al adversario –merecidos también por el emisor- , hasta comentarios morbosos sobre preferencias sexuales.

La mediocridad política es producto de un cuerpo social mediocre que lo es por un evidente fracaso de las instituciones educativas, combinada con un mensaje massmediático detestable y con una aceptación de la res publica a la cual, por largo tiempo, se miró sin prestarle la menor atención. Los cuadros dirigentes mediocres existen porque las universidades fracasaron y fueron ineptas para producir cuadros dirigentes inteligentes.

La mediocridad conduce a un debate político insustancial, secundario, incapaz de producir alguna modificación. La mediocridad hunde más en la mediocridad. La medianidad viene celebrada. Si quien se supone encarna los intereses de un sector habla más duro, grita más y lanza dardos envenenados es elevado a la consideración de héroe por actividad tan menesterosa, ya nadie puede dudar sobre las nefastas consecuencias que esa nación sufrirá.

El marketing, los asesores de estrategias, los cuadros de los partidos políticos que dominan sus organizaciones quitándoles toda labor de mediación y de instrumento del cuerpo social, las otroras instituciones intermedias repitiendo sandeces, los candidatos que no pueden hilvanar una frase completa reflejando su incapacidad de pensamiento, todos ellos, más el agregado de la tecnología actual, conforman el cuadro lamentable de la mediocridad.

Las campañas electorales no quieren ciudadanos, quieren electores bozaleados. Cuando una democracia pasa a ser no más que una votación no existe ciudadanía y sin ciudadanía no existe democracia.

Miro la campaña electoral venezolana de 2013 y no puedo hacer otra cosa que reflexionar sobre la mediocridad, en palabra muy lejana del concepto griego aristotélico o del poético latino. Mediocridad como sinónimo de asfixia.

@teodulolopezm

Paupérrimo libreto

Libreto

 

Por Alberto Medina Méndez

El populismo contemporáneo, ha construido una estructura desde la cual defienden su visión ideológica, que incluye una historia que redactaron a su arbitrio y que suscriben linealmente, para diseminarlo como verdad única.

Se trata de un relato de escasa jerarquía, que con el paso del tiempo y el esperable desgaste en el ejercicio del poder, se debilita progresivamente y ya no resiste el más mínimo contraste cuando se lo tamiza con la realidad.

Queda claro que los gurúes del poder, se han quedado sin letra y también sin creatividad, y no tienen otra alternativa que reiterarse, por eso es que abusan del mismo ardid, y lo replican hasta el cansancio.

Se amparan en esa vieja creencia, errónea por cierto, que dice que “si hasta aquí ha funcionado, porque habrían que cambiar”. Y así se mantienen firmes en esta variante, porque entienden que no hay motivos suficientes para modificar la estrategia. Se apalancan además en el éxito de los resultados electorales como aval inapelable de las decisiones elegidas.

Abundan ingredientes en ese discurso, pero algunos de ellos asombran por su evidente autoritarismo e intolerancia manifiesta.

Por un lado invocan aquel alegato que insiste en que aquellos a los que “les va bien” no deben quejarse. Bajo esa línea de razonamiento, los fanáticos del modelo, parecen pretender desde su posición de iluminados, indicar que los únicos que pueden hablar son los perjudicados por el sistema, y como no los hay según su visión, pues entonces nadie puede reclamar.

Esta interpretación es despiadadamente despótica. Propone que los que se lamentan, se callen, solo porque su realidad económica es positiva, y como se atribuyen el mérito gubernamental de ese resultado, pretenden como agradecimiento el silencio de los que ellos definen como favorecidos.

Es tan básico y elemental ese razonamiento, que bajo esa forma de ver la realidad, el gobierno actual debería seguir siempre, porque al hacer las cosas bien, según ese criterio, casi no tendría sentido ir a elecciones.
Lo que no admitirán es que quieren “discurso único”, y por lo tanto que los que no están de acuerdo, enmudezcan. Es que se acostumbraron a que su voluntad, siempre se cumple. Compran a los mas con dinero, subsidios prebendarios y planes sociales, favores políticos o tráfico de influencias, créditos blandos o concesiones generosas, y en el caso de los medios y el periodismo, la suficiente dosis de pauta publicitaria oficial.

Les molesta terriblemente la opinión diferente y eso ya no lo pueden ocultar, por eso apelan a buscar cualquier mecanismo para minimizar las críticas ajenas, o bien al menos menoscabarlas sistemáticamente.

Es que cuando la razón no los asiste, el último recurso al que pueden apelar es el cruel e inconsistente, de desacreditar a su interlocutor de turno. Si tuvieran mejores argumentos para defender su postura, los usarían, pero como están frágiles en ese plano, entonces solo les queda la dinámica de desprestigiar a quien manifiesta el reproche.

Cuanto más flancos presente la víctima elegida, mucho mejor para los perversos operadores del NO debate. Ese eventual traspié, error o alocución desafortunada en el pasado, es suficiente para que sea castigado.

La otra variante, siempre posible, es condenarlo por su presente, sobre todo por su circunstancial cercanía a algún personaje público que disponga de algún costado endeble para ser así el blanco predilecto de la reprobación.

Una modalidad utilizada adicionalmente es la de juzgar al sujeto según la actividad profesional o el sector al que pertenece, o bien buscar algún pariente que, en el presente o en el pasado, permitan generar alguna relación familiar que posibilite desnaturalizar el primer esbozo.

Ese es el juego que proponen. Cambiar el eje, mutar el foco. El único que pueden usar. Lo concreto es que no tienen argumento mejor, solo les queda despotricar contra el interlocutor, lo que evidencia la debilidad de su razonamiento y la pobreza intelectual de su construcción dialéctica.

No tienen razón, y si la tienen, lo disimulan muy bien. Solo recurren a lo emotivo, para desarmar el debate en base al ataque personal para luego pasar a la quebradiza estrategia de la incomprensión y la victimización.

Cuando ya nada funciona, aparece la tesis de las mayorías, esa que utilizan también para finalizar la discusión. De última, si no tienen razón, tienen al menos el número suficiente para imponerla, porque han obtenido el voto popular.

En fin, más de lo mismo. Nada nuevo ni demasiado atrayente. NO les interesa la discusión, ni el debate, solo los mueve seguir en el poder.

Es importante no entrar en el juego que ellos proponen. Por eso, cuando aparece este esquema que empuja a responder en línea con el planteo, no se debe seguir el ritmo del poder. Hacerlo implica ser funcional al relato que ellos intentan establecer.

Los argumentos malos solo se contrarrestan con argumentos mejores, superadores y no, a la defensiva, explicando si el protagonista que emite su opinión tiene pasado, presente, parientes, amigos, historias, o lo que sea que tenga que ver con su individualidad.
Si el ataque al referente en cuestión fuera veraz, eso no cambiaría en nada la eventual solidez o debilidad de su planteo para neutralizar el original.

Cuando recurren al golpe bajo, es porque se quedaron sin explicaciones consistentes. Esto queda cada vez más en evidencia. Ya está agotado el artilugio. No se puede mentir todo el tiempo. Solo les queda la agresión personal. Pero es un error seguir ese juego irracional del relato como si fuera cierto. En definitiva estamos solo frente a un paupérrimo libreto.

Alberto Medina Méndez
albertomedinamendez@gmail.com
skype: amedinamendez
www.albertomedinamendez.com
54 – 0379 – 154602694

 

El tecnólogo de Oz (léase OSE)

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Ricardo Viscardi

La industria cultural nace en Estados Unidos para propiciar la cinematografía, desde sus inicios, al servicio de una estrategia de frente interno. Por entonces se atisba, entre las dos guerras mundiales, el papel galvanizador que podía cumplir la imagen en movimiento, para impulsar la propia movilización de masas.[1] En aquel ensayo estadounidense se inspira una ya extendida tradición que ha afinado su punto de mira en la creencia, pasando de la demonización del enemigo al entretenimiento educativo de la infancia.
Ya Platón advertía el alcance educativo de las canciones infantiles en la incorporación de orientaciones a través de la diversión más inocente.[2] Ahora se plantea adosar, a una figura que propicia la adhesión de los espectadores infantiles, la impresión que producen los efectos especiales de la tecnología. La bondad y la tecnología no son sino un único patrimonio innovador. Para convertir la invención en intención nada mejor que dotar al Mago de Oz de un paradigma de maquinación benefactora, que en el film Oz, el poderoso[3], actualmente en cartelera, beatifica al inventor prodigioso: Thomas Alva Edison.
El Mago de Menlo Park ha impresionado durablemente el registro de memoria de  Disney Company, al punto que la versión del Mago de Oz que nos ofrece el gigante de la diversión infantil toma por mentor al inventor de la bombilla eléctrica. El paralelo mago-inventor rige el desarrollo narrativo tanto como la jerarquía política del relato, sin dejar de mandatar la divisoria moral entre el bien y el mal. No sólo la referencia al inventor paradigmático luce primigenia, en la fantasía del mago de circo cuestionado por un público de campesinos groseros y arteramente desconfiados, sino que la misma figura inmarcesible preside el operativo de la liberación bienhechora. Thomas Alva Edison no inventó la bombilla eléctrica sino que la perfeccionó,[4] mejoría redentora sin embargo, que arroja durable luz artificial sobre la necesaria intercesión previa, que propicia toda invención útil. La metáfora de la invención a medias de la luz artificial ilumina, desde entonces, el paso a dar por cada hijo de vecino, para alcanzar  la felicidad pública: si somos como Edison la magia de la invención derramará sus bondades –mago mediante- sobre el Reino de Oz.
Dirimido el punto arquimídeo de la polis, el conflicto se traslada al fuero íntimo del mago ¿podrá el chapucero convertirse en benefactor? En pos de ocupar el trono real de Oz, el proto-poderoso-mago-chapucero sólo atina a llenarse de oro, traicionar a las brujas que parecen buenas y atacar a la que parece mala, abusar de la credulidad de un mono adulón y mofarse de un pueblo de idiotas; sin dejar de conservar, en medio del embuste, la ambición y la seducción, un tropismo de gentileza sentimental, que puede convertirlo todo él en solidaridad conversa.
En un universo hecho a la medida de la invención,  el genio gestor de la bondad pondrá la necesaria cuota parte de innovación del sí mismo, para pasar del mal al bien por una vía de ajuste de emisión, que termina por proyectar, en  el propio patio del castillo, en voluta gigante la imagen virtual del mago-rey. Auxiliado por un operador afro-descendiente, el tecno-mago interviene por la imagen de sí, en calidad de efecto especial absoluto con relación al Mal, que representan estúpidamente las brujas malas. Incapaces de percibir, ante la proyección que las confunde tecnológicamente, el bien que gracias a la invención del Mago de Menlo Park se proyecta bajo efecto especial, las brujas malas dejan finalmente el reino de Oz en manos del Mago-Rey, o viceversa, que desde entonces traerá la felicidad y la tranquilidad a un pueblo  bondadoso, todo en uno.
Si Disney Company logró convertir al Mago de Oz en un tecnólogo exitoso, es presumible que idéntico logro, incluso de taquilla, advenga con la enjundiosa innovación de la Universidad Tecnológica, recientemente creada entre nosotros. Pareciera que para ilusionar a la población con los pases productivos de un mago inventor pudiera prescindirse de efectos especiales cinematográficos, ante  la misma parusía del bien que se anuncia por vía gubernamental. Quizás ni siquiera se logre diferenciar, desde la platea, entre el incremento de productividad programado y los efectos especiales proyectados, a partir de la misma base virtual en una pantalla de milagro, incluso de (¿PC? escolar) XO. 

El maná de buenas acciones y mejores intenciones que desde ya se prodiga desde los cielos financieros sobre el emprendimiento tecnológico, pauta agorero su bienaventuranza. Tanto como el anuncio de idénticos afanes benefactores de financiadores internacionales, requeridos ahora ante la necesidad de purificar las aguas de OSE (Obras Sanitarias del Estado), invadidas por el desequilibrio biológico producido por agrotóxicos en tropel vandálico.[5]

 Ante la prosapia psicotrópica de un narcisista simpático, Mago-Inventor-Rey-Tecnólogo,  habilitado tecnológicamente a reconvertir la propia vesania timadora en empatía benefactora, conviene recordar aquella hueste del averno que dominaba en Gualeguaychú. ¿No pretendían aquellos adoradores de Satanás que las agroindustrias iban a acarrear polución y desarreglo ecológico?[6] ¿No se probó hasta el hartazgo que según los estándares internacionales Botnia no contaminaba? ¿No probó de forma fehaciente, el propio fallo de la Corte Internacional de la La Haya, que no estaba probado que esa planta contaminara? ¿No pretendían asociar, sin la correspondiente base empírica, un conflicto local a un criterio supuestamente orientador de la perspectiva colectiva?
Vendrán “espontáneamente” más préstamos del BID[7] para apoyar bienhechoramente a la Universidad Tecnológica y estos acarrearán otros más para filtrar las aguas ahora tóxicas, que de niños tomábamos enardecidos de sed, de la canilla, al terminar el picado con la pelota que fuera, por ahí. Porque a la Tecnología le cabe la aplicación feliz de lo que es buenamente sabido, como se sabe, incluso pese a estrambóticas e inútiles disquisiciones filosóficas acerca del vínculo entre lo que es conocer y lo que es ser,[8] como si lo que se aplica objetivamente se atara a una sensibilidad subjetiva y como si el desarrollo productivo pudiera llegar a ser nocivo, absurda polución idealista que proveería cierto trasfondo cultural, incluso prostituyéndolo -se dice- financieramente.
[1] McQuail, D. (1983) Introducción de la comunicación de masas, Paidós, Barcelona, p.217.
[2] Platon (1873) Les Lois (livre VII), Charpentier, Paris, pp.50-52.
[3] Oz, el Poderoso, You Tube https://www.youtube.com/watch?v=ZrAPtrg-gCU (acceso el 15/03/13)
[4] “Edison y la lámpara incandescente” EPEC http://www.epec.com.ar/docs/educativo/institucional/fichaedison.pdf (acceso el 15/03/13)
[5] “OSE invertirá millones para tratar el agua antes de evitar los agrotóxicos” LaRed21 (15/03/13) http://www.lr21.com.uy/comunidad/1092914-ose-invertira-millones-para-tratar-el-agua-antes-de-evitar-los-agrotoxicos
[6] Viscardi, R. “El zorro en la papelera” (03/01/06) Compañero http://www.pvp.org.uy/viscardi.htm
[7] Mizrahi, A.M. (entrevista a Rodolfo Silveira) « La UTEC creará dos carreras universitarias en marzo 2014” LaRed21 (09/03/13)  http://www.lr21.com.uy/comunidad/1091627-la-utec-creara-dos-carreras-universitarias-en-marzo-2014

[8] Dos mesas sobre “El presente de las Humanidades en la Universidad”, en el marco del 2º Congreso latinoamericano de filosofía de la educación, tendrán lugar en el Salón Maggiolo de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, el jueves 21 y el viernes 22 de marzo, a las 13 y 30 h.

El relativismo moral de una república obsoleta

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Teódulo López Meléndez

Entre judíos y cristianos hay la coincidencia de mirar la historia del mundo como una lucha histórica entre el bien y el mal, o lo que es lo mismo, entre Dios y Satanás.

En la política venezolana la presencia creciente de signos religiosos en ambos bandos nos ha llevado a una polarización extrema. No será tanto porque el concepto religioso de bien y mal sea absoluto. Debe serlo porque la conversión del chavismo en religión, signo que fue señalado por la encuestadora @hinterlaces entre los descubrimientos de sus estudios de opinión, ha sido respondido por el candidato opositor con una indicación de ser la nuestra una lucha entre el bien y el mal. Se supone que los electores escogerán al bien y no al mal, determinando de esta manera una cuasi verdad teológica.

El tema que nos planteamos algunos venezolanos es que quizás esta lucha entre el bien y el mal sea una falacia. No hay duda que el bien existe, pero tenemos serias dudas sobre la existencia del mal. Quizás podamos acotar que padecemos una escasez de bien.

Hemos llegado a los extremos de señalar apellidos como pecado, frente a lo cual observamos una simple curiosidad: Capriles y Radonsky son judíos ambos, sefardí o “marrano” el primero y esquenazi (o de Europa oriental) el segundo. Maduro y Moros son ambos sefardíes o “marranos”. Recordemos que se dio en llamar “marranos” a los judíos españoles  obligados a convertirse al catolicismo pues a pesar de ello conservaron aversión por la ingesta de carne de cerdo. Nadie tiene derecho por esta coincidencia a proclamar inelegantemente que estamos ante un enfrentamiento judío. Quizás sería mejor recordar que somos un país tradicionalmente abierto a fuertes corrientes migratorias.

No pretendemos determinar buenos y malos luego de haber asegurado que quizás todo se reduzca a una ausencia de bien. No obstante cabe preguntarnos con qué valores se mide esta dicotomía falsa y pensamos que lo es con una de relativismo moral. Más que divagar sobre este tipo de criterio que podría llevarnos a meternos en la cultura, en el medio social o en los parámetros de la época, podríamos más bien concluir en un simple despropósito: la política en Venezuela ha asumido valores de guerra religiosa para sumarnos un nuevo vicio, el del relativismo moral para jugar al poder.

En ese sentido, y contra todos los valores que han caracterizado a este país, casi se nos reproduce una guerra de religión, casi divididos entre católicos y hugonotes como en Francia de 1562-1598 o tal vez involucrarnos en conceptos como el de “guerra santa” o el de “guerra justa”.

Si queremos recordar más la implicación de relativismo caemos en el territorio de una república obsoleta. Los razonamientos dados por el opositor para justificar su candidatura, basándose en citas repetidas “no podemos dejar…”, demagogia elemental,  o el uso excesivo de la muerte del presidente por sus partidarios nos sitúan más bien en una parodia de relativismo. Era de esperarse, hasta cierto punto de manera lógica y natural, que la campaña electoral subsiguiente a la muerte del presidente tuviese un giro marcado en torno al hecho, pero los excesos de ataque sobre un inmodificable estado de opinión constituye torpeza, como el uso exagerado del cadáver. Al menos desistieron los oficialistas de una enmienda constitucional inmediata para hacernos votar junto a la elección presidencial por una medida destinada a entronizar a Chávez al Panteón Nacional.

Tendremos elecciones el 14 de abril, lo que significa que el cese de la campaña obligado de los días previos no será tal, dado que volveremos a ver la celebración de los acontecimientos del 12 de abril de 2002 planteados como fecha victoriosa y no como abuso o transgresión de lapsos de campaña. Es que este país venezolano nada es casual. Ante el anuncio de la venta de Globovisión, el propietario Guillermo Zuluoga dirige una carta a sus empleados donde incluye esta frase: “El año pasado, tomé la decisión de hacer todo lo que estuviera en nuestro poder, a riesgo del capital de los accionistas y conscientes de las implicaciones que esta actitud podría traer, para lograr que la oposición ganara las elecciones de octubre”.

Las guerras, como la que se nos ofrece con traje de democrática campaña electoral, siempre deben ser teñidas del componente religioso como elemento movilizador. De allí este falsificado enfrentamiento del bien y el mal. Siempre se trata de crear un héroe, uno que no murió por muerte natural sino asesinado por algún adversario imperialista. Como siempre que se va al combate político en los términos de relativismo moral los fanáticos de ambos bandos, en su búsqueda falsa de encarnar el bien y de derrotar al mal, demuestran la obsolescencia de esta república nuestra. Los términos de la batalla son lejanos, inadecuados, cómplices y miserables. La única acción religiosa que lograrán será la de un funeral por la difunta república y no será precisamente un funeral de Estado.

@teodulolopezm

 

El Circo del Sol apagado

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Teódulo López Meléndez

Hemos asistido a una larga agonía del presidente y a una larga agonía de la república. Hemos sido testigos de todas las engañifitas, de todas las violaciones y ablaciones al Derecho y a la imposición de una transformación instantánea de la voluntad conveniente a los intereses del poder  como fuente legislativa de donde nace la norma y la jurisprudencia.

Hemos visto de todo. Hemos oído de todo. Hemos visto al poder amenazante contra conspiraciones y alzamientos imaginados en el sopor calenturiento que ataca a Caracas en la vecindad de Semana Santa y quizás por ello estuvimos cerca de oír que los conspiradores eran de la secta de los saduceos y el jefe insurrecto Caifás.

Cual Sanedrín el Tribunal Supremo de Justicia ha emitido sentencias desde la confluencia de la aristocracia sacerdotal que reina en su seno y con la colaboración de la aristocracia laica y del grupo de los fariseos. Valga la comparación porque el Sanedrín era un cuerpo judicial y porque hemos vivido santas semanas y porque se reproduce en cada institución del Estado verificando el cumplimiento del “marco legal”, fijando fechas de elecciones o tomando juramentos. Por el Sanedrín pasaron Jesús y Esteban, por blasfemia, Pedro y Juan por conspiradores y Pablo por profanador de templos.

Hemos escuchado la música llanera convertida en Réquiem, las amenazas en seguidilla, las ruedas de prensa estrambóticas y los discursos ejemplarizantes de pobreza mental. Capriles ha sentenciado que ha ocurrido un “fraude constitucional” y una juramentación espuria para luego avalarse como candidato presidencial, lo que nos llevó a preguntarle con qué lenguaje solicitaría los votos, qué garantías ofrecería a los electores o si andaría con la mano en alto portando la violada. Las contradicciones son tan evidentes que ponerlas de relieve se hace ejercicio inútil.

No es obligación de un demócrata asistir a elecciones, pues hay elecciones de elecciones. Muchas veces señalé los objetivos perseguibles cuando se asiste a comicios bajo un régimen como el venezolano, desde procurar el fraude para desenmascarar, o porque se tienen fuerzas que harían respetar los resultados. A la inversa también encontramos razonamientos, pero la que tendremos ahora los venezolanos es la petición de coherencia entre palabras y acciones. No se puede hablar de flagrante violación constitucional y marchar a elecciones mientras contra Iuris se corona con el poder al que será adversario en las urnas.

Todavía citan la abstención en las elecciones parlamentarias de 2005 como argumento del error, cuando no lo fue. El error fue no hacerla activa y luego participar en las presidenciales inmediatas. La abstención es también un arma de combate democrático, para procurar deslegitimar, tal como lo hizo Alejandro Toledo frente a Alberto Fujimori en la segunda vuelta de aquellas elecciones peruanas, sólo que después el propio Toledo encabezó las manifestaciones contra el corrupto régimen fujimorista. No es cobardía no ir a unas elecciones, lo es empantanarse en el túnel electoralista sin salida.

“Dejemos el debate constitucional y vamos a ganar las elecciones” arguyen los diputados copeyanos alisándose la falda. Esas elecciones no se pueden ganar, no se van a ganar. Todos los estudios de opinión revelaban, antes del duelo popular por la muerte de su líder, que Maduro aventajaba a Capriles por 14 puntos porcentuales y que la estima de la oposición había caído prácticamente a la mitad desde la elección presidencial del 7 de octubre. Es de demócratas ir a elecciones que se pueden perder o ganar, pero en elecciones democráticas en igualdad de condiciones. Hacerlo cuando las condiciones son exactamente lo opuesto sólo revela una dirección obsoleta que ahora va a perder ese argumento engañoso de que en cada comicio aumentaba su votación y que en la próxima sí obtendría resultados positivos. En situación de excepción, y esta es una de ellas, no se puede avalar lo que se reduce a abuso y amenaza. La cobardía también se tiñe de electoralismo.

Veo que el Cirque Du Soleil anuncia sus presentaciones en Caracas. Quizás coincidan con la celebración de esta elección presidencial. El Cirque Du Soleil brilla por su fantasía y creatividad. El circo venezolano no, es uno de sol apagado. Oscurana es lo que caracteriza a la república. Lo único que le queda es el circo que recorría en siglos anteriores las polvorientas estrecheces de un país abandonado. Deberemos describirla con un francés aprendido de Nicolás Maduro y hablar del Cirque Du Soleil éteint.

@teodulolopezm

 

 

Embaucadores endebles

embaucador

 

Por Alberto Medina Méndez

Buena parte del poder se construye con un discurso aceptablemente consistente y con ciertos argumentos sólidos que puedan sostenerse.

Sin embargo, de tanto en tanto, quienes ejercen la función de conducir una comunidad, se meten solos en un callejón sin salida. En esas circunstancias, deben enfrentar el dilema de continuar en ese rumbo con coherencia y pagar ciertos costos políticos o hacer excepciones a la regla, apelando a la mentira como atajo para luego seguir su sendero. Cuando esas excepciones se convierten en rutina y se falta el respeto a la verdad, ya es muy difícil emprender el camino de regreso.

En ese esquema, los poderosos están convencidos de que pueden hacer que la sociedad crea casi cualquier cosa que ellos decidan poner sobre la mesa como razonamiento.  Pero, de tanto usar ese recurso, se han entusiasmado con el supuesto éxito coyuntural de sus permanentes intentos. Ellos sienten que no importa lo que digan, de todos modos la sociedad tiende a creerles.

En realidad, la mentira sistemática, solo posterga la caída del régimen, la prolonga por algún tiempo. Lo concreto es que la gente, tarde o temprano, percibe que esas argumentaciones no se sostienen por sí mismas y que el mandamás de turno acude siempre al embuste, porque no tiene como mantener esos castillos en el aire.

Las falacias, solo aportan, por algún tiempo, una fantasía que no se corresponde con la realidad, pero al mismo tiempo, muestran el desprecio que sienten los poderosos por la gente. Ya no solo engañan descaradamente a la sociedad, sin escrúpulos, sino que además no hacen nada por disimular lo poco que les importa cada individuo. Solo los utilizan para sus perversos fines y mezquinas intenciones que pasan por acumular dinero mal habido y concentrar poder para someter a todos.

A medida que esa dinámica de engañar, de modo regular, se hace carne y se incorpora como parte de los hábitos del poder, esa herramienta se desgasta y entonces los que diseñan argumentos caen en simplificaciones burdas, cuya credibilidad se hace cada vez menos sustentable. Es que cuando se abusa de un instrumento, este se debilita, perdiendo eficacia. Y es eso lo que está pasando.

Cuando se esgrimen, con tanto desenfado,  argumentaciones tan débiles, simples y fáciles de rebatir, estamos frente a un innegable síntoma de que el sistema recorre la pendiente de caída.

En estos tiempos en los que la inflación se torna parte de lo cotidiano, los gobiernos que emiten moneda irresponsablemente pretenden convencer a todos, de aquella leyenda por la que este fenómeno es producido por empresarios especuladores que pertenecen a concentrados grupos económicos, que se constituyen e formadores de precios, manipulando a su antojo los vaivenes del mercado.

Este antiguo mito, no resiste el más mínimo análisis. Los que quieren persuadir de que la emisión monetaria no tiene nada que ver con el proceso inflacionario no pueden demostrar, de modo empírico, esa teoría que cae por su propio peso.

Es que si su afirmación fuera cierta, si efectivamente emitir dinero no tuviera consecuencia alguna, no existiría entonces razón suficiente para que no se emitieran infinitas sumas para satisfacer las necesidades de todos.

Al poder le resulta imposible explicar porque, si los empresarios son los culpables de la inflación, ellos no emiten alegremente dinero para que la sociedad goce plenamente de la abundancia de recursos. Es que no tendría mucho sentido luchar contra la pobreza si fuera tan fácil resolverlo.

Lo cierto es que emitir SI tiene consecuencias, y nefastas por cierto. No hay que esforzarse demasiado para visualizarlas porque se padecen a diario.

Pero es saludable entender que ellos emiten, no porque lo deseen, sino porque no saben administrar eficientemente recursos. Nada les alcanza, son derrochadores profesionales y de este modo logran sostener su parodia demagógica y electoralista y también su andamiaje político. Es que precisan distribuir recursos que no saben ni pueden generar genuinamente.

Aumentan impuestos y emiten. Esas parece ser sus alternativas para financiar indefinidamente la fiesta estatal. El argumento que esgrimen de que la emisión monetaria y la inflación no tienen relación, no puede sostenerse. Ellos, no pueden decir otra cosa porque precisan la “maquinita” de emitir, para alimentar ese festival de distribución de recursos.

Pero, en ese juego, también necesitan buscar culpables, y creen que la gente “comprará” con mucha facilidad esa idea y por eso la repiten.

La verdad es que ya no pueden engañar a nadie con estas paupérrimas afirmaciones. La gente se empieza a dar cuenta de que el causante de la inflación es el mismo Estado y que el gobierno tiene la llave para resolverlo. Dejar de emitir es la solución, pero hacerlo implicaría para ellos quedarse “sin caja”, moderar el gasto, ser austeros, abandonar la corrupción, el clientelismo y la compulsión por “regalar” dinero a aquellos que necesitan para que los voten en el próximo turno electoral. El circuito es simple, evidente y muy difícil de ocultar. Pero ellos insisten en esto de estafar a la gente y de burlarse de su capacidad de entender la realidad.

En algún momento la política deberá comprender que aquella frase que se atribuye a Abraham Lincoln, daba en la tecla cuando decía algo así como “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”.

Los que ostentan el poder, saben muy bien lo que está sucediendo, pero en esto de falsificar la verdad, vienen perdiendo eficacia. Son tiempos en que sus estrategias solo muestran que son embaucadores endebles.

Alberto Medina Méndez
albertomedinamendez@gmail.com
skype: amedinamendez
www.albertomedinamendez.com
54 – 0379 – 154602694

 

De lo inmediato a lo mediato

Ch  1

 

Teódulo López Meléndez

Cuando termine el período de luto por la muerte del presidente el país retomará el debate arduo, sobre todo por la previsión de convocatoria a nuevas elecciones.

No se trata de incurrir en citas constitucionales. El asunto no es para sesudos juristas ni espléndidos exégetas de la Constitución. Funcionamos sobre los hechos que los órganos del poder público convierten en Derecho o que los voceros del gobierno atribuyen a la voluntad del presidente fallecido más que al cuerpo de normas jurídicas de la república.

No podemos asegurar que las elecciones se celebrarán en 30 días, aunque es obvio que la prontitud del efecto emocional sobre los votos indique ese sentido. En cualquier caso elecciones habrá y está claro que se enfrentarán Nicolás Maduro y Henrique Capriles, con previsibles resultados a favor del primero.

Lo mediato es otra cosa. Implica la sustitución de un liderazgo insustituible, el mantenimiento de una política de asistencia social en difíciles condiciones económicas y una mediocridad evidente en el discurso.

Chavismo sin Chávez habrá. Será protagonista en la política nacional por mucho tiempo. Eso no implica una estabilidad en el ejercicio del gobierno ni la imposibilidad en una evolución del PSUV hacia formas más democráticas de comportamiento.

A mediano plazo volveremos a estar en la disyuntiva marcada por el entendimiento o no de modificación de un lenguaje amenazante y de pasos o no hacia la paz social. También en la aparición de nuevas ofertas sustitutivas en detrimento del fetiche de la “unidad” y de alternativas que convenzan a los venezolanos de la posibilidad de incidir de manera mucho coherente en la inclusión social.

Entramos, entonces, en lo inmediato, en una ratificación de la continuidad chavista en el poder cuya estabilidad en funciones está por verse, lo que incluirá una evolución en el seno mismo de las Fuerzas Armadas y de la paciencia popular. Lo que quiero precisar es que el destino venezolano está claro en lo inmediato y muchísimo menos en lo mediato.

En política se puede intuir, se puede llegar a una visión del futuro y hasta prever las convulsiones del cuerpo social, pero jamás se puede olvidar eso que se llama imprevisto. Mucho más complejo es determinar la evolución cultural de ese cuerpo social, uno que, especialmente en su clase media, ha dado muestras de escasez. Las clases populares tienen al respecto su propia versión, una de inclusión que jamás abandonará, la cual, creemos, debe ser limpiada de populismo y llevada a los parámetros que lo conceptual ya ha precisado con extrema claridad en sus modos y formas de ejecución.

En consecuencia, el futuro mediato de la república resulta una incógnita, una que sólo la evolución de los acontecimientos nos irá señalando, unos sobre los cuales habrá de ejercerse una acción concientizadora de alto vuelo y de extraordinaria eficacia.

Frente a las eventualidades del futuro cabe recordar nuestras fallas y omisiones, más que de eso que podríamos llamar “institucionalidad política”, del cuerpo social mismo. He recordado de manera insistente que es el cuerpo social el que produce sus dirigentes y que en el siglo XXI es cada vez más obvia la asunción colectiva de la responsabilidad y del destino.

Seguramente la palabra apropiada es “transición”, porque después de la desaparición de un líder fuerte y carismático como Hugo Chávez, y su sustitución por un liderazgo colectivo y de poder compartido, debe evolucionarse hacia nuevas formas. No obstante, los herederos parecen encerrados en fotocopiar y en repetir, lo que a nuestro entender es una equivocación que incidirá de manera más que negativa en cuanto a la estabilidad política y la paz social.

Es menester una oferta de país, un mensaje de construcción de una república posible, uno que exceda en materia de organización y diseño al mero rescate de los planteamientos clásicos y básicos de la democracia representativa y hable de un cuerpo social organizado sobre las bases del conocimiento y de un ejercicio consciente de la ciudadanía. Es hora de ir hacia la edificación de una democracia del siglo XXI.

El futuro nos reta. Toca a los venezolanos domeñarlo y hacerlo todo posible mediante una aceptación del desafío. Es allí cuando sabremos la verdad que tanto ha sido requerida en este tiempo transitorio.

@teodulolopezm

Ibero Gutiérrez: la verdad sobre el abismo

abismo

 

por Ricardo Viscardi

Significativamente interpelada desde la globalización, la jurisprudencia uruguaya oscila entre los derechos humanos y la Constitución de la República.[1] Los instigadores del liberticidio traen a la memoria los tiempos en que avasallaron la misma Constitución republicana que decían defender[2], mientras la impunidad encuentra sus mejores aliados en algunos subversivos de ayer, arrepentidos hoy día.[3] Quizás convenga percibir que entre un derecho acartonado en memoria vernácula y un clamor de justicia respaldado por un cuestionamiento universal del totalitarismo, se abre también una memoria del abismo, como auténtica duda del sí mismo, mirada por Ibero cuando duda poéticamente de la realidad.

La objetividad supone cierta consolidación del sentido. En cuanto manifiesta una regulación  de la experiencia según un protagonismo verificador, la verdad se somete a una normatividad, expresada tanto por un tribunal del saber[4] como por la jurisprudencia del derecho.[5] Sin embargo,  la normatividad teórica no ancla en el dictamen, sino en la verdad, mientras la legalidad del derecho se disuelve sin la justicia. Sobreviniente por demasía entre la normatividad y el derecho, la verdad de la justicia habilita un quiasma que nunca deja de apelar a un exterior mayor que lo instruye.  Escindido por la trascendencia,  el simple sentido de objetividad cae en la trivialidad, si no somete la consistencia normativa al trance abismal de la verdad y la justicia.

Si Marx tenía razón al sostener que las sociedades no se plantean problemas que no puedan resolver[6], esa impregnación de la solución en el devenir deja suspendida la verdad sobre lo inescrutable por venir. La puesta en suspenso de la evidencia  hace justicia a la trascendencia, como se la lee en Ibero[7], en cuanto somete la conciencia al escrutinio de una sospecha absoluta, con el quién de la pregunta como único asidero, al borde del abismo de sí mismo.

El derecho a la sospecha se sostiene en el criterio del sí mismo, que pone en danza  la autenticidad al son de lo insondable. Con cierto equilibrio, un eje soslayado permite seguir el ritmo, sin dejar de quedar erguido de paso.

Cuando se anula ese derecho a una franja de vaivén entre la normatividad y el derecho, lo primero que se sacrifica es la poesía. En particular, porque su cosa es el sentido, impregnado sin embargo de otras cosas que el sentido. Ibero alcanzó esa impregnación del mundo en su realidad y de ahí su enorme don poético: decir aquel sentido que se sostenía por sí mismo, de manera que su poesía nunca es tan sólo el mismo Ibero.

De ahí que todo él no fuera reductible al simple sentido, ni su sentido de la verdad separable de la justicia que todo lo envuelve. De ahí también que esa duda que levanta sobre todo lo que lo rodeó, hasta los 22 años en que muere, sea una duda en la que todavía bailamos, al son incluso, de los sentidos de aquella muerte.

En ese lugar estuvieron todos los asesinos y todos los asesinatos, porque no se mataba a alguien por lo que era, sino ante todo por lo que se podía decir que era. Desde entonces es una muerte signada por cierta tergiversación del sentido, que intentaba decir: así mueren los tupamaros.[8] No fue asesinado un estudiante que era poeta, pintor, enamorado y tupamaro, sino alguien que mediáticamente, en cuanto había sido encarcelado por razones políticas ligadas a la insurgencia subversiva, quería ser imputado víctima para fomentar el terror.

Esa manipulación mediática del sentido ya estaba presente en la prohibición por parte de Pacheco Areco de la difusión masiva de siete palabras del idioma[9] y se va a ver prolongada en los “Comunicados de las Fuerzas Conjuntas” que modulan la cotidianeidad amenazante del terror  -a partir del Estado de Guerra Interno votado en el Parlamento por todos los sectores de los partidos tradicionales, seguidos más tarde aún, por la política de desapariciones del totalitarismo uruguayo (inocuamente titulado “dictadura militar”).

Todos estos episodios son manifestaciones de la inverosimilitud del sentido inmediato de la normatividad objetiva, que paradójicamente exige la verosimilitud de la mentira como mentira,  paráfrasis que amplifica la frase de Goebbels: “Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”.

Sin embargo, la prostitución del sentido que señala esa frase no es tan sólo publicitaria (en la doble acepción de animar una condición pública y una política de publicidad), sino que además provee un criterio. Por ejemplo, el que sostiene una “guerra interna” contra la insurgencia democrática o la que “presenta” una realidad conformada por desapariciones. Que una realidad pueda presentarse a través de desapariciones reales señala hasta qué punto el sentido ha traspasado la verdad de la mera evidencia y se encuentra sometido a un régimen de sospecha, verosímil porque inverificable en lo inmediato. No que la sospecha no pueda llegar a ser dilucidada, sino que la objetividad normativa atenida a la evidencia no puede, ya en adelante, satisfacer la verdad.[10]

Esa “realidad producida” tecnológicamente, en particular a través de la comunicación masiva,  conlleva tanto la obnubilación totalitaria que se tiene por único sentido posible, como el cuestionamiento de la realidad sostenida en la transparencia del sentido. En los dos casos, el sentido se topa con la cuestión de la justicia y la verdad, en el primero, en cuanto pretende estamparse en ellas, en el segundo, en cuanto las inscribe en palimpsesto, entre escrituras pretéritas y emergentes.

En esa infinitud de horizonte no perece la pregunta por la verdad, sino un procedimiento reductor de la decisión. Requerida a destiempo[11] por un hambre de sentido, la verdad acude a la superficie de la memoria, desde las propias raíces de la justicia.

 

[1] Pereira, M. “Traduciendo a la Corte” La Diaria (26/02/13) http://ladiaria.com.uy/articulo/2013/2/traduciendo-a-la-corte/

[2] “Poco convencional” Montevideo Portal (01/03/13) http://www.montevideo.com.uy/notnoticias_193865_1.html

[3] Según Zabalza, el número de quienes participaron del MLN y acompañan, desde el entorno presidencial, la política de impunidad, no supera los 70 a 80, sobre los 3000 miembros de la misma organización en el pasado. Ver: Tagliaferro, G. “El lado B de la revolución” Montevideo Portal (12/02/13) http://www.montevideo.com.uy/noticia_192275_1.html.

[4] Kant vincula prioritariamente la Crítica de la Razón Pura a la figura de un “Tribunal ” que dictara leyes “eternas e inmutables”. Kant, I. (1973) Critique de la Raison Pure (Préfaces et Introduction), Aubier-Montagne, Paris, pp.18-20.

[5] El término “contexto” que actualmente vinculamos a la realidad que suma un conjunto de circunstancias, se origina en las disposiciones subordinadas a un mismo un acto jurídico, ver Lalande, A. (1983) Vocabulaire technique et critique de la philosophie, PUF, Paris, p.181.

[6] Marx, K. (1976) “Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía

política” en Marx, Karl y Engels, Friedrich Obras escogidas , Tomo I

Editorial Progreso, pp.517-518.

[7] Gutiérrez, I. (2009) Obra Junta (1966-1972),  (Antología de Laura Oreggioni y Luis Bravo), Estuario, Montevideo. Asimismo se encuentra información sobre Ibero en “Ibero Gutiérrez” facebook, http://www.facebook.com/pages/Ibero-Guti%C3%A9rrez/249738293942?fref=ts

[8] La ejecución de Ibero fue firmada “Comando cazatupamaros”. Ibero se encontraba fatalmente identificado, en la propaganda totalitaria de entonces, como  “tupamaro”, a raíz de su viaje a Cuba, premiado por un ensayo juvenil, así como por  haber sido procesado y remitido, por pocos meses, al Penal de Punta Carretas.

[9] “Cuando estaba prohibido decir “tupamaros” en el Uruguay” Blog de Blogs, http://blogsdeteaydeportea.com/contenidos/1548-cuando-estaba-prohibido-decir-tupamaros-en-uruguay.html (acceso el 03/03/13)

[10] “Gilberto Vázquez admitió haber removido cuerpos de desaparecidos durante la dictadura militar” El Observador (06/08/06) http://www.elobservador.com.uy/noticia/54812/gilberto-vazquez-admitio-haber-removido-cuerpos-de-desaparecidos-durante-la-dictadura-militar/

[11] Según Agamben, “contemporáneo” es aquel sentido que quiebra la continuidad cronológica del tiempo, ver Agamben, G. (2008) Qu’est-ce que le contemporain?, Payot-Rivages, Paris, pp.37-41.

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