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Democracia siglo XXI

mes

agosto 2011

La burbuja democrática

Por Javier González Méndez

En aquel planeta, aquella segunda década de su siglo XXI, aún había terrícolas buscando desesperadamente un remedio para el cólera, una alternativa para el hambre, un milagro para ahuyentar la muerte prematura. Y algunos que buscaban desesperadamente a un tal Gadaffi para cambiarlo por un clon a imagen y semejanza. Y otros, millones y millones de ellos a los que llamaban chinos, condenados a vivir y morir sin enterarse de que su país era ya la primera potencia del mundo. Y “meninos da rua” que regresaban de Copacabana a sus fabelas y les preguntaban a sus respectivos amos, en un lapso del efecto anestésico del caucho chamuscado: ¿qué significa emergente? Y chiquillos compitiendo con las ratas en los subsuelos de la madre Rusia. Y humanos sin techo, sin trabajo, sin esperanza, esparcidos por los cuatro puntos cardinales de un paraíso perdido al que todavía llamaban Europa, mientras un susurro procedente de millones de gargantas de United States of América confirmaba urbi et orbi la ilustrada profecía sobre la decadencia de occidente de un tal Oswald Spengler: “ “no we can´t”

La hermosa quimera de los derechos del hombre se perdía por los nauseabundos sumideros parlamentarios. La utopia de las economías sociales de mercado se ofrecía en santo sacrificio a los dioses paganos de los olimpos financieros. Las constituciones forjadas a sangre, fuego y lágrimas, se convertían de repente en plastilina que manipulaban a su capricho los dirigentes del planeta, que eran como niños, oye, mientras se hacían pis de miedo en las camas de sus palacios sobrecogidos ante el irresistible influjo de la crisis.

En el selecto club de los ilustrados, jaleados por los ilusos estómagos llenos, los cómplices estómagos agradecidos y los confusos estómagos nostálgicos, seguían construyendo castillos democráticos en el aire, intentando alargar el boom del ladrillo de los estados de bienestar aprovechando la inercia de dos o tres conmovedoras generaciones de “últimos mohicanos”, de cuarenta años para arriba, que seguían firmando hipotecas legislativas sin leerse la letra pequeña, sin calcular los desorbitados intereses y decididos a depositar su voto del pánico en las urnas por las siglas de las siglas.

Así empezó todo, Director. Cuando los humanos y sus constituciones se pusieron de rodillas ante los mercados, en un acto de confianza colectiva en unos dirigentes incapaces de poner a los mercados de rodillas ante los humanos y sus constituciones. Había empezado a crecer y desarrollarse una “burbuja democrática” cuyo inexorable pinchazo amenazaba con remover los cimientos de la historia de la humanidad. De repente, el arrogante “homus democrático” entraba a formar parte de las especies en peligro de extinción.

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El concepto de espacio


Teódulo López Meléndez

Comencé a leer el nuevo milenio con la entrada del año 2000, una invención massmediática de muestra de una “humanidad feliz” que comenzó con el toque de tambores ante el asomo del sol en una perdida isla del Pacífico. Observé entonces que se exterminaban lo husos horarios, que moría lo geográfico y desaparecía la extensión. Me limité al tiempo en las primeras lecturas, pero ya estaba asomado lo geográfico y la extensión. La población se mueve y las teorías economicistas lo explican con las desigualdades sociales, con la falta de oportunidades, con la simple búsqueda de una vida mejor. Se explayan los analistas en decisiones individuales o en emigraciones de talento por razones políticas o en la necesidad de enviar remesas en monedas fuertes para una familia desfalleciente.

Una cosa es cierta: los procesos globalizadores, la irrupción de la instantaneidad, la presencia de Internet acabó con el sedentarismo. Cada día apreciamos como se pertenece cada vez menos a un lugar concreto. Yo aquí nací, aquí crecí y aquí morí, es cosa del pasado. Tras la ruptura del tiempo ahora hemos arribado a la ruptura del espacio. Ayuda la crisis del Estado-nación, el surgimiento de un mundo nuevo guiado por principios universales sobre derechos humanos, las nuevas formas políticas que emergen y las viejas de signo totalitario que reaparecen, todo es cierto, pero la verdad es que la tecnología nos está permitiendo conocer al otro, nos está forzando a salir un tanto del aislamiento cínico. El concepto mismo de vivir la vida está cambiando aceleradamente, hemos llegado al punto de considerar a la vida como transnacional y, por supuesto, el espacio se rompe, viejos conceptos como geopolítica se van a la tumba y henos aquí llegando al concepto de un espacio transnacional que no tiene nada que ver con las viejas limitaciones de fronteras, idiomas, documentaciones legales y demás pergaminos de la antigua organización planetaria.

El antiguo espacio territorial se ve ahora afectado por un abandono de la intromisión militar, como se desprende de los empeños del presidente Obama frente a las guerras que heredó en Irak y Afganistán. Ahora se recurre a los métodos comerciales. La lógica del conflicto ha sido cambiada por la gramática del comercio. El verdadero espacio ahora es la electrónica. Los viejos razonamientos de un espacio suficiente para atender a una población han sido sustituidos por un concepto de distribución de tiempo. En infinidad de ciudades hay mercados locales, desde alimentos hasta animales o flores, pero el verdadero mercado es ahora el momento del contacto. Espacio es ahora velocidad. Es lo que Castell denomina “espacio de los flujos”, esto es, una nueva organización de las prácticas sociales en tiempo compartido, lo que se está convirtiendo en territorio compartido,

El mundo ha dejado de ser un recinto con límites. Nos estamos aproximando a un fenómeno social equivalente a la mudanza de las poblaciones rurales hacia los grandes conglomerados urbanos. Partes importantes de la población están sumidas en los disfuncional, ya no pueden estudiarse los movimientos poblacionales con geografía descriptiva y la causalidad de los sucesos políticos ha emigrado con la vieja noción de geopolítica.

El concepto de espacio fue objeto de estudio en primer lugar por la filosofía y después por la física. Las conclusiones que uno va encontrando parecen adecuarse al presente momento, si pensamos, por ejemplo, en Einstein describiéndolo como el continente de todos los objetos materiales. En el campo filosófico Aristóteles implantó el concepto original, al definirlo como un límite inmóvil y Platón identificó espacio con materia, lo que nos lleva a concluir que para él no existía espacio sin materia. Descartes no llevaba su diferenciación de tiempo y espacio más que a lo nominal, pero Leibniz señaló que el espacio era algo simplemente relativo. O Kant o Heidegger. No pretendemos un resumen de las concepciones filosóficas sobre el espacio, simplemente apuntamos algunas porque algo nos dicen sobre este espacio transnacional que ahora se asoma en los fenómenos migratorios.

Occidente siempre ha parecido manejar el concepto como lo lleno opuesto a lo vacío. Espacio se está convirtiendo en algo similar a un intervalo. La tecnología nos permite estar en dos o más  lugares a la vez, y de lo virtual se pasa a lo real. La resistencia al movimiento de los cuerpos es cada vez más difícil, de modo que la continuidad de los pasos es lo que se hace extensión. Si volvemos a la física tal vez podamos hablar de mecánica ondulatoria como conjunto. El espacio parece hacerse uno solo. Las viejas formas de oponerse se resquebrajan.

teodulolopezm@yahoo.com

El riesgo de concentrar el poder


 

Por Alberto Medina Méndez

Para quienes entienden que gobernar es una tarea que supone no imponerle desde las mayorías formas de vida al resto de la sociedad, priorizando la vida armónica en comunidad, el poder público, el que proviene de la acción política debe sostenerse sobre ciertos equilibrios.

La república es una de las modalidades que intenta balancear ese poder. Pretende que los contrapesos eviten el despotismo y que las autocracias hagan de las suyas.

Pero para que esos equilibrios funcionen, es preciso entender la esencia del sistema, y ella consiste en que nadie concentre la suma del poder público. La sociedad entonces, debe entender los riesgos de transferir sin límites su poder soberano al “elegido de turno”.

Por eso, cuando el voto popular, la voluntad mayoritaria, le asigna responsabilidades a un candidato, el resto de los mecanismos deben funcionar a pleno, con coherencia y sin contratiempos.

En ese esquema, importa estimular la diversidad de ideas y visiones en el parlamento, en el que los sistemas bicamerales aportan mucho, evitando que un recinto sea el espejo del otro y exigiendo mayorías especiales para sortear los potenciales atropellos del circunstancial líder del momento.

Se agrega la necesidad de un sistema judicial lo más independiente posible, que consiga que la combinación de jueces y funcionarios designados, provengan de diferentes etapas de la construcción política para garantizar cierto equilibrio general y que la justicia no sea una réplica de los vientos de cada oleada electoral.

También es imprescindible una prensa plural, que defienda intereses distintos, para que la ciudadanía pueda escuchar campanas diferentes, y no solo la voz oficial, la de los aduladores y obsecuentes de siempre, ni la del pseudo empresariado prebendario que siempre florece a la sombra del que gobierna.

Es indispensable además, una sociedad civil movilizada, inquieta, suficientemente dinámica que se anime a controlar a los poderosos de turno, no solo a los que gobiernan, sino también a los opositores que se suponen custodios de las voluntades diferentes.

En fin, no es deseable la concentración del poder, le hace mucho daño a las minorías que son excesivamente vulnerables ante la desproporción de herramientas para defender sus derechos.

Pero también lastima la moral ciudadana, porque el poder hegemónico amedrenta, adoctrina e impone visiones haciendo que muchos se resignen, acepten principios y reglas que no comparten, solo por la impotencia que sienten al no poder contrarrestar tanta impunidad.

La oposición no puede cumplir su rol de controlar, si es aplastada sistemáticamente por la democracia aritmética que propone la simplificación de las mayorías circunstanciales, en esa lógica que pretende imponerse por la fuerza bruta, otorgándole la razón al que tiene más votos, solo porque suma más voluntades.

Pero inclusive perjudica al poderoso, que se siente dueño de todo, que supone que nadie puede controlarlo, y lo somete al trance de caer en el pecado de la soberbia, de creer que la adhesión obtenida en la fotografía electoral, es eterna y que le otorga razones suficientes para hacer lo que le plazca.

 

La sensación de que no tiene competencia, lo hace actuar de modo inadecuado, lo enfrenta a la posibilidad elevada de cometer errores por no verse estimulado para consensuar, acordar, discutir y negociar.

Y lo más importante, coloca a la sociedad toda, al borde del precipicio, al haber puesto todos los huevos en la misma canasta violando el principio elemental de cualquier inversión para bajar el nivel de exposición.

Lo que está en juego no es dinero, ni cuestiones superficiales, esta sobre la mesa el presente y el futuro propio de cada individuo, y lo más significativo, el de los hijos que tendrán que pagar los errores o disfrutar de los aciertos de las generaciones que las preceden.

El entusiasmo a veces nubla la vista, el fervor moviliza emociones, pero quienes transitan esa dinámica, abandonan el sendero de la humildad y pierden contacto con el mundo real.

La sociedad toda debe reflexionar sobre la necesidad de sostener equilibrios, otorgar poder, pero siempre a préstamo, por poco tiempo, y nunca delegar facultades a nadie, por iluminado y brillante que parezca. Después de todo somos seres humanos, y el peligro es que creamos que los aplausos, nos hace una raza especial, privilegiada y tocada por la varita mágica.

Atomizar el poder es el ingrediente principal, la fórmula imprescindible para evitar los abusos, las tentaciones de perpetuidad, el discurso único que todos dicen querer eludir, pero que en los hechos intentan instrumentar.

Siempre es importante entender, que existe otra mirada, que los caminos no son únicos, y que se cumplen ciclos, que debemos asumirlos como tal para evolucionar, como lo marca la historia y nuestra propia experiencia.

Es tiempo de cuidarse de los exitismos. La tentación de otorgar cheques en blanco es altamente peligrosa, por eso es importante entender el riesgo de concentrar el poder.

amedinamendez@gmail.com

skype: amedinamendez

www.albertomedinamendez.com

54 – 03783 – 15602694

 

Nuevo e-book de Teódulo López Meléndez

 

“Interregno (Séptima lectura del nuevo milenio)”  

http://t.co/yQ1dqDo De acceso gratuito

De Libia a Siria, la mirada del mundo

(Audio) “De Libia a Siria, la mirada del mundo” tinyurl.com/3ttx6ck 

Teódulo López Meléndez

El pensamiento como forma de realidad


Teódulo López Meléndez

Escasean los inventores de mundo. Se requieren protagonistas de la visión teórica de la política. Aquí las verdades se han derruido y hay que ir sobre las nuevas formas de la organización social. Los discursos viejos están deslegitimados. Alguien ha hablado de un ciclo ahistórico. Si no hay planteamiento filosófico-político emancipatorio en el sentido de dotar al sueño de un corpus de ideas tampoco habrá emancipación de los graves problemas         que            nos       afectan.

Nadie habla de un encierro. La filosofía se hace de teoría y praxis. Hay que deconstruir los viejos paradigmas y realizar los nuevos modelos partiendo de la realidad del hoy. Los que se dedican a cultivar el pasado pierden la capacidad de pensar. Este ser humano inteligente está por alzarse del envoltorio terrestre hacia la búsqueda de una nueva casa y debe reorganizarse hacia la aparición de un nuevo orden social. El que no se de cuenta que ha terminado una época jamás estará en condiciones de iniciar otra. El fracaso de las ideologías se debió al intento totalitario de envolver la historia, la naturaleza y la vida. Debemos hacernos de un pragmatismo atento a las incitaciones del presente y a los desafíos de las circunstancias teniendo en la mano las respuestas de una filosofía política renovada. El amontonamiento de hechos y más hechos al que nos fuerza este presente de transición exige pensamiento.

El origen unitario de la vida nos obliga a la concepción de un humanismo global hacia un comunitarismo de entendimiento y aceptación de la diversidad. La diversidad del mundo nos obliga a revalorizar la solidaridad en un gran gesto de conciencia. Tenemos deudas pendientes por saldar: el diálogo intercultural, la admisión y el respeto de las diferencias, la ruptura de los lastres arrastrados por las viejas formas de organización política. El hombre de este tiempo vive la ruptura con un mundo que se tambalea. Hay que darle respuestas partiendo del principio de que el pensamiento es una forma de realidad.

Ya no se requiere un corpus homogéneo, lo que se requiere es un intercambio fluido y permanente de diversas comprensiones. Algunos hablan de ofrecer no una mirada sistemática sino sintomática. Hablamos sobre una realidad, no sobre la inmortalidad del cangrejo. Es lo que otros denominan la teorización de la política y la politización de la teoría.

Tiene que haber una relación entre la teoría política y el funcionamiento de las democracias, hay que darle una respuesta común a las exigencias cotidianas de la democracia, por la muy sencilla razón de que la globalización ha tenido un efecto particular: todos los hombres, en buena medida,  se están enfrentado a los mismos problemas, lo que para nada lleva al olvido de las particularidades, las que, por el contrario, se hacen manifiestas al pedir políticas de reconocimiento.

La filosofía política teoriza sobre como deberían ser los fenómenos políticos. No se encarga de estudiar cómo fueron, son y serán. De ello se encarga la ciencia política. Es obvia su vinculación con la ética al preguntarse sobre las formas adecuadas para lograr la forma de vida mejorada, sobre la legitimidad y limitación del poder y sobre los deberes y derechos. Hay una vecindad con la sociología del conocimiento, de manera que algunos hablan de una sociología de la filosofía.

La sociología del conocimiento nació porque se daba por sentada la relación esencial entre pensamiento y sociedad. Temas políticos y filosóficos entremezclados están ya en Lao Tse o en el profeta Isaías. La cultura griega es prolija para estos ejemplos. Al fin y al cabo hablar sobre la Polis era un método de decir y escuchar lenguajes. El discurso filosófico sobre la política tiene un ejemplo en La República de Platón. Si la oratoria “propiamente” política es sometida a una mirada incisiva vemos de inmediato su aspecto filosófico. Quizás podamos recurrir a una expresión un tanto extraña, como asegurar que la filosofía se encuentra en una discusión política de plaza. Grecia tenía dentro de sí el impulso crítico que le permitía revisar las concepciones sociales. O el uso de la tragedia como expresión de las aporías de la ciudad. O los historiadores en la búsqueda de una explicación para el obrar humano. O más acá la lectura de Shakespeare. Quién podría ahorrarle a Maquiavelo el título de filósofo de la política, aunque algunos prefieran llamarlo el fundador de las Ciencias Políticas.

Norberto Bobbio en Teoría General de la Política es prolijo es explicar y definir ciencia política y filosofía política. A la primera asocia metodología de las ciencias empíricas y a la segunda la construcción de un modelo de Estado fundado en un postulado ético, la búsqueda del fundamento último del poder, la determinación del concepto de política y el discurso crítico sobre premisas de verdad que buscan la teoría de la óptima república. En cualquier caso incluye a El Príncipe como obra referente en la historia de las ideas políticas junto a Utopia de Tomás Moro y Leviatan de Hobbes.

Pero lo que nos interesa no es una calificación de Maquiavelo sino interrogarnos sobre el porqué el abandono actual de las ideas en el campo de la política y Bobbio nos es útil cuando señala las tres preguntas filosóficas básicas: ¿Qué me cabe esperar?, ¿Cómo debo de actuar?, ¿Qué puedo saber? Quizás estas sean exactamente las tres preguntas que el hombre contemporáneo no se está haciendo sobre la política y por ello no genera ideas y se hunde en el estancamiento político mientras genera innovaciones en el campo de la ciencia. Dos veces hemos mencionado política en el párrafo anterior en una repetición intencional. Así, porque entramos de inmediato en otro territorio que es el de la presencia constante de pensadores políticos, el de una población humana en cuyas formas de organización social no se refleja ese pensamiento y en el de unos gobernantes que siguen actuando con viejas fórmulas y ancianos conceptos.

Se han preguntado sobre la libertad y la han calificado en negativa y positiva (Isaiah Berlin), han definido a sus ensayos de metapoética como filosofía política (Felix Oppenheim) o han llamado a la filosofía política norteamericana como decadente por carecer de ideales (Leo Strauss). Cito al azar, sin pretender hacer un listado que resultaría interminable. Lo que quiero significar es que no ha faltado quien se interrogue y ofrezca sus respuestas. En medio de la actual crisis de transición el pensamiento es rechazado y los políticos no ejercen lo político, no recurren a la forma de conocimiento superior que permita hacer inteligible la realidad política. Tal vez el quid se encuentre en una racionalización efectista de la práctica política y en una consecuencia de la llamada muerte de las ideologías, sin darse cuenta que lo que esto último implica no es el abandono de un corpus de ideas sino una libertad adicional para afrontar los problemas concretos sin tapaojos.

En apoyo a mis constantes exigencias de un pragmatismo con ideas, hoy se acepta que resulta imposible establecer previsiones de tipo nomológico-deductivo y ni siquiera regularidades de larga duración en el camino de la política. Y muchos menos son susceptibles de verificación, medición o cuantificación. Todo conocimiento político a ofrecerse lo he definido, también hasta el cansancio, como una interrogación ilimitada. Para medirse con la creciente complejidad de las exigencias de la política de esta etapa de transición habría que usar la expresión del filósofo vienés Otto Neurath (Philosophical Papers) sobre la nave en situación de circularidad, que habla de cómo los marineros se empeñan en reparar la nave en mar abierto, sosteniéndose sobre viejas estructuras e imposibilitados de llevarla al muelle para proceder a reconstruirla.

teodulolopezm@yahoo.com

De la democracia conocida a la democracia por hacer

Teódulo López Meléndez

La sociedad venezolana está omitiendo el replanteamiento de que es la democracia. Lo que no se renueva perece; lo que ante los ojos de la gente es ya conocido, con sus virtudes y vicios, carece de la atracción de la novedad. Hay que conceptuar para la demostración práctica de una democracia sin adjetivos, sólo ubicada en un contexto de tiempo: siglo XXI, con todo lo que ello implica.

La escasa influencia del pensamiento sobre la democracia en la democracia misma se debe a la crisis de todo pensamiento trascendente en un mundo de bodrios repetitivos, de insustancialidad y a la ausencia de lo que diagnostica de modo diferente a como se construyeron las ideologías derruidas. No se trata de un plano que se proclame poseedor de la verdad ni pretenda proclamar la solución de los problemas del hombre. Se trata de un conjunto de diagnósticos y de advertencias. Las clases medias, actores claves en toda acción política, sólo se movilizan cuando creen amenazados sus derechos. Son las clases medias el ejemplo de inacción funcional inducida por la pantalla-ojo o por los activistas políticos colapsados o el instrumento manipulable para los intereses particulares disfrazados de colectivos.

Bien podría argumentarse que la sociedad civil se ha convertido en un simulacro de lo social. El poder que amenaza con surgir en el siglo XXI trabaja –ya lo hemos dicho hasta la saciedad- con la velocidad y con la imagen, más con la velocidad de la imagen. Su alzamiento por encima de una sociedad civil débil le permite recuperar el sueño del dominio total, de la modelación de los “contemporáneos” (antes ciudadanos) a su leal saber y entender. Así, el poder de la dominación se hace total. En el campo del sistema político la democracia comienza a ser mirada como un impedimento, como un estorbo.

Hay nuevas formas de poder y también nuevas formas de política, sólo que la tendencia es a la eliminación de esta última, es decir, a un neo-totalitarismo. Debemos admitir que la nueva estructura política pasará por un entramado de redes de acción y presión. Lo que hay que entender es que la política dejó de ser un espacio de acción individual o uni-organizativo para convertirse en una gran red de redes de transmisión de información, creación de coaliciones y alianzas y en articulación de presión política.

En su postdata sobre Las sociedades de control, Gilles Deleuze nos recuerda el proceso, con Foucault, de las sociedades disciplinarias de los siglos XVIII y XIX, en plenitud en los principios del siglo XX, donde el hombre pasa de espacio cerrado a espacio cerrado, esto es, la familia, la escuela, el cuartel, la fábrica y, eventualmente, la prisión, que sería el perfecto modelo analógico. Este modelo sería breve, apenas sustitutivo de las llamadas sociedades de soberanía, donde más se organiza la muerte que la vida. Deleuze considera el fin de la II Guerra Mundial como el punto de precipitación de las nuevas fuerzas y el inicio de la crisis de lo que llamamos sociedad civil. En otras palabras, entran con fuerza las sociedades de control que sustituyen a las sociedades disciplinarias. Virilio habla así de control al aire libre por oposición a los viejos espacios cerrados. El gran diagnóstico sobre este proceso lo hace, qué duda cabe, Foucault, pero es a Deleuze a quien debemos recurrir para entender el cambio de los viejos moldes a lo que él denomina modulaciones. La modulación cambia constantemente, se adapta, se hace flexible. La clave está en que en las sociedades disciplinarias siempre se empezaba algo, mientras que en las de control nunca se termina nada, lo importante no es ni siquiera la masa, sino la cifra. Es decir, hemos dejado de ser individuos para convertirnos en “dividuos”. He definido esta era como la de la velocidad, pues bien, el control es rápido, cambiante, continuo, ilimitado. Si algunos terroristas colocan collares explosivos a sus víctimas, la sociedad de control nos coloca un collar electrónico.

Esta república desanda, retrocede, recula, repite. Esta república marcha hacia cuando no era república. Volvemos a ser una posibilidad de república, una harto teórica, harto eventual, harto soñada por los primeros intelectuales que decidieron abordar el tema de esta nación y de su camino. Nos están poniendo en un volver a reconstruir la civilidad y en el camino de retomar el viejo tema de civilización y barbarie. Hay que plantear una democracia del siglo XXI, hay que dotar a este país de herramientas que le permitan salir de la inconsciencia de los retrocesos, hay que extinguir la mirada biliosa. Aquí lo que cabe es reconstruir las ideas, darle una patada en el trasero a la Venezuela decimonónica y a la Venezuela “sesentona” para hacerle comprender que estamos en el siglo XXI. Este país necesita pensamiento, no abajo-firmantes; esta nación necesita quien la tiente a la grandeza de espíritu, no amodorrados en silencio; este país necesita quien proyecte un nuevo sistema político, no quienes vengan a repetir el viejo lenguaje podrido o a convertirnos en objetos de estudio psiquiátrico. Ello implica abandonar viejos temas que se insisten en poner sobre el tapete evitando una discusión seria sobre los nuevos modos del deber ser del cuerpo social.

teodulolopezm@yahoo.com

Estados Unidos desconfía de su clase política

El 75% de los estadounidenses no confía en la capacidad de su clase política para superar la situación económica que atraviesa el país, según una encuesta que publica hoy el periódico The Washington Post. Casi 8 de cada 10 preguntados aseguraron sentirse insatisfechos con el sistema político, una cifra que ha ido creciendo desde finales de 2009.
• El 75% de los estadounidenses no confía en la capacidad de su clase política para superar la situación económica que atraviesa el país, según una encuesta que publica hoy el periódico The Washington Post.

Tres cuartas partes de los encuestados consideran que las medidas políticas actuales son “inestables e ineficaces” y sólo un 25% de la población cree que el Gobierno federal puede solucionar los problemas económicos que atraviesa la nación.
La mayoría de los estadounidenses preguntados manifestó su oposición al reciente compromiso sobre el techo de la deuda, ratificado el 2 de agosto por el presidente Barack Obama y que determina reducir el gasto público del país entre los 2,1 y los 2,4 billones de dólares a lo largo de la próxima década.
El mayor rechazo proviene de los republicanos, pero la mayoría de los votantes independientes también se opone al acuerdo, mientras que los demócratas están divididos en el asunto.

La confianza de los ciudadanos en el Gobierno ha descendido 21 puntos desde octubre de 2010. Según la encuesta, cuatro de cada diez personas no confían en el Gobierno federal para solucionar la situación económica.
Casi 8 de cada 10 preguntados aseguraron sentirse insatisfechos con el sistema político, una cifra que ha ido creciendo constantemente desde finales de 2009.
La mitad de la población está de acuerdo con la decisión de la agencia Standard & Poor’s, que rebajó la calificación del crédito de Estados Unidos de AAA -la máxima posible- a AA+ por primera vez en la historia.

El malestar de la población se divide de una manera muy equitativa, ya que el 30% culpa a los demócratas y a la administración del presidente Barack Obama de los problemas económicos, otro 30% a los republicanos y un 32% dice culpar a ambos partidos por igual.
Según el estudio del The Washington Post, la confianza en que Obama tome las decisiones correctas sobre la economía del país se ha reducido en 10 puntos desde el pasado enero, hasta bajar a un 33 %.

La confianza en los republicanos, que en esa fecha se encontraba en 35 puntos porcentuales ahora ha bajado a los 18.
Entre todos estos datos que reflejan el pesimismo de los estadounidenses, hay una cifra positiva que se mantiene desde el último trimestre de 2010, y es que un 77% del país considera que pese a la situación económica, Estados Unidos continúa teniendo el mejor sistema de gobierno del mundo.
La encuesta publicada hoy por The Washington Post fue elaborada por teléfono el 9 de agosto, con 601 entrevistas, y tiene un margen de error de +/- 4,5%

Indignados israelíes, indignaos de verdad

Teódulo López Meléndez

Si en algún lugar debían aparecer “indignados” era en Israel. Hay razones suficientes para un enojo con el gobierno de Benjamín Netanyahu. Y en efecto, aparecieron, reclamando sobre todo por la carestía de las viviendas, por los impuestos y el alto costo de la vida. A medida que pasan los días se suman nuevas demandas sobre asistencia social, educación, salud y política económica, especialmente sobre los salarios.
D
esde el obnubilado poder se responde que se estudiará una respuesta, pero que no se puede distraer fondo alguno de la defensa para atender gastos sociales porque el Estado de Israel quedaría en grave peligro. Uno se pregunta si el “grave peligro”, vista la situación de los países árabes, es la de un pueblo palestino exigiendo a la ONU la creación de su Estado o es que se espera un ataque iraní mientras aumentan los rumores de una decisión israelí de atacar a Irán.

Los “indignados” israelíes deberían, entonces, poner los ojos en la política exterior de su país y encontrar explicaciones a buena parte de la crisis socioeconómica que viven. Habría que recordarles que los palestinos han pedido a las Naciones Unidas el reconocimiento como Estado. Previamente el presidente Obama pidió un regreso de Israel a las fronteras de 1967 lo que provocó una respuesta contundente del parte del gobierno de derecha. Hay que recordar que todos los judíos del mundo no caben en Israel y que las decisiones del Consejo de Seguridad son abundantes y precisas, todas incumplidas. Ya más de cien países reconocen a Palestina como Estado, pero recordemos a los “indignados israelíes las resoluciones mencionadas.

La resolución 181 del 29 de noviembre de 147 que recomendaba la partición de Palestina en un Estado judío, un Estado árabe y una zona bajo régimen internacional particular. 14.000 km², con 558.000 judíos y 405.000 árabes para el Estado judío, 11.500 km², con 804.000 árabes y 10.000 judíos para el Estado árabe, 106.000 árabes y 100.000 judíos para la zona bajo control internacional que comprende los Santos Lugares, Jerusalén y Belén. Entre los dos estados se debe establecer una unión económica, aduanera y monetaria. Jamás aplicada, el Estado de Israel fue proclamado el 15 de mayo de 1948 y seis meses después comenzaba la primera guerra árabe-israelí.

La resolución 194, del 11 de diciembre de 1948, de la Asamblea General, que decidió, a consecuencia de la expulsión forzada de centenares de miles de palestinos: “que hay lugar para permitir a los refugiados que lo deseen regresar a sus hogares lo más pronto posible y vivir en paz con sus vecinos, y que se deben pagar indemnizaciones a título de compensación por los bienes de aquellos que decidan no regresar a sus hogares y por todos los bienes que hayan sido perdidos o dañado, en virtud de los principios del derecho internacional o en equidad, esta pérdida o este daño debe ser reparado por los gobiernos o autoridades responsables”.

La resolución 242, del Consejo de Seguridad del 22 de noviembre de 1967, seis meses después de la guerra de los seis días, la resolución “exige la instauración de una paz justa y perdurable en Oriente Medio”, que pasa por “la retirada del ejército israelí de territorios ocupados durante el reciente conflicto” y el “respeto y reconocimiento de la soberanía y la integridad territorial y la independencia política de cada Estado de la región, y su derecho a vivir en paz en el interior de fronteras reconocidas y seguras, al abrigo de amenazas y actos de fuerza”. La versión inglesa es más ambigua, habla de los “territorios” lo que probablemente podemos traducir como “el territorio”. Esta resolución, permanece en todas las negociaciones posteriores, sentando las bases de la paz en el Oriente Medio: la evacuación de Israel de los territorios ocupados y el reconocimiento por los Estados árabes del derecho de Israel a la paz dentro de unas fronteras estables.

La resolución 446, del Consejo de Seguridad del 22 de marzo de 1979, declara que la creación de asentamientos por parte de Israel en los territorios árabes ocupados desde 1967 no tiene validez legal y constituye un serio obstáculo para el logro de una paz completa, justa y duradera en el Oriente Medio. Además, exhorta a Israel para que, como potencia ocupante, respete escrupulosamente el Convenio de Ginebra relativo a la protección de personas civiles en tiempo de guerra, rescinda sus medidas anteriores y “desista de adoptar medida alguna que ocasione el cambio del estatuto jurídico y la naturaleza geográfica y que afecte apreciablemente la composición demográfica de los territorios árabes ocupados desde 1967, incluso Jerusalén, y, en particular, que no traslade partes de su propia población civil a los territorios árabes ocupados”.

La resolución 478, del Consejo de Seguridad del 20 de agosto de 1980, que considera la decisión israelí de ocupar Jerusalén como violación del Derecho Internacional y determina que la Ley de Jerusalén y todas las demás medidas y actos legislativos y administrativos adoptados por Israel, la potencia ocupante, que han alterado o pretendan alterar el carácter y el estatuto de Jerusalén “son nulos y carentes de valor y deben dejarse sin efecto inmediatamente”.

Habría que recordarles a los “indignados” israelíes los sucesivos fracasos de las negociaciones bilaterales, el mantenimiento de la construcción de asentamientos ilegales en territorio palestino, el bloqueo de Gaza y, finalmente, que los palestinos han decidido presentar su solicitud ante las Naciones Unidas en procura de un Estado.

Agotadas, como están, otras vías, Palestina intenta su declaración unilateral de independencia con las fronteras de 1967 a Naciones Unidas. Será un simple gesto, pero se conseguirá una mayor presión internacional, pues ella seguramente irá acompañada de una resistencia no violenta, de manera que veremos a los soldados israelíes contra manifestantes pacíficos batiendo sobre la conciencia del mundo y en especial de los norteamericanos.

Entendemos que la propaganda puede hacer de los manifestantes unos violentos o simplemente provocarlos hasta que se conviertan en ello, pero el asunto aún más grave es que si Israel persiste en sus asentamientos en Cisjordania se hará prácticamente imposible la separación de los dos Estados y para los árabes que allí están la única salida sería hacerse ciudadanos israelíes y entonces no habría el Estado Judío de Israel pues la mayoría sería árabe, a menos que se recurriera a un apartheid a la sudafricana. Los gobernantes en Tel Aviv aún se cierran sobre el entendimiento entre la autoridad palestina y Hamas, como algo inaceptable, pero lo que no aceptan es que era necesaria una reconciliación entre las facciones palestinas.

Como ya hemos dicho la iniciativa no concluirá con la creación del Estado Palestino porque no basta la declaratoria abrumadora de la Asamblea General, dado que se requiere la aprobación del Consejo de Seguridad. Quizás veamos a los Estados Unidos ejerciendo su derecho al veto. Mientras tanto, Israel mantiene una intensa campaña diplomática ante la proximidad de septiembre, uno que ya se califica de “negro”. Desde el Ministerio de Relaciones Exteriores se han cursado instrucciones para presionar a países y medios de comunicación con el mensaje de que si la ONU adopta el camino solicitado por Palestina se hará definitivamente imposible la tesis de los dos Estados. Del lado Palestino el temor está en que una abrumadora votación a favor despierte las celebraciones, acompañadas de la frustración, y que los planes de resistencia pacífica se conviertan en una nueva intifada. Por su parte, Israel ha ido pasando a la amenazas, a la ONU y a la Unión Europea, una que anuncian será de “medidas unilaterales” sin precisar. Es posible anexe grandes bloques de asentamientos israelíes construidos ilegalmente en la Cisjordania ocupada.

Quizás la solución a esta crisis sólo pueda venir desde el interior de Israel, de una decisión de su pueblo de vivir y convivir con el pueblo palestino amparado por el paraguas jurídico de un Estado. Deberían indignarse los israelíes por algo más que sus salarios, por el costo de la vida y por el precio de sus viviendas. Deberían indignarse por las tropelías de su gobierno contra un pueblo oprimido. Entre pueblos deberían entenderse. De allí que hay que pedirle a los “indignados” israelíes que se indignen de verdad.

teodulolopezm@yahoo.com

La solución de Gerald Celente*: Lo que cambia todas las reglas de juego del siglo XXI

De: Jornal de Verano

Después de leer el recientemente aparecido Jornal de Verano sobre Tendencias1, ningún periodista responsable podrá con la conciencia tranquila presentar a Gerald Celente como portador de “pornografía del pesimismo”, “deprimido y pronosticador del apocalipsis” o “alarmista”.

Celente continuará aclarando que los “días felices” no retornarán pronto. Continuará explicando que, pese al acuerdo en temas presupuestales, ni los remedios rápidos de la Reserva Federal ni los planes de Washington D. C. pueden revertir el rumbo de una economía encaminada a la “depresión más grande de todas”. Ningún milagro bipartidario eliminara el déficit presupuestal o el del comercio (exportaciones-importaciones) ni restablecerá el dólar a su antigua gloria, ni hará que regresen los puestos de trabajo perdidos con industrias que se fueron a China, India o México.

La crisis financiera de Europa es igualmente crítica. Y las políticas de rescate financiero de la Unión Europea, del FMI y del Banco Central Europeo resultarán tan inefectivas como la de los EE. UU.; estas advertencias no son “alarmismo” o “pesimismo”, son solamente un asunto de sacar las conclusiones lógicas a partir de los hechos y de datos incontrovertibles.

Sin embargo, incluso con un enorme derrumbe financiero ante nosotros, Celente está convencido de que hay base para esperar en el largo plazo resultados positivos en la economía mundial. El potencial cambio total en las reglas de juego2 radica en el extendido reconocimiento de que la forma de pensar y políticas propias de la Revolución Industrial no tendrán resultado —no pueden tenerlo— en un mundo del siglo XXI.

“No es solo la economía modelo T3 que está pasada de moda, también lo están nuestro tratamiento de la educación, la salud pública, la política y, sí, los militares”, dice Celente. “El antiguo adagio ‘Los generales combaten la última guerra’ es tan válido como siempre lo fue. Aunque la tecnología puede haber cambiado, no ha ocurrido lo mismo con la forma de pensar. El convencimiento de que la fuerza bruta puede imponerse en un país bajo ocupación militar y defendido por guerrilleros ha demostrado ser un fracaso que cuesta billones de dólares y dura una década. Sin embargo, aun cuando las guerras empezadas hace años continúan sin victoria a la vista, empiezan nuevas guerras como la ‘Operación Alborada de la Odisea’ desatada contra Libia hace cinco meses, una ‘acción militar kinética’ que debía concluir en ‘días, no en semanas’”.

La solución de Celente es la democracia directa: “El ‘sistema’ de gobierno y político que rige en los EE. UU. y en muchas partes del mundo es obsoleto y no tiene remedio. Los ineptos generales que han planeado guerras que son causas perdidas tienen su imagen reflejada como en un espejo en los senadores y representantes4 enfrentados en permanente pleito. Cualquiera que haya visto durante semanas el espectáculo transmitido en vivo ‘Batalla de la Argolla Congresal por el Presupuesto’ de la Federación de Lucha Libre de Washington y aún confíe en el buen juicio de los políticos es o bien un iluso, o bien alguien ideológicamente prisionero”, dice Celente.

Sin embargo, es un hecho innegable que los 535 miembros electos del Congreso, a pesar de su incompetencia, aprueban leyes que controlan las vidas de más de 300 millones de ciudadanos. “El problema no sólo está en los números”, afirma Celente, “es que la ‘Banda de los 535’ representa a lobbistas y a los que pagan las campañas electorales, no a los electores a quienes ellos alegan representar. La ‘democracia representativa’ es un cruel timo: no es ‘representativa’ ni ‘democrática’, y la gente está empezando a darse cuenta de ello. Encuestas demuestran que solo el 17 por ciento de posibles votantes estadounidenses dicen que el país se encamina en la dirección correcta, mientras que 46 por ciento cree que la mayoría de los miembros del Congreso son corruptos.

“En esas percepciones y creencias está la posibilidad de cambio, cambio verdadero, no el cambio que propone Obama. Como dijo Víctor Hugo, ‘Ningún ejército del mundo puede vencer una idea cuya hora ha llegado’. Yo creo que la ‘idea’ es la Democracia Directa, y creo que ha llegado la hora para que todo el mundo quite el poder de las manos de las mafias políticas que gobiernan y lo ponga en manos del pueblo. ‘¡Que vote el pueblo!’”
¿Puede realmente funcionar con éxito la democracia directa? ¡Funciona en Suiza! Pero ¿es un sustituto viable y realista de las muchas democracias representativas que, en la práctica, no son democráticas en absoluto? ¿O terminaría en un gobierno de las mafias?

¿Puede realmente la democracia directa ser “El Cambio Total de las Reglas en el Mundo”? Para una visión interna de la tendencia que ya está generando una ola internacional de interés y para tomar conocimiento de muchas otras megatendencias que se exponen en el Jornal de Tendencias de Verano, Ud. puede entrevistar a Gerald Celente.
______________________
* Analista estadounidense de tendencias económicas, sociales, políticas y geopolíticas, director del Trends Research Institute (Instituto de Investigación de Tendencias), cuya dirección de internet es http://www.trendsresearch.com/index.php. Pronosticó con precisión la disolución de la Unión Soviética y la crisis económico-financiera de 2008. Ahora está advirtiendo sobre una grave depresión más fuerte que la de 1929 que puede abatirse sobre los EE. UU. en 201

Candidatos o textos duplicados

Teódulo López Meléndez

Las fuerzas que se enfrentan son como la uña y la carne. Tal como lo dice Deleuze conforman una unidad de acción y reacción, lo que comienza a explicarnos la triste historia de la cándida Eréndida y de su abuela desalmada. Jürgen Habermas nos ha dicho que todo sistema discursivo está de hecho distorsionado, fundamentalmente por la influencia del poder político. De esta manera la forma como habla ese poder se introduce en nuestro lenguaje cotidiano en tal manera que las barbaridades nos parecen sujetas estrictamente a la normalidad y nos asemejan a un hecho de justeza.

Citar a Habermas y a Deleuze, es un pequeño ejercicio para la visión binocular de un país atarantado, puesto que esta intercomunicación distorsionada que nos muestra el maestro suizo desbarata los restos de racionalidad que uno podría suponer aún entre tanto repetidor de la normativa impuesta por la parte dominante del cuerpo.

Se trata de una formación ideológica que se clausura, que se cierra sobre sí misma, imposibilitando de ese modo la existencia de toda posición “exterior” a ella. El “universo del discurso” se percibe y funciona entonces como efectivamente universal: fuera de ese “universo” no hay nada, solo vacío. Adviene, entonces, el comportamiento neurótico de un cuerpo social que parece impedido de encontrar su propia formación y sus propios órganos exteriores. Se alimenta de las ilusiones y se solaza en límites que harían apelar a Freud, sólo que podría romperse el saco si lo incluyésemos, saco ya lleno con Habermas y Deleuze.

Las contradicciones patológicas debemos atribuírselas al mensaje de la parte dominante que ha sido asumida por la parte dominada. Los estudiosos aseguran que el organismo habla y que se puede proclamar la defensa de algo mientras se hace exactamente lo contrario, mutilar lo que se dice defender. He hablado de la desaparición de palabras como significado y significante, pero me veo obligado a mencionar las “condiciones genéticas del desvelamiento del significado”, lo que podríamos traducir como la necesidad de rectificar este texto distorsionado que es la Venezuela de hoy y hacer algunas referencias concretas a esta distorsión textual.

De aquí es necesario precisar que los candidatos no son más que un producto del monopolio totalitario concedido a los partidos políticos para postular y que, en consecuencia, no son más que unos instrumentos circunstanciales que el país puede usar como tales para un momento puntual que llamaremos espacio de simulación democrática de la dictadura. No encarnan el futuro porque son una expresión distorsionada, son lagunas, repeticiones, omisiones y ambigüedades. Podríamos, de esta manera, decir que son textos duplicados de las viejas maneras de ser parlamentario, puesto que alegan en sus afiches “somos mayoría”, lo que equivale a motivaciones inconscientes tras un disfraz simbólico, más o menos lo que le ocurrió a la mal llamada cuarta república cuando se estaba hundiendo en el tremedal autocausado y se montó en un caballo a recorrer sus propias condiciones de producción.

Considerados como una inflexión obligatoria debemos precisar que no son el futuro y que ni siquiera alcanzan el grado que llamaremos transición. Una distorsión textual no puede encarnar el lenguaje del tiempo por venir. Está condenada a su relación de cuerpo único con la fuerza dominante, lo que implica que cuando la fuerza activa desaparezca la fuerza reactiva partirá con ella.

En consecuencia podemos definir el momento como un lapsus lingüístico que habrá que suplantar con la producción de nuevos significados. La obligatoriedad a la que hemos sido sometidos la cobraremos con ese extraordinario producto que llaman “lápiz corrector blanco” y sobre el residuo áspero escribiremos la historia que vendrá.

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