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Democracia siglo XXI

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septiembre 2014

Venezuela 2014: El año duro

Nuevo e-book de Teódulo López Meléndez

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http://es.scribd.com/doc/241376526/Venezuela-2014-El-ano-duro-docx 

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Ocultar el problema no lo resuelve

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Alberto Medina Méndez

La eterna mirada de corto plazo, las interminables urgencias electorales y la imperiosa necesidad de sostener poder, vienen empujando a los gobiernos y a la política a disfrazar la realidad para no quedar exageradamente expuestos. Apelan con convicción a deformar las cifras, implementar normas y confundir a toda la sociedad para lograr sus objetivos.

Muchos dirigentes políticos piensan que su tarea consiste en esconder problemas, justamente porque estos pueden ser ocultados indefinidamente. Siguen apostando a la dinámica que les propone esa vieja estrategia que dice que lo que no se puede visualizar, no existe.

El recurso más común, aunque no el único, reside en manipular las estadísticas. El objetivo central es que “el termómetro” no alerte sobre la presencia de la fiebre, o si lo hace, que parezca algo de escasa gravedad.

La leyenda dice que si las cifras no convalidan un suceso, este mágicamente desaparece convirtiéndose entonces en un tema absolutamente subjetivo, opinable, de meras percepciones y sensaciones.

Es imposible dar batalla a los asuntos que preocupan si antes no se sabe su magnitud aproximada y si no se alcanza previamente un diagnóstico afinado que permita saber como enfrentarlo con cierta chance de éxito.

Algunos gobernantes han decidido deliberadamente silenciar las dificultades, ponerlas bajo la alfombra y que no se hagan evidentes. No es que no sepan que la mentira tiene patas cortas y que tarde o temprano la verdad saldrá a la luz, sin que exista modo alguno que evite su visibilidad.

Lo que sucede es que ellos apuestan decididamente al corto plazo. Trabajan para que el obstáculo no los afecte electoralmente en el turno que se acerca. El subsiguiente está demasiado lejos. Más adelante decidirán ocuparse de él o simplemente volver a disimularlo hasta mejor oportunidad.

No es que los políticos realmente crean que el conflicto dejará de estar presente por su simple capricho. Saben que eso no ocurrirá. Para ellos sólo se trata de superar la coyuntura, de patear el inconveniente hacia adelante y no precisamente de invertir energías en solucionarlo.

En general son asuntos complejos, cuya resolución lleva mucho tiempo. Por eso no hacen esfuerzo alguno en solucionar la cuestión de fondo, porque su eventual éxito no podrán capitalizarlo políticamente.

La lógica de la democracia contemporánea obliga a triunfar en cada turno electoral. Siempre la elección más importante es la que viene. Por eso el político sólo intenta superar la coyuntura, sin pretender resolver el aprieto.

Una parte importante de la responsabilidad tiene que ver con una sociedad que también juega ese juego, que permite que la prioridad electoral sea más trascendente que los escollos que propone la cotidianeidad.

La mayoría de la  gente premia con su voto a los que niegan las contrariedades y no a aquellos que deciden exhibirlas. Es por eso que los que ofrecen un mundo color de rosas se ven incentivados a repetir conductas inadecuadas. La sociedad ha caído en la trampa de la “evasión”.

Habrá que asumir que las dificultades están ahí. Una decisión normativa no elimina la pobreza sólo por modificar ciertos parámetros. Tampoco la actitud de no denunciar hace que los niveles de delincuencia disminuyan. La inflación no se reduce porque la lista de productos incluidos en el relevamiento se altere, o porque los algoritmos y ponderaciones se manipulen para minimizar su impacto. Tampoco al impedir que los alumnos tengan puntajes bajos se los convierte en inteligentes o sabios.

Es probable que por ahora triunfe la mezquina modalidad de camuflar problemas. Es posible que los más perversos dirigentes se salgan con la suya durante algún tiempo. Es factible que la gente termine castigando electoralmente a los que les hablan desde la incómoda sinceridad.

Pero no menos cierto es que las sociedades maduran y que, en algún momento, los ciudadanos entenderán que es preferible enfrentar la verdad por dolorosa que sea, a vivir en un mundo irreal plagado de fantasías.

Desde lo estrictamente práctico, lo más relevante pasa por comprender que los tropiezos que no se explicitan, tampoco se atienden. Y que aquellos otros a los que se intenta quitarle relevancia, jamás serán encarados.

Como en la vida misma. Si alguien no identifica un drama, no se ocupará del mismo. Si cree que es insignificante, tampoco merecerá que se le preste demasiada atención. Sólo valdrá la pena ser abordado cuando su existencia obstruya posibilidades futuras o impida seguir adelante con el presente.

Una forma de interrumpir esa inercia es recompensar a los que no eluden la realidad, a los que la describen con crudeza. Son ellos los que podrán diseñar soluciones efectivas, los que se animarán a abordar los asuntos con la seriedad que se merecen. Los otros, los que juegan al ritmo de la democracia electoral, los que se sirven de ella, seguirán funcionando con las crueles reglas de la actualidad, intentando desnaturalizarlo todo, escondiendo las preocupaciones, no porque vivan engañados, sino porque saben que la sociedad los incentivará a recorrer ese camino. Es la gente y no la política la que debe entender que ocultar el problema no lo resuelve.

 

La democracia en el siglo XXI y el Cambio Climático

cambio climático

Gerardo Gil Valdivia

 

En breve, el Secretario General de la ONU, Ban Ki Moon, presidirá una cumbre sobre el cambio climático en la que se espera el anuncio de medidas a tomar en el corto y mediano plazo, para poder alcanzar los objetivos de largo plazo en la materia.

 

Esta cumbre pretende estimular el alcance de los compromisos que se asuman en la conferencia sobre el clima en diciembre en Lima, antesala de la reunión de París, del año próximo, que tratará de establecer un antes y un después en la reducción de emisiones de carbono. También tiene como objeto diseñar los esquemas de apoyo a los más pobres y vulnerables al cambio climático.

 

El quinto informe de Evaluación del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático determina que para mantener el calentamiento global por debajo de los dos grados centígrados a finales del siglo XXI, se deben reducir las emisiones de gases de efecto invernadero o mantenerlas cerca del crecimiento cero.

 

Un objetivo central es proteger a los grupos sociales más vulnerables de las consecuencias del cambio climático que se manifiesta con fenómenos más intensos como las olas de calor, las malas cosechas, las inundaciones o las sequías cada vez más graves, que ponen en riesgo vidas.

De no actuarse ahora, el clima podría sufrir cambios irreversibles afectando a todos los sectores de la sociedad, por lo que es necesario dejar atrás el modelo actual generador de altos niveles de gases de efecto invernadero.

 

Pero el objetivo no debe ser sólo preservar la sustentabilidad de la vida en el planeta sino también mejorar las condiciones sociales a través de la erradicación de la pobreza y lograr un mundo más seguro, con una visión que vaya más allá de la segunda mitad del siglo XXI. Es necesario diseñar un horizonte para que los más de 9 mil millones de habitantes del mundo en 2050, tengan mejores expectativas de vida en un planeta próspero y saludable.

 

En este sentido, vale la pena retomar el impacto que ha tenido el libro de Thomas Piketty: “El Capital en el siglo XXI”, que es expresión de la preocupación internacional por la creciente desigualdad.

 

Los 30 años siguientes al fin de la Segunda Guerra Mundial tuvieron un acelerado crecimiento económico con una prosperidad ampliamente compartida. A partir de la década de los años ochenta del siglo pasado se da un crecimiento más lento y los beneficios se concentran en los grupos con los niveles superiores del ingreso y de la riqueza. Este incremento de la riqueza se da en buena medida como producto de la especulación financiera y en algunos países también la inmobiliaria.

 

El crecimiento de los niveles de desigualdad que se están registrando en varios países desarrollados y en economías emergentes puede afectar no solo el desarrollo sino también a la democracia.

 

Debemos tener reglas de juego claras para retomar el crecimiento económico dinámico y equitativo con cuidado de la naturaleza y el ambiente. Hay que preservar la democracia del siglo XXI para poder tomar decisiones adecuadas para la sustentabilidad y la equidad distributiva. Para preservar el interés general.

 

Fiebre

Fiebre

Teódulo López Meléndez

El joven Miguel Otero Silva bien noveló a la generación del 28 en su novela Fiebre. La calentura, para decirlo en términos coloquiales, es ahora otra, la que invade a unos venezolanos acosados por dengue y chikungunya, mientras no se oye al poeta Pío Tamayo proclamando a la reina libertad sino el llamado angustioso a acetaminafen.

Lo que ahora se escucha es de la eliminación del Ministerio del Ambiente, de la falta de fumigación, de las redes sociales plenas de adoloridos pedidos de auxilio para encontrar alguna medicina. Sairam Rivas, la joven chica de la Escuela de trabajo social de la UCV, sale en libertad, si plenamente se puede llamar tal a la prohibición de hablar.

Quizás deberíamos ir más bien a Casas Muertas, dado el anuncio de la venta de CITGO, del vencimiento de una deuda que es causa para solicitar un procedimiento contra el profesor de Harvard Ricardo Hausmann y del lenguaje altisonante, si lenguaje se puede llamar, que insiste en los manuales periclitados y en las formas económica vencidas. Baste ver que los críticos asomados en el partido de gobierno parecen rectificar pidiendo más socialismo en una especie de asunción de los mitos para regenerarse de sus palabras anteriores.

El país tiene fiebre, una muy alta, una difícil de atacar en medio de la escasez. No hay prevención, pero menos decisión, dado que nos permitimos recordar nuestra solicitud de meses atrás a los usuarios de las redes sociales para que exigiesen fumigación sin que nadie se tomase la molestia o simplemente nuestro texto anterior llamando a una defensa social. El país pareciera acostado soportando la fiebre sin ponerse siquiera compresas aliviadoras.

El país padece de la indolencia, tiene fiebre. El inadmisible uso político de las enfermedades nos ha hecho ver acusaciones al presidente de un Colegio Médico por su simple militancia política o la denuncia reiterada de una nueva conspiración mientras los supuestos golpistas tienen fiebre y el anuncio formal  de que habrá acetaminofen desconociéndose si alguna vez tendremos las medicinas para las diversas enfermedades que padecen los integrantes de cualquier cuerpo social. Hay escasez, pero no de fiebre.

El país está afiebrado, mientras los zancudos pican en repeticiones de constituyente, de elecciones parlamentarias y de aplazamientos. Es que no hay en ninguna parte espirales, tabletas o insecticidas, menos en el campo de la política porque la política tiene fiebre y ya se habituó a las picadas de “país tropical”.

No titularía Otero Silva Oficina No 1. Quizás repetiría aquella travesura de “los tres cochinitos” contra la dictadura militar o invertiría el título de otra de sus novelas para poner “este país llora cuando quiere llorar”.

El país tiene calentura, de esa que tumba, no de la que irrita y mueve a la acción. El país está afiebrado, “tumbado” como coloquialmente se responde cuando se está en la cama golpeado por una enfermedad. El país necesita acetaminofen, antivirales y hasta pastillas anticonceptivas, aunque luzca difícil hacer el amor con un “fiebrón”.

Al país hay que bajarle la fiebre, porque esta fiebre es peligrosa y cobra vidas. Al país hay que medicarlo. Las responsabilidades son obvias, los retardos patentes, las sustituciones de las calenturas por otras de asunción de una defensa absolutamente necesarias. Al país inmóvil le cayó la plaga. El país está enfermo, el país guarda reposo, el país está en la cama.

Quizás Otero Silva, en una reescritura de La piedra que era Cristo volvería a cambiar el ambiente y las parábolas, pero hoy tenemos que decir que el país tiene fiebre porque el país tiene fiebre, sin metáfora, sin parábola y sin imagen.

tlopezmelendez@cantv.net

Movilización mundial para frenar el cambio climático

cambio climático

21 de septiembre 2014

El último informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) es claro y contundente: urge reducir de manera drástica las emisiones de gases invernadero. Más claramente: urge reducir de manera drástica la extracción y quema de combustibles fósiles. No tiene sentido seguir utilizándolos y, mucho menos, seguir buscando yacimientos en los fondos marinos o extraer gas de esquistos mediante la técnica del fracking (fractura hidráulica).

Es hora, por el contrario, de impulsar una profunda transición energética basada en las energías renovables, la eficiencia y el ahorro energético. Una transición necesaria y posible. Así lo han mostrado diversos estudios de resultados convergentes y así se lo ha comunicado al Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, su amplio grupo asesor en energía y cambio climático.

Las resistencias, que están abocando a esta dramática situación, proceden de las grandes corporaciones del sector energético y sectores financieros vinculados, que solo contemplan los beneficios a corto plazo y se niegan a escuchar las fundamentadas recomendaciones de la comunidad científica, presionando a gobiernos y medios de comunicación. Es preciso romper esta dinámica irracional y suicida que nos arrastra aceleradamente al colapso. Se debe y se puede hacer: la convergencia de los estudios científicos y del apoyo ciudadano a los mismos lograron la prohibición del DDT y de otros plaguicidas extremadamente peligrosos, venciendo fuertes resistencias. Y lo mismo sucedió con la substitución de los freones que destruyen la capa de ozono que protege a la biosfera de las radiaciones más agresivas. Podemos y debemos volver a hacerlo.

Ban Ki-moon ha convocado a los líderes mundiales el próximo 23 de septiembre para debatir el último informe del IPCC y crear un clima favorable para que se adopten acuerdos ambiciosos y vinculantes en Paris 2015. Pero la fundamentación científica no basta para vencer las resistencias y las inercias. Se necesita, una vez más, una fuerte presión ciudadana. Eso es lo que se persigue con la propuesta de organizar el domingo 21 de septiembre la mayor movilización mundial por el clima de la historia: miles de marchas y concentraciones, entre otras acciones, por todo el planeta para exigir la adopción urgente de medidas contra el desarreglo climático y a favor de la transición energética. Contribuyamos a que esta movilización mundial por nuestro futuro y el de las próximas generaciones sea un éxito.

Educadores por la sostenibilidad
Boletín Nº 99 12 de septiembre de 2014
http://www.oei.es/decada/boletin099.php

Defensa social

Defensa

Teódulo López Meléndez

Se debe escribir un artículo de opinión mientras se leen las noticias del día sobre las balaceras de la mañana en Caracas y no provoca. Se debe escribir un artículo de opinión mientras las panaderías lanzan alerta sobre sus existencias de harina de trigo y pequeños políticos se tiran de las greñas y no provoca.

A este país la única definición que le es posible es el de uno agredido y cuando un país está siendo agredido por enemigos internos la única posibilidad es organizar una defensa social. Lo hemos planteado repetidas veces a través de las intrascendentes redes sociales. En verdad la defensa individual se ha hecho irrelevante. Si la defensa no es colectiva será inútil.

Tomamos, para ejemplarizar, el caso grave de inexistencia de medicinas y apelamos a una Iglesia para que promoviera su recepción con ayuda de la feligresía y el silencio fue la respuesta. Se debe escribir un artículo de opinión y no provoca.

Sobre lo ocurrido en Maracay hay que esperar informes serios, los que no abundan de ningún lado si uno ve como se utilizan fotografías sacadas de Internet o se ordena promover acciones judiciales contra todos los que informaron sobre el caso. Como se ordena juicio contra un economista por haber realizado un análisis de la situación financiera del país. Todo se resuelve con represión, mientras se acerca octubre, uno que amenaza con convertirse en clave en la historia económica del país.

Para que haya defensa social se requiere partir de la solidaridad. Si ella no preside la acción de este país cristiano no será posible. Se requiere comunicación, una que excede al mero intercambio de información, pues debe ser la identificación de destinos. Y el elemento clave, la voluntad, una que se manifiesta individualmente, pero que no se hace motor del cuerpo social.

Hay que crear líneas de defensa social. Un país agredido debe hacerlo. Entre los agresores el gobierno, uno al que no se le puede creer, pues si dice que en mes y medio se “normalizará” el abastecimiento de medicinas la conclusión será que llegarán algunas para luego desaparecer de nuevo.

Se debe escribir un artículo de opinión para repetirle al país lo que ya se le ha dicho, pero que no internaliza, y no provoca. El país parece cada vez más un campamento en estado de desesperación sin que logre articularse.

El concepto de defensa social es originario del Derecho Penal, pero perfectamente utilizable en el campo de lo social genérico, pues se pena a la transgresión y este es un país transgredido a diario por agentes disolventes que amenazan con conducirlo  a situaciones aún más graves de las que vivimos. El país debe penalizar a los agentes corrosivos.

Organización, voluntad y solidaridad, pero ya hemos mencionado que esos elementos deben obtener como identificación el reconocimiento de destinos. Es precisamente lo que pasa: la ausencia de destinos claramente definidos, pues se trata desde la defensa social amalgamar un nuevo país.

El país está dejando de ser territorio de la materia prima esencial que no es otra que el lenguaje. Aquí puede decirse lo que sea sin que medie una responsabilidad por lo dicho. Hemos devaluado la palabra y el poder se ha convertido en mediocridad extrema garantizada sólo por la orden de proceder contra.

El país es una queja, una solicitud de auxilio, un desgarramiento sin conclusiones. El país debe pasar a ser una defensa social manifestada en cada una de las calamidades que lo acogotan. El país debe defenderse de las agresiones. El país debe tomar aliento y ejercer una legítima defensa. Cuando el país se recuerde de cuáles son las características que lo hacen tal, entonces el lenguaje volverá a merecer la pena.

tlopezmelendez@cantv.net

Escocia decide

Audio de Teódulo López Meléndez

Escocia

 

http://www.ivoox.com/escocia-decide_md_3485481_1.mp3″ <a href=”http://www.ivoox.com/escocia-decide-audios-mp3_rf_3485481_1.html&#8221; title=”Escocia decide”>Ir a descargar</a>

 

Pertinaz confusión

confusión

Alberto Medina Méndez

Varias generaciones persisten en ese error que parece eterno. El desorden conceptual tiende a combinarse con la congoja que propone la coyuntura. Invariablemente, esa situación empuja a actuar, a ejecutar, como si esa postura rectificara los dislates del pasado. Es de gran utilidad pasar a la acción, pero no de cualquier modo. Jamás puede ser esa decisión más importante que definir previamente el rumbo a transitar.

Algunas sociedades deliran creyendo que lo relevante es hacer y que el resto es una cuestión menor, filosófica, abstracta y fundamentalmente intrascendente, sin comprender que nada valioso se puede lograr sin una inteligente y previa fijación de objetivos, sin esa vital claridad conceptual que orienta hacia un propósito. Recién allí el campo de la acción tiene algún sentido. Antes solo consigue dispersar las escasas energías que finalmente conducen a lugares inciertos muy distantes del sueño al que se aspira.

Es recurrente ver este escenario, no solo en la política sino también en la sociedad civil, en las instituciones y en personas que deambulan sin norte, entreteniéndose con maniobras irrelevantes que solo consumen tiempo.

La elección del itinerario es un proceso que puede llevar demasiado y que no necesariamente precisa convivir con la pasividad, pero si requiere de suficiente concentración, de un pormenorizado estudio, de un análisis lúcido y a fondo que permita aclarar los objetivos perseguidos para luego recién seleccionar las herramientas útiles que ayuden a tener el éxito pretendido.

Es allí cuando el sistema de ideas orienta y manda. La escala de valores y las convicciones profundas deben ser la guía irremplazable para no desbarrancar. No es igual ir al norte que al sur, sin embargo algunos siguen creyendo que lo primordial es hacer, no importa que, porqué, ni para qué.

Probablemente las angustias jueguen una mala pasada e inviten a hacerlo todo ahora, sin demasiado criterio. Es posible también que algunos ya no tengan paciencia porque sienten que no tienen fuerzas, que les quedan pocos años de sus vidas, y esperan ingenuamente, ver el resultado de sus ganas en un plazo breve. No han comprendido que las grandes transformaciones llevan tiempo, a veces mucho, y que suelen ser el resultado del complejo esfuerzo de grupos humanos que disponen de una visión aguda, integral, completa y no de intentos aislados caóticos.

Los países del mundo que han logrado triunfar en ciertas cuestiones específicas, se han tomado la tarea de pensar el futuro, de establecer con bastante precisión su horizonte, para recién luego de ese detallado análisis, empezar a diseñar la nómina de tareas a llevar a cabo para conseguirlo, no sin antes relevar las herramientas disponibles y sus posibilidades concretas de alcanzarlo, y así evitar caer en la desilusión que trae consigo el fracaso.

A riesgo de que algunos supongan que se les va la vida, es el momento de tomarse todo con más seriedad y menos improvisación. La salida a cada uno de los grandes problemas que enfrenta la sociedad contemporánea precisa de una previa delimitación del sendero a recorrer y de un razonable consenso acerca de hacia dónde dirigir todos los esfuerzos.

Habrá que serenarse, dejar de lado la infinita ansiedad que plantea trampas de modo permanente y tener la templanza suficiente para que antes de emprender el viaje se pueda determinar el destino pretendido con nitidez.

Si realmente se desean soluciones sustentables y dejar atrás largos años de frustraciones, hay que evitar caer en el zigzagueo interminable que muestra la historia reciente, que no es más que el producto de esa actitud espasmódica de arrancar constantemente hacia cualquier lado y suponer que se está perfectamente encaminado solo porque se hace algo o mucho.

Las sociedades repiten hasta el cansancio las mismas recetas y obviamente obtienen resultados similares. El ciclo se retroalimenta cuando después de haber fracasado, se hacen pequeños giros casi imperceptibles a esa ruta impropia, bajo la infantil pretensión de que esta nueva etapa será sustancialmente mejor, sin darse cuenta que solo han confirmado la dirección para hacer más de lo mismo, reiterando experiencias anteriores.

Es probable que se persista en insistir en este derrotero. Es posible que aún no se haya aprendido la lección. El habitual proceso de negación puede hacer creer que los descalabros son responsabilidad ajena por simples errores de implementación o la presencia de líderes ineficientes, sin registrar que el nudo del problema sigue siendo el incorrecto rumbo elegido.

No solo la clase política, sino fundamentalmente la sociedad, viene transitando esta senda plagada de equivocaciones. Cuando los disparates sirven como paso previo a la elección adecuada, los tropiezos son de gran utilidad. La tragedia actual es que, por ahora, esos errores son solo uno más en la larga lista de inagotables desaciertos, sin que se consideren los reales motivos que explican ese resultado, para finalmente atribuírselo a cualquier cosa que implique no asumir responsabilidades propias.

El gran desafío es reflexionar con grandeza, humildad y con la necesaria sensatez que la inocultable evidencia proporciona. Lo obtenido hasta aquí no es lo esperado. El resultado no es el pretendido. Es hora de renunciar al mal hábito de los incontinentes que quieren hacer lo que sea con tal de arrancar ya mismo, para tomar otra estrategia, detenerse el tiempo que sea necesario, analizar lo sucedido, observar críticamente el presente y cambiar drásticamente la dirección de los esfuerzos.

Está claro que el trayecto elegido no fue el adecuado. Se precisa mucho más que meros retoques para enderezar el rumbo y alcanzar los objetivos. El enorme primer paso que hay que dar es el de la incómoda autocrítica. Luego habrá que dibujar el nuevo norte y entonces encaminar las acciones hacia ese flamante objetivo. Es esencial abandonar esa pertinaz confusión.

albertomedinamendez@gmail.com

Narciso el subsidiado

 Narciso 2

 

Teódulo López Meléndez

La prioridad del régimen es él mismo. Se mira en las aguas procurando mantenerse coherente, tratando de evitar alguna pieza se le desconecte o alguna facción pueda pensar ha llegado el momento de abandonar el hermoso cuerpo del poder.

La Iglesia sale de las catacumbas airada por un “Chávez nuestro” que parece haberla irisado mucha más allá de su deber cívico de pronunciarse sobre la situación del país.

La llamada oposición duerme a la orilla del bosque ya sin mirarse en las aguas bajo un castigo particular de Némesis, la diosa de la venganza, y sólo escucha su propio eco bajo total abandono de la ninfa del mismo nombre.

El discurso al que los venezolanos están habituados es al de la doblez, al del populismo, al de la demagogia. Respuestas no faltan al drama nacional, más bien faltan oídos. Las “verdades” son eternas, pareciera imponer la lógica de la epidemia nacional de “lugarcomunismo”, olvidando que ellas son planteamientos generalmente aceptados que a lo largo de la historia se desploman cuando lo hace la mayoría que las convirtió en Narciso.

La prioridad de cada sector del país es su propio sector, sin que nadie recuerde que su imagen reflejada los obligará a lanzarse a las aguas como consecuencia de tanto amor por sí mismo.

Así, sacudones no son más que anhelos de cohesión interna, sin mirada al bosque donde las penurias de una crisis galopante anida, pero para ello habrá cinco “revoluciones dentro de la revolución” ya que el asunto se trata de hacer la revolución, porque la revolución es bella como Narciso, el mismo que se niega a atender la ninfa de la economía pues miedo le da alguien llegue a ocuparlo por encima de sí mismo. Se le suma que para tal fecha no habrá pobreza, pues haciendo la revolución, revolución habrá.

Los subsidios no son eternos. Pueden y deben aparecer en circunstancias específicas para ser suplantados por empresas focalizadas de producción social, esto es, una preparación previa para luego impulsar el desarrollo sustentable de lo humano. Y vale también para el espíritu, pues la convivencia con quien mantiene subsidios no obvia manifestarse por los presos políticos, por la inflación, por la escasez de alimentos y medicinas, pues habrá que recordar Narciso no es más que un mito.

El lenguaje es la base de todo proceso cognoscitivo. Aquí el discurso parece más bien una letanía, la condena de la ninfa Eco. El discurso obsoleto, la recurrencia sobre el círculo de las pocas palabras de lo “políticamente correcto” es obsolescencia, vencimiento de un tiempo histórico donde hay que insertar otro discurso, pues las estructuras mentales tienen lenguaje y el prevaleciente es tiránico. Con este discurso agotado se reproducirán los mismos resultados y su inmenso árbol caduco impedirá la visión del bosque.

El nuevo discurso no se entiende. Es natural: a los oídos cimentados sólo entra el viejo. Lo importante es que exista un nuevo discurso qué los oídos se enterarán de la existencia de uno. La existencia de otro vocabulario al menos impide el asentamiento definitivo del fracaso. Mientras, “haremos cinco revoluciones”, una multiplicidad revolucionaria, o “llamamos al diálogo gobierno-oposición rezando un Padre Nuestro”  o “protestamos a Nicaragua que ya llegamos al acuerdo de alianza electoral para el 2015”.

Narciso rechaza a diario a su pretendiente país. Esperemos que el país rechazado no se suicide a las puertas de las casas de Narciso. Qué no se repita la versión romana según la cual el vidente Teresias arguyó, frente a la consulta, que Narciso jamás se conocería a sí mismo. No obstante, la versión es ratificada por redes sociales de desahogo incapaces de generar legitimidades sustitutivas de las viejas y sus mitos.

tlopezmelendez@cantv.net

 

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