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Democracia siglo XXI

mes

junio 2009

La incertidumbre sobre Atlas

atlas 1

Teódulo López Meléndez

El hombre de inicios del siglo XXI está sembrado en la incertidumbre.  El paso de la primera década ha sembrado, aún más, la incredulidad, la perplejidad y la ausencia. No tiene que ver sólo con que hemos vivido la primera gran crisis económica, si bien admitamos que la fractura sistémica de lo económico ha contribuido grandemente con su secuela de aumento de la pobreza, del hambre, del desempleo y de la insolidaridad.

La incertidumbre se hunde más adentro en la medida en que la vida como repetición limita la posibilidad de otras maneras. Las luchas hacia una nueva realidad –admitámoslo- parecen convertirse en una rueda trancada por objetos lanzados a su paso. El hombre parece no encontrar mundo, esto es, siente el agotamiento de la posibilidad de decisión, lo que significa la ausencia de la capacidad de reordenar, de autoconcretarse, de llegar a alguna parte, más cuando el lugar de arribo al que pudiera aspirarse se ve como sumergido en nebulosas y cada día se limita más a la supervivencia cotidiana, o en lo primitivo de las carencias o en el hedonismo adormecedor.

Si bien la incertidumbre ontológica o la incertidumbre social o la incertidumbre económica pueden ser citadas como permanentes compañeras de viaje, ahora, en el fin de esta primera década de un nuevo milenio, como hacía muchísimo tiempo no sucedía, nos encontramos frente a un hombre herido de ausencia de perspectivas y sin estímulos para enfrentar su desnudez. La soledad frente al futuro parece maniatarlo.

Los grandes proyectos quedaron atrás y son mirados con una sonrisa picaresca que expresa aturdimiento, desolación y hasta burla por haberlos concebido. Algunos analistas hablan de un “miedo a la vida”. La globalización encuentra su legitimidad en la simple existencia del proceso, mientras vemos a una Europa vacilante incapaz de darse las formas más avanzadas de su unión. Mientras tanto el Estado-nación vive su crisis y los viejos factores de cohesión se desmoronan. Tanto como los hechos históricos puntuales que nos tocó vivir  a finales del siglo XX, la evaporación de los supuestamente homogéneos cuerpos de doctrinas (ideologías) ha lanzado al vacío a importantes grupos carentes ahora del envoltorio protector, sin que un sano pragmatismo con ideas o de ideas termine por involucrarse en la conducción hacia una meta. La verdad se ha hecho, cada vez más, el viejo concepto nietzscheano.

El pragmatismo no puede ser leído como negación de lo utópico, más bien como el desatar de una imaginación sin carriles, entubamiento o corsés de ortodoxia. El pragmatismo con ideas que reclamo como motor alterno al movimiento humano lo concibo como un desafío novedoso al hombre como sujeto y actor de la cultura, como aquel –como tantas veces se ha dicho- que se empeña en dejar huella. La nanotecnología y la robótica en general, el apoltronamiento frente a la pantalla, la inmovilidad del trayecto pueden conducirnos a grandes cambios físicos, es cierto, pero en lo humano sigue sembrándose el único interés posible.

En la política conseguimos uno de los factores claves de la incertidumbre del hombre posmoderno. La política de la modernidad se agotó y con ella la forma claramente preferida, esto es, la democracia, dejando el vacío presente que no logra llenar la globalización ni sus manifestaciones parciales de integraciones regionales. El poder, por su parte, se ha hecho vacuo, es decir, inútil arrastrando consigo a las luchas por obtenerlo, como es lógico en todo proceso de degradación. Ya el hombre no mira a las formas políticas de organización social como paradigma emergente que siembre la posibilidad de un objetivo a alcanzar. Si bien la globalización presenta un salto –uno como el tránsito de las sociedades agrícolas a las urbanas-  carece del envoltorio de las ideas convirtiéndose en praxis realizada. El hombre de esta primera década del nuevo milenio ha vivido de espasmos o de convulsiones sin conseguir un nuevo envoltorio protector, a pesar del resurgimiento de lo local como nuevo ámbito que suministra un mínimo de preservación. Aún así, la destrucción de los viejos hábitats cuidadores de envoltorio contribuye a la incertidumbre, tanto la ausencia de protector envolvente como la ausencia de desafíos emocionantes. Ya he dicho de la ruptura del tiempo-espacio y de la desaparición de la distancia como elementos inmovilizadores a la par que suministradores de soledad y aislamiento y el hombre solo vive las consecuencias atormentadoras de la falta de los enlaces sociales, ahora reducidos al mínimo, como el pequeño grupo de amigos o la pequeña red de intereses comunes compartidos.

Quizás como nunca hemos dejado atrás el pasado sin que exista un presente, todo bajo la paradoja de un futuro que nos alcanzó con sus innovaciones tecnológicas de comunicación que hoy se han convertido en nuevos símbolos de status. La ausencia de verdades proclama como necesaria la reinvención del hombre, de uno que se debate entre una mirada resignada y un temor hasta ahora intraducible a acción creadora. La globalización presenta el desafío también como global, como uno que excede a razas, geografías, pobreza o riqueza, nacionalidades o religiones. Una unión paradójica –podemos admitirlo- o una unión desigual o una unión de grandes contradicciones y de conflictos a los cuales no debemos temer.

Los envoltorios protectores se diluyeron cual bolsas de plástico biodegradable. Las soluciones a las interrogantes se evaporaron. El hombre perplejo e incierto ahora ha descubierto que lo creado no era un eternum sino una contingencia histórica, un momento –tanto como puede concebirse un momento en la historia humana- y que en consecuencia se traslada al pasado. El peligro inminente es un nuevo poder totalitario que se aproveche de la incertidumbre. El peligro inminente es la pérdida de la voluntad de un hombre que preferiría dejarse dirigir antes que desafiar de nuevo al pensamiento.

El deterioro de lo social-político refuerza pues al hombre posmoderno en la incertidumbre. El depositario mismo y real del poder se ha hecho indefinible. El temor por el futuro colectivo se convierte –otra paradoja- en una angustia personalizada de autoescondite. Ante la falta de protección suplicamos por una, encerrados en envoltorios de fragilidad pasmosa. El hampa desatada –también un  fenómeno global, aunque en algunas partes cohacedora del necesario temor para el desarrollo de una revolución- incrementa de manera notable la inseguridad general que hemos llamado incertidumbre. Asistimos, entonces y como parte de la ruleta, con factores que siembran incertidumbre en procura de una legitimación falsa. Las acciones colectivas se tornan cada día más difíciles y que sólo vemos ante trastoques políticos puntuales, ante amenazas puntuales, y que de origen están condenadas a apagarse, como hemos sido testigos en los meses recientes.

Las fábricas de incertidumbre son las nuevas grandes industrias sin chimeneas del mundo posmoderno del siglo XXI y que, en esta primera década, se nos han mostrado tan contaminantes como las peores que aún están con vida y produciendo el calentamiento global. Estas fábricas de incertidumbre son las responsables del enfriamiento global del hombre.

teodulolopezm@yahoo.com

ANARQUÍA, Primer disparador del Caos Social

anarquía

Por Andrés Moreno Arreche

El anarquismo ha penetrado de forma difusa en amplios movimientos sociales informales, implícitamente libertarios, y por otra parte ha marcado con su sello numerosos cambios sociales pero, para cada una de las transformaciones de carácter libertario en las que podamos pensar es fácil citar decenas de micro- evoluciones que van en un sentido explícita o implícitamente totalitario, la sociedad parece desplazarse más bien en dirección a una reducción que hacia un incremento de las libertades y de las autonomías básicas.

Para que la anarquía evolucione desde la instancia de ‘disparador’ del caos social hacia la de ‘reconstructor’ de la sociedad (que es lo que, en esencia  han planteado los anarquistas a lo largo de la historia) es imperativo re-contextualizar un conjunto de temas, que son pre identificados como tabúes y  cuya carga ideológica y emocional bloquea cualquier posibilidad de reflexión. Este exorcismo conceptual es tanto más necesario cuanto que se trata precisamente de temas constitutivos y fundamentales del pensamiento anarquista.

¿Qué relación tiene la anarquía con el concepto de poder social? Para muchos sólo se puede formular en términos de negación, de exclusión, de rechazo, de oposición, o incluso de antinomia.

En este ensayo nos proponemos examinar qué es y en qué consiste la anarquía como ‘disparador’ de caos social; la forma en que las crisis económicas y políticas instrumentalizan la anarquía en los conglomerados sociales, para definir un aspecto crucial del caos social: ¿Dinamiza o frena a las sociedades?  También nos  adentraremos en el marco histórico para identificar los ‘disparadores caóticos’ más comunes y recurrentes de la anarquía en la evolución de las sociedades.

4.- Un comienzo totalmente anárquico

Nada como un ejemplo para graficar un concepto. Por eso comienzo por el final (el epígrafe 4), y no por el principio que usted se esperaba, el de las definiciones y el repaso histórico. Eso, lamentablemente no lo va a conseguir en este epígrafe. Si quiere, diríjase al último de este Capítulo, que es el A o el III, no estoy seguro, o evítese la molestia y el tiempo de buscarlo y quédese en este mal-ubicado epígrafe 4, o cierre el libro (o la pantalla, o la página) y dedíquese a leer otra cosa, o… tal vez usted sea tan anárquico como yo y prefiera ir en contra del anarquismo endógeno y subjetivo y prosiga con la lectura de este comienzo totalmente anárquico.

Así es, exageraciones aparte, la graficación más común de lo que es ser un ‘anárquico’. Yo suelo explicitarlo en mis conferencias con este otro ejemplo: Imagínese que yo lo reto a usted y a sus amigos a confrontar nuestras diferencias (cualquiera, escoja usted alguna) con un encuentro deportivo el próximo fin de semana. Suponga que en la confrontación de las ideas hayamos quedado ‘empatados’ (duce’ dicen en el Tenis… safe en beisbol… ‘igualados a x tantos manifiestan los fanáticos del fútbol) y acordemos dirimir nuestras diferencias con un juego. Asumamos que es de fútbol (balompié o soccer), y no es porque yo sea fanático de ese deporte (honor a la verdad, el único deporte que me apasiona es la lectura) pero lo tomo como ejemplo porque, aseguran los cronistas especializados en el tema, es el deporte de mayor popularidad en el mundo y al seleccionarlo aumento las probabilidades de que usted se sienta ‘identificado’ con el ejemplo y motivado a seguirme con el planteamiento.

Llega el ansiado domingo. Son las 9:30 de la mañana y hace más o menos media hora que usted y sus compañeros de juego están practicando con una pelota ‘de estreno’, a la espera de nuestra llegada. Hoy también estrenan uniforme pues la ocasión, alegó usted, lo ameritaba. No todos los días uno se enfrenta deportivamente, dijo usted, con el escritor de un libro, su editor y los impresores. Y allá lo encontramos a usted con sus amigos, frente a una de las dos porterías, practicando ‘chuts’ al arco y a un costado del bien cuidado gramado del campo de fútbol, un entrenador amigo suyo con dos sus de sus mejores jugadores, a quienes está recordando jugadas y movimientos tácticos para infringirnos una descomunal derrota. Nuestra llegada interrumpe la práctica y produce un desconcierto en ustedes:

Dos de nosotros venimos ataviados con los uniformes y los implementos para jugar Hockey sobre grama. Tres vienen elegantemente vestidos para un torneo de golf (con sus respectivos ‘caddies’) y los restantes nueve (Si, somos numéricamente más que ustedes) llegan luciendo con orgullo el uniforme y los implementos ‘originales’ de Los Leones del Caracas, una de las franquicias  de béisbol de mayor abolengo en Venezuela. Nos acompañan los cuatro árbitros que dirigirán el enfrentamiento: Un linier de fútbol, un ‘coach-ball’ de hockey, un Chief-Umpire de las ligas menores de Los Criollitos de Venezuela y un árbitro de boxeo internacional, colegiado por la Asociación Mundial de Boxeo Amateur.

De inmediato yo lo conmino a discutir conmigo las ‘reglas’ del enfrentamiento deportivo bajo la supervisión (y aprobación tácita) de los cuatro árbitros, mientras mis compañeros de juego ‘calientan’ el cuerpo con jugadas e intercambio de pelotas propias de cada una de las tres disciplinas deportivas. ¿Cuál, cree usted, que sería su primera reacción? ¿Y la de sus compañeros de equipo? Y si después de la sorpresa y las risas iniciales yo le insisto, muy seriamente, en que debemos discutir ‘las reglas’ para un enfrentamiento de sólo ‘tres innings’ y máximo de cinco goles, en los que estará ‘prohibido-por-regla’ la aproximación por un ‘berdie’ y que un ‘hoyo-en-uno’ equivale a dos carreras… ¿Qué me diría? ¿Cuál sería su reacción?  ¿Aceptarían jugar o…?

Si, tiene razón: Ese juego sería una anarquía total. Una anarquía pero no un desorden; tal vez un desconcierto que plantea desde sus inicios una crisis: ¿Jugarán? ¿Es esto ‘un chiste’ o una competencia seria? ¿Nos burlamos de ustedes, o es que ustedes desconocen la potencialidad de cualquier crisis –como ésta- para provocar un caos? Pero esa crisis anuncia otra, profundamente conceptual: ¿La crisis antecede a la anarquía o es la anarquía el detonante de la crisis? Dejemos de un lado lo significante del juego, que al final de cuentas, ustedes jamás iban a jugar por tratarse de un evento ‘caótico’ (por lo anárquico de su planteamiento) y vayamos hacia el análisis del significado: El rol de la anarquía en los procesos deconstructivos y reconstructivos de las sociedades humanas, y su papel estelar como generador del caos social y como producto del caos.

Deconstrucción social

Por definición, por acción y por objetivos, toda anarquía, entendida como conducta que refleja un proceso ideológico, es en esencia deconstructiva. La definición operativa de anarquismo comúnmente aceptada, precisa que el anarquismo es…”una expresión política antagónica con cualquier sistema de dominación”, una definición que de entrada deconstruye a partir de procesos históricos y acumulaciones metafóricas (con referencias a los conceptos ‘nihilismo’ y ‘acracia’), mostrando que lo claro y evidente dista de serlo.  La deconstrucción, concepto introducido por el filósofo postestructuralista francés Jacques Derridá[1],  surge del método implícito en los análisis del pensador alemán Martin Heidegger[2], fundamentalmente en sus análisis etimológicos de la historia de la filosofía.

El término desconstrucción es la traducción que propone Derridá del término alemán Destruktion, que Heidegger emplea en su libro Ser y tiempo. Derridá estima esta traducción como más pertinente que la traducción clásica de ‘destrucción’ en la medida en que no se trata tanto, dentro de la deconstrucción de la metafísica, de la reducción a la nada, como de mostrar cómo ella se ha abatido. En Heidegger la destruktion conduce al concepto de tiempo; ella debe velar por algunas etapas sucesivas la experiencia del tiempo que ha sido recubierta por la metafísica haciendo olvidar el sentido originario del ser como ser temporal. Las tres etapas de esta deconstrucción se siguen en busca de la historia:

La doctrina kantiana del esquematismo y el tiempo como etapa prealable de una problemática de la temporalidad;

El fundamento ontológico del cogito ergo sum de Descartes y la retoma de la ontología medieval dentro de la problemática de la res cogitans;

El tratado de Aristóteles sobre el tiempo como discrimen de la base fenoménica y de los límites de la ontología antigua.

La deconstrucción no debe ser considerada como una teoría de crítica literaria ni mucho menos como una filosofía. La deconstrucción es en realidad una estrategia, una nueva práctica de lectura, un archipiélago de actitudes ante el texto. Investiga las condiciones de posibilidad de los sistemas conceptuales de la filosofía pero no debe ser confundida con una búsqueda de las condiciones trascendentales de la posibilidad del conocimiento. La deconstrucción revisa y disuelve el canon en una negación absoluta de significado pero no propone un modelo orgánico alternativo.

La mayoría de los anarquistas y algunos autores de la Escuela de Frankfurt[3] consideran que los modelos de comunicación de masas contribuyen a bloquear la dinámica de los cambios sociales, al convertirse en poderosos instrumentos de manipulación, a partir de los cuales las ‘clases dominantes’ imponen su ideología a las clases dominadas, en una especie de ‘industria masificada’ de la conciencia. En este contexto, tanto los anarquistas como estos representantes de la Escuela alemana aludida, creen necesario elaborar un discurso alternativo al dominante, como paso necesario para deconstruir los estigmas de la sociedad y reconstruirla a partir de las subjetividades individuales.

Pero la más importante –y profunda- definición de la deconstrucción social la encontramos en la conferencia “Antagonistas en busca del último Imperio del milenio”, dictada por Omar Villota Hurtado en la Vicepresidencia de la República Bolivia – La paz / 28 mayo 2009:

“La vida en el siglo XXI asume como característica la reconstrucción y la deconstrucción social incesante, ocasionada por el aprendizaje continuo y la inestabilidad laboral. Si esa misma concepción filosófica la inmersamos en la tecnología, entonces se hablará ya de ciudadano global y sus ciudades -otrora polis- se habrán convertido en comunidades virtuales. Esto es, personas interesadas en desarrollar intereses comunes utilizando Internet. Se abre, por lo tanto, el espacio desde antagonistas en busca del último Imperio del milenio”.

La revolución de las sexualidades, la integración de ritmos musicales y la arquitectura como corriente de expresión monumental son algunas de las vías más obvias a partir de las que se manifiesta la deconstrucción social; sin embargo, ellas y otras manifestaciones del comportamiento social menos globalizadas  -aunque no menos importantes-  tienen sus orígenes en los mismos fundamentos epistemológicos de la anarquía y un epicentro común: el caos como generador de nuevas e impensables realidades.

A.- La maravillosa anarquía del caos

Iniciamos con una apreciación desconcertante, no tanto por lo que engendra en sí misma, cuanto por quien la profiere: Tomás Ibáñez[4] en la página 33 de su ‘Actualidad del Anarquismo’:

El caos es agobiante e inquietante. Pero también puede ser seductor y excitante. Sin embargo, siempre se nos presenta como inacabado, transitorio; algo que está a la espera de otra cosa. ¿De qué? Pues sencillamente de que aparezca, por fin, un Orden. La calma después de la tormenta. El caos puede ser agradable durante unos instantes, puede ser útil para romper rigideces y para abrir horizontes. Pero el caos permanente es una pesadilla. Frente al caos, el Orden. Cualquier Orden. Frente al tumulto, la tranquila y precisa ordenación de todas las cosas en torno de un claro punto de referencia, de un principio, de una estabilidad… de un Centro”.

El concepto poder y, más concretamente, el concepto poder político es uno de los primeros que no han podido desacralizar los anarquistas y que aún bloquean las oportunidades y las condiciones de una renovación del anarquismo. Es usual observar que ellos recurren a posicionamientos sobre la cuestión del poder como uno de los principales criterios que permiten discriminar entre las posturas libertarias y las que no lo son, porque  el poder constituye el principal elemento diferenciador entre los grados de liberalismo anárquico que presentan los distintos pensamientos socio-ideológicos, así como de las muchas y diferenciadas actitudes sociopolíticas, tanto individuales como colectivas.

Aunque hay aproximaciones entre anarquismo y poder político que parecerían una incongruencia conceptual, pero que desde el fondo rescata las raíces de la participación popular, al mismo tiempo que valida las teorías sobre la liberalidad horizontal del anarquismo. Es la simbiosis anarquismo – poder popular. En efecto, el anarquismo que quiere socializar los medios de producción, también quiere socializar el poder y evitar que éste se convierta en el privilegio de unos pocos. Por eso este movimiento pretende construir un poder colectivo que surja de las relaciones sociales libres y que sólo se conciba en horizontalidad y diversidad.

En principio, la osadía de asociar anarquismo con poder para incluirlos en el mismo título, parece una contradicción irresoluble o una broma de mal gusto hacia cualquier anarquista. Esto, porque el poder es usualmente sinónimo de dominio y el anarquismo sociopolítico, aquel que aboga por una sociedad sin gobierno, rechaza toda forma de autoridad, objeta la imposición de la voluntad propia sobre la de los otros. Sin embargo, ¿Debe el poder ser entendido únicamente como una imposición autoritaria, como un “poder sobre”? ¿No se puede comprender el poder de otra forma, es decir, como un “poder-hacer colectivo”, un “poder-construir en conjunto”?

Anarquía y sociedad participativa:

El término anarquismo abarca una gran cantidad de ideas políticas, aunque quizás la mejor manera de definirla es concibiéndola como “la izquierda de todo movimiento libertario”, visto como una especie de socialismo voluntario, en el que podemos incluir al anarcosindicalismo, y al anarquismo comunista, para no contradecir los postulados de Bakunin[5], ni los de Kropotkin[6], dos grandes pensadores que proponían una forma de sociedad altamente organizada sobre la base de unidades orgánicas o de comunidades orgánicamente anárquicas, cuya manifestación obvia elemental serían el taller y el barrio, y a partir de este par de unidades orgánicas derivar mediante convenios federales una organización social más integrada que podría tener alcances nacionales e internacionales. En esta sociedad participativa, nacida o más bien ‘surgida’ desde los postulados anarquistas  las decisiones a cualquier nivel, habrían de ser tomadas por mayoría y sus delegados representantes tendrían que provenir de su seno, a la cual han de volver y en la que de hecho desarrollan todas sus actividades.

Tradicionalmente, el anarquismo se ha preocupado de las relaciones de poder, explotación y opresión por la economía, dios y el estado. El anarquismo, reducido a su forma más básica, trata de los diferenciales de poder en todas las esferas de la vida y es por ello que una sociedad anarquista pretende buscar valores para la emancipación, instituciones y resultados que eliminen la totalidad de las opresiones. Éste es precisamente el objetivo anarquista de una sociedad participativa: producir la liberación en todas las esferas de la vida. Esta visión de una sociedad fundamentada en la coparticipación está firmemente enraizada en la tradición anarquista.

Han existido sociedades cuantitativamente pequeñas que han logrado realizar el ideal anarquista. El ejemplo tal vez más dramático es el de los kibbutzim israelíes, que durante un largo periodo estuvieron regidos por principios anarquistas, como la  autogestión, el control directo de los trabajadores en toda la gestión de la empresa,  la integración de la agricultura, la industria y los servicios, así como la participación y prestación personales en el autogobierno. Estas estructuras sociales que tuvieron un éxito extraordinario.
Para alcanzar las cotas de éxito de los kibbutzim, los valores societales deben basarse en la solidaridad, la autogestión, la igualdad, y la diversidad. Solidaridad significa preocupación y compasión por los demás. Igualdad significa que la remuneración es equivalente al esfuerzo y al sacrificio. Autogestión es la toma de decisiones en proporción al grado en que afectan al colectivo. Diversidad significa para el anarquista diferentes formas de vivir para poder elegir.
El boceto de una sociedad anarquista y participativa está basado en los anteriores valores de solidaridad, autogestión, diversidad e igualdad. Abarca varias características e instituciones para todas las esferas de la vida como parentescos, cultura, política y economía. Algunas de estas visiones están basadas en bocetos preliminares. Otras, como el modelo de Economía Participativa, están más desarrolladas, con libros escritos sobre el modelo, y también ampliamente expresadas en debates e intercambios; incluso existen organizaciones de activistas e instituciones que son experimentos de  este modelo económico.

¿Todo lo anterior  -me refiero al concepto de sociedad participativa-  tiene un único origen, y este es la anarquía? ¿Puede el comunismo  -como teoría económica y como fundamento político-  propiciar una participación societal más equilibrada y justa sin necesidad de la cosmovisión anarquista? Vamos a realizar algunas aproximaciones conceptuales para destrenzar la madeja que envuelve objetivos con principios e ideales. Más adelante, en el epígrafe III (“Un repaso conceptual e histórico”) volveremos sobre estos conceptos para ponerlos en perspectiva respecto a la anarquía, y a ésta como disparador del caos social.

Hacia fines del siglo XIX, la revolución industrial dejaba sus huellas en la sociedad: el capitalismo en crisis y las masas obreras sumidas en la miseria. La consecuencia ideológica de este contexto se tradujo en la rápida difusión de corrientes de pensamiento tales como el socialismo y el anarquismo. El movimiento obrero, en efecto, se identificaría con tales tendencias.  Históricamente, el socialismo surgió a principios del siglo XIX, como consecuencia de los eventos desencadenados por la Revolución Industrial y la Revolución Francesa. Este período fue conocido como socialismo utópico y en esta etapa se realizaron agudas críticas a las contradicciones estructurales del capitalismo.

El período utópico finalizaría con los aportes teóricos de Marx[7] y Engels[8] y su transformación en movimiento político de masas a partir del desarrollo del proletariado. El socialismo científico buscó comprender los hechos sociales y económicos postulando como tesis central que el socialismo nacería en el seno de la sociedad capitalista, dado que su desarrollo era consecuencia espontánea de las contradicciones mismas del proceso económico social.  En esta nueva fase, el objetivo sería la conquista del poder por parte del proletariado organizado en partidos y la instauración de un nuevo Estado, la dictadura del proletariado, concebida por Marx como la forma parlamentaria similar a la Comuna de París, basada en el pluralismo político, que realizaría la transformación socialista de la sociedad. Según la concepción marxista, el socialismo se corresponde a la primera etapa del comunismo, en que sólo son de propiedad colectiva los medios de producción y cada uno trabaja según su capacidad o aptitud y recibe consume según su trabajo. Durante la fase comunista, en cambio, esta concepción sería modificada: cada uno recibirá según sus necesidades.

El comunismo refiere a un estado social en el cual los medios de producción no pueden pertenecer a propietarios privados. Se trata pues, de una sociedad sin clases en donde ningún grupo humano podría explotar a otro, ni tampoco los individuos pueden hacerlo entre sí. El comunismo es así, un sistema político, económico y social basado en la comunidad de bienes en el que se haya abolida toda propiedad privada.

El anarquismo, es una doctrina que sostiene que toda autoridad política es innecesaria e incluso nociva. Cuestiona además otras formas de autoridad como la jurídica y la religiosa, porque sostiene que una sociedad justa solo podría lograrse a través de una abolición de la autoridad; abolición que daría paso a la bondad innata del hombre para cooperar solidariamente con los demás.  De esta forma, para la anarquía es posible una forma utópica de organización social que excluya al Estado de modo que este puede mantiene sin coacción. Se basa en las libertades individuales y promueve la absoluta libertad del individuo. El anarquismo fue postulado por primera vez por W. Godwin[9] y su obra continuada por Bakunin, Kropotkin, Malatesta[10] y otros.  Fue en 1872, durante la 1ra. Internacional, cuando se produce un cisma entre los partidarios de Marx y los de Bakunin, y los anarquistas decidieron utilizar el terrorismo como método de lucha.

¿La anarquía es caos, o el caos antecede a la anarquía?

Unos asumen que la anarquía es la máxima expresión del orden; niegan de plano que sea una utopía y antes bien la consideran una realidad de vida. Son los que afirman que la anarquía implica el mayor orden e igualdad social posible, pues es una sociedad libertaria en la que todos son iguales y tienen el mismo derecho básico, el de la libertad: Libertad de pensamiento y de acción, pero sin perder de vista que una persona deja de ser libre en el momento en que priva a otra de su libertad, por eso en una comunidad anarquista, los habitantes ejercen un derecho básico, un deber indispensable: ser altamente auto-responsables.

Como dentro de lo anárquico se ha hablado bastante del caos, (la mayoría de las veces oponiendo el caos frente a la anarquía) intentemos ver al caos como estructura consecuencial de la anarquía, abriendo aún más sus posibilidades en la lucha por la transformación de la realidad y no desde el punto de vista adormilado o disfuncional.  La no-linealidad del tiempo incluye e involucra a la anarquía (bien como proposición personal… bien como filosofía social) en especial la no-linealidad del tiempo social como recurrencia cíclica y determinista, como avatar inevitable. Frente a esta circunstancia, anarquía y caos tienen una misma posición frente a la linealidad, aunque por motivos no compartidos, si por objetivos comunes: la linealidad es un control, un poder que se proyecta en el espacio-tiempo y del que únicamente pueden liberarse las sociedades a partir del caos que se deriva de las entropías sociales, entropías que sólo pueden surgir desde el seno de una visión anárquica, liberadora y contestataria.

Los anarquistas temen cualquier aproximación, o referencia, o vinculación directa con el caos porque, al igual que la mayoría, están adiestrados para buscar certezas. Los anarquistas buscan acabar con el orden existente aspirando a construir “el nuevo mundo que llevamos en los corazones”, pero con iguales parámetros de ese viejo mundo que pretenden suplantar. No atinan a ver en el caos, ese ‘otro orden’ no lineal que se manifiesta a través de las incongruencias aparentes, pero que surge de una realidad, irregular y discontinua, y que se manifiesta hasta en los eventos más simples y comunes, como los múltiples procesos auto organizados que conforman la naturaleza, por ejemplo un río, el agua hirviendo, una bandada de pájaros volando, nuestro cerebro, o el torrente sanguíneo.

Mala costumbre esa de confundir, y muchas veces asociar caos con desorden. Lo percibimos en la cotidianidad de los eventos que se vuelven noticias: “Hubo un accidente en la Autopista ‘X’, y el tránsito es un caos” narra el reportero de sucesos, mientras la cámara percibe, desde el helicóptero de la estación televisiva, efectivamente un accidente de tránsito que tranca el flujo vehicular, mientras largas ‘y ordenadas’ líneas de vehículos se proyectan por kilómetros. El accidente ‘caotizó’ el tránsito, pero no lo desordenó; simplemente produjo otro orden, en este caso la fila ininterrumpida de vehículos, que bien visto resultó ser un orden muy conveniente si, en vez de promover la productividad de todas esas personas varadas en las filas, usted quisiera realizar el trabajo de campo de una investigación social.

Otros acostumbran adjetivar ese ‘otro orden’ con anarquía. “El tránsito sobre la Autopista ‘X’ se ha vuelto anárquico’ anuncia el locutor desde el helicóptero, mientras observa cómo los conductores que se aproximan a la cola del ‘tapón vehicular’ intentan regresarse en retroceso, o traspasar la cota de separación para acceder a la contravía que los retorne. Todas las acciones subjetivas e independientes que cada conductor ejecuta para no caer en el atasco, son acciones de ‘acracia’ que inevitablemente producen una situación confusa. ¿Es un ‘caos’? ¿Es una conducta ‘anárquica’? Ninguna de las dos preguntas nos llevará a la respuesta correcta, porque lo que se produce ahí es un ‘Vórtice’, un reacomodo de indefiniciones momentáneas y circunstanciales que genera un reordenamiento, independientemente del tipo y la calidad del ‘orden nuevo’ que se produzca.

Pero iniciamos este epígrafe con un par de preguntas fundamentales que deben ser respondidas a satisfacción. Vamos hacia eso. ¿Es la anarquía, caos? Como muchas cosas en la vida, la respuesta no sólo es compleja pues involucra más de una respuesta posible y cierta. Empecemos: Si consideramos al caos, no como desorden, sino como un tipo de orden desconocido, o bizarro, o diferente  -pero ‘orden’ al fin de cuentas-  podríamos afirmar sin lugar a dudas que la anarquía genera un nuevo o distinto orden que puede asumirse como ‘caos’ si se le conceptúa a partir del orden que trasgrede la anarquía.

Decimos entonces que la anarquía produjo un caos. Un caos ‘allá’, en el otro orden. En el orden subvertido. En el status quo’ que transgredió. Es, por tanto, un caos que se auto organiza y produce patrones ordenados[11]. Pero los anarquistas insisten en que anarquía no es caos. Definen al caos como ‘desorden’ y por lo tanto, no hay aproximación conceptual posible. Pero ¿Y si redefiniéramos a la anarquía desde sus orígenes? ¿Cuál es el disparador de la crisis que conduce hacia la anarquía? ¿Cuál es el resultado perceptual de la ruptura entre el orden del poder y la irrupción de los valores anárquicos? La respuesta es una sola: Un caos. Un caos conceptual para quien subvierte el orden establecido, desde el orden nuevo de sus valores, que por cierto genera un ‘desorden’ en quienes no comparten ‘ese’ nuevo orden del ‘sin-gobierno’, que es la anarquía.

Pero también la anarquía es, tanto en sus inicios como irruptor del orden, como en la prosecución de sus valores, un caos operativo, que equivale al desconcierto que produce un ‘otro – orden’ desconocido y muchas veces inesperado… pero orden, al fin y al cabo. Un caos que no sólo es operativo (como vamos a demostrar en los párrafos subsiguientes) sino permanente. Una ‘caotización’ crítica que en las nuevas estructuras sociales surgen a propósito de la concepción anárquica de la sociedad. En tal visión del proceso, existe una relación de causa- efecto mutua y cíclica entre la caotización de las estructuras sociales (concebida como requisito para la ‘negentropía’ o ‘epifanía’ de nuevos estadios sociales) y la anarquía necesaria para generar y luego asumir los cambios que conduzcan hacia estructuras societales redefinidas sobre un nuevo andamiaje moral y ético, producto esa actitud y conducta intrasubjetiva y revalorativa que se identifica como anarquía.

Haz y envés de una misma moneda; origen y consecuencia del mismo producto social, la anarquía y el caos constituyen la dupla que genera la chispa necesaria para la reorganización de las sociedades donde nadie es el depositario absoluto del poder y por tanto nadie oprime a nadie por ser la autoridad representante de ese poder; una sociedad donde la libertad y la igualdad de todos son respetadas; allí donde la solidaridad y la cooperación conducen a relaciones más sinceras, y en la que cada quien puede expresarse libremente, llevando una vida digna sin que esté sometida a la voluntad de un poder constituido o sea a costa de otros.

Pero ¿Qué puede suceder cuando algunos ciudadanos que viven en esas estructuras sociales, soportadas sobre valores anárquicos, irrumpen contra el natural y humano ‘enquistamiento’ de la estructura? ¿Qué pasa si alguien pone en tela de juicio los ‘niveles’ o los ‘procesos’ que dan vida a una sociedad basada en los valores anárquicos? Surge un vórtice social. Y surge espontáneamente, porque por muy ‘anarcocentrada’ que esté una agrupación humana, siempre existirá el disenso, la inconformidad (así sea parcial) o tal vez una visión más novedosa (y por lo tanto, más anárquica) todo lo cual producirá irreversiblemente el vórtice necesario para la consolidación de un caos.  Un caos que, vale recordar, es la manifestación de ‘otro orden’, ni más ni menos anárquico, pero distinto.

Podríamos definir al caos como ‘el libre albedrío’ de las disidencias, el resultado, totalmente anárquico  -que conduce hacia un orden superior y más justo- de los vórtices caóticos que produce el caos. De hecho, podríamos afirmar que el caos es la piedra fundacional de la anarquía, porque tal como lo sostiene Bakunin…

“… La libertad no es, pues, un hecho de aislamiento, sino de reflexión mutua”… (y toda reflexión ‘caotiza’ los conceptos)… “; no de exclusión, sino, al contrario, de alianza, (las alianzas propician el nacimientos de las entropías)… pues la libertad de todo individuo no es otra cosa que el reflejo de su humanidad o de su derecho humano en la conciencia de todos los hombres libres, sus hermanos, sus iguales”.

Las 7 Leyes del Caos Social en los procesos anárquicos:

Aunque tendemos a aborrecer el caos y a evitarlo siempre que nos sea posible, la naturaleza lo utiliza como medio adecuado para crear nuevas entidades, conformar acontecimientos y mantener la cohesión del Universo. Las sociedades también, en tanto que universo social que busca permanentemente equilibrio y cohesión.  Pero el caos social resulta ser una realidad bastante más sutil que la idea común de una confusión ocurrida al azar; los científicos se refieren al caos como a una interconexión subyacente que se manifiesta en acontecimientos aparentemente aleatorios. La ciencia del caos se centra en los modelos ocultos, en los matices, en la sensibilidad de las cosas y en las reglas sobre cómo lo impredecible conduce a lo nuevo.

Se puede deducir, entonces, que el caos es de manera simultánea, nacimiento, destrucción y creación. La historia del universo nos lo reconfirma. Fuera del caos de los gases primigenios, se desarrollaron muchas clases de órdenes estables, incluyendo probablemente las órbitas predecibles de sistemas planetarios similares al nuestro. Las partículas subatómicas que generó el big bang, dieron nacimiento a un cosmos que también se encuentran dentro de nuestros cuerpos en formas ordenadas. Cuando morimos, esas formas energéticas ordenadas que llamamos cuerpo, soma o residencia tempo-tridimensional retornan al flujo del caos, que sigue trabajando tanto en la explosión galáctica, como en la implosión de las asociaciones societarias.

El orden paradójico del caos no sólo yace oculto dentro de los confines de la lógica en la matemática pura.  También reside en nuestro pensamiento y en todo lo que nos rodea, pues fluye alrededor y a través de nosotros, impactándonos y ejerciendo fuerte influjo en las organizaciones sociales, pues vivimos dentro de movimientos que afectan a los demás, del mismo modo como los de los demás nos afectan a nosotros.  Todo ello crea un caos sutil e imprevisible a muchos niveles, pero es dentro de ese mismo caos que han nacido todos los órdenes psicológicos y físicos que conocemos.

La metáfora de la teoría del Caos Social nos ayuda a entender la interacción dinámica y dialéctica entre ‘caos’ y ‘anarquía’, a partir del conocimiento explicativo de un corpus de Leyes que no sólo transgreden la linealidad copernicana de la ciencia, sino que envuelven y se adentran en las estructuras sociales… En sus principios originarios… En sus procesos reconstructivos… La anarquía, en tanto que producto sociopolítico de la humanidad, tiene una vinculación estrecha con las Leyes fundamentales del Caos Social, como veremos a continuación.

  • La primera Ley del Caos Social es la ley del vórtice creador.

Esta es la ley de la creatividad y de la renovación colectiva. Según esta ley, toda actividad en la sociedad y en la naturaleza es vórtice creador colectivo, pues en el caos los individuos son parte indivisible del todo, idea cercana a la relación microcosmos/macrocosmos de los griegos.

La teoría del caos desmonta la ilusión tecnológica del control, tanto de la naturaleza como de la vida humana. La imprevisibilidad de los sistemas caóticos expresa que el control social es un espejismo y propone a los individuos que, en vez de resistirse a las incertidumbres de la sociedad, las acepte como un ejemplo endógeno de la ilusión de control social con la que las organizaciones humanas pretenden subsumir a los individuos que manifiesten esa ‘rebeldía consciente y auto gestionada’  – llamada ‘anarquía’ – que nace de esa energía cinética que lo impulsa a cuestionar estructuras, reglas y autoridades, de igual modo los principios fundacionales, la ética y la visión de una sociedad que les resulta de algún modo hostil o castrante.

Como respuesta al caos social aparece la creatividad individual como la manifestación palpable de la energía cinética del vórtice social. Una energía que nace y permanece desde y en el individuo. La vida de las sociedades es una paradoja constante pues reside tanto en la controlentropía que generan sus estructuras, como en el cambio creativo que producen los individuos. Un  cambio creativo que es producto del dinamismo interno de los sistemas que en determinados momentos, introduce el caos. Hablamos de situaciones de desequilibrio social que precisan de una respuesta más allá del orden interior y ese nuevo orden dinámico es la solución creativa que brota desde una cosmovisión anárquica. La pervivencia de la vida social precisa del caos y éste mana de la creatividad como un subproducto de la anarquía.

El vórtice es la clave para entender la estructura múltiple y compleja de las sociedades y de cómo se halla contenida una energía socialmente cinética dentro de ella, que apunta permanentemente hacia el cambio, hacia la entropía de las estructuras. La partícula elemental de la sociedad  – el individuo-  es un vórtice de energía en sí mismo y el vórtice que resuelve el enigma fundamental de la sociología moderna, pues muestra por primera vez cómo es que esta energía de cambio, individual y anárquica, está “encerrada” en la estructura social.

Los estudios sobre el comportamiento del hombre en sociedad, desde Durkeim a Rodrígues, pasando por Luis Recasens Siches, describen al individuo como ‘sujeto’ de la sociedad. El vórtice nos brinda una imagen mucho más clara: el movimiento dinámico de las ideas es el fundamento mismo del hombre y no hay nada en él que esté sujeto o encerrado. Ahora podemos verdaderamente apreciar lo que Einstein quería significar cuando hablaba de que la masa es equivalente a la energía. Y aquí nos referimos, no a ‘la masa’ de irracionales sumisos y ‘aglomerados’ que describiera José Ortega y Gasset en ‘La rebelión de Las Masas’, sino a masa entendida como indiferenciación dispersa de sujetos pensantes y ubicables en un espacio geográfico predeterminado. El gran logro del La Ley del Vórtice consiste en la representación de la materia social  – el hombre pensante-  como energía vital de la sociedad. La concepción ‘relativa’ de Einstein volvió a la energía del cambio en un concepto inteligible y aplicable a la sociología moderna, al describir la forma en que la energía  -vale decir, el individuo como vórtice de energía en sí mismo-  adopta roles de cambio y de transformación dentro de las organizaciones sociales.

Ahora bien, esta ‘energía social’ es inmaterial. No hay un océano de ‘energía social’ parecido al de éter. No es alguna sustancia o un fluido que flota alrededor de nosotros. La ‘energía social’ es dinámica endoactiva, es acción emprendedora, es cambio social y podemos representarla como un movimiento, como aquellos movimientos excéntricos y particulares que ‘dibujan’ una elipse irregular alrededor de un ‘atractor extraño’, al cual hicimos profusa referencia en el Capítulo Nº 1. Del mismo modo que el movimiento no pude existir sin una dirección determinada, la ‘energía social’ no existe sin un objetivo definido. No es que la ‘energía social’ forme un vórtice entrópico o una onda de cambio. El individuo, en tanto que energía de ese vórtice, es la partícula generadora del cambio.

El vórtice de ‘energía social’ es una imagen simple, aunque poderosa. Nos muestra cómo es que algo tan dinámico como el individuo subyace a algo tan controlador de cambios como la estructura social. El movimiento de los individuos dentro de la sociedad crea estabilidad aunque sus actividades sean flexibles y puedan aparentar estabilidad social, bajo la figura de rutinas sociales, o comportamientos preestablecidos. Este modelo en particular nos permite entender cómo es que la ‘materia social’  -el individuo socializado’- puede convertirse en energía social. ¿Que ocurriría si desenrollamos la madeja de la desobediencia civil? Que la organización social sucumbiría, el sustrato que le da soporte y consistencia a las instituciones sociales desaparecería, y con ellas la estructura misma de la sociedad. De la misma manera, si pudiéramos desatar la energía de cambios y de transformación social que está en cada individuo como vórtice de ‘energía social’, la cantidad de cambio liberada sería enorme, pues al igual que la madeja de la desobediencia civil, estaríamos frente a un concepto abstracto e invisible, una partícula de vórtice social que es en sí misma un potencial de transformaciones, una forma muy concentrada de ‘energía social’ capaz de evolucionar las instituciones sociales.
El ‘vórtice social’ nos permite explicar de manera muy simple muchas de las propiedades que se atribuyen a la sociedad moderna. Una faceta desconcertante de la sociedad actual consiste en las fuerzas misteriosas que parecen aflorar de ella, con las que todos estamos familiarizados. Considérese por ejemplo, la cohesión corporativa. Todos sabemos que las personas se socializan identificando su proyecto de vida con la visión y las misiones de las corporaciones. Literalmente se adhieren a un imán social y forjan su destino a partir de la corporación. Estableciendo un paralelismo, podríamos afirmar que la carga de atracción de ese imán es, junto a la atracción concéntrica que generan otras estructuras sociales a las que pertenece o se afilian las personas, una fuerza esencial de la naturaleza grupal y asociativa de las sociedades. Se trata de una fuerza muy real y potente, pero la sociología tradicional no ha conseguido jamás explicarla cabalmente.

El vórtice social nos brinda una explicación refinada de tales fuerzas, porque los vórtices de energía social son intrínsecamente dinámicos. En caso de superponerse entre sí, es evidente que habrán de interactuar. De este modo, el vórtice social se sitúa en la base de la sociedad y nos muestra el por qué de las propiedades que se le atribuyen.  El vórtice social no cuestiona los hallazgos de la sociología moderna, más bien establece nuevos fundamentos para ellos, porque ayuda a entender la naturaleza íntima de la estructura de las sociedades y las fuerzas misteriosamente individualistas que suelen ir asociadas a ella. La ciencia social ha explorado en el ámbito de la sociología y la psicología social, las leyes que rigen la interacción de los individuos y las organizaciones sociales en el seno de la sociedad. La idea de que la partícula elemental – el individuo-  es un vórtice de energía no modifica estos hechos de carácter macro social. En lugar de ello, el nuevo modelo sociológico que concibe las potencialidades del individuo como las de ‘vórtice social’ podría servirnos para reforzar y unificar las leyes de la naturaleza social y del comportamiento humano en sociedad descubiertas hasta el presente, al apuntar hacia un nuevo enfoque.

¿Cómo explicitar, no sólo la naturaleza de ese vórtice individualista y energético que subyace en las sociedades humanas, sino su desarrollo en medio de las controlentropías que anteponen los sistemas sociales a los cambios potenciales o reales? La única respuesta posible es la anarquía. La anarquía como válvula liberadora del individualismo, y paradójicamente liberadora de la sociedad misma, pues la transforma. Como el momento creativo verdadero precisa de las sensaciones paradójicas del saber, pero no saber, de lo conveniente con lo inadecuado, de la certeza y la incertidumbre, de lo ergonómico con lo incómodo, de la alegría y del horror, y hasta del descontrol; es decir, todas las facetas del caos, lo que produce la anarquía es un aumento del grado de libertad. La libertad así entendida pierde su categoría moral básica y puede atribuirse a cualquier sistema social dinámico porque pierde su aspecto juicioso en la medida en que se desvincula de la autoconciencia humana, de la posibilidad de decidir una u otra acción. Esta expresión alude al orden anterior: Cuanto más rígido, menos dinámico será, menos posibilidad de cambio y en ese sentido menos grado de libertad. La libertad que se genera desde la anarquía es definida desde la Teoría del Caos Social como la potencialidad para el cambio y de ella depende el dinamismo liberador o la enquistación progresiva del sistema social.

Pero la gran mayoría de sociólogos y de anarquistas se desalientan ante la posibilidad de concebir a la primera Ley del Caos Social, la ley del vórtice creador, como la esencia creativa del anarquismo desde los inicios de las sociedades, porque les resulta difícil aprehenderla y mucho menos aceptarla. Sin embargo con esta renovada comprensión que aporta el vórtice como embudo turbulento de creatividad social individualista, la complejidad del tema desaparece. El ‘vórtice social’ convierte al estudio del caos social en una fuente de comprensión del comportamiento grupal; en un universo de instituciones, organizaciones, agrupaciones, formas de gobierno y estructuras societales que entienden aunque no aceptan, la importancia trascendental del individualismo (y de su manifestación más pura: el anarquismo) para la búsqueda transgresora hacia un nuevo orden, más humano y más eco-integrado.  A pesar de su simplicidad consubstancial, el ‘vórtice social’ puede comenzar a resolver los enigmas de la psicología social que conceptúan a las actitudes y a los comportamientos ‘de disonancia y desequilibrio social’, como elementos perturbadores y no como lo que en realidad son: energía social de cambio.

  • La Segunda Ley del Caos Social es la influencia sutil del ‘efecto mariposa’.

En relación con ‘el efecto mariposa’ rescatemos algunos postulados que ya abordamos en capítulos anteriores, para ponerlos acá en la perspectiva de su interrelación con los postulados operativos del anarquismo. El “efecto mariposa” es un concepto que hace referencia a la noción de sensibilidad en las condiciones iniciales dentro del marco de la teoría del caos. La idea es que, dadas unas circunstancias preliminares de un determinado sistema, una mínima variación en ellas puede provocar que el sistema evolucione en formas completamente diferentes. Sucede entonces que una pequeña perturbación inicial, mediante un proceso de amplificación o de reducción, puede generar un efecto considerablemente grande. Un ejemplo claro sobre el ‘efecto mariposa’ consiste en soltar una pelota justo sobre la arista del tejado de una casa, varias veces.  Pequeñas desviaciones en la posición inicial pueden hacer que la pelota caiga por uno de los lados del tejado o por el otro, conduciendo a trayectorias de caída y posiciones de reposo final completamente diferentes; asó los cambios minúsculos conducen a resultados totalmente divergentes.

El ‘efecto mariposa’ aplicado a la Teoría del Caos Social es particularmente útil y conveniente para ejemplificar, no sólo el proceso caótico en la dinámica de las organizaciones humanas, sino también el ‘origen anárquico’ de tal efecto. Esta ley del caos ofrece una explicación para la mayoría de los fenómenos naturales, desde el origen del Universo a la propagación de un incendio o a la evolución de una especie, pero  también arroja luces esclarecedoras sobre los fenómenos sociales aparentemente inexplicables. En el estudio del comportamiento humano y del consecuencial ‘orden social’, el problema parte del concepto clásico de ciencia social, que exige la capacidad para predecir de forma certera y precisa la evolución de las estructuras y hasta del comportamiento masivo en un conglomerado, desde las más elementales agrupaciones humanas como la familia y el dintorno social, hasta las más etéreas pero complejas organizaciones sociales como las vecinales, las municipales, el país y el Estado.

Todo proceso social recorre un ciclo más bien caótico, que en algunas sociedades se manifiesta en forma de yuxtaposición y en otras de sucesión, pero en ambas abarca cuatro momentos, los cuales se enfocan en mantener bajo su control los procesos entropizadores, pero existe una regla básica y fundamental para la existencia de ese ciclo: No hay reglas. Así de simple… No hay reglas deterministas ni de ningún otro género. La espontaneidad y la ‘anarco-inducción’ son los únicos disparadores de la influencia del cambio. Un cambio sutil pero profundo y muestra resultados impredecibles que brotan en la aparente espontaneidad de un inicio anárquico.

Para entender cómo el ‘efecto mariposa’ es la evidencia de un cambio provocado por la anarquía, es necesaria la amplificación de las pequeñas incidencias anárquicas que provocan un máximo de modificaciones en la sociedad. El cambio sutil que genera una postura anárquica puede identificarse como un comportamiento errático en un sistema social, que constantemente se balancea entre las presiones para mantener el equilibrio (procesos controlentrópicos) y los efectos desestabilizadores de los cambios y las modificaciones que surgen de su seno (vórtice social).  Las organizaciones sociales intentan (y usualmente logran) mantener ese equilibrio pero al no conseguirlo, se hace imposible cualquier predicción sobre el desempeño de los individuos dentro de ese colectivo, cuando el cambio va más allá de un determinado punto en el que, inducido por la presión social que genera la anarquía, se convierte en conducta social transgresora y desestabiliza.

Esto tiene unas repercusiones muy importantes en el enfoque anárquico de ver el mundo. Como dijo Robert Musil[12] en El hombre sin atributos:

“La suma social total de los pequeños esfuerzos cotidianos de todo el mundo, especialmente cuando se aúnan, libera indudablemente bastante más energía en el mundo que las hazañas heroicas singulares. Ese total incluso logra que el esfuerzo heroico individual parezca algo minúsculo, como un grano de arena en la cima de una montaña con un sentido megalomaníaco de su propia importancia”.

La influencia sutil es aquello que el anarquista afirma, para bien o para mal, de acuerdo con su percepción ética de la vida. Cuando la persona anarquista es negativa o deshonesta, ejerce una sutil influencia sobre los demás, al margen de cualquier impacto directo que pueda tener su conducta. El ser y la actitud anarquista conforman el clima en el que otros viven, la atmósfera que respiran. Aporta los nutrientes de una vida libre donde ‘la otredad’ se reconoce y crece. Si el anarquista es genuinamente feliz, positivo, reflexivo, colaborador y honesto, su actitud y su conducta influye sutilmente en aquellos que le rodean porque todos nos sentimos profunda y sutilmente afectados por cómo son los demás.

La influencia sutil, en su sentido negativo -la connivencia- mantiene cohesionados los ciclos de límite restrictivo; pero en su sentido positivo es vital para mantener los sistemas abiertos renovados y vibrantes. La metáfora del caos nos proporciona un nuevo y etéreo modo de pensar en la diferencia entre la influencia maligna y la benigna.  La sutileza comienza con el hecho de que el poder del ‘efecto mariposa’ es, por su propia naturaleza, impredeciblemente anárquico. La influencia sutil de la anarquía en la sociedad tiene formas tan diversas que es excepcionalmente difícil adivinar los efectos a largo plazo de sus acciones, como lo sería el predecir el tiempo atmosférico de los próximos meses. Quizás por esa razón muchas de las más sabias tradiciones anárquicas enseñan que cualquier acción que propenda hacia la libertad no sólo debe mirar por el bienestar de los otros para el futuro, sino que deben basarse en la autenticidad del individuo, ser verdadera en sí misma y ejercitar los valores de la compasión, el amor y la amabilidad básica. El poder sutil de la anarquía está en el reconocimiento de que cada individuo es un ser esencialmente libre aunque indivisible del todo que es la sociedad, y que cada momento caótico que la anarquía genera en el presente de las sociedades regidas por el poder (en cualquiera de sus manifestaciones sociales)  es un espejo del caos social del futuro, caos presente que conducirá indefectiblemente, a la instauración de la libertad individual como forma de vida superior.

Ser anárquicamente sutil es ‘darse cuenta’ de que la sociedad del dominio del hombre sobre el hombre es el más deleznable de los muchos ‘mundos fractales’ y de que es necesaria una mirada microscópica para poder distinguir la diversidad de lo que hay y la diversidad de lo que puede haber, pues todo depende de las acciones de los individuos y su interconexión. El libre albedrío que impulsa la anarquía es la gestión genuina realizada por un individuo que conecta con las acciones individuales auténticas de otros, de forma que puedan generar cambios o sostener la dinámica social en un marco de libertad.

  • La Tercera Ley del Caos Social afirma la creatividad y la renovación colectivas.

La creatividad, como experiencia anárquica, apunta la paradoja de que los sistemas auto-organizados son individualidades pero que ‘sienten’, en el momento creativo, tanto nuestra presencia en el mundo como algo único, como la conexión con la totalidad a la que pertenecemos.

La tercera Ley del Caos afirma la permanente renovación colectiva a partir del aporte inter individual. Se trata de un postulado que sintoniza perfectamente con la anarquía, pues se refiere a la capacidad que tiene el ser humano de trabajar y participar espontánea y libremente en la resolución de situaciones o problemas de la comunidad.  Esto es posible porque el pensamiento y la filosofía anárquicas está en sintonía operativa con los sistemas abiertos, con los no lineales, con aquellos procesos sociales creativos y caóticos, en los que no se requiere  que alguna autoridad tenga el poder de decidir por los demás, sino de un sistema social exento de control central pero con altísimas dosis de creatividad colectiva, para que dentro del caos que genera la anarquía, sucedan cosas ordenadas y productivas, que son más que la suma de partes mecánicas que aportó cada quien, pues se trata de formas adaptables y resistentes del colectivo.

Esta ley nos conecta, desde la perspectiva del caos con la actividad en la sociedad y nos muestra que toda la acción en la naturaleza es colectiva; en el caos, los individuos son parte indivisible del todo. El caos ofrece muchas sugerencias sobre las formas curiosas y paradójicas de relacionarse las personas entre sí y los grupos con sus miembros y con otras agrupaciones. El caos nos demuestra que cuando diversos individuos se auto organizan libre y espontáneamente (es decir, cuando asumen un comportamiento anárquico) son capaces de crear formas sociales adaptables a las nuevas mutaciones del complexo social, pero suficientemente resistentes como para enfrentar con relativo éxito la fase entrópica inevitable en toda forma organizativa, hasta que se produzca, inevitablemente, una chispa de anarquía que cuestione ese ordenamiento societal y un nuevo caos produzca la vorágine de cambios sociales en el modelo, tal como lo hemos explicado en la Ley del Vórtice.

  • La Cuarta Ley del Caos Social es la anarquía que explora el holismo entre lo simple y lo complejo.

Otro factor de importancia capital es observar la forma como lo aleatorio irrumpe en el orden de la anarquía y no es controlable, ni predecible. También en los sistemas ordenados, como por ejemplo los interruptores de los superconductores, en las cotizaciones de bolsa, en las señales nerviosas, o en las redes computarizadas, ocurren repentinos estallidos de conducta aleatoria que ‘anarquizan’ sus procesos; es decir, que ‘individualizan’ un orden nuevo que no se sujeta al ‘poder preestablecido con anterioridad. Algo muy similar también ocurre en los sistemas holísticos de la anarquía. Lo más propio de un estilo de vida anarco-holístico es la coherencia de vida, que integra relación total de pensamiento-sentimiento-palabra-acción, pero aún en estos estadios de encadenamiento anárquico, surge el caos cuando se explora entre lo simple de los planteamientos y lo complejo de las ejecuciones.  Los planteamientos de una espiritualidad holística están firmemente relacionados con el  Neo-Anarquismo en cuatro aspectos:

1.- En la autogestión, que es uno de los aspectos fundamentales, posiblemente el que más. Significa ante todo una filosofía y una metodología que parten de dentro-afuera, de abajo-arriba, de micro-macro. Significa que cualquier organismo social, en la dimensión en que esté vivo, tiene condiciones para resolver sus propios problemas con la metodología de abajo-hacia-arriba. Es decir, que en principio cualquier persona o grupo está capacitado para, por su propio dinamismo interno, encontrar soluciones para los obstáculos que se presenten. Y no sólo obstáculos, sino para crear desde sí mismos otras posibilidades de llevar adelante cualquier proyecto.

2.- En la acción directa, que implica no delegar las cosas, sino experimentarlas personal o grupalmente. Inicialmente, es una postura anti-parlamentaria, porque se desconfía profundamente en que los Parlamentos pudieran solucionar los problemas sociales, ya que los diputados representan sus propios intereses partidarios y divagan en un ambiente de corrupción. En el mejor de los casos, desconocen los problemas como la pobreza, la marginación, la exclusión, la opresión, porque no la viven. Por tanto, se debe actuar desde abajo, con los medios que sean más propios y directos, sin delegar o relegar los intereses colectivos. Con cierta “espontaneidad organizada”, es decir, colectivamente, pero con cierta inmediatez y espontaneidad. Esto permite mayor fluidez y adaptabilidad, frente a posturas fijas y esquemáticas.

3.- En la Asamblea, que ha sido una constante en la praxis, tanto holística como anarquista. Si bien para las tendencias individualistas del Anarquismo esto ha parecido otro dominio sobre el individuo, en la asamblea espera hallar el anarquista un espacio libre y de concepción holística para encontrarse, opinar, tomar decisiones sobre los temas que le atañen y planificar su ejecución. Todos están llamados a participar, sin exclusiones, porque los problemas son de afectación común y deben, en consecuencia, resolverlos. La manera de hacer anarquista busca en esto la unanimidad o el consenso. Sin duda, eso retrasa las discusiones y las hace más amplias, pero con el consenso se tiene la garantía de que no hay exclusiones y que lo decidido es de aceptación común, como en las sociedades holísticas.

4.- En el Espíritu Libertario e Igualitario. Es la gran propuesta del Anarquismo: la libertad. Pero no como la entiende la derecha o los conservadores, que sospechan siempre de la libertad y, en todo caso, piensan en una libertad con desigualdad, donde “Todos somos iguales, pero unos son más iguales que otros…” (La rebelión en la granja, de G. Orwell (1945)  En el Anarquismo se piensa que la libertad es presupuesto imprescindible para una relación humana. Sin libertad no hay posibilidad de crecimiento, de profundización, de “humanidad”. Por eso el Anarquismo siempre ha sido muy crítico del Socialismo de Estado (que en mucho casos terminó siendo un capitalismo de Estado), en cuanto que ha sido autoritario, verticalista, “dirigista” y prostituyó la participación al reducirla a mera ejecución de órdenes tomadas arriba, no discutidas por la base, y que tienen que ser ejecutadas porque supuestamente son en beneficio ‘de las masas’.

Holismo y Neo-Anarquismo van de la mano. El Holismo es el marco teórico-espiritual. El Neo-Anarquismo es la estrategia de acción y vida. De esta simbiosis brotarán muchas prácticas en el futuro próximo pero ahí están las coordenadas básicas de referencia que bien podrían denominarse Anarco holística.

  • La Quinta Ley del Caos Social, ley de los fractales y la razón.

El caos que plantea la danza dinámica entre la simplicidad y la complejidad, presenta la forma más evidente de representar esta relación entre lo simple y lo complejo: está en los gráficos fractales. En esta relación, también llamada la geometría de las formas irregulares y de los sistemas caóticos, los fractales son el resultado de repetir formas simples ad infinitum, formas que son observables en la naturaleza de las cosas, como por ejemplo, en los helechos o la formación de los cúmulos nubosos. Se afirma que la sociedad es una forma fractal relativamente simple, que emerge de los sueños, deseos, y contribuciones complejas de sus miembros, y como tal, ciertos cambios en un individuo llevados a grandes escalas pueden producir cambios no predecibles. Si se lleva la complejidad demasiado lejos deviene pura casualidad, se comprime lo simple y estalla la complejidad.

La anarquía es ‘fractal’ porque es un modelo que hace referencia a las huellas, las pistas, las marcas y las formas realizadas por la acción de los sistemas sociales dinámicos que de alguna manera ‘caotizan’ el dintorno y provocan, desde estadios de libertad anárquica, el surgimiento de organizaciones sociales horizontales que se ubican a medio camino entre la simplicidad operativa y la complejidad estructural.  Al replicar estas estructuras sociales, la anarquía no hace otra cosa distinta que ‘fractalizar’ un sistema social, horizontalizándolo, simplificándolo, transformándolo en un sistema más humano y eco-sostenible.

La anarquía fractal opera como una estructura disipativa de todo orden de jerarquía humana o de poder preestablecido. Es generadora, por sí misma, de sistemas sociales inestables que se originan en la inter-subjetividad de los individuos y que proyectan su efecto disipativo hacia todos los niveles jerárquicos, hasta provocar en la estructura vertical de las sociedades subsumidas por cualquier forma de poder y control, su efecto entrópico. Esta metáfora múltiple de lo no lineal hace mapas de la realidad social, que se asemejan a lo rizomático, y explora el territorio gris entre lo simple y lo complejo, entre lo denso y lo sutil, para asentarse precisamente allí.

Entonces, el caos comienza a ser visto en los procesos anárquicos como un locus de máxima información y complejidad. La complejidad y la casualidad se transforman en una puerta que conduce hacia el orden anárquico.   Cuando estamos frente a sistemas muy complejos (por ejemplo los números irracionales) y su complejidad se vuelve infinita, termina pareciendo un sistema casual y aleatorio. La casualidad es utilizada por personas que desarrollan tareas creativas como detonantes de nuevas creaciones, como la pintura derramada que se transforma en una obra de arte; como una palabra dicha que da origen a un verso magnífico, un gesto que antecede a una coreografía; un error ecuacional simple en la programación de computadora que provoca un fractal…

Cuando todo parece complicarse, “aparece” el orden de lo simple y viceversa: Cuando todo se simplifica no tarda en aparecer el ordenamiento de lo complejo  Esto sucede porque estas cualidades no están en los objetos o las situaciones, están en las interacciones que hay entre ellas y de nosotros con ellas. Al ser humano lo cautiva la simplificación y esto conduce a estereotipos que categorizan a las  personas y a los sentimientos. Se cae en la dicotomía de lo bueno y lo malo. Entonces, desde el poder social preestablecido, vertical y controlador se producen pautas y se generan modelos, pero la anarquía puede romper ese ciclo perverso aplicando el arte de la simplicidad en la paradoja de la complejidad.

  • La Sexta Ley del Caos Social, o cómo vivir anárquicamente dentro del tiempo.

En la Teoría del Caos, esta ley se refiere a los modelos recurrentes e incesantes de la naturaleza. Un fractal es una figura plana o espacial, compuesta de infinitos elementos, que tiene la propiedad de que su aspecto y distribución estadística no cambian cualquiera que sea la escala con la que se observe. En la sociedad, las estructuras que se replican a sí mismas hacia adentro y hacia afuera de sus límites, se denominan ‘estructuras fractales’ y para comprender su realidad hay que observarla con mirada estética, o lo que es lo mismo, vivirla dentro de su espacio-tiempo.

Esta sexta ley se refiere a la dificultad de utilizar adecuadamente el tiempo en el mundo “moderno”.  Se cuestiona la desaparición de sus cualidades e invita a reconectarnos con él, a vivir el tiempo de manera creativa y no con el tic-tac del reloj.  Para lograrlo tenemos de dejar atrás la creencia de que el tiempo es una línea recta y reconocerla como una línea fractal, con giros, curvas y arabescos. ¿No es cierto que el tiempo parece detenerse cuando estamos enamorados o tenemos un accidente? ¿No es cierto también que se ha mercantilizado el tiempo? Se dice “gasté, ahorré, perdí” tiempo, como si fuera dinero.

El tiempo se transforma en un rizo que sólo tiene significación a partir del espacio que ocupa en la mente de quienes lo perciben. ¿Cuánto dura un beso? Depende de cómo y desde dónde usted lo observa variará en intensidad y en significación. Si usted es quien besa o es besado/a, la acción en ese tiempo tendrá una significación y una duración muy distinta entre usted… ¡Y su cónyuge que le observa desde la otra acera! El tiempo de cada sistema, de cada situación, de cada ser humano es anárquico (lo que equivale a decir que es auto-simbólico… subjetivo) y como cada sistema posee su espacio-tiempo, vivir anárquicamente dentro de esos lapsos permitirá mayor creatividad y auto organización.

  • La Séptima y última Ley del Caos Social, es ley de la nueva percepción. Volver a unirse con el todo.

La unidad del cosmos envuelve a los seres humanos al igual que a la naturaleza y a todos los fenómenos que ocurren en él.  Esta séptima ley reconoce que cada partícula del universo tiene su propia historia, trabaja a partir de ello y tiene una evolución autónoma, sin embargo, de manera ‘anárquica’ todo se unifica para formar una entidad global interdependiente.  Participar en el mundo es pensar, actuar y vivir en concordancia con todos los sistemas que lo conforman, atendiendo a la vez, sus necesidades y las humanas. El ser humano que habita la tierra es quien la ha fraccionado marcando fronteras, arrasando con las selvas, agotando el agua, exterminado especies…  Es necesario un cambio sutil, un cambio anárquico, que nos regrese a la percepción real del mundo como algo orgánico, completo, holístico, al mundo que instintivamente pertenecemos como un elemento más en armonía con el resto, en la caótica armonía anarco organizada que permite un sistema dentro de otro sistema.    Los procesos de La Tierra son indivisibles y constituyen un holismo que hay que mantenerlo y alimentarlo para que no se rompa porque el mundo no es una máquina, las sociedades no funcionan mecánicamente, ni las personas tampoco. Todos somos una unidad caótica auto organizada.

III.- Ahora, un repaso conceptual e histórico

¿Se vino directamente desde el epígrafe ‘4’, con el que se inició el presente Capítulo? No lo culpo. ¿Llegó hasta acá luego de una lectura ‘ordenada’ del epígrafe ‘A’? Felicitaciones.  Sea cual fuere el camino que lo condujo hasta aquí, vamos a satisfacer dos premisas fundamentales, como proposiciones de un razonamiento:

1.- La anarquía propugna la abolición de cualquier forma de dominación de un ser humano sobre otro.

2.-  La anarquía es una forma de autogobierno que ha estado presente en el desarrollo social de la humanidad.

Una pregunta adicional ¿Tiene absolutamente claro cómo y por qué la anarquía es un disparador del caos social? Si su respuesta es SI, adelante, satisfaga su curiosidad ‘histórica’. ¿No lo tiene claro aun? Le recomiendo que se devuelva por donde llegó… Algo, muy importante, pasó de largo o no lo pudo capturar.

Gnoseología fundamental:

Recapitulemos… Anarquía es una palabra griega compuesta: αναρχια anarchia, de αναρχος anarchos ‘no amo’, que tiene el prefijo griego αν [no], y la raíz del verbo arkho, [jefe] cuyo significado latino es sin gobierno. Desde sus inicios se definió como una corriente filosófica, una ideología y un movimiento político que promueve la autonomía e igualdad de cada persona y su organización social directa, y por lo tanto propugna la autonomía individual y la anulación de  todo poder público o forzado, por lo que quienes se asumen como ‘anarquistas’ llaman a la abolición de todas las relaciones de dominación del ser humano por parte de sus congéneres, como  los gobiernos, la noción instrumental de patria, estado e inclusive rechaza la idea de un Dios protector, controlador y paternalista, pero aceptan la democracia directa, personal o algún sistema donde claramente el poder sea de todos al mismo tiempo pero de ningún grupo particular, al considerar que las normas grupales son indeseables, innecesarias y nocivas.

Visto así, el anarquismo es la doctrina de un movimiento radical que promueve la acracia, teoría contraria al gobierno o autoridad obligatoria del Estado, y propone el autogobierno de las personas y las asociaciones libres, independientes y sin normativas impuestas por un tercero.  Un anarquista lo es por convicción, pues la anarquía es, a decir de ellos mismos, el último recurso y una vía posible para reencauzar un país en desgobierno. El anarquista  -afirman los seguidores de esta corriente filosófica-

…”elige el difícil camino de la pobreza, no acepta patrones ni ataduras a bienes materiales, está en el mundo para destruir lo establecido, crear reglas nuevas y equitativas entre todos los seres humanos, está dispuesto a dar peleas perdidas y a estallar por los aires en pos de un sueño”.

Se afirma que el verdadero anarquista no tiene rostro, su identidad se diluye en la de todos los marginados. Es un soñador que no tiene nada que perder, aquel que considera que el pueblo se debe gobernar a sí mismo y en resumen, es una ideología política de origen ético que busca generar un orden voluntario como consecuencia de dos axiomas éticos y lógicos: la autopropiedad (soberanía individual) y la no coacción (acción voluntaria), axiomas que deben ser coherentes con instituciones, derechos y obligaciones cuyo origen sea resultado de contratos libres o pactos voluntarios entre individuos soberanos. Los conceptos ácratas elementales, (contrato libre, asociación voluntaria, igual libertad, apoyo mutuo, autogobierno, ley policéntrica, ética de acción o acción directa) se deducen de ambos principios que son el fundamento operativo y funcional del anarquismo. Esto genera en los anarquistas un profundo rechazo al estatismo en particular y al autoritarismo en general.

Como doctrina política, el anarquismo se opone a cualquier clase de jerarquía, para combatir al Estado como entidad que reprime la auténtica libertad económica y personal de todos los ciudadanos y se convierte en una necesidad inmediata. La desaparición del Estado se considera un objetivo revolucionario a corto plazo y la única limitación de la doctrina anarquista es la prohibición de causar perjuicio a otros seres humanos, y de esta limitación nace otro presupuesto ideológico básico: si cualquier humano intenta hacer daño a otros, todos los individuos bienintencionados tienen derecho a organizarse contra él.

Breve repaso histórico

En el período anterior a la historia escrita, en las formas más primitivas de organización, la sociedad humana vivía principalmente en enormes grupos familiares, y aunque una familia, ya sea patriarcal o matriarcal supone alguna forma de jerarquía, allí no existía un Estado institucional rigiendo a una sociedad con alguna acumulación de riqueza o división del trabajo, ni tampoco leyes o reglas decretadas. Esto supondría un primitivo estado de anarquía.

Algunos anarquistas tienen al Taoísmo[13], el cual se desarrolló en la antigua China, como una fuente de actitudes anarquistas, aunque posteriormente, ya a fines del siglo XIX y luego en el siglo XX, los taoístas adoptaron al marxismo como ideología política, ya que esta concuerda en muchos aspectos de la filosofía del Tao. Un ejemplo de esto es la similitud existente entre El Principio de la Mutación Perpetua de Lao-Tsé y la Teoría de la Revolución Permanente de León Trotsky. y tal sea por esa similitud que los grupos revolucionarios I Ho Chuan (“Boxers”) taoístas que se rebelaron contra la emperatriz Xi Yi, utilizaban las enseñanzas de Marx en sus luchas contra el régimen imperial y contra el imperialismo británico. De igual modo, las tendencias anarquistas pueden ser proyectadas a filósofos de la antigua Grecia, como Zenón, el fundador del Estoicismo, y Aristippus, quien afirmó:

“El sabio no debería rendir su libertad al Estado”.

Los movimientos posteriores, tales como los levellers[14], los diggers[15] y los protestantes inconformistas[16] también expusieron ideas que han sido relacionadas con los anarquistas convirtiéndolos en precursores de este movimiento en América y Europa. Además, es conveniente anotar que en muchas de las estructuras tribales y en las prácticas de resistencia de los amerindios, de tribus africanas, maoríes, etc. se ha percibido cierta compatibilidad con la práctica libertaria. Los gremios artesanales europeos de la edad media también son considerados a menudo precursores de las tendencias modernas del anarquismo.

Anarjían en la antigua Grecia

El primer uso conocido de la palabra “anarquía” aparece en la obra Los siete contra Tebas[17] (467 a. C.) de Esquilo. En ese texto, Antígona rechaza abiertamente aceptar el decreto de los gobernantes que ordena dejar al cuerpo de su hermano Polyneices sin enterrar, como castigo por su participación en el ataque a Tebas, y el rechazo lo expresa de la siguiente manera:

Incluso si nadie más estuviese deseoso de compartir el entierro de él, yo lo enterraré sola y tomaré el riesgo que significa enterrar a mi propio hermano. Ni estoy yo avergonzada de actuar desafiante en oposición a los gobernadores de la ciudad (ejous apiston ténd anarjían polei)“.

La antigua Grecia fue el primer Estado de la Antigüedad que concibió al anarquismo como un ideal filosófico. Este ideal se puede hallar en las ideas del filósofo Zenón de Citio[18], quien de acuerdo con Piotr Kropotkin fue…

“… el mejor exponente de la filosofía anarquista en la antigua Grecia“. (que)…”repudiaba la omnipotencia del Estado, su intervención y regimiento, y proclamó la soberanía de la ley moral del individuo“.

Dentro de la filosofía griega, la visión de Zenón de una comunidad libre sin gobierno es opuesta a la utopía de Estado de Platón expuesta en La República, un texto que ya hemos analizado y citado con anterioridad. Zenón argumentaba que aunque el instinto necesario de la propia conservación conlleva al humano al egoísmo, la naturaleza ha suministrado un remedio para este mal por medio de otro instinto: la sociabilidad. Como algunos anarquistas modernos, Zenón creía que si las personas seguían sus instintos no necesitarían de leyes, cortes de justicia, policía, dinero, templos ni actos de fe. Este pensamiento de Zenón ha llegado a nuestros días sólo por las citas que de él han hecho otros filósofos.  Pero también en el conjunto de concepciones filosóficas de Sócrates, Heráclito, Demócrito, Epicuro, Epicteto, Diógenes, y, Aristóteles aparecen ideas sobre el hombre, la vida, las pasiones, la sociedad, en las que hay atisbos de crítica común a lo que más tarde debía ser pensamiento anarquista.

Anarquía en la Europa renacentista

Los anabaptistas del siglo XVI en Europa son considerados por algunos historiadores sociales como los precursores religiosos del anarquismo moderno. Bertrand Russell[19], en su Historia de la filosofía occidental, escribe que los anabaptistas “repudiaron toda ley, dado que ellos sostenían que el hombre bueno será guiado en cada situación por el Sagrado Espíritu… Desde esta premisa llegaron al comunismo“.

La novela Q suministró un retrato de este movimiento y su revolucionaria ideología. En 1548 Étienne de La Boétie[20] escribió Las políticas de la obediencia: el discurso de la servidumbre voluntaria, un ensayo que exploró la pregunta de por qué las personas obedecían las reglas.

Otro precursor del anarquismo moderno fue Gerard Winstanley[21], de los Diggers (ver nota 3). Publicó un panfleto llamando a la propiedad comunal y social y a desarrollar una organización económica forjada a partir de pequeñas comunidades agrícolas en el siglo XVII. También Rabelais, Montaigne y Restif de la Bretonne aportaron ideas más concretas y más ‘anárquicas’ como El Haz lo que quieras rabelesiano, inscrito en el pórtico de la abadía de Thelème.

A pesar de estas manifestaciones de orden teórico-filosófico, es en las obras literarias del Renacimiento italiano, y sobre todo en las personas de algunos de sus hombres más notables, como Vanini, Leonardo da Vinci, Giordano Bruno; y en los representantes del Renacimiento español como Miguel Servet, Luis Vives, San Juan de la Cruz donde se muestran más claramente las aspiraciones a la libertad, la concepción de un hombre en plena posesión de sus derechos individuales. Para reafirmar la importancia del Renacimiento español en la conceptualización del anarquismo, está la tesis de Murray Rothbard[22] de que la Escuela de Salamanca en el Siglo de Oro es un precedente filosófico, jurídico y económico de algunas tesis libertarias de mercado, en especial anarquistas.

Los inicios del anarquismo en la modernidad

Para la gran mayoría de los historiadores del anarquismo, el socialista utópico Charles Fourier[23] es asumido como el precursor del anarquismo moderno por sus ideas de sociedades armoniosas viviendo en los falansterios, el ideal de las comunidades rurales autosuficientes, que serían la base de la transformación social. Los falansterios se crearían por acción voluntaria de sus miembros y nunca deberían estar compuestos por más de 1.000 personas, que vivirían juntas en un edificio con todos los servicios colectivos. Todos serían libres de elegir su trabajo y lo podría cambiar cuando quisiera, pero los salarios no serían iguales para todos.

Charles Fourier, más que ningún otro socialista utópico, trató de resolver todos los problemas de la sociedad mediante la construcción de este elaborado sistema de organización social. Fourier partía de la creencia de que el ser humano es intrínsecamente bueno, porque es depositario de una armonía natural que refleja la armonía del universo. El problema estaba en la sociedad existente, que impedía el desarrollo completamente libre de las cualidades del ser humano y para resolverlo planteó incongruentemente con sus preceptos de libertad, la construcción de esta rígida comunidad liberadora como unidad social mínima y en la que se dispondría de tierras para agricultura y para diversas actividades económicas, para viviendas y para una gran casa común. Insólitamente, todo estaba reglado y debía seguir un orden muy particular, incluso el amor y el sexo. Como en los falansterios todo estaba pensado para una vida cómoda y con el mayor placer, las personas trabajarían en función de su capacidad, y recibirían en retribución a sus necesidades. En virtud de este enfoque, una persona joven trabajaría más que las personas anciana y éstos recibirían más porque tendría un mayor número de necesidades que la persona joven.  Este fue, a no dudar, el modelo de las futuras comunas hippies.

Pero el fundamento político del pensamiento anarquista moderno proviene de muy variados criterios acerca de cómo debería ser una sociedad sin ninguna autoridad impuesta; el más relevante de todos es el humanismo del siglo XVI y el derecho humano de resistencia a la opresión, consecuencia de todos los demás derechos que apareció en la Constitución jacobina de 1793. Como ya hemos mencionado con anterioridad, las raíces filosóficas del anarquismo se hunden en el Renacimiento y la Ilustración. En el Renacimiento, con ocasión de la Reforma se desarrollaron las bases de libre examen y el pensamiento crítico, además de surgir el humanismo con características como el antropocentrismo frente al teocentrismo de la época anterior, el pacifismo y el optimismo. Con la Ilustración, llegaron los conceptos del racionalismo y el idealismo, así como la búsqueda de un sistema social y político basado en las ideas de la libertad, la igualdad y la fraternidad, lemas constitucionales de La Revolución Francesa.

En los tres finales años de influencia de la Revolución Francesa se escribe y se pronuncia por primera vez en el mundo moderno la palabra “anarquistas”, como sinónimo de hombres con un pensamiento social y político revolucionario. El grupo de “Les Égaux” (Los Iguales) de François Noël Babeuf[24] y sus amigos, fueron calificados de “anarquistas”, pero es a finales del siglo XVIII, con la subversión cultural y el regreso a la imaginación como facultad primordial del ser humano, que se desarrolla el socialismo utópico y el entorno filosófico de los primeros teóricos anarquistas propiamente modernos, que sin embargo continúa influenciado por los románticos. En 1793, William Godwin[25] publica “Una pregunta acerca de la justicia política”, en el que presenta una visión de sociedad libre y además plantea serias críticas del gobierno; es por este escrito que algunos consideran a este texto como el primer tratado precursor del anarquista, y por el que Godwin el considerado el auténtico fundador del anarquismo filosófico. En el terreno de la economía, el precursor del anarquismo es, sin dudas, Gustave de Molinari[26], economista belga y discípulo de Bastiat que en 1849 publica dos obras fundamentales: “La producción de seguridad” y “Les Soriées de la Rue Saint-Lazare” “, que describe cómo un mercado libre en la justicia y la protección podría sustituir ventajosamente al Estado.

A finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX surgió la corriente de pensadores conocida como los socialistas utópicos, que sostenía que si se dejaba que los individuos realizaren libremente sus inclinaciones naturales, se organizarían espontáneamente en forma armoniosa. Los socialistas utópicos pensaban que era posible transformar la sociedad a través de la educación y el convencimiento, así como formas radicalizadas del liberalismo por su énfasis en las libertades civiles han sido considerados precursores del anarquismo moderno. De toda esa serie de elementos se deriva el postulado anarquista de que los medios han de ser concordantes con los fines, de tal manera que a la anarquía no se puede llegar a través de la autoridad porque para ello es fundamental la asociación voluntaria.   Visto así, el anarquismo se caracteriza por identificar los medios como similares a los fines (ética de acción, política pre figurativa); por empezar desde la pequeña escala (de lo particular y lo local a lo general); y por intentar la integración de la libertad individual a todos los aspectos de la vida humana, no sólo en lo político y lo económico.

Desarrollo del anarquismo

El francés Pierre-Joseph Proudhon[27], autor de ¿Qué es la propiedad? en 1840 fue el primer individuo en llamarse a sí mismo un “anarquista”. Proudhon aboga por una economía de mercado no opresiva donde los individuos intercambian los productos de sus propios trabajos. El valor de intercambio de los bienes dentro de tal economía sería determinado por la cantidad de trabajo invertido en su producción. Ha sido considerado desde una perspectiva histórica el padre del sistema denominado anarquismo filosófico. Según Proudhon y sus partidarios, el anarquismo excluiría la autoridad como criterio rector de la sociedad, estableciendo el individualismo en su grado máximo. Los anarquistas filosóficos, sin embargo, repudian los métodos violentos y esperaban que la sociedad evolucionara hacia una organización anárquica. Los anarquistas que rechazan las teorías de Proudhon mantienen que el desarrollo humano progresa mediante la cooperación social, y que ésta no puede ser nunca voluntaria por entero.

Proudhon no usaba el término “propiedad” de una forma consistente pues es famoso por haber dicho que “la propiedad es un robo” en sus primeros escritos. En ese tiempo él definía la propiedad como cualquier cosa que no fuese el producto del trabajo (por ejemplo, la tierra sin uso) que era mantenida por los individuos y protegida por las fuerzas del gobierno. Los títulos concesionados de tierras que no estaban en uso por el propietario permitían a los individuos cobrar renta sobre otros quienes desearan usarla, a lo cual Proudhon se oponía. Más tarde, él comenzó a usar el término “propiedad” para referirse a la propiedad del producto del trabajo, lo cual él fuertemente apoyó.  Proudhon mantuvo que la propiedad era un elemento esencial de la libertad:

¿Dónde encontraremos un poder capaz de hacer el contrapeso del Estado? Allí no hay más que la propiedad. […] El derecho absoluto del Estado está en conflicto con el derecho absoluto del dueño de la propiedad. La propiedad es la más grande y revolucionara fuerza que existe

(P. J. Proudhon / “Teoría de la propiedad”)

También se opuso al beneficio de cualquier transacción económica, viéndola como un pago extra sin trabajar, siendo el trabajo la fuente principal de la legítima propiedad. Acuñó el término mutualismo, como el sistema económico donde los bienes y servicios serían intercambiados sin ningún beneficio adicional a la permuta, y prefería la abolición del gobierno, pero como no creía que fuese posible una eliminación total, abogaba por su reducción.

Francisco Pi y Margall[28], que, sin ser específicamente anarquista, expresó tantas ideas libertarias en su obra, tradujo en la década de 1860 las principales obras de Proudhon al español, y definió los límites únicos que tiene el ejercicio de la libertad individual, tal como conciben los anarquistas: “La libertad de uno termina donde empieza la libertad de otro“. Esta concepción de la libertad es frecuentemente contrapuesta a aquella planteada por Bakunin: “(…) Yo entiendo esta libertad como algo que, lejos de ser un límite para la libertad del otro, encuentra, por el contrario, en esa libertad del otro su confirmación y su extensión al infinito“. Algunos anarquistas inclusive consideran a la primera una concepción burguesa de la libertad en oposición a la expresada en la cita, de un carácter más “social” o “verdaderamente libertario”.

Hacia mediados del siglo XIX los principios anarquistas se expandieron de una forma significativa, provocando las primeras grandes discusiones en la Primera Internacional entre Karl Marx y Mijaíl Bakunin, uno de los teóricos y militantes anarquistas más representativos.

No es posible este repaso breve sin citar la aportación al anarquismo de los individualistas estadounidenses, sobre todo de Henry David Thoreau[29], Mackay[30], Benjamin Tucker[31] y Josiah Warren[32], que tanto contribuyeron a la evolución de la literatura y del pensamiento estadounidense. Ello explica el auge obtenido en Estados Unidos por el movimiento libertario, que llevó a la burguesía a buscar el pretexto para destruir la serie de organizaciones de grupos y de periódicos que existían en Estados Unidos en la década de los años 1880. El pretexto fue la huelga en la fábrica MacCormick de Chicago, la bomba arrojada contra la policía, obra probablemente de un agente provocador, el arresto y condena a muerte de los mártires de Chicago que dio origen al 1º de Mayo en 1886.

Hay que mencionar en este repaso a la filosofía del iusnaturalismo o derecho natural y además a la filosofía antiautoritaria y el principio de la no violencia de Henry David Thoreau, el anarquismo utilitarista de William Godwin, el anarquismo privatista de Gustave de Molinari, el mutualismo de Pierre-Joseph Proudhon, (quien participó activamente en uno de los ensayos antiautoritarios más significativos, la Comuna de París), el anarcocolectivismo de Mijaíl Bakunin, el comunismo libertario de Pedro Kropotkin, o el individualismo anarquista de Benjamin Tucker, el anarquismo voluntarista de Errico Malatesta, el anarcosindicalismo de Rudolf Rocker y Diego Abad de Santillán, o el capitalismo libertario de Murray Rothbard y David Friedman.

Contemporaneidad

A los largo del siglo XX el anarquismo recibió aportes de varias movimientos y tendencias filosóficas, políticas, culturales radicales y contemporáneas, tanto desde el anarcosocialismo como desde el anarquismo de mercado. Desde inicios del siglo XXI, las ideas anarquistas han tenido cierto renacer.   Con una base filosófica individualista-racionalista y asociativa, el anarquismo se desarrolla en la edad contemporánea (siglos XIX y XX) como un movimiento permanentemente involucrado en asuntos contemporáneos, y en el siglo XXI se presenta como una opción actual para una evolución radical de la vida humana. Veamos este último repaso histórico:

En la Reforma se desarrollan las bases del libre examen y del pensamiento crítico; y con la Ilustración y el Romanticismo con base en la razón y la libertad respectivamente, servirán de fundamento para el anarquismo. Luego surgen los liberales radicales, que junto a los socialistas utópicos han sido considerados dos precursores cercanos del anarquismo moderno. Con pensadores y activistas previos como William Godwin o Gustave de Molinari, el anarquismo se desarrolla ya en el siglo 19 primero con la obra de Pierre-Joseph Proudhon, para luego expandirse y fortalecerse llegando las primeras discusiones en la Primera Internacional especialmente con la militancia y el pensamiento de Mijail Bakunin, entre otros. En Europa se dan a conocer las escuelas clásicas del anarquismo: mutualismo, anarcocolectivismo y anarcocomunismo. En el continente americano el anarquismo tiene precursores nativos como Henry David Thoreau o Josiah Warren, que formarán una tradición individualista de mercado que luego hará contacto con las ideas europeas; posteriormente y relacionada con la migración europea anarcosocialista se da en Norteamérica el evento del 1 de mayo de 1886, y en Latinoamérica el anarcosindicalismo llega a ser el primer movimiento obrero organizado de la región, ejemplo notorio fue la FORA argentina.

El siglo 20 conoció varias rebeliones anarquistas, como el mayo francés, movimientos emancipadores, cuyo ejemplo más notable es. escuela modelo y algunas revoluciones de influjo anarquista como la zapatista, la majnovista o la catalana. En esta última se formaron, de la mano de la CNT, multitud de colectividades que luego fueron suprimidas por la República Española  En ese mismo siglo, si bien su influencia decrece, se desarrollan nuevas escuelas dentro del anarquismo socialista y del anarquismo de mercado, que además reciben aportes de movimientos y corrientes radicales paralelas.  En los últimos años del siglo XX y primeros años del XXI, fenómenos como las pymes y la economía asociativa, el crecimiento del arbitraje y la seguridad privada, y otros relacionados a la globalización y la era de la información, son considerados sucesos en que encuentran acogida en las ideas ácratas de un sistema social  donde el sector privado y el sector voluntario desplazan y eliminan al sector público.


[1] Jacques Derrida (El-Biar 15 de julio de 1930 — París 8 de octubre de 2004), ciudadano francés nacido en Argelia, es considerado uno de los más influyentes pensadores y filósofos contemporáneos. Su trabajo ha sido conocido popularmente como pensamiento de la deconstrucción, aunque dicho término no ocupaba en su obra un lugar excepcional. “Lo revolucionario de su trabajo ha hecho que sea considerado como el Nuevo Emmanuel Kant por el pensador Emmanuel Lévinas y el Nuevo Friedrich Nietzsche según Richard Rorty”. Es, acaso, el pensador de finales del siglo XX que más polémica ha levantado y que más se ha hecho acreedor al concepto de Iconoclasta.

[2] Martin Heidegger (Messkirch, 26 de septiembre de 1889 – Friburgo de Brisgovia (Freiburg im Breisgau), 26 de mayo de 1976) Filósofo alemán que introdujo los textos de Friedrich Nietzche en la filosofía académica. Es una de la figuras protagónicas de la filosofía contemporánea que influyó en  la filosofía del existencialismo del siglo XX, y  uno de los primeros pensadores en apuntar hacia la «destrucción de la metafísica» (movimiento que sigue siendo repetido), en «quebrar las estructuras del pensamiento erigidas por la Metafísica (que domina al hombre occidental)», y que planteó que «el problema de la filosofía no es la verdad sino el lenguaje», con lo que hizo un aporte decisivo al denominado giro lingüístico, problema que ha revolucionado la filosofía.

[3] Bajo el rótulo de Escuela de Frankfurt se engloban las investigaciones de varios filósofos, psicólogos, economistas y sociólogos neo-marxista perteneciente o cercano al Instituto de Investigaciones Sociales fundado por Felix Weil que, a su vez, estaba asociado a la Universidad de Fráncfort. El rótulo Escuela de Frankfurt se hizo famoso en la década de 1960, tanto en Alemania como en el resto de países que, de alguna manera, siguieron las discusiones teóricas y políticas que pretendían una teoría social y política crítica y de izquierdas, siendo a la vez distante de la ortodoxia del “socialismo realmente existente” (URSS). Sin embargo no existió, como tal, una “escuela”. El carácter publicístico del rótulo ha provocado dos consecuencias: 1) unificar teorías distantes e, incluso, contradictorias bajo el mismo concepto, 2) minimizar las diferencias teóricas entre los diferentes autores. Una consecuencia de esto último ha sido establecer algo así como una línea ininterrumpida de progreso teórico que va desde las primeras formulaciones (Max Horkheimer, Teoría tradicional y teoría crítica, 1938) hasta Jürgen Habermas y su Teoría de la acción comunicativa (1981).

[4] Tomas Ibáñez (Zaragoza 1944) es un conocido militante libertario que inicio su andadura política en tanto en Francia como en España desde principios de los años 1960 hasta los inicios de 1980. dentro de los grupos juveniles anarquistas franceses y de jóvenes exiliados españoles.

[5] Mijaíl Alexándrovich Bakunin (Михаил Александрович Бакунин en ruso) (30 de mayo de 1814 – 1 de julio de 1876), Anarquista ruso contemporáneo de Karl Marx. Es posiblemente el más conocido de la primera generación de filósofos anarquistas, y considerado uno de los “padres del anarquismo”, dentro del cual defendió la tesis colectivista. Además también perteneció a la francmasonería, con la intención de inclinarla hacia postulados anarquistas.

[6] Piotr Alekséyevich Kropotkin (En ruso: Пётр Алексе́евич Кропо́ткин) (9 de diciembre de 1842 – 8 de febrero de 1921) fue geógrafo, aparte de pensador político ruso, siendo considerado uno de los principales teóricos del movimiento anarquista, dentro del cual fundó la escuela del anarco comunismo. El tema central de los numerosos trabajos de Kropotkin fue la abolición de toda forma de gobierno en favor de una sociedad que se rigiera exclusivamente por el principio de la ayuda mutua (título de uno de sus libros) y la cooperación, sin necesidad de instituciones estatales. Esa sociedad ideal (comunismo anarquista o anarco comunismo) sería el último paso de un proceso revolucionario que pasaría antes por una fase de colectivismo (el anarco colectivismo, teoría en ciertos aspectos cercana al tipo de comunismo planteado aquí). Su ideario anarco-comunista se basaba en principios como el de “a cada cual según su necesidad, de cada cual según su capacidad”, en contra de lo que pensaba Bakunin. Probablemente su libro más importante para el pensamiento anarquista sea La Conquista del Pan (1888).

[7] Karl Heinrich Marx (Tréveris, Renania-Palatinado, 5 de mayo de 1818 – Londres, 14 de marzo de 1883) fue un filósofo, historiador, sociólogo, economista, escritor y pensador socialista alemán. Padre teórico del socialismo científico y del comunismo, junto a Friedrich Engels, es considerado una figura histórica clave para entender la sociedad y la política.

[8] Friedrich Engels (Barmen – Elberfeld, actualmente Wuppertal, Renania, entonces parte de Prusia, 28 de noviembre de 1820 – Londres, 5 de agosto de 1895) Filósofo y revolucionario alemán, amigo y colaborador de Karl Marx. Coautor con él de obras fundamentales para el nacimiento de los movimientos socialista, comunista y sindical, y dirigente político de la Primera y de la Segunda Internacional Socialista.

[9] William Godwin  (1756-1836). Escritor, ensayista, filósofo, político y pensador inglés, nacido en Wisbech, Cambridgeshire, donde su padre era un misionero disidente. Fue educado en Hoxton. Ingresó al ministerio religioso en 1778. En 1783 tuvo una crisis existencialista que le apartó de la religión y le hizo asumir la literatura como opción de vida. Ganó gran renombre como periodista político sobre todo. Su obra fundamental se llamó “Investigación sobre justicia política” (1793) es considerada a veces como una de las pioneras en la formulación de los ideales anarquistas. Godwin se oponía a toda forma de organización política y veía con auténtico horror toda forma de gobierno y, en especial, la del gobierno de la violencia y de las masas, fácilmente manipulable. Para Godwin «la historia de la humanidad apenas es otra cosa que un registro de crímenes» y el culpable de la corrupción es la organización política de la sociedad que, necesariamente, corrompe.

[10] Errico Malatesta (* 14 de diciembre de 1853 Santa Maria Maggiore, Campania, Italia — 22 de julio de 1932, Roma) Uno de los grandes teóricos del anarquismo moderno pues con él se cierra la etapa de los clásicos anarquistas, junto a Pierre-Joseph Proudhon, Mijaíl Bakunin, Benjamin Tucker y Piotr Kropotkin. Su pensamiento post-materialista abre una corriente, hasta el momento inexistente en la teoría anarquista, hecho que le llevará a un conflicto ideológico con el mismo Kropotkin al que considerará cercano al positivismo. Sus teorías influirán en las nuevas corrientes filosóficas que surgen a fines del siglo XIX y comienzos del XX en torno al neokantismo y neo idealismo.

[11] Ver definición de Caos en el Capítulo 1 “Venezuela y las leyes del caos Social” Capítulo 2: La Ley del Vórtice

[12] Robert Musil (Klagenfurt, 6 de noviembre de 1880 – Ginebra, 15 de abril de 1942) fue un escritor austríaco. En El hombre sin atributos (1930–1943) examina la existencia sin objetivos de su personaje principal, Ulrich, un antihéroe, sobre el fondo de una minuciosa recreación de la sociedad austriaca anterior a 1914 en plena crisis. El hombre sin atributos constituye una de las obras narrativas más ambiciosas del siglo XX y consagró póstumamente a su autor, como un escritor que en sus obras combinó de una manera excepcional la ironía con la utopía, para analizar la gran crisis espiritual de su época y la descomposición del Imperio austro-húngaro.

[13] El taoísmo, palabra derivada de un carácter del idioma chino que debería entenderse como “intuición, sensibilidad, espontaneidad, vida” o de manera más abstracta como “sentido”. El Taoísmo se desarrolló a partir de las escrituras de Lao Tzu, el Tao Te King cuya esencia se encuentra en El Clásico de la Vía y su Poder, o camino de la vida su Virtud, entendiendo a ésta como “naturaleza propia”.

[14] Niveladores (Levellers en inglés) fue la forma en que se le llamó a una alianza informal de folletistas y agitadores políticos que surgió en Inglaterra cuando se desató el conflicto entre el rey y el Parlamento, en la década de 1640. Eran privatistas y democráticos a partir de principios más o menos afines a la libertad individual.

[15] Los Cavadores, o Diggers eran una facción cristiana que luchó en la guerra civil inglesa y fue fundada en 1649 por Gerrard Winstanley. En un principio se hicieron llamar “Verdaderos Niveladores” (True Levellers), por contraposición a los Levellers o Niveladores.

[16] Los Disidentes ingleses, también llamados inconformistas, fueron reformadores que se opusieron en Inglaterra a la interferencia del estado en los asuntos religiosos, incluso en asuntos no religiosos, y fundaron sus propias comunidades autónomas del poder episcopal y político.

[17] Los siete contra Tebas (en griego antiguo Ἑπτὰ ἐπὶ Θήϐας: Heptá epi Thēbas) es uno de los episodios más dramáticos de la mitología griega, siendo por ello uno de los preferidos por los dramaturgos clásicos, que incluyeron fragmentos de esta historia en sus obras, y en especial Sófocles con su serie de Edipo y Esquilo, que recogió la historia de los siete contra Tebas en una obra titulada de la misma forma.

[18] Zenón de Citio (en griego Ζήνων ο Κιτιεύς) (el Estoico) (333 – 264 a. C.), filósofo de Citio, Chipre, en aquel tiempo colonia griega. discípulo de Crates de Tebas y de Estilpón de Megara, comerciante, como lo fuera su padre, hasta los 42 años, momento en el que funda su escuela. Sus enseñanzas dieron lugar al nacimiento de la doctrina del estoicismo. Su pensamiento toma elementos de Heráclito y Platón, y algunos de Aristóteles, y combate sobre todo la escuela contrincante de su tiempo: la de Epicuro.

[19] Bertrand Arthur William Russell, 3er Conde de Russell, (18 de mayo de 1872 – 2 de febrero de 1970) Filósofo, matemático y escritor británico. Pacifista y prominente racionalista. En filosofía contribuyó alertando acerca de las trampas del lenguaje, sentando así el método y las motivaciones de la filosofía analítica. Sus contribuciones de contenido incluyen su innegable artículo maestro Sobre el Denotar y una serie de libros y artículos en problemas desde la filosofía de las matemáticas, la metafísica, la epistemología, la inferencia científica y la ética a una serie de enfoques interesantes y fértiles al problema mente-cuerpo, enfoques discutidos hoy en día por variedad de filósofos importantes como David Chalmers, Michael Lockwood, Thomas Nagel, Grover Maxwell y Mario Bunge.

[20] Étienne de La Boétie Escritor y político francés nacido en Sarlat el 1 de noviembre de 1530. A los 16 años escribió “Discours de la servitude volontaire ou Contr’un” (Discurso sobre la servidumbre voluntaria o el Contra uno), publicado en 1576, lo que le valió el respeto de Michel de Montaigne. A partir de 1560 participa junto a Michel de l’Hospital en diversas negociaciones para lograr la paz civil -predicando la tolerancia- en las guerras de religión que oponían a católicos y protestantes. El Discurso sobre la servidumbre voluntaria o el Contra uno es una corta requisitoria contra el Absolutismo que sorprende por su erudición y solidez ya que quien lo escribió sólo tenía 16 años de edad. El texto de La Boétie plantea la cuestión de la legitimidad de cualquier autoridad sobre un pueblo y analiza las razones de la sumisión (relación dominación/ servidumbre). De esta manera el Discurso prefigura la teoría del contrato social e invita al lector a una minuciosa vigilancia siempre con la libertad como punto de mira. Murió por la peste en Germignan el 18 de agosto de 1563 a los 33 años

[21] Gerard Winstanley (1609 – 1676) Comunista utópico, revolucionario y cristiano inglés del siglo XVII. Ideólogo de las corrientes de extrema izquierda en la revolución burguesa inglesa. Su comunismo nivelador aboga por la colectivización de la tierra y de todos los recursos naturales como bienes fundamentales de todo el pueblo. El régimen ideal debe basarse en la reducida economía de los pequeños campesinos y artesanos y la producción y las mejoras técnicas están llamadas a proporcionar abundancia de bienes materiales al pueblo para ayudarle a emanciparse de las fuerzas de la naturaleza, a ser autónomo respecto a ella, sin despreciar su valor en la creación.

[22] Murray Newton Rothbard (2 de marzo de 1926 – 7 de enero de 1995) Economista, historiador, teórico político, y anarquista estadounidense perteneciente a la escuela austríaca de economía, que ayudó a dar forma al liberalismo libertario. A partir de las tesis austríacas del orden espontáneo y del rechazo a la planificación central llegó a las conclusiones de los anarcoindividualistas del siglo XIX junto con aportaciones propias, a lo que denominó anarcocapitalismo. Sostenía que “cualquier servicio que verdaderamente preste el gobierno podría ser suministrado en forma mucho más eficiente y moral por la empresa privada y cooperativa”. Según Rothbard las actuales funciones del Estado se dividen en dos: aquéllas que es preciso eliminar, y aquéllas que es preciso privatizar.

[23] François Marie Charles Fourier (Besanzón, 7 de abril de 1772 – París, 10 de octubre de 1837) Socialista francés de mediados del siglo XIX y uno de los padres del cooperativismo. Adversario de la industrialización y de la civilización urbana, respaldó el liberalismo , a la la familia basada en el matrimonio y la monogamia.

[24] François-Noël Babeuf, (Saint Quentin, 23 de noviembre de 1760 – París, 27 de mayo de 1797), político, teórico y revolucionario francés, también conocido como Gracchus o Gracus. Edita Le Correspondant picard en París y en febrero de 1793 es encarcelado. A partir de 1794, Babeuf publica el Journal de la Liberté, que se convierte el 5 de octubre en Le Tribun du peuple, que alcanza gran difusión. Encarcelado de nuevo el 7 de febrero de 1795 y liberado el 18 de octubre de 1795, relanza rápidamente la publicación de Le Tribun du peuple. Postulaba la organización de la sociedad sobre la base del trabajo en común y una revolución social que debía completar la revolución realizada desde 1789, defendiendo, incluso, el empleo de la violencia y la necesidad de un periodo de dictadura. Firme defensor de la abolición de la propiedad privada y del derecho de herencia así como de la colectivización de la tierra ha sido considerado como uno de los primeros teóricos del socialismo y, a través de esa ideología, tanto un predecesor del comunismo como un pre-anarquista.

[25] William Godwin (3 de marzo de 1756 – 7 de abril de 1836) fue un político y escritor británico, considerado uno de los más importantes precursores liberales del pensamiento anarquista y del utilitarismo. Es también famoso por las mujeres con las cuales estuvo vinculado durante su vida: se casó con la escritora feminista Mary Wollstonecraft en 1797 y junto a ella tuvo una hija, también llamada Mary, que ha pasado a la posteridad como la compañera del poeta Shelley y autora de la novela gótica Frankenstein. En 1793, con la revolución francesa en pleno apogeo, Godwin publicó su obra magna sobre ciencias políticas: The Inquiry concerning Political Justice, and its Influence on General Virtue and Happiness (“Disquisición sobre la justicia política y su influencia en la virtud y felicidad de la gente”). Aunque, hoy día, este trabajo es poco conocido y menos leído, supuso un hito en el pensamiento inglés. Godwin nunca había sido un obrero en ningún momento de su vida, pero no obstante era un motor para los obreros: un motor con efectos políticos. Justicia Política se convirtió en una obra al mismo nivel de la Areopagitica de Milton, el Ensayo sobre la educación de Locke y el Emilio de Rousseau.

[26] Gustave de Molinari (3 de marzo de 1819 – 28 de enero de 1912) Economista belga nacido en el extinto Reino Unido de los Países Bajos, asociado a la escuela del laissez-faire de los economistas liberales franceses, como Frédéric Bastiat y Hippolyte Castilla. Exponente del pacifismo y precursor del anarcocapitalismo.

[27] Pierre-Joseph Proudhon (15 de enero de 1809 / 19 de enero de 1865), filósofo político y revolucionario francés, y padre del pensamiento anarquista y de su primera tendencia económica, el mutualismo. En 1843 escribió dos obras importantes: “La creación del orden en la humanidad” y “El sistema de las contradicciones económicas o la Filosofía de la miseria”. Esta última dio lugar a una dura respuesta de Marx, quien escribió su “Miseria de la filosofía”, precisamente un año después de publicada “Filosofía de la miseria” (1844). El pensamiento de Proudhon parte, ante todo, de la filosofía de la Ilustración. Los empiristas ingleses (Locke, David Hume, etc.) y los enciclopedistas franceses, como Voltaire, Helvetius, y particularmente Diderot, son con frecuencia el presupuesto tácito o explícito de sus desarrollos doctrinales. Ataca duramente a Rousseau (como antes Godwin y después Bakunin), pero toma de éste algunas de sus ideas básicas. También influyen sobre Proudhon las agudas críticas de los socialistas utópicos, como Saint-Simon y Fourier, aunque nadie más renuente que él a las construcciones ideales y al trazado de brillantes cuadros futurísticos.

[28] Francisco Pi y Margall (n. 20 de abril de 1824, Barcelona; † 29 de noviembre de 1901, Madrid) Político, pensador y escritor español, Presidente del Poder Ejecutivo de la Primera República Española entre el 11 de junio y el 18 de julio de 1873. Partidario de un modelo federalista para la Primera República, supo unir las influencias de Proudhon para llevar a cabo la política del Estado.

[29] Henry David Thoreau (Concord, Massachusetts, 12 de julio de 1817 – 6 de mayo de 1862). Escritor, trascendentalista, y filósofo anarquista estadounidense famoso por Walden y su tratado La desobediencia civil.

[30] John Henry Mackay (Greenock, Escocia; 6 de febrero de 1864 – Berlín, Alemania; 16 de mayo de 1933), pensador y escritor anarcoindividualista. Entabló amistad con el anarcoindividualista estadounidense Benjamin Tucker, llegando a publicar varios artículos en la revista de éste, Liberty.

[31] Benjamin R. Tucker (17 de abril de 1854 – 22 de junio de 1939) fue un teórico estadounidense del anarcoindividualismo filosófico y de la economía mutualista en el siglo XIX. Tucker, compartió las ideas con los simpatizantes del amor libre y del libre pensamiento, acerca del rechazo en contra de la  legislación de carácter religiosa, pero vio, además, la pobre condición de los trabajadores americanos como un resultado de cuatro monopolios capitalistas: Dinero, terratenientes, aranceles y patentes.

[32] Josiah Warren (1798-1874), anarquista estadounidense del siglo XIX.   Se le considera el padre de los anarcoindividualistas estadounidenses y uno de los primeros teóricos del anarquismo de mercado, cercano en cierto modo al mutualismo por su principio del costo. También es considerado el primer anarquista moderno.

Libros: “Periodistas sometidos”

Periodistas sometidos

por Juan Leiva

Acaba de aparecer un libro con el título de Periodistas sometidos y el subtítulo de Los perros del poder. Ambos titulares desvelan lo que quiere manifestar la obra, pero lo supera con creces el contenido. Su autor es Francisco Rubiales Moreno (1948), doctor en Periodismo, corresponsal de guerra (Ramadán 1973, Nicaragua 1979 y El Salvador 1980), director de las delegaciones de la Agencia EFE en Cuba, Centroamérica e Italia y director de Comunicación de Expo’92. Actualmente es profesor de postgrado en las universidades de Sevilla y Cádiz, presidente del grupo Euromedia Comunicación y director de revistas y foros especializados. Autor de varias obras, entre otras, Democracia Secuestrada y Políticos, los nuevos amos, cuya trilogía culmina ahora con Periodistas sometidos.

Paco Rubiales es gaditano por naturaleza y sevillano por afincamiento y ejercicio de la Información. Su análisis exhaustivo, realizado con una integridad profesional y una honradez científica incuestionables, es el mejor aval para clarificar nuestro pasado, iluminar nuestro presente y prever el futuro de nuestro periodismo. Un libro destinado a periodistas y a ciudadanos preocupados por la democracia. Con este libro, la Editorial Almuzara intenta llenar una gran laguna de la Información del siglo XX y lo que está sucediendo en Occidente en esta primera década del siglo XXI.

El sistema democrático es el más reconocido del mundo y todos los países se lo apropian, desde los más liberales hasta los más totalitarios. Pero, en la actualidad, plantea interrogantes que cuestionan seriamente su idoneidad para hacer frente a las exigencias de representatividad de la ciudadanía y para conseguir su cohesión social. Un balance de los logros de la democracia en nuestra época resulta de un pesimismo demoledor: los poderes mediáticos, los periodistas cómplices, las verdades y las mentiras a medias, las alianzas entre periodistas y ciudadanos, los esclavos y servidores del poder y los periodistas manchados por el oprobio son otros tantos temas que se tratan en profundidad a través de sus 9 capítulos.

Rubiales denuncia que las democracias occidentales quieren un periodismo servil, por parte de los profesionales, y una aceptación pasiva, por parte de los ciudadanos, más que un periodismo independiente y un consentimiento positivo de la ciudadanía. Y lo justifica con la siguiente metáfora: “La democracia es el único sistema que ha conseguido encerrar a los grandes poderes, sobre todo al insaciable poder del Estado, en una jaula con siete cerrojos. La prensa libre es el séptimo sello que cierra esa jaula”.

El libro es un formidable zamarreón para los que somos periodistas y queremos ejercer la profesión con independencia y honestidad. Me atrevo a recomendarlo a los profesionales en la seguridad de que colmará los análisis más exigentes. Pero, al mismo tiempo, a los ciudadanos, porque se verán continuamente interpelados como el fundamento de una democracia activa. Es más, comprenderán por qué la democracia hoy se ha convertido en una burla de la ciudadanía, en una concepción elitista, en una mercantilización y en la privatización del poder político. Como consecuencia, las instituciones democráticas son compatibles con la desigualdad social, con la manipulación y con el control de la información por parte de las oligarquías consolidadas. Algo que todos debemos conocer.

Andalucía Información – Jerez de la Frontera,Andalucía,Spain

BRIC, la comunidad fantasma

BRIC

por Jorge Majfud

En el 2001 el británico Jim O’Neil inventó el nombre y quizás el concepto del grupo de algunos países emergentes, BRIC. A juzgar por el incremento anual del PBI promedio solo dos países destacan por arriba del promedio mundial: China e India (hasta hace un año Rusia también, pero la recensión ha contraído su economía más que a la brasileña). La inclusión de otros dos países con grandes extensiones de tierra hacía al grupo más visible.  Siguiendo el juego, algunos propusieron el nombre de RICH por las iniciales de Rusia, India y China. No obstante, en términos de ingleso per capita, los países del BRIC se sitúan por debajo de otros cincuenta países y las proyecciones más optimistas para el 2050 no mejoran mucho este ranking, aun cuando China supere en veinte años el volumen bruto del PBI de Estados Unidos. Sin mencionar el abismo que separa ricos de pobres en cualquiera de los cuatro países, característica que puede soportar un país rico y hasta un país poderoso pero nunca un país verdaderamente desarrollado.

Pero ¿por qué el éxito mediático de esta comunidad fantasma? La idea de BRIC combina una percepción de grandes manchas territoriales en el mapa mundial; sus PBIs son semejantes a cuatro países europeos pero sin una moneda común como la del Euro y con el Dólar como moneda enemiga en el discurso pero que ninguno quiere reemplazar en la práctica. La unidad del brick no va más allá de estos intereses puntuales pero se presenta a sí mismo como algo excepcional. Brasil, Rusia e India poseen democracias muy diferentes. Me atrevería a decir que la brasileña es la mejor de los tres, dentro de un casi obsoleto sistema representativo que impera en el mundo. China ni siquiera tiene un sistema representativo sino una especie de comunismo de mercado. Los cuatro países poseen formas políticas y sociedades en las antípodas. Brasil, un país afroamericano. La mayor comunidad africana fuera de África vive allí e impregna casi todos los rincones de su cultura, excepto en las clases altas del sur industrializado. Rusia es una sociedad hecha en el rigor invernal de zares y moldeada por un siglo de experimentos comunistas seguido de un capitalismo abiertamente salvaje. India, una sociedad subtropical sobre una cultura milenaria que en algunas provincias aun distingue por su nacimiento a intocables, los hombres excremento que limpian las letrinas, y a castas un poco más blanquitas que se consideran el aliento de Brama. Y China, un país en proceso rápido de industrialización pero cuya cultura es en mayor parte rural, todavía obediente, todavía laboriosa, todavía populosa pero cada vez menos austera.

Entonces, ¿qué une al ladrillo? Dos cosas y poco más: (1) su interés por jugar un rol más importante en la geopolítica y (2) confirmar el éxito de sus originales proyectos pareciéndose cada vez más a la sociedad norteamericana, la que sigue siendo el demonio en los discursos, el mal ejemplo a evitar pero el modelo imitado sin tregua. En palabras orgullosas del ministro de Asuntos Estratégicos brasileño —profesor de Harvard y de Obama— Roberto Unger, “Brasil es el país del mundo más parecido a Estados Unidos”. El concepto mismo de “países emergentes” se define según los estándares impuestos por la idea de “éxito” de Estados Unidos: los índices en las bolsas de valores, la automovilizacion de la vida, la nuevayorkización de las ciudades, la expansión de las autopistas, de los shopping centers, el aumento del consumo a través del consumismo, etc. Hasta la adopción de las sectas religiosas procedentes de Estados Unidos es consecuente con esta imposición de una forma de ser, de pensar, de sentir y de medirse a sí mismo.

Si a Estados Unidos e Inglaterra los unían los intereses económicos e imperiales, también los unía una cultura en común y sociedades muy parecidas. Poco y nada une a los BRICs. Es decir, estamos ante una asociación muy útil que dará resultados interesantes a corto plazo. Pero se partirá apenas un mínimo interés entre en conflicto, apenas Estados Unidos, el socioenemigo en común, mengue su poder relativo sobre el planeta; apenas se reemplace al dólar, que empezando por China pocos  tienen interés en reemplazar por un papel nuevo. O antes.

Todas las proyecciones se realizan considerando un escenario presente y sosteniéndolo. Sin embargo, el sostenimiento de un escenario genera condiciones que acumuladas suelen producir resultados imprevistos. Es decir, mantener significa postergar una crisis. En los años 60 se preveía el fin del petróleo para el 2000. Pero siempre hay alguien inventando algo nuevo que cambia cualquier escenario.

Un escenario que nadie considera en cada uno de estos modelos de desarrollo es la alta posibilidad de una gran crisis en China. Es difícil sostener un indefinido incremento anual del 12 por ciento del PBI, realizar una industrialización en la era post industrial en un país mayoritariamente rural sin un profundo cambio en la educación y en la cultura. Inevitablemente la nueva sociedad china reclamará una progresiva democratización del sistema político. Una democratización al estilo de las viejas democracias representativas que antes de la mitad de este siglo se revelarán obsoletas ante una masa mundial que reclamará una participación más directa. Y esa crisis político-económica quizás llegue cuando el mundo alcance un límite de saturación entre el exceso de gasto de recursos naturales y la incapacidad de seguir absorbiendo tantas toneladas de baratijas y basura de exportación.

En el caso de Brasil es difícil reprocharle a Lula no haber hecho las cosas bien. Por lo menos no lo hizo mal. Si bien su slogan preelectoral de “fome zero” está muy lejos de ser algo parecido a la realidad, no son pocos los brasileños han pasado de una pobreza crónica a una clase media con mayores posibilidades. No obstante, mientras la economía de China sigue creciendo un exagerado 8 por ciento anual en plena recensión mundial, Brasil apenas sale de su recensión. Cuando Lula escribe en El País de Madrid que “hoy generamos el 65% del crecimiento mundial”, refiriéndose al BRIC, omite que el BRIC al día de hoy representa solo el 15 % de la economía mundial (la mitad de EEUU) y que solo China produce lo que producen los otros tres países juntos. A pesar de los progresos realizados, el crecimiento del PBI brasileño ha estado muy por debajo de muchos otros países emergentes con menos visibilidad. Sin mencionar que, si excluimos este último año de recesiones, México no ha estado lejos de Brasil en crecimiento porcentual y absoluto. Es más, con la mitad de población, con menos recursos naturales y con un territorio mucho menor, su PBI es algo más de un trillón de dólares, mientras que el de Brasil es 1.5 trillones. Lula omite también que en el último año solo el 2 % del comercio de China fue con su vecino, Rusia.

Pero más allá de las distintas percepciones sobre estos datos declarados y omitidos, se sigue confundiendo riqueza con desarrollo. Y lo que es peor, se termina de liquidar cualquier otra opción para imaginar un mundo que no se mida exclusivamente en términos de fuerza y de éxito, de capital y de “investment grade”, de consumo y de competencia. Todo eso que nos hace tan parecido a las vacas que pastan todo el día en el campo y rumian mientras descansan. Vacas consumidoras, vacas para la exportación de carne; ni siquiera vacas sagradas.

De justicia social, de igual-libertad, de infancia desviolentada, de pueblos desoprimidos, de trabajo desesclavizado, de países y de ciudades desamuradas… hablamos el siglo que viene.

Lincoln University, junio 2009

EL DESPOTISMO ELECTORAL

despotismo

Por Pedro Corzo

El despotismo electoral parece ser la formula política a usar en el siglo XXI por aquellos gobernantes que tienen una clara vocación autoritaria,  pero que gustan vestir su liderazgo  con la legitimidad que confiere el voto.

En el Siglo XX,  cuando todavía la tecnología de la información estaba en pañales, la práctica para aparentar que el Jefe de Gobierno era un demócrata respetuoso de las leyes, pasaba por la compra de votos, el robo de las urnas electorales o simplemente un conteo fraudulento que favorecía el candidato que amparaba el gobierno.

Aunque en la actualidad esa fórmula no se ha erradicado por completo, también se utilizan otros métodos más sofisticados que permiten encubrir con más eficiencia los verdaderos fines de aquellos que a la vez que buscan el poder absoluto,  intentan perpetuarse en el poder.

Uno de los métodos  usado es la modificación  a conveniencia de los padrones electorales, conceder a extranjeros partidarios del proyecto documentos que lo acrediten como nacionales o reprogramar las computadoras para que alteren el voto emitido por el elector.

Por supuesto que otro avance hacia el control político es la reestructuración de los poderes públicos, en una palabra, establecer lo que algunos denominan  dictadura institucional. Juntos a las promesas de reformas, de cambios urgentes se suma la vulgar compra de favores  y la no menos prosaica corrupción.

El primer paso es una Asamblea Legislativa, preferiblemente unicameral, en la que la facción despótica  pueda actuar como aplanadora de una eventual oposición,  y así legislar con la legitimidad que confiere el voto, contra el propio pueblo que la favoreció.

El control del poder Judicial es de suma importancia para que el Gobernante pueda actuar en el  marco legal. La capacidad de nombrar nuevos magistrados incondicionales, la posibilidad de desacreditar y posteriormente relevar a los sediciosos es determinante. Jueces incondicionales al Proyecto que encuadren en la legalidad vigente las pretensiones del Conductor, son aspectos que permiten conservar el matiz democrático del gobierno.

Una estructura que merece una atención especial son las fuerzas armadas. El discurso debe ser en extremo nacionalista. Refundacional. Glorificador del rol de los militares en la sociedad. Ofrecimientos de reformas institucionales y modernización de la técnica de combate, junto a la sensibilización del cuerpo armado con los históricos problemas que padece la sociedad de la que proceden. Prebendas, favores, privilegios y honores también integran el cóctel.

El cuerpo electoral es importante. Deben interpretar la reglamentación electoral de forma que favorezca al Mentor, e implementar las nuevas legislaciones  y disposiciones según convenga a este.

La sociedad civil, hoy tan compleja y rica en expresiones,  también exige una atención y cuidado especial,  aunque deben utilizarse  otros métodos y tener una mayor flexibilidad. En los primeros tiempos no se puede ser brusco, acosar y menos reprimir, si se quiere aparentar legitimidad y lo que es más importante, sembrar el desconcierto y la duda  en aquellos sectores y personalidades que por diferentes motivos pueden estar identificados o inclinados al Proyecto.

Cada entidad ajena al gobierno merece un trato único.

Los sindicatos y colegios profesionales deben ser reinventados. El primer paso es captar sus líderes y ajustar sus fines, pero de no ser posible hay que desacreditarlos, destruirlos moralmente. Han de constituirse  instituciones parálelas devotas del gobierno que estén listas para servir como instrumento   y base de la nueva sociedad.

Estos nuevos déspotas no tienden a la falsa austeridad de sus predecesores del socialismo real, ni sufren del fanatismo doctrinal de aquellos. Gustan del lujo y del confort y por eso prefieren crear una clase empresarial parásita y dependiente del estado, que cuando llegue el momento puedan enfrentar las corporaciones  empresariales y gremios del ramo, que chocan con el proyecto económico gubernamental.

Por supuesto que esto no impide la confiscación y estatización de aquellos sectores de la economía que el Poder pueda valorar como estratégicos, pero por lo regular, habrán excepciones, no buscan el control económico total, salvo en la medida que les permita mantenerse en el poder. Esa es una de las diferencias claves entre el  Socialismo Real y al que denominan del Siglo XXI.

Los medios de comunicación ejercen sobre ellos una atracción que es fatal para los profesionales de la comunicación. Son a la vez el personaje de la noticia, y su intérprete.  Reproducen aquel viejo dicho de que el individuo era tan protagonista que en el funeral quería ser el muerto, pero también el que despidiera el duelo. Les place ser tratados como estrellas de espectáculos y actuar como tales.  En su definición del poder la comunicación directa y masiva con la población es vital, y por eso conducir sus propios programas de radio y televisión es de gran urgencia.

Controlar los medios de comunicación es un objetivo clave en la práctica del poder. La confiscación de los medios es un recurso, pero el preferido es incorporarlos al Proyecto. La prensa “viste” de democracia,  y un periodismo cipayo es el traje de gala de la dominación.

Libros: “Iberoamérica 2020: Retos ante la crisis”

retos

La directora de la Fundación Carolina, Rosa Conde, considera que América Latina, una región que ha experimentado un gran avance en el terreno económico y democrático en la última década, debe centrarse en fortalecer sus instituciones para dar el salto al futuro.

Conde, socióloga y quien ocupó el cargo de ministra portavoz con el ex presidente del Gobierno español Felipe González, ha coordinado el libro “Iberoamérica 2020: Retos ante la crisis”, en el que el ex gobernante español actúa como editor, que será presentado este jueves en Madrid.

Un texto en el que líderes políticos, expertos económicos e intelectuales han unido sus esfuerzos para hacer un diagnóstico de los riesgos y oportunidades que afronta la región.

En una entrevista con Efe, Conde explicó hoy que en todos los análisis que ofrece el ensayo hay una “apuesta clarísima por las reformas institucionales”.

Porque “sólo con instituciones solidas, con una mayor calidad de la democracia, América Latina pueda dar el salto definitivo”, agregó.

El texto comienza con una introducción de Felipe González, nombrado embajador plenipotenciario y extraordinario para la Conmemoración del Bicentenario de la Independencia de las Repúblicas Iberoamericanas.

“América Latina: la crisis y el futuro” es el título del artículo firmado por el ex presidente del Gobierno español y que da paso a siete capítulos en los que “subyace”, precisó Conde, otra idea común: la “importancia de la educación como elemento central del desarrollo” en la región.

El primer capítulo del texto está dedicado a los riesgos y las oportunidades que la globalización conlleva para América Latina.

Un análisis que cuenta con la contribución de los ex presidentes Fernando Henrique Cardoso, Ricardo Lagos, Julio María Sanguinetti y Ernesto Zedillo, junto al escritor mexicano Carlos Fuentes.

“Tras este primer brochazo general del impacto de la globalización en América Latina”, dijo Conde, se examina la situación económica de la región y el efecto de la crisis tras un lustro de crecimiento.

En este apartado, los expertos también coinciden, indicó la directora de la Fundación Carolina, en la necesidad de implementar “políticas macroeconómicas sanas relacionándolas con la cohesión social”.

A este epígrafe contribuyeron Enrique Iglesias, secretario general iberoamericano; José Luis Machinea, quien fue Secretario Ejecutivo de la CEPAL, y Carlos Solchaga, ex ministro español de Economía.

El texto examina la potencialidad de la región en el terreno energético, con la visión de la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, y de la política brasileña Dilma Rousseff, entre otras personalidades.

Y para mostrar como se hace frente a las profundas raíces históricas de la desigualdad social, se requirió la colaboración de la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, que firma un capítulo titulado “Crecer para incluir e incluir para crecer: desarrollo económico y cohesión social en América latina”.

Apartado que también da acogida a la opinión del presidente de Brasil, Luis Inácio da Silva, y a la experta Rebeca Grynspan.

Los efectos de los flujos migratorios, con la participación de los mandatarios de Ecuador y Perú, Rafael Correa y Alan García, respectivamente; la inseguridad en la región y las necesarias reformas institucionales, son otros asuntos abordados.

La idea de reunir en un texto la visión de prestigiosas voces surgió, explicó Conde, a raíz del proyecto de Felipe González de crear un grupo de personalidades cuyas opiniones permitan analizar los distintos aspectos de la sociedad latinoamericana.

Un planteamiento que la directora de la Fundación Carolina propuso a González -actual presidente del “comité de sabios” de la Unión Europea (UE)- trasladar a este ensayo.

El libro (editado por Siglo XXI), que será publicado esta semana en Latinoamérica, quiere ser un aporte más desde España a las conmemoraciones de los Bicentenarios de la Independencia de las Repúblicas Iberoamericanas, concluyó Rosa Conde.

¿Y AHORA QUÉ? DE FERNÁNDEZ BOGADO, UNA MIRADA CRÍTICA HACIA LAS DEMOCRACIAS LATINOAMERICANAS

Uno de los principales méritos de Benjamín Fernández Bogado con su nueva obra ¿Y ahora qué? Itinerario de la eterna desilusión política en América Latina, es recordarnos que “una democracia sin ciudadanía es imposible; que una verdadera ciudadanía es responsable al escoger y al vigilar, al exigir, al defender el cumplimiento de lo ofrecido en los procesos electorales”, afirmó Eleael Acevedo, presidente del Instituto Morelense de Información Pública y Estadística.

Pero también Benjamín nos explica en su obra por qué somos tan asiduos a repetir el mismo error de entregar la responsabilidad pública y después desentendernos de ella, agregó Acevedo durante la presentación realizada el pasado jueves en la Casa de la Cultura Jurídica de Cuernavaca.

Incluso hoy en México se debate por qué “es más fácil no participar para no ser responsables, pues es siempre más cómodo ver que participar. Pero al hacernos ajenos de la vida pública dejamos que el gobierno sea conducido por voluntarismos torpes, demagogias infamantes y una ineficacia corrupta”, afirma Acevedo.

Certero, añade entonces: “Por eso la conclusión es inevitable: ‘detrás de ésta frustración colectiva que lleva a muchos a buscar soluciones mesiánicas, autoritarias o populistas, se esconden cuestiones básicas de entender el poder y el gobierno. América ha sido un continente de electores incapaces de presionar para lograr resultados favorables’”.

Y todo porque este es un problema histórico, un conflicto por el que atravesamos los ciudadanos de todos los países latinoamericanos: “El sistema colonial español nos enseñó a dejar en otro las decisiones públicas, desentendernos del poder, desvincularnos de cualquier responsabilidad pública, asumir la cosa pública como algo ajeno, impropio. Por lo mismo nos cuesta mucho trabajo ser activos después de una elección. Entregamos la representación política y abandonamos el proceso democrático, dejamos que otro sea el responsable para echarle la culpa al final de su mandato”.

De eso nos habla la obra, afirma Acevedo, quien destaca: “Coincido totalmente con Benjamín cuando comenta que la vieja ideología no es suficiente para explicar la complejidad de los cambios, menos aún para hacerla funcionar desde el poder. Por eso hemos visto emerger en los últimos años ‘socialistas humanistas’, izquierdistas pragmáticos, conservadores aggionados, fascistas disfrazados de demócratas, grupos étnicos montados en antiguas reivindicaciones postergadas, exguerrileros administrando la nostalgia y el pasado… y yo agregaría que alguno que otro chapulín experto en brincar de un partido a otro, o de una demagogia a otra”.

El presentador describió a la obra literaria como “prolífica, exhaustiva, puntillosa y martillante, sobre las múltiples conductas perniciosas que definen el perfil de los gobernantes y la clase política de nuestro subcontinente. Es una obra inteligente, atrevida y necesaria en estos tiempos, para quienes teniendo el intelecto suficiente no son víctimas de la demagogia, ni de la propaganda electoral”.

México vive en estos mementos un período electoral que culminará el 5 de julio próximo. Tanto el libro como la presentación tuvieron frases contundentes en torno al proceso democrático del que las elecciones son sólo una parte del mismo.

El libro fue prologado por el periodista, historiador y ex presidente boliviano Carlos Mesa Gisbert, quien comenta que Fernández Bogado “reflexiona sobre cuestiones de fondo, a propósito de las respuestas necesarias más allá de esta rueda de la fortuna. ¿Qué es gobernar? ¿Por qué nos gobernamos mal? No basta con mirar al pasado, sino, como él hace, hay que diseccionar el presente. Benjamín Fernández Bogado retrata de modo certero y válido los problemas que atraviesan buena parte de nuestras naciones”.

Fernández Bogado, abogado, periodista y escritor paraguayo, se encuentra viviendo en la Ciudad de México desde hace 9 meses, tiempo que utilizó para reflexionar en torno a las democracias en el continente y el nivel de malestar que existe en la población por sus resultados.

En este provocante, duro y certero libro publicado por la Editora Libre, la Fundación para la Libertad de Expresión y la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, el autor mira la realidad con ojos críticos, lo que llevó a Eleael Acevedo a calificarlo como un excelente ensayo, adecuado a nuestros tiempos y con las palabras exactas para describir momentos, situaciones y problemas políticos por los cuales estuvieron y están atravesando los países latinoamericanos.

El libro formula soluciones y respuestas lapidarias a nuestra pregunta diaria de ¿Y ahora qué?

El autor, refiriéndose al mensaje que desea transmitir su obra, reflexiona diciendo “si queremos mejores gobiernos, seamos mejores ciudadanos. Tenemos democracias con hambre, pobreza, problemas mayores y soluciones más difíciles. Debemos entender el presente, pero plantear fórmulas de solución para el futuro, no nos creamos incapaces de enfrentar a los problemas que se nos presentan”.

Concluyó diciendo que “estamos atravesando por tres grandes crisis, la crisis de identidad, la de valores y la de destino”.

Fernández Bogado, desea con esta obra provocar nuestra rebelión interior, como personas y ciudadanos habitantes de tierras latinoamericanas.

La obra tiene la facilidad de poder ser adaptada a cualquier situación política de cualquier país de América Latina.

Fernández Bogado nos reta a apostar por una democracia de ciudadanos libres y activos que modelen instituciones que sirven a sus propósitos de crear oportunidades de desarrollo y que tengan la capacidad de controlar los excesos del poder.

La conclusión sería que seamos pues, capaces de rebelarnos y aceptar el reto que el autor nos propone.

El libro lanzado oficialmente en Cuernavaca recorrerá con el autor otras ciudades de México. Así el viernes 19 será presentado en Pachuca, junto al resto de la colección de libros de la Fundación para la Libertad de Expresión, entre ellos Autorregulación periodística y Defensoría del lector, de Ernesto Villanueva. El día 26 será presentado en Tlaxcala y en la primera semana de julio en Guatemala y Costa Rica.

El texto de ensayos también será impreso en Venezuela próximamente, antes de ser presentado en Paraguay en octubre próximo.

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PROVOCA ¿Y AHORA QUÉ? DE FERNÁNDEZ BOGADO, UNA

MIRADA CRÍTICA HACIA LAS DEMOCRACIAS LATINOAMERICANAS

* Este libro actual para el caso de México, será presentado el próximo viernes en Pachuca, junto con el de Ernesto Villanueva, en la Universidad Interamericana para el Desarrollo (Unid)

Uno de los principales méritos de Benjamín Fernández Bogado con su nueva obra ¿Y ahora qué? Itinerario de la eterna desilusión política en América Latina, es recordarnos que “una democracia sin ciudadanía es imposible; que una verdadera ciudadanía es responsable al escoger y al vigilar, al exigir, al defender el cumplimiento de lo ofrecido en los procesos electorales”, afirmó Eleael Acevedo, presidente del Instituto Morelense de Información Pública y Estadística.

Pero también Benjamín nos explica en su obra por qué somos tan asiduos a repetir el mismo error de entregar la responsabilidad pública y después desentendernos de ella, agregó Acevedo durante la presentación realizada el pasado jueves en la Casa de la Cultura Jurídica de Cuernavaca.

Incluso hoy en México se debate por qué “es más fácil no participar para no ser responsables, pues es siempre más cómodo ver que participar. Pero al hacernos ajenos de la vida pública dejamos que el gobierno sea conducido por voluntarismos torpes, demagogias infamantes y una ineficacia corrupta”, afirma Acevedo.

Certero, añade entonces: “Por eso la conclusión es inevitable: ‘detrás de ésta frustración colectiva que lleva a muchos a buscar soluciones mesiánicas, autoritarias o populistas, se esconden cuestiones básicas de entender el poder y el gobierno. América ha sido un continente de electores incapaces de presionar para lograr resultados favorables’”.

Y todo porque este es un problema histórico, un conflicto por el que atravesamos los ciudadanos de todos los países latinoamericanos: “El sistema colonial español nos enseñó a dejar en otro las decisiones públicas, desentendernos del poder, desvincularnos de cualquier responsabilidad pública, asumir la cosa pública como algo ajeno, impropio. Por lo mismo nos cuesta mucho trabajo ser activos después de una elección. Entregamos la representación política y abandonamos el proceso democrático, dejamos que otro sea el responsable para echarle la culpa al final de su mandato”.

De eso nos habla la obra, afirma Acevedo, quien destaca: “Coincido totalmente con Benjamín cuando comenta que la vieja ideología no es suficiente para explicar la complejidad de los cambios, menos aún para hacerla funcionar desde el poder. Por eso hemos visto emerger en los últimos años ‘socialistas humanistas’, izquierdistas pragmáticos, conservadores aggionados, fascistas disfrazados de demócratas, grupos étnicos montados en antiguas reivindicaciones postergadas, exguerrileros administrando la nostalgia y el pasado… y yo agregaría que alguno que otro chapulín experto en brincar de un partido a otro, o de una demagogia a otra”.

El presentador describió a la obra literaria como “prolífica, exhaustiva, puntillosa y martillante, sobre las múltiples conductas perniciosas que definen el perfil de los gobernantes y la clase política de nuestro subcontinente. Es una obra inteligente, atrevida y necesaria en estos tiempos, para quienes teniendo el intelecto suficiente no son víctimas de la demagogia, ni de la propaganda electoral”.

México vive en estos mementos un período electoral que culminará el 5 de julio próximo. Tanto el libro como la presentación tuvieron frases contundentes en torno al proceso democrático del que las elecciones son sólo una parte del mismo.

El libro fue prologado por el periodista, historiador y ex presidente boliviano Carlos Mesa Gisbert, quien comenta que Fernández Bogado “reflexiona sobre cuestiones de fondo, a propósito de las respuestas necesarias más allá de esta rueda de la fortuna. ¿Qué es gobernar? ¿Por qué nos gobernamos mal? No basta con mirar al pasado, sino, como él hace, hay que diseccionar el presente. Benjamín Fernández Bogado retrata de modo certero y válido los problemas que atraviesan buena parte de nuestras naciones”.

Fernández Bogado, abogado, periodista y escritor paraguayo, se encuentra viviendo en la Ciudad de México desde hace 9 meses, tiempo que utilizó para reflexionar en torno a las democracias en el continente y el nivel de malestar que existe en la población por sus resultados.

En este provocante, duro y certero libro publicado por la Editora Libre, la Fundación para la Libertad de Expresión y la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, el autor mira la realidad con ojos críticos, lo que llevó a Eleael Acevedo a calificarlo como un excelente ensayo, adecuado a nuestros tiempos y con las palabras exactas para describir momentos, situaciones y problemas políticos por los cuales estuvieron y están atravesando los países latinoamericanos.

El libro formula soluciones y respuestas lapidarias a nuestra pregunta diaria de ¿Y ahora qué?

El autor, refiriéndose al mensaje que desea transmitir su obra, reflexiona diciendo “si queremos mejores gobiernos, seamos mejores ciudadanos. Tenemos democracias con hambre, pobreza, problemas mayores y soluciones más difíciles. Debemos entender el presente, pero plantear fórmulas de solución para el futuro, no nos creamos incapaces de enfrentar a los problemas que se nos presentan”.

Concluyó diciendo que “estamos atravesando por tres grandes crisis, la crisis de identidad, la de valores y la de destino”.

Fernández Bogado, desea con esta obra provocar nuestra rebelión interior, como personas y ciudadanos habitantes de tierras latinoamericanas.

La obra tiene la facilidad de poder ser adaptada a cualquier situación política de cualquier país de América Latina.

Fernández Bogado nos reta a apostar por una democracia de ciudadanos libres y activos que modelen instituciones que sirven a sus propósitos de crear oportunidades de desarrollo y que tengan la capacidad de controlar los excesos del poder.

La conclusión sería que seamos pues, capaces de rebelarnos y aceptar el reto que el autor nos propone.

El libro lanzado oficialmente en Cuernavaca recorrerá con el autor otras ciudades de México. Así el viernes 19 será presentado en Pachuca, junto al resto de la colección de libros de la Fundación para la Libertad de Expresión, entre ellos Autorregulación periodística y Defensoría del lector, de Ernesto Villanueva. El día 26 será presentado en Tlaxcala y en la primera semana de julio en Guatemala y Costa Rica.

El texto de ensayos también será impreso en Venezuela próximamente, antes de ser presentado en Paraguay en octubre próximo.

CONTACTO: Renato Consuegra

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