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Democracia siglo XXI

mes

junio 2013

La Corte Suprema de EE.UU hace historia: dos pasos adelante y uno atrás

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Por Amy Goodman

La Corte Suprema de Estados Unidos anunció esta semana tres fallos históricos, dictaminados por cinco votos a favor y cuatro en contra. Con el primero, se revocó una parte sustancial de la Ley de Derecho al Voto, lo cual habilita a que en estados del sur se sancionen leyes electorales retrógradas que pueden privar del derecho al voto a la creciente cantidad de votantes de color.

 

Los otros dos fallos dejaron sin efecto la Ley federal de Defensa del Matrimonio, conocida como Ley DOMA, una parodia legal que en el derecho federal definía el matrimonio como válido únicamente entre un hombre y una mujer; y la Proposición 8 de California, que prohibía el matrimonio entre personas del mismo sexo. Para quienes luchan por la igualdad y los derechos civiles, estos tres fallos constituyen una brutal derrota y dos contundentes victorias.

 

“Lo que hizo la Corte fue destrozar el corazón mismo de la Ley de Derecho al Voto de 1965”, dice el Congresista de Georgia John Lewis sobre el fallo de la Corte Suprema en relación a la Ley de Derecho al Voto del pasado martes. “Se trata de un importante revés. Tal vez no haya personas golpeadas hoy en día. Tal vez no se les niegue el derecho a participar o a registrar su voto. Tal vez no los cacen con perros de la policía o los aplasten con caballos. Pero en los once estados de la vieja Confederación, e incluso en algunos estados que no forman parte del sur, ha habido un sistemático y deliberado intento por retrotraernos a otra época”.

 

Lewis, de 73 años de edad, está al frente de la delegación del estado de Georgia en el Congreso. De joven lideró el Comité Coordinador Estudiantil No Violento (SNCC, por su sigla en inglés), y fue el orador más joven de la Marcha sobre Washington por el trabajo y la libertad, liderada por Martin Luther King Jr. hace cincuenta años. Recientemente recordó un momento clave de la lucha por los derechos civiles durante un programa de “Democracy Now!”:

 

“El 7 de marzo de 1965, algunos de nosotros intentamos marchar de Selma a Montgomery, Alabama, para demostrarle al país que la gente quería votar… En Selma, Alabama, en 1965, tan solo un 2,1% de la población negra en edad de votar figuraba en los registros de votación. El único lugar donde uno podía intentar registrarse era en un tribunal donde había que pasar un denominado examen de ‘alfabetización’. Y, allí, le decían a la gente una y otra vez que seguramente no iban a poder aprobar el examen.”

 

Lo que le sucedió a aquellos manifestantes mientras intentaban cruzar el Puente Edmund Pettus en Selma forma parte de la historia de las manifestaciones de Estados Unidos. Lewis continuó: “Llegamos a la cima del puente y vimos una multitud de policías del estado de Alabama con sus uniformes azules, pero continuamos marchando. Llegamos a acercarnos lo suficiente como para escucharlos. Entonces vimos que se ponían las mascarillas anti-gas y luego se acercaron a nosotros y nos golpearon con sus cachiporras y látigos y nos aplastaron con sus caballos. Un oficial de la policía estatal me golpeó en la cabeza con su porra y sufrí una conmoción cerebral en el puente. No sentía mis piernas. Sentí que iba a morir. Creí ver la muerte”.

 

John Lewis recibió golpes en la cabeza y fue uno de los diecisiete heridos de gravedad de aquel día. Se recuperó y continuó luchando. Pocos meses después, el Presidente Lyndon Johnson promulgó la Ley de Derecho al Voto.

 

En aquel momento, Johnson expresó: “Hoy este triunfo de la libertad es tan inmenso como cualquier victoria que se haya obtenido alguna vez en cualquier campo de batalla. Esta ley abarca muchas páginas pero el espíritu de la ley es simple. Según valores claros y objetivos, donde sea que estados y condados utilicen normas, leyes o exámenes para negar el derecho al voto, los mismos serán abolidos”.

 

A lo largo de su carrera, John Lewis se ha forjado una consolidada trayectoria en la lucha por los derechos civiles, no sólo en pro de los afro-estadounidenses, sino en pro de todos aquellos que son discriminados.

 

Lo cual nos lleva al segundo fallo clave emitido por la Corte Suprema esta semana. La Corte determinó la inconstitucionalidad de la Ley de Defensa del Matrimonio, que a nivel federal define el matrimonio como únicamente válido entre un hombre y una mujer. En apoyo a este fallo hubo otro, también aprobado por cinco votos contra cuatro, que fundamentalmente deja sin efecto la tristemente célebre Proposición 8 de California, que prohíbe el matrimonio entre personas del mismo sexo. Muy pronto, será legal que parejas homosexuales contraigan matrimonio en el estado con mayor población del país.

 

Allá por 1996, cuando se debatía la Ley DOMA, con el Presidente Bill Clinton como uno de sus principales defensores y amplio apoyo entre las filas de ambos partidos en el Congreso, John Lewis se pronunció en contra de la ley con la misma pasión que demostró en la lucha por el derecho al voto. En aquel momento, Lewis afirmó en la Cámara de Representantes: “Este proyecto de ley es una bofetada a la Declaración de Independencia. Priva a hombres y mujeres homosexuales del derecho a la libertad y a la búsqueda de la felicidad. El matrimonio es un derecho humano básico. No pueden decirle a la gente que no se puede enamorar. No daré mi espalda a otro estadounidense. No voy a oprimir a mi camarada ser humano. He luchado muy duro y durante mucho tiempo contra la discriminación por raza o color como para no luchar ahora contra la discriminación por orientación sexual”. Tras el fallo en relación a la inconstitucionalidad de la Ley DOMA de esta semana, Lewis reiteró que “es mejor amar que odiar”.

 

Para John Lewis, en temas de derechos humanos no se pueden hacer concesiones, son indivisibles. Siguiendo su ejemplo, la gente debería canalizar la alegría que siente hoy ante las victorias del matrimonio igualitario hacia una renovada lucha por el derecho al voto, por la igualdad para todos.

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Madiba, el último de los héroes

 

Nelson Mandela

Político sudafricano (Umtata, Transkei, 1918 – ). Renunciando a su derecho hereditario a ser jefe de una tribu xosa, Nelson Mandela se hizo abogado en 1942. En 1944 ingresó en el Congreso Nacional Africano (ANC), un movimiento de lucha contra la opresión de los negros sudafricanos. Mandela fue uno de los líderes de la Liga de la Juventud del Congreso, que llegaría a constituir el grupo dominante del ANC; su ideología era un socialismo africano: nacionalista, antirracista y antiimperialista.

En 1948 llegó al poder en Sudáfrica el Partido Nacional, que institucionalizó la segregación racial creando el régimen del apartheid. Bajo la inspiración de http://www.biografiasyvidas.com/images/mono.gifGandhi, el ANC propugnaba métodos de lucha no violentos: la Liga de la Juventud (presidida por Mandela en 1951-52) organizó campañas de desobediencia civil contra las leyes segregacionistas.

En 1952 Mandela pasó a presidir el ANC del Transvaal, al tiempo que dirigía a los voluntarios que desafiaban al régimen; se había convertido en el líder de hecho del movimiento. La represión produjo 8.000 detenciones, incluyendo la de Mandela, que fue confinado en Johannesburgo. Allí estableció el primer bufete de abogados negros de Sudáfrica.

En 1955, cumplidas sus condenas, reapareció en público, promoviendo la aprobación de una Carta de la Libertad, en la que se plasmaba la aspiración de un Estado multirracial, igualitario y democrático, una reforma agraria y una política de justicia social en el reparto de la riqueza.

El endurecimiento del régimen racista llegó a su culminación en 1956, con el plan del gobierno de crear siete reservas o bantustanes, territorios marginales supuestamente independientes, en los que confinar a la mayoría negra. El ANC respondió con manifestaciones y boicoteos, que condujeron a la detención de la mayor parte de sus dirigentes; Mandela fue acusado de alta traición, juzgado y liberado por falta de pruebas en 1961.

Durante el largo juicio tuvo lugar la matanza de Sharpeville, en la que la policía abrió fuego contra una multitud desarmada que protestaba contra las leyes racistas, matando a 69 manifestantes (1960). La matanza aconsejó al gobierno declarar el estado de emergencia, en virtud del cual arrestó a los líderes de la oposición negra: Mandela permaneció detenido varios meses sin juicio.

Aquellos hechos terminaron de convencer a los líderes del ANC de la imposibilidad de seguir luchando por métodos no violentos, que no debilitaban al régimen y que provocaban una represión igualmente sangrienta. En 1961 Mandela fue elegido secretario honorario del Congreso de Acción Nacional de Toda África, un nuevo movimiento clandestino que adoptó el sabotaje como medio de lucha contra el régimen de la recién proclamada República Sudafricana; y se encargó de dirigir el brazo armado del ANC (la Lanza de la Nación). Su estrategia se centró en atacar instalaciones de importancia económica o de valor simbólico, excluyendo atentar contra vidas humanas.

En 1962 viajó por diversos países africanos recaudando fondos, recibiendo instrucción militar y haciendo propaganda de la causa sudafricana. A su regreso fue detenido y condenado a cinco años de cárcel. Un juicio posterior contra los dirigentes de la Lanza de la Nación le condenó a cadena perpetua en 1964. Ese mismo año fue nombrado presidente del ANC.

Prisionero durante 27 años en penosas condiciones, el gobierno de Sudáfrica rechazó todas las peticiones de que fuera puesto en libertad. Nelson Mandela se convirtió en un símbolo de la lucha contra el apartheid dentro y fuera del país, una figura legendaria que representaba la falta de libertad de todos los negros sudafricanos.

En 1984 el gobierno intentó acabar con tan incómodo mito, ofreciéndole la libertad si aceptaba establecerse en uno de los bantustanes a los que el régimen había concedido una ficción de independencia; Mandela rechazó el ofrecimiento. Durante aquellos años, su esposa Winnie simbolizó la continuidad de la lucha, alcanzando importantes posiciones en el ANC.

Finalmente, Frederik De Klerk, presidente de la República por el Partido Nacional, hubo de ceder ante la evidencia y abrir el camino para desmontar la segregación racial, liberando a Mandela en 1990 y convirtiéndole en su principal interlocutor para negociar el proceso de democratización. Mandela y De Klerk compartieron el Premio Nobel de la Paz en 1993.

Las elecciones de 1994 convirtieron a Mandela en el primer presidente negro de Sudáfrica; desde ese cargo puso en marcha una política de reconciliación nacional, manteniendo a De Klerk como vicepresidente, y tratando de atraer hacia la participación democrática al díscolo partido Inkhata .

Nelson Mandela

Político sudafricano (Umtata, Transkei, 1918 – ). Renunciando a su derecho hereditario a ser jefe de una tribu xosa, Nelson Mandela se hizo abogado en 1942. En 1944 ingresó en el Congreso Nacional Africano (ANC), un movimiento de lucha contra la opresión de los negros sudafricanos. Mandela fue uno de los líderes de la Liga de la Juventud del Congreso, que llegaría a constituir el grupo dominante del ANC; su ideología era un socialismo africano: nacionalista, antirracista y antiimperialista.

En 1948 llegó al poder en Sudáfrica el Partido Nacional, que institucionalizó la segregación racial creando el régimen del apartheid. Bajo la inspiración de http://www.biografiasyvidas.com/images/mono.gifGandhi, el ANC propugnaba métodos de lucha no violentos: la Liga de la Juventud (presidida por Mandela en 1951-52) organizó campañas de desobediencia civil contra las leyes segregacionistas.

En 1952 Mandela pasó a presidir el ANC del Transvaal, al tiempo que dirigía a los voluntarios que desafiaban al régimen; se había convertido en el líder de hecho del movimiento. La represión produjo 8.000 detenciones, incluyendo la de Mandela, que fue confinado en Johannesburgo. Allí estableció el primer bufete de abogados negros de Sudáfrica.

En 1955, cumplidas sus condenas, reapareció en público, promoviendo la aprobación de una Carta de la Libertad, en la que se plasmaba la aspiración de un Estado multirracial, igualitario y democrático, una reforma agraria y una política de justicia social en el reparto de la riqueza.

El endurecimiento del régimen racista llegó a su culminación en 1956, con el plan del gobierno de crear siete reservas o bantustanes, territorios marginales supuestamente independientes, en los que confinar a la mayoría negra. El ANC respondió con manifestaciones y boicoteos, que condujeron a la detención de la mayor parte de sus dirigentes; Mandela fue acusado de alta traición, juzgado y liberado por falta de pruebas en 1961.

Durante el largo juicio tuvo lugar la matanza de Sharpeville, en la que la policía abrió fuego contra una multitud desarmada que protestaba contra las leyes racistas, matando a 69 manifestantes (1960). La matanza aconsejó al gobierno declarar el estado de emergencia, en virtud del cual arrestó a los líderes de la oposición negra: Mandela permaneció detenido varios meses sin juicio.

Aquellos hechos terminaron de convencer a los líderes del ANC de la imposibilidad de seguir luchando por métodos no violentos, que no debilitaban al régimen y que provocaban una represión igualmente sangrienta. En 1961 Mandela fue elegido secretario honorario del Congreso de Acción Nacional de Toda África, un nuevo movimiento clandestino que adoptó el sabotaje como medio de lucha contra el régimen de la recién proclamada República Sudafricana; y se encargó de dirigir el brazo armado del ANC (la Lanza de la Nación). Su estrategia se centró en atacar instalaciones de importancia económica o de valor simbólico, excluyendo atentar contra vidas humanas.

En 1962 viajó por diversos países africanos recaudando fondos, recibiendo instrucción militar y haciendo propaganda de la causa sudafricana. A su regreso fue detenido y condenado a cinco años de cárcel. Un juicio posterior contra los dirigentes de la Lanza de la Nación le condenó a cadena perpetua en 1964. Ese mismo año fue nombrado presidente del ANC.

Prisionero durante 27 años en penosas condiciones, el gobierno de Sudáfrica rechazó todas las peticiones de que fuera puesto en libertad. Nelson Mandela se convirtió en un símbolo de la lucha contra el apartheid dentro y fuera del país, una figura legendaria que representaba la falta de libertad de todos los negros sudafricanos.

En 1984 el gobierno intentó acabar con tan incómodo mito, ofreciéndole la libertad si aceptaba establecerse en uno de los bantustanes a los que el régimen había concedido una ficción de independencia; Mandela rechazó el ofrecimiento. Durante aquellos años, su esposa Winnie simbolizó la continuidad de la lucha, alcanzando importantes posiciones en el ANC.

Finalmente, Frederik De Klerk, presidente de la República por el Partido Nacional, hubo de ceder ante la evidencia y abrir el camino para desmontar la segregación racial, liberando a Mandela en 1990 y convirtiéndole en su principal interlocutor para negociar el proceso de democratización. Mandela y De Klerk compartieron el Premio Nobel de la Paz en 1993.

Las elecciones de 1994 convirtieron a Mandela en el primer presidente negro de Sudáfrica; desde ese cargo puso en marcha una política de reconciliación nacional, manteniendo a De Klerk como vicepresidente, y tratando de atraer hacia la participación democrática al díscolo partido Inkhata .

Educar al conflicto

 

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Teódulo López Meléndez

 

El conflicto político venezolano se desarrolla sobre las minucias de la acción política cotidiana. Sólo una de las partes, la que ejerce el gobierno, pretende una oferta de fondo que lo es más de telón de un esfuerzo por conservar el poder. Un conflicto ejercido a diario sobre lo circunstancial es en sí mismo una lucha por el poder y no más, lo cual plantea una conclusión de alto peligro: la sustitución del actor del poder no acabará el conflicto sino que más bien puede agravarlo. Es así como puede argumentarse que el venezolano es uno sin salida.

 

No hay frente a los venezolanos una interpretación de mundo que le permita dilucidar mediante el ejercicio de la reflexión un presente complejo e impredecible. En buena medida podemos afirmar que este conflicto diario sustentado sobre la superficialidad nos convierte en una sociedad de la ignorancia por oposición a lo que deberíamos ser o pretender ser: una sociedad del conocimiento.

 

El enmarcaje del conflicto en un “no volverán” o “los echaremos” reduce las posibilidades democráticas y anula la vía electoral para su resolución, puesto que cualquiera sea el resultado, se produzca o no la alternancia, el conflicto pervivirá en igual magnitud. Esto es, aparte de la violencia directa que se manifiesta con frecuencia, se seguirá manifestando una violencia estructural y cultural.

 

Fácil de decir y difícil de lograr, pero la única posibilidad pasa por el fomento de una perspectiva creadora del conflicto. El lenguaje de los actores, las movidas que llamaremos tácticas ante la ausencia de algún término despectivo para designarlas, sólo muestran una concepción de la democracia como procedimiento aparente en desmedro de una como forma de vida.

 

El interés general, principio básico de la ética política, que conlleva a un cuerpo social a la capacidad de discutir y consensuar, ha sido echado a un lado por los actores que se disputan el poder sobre la base de intereses sectarios. Viendo, por ejemplo, la cara de Jano del titular de nuestras Relaciones Exteriores, actuando como tal y como dirigente del partido gobernante en una dicotomía inaceptable, creo deberíamos plantear el concepto que denominaremos de “diplomacia ciudadana”, una que busque un máximo denominador común posible.

 

Lo que llamamos “diplomacia ciudadana”, por oposición al conflicto perverso, es una participación horizontalizada que calificaremos como una democratización del hasta ahora tratamiento convencional –si es que tal existe- del conflicto. Esto es, los actores de la resolución no son los titulares de la autoridad, ni los que la ejercen en una violación cotidiana del Estado de Derecho ni quienes la encarnan del otro lado por su mando sobre los partidos agónicos donde no se practica democracia interna. En pocas palabras, dado el juego cerrado del conflicto venezolano sólo una participación activa de protagonistas ciudadanos puede lograr una transformación positiva del conflicto en medio de una exigencia general de simetría y bajo el dominio de una razón comunicativa y dialógica.

 

La aparición de este ethos democrático redescubriendo el conflicto es ciertamente un albur, uno sólo lograble por la vía en que estamos definiendo, uno de pedagogía de la inclusión, o lo que estamos llamando una educación al conflicto. Aún contra los actores conflictivos que se empeñan en retroalimentarse y en cuyo esfuerzo convierten al lenguaje en bazofia y en arma condenable, es menester insistir en conceptos como la diversidad y las diferencias como valor, en la solidaridad y en el contraste como posibilidad. Si queremos verlo así, deberemos afirmar al conflicto bajo educación como palanca de transformación y logros, como un chance al aprendizaje y como una práctica de aquella afirmación de Paulo Freire de que toda acción educativa conlleva a una acción política y que la política posee una dimensión pedagógica, una, por cierto, desdeñada en esta ruina cotidiana a la que somos sometidos.

 

Si lo queremos decir de otra manera, la única posibilidad de enfrentar el conflicto, vista la pequeñez de los actores, es educando al conflicto para dar sentido a lo que no lo tiene.

 

tlopezmelendez@cantv.net

Espionaje USA: De la Caverna a la Web

espionaje

 

Lina María Aguirre |

 

Se necesita un tiempo para intentar asimilar de forma comprensiva la información que se está conociendo en relación con el programa ‘PRISMA’ de espionaje sistematizado del gobierno de los Estados Unidos a cargo de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA). Es tal la particularidad del caso que ha puesto de acuerdo a dos hombres cuyas posturas ideológicas se conocen como irreconciliables: el cineasta Michael Moore y el conservador Glenn Beck. Aunque ya se habla de “spygate”, el tema desborda el cliché periodístico. Exige otras formas de ánalisis,  como propone el filósofo Peter Ludlow en uno de los textos más agudos publicados hasta ahora. No se trata solamente de una ‘guerra contra el terrorismo’ o de una ‘guerra contra las libertades civiles’, el sistema de vigilancia de los Estados Unidos libra una “Guerra real contra la realidad“.

Ludlow es profesor de la Universidad Northwestern y es uno de los filósofos contemporáneos que escribe en The Stone, en la sección de opinión del New York Times. Investiga sobre temas como el ‘Estado vigilante’, agencias privadas de inteligencia y hacktivismo. En su artículo del ‘Opinionator’, recuerda que el entender el concepto del engaño y la decepción ha sido un propósito fundamental de la filosofía durante 2500 años. La caverna de Platón es el lugar en el cual las sombras se confunden con realidad y en el mundo contemporáneo, grupos con poder operan secretamente para crear/mantener ‘cavernas’ en las cuales el público esté expuesto a falsas impresiones, a falsas realidades: el terreno en el cual se encuentra “el trabajo de periodistas, filósofos y otros que buscan la verdad”.

La magnitud de la cuestión está, como pasa en otras ocasiones, en los detalles y uno que es importante destacar es que, como observa Ludlow, la mayor parte del trabajo de inteligencia de los EE.UU. es llevado a cabo por agencias privadas, no por el gobierno directamente, así que es recomendable encontrar relaciones entre las revelaciones de los últimos días y otras previas, como las hechas por el grupo que hoy se conoce como LulzSec (antes ‘Internet  Feds’) cuando sacó a la luz pública 75000 emails que mostraban, entre otros casos, el origen de ‘Team Themis‘, un programa creado específicamente “para  sabotear o desacreditar la organización contraria”, en ese momento los cables del caso WikiLeaks y el periodista Glenn Greenwald (quien ahora ha dado la premicia del caso de Edward Snowden). Los emails muestran cómo Team Themis desarrolló otras propuestas de intervención para la Cámara de Comercio y la Fuerza Aérea de los EE.UU., que incluían por ejemplo la creación de identidades falsas en redes sociales y estrategias para socavar la credibilidad de organizaciones independientes ciudadanas.

Documentos conocidos posteriormente, procedentes del trabajo de un hacker, Jeremy Hammond,  han mostrado la forma cómo opera Stratfor (Strategic Forcasting), otra compañía privada de seguridad que coordinó programas de infiltración en el movimiento ‘Occupy’ en Austin, de monitoreo de activistas ambientales, vigilancia a miembros del grupo crítico de la empresa Dow Chemical, los ‘Yes Men’. Stratfor respondió a una petición de la empresa Coca-Cola sobre la organización PETA (para el tratamiento ético de animales) diciendo que vería que podía “desclasificar” en los archivos del FBI. Además, se ha conocido el intensivo trabajo de relaciones públicas de Stratfor y el hecho de que tenía varias compañías de medios en su nómina.

Se sabe ahora, como informa David Kravets en Wired, que el general Keith Alexander, director de la NSA, ha accedido a cooperar con una investigación del Grupo de Vigilancia de Privacidad y las Libertades Civiles en el caso ‘Spygate’, propuesta por el senador demócrata Tom Udali, aunque es incierto cuánta información de la investigación saldrá a la luz pública, al menos por canales oficiales, ya que Alexander ha advertido que “se ha hecho gran daño revelando todo esto, la consecuencia es que nuestra seguridad ha sido puesta en peligro”, y hoy en día se conocen antecedentes sobre las medidas que a veces son tomadas en nombre de la seguridad. A propósito del personaje, un trabajo periodístico notable de James Bamford en Wired merece atención porque ayuda a conocer mejor el contexto de los hechos recientes.

Es un reportaje extenso sobre el general Keith Alexander, quien está a cargo de una ciudadela secreta desde donde se dirige el plan de ciberguerra de los Estados Unidos de América (el cual, como se podría  deducir, no se restringe necesariamente a las fronteras físicas del país). Allí trabaja ‘un ejército’ de hackers y personal experto en computación e ingeniería que diseña estrategias y equipos con capacidad para lanzar ataques letales no solamente a infraestructura (de diverso tipo) de una fuerza “enemiga” sino también a personas.

Se les atribuye la creación de Stuxnet, una pieza compleja de software lanzada para destruir instalaciones nucleares en Irán. Una fuente anónima del periodista, exagente de alto rango de la CIA, declara: “Bromeamos llamándolo Emperador Alexander, porque cualquier cosa que quiere, la consigue”. Está convencido de que las ciberarmas son en el siglo XXI lo que las nucleares fueron en el XX y en una conferencia reciente en Canadá, citada por Bamford, declaró “estoy preocupado porque [la creciente actividad potencialmente peligrosa en las redes] va a traspasar el umbral y el sector privado no podrá manejar más la situación, y el gobierno tendrá que intervenir”. Como dice el periodista, “en sus palabras, la amenaza [contra los Estados Unidos] es tan inmensamente grande que la nación no tiene más opción que poner toda la internet civil bajo su protección, exigiendo que tweets , emails pasen por sus filtros y poner el botón de ‘kill’ bajo el dedo índice del gobierno”.

Otro material recomendado de la cobertura y análisis especial de Wired sobre el tema incluye: esta advertencia de porqué pensar ‘no tengo nada que temer’ es equivocado al juzgar el impacto de los programas de vigilancia informática, por Moxie Marlisnpike, quien alerta también sobre la enorme cantidad de leyes y crímenes catalogados en unas 27000 páginas del Código de los Estados Unidos, el desconocimiento de todas ellas al detalle y la disparidad de criterios en los distintos estados, así que un ciudadano no puede estar siempre seguro/a de ‘no tener nada que temer’. Merece la pena además volver a leer este artículo de Bruce Schneier “En cuestión de seguridad, estamos regresando al feudalismo”, en el cual explica la transformación del concepto de seguridad informática de los primeros tiempos de internet y web, que dependía fundamentalmente del usuario/a (firewalls, antivirus, etc) a depender ahora completamente de lo que decidan y hagan los fabricantes de equipos y las compañías del software y servicios en línea, quienes a su vez llegan a acuerdos con el gobierno -y por extensión, con firmas privadas de vigilancia contratadas por éste- para ‘asegurar’ su protección a toda costa, a menudo en detrimento de la transparencia debida para con el público.

Los hechos recientes, que apenas parecen ser ‘la punta del iceberg’ han puesto de relieve también las nuevas formas de hacer periodismo de investigación hoy. Es cierto que el Guardian y el Washington Post fueron ‘elegidos’ directamente por el informante Edward Snowden, excontratista de NSA,  en el caso presente, pero el tratamiento subsiguiente ha sido uno que revela las exigencias tanto como la reafirmación de relevancia del periodismo de calidad hoy para analizar, interpretar y comunicar los hallazgos provenientes de fuentes tanto convencionales como no convencionales.

Nicholas Weaver, investigador del Instituto Internacional de Ciencia Computacional de Berkeley, escribía el pasado 14 de mayo estas recomendaciones útiles tanto para quienes quieran dar información secreta a la prensa (“futuras Gargantas Profundas”) como para  periodistas y organizaciones de medios. En este artículo del New York Times, la documentalista que ha hecho las grabaciones de las declaraciones de Snowden, Laura Poitras (perfil de Salon), explica cómo una de las razones por las cuales fue contactada e hizo las filmaciones con Snowden, además de su conocimiento en temas de seguridad (varias publicaciones, filmes e interrogatorios al entrar a su país, Estados Unidos) ha sido su conocimiento técnico para tener conversaciones encriptadas en línea. A propósito, este es el mensaje en código que Wired le ha enviado a Snowden, hecho público con la nota de “no leerlo si ud. no es él”.

Como dice Poitras, se está en medio de una historia que todavía está desenvolviéndose. Falta más para conocer y completar un cuadro más completo que dé una idea clara, entre otras cosas, del papel exacto que están jugando las compañías como Microsoft, Apple, Google, Facebook o Yahoo en este nuevo escenario mundial en el cual el espionaje por parte de quienes concentran poder (estatal, económico, técnico, de cabildeo) se ha convertido en una actividad masiva, internacional y con un potencial de millones de personas afectadas sin que esté definido exactamente cómo pueden invocar sus derechos individuales.

Una situación compleja que reitera la obligación de auto-educarse en la forma cómo funciona y las consecuencias del uso de tecnología y servicios web ampliamente difundidos, saber qué puede pasar con el material personal alegremente puesto a circular en redes, y también conocer las iniciativas recientes surgidas en los últimos días, como StopWatchingUs, respaldada, entre otras, por las organizaciones como la Electronic Frontier Foundation, la Fundación World Wide Web, MoveOn, Mozilla o el Center for Democracy and Technology. El inventor de la Web, sir Tim Berners-Lee, ha dicho de nuevo que la “vigilancia gubernamental sin control es una intrusión en los derechos humanos fundamentales y amenaza las bases mismas de una sociedad democrática”.

La campaña recuerda, entre otras, dos declaraciones elocuentes: “Aquellos que renuncian a la Libertad esencial para comprar un poco de seguridad temporal, no merecen ni libertad ni seguridad”, de Benjamin Franklin, y  “Sería estremecedor para mí si los ciudadanos de los Estados Unidos permiten que esto continúe”, del disidente Ai WeiWei, quien también ha dicho que el país americano “se está comportando como China“, y por supuesto, no lo ha dicho como un elogio.

lavanguardia.com

El debate sobre la función del voto en la democracia

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Por José Miguel Onaindia

Esta semana se producen debates en las dos orillas del Río de la Plata que invitan a reflexionar sobre el voto y sus funciones en un sistema democrático del siglo XXI. En Uruguay, se inició un proceso para convocar a referéndum contra la ley que legaliza y regula la interrupción voluntaria del embarazo, sancionada por el Congreso, según el procedimiento de participación popular que establece la Constitución y que tiene una tradición en el desarrollo institucional y, especialmente, desde su recuperación democrática. En Argentina, la Corte Suprema declaró inconstitucional la ley que modifica el sistema de elección de los miembros del Consejo de la Magistratura, órgano incorporado en la reforma constitucional de 1994.

Ambas situaciones, que no tienen semejanzas ni por la materia ni por los procedimientos, son disparadores para discernir sobre los mecanismos de legitimidad en las democracias contemporáneas: ambos contrapuestos escenarios tienen la participación popular como eje de la reflexión institucional.

Votar o no votar. El domingo comenzará, en Uruguay, el proceso para someter a referéndum la ley de legalización del aborto, que como en muchos países causó controversias y divisiones aun entre legisladores de las mismas fuerzas. Es necesario aclarar que plebiscito y referéndum no son sinóminos. El plebiscito es convocado para aprobar o rechazar una reforma constitucional, como la última etapa del proceso reformador de la norma fundamental. El referéndum es un procedimiento de participación popular que se inicia con el aval de un 25% del total de inscriptos habilitados para votar, dentro del año de promulgada la ley. Si alcanza ese piso de respaldo, permite que mediante otro acto electoral se ratifique o rechace la ley cuestionada.

Las fuerzas políticas se dividen respecto de su posición sobre la participación en el acto electoral. Mientras el grupo Voz y Voto, que promueve el referéndum, sostiene que la ley fue votada por la mayoría , con diferencia de un voto, el Frente Amplio gobernante recuerda a la ciudadanía que la ley se aprobó por sesenta y siete votos. Mientras los opositores sostienen que los uruguayos superan sus diferencias mediante el voto, el oficialismo recuerda que la consulta convocada no es obligatoria. Estas posturas fueron plasmadas en campañas publicitarias que provocaron arduas discusiones en las redes sociales.

Del otro lado del Río de la Plata y en la misma semana, la Corte Suprema declaró la inconstitucionalidad de una ley recientemente aprobada por el Congreso que determinó que los miembros del Consejo de la Magistratura fueran elegidos por el voto popular. Más allá del juicio de valor que esta decisión merezca, lo cierto es que basta la lectura del artículo 114 de la Constitución para advertir que la decisión legislativa es violatoria de esa disposición. La norma establece que el Consejo será integrado por representantes de los órganos políticos resultantes de la elección popular, de los jueces de todas las instancias, de los abogados de la matrícula federal y de personas del ámbito científico y académico.

La sentencia recibió la dura condena del oficialismo, que tuvo como vocero principal a la Presidenta y una amplia aprobación de la oposición política y de vastos sectores del pensamiento académico. La crítica tiene como principal argumento la violación de la voluntad popular, expresada por la mayoría del Congreso, de votar la ley cuestionada, mientras quienes apoyan la decisión jurisprudencial sostienen la legitimidad del principio de control de constitucionalidad que la Constitución otorga al Poder Judicial para mantener el principio de supremacía de la Constitución.

Indispensable, pero insuficiente. El lector puede preguntarse qué me conduce a relacionar ambas situaciones de dos países muy diferentes en sus sistemas de organización política y en sus comportamientos sociales. Entiendo que en ambos escenarios hay una cuestión que subyace: ¿en una democracia todo se legitima con el voto? Hace ya veinte años, en un ensayo que se tituló ¿Qué es la democracia?, Alain Touraine sostenía que “con votar no basta” . Esta afirmación parte de la base de que el voto es indispensable para que se establezca un sistema democrático, pero insuficiente en el siglo XXI para determinar la existencia de un sistema democrático.

Elegidos los órganos de representación popular por el sufragio universal, supuesto indispensable para que se establezca una democracia, ¿el voto legitima toda decisión o conducta? ¿Puede el voto popular habilitar la restricción o supresión de derechos humanos fundamentales? ¿Puede el Congreso elegido por el pueblo y expresión de la mayoría transitoria dictar normas que transgredan y modifiquen las normas constitucionales?

Estas preguntas que pueden parecer de respuesta obvia están en la base de las controversias que se suscitan en ambos países frente a supuestos de hecho y mecanismos constitucionales de control muy diferentes.

La ley de interrupción voluntaria del embarazo fue sancionada por una legítima mayoría que no fue expresión única del frente político gobernante, sino que contó con el voto de algunos legisladores de la oposición. Para sus adherentes, significa una ampliación de los derechos humanos y un avance en el reconocimiento de la extensión de derechos a la mujer, ayudando a que el Estado controle y custodie el derecho a la vida y a la salud de quienes deciden voluntariamente asumir esa decisión. Para sus opositores, cercena el derecho a la vida de la persona por nacer. La Constitución uruguaya permite dentro del primer año de promulgación que la ley sea sometida a este proceso de ratificación popular.

Me parece interesante recordar que estos mecanismos de participación popular surgen para tornar más participativos los sistemas democráticos y permitir que el ciudadano se pronuncie por la aceptación o rechazo de determinadas materias que se ponderen de importancia política. Su recepción constitucional ha sido una tendencia de la evolución del constitucionalismo en el siglo XX.

El control judicial de constitucionalidad de las leyes es un mecanismo que surge desde los orígenes del movimiento constitucional y que en una forma de gobierno presidencialista como la argentina constituye un necesario mecanismo de control para la adecuación a la norma constitucional de gobernantes y gobernados. La sentencia de la Corte que declara la inconstitucionalidad parcial de la ley de elección de los miembros del Consejo de la Magistratura reitera principios que son la base del sistema político como la separación de poderes, la supremacía de la Constitución y el control de los actos de los restantes órganos por el Poder Judicial.

Más allá de muchas críticas que pueden hacerse y que he formulado a la organización de sistema judicial argentino, me parece necesario señalar que en los casi treinta años de la recuperación del orden constitucional, en muchas situaciones mediante el control de constitucionalidad se ha ampliado la base de los derechos humanos y se ha anticipado medidas legislativas demoradas. Desde la ley de divorcio vincular a la de matrimonio igualitario, desde el cuestionamiento a la obediencia debida y al indulto hasta la ampliación de los derechos sociales como la movilidad del haber jubilatorio, la Justicia, mediante este sistema de control, ha tenido un rol trascendente en la protección de los derechos y el orden constitucional.

Las democracias contemporáneas se legitiman y amplían cuando, además de la elección popular de sus representantes y el ejercicio de formas de participación popular, hacen que sus normas e instituciones permitan la más amplia extensión de los derechos de las personas, respeten la diversidad de individuos y grupos y diriman sus conflictos dentro de los mecanismos del sistema. Como expresa el ya citado Alain Touraine, la democracia no consiste en que el pueblo se siente en el trono, sino en que no haya trono.

 

*Profesor de Derecho Constitucional y Legislación Cultural en UBA, UNC y Flacso.

 

El Brasil que grita

Audio de Teódulo López Meléndez

Bras 1

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El conflicto político como aporía resoluble

 

aporía 3

 

Teódulo López Meléndez

 

El conflicto político ha sido analizado desde Platón y la lista de filósofos que lo han abordado pudiera hacerse interminable. Platón partía, para justificar su república, de un reconocimiento a nuestros enemigos como iguales. Kant hablaba de saber conjugar los elementos para crear las bases de la comprensión. Schmitt sugería la idea del enemigo justo. Gramsci, desde su posición de definir a la sociedad civil como parte de una superestructura en la que se presenta el consenso social, nos refiere a una estructura donde están las clases sociales divididas y en conflicto y que no pueden ser consideradas como tal. Quizás sea, entonces, desde Gramsci, que podamos partir para preguntarnos hasta donde la venezolana puede seguir siendo considerada una sociedad civil, dado el grado de división interna.

Los análisis contemporáneos de la violencia política van desde la penetración en las crisis, rigideces y bloqueos hasta lo que se ha denominado una ‘frustración relativa”, pasando por lo que se ha dado en llamar la toma revolucionaria del poder para convertirse, o intentar convertirse, en un protagonista político permanente, tesis calificada por sus defensores como violencia de carácter instrumental y que, seguramente, es la versión teórica más afín con la praxis venezolana de estos últimos años.

Si lo decimos en términos de Habermas el conflicto proviene de la imposibilidad de clarificar en forma reflexiva las necesidades y sus modos de satisfacción, valores a preservar y sistema de vida compartible. En esta “sociedad democrática” es obvio que se requiere un cuerpo social con criterio que es precisamente lo que falta cuando el conflicto aparece.

 

En medio del conflicto suelen aparecer las preguntas inadecuadas dado que surgen sobre presupuestos de lucha por el poder y donde las representaciones a las que es llevado impiden convertirlo en concepto y, sobre todo, donde el lenguaje es convertido en obstáculo, batalla que algunos hemos señalado volteando el viejo adagio de que es necesario demostrarlo con hechos para decir que debe ser demostrado con lenguaje.

 

La lucha por el poder obliga a una inmersión total en la realidad con olvido de toda pretensión de cambiarla, más aún, hacen todo a su alcance porque ella se mantenga fiel al conflicto. De esta manera se aleja toda posibilidad de otro conflicto que es inherente a la sociedad misma, el conflicto de la pluralidad que debate en acción y palabra y que requiere ciudadanía, para centrarlo todo en un “estado de guerra” con las consecuentes persecuciones y exclusiones.

 

El concepto de poder por el que se lucha limita la política a una mera técnica de dominación. El poder se hace así método para hacernos obedecer  y es aplicado por los actores que se retroalimentan de la realidad del conflicto. De cada una de estas acciones hay responsables, aún cuando a veces pareciera diluirse esa responsabilidad en un anonimato atribuible al conflicto mismo. Es así como las sociedades comienzan a creerse víctimas de una especie de fatalidad inducida, claro está, por una ausencia de criterio ciudadano y cuando ya no hay aspecto de la vida que no haya sido invadido por el conflicto.

Esa invasión de la totalidad hace del conflicto mismo una expresión totalitaria, si se nos permite un aparente juego de palabras. Todo pasa a dominio del conflicto, todas las relaciones sociales están interpenetradas y se llega a hablar del destino que tocó en suerte a ese cuerpo social específico como fatalidad. Como los órganos del poder se han puesto al servicio del conflicto no hay adónde acudir en procura de un equilibrio de respuesta justa, el poder actúa de manera omnímoda pretendiendo cambiar el pasado histórico, haciéndose él mismo el administrador de una fuerza que excede hasta el mismo Leviatán del que hablaba Hobbes. Una fuerza justificada en la lucha contra “los enemigos de la patria” o contra los “enemigos del proceso”, una oposición  a una especie de sanación justiciera. El hombre común pierde todo sentido de seguridad y quienes pretenden restituírsela sólo alcanzan a balbucear el regreso de un viejo entramado que sólo lleva a una disposición anímica de desamparo y, con la tecnología de hoy, a una descarga anímica incongruente en las redes sociales, descarga que contribuye grandemente al engorde del conflicto.

El proceso que se vive, o des-vive-, hace cada día más informe al cuerpo social, dado que todo fin es reducido a la derrota de la contraparte. Procesos históricos de conflictos con resultados variables hay a montones en la historia, pero en el aspecto psicológico lleva al aislamiento en procura de un espacio donde el conflicto no llegue o a la militancia exacerbada en procura de resolver el conflicto por la fuerza. En ese preciso momento se habrá dejado de ser sujeto para pasar a ser un mero instrumento de los sucesos. Habrá llegado la hora al hombre vivo de dejar de retroceder.

Al fin y al cabo el poder no es más que una representación, cierto que encarcela, reprime y/o persigue, pero en el campo de la filosofía del conflicto, y para adelantarnos a los reclamos de ocuparnos del presente real,  hay que decir que esa representación requiere de constante reconocimiento de su existencia  mediante una percepción de lo que se cree de él. Lo hemos reclamado a lo largo de los años: “la modificación de la mirada”. Ya va siendo hora de que los venezolanos dejen de describir fenómenos y pongan significados.  La falta de respuestas – y seguramente de interrogantes- ya parece la conversión del conflicto en un anhelo de aclaración insatisfecho. Pareciera necesario el reclamo, al cuerpo social, de recomenzar a tener ideas. Las ideas cambian los paradigmas y así las aporías se niegan a sí mismas  dejando de ser irresolubles.

tlopezmelendez@cantv.net 

Brasil o la protesta de los 20 céntimos

Audio de Teódulo López Meléndez

Brasil 1

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El peligro de emular al adversario

ideología

 

Por Alberto Medina Méndez

Al brillante escritor argentino Jorge Luis Borges se le atribuye aquella frase que entre ironía y verdad decía que “;hay que tener cuidado cuando se elige a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos”.

Algo de eso se verifica en el presente cuando se observa la conducta de muchos que han perdido el rumbo, tal vez por impaciencia, bronca o impotencia, o porque cometieron el pecado de reflejarse en sus adversarios.

Existe cierta ambigüedad en este tipo de situaciones. Por un lado el adversario pone reglas de juego, y en la medida que consigue imponerlas crea la sensación de que sus logros son el producto de sus modos, sus formas, su estilo, y obviamente sus ideas.

Así, la tendencia a imitarlos, se genera como si fuera el único camino. Ellos ya no solo imponen su relato, sino que lo convierten en exitoso, por el solo hecho de que consiguen triunfos electorales, o porque son muchos los que repiten esa cantinela, como si se tratara de una verdad indiscutible.

Avanzan, empujan, aplastan, y de ese modo, transmiten la idea consolidada de que para superarlos hay que hacer lo mismo que ellos, pero mejor, es decir ofrecer más de lo mismo, con matices adicionales. Pero ese es solo el comienzo, porque el problema arranca allí, para empeorar, cuando las inmoralidades del régimen se convierten en reglas de juego inmutables.

Parece tan potente ese falaz argumento, que consiguen trasmitir la visión de que para ganarles habrá que ser más tramposos que ellos, se deberá mentir el doble y recurrir a todos los ardides y picardías que ellos aplican.

No está mal aprender de sus aciertos, si los tuvieran. Tampoco es incorrecto detectar sus eventuales fortalezas, pero solo para ver si esos ingredientes son necesarios o pueden ser reemplazados en una estrategia equivalente pero opuesta. El desafío es justamente no parecerse al adversario, diferenciarse en todo lo que sea posible, sobre todo en lo esencial que no tiene que ver con sus formas sino con su inmoralidad intrínseca.

Siempre parece más fácil ganar haciendo trampas que siguiendo valores y convicciones, pero imitarlos en su vulgaridad y falta de escrúpulos, en su crueldad y ausencia de principios, solo implica distanciarse de la meta.

Se trata de triunfar, pero no a cualquier precio. Obtener un buen resultado haciendo lo incorrecto, no es ganar, sino perder. Y es peor cuando esa derrota implica que se ha claudicado en las convicciones para que ellos impongan las suyas y logren que la sociedad las considere indispensables.

La gran batalla que vienen ganando no es la que parece, no es la de los triunfos electorales o la implementación de sus perversas políticas. Han ganado mucho más que eso. Impusieron sus reglas, diseñaron un contexto moral a su medida, fijando los parámetros bajo los cuales quieren competir, y es justamente por eso que triunfan muchas veces, porque son SUS reglas.

Para lograr equilibrio, armonía y orden, hay que animarse a hacer las cosas de un modo diferente. Está claro que eso requiere paciencia. Este desafío no es para ansiosos. No es casualidad que sean los más añosos quienes hayan caído en la trampa de aceptar el presente con resignación, o bien de incitar a la búsqueda de recursos indebidos cruentos e inaceptables.

La historia de una sociedad no se modifica por arte de magia. De hecho, es correcto y hasta saludable que las sociedades paguen por sus propios errores, como corresponde. De lo contrario, se podría creer que se pueden corregir rumbos con solo apretar un botón, y eso no forma parte del mundo real, sino de un universo imaginario ajeno a la esencia humana.

Hay que hacerse cargo de los errores, de eso se trata. Claro que el aprendizaje es doloroso y amargo, pero solo de ese modo se asumen los desaciertos y se los internaliza para evitar repetirlos.

El camino de regreso a la sensatez, será probablemente largo, lento y también difícil, porque hacerlo con corrección, honestidad, transparencia y con la verdad como bandera, traerá consigo tropiezos y cierta dificultad para lograr acuerdos y consensos. Pero eso es lo que se precisa hacer, es lo que se debe y lo que resulta imprescindible para dar vuelta la página.

Tal vez, con algo de inteligencia, creatividad, y sobre todo tenacidad y perseverancia, se dispondrá de la posibilidad de acortar en algo estos plazos que pueden parecer interminables.

Se necesita construir una alternativa o, tal vez, varias, pero que todas ellas sean capaces de transitar ese camino diferente, distinto, diverso. Se debe poder reemplazar el odio como matriz para que vuelva la armonía, esa que logre sustituir la imposición autoritaria del presente por el debate, el intercambio de inquietudes, la articulación de propuestas, la discusión pausada y serena de variantes que nos acerquen a las soluciones.

Algunos que intentan buscar atajos, están equivocando el camino. Apurados por terminar este proceso de indignidad, atropellos y autoritarismo sistemático, pretenden recurrir a cualquier artilugio, imitando a sus adversarios y solo proponiendo otra alternativa demasiado parecida que ofrecer los mismos ingredientes y similares herramientas.

A no confundirse. La recuperación del equilibrio, viene de la mano de hacer lo adecuado, con métodos que no puedan ser cuestionados por su inmoralidad, y transitando una construcción prudente, para que el futuro sea la consecuencia esperable de hacer las cosas del modo correcto.

Es por eso que se debe abandonar esa mágica idea de imitarlos. Allí está la clave, en evitar esa tentación, porque hacerlo implica terminar pareciéndose a ellos y asumir entonces el peligro de emular al adversario.

Inefable Educación sin Rendición de Cuentas: hacia el voto en blanco

aporía 2

 

Por Ricardo Viscardi

En su última intervención radial, el presidente Mujica nos ha alertado acerca de la futilidad de confundir la educación con todo lo demás. De esta necesaria diferenciación de la educación con los demás aspectos de la experiencia humana, surge incluso la posibilidad de diferenciar la enseñanza de la educación, lo que vuelve a esta última aún más inefable, ya que aligerada de la gravitación de la enseñanza, la labor educativa se convierte en un éter social absoluto. A partir del Iluminismo, el presidente vincula por igual esa esencia inasible con los improperios que surgen de la vituperación pública con ocasión de los accidentes de tránsito, así como con el Holocausto del pueblo judío en manos de los nazis, e incluso con cualquier otra catástrofe, si atendemos a la extensión generalizada del riesgo público en que incurrimos, por exceso o defecto de algo incondicionado: la educación.[1]

 

Recuerdo haber oido, con anterioridad al “giro copernicano” del planteo presidencial ante la demanda de los gremios de la Educación, el mismo criterio en una conversación al paso, entre un vendedor y una clienta, en plena feria ciudadana. Abierto ante todo al talante popular que sabe (que sabe) por antonomasia sin necesidad de enseñanza, Mujica no dudaría, sin duda,  en suscribir tanto al escenario callejero de la sabia apreciación, como a su propósito absolutamente imbuido de verdad popular, a la vista ferial del alimento mismo del saber social. El propósito del feriante, que fuera en su momento objeto del pleno asentimiento de una clienta, conmovida a su vez por la fructífera contundencia del argumento, señalaba que más allá de cualquier calidad personal, la educación se lleva en la persona, de manera que se porta con las maneras propias a uno mismo. No es educado quien aprende, sino quien desde ya se muestra bien educado. Esta condición inherente a la calidad de la educación, la separa de toda ínfula de diferenciación, ya que basta la buena intención, que proviene del vientre materno primero y de la lactancia que le sigue después, para suministrar el nutriente por excelencia al educando.

 

 Yendo más atrás, otro antecedente presidencial nos recordaba, en momentos en que la subversión amenazaba la consistencia social de la constitución ciudadana, que había connacionales “bien nacidos” y otros no (o no tanto, o menos, o maleducados, etc.). Por consiguiente, la educación tal como lo han afirmado dos titulares de la presidencia de la República, que por lo visto no sólo aproxima entre sí el cargo (Pacheco primero, Mujica ahora) es estrictamente inefable e innata en el sentido cartesiano del término: eterna.

 

En ese sentido racional Descartes infiere la existencia humana de la contraposición entre la duda sobre sí propio[2] y la certidumbre del ser divino que adviene, sin embargo, de pensarlo en uno mismo. Por lo tanto, este “sí mismo” llega a la afirmación de la existencia propia a partir de la duda y de cara a una certidumbre, sin ser a ciencia cierta, sino el quedar sujeto entre lo uno (lo humano precario) y lo otro (la idea de la divinidad).[3] Sin embargo la precariedad del sujeto racional se explica como fundamento, si se admite que provista de la idea de Dios, tal limitación queda sujeta a un influjo que no puede provenir sino de un orden sin falencia posible. Esta inscripción de lo humano en lo divino supera la participación, en razón de la acción permanente y actual del creador, providencia inmanente que explica, por lo tanto, tanto lo inefable de la idea de Dios en el hombre como lo inasible de la educación, una vez que el rango que se le atribuye la habilita incluso a prescindir de la enseñanza (revisando también la pedagogía sensualista de Condillac, para quien sólo la enseñanza inculcaba la idea en el humano).[4]

 

Sucede que ante la supuesta condición inefable de la educación, que  tanto nos permite salir con buenos modales de un accidente de tránsito como evitar un Holocausto, uno termina por preguntarse a que viene todo esto de las instituciones, las constituciones y las presidencias de las repúblicas. Confiados en que somos “bien nacidos” y educados desde el vientre materno por la mejor lactancia, conviene que nos hagamos a la idea de confiarnos educadamente a lo que nos depare el próximo paso, librados a la providencia de las buenas intenciones propias y ajenas.

 

Quien no se tome por arcángel de lo inefable aceptará de buen grado considerar las informaciones que difunden los medios de comunicación, incluso en aras de la “buena educación” de la prensa internacional del chisme, que se deleita “al ras del terrón” con el propio Mujica, en cuanto tales medios finalmente también llegan al punto más auténtico del territorio. Al tiempo que batía a pleno la inquietud por los recursos asignados a la Educación en la Rendición de Cuentas, surgía una encuesta de opinión pública cuyo artífice destacaba la supremacía del Frente Amplio en las intenciones de voto (45%) por encima del Partido Nacional (23%), del Partido Colorado (15%) y del Partido Independiente (2%) sumados. Curiosamente, el mismo comentador no incluía en sus consideraciones de enjundia una última cifra (15%) que igualaba al Partido Colorado (el tercer partido, sólo 8 puntos por debajo del Partido Nacional) y que reunía “no sabe, no contesta, en blanco, partidos pequeños”.[5]

 

Mientras el porcentaje obtenido por el Frente Amplio parece adquirir particular significación de cara a la Rendición de Cuentas, no reviste sin embargo, a los ojos de quien pergeñó la misma compulsa entre la población,  magnitud digna de ser comentada una cifra que constituye la mayor noticia electoral del Uruguay de los últimos años: los votos que emigran hacia los márgenes del sistema de partidos, particularmente, a partir del Frente Amplio. Si este último sigue sobresaliendo por sobre los otros dos partidos (más) tradicionales: tal predominio obedece a que sus adherentes en menos no pasan sin embargo a otras tiendas partidarias, sino que se incorporan a un espacio propio y diferenciado, que se preocupa cada vez menos en votar y cada vez más en incidir puntualmente a través de campañas de opinión (DDHH, despenalización del aborto, campañas contra la entrega de los recursos naturales al megaempresismo).

 

Es posible que pese a los esfuerzos dedicados por el director de CIFRA a hacer entrar la interpretación de los datos en el marco del sistema de partidos, lo inefable que recorre a este último, tanto desde el punto de vista de la “buena educación” que ensalzan por igual el presidente y el feriante, como desde el punto de la pulcritud programática y macro-económica que instruye el ministro de economía y finanzas, pugne por hacer salir de cualquier marco definible algo tan etéreo e inasible. Sobre todo si se tiene en cuenta que la consultora Factum estimaba, por su lado, en 8% la participación de los “refractarios” al sistema de partidos con fecha de abril último,[6] apreciación de otra consultora y competidora, que justificaría un desglose del 15% que Cifra atribuye a un “varios”, entre los que se encuentra el sector de mayor movilidad electoral en el Uruguay de hoy: los “refractarios”.

 

 En efecto, el mismo ministro se ha preocupado en hacernos saber que no ve razón, de cara a los desaires de los gremios, que lleve a modificar una programación que tiene por virtud principal ser una programación,[7] a su entender en provecho de todos. Por cierto, se trata de un “todos demográfico” un poco confundido entre aquella insistencia en “educación, educación, educación” que propalara Mujica en su discurso de toma de mando y esta referencia a lo inefable de la totalidad de la existencia social (que reagrupa los accidentes de tránsito y las cámaras de gas) pero excluye la “changa” –si se nos permite expresarnos en el estilo presidencial de Mujica- de la enseñanza.

 

No sólo los desaires gremiales se vinculan a una situación vivencial (como la que quien suscribe experimentara en plena feria vecinal), sino que además los hirsutos y desmelenados gremialistas aducen un gráfico del propio Banco Central donde la visual del PBI asciende en valores al estilo de la Montaña Rusa del Parque Rodó, mientras el gasto en la enseñanza se hunde más rápido que el Gusano Loco (del Parque Rodó chico) en la bajada.[8] El problema es que las dos curvas, más vertiginosas que las de una miss estadounidense sobrealimentada, componen entre sí una intersección que arroja un mismo perfil de evolución lineal, pero además, corresponden al mismo período a cuyo propósito el ministro nos dice que ya suministró el programa programático.

 

 Pese a la confianza ministerial en el beneficio para el “todos” del programa quinquenal, pareciera que las clases sin docente (40 grupos sólo en Montevideo) que comienzan a cundir en Enseñanza Primaria,[9] así como las renuncias que anuncian por doquier los gremios docentes de secundaria, podrían tener que ver con una economía donde las vocaciones se transforman en vacantes. Quizás tal renuncia suponga unas vacaciones de vocaciones, ante algo tan inefable como el valor de cambio de un salario, cuyo éter se puede cambiar por cualquier otra cosa, en un camino de sendas perdidas para la enseñanza, aunque según vimos seguirían siendo todas sendas de educación –gracias a la latitud absoluta que le otorga a esta última Mujica.

 

Alejados de lo inefable por curvas de todo tipo, los gremialistas llegan a hacer consideraciones en torno a las motivaciones que llevan al gobierno a persistir en “la calidad del gasto”, es decir, en imputar de holgazanes a los hambreados en el entorno de 12.000 pesos.[10] Sobre todo cuando un experto del país que se tiene por modelo en educación (en el sentido concreto, no en el inefable) les recuerda que para contar con buenos docentes hay que contarles, a fin de mes, un numerario de salario digno a la altura de lo que se pretende que eduquen.[11] Entre las desviadas consideraciones que el común puede pergeñar a dos años del próximo presupuesto nacional (sin rendición de cuentas posible en el año 2014 por pasar en período electoral), llevados por sendas perdidas muy lejos de lo inefable, tales desviaciones pueden tomar en cuenta que, elecciones de por medio, al gobierno poco le importa que aumente el voto en blanco y decrezca, gremios de la enseñanza de por medio, el caudal electoral del Frente Amplio.

 

En verdad, esa hipótesis no por amplia (en un sentido poco frenteamplista), deja de encontrarse refrendada por el análisis de la composición sectorial del gobierno. En efecto, las políticas de alianzas de los sectores que lo integran con mayor influencia, configuradas por la solidaridad entre el presidente y el vicepresidente, plantean perfiles electorales que no miran hacia la izquierda, sino hacia la derecha del Frente Amplio.  A través de las tomas de posición de sus principales abanderados y aliados (la CAP-L) en el gobierno, el MPP se ha opuesto a la reactualización de la legislación en DDHH, ha declarado la neutralidad presidencial o incluso la oposición ante la despenalización del aborto, e incluso ha propiciado la privatización a través de una campaña contra los trabajadores del Estado, conjunto de señales cuyo efecto electoral no puede llevarlo a crecer sino hacia su derecha. Tanto Mujica como sus ministros más próximos han prodigado, con la misma orientación estratégica, las señales destinadas a sellar “sobre el terrón” la alianza con los sectores de centro del Partido Nacional -por ejemplo con oportunidad de la celebración del “Bicentenario Oriental” (1811-2011).[12] Incluso el presidente ha destacado sin pudor ideológico alguno que encuentra la audiencia más propicia en el Congreso de Intendentes, sin hablar de la Universidad Tecnológica, cuyo diseño institucional que integra a empresarios y políticos apunta, particularmente en el interior del país (atravesado por el clientelismo atávico de los partidos tradicionales), a ganar votos apuntando a convencer en base a  “la izquierda también es del campo”.

 

Tampoco el sector de Astori puede pretender, ni lo espera, crecer hacia su izquierda, en cuanto levanta ante todo el estandarte de una “racionalidad económica” destinada a convertir al Uruguay, según el designio de los organismos financieros internacionales, en un dechado de buena conducta fiscal. Estos propósitos persisten incluso haciendo “memoria rasa” de las catástrofes que esos asesoramientos no han dejado de propiciar urbi et orbi, según un clímax alcanzado en la crisis de las sub-prime durante 2008, pero además agrega como “frutilla en la torta” el hasta ahora no desmentido apoyo del equipo económico del anterior gobierno frenteamplista, encabezado por Astori, a cerrar un Tratado de Libre Comercio con EEUU.

 

Por consiguiente, no forma parte del horizonte gubernamental, en razón de las estrategias sectoriales que predominan en ese ámbito ante la coyuntura electoral del año próximo, desviar un perfil dificultosamente pergeñado a contracorriente de la sensibilidad histórica de la izquierda, con el efectivo propósito de alcanzar la estabilidad electoral por la derecha. Al mismo tiempo se perfilan acreedores, ante un centro tan sensato como pacato, a la verosimilitud conservadora de una adaptación al status-quo.

 

El costo del “gasto cero” sería, sin embargo, mayúsculo tanto electoralmente como  estratégicamente para el Frente Amplio. En efecto, la quita de votos que significaría desilusionar las esperanzas del sector de la educación se mide por dos ángulos. En principio por el propio número de afectados, tanto en calidad de individuos como, en mayor proporción aún,  en razón del efecto sobre el entorno familiar. Baste recordar que el total de efectivos involucrados suma alrededor de 800.000 estudiantes en todos los niveles de la enseñanza pública, así como cerca de 60.000 docentes en las tres ramas de la enseñanza, a los que corresponde sumar decenas de miles de funcionarios no docentes.

 

Ante esta magnitud demográfica involucrada en la problemática de la educación, cabe señalar que entre este sector social y la izquierda política se registra, para el Uruguay, el mayor grado de integración ideológica relativa. Caracterizado históricamente por una estructura social con predominio de clases medias y la consiguiente movilidad social con base en la educación, el mismo país expresa una inclinación casi tradicional a la incorporación de la profesión educativa en un registro de izquierdas.

 

Esta constatación que en sí se ha vuelto teóricamente trivial, adquiere sin embargo una significación alternativa, si se considera que asimismo se tiene por indudable que el incremento del voto en blanco proviene, en los últimos años, de la misma izquierda política donde se inscribe mayoritariamente el sector social educativo. Parece por lo tanto razonable suponer que una agudización del conflicto entre el gobierno y los gremios de la educación, ambos dos contendientes vinculados, sin embargo, al mismo universo ideológico de izquierda, no puede sino incrementar significativamente la desistencia partidaria entre las inclinaciones electorales de la población.

 

No determina por vía directa lo antedicho que tal tendencia incidirá decisivamente en las próximas elecciones nacionales, donde puede encontrarse aún mitigada por el propósito de no favorecer indirectamente, al restarle un incremento del voto en blanco cociente propio a la izquierda, un reingreso de la derecha a posiciones claves en el plano nacional.  Ante todo, esa actitud conservadora puede obedecer al arraigado criterio corporativista de los uruguayos en la conducta ideológica, que se caracteriza por defender posiciones asumidas, bajo el criterio que advierte “no le hagás el juego a….”. Sin embargo, una auto-represión ideológica de índole corporativista en las elecciones nacionales puede revertirse en las elecciones municipales, en cuanto los comicios locales se celebran sólo seis meses después de las nacionales. El mismo prurito ideológico podría librarse de prejuicios ante una opción de menor entidad, como ya ocurriera en mayo de 2010, para marcar el sentido de “voto castigo” (en blanco) a la primera posición electoral ganada por la izquierda uruguaya y de alguna forma su bastión histórico: la intendencia de Montevideo. En ese caso, la ya pergeñada alianza electoral “rosada” (“colorados” y “blancos” mezclados) de los partidos “históricos” encontraría las puertas de Montevideo abiertas desde el interior de la ciudadela, por el caballo de Troya de una disensión entre la estrategia electoral del actual gobierno y la reivindicación insoslayable para la izquierda gremial, con una distribución de responsabilidades relativas que surge de las potestades propias a unos y otros.

 

 

[1] “Educación, educación, ¿educación?” Montevideo Portal (14/06/13) http://www.cifra.com.uy/novedades.php?idNoticia=195

[2] Descartes, R. (1979) Méditations Métaphysiques, Garnier-Flammarion, Paris, pp.79-81.

[3] Op.cit.pp.99-101.

[4] Condillac, D. (1798) Essai sur l’origine des connaissances humaines, Ch. Houel, Paris, pp.100-101.

[5]  “Intención de voto “si las elecciones fueran hoy” Cifra  http://www.cifra.com.uy/novedades.php?idNoticia=195 (acceso el 16/06/13)

[6] “Inclinación política actual. 1º trimestre 2013” Factum  http://www.factum.uy/node/915  (acceso el 16/06/13)

[7] “Lorenzo: “la Rendición de Cuentas no es una suma de aspiraciones individuales” LaRed21 (14/06/13) http://www.lr21.com.uy/economia/1110497-lorenzo-rendicion-de-cuentas-no-es-una-suma-de-aspiraciones-individuales

[8] Yohai, W. “La mala educación progresista. Cuando los de afuera nos vienen a cantar lo obvio” Resonando en Fénix https://docs.google.com/document/d/1HA99r2cusKE-K4upatF0riAWzJ8yk2I0YAljPhXrZjY/edit (acceso el 16/06/13)

[9] “VTV noticias: escuelas en obra, clases sin maestros” VTB http://www.youtube.com/watch?v=Sykk-BlAcfs (acceso el 16/06/13)

[10] “Rendición de Cuentas: Mujica tirará de la “frazada hasta que alcance” LaRed21 (13/06/13) http://www.lr21.com.uy/economia/1110210-rendicion-de-cuentas-mujica-tirara-de-la-frazada-hasta-que-alcance

[11] Op.cit. Yohai, W. “La mala educación progresista”

[12] Ver en este blog “Bicentenario, Patria gaucha y Patria chaucha: no es lo mismo, pero da igual” http://ricardoviscardi.blogspot.com/2011/05/bicentenario-patria-gaucha-y-patria_312.html

Audio: La nueva situación en Siria

Audio de Teódulo López Meléndez

Guerra Siria

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La ideologización del conflicto

ideología 2

 

Teódulo López Meléndez

“Encontramos razones que confirman nuestra creencia porque ya creemos: no es que creamos porque hayamos encontrado suficientes buenas razones para creer”

Slavoj Zizek

 

Tal vez deberíamos ir a la representación simbólica de la realidad social para escudriñar los supuestos  reales contenidos ideológicos del presente conflicto perverso o pasearnos por las definiciones siempre contrastantes y polémicas de ideología.  Quizás nos inclinemos por recurrir a la segunda acepción de Bobbio, en el sentido de que en el asunto ideológico lo importante no es la verdad sino su valor funcional.

La representación tiene una mezcla de elementos entre los cuales, sin duda, está incluida la ideología, sobre todo y a nuestro entender, como elemento afectivo que moldea la visión, procesa la información y determina comportamientos derivados de esa representación. Esto es, al lado del elemento afectivo hay uno normativo y también uno cognoscitivo. Entre los tres forman una conciencia social.

El planteamiento del “socialismo del siglo XXI” provee de una autovaloración y de una justificación, en pocas palabras, otorga la fe, como concede una autorización para determinar lo bueno y lo malo y, en consecuencia, un movimiento actuante. El contenido ideológico otorga la especificidad necesaria a una eficacia. Así sucede a pesar de ser una noción del marxismo ortodoxo el ‘fin de la ideología” al considerarla como típico producto del capitalismo y en consecuencia innecesaria al término de las relaciones de dominación. De manera que hablar del “socialismo del siglo XXI” como una teoría de base sólida o como verdadera o de efectos perniciosos es absolutamente banal puesto que lo único que interesa a los efectos del conflicto es su eficiencia práctica, dado que otorga coherencia en el ejercicio del poder.

La identificación no proviene de alguna racionalidad, más bien de las connotaciones subliminales. La identificación proviene de “una oferta de vida”. Esta forma va desde lo trivial hasta lo supuestamente profundo que permite la expresión ‘daría mi vida por el proceso”. En situaciones como la presente venezolana el elemento ideología contribuye grandemente a la radicalización de los opuestos o, si se quiere, a determinar el grado de intensidad de lo que hemos denominado polarización.

Frente al hecho encontramos la radicalización de los opuestos, pero ahora nos interesa destacar el llamado a la reconciliación y al diálogo. Es evidente que la eliminación del antagonismo, tal como lo hemos descrito, resulta muy difícil porque ya se ha erigido como elemento constitutivo del ordenamiento social. El constante ataque a la “burguesía” nos lleva a considerar al Marx del La ideología alemana donde se define a la ideología” como una falsa conciencia de posición de clase. Si en el caso venezolano estuviésemos viviendo un enfrentamiento de los trabajadores contra la burguesía, lo que no es cierto para nada, podrían explicarse los ataques a los que hacemos referencia, lo que a su vez nos obliga a señalar el elemento ideológico como uno distorsionador y falso, producto de resabios de un Marx mal entendido o simplemente de uno dejado en su contexto histórico. Por este camino la única posible conclusión es que “la construcción del proceso” sólo es posible excluyendo de manera definitiva a un sector de la población como condición necesaria para la posibilidad de logro revolucionario.

Creo existe una ignorancia supina del pensamiento postmarxista y/o neomarxista. Desde este punto de vista la única posibilidad de atemperar los disentimientos es el abandono de la idea de liquidación y colocar el enfrentamiento en términos de siglo XXI, lo que significa, por parte de quienes ahora ejercen el poder,  de la admisión de la tesis de que debemos desechar las deformaciones conducidas por las formas imaginarias. Por parte de quienes se le oponen la aceptación de estar viviendo un proceso de reconstrucción social que implica la incorporación de un elemento consensual que conlleve la construcción de un principio comunitario frente a las drásticas consecuencias eventuales del enfrentamiento.

En buena medida, podríamos hablar de un retorno a la política, si pensamos con el esloveno Zizek y su inmersión en Jacques Lacan,  que ese elemento ideológico la forcluye y avanza a lo que se ha denominado “consensualismo puro”, lo que deberemos leer, creemos nosotros, como imposición totalitaria que pretende el objetivo imposible de eliminar la alteridad. Este retorno a la política permitiría conformar lo que llamaremos a estos fines específicos como “objetividad”, cuya ausencia, extrema paradoja no visible para los ojos cegatos de los extremismos, impide la realización de lo social. Creemos que su ausencia ha sido denominada fascismo.

 

tlopezmelendez@cantv.net

 

México 2013-2031

ciudad-del-futuro

Por Antonio Limón López

 

La descripción más importante de cómo será México los próximos 18 años, no radica en cómo serán los autos modelo 2025, o si los edificios serán de plástico y tampoco si serán robots quienes realicen las cirugías a los enfermos de ese futuro no tan remoto, no es que sean cuestiones sin importancia o sin interés, pero para nosotros, que podemos modificar el futuro o dejarlo que se presente conforme a la inercia, nos debe interesar más que cualquier otra curiosidad, prever la forma del Estado que hemos estado creando desde hace años y decidir de una buena vez si ese es el que queremos, o si tenemos alternativas para evitarlo o transformarlo en otra cosa.

Los elementos para pronosticar lo que viene políticamente para México están frente a nosotros, los estamos viendo en la conducta de nuestros gobernantes, en la forma como se reorganiza el gasto público, en el florecimiento de ciertas secretarías sobre otras, en los discursos de todos nuestros líderes y en los textos de todos nuestros politólogos, en el descredito de nuestra clase política, en la riqueza de nuestro gobierno, en su eficiencia para algunas actividades y su displicencia para otras y en la miseria rampante de más del 60% de la población nacional. Aquí están las evidencias en espera de una recta interpretación de lo que está ocurriendo y lo que seguirá ocurriendo a menos que exista un golpe de timón, lo cual se antoja imposible.

El primer elemento a tomar en cuenta es la riqueza de nuestro gobierno, desde los años cuarenta el petróleo ha sido la fuente principal de recursos para el gobierno mexicano, tan importante que el gobierno se ha venido convirtiendo en un gigantesco elefante blanco para cobrar impuestos, toda su enorme riqueza proviene de la venta de nuestro petróleo crudo a los países industrializados, esta riqueza del gobierno ha creado a una minoría acomodada, de empresas exitosas debido al impulso gubernamental como lo son el Grupo Carso, las cerveceras, algunas panificadoras, empresas constructoras, de alimentos y medicinas, ciertos grandes prestadores de servicios, maquiladoras, armadoras, minas, maestros y los altos y medianos servidores públicos. En el futuro aumentarán algunos rubros afortunados, pero con todo es previsible que a lo sumo un 35% de los mexicanos puedan pagar impuestos y sostener con sus medios una vida decorosa o de riqueza para una minoría dentro de estos, el resto un 65% de los mexicanos estarán dentro de la clase económicamente pobre, sin capacidad de auto sustento digno y sin capacidad de pagar impuestos, tal vez un 10% escape a la pobreza pero no a la informalidad al ser comerciantes sin registro fiscal o delincuentes de alguna pandilla gangsteril. Al menos el 55% estará realmente en la pobreza, sin capacidad para tener una casa digna, educar a sus hijos en escuelas privadas, viajar, educarse, pagar impuestos, tener negocios, despachos, autos.

El otro elemento a la vista, es la competencia política, los partidos políticos se enfrentan como organizaciones antidemocráticas en el interior, desprestigiadas ante la sociedad pero sostenidas por el gobierno y un sistema político que no cambia ni aspira a democratizar los partidos, esto ocasiona que el electorado en su mayoría en condiciones precarias económicamente se convierta en el objetivo de los partidos, quienes para atraer votantes, están dispuestos a disponer de los recursos del petróleo para repartir privilegios, despensas, materiales de construcción, créditos baratos para adquirir bienes indispensables para vivir, prueba de este proceso es la enorme importancia de los programas contra la pobreza, en especial el creciente presupuesto de la Secretaría de Desarrollo Social, SEDESOL, dedicada a dar lo necesario a los pobres a cambio de votos. El Seguro Popular, gratuito y para quienes no tienen Seguro Social (IMSS) o seguros médicos de gastos mayores.

Estamos viendo a una sociedad mayoritariamente pobre, que es necesaria para que los partidos políticos puedan seguir prosperando y conservando su hegemonía, con gobiernos extremadamente ricos mientras dure la bonanza petrolera, que repartirán entre las elites políticas de los partidos una riqueza enorme para que estos controlen las condiciones políticas, dando dinero a los medios de comunicación, coptando a los intelectuales, hasta que voces como democracia, igualdad, legalidad pierdan todo sentido, en medio de “reformas políticas” y estructurales sin importancia, pero realzadas como grandes temas nacionales solo para lograr distraer la atención nacional y crear falsas válvulas de escape a la inconformidad social, política y económica.

Las reformas políticas bajo las banderas de mayor democracia y transparencia electoral, solo serán instrumentos de control en manos de las dirigencias de los partidos políticos, centralizarán el poder en el centro del país, desde donde se dominará todo el territorio nacional, las minorías dominantes crecerán en poder e influencia y los mecanismos de reparto de privilegios se sofisticarán hasta la perfección, permitiendo mayor control sobre una población mayoritaria ignorante, dogmatizada y anulada totalmente.

El México del futuro hasta el 2031 en que tenemos garantizada la “renta petrolera” será ese, el de un estado antidemocrático, donde el engaño y la manipulación tendrán proporciones inimitables, donde pocos a lo sumo el 35% tendrán una posición independiente pero no podrán contra el resto de la sociedad mediatizada, ese resto, entre un 55 y un 65% de la población nacional serán una masa inconsciente en manos de las cúpulas partidistas, serán pobres que vivirán de lo que el Estado les proporcione, alimento de pobre calidad, habitaciones indignas, utensilios básicos, automóviles chatarra, educación deleznable, un sistema de asistencia médica regido por el interés político, un sistema de pensiones miserable, trabajos mal pagados. El pobre vivirá como un pedigüeño de un estado generoso en las campañas y calculador entre ellas. Los medios de comunicación serán socios o cómplices de toda la estructura de dominación y mediatización que perdurará hasta que el petróleo se acabe.

No hay escapatoria, los partidos políticos, el dinero del gobierno y de los partidos, la pobreza de la mayoría de la nación y los programas contra la pobreza, serán los grilletes de un pueblo ignorante, sin sentido de la dignidad, manipulado, sin esperanza y que vivirá de las migajas del pastel que se repartirá una minoría feliz, despectiva y todopoderosa.

La deconstrucción del conflicto

deconstrucción 2

Teódulo López Meléndez

La solución al conflicto venezolano no pasa por los términos de diálogo y mediación. La aplicación de estas tesis las tenemos muy claras en la memoria de sucesos anteriores. El entonces Secretario General de la OEA César Gaviria se instaló en nuestro país por seis meses, situación sin antecedentes, y que llevó a la firma de un acuerdo entre las partes enfrentadas, uno que, entre otras cosas, mandaba la constitución de una Comisión de la Verdad que jamás entró en ejercicio. Recordamos sobre aquellos hechos del 2002 y siguientes las crecientes promesas de enmienda del presidente Chávez, unas utilizadas simplemente para el reacomodo  de su proyecto.

El diálogo se mostró imposible en el presente de hoy desde el mismo momento de la ejecución de una de las torpezas más insólitas de nuestra historia política, como lo fue la negativa de concesión de palabra a diputados de la oposición que no respondiesen afirmativamente si reconocían a Maduro, su destitución de las comisiones parlamentarias y la posterior violencia que concluyó con varios heridos. Esta tesis ha sido ratificada por Maduro siguiendo el camino de la confrontación en lo político, aunque abra una tímida apertura en lo económico, lo que ha llevado a los sectores más radicales de su bando a acusarlo de socialdemócrata.

El mantenimiento de la agresión gubernamental como respuesta a su precaria ventaja de las últimas elecciones presidenciales y el anuncio de que la acción principal será la reconstrucción de una nueva mayoría, muestra al gobierno en la continuidad de una pretensión hegemónica. El hecho mismo de designación de una falsa comisión para el diálogo de la cual formaba parte Diosdado Cabello, el autor del desaguisado parlamentario que más que un golpe contra la oposición lo parecía contra el propio Maduro al dejar por largas semanas al Estado sin poder parlamentario, uno que deberemos llamar así a pesar de no ser más que un remedo útil a las simples apariencias, indica la falta absoluta de voluntad real del gobierno de entrar en ese proceso tan estudiado y perfeccionado de la mediación, del diálogo y de la resolución pacífica de los conflictos.

Por otra parte, la oposición anclada en la coalición de partidos oponentes se mantiene en su tesis de considerar a Maduro un ilegítimo, acentúa la radicalización de su lenguaje y si bien se abstiene de protestas callejeras que conducirían a la violencia, reitera sus posiciones en una especie de campaña electoral ininterrumpida que asegura llevará a nuevas elecciones, lo que sólo sería posible mediante una interrupción violenta del actual gobierno, dado que las instituciones no son independientes bajo el concepto de que la separación de poderes es no más que una simple concepción superada de la democracia burguesa, lo que las hace inviables para una reconsideración de los resultados electorales.

Los ensalzados procedimientos de resolución de conflictos parecen lejanos. Es cierto que un gobierno no negocia hasta que se encuentra débil, pero este lo está y se refugia en la pugnacidad en busca de una recuperación que no encontrará. No lo encontrará porque su planteamiento pugnaz ya es ineficaz, porque parece absolutamente incapaz de superar su ineficacia congénita en la atención de los problemas básicos y porque la economía, si bien podrá reaccionar momentáneamente a los esfuerzos del ministro Merentes, presenta una microbiología insuperable por la concepción de fondo del régimen.

En otras palabras, el gobierno está destinado a continuar deteriorándose, no hay manera de que implemente una recuperación que lo ponga de nuevo en el camino de obtención de la hegemonía pretendida. Afronta, además, peligros de camino. Su deterioro creciente puede llevar a salidas de otro tipo, a una interrupción que sabemos siempre ha sido de consecuencias nefastas. Podría sobrevivir, pero con el pago de una derrota electoral al fin de un sexenio angustioso.

Esto nos lleva al terreno de lo electoral y a un planteamiento clave de nuestro polémico planteamiento. Con los dos bandos existentes confrontándose en elecciones no hay resolución del conflicto. Si la diferencia fuese pequeña tendríamos una repetición del presente y si fuese amplia tampoco contribuiría a la salida, como vimos con las confortables victorias obtenidas por Chávez en sus buenos momentos.

Lo que queremos plantear es que, paradójicamente o no, el conflicto se ha alimentado de un principio aparentemente “bueno”, uno denominado unidad. Aún en el presente la oposición clama por ella en sus filas aferrándose ahora al argumento de su avance electoral, la que puede convertirse en clara mayoría contable en unas elecciones locales previstas para este año de 2013. Desde el gobierno se clama por la unidad en sus filas, especialmente cuando afloran los elementos que surgen siempre después de la desaparición del hombre fuerte y las naturales intrigas de los reacomodos del poder interno. “Unidad” es así el principio básico que mantiene monolíticos a ambos bloques y que impide la consideración de salidas propias de eso que se llama resolución de conflictos.

Todo modelo fijo conduce a una inhibición implícita. Lo llamé hace años en ejercicio de una “boutade”que ahora no me parece tal, “la unidad es nociva para la salud”. Un análisis partiendo de la lógica estricta indicaría un enfrentamiento en dos partes que podríamos catalogar, no sin incurrir en un exceso,  como “componentes naturales” del presente conflicto, uno en el cual una parte quiere construir un “socialismo del siglo XXI” y la otra un mero regreso a las fórmulas de la democracia clásica, por lo demás un error crucial que obvia los parámetros culturales que están emergiendo o ya han emergido, pero en cualquier caso lo que nos interesa plantear en este texto es que el fraccionamiento necesario de ambos bloques, tal como lo concebimos, es una búsqueda de material que permita la reestructuración de los modelos. Ya no se trata simplemente de explicar el conflicto, se requiere reordenarlo mediante el inicio de un necesario proceso disgregador. No se trata de suplantar dos bloques por una multiplicidad de bloquecillos sumidos en una anarquía continua, pues la disgregación que concebimos implica un entendimiento entre sectores de los dos bloques originales en búsqueda de una síntesis que les permita su actuación conjunta, el establecimiento de principios aceptados para el ejercicio político y la descomposición de los dos bloques. Cuando se produjo en Italia la alianza entre sectores avanzados de la Democracia Cristiana y sectores del Partido Comunista para constituir el Partido Democrático escribí un texto titulado “Matrimonio a la italiana”, uno donde se ponía de relieve la inmensa posibilidad  de reunión de sectores incluso diversos ontológicamente para la construcción de una alternativa política  e, incluso, de uno que podríamos denominar de reformulación del imaginario cultural.

He insistido en la formulación conceptual de lo que denominado “tercera opción” y sigo creyendo en ella para el tema específico que me ocupa en este texto, esto es, la filosofía del conflicto político. La única vía para poner término a esta alteración profunda de la vida a la que asistimos los venezolanos será mediante un entendimiento entre factores hoy enfrentados y con una participación precaria o forzada en alguno de los dos bloques estáticos, unos que partiendo de su actitud pensante, de su disconformidad y, ¿por qué no decirlo?  de un requerimiento de sobrevivencia en el escenario, impelidos por las circunstancias desagradables de asistencia al deterioro de sus antiguas posiciones o por las agradable de una lucidez pragmática, marchen a un entendimiento que ahora mismo deberemos definir como inédito. Entonces el conflicto habrá sido domeñado, la salida electoral recuperada y el juego infinito de la política habrá ocupado de nuevo su lugar. Habremos encontrado al fin lo subyacente que nos inmoviliza en el conflicto, que ya las categorías políticas presentes no nos sirven, que aún sin tener en la mano la construcción práctica de la salida, podemos pensar la política y plantear las nuevas categorías desde una deconstrucción de las anteriores.

tlopezmelendez@cantv.net

Audio: Colombia en la OTAN

Audio de Teódulo López Meléndez

OTAN 1

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