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Democracia siglo XXI

mes

enero 2011

Estoy hablando de “La batalla de El Cairo”

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Estoy hablando de “La revuelta del mundo árabe”

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Estados Unidos, el imperio decadente

Teódulo López Meléndez

El viejo análisis geopolítico aseguraba que para un estado sobrevivir necesitaba expandirse por nuevos espacios y lograr la autosuficiencia. Nada de eso está vigente. Estados Unidos entiende que se marcha hacia una sociedad global de administración limitada. La última gira exterior de Obama lo encontró afirmando que el mundo marcharía hacia una gran alianza entre India y USA. Antes había dicho lo mismo, pero en términos de USA y China. Una contradicción aparente en el sentido de buscar un contrapeso a Beijing, papel que un afectado Japón parece no garantizar.

Lo cierto es que ya no hay un orden geopolítico manejado por una potencia. No hay tal mundo unipolar. En consecuencia no puede hablarse de imperialismo, más bien de un poder fuerte que busca aliados para coadministrar el orden mundial, lo que no cree la derecha norteamericana que ataca denodadamente al presidente que entiende la nueva situación. De manera que el papel norteamericano incide fundamentalmente en liderar el cambio hacia el nuevo mundo de manera que se preserven sus intereses.

Estados Unidos sigue siendo la primera potencia mundial de PIB, mantiene ventaja tecnológica en un mundo que se le aproxima y pierde, obvio de toda obviedad, su preeminencia económica. Puede mantener la preeminencia militar, pero ya hemos visto que la importancia del mismo se reduce a un plano secundario. En el plano interno debe destacarse el plan de salud que protege a nuevos millones de ciudadanos y al que los republicanos, en estos días en que escribo, todavía tratan de eliminar valiéndose de una nueva mayoría en la Cámara de Representantes.

En cuanto a China los Estados Unidos buscan una entente que permita controlar su alta posesión de divisas y su cada vez mayor participación en el comercio mundial, siempre acompañada de un reclamo en materia de derechos humanos. Lo cierto es que la competencia crece y el dominio iniciado a finales de la II Guerra Mundial decrece. Ya no es el principal productor económico ni la fuerza política dominante o lo que se ha dado en llamar el centro cultural del sistema-mundo.

El dólar pierde importancia como única reserva cambiaria y por todas partes surgen organizaciones económicas como las que hemos mencionado y otras como el llamado grupo Shangai conformada por Rusia, China, cuatro repúblicas del Asia Central y nuevos integrantes como India, Paquistán, Mongolia e Irán. La aparición constante de estos escenarios económicos múltiples en continuo reagrupamiento impide ahora el mantenimiento de un poder hegemónico.

Sin embargo, creo desproporcionada la comparación constante que algunos hacen entre el declinante imperio norteamericano y la caída del Imperio Romano. Roma era el típico imperio que expandía su dominio territorial aún bajo la vigilancia prudente de muchos de sus gobernantes que tenían conciencia clara de estabilizar fronteras y de no ir más allá de donde una defensa se hiciese complicada y costosa. Estados Unidos no caerá como Roma, más bien se irá restringiendo lentamente en su papel mundial hasta hacerse un influyente y fundamental miembro de una comunidad. Descarto la salida a escena de un poder sustitutivo dado que las condiciones mundiales serán la de influencia compartida. El reto norteamericano es entender su liderazgo como conformación del nuevo orden global en los términos descritos. Esto es, ya no se Puede jugar al papel de superpotencia, pues se requieren consultas, cooperación y compromisos. Aún puede – y lo podrá dependiendo de su conducta- determinar la agenda y organizar coaliciones, como nuevo juego de poder. La nueva política global pasa por la interdependencia.

No hay fecha fija para determinar el paso de potencia imperial hegemónica a “primero entre iguales”, pero el proceso es inexorable aunque nadie se espere una caída dramática. Lo entiende Obama, en sus esfuerzos interminables por corregir los últimos gazapos imperiales de su predecesor, pero no lo entienden los republicanos ahora acosados por el ala de ultraderecha del Tea Party. Mucho dependerá, entonces, de la política interna norteamericana y de la comprensión de sus ciudadanos a la presencia de un nuevo mundo. Obama lo dijo en su reciente discurso sobre el Estado de la nación al utilizar la imagen del Sputnik soviético. Sólo que este es otro desafío donde le corresponde hacer lo posible porque el nuevo orden global le permita estar.

teodulolopezm@yahoo.com

El interregno al nuevo mundo

Teódulo López Meléndez

Los geopolítica, rama de la geografía, ha ido evolucionando desde su concepción original que determinaba la influencia determinante del medio ambiente en la política de una nación (características geográficas, recursos económicos, fuerzas sociales y culturales), hasta la concepción determinista del estudio del medio físico en el condicionamiento de las actividades humanas o su visión como política a través del espacio como geopoder entendido como desarrollo histórico del conocimiento geográfico vinculado con el poder del Estado y sus necesidades de gobernar o como una simple especialidad del poder que transgrede las fronteras internacionales, siendo el ejemplo más claro de esta la llamada determinación del “espacio vital” (todo el territorio que un país necesita para lograr la autosuficiencia y que fue concepción prevaleciente en la Alemania nazi).

Hoy estamos frente a una situación que ataca las bases mismas de la concepción de geopolítica. Crisis del Estado-nación, tímido asomo de competencias supranacionales en la construcción de los espacios continentales, globalización acelerada. Ya el espacio está cada vez menos determinado por fronteras, el comercio prevalece sobre la guerra, la distribución del territorio es suplantado por la distribución del tiempo. Posiblemente sea el concepto de ecopolítica el que sustituya a la vieja concepción geopolítica. Como han asomado numerosos autores podría argumentarse que el espacio ya no existe, se ha convertido en una simple función de la velocidad.

Podría hablarse también de geoeconomía, que sería el análisis de las preocupaciones por la seguridad económica interna. No puede, obviamente, seguir considerándose el espacio territorial como la fuente del poder geopolítico. Ahora hablamos de corrientes electrónicas, de virtualidad, de una geografía que es un flujo de imágenes digitales. Pero como insistimos siempre, estamos en un mundo en transición y lo que se ha denominado geoestrategia, como una rama de la geopolítica, es menester seguir considerándola. Aún no se puede obviar, en este mundo de nuevo concepto de guerra, de superación de las fronteras, el análisis de los asuntos militares relacionados con factores geográficos, pero se hace necesario ir más allá, mirar los puntos conflictivos del planeta y considerar la geoestrategia como toda organización racional de acciones para alcanzar un fin con el menor esfuerzo posible y con el menor riesgo.

El cambio del mundo es evidente. Tenemos ahora un mercado global y circuitos globales de producción e, incluso, una nueva lógica del poder. El decline del Estado-nación se hace obvio, y con él el de la soberanía tal como se entendió durante el siglo XX. Estamos ahora envueltos en una movilidad total donde no existe un centro territorial de poder aunque los antiguos imperios conserven, de manera clara, buena parte de su antigua influencia determinante. Los viejos conceptos de primer, segundo y tercer mundo parecen desfasados. Ahora hay nuevos regímenes de diferenciación, de territorialización (el espacio global) y hasta de reterritoralización. La era del imperialismo ha terminado, pueden mantenerse influencias derivadas –cada vez menos del poder militar- del poder económico o de la educación o de las inversiones en investigación científica, pero hablar de mundo unipolar es un absurdo, como tal vez lo sea hacerlo de mundo multipolar, cuando en verdad lo que se asoma es un mundo apolar. Se asoma una nueva formación jurídica rodeada de gran heterogeneidad, lo cual implica una adaptación que excluye la vieja noción de imperio.

Las organizaciones internacionales siguen siendo eso, una herencia de las concepciones de postguerra en un período de transición hacia las nuevas forma globales. Siguen basadas sobre la interacción de la soberanía de los Estados lo que se traduce en una ineficacia obvia. Están inmersas en un proceso de transición desde una concepción definida por convenios y tratados hacia uno basado en un orden supranacional.

Ello implica cambios profundos en las viejas acepciones de soberanía. No apunta a un colapso inminente, más bien a una transferencia gradual, pero irreversible. Ese conjunto que podríamos denominar nuevo-soberano aparece ahora como un conjunto desordenado de organizaciones representativas. Están allí los Estados-nación, las organizaciones continentales como la Unión Europea, las ONGs y organizaciones internacionales de todo tipo (monetarios, de salud, económicos, educacionales, etc.). Encarnan el orden dentro del desorden de la vida jurídica y política a estas alturas de la segunda década del siglo XXI.

Entre los Estados-nación, el más poderoso Estados Unidos. Luego los Estados-nación organizados en diversos grupos y con poder suficiente para controlar los instrumentos monetarios globales primarios. Luego los países llamados emergentes, entre los cuales los llamados del BRIC. Los países sin poder de decisión o influencia en el contexto del nuevo juego. Las corporaciones capitalistas transnacionales. Las ONGs que ejercen influencia de todo tipo, desde cultural hasta la distribución de alimentos o de asistencia sanitaria. En fin, todo un conjunto de participantes en el interregno del viejo concepto internacional hacia el nuevo concepto global.

Estamos inmersos en una red de comunicación en la cual las relaciones se establecen de todos los lados hacia todos los lados. En una paradoja, sin embargo: está abierta y está cerrada. Todos estamos inmersos en ella, pero hay actores que la controlan. La vieja concepción del poder vertical parece trastocado por una concepción horizontal del mismo. Mientras caen las viejas instituciones del control (escuela, familia, trabajo, etc.) mientras nace otra que se corresponde con lo que hemos llamado la producción de subjetividad con nuevos modos y por actores múltiples.

Geopolítica, geoeconomía, ecopolítica

El mundo no es ahora como era, podría iniciar Perogrullo, asegurando que Europa no es el centro dominante del mundo. Tampoco lo es los Estados Unidos. Eurocentrismo o euroamericanismo, países del centro y de la periferia, localización de varios mundos, todo al cesto de lo pasado. Este es un mundo híbrido donde la transmisión del conocimiento ya no es monopolio de nadie y donde los centros de poder se diluyen.

La geopolítica de competencia entre los grandes poderes, o aspirantes a serlo, en sus pretensiones de controlar territorios o de ocupar posiciones geográficas claves, ya no existe. Llegó a transformarse en ideología y orientaba el pensamiento de los líderes. Lo vimos hasta el final de la II Guerra Mundial. La guerra fría traslado el enfrentamiento a otro plano, al de un enfrentamiento también ideológico, pero muy diverso, aunque el elemento contralor geopolítico estaba presente todavía, pues había que controlar fuentes de energía. Es posible que sus últimas manifestaciones debamos asociarlas a George W. Bush.

La geoeconomía nació aparentemente como una subdivisión de la geopolítica y se le atribuye al norteamericano Edward Luttwak y al francés Pascal Lorot. Es la especificación del estudio sobre el espacio, el tiempo y la política de los recursos y economías. Procura describir la nueva rivalidad entre los Estados. Introducirse en los mercados sustituye los desembarcos de tropas y armamentos.
Hay nuevas formas de poder, por encima de las fronteras están las redes, unas que no responden a la definición clásica de “guerra” dado que competencia y colaboración pueden ir juntas. Aparece la noción de seguridad económica donde se torna fundamental el dominio del flujo de información porque ello condiciona la hazaña económica y la defensa del empleo. Ahora lo que legitima al poder es la posibilidad de transmitir un mensaje de un punto a otro (Jacqueline Russ) para gestionar así el desorden (todo poder lo hace).

Geopolítica como dimensión geográfica de la política exterior o geoeconomía como nueva rama o como sustituta, lo cierto es que los académicos se ensartan en una discusión que no nos interesa. Lo cierto es que del escenario desapareció la concepción de que el poder de un Estado se encontraba estrechamente relacionado con los recursos físicos, económicos, ambientales y geográficos. No obstante hay autores nostálgicos que vuelven sobre la concepción de la geopolítica y otros como Tuathail Gearóid (At the end of Geopolitcs?) o los que hablan de nueva geopolítica, con interesantes aportes, como el francés Ives Lacoste (Géopolitique. La longue histoire d’aujourd’hui y De la Géopolitique aux Paysages. Dictionnaire de la Géographie) , o que simplemente se centran en calificar a la geoeconomía como una tercera rama de la geopolítica, como John O’Loughlin (Diccionario de geopolítica). Podemos sí afirmar que se devaluó la importancia del espacio territorial en la toma de decisiones políticas.

Una de las claves de una mirada desde la geoeconomía es que los países occidentales dicen sí a los capitales extranjeros pero no a sus emigrantes y que la dominación occidental sobre el mundo ha entrado en un prolongado declive. Los capitales árabes y asiáticos se entremezclan en las empresas europeas y norteamericanas, mientras el BRIC logra protagonismo.

Además, entra en escena le ecopolítica, con variantes filosóficas y de praxis administrativa. Allí encontramos los conflictos entre el hombre y la naturaleza, que podemos resumir diciendo que rompe con el esquema de jerarquía y dominación del hombre y de fin en sí misma de la naturaleza para plantear la necesidad de una sociedad política en armonía con el entorno. Es obvia la crisis ambiental, lo que ha tenido manifestación expresa en la formación de numerosos partidos políticos denominados “verdes”. Si bien la expresión ecopolítica podría remitirnos a algún autor del siglo XIX es a finales del XX y comienzos del XXI cuando es dotada de un corpus firme y holístico que se integra con lo social.

teodulolopezm@yahoo.com

La lección de Túnez

Por Sami Nair

Túnez acaba de vivir una doble revuelta que aún no constituye una revolución. Una revuelta popular y una revuelta de palacio en el entorno del presidente Ben Ali. La revuelta en la calle comenzó hace cuatro semanas cuando un joven de 23 años, Mohammed Bouazizi, se inmoló en Sidi Bouzid para expresar su desesperación ante las injusticias; ello provocó una ola de indignación que se transformó en una marea de protestas. Sobre todo desde que comenzó el siglo, la situación social es desastrosa para los más pobres.

El poder de Ben Ali se apoyaba en tres fuerzas centrales. Una, las clases medias, relativamente integradas, han visto cómo su situación se degradaba. En los últimos años, el poder cambió de base, se fundió con los círculos de especuladores y se hundió en una corrupción familiar de tipo mafioso. La mujer del presidente y su familia, los Trabelsi, se adueñaron de todo lo que valía algo y no dudaron en “extorsionar” a otros para apoderarse de sus negocios, con la aprobación del presidente.

El poder también se apoyaba en un aparato de dominación formado por los dirigentes y militantes del RCD, el partido oficialista, que controlaba todos los engranajes y la corrupción en el país. Una especie de milicia con la impunidad garantizada, que vigilaba a la población e imponía un clima de delación que a menudo derivaba en cárcel y torturas.

Por último, la policía y la guardia nacional (la gendarmería), que Ben Ali, ex ministro del Interior, tenía en sus manos. En los últimos 23 años el Ejército se fue debilitando porque Ben Ali siempre le tuvo miedo. Túnez, vista la experiencia de los golpes de Estado militares en otros países africanos, quiso tener un ejército que no fuera muy poderoso y, en cambio, dio prioridad a la policía y la guardia nacional, que se convirtieron en el principal instrumento de represión. De hecho, la policía, junto con una parte de las milicias del RCD, y con su utilización de grupos de saqueadores, está en el origen de la destrucción y los asesinatos de estos últimos días.

Lo que ha hecho que hubiera un vuelco es un fenómeno mental colectivo extraordinariamente poderoso: la desaparición del miedo. ¿Por qué? Por muchas razones, pero sobre todo porque el poder no supo cómo reaccionar ante la inmolación del joven Bouazizi. Con su visita a la familia del mártir, el presidente se puso personalmente en primera línea; al ofrecer dinero a los padres por la muerte del joven, añadió la humillación. Si quería mostrar que era capaz de sentir compasión, lo que demostró Ben Ali fue que tenía miedo. A partir de ese momento, el miedo cambió de bando. Ben Ali destituyó a ministros, hizo mil promesas, pero nada podía detener ya la rebelión de la calle, que había comprendido que el Estado no era tan fuerte como parecía. Cada víctima de la represión hizo crecer las protestas. En 23 días, los tunecinos acabaron con 23 años de dictadura.

Dentro del régimen, el Ejército se ha vengado de la policía. Esta se ha mostrado incapaz de ejercer la represión por dos motivos fundamentales: por una parte, el sindicato Unión General Tunecina del Trabajo (UGTT), sobre todo los mandos intermedios regionales y federales, se negaron a obedecer al poder, se pusieron del lado del pueblo y contribuyeron a agitar las demandas sociales; por otra, un sector importante de los oficiales generales, respaldados por los soldados en activo que en repetidas ocasiones se negaron a abrir fuego sobre los manifestantes, dejó muy claro a Ben Ali que ya no estaban con él. De esa forma, no le dejaron más que una salida: huir.

Ben Ali estaba asimismo debilitado por las presiones de Estados Unidos, que se ha implicado a fondo en su derrota, en primer lugar, porque ha visto una posible manera de hacer realidad su proyecto de democratización “suave” (no como Bush en Irak) en el mundo árabe; y en segundo, porque era una forma de debilitar a Francia en el Magreb. En cuanto a Francia, ha hecho gala de una ceguera que supera cualquier medida al apoyar a Ben Ali y ofrecerse, días antes de su desaparición, ¡para “formar” a su policía! Un fracaso diplomático que pagará muy caro.

La oposición, ya sea oficial o ilegal, no ha desempeñado ningún papel. Como tampoco se ha visto, en las manifestaciones, una sola bandera verde, símbolo del islam. Pero eso no puede durar. Con Ben Ali fuera, le ha sustituido el primer ministro, Mohamed Ghanuchi. Y ahí empiezan las dificultades. Los partidarios de Ben Ali temen la venganza popular, así que han emprendido una política de tierra quemada, sobre todo en los barrios burgueses y acomodados, con el fin de aterrorizar a sus habitantes y romper la alianza entre esas capas y el pueblo. En los últimos días ha habido decenas de muertos en Túnez. Se está instalando un estado de caos que favorece al poder interino actual: el nuevo presidente ha prometido convocar elecciones en el plazo de seis meses, un periodo muy largo que permite presagiar manipulaciones peligrosas.

Las perspectivas para el futuro más próximo son meras hipótesis mientras no se reorganice la policía y mientras el Ejército no se pronuncie con claridad en favor del orden republicano. Además, será necesario meter en cintura a las milicias del RCD, formadas por elementos desclasados para los que la pertenencia al partido era el principal método de ascenso social.

La primera hipótesis es que el nuevo poder consiga restablecer enseguida el orden y organizar una Conferencia Nacional en la que estén representados todos los miembros de la oposición, con un programa de transición política que deberá desembocar en la instauración de una auténtica democracia republicana (nueva Constitución, elecciones legislativas, municipales, etcétera). A esta solución se oponen los restos del aparato dictatorial de Ben Ali (policía, burocracia, etcétera), los restos del RCD y el nuevo poder, que tendrá que rendir cuentas de su pertenencia al sistema derrocado.

La segunda hipótesis es un acuerdo entre todas las fuerzas de la oposición oficial, la integración de los partidos de oposición ilegales y la creación de un consenso sobre un programa mínimo para instaurar un sistema de transición que correría el peligro de tener una duración indefinida. En resumen, una especie de cambio dentro de la continuidad, porque se mantendría el régimen actual. Los factores en contra de esta hipótesis son la impaciencia y la cólera del pueblo, que quiere acabar con estos 23 años de dictadura.

Por último, una tercera hipótesis, que también es posible: Ben Ali preparaba, en los últimos años, una sucesión “neoislamista” encarnada en un miembro de su familia, hombre de negocios y creyente al parecer devoto; el Estado, sin tocar las bases laicas del “bourguibismo”, iba islamizándose poco a poco; los programas religiosos invadían las pantallas y daba la impresión de que se estaba cociendo una confesionalización del poder, con el único objetivo de pervertir unas reivindicaciones sociales dotadas cada vez de más dureza y presión. El poder actual puede muy bien retomar esta estrategia e intentar establecer un régimen basado en un islamismo conservador cuya utilidad es evidente: así controlaría las reivindicaciones populares y se apoyaría en los grupos sociales más sensibles a esta retórica; llevaría de nuevo a las clases medias a su terreno, al presentarse como garante del mantenimiento de la seguridad, y tranquilizaría a los vecinos, desde Marruecos hasta Egipto, pasando por Argelia y Libia, que ya sufren este tipo de situación y ven con muy malos ojos el ejemplo tunecino.
No se puede excluir tampoco una mezcla de las tres opciones, que solo serviría para aplazar las decisiones institucionales que debe tomar Túnez. Lo que es innegable es que los tunecinos afrontan hoy una transición hacia una revolución democrática y republicana, y eso es lo más difícil. Porque el movimiento callejero no posee ni dirección reconocida ni programa.

Se abre una nueva etapa. Los tunecinos han demostrado, con una fuerza y una dignidad enormes, que siempre se puede vencer a la opresión. También han conseguido, quizá, que el mundo árabe entre a formar parte de la misma historia que los pueblos de Latinoamérica y los países de Europa del Este en el siglo pasado, cuando conquistaron su derecho a la libertad de expresión a costa de grandes sacrificios humanos. Y esa lección es inmensa.

Sami Naïr es profesor invitado de la Universidad Pablo de Olavide, Sevilla. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

Entrevista con Eugene Rogan

El autor de «Árabes» presenta su libro en la Casa Árabe

J. G. CALERO / MADRID

—¿La revuelta de Túnez va a cambiar mucho la situación en el Magreb?

—Los acontecimientos de Túnez tendrán ciertamente influencia en la política del Magreb, pero creo que el movimiento de protesta popular que ha obligado a cambiar el gobierno de Ben Ali ha sido el producto de un conjunto muy concreto de condiciones.

—¿Por qué?

—La clase media es más amplia en Túnez que en ninguno de sus estados vecinos. Y su nivel de educación y la alfabetización han generado en los tunecinos una fuerte conciencia de sus derechos políticos. Aceptemos que el éxito de este levantamiento popular que ha derribado un gobierno autocrático será una inspiración para los movimientos de oposición en la región. Si los tunecinos logran construir sobre este triunfo las bases reales de libertad política, de expresión, respeto por los derechos humanos, un gobierno que rinda cuentas, en definitiva, este país va a desempeñar un papel en todo el mundo árabe, convertido en modelo a seguir. Sin embargo persisten enormes peligros que superar antes de que los tunecinos puedan conducir su revolución hacia la democracia.

—¿Y la influencia hará que otros estados promuevan cambios en el papel que hay que dar a la juventud magrebí?

—No hay nación en Oriente Medio que no esté preocupada por el crecimiento de las capas jóvenes de la sociedad, que necesitan educación, acceso al trabajo, vivienda y sanidad. La región entera tiene muy malos datos de creación de empleo, y la combinación de gobierno autoritario e inestabilidad política ha retraído el tipo de inversión internacional que traería una buena cantidad de trabajos a la zona. De hecho, la Universidades norteafricanas gradúan cada año a decenas de miles de profesionales para los que no existe trabajo. Son inteligentes, ambiciosos y están frustrados.

—¿Son los protagonistas del cambio?

—Ejercen una presión demográfica cualificada y tienen por ello todas las condiciones para resultar peligrosos para el orden establecido, como hemos visto en Túnez. La misma presión alimenta las protestas populares en Argelia, Libia y Egipto, y se encuentran en los territorios ocupados, Jordania y Sirua. El movimiento verde de Irán también refleja las frustraciones de la generación que hoy día está en la veintena. Mientras el gobierno siga sin satisfacer las aspiraciones legítimas de sus jóvenes, su poder estará en entredicho.

—¿Tienen futuro los actuales modos de gobierno en la zona?

—La historia no concede demasiadas esperanzas a las fuerzas populares que luchan contra dictaduras o poderes autocráticos. El mundo árabe está dominado por hombres fuertes que llevan décadas en el poder, desde la segunda mitad del siglo XX, y la mayoría ha desarrollado intereses “dinásticos” y trataron de transferir el liderazgo a sus hijos —como en Siria, Irak, Egipto, Libia o Yemen (y no incluyo, claro está, las monarquías hereditarias constituidas). Pero no hay razón para creer que el siglo XXI vaya a repetir lo que ocurrió en el XX, y cosas como lo sucedido en Túnez nos dan esperanza en que puede haber un futuro mejor al doblar la esquina.

El secreto de la felicidad

por Alberto Medina Méndez

Queda claro que la manipulación del lenguaje es una de las mayores habilidades de la política moderna. Han conseguido deformar conceptos, destruir vocablos, cambiarles el significado a muchas palabras que fueron respetables y hoy son aborrecidas.

Pero si un término ha sido vapuleado por la dirigencia de este tiempo es justamente LIBERTAD. En nombre de ella se han cometido las peores atrocidades, múltiples genocidios y se han derribado derechos esenciales bajo el argumento de defenderla. Las más perversas ideologías, han abusado de su utilización para justificar calamidades.

Lo cierto es que existe un pánico universal a la libertad, un temor que ni siquiera es asumido como tal, y en ese proceso los miedosos se arrogan derechos que no tienen. Pretenden imponer un modelo de felicidad a los demás, amparados en la concentración de poder que les facilita el Estado del Bienestar como herramienta para sojuzgar a los individuos. En realidad, la libertad lleva implícita la búsqueda de la felicidad. Se trata justamente de eso, de que cada ser humano encuentre de modo personal e indelegable su rumbo, su sendero, que lo elija y que asuma sus propios riesgos.

No existen garantías para ser feliz, ni fórmulas mágicas, ni manuales que orienten. Se trata de la vida misma, de intentar, de probar, de ensayar, de descartar y seguir, de tropezar y levantarse, de llorar y reír, de disfrutar y sufrir. La libertad supone que cada uno construya su recorrido, explore su camino y se haga cargo de sus decisiones, lo que incluye las consecuencias, las deseadas y las otras.

Cuando la política contemporánea, la hegemónica ideología reinante, la visión dominante, habla de felicidad, resuelve por la gente, y para ello la despoja de derechos y bienes, suponiendo que hará feliz a todos estableciendo un modelo único que se ajusta a la mirada del que lo impone. Se interpone entre los individuos y sus derechos, se los arrebata para reemplazarlo en las decisiones y así le pone restricciones, lo acorrala, pero siempre encuentra justificación a cada limitación a la libertad que desea establecer.

La política de hoy, dice hacerlo para alegrar a la sociedad. Para ello diseña previamente un concepto de felicidad que establece el poderoso, el mandamás, que supone saber exactamente que quiere cada uno, que es lo mejor para el otro, como si cada individuo no supiera elegir por si mismo. Algún extraño mecanismo le hace creer a este burócrata que está mejor preparado que el resto para resolver lo que es mejor para ellos.

La paradoja de estos políticos modernos, de estos dirigentes de hoy, de los tecnócratas de siempre, es que ellos pretenden libertad para si mismos, y tienen la soberbia de suponer lo que es mejor para los demás. Aceptan quitar recursos, limitar derechos, fijar reglas, pero esas son solo validas para “los otros” y no para ellos mismos. Una asimétrica visión de la ética los obnubila indefinidamente.

Ellos no quieren quitarse del camino para que la gente tome decisiones. Lo que pretenden es convertirse en intérpretes de la sociedad, reemplazarla en sus decisiones, porque eso les permite, con la anuencia tácita de muchos incautos, asignar los recursos económicos y legales, con absoluta impunidad, en forma arbitraria y siempre opinable, para imponer ese “modelo” de felicidad.

Ellos dicen saber que es lo que la gente quiere, y para eso expolian a los ciudadanos para administrar sus recursos vía impuestos, y así aplicar discrecionalmente los mismos, decidiendo por la gente lo que es mejor para ellos.

En realidad temen a la libertad. No entienden, o prefieren ignorarlo, que cada ser humano es distinto, único, inimitable, y que por lo tanto la libertad no se puede negociar, porque es parte central de la esencia humana.

En el fondo, y sin que lo reconozcan porque va a contramano de las ideologías que dicen defender, tienen una visión clasista, sectaria, de casta. Ellos, íntimamente creen que los que menos recursos tienen, no saben lo que quieren y es por eso precisan de iluminados, de gente sabia e inteligente que decida en su reemplazo. Se creen personas de una condición superior, de una categoría superlativa, que por algún extraño atributo que identifican en si mismos, pueden decidir por otros.

Estos genios, predestinados a hacer feliz a los demás, le quitaran los recursos a la gente, sobre todo a los que menos tienen, para ejecutar su visión mesiánica, esa que les posibilita administrar mejor que esa “pobre gente”. Construyeron para ello, un andamiaje argumental que los coloca en el pedestal de los “protectores”, esos que cuidarán a la sociedad de cuanta desgracia merodee. Se amparan en la supuesta ignorancia de la comunidad, pero asumen una sabiduría indemostrable que los define.

El sistema ha generado mecanismos perversos para sostener indefinidamente esta estructura de ideas, que parece contar con el beneplácito de las mayorías organizadas, institucionalizando el saqueo de recursos y esta discrecional forma de administrarlos.

La libertad es una sola, implica que los individuos pueden decidir por si mismos. La única limitación la imponen idénticos derechos que goza el resto de la comunidad. Lo que sigue, la mejor o peor utilización de recursos, las determinaciones individuales, con aciertos y errores, corren por cuenta de cada uno y no es territorio de los funcionarios.

Nadie tiene derecho a decidir por nosotros, por loables que parezcan sus fines, por generoso y altruista que sean las intenciones que los convocan. Y en ese contexto, en el de la libertad, solo cabe la idea de que cada individuo procure la búsqueda de la felicidad. Cualquier intromisión que implique detraer recursos, quitar derechos, para ofrecer bonanza a cambio, será un avasallamiento a los derechos ciudadanos y una barrera para que cada ser humano busque su felicidad según la entienda.

Los individuos no necesitan intérpretes para el ejercicio de su libertad. Solo deben saber que toman decisiones personales, y que las mismas generan consecuencias, esas que luego no podrán endilgarle a otros, porque la libertad se ejerce con responsabilidad.

No existen pociones mágicas, ni receta que pueda explicar, no se trata de una ciencia exacta y su complejidad es infinita. Por mucho que se esmeren los destructores de siempre, solo la libertad puede conducirnos al secreto de la felicidad.

Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
Skype: amedinamendez
http://www.albertomedinamendez.com
03783 – 15602694

Educación: Seis años de esfuerzos crecientes por un futuro sostenible

El 1 de enero de 2005 se inició la Década de la educación por un futuro sostenible, instituida por Naciones Unidas por acuerdo unánime de su Asamblea General para que los educadores y educadoras contribuyamos a formar ciudadanas y ciudadanos conscientes de los problemas socioambientales a los que se enfrenta hoy la humanidad y preparados para participar en la toma de decisiones fundamentadas. Y ese mismo día se puso en marcha la web http://www.oei.es/decada como un instrumento para potenciar la máxima implicación en la consecución de dichos objetivos. Desde entonces cerca de 12000 educadores y 250 instituciones educativas de Iberoamérica se han adherido en esta web a los objetivos de la Década (www.oei.es/decada/adhesiones.php). Y lo que es más importante: mensualmente se está produciendo una media de 20000 (¡veinte mil!) accesos a los Temas de Acción Clave (TAC), que abordan con algún detenimiento los distintos problemas, estrechamente vinculados, que caracterizan la actual situación de emergencia planetaria, sus causas y las medidas que se requieren y se pueden adoptar en los diferentes ámbitos, poniendo de relieve la necesidad de un tratamiento holístico del conjunto de aspectos. Estos TAC son puestos al día periódicamente, tanto en lo que se refiere a su contenido como a la inclusión de palabras clave (www.oei.es/decada/indice.php), que superan ya las 600, y de referencias útiles para profundizar en los mismos. Durante el pasado 2010, celebrando el ecuador de la década, se ha hecho un esfuerzo particular de renovación en profundidad de la web, con objeto de dotarla de mejores herramientas para facilitar el acceso a los diversos contenidos, que han sido también ampliados. Así, por ejemplo, se ha añadido un nuevo TAC dedicado al “Desarrollo rural”. Un desarrollo rural que merece mucha más atención de la que se le viene concediendo, pues de él depende laboralmente cerca de la mitad de la población mundial y su papel es fundamental para garantizar el acceso a los alimentos de todos los seres humanos, así como para la protección y conservación de los recursos naturales. Este mismo esfuerzo de puesta al día se extiende a las otras secciones de la web, cuya presentación ha sido totalmente renovada también en el año que ahora acaba: desde la amplia “Sala de lectura” a “Qué podemos hacer”, donde se sintetizan las acciones concretas que podemos y debemos realizar, como ciudadanos y como educadores, recogidas en una abundante literatura y numerosos talleres (www.oei.es/decada/hacer.php): • ¿Cómo podemos contribuir cada ciudadan@ a construir un futuro sostenible? • ¿Cómo podemos contribuir los educadores y educadoras, profesionalmente, a la construcción de un futuro sostenible? Una de las principales novedades introducidas en 2010 ha sido la reciente incorporación en facebook de Educadores para la sostenibilidad, accesible desde la web de la Década y que está recibiendo una notable atención por parte de los internautas. Particular importancia para el impulso de los objetivos de la Década tienen los boletines que con periodicidad prácticamente mensual reciben quienes se han adherido a la Década y cuyo historial puede consultarse en http://www.oei.es/decada/boletines.php. Dichos boletines difunden propuestas de acción asociadas a eventos de interés, como el apoyo a acciones ciudadanas de ámbito mundial destinadas a ejercer una presión positiva sobre los responsables políticos para que se comprometan a adoptar decisiones que contribuyan a la sostenibilidad. Esa presión es hoy absolutamente necesaria para hacer avanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio o, más concretamente, para lograr un acuerdo ambicioso, justo y vinculante de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. A este respecto será necesario que a lo largo del año que ahora comienza, educadores, medios de comunicación, comunidad científica y movimientos ciudadanos creemos el clima social que obligue a los líderes políticos a firmar en la próxima cumbre del clima, que tendrá lugar en Durban, Sudáfrica, el protocolo que concrete las medidas acordadas en Cancún, donde se superó el pesimismo que parecía haberse instalado tras Copenhague y se retomó la negociación multilateral. Se ha de lograr que Durban en 2011 suponga para la lucha contra el cambio climático lo que Montreal supuso en 1987 para la lucha contra la destrucción de la capa de ozono. El protocolo de Montreal puso en marcha el proceso de eliminación de las sustancias destructoras de la capa de ozono que nos protege de radiaciones letales, superando miopes intereses particulares y negacionismos infundados. Del mismo modo, el protocolo de Durban ha de poner en marcha, como exige la comunidad científica, un proceso urgente hacia una economía baja en carbono. Tras el fracaso de Copenhague y la rectificación de Cancún, Durban ha de pasar a la historia de las grandes decisiones necesarias para la superación de un crecimiento depredador e insolidario y para el avance hacia un desarrollo sostenible. Está en nuestras manos contribuir a que, sin más dilaciones, ello se logre este año 2011. 2011 también representa la puesta en marcha de un proyecto que debe representar un salto en equidad social y calidad en la educación en Iberoamérica: “Metas Educativas 2021: La Educación que quEducación: Seis años de esfuerzos crecientes por un futuro sostenible El 1 de enero de 2005 se inició la Década de la educación por un futuro sostenible, instituida por Naciones Unidas por acuerdo unánime de su Asamblea General para que los educadores y educadoras contribuyamos a formar ciudadanas y ciudadanos conscientes de los problemas socioambientales a los que se enfrenta hoy la humanidad y preparados para participar en la toma de decisiones fundamentadas. Y ese mismo día se puso en marcha la web http://www.oei.es/decada como un instrumento para potenciar la máxima implicación en la consecución de dichos objetivos. Desde entonces cerca de 12000 educadores y 250 instituciones educativas de Iberoamérica se han adherido en esta web a los objetivos de la Década (www.oei.es/decada/adhesiones.php). Y lo que es más importante: mensualmente se está produciendo una media de 20000 (¡veinte mil!) accesos a los Temas de Acción Clave (TAC), que abordan con algún detenimiento los distintos problemas, estrechamente vinculados, que caracterizan la actual situación de emergencia planetaria, sus causas y las medidas que se requieren y se pueden adoptar en los diferentes ámbitos, poniendo de relieve la necesidad de un tratamiento holístico del conjunto de aspectos. Estos TAC son puestos al día periódicamente, tanto en lo que se refiere a su contenido como a la inclusión de palabras clave (www.oei.es/decada/indice.php), que superan ya las 600, y de referencias útiles para profundizar en los mismos. Durante el pasado 2010, celebrando el ecuador de la década, se ha hecho un esfuerzo particular de renovación en profundidad de la web, con objeto de dotarla de mejores herramientas para facilitar el acceso a los diversos contenidos, que han sido también ampliados. Así, por ejemplo, se ha añadido un nuevo TAC dedicado al “Desarrollo rural”. Un desarrollo rural que merece mucha más atención de la que se le viene concediendo, pues de él depende laboralmente cerca de la mitad de la población mundial y su papel es fundamental para garantizar el acceso a los alimentos de todos los seres humanos, así como para la protección y conservación de los recursos naturales. Este mismo esfuerzo de puesta al día se extiende a las otras secciones de la web, cuya presentación ha sido totalmente renovada también en el año que ahora acaba: desde la amplia “Sala de lectura” a “Qué podemos hacer”, donde se sintetizan las acciones concretas que podemos y debemos realizar, como ciudadanos y como educadores, recogidas en una abundante literatura y numerosos talleres (www.oei.es/decada/hacer.php): • ¿Cómo podemos contribuir cada ciudadan@ a construir un futuro sostenible? • ¿Cómo podemos contribuir los educadores y educadoras, profesionalmente, a la construcción de un futuro sostenible? Una de las principales novedades introducidas en 2010 ha sido la reciente incorporación en facebook de Educadores para la sostenibilidad, accesible desde la web de la Década y que está recibiendo una notable atención por parte de los internautas. Particular importancia para el impulso de los objetivos de la Década tienen los boletines que con periodicidad prácticamente mensual reciben quienes se han adherido a la Década y cuyo historial puede consultarse en http://www.oei.es/decada/boletines.php. Dichos boletines difunden propuestas de acción asociadas a eventos de interés, como el apoyo a acciones ciudadanas de ámbito mundial destinadas a ejercer una presión positiva sobre los responsables políticos para que se comprometan a adoptar decisiones que contribuyan a la sostenibilidad. Esa presión es hoy absolutamente necesaria para hacer avanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio o, más concretamente, para lograr un acuerdo ambicioso, justo y vinculante de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. A este respecto será necesario que a lo largo del año que ahora comienza, educadores, medios de comunicación, comunidad científica y movimientos ciudadanos creemos el clima social que obligue a los líderes políticos a firmar en la próxima cumbre del clima, que tendrá lugar en Durban, Sudáfrica, el protocolo que concrete las medidas acordadas en Cancún, donde se superó el pesimismo que parecía haberse instalado tras Copenhague y se retomó la negociación multilateral. Se ha de lograr que Durban en 2011 suponga para la lucha contra el cambio climático lo que Montreal supuso en 1987 para la lucha contra la destrucción de la capa de ozono. El protocolo de Montreal puso en marcha el proceso de eliminación de las sustancias destructoras de la capa de ozono que nos protege de radiaciones letales, superando miopes intereses particulares y negacionismos infundados. Del mismo modo, el protocolo de Durban ha de poner en marcha, como exige la comunidad científica, un proceso urgente hacia una economía baja en carbono. Tras el fracaso de Copenhague y la rectificación de Cancún, Durban ha de pasar a la historia de las grandes decisiones necesarias para la superación de un crecimiento depredador e insolidario y para el avance hacia un desarrollo sostenible. Está en nuestras manos contribuir a que, sin más dilaciones, ello se logre este año 2011. 2011 también representa la puesta en marcha de un proyecto que debe representar un salto en equidad social y calidad en la educación en Iberoamérica: “Metas Educativas 2021: La Educación que queremos para la generación de los bicentenarios” que, como señalábamos en el Boletín 55, convierte a la educación por la sostenibilidad en un elemento clave de la educación en valores para una ciudadanía democrática activa. Educadores por la sostenibilidad Boletín Nº 58, 1 de enero de 2011 http://www.oei.es/decada/boletin058.php eremos para la generación de los bicentenarios” que, como señalábamos en el Boletín 55, convierte a la educación por la sostenibilidad en un elemento clave de la educación en valores para una ciudadanía democrática activa. Educadores por la sostenibilidad Boletín Nº 58, 1 de enero de 2011

http://www.oei.es/decada/boletin058.php

El poder político del rechazo

Teódulo López Meléndez

Los ciudadanos tenemos como sacudirnos a un poder que nos oprima. Sin embargo, muchos pueblos que quieren liberarse de un poder opresor no hacen otra cosa que incurrir en la servidumbre voluntaria. Muchas veces sucede porque el problema excede a cortar la cabeza de la tiranía y así liberarse de ella porque quedaría a la muestra de todos un cuerpo social deforme.

Lo hemos visto en la primera reunión de la nueva Asamblea Nacional, muestra inequívoca de que este país no tiene una clase dirigente. No basta así con el rechazo a la dictadura sino con un proyecto que vaya mucho más allá y que implique la transformación del cuerpo social que celebra el circo ante sus ojos presentado.

Es entonces necesario un cambio total de la mirada y el encuentro de una línea de fuga que vaya hacia la conformación de una alternativa que excede al régimen para incluir la edificación de una nueva comunidad. Lo que se mostrado es una desnudez pavorosa de la cual hay que desertar.

Así, la pregunta no es por qué se rebelan sino por qué no lo hacen. Alguien dijo una vez que ese era uno de los problemas fundamentales de la filosofía política, esto es, por qué los hombres pelean por su servidumbre. La respuesta está dada, seguramente, en que el cuerpo social decapitado se vería muy mal ante el espejo. De manera que aquí podríamos argumentar que es bastante probable que la mayoría del país ya no esté con el régimen, sólo que no sabe lo que eso significa.

El régimen ejerce una disciplina que incluye las salidas al recreo de los alumnos, verbigracia “debate” en la Asamblea Nacional. Cuando los diputados se desgañitan en sus peroratas lugarcomunistas responden a una compulsión interna dictada por esa disciplina. Esto es, los diputados actuantes se disciplinan a sí mismos y se entregan y con su elocuente discurso producen el dominio desde su subjetividad.

La congregación vengadora que celebra se le haya dicho cuatro lugares comunes al régimen
podría ser transformada en multitud impositora. Eso es lo que más teme el régimen totalitario y alimenta el espectáculo desde la propia mediocridad de sus propios diputados. En otras palabras, el régimen totalitario trabaja sobre la base de controlar, pero no de destruir, pues se perdería el equilibrio de las apariencias y las armas mismas del control. Podríamos decir que coloca a la “oposición’ descontrolada en un “no-lugar”.

Al mismo tiempo, satisface un anhelo largamente aplazado por los controlados, el aparente compartir del éter. Esto es, el acceso a la pantalla. Una vez entremezclados los dos sonidos de la polarización dañina se convierte el dominado en algo menos que un residuo. No hay nada más democrático que ofrecer el éter.

Es por ello que, en frase seguramente incomprendida mientras hablaba de insurgencia, llamaba a un término ontológico. Lo he dicho así: la política no se hace de afuera hacia adentro, se hace de adentro hacia afuera. El régimen se nutre de la superficialidad de los componentes sociales. Cuando todo a ese cuerpo le parece lo más natural del mundo, y se despliega a exorcizar con insultos, ha hecho exactamente lo que el totalitarismo del siglo XXI permite, es decir, el brote de la superficialidad y ejecuta lo que totalitarismo quería, el abandono de toda imaginación trascendental.

Llegamos de esta manera a una incoherencia de gran coherencia. El poder se ha desplegado sutilmente y la conformación social lo retroalimenta. El régimen, así, ha creado su propio modelo ontológico al cual hay que oponer otro mediante otras medidas de valor y hacer que lo trascendente vuelva a determinar las formas, las medidas, los procedimientos y el comportamiento.

He dicho que no espero un milagro en el sentido de que el cuerpo social venezolano se haga otro muy distinto. Creo que basta llamarlo a la insurgencia, como lo he estado haciendo, una que implica el reclamo y la readopción de la trascendencia política.

Es aquí donde los venezolanos deben compenetrarse con la idea del rechazo como poder político. Creen no tener uno o creen ser activistas democráticos emocionándose con lo banal, sin percibir en toda su magnitud la gran fuerza del rechazo. Es por eso que digo que no basta ser mayoría, sino saber para que se es. Para ello es necesario no aplaudir a la mediocridad y darse cuenta que la primera tarea no es salir del dictador, sino reactivar la fuerza de la imaginación y colocarse en un plano superior sustitutivo. El poder de rechazo hará evaporarse al dictador. Podríamos denominarlo más gráficamente aún, como una consolidación del deseo.

Como transformar ese deseo en una realidad sólo se puede mediante una diseminación omnilateral. La acción común es irrepresible y no me refiero a una multitud enfrentando a una fuerza de disuasión o represiva, me refiero a la constitución de una voluntad común dado que aquí no se trata de una dictadura militar más sino de una envuelta en ropajes ideológicos. Hablo de una capacidad para derretir los “valores” que vienen del poder omnímodo. Si queremos llevarlo al lenguaje de hoy, el asunto radica en llevar lo virtual a real. He dicho muchas veces que las realidades se construyen. Lo que estoy diciendo es que debemos reemplazar una capacidad reactiva o negativa por una capacidad positiva de imposición instituyente de formas distintas. El poder político del rechazo para ser efectivo debe irse autoadecuando al no permitir que el régimen seleccione y extinga los impulsos liberadores e imponiéndole su reducción aparentemente imperceptible hasta que se haga residuo. La multitud creativa tiene facultades de los que no dispone el poder.

Los valores que crea la multitud o alimentan o desgastan a este nuevo poder totalitario, inédito y de manejo múltiple de la represión. Quitarle el dominio del cuerpo social y reducirlo a mero poder encerrado en sí mismo, es el camino. Para eso la multitud debe liberarse y entonces el poder entrará en un decline indetenible. Lo demás es ejercicio estratégico y variantes tácticas sobre la praxis del accionar político.

teodulolopezm@yahoo.com

La salud del estornudo

Teódulo López Meléndez

Las respuestas parecen salidas de la demagogia, de los convencionalismos y de la mediocridad. Los hechos son respondidos con frases de ocasión, con repeticiones de un pasado inexistente, con criterios menguados por la devaluación de las ganas de pensar.

La capacidad de análisis parece depositada en un viejo baúl y olorosa a naftalina. Se responde desde parámetros obsoletos o con la intención de congraciarse o desde el lado oscuro que la vieja política atesoraba y atesora como valor supremo: quién puede marchar hacia el poder, quién tiene posibilidades de gobernar mañana, de quién obtengo un agradecimiento inmerecido.

He dicho infinidad de veces que la primera obligación es llamar a las cosas por su nombre. Por ejemplo, en el caso de las universidades no se admite que la suspensión de la promulgación no es más que un simple reflejo táctico elemental: si la situación está recalentada procedo a un enfriamiento, si el recalentamiento luce innecesario y conflictivo procedo a dar un paso atrás. No más.

A las universidades les recordé desde hace mucho tiempo que la mejor manera de evitar le hagan a uno la revolución es haciéndola uno mismo y que deberían llamar a reforma, pero las universidades todo lo centraron en el dinero, las explicaciones de sus falencias se encontraban en la falta de presupuesto y así corrieron a protagonizar hechos de segunda, como que no las atendieron o que el ministro se escondió o que a la espera de la marcha estaba la GN. De las universidades esperábamos hechos de primera, lo que resumí diciendo que mientras las casas de estudio pedían dinero el país pedía luces.

En este ejemplo concreto es evidente la intención oficial de ponerle la mano a las universidades. Cuando Chávez dice que entrega al nuevo presidente de la Asamblea Nacional guiar el debate sobre qué clase de universidad el país quiere, se debe entender que entraremos en un proceso de agitación interna, en algunas concesiones y en el mantenimiento de las líneas básicas y fundamentales del proyecto aplazado por razones tácticas. Una universidad no puede discutir si debe estar al servicio del socialismo y si vivirá bajo un control estatal que rompe su esencia misma de libertad. Vista la falta de respuesta universitaria sobre el fondo y las repetidas declaraciones sobre su intención de llevar propuestas a la celebérrima discusión anunciada, me pregunto qué dirá la universidad venezolana, ¿será acaso que quiere seguir siendo como es y que lo único que le falta es presupuesto? (UCV, puesto 1776 en el ranking mundial de universidades y no figura entre las 50 primeras de América Latina).

Lo de la universidad es un simple ejemplo, uno vital claro está, porque debe ser ella la que por antonomasia produzca los líderes, pero el cuadro es el mismo en todas las áreas donde el régimen ataca con su propósito claro de consolidar, de terminar de soldar el envoltorio total que ya ejerce sobre el cuerpo social.

Lo que quiero destacar es la falta de una concepción de lucha, la incomprensión de que liberarse del envoltorio gratificante en la paz de los sepulcros que el régimen teje, pasa por un salto cualitativo, uno de la imaginación creadora, de liberación de las fuerzas yacentes en la sociedad y en las que aún quiero creer. Los diagnósticos sobre lo que representa todo el paquete de leyes que nos pusieron al cuello con cerrojo está muy bien, pero se señalan los males sin un desarrollo neuronal que siempre he llamado salto hacia adelante, imposición de un pensamiento, comprensión de abandono del conservadurismo que lleva a concluir que hay que mantenerse en el status quo y que no puede llamarse de otras manera que reaccionaria.

Aquí estamos en revolución y en consecuencia la revolución la hago yo, podría ser la frase determinante, pero para ello es menester entender que no se puede restituir el ancien régimen ni declararse víctima a diario, sino dirigirse al planteamiento de una nueva concepción de las nuevas instituciones y montarse sobre una construcción que implica nuevas organizaciones sociales, ideificación de nuevos procedimientos, establecimiento de una voz que cohesione a los sectores sociales ya convencidos de estar una etapa superior a la del pasado. Sin embargo, estornudan como toda respuesta y estornudando creen mostrar una salud a toda prueba apenas afectada por un resfriado.

Es lo que he denominado insurgencia, que también puede conceptuarse como dejar de estornudar y demostrar la salud con un tsunami de ideas y praxis, con la avalancha de un país que rompe este envoltorio satisfaciente que el régimen le impone y reponer la seguridad en un marco propio, en uno de una sociedad en proceso de liberación que rompe la cáscara y sale a imponer su voluntad. Pero para tener una voluntad se requiere de un estiramiento de las alas, de un intentar volar, del alzamiento del pico hacia el desafío del azul del cielo.

Se requiere de concentración de voluntades. En la praxis política la he denominado unidad superior. En la praxis de un alma nacional alzando vuelo podemos llamarla ciudadanía, podemos llamarla conformación de una persona colectiva, podemos llamarla la creación de un espíritu nacional. El país debe dejar de estornudar. El país debe rugir. El país debe dejar de invernar. El país debe comprobar que tiene los pies firmemente puestos sobre la tierra y hacer que sus pasos la hagan temblar y marcar el territorio de nuestras fronteras como un espacio libre donde sus habitantes edifican el destino.

teodulolopezm@yahoo.com

2011: año de la insurgencia

Teódulo López Meléndez

El cuerpo político de esta república está ya dentro de la estructura de la maquinaria del poder. No cumple ya otra función que la de un engranaje virtual en lo que Foucault llamó el poder biopolítico. Uno ve el comportamiento de los cuadros dirigentes reuniéndose con los propietarios del control y mira en detalles los arreglos que le interesan (adónde llegará cada manifestación, donde se sentarán y cómo abrirán la boca) y concluye que son la expresión acabada de una sociedad plenamente incorporada a una relación afectiva. Si mira las reacciones de esa sociedad, interesada en el sitio de donde sale la alegre caminata o si el poder concesivo le aumentó los dólares anuales del sistema de control, concluye que está subsumida dentro de un poder ya introyectado en los núcleos de la estructura social.

Ya la sociedad venezolana reacciona como un solo cuerpo. Podrá la mitad estar reunida en una parte y la otra en sitio distinto, pero si se mira bien se concluye que el disfraz de la polarización no es más que eso, puesto que en el fondo son una única conciencia dado que las relaciones sociales están ya definidas en la manera del enfrentamiento real o ficticio. Ambas partes son una totalidad social sobre la cual el poder ejerce un dominio comprenhensivo. El poder ya se hizo enteramente biopolítico, la vida está completamente infiltrada y ya es capaz de administrarla. Mirando el comportamiento de esta sociedad unificada uno concluye que el poder es ya capaz de reproducir y administrar la vida misma.

Esta “organización” es corrupta porque a pesar de todos sus significativos avances las nueva forma política aún debe hacer concesiones de apariencia, sus mecanismos finales aún no están definitivamente establecidos y, en consecuencia, se entremezclan los hechos reales corruptos con otra forma de corrupción aún más perversa: una que toca a la entidad y a la esencia, una donde la efectividad y el valor no encuentran satisfacción. Así, en la administración que el control hace de los otrora poderes independientes, recurre a ejercicios de policía que nada tienen que ver con administración de justicia o con criterios jurídicos, más bien con una expansión de enfermedad que está presente en todas las condiciones de la gente, en todo lo que hacen o emprenden. Así, mientras el poder se come todas las formas del comportamiento, da muestras de atender unas exigencias mínimas convirtiendo todo lo que los ingenuos creen hacer en defensa teórica de valores superiores indeterminados, en un evento que la sociedad absorbida sigue con empatía o a través de la TV o participando en ella, alegremente, creyendo poner su disidencia en manifiesto, cuando no hace otra cosa que ejecutar los rituales del control.

Los venezolanos se comportan confiando en la historia del día, en el acontecimiento donde bien pudieron haberse inventado un héroe, entregados en la historia objetiva que los medios reseñarán (fue pacífica, o fue reprimida, o hubo enfrentamientos) dejando en el olvido, en el más profundo entierro de la inconsciencia, el poder de la multitud para hacer historia.

Es por ello que he dicho que este 2011 debe ser el año de la insurgencia, para encontrar en los inteligentes compatriotas respuestas como que debe ser el año de la resistencia. La metástasis está tan avanzada que ya no basta con resistir. No resistieron, envueltos como andaban y andan, en el comportamiento de una clase “dirigente” que cumple los rituales del poder. Debe ser de la insurgencia (lo que no significa de modo alguno conspiraciones o complots) bajo el convencimiento de que ya no hay procesos aislados, unos que se llamen políticos o económicos o culturales. Los procesos ahora son políticos-económicos-culturales-sociales, son una complejidad multifacética. Deben entrar, en consecuencia, en juego, los factores de la subjetividad, actuando sobre el presente histórico. Esto es, hace falta una multiplicad de actos racionales rechazando el orden hegemónico y forjando itinerarios alternativos constitutivos. He llamado, por ejemplo, a la inteligencia nacional a salir del letargo, pues una inteligencia existe en numerosos individuos capaces, pero esos individuos capaces duermen el sueño de los justos. He llamado a la sociedad venezolana a parir nuevos líderes, pero parece temerosa de los dolores de parto y en la profundidad de su psicología no desea otra cosa que una cesárea.

Ya no hablamos de una enfermedad del poder, ya debemos hablar de una sociedad enferma debatiéndose entre las evasivas y el humor de mala muerte. Si no se produce una insurgencia que va desde la psicología individual hasta la colectiva, desde la asunción del destino por parte de un conjunto súbitamente despertado, la historia no volverá a volar jamás en esta república de marionetas. Manifiesto un deseo, es obvio, pero uno que contiene subjetividad y praxis. O creamos nuevos espacios y nuevas formas de comunidad o seremos deglutidos en las entrañas de la realidad envolvente prefabricada, establecida y asumida.

Debemos instituir esas nuevas formas, difícil asunto, sólo que algunos, en medio de la aparente incomprensión general, manifestamos la búsqueda de un deseo inmanente que organice la multitud, el apelo a una función profética que la haga capaz de crear y producir contrapoder, en una función constituyente, instituyente si queremos ir un paso adelante, capaz de trastocar ontológicamente desde una multitud creadora.

teodulolopezm@yahoo.com

Nuevo e-book de Teódulo López Meléndez

Empoderamiento (Sexta lectura del nuevo milenio)

Índice 2

Praefatio. La escritura como política 3

Sexta lectura del nuevo milenio 9

Catálogo de incertidumbres 10
La ilógica contra el Islam
La nueva imbricación de política y religión
La Alianza de Civilizaciones 17
Turquía, “la niña de tus ojos” 21
Mediterráneo: Guía para perplejos 23
El planeta herido 31
Las autopistas científicas asociales 36
La pobreza como expresión de desigualdad 38
El desarrollo de lo humano

Crociverba 41

El desarrollo humano en cultura 42
Educar la incertidumbre 45
El desgaste de la obra humana 48
Literatura y política: habitar el lenguaje 50
Retrato involuntario de Venezuela 52
Las bacterias de arsénico o los frijoles blancos 55

https://acrobat.com/?i=uwy8II943kW2HKBNtsc*PQ

http://www.scribd.com/doc/46135478/Empoderamiento-Sexta-Lectura-Del-Nuevo-Milenio

http://www.komedi.com.br/escrita/leitura.asp?Texto_ID=15070

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