Buscar

Democracia siglo XXI

mes

enero 2010

Elogio de la metamorfosis

por Edgar Morin

Cuando un sistema es incapaz de resolver sus problemas vitales, o se degrada y desintegra o es capaz de sucitar un metasistema a la altura de sus problemas, es decir, opera una metamorfosis. El sistema Tierra es incapable de organizarse para lidiar con sus  problemas vitales: amenazas nucleares que se agravan con la disemación y acaso la privatización del arma atómica; degradación de la biósfera; economía mundial sin regulación verdadera; regreso de las hambrunas; conflictos etno-político-religiosos tendientes a degenerar en guerras de civilización. La amplificación y aceleración de todos estos procesos pueden ser consideradas como el desencadenante de un formidable feed-back negativo, proceso por el que se desintegra irremediablemente un sistema. Lo probable es la desintegración. Lo improbable pero posible es la metamorfosis. ¿Qué es una metamorfosis? Hay inumerables ejemplos a nuestros ojos en el reino animal. La oruga que se encierra dentro de la crisálida comienza un proceso simultáneo de autodestrucción y autorreconstrucción, según una organización y  forma de mariposa, diferente de la oruga pero siendo y permanceciendo ella misma. El nacimiento de la vida puede ser considerado como la metamorfosis de una organización físocoquímica que, llegado un punto de saturación, creó una metaorganización viva lacual, conservando los mismos componentes físicoquímicos, ha producido calidades  y cualidades nuevas. La formación de sociedades históricas en Medio Oriente, India, China, México y Perú constituye una metamorfosis que, a partir de un agregado de sociedades arcaicas de cazadores-cultivadores, produjo las ciudades, el estado, las clases sociales, la especialización del trabajo, las grandes religiones, la arquitectura, las artes, la literatura, la filosofía. Para bien y para mal: también produjo la guerra y la esclavitud. A partir del siglo XXI se plantea el problema de la metamorfosis de las sociedades históricas en una sociedad-mundo de un nuevo tipo, que englobaría a los estados-nación sin suprimirlos. Porque la continuación de la historia, es decir de las guerras entre estados que disponen de armas ultradestructivas conduciría seguramente a la cuasi-destrucción de la humanidad. Mientras que para Fukuyama las capacidades creadores de la evolución humana se agotaron con la democracia representativa y la economía liberal, nosotros devemos pensar que, al contrario, es la historia la que se ha agotado, y no las capacidades creadoras de la humanidad. La idea de metamorfosis, más rica que la idea de revolución , conserva la radicalidad transformadora, pero también vinculada a la conservación (de la vida, de la herancia de las culturas). ¿Cómo cambiar entonces de vía para encaminarnos hacia la metamorfosis? A pesar de que es posible corregir algunos de sus males, parece prácticamente imposible frenar la ola tecno-científico-económico-civilizacional que conduce el planeta al desastre. Y sin embargo la historia humana frecuentemente ha cambiado de vía. Todo comienza siempre por una inovación, un nuevo mensaje desviado, marginal, modesto, frecuentemente invisible para sus contemporáneos. Así han comenzado las grandes religiones: budismo, cristianismo, islam. El capitalismo se desarrolló como un parásito de las sociedades feudales para alcanzar finalmente su esplendor y, con la ayuda de las monarquías, acabar con la monarquía. La ciencia moderna se formó a partir de unos cuantos espírituos desviados, Galileo, Bacon, Descartes, para después crear sus redes, sus acociaciones e infiltrarse primero en las universidades del siglo XIX, luego en las economías y los estados del siglo XX para convertirse así en uno de los cuatro potentes motores del transbordador espacial Tierra. El socialismo nació en unos cuantos espíritos autodidactas y marginales del siglo XIX para convertirse en una formidable fuerza histórica en el XX. Hoy hay que volver a pensarlo todo. Hoy, todo está por recomenzar. En realidad, sin que nos hayamos dado cuenta, todo ha recomenzado ya. Estamos en la etapa de los comienzos modestos, invisibles, marginales, dispersos. Porque la ebullición creativa ya existe en todos los continentes, la multitud de iniciativas locales que buscan la regeneración económica o la política o la cognitiva o la social o la ética o la reforma de la vida. Estas iniciativas no se conocen unas a otras, las administración no las ha censado, los partidos político no se han dado por enterados. Pero son ellas el verdadero vivero del futuro. Hay que reconocerlas, hay que censarlas, cotejarlas, repertoriarlas y conjugarlas en una pluralidad de caminos reformadores. Son estas vías múltiples las que podrán, si se desarrollan conjuntamente, conjugarse para formar la vía nueva, la que nos llevará hacia la todavía invisible e inconcebible metamorfosis. Para elaborar las vías que confluirán hacia la Vía, nos hace falta deshacernos de las alternativas necias a las que nos confinan el conocimiento y el pensamiento hegemónicos. De este modo es necesario a la vez mundializar y desmundializar, crecer y decrecer, desarrollar y intrarrollar. La orientación mundialización/demon-dialización significa que, si bien hace falta multiplicar los procesos de comunicación y planetarización culturales, si bien hay que constituir una consciencia de “tierra-patria”, hay también que promover de manera desmundializante la alimentación de cercanías, la alimentación de cercanías, el comercio de cercanías, la horticultura de zonas conurbadas, las comunidades locales y regionales. La orientación “crecimiento/decrecimiento” significa que impulsar el crecimiento de los servicios, las energías verdes, los transportes públicos y la economía plural, social y solidaria, la remodelación huamana de las megalópolis, la agricultura y ganadería bioecológica, pero detener el crecimiento de la intoxicación consumacionista, la comida industrializada, la producción de objetos deshechables y no reparables, el tráfico de automóviles y camiones (en beneficio, por ejemplo, de las “autopistas por vía férrea” [ferroutage]).La orientación desarrollo/intrarollo significa que el objetivo fundamental no es el desarrollo de bienes materiales, de la eficacia, de la rentabilidad, de lo calculable, sino también el retorno de cada uno a sus necesidades interiores, el gran retorno a la vida interior, al privilegio de la comprensión del otro, del amor, de la amistad. No basta con denunciar. Tenemos también que enunciar. No basta con recordar la urgencia. Hay también que comenzar a definir las vías que conducen a la Vía. A eso es a lo que intentamos contribuir. ¿Hay motivos para la esperanza? ¿Cuáles son? Formulemos aquí cinco principios de esperanza: 1. El surgimiento de lo improbable. Así, en dos ocasiones la modesta Atenas resistió victoriosamente a la formidable potencia persa cinclo siglos antes de nuestra era, hecho altamente improbable que permitió el nacimiento de la democracia y la filosofía. Igualmente inesperadas fueron el congelamiento de la ofensiva alemana frente a Moscú en el otoño de 1941 y la improbable contraofensiva de Jukov el 5 de diciembre siguiente, seguida el 8 por el ataque japonés a Pearl Harbor que precipitó la entrada en guerra de los Estados Unidos. 2.- Las virtudes generadoras/creadoras inherentes a la humanidad. Así como en los organismos humanos adultos, donde existen células madre dotadas de aptitudes polivalentes (totipotentes) propias a las células embrionarias pero inactivas, así existen en el ser humano, en la sociedad humana virtudes regeneradoras, generadoras, creadoras que se encuentran inhibidas, en estado de hibernación. 3.- Las virtudes de la crisis. Al mismo tiempo que las fuerzas regresivas y desintegradoras, la crisis planetaria de la humanidad despierta a las fuerzas  generadoras y creadoras. 4.- Las virtudes combinatorias del peligro: “ahí donde crece el peligro crece también lo que nos salva”. La oportunidad suprema es inseparable del riesgo supremo. 5.- La aspiración multimilenaria de la humanidad a la harmonia (paraíso, luego utopías, luego ideologías libertaria/socialista/comunista, luego aspiraciones y revueltas juveniles de los años 60). Esta aspiración renace en la ebullición de iniciativas múltiples y dispersas que podrían nutrir las vías reformadoras, destinadas a confluir en la vía nueva. La esperanza estaba muerta. Las generaciones viejas se han desengañado de las esperanzas falsas. Las generaciones jóvenes se desesperan porque ya no existe una causa común como las de antes, como la resistencia ante la segunda guerra mundial. Sin embargo nuestra causa contenía en ella misma a su contrario. Como dice Vassili Grossman refiriéndose a Stalingrado: la más grande victoria de la humanidad era al mismo tiempo su más grande derrota, pues el totalitarismo estalinista salió vencedor. La victoria de las democracias restablece de golpe su colonialismo. Hoy en día tenemos una causa sublima, sin equívocos: salvar a la humanidad. La esperanza verdadera sabe que ella no es una certeza. Es la esperanza: no el mejor de los mundos: sólo un mundo mejor. El origen está frente a nosotros, decía Heidegger. La metamorfosis sería efectivamente un nuevo origen.

Masacre por trivialidad

por Ricardo Viscardi

Las pautas que identifican a la comunidad uruguaya con la modernidad, particularmente en su vertiente política, otorgaron un cariz propio a los últimos años. La significativamente tardía llegada de la izquierda al gobierno, así como un período económicamente favorable, se saldan al presente por un perfil neo-batllista del sentimiento mayoritario. Esa perspectiva significa tanto el cumplimiento de tareas redistributivas postergadas por los partidos tradicionales en razón de una estrategia electoral infeliz, como perspectivas obsoletas en razón de la declinación de los estados-nación. Bajo ese conjunto de condiciones se configura cierto conformismo cultural de la recepción pública, así como una señalada pasividad con relación a la actualidad universal de los sectores supuestamente críticos.

Este blog refirió a estas características del último período, incluso entre las propias referencias de su actualizaciones, al plantear el fatal desencanto de los movimientos sociales[1], así como el alineamiento del Estado uruguayo en la retaguardia de la globalización, en cuanto esta neutraliza en su desarrollo las tareas de los estados-nación[2].

La misma campaña electoral ha sido protagonizada de forma decisiva por los medios de comunicación masivos y a través de las nuevas tecnologías (TICS), en términos de una militancia cada vez menos presencial y cada vez más embanderada en el sentido propio, es decir no racional y simbólico, del término. Estrategias tales como la “reforma del Estado” se anuncian desde ya como saltos en el vacío, predestinados a un futuro tan promisorio como el desenlace del conflicto de la Intendencia de Montevideo con Adeom. En estas condiciones de ausencia de impulso crítico, en buena medida como efecto del prejuicio táctico ya hoy obsoleto que recomendaba “no hacerle el juego a la derecha”, se desarrollará una trivialidad de la vida pública, signada por una masacre de la opinión como tal.

Esta masacre ya asoma en el súbito conformismo de los partidos tradicionales con una participación en el Estado que denegaron durante cuatro años y que hoy cambian por un espejismo de “control”, destinado a alimentar algo más que las ilusiones de cuadros poco afectos a las “travesías del desierto”. El mismo conformismo rebosante de chatura se expresa en el empalagamiento de los medios masivos con una figura presidencial ampliamente retratable en la imaginación uruguaya, frecuentemente inclinada a un igualistarismo ramplón del que ha terminado por ser, en su propio pasado, tanto víctima como protagonista.

En “Bannalité du masacre”[3] Maurice Matieu no se refiere a la masacre de Irak, que sin embargo conoció personalmente, aunque no fuera la única que mereció su atención. Pese a su significación política implícita, el libro se refiere a la masacre del sujeto como efecto de la disolución de la subjetividad que surge de la comprensión, incluso en los propios textos de Cézanne sobre la pintura impresionista, de la claudicación moderna de todo lugar ajeno a un sistema de equivalencias. Por contraposición se plantea, a través del vínculo entre matemáticas y pintura que plantea Matieu, la posibilidad de una masacre de la trivialidad.

Esa será nuestra tarea, una vez que la ilusión uruguaya de un reverdecimiento de su destacada modernidad batllista habrá capotado definitivamente en la trivialidad política y la chabacanería cultural: masacrar la trivialidad. No será una tarea difícil, sino ante todo extensa, por la prolongación cultural de la impronta batllista que los propios partidos tradicionales favorecieron, al intentar ahogarla sin llevarla hasta sus últimas consecuencias, en aras de conservar un mezquino poder electoral.

En adelante se plantea reagrupar la alternativa en términos de despliegue simbólico glocal, el modo de acumulación no estatal capaz de oponerse al nacional-globalismo en tiempos de red. Ese tiempo que es ahora ya, plantea tanto la trivialidad de la masacre cultural que llevarán a cabo políticos profesionales y comunicadores empresariales como la impostergable necesidad de masacrar la trivialidad a través de una política de redes.
[1] Viscardi, R. “1994” (2005) Revista Arjé Nº1, Montevideo, pp.6-8. http://www.uruguaypiensa.org.uy/cattextos_2_1_1.html
[2] Viscardi, R. “¿Nacional-globalismo o alter-globalización?” (18/10/07) Semanario Voces del Frente Nº 143, Montevideo, p.8.
Publicación electrónica en la dirección http://www.vocesfa.com.uy/No143/No143.htm
[3] Matieu, M. (2001) Bannalité du masacre, Actes Sud, Paris.

El Estado plurinacional de Bolivia y la burocracia como problema global

por Ing. Dante Gumiel

El progreso político de Bolivia, que a juicio de respetables analistas se encuentra en la avanzada mundial en la materia, necesita para su consolidación y avance a ritmo sostenido, del análisis de tres temas fundamentales: La burocracia, la Universidad y la Educación. Apuntamos algunas notas al respecto.

Hacemos de la burocracia el tema inicial porque su comprensión orientará los otros temas y para mayor claridad tomaremos como ejemplo una Agencia Especializada de la ONU: La FAO: “La Organización para la Agricultura y la Alimentación”. La existencia de esta organización (y de sus similares), en el estado en el que se encuentra, hace mucho tiempo que debía llamar la atención de los pueblos, gobiernos y de la propia organización de las NN.UU. Las siguientes afirmaciones generales que interesan a todo el mundo, constituyen contradicciones deslegitimadoras:

•          El hambre y la desnutrición se incrementan – La burocracia de FAO crece (Ley de Parkinson)

•          No existe un baremo institucional propio o alguna otra institución similar que pueda tomarse como referencia de eficiencia (Está fuera de toda competencia natural y de toda responsabilidad – Baremo: “Conjunto de normas establecidas convencionalmente para evaluar los méritos personales, la solvencia de empresas, etc.”)

•          El método de trabajo es en el mejor de los casos propositivo teórico

•          La evaluación de la catastrófica situación alimentaria mundial es una de sus funciones permanentes (asume una función que debería ser parte del baremo institucional. Contradice el aforismo jurídico: “No se puede ser juez y parte al mismo tiempo”)

Una reconstitución inicial de la FAO puede guiarse por los siguientes principios:

•          La necesidad de regionalizar las instituciones similares a crearse (por ejemplo, dos FAO para Latinoamérica, tres para África, cuatro para Asia, una FAO para Europa y una FAO para Norteamérica, más una oficina de coordinación y centralización de información en Roma).

•          La necesidad de que la organización asuma carácter ejecutivo, y a la vez sea técnica y económicamente responsable.

•          La necesidad de establecer baremos institucionales comunes a todas las agencias regionales.

•          La necesidad de crear agencias independientes evaluadoras de las catástrofes humanitarias por hambre y desnutrición. Los resultados públicos serían un parámetro fundamental para evaluar la eficiencia de las FAO Regionales y para determinar el número de la burocracia orgánica imprescindible.

Este análisis señala como desprendimiento lógico, la necesidad de que la Bolivia Plurinacional Autonómica asuma la necesidad de la creación de varias agencias ejecutivas en campos relativamente nuevos: La restauración y preservación de cuencas altas; la explotación racional de recursos hídricos superficiales y subterráneos, la promoción de cultivos tradicionales, la restauración de los sistemas hidráulicos andinos y amazónicos, etc.). En gran parte bajo influencia del enjambre de organizaciones internacionales existentes, la burocracia nacional no ha adquirido el impulso ejecutivo que resulta imprescindible para imprimir realidad y celeridad a un proceso nacional de progreso social y económico. El costo material y psicológico de los estudios encargados por el Estado Boliviano, durante todo el siglo XX,  es simplemente colosal y es evidentemente uno de los factores retrogradantes).

El tema de la Universidad puede referirse a su origen: La Universidad nace en la Europa Medieval para discutir planteamientos metafísicos con un método, generalmente el escolástico, que pretendía la consolidación y expansión del poder de la Iglesia. Algunas desviaciones, como las de Erasmo, evidentemente constituyen progresos intelectuales de primer orden, pero esta excepción confirma la regla: La Universidad, aún en sus producciones más materialistas no ha perdido su original impronta metafísica y peor aún, repetitiva. La interpretación de las universidades europeas de las obras fundamentales sobre el desarrollo político clásico greco-romano, la raíz cultural europea, es simplemente extraviada.

Bolivia, por su condición de país aislado geográficamente y por otras razones, ha conservado felizmente la organización comunitaria de su sociedad originaria. Este tipo de organización contiene la clave para la comprensión de gran parte del desarrollo político de la sociedad humana: El arconte ático, el cónsul romano, el jilakata aymara y el curaca quechua aparecen en el escenario socio-político con equivalencia histórico-social, estableciendo firmes mojones para el esclarecimiento de todo el proceso político universal.

El extravío europeo de interpretación política ha producido personajes, que como Hobbes, simplemente se han propuesto colaborar intelectualmente a la consolidación y legitimación del poder establecido, con interpretaciones históricas caprichosas que no tienen ningún asidero real (El estado de naturaleza y el contrato de cesión de soberanía). La propuesta marxista que asigna responsabilidad ejecutiva política a una novísima clase de la sociedad, no existente en la mayor parte del Planeta en ese momento, es original, pero carece de creatividad al pretender el ejercicio del poder según los cánones tradicionales). Probablemente la clase campesina, a escala planetaria y omnitemporal, haya acumulado mayor experiencia histórica que todas las demás clases sociales, al realizar el trabajo fundamental de producir alimentos para toda la especie humana.

Estas notas llevan al planteamiento de la revisión del papel histórico de la Universidad en el contexto de las tareas que debe realizar el Estado Plurinacional, aplicando los criterios planteados anteriormente. La canalización del talento y la energía del enorme contingente de jóvenes universitarios puede ser uno de los grandes factores de éxito de la próxima gestión gubernamental. Los enfoques filosóficos, políticos y sociales que emerjan de nuestra propia historia y de nuestro propio suelo pueden ser los impulsores del dinamismo constructivo que ha estado ausente en nuestra patria por un largo medio milenio. La dialéctica constructiva de la Nueva Universidad del Estado Plurinacional Boliviano no permitirá que persistan en ningún punto del Globo y en ningún tiempo, estructuras institucionales contraproducentes, costosas y en último término, depredadoras de la humanidad.

Todo lo anterior deriva en el sistema educativo. El sistema educativo en general debe dejar la impronta de las esencias de la  Constitución Política del Estado Plurinacional” en el espíritu y el intelecto de cada ciudadano, de tal manera que los nuevos valores sociales y culturales se los asuma naturalmente. El Estado por tanto deberá llegar a anular las diferencias entre el sistema educativo público y el sistema educativo privado, involucrando a los niños y a los jóvenes en vastas tareas de restauraciones medioambientales y arqueológicas y en  prácticas deportivas de pluriacercamiento.

La mujer y el hombre del Estado Plurinacional Boliviano deberán poseer la visión, la energía y la capacidad de análisis y debate, para transformar el actual sistema capitalista de economía destructiva de guerra por un mundo racionalizado y lógico de economía constructiva. La reversión de la desertificación de Sudamérica, África, Medio Oriente, Asia y Australia y el acercamiento amable de las grandes religiones, pueden ser dos de las actividades paradigmáticas del Siglo XXI.

Del biopoder a la biopolítica *

Por Maurizio Lazzarato

1.

Michel Foucault, a través del concepto de biopolítica, nos había anunciado desde los años setenta lo que hoy día va haciéndose evidente: la “vida” y lo “viviente” son los retos de las nuevas luchas políticas y de las nuevas estrategias económicas. También nos había mostrado que la “entrada de la vida en la historia” corresponde al surgimiento del capitalismo. En efecto, desde el siglo XVIII, los dispositivos de poder y de saber tienen en cuenta los “procesos de la vida” y la posibilidad de controlarlos y modificarlos. “El hombre occidental aprende poco a poco lo que significa ser una especie viviente en un mundo viviente, tener un cuerpo, condiciones de existencia, probabilidades de vida, una salud individual y colectiva, fuerzas que se pueden modificar…”1 Que la vida y lo viviente, que la especie y sus condiciones de producción se hayan convertido en los retos de las luchas políticas constituye una novedad radical en la historia de la humanidad. “Durante miles de años, el hombre ha permanecido siendo lo que era ya para Aristóteles: un animal vivo y, además, capaz de una existencia política; el hombre moderno es un animal en la política cuya vida, en tanto que ser vivo, está en cuestión”2

La patente del genoma y el desarrollo de las máquinas inteligentes; las biotecnologías y la puesta a trabajar de las fuerzas de la vida, trazan una nueva cartografía de los biopoderes. Estas estrategias ponen en discusión las formas mismas de la vida.

Pero los trabajos de Foucault no estaban sino indirectamente orientados en la descripción de estos nuevos biopoderes. Si el poder toma la vida como objeto de su ejercicio, Foucault está interesado en determinar lo que en la vida le resiste y, al resistírsele, crea formas de subjetivación y formas de vida que escapan a los biopoderes. Definir las condiciones de un nuevo “proceso de creación política, confiscado desde el siglo XIX por las grandes instituciones políticas y los grandes partidos políticos”, me parede ser el hilo rojo que atraviesa toda la reflexión de Foucault. En efecto, la introdución de la “vida en la historia” es positivamente interpretada por Foucault como una posibilidad de concebir una nueva ontología que parte del cuerpo y de sus potencias para pensar el “sujeto político como un sujeto ético”, contra la tradición del pensamiento occidental que lo piensa exclusivamente bajo la forma del “sujeto de derecho.”

Foucault interroga al poder, sus dispositivos y sus prácticas, no ya a partir de una teoría de la obediencia y sus formas de legitimación, sino a partir de la “libertad” y de la “capacidad de transformación” que todo “ejercicio de poder” implica. La nueva ontología que la introducción de la “vida en la historia” afirma, permite a Foucault “hacer valer la libertad del sujeto” en la constitución de la relación consigo y en la constitución de la relación con los otros, lo que es, para él, la “materia misma de la ética.” Habermas y los filósofos del Estado de derecho no se han equivocado al tomar el pensamiento de Foucault como un blanco privilegiado, ya que representa una alternativa radical a una ética transcendental de la comunicación y de los derechos del hombre.

2.

Recientemente Giorgio Agamben, en un libro que se inscribe explícitamente en las búsquedas emprendidas alrededor del concepto de biopolítica, afirma que la distinción entre la vida y la política que los antiguos establecían entre zoé y bios, entre vida natural y vida política, entre el hombre como simple viviente que tenía su lugar de expresión en la casa y el hombre como sujeto político que tenía su lugar de expresión en la polis, de esta distinción, “nosotros no sabemos nada.” Como en Foucault, la introducción de la zoé en la esfera de la polis constituye el acontecimiento decisivo de la modernidad, que marca una transformación radical de las categorías políticas y filosóficas del pensamiento clásico. Pero esta imposibilidad de distinguir entre zoé y bios, entre el hombre como simple viviente y el hombre como sujeto político, ¿es el producto de la acción del poder soberano, o es el resultado de la acción de las nuevas fuerzas sobre las cuales el poder soberano no tiene “ninguna influencia”? La respuesta de Agamben es muy ambigua y oscila continuamente entre estas dos alternativas. Totalmente diferente es la respuesta de Foucault: la biopolítica es la forma de gobierno de una nueva dinámica de las fuerzas que expresan entre ellas relaciones de poder que el mundo clásico no conocía.

Esta dinámica será descrita, a lo largo del desarrollo de la búsqueda, como la emergencia de una potencia múltiple y heterogénea de resistencia y creación que pone radicalmente en cuestión todo ordenamiento transcendental y toda regulación que sea exterior a su constitución. El nacimiento de los biopoderes y la redefinición del problema de la soberanía son para nosotros comprensibles sólo sobre esta base. Si la dinámica de esta potencia, fundada sobre la “libertad” de los “sujetos”, y su capacidad de tratar sobre la “conducta de los otros” es enunciada de manera coherente sólo al final de la vida de Foucault, me parece que toda su obra conduce a este fin.

La entrada de la “vida en la historia” es analizada por Foucault a través del desarrollo de la economía política. Foucault demuestra cómo las técnicas de poder cambian en el momento preciso en el que la economía (en tanto que gobierno de la familia) y la política (en tanto que gobierno de la polis) se integran la una en la otra.

Los nuevos dispositivos biopolíticos nacen en el momento en el que se plantea la cuestión de “la manera de gobernar como es debido a los individuos, los bienes, las riquezas, como puede hacerse dentro de una familia, como puede hacerlo un buen padre de familia que sabe dirigir a su mujer, a sus hijos, a sus domésticos, que sabe hacer prosperar a su familia, que sabe distinguir para ella las alianzas que le conviene. ¿Cómo introducir esta atención, esta meticulosidad, este tipo de relación del padre con su familia dentro de la gestión de un Estado?”3

¿Pero por qué hay que buscar la “arcana imperii” de la modernidad en la economía política? La biopolítica entedida como relación entre gobierno-población-economía política remite a una dinámica de las fuerzas que funda una nueva relación entre ontología y política. La economía política de la que habla Foucault no es la economía del capital y del trabajo de los economistas clásicos, ni la crítica de la economía marxiana del “trabajo vivo.” Se trata de una economía política de las fuerzas, a la vez muy próxima y muy lejana de estos dos puntos de vista. Muy próxima del punto de vista de Marx, ya que el problema de la coordinación y del mando de las relaciones de los hombres en tanto que vivientes y de los hombres con las “cosas”, con el objeto de extraer “más fuerza”, no es un simple problema económico, sino ontológico. Muy lejana porque Foucault reprocha a Marx y a la economía política reducir las relaciones entre fuerzas a relaciones entre capital y trabajo, haciendo de esas relaciones simétricas y binarias el origen de toda dinámica social y de todas relaciones de poder. La economía política de la que habla Foucault gobierna, por el contrario, “todo un campo material complejo en el que entran en juego los recursos naturales, los productos del trabajo, su circulación, la amplitud del comercio, pero también la disposición de las ciudades y carreteras, las condiciones de vida (hábitat, alimentación, etc.), el número de habitantes, su longevidad, su vigor y su actitud para con el trabajo.”4

La economía biopolítica, como sintagma de lo biopolítico, comprende, así, los dispositivos de poder que permiten maximizar la multiplicidad de las relaciones entre fuerzas que son coextensivas al cuerpo social, y no sólo, como en la economía política clásica y su crítica, la relación entre capital y trabajo.

En la economía política de las fuerzas se expresan nuevas relaciones de poder, y para describirlas, Foucault necesita una nueva teoría política y una nueva ontología. En efecto, la biopolítica se “incorpora” y se “afianza” sobre una multiplicidad de relaciones de mando y de obediencia entre fuerzas que el poder “coordina, institucionaliza, estratifica, concluye”, pero que no son su proyección pura y simple sobre los individuos. El problema político fundamental de la modernidad no es el de una causa de poder único y soberano, sino el de una multitud de fuerzas que actúan y reaccionan entre ellas según relaciones de obediencia y mando. Las relaciones entre hombre y mujer, entre maestro y alumno, entre médico y enfermo, entre patrón y obrero, con las que Foucault ejemplifica la dinámica del cuerpo social, son relaciones entre fuerzas que implican en cada momento una relación de poder. Si, según esta descripción, el poder se constituye partiendo desde la base, entonces hay que partir de los mecanismos infinitesimales que más tarde son “investidos, colonizados, utilizados, plegados, transformados, institucionalizados, por mecanismos siempre más generales y por formas de dominación globales.”

La biopolítica es entonces la coordinación estratégica de estas relaciones de poder dirigidas a que los vivientes produzcan más fuerza. La biopolítica es una relación estratégica y no un poder de decir la ley o de fundar la soberanía. “Coordinar y dar una finalidad” son, según las palabras de Foucault, las funciones de la biopolítica que, en el momento mismo en el que obra de este modo, reconoce que ella no es la causa del poder: Coordina y da finalidad a una potencia que, en propiedad, no le pertenece, que viene de “afuera.” El biopoder nace siempre de otra cosa que de él.

3.

Históricamente, es la asociación de las fuerzas que la economía política quiere gobernar lo que pone en crisis la firma del poder soberano y quien fuerza a la biopolítica a una “inmanencia” cada vez más extendida de sus tecnologías de gobierno de la “sociedad”. Y es siempre ella quien obliga al poder a desdoblarse en dispositivos a la vez “complementarios” e “incompatibles” que se expresan, en nuestra actualidad, por una “transcendencia inmanente”, es decir una integración del biopoder y del poder soberano.

En efecto, la emergencia de la serie solidaria entre arte de gobernar-población-riqueza desplaza radicalmente el problema de la soberanía. Foucault no descuida el análisis de la soberanía, él afirma solamente que la potencia fundadora no está ya del lado del poder, puesto que este es “ciego e impotente”5, sino del lado de las fuerzas que constituyen el “cuerpo social” o la “sociedad.” Que el poder soberano sea impotente y ciego no significa, de ninguna manera, que haya perdido su eficacia: su impotencia es ontológica. Desde este punto de vista, no hacemos ningún favor al pensamiento de Foucault cuando describimos su trayectoria en el análisis de las relaciones de poder como una simple sucesión y sustitución de los diferentes dispositivos, ya que el dispositivo biopolítico no reemplaza la soberanía, pero desplaza su función volviendo aún más “agudo el problema de su fundación.”

“De suerte que hay que comprender bien las cosas, en absoluto como el reemplazamiento de una sociedad de soberanía por una sociedad de disciplina, después una sociedad de disciplina por una sociedad de, digámoslo, gobierno. Tenemos, en efecto, un triángulo: soberanía-disciplina, gestión gubernamental, de la que el objetivo principal es la población.”6 Más bien hay que pensar la presencia simultánea de los diferentes dispositivos que se articulan y se distribuyen diferentemente bajo la potencia del encadenamiento gobierno, población, economía política.

¿Podemos entonces leer el desarrollo de la biopolítica no como la organización de una relación de poder unilateral, sino como la necesidad de asegurar una coordinación inmanente y estratégica de las fuerzas? Lo que nos interesa señalar es la diferencia de los principios y de las dinámicas que rigen la socialización de las fuerzas, el poder soberano y el biopoder. Las relaciones entre estos dos últimos pueden ser comprendidas sólo sobre la base de la acción múltiple y heterogénea de las fuerzas. Sin la introducción de la “libertad” y de la resistencia de las fuerzas, los dispositivos del poder moderno permanecen incomprensibles, y su inteligibilidad será inexorablemente reducida a la lógica de la ciencia política, cosa que Foucault expresa de la manera siguiente: “En primer lugar está la resistencia, y ella permanece superior a todas las fuerzas del proceso; ella obliga, bajo su efecto, a cambiar las relaciones del poder. Considero entonces que el término “resistencia” es la palabra más importante, la palabra-clave de esta dinámica.”7

4.

En los años setenta Foucault piensa esta nueva concepción del poder fundamentalmente a través del modelo de la batalla y de la guerra. En esta forma de entender el poder y las relaciones sociales hay, seguro, una “libertad” (una autonomía y una independencia) de las fuerzas en juego, pero se trata más bien de una libertad que sólo puede ser comprendida como “poder de arrebatársela a los otros.” En efecto, en la guerra hay fuertes y débiles, pícaros e ingenuos, vencedores y vencidos, y todos son “sujetos actuantes” y “libres”, incluso si esta libertad consiste sólo en la apropiación, la conquista y el sometimiento de otras fuerzas.

Foucault, quien hace funcionar ese modelo de poder como “enfrentamiento guerrero de las fuerzas” contra la tradición filosófico-jurídica del contrato y de la soberanía, está ya sólidamente instalado en un paradigma en el que la articulación de los conceptos de potencia, diferencia y libertad de las fuerzas sirve para explicar la relación social. Pero esta “filosofía” de la diferencia corre el peligro de aprehender todas las relaciones entre los hombres, de la naturaleza que sean, como relaciones de dominio. Impasse al que habría sido confrontado el pensamiento de Foucault. Pero los cuerpos no están capturados de forma absoluta por los dispositivos de poder. El poder no es una relación unilateral, una dominación totalitaria sobre los individuos, tal y como la ejerce el ejercicio del Panóptico8, sino una relación estratégica. El poder es ejercido por cada fuerza de la sociedad y pasa por los cuerpos, no porque sea “omnipotente y omnisciente”, sino porque las fuerzas son las potencias del cuerpo. El poder viene de abajo; las relaciones que le constituyen son múltiples y heterogéneas. Lo que llamamos poder es una integración, una coordinación y una dirección de las relaciones entre una multiplicidad de fuerzas. ¿Cómo liberar a esta nueva concepción del poder fundado sobre la potencia, la diferencia y la autonomía de las fuerzas del modelo de la “dominación universal”? ¿Cómo hacer advenir una “libertad” y una potencia que no fuera sólo de dominación o de resistencia?

Es en respuesta a esta interrogante que Foucault desarrolla el paso del modelo de la guerra al del “gobierno.” Esta temática del gobierno estaba ya presente en las reflexiones de Foucault, ya que ella definía el ejercicio del poder en la biopolítica. El desplazamiento que Foucault opera, alrededor de los años ochenta, consiste en el hecho de considerar el “arte de gobernar” no ya sólo como una estrategia del poder, incluso biopolítico, sino como acción de los sujetos sobre ellos mismos y sobre los otros. En los antiguos busca la respuesta a esta cuestión: ¿de qué modo los sujetos devienen activos; cómo el gobierno de sí y de los otros da paso a subjetivaciones independientes del arte de gobernar de la biopolítica? De este modo el “gobierno de las almas” es el desafío de luchas políticas, y no exclusivamente la modalidad de acción del biopoder.

Este paso a la ética es una necesidad interna al análisis foucaultiano del poder. Gilles Deleuze tiene razón al señalar que no hay dos Foucault, el Foucault del análisis del poder y el Foucault de la problemática del sujeto. Un interrogante atraviesa toda la obra de Foucault: ¿cómo aprehender estas relaciones de poder infinitesimales, difusas, heterogéneas, para que no se resuelvan siempre en dominación o en fenómenos de resistencia9? ¿Cómo esta nueva ontología de las fuerzas puede dar lugar a procesos de constitución políticos inéditos y a procesos de subjetivación independientes?

5.

Es sólo en los años ochenta, tras un largo rodeo por la ética, que Foucault regresará al concepto de “poder”. En sus últimas entrevistas Foucault se dirige a sí mismo una crítica, ya que considera “que al igual que muchos otros, no ha sido muy claro y no ha utilizado las palabras correctas para hablar del poder.” Él ve retrospectivamente su trabajo como un análisis y una historia de diferentes modos de subjetivación del ser humano en la cultura occidental, más bien que como análisis de las transformaciones del poder. “No es entonces el poder, sino el sujeto, lo que constituye el tema general de mis búsquedas.”10

El análisis de los dispositivos del poder debe así partir sin ninguna ambigüedad, no de la dinámica de la institución, aunque sea biopolítica, sino de la dinámica de las fuerzas y de la “libertad” de los sujetos, puesto que si se parte de las instituciones para plantear la cuestión del poder, se desembocará, inevitablemente, en una teoría del “sujeto de derecho.” En esta última y definitiva teoría del poder, Foucault distingue tres conceptos diferentes que son normalmente confundidos en una única categoría: las relaciones estratégicas, las técnicas de gobierno y los estados de dominación.

En primer lugar precisa que es necesario hablar de las relaciones de poder antes que del poder, pues el acento debe ser puesto en la misma relación y no sobre sus términos, siendo estos últimos los resultados, y no los presupuestos. La caracterización de las relaciones estratégicas en tanto que juegos de poder “infinitesimales, móviles, reversibles, instables” se obtiene ya en los años setenta. La novedad que Foucault introduce en esta época, y que estaba ya contenida en el concepto nietzscheano de “fuerzas”, de donde Foucault toma su concepción de “relaciones estratégicas”, es la modalidad por la que el poder se ejerce en el interior de una relación amorosa, de la relación profesor-alumno, marido-mujer, de los hijos a los padres, etc… Esta modalidad es definida como “acción sobre una acción” y se despliega por la voluntad de “conducir los comportamientos de los otros.”

“Creo que es necesario distinguir entre relaciones de poder como juegos estratégicos entre libertades -que hacen que unos traten de determinar la conducta de los otros, a lo que responden procurando no dejar determinar su conducta, o tratando,como respuesta, de determinar la de los otros- y los estados de dominación, que son eso que de ordinario se llama el poder.”11 El poder es de este modo definido como la capacidad de estructurar el campo de acción del otro, de intervenir en el dominio de sus acciones posibles. Esta nueva concepción del poder muestra aquello que estaba implícito en el modelo de la batalla y la guerra, pero que aún no hallaba una expresión coherente, a saber: que hay que presuponer, para pensar el ejercicio del poder, que las fuerzas implicadas en la relación son virtualmente “libres.” El poder es un modo de acción sobre “sujetos activos”, sobre “sujetos libres, en tanto que libres.”

“Una relación de poder, por el contrario, se articula sobre dos elementos que le son indispensables para ser precisamente una relación de poder: que “el otro” (aquél sobre el que se ejerce la relación) sea reconocido y mantenido hasta el final como sujeto de acción; y que se abre, ante la relación de poder, todo un campo de respuestas, reacciones, efectos, invenciones posibles.”12 En este marco, que los sujetos sean libres significa que ellos “tienen siempre la posibilidad de cambiar la situación, que esta posibilidad existe siempre.” Esta modalidad del ejercicio del poder permite a Foucault responder a las críticas que desde el comienzo de sus trabajos sobre el poder le eran dirigidas: “Yo no he querido decir que estamos siempre atrapados, sino al contrario, que somos siempre libres. Finalmente, que hay siempre la posibilidad de transformar las cosas.”13

Los “estados de dominación”, por el contrario, son caracterizados por el hecho de que la relacion estratégica se ha establecido en las instituciones y que la movilidad, la reversibilidad y la instabilidad de la “acción sobre otra acción” son limitadas. Las relaciones asimétricas que toda relación social contiene son cristalizadas y pierden la libertad, la “fluidez” y la “reversibilidad” de las relaciones estratégicas. Entre las relaciones estratégicas y los estados de dominación Foucault coloca las “tecnologías gubernamentales”, es decir la unión de las prácticas por las cuales se puede “constituir, definir, organizar, instrumentalizar las estrategias que los individuos, en su libertad, pueden tener los unos en relación con los otros.”14

Para Foucault, las tecnologías gubernamentales juegan un papel central en las relaciones de poder, porque es a través de ellas que los juegos estratégicos pueden estar cerrados o abiertos; es por su ejercicio que se cristalizan y se fijan en relaciones asimétricas institucionalizadas (estados de dominación) o en relaciones fluidas y reversibles, abiertas a la creación de las subjetivaciones que escapan al poder biopolítico.

En la frontera entre “relaciones estratégicas” y “estados de dominación”, sobre el terreno de las “técnicas de gobierno”, la lucha ético-política adquiere pleno sentido. La acción ética es así concentrada sobre el vínculo entre relaciones estratégicas y tecnológicas de gobierno, y tiene dos finalidades mayores: 1) permitir las relaciones estratégicas con el minimun posible de dominación15, al darse reglas de derecho, técnicas de gestión de las relaciones con los otros y también de las relaciones consigo. 2) aumentar la libertad, la movilidad y la reversibilidad de los juegos de poder, pues son ellas las condiciones de la resistencia y de la creación.

6.

La relación entre resistencia y creación es el último límite que el pensamiento de Foucault había pretendido franquear. Es en el interior de las relaciones estratégicas y de la voluntad de los sujetos virtualmente libres de “dirigir la conducta de los otros”, donde se pueden encontrar las fuerzas que resisten y que crean. Lo que resiste al poder, a la fijación de las relaciones estratégicas en relaciones de dominación, a la reducción de los espacios de libertad en el deseo de dirigir las conductas de los otros, hay que buscarlo en el interior de esta dinámica estratégica. Es en este sentido que la vida y lo viviente deviene así la “materia ética” que resiste y crea a la vez nuevas formas de vida.

En una entrevista de 1984, un año antes de su muerte, se le plantea una cuestión acerca de la definición de la relación entre resistencia y creación:

“-Es sólo en términos de negación que hemos conceptualizado la resistencia. No obstante, tal y como usted la comprende, la resistencia no es únicamente una negación: es proceso de creación. Crear y recrear, transformar la situación, participar activamente en el proceso, eso es resistir.

* Sí, es así como yo definiría las cosas. Decir no, constituye la forma mínima de resistencia. Pero naturalmente, en ciertos momentos, es muy importante. Hay que decir no y hacer de ese no una forma de resistencia decisiva…”16

Y en la misma entrevista, destinada a la revista Body Politic, Foucault afirma que las minorías (homosexuales) en las que la relación entre resistencia y creación es una cuestión de supervivencia política, no deben sólo defenderse y resistir, “sino crear nuevas formas de vida, crear una cultura. Nosotros debemos también afirmarnos y afirmarnos no sólo en tanto que identidad, sino en tanto que fuerza creadora.”17

Las relaciones consigo, las relaciones que debemos mantener con nosotros mismos, por las cuales Foucault había llegado a esta nueva definición del poder, no son relaciones de identidad, “deben ser más bien relaciones de diferenciación, de creación, de innovación.”18

Y es sobre la cima de la relación entre resistencia y creación que hay que prolongar el trabajo de Foucault. El itinerario de Foucault permite pensar el vuelco del biopoder en una biopolítica, el “arte de gobernar” en producción y gobierno de nuevas formas de vida. Es proseguir el movimiento del pensamiento foucaultiano establecer una distinción conceptual y política entre biopoder y biopolítica.

TRADUCCIÓN DE MUXUILUNAK

*Este texto aparece en Marzo- 2000, en el nº 1 de la revista francesa MULTITUDES. Traducimos desde ahí. Para todas las citas decidimos mantener las referencias originales por entender suficiente para la comprensión del texto la traducción de dichas citas. (N. del T.). [volver]

1 Michel Foucault, La volonté de savoir, p.187. [volver]

2 Idem, p. 188. [volver]

3 Michel Foucault, “La gouvernementalité”, Dits et Écrits, Tome IV,pp. 641-642 [volver]

4 Michel Foucault, La politique de la santé au XVIII siècle, p. 729. [volver]

5 “El poder no es omnipotente, omnisciente, ¡al contrario! Si las relaciones de poder han producido formas de investigación, de análisis de los modos de saber, es precisamente porque el poder no es omnisciente, sino que era ciego[…] Si asistimos al desarrollo de tantas fuerzas de poder, de tantos sistemas de control, de tantas formas de vigilancia, es precisamente porque el poder es siempre impotente.” Michel Foucault, Précisions sur le pouvoir. Réponses à certaines critiques, p. 625. [volver]

6 Michel Foucault, “la gouvernementalité”, op.cit., p. 654. [volver]

7 Michel Foucault, Dits et Écrits, IV, p. 741. [volver]

8 Foucault ha explicado, respondiendo a los críticos “marxistas” lanzados contra él por el actual alcalde de Venecia Massimo Cacciari, que su concepción de las relaciones de poder no “se reduce, de ninguna manera, a esta figura.” [volver]

9 Gilles Deleuze, Foucault, Editions de Minuit, 1986. [volver]

10 Michel Foucault, Deux essais sur le sujet et le pouvoir, p. 298 [volver]

11 Michel Foucault, Dits et Écrits, IV, p. 729. [volver]

12 Michel Foucault, Deux essais sur le sujet et le pouvoir, p. 313. La relación entre amo y esclavo es una relación de poder, cuando la huida es una posibilidad de acción para este último; de otro modo se trata de un simple ejercicio de la fuerza física. [volver]

13 Michel Foucault, Dits et Écrits, p.740. [volver]

14 Michel Foucault, Dits et Écrits, p. 728. [volver]

15 Siempre en la última parte de su vida Foucault se plantea el problema de cómo volver simétricas las relaciones estratégicas. Esta temática es sólo esbozada a través del tema de la “amistad.” Gabriel Tarde, un autor del que he confrontado, en otro lugar, su pensamiento con el de Foucault, expresa la necesidad, partiendo de las mismas “relaciones estratégicas” foucaultianas, de fundar su dinámica no sólo sobre la asimetría, sino también sobre la simpatía. “Más estrecha aún y más alejada de la verdad es la definición ensayada recientemente por un sociólogo distinguido, quien da como prioridad característica a los actos sociales el ser impuesto desde afuera como obligación. Eso es no reconocer como relaciones sociales más que las relaciones entre amo y sujeto, entre profesor y alumno, entre padres e hijos, sin tener ninguna consideración a las libres relaciones de los iguales entre ellos. Y es cerrar los ojos no ver que, en los mismos colegios, la educación que los niños se dan libremente imitándose entre ellos, respirando, por así decir, sus ejemplos, o incluso los de los profesores, que interiorizan, tiene más importancia que la que reciben o sufren por fuerza.” Gabriel Tarde, La logique Sociale, Institut Synthélabo, Paris,1999, p. 62. [volver]

16 Michel Foucault, Dits et Écrits, IV, p. 741. [volver]

17 Michel Foucault, Dits et Écrits, p. 736 [volver]

18Michel Foucault, Dits et Écrits, p. 739 [volver]

Los desafíos de la Unión Europea

por http://observadorglobal.com

En la primera década del Siglo XXI, la Unión Europea atravesó su expansión más importante. La incorporación de 10 países al bloque elevó la cantidad de miembros a 27, dejándola con un total de casi 500 millones de ciudadanos. Pero mientras en la región balcánica las ex repúblicas yugoslavas tratan de sacudirse los cruentos años de guerra civil para adherirse a la Unión, en los países del Este todavía muchos se sienten ciudadanos de segunda. ¿Qué le espera a Europa en los siguientes 10 años?

En la medianoche del 1º de mayo de 2004, la Unión Europea (UE) se amplió para incorporar a diez naciones aisladas durante la Guerra Fría, creando así un gigante económico con el potencial para rivalizar con Estados Unidos. Chipre, República Checa, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta, Polonia, Eslovaquia y Eslovenia, pasaron a ser parte de la UE.

La histórica ampliación elevó el número de miembros europeos e incluyó en sus fronteras a una amplia franja del antiguo bloque del Este bajo influencia soviética. Una región separada de Occidente durante décadas por alambres de púas, muros e ideologías.

A modo de celebración, sonaron las campanas de las iglesias,  hubo fuegos artificiales, y cientos de miles de personas colmaron las plazas de las ciudades del Este de Europa.

La ampliación fue traumática y no estuvo exenta de peleas y críticas entre los Estados miembros. No son pocos los ciudadanos de la mayoría de estos países que se sienten ciudadanos europeos de segunda clase.

“Cuando analizamos la expansión de la Unión Europea hacia el Este desde el punto de vista económico, hay un desbalance importante. El Este está considerablemente menos desarrollado que el Oeste. Todos estos nuevos países de la Unión Europea están pagando sus lazos históricos con la Unión Soviética, donde las armas y el poder del Estado eran más importantes que la economía y el bienestar de los ciudadanos. Esto está claro en los casos de Bulgaria y Rumania, que están en lo más bajo de la Unión Europea. Están incluso más abajo que Croacia, que tiene muchos problemas para ingresar a la Unión Europea. Sin embargo, creo que en los próximos años, Croacia cumplirá su sueño y se integrará a la Unión”, asegura Mugid Memija, presidente de la Academia Bosnia de Ciencias

Cuando está por comenzar la segunda década del siglo XXI, uno de los mayores retos que afronta la UE para los próximos años es sin dudas la total y real integración de Europa del Este y la ampliación de la Unión hacia la región balcánica.

BALCANES (DES) INTEGRADOS

Todavía no se cumplió una década desde que la Guerra de los Balcanes que afectó los territorios de las seis ex repúblicas yugoslavas llegó a su fin tras su dramático desarrollo.

Desde su final, varias repúblicas de la antigua Yugoslavia presentaron su candidatura de ingreso en la UE. Croacia lo hizo en 2003, Macedonia en 2004, Albania en 2006 y Montenegro en 2008. Bosnia firmó el acuerdo de asociación en 2008 y Eslovenia ingresó en 2004. Semanas atrás fue Serbia, la principal potencia regional, la que llamó a las puertas de la Unión.

En este panorama, Kosovo se siente abandonado por la Europa dominante y los países de la región. Tras haber declarado su independencia de Serbia, cinco de los 27 países de la Unión se niegan a reconocerlo como Estado.

“Nuestro desarrollo después del conflicto de los ‘90 no concordaba para nada con lo que estaba sucediendo internamente en Europa. Estábamos recuperándonos de la guerra e intentando reconstruir nuestras vidas. Al reconstruirlas, también intentábamos crear un Estado. Tardamos casi una década en obtener ese Estado y creo que aún estamos afuera de los procesos que están ocurriendo en la Unión Europea. Creo que estamos 20 años atrasados en cuanto a desarrollo”, asegura Ilir Deda, el Director Ejecutivo del Instituto Kosovar de Investigación y Desarrollo de Políticas.

“La gente de la ex-Yugoslavia estaba mucho más cerca de Europa hace 18 años que ahora. Después del conflicto, Europa impuso unos estándares tan altos en la región que ninguna sociedad posterior al conflicto podía alcanzar, desde Croacia hasta Macedonia. En los próximos diez años, definitivamente estará en la región -y especialmente en Kosovo-, la intención de convertirse en miembros del club. Pero al menos para la generación de nuestros padres, volveremos a donde estábamos hace menos de 20 años: más cerca de Europa, con un mejor estándar de vida, con libertad de movimiento, estabilidad y prosperidad”, vaticina Deda.

LAS CUENTAS PENDIENTES

Hace casi diez años, en 1999, la OTAN bombardeó Serbia durante 78 días para poner fin a una brutal represión en manos de las fuerzas del entonces presidente, Slobodan Milosevic contra los separatistas albaneses. Unos 10.000 miembros de esa etnia fueron asesinados y cerca de un millón obligados a abandonar sus hogares. Cientos de serbios fueron también masacrados durante las represalias  de los separatistas.

Hoy la niebla de Sarajevo en este frío diciembre mantiene vivo el recuerdo de la cruel guerra civil.

Las mujeres musulmanas de Srebrenica aún lloran a los más de 8.100 hombres y niños que murieron en el transcurso de cinco días en lo que se convirtió en la peor masacre europea desde la Segunda Guerra Mundial, ordenada por el general Ratko Mladic y Radovan Karadzic. Mientras los expertos de la Comisión Internacional de Personas Desaparecidas siguen encontrando restos humanos de la masacre, los responsables fueron acusados por genocidio y crímenes de guerra en el tribunal de La Haya.

Karadzic fue detenido en julio de 2008 y está actualmente en juicio. Mladic enfrenta 15 cargos de genocidio, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad entre 1992 y 1995, pero sigue prófugo. Goran Hadzic, jefe de los serbios en Croacia, también es buscado por la Justicia.

Con el ex Presidente Slobodan “el carnicero de los Balcanes” Milosevic muerto de un ataque al corazón en 2006, el mandatario serbio Boris Tadic sabe perfectamente qué espera Europa para evaluar seriamente el ingreso de Serbia a la Unión. “Tenemos que capturar a Mladic y Hadzic y trabajamos en ello cada día, cada minuto; es el deber del presidente”, aseguró días atrás, deseoso de transmitirle gestos de buena conducta a Europa.

En 2007, la Unión Europea y Serbia concluyeron las negociaciones de un pacto de ayuda y comercio previo a la inclusión al bloque, pero la UE no firmará el acuerdo hasta que Serbia demuestre que está cooperando plenamente con el tribunal de crímenes de guerra de la ONU. Se sabe que durante años Mladic vivió en Serbia protegido por los sectores conservadores del ejército y la policía y Europa no quiere más gestos sino hechos.

¿UN CONTINENTE UNIDO?

Expertos en geopolítica y diplomáticos aseguran que la última década fue exitosa para promover la paz en Europa a través de la cooperación y la inclusión de nuevos miembros pero los países pobres del continente ven sus posibilidades de ingreso a la Unión muy trabadas debido a las altas condiciones impuestas.

Turquía todavía no consiguió ingresar y aún tiene que resolver varios asuntos. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, está entre los que se oponen a que este país se convierta en miembro, pese a que Turquía es miembro del G20 y la OTAN (la alianza militar estratégica entre Estados Unidos y Europa) y cuenta con el ejército más grande dentro de este bloque de aliados, después de Estados Unidos.

El Comisionado saliente de la Unión Europea Olli Rehn resumió los desafíos de Europa a una década del comienzo del Siglo XXI y con otros 10 años de profundos desafíos por delante. “En cuanto a los últimos diez años, creo que fue esencial la política de ampliación de la Unión Europea y que pudo contribuir tanto a la transformación pacífica y democrática de Europa Central y del Este, como recientemente, a la estabilización de los Balcanes Occidentales y a mantener a Turquía en la senda europea. Turquía es un socio muy importante de la Unión Europea tanto en términos de seguridad y estabilidad como de provisión energética. Hoy, Europa está unida y es libre. Mantengámosla así y completemos nuestro trabajo en el sureste europeo.”

Foro “Siglo XXI: “Una sensación de desamparo recorre la espina dorsal de la república”

Foro “Siglo XXI” encuentra en el comienzo de año venezolano una situación de quiebre alarmante. Una multiplicación de una sensación de desamparo recorre la espina dorsal de la república. El proceso de maxidevaluación al que ha sido sometido nuestro signo monetario puede describirse como uno improductivo, dado el estado lamentable de nuestra estructura industrial y agrícola. Si bien admitimos que devaluar no es siempre malo, dado que puede hacerse en algunos casos para estimular las exportaciones y hacerlas más atractivas, en el presente caso refleja una crisis originada fundamentalmente en los desvaríos económicos, en los desatinos políticos, en los desbarajustes de política externa y en una ineptitud inocultable. Aumentará un despilfarro obviamente  ineficiente y no destinado a la reactivación interna, sino dirigido a incrementar la capacidad de gasto con fines electorales, lo que, amén de las consecuencias económicas tiene una muy seria incidencia política. El recorte del espacio laboral producirá una necesaria revisión de las estructuras de costos y la persecución contra una supuesta especulación causada por  la moneda devaluada conllevará a cierres y multas arbitrarias desconociendo lo que en economía se conoce como “costos de reposición”. Esto último conducirá a crisis de comercio, desabastecimiento y escasez.

Si bien la quiebra del país es evidente lo es también su quiebre. La irresponsabilidad oficial de recurrir a un gasto desesperado para obtener resultados electorales disparará la inflación, pero puede tener resultados concretos en la obtención de votos. Si advertimos antes de esta devaluación sobre las condiciones objetivas de una eventual explosión social, después de las medidas económicas tomadas la consideramos incrementada en tal manera que debemos colocar esta posibilidad junto a la realización o no del proceso electoral legislativo que absorbe la atención exclusiva de las organizaciones partidistas.

Foro “Siglo XXI” precisa su atención sobre un quiebre evidente, obvio y manifiesto entre los sectores partidistas agrupados en torno a la llamada “Mesa de Unidad Democrática” y densos sectores de la sociedad civil. Así como la confianza está desaparecida en cuanto resguarda al presente régimen, de igual manera la desconfianza está aposentada en cuanto al comportamiento de los sectores partidistas. Estos sectores miran con aprehensión la elección de candidatos, la repetición de nombres de su rechazo, un reparto entre cuadros partidistas y, lo más grave, dudas sobre los objetivos de esa participación electoral. Por su parte, el presidente anuncia los resultados electorales anticipadamente lo que conlleva a señalar que la concreción de esta “predicción” sembraría definitivamente la participación electoral en un inexorable rechazo y abandono.

Foro “Siglo XXI” observa que la participación en procesos electorales bajo un régimen dictatorial no puede ser un objetivo en sí, sino estar enmarcado en una estrategia común de resistencia. Esto es, prever las fuerzas que asistirían a respaldar un resultado positivo contra el régimen, variantes tácticas ante las condiciones desfavorables y convicción de la población de que el camino de la participación es el correcto. No observamos ninguna de estas condiciones reflejadas en el comportamiento de los sectores partidistas.

Textos legales, decisiones como el nombramiento de dos rectoras militantes del partido de gobierno, determinación de circuitos a voluntad oficial, son las condiciones bajo las cuales se marcha a las elecciones legislativas sin que se hubiese producido una resistencia necesaria. Más aún, los partidos parecen encerrados en la convicción de que al ser ellos los postulantes de candidatos la población seguirá ciegamente sus indicaciones, cuando en verdad una buena parte de la población se mantiene en estado de alerta y en posición crítica. Declaraciones de diversos voceros partidistas hablan de obtener determinado porcentaje de diputados a la Asamblea Nacional. Otros, proclaman a los cuatro vientos que esa elección será ganada. El número de votos, en verdad, no será lo determinante, lo será la distribución de esos votos en los circuitos electorales formulados para favorecer al régimen, pudiendo suceder así que los no afectos al oficialismo obtengan mayor cantidad de votos y muchos menos diputados. A esta posibilidad contribuye de manera notable la eliminación de la representación proporcional en la elección.

La oposición partidista ha escogido ya sus métodos y procedimientos para seleccionar candidatos. Las primarias han sido relegadas sólo a aspirantes por circuito y en el caso de que no haya acuerdo unitario. Es pues, absolutamente destemplado plantear una reconsideración de esas medidas que implicaría un acto de generosidad que no vemos factible. Más aún, una posibilidad de generosidad extrema de renuncia de los partidos a la presentación de sus cuadros militantes en  aras de entregar la representación parlamentaria a un grupo de venezolanos de alto rango moral e intelectual suena a utopía. Por lo demás, un grupo de jóvenes aspirantes a los cargos parlamentarios está mostrando graves síntomas de electoralismo. Creemos en los jóvenes y entendemos su afán por hacer carrera política, pero en su mayoría parecen estar olvidando la gravedad del presente momento sacrificando un pensamiento en profundidad por la prisa de ejercer una candidatura.

Foro “Siglo XXI” cumple con poner al país frente al espejo de su quiebre y llama a una reflexión profunda. La situación nacional es de profunda gravedad. El tiempo para la reflexión no se ha agotado. Es menester apelar a los mejores recursos de nuestra nacionalidad y al desprendimiento en aras de encontrar una salida global, completa, conceptual y práctica a esta situación dramática de nuestra historia.

Foro “Siglo XXI” permanecerá en permanente debate y seguirá manifestando su opinión sobre el acontecer nacional.

Foro “Siglo XXI”

Caracas, 12 de enero de 2010

foro.siglo@gmail.com

http://2009forosigloxxi.blogspot.com

La educación y su contribución a la gobernabilidad democrática

Por Manuel de Puellez Benítez y Raúl Urzúa Fradermann

Educación gobernabilidad democrática y gobernabilidad de los sistemas educativos

Tal como  se señaló el concepto de “Calidad Educativa” tiene muchos significados, y se trata de una idea política; dentro de esos significados, es posible afirmar que “Gobernabilidad es Calidad Educativa”. Publico en este post la segunda Educación gobernabilidad democrática y gobernabilidad de los sistemas educativos, cuyos autores son Manuel de Puelles Benítez y Raúl Urzúa Fradermann, donde trata sobre la contribución de la Educación

2. La educación y su contribución a la gobernabilidad democrática

La educación está llamada a contribuir de distintas maneras a la gobernabilidad de la democracia. Desde luego, el acceso a la educación básica de calidad es una condición para la gobernabilidad de la democracia, y resolver los problemas de cobertura a ese nivel educacional, que aún sufren muchos de nuestros países, constituye la más alta prioridad. Hay también consenso en que, en cuanto formadora de los recursos humanos, condiciona en gran parte el éxito o el fracaso de los países en sus esfuerzos por lograr el desarrollo. En tercer lugar, se espera que juegue un papel central en la constitución y el reforzamiento de la ciudadanía. Por último, influye en las probabilidades de ascenso y promoción social de las familias y los individuos y afecta al grado de cohesión e integración sociocultural.

2.1. Capacitación de recursos humanos o formación en valores: un falso dilema

El tema de la contribución de la educación a la gobernabilidad de la democracia ha estado prácticamente ausente de las preocupaciones de los especialistas, al menos en lo que se refiere a su identificación explícita. Sin embargo, de manera indirecta ha estado presente en casi todas las reuniones y estudios hechos para adecuar la educación a los nuevos contextos económicos, sociales, políticos y culturales de nuestra región. Así, el estudio de CEPAL-Unesco sobre la educación y el conocimiento en cuanto pilares de la transformación productiva con equidad, propone la ciudadanía y la competitividad como los dos objetivos estratégicos de su propuesta. Igualmente, la preocupación porque la educación contribuya a resolver problemas ligados con la gobernabilidad de la democracia ha estado presente, al menos implícitamente, en todas las Cumbres de Jefes de Estado de la Comunidad Iberoamericana y en las Conferencias Iberoamericanas de Educación convocadas por la OEI. Sin embargo, no puede desconocerse que el rol de formación de ciudadanos ha sido, en la práctica, minusvalorado frente al de formación de recursos humanos.

La contribución de la educación a la gobernabilidad de la democracia en sociedades con presencia cada vez mayor del mercado, va a depender en gran parte de su capacidad para contribuir a encontrar un equilibrio entre esas dos demandas, entre la dimensión instrumental-técnica y la ético-política. La construcción de ese equilibrio en el contexto político y cultural actual en el mundo, y muy especialmente en Iberoamérica, no puede desconocer que la cuestión de los valores cívicos es inseparable de la cuestión ética. Al mismo tiempo, no puede dejar de nutrirse de la larga experiencia histórica iberoamericana en la convivencia, en cooperación, entre distintas tradiciones culturales, raciales, religiosas.

La reivindicación del componente ético-político acaba de ser planteada con fuerza por Jacques Delors, Presidente de la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI de la Unesco. Resumiendo los puntos centrales del Informe de esa Comisión, Delors sostiene que la capacidad de los sistemas educativos para convertirse en clave del desarrollo, exige que cumplan el papel de formadores de mano de obra calificada, pero «la educación no cumpliría su misión si no fuera capaz de formar ciudadanos arraigados en sus respectivas culturas y, no obstante, abiertos a las demás culturas y dedicados al progreso de la sociedad». A mayor abundamiento, al discutir algunas orientaciones de trabajo que tuvo en cuenta la Comisión que presidió, destaca en primer lugar «las relaciones de la educación con la cultura (la cultura concebida como un factor de conocimiento de sí mismo y de los demás), con la ciudadanía y, más generalmente, con el sentimiento de pertenencia a un grupo y con la cohesión social (hoy más débil que hace cincuenta años tanto en el Norte como en el Sur). Después, naturalmente, las relaciones entre educación, formación, trabajo y empleo, las relaciones con el desarrollo y, finalmente, el papel central que cabe a la educación en el progreso» .

La gobernabilidad de la democracia en las condiciones de profundas transformaciones que experimentan nuestros países y el mundo exige una formación integral, que reconoce que ni la formación técnico-profesional y el énfasis en la eficiencia son contrarios a la democracia, ni los valores democráticos y la educación para la ciudadanía son opuestos al desarrollo. Contra esa creencia, la psicología y las ciencias sociales contemporáneas muestran que la atomización de los individuos, la pérdida del sentido del interés y el bien público (colectivo) no sólo constituyen una amenaza a la gobernabilidad de la democracia sino que afectan negativamente al funcionamiento de los mercados y a la sustentabilidad del crecimiento económico. Por lo mismo, la inculcación de valores ciudadanos y el refuerzo de la ciudadanía pasan a ser condiciones tanto para el desarrollo como para la gobernabilidad democrática.

2.2. El sistema educacional en la formación de una cultura cívica democrática

Por socialización política puede entenderse el proceso por el cual las personas contribuyen a crear y hacer propia una cultura cívica. La socialización política es un proceso que empieza en la niñez temprana y que transcurre durante toda la vida. En ella influyen la familia, la escuela y, más generalmente, el sistema educativo, los medios de comunicación, los pares y el mismo quehacer político.

El sistema educativo contribuye a la creación y mantenimiento de una cultura cívica democrática en la medida en que cumple con la meta de conducir a:

a) la adquisición de conocimientos acerca de cómo funciona el sistema político;

b) la identificación con los valores democráticos;

c) la disposición a respaldar la democracia;

d) la disposición a participar políticamente;

e) la capacidad de formarse un juicio crítico de las instituciones, los procesos y las elites políticas actuantes.

La ciudadanía democrática es resultado de una construcción progresiva a partir de la historia y la cultura de cada nación. Por eso, más que hacer un listado de los contenidos específicos de la educación para la democracia, es necesario identificar algunos valores universales y adaptarlos a las grandes orientaciones culturales de los países. Esos valores universales pueden ser articulados en relación a tres grandes ejes: los valores relativos a la tolerancia, la autonomía y los derechos humanos; los relacionados con la práctica de la deliberación conjunta, la solución pacífica de los conflictos y la responsabilización por las decisiones; finalmente, los relacionados con la solidaridad. Al especificar esos valores se hace necesario tomar en cuenta la presencia del multiculturalismo en el interior de las sociedades nacionales y del área en su conjunto, dando cabida y reconocimiento a culturas silenciadas o ausentes del sistema educativo, pero poniendo al mismo tiempo como límite el pluralismo y el respeto a valores específicos e irrenunciables en una sociedad democrática.

La escuela tiene tres instrumentos para contribuir a la gobernabilidad a través de la educación para la democracia y la ciudadanía, los cuales se sustentan en el principio fundamental de que los valores se aprenden en la práctica más que hablando de ellos. El primero es la relación pedagógica: la práctica de los valores democráticos requiere pasar de la educación frontal a la de autoestudio y aprendizaje cooperativo, en la cual hay que cumplir y poner reglas y es necesario cooperar y trabajar en grupo, deliberar, argumentar, construir lo común con la diferencia. El segundo son los premios y castigos de la escuela, entendiendo por ellos tanto los explícitos, que están incorporados en las reglas de disciplina y calificación, como los implícitos de premios y castigos culturales: qué valores son los que están subyacentes en la conducta de los docentes y en textos de estudio, cómo se valoran las etnias, el color de la piel, el género. El tercero es el universo simbólico del contexto del aprendizaje: si las escuelas y los mecanismos de supervisión reflejan un universo dominado por la sospecha y centrado en el control, que tiende a crear en los estudiantes una moral para las relaciones entre ellos y otra en relación con los supervisores; o si, al contrario, proporciona espacios de encuentro entre jóvenes y niños, entre diversidades.

Para que el sistema educativo forme en valores es necesario que el maestro no se limite a ser un transmisor fijo sino que recree valores junto con los alumnos. La pedagogía democrática supone un profesor animador y vivir la tolerancia y solidaridad en la escuela. Esto implica un proceso de formación continua de nuestro profesorado, pero también una reivindicación del papel y la posición del profesor.

2.3. El sistema educativo y otros agentes de socialización

La responsabilidad de la escuela como agente de socialización es compartida con otros agentes, entre los cuales se encuentran las familias, las imágenes culturales transmitidas por los medios masivos de comunicación y los pares.

La familia es el primer agente de socialización y ciertamente influye también en la socialización política temprana de los niños. Su influencia se ejerce tanto por la inculcación de valores sociales, democráticos o no democráticos, como por la influencia que tienen las ideologías y el comportamiento político de los padres y, más generalmente, de los miembros de la familia sobre los hijos. La creación de una cultura cívica democrática y la socialización en ella se facilita cuando es aceptada tanto por la familia como por la escuela. En todo caso, el papel de la escuela en la socialización política se ve reforzado si los padres son invitados a colaborar con ella en la definición de los contenidos de los programas, y si los puntos de disenso son discutidos democráticamente entre los padres de familia y la escuela. Sin embargo, no puede ignorarse que las familias, así como otras estructuras tradicionales de cohesión (comunidades campesinas, identidades locales), están siendo redefinidas por el cambio en curso y requieren apoyo desde la institucionalidad educativa para cooperar en la construcción de la democracia. La participación de los padres en ese esfuerzo de la escuela es, por eso, una forma de socialización de ellos mismos en los valores y las prácticas democráticos.

En las sociedades modernas los ciudadanos permanecen ajenos al ámbito político y se contactan con él sobre todo mediante los medios de comunicación. El efecto de esos medios y en especial de la televisión sobre la formación de valores y actitudes es, en este momento, objeto de debate. Sin embargo, más allá de él, puede coincidirse en que una confluencia de los medios de comunicación y el sistema educativo en un esfuerzo conjunto de formación de una cultura cívica democrática, tiene más posibilidad de lograr los objetivos perseguidos que si transmiten valores y emiten mensajes contradictorios. De allí que la colaboración de esos medios con el sistema educativo en una estrategia global de educación para la democracia sea un factor importante para el éxito de la misma.

El papel socializador de la escuela se ve desafiado por los grupos de pares. El proceso de globalización y los rápidos y profundos cambios por los que están pasando nuestras sociedades ha hecho que hayan adquirido un papel central en la socialización de los jóvenes. Esa socialización está marcada por los escenarios en que les ha tocado nacer y empezar a vivir (diversas formas de autoritarismo, estancamiento económico, guerra civil, desindustrialización, fragilidad de la institucionalidad democrática), y ha estimulado movilizaciones juveniles y contradicciones culturales. Las polarizaciones educativas y ocupacionales han traído como consecuencia valoraciones conflictivas y diversas del significado político de la democracia para jóvenes de distintos estratos sociales. Algunos muestran pérdida de interés en la política, un deterioro de la opinión sobre la misma, una valoración negativa de las instituciones y una aceptación apática de su necesidad. Otros, en cambio, «impulsan transformaciones en los ideales políticos y adelantan reivindicaciones y estilos democráticos motorizados por valoraciones que le otorgan importancia a la tolerancia en las creencias, la permisividad en virtudes privadas y la crítica y el pluralismo en la valoración de la vida colectiva. Igualmente, una mentalidad cosmopolita, abierta a la influencia del mundo exterior y de confianza en la diversidad, con más seguridad en sí y más esperanzada en el futuro de sus sociedades, concediéndole importancia a la igualdad y valorando el trabajo en parámetros que insisten en la autonomía más que en el utilitarismo”.

La evidencia empírica muestra que la marginación de amplios sectores de la juventud urbano popular y campesina y la propensión a integrarse en los aparatos de la economía de la droga, en movimientos armados y en organizaciones criminales, está ligada al fracaso escolar temprano y a la precarización laboral. Por otro lado, muestra también que mantenerse dentro del sistema educativo contribuye a que los jóvenes desarrollen una cultura cívica democrática que, aunque crítica con el sistema social y político, no tiene una visión catastrofista del futuro, es tolerante, concede importancia a la igualdad y rechaza las formas autoritarias de resolución de conflictos. En suma, pareciera haber en los jóvenes mismos un gran potencial a ser movilizado para reforzar una estrategia global de educación para la democracia.

2.4. La educación como medio de movilidad e integración social

Una demanda general que cruza todos los estratos sociales medios y bajos de los países es que la educación sirva como un canal para la movilidad y el ascenso social, si no propio, al menos de los hijos. Los estudios hechos en América Latina muestran que, al menos por tres décadas, entre 1950 y 1980, el principal canal de movilidad social fue efectivamente el sistema educativo. Los aumentos substantivos que experimentó en esas décadas el acceso a la educación pública dieron ímpetu a un proceso de movilidad ascendente de las generaciones jóvenes, llevó a una considerable expansión de las clases medias y fue un factor importante de integración social. Al mismo tiempo, la creencia de que un mayor nivel educativo conduciría a mejores ocupaciones pasó a ser un elemento de la cultura urbana y se convirtió en la expectativa normal de todos los estratos sociales.

Aparentemente, los niveles educativos continúan siendo un factor que condiciona el nivel de ingreso de las personas con posterioridad a 1980. Por ejemplo, las caídas más fuertes en ingreso durante la década de los 80 afectaron a jóvenes con poca educación formal, relegados a ocupaciones de poco prestigio y bajo ingreso o, en el caso de las mujeres, a permanecer excluidas del mercado de trabajo. Al contrario, niveles educativos más altos seguían siendo un canal para acceder a más ocupaciones y de mejores ingresos. Sin embargo, una serie de factores ha contribuido al debilitamiento de la educación formal como camino para la movilidad social. Uno de ellos es el éxito experimentado por los países en aumentar el número de años promedio de educación formal: mientras más alto es ese nivel promedio, más lo es también el umbral sobre el cual la educación hace una diferencia en cuanto a oportunidades de movilidad social ascendente. Un estudio reciente sobre la materia encontró que en las zonas urbanas se necesitan 10 o más años de estudio «y predominantemente el ciclo secundario completo, para acceder a importantes alternativas de bienestar, que se traducen en más de un 80% de probabilidad de no caer en la pobreza”. “Igualmente, dentro de una tendencia general a un aumento en los ingresos por trabajo de la población adulta en los años noventa, quienes experimentaron aumentos mayores son los que tienen niveles educativos de 10 y más años». El problema está en que el aumento de años de educación formal es compatible con el hecho de que un alto porcentaje de jóvenes entre 15 y 19 años (que llega en algunos países al 40%) no alcanza ese nivel y ni siquiera el de la educación primaria completa. Por otro lado, el crecimiento más lento de las oportunidades ocupacionales respecto al experimentado por los niveles educativos ha contribuido a incrementar los requisitos de acceso a muchas ocupaciones, incluyendo algunas comparativamente mal remuneradas. Este «credencialismo» ha hecho que aun cuando alcanzar el nivel promedio de educación aumenta la probabilidad de obtener trabajo y disminuye la de caer en la pobreza, ese nivel no garantice por sí mismo la movilidad social.

En la actualidad, la movilidad social ascendente, y en especial la movilidad hacia cargos de responsabilidad directiva, pareciera depender más de la calidad de la educación que de la cantidad de años de estudio. A pesar de los esfuerzos hechos por los gobiernos para disminuir las diferencias de calidad entre la educación pública y la privada, la evolución del sistema educativo formal no parece haber evolucionado hacia una mayor igualdad de oportunidades educativas. Al contrario, la creación de diversos tipos de establecimientos que ofrecen servicios de muy desigual calidad a distintos grupos sociales, dependiendo de su capital educativo y su nivel de ingreso, y que responde a diversas demandas del nuevo mercado ocupacional creado a raíz de la mundialización de la economía, ha creado mayores dificultades para la movilidad social de quienes provienen de hogares que no han podido financiar los estudios de sus hijos. La carrera por el éxito profesional y el logro de posiciones de mando en el sector privado y, en menor grado, en posiciones de alta responsabilidad del sector público, se corre por una pista de difícil acceso para quienes no tienen los medios económicos para adquirir las calificaciones necesarias.

El aumento de las desigualdades en cuanto a las oportunidades de acceso a las instituciones educativas de mejor calidad, así como la brecha más amplia que separa las instituciones a que tienen acceso las elites y las disponibles para quienes no tienen los medios para pagarlas, puede llevar a la constitución o, más bien, al reforzamiento de una elite tecnoburocrática, internamente homogénea a pesar de pertenecer a partidos políticos diferentes, cuyos miembros podrían dirigir sin contrapeso el país, sea por sus posiciones en el sector privado, sea por ocupar cargos claves en el Estado. Además de afectar negativamente a la integración de nuestras sociedades, esa tendencia no contribuye a reforzar la legitimidad de las instituciones democráticas ni la participación organizada de la ciudadanía, socavando así dos de los pilares sobre los cuales se apoya la gobernabilidad a largo plazo de la democracia.

El efecto de la educación formal está condicionado por factores externos a ella y, en nuestro caso, por las grandes desigualdades sociales que caracterizan nuestras sociedades. En esas circunstancias, no se puede esperar que la escuela pueda crear igualdad por sí misma donde ella no existe. Aunque la experiencia indica que políticas focalizadas de apoyo educativo a los estratos más necesitados pueden producir efectos positivos no despreciables, una estrategia eficaz de constitución de ciudadanía y reforzamiento de la cohesión social requiere integrar las políticas educativas con otras económicas y sociales que ataquen conjuntamente las desigualdades iniciales.

Si la educación va a contribuir a hacer más gobernable la democracia en Iberoamérica, tendrá que centrar los esfuerzos en dejar de ser «la región más inequitativa del mundo en términos de distribución del conocimiento». Si bien no es realista aspirar a lograr una igual calidad para todos, corresponde al Estado velar porque la educación pública y privada cumpla con estándares mínimos de calidad.

Sin embargo, la fijación de esos estándares, el apoyo de insumos básicos (tiempo del profesor y del director de la escuela, textos de estudio, local adecuado, etc.) y el mejoramiento o reemplazo de las técnicas pedagógicas, no son suficientes para disminuir las grandes desigualdades en la distribución del conocimiento, ni tampoco para revertir la tendencia a que la educación pierda su carácter de canal de movilidad social. Para que ocurran ambas cosas se requeriría suprimir las barreras que limitan actualmente el acceso a la educación media completa y superior. Esto exige que el Estado asuma la responsabilidad de proporcionar educación media de excelencia abierta a todos, independientemente del nivel socioeconómico familiar, y de establecer un sistema de becas que permita continuar estudios universitarios a los alumnos destacados de ella que estén motivados para hacerlo. Parte importante de esas becas podría ser financiada por el sector privado si el Estado crea los incentivos económicos adecuados. También, la exigencia de la igualdad de oportunidades en la distribución del conocimiento hace necesario que el Estado estimule y apoye los esfuerzos de las universidades estatales para modernizar su gestión y ofrecer educación de alta calidad, sin perder el carácter de canales de integración y movilidad social que tradicionalmente han cumplido en la región.

2.5. El papel de la educación superior

Los establecimientos de educación superior tienen un papel importante que desempeñar en defensa de la democracia, en el establecimiento de paradigmas de su funcionamiento y en el análisis crítico de su desarrollo. Sin embargo, como reconoce una publicación reciente de la Unesco sobre el tema, «se precisa una nueva visión de la educación superior que combine las demandas de universalidad de la educación superior y el imperativo de una mayor pertinencia para responder a las expectativas de la sociedad en que opera. Esta visión recalca los principios de libertad académica y autonomía institucional e insiste al mismo tiempo en la necesidad de responder ante la sociedad». Igualmente, la Unesco subraya que para que las universidades contribuyan al desarrollo y la gobernabilidad de la democracia es necesario que el Estado reconozca que «todo auténtico centro de educación superior, sea cual fuere su forma de ‘propiedad’, tiene un cometido de índole principalmente pública» y que, por consiguiente, el apoyo público a la educación superior sigue siendo esencial para que esta pueda desempeñar su misión educativa, social e institucional.

Más en concreto, la universidad contribuye a la gobernabilidad de la democracia; en primer lugar, en la medida en que ella esté abierta a todos los que tienen las calificaciones de entrada y postulan a ella, con independencia de su origen social. Lograr este objetivo es tanto una contribución a la movilidad social como a la democratización de las elites políticas, la gran mayoría de cuyos miembros son egresados universitarios o han cursado algunos años de educación a ese nivel.

En segundo lugar, la universidad juega un papel irreemplazable en la impostergable tarea de preparar al profesorado que tendrá la responsabilidad de la educación democrática y en valores en los otros niveles educativos.

En tercer lugar, es necesario que la educación para la democracia forme parte de la educación de todo estudiante universitario. Para esto, entre otras medidas, se requiere introducir en los programas actividades que permitan a los alumnos examinar y discutir la dimensión ética del desarrollo y la democracia, así como la de las distintas disciplinas profesionales, y crear instancias que permitan a alumnos y profesores dialogar con dirigentes políticos en un ambiente de pluralismo y respeto.

En cuarto lugar, las universidades están llamadas a contribuir a introducir la perspectiva de largo plazo en la discusión política, mediante la investigación de problemas que puedan afectar a la sustentabilidad del desarrollo y la gobernabilidad de la democracia.

Finalmente, la universidad hace una contribución a la cultura cívica democrática con un ejercicio democrático de la autoridad universitaria, creando espacios en donde los problemas internos puedan ser debatidos con respeto a los valores democráticos y las prácticas democráticas.

En suma, el sistema educativo va a acrecentar su contribución a la gobernabilidad de la democracia en la medida que la formación ética de los estudiantes y la educación para la democracia, vistas como parte integral de los esfuerzos por consolidar y dar sustentabilidad al desarrollo y la democracia, sean constitutivas del currículo y de las actividades extraprogramáticas a lo largo de todos los niveles educativos, desde el preescolar hasta el de la educación superior; que ese esfuerzo se haga incorporando a él a la familia, los medios de comunicación, los propios educandos y los actores políticos y sociales; que el Estado asuma su responsabilidad de dar una mayor igualdad de oportunidades asegurando no sólo una educación pública primaria sino también secundaria de calidad, y la oportunidad de que todos los que tengan los requisitos y estén interesados en hacerlo, puedan acceder a la educación universitaria; que las universidades incluyan la formación ética y la educación para la democracia como responsabilidades al mismo nivel que las de formar profesionales y científicos y de investigar, así como de asumir el desafío de servir de soporte intelectual a los otros niveles educativos en ese esfuerzo, y de ser capaces de orientar a la ciudadanía y los actores políticos acerca de las consecuencias a mediano y largo plazo de tendencias actuales y de contribuir a la búsqueda de alternativas a ellas o de solución a los problemas que puedan plantear para el desarrollo y la gobernabilidad democrática. Ese esfuerzo exige la incorporación activa del profesorado y una mayor comunicación con los niveles técnicos de los ministerios de educación, abriendo para esto nuevos canales de participación en el diseño, la gestión y la evaluación de los programas.

Manuel de Puelles Benítez es catedrático de Política de la Educación de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), España.

Raúl Urzúa Fradermann es director del Centro de Análisis y Políticas Públicas (CAPP) de la Universidad de Chile y profesor titular de la Facultad de Sociología de dicha Universidad.

http://www.rieoei.org/oeivirt/rie12a05.htm

Masacre por trivialidad

por Ricardo Viscardi

Las pautas que identifican a la comunidad uruguaya con la modernidad, particularmente en su vertiente política, otorgaron un cariz propio a los últimos años. La significativamente tardía llegada de la izquierda al gobierno, así como un período económicamente favorable, se saldan al presente por un perfil neo-batllista del sentimiento mayoritario. Esa perspectiva significa tanto el cumplimiento de tareas redistributivas postergadas por los partidos tradicionales en razón de una estrategia electoral infeliz, como perspectivas obsoletas en razón de la declinación de los estados-nación. Bajo ese conjunto de condiciones se configura cierto conformismo cultural de la recepción pública, así como una señalada pasividad con relación a la actualidad universal de los sectores supuestamente críticos.

Este blog refirió a estas características del último período, incluso entre las propias referencias de su actualizaciones, al plantear el fatal desencanto de los movimientos sociales[1], así como el alineamiento del Estado uruguayo en la retaguardia de la globalización, en cuanto esta neutraliza en su desarrollo las tareas de los estados-nación[2].

La misma campaña electoral ha sido protagonizada de forma decisiva por los medios de comunicación masivos y a través de las nuevas tecnologías (TICS), en términos de una militancia cada vez menos presencial y cada vez más embanderada en el sentido propio, es decir no racional y simbólico, del término. Estrategias tales como la “reforma del Estado” se anuncian desde ya como saltos en el vacío, predestinados a un futuro tan promisorio como el desenlace del conflicto de la Intendencia de Montevideo con Adeom. En estas condiciones de ausencia de impulso crítico, en buena medida como efecto del prejuicio táctico ya hoy obsoleto que recomendaba “no hacerle el juego a la derecha”, se desarrollará una trivialidad de la vida pública, signada por una masacre de la opinión como tal.

Esta masacre ya asoma en el súbito conformismo de los partidos tradicionales con una participación en el Estado que denegaron durante cuatro años y que hoy cambian por un espejismo de “control”, destinado a alimentar algo más que las ilusiones de cuadros poco afectos a las “travesías del desierto”. El mismo conformismo rebosante de chatura se expresa en el empalagamiento de los medios masivos con una figura presidencial ampliamente retratable en la imaginación uruguaya, frecuentemente inclinada a un igualistarismo ramplón del que ha terminado por ser, en su propio pasado, tanto víctima como protagonista.

En “Bannalité du masacre”[3] Maurice Matieu no se refiere a la masacre de Irak, que sin embargo conoció personalmente, aunque no fuera la única que mereció su atención. Pese a su significación política implícita, el libro se refiere a la masacre del sujeto como efecto de la disolución de la subjetividad que surge de la comprensión, incluso en los propios textos de Cézanne sobre la pintura impresionista, de la claudicación moderna de todo lugar ajeno a un sistema de equivalencias. Por contraposición se plantea, a través del vínculo entre matemáticas y pintura que plantea Matieu, la posibilidad de una masacre de la trivialidad.

Esa será nuestra tarea, una vez que la ilusión uruguaya de un reverdecimiento de su destacada modernidad batllista habrá capotado definitivamente en la trivialidad política y la chabacanería cultural: masacrar la trivialidad. No será una tarea difícil, sino ante todo extensa, por la prolongación cultural de la impronta batllista que los propios partidos tradicionales favorecieron, al intentar ahogarla sin llevarla hasta sus últimas consecuencias, en aras de conservar un mezquino poder electoral.

En adelante se plantea reagrupar la alternativa en términos de despliegue simbólico glocal, el modo de acumulación no estatal capaz de oponerse al nacional-globalismo en tiempos de red. Ese tiempo que es ahora ya, plantea tanto la trivialidad de la masacre cultural que llevarán a cabo políticos profesionales y comunicadores empresariales como la impostergable necesidad de masacrar la trivialidad a través de una política de redes.
[1] Viscardi, R. “1994” (2005) Revista Arjé Nº1, Montevideo, pp.6-8. http://www.uruguaypiensa.org.uy/cattextos_2_1_1.html
[2] Viscardi, R. “¿Nacional-globalismo o alter-globalización?” (18/10/07) Semanario Voces del Frente Nº 143, Montevideo, p.8.
Publicación electrónica en la dirección http://www.vocesfa.com.uy/No143/No143.htm
[3] Matieu, M. (2001) Bannalité du masacre, Actes Sud, Paris.

¿Un cambio?

Daniel González Romero

La decisión de diseñar los espacios y planear las ciudades ha sido y es una imprescindible realidad a lo largo de la historia. Asimismo, la dependencia del medio natural ha sido su eterna acompañante, guía de su proyecto y construcción, condición desde hace tiempo caída en las secuelas de su descuido u omisión ante intereses particulares. Las ciudades, lo urbano, el centro de las nuevas complejidades –es ya y será una realidad– son un reto, social, económico, cultural y político, que compendia requerimientos que exigen innovación continua y cambio de perspectivas en el horizonte del siglo XXI; especialmente en aquellas que forman parte de la red que conforma el grupo de ciudades dominantes; las que reciben los beneficios de los procesos que concentran los ventajas relativas del desarrollo, ya sea a escala mundial si se trata del fenómeno global o de la situación regional o nacional, como es el caso de México, en donde existen (Sedesol) 52 áreas metropolitanas. El horizonte urbano aparece cada vez más complejo y con dimensiones antes no consideradas por las visiones planificadoras; las que han entrado hace tiempo en severa crisis. Esto no es privativo de algún lugar sino una característica que comprende en lo general al universo de lo urbano, de las metrópolis; con sus quizás muy contadas excepciones.

Hoy se puede observar y constatar que la ocupación del territorio durante casi medio siglo, impulsada por la modernización funcional que ha soportado la generación de tasas de ganancia a los sectores productivos, y escasamente sus habitantes, ha rebasado los empeños de seguir planeando la ciudad con las formulas hasta hoy aplicadas, aún con el maquillaje de lo mismo, en aras de un progreso con visiones excluyentes. Durante casi 50 años planificar y construir nuestras ciudades con una propuesta tomada del modelo zonificado, que marchó hace cerca de tres décadas al de la especulación extensiva, nos previene ahora ya de sus límites y frustraciones; no por voluntad expresa sino porque la formula ya no responde a los acontecimientos y realidades que se depositan y accionan en las urbes, aún para aquellos que han aprovechado la ocupación del suelo con intereses de lucro. Mirar ahora el futuro implica algunas espinosas reconsideraciones, porque la sociedad y su horizonte democrático están en juego, lo mismo que la salud de las comunidades y la naturaleza del planeta.

Ante esto, recobro lo escrito por Toni Puig (2009): “El futuro siempre nos tomará por sorpresa. Es difícilmente domesticable. Mejor es estar preparados; [pero] apostemos. Apostemos por una ciudad idónea: la mejor que seamos capaces de diseñar… una ciudad atractiva que en la vida sea estimulante…todo ello implica innovación. ¿En qué? ¿Cuál? ¿Cómo? Desafiemos todos los estereotipos. Todas las convenciones y convicciones. Rediseñemos el rompecabezas de la ciudad. Es la mejor manera de avanzar. Y de que no nos tome desprevenidos. Optemos por el futuro. Con equilibrio y a la vez, con innovación fértil. Rediseñemos a fondo. Innovar es la clave, pero Innovar no es tecnología. Es más. Lo abarca todo. Y desafía los estereotipos. La innovación esta, siempre, en la raíz, en el motor del cambio. Algunas ciudades creen que innovan porque construyen un edificio tecnológico espectacular. Esto es solo una pieza bien pensada. Innovar en las ciudades es verlas venir. Porque la ciudad del futuro ya está aquí. Para este nuevo diseño necesitamos una participación activa menos burocrática o no burocratizarla, no es simplemente en apariencia modernizarla. No es tampoco cambiar los organigramas: es la que redimensiona los equipos y las ideas por el talento, congrega la pasión ciudadana comprometida y participativa, es donde ejercer liderazgo con convencimiento… Porque donde están los problemas están las soluciones”

El terrorista suicida


Teódulo López Meléndez

Lo que estamos viviendo parece ser el punto final de una evolución ya detenida, lo que, si queremos, podemos ver en Nietzsche como el proceso desde la elevación maníaca hasta la mediocridad semidepresiva. Por supuesto que este camino no ha sido lineal. La decadencia aparece como un gráfico de movimiento de las economías, con aristas de subidas y caídas, pero siempre marcando la decadencia hasta el hombre estupefacto de hoy. Los dioses ya no hablan, mantienen un larguísimo silencio que ha llevado a los hombres a producir su propio entusiasmo bajo directa administración materializada en esta huida hacia delante que se empeña en mantener la historia de la especie.

Conocemos la casa global demasiado bien, lo sabemos todo sobre ella, esta “casa” ha sido desprovista de todo secreto. Nuevas formas de huida han aparecido, nada novedosas, sólo que más macabras. Una falsificación producida por la obnubilación encarnada en hombres que creen en la salvación dejando atrás esta casa, ahora marcada por el viejo sentido apocalíptico que dominó al hombre en algunos momentos de la historia: la manera de huir es destruyéndola. Existir deja de ser una droga lo suficientemente poderosa y se procura sustituirla con la otra de la nada, sólo que el terrorista que se inmola parece no confiar sólo en su propia destrucción, tiene dudas sobre la permanencia de la casa después de su partida y busca una “utilidad” (al fin y al cabo le enseñaron siempre que este mundo era utilitario) llevándose por delante pedazos, al menos, de aquello que debe ser abandonado. El seno de la nada está teñido de ofertas, fundamentalmente el de la salvación, pero también de algunas más prácticas como un exquisito número de vírgenes a la espera, aunque eso sea banal, lo importante es volver a encontrarse con los efectos opioides del seno materno. El terrorista es, así, un drogadicto al que ya no basta la acción en este mundo, alguien que ambiciona la máxima dosis, la de la huida final con métodos utilitarios de destrucción La acción del terrorista suicida no combate a un ejército enemigo ni es una acción guerrera, es la búsqueda desesperada de drogarse, de escapar, de restituir el viejo anhelo de salvación. Los primeros cristianos que morían en los circos romanos estaban impregnados por una religión que inventó el amor, en consecuencia no podían partir hacia la salvación destruyendo, se dejaban ir con la seguridad de encontrar el objetivo. El hombre de este mundo, uno donde los dioses no hablan, ha llegado al paroxismo extremo y bajo interpretaciones equivocadas de otras religiones de salvación se dispone a partir matando.

¿Acaso el terrorista suicida no ha podido hablar, conforme a lo que estableció el psicoanálisis sobre que los secretos patógenos dichos no pueden actuar mas? ¿O es que el terrorista suicida ha seguido el camino desconcertado de la glorificación posmortal del Yo en Dios? La batalla entre psicoanálisis y filosofía en procura de una respuesta parece ganarla el primero. EL “instinto de muerte” freudiano que ha llevado al hombre a buscar salida de este mundo encuentra la expresión contemporánea de disolución, para no tener que sentir más, en la muerte “útil” que reconcilia con Dios, dando lugar a una mezcla con la antropología metafísica. Quien sobrevive en este mundo, como algunos pueblos e individuos, al margen del éxito y del dinero, y sin tener que recurrir a la droga sustitutoria de los químicos, es aquél que ha elevado su espíritu por encima de la época denigratoria y pleno de energía para morir sobrelleva sabio las consecuencias de estar-aquí.

El terrorista suicida ve fluir todo hacia un mal fin. Sobrevivir sin el cuerpo, tesis de las religiones de salvación, es su premisa. La segunda es que forma parte de un grupo que vive, física y moralmente, peor de lo que debería vivir. Ambas premisas pueden responder también a mentes superiores, en el primer caso a un filósofo, en el segundo a un revolucionario, cuando las revoluciones eran posibles. En el caso del terrorista suicida hay un elemento de descontrol, de dominio total de la desesperación. El que se siente con el agua al cuello y es víctima del pánico, encuentra una “verdad” propiamente terrorífica: hay que destruir al infiel, a quien no cree en “mi Dios”, al culpable perfectamente identificado de la crueldad de la existencia en lo personal y en lo grupal. Las ideas de coexistencia religiosa o de tolerancia son absolutamente contrarias a la mente que quiere viajar hacia la nada huyendo de la casa injusta. La convicción de que el tiempo de desdicha, el infierno de dolores, es insuperable conlleva a la trágica mezcla de matar al prójimo con la propia inmolación, a una acción entrelazada entre la derrota psíquica adosada con deseos de integración a la divinidad. De esta manera se trastoca la convicción de un fin malo por la seguridad de que no hay otro bueno que el representado en la acción suicida-homicida. Podemos decir que el terrorista suicida es alguien que sólo ve lo exterior real, aunque se ampare en una falsificación, en una ceguera total que lo lleva al argumento deico como justificación última. Sloterdijk lo explicaría así: “La conocida afinidad de mística y alienación recuerda que, en espacio psíquico, altura y hondura son equivalentes y que la impulsión hacia arriba difícilmente se deja diferenciar de la absorción hacia abajo”.

El problema radica en la falta de atención del hombre al estado de ruptura actual. El hombre, inmerso en la globalización y atado a una red de Internet donde los Dioses no tienen una página web, paradójicamente no está captando lo general extenso imbuidos como están en lo particular obtuso. La paradoja radica en que lo mismo hace la cultura occidental nacida de lo metafísico y llegada a este estado de un hombre-mamarracho hasta las religiones como el islamismo, en su manifestación obcecada, olvidadas de desarrollar argumentadamente y encerradas en un hombre que es incapaz de abandonar momentáneamente su fe puesto que si lo hiciera se convertiría en alguien pensante. Lo cierto es que nadie da una idea segura del mundo y de la vida, menos quienes pretenden destruirlo apostando a un fe ciega en un mundo donde lo imprescindible es quitarse la venda. Aquí, en este mundo posmoderno que, como insisto en decir, es originario de la modernidad y de allí a todo lo que ha sido la historia de las culturas, no hay un continuum de certezas.

Ciertamente no estamos para manifestaciones religiosas apocalípticas. Estamos, sí, para dar resolución, para usar un término de imagen, a la casa. Muchos han definido al hombre como un animal que se muda. Pues nos estamos mudando y la mudanza es inevitable. La nueva casa hacia donde marchamos es la global, la de todos. Deberemos encontrar, usar y desarrollar una inteligencia multirracional. Esta casa es finita, no hay duda, pero de ello debemos sacar conclusiones. Esta casa no podrá funcionar basada exclusivamente en la economía, como no podría basada solamente en una especulación metafísica. Estamos metidos en una carga de comunicación absoluta. Ya lo dije, cuando no veíamos muy lejos el mundo era fácil de comprender. Sobre este mundo hay que lanzar un cable universal e ininterrumpido de mediación que impida verlo todo o con los ojos de la desesperación o como mercancía. No trato de trazar una perspectiva piadosa. Estoy plenamente consciente de lo que ahora también podríamos llamar realpolitik. No obstante, déjenme decir, que no considero piadoso el reclamo de una escala humana. Los filósofos del posmodernismo se han encarnizado contra el humanismo en medio de una confusión que no me atañe. Lo que sé es que tenemos casa para el mundo, pero no tenemos mundo, a no ser uno cansado bajo una apariencia de dicha.

teodulolopezm@yahoo.com

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

democraciasiempre

Just another WordPress.com site

Mesopotamia

Este sitio WordPress.com es la caña

ladireccioneticaenlaadmpublica

LA ÉTICA EN LA ADMINISTRACIÓN PUBLICA MUNICIPAL

Entre letras y números

Porque lo escrito, escrito está entre letras y números

Blogs Of The Day

Just another WordPress.com weblog

WordPress.com

WordPress.com is the best place for your personal blog or business site.

The WordPress.com Blog

The latest news on WordPress.com and the WordPress community.

A %d blogueros les gusta esto: