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Democracia siglo XXI

mes

abril 2012

Expertos llaman a repensar la democracia para afrontar el “reto de la convivencia”

BARCELONA, 25 (EUROPA PRESS)

Expertos reunidos en el I congreso internacional ‘Edificar la Paz en el siglo XXI’ de Barcelona han puesto de manifiesto este miércoles la necesidad de repensar la democracia para afrontar el “reto de la convivencia”.

Durante la lectura de las conclusiones del encuentro celebrado en la Universitat de Barcelona (UB), el presidente de la Fundación Carta de la Paz dirigida a la ONU, Jordi Cussó, ha recordado que las instituciones y agentes democráticos “no son intocables” y deben responder al pueblo a través de la transparencia, la competencia y la rendición de cuentas.

Pensar la democracia en clave de paz posibilitará la igualdad entre los ciudadanos y la realización de todos los individuos, ha dicho Cussó, que ha llamado a hacer una alianza entre el sector político, económico y ciudadano.

El respeto a las identidades “es fundamental para la construcción de la paz”, por ello los expertos han reivindicado el concepto de identidad permeable que crece a través de la relación con los demás y que es un bien cultural.

Cohesionar la sociedad eliminando las diferencias estructurales en todos los ámbitos, apostar por la mediación como vía de pacificación y desarmar la historia evitando demonizar los hechos pasados para progresar han sido otras de las conclusiones del congreso.

Cussó ha incidido en la necesidad de entregar a los medios de comunicación las claves de interpretación de los hechos lejanos y difíciles de entender para desespectacularizar los conflictos y buscar aquello que nos une y no lo que nos separa ya que son “la ventana al mundo”.

En el acto de clausura del congreso se ha presentado el manifiesto de ‘Barcelona por la Paz’, fruto del trabajo antes y durante el encuentro, que hace un llamamiento a gobernantes, instituciones y sociedad a trabajar diariamente por la paz para un futuro mejor.

En 2014 será la capital colombiana, Bogotá, la que acogerá la II edición del congreso y el rector de la universidad de la Salle de la ciudad, Carlos Gabriel Gómez, ha expresado su anhelo de que el encuentro les encuentre “cerca de la paz y al fin de la negociación”.

Al acto también han asistido la coordinadora de la Plataforma Cultura de Paz y No Violencia de la Unesco, Katérina Stenou; el concejal de Presidencia del Ayuntamiento de Barcelona, Jordi Martí; el diputado adjunto a la Presidencia de la Diputación de Barcelona, Joan Carles García Cañizares; el directo general de Relaciones Institucionales y con el Parlament de Catalunya, Joan Auladell, y el rector de la UB, Dídac Ramírez.

La tele no te quiere y tampoco quiere al planeta

Por Ecologistas en acción

Ecologistas en Acción convoca la “Semana sin televisión” del 23 al 29 de abril, con el fin de denunciar el modelo de producción y consumo insostenible social y ambientalmente que las televisiones celebran y promueven.

Esta idea, proponer que no se encienda la tele durante una semana al año se originó en 1995 en Estados Unidos. Desde entonces se ha seguido denunciando el papel que cumple la televisión en la destrucción del planeta. Ecologistas en Acción quiere poner de manifiesto el aislamiento que produce en las personas y el deterioro social y ambiental que promueve mediante la incitación constante a un consumo irracional.

Detrás de su aparente función de entretenimiento o información se esconde su verdadero objetivo, que es promover el consumo de los productos de las compañías que la financian o que son sus propietarias.

Según la “Directiva Europea de Televisión Sin Fronteras”, cada hora de televisión no debería incluir más de 12 minutos de publicidad (lo que ya supone un quinto de cada hora con publicidad), un dato bastante alarmante. A pesar de que en noviembre de 2008 la Comisión Europea denunció al Estado español por superar los límites que marca esta directiva ante el Tribunal de Justicia de la UE, el gobierno ha hecho poco por cambiar esta situación.

Además, las técnicas de publicidad más silenciosas se han normalizado, como el emplazamiento, técnica en la que el producto o la marca pasan a formar parte de la trama, asociándose a los personajes y ambientes de la serie o película donde se insertan. Según la “Directiva de Servicios Audiovisuales sin Fronteras” que regula expresamente este tipo de publicidad, circunscribe la obligación de informar al público de la existencia del emplazamiento sólo a aquellos programas que hayan sido producidos o encargados por la cadena de televisión y sus filiales.

Pero los efectos de la televisión van mucho más allá de esta invasión publicitaria, pues la televisión desplaza las interacciones de las personas entre sí y con el territorio, y las sustituye por la contemplación de un espacio virtual seleccionado intencionalmente al servicio de la comercialización a gran escala. El exceso de horas delante de la TV hace que el tiempo dedicado a otras formas de ocio más creativas y menos agresivas se vea sensiblemente reducido, como por ejemplo, la lectura.

Esta semana persigue poner en cuestión este modelo insostenible que la televisión celebra cada día. Una semana –al menos- sin ver la tele para pensar colectivamente sobre ella, y que puede comenzar, ya que hoy es el día del libro, dedicando más tiempo a la lectura.

Ecologistas en Acción

Marqués de Leganés 12 – 28004 Madrid – Teléfono: +34-91-5312739

Cobertura de las elecciones francesas

Audio de Teódulo López Meléndez: El debate Hollande Sarkozy http://www.ivoox.com/debate-hollande-sarkozy-audios-mp3_rf_1201951_1.html

Audio de Teódulo López Meléndez: Francia La Primera vuelta http://www.ivoox.com/francia-la-primera-vuelta-audios-mp3_rf_1181872_1.html

En la era de la comunicación instantánea no pueden evitarse los resultados adelantados http://www.youtube.com/watch?v=CAeBEzy5GLk

Seguimos la primera vuelta de las elecciones francesas/ Todos los sondéos a boca de urna dan una ligera ventaja para Hollande, contrariamente a los que muchos esperaban: una victoria aplastante./ A esta hora Le Monde señala que la participación está sobre el 80%.

http://www.youtube.com/watch?v=LwIQJM6gdks

http://www.youtube.com/watch?v=KyDoPTzBLX0

Todo para después

 

por Alberto Medina Méndez

 

Buena parte de los políticos contemporáneos parecen hacer gala de su ingenio y habilidad para utilizar arbitrariamente los amplios poderes acumulados en el sector público, con el fin de torcer el rumbo de cada situación que les disgusta sin comprender la dinámica general.

Se han preocupado en hacer un culto del intervencionismo. Esa herramienta les ha permitido posponer los efectos negativos esperables de ese espiral que la secuencia interminable de intromisiones estatales previas, han provocado. Se han perfeccionado en esto de entrar en el juego de interferir cada vez más, y creen haber descubierto la pólvora.

Subyace en esa visión la ingenua idea de creer que pueden tener todo bajo control. Suponen, casi infantilmente, que si logran modificar el curso de los acontecimientos, lo convierten en legítimo y genuino por el solo hecho de que coincide con sus inclinaciones ideológicas.

No entienden, algunos, y prefieren no comprender otros, que las soluciones siempre llegan cuando previamente se descifran las causas que las generan, y no cuando solo atienden a las consecuencias.

Esta clase política ha desarrollado un perverso talento, que consiste en ocuparse de lo superficial, solo de lo que se ve, de lo que aparece como síntoma, de lo que emerge por sobre el resto de lo visible, y rara vez deciden ir hasta el hueso, buscar la explicación correcta, esa que orienta acerca del problema central.

Se ha convertido en un mal hábito, en una pésima costumbre, que cuenta con el aval social, el respaldo ciudadano, que insiste en esto de ver en las consecuencias, el problema, y prefiere hacer la vista gorda ante la necesaria vocación que habría que desplegar para bucear en el fondo del asunto.

En estos tiempos, de tanto abuso de poder, de discrecionalidad evidente y arbitrariedad manifiesta, los gobernantes suponen poder recurrir a cualquier criterio, medida o decisión para evitar que las variables económicas tomen un sentido, que a su singular y opinable juicio, es inadecuado.

Lo único que consiguen cuando aplican estas heterodoxas políticas, de las que se ufanan con frecuencia, como quien hubiera inventado algo novedoso, es complicar las cosas, postergar el problema y favorecer  condiciones que luego, al momento de sincerarse la  situación, sea mucho más difícil de maniobrar, desenredar y encauzar.

Como en todos los campos de la vida humana, ocuparse de la raíz del asunto, es realmente resolver las cosas. Las piruetas, los atajos, engaños y desvíos, o lo que es peor, la negación que ignora la realidad o hace de cuenta que nada ocurre, solo entorpece todo mucho mas, generando  situaciones poco agradables, y al mismo tiempo absolutamente evitables de haberse tomado los recaudos necesarios.

Es probable que en el corto plazo, se pueda disimular el impacto o solo  minimizarlo. Pero no más que eso. Un ilusorio efecto que posterga la cuestión principal. Nada se resuelve seriamente de modo simple, sin esfuerzo e inteligencia. Ya deberíamos haber aprendido esa básica lección.

Algunos todavía creen que pueden neutralizar la existencia de leyes naturales solo por capricho, terquedad o voluntarismo puro. No comprenden que ciertas reglas son inmutables, y que sus fantasías y ocurrencias, solo multiplican los problemas y los transfieren a las generaciones futuras de modo despiadado e irresponsable.

No han entendido la dinámica de la política, y mucho menos de la economía y los mercados. No hay que revisar demasiado el presente para describir los problemas existentes. Tampoco para ver como la política se encarga de NO resolverlos y se empeña en hacer de cuenta que se ocupa de ellos con medidas mágicas que solo pretenden salir del paso, meter el asunto bajo la alfombra para que parezca superado, pero sin realmente enfrentarlo.

Son amantes del corto plazo, les fascina lo que genera impacto inmediato, pero no tiene profundidad ni consistencia. Solo repasando la historia reciente, y retrocediendo imaginariamente algunas décadas, nos daremos cuenta que muchos de los asuntos que preocupaban en esa época, hoy siguen siendo parte de la foto actual, y muchos inclusive han crecido en importancia y complejidad respecto de aquel tiempo. Nadie se ocupo de ellos, como corresponde, con seriedad, buscando sus causas reales para operar sobre ellas. Prefirieron dejar de lado la cuestión.

Además, si las cosas salen mal, muy pronto encontrarán a quien responsabilizar de su fracaso. Siempre tendrán a mano la posibilidad de apelar al fantasma de la conspiración, esa que siempre resulta funcional, para instalar una supuesta confabulación en su contra. Recurrirán a ella cuando sus patéticos proyectos políticos fracasen tal como se viene anunciando.

No está en su agenda reconocer errores conceptuales, mucho menos admitir fallas ideológicas profundas. No es parte de su naturaleza. Su soberbia no les permite la autocritica, ellos se sienten extraordinarios, infalibles, mal podrían aceptar algún desvío en su visión de los hechos. Será más fácil culpar a los “malos”, esos que pululan por ahí, y hasta es posible que consigan que una porción importante de ciudadanos, los mismos que los votaron y acompañaron en cada aventura, crean en esa mirada.

Después de todo es una excelente manera ciudadana de excusarse por ese apoyo incondicional. Lo otro, sería tener demasiada grandeza, y ese es un atributo que claramente no tienen, ni les interesa tener. Hablaría de su integridad, y muy pocos de ellos la tienen como característica.

La historia se repite. La política ha hecho una rutina de estas prácticas nefastas de intervenir, sin resolver, de simular acción, cuando en realidad, solo posterga. Nada nuevo bajo el sol. Solo la compulsión de dejar todo para después.

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EL PERFUME AÑEJO DE JOLY

 

Por Rafael Quiñones

Revisamos con detenimiento la historia y a sus cronistas y vemos que el fenómeno no es nuevo y aún así actuamos como si el mismo hubiera llegado ayer a nuestras sociedades occidentales. Si la demagogia y la oclorocracia hundieron la democracia griega de la antigüedad no mucho después de su invención en la ciudad de Pericles, y el caudillismo militar terminó por matar lentamente la república romana, no podíamos esperar que la democracia moderna no tuviese su potencial cáncer casi al nacer en nuestra inestable modernidad. Teóricos y filósofos en ciencias políticas se exprimen las neuronas usando términos como Democracia deliberativa, democracias no liberales, “democraturas” y tal vez la más ajustada, autoritarismos electorales para describir sencillamente la degeneración de la democracia moderna, especialmente en muchas sociedad del tercer mundo (aunque el primer mundo no está inmune a este mal).

Maurice Joly, un anarquista del siglo XIX, a través de un panfleto para atacar el régimen de Luis Napoleón Bonaparte (Napoleón el Pequeño para Victor Hugo) nos ha delgado una obra que nos describe aún a más de 150 años de escrito como una democracia moderna degenera en un despotismo de viejo cuño: Diálogos entre Montesquieu y Maquiavelo en el infierno. Hay que dejar claro que la obra de Joly es una crítica que reseña una copia al carbón del régimen bonapartista, que logró su ascenso en la gerencia del Estado francés a raíz de la Revolución burguesa de 1848.  La descripción de Joly se basa en el recuento municiono de las técnicas de confiscación del poder empleados por Luis Napoleón  Bonaparte a mitad del siglo XIX, para instalar de facto un principado en Francia sin abolir las instituciones liberales nacidas de la Revolución Francesa y el sufragio universal alcanzado a raíz de de 1848 en Francia.

Si la obra de Joly se limitara a sólo el recuento de lo que históricamente se registró como la reconversión de la república de Francia en un sistema despótico de nuevo cuño, no sería en lo más mínimo un tratado de teoría política a ser analizado. Lo sustancial del análisis de Joly es contrastar como un sistema democrático, liberal, representativo y hasta con visos de derecho social puede ser completamente desnaturalizado, a la sombra de las teorías iluministas del siglo XVIII que aseguraban que la existencia de instituciones que regularan efectivamente el poder soberano que se ejerce a través del Estado, garantizando la vacuna contra el despotismo y garantizando la correcta expresión de los deseos de los gobernados.

Su obra nos evidencia ante el terror de quienes creemos que la democracia es el modelo político en el actual estado civilizatorio de la humanidad como el más adecuado para reprimir nuestras pulsiones autoritarias y maximizar nuestras potencialidades humanas por medio de la política. Escrita a mitades del siglo XIX, la obra de Joly deja entredicho que la santidad de la democracia representativa moderna, heredada de las Revoluciones políticas del siglo XVIII y de los procesos de consolidación en los XIX y XX, se basan tanto en la existencia de organismos que regulan el poder del Estado como el hecho que quien ejerce del poder es elegido y revocado por los gobernados. La disección hecha por la obra de Joly es evidenciar que los controles al poder pueden ser evadidos si hay una auténtica voluntad de los representantes del poder político de hacerlo y unas condiciones adecuadas para ejecutarlas. El sufragio puede terminar no garantizando nada, si se le vacía de contenido ante un Estado que no responde a leyes y regulaciones, pudiendo de este modo reorganizar la institución del voto a su capricho y asegurarse así que el mismo se incline exclusivamente a los intereses del gobernante de turno. El sufragio en sí no garantiza el control de los gobernados sobre los gobernantes sino se acompaña de mecanismos ce control y acato a las leyes, de lo contrario siempre se traducirá en una ratificación formal de quien ejerce el poder político.

Joly, fiel a su pensamiento anarquista nos recuerda que la existencia de todo poder de un hombre sobre otro hombre siempre implicará el riesgo de su mal uso. La democracia representativa moderna creó la división de poderes, la legalidad de la Constitución como criterio de acción del Estado, el uso institucionalizado del sufragio para elegir gobernantes e impulsar iniciativas en la agenda pública. La evolución del sistema trató de suministrar mecanismos adicionales para prevenir el despotismo, como son el poder de las asociaciones civiles, la descentralización del poder políticos, los tratados internacionales entorno al uso del poder político y la socialización democrática del ciudadano moderno.

En el Joly de 1864 ya tenemos los puntos con que muchas veces hemos visto que la democracia moderna en el siglo XX y XXI ha degenerado en nuevas formas de dictadura: El sufragio universal como coartada del poder absoluto, la subordinación del poder legislativo al poder ejecutivo, la usurpación de los atributos judiciales por parte de la Presidencia de una República, la anulación de los partidos políticos a favor de las multitudes como formas de representación política, la pérdida de la autonomía de la sociedad civil frente al Estado y la degeneración de la libertad expresión para convertir los medios de comunicación en instrumentos para crear un ciudadano sub-informado en democracia.

Las técnicas de confiscación de poder dentro de las sociedades actuales obligan a que el ejercicio del autoritarismo no puede hacerse de manera abierta, ya que la introducción del pensamiento crítico en las sociedades modernas obligan que al menos se recurra a mantener una apariencia de institucionalidad democrática para no percibir la concentración y uso desmedido del poder. Algunos teóricos políticos señalan las 6 instituciones básicas que Robert Dahl describía como necesarias para que exista una auténtica democracia en la modernidad: elecciones, cargos elegidos por los gobernados, libertad de expresión, medios alternativos, autonomía de las asociaciones y ciudadanía inclusiva. Joly muestra que estas instituciones pueden conservarse en sus aspectos más básicos pero se pueden desnaturalizar los criterios que tiene cumplir para seguir existiendo, garantizando un sistema que en teoría es democrático, pero que  en sólo una mínima parte garantiza un peso de la ciudadanía en la toma de las decisiones. De esta manera democracia no es sólo  un sistema político que tenga entre sus bases el apoyo de los gobernados, sino que haya instituciones sólidas e independientes que garanticen el derecho de los ciudadanos a participar en la vida pública de su sociedad.

Detalles como estos, que la extensión de este ensayo no nos permite profundizar más nos advierten que la degeneración de la democracia moderna no es nueva, inusual en nuestras sociedades contemporáneas y pueden suceder en cualquier momento dentro de este sistema político. Repasar a este anarquista del siglo XIX puede servirnos como vacuna mental ante este fenómeno en la segunda década del siglo XXI.

 

El ágora encontrada: democracia profunda

 

 Por Ángel Américo Fernández

Más allá de las estructuras funcionales y procedimentales de la democracia formal condensada en instituciones, poderes en delicada balanza de contrapesos, elecciones libres, jueces independientes, actos de gobierno bajo escrutinio público y Estado de derecho, el mundo viene presenciando la emergencia de un conjunto de condiciones objetivas en el orden social, tecnológico y comunicativo que hacen posible tensar el pensamiento para explorar formas profundas de democracia que trastoquen de modo definitivo el dilema entre formas  liberales y formas comunales o colectivistas en la construcción de modelos de convivencia política.

El espíritu griego de la antigüedad clásica  cultivó la idea de democracia directa que a veces es invocado de forma interesada para nutrir la plataforma crítica desde la que se intenta torpedear las formas políticas liberales al describirlas como simple “democracia burguesa” o ligada a cierta lectura de la representación como “escamoteo” de las mayorías en beneficio de ciertas élites que serían bajo esta óptica realmente las representadas junto a sus intereses económicos y financieros. Así se ha construido en el imaginario socialista dogmático la idea de política como “gran teatro”, un tinglado montado por la burguesía donde desfilan personajes en medio de discursos y prácticas egoístas en un juego de simulaciones orientado a ocultar el verdadero contenido de la historia ¡verbigracia! la lucha de clases.

En relación a la democracia directa de Grecia clásica es necesario apuntar que su solidez funcional se hallaba en el escaso número de ciudadanos, acaso unos 10.000 en Atenas, que asistían a las deliberaciones de la Asamblea Popular celebradas en el ágora o plaza pública, donde por lo general el  orador más elocuente se llevaba los apoyos y los votos para los más encumbrados cargos públicos. Este dato histórico por si mismo explica las dificultades de monta para establecer en tiempos más recientes un régimen de democracia directa con poblaciones gigantescas de millones de personas, pero la modernidad intentó corregir esa dificultad apelando a la fórmula de la representación. De este modo, se levantaron sistemas de elecciones con base en la voluntad popular mediante el sufragio donde opera la “delegación del poder” en manos de legisladores y ejecutivos que representan al pueblo.

Otra cosa distinta es la idea de “democracias populares” o las expresiones políticas  del imaginario socialista y sus encarnaciones reales o históricas asociadas a organizaciones colectivistas o comunales de trabajadores. Estas estructuras corresponden a una suerte de ingeniería socio-política que amén de presentarse ambiciosamente como crítica y superación de la democracia liberal han devenido aberraciones bonapartistas, contienen la huella de la deriva totalitaria con el formato Comunas-Estado-Partido y, más bien, configuran una regresión histórica con respecto a las formas políticas republicanas. Ello sin contar todo un historial de prácticas sociales que en el último siglo han operado como un cerrojo para el individuo y en el presente su tendencia es el agotamiento y la clausura.

Desde esta perspectiva, no cabe la menor duda de que el sistema político que abreva en las fuentes del liberalismo clásico, si bien no es perfecto, ha resultado en la práctica el más eficaz para resguardar la democracia, los derechos ciudadanos y una concepción del poder que facilita el gobierno en equilibrios. Por tanto, es un antídoto contra el poder absoluto y al propio tiempo crea un andamiaje para procesar las “contradicciones” inherentes a la dinámica del sistema social. Pero además, su carácter abierto, plural y flexible permite un espacio más o menos poroso para luchar por la igualdad de oportunidades en el marco de la Constitución.

En este sentido, uno de los más graves errores del ideario marxista y socialista ha sido precisamente desconocer los avances y el contenido humanista del modelo político liberal. La simplicidad acrítica de equipararlo con modelo burgués o “Estado burgués” o “con gobierno de los ricos”,  le indujo ceguera para leer en limpio un cifrado que ubica al ciudadano al frente de herramientas para lidiar con el poder, con vías para luchar por espacios de igualdad, con instituciones para hacer que el poder justifique sus acciones y sean objeto de escrutinio público como decían Kant y Bobbio. Desde esta perspectiva conviene recuperar la aclaratoria de Fernando Mires a un lector/interlocutor en relación al binomio democracia/justicia social: “Yo creo que hay una confusión, y no sólo es suya. Justicia social y democracia son dos cosas muy diferentes. La democracia es una forma de gobierno y de organización política y esa forma no garantiza de por sí la desaparición de las desigualdades sociales. Lo que sí otorga la democracia son vías para que la lucha por una mayor igualdad sea posible. Esas vías no existen en una dictadura. Y por supuesto, son muy importantes. En democracia usted tiene la posibilidad de elegir su partido para luchar por la igualdad social, y si no hay ninguno, puede fundar uno. Hay en este punto, creo yo, un gran malentendido: El capitalismo es una forma de organización económica. La democracia, en cambio, es una forma de organización política” (1).

Sin embargo, nuevos agenciamientos colectivos de enunciación, la configuración de una sociedad del conocimiento, las nuevas tecnologías comunicacionales, los emergentes  “juegos de lenguaje”, las redes telemáticas desplegadas como “redes sociales” representan un nuevo equipamiento tecnológico e intersubjetivo que permite tensar el pensamiento en las propias fronteras para meter el escalpelo en el modelo liberal, no para suprimirlo, sino para superarlo, para efectuar una suerte de Aufhebung , término del alemán tomado de la filosofía de Federico Hegel que tiene la riqueza expresiva para significar “superar y conservar” al mismo tiempo. De modo, que la forma política liberal tiene que ser superada, pero conservando toda su médula racional y humanista que es mucha y tensada al máximo hasta para que haga puente con los nuevos agenciamientos “informacionales” y la socialidad de redes que se ha configurado como uno de los signos esenciales de la posmodernidad.

Es en este punto donde se hace posible pensar un modelo político de democracia profunda que recupere el espíritu de la polis griega en su carácter dialógico/deliberativo, que conserve la arquitectónica liberal del estado de derecho y la balanza de poderes autónomos junto a los espacios porosos y abiertos con herramientas para la lucha por la igualdad, pero que al propio tiempo constituya un rebasamiento de su forma clásica hacia una configuración posmodernizada que supone insertar en el sistema político un diálogo entre Estado y Sociedad civil, que implique la participación de los actores no meramente representativa ni tampoco funcionalizada por la ficción de un Poder comunal, sino el envite discursivo directo del ciudadano a través de las nuevas tecnologías de la comunicación que hacen posible la configuración de “redes sociales” o la “sociedad red” (Manuel Castells) como condición objetiva para el retorno de la “democracia dialógica” en el espíritu de la antigua polis de Atenas, pero con otras estructuras que dispuestas en intertexto conserven la semilla racional del liberalismo clásico y adopten la socialidad red como aporte singular de la posmodernidad.

Siguiendo el rastro de Hannah Arendt en una obra de sensible agudeza, es posible apreciar su inspiración en la edad de oro griega para hallar una “comunidad de habla” como fundamento de lo político sustentado en la pluralidad, el diálogo y el consenso.  La pluralidad es la verdadera fuente del poder legítimo en cuanto se origina en el diálogo y en los acuerdos para actuar juntos. “La tiranía contradice la esencial condición humana de la pluralidad, el actuar y el hablar juntos, lo cual constituye la condición de todas las formas de organización política…Ser político, vivir en polis, significaba que todo era decidido a través de las palabras y no por la fuerza y la violencia (2).

Arendt visualiza en la crítica del juicio o “facultad de juzgar” de Kant una clavija maestra para fundamentar la política rebasando el solipsismo del sujeto ético con su conciencia en aras de avanzar hacia la categoría de “juicio compartido” como base objetiva para juzgar la problemática humana y la creación de sociedades viables desde el lugar de una “comunidad de habla”.

En efecto, Kant en su abordaje de los juicios estéticos había logrado mostrar el papel jugado por el juicio reflexivo ante una vivencia personal de “gusto” o de “belleza” que se convierte en relevante para el sentido común de la gente que ha compartido la experiencia en cuestión. El juicio reflexivo supone entonces elevar las pretensiones de validez general por parte del sujeto hacia otros, rebasando la subjetividad inicial de su punto de vista en busca de consenso en una comunidad o público. Por tanto, es esencialmente deliberativo. “…He aquí lo que sólo puede servir de medida subjetiva a esta finalidad estética, pero incondicional de las bellas artes, que debe tener la pretensión legítima de agradar a todos. Así como no se puede asignar a esta finalidad ningún principio objetivo, no hay más que una sola cosa posible, y es que tiene por fundamento a priori, un principio subjetivo, y sin embargo universal” (3).

Es la noción de “juicio compartido” ligado a “capacidad de juzgar” la clave que le permite a Arendt extrapolar las implicaciones éticas y políticas por la posibilidad de comunicar los juicios que pone en el tamiz su valor intersubjetivo y, por tanto, sirve para fundamentar la acción humana en términos deliberativos teniendo a la base una comunidad de habla.

En el punto de la razón comunicativa se encuentra la propuesta teórica de Jurgen Habermas de una ética del discurso, capaz de apalancar  la búsqueda cooperativa de la verdad, en virtud de ser una experiencia abierta a “la capacidad de aunar sin coacciones y de generar consenso que tiene un habla argumentativa en que diversos participantes superan la subjetividad inicial de sus diferentes puntos de vista y merced a una comunidad de convicciones racionalmente motivadas se aseguran…de la unidad del mundo objetivo y de la intersubjetividad del contexto en que desarrollan sus vidas”(4). De esta manera se perfila una situación “contrafáctica” de diálogo ideal para salirle al paso a las perlocuciones (Austin) y explicitar los presupuestos formales de una comunicación no habitada por relaciones de poder. Dice Habermas: “Los participantes en la argumentación tienen que presuponer que la estructura de su comunicación…excluye toda otra coacción, ya provenga de fuera de ese proceso de argumentación, ya nazca de ese proceso mismo, que no sea la del mejor argumento. (5).

A estas alturas del debate, es posible disponer de un arsenal teórico muy variado que va desde la idea de diálogo de Atenas, el aporte del iusnaturalismo en materia de derechos del hombre, la arquitectónica del  liberalismo clásico, el uso público de la razón y el “juicio reflexivo” de Kant, la “comunidad de habla” de Hannah Arendt y, finalmente, la densidad de Habermas en términos de la “razón comunicativa” y ética del discurso para pensar en la posibilidad de una democracia profunda que permita recuperar y tensar al máximo su carácter deliberativo, apostar por un retorno del ágora, la posibilidad de lo político jugado en la argumentación. Existe toda una tradición teórica y filosófica que traza una hermenéutica y unos fundamentos, pero además existen las condiciones tecnológicas para tomar distancia neta de aquellos que gustan de las etiquetas y cantan una “utopía comunicacional”. Los avances posmodernos de la informática y la telemática que han configurado la sociedad red constituyen un equipamiento tecnológico e intersubjetivo que sería la base del ágora telemática, la instauración de una democracia profunda, profundamente deliberativa, profundamente libertaria, en la que los ciudadanos participen argumentando en la formulación de políticas públicas y, en el colmo del optimismo, en la formación de normas morales y de derecho. Los ciudadanos en red es la estructura básica de una “comunidad de habla” para la democracia profunda del siglo XXI.

Notas

                                        

  1. Mires, Fernando (2012) “El gran malentendido”, artículo en polisfmires blogspot.
  2. Arendt, Hannah, La condición humana, Buenos Aires, Paidós, 2009, P 47
  3. Kant, Immanuel, Crítica del juicio, p.168  (Internet).
  4. Habermas, Jurgen, Teoría de la acción comunicativa Tomo I, Taurus, Madrid, 1990, P.27
  5. Habermas, Jurgen, Ob. cit p.47

 

 

 

 

México: El TEPJF garantiza y cumple con los principios de la democracia


19 ABRIL 2012

En el Encuentro Nacional de Magistrados Electorales, juzgadores de todo el país firmaron los “Compromisos de los Magistrados Electorales de la República Mexicana, ante los procesos electorales de 2012”

La Sala Superior y las cinco Salas Regionales del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) estamos cumpliendo y garantizando, éticamente, sin reservas, los principios rectores de nuestra democracia en los procesos electorales que ya están en desarrollo, aseguró el magistrado presidente, José Alejandro Luna Ramos.

“Siempre he sostenido que quienes conformamos la magistratura electoral nacional, somos pares con distintas competencias. Somos depositarios de la confianza nacional y por lo tanto tenemos que seguir trabajando para ella”, aseguró durante la inauguración del Encuentro Nacional de Magistrados Electorales 2012, que se celebra en Boca del Río, Veracruz.

Luna Ramos destacó la importancia del evento, a celebrarse este 19 y 20 de abril, el cual tiene el objetivo de analizar y debatir, a partir de una serie de casos relevantes resueltos por autoridades nacionales e internacionales, los principios que deben regir la actividad judicial, pues dijo que este es el mejor momento para reflexionar sobre la “Ética Judicial” que caracteriza al juzgador electoral del Siglo XXI.

“La sociedad mexicana reconoce la aportación que desde los tribunales se hace a la democracia de nuestro país, al proteger los derechos de los individuos. Por ello se vuelven constantemente, con más expectativas, hacia los jueces y su desempeño.

“La percepción que los ciudadanos tienen de la seguridad jurídica, radica en la credibilidad personal y profesional del juzgador, en su probidad, claridad y firmeza al aplicar el Derecho”, apuntó.

El gobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa, inauguró el Encuentro Nacional de Magistrados Electorales 2012, organizado por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, el Tribunal Electoral del Estado de Veracruz y la Asociación de Tribunales y Salas Electorales de la República Mexicana.

En su intervención el mandatario estatal señaló que vivir en democracia significa compartir la convicción de que la ley será respetada por todos los actores políticos como única forma de garantizar una competencia justa, por lo que quienes tienen la responsabilidad de una encomienda pública, son los primeros que deben cumplir la ley.

Y agregó: “la ley, en los procesos electorales nos obliga esencialmente a mantener las manos fuera”.

Javier Duarte señaló que contar con tribunales electorales confiables es, en última instancia, garantía de armonía social, pues la confianza en la democracia es también la confianza que los ciudadanos otorgan a los juzgadores para hacer valer sus decisiones, expresadas libre y secretamente en las urnas.

“El equilibrado papel del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, constituido en Sala Superior y en sus cinco Salas Regionales, así como el de los tribunales electorales de las entidades federativas, se ha convertido en un eje de credibilidad para nuestra democracia”, afirmó.

Garantizar el respeto al voto de los mexicanos, compromiso de magistrados electorales

En el encuentro se firmó el documento “Compromisos de los Magistrados Electorales de la República Mexicana, ante los procesos electorales de 2012”, en el que más de 110 juzgadores de todo el país se comprometieron a garantizar el respeto al voto de los mexicanos.

El documento destaca la obligación de los magistrados electorales a fortalecer la función jurisdiccional electoral, mediante el estricto apego a los principios de certeza, legalidad, imparcialidad, independencia, objetividad, transparencia, profesionalismo, excelencia e integridad en las decisiones que se adopten.

Además, contribuir a hacer efectivo el derecho a votar y ser votado de todos los ciudadanos y ciudadanas, aplicando una interpretación progresiva de los derechos previstos en la Constitución y en los Tratados Internacionales, y coadyuvar, en el ámbito de sus facultades, a hacer efectiva la competencia justa y equitativa entre los candidatos y partidos políticos participantes en los procesos electorales.

Fomentar la cortesía y respeto entre todos los órganos electorales jurisdiccionales y administrativos, partidos políticos y organizaciones ciudadanas; fortalecer el diálogo entre los diversos órganos del Estado mexicano para garantizar el desarrollo de la función jurisdiccional, y colaborar al buen funcionamiento del conjunto de las instituciones judiciales electorales, aportando responsabilidad, conocimiento y voluntad institucional.

La ética judicial al servicio de México: Azuela

Durante la conferencia magistral, dictada por Mariano Azuela Güitrón, el ministro en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, señaló que hablar de ética judicial es hablar de una serie de virtudes dirigidas a los responsables de la impartición de justicia.

Sobre la importancia del ejercicio de la ética del juzgador y cómo influye en su vida profesional, mencionó que lo básico es una preparación académica de calidad basada en principios y valores. “Las virtudes que todo juez debe aplicar en todos los ámbitos de su vida son, justicia, honestidad, respeto y tolerancia, por mencionar algunos”, apuntó.

Azuela expresó que para garantizar la excelencia de los jueces o magistrados deben tomarse en cuenta cuatro puntos importantes: la preparación jurídica, los valores y las virtudes de carácter ético, la vocación judicial y los principios que la Constitución Mexicana reconoce como características de los jueces.

Señaló que todo aquel que imparta justicia debe estar acompañado por una serie de valores como fortaleza y templanza, y que se debe procurar que los valores éticos estén siempre presentes en la impartición de justicia.

El ministro en retiro Mariano Azuela indicó que la ética y la preparación son las dos principales columnas que deben moldear la conducta del juez impartidor de justicia. “El derecho es dinámico y hay que estar preparándose constantemente, viendo cada asunto como una oportunidad para avanzar”, explicó.

Durante el primer día de actividades, en las mesas de trabajo se abordaron temas relacionados con los principios rectores de la ética judicial, como certeza, legalidad, independencia, objetividad, imparcialidad, profesionalismo y excelencia.

“Las élites culposas”, de Luis Enrique Alcalá

(Extracto del octavo capítulo de Las Élites Culposas, próximo a aparecer en librerías).

El 5 de agosto de 2008, los magistrados alineados con la línea del Ejecutivo Nacional procedieron a mutilar la Carta Magna, cuando su función y prerrogativa es la de asegurar la constitucionalidad de leyes y actos del Poder Público. Estos magistrados eran en ese momento Luisa Estella Morales Lamuño, Presidente del Tribunal y de la Sala, Marcos Tulio Dugarte Padrón, Francisco Antonio Carrasquero López, Carmen Zuleta de Merchán y Arcadio de Jesús Delgado Rosales, el ponente de la bestial decisión 1.265. Pedro Rondón Haaz no se prestó a la carnicería y consignó un noble voto salvado.

Clodosbaldo Russián, entonces Contralor General de la República, había procedido a inhabilitar a Enrique Mendoza, Leopoldo López Mendoza y 270 ciudadanos más, impidiéndoles la postulación a cargos electivos. Una primera ronda defensiva concitó a varios voceros, quienes adujeron que no se había configurado lo que estipulaba el Artículo 65 de la Constitución.

De todas formas, la defensa basada en el Artículo 65 de la Constitución era débil, puesto que su redacción no era exhaustiva ni taxativa. Es decir, el Art. 65 indica que quienes hayan sido condenados—sólo un juez puede condenar, y el Contralor no lo es—por los delitos que especifica no pueden postularse a cargos de elección popular, pero no significa que otras causales no puedan conducir a la misma inhabilitación. En otras palabras, no dice el artículo que solamente aquellos que hayan sido condenados por esa clase de delitos estarán impedidos de postularse.

Por esta razón aduje el 3 de julio que el Artículo definitivo era el 42 de la Constitución, que establece con carácter taxativo y meridiana claridad: “Quien pierda o renuncie a la nacionalidad pierde la ciudadanía.El ejercicio de la ciudadanía o de alguno de los derechos políticos sólo puede ser suspendido por sentencia judicial firme en los casos que determine la ley”. No imaginé nunca que Morales Lamuño, Dugarte Padrón, Carrasquero López y Zuleta de Merchán aprobarían la retorcida argumentación de Delgado Rosales, quien concluyó que la protección de los derechos políticos garantizada por el Artículo 42 ¡sólo amparaba a los venezolanos por naturalización!

La aberrante conclusión—que los venezolanos por naturalización disfrutarían de protecciones que estarían negadas a los venezolanos por nacimiento—fue sostenida sobre la redacción más resbalosa y falaz que puede ser imaginada, y fue acogida por todos menos uno de los magistrados de la Sala Constitucional. La Constitución había sido amputada, cercenada, en atroz decisión del 5 de agosto de 2008.

luis enrique ALCALÁ

 

(Extracto del tercer capítulo de Las Élites Culposas, próximo a aparecer en librerías)

Y es que los arrolladores triunfos del chavismo—elecciones regionales del 8 de noviembre de 1998, elecciones presidenciales del 6 de diciembre, referendo consultivo del 25 de abril de 1999—habían sumido a lo que hasta hace nada gobernaba al país y ahora era muy minoritaria oposición, en una catatonia determinada por la conciencia de culpa y la vergüenza. Hasta fines de 2001 no se levantarían con alguna eficacia las antiguamente poderosas voces de los partidos tradicionales, que en la elección presidencial de 1998 habían obtenido, Acción Democrática, 591.362 votos y, COPEI, 140.792 contra 3.673.685 sufragios a favor de Chávez. Tanto fue el encogimiento catatónico que la mayoría de los candidatos de oposición a la [Constituyente por la] circunscripción nacional, veintinueve en total, se presentó en postulaciones de la “sociedad civil” o por iniciativa propia. Así, por ejemplo, como candidato por iniciativa propia, se postuló ¡Henry Ramos Allup en el estado Apure! Los neo-opositores procuraban evitar, patéticamente, que se les identificara con Acción Democrática o COPEI, pero su disfraz de independientes no engañó a nadie. Luis Herrera Campíns creyó oportuno recomendar: “Compren alpargatas, que lo que viene es joropo”.

Por supuesto, la pregunta fundamental del referendo del 25 de abril había sido la primera: “¿Convoca usted una Asamblea Nacional Constituyente con el propósito de transformar el Estado y crear un nuevo ordenamiento jurídico que permita el funcionamiento de una Democracia Social y Participativa?”

La interpretación interesada del gobierno era que la asamblea tenía prerrogativas de poder constituyente originario y que, por consiguiente, gozaba de poderes absolutos. De nuevo, la vergüenza de los partidos tradicionales hizo que esencialmente callaran ante esta monstruosidad. La Asamblea Constituyente tenía por única misión redactar el proyecto de una constitución nueva, que no entraría en vigencia hasta que el verdadero Poder Constituyente Originario la aprobara en referendo. Cualquier otra cosa era un retroceso en el reconocimiento de los derechos del pueblo, como había advertido en Contratesis: “Y no renunciaremos a derechos políticos establecidos en 1961. Uno de los más fundamentales es, precisamente, que cuando una modificación profunda del régimen constitucional sea propuesta, no entrará en vigencia hasta que nosotros la aprobemos en referéndum”.

Así, lo que era originario no era la asamblea sino el Pueblo, pero a ninguna voz de oposición se le ocurrió hablar así; cogidos por primera vez en el cepo terminológico de la retórica chavista, los opositores burocráticos pensaron que sólo podrían oponer la tesis de que la constituyente no era originaria sinoderivada, lo que sonaría mal en un mitin de campaña en cualquier barrio y creyeron, con fundamento, que si lo hacían recibirían pedradas.

Esta abdicación permitió que la Asamblea Constituyente gobernara por decretos que alteraron la “especificación arquitectónica del Estado” contenida en una constitución que aún regía, incluyendo la decapitación del Congreso de la República, al cercenarse la cabeza del Senado en lo que llegaría a llamarse la “Pre-eliminación del Senado”—cuerpo que había sido elegido directamente por los ciudadanos de Venezuela apenas finalizando el año anterior—, antes de que la nueva Constitución entrara en vigencia. Los partidos de oposición continuaron sumidos en el silencio—Henrique Capriles Radonski siguió despachando como Presidente de la Cámara de Diputados como si la cosa no fuera con él—y una escarmentada Corte Suprema de Justicia tampoco opuso resistencia. Sabía que sus días estaban contados.

luis enrique ALCALÁ

(Comienzo del primer capítulo de Las Élites Culposas, próximo a aparecer en librerías).

Por la ventana de mi cuarto escuchaba las detonaciones del asalto a la residencia presidencial de La Casona, a la una de la madrugada del 4 de febrero de 1992. Una desazón irresoluble me había atrapado, aumentada porque había buscado evitar, sin éxito, lo que ahora se desarrollaba sin clemencia. Varios venezolanos morirían abaleados o bombardeados y no se tenía seguridad acerca del desenlace. En esos momentos era todavía posible que el sistema democrático fallara y fuera interrumpido, que los golpistas desconocidos triunfaran y asumieran el poder en Venezuela.

Siete meses y catorce días atrás, el 21 de julio de 1991, El Diario de Caracas había publicado un artículo mío—Salida de estadista—, en el que recomendaba la renuncia del presidente Pérez como modo de eludir, justamente, lo que estaba ocurriendo a pocas centenas de metros de mi casa. Allí puse: “El Presidente debiera considerar la renuncia. Con ella podría evitar, como gran estadista, el dolor histórico de un golpe de Estado, que gravaría pesadamente, al interrumpir el curso constitucional, la hostigada autoestima nacional. El Presidente tiene en sus manos la posibilidad de dar al país, y a sí mismo, una salida de estadista, una salida legal”.

Saludado como exageración—el Director del periódico, Diego Bautista Urbaneja, escribió tres días después sobre mi planteamiento: “No creo que exista un peligro serio de golpe de Estado…”—, el expediente de la renuncia sería luego propuesto por nada menos que Rafael Caldera, Arturo Úslar Pietri y Miguel Ángel Burelli Rivas, después de la intentona del 4 de febrero. Yo la había recomendado antes del abuso. Herminio Fuenmayor, el Director de la Inteligencia Militar, declaró que había en marcha unacampaña—¡el íngrimo artículo!—para lograr la renuncia de Pérez. El general Alberto Müller Rojas, luego jefe de campaña de Hugo Chávez Frías, escribió en El Diario de Caracas sobre la ingenuidad de mi proposición. Al año siguiente, y luego de la intentona, volvió a escribir en adulación a Úslar Pietri, señalándolo como “el primero” que había solicitado la renuncia de Pérez. La verdad era que un mes escaso antes del golpe Úslar proponía que Pérez se pusiera al frente de ¡un gobierno de emergencia nacional! El interés oportunista de Müller Rojas era obvio: habiendo gravitado antes por los predios de aquel “Frente Patriótico” que lideraba Juan Liscano, quería ahora ser contado entre “Los Notables” que rodeaban a Úslar Pietri.

Pero antes, todavía, alerté sobre el peligro de un golpe de Estado. En Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela (septiembre de 1987), había escrito: “…el próximo gobierno sería, por un lado, débil; por el otro, ineficaz, en razón de su tradicionalidad. Así, la probabilidad de un deterioro acusadísimo sería muy elevada y, en consecuencia, la probabilidad de un golpe militar hacia 1991*, o aun antes, sería considerable”.

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* La asonada de Chávez, Arias Cárdenas et al., se supo luego, estuvo prevista para fines del año de 1991. Debía darse para el 16 de diciembre de ese año, con la pretensión de amanecer en el poder en el aniversario de la muerte de Simón Bolívar.

luis enrique ALCALÁ

Abortar la muerte: la vida en el CTI

por Ricardo Viscardi

El vínculo entre los asesinatos en serie supuestamente seriales en hospitales públicos o privados[1] y las muertes por abortos en condiciones no hospitalarias, ni públicas ni privadas[2], no puede ser sino metafórico. Eso es lo que tiene de interesante. La metáfora se mueve porque sí, porque si no, nada la movería entre cosas que obviamente no tienen nada que ver, ya que si tuvieran que ver a priori con el vínculo metafórico, se trataría de un sentido propio ya consolidado, que como sostuvo Derrida[3], no es posible sino a raíz de una metaforización previa (a no ser que supongamos una condición teológica de la metáfora, lo que asimismo la extingue en tanto naturalidad de una transferencia de sentido, en razón del absoluto que supone la creación por el Verbo).

Imputada de Verba, es decir por verborrágica, la metáfora es sin embargo lo que nos deja pensar tranquilos, ya que si no llegáramos a colocarnos detrás de algún vínculo más o menos fortuito estaríamos encargados de todo lo demás como le sucede, con efectos tan devastadores desde el punto de vista del prestigio personal, al Verbo y a su sufrido Vicario en la Tierra (a no confundir con el planeta que gira en torno al sol, sino con el planeta instalado tras un único giro de Creación).

Si alguien versado en la obra de Derrida le reprochara a lo que acaba de ser dicho que el decir del propio Derrida respecto a la metáfora la elimina, a partir de “La retirada de la metáfora”, habría quizás que valerse para entenderse metafóricamente de la metáfora de la re-tirada, que en francés surge del mero juego de palabras ametafórico entre “trait” (trazo) y “trait” (dardo) cuando se disparan por igual detrás de un “Re-“. La retirada de la metáfora es re-tirada en el sentido de Mallarmé (“un coup de dés jamais n’abolirá l’hasard”), ya traicionada si traducimos “coup” por “tirada”, ante el sentido metafórico que en francés adquiere “coup”, en cuanto se distancia de “lancement”, en el sentido instantáneo que introduce “coup” del momento en el tiempo. Por consiguiente, la metaforización que urge en francés no se presenta con la misma premura en el español, que admite, aunque con un aire un poco literal de más, “tirada” por “coup”.

Por consiguiente la “retirada de la metáfora” quiere decir que la metáfora está librada a la libertad más irrestricta, que es tanto como decir a la irresponsabilidad, irresponsabilidad que la vincula simple y puramente al vínculo, metafórico si se quiere o no, según tal vínculo se mueva en español (entre “tirada” y “dados”) o en francés (entre “lancement” y “dés”) siendo que en este último caso se impone metaforizar para no trivializar el sentido. Si es así, el sentido escapa a cualquier régimen estricto, es decir, trasciende a cualquier régimen y vincularlo a algo en particular (por ejemplo a “vida”), es cuestión de menú contextual (el del restorán instalado frente a la actual Place de la Concorde durante el Terror incluía, junto a los platos del día, la nómina de cabezas que caerían espectacularmente frente a los comensales por separación del cuerpo guillotinado).

Ante el horror que despierta tal irresponsabilidad asesina de la correspondencia (es decir, de la co-responsabilidad) cabe recordar -para no volver a dar esa manida discusión ganada de antemano contra Huttington acerca de “la guerra de civilizaciones” o con los epistemólogos acerca del “relativismo antropológico”- la “Encicopledia China” de Foucault a partir de Borges[4]. Si no podemos clasificar de una vez y para siempre sin borrar del mapa alguna enciclopedia o territorio humano (aunque “humano” en este sentido encierra ante todo una metaforización humanística), más vale que renunciemos a saber lo que es una “metáfora” en el sentido en que marcaría un sentido de la transferencia de sentido. Si alguien creyera que lo anterior es un juego de palabras, no sostendría sino que somos juguetes que usan las palabras, en el sentido en que Derrida dice que la metáfora se ha retirado (o re-tirado)[5], de manera que estaríamos en un juego que abandona el vehículo, tanto porque no lo necesita, como el cambio climático que afecta al globo vehiculizado por todas partes, como en el sentido del vehículo que abandonamos en medio de la autoruta (y) en medio de un embotellamiento vehicular: el vehículo ya no vehiculiza una vez superado por el sentido climático o por el sentido de su inmovilidad vehicular.

La ultrametaforización quiere decir que hemos hecho del sentido el absoluto y así nos va por todas partes. Tanto cuando le quitamos sentido a la vida de los demás como cuando la vida de los demás le quita sentido a la nuestra. Hemos abortado la muerte, que sin embargo llega por sus propios fueros o por sus ajenos desafueros: la muerte es la única llegada que no se vale de ningún vehículo propio (si se valiera de tal valor tendría sentido de partida). Quizás a eso se refería Derrida al hablar de la retirada de la metáfora, pero sin duda, la “liberación” de la metáfora respecto a cualquier vehículo convierte a la vida en la metáfora de la muerte y viceversa, porque el sentido abandona todo trayecto posible (el trayecto supone una trayectoria y por lo tanto una pro-yección sub-yectiva, es decir subjetiva, condición a su vez de toda posibilidad de algo posible). Sin más trayecto no hay más subjetividad y por lo tanto no hay más orden “propio” a oponer a un orden “figurado”, tal como decíamos al inicio de este texto que lo sostuvo (en su momento contra Ricoeur) Derrida[6].

Los enfermeros matando para dar sentido a la vida o la esposa de un expresidente salvando fetos para dar sentido a la muerte obedecen al mismo designio imposible: que el sentido tenga un sentido propio o figurado, pero pro-yectable al fin y al cabo. Luego, como tal cosa se da de bruces por igual contra la “Enciclopedia China” y contra “Ciencia y Tecnología” (sobre todo si tenemos en cuenta la concomitancia entre la polución industrial y el estado del comunismo en China), es necesario abortar la muerte para sostener ante todo el sentido de la vida, que retirada-re-tirada de la muerte, vuelve por sus fueros matando a quienes gozan de salud dudosa y matando la duda acerca del goce de la salud.

El sentido perenne de la vida nos lleva derecho, por el desfiladero del sentido, a la muerte del sentido propio, figurado o ajeno, tríada que lleva al sentido más allá del sí mismo y lo convierte en un dardo mortífero. Este dardo es propiamente la invención del giro lingüístico, en la versión que se quiera: absolutizar la libertad de decidir por el sentido lleva a matar el sentido de decidir, de manera que de nada vale ahora una nostalgia espiritualista, que como demostró Canguilehm, anima (en el sentido de “alma”) la noción de “vida” cuando se la entiende como efecto de una reciprocidad absoluta entre el cuerpo y su organicidad propia, es decir, por la vía de subsumir el órganon aristótelico en la “madre naturaleza” cristiana (vía Leibniz)[7].

Si no sabemos lo que es “vida” porque no sabemos lo que es “orgánico”, sabemos al menos que no tiene sentido buscarle a “vida” una metaforización como la que acostumbran los políticos (y sobre todo los de filia bolchevique, que hablan de la “vida” como de lo que lauda). Eso no quiere decir que no sepamos lo que es mantenernos en vida, pero tal logro pasa a ser un asunto del sentido propio de cada uno (y no del sentido propio de un término universal) así como del tránsito en el que circulemos con otros sentidos propios y ajenos (propios a ajenos). Más vale saber que por ahí andan enfermeros enfermos de un virus de vida-muerte o viceversa y que ex/primeras damas devotas quieren seguir cuidándonos en salud[8]. Incluso conviene tener en cuenta que tales cuidados de otros (desbordando la “subjetivación” del “cuidado de sí” foucaldiano) también pueden ser intensivamente intensos, como los que prodigaban los enfermeros enfermos del CTI ¿Centro de Tratamientos Intensivos o Centro de Tratamientos Intensos?

[1] “Oiga, doctor” Montevideo Portal (21/03/12) http://www.montevideo.com.uy/notnoticias_163326_1.html

 

[2] “MSP tomó “medidas urgentes” tras detectar muertes por abortos” El Observador (26/03/12)

 

http://www.elobservador.com.uy/noticia/221186/msp-tomo-medidas-urgentes-tras-detectar-muertes-por-abortos/

 

[3] Derrida, J. (1972) Marges, Minuit, Paris, pp-299-300.

 

[4] Pasaje inicial de “Las palabras y las cosas”: Foucault, M. (1966) Les mots et les choses, Gallimard, Paris, p. 7.

 

[5] Derrida, J. “La retirada de la metáfora” Escuela de Filosofía Universidad ARCIS (acceso el 1/04/12)

 

http://www.ddooss.org/articulos/textos/derrida_metafora.pdf

 

[6] En el artículo de “Marges” citado supra: “La mythologie blanche”.

 

[7] Canguilehm, G. (1981) Idéologie et Rationnalité, Vrin, Paris, p. 124. Canguilhem, G. (trad.esp.) (2005) Ideología y Racionalidad en la historia de las ciencias de la vida, Amorrortu, Buenos Aires.

 

[8] “La vidad y todo lo demás” Montevideo Portal (27/03/12) http://www.montevideo.com.uy/notnoticias_163777_1.html

 

Economía de “baba rosa”

 

Por Paul Krugman
Premio Nobel de Economía en 2008, es profesor de la Universidad de Princeton y columnista de The New York Times.

 

El gran acontecimiento negativo de las últimas semanas ha sido, cómo no, la vista del Tribunal Supremo sobre la reforma sanitaria. En el transcurso de esa vista quedó claro que varios de los jueces, y posiblemente la mayoría de ellos, son criaturas políticas puras y simples, dispuestas a aceptar cualquier argumento, por absurdo que sea, que redunde en beneficio del equipo republicano.

 

Pero no debemos permitir que los acontecimientos del tribunal eclipsen por completo otro espectáculo casi igual de inquietante. Porque el jueves día 29 de marzo, los republicanos de la Cámara de Representantes aprobaron lo que seguramente es el presupuesto más fraudulento de la historia de Estados Unidos.

Y cuando digo fraudulento quiero decir exactamente eso. El problema del presupuesto ideado por Paul Ryan, el presidente del Comité Presupuestario de la Cámara, no es solo sus casi inconcebiblemente crueles prioridades, el modo en que rebaja espectacularmente los impuestos de las corporaciones y los ricos a la vez que recorta drásticamente las ayudas alimentarias y médicas a los necesitados. Incluso dejando a un lado todo eso, el presupuesto de Ryan pretende reducir el déficit, pero la supuesta reducción del déficit depende de la afirmación completamente carente de base de que cerrando las lagunas fiscales se pueden encontrar billones de dólares en ingresos.

Y estamos hablando de cerrar muchas lagunas. Como señala Howard Gleckman, del independiente Centro de Política Tributaria, para que le salgan las cuentas, Ryan tendría que cerrar, antes de 2022, las lagunas suficientes para recaudar 700.000 millones de dólares adicionales de ingresos cada año. Eso es mucho dinero, incluso en una economía tan grande como la nuestra. Así que, ¿qué fisuras concretas ha dicho Ryan, quien ha publicado un manifiesto de 98 páginas en defensa de su presupuesto, que piensa cerrar?

Ninguna. Ni una sola. No obstante, ha descartado categóricamente cualquier medida encaminada a cerrar la principal laguna fiscal que beneficia a los ricos, es decir, los impuestos exageradamente bajos sobre los ingresos procedentes del capital. (Esa es la laguna que permite que Mitt Romney pague solamente un 14% de sus ingresos en impuestos, un tipo impositivo más bajo que el que soportan muchas familias de clase media).

Entonces, ¿cómo debemos interpretar esta propuesta? Gleckman la califica de “presupuesto de carne misteriosa”, pero está siendo injusto con la carne misteriosa. La verdad es que el relleno que los fabricantes de comida modernos añaden a sus productos puede ser repugnante —imagínense una baba rosa—, pero tiene un valor nutricional, a pesar de todo. Las promesas huecas de Ryan, no. En vez de eso, deberían pensar en esas promesas como en una especie de vuelta al siglo XIX, cuando las corporaciones no reguladas engordaban el pan con yeso y aromatizaban la cerveza con ácido sulfúrico.

Si lo piensan, esa es precisamente la época política a la que Ryan y sus compañeros intentan devolvernos.

Así que el presupuesto de Ryan es un fraude; Ryan habla mucho de los males de la deuda y los déficits, pero, en realidad, su plan haría aumentar el déficit aun cuando causase un dolor enorme en nombre de la reducción del déficit. ¿Pero realmente su presupuesto es el más fraudulento de la historia de Estados Unidos? Sí que lo es.

Claro está que hemos tenido presupuestos irresponsables o engañosos en el pasado. Los presupuestos de Ronald Reagan confiaban en el vudú, en la afirmación de que rebajarles los impuestos a los ricos conduciría de algún modo a una explosión de crecimiento económico. A los funcionarios encargados de los presupuestos de George W. Bush les gustaba usar un cebo engañoso, quitarle importancia al coste de las rebajas de impuestos, fingiendo que solo eran temporales, y luego exigir que se hicieran permanentes. ¿Pero hay algún personaje político importante que haya basado alguna vez toda su plataforma fiscal no solo en previsiones de gasto absolutamente inverosímiles, sino en afirmaciones de que tiene un plan secreto para recaudar billones de dólares en ingresos, un plan que se niega a compartir con los ciudadanos?

¿Qué está sucediendo aquí? La respuesta, presumiblemente, es que esto es lo que pasa cuando los extremistas obtienen el control absoluto de la retórica de un partido: se tiran todas las normas por la ventana. De hecho, la extrema derecha tiene agarrado con tanta fuerza al Partido Republicano, que este se mantiene fiel a Ryan, a pesar de que está pagando un precio político importante por sus ataques contra Medicare.

Ahora bien, el presupuesto republicano de la Cámara no va a convertirse en ley mientras el presidente Obama ocupe la Casa Blanca. Pero ha sido respaldado por Romney. E incluso, si Obama es reelegido, el fraude de este presupuesto tiene consecuencias importantes para las futuras negociaciones políticas.

Tengan en cuenta que el Gobierno de Obama se pasó gran parte de 2011 tratando de negociar el llamado Gran Acuerdo con los republicanos, un plan bipartidista para reducir el déficit a largo plazo. Esas negociaciones terminaron fracasando, y ha surgido un sector secundario periodístico a medida que los informadores tratan de dilucidar cómo se ha producido el fracaso y quién ha sido el responsable.

Pero lo que hemos aprendido del último presupuesto republicano es que toda aquella búsqueda del Gran Acuerdo fue un desperdicio de tiempo y de capital político. Porque un pacto presupuestario duradero solo puede funcionar si se puede contar con que ambos partidos sean responsables y honestos; y los republicanos de la Cámara acaban de demostrar, tan claramente como cualquiera podría desear, que no son ni lo uno ni lo otro.

PAUL KRUGMAN |@NYTimeskrugman

© 2012 The New York Times |Traducción: News Clips |@ElPoliticoWeb

 

Diagnóstico incorrecto y participes necesarios


Por Alberto Medina Méndez

Nadie duda de que uno de los flagelos más dramáticos que golpea el presente es la corrupción. Una serie de lugares comunes, de frases hechas, bastardean el tema y pretenden mitigar su importancia, convertirse en mero consuelo, y atenuar el impacto de esta epidemia en la realidad.

Algunos asumen que se trata de un hecho que sucede en todas las sociedades. Otros creen encontrar cierta tranquilidad diciendo que existe no solo en el ámbito público, sino también en el privado. Los más se contentan diciendo que siempre existió, y que su presencia en el futuro es inevitable.

Lo concreto y contundente es que esa relajada postura, no hace más que naturalizar lo inadmisible, y lo que es más grave, subestimar el asunto, hacerlo cotidiano y por ello asumirlo con absoluta resignación.

Cuando de detraer recursos de una sociedad se trata, vía impuestos, emisión o endeudamiento, para financiar las acciones del Estado, la cosa se agrava aún más. Significa que hemos quitado por la fuerza recursos de sus dueños originales, los que han generado esa riqueza, y lo hemos hecho, como sociedad, coercitivamente, sin que medie voluntad individual alguna.

Una vez que esos recursos obtenidos por violentos métodos ingresan al sector público, a los presupuestos estatales, empiezan a formar parte del patético repertorio de trampas, inmoralidades y discrecionalidades por las que un funcionario, casi de cualquier rango, dispone según su jerarquía y con bastante displicencia de esos dineros a su arbitrio.

Deberá cumplir múltiples formalidades que intentarán acotar su margen de maniobra, pero nada de eso evitará que seleccione a su capricho, proveedores y decida qué precios le hará pagar a la comunidad. Es el universo de los sobreprecios, esos que se pagan sobre el valor de mercado, para iniciar el perverso circulo vicioso de esquilmar las arcas públicas.

Los participantes de ese proceso, contratantes y contratados, empezarán a jugar este juego, que ira escalando hasta niveles insospechados, sin que nadie considere que debe ponerle límites.

Mientras, nos seguiremos conformando al asumir que la corrupción nos atraviesa como comunidad, que todos son iguales y que ese es el sistema, como una forma de convivir con esta inmoralidad, del mejor modo posible.

Pero subyacen aquí  un par de fenómenos que valen la pena ser descriptos. Por un lado un diagnóstico equivocado que se repite hasta el cansancio, bajo la pretensión de convertirlo en verdad, solo a fuerza de reiteraciones. La inmensa mayoría de los ciudadanos creen que se trata de una cuestión de índole exclusivamente moral, es decir que todo depende de la honestidad del funcionario de turno. En definitiva terminamos creyendo que todo pasa por seleccionar funcionarios honestos, íntegros, incorruptibles, que no caigan baja las redes de este mal hábito que convive con nosotros.

Esta explicación, algo infantil, oculta el problema de fondo. No se trata de la falsa opción entre personas honestas o simples delincuentes comunes. Se trata de sistemas diseñados para posibilitar la corrupción. Cuando un funcionario, cualquiera que sea, puede disponer de fondos públicos, es el sistema el que lo habilita y no su moralidad. La corrupción es una cuestión estructural, no es que dependa del humor de sus interlocutores circunstanciales. Seguir apostando a que el próximo funcionario sea más honesto, es desconocer la naturaleza del problema.

Solo aquel que persigue el lucro, el que trata de maximizar la ecuación económica, busca por su propio interés, contratar barato y bueno. No lo hace por una cuestión moral, sino por su propia conveniencia, y es eso lo que lo hace eficiente, austero y sensato. Y no es que sea mejor persona, ni sus cualidades y valores individuales lo hagan diferente. Cuando el que contrata lo hace con recursos ajenos, en este caso de todos los contribuyentes, y no tiene incentivo alguno para ahorrar, simplemente actúa en consecuencia, en función de esos impulsos que lo alientan.

Muy por el contrario, los estímulos lo incentivarán a “hacer caja”, porque para financiar su actividad política precisa recursos, esos que  no tiene porque los mas hacen de la acción política una profesión y no provienen de situaciones de riqueza personal o cierta holgura económica. Y la caja que se tiene a mano es la pública, la estatal, esa que es de todos, pero al mismo tiempo de nadie. La tentación es enorme, y el sistema lo permite, hasta de un modo que bajo ciertas reglas, goza de una legalidad que impide problemas futuros.

Por otro lado, una caterva de personas, están prestas a ser funcionales a la corrupción, mirando para otro lado, haciéndose los distraídos y acompañando pasivamente esta dinámica. Gente de todos los niveles termina siendo parte de este fenómeno, funcionarios, empleados, responsables de controlar, superiores, hombres de la política, y hasta ciudadanos de a pie, victimas directas e indirectas de estos abusos. Casi sin querer, con alguna cuota importante de comodidad y cobardía, una inmensa cantidad de individuos, que se autodefinirían como honestas, terminan avalando el accionar delictivo de los corruptos de siempre.

Muchos inclusive, que habiendo ingresado a la acción política, lo hicieron desde meritorios lugares ganados a fuerza de atributos más que elogiables, terminaron cayendo en la trampa que el sistema les propuso y aceptando esta modalidad casi como parte del paisaje.

Las chances de revertir la historia son mínimas. Una sociedad que sigue sin comprender como funciona la corrupción, cuáles son sus verdaderas causas, y que encima aporta una innumerable lista de cómplices a esta trágica calamidad, tiene bajísimas posibilidades de cambiar el rumbo. Porque queda claro que la corrupción presente solo resulta posible, de la mano de un diagnóstico incorrecto y de participes necesarios.

albertomedinamendez@gmail.com

skype: amedinamendez

www.albertomedinamendez.com

54 – 0379 – 154602694

 

Nuevo e-book de Teódulo López Meléndez

http://t.co/hwYYMVs “Hombre, sociedad, política y entorno”. Con prólogo de Fernando Mires

¿Por qué fracasan las naciones?

Por Thomas Friedman
Es un periodista y escritor estadounidense, tres veces ganador del Premio Pulitzer. Columnista del periódico The New York Times, en el que comenzó a trabajar como reportero en 1981, tras haber estudiado en El Cairo, Oxford, Boston y Beirut. Sus libros tratan temas tan diversos como la globalización (La tierra es plana), la situación política en Medio Oriente (From Beirut to Jerusalem), pasando por los atentados del 11 de septiembre (Longitudes and Attitudes).Su sitio web http://www.thomaslfriedman.co

 

Estoy leyendo el nuevo y fascinante libro Why Nations Fail (¿Por qué fracasan las naciones?). Entre más se lee, más se aprecia lo inútil de nuestra misión en Afganistán y cuánto necesitamos modernizar absolutamente toda nuestra estrategia de ayuda extranjera. Sin embargo, lo más intrigante son las advertencias que los autores dan tanto sobre Estados Unidos como sobre China.

Coescrito por el economista del MIT, Daron Acemoglu y el politólogo de Harvard, James A. Robinson, Why Nations Fail argumenta que el diferenciador clave entre los países son “las instituciones”.

Los países prosperan cuando desarrollan instituciones políticas y económicas “incluyentes”, y fracasan cuando esas instituciones se vuelven “extractivas”, y concentran el poder y las oportunidades en manos de solo unos cuantos.

“Las instituciones económicas inclusivas que hacen valer los derechos de propiedad, crean una cancha uniforme, y alientan las inversiones en tecnologías nuevas y las habilidades, son más propicias para el crecimiento económico que las instituciones económicas extractivas que están estructuradas para extraer los recursos de los muchos para los pocos”, escriben.

“A su vez, las instituciones políticas incluyentes apoyan a las instituciones económicas incluyentes y estas apoyan a aquellas”, mismas que “distribuyen el poder político ampliamente en forma plural y pueden lograr cierta cantidad de centralización política para poder establecer el imperio de la ley, los cimientos de derechos de la propiedad seguros y una economía de mercado incluyente”. A la inversa, las instituciones políticas extractivas que concentran el poder en manos de unos cuantos refuerzan a las instituciones económicas extractivas para controlar el poder.

Acemoglu explica en una entrevista que el punto central es que los países prosperan cuando construyen instituciones políticas y económicas que “desatan”, empoderan y protegen el potencial completo de cada ciudadano para innovar, invertir y desarrollar. Si se compara lo bien que le ha ido a Europa del Este desde la caída del comunismo en estados postsoviéticos, como Georgia o Uzbekistán, o Israel en contraposición con los estados árabes, o Curdistán vs. el resto de Irak. Todo está en las instituciones.

La lección de historia, argumentan los autores, es que no puede estar bien la economía si no está bien la política, razón por la cual no aceptan la noción de que China encontró la fórmula mágica para combinar el control político y el crecimiento económico.

“Nuestro análisis”, dice Acemoglu, “es que China experimenta un crecimiento con instituciones extractivas –bajo el control autoritario del Partido Comunista–, que ha podido monopolizar el poder y movilizar recursos a una escala en la que pudo haber un estallido de crecimiento económico, empezando de una base muy baja”, pero no es sostenible porque no fomenta el grado de “destrucción creativa” que es tan vital para la innovación y los ingresos más elevados.

“El crecimiento económico sostenible requiere innovación”, escriben los autores, “y no se pueden desacoplar la innovación y la destrucción creativa, la cual remplaza a lo viejo con lo nuevo en el reino económico, y también desestabiliza las relaciones de poder establecidas en la política”.

“A menos que China haga la transición a una economía basada en la destrucción creativa, no durará su crecimiento”, argumenta Acemoglu. Sin embargo, ¿se pueden imaginar a un desertor universitario de 20 años en China, a quien se le permita iniciar una compañía que sea un desafío para todo un sector de compañías paraestatales chinas fundadas por bancos paraestatales?, pregunta.

La perspectiva posterior al 11 de septiembre en cuanto a que lo que aquejaba al mundo árabe y a Afganistán era la falta de democracia no era errónea, indica Acemoglu. Lo que estaba equivocado era pensar que podíamos exportarla fácilmente. Para que sea sostenible el cambio democrático tiene que surgir de movimientos de bases, “pero eso no significa que no podamos hacer nada”.

Por ejemplo, deberíamos hacer la transición para dejar de dar ayuda militar a regímenes como el de Egipto y centrarnos, en cambio, en permitir que más sectores de esa sociedad tengan voz en la política. En este momento, yo argumentaría, nuestra ayuda exterior a Egipto, Pakistán y Afganistán es realmente el pago de un rescate que le hacemos a sus élites para que se comporten bien. Necesitamos transformarla en carnada.

Acemoglu sugiere que en lugar de dar a El Cairo otros US$ 1.300 millones en ayuda que solo refuerza a parte de la élite, deberíamos insistir en que Egipto establezca un comité que represente a todos los sectores de su sociedad, mismo que nos diría a qué instituciones –escuelas, hospitales– quieren que vaya la ayuda extranjera, y que tenga que elaborar propuestas adecuadas.

Si vamos a dar dinero, “usémoslo para obligarlos a ampliar la mesa y fortalecer a las bases”, expresa Acemoglu.

Solo podemos ser una fuerza multiplicadora. Podemos mejorar los movimientos de bases que quieren construir instituciones incluyentes, donde los hay. Sin embargo, no podemos crearlos ni sustituirlos. Peor, en Afganistán y muchos estados árabes, nuestras políticas han desalentado a menudo a las bases y evitado que surjan porque nos hemos alineado con hombres fuertes convenientes. Así es que no hay nada que multiplicar. Cuando se multiplica cero por 100 se sigue teniendo cero.

¿Y Estados Unidos? A Acemoglu le preocupa que nuestro enorme crecimiento en desigualdad económica debilite también a la cualidad incluyente de las instituciones estadounidenses. “El problema real es que la desigualdad económica, cuando se hace así de grande, se traduce en desigualdad política”.

Cuando una persona puede emitir un cheque para financiar toda tu campaña, ¿cuán incluyente serás como funcionario elegido para escuchar voces contradictorias?

THOMAS FRIEDMAN |@NYTimesFriedman |@ElPoliticoWeb

 

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