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Democracia siglo XXI

fecha

marzo 1, 2009

El gobierno omnisciente

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por Teódulo López Meléndez

La legitimidad surge del acto electoral, la confianza proviene del convencimiento moral de que un gobierno busca el bien común. Sin confianza no hay estabilidad. Una mayoría electoral no es equivalente a una mayoría social. El voto es una preferencia, la confianza una sensación convincente de pertenencia. Frente a las exigencias sociales no puede producirse una reacción populista reactiva. Hay que partir de una programación de ejecución gradual, consistente y constante. Quiere decir, una acción incesante sobre las situaciones. Las mayorías electorales son una suma de votos. Las mayorías sociales son una suma que se llama pertenencia. La esencia de las democracias del siglo XXI no es tanto el derecho al voto y a elegir sino la opinión que las sociedades tienen de su gobierno.

La verdadera revolución es la voz moral. El populismo es una asunción de un modo radical para lograr la homogeneidad sobre lo imaginario. La posibilidad de un gobierno omnisciente no cabe en el siglo XXI. Muchos políticos creen que entienden a la gente cuando ofrecen soluciones concretas a los problemas concretos. El verdadero político es el que hace el mundo inteligible para el pueblo, esto es, el que le suministra las herramientas para actuar con eficacia sobre lo ya entendido. El populismo no se combate con populismo. El populismo debe ser combatido con la siembra de la comprensión llevada al grado de un estado de alerta.

La legitimidad electoral y la legitimidad social pueden contrastarse o encontrarse. La manera de encontrar la segunda excede al simple hecho de buscar el voto en una campaña electoral plena de promesas, generalmente demagógicas. Buscando la segunda suele encontrarse la primera. El planteamiento inteligible que produce efectos previos mejora notablemente la capacidad de escogencia. Las campañas electorales son la culminación de un proceso en donde el individuo manifiesta una preferencia. La masificada propaganda en nada podría modificar una asunción previa ganada en una democracia de cercanía generada por los líderes verdaderos que en ese proceso electoral buscan la voluntad mayoritaria del pueblo.

No se puede combatir demagogia con demagogia. El proceso de crear lucidez y pertenencia es ajeno a las palabras altisonantes y mentirosas. El proceso de repetición demagógica por parte de dos o más adversarios en una contienda por el voto conduce a soliviantar un individualismo feroz que se traduce en apostar a la mayor oferta engañosa. El vencedor, naturalmente, será el que ejerce el poder –si el caso es de una reelección- o, si se ha cumplido con la tarea pedagógica, el que ha hecho una obra previa de configuración de cuerpo sobre el que limita su acción a la campaña electoral misma.

En la democracia contemporánea se ha perdido el sentido de pertenencia, sustituida por el fervor de la antipolítica. Frente a un poder sobre el cual no se tiene control social, en cualquier país, –especialmente de América Latina- uno escucha a la población desguarnecida repetir “todos son iguales”. Uno de los dramas de nuestro continente es el abandono de la seriedad pedagógica, de la proximidad a los ciudadanos quienes son, en primer lugar seres pensantes, para ser, en segundo plano, sólo en segundo plano, electores. En el fondo, cuando hablo de la necesidad de una democracia del siglo XXI, estoy pensando en varias democracias que pueden convivir o enfrentarse. Se debe a que han aparecido las instituciones invisibles, una de las cuales es la confianza y otras que deben reaparecer, como el concepto de ciudadanía –solo visible a mediano plazo- y de ejercicio diario de la política, condenada por los manipuladores de todos los bandos sólo a época electoral. Casi instintivamente se generan los contrapoderes no visibles, pero que van creciendo imperceptiblemente hasta el momento en que hacen erupción sin previo aviso. Son, estos últimos, una reacción generada contra el virus de la política prostituida, de la demagogia y del populismo.

Comencé por decir que mayoría electoral no es mayoría social por acto automático. Comencé por decir que legitimidad no es confianza. Hay que aprender que la segunda debe ganarse cada día. Si seguimos con esta plaga de activistas de la política, mentirosos y demagogos, se mantendrá el punto en que la gente va a preferir a quien menor desconfianza le produce, pues ninguno le produce confianza. Así la legitimidad del poder y la legitimidad del ejercicio democrático estarán afincadas sobre un barro extremadamente frágil y, lo más grave, la democracia se derrumbará por efecto directo de todos, de los que ejercen el poder y de quienes pretenden sustituirlo, de los demagogos multiplicados, obligando al poder al ejercicio de la fuerza para atender compulsivamente las exigencias sociales. Terminará así la era de las elecciones y de la libertad, terminará así la democracia, matada en una acción conjunta por quienes no entendieron de la existencia de instituciones invisibles y de la necesidad de hacerle comprender el mundo al pueblo, de hacérselo inteligible, de hacerlo producir una acción consecuencial de posesión de los instrumentos para cambiar el entorno, de los cuales el principal es la conciencia.

teodulolopezm@yahoo.com

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Chile: El pulso de la crisis: La valiosa oportunidad de profundizar la democracia

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por Hernán Narbona Véliz

Administrador Público, Escritor y poeta.

Algo importante está ocurriendo en nuestra sociedad. Se nos implantó por la fuerza un orden basado en el individualismo, en el Estado subsidiario, en la doctrina neoliberal, que resultó en un crecimiento económico depredador, que ha producido un debilitamiento de la clase media como motor de movilidad social y una cada vez más regresiva distribución de la riqueza. Hemos sufrido el imperio ideológico neoliberal y, desafortunadamente, esto se sustentó en el plano político y social en una fragmentación premeditada de los movimientos sociales, en una convivencia acomodaticia de los dos bloques políticos, en un sistema excluyente fijado por una Constitución Política que ha limitado la efectiva democratización de la sociedad chilena.

Nos hemos convertido en un pueblo triste, irritable, agresivo, con una violencia latente que nos aleja como personas de la felicidad. Es que los vectores de la sociedad en que nos movemos, se han centrado en el consumismo y la búsqueda obsesiva del placer, en donde nos hemos convertido en consumidores planetarios, segmentados hasta el detalle, instrumentos de los mercados para crecer y que se han implantado en el ADN de la gente “moderna”. Las ideas, los debates, los proyectos de organización asociativa o de solidaridad, no entran en el lenguaje comunicacional por ser contrarios conceptualmente a la propuesta individualista. Es así como, marcando el paso del modelo, hemos avanzado en el acceso a nuevos bienes y servicios, progresando en tal sentido objetivamente, principalmente al haber incorporado innovadoras tecnologías a nuestra vida cotidiana. Pero, ese mismo modelo de crecimiento y supuesto chorreo, ha ido maximizando la brecha entre los sectores pudientes y los sectores medios y bajos.

La inteligente manipulación comunicacional que ha ejercido el sistema, controlado por los mismos intereses económicos que funcionaron al alero del régimen militar, se ejerce gracias a la concentración que mantienen esos poderes fácticos en medios de comunicación social. A lo cual se agrega la desatención negligente de los gobiernos democráticos de la prensa alternativa que se había construido en los ochenta. Lo que provocó la desaparición de numerosos medios emblemáticos y ha dejado a nuestra sociedad del siglo XXI en medio de una realidad alienante, con los oligopolios de la prensa radial y escrita, degradando a la sociedad con frivolidad, mensajes que llaman de la tenencia de cosas, a pasarlo bien sin límites, a vivir el aquí y ahora, sin ninguna responsabilidad frente al futuro.

En la actualidad se observa que hay amplios sectores que históricamente protagonizaban el devenir político, con una indiferencia o rechazo a participar en política, manteniendo una actitud cívica resignada y pasiva. Nos hemos convertido en un pueblo agobiado por las deudas, encandilado por el consumismo y que en la vida diaria ha sido manipulado por la frivolidad. Un pueblo fracturado, donde se advierte el drama de relaciones afectivas inestables, bajo nivel de compromiso, abandono de valores y responsabilidades respecto a los hijos, la propia familia y el futuro colectivo como proyecto país.

Sin embargo, algo está pasando, en medio de una crisis económica que cada día va dejando sus coletazos. Se comienza a hacer visible en la expansión de las redes, la presencia de numerosos sectores democráticos contestatarios del discurso oficial y que han accionado como colectivos en pro de un rescate de valores. Frente a la tendencia tenebrosa del tráfico de drogas en las poblaciones, aparece con heroísmo la acción cooperativa de vecinos y policías. Frente a la prepotencia de intereses invasivos de los espacios públicos se han levantado los grupos ciudadanos de defensa; pese a no haberse logrado implantar en la institucionalidad el Defensor del Pueblo, son miles las experiencias de acciones colectivas que van recuperando un estilo ciudadano de poder popular, que ha ido frenando abusos ambientales o la irrupción de mega proyectos inmobiliarios que rompen la armonía o identidad histórica de las comunidades locales. Esto demuestra que hay una gran energía vital circulando subterránea respecto de las agendas oficiales que marcan las pautas noticiosas.

La crisis del sistema global ha dejado en evidencia la necesidad de recuperar en los países el rol responsable del Estado y las personas han visto que la realidad dura de la cesantía es una amenaza real. Se está entendiendo en todos los países afectados que reactivar la industria mediana y pequeña nacional es una necesidad de sobrevivencia y que eso significa generar capacidades asociativas para levantar proyectos. La realidad es dura y puede serlo todavía más. Acá es cuando aparece el rescate de la acción social, de la buena vecindad de barrios que encaran la recuperación de sus espacios públicos y en vez de amurallar sus casas piensan en ayuda mutua, en responsabilidades compartidas. La respuesta de las familias pasa por la unión de barrios, de vecinos y amigos para lograr en la actividad solidaria economías de sobrevivencia.

La incapacidad de servir los compromisos, la impotencia que se siente frente a despidos masivos, significa mirar con realismo la experiencia que tenemos como país para enfrentar momentos difíciles y eso – recreando la experiencia de la crisis de los ochenta que llevó a protestas heroicas y masivas – no se puede hacer desde el individualismo, sino que parte de la capacidad de creer en el vecino, de abrir tu casa al vecino, de trabajar en equipo, en confianza, con reciprocidad y esfuerzo.

Hay amplios sectores medios que se han dado cuenta que es el momento de actuar con racionalidad, sumarse a acciones en las poblaciones y barrios para que el tejido social vuelva a vertebrar acciones mancomunadas para la solución propia de problemas inmediatos. Generar muchos miles de grupos que inventan acciones `para pasar por momentos difíciles, significa erradicar el facilismo, el simple reclamo de ayudas. Se trata de fomentar la autoayuda y de canalizar el apoyo a quienes mejor organizados se encuentren para llevar adelante proyectos de carácter cooperativo.

Cooperar, trabajar como colectivos de barrios, comprar juntos, fiscalizar la calidad de los servicios públicos, participar desde la base social, buscando y proponiendo soluciones, es un estilo que se siente venir en Chile, como consecuencia de la crisis que nos impacta.

Si desde la autoridad de gobierno se entiende este proceso y se acomete sin prejuicios ni dogmatismo el desafío de promover la organización de la gente, de los grupos profesionales, de los jóvenes desempleados, es posible convertir esta grave crisis en una oportunidad para avanzar desde la ciudadanía en la corrección efectiva del modelo; que no calza doctrinariamente con la conjugación de la solidaridad, del nosotros, del caminar espalda con espalda para bogar entre arrecifes monopólicos y transitar las turbulencias con las energías multiplicadas de un pueblo empoderado y proactivo.

Uruguay: El regreso de Lecor

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por Ricardo Viscardi

Aún no se habían aquietado las ondas hertzianas que levantara Empetrolulado (“lula”: calamar en portugués) en la última actualización de este blog (15/02/09), cuando ya los efectos ecológicos de la catástrofe regional desatada por Botnia se hacían sentir sobre la sufrida materia gris uruguaya[1]. Un pre-candidato frenteamplista ha declarado, antes de ser candidato siquiera, que cuando sea presidente quiere ser como Lula (http://www.larepublica.com.uy/politica/353776-mujica-definio-a-lula-como-un-posible-modelo-a-seguir).

El presidente del Brasil ya es grande, como lo manifestara proféticamente Empetrolulado, por su investidura incluso, en tanto el himno lo exalta del propio país que preside “Grande pela sua natureza”. Veamos: cuando sea grande, en tanto un presidente es grande, Mujica quiere ser como Lula, quien representa la grandeza posible de la izquierda en Brasil, que ya es grande de por sí, aunque como lo expresa su himno patrio, no por una grandeza apenas interior, sino como es grande un grandote, por la mera “natureza”.

Se adivinará que tras tantas exhortaciones a “olvidar Maracaná”, en particular por parte de quienes intentaban modernizar la modernidad uruguaya, ahora la apuesta no puede ser post-moderna, sino post-uruguaya: no olvidar Maracaná, sino convertir aquel sentido en su contrario: Brasil se consagraría en el Centenario.

Maracaná fue una epopeya subjetiva y como tal, un relato mítico uruguayo, nunca nadie creyó que les ganáramos porque jugábamos mejor. Salvo quizás los propios brasileños, como me lo confesara personalmente de sobremesa (es un testimonio de parte) un comensal carioca que asistió, muy joven aún, a la final. Esa única vez oí sorprendido, destacar ante todo que la selección uruguaya era buena futbolísticamente. Recordemos el relato uruguayo y oiremos siempre una victoria subjetiva: antes del partido el “mono” Gambetta se duerme en la bañera, displicente y desentendido de la magnitud inminente, durante el partido Obdulio dice “los de afuera son de palo” y se pone la pelota bajo el brazo para enfriar el gol de Friazza. La selección uruguaya era buena futbolísticamente, nadie lo negó nunca, pero la clave de la victoria en el relato de la hazaña no está en el manejo de la pelota, sino en la templanza moral. De ahí precisamente proviene su condición mitológica (el mito es de fundación, de socialización y de emotividad, por igual), funda la identidad uruguaya en una superioridad subjetiva que se sobrepone al gigantismo meramente corpóreo.

Ese relato uruguayo es eminentemente moderno porque parte, como lo subrayara en un planteo cardinal Foucault, de la contraposición “en doblete” (o sea en su unidad) de lo empírico (la cosa) y lo trascendental (el pensar)[2], pero además, es eminentemente moderno porque subordina lo empírico (la magnitud física) a lo trascendental (la magnitud subjetiva). La declaración de Mujica que propone tomar al gobierno Lula por modelo significa un derrumbe interno, por partida doble, de la subjetividad moderna ante un modelo atado en su propio himno nacional al tamaño, pero además, de la subjetividad uruguaya, cuyo modelo de patria siempre recurre a insignias subjetivas, como el arrojo de Sarandi: “carabina a la espalda y sable en mano”.

Sin duda el derrumbe ideológico que representa Mujica trasciende en mucho su precandidatura presidencial y encuentra, en su inmediatismo mediático, tan sólo la corrupción más patente de la modernidad posible en tiempos de globalización. El cadáver político politológicamente maquillado de la modernidad uruguaya manifiesta, rigor mortis mediante, que hemos llegado a un límite que se puede trazar, a la Rembrandt en La clase de anatomía. Valdría la pena recordar el sentimiento de patria que animaba los impulsos tupamaros en su momento:

La patria te dijeron
Y te dijeron mal
La patria compañero
La vamos a encontrar

La alambraron los ecos
De Lecor y de Alvear
Y los que traicionaron
A Artigas además

La canción de Numa Moraes ya planteaba la dificultad patria que el espíritu tiene para darse un cuerpo que puede esquivarlo o rehuirlo, como ha sido siempre el caso de la comunidad oriental (del Uruguay), jaqueada entre colosos y sometida al juego de las potencias oceánicas de turno, en razón de su posición estratégica en la salida oceánica de la cuenca del Plata (4.000.000 de kilómetros cuadrados). Sobreponiéndose al tamaño como en la hazaña de Maracaná, esas dificultades de in-corporación del espíritu moderno difícilmente quedarán simplemente relegadas al test de probabilidades de los encuestadores. Este concepto de patria se ha vuelto tan esquivo para la comunidad de este país (un país sin patria es una comarca), que el propio Gavazzo ha reivindicado de su pasado la defensa de la patria (http://www.larepublica.com.uy/politica/354427-la-carta-de-gavazzo-a-mujica).

Tal defensa adquiere lugar público a propósito de la propuesta de Mujica de “conmutación de la pena a quienes aporten datos”, pero sería un error creer que se trata de una mera bravata de cobarde torturador. Porque Gavazzo no ha respondido jamás políticamente a la impugnación de un familiar lesionado en un ser querido, como no sea por insultos indirectos y genéricos a la militancia y al compromiso izquierdista. Tales insultos abrevan en la imagen de una risa despreciativa de quienes lo impugnan jurídicamente, que ensaya ante cada reportaje fotográfico a la entrada de un juzgado. No puede sin embargo transformar el insulto callado en argumento político porque no hay razones de Estado conmensurables con el dolor personal, la pérdida del ser amado, la lesión al sentimiento propio de un particular. Pero sí existen razones de Estado contra razones de Estado. Leviatán no distingue entre lobos buenos y malos, la política de Estado tampoco.

Mal que le pese a Mujica contra su voluntad -y a Fernández Huidobro que ensaya ad-hoc del mismo asunto una interpretación idiosincrática de la actitud militar (http://www.larepublica.com.uy/politica/354415-se-van-a-morir-estan-presos-y-no-hablan) -ante el suceso de la carta de Gavazzo, su carta abierta a Mujica responde a una interpelación que éste le dirige en tanto miembro de la comunidad siniestra de los violadores de derechos humanos. Ahora, si la propuesta de Mujica tuviera andamiento ¿dejaríamos fuera de las declaraciones admitidas a Gavazzo? Sin duda que no, sin que cayera por lo mismo la propuesta en su conjunto y por principio, integridad de planteo que da lugar político a la carta de respuesta del exmilitar.

El desliz que cometió el pre-candidato pro-lulístico no es por consiguiente colateral ni ajeno al “modelo” que postula por inclinación presidencial. Tal “modelo” se ha destacado particularmente por ignorar, en aras de las más prosaicas “razones de Estado”, la cuestión de las violaciones de los derechos humanos en el Brasil (http://www.larepublica.com.uy/politica/350912-jango-era-un-subversivo-para-la-dictadura-uruguaya). La propuesta que puso el centro en la cabeza de Gavazzo con todo el arco libre enfrente, surge ante la necesidad de “encontrar una solución al problema”, es decir, colocar la cuestión de la violación de los derechos humanos en una perspectiva de gobierno, como si tal mirada supérstite pudiera zanjar el duelo y la reparación. Una razón de Estado esgrimida por un político profesional, que se proyecta además a la “primera magistratura”, procura resolver desde el Estado un problema de particulares. Luego, tal actitud que no puede ser considerada “modelo” ejemplar desde el punto de vista de las subjetividades individuales, anima sin embargo al “modelo” programático al que dice adherir Mujica.

Quienes experimenten el consabido horrori vacui ante una eventual desaparición de la alfombra de Estado sobre la que creen erguirse en la permanencia, pueden dormir tranquilos: ya vuelan sobre una alfombra mágica puesta en órbita por el sistema de medios. Para comprobarlo no tienen más que preguntarse con qué base ideológica o partidaria (en el sentido propiamente programático) se ha izado Mujica en los índices de opinión. Ante esa levitación a botón de pantalla televisiva, la labilidad non-stop de las reivindicaciones extra-gubernamentales (por ejemplo la de familiares de desaparecidos) promete la tierra firme del cotejo de partes y particulares en razón de sus anclajes singulares.

La putrefacción de la entidad moral (ejemplar) en la entidad corpórea (programática) es una característica de la declinación de la modernidad a la que asistimos. Uno de sus rasgos principales es la desarticulación de la “forma Estado” como artefacto homologador de derechos y deberes[3]. Esta desarticulación se expresa en la caducidad ya no de la pretensión punitiva del Estado, que podrá seguir existiendo por vía administrativa, sino de la pretensión articuladora del Estado, como principio de las soluciones propicias para la integración comunitaria. A esa índole de soluciones apunta Mujica en su desvarío infortunadamente restaurador de una integración batllista que no volverá. De ahí sus ademanes que nadie confundiría, como le place según sus propias declaraciones, con los de un universitario -a excepción de Daniel Martínez a quien elogia como universitario porque “ni lo parece”, pero que nos ponen, no por lo tosco (http://www.larepublica.com.uy/politica/353778-pepe-es-un-conductor-politico), sino por lo obsoleto, a la merced de resurrecciones políticas como la de Gavazzo.

Estas se multiplicarán en cuanto el “modelo Lula”, que desatara en el propio Brasil desastres ecológicos de la moral pública en aras de “razones de Estado”, derrumbe lo propio de nosotros mismos en el trasfondo de la identidad. Aquella entidad moral que fue ante todo el Uruguay, propicia pese a su declinación la búsqueda de conducción en la glocalización que nos toca ahora, base incluso del equilibrio y la integración regional (la brasileña incluida). Se trataría de una patria de derrotero.

La patria compañero
La vamos a encontrar
La vamos a encontrar
Por más que se nos vuelva
Aguja en un pajar

Encontrar una aguja artiguista se hará aún más difícil si además se la tiñe de “verde amarelho”.

[1] Lejos de forzar la expresión, nuestro propósito recoge el concepto de « ecología gris » en Virilio. Ver Virilio, P. (1997) Cibermundo, Dolmen, Santiago, p.59.
[2] Foucault, M. (1966) Les mots et les choses, Gallimard, Paris, p.329.
[3] Marramao, G. (2006) Pasaje a Occidente, Katz, Buenos Aires, pp.146-147.

Metas Educativas 2021: La preparación ciudadana para la sostenibilidad

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El pasado mayo de 2008, los ministros de Educación reunidos en El Salvador asumieron un importante compromiso que puede tener enormes repercusiones en Iberoamérica: acoger la propuesta “Metas Educativas 2021: la educación que queremos para la generación de los Bicentenarios” y avanzar en la elaboración de sus objetivos, metas y mecanismos de evaluación regional, así como iniciar un proceso de reflexión para dotarlo de un fondo estructural y solidario.

Se iniciaba entonces un ambicioso proyecto que convierte a la educación en herramienta fundamental para el desarrollo de la región. Durante el mes de septiembre, el proyecto dio un importante paso al haber quedado concretas y descritas esas metas en un elaborado documento que tras ser entregado al Secretario General Iberoamericano, Enrique Iglesias, por parte del Secretario General de la OEI, Álvaro Marchesi, en septiembre de 2008, ha sido ampliamente difundido por la red.

La OEI hizo público este valioso documento, presentándolo como primera versión para el debate, lo que constituye un planteamiento excelente y muy necesario. Hace dos semanas abría una nueva etapa de participación y discusión colectiva de la propuesta presentada, con el fin de lograr el máximo acuerdo social y político antes de su redacción y aprobación definitiva en septiembre de 2010.

Nuestra contribución al debate abierto se centra en el papel que unas Metas tan ambiciosas y necesarias deben conceder a la educación para la sostenibilidad. Y en ese sentido queremos recordar que la OEI ha sido la principal portavoz hasta el momento, en el ámbito iberoamericano -a través de la web http://www.oei.es/decada- del llamamiento de Naciones Unidas para que la educación de todas las áreas y todos los niveles contribuya a formar una ciudadanía preparada para participar en la construcción de un futuro sostenible. Gracias a ello, centenares de instituciones educativas y miles de docentes hemos asumido los objetivos de la Educación para la sostenibilidad. Estamos seguros, pues, de que esta dimensión de la educación será debidamente recogida como uno de los grandes retos y objetivos fundamentales en la versión definitiva de “La educación que queremos para la generación de los Bicentenarios”.

Por ello, en esta etapa de enriquecimiento del documento presentado en la XVIII Conferencia Iberoamericana de Educación, queremos contribuir al debate abierto impulsando la petición de que se incorpore explícita y destacadamente la preparación ciudadana para la sostenibilidad a las Metas Educativas 2021. Invitamos, pues, a quienes se han adherido a los objetivos de la Década, a participar activamente tanto con el envío de reflexiones como interviniendo en los foros de debate que se pondrán en marcha el 1 de marzo próximo. Les invitamos, en definitiva, a una lectura reflexiva del documento para el debate y al envío de aportaciones, a través de la web http://www.oei.es/metas2021/reflexiones.htm, que impulsen tanto la incorporación de la educación para la sostenibilidad -una dimensión indispensable en el Proyecto- como otras posibles mejoras del documento que deberá marcar la agenda educativa de los próximos años en Iberoamérica. Estamos convencidos de que ello contribuirá a avanzar en la construcción de sociedades más justas, democráticas y sostenibles.

Educadores por la sostenibilidad
http://www.oei.es/decada/boletin033.htm

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