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Democracia siglo XXI

mes

julio 2013

Corrupción, indiferencia y resignación

 

 

 

corrupción judicial

 Por Alberto Medina Méndez

Cierta impotencia, bronca e indignación puede convertir determinadas percepciones superficiales en verdades absolutas e irrefutables. Eso sucede con la corrupción. Se trata, de un fenómeno casi universal que se presenta con tonalidades que van desde las más burdas a las más disimuladas.

Su creciente virulencia y su permanencia en el tiempo, a lo que se agrega su exacerbación contemporánea, han instalado la idea de que la corrupción florece gracias a la complicidad y el silencio de muchos ciudadanos honestos que prefieren hacerse los distraídos frente a tanto despropósito evidente.

Es cierto que un sector de la población se ajusta a esa descripción de la sociedad. Muchos ciudadanos prefieren la apatía, miran a otro lado y eligen ignorar lo que ocurre o solo tomarlo como una variable más de la realidad.

Pero buena parte de esa indiferencia tiene, tal vez, una explicación un poco más profunda y pocas veces abordada. Son muchos los que están asqueados por la corrupción y por como la corporación política sostiene esta perversa dinámica, que es capaz de torcerles el brazo a tantos que parecen defender valores inmutables.

Abundan historias en las que gente honrada, que proviene de diversos oficios y profesiones, ni bien ingresa al mundo de la política, empieza a mutar lentamente, para luego tomar impulso y hacerlo con mayor velocidad hasta finalmente confundirse con cualquier personaje de la partidocracia.

Ese poder ilimitado y arbitrario, ha conformado una compleja red de complicidades, con ladrones que roban mientras los honestos elijen una extraña lealtad desde el secreto y una incomprensible discreción, como mecanismo evasivo, creyendo que la ocultación los exculpa de algún modo.

La corrupción tiene un entramado difícil y cuesta saber desde que lugar intentar su desarticulación parcial o total. Por un lado están los que gobiernan y estafan. Del otro los que, sin ejercer la conducción, prefieren dejar intacto el sistema sin modificar las bases de la corrupción estructural, porque suponen que atacar ciertos intereses es inviable o  porque esperan usar lo que está vigente, para hacer, oportunamente más de lo mismo.

Los oficialismos ignoran la existencia de la corrupción, o a lo sumo la minimizan. Mientras tanto, la inmensa mayoría de la oposición zigzaguea entre la descomprometida crítica y la excesiva prudencia absoluta.

Bajo esas circunstancias, obviamente la ciudadanía siente que no tiene opciones, que no hay salida, que la corrupción no es una alternativa, porque todos roban, y solo se puede elegir ciertos matices o estilos, pero no aparecen alternativas que ofrezcan integridad y virtudes. Solo como ejemplo, si la política no puede explicar el origen de su financiamiento, mal podrá ofrecer transparencia en la administración de los recursos.

Los ciudadanos se encuentran así atrapados, encerrados, sin opciones. Se los convoca a elegir entre diferentes matices de lo mismo, y entonces la corrupción desaparece virtualmente de la agenda porque ya no existe chance de eliminarla o siquiera mitigar su impacto cotidiano.

Habrá que entender que no se trata de resignarse sin más y agotarse en esto de describir los sucesos como meros observadores del presente, sino de intentar vislumbrar lo que ocurre, para luego construir un diagnóstico que permita no equivocarse en la formulación de posibles soluciones.

No se puede pretender curar una enfermedad que previamente no se entiende o no se interpreta correctamente. Para encaminarse hacia la solución del problema se debe comprender todo para decidir cómo encarar un tratamiento que tenga chances de ser exitoso en un plazo razonable.

No es simple. No se trata solo de apatía ciudadana, de abulia cívica e indiferencia crónica. Hay de eso y mucho, pero también se presencia una brutal resignación que deprime, angustia y entristece, hasta la impotencia.

Es preciso construir opciones políticas honestas y transparentes que devuelvan la esperanza, y permitan recuperar la credibilidad. Para ello, es importante aceptar que la corrupción crece, se fortalece y se consolida allí donde existe un Estado grande, repleto de recursos económicos, con poder centralizado, sin contrapesos y una discrecionalidad a prueba de todo.

Si la sociedad pretende líderes con esas características, omnipotentes, que gobiernen tomando decisiones inconsultas, sin acuerdos, ni consensos, no es posible esperar otra cosa que una sucesión de gobiernos corruptos. Eso dice la historia, eso dice el presente.

Es tiempo de abandonar aquella creencia de que el problema son las personas y su inmoralidad. Los pocos países que lograron erradicar la corrupción o llevarla a niveles insignificantes, no eligen héroes, sino que construyeron sistemas políticos con equilibrios, donde resulta imposible hacer lo impropio sin ser descubierto. Por eso funciona.

En estas latitudes no se encuentran soluciones porque se parte de un diagnóstico equivocado y se prefiere creer que solo se trata de malos funcionarios y no de ideas erróneas. Tal vez sea un mecanismo social que la gente encontró para no modificar sus paradigmas, excusarse y quitarse así responsabilidades que le son propias.


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El balance de la última semana de julio

Audio de Teódulo López Meléndez

Papa Francisco

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En Buenos Aires: Encuentro para “Pensar la democracia del siglo XXI

cilindro municipal

PalermOnLine Noticias. Ciudad de Buenos Aires 22 julio, 2013 Editado por Palermonline

 

Lunes 22 a partir de las 12 en Avenida de Mayo 575 en el marco de 30 + 30 y con entrada gratuita

El Ministerio de Cultura de la ciudad de Buenos Aires ofrecerá junto con la SAAP (Sociedad Argentina de Análisis Político) el lunes 22 de julio a partir de las 12 en el Salón Dorado de la Casa de la Cultura, Avenida de Mayo 575, primer piso, la conferencia “Pensar la democracia del siglo XXI”, con la participación de intelectuales extranjeros de renombre mundial. Participarán el estadounidense Philippe Schmitter, el español Manuel Alcántara Sáez, el italiano Massimiliano Andretta y el boliviano Fernando Mayorga, quienes disertarán en una reflexión conjunta sobre la sociedad democrática moderna.

El encuentro, enmarcado en el Programa Democracia 30+30, una mirada al futuro y el Congreso Nacional de Ciencia Política, invita en forma abierta y gratuita a reflexionar sobre la democracia actual, de décadas pasadas y futuras, y sobre el compromiso activo que tenemos como sociedad en el contexto de un mundo moderno.
La SAAP organiza cada dos años el Congreso Nacional de Ciencia Política, el cual se ha transformado en uno de los principales acontecimientos institucionales de la Ciencia Política argentina, tanto a nivel local como en el circuito internacional. Este año se llevará a cabo en la Ciudad de Paraná entre los días 17 al 20 de julio.

Acerca de los ponentes

Phillipe C. Schimitter es estadounidense y profesor Emérito del Departamento de Política y Ciencias Sociales del European University Institute. Desde 1967 ha sido sucesivamente profesor asistente, asociado y titular en el Departamento de Política de la University of Chicago, el European University Institute y Stanford. Ha publicado sobre política comparada integración regional, transiciones desde regimens autoritarios, democratización e intermediación de intereses. En 2009 recibió el premio Johan Skytte in Political Science por su “path-breaking work on the role of corporatism in modern democracies, and for his stimulating and innovative analysis of democratization”.

Manuel Alcántara Sáez nació en Madrid y es Catedrático de Ciencia Política en la Universidad de Salamanca desde 1993. Entre 1980 y 1993 fue profesor en la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido Secretario General de la Asociación Latinoamericana de Ciencia Política (ALACIP) entre 2002 y 2008. Autor de Sistemas políticos de América Latina; Gobernabilidad, crisis y cambio; ¿Instituciones o máquinas ideológicas?, Origen, programa y organización de los partidos políticos latinoamericanos; y El oficio de político. Coeditor o editor de varios libros y de artículos sobre política comparada latinoamericana en el terreno de los partidos políticos, los poderes legislativos, las elites parlamentarias y las elecciones. Imparte docencia, en universidades de América Latina, siendo en la actualidad profesor emérito de FLACSO-Ecuador.

Massimiliano Andretta: Profesor en la Universidad de Pisa, donde enseña –entre otros- en los cursos de Participación política y movimientos sociales y Política Comparada. Ha participado en varios proyectos de investigación nacionales e internacionales. Entre sus publicaciones más recientes se encuentran:
“Power and arguments in global justice movement settings”. En Donatella della Porta y Dieter Rucht (eds.), Meeting Democracy.
Power and Deliberation in Global Justice Movements Cambridge: Cambridge University Press, 2013: 97-122. con Donatella della Porta, Lorenzo Mosca, Herbert Reiter, Globalization from Below. Transnational Actvists and Protest Networks, Minneapolis, University of Minnesota Press, 2006. “Democrazia in azione. Modelli decisionali e ideali democratici degli attivisti globali”, en Fabio De Nardis (ed.), La società in movimento. I movimenti sociali nell’epoca del conflitto generalizzato, Roma, Einaudi, 2007: 111-140. con Nicole Doerr, ‘Imagining Europe: Internal and external non state actors at the European crossroads’, European Foreign Affairs Review, 2007, 12/3: 385-400. y ha contribuido con varios capítulos para el libro de Donatella della Porta (ed.), Another Europe: Conceptions and Practices of Democracy in the European Social Forums, Londres – Nueva York: Routledge, 2009.

Fernando Mayorga: Boliviano. Licenciado en Sociología por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y Doctor en Ciencia Política por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), Sede México. Catedrático de la Facultad de Ciencias Sociales e investigador del Centro de Estudios Superiores Universitarios (CESU) de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS), Cochabamba, Bolivia. Columnista del periódico de circulación nacional La Razón. Ha publicado los siguientes libros: El discurso del nacionalismo revolucionario (1985), La política del silencio (1991), Discurso y política en Bolivia (1994), Hegemonías Democracia representativa y liderazgos locales (1997), Neopopulismo y democracia. Compadres y padrinos en la política boliviana (2002), Avatares. Ensayos sobre política y sociedad en Bolivia (2004), Encrucijadas. Ensayos sobre democracia y reforma estatal en Bolivia (2007), El movimiento antiglobalización en Bolivia (2008), Antinomias. El azaroso camino de la reforma política (2009), Grita la hinchada, grita la hinchada (2010), y Dilemas. Ensayos sobre democracia intercultural y Estado Plurinacional (2011).

 

 

La eterna postergación de las soluciones

aplazamiento

 Por Alberto Medina Méndez

En tiempos de campaña electoral parece una razonable aspiración ciudadana, esperar que los candidatos propongan ideas para superar cada uno de los problemas que tanto estremecen a la sociedad.

No menos cierto es que los postulantes, se han tomado la mala costumbre de vaciar de contenidos el debate, jugar a las escondidas y hacer de la discusión política una actividad absolutamente superficial.

Abundan evidencias de que el oficialismo no tiene soluciones. Es probable que las conozca, pero queda claro que no está dispuesto a hacerlo. A veces son parte de su estrategia y, por lo tanto, funcionales a sus intereses. En otras ocasiones, las ideas para superarlos implican esfuerzos denodados, sin garantía alguna, y entonces se descarta encararlos.

Sorprende la actitud de un sector importante de la oposición que va desde no plantear propuestas porque no las tiene, a ignorar algunas posibles soluciones porque su implementación sería políticamente incorrecta.

Al recorrer la lista de temas que más inquietan a la ciudadanía se corrobora esta visión. La inseguridad, por ejemplo, aparece en casi cualquier sondeo de opinión, como un asunto de los que generan mayor preocupación.

Que el oficialismo no ha podido con este tema, es innegable. Estos indicadores aumentan sin cesar, pero solo se perciben intentos insuficientes que solo consiguen desplazar los fenómenos delictivos de un lugar a otro.

La oposición no dispone siquiera de un buen diagnóstico. No sabrían por dónde empezar, ni como mitigar parcialmente los efectos de este flagelo que padecen cada vez más ciudadanos honestos ante la mirada cómplice de quienes pueden instrumentar medidas para minimizar su impacto.

La inflación creciente es otra catástrofe contemporánea que castiga a todos, pero con más fuerza inclusive a los que menos tienen. Es evidente que al gobierno el tema no solo no le molesta, sino que lo precisa y por eso ha desarrollado argumentos para justificarlo en estos niveles, como si se tratara de un requisito para el crecimiento económico.

La oposición, por su lado solo critica sus efectos, pero no plantea como salir de esta calamidad que carcome los ingresos de los individuos. No lo sabe, ni lo entiende, o tal vez el camino adecuado no le parezca políticamente pertinente. Si se recurre a la emisión de moneda sin respaldo para financiar el gigantesco gasto estatal, pues la inflación entonces vino para quedarse.

Nada cambia demasiado cuando el foco pasa por la corrupción estructural. Es una obviedad que el oficialismo no será quien lo elimine. No existe interés y no lo disimulan. Ellos apuestan a utilizar al Estado como si fuera su caja propia, y entonces precisan de la corrupción para hacer política como hasta ahora. Esperar remedios desde ese espacio es algo infantil.

La oposición podría sugerir algo diferente, sin embargo mas allá de la retórica oportunista y demagógica que busca captar votos, nadie habla de desmantelar la perversa red del presente. Algunos de esos políticos, tal vez especulan con la posibilidad de hacer uso de las mismas herramientas una vez que lleguen al poder y por lo tanto no se ocuparán de la cuestión.

En términos generales, el oficialismo prefiere no hablar de estos asuntos, ignorarlos parece ser la fórmula, y cuando ya no se puede evitar el asunto, minimizarlos. Para eso recurre a la distracción como mecanismo infinito.

Del otro lado, la oposición solo describe el problema, lo menciona siempre, lo enumera, hace inventario, pero se queda allí, en lo más básico, sin animarse a pensar en ideas novedosas y plantearlas. O no las tiene, o no está dispuesta a pagar el eventual costo político que se deriva de decirlo.

Estas cuestiones, y tantas otras, ya ni se discuten. El debate político se ha tornado insustancial, casi anecdótico. Ya ni se intentan encontrar posibles estrategias para encarar estos asuntos.

En todos los casos, los ciudadanos enfrentan una situación frustrante, y a veces algo ridícula, ya que están convocados a participar de una elección en la que solo pueden elegir matices de lo mismo, y que en cualquier caso, ni oficialismo ni oposición, está decidido a resolver problemas cotidianos.

Es un ejercicio algo perverso. De un lado los votantes esperando soluciones y del otro un ejército de profesionales de la política dispuestos a ofrecer nada a cambio, o mejor dicho, la eterna postergación de las soluciones.


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El fracaso de una construcción

Pensar

 

Teódulo López Meléndez

Si algo podemos asegurar es el de un fracaso en los dos polos del conflicto venezolano. Ninguno de los dos ha logrado crear un sentido en medio de un entorno complejo. El mantenimiento conflictual no ha conducido a otra cosa que a la pérdida de un imaginario, a la fragmentación y atrincheramiento en posiciones secundarias y a un desgaje de la verdad en un simple juego de poder donde nadie se ocupa de verificar las proposiciones.

Quizás la enseñanza radique en la inviabilidad de los extremismos. Lo que vemos es la derrota de un cuerpo social de pensamiento débil. El conflicto procura acuartelarse en hechos puntuales que vienen tergiversados a voluntad provocando una inigualable ruptura entre ellos y sus significados. En otras palabras, lo que han logrado las partes enfrentadas es una ruptura de toda capacidad de percepción.

Estamos frente a un país que ha soportado los embates de una desarticulación del pasado histórico, lo que ha sembrado dudas inclusive frente a la pregunta acerca de nuestro origen. Frente a uno que se pregunta si somos los mismos en la constitución de una nación. Y lo más grave: la percepción de futuro se ha presentado como una disyuntiva de ruptura. El ascenso de los sectores más desvalidos hasta el protagonismo político ha sido asumido desde una mirada conflictiva y no como invención de mundo. La carga simbólica no ha servido para la construcción de un imaginario social compartido (término grato a Cormelius Castoriadis),  sino que ha sido elevado al grado de indeterminación.

Quienes mayormente parecen entender – y he aquí la excepción que llama a las posibilidades positivas-  son los miembros de los grupos sociales plenamente conscientes de su ascenso, si a ver vamos los estudios realizados por diversas empresas de análisis social. En los focus group se expresan con propiedad y en dominio de un lenguaje incluso superior al de mucho político que pulula por las pantallas de la televisión. Allí expresan su apoyo a los avances sociales del gobierno, pero reivindican la permanencia de la empresa privada a la que asocian con creación y oferta de empleo. En otras palabras, no excluyen un sistema del otro. Lo resumen queriendo lo que consideran virtudes de ambos y las miran como no excluyentes. Cuando se les interroga sobre como denominarían a este híbrido responden: Democracia.

La revisión de estas respuestas nos lleva a encontrar, en primer lugar, una no inclinación hacia el conflicto en los sectores a los que, no sin ligereza, se atribuye mayor facilidad para el ejercicio violento y, en segundo lugar, una constatación del ascenso social como productor de una capacidad de visión que excede a la de los sectores que podríamos llamar ‘élites ilustradas”. Ello no puede conducir a conclusión distinta de la admisión de la existencia de un cambio de país que se acepta o se queda excluido, por encima inclusive de los afanes represivos del gobierno que continúa con su práctica agotada de focalizar la represión o de abusar del poder. El gobierno que originalmente hizo protagonistas terminará siendo un protagonizado.

Ahora bien, cualquier sospecha de pérdida de lo alcanzado puede determinar la aparición de la violencia. La falta del sector que se opone al régimen aparece así, fundamentalmente, como una incomprensión del imaginario de la mitad que lo respalda. La causa es muy sencilla: el objetivo se limita a su desplazamiento del poder y no a una alternativa de comprensión global del futuro compartible.

En el país que aparece el discurso está atravesado por una ambigüedad normal a lo que no es una especificidad, sino más bien una forma de reproducción social que avanza hacia una especie de identificación que excede a las tipologías, que busca un sentido al que debe ofrecerse una variante no populista (en el sentido de evitar la creación de un Estado-padre que no reclama comportamientos de superación) y que comience por admitir que esta imaginación de la relación social tiene vocación de futuro y que, al tenerla, marca el presente. De allí que el mantenimiento del conflicto en los términos descritos afecta de manera determinante lo real social pues va conformando una experiencia que puede conducir a la creencia de una repetición ineludible del pasado. Esto es, los sectores en ascenso pudieran llegar a considerar la realidad del enfrentamiento político de una u otra manera: como un ejercicio insuperable de la realidad o conceder una nueva forma de comprensión que los haga marchar hacia la imposición de una nueva posibilidad. Vista la concreción del presente en inflación, desabastecimiento, ineficacia y deterioro de la calidad de vida deberemos apelar a aquello que se ha dado en denominar la utilidad social de las ideas, esto es, que logremos las ideas se hagan evidencia social desde donde podamos iniciar la nueva lectura.

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Un fantasma recorre la mundialidad: la mediación

fantasma

 

 Por Ricardo Viscardi

 

Campeones de la denegación, que es el régimen de reproducción (“ideológica”, si se quiere) de la racionalidad moderna, los uruguayos han encontrado su propio Maracaná en la izquierda brasileña. Se trata de una buena señal para el mundo, como lo fue la victoria de Maracaná en su momento, ya hace mucho, con la ventaja de que esta derrota de lo más grande acaba de ocurrir en una izquierda relativamente (a su contexto) muy pequeña.

 

El trabajoso empate mediático que obtenía por aquí la partidocracia uruguaya, denegando que los gremios de la educación cuestionaban al sistema político como un todo (la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay incluida)[1], para afirmar que el asunto estribaba en el peligroso déficit fiscal gestionado por ese mismo sistema político impugnado, fue superado por un agónico gol de los intelectuales brasileños,  que denegaron que las manifestaciones “antipolítica” supusieran un cuestionamiento del poder.

 

Mientras tanto podemos conformarnos con saber que la gente que cuestiona un poder político donde hasta la izquierda es notoriamente corrupta, de hecho está a favor de la derecha. Estas escandalosas esposas del César que no parecen virtuosas, a tal punto que uno ni siquiera llega a preguntarse si efectivamente lo son, presentan algunas excepciones críticas dignas de atención, cuyo pundonor intelectual invita a la discusión.

 

Una de estas excepciones es aportada por Frei Betto. La reacción que describe en los estamentos cristalizados de la izquierda ante fenómenos inéditos (“inédito” es una palabra que en este contexto se vincula con “acontecimiento”), tales como mayo del 68, los movimientos sociales o la caída del muro, es estrictamente verosímil y hasta documentable.[2] Es una reacción izquierdista, en un sentido que disuelve el binomio izquierda-derecha, no porque lo suprima, sino porque lo convierte en una glosa de sí mismo. Eso es lo que no explica Frei Betto (en cuanto la izquierda se convierte en la derecha de su propia lectura). Si bien presenta el movimiento democrático como ruptura con el paradigma en el poder, que ni el poder ni el paradigma logran neutralizar, no explica porqué esa ruptura es singularmente irrecuperable desde el presente. En este sentido, la interposición democrática se vuelve fantasmática, ya que vale tanto como quiebre con la aristocracia griega del siglo de Pericles, como para la arena playera que se creyó encontrar bajo los adoquines recalentados en el verano parisino del 68’. Curiosamente, el efecto en las calles que evoca Frei Betto queda a pie de lo que lo lleva a la calle: la mediación artificial. Quizás este pecado de indiferencia que supone la mediación a distancia de todo y de todos, no admite el fantasma de una mediación inalterable, porque la coloca bajo la égida de su propio desborde crítico. Desde entonces la crisis no puede ser disuelta en la crítica, ni la crítica en el ala izquierda de un hemiciclo parlamentario.

 

Contrariamente a la armonía archi-establecida de la democratización que propone Frei Betto, la lectura de la insurgencia mediática de las clases medias por parte de Marilena Chaui intenta describirla como una crisis de la mediación política.[3] Sin embargo, todo es paradójico en los márgenes explicativos que invoca Chaui, a no ser la explicación que ensaya de la idiosincrasia de la convocatoria, que no es paradójica en sus márgenes, sino en sí misma. Las manifestaciones multitudinarias no habrían tenido en cuenta, según la filósofa brasileña, la constitución por parte de los movimientos sociales y los partidos de izquierda del proceso de democratización que cundió en el Brasil entre los 70’ y los 90’. Sin embargo, la desaparición de la mediación política genuina en aras de la burocratización y el electoralismo, le son imputados por Chaui al propio PT, que justamente presenta la singularidad, quizás mundial, de ser un partido en el poder surgido como Venus de aquella espuma de movimiento social y partido de izquierda, todo incorporado en la suspensión de un mismo coloide popular.

 

La perversión de esa matriz provendría del neoliberalismo, aunque este vector del mal parece tan venusino en su aparición como la propia diosa de la belleza, lo que no deja de aumentar su malignidad por la crueldad que encarna.  En efecto ¿cómo el neoliberalismo logró disolver, fragmentar y dividir con su egotismo las luchas populares? Tan mirífica como ese mal es la paradójica sanación que nos propone Chaui, por la vía de comprender que una ética privada de las personas debe ceder ante una ética pública de la república, ya que tal división entre lo público y lo privado se asemeja tanto a la infalibilidad teológica del Papa, pese a su condición terrena, que seguramente Frei Betto suscribiría en un todo a esa religiosa dicotomía.  Entretanto, en vez de involucrarse en una farragosa explicación de cómo la transformación idiosincrática conmueve por igual la fibra personal y la colectiva, la filósofa paulista prefiere destacar que  algunas señales de la insubordinación -como la agresión sufrida por los militantes sociales y políticos identificados con la izquierda institucional, representarían en verdad rasgos del fascismo corriente, presentados bajo la versión habitual del nazismo. Sin embargo la perplejidad en que nos sume la paradoja que presenta Chaui llega a un clímax cuando esa propensión nazi cristaliza, sin embargo simbólicamente, en un cuestionamiento exitoso de la dominación en el poder. Es la primera vez que vemos interpretado el nazismo en una clave que dejaría perplejo al Tercer Reich si hubiera durado un poco más, pero también a cualquier neo-nazi que se precie de despanzurrar a todo lo diferente consigo propio.

 

Entre el magma de ese oxímoron interpretativo que presenta Chaui, un elemento luce sin embargo impar y nítido, igual a sí sin contraparte enojosa: la alienación tecnológica. Confundidos por la inmediatez del acto de oprimir un botón y por la incapacidad de conocer el instrumento que emplean, los movilizados se ven a sí mismos como usuarios y no dejan de confundir las estrategias mediáticas de los medios masivos con la política y de confundirse ellos mismos entre la masividad de las masas mediatizadas, manipulables en esa medida.

 

Debo confesar que no me pregunto, cada vez que doy un paso, que punto del globo oprimo, aunque pude sucederme que este sea un botón, en cuyo caso el paso no dejará de darse. Igualmente acrítico, el militante que acude a su organización en búsqueda de reivindicación difícilmente sepa de lo que se trata, como lo confiesa la propia Marilena de cara a lo que devino el PT. Luego, si un usuario por serlo se encuentra masificado, no deja de ser cierto que puede editar por su lado en cierta medida, en otra propensión distinta a la del vecino, elegir a quien dirigirse y finalmente, parece dotado de algunas alternativas bastante más amplias, que pegar el oído al receptor de radio o retirar un ejemplar del kiosko de la esquina. El fantasma de la mediación es un fantasma de pantalla en el texto de Chaui, que la lleva a ver doble entre lo masivo y lo interactivo, cuando se diferencian ante todo por la condición que adquiere, en cada caso diferentemente, quien accede a la mediación.

 

Estos fantasmas brasileños de la mediación no dejan de encontrar un sugestivo eco en el mutis por el foro que se hace por el lado uruguayo, en particular, cuando se pretende ignorar que nivelar tecnológicamente no es lo mismo que igualar educativamente. Sobre todo porque medidas con un mismo rasero, las desigualdades se vuelven mayores. O más grandes, para retomar la diferencia del portugués entre el adjetivo “maior” que califica la cualidad y la locución que califica la cantidad (“mais grande”). El fantasma de la mediación tecnológica, incluso bajo emblema del ceibo nacional, no es ni “maior” ni “mais grande”, porque ante todo un fantasma no existe para ninguna medida posible. Tal figura de aparecido surge en los análisis que pretenden ignorar, para la sublevación mundializada contra la mundialidad gubernamental, la crisis permanente de decisión, que felizmente acarrea consigo la tecnología, con su distancia de mediación (distancia en la distancia).

 

  [1] “Declaración de la FEUU sobre la rendición de cuentas” FEUU (06/06/13) http://www.feuu.edu.uy//index.php?option=com_content&task=view&id=194&Itemid=1 (acceso el 16/07/13)

[2] Frei Betto “El mensaje de las calles” LaRed21 (09/0713) http://www.lr21.com.uy/comunidad/1115073-el-mensaje-de-las-calles

[3] Chaui, M. “La desaparición de los partidos políticos como mediadores” La Onda Digital (09 al 16/07/13) http://www.laondadigital.com/LaOnda/LaOnda/632/B2.htm

Italia entre racismo y misses

Audio de Teódulo López Meléndez

Kyenge

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Entender la emersión política de nuevos significantes culturales

Política y cultura 3

 

Teódulo López Meléndez

 

Es evidente la interrelación entre política y cultura. Desde un punto de vista antropológico puede hablarse de esa cultura política como una reproducción y transformación de operaciones simbólicas. La cultura conforma las concepciones políticas puesto que es un conjunto de símbolos, valores y normas que constituyen significados. De esta manera puede asegurarse que las acciones que vemos en el campo de la política no son accidentales.

 

Estos significados no están entonces tan determinados por lo exterior, como se piensa, sino por una conformación interior derivada de una acumulación de sentidos que se ha convertido, en cuanto a la acción del grupo social, en lo que podríamos denominar un depósito común de sentidos el cual se modifica en la realidad social y en los movimientos que se suceden en el acontecer cotidiano. En momentos de gran conflictividad ese conjunto se mueve hacia el enfrentamiento o hacia una pasividad derivada de los términos inaceptables del conflicto.

Una referencia específica que siempre nos ha ocupado es la clase media venezolana, a la que hemos calificado de profundamente inculta en lo político. Sin embargo, la realidad venezolana de hoy impele a considerar la tesis de si se puede continuar hablando de su existencia. Es segundo lugar, creemos Venezuela es la prueba de la desaparición del viejo aserto de que ella era factor fundamental de la estabilidad y de la vigencia democrática.

 

Hoy en día, en el análisis cultural político, se privilegia, como lo hacemos constantemente, el concepto de ciudadanía, una que, incluso, ha sido llamada “de la diferencia”, en el sentido de pasar el viejo catálogo de clases sociales a un segundo plano, lo que quiere decir que las diferencias que se ponen de manifiesto son las diferencias de carácter cultural. Para redondear el concepto, el objetivo deja de ser las “clases” para centrarse en el estudio y el combate en pobreza y marginación.

 

Todo este imaginario colectivo ya no parece depender en la Venezuela de hoy del grado de nivel educativo alcanzado por el individuo, lo que habla del mantenimiento de un sistema educativo de repetición. Más bien se ha conformado por una politización excesiva que ha contribuido al conflicto, pero también a una movilidad social y a la creación de nuevos paradigmas en las clases emergentes.

 

Entender este nuevo entramado cultural no nacido de las clases altas y medias, sino de las que aún son calificadas como D y E, es absolutamente indispensable para comprender lo que llamaremos un nuevo imaginario y que tiene una manifestación electoral dura aún por encima de las contingencias, como la ineficiencia gubernamental.

 

Bien podría asegurarse, entonces, hay nuevos y variados  símbolos en curso conformando una nueva conciencia política, uno no inclinada al conflicto sino más bien una que solicita armonía entre las ofertas y que el único riesgo que ve es la pérdida de la capacidad de participación conquistada así como de los beneficios tangibles obtenidos.

 

Es así como, a pesar de los esfuerzos de propósito de obtención y conservación de poder, como ataques despiadados a la “burguesía”, el odio propio del conflicto perverso se limita a pequeños grupos altamente politizados e instrumentados para el cumplimiento de misiones de amedrentamiento. En Venezuela el conflicto no lo es entre clases sociales.

 

Sin una sólida base cultural es imposible el desarrollo del capital social, uno que, como todo capital, aumenta o disminuye. Es ese capital social el que realmente modifica estructuralmente. Ello incluye el control social, el que ejercido debidamente impulsa un pensamiento colectivo de convergencia en la diversidad. Entonces estamos ante la necesidad de reconocimiento de los nuevos códigos culturales para ir a una identidad plural de valores, símbolos y significados, inmersos todos en normas de conducta salidas de la nueva realidad, pues la única manera de producir acciones colectivas de entendimiento es haciéndolas partir de prácticas cognitivas que generan conocimiento.

Al hablar de cambio como congruencia cultural estamos haciéndolo de la aceptación del principio de la cultura como creación y transformación. Entre el orden y el conflicto, entre la incertidumbre y la certidumbre, se mueven los equilibrios de poder y los modelos mentales que los rigen. Mientras más cultura política más estabilidad democrática, lo que presupone asegurar una superación del concepto de clase media como garante de su estabilidad, para atribuirla preferentemente a la adquisición de un grado superior de cultura política independiente de estratos sociales y, paradójicamente, de la vieja y colapsada estructura educativa.

tlopezmelendez@cantv.net

 

Y en Baja California…qué

Baja California

 

Por Antonio Limón López

 

Tijuana se encuentra a 2.320 km de distancia del Distrito Federal, ninguna otra ciudad mexicana esta tan alejada del centro político de México, en 1989 la distancia era exactamente la misma en kilómetros, pero el 2 de julio de ese año, políticamente fue una distancia mucho mayor; mientras que todos los estados de la república estaban en manos del PRI, en Tijuana se formó un movimiento juvenil, democrático y radical que aspiraba a alejar totalmente a Baja California del centralismo antidemocrático priista que tenía por eje al Distrito Federal.

Esta revolución no solo quería desligarse del centralismo adoptando fervorosamente al federalismo, también quería practicar la democracia, algo totalmente impensable en un país que había convertido al Fraude electoral en la principal institución política mexicana. El fraude en las elecciones era una de las expresiones de un sistema político fundado realmente en la simulación, que se extendía a todos los aspectos de nuestra realidad social, desde el discurso político, a la enseñanza de nuestra historia, que era el lenguaje común a las cámaras empresariales y a los sindicatos, a las universidades, que era el código secreto que explicaba a nuestra constitución política, al sistema de justicia, a las relaciones internacionales de México. Era un sueño idealista, pero durante ese domingo 2 de julio los bajacalifornianos creyeron que estaban transformando su propia utopía en una realidad.

Las condiciones eran ideales para ello, en enero de 1989 murió Hiroito el último de los aliados políticos y militares del nazismo, fue el año de las protestas democráticas y pacíficas en la plaza china de Ti An’men, el 4 de junio de ese año dos divisiones del poderoso “Ejército Popular de Liberación” de la república (también) “Popular China” masacraron al menos, según la propia versión de Pekin, a cuatrocientos manifestantes, su líder fue el joven Wang Weilin, quien fue fusilado el 9 de junio por un pelotón del tercer ejército mundial, según el gobierno chino estaba confeso de atentar contra el gobierno del pueblo, no aceptó juicio, ni nombró defensor. Eran tiempos de esperanza en un cambio radical en favor de la democracia en el mundo, en 1980 un obrero Lech Walesa y el sindicato Solidaridad, lograron poner fin a la tiranía que oprimía al país desde el término de la Segunda Guerra Mundial.

La misma Unión Soviética se conmovía ante las reformas económicas y políticas implementadas por Mijaíl Gorbachov, en tanto en Europa, millones de jóvenes dentro de las llamadas repúblicas socialistas se planteaban abiertamente la exigencia de un mundo donde las “odiadas” libertades burguesas, como los derechos humanos, fueran comunes a todos los pueblos del mundo y donde en cualquiera de estos se pudiera elegir libremente a sus gobernantes. Fue, probablemente la última época de la humanidad  en que existió la esperanza de conquistar ideales universales. Estos hechos que conmocionaron al mundo, fueron un poderoso acicate a los jóvenes panistas de Baja California que en las paredes de los comités de campaña pegaron la fotografía del joven chino que obligó a un tanque de guerra a cambiar su rumbo.

Es cierto que vistos esos anhelos con los ojos de hoy, esa ensoñación democrática y federalista de cuño liberal parece no solo una utopía, sino un desvarío. El México de hoy esta centralizado en las manos de solo tres dirigentes nacionales de “partidos políticos” que son quienes en realidad legislan, al tiempo que diputados y senadores, en lugar de legislar, se disputan como carroñeros los dineros de las cámaras; donde todos los partidos “designan” candidatos entre los más serviles o bellacos de sus agremiados.

Sin embargo, la fantástica victoria de las elecciones del 2 de julio de 1989, alcanzó su clímax el martes 4 de julio cuando el líder del PRI, Luís Donaldo Colosio Murrieta anunció a las 18:00 horas de Tijuana: “..reconocemos también, que en Baja California las tendencias no son favorables al PRI..” Esas palabras inéditas en la historia de México, inauguraron la fiesta cívica más emotiva jamás presenciada, los automovilistas empezaron a sonar sus cláxones, los ciudadanos salieron a la calle a saludar a sus vecinos y a felicitarse, también presenciaron los desfiles de turbas cívicas que proclamban el advenimiento de la democracia, las calles del centro de Tijuana se convirtieron en una romería. El dirigente panista Don Salvador Rosas Magallón, quién fue acusado en 1960 de haber tomado el submarino de guerra norteamericano “Nautilus” para disparar contra Baja California, y contra quien se libraron inumerables ordenes de aprehensión, pero que se había convertido en el “Abogado del pueblo” a pesar de todo tipo de ofensas y agravios que le propinaban a diario desde las ocho columnas de los diarios regionales, excepto el Zeta, donde escribía, ahora al amanecer del 5 de julio fue considerado por la prensa como el Ghandi mexicano.

Por desgracia mientras mas alto se llega, mayor es el golpe que se recibe en la caída, el gobernador electo Ernesto Ruffo Appel fue un pelmazo indigno del enorme papel de reformador político que la caprichosa fortuna depositó en él, se convirtió en otro gobernador salinistas del montón, estuvo a punto de ser detenido por su pasión mayor, los narcotraficantes. En octubre muere en circunstancias sospechosas Manuel de Jesús Clouthier con lo que el PAN quedó en manos de una generación de políticos mediocres, entre los que destacaba Vicente Fox Quesada que resultó ser un simple idiota.

En pocos años el PAN abandonó su raíz democrática y se convirtió en un club de “distinguidos” pelafustanes que resultaron ser otra estirpe de ladrones y de ineptos, a la postre el PAN imitó al PRI e incluso este fue el partido desde el cual se importaron a políticos infames que trajeron todas las mañas y malos hábitos del priismo al seno del PAN. A pesar de este chapuzón del PAN en la fosa séptica de nuestra política tradicional, el pueblo de Baja California ha seguido conservando lealtad al PAN de los sesenta, al que se enfrentó a la tiranía, al PAN del olvidado Salvador Rosas Magallón y de otros héroes civiles que están en el anonimato, pero que sacrificaron su patrimonio y a sus familias por un México federal y democrático que se nos escapó entre los dedos.

En 1989, Francisco “Kiko” Vega, ahora el candidato del PAN electo gobernador el pasado 7 de julio, era ya un empresario exitoso de Tijuana gracias a un afortunado matrimonio, durante esa campaña no movió un dedo públicamente en favor del PAN, en esa época los empresarios astutos y calculadores no se acercaban al PAN pero ni de broma. Una vez consolidado el triunfo del PAN, la cosa fue diferente, a Kiko Vega le salió lo panista. El panismo en Baja California atrajo a toda suerte de trepadores, empresarios aburridos, izquierdistas enamorados del presupuesto, priistas acomodaticios, periodistas astutos, celebridades de la nota roja y una larga lista de conversos dispuestos a servirse a cuatro extremidades en el banquete.

En las elecciones intermedias de 2010, José Francisco Blake Mora logró arrebatarle al capo “panista” de Tijuana Chuy González la imposición del candidato a alcalde de Tijuana, Blake desde la nómina del gobierno del Estado y del municipio de Tijuana, impuso a Carlitos Torres el ahijado de Felipe Calderón, las astutas maniobras le hicieron ver que él mismo podría ser el candidato en 2013. En las elecciones del 4 de julio del 2010 el PAN fue borrado del mapa por los priistas, que ganaron todos los municipios del estado, por ello Blake designó delegado de SEDESOL a Carlitos Torres con la misión de inflar el padrón panista con beneficiarios de los programas de combate a la pobreza a cargo de la dependencia federal y gracias a su desempeño en el manejo electoral, el presidente Felipe Calderón lo nombró Secretario de Gobernación, con la finalidad de orquestar la designación o imposición de la candidatura de Ernesto Cordero.

La muerte de Blake dejó una herencia, el número de votos suficiente para imponer en Baja California al candidato del PAN en 2013, los electores provenientes de los programas de desarrollo social federal y estatal eran votantes seguros, no se dejarían influir por discursos políticos de ninguna especie, estaban para votar por quien les dijeran los señores de los cheques de SEDESOL. Kiko Vega nunca hubiera sido candidato a gobernador, de hecho todo su grupo ya estaba extirpado del PAN, Ricardo González Cruz, Roberto Lau ya estaban con un pie en el antipanismo, incluso fueron candidatos por el Movimiento Ciudadano este 2013. Carlos Torres se quedó con los panistas sedesoles y los negoció con Kiko Vega para que este ganara la candidatura del PAN para gobernador. Así fue.

La contienda entre el PAN y el PRI, con sus aliados de conveniencia, fue un estercolero, no hubo ni una sola idea a debate, las propuestas fueron puntadas y las promesas simples ofrecimientos imposibles, finalmente los electores con un raquítico margen del 3% favorecieron al PAN, esto en medio de un abstencionismo del 61%. En 2007 votamos 854,420 electores, en 2013: 832,125; en 2007 el PAN obtuvo 430,340 votos, en 2013: 392,545; pareciera que el estado no creció, sin embargo se agregaron 400 mil jóvenes en ese período que el 7 de julio votarían por primera ocasión; el actual gobernador José Guadalupe Osuna Millan ganó con un margen de 53 mil votos, Kiko supera faltando el 2.2 % del PREP a su contendiente del PRI por apenas 25,439 votos. Crecieron los votos nulos 26,472, el Movimiento Ciudadano obtuvo más del 5% de los votos, algo histórico y el PRD logró como los restantes remedos de partidos políticos conservar su registro estatal, el cual habría perdido en caso de no aliarse en las elecciones, es el gran ganador.

Lo que nos enseña la experiencia es que el mejor momento de los candidatos es …. Cuando son candidatos, porque en cuanto asumen el gobierno se van por la libre. En lo político la herencia del PAN esta sepultada, no podemos esperar sino más centralismo, antifederalismo y prácticas antidemocráticas prohijadas por los dirigentes nacionales del PAN y sus verdaderos aliados del PRI, VERDE, PRD, PT, PANAL, MC y los que se apunten con registro. La simulación seguirá reinando en este pobre país y Baja California solo representa un sueño irrealizable, una utopía imposible, una promesa traicionada….Un desvarío.

De la política como cultura

Politica cultura

 

Teódulo López Meléndez


Es obvia la relación entre política y conflicto. Cuando hemos abordado el tema hemos procurado obviar, en la manera de lo posible,  la doctrina filosófica y jurídica que viene desde los tiempos más antiguos. Nuestro conflicto es uno que denominamos “perverso”, por su grado de intensidad en cuanto a efectos disociatorios.

 

En efecto, la perversidad alcanza hasta plantearse en términos decisivos, pues afecta la unidad e identidad del cuerpo social mismo. Estamos en el caso de una acción de poder que pretende eternizarse sobre la base de una imposición de términos no consensuales. Ello implica desde el cambio del relato histórico aceptado hasta un trastocar vengativo de los términos de la represión. Es decir, estamos sembrados en una irracionalidad que afecta la amalgama social misma.

 

Para lograr sus objetivos el conflicto procura hacerse permanente, sin un respiro, cuestión de cada día, ataque permanente a la otra mitad del cuerpo social. La rivalidad con el “enemigo” alcanza términos patológicos. Ello conlleva a una polarización entre quienes se aferran al esfuerzo hegemónico y quienes pretenden sustituirlo por un retorno a un marco institucional de democracia clásica.

 

La experiencia histórica es abundante en cuanto a casos consecuenciales de tragedia, pero también ha asomado posibilidades de surgimiento de nuevas formas, instituciones y procedimientos y, fundamentalmente, a la conformación de nuevos sentidos. Para que esto último se haga factible es menester someter el conflicto, no eliminarlo, pues la conflictividad le es inherente. Es obvio que contra la conformación de nuevos sentidos conspira la realidad de odio y el estancamiento en las pasiones derivadas de las pretensiones de los “enemigos”. La mediocridad de los factores actuantes es un elemento que torna imposible, desde la visión interna del conflicto mismo, objetivar el desbordamiento que pasa por encima de los bordes del cauce.

 

Se debe comenzar por dejar de lado toda pretensión de “instituido” para aceptar que todo el proceso de la rivalidad política debe ser una permanente construcción de lo social.  De esta manera vuelve a aparecer el concepto de incertidumbre como a uno a ser gestionado, tal como se gestiona un déficit, en este caso uno de consensos, propósito lograble mediante una normativa reguladora que haga de lo agonístico una manifestación natural del cambio social.

 

Debemos aprender que las elecciones no son la democracia, no más que una forma adicional de expresión. La verdadera democracia es una forma cultural y, en consecuencia, un relato multisignificante que alcanza su poder creador asentado sobre una normativa que rige al domeñar la incertidumbre a términos manejables mientras autoriza todas las significaciones que permitirán la adecuación más aproximada a la justicia.

 

La cultura democrática se genera en la interacción social. Muchas sociedades acostumbran dormir en la indiferencia dejando a los actores políticos sin control, sin manifestar algún interés por los asuntos colectivos y encerrándose en sus propios intereses. Hasta que el conflicto emerge, y/o por la caída del establecimiento y la aparición de una fuerza desafiante que pretende trastocar hasta los elementos básicos en que esa sociedad estaba establecida. En su defensa sólo alcanzan a rememorar las formas anteriores que le otorgaban tranquilidad y sosiego.

 

Frente al conflicto hay que inventar respuestas nuevas. Es lo que denominaremos el desarrollo de una nueva cultura política. Ella es pensamiento y acción. La cultura política no es una entelequia. Es al mismo tiempo pensamiento que conlleva a los nuevos sentidos y los nuevos sentidos que no se pueden generar sin pensamiento.

 

Pareciera estamos inmersos en una cultura de legitimación del conflicto “perverso”, mediante una aceptación de los términos de su desarrollo, dado que los actores se visten con las cargas simbólicas de su curso. Debemos asumir una cultura de cambio que debe aceptarse como modificaciones sustanciales en todos los órdenes de la vida social y que permita un reconocimiento tal capaz de generar de nuevo identidad y reconocimiento mutuo.

tlopezmelendez@cantv.net

 

Golpe de Estado en Egipto

Audio de Teódulo López Meléndez

Morsihttp://www.ivoox.com/golpe-estado-egipto_md_2184611_1.mp3″ <a href=”http://www.ivoox.com/golpe-estado-egipto-audios-mp3_rf_2184611_1.html&#8221; title=”Golpe de Estado en Egipto”>Ir a descargar</a>

Brasil vs Uruguay: el partido del contragobierno

 

Brasil Uruguay

Por Ricardo Viscardi                            

 

El paralelo establecido por un dirigente sindical uruguayo [1] entre la crisis política del Brasil y la reivindicación salarial de la educación pública en el Uruguay, no guarda proporción alguna con la información, salvo si se considera tal paralelo bajo un criterio de verosimilitud. Pese a semejantes diferencias, entre dos contextos que registran una disimilitud que salta a la vista, nunca las semejanzas fueron tan ostensibles.  Ahora, la verosimilitud en este caso no es mero parecido, sino notable sincronía, a partir de circunstancias que aproximan curiosamente a dos países limítrofes, pero divididos por una desproporción que no redunda sólo a favor del tamaño, como lo demuestra incluso la escala micrométrica que permite apreciar un partido de fútbol.[2]

 

Las diferencias de tamaño a escala (territorial, demográfica, económica), de tradición institucional (estatal, local, asociativa), de marcas de identidad (religiosa, educativa, idiosincrática), cedieron paso a una diferenciación común en la movilización reivindicativa contra el sistema político. Pese a la mundialización de pantalla que propone la FIFA, una característica compartida, entre el Brasil y el Uruguay, percibe en las estructuras representativas una fuente de desigualdad y opresión, cuando no pura y simplemente, de corrupción pública.[3] La semejanza entre David y Goliath no se puede establecer en términos de magnitudes nacionales, en cuanto a partir del cuestionamiento de la representación pública, los escenarios políticos se tornan semejantes entre sí, pese a conservar todas las disimilitudes de escala que debieran, en razón de bases de sustentación tan contrapuestas, diferenciarlos a rajatabla. Esta relativización de las condiciones que distanciarían inapelablemente, a favor de un rasero sugerido por comportamientos similares, proviene de un corte transversal entre la constitución del sistema político y los registros de la identidad ciudadana.

 

Este corte parece intervenir en tres vectores que se aceleran recíprocamente entre sí:

 

a)    El aislamiento del sistema político en la opinión ciudadana y la marginación del sistema de partidos en tanto ámbito generador de identidad colectiva

 

b)   El corte transversal del campo de la izquierda política y sindical con relación a la movilización reivindicativa de su propia base social

 

c)    La substitución de la pirámide de lugares institucionales por la red que articula un mundo de redes

 

Una transformación que proviene de la implosión de estructuras representativas, a partir de la crisis del sistema  (político-industrial-militar) de bloques instaurado por la Guerra Fría, habilitó su propio desarrollo con base en una condición clave, que ahora genera un efecto entrópico generalizado, en la completa substitución de la ideología por la tecnología. De esta última se ha retenido en la memoria colectiva el influjo del prefijo “tecno-”, mientras como tal actúa sobre el sufijo “-logía”, que pauta una inteligencia que de por sí, ya es el mundo.[4] En efecto, el mundo de la modernidad cristaliza en la autonomía de la representación, como tal supone el conocimiento, que no se sustenta sino en la inteligencia humana.

 

La ideología (término en que coinciden el sentido lato y el histórico) concebía un camino al mundo bajo el criterio de la ciencia, que pretendía fundar metódicamente (Condillac) o a la que se oponía como su falsificación (Marx). Sin embargo, en todos los casos la ideología pautaba la consistencia entre el mundo que protagonizaba y el conocimiento que instauraba (por virtud o por falencia científica). Por el contrario, la tecnología no se vale sino de su procedimiento operativo para acceder a una consistencia pragmática, en cuyo curso el mundo se convierte en efecto obtenido y la ideología se disuelve en gestión instrumental.[5] Esta subordinación de la ideología a la tecnología se ha vuelto transparente en las tecnologías mediáticas, que incluyen en calidad de ideología (en cualquiera de los sentidos del término) el núcleo mismo de la teoría del conocimiento: el método (el medio para alcanzar el conocimiento).

 

Por esa razón en las estructuras mediáticas cristaliza la forma más aguda de la descomposición del mundo de la representación, así como esas mismas estructuras le contraponen, a toda existencia previa, una configuración artefactual del mundo: allí se produce la división entre la visión del mundo (sinónimo de ideología) y la visión a distancia (sinónimo de tele-tecno-visión), que desarticula el cuerpo social. Mientras el cuerpo social exige reciprocidad en base a una naturaleza compartida, la tecnología sólo permite a cada uno el acceso a un procedimiento indiferente a cada quién. Por lo tanto, la unidad de visión que proveía la ideología, fuente y horizonte de un destino compartido, se disuelve en la polaridad que habilita la interfaz, que ante todo separa,  por medio de la neutralidad metodológica del procedimiento mediático. Anunciarle a un interlocutor que en adelante no depende sino de una instrumentación para vincularse a otro, supone que desde entonces no actúa obligado por nadie.

 

En cuanto la estructura social obstaculiza la transmisión de los desplazamientos de opinión, supeditando el desarrollo pluralista a la soberanía estatal, la vinculación en red favorece la precipitación mediática de los movimientos de protesta. De ahí la significación democrática que reviste, en contextos de insuficiente desarrollo representativo de las estructuras públicas, la manifestación colectiva concitada (antes que convocada) por una libertad de expresión mediática. Asimismo, esa aceleración se convierte en un veloz catalizador de la movilización, cuando las estructuras democráticas existen pero se encuentran neutralizadas por la manipulación del poder. El caso de Brasil parece estar a medio camino entre la insuficiencia democrática (de las estructuras reivindicativas) y la velocidad de alerta de los sectores movilizados (en razón de un extendido acceso al vínculo mediático).[6]

 

El caso del Uruguay opera como contraejemplo que ilustra el mismo proceso de catarsis tecnológica de la ideología, en cuanto el cuestionamiento del estereotipo representativo que predomina en el sistema político, proviene del sector con mayor articulación social relativa (la educación). En efecto, no sólo la educación ha sido el vector del desarrollo social del Uruguay a partir de la redistribución del excedente agropecuario, sino que además su estructura ideológica lo vincula estrechamente a la misma izquierda política que administra el gobierno nacional por un segundo período consecutivo. Tradicional y estratégicamente la izquierda uruguaya, en sus distintas vertientes singularizadas, ha encontrado el mayor caudal de adhesión y apoyo en el ámbito de la educación nacional. Ese contexto otorga un sentido razonable a la sentencia de Carlos Quijano: “La universidad es el país”.

 

La segunda razón por la cual Uruguay presenta un significativo contraejemplo, es que la misma izquierda en el poder ha introducido la substitución de la ideología, en su propio núcleo paradigmático que ilustra la educación pública, por la tecnología representada por un Plan Ceibal,[7] cuyos efectos educativos siguen en tela de juicio, particularmente en cuanto el designio de “igualar oportunidades” pareció confundirse con “propiciar la excelencia”. Sin embargo, el binomio “igualdad-excelencia” supone una reciprocidad del cuerpo social en su organicidad, que en razón de la declinación de la representatividad progresista, la tecnología en su fase de culminación mediática no puede sino disgregar. Por el contrario, el presente parece indicar que la articulación entre la tecnología y la educación se establece, por la latitud que ha alcanzado la primera, en el propio campo de la sociedad, por lo cual el designio de convertir tal conmutación socio-técnica en vector educativo singular, parece destinado a ahondar aún más la brecha de la desigualdad.

 

Por esta razón, la movilización contra la política educativa del propio sector por el que el gobierno uruguayo ha pretendido, a través del Plan Ceibal, hilvanar su estrategia de articulación tecnológica (la educación pública y particularmente primaria), parece destinada a consolidar en su pliegue más íntimo la estrategia de contragobierno.[8] Tanto como la movilización convocada por las redes brasileñas para oponerse a un fútbol de pantalla, proyectado para disimular la desigualdad más estentórea, que cunde en la calle.

 

 

 

 

 

[1] “No es sólo brasilera” Montevideo Portal (24/06/13) http://www.montevideo.com.uy/notnoticias_204357_1.html

[2] “Felipao” elogia a Uruguay, su rival de semifinales” Terra (25/06/13) http://deportes.terra.com.ar/futbol/felipao-elogia-a-uruguay-su-rival-de-semifinales,426ef95c2487f310VgnCLD2000000ec6eb0aRCRD.html

[3] “Promueven proyecto para topear en $14.305 sueldo de legisladores y ministros” LaRed21 (02/07/13)

http://www.lr21.com.uy/economia/1113719-promueven-proyecto-para-topear-en-14-305-sueldo-de-legisladores-y-ministros

[4][4] Kant, I. (1935) Antropología en sentido pragmático, Revista de Occidente, Madrid, pp.7-8. Versión on-line en la dirección http://bibliophiliaparana.wordpress.com/2011/07/29/kant-immanuel-antropologia-en-el-sentido-pragmatico/ (acceso el 02/07/13)

[5] Lyotard, J-F. (1987) La condición Posmoderna, Cátedra, Madrid, p.16. Versión on-line en la dirección http://espanol.free-ebooks.net/ebook/La-condicion-postmoderna/pdf/view (acceso el 02/07/13)

[6] “Políticos brasileños, atónitos ante las protestas” El Observador (20/06/13) http://www.elobservador.com.uy/noticia/253495/politicos-brasilenos-atonitos-ante-las-protestas/

[7] “Objetivos” en  Portal Plan Ceibal http://www.ceibal.org.uy/index.php?option=com_content&view=article&id=44&Itemid=56 (acceso el 02/07/13)

[8] Ver en este blog “Renuncia, regresión y reagrupamiento: contragobernar en 2013” http://ricardoviscardi.blogspot.com/2013/01/renunciaregresion-y-reagrupamiento.html

Edición en papel en el suplemento “Tiempo de Crítica” (Rev. Caras y Caretas), 25-01-13.

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