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Democracia siglo XXI

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Can Preventive Diplomacy Avert Military Conflicts?

By Thalif Deen

conflictos

Slovak diplomat Miroslav Lajcak delivers a speech after he was elected as president of the 72nd session of the United Nations General Assembly, at the UN headquarters in New York, May 31, 2017. Credit: UN Photo

STOCKHOLM, May 21 2018 (IPS) – In the paradoxical battle against military conflicts, is preventive diplomacy one of the political remedies that can help deter wars before they break out?

Miroslav Lajcak, President of the UN General Assembly, points out that prevention takes many forms, and it must tackle conflict at its roots – before it can spread.

“This means stronger institutions. It means smart and sustainable development. It means inclusive peacebuilding. It means promoting human rights, and the rule of law.”

At a recent three-day Forum on Peace and Development, sponsored by the Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) and the Swedish Foreign Ministry, participants came up with several responses, including international mediation, pre-conflict peacebuilding, counter-terrorism — and, perhaps most importantly, sustainable development that aims at eradicating poverty and hunger.

Para lectura completa  http://www.ipsnews.net/2018/05/can-preventive-diplomacy-avert-military-conflicts/

 

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Ortega en la cuerda floja

Nicaragua

 

Por Andrés Hoyos

Daniel Ortega, émulo de Somoza, siempre se presenta flanqueado por su esposa Rosario Murillo, una caricatura viviente de las brujas de los cuentos de hadas, quien se atreve a publicar malos versos en un país de grandes poetas. Pues bien, aunque la dictadura en Nicaragua se tambalea, la pareja modelo está dispuesta a hacer lo que sea con tal de mantenerse en el poder. Y digo “lo que sea”, pues incluso ofrecen “negociar”.

Un dictador, si además es un psicópata —y no se debe olvidar ni por un instante que Ortega es un violador serial que sometió a su hijastra, Zoilamérica Narváez Murillo, a años de abuso sexual—, no hace concesiones si se siente sólido en su puesto; a lo sumo finge hacerlas para luego contraatacar al primer parpadeo. La gran paradoja es que si de todos modos se ve obligado a ceder en algo, como permitir que una misión de la CIDH visite el país para juzgar la situación o entablar un diálogo forzado por una Iglesia católica súbitamente militante tras décadas de pasividad, es porque la amenaza es muy seria.

Importa mucho entender que Ortega está perdiendo la crucial batalla de los símbolos. En Masaya, plaza fuerte del sandinismo histórico, queda el emblemático barrio indígena de Monimbó, donde hace 40 años el somocismo asesinó a Camilo Ortega, hermano del presidente. Pues bien, los artesanos de Monimbó ya pusieron cinco muertos en la actual batalla contra el hermano de su antiguo héroe. Hay un segundo símbolo que Ortega acaba de perder: Niquinohomo, el pueblo donde nació Sandino. Allí también se levantaron los pobladores y, según reporta El País, se dio una dura batalla para decidir qué pañuelo debía llevar la estatua del héroe, si rojo y negro, según la vieja bandera anarquista del FSLN, o azul y blanco, los colores de la nación. Los pobladores de Niquinohomo se hicieron azotar por los esbirros de Ortega con tal de evitar la afrenta a su prócer de ponerle un pañuelo que asocian con el dictador.

No, claro que no se puede asegurar que Ortega caiga porque estas dictaduras “electorales” del siglo XXI han demostrado ser muy recursivas a la hora de sostenerse en el poder; también saben robar y poco más. Hasta hace un par de años, Ortega parecía atornillado y seguro en su puesto. Mezclaba una represión selectiva, una corrupción abundante y unos pactos que consideraba indispensables: con los militares —a la Policía la tiene entre el bolsillo desde hace años pues está bajo el mando de Francisco Díaz, un familiar suyo—, con los empresarios y con Nicolás Maduro, el gran benefactor. Pero los petrodólares venezolanos desaparecieron de forma súbita y el régimen quebró.

Aunque la tentación obvia es hacer paralelos con Venezuela, las situaciones de ambos países difieren bastante. En Nicaragua el combustible de la legitimidad electoral se agotó hace mucho. También, mientras Maduro tiene comiendo de la mano al inefable general Vladimir Padrino López como un gatico desdentado, el Ejército nicaragüense acaba de distanciarse de Ortega y dice que no reprimirá más a la población. Algo debe andar mal ahí, porque el dictador ha venido dependiendo de un aparato paramilitar que responde directamente a sus órdenes y de la Policía.

En fin, como lo demuestran Nicaragua y Venezuela, sacar dictadores del poder implica un proceso difícil y sangriento. Lo mejor es no dejarlos llegar a él cuando andan disfrazados de demócratas y prometen atardeceres rosados.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

El sol de todas las mañanas

 

sol

Por Andrés Hoyos

Vi en estos días un cuadro estadístico que me llamó poderosamente la atención. Estaba en The Economist, si bien su origen es otro: http://bit.ly/2jCyh8Q. No hay modo de ocultar la gran noticia que implican las curvas allí dibujadas: el costo de los paneles solares ha bajado de forma dramática en los últimos años, de suerte que hoy compiten con las demás fuentes de energía, sobre todo en un país tropical de alta luminosidad como Colombia, donde se puede obtener 1 MW por hectárea, cantidad que no hará más que subir en el futuro.

Miremos, sin embargo, los numerosos bemoles de la energía solar. El sol no brilla en las noches y su intensidad baja cuando las nubes lo cubren. Muy en particular, la energía solar no puede alimentar la red eléctrica en las horas pico, que aquí van de las seis a las nueve de la noche. Esto implica que, sin un sistema confiable de acumulación, la energía solar no es una solución 24/7.

Se hace entonces necesario combinar la energía solar con otras formas de generación, como la hidráulica. Esta puede provenir de agua represada o incluso de agua bombeada durante el día con parte de la energía solar. La eficiencia de este segundo proceso ha de ser muy variable, dependiendo de las condiciones topográficas en las que se instale el sistema, con la aclaración de que la generación complementaria podría ubicarse a varios kilómetros de la granja. Asimismo están las grandes baterías que, me dicen, no se han terminado de inventar, así su costo también esté descendiendo a marchas forzadas. Los sitios con más sol, dígase la península de la Guajira, a veces están lejos de las líneas de transmisión e implican una proliferación indeseable de polvo. La huella de carbono de la energía solar no es cero, como pretenden algunos optimistas, pues están la dispendiosa fabricación de los paneles y su posterior descarte, cumplida su vida útil. Aunque todo lo anterior es cierto, la noticia central sigue siendo formidable: la energía solar ya es competitiva.

Claro, cualquier casa de familia o edificio puede poner paneles en los techos, pero los costos típicos de la versión artesanal triplican los de la industrial. De ahí que sea preferible montar granjas solares de gran calado con economías de escala, cerca de las redes de transmisión y en varias zonas del país. Hablamos de operaciones de decenas, cientos o, por qué no, miles de hectáreas. Estas granjas deben ser instaladas por inversionistas variados, desde capitalistas puros hasta cooperativas. En la India una de estas últimas es socia de la granja solar más grande del mundo. Pese a que una gran empresa estatal, como EPM, puede y debe participar en el proceso, la función central de Estado en la materia debería consistir en regular el mercado, proveer incentivos, por ejemplo, para que en tiempos de sequía las represas concentren su generación por las noches, y de resto cargar impuestos crecientes a la generación basada en combustibles fósiles, según el daño ambiental que cause cada combustible.

En estos temas no tiene sentido esperar a que otros países investiguen y desarrollen. Hay que hacerlo localmente, importando por supuesto toda la tecnología que sea necesaria.

Por ahí he oído que en Colombia hay una conspiración contra la energía solar. No lo creo. Lo que pasa es que las regulaciones son antiguas. Pueden actualizarse sin misterio y, después, esperar a que salga el sol cada mañana.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

Análisis más amplios para sociedades más igualitarias

Oscar García

Oscar A. Garcia. Crédito: Fida

Este es un artículo de opinión de Oscar A. Garcia, director de la Oficina de Evaluación Independiente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA).

Por Oscar A. Garcia

ROMA, 2 may 2018 (IPS) – Las desigualdades están aumentando. Desde 1980, el uno por cierto de la población más rica recibió el doble de ingresos que el 50 por ciento de más pobre. Tras varios años de descenso, el hambre también está creciendo.

Según el informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo, el número de personas con desnutrición crónica en el planeta pasó de 777 millones, en 2015, a 815 millones, en 2016. Si vamos al fondo de estas cifras observamos que tres cuartos de la población que sufre inseguridad alimentaria en el mundo viven en zonas rurales.

Los más pobres y excluidos

A lo largo de la senda del crecimiento económico, millones de personas quedan excluidas. Son personas que pertenecen a grupos discriminados en sus propias sociedades. Esta discriminación se produce por distintos motivos: religiosos, étnicos, de género o discapacidad; las desigualdades son multidimensionales, plurifacéticas y acumulativas.

Desenmarañar tales complejidades es un reto que debemos afrontar.

Sin entender las causas profundas de las desigualdades, no podremos eliminarlas ni tampoco podremos acabar con las enormes barreras que crean y que impiden a las personas más pobres –esas que están en la base de la pirámide– progresar. Sin transformar las restricciones que refuerzan las causas más profundas de la pobreza crónica, es muy poco probable que alcancemos un progreso sustancial.

 Análisis amplios para iluminar la senda

Es necesario cambiar el enfoque del discurso sobre la desigualdad, sea económica, política o social. Debemos preguntarnos por qué decenas de millones de personas no tienen acceso a agua limpia. Por qué las mujeres pobres no tienen acceso a la tierra. Por qué millones viven sin suficientes alimentos o en situaciones precarias de vida.

Tanto las preguntas como la realidad en sí misma van mucho más allá de la pobreza en sí misma; debemos llegar al último rincón de estas realidades y espacios en los que las personas son discriminadas y entender los múltiples porqués de tales situaciones.

Caminar hacia la reducción de las desigualdades requiere evidencias rigurosas y datos detallados. Exige también ir más allá de los enfoques tradicionales.

Debemos mejorar nuestros marcos de análisis, hacer preguntas que nos permitan evaluar realidades complejas; hablar con las personas pobres y entender cuáles son sus necesidades.

De este modo podremos impulsar una agenda renovada de desarrollo que actúe eficazmente sobre las desigualdades.

Los altos niveles de desigualdad pueden reducirse si somos capaces de crear políticas redistributivas orientadas a la prosperidad compartida, la justicia social y la democracia para todas las personas.

Estos y otros temas serán discutidos durante la Conferencia Internacional “Desigualdades Rurales: Evaluación de enfoques para superar las disparidades”, organizada por la Oficina de Evaluación Independiente del FIDA, que se celebra en Roma el 2 y 3 de mayo.

De la fragilidad de la democracia

democracia

 

Por Andrés Hoyos

Ahora que las tendencias antidemocráticas están al alza en Colombia, no sobra remitirnos a las raíces del fenómeno.

La democracia es un genial invento de la civilización occidental, que empezó apenas como una semilla en la Grecia antigua, una sociedad esclavista. En Roma, otra sociedad esclavista, el asunto voló durante un tiempo, pero fue dado de baja por los emperadores, de modo que hubo que esperar hasta el siglo XVIII, cuando tres países dieron, cada uno a su manera, un gigantesco salto hacia adelante: Francia, de forma sangrienta y pasando luego por un emperador guerrero, Estados Unidos, de forma menos cruenta, aislado en América del Norte, e Inglaterra, de forma gradual, primero arbitrando en el Parlamento cualquier cobro de impuestos y después debilitando de forma paulatina la monarquía, hasta volverla el espectáculo inocuo, aunque costoso, que ha sido a partir del siglo XX.

Dicho de otro modo, tomó cerca de 20 siglos perfeccionar el invento. Incluso el verbo “perfeccionar” es engañoso porque las sociedades, tras cualquier crisis de peso, tienden a la regresión y buscan encumbrar a los viejos machos alfa de la tradición tribal que mandaron, con escasas excepciones, en casi todas partes y en casi todos los tiempos. Así que esos caudillos que pululan por ahí, vitoreados hasta el delirio, no son excepciones, son una vieja regla de la política.

La democracia surgió en buena parte porque los déspotas ilustrados, por el estilo de Luis XIV en Francia o Carlos III en España, cedían eventualmente su lugar a déspotas crueles o idiotas que era imposible hacer a un lado sin grandes derramamientos de sangre. Los malos gobiernos duraban décadas, cuando no siglos. Teorizada por Montesquieu, la idea original de la democracia buscaba ante todo limitar el ejercicio del poder. Celebrar unas elecciones libres, periódicas, de fecha cierta y sin trampas era y es un factor necesario para que haya democracia, pero dista mucho de ser suficiente. Tanto o más importante es la división del poder en tres ramas, la ejecutiva, la legislativa y la judicial, manteniendo entre ellas los famosos pesos y contrapesos. Karl Popper escribió en 1986 para The Economist un texto clave que se puede leer aquí: http://econ.st/2pucUt1. Su tesis central es que la esencia última de la democracia consiste en poder sacar a los malos gobiernos del poder. Otro indicio, por si acaso, de que hoy no hay democracia en Venezuela ni en Nicaragua, porque allá los malos gobiernos se aferran al poder como lapas.

Ya en Colombia, empecemos por lo obvio: nuestra democracia es todavía precaria, hasta el punto de que fue atacada militarmente durante más de 50 años por insurgencias imposibles de erradicar por la fuerza. Situémonos en 2022 y pensemos en la perspectiva que nos plantea Popper. ¿Qué tan altas son las probabilidades de que para entonces hayamos tenido un mal gobierno? A juzgar por los candidatos que van adelante en las encuestas, muy altas. ¿Qué tan probable es que nos veamos confrontados con un mandatario que no se quiera ir del poder? No veo a Duque aferrándose a él, pese al peligroso e insultante padrino que lo acompaña; en cambio, es casi seguro que Petro, en vez de gobernar, habrá estado todo el tiempo buscando la manera de quedarse. Su programa es para un par de décadas, no para cuatro años. ¿Alguien lo ha oído decir que se va en 2022 y listo? Yo no.

Ojalá me equivoque y gane, digamos, Sergio Fajardo.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

¡Paren el mundo que me quiero montar!

mayo

Por Eva Feld

A cincuenta años del mayo francés de 1968, hito histórico en el que contrajeron nupcias consignas diametralmente opuestas para reivindicar en la palestra pública con igual júbilo y simultaneo ímpetu desde el más floreado marxismo hasta la ilimitada libertad sexual, sus protagonistas anónimos, conquistadores de la posmodernidad, eternos diletantes, libre pensadores y nostálgicos sobreseídos del devenir político mundial, presenciamos alelados que el tren ultrarrápido en el que viajábamos hacia el futuro utópico y del cual quisimos apearnos para sembrar nuestras ideas y nuestras causas en el terreno fértil de las emociones revolucionarias, nos ha dejado convertidos en apacibles rumiantes de lo que ha devenido, muy a nuestro pesar, en pasado.

Sin embargo, no todo está perdido, luego de darse la vuelta entera por la Vía Láctea, el tren de la historia está a punto de pasar de nuevo frente a nuestras narices y henos aquí, en nuestra perplejidad, pretendiendo que haga un alto para volvernos a montar sin habernos tomado la dosis reglamentaria de Dramamina para contrarrestar el mareo. Aquí estamos intentando deslastrarnos de conocimiento y experiencia, haciendo aeróbicos y pilates para hacernos atractivos a las nuevas generaciones, intentando olvidar nuestras lecturas de Marcuse, Lacan, Lukacs o Althusser y ejercitando nuestros dedos para aprender a enviar mensajitos por el celular o actualizarnos en facebook, pasándonos a toda velocidad direcciones electrónicas que nos permitan estar al día en foros políticamente obtusos, culturalmente actualizados y lucir aceptablemente consumistas.

Hubo un tiempo, sí, en que protestábamos porque las grandes ideas de los pensadores del siglo XX se iban comprimiendo a vulgaridad y desquiciamiento. Ahora comprendemos que las píldoras light a las que se han reducido las disquisiciones, los preceptos, las teorías y las ecuaciones de segundo grado son precisamente el carburante que consume el máximo motor de combustión interna que es la velocidad mediática. El conocimiento, el discernimiento, el debate, la dialéctica han quedado relegados a la habitación de los trastos viejos. Es el tiempo de los resúmenes, las síntesis, la inmediatez. Es la hora de encapsular el pensamiento que, dicho sea de paso, ha de ingerirse con burbujas edulcoradas para soportar cualquier efecto secundario. Pensar se equipara con enfermedad, el antiguo precepto cogito ergo sum ha adquirido, en este medio siglo transcurrido desde el mayo francés, una sorna semántica.

Si Marcuse acuñaba la desublimación sexual y cultural en el Hombre Unidimensional, que le dio título a su obra mejor conocida, su tesis, como los buenos rones que se añejan en barricas de roble, se ha mejorado a sí misma, proclamándose su definición de libertad como ciertamente incomparable con ninguna anterior. Una que no se conquista ni se sustenta y que tampoco se defiende, una que ha adquirido carácter de existencialismo por serle consustancial a la esencia humana, de manera que se nazca directamente libertino.

Lacan en cambio ha sido víctima de devaluación; si en los años 60 cabalgaba sobre el monstruo de tres cabezas que era para él el problema de la educación, tratando de descifrar lo real, lo simbólico y lo imaginativo para darle coherencia a sus teorías, estaría probablemente desconcertado ante el desarrollo subnormal que ha sufrido su quimera, en lo referente a lo real. Impávidos, quienes lo estudiamos durante los sucesos del mayo francés, vemos también cómo lo simbólico y lo imaginativo son manipulados impúdicamente hasta reducirlos a adoctrinamiento y prefiguración respectivamente. Cierta imaginación ha llegado al poder y pretende prohibir que se le prohíba, en contraposición a la consigna  “prohibido prohibir” del mayo francés.

Lo real, lo simbólico y lo imaginativo se han sujeto hacia limitaciones alejadas del  hipotético Estado Social de Derecho, es decir, de  una legislación de tolerancia y respeto mutuo, de una economía inclusiva y de otras ideas más progresistas que revolucionarias, que implican más disciplina que libertinaje, más seriedad que consignas y evidentemente más circunvoluciones que aceleración.

El tren de la historia que regresa a toda velocidad se ha llevado por delante el placer estético por el que abogaban los filósofos alemanes de la escuela de Frankfurt, al precioso andamiaje verbal de los ensayistas franceses, a los pensadores de alta cilindrada que acompañaron los sucesos del mayo francés y adolece de las libertades humanas consagradas en las constituciones y en los vocabularios de occidente.

El tren de la historia, cuya velocidad arrolladora enceguece a quienes lo quieren abordar desconociendo su itinerario, sólo podrá ser conducido por quienes estén en capacidad de imponerle las paradas. Para lo cual se requiere una fuerza cuyo punto de partida se ubique en las ciencias del espíritu, de la musculatura pragmática y del esfuerzo contagioso, ergo colectivo.

Coletazos

guacho

 

Por Andrés Hoyos

El peligroso y proteico bicho de la violencia todavía da grandes coletazos entre nosotros.

Hasta hace menos de un año el tal Guacho que tiene en ascuas a Colombia y Ecuador no era nadie. Llamo la atención sobre el final de la afirmación, pues constituye el meollo del asunto. Sucede que nos gastamos cuatro años en un proceso de paz con las Farc, lo llenamos de incisos y acápites, pero se nos olvidó que la fuente del conflicto no son las personas per se, así sean perversas o desalmadas, sino la existencia de un mercado que recluta nuevos actores con facilidad. Dicho de otro modo, morirá o será capturado el Guacho y no pasará nada. Surgirán el Guacho 2, el Guacho 3, el Guacho N, como sucedió con Megateo, el pérfido jefe del Epl en el Catatumbo, que murió sin que la región haya mejorado en lo más mínimo. Por ahí andan Megateo 2 o Megateo 3, cuyos nombres reales dan igual.

Hay que repetir hasta la saciedad una conclusión establecida hace mucho, pero que no vuela en Colombia: la guerra contra las drogas es un fracaso colosal del cual tenemos que escapar para mañana es tarde. El prohibicionismo, aparte de antiliberal en su concepción, pretende deshabilitar la ley de la demanda y la oferta, si se me permite enunciarla en el orden que aquí conviene. Mientras haya demanda de drogas —de cocaína, en particular—, alguien se encargará de la oferta, alguien que por definición no es la madre Teresa de Calcuta. La erradicación de cultivos como centro de la política antidrogas es absurda. La demanda sigue, de modo que la mata que arrancan aquí la vuelven a sembrar allí, y como la coca se da en casi todos los climas y hasta entre las grietas del asfalto, por ahí no se va a ninguna parte.

¿Por qué no se entiende esta obviedad? Porque Colombia es un país embrutecido por la lora de los extremistas. Como será de soporífero el efecto del prohibicionismo, que hasta Petro le hace reverencias. En lo único en que uno hubiera agradecido una posición radical de este declarado enemigo de la economía de mercado es en el tema de la legalización de las drogas, pero no. Es tan godo en eso que parece uribista. Repite la tontería de que Colombia no puede actuar unilateralmente. ¿Y eso? Uruguay, California, Holanda y pronto Canadá actuaron o actúan unilateralmente y la tierra no se ha tragado a nadie.

Como sigue entrando un gran chorro de dinero ilegal a Colombia, zonas como los alrededores de Tumaco o el Catatumbo son volcanes activos, al tiempo que Cauca, Chocó y Arauca son volcanes dormidos que podrían entrar en actividad pasado mañana. Dicen los medios que se esperaba otra cosa debido al proceso de paz. ¿A cuento de qué esperar nada distinto si los problemas centrales —la prohibición y el mercado negro que genera— siguen intactos?

Lo más indigno es que la bestia da coletazos aquí mientras en California se monta una industria de miles de millones de dólares alrededor de la marihuana. Pero nuestros popes —dígase Juan Lozano, María Isabel Rueda o Juan Carlos Pastrana—, un poco antes de arrodillarse ante el ídolo con peluquín, se llenan la boca con palabras de indignación. Dan pena.

Tampoco entiendo la timidez de los ambientalistas tradicionales en esta materia. Viven pendientes de esta y aquella matadura puntual, sin fijarse en que la industria del narcotráfico destruye miles y miles de hectáreas de bosque primario en las zonas más delicadas del país.

Somos, en fin, un país supinopensante.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

Cuba comienza algo más que un relevo generacional

Cuba

El saliente presidente Raúl Castro (primero a la derecha) y su previsible sucesor desde el 19 de abril, Miguel Díaz-Canel (tercero), durante una ceremonia en el Palacio de la Revolución, en la capital de Cuba, el 29 de marzo de este año. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

Por Patricia Grogg

LA HABANA, 13 abr 2018 (IPS) – La etapa que comienza en Cuba el 19 de abril conlleva una división hasta ahora inédita en la cúpula del poder: el presidente y jefe de gobierno no será a la vez primer secretario del Partido Comunista (PCC), único legal, ni comandaría las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).

El jueves 19 se constituye la nueva Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP, parlamento unicameral),  electa el 11 de marzo, para después escoger de entre sus miembros al nuevo presidente, un primer vicepresidente, cinco vicepresidentes, un secretario y 23 miembros más del Consejo de Estado, máximo órgano ejecutivo.

Para lectura completa http://www.ipsnoticias.net/2018/04/cuba-comienza-algo-mas-relevo-generacional/

La justicia del error

Nariño

Por Andrés Hoyos

El anuncio en el camino decía: “para triunfar en primera vuelta, gire a la izquierda”, pero el carro en que iba Iván Duque giró a la derecha. Bendita sea su miopía. Eso de penalizar la dosis personal puede que suscite ¡hurras! en alguna familia ultracatólica de la provincia antioqueña, cuyos votos Duque ya tenía en el bolsillo, pero pone a dudar a cualquiera con un gramo de liberalismo en el cerebro, quien entiende la barbaridad de echar a la cárcel a miles de muchachos por fumarse un cigarrillo de marihuana mientras California legaliza la hierba y construye imperios comerciales a su alrededor. No se puede ser tan dócil ante Trump y sus fiscales belicosos. ¿Y qué tal la idea de satisfacer los odios de Uribe y desmontar el sistema de las altas cortes poniendo en peligro la tutela? Esto demuestra, además, que el canoso y elocuente senador realmente no conduce su campaña, sino que mandan en ella esas almas oscuras que lo rodean e incluso lo vigilan. En todo caso, el tal triunfo de Duque en primera vuelta se desvanece en medio de las propuestas vengativas del Centro Democrático.

Un empujoncito lleva a otro empujoncito, varios empujoncitos llevan a un gran empujón y de repente el centro, que hace apenas tres semanas parecía inviable, ha vuelto a ser opción para el 27 de mayo. ¿No le gustan a usted el referendo constituyente ilegal de Petro para el 8 de agosto ni su idea de revocar el Congreso en el que carece de bancada, pero tampoco le gustan las venganzas furibistas contra las libertades y la Constitución del 91? Le aseguro que no está solo. Por fortuna los caudillos son narcisos y prefieren perseverar en el error y ser vapuleados por cometerlo, en vez de retractarse. Como ya lo comprobó Petro, tampoco Iván Duque va a moderar sus propuestas radicales. Horrible actitud esa que no le permite a uno echar reversa y decir: me equivoqué.

Hasta Vargas Lleras ha tomado un nuevo aire en estos días, si bien los votos de derecha sencillamente no alcanzan para poner al N°1 y al N°2 en primera vuelta. Lo que queda pendiente es saber si pasa el centro o pasa la izquierda antinstitucional de Petro. A mí me gustan Sergio Fajardo y Humberto de la Calle, pero como no se unieron, votaré por el que vaya adelante en las encuestas quince días antes de las elecciones. Los hay por ahí que consideran esta opción obvia. No lo es. Existen los puristas que, sin saber a qué horas, harán que gane uno de los dos extremos en cambio de votar por el candidato de centro que menos les gusta. La paradoja, en todo caso, es que la primera vuelta va a resultar más importante que la segunda. ¿Por qué? Porque una segunda vuelta entre Duque y Petro la gana casi con seguridad el primero, mientras que una segunda vuelta entre Duque y Fajardo, el candidato hasta hoy mejor posicionado de centro, está muy lejos de haberse decidido. Ya Adriana La Rotta mencionó el caso reciente de Costa Rica, donde un ultramontano que iba a arriba en las encuestas fue vapuleado en segunda vuelta por Carlos Alvarado, el candidato de centro.

Esperemos lo que falta de campaña, veamos los debates, crucemos los dedos para que nuestros predilectos tengan un buen desempeño y miremos las encuestas que, pese al desprestigio y los descaches, saben algo más que un votante aislado. La unión la tenemos que hacer nosotros, de facto, escogiendo una estrategia bicentral en vez de la bipolar que ha venido predominando hasta ahora. Eso haré yo.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

Legitimidad

 

Legitimidad

Por Andrés Hoyos

En un  desayuno de trabajo que tuvimos hace poco sobre el tema de la guerra contra las drogas y cómo salir de ella, la carencia de legitimidad en Colombia se citó con frecuencia. En efecto, un colombiano que viaja a un país desarrollado se detiene en todos los semáforos, no se le ocurriría ofrecer dinero a un policía ni menos ofenderlo con frasecitas como “usted no sabe quién soy yo”, pero llega al país y cambia de chip. Este ciudadano sin duda intuye que el Estado colombiano sufre de baja legitimidad.

La legitimidad es un asunto de percepción y viene en grados. Su formación es multideterminada y depende de una suma de factores que se refuerzan (o debilitan) entre ellos. Sospecha uno, sin haberlos vivido, que en tiempos pasados la legitimidad en Colombia nunca fue potente y sólida. El Estado no prestaba sino unos servicios mediocres, permeados por todas partes por la omisión, y tampoco hacía valer su autoridad.

Es cierto que una Constitución y unas leyes bien armadas son útiles para consolidar la legitimidad, pero ambos factores están a años luz de ser suficientes para obtenerla. A eso se llega después de un largo proceso de construcción, no se parte de ahí. Muchas constituciones latinoamericanas, algunas bien escritas, no sobrevivieron a las fuerzas disolventes de la vida real. En ese sentido es dañino el santanderismo local, esa vieja tradición de normas hipócritas que están en el papel y no se cumplen, a lo mejor porque no hay cómo hacerlas cumplir o porque son incumplibles.

Si interpreto bien el reciente libro de Malcolm Deas, Las fuerzas del orden, una razón clave para la baja legitimidad del Estado colombiano ha sido la debilidad histórica de las Fuerzas Armadas y, agrego yo, el mal diseño de la Policía. Uno o varios episodios de autoridad fuerte, justamente ejercida (hasta donde se puede justo en estas materias), parecen puntos de partida necesarios para establecer la legitimidad. El asunto se ve más claro al revés: unas Fuerzas Armadas a las que la guerrilla les toma centenares de rehenes a los cuales mantiene presos durante años tienen poca credibilidad y, por ende, poca legitimidad. Hablo del ejercicio recio y al mismo tiempo controlado de la fuerza, en el que se minimizan los excesos. Una institución fuerte no tiene por qué excederse; los excesos son signos de debilidad. Esa credibilidad en la fuerza del Estado debe ir acompañada de una credibilidad en su eficacia, no ya militar, sino para beneficiar masivamente a la población. Claro, lo que algunos no entendían y tal vez todavía no entienden es que lo segundo es imposible sin lo primero.

La otra fuente básica de legitimidad son los impuestos, que deben ser justos, progresivos y difíciles de evadir. De nada vale tener tarifas altísimas que solo pagan unos pocos, si uno va a casi cualquier pueblo turístico en Colombia y ve que quienes cobran IVA son una ínfima minoría. Se sabe que, por ahí derecho, no pagan renta pese a ser prósperos. Los impuestos fueron la base del fortalecimiento de una democracia como la británica, cuyo Parlamento se creó en gran parte para arbitrar el cobro justo y universal de los mismos. A su vez, las 13 colonias norteamericanas se alzaron contra ese mismo imperio bajo el lema de No taxation without representation. En cambio aquí es un héroe quien los evade.

La pregunta del millón es qué se debe hacer para instituir una legitimidad más potente, tema que dejo para otro día.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

 

Con Fajardo y de la Calle

Andrés Hoyos

Por Andrés Hoyos

Este fin de semana con puente se dio un fenómeno sorprendente. Un grupo de WhatsApp iniciado por Héctor Riveros puso en discusión la necesidad potenciar la alternativa de centro, aparentemente borrada del mapa por la polarización de extremos que tuvo lugar el 11 de marzo. De entrada se consideró necesario escribir una carta dirigida a Sergio Fajardo y Humberto de la Calle, en ese desorden, precisando por qué es necesaria esa única alternativa de centro y recordándoles que cada uno por su cuenta no va para ninguna parte. A los dos días ya iban 2.000 firmas de gente prestante y no prestante de todos los rincones, clases sociales, géneros y ocupaciones del país. Son muchos, muchísimos, los que no se sienten representados por los extremos –Duque/Uribe y Petro–, solo que les faltan canales y un candidato único para expresarse. Hasta Eduardo Escobar, veterano poeta, estampó su firma, no sin antes hacer un comentario nadaísta sobre el tono de la carta.

Unos pocos miembros del chat quisieron impulsar la idea, nacida en la campaña de Petro, según la cual hay que hacer una alianza de tres, no de dos, sin pensar que ahí el obvio favorecido sería el hombre de la extrema izquierda. Por inmensa mayoría pronto convinimos en que la alianza de tres es una trampa, y que el riesgo institucional que Petro representa para el país lo hace de imposible consideración para una persona de centro.

Hay temas fundamentales sobre los cuales nos estamos poniendo de acuerdo, con tal cual matiz. El primero es defender las instituciones, en particular la Constitución del 91, de quienes quieren ponerlas en peligro. No estamos de acuerdo con la convocatoria de una Constituyente, sobre todo no antes de llegar a un amplio acuerdo sobre lo fundamental. De ningún modo puede un gobierno empezar por ahí y menos saltándose las reglas que la propia Constitución establece para convocar referendos. No estamos de acuerdo con revivir la reelección presidencial y sospechamos de cualquier proceso que pueda desembocar en ella. La persona elegida este año debe devolver el poder en 2022, la elegida en 2022 debe devolver el poder en 2026, y así.

A las extremas en Colombia, como en todas partes, les importa un comino la ley. Para ellos es lo que diga el caudillo, no la Constitución y las cortes. Putin, “reelegido” este fin de semana, sienta doctrina para los caudillos ambiciosos del mundo y confirma la advertencia de Karl Popper, según la cual la esencia de la democracia consiste en poder sacar a los malos gobiernos del poder. A los caudillos no hay que dejarlos llegar, y si llegan, es preciso sacarlos. Son el cáncer de la democracia. Cumplen un papel en últimas necesario, gobernar y poner orden, pero cobran por ello un precio descomunal: cargarse las instituciones.

 

La infortunada carátula de la última Semana, que borra los rostros del centro y resalta los extremos, muestra justamente el reto: volver a poner a los candidatos del centro en el centro de la política, donde tienen que estar si el país no quiere volverse un garito de pasiones y venganzas. En la actual encrucijada política colombiana estamos cayendo en manos de un par de jugadores empedernidos, dispuestos a seguir con su póker sangriento hasta el final. El premio mayor, no sobra recordarlo, somos los ciudadanos de a pie, nuestras vidas, nuestros bienes, nuestra tranquilidad. Cerremos ese peligroso garito.

P.S.: La carta se puede firmar aquí: http://bit.ly/2u3K7AV

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

Nuevo panorama electoral

Colombia

Por Andrés Hoyos

Las elecciones del domingo por fin nos dan claridad sobre lo que viene.

Pese a la notable votación de Antanas Mockus para el Senado, el gran ganador de la jornada, nos guste o no, fue Iván Duque, quien ya prácticamente está clasificado para la segunda vuelta. El hoy candidato del Centro Democrático debe su triunfo a tres factores que de forma arbitraria voy a valorar por igual.

La primera deuda es con Uribe, todavía un importante elector en Colombia. Sin embargo, esta es apenas parte de la historia, porque Duque sobrepasó en 1,5 millones de votos a la lista de su partido para el Senado y en más de tres millones al propio Uribe.

La segunda deuda es con Gustavo Petro, cuya forma desafiante, escandalosa y vengativa de hacer campaña fue creando en Iván Duque a un monstruo más grande que él mismo. A muchos no se nos olvida que el discípulo de Chávez prometió poner las instituciones del país patas arriba el 8 de agosto. No, a su Majestad don Gustavo no le gusta ese Congreso maluco que ahora incluye a Antanas Mockus. El hombre se queja de todo y ve fraude hasta en un helado derretido.

La tercera deuda de Duque es con él mismo. Sí, está ubicado claramente a la derecha del espectro, pero proyecta una imagen de tecnócrata estudioso, tranquilo y elocuente, en claro contraste con el pugnaz y mendaz jefe del CD.

Una posible interpretación de las consultas del domingo es que prefiguran el resultado de la segunda vuelta, no de la primera, si al final quedan Duque y Petro. El primero partiría con un case de seis millones de votos y el segundo con uno de 3,4 millones. Si actualizamos la votación de Santos en la segunda vuelta de 2014 (7,8 millones) con el aumento del censo electoral, nos da que la cantidad requerida por un posible ganador son 8,5 millones de votos. Según eso, entre las dos vueltas Duque tendría que conseguir 2,5 millones de votantes nuevos, una cantidad viable, mientras que la misma cifra para Petro sería de 5,1 millones, hoy inalcanzable, salvo por algún exótico “accidente extradeportivo”. Está, además, el agravante de que, con la estrategia actual, por cada dos votos que Petro aumenta le consigue tres a Duque.

Los candidatos de centro por los que he expresado aquí mi simpatía, Humberto de la Calle y Sergio Fajardo, hoy sufren de una clara sequía, para no hablar de Vargas Lleras, cuya opción parece haber quedado sepultada el domingo pasado. Humberto y Sergio todavía tienen una ventana de oportunidad para desplazar a Petro en la primera vuelta, pero se está cerrando rápidamente. Deben explicarnos con absoluta claridad en qué son distintos del candidato chavista, algo que no debería ser demasiado difícil. El propio Petro, para confundir, anda llamándolos a la unión, perspectiva que constituiría un acta de defunción para cualquiera de los dos. En todo caso, uno no puede llegar en plan matón a un colegio, hacer escándalo, gritar ¡fraude! sin averiguar nada, buscarle pelea hasta al rector y luego pretender que lo admitan en el club de los pilos y le den la medalla del esfuerzo.

En fin, la vida sigue después de una elección presidencial y ya habrá ocasión para contrastar las ideas del candidato elegido, sea quien sea. Como sugería arriba, me alegró mucho la gran votación que obtuvo Antanas Mockus en Bogotá y en el país. Fue una inyección de virtud y esperanza para el maltrecho Congreso colombiano. Razón de más para que nadie se ponga en plan de revocarlo o anularlo.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

Es la guerra, estúpido

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Esta es una columna de Joaquín Roy, catedrático Jean Monnet y director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami.

Por Joaquín Roy

MIAMI, 11 mar 2018 (IPS) – Resulta revelador que un gobernante que no hizo el servicio militar, ni disfruta de experiencia alguna en asuntos bélicos, tenga una especial inclinación al uso de un vocabulario más propio de los enfrentamientos cruentos entre estados que en las relaciones diplomáticas.

Donald Trump, tanto en sus mensajes electrónicos como en sus alocuciones televisivas, adora el uso de una terminología militar para ilustrar sus planes. Se relame con el vocablo “guerra” para calificar su programa gubernamental.

Curiosamente, casi como preludio de la sorpresiva y aparente tregua que puede ponerse en marcha con Corea del Norte, el presidente estadounidense ha hecho una declaración de guerra “urbi et orbi”. La primera salva ha sido el anuncio de la imposición de tarifas sobre las importaciones de acero y aluminio. Además, ha presumido de la calificación de que las guerras comerciales son buenas.

Aunque Trump haya oído que “la guerra es la continuación de la política por otros medios”, el mismo Carl von Clausovitz le podría recordar con la lógica del realismo que al final nadie gana las guerras y que muchos las pierden. Trump puede ser una víctima colateral del “fuego amigo”.

La alarma que ha generado esta decisión ha sido generalizada, con la amenaza de ampliar el terreno a otros productos, y las declaraciones de respuesta del resto del planeta oscilan entre la perplejidad y la puesta en marcha de unas medidas protectoras de sus socios comerciales, amigos y enemigos.

 

Aunque Trump inmediatamente ha anunciado que sus medidas perdonan a sus inmediatos vecinos, Canadá y México, ni Justin Trudeau ni Enrique Peña Nieto se fían en absoluto.

Si la mutua reticencia a ambas orillas de río Grande (Bravo) es un aderezo permanente de la historia, la aparente lealtad entre Washington y Otawa sufre signos de interrogación que solamente la permanentemente instalada cortesía apenas consigue enmascarar.

Trump ha conseguido que los mexicanos hayan traspasado a los canadienses la lamentación atribuida a Porfirio Díaz: “pobre México (Canadá), tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”.

El tambaleo del TLCAN-NAFTA (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) alarmó a los dos socios de Estados Unidos, Canadá y México, y ni siquiera la promesa de entablar una mejora de las condiciones ha conseguido borrar la amenaza de su desaparición.

De ahí que los canadienses se hayan afanado en solidificar el acuerdo con la Unión Europea, al igual que los mexicanos han dado retoques a su propia alianza con la UE, la más sólida de Bruselas con las Américas.

Lo cierto es que la ocurrencia de Trump ha puesto en el tapete la perspectiva de la confirmación de su personal rechazo a los razonables acuerdos comerciales y a las alianzas de bloques, y a la opción de la unilateralidad como estrategia primordial, siempre presidida por el reclamo de “América, primero”.

Y no solamente esa decisión resulta obvia, sino que el lenguaje usado es el de la confrontación, como trampolín a la victoria, cimentado sobre el argumento de la superioridad. Como en el ejército español, el valor se le supone.

Pero el arsenal de la decisión del presidente norteamericano no se reduce a su personal concepción y mal disimulada arrogancia, sino que también oculta una debilidad y temor a perder la reelección.

A pesar de la oposición de su mujer Melania, Trump no se ve desapareciendo del mapa político reducido a ejercer un mandato solitario.

Sería como bajarse al nivel de sus antecesores Jimmy Carter y George Bush senior, quienes fueron defenestrados por sus contrincantes. Trump necesita más ayuda que la de sus donantes millonarios.

Necesita a “los de abajo” que le alzaron a la victoria. Requiere a los que creen ilusoriamente en la imposición de tarifas arancelarias y a la construcción de muros más convincentes que el que pretende levantar ante México, pagado por ellos, claro.

Ilusamente lo votarán de nuevo bajo la promesa de la creación de empleo. En el caso de que tenga éxito en su estrategia, Trump probablemente se dará de bruces con la historia.

Recordará que entre los sonoros fracasos de la imposición de tarifas, ejecutadas como el simple apretar del gatillo en un Western, frecuentemente resulta en un tiro por la culata.

 

Todavía los expertos historiadores explican el caso de la decisión Smoot-Hawley, impuesta en 1930. En lugar de suavizar los efectos de gran depresión del final de la década del 1920, redujo las exportaciones estadounidenses en 61 por ciento.

En un efecto al otro lado del Atlántico, algunos politólogos incluso adujeron que la desgraciada decisión ayudó al surgimiento de la Alemania Nazi y otras lindezas fascistoides, en unas sociedades acuciadas por la creciente guerra económica que precedió a la cruenta conflagración.

Si la Unión Europea y China optan por la represalia con la imposición de aranceles sobre productos yanquis, los consumidores de Alabama, Ohio y Dakota del Norte, además de los clásicos votantes de Trump en Apalachia deberán ajustar la cesta de la compra.

Quizá esto le importa poco a su familia y los acaudalados dueños de los Fortune 500 que han poblado su administración, pero a los que dependen de un salario a final de semana no les va a hacer ninguna gracia. Se lo agradecerán en la elección.

Mientras puede ser cierto que algunas prácticas de los socios y competidores de Estados Unidos no son exactamente justas, el método que los más razonables consejeros sugieren es la negociación y la intermediación en el seno de la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Aunque Trump haya oído que “la guerra es la continuación de la política por otros medios”, el mismo Carl von Clausovitz le podría recordar con la lógica del realismo que al final nadie gana las guerras y que muchos las pierden. Trump puede ser una víctima colateral del “fuego amigo”.

 

 

 

Bolivia: Paro Cívico Nacional por el 21F

Bolivia

Foto de Mauricio Melgar

Por J. Ortiz Saucedo

Comentario: Cada día aumentan los apoyos al 21F, fecha en que el pueblo boliviano le dijo NO a las pretensiones de perpetuarse en el poder. El contundente paro cívico nacional, así como las manifestaciones de apoyo dentro y fuera del país, lo dejan claro.

Decía en partes saliente, el Presidente del Comité pro Santa Cruz Fernando Cuellar, al cierre del paro: “Hoy iniciamos una nueva página de esta historia que Bolivia nos exige escribir; hoy el país en unidad demostró que la convicción está más latente que nunca, hoy miles de familias en cada rincón del país se movilizaron no por dos personas, sino por sus principios, sus derechos, su futuro y el de sus hijos.

La cobardía por otro lado, se hizo presente y trató de eclipsar esta muestra titánica de esperanza y amor, hoy cuando recorríamos cada parte de la ciudad y estábamos atentos a lo que sucedía en nuestras provincias, nos llegaba la noticia del abuso que se presentaba en La Paz.

 

Nos quisieron poner a prueba cuando la situación se presentó tensa y los ánimos caldeaban, la Policía agredía cobardemente a mujeres, niños y familias enteras que se hacían presente en este movimiento cívico, nos acercamos para exigir explicaciones y evitar cualquier tipo de violencia, ellos nos prometieron que no la iban a realizar, ellos dieron su palabra y fallaron. Le fallaron no solamente a los que estábamos presentes, le fallaron a las miles de personas en todo el país que salían a defender sus derechos, libertades y más que nada la constitución misma. Hoy la policía se mancha por cumplir las órdenes de los tiranos que tratan de imponerse.

En estos 40 días nos hemos movilizado en dos paros cívicos. Las calles desiertas, los negocios cerrados, las aulas vacías, el transporte paralizado, los rubros cada vez más organizados, clamando a una sola voz, un mismo mensaje: ¡NO!

Lo dijimos el 21 de febrero de 2016 y ahora dos años después, en esta misma fecha lo ratificamos en todo el país con un auge, cada vez pero cada vez más fuerte y contundente, este NO cada vez se aferra más a la familia boliviana.

¡NO queremos dictadura! ¡NO aceptamos otra reelección!

Lo dijimos en el paro cívico departamental, y lo reafirmamos hoy. “La decisión del pueblo boliviano es clara: ¡el autoritarismo no tiene cabida en este país! Dejamos en claro y exigimos se respeten las reglas democráticas. Nadie puede aferrarse al poder. ¡Bolivia, es de todos los bolivianos!”.

Este contundente paro cívico nacional encierra un mensaje claro y directo a usted Presidente, lo que decidió el 21F se cumple, no se discute, no se negocia, no se viola y usted señor presidente, no tiene otro camino que cumplir esa voluntad.

Señor Presidente recapacite, escuche, aún está a tiempo. La decisión de renunciar a la postulación en las elecciones del 2019 es suya, quien le abrió la posibilidad ilegal de presentarse fue el Tribunal Constitucional; resolución rechazada por unanimidad por el pueblo boliviano. A todos estos actores, empezando por usted demandamos el respeto a la decisión mayoritaria del pueblo. Ahora, falta que el Órgano Electoral Plurinacional no esquive la decisión de la ciudadanía y no se burle de nuestra decisión tomada el 21 de febrero”.

Dilemas ambientales

dilemas ambientales

Por Andrés Hoyos

No ser un ambientalista tradicional tiene sus ventajas. Uno lee con una mirada más ancha y no está obligado a defender las conclusiones que sacó quince o veinte años atrás. Los paradigmas ambientales y los supuestos en los que se basan han venido cambiando de manera acelerada, volviendo obsoletas conclusiones que apenas ayer se consideraban firmes.

Para que el calentamiento global futuro no exceda los 2°C, cifra por encima de la cual se temen consecuencias catastróficas, las emisiones de carbono no solo deben alcanzar un máximo muy pronto, sino que después deben descender en forma abrupta. Esta segunda pata de la ecuación se menciona poco. Pues bien, tras una breve pausa en el crecimiento, 2017 vio la mayor cantidad de dióxido de carbono emitido a la atmósfera de la historia. Ni hablar, por lo tanto, del descenso abrupto mencionado.

A estas alturas no existe ninguna política, por importante que parezca, con la capacidad de enderezar ella sola el entuerto. Llegó la hora de las prioridades múltiples, ojalá coordinadas. No obstante, cada país y cada institución tienen agenda propia, pese al Acuerdo de París. De paso, subsisten desacuerdos sobre asuntos fundamentales, como el uso de la energía nuclear. Alemania, por ejemplo, insiste en acabar con ella, así esto implique quemar más carbón por más tiempo.

No todas las noticias son malas. A China le fue mal en el intento de asegurarse un suministro internacional estable de hidrocarburos, aunque gastó cantidades gigantescas en ello. Entonces optó por volverse el mayor productor mundial de equipos para la generación de energías renovables. Ojo, no lo hizo por filantropía, sino por razones de seguridad nacional. Hoy China lidera esta industria en el mundo y subsidia una amplia gama de vehículos eléctricos, mientras que Trump está engolosinado con la cantidad adicional de combustibles fósiles propios a los que ahora tiene acceso. Así se llega a la situación actual en la que Estados Unidos, un país supuestamente liberal, es el gran campeón de la producción de combustibles fósiles, al tiempo que la pérfida China lo es de las energías renovables, algo que no se contaba entre los supuestos de nadie hace apenas cinco años.

Otro cambio de paradigma, sugerido arriba, es que son pocos los científicos de peso que hoy sacan de la matriz generadora a la energía atómica, demonizada durante años. Por otro lado, cada día se habla más de geoingeniería, es decir de manipular la atmósfera para extraer de ella CO2. Diez años atrás eso solo lo mencionaban escépticos polémicos, como Bjørn Lomborg, el provocador danés. En fin, hay datos sólidos, pero su interpretación y, sobre todo, su evolución a futuro están muy lejos de tener esa misma solidez.

Cada día la humanidad, en su conjunto, es más rica. Lo que no se sabe es la proporción de esa riqueza que estaremos, como especie, dispuestos a invertir en proteger el planeta. De cualquier modo es indispensable seguir en la tarea de convencer a los dueños de esta riqueza, pública y privada, de destinar una cantidad creciente a la materia.

Existen desproporciones gigantescas. Lo que hagan o dejen de hacer China e India en materia ambiental convertirá las decisiones de un país del tamaño de Colombia en estadísticamente irrelevantes. ¿Es ético, por último, desacelerar la reducción de la pobreza en un país pobre para mitigar en una muy pequeña medida el calentamiento global? Eso tampoco está claro.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

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