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Democracia siglo XXI

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Opinión

El factor AMLO

AMLO

Por Andrés Hoyos

Uno de los puntos neurálgicos de la política del subcontinente acaba de mudarse a México por cuenta del triunfo arrollador de Andrés Manuel López Obrador en las elecciones presidenciales. El candidato de Morena, conocido como AMLO, recibió el 53 % de los votos en una única vuelta y tiene, además, mayorías en ambas cámaras del Congreso Federal. Más claro no canta un pueblo en favor del cambio.

“Cambio” es la palabra mágica. Para calibrar su alcance conviene revisar el plan de gobierno del ganador, a ve pa ve, como dicen en el Caribe colombiano. Tras leerlo (ver http://bit.ly/2KWTMxe), uno busca en él medidas radicales y prácticamente no encuentra ninguna. Es evidente que el hombre se metió en la grande porque ha despertado tal fervor y tal esperanza, que lo que viene no podrá ser sino una gran decepción para sus seguidores. Pese a que el triunfo lo dotó de una gruesa capa de teflón que resistirá muchos rayones, el desgaste puede ser dramático.

El programa no contiene ninguna audacia comparable con las prometidas, por ejemplo, por su amigo Gustavo Petro antes de la 1ª vuelta en Colombia. Aunque AMLO hace un par de venias a las energías alternativas, queda muy claro que México va a seguir viviendo del subsuelo, es decir, que seguirá por la senda extractivista. Tan es así que el programa se compromete a no elevar los impuestos; le basta con el 17,4 % del PIB que recauda el país, la cifra más baja de la OCDE, incluyendo a Colombia. Ni hablar de gravar más a los ricos.

¿La solución para la violencia? Se propone una ley de amnistía, de seguro incompatible con el derecho internacional. ¿Una vez amnistiados, los mafiosos se van a recluir en monasterios? Las policías estatales, hoy sobrepujadas por los carteles, seguirán como están. A cambio del Ejército, que en tres años regresa a los cuarteles, se va a formar una Guardia Nacional de la cual solo sabemos el nombre genérico. En fin, los carteles tal vez dejen de matarse y de matar si nadie los molesta, o tal vez no.

La otra promesa fue arrancar la corrupción de raíz. Pero cuando uno entiende que la corrupción y la violencia son fenómenos mellizos, conectados ambos por un cordón umbilical con el narcotráfico, subproducto de la prohibición y de la guerra contra las drogas, concluye que no existe la menor posibilidad de que la corrupción mexicana desaparezca. Cómo será de godo el programa de AMLO, que ni siquiera se atreve a imitar a Trudeau y legalizar la hierba que tanto añoraba la cucaracha, quitándoles a los carteles al menos esa parte del negocio.

Lo que sí es prominente en el plan de gobierno es la idea de instalar un inmenso lavadero de manos, llamado la “Ley de consulta popular”, según la cual el gobierno descargará en los electores algunas de las decisiones más peludas. Suena bien, si el pueblo aprueba, se hace, si no, no se hace, pero ¿cómo resolver la obviedad de que con frecuencia las decisiones impopulares son las que solucionan los problemas? Echarle la culpa al elector es algo que ningún populista puede hacer sin darse un porrazo.

El temor, pues, no es a que AMLO solucione los problemas de México —qué más querría uno—, sino que los deje tal cual; o sea, los mismos gatos nada más que revolcados, para usar un dicho mexicano. En el resto del continente estaremos pendientes de lo que pase allá, con la aclaración de que el teflón de AMLO en el extranjero será mucho más precario. Algo me dice que se avecina un nuevo parto de los montes.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

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Un remedio para la inequidad

inequidad

Por Andrés Hoyos

Aparte de que el remedio que aquí propongo sería más viable en un gobierno reformista de centro que en el de Duque, sospecho que los economistas ortodoxos del país, si es que se pronuncian, van a gritar ¡foul!, ¡antitécnico!, y demás bellezas cauterizantes. Será aguantar el chaparrón.

La idea es sencilla. Mientras el coeficiente Gini de Colombia (1 es la desigualdad total, 0 la igualdad total) esté por encima de 0,4 —hoy todavía está por encima de 0,5—, es necesario, justo y viable cobrar un impuesto a la riqueza. Lo pagarían las personas, con tasas crecientes pero no confiscatorias, y en una medida mucho menor las empresas, sobre todo aquellas cuyos socios no tributan en el país. El principio de cobrar más impuestos a las personas que a las empresas se aplica con éxito en algunos de los países más igualitarios del mundo.

La totalidad de lo recaudado se invertiría en las diversas modalidades de la educación pública, sin redireccionar nada a otras actividades y como una clara adición a lo que ya se destina al rubro. ¿La razón? Que una educación pública de calidad, bien enfocada y bien gestionada, es el mejor remedio que se conoce para la inequidad, es decir, para bajar el alto Gini del país. Aquí habría que agregar que “educación pública” se define como aquella pagada o subsidiada por el Estado. Según eso, Ser Pilo Paga (SPP) hace parte de la educación pública.

Supongo que a muchos lectores no se les escapa el simbolismo implícito en este asunto. Desde la primera administración de Uribe se cobró un impuesto a la riqueza, el cual fue dedicado a ganar la guerra contra las Farc. Pues bien, ahora es posible ganar otra guerra: la guerra contra la inequidad.

La propuesta también tiene que ver con el populismo de izquierda que acaba de obtener 4,8 millones de votos propios en 1ª vuelta y más de ocho millones en alianza con sectores de centro en 2ª vuelta. La idea se puede formular a manera de advertencia: si el Establecimiento del país cree que el incendio del populismo se previene haciendo concesiones diminutas, tal vez se merezca una paliza como la que AMLO acaba de propinarles a sus pares en México. Otra forma de verlo sería decir que este tipo de políticas se pueden entender como un seguro o una vacuna para prevenir males peores.

Aunque la educación básica es crucial, pensemos por un momento en la superior. A la UNAL, la principal universidad pública del país, en 2016 aplicaron 70.729 estudiantes para llenar 5.500 cupos, o sea que entró el 7,8 % de los aspirantes, un porcentaje ridículo. Hay que multiplicar esta universidad, junto con sus sedes, por dos en seis o siete años y por tres en diez o 12 años. Claro, resulta impráctico esperar hasta que las nuevas instalaciones y los nuevos docentes estén listos, de suerte que programas como SPP, que usan infraestructuras existentes, son doblemente válidos.

Cabe advertir que no se debería invertir nada sin exigir una estricta rendición de cuentas. La noción de que la actividad del Estado tiene una especie de patente de corso para ser mediocre e ineficiente es irresponsable. También es esencial erradicar la violencia de las universidades públicas. Autonomía universitaria no significa que el Código Penal deja de aplicar en los campus. Quien recurra a la violencia debe ser procesado, esté donde esté en el territorio nacional.

En fin, el centro debe desarrollar propuestas por el estilo de esta para que le dejen de decir tibio e indefinido.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

Pasos de animal grande

dinosaurio

Por Andrés Hoyos

Sé que Iván Duque ha vivido los últimos años en un conjunto al norte de Bogotá porque un amigo tiene un apartamento allí. Me cuenta él que desde hace varios meses los vecinos del edificio empezaron a sentir pasos de animal grande.

En agosto Duque se muda al Palacio de Nariño, de modo que ahora será la gente de la Candelaria la que va a sentir esos pasos. Son los de los dinosaurios que han estado rondando al presidente electo. Hablo de Fernando Londoño Hoyos, José Obdulio Gaviria, José Félix Lafaurie, Rafael Nieto Loaiza, Luis Alfredo Ramos, Fabio Valencia Cossio, incluso uno muy feroz, recién llegado, de apellido Ordóñez. Y también hay dinosaurias: María Fernanda Cabal, Paloma Valencia o Alicia Arango, quien según los “Confidenciales” de Semana suena para el puesto de superministra, es decir, jefe de gabinete. Por si quedaban dudas, la señora Arango dijo la semana pasada en La W que “nuestro jefe” –se refería a ella misma y a Iván Duque– “es Álvaro Uribe”. Así que ya sabemos quién sería el primero en recibir los reportes que la señora Arango escribiría desde su despacho: el mismísimo Tiranosaurio Rex. Vaya uno a saber si el rey de la manada deja gobernar al joven aspirante o si no resiste las ganas de devorárselo.

Para mí no es indiferente, como sí para algunos, que se impongan los dinosaurios o que se forme un gobierno de centro derecha. Aunque este último no es ni por mucho el adecuado para adelantar la agenda reformista robusta que se requiere o para desmontar la bomba social que nos aqueja, por lo menos podría virar hacia la sensatez, mientras que los dinosaurios no quieren otra cosa que ser los dueños perennes del país, haya que hacer lo que haya que hacer.

Son, en efecto, dos gobiernos potencialmente distintos, así uno de centro derecha pueda incluir un par de dinosaurios de ministros, siempre y cuando no ocupen los puestos más sensibles. De darse la hegemonía de los dinosaurios en el gobierno de Duque, se impulsaría en la oposición una corriente populista radical, casi imposible de frenar, mientras que el predominio del centro derecha daría más espacio al centro y al centro izquierda para perfilarse como alternativas. Por si acaso, se ve difícil que en unas elecciones abiertas y justas la derecha vuelva a triunfar en 2022. Para ello Duque tendría que hacer un buen gobierno –aclaro, “buen gobierno” en sus propios términos– y mantener una alta popularidad, tanto propia como del régimen. Lo veo improbable.

El gabinete, por supuesto, será el signo crucial para definir la dirección que tome Duque. Ahí sabremos si en estos días el hombre compró unos resistentes pantalones de dril o se quedó en shorts y se va a dedicar a montar en dinosaurio mientras el país se estremece y se deteriora. El papel de la ciudadanía es central: si es pasiva, los dinosaurios saldrán con facilidad a hacer estragos; si es activa, dicha cacería se hará más difícil y sus consecuencias se atenuarán. Es lo que le está pasando a Trump: es dueño del Congreso, pero la ciudadanía lo tiene al rojo. Pese a que el Congreso será el foro para opositores de peso, entre ellos Antanas Mockus, Gustavo Petro, Jorge Enrique Robledo y el resto de las bancadas verde, del Polo y de Compromiso Ciudadano, no hay allí suficiente representación para trancar ninguna de las prioridades del gobierno. De modo que la batalla por la opinión será crucial. Eso quiere decir la batalla por usted, estimado lector.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

 

Un voto sin dueños

Colombia en blanco

Por Andrés Hoyos

Supongo que pasado un breve síndrome de abstinencia, no echaremos de menos esta hiperpolitización de los últimos meses, aunque pase lo que pase, dejará secuelas importantes. Los niveles de agresividad han alcanzado cotas muy altas porque la campaña viene mezclando un malsano culto a la personalidad —o a las personalidades, pues los idolatrados son dos— con la obviedad de que uno de los candidatos va a perder. Los próximos cuatro años prometen ser definitivos. En 2022 el país será peor o mejor de lo que es hoy, pero de ningún modo será igual.

Será mejor si se consolida el espacio de centro que se ha venido abriendo, primero con la gran votación que sacó Sergio Fajardo el 27 de mayo, tras una campaña con altibajos, y ahora con el voto en blanco que va a ser un claro protagonista el 17 de junio. Una de las ventajas de este voto es que no tiene jefes ni dueños. Implica una dosis de sano anarquismo. El voto en blanco no es para hacer un gesto contra las dos candidaturas indeseables y quedarse ahí. Es una plataforma para lanzar algo, una plataforma que, claro, podrá usarse bien, regular o mal a partir del 18 de junio. A cualquiera que sea el ganador habrá que montarle una persistente y enfocada oposición.

A todos nos tomó por sorpresa que una porción grande la ciudadanía se inclinara por el voto en blanco, pues las campañas ya estaban haciendo las cuentas del tendero. Este bulto de votos para mí, este para usted, odiado enemigo. A algunos la fuerza del fenómeno no les ha gustado ni poquito. Más que todo de la campaña de Petro nos andan maltratando y regañando porque al parecer les robamos algo. Esa tendencia a dar órdenes es clásica de los extremos. ¡Haga esto, no haga aquello, cuidadito! De más está decir que en materia electoral uno hace lo que le apetece. La cosa llegó al ridículo cuando Armando Novoa, exconstituyente de la lista del M-19, se cambió la toga de magistrado por el uniforme del comisario y quiso eliminar la tercera casilla del tarjetón, con el absurdo argumento de que así se depuraba la opción democrática al volverla de dos, no de tres, y que los blaquistas podíamos abstenernos o entregar el tarjetón sin marcar. Ver a un magistrado electoral fomentando la abstención es uno de aquellos espectáculos exóticos que te depara una elección polarizada como la presente.

Sin embargo, quienes vamos a votar en blanco nunca prometimos apoyar a nadie. Un número importante de centristas sí ha apoyado a Petro, muchos menos a Duque, y todos están en su derecho de priorizar sus miedos. Ya nos encontraremos cuando pasen las elecciones.

A Duque en realidad no lo conocemos, conocemos a su mentor, Álvaro Uribe, y sabemos que abusa del poder por principio. Pero Petro también abusó y abusaría del poder a la primera oportunidad que le den. Ambos candidatos deben intentar ganar las elecciones con los votantes a los que convencieron. A quienes no convencieron, les tocará convencerlos. Si Petro no gana, como predicen las encuestas, la culpa será solo suya. Asustó a mucha gente y ahora tiene el resultado. No le creen la espectacular patraseada de la 2ª vuelta. En todo caso, a las malas uno no acompaña a nadie a ninguna parte.

En los días que faltan pretendo recurrir al viejo fatalismo que dice: lo que va a pasar pasará y no tiene remedio. Con eso aspiro a rebajar la ansiedad. Hay que activarse estos días, hacer lo que sea con alegría y desenfado. ¿Qué se cosechará? Ya lo sabremos.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

#VotoEnBlanco

voto en blanco

Por Andrés Hoyos

¡Qué lástima!, por pinches 260.000 votos, el 1,35% del total, los polarizadores en jefe se salieron con la suya y no nos han dejado para la 2ª vuelta más opciones que… un momento, no, claro que sí nos queda una opción clarísima. Podemos promover el voto en blanco para el 17 de junio y así no nos veríamos obligados a escoger entre el cianuro o la estricnina, cuando bien podemos tomarnos un vaso de agua.

Tan buena es esta opción, que al plantearla yo en Twitter se me vino encima un enjambre de trolls, con más furia los cercanos a Petro, aunque también me atacaron los uribistas. Aparte de insultarme y llamarme amigo de los paramilitares (o de Maduro), algunos aseguran, como si descubrieran el elíxir hermético, que en la Constitución no están previstas consecuencias jurídicas para un eventual y en extremo improbable triunfo del voto en blanco en la 2ª vuelta. No le hace. Si esta opción saca de dos millones de votos para arriba, el efecto político será considerable y creciente. Ni hablar si son 2,5 o 3 millones. Porque en ambas campañas andan frotándose las manos con los 5,9 millones de votos de centro que se depositaron este domingo; los quieren para completar las cuentas alegres que le hacen a su respectivo candidato.

El objeto del voto en blanco es simbólico. Si es copioso, ayudaría a preservar el espacio para el centro político, que sencillamente colapsaría si dirigentes como Sergio Fajardo, Claudia López o Humberto de la Calle, para no hablar de los diversos intelectuales y congresistas que están con ellos, se adhieren a cualquiera de las dos campañas extremistas. No sé, entre otras, de dónde sale esta idea de que si uno no adhiere a A o a B, no está en nada. Es al contrario. No adherir es hacer mucho y hacer lo correcto. Además, un voto en blanco abundante obligaría, de facto, al que salga elegido a morigerar su ejercicio de gobierno, porque aparte de la oposición representada por el perdedor, tendría una nueva oposición más calmada representada por el voto en blanco. No es lo mismo que alguien gane con el 60% de los votos, a que gane con el 52% o con el 48%. Recibe un mandato distinto en cada caso.

La idea, por supuesto, no es votar en blanco y ponerse a esperar a que llueva maná del cielo. No, habrá que usar la cohesión que brinda el acto para empezar un plan de acción política concreto y construir una plataforma que después sea una alternativa a los extremos que hoy se disputan la Presidencia. Un grupo de centro que vote en blanco en forma disciplinada podrá, por ejemplo, presentar candidatos únicos a las elecciones regionales de 2019. Es la única alternativa política que hoy permite de veras adelantar una agenda reformista, no extremista. Claro, más adelante habría que definir un programa único de centro, como premisa para lograr formas de unidad más robustas, ojalá, desembocando en un partido político por el estilo del que formó Ciudadanos en España, sin que haya que copiar la orientación ideológica de ellos.

La alternativa de afiliarse a las candidaturas extremistas vigentes, en cambio, conduce a la catástrofe. Algunos dirigentes podrían rescatar de allí dos o tres bolsas de lentejas, pero perderían del todo su autonomía, pues quedarían a merced del ganador. Ya ambos candidatos andan despintando sus viejas propuestas con ganas de engañar al respetable. ¿Seremos tan caídos del zarzo como para creer en su buena fe? Yo no.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

Presión indebida

 

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Por Andrés Hoyos

Este domingo lo esencial tiene que ser fortalecer las instituciones del país, pero lamentablemente en varias campañas abundan las ganas de abusar de ellas, de presionarlas de manera indebida y de poner en duda su vigencia.

Nadie dice que la democracia colombiana carezca de defectos, y no se puede negar que desde los tiempos del Frente Nacional ha habido graves perturbaciones de los procesos electorales. Igual, los últimos problemas de veras catastróficos en materia de elecciones presidenciales se dieron en 1970 y en 1994, 48 y 24 años atrás respectivamente, o sea, hace mucho tiempo. Hoy las elecciones colombianas están muy vigiladas. Lo que procede, por supuesto, es vigilarlas todavía más y actuar en consecuencia cuando uno vea algo sospechoso. Si las campañas detectan que alguien comete delitos este domingo, deben acopiar las pruebas y denunciar a los criminales ante la Fiscalía. Es el conducto regular, y el castigo tiene que consistir en enviar a la cárcel al delincuente.

Pero no, a la hora de escribir esta columna, un candidato, Gustavo Petro, no solo no ha dicho que aceptará el veredicto de las urnas, sino que, en semanas y días pasados, dio órdenes inapelables a las autoridades electorales como si ya fuera presidente, y dado que no le obedecieron –al menos no en toda la línea–, empezó a agitar el espectro del fraude. No ha aportado más que sospechas, ninguna prueba sólida; tampoco ha hecho denuncias penales formales.

Lo justo y democrático es que todos los candidatos declaren que aceptan los resultados de este domingo y del 17 de junio. Lo demás es destructivo. El cometido de fortalecer las instituciones no se logra poniéndolas en la picota a 15 días de unas elecciones y amenazando con desconocer los resultados. Andar gritando ¡fraude! con unos indicios en extremo endebles implica ejercer una presión indebida sobre la autoridad electoral: o gano yo o armo un tierrero. Dicho de otro modo, es una forma de hacer trampa. Y vaya ironía la que uno detecta aquí: quienes piden garantías casi imposibles de otorgar apoyaban hasta hace muy poco las continuadas tropelías del régimen venezolano, ese sí dedicado profesionalmente al fraude electoral desde hace décadas, según se demostró este domingo. Lo único que falta es que pidan que venga doña Tibisay Lucena a vigilar las elecciones colombianas.

La idea de que solo si yo gano es legítimo un resultado conduce al desastre. ¿Para qué, entonces, celebrar elecciones si solo puede ganar un candidato? Perfeccionar las instituciones implica que trabajen para todo el mundo, no para una u otra campaña. Es antidemocrático pedirles a las instituciones que se sesguen en favor de alguien. Una cosa es vigilarlas, otra difamarlas.

Todo lo anterior contribuye a que este domingo yo vaya a votar por Sergio Fajardo, un candidato que viene subiendo en las encuestas y quiere ganar, aunque no va a patear la mesa si no gana. Nadie ha dicho que Sergio sea perfecto, pero es de lejos el mejor entre los punteros. Al igual que muchos otros, me dispongo a acompañarlo en su campaña para ganar la segunda vuelta. Una de sus mayores virtudes es la ponderación; no propone hacer locuras ni poner patas arriba al país; quiere reformar y mejorar lo existente, como corresponde a un demócrata.

Les propongo a los lectores esto: démosle el pare a esa gente intolerante y agresiva que cada día vocifera más en los extremos. Ese sería un gran resultado este domingo.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

Can Preventive Diplomacy Avert Military Conflicts?

By Thalif Deen

conflictos

Slovak diplomat Miroslav Lajcak delivers a speech after he was elected as president of the 72nd session of the United Nations General Assembly, at the UN headquarters in New York, May 31, 2017. Credit: UN Photo

STOCKHOLM, May 21 2018 (IPS) – In the paradoxical battle against military conflicts, is preventive diplomacy one of the political remedies that can help deter wars before they break out?

Miroslav Lajcak, President of the UN General Assembly, points out that prevention takes many forms, and it must tackle conflict at its roots – before it can spread.

“This means stronger institutions. It means smart and sustainable development. It means inclusive peacebuilding. It means promoting human rights, and the rule of law.”

At a recent three-day Forum on Peace and Development, sponsored by the Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) and the Swedish Foreign Ministry, participants came up with several responses, including international mediation, pre-conflict peacebuilding, counter-terrorism — and, perhaps most importantly, sustainable development that aims at eradicating poverty and hunger.

Para lectura completa  http://www.ipsnews.net/2018/05/can-preventive-diplomacy-avert-military-conflicts/

 

Ortega en la cuerda floja

Nicaragua

 

Por Andrés Hoyos

Daniel Ortega, émulo de Somoza, siempre se presenta flanqueado por su esposa Rosario Murillo, una caricatura viviente de las brujas de los cuentos de hadas, quien se atreve a publicar malos versos en un país de grandes poetas. Pues bien, aunque la dictadura en Nicaragua se tambalea, la pareja modelo está dispuesta a hacer lo que sea con tal de mantenerse en el poder. Y digo “lo que sea”, pues incluso ofrecen “negociar”.

Un dictador, si además es un psicópata —y no se debe olvidar ni por un instante que Ortega es un violador serial que sometió a su hijastra, Zoilamérica Narváez Murillo, a años de abuso sexual—, no hace concesiones si se siente sólido en su puesto; a lo sumo finge hacerlas para luego contraatacar al primer parpadeo. La gran paradoja es que si de todos modos se ve obligado a ceder en algo, como permitir que una misión de la CIDH visite el país para juzgar la situación o entablar un diálogo forzado por una Iglesia católica súbitamente militante tras décadas de pasividad, es porque la amenaza es muy seria.

Importa mucho entender que Ortega está perdiendo la crucial batalla de los símbolos. En Masaya, plaza fuerte del sandinismo histórico, queda el emblemático barrio indígena de Monimbó, donde hace 40 años el somocismo asesinó a Camilo Ortega, hermano del presidente. Pues bien, los artesanos de Monimbó ya pusieron cinco muertos en la actual batalla contra el hermano de su antiguo héroe. Hay un segundo símbolo que Ortega acaba de perder: Niquinohomo, el pueblo donde nació Sandino. Allí también se levantaron los pobladores y, según reporta El País, se dio una dura batalla para decidir qué pañuelo debía llevar la estatua del héroe, si rojo y negro, según la vieja bandera anarquista del FSLN, o azul y blanco, los colores de la nación. Los pobladores de Niquinohomo se hicieron azotar por los esbirros de Ortega con tal de evitar la afrenta a su prócer de ponerle un pañuelo que asocian con el dictador.

No, claro que no se puede asegurar que Ortega caiga porque estas dictaduras “electorales” del siglo XXI han demostrado ser muy recursivas a la hora de sostenerse en el poder; también saben robar y poco más. Hasta hace un par de años, Ortega parecía atornillado y seguro en su puesto. Mezclaba una represión selectiva, una corrupción abundante y unos pactos que consideraba indispensables: con los militares —a la Policía la tiene entre el bolsillo desde hace años pues está bajo el mando de Francisco Díaz, un familiar suyo—, con los empresarios y con Nicolás Maduro, el gran benefactor. Pero los petrodólares venezolanos desaparecieron de forma súbita y el régimen quebró.

Aunque la tentación obvia es hacer paralelos con Venezuela, las situaciones de ambos países difieren bastante. En Nicaragua el combustible de la legitimidad electoral se agotó hace mucho. También, mientras Maduro tiene comiendo de la mano al inefable general Vladimir Padrino López como un gatico desdentado, el Ejército nicaragüense acaba de distanciarse de Ortega y dice que no reprimirá más a la población. Algo debe andar mal ahí, porque el dictador ha venido dependiendo de un aparato paramilitar que responde directamente a sus órdenes y de la Policía.

En fin, como lo demuestran Nicaragua y Venezuela, sacar dictadores del poder implica un proceso difícil y sangriento. Lo mejor es no dejarlos llegar a él cuando andan disfrazados de demócratas y prometen atardeceres rosados.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

El sol de todas las mañanas

 

sol

Por Andrés Hoyos

Vi en estos días un cuadro estadístico que me llamó poderosamente la atención. Estaba en The Economist, si bien su origen es otro: http://bit.ly/2jCyh8Q. No hay modo de ocultar la gran noticia que implican las curvas allí dibujadas: el costo de los paneles solares ha bajado de forma dramática en los últimos años, de suerte que hoy compiten con las demás fuentes de energía, sobre todo en un país tropical de alta luminosidad como Colombia, donde se puede obtener 1 MW por hectárea, cantidad que no hará más que subir en el futuro.

Miremos, sin embargo, los numerosos bemoles de la energía solar. El sol no brilla en las noches y su intensidad baja cuando las nubes lo cubren. Muy en particular, la energía solar no puede alimentar la red eléctrica en las horas pico, que aquí van de las seis a las nueve de la noche. Esto implica que, sin un sistema confiable de acumulación, la energía solar no es una solución 24/7.

Se hace entonces necesario combinar la energía solar con otras formas de generación, como la hidráulica. Esta puede provenir de agua represada o incluso de agua bombeada durante el día con parte de la energía solar. La eficiencia de este segundo proceso ha de ser muy variable, dependiendo de las condiciones topográficas en las que se instale el sistema, con la aclaración de que la generación complementaria podría ubicarse a varios kilómetros de la granja. Asimismo están las grandes baterías que, me dicen, no se han terminado de inventar, así su costo también esté descendiendo a marchas forzadas. Los sitios con más sol, dígase la península de la Guajira, a veces están lejos de las líneas de transmisión e implican una proliferación indeseable de polvo. La huella de carbono de la energía solar no es cero, como pretenden algunos optimistas, pues están la dispendiosa fabricación de los paneles y su posterior descarte, cumplida su vida útil. Aunque todo lo anterior es cierto, la noticia central sigue siendo formidable: la energía solar ya es competitiva.

Claro, cualquier casa de familia o edificio puede poner paneles en los techos, pero los costos típicos de la versión artesanal triplican los de la industrial. De ahí que sea preferible montar granjas solares de gran calado con economías de escala, cerca de las redes de transmisión y en varias zonas del país. Hablamos de operaciones de decenas, cientos o, por qué no, miles de hectáreas. Estas granjas deben ser instaladas por inversionistas variados, desde capitalistas puros hasta cooperativas. En la India una de estas últimas es socia de la granja solar más grande del mundo. Pese a que una gran empresa estatal, como EPM, puede y debe participar en el proceso, la función central de Estado en la materia debería consistir en regular el mercado, proveer incentivos, por ejemplo, para que en tiempos de sequía las represas concentren su generación por las noches, y de resto cargar impuestos crecientes a la generación basada en combustibles fósiles, según el daño ambiental que cause cada combustible.

En estos temas no tiene sentido esperar a que otros países investiguen y desarrollen. Hay que hacerlo localmente, importando por supuesto toda la tecnología que sea necesaria.

Por ahí he oído que en Colombia hay una conspiración contra la energía solar. No lo creo. Lo que pasa es que las regulaciones son antiguas. Pueden actualizarse sin misterio y, después, esperar a que salga el sol cada mañana.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

Análisis más amplios para sociedades más igualitarias

Oscar García

Oscar A. Garcia. Crédito: Fida

Este es un artículo de opinión de Oscar A. Garcia, director de la Oficina de Evaluación Independiente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA).

Por Oscar A. Garcia

ROMA, 2 may 2018 (IPS) – Las desigualdades están aumentando. Desde 1980, el uno por cierto de la población más rica recibió el doble de ingresos que el 50 por ciento de más pobre. Tras varios años de descenso, el hambre también está creciendo.

Según el informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo, el número de personas con desnutrición crónica en el planeta pasó de 777 millones, en 2015, a 815 millones, en 2016. Si vamos al fondo de estas cifras observamos que tres cuartos de la población que sufre inseguridad alimentaria en el mundo viven en zonas rurales.

Los más pobres y excluidos

A lo largo de la senda del crecimiento económico, millones de personas quedan excluidas. Son personas que pertenecen a grupos discriminados en sus propias sociedades. Esta discriminación se produce por distintos motivos: religiosos, étnicos, de género o discapacidad; las desigualdades son multidimensionales, plurifacéticas y acumulativas.

Desenmarañar tales complejidades es un reto que debemos afrontar.

Sin entender las causas profundas de las desigualdades, no podremos eliminarlas ni tampoco podremos acabar con las enormes barreras que crean y que impiden a las personas más pobres –esas que están en la base de la pirámide– progresar. Sin transformar las restricciones que refuerzan las causas más profundas de la pobreza crónica, es muy poco probable que alcancemos un progreso sustancial.

 Análisis amplios para iluminar la senda

Es necesario cambiar el enfoque del discurso sobre la desigualdad, sea económica, política o social. Debemos preguntarnos por qué decenas de millones de personas no tienen acceso a agua limpia. Por qué las mujeres pobres no tienen acceso a la tierra. Por qué millones viven sin suficientes alimentos o en situaciones precarias de vida.

Tanto las preguntas como la realidad en sí misma van mucho más allá de la pobreza en sí misma; debemos llegar al último rincón de estas realidades y espacios en los que las personas son discriminadas y entender los múltiples porqués de tales situaciones.

Caminar hacia la reducción de las desigualdades requiere evidencias rigurosas y datos detallados. Exige también ir más allá de los enfoques tradicionales.

Debemos mejorar nuestros marcos de análisis, hacer preguntas que nos permitan evaluar realidades complejas; hablar con las personas pobres y entender cuáles son sus necesidades.

De este modo podremos impulsar una agenda renovada de desarrollo que actúe eficazmente sobre las desigualdades.

Los altos niveles de desigualdad pueden reducirse si somos capaces de crear políticas redistributivas orientadas a la prosperidad compartida, la justicia social y la democracia para todas las personas.

Estos y otros temas serán discutidos durante la Conferencia Internacional “Desigualdades Rurales: Evaluación de enfoques para superar las disparidades”, organizada por la Oficina de Evaluación Independiente del FIDA, que se celebra en Roma el 2 y 3 de mayo.

De la fragilidad de la democracia

democracia

 

Por Andrés Hoyos

Ahora que las tendencias antidemocráticas están al alza en Colombia, no sobra remitirnos a las raíces del fenómeno.

La democracia es un genial invento de la civilización occidental, que empezó apenas como una semilla en la Grecia antigua, una sociedad esclavista. En Roma, otra sociedad esclavista, el asunto voló durante un tiempo, pero fue dado de baja por los emperadores, de modo que hubo que esperar hasta el siglo XVIII, cuando tres países dieron, cada uno a su manera, un gigantesco salto hacia adelante: Francia, de forma sangrienta y pasando luego por un emperador guerrero, Estados Unidos, de forma menos cruenta, aislado en América del Norte, e Inglaterra, de forma gradual, primero arbitrando en el Parlamento cualquier cobro de impuestos y después debilitando de forma paulatina la monarquía, hasta volverla el espectáculo inocuo, aunque costoso, que ha sido a partir del siglo XX.

Dicho de otro modo, tomó cerca de 20 siglos perfeccionar el invento. Incluso el verbo “perfeccionar” es engañoso porque las sociedades, tras cualquier crisis de peso, tienden a la regresión y buscan encumbrar a los viejos machos alfa de la tradición tribal que mandaron, con escasas excepciones, en casi todas partes y en casi todos los tiempos. Así que esos caudillos que pululan por ahí, vitoreados hasta el delirio, no son excepciones, son una vieja regla de la política.

La democracia surgió en buena parte porque los déspotas ilustrados, por el estilo de Luis XIV en Francia o Carlos III en España, cedían eventualmente su lugar a déspotas crueles o idiotas que era imposible hacer a un lado sin grandes derramamientos de sangre. Los malos gobiernos duraban décadas, cuando no siglos. Teorizada por Montesquieu, la idea original de la democracia buscaba ante todo limitar el ejercicio del poder. Celebrar unas elecciones libres, periódicas, de fecha cierta y sin trampas era y es un factor necesario para que haya democracia, pero dista mucho de ser suficiente. Tanto o más importante es la división del poder en tres ramas, la ejecutiva, la legislativa y la judicial, manteniendo entre ellas los famosos pesos y contrapesos. Karl Popper escribió en 1986 para The Economist un texto clave que se puede leer aquí: http://econ.st/2pucUt1. Su tesis central es que la esencia última de la democracia consiste en poder sacar a los malos gobiernos del poder. Otro indicio, por si acaso, de que hoy no hay democracia en Venezuela ni en Nicaragua, porque allá los malos gobiernos se aferran al poder como lapas.

Ya en Colombia, empecemos por lo obvio: nuestra democracia es todavía precaria, hasta el punto de que fue atacada militarmente durante más de 50 años por insurgencias imposibles de erradicar por la fuerza. Situémonos en 2022 y pensemos en la perspectiva que nos plantea Popper. ¿Qué tan altas son las probabilidades de que para entonces hayamos tenido un mal gobierno? A juzgar por los candidatos que van adelante en las encuestas, muy altas. ¿Qué tan probable es que nos veamos confrontados con un mandatario que no se quiera ir del poder? No veo a Duque aferrándose a él, pese al peligroso e insultante padrino que lo acompaña; en cambio, es casi seguro que Petro, en vez de gobernar, habrá estado todo el tiempo buscando la manera de quedarse. Su programa es para un par de décadas, no para cuatro años. ¿Alguien lo ha oído decir que se va en 2022 y listo? Yo no.

Ojalá me equivoque y gane, digamos, Sergio Fajardo.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

¡Paren el mundo que me quiero montar!

mayo

Por Eva Feld

A cincuenta años del mayo francés de 1968, hito histórico en el que contrajeron nupcias consignas diametralmente opuestas para reivindicar en la palestra pública con igual júbilo y simultaneo ímpetu desde el más floreado marxismo hasta la ilimitada libertad sexual, sus protagonistas anónimos, conquistadores de la posmodernidad, eternos diletantes, libre pensadores y nostálgicos sobreseídos del devenir político mundial, presenciamos alelados que el tren ultrarrápido en el que viajábamos hacia el futuro utópico y del cual quisimos apearnos para sembrar nuestras ideas y nuestras causas en el terreno fértil de las emociones revolucionarias, nos ha dejado convertidos en apacibles rumiantes de lo que ha devenido, muy a nuestro pesar, en pasado.

Sin embargo, no todo está perdido, luego de darse la vuelta entera por la Vía Láctea, el tren de la historia está a punto de pasar de nuevo frente a nuestras narices y henos aquí, en nuestra perplejidad, pretendiendo que haga un alto para volvernos a montar sin habernos tomado la dosis reglamentaria de Dramamina para contrarrestar el mareo. Aquí estamos intentando deslastrarnos de conocimiento y experiencia, haciendo aeróbicos y pilates para hacernos atractivos a las nuevas generaciones, intentando olvidar nuestras lecturas de Marcuse, Lacan, Lukacs o Althusser y ejercitando nuestros dedos para aprender a enviar mensajitos por el celular o actualizarnos en facebook, pasándonos a toda velocidad direcciones electrónicas que nos permitan estar al día en foros políticamente obtusos, culturalmente actualizados y lucir aceptablemente consumistas.

Hubo un tiempo, sí, en que protestábamos porque las grandes ideas de los pensadores del siglo XX se iban comprimiendo a vulgaridad y desquiciamiento. Ahora comprendemos que las píldoras light a las que se han reducido las disquisiciones, los preceptos, las teorías y las ecuaciones de segundo grado son precisamente el carburante que consume el máximo motor de combustión interna que es la velocidad mediática. El conocimiento, el discernimiento, el debate, la dialéctica han quedado relegados a la habitación de los trastos viejos. Es el tiempo de los resúmenes, las síntesis, la inmediatez. Es la hora de encapsular el pensamiento que, dicho sea de paso, ha de ingerirse con burbujas edulcoradas para soportar cualquier efecto secundario. Pensar se equipara con enfermedad, el antiguo precepto cogito ergo sum ha adquirido, en este medio siglo transcurrido desde el mayo francés, una sorna semántica.

Si Marcuse acuñaba la desublimación sexual y cultural en el Hombre Unidimensional, que le dio título a su obra mejor conocida, su tesis, como los buenos rones que se añejan en barricas de roble, se ha mejorado a sí misma, proclamándose su definición de libertad como ciertamente incomparable con ninguna anterior. Una que no se conquista ni se sustenta y que tampoco se defiende, una que ha adquirido carácter de existencialismo por serle consustancial a la esencia humana, de manera que se nazca directamente libertino.

Lacan en cambio ha sido víctima de devaluación; si en los años 60 cabalgaba sobre el monstruo de tres cabezas que era para él el problema de la educación, tratando de descifrar lo real, lo simbólico y lo imaginativo para darle coherencia a sus teorías, estaría probablemente desconcertado ante el desarrollo subnormal que ha sufrido su quimera, en lo referente a lo real. Impávidos, quienes lo estudiamos durante los sucesos del mayo francés, vemos también cómo lo simbólico y lo imaginativo son manipulados impúdicamente hasta reducirlos a adoctrinamiento y prefiguración respectivamente. Cierta imaginación ha llegado al poder y pretende prohibir que se le prohíba, en contraposición a la consigna  “prohibido prohibir” del mayo francés.

Lo real, lo simbólico y lo imaginativo se han sujeto hacia limitaciones alejadas del  hipotético Estado Social de Derecho, es decir, de  una legislación de tolerancia y respeto mutuo, de una economía inclusiva y de otras ideas más progresistas que revolucionarias, que implican más disciplina que libertinaje, más seriedad que consignas y evidentemente más circunvoluciones que aceleración.

El tren de la historia que regresa a toda velocidad se ha llevado por delante el placer estético por el que abogaban los filósofos alemanes de la escuela de Frankfurt, al precioso andamiaje verbal de los ensayistas franceses, a los pensadores de alta cilindrada que acompañaron los sucesos del mayo francés y adolece de las libertades humanas consagradas en las constituciones y en los vocabularios de occidente.

El tren de la historia, cuya velocidad arrolladora enceguece a quienes lo quieren abordar desconociendo su itinerario, sólo podrá ser conducido por quienes estén en capacidad de imponerle las paradas. Para lo cual se requiere una fuerza cuyo punto de partida se ubique en las ciencias del espíritu, de la musculatura pragmática y del esfuerzo contagioso, ergo colectivo.

Coletazos

guacho

 

Por Andrés Hoyos

El peligroso y proteico bicho de la violencia todavía da grandes coletazos entre nosotros.

Hasta hace menos de un año el tal Guacho que tiene en ascuas a Colombia y Ecuador no era nadie. Llamo la atención sobre el final de la afirmación, pues constituye el meollo del asunto. Sucede que nos gastamos cuatro años en un proceso de paz con las Farc, lo llenamos de incisos y acápites, pero se nos olvidó que la fuente del conflicto no son las personas per se, así sean perversas o desalmadas, sino la existencia de un mercado que recluta nuevos actores con facilidad. Dicho de otro modo, morirá o será capturado el Guacho y no pasará nada. Surgirán el Guacho 2, el Guacho 3, el Guacho N, como sucedió con Megateo, el pérfido jefe del Epl en el Catatumbo, que murió sin que la región haya mejorado en lo más mínimo. Por ahí andan Megateo 2 o Megateo 3, cuyos nombres reales dan igual.

Hay que repetir hasta la saciedad una conclusión establecida hace mucho, pero que no vuela en Colombia: la guerra contra las drogas es un fracaso colosal del cual tenemos que escapar para mañana es tarde. El prohibicionismo, aparte de antiliberal en su concepción, pretende deshabilitar la ley de la demanda y la oferta, si se me permite enunciarla en el orden que aquí conviene. Mientras haya demanda de drogas —de cocaína, en particular—, alguien se encargará de la oferta, alguien que por definición no es la madre Teresa de Calcuta. La erradicación de cultivos como centro de la política antidrogas es absurda. La demanda sigue, de modo que la mata que arrancan aquí la vuelven a sembrar allí, y como la coca se da en casi todos los climas y hasta entre las grietas del asfalto, por ahí no se va a ninguna parte.

¿Por qué no se entiende esta obviedad? Porque Colombia es un país embrutecido por la lora de los extremistas. Como será de soporífero el efecto del prohibicionismo, que hasta Petro le hace reverencias. En lo único en que uno hubiera agradecido una posición radical de este declarado enemigo de la economía de mercado es en el tema de la legalización de las drogas, pero no. Es tan godo en eso que parece uribista. Repite la tontería de que Colombia no puede actuar unilateralmente. ¿Y eso? Uruguay, California, Holanda y pronto Canadá actuaron o actúan unilateralmente y la tierra no se ha tragado a nadie.

Como sigue entrando un gran chorro de dinero ilegal a Colombia, zonas como los alrededores de Tumaco o el Catatumbo son volcanes activos, al tiempo que Cauca, Chocó y Arauca son volcanes dormidos que podrían entrar en actividad pasado mañana. Dicen los medios que se esperaba otra cosa debido al proceso de paz. ¿A cuento de qué esperar nada distinto si los problemas centrales —la prohibición y el mercado negro que genera— siguen intactos?

Lo más indigno es que la bestia da coletazos aquí mientras en California se monta una industria de miles de millones de dólares alrededor de la marihuana. Pero nuestros popes —dígase Juan Lozano, María Isabel Rueda o Juan Carlos Pastrana—, un poco antes de arrodillarse ante el ídolo con peluquín, se llenan la boca con palabras de indignación. Dan pena.

Tampoco entiendo la timidez de los ambientalistas tradicionales en esta materia. Viven pendientes de esta y aquella matadura puntual, sin fijarse en que la industria del narcotráfico destruye miles y miles de hectáreas de bosque primario en las zonas más delicadas del país.

Somos, en fin, un país supinopensante.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

Cuba comienza algo más que un relevo generacional

Cuba

El saliente presidente Raúl Castro (primero a la derecha) y su previsible sucesor desde el 19 de abril, Miguel Díaz-Canel (tercero), durante una ceremonia en el Palacio de la Revolución, en la capital de Cuba, el 29 de marzo de este año. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

Por Patricia Grogg

LA HABANA, 13 abr 2018 (IPS) – La etapa que comienza en Cuba el 19 de abril conlleva una división hasta ahora inédita en la cúpula del poder: el presidente y jefe de gobierno no será a la vez primer secretario del Partido Comunista (PCC), único legal, ni comandaría las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).

El jueves 19 se constituye la nueva Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP, parlamento unicameral),  electa el 11 de marzo, para después escoger de entre sus miembros al nuevo presidente, un primer vicepresidente, cinco vicepresidentes, un secretario y 23 miembros más del Consejo de Estado, máximo órgano ejecutivo.

Para lectura completa http://www.ipsnoticias.net/2018/04/cuba-comienza-algo-mas-relevo-generacional/

La justicia del error

Nariño

Por Andrés Hoyos

El anuncio en el camino decía: “para triunfar en primera vuelta, gire a la izquierda”, pero el carro en que iba Iván Duque giró a la derecha. Bendita sea su miopía. Eso de penalizar la dosis personal puede que suscite ¡hurras! en alguna familia ultracatólica de la provincia antioqueña, cuyos votos Duque ya tenía en el bolsillo, pero pone a dudar a cualquiera con un gramo de liberalismo en el cerebro, quien entiende la barbaridad de echar a la cárcel a miles de muchachos por fumarse un cigarrillo de marihuana mientras California legaliza la hierba y construye imperios comerciales a su alrededor. No se puede ser tan dócil ante Trump y sus fiscales belicosos. ¿Y qué tal la idea de satisfacer los odios de Uribe y desmontar el sistema de las altas cortes poniendo en peligro la tutela? Esto demuestra, además, que el canoso y elocuente senador realmente no conduce su campaña, sino que mandan en ella esas almas oscuras que lo rodean e incluso lo vigilan. En todo caso, el tal triunfo de Duque en primera vuelta se desvanece en medio de las propuestas vengativas del Centro Democrático.

Un empujoncito lleva a otro empujoncito, varios empujoncitos llevan a un gran empujón y de repente el centro, que hace apenas tres semanas parecía inviable, ha vuelto a ser opción para el 27 de mayo. ¿No le gustan a usted el referendo constituyente ilegal de Petro para el 8 de agosto ni su idea de revocar el Congreso en el que carece de bancada, pero tampoco le gustan las venganzas furibistas contra las libertades y la Constitución del 91? Le aseguro que no está solo. Por fortuna los caudillos son narcisos y prefieren perseverar en el error y ser vapuleados por cometerlo, en vez de retractarse. Como ya lo comprobó Petro, tampoco Iván Duque va a moderar sus propuestas radicales. Horrible actitud esa que no le permite a uno echar reversa y decir: me equivoqué.

Hasta Vargas Lleras ha tomado un nuevo aire en estos días, si bien los votos de derecha sencillamente no alcanzan para poner al N°1 y al N°2 en primera vuelta. Lo que queda pendiente es saber si pasa el centro o pasa la izquierda antinstitucional de Petro. A mí me gustan Sergio Fajardo y Humberto de la Calle, pero como no se unieron, votaré por el que vaya adelante en las encuestas quince días antes de las elecciones. Los hay por ahí que consideran esta opción obvia. No lo es. Existen los puristas que, sin saber a qué horas, harán que gane uno de los dos extremos en cambio de votar por el candidato de centro que menos les gusta. La paradoja, en todo caso, es que la primera vuelta va a resultar más importante que la segunda. ¿Por qué? Porque una segunda vuelta entre Duque y Petro la gana casi con seguridad el primero, mientras que una segunda vuelta entre Duque y Fajardo, el candidato hasta hoy mejor posicionado de centro, está muy lejos de haberse decidido. Ya Adriana La Rotta mencionó el caso reciente de Costa Rica, donde un ultramontano que iba a arriba en las encuestas fue vapuleado en segunda vuelta por Carlos Alvarado, el candidato de centro.

Esperemos lo que falta de campaña, veamos los debates, crucemos los dedos para que nuestros predilectos tengan un buen desempeño y miremos las encuestas que, pese al desprestigio y los descaches, saben algo más que un votante aislado. La unión la tenemos que hacer nosotros, de facto, escogiendo una estrategia bicentral en vez de la bipolar que ha venido predominando hasta ahora. Eso haré yo.

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