Buscar

Democracia siglo XXI

Etiqueta

Opinión

Lo que es bueno para General Motors…

millonarios

Por Joaquín Roy

MIAMI, 15 nov 2017 (IPS) – La carta de 400 millonarios de Estados Unidos al Congreso legislativo recomendando el rechazo de la medida del presidente Donald Trump para recortar drásticamente la carga fiscal de los más ricos es la gota que ya está colmando el vaso de la paciencia generalizada.

Cada día que pasa, los sufridos ciudadanos de la todavía mayor potencia de la galaxia perciben estupefactos cómo desde la Casa Blanca se transpira un clima trufado de mentira, arrogancia, y arbitrariedad. Pero lo que sería reflejo de una política más propia de dictaduras de baja calidad, es en realidad una muestra de una profunda ignorancia de la economía.

Creer que la rebaja drástica de los impuestos a los más pudientes beneficiaría a las capas sociales más inferiores no se sostiene por ninguna teoría del crecimiento, además de constituir una clara figura delictiva de injusticia social.

Los 400 firmantes de la carta de rechazo de la propina de Trump, liderados nada menos que por George Soros, temen pasar a la historia no solamente como los sepultureros enmudecidos de un capítulo concreto de esa historia del país, sino también como coautores de un suicidio económico-político.

Recuerda como una gota de agua a otra a la fallida política de Ronald Reagan (1981-1989), que se conoció como economía en “cascada descendente”. Según esa lógica, el enriquecimiento de las capas superiores beneficiaría a los más desposeídos, según una curiosa ley de la gravedad financiera.

Nada tiene de extrañar esta idea peculiar de Trump, ya que desde el comienzo de su mandato, en enero, su nombramiento ha cosechado una antología de fracasos legislativos (inmigración construcción del muro, plan de salud), mientras ha mostrado una peculiar cualidad como administrador en rodearse de una serie de militares jubilados para los puestos de seguridad nacional.

Pero es en el resto de la administración donde ha demostrado una obsesión diabólica en el nombramiento de ejecutivos o dueños de grandes empresas y los ha catapultado a la cima del poder político.

La dimisión de una docena larga de estos neófitos en el arte de gobernar quedará en los anales de la República para el exhaustivo análisis histórico. Nunca antes en el devenir de este admirable país tan pocos han hecho tanto daño en tan poco tiempo, para parafrasear al británico Winston Churchill.

Los 400 firmantes de la carta de rechazo de la propina de Trump, liderados nada menos que por George Soros, temen pasar a la historia no solamente como los sepultureros enmudecidos de un capítulo concreto de esa historia del país, sino también como coautores de un suicidio económico-político.

No quieren ser identificados como los que se han cobijado bajo el manto del poder, como en su momento tuvo que hacerlo Charles Wilson, jefe ejecutivo de la General Motors, al ser propuesto por Dwight Eisenhower (1953-1961) como secretario de Defensa.

En la audiencia senatorial a la que consuetudinariamente deben someterse los nombramientos del gabinete presidencial, se le preguntó a Wilson si no se enfrentaría a un conflicto de intereses al tener que tomar decisiones contrarias a los intereses de su anterior empresa.

Contestó imperturbable que no veía contradicción alguna, ya que lo “es bueno para General Motors es bueno para América (Estados Unidos)”. Dicen los estudiosos rigurosos que en realidad su afirmación fue al revés: en lugar la lapidaria admiración por el capitalismo, aludió a que lo que era bueno para Estados Unidos debía ser bueno para la economía privada.

En la legión de los nombramientos de dueños y altos cargos de empresas para el gabinete de Trump, parece ser que la respuesta sería que “lo que es bueno para General Motors es bueno para… General Motors”. Punto.

Obsérvese que las voces que aparentemente están aquejadas de complejo de culpa son al mismo tiempo practicantes de un deporte importantísimo del sistema socioeconómico de Estados Unidos. Nada sería de extrañar que numerosos firmantes tengan un récord impresionante de altruismo y compitan entre ellos en los listados del campeonato de la filantropía.

Unas leyes imaginativas han permitido el éxito de lo que en otras latitudes es insignificante, limitado o casi clandestino, ya que numerosos sistemas fiscales de América Latina y Europa no favorecen las ventajas de las donaciones, dejándolas a la merced de la simple caridad.

En Estados Unidos, esta práctica tiene suculentas ventajas, además de regalar al donante con una aureola de civilidad y honorabilidad difícil de conseguir de otra forma.

El sistema no solamente está reservado a los más pudientes, sino que también está abierto a los ciudadanos de a pie, quienes por unos procedimientos simples y llanas declaraciones pueden beneficiarse de desgravaciones.

Algunos de los que nos dedicamos a la enseñanza lo comprobamos a diario, sobre todo en los centros privados que dependen de la satisfacción de las tasas de matrícula y las donaciones.

 

Joaquín Roy es catedrático Jean Monnet y director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami. jroy@miami.edu 

Anuncios

Un liberal auténtico

Humberto De La Calle

 

Por Andrés Hoyos

Este domingo podría cristalizar un evento raro: que un liberal auténtico, Humberto de la Calle, sea elegido representante para las elecciones presidenciales por el partido que en las últimas décadas ha desdorado ese apelativo. Claro, quienes deseen ese desenlace deben salir a votar por él en la consulta liberal.

El viejo liberalismo, la fuerza política dominante en el siglo XX colombiano, a lo largo de los años cometió muchos errores y omitió muchas iniciativas que hoy nos tendrían mejor, pero pocos esperaban que cayera tan bajo como cayó. Asesinado Luis Carlos Galán en 1989, sus enemigos se apoderaron del partido y lo arrastraron por el lodo. Muy en particular se organizó entonces el samperismo, dedicado primero a elegir a Ernesto Samper presidente en 1994 y después a defenderlo de lo que no tenía defensa: haber vendido su alma al Cartel de Cali. Juan Fernando Cristo, escudero de Samper, fue un protagonista central en las jornadas del proceso 8.000 y hoy mantiene con el expresidente una relación muy cercana. Que tenga o no futuro el liberalismo colombiano como partido dependerá en buena parte de que sea capaz de jubilar para siempre esta tendencia ignominiosa.

De la Calle cometió en esa época el peor error de su vida al renunciar a la Vicepresidencia y permitirle a Samper proseguir con su turbio festín burocrático. Supone uno que, cometido el error, nuestro hombre aceptó la derrota y se dedicó a sacar adelante un bufete de abogados que llegó a ser uno de los más exitosos del país sin, por lo demás, encargarse de los muchos casos problemáticos que nuestra narcotización fue engendrando como maleza.

Estando ya retirado de la política, algún día de 2012 Humberto recibió una llamada de Juan Manuel Santos. El presidente quería encargarlo de liderar la negociación que se iniciaba con las Farc. Este grupo guerrillero seguía siendo poderoso, si bien había recibido una seguidilla de golpes militares que por fin los convenció de que nunca se tomarían el poder por las armas. El equipo que se armó, a diferencia de los muchos endebles que Santos ha armado después, era muy sólido e incluía a Sergio Jaramillo, el principal teórico del conflicto en Colombia, cuyos escritos muchos leíamos cuando era director de la Fundación Ideas para la Paz (FIP).

Fue durante la difícil negociación con las Farc cuando Humberto de la Calle sacó a relucir la autenticidad de su liberalismo. No, no llegó al acuerdo perfecto, sobre todo porque la contraparte se contorsionaba dadas las pocas ganas que tenían de poner fin a toda una vida de lucha armada, pero sí se mantuvo firme en los principios. Recibió con estoicismo la andanada de mentiras e insinuaciones rastreras que soltaban los furibismos y laureanismos, tan vivos todavía en Colombia. No se salió de sus casillas. Dio un resultado razonable. Luego, cuando el No ganó en el referendo, volvió a la mesa y modificó lo pactado a ver si así satisfacía a los insaciables.

Yo tampoco sé si Humberto de la Calle llegue a ser presidente de este país. La tiene cuesta arriba. Lo que sí sé es que debe ganar la consulta del domingo y que votaré por él sin dudarlo un instante. Mientras más votos saque y más lejos quede Cristo, mejor para la causa liberal colombiana, tan vapuleada en las últimas décadas.

P.S.: Aprovecho para felicitar aquí a los miembros del equipo malpensante por los tres premios Simón Bolívar que obtuvieron la semana pasada.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

Epílogo venezolano

epílogo

Por Andrés Hoyos

Un viejo refrán dice que “no hay situación por mala que sea que no sea susceptible de empeorar”. Venezuela venía muy mal y ahora está peor. La cruel ironía del entramado es que el gobierno de Maduro ha demostrado ser inepto para absolutamente todo, menos para mantenerse en el poder. Poder, esto es, para martirizar a una porción muy grande y creciente de la población, mientras mantiene fieles a las minorías necesarias para su supervivencia. Hay una cita huérfana, atribuida a Camilo Torres, que dice que un pueblo con hambre no lucha, sino que se arrodilla. Por lo menos no lucha hasta el final. Pese a la crueldad del dicho, creo que en el caso venezolano aplica con claridad.

La oposición venezolana yace hoy destruida. Una moraleja del asunto es que la “democracia” sin democracia, o sea sin igualdad de oportunidades, es tanto o más dañina que una dictadura abierta. A posteriori podemos decir que se equivocaban quienes decían que era necesario participar en las recientes “elecciones” de gobernadores que convocó Maduro. Sí, la abstención en las parlamentarias de 2005 fue un grave error, pues entregó las instituciones a Chávez. Se especulaba que el hombre no podría durar, en cuyo caso esa táctica quizá lo hubiera debilitado, pero duró y pudo hacer y deshacer a su antojo. En política existe la tentación de rectificar los errores de ayer con las decisiones de hoy, sin pensar en que las cosas cambian y que esto puede constituir un nuevo error.

Popper, con ese despojo conceptual que caracteriza algunas de sus formulaciones, decía que la democracia se define en últimas como la posibilidad de sacar del poder a los gobernantes dañinos. Ni siquiera agregaba que debe servir para elegir a los virtuosos. El incumbente siempre tiene ventaja y si, además, hace trampa en forma masiva, muy difícil será ganarle unas “elecciones”. Aun así en Venezuela la oposición ganó las de la Asamblea Nacional de 2015. Después, Diosdado Cabello y sus secuaces se aseguraron de que eso no les volviera a pasar y, por ahora, no les ha vuelto a pasar. Vendrán unas presidenciales en las que la oposición, dividida y amargada, no podrá contar con sus figuras emblemáticas, inhabilitadas una por una. Sin ellas y con una alta dosis de fraude, sería raro que el régimen perdiera.

De más está decir que el 100 % de lo que pasa hoy en Venezuela es responsabilidad del chavismo. La pésima situación se seguirá deteriorando porque el modelo escogido cada vez funciona peor. Habrá que prepararse para una profundización de la crisis humanitaria.

El peligro del castrochavismo al que muchos temen está vinculado a las rentas excesivas en manos del Estado. Lo que no se debe permitir es que los gobernantes dispongan de ellas sin cortapisas muy estrictas, sobre todo cuando son un regalo de la naturaleza. Porque si un Estado está obligado a cobrar impuestos para actuar, los ciudadanos no van a permitir un saqueo como el chavista. Claro, hoy no se ve de dónde va a surgir una renta semejante a la del petróleo carísimo de hace diez años.

En fin, la catástrofe venezolana podría durar varios años. A estas alturas no parece factible que la oposición pueda participar en unas “elecciones” y ganarlas. Me dirán que no participar tampoco sirve de nada y tendría que estar de acuerdo. Uno no ve por dónde se va a desbaratar el régimen. Quizá algo en el ambiente internacional lo desestabilice lo suficiente para tumbarlo, pero habrá que esperar sentado.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

 

Sentido pedagógico de hacer política

 

política

Por Juan Guerrero *

Como acción constructora de la visión filosófica el hacer político es una de las tantas maneras que tiene el hombre para llevar a cabo sus infinitas potencialidades, como hacedor de mundos posibles.

En nuestra sociedad la manera de hacer política ha sido confundida hasta retrotraerla a una especie de jauría humana, donde los instintos más atrasados se manifiestan como resultado de una manera de convivir donde todo es permitido, mientras posibilite el arribo al poder.

Semejante razonamiento niega la misma condición humana y sentido pedagógico de su hacer. Nada está más cercano a lo humano, en términos de nobleza y dignidad del hombre, como vivir y convivir en lo político. Así como nada está más cercano a la divinidad mística que vivir y convivir en lo poético.

Son maneras racionales de consciencia que pueblan las zonas más dignas del hombre. Lo político niega, por esencia, por su naturaleza humana, toda injerencia de la intolerancia del irracionalismo que necesariamente desemboca en la injusticia individual y colectiva, y el denominado tristemente “canibalismo político”.

Han sido, y parecen continuar siendo, tiempos grises y quejumbrosos para el hombre pensante venezolano con sentido pedagógico de su hacer y poéticamente inserto en la armonía social como naturaleza política.

La acción política se genera y nutre, como toda manifestación y conocimiento inteligente del hombre, en la naturaleza del lenguaje. Somos esencialmente seres que existimos en el lenguaje y no de otra manera. Somos una metáfora que se traduce continuamente en infinitas realizaciones.

Por eso cuando hablamos mostramos nuestro ser, nos presentamos tal y como somos y no de otra manera. El hombre que piensa, habla y actúa en esa misma línea de coherencia y lógica, es un ser ético porque mantiene una armonía discursiva en su Hacer Político.

La naturaleza humana, por ser intrascendente, tiende a construir a través de la acción política mundos de realidades tangibles para dejar constancia de aquello de lo que adolece: trascendencia e inmortalidad.

Por eso cuando morimos no nos llevamos nada material. Ni aún nuestro lápiz ni una hoja de papel para escribir nuestro nombre. Desaparecemos como inutilidad humana. Sólo quedan recuerdos que como imágenes que se han construido en otros, están registradas en aquellas cosas a las que dedicamos nuestro infinito amor.

Y en este sentimiento es donde reside el sentido del hacer político: el infinito amor que nos ofrecemos a nosotros mismos y como consecuencia de ello, extendemos al Otro, el semejante, nuestro yo infinito.

La actividad política es la capacidad que tiene todo hombre para darle sentido a su vida y transformarla en constante vocación de servicio al semejante. Sacrificio,  gozo y mística de trabajo cuyo único interés es la orientación pedagógica del semejante. Orientarlo en su formación ciudadana como habitante de una nación.

Por eso el odio y la injusticia social niegan el sentido de lo humano, la capacidad del hombre para convivir en el lenguaje hilvanado sobre bases lógicas y de convivencia pacífica en lo diferente. En este sentido, disentir argumentativamente y con sentido ético-comunicativo (de comunión=comunidad) es demostración, en quien lo practica, de que ha llegado a estadios de consciencia que ofrecen espacios para compartir experiencias significativas que ennoblecen el alma y fortalecen el amor al prójimo.

Vivimos tiempos turbulentos en nuestra sociedad. Buscamos líderes y dirigentes con bases sólidas en la ética política. Es urgente formar dirigentes en las comunidades sobre la base de una armonía social, con claridad teórica y sólidos principios morales. Además de saber expresarse verbalmente. Esto, porque ellos son modelo de virtudes en la oratoria y consolidación de un idioma y de una cultura.

Por estos tiempos presenciemos, como testigos adoloridos y horrorizados de una mala película, el lenguaje subhumano de aquellos semejantes quienes no contribuyen en nada a elevar la consciencia social ni el sentido pedagógico de hacer política.

Después de todo es otra lección de la vida, muy cruda, para depurar en crisis generalizada, las antiguas generaciones de “políticos prácticos” y advertir a estos nuevos rostros sobre la imposibilidad de seguir siendo “caníbales” en el escenario del hacer político.

(*)  camilodeasis@hotmail.com   TW @camiloeasís  IG @camilodeasís1

Fourth Industrial Revolution & Its Dramatic Impact on Society

Guterres

By António Guterres* UN Secretary-General

UNITED NATIONS, Nov 7 2017 (IPS) – I am an engineer and, for the time being, I am also Secretary-General of the United Nations and we are all here because we believe in the force of Science, Innovation and Technology.

From my perspective, what is important is to combine innovation and technology, innovation and public policy to make sure that innovation works for the good of humankind. But let’s look a little bit in the recent past to be able to project the near future.

For the past few decades, we have witnessed the enormous impact of innovation, science and technology combined with globalization in our world, our economies, our societies, our lives. That impact was essentially good. Enormous increase in growth of trade and economy, huge growth of the global middle class, and drastic reduction in the number of absolute poor.

Very meaningful improvement in the living conditions of the overwhelming majority of the population, growth in life expectancy, decrease of child mortality, soaring literacy rates – globally, it is clear that our world has been moving for the good. But there was some collateral damage to this enormous growth, and I will like to notice two points: first climate change, second growing inequality.

I believe climate change is a defining threat of our times, and climate change, combined with a different set of megatrends, population growth, chaotic urbanization, food insecurity, water scarcity, being climate change the main accelerator, and this interrelation in creating – as we all see- what is probably the biggest threat to our planet today.

We see hurricanes and other natural disasters becoming more and more frequent, more and more intense, and with more devastating humanitarian consequences. We see, at the same time, desertification making progress, human environment being destroyed, people having to flee, massive movement of populations, refugees and migrants, and at the same time we see a larger competition for resources that triggers instability or conflict and makes climate change also a security problem in today’s world.

At the same time, growing inequality – eight men (because they are men, not women), own as much wealth as the poorest half of humanity. As we live in a time of global prosperity, it is more difficult for people to feel that they are left behind, people, but also sectors and regions in the rust belts of this world, [..] looking at the rest of the world, what’s going on, feel sometimes discriminated, they feel angry, and these are factors of instability and conflict. It is undermining the trust of people in relation to institutions.

The trust of people in relation to government, in relation to international organizations, in relation to political establishment. These have also helped the development of forms of populism and xenophobia and racism that undermine the social cohesion of our societies. This means we need to be aware that globalization is a force for good, that the development of new technologies is a force for good, but we need to be attentive to be able to respond to the eventual collateral damage that exists.

There is a way to respond. To respond to climate change with climate action, to respond to increasing inequality with a struggle for a fair globalization. The international community was able to come to two historic agreements, one is the Paris Agreement on climate change, and the second is the Agenda 2030, approved by all nations in the world with a perspective of inclusive and sustainable development with the so called Sustainable Development Goals with the objective of leaving no one behind.

The problem, as you can imagine, is a problem of implementation. It’s very good to have the Paris Agreement on climate change, but first of all, the Paris Agreement is not enough. Even if the Paris commitments are met, the temperatures in the world will be rising over three degrees by the end of the century and this will be catastrophic and on the other hand, it is also clear that not all countries are abiding by the commitments made in Paris, which means that we need to have an enhanced ambition in relation to climate change.

The same applies to fighting for a fair globalization. We need to be able to combine efforts of governments, companies, the business sector, financial markets and civil society in order to make sure that we are able to eradicate poverty, bring education for all, clean the oceans, and do a number of other things that are essential for the life in our planet to be sustainable and to be inclusive.

Again, this is difficult. The problem is implementation. But the good news is that science is in our side. Look at climate action. Today it’s clear that thanks to new technologies, thanks to green technologies, the green economy is the economy of the future. The green business is the good business and you can at the same time, make money and do good.

The same applies to the combination of new technologies that represent what we call today, the fourth Industrial Revolution in relation to information and communication technologies, and namely artificial intelligence that has been so many times mentioned tonight. But also, biotechnologies, nanotechnologies, and other forms of innovation, that will allow us to create the conditions to be able to have indeed, a growth and development that benefits everybody and to create the conditions to combine simultaneously what was the spectacular development we witnessed in the last decades, but with taming the climate and being able to make sure that the benefits of development are distributed by all.

Science is on our side. I am a true believer that this fourth Industrial Revolution can be the answer to the main questions that we are putting ourselves today facing the enormous difficulties that we are still facing in the different aspects of social inequality, of the deterioration of the environment and other threats to our collective life.

As in relation to the past, we need to be able now to look into the near future with the strategic vision and combining the actions of governments with the private sector, with researchers, academia, the civil society, in order to be able to make sure that this fourth Industrial Revolution, is indeed in all its aspects a force for good.

It is clear that this fourth Industrial Revolution will have a dramatic impact in our societies, in our way of life, but also in labour markets. It’s very important to anticipate the potential net negative impacts of this technological evolution. For example, in the country where I live today in the US, the profession that has more people working in it is driving. Now very probably in a few years’ time, we will not need drivers for cars, driver for trucks, and drivers for the majority of the equipment we have to handle.

We risk having massive unemployment, both in the developed and the developing world with the development of some of the new technologies that we are facing. The answer is not of course to stop development, the answer is to be able to adapt the way we work in our societies in order to be able to anticipate these trends instead of responding to it when it comes, and doing it too late as it sometimes has happened in the past.

That means a revolution and the massive investment in education and training. The education we need for future is different from the education we are used to discuss. It’s not how to learn to do things but to learn how to learn not to learn because the things we do will not be done tomorrow.

The way we think our educational systems need to be essentially rethought. Safety nets, social safety nets also need to change and even the way we look at work and leisure, the way we divide our times, the way we divide our lives, will have to change quite dramatically. It is absolutely essential that governments, the civil society, the business sector, the academia work together, discuss together, raise these issues that have been ignored in the public debate because those are the issues that will allow us to be able to face the future and to avoid the mistakes of the past.
My appeal those that are in this web summit, again governments, businesses, academia, researchers, scientists, is to start seriously discussing the impacts of the fourth industrial revolution in the societies of tomorrow. Then, as it was said in several of the interventions we heard, science and technology are not value neutral.

We can use genetic engineering to get rid of diseases and that is fantastic, but we can use genetic engineering to produce monsters, and that is terrible. We can use the cyberspace to facilitate our lives in everyday work that we do and in all other aspects of the way we live in a community, but we can also use the cyberspace to facilitate the recruitment of terrorists for terrorists organizations.

When we are aware of this fact, I think it’s important to think how we can make sure that innovation is a force for good. And there are I think two things really to avoid. First, the stupid reaction to say: let’s stop innovation. It is stupid because it is impossible, and because it will not allow to take benefit of all the positive aspects of innovation, so those that say “this is too dangerous, too complicated, it’s better to stop it,” I think that they have no point.

Second thing is to avoid the naïve approach to think that traditional forms of regulation like the ones we have today for energy or for the financial system or the insurance system can solve the problem. The truth is that those forms of regulation that are usually managed by governments or by inter-governmental organizations take time, they are complex, they are one-sided and obviously they are not able to respond to the fast-changing world we are now facing with these new technologies and new forms of innovation.

Which means that the only way to be able to establish mechanisms of regulation for the future will have to be different, will have to combine all stakeholders, will have to bring together governments, companies like the ones we heard today, scientists, like Stephen Hawking that spoke to us, but also the civil society, the academia, and again establish platforms of discussion, how to do norm-setting, how to establish regulatory frameworks that are flexible, that allow to combine the freedom of innovation that is absolutely essential for the future of humankind, but to combine it with the protection of human rights that is absolutely essential also to preserve the social cohesion of our societies. Governments cannot do it alone.

Inter-governmental organizations like the UN cannot do it alone. This needs to be done by all actors coming and discussing it together, and this is why the Web Summit is so important here today. To do it properly we need to make sure that we combine our energies to make sure that we are able to put all experiences together, and that we use opportunities like these to seriously discuss the problems that we face and at the same time to maximize the potential of the enormous advantages that the innovations we are discussing can provide to our world.

I do believe that this Web Summit is an opportunity for us to come together and coming together to make sure that the power of science, the power of technology and the power of innovation are a power for good to make a better world and for the benefit of us all.

*Based on an address on Web Summit Day 6 November 2017

 

El campesino malo

cocalero

Por Andrés Hoyos

Por estos días se ha armado un tremendo alboroto con el proyecto de ley que el Gobierno presentó para honrar lo firmado en La Habana y sacar a los pequeños campesinos cocaleros (con cultivos hasta de 3,8 hectáreas) de la cadena criminal. Se dice que pueden ser 250.000 personas. Aprovechando las inocultables chambonadas del equipo oficial, la red de ruido que responde a los intereses del candidato del coscorrón le anda sacando el mayor provecho posible a su prohibicionismo cerrero. Muy en particular el fiscal Martínez, quien desde luego no es neutral en materia de candidaturas presidenciales, se declara aterrado por este intento de beneficiar a los campesinos, para él los malos del paseo, y habla de un tratamiento penal “arrodillado” ante ellos.

Apliquemos una dosis mínima de sentido común a ver si entendemos las prioridades del asunto. Aunque las cifras exactas son difíciles de conseguir, nadie que yo sepa afirma que el perverso campesino colombiano obtenga tan siquiera el 5 % del precio final de un gramo de cocaína. Se habla del 3 % o por ahí. ¿Qué significa esto? Que el campesino no es el eslabón determinante en la cadena de valor, honor que recae en los siguientes intermediarios, todos los cuales ejercen actividades que figuran en el Código Penal. ¿Se aterra acaso el fiscal de que se lucren los narcos mexicanos, máximos gestores del negocio? No lo ha dicho. ¿Se aterra de que los lavadores de dólares resulten esenciales en la cadena? Tampoco lo ha dicho, al menos no con un énfasis parecido al que usa para referirse a los campesinos malos.

Martínez, y toda la institucionalidad represiva que aspira a perpetuar la inefable guerra contra las drogas en que Colombia ha puesto 200.000 muertos, tienen la clásica actitud del bully del curso. Son el azote de los débiles, por ejemplo de los campesinos cocaleros, pero tiemblan cuando hablan los grandes, dígase, los señores de la DEA. Yes, mister, if you say so.

La ley, señor fiscal y señoras y señores del coro, tiene que dejar de ser hipócrita. Si en los códigos dice que cultivar tres hectáreas de coca es un delito, pues a la cárcel con quienes lo cometen. ¿Que habría que multiplicar por tres los establecimientos carcelarios existentes? De malas. La alternativa es ofrecer una salida que evite la cárcel para la inmensa mayoría y solo la aplique a los recalcitrantes. Es sencillo, pero como esta gente está en campaña para generalizar la política del coscorrón, hace ruido y tuerce las cosas.

Yo animo a los lectores a mirar un poco más allá de la humareda del momento para preguntarse por el camino que se debe tomar. ¿Vamos a elegir gente por el estilo de Vargas Lleras y su posible sucesor, Néstor Humberto Martínez, quienes nos condenarán a diez o veinte años de vigencia de los mercados negros y, por ahí derecho, a la corrupción inevitable que estos traen, o buscaremos candidatos más sensatos que prosigan con la labor de encontrar alternativas a la guerra contra las drogas, iniciada con tremenda timidez por Juan Manuel Santos?

Muchos traficantes de todo tipo deberán terminar en la cárcel por lo que hicieron en estos cuarenta y tantos años de genuflexión inútil ante las políticas disparatadas de Estados Unidos. Lo esencial, sin embargo, es cambiar de política para evitar que siga entrando gente al narcotráfico. Así la frase no sea de Einstein, no deja de ser cierto que hacer lo mismo repetidamente y esperar resultados diferentes es una soberana estupidez.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

¿En qué momento se jodió Catalunya?

Joaquín-Roy2-459x472-459x472

Esta es una columna de Joaquín Roy, catedrático Jean Monnet y director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami.

Por Joaquín Roy 

MIAMI, 31 oct 2017 (IPS) – Si los editores reproducen fielmente el título original de este artículo, los lectores deberán regalarme una buena dosis de comprensión por usar expresiones que pueden herir ciertas susceptibilidades. Si se ha optado por el maquillaje de la palabra altisonante, los observadores perceptibles sin duda detectarán que es un calco de una pregunta crucial que se hace un personaje central de una de las mejores novelas de Mario Vargas Llosa, “Conversación en La Catedral”.

Zavalita, un periodista peruano, ante el panorama desolador de un Perú en su peor época, plagado de dictaduras y corrupción, se pregunta si se puede anclar el tiempo en que el país tomó el camino hacia el endémico desastre.

La expresión se ha usado frecuentemente por analistas e intelectuales mayoritariamente latinoamericanos, adaptada a otros países del hemisferio.

La empleo hasta el aburrimiento de mis estudiantes en mi curso sobre el pensamiento latinoamericano (la más notable contribución a la cultura en español que ha dado América Latina), deletreando la palabra o simplemente mediante la inicial de “j”.

La uso para identificar los momentos en que una crisis actual o una permanente pauta existencial pueden identificarse como el marco temporal de un estado de ánimo, conducta o preocupación nacional. Es una excusa útil para interpretar vanidosamente la historia.

Los principales pensadores latinoamericanos han estado aplicando la pregunta sistemáticamente en sus clásicos ensayos de identidad nacional. Así se ha intentado señalar algún acontecimiento fácilmente identificable.

Destacan el surgimiento del peronismo en la Argentina, la imposición de la Enmienda Platt en Cuba, la caída de Fulgencio Batista y el surgimiento de Fidel Castro, el congelamiento de la Revolución Mexicana. En Estados Unidos la crisis de Donald Trump está anclada en la lamentable aventura de Vietnam y la vergonzosa dimisión de Richard Nixon.

En contraste, esta explícita expresión-pregunta se ha usado muy raramente para indagar sobre las crisis de España, aparte del “Desastre” (así entronizado) de 1898. Toda la obra de los maestros de ese agrupamiento, desde Miguel de Unamuno a José Ortega y Gasset, está bajo la sombra de la pregunta.

En el panorama de Catalunya, muchos intelectuales desde la Renaixença trabajaron bajo similar influjo, con el poeta Joan Maragall al frente.

Pero la referencia directa a la alusión del Perú es ignota. Más concretamente sobre el caso de Cataluña, la detecté en un artículo solamente conocido para los lectores de El Periódico de Catalunya. La empleó Joan Tapia, un exdirector de otro rotativo de Barcelona, la centenaria La Vanguardia, donde hubiera resultado insólito el uso de la palabra maldita.

En fin, Tapia se preguntaba si se podía fijar el origen de la crisis que atenazaba a Catalunya a causa del proceso independentista.

Se había acelerado por la pareja formada por el partido heredero de la Convergència del ahora caído en desgracia Jordi Pujol, y Esquerra Republicana, la venerada formación de Francesc Macià. Ahora liderada por Oriol Junqueras, su ideario explícitamente republicano contrasta con la evolución oportunista de sus socios, que ha ido desde el conservadurismo catalanista y burgués hasta el agresivo independentismo, aliado con la anticapitalista y populista CUP.

Numerosos analistas hemos remachado hasta la saciedad que el origen más reciente del deterioro que ha llevado a la drástica decisión del gobierno español para intervenir (suspender, ejecutar, neutralizar) la autonomía catalana fue la lamentable sentencia del Tribunal Constitucional en 2010.

Examinando con lupa el proyecto de reforma en 2006 del Estatut venerable de 1979, todo un record en el tormentoso proceso constitucional de Catalunya, este ente resolvió enmendarle la plana a los gobiernos español y catalán, a ambos parlamentos, e incluso abofetear a los electores catalanes que lo habían aprobado (aunque con una elevada abstención) en impecable referéndum.

Irritados por la fatídica inclusión de una manipulada (y peor entendida) palabra (“nación”), y una evidente ampliación de las competencias de autogobierno, la decena de miembros del Tribunal resolvió (en apretado voto de 6-4) afeitar drásticamente el documento.

La irritación catalana (que estalló en una manifestación impresionante) no se redujo a los sectores ya declarados como independentistas, sino también a los moderados que debieran ser calificados, como mucho, como “catalanistas”, amantes de la sardana y los “castellers”, burgueses, católicos, rentistas, y obreros de toda clase.

Residen tanto en el barrio del Eixample barcelonés como en la “Catalunya profunda”, en el interior donde se cosecha el vino del espumoso cava. En ese momento podría decirse que se “jodió” la paciencia de muchos catalanes.

Pero el panorama es más amplio, aunque no tan exagerado como algunos independentistas lo reclaman. De esa misma época es la crisis económica de 2008 que comenzó a arrojar a la calle a más de un tercio de la población laboral y se cebó especialmente en los mayores de 50 años, y mucho más en los jóvenes.

Paradójicamente, la generación mejor preparada (al menos, formalmente) de la historia de Catalunya y España, se abocó a ser “ninis” (ni “estudian”, ya, ni “trabajan”). Nada menos que 50 por ciento.

Los líderes independentistas, en coalición con los nuevos partidos y movimientos populistas, buscaron chivos expiatorios para el desastre.

Vendieron magistralmente la idea de que la culpa no era de la corrupción capitalista que había socavado los pies de barro de una economía basada en el “ladrillo”, con la construcción desmesurada de segundas y terceras residencias.

El culpable era el “Estado Español”, esa referencia despectiva con la que se describía a “España”. Más concretamente, estaba personalizada por ese actor al que se llama “Madrid”. Fue el broche definitivo de cuándo se jodió Catalunya.

Joaquín Roy es catedrático Jean Monnet y director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami. jroy@miami.edu 

Revisado por Estrella Gutiérrez

Nervios

Colombia

Por Andrés Hoyos

Muchos andan nerviosos de cara a las elecciones presidenciales colombianas de 2018. Son importantes, sí, como suelen serlo los cambios de capitán en un barco con 49 millones de pasajeros a bordo. Serían históricas, para usar la frase manida, si implicaran un viraje de rumbo que, a estas alturas, luce incierto. No es imposible que nos den más de lo mismo, y tal vez peor. Las noticias, sin embargo, podrían ser peores.

Los nervios son una buena guía para orientarse en el caos político porque expresan la intuición que exterioriza, a pesar de sí misma, gente experimentada. Claro, hay que mirar las actitudes y no tanto los discursos, fáciles de camuflar. He notado nerviosos, por ejemplo, a los columnistas y comentaristas de radio que rondan la candidatura de Germán Vargas. Hablo de Mauricio Vargas, María Isabel Rueda y Juan Lozano, entre otros, si bien este último también lleva en su corazón al uribista (¿laureanista?), hasta ahora innominado, que saldrá de los quíntuples o séxtuples que el dueño del Ubérrimo prepara como si fueran caballos de carreras para el derby de mayo y tal vez para el superderby de junio.

 

Hasta hace seis meses Germán Vargas se consideraba casi fijo para ganar la segunda vuelta de 2018, pero el hombre ha tenido un desempeño menos que estelar en este comienzo de campaña. No es que haya olvidado los pormenores del quehacer político. Al contrario, estamos ante un científico de las alianzas milimétricas y de las piruetas audaces —sí, tengo un partido pero me le abro para que no me confundan con mi turbio pasado, cuando vivía rodeado de malandros, y trato de ubicarme a la derecha aunque un pelín a la izquierda del furibismo para no asustar tanto—. No obstante, la opinión, cansada de la polarización y de la agresividad, parece ir en un sentido diferente. Esto sería fatal para Vargas Lleras y para Uribe. Si el miedo a las Farc cede, si la gente deja de creer que vamos hacia el patíbulo castrochavista, si de ñapa la fobia a la corrupción crece, estas campañas están en graves aprietos.

Es ahí donde surgen los nervios de estos personajes sofisticados que han venido iluminando de la mejor manera posible a su candidato, pues lo ven patinando. Esto los pone a escarbar todavía más abajo en procura de argumentos rebuscados, como decir que la JEP es imposible por cuenta de algún inciso de un tratado internacional. De veras.

Me dirán que otros andamos en las mismas que ellos. Bueno, casi, porque cuando la propia lujuria burocrática es nula —a algunos nunca nos gustó tener jefes—, es posible tomar cierta distancia, mientras que los que están pendientes, no va y sea, tienen que jugársela toda en favor de su candidato. No niego que simpatizo con Sergio Fajardo y Humberto de la Calle, y también que me gustaría que Claudia López rompiera el cerco en el que la encierra su propia impulsividad, actitud que la lleva a convencer todavía más a quienes ya están convencidos, al tiempo que la aleja de los indecisos.

 

Claro que Fajardo, De la Calle y Claudia López enfrentan peligros. Ella, porque la quieren pintar como la radical que no es, a partir de sus intransigentes métodos de acción. A ellos porque los van a tratar de exasperar a ver si se igualan con sus contrincantes. Por una vez, ser un poco aburrido y hablar de planes concretos podría constituir una ventaja. A todas estas, ¿por dónde piensa entrar Petro a la campaña? Ni idea.

En fin, hay nervios justificados por doquier.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewhole

La razón por venir

razón

 

Por Mibelis Acevedo Donis

Visiones tremendas como la del hombre empujando en plena calle una carretilla colmada de dinero, fruto de su salario semanal (lo cual equivalía al precio de una libra de pan); de un ama de casa encendiendo su estufa con billetes en vez de carbón, o la de tres niños jugando a armar una gran torre con bultos del inservible “Papiermark” -el papel moneda sin respaldo en oro que durante los años de la República de Weimar emitió el gobierno alemán para costear deudas de la postguerra- parecen salidas de los vuelos de alguna forzada distopía literaria; ni hablar del hecho de que para 1923 los alemanes pagaban 4,2 billones de marcos por dólar. Sabemos que eso no es obra de la ficción, sin embargo. Tales aberraciones retratan los tajos que una miope política económica puede proferir a una nación: la hiperinflación y sus resultas, la pobreza y el desempleo, mismos flagelos que hoy se columpian como espada de Damocles sobre las molleras de los venezolanos.

En ausencia de informes oficiales, las cifras aportadas por la AN a través del diputado Ángel Alvarado arriman certezas al tufo del descalabro: “Tasa de inflación de junio 2017: 21,4%. Acumulada 2017: 176%. Rumbo al 1000% de continuar este desastre socialista”. Por su lado, el FMI confirma el ascenso desbocado de precios y calcula 720% para final de año y hasta un 2000% en 2018. Las previsiones, en fin, no son nada alentadoras. “Con un nivel promedio de 35% de inflación al mes, vamos a cerrar con récord de 1400%. Es un escenario hiperinflacionario”, afirma sin titubeos el economista Asdrúbal Oliveros de la firma Ecoanalítica, y su sentencia se amarra como una doble losa al cuello. Es que incuso sin haber estado expuestos a la siniestra exactitud de los datos, la pauperización metida en propia piel, la cortedad de un sueldo que apenas cubre el gasto en comida, la escasez de efectivo, la pasmosa devaluación, dan vívida cuenta de ese riesgo.

Asumiendo que en economía siempre es posible estar peor, no luce nada fácil lo que se avecina, y eso nuestra sociedad parece estar masticándolo a fuerza de lutos, menguas y desgarros. Basta con repasar noticias sobre los estragos del hambre en un país cuyo gobierno hace poco pregonaba sus éxitos en materia alimentaria: según el Panorama de Alimentos y Seguridad Alimentaria 2017 emitido por FAO, “Venezuela demuestra el aumento más significativo de subnutrición en la región”. Niños con bajo peso y talla, carne y espíritu que nunca más podrán recobrarse del impacto de no haber sido oportunamente alimentados. El futuro, en fin, sigue contaminado de la peor incertidumbre, la de estar en manos de mandones que se afanan en hacer todo lo contrario a lo que prescribe no sólo el conocimiento de los expertos, sino el más básico sentido común.

En medio de tal deterioro de la calidad de vida, de la crónica fragilidad, del desespero que incidirá en el probable aumento de la conflictividad social, la política debería explorar vías de desahogo para una presión que, según voces autorizadas, pone a Venezuela a las puertas de un conflicto de temible magnitud. No sólo la hambruna, también la guerra civil es demonio que nos corteja, acechando a propios y vecinos con sonrisas de dientes desportillados y dedos que apuntan con huesuda delgadez. Nos guste o no, y luego del nuevo mapa que dejan las elecciones regionales, se impone la construcción de salidas sin violencia, que no desconozcan la realidad: “torres de razón”, diría J.L. Borges, soluciones institucionales, pacíficas, democráticas a través del entendimiento.

¿Qué viene ahora? Soltar el cuchillo, poner oído en la alarma. Unidos por la necesidad de retomar el cauce que dibuja la Constitución, seguros de que no habrá atajos, rivales que se evaporan sólo con desearlo ni intervenciones Deus ex machina, la iniciativa de grupos de la sociedad civil a favor de virtuales negociaciones se ancla a la implacable certeza de que cada fuerza en antagonismo tiene ventajas relativas y que, como reclama la comunidad internacional, empuñar el logos, hablar para lograr acuerdos mínimos -así como la convergencia de ánimos impulsando cambios de abajo hacia arriba– ayudaría a evitar mayores daños. El “Proyecto de Entendimiento Nacional” promovido por la Cátedra libre “Democracia y Elecciones” de la UCV, por ejemplo, insiste en articular esas visiones del país que queremos, pues como afirma vehemente Egleé González, en estas circunstancias “solo no puede nadie”.

Aguijoneados, sí, por el mal sabor que dejan los episodios disfuncionales de diálogo, toca aceptar que abordar la salida de este régimen es tarea quirúrgica, y por tanto no es corte que podamos hacer con bisturí sin filo o pinchados por la inmediatez. Aunque cueste, y contra el nihilismo rabioso que todo lo demoniza y nada aporta, sortear el peligro de una tragedia peor a la de Weimar hará que la gesta valga la pena. Las más pétreas resistencias se quebrantan con tenacidad: “Insiste, con ocasión o sin ella”, sugería San Pablo: Venezuela merece un destino distinto.

@Mibelis

Una política esquizofrénica

opioides

Por Andrés Hoyos

Sabemos que Estados Unidos es el país más poderoso del mundo, pero se menciona menos un corolario maligno de esta realidad: la locura política americana es también la más dañina del mundo. Saltémonos por un instante el obvio ejemplo de Trump para centrarnos en un problema que tiene décadas: la esquizofrénica política que allá aplican al tema de las drogas. Cuando el traficante es un latino o un negro que vende papeletas de cocaína en la esquina de un barrio pobre, le caen encima con todo. En cambio, no quiera Dios que el traficante sea una farmacéutica multinacional, porque entonces el Estado americano no solo no la persigue, sino que se convierte en su agente vendedor*.

Pocas cosas hay más perversas que la relación de Estados Unidos con las drogas en general y con las adictivas o psicoactivas en particular. Basta con encender un televisor local en horario estelar para verse inundado de anuncios de medicamentos legales, ¡con párrafos de letra menuda incluidos! Hay farmacias por todas partes. El país como un todo está sobremedicado. ¿Esto los hace más sanos? Para nada, Estados Unidos figura en el puesto 31 en expectativa de vida en el mundo. Antes bien esta sobremedicación ha desembocado en este siglo XXI en una epidemia de muertes por sobredosis de opioides que sobrepasa todo lo conocido en la materia, convirtiendo las viejas crisis con la cocaína, la heroína y el crack en juegos de niños. Desde 2000 han muerto 200.000 americanos por esta causa. Y la tendencia no cede. Contempla uno esos extensos suburbios de gente sedentaria, casi únicos en el mundo, e imagina que el gran aislamiento los hace el hábitat ideal para una epidemia de suicidios. Ah, y viendo las fotos de los muertos se nota que, aunque no faltan los muy jóvenes, en su mayoría son cuarentones y cincuentones blancos decepcionados, solitarios y fracasados.

Las farmacéuticas son lo más cercano a la imagen de la multinacional sin hígados que ha pintado siempre la izquierda internacional. Las investigaciones de numerosos medios, pero en particular las abajo citadas del Washington Post y CBS, demuestran a las claras que el tándem de farmacéuticas y distribuidores mayoristas saben con total claridad que sus políticas de mercadeo de estos medicamentos son mortíferas. Les importa un comino. Por lo demás, las ventas de opioides se multiplicaron bajo la mirada bovina de las autoridades, pues a diferencia de las drogas ilegales, las legales dejan un rastro exacto. Son impulsadas por “narcotraficantes con batas blancas”, graduados de las mejores universidades, como los describe Joe Rannazzisi, un alto cargo de la DEA que ha sido el principal denunciante consultado por el Post y CBS.

Ahora viene la reacción, pues 200.000 muertes prevenibles van a ser una fuente de litigios casi inagotable. Los gringos tienen la manía de dejar que las cosas se salgan de control para después adelantar demandas colectivas que terminan en compensaciones multimillonarias. En todo caso, la hipocresía institucional está desbaratando el edificio de la prohibición, lo que sumado a la ola legalizadora que se cierne sobre Estados Unidos, debería conducir a replanteamientos dramáticos en los próximos años. Ojalá.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

Qué será del psicoanálisis después de la revolución rusa

 

psicoanálisis

Por Omar Acha

Este texto asume que la experiencia del psicoanálisis no es ajena a la historia en que ha surgido, se ha desarrollado y alguna vez se extinguirá. Define que el sujeto del psicoanálisis es inescindible de la crisis del fundamento simbólico impuesta en la Revolución Francesa. En el sujeto ” burgués ” largamente gestado en la modernidad confluyen diversas temporalidades, que son reconfiguradas por la emergencia de una fuerza dialéctica novedosa, la del valor-que-se valoriza (el capital), con eficacias objetivas y subjetivas. El sujeto burgués no es sin embargo solo contemporáneo de su tiempo, pues lo habitan los tiempos largos de la historia del lenguaje, del patriarcado y del monoteísmo. ¿Qué acontece al sujeto del psicoanálisis con la Revolución Rusa? La revolución anticapitalista pone en cuestión la inexorabilidad del ” principio de realidad ” burgués. Al respecto en el psicoanálisis se produjeron múltiples divisiones, particularmente en el plano teórico. El más influyente de los postfreudismos, el lacaniano, asumió tras la enseñanza de Kojève, una actitud antitotalitaria que le permitió releer a Freud contra los psicologismos. Otras figuras del psicoanálisis teórico habilitaron actitudes alternativas, que sin ser apologéticas del socialismo estalinista, ensayaron una recomposición del psicoanálisis tras el umbral de la Revolución Rusa. En la posterioridad de esa gran revolución que pensamos en este centenario, con el ascenso de la globalización capitalista, se replantea para el psicoanálisis qué sujeto es el del tiempo contemporáneo, y por lo tanto qué será del psicoanálisis después de la Revolución Rusa. * * * Ensayo en este texto una argumentación histórico-filosófica de la mutación del psicoanálisis luego de la Revolución Rusa. Se dirán, con razón, que en esa empresa subyace un malentendido, pues el psicoanálisis se declina en la clínica. Pero sucede que la clínica tiene también ella sus condiciones de posibilidad. La invención freudiana nació en la estela dilemática legada por la Revolución Francesa, esto es, del mundo burgués en difícil consolidación. Ese fue el suelo del sujeto intrínsecamente controversial en las ” histerias de conversión ” que asombraron a Charcot, Janet, Breuer y Freud. Sin embargo, muy pronto la Revolución Rusa introdujo otro abismo en la cesura constitutiva del sujeto: la promesa de la igualdad con el fin de las clases sociales y, sobre todo, la modificación del principio de realidad. El devenir autoritario del experimento soviético no condujo a una salida comunista. Más bien la tornó imposible, aunque su escenario fuera siempre mundial y es por ende inadecuado descubrir en el triunfo de Stalin la explicación privilegiada del rotundo fiasco. En su fracaso, el proyecto estalinista devino una figura alternativa de la modernización, en competencia con el capitalismo burgués. De tal manera pretendió clausurar el abismo en la configuración del sujeto, anulando imaginariamente la brecha entre subjetividad, lenguaje y relaciones sociales. Sin embargo, el efecto histórico de la Revolución Rusa no cesó en su figura estalinista. El cierre del ciclo (post)estalinista en 1991 ha planteado un reinicio, todavía incierto, de la historia de la subjetividad. En tal sentido se habilita la pregunta sobre qué es el psicoanálisis después de la Revolución Rusa, esto es, una vez que dicha revolución ha pasado. Una advertencia preliminar sobre el estatus del significante ” psicoanálisis ” en este escrito, pues la anterior contextualización histórica no me parece completamente convincente.

Para lectura completa http://www.elpsicoanalitico.com.ar/num31/sociedad-acha-que-psicoanalisis-despues-de-la-revolucion-rusa-

 

An oil producer wants to make climate change its business

images

Amy Harder

One of the world’s largest oil companies, Norway-based Statoil, is teaching thousands of its employees how to talk about climate change and investing billion of dollars into renewable energy. It also doesn’t want to be called an oil company at all.

Why it matters:

Statoil offers a glimpse into what an oil producer in a lower-carbon future could look like. Most of the world’s biggest oil and natural gas companies are inching toward greener businesses, driven by a handful of global market and policy trends. Partially owned by the wealthy Norwegian government, Statoil is one of the most aggressive with its investments and company culture on the matter.

Investments

Statoil’s goal, announced earlier this year, is to invest 15-20% of its capital into renewables and lower carbon technologies by 2030. That goal is among the most aggressive by big oil companies, along with French producer Total, whose publicly stated target is 20% of its energy output be renewables by 2035.

Statoil has invested more than $2 billion into offshore wind, which requires similar expertise as offshore oil drilling. The company is also investing in batteries and other technologies in the electricity space as it seeks to benefit from the growing electric vehicles market, one of the handful of global trends nudging oil companies to greener investments.

That still leaves the vast majority of the producer’s portfolio based on traditional oil and natural gas, and Statoil is going to keep exploring for new hydrocarbons to replace depleting fields.

Even if most cars go electric, other sectors of the economy, like plastics and aviation, still need oil and natural gas, said Bjørn Otto Sverdrup, Statoil’s top sustainability officer, at a recent event hosted by the Center For Strategic and International Studies, a Washington-based think tank.

“We’re very surrounded by hydrocarbons and it’s very difficult to get rid of it,” he said.

This mindset provokes skepticism by those outside the industry.

“The bar for leadership in this industry is very low,” said Andrew Logan, who directs the oil and natural gas program at Ceres, a group that urges greener investments. “What Statoil is doing counts as leadership, but it’s not enough. It’s probably more than anybody else, but not nearly enough on the scale and scope of the climate challenge.”

Statoil is also still a member of the American Petroleum Institute, which has spent years and millions of dollars fighting policies cutting greenhouse emissions. I pressed Sverdrup on whether what the company is doing is more just an aggressive form of greenwashing.

“I think you should watch what we do,” he responded in an interview with Axios after the event. “There’s always someone who would like to see us doing more and faster, but I think we get it, and we are moving responsibly and quickly.”

Company culture

Statoil, more than any other company in the industry, seeks to talk about its renewable targets in the context of climate change, both within the company and outside of it.

“We really believe in the business case,” Sverdrup said. “If it wasn’t a compelling business case, it wouldn’t be as important to raise the awareness and knowledge of climate change.”

In a 28-page slide presentation titled “Climate roadmap ambassador training,” Statoil executives are teaching thousands of its employees how to talk about the issue with their peers.

More: https://www.axios.com/oil-producer-climate-change-2491076043.html

 

 

España…

cataluña

España…

Por Andrés Hoyos

…Convulsiona. Cayó en una trampa inventada por Lenin hace cien años. El método, apto para adelantar causas fanáticas, es muy eficaz y consiste en jugar a las concesiones sucesivas. Obtenida una, se procede a pedir la siguiente agudizando así las contradicciones de forma progresiva hasta desembocar en una gran crisis. En ese momento la doctrina leninista aconseja recurrir a la fuerza, según procedió el inventor del método en octubre de 1917: “Todo el poder para los sóviets”. En Cataluña falta dar, claro, este paso final, aunque la crisis desatada con el referendo realizado a la brava del 1 de octubre parece tener poca reversa.

 

El establecimiento político español, como un todo, ha cometido durante décadas un error básico al no entender que la única vía para frenar el leninismo de los independentistas es ganándoles un referendo definitivo. Claro, podría perderse, en cuyo caso la secesión también sería definitiva. Es el riesgo que tomó y superó Canadá. Allí los independentistas, que perdieron dos referendos, querían repetirlos un día sí y otro también, pero los frenaron y hoy están derrotados.

En Cataluña uno oye todo el tiempo que España les está robando y que con la independencia vendrían ríos de leche y miel. Se trata de un engaño por el estilo del Brexit; los análisis serios que he leído hablan de que Cataluña pierde yéndose, solo que para los fanáticos causar daño económico nunca ha sido un obstáculo importante. Otro cantar es saber qué piensa y qué decide la gente de a pie, cuyo bolsillo sufriría.

Me parece más que legítimo que España se la ponga muy difícil a Cataluña para independizarse; no que lo impida a la fuerza. Muy en particular debería quedar claro que la independencia le saldría cara al nuevo Estado catalán: además de repartir la deuda pública y otros costos actuales, los catalanes tendrían que pagar una indemnización cuantiosa por el daño causado a España con su salida. Esta es la forma no guerrera de resolver el lío: poniendo los costos en blanco y negro. ¿Aun así quieres irte? Pues ándate, pero no va a ser gratis, de modo que haz las cuentas primero.

¿Cómo plantear esta obligación financiera de manera creíble? Partiendo de que una Cataluña independiente no puede entrar a la U.E. sin el beneplácito de España. Cierto, esa Cataluña independiente no estaría obligada a indemnizar a España, pero también lo es que España no estaría obligada a levantar el veto de acceso de Cataluña a la U.E.

 

El voto en un referendo pactado a la canadiense tendrían que darlo unos ciudadanos informados de lo que les podría costar la aventura a la que les invitan los fanáticos. Participarían tanto los catalanes de nacimiento, como el resto de españoles que viven allí desde hace cierto tiempo. Si pese al alto costo Cataluña cree que gana yéndose, pues se irá.

Por último, Puigdemont cometería el error de su vida declarando unilateralmente la independencia. Está tentado. Esto porque ningún país del mundo permite una secesión unilateral de una parte de su territorio sin reaccionar con fuerza. Dicho de otro modo, ante una declaratoria unilateral de independencia la represión de Rajoy estaría justificada.

Si al final se disipa la amenaza secesionista por la vía de los referendos, incluso con la partida de alguien, España podría pactar un federalismo moderno.

P.S.: Hace cinco años escribí en estas páginas la siguiente columna sobre el mismo tema: http://bit.ly/2yjWHNR

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

El deshielo entre Cuba y Estados Unidos se congela

Crisis con Cuba

Fernando Machado, de 77años, observa al canciller cubano Bruno Rodríguez durante la transmisión televisiva de su conferencia de prensa el 3 de octubre, en que calificó de precipitadas e injustificadas las medidas anunciadas por Washington que enfrían el deshielo bilateral iniciado en diciembre de 2014. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

 

LA HABANA, 3 oct 2017 (IPS) – Nuevos tiempos de incertidumbre corren para la población cubana, que procesa con cansancio y temor la cancelación temporal de visas hacia Estados Unidos, la recomendación a los ciudadanos estadounidenses de no viajar a Cuba y la reducción de personal diplomático en ambos países.

Las nuevas medidas anunciadas este martes 3 de octubre y el 29 de septiembre por la administración de Donald Trump, debido a supuestos ataques acústicos que afectaron la salud de 22 diplomáticos estadounidenses en Cuba, son recibidas como un retorno a la etapa de pugnas ideológicas y extremismos políticos entre ambos vecinos.

En conferencia de prensa, este mismo martes 3, el ministro cubano de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, calificó de “injustificada”, “precipitada” y de “carácter eminentemente político” la orden emitida durante la jornada por el estadounidense Departamento de Estado, que dio una semana a La Habana para retirar a 15 diplomáticos de su sede en Washington.

La causa de la actual crisis bilateral radica en supuestos ataques acústicos aún bajo investigación que según las autoridades de Washington afectaron la salud de diplomáticos estadounidenses y sus familiares en territorio cubano.

Rodríguez reiteró la cooperación brindada por Cuba para esclarecer los hechos y subrayó la falta de evidencias concluyentes sobre los misteriosos sucesos. Destacó que el principal obstáculo para resolver el caso está en la poca información brindada por Estados Unidos a las contrapartes locales.

Horas antes, su homólogo estadounidense, el secretario de Estado, Rex W. Tillerson, insistió ante la prensa: “Cuba no tomó las medidas apropiadas para proteger a nuestros diplomáticos”. “Continuamos manteniendo relaciones diplomáticas con Cuba y cooperando con ese país mientras avanza la investigación de estos ataques”, precisó.

La sensación de pérdida se repite entre especialistas, activistas y emprendedores privados que conversaron con IPS sobre el bache más profundo atravesado hasta el momento por el deshielo bilateral iniciado en diciembre de 2014 por los presidentes Raúl Castro y Barack Obama (2009-2017).

Como varias generaciones, la vida de Jiménez ha estado marcada por los vaivenes de las relaciones entre ambas naciones. “Con estas medidas de Trump, volvemos a la situación de antes”, lamentó la trabajadora privada, que como otros muchos cubanos creía que el histórico diferendo político bilateral y su alto impacto económico y social eran cosa del pasado.“Por supuesto que vamos a perder clientes. Están atemorizando a la gente (de Estados Unidos) para que no venga”, dijo María Julia Jiménez, que renta habitaciones a turistas internacionales en el corazón de La Habana. “Aunque no me asusta… en todos estos años los norteamericanos tenían prohibido venir e igual han venido”, recordó.

“Todos nos vamos a afectar al final… esto tiene un efecto dominó (en cadena)”, comentó una jubilada cubana que voló el domingo 1 de la ciudad estadounidense de Miami, epicentro de la comunidad cubanoamericana, hasta La Habana en un vuelo chárter con más de la mitad de sus asientos vacíos.

“En Miami, las personas temen viajar a Cuba y perder sus derechos como residentes o ciudadanos estadounidenses”, indicó. “Y casi todo el mundo está pidiendo reunificación familiar, que ahora está detenida”, puso como ejemplo.

En La Habana, el simbólico parque al lado de la sede de la embajada estadounidense permanece extrañamente semivacío. Rodeada de cafeterías, hostales y consultorías privadas, la plaza acoge a las pocas personas cubanas con visas aprobadas antes del 29 de septiembre y algunas otras que albergan la vana esperanza de ser atendidas.

Ese día el gobierno estadounidense retiró de la capital cubana 60 por ciento de su personal diplomático. La actividad de su embajada se redujo a los servicios consulares básicos y atender emergencias de ciudadanos estadounidenses. La emisión de nuevas visas quedó suspendida por tiempo indefinido.

Washington plantea que las medidas permanecerán hasta que el gobierno cubano garantice que los diplomáticos estadounidenses están seguros. Por su parte, el gobierno de La Habana ha reiterado que protege a todo el cuerpo diplomático acreditado sin distinción de nacionalidad según lo establecido por la Convención de Viena (1961).ciudadanos

“El 29 de septiembre marca el punto más bajo del proceso comenzado en 2014 y constituye, más que un freno, un retroceso brutal en el esfuerzo por normalizar las relaciones entre ambos países”, valoró la investigadora Ailynn Torres, que vive entre La Habana y Quito.

Para Torres, el paquete de medidas tiene “consecuencias económicas, políticas y sociales, que involucra a la institucionalidad del país, a las y los ciudadanos comunes y al empresariado de las dos orillas”. Subrayó que obstaculiza las relaciones diplomáticas, relaciones pueblo a pueblo y el turismo, un rubro clave de la economía cubana.

La también profesora observa con sospecha el momento en que ocurre este giro político.

“Intuyo que la fecha no responde solo a los ‘ataques sónicos’, sino a una evaluación cuidadosa y políticamente interesada de la coyuntura de nuestro país”, analizó sobre el contexto local de elecciones generales, la anunciada salida en 2018 de Raúl Castro de la Presidencia y la devastación provocada por el huracán Irma a inicios de septiembre.

Incluso entre la disidencia al gobierno socialista, con opiniones diversas sobre las relaciones bilaterales, algunas voces califican las medidas estadounidenses de desacertadas.

“Estados Unidos pierde porque había aumentado su presencia en Cuba y fomentado admiración y esperanza en los cubanos”, opinó la periodista independiente Miriam Leiva. “Con la reducción de su personal diplomático, disminuye las posibilidades de interactuar con el pueblo cubano”, concluyó.

Carlos Alzugaray, analista político independiente, advirtió que, entre otros impactos negativos, la crisis bilateral “dificultará mantener la cooperación entre ambos países y puede tener un efecto muy perjudicial sobre el acuerdo migratorio, uno de los más importantes de los 22 existentes.

Los acuerdos de entendimiento y colaboración mutua abarcan además medio ambiente, seguridad de la navegación marítima, de viajeros y el comercio, agricultura, salud en área del cáncer, enfrentamiento al tráfico ilícito de estupefacientes y sustancias psicotrópicas y el intercambio de información e investigación en meteorología y clima.

De similar relevancia son los acuerdos de cooperación sobre la preparación y la respuesta a la contaminación causada por derrames de hidrocarburos y otras sustancias nocivas y potencialmente peligrosas en el golfo de México y el estrecho de la Florida y otro en materia de Aplicación y Cumplimiento de la Ley.

Editado por Estrella Gutiérrez

Carta a L.- Andrés Hoyos

Andrés Hoyos

Por Andrés Hoyos

Querida L., tu mensaje preocupado de este domingo, en el que recordabas que durante tus visitas a Bogotá más de una vez te llevamos de compras al Centro Andino, me obliga a reconocer que Colombia sigue siendo un país escalofriante. Poner una bomba en un baño de mujeres, donde entran madres a cambiar los pañales de sus bebés, habla de un nivel de degradación casi insondable. Semejante salvajada no me da para cancelar mi optimismo de mediano plazo, pero vaya que siento cerca el olor a azufre.

Sobre la bomba en sí todavía es poco lo que se sabe. De las varias hipótesis a la hora de escribir esta carta, algunas bastante dementes, la más sonada atribuye el atentado a un grupo diminuto llamado el Mrp (Movimiento Revolucionario del Pueblo). De comprobarse esta autoría, estaríamos ante unos desalmados que, por ahí derecho, son suicidas pues no darán un brinco. Todas las guerrillas urbanas de América Latina fueron destruidas y vaya que tú sabes bien qué les pasó a los Montoneros por allá en tu sur, que también es profundo. Ronda, sí, la pregunta de cuál será el destino de los milicianos urbanos más radicales tras los procesos de paz. Ojalá esta no sea la respuesta. Una curiosidad es que el rector de la Universidad Nacional se indignó porque dijeron que en las universidades públicas hay células extremistas que podrían haber participado en el atentado. ¿De veras no lo sabía? Caramba. También se habla del Clan del Golfo, el principal remanente del viejo narcotráfico terrorista que a fines del siglo XX casi manda a Colombia al basurero de la historia.

Por el lado positivo, tal vez has visto las imágenes de los guerrilleros de las Farc entregando un tremendo armamento a la ONU y firmando declaraciones de no reincidencia. Sin embargo, el efecto de estos hechos absolutamente cruciales no se siente mucho en el país. Sucede que el ambiente agitado nos agarra en manos de lo que los gringos llaman el lame duck (“pato cojo”), es decir, un presidente debilitado que se acerca al final de su mandato. Dicha debilidad puede verse, por ejemplo, en el mal acuerdo que puso fin al agresivo y alharaquiento paro de maestros. Tengo entendido que en muchos países, no sé si en el tuyo, hay sindicatos de educadores parecidos a Fecode: belicosos, intransigentes y portadores de ideologías que tendrían que haberse acabado con la caída del Muro de Berlín. La humildad no siendo lo suyo, aprovechan la acción legítima de pedir beneficios en favor de sus asociados para pretender dictarle la política educativa al Estado. Sí, fue penosa la genuflexión del Gobierno para acabar con un paro que ya estaba en las últimas, por haber sido convocado demasiado cerca de las vacaciones de mitad de año. Nadie entiende que el Gobierno haya accedido a darle incidencia a Fecode en la atención para la primera infancia, algo que definitivamente no tiene que manejarse con ellos.

La reciente nota de color la dio el alcalde de Cajamarca, Tolima. El hombre se llama Pedro Pablo Marín (¿será de esos Marín?). Tal vez te enteraste de que en ese pueblo se convocó un exótico referendo, tras el cual declararon empresa no grata a la AngloGold Ashanti, interesada en La Colosa, una gran mina de oro que hay en los alrededores. Pues bien, al alcalde le dio por preguntar dónde están los que les pintaron pajaritos de oro a los cajamarqueños, ahora que la empresa se fue y no hay trabajo ni perspectivas.

En fin, querida, tema es lo que hay, pero te dejo por hoy.

Un abrazo,

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑

democraciasiempre

Just another WordPress.com site

Mesopotamia

Este sitio WordPress.com es la caña

ladireccioneticaenlaadmpublica

LA ÉTICA EN LA ADMINISTRACIÓN PUBLICA MUNICIPAL

Entre letras y números

Porque lo escrito, escrito está entre letras y números

Blogs Of The Day

Just another WordPress.com weblog

WordPress.com

WordPress.com is the best place for your personal blog or business site.

The WordPress.com Blog

The latest news on WordPress.com and the WordPress community.

A %d blogueros les gusta esto: