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Robotización

robot

 

Por Andrés Hoyos

Yo creo que la prevalencia de la robotización futura ha sido sobreestimada. Los profetas, por deformación profesional, exageran y simplifican. Les encanta recurrir a una eficaz mezcla entre el miedo y el fatalismo: esto va a pasar de todos modos, y peor para usted si no le gusta. Ojo, la idea no es desconocer que los robots serán una parte creciente de la maquinaria social incluso en los países menos desarrollados. Lo que se debate es el ritmo y las consecuencias de su implantación. ¿Para 2030 habrán desaparecido en Estados Unidos dos millones de empleos, cinco millones, diez millones o 20 millones? ¿Será una pérdida neta o habrá nuevas ocupaciones derivadas?

Piénsese, por ejemplo, en los carros y camiones sin conductor. La infraestructura del mundo es desigual y tiene trozos y recovecos endiablados. Con que en un trayecto de 500 kilómetros haya dos en los que el robot sea incapaz de sortear obstáculos imprevistos, el viaje se detiene. ¿Y cuántos trayectos estarán del todo libres de obstáculos? Serán aquellos que se construyan o diseñen específicamente para ello, por lo general entre puntos fijos. De ahí que la robotización de la conducción pueda preverse como lenta. ¿Y los aviones, que hoy tienen un índice de seguridad impresionante, sí serán más seguros piloteados por robots? Lo dudo mucho. Una cosa es tener apoyos tecnológicos para hacer más segura la labor de un conductor o de un piloto, otra muy distinta sustituirlo. Lo primero puede masificarse ya; lo segundo no.

Ahora piense el lector en una gran superficie o un supermercado patrullados por robots. Un visitante está buscando algo, no sabe exactamente qué. Mientras que un vendedor entrenado resuelve el enigma en un instante, el robot se enreda. Es muy difícil entrenar a una máquina para que entienda y maneje las dudas que nos plagan a los humanos.

La robotización sí parece inevitable en las grandes líneas de producción, muy en particular en aquellos países donde la mano de obra es costosa. Pero, ojo, que cualquier proceso que siga teniendo un componente artesanal requerirá de la participación humana. Afirmemos, sin embargo, que las grandes fábricas del mundo ofrecerán muchos menos empleos en el futuro. También se generalizarán los robots que cortan el césped, arruman la nieve, limpian pisos y piscinas. Incluso habrá muchos guardias de seguridad no humanos. Varios procedimientos médicos o quirúrgicos podrán ser semirobotizados, sobre todo cuando sean programables. ¿Pero alguien se imagina un hospital despoblado? La inmensa mayoría de los procedimientos que allí se realizan no son programables.

Sin duda habrá usos extensos de material educativo en los que no se requiera la presencia de un profesor, pero de nuevo, ¿alguien cree de veras que puede ser buena una educación impartida mayoritariamente por robots? La educación, y sobre todo la formación, se basan en las relaciones entre estudiantes y maestros. Estos, cuando son buenos, marcan a sus alumnos. Es imposible que desaparezcan; incluso, si me presionan, yo creo que a medida que mejora la educación, la proporción entre estudiantes y maestros crecerá en favor de los segundos.

Las tecnologías que potencian el trabajo de las personas crecerán muy rápido; las que lo substituyen, menos. En síntesis, los robots no son ninguna amenaza, como cree, entre otros, Bill Gates; hay que seguir promoviéndolos sin miedo.

PS: recomiendo los informes de https://itif.org/

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

El don de mando

Influencia 2

Por Andrés Hoyos

Uno suele dar órdenes al mundo, a sabiendas de que no serán obedecidas. ¿Por qué habrían de serlo? Hay más de 7.000 millones de personas sobre el planeta, las cuales no tienen por qué interesarse en lo que manda o no manda un iluso parroquiano desde algún altiplano tropical. Nuestra escala, si Dios ya no está por ahí para congregar y llamar al orden, es diminuta.

¿La idea entonces es restringir a un país o a un sector del público de ese país el ámbito en que esperamos obediencia? Las probabilidades, aunque dejan de ser cero, siguen siendo exiguas. Tal vez uno pueda propagar un gusto efímero o sembrar una duda socrática o hasta poner a circular una idea que con el tiempo vaya a alguna parte o dé algún fruto. No será fácil saber en ese momento si el fruto nos pertenece o si otra persona sembró la idea antes que nosotros o la sembró de otra forma. Igual, pocos refranes más falsos que el que dice que no hay nada nuevo bajo el sol. Bien visto, es casi lo único que hay, así por lo general se trate de reinventos de reinvenciones.

Bajando por la escala, se puede decir que las órdenes que da el dueño de una empresa o director de una institución sí se obedecen, aunque será en el ámbito concreto de la misma. Más difícil la tendrá ese mismo personaje con su hijo adolescente, quien tal vez sin conocer el origen histórico de la frase dirá entre dientes: se obedece, pero no se cumple. En fin, ni siquiera las órdenes que uno se da a sí mismo se cumplen a cabalidad nunca. Los humanos llevamos adentro un subteniente que hace lo que le viene en gana sin explicar.

 

La clave en esta línea de pensamiento está en el corolario: quienes detentan poder obtendrán también alguna medida de obediencia, pero es casi seguro que la megalomanía los engañe agrandando la percepción de esta obediencia hasta el delirio. Todos hemos visto a esos poderosos —políticos, empresarios, escritores, intelectuales, artistas, celebridades—, ufanos, seguros de prevalecer, caminando con aire sobrado hacia la puerta de salida, donde son puestos de patitas en la calle por la voluble opinión pública.

La democracia es sabia en la materia, pues limita el tiempo y el alcance del poder que otorga a sus elegidos, advirtiéndoles de entrada que no se hagan tantas ilusiones. Las órdenes que se dan en democracia, cuando tienen vocación institucional, serán constructivas en la medida en que contribuyan a la cimentación del andamiaje colectivo. Nada allí es seguro de todo y está bien que así sea, pues el método verdaderamente democrático no consiste en la vieja revolución permanente del malhadado enemigo de Stalin, sino en la reforma permanente, a veces virtuosa, otras no.

En cambio, los mandones, los mandamases y los dictadores se creen perdurables y obedecidos. Falsa alarma. Apenas cambie la dirección del viento irán a parar, perfumados por la ignominia, al mismo arrume en el que estábamos los demás desde antes.

Dicho esto, partir de la propia insignificancia no sirve de nada y verse siempre diminuto conduce a un pesimismo paralizante. En esta materia el solo hecho de nacer nos otorga a todos un billete de lotería con el que nos inscribimos en el juego de la vida. Con mucha frecuencia caen premios, de suerte que tal vez una tarde nos corresponda uno o por lo menos podría posarse sobre nuestra cara el chorro warholiano que dura 15 minutos y luego se esfuma. Del ruido, al menos de ciertos ruidos, algo queda.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

¿Qué ha hecho Trump?

Joaquín Roy. Crédito: Cortesía del autor

Joaquín Roy. Crédito: Cortesía del autor

 

MIAMI, 15 may 2017 (IPS) – La destitución de James Comey, director del FBI, es la gota que colma el vaso de la actuación de Donald Trump. Desde el deleznable discurso de su toma de posesión, una zafia declaración de guerra urbi et orbi, el inquilino de la Casa Blanca ha cosechado una colección de fracasos que corre riesgo de dañar irreparablemente el tejido político de Estados Unidos y su respetable prestigio histórico.

Rebasados los cien días de su mandato, iniciado el 20 de enero, no ha cumplido con ninguno de sus planes. Sus nombramientos se han reducido a la inserción de Neil Gorsuch, un conservador de sólida experiencia, en la Corte Suprema de Justicia. Nada más.

Trump se ha visto abofeteado sistemáticamente por jueces imparciales que han frenado su carrera a tumba abierta para aniquilar la inmigración del perfil racial y religioso que le exaspera. Su política de expulsión ha separado familias en que un miembro había cometido faltas insignificantes. Puede conseguir que se esfumen los trabajadores necesarios para colectar la fruta que la población general disfruta por sus precios asequibles. Nadie está dispuesto a pagar la construcción de su muro con México.

La llegada al poder de Trump ha sido posible por el colosal abismo que existe entre el notable nivel científico y académico del país y una mayoría desproporcionada de ciudadanos que lo ignoran todo: lenguas, geografía, historia, conceptos fundamentales de gobierno, visión del mundo.

Se ha rodeado de una cuadrilla de millonarios hartos de amasar fortunas en Wall Street, a los que ha entregado las riendas de secretarías en campos para los que no están preparados.

Para lectura completa http:// www.ipsnoticias.net/2017/05/que-ha-hecho-trump/

A la basura

A la basura

Por Andrés Hoyos

Tal parece que Nicolás Maduro no solo echó a la basura la carta abierta no apta para diabéticos que le envió William Ospina desde este periódico, sino que piensa hacer lo mismo con la Constitución venezolana. ¿No vivían los chavistas blandiéndola como si fuera el Libro rojo de Mao? Pequeño detalle, el librito azul ha sido el gran símbolo de Chávez, de suerte que es imposible descartarlo sin hacer otro tanto con su inspirador. Maduro demuestra así por enésima vez que es tan estridente como poco inteligente, pues nunca ha sido la mejor de las ideas poner una bomba en la mitad del propio edificio. Si el heredero oficial no respeta la Constitución, ¿quién la va a respetar ahora?

Ausente el librito de marras, la dispersión de los huerfanitos del caudillo es inevitable. Tal vez pensando en eso alguien se apiadó del grandulón y le explicó que Chávez se iba por el sumidero junto con el agua sucia, por lo que ahora el hombre anda hablando con vacas y diciendo que la Constitución sí será nueva, aunque no será nueva, entiéndalo quien lo entienda. Una forma de definir a Maduro sería: mientras más grito, menos existo.

¿Por qué quiere Maduro acabar con la Constitución de Chávez? Pues porque pese a su inocultable sesgo populista, de todos modos obliga a celebrar elecciones. Dicho de otro modo, Maduro haría lo que sea, hasta comer estofado de pajarito, con tal de no dejarse contar. El bumerán, sin embargo, ya va de regreso y con prisa. Vladimir Padrino López, el siempre escurridizo ministro de Defensa, dijo que no había problema porque las elecciones de la Constituyente iban a ser “por voto universal, directo, secreto y libre”. No mencionó la selección “comunal”, es decir, la noción corporativa (fascista) que permite sacar a los asambleístas directamente del cubilete de los colectivos e instituciones donde el chavismo es hegemónico. De más está decir que en unas elecciones universales, el régimen perdería por goleada.

 

El artículo 348 que rige la eventual convocatoria a una Asamblea Constituyente dice que la iniciativa la podrán tomar el presidente de la República, la Asamblea Nacional por mayoría calificada de dos tercios y hasta los Concejos Municipales en cabildo. Una locura. Quizá pensaron en su momento que estos puestos nunca dejarían de pertenecer a Chávez o a algún ahijado suyo. Por el camino, la Constitución ha sido violada tantas veces por el propio poder chavista que su legitimidad y su fuerza son ahora nulas. Claro, la vía más expedita hacia la tumba definitiva es que se cumpla el esperpento de una convocatoria corporativa que pase por encima de la opinión de las mayorías. Después de eso no queda nada.

Pase lo que pase con la Constitución, el régimen está cada vez más débil y arrinconado. Para medio conseguir una pipa de oxígeno tendría que alimentar a la gente, darle medicinas y acabar con la inflación. Aunque se trata de mínimos absolutos de convivencia que están al alcance de cualquier país digno, en Venezuela son tres imposibles. Endurecer la represión solo sirve si un régimen mantiene el monopolio de la fuerza y del miedo; para uno débil y asediado nunca ha sido la solución. Un claro ejemplo de lo que se cuece es que cada vez circulan más videos de militares activos cascándole al Gobierno. No son gratis.

Igual, la Constitución de Chávez yace moribunda, lo que me recuerda una frasecita que el mismo caudillo usó para calificar a su antecesora. Vayan comprando flores.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

Mensaje de Almagro sobre “justicia militar” en Venezuela

Mensaje de Almagro sobre “justicia militar” en Venezuela

 

El efecto contrario

 

El efecto contrario

Por Andrés Hoyos

Lo que en billar se conoce como el “efecto contrario” tiene un correlato sorprendente en la vida real, cuya encarnación más contundente lleva peluquín y escribe tuits escandalosos a las tres de la mañana.

Durante años los medios gringos no extremistas se alarmaron por las mentiras, exageraciones y ofensas que lanzaba a diario Donald Trump, empezando por una obsesiva falsedad según la cual Barack Obama había nacido en Kenia y no en Hawái, como decía su certificado oficial. La madre de Obama, quien con más fuerza habría podido desmentir a Trump, estaba muerta y la mentira echó raíces. Ya de cara a las elecciones del año pasado, estos mismos medios indignados quisieron denunciar y destruir a Trump, logrando justo lo contrario: hacerle publicidad. La consecuencia no puede ser más contundente: el hombre es hoy presidente de Estados Unidos.

Muy conocida también es la lógica sencillamente brutal del Estado Islámico. Sus militantes, vestidos de naranja y acompañados por algún camarógrafo diestro, degüellan en vivo y en directo a dos o tres docenas de “traidores” y se sientan a esperar la avalancha de publicidad que esto les genera. Todo el misterio aquí depende de un anglicismo insustituible: el target. Mientras los medios internacionales buscan la mayor audiencia posible, estos astutos luchadores de judo comunicacional buscan targets muy precisos, sobre los cuales quieren ejercer el ya citado efecto contrario. No les importa que a la inmensa mayoría de la gente le repugnen las decapitaciones, siempre y cuando unas diminutas minorías inestables, dígase unos jóvenes occidentales de origen musulmán, desafectos y solitarios, se exciten con el sangriento espectáculo hasta el punto de llevarlos a alistarse en el Estado Islámico, según se vio con los miles reclutas europeos conseguidos por el movimiento en años recientes.

Todo esto viene a cuento por la última irrupción del efecto contrario, conocida como “el reto de la ballena azul”. Los medios, sobre todo la radio y la televisión, están decididos a combatir este dañino fenómeno que afecta —otra vez— a adolescentes solitarios e inestables, dispuestos a completar una serie de retos que concluyen con el suicidio. Y uno les abona a los medios las buenas intenciones, pero hay que decirles que la campaña ha tenido resultados deplorables. En vez de decrecer, los grupos de Facebook que promueven al peligroso cetáceo se han reproducido en forma exponencial. ¿Cómo decía Einstein? Ah, sí: “No existe signo de locura más claro que hacer lo mismo una y otra vez y esperar un resultado diferente”. Urge, pues, una revisión de los usos del prime time y de las noticias virales, dado que están causando claros efectos contrarios. Es como si un médico nos prescribiera un remedio para la úlcera que, en vez de curarla, la perforara.

Yo tampoco sé con exactitud cuál es el tratamiento adecuado para contrarrestar el efecto contrario, aunque sí sé que involucra administrar un silencio selectivo, o sea lo que los grandilocuentes llaman autocensura. El escándalo genera audiencias y muchos medios simplemente no resisten la tentación de atraerlas. Por dos o tres que caen en la tentación, otros muchos siguen detrás. Tal parece que por alguna parte anduviera el flautista de Hamelín, tocando su instrumento para beneficio de los psicópatas. Los niños y adolescentes a los que invita a la cueva oscura podrían estar a nuestro alrededor, de modo que no se vale ser bienpensantes.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

Siete preguntas urgentes sobre el mundo del trabajo

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Crédito: OIT

Crédito: OIT

ROMA, 27 abr 2017 (IPS) – Las transformaciones que se suceden en todo el mundo en el ámbito del trabajo están alterando la conexión entre el empleo, el desarrollo personal y la participación comunitaria. Se calcula que para 2030 se necesitarán más de 600 millones puestos laborales nuevos, solo para mantenerse a la par del crecimiento demográfico. 

Eso equivale a unos 40 millones de empleos por año. También existe la necesidad apremiante de mejorar las condiciones de 780 millones de mujeres y hombres que trabajan pero no ganan lo suficiente para salir de la pobreza de apenas dos dólares por día.

“Nos enfrentamos al doble reto de reparar los daños causados por la crisis socioeconómica mundial y de generar empleos de calidad para las decenas de millones de nuevos participantes en el mercado de trabajo cada año”: Guy Ryder.

Sobre estos temas principales, que afectan principalmente al presente y al futuro de la juventud, y en particular a los grupos más vulnerables, como las mujeres, los migrantes, las comunidades rurales y los pueblos indígenas, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) plantea siete preguntas clave.

  • ¿Cómo gestionarán las sociedades estos cambios?
  • ¿Unirán o separarán a las economías industrializadas, emergentes y en desarrollo?
  • ¿De dónde vendrán los empleos del mañana y cómo serán?
  • ¿Cuáles son los retos y oportunidades que enfrenta la juventud en su transición al mundo laboral?
  • ¿Cuál es el camino para lograr un crecimiento inclusivo sostenible para las generaciones futuras?
  • ¿Cuáles son las nuevas formas de la relación laboral y en qué medida esta seguirá recibiendo muchas de las protecciones que se otorgan actualmente a las trabajadoras y los trabajadores?
  • ¿Qué iniciativas podrán revitalizar las normas e instituciones existentes o crear nuevas formas de regulación que puedan ayudar a enfrentar los retos actuales y futuros de la gobernabilidad?

Estas preguntas fueron prioritarias en el simposio El futuro del trabajo que queremos: Un diálogo global, organizado por la OIT en su sede en Ginebra los días 6 y 7 de este mes.

¿Por qué?

En todo el planeta, en economías en distintas etapas de desarrollo, se están produciendo cambios profundos en la naturaleza del trabajo, indica la OIT, y agrega que numerosos y diversos factores los explican, como el cambio demográfico y el climático, la innovación tecnológica, la variación en los patrones de prosperidad y pobreza, la creciente desigualdad, el estancamiento económico y el carácter cambiante de la producción y el empleo.

“Las transformaciones que presenciamos ahora nos desafían a imaginar el futuro del trabajo a largo plazo para dirigir esta evolución hacia la justicia social. La creciente ansiedad generalizada acerca de si el futuro producirá una mayor polarización dentro y entre los países trae urgencia a esta tarea”, destacó la OIT.

Reconociendo la urgente necesidad de comenzar a recabar la experiencia mundial para hacer que el futuro del trabajo sea el que queremos, la OIT presentó la Iniciativa del centenario relativa al futuro del trabajo.

El simposio giró en torno a cuatro “conversaciones centenarias”: trabajo y sociedad, empleos dignos para todos, organización laboral y producción, y la gobernanza del trabajo. El evento reunió en Ginebra a pensadores y actores internacionales que están a la vanguardia de los debates sobre la temática.

Se dedicó un período extraordinario de sesiones a debatir las perspectivas y opiniones de los jóvenes, incluidos los representantes de los interlocutores sociales, en el futuro del trabajo que habrán de experimentar.

El crecimiento económico decepciona

“Nos enfrentamos al doble reto de reparar los daños causados ​​por la crisis socioeconómica mundial y de generar empleos de calidad para las decenas de millones de nuevos participantes en el mercado de trabajo cada año”, declaró el director general de la OIT, Guy Ryder.

El crecimiento económico continúa decepcionando, tanto en los niveles como en el grado de inclusión, explicó. “Esto pinta un panorama preocupante para la economía global y su capacidad de generación de empleos suficientes. Y mucho más para trabajos de calidad”, agregó.

La “persistencia de niveles elevados de formas vulnerables de empleo combinadas con una clara falta de progreso en la calidad del empleo – incluso en los países donde las cifras globales están mejorando – son” alarmantes”, se quejó Ryder.

La publicación de la OIT Perspectivas sociales y del empleo en el mundo – Tendencias 2017 prevé que las formas vulnerables de empleo – es decir, los trabajadores familiares contribuyentes y los trabajadores por cuenta propia – se mantendrán por encima de 42 por ciento del empleo total, equivalente a 1.400 millones de personas.

De hecho, casi la mitad de los trabajadores en los países emergentes tienen formas vulnerables de empleo, llegando a más de 80 por ciento del total en los países en desarrollo, señaló Steven Tobin, economista principal de la OIT y autor principal del informe.

En consecuencia, se prevé que el número de trabajadores con empleos vulnerables crezca en 11 millones por año, siendo el sur de Asia y África subsahariana las regiones más afectadas.

Mientras tanto, se prevé que la tasa global de desempleo aumente ligeramente de 5,7 a 5,8 por ciento este año, lo que equivale a 3,4 millones más de desempleados, según un nuevo informe de la OIT.

En 2017 habrá poco más de 201 millones de desempleados en todo el mundo, con un aumento adicional de 2,7 millones previstos para 2018, ya que el crecimiento de la fuerza de trabajo superará la creación de empleo.

El desempleo es serio en América Latina, el Caribe y África subsahariana

Los autores del informe advierten que los desafíos del desempleo son particularmente serios en América Latina y el Caribe, donde las cicatrices de la reciente recesión tendrán un importante efecto residual en 2017, así como en África subsahariana, que también pasa por su menor nivel crecimiento en más de dos décadas.

Por el contrario, el desempleo debería disminuir en 2017 entre los países industrializados, de 6,3 a 6,2 por ciento. Pero el ritmo de la mejora se está desacelerando y hay signos de desempleo estructural entre los países ricos.

Tanto en Europa como en América del Norte el desempleo de larga duración sigue siendo alto en comparación con los niveles previos a la crisis y, en el caso de Europa, sigue aumentando a pesar de las tasas de desempleo.

Otra tendencia clave que destaca el informe es que la reducción de la pobreza laboral está disminuyendo, lo que pone en peligro las perspectivas de erradicación de la pobreza, como se establece en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Organización de las Naciones Unidas.

Se prevé incluso que el número de trabajadores que ganan menos de 3,10 dólares por día aumente en más de cinco millones en los próximos dos años en los países en desarrollo.

Traducido por Álvaro Queiruga

Informalidad laboral, otro muro para migrantes en América Latina

Una migrante de un país andino, con su hija cargada a sus espaldas, reivindica sus derechos con otras mujeres de igual condición, dentro de una manifestación en Buenos Aires, el 24 de marzo, por la verdad y la memoria, en conmemoración del golpe militar en Argentina, en 1976, que impuso hasta 1983 una cruenta dictadura. Crédito: Fabiana Frayssinet/IPS

Una migrante de un país andino, con su hija cargada a sus espaldas, reivindica sus derechos con otras mujeres de igual condición, dentro de una manifestación en Buenos Aires, el 24 de marzo, por la verdad y la memoria, en conmemoración del golpe militar en Argentina, en 1976, que impuso hasta 1983 una cruenta dictadura. Crédito: Fabiana Frayssinet/IPS

 

LIMA, 26 abr 2017 (IPS) – Una alta proporción de los 4,3 millones de trabajadores migrantes dentro de América Latina y el Caribe sobrevive en la economía informal o en condiciones laborales irregulares. Un muro invisible que junto a la discriminación y a la xenofobia, también es necesario derribar.

“La búsqueda de trabajo es una de las causas, pero no la única ni a determinante, creo que lo que determina la migración es la pobreza, los bajos salarios, la imposibilidad de los trabajadores y trabajadoras de acceder a los servicios de salud y educación, la injusta distribución de la riqueza en nuestros países”, resumió Julio Fuentes, presidente de la Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadores Estatales (Clate).

El estudio “La migración laboral en América Latina y el Caribe”, presentado en agosto de 2016 por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), cuya sede regional está en Lima, identifica  “un complejo sistema” de 11 corredores principales tradicionales del movimiento de trabajadores, nueve de ellos intrarregionales Sur-Sur dentro de la región.

“Quien no tienen derecho a la ciudadanía será siempre víctima de abusos. Desde el sindicalismo debemos luchar contra la idea de que el migrante compite con el trabajador local. Debemos asumir que somos parte de una misma clase, que no conoce fronteras”: Julio Fuentes.

Según el informe este sistema evoluciona en forma permanente debido a “cambios en la interdependencia económica y en los mercados de trabajo” y se ha venido expandiendo en volumen, dinamismo y complejidad”. Los trabajadores migrantes pasaron de 3,2 millones a 4,3 millones entre 2011 y comienzos de 2016.

Denis Rojas, socióloga colombiana del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), citó desde Buenos Aires otras causas migratorias intrarregionales con base en experiencias de sus compatriotas en Argentina.

“Es necesario tener en cuenta que la migración de las últimas décadas en Argentina, responde a diferentes perfiles: un grupo muy identificado es el de profesionales generalmente de clases medias que en vista de los altos costos y las limitantes de acceso a educación de posgrado en Colombia, deciden buscar opciones por fuera, siendo Argentina un país de interés debido a la amplia oferta educativa y los costos accesibles en relación a los precios existentes en Colombia”, explicó a IPS.

Asimismo, “hace varios años, la cantidad de familias que envían a sus hijos para cursar la carrera de grado empezó aumentar debido a los altos costos de matrícula en las universidades colombianas y las amplias limitaciones estructurales para el acceso a la educación, es un caso similar al de los chilenos”, amplió.

Pero aunque esta migración tiene como interés evidente el acceso a la educación, Rojas no lo desvincula de sus causas laborales.

“Responde profundamente a la necesidad de ingresar al mercado laboral en Colombia. Debido al desempleo y la generalizada flexibilización laboral, se considera que la mayor cualificación permitirá un mejor ingreso y posicionamiento en el mercado laboral”, sostuvo.

Otra población migrante, recordó, es la que fue expulsada de sus hogares debido al conflicto armado interno.  Desde familias campesinas de bajos recursos, trabajadores o estudiantes hasta líderes sociales con mayor formación y recursos económicos.

“La inserción laboral en este caso depende de las redes de apoyo existentes”, destacó.

La OIT resalta varias características comunes laborales en estas migraciones, que adquieren relevancia en el Día Internacional de los Trabajadores, el 1 de Mayo.

Informalidad laboral, otro muro para migrantes en América Latina

“La feminización de la migración laboral pues las mujeres son más de 50 por ciento, la alta proporción de trabajadores migrantes en situación irregular, la alta proporción de trabajadores migrantes en la economía informal, el bajo acceso a la protección social, y las con frecuencia deficientes condiciones de empleo así como el hecho de que un número importante de ellos sufre abuso, explotación y discriminación”, subraya.

Es el caso de la migrante peruana en Argentina, de 35 años, que salió desde el sureño departamento de Arequipa, identificada como Juliana.

Entorno mundial

De los 232 millones de migrantes que había en el mundo en 2013, 150 millones eran trabajadores, según datos de la OIT. La globalización, los cambios demográficos, los conflictos, las desigualdades de los ingresos y el cambio climático impulsarán cada vez a más trabajadores y sus familias a cruzar fronteras en busca de empleo y seguridad, pronostica.

En general, la mayor parte de la migración en el mundo se relaciona con la búsqueda de trabajo: más de 90 por ciento de los migrantes internacionales lo constituyen trabajadores y sus familias, y uno de cada ocho emigrantes tiene entre 15 y 24. Casi la mitad de los migrantes, 48 por ciento, son mujeres.

Los asiáticos son el grupo más numeroso de quienes residen fuera de su país de nacimiento, seguidos por los africanos y los latinoamericanos. Estados Unidos es el mayor receptor de migrantes, donde según datos de 2015 hay allí 45 millones de personas procedentes de otros países, 13,9 por ciento de su población total.

Para costear sus estudios universitarios, trabajó cinco años como empleada doméstica “en negro (no registrada)”.

“En ese momento era el único tipo de trabajo a los que podíamos aspirar los extranjeros sin contactos y muchas veces sin la documentación necesaria. En ese entonces no había una ley migratoria como la que tenemos actualmente y era muy difícil conseguir algo mejor. Mi DNI (documento nacional de identidad) demoró tres años en salir”, recordó la hoy casi abogada.

Pilar, una migrante colombiana de 34 años, en Brasil desde hace ocho años, ejemplifica un problema de muchos otros en su misma condición en países latinoamericanos: el lograr solo empleos para los que están muy sobrecalificados. Con un título universitario, tuvo que trabajar en un albergue turístico sin contrato o derechos laborales.

Ella escogió Brasil porque en su país la educación superior es cara y “Brasil, con su educación pública gratuita se vuelve una especie de paraíso para muchos colombianos”.

“Muchos de los jóvenes latinoamericanos migrantes en Río de Janeiro acabamos siendo absorbidos por ese tipo de mercado turístico. Yo no tenía libreta laboral los primeros años y agarraba el trabajo que aparecía. Trabajaba más de ocho horas, con apenas un día de descanso y me pagaban menos que un salario mínimo”, recordó.

En ese país y en Argentina, trabajadores bolivianos laboran en grandes talleres textiles clandestinos en condiciones casi de esclavitud, en una realidad que cambiando los sectores y el origen de los migrantes se repite en los países receptores.

El estudio de la OIT destaca que los latinoamericanos migrantes también transitan corredores hacia otras regiones. De un total de 45 millones de migrantes en Estados Unidos, más de 21 millones proceden de América Latina. En España casi 1,3 millones de extranjeros que residen allí provienen de América del Sur.

“La explotación de la mano de obra latinoamericana y caribeña por los países centrales es otra cara de nuestra dependencia, no sólo nos saquean las riquezas naturales sino que además somos los proveedores de mano de obra, que es superexplotada. Generar condiciones de pobreza en nuestra región, o en otras como África, le permite a las potencias centrales y a sus multinacionales beneficios dobles, riquezas naturales y mano de obra barata”, opinó Fuentes a IPS.

Al líder regional de los empleados públicos le preocupa el recrudecimiento de la política migratoria en Estados Unidos y sus amenazas de construir un muro con México.

“No hay muro que frene a los pueblos buscando salir de la situación de pobres a lo que los condenan”, señaló.

“Los latinoamericanos que buscan una vida mejor en América del Norte emprenden un viaje terrible, que le cuesta la vida a muchos, y quienes llegan a destino se insertan en el país de acogida en los peores empleos, con los salarios más bajos y las condiciones laborales más precarias”, dijo.

“Ellos hacen un aporte a enorme a la economía norteamericana y, sin embargo, nunca logran adquirir ciudadanía y están obligados a vivir como ilegales de manera permanente”, destacó.

Precisamente, este año la Conferencia Internacional del Trabajo, que celebrará la OIT entre el 5 y el 17 de junio en Ginebra, estará dedicada los derechos de los trabajadores migrantes. La Clate iniciará una campaña dirigida a los trabajadores públicos de  organismos vinculados con la inmigración para “humanizar los puestos de fronteras”.

“También las organizaciones sindicales debemos asumir la representación de aquellos trabajadores migrantes cuya situación migratoria irregular es aprovechada por las patronales para sortear la legislación laboral, sometiendo a los migrantes a condiciones más precarias y abusando de las posibilidades del empleo temporal”, subrayó Fuentes.

“Quien no tienen derecho a la ciudadanía será siempre víctima de abusos. Desde el sindicalismo debemos luchar contra la idea de que el migrante compite con el trabajador local. Debemos asumir que somos parte de una misma clase, que no conoce fronteras”, anticipó.

Editado por Estrella Gutiérrez

 

Gónadas

 

resistencia

Por Dulce María Tosta

Las marchas y concentraciones populares acaecidas el 19 de abril, nos imponen hacer ciertas reflexiones acerca de lo que está pasando y puede pasar en esta Venezuela de hoy, que se muestra, ya no aletargada, sino a la altura del nombre de la novela de don Eduardo Blanco.

Durante años recientes se oyó decir que el pueblo venezolano había perdido su virilidad, que el tiempo y las comodidades derivadas del petróleo habían destruido el valor y el arrojo que lo llevaron caminando hasta Ayacucho o que hicieron posible el cruce de los Andes y la victoria de Boyacá; nos hicieron creer –quizás con intención aviesa– que héroes y heroínas pertenecían al pasado, que mujeres como Luisa Cáceres, Eulalia Ramos, María Campos y Josefa Padrón eran seres de un lejano pasado, sin conexión con el presente, como si sus genes se hubieran mudado de planeta o mutado en el laboratorio de sus sufrimientos.

 

No es descabellado pensar que fuimos sometidos –intencionalmente– a un proceso de destrucción de nuestro orgullo nacional, de desvinculación con los heroísmos pasados y de distorsión de nuestra verdadera historia. Los que hacen de la tiranía oficio, deben saber que un pueblo que haya perdido la fe en sí mismo es proclive a renunciar a sus derechos y fácil presa de sus pretensiones. Por el contrario, uno como el venezolano, cuyas andanzas heroicas le hubieran dado a Homero material para escribir varias Iliadas y muchas Odiseas, es difícil de sojuzgar, por no llamar insojuzgable.

Insufla alegría al alma ver a una mujer enfrentar, retadora, a una tanqueta de la Guardia Nacional; ponen brillo en nuestros ojos los muchachos que a mano limpia devuelven las bombas lacrimógenas con que pretenden someterlos; nos ahogan de orgullo los ancianos que recobraron el paso firme de sus años mozos y que portan el bastón de la vejez con mucha más dignidad que los generales su bastón de mando.

Algo sumamente importante sucedió el 19 de abril de 2017. Ese día –al igual que el de 1810- no logramos la libertad, pero nos pusimos en el camino correcto para alcanzarla; este 19 de abril nos encontramos a nosotros mismos, sentimos bullir en nuestras venas la sangre caribe y redescubrimos que nunca dejamos de ser el pueblo de Bolívar y Sucre, de Vargas y de Convit, de Bassil y de Redman. Esta convicción nos hace invencibles y aterra a los tiranos.

turmero_2009@hotmail.com

@DulceMTostaR

http://www.dulcemariatosta.com

Primeros 100 días de Trump generan mucha preocupación

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Si uno de los mayores emisores de dióxido de carbono no cree que el cambio climático sea el resulado de la actividad humana y puede destruir al planeta, y no se compromete a tomar medidas paliativas a escala local y a ayudar al resto, otros países podrían verse tentados o impulsados a hacer lo mismo. Crédito: Cam McGrath/IPS.

Si uno de los mayores emisores de dióxido de carbono no cree que el cambio climático sea el resulado de la actividad humana y puede destruir al planeta, y no se compromete a tomar medidas paliativas a escala local y a ayudar al resto, otros países podrían verse tentados o impulsados a hacer lo mismo. Crédito: Cam McGrath/IPS.

 

PENANG, 24 abr 2017 (IPS) – Al cumplirse los primeros 100 días de gobierno de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, el sábado 29, es hora de evaluar el impacto que ha tenido hasta ahora en el mundo, y en especial en los países en desarrollo.

Es demasiado pronto para sacar grandes conclusiones, pero lo que se ha visto desde que asumió el 20 de enero hasta ahora es preocupante.

Trump dijo que Estados Unidos no debía verse arrastrado a guerras de otros, pero el 6 de este mes atacó a Siria, a pesar de que no había pruebas contundentes que demostraran la responsabilidad del presidente sirio Bashar al Assad en el uso de armas químicas.

Luego, lanzó sobre un distrito muy poblado de Afganistán lo que se ha calificado como la bomba no nuclear más grande.

Algunos observadores opinaron que el fin de ese ataque fue mandar un mensaje interno, pues nada aumenta tanto la popularidad del presidente o prueba su fuerza como hacerle frente a un enemigo.

Quizá sus acciones también estaban dirigidas al líder de Corea del Norte, quién a su vez amenazó con responder con bombas convencionales o nucleares en caso de un ataque estadounidense, y probablemente lo dijo en serio. Y el propio Trump amenazó con bombardear sus instalaciones nucleares.

Con dos presidentes tan impredecibles, podríamos estar increíblemente al borde de una guerra nuclear.

“Hay miembros del círculo más cercano al presidente que creen que el gobierno de Trump contempla seriamente dar el ‘primer golpe’ contra Corea del Norte. Pero si (el mandatario norcoreano) Kim Jong Un llegó a la misma conclusión, podría disparar primero”, comentó Gideon Rachman, del Financial Times.

Primeros 100 días de Trump generan mucha preocupación

Además, observó que quizá el presidente estadounidense haya llegado a la conclusión de que la alternativa militar es la forma de lograr “ganar” la imagen que prometió a los votantes.

El columnista de The New York Times, Nicholas Kristof, dijo que la peor pesadilla es que Trump se embarre en una nueva guerra coreana. Puede llegar a ocurrir si destruye un ensayo de misiles que Corea del Norte esté por lanzar, pues ese país podría responder lanzando su artillería contra Seúl, donde viven 25 millones de personas.

El general Gary Luck, excomandante de las fuerzas estadounidenses en Corea del Sur, estimó que una nueva guerra coreana podría dejar un millón de víctimas y un billón (millón de millones) en daños, mencionó Kristof.

Lejos de las expectativas de dejar de ser el policía del mundo para poner a “Estados Unidos primero”, el nuevo presidente podría pensar que las guerras, o por lo menos el lanzamiento de misiles y bombas en otros países, es “hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande”.

Eso puede ser más fácil que ganar batallas internas como reemplazar la política de la salud del expresidente Barack Obama o prohibir el ingreso de ciudadanos y refugiados de siete países musulmanes, iniciativas ya bloqueadas por la justicia.

El mensaje de que hay grupos de personas o de países que no son bienvenidos en Estados Unidos podría estar teniendo consecuencias; los últimos informes muestran un declive en el turismo y una disminución de solicitudes de estudiantes extranjeros para ingresar en una universidad de ese país.

Otro revés lo protagonizó la Organización del Tratado de Atlántico Norte (OTAN), a la que Trump condenó por obsoleta, pero luego la aplaudió por “ya no ser obsoleta”, para gran alivio de sus aliados occidentales.

Otro cambio de rumbo, aunque bienvenido, fue cuando Trump reconoció que China al final no manipula su divisa, a pesar de que en la campaña prometió que lo primero que haría al llegar a la Presidencia sería registrarla como manipuladora, lo que implicaría elevar los impuestos al ingreso de productos chinos.

Trump sigue obsesionado con el déficit comercial de Estados Unidos y, según él, China es el principal culpable, con 347.000 millones de superávit comercial.

En una cumbre bilateral realizada en Florida el 7 y 8 de este mes, los dos países se pusieron de acuerdo sobre una propuesta del presidente chino Xi Jinping de tener un plan de 100 días para aumentar las exportaciones estadounidenses a China y así reducir el déficit comercial.

En materia comercial, Trump también le pidió a su secretario (ministro) de Comercio, Wilbur Ross, un informe para dentro de 90 días sobre los déficits comerciales bilaterales para conocer sus causas, ya sea por dumping (venta a pérdida), engaños, subsidios, acuerdos de libre comercio, desajuste de la moneda o hasta normas injustas de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Entonces, el presidente estadounidense podrá tomar medidas para corregir los desequilibrios, indicó Ross.

En los 100 primeros días de gobierno, Trump no cumplió con su amenaza de imponer gravámenes adicionales a México y China. Pero sí la de retirar a Estados Unidos del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPPA), y está por verse si decía en serio lo de reformar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

La amenaza al sistema comercial puede venir de una reforma fiscal preparada por líderes del gobernante Partido Republicano en el Congreso legislativo. El documento original contiene un sistema de “ajuste comercial” con el fin de imponer un gravamen de 20 por ciento a las importaciones a Estados Unidos, a la vez que se exonera de las tasas corporativas a las exportaciones.

De aprobarse una ley de ese tipo, lloverán críticas del resto del mundo, en muchos casos contra Estados Unidos en la OMC, así como es de esperar que varios países tomen represalias. Es posible que por la oposición interna, ese aspecto del ajuste comercial quede de lado o, por lo menos, que se modifique considerablemente.

Mientras la nueva política comercial de Estados Unidos toma forma, en sus primeros 100 días como presidente, Trump instaló un aire de proteccionismo.

Otro de los asuntos delicados ha sido el impulso de Trump contra la política de cambio climático de Obama. Propuso reducir el presupuesto de la Agencia de Protección Ambiental en 31 por ciento y eliminar los programas de investigación y prevención sobre este fenómeno en todas las dependencias del gobierno federal.

La Agencia de Protección Ambiental, ahora encabezada por un escéptico en materia de cambio climático, ordenó revisar los estándares respecto de la contaminación de caños de escape de vehículos y revisar el Plan de Energía Limpia, que fue el centro de la política de Obama para reducir las emisiones de dióxido de carbono.

El plan hubiera llevado al cierre de cientos de plantas a carbón, frenado la construcción de nuevas centrales y reemplazado las existentes por granjas eólicas y solares.

“La revocación de la política también señala que Trump no tiene intenciones de cumplir los compromisos formales de Obama en el marco del Acuerdo de París”, observó Coral Davenport en The New Times.

En el marco del acuerdo climático, Estados Unidos se comprometió a reducir los gases de efecto invernadero en 26 por ciento para 2025, respecto de los volúmenes de 2005.

De hecho, al parecer hay un debate interno en Estados Unidos sobre retirarse o no del Acuerdo de París. Pero aun si se queda, la nueva delegación podría desalentar o impedir que otros países avancen hacia la adopción de nuevas medidas y acciones.

Hay una gran preocupación por la intención de Trump de dejar de contribuir con 3.000 millones de dólares el Fondo Verde para el Clima, que asiste a los países en desarrollo en la realización de proyectos de cambio climático.

Obama transfirió los primeros 1.000 millones de dólares, pero el gobierno de Trump no hará más pagos, a menos que el Congreso revoque la decisión del presidente, lo que es muy poco probable.

Otro aspecto negativo de los primeros 100 días de gobierno, en especial para los países en desarrollo, es la intención de Trump de restar importancia a la cooperación internacional y para el desarrollo.

En marzo, Washington comunicó su propuesta de presupuesto con un gran recorte de 28 por ciento, o 10.900 millones de dólares, para la ONU y otras organizaciones internacionales, el Departamento de Estado (cancillería) y la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), mientras que aumentó el presupuesto militar en 54.000 millones de dólares.

Eso coincidió con el llamado del coordinador de asuntos humanitarios de la ONU, Stephen O’Brien, de inyectar de forma urgente los fondos para hacer frente a la peor crisis humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y a una grave sequía que afecta a 38 millones de personas en 17 países africanos.

Trump también propuso recortar el aporte de Estados Unidos al presupuesto general de la ONU por un monto no especificado y pagar como mucho 25 por ciento del costo de las misiones de paz. Hasta ahora, ese se hacía cargo de 22 por ciento del presupuesto de la ONU, de 5.400 millones de dólares, y de 28,5 por ciento de los recursos de las misiones de paz, de 7.900 millones de dólares.

Además, Washington recortará 650 millones de dólares en tres años al Banco Mundial y a otras organizaciones multilaterales de crédito.

La comunidad que trabaja en cuestiones de relaciones exteriores en Estados Unidos está impactada con la miopía de Trump, y 121 generales y almirantes retirados urgieron al Congreso a seguir destinando fondos a la diplomacia y la asistencia exterior como hasta ahora porque lo consideraron fundamental como forma de prevenir conflictos.

La idea de Trump probablemente vaya a discutirse en el Congreso porque hay muchas personas que abogan por la diplomacia, con preocupaciones de índole humanitaria, pero habrá que esperar.

Por último, el problema con la reducción de fondos, es que el enfoque de Trump en materia de política exterior diluye el espíritu y el sentido de la cooperación internacional.

Si uno de los mayores emisores de gases contaminantes a la atmósfera descree y cuestiona que el recalentamiento planetario sea el resultado de la actividad humana, y que podría devastar a la Tierra, y deja de comprometerse a tomar medidas locales y a ayudar al resto, otros países podrían verse tentados o impulsados a hacer lo mismo.

El mundo podría verse privado de la cooperación que tanto le urge para salvarse del catastrófico recalentamiento.

Traducido por Verónica Firme

Una idea sencilla

 

idea sencilla

Por Andrés Hoyos

El Estado es proclive a las ideas complicadas que, por su misma naturaleza, suelen extraviarse en un laberinto kafkiano a la hora de la ejecución y terminar beneficiando a muy pocos. Mucho se ha repetido una paradoja cruel que afecta a Colombia y es que por el efecto combinado de los impuestos y el gasto público la desigualdad se agrava, en vez de atenuarse. Esto implica que los ricos se apropian de una tajada demasiado grande de lo que ellos mismos o sus compañías pagan y, paradoja cruel, incluso de una parte de lo que pagan los pobres.

Las buenas intenciones abundan tanto como los malos resultados. Una buena intención puede ser, por ejemplo, ayudar a los más pobres, ya sea por altruismo o por razones políticas, como evitar las explosiones sociales, mejorar la distribución de la riqueza para acceder a la OCDE o fortalecer la democracia. La lista es larga y va llena de recriminaciones implícitas. Quienes con más acritud critican estas (¿malas?) intenciones detrás de las buenas no suelen tener, ellos tampoco, la fórmula mágica.

Leía yo con algo de envidia no hace mucho que un par de países ricos estaban adelantando planes piloto para otorgar a sus ciudadanos una renta básica universal. Ojo, no es solo para los pobres, sino para todo el mundo. La versión que está probando Finlandia consiste en dar 560 euros al mes a 2.000 ciudadanos seleccionados al azar entre los desempleados. Nada por el estilo está al alcance de Colombia, pues si apenas fueran 100 dólares, el programa costaría más de 40 mil millones de dólares al año, una cifra demencial.

Cuál no sería mi sorpresa cuando leí un artículo de Shamika Ravi en la edición de abril de Foreign Affairs, según el cual la India, un país de 1.300 millones de habitantes, quería intentar algo parecido. Me froté los ojos: ¿se había nacionalizado indio el rey Midas? No, el misterio está en el monto. Cito: “el Ministerio de Finanzas estimó que una suma modesta de cuatro dólares por persona al mes podría reducir el nivel de pobreza de India del 22 % al 7 %. El costo sería apenas del 2 % del PIB”. Claro, como corolario indispensable se deben desmontar otros programas de asistencia social para poder financiar este. Ya hablando de Colombia, la idea a mano alzada sería dar seis dólares al mes por persona, en el entendido de que las inscripciones podrían rondar los 30 millones de habitantes.

Dicha cantidad no tiene por qué afectar negativamente el empleo, pues no alcanza para vivir. Uno sospecha que, dado el monto ofrecido, quienes se inscribirían serían sobre todo las familias de estratos 1, 2 y parte del 3. Al ser universal, la renta básica no se presta para manipulaciones políticas, como sucedería si hay que demostrar un determinado nivel de pobreza. Los bancos, así deba ser ínfimo el porcentaje que cobren por los desembolsos, estarían felices dada la bancarización acelerada que se deriva del programa. Tal vez los burócratas que medran alrededor de las buenas intenciones serían los únicos opuestos a intentar algo semejante.

¿La única condición para el pago? Tener cédula de ciudadanía o tarjeta de identidad y abrir la más básica de las cuentas bancarias. Obviamente que todo beneficiario tendría que registrarse. Al final, el país contaría con un termómetro potente para medir su salud financiera: a mayor bienestar, menor cobro de la renta básica, y viceversa. El pago, con el tiempo, podría subir en forma modesta, nunca bajar.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

Nueve agrupaciones se retiran del Festival de Teatro de Caracas

Nueve agrupaciones no participarán en la sexta edición del Festival de Teatro de Caracas, que se realizará del 21 al 30 de abril. Se trata de Deus Ex Machina, Circuito de Arte Cénica, Funámbulo, 4×4 Producciones, Tulipano Producciones, Skena, Fincareal, Proyecto en Colectivo y Amneris Treco.

Comunicado: “Por medio del siguiente comunicado, los grupos de teatro presentes queremos informar que hace unos meses decidimos participar en la edición de este año del Festival de Teatro de Caracas, con la intención de llevar nuestro trabajo a todos los espacios y espectadores a los que generalmente no podemos acceder sino por medio de este tipo de encuentros, donde el apoyo cultural y su infraestructura se pone al servicio de todos, cosa que debería ocurrir todo el año y no sólo en eventos como este.

“Sin embargo, no podemos permanecer indiferentes ante la constante violación de derechos humanos presente en los últimos meses en nuestro país, evidenciada en diferentes acciones como:

“1.- La represión indiscriminada y sistemática que el gobierno ha ejercido contra la población civil, haciendo uso irresponsable e ilegal de la fuerza contra los ciudadanos que han elegido ejercer su derecho a la protesta pacífica; un derecho humano y legítimo que debe ser respetado y garantizado por el Estado como lo establece nuestra Constitución.

“2.- La grave ruptura constitucional realizada por el Tribunal Supremo de Justicia y denunciada por la Fiscal General de la República y la comunidad internacional, que lamentablemente no ha sido subsanada, lo cual agrava profundamente la convivencia democrática y cuestiona la existencia de un “Estado Social de Derecho y de Justicia”.

“3.- El terrible empeoramiento de la escasez de medicamentos y deficiente asistencia médica a disposición del ciudadano necesitado, que cada día; junto con el déficit alimentario se agrava más y atenta contra todos.

“Si a lo anterior sumamos la gran inversión económica que se está haciendo en la producción, pago, traslado y manutención de grupos extranjeros, junto con la promoción y difusión de este Festival como una gran “fiesta de celebración” que pareciera querer ignorar y desconocer todos los problemas antes mencionados, pensamos que lo más coherente sería suspender el Festival de Teatro de Caracas 2017 hasta que las circunstancias anteriormente mencionadas volvieran a la normalidad.

“De no ser así, no tenemos otra alternativa que ser coherentes con nuestros planteamientos y solidarios con lo que está sufriendo y padeciendo gran parte de la población, suspendiendo nuestras funciones programadas, no formando parte de esta “Fiesta” que estaría ciega a la realidad que nos está ahogando a todos.

“Pedimos disculpas por los inconvenientes causados, y estamos dispuestos a mostrar nuestros espectáculos de la forma más accesible posible al público, pero una vez que nuestro país haya recuperado su hilo constitucional y democrático y sean respetados sus derechos más fundamentales.

“Exhortamos a todo creador y agrupación que se sientan identificados con este comunicado, a expresar con libertad su apoyo.

“Atentamente;

“Deus Ex Machina, obra: “La crema y nata”; Circuito de Arte Cénica, obra: “Simple”; Funámbulo, obra: “La bolsa del viajero”; 4×4 Producciones, obra: “El Club de los Cursis”; Tulipano Producciones, obra: “Yerma”; Skena, obra: “Rojo”; Fincareal Teatro, obra: “Las cartas oscuras”; Proyecto en Colectivo, obra: “Tal vez tu sombra”, y Amneris Treco Standup Comedy”

El Caribe persigue un crecimiento verde a pesar de incertidumbres

 

Por Desmond Brown |English version

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Una granja eólica en Curacao. A fines de 2015, los países del Caribe se unieron a un acuerdo global para abandonar paulatinamente el uso de combustibles fósiles y adoptar fuentes de energía renovable como la éolica y la solar. Crédito: Desmond Brown/IPS.

BRIGETOWN, 17 abr 2017 (IPS) – Barbados y sus vecinos del Caribe siguen impulsando la agenda climática y defendiendo a las energías renovables a pesar de la nueva posición de Estados Unidos en la materia.

Así lo dejó claro el ministro de Ambiente de Barbados, Denis Lowe, tras las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump de que el cambio climático es un “engaño” y su consiguiente impulso a la industria del carbón y el decreto para relanzar el oleoducto Dakota Access.

“Llegó el momento”, remarcó Lowe.

“El presidente de Estados Unidos definió que el cambio climático es un engaño y que cualquier concepto en torno al mismo es una falsa creencia y que no hay una clara justificación de que el fenómeno llamado cambio climático exista”, recordó.

Pero mientras Trump “desacreditaba” la legitimidad del cambio climático, 2016 se convertía en el año con la temperatura oceánica más cálida.

“El impacto del calentamiento acelerado de la Tierra, según ambientalistas estadounidenses, está en la costa de Michigan, en el lago Michigan. Hay pruebas de que las consecuencias del cambio climático afectan a todo el litoral, incluida la erosión de las playas a lo largo de la costa de Ilinois. Esos son los hechos registrados”, precisó.

Lowe alertó sobre que la nueva posición de Estados Unidos representa “malas noticias” para el Caribe. Y la postura actual podría significar una reducción de los fondos de ese país al sistema de la Organización de las Naciones Unidas, el principal impulsor de la lucha contra el recalentamiento de la Tierra, alertó.

“Instituciones como la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y el Fondo Verde para el Clima sufrirán el impacto. El Fondo de Adaptación se verá afectado, así como todas las otras actividades que dependen de los recursos donados por Estados Unidos”, señaló.

Lowe subrayó que esta región no puede permitirse “quedar encerrada” por lo que podría pasar o no en relación con los fondos internacionales, y aseguró que su Ministerio y el gobierno seguirán explorando formas de financiar la recuperación costera y los programas de energía verde.

“Estamos listos para hacer lo que sea necesario. Nuestro Ministerio sigue trabajando con nuestros socios para explorar formas de seguir impulsando nuestra agenda climática”, indicó Lowe.

“Le pedimos a los barbadenses de distintos ámbitos que nos ayudaran a adoptar y practicar hábitos que reducirán el impacto del cambio climático pues tiene que ver con el suministro de agua, nuestros esfuerzos de conservación y nuestros esfuerzos de preservación de nuestro entorno alrededor de la isla”, indicó.

De hecho, la columnista de Nueva York, Rebecca Theodore, especializada en cambio climático y energía renovable en el Caribe, dijo que el intento de Trump de revitalizar la industria del carbón en Estados Unidos requerirá más que solo la política dictada por Washington para concretarse.

“Primero, las fuentes de energía renovable como la eólica y la solar son mucho más viables económicamente que el carbón. La demanda de empleo en el sector aumenta, mientras que la del carbón disminuye rápidamente”, dijo Theodore a IPS.

“Segundo, no se pueden ignorar los argumentos morales y las fuerzas del mercado con los que la producción de carbón como fuente de energía se entrelazan. Las emisiones de carbono liberadas por las plantas de carbón son la principal causa de muerte en muchas partes y seguirán siendo un peligro para la salud pública”, prosiguió.

“Tercero, si la Planta de Energía Limpia logra sus objetivos de reducir las emisiones de dióxido de carbono, tendrá que haber una reducción del consumo de carbón”, añadió Theodore.

También señaló que la contaminación de carbón derivada de las centrales eléctricas es la principal causa del cambio climático.

“Si Estados Unidos va a seguir la lucha en el marco de los esfuerzos globales para hacer frente al cambio climático, entonces el objetivo debe concentrarse en el gas natural barato y en la instalación de plantas de energías renovables”, dijo Theodore a IPS.

“Deben de haber opciones para invertir en energías renovables, gas natural y en abandonar las centrales a carbón”, precisó.

A principios de este año, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) dijo que una parte significativa de los 13.000 millones de dólares que prestará este año se destinarán a la agricultura, el cambio climático y las energías renovables.

El director ejecutivo del BID, Jerry Butler, aseguró que las energías renovables siempre fueron un asunto de interés para la institución.

“Vamos a prestar 13.000 millones de dólares, de los cuales destinaremos 30 por ciento al cambio climático, la agricultura y la energía renovable. De hecho, 20 por ciento de ese monto se destinará al continente americano”, indicó Butler.

“Estamos poniendo el dinero donde dijimos que lo haríamos en lo que se refiere a nuestro papel como socio de la Comunidad del Caribe y como socio de las otras entidades que trabajan con nosotros”, arguyó.

Al subrayar el compromiso del BID con la región, Butler precisó que a pesar de que los estados del Caribe oriental no son miembros del banco, a través de préstamos al Banco de Desarrollo del Caribe, los países de esa zona no quedan afuera.

“Por ejemplo, de los más de 80 millones de dólares destinados a la exploración geotérmica, Granada será el primer beneficiario en el Caribe oriental”, apuntó.

“Y nuestro enfoque en el Caribe no cesa, ya sea con programas de financiación inteligente en Barbados, de energía renovable y eficiencia energética en Jamaica o con programas que se conecten o no a la red eléctrica en Guyana, tratamos de hacer todo lo posible para aportar recursos, tecnología, inteligencia y al mismo tiempo las mejores prácticas a todo lo que hacemos en materia de energías renovables”, aseguró.

Butler dijo que el BID cree que la sostenibilidad, la competitividad y la posible creación de empleo en el Caribe pueden destrabarse “si nos concentramos en abandonar la dependencia en los combustibles extranjeros” y nos abocamos a “la producción de su propio tipo de energía autóctona”.

Traducido por Verónica Firme

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Hipocondría

hipocondría

PorAndrés Hoyos

Los colombianos somos hipocondríacos —y hasta paranoicos— en materia de violencia, criminalidad y malos gobiernos. Como nos ha pasado de todo, pensamos que todo nos va a volver a pasar mañana por la mañana. Al hipocondríaco el mal le da antes de que le dé y muchas veces incluso padece los síntomas, porque somatiza sus miedos, es decir, los da por realizados cuando apenas son una remota eventualidad.

¿Que existe la posibilidad teórica de que un candidato afín a las Farc sea elegido presidente en 2018? No, pues, qué horror, Timochenko está ad portas de la Casa de Nariño, hay que hacer algo para detenerlo. La votación del plebiscito, que de entrada puso 6,4 millones de votos largos en contra de esa candidatura, demuestra su cuasi imposibilidad.

La hipocondría se agrava cuando quien asusta a los pacientes sin razón es un médico. Aquí, por ejemplo, tuvimos durante ocho años uno de cabecera, el doctor Uribe, en quien muchos todavía confían porque nos mejoró de una vieja dolencia con su receta de la Seguridad Democrática. No nos curó —eso hay que dejarlo claro—, pero el mal sí bajó en intensidad después de un largo y doloroso tratamiento que, por lo demás, tuvo efectos colaterales severos, como una reelección que casi se nos vuelve crónica, una desmovilización de los paramilitares que fue a medias y atropellada, una dramática serie de casos de corrupción con grandes responsables políticos incursos en delitos y varias políticas más, como el extractivismo a ultranza, que resultaron insostenibles. Todo lo de este médico desembocó en un obsesivo intento de venganza. Entendimos que él no quería realmente curar al paciente, sino volverse su propietario.

Con la llegada del nuevo doctor en jefe, Juan Manuel Santos, pudo por fin tratarse la peor enfermedad del país, la guerra. Este doctor adelantó y concluyó, contra viento y marea y con la incesante oposición de su vengativo antecesor, un proceso de paz que resultaba indispensable si el paciente había de curarse. No dejó de haber complicaciones, entre otras, porque el nuevo doctor en jefe tuvo menos éxito en otros tratamientos que prescribió, hasta el punto de que hemos padecido severas recaídas y nos hallamos en un estado de debilidad que no nos ha permitido iniciar con fuerza la recuperación prometida.

Habrá, por virtud del sistema democrático, un nuevo cambio de médico en jefe el 7 de agosto de 2018. No se sabe aún quién será, aunque circulan hojas de vida, algunas de ellas muy preocupantes. El doctor Uribe de marras quiere regresar al cargo por interpuesta persona y es en parte por ello que alimenta nuestra hipocondría profiriendo mentiras y exageraciones sin tregua. Insiste en que nos tomemos un remedio para evitar un mal llamado el castrochavismo, pese a que no solo ya estamos vacunados contra él por la tragedia que vive a diario Venezuela, sino que la experiencia internacional prueba que el remedio ofrecido es tóxico. Al doctor Uribe esto no le importa: su idea es trincarnos y embutirnos la pócima, la queramos o no.

La sospecha es que hay por ahí una legión de médicos perversos que no solo no quieren curarnos, sino que hacen todo lo posible para que sigamos enfermos y sobre todo para que nunca dejemos de ser hipocondríacos, pues en ese momento perderían el poder que tienen sobre nosotros y comprenderíamos que en realidad no son otra cosa que matasanos.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

Almagro

 

Agenda

agenda

Por Dulce María Tosta

La acción para salir del régimen que nos agobia y recuperar la libertad, requiere de una agenda clara y pública que refleje el sentir de la ciudadanía y no el interés de grupos o partidos. Hasta el momento, han sido las organizaciones políticas quienes fijaron el derrotero, pero la sociedad venezolana es mucho más que ellas y está organizada en infinidad de estructuras que, en su conjunto, expresan el sentir nacional.

Más del ochenta por ciento de la población quiere cambiar de rumbo, reencontrarse con la prosperidad y la movilidad social que fueran estandartes de la Venezuela de ayer, pero infinidad de errores y despropósitos de la oposición han sido la bitadura del régimen, su aliento vital, solo contradicha por las propias torpezas gubernamentales, al punto de montar el curioso caso de un régimen que hace de todo para caerse y una oposición que no pierde oportunidad para impedirlo.

El País es mucho más que su estamento político; los hombres que mueven la agricultura, la industria y el comercio son los que producen la riqueza, los que hacen que su Producto Interno Bruto (PIB) se expanda o reduzca y, en definitiva, marcan el tamaño de la prosperidad.

 

Si queremos despertar de esta larga pesadilla, es menester que las fuerzas que se oponen sinceramente al socialismo del siglo XXI, se sienten alrededor de la misma mesa y propongan un plan concreto de País, con consideraciones de orden económico, político y social que le expongan al colectivo, no solamente el camino para salir de la dictadura, sino también lo que haremos una vez logrado ese objetivo fundamental.

 

Es indispensable apuntar algo, antes de entrar en otras consideraciones: proponer elecciones con Maduro en Miraflores y Tibisay en el CNE, es un acto de absoluta irresponsabilidad y una muestra del carácter burocrático de nuestros partidos, quienes alegan como necesidad de ganar espacios lo que no es otra cosa que la procura de empleo para sus activistas.

En el plano político es prioritario fortalecer la democracia y hacer verdad tangible que la soberanía reside en el pueblo. El ciudadano debe convertirse en elector y no en simple votante por candidatos elegidos por otros; todos los cargos de elección popular, desde el de Presidente de la República hasta el de Concejal, deben ser sometidos a elecciones primarias, de manera tal que haya un vínculo entre el elector y el elegido y no simplemente entre el cacique político y el favorecido.

Es menester eliminarle al CNE su carácter de poder electoral y devolver ese poder a la ciudadanía; plasmar la no reelección absoluta y desechar la votación electrónica, que permite fraudes de incalculables dimensiones.

En lo económico, se debe atender a la pronta recuperación de nuestra agricultura y de la industria petrolera, abriéndose esta última urbi et orbi, ajena a nacionalismos trasnochados y populismos absurdos; la explotación de nuestras bellezas naturales mediante el turismo; la eliminación de la inamovilidad laboral y una vigorosa política de empleo y trasiego de empleos improductivos en las nóminas del Estado a productivos en la empresa privada.

El proceso de recuperación del País será muy duro y posiblemente traumático; será preciso recuperar los valores republicanos, atacar el hambre, y hacer posible que los más pobres puedan acceder a los insumos básicos sin que ello signifique regalo, que empodera a quien lo da y envilece a quien lo recibe.

Todos debemos participar en un plan de acción para recuperar nuestra Venezuela. Hay que actuar de manera tal que desaparezca de la mente de las grandes mayorías la creencia de que son espectadoras de un pleito entre políticos y de su eterno afán de arrimar las brasas para su sardina.

Es preciso insuflar a todos el espíritu de la unidad nacional; pero no la unidad como slogan de campaña o monograma de una determinada tendencia política. La unidad que hoy se requiere es la de sentirnos hermanos, hijos de la misma Patria, paridos por una madre común, con un destino colectivo y con una impostergable e ineludible obligación que cumplir: luchar a brazo partido para no convertirnos en apátridas.

turmero_2009@hotmail.com

@DulCeMTostaR

http://www.dulcemariatosta.com

8 de abril de 2017

La grieta

grieta

por Andrés Hoyos

Se está abriendo una grieta en el edificio del chavismo, que podría (o no) dar al traste con el régimen. Aunque el desenlace dependerá de factores en extremo inciertos y volátiles, la velocidad de la película aumenta con cada día que pasa.

Hasta donde se sabe, ellos han mantenido siempre y a toda costa la unidad, al menos de cara al mundo. Pese a que mucho se ha especulado sobre facciones internas, estas tan solo afloraron a medias el 6 de diciembre de 2015, en la noche de las elecciones para la Asamblea Nacional. Pasaban las horas y nada que la inefable Tibisay Lucena leía boletines oficiales, con el consecuente aumento de la temperatura y la presión. En una de esas salió por televisión el ministro de defensa, el general Vladimir Padrino López, rodeado de la cúpula militar, y dio una vacua y desconcertante declaración de apoyo y protección al resultado electoral. La sospecha desde entonces es que Diosdado Cabello y sus malandros querían hacer fraude y que los militares no lo permitieron. Al final se supo que la oposición había ganado por una mayoría abrumadora.

Esa vez la grieta pudo ser subsanada, o así parecía, hasta que el pasado jueves 31 de marzo el recién nombrado presidente del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), Maikel Moreno, un homicida condenado, que por eso mismo no podría ser magistrado en ningún país serio del mundo, hizo público un fallo mediante el cual cesaba a la Asamblea Nacional y retiraba el fuero a sus miembros por supuesta traición a la patria. Hasta ahí todo iba según la tónica de la confrontación. Sin embargo, al día siguiente, la fiscal general Luisa Ortega, una chavista de racamandaca que está en funciones desde 2007 y que es responsable, entre otras, de enviar a prisión a Leopoldo López, leyó en medio de aplausos y risitas una declaración en la que denunciaba que la medida del día anterior implicaba un claro rompimiento del hilo constitucional. Todavía más inusitado fue que a las veinticuatro horas el TSJ agachara la cabeza y echara atrás la medida. Hoy está claro que sus miembros intentaron un golpe de Estado y que en un país normal serían procesados por ello.

Es, pues, ineludible suponer que hay peleas casadas al interior del chavismo. Se perfilan al menos dos campos: el de Maduro, con su mujer Cilia Flores y Cabello a la vanguardia, y otro que ahora solo se conoce por Luisa Ortega, pero que debe de incluir como mínimo al ministro de defensa y a un grupo grande de militares, porque si la fiscal hubiera actuado sola, habría ido a parar a la cárcel de inmediato. Se dice que Luisa Ortega ha venido rompiendo con Cabello, su aliado en el pasado, y también que ella y Cilia Flores no se pueden ver.La grietaropone una vieja idea política que las verdaderas oportunidades surgen cuando un régimen no tiene más remedio que cambiar. Mientras se mantenga unido, lucha en su contra se endurece y suele tener pronóstico reservado. Hoy el chavismo se contorsiona porque quiere y no quiere cambiar, pero la grieta está abierta. Si la oposición despierta de su letargo, por darle un nombre suave al increíble cúmulo de yerros cometidos en 2016 con el revocatorio, la grieta se podría convertir en un boquete. De todos modos, el régimen no tiene ninguna solución a la mano. Destruyó el aparato productivo y el sistema de distribución, y no puede arreglarlos sin dar reversa en casi todas las decisiones arbitrarias que ha tomado en los últimos diecinueve años.

andreshoyos@elmalpensante.com

¡Plop!

 

plop

Por Andrés Hoyos

El sonido del título era lo que más se oía el viernes pasado en la Casa Blanca cuando unos vándalos de extrema derecha, antes conocidos como el Tea Party y a estas alturas reencauchados como el Freedom Caucus, se aparecieron con alfileres y empezaron a reventar los globos de la fiesta que Trump tenía preparada para celebrar su primer gran triunfo legislativo, la revocatoria del Obamacare, para reemplazarlo por un simulacro cruel que prometía despojar del seguro de salud a 24 millones de americanos, más que todo pobres y viejos. Sobra decir que la seguidilla de ¡plops! no le hizo la menor gracia al payaso en jefe.

Si ahora nos pasamos al boxeo, puede decirse que en ese momento Trump recibió un recto de extrema derecha al mentón y sufrió un aparatoso knock-down en el primer asalto, con cuenta de protección incluida. Esto no significa que haya perdido la pelea y ya saldrá a contarnos cómo va a pulverizar a sus oponentes en los rounds siguientes, en particular a quienes esta semana lo humillaron en el ring del Congreso. Claro, la idea es repetir el cuento de Rocky que, vale la pena recordarlo, es una película del odiado Hollywood de los republicanos, no una perspectiva realista en Washington, ciudad llena de guerreros curtidos y mañosos.

Como primera reacción a su derrota, Trump dijo que se iba a sentar a esperar el colapso del Obamacare. Impresiona que nadie menos que el presidente de Estados Unidos diga que le da igual la implosión del sistema de salud del país. Es una marranada. Lo que ya raya en el delirio es asegurar que nadie lo va a culpar por el desastre. ¿De veras? Hombre, le echarían toda la culpa, entre otras cosas porque los ilusos que lo eligieron en noviembre pensaron que lo hacían para que gobernara, es decir, para que arreglara problemas y propusiera salidas, no para que se sentara, copa de champaña en mano, a contemplar incendios. Pero no, Trump se está contagiando del espíritu de Nerón que, según la leyenda, se puso a tocar la lira mientras Roma ardía. Algo me dice que el moderno émulo de Nerón puede terminar en un juicio de impeachment.

El segundo round que se avecina, la reforma fiscal, ya se perfilaba difícil y ahora se complica más, pues el plan original consiste en reducir los impuestos a los ricos, al tiempo que se aumenta el gasto militar y se reduce el déficit fiscal. Para lograr esto último, Trump contaba con el proyecto de ley que acaba de hundirse y que hacía cuantiosos recortes al gasto, muy en particular a la salud. De modo que la cuadratura de ese círculo tampoco se va a dar. De entrada, puede decirse que la versión más radical de la reforma fiscal, que implicaba volver a redactar desde cero el estatuto tributario americano, se verá reemplazada por algo mucho más modesto. ¿Volverán los anarquistas del Freedom Caucus a insubordinarse y a exigirle al presidente concesiones que, por el lado opuesto, le quitan los votos de los republicanos “moderados”? No es imposible, aunque eso implicaría no ya dejar que ardan algunos barrios de Roma, sino que se incendie el propio palacio del emperador.

Ese método de gobernar sin transar y sin tomar prisioneros, esa manía de amenazar a los rivales con la ruina si no obedecen sirven en la subida, pero se vuelven en extremo peligrosos para el propio gobernante cuando fracasan, como acaba de fracasar Trump en el Congreso. He de decir que se siente un fresquito…

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

El globalismo, sus otros, y quienes cuentan el cuento

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Por Aldo Mazzucchelli

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Brexit y Donald Trump resultan, en determinado sentido que buscaré describir, los primeros hechos históricos contundentes desde la caída del Muro de Berlín. Cuando Francis Fukuyama anunció, con tonos de un hegelianismo melancólico, la llegada del “fin de la historia”, tuvo algo de razón, como se ha discutido aquí hace tiempo ya. En lo que no la tuvo es en la creencia de que la historia había muerto. Hoy vemos que estuvo más bien narcotizada, aletargada, y que junto con un aparente relanzamiento de la historia va un renacimiento de la política en todas partes. En el modo más abstracto, se puede decir que este relanzamiento ocurre debido a que, en lugar de haber una cosa sola (capitalismo rampante que comenzó a expandirse por todo el planeta y, al mismo, tiempo a concentrarse a niveles ecuménicos), como ha habido desde que terminó el “socialismo real” –ahora pareciera haber (al menos) dos: globalismo (o cosmopolitismo) y la persistencia en un localismo cultural que busca defender nociones de ciudadanía ligadas a la modernidad, al estado nación, a la cultura específica, en fin, de un lugar y una lengua. Algunos (especialmente los globalistas) prefieren calificar, a lo que yo llamo “localismo cultural”, de nacionalismo, pues retóricamente llamar a alguien de nacionalista es casi insultarlo a esta altura. Otras veces no se toman el trabajo de ser educados y le llaman, lisa y llanamente, racismo y fascismo. Creo que es un disparate de ignorancia. Pero en fin, mi decisión de no emplear ese término no responde a la necesidad de defender a quienes se opongan al globalismo, sino a un intento de evitar que sigamos malentendiendo de qué se trata esta nueva gran división. Anticipo aquí: la nueva división no reproduce, ni siquiera de modos nuevos, las viejas divisiones políticas entre izquierda y derecha, o entre fascismo y liberalismo. Es como si se hubiese producido de golpe un cambio de ejes polares y muchas de nuestras antiguas nociones categoriales hubiesen dejado de funcionar, de marcar el norte. En ambos campos vemos, mezclados, símbolos de izquierda con políticas de derecha, y métodos fascistas revestidos de un discurso ultraliberal.

Mi propósito no es proclamar la superioridad de una visión o ideología sobre otra, sino exponer las razones de la aparición y orientación general de cada campo, y la dinámica que entre ambos se viene creando. Pienso que solo es posible pensar una humanidad en donde ambas tendencias convivan de la mejor manera posible, y que es responsabilidad de ambos campos empezar por entenderse mejor a sí mismos y entender mejor al otro. Cada una de las dos visiones está conectada con intereses a menudo distintos (aunque muchas veces no opuestos sino complementarios), y el error (clásico) de cada una de ellas es ignorar la existencia del otro, ningunearlo, o subestimar la importancia de su mundo y su cultura.

¿De dónde salió la ideología que llamamos globalismo? En breve, es un resultado humano de la mejoría económica general que trajo la globalización. Cuando, en estos tiempos, una nación mejora sus niveles de riqueza, su estructura económica frecuentemente se hace más compleja y diversificada, por un lado; por otro, aumentan sus vínculos con las demás naciones a través del comercio, el estudio en otro país, el turismo, y los intercambios culturales de todo tipo. También, a menudo, un aumento del nivel de riqueza de una nación va de la mano con un aumento del nivel educativo de una parte de su población. Desde 1989 hasta ahora, y como resultado de la globalización, el avance en la riqueza material de muchas de las naciones occidentales ha sido apreciable. Los fenómenos de mayor división del trabajo, mayor complejidad administrativa y organizativa, y mejora del nivel educativo (por ejemplo, aumento del manejo de más de una lengua por parte de la población) han traído a la escena ya dos o tres nuevas generaciones de gente con, entre otras, las siguientes características: (a) es población urbana que ha encontrado sus oportunidades de trabajo y crecimiento en las ciudades; (b) es población de mayor nivel educativo formal, generalmente con manejo competente de inglés; (c) es población que se conectó antes que los demás a la tv cable, y luego a internet, y que organizó su comunicación y acceso al mundo primariamente a través de estos medios, inherentemente globales; (d) es población que viaja más que antes, desarrollando vínculos alrededor del mundo y no solo ni a veces primariamente en su lugar de nacimiento o residencia principal; (e) es población que, debido a que ha adoptado un modo de vida que requiere gran movilidad y un nivel de incertidumbre laboral mayor, ha adoptado modos de vinculación (tanto en términos de pareja y comprensión de la sexualidad, como de amistad) más flexibles o libres que los grupos más tradicionales.

Debido a su experiencia del mundo, este tipo de ciudadano tiende a tener determinado sistema de valores y creencias que es bastante reconocible en su formato general, pese a que admite infinidad de matices. Es un ciudadano que tiende a enfocarse en contenidos y posibilidades globales, más que locales. Ha comenzado (hace ya tiempo) a percibir los proyectos de estado nación como anticuados, pues se da cuenta de que no se corresponden con los flujos reales de la economía y los intereses que a él lo sostienen, que cada vez menos parecen responder a delimitaciones fronterizas, y más a corporaciones, organismos burocráticos internacionales, y formas de propiedad difusas, colectivas y móviles.

 

Es, también, un ciudadano que, debido a que vive más “en el mundo” que en el lugar donde esté enchufando su notebook, se desinteresa a menudo de los detalles de la vida local. No ve a sus vecinos como gente particularmente relevante para él. Sus intereses y sus referencias están a menudo desconectados del espacio que habita. Se representa a sí mismo como una mónada libre que debe poder desplazarse, cambiando de casa, de ciudad y país con flexibilidad y rapidez, si oportunidades de trabajo u otras así lo reclaman. Ligero de equipaje, tiende a preferir una existencia libre de estorbos. Se refuerza así esa progresiva desconexión de la gente que lo rodea, y de cosas que considera insignificantes o “provincianas”, como el barrio, la ciudad o el mismo país que, de modo azaroso, ahora habita. La suerte de sus “conciudadanos” probablemente le importe menos que cosas aparentemente más amplias y grandiosas, como “el futuro de la especie”, o el “cambio climático”, o las posibilidades de que la ciencia dé jaque mate a la muerte, o de que podamos comprar en un futuro próximo pasajes para irnos a vivir a Marte (Elon Musk está en eso. Yo no me lo tomaría en broma).

Debido a esta forma de estar en el mundo, le resulta más conveniente organizar su vida en torno a opciones a menudo estandarizadas. Lo más práctico es alquilar un departamento amueblado, mes a mes. Si se posee un lugar, hay determinadas formas estéticas que se vuelven conspicuas. Un minimalismo calculado es la opción más práctica, pues se precisa poco para vivir solo buena parte del tiempo y siempre conectado. Sin embargo, también a menudo opta por un deliberado eclecticismo que mezcla toda clase de objetos exóticos en un mismo ambiente, realizando así en la materia lo que ya ocurre en la cabeza del globalista, que tiende a relacionarse con la cultura mayormente por la vía de una curiosidad ávida, capaz de pasar sin mayores consecuencias entre los objetos más diversos, despojándolos de las razones profundas que los llevaron a existir de ese modo en su cultura de origen. Es decir, no ve a los objetos como orgánicos de una cultura específica, sino como restos del esparcido naufragio de todas las culturas. A menudo opta (tanto en el amoblamiento como en la comida o en los valores humanos) por soluciones precocidas de un “buen gusto” inefable y mundial. Las dimensiones del mercado uruguayo no alcanzan como para que aquí esté la multinacional sueca Ikea, pero quienes la conocen podrán entender con precisión a qué me refiero: grandes almacenes de toda clase de artículos para el hogar, en donde uno puede, gastando relativamente poco tiempo, hacerse de muchas cosas bien diseñadas pero no caras, para alhajar un departamento en una semana, sintiéndose además integrado y representado por los signos cool (y “europeos”) de un diseño de alma global: funcional, pero indiferente a materiales y hábitos locales.

Sus valores son pues, en general, parecidos a sus muebles –sin que con esto quiera criticarlos: tienen que ver con lo que le sirve y mejora la vida de alguien sin lazos comunitarios, que confía en su propio poder para sobrevivir solo, y que espera y siente que es solidario y forma parte de una suerte de movimiento gigantesco de la especie hacia horizontes nuevos, en donde las viejas definiciones de sujeto, ser humano, sexo, raza, clase, nacionalidad, y todas las formas de sociabilidad y colaboración basadas en compartir un espacio pierden centralidad. De hecho, el globalista reconoce como espacios básicamente dos: uno, el globo (o, mejor dicho, el cosmos entero); y dos, la pantalla de su notebook, en donde puede representar visualmente cualquier espacio moviendo la punta de sus dedos. El maravilloso Google Earth es la metáfora de esta nueva espacialidad.

Este tipo de ciudadano guarda con los distintos niveles de las organizaciones de gobierno relaciones también novedosas respecto a lo que fue considerado normal en el proyecto moderno. Para decirlo rápido: la política nacional prácticamente no le interesa, salvo en cuanto perciba que alguno de los temas de su agenda podrían tener impacto en este nuevo modo de vida desespacializada y mundial (de ahí la virulenta reacción a la prohibición de entrada a determinados viajeros que intentó imponer Trump. Lo que se estaba violando no era tanto ni solamente a un grupo étnico o nacional u otro, sino al presupuesto de la libertad ilimitada de movimientos y la noción de una ciudadanía global como derecho). La referencia del globalista, pues, ya no es un “gobierno nacional”. Para empezar, a menudo no vive en el país del que es ciudadano legal, en cuyo caso no puede votar en el país que habita, y a menudo mira la política local con un ojo solo atento a lo que pueda afectarlo, que salvo los impuestos, y eso dependiendo de los regímenes tributarios en vigencia con su país de origen, generalmente es muy poco. Pero además, a menudo conoce demasiado bien que quienes marcan la agenda y controlan discursos y decisiones no son los gobiernos nacionales, cada vez más comprometidos por la financiación de bancos y organismos financieros multinacionales, y por la necesidad de satisfacer los intereses de las corporaciones lejanas de las que dependen las grandes inversiones. Todo esto lo aleja de la res pública.

Finalmente, quizá el rasgo más extraño pero fundamental del globalista, es su alejamiento de la naturaleza. En principio, es el más entusiasta defensor de toda forma ideológica que conciba a la técnica como una segunda naturaleza destinada a reemplazar a la vieja naturaleza “clásica”, digamos. Despegado de la materia y apegado a la virtualidad, a la representación, el globalista no tiene en mucho la vieja concepción romántica del mundo. Sean cuales sean sus gustos artísticos, es el antiromántico por excelencia al menos en un rasgo central, que es haberse jugado por la superación de lo natural, en cualquiera de sus formas. No solamente le interesa obviamente más la vida en Marte que la vida en el campo, sino que tiende a parecerle natural que cosas antes tan obviamente biológicas como el sexo pasen a ser meras cuestiones de “autodefinición”. Le tiene sin cuidado si la gente va a tener cuerpo o no en el futuro (tiende a pensar que no, y que si tiene alguno, será un cuerpo de diseño, cibernético, intercambiable, desechable. De hecho, sus proyectos de inmortalidad, hoy por hoy, pasan por lograr que la conciencia sea capaz de abandonar un cuerpo y sobrevivir en otros). Es por eso que se siente como pez en el agua en el nuevo mundo de las reivindicaciones identitarias que van arrasando, rápida e implacablemente, todo vestigio de “derecho natural”, sustituyendo estos por derechos definidos a partir de la presión política y la campaña de movilización y retórica a nivel social, combinadas.

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Nos basta con estos rasgos apurados para darnos cuenta de que este ciudadano no es ya, en ningún sentido importante, el ciudadano de una república democrática moderna. Sin embargo, como todo ser humano, no solo de pan y dólares vive, sino que precisa narrativas que cumplan con los rasgos básicos de toda narrativa: que sean suficientemente interesantes en el presente, dando sentido y apariencias de orden a la complejidad en que se mueve, y que alimenten sus prospectos de futuro al tiempo que dan algún tipo de estabilidad a su pasado. Para esto tenemos una monumental oferta. Series y películas para consumir en la pantalla de su notebook, aparato de televisión HD o (muy raramente) en una sala de cine, que cuentan incesantemente una historia que transcurre en cualquier parte, y cuyos rasgos acentúan sin cesar ideas generales de solidaridad humana, de avance individual, de logro, con independencia de las diferencias de origen, edad, género, intereses, lenguas. Toda historia es una metáfora de lo que “me podría estar pasando a mí”, y todo telespectador globalista está ya muy entrenado como para hacer abstracción de los detalles locales y entender el mensaje básico: vivas donde vivas, la cultura local es mera cosmética. En lo básico, vivimos en un mundo “único”. Los detalles de cultura local aparecen en el guion a lo sumo como “notas de color”, confirmando que el mundo, por más grande y diverso que parezca, es básicamente un lugar bastante previsible y seguro, por cuanto su representación se ha agotado en un orden comprensible. Que este orden reduzca a la invisibilidad cuanto pueda haber de realmente distinto (y potencialmente amenazante) en una cultura u otra, es un hecho tan obvio como oculto. ¿Cuántas películas o series que transcurren en Arabia Saudita en donde el drama incluye dos o tres ablaciones de clítoris ha visto usted en su vida? Ninguna. Tampoco una de gauchos borrachos que deambulan buscando changas en sus motitos chinas. Esos detalles son demasiado locales y demasiado poco glamorosos, o demasiado ríspidos, para que, digamos, CNN admita representarlos para nosotros. El mundo es un lugar grande y a la vez muy cercano, todo comprensible y en donde todo el mundo habla inglés, un lugar cursi, pero esperanzador y grandioso –si bien siempre, también, amenazado de tsunamis y terremotos, hambrunas y guerras. Y para cada una de las catástrofes existe un website donde uno puede colaborar y “hacer una diferencia”, poniendo dinero. Estas organizaciones de caridad global son, sin excepciones pues así está estructurado el negocio, espónsores de las cadenas televisivas en donde se ofrecen a paliar el sufrimiento de tantos innombrados.

En fin, esta narrativa incluye también un grupo de “líderes globales” siempre admirables y cada vez menos criticados: Barack Obama y Angela Merckel, más quien sea que ocupe el cargo de líder de la China, junto al Papa Francisco lideran el podio, con unos cuantos aspirantes de menor nivel de centralidad que aparecen y desaparecen (el Primer Ministro canadiense Justin Trudeau tuvo sus 15 segundos de fama hace poco). Como complemento a ese orden terso de las celebrities de la globalización, tenemos también los monstruos y los Pingüinos requeridos, generalmente líderes de países que no comulgan con este orden globalista, como Vlad Putin, o el archimonstruosovioladordemenoresracistaysexista Donald Trump, terror impensable del orden globalista, que lamentablemente para ese discurso único, viene a ocupar, absurda, inexplicable y curiosamente, el puesto más poderoso.

 

El rasgo fundamental de toda esta representación global del globalismo es que reclama el monopolio de la verdad, sometiendo a un verdadero apagón representativo al resto de la humanidad. Es decir, no solo a los famosos proletarios sin trabajo del rust belt yanqui, o a los proverbiales granjeros del medio oeste armados a guerra en sus solitarias y arcaicas farms, sino a los mil y pico millones de chinos que no pertenecen a la nomenklatura, más los mil millones de hindúes, más los miles de millones de africanos, asiáticos, latinoamericanos, que no tienen nada que ver con el glamour del capitalismo liberal, más los millones de europeos que están hasta la coronilla de inmigrantes que exigen que las culturas locales respeten su cultura y sus valores (pero no al revés).

La lista de los que no salen en las grandes cadenas salvo como fieras de circo, enjauladas y emperifolladas como “diversas”, es verdaderamente inmensa. ¿No le llama a usted la atención que casi ningún discurso sea realmente sobre esos miles de millones?

El apagón en la representación de todos esos “otros” de la globalización viene cubierto por una notable euforia, y por un estado de aparente perfección informativa, finalmente alcanzada. Aparentemente, hoy aún hay muchos medios y todos compiten entre sí en busca de la verdad. Lo extraño es que, a diferencia de cualquier tiempo anterior, en el cual quienes competían en busca de la verdad llegaban todos los días a verdades en conflicto, a interpretaciones contradictorias, ahora la verdad es simple y es una sola. Uno puede moverse de BBC al New York Times, de CNN a FOX, de MSBC a The New Yorker o a The Guardian, y de cualquiera de estos a El País de Madrid o a El Observador, y será como si no se hubiese movido nunca. En todos lados le dirán exactamente lo mismo. Quiénes son los malos, quiénes los buenos, cuáles son los temas de agenda, y de qué está prohibido hablar o pensar o sugerir siquiera. La realidad, que equivale según este discurso a la verdad, que equivale a lo que sea que elija seleccionar y decir este pool de grandes medios, es notablemente abstracta e incomprobable. Todo lo que se nos ofrece son esquemas gigantes ocupados, de un lado, por los buenos que están conduciendo al mundo a su luminoso futuro tecnocientífico, cyborg y “espiritual” a la vez, y del otro lado los tontos, malos y feos que no entienden el futuro, o que se oponen a él porque son tontos, malos y feos.

(Nótese que en los párrafos anteriores no estoy criticando al globalista, sino a los medios de comunicación y al discurso patético que emiten sin cesar. Es perfectamente posible concebir una globalización mejor representada que esta).

El globalista tiene muchas ventajas en este momento, siendo claramente, cada uno de ellos, un miembro de un inmenso cardumen de pececillos cuya ilusión es que son todos increíblemente distintos entre sí, perfectamente adaptados todos, y muy requeridos de estabilidad, comunicación, movilidad. Dado que no tienen comunidad cercana ni países a los que redimir, han elegido adoptar conceptos redentores globales: la raza, el género, con los que cualquiera, en cualquier lugar, pueda sentirse identificado. Creo que el único talón de Aquiles de esta forma de estar en el mundo es su carácter irremediablemente desconectado del mundo de la producción. Es verdad que entre estos seres humanos hay un grupo de ingenieros, operarios calificados y administradores que sí participan de los procesos directos de modificación de la materia (montando una fábrica textil en India, soldando generadores eólicos esta semana en Uruguay, la que viene en Singapur, controlando al personal de una plataforma petrolera, o haciendo prospección de minerales en la sierra peruana). A ellos, alguna determinada realidad material y local se les resiste. Pero en lo que hace al resto, viven en mundos mayormente simbólicos y desespacializados, sin rozar con ningún agente natural u hostil, sin ver animales más que en Animal Planet. En su mundo cotidiano la única negatividad que existe es la del control de productividad al que se han sometido voluntariamente. Es decir, no se les opone nunca un pedazo de madera, un mineral, el clima, el cansancio de los que trabajan manualmente y que condicionan el propio rendimiento. En cambio, todas sus representaciones, los números que manejan, las leyes con las que intentan moverse, los tratos comerciales y las decisiones estratégicas de las que participan, tienen efectos a menudo muy lejanos, desconocidos de hecho. Empleando términos en desuso, nuestro globalista de hoy es un ser profundamente “alienado”. Ese defecto en términos de autonomía (a menudo no sabe hacer nada, desde cocinar hasta arreglar cualquier desperfecto, e ignora la realidad de los miles de procesos subyacentes que, cada mañana, le proveen su comida, su vida y su energía) es compensado por una casi irracional soberbia representacional. Cree que todo lo que existe, aunque afecte y a veces mate a miles de sus congéneres, es algo que tiene la liviandad de una mera combinación de signos.

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Esta reorganización de las sociedades no estaría completa si no tuviésemos en cuenta a la población que no aumentó su educación formal (lo cual no quiere decir que no estén educados de otro modo, pero este es un asunto en el que no se puede entrar ahora); que no trabaja en servicios de complejidad, ni en compañías ni en organismos burocráticos transnacionales, ni en ONGs dedicadas a fortalecer el nuevo orden mundial; ni en el turismo, la cooperación cultural, ni la educación superior. Incluso, a veces, ni siquiera viven en una ciudad. Probablemente a esta altura están tan conectados como los globalistas, y viajan un poco más que antes (aunque no tanto como los otros). Puede que manejen lenguas extranjeras. Puede, incluso, que sean extraordinariamente cultos. Lo que los define, sin embargo, es que sienten que la razón de su vida depende de un orden local o comunitario, y que aún no han perdido del todo algún contacto con lo natural y la naturaleza. Dijimos que los intereses del globalista están desconectados del espacio que habita. En el caso de quien está más sintonizado con una cultura local, es al revés. Se definen más como pertenecientes a su comunidad de origen (con sus valores y costumbres, sus limitaciones y a veces insondables profundidades incomunicables), y no con un “orden mundial” más o menos abstracto.

Para este grupo, al estar centrado en una geografía y en unos sistemas de valores comunitarios de cuya aplicación depende más o menos su bienestar, el fenómeno de miles de inmigrantes inundando su zona es un tema relevante, y es natural que sea así. No por racismo, como los representan a menudo los globalistas, sino porque sienten que quienes vienen deberían adaptarse a los valores y costumbres de aquellos que los reciben en sus casas, negocios, instituciones, iglesias o escuelas. La constatación de que no siempre es así (y el empecinamiento de políticos y grupos de presión que responden al globalismo para ningunear estos hechos evidentes) despierta reacciones de rechazo que, en mi opinión, sería un error reducir a racismo o xenofobia. Se trata del derecho de una comunidad a defender sus tradiciones y su cohesión. El mismo derecho que tienen los inmigrantes a defender sus tradiciones. Solo un nivel aumentado de comprensión mutua ayudará a mejorar las cosas.

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Los globalistas han representado al grupo de los localistas culturales como “perdedores” de la globalización. Sin duda, ellos (pues los globalistas son los que, abrumadoramente, nos representan a todos) se sienten los ganadores. Hillary Clinton (una de las peores representantes de cualquier cosa que cabe concebir, y que lamentablemente se apropió de la representación de los globalistas en la última elección norteamericana) llamó a estos otros, a los localistas culturales, “basket of deplorables” (el canasto de los deplorables) en un acto durante su última campaña electoral. Este basket of deplorables, no existe sin embargo para el discurso hegemónico, el que está hecho para el consumo y es, por tanto, ocultador de cualquier segmento de mercado no interesante por sus dimensiones, su dispersión, su pobreza, o a veces su reflexividad para no aceptar inmediatamente ir a consumir todo lo que se le ofrece. El localismo cultural no es representado ni tiene voz, en esos grandes medios controlados por el poder corporativo, para representarse. Nunca una “mayoría silenciosa” fue tan evidentemente silenciosa. El problema con este grupo es, pues, que lo representan quienes (equivocadamente) se sienten sus enemigos. Para el o la joven que ha conseguido, por ejemplo, empleo en una empresa multinacional, y habiendo aceptado los valores que la fase actual de la modernidad impone como los más deseables (dinero, libertad individual, movilidad, ascenso simbólico ante el público gracias a títulos y logros), está decidido a “hacer carrera”, toda esa gente que no habla su lengua ni es hipster, no comparte sus valores ni su uso del tiempo ni sus creencias (las que más o menos sutilmente divulgan desde Hollywood y Netflix a la BBC, digamos), es vista como una amenaza. Para él o ella el mundo es uno solo, el camino es uno solo, y todos quienes se resisten deben ser calificados inmediatamente de retrógrados, nacionalistas, fascistas, sexistas, y racistas. Tal parece que no es posible, no es concebible ya, tenerle un amor simple a lo propio, un amor que no es contra nadie. No está representada como legítima la posibilidad de pensar que, si bien algunas cosas producidas en China son más baratas y más prácticas, otros objetos nuestros, más caros o trabajosos, son mejores para nosotros. Son otros objetos, que simbolizan otros modos de vivir, de usar el tiempo, de empujar las cosas para que no vayan meramente a donde el mercado, el capital y cierta practicidad abrumadora los lleve.

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Creo que esta falsa representación de mucho más de media humanidad es un estado de cosas lamentable que merece un cambio. Y creo que estos son los tiempos en que por primera vez la cesura se ha hecho clara para muchos. En la “mayoría silenciosa”, los no globalistas y no representados, hay mucho capital humano que, sin duda, ha perdido dinero y posibilidades con los modos en que la globalización se impuso a las naciones y las culturas. Digo se impuso, aunque haya parecido deseada en muchas instancias. También el cigarro es malo, y una maquinaria publicitaria inmensa lo hizo deseable durante muchas décadas. Hay que desconfiar de lo que parece obvio. Pese al optimismo rampante (y a menudo tan fanático como ramplón) de los defensores vocacionales de la globalización, creo que el mundo así descripto, siendo mejor económicamente que antes, es claramente peor en algunos puntos a tener en cuenta. Por ejemplo, en el mundo anterior, a los perdedores se los ayudaba, se les prestaba atención. En este, tal parece que lo mejor es pegarles en el piso, llenarlos de epítetos, y echarles la culpa de no se sabe qué. En el mundo anterior, la legitimidad de los sistemas de gobierno estaba más claramente ligada a las decisiones y el control de los ciudadanos, mientras que en este tal parece que no hay ningún gobierno salvo el deseo de las multinacionales y la banca global. Y que la política está crónicamente enferma de corrupción, en la medida en que los votantes saben que los gobernantes no tienen casi ninguna soberanía efectiva, y los gobernantes sienten que están en un puesto falso, hueco y de una precariedad moral asombrosa, en donde dado que no hay otro valor que el lucro, lo único que queda es robar y mantenerse en el poder a como dé lugar. Para completar, la justicia y los organismos de control del estado cada vez más parecen “sensibles” al poder de turno –es notable como en Brasil y en Argentina, por ejemplo, hasta el día de las elecciones, según la justicia, todos los gobernantes eran honestos, y a partir de la elección, según la misma justicia, todos los gobernantes que el día antes eran honestos, resultan una banda de ladrones.

En el mundo anterior, finalmente, educarse significaba entrar en un sistema de valores controlado por quienes nos habían dado la vida y el lenguaje. En este significa entrar en un sistema de valores anónimo, estadístico y maquinal, de lenguaje editado por las burocracias, sin amor constatable y legitimador, dictado lejos, aplicable en general, y sin las recompensas ni los castigos reales de la cercanía. Es un mundo cuantitativamente más “libre”, acaso. Pero es esa una libertad distópica, sin pathos y de hecho aburridísima, jugada a la distracción obsesiva y el tirar la pelota para adelante.

 

Pero además, no todos son “perdedores”, ni mucho menos. Llamarles perdedores y reducirlos a la economía no sirve para explicar fenómenos aun “inexplicables” para los periodistas que organizan el ramplón y ridículo discurso hegemónico actual. Hay muchos entre los no globalistas que no es que no tengan dinero, excelentes empleos, y una cultura vastamente superior a la de los jóvenes que han enganchado y ascienden en la actual cultura trasnacional corporativa. Lo que pasa es que tienen una cabeza diferente, una lealtad diferente a sus orígenes, a su espacio y su lugar en el mundo. Si el mundo se convirtiese en lo que los globalistas ya pretenden que es, será quizá un mundo del que las lenguas vayan desapareciendo para unirse en un inglés roto, sobre todo apto para intercambios rápidos y retórica comercial. La lengua escrita, capaz de abstracciones y ligazones impensables en el repentismo de la oralidad quedaría como patrimonio de una elite, aunque se imprimirán cada vez más libros y se leerá probablemente cada vez más literatura “fácil”, confirmadora del orden, bajo la forma de novelas, biografías o reportajes de actualidad, siempre orientados a reafirmar el discurso único.

Y las cosas no tienen por qué ser así. Basta con hacer el esfuerzo de ver al otro. Entender que el otro vive en otro mundo, pero que ese otro mundo está en este. En lugar de representar a quienes no comulgan automáticamente con la globalización ni con el liberalismo capitalista individualista occidental como parias, fascistas o burros, entendiendo en cambio que hay quizá riquezas que vale la pena preservar y fortalecer en las culturas locales, se ganaría mucho. También ganarían los partidarios de un culturalismo localista si entendiesen que los partidarios de la globalización pueden ser, como lo han sido, agentes de dinamización y alerta en las culturas y economías locales, y factores de una colaboración ecuménica capaz de hazañas técnicas notables. De lo que no cabe duda es de que esto recién empieza. Y que, si los líderes de la ideología globalista persisten en hacer como que no entienden nada, y siguen haciendo política de la peor ignorando a quienes no están con ellos, más aun, representándolos en todas partes (y en todos los grandes medios que ellos solos controlan) como lo que no son, la cosa va a ser larga y no va a terminar nada bien.

Ruperta

Ruperta

 

Por Dulce María Tosta

Cuando escribía un artículo sobre la Carta Democrática Interamericana, a objeto de contrariar a quienes ladinamente han tratado de hacerla ver como un instrumento del ansia imperial de los yankees y un grave peligro para las riquezas naturales venezolanas, me enteré de la triste historia de Ruperta, la elefanta del zoológico de Caricuao, que muere de hambre ante la mirada indolente de las autoridades del parque y del Municipio Libertador.

Para detener la escritura sobre el tema regional que ocupa la atención de la diplomacia americana, consideré que la famélica Ruperta es la expresión zoológica de la Venezuela que languidece de hambre y se ve visitada por plagas y enfermedades erradicadas en un tiempo ya lejano de nuestra historia.

Si, Ruperta es un elefante hembra, perteneciente al orden de los Proboscidios y a la triste familia de los animales cautivos, que en sus inacabables horas de tedio debe preguntarse qué karma la puso tan lejos de los suyos y tan cerca de humanos tan poco humanos, al parecer, decididos a matarla de hambre

Hombres marcados por la historia por las atrocidades que cometieron, sintieron especial afecto por los animales; Hitler amó entrañablemente a su perra pastor alemán Biondi y Calígula confirió la dignidad de senador a su caballo. También grandes guerreros mostraron amor por ellos: Alejandro Magno entrenó personalmente a Bucéfalo, Aníbal de Cartago mostró especial afecto por su caballo Estrategos, así como Bolívar por Palomo y Nevado. Pero esos hombres tuvieron como característica común la grandeza, su capacidad para liderar grandes masas tras un propósito de conquista o liberación, de conmocionar al mundo por el brillo de sus victorias y lo espectacular de sus derrotas.

Pero Ruperta, la modesta elefante del Zoológico de Caricuao, está probando en carne propia que la grandeza se mudó de Venezuela o que por error divino fue entregada totalmente en el siglo XIX, cuando ha debido ser dosificada para tres o cuatro siglos, cuando menos.

A Ruperta la están asesinando por hambre, de manera evidentemente premeditada. Quienes concurrieron al Zoo el domingo 26 con ánimo de alimentarla, fueron reprimidos por las autoridades auxiliadas por colectivos, por esos seres que parecen salidos del laboratorio de Frankenstein y construidos artificialmente con recortes de cadáveres frescos de los peores delincuentes de la comarca.

Lo ocurrido el 26 fortalece el twit de Esteban Gerbasi: «Me dicen q dejar morir a Ruperta la elefante del Zoológico de Caricuao es parte de un ritual de magia negra, necesitan los colmillos y patas» ¿Es esto posible? Lamentablemente la respuesta es positiva, pues aun ejercen el poder en Venezuela los mismos que profanaron los restos de Bolívar, los que mancillan tumbas de personajes históricos, los que destinaron un mil cuatrocientos millones de bolívares a la francachela carnavalesca, mientras los niños del Hospital J. M. de los Ríos mueren de mengua y claman por medicinas que les salvarían sus vidas, porque aún nos mandan esos magos de la destrucción que convirtieron el País más rico de Latinoamérica en el más miserable, la que fuera tierra de inmigrantes en desolada nación de emigrantes.

Es difícil salvar a Ruperta. Ya las autoridades del Zoo han declarado que es falsa su hambre, que su huesudo cuerpo es, como todas las cosas malas que pasan en este país, simples sensaciones, o inventos del imperio o calumnias de derecha apátrida. Pero a pesar de la dificultad de la tarea le ruego a venezolanos y extranjeros, a propios y extraños, elevar su voz por cualquier medio y un hastag por twitter: #SALVEMOSARUPERTA.

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