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Democracia siglo XXI

mes

julio 2010

La dictadura desnuda

 

Teódulo López Meléndez

Las dictaduras son mundos desnudos. Permiten ver todo lo que no se debe ver, no por su voluntad, sino por una propia idiosincrasia. Las dictaduras trazan fronteras y se vigila atentamente lo que todos hacemos. Podemos decir que la psicología de la dictadura lo es de la desnudez. La dictadura es un mundo de fronteras, especialmente civiles, lingüísticas y mentales. Las dictaduras procuran injertar en las personas una dependencia de los actos dictatoriales, una que se refleja en una paradójica transparencia: en la dictadura podemos mirar con más claridad en las acciones gubernamentales y en el comportamiento de las sociedades que las padecen. Puede alegarse que en un régimen de libertades existe una expresión que nos permite conocer los intríngulis del poder, lo cual es cierto hasta cierto punto, pero la dictadura nos permite redirigir la mirada hacia el cuerpo social con mucha mayor claridad.

La dictadura procura la reducción al absurdo lo que clarifica la mirada hacia adentro. En democracia existe demagogia, mentiras, alteraciones, hipocresías, pero el ejercicio de la libertad se convierte en un manto que nos dificulta la mirada en el espejo. La dictadura se especializa en grandes montajes teatrales derivados del nacionalismo y el patriotismo, todo envuelto en una gran producción de amedrentamiento. Ello conlleva al reconocimiento rápido de las carencias psicológicas y de las deformaciones sociales.

En democracia se soporta en mejor grado la vida cotidiana. En dictadura se vive bajo la esperanza de que en algún momento se saldrá de la pesadilla. En democracia a la gente no le interesa comprender, la apatía es su norma, el interés por lo  público se marchita En dictadura se entiende poco, o se procura no entender. El país pasa a convertirse en un lugar donde hay que estar, si no se tiene la fuerza económica para la emigración. En democracia se tiene el apoltronamiento de que llegarán nuevas elecciones y otro vendrá. En dictadura se sabe que el medio de transporte no llegará, a no ser la implosión o la explosión.

La dictadura es una fábrica de mundos, una permanente industria de paraísos ahora perfectamente armables sobre el territorio donde ella se ejerce. Se nos convence que basta la lealtad para ser uno de los privilegiados habitantes de este territorio paradisíaco. Basta que pongamos todo nuestro esfuerzo en la asunción de estos mundos virtuales de signos que la dictadura fabrica con una eficacia que no muestra ni para desarrollar un real aparato productivo ni para alimentar a una población ni para dar la tenue apariencia de ejercicio del poder con eficacia.

La dictadura es perversa pues nos lleva a imbuirnos hasta tal extremo de un mito que semeja una religión de Estado. Ella pasa a ser la promesa y la garante de la promesa. Una de los primeros elementos que así entran en crisis es la subjetividad dado que las referencias en el fondo padecen de una extrema precariedad. Pero hay algo que a la dictadura se le escapa: que dentro de ese cuerpo social dominado nace el deseo de crear, de inventar. Y sucede porque no hay otra solución. La dictadura agobia de tal manera que la manera ideal de enfrentarla es creando sentido. El régimen identitario se hace combinación de dictadura y democracia. La dictadura lucha por cambiarlo todo, pero sólo en apariencia, mediante el procedimiento de renombrar, rebautizar y reinaugurar. La democracia perdida se empeña en recuperarse partiendo de una imagen estable de sí misma,  no acepta la necesidad de crear sino de restituirse, colaborando así con la dictadura en el aumento de la fragilidad.

Inmiscuirse en la psicología de la dictadura no es nada nuevo. Los intentos de analizarlas desde este ángulo han sido muchos, especialmente en casos de gran traumatismo como Argentina y Chile. Puede verse siempre el intento de implantar un nuevo ser social con sus consecuentes constructos subjetivos provocados intencionalmente desde el poder. Los especialistas han llegado a hablar de “dictadura de la psicología” en este proceso de abordar la mente humana y las triquiñuelas del poder dictatorial.

La dictadura, especialmente la populista e ideologizada, se la pasa, pues, haciendo psicología y construyendo mundos. En estos intentos se despoja de las ropas, se muestra desnuda y es allí, en su exposición carnal, donde hay que pescarla, domeñarla y exorcizarla. Para ello se requiere el combate en su terreno, no en el de la añoranza, sino en el de la obligada creación de ideas y de desafío mediante el señalamiento de una fortaleza de futuro fundada sobre una concepción nueva del mundo político y social.

 teodulolopezm@yahoo.com

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Las fronteras de La Haya


Teódulo López Meléndez

Allí está el bello edificio, en La Haya. No lo he visto, no lo conozco, apenas en fotografías. Desconozco su historia, si fue construido especialmente para albergar lo que alberga o si fue cedido para el loable propósito que cobija. Es la sede de la Corte Penal Internacional, lo que algunos otros llaman a veces Tribunal Penal Internacional.

No está allí para derrocar gobiernos, para intervenir Estados o para hacer el trabajo de los ciudadanos de un país que consideran viven bajo una dictadura. En cualquier caso, encarna uno de los más importantes avances jurídicos logrados por la humanidad, eso sí, con la reticencia y el rechazo de algunos de los más poderosos Estados del planeta que se niegan a suscribirlo por temor a que sus nacionales puedan enfrentar alguna vez la justicia penal internacional.

En mi país, Venezuela, parece desconocerse en grado sumo lo que representa. Era una vieja aspiración frustrada una y otra vez hasta que se presentó el genocidio yugoslavo (1991-1995) y el genocidio ruandés (1994). Tales acontecimientos conllevaron a la Convocatoria Diplomática de Plenipotenciarios de las Naciones Unidas sobre el establecimiento de una Corte Penal Internacional. La reunión se celebró en Roma bajo un intenso calor. El 17 de julio de 1998 se aprobó lo que los lectores conocen como “Estatuto de Roma” que es el documento u acta que crea esa Corte.

El caso de la ex Yugoeslavia y el caso de Ruanda fueron, así, los primeros en saber de una nueva forma jurídica para no dejar impunes los crímenes. Pero veamos como se puede iniciar una investigación allí. El artículo 13 señala que se inicia por la remisión de un Estado Parte de una situación particular, por solicitud del Consejo de Seguridad de la ONU o de oficio por parte del Fiscal de la Corte. Esto es, ningún particular puede presentar allí una solicitud de apertura de investigación, lo que los venezolanos deben tener muy claro. Ahora bien, los ciudadanos comunes pueden llevar ante la Fiscalía recaudos o pruebas, ir acumulando en las oficinas del dedicado equipo acusador documentación para que esa órgano vaya armando un caso, si de eso se trata, y si alguna vez tiene un caso que considere sólido proceda a presentarlo ante el tribunal. Está claro, como en cualquier juicio, que un Fiscal no procederá si no considera que va a ganar. Digamos que el fiscal que ha estado manejando esos documentos que le han sido consignados acude ante el Fiscal Primero y será este quien decide si procede. Citemos, a manera de ejemplo  el extraordinario caso de Sudán donde el Primer Fiscal, Luis Moreno Ocampo, se atrevió a presentar una acusación, por vez primera, contra un Jefe de Estado, contra Omar al-Bashir, obteniendo el estupendo resultado de ordenar la Corte un auto de detención por el genocidio de Darfur.

La Corte no puede destituir a ese Presidente, no puede enviar una policía de la que carece a detenerlo y mucho menos un ejército, puesto que detener a alguien con esa investidura equivaldría a una invasión armada. Emite el fallo y hemos visto a Omar al-Bashir asistiendo a Conferencias Africanas impunemente. Pero ese auto de detención está allí, se suma a las presiones de la comunidad internacional sobre el régimen que encarna ese presidente y si el mismo sobrevive al tiempo y llegare a perder el poder de que dispone finalmente el dictamen utópico caería sobre su cabeza. Larga o corta espera, largas o cortas circunstancias. La sanción moral de La Haya tomó cuerpo y el Fiscal Primero entró en la historia de un Derecho Penal Internacional que seguirá desarrollándose. Le endilgué a Moreno Ocampo el título de “el gran perseguidor”.

II

Ahora bien, ¿cuáles son los delitos por los que se puede juzgar a alguien en La Haya? Por genocidio, crímenes de guerra y de lesa humanidad (esclavitud, el apartheid, el exterminio, los asesinatos, las desapariciones forzadas, las torturas, los secuestros y el delito de agresión, el terrorismo, entre otros). El delito de agresión está mencionado, pero no definido, lo que hace que si un Estado toma esta vía forzaría a una jurisprudencia innovadora.

Se entiende que penar el delito de agresión lo que busca es someter a castigo a quienes organicen, avalen o realicen guerras de agresión o de conquista. Ya en la Carta de las Naciones Unidas está su sustento conceptual (art.51). Por lo demás tal delito ya está en el Derecho Internacional Consuetudinario. Esto es, prácticamente su busca condenar al agresor y sólo se permite una guerra de autodefensa.

Un crimen de lesa humanidad es el que ofende a la humanidad toda. Se requiere que sea cometido como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque.

De manera que la Corte no sirve para tumbar gobiernos ni para resolver problemas políticos internos. No se puede acusar Estados ni gobiernos, porque como en el Derecho Penal Nacional y en los principios fundamentales del Derecho, la responsabilidad en este campo es personal. Quien acuda a ella o vaya depositando documentos ante la Fiscalía deberá saberlo y puntualizar muy bien el nombre de a quien acusa o pretende sea acusado.

¿Es oportuno o conveniente almacenar en las oficinas del Fiscal en el bello edificio de La Haya documento tras documento, video tras video, prueba documental tras prueba documental? Lo es, es una acción complementaria o supletoria, es un apostar al por venir, es una paciente tarea de fe en la obtención de justicia, en la evolución y consolidación del Derecho Penal Internacional.

teodulolopezm@yahoo.com

La quimera de la igualdad

 

 

Por Alberto Medina Méndez

 

En el discurso político y ciudadano se ha instalado una certeza que pretende ser irrefutable. Se ha constituido en, algo así como, un monumento a la verdad inmaculada. Es la obsesión de un fundamentalista objetivo ya no solo retórico, sino de orden práctico, que se plasma a diario en implementaciones concretas en todo el globo.

Muchos, casi todos, dicen luchar por la igualdad y se ufanan de ello como si el término en si mismo representara un valor indiscutible. Se lo menciona como si el vocablo tuviera un aura especial, una bendición superior, como si se tratara de una virtud superlativa, de una utopía por la que valiera la pena trabajar incansablemente.

Habrá que decir, sin vueltas ni tapujos, sin rodeos ni eufemismos, que la igualdad, esa de la que tanto hablan, es el atributo que menos describe a la especie humana. Los individuos no somos iguales en casi nada. Si algo nos distingue, son nuestras diferencias, aquello que nos hace naturalmente distintos.

No nos parecemos ni físicamente, ni en nuestra personalidad, mucho menos en las intransferibles vivencias que nos tocan en suerte. Todo, absolutamente todo, nos hace seres infinitamente distintos, y esa desigualdad, si que es un cualidad, una característica única e irrepetible.

Son nuestras diferencias, las que nos hicieron progresar y sobrevivir como especie. Es justamente eso lo que nos ha permitido evolucionar. Esas disparidades, nos hace creativos, competitivos y se convierte en el principal motor que nos moviliza lo suficiente como para esmerarnos y superarnos a nosotros mismos.

No es la igualdad, sino justamente su opuesto, la desigualdad, lo que mejor describe nuestros talentos y mayores virtudes. También es ella la que identifica claramente nuestros peores defectos, y nos posibilita la chance de ocuparnos de ellos.

No somos iguales, no deberíamos querer serlo. Sin embargo, una corriente cada vez mayor, casi unánime, parece ser el discurso esperado, el políticamente correcto, ese que dice pretender ajustar lo que presenta como desvíos. La sociedad parece aplaudir, algunos porque suponen que alguien tiene el poder de otorgarles lo que no tienen, y otros porque no se animan siquiera a decir lo que piensan y defender lo propio.

Resulta deseable que todos juguemos bajo las mismas reglas. Se puede pretender cierta igualdad ante la ley, frente a los objetivos criterios que rigen la convivencia humana, pero solo eso, solo esa cuestión de rutina, que es casi una cuestión de sentido común.

En el resto, habrá que comprender que las diferencias, la desigualdad y nuestras propias particularidades, deben ser bienvenidas. Por eso, resulta difícil entender como esa palabra, igualdad, ha pasado a ocupar un lugar de privilegio en los discursos, y como su implementación efectiva ha significado despojarnos de nuestra propia singularidad.

Y es que la política ha convertido ese culto a la igualdad en una práctica cotidiana que consiste en quitar talentos a los mejores, poner límites al progreso, establecer pisos artificiales intentando brindar coercitivamente a unos lo que naturalmente no tienen, sin dejar previamente de despojar a otros para que lo anterior suceda.

La redistribución tan mentada sigue haciendo estragos. Bajo esa muletilla que se ha puesto de moda, el paradigma de la justicia humana, hace eso, quita a unos y otorga a otros, discrecional, arbitraria, selectiva y coactivamente.

La sociedad parece aclamar la destrucción de su mayor virtud. Supone que se puede igualar a una comunidad, por medio de leyes, decretos y normas. Que sacando a unos y entregando a otros, se nos ayuda a evolucionar. Nada más alejado de la realidad. Esos mecanismos, solo consiguen desestimular a los talentosos y paradójicamente también a los menos hábiles, ya que así, tampoco precisan de incentivos para progresar, para superarse. Después de todo, algún Mesías, se ocupará de darles lo que no son capaces de conseguir por si mismos. Pero en este caso, con el agravante de tratarlos indignamente como verdaderos incompetentes e inútiles, rebajándolos a la deshonrosa categoría de mendicantes de favores. Debilitan así su desgastada autoestima para condenarlos eternamente a la frágil e indecorosa posición de parásitos sociales, esos que a partir de ahora dependerán exclusivamente de la dádiva clientelista del mandamás de turno. Eso ocurrirá, claro está, cuando el poderoso decida otorgarle esa limosna. Antes se ocupará de esquilmar a algunos, esos que producen y generan riqueza a su alrededor, para poder concretar su generosa acción popular.

Ese mecanismo, que aparentemente goza de una impunidad sin igual en el planeta, parece haber venido para quedarse. Se trata de prácticas que celebran políticos y votantes al unísono. Diera la sensación, que cierto sector de la humanidad está dispuesto a bajar los brazos definitivamente, para vivir de lo que otros generen, para dejarse humillar por los que se han empeñado en demostrarle su demostrada incapacidad, como una fotografía estática de ese presente inmutable e inmodificable.

Ellos, no parecen estar listos para dar la batalla, ese difícil pero imprescindible desafío para recuperar la fe, de iniciar la búsqueda de su propia felicidad e intentarlo en la satisfacción de identificar sus arraigadas y desconocidas fortalezas, esas que todo ser humano tiene, ese don preciado que hemos recibido cada uno de nosotros en forma particular, individual e indelegable, ese atributo magnífico que nos hace esencialmente diferentes y por ello únicos e inimitables. Extraordinariamente distintos. Fantásticamente desiguales.

Ninguna ley funcionará como los políticos y muchos ingenuos ciudadanos suponen. Las normas podrán saquear a unos para regalar a otros, pero no crearán talento allí donde este está ausente o simplemente dormido. Tampoco generarán creatividad, en ese espacio en el que  ellos mismos se ocuparon de apagar la voluntad.

Esos atributos, la creatividad, el talento, la perseverancia, el esfuerzo, la capacidad, el esmero, no son solo cuestiones innatas, las más de ellas se desarrollan y se logran solo cuando se atraviesan momentos difíciles, verdaderas crisis, situaciones que requieren de retos frente a los escollos que nos propone siempre el presente.

La innumerable lista de invenciones de la historia humana, esa nómina inagotable que nos hace la especie que mas se ha desarrollado como tal, proviene de los mejores. Son ellos y no otros, los que sentaron las bases del progreso.

Si eliminamos las diferencias, si seguimos venerando la homogeneidad, estaremos condenándonos a pedirle a los que se destacan, a que ya no lo hagan y a los peores, a despreocuparse por la ausencia de habilidades, pues algún político, apoyado por la inmensa mayoría de ciudadanos, pondrá las cosas en su lugar.

Evidentemente, la humanidad ha comprado esta falsa ilusión de que la igualdad es un objetivo en si mismo. La fantasía de la igualdad parece estar apoderándose de nosotros sin resistencia alguna y con una tácita aprobación cívica que explica el discurso de los políticos, que es solo una mera consecuencia y no su verdadera causa.

Alberto Medina Méndez

amedinamendez@gmail.com

Skype: amedinamendez

http://www.albertomedinamendez.com

03783 – 15602694

DEMOCRACIA Y GOBERNABILIDAD

(Memoria del IV Congreso de Derecho Constitucional)

Valadés, Diego
Gutiérrez Rivas, Rodrigo
CoordinadoresISBN 968-36-9610-4
 

Nota: la versión PDF, requiere visor gratuito Acrobat Reader Web o Acrobat Reader Texto

  

CONTENIDO

Preliminares (PDF)

El dilema constitucional (PDF)

Valadés, Diego

CONFERENCIA MAGISTRAL

El status constitucional de la oposición en el régimen parlamentario español (PDF)

Portero Molina, José Antonio

PONENCIAS

La división y legitimidad del poder político (PDF)

Algorri Franco, Luis Javier

Democracia semidirecta y democracia participativa (PDF)

González Schmal, Raúl

Estado, democratización y gobernabilidad en la globalización: la problemática latinoamericana (PDF)

Kaplan, Marcos

Hacia un nuevo sistema político y constitucional (PDF)

Valencia Carmona, Salvador

COMUNICACIONES

La reforma institucional del Poder Legislativo en México (PDF)

Béjar Algazi, Luisa

Democracia semidirecta en México (PDF)

Corona Nakamura, Luis Antonio

El equilibrio de poderes (PDF)

Delgado Carrillo, Fortino

Hacia una nueva perspectiva de la representación proporcional en México (PDF)

García Jiménez, Arturo

El régimen constitucional y su enajenación política (PDF)

Labastida, Horacio

Democracia y gobernabilidad (PDF)

Ojeda Paullada, Pedro

Alternancia política y cambio constitucional (PDF)

Osornio Corres, Francisco Javier

Los grupos parlamentarios en el Senado. Una omisión constitucional (PDF)

Ramírez Millán, Jesús

Aproximación semiótica a la organización y funcionamiento del Congreso mexicano (PDF)

Rivas Prats, Fermín Edgardo

Perspectivas del parlamentarismo en México (PDF)

Rodríguez Saldaña, Marcial

Constitución y democracia en México al iniciar el siglo XXI (PDF)

Venegas Trejo, Francisco

Conclusiones generales (PDF)

George Chaya, “La Yihad Global, el terrorismo del siglo XXI”

 

 

Windmills Edition, California USA

 “George Chaya nos ofrece en esta obra una visión realista, analítica y muy contrastada de la realidad política, económica y social  del Oriente Medio que ayuda a reflexionar y debatir sobre los temas de nuestro tiempo en relación a elementos de vital importancia para el verdadero progreso de la libertad y la democracia en aquella región del globo. El publico de habla hispana no debe ignorar que el avance y la crispación política-religiosa e ideológica no es un dato menor y que inexorablemente les habrá de afectar también en su propios países en la medida que regimenes del Oriente Medio avanzan con agendas políticas que presagian vientos de guerra que solo traerían inconmensurables gastos militares y calamidades por doquier. La desunión del mundo árabe y el sometimiento de sus ciudadanos por parte de regimenes totalitarios, no hace más que frenar el crecimiento democrático y verdaderamente progresista en lo económico estimulando la expansión de movimientos que se han inclinado por la violencia y han hecho del terrorismo una modalidad en sus expresiones. Ante ello, es aún más obsceno que  la dirigencia de naciones de Occidente continúe con discursos y palabras de grandilocuencia y falsa fraternidad. Es hora de vencer lo que el autor llama <el autismo ideológico> de la comunidad Internacional y seguir el ejemplo de países como Egipto y el Reino de Jordania, cuya continuidad de políticas económicas y pacificas han reducido la pobreza y estabilizado sus sociedades a niveles sin precedentes en la lucha contra el terrorismo”.

Incisiones para una democracia del siglo XXI

Teódulo López Meléndez

 http://www.scribd.com/doc/12886695/Incisiones-Para-Una-Democracia-Del-Siglo-XXI

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