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Democracia siglo XXI

mes

septiembre 2013

Una discusión extemporánea

 

drogas

 Alberto Medina Méndez

El debate sobre la despenalización de las drogas sigue teniendo plena vigencia, pero la controversia en el tiempo viene quedando fuera de sintonía. Indudablemente se trata de un asunto complejo, con múltiples facetas. Es fácil caer en lugares comunes, el intercambio de débiles argumentos y el infaltable fatalismo al que la sensibilidad del tema convoca.

Es innegable que la cuestión tiene gradaciones y que el término “drogas” podría incluir a todas, muchas o pocas. Además, la legalización puede involucrar distintas etapas tales como el consumo, suministro y producción.

Los debates sobre el tema, que son encarados desde lo político, científico y moral, siempre son parciales y muchas veces caen en la trampa de asumir una linealidad que no se condice con la diversidad que la realidad propone.

Tal vez sea algo audaz afirmar que el presente dice que se alterna con lo PEOR de ambas situaciones. Hoy se sufren todas las desventajas de la despenalización y ninguno de sus posibles beneficios. Al mismo tiempo se visualizan con claridad todos los inconvenientes que se derivan las prohibiciones legales y ninguna de sus probables ventajas.

La inacción y la reacción tardía, han generado una inexorable elección social. Es que cuando no se toman decisiones, también se resuelve. La omisión implica siempre una postura que tiene irremediables consecuencias y no como suponen algunos, que la espera puede resultar gratuita.

Los críticos de la despenalización dicen que su implementación aumentará el consumo y aseveran que esto será más contundente en los más jóvenes. No parece razonable creer que la mera legalización creará nuevos adictos, ni hará que los actuales aumenten sus dosis. Los mercados ilegales son muy eficientes en la distribución y suponer que la norma les pone límites es no entender al mercado. Por otra parte, no existen personas decididas a usar drogas que ya no lo hayan hecho, solo por la amenaza legal.  Hoy quien quiere consumir lo hace, incluidos los adolescentes. La barrera de acceso no es la ley que lo prohíbe. Malas noticias para quienes defienden esta postura. Hoy el consumo goza de una virtual despenalización.

La contracara de este fenómeno, es que las legislaciones que criminalizan al consumo, arrojan a los individuos adictos a una estigmatización social y al mismo tiempo, les impiden la posibilidad de ser contenidos dentro del sistema de salud para su imprescindible y deseable recuperación.

Un adicto es, bajo las reglas actuales, un criminal y por lo tanto no puede ser asistido ni ayudado por el sistema, siendo literalmente empujado al abismo e invitado a circular por los márgenes de la sociedad en cuanto proceso de clandestinidad exista, junto a las mafias, el crimen organizado, la prostitución y el juego ilegal. No parece ser lo que la sociedad, en su habitual hipocresía, declama cuando dice preocuparse por este flagelo.

Si se quiere reducir el consumo indebido de drogas no se debe combatir la oferta sino desalentar la demanda, y esto parece difícil de refutar frente a la abultada evidencia al respecto. Mientras existan interesados en consumirlas no habrá política que pueda impedir a la oferta cumplir la parte que le toca.

No menos importante es dar el debate moral sobre la libertad de cada individuo para elegir su destino, lo que incluye la posibilidad de hacer algo inconveniente para sí mismo. De eso se trata, de la libertad como valor fundamental y el derecho a la vida como eje central.

Se podrán elegir políticas graduales o más duras, de mayor o menor intervención, pero no se evitará que la humanidad coexista con sus adicciones. A lo sumo ira mutando de unas a otras. Creer en algo diferente es desconocer la esencia del individuo y sus eternas debilidades.

No se dice nada nuevo si se afirma que el tema es realmente difícil y que mucho de lo expresado puede ser exagerado, demasiado absoluto o hasta falaz, pero es bueno saber que el debate seguirá abierto y que abordarlo desde una óptica engañosa poco ayuda a resolver la cuestión de fondo.

Abundan argumentos desde muchas aristas para avanzar en el intercambio de ideas, pero si no se comprende que el presente muestra que se convive ya con las peores consecuencias de la despenalización y con los más repudiables defectos de la criminalización, seguirá siendo esta una discusión extemporánea.


albertomedinamendez@gmail.com
skype: amedinamendez
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La demonización del Islán

Ataque químico 1

Fernando Mires

Sabelotodos y sabelonadas han formado una gran coalición convirtiendo el caso sirio en oscuro objeto de sus deseos. Aunque difícil es no captar las altas cuotas de desprecio, el eurocentrismo mezquino con que son juzgadas las culturas islámicas, los prejuicios anti-árabes y no por último, la arrogancia con la cual se trata de adulterar el sentido y carácter de rebeliones y movimientos surgidos en el Oriente Medio desde 2011.

En el análisis del caso sirio la mentada coalición ha tenido la dudosa virtud de integrar en un solo frente a los analistas de izquierda con los de las más reaccionarias derechas. Ambos grupos están de acuerdo en que los militares egipcios, así como la dictadura de Asad, enfrentan a una oposición dominada por islamistas.

La identificación del Islam con el islamismo y del islamismo con el terrorismo es de breve data.

El concepto “islamismo” surgió después del 11.09.2001 y su propósito, de acuerdo al famoso discurso de Bush después del ataque a las torres, fue diferenciar a los grupos terroristas de una mayoría islámica pacífica.

El islamismo, en esa versión, era un concepto destinado a definir fracciones islámicas que levantaban como programa el odio a Occidente, la supremacía de la ley religiosa y al califato como forma de gobierno. 

Poco después de su discurso de 2001, Bush cambió de tono y comenzó a hablar de “cruzada”. A partir de ese momento la palabra islamista, en el lenguaje del “bushismo”, pasó a ser sinónimo de musulmán. Hoy la mayoría de los periódicos designan como islamista a cualquier grupo religioso que profese el Islam. 

La por Bush definida como “guerra en contra del terrorismo internacional” es una artimaña esencialista. Enlaza una religión con un orden político y con una actividad criminal. Su objetivo no es otro sino la demonización del Islam.

Pero Bush no estaba solo. Hubo un co-autor: Vladimir Putin. Basta recordar que la guerra de Chechenia iniciada por Putin en 1999 -uno de los más grandes genocidios ocurridos después del fin de la Guerra Fría- fue presentada a partir de 2001 por el astuto Putin como una batalla más en la guerra en contra del “terrorismo internacional”.

“Ustedes en Afganistán, nosotros en Chechenia” era la divisa exportada desde Rusia. Las masacres en Chechenia, tanto o más salvajes que las de Milosevic en el Kosovo (también en contra de la población musulmana) fueron entendidas en Europa como un aporte ruso a la causa común.

Los resultados de la “cruzada” de Putin en Chechenia no han sido del todo evaluados. Pero no hay informe con menos de seis cifras en cantidades de muertos. Todavía se encuentran en las cercanías de Grozny -convertida por los rusos en ciudad fantasma- fosas comunes con cadáveres chechenios.

Durante los días de Chechenia los políticos europeos miraron para otro lado. Al fin y al cabo Putin es un gran proveedor de gas, y sus acueductos traspasan las montañas de Chechenia. Incluso el Primer Ministro alemán Schroeder sugirió la integración de Rusia en la OTAN.

Nunca, ni siquiera en los tiempos de Roosevelt y Stalin, las relaciones entre Rusia y los EE UU fueron más amistosas que durante el genocidio cometido por Putin en Chechenia. Y para sellar la amistad, Putin procedió a la anulación del tratado sobre misíles, cerró las bases rusas en Cuba y Vietnam y aceptó observadores estadounidenses en Georgia.

Ahora ¿hay una relación entre Chechenia y Siria? Por supuesto. En los dos casos tuvo lugar un exterminio masivo de la población civil musulmana. En los dos casos las matanzas formaron parte de un plan imperial. En el de Chehenia, por conservar el “espacio natural” del imperio ruso. En el segundo, para mantener las alianzas que contrajo la antigua URSS con los regímenes socialistas de la zona árabe (partidos Baad).

No se trata entonces de que EE UU ha perdido en Siria su carácter de potencia mundial. Lo que sí ha perdido son aliados europeos, ganando en cambio otros en el mundo islámico. De ahí, menos que analizar el peso de los EE UU en la política internacional, es importante constatar que atravesamos por un periodo en el cual las alianzas de la Guerra Fría están siendo de-construidas, dando lugar a nuevas constelaciones internacionales.

Importante es, además, señalar que el enfrentamiento indirecto entre Rusia y los EE UU en el Oriente Medio no ha terminado con la pausa revisoria de armas químicas propuesta por Putin. Quizás ahí ha comenzado. En los mismos momentos en que escribo estas líneas, Asad ha lanzado una nueva ofensiva en Damasco. Si es con armas químicas rusas no lo sabemos. Sí sabemos que la población civil está siendo diezmada. 

Cuánta estupidez hay en quienes ven en Putin un agente de la paz en contra de la beligerancia de los EE UU. Cualquiera observación dice justamente lo contrario: Putin ha logrado una cierta legitimidad a favor de Asad, una disminución del apoyo internacional a los EE UU y la intensificación de las masacres en Siria.

Los pacifistas europeos están felices. La izquierda mundial continúa festejando a Putin como el héroe que hizo retroceder al imperio. La derecha mundial continúa criticando a Obama por apoyar a la oposición siria en contra de una dictadura que es un dique -lo dijo el mismo Asad- frente a Al Quaeda. Mientras tanto el genocidio continúa su marcha. ¿A quién importa eso? Después de todo, ¿son los rebeldes sirios personas muy buenas?

No, no lo son. Como no lo eran los hermanos egipcios –ya políticamente derrotados durante el gobierno Morsi- que hoy sufren en las mazmorras de la dictadura. Pero tampoco todos quienes se opusieron a las dictaduras comunistas europeas eran “buenos”. Y el hecho de que hoy la mayoría de los países post-comunistas estén gobernados por mafias, no justifica las crueldades de las tiranías comunistas. Mucho menos fueron “buenas” las chusmas sanguinarias deleitadas en las calles de París -basta ver solo algunos cuadros de Jacques Louis David- al contemplar las ejecuciones de la guillotina. ¿Vamos a tomar partido por el absolutismo monárquico?

La oposición siria es heterogénea. En el CNS, frente que agrupa al sesenta por ciento de la oposición, hay grupos de izquierda, nacionalistas, desertores de la dictadura, partidos kurdos y armenios. Por cierto, también están apoyados por cofradías musulmanes. ¿Y cuál es el problema? ¿No fueron los frentes populares antifascistas en Europa agrupaciones donde cabían comunistas y monárquicos? El puzzle político sirio no es fácil. Pero ¿dónde lo ha sido?

La guerra de los buenos en contra de los malos nunca ha tenido lugar. Pero sí ha habido cruentas luchas en contra de atroces dictaduras. A estas últimas pertenece la de Asad. Nadie, a menos de que sea uno de esos amantes de dictaduras que pululan en el mundo, puede equivocarse.

Quienes de verdad estamos por la paz en Siria sí sabemos algo: La paz, si no es la de los cementerios, nunca surgirá de ese binomio siniestro formado por Putin y Asad. 

 

¿Así es la democracia del siglo XXI?

 

Pepa-Bueno-durante-presentacion-nueva-temporada

El editorial de la codirectora del programa ‘Hoy por Hoy’ de la Cadena “Ser”

PEPA BUENO   

 

Holanda certifica el fin del Estado del Bienestar. Lo ha dicho con solemnidad en el Parlamento su nuevo Rey en un discurso escrito por el gobierno del centro izquierda del país.

Se acabó tal y como lo conocíamos en la segunda mitad del siglo XX, ha dicho. Voilá. Por fin alguien anuncia con solemnidad que desaparecen tal y como las conocemos la sanidad y la educación gratuita y universal, las pensiones dignas, la atención a los dependientes, el asilo a los huidos del hambre o la guerra. La certificación llega desde Holanda, un país rico, que casi dobla la renta per cápita española.

En el sur ya lo íbamos intuyendo, pero ni aquí ni allí nadie se había atrevido a certificar públicamente desde un gobierno la defunción. Sobre las cenizas de dos guerras mundiales, con mucho esfuerzo y no poca sangre, Europa construyó en la segunda mitad del siglo XX un espacio de relación económica con aspiraciones de unión política que se ha convertido ya en un referente histórico de paz, democracia, bienestar y justicia. ¿En qué programa electoral nos han propuesto modificarlo? ¿A qué debate hemos asistido? ¿Qué propuestas nos han hecho los partidos sobre el final y sus alternativas?… ¿Quién nos ha consultado en unas urnas sobre los sacrificios que estábamos dispuestos a hacer para conservarlo?

Cargarse por la vía de los hechos el Estado del Bienestar no sólo extiende la sensación de estafa, sino que entierra también la democracia tal y como la conocíamos en la segunda mitad del siglo XX.

Es miércoles 18 de septiembre. Y hoy por cierto Guillermo de Holanda viene a España en visita oficial. Viene a un país en el que todo indica que tendremos que afrontar con unTribunal Constitucional tocado en su credibilidad la etapa política de alto voltaje que vivimos. Por nueve votos a favor y sólo dos en contra, los magistrados rechazaron incluso debatir las recusaciones planteadas sobre su presidente por ocultar que militaba en el Partido Popular. En el programa de este miércoles vamos a comprobar que en los países de nuestro entorno no es insólito que incluso haya políticos en el Constitucional. Lo que es más difícil encontrar es que se admita el engaño, el subterfugio, la sospecha en el tribunal que tutela las normas de convivencia.

Tupachequismo: el bufón en lugar del rey

bufón

Ricardo Viscardi

Sendic nunca habrá imaginado que de sus propias filas saldría un émulo de Sanguinetti, de quien el fundador del MLN dijo: “es un histrión”.  Lejos de ser privativa del MLN, la desnaturalización política  parece propagarse en el sistema uruguayo de partidos.  Según Enrique Rubio el actual presidente no es un candidato formado por el Frente Amplio, sino efecto de la conjunción de una habilidad personal con la selección periodística, afirmación que no deja bien parado ni al MPP ni al Frente Amplio.[1]

 

Ni la inclusión de Sanguinetti entre los virtuosos de la actuación escénica, ni excluir a Mujica de la estirpe frenteamplista permiten explicar, sin embargo, porqué el actual presidente identifica la eficacia representativa con la provocación mediática.[2] En particular, esa percepción del ejercicio de un poder estatal, medido con el rasero de un oficio de locutor, habla mal por igual aunque por distintas razones, tanto de las explicaciones más enjundiosas como de las más frívolas de la actividad política del presente.

 

En primer lugar, es difícil adjudicarle un rol de “traidor de clase” a quien anuncia  a los cuatro vientos que ante todo se dedica a proferir retruécanos (el refrán dice “quien avisa no traiciona”). Pero también parece difícil hablar de un “desgaste del gobierno” que afectaría a quien declarativamente toma a cargo la oportunidad tal como luce.  Nada, en efecto, de lo que dice Mujica supera el rasero de una opinión tamizada por un largo ejercicio de la costumbre política. De ahí que esa actuación trasunte tanta sensatez como ineficacia, una vez puesta en perspectiva de un supuesto gobierno de las circunstancias.

 

Promueve un efecto de concordancia con la Argentina que viene a reafirmar, por la obstinada persistencia del conflicto que atraviesa los sucesivos microclimas diplomáticos, que el diferendo entre los dos países obedece a un trasfondo gravitante. Genera un ámbito de concordancia nacional por encima de sectores tradicionalmente contrapuestos, que ante el hostigamiento presidencial a los funcionarios públicos y los docentes, termina por socavar los pilares de sustentación de su propia fuerza política, que la sostuvieron en medio de la peor crisis entre 1999 y 2004. Exhibe la multiplicación del empleo como un logro estratégico para sustentar el bienestar de las mayorías, pero lo expone al descrédito con la paralela indiferencia ante la desigualdad de ingresos, mientras suma la amenaza de un proceso inflacionario fuera de control. 

 

La opinión provee el origen del término paradoja (doxa: “opinión” en griego), a punto tal que la contradicción organiza la discusión orientándola al desenlace de la decisión crítica. Tal gradiente no se puede alcanzar, sin embargo, sin una percepción de la opinión razonable que respetándola, logre también superar la constatación trivial, a cuya obviedad de parecer  “como te digo una cosa te digo la otra”.

 

Sin embargo, ni la frustración explicativa a que conduce una “lectura de clase”  del proceso histórico, ni la cansina versión periodística del “desgaste en el ejercicio del poder”, logran explicar porqué el histrionismo puede abrirse paso a través de una actuación mediática, ni por qué forzados a admitirlo por razones electorales, los propios aliados políticos (por ejemplo Rubio) que genera lo perciben, sin embargo, como una intrusión advenediza.

 

Quizás una explicación registrada desde la propia identidad tupamara, aparentemente la menos proclive al oportunismo de cargos y sin embargo la más inclinada a lucir galardones institucionales, pueda remover una visión demasiado cargada de apreciaciones “ideológicas” (en el peor sentido del término, si se encontrara uno menos malo que otro). Con honestidad intelectual irreprochable, Samuel Blixen presenta la trayectoria hiper-paradójica del actual ministro del interior, en su momento, militante guerrillero.[3] Esta trayectoria pasa del blanco al negro (o viceversa, según el lente con que se mire), pero el color no le hace a la cuestión de la opción, cuando la afiliación sigue la alternancia propia de la cinta de Moebius, cuya excelencia formal la priva de doblar ningún codo. En el reverso de trayectoria que traza Blixen, Bonomi siempre fue igual a sí mismo, pero en las sucesivas versiones que acuña, no se reconoce un rumbo que la orientación seguida no pudiera adoptar.

 

Con el cuestionamiento de una represión análoga a la  que se ejerciera contra el régimen de “hombre fuerte” de Pacheco Areco,  Blixen termina por describir la  actual gestión del ministro del interior con rasgos que lo asocian, en la secuencia histórica, a la misma represión pachequista que condujera, por aquel entonces, al mismo Bonomi de hoy a la militancia clandestina.  Quizás esta contradicción en la trayectoria de “doble bucle” de Bonomi lo lleve, en el centro del vínculo de unión de dos círculos (el del pachequismo y el del mujiquismo) al mismo punto de reinicio.[4] Quizás, asimismo, reeditar la secuencia histórica que marca la paradójica supervivencia ideológica de Bonomi sea más eficaz, para la explicación del “irresistible ascenso” del histrionismo presidencial, que el sempiterno ajuste coyuntural de una camaleónica “lucha de clases” o la insostenible levedad del ser de la democracia representativa en tanto “mejor sistema posible” (como si la democracia soportara un “sistema”).

 

En efecto, conviene recordar que la propia izquierda uruguaya en la que prosperaba el MLN y se forjaba el Frente Amplio de aquel entonces, satirizaba la figura política de Pacheco Areco en tanto “Rey de Palos”. La figura del juego de cartas españolas aludía a una mera condición de imagen, que era de doble sentido: por un lado se presentaba con un perfil de “hombre fuerte”, por otro lado, la fortaleza que trasuntaba era pura superficie sin otro trasfondo que un juego de naipes. La ironía de izquierda tableaba, presentando al régimen de gobierno bajo una condición pueril, entre en dos planos: por un lado marcaba la denuncia de la represión que ejercía, por el otro, subrayaba la superficialidad de las soluciones que presentaba el pachequismo. Sin embargo, lo que permitía unir en la figura de un naipe los dos aspectos, era la superficialidad del acontecer político que ya cundía en la opinión pública, en particular, en andas de la búsqueda de un “hombre fuerte”.

 

Cabe recordar acerca de aquella inclinación masiva, que la constitución “naranja”, plebiscitada en 1967 con las elecciones nacionales, conllevaba como principal contenido el presidencialismo, con el deliberado propósito de poner freno a la “ineficacia” del gobierno colegiado. Asimismo, los quilates que reviste la figura de Seregni no pueden hace olvidar que su candidatura se cargaba de un valor suplementario, en razón de la autoridad militar que revestía su grado de general del ejército, tanto de cara a la opinión pública como a la disuasión interna de las propias fuerzas armadas. En un sentido políticamente opuesto, pero no menos significativo, cabe recordar que el mismo clima demagógico de búsqueda de “mano fuerte” alentó la candidatura por la extrema derecha del General Aguerrondo y en una versión de probidad administrativa, la del General Gestido, cuyo deceso viniera a suplir de forma provisoriamente catastrófica el mismo vicepresidente Pacheco Areco.

 

El Uruguay era desde el fin de la 2ª guerra mundial un país altamente mediatizado, no sólo por el gran tiraje de la prensa masiva, sino ante todo por el temprano y amplio desarrollo radiofónico, que se articulaba de manera particularmente eficaz con la versión periodística y partidaria. La campaña ruralista de Nardone que hizo posible, a partir de mediados de los años 50’ la victoria del Partido Nacional en 1958, fue protagonizada desde las ondas radiales. Con más razón aún, el Uruguay de los 60’ estaba desde ya sujeto a un influjo mediático decisivo en la conformación del reclamo de “mano dura”, que es el antecedente propio en que se funda, tanto el inicio de la carrera política de Bonomi, como el ascenso del MLN en que Mujica militaba por entonces.

 

En cierto sentido, por demás revelador, ni el uno ni el otro parecen haber vuelto la página en la que se puede leer el contexto gravitante de aquel entonces, que parece persistir en la memoria, en aras de una inspiración política instrumental. Esta acelerada regresión que conlleva la memoria, cuando no la gobierna el replanteo crítico del presente, ni olvida ni aprende.

 

Lo que no olvidaron es lo que forjó el ascenso del MLN y que llevara, por una vía negativa, al acelerado crecimiento de la organización clandestina: la resonancia mediática de las acciones militares, que en un contexto de alternativas de bloques, presentaba a la guerrilla como la única opción acumulativa ante la derechización represiva del Estado. Lo que no aprendieron es que los medios de comunicación no son el mero instrumento que interviene entre una intencionalidad y una realidad, sino que modulan los principios y moldean el contexto.

 

La lección aprendida a medias parodia el texto. El histrión del saber no ha incorporado sino una gestualidad de lectura, lo que dice se deshilacha puesto al filo de la explicación. El texto se convierte en el único ejemplo posible de la significación aducida, el contexto no va más allá de la lectura a la letra.

 

La reversión que significa la substitución de la soberanía por la mediación tecnológica no es una subversión de régimen institucional (como la que lleva del régimen de excepción a las garantías democráticas), sino una reversión del régimen institucional como tal: el lugar del soberano ha desaparecido substituido por la industria tecnológica de la comunicación. Vattimo señala como esa substitución del soberano por una democracia de técnicos conlleva el fin de la perspectiva del poder de Estado, sobre todo, entendida filosóficamente, es decir, en tanto que perspectiva.[5] Por eso no se trata del bufón en el lugar del rey, sino del bufón en (…) lugar del rey. Lo primero supondría que desde algún lugar se mantiene la perspectiva que siempre supone “el lugar del rey” (y ante todo en el Orden de la representación clásica). Lo segundo supone que un bufón hace las veces de rey, sin otra perspectiva que la diversión del público.

 

Foucault aborda la cuestión del lugar del rey en dos pasajes de Las palabras y las cosas. En el primero se trata del lugar al que apunta la tela de Velázquez, en cuanto señala que la tela se divisa desde el lugar de quien (espectador o rey) la representa en el orden que presenta (pintada de cara a quien se retrata). Ese orden contiene un bufón. Pero el lugar del bufón no es intercambiable con el lugar del rey, porque el bufón no puede sostener el orden de la representación, ya que tal lugar supone, como su propia condición de existencia, el orden de representación que sólo sostiene el rey, desde el gobierno de la escena que propone la propia tela.[6]

 

En el segundo, Foucault trata del lugar del rey en tanto lugar de la crítica.[7] El doblete empírico-trascendental no llega a ser redoblamiento de lo subjetivo, revertido sobre lo empírico que enfrenta, si la misma crítica no se revierte sobre lo “dado a la representación”, para retomar ese plano arrostrado desde  un lugar “que todavía es una representación”.[8] El lugar del rey en la modernidad es el lugar de la crítica, porque sólo desde ese lugar lo subjetivo se revierte en lo empírico y le dicta una apropiación representativa. 

 

En Blow Up Antonioni plantea, por los mismos años 60’ en que Pacheco asolaba el Uruguay, la escena tecnológica ya perceptible por entonces. Absortos en el intrascendente ir y venir de la pelota, dos tenistas son rodeados por una nube de payasos, que festejan por festejar lo que los otros juegan por jugar, sin desenlace soberano de perspectiva posible para unos ni para otros. Por el contrario, el fotógrafo ensimismado en la modelo que lo seduce de cuerpo versátil descubre, en el momento del revelado, el crimen captado inadvertidamente en el entorno. Antonioni entendió que la mirada centrada ya no puede encontrar nada, en un mundo de enfoques interactivos, pero sí obtiene un punto revelador la actividad entregada.[9]

 

Bonomi no es la negación de la mano dura, ni Mujica la superación del pachequismo, porque tanto uno como otro pretenden ocupar el “lugar del rey” mientras tanto, como lo señala Vattimo, “no hay más soberanos”. Una vez más conviene recordar, que ya sea en Mujica o en Bonomi, como ayer en Pacheco, no se trata ni se trataba de estilo, de expresión o de condiciones personales, sino ante todo de la gravitante cuestión del presente. 

 

Reeditar falsamente un lugar que ya no es viable, una vez que la tecnología ha suplantado a la ideología,[10] supone retornar por la vía más acérrima al ejercicio del poder más arbitrario, porque se ha asumido lo político desde una perspectiva pragmática, por lo tanto, fatalmente dictada por el mismo oportunismo mediático que persigue.

 

 

[1] Silva, L. Uval, N. “El otro poder” La diaria (13/09/13) http://ladiaria.com.uy/articulo/2013/9/el-otro-poder/

[2] “Andá a los programas bobos que son los que ve la gente que vota” El País (12/09/13) http://www.elpais.com.uy/informacion/mujica-topolansky-programas-bobos-votantes.html

[3] Blixen, S. “El túnel del tiempo” Compañero (10/09/13) http://www.pvp.org.uy/?p=4326

[4] Sobre la eficacia de la figura geométrica en la estrategia crítica ver Derrida, J. (1967) “Force et signification” dans L’écriture et la différence, du Seuil, Paris, pp.29-30.

[5] Vattimo, G. (2010) “El final de la filosofía en la edad de la democracia” en Ontología del declinar, Biblos, Buenos Aires, pp.256-259.

[6] Foucault, M. (1966) Les mots et les choses, Gallimard, Paris, pp.27-30.

[7] Op.cit. pp.318-323.

[8] Op.cit.p.375.

[9] Antonioni, M. (1966) Blow Up (Deseo de una mañana de verano) Filmaffinity http://www.filmaffinity.com/es/film488376.html

[10] Sobre la substitución de la ideología por la tecnología, ver en este blog  “Brasil vs. Uruguay: el partido del contragobierno” http://ricardoviscardi.blogspot.com/2013/07/brasil-vs-uruguay-el-partido-del.html

Camuflaje humanitario

Ataque químico 2

 

 

Alberto Medina Méndez

 

El actual conflicto en Siria ha puesto en escena una nueva versión de la reiterada postura de ciertos sectores políticos y de una significativa cantidad de ciudadanos del mundo, que utilizan la tragedia para ventilar sus mas inconfesables odios, su resentimiento serial y sesgada posición ideológica.

La opinión pública en general ya había decidido ignorar lo que venía ocurriendo en ese territorio, como ha sucedido casi siempre en la historia. Para casi todos se trataba de un conflicto inentendible, doméstico, pero al mismo tiempo, claramente irrelevante para la política mundial.

Pero muy pronto todo cambió. La mera posibilidad de que EEUU decidiera participar militarmente de la disputa hizo que se despertara, casi mágicamente, un sospechoso interés humanitario que no estaba presente.

Queda instalada así la sensación de que en realidad a nadie le interesa demasiado la cantidad de muertos de la guerra civil Siria, ni mucho menos de que se trata la lucha, ni la posible existencia de armas químicas o bajo qué circunstancias se desata esta andanada de crueldad en ese lugar.

La hipocresía se hace inocultable a poco de inicia cualquier discusión superficial sobre el asunto. La cuestión ha tomado relevancia solo porque una nación quiere asumir un rol predominante que no le corresponde.

No es novedad que la política internacional norteamericana es detestable y que su soberbia actitud de gendarme del mundo constituye un permanente atropello a la comunidad internacional. Se sabe que nadie le ha delegado esa potestad, ni a esa nación ni a otra, para decidir lo que es bueno y lo que es malo para todos. Pero no menos cierto es que en Siria, como ha pasado tantas veces en otras regiones, las disputas políticas, la atrocidad de los fanatismos, los autoritarismos despóticos y los fundamentalismos, se han llevado consigo vidas de inocentes, mostrando un absoluto desdén por la vida humana que no debe admitir alegatos en ningún caso.

La no intromisión de ciertos países en temas internos de los demás, no convierte en virtud a las actitudes asesinas de los tiranos que detentan el poder, ni tampoco a los rebeldes que utilizan armas solo para imponer su razón. Los sucesos lamentablemente se repiten, con muertes, violencia y excesos de poder, en definitiva, las antípodas del logro de la paz, esa que cualquier ser humano decente pretende para la vida en sociedad.

Ganar la paz nunca fue fácil. Con intransigentes, autoritarios e intolerantes como protagonistas se hace muy complejo. La búsqueda de la paz es un objetivo en sí mismo, sobre todo si se pretende construir en armonía. Pero resulta vital resistir la tentación autoritaria y encontrar creativas formas de acuerdo, nuevos espacios de coincidencias, aunque la velocidad de esos consensos no sea la óptima.

El mundo asiste hoy a una guerra civil, esta vez en Siria, pero que solo replica innumerables eventos en la historia de la humanidad. No se debe justificar de modo alguno el inicio de la fuerza contra otros. El uso del poder, del Estado y sus recursos, para aplastar a los opositores es tan cruel, como el de los que eligen el camino de la destrucción indiscriminada de seres humanos solo para derrocar al opresor de turno.

Es inadmisible la actitud indiferente de una sociedad que siente el enfrentamiento como ajeno. Lo ignora, renunciando a la chance de liderar la construcción de soluciones profundas. El silencio cómplice de la comunidad internacional solo institucionaliza una conducta ciudadana demasiado obvia.

Las posturas intervencionistas, de esas que creen que el derramamiento de sangre arregla algo, tampoco resultan ni razonables, ni moralmente correctas. Pero alguna luz de esperanza se abre tímidamente gracias a una secuencia de hechos que pueden parecer menores pero que, probablemente abren la puerta a una interesante etapa. El escaso apoyo local en EEUU, el rechazo internacional masivo a la militarización adicional, las malas experiencias del pasado reciente, parecen haber puesto un leve freno, por ahora solo provisorio, a los reiterados intentos de siempre. Pero se debe entender que esto tampoco resuelve el problema, a lo sumo no lo agrava.

Lo que preocupa es el cinismo planetario de quienes destilan su odio hacia EEUU y usan descaradamente a Siria, a la desgracia de esa nación, a sus inocentes muertos, o a lo que fuera, solo para hacer política barata. El antinorteamericanismo arraigado en el mundo, con matices según los continentes, aparece con inusitada efervescencia cuando esa potencia militar intenta poner sus uñas en un nuevo territorio.

A no engañarse, no se trata de una real preocupación por los sirios, ni por las vidas humanas, ni mucho menos el reconocimiento de los problemas internos de una nación, es solo la excusa políticamente correcta para que los xenófobos de siempre, los destiladores de odio, hagan de las suyas.

No les interesan ni las vidas, ni el conflicto, ni su solución. Cuando los que tienen actitudes imperiales, igualmente repudiables, son otras naciones, el silencio cómplice de sus posturas se manifiesta sin rodeos.

La posición humanitaria del colectivismo progre es una gran farsa. Avalan regímenes dictatoriales defendiendo déspotas, hacen caso omiso a las denuncias sobre la existencia de presos políticos y violaciones a los derechos humanos en diferentes latitudes. Solo reaccionan cuando EEUU entra al ruedo, como si esa nación tuviera el monopolio de los dislates.

Esa estrategia ya es indisimulable. A esos ciudadanos del mundo no les importa ni la gente, ni los muertos en Siria, ni la escalada de violencia en ese país. Solo les interesa usar a la gente para diseminar sus creencias repletas de rencor, que desprecian al individuo. Ellos creen que las personas deben someterse al interés colectivo. Sus posturas políticas son cada vez más evidentes y burdas.

Es solo camuflaje humanitario.

 


albertomedinamendez@gmail.com

Siria, la historia de un trastoque

Audio de Teódulo López Meléndez

Kerry y Lavrov 2

http://www.ivoox.com/siria-espejo-trastoque_md_2357396_1.mp3″ <a href=”http://www.ivoox.com/siria-espejo-trastoque-audios-mp3_rf_2357396_1.html&#8221; title=”Siria, el espejo de un trastoque”>Ir a descargar</a>

Legitimidades: La electoral y la social

Vídeo de Teódulo López Meléndez

Después de Siria, ¿El fin de la Alianza Atlántica?

alianza atlántica


 

Fernando Mires

Las armas químicas no eran un pretexto de Obama como sí lo fue para Bush en Irak, ese ex-país. De hecho, el íntimo aliado de Assad, Putin, Presidente de todas las Rusias, lo reconoció al proponer su “colaboración” para lograr que fueran retiradas de Siria las armas químicas. Armas que eran, lo advirtió muy bien Putin, la legitimación oficial de la guerra limitada con la cual amenazaba Obama a la tiranía. Razón por la cual el hábil Putin propuso a su colega Obama un negocio cuyas cláusulas no visibles rezan más o menos así: Tú no atacas Siria. En cambio nosotros (Assad y yo) retiramos las armas químicas más notorias. Así tú quedas bien frente a tus vacilantes aliados europeos y ante tus electores, cansados ya de tantas guerras inútiles, y yo apareceré ante la luz pública como el pacifista internacional que ha salvado al mundo de una guerra atroz. Y por el momento me quedo en Siria. Ni un paso atrás.

 

Al parecer, Obama no tiene otra alternativa sino aceptar los términos propuestos por Putin. No porque así lo quiera, por supuesto. Como he repetido en diferentes ocasiones, el problema fundamental para Obama, aun más que las armas químicas, reside en la existencia del eje Siria- Rusia -Irán, eje que amenaza desestabilizar aún más al ya desestabilizado Oriente Medio.

 

Rusia, de acuerdo a la visión mantenida por todos los presidentes norteamericanos después de la Guerra Fría, no tiene nada que hacer en el Oriente Medio. Por una parte, el apoyo militar de Rusia a determinadas dictaduras de la región amenaza a su aliado histórico: Israel. Por otra, amenaza a los aliados petroleros de los EE UU, Arabia Saudita y los emiratos. Por si fuera poco, Rusia a través de Siria e Irán representa un serio problema para las pretensiones de Turquía relativas a llegar a ser un factor hegemónico regional y, no por último -algo que parecen no haberse dado cuenta los europeos- el Oriente Medio está muy cerca de Europa.

 

Ay, Europa. Ese es el problema. En gran medida el avance de Putin en dirección al Oriente Medio está ocurriendo gracias a la debilidad política de una Europa cuyas gobiernos se han mostrado incapaces para asumir las tareas internacionales que le correspondían después de la Guerra Fría. 

Europa ya ha dejado de ser una unidad política-militar. O dicho de modo más preciso: porque Europa ya no es una unidad política no puede ser una unidad militar. Y al no ser ni lo uno ni lo otro tampoco se encuentra Europa en condiciones de reconocer los antagonismos internacionales que la acosan. 

 

La unidad europea solo existe en la economía. Europa no es algo muy diferente al Mercado Común Europeo. Por cierto, los gobernantes europeos son los primeros en quejarse en contra de Ángela Merkel acusándola de confundir a Europa con el Euro. Pero ellos tampoco tienen otra concepción continental. 

 

Las elites europeas nunca se cansan de referirse a Europa como proyecto cultural y no económico. Para todos, criticar a Alemania ha pasado a ser un lugar común. Pero ¿es posible un proyecto cultural sin un proyecto político? Incluso intelectuales con experiencia política claman por una Europa unida sin decirnos en contra de qué se va a unir, como si Europa estuviera situada en el limbo de la historia.

 

Daniel Cohn-Bendit y Félix Marquart, dos europeístas, escribieron recientemente un manifiesto (04.09.2013) llamando a los jóvenes de Europa a votar como europeos en las elecciones del Parlamento Europeo, aduciendo además, sin prueba alguna, que la época de los estados-nacionales ya ha terminado. ¿Cómo va a terminar si en materia internacional no hay gobierno que no tome posiciones no solo de acuerdo a intereses nacionales sino de acuerdo a intereses electorales inmediatos? Por supuesto, ninguna intervención militar es popular, y si alguien quiere ganar elecciones, es necesario aparecer como pacifista, aunque eso ocurra en contra de los propios intereses nacionales. Razones que explican el débil apoyo europeo que recibió el proyecto de Obama para intervenir en defensa de la resistencia siria.

 

La verdad, ese fenómeno de abierta deserción política ya venía ocurriendo desde hace tiempo. La última vez cuando Europa actuó como bloque fue en 1999, en Yugoslavia. El apoyo de los gobiernos europeos a EE UU durante la guerra de Afganistán, muy entusiasta al comienzo, fue decreciendo paulatinamente. Hoy Afganistán es un nido terrorista. Frente a Irak el apoyo fue menor. En términos confiables los EE UU solo contaban con Inglaterra. Pero en el caso de Siria el parlamento inglés votó en contra de Cameron, es decir, en contra de EE UU. A través de esa votación los ingleses rompieron un pacto histórico que regía desde los tiempos de Churchill. Solo Hollande parecía todavía dispuesto a apoyar a Obama, pero en los EEUU ya es sabido que París siempre ha escogido caminos propios. Y bien, Putin conoce esa realidad como a la palma de su mano.

 

Ni corto ni perezoso Putin tomó la iniciativa ofreciendo su “colaboración” a los EE UU, pero reservando términos ventajosos para las pretensiones rusas en el Oriente Medio. Hizo bien entonces Obama al no retirar sus contingentes militares de la región. Desde el punto de vista simbólico habría aparecido ante la opinión pública como un derrotado en una guerra que, para colmo, no tuvo lugar. Por ahora el gran vencedor es Putin.

 

Probablemente Obama sabe que si los gobiernos europeos no se encuentran inmediatamente amenazados por un enemigo común, EE UU no va a contar jamás con ellos. Es la dura y triste realidad, y como tal deberá ser aceptada. La Alianza Atlántica seguirá existiendo sobre un papel. Pero en la práctica la OTAN solo podrá ser movilizada si el gobierno de Marte decide atacar a la Tierra. Por el momento ese no es el caso.

 

La era en la que los gobiernos europeos tenían la misma política frente al mismo enemigo ha quedado atrás. También quedaron atrás los tiempos en que la política internacional de cada país europeo no era interferida, mucho menos determinada, por la política nacional. En el fondo la mayoría de los políticos europeos piensan que al no existir el Pacto de Varsovia la OTAN tampoco es necesaria. Y en cierto modo tienen algo de razón: Las condiciones de 2013 no son las mismas de 1949, año en que fue fundada la OTAN. Obama a su vez sabe, y lo dijo, que el papel de los EE UU no es hacer de policía mundial si no está apoyado por una muy amplia coalición internacional. Eso no significa que los EE UU sean más débiles que antes. Todo lo contrario, desde el punto de vista tecnológico es inalcanzable, no solo por Rusia y China, también por Europa. Desde el punto de vista militar es insuperable. Desde el punto de vista cultural, sigue siendo hegemónico. Su única debilidad es que hoy tiene menos aliados europeos que durante la Guerra Fría. Lo que, por lo demás,  es obvio.

 

El fin de la Alianza Atlántica no significará por supuesto el fin de las alianzas internacionales para los EE UU, incluyendo las que deberá contraer puntualmente con determinados gobiernos europeos. Pero todo parece indicar que en el futuro solo serán alianzas circunstanciales y no de carácter permanente como es, o fue, la OTAN. En ese sentido el triunfo de Putin en Siria no solo es momentáneo; es también relativo. 

 

Es cierto que hoy los EE UU cuentan en Europa con menos aliados que antes. Pero también es cierto que en el Oriente Medio EE UU nunca había tenido tantos aliados como durante el gobierno Obama. Con Israel los une una alianza histórica. Con Arabia Saudita y otras naciones petroleras, una alianza económica. Arabia Saudita a su vez, se opone por motivos ideológicos y religiosos a los gobiernos de Siria e Irán. La Liga Árabe en su conjunto apoya a los rebeldes sirios. Turquía se opone a las pretensiones hegemónicas de Rusia e Irán y por lo mismo intenta levantar una estrategia militar de contención. Y hasta los generales egipcios dependen de la ayuda militar estadounidense. Por si fuera poco, las minorías nacionales de Siria sobre todo los kurdos cuyos tres partidos forman parte del CCN (frente de resistencia sirio), más los sirios-turcos, los asirios y los armenios, es decir, todos esos grupos nacionales que en el pasado reciente adscribían a objetivos comunistas, han unido sus fuerzas en contra del tirano Assad. 

 

Obama, en fin, no está solo. Putin, tampoco. El póquer seguirá jugándose.

 

¿Y los niños masacrados ? ¿Y la sangre que corre por las calles ¿Y los que abandonan sus hogares, huyendo del gas y de las balas? Esos “detalles” ya no los nombra la prensa europea. Después de todo ¿qué más da cambiar a unos terroristas por otros? Ese es el tenor dominante. En cierto modo los europeos ya han hecho suya la infamia propagada por el tirano sirio, a saber, que si no fuera por Assad, Siria será dominada por Al Quaida. Assad ha pasado a ser así, en la opinión pública europea, un simple “mal menor”. Si las circunstancias no cambian, pronto será considerado, junto con los gorilas egipcios, como un garante de la paz. Mondo Cane.

 

Coraje para hacer lo necesario

 

decisión

 

 Alberto Medina Méndez

A buena parte de la ciudadanía le angustia pensar en el futuro. La incertidumbre sobre el porvenir se fortalece por la percepción de que hace falta corregir demasiado para encontrar el rumbo.

La lista de problemas a enfrentar es larga y compleja. Casi todas esas cuestiones tienen múltiples causas y para abordarlas con seriedad se deberán encarar diversas acciones.

Hoy la sociedad tiene más sensaciones que conocimientos. Es posible que no se posea pleno dominio de los detalles, aspectos técnicos y estudios profundos sobre cada asunto, pero se tiene plena conciencia de su existencia y además se sufren sus consecuencias sin contemplaciones.

Con la misma simpleza que la gente entiende lo que pasa, aun sin conocer sus insondables mecanismos, sabe también que para resolver problemas se necesitan decisiones fuertes e intuye que su implementación puede no ser muy grata y que se pueden sufrir efectos indeseados. Es el sentido común el que dice que los inconvenientes no se arreglan por sí mismos y que hacerlo siempre tiene secuelas e implica atravesar etapas.

Primero se debe entender el problema, disponer de un diagnostico, comprender lo que sucede con claridad. Luego vendrá la construcción de estrategias específicas que permitan afrontar esos asuntos. Unos se inclinarán por las decisiones duras que recurran a la cirugía mayor para extirpar de raíz las causas reales y encauzarse hacia una mejora definitiva, aunque el costo en la inmediatez sea muy elevado. Otros dirán que para minimizar el impacto se puede intentar algo más gradual, más lento aunque con las mismas inevitables derivaciones pero amortizadas en etapas.

Por eso, cuando en la política contemporánea se discuten candidaturas, partidos, frentes y hasta se evalúa el humor social, probablemente se equivoca el camino. La sociedad enfrenta problemas importantes que requieren soluciones concretas. Se podrá discutir si los temas deben ser atacados al mismo tiempo o el nivel de contundencia a aplicar, pero lo que resulta innegable, es que más que candidatos hacen falta ideas de cómo superar un presente que pretende prolongarse en forma indefinida.

Esta situación es el corolario de las pésimas políticas del pasado y las patéticas actitudes de la actualidad, a lo que se agrega la inocultable mezquindad de los dirigentes de este tiempo, siempre más preocupados en sumar votos que en resolver las evidentes adversidades.

Para salir de este círculo vicioso hace falta seleccionar a los mejores, no solo a los que puedan construir un triunfo electoral sino a los que sean capaces de diseñar proyectos serios para un cambio real. Los postulantes de la política que prometan un futuro brillante omitiendo plantear las dificultades que habrá que sortear para conseguirlo, mienten descaradamente, le faltan el respeto a la gente, a su inteligencia, para convertirse en simples embusteros seriales y ser solo más de lo mismo.

Salir de este enjambre, de esta maraña de insensatez política, requiere de mucho talento, pero resulta imprescindible para poder transitar esa etapa, una gran determinación y una perseverancia a prueba de todo.

Para dar vuelta la página triste de la política actual, se precisan estadistas, gente dispuesta al desafío de pasar a la historia grande y no dirigentes que dependan de las urgencias electorales. No se pueden hacer cosas importantes mirando el corto plazo.

Es tiempo de buscar políticos que puedan mostrar integridad y solvencia, aptitud y decencia, que miren a los ojos a la gente para decirles que lo que viene será difícil, que habrá que superar tiempos de inmensas dificultades, que una generación de ciudadanos deberá hacerse cargo, como corresponde, de los errores del pasado, para que la siguiente pueda asumir solo lo que le toca sin tener que pagar la fiesta ajena.

Se necesita mucha valentía para decirlo pero más valor para hacerlo. Será el momento de mirar con lupa, de buscar lo  vital. Si se repiten las promesas de siempre y los sueños de un futuro sin esfuerzo, será esa la nueva ruta hacia una fantasía que jamás llegará.

Hay que estar dispuestos a hacer un gran sacrificio en la coyuntura, para que llegue el indispensable sinceramiento que precisa la realidad. Eso implica trabajo y renunciamientos. Los que propongan un mundo de maravillas sin esfuerzos estarán faltando a la verdad descaradamente.

El futuro genera cierto temor. La transición no será fácil. Hay que prepararse para tiempos de turbulencia, que serán tolerables solo en la medida que se tenga la capacidad de seleccionar a los mejores, a los más honestos e idóneos. De lo contrario solo se prolongará la agonía y, más tarde o más temprano, se tendrá que aterrizar a la realidad que se intenta esquivar desde hace mucho, solo porque esa fotografía no resulta agradable y demuestra lo mal que se han hecho las cosas hasta aquí. Habrá que entender que es tiempo de tener el “coraje para hacer lo necesario”.


albertomedinamendez@gmail.com

skype: amedinamendez

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Un candidato zarpado: el Titanic

 

Titanic

Ricardo Viscardi

La concepción subjetiva propia de la modernidad se expresa con particular énfasis en la propensión a recrear el ambiente del Titanic antes del impacto contra el iceberg. Ya en la propia descripción del accidente se pauta la inclinación que lo admite o deniega. Quien abusa del efecto dramático de la confiabilidad confortable del lujoso transatlántico, contrapuesta a la gélida inmersión marina, está desviando la atención respecto a lo que efectivamente ocurrió, que no concurrió por debajo de la línea de flotación, sino por encima de las expectativas que suscita la fama.

 

Ante el accidente inescrutable pero previsible, el punto que se pone en juego por parte de quien se encuentra en condiciones de decidir, consiste en las posibilidades necesariamente plurales que configuran una decisión. Por el contrario, la necesidad no puede ser objeto de decisión, en cuanto lo necesario presenta una única razón, que no admite el par que como mínimo supone toda alternativa, ante dos posibilidades puestas en cotejo entre sí. Esa contingencia requiere, como condición de toda resolución sobre una misma base, dejar de lado uno de los polos contradictorios, como consecuencia ineludible de una toma de decisión.

 

La frase que Plutarco atribuye a Pompeyo “Navigare necesse, vivere non est necesse” no supone una decisión, sino una arenga, porque la frase no se refiere a una posibilidad, sino a una obligación. Pompeyo afirma que es necesario navegar porque de lo contrario la ciudad romana se encuentra en grave riesgo de disolución, ante la hambruna que la atormentaba, con la secuela de desórdenes políticos y estratégicos que amenazaba desencadenar tal escenario. Por consiguiente, la necesidad de navegar se anteponía a la vida biológica, para estampar la supremacía de la vida ciudadana, característica arquetípica de la condición ética romana.

 

En efecto, confiar la vida a quien la vive es una inclinación idiosincrática moderna, incomprensible desde el punto de vista que expresa Santa Teresa de Jesús: “muero porque no muero”.[1] Por consiguiente, ese aferrarse a la biología no debe ser entendido en cuanto a la modernidad como una comodidad oportuna, sino en tanto imperioso mandato de perspectiva: la uniformidad del ser que dispone de sí dándose un destino propio.

 

Esa disposición fue la que adoptó el capitán del Titanic y la que condujo al naufragio más célebre. Las causas del mismo no sólo son ajenas al acorazamiento con que contaba el barco, sino que sobre todo son contrarias a lo que aconsejaba la prudencia más elemental en la navegación, a esa altura del Atlántico boreal y a esa altura del calendario invernal.[2] El disponer de sí mismo, con el propósito de batir un récord de velocidad en la travesía atlántica, fue lo que determinó la imposibilidad de evitar la colisión con el obstáculo de hielo, así como la magnitud que revistió el impacto en cuanto al desenlace del hundimiento.

 

Quizás la integridad bio-lógica de la modernidad, en cuanto debe suponer la homogeneidad del sujeto en sus consideraciones, no haga sino adoptar, a título de coherencia subjetiva, condiciones fatalmente excluyentes entre sí. Sin embargo, la inviabilidad de la integración entre la decisión y el destino propio podía ser asumida, por ejemplo por un Pompeyo desafiando el mar bravío, en tanto dictado del destino: aún con riesgo de la vida biológica el romano exhortaba a sus marineros a ponerlo todo en riesgo,[3] porque a sus ojos la vida sin sentido ciudadano carecía de valor propio.

 

Sin embargo, con idéntico propósito ciudadano se puede incurrir en la misma temeridad aduciendo una prudencia de propósitos, cuando la previsión confunde deseos con realidades. Tal propensión a ignorar que “la vida es sueño”[4] se justifica en la autoestima que confiere la simple continuidad. Si tal “razón del artillero” parecía valedera en el caso del general Seregni –cuya especialidad militar era la artillería, que nunca fue presidente, puede convertirse en el “tiro en la pata” que denuncia Mujica,[5] que sin duda lo sabe por experiencia presidencial.

 

La asociación del destino del Frente Amplio con el triunfo presidencial en las elecciones próximas, recuerda en mucho la fe en el progreso que daba por insumergible al Titanic: ufana de la proeza industrial, promueve el exceso de confianza del capitán. Sin embargo, el accidente no puede ser substituido por la decisión, porque la decisión lo supone: no hay decisión sin error a la vista.  Por lo mismo, creer que el procedimiento excluye el paso en falso ya es estar dándolo, ante todo porque reduce la latitud de la interrogante que abre rumbos.

 

 No se trata entonces de pensamiento único ¿cómo sería un pensamiento que no decidiera? Si decide, no puede ser único, lo que puede suceder, sin embargo, es que no sea pensamiento. Pero también puede abandonar la sana duda un pensamiento que se supone tal porque se sustenta en la pura racionalidad de procedimientos: por ejemplo en la numeración de las encuestas de opinión pública. En este caso, seducido por la medición a ojos vistas, el navegante político confunde la etiqueta numérica con la instrucción de uso del fármaco electoral. Como se sabe, el paso del fármaco a la pócima es tenue y muchas veces es difícil diferenciarlo del suicidio.

 

En este caso las contraindicaciones, igual que para la navegación en el Atlántico Norte en medio del invierno, son muy claras en cuanto al tipo de escollos que puede emerger de la niebla, sobre todo en razón de lo nublado de las inmediaciones ideológicas: los gremios de docentes y de empleados públicos, aliados por excelencia de la izquierda, abjuran de aquella alianza en que algún día creyeron,[6] los estudiantes se dicen vigilados cuando no ultrajados por el propio gobierno del Frente Amplio,[7] algún analista de la izquierda tradicional activa la alarma,[8] los partidos del Frente Amplio proponen para la administración próxima lo mismo que al presente dejan de votar en el parlamento por disciplina gubernamental.[9]

 

Zarpado a las apuradas ante el desorden climático, el candidato Titanic anuncia que no puede evitar creer en su destino, sin embargo, si él cree en el suyo, son cada vez más los que dejaron de creer en él, incluso en un supuesto blindaje de la decisión, por ejemplo, electoral.

 

 

 

 

 

 

[1] Santa Teresa, Vivo sin vivir en mí  http://hyspania.wordpress.com/2012/12/11/muero-porque-no-muero-santa-teresa-de-avila/ (acceso el 4/09/13)

[2] “¿Cómo se hundió el Titanic? El ojo científico http://www.ojocientifico.com/4631/como-se-hundio-el-titanic (acceso el 04/09/13)

[3] Casas, A. “Navigare necesse, vivere non est necesse” Turdetania, http://turdetaniaonoba.blogspot.com/2013/06/navigare-necesse-vivere-non-est-necesse.html (acceso el 04/09/13)

[4] Pedro Calderón de la Barca (soliloquio de Segismundo en “La vida es sueño”) http://www.rjgeib.com/thoughts/barca/barca.html

[5] “A los sindicalistas los tenemos que pasar por un cepillo” Actualidad Chaco (29/08/13) http://www.actualidadchaco.com/vernota.asp?id_noticia=33221

[6] Ver en este blog “Inefable educación sin rendición de cuentas: hacia el voto en blanco” http://ricardoviscardi.blogspot.com/2013/06/inefableeducacion-sin-rendicion-de.html

[7] Ver en este blog “Balas de goma, manos de yeso y fresas de la frescura” http://ricardoviscardi.blogspot.com/2013/08/balasde-goma-manos-de-yeso-y-fresas-de.html

[8] Legnani, R. “Peligrosa crisis entre lo político y lo social” La Onda digital (28/08/13) http://www.laondadigital.com/LaOnda/LaOnda/639/A5.htm Ver también del mismo autor y en el mismo sitio “Elecciones: no está todo dicho” http://www.laondadigital.com/LaOnda/LaOnda/640/A6.htm

[9] Uval, N. “Tanto tienes, tanto vales” La Diaria (04/09/13) http://ladiaria.com.uy/articulo/2013/9/tanto-tienes-tanto-vales/

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