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Democracia siglo XXI

mes

diciembre 2013

sonar-despierto

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El disparate del barril sin fondo

 

barril

Alberto Medina Méndez

Algunos acontecimientos aislados de la política cotidiana plantean cada tanto la discusión casi absurda que se sustenta en la opinión, fuertemente arraigada, de que los recursos son ilimitados. En ese contexto, proliferan discursos que instalan la visión de supuestos merecimientos por el esfuerzo que realizan los individuos sin recibir la gratificación adecuada.

Bajo esta exótica forma de razonar, algunos creen haber hecho méritos suficientes y suponen que ese esmero los sitúa en un pedestal ante la sociedad, que sin importar el modo, los debe compensar, eufemismo utilizado para reclamar una retribución económica superior a la actual.

Con cierta descarada actitud, escasa modestia y una inocultable arrogancia, ellos mismo elogian su propia tarea, destacan su valía y con esas razones, poco objetivas por cierto, demandan ser jerarquizados, respetados, léase bien remunerados. Este fenómeno se presenta con diferente intensidad y argumentos según sea el caso de personas que desempeñan su labor en la actividad privada o como servidores públicos.

Quienes desarrollan sus quehaceres en el ámbito privado tienen la intuitiva percepción de que rigen determinadas pautas que vinculan su escala de compensaciones con el eventual éxito o fracaso de la empresa de la que forman parte. Si los vientos son favorables tienen chances de mejorar su situación salarial. Por el contrario, cuando los negocios no encuentran su rumbo, saben que su empleo puede hasta discontinuarse.

Una clase especial de personajes, como el trabajador independiente, el emprendedor, el profesional, esos que hacen de su oficio su forma de vida, advierten que si todo resulta, ganarán; pero si no sale tal cual lo previsto no tienen siquiera su supervivencia asegurada. Todos los meses arrancan desde cero, sin certeza de cómo funcionará y asumen con naturalidad que sus riesgos son incalculables y que casi nada está asegurado.

En el sector estatal las reglas parecieran ser otras. Cierta creencia popular afirma que TODOS merecen cobrar más y que siempre están mal pagados. Es como si esas actividades tuvieran un aura especial por la que policías, médicos, enfermeros, docentes y cualquier otra ocupación dentro del Estado fuera un apostolado, un sacerdocio, una cuestión meramente vocacional. La legislación los protege de modo diferencial, son inamovibles y tienen derechos especiales como la prerrogativa de no ser despedidos porque gozan de una estabilidad laboral plena, pudiendo jubilarse en esos puestos.

Una teoría de gran aceptación, sostiene la ridícula idea de que el Estado puede pagar cualquier cosa, como si el mismo dispusiera de recursos ilimitados, de un don celestial por el cual reproduce el dinero que precisa para abonar lo que sea. En ese esquema los políticos que no aumentan sueldos a estatales son los malos de la película y los que lo hacen son dirigentes con sensibilidad social. En realidad solo se trata de asumir con responsabilidad la gestión de administrar los recursos de los contribuyentes.

Es importante cuestionar esta concepción por la que todos los trabajadores estatales tienen “legitimo” derecho a solicitar incrementos en sus remuneraciones, solo porque “no les alcanza” y “se merecen”, siendo imprescindible derribar el mito del Estado que dispone de fondos infinitos.

Por obvio que parezca, algunos aun no han aprendido que las arcas públicas se nutren de impuestos, que son detraídos coercitivamente cuando el Estado se queda por la fuerza con una parte, cada vez más importante, del fruto del esfuerzo de los individuos. Pero también se financia con endeudamiento, cuando el insensato gobernante de turno, decide gastar dinero que no tiene ahora, endosándole a las generaciones venideras la carga de abonar esa deuda contraída. Y claro está, cuando lo anterior ya no alcanza, los funcionarios que haciendo uso de la potestad jurídica de emitir moneda en cualquiera de sus formas, acuden a la reproducción de dinero artificial, ese mecanismo que genera la inflación que todos padecen.

Mientras no se sincere el debate, se seguirá repitiendo en público lo políticamente correcto, afirmando demagógicamente que todos merecen cobrar más, que se gana poco y que los empleados estatales deberían ser mejor compensados. Se debe abordar la cuestión de fondo para entender que las ingresos solo aumentan genuinamente cuando vienen de la mano de la mayor productividad. Mientras tanto se seguirá girando en círculos, sosteniendo ideas que no se condicen con la realidad, y que desilusionan cíclicamente hasta que se advierta que la “fabrica de dinero” tiene un costo y que, como decía un controvertido economista, “en economía se puede hacer cualquier cosa, menos evitar las consecuencias”.

Defender ideas equivocadas no es gratis. No es una cuestión reflexiva o filosófica. Cuando se sostienen principios erróneos se toman decisiones desacertadas y el desenlace es predecible. El despilfarro estatal, la irresponsabilidad en la administración de la cosa pública y la inflación son absolutamente indisimulables, pero todo esto sucede porque la ciudadanía sigue creyendo mayoritariamente en el disparate del barril sin fondo.

albertomedinamendez@gmail.com

 

Bienvenida al 2014

Mensaje de Teódulo López Meléndez a Venezuela

Chile: La reelección de Bachelet

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Argentina: Los verdaderos protagonistas de la proeza

 

Argentina

Por Alberto Medina Méndez

Argentina ha vivido momentos de mucha zozobra en estas semanas. El conflicto salarial de las fuerzas policiales puso en el centro de la escena un problema social mucho más profundo, que fue la plataforma ideal para la proliferación de hechos vandálicos y saqueos en diferentes puntos del país.

Los observadores locales e internacionales hicieron todo tipo de lecturas. Los más, prefirieron enfocarse en la política, en la reacción entre timorata e insensata y hasta demagógica de la clase dirigente que lejos de asumir sus propias responsabilidades, pretendieron quitarse el asunto de sus espaldas buscando culpables a quienes endilgarles semejante contratiempo.

El debilitado liderazgo de muchos gobernadores y la mezquina actitud de los funcionarios nacionales, lejos de resolver la cuestión, solo generaron inconvenientes adicionales innecesarios que se pagaron con demasiadas vidas humanas y cuantiosos daños materiales, absolutamente evitables.

Es inadmisible que la política haya caído en la perversión de hacerse la distraída, especular electoralmente y hasta realizar festejos frente a la inocultable adversidad e instalada sensación de tensión general. Gestos como estos, que abundaron por cierto, solo muestran la baja calidad humana de la inmensa mayoría de los políticos, su escasa catadura moral,  y la ausencia de sensibilidad y escrúpulos a la hora de utilizar a los individuos como parte de su rutinario juego de conquista del poder.

La displicente decisión de otorgar aumentos salariales a mansalva, demostró una irresponsabilidad absoluta para gobernar. Esa conducta solo provocará nuevos embates similares muy pronto. El modo de cancelar esos compromisos será con mas emisión monetaria ( inflación ), endeudamiento e impuestos, mecanismos que invariablemente castigarán en idéntica proporción a los ciudadanos que pagaran de alguna manera esos aumentos. La única forma genuina de incrementar salarios es con una mayor productividad real, es decir generando riqueza y trabajando más y mejor, sino solo se reparte lo existente sacando a unos para darles a otros. Este conocido experimento tiene resultados tan predecibles como indeseables.

No menos grave es la reacción masiva de una sociedad que mientras se angustia frente a los sucesos, pide demagógicamente,  que se reconozcan salarios más dignos a los policías, reiterando la formula políticamente correcta de quedar bien con los que reclaman sin animarse al debate de fondo, ese que tiene que ver con demandar los talentos básicos que debe exhibir el que pretende mayores remuneraciones. En ninguna profesión “todos” son buenos en lo suyo, ni merecen cobrar algo solo por desempeñar esa tarea. El criterio no puede ser general, en todo caso existe un estándar mínimo que define quienes están calificados para una posición y bajo esas reglas de exigencia y competencia caben mejores compensaciones.

Del lado de la policía, hubieron posturas disimiles, desde los fundamentalistas que no temieron en usar ( como lo hizo la política ) a los ciudadanos como rehenes de esta manipulación salarial, a los otros que entendieron que no se puede dejar de trabajar para forzar situaciones. No es con posiciones incorrectas, que se puede exigir justicia y equidad. Algunos lo comprendieron poniendo lo mejor de sí, mientras el resto recitó lo que todos querían escuchar, al mismo tiempo que por lo bajo fomentaban el caos para obtener lo que pretendían sin importar las consecuencias.

Cuando el reconocimiento no llega espontáneamente sino bajo la presión del eventual daño a terceros, lo obtenido es solo producto de la extorsión y lejos está de ser entonces un mérito del que se pueda estar orgulloso.

Los saqueadores son la muestra de la degradación moral en la que está inmersa la sociedad. La noticia de que las fuerzas de seguridad no estarían en las calles fue, para casi todos los ciudadanos, la señal de que había que buscar refugio para evitar ser la próxima víctima de los delincuentes.

Es trágico observar como un sector de la población, mínimo afortunadamente, pero extremadamente agresivo, consideró que esta era su gran oportunidad para quedarse con lo ajeno, para tomar por la fuerza la propiedad de los otros, sin importar el esmero que ponen aquellos en obtener su sustento con dignidad. Estos criminales se aprovecharon del resto, desplegando su resentimiento, envidia y odio, aplicando la violencia para apoderarse de lo que muchos consiguieron con trabajo y esfuerzo.

Es preocupante el panorama, porque los hechos solo pusieron en evidencia la presencia de un grupo de inadaptados sociales, que siguen ahí, entremezclados con los decentes y honestos, agazapados y listos para dar su próximo golpe al corazón de una sociedad que lucha por ser mejor.

Entre tantas aristas que tiene esta patética historia reciente, una de ellas tiene ribetes heroicos y no fue debidamente señalada por los medios de comunicación ni tampoco suficientemente revalorizada por la ciudadanía.

Merecen realmente ser aplaudidos, los hombres y mujeres que se animaron a poner el cuerpo en el sentido literal de la palabra, esos propietarios de comercios, sus empleados, familiares y amigos que frente a la adversidad, decidieron no dejarse avasallar, ni permitir que una banda de rufianes inescrupulosos, se quedaran con el fruto de su sacrificio cotidiano.

No descansaron mansamente en la ilusión de que la policía los protegería, sino que se decidieron a ser protagonistas y defender lo propio como sea, con la convicción de que nadie tiene porque robarles ni su presente, ni sus sueños. Algo de épico se puede rescatar en medio de tanta calamidad. Es tiempo de reconocer el heroísmo, el coraje y la valentía de aquellos que se arriesgaron en serio, que dejaron horas de descanso de lado para trabajar durante el día y montar guardia por las noches durante varias jornadas. Ellos fueron los verdaderos protagonistas de la proeza.

albertomedinamendez@gmail.com

8D y el mundo que se abre

Audio de Teódulo López Meléndez

deconstrucción 2

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Siempre vale la pena

 

esfuerzo

Por Alberto Medina Méndez

Es inevitable que un sector de la sociedad sienta cansancio, se agote frente a tanta desazón y baje los brazos para finalmente claudicar. Son muchas las señales, que a diario, ayudan a construir los pilares de esta visión derrotista. Los ciudadanos sienten que todo está perdido, que el poder los aplasta sin contemplaciones y que los “malos” hacen y deshacen a su antojo, sin que exista forma alguna de doblegarlos.

La historia reciente parece confirmar esta percepción. Cambiar la realidad, modificar el actual estado de las cosas no es tarea sencilla. El presente es complejo y el mundo gira a una velocidad que resulta difícil acompañar.

El poder tiene demasiadas aristas y su funcionamiento es altamente sofisticado. En ese contexto, el individuo siente que su esfuerzo por torcer el rumbo es insuficiente frente a ese aluvión de inequidades, actitudes mezquinas y bajezas humanas que invariablemente logran su objetivo. No es tarea simple la de vencer la inercia. Es mucho más fácil hacer lo que hace el resto y entregarse mansamente a los designios de los más.

Lo importante de las batallas es poder darlas y no necesariamente ganarlas. Y no es que no tenga importancia triunfar en cada propósito, sino que no se puede priorizar la victoria por sobre la dignidad del esfuerzo.

Muchos son los que creen que las utopías no tienen sentido alguno, que buscarlas es de idealistas, de desquiciados y dementes que han perdido su equilibrio. Los que repudian el derecho a luchar, los que incitan a someterse sin más, no parecen demasiado inteligentes tampoco. Morir sin dignidad, dejar este mundo sin un legado de convicciones, pasar por la vida de un modo intrascendente, no resulta un gran desafío.

Las utopías no merecen ser abandonadas. La felicidad humana, ese instante por el que tantos se sacrifican, lo demuestra a diario. Si se aplicara una mirada estrictamente utilitaria, nadie lo intentaría. Sin embargo, casi todos la buscan, pese a su escasa duración y su intermitente presencia.

Mahatma Gandhi decía que “no hay camino para la paz, la paz es el camino”.  Y justo es reconocer que ese hombre ha demostrado que se puede, inclusive honrando con su propia vida las convicciones que sostuvo.

En este recorrido, muchos tratarán de disuadir al resto. Querrán convencerlos de que nada merece semejante esfuerzo y que es más placentero capitular y hacer lo que todos, antes que luchar por lo imposible.

Son los cobardes de siempre, los que no tienen un plan para sus vidas, esos a los que les falta coraje para perseguir ideales e invitan a abandonar la lucha. No lo pueden decir, pero se sienten incómodos frente a los soñadores. No lo hacen por maldad sistemática, sino por la ausencia de una autoestima que les permita volar.

Tal vez sea bueno recordar lo que dice aquel viejo proverbio que recuerda que “solo los peces muertos van en el sentido de la corriente”. Rendirse es una elección posible, morirse en vida y resignarse, es siempre una opción.

Algunos creen que es un modo de pasarla mejor, una forma más confortable de transcurrir. Y es posible que sea cierto, pero la indignidad también tiene esa apacible comodidad tan tentadora para muchos.

Lo que está sucediendo a veces preocupa, otras asusta y casi siempre invita a humillarse. El conformismo, la sumisión, la mansedumbre son los aliados imprescindibles que precisa el poder para seguir haciendo de las suyas.

A Jorge Luis Borges se le atribuye aquella frase que entre inteligencia, realismo e ironía afirmaba que “es de caballeros defender causas perdidas”. Es importante comprender que siempre se está a tiempo de elegir caminos. Está el de los mas, el de los que han decidido ser meros espectadores de la realidad. Y está el de los otros, el de los que saben que las chances de triunfar son pocas, pero que igualmente todos los días dan la pelea. Los mueven sus convicciones, sus principios, corre sangre por sus venas y no los mueve el exitismo de los triunfos sino la posibilidad de pelear por los sueños, sin importar que parezca imposible. Para los que dudan en intentarlo, habrá que decir que hacer lo necesario, lo correcto, lo adecuado, siempre vale la pena.

albertomedinamendez@gmail.com

Frente a la casa de Mandela

Estado-probeta: la fórmula Poli-dE evalúa los DDHH

inmigración

Por Ricardo Viscardi

¿Cómo no sospechamos que la ecuación genética del candidato-probeta[1] terminaría por enunciar la fórmula Poli-dE=DDHH (donde Poli-dE se lee “políticas de Estado”)? ¿Cómo no sospechamos que el proyecto de esterilización de los “filósofos de la sospecha” (Nietzsche, Marx, Freud) iba a instalarse a través de la sospecha del evaluador? ¿Cómo no sospechamos que la sospecha iba a ser evaluada por el Estado? ¿Cómo no sospechamos que toda evaluación ipso-norma-iso-2000 conduce al Estado-probeta? ¿Cómo no sospechamos que una vez puestos bajo sospecha de evaluación los derechos de los humanos debieran pasar por el control de calidad del LATU (Laboratorio Tecnológico del Uruguay)?

 

En su intervención en el Coloquio Ciudadanías Contemporáneas. Cuestionamientos y Escenarios[2] Bertrand Olgivie se refirió a la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, como se sabe, ligada al momento fundacional de la revolución francesa.[3] Olgivie subrayó que se trató de un documento marcado por la circunstancia política, ante todo componenda de posiciones dispares entre sí. Sin embargo, desde el punto de vista del mismo ponente, la condición fundamental del documento estriba en el “y” que une a “derechos del hombre” con “ciudadano”. Esa “y” tanto podría ser, desde una perspectiva kantiana, de conjunción necesaria, como pasar, en una perspectiva hegeliana, a la contingencia de la conjunción. Esto es: la necesidad de un universo de la historia o la necesidad de la historia para cualquier universo. El carácter concreto de la historia desaparecería cuando “La declaración de los Derechos del Hombre y del ciudadano” pierde la partícula “ciudadano” y se transforma en “Derechos Humanos”, que ni siquiera tienen necesidad, en adelante, de ninguna conjunción extra-normativa (ni tampoco ciudadana). Tal pérdida de conjunción genera una moral que se separa de la actuación política como tal, en cuanto se configura con prescindencia de las circunstancias concretas que presiden el avatar del común.

 

Quizás deba entenderse la perspectiva desarrollada por Ogilvie desde el punto de vista de cierta sensibilidad vinculada con las ideas de mayo del 68’, una de cuyas máximas célebres fue “Un derecho no se pide, se usa”. En este caso estamos, cuando se pergeña una moral institucional de los derechos humanos, ante una curiosa perversión de aquella perspectiva sobre la norma, que predicaría “Un derecho no se usa, se controla”.

 

En el Coloquio Educaçao, Etica e Política na Contemporaneidade,[4] que se inició en Rio de Janeiro tan sólo dos días después de finalizado Ciudadanías Contemporáneas, Carlos Ruiz Schneider señaló que asistimos al despliegue de un proyecto de “Universidad de la Evaluación”.[5] Este proyecto sería la prolongación de la “Universidad de la Competencia”,  impulsado desde el Banco Mundial a fines de los años 90’. Menos centrado sobre la selección del mercado y más referido a la universalidad del modelo, esta “universidad de la evaluación” reiteraría en todos los planos del saber la obsesiva persecución de un parámetro sin anclaje, idiosincrasia ni autoctonía.

 

Planteada la pregunta acerca de la inscripción de tal evaluación universalizada en una universalidad de estados evaluadores, Ruiz respondió afirmativamente a la presunción, destacando que se trata de un régimen general de la institucionalidad en los tiempos que corren, sustentada en matrices elaboradas exnihilo y aplicadas urbi et orbi en beneficio de un poder globalizado, impersonal y tecnocrático.

 

Un episodio reciente subraya en el Uruguay esa perspectiva acerca de la implementación de una estructura de índole moral, colocada por encima de actuaciones de los particulares, destinada a hacer valer un control del derecho al control de los derechos por parte de sus propios habientes. Tal entelequia moral que planea por encima de los simples mortales, etiquetados en razón de las razones que los asisten pero que ni usan ni conocen (ni/ni), proyectó sin embargo la sospecha sobre uno de los propios sátrapas del imperio de la norma, por parte de un colega de tal colegiatura inmarcesible. En efecto, la sospecha del caso es de sesgo conocido: se supone que el dignatario, en vez de controlar el bien público, podría aprovecharse de lo público del bien para beneficio privado del interesado.[6]

 

Confiada a una “junta de expertos” la norma intangible no deja de unir varios poderes que se suponía separados (el ejecutivo del judicial, para ejemplo), pero que quizás la levitación institucional del bien (público) coloca en cierto nirvana, que el común pone bajo sospecha de hacer política contingente.  En cuanto piensa lo que debemos querer hacer, tal colegiatura no deja de cumplir una pesadilla espectral que sufrió Derrida, al preguntarse si le confiaríamos concebir la ética a un comité de ética.[7]

 

Las reuniones que mantuvo Juan Raúl Ferreira, miembro del Instituto de Derechos Humanos, con varios políticos, en particular con el expresidente y actual pre-candidato favorito a la presidencia de la república Tabaré Vázquez, fueron sumando gotas que terminaron por desbordar el vaso de la normativa de la normativa. Así como no hay crímenes de lesa humanidad sin usar los derechos de alguien contra ese alguien, no existe institucionalidad posible de los derechos humanos sin redoblar los derechos de los humanos que se dice preservar. Ese redoblamiento debe presentarse como fantasma del derecho de otro, simulación que se escuda en la intangibilidad de un principio, para usarlo como vara de medida de los derechos de cualquier otro.

 

La acusación que se dirige a Juan Raúl Ferreira se vincula a una forma clásica de la imputación pública: usar un poder del común en provecho propio, en este caso, de beneficio político contingente.[8] Sin embargo, la acusación puede sufrir el accidente propio del paso a nivel, si el estruendo de un tren esconde el paso de otro en sentido contrario. El peligro mayor de violación política de derechos en tiempos de “evaluación de Estado” (pruebas PISA, Instituto de Evaluación de la Educación, Instituto de Derechos Humanos),[9] no reside en el aprovechamiento de un bien público para fines propios de un particular, Juan Raúl Ferreira en este caso, sino en la propia desposesión de todo particular en tanto sujeto por un Hiperevaluador que ya sabe, antes que ninguno se dé por enterado, lo que le conviene a cada quien.

 

Quizás estamos mucho más cerca de ese Estado evaluador de lo que creemos, ya que las declaraciones de Juan Raúl Ferreira acerca de la simpatía que le prodiga el precandidato con más chances aparentes a la presidencia,  parecen refrendadas por las propias declaraciones de Tabaré Vázquez, quien se propondría universalizar per secula seculorum (pasado, presente y futuro reunidos) la evaluación de los derechos humanos.[10] Tendríamos así un gobierno infuso en Instituto de Derechos Humanos, panacea del bien y réplica normativa del perfil incoloro, insulso e inocuo del candidato-probeta.

 

Los filósofos de las sospecha pueden descansar tranquilos. Habrá mil razones para sospechar por cada derecho puesto bajo tutela.

 

[1] El descubrimiento del candidato-probeta nutrió varios análisis de este blog “Tragedia progresista: Frankestein no votó al cantidato-probeta”  http://ricardoviscardi.blogspot.com/2009/10/tragedia-progresista-frankenstein-no.html  , “Meta(e)-lecciones: el virus-votante ataca al candidato-probeta” http://ricardoviscardi.blogspot.com/2009/11/metae-lecciones-el-virus-votante-ataca.html , “Voto en blanco: el candidato-probeta en atmósfera de red”  http://ricardoviscardi.blogspot.com/2012/08/votoen-blanco-el-candidato-probeta-en.html

[2] La información sobre el Coloquio Ciudadanías Contemporáneas (Montevideo 28-30/11/13) se encuentra en http://coloquiociudadanias.org/inicio.html

[3] Aún no se publicaron Actas del Coloquio, ni tampoco se encuentra disponible on-line el registro audiovisual del evento, por lo tanto nuestra retención de memoria se difunde con las reservas interpretativas del caso.

[4] Coloquio Organizado por la Universidade Federal do Rio de Janeiro y la Pontificia Universidad Católica, Rio de Janeiro (2-3/12/13).

[5] Valen para el propósito de Ruiz Schneider las mismas reservas interpretativas que expresamos anteriormente.

[6] Uval, N. “Confieso que me he reunido” La Diaria (4/12/13)          http://ladiaria.com.uy/articulo/2013/12/confieso-que-me-he-reunido/

[7] Derrida, J. (1993) Spectres de Marx, Galilée, Paris, p. 148.

[8] “Juan Raúl Ferreira se reunió con Tabaré Vázquez y encontró sintonía con el precandidato del Frente Amplio” Unoticias (26/11/13) http://www.unoticias.com.uy/2013/11/26/politica/juan-raul-ferreira-se-reunio-con-tabare-vazquez-y-encontro-sintonia-con-el-precandidato-del-frente-amplio/

[9] “Asume el Instituto de Derechos Humanos” El País Digital (22/06/12) http://historico.elpais.com.uy/120622/pnacio-647665/nacional/Asume-el-Instituto-Derechos-Humanos/

[10] “Vázquez dijo que tercer gobierno del Frente Amplio hará foco en DDHH “para hoy” República.com.uy (27/11/13) http://www.republica.com.uy/ddhh-para-hoy/

De Klerk o la otra cara de la moneda

Audio de Teódulo López Meléndez

De Klerkhttp://www.ivoox.com/de-klerk-o-otra-cara-la_md_2621625_1.mp3″ <a href=”http://www.ivoox.com/de-klerk-o-otra-cara-la-audios-mp3_rf_2621625_1.html&#8221; title=”De Klerk o la otra cara de la moneda”>Ir a descargar</a>

Adiós al último de los héroes: Nelson Mandela

Nelson Mandelahttp://www.worldtv.com/cuervo_tv

Ucrania y el imperio de Putin

Audio de Teódulo López Meléndez

Kiev 1

http://www.ivoox.com/ucrania-imperio-putin_md_2609101_1.mp3″ <a href=”http://www.ivoox.com/ucrania-imperio-putin-audios-mp3_rf_2609101_1.html&#8221; title=”Ucrania y el imperio de Putin”>Ir a descargar</a>

El remiendo tardío

 

remiendo

Por Alberto Medina Méndez

La desesperada tentativa de cambios por parte del gobierno argentino parece ser solo una reacción extemporánea que ni siquiera tiene pretensiones de apuntar al núcleo de las cuestiones que debe resolver.

Es lo que sucede cuando se llega tarde. No existe tiempo material suficiente para implementar las transformaciones necesarias, ni tampoco la voluntad política necesaria para hacerlo. Cuando no se puede ir al fondo de los problemas, se termina optando por el maquillaje, por los remiendos, por hacer como que se hace, en vez de proceder con seriedad.

Al elegir el camino de los parches, los funcionarios no están abocados a reparar cada uno de los inocultables inconvenientes que la gente los percibe con una intuitiva claridad.

La inflación y la inseguridad han sido temas determinantes en el último resultado electoral, y el gobierno ha tomado nota de semejante llamado de atención, aunque lo haga en silencio y sin reconocerlo públicamente.

Tenía muchas alternativas para seleccionar, pero la prioridad política nuevamente gano la pulseada. Ya no se trata entonces de entender lo que la sociedad necesita, sino solo de registrar el reclamo siempre bajo los paradigmas que propone la próxima compulsa electoral.

En ese contexto, el gobierno ha optado por quitarse la responsabilidad sobre la seguridad, aduciendo que son las provincias las que deben implementar políticas ya que de esa jurisdicción dependen las fuerzas policiales, omitiendo de ese modo su participación directa en la generación de las múltiples causas estructurales de la inseguridad que son alimentadas desde las inadecuadas decisiones nacionales.

Este discurso muestra, que no serán replanteadas en lo más mínimo, por lo tanto es de esperar que nada cambie demasiado. La apuesta del gobierno es solo cambiar de culpables. No tienen la solución, no saben siquiera por dónde arrancar ni que hacer al respecto. Sus urgencias políticas dicen que todo lo que se podría encarar, no tendrá impactos positivos de corto plazo y es mejor entonces no poner energías en lo que no se puede ni emparchar.

El otro gran frente de batalla, la inflación, es ciertamente el foco que han decidido enfrentar. En ello apelarán a remedios heterodoxos. No se ocuparán de enmendar la causa, es decir el indisimulable exceso de gasto estatal que los obliga a emitir moneda desenfadadamente como lo han venido haciendo en estos últimos años, cada vez con menos pudor.

Recurrirán para ello a formulas tan inmorales como hipócritas. Saben, aunque no lo digan, que deben reducir la emisión monetaria que ha sido su fuente vital de financiamiento, y reemplazarla pronto.

Apelarán a una combinación de elementos encaminados a mitigar la consecuencia del desmadre de las cuentas públicas. Por un lado, ajustarán en silencio, porque su relato sostiene lo contrario, pero ahorrarán donde puedan, aunque no necesariamente haciendo lo adecuado. No serán austeros, tampoco desmantelarán el agujero eterno de la corrupción, sino que solo achicarán partidas donde no se note demasiado postergando pagos con instrumentos financieros que les permitan ganar tiempo y caja.

También apelaran a sacarle provecho al monstruo que han creado, licuando sus gastos, indexándolos por debajo de la inflación real y hasta es probable que reduzcan por etapas “algunos” subsidios que ya resultan insostenibles.

La estrategia más importante será la de hacer los deberes para endeudarse. Desde lo discursivo no tienen como justificarlo, pero ya encontrarán algún eufemismo para explicarlo, aunque nadie se los crea. El ingreso de divisas vía créditos, lo que implica gastar ahora para que lo pague otro gobierno y la siguiente generación de ciudadanos es una herramienta que combina una perversa inmoralidad con un indiscutible pragmatismo.

Algún recurso adicional de esos que necesitan a gritos, vendrá de la mano de grandilocuentes inversiones foráneas, que serán anunciadas con bombos y platillos, pero que en su mayoría provendrán del habitual mecanismo de las inversiones prebendarías con contratos especiales y cláusulas ocultas.

El esquema general se apoya sobre una rara mezcla. Pero su objetivo final sigue siendo el político electoral. Pretenden llegar al próximo turno con alguna chance concreta de continuar en el poder. Suponen los gurúes de la planificación local, los mismos que recitaban que el modelo era exitoso y ahora se ocupan de emparchar como pueden, que estos giros les permitirán apostar por un nuevo mandato con un simple recambio de caras.

La sensación es que no les alcanzará el tiempo para hacer lo que esperan y mucho menos que la sociedad esté dispuesta a redimirlos de sus errores del pasado y el presente, sobre todo por su credibilidad en caída libre.

Los cambios son siempre bienvenidos cuando intentan aportar soluciones. Esta vez estamos frente a una burda tentativa de maquillar el presente sin arreglar nada, una grosera maniobra para esconder la basura debajo de la alfombra y construir un puente que les permita garantizarse impunidad y sostenerse en el poder. Solo un remiendo tardío.

albertomedinamendez@gmail.com

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