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Democracia siglo XXI

mes

enero 2009

Los soldados de barro

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por Teódulo López Meléndez

Allí están seis mil soldados en formación de lucha presididos por los arqueros y once columnas de soldados de infantería. Son los batallones, los escuadrones, la formación que soñó el Emperador. Cada uno de esos soldados tiene una cara distinta, como si la imaginación desbordada hubiese sido capaz de imitar a la naturaleza y adelantarse a verificar las ramas de los códigos genéticos o como si se hubiesen puesto de la realidad los soldados de carne y hueso para copiarlos en barro.

Con ballestas se protegía el sueño eterno. Quienes pusieron sus manos sobre los soldados de barro fueron enterrados junto al Emperador. Los acompañantes del Emperador suelen ser enterrados junto al Emperador y quienes cumplen sus órdenes de moldear en barro son enterrados junto a su Emperador. Espadas, lanzas, arcos y flechas de bronce para proteger al Emperador que muerto estaba y enterrado andaba. Los soldados de barro estaban colocados sobre pedestales y los carros blindados hechos de madera cuidaban los límites de la autonomía del Emperador.

El Emperador construyó su palacio –hoy lo llamaríamos refugio- debajo del Monte Li en la provincia de Shansi. Cada soldado de barro que cuidaba al Emperador tenía las piernas macizas, el torso hueco y las manos y los pies, cocidas por separado, fueron unidos a los cuerpos con finas tiras de barro, que es como decir que las manos y los pies fueron unidos al cuerpo del Emperador. Al parecer las cabezas estaban blindadas contra cualquier ingerencia extraña que los hiciese mover de su misión de cuidar al enterrado Emperador. Sólo se sabe que tenían agujetas rojas para sostener sus botas de soldados de barro que protegían al Emperador.

Los soldados de barro custodiaban el camino al infierno. Eran más de siete mil los soldados de barro que cuidaban al Emperador. El Emperador iba para los catorce años cuando se hizo líder de la dinastía. El Emperador se hizo famoso por su habilidad para sobornar y destruir a la oposición. En Atizan hizo inscribir: “He reunido todo el mundo por vez primera”.

El Emperador le cambió el nombre a todo, a los caminos, a los vestidos coloreados, a las opiniones, a los parques y hasta a los idiomas. El Emperador necesitaba constantemente dar prueba de su poder y para ello ordenó quemar los libros e hizo diseñar una biblioteca donde sólo se contara de la historia lo que a él fuese conveniente. No satisfecho, ordenó la construcción de una Gran Muralla, pero el Emperador quería la inmortalidad y decidió la construcción de un ejército de soldados de barro.

El Emperador miró hacia atrás y adelante, y como su poder era indefinido, calculó que en 36 años estaría listo su ejército de soldados de barro y para ello empleó 700 mil artesanos –hoy los llamaríamos militantes- y así pudo proteger su mausoleo. El historiador Sima Qian dijo que allí había ríos de mercurio y que las ballestas se disparaban automáticamente desde las ruedas para matar a cualquier comentarista entrometido que se atreviese a utilizar mecanismos que no fuesen de barro.

El Emperador se llamaba Qin Shi Huang y sus Soldados de Terracota peregrinan hoy los museos, de ellos se hacen falsas copias y dentro de su perfección marcial siguen siendo de barro y sólo haber estado enterrados les ha permitido ser desenterrados.

Los soldados de barro son anónimos. Dentro de la perfección de sus rasgos, dentro de su papel definido de cuidar en el después, los soldados de barro no recibieron un nombre. Recibieron rasgos, pero nadie puede saber hoy como se llamaba cada uno, ni siquiera el rango que tenían, ni siquiera si habían sido ascendidos por las agujetas rojas colocadas en sus pies.

Qin Shi Huang cumplió su deseo de tener un ejército de soldados de barro. Si un campesino chino no los hubiese descubierto por casualidad los soldados de barro estarían aún en la ignominia del desconocimiento de los hombres que hoy asisten a verlos, a mirarlos, a escudriñar aquel ejército de fantasmas de barro. Quizás el campesino chino araba con un instrumento rudimentario tirado por bueyes, quizás hurgaba con las manos de carne y hueso en la dura tierra con un sueño impelido por el sol de conseguir una salida, una solución, de hacerse protagonista de un momento estelar. El campesino chino que descubrió los soldados de barro no sabía, porque este vino después, de un general romano llamado Cincinatto que araba en los largos predios del Lazio y tomaba el poder para salvar a Roma y lo devolvía con tanta prontitud que los padres de la nación norteamericana lo tomaron como modelo y en su honor bautizaron la ciudad llama Cincinnati, con la derivación “i” con que se hace el plural italiano, para decir que aquel general no comandaba soldados de barro, sino que era el desprendimiento del poder, el sentido del deber cumplido y el abandono de las opulencias del mando y que, por lo tanto, merecía que hubiesen muchos Cincinattos (Cincinatti), que no se dedicaran a hacerse de un ejército de soldados de barro.

Los de Cincinatto eran de carne y hueso, los oficiales medios, los curtidos combatientes de las Legiones, los que se reían del odio que los generales tenían a Cincinatto por su desprendimiento. Los Soldados de Terracota de Qin Shi Huang jamás combatieron, a no ser ahora con los copistas que hacen reproducciones para llenar sus museos de imitaciones y falsedades. No mezclo el pasado imperial chino con las hazañas de un comandante romano. Son historias separadas, pero hoy el barro y la dignidad salen a mi memoria por caprichos de escritor empecinado.

teodulolopezm@yahoo.com

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LA REVOLUCION DEMOCRATICA (Respuesta concreta a la pretensión autoritaria del socialismo bolivariano)

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por Rafael Grosscors Caballero

LA MATRIZ DE OPINIÓN ACTUAL

Los resultados de las tres últimas elecciones, tanto la de la reelección del Comandante Hugo Chávez Frías, el 3 de Diciembre de 2006, para el ejercicio de la Presidencia de la República por seis años más, así como las del 2 de Diciembre del 2007 (Referendum) y la que acaba de suceder, la del 23 de Noviembre del año en curso, demuestran, fehacientemente, que, desde hace algún tiempo, ya largo, existe una nueva realidad en el escenario electoral y opinático del País. En los últimos 20 años no sólo hemos dejado crecer la pobreza, a extremos altamente críticos, sino que igualmente hemos permitido que se “desbarate” buena parte de la construcción moral y material lograda por nuestra democracia moderna y se haya ampliado enormemente nuestra relación de dependencia económica y tecnológica del exterior. Todo ello, desde luego, como consecuencia de la permanencia en el Poder de regímenes sin sujeción a una estrategia política acertada, de crecimiento y grandeza, así como el presente, caracterizado por su errático, perverso populismo, claramente orientado hacia la imposición de un autoritarismo sin freno. De los diagnósticos realizados recientemente por las empresas y/o personas mejor calificadas en el área de la investigación social, se desprende que somos, ahora, una sociedad sin temor a ser regida por la “desorganización” y a precipitarse en la anarquía. Aparentemente, nos hemos “desideologizado” y hemos dado paso a un pragmatismo (oportunista) que ha ganado la confianza de una gran parte de los integrantes del Pueblo venezolano. La pérdida de una percepción más o menos racional (consciente) del contenido social del proceso democrático venezolano, por parte, fundamentalmente, de las bases populares, de las estructuras sociales más deprimidas del País, –apreciable ya para 1990– nos condujo, a nuestro juicio, a la actual situación de opinión, cuando un buen número de nuestra gente parece adaptarse, con relativa fidelidad, a las propuestas de un nuevo Socialismo –el Socialismo del Siglo XXI de Hugo Chávez— ignorando el verdadero significado de esta versión revolucionaria, pero bajo el convencimiento colectivo de que la democracia original del 45, rescatada ya el 58, había fracasado estruendosamente, –en cuanto a su promesa de ascenso social de las clases bajas y de propulsión del desarrollo general del País–, por lo cual Venezuela y su pueblo merecían y justificaban un cambio radical, en todos los órdenes de sus estructuras socio-económicas y culturales, pero….. sin saber para qué, ni porqué, ni hacia donde
ni como intentar tal cambio.

LA DEMOCRACIA DEBE TOMAR LA INICIATIVA

Entendamos, primero que todo, que llevamos diez (10) años sometidos a la voluntad gobernante de un solo Presidente y que el Jefe del Estado es el principal generador de opinión en una sociedad precariamente desarrollada, como la nuestra. Recordemos y comprobemos en nuestra memoria, que ese formador de conducta casi exclusivo, nos ha estado imponiendo una agenda personal y que, prácticamente, por lo menos en el orden político, todo lo que hacemos o dejamos de hacer, lo facturamos en pro o en contra de él, consciente o inconscientemente, ayudándole cada vez en su empeño de imponer su figura con carácter “insustituible” en nuestra realidad y en nuestro destino. Por ejemplo, podríamos sentirnos ilusionados por la derrota (¿) del oficialismo en el Referéndum del año antepasado (2007) y por los espacios ganados por “nuestra oposición” en las regionales de Noviembre. Pero nos estaríamos conformando con muy poco, si lo comparamos, en el juicio histórico, con todo lo que hemos perdido. Algo tenemos que hacer, pero sin perder de vista, utópica, ilusamente, la realidad del presente que vivimos. Las voces que quedaron enterradas en el pasado, gritando las ideas que ahora nos faltan, no pueden romper tan fácilmente este silencio impuesto por el conformismo de una sociedad enferma, en anomia, inerme, abúlica y entreguista. Es indispensable imaginar nuevos instrumentos de acercamiento e interpretación de la realidad. Debemos ser creativos y colocarnos en la vanguardia de los acontecimientos, tomar la iniciativa, para ir moldeando un futuro firme, capaz de resistir cualquier intento de reacción regresiva, tal cual se planteó en la consulta referendaria del 2007 y como se plantea ahora, cuando se intenta una nueva “rectificación constitucional”, encaminada a instaurar la Presidencia Vitalicia, como si estuviéramos en los tiempos del “Benemérito” Juan Vicente Gómez. Y si los conformistas engañados por falsas victorias existen, también son muchos los desconsolados que, no aceptando la realidad y suponiendo que necesariamente los sucesivos resultados electorales, oficializados por el CNE, lo único que demuestran es que ha habido un fraude continuado y que todo lo ocurrido electoralmente, se organizó fríamente dentro de una artera manipulación de la voluntad de los votantes; por lo cual satanizan y hieren a los distintos comandos de campaña, sin proponer soluciones factibles al o a los problemas que confrontamos en el orden político. Veamos las cosas de otro modo. Los resultados electorales, todos, según las distintas versiones oficiales, más bien indican que existen posibilidades para triunfar, en una futura batalla en igualdad de condiciones, enfrentando la Democracia (Social) al Socialismo (Autoritario).

LA BATALLA QUE DEBE GANARSE

Si el oficialismo chavista, con todo el apoyo, abusivo y desenfrenado de los recursos y los poderes públicos (totalmente sometidos a su voluntad y dispuestos a su favor, sin limitación ni control de ningún orden), según sus propias cuentas, logró el 45.6% de los votos (7 Millones Trescientos Mil sobre los 16 Millones del REP) en las elecciones en las que obtuvo la mayor ventaja (las presidenciales del 2006) y ahora, en las regionales, bajó a un 33% del REP (5.550.000 votos, sobre 17 Millones de inscriptos) lo que nos demuestra es que, en un combate con armas similares, transparentemente, el “monstruo” puede ser vencido. En las elecciones presidenciales del 2006, el candidato unitario (Manuel Rosales) obtuvo 4.287.467 votos (el 26.7% del REP), en tanto que la abstención llegó a 25.9% (4.150.400 venezolanos activos que no votaron); en cambio, en las del pasado noviembre, la oposición, los disidentes y los “no” chavistas, alcanzaron 5.400.000 votos, sobre un REP de 17 Millones, lo cual indica que mientras el autoritarismo disminuye, proporcionalmente, 13 puntos (de 46.6% a 32.6%), quienes lo rechazan se incrementaron en 5 puntos (de 26.7% a 31.7%) sin sumar la abstención, la cual se fue arriba con 10 puntos, de 4.200.000 a 6.000.000. (En un ejercicio solamente aritmético, en la comparación, si sumáramos al “no chavismo” los volúmenes de la abstención, tendríamos cifras espectacularmente negativas para quienes detentan el Poder: casi 8 Millones y medio en el primer caso y la “bicoca” de aproximadamente 11 Millones y medio en la ultima elección regional) ¿Entonces, que nos indican estos números?. Sugieren, sencillamente, que si continuamos en el camino de la confrontación civilizada, dentro de lo que podemos llamar “la democracia aparente” de un régimen con pretensión totalitaria, de producirse un “aflojamiento” del control de los instrumentos de presión por parte del sector oficial (¿la disidencia?) y tomamos la iniciativa, recuperando “la calle”, podríamos detener la marcha del ruidoso “socialismo chavista”. Mucho mas aún, si aceptamos, como no es difícil presumir, que en el abuso y en el desenfreno de la manipulación de las instituciones, incluidas, desde luego, las principalísimas de la función electoral, el chavismo “infló” hasta el máximo posible su verdadero tamaño impuesto –votación virtual, derivada de un falso REP— tenemos que llegar a la conclusión de que de nuestra inteligencia, de nuestra astucia y de nuestra imaginación, dependerá el éxito o el fracaso de nuestra estrategia, encaminada, como debe ser, a la legítima recuperación de la Revolución Democrática. Revolución en su sentido más dinámico, de transformación constante e indetenible, de todos los factores socio-económico-culturales componentes de la vida colectiva, mirando siempre hacia un Estado Superior de Bienestar, es decir, hacia el Desarrollo tal cual como se le concibe en la modernidad y hasta en la post-modernidad actuales. Revolución Democrática, sin obligada referencia a los últimos años de la llamada Cuarta República, cuando comienza a perfilarse la decadencia del sistema, iniciado con el Pacto de Punto Fijo, a la caída de la Dictadura perezjimenista.

LA INVESTIGACION NECESARIA

Dos aspectos de todo este amplio y complejo fenómeno de cambio de opinión y de actitud en la colectividad venezolana, merecen destacarse. El primero, el relacionado con la “transparencia” del REP, en el sentido de que es imprescindible saber, con exactitud, si todos los que conforman este enorme ejército de votantes, son venezolanos, si viven en Venezuela, si están integrados a la comunidad nacional y si, en realidad, incluso, existen o son, en alguna cuantía, votantes virtuales. Fue muy relevante, muy significativo, el rechazo rotundo que ha mantenido el CNE, desde hace dos años, a la simple posibilidad de que la composición y estructura del referido registro pudiera ser auditadas técnicamente por las principales Universidades Públicas del País, con excepción de las llamadas bolivarianas, de reciente data de fundación y obligatoria sumisión al oficialismo. Aparentemente, algo más que una política de protección a la identidad de los electores animó al CNE, de reconocida y comprobada parcialidad chavista, a cerrarse a cualquier examen del universo electoral, precisamente en cuanto se avecinaba una elección o reelección presidencial. En todo caso, durante casi toda la historia del funcionamiento democrático del País, la relación votantes-población ha estado comprobada en un 48%, por lo cual un salto repentino hasta un 60% en pocos años no deja de ser, por lo menos, sorprendente, si se está claro en que no han ocurrido alteraciones dramáticas o sobrenaturales en la tasa de crecimiento de la población. El segundo aspecto importante es el relacionado con la abstención, mucho más cuando todos los estudios de opinión han venido revelando, una intensa polarización de los venezolanos entre dos frentes de sistemático antagonismo. ¿Cómo identificar la naturaleza de esta abstención?. Según los datos del CNE, los electores venezolanos que se abstuvieron y no concurrieron a su cita con la historia del País al que pertenecen, con la sociedad en la que trabajan, estudian y viven, fueron casi tantos o mas, de los que sufragaron por los candidatos de la Oposición unida, la disidencia y los “no” chavistas. ¿Quiénes fueron ellos, los que se abstuvieron, porqué se abstuvieron y para qué se abstuvieron?, son preguntas que es indispensable responder, a la hora de intentar la configuración de una estrategia que apunte hacia un éxito comprobado, en el corto, en el mediano o en el largo plazo. ¿Existe alguna relación entre el violento crecimiento del REP y la altísima cuantía de los abstenidos en un País abiertamente polarizado?. No es posible la configuración estratégica racional, si estas incógnitas no son suficientemente despejadas y a tiempo.

LA PENETRACION CULTURAL

El objetivo táctico y estratégico de promoción de la REVOLUCION DEMOCRATICA, de rescate en sus orígenes, de reafirmación o reforzamiento en la conducta popular, de su moral y de su doctrina, tiene (o debe) lograrse, necesariamente, en los fundamentos humanos de la Sociedad, en los estratos inferiores, en la sede natural de las víctimas de la injusticia social, de la desorganización y de la anarquía. En las bases populares, en la calle. Por eso, luego de la investigación de la que hablamos en los párrafos anteriores, conociendo con precisión la cuantía del fenómeno de cambio hacia el discurso socializante, hay que determinar, también con exactitud, cual es el auténtico modo de pensar y de sentir del venezolano actual, cual su actitud ante la vida, cuales sus repuestas a las principales ofertas políticas de hoy y en donde están ancladas sus legítimas esperanzas, no sin antes o simultáneamente, precisar cuales son sus verdaderas necesidades, los problemas reales que le sumen, hoy por hoy, en su deplorable estado de miseria, moral y material, de inseguridad y de desasistencia y cómo es que podrían superarse las dificultades que le oprimen, para orientarse hacia un desarrollo creciente y sostenido, sin interferencias retroactivas. Hay que integrarse al sustrato de la Nación y ocupar el espacio necesario, allí, inconmovible e indesbordable, para intentar el rescate de la Democracia (revolucionaria) con los propios sujetos de su acción y con su propio esfuerzo.
Las asociaciones de vecinos, las juntas de condominio, los comités de barrio, todas las estructuras simples de la organización comunal, tienen que ser detectadas, como objetivos primarios, en el diseño de una estrategia de ocupación revolucionaria, por instrumentos que despierten su simpatía hacia el enfrentamiento y la solución de su disímil problemática socio-económica. Al respecto, debemos recordar el éxito que se obtuvo, en los instantes iniciales de la recuperación de la Democracia, luego de la caída de la Dictadura perezjimenista, con los programas, universalizados en todo el País, del llamado para entonces “movimiento de desarrollo comunal”, que fue capaz de dotar a pueblos, aldeas y barrios de toda la geografía nacional, de las estructuras más simples del denominado capital social básico de las comunidades.

EL FRENTE DE LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA

Desde luego, esta no puede ser tarea de una sola causa partidista, ni de la voluntad, por más empeñosa que fuere, de un solo grupo de hombres. Es la tarea de un Frente compacto, unido férreamente, intercomunicado en todos los instantes y espacios de su acción, con un lenguaje común, un comportamiento común y la conciencia de un propósito común, donde la inclusión sin límites debe ser el principal rasgo de su exhibición pública. Esa es, precisamente, la misión fundamental e irrenunciable del FRENTE PARA LA DEFENSA DE LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA, integrado por todos los Partidos y grupos políticos de Oposición, incluyendo a los de la disidencia chavista que lo acepten. (Se debería entender que el futuro de todas estas organizaciones, está íntimamente ligado al futuro del País en general, asumiendo que la implantación de un régimen totalitario socialista, conculcará, en algún momento, la libertad de organización política, a favor del Partido Único. Por eso, por su futuro, los Partidos y grupos políticos organizados y con tradición operativa, deben delegar su individualidad e independencia ideológica, sin perderla para su relegitimación posterior, en el Frente propuesto) Por eso, del diseño de una estrategia funcional del FPDRD, de la factibilidad de su organización, de la meticulosidad de su montaje, de la supervisión de su acción, dependerá el éxito en el rescate de los valores perdidos y en la base de la salvación de Venezuela. A este tenor, debe, ahora más que nunca, tomarse muy en cuenta la naturaleza y la misión de los recientemente creados Consejos Comunales, organismos que según revela la jerga chavista, están encaminados a “sustituir” a los Concejos Municipales y a las Alcaldías, como fundamentos institucionales de la integración nacional y sobre los cuales pensamos que, cuantitativamente, están concebidos para responder a la misma estructura en la que se encuentra dividido electoralmente el País y no por simple coincidencia. Es decir, su número y ubicación puede ser paralela a la de los Centros Electorales, calculados en unos 12 Mil para el momento actual (34.000 mesas de votación). La estrategia “por abajo” de la penetración cultural, debe asumir la principalísima responsabilidad de tocar a la puerta y de entrar, con ánimo posesivo y de control, todo el edificio social que conduce a los Consejos Comunales y hacerlo ya, antes de que sea tarde y antes de que puedan ser convertidos en “soviets” inexpugnables o a responder a la dinámica del “somatén” falangista. Podríamos hablar, con propiedad, de un “paracomunitarismo” puro.

LA APROXIMACIÓN DIRECTA: EL MEDIO RADIAL

La cultura se hace, desde un principio, en mensajes que se transmiten, de boca a oreja, en el seno de la familia y en su expansión gradual hacia los grupos que integran su medio ambiente humano y social. Lo que ahora se requiere es un proceso de reafirmación de principios y valores olvidados, relegados, despreciados, pero nunca superados ni sustituidos en la esencia de su contenido positivo y saludable para todos. Cuando entendamos y estemos suficientemente claros de cómo somos hoy, en que pensamos, como sentimos y que es lo que necesitamos, podremos construir el compendio de mensajes que nos facilitarán la tarea que tendremos que ejecutar. Muchas son las vías que deben ejercitarse para el logro de este cometido, pero una de ellas debe ser la adecuada utilización de los medios de comunicación más parecidos al punto crítico social adonde debemos llevar nuestra voz. Sin descartar los grandes medios y procurar su oportuna distribución, creemos muy conveniente intervenir el medio radial, tanto el comunitario como el local y el nacional, a través de una especie de cadena, cuyo entramado deben diseñar a su vez especialistas de este medio, procurando siempre su fresca revelación como expresión de cada pequeño ambiente adonde se difunda su emisión. Habrán medios complementarios y los estrategas nacionales del Frente, procurarán la mayor cobertura posible, su frecuencia y su repetitividad, así como la evaluación constante de los resultados alcanzados. Día a día. Pero se trata, en todo caso y directamente, de un trabajo de penetración cultural que habrá de enfrentar múltiples factores de resistencia y que tendrá que vencerlos. Se nos ocurre sugerir un título significativo para este programa radial: La Voz de la Revolución Democrática, transmitido como en cadena, a una misma hora, en el mayor número de emisoras posible, en todo el País. Pero en si constituye una propuesta que puede ayudar a seleccionar el mejor modo de lograr su cometido. Se trata, en definitiva, de promover el rescate de la REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA, enfrentada a la desviación de la REVOLUCIÓN SOCIALISTA, precursora de fracasos que hundirán más en la miseria y el subdesarrollo a nuestro pueblo.

LA ESENCIA DEL MENSAJE

La Democracia tiene que enfrentar al Socialismo y tiene que vencerlo. El Socialismo se fundamenta en el supuesto de que el Capitalismo (la burguesía para el momento del nacimiento del término) es el instrumento final de opresión del pueblo y que su modo de producción es lo que consagra la injusticia y la convierte en una sólida herramienta de dominación de las grandes mayorías por las cúpulas del Poder político y de la economía. Por eso propugna la “unidad del pueblo” en el Partido Unico, con lo que se acaba la pluralidad y la disidencia en el frente político y sepulta el ejercicio de la libertad como principal valor de vida del individuo y del ser social. El Partido Unico es la mayoría y las minorías deben ser derrotadas por “el pueblo unido”. Propugna la centralización económica, porque la clave de oro que exhibe es la “de la justa distribución de la riqueza”, lo que no puede alcanzarse si el “interés social” no se impone como supremo director de la producción, a través del Estado. Por lo mismo no puede aceptar la propiedad privada de los medios de producción, ni de los bienes y servicios cuya posesión resulta de su concentración en manos de “unos pocos”. La educación tiene, necesariamente, en el Socialismo, que ser igualmente centralizada, impartida en lecciones únicas y estar motivada por la idea central de “producir” un hombre nuevo, capaz de interpretar la superposición de lo colectivo sobre lo individual. Por eso mismo, la comunicación tiene que ser homogénea y estar controlada por los mismos jerarcas que modelan el Socialismo. La Salud y la Seguridad Alimentaria no pueden alcanzarse, para el ser social, si no existe una estricta disciplina en la utilización de los medios para procurarlas, por lo cual su dirección tiene que incorporarse al concepto de la planificación centralizada.

¿Hay alguna duda sobre la “cualidad” totalitaria, indispensable, del Socialismo? ¿Puede haber una “democracia totalitaria”?. Socialismo y Democracia no solo son conceptos teóricamente antagónicos, sino que son estilos, conductas de organización social opuestas y que se niegan entre sí. Nuestra historia ha hecho al venezolano esencialmente demócrata. A través de la democracia, según lo que intuye, es como puede alcanzar su superación social, mediante el desarrollo de los factores de la economía y la producción, con sentido social y para procurar la igualdad en la abundancia y el bienestar, enterrando para siempre la injusticia, la pobreza, la inseguridad y las grandes distancias morales y materiales entre las clases. Vamos a recuperar su cultura original y vamos a hacerlo cada vez más democrático, para que sea cada vez más feliz. La REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA tiene que ser rescatada.

¿PORQUÉ LA LLAMAMOS REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA?

La palabra Revolución tiene en Venezuela y, particularmente, en las bases de su sociedad, una interpretación mágica y positiva. No tiene porque ser, en sí, pertenencia de ninguna ideología. Pero, sociológicamente, “ser revolucionario” en el pueblo venezolano, es ser audaz, valiente, acertado y decididamente partidario de “cambiar las cosas para mejor”. Desde nuestro descubrimiento, pasando por la colonia y por la guerra de la Independencia, la palabra Revolución ha sido empleada, muchas veces con abuso y hasta histriónicamente, por quienes han acuerpado un movimiento opositor al que detenta el Poder, así como por quienes han intentado cambios profundos en la organización de la sociedad y, en general, en la Nación. La gran Revolución en Venezuela, desde la fundación de la Primera República, ha sido la Revolución Democrática, a la cual llegamos, después de muchos fallidos intentos, devenidos en guerras o confrontaciones frustradas en sus propósitos cívicos, en 1945, con la llamada “Revolución de Octubre” y que incorpora, por primera vez, al libre y pleno disfrute de sus derechos cívicos, a todos los venezolanos, sin excepción, para definir, en lo adelante, con base a consultas populares, el destino de la Nación. El hecho de que un Partido en especial (Acción Democrática) haya sido el principal protagonista de este extraordinario acontecimiento histórico, no limita su correspondencia en detrimento de todos los demás valores humanos que han liderizado Partidos y Movimientos populares, organizados y sostenidos posteriormente. Lo importante y significativo para este análisis, es que la única Revolución que se ha alimentado, siempre, con lo mejor y más legítimo del Pueblo venezolano, ha sido la Revolución Democrática y, hoy por hoy, no podemos permitir que quienes, en el fondo, la adversan en su contenido libertario, puedan apropiarse de su apelativo original. Nosotros somos, en verdad, los auténticos “revolucionarios”, los que creemos, firmemente, en los perfiles más enfáticos de la Democracia. En la pluralidad y el consenso. En la plena libertad de pensamiento, de expresión, de actuación y de organización social. En la representatividad adecuada y oportuna de los distintos sectores componentes de la Sociedad (mayorías y minorías) y en la directa y lineal participación popular. Incluso, hasta en la posibilidad real de gobiernos colegiados, cada vez más representativos y auténticamente democráticos, que en las tendencias autócratas que se atribuyen los supuestos “revolucionarios socialistas” con su tesis de la reelección permanente –¿infinita?— y de la Presidencia Vitalicia para un “gran Benefactor” con nombre propio, en un increíble ejercicio de petulacia grupal que supera la sevicia y el “arrastrismo” de las peores Cortes Soberanas de las mas abominables Monarquías del pasado. Es imprescindible, en suma, rescatar y para siempre, la REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA venezolana.

¿QUE HACER?

Con este mismo título, en 1908, hace un siglo, el ruso Vladimir Ilich Ulianov (LENÍN) publicó en París un trabajo de obligada recordación para todos los estudiosos del fenómeno político, en el cual diseñó la estrategia cardinal que condujo a los bolcheviques, diez años más tarde, al derrocamiento del régimen zarista y a la creación de la poderosa URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), cuya dilatada participación histórica (hasta la caída del muro de Berlín) constituyó y constituye un asiento de primer orden a quienes persisten en creer en las excelencias revolucionarias y humanistas del Socialismo, el cual, siempre, será excluyente, sectario y contrario a la esencia de la Democracia. El Socialismo Democrático no pasa de ser una candorosa ilusión de quienes se sienten inclinados a concebir un modelo de organización social, donde imperen la justicia y la igualdad económica, conjuntamente con la libertad. No hay sino un solo Socialismo, el Socialismo Real, el modelo concebido bajo la instrucción de Marx y de Engels y que simplemente se identifica como un tránsito hacia el Comunismo, su conclusión definitiva. No vale la pena perder tiempo comentando falsos experimentos de socialismo, en Países con arraigada tradición democrática (Chile) o en los cuales, como en España, el término sirvió, simplemente, como acertada cualificación táctica para componer un régimen libertario tras un largo ejercicio dictatorial, estimulando el protagonismo de una sociedad adormecida. Al Socialismo hay que enfrentarlo, no por las razones que les fueron dadas a los antiguos gendarmes que se adueñaron de América, sino porque constituye una propuesta antagónica a la democracia y necesariamente quiebra el ejercicio de sus valores fundamentales, la justicia y la libertad. La Revolución Democrática tiene la obligación de combatir cualquier pretensión socialista y recurrir para ello al apoyo de los sectores sociales más golpeados, más deprimidos y más numerosos en nuestra sociedad. Al pueblo, en palabras más comunes. Sólo un régimen democrático revolucionario, moderno, sin desviaciones, puede crear las condiciones para que opere un verdadero proceso de transformación y ascenso social, capaz de sepultar la pobreza y de colocar a Venezuela en las vías ascendentes del desarrollo económico y del bienestar social. ¿Cómo proponer la Revolución Democrática de manera que su solo anuncio, se identifique con los problemas más sentidos del pueblo venezolano?.

¿QUE HACER?: TOMAR LA INICIATIVA, RECUPERAR LA CALLE, ESTREMECER AL PAÍS Y POSICIONARSE CON EL CONTROL DE LA OPINIÓN PÚBLICA, A TRAVÉS DE UNA PROPUESTA QUE IDENTIFIQUE A LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA CON LA JUSTICIA SOCIAL, LA LIBERTAD POLÍTICA, LA INDEPENDENCIA ECONÓMICA, EL RESPETO Y EL EJERCIO PLENO DE LOS DERECHOS HUMANOS, A MAS DEL VIGOROSO EMPUJE DE UNA VERDADERA TRANSFORMACIÓN DE LA ACTUAL ESTRUCTURA SOCIO-ECONÓMICA DEL PAÍS, ORIENTADA HACIA LA CREACIÓN DE UN ESTADO DE BIENESTAR COLECTIVO. MOVER A VENEZUELA HACIA EL PRIMER MUNDO.

LOS DIEZ TÍTULOS DE LA PROPUESTA

1.- LA POLÍTICA DE SEGURIDAD NACIONAL.

Ningún otro problema parece mantener en igual nivel de preocupación al venezolano, que el del pasmoso crecimiento de la delincuencia, para el cual no existe, en el momento actual, por parte del presente régimen autoritario, una política integral y verdadera, que se oriente claramente a reprimirla y/o prevenirla. Todo lo contrario. En las líneas de acción de la supuesta revolución
socialista, se observa una clara invitación al desorden y a la desorganización sociales, como un modo de atemorizar a la sociedad y aprovechar su parpadeo para profundizar las raíces de su dominación totalitaria. Homicidios, atracos, , violaciones, robos por asalto sangriento, con violencia y secuestros de las más disímiles denominaciones, obscurecen la vida de los venezolanos, los paralizan y los obligan a vivir en forzosos refugios que impiden su adecuada participación social. La Revolución Democrática tiene que proponer una política de Seguridad Nacional, que devuelva la tranquilidad a todos y establezca los fundamentos de un orden social en el cual impere la justicia y se
destierren el delito y la impunidad. Los niños venezolanos, los escolares, tienen que ser, en primer lugar, los más asistidos por el Estado, como activistas del futuro nacional. Los de la tercera edad, por ser los más débiles físicamente, deben, igualmente, ser protegidos por el Estado, para su normal desenvolvimiento como personas mayores, testigos del pasado. Los trabajadores no pueden cumplir su misión en el orden de la producción, como debe ser, si están constantemente amenazados en su tránsito del hogar al trabajo. Pero una política de Seguridad Nacional debe fundamentarse, en principio, en una voluntad colectiva hacia la prevención del delito y hacia la reinserción social del delincuente, educado, en su castigo, para abandonar la reincidencia y aportar su esfuerzo humano al engrandecimiento de la Patria. Tiene que revisarse dinámicamente el cuerpo de las Leyes que penan el delito y supervisarse constantemente, bajo el control de la sociedad, la conducta, el comportamiento y la actuación de los encargados de implantar la justicia. Pero la sociedad toda, el pueblo en general, en cada una de sus comunidades, cada quien individualmente, debe convertirse en un cooperador de esta política, bien definida y cabalmente interpretada por todos. La REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA TIENE QUE DESTERRAR LA INSEGURIDAD DE LA VIDA DE LOS VENEZOLANOS.

2.- LA PROTECCIÓN SOCIAL Y LA SALUD.

La REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA tiene la misión esencial de construir sistemáticamente, un modelo de organización de la sociedad, fundamentado en la PARTICIPACIÓN DIRECTA y en el PROTAGONISMO EFECTIVO de cada uno de los miembros de la colectividad, estimulando su iniciativa, su creatividad, su voluntad y su disposición al trabajo, bien protegido, justamente remunerado y definitivamente orientado como promotor de un cambio trascendental, hacia el progreso, el bienestar y la prosperidad general de la Nación. Por eso, en uno de los primeros niveles de su ejecución, la REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA propone una política racional de PROTECCIÓN SOCIAL INTEGRAL de la población, de toda la población, trabaje o esté cesante, por desocupación forzosa o por cualquier otra razón derivada de la condición personal de cada quien. TODOS DEBEMOS ESTAR PROTEGIDOS POR LA SOCIEDAD Y EL ESTADO. Tanto en la ciudad, como en el campo, tanto los jóvenes, como los mayores. Tanto los hombres como las mujeres. La SALUD es una prioridad FUNDAMENTAL para la REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA. Barrio Adentro y Barrio Afuera. Para ello,
hay que incorporar a todo el instrumental clínico y humano establecido en el País, obligatoriamente, pero sin quebrantar principios democráticos, como son la libertad de trabajo de los profesionales de la salud y el uso de los medios propios de la gerencia privada (la propiedad) dedicada al sector. Pero hay que pasar a la instauración del concepto de la MEDICINA SOCIAL, para proteger la salud de todos los venezolanos. Asimismo, la REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA toma como propias las prácticas adecuadas para el mayor saneamiento ambiental posible, para la satisfacción de los mandatos de la nueva tecnología que define la ECOLOGÍA y para la prevención de las enfermedades o trastornos endémicos o epidémicos que puedan afectar al venezolano en general. Sobre todo en las ciudades más populosas, debe haber un adecuado tratamiento de la basura y de todos los deshechos sólidos.

3.- LA ORGANIZACIÓN SOCIAL PARA EL TRABAJO.

Todos los trabajadores del País, formales o transitoriamente informales, deben estar sindicalizados o instados a agremiarse, según su profesión o especialización, académica o técnica, para que todo el sector laboral esté suficientemente protegido contra la cesantía y desocupación. Ello es también, una prioridad, para cuidar la naturaleza humana del venezolano, defender sus derechos y acatar los principios de las leyes internacionales y de los tratados suscritos por Venezuela. En este sentido, se asume que el salario del trabajador, debe, tiene que ser SUFICIENTE para garantizar su productividad, en cuanto al mejor resultado del proceso de la producción y en orden al progreso y el bienestar de la colectividad nacionales.

4.- VIVIENDA PARA TODOS.

Todos debemos tener acceso a una vivienda decente y la REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA tiene que procurar las soluciones para este propósito específico, estimulando la inversión privada, manteniendo un control positivo sobre los costos de los insumos para la construcción y la incidencia de las tasas hipotecarias, así como reactivando las prácticas solidarias, como la de la autoconstrucción y las derivadas del desarrollo comunal. TODOS DEBEMOS TENER UNA VIVIENDA PROPIA, EN UN MEDIOAMBIENTE SANO Y SUFICIENTEMENTE SEGURO. La REVOLUCIÓNDEMOCRÁTICA tiene que diseñar y proponer una política que resuelva, en un plazo perentorio, (cinco a diez años) tanto el déficit actual de viviendas, estimado en DOS MILLONES de unidades, como el que resulte del crecimiento poblacional y las necesidades de transferencia habitacional de sectores que ocupan zonas de agresiva inestabilidad natural (los ranchos).

5.- LA GENERACIÓN DE RIQUEZA Y EL PLENO EMPLEO.

La REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA no sólo debe emplear a fondo sus propios recursos económicos y financieros, sino que tiene que dinamizar la inversión privada, nacional y extranjera. En todos los frentes de la economía, como elemento fundamental para impulsar el crecimiento y la riqueza nacionales, generando una alta capacidad de empleo, bien remunerado y suficientemente protegido. El Estado y la empresa privada tienen que ASOCIARSE para sustituir los márgenes actuales de pobreza crítica, instrumentando los mecanismos para activar la PARTICIPACIÓN DE LOS MARGINADOS en el frente de una economía en constante expansión y, en consecuencia, en condiciones de generar, cada vez, una mayor riqueza distribuíble entre todos los factores integrantes del proceso de la producción. El PLENO EMPLEO (cero desocupación) no debe surgir, en su aspecto de creación de nuevos puestos de trabajo, como una misión paliativa y puntual para lo que es una crisis estructural; debe ser la repuesta organizada de una sociedad decidida a escalar estadios superiores en su desenvolvimiento económico y en su desarrollo ante el mundo. El trabajo es el medio ideal para la adecuada distribución de la riqueza. Sólo es mediante el ascenso en la escala laboral, como el hombre consigue su definitivo despegue hacia un mejor posicionamiento social.

6.- EDUCACION OBLIGATORIA.

LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA no sólo debe mantener el actual esquema de la educación gratuita, libre en cuanto a su administración, para estimular la concurrencia del sector privado en el incremento de las aulas, a todos los niveles, manteniendo la supervisión de la programación docente, sino que debe propender hacia una educación OBLIGATORIA, en el sentido
de que todos los niños deben incorporarse al sistema nacional educativo, investigar las causas que imposibilitan o niegan a cualquiera su concurrencia educativa y facilitar el acatamiento de esta obligación, en el convencimiento de que un pueblo oportunamente educado, es un pueblo con un futuro garantizado. Asimismo, es interés del Estado, en la REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA, que el estudiante venezolano no tenga motivos para justificar el ausentismo y que, más bien, siempre tenga la oportunidad de perfeccionar sus estudios, más allá del cumplimiento de los ciclos básicos de educación.

7.- CAPACITACIÓN PARA EL TRABAJO.

LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA tiene que llevar la escuela al trabajador, en cuanto al mejoramiento de sus conocimientos técnicos, de su oficio u ocupación, tal cual fue la filosofía del INCE en los tiempos augurales del desarrollo democrático del País (Dr. Luis Beltrán Prieto Figueroa). La educación para el trabajo es un reto que debe asumir toda sociedad que aspira a transformarse en una potencia auto-abastecida e independiente, económica, social y políticamente.

8.- LA SEGURIDAD ALIMENTARIA.

LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA tiene la obligación de garantizar la SEGURIDAD ALIMENTARIA de todos los miembros y estratos de la sociedad, para lo cual tiene que velar por la aplicación de políticas sensatas de explotación de la frontera agrícola del País, promover la producción suficiente de los productos de la cesta alimentaria del venezolano, organizando los programas necesarios para importar los déficits que resulten de la imposibilidad o no conveniencia de determinados productos en el País. En este
sentido debe exigir a los productores del campo, mediante sistemática supervisión del proceso agrícola, que alcancen los niveles justos de rentabilidad en la explotación de sus tierras, asistiendo directamente a aquellos que no posean los recursos para alcanzar estos fines. El Estado tiene que ser severo, por otra parte, en mantener un clima de estabilidad permanente en el campo, rechazando todo intento de violencia, como las invasiones desordenadas y sin justificación alguna, en el entendido de que la SEGURIDAD ALIMENTARIA pasa por un adecuado aprovechamiento de
los factores naturales del proceso de la producción agrícola. Un pueblo bien alimentado, es un pueblo capaz de alcanzar los mayores éxitos en su gestión histórica.

9.- LA MARGINALIDAD Y LA POBREZA.

Los programas puntuales, de asistencia social, (¿las Misiones?) no sólo no combaten con eficacia la pobreza y no logran jamás erradicarla, sino que, por el contrario, tienden a incrementarla. El trabajo, sólo el trabajo, con la debida protección social al trabajador, dentro de un régimen de justicia y libertad, con participación consciente de todos los factores de la producción, es el arma más eficaz para combatir la pobreza y suplantar la marginalidad que oprime a los pueblos. LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA no puede, en este aspecto, propiciar políticas clientelares, de soluciones transitorias a problemas estructurales de inadecuada composición socio-económica, como no sea el estímulo creciente a la generación de riqueza, para alcanzar su justa distribución mediante el empleo, el trabajo, dentro de una estrategia de desarrollo tendida hacia la grandeza del País.

10.- LA FUERZA ENERGÉTICA Y MINERA.

LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA tiene que propender a que los recursos energéticos del País, así como la minería, deben ser explotados con ambición de trascendencia geográfica y con el interés de ingresar a los mercados mundiales, bajo el convencimiento de que en Petróleo, en Petroquímica, en Hierro, Acero y Aluminio podemos ocupar los extremos del liderazgo, tanto en cuanto a la producción como al desarrollo tecnológico de punta. No podemos depender de las variables de los precios del mercado mundial, de un sólo producto, el Petróleo, sino que tenemos que ir hacia un estado de cada vez mayor independencia, transformando nuestros hidrocarburos en productos petroquímicos de alta rentabilidad (existen más de medio millón de productos derivados del petróleo a los que nunca nos hemos asomado), profundizando la producción y exportación de aceros de calidad y aprovechando adecuadamente las ventajas competitivas que poseemos para la producción y exportación de aluminio, área en la que podemos ocupar el primer lugar en el mundo. (Hoy en día, China y Rusia liderizan la producción de aluminio, con algo más de Tres Millones de Toneladas cada uno. Venezuela debía ya estar produciendo cantidades equivalentes, de haber abaratado el costo de produción, construyendo, por lo menos, una planta productora de Sosa Caústica, para el lavado de la bauxita e incrementado la explotación de la misma, más allá de Los Pijiguaos).

REFLEXIONES FINALES

La REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA no puede detenerse en la liquidación de un Régimen político, como el que actualmente gobierna a Venezuela. Su misión debe cobrar la mayor trascendencia posible, en la conquista del futuro. Por eso mismo, tiene que rechazar cualquier regreso a escenarios ya vividos, tanto en el orden ideológico, como en cuanto corresponde a la sumisión a una cultura que no se haya abierto a la transformación permanente, hacia los años por venir. En todo caso, para el momento actual, tiene, necesariamente, que concebirse dentro de un propósito de modificación sustancial del contexto normativo legal, la Constitución, como primer paso para intentar un nuevo diseño del camino histórico por recorrer, para llevar a Venezuela, hacia el futuro, como País perteneciente “al mejor de los mundos: al Primer Mundo”.

LA ENMIENDA: tema central en la discusión pública de hoy, el proyecto a consultarse, popularmente, el próximo 15 de Febrero, no sólo revela una contradicción en la interpretación de dos de los principios básicos, morales, de la Constitución Nacional del 99, — la alternabilidad en la escogencia de los gobernantes y la participación protagónica del pueblo— sino que nos obliga a entender la racionalidad de un principio extraño a nuestra cultura política, como es la necesidad de la NO REELECCIÓN, para garantizar plenamente la aplicación práctica de los otros dos principios enun ciados en el debate electoral. La NO REELECCIÓN general, aplicable a todos los cargos de elección popular –Presidente, Legisladores, Gobernadores, Alcaldes y todos cuantos sean susceptibles de escogencia mediante la participación protagónica del voto del pueblo— lógicamente no solo preserva la legitimidad del acto, sino que, además, promueve y estimula la constante revelación de nuevos aspirantes a los cargos de elección, transformándose en una herramienta insustituible para procurar la mayor participación de los ciudadanos (del pueblo) en las instituciones dirigentes del Estado Venezolano. De la misma manera, la búsqueda incesante de nuevas figuras, de nuevos hombres con vocación de servicio público, la NO REELECCIÓN provocaría un cambio trascendente en la conformación y el funcionamiento de los Partidos Políticos, muchas veces “secuestrados” por líderes o grupos de dirigentes que, organizados dentro de una verticalidad inexpugnable, en nombre de una fidelidad ideológica sin método de comprobación abierta, se hacen impenetrables para los nuevos interesados en la acción política. Así que, a propósito de la “reelección vitalicia” propuesta en el proyecto, ahora, de enmienda constitucional –en el 2007, reforma del texto– la REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA tiene la oportunidad (histórica) de plantear la NO REELECCIÓN y ganarse la voluntad no sólo de los condenados a la exclusión permanente, sino de los miles de actuales militantes y activistas de los grupos políticos, a quienes se les aleja cada vez la posibilidad de participación representativa de las comunidades a las que pertenecen.

EL PRESIDENCIALISMO. Nuestra cultura política, desde los días iniciales de la Colonia, antes de la guerra de la Independencia, siempre admitió el concepto de Jefe de Estado (encarnado para entonces en el Monarca de la potencia colonizadora) como el supremo conductor del régimen, subordinando a los integrantes de los demás Poderes (legislativo y judicial), en una flagrante oposición a la teoría de los revolucionarios del siglo 18 (Montesquieu). En Venezuela, después de nuestra separación de España (1810-1830) el Presidente de la República se transformó en el Jefe del Estado y, de hecho, colocó en un segundo lugar, tanto a los legisladores, como a los jueces; tanto al orden de formación de las leyes, como al orden de la aplicación de la justicia, fundamentada en ellas. Esta desviación cultural contribuyó poderosamente, a través de toda nuestra historia, a facilitar la usurpación de los poderes y convertir en tiranos a los eventuales jefes de gobierno, a los Presidentes de la República. (Paez, los Monagas, Guzmán Blanco, Juan Vicente Gómez, Pérez Jiménez y, ahora, Chávez, son buenas muestras de lo que decimos). Quizás podría afirmarse que los únicos, con posibilidades “reales”, que renunciaron a la tentación reeleccionista (¿dictatorialista?), fueron, en sus tiempos, Simón Bolívar, el Libertador y Rómulo Betancourt, el demócrata. En fechas más próximas, Carlos Andrés Pérez “aceptó” ser enjuiciado por la Corte Suprema de Justicia, luego de una instancia legislativa que permitió su juicio, al final del cual, fue encontrado culpable y entregó formalmente el Poder a un sustituto designado por el Congreso. En otro sentido, otro reelegido, Rafael Caldera, obrando según su conciencia y sus facultades, otorgó sobreseimiento al actual Presidente “bolivariano”, para entonces enjuiciado por una rebelión contra el orden constitucional, la cual dejó un saldo lamentable de centenares de muertos. Lecciones probablemente anecdóticas, pero que apuntan a favorecer nuestra propuesta contra la reelección. Lo cierto es que a mas de la limitación a un solo período del ejercicio del cargo, el Presidente debe dejar de ser “Jefe de Estado” (ser supremo) para convertirse, verdaderamente, en un Jefe de Gobierno, controlado en su ejecutoria por la sociedad (el pueblo) a través de los instrumentos específicos ideados por el legislador. Pensamos, por ejemplo, en un regreso al Congreso bicameral y en unos Senadores con poder de veto, tanto para la designación de los principales Ministros y Directores de los Institutos Autónomos y empresas del Estado, como para la aprobación de las políticas que intente ejecutar el Jefe de Gobierno. De esta forma se impondría un sistema de corresponsabilidad en el manejo del destino de la Nación y habría un margen mayor para el acierto y para el diseño de planes que trasciendan los períodos presidenciales.

LA AUTONOMÍA REGIONAL. Como provisión de nuestra cultura política, existe una evidente contradicción entre la voluntad de la colectividad de electores que deciden quien los gobierna regionalmente, los Gobernadores y quienes lo controlan, los legisladores estadales. Igualmente, ocurre así, aún cuando fuera de la competencia política específicamente, con los Alcaldes y Concejos Municipales. Todos dependen financieramente del Gobierno central y se dan los casos, casi histriónicos, de Estados que son “favorecidos” por la generosidad del Presidente de turno y otros que son más bien obligados a prescindir de recursos para intentar positivas obras locales. Sin llegar a los extremos de una sustitución radical del actual régimen político territorial, no hay dudas de que es necesario concebir un “estatuto” que permita la independencia política y administrativa de los gobiernos regionales y consolidar los alcances logrados por la “descentralización” de los servicios, ahora en vías de anulación, por la pretensión “acumulativa de poder” del Primer Mandatario nacional.

La REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA debe llevar a Venezuela a ocupar un sitial importante en los estratos del Primer Mundo y empujar a su pueblo hacia un estado superior de bienestar, cónsono con sus derechos y sus sentidas aspiraciones. Es ese el único sentido de este trabajo, concebido por un “pragmático” sin ínfulas académicas, pero formado en el trabajo político, en la lucha diaria, desde los días de su adolescencia, en los últimos sesenta años de nuestra historia. Pensamos que todas estas ideas, novedosas algunas, reiterativas otras, suponen un auténtico cambio revolucionario. Las diez líneas formuladas en el capítulo de la PROPUESTA, todo lo referido a la estrategia de penetración popular, siempre pensando en un mediano o largo plazo, pretenden posicionar ante la opinión pública nacional, un nuevo proceso que necesariamente relegará a un segundo plano, al pasado, al olvido, la escandalosa alharaca del “socialismo bolivariano” o “socialismo del siglo 21” y que, como en el patético caso cubano, no alienta otra proyección que la de condenar al fracaso, a la miseria, a la ignorancia, a un pueblo como el nuestro y en un suelo como el que conforma nuestras fronteras, merecedor de la mejor de las suertes. La REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA tiene que vencer a la pretendida revolución socialista y colocar a VENEZUELA en el ejercicio de la victoria, en el orden de la historia.

grooscors@hotmail.com

La pérdida del límite

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por Teódulo López Meléndez

Hoy es preciso pensar toda esa abundancia de lo
impalpable: enunciar una filosofía del fantasma.

M. Foucault.

Para soltar los demonios basta levantar la tapa. En Carora dirían que basta una maldición. Los demonios no salen a divertirse. Tal vez aquí podríamos asegurar que bastaría un “Sí”. Los demonios hacen de las suyas y las “suyas” suelen ser viejas conocidas y para comprobarlo basta ir a escenarios bíblicos y no bíblicos. Entre los no bíblicos está la política. Los escritores soltamos nuestros demonios en el texto, pero quienes fungen de gobernantes suelen soltarlos sobre su país. Los demonólogos aseguran –conforme a mis escasos conocimientos del tema- que los demonios tienen diferentes clases de inteligencia, distintos caracteres y destinos y hasta se han permitido indagar sobre sus capacidades intelectuales, y sobre su moralidad o inmoralidad.

Los gobernantes tienden a no ver lo impalpable. Inclusive Maquiavelo, quien no había leído a Foucault por falta de tiempo, se ocupaba con tal ahínco de lo concreto que no tuvo oportunidad –el pobre- de ocuparse de fantasmas. En América Latina hay que ocuparse de lo intangible. Mi querido amigo Luis Herrera Campins, quien no se caracterizaba por soltar en nuestras conversaciones largas parrafadas sino frases muy concretas, me respondió una vez a mi interrogante –formulada al inicio de esta década venezolana- sobre como terminaría, con esta sentencia: “Porque nunca aprenderá a gobernar”. Por el allá de una tarde, mientras analizábamos el papel militar en la historia de nuestro continente, me soltó esta: “Los militares no son golpistas hasta que dan el golpe”.

Cuando se tiene un límite se está relativamente seguro. Cuando se pierde el límite se ha levantado la tapa. Indago en El príncipe y no encuentro una referencia directa a las victorias que ha sido preferible no obtener, apenas una disquisición sobre los gobernantes que piden a colegas tropas para ayudar a su seguridad y que, luego, cuando ya no las necesita, se niegan a marcharse. Charles Maurice de Talleyrand tampoco me provee de respuesta, aunque me viene la extraña sensación de que era, como Montaigne, de Périgord, una suerte de extraña Carora donde evidentemente el diablo andaba suelto. Recuerdo un viejo libro de mi juventud Fouché el genio tenebroso, traducido al español simplemente como Fouché, de la pluma del incomparable Stefan Zweig, y concluyo que no debo remitirme a mis viejas lecturas de joven ávido de escudriñar en los misterios y traiciones del poder.

Los fantasmas quizás hacen su entrada triunfal –o más bien su salida- en, o de, la mente humana con Freud. Ahora que leo con pasión y fruición al húngaro Sándor Márai en Confesiones de un burgués (que me permito catalogar a la altura de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust) encuentro unas reflexiones sobre su vagabundaje en Italia y sobre el nacimiento del fascismo. Márai ve pasar a los orgullosos jóvenes italianos con su uniforme gris y la llegada de Mussolini a Florencia para decir que sólo viéndolo en sus orígenes era posible entender el fenómeno de adhesión al caudillo. Los fantasmas de la política siempre han existido. “Bruto, también tú”, exclamó Julio César. Shakespeare en Julio César lo pone con inigualable elegancia: Tu quoque, Brute, fili mi. Póngase como se ponga el resultado es que los fantasmas siempre han existido. Y los demonios.

Sin embargo, los filósofos franceses del siglo XX se especializaron en ellos y si no los conseguían los creaban. A De Gaulle se le aparecieron en mayo y eran muy peligrosos porque sabían lo que querían: cambiar al mundo. Ese es un objetivo, digamos grandioso. Cuando se limitan a la puntualidad de una coyuntura los fantasmas se hacen simpáticos, como Gasparín, ese tierno fantasma de los comics. En América Latina tuvieron décadas apareciendo. Suelen hacerlo cuando, por andar detrás de una supuesta victoria, se pierde el límite. El límite es una esperanza, una posibilidad, un asa de donde agarrarse, hasta una justificación para los cobardones.
Cuando el límite se disuelve se disuelven con él esperanza, posibilidad, asa y justificación.

La única relación entre fantasmas y demonios es que vienen del otro lado, y se parecen. Algunos no se dan cuenta que ganando pierden toda legalidad y toda legitimidad, y pierden el límite. Esas victorias no son como las de Pirro, esto es, pírricas, un término más elegante que mierda, sin duda alguna, sino que tienden a convertirse en un simple levantar de la tapa de donde salen los demonios y no precisamente a divertirse; bueno, lo de simple es un simple decir. La pérdida del límite (digamos 2013) me hace consultar a los demonólogos y perderme en estas inútiles disquisiciones que hoy pongo por escrito para aburrimiento de mis lectores y tal vez como una observación ligera de que un Sí victorioso equivaldría a eso que los gringos ponían al final de sus películas: The end, pues la falta de límite lleva a la búsqueda de un nuevo límite. Si la película se convierte el 15 de febrero en una que no tiene fin, esto es, no tiene the end, no bastarán los exorcistas abrumados, lo impalpable se habrá hecho dureza y, ya escrita la filosofía del fantasma, tendremos que lidiar con aquellos que fueron invocados y ya no se querrán ir, como lo diría Maquiavelo de las tropas que el príncipe llamó en su auxilio. A las tropas que Maquiavelo se refería –y a las que me refiero yo en este texto, no a ningunas otras- son aquellas que el emperador de Constantinopla introdujo en Grecia, esto es diez mil soldados turcos, los que, una vez acabada la guerra, no se quisieron ir. Comenzó así la sujeción de Grecia. Constantinopla es Estambul y si no me equivoco, para ir a ver aquellas maravillas en la Turquía moderna que construyó Mustafa Kemal Ataturk, se requiere visa turca. Algún griego, quizás Herodoto de Halicarnaso, podría haber exclamado: “Las ciudades cambian de dueño”, aunque el premio Nobel turco Ferit Orhan Pamuk en su inigualable Estambul nos diga que los habitantes de la ciudad se siguen debatiendo.
teodulolopezm@yahoo.com

Incongruencias del Siglo XXI

incongruencias

por Luis Marín

Lo que ningún político admitirá nunca en público es que la voluntad popular es limitada. No obstante, desde que existen derechos irrenunciables debe también aceptarse como consecuencia que la voluntad encuentra límite en estos derechos. Nadie puede privarse de ellos, ni que quiera.

Cualquier obrero sabe que no importa que firme un documento renunciando a derechos laborales porque no tendría valor alguno, tratándose de derechos irrenunciables, escapan al arbitrio de su voluntad. Del mismo modo, tampoco se puede renunciar a derechos humanos como la libertad, la propiedad y la resistencia a la opresión, ni tampoco derogar principios fundamentales.

El problema es que en Venezuela se intenta mistificar el voto, creyendo o haciendo creer que sirve para cualquier cosa, incluso para renunciar a derechos universales, dejar sin efecto principios fundamentales o convalidar incongruencias lógicas.

El artículo 6 de la constitución dice que el gobierno de la República y de las entidades políticas que la componen “es y será siempre” alternativo. En consecuencia, los artículos subsiguientes, que desarrollan este principio, ponen límites a las reelecciones sucesivas.

Con la reforma se pretende, manteniendo el principio fundamental de la alternatividad, cambiar los artículos relacionados consagrando el continuismo, lo que constituye una incongruencia obvia. Que la gente vote, no elimina la trasgresión del principio, que sería vulnerado con la continuidad en el cargo.

También se mantiene el principio del pluralismo, aunque todas las actuaciones del régimen apuntan en sentido contrario, hacia el establecimiento de un régimen totalitario.

Asimismo se mantiene el principio de que Venezuela es un “estado federal descentralizado”, pero no sólo todas las medidas ejecutivas tienden hacia el centralismo, sino que se lo exalta como una panacea para resolver todos los problemas más acuciantes, como el de la seguridad o el de la salud.

Lo lógico, si quieren cambiar el sistema, es que cambien también los principios en que se sustenta; pero no parece políticamente correcto consagrar el continuismo, el centralismo y el totalitarismo. Se puede ser partidario de la dictadura militarista; pero lo que no se puede es tenerla proclamando todo lo contrario, que se trata de “una democracia vibrante”.

Entonces lo que se plantea es un desafío a la razón: ¿Es posible que funcione un sistema internamente contradictorio? Los constitucionalistas unánimemente, sin excepción alguna, postulan la necesidad de coherencia del sistema jurídico; pero, ¿qué puede pasar en la realidad si se consagran incoherencias?

La incongruencia se ha elevado a sistema: Se dice estar del lado de la vida, pero la consigna es “Patria, socialismo o muerte”. Vemos como personeros del régimen se visten con esa cobija popularizada por Yasser Arafat, la “kufiyá” palestina, pero para mostrar apoyo a Hamas, organización archienemiga de Al Fatah, el partido de Arafat. Así vimos añorar a la URSS delante de Putin y compañía, quienes la desmantelaron, e invocar a Mao Tse Tung enfrente de los herederos de Deng Xiao Ping, quien fuera prisionero de Mao y finalmente el enterrador del maoísmo. ¿Esto es ignorancia supina o gusto por la paradoja, una rebelión contra el sentido común, al mejor estilo irracionalista?

¿Hasta que punto pueden convivir alternatividad con continuismo, pluralismo con totalitarismo, descentralización con centralismo? La contradicción de ideas siempre deviene en conflicto entre hombres, que nunca se sabe hasta dónde pueden llegar, pero las experiencias históricas no son nada halagadoras.

Los venezolanos estamos a punto de descubrirlo, como también descubriremos porqué siempre se debe defender la verdad y la justicia: sencillamente porque no hacerlo conduce a la ruina, como no podemos dejar de advertir con sólo mirar a nuestro alrededor.

La sociedad venezolana paga un altísimo precio por el hecho de tener a los jefes de la policía y a honestos agentes presos, mientras los delincuentes andan en libertad, gozando de la mayor impunidad. No sólo Iván Simonovis, Lázaro Forero, Henry Vivas y sus familiares son los que sufren la injusticia, es toda la sociedad la que de una manera suicida corre con las consecuencias.

VIOLENCIA. Un régimen que tiene como alter ego al Ché Guevara, que devela un busto a Marulanda, alias Tirofijo, que apoya a las FARC, Hamas, Hezbolá y cualquier otro movimiento terrorista en el mundo, pretende estigmatizar al movimiento estudiantil venezolano con el epíteto de “violento”.

Y esta no puede ser sólo una cuestión de manejo de la opinión pública o de conveniencia política circunstancial, sino que entraña una incongruencia esencial: el movimiento estudiantil es malo y despreciable por violento; pero desde esta óptica se justifica su aniquilación con la violencia más inaudita que pueda concebirse: “la violencia revolucionaria”.

Resulta extraño y desconcertante ver a militares golpistas y curtidos guerrilleros acusando de “violentos y desestabilizadores” a unos jóvenes que sin solución de continuidad acusan simultáneamente de ser hijos de papá y niños ricos, manipulados y carne de cañón sin advertir ni por un instante la incompatibilidad de estas acusaciones, sobre todo por venir de quienes las hacen.

Pero hay algo mucho más profundo. El marxismo puede ser abordado e interpretado de muchas maneras, pero lo que nunca se podrá decir es que se trate de una doctrina pacifista. El mismo Lénin definía el meollo diciendo que se trataba de convertir la guerra imperialista en “guerra civil revolucionaria”. La lucha de clases y la guerra civil son consustanciales al marxismo-leninismo.

Nada mejor puede decirse del fundamentalismo islámico. La “yihad” se traduce habitualmente como “guerra santa” y sus militantes se autodenominan como muyahidín, esto es, guerreros de Dios. La máxima del Corán que los inspira en su guerra contra Israel reza: “Matadlos dónde los encontréis; expulsadlos de donde os expulsaron”. La muerte es la recompensa para los infieles.

Visto así, es evidente que la diatriba contra la violencia estudiantil son puros aspavientos, una extraordinariamente cínica impostura que sólo puede explicarse como justificación retrospectiva de la violencia institucionalizada por el régimen, mezcla indigerible de comunismo cubano con fanatismo islámico, aderezado con la más desaforada corrupción que en el mundo ha sido.

Este punto no es para nada despreciable. La concepción nacionalsocialista original ha sido insertada en un proyecto transnacional, en el que se cruzan las líneas de lo que fue la Internacional Comunista, la llamada Organización Latinoamericana de Solidaridad, pro castrista, el actual Foro de Sao Paulo, con la internacional guerrillera, las redes del narcotráfico y las mafias de blanqueo de dinero a nivel global.

El tráfico de personas, armas, narcóticos, divisas, se da la mano con la corrupción gubernamental y lo que es más peligroso, el tráfico de material radioactivo con el terrorismo internacional. Esta es la red que sostiene a los gobiernos delincuenciales, en los que reina el hampa, desde la Rusia de Putin hasta el cocalero Evo, pasando por todos los hermanos intermedios.

OPOSICIÓN. Todavía no sabe o no quiere saber que el pacifismo extremo favorece a los violentos. Incluso los que son cultores de la frase de que “la violencia es el arma de los que no tiene razón”, atribuida a Rómulo Betancourt, olvidan con demasiada facilidad que éste necesitó altas dosis de esa medicina para resistir la invasión que Fidel Castro intentó en los años 60, apoyado por el PCV y el MIR, dirigidos por Teodoro Petkoff y Américo Martín. Entonces la frase manida era: “Dispare primero y averigüe después”.

La oposición, que ejerce la política con “P” mayúscula, no sólo es socialista, sino que es más bolivariana que el mismo gobierno. Pero al igual que el régimen, se fabricó un Bolívar pret-a-porté: civilista, democrático y partidario de la alternatividad.

Olvidan olímpicamente que Bolívar era militar, no precisamente de academia, sino de esos que se forman en las montoneras, como casi todos los caudillos de la independencia latinoamericana y de las sucesivas guerras federales; pero que además el bolivarianismo, desde Juan Vicente Gómez para acá, es la mitología que le sirve de base al militarismo criollo.

Bolívar no era ningún pacifista, sino todo lo contrario, y así como dio el discurso de Angostura, también firmó el Decreto de Guerra a Muerte. Tampoco puede negarse que era partidario de la dictadura, quizás en el sentido romano clásico, de dictadura comisoria, siempre pendiente de que la investidura proviniera de algún cuerpo colegiado, como si se tratara del senado de Roma, pero dictadura al fin y al cabo.

La Nueva Oposición (equilibrada, sensata), denuncia al régimen porque no respeta la voluntad popular expresada el 2D; pero no admite ni la más mínima responsabilidad por ese fiasco, siendo que fueron ellos los que dijeron que todo se solucionaba votando NO. Así se hizo y ahí están las 26 leyes.

Luego, la salida estaba en el 23N. Después de esa resonante “victoria”, ahora los venezolanos estamos peor que antes de “darle en la madre” al régimen. Y sin asimilar todavía los resultados, ya estamos enfrascados en el 15F, porque la oposición no espera que el jefe toque la flauta para salir batiendo el tambor.

Lo cierto, más allá de toda duda, es que así como lo presentado el 2D no era ninguna reforma sino una nueva constitución, esto no es ninguna enmienda sino una verdadera reforma, completamente írrita. Normalmente lo que se enmienda es lo que está mal, para corregirlo, pero es el caso que los artículos reformados están en consonancia con el principio de alternatividad sin que nadie haya dicho lo contrario. Mientras que la propuesta contradice el principio y eso sí que está mal, aunque se apruebe con los votos que sean.

Gobierno y oposición complementaria discuten cosas no discutibles y pretenden decidir asuntos no decidibles, sacrificando en el camino los intereses de los ciudadanos. Pero así como los derechos no son renunciables, los principios no pueden jugarse al azar, por mucho acuerdo que haya entre ellos.

Estafan al país a la vista de todo el mundo y, de paso, nos exponen al ridículo.

Isaiah Berlin, centenario de un liberal

isaiah-berlin
por José María Lassalle

Las sociedades abiertas van a ser puestas a prueba y tendrán que dar lo mejor de sí mismas para sobrevivir. Lo peor de la crisis está por llegar. Habrá que estar precavidos para afrontar los escenarios de inestabilidad que exigirán grandes dosis de fortaleza entre los partidos democráticos. Lo más importante en estos momentos es saber a qué atenerse y dotarnos de una pedagogía ejemplar, así como de un arsenal de acciones eficaces que desactiven los efectos sociales de la crisis.

De la crisis puede surgir la tentación de totalitarismos de nuevo cuño, futuristas y tecnológicos

El mejor homenaje es reivindicar su racionalismo liberal, sereno y tolerante
Con todo, la consecuencia más grave que puede provocar la frustración colectiva que viviremos es la emergencia de un chovinismo del bienestar frente al que no sepamos reaccionar institucionalmente. Por el momento es imposible aventurar cuál será su rostro ni si tendrá una plataforma concreta que lo aglutine. Tampoco puede saberse si cabalgará con silla política el tigre de ese “contraconocimiento” que mina las bases informativas de nuestra Modernidad ilustrada y que, según explica Damian Thompson en su ensayo Los nuevos charlatanes, se ha adueñado ya de las prácticas de numerosos medios de comunicación. Lo que sí es seguro es que, de salir a la luz, desplegará un lenguaje de sorpresiva novedad que tratará de burlar subversivamente los contrafuegos tradicionales de la democracia.

Quien piense que podemos enfrentarnos ante una formulación idéntica a los totalitarismos de entreguerras se equivoca. De hecho, su diseño será selectivamente postmoderno y estará provisto de una aureola futurista que tratará de seducir transversalmente a mucha gente. Para ello querrá liderar -con un imaginario de vanguardia adaptado probablemente a las formas de comunicación en red y a las nuevas tecnologías-, la atmósfera de desesperación, resentimiento y miedo que propiciará en el futuro la crisis que empezamos a padecer. Pero, sobre todo, querrá rentabilizar y utilizar políticamente esa extendida “banalización del mal” que, como explica Claudio Magris en La historia no ha terminado, ha normalizado y cotidianizado el desprecio al otro y su dignidad, justificando -al amparo de un ejercicio impune y liberticida de la libertad de expresión-, tanto el insulto como la mentira, la propaganda y el uso indiscriminado de una violencia dialéctica que localiza su acción en destruir la imagen de las personas mediante la sustitución de los hechos por interpretaciones manipuladas de los mismos.

Entrado el siglo XXI, una nueva versión de aquello que Kant denominó el “fuste torcido de la humanidad” puede ponerse en circulación. Una versión inédita que, junto a la revolución rusa y sus secuelas, las tiranías de derechas y de izquierdas y las explo-siones de “nacionalismo, racis-mo y, en algunos lugares de fanatismo religioso”, podría convertirse en otra más de esas “tormentas ideológicas que han alterado la vida de prácticamente toda la humanidad” y que, como analiza Isaiah Berlin, “muy curiosamente los pensadores más avisados del siglo XIX no llegaron a predecir jamás”.

El centenario que este año celebramos del nacimiento de este filósofo liberal puede sernos de ayuda frente a un escenario caracterizado por la concurrencia de las condiciones que pueden producir, por utilizar el título de una famosa película, esa tormenta perfecta que nos conduzca a un nuevo desafío de inhumanidad generalizada.

La defensa cerrada que Berlin hizo a lo largo de toda su vida de la decencia de la democracia es una vía de aproximación idónea para entender su liberalismo. Por eso mismo, la importancia de sus ideas adquiere en estos momentos una dimensión pública de enorme trascendencia. De hecho, la gravedad de la crisis económica y sus crecientes y dramáticos efectos sociales, exigirá de los defensores políticos de la Modernidad ilustrada una estrategia compartida que refuerce los vínculos de respeto, moderación y responsabilidad recíprocos que deben darse entre los demócratas.

El liberalismo igualitario de Berlin es, en este sentido, un antídoto de enorme fuerza antitotalitaria y un punto en común sobre el que fortalecer nuestra convivencia democrática. Su descripción de la libertad como una dualidad positiva y negativa permite hacer de ella el soporte programático de las sociedades abiertas. No hay que olvidar que el juego combinado de esta dualidad trata de desactivar las tensiones sociales y las fracturas que generan las exigencias igualitarias de una convivencia democrática con la defensa de un ámbito de no interferencia personal.

La importancia del pensamiento berliniano radica en haber alcanzado una síntesis que se basa en la necesidad epistemológica de explorar adecuadamente la complejidad de los valores en pugna dentro de un entorno pluralista. De este modo, la propensión al conflicto no sería nunca una disfunción, sino la característica intrínseca a la estructura de una democracia liberal que obliga a elegir entre fines que son cambiantes según las circunstancias, pues, en determinados momentos hay que elegir entre la igualdad y la libertad, y otras veces entre la justicia y la compasión. El desenlace, en cualquier caso, siempre es el mismo: forzar acuerdos que eviten lo peor y hacerlo, además, sin dañar las bases morales que institucionalmente salvaguardan la decencia que posibilita la tolerancia y la paz cívica.

El mejor homenaje que podemos brindar a este autor con ocasión de su centenario es reivindicar el estilo de su racionalismo liberal. Fiel al escepticismo desapasionado, tolerante y sereno de un intelectual educado en la caballerosidad del espíritu liberal descrita por Locke en sus Pensamientos sobre la educación, sus ideas siguen vivas. Sobre todo porque buscaron equilibrios y puntos de encuentro en medio de esos diferenciales en tensión sobre los que se construye siempre cualquier consenso democrático. De hecho, planteó a lo largo de su dilatada vida una indagación liberal sobre la estructura moral de las democracias y sobre los riesgos y ventajas del pluralismo que la sustentan.

Para Berlin, la libertad es básicamente una mirada interrogativa hacia el otro, el que no piensa igual. Una mirada interrogativa con la que desbaratar la ortodoxia de quienes creen poseer conocimientos y principios infalibles a los que habría que someterse con la camisa de fuerza de una devoción quijotesca. Por ello no dudó en defender la heterodoxia y la empatía como instrumentos de una acción intelectual encaminada a desentrañar las claves sobre las que descansa la huidiza verdad y los esquivos principios que cimientan una convivencia pacífica y civilizada. De este modo, el liberalismo de Berlin puede afirmarse que sigue en pie. Porque retrata la encrucijada mayoritaria de esa centralidad política que encarnan aquéllos a “quienes causa idéntica repulsión moral los duros rostros que ven a su derecha y la histeria y la insensata violencia y demagogia que tienen a su izquierda”. Quizá por ello no dudó en concluir que la historia siempre estaba abierta, pues, de un modo u otro, “el futuro deberá cuidarse de sí mismo”.

José María Lassalle es Secretario de Estudios del PP y diputado por Cantabria
Fuente: El País- España

El chofer del camión

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por Teódulo López Meléndez

La Alcaldía Mayor sigue ocupada por los facinerosos y se amenaza con ocupar nuevas dependencias. El chofer del camión está preso. El Tribunal Supremo de Justicia admite una acción contra la elección de César Pérez Vivas a quien se quiere desconocer como gobernador del Táchira. El chofer del camión está preso. La tibititular del Ministerio del Poder Popular para las Elecciones se indigna ante quienes consideramos inconstitucional la enmienda. El chofer del camión está preso. Las bandas armadas atacan embajadas extranjeras, locales culturales, partidos políticos y residencias particulares. El chofer del camión está preso. El chofer del camión de lo estudiantes está preso. El chofer del camión está preso.

La libertad se angosta, asfixiada, por la represión. El chofer del camión está preso. Las reservas internacionales se caen en más de 12 mil millones de dólares para correr la arruga hasta que se produzcan las elecciones que no son elecciones. El chofer del camión está preso. El chofer del camión es satanizado, llamado nazi, incendiario, expuesto a la vergüenza como lo hacen con el líder estudiantil Nixon Moreno refugiado en la Nunciatura Apostólica sin que la dictadura se digne responder a la solicitud del Vaticano por un salvoconducto. El chofer del camión está preso. José Dacre, el chofer del camión de los estudiantes, es trasladado de madrugada a la cárcel sin que mediara para ello una orden judicial. El chofer del camión está preso. Los tres comisarios y los siete agentes de la Policía Metropolitana siguen sometidos a las burlas más descaradas de los lapsos procesales para mantener falsamente vigente una versión acomodaticia de lo sucedido en abril del 2002, provocando la indignación de la conciencia jurídica de América Latina. El chofer del camión está preso.

El camión está preso. El sonido del camión está preso. La falsa construcción de las bombas molotov está en libertad, circula, la gente se indigna ante la falsa versión del gobierno y se asombra de la capacidad de mentir. La dirección del camión está presa. Los cauchos del camión están presos. El motor del camión está preso. El volante del camión está preso. El chofer del camión está preso. El 23 de enero de 1958 el camión estaba libre. El 23 de enero de 2009 el camión está preso. El 23 de enero de 1958 el chofer del camión salía de las mazmorras o regresaba del exilio. El 23 de enero de 2009 el chofer del camión está preso. El 23 de enero de 1958 el dictador huía. El 23 de enero de 2009 el chofer está preso.

50 niños de un preescolar son testigos de un asesinato. El chofer del camión está preso. Los aspirantes a unos apartamentos de clase media baja ven como sus ahorros e inversiones se evaporan porque los espacios por los que han hecho sacrificios son invadidos. El chofer del camión está preso. Las señoras de muchos barrios y urbanizaciones deciden salir juntas buscando evitar que el hampa politizada las asalte. El chofer del camión está preso.

No están conformes con tener preso al chofer del camión. Se quiere meter enmiendas indefinidas en los cauchos del camión. Qué el camión jamás vuelva a moverse. Qué la historia se detenga. Qué la gerentocracia gobierne para siempre. Qué dentro de muchos años haya peregrinaciones a retratarse con el dictador, como ahora sucede y como ahora declaran: “me recibió de pie como un caballero”. El chofer del camión está preso.

No fui a la marcha donde no estaba el camión. No quise decir antes que no iría, para no hacer de aguafiestas, pero todo el que me lea sabe que he dicho que estoy harto de marchas, sobretodo cuando se trata de entregar documentos inútiles antes instituciones inútiles, como lo es el Ministerio del Poder Popular para las Elecciones (antiguo CNE). Respeto profundamente a quienes fueron a la marcha del 23 de enero y los felicito por haber ido, por abandonar sus casas por unas horas para cumplir con lo que sus conciencias les ordenó, pero yo respondo a mi propia conciencia que reclama otra inteligencia, otra habilidad, otra forma de innovación y de proyección estratégica. Discrepo de los análisis que la llamada oposición hace en cuanto a las líneas políticas. Estoy divorciado de la llamada oposición, aunque jamás haya estado casado con ella y ni siquiera haya convivido con ella en concubinato. A los estudiantes los entiendo, los respaldo, pero advierto que la definición de una concepción de resistencia no puede dejarse en sus manos. He dicho de formas innovadoras de protestas, he dicho mil veces como se puede hacer funcionar de nuevo el sonido del camión. He dicho mil veces que estoy con los estudiantes que ahora desfilan sin camión. He dicho que no es suficiente la explicación de que el gobierno trata de satanizar la campaña por el “NO”. El desafío violento tiene implicaciones posteriores. El lanzamiento del hampa a aterrorizar es la preparación de un desconocimiento de los resultados, de un fraude o el desatar de toda la potencia terrorista el día 16 de febrero contra gobernaciones y alcaldías en manos de la oposición, contra personalidades públicas y contra ciudadanía sin distingo. Lo que estamos viendo es el ejercicio previo. La ejecución real puede venir el día del después. Lo confirma el dictador con sus amenazas del 23 de enero de 2009. A pesar de todo el peligro que encierra, esta dictadura es ridícula y el dictador un ridículo. Ha celebrado que el chofer del camión esté preso.

He recordado mil veces que el Alcalde Mayor Antonio Ledezma está solo enfrentando la ocupación de las oficinas que el pueblo de Caracas le entregó. He dicho mil veces que se ha abusado de la gente llevándola a marchas sin sentido, con ausencia de oradores que tengan clara la línea estratégica a seguir. He dicho mil veces como liberar al camión. He dicho mil veces como debe hacer la sociedad para ponerle un chofer al camión. He dicho mil veces como hacer brotar mil choferes para el camión. El camión está preso. El chofer del camión está preso. La prioridad es liberar al camión. La prioridad es liberar al chofer del camión. No existe otra prioridad. Hay que ponerle un chofer al camión. Hay que reconstruir el camión. Hay que reconstruir el chofer del camión. Hay que liberar la posibilidad de reconstruir el camión y al chofer del camión.

teodulolopezm@yahoo.com

Discurso inaugural del presidente Obama

a-14Me presento aquí hoy humildemente consciente de la tarea que nos aguarda, agradecido por la confianza que habéis depositado en mí, conocedor de los sacrificios que hicieron nuestros antepasados. Doy gracias al presidente Bush por su servicio a nuestra nación y por la generosidad y la cooperación que ha demostrado en esta transición.

Son ya 44 los estadounidenses que han prestado juramento como presidentes. Lo han hecho durante mareas de prosperidad y en aguas pacíficas y tranquilas. Sin embargo, en ocasiones, este juramento se ha prestado en medio de nubes y tormentas. En esos momentos, Estados Unidos ha seguido adelante, no sólo gracias a la pericia o la visión de quienes ocupaban el cargo, sino porque Nosotros, el Pueblo, hemos permanecido fieles a los ideales de nuestros antepasados y a nuestros documentos fundacionales. Así ha sido. Y así debe ser con esta generación de estadounidenses.

Es bien sabido que estamos en medio de una crisis. Nuestro país está en guerra contra una red de violencia y odio de gran alcance. Nuestra economía se ha debilitado enormemente, como consecuencia de la codicia y la irresponsabilidad de algunos, pero también por nuestra incapacidad colectiva de tomar decisiones difíciles y preparar a la nación para una nueva era. Se han perdido casas; se han eliminado empleos; se han cerrado empresas. Nuestra sanidad es muy cara; nuestras escuelas tienen demasiados fallos; y cada día trae nuevas pruebas de que nuestros usos de la energía fortalecen a nuestros adversarios y ponen en peligro el planeta.

Estos son indicadores de una crisis, sujetos a datos y estadísticas. Menos fácil de medir pero no menos profunda es la destrucción de la confianza en todo nuestro territorio, un temor persistente de que el declive de Estados Unidos es inevitable y la próxima generación tiene que rebajar sus miras. Hoy os digo que los problemas que nos aguardan son reales. Son graves y son numerosos. No será fácil resolverlos, ni podrá hacerse en poco tiempo. Pero debes tener clara una cosa, América: los resolveremos.

Hoy estamos reunidos aquí porque hemos escogido la esperanza por encima del miedo, el propósito común por encima del conflicto y la discordia. Hoy venimos a proclamar el fin de las disputas mezquinas y las falsas promesas, las recriminaciones y los dogmas gastados que durante tanto tiempo han sofocado nuestra política.

Seguimos siendo una nación joven, pero, como dicen las Escrituras, ha llegado la hora de dejar a un lado las cosas infantiles. Ha llegado la hora de reafirmar nuestro espíritu de resistencia; de escoger lo mejor que tiene nuestra historia; de llevar adelante ese precioso don, esa noble idea, transmitida de generación en generación: la promesa hecha por Dios de que todos somos iguales, todos somos libres, y todos merecemos una oportunidad de buscar toda la felicidad que nos sea posible.

Al reafirmar la grandeza de nuestra nación, sabemos que esa grandeza no es nunca un regalo. Hay que ganársela. Nuestro viaje nunca ha estado hecho de atajos ni se ha conformado con lo más fácil. No ha sido nunca un camino para los pusilánimes, para los que prefieren el ocio al trabajo, o no buscan más que los placeres de la riqueza y la fama. Han sido siempre los audaces, los más activos, los constructores de cosas -algunos reconocidos, pero, en su mayoría, hombres y mujeres cuyos esfuerzos permanecen en la oscuridad- los que nos han impulsado en el largo y arduo sendero hacia la prosperidad y la libertad.

Por nosotros empaquetaron sus escasas posesiones terrenales y cruzaron océanos en busca de una nueva vida. Por nosotros trabajaron en condiciones infrahumanas y colonizaron el Oeste; soportaron el látigo y labraron la dura tierra. Por nosotros combatieron y murieron en lugares como Concord y Gettysburg, Normandía y Khe Sahn. Una y otra vez, esos hombres y mujeres lucharon y se sacrificaron y trabajaron hasta tener las manos en carne viva, para que nosotros pudiéramos tener una vida mejor. Vieron que Estados Unidos era más grande que la suma de nuestras ambiciones individuales; más grande que todas las diferencias de origen, de riqueza, de partido.

Ése es el viaje que hoy continuamos. Seguimos siendo el país más próspero y poderoso de la Tierra. Nuestros trabajadores no son menos productivos que cuando comenzó esta crisis. Nuestras mentes no son menos imaginativas, nuestros bienes y servicios no son menos necesarios que la semana pasada, el mes pasado ni el año pasado. Nuestra capacidad no ha disminuido. Pero el periodo del inmovilismo, de proteger estrechos intereses y aplazar decisiones desagradables ha terminado; a partir de hoy, debemos levantarnos, sacudirnos el polvo y empezar a trabajar para reconstruir Estados Unidos.

Porque, miremos donde miremos, hay trabajo que hacer. El estado de la economía exige actuar con audacia y rapidez, y vamos a actuar; no sólo para crear nuevos puestos de trabajo, sino para sentar nuevas bases de crecimiento. Construiremos las carreteras y los puentes, las redes eléctricas y las líneas digitales que nutren nuestro comercio y nos unen a todos. Volveremos a situar la ciencia en el lugar que le corresponde y utilizaremos las maravillas de la tecnología para elevar la calidad de la atención sanitaria y rebajar sus costes. Aprovecharemos el sol, los vientos y la tierra para hacer funcionar nuestros coches y nuestras fábricas. Y transformaremos nuestras escuelas y nuestras universidades para que respondan a las necesidades de una nueva era. Podemos hacer todo eso. Y todo lo vamos a hacer.

Ya sé que hay quienes ponen en duda la dimensión de mis ambiciones, quienes sugieren que nuestro sistema no puede soportar demasiados grandes planes. Tienen mala memoria. Porque se han olvidado de lo que ya ha hecho este país; de lo que los hombres y mujeres libres pueden lograr cuando la imaginación se une a un propósito común y la necesidad al valor.

Lo que no entienden los escépticos es que el terreno que pisan ha cambiado, que las manidas discusiones políticas que nos han consumido durante tanto tiempo ya no sirven. La pregunta que nos hacemos hoy no es si nuestro gobierno interviene demasiado o demasiado poco, sino si sirve de algo: si ayuda a las familias a encontrar trabajo con un sueldo decente, una sanidad que puedan pagar, una jubilación digna. En los programas en los que la respuesta sea sí, seguiremos adelante. En los que la respuesta sea no, los programas se cancelarán. Y los que manejemos el dinero público tendremos que responder de ello -gastar con prudencia, cambiar malos hábitos y hacer nuestro trabajo a la luz del día-, porque sólo entonces podremos restablecer la crucial confianza entre el pueblo y su gobierno.

Tampoco nos planteamos si el mercado es una fuerza positiva o negativa. Su capacidad de generar riqueza y extender la libertad no tiene igual, pero esta crisis nos ha recordado que, sin un ojo atento, el mercado puede descontrolarse, y que un país no puede prosperar durante mucho tiempo cuando sólo favorece a los que ya son prósperos. El éxito de nuestra economía ha dependido siempre, no sólo del tamaño de nuestro producto interior bruto, sino del alcance de nuestra prosperidad; de nuestra capacidad de ofrecer oportunidades a todas las personas, no por caridad, sino porque es la vía más firme hacia nuestro bien común.

En cuanto a nuestra defensa común, rechazamos como falso que haya que elegir entre nuestra seguridad y nuestros ideales. Nuestros Padres Fundadores, enfrentados a peligros que apenas podemos imaginar, elaboraron una carta que garantizase el imperio de la ley y los derechos humanos, una carta que se ha perfeccionado con la sangre de generaciones. Esos ideales siguen iluminando el mundo, y no vamos a renunciar a ellos por conveniencia. Por eso, a todos los demás pueblos y gobiernos que hoy nos contemplan, desde las mayores capitales hasta la pequeña aldea en la que nació mi padre, os digo: sabed que Estados Unidos es amigo de todas las naciones y todos los hombres, mujeres y niños que buscan paz y dignidad, y que estamos dispuestos a asumir de nuevo el liderazgo.

Recordemos que generaciones anteriores se enfrentaron al fascismo y el comunismo no sólo con misiles y carros de combate, sino con alianzas sólidas y convicciones duraderas. Comprendieron que nuestro poder no puede protegernos por sí solo, ni nos da derecho a hacer lo que queramos. Al contrario, sabían que nuestro poder crece mediante su uso prudente; nuestra seguridad nace de la justicia de nuestra causa, la fuerza de nuestro ejemplo y la moderación que deriva de la humildad y la contención.

Somos los guardianes de este legado. Guiados otra vez por estos principios, podemos hacer frente a esas nuevas amenazas que exigen un esfuerzo aún mayor, más cooperación y más comprensión entre naciones. Empezaremos a dejar Irak, de manera responsable, en manos de su pueblo, y a forjar una merecida paz en Afganistán. Trabajaremos sin descanso con viejos amigos y antiguos enemigos para disminuir la amenaza nuclear y hacer retroceder el espectro del calentamiento del planeta. No pediremos perdón por nuestra forma de vida ni flaquearemos en su defensa, y a quienes pretendan conseguir sus objetivos provocando el terror y asesinando a inocentes les decimos que nuestro espíritu es más fuerte y no podéis romperlo; no duraréis más que nosotros, y os derrotaremos.

Porque sabemos que nuestra herencia multicolor es una ventaja, no una debilidad. Somos una nación de cristianos y musulmanes, judíos e hindúes, y no creyentes. Somos lo que somos por la influencia de todas las lenguas y todas las culturas de todos los rincones de la Tierra; y porque probamos el amargo sabor de la guerra civil y la segregación, y salimos de aquel oscuro capítulo más fuertes y más unidos, no tenemos más remedio que creer que los viejos odios desaparecerán algún día; que las líneas tribales pronto se disolverán; y que Estados Unidos debe desempeñar su papel y ayudar a iniciar una nueva era de paz.

Al mundo musulmán: buscamos un nuevo camino hacia adelante, basado en intereses mutuos y mutuo respeto. A esos líderes de todo el mundo que pretenden sembrar el conflicto o culpar de los males de su sociedad a Occidente: sabed que vuestro pueblo os juzgará por lo que seáis capaces de construir, no por lo que destruyáis. A quienes se aferran al poder mediante la corrupción y el engaño y acallando a los que disienten, tened claro que la historia no está de vuestra parte; pero estamos dispuestos a tender la mano si vosotros abrís el puño.

A los habitantes de los países pobres: nos comprometemos a trabajar a vuestro lado para conseguir que vuestras granjas florezcan y que fluyan aguas potables; para dar de comer a los cuerpos desnutridos y saciar las mentes sedientas. Y a esas naciones que, como la nuestra, disfrutan de una relativa riqueza, les decimos que no podemos seguir mostrando indiferencia ante el sufrimiento que existe más allá de nuestras fronteras, ni podemos consumir los recursos mundiales sin tener en cuenta las consecuencias. Porque el mundo ha cambiado, y nosotros debemos cambiar con él.

Mientras reflexionamos sobre el camino que nos espera, recordamos con humilde gratitud a esos valerosos estadounidenses que en este mismo instante patrullan desiertos lejanos y montañas remotas. Tienen cosas que decirnos, del mismo modo que los héroes caídos que yacen en Arlington nos susurran a través del tiempo. Les rendimos homenaje no sólo porque son guardianes de nuestra libertad, sino porque encarnan el espíritu de servicio, la voluntad de encontrar sentido en algo más grande que ellos mismos. Y sin embargo, en este momento -un momento que definirá a una generación-, ese espíritu es precisamente el que debe llenarnos a todos.

Porque, con todo lo que el gobierno puede y debe hacer, a la hora de la verdad, la fe y el empeño del pueblo norteamericano son el fundamento supremo sobre el que se apoya esta nación. La bondad de dar cobijo a un extraño cuando se rompen los diques, la generosidad de los trabajadores que prefieren reducir sus horas antes que ver cómo pierde su empleo un amigo: eso es lo que nos ayuda a sobrellevar los tiempos más difíciles. Es el valor del bombero que sube corriendo por una escalera llena de humo, pero también la voluntad de un padre de cuidar de su hijo; eso es lo que, al final, decide nuestro destino.

Nuestros retos pueden ser nuevos. Los instrumentos con los que los afrontamos pueden ser nuevos. Pero los valores de los que depende nuestro éxito -el esfuerzo y la honradez, el valor y el juego limpio, la tolerancia y la curiosidad, la lealtad y el patriotismo- son algo viejo. Son cosas reales. Han sido el callado motor de nuestro progreso a lo largo de la historia. Por eso, lo que se necesita es volver a estas verdades. Lo que se nos exige ahora es una nueva era de responsabilidad, un reconocimiento, por parte de cada estadounidense, de que tenemos obligaciones con nosotros mismos, nuestro país y el mundo; unas obligaciones que no aceptamos a regañadientes sino que asumimos de buen grado, con la firme convicción de que no existe nada tan satisfactorio para el espíritu, que defina tan bien nuestro carácter, como la entrega total a una tarea difícil.

Éste es el precio y la promesa de la ciudadanía.

Ésta es la fuente de nuestra confianza; la seguridad de que Dios nos pide que dejemos huella en un destino incierto.

Éste es el significado de nuestra libertad y nuestro credo, por lo que hombres, mujeres y niños de todas las razas y todas las creencias pueden unirse en celebración en este grandioso Mall y por lo que un hombre a cuyo padre, no hace ni 60 años, quizá no le habrían atendido en un restaurante local, puede estar ahora aquí, ante vosotros, y prestar el juramento más sagrado.

Marquemos, pues, este día con el recuerdo de quiénes somos y cuánto camino hemos recorrido. En el año del nacimiento de Estados Unidos, en el mes más frío, un pequeño grupo de patriotas se encontraba apiñado en torno a unas cuantas hogueras mortecinas a orillas de un río helado. La capital estaba abandonada. El enemigo avanzaba. La nieve estaba manchada de sangre. En un momento en el que el resultado de nuestra revolución era completamente incierto, el padre de nuestra nación ordenó que leyeran estas palabras:

“Que se cuente al mundo futuro… que en el más profundo invierno, cuando no podía sobrevivir nada más que la esperanza y la virtud… la ciudad y el campo, alarmados ante el peligro común, se apresuraron a hacerle frente”.

América. Ante nuestros peligros comunes, en este invierno de nuestras dificultades, recordemos estas palabras eternas. Con esperanza y virtud, afrontemos una vez más las corrientes heladas y soportemos las tormentas que puedan venir. Que los hijos de nuestros hijos puedan decir que, cuando se nos puso a prueba, nos negamos a permitir que se interrumpiera este viaje, no nos dimos la vuelta ni flaqueamos; y que, con la mirada puesta en el horizonte y la gracia de Dios con nosotros, seguimos llevando hacia adelante el gran don de la libertad y lo entregamos a salvo a las generaciones futuras.

Gracias, que Dios os bendiga, que Dios bendiga a América.

¿Crisis financiera o crisis global? La economía verde como necesidad y oportunidad


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Educadores por la sostenibilidad. Boletín Nº 32, 15 de enero de 2009
http://www.oei.es/decada/boletin032.htm

La gravedad de la crisis financiera mundial, que se está traduciendo en recesión y pérdida de millones de empleos, está llevando a algunos -incluidos influyentes responsables políticos- a pensar que no es el momento de adoptar medidas rigurosas para luchar contra el cambio climático, porque las exigencias económicas que esas medidas comportan podrían agravar la crisis. Lo urgente ahora sería estimular de nuevo el consumo y reactivar el crecimiento económico: el medio ambiente podría y debería esperar.

Sin embargo, estos planteamientos constituyen un nuevo ejemplo de miopía “cortoplacista” que ignora el auténtico origen de la crisis actual y las posibles vías de solución. Porque, como han expresado numerosos expertos, la crisis económica y la crisis ambiental son dos aspectos de una misma problemática y se potencian mutuamente: “La crisis económica que padecemos se deriva de que los ciudadanos de los países desarrollados hemos estado viviendo por encima de nuestras posibilidades, consumiendo bienes que excedían el capital que podíamos reponer”, explican Carlos Duarte, Premio Nacional de Investigación, y Carlos Montes, catedrático de ecología en la Universidad Autónoma de Madrid. De hecho, los expertos ya venían prediciendo lo inevitable de graves crisis, si se continuaba apostando por la búsqueda de beneficios a corto plazo sin tomar en consideración los límites del crecimiento en un planeta finito y sus consecuencias de degradación ambiental y social.

Por ello, cualquier demora en la adopción de las necesarias medidas de protección medioambiental y de replanteamiento del sistema productivo, como algunos proponen, solo contribuirá a agravar y multiplicar las crisis. Estudios muy bien fundamentados como, por ejemplo, el que ha dado lugar al conocido “Informe Stern”, encargado por el Gobierno Británico en 2006 a un equipo dirigido por el economista Nicholas Stern han estimado el coste, sin duda elevado, de estas medidas; pero al propio tiempo han dejado claro que, si no se actúa con celeridad, el proceso de degradación provocará una grave recesión económica mucho más costosa, con secuelas ambientales irreversibles que pueden dar lugar al colapso de nuestra especie. La pregunta a plantearse no sería, por tanto, cuánto cuesta la adopción de las medidas necesarias sino cuánto está costando ya el no adoptarlas.

No tiene sentido, pues, pensar en salir de la actual crisis económica reincidiendo en los mismos comportamientos de consumo depredador y de crecimiento insostenible que han ido segando la hierba a nuestros pies (degradando todos los ecosistemas terrestres y haciendo crecer las desigualdades y la pobreza extrema) y creando las condiciones de un auténtico colapso. “No podemos resolver los problemas utilizando los mismos razonamientos que empleamos para crearlos”, advirtió en su día Albert Einstein. Como señala Cristopher Flavin, presidente del Worldwatch Institute, “esta frase debería presidir las aulas de las escuelas de economía, las salas de consejos de administración de las empresas y los grandes hemiciclos donde los legisladores del mundo deciden el curso de las políticas públicas”.

Pero la crisis actual tiene otra lectura positiva, superadora del simple “ya lo habíamos advertido” o “esto nos conduce al desastre”: podemos y debemos aprovechar la seria advertencia que supone esta crisis para impulsar un desarrollo auténticamente sostenible, una Economía Verde, que Ban Ki-Moon, Secretario General de Naciones Unidas, ha calificado como “La gran máquina de empleos verdes”, con inversiones productivas en, por ejemplo, nuevas tecnologías de energía renovable y de eficiencia energética y alimentaria que disminuyan, al propio tiempo, nuestra huella ecológica: “En un momento en que el desempleo está creciendo en muchos países, necesitamos nuevos empleos. En un momento en que la pobreza amenaza con afectar a cientos de millones de personas, especialmente en las partes menos desarrolladas del mundo, necesitamos una promesa de prosperidad; esta posibilidad está al alcance de nuestra mano”. Con ese objetivo el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha lanzado un plan para reanimar la economía global al mismo tiempo que, como señala Ban Ki-Moon, “se enfrenta el desafío definitorio de nuestra época: el cambio climático”. La crisis es vista así como oportunidad para fomentar una nueva revolución económica e industrial “verde”, que desplace la actual insostenible economía “marrón”. Es lo que el economista experto en Medio Ambiente, Jeremy Rifkin, ha denominado la Tercera Revolución Industrial que deberá tener a lugar a nivel planetario, asociada al uso de energías renovables, eficientes y descentralizadas con emisiones cero.

Se trata, pues, de una oportunidad, una elección histórica de cambio de modelo a una economía verde frente a la crisis, para poner fin a un rumbo de fracaso y degradación. Una primera andadura en el camino de la necesaria r-evolución para la sostenibilidad que requiere también el replanteamiento de premisas económicas clave y de prácticas empresariales que potencien economías que satisfagan las necesidades básicas de toda la humanidad, al mismo tiempo que protegen el planeta, contribuyendo a construir un mundo sostenible.

No es tiempo, pues, para pausas y demoras en la construcción de un futuro sostenible. Por el contrario, la comprensión de la estrecha ligazón de los problemas a los que la humanidad ha de hacer frente nos obliga a ver en la sostenibilidad la clave para hacer frente a una crisis que no es meramente financiera. Y ello exige una acción social fundamentada, un activismo orientado por el conocimiento, que los educadores hemos de contribuir a desarrollar. Ése ha de ser nuestro decidido compromiso.

Educadores por la sostenibilidad. Boletín Nº 32, 15 de enero de 2009
http://www.oei.es/decada/boletin032.htm

El objetivo de Ana Frank

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por Ricardo Viscardi

No es frecuente en la circunstancia percibir que se llegó al otro lado. La impresión de estar alcanzando otro lugar registra lo acontecido en el acontecimiento. Cuando se genera esta condición se supera el borde del tiempo, es decir, se accede a lo propio del tiempo, al paso de pasar [1].

El cotejo del borde traslada la verdad allende el límite. Lo que se encuentra más allá anuncia lo que se ha desplazado imperceptiblemente y que de pronto alcanza figura divisable. Esta visibilidad ya es división y permite una primera toma de distancia, en principio como distancia incoercible de una emotividad que pugna por ir al otro lado. Tal desborde configura asimismo un anuncio de lo absoluto en tanto ajenidad. Lo ajeno no nos pertenece, pero no deja de involucrarnos. Estamos involucrados en la suerte que pertenece a alguien que no nos pertenece.

Esa pertinencia de lo impersonal constituye el mayor desafío para la decisión que se sustente en la libertad.

El efecto del diario de Ana Frank es destacar lo inefable de la inocencia personal. De esa forma, la tragedia de la casi adolescente víctima del exterminio nazi de lo diferente, ponía de relieve hasta qué punto la Humanidad era una ficción narcisista de la Historia, incluso fatal a los crédulos. Sin embargo, la propensión a justificar un relato de la transparencia de la conciencia persistió en hacernos creer que el nazi-fascismo fue una anomalía socio-económica, sin percibir que todo lo que pueda ser imputado a la naturaleza de la sociedad lo es asimismo a una pretendida universalidad de conciencia.

El síntoma cancerígeno de la degeneración del humanismo en etno-nacionalismo no cesó de sacudir el debate de la segunda mitad del siglo XX, en particular ante la multiplicación de los campos de exterminio de derecha y de izquierda, incluidos aquellos instalados en los países llamados subdesarrollados bajo el influjo institucional y estratégico explícito de los vencedores militares del nazi-fascismo.

Los adoradores de la transparencia de la conciencia, incluyendo a los nostálgicos de la “subjetividad transformadora” y a los adalides de la “iniciativa privada” no lograron desplazar en ningún sentido perceptible la cuestión de la tragedia totalitaria del siglo XX. Esta incapacidad teórica es determinada por el mismo anclaje de los relatos neo-revolucionarios y neo-liberales en un núcleo de significación inefable, cristalizado en tanto tautología procedimental[2]. En tales términos, la autoridad del procedimiento proviene de la cristalinidad de su forma, tal como quería Narciso. Ante tal objetividad pura lo ajeno exige racionalmente ser exterminado.

El objetivo del diario de Ana Frank era la memoria de Ana Frank. Esa memoria no era objetiva, en un sentido que superara la existencia de Ana Frank. Por eso el exterminio de Ana Frank subrayó de la manera más objetiva hasta qué punto pendía una amenaza sobre el ser propio de un humano, tan sólo por la condición de encontrarse marcado en alguien.

La estrategia de regeneración de la Humanidad, por la vía de poner límite a la diferenciación de los miembros de la especie, constituye la racionalidad totalitaria. Su racionalismo pretende lograr la forzosa reducción de las pautas de la identidad, para preservar el registro de una forma nativa ante usos espurios. Aducir que esta moral de la identidad formal conduce a las más aberrantes inmoralidades es no entender el principio de toda moral basada en el sí mismo: su necesidad de fundarse y estar ante sí como ante otro, que por la misma condición doble de toda moral, vincula en el texto de Lacan a Sade y Kant entre sí[3].

Una percepción del fascismo en tanto restauración autocrática del Orden de la representación, fatalmente deshilachado por su propio fundamento en la individualidad de su avatares exógenos, no puede avanzar sino periféricamente[4]. Sus alianzas se anudan allí donde el sistema de las identidades, las representaciones y los poderes, que Occidente acuñó en la forma-Estado, cede lugar por sus propias fallas y anomalías constitutivas (la necesidad de excluir y marginar, en particular).

De esas falencias que aquejan a un sistema que permite perpetuarse clausurándose, el actual debate en torno a la prolongación del nazi-fascismo en sus antiguas víctimas, a través de la intervención militar del Estado de Israel en la franja de Gaza, constituye una de las expresiones más patentes[5]. Las acusaciones recíprocas se basan en el mismo argumento del exterminio étnico masivo. Pero en cuanto lo étnico encierra la cuestión de la identidad, la condición de la diferencia que enciende la chispa de la explosión genocida queda, en los dos sentidos de la argumentación, abstrusa.

En el caso del afán expansionista que se le imputa a Israel, no se diferencia la razón de Estado del integrismo étnico. La supuesta conspiración antisemita que incluye a quienes se inclinen críticamente ante la situación, estados árabes moderados incluidos, no es sostenible desde el punto de vista de ninguna racionalidad de Estado. Esta perspectiva del mundo en pandemonio antisemita no es asimilable a ninguna perspectiva que aspire a una hegemonía y a una política de alianzas sostenida en relaciones entre estados, e incluso atenta contra una idea de la comunidad de naciones en tanto organización de estados (ONU). Detrás de esta agresión masiva y de esta agresividad no disimulada se percibe un designio de determinación unilateral de las condiciones, que no puede provenir sino de quien se cree dueño del destino propio y del ajeno. Si la cuestión del Estado se plantea allí donde surge otra nación[6], en este caso la desestatización creciente de la política israelí pone en evidencia la condición insignificante que en la sensibilidad pública de esa población adquiere la causa árabe, en particular y sobre todo, la palestina.

Por otro lado, el argumento israelí de un designio de exterminio del Estado de Israel en razón de un fanatismo religioso, no explica cómo el integrismo musulmán ha crecido en el Medio Oriente a la par que el conflicto que hoy atizan los israelíes por su parte. Si Hezbollá se acrecentó, a la par que se consolido el régimen de los Ayatollah en Irán, mientras se continuaba la propia guerra que las potencias occidentales alineaban contra el mismo Irán, nada da a pensar que la masacre de palestinos genere entre sus filas reacciones en otro sentido. Incluso porque, Al Quaeda mediante, nadie puede ignorar que el integrismo musulmán crece en la región, dentro del propio Egipto inclusive, por más que Israel pretenda injerencia indirecta entre los árabes más moderados.

En verdad, la furia totalitaria contra la diferencia encarnada en el diferente marcado, ha traspasado, llevada por la presencia a distancia (de identidades, idiosincrasias, sensibilidades), del objetivo del pensamiento al objetivo de la cámara. Esta injerencia multiplicada por la instantaneidad de la señal mediática en la condición ajena, pone a toda persona en el trance de su alteridad ante poderes extraños. La guerra en el visor que propalan las agencias isralíes, a través de la cámara que presenta desde el mismo misil la progresiva aproximación al blanco, hasta que otra cámara registra la explosión que aniquila a la primera y su destino, expresa metafóricamente la condición mediática del objetivo en la actualidad.

Esta condición ya no es la del objetivo de una memoria, como en el diario de Ana Frank, sino la del objetivo de una visual, como la que tiene cualquiera desde su ventana mientras la cámara registra la aproximación del misil a esa fuente de visibilidad. Cada mirada pasó a ser un objetivo en el ser de la tecnología, en particular porque la tecnología se encuentra hoy liderada, en todos los campos, por las técnicas de la imagen, cuyo objetivo primordial es provisto por lo que una mirada pretende gobernar.

De ahí que el totalitarismo y el fundamentalismo presenten perspectivas diferentes del exterminio. El totalitarismo anunciaba la liquidación de toda diferencia espuria, por su impertinencia canónica para un régimen logocéntrico de la representación, particularmente trazado en el eje étnico-racial. El fundamentalismo propende a la reacción violenta de creencias agredidas a domicilio, ante tendencias que desestabilizan su centro de equilibrio, se propone destruir la fuente del daño que advierte en medio suyo. Mientras el totalitarismo apunta al exterminio del extranjero (a una idiosincracia, a costumbres, a una etnia) el fundamentalismo se propone atacar al mal donde sus manifestaciones suponen un peligro para su propio destino.

Así, el objetivo de Ana Frank pasó de la identidad de una memoria a la memoria de toda identidad, que en un campo de objetivos a distancia constituye una visión finalista del destino singular de cada uno[7]. La trascendencia descendió de un más allá inefable a un más allá enfocable, centrado en la mira de cada quién, en tanto blanco de un poder de destrucción militar, objetivo de una política de medios, designio de estratagemas diplomáticas. La cuestión del fundamentalismo se plantea entre convertir a cada uno en un objetivo o admitir la tercería incluida de la ajenidad, en el núcleo mismo de la condición humana, de la condición de existencia, de lo vacuo de toda condición que aspire a ser una misma.

[1] Sobre la concepción de Derrida al respecto ver Viscardi, R. “La verdad del equilibrio” (2002) Revista Actio 1, FHCE http://www.fhuce.edu.uy/public/actio/Textos/I-1/Viscardi.htm
[2] « Si el « problema del conocimiento » se hubiera formulado en términos de las relaciones entre proposiciones y el grado de certeza que se les atribuía, y no en términos de supuestos componentes de las proposiciones, quizá no hubiéramos heredado nuestra idea actual de « historia de la filosofía » . Rorty, R. (1983) La filosofía y el espejo de la naturaleza, Cátedra, Madrid, p.142.
[3] « La Filosofía en el tocador viene ocho años despuésqe la Critica de la Razón Práctica. Si depués de haber visto que le es acorde, demostramos que la completa, diremos que presenta la verdad de la Crítica.
Lacan, J. (1971) Ecrits II, Seuil, Paris, p.119.
[4] Es la lectura de Baudrillard que seguimos en Viscardi, R. (2005) Guerra, en su nombre, Arcibel, Sevilla, p.51.
[5] Es ilustrativa al respecto la polémica entre un representante del Comité Central Israelita del Uruguay y l central sindical única (PIT-CNT) ver : Buszkaniec, I. (entrevista) « Nunca se les acusó de fascistas » La República (10/01/09), Montevideo http://www.larepublica.com.uy/
[6] Ver al respecto la afirmación en cotejo de los estados-nación europeos entre sí : Marramao, G. (2006) Pasaje a Occidente, Katz, Buenos Aires, p.188.
[7] El componente religioso del análisis incrementa su participación explicativa en los distintos textos, incluso de sociólogos-economistas, ver al respecto Sader, E. Gaza : preguntas y respuestas en Compañero http://www.pvp.org.uy/?p=466 , asimismo, Mirza, Ch. « Que Jehová los perdone » La República (15/01/09) Montevideo http://www.larepublica.com.uy/

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El sueño de una noche de verano

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por Teódulo López Meléndez

No puede haber elecciones bajo amenaza. “Échenles gas…métanlos presos”, ha vociferado. Aunque, conforme a la titular del Ministerio del Poder Popular para las Elecciones, esto del 15 de febrero no es una elección, lo que le permite violar la Ley del Sufragio. Los venezolanos tomamos cuenta. ¿No son unas elecciones? Entonces, ¿qué diablo son? La respuesta parece obvia: una mascarada, un fraude, un esperpento que convierte en papel higiénico a la Constitución y a las leyes.

Han violado todo, ya no queda virgen texto legal alguno, ni principio alguno, ni respeto alguno, ni apariencia alguna. Advierte que estará pendiente de que se cumpla su orden represiva.

Pero ahora me asalta un título, El sueño de una noche de verano (A Midsummer Night’s Dream), de Shakespeare, y hasta escucho la pieza que Mendelssohn construyó partiendo del texto. Esta que vivimos no es una historia de amor como aquella de la célebre pieza teatral; es una historia de odio, pero verdaderamente el título es bueno para soñar con lo que ha debido decirse y hacerse.

Lo que ha debido hacerse: Frente a la intimidación ha debido convocarse un gran mitin en la autopista del este, y en territorio del Municipio Sucre, para advertir que la calle no se entrega por amenazas.

No puede haber elecciones con la violencia que busca impunidad instalada con armas largas en la sede del pueblo de Caracas. Dejan solo a Ledezma con la Alcaldía Mayor tomada por bandas paramilitares.

Lo que ha debido hacerse: O el gobierno hace cesar la toma o aquí no hay elecciones.

Pero lo que digo son sueños de una noche de verano. El hombre solo que soy, sentado frente a una computadora –como hace mucho tiempo estuvo sentado frente a una vieja Remington para escribir Reflexiones sobre la República y advertir que buscábamos el camino que al final tomamos, este- reflexiona sobre sí mismo y se autodenomina como una especie de historiador de la ignominia.

teodulolopezm@yahoo.com

Este rompecabezas miserable

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por Teódulo López Meléndez

El gobierno: El asustadizo llama a cadena nacional de radio y televisión ante las primeras manifestaciones estudiantiles de protesta. Amenaza a las universidades, hace responsable a sus autoridades por las manifestaciones de los alumnos, como si los rectores estuviesen en la obligación de hacer de policías del régimen y desconociesen que los educandos son ciudadanos en libertad de ejercer sus derechos y de protestar contra lo que crean necesario. Las bandas armadas paramilitares podrían ser muy bien las responsables de incendiar unos matorrales en el Ávila para tener un argumento que utilizar contra los estudiantes: “Les aplicaremos la Ley del Ambiente”. De una vez salta la foca y pide interpelación parlamentaria de los rectores. Si van a aplicar la Ley del Ambiente tendrían que comenzar por cerrar la Asamblea Nacional donde los olores nauseabundos lo hacen a uno pensar que costará un grandísimo trabajo volver a transformar aquello en algo parecido a un Parlamento. ¿Hasta donde quiere llegar para apagar la protesta estudiantil? ¿Va a cerrar las universidades? Qué lo haga y se atenga a las consecuencias.

No son los estudiantes los que pretenden incendiar al país. Es el dictador con su manía de reelección para siempre. No les sirve el disfraz de gobierno ni la prosopopeya de mandatarios, pues sus mentiras y sus falacias brotan de manera tan obvia y en tal abundancia que la perplejidad y el asombro no tienen límites. Estamos parados ante una farsa grotesca, frente al ejercicio de la falsificación como norma, frente al descaro de un régimen funambulesco. Hay que hacerle saber que si toma la decisión final, si da el paso que lo tienta, si avanza hacia el irrespeto de lo poco que le falta por irrespetar, sumirá a la nación en la total ingobernabilidad. “Pedagógica” llama al trabalenguas que el miedo les hizo redactar para burlarse de la gente. Eso no es una pregunta, es un zazoso, un tartajoso intento de engaño.

La oposición: Se limitan a decir que está organizando la protección de los votos y uno dice está muy bien que organicen la protección de los votos, pero se pregunta si colocar la carreta delante de los bueyes es la lógica que preside a estos insignes declarantes de la televisión. Para cuidar los votos, primero hay que tener los votos o, al menos, salir a buscarlos. Y para buscar los votos hay que plantearse cómo buscar los votos. Mi tesis es que sin protesta no habrá votos, porque debe quedar claro que el país no acepta este nuevo golpe de Estado y que habrá resistencia. Esto es, el país no podrá ser el mismo después que se consume la violación constitucional y se abra la espita del abuso continuo como nuevo “derecho” adquirido de la mafia militar que desgobierna al país.

La gente comienza a darse cuenta de las omisiones de la llamada oposición. La señora que me detiene en el quiosco de periódicos me pregunta cómo veo las cosas y me dice que a ella le parece que lo único que hacen es ir a la televisión. Algunos columnistas de prensa, de los escasos con talento y capacidad de miras, señalan preocupación ante lo que ven, pero lo único que se les ocurre es que para revertir lo que se ve venir como tendencia, hay que recurrir al humor. Es bastante probable que los humoristas lo harían mejor que algunos de estos “dirigentes” apoltronados, pero no es el caso. No podemos poner a los humoristas a dirigir la resistencia, aunque hagamos uso del humor como lo hacen los extraordinarios caricaturistas de los que dispone la prensa escrita. El humor jugó un extraordinario papel en la caída de algunas de las dictaduras de Europa del Este, pero es un aporte interesante, no la estrategia para enfrentar a un régimen forajido como este.

Insisten en que la única manera es ir a votar e iremos a votar “NO” por la sencilla razón de que, independientemente del resultado, hay que dejar sumatoria de una voluntad de aguante. Pero no es la única forma ir a votar. Hay que ejercer la resistencia y dejar constancia de una protesta ante esta convocatoria a elecciones que no es otra cosa que un abuso y una reducción de nuestros derechos, aunque la pantomima oficial lo pinte a la inversa, como un acrecentado derecho de seguir haciendo con este país lo que les venga en gana. Algún lector comenta debajo de mi artículo anterior “ya lo hemos intentado todo”, ¿cómo hacemos?”. No lo hemos intentado todo, lo que han hecho es abusar del país hasta cansarlo con marchas inútiles (ya de lo bailoterapia y lo de los cantantes al final está dicho) y en lo particular no me canso de recordar aquella donde a los marchantes los esperaba Miss Venezuela de traje típico y de brazo de Osmel Souza. Es la falta de imaginación y talento para manifestar rechazo y mellar al régimen lo que caracteriza a la llamada oposición.

En suma, la oposición que va a cuidar los votos parte de la premisa de que tiene los votos y yo me pregunto si este país será capaz, el día siguiente del 15 de febrero, que si no me equivoco es 16, de poner las cosas en su sitio y mandar a sus casas a ciertos individuos y, haciéndole caso a la columnista que quiere frenar la dictadura con humor, decida elegir como diputados a la Asamblea Nacional a los humoristas en sustitución de los dirigentes de los partidos de oposición.

El país: Mientras tanto lo que queda de país está atónito, preocupado, entristecido y pesimista. No hay la menor alegría por ninguna parte. ¿O es que no se asoman a la psicología colectiva para apreciar como la gente se siente a la deriva, sin destino y sin futuro? La gente se siente abusada por el gobierno y se siente perpleja ante la oposición. El país de carne y hueso ve a la pobreza que se extiende, a los mendigos cocinando en latas de manteca en las islas de las avenidas, como los veo yo; a los mendigos trepando de manera insólita por las columnas de las estaciones del Metro para improvisar, con cartones y periódicos, el lecho de la noche, como los veo yo; a los niños haciendo de malabaristas en los semáforos, como los veo yo.

Esto es, el país se mira a sí mismo y ve la ruina, el deterioro, el abandono y se coloca en la psicología “el que aquí entre que pierda toda esperanza”. Hay que tener un proyecto de país más allá de cuidar los votos que se supone se tienen. Hay que montarse por encima del vicio perverso y electoralista del régimen. Lo que queda de país está perplejo y se hace urgente sacarlo de la perplejidad con el empuje de un liderazgo auténtico. Formas de lucha quedan por montones, estimado lector que argumentaba que lo hemos probado todo. Sólo hay que tener la inteligencia para reconocerlas e implementarlas. Y eso le toca al país, porque es el país el que produce líderes y si no los produce es por su propia ceguera y por su propia incapacidad de discernimiento. Y si está ciego y no discierne, nos toca a algunos repetírselo, hacernos malasangres, odiados por quienes todavía tienen los restos del poder massmediático, tachados por los dueños de las pequeñas e insignificantes estructuras partidistas. Es nuestro deber y lo cumplimos. Lo hacemos porque hemos asumido la nación, no los pedazos de este rompecabezas miserable al que nos han reducido.

teodulolopezm@yahoo.com

El país de la estulticia

estulticia

por Teódulo López Meléndez

Los aires de dictadura abierta recorren este descampado. La desmadrada advierte que si gana la oposición habrá guerra civil. El delincuente culpable de la desgracia de miles de familias observa que aprobará la enmienda para que adecos y copeyanos no regresen al poder, negando así toda alternabilidad, principio básico de la democracia. El aire es pesado, del calor y del color que anuncia la tormenta. Los restos de lo que fue esta república reciben el olor de la bota infecta y la voluntad de opresión se vuelca como vómito sobre estos ciudadanos inertes que idiotamente “andan en lo suyo” como huérfanos sin la mano caritativa de una monja de asilo de desvalidos.

Ya no es la república lo que está en peligro, desaparecida, anulada, borrada, estiercolada. Lo que ahora está en peligro es la existencia individual de cada quien, esa placidez hogareña donde los imperturbables se refugian considerándola invulnerable a las inclemencias del tiempo, como si una chimenea caliente y un estofado recién salido del horno fuesen garantía suficiente para hacer de su aislamiento una campana neumática a prueba de dictadura, de totalitarismo, de poder omnímodo violando todo lo violable y saqueando todo lo saqueable.

Ahora la dictadura va en búsqueda del bocado que la sacie, de la eternidad que la salve del juicio de los hombres, mientras los cretinos de este país le exigen al dictador que se comporte “como un buen padre de familia” o ese tembloroso comandante de la Guardia Nacional manda a reprimir estudiantes para evitar que le corten su carrera, tan bella e impecable ella, sin otra mancha que la de avalar la dictadura y traicionar a los principios.

Mientras tanto el dictador se saborea, se relame, obtiene orgasmos múltiples enseñándole al cineasta Oliver Stone donde jugó metras o donde lanzaba el trompo, con el narcisismo propio de un Idi Amin y con la estulticia propia de un Mugawe. Y, sobre todo, con el goce prematuro de volver a saborear una “victoria electoral”.

Todo indica que lo va a lograr. Todo lo indica porque el país piensa que va a ganar, porque el país está desmotivado, porque los insignes encuestadores hacen proyecciones falsas de viejas cifras, porque hablan demasiadas pendejadas buscando sustituir a los medios radioeléctricos apagados en procura de alzarse como los nuevos gurúes grandilocuentes que le enseñan a la oposición como actuar. Porque recurren a viejos conceptos obsoletos, como ese de que las cifras de las elecciones regionales no son extrapolables a la situación del referéndum, olvidando que el sujeto recuperó un millón de votos de los tres que se le habían perdido y haciendo ganar a inútiles y mostrando que conserva la magia de los demagogos insignes.

No basta con hacer campaña por el “NO”. Lo repito, no para que me hagan caso, porque un intelectual no dice la verdad para que los idiotas de turno acepten la realidad, sino para dejar constancia desde su aislamiento y desde su perspectiva. Son unos imbéciles que no tienen nada entre ceja y ceja, unos cretinos pausados que “juegan a la democracia” y con ello al escaso destino que nos queda. Hace falta la protesta, hace falta gas lacrimógeno de ese que ordena lanzar el pequeño y obediente comandante de la Guardia Nacional. O hace falta recurrir a medios imaginativos de protesta para evitar que las sensibles narices de esta clase media aposentada sienta sus narizotas irritadas por la voluntad represiva de la dictadura.

Sin protesta ganará el referéndum. Habrá consultado por última vez. Esos tranquilos ciudadanos que vacilan en votar ya no tendrán semejante disyuntiva, pues no habrá más consultas, muerto el líder de La Habana el líder africano del continente americano hará de las suyas como le venga en gana. Lo que resta de este país está de rodillas. El país debe pasar por encima de estos seudodirigentes acomodaticios que sólo piensan en cuñas publicitarias para oponerse, en financiamientos para desarrollar la oposición que sólo puede venir de una calle ardiente y de una voluntad unívoca.

No basta votar, no basta hacer campaña de colocación de carteles en los postes. Hay que protestar por la estulticia de una pregunta absurda, estúpida y despreciativa de la inteligencia de los venezolanos. Hay que protestar por un Ministerio del Poder Popular para las Elecciones (antiguo CNE), según la afortunada frase del historiador Germán Carrera Damas, que corre servil a evitar la inscripción de nuevos votantes y a organizar la parodia del dictador. Hay que protestar por unas Fuerzas Armadas que sin saber de convocatoria corre humilde y arrastrada a preparar la vigilancia militar del nuevo hecho prostitutivo y degenerativo del acto de votar.

Esta oposición sólo sirve para votar, cuando necesitamos una que sirva para resistir. Iremos a votar, nadie pregona la abstención a conciencia, pero hay que restregarle en la cara que no tiene sentido político de la gravedad del momento y menos visión de lo que viene. Si gana vendrá la arremetida. Si pierde vendrá la arremetida. La dictadura, con apenas disfraces, está a la vuelta de la esquina. Está embozalada con los colmillos húmedos y el ansia irrefrenable de imponerse, mientras aquí unos cuántos estúpidos juegan “a la democracia”. El acto de votar ya está prostituido, lo que se busca es la falta de respuesta, las elecciones han pasado a ser una arma de la dictadura, las elecciones son ahora una parodia del poder omnímodo que debería ser revertido por una oposición incapaz de entender como ante sus ojos imbéciles se diluye la única arma de los demócratas.

La única arma de los demócratas he escrito, mientras la corrupción de los generalices llega a los extremos hasta que se les demuestre que el régimen se está cayendo, ocasión en que actúan en consecuencia. La hipocresía y las conveniencias presiden, han presidido siempre, la suerte de este erial. Vergogna, se dice en italiano, que me parece la manera más fuerte de decirlo en cualquier idioma. Vergogna, debería sentir este país si no se alza por encima de los patibularios y sale a defender su libertad. Vergogna, si esta supuesta oposición se limita a llamar a votar. Vergogna, si este país no resiste. Vergogna, si no somos dignos de una patria, de una ciudadanía, de una valentía de resistencia, de un ejemplo de valor. Vergogna, si no somos capaces de ejercer la dignidad por encima de los privilegiados massmediáticos y si no somos capaces de darle una bofetada a la dictadura como se le da al monstruo come piedra que desde la fantasía alucinada viene a vejarnos, a reducirnos a disfraz de ciudadanos.

teodulolopezm@yahoo.com

El 2008, ¿fin de siglo?

porJuan-José López Burniol*


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“Las lámparas se apagan en toda Europa”, dijo Edward Grey, ministro de Asuntos Exteriores británico, mientras contemplaba las luces de Whitehall la noche en que Gran Bretaña y Alemania entraron en guerra en 1914. Setenta y cinco años después, una combinación de glasnost –libertad de información– y perestroika –reestructuración política y económica– condujo a la Unión Soviética a su desintegración, con lo que desapareció el enemigo ideológico de Occidente, cuya su sola existencia justificó el largo periodo de guerra fría que sucedió a la segunda guerra mundial. Tomando pie en ambas fechas, Eric Hobsbawm se refiere al siglo XX como el siglo corto, comprensivo del periodo que media entre el fin de la Belle Époque y la caída del muro de Berlín. Pero, tras la crisis iniciada en EEUU en agosto del 2007, hay que revisar esta tesis, pues quizá sea más ajustado afirmar que el siglo XX termina en el 2008.

En efecto, consumada la caída del comunismo, se extendió por Occidente una sensación de triunfo absoluto, doblemente satisfactorio por incruento. Pareció que se había alcanzado el fin de la historia y que la implantación en todos los rincones de la Tierra de la economía de mercado y del Estado democrático sería inevitable y solo cuestión de tiempo. Occidente había ganado la guerra fría sin disparar un tiro.

Así las cosas, EEUU –imperio anglosajón en el que se ha encarnado el último episodio de la hegemonía blanca– quedó como único poder universal. Y, entonces, a la hora de conformar las relaciones internacionales, se le planteó el gran dilema: o bien apostar por un sistema multilateral, en el que EEUU seguiría siendo el primus inter pares, pero aprovecharía en lo posible la estructura de la ONU; o bien optar por un modelo unilateral, en el que EEUU tendría como objetivo único de su política exterior la defensa de los intereses norteamericanos en el extranjero y la preservación en sus manos del control del comercio mundial. La decisión a favor de esta segunda opción se adoptó pronto y ha sido compartida por todos los presidentes. Al propio tiempo, el unilateralismo en política exterior se correspondió con la apoteosis del pensamiento neocon en el interior, que promovió una desregulación radical, con el pretexto de la privatización y en aras de una concepción ideal del mercado. El ciclo económico alcista de los últimos 15 años pareció confirmar lo acertado de la opción. Y, por si había dudas, el atentado contra las Torres Gemelas dotó a Bush de un plus de legitimidad y exacerbó el instinto de defensa de los americanos.

PERO, DE repente, terminó la fiesta. Estalló la burbuja inmobiliaria en EEUU y se sucedieron noticias alarmantes, que ponían de relieve que la crisis no era un simple episodio cíclico –connatural a la econo- mía como a cualquier manifestación de la vida humana–, y se inscribía en la relación de acontecimientos que, por su magnitud, marcan una cierta inflexión en la historia.

Ahora bien, aunque no sea solo una crisis cíclica, tampoco es una crisis del sistema. ¿Qué es, entonces? Es una crisis determinada por una cierta manera de hacer las cosas. Es decir, no es una crisis del mercado, sino una crisis de mercaderes. ¿Y de qué manera han actuado en los últimos lustros buena parte de los agentes económicos? De aquella que, negando los valores que dieron vida al capitalismo –utilización racional y metódica de los bienes de producción, exaltación del trabajo, de la austeridad y del ahorro, y constancia en los objetivos y el esfuerzo–, pone el acento en la obtención de un beneficio rápido, con independencia de los medios utilizados. No han buscado el desarrollo y el crecimiento gracias al trabajo y al ahorro, sino mediante la especulación y el crédito.

EN ESTE festival participaron todos: los políticos en connivencia con los grandes grupos económicos; los organismos reguladores, puestos por los políticos en manos de gente suya; las auditoras y las agencias de clasificación, presas de la contradicción de tener que valorar a sus clientes; y —last, but not least— los directores de tantas empresas sin dueño –es decir, sin un grupo accionarial dominante con un proyecto–, que tienen con ellas una relación similar a la de los cracks con sus clubs y que solo buscan crear valor para el accionista con un festival de fusiones, adquisiciones, escisiones y transmisiones, en el bien entendido de que la caridad bien entendida comienza por uno mismo en forma de stock options. La pirámide de Edward Madoff ha sido la guinda de este pastel.

Tras la tormenta, volverá la calma. Pero las cosas no serán igual. Occidente habrá perdido su secular hegemonía absoluta sobre la economía y el comercio mundial, cuyo centro se desplazará a la cuenca del Pacífico. Y emergerá un mundo multipolar en el que se sentirá la necesidad, cada vez más acuciante, de un efectivo orden global expresado en normas y encarnado en instituciones.

El siglo XX –el de las potencias– ha muerto. El siglo XXI –el del orden global embrionario– acaba de nacer. La construcción de este orden será un proceso largo, complejo y con altibajos muchas veces traumáticos. Pero no tendrá vuelta atrás.

*Notario

Fuente: El periódico de Catalunya

Comienza el siglo XXI

por Ángel Ripollés Bautista

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En nuestra sociedad conocemos a los que, casi siempre, pierden, a los desheredados de la fortuna, a los marginados, a los olvidados, a los que no tienen ni pan, ni techo.

También conocemos a los que normalmente ganan. A veces legítimamente, por sus condiciones y cualidades. Otras, y esos son los despreciables, ganan con procedimientos mezquinos, a base de mentiras, cuando no de calumnias, para ocupar puestos que otros han logrado legítimamente en el tiempo, con trabajo e inteligencia.

Viene todo esto a cuento porque leyendo un ensayo de Paul Kennedy sobre los grandes desafíos del siglo XXI, medité con él cómo nunca la humanidad se había desarrollado tan aprisa como en esta era de comunicación total que comprende todos los medios, y que te dan a conocer la noticia en el mismo momento en que está ocurriendo; de la biogenética industrial y agrícola; de la revolución informática, de la aparición, según parece, de un gen que logra avances sin cuento; en fin, de un imparable progreso de la Ciencia donde los avances se producen a una velocidad vertiginosa.

Pero cuando contemplamos esas apuntadas realidades, caemos en la cuenta, como se ha dicho, que tampoco ha existido otra época como ésta, donde aparece en el horizonte el peligro de que tanto desarrollo no se reparta con equidad, y se haga más profunda la separación entre las naciones y los hombres, con los riesgos que ello trae consigo.

He observado, personalmente, en muchos países de América Latina, esas impresionantes desigualdades, donde, frente a los que lo tenían todo, estaban los que nada tenían, y si pasamos la mirada por realidades cercanas a nosotros, también lo podemos advertir.

Y nada digamos de las naciones, donde ello es más clamoroso, y donde no hace falta dar nombres porque están en la mente de todos y llenan las primeras páginas de cualquier periódico.

A mi parecer – ojalá me equivoque – en este dualismo de las realidades actuales, tiene que existir – y se reclama en el siglo XXI – una sensibilidad capaz de paliar esas profundas desigualdades, a fin de evitar males de gran alcance, que de seguir produciéndose, todos íbamos a lamentar

La democracia y la guerra

a-11

por Fernando Mires

1.

En la historia no hay leyes pero sí hay tendencias. Y una de las tendencias históricas predominantes en la historia moderna dice que entre naciones democráticas es prácticamente imposible que haya guerras. Hay, tal vez, una que otra excepción, pero éstas son tan mínimas y transitorias, que sólo sirven para confirmar la regla. ¿Por qué no hay guerras entre naciones democráticas? La respuesta no es muy difícil.

Democracia, cualquiera que sea su forma, implica antes que nada regular institucionalmente los conflictos políticos. Los medios de dicha regulación son, entre otros, las organizaciones civiles, los partidos políticos, las elecciones libres y secretas y los poderes del Estado. Eso significa que puede haber práctica política sin regulación democrática; para que ello ocurra basta que exista un antagonismo entre dos sectores o grupos. Pero no puede haber regulación democrática sin práctica política. Por lo demás, ninguna democracia puede, e incluso ninguna debe, garantizar una regulación absoluta de los conflictos. Si así fuera, no habrían movimientos sociales y la política no podría renovarse jamás. En cierto modo la democracia es un modo como la nación se constituye políticamente a sí misma.

Sin la existencia de democracia, los conflictos políticos, al no estar regulados, pueden derivar rápidamente en confrontaciones violentas perdiéndose así su carácter político pues la política sólo puede ser extendida hasta ese límite que marca el uso de la palabra con respecto al uso de la fuerza. Más allá de la palabra no hay política. La política es gramatical o no es.

Ahora bien: si una nación no se encuentra políticamente constituida, carece por lo tanto de medios de comunicación gramáticos consigo misma. La gramática política, dicho a la inversa, es la instancia que permite a una nación pensarse a sí misma, procesar sus antagonismos y buscar alternativas frente a conflictos internos y en el caso que aquí interesa analizar: frente a conflictos externos.

Dos naciones democráticas en conflicto disponen, digámoslo así, de respectivos “módems” que al conectarse pueden reconocer discrepancias y en lo posible, sino desactivarlas, mantenerlas en el tiempo hasta que sea posible reducirlas al mínimo. Luego, una de las condiciones que lleva a una coexistencia pacífica entre dos o más naciones, es que estas naciones dispongan de dispositivos de comunicación política, y si es posible, democrática. Dichos dispositivos son, en una primera línea, internos. Vale decir, es difícil, casi imposible, esperar que una nación que carece de dispositivos políticos internos sepa relacionarse de modo democrático con otra nación; mucho menos con otras naciones que también carecen de tales dispositivos. Esa y no otra es la razón que explica porque en aquellas regiones del mundo donde predominan naciones no democráticas la guerra es la norma y la política es la excepción. Es el caso, entre otros, de la región islámica.

No se trata de afirmar empero que las naciones islámicas carecen totalmente de dispositivos políticos. La democracia no es en ellas la regla, pero algunas, sobre todo las árabes, han introducido ciertos mecanismos republicanos al interior de sus estados. No obstante, tales dispositivos no son todavía suficientes para regular una coexistencia pacífica ni entre ellas ni mucho menos con Israel. De ahí que, tanto en los planos internos como externos, los conflictos y antagonismos son generalmente resueltos por medio del uso de la fuerza.

2.

Cuando Immanuel Kant escribió su libro “Paz Perpetua”, postulaba que una de las condiciones para que la paz fuera duradera entre las naciones era que la mayoría de ellas alcanzara el estadio republicano. La corrección moderna al postulado kantiano es que además del andamiaje republicano es también necesario asegurar la hegemonía de la política por sobre las organizaciones armadas, tanto en las relaciones políticas internas como en las externas. La de Kant, hay que destacarlo, no era una tesis sociológica ni politológica.

La de Kant era una deducción surgida de los conflictos militares que ocurrían en la Europa de su tiempo. Kant, efectivamente, contemplaba alarmado como las potencias europeas al carecer de mecanismos republicanos de comunicación, caían rápidamente en conflicto bélicos. Igualmente, el gran filósofo pudo constatar como las naciones europeas eran desgarradas por cruentas guerras civiles y revoluciones sin fin. Kant, guiado por la razón práctica y no por especulaciones antropológicas, proponía un camino gradual para imponer la hegemonía de la política por sobre la militar, a saber: configurar relaciones políticas a partir de la propia guerra por medio del uso intensivo de los armisticios. El primer paso, para Kant, no era la supresión de la guerra sino su regulación política. Una guerra sin política sólo podía llevar, según Kant, a una guerra total. Dicha tesis la harían suya Clausewitz y después Carl Schmitt. Esa ausencia de regulación política es, evidentemente, el problema que acosa a los actuales países islámicos.

Al contener precarios mecanismos de comunicación política, hay países islámicos que no se encuentran en condiciones de establecer relaciones políticas duraderas con sus adversarios. Y no sólo frente a Israel. Tampoco las naciones islámicas han sabido vivir en paz y armonía entre ellas. Al no haber separación entre la religión y la política, toda guerra será para ellas una “guerra santa”. Y al no haber comunicación política con “el enemigo”, toda guerra será total, o lo que es igual: será llevada a cabo bajo el lema “o todo o nada”, como se deja ver en las declaraciones de los actuales dirigentes del Hamas. Hay muchos ejemplos históricos que avalan dicho planteamiento.

Quizás el más resaltante de todos es el de la guerra que mantuvieron Irán e Irak nada menos que durante 8 años (1880- 1888). Tanto una como otra nación estaban dirigidas por comandos radicalmente antipolíticos (Sadam y Jomeni). Irán por una teocracia e Irak por una dictadura militar. La guerra fue, bajo esas condiciones, total. El resultado: más de un millón de muertos. La guerra terminó sólo cuando ambos ejércitos estaban destruidos sin haber alcanzado ni el uno ni el otro ningún objetivo, ni militar ni territorial. Los límites en disputa fueron así reestablecidos al mismo nivel de antes de la guerra. De más está decir que los políticos de las naciones democráticas del mundo contemplaron esa guerra como si se tratara de un simple programa televisivo donde dos ejércitos de marcianos se mataban entre sí, y no como lo que era: un exterminio mutuamente genocida practicado por dos dictaduras que mal que mal estaban acreditadas en las Naciones Unidas. Por cierto, nadie salió a protestar a las calles, como ocurre cada vez que Israel o los EE. UU se ven envueltos en conflictos bélicos.

Acerca de como son resueltos los conflictos internos en las naciones islámicas, es un tema que llenaría páginas de muchos libros. Pero a casi nadie importa la situación que viven los opositores a las dictaduras que rigen en casi todos los países islámicos. Ni tampoco las cruentas guerras civiles que tienen lugar en ellos. La última, precisamente, tuvo lugar en Palestina en los territorios del Gaza entre los partidarios de Al Fatah y Hamas.

3.

Como es sabido, Al Fatah es una organización más política que militar y Hamas una organización más militar que política. Cabía esperar por lo tanto que el mundo democrático iba a solidarizarse con Al Fatah, y no por razones morales, o no porque unos fueran “los buenos” y otros “los malos”(o viceversa), sino por razones políticas, que ésas y no otras son las que deben imperar en el concierto internacional. Pero como suele ocurrir, los dirigentes de los países occidentales se limitaron a asumir el cómodo papel de espectadores. Grave omisión. Al Fatah, a diferencia del Hamas, estaba en condiciones de resolver los problemas inter-palestinos y por otra parte, establecer una relación política, todo lo tensa que se quiera, pero al fin política, con Israel. Los ataques de Hamas a Israel y la masiva respuesta de Israel al Hamas son, en cierto modo, el resultado directo de la derrota militar de Al Fatah en el Gaza.

Es importante remarcar que las repúblicas islámicas con las cuales Israel mantiene conflictos de baja intensidad (Egipto, Jordania, Líbano) son precisamente aquellas en los cuales los usos políticos han alcanzado alguna primacía. En esos países las tendencias apuntan hacia una separación del Estado respecto a las instituciones religiosas y militares. Las repúblicas islámicas con las cuales Israel mantiene conflictos de alta intensidad son, en cambio, aquellas en donde la separación entre el poder estatal, el religioso y el militar, es apenas perceptible. El caso palestino, a su vez, representa una realidad doble.

Una parte de la población palestina acepta la hegemonía de un estado secular por sobre los estamentos religiosos y militares. Otra parte, la más atrasada políticamente -precisamente aquella que controla el Hamas- no acepta ni la secularización ni la desmilitarización del poder político. Eso significa, en términos simples, que frente a esa segunda Palestina, Israel no encuentra los medios de comunicación política y no los encuentra simplemente porque no existen, de modo que la mayoría de los conflictos con el Hamas deben ser resueltos mediante la apelación al recurso militar. Esa es la tragedia de Israel; es también la tragedia de gran parte de la población de Palestina.

Israel es una nación tanto o más democrática que cualquiera otra nación occidental. Como en toda nación occidental hay sectores esclarecidos y otros fundamentalistas; hay progresistas y reaccionarios; hay inteligentes y otros no tanto; hay halcones y hay palomas. El problema es que Israel no es desde un punto de vista geográfico – aunque sí lo es desde el político – una nación occidental. No sólo es una nación que se encuentra situada en un contexto culturalmente hostil; además, sus principales enemigos no disponen de medios de comunicación política. Esa es su tragedia.

Esa es también, repetimos, la tragedia palestina. Y lo es debido a que el Hamas no sólo no reconoce la diferencia entre Estado, religión y ejército (en todos los territorios que controla impone la dominación militar y la ley de la Scharia); tampoco conoce la diferencia entre un ejército regular y la población civil. Un hospital controlado por el Hamas puede ser un sitio para curar enfermos y un arsenal de armas a la vez. Una escuela puede servir para alfabetizar pero también para formar guerrilleros. Un campesino puede cultivar la tierra tres horas y empuñar las armas otras tres horas. Una mujer puede ser dueña de casa o un proyectil cargado de armas. Así como Mao Tse Tung afirmaba que un guerrillero debe desplazarse en la región que habita como “un pez en el agua”, los partisanos del Hamas nadan en ese océano que para ellos es la población civil. Más aún: muchas veces son ellos también miembros de la población civil. No sólo son el pez en el agua. Son el pez y el agua al mismo tiempo. En otras palabras: los miembros del Hamas desconocen la diferencia entre la población civil y los destacamentos militares. De tal modo, cada guerra que emprenden, implica un enorme costo de vidas civiles.

Frente a esa realidad que representa el Hamas, Israel tiene dos opciones: o defenderse cuando es atacado, aceptando que cualquiera victoria militar será pagada al precio de una altísima derrota mediática, o no defenderse. De más está decir que esa segunda alternativa jamás podrá ser asumida, no sólo por Israel, sino que por ningún gobierno de la tierra.

4.

Una duradera paz en el mundo islámico pasa por la democratización de sus naciones, objetivo que por el momento parece muy difícil que sea alcanzado en un futuro inmediato. No obstante, existen en esas naciones, incluyendo a la región palestina, organizaciones, partidos y personas que buscan, sino la democratización, por lo menos la politización de las relaciones nacionales e internacionales. La entrada de Turquía a la comunidad europea puede jugar en ese proyecto, un rol altamente positivo. Gracias a la intermediación turca por ejemplo, ya estaban teniendo lugar contactos políticos informales entre Israel y Siria, hoy postergados debido a la reciente guerra en el Gaza. Del mismo modo, no hay que perder de vista la perspectiva de una cierta democratización en Irán. La popularidad de Ahmadinejad va en continuo descenso frente al ascenso de una oposición democrática que no sólo pretende una modernización tecnológica sino, además, política.

Después de todo no hay que olvidar que desde el siglo XVll hasta mediados del siglo XX Europa fue el escenario de las más espantosas guerras en la historia de la humanidad. Incluso, la aparentemente poco decisiva Latinoamérica fue dominada hasta fines del siglo XX en la mayoría de sus países, por sanguinarias dictaduras militares. Hoy en cambio, la mayoría de las naciones latinoamericanas han alcanzado un orden democrático relativamente estable. Por cierto, hay y habrá excepciones y recaídas. La expansión democrática mundial es un proceso muy desigual e interrumpido. En Latinoamérica, para seguir con el ejemplo, hay una excepción y un peligro. La excepción es Cuba. El peligro es el gobierno de Venezuela. Ambas naciones son por el momento las representantes del antiguo militarismo caudillista, hasta hace poco tiempo continentalmente hegemónico.

La Cuba de los Castro es un caso especial. No se trata, como afirman erróneamente muchos comentaristas, que Cuba sea uno de los últimos exponentes del antiguo mundo socialista. Se trata sí, de la existencia de un régimen profundamente antipolítico que pertenece a la más vieja tradición del militarismo caudillista latinoamericano. Mal que mal, los antiguos países comunistas estaban dotados de un mínimo instrumento político: el Partido. Cierto es que el Partido lo controlaba todo, pero eso significaba al menos que el ejército estaba subordinado a su dirección. En Cuba, en cambio, el Partido es sólo una ficción formal, o para decirlo de modo más preciso: una dependencia civil del Ejército. Hace más de treinta años que ese supuesto Partido no realiza un congreso. El ejército, a su vez, no necesita de congresos. Basta la voz de los Castro.

La Venezuela de Chávez representa, en cambio, una nación en peligro. Ya el presidente no puede ocultar que su proyecto central apunta hacia la toma del poder ejercido de modo personal, con un contingente subordinado cuyos principales cuadros son de extracción militar y no política. El socialismo de Chávez es sólo una ideología de legitimación que cuadra perfectamente con el propósito de instaurar una dictadura militar plebiscitaria como las que existieron en el continente hasta hace poco tiempo atrás. Se trata, para decirlo en breve, de un proyecto profundamente reaccionario, apoyado por los sectores políticamente más atrasados de la nación. En ese sentido, el presidente ya ha dado demasiadas pruebas de su vocación anti- política. No son casualidades, por ejemplo, las relaciones de empatía que ha tejido con la mayoría de los regímenes anti-políticos de la tierra, así como sus nada ocultas simpatías por organizaciones como las FARC y Hamas.

La última prueba de su vocación anti-política la ha dado el Presidente Chávez al romper relaciones diplomáticas con Israel. Nadie pedía, por cierto, que Chávez estuviese de acuerdo con la política de Israel. Hay otros gobernantes en el mundo que tampoco lo están. Y que entre los gobernantes del mundo existan desacuerdos, es lo más normal que puede ocurrir en la política internacional. La ruptura de relaciones diplomáticas pertenece en cambio a otra dimensión. Pues la diplomacia es el medio que usan las naciones para comunicarse políticamente entre sí. Dicha comunicación puede ser también negativa, esto es: un medio para manifestar desacuerdos. Quien en cambio rompe relaciones diplomáticas con otra nación, sin mediar ninguna agresión directa de esa nación, lleva a cabo un acto que delata una radical incapacidad política. Un acto que realizan sólo quienes no quieren o no pueden o no saben discutir.

fernando.mires@uni-oldenburg.de