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Democracia siglo XXI

fecha

marzo 5, 2009

Proudhon y la ‘demoacracia’

proudhonk
por Rafael Cid Estarellas

Hay aniversarios que no tienen quien les escriba. Darwin, el sabio que facilitó la base teórica para romper amarras con el creacionismo, está siendo justamente celebrado en su doscientos cumpleaños. También Lincoln, el presidente norteamericano que desde la política acabó con la segregación racial, tiene su merecida cuota de reconocimiento. Pero apenas ha tenido eco el bicentenario de otro coloso de la emancipación, Pierre Josep Proudhon (1809-1865), el tipógrafo francés que acuñara el término anarquía como sinónimo de no-autoridad para identificar una escuela de pensamiento que pretendía pasar por la izquierda al liberalismo y al socialismo mediante la acción directa y el autogobierno de la sociedad civil.

A los liberales, por su solipsismo de mercado, y a los socialistas, por su enrocamiento estatista. Y sin embargo, a pesar de ese desdén, la historia le reivindica. El suicidio del socialismo de Estado, tras su holocausto económico y vital; el no menos trágico derrumbe del neoliberalismo de mercado; y la búsqueda de una salida de urgencia refundando un poscapitalismo subvencionado deberían suscitar una renovada atención intelectual sobre el hombre que desbrozó caminos para que la sociedad industrial cambiara de base sin sacrificar la libertad ni renunciar a la conquista de la felicidad. Una utopía está para cuantos, desde Thomas Hobbes a Carl Schmitt, creyeron imposible un imaginario colectivo sin representación política exclusiva, que empezó a dejar de ser ucrónica cuando, primero en el mayo del 68, y ahora en la Grecia del siglo XXI, los movimientos populares irrumpieron enarbolando proclamas demoacráticas.

Autodidacta, hombre de acción, obrero orgulloso, político desengañado, agitador de muchedumbres, periodista, escritor, revolucionario romántico y misógino confeso, todo eso fue Proudhon. Pero, igual que Carlos Marx decía respecto a sus seguidores, el padre del anarquismo nunca fue anarquista, sino simplemente proudhoniano. En esta lábil distinción se esconde en buena medida la aún insuficientemente reconocida actualidad de su pensamiento.

Porque Proudhon, precursor de la dialéctica y del socialismo científico, no edificó su proyecto transformador desde la “nada teórica”. Inmerso en la realidad de su tiempo, soportando por experiencia propia las contingencias de la clase trabajadora, jamás dejó que sus convicciones, incluso las más arraigadas sobre la negatividad del autoritarismo y el decisionismo, le llevaran a erigirse en un doctrinario ni en un líder. Proudhon era “revolucionario, pero no atropellador”.
Universalmente reconocido en la frase “la propiedad es un robo”, que tantas lecturas merecería hoy ante vorágine depredadora de banca y gobiernos, Proudhon sigue siendo un gran desconocido. Aunque, por su trayectoria personal y por su obra, se trata de uno de los más importantes renovadores de la democracia que ha existido y quizás el primero que supo ver que la emancipación política y la lucha contra la explotación económica eran inseparables. El propio Marx, amistoso rival primero y luego su principal increpador, le dedicó 60 elogiosas páginas en su Sagrada Familia y saludó la edición de Qué es la propiedad afirmando que “la obra de Proudhon tiene para la economía social moderna la misma importancia que la obra de Sieyés Qué es el tercer estado tiene para la política moderna”, y que “su libro es el manifiesto científico del proletariado francés”.

El desprestigio de la política profesional y el déficit de legitimidad que su sistemática corrupción acarrea fue anticipado en su día por el autor del Sistema de las contradicciones económicas o Filosofía de la miseria, quien entendía que la única respuesta sostenible ante la barbarie capitalista radicaba en la democracia económica, una iniciativa transformadora que sólo podía promover un proletariado “fuera de toda legalidad, actuando por sí mismo, sin intermediarios”.

Lejos del pretendido ingenuismo con el que se le ha querido fosilizar, en Proudhon hay un pensador honesto, vigoroso y comprometido que vio en la humanidad de los productores, el federalismo y el mutualismo los factores para el auténtico progreso social. Un librepensador radical que diferenció entre la injusta y usurpadora propiedad de los medios de producción y la necesidad de la posesión como atributo de la dignidad individual; que criticó la mitificación de las huelgas en situación de desigualdad de fuerzas respecto al capital porque podían debilitar al proletariado al aumentar su miseria, y que, consecuente con su activismo, creó un banco del pueblo para facilitar el crédito gratuito. Todo para desarrollar el proyecto de su vida, “la idea de la nueva democracia”, como dejó dicho en el prólogo de La capacidad política de la clase obrera, libro escrito un año antes de su muerte y editado póstumamente.
Por ello no se entiende su solapamiento a nivel académico e histórico y la obstinación por desmerecerlo. La pretendida caducidad del legado de Proudhon queda desmentida por la frecuencia de las expresiones de acción directa en calles y pueblos, hoy Lebrija, ayer Atenas. Porque el mapa no es el territorio. La insistencia en calificar de desregulación a la causa del crac en ciernes, juzgando anomía lo que en realidad ha sido una acción Estatal unilateral en toda regla, y la contumacia en explorar alternativas en una vuelta al Estado-patrón (regulación), podrían estar en la raíz de ese prejuicio hacia Proudhon y lo que significa. Se olvida que la crisis sistémica actual no es una perturbación económica más, sino una crisis civilizatoria, y que cualquier remedio que no implique salirse del sistema puede resultar baldío. Proudhon lo previó. Por eso la centralidad de la ética anarquista como compromiso de responsabilidad y su llamamiento a la acción directa solidaria para organizar la convivencia de abajo arriba en base al trabajo productivo. Esa es la vigencia de Proudhon y su demoacracia. Porque cuando todos gobiernan (democracia) nadie manda (anarquía).

Rafael Cid Estarellas es Jefe de la unidad de comunicación de ANECA

Ilustración de Iker Ayestarán
Fuente: http://www.rojoynegro.com

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España: Fuera el nacionalismo

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por Pablo A. Iglesias
Hay que reconocer que Zapatero es un genio de la estrategia política. Aquello que se propone suele conseguirlo. Es capaz de alcanzar lo imposible: ganar de forma inesperada las elecciones generales de 2004, desalojar a CiU de la Generalitat de Cataluña, revalidar su mandato en La Moncloa pese a la nefasta gestión, conseguir un asiento para acudir a la cumbre del G-20 y ahora arrebatar el poder al PNV en el País Vasco. Lo nunca visto Zapatero lo consigue. Cosa distinta es el precio a pagar, tanto si asume él la cuenta como si la pasa a los ciudadanos. En 2004 ganó violando la jornada de reflexión. La contraprestación en Cataluña fue un estatuto manifiestamente inconstitucional. Para repetir en La Moncloa mintió una y mil veces sobre la crisis económica. El asiento del G-20 también nos ha salido caro en favores a Francia y EEUU. Y que Patxi López pueda ser lehendakari nos ha costado aún más: una negociación con ETA, aguantar cuatro años al PCTV y tolerar que ANV esté en los ayuntamientos vascos.

Zapatero no ha aprendido todavía que el fin no justifica los medios. Los gallegos se lo acaban de demostrar. Hace cuatro años arrebató el gobierno de la Xunta al Partido Popular pese a que Manuel Fraga se quedó a apenas 9.000 votos de la mayoría absoluta. No importó. Pactó con el Bloque Nacionalista Galego a cambio de cuanto le exigieron los independentistas. Ahora, los propios gallegos han votado masivamente al PP con tal de expulsar del poder a quienes desprecian a España. En el País Vasco puede conformarse por primera vez un gobierno no nacionalista. Juan José Ibarretxe puede pasar a la historia con sus planes y desafíos al estado. Euskadi lo necesita, aunque sólo sea por higiene democrática. Todos los lehendakaris han sido siempre nacionalistas. Patxi López puede ser el primero en romper esa maldita tradición. Lo tiene en su mano, pero mal haría si acepta a la desesperada los votos del PNV cuando se lo están ofreciendo PP y UPyD. Los vascos han votado cambio y eso significa desalojar del poder a quienes han mandado durante décadas. No es suficiente con cambiar la cara del lehendakari. Hace falta un cambio de políticas y de ideas. Además, es la primera oportunidad que tienen PSOE y PP de demostrar a los vascos desde las instituciones que saben gobernar y lo pueden hacer mejor que los nacionalistas.

En Galicia, el popular Alberto Núñez Feijóo ha hecho desaparecer al nacionalismo de la Xunta, ha borrado en las urnas sus imposiciones lingüísticas, ha tachado sus constantes amenazas y ha acabado de un plumazo con su demagogia sectarista. El BNG vuelve a la oposición, el mismo sitio donde CiU sigue reflexionando tras dos décadas de dominio en Cataluña. El PNV puede ser el tercero. Sería una gran alegría para la solidez de la democracia y para el futuro del Estado. Los partidos nacionalistas deberían redefinir su proyecto político, abandonar sus reivindicaciones independentistas y transformarse en formaciones reivindicativas pero leales con el proyecto común que todos compartimos. Los nacionalismos de este país todavía no han asumido que son un anacronismo, un reducto del siglo XIX que por alguna extraña razón siguen dando coletazos en la España del siglo XXI. Zapatero tiene en su mano expulsarles del poder en el País Vasco. Ojalá no lo desaproveche. Llegar hasta aquí ha salido demasiado caro como para desperdiciar la primera opción -y posiblemente la única en mucho tiempo- de llevar una política sensata y constitucionalista a Euskadi
Fuente: http://www.lasemana.es

República Dominicana: Constitución: Seguridad y defensa

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por Milton Ray Guevara

El proyecto de reforma de la Constitución a conocerse en las próximas semanas, por vez primera en nuestra historia constitucional introduce dos elementos importantes: a) dota de acta de nacimiento constitucional a la Policía Nacional, y b) introduce un capítulo sobre seguridad y defensa que crea un órgano consultivo que asesorará al Presidente de la República, en la formulación de las políticas y estrategias en la materia y contiene, además, novedosas cuestiones.

Tradicionalmente los textos constitucionales latinoamericanos sólo abordaban el tema de las Fuerzas Armadas. Por su parte, en la lejanía histórica, el artículo 356 de la constitución española de Cádiz 1812, rezaba: “Habrá una fuerza militar permanente, de tierra y mar, para la defensa exterior del Estado y la conservación del orden interior”. Hoy en día, al lado de los tres espacios militares tradicionales, tierra, mar y aire, existe el cuarto espacio exterior y el quinto ciberespacio.

Sin embargo, las Fuerzas Armadas son un concepto y, sobre todo, una realidad de aparición tardía que se perfila en el siglo XIX y se configura plenamente en la segunda mitad del siglo XX. La defensa es la primera función del Estado y ella es inconcebible sin unas Fuerzas Armadas, más o menos organizadas. Ser es defenderse. Se ha dicho que las Fuerzas Armadas forman parte de la cultura de la paz ya que son un instrumento para alcanzarla, restaurarla o garantizarla. Obviamente “el mundo de hoy está lleno de más gente animada por mayor odio y en posesión de más medios para hacer la guerra que en ningún otro momento anterior”.

Nadie escapa al fenómeno; en Europa se enfatiza en nuevos riesgos y amenazas a la seguridad: el terrorismo, la proliferación de armas de destrucción masiva, los conflictos regionales, descomposición del estado y la delincuencia organizada. En nuestro continente la OEA adelanta el concepto de seguridad multidimensional, más allá de la seguridad hemisférica, para combatir el tráfico de drogas, lavado de dinero, tráfico de armas, trata de personas, terrorismo, corrupción institucional y crimen organizado, minas terrestres (desgraciadamente existen en América Latina) y desastres naturales.

El tema es tan palpitante que Benita Ferrero, Comisaria Europea, señaló en 2007 que, uno de los derechos humanos más fundamentales es el derecho a la seguridad. La seguridad ciudadana se ha convertido en un tema ineludible de la vida política de muchos países. Afirmando que en muchos de ellos “los niveles de inseguridad han alcanzado cifras que recuerdan las horas más duras de los conflictos armadosÖ”. Convengo en que en el siglo XXI debemos hablar, en América Latina, de seguridad humana que implica más allá de lo existente, defensa del medio ambiente y de la naturaleza a la sanidad, combate contra la desigualdad y la pobreza, causas básicas del subdesarrollo y por lo tanto de la conflictividad social y política existente y el auge sin precedente de la criminalidad.

Todo lo anterior explica que, en las reformas constitucionales de finales de siglo XX, pero sobre todo de inicios del presente, las constituciones latinoamericanas paulatinamente hayan abordado el tema: Bolivia, Consejo Superior de Defensa Nacional, Brasil, Consejo de Defensa Nacional, Chile, Consejo de Seguridad Nacional, entre otros.

En la consulta popular, la Comisión de Juristas solicitó la opinión de los ciudadanos, primero, sobre la consagración de los principios básicos relativos a la misión y organización interna de las Fuerzas Armadas, aprobado por el 88.7% en 132 municipios; segundo, envío de misiones de paz al extranjero, aprobado por el 66.9% en 101 municipios; tercero, ratificación del Congreso para envío de tropas fuera del país, aprobado por 82.1% en 124 municipios. El plan de seguridad democrática del país ha sido un semi-fracaso, el Consejo de Seguridad y Defensa será más plural, incluyente, participativo y democrático. Debemos conservar la tranquilidad de la familia y el mantenimiento del orden.

Sin seguridad personal no habría paz interior ni turismo. El proyecto de reforma consagra el carácter defensivo de las Fuerzas Armadas y le asigna a la Policía Nacional la elevada misión de proteger la seguridad ciudadana, prevenir y perseguir los actos delictivos y mantener el orden público, para garantizar el libre ejercicio de los derechos fundamentales y la convivencia pacífica en el país.

Se consigna que constituyen objetivos de alta prioridad nacional combatir actividades criminales transnacionales que pongan en peligro los intereses de la República y sus habitantes, organizar y sostener sistemas eficaces que prevengan o mitiguen daños ocasionados por desastres naturales o antrópicos. En adición, se prevé la formación de cuerpos de seguridad permanentes y se dispone la regulación legal de la inteligencia estratégica.

Sobre este delicado tema se requiere del consenso de todas las fuerzas políticas representadas en el Congreso para enviar, de manera contundente, un mensaje al crimen organizado consistente en que la sociedad dominicana no se rendirá nunca frente al crimen y la delincuencia.

Fuente: http://www.listindiario.com

Federico Mayor Zaragoza insta a los ciudadanos “a dejar de ser marionetas” para protagonizar “el cambio de modelo”

federico

El presidente de la Fundación para una Cultura de Paz, Federico Mayor Zaragoza, instó hoy a los asistentes a su conferencia ‘¿Cuántos mundos hay?’, “a dejar de ser marionetas y súbditos para convertirse en ciudadanos” para protagonizar “el cambio de modelo” que la sociedad requiera, aprovechando la coyuntura de la crisis actual, pues afirmó que “todas las crisis son una oportunidad para poder construir un mundo mejor”.

SEVILLA, 4 (EUROPA PRESS)
En la conferencia pronunciada hoy en Sevilla dentro del ciclo ‘Factor Humano’, organizado por la Universidad hispalense, el que fuera rector de la Universidad de Granada llamó “a la movilización a la sociedad para mostrar el poder ciudadano y de esta forma diseñar su camino y el futuro”.

Señaló que para transformar la realidad hay que conocerla en profundidad, “sólo así se podrá pasar de actuar bajo el juzgado de alguien a ser ciudadanos, teniendo un comportamiento producto de nuestra reflexión”. Advirtió de que existe “un problema que impide ver las cosas y observarlas, la inercia”. Esto es, los seres humanos tienen “una tendencia tremenda a querer aplicar a las soluciones de los problemas de hoy, soluciones de ayer”. Y apuntó que “hay cosas que conservar del pasado, pero hay otras que se tienen que renovar y transformar”.
Este conocimiento de la realidad tiene que producirse de forma paralela al “conocimiento de uno mismo”, lo que se consigue con “una educación, no sólo para conocer, sino también para ser”. De esta manera, los ciudadanos actuarán en “virtud de sus reflexiones y en virtud de sus pensamientos, conviviendo de forma armónica en sociedad”.

El aprendizaje tiene que incluir “aprender a no estar callado y a no resignarse, pues es el tiempo de que el silencio de los silenciosos termine, el silencio de los que pudiendo hablar se callan, dejando de ser espectadores pasivos y pasar a actores participativos, no siendo impasibles receptores y si, emisores”, recalcó.

Los ciudadanos han de participar en la democracia de forma activa y pacífica para poder “expresar el MODELO ciudadano deseado”. Mayor Zaragoza anunció que “es el momento de la emancipación histórica de los ciudadanos, siendo la esperanza en los albores del siglo XXI para una democracia genuina”, pues, según él, “la democracia no consiste en que nos cuenten, sino en contar como ciudadano”.

Abogó por un cambio donde tome “un papel importante” la palabra frente a la fuerza física, sustituyendo la cultura de la violencia y la guerra por la cultura de transición, donde haya cabida para los cambios de impresiones, conversar y, fundamental, escuchar a los otros. Añadió que se debe crear un mundo donde “sólo se produzca la exclusión para aquellos que intentan imponer sus ideas con la violencia extrema, el fanatismo o el extremismo, tal como se refirió al caso de las recientes elecciones vascas, donde hay que darle paso a la palabra, sólo excluyendo a los que usan la violencia”, afirmó.

En otro orden de cosas, prosiguió diciendo que la crisis que se está viviendo es “una crisis ética”, pues, según en el que fuera ministro de Cultura (1981-9182), la crisis financiera, democrática o medioambiental, “visionada por muchos”, se ha producido porque a finales de los años 80 “se sustituyeron los valores basados en la dignidad humana, valores de igualdad, justicia, solidaridad o equidad en la acción política a escala mundial como criterio de desarrollo económico por las leyes de mercado”, dijo.

Por ello, insistió en que ha llegado el momento del cambio y que el mundo pase de la mano de unos pocos a los ciudadanos, para ello “todos juegan un importante papel en la revolución de la inteligencia, ya que todos tiene la obligación de inventar en lugar de copiar y recopiar, es decir inventan o te devoran, y no se han de dejar devorar”.

CONFLICTO PALESTINO-ISRAELÍ

Aprovechando la visita a Israel y Palestina de la secretaria de Estado de los Estados Unidos, Hillary Clinton, y la mesa de diálogo que tiene lugar hoy en ‘Factor Humano’ entre el palestino Sami Naïr y el israelí Shlomo Ben Ami, Mayor Zaragoza consideró “una ocasión excepcional” para lograr ofrecer “nuevas mediaciones y nuevos enfoques a un problema que no puede permanecer como está” y lamentó que “Israel haya sido perdonado por los acontemicimientos sucedidos hace poco en la franja de Gaza y que los niños muertos no pueden olvidarse”.

Abogó porque aquel proceso de paz que estuvo a punto de concluir, siendo él director general de la Unesco en 1992, se reabra buscando nuevos caminos para el proceso de paz. “Aquellos años se dieron pasos formidables, pero la persona de Isaac Rabin lo pagó con su vida, como Gandhi, Kennedy o Luther King, por haber creído en la paz, pues la paz y el desarme es posible”, aseveró; afirmaciones que fueron rotas por el fuerte aplauso del muchísimo público allí convocado.

Asimismo, indicó que los ciudadanos deben ser capaces de conocer lo que “para los medios no es noticia, es decir, lo ordinario e invisible, y así se hará lo imposible”. De este modo, se podrá construir un nuevo mundo, pues “en la medida de que seamos capaces de ver lo invisible, seremos capaces de hacer lo imposible”. Como consecuencia se podrá “anticipar” las cosas.

Mayor Zaragoza apuntó que hay que “saber para prever y prever para prevenir, ya que la prevención es la gran victoria que nadie agradece”, así a los que “ganan una batallan los condecoran y a los que evitan la guerra nadie los premia”. Continuó diciendo que “esas son las medidas que hay que promover, las medidas preventivas”

Es la hora de la revolución democrática

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por Rafael Grooscors Caballero

No es suficiente admitir como una esperanzadora recuperación de las fuerzas democráticas del País, los, para algunos, sorprendentes, resultados de la consulta refrendaria del 15F, cuando más de cinco millones de venezolanos se atrevieron a negarle su apoyo a una temeraria propuesta del Presidente Chávez. Desde luego, la cifra es alentadora, sobre todo si se tiene en cuenta que otros Cinco Millones no asistieron a los centros de votación y mantuvieron un silencio no precisamente cómplice. En todo caso, hay que ir a más y comprender que Venezuela está entrando en una fase decisiva, de la cual puede surgir un exitoso fenómeno de recuperación institucional e ir al encuentro de su verdadero destino, liberando todas sus potencialidades y caminar, firmemente, hacia el Primer Mundo, como Nación amplia y definitivamente desarrollada. Pero, también, a sólo un paso, la Patria de Bolívar, puede transformarse, con vertiginosa rapidez, en un nuevo y vergonzoso episodio socialista, obligatoriamente condenado al fracaso, siguiendo el tortuoso modelo de la Cuba fidelista. Pensamos que aún hay margen para intentar un cambio radical en la opinión, actualmente, en su expresión mayoritaria, bajo el control del discurso chavista. Aprovechar la coyuntura unionista y de concertación que pesa, firmemente, en los principales operadores políticos y activar un sólido frente único, con una atractiva propuesta de fácil interpretación popular y, literalmente, escarbar en las bases de sustentación de la pirámide social, para difundir exhaustivamente el mensaje e ir rescatando los espacios, los límites abandonados en la práctica política, ocupados perversamente por la demagogia del autócrata gobernante. Por eso propusimos la estratégica promoción de la Revolución Democrática, como respuesta al desacierto del socialismo bolivariano. Y, precisamente, ahora, cuando no hay que bajar la guardia, porque hay que hacerle honor a quienes confiaron en la oposición a la descabellada enmienda, inconstitucional y anti-histórica, que pretende el ejercicio vitalicio del Poder para un grupo reinante, con un líder fundamentalista a la cabeza. Hacerle honor a Cinco Millones de votantes, de una población de 17 Millones, haciéndole, a la vez, una formal invitación a los otros Cinco Millones que se abstuvieron de votar, sin dejar de enviar un mensaje de esperanza y redención efectiva, a miles de los Seis Millones que sufragaron a favor de Chávez, sin entender porqué, ni para qué, ni mucho menos con cual intención precisa. Pero es en este sentido que deben definirse, con mucha claridad, las pautas a seguir. Nuestro esfuerzo no debe consagrar paradigmas del pasado, pero si tiene que enseñar lo que es el presente y el futuro de la Venezuela que vivimos. No importa que ya hayan pasado las gordas y que ahora venga el tiempo de las vacas flacas. Venezuela tiene inmensas potencialidades. Su pueblo es vital y su geografía es magnífica. Nuestros recursos distan mucho de agotarse, ni los materiales, ni los morales. Es la hora de la Revolución Democrática, para cuyo posicionamiento es para lo que tenemos que organizarnos y volcarnos sobre la opinión. Los que votaron en contra de la enmienda, los que se abstuvieron y los que confundidos, manipulados u obligados, votaron por la propuesta gubernamental, deben conocer la tesis de la verdadera Revolución venezolana, del País actual, con miras al futuro inmediato y dentro del Mundo de hoy. Manos a la obra.

grooscors@hotmail.com

Sincerando prioridades

argentina

por Alberto Medina Méndez

Los seres humanos tenemos una marcada inclinación a establecer discursos que luego no se reflejan en la acción. Casi cualquiera de nosotros nombraría en su lista de prioridades a la familia, los hijos, la pareja, la salud, la educación, lo social, lo espiritual o hasta las finanzas. El orden es opinable, pero la lista rondaría estas cuestiones.
Stephen Covey sugiere en su libro “Primero lo primero” y en otros posteriores de su autoría, que una vez que se aclaran las prioridades, uno puede establecer un alineamiento entre esas aspiraciones y su accionar cotidiano.

De esa manera, se puede asignar tiempo siguiendo esos parámetros. Lo que pasa es que lo que resulta complejo es sincerar esas prioridades. Lo que decimos no siempre es lo que sentimos. A veces decimos lo que creemos que otros esperan que digamos, cuando en realidad eso no se ajusta a nuestra más profunda convicción.

Vemos a diario como ese discurso que se enrola en lo “políticamente correcto”, tiene poco que ver con lo que nos sucede. Decimos, recitamos, nos llenamos la boca, hablando de nuestras supuestas “prioridades”. Luego todo eso cae en saco roto.

La realidad es que los seres humanos somos esencialmente contradictorios. Decimos que nuestras prioridades son unas, pero nuestras acciones reflejan otra cosa. Todos recitamos lo que creemos que es correcto, lo que entendemos son los valores sociales instalados, en definitiva, lo que les gustaría escuchar al resto de la comunidad.
En esa nómina, siempre, las cuestiones sociales dicen ser parte de esa preocupación que la gente manifiesta. Después de todo, nadie se animaría a decir que no le importa la sociedad, lo que nos pasa o que los problemas compartidos le resultan indiferentes.

Por eso es habitual escuchar decir a mucha gente, que le importa lo que le pasa a su sociedad, a su familia y fundamentalmente a sus hijos. Lo cierto es que demasiada gente se toma mucho tiempo para despotricar en una mesa de café con amigos, o compartiendo la mesa familiar. Se invierten horas accediendo a la información que proponen los medios de comunicación, gráficos, digitales, televisivos y radiales que aportan lo suyo, para luego pasarnos días enteros lamentando cada mala noticia. Se reenvían correos electrónicos que cuentan las andanzas de ciertos políticos, se explayan sobre la secuencia de sus decisiones equivocadas y sobre el modo en el que influyen negativamente en nuestras vidas.
Sin embargo, nos quedamos en eso, nos desangramos en la anécdota, solo sabemos gastar horas en decir que todo nos preocupa, pero no estamos realmente dispuestos a hacer algo para que esa historia se modifique.

Preferimos la comodidad de la inacción. Después de todo, es menos esforzado enojarnos con los que se decidieron a hacer algo. Ellos, lo hacen muy mal, han elegido ser protagonistas y sus resultados son un espanto. Pero lo han logrado por la existencia de miles de personas, como nosotros, que preferimos la pasividad, la patética posición de espectador, esa que además de indigna termina siendo cómplice de lo que nos ocurre.

Los inmorales, los corruptos, los inútiles, no podrían detentar el poder sin esta actitud colaboracionista de tantos ciudadanos que han optado por tener un discurso de ciudadanos y no ajustar sus acciones a eso que tanto declaman a viva voz.
Resulta demasiado evidente. Cuando llega el momento de accionar, se privilegian otras cuestiones. Nadie dice que sea fácil. Muy por el contrario, se trata de vencer una inercia propia de la especie humana.

La desidia, la abulia, la apatía, son algunas expresiones de eso que se ha convertido en un deporte nacional. No hacer nada, no participar, solo quejarnos, es el juego que hemos elegido jugar.
Animarse a cambiar el rumbo no es tarea sencilla. Pero que sería de la humanidad sin desafíos, sin la lucha por las utopías, sin el estímulo que produce lo complejo, lo casi imposible.

Pedimos a los demás coherencia. Pretendemos que sus discursos estén alineados con su acción y vivimos recriminando a OTROS por esas contradicciones. Sin embargo, nos cuesta horrores visualizar claramente idénticas actitudes en nosotros mismos.

En lo social, la inmensa mayoría de la gente, dice estar preocupada por los problemas de la sociedad, aborrece la política, detesta las decisiones de los poderosos y es consciente de que sus arbitrarias posturas lo impactan más de la cuenta en lo cotidiano.

A casi todos nos molesta, la pobreza, la inseguridad, la injusticia. Renegamos contra tantas cosas. La lista sería casi interminable. Creemos que la sociedad debería ser diferente, que muchos hacen las cosas mal y que pocos se ponen las pilas para hacer las cosas correctas.
Pero debemos sincerarnos. Tenemos que animarnos a blanquear, como individuos que somos, que precio estamos dispuestos a pagar para cambiar la historia. Si efectivamente esto NO nos importa, pues entonces debemos asumir que esto que conocemos seguirá igual, o tal vez hasta empeore.

Si por el contrario, creemos que realmente nos interesa lo que nos pasa, tal vez debamos revisar como estamos asignando nuestro tiempo. Probablemente sea interesante que intentemos dedicarle algo de tiempo, al futuro de nuestros hijos y probablemente tambien al nuestro.
Lo importante es que podamos ser suficientemente honestos con nosotros mismos. No se trata de seguir en la queja reiterada, sino de que hagamos algo al respecto. La revolución es posible, pero precisa de mucha gente que sea capaz de hacer algo más que dejarse vencer por los acontecimientos con resignación.

Tal vez esta sea la oportunidad de abandonar los discursos, dejar los reclamos de lado y pasar a la acción. Para ello, hay que dar el primer paso. Probablemente sea tiempo de ir sincerando prioridades.

amedinamendez@gmail.com
Corrientes – Corrientes – Argentina

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