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Democracia siglo XXI

mes

febrero 2014

La revolución de las premisas

 

premisas 3

Teódulo López Meléndez

Los estudiantes suelen ser la vanguardia, el catalizador de los procesos políticos que generalmente son llamados revolucionarios, pero ellos jamás han tenido el poder, en ninguna parte del mundo, de concluir en la implementación de un salto hacia adelante. Quizás la vieja expresión “estudiantes no tumban gobierno” sirva para ilustrar que se requiere el subsiguiente acompañamiento de las multitudes –unas en acción no en “mostración”- para que la revuelta trascienda lo esporádico o se convierta en no más que un efímero sacrificio donde la voluntad de los jóvenes paga un alto precio.

La situación venezolana conlleva más que todo a pensar en grupos de estudiantes organizados más que la aparición de un gran movimiento estudiantil, porque si él existiese uno de sus pasos claros hubiese sido convertir la universidad y exceder las peticiones tradicionales de libertad para los que fueron cayendo en las garras de los organismos represivos. Ha brotado, no obstante, y hay que admitirlo, una vanguardia estudiantil que ha tenido el efecto de politización creciente del cuerpo social, aún insuficiente para provocar transformaciones.

Uno de los últimos gestos del régimen dictatorial venezolano ha sido la del apelo a los “campesinos”, a un intento de ruralizar la situación conflictiva visto que las protestas son urbanas. Los “rurales” son presentados como los nuevos agentes productivos, no sabemos si con la intención oculta de tratar de convertirlos en una especie de nuevo frente de defensa del régimen paralelamente a los llamados “colectivos”, unos que ya aparentemente desecharon cualquier control sobre ellos. En cualquier caso, el intento ruralizador no es de pertenencia exclusiva del siglo XIX, pues los podemos encontrar hasta en algunos casos de Europa Central ante la inminencia de la caída del poder comunista.

La situación del régimen parece la de convivencia de micro-poderes dictatoriales, dado que no se requiere de información privilegiada para saber donde cada uno de ellos tiene su parcela de influencia, o donde la mezcla de intereses sirve de cemento a las obvias discrepancias. La tentación de lanzarse sobre el otro aún no ha aparecido, pues aún prevalece la necesidad de defensa de lo que es el valor superior, léase el poder, aunque en los acontecimientos del diario podamos encontrar acciones de ejercicio en solitario por parte de las facciones por ahora unificadas en la defensa del único interés común.

Las Fuerzas Armadas, por lo que les corresponde, aún no han tenido el desafío mayor, esto es, someter a inventario los pro y los contra, contabilizar los costos y beneficios y dejan a uno de sus componentes ejercer, en comandita con los civiles armados, la represión que aún les parece acomodada a parámetros admisibles, aunque a nosotros, la población civil, la brutalidad de disparar perdigones en la cara o insistir contra un muchacho caído nos parezcan flagrantes violaciones a los derechos humanos. Y digo a nosotros, porque muy pocos en el mundo han ido más allá de pedir diálogo recitando una especie de catecismo que tienen guardado para cuando quieren manifestarse sin que sus manifestaciones tengan efecto alguno. La gran decisión militar llega cuando el desbordamiento y la inestabilidad son tales que deben decidir entre la matanza, léase genocidio, o una especie de neutralidad sin que ella implique dejar de estar atentos a la toma directa del poder. Ahora lo ejercen por persona interpuesta pero los generales, porque a ellos nos referimos, siempre deben cuidarse de los cuadros medios, dado que suelen ser ellos los protagonistas a la hora de las decisiones verdaderamente con efectos tangibles. Por lo demás, una división de las Fuerzas Armadas es siempre el ingrediente determinante de una guerra civil.

La caída de una dictadura no trae paz y tranquilidad. Es simplemente una premisa para la posibilidad de cambios sustanciales. Una revolución política no es una revolución social, pues las primeras suelen tener como único objetivo la caída de un régimen, lo que hace dificultoso prever la segunda, dado que la caída de todo gobierno por medios revolucionarios abre la espita a las luchas por el poder entre las distintas facciones y a una consecuente inestabilidad con buenas probabilidades de ser tan violenta con el hecho concreto que la permitió.

 

La hipocresía internacional no tiene nada que ver con acciones honestas de defensa de la democracia, de los derechos humanos o del afecto por un pueblo sometido a vejaciones. Veamos cómo hemos asistido en los últimos días a la reiterada práctica de expulsar funcionarios diplomáticos o consulares norteamericanos, lo que produce decisión similar desde Washington, para que el inefable canciller venezolano hable de “retaliación”  en su siempre desconocimiento de los términos apropiados. Sin embargo, la posterior declaración del Secretario de Estado Kerry reiterando la voluntad de su país para proceder a la normalización de relaciones y lamentando “tengan ya demasiado tiempo deterioradas” es la muestra más fehaciente de la duplicidad, pues implican que en sus cálculos no está la caída inmediata del régimen venezolano y, en consecuencia, debe arreglarse con él. Por cierto, y de paso, un desmentido a la supuesta injerencia gringa en las últimas acciones protagonizadas por el duramente golpeado pueblo venezolano.

 

Las premisas suelen también ser revolucionarias. Como la economía.

 

tlopezmelendez@cantv.net

 

 

La Pax Sinica

 

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Teódulo López Meléndez

Hay un hilo conductor, uno con nudos que llamaremos hitos de esta historia. Narrar la historia mientras acontece parece tarea de esos valientes a quienes llaman corresponsales de guerra. Cuando la guerra ha pasado suele prevalecer la visión del vencedor. A veces se asiste al testimonio para dejar al futuro elementos disponibles para un análisis póstumo.

Necios hay por todas partes, seguramente exclamó Tucídides para permitir Herodoto refrendara. La proclamación constante de que el régimen era una dictadura es un caso a mostrar. Autoritario, violador constante del Estado de Derecho, desintegrador de los términos clásicos de la separación de poderes, permitía resquicios, celebraba elecciones –las cuales analizar ahora es ejercicio vano dada su habilidad para envolver a los adversarios, ponérselas en el orden conveniente, cambiar circuitos electorales y usar abusivamente de los recursos del Estado- y lanzaba petardos contra medios impresos y radioeléctricos. Llegamos a hablar de “dictadura del siglo XXI”, de una adecuada a los tiempos que ya no necesitaba de llenar estadios de prisioneros, de recurrir a la tortura o de practicar una sistemática violación de los derechos humanos.

Los tiempos corren, los acontecimientos acontecen y suelen poner fecha y hora. Siempre hay un proceso detrás. Desde los apresurados que luchan entre sí para limpiar adversarios del camino al poder, desde la inmadurez y desde la impaciencia, desde la torpeza y desde el equívoco, pero esos episodios han sido narrados antes, en otros de estos textos que llamamos columnas de opinión. Podría argumentarse que la enumeración anterior sólo ha acelerado lo inevitable, que la conclusión hubiese sido la misma y que siempre es mejor sincerar antes de arrastrar. Concedemos a tales argumentos el beneficio de inventario, para utilizar una expresión jurídica en estos tiempos de la fuerza.

Lo cierto es lo cierto, obviando en este texto lo ya dicho. El 19 de febrero de 2014 la represión alcanzó su clímax, el amontonamiento se hizo barricada a toda legalidad, el desbordamiento tan patente y la furia desatada tan incontrolable, la acumulación de los hechos anteriores tan patética, que nuevamente un siglo escapó de vuelta atrás, el uso de expresiones con pretensión de definición sociológica novedosa un ejercicio entre escamoteo a la responsabilidad y/u omisión a la verdad. Huele a dictadura, se comporta como una dictadura, reprime como dictadura, encarcela como una dictadura, tortura como dictadura. Es una dictadura.

Aún conservará resquicios, aún intentará las apariencias, aún girará sobre la obsolescencias de unos adversarios apagados, aún alegará existe un Parlamento donde irán los domesticados por la Pax Romana a ejercer el derecho concedido por el imperio de conservar sus dirigentes y en ese “senado” bajo la bota del César reproducirán en carne propia las más claras definiciones dadas por Marco Aurelio en   “Pensamientos” o, quizás mejor, las invectivas de Epícteto.  Los gobernadores de olvidadas provincias alabarán la Pax Augusta  y dirán quienes luchan en las fronteras como los germanos y los partos son pueblos inconcebibles.

Recordaba estos días las conversas de los viejos luchadores sobre el primer deber de un combatiente, no caer preso, y sobre el segundo, si caes piensa las 24 horas en la fuga. Nadie puede sobrevaluarse hasta el extremo de creer el punto de inflexión su entrega. Mientras Augusto imponía la suya, China dominaba el Asia Oriental. Eran los tiempos de las dinastías, de otras que nada tienen que ver con las de hoy, con las del Partido Comunista Chino, aunque muchos piensen el siglo XXI verá de llegar de nuevo la Pax Sinica que no significa otra cosa que “paz china”.  Entre Pax y Pax floreció el comercio entre los grandes imperios de la época y lo que suponemos existía entonces, forzando o sin forzar la terminología, una izquierda caviar, celebró entre banquetes la genialidad de los conductores.  En los tiempos presentes de América Latina la izquierda es una bazofia y la derecha un escondrijo, pero dejemos, por ahora, en paz, la disquisición sobre la necesidad de insurgir con conceptos de este siglo, dado que el pueblo no termina de empoderarse y sólo es víctima.

Mientras, uno piensa en atrasos conceptuales, en como el ejército es el único que a lo largo de la historia ha puesto bajo control a la Guardia Nacional, en el derrumbe de los valores al ver bandas armadas haciendo de las suyas ante los ojos impertérritos de quienes deberían reducirlas, en el castigo histórico de que cada comienzo de siglo en este pantano de arenas movedizas la única palabra invocable es “decadencia” tal como lo hizo José Rafael Pocaterra y que como él es menester escribir un “Canto a Valencia”, sólo que ahora habría que titularlo “Génesis” para incluir en el primer libro del Antiguo Testamento a todos los caídos, pero también la seguridad de que el hombre venezolano será insuflado de vida.

tlopezmelendez@cantv.net

Prolongar la agonía

 tiempo

Por Alberto Medina Méndez

Las señales siguen confirmando el rumbo. El gobierno de Argentina se esmera en esto de ganar tiempo y hacer de esta actitud, una absoluta política de fondo. En realidad, ese es justamente su gran plan en marcha.

El oficialismo solo pretende concluir el actual mandato constitucional con el menor daño político posible. No le interesa, en lo más mínimo, los padecimientos por los que la sociedad deba transitar, ni mucho menos aún, lograr los objetivos que recita en ese relato retorcido que ha fabricado con dedicación y que se ha convertido en su propio callejón sin salida.

En el mientras tanto, intentará negociar las mejores condiciones de impunidad para la mayor cantidad de integrantes de su tropa partidaria y si complementariamente puede producir un milagro político, pondrán empeño para promover al candidato más amigable para sucederlos luego de esta etapa nefasta signada por la degradación moral.

Ya han demostrado que solo pueden conducir la nave con viento favorable y cuantiosos recursos. Se han ocupado de dilapidar una de las mejores oportunidades que ha tenido este país en su breve historia como nación.

Las decisiones que toman a diario tienen una sola dirección. Ellos NO harán absolutamente nada para resolver los problemas reales, las verdaderas cuestiones de fondo. No saben como, o simplemente no quieren hacerlo. Las soluciones disponibles no son de su agrado porque han resuelto no hacer el trabajo duro. No tienen el coraje necesario para enfrentar esa determinación, ni el valor político suficiente para hacerse cargo de las consecuencias esperables de lo que han engendrado durante años.

Sus energías están puestas en el arte de disimularlo todo. Por cada decisión que deben tomar, invierten abundante cantidad de horas y dinero en diseñar argumentos que los justifiquen. La labor consiste en delinear un discurso aceptablemente verosímil, que logre esconder la verdad y encontrar a los culpables de lo que está ocurriendo.

La oposición también necesita de tiempo. Está desorientada y no tiene las soluciones a la mano, ni siquiera ha logrado construir un proyecto político capaz de enfrentar con dignidad al inmenso e inescrupuloso aparato estatal con el que cuenta el oficialismo para la próxima batalla electoral.

De ese lado del mostrador, una dirigencia sin principios, mezquina por convicción, que cuida sus negocios domésticos y que hace de la disputa interna su centro de interés, no encuentra los caminos para encontrar acuerdos elementales que garanticen al menos un poco de institucionalidad, cierta sensatez y un horizonte con algunos parámetros definidos.

Lo paradójico de esta etapa, es que muchos ciudadanos, demasiados tal vez, prefieren este desenlace lento que propone el oficialismo y le resulta incluso funcional a la oposición. Es probable que eso explique, en parte, la crueldad de este proceso político. Los “representantes del pueblo”, después de todo, se parecen bastante a los representados.

Dicho de otro modo, los votantes, los que seleccionan a los políticos de turno, no están dispuestos a asumir los errores como propios, ni tampoco los evidentes desaciertos electorales, ni mucho menos admitir que su mirada política errónea es la que explica, en buena medida, el presente.

La sociedad no es la que instruye a ciertos funcionarios para que se corrompan y administren las arcas públicas como si fueran suyas y se tratara de un botín. Pero es justo decir que lo estructural de este fenómeno es la consecuencia inexorable del conjunto de ideas que defiende una ciudadanía contradictoria que sigue creyendo en la utopía del Estado honesto y eficiente, cuando abundan pruebas que demuestran exactamente lo contrario. Es la gente la que fomenta la existencia de un Estado grande, omnipresente y controlador, ingrediente vital de la descomposición actual.

Una inmensa mayoría de personas están enojadas con lo que pasa, pero en algún punto, prefieren este sinuoso sendero, que ofrece una medicina amarga, como parte de un tratamiento prolongado que tampoco curará la enfermedad sino que solo atacará parcialmente los síntomas. Se acepta sin euforia y con resignación, este tipo de alivios porque resulta menos desagradable, en el corto plazo, que el duro sobresalto que en realidad se merece una sociedad que ha vivido equivocada desde hace décadas.

Las malas noticias nunca son bienvenidas. Nadie quiere un fuerte impacto, pero no menos cierto es que esta visión de posponer el trance sistemáticamente, solo aleja las soluciones reales y pone mayor distancia del anhelado desarrollo y progreso sobre el que tanto se declama.

El futuro tiene preparado algo mejor. Pero esta es una decisión que se debe tomar con plena conciencia y resulta evidente que la ciudadanía no está lista para semejante esfuerzo. La dinámica de emparcharlo todo, solo postergará el final de esta brutal etapa que ha anestesiado a la gente, haciendo que la prosperidad deba esperar mansamente su turno.

El dilema de esta nación está a la vista. Y su preferencia también. Ningún actor social, mucho menos en la política, tiene la más mínima intención de enfrentar los problemas como corresponde. Eso solo la muestra la irresponsabilidad de una sociedad que pretende que la realidad se acomode a sus deseos, sin terminar de comprender que transita este momento difícil porque ha hecho los méritos más que suficientes para estar en el lugar en que está. Por ahora, es indudable que existe consenso tácito para prolongar la agonía.


www.albertomedinamendez.com.ar

 

El pantano de las arenas movedizas

 

 12 febrero 2

 

Teódulo López Meléndez

Una de las tareas de este instrumento llamado “columna de opinión” –uno que no cambia la historia-  es contrarrestar las devociones reinantes. Una repetición de lo reinante para solazarse con la imagen fragmentaria rompe con el propósito de las respuestas.

El escritor en ella tiende a combatir la realidad como fraccionamiento. La hace no para convertirse en un transmisor de mitos, pues su tarea  es precisamente la de generar contramitos. El escritor no es un cómplice, es un instrumento para mostrar que, por encima de lo que ocurre, siempre está ocurriendo algo más.

Si lo que hemos vivido esta semana es un hecho insurreccional, -al fin y al cabo plantear que se busca la salida lo es, pues se entiende como la salida del gobierno en funciones-, ha mostrado lo que sin duda alguna es el inmenso malestar de una buena parte del cuerpo social, uno cuya determinación como mayoritario o minoritario es simplemente una tarea banal, dado que abocarse a ella indica de inmediato que la otra parte, mayoritaria o minoritaria, es otra parte con apoyo sólido. Si en términos electorales se habla –presumiendo, claro está, limpieza- un voto decide. En la “física” no electoral no, son mitades donde la disquisición mayoría-minoría carece de todo sentido.

Es imposible provocar la caída de un régimen que goza de un buen porcentaje de popularidad, de respaldo social, independientemente de esa cruzada por alegar es minoritario. Uno diría que la primera tarea es hacerlo impopular, mediante la determinación de las causas por las cuales conserva ese respaldo y trabajar en consecuencia.

 

Hay variadas razones por las cuales un gobierno no se cae en estos tiempos tecnológicos. Una, la inexistencia de una integración digital consciente, más bien con una diluida en la información especulativa (frente a la “desaparición” de los medios tradicionales lo virtual es el único territorio posible); otra, la inexistencia de una presión militar que apunte al cambio y, finalmente, la incomprensión de la magnitud de una tarea que lleva a especular con Ucrania y a ignorar el precio humano a pagar.

 

Un mínimo de objetividad en el análisis conllevaría a determinar los sectores involucrados en las protestas recientes y a la verificación de si se produjo o no la incorporación de nuevos, fundamentalmente de los más pobres o, si por el contrario, la participación estuvo una vez más enmarcada en los sectores altos y medios, lo que no encuentra una explicación de fondo en los estudiantes siempre una entremezcla de clases sociales.

Una rápida constatación indica que los sectores populares siguen teniendo un manto de protección, ciertamente disminuido, pero existente, lo suficiente para mantener hacia el gobierno un respaldo que, como voy a repetir, hace imposible el objetivo apresurado.

Hay factores de percepción comunicacional a tomar en cuenta. Las últimas y obsesivas “cadenas” radioeléctricas muestran a un presidente y a un régimen patéticos centrados en la prosecución de una “guerra económica” que pretende inculcar en la población la idea de unos demonios escondiendo azúcar o harina como única causa de la grave situación inflacionaria, de desabastecimiento, de devaluación y de escasez que nos aflige. No hay una contraofensiva racional para demostrar que la causa verdadera proviene de una ideologización ortodoxa y perversa que cree necesario este trance se produzca para el arribo al “socialismo”.

Los acontecimientos muestran un predominio del radicalismo. Los llamados “colectivos” actúan de la manera original para la que fueron creados, ejerciendo violencia, disparando, sirviendo de paramilitarismo sin tapujos. La MUD ha perdido todo control sobre la “institucionalización” de la masa opositora. Estamos en un punto de caos que se traduce en muerte. El régimen recurre a forzar la autocensura, a convertir, mediante manipulación, la protesta en un “ataque fascista”, a “ignorar” el alzamiento en su seno de los sectores radicales, a criminalizar el legítimo derecho a la protesta y llega a ordenar la detención de una visible figura pública oposicionista. Del otro lado, quienes dieron el paso están montados en un potro cerrero: la detención del movimiento los hará efímeros, su continuación un propósito sin victoria, factura siempre a pagar.

El “rosario” de delitos de los que se acusa a Leopoldo López no es más que otro hecho palpable de lo que he señalado como “Constitución evaporada”. Antes vimos los hechos de Margarita y Táchira: el Ministerio Público “pide” y el “juez” de turno “complace”. La situación es de inexistencia total de una norma básica que amalgame. Si alguna definición cabe a este territorio llamado Venezuela es la de un inmenso pantano repleto de arenas movedizas.

tlopezmelendez@cantv.net

Argentina: Hacer lo difícil no les sale-El capricho de embestir los síntomas

 

dinero

 Por Alberto Medina Méndez

Negar la estrecha relación entre emisión monetaria e inflación ya no resulta razonable. Los dirigentes y los economistas lo saben cabalmente. Sin embargo, la política contemporánea prefiere brindar una infantil e incorrecta descripción del problema.

Esto no es casualidad. El oficialismo no está dispuesto a dejar de emitir irresponsablemente porque ello implicaría reducir el gasto estatal con todo lo que conlleva esa determinación. Los políticos no desean hablar de ajuste. Temen por las consecuencias electorales que se derivan de ese término. Después de todo, son ellos los que se han ocupado con perseverancia de engordar el aparato estatal durante años. Desarmar ese engendro significaría, para su concepción de la política, una absoluta calamidad.

Su estrategia es buscar responsables fuera de su entorno, culpando a los especuladores, comerciantes y empresarios, formadores de precios, para luego fabricar la ficción de una verosímil conspiración que pretende sacarlos del poder. Sus intelectuales y técnicos se ocupan de darle contenido a la gran mentira, manoseando números, aportando rebuscados razonamientos y manipulando hechos aislados que hagan posible su interpretación.

Instigan a la ciudadanía para que ataque a los supuestos culpables, con escraches y campañas de hostigamiento que erosionen el prestigio de las empresas hasta el punto de personalizar el embate señalando a los enemigos públicos como si fueran los verdaderos generadores de inflación. Ellos saben que no es cierto, lo que los convierte además en cínicos.

Si por un momento se aceptara su disparatada versión y la inflación fuera realmente engendrada por otros y no por la insensata emisión de moneda que ellos mismos instrumentan cotidianamente, cabría reclamarles entonces una decisión que resultaría tan simple como efectiva para resolver las dificultades del planeta. Si la emisión monetaria NO explica la inflación pues entonces podrían crear dinero ilimitado para todos, repartiendo millones entre los ciudadanos y así acabar definitivamente con la pobreza.

En ese mundo de ilusión, se podría dejar de trabajar y dedicar todo el tiempo al ocio, ya que el dinero fluiría mágicamente desde las arcas del Banco Central hacia las personas, sin esfuerzo alguno. Todos serían ricos. Pero en realidad no lo hacen porque la emisión genera inflación y ellos lo saben. Este lineal razonamiento refuta cualquiera de sus retorcidas teorías.

No es que ellos deseen convivir con la inflación. Es solo su daño colateral. En realidad no están preparados para dejar de emitir porque no conocen otra forma de hacer las cosas que gastar mucho, siempre con dinero ajeno. Les fascina repartir recursos. Es su especialidad. Hacer lo difícil no les sale, porque supone sacrificio, honestidad e inteligencia y tienen poco de eso.

Pero nada de esto se puede implementar sin la connivencia de otros actores. Por un lado, los opositores piensan demasiado parecido, por eso no proponen abiertamente la extinción de la herramienta emisora de dinero. Pero existe un cómplice necesario e imprescindible para que esto ocurra y es la expresa participación de una sociedad que se presta a este juego sin darse cuenta que es la que siempre paga los platos rotos.

A algunos les resulta más fácil ignorar las verdaderas causas de los problemas que enfrentarlas. Evadirse de la realidad es un mecanismo habitual, mas aun cuando comprender el fondo de la cuestión implica admitir responsabilidades propias. No es fácil abandonar el aparente confort del presente para dedicarse a una nueva construcción más sensata, que requiere de un trabajo lento y sacrificado que incluye elevados costos.

La clase política conoce esta dinámica al detalle y con gran hipocresía la aprovecha. Lo hace a sabiendas, asumiendo que es el único modo que conoce de hacer política, llegar al poder y disfrutarlo. Los políticos prefieren hacerse los distraídos. Lo que preocupa es que la gente sea funcional a la mentira y se deje engañar ya no por falta de explicaciones, sino porque el diagnóstico ofrecido importa hacerse cargo y obrar en consecuencia.

A estas alturas ya no es ignorancia sino solo el deseo de vivir una fantasía. Hasta que la sociedad no exija que el Estado deje de gastar mucho y mal, los gobiernos seguirán recurriendo al saqueo sistemático vía impuestos, quedándose con una parte del esfuerzo de los individuos, endeudándose y apelando a la máquina de fabricar dinero para cubrir sus despilfarros.

Es la sociedad la que debe salir de este círculo vicioso. Para eso será necesario ocuparse en serio de resolver las causas profundas exhortando a los políticos para que hagan lo necesario y así abandonar de una vez por todas, el capricho de embestir los síntomas.

www.albertomedinamendez.com.ar

 

La república de los espejos deformantes

 

espejo 1

Teódulo López Meléndez

La filosofía se ha preguntado desde siempre donde se construye la cultura política de un cuerpo social, apuntando, entre varias, a la experiencia cotidiana de la gente, a lo que le toca vivir, esto es, a los micromundos de los valores.

La política no es así uniforme, pues se deriva de una práctica constante en diferentes contextos, lo que da lugar a variedad de normas no por obligación compartidas. La política es precisamente lo que podríamos denominar el lugar de reunión para tratar los asuntos de interés común, lo que implica un respeto por la pluralidad.

En términos contemporáneos, la discriminación significa prejuicio, intolerancia, ceguera ante las virtudes de lo que no es idéntico a sí mismo. Nos hemos habituado a actuar por medio del concepto del enemigo. Hay una tendencia a ordenar los fenómenos políticos por sus efectos inmediatos, como en el caso de la propuesta de una Constituyente que en verdad sólo tendría por objetivo ordenar el fin del período actual de gobierno antes que redactar una nueva Constitución. Las inmensas dificultades de convocar a tal asamblea son obvios, pero aún así hay un pecado original en la propuesta, una que ignora que el incumplimiento del texto vigente no es culpa de ese texto y que va a otro problema de fondo: que no es posible aquí que esa violación por parte de alguno de los poderes constituidos sea subsanada por los magistrados de la jurisdicción ordinaria. La Constitución puede contener mecanismos de resolución tales como referendos o abrogaciones, pero el camino real de una crisis del poder estatal suele llevársela consigo.

Esa constante apelación al artículo 350, uno que podría estar o no estar en el texto actual, dado que el principio básico sigue vigente aún sin él,  pues se trata de un principio de Derecho Natural, indica el olvido de una situación mucho más grave: hemos llegado a tal punto de violaciones que puede alegarse la ruptura del contrato social básico, la práctica inexistencia de un ordenamiento que conjugue la convergencia de todos los ciudadanos en un acuerdo general de convivencia. Apelar a un artículo de la Constitución evaporada para resolver la crisis ha llegado a convertirse en una paradoja. Los sucesos de ruptura del poder establecido generalmente vienen de un acuerdo de partes de la sociedad que se manifiestan de manera abrupta y sin orientarse por caminos preestablecidos.

Las “revoluciones” son un corte violento en procura del establecimiento nuevo, pero el presente régimen venezolano no se encuentra ya a gusto en lo que estableció, léase Constitución del 99. En verdad si alguien podríamos denominar como el mayor interesado en convocar a una Constituyente, en procura de un nuevo establecimiento, es al régimen, mientras la paradoja nos conduce a una oposición apelando al texto vigente como único instrumento para tratar de evitar el siguiente salto del poder hacia un nuevo “establecido” que le permita conservar todos los visos de un orden jurídico respetado.

En este cuarto de espejos deformantes en que se ha convertido la política venezolana – dónde unos se ven más gordos o más delgados conforme al elegido para mirarse- la política se hace incognoscible y no más que un mero señalamiento burlón -lo que no evita su sentido trágico- dónde las reacciones hormonales se confunden con severas tomas de posición. Aún así, la paradoja apunta a que quienes son conservadores hacen lo posible por conservar mientras parecen radicales dispuestos a tumbar a un gobierno y quienes se alegan revolucionarios se ahogan en falsas contradicciones sobre debilidad o radicalismo en su siguiente paso, no más que confusión propia del pecado de la ideologización exacerbada.

 

Una de las manifestaciones más obvias de los espejos deformantes fue convertir en ley el llamado “Plan de la Patria”. No entremos en supuestas violaciones constitucionales, pues si sigue el hilo de mi argumentación ello ya sería literalmente irrelevante. Implica, más bien, una autosatisfacción erótica, la fijación de un espejo. La otra “ruptura”,  la que vivimos estos días, de verbo encendido y disfraz de rebelión, algo así como la danza de los espejos que se intercambian.

 

Terminó el viejo uso de los espejos como reflejo fiel de la imagen de quien se le pone delante. Lo mataron los espejos deformantes de un circo asociológico. En esta república es mejor preguntarle a quien tenemos al lado cómo nos ve. Esto equivale a mirar la cultura política, el micromundo de los valores, a la experiencia cotidiana de la gente que la hace cuerpo social. También se le llama política.

 

tlopezmelendez@cantv.net  

 

 

 

 

Elecciones 2014: El Salvador y Costa Rica

 

 Centroamérica

Por Yenny Gomes

 

Este domingo El Salvador y con Costa Rica celebraron elecciones, ambas cruciales y marcadas con alta probabilidad por parte de las encuestadoras, en definirse en una segunda ronda.

 

Esta  jornada salvadoreña, estuvo marcada por la participación de cinco candidatos, sin embargo,  los diferentes medios de comunicación y encuestas, han señalado como  grandes favoritos  a  Salvador Sánchez Cerén, quien es el actual vicepresidente y candidato por el  FMLN  y Norman Quijano, candidato por el partido por la Alianza Republicana Nacionalista(ARENA).

           

Según  un informe del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales,  34.5% de la población  total vive allí en condiciones de  pobreza. Con un sistema educativo desigual y una economia que ha tenido un promedio de crecimiento real de tan solo 2% en los últimos quince años,  demuestra que los indicadores son preocupantes, aunado a los altos índices de inseguridad, donde según cifras de 2012, 39.6  de cada 100.000 habitantes son víctimas de homicídios, catalogado  por la Organización Mundial de la Salud como una “epidemia de homicídios” puesto que la cifra es superior al limite establecido de 10 por cada 100.000 habitantes.

 

Estos índices de pobreza e inseguridad,  han tenido impacto en el surgimento de la crimen organizado, convirtiendo a la nación centroamericana  en el destino predilecto para tráfico de drogas  hacia los Estados Unidos, que tienen como fuente de origen  países de América del Sur.

 

El candidato del FMLN, Sánchez Cerén, ha sido visto como  motivo de preocupación a los ojos de la comunidad internacional. En primer lugar, porque en El Salvador urge avanzar en un pacto fiscal, que permita solventar la grave crisis económica, especialmente en el tema de liquidez monetaria, transparencia fiscal y mejorar la calificación de la deuda soberana. Los índices de libertad económica y el combate a la corrupción se han deteriorado, traduciéndose en  un frágil  crecimiento económico, aumento de la pobreza,  aumento de la emigración y un  pobre sistema social.  Y desde este punto de vista, es preocupante  el destino de los salvadoreños en los próximos cinco (05) años si el FMLN asume el poder,  con una ideología radical de izquierda que podría agravar más el panorama económico. Sin embargo, pero más preocupantes son las denuncias que han salido a la luz pública las conexiones del FMLN   con  el crimen organizado y la corrupción de sus membros, así como su estrecha vinculación con el chavismo, tal como ha señalado el diario español  ABC, cuando Maduro ejercía el despacho del Ministerio de Relaciones Exteriores, medió en una operación  de narcotráfico con   el peso fuerte del FMNL José Luis Merino, quien envió a un capo de la droga para negociar con las FARC en un vuelo gestionado con el despacho del  actual presidente venezolano. Así como el financiamiento de sus actividades con crudo venezolano, donde el diario ABC señala que los dirigentes del FMLN han estado pagando la deuda petrolera contraída con PDVSA con cargamentos de café entregados con sobreprecio, dándoles margen para operaciones encubiertas y generar clientelismo político.

           

De ganar el FMNL, las relaciones de Estados Unidos con El Salvador, podrían sufrir cambios sustanciales, teniendo en consideración que por décadas ambas naciones han tenido una relación cercana. De hecho, uno de cuatro salvadoreños vive en los Estados Unidos, y las remesas que envían al Salvador, equivalen a 4 billones de dólares anuales, lo que equivale aproximadamente el 17% de su Producto Interno Bruto (PIB).

 

La reciente campaña electoral ha estado marcada por revivir   las hostilidades entre clases, que en el pasado llevaron El Salvador a  una guerra civil  que duró  12 años y con más de  75.000 muertos y medio millón de desplazados. El  partido ARENA representa a la comunidad empresarial y está orientado a una economía de libre mercado.  En cambio, el FMLN es partidario  de una economía planificada, con fuerte acento estatal,  aunque en un esfuerzo por ganar espacios políticos, en los últimos cinco años han hecho  para ganar la confianza de los empresarios mediante el  establecimiento de alianzas público-privadas en proyectos de energía e infraestructura.

 

En recientes sondeos  se señala que  Salvador Sánchez del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) se impondrá ante Quijano de la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), pero los resultados de la primera ronda no sumarán el 50 % de los votos necesarios para proclamarlo vencedor, por lo que la contienda electoral se definiría en una segunda ronda.  Independientemente de quien sea proclamado vencedor, debe tener en cuentas los retos que tienen al frente para contener el espiral de violencia y hacer inversiones en infraestructura, educación, formación profesional y mayor ocupación en el mercado formal de trabajo, en aras de alcanzar la prosperidad y la anhelada paz.

 

Igualmente, 3.078.321 costarricenses ejercieron su derecho al sufragio en elecciones simultáneas de Presidente y Vicepresidente en conjunto con los diputados de la Asamblea Legislativa,  con la particularidad de que por primera vez, los nacionales residentes en el exterior podrán participar en  las elecciones que transcurren en el día de hoy gracias al programa  “Yo voto en el extranjero” aprobado por el Tribunal Supremo de Elecciones de Costa Rica, permitiendo que un total de 12.654 costarricenses estén empadronados para ejercer su voto.

 

De hecho, los primeros en acudir a las urnas, fueron los ciudadanos residentes en Australia, quienes sufragaron por primera vez en unas elecciones marcadas por la indecisión, estimada  en un 34% al final del cierre de campaña. Una de las razones expresadas es el alto número de candidatos a la presidencia,  en total trece aspirantes,  y diecinueve agrupaciones que pugnan por escaños en el Parlamento. Unas elecciones reñidas para el Partido de Liberación Nacional (PLN), quien  busca su tercer mandato consecutivo,  tras los gobiernos de Oscar Arias y Laura Chinchilla, en los períodos 2006-2010, y 2010-2014 respectivamente, ésta última marcada con un mandato no exento de polémicas, especialmente en las disputas  territoriales sobre  la provincia costarricense de Guanacaste, donde Nicaragua afirma tener soberanía, afectando las relaciones bilaterales entre ambas Naciones, aunado a la crisis de popularidad donde obtuvo los  peores niveles de las últimas tres administraciones en lo que respecta a la gestión del Gobierno, en temas sensibles como la corrupción y el gasto público,  según datos ofrecidos por   la encuestadora Unimer.

 

Cabe destacar que  el sistema electoral costarricense se rige por  las « reglas  de la mayoría » para las elecciones del Presidente y Vicepresidente; esto significa que el candidato vencedor debe obtener más del 40% de los votos, en consecuencia, de no ser alcanzado el referido porcentaje, los dos candidatos que obtuvieron el mayor porcentaje de votos en la contienda electoral, están sujetos a una segunda vuelta, que tendría lugar en dos meses de conformidad con el procedimiento establecido en la Carta Magna, es decir, que la segunda ronda tendría lugar para el mes de abril.

 

Tal como ha señalado el reconocido diario español “El País”, las elecciones costarricenses están marcadas por  ambiente volátil,  y con la existencia del voto a ganar; por lo que el protagonismo recae en  buena parte en los resultados ofrecidos por las encuestas,   donde en principio el candidato con mayor apoyo es el candidato Johnny Araya, quien fue alcalde de San José por 22 años,  con un porcentaje 17,4% ,  perteneciente al Partido de Liberación Nacional (PLN), seguido por José María Villalta, representante de la izquierda, con un porcentaje de 14,4%, candidato del Frente Amplio (FA) y en tercer lugar  estaria Luis Guillermo Solís, historiador y politólogo,  con el 11,6% , candidato del  Partido Acción Ciudadana (PAC), considerado como una alternativa de izquierda moderada, y en último lugar estaria Otto Guevara, abogado y exdiputado con 7,3% de intención de voto, candidato y fundador del Movimiento Libertario (ML), según encuesta elaborada por el Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica para el Semanario Universidad, con un margen de error de 3,46%.  El hecho que el mayor peso  protagonismo recaiga  en las encuestas,  en declaraciones oferecidas por el Presidente del Tribunal Supremo Electoral (TSE), Luis Antonio Sobrado, implica  “un sesgo de inequidad” porque que pese  son solo siete empresas  registradas   las únicas cuyas publicaciones sobre las encuestas  son legales , son  éstas las que determinan el acceso a la contribución financiera y ha generado el debate sobre la instauración de franjas electorales en los medios de comunicación, así como el fortalecimento del financiamento estatal.

 

Sin embargo, los resultados arrojados entre medios de comunicación y las diferentes encuestadoras no coinciden, y así la contienda electoral se definirá en una segunda vuelta electoral, en ambos países, ante la imposibilidad de los candidatos de arrebatar el título de favorito en las encuestas.

Ese difícil espacio llamado tiempo

 

El tiempo 2

Teódulo López Meléndez

A quienes nos ocupamos de la cosa pública, de la que deberíamos ocuparnos todos, siempre nos llegan las observaciones sobre el arribo supuesto del “tiempo de”, bien para referirse a la posibilidad de una explosión social o para justificar las acciones que algunos aspirantes a dirigentes alardean para su esfuerzo de posicionarse.

El concepto de tiempo nunca ha sido cosa fácil. Desde Aristóteles el hombre gira sobre él y en este mundo de hoy es objeto de estudio sociológico. Muchos lo miran como diferenciación entre cambio y continuidad. Para muchos otros, hay que ir a buscarlo en la capacidad creativa, en las formas de los comportamientos sociales y hasta en las formas de la comunicación. El manejo del tiempo tiene relación directa con el poder, dado que va coaligado con la evolución en los criterios sociales. Cambio y duración están en las causas de la incertidumbre colectiva. Fernand Braudel  (La historia y las ciencias sociales) agrega que existen múltiples tiempos sociales lo que da lugar a una dialéctica de duraciones. Norbert Lechner (Las sombras del mañana) habla de una especie de enfermedad llamada “presentismo” que contrarresta la infinitud del deseo.

La resolución a la que todos aspiramos puede estar condicionada por la causa que originó los trastornos, pero lo que nunca podremos saber con exactitud es el tiempo necesario para superarlos. Lo que sí podemos asegurar es lo que hemos repetido, y seguimos repitiendo, esto es, que hay que construir el futuro y pensar desde él.  Hay que producir ideas sustitutivas, sin duda, pero también hay que tener conciencia de un mínimo de continuidad.

La sociología hoy nos habla de la necesidad de una permanente disposición al cambio y de una reflexión continuada, elementos ausentes de la realidad venezolana. Es ello lo que determina el momento exacto de la oportunidad.

Si bien la mirada contemporánea es fragmentaria, se cree en la realidad como límite, lo que conduce a la negación de las complejidades infinitas de lo real. De allí a perder el ímpetu del cambio sólo hay un paso, la espera se hace especulación de “el tiempo de” y los anteojos de suela y/o las gríngolas oscurecen la posibilidad de ver elementos más allá del fango de lo cotidiano. Así, el observador es quien construye la realidad y si no sabe observar la realidad, y no modifica con su mirada, las aristas de lo visible se hacen insuperables.

La retracción de la palabra”, dijo George Steiner, al hablar de la derrota del humanismo. Quizás pudiésemos emplear la expresión para estos tiempos venezolanos donde una especie de locura colectiva ha producido la desnaturalización del lenguaje y donde se recurre a la incoherencia, a la inestabilidad emocional y al otorgamiento de crédito a cualquier especulación sin sentido.

“El tiempo de” puede ser, claro que puede serlo, objeto de seguimiento y análisis. Desde los síntomas que se asoman se puede establecer un abanico de posibilidades y hasta de eso que comúnmente se llama “imprevistos”. Algo que hemos aprendido del pasado es la volubilidad de los acontecimientos, siempre dispuestos a salirse de los cauces previstos, y la intemperancia de las ideas, proclives a ser desviadas hacia lo contrario de lo que pretenden demostrar. El arribo de determinados momentos de cambio pueden olfatearse y de allí la precisión de un liderazgo que actúa en consecuencia. Todo ello es cierto, pero la acción constante es la que determina su aparición, no el azar. Aún así, podemos recordar el aserto según el cual las “revoluciones” no se “hacen”, ocurren.

Las formas de comunicación han sido elevadas inclusive, en la sociología del presente y en lo referente al concepto de tiempo,  a proporciones que podrían parecernos exageradas. Si tomásemos esta vía de análisis la conclusión sobre el destino venezolano apuntaría a un pesimismo extremo, dado que encontramos en la “red-digitalización” sólo perturbaciones emocionales con ausencia obvia de coherencia. Si recurrimos a los comportamientos sociales podremos observar sólo movimientos de “praxis política” circunstanciales que los determinan y que pueden focalizarse como condenados a efímera permanencia.

Sólo con nuevos criterios sociales provocados por el entendimiento de las complejidades infinitas de lo real los pueblos encuentran el punto de “el tiempo de”. Hay que suplantar la divagación absurda y el ejercicio banal de la política y de lo político y plantearle a este país la construcción de “el tiempo de”. Este último, aún sabiendo lo que queremos en él y después de él, suele ser de una peligrosa indefinición. Podrán colegir lo que podría ser si sólo se plantea como el simple acto de salir de un régimen.  Como bien lo dijo Hanna Arendt, no son las causas las que determinan los acontecimientos, son los acontecimientos los que buscan sus causas.

tlopezmelendez@cantv.net 

 

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