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Democracia siglo XXI

mes

septiembre 2011

Audio: “El falso partido de sofbol”

Teódulo López Meléndez

Audio: “El falso partido de sofbol” Salud de Chávez, Brasil, Guyana, periodista http://www.ivoox.com/falso-partido-sofbol-audios-mp3_rf_819818_1.html   Un anaísis de la rueda de prensa del presidente Chávez hoy (salud, Guayana, Brasil, periodista)

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Cinco retos que tienen los políticos para poder sostener el planeta

Por BAN KI-MOON*

 

Se acerca el nacimiento del bebé número siete millones y se necesita cambiar el plan de acción.

Ban Ki-moon urge crear, en vísperas del nacimiento del bebé número 7 mil millones de la Tierra, en octubre, una agenda que se proponga un desarrollo verdaderamente sostenible.

A finales del próximo mes, un niño va a nacer, será el ciudadano del planeta Tierra número siete mil millones. Nunca conoceremos las circunstancias en las que nacerá este niño o niña. Mas sí sabemos que este infante entrará a un mundo de grandes e impredecibles cambios en los ámbitos medio ambientales, económicos, geopolíticos, tecnológicos y demográficos.

La población mundial se ha triplicado desde que se crearon las Naciones Unidas, en el año 1945. Y nuestras cifras siguen creciendo, junto con las correspondientes presiones sobre la tierra, energía, alimentos y agua. La economía global también está generando presiones: el creciente desempleo, la ampliación de las desigualdades sociales y el surgimiento de nuevas potencias económicas.

Estas tendencias vinculan el destino y el futuro de los siete mil millones de personas de hoy en día como nunca antes lo hicieron. Ninguna nación por sí sola puede resolver los grandes desafíos globales del siglo XXI. La cooperación internacional es una necesidad universal.

La sexagésima sexta reunión de la Asamblea General de la ONU es una oportunidad renovada para que los países del mundo dejen de lado intereses estrechos y de corto plazo para comprometerse con los esfuerzos de cooperación con el fin de ocuparse de los imperativos de largo plazo de la humanidad. En un momento en el que todas las naciones están experimentando desafíos individuales, tenemos la necesidad de forjar una agenda común a nivel mundial que pueda ayudar a asegurar que el bebé número siete mil millones como también las futuras generaciones crezcan en un mundo caracterizado por paz, prosperidad, libertad y justicia que sean sostenibles.

Los cinco imperativos

Para ayudar a crear este futuro, estoy centrando mi segundo mandato como Secretario General en los cinco imperativos globales, que son cinco oportunidades generacionales para dar forma al mundo del mañana mediante las decisiones que tomemos hoy.

El primero y el mayor de estos imperativos es el desarrollo sostenible. Todos debemos entender que salvar nuestro planeta, sacar a las personas de la pobreza y promover el crecimiento económico son una y la misma lucha. Tenemos que conectar los puntos entre el cambio climático, la escasez de agua, la escasez de energía, la salud global, la seguridad alimentaria y el empoderamiento de las mujeres. Las soluciones de un problema deben ser las soluciones para todos los problemas.

En los próximos cinco años, tenemos que crear una nueva visión económica para el desarrollo sostenible y forjar un consenso mundial sobre un acuerdo vinculante concerniente al cambio climático. Fomentar el crecimiento económico, lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio y combatir el cambio climático dependerán de la creación de un nuevo sistema de energía para el siglo XXI y de extender todo ello para que llegue a cada una de las personas en el planeta.

La prevención como un marco para la cooperación internacional es una segunda oportunidad. Este año, el presupuesto de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz llegará a un total de 8 mil millones de dólares. Piénsese en lo que se podría ahorrar al evitar conflictos; por ejemplo, mediante el despliegue de misiones de mediación política, en lugar del despliegue de tropas.
Sabemos cómo hacer esto. Nuestro historial, en Guinea, Kenya y Kirguistán, así lo demuestra.

Un tercer imperativo es construir un mundo más seguro y más protegido. En este esfuerzo, debemos ser valientes en la defensa de la democracia, los derechos humanos y la paz. Este año, conseguimos uno de nuestros logros emblemáticos con la restauración y protección de la paz en Darfur, Costa de Marfil, Egipto y en otros países. Pero el odio y derramamiento de sangre aún actúan como una barrera a nuestra visión de paz.

Callejones sin salida

En el Oriente Medio, debemos romper el callejón sin salida. Los palestinos merecen un Estado. Israel necesita seguridad. Ambos quieren paz. Un acuerdo negociado puede producir estos resultados, y la ONU es una plataforma para forjar dicha paz.

Por lo tanto, también vamos a continuar nuestros esfuerzos para fomentar la gobernabilidad democrática en Irak, Afganistán, la República Democrática del Congo y Sierra Leona. Y, en nombre de toda la humanidad, vamos a seguir impulsando el desarme y la no proliferación nuclear, para coadyuvar al logro de un mundo libre de armas nucleares.

La cuarta gran oportunidad es apoyar a los países en transición. Los dramáticos acontecimientos de este año en el norte de África y el Medio Oriente inspiraron a las personas en todo el mundo.
Ayudemos a que la ‘primavera árabe’ sea una verdadera época de esperanza para todos.

En Libia, estamos desplegando una nueva misión de apoyo de las Naciones Unidas con el fin de ayudar a las autoridades de transición del país en el establecimiento de un nuevo gobierno y orden jurídico que estén en consonancia con las aspiraciones del pueblo libio. Siria es un motivo de especial preocupación. Durante seis meses, hemos visto una escalada de violencia y represión. El Gobierno ha prometido en repetidas ocasiones llevar a cabo reformas y escuchar a su pueblo. No lo ha hecho. Ahora es el momento de actuar. La violencia debe terminar.

Participación de la mujer

Por último, pero no por eso menos importante, se encuentra el imperativo de trabajar con y para las mujeres y las personas jóvenes.

Las mujeres ocupan más de la mitad del planeta y representan gran parte del potencial sin explotar del mundo. Necesitamos su participación plena, en el ámbito gubernamental, en los negocios y en la sociedad civil. La ONU ha otorgado una alta prioridad a la promoción de las mujeres en todos los niveles de la Organización, y este año, por primera vez, la ONU Mujeres está funcionando para promover los intereses y derechos de las mujeres en todo el mundo.

Siete mil millones de personas dirigen sus miradas hacia las Naciones Unidas para encontrar soluciones a los grandes retos globales del mundo. Ellos tienen diferentes orígenes y religiones, pero tienen sueños y aspiraciones comunes. Nuestro futuro depende de aunar estos derechos universales y talentos individuales en una causa común. Dejemos que comience nuestra agenda común.

* Secretario General de las Naciones Unidas.

BAN KI-MOON*
PROJECT SYNDICATE
NEW YORK.

 

Libros: Hacia una democracia ambiental administrativa para el siglo XXI

 

La participación pública en la evaluación de impacto ambiental y ambiental estratégica

Detalles de libro:

ISBN-13:

978-3-8454-8462-4
ISBN-10: 3845484624
EAN: 9783845484624
Idioma del libro: spanish
Notas y citas / Texto breve: Esta investigación esta ligada a los grandes retos que la transformación del derecho administrativo debe afrontar, ante la necesidad de articular una democracia efectiva en la que participen todos los sujetos interesados en la protección del medio ambiente en un contexto global. Su idea central es que la participación pública puede constituirse como un elemento indispensable para vertebrar el desarrollo sostenible de la mano de los instrumentos de evaluación de impacto ambiental y de evaluación ambiental estrategica. Es importante precisar que no se trata de que la participación pública en la gestión administrativa sustituya el papel que tiene la democracia representativa en la conformación del Estado de Derecho y la actividad pública. Se trata más bien de complementar e integrar adecuadamente el debate público permitiendo que los interesados y el público intervengan en la definición del interes general. Al incluir la participación pública en los procedimientos de evaluación ambiental y garatizar su funcionamiento apropiado se estaria configurando un nuevo tipo de democracia ambiental administrativa para el siglo XXI.
Por (autor): Juan Manuel Gomez Rodriguez
Número de páginas: 448
Publicado en: 23.09.2011
Categoría: Derecho Público, Derecho Procesal Administrativo, Constitucional

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La permanencia de lo humano


Teódulo López Meléndez

Los futurólogos, cuyas descripciones exceden a la ciencia ficción, nos hablan de una industria y de una agricultura completamente robotizadas, lo que sucedería incluso con las guerras si es que ellas persisten en la agenda humana. Las cárceles desaparecerían sustituidas por microchips implantados, tal como hoy las pulseras electrónicas se asoman para controlar a quienes han delinquido. Terminará la discapacidad debido a prótesis inteligentes e inclusive las quemaduras con efectos desastrosos serían cosa del pasado ante la implantación de de una piel artificial sensible a la temperatura y al tacto. La nanotecnología habrá perfeccionado implantes sustitutivos de órganos o ellos podrán regenerarse a partir del propio cuerpo del afectado. Aquellas imágines de teletransportación se convertirán en realidad y podremos instalarnos un disco duro adicional para aumentar nuestra capacidad de memoria.

Podríamos detenernos en mil y un pronóstico de lo que las nuevas generaciones tendrán o vivirán, pero en algo podemos estar de acuerdo sin necesidad de disparar la imaginación hacia la fantasía y es en lo que plantea en sus ensayos sobre neuropolítica el Dr. Timothy Leary cuando nos asegura, además de que la meta suprema de la ciencia es la extensión indefinida de la vida humana,  que para que ello suceda se requieren dos cosas, la migración espacial y la elevación de la conciencia-inteligencia del hombre para que sea capaz de acceder a estos escenarios.

Así lo hemos dicho muchas veces: el futuro del hombre está en el espacio exterior, en convertirse en habitante de otros mundos, pero para ello, para su supervivencia, deberá romper los límites de su actual conciencia. Es posible que para lograrlo debamos marchar hacia un comunitarismo extenso que exceda a las agrupaciones de hoy, fundamentalmente basadas en la tecnología, como ya lo asoman las redes sociales y la degradación de viejas instituciones desde la familia hasta el Estado-nación. Esto es, podríamos estar marchando hacia una evolución artificial, lo que también podría establecer las nuevas diferencias entre los que los analistas del futuro llaman los “mejorados” y entre quienes se han negado a ello. La relación del hombre con las máquinas ha sido tema especulativo permanente entre los autores de ciencia ficción, como sucede en Matrix donde se funciona a base de chips en el cerebro.

No nos detengamos en detalles sobre nuestra apariencia, en si las computadoras nos harán más pequeños debido a la inmovilidad y nos pareceremos a los dibujos que se han hecho de supuestos extraterrestres que han estado por aquí en platillos voladores. La realidad es que para enfrentar el futuro en cualquiera de sus manifestaciones debemos aprender y aprender más rápido. Los países del futuro, si es que existen países como los conocemos, que tengan mayor probabilidad de éxito serán aquellos serán aquellos capaces de acumular más conocimiento y aprendizaje. En alguno de mis textos anteriores he estado insistiendo en lo que es ya una expresión común en las ciencias sociales de hoy: una sociedad del conocimiento. Para ello no nos podemos distraer en discusiones banales o en prácticas políticas añejas, olvidando que debemos crear aprendizaje organizacional y transformar todos los procesos escolares. Transformarlos para inculcar valores de lo humano, esto es, de lo que ha impedido la destrucción de nuestra especie y que hoy todavía llamamos así, valores, tales como ética, verdad, moral y sentimientos. Posiblemente lo que los antiguos griegos llamaron la Sophia, la sabiduría. El conocimiento no es la recepción de información, lo es de saberse a uno mismo y en consecuencia quedar educado para la vida. Cuando esto se logra entonces se busca el conocimiento y se adquiere para un sentido común de pertenencia. Más allá de los avances tecnológicos o de nuestro logro de conquista de nuevos mundos, será ello lo que haga posible la permanencia de lo humano.

teodulolopezm@yahoo.com

“Israel, el más incompetente gobierno de su historia”

Audio de Teódulo López Meléndez

http://www.ivoox.com/israel-mas-incompetente-gobierno-su-historia-audios-mp3_rf_812044_1.html

Consentir lo inadmisible

 

Por Alberto Medina Méndez

Ciertos hechos, algunos malos hábitos, parecen haberse incorporado al paisaje cotidiano y vinieron para quedarse aparentemente. Es que la sociedad ha iniciado un proceso de naturalización de sus errores, considerando normal, a lo inaceptable.

La corrupción es, en ese sentido, uno de los paradigmas más fuertemente instalados en la comunidad. Ya es parte de la escenografía y empezamos a asumirla como una cuestión con la que debemos convivir.

Hasta hace poco, solo repetíamos aquella cita, que se atribuye a Benjamín Franklin, que dice que “en este mundo no se puede estar seguro de nada, salvo de la muerte y los impuestos”. Pues habrá que agregarle de algún modo una nueva certeza, la de cohabitar  con la corrupción.

Que la política haya hecho un despliegue de sus artes, perfeccionando la forma en la que se financia, que los perversos sigan aprovechando sus éxitos electorales para enriquecerse a costa de la ingenuidad de muchos, y la pasividad de otros, puede admitirse como esperable. Pero lo que no es aceptable, es que una sociedad que despotrica contra la deshonestidad acepte mansamente esa realidad, con impotencia, se entregue y claudique.

La inútil retórica que intenta repartir responsabilidades entre los que corrompen y los corruptos, no justifica a los espectadores de esta historieta. Somos parte del sistema. Lo que ocurre, sucede, por nuestro silencio, indiferencia y complicidad, aunque esta parezca involuntaria. La sociedad toda, parece superada por su impotencia, por no encontrar el modo de superar este presente.

Que existe un sector prebendario en la actividad pseudo privada no caben dudas, y es importante aclarar que llamarlos empresarios sería ofender a quienes toman riesgos a diario y realmente merecen llevar ese nombre.

Pero la corrupción no existe porque unos son los malos y otros los buenos. Seguir recorriendo el ingenuo diagnostico de que este es un problema de moral, de dirigentes que se tuercen en el camino, es probablemente demasiado infantil.

La corrupción tiene muchas explicaciones, pero fundamentalmente su denominador común es que alguien puede contratar discrecionalmente, decidir en forma arbitraria, le resulta posible tomar definiciones con poco nivel de consulta y control, porque no hay transparencia y cada vez mas tenemos un estado gigantesco, que crece porque una sociedad demandante pretende delegar todo en el paternalismo del sector público.

Hay que asumir las ideas que se defienden y hacerse cargo de ello. Un Estado grande implica, altos niveles de discrecionalidad, y eso es directamente proporcional a los niveles de corrupción

Luego, habrá matices, dirigentes más honestos y de los otros, pero debe preocupar lo estructural, y no lo anecdótico. No se trata solo de personajes mejores y peores, sino de sistemas que permiten que todo esto sea posible, y que nadie, ni los que gobiernan, ni los otros, están dispuestos a modificar.

Asumir que este es un problema de algunos, es hacer un reduccionismo improcedente. Culpar a los que están y eximir de culpas a los que no gobiernan, es no entender cómo funciona. Que la casta, la corporación política y la de los intereses que defienden esta dinámica, perseveren en su creatividad, y sigan encontrando ocurrentes modos de permanecer en su inercia, no nos puede extrañar.

Lo inaceptable, es que la victima de esta historia, el electorado, la ciudadanía, siga avalando con su connivencia esta continuidad, bajo débiles argumentos como aquel que dice que “no se puede hacer nada”.

O peor aún, justificando su postura timorata en el “todos roban”. Está claro que ésta visión muestra el nivel de impotencia y de resignación que nos invade. Pero asumir que las cosas no pueden ser modificadas sin entender el problema e intentar seriamente cambiar el rumbo, no es saludable, para estas generaciones y mucho menos para las que vienen y esperan de nosotros, con consistencia por cierto,  un gesto adecuada, el correcto.

Tan patética es la percepción de la sociedad que muchos aceptan la perversa reflexión de asumir aquel “roba, pero hace”, como si una cosa justificara la otra, y como si el hecho de ser ejecutivos y promover obras, lo eximiera de responsabilidades. Es más, muchas veces, esa ejecutividad, es la que explica claramente los altos índices de corrupción. Más se puede robar cuanto más se puede mostrar.

 

No quedará fuera de este recorrido la temible frase de “estos roban más”, como si fuera una cuestión cuántica la que define la moralidad de los actos. Algo así como que si roban poco está bien, pero si roban mucho esta mal. Completa el pobre paisaje aquello de “pero los otros eran más burdos”, como si se tratara de una cuestión de formas, de sutilezas, de disimulos.

El tema de la corrupción es complejo, pero su solución pasa por enfrentarlo con el diagnostico preciso y no de eludirlo, pensando que se trata solo de personajes deshonestos. El sistema es corrupto, no los seres humanos. El esquema vigente lo hace posible, y no la malicia de los circunstanciales actores. Hasta que no asumamos la gravedad del asunto, y los ciudadanos no decidamos dejar de ser funcionales a esta realidad, por lo visto y por algún tiempo, seguiremos en esta dinámica de consentir lo inadmisible.

 

amedinamendez@gmail.com

skype: amedinamendez

www.albertomedinamendez.com

54 – 03783 – 15602694

 

Obama frente a sí mismo

Audio de Teódulo López Meléndez

http://www.ivoox.com/obama-frente-a-si-mismo-audios-mp3_rf_804997_1.html

La reformulación trascedental


Teódulo López Meléndez

Los cambios políticos, económicos y sociales están a la vista. La complejidad de lo que viene requerirá de desafiantes ideas y de un pensamiento continuo.  Lo que vamos a enfrentar, lo que ya estamos enfrentando, abarca profundidades que llegan hasta interrogantes sobre el sentido mismo del hombre. Uno de los primeros en planteárselo en estos términos fue Bertrand Russel en su libro ¿Tiene futuro el hombre? Russel andaba preocupado ante la aparición del armamento nuclear y por la Guerra Fría que amenazaba una confrontación destructora, pero sus planteamientos sobre la creación de una conciencia y de un gobierno mundial siguen allí. Las circunstancias se han modificado pero nos hemos encargado de crear nuevos peligros, como el que vemos prácticamente a diario: la ceguera ante un mundo que se acaba y la resistencia al nuevo que emerge.

La política es un campo esencial de acción y dentro de ella la de la filosofía política. Hemos repetido sobre la necesidad de un pensamiento complejo que cambie paradigmas y de nuevas respuestas abarcadoras a las dimensiones actuales del mundo en convulsión. Está claro que esas nuevas formas dependen del hombre y de su transformación, de su inmersión en la aceptación de la idea de un futuro que ya está en nuestras casas y que implican ideas como la unidad en la diversidad, transformación inmediata de los organismos multinacionales hacia la adopción de las nuevas maneras de expresión global, concepción de formas económicas para el desarrollo de lo humano y de muchas más que incluso dejan las estructuras de la organización para hendirse en conceptos sobre la evolución misma de nuestra especie.

Dentro de nuestra contingencia y limitaciones o entendemos que el objetivo es la búsqueda del bien común y la realización de la persona humana o seguiremos al garete, situación propicia para que un futuro no deseado juegue con nuestra suerte. Cuando comenzó el interrogatorio sobre qué podría hacerse con y desde el hombre subió el interrogatorio de qué debe hacerse con la organización social. Siempre está presente la necesidad de nuevas descripciones o como lo he llamado, la perentoriedad de una interrogación ilimitada. Lo que sí es cierto es que todo hombre debe tener que ver con una experiencia intelectual, desde los principios hasta las causas y efectos para hacer de la libertad una nueva reformulación trascendental. Al hombre del siglo XXI le es vital aprender a comprenderse, mucho más que en cualquier otro tiempo, porque más que en cualquier otro tiempo su permanencia no está garantizada.

teodulolopezm@yahoo.com

 

 

 

Audio: “Israel y el septiembre negro”

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Teódulo López Meléndez

Examen de Venezuela en Derechos Humanos, EPU-Venezuela 2011

El 7 de octubre de 2011, en la 12ava Sesión del Grupo de Trabajo del Consejo de Derechos Humanos (CDH) en Ginebra, Suiza, el Estado venezolano será examinado sobre la situación de los derechos humanos. Allí, tendrá lugar un diálogo interactivo entre el Estado venezolano y 47 Estados miembros y no miembros del CDH, quienes harán recomendaciones sobre medidas que garanticen los derechos humanos en el país. También podrán estar presentes las organizaciones de la sociedad civil como observadoras.

Las Naciones Unidas alientan a que las organizaciones de la sociedad civil participen e influyan en este examen.Conforme a sus normas, las organizaciones pueden participar en la evaluación, hacer lobby ante los Estados del CDH a fin de llamar su atención sobre temas específicos y lograr que éstos sean discutidos en forma de preguntas o recomendaciones, y realizar seguimiento a su aplicación. Con este propósito, 150 organizaciones prepararon un documento anexo a este mensaje en el que se sintetizan 35 temas sobre los que existen evidencias de restricción y violación de los derechos humanos, presentados en informes enviados a la Oficina de la Alta Comisionada de los Derechos Humanos.

Desde el mes de agosto de 2011, estamos difundiendo información del EPU y haciendo seguimiento a informes y acciones relacionadas con este evento. Queremos que te sumes a esta iniciativa y participes, divulgando información publicada en  epuvenezuela.blogspot.com y el twitter @epuvenezuela, colocando el logo del EPU que simboliza este esfuerzo ciudadano en sitios web, correos, pines y redes sociales, y asistiendo a encuentros sobre los cuales informaremos a través de este correo epuvenezuela2011@gmail.com.

Esta es una gran oportunidad para hacer público lo que ocurre dentro del país fuera de las fronteras nacionales y  continuar exigiendo al Estado un diálogo incluyente y respuestas efectivas a temas donde las venezolanas y los venezolanos han denunciado vulneraciones a sus derechos. 


Campaña Ciudadana EpuVenezuela2011
www.epuvenezuela.blogspot.com
www.twitter.com/epuvenezuela

Alguna cosa está pasando


Por Xavier Antich

 

El dinero no es respetado en ninguna parte, ni por los que lo tienen ni por los que carecen de él”. Lo decía el comité invisible, un colectivo que firmó en el 2007 un texto importante, publicado en París, al que conviene volver ahora si se quiere entender alguna cosa de los recientes disturbios en Inglaterra. Su título traducido: La insurrección que llega (Melusina). El libro apareció tras el incendio social en las banlieues en otoño del 2005, y anunciaba el tono de lo de ahora: en Grecia, Egipto, España, Israel, Reino Unido… No se trata en absoluto de reducir a un denominador común realidades complejas que tienen su particularidad propia. Pero algo nuevo está pasando por ahí.

El tono del libro podía concentrarse en estas líneas: “Estamos hartos de la economía. Tras generaciones en las que se nos ha disciplinado, se nos ha pacificado, en que se había hecho de nosotros los sujetos naturalmente productivos, satisfechos de consumir. Y he aquí que se revela aquello que estábamos tratando de olvidar: que la economía es una política. Y que esta política, hoy, es una política de selección en el seno de una humanidad convertida, masivamente, en superflua”. De ahí a la indignación de los focos de conflicto actuales se traza una línea continua que permite algunas claves. Pues de lo que se trata es de comprender lo que pasa. No basta la condena moralista de ciertas actitudes. En ausencia de sintomatología, no hay diagnóstico posible. Y en la búsqueda del diagnóstico, dos datos parecen relevantes.

Primero. Las voces más lúcidas del análisis social están alertando, en los últimos años, sobre un hervidero peligroso provocado por las crecientes desigualdades económicas a escala global y en el interior de ciertas sociedades. Nos referimos, por ejemplo, al sociólogo Marc Hatzfeld, autor de La cultura de los suburbios (Laertes), quizás el estudio más solvente de las microsociedades surgidas en el entorno de las periferias metropolitanas de hormigón creadas para alojar a la inmigración, las clases trabajadoras y el actual subproletariado. O a Loïc Wacquant, profesor en la Universidad de California en Berkeley y autor de diversos trabajos de referencia: Las dos caras de un gueto: Ensayos sobre marginalización y penalización; Los condenados de la ciudad: Gueto, periferias y Estado (ambos en Siglo XXI); Parias urbanos: Marginalidad en la ciudad (Manantial). Y, por supuesto, a la economista Esther Duflo, profesora en el MIT y coautora de un texto reciente imprescindible: Poor economics: A radical rethinking or the way to fight global poverty (PublicAffairs). Son sólo algunas voces, de gran cualificación, que alertan sobre los peligros de la extensión de la pobreza y del aumento de la desigualdad, al tiempo que sugieren ciertas líneas maestras de las únicas políticas posibles que pueden evitar la generalización de un conflicto a todas luces inminente.

Segundo. Es difícil acometer el análisis objetivo de las revueltas actuales si no es con una cierta distancia temporal que permita, con todos los matices diferenciales y geopolíticos que sean necesarios, ubicarlas en el contexto de un nuevo ciclo de protestas globales. Y, para ello, no está de más recordar el ciclo que precedió a los conflictos actuales: el que va de Seattle a Génova. Se inauguró en otoño de 1999 en Seattle, contra la Organización Mundial del Comercio, y empezó a extinguirse en el 2001 en Génova (con la muerte por tiros de la policía del activista Carlo Giuliani) y Barcelona (con la cancelación de la cumbre del Banco Mundial). El ciclo de la alterglobalización estuvo marcado por una cierta ambición utopista y por la reapertura de ciertos horizontes de transformación social. Su lema, “Otro mundo es posible”, podría resumir bien el espíritu crítico de hace una década: pensar la alternativa a un sistema manifiestamente injusto. Algunas de sus propuestas siguen todavía en saco roto: la tasa Tobin para transacciones financieras globales; la supeditación de las estrategias económicas multinacionales al control político democrático; el establecimiento del índice de desarrollo humano (IDH) frente al PIB como indicador del estado de una colectividad…

El fracaso de aquel ciclo ha dado lugar, una década después, a este otro. Más violento en ocasiones y sin duda menos dialogal; más, podría decirse, de acción directa, debido a la desconfianza en las alternativas generadas por el sistema. O dicho con brocha gorda, y disculpen: más modelo intifada que Woodstock. Pues la indignación generalizada y global es expresión de un malestar, ya insoportable, frente a las desigualdades. Pero muchos han empezado a actuar fuera de lo previsto dentro de los cauces establecidos, como si se tratara de una impugnación radical: por ahí está, tal vez, la novedad. No son nihilistas ni tampoco salvajes, como cierta prensa inglesa ha generalizado con un adjetivo infame, feral. “El problema –como ha escrito David Harvey– es que vivimos en una sociedad donde el capitalismo se ha convertido en desenfrenadamente salvaje”. Y añadía: “Esta es la nueva normalidad en la que vivimos. Esto es lo que la siguiente gran comisión de investigación debería abordar”. Y Franco Berardi reconocía: “La generación precaria ha sido expropiada de todo, también de su futuro”. Esto es lo que hay. Se les puede echar encima toda la policía del mundo. Pero eso, y más vale que se sepa cuanto antes, no sirve de nada.

 

Desobediencia cultural


Teódulo López Meléndez

Filosofar en el siglo XXI es también usar las posibilidades tecnológicas mediante la reflexión en el diálogo. La política es entonces ensayo colectivo y dialogal para enfrentar los peligros de derrumbamiento, en este caso del siglo XXI, de un mundo cuya desaparición parecemos mirar con asombro. Para que no surjan nuevos dogmas es menester pensar siempre. Algunos pensadores como Raúl Fornet llaman a esto “desobediencia cultural” por analogía con la “desobediencia civil”, esto es, arribar a una filosofía intercultural que impida una estabilización que tranque de nuevo unos mecanismos que deben estar en permanente movimiento para impedir o la aparición de renovados totalitarismos o en un mero aparato formal como le sucedió a la democracia representativa. Es lo que denominado un poder instituyente que impida la sacralización sobre dogmas que se hacen antifilosóficos por esencia y por ende antidemocráticos.

Los grandes referentes caen cada día y ante los vacíos no nos queda más, a cada uno de nosotros, que ir a nuestro propio mundo interior aunque se produzca lo que Fernando Sabater llamó despectivamente “el cacareo on-line de la guardería virtual”. No ha habido quien no hable montado en su tiempo y mirando los requerimientos que cada día llegan sin pausa. Filosofar es hoy buscar el pragmatismo. Es en buena medida el punto del cual partieron Feuerbach y Marx, volver a pensar al hombre real. Hasta aquí, pues los dos escribieron en sus tiempos y otros eran los planteamientos

Este hombre tiene, cuerpo, historia y memoria. Una antropología filosófica no se refiere a una esencia inmutable, sino a un agente de la transformación política y social. Quiere decir, debe producirse un giro epistemológico en las investigaciones. Como nunca hay que esclarecer las relaciones entre el sujeto humano y el mundo objetivo. La ética es asunto clave en la política del siglo XXI. Hay que aprehender nuevas formas de decodificar la realidad. Edgar Morin (Los siete saberes necesarios para la educación del futuro), lo plantea como la necesidad de una reforma de pensamiento, paradigmática y no programática. Es necesario pensar para una realización de humanidad.

Hay muchas maneras de estudiar la política: la Ciencia Política, la Filosofía Política, la Teoría Política, la Sociología Política, la Economía Política, el Derecho Político, la Historia Política, la Antropología Política, la Psicología Política la Geografía Política y también la más reciente, la Geoeconomía, como la Ecología Política y la Axiología Política. Todas se diferencian o todas se imbrican, es lo de menos. Lo importante es buscar la mejor forma de gobierno, de la naturaleza de la “politicidad” y de la metodología. Bobbio y  Sartori han dejado oír sus voces al respecto. Lo que hay que hacer es poner ideas y valores que muevan a la acción política. No se pueden ofrecer certidumbres, pero sí una acción inteligente. Muchos sostienen que la antropología política es el fundamento de la Filosofía Política moderna, pues a toda propuesta en el campo político la preside una imagen del hombre, de sus necesidades e intereses y de sus representaciones valorativas. Una antropología no destinada al estudio de formas remotas sino al presente de transformación. Y una axiología política para escudriñar en los valores políticos, porque la democracia y la política son valores y porque hay que avanzar hacia una ética de lo colectivo.

teodulolopezm@yahoo.com

 

 

Comunicado de la ONG Avaaz sobre Estado palestino

Emma Ruby-Sachs – Avaaz.org [avaaz@avaaz.org]

Queridos amigos y amigas,

Nuestra campaña por la independencia de Palestina sigue expandiéndose por todo el globo con la fuerza de 900.000 voces. Pero para obtener los votos clave de importantes países europeos, necesitamos transmitir nuestro mensaje de esperanza de forma espectacular dentro de 72 horas. ¡Si reunimos 10.000 pequeñas donaciones, podemos lograrlo! Haz clic para contribuir:

La solicitud de reconocimiento de un Estado Palestino está en su recta final. Si actuamos unidos en estas próximas 72 horas, podríamos lograr que los líderes de la Unión Europea le diesen un último empujón y apoyasen la iniciativa.

La posición del Reino Unido, Francia y Alemania es clave, pero aún siguen indecisos bajo la presión de las voces derrotistas que quieren arruinar esta nueva oportunidad de avanzar hacia la libertad. Para que cambien de posición, estamos organizando una espectacular entrega de nuestras 900.000 firmas, izando una gigantesca bandera de Palestina de 300 m2, frente al edificio que acogerá el próximo Consejo de la UE. También necesitamos completar urgentemente tres encuestas de opinión pública mostrando que la mayoría de la ciudadanía de dichos países respalda el reconocimiento de Palestina, a la vez que inundamos la prensa con anuncios a toda página.

Juntos podemos capturar la atención de los líderes europeos y mostrarles que sus ciudadanos les piden actuar ahora, reafirmando un mensaje de esperanza para el pueblo palestino. Esta oportunidad puede ser irrepetible. Si reunimos 10.000 pequeñas donaciones, podremos usar dichos fondos para impulsar las acciones públicas que necesitamos en estos momentos críticos:

https://secure.avaaz.org/es/time_for_palestine/?vl

El reconocimiento del Estado Palestino podría abrir un nuevo camino hacia la paz en la región, dándole a su pueblo el apoyo que necesita para lograr protección legal internacional. Y este apoyo es más urgente que nunca. El gobierno ultra-conservador de Israel sigue expandiendo sus asentamientos en Cisjordania y bloqueando toda posibilidad de una salida negociada hacia la existencia de dos estados; solución que cuenta con el apoyo mayoritario de los ciudadanos de Israel y Palestina.

Más de ciento veinte países ya se han comprometido a apoyar el reconocimiento de un Estado Palestino, pero los votos de los países europeos clave son vitales para fortalecer esta iniciativa, y darle la legitimidad global que merece. Ante la creciente presión pública, España se ha comprometido a apoyar la solicitud palestina. Si ahora publicamos encuestas de opinión mostrando que la mayoría de los ciudadanos franceses, alemanes y británicos quiere que sus dirigentes apoyen la declaración, y lanzamos impactantes acciones mediáticas justo en el momento en el que la UE ha de tomar su decisión, podríamos influenciar la postura de estos tres países decisivos.

Es una carrera contra reloj. Las acciones que tomemos en estos próximos días pueden cambiar la posición de nuestros dirigentes, evitando así una colisión segura, mientras se avanza hacia un acuerdo negociado y una nueva era de libertad. Una pequeña donación hoy puede marcar la diferencia. Haz clic aquí para contribuir:

https://secure.avaaz.org/es/time_for_palestine/?vl

Más de 900.000 ya hemos elevado nuestra voz en este llamamiento de esperanza por la paz y autodeterminación de Palestina. El próximo paso necesario es catapultar nuestro mensaje a los líderes europeos, a través de los medios de comunicación, y en la importante reunión de la ONU. Juntos podemos contrarrestar el miedo y la intolerancia con un llamamiento mundial a favor de la no violencia, la diplomacia, y el reconocimiento de Palestina.

Con esperanza,

Emma, Alice, Antonia, Ricken, Benjamin, Pascal, Diego, Laura, Luis y todo el equipo de Avaaz

Más Información:

Los palestinos inician su campaña en pos de su estado (Univisión)
http://feeds.univision.com/feeds/article/2011-09-08/los-palestinos-inician-su-campana?refPath=/noticias/ultimas-noticias/

División en la UE ante el reconocimiento de un Estado palestino (EuroXPress)
http://www.euroxpress.es/index.php/noticias/2011/9/3/division-en-la-ue-ante-el-reconocimiento-de-un-estado-palestino/

Venezuela y Turquía acuerdan abogar ante la ONU por la causa palestina (EFE)
http://www.google.com/hostednews/epa/article/ALeqM5iWvQGxvzMlBcMbfwXsBcqU-ZXN6Q?docId=1602760

La silla que anhelan los palestinos va rumbo a Nueva York (BBC)
http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2011/09/110905_palestinos_estado_onu_asamblea_silla_activistas_fp.shtml

Al Fatá cree que 140 países apoyaran el reconocimiento del Estado palestino en la Asamblea General de la ONU (EuropaPress)
http://www.europapress.es/internacional/noticia-oproximo-fata-cree-140-paises-apoyaran-reconocimiento-estado-palestino-asamblea-general-onu-20110905143121.html

Israel se aísla previo a un importante voto palestino en la ONU (Nuevo Herald)
http://www.elnuevoherald.com/2011/09/07/1020031/israel-cada-vez-mas-aislado-antes.html

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Argentina: Inseguridad, democracia y desarrollo

 

Por David Czarny (*)

La democracia debe asegurar el orden y el respeto a los bienes y las personas, pero priorizando un Estado de Derecho con capacidad para una distribución equitativa de la riqueza y para contener la criminalidad.

El mapa de la violencia no coincide con el mapa del hambre, y hay muchos ejemplos de zonas pobres en el mundo con bajos índices de violencia:

La pobreza no es la fuente de la delincuencia y de la inseguridad, pero sí lo son el empobrecimiento y la exclusión social, la pérdida de empleo, la disgregación familiar y la falta de un marco de pertenencia, especialmente en la sociedades donde se juntan el lujo obsceno y la miseria, los pudientes y los sin empleo, los ciudadanos integrados y los subciudadanos excluidos.

Estas son las situaciones que inducen conductas violentas hacia la criminalidad, el narcotráfico y la prostitución.

El avance de la violencia también se da en períodos de prosperidad, debido a un crecimiento sin equidad.

Las actividades criminales se beneficiaron con la globalización de los capitales, la tecnología y la información, en cuanto al tráfico y la distribución de drogas, y otros delitos.
La corrupción política y policial es uno de los resortes del funcionamiento de la criminalidad, así como la fragmentación de los cuerpos de seguridad. No existe coordinación entre las diferentes policías y fuerzas del orden.

Estas policías privilegian las acciones espectaculares para impactar a la opinión pública y descuidan el trabajo de prevención y de información, sin esclarecer la mayoría de los crímenes y delitos, lo que garantiza la impunidad.

Lamentablemente la policía no merece la confianza y el respeto de los ciudadanos, que tienen la sensación que el Estado no los protege, lo que fragiliza aún más a nuestra democracia tan difícilmente recuperada y con un ejemplo al mundo en la lucha contra la impunidad por los crímenes de lesa humanidad, con juicios a los responsables y a los cómplices de un Estado represor contra los ciudadanos que pensaban diferente.

En este siglo XXI, los intereses sectoriales y los objetivos partidarios están subordinados a la estabilidad política y la coexistencia social.

Los sectores políticos buscan convergencias programáticas y consensos, se privilegian las alianzas para consolidar las instituciones, pero sin un proyecto de Nación. Cuando se quiere consensuar demasiado se corre el riesgo de engendrar la confusión, se rompe el atractivo de las ideas y de los sueños, generando la apatía de los ciudadanos.
La poca diferenciación de los programas hace intercambiables a los partidos e inútil la competencia electoral.

Pero hoy la ciudadanía se define por el derecho a tener derechos, y rechaza los avatares políticos temporales. El Estado para ser eficaz, requiere una función pública competente y honesta.
Cuando la influencia partidaria toma la delantera y el servicio público está politizado, el Estado ya no puede ser garante de la seguridad.

Las fuertes desigualdades y la debilidad de las medidas adoptadas para reducirlas, mas allá de los discursos electorales, son el corazón del desencanto democrático, a pesar de los gastos demagógicos para los más desfavorecidos, sin una fiscalidad más justa.
En lugar de declamar “el retroceso de la pobreza” como una estadística; debemos planificar estrategias para una mayor igualdad y movilidad social.

Pero la democracia seguirá avanzando, porque las sociedades se transforman. Son más urbanizadas y secularizadas, y las fronteras de clases son más inciertas; además, la movilidad geográfica, la educación y la información crean nuevas posibilidades y la exclusión retrocede.
Aumenta la participación tanto horizontal como vertical.

¿Quién hubiera imaginado hace 30 años, un presidente democrático como el obrero Lula, el indígena Evo o el afroamericano Obama ?

Las elecciones por sí solas no son la democracia, porque también produjeron dictaduras, sin embargo, la valorización del acto electoral es una manifestación de los progresos
de la democracia para sancionar a los gobernantes, para separar a los malos dirigentes y hasta para cambiar de régimen.

 

Aparecen nuevas formaciones políticas y una sociedad civil que incluye universidades, investigadores, etcétera, que se ponen en movimiento con una infinidad de demandas, que sirven de pasarela entre la esfera social y el espacio político formal, con propuestas inteligentes para un nuevo proyecto de desarrollo nacional.

Surgen la esperanza y la sospecha como elementos complementarios de la vida democrática, y como un sistema político siempre insatisfactorio e imperfecto.

Ese desencanto debe ser el motor de la alternativa y del cambio, pero siempre para más democracia y para mejor democracia.

Celebramos nuestros 200 años de historia, con luces y con sombras, con golpes y con fraudes, con mentiras y grandes decepciones, debacles económicas, alternancias dramatizadas y presidencias truncas; pero el fuego de la democracia nunca se apagó y es nuestro mejor espejo de ciudadanos libres.

(*) Vicepresidente del Foro Regional Rosario

 

Carta Democrática de la OEA, una herramienta útil pero aún débil

Carta Democrática de la OEA, una herramienta útil pero aún débil

La Carta Democrática Interamericana ha demostrado en sus diez años de historia ser una útil herramienta en el fortalecimiento de los derechos y libertades, pero aún es ineficaz para frenar eventuales veleidades autoritarias de gobiernos elegidos legítimamente.

Valparaíso. Ésta fue la principal reflexión hecha por los cancilleres y jefes de delegaciones de los países miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) en la reunión que celebran hoy y mañana en la ciudad chilena de Valparaíso para conmemorar el décimo aniversario de la aprobación de este instrumento.

La Carta Democrática Interamericana tiene una especie de “punto ciego” porque no prevé que las alteraciones del orden democrático pueden ser impulsadas por gobiernos elegidos democráticamente, advirtió el ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Alfredo Moreno.

El canciller chileno dijo que, a pesar de sus fortalezas, la historia ha demostrado que la Carta Democrática Interamericana admite perfeccionamientos.

“La conveniencia de reforzar los mecanismos preventivos a fin de poder anticipar y lograr impedir una ruptura del orden democrático o una alteración del orden institucional que afecte a los elementos esenciales de la democracia cobra creciente relevancia”, enfatizó.

En esta misma línea, el subsecretario de Estado de los EE.UU., William Burns, apuntó que “incluso los gobiernos elegidos democráticamente pueden amenazar a la democracia si no respetan sus salvaguardas, sus instituciones, sus normas y sus valores”.

“Las amenazas a los principios democráticos en cualquier lugar son un desafío para las democracias en todas partes”, señaló Burns, quien afirmó que “a medida que más y más ciudadanos del Medio Oriente reclaman sus derechos democráticos, nuestra Carta puede servir de modelo inspirador para promover la libertad, la igualdad y la prosperidad”.

El número dos de la diplomacia estadounidense subrayó que “cuando en 2009 el presidente elegido por el pueblo de Honduras (Manuel Zelaya) fue depuesto en un golpe de Estado, muchos países de las Américas actuaron”.

“Con la ayuda de la OEA -afirmó- el gobierno constitucional legítimo fue devuelto a Honduras por los votos de su pueblo y reforzado por las medidas concretas de los nuevos líderes que han decidido hacer frente a las causas y consecuencias del golpe”.

Por su parte, el secretario general de la OEA, el chileno José Miguel Insulza, pidió que la organización tenga más poder para fiscalizar la democracia en la región.

“Es necesario dotarla de mayor capacidad para acompañar a los gobiernos de la región en el proceso de transformar el derecho a la democracia en una realidad cotidiana de los ciudadanos”, señaló Insulza en un discurso que fue leído por el secretario general adjunto del organismo, Albert Ramdin, ya que un retraso de su vuelo le impidió llegar a tiempo a la apertura.

En tanto, el presidente chileno, Sebastián Piñera, alertó de que la corrupción, la desafección política y el populismo amenazan la democracia y abogó por perfeccionar la Carta Democrática Interamericana.

Antes de iniciar su discurso, el mandatario chileno invitó a los asistentes a guardar un minuto de silencio por los 21 ocupantes del avión que se estrelló el viernes en el archipiélago de Juan Fernández.

El canciller peruano, Rafael Roncagliolo, apuntó que “los problemas” que se tienen “con la democracia tienen que ver con que la democracia no puede pensarse solo como sistema electoral y división de poderes” sino “también como una dimensión social de inclusión”.

En tanto, el embajador permanente de Venezuela ante la OEA, Roy Chaderton, opinó que “las iniciativas, debates y reflexiones sobre la necesidad de una Carta Democrática Interamericana han coincidido con el crecimiento y propagación de los movimientos de avanzada social” en el continente.

“A veces en la OEA nos invade la tentación de convalidar con un martillazo sobre la mesa la fantasía de que ya no hay nada por discutir y de que todos estamos de acuerdo con los poderes mayores”, declaró.

Chaderton defendió, además, el sistema de democracia participativa adoptado por Venezuela y advirtió de que “la Carta no contempla la defensa de la democracia cuando es desestabilizada por el intervencionismo exógeno de manera sistemática”.

También el canciller de Honduras, Mario Canahuati, sostuvo que es necesario “pasar de una democracia representativa a una democracia participativa”.

A la conmemoración del décimo aniversario de la Carta Democrática Interamericana también asisten el expresidente de Colombia y exsecretario general de la OEA César Gaviria y el presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el peruano Diego García-Sayán.

A una década de la Carta Democrática Interamericana

Por Oscar Maúrtua

Adoptada en Lima, el 11 de setiembre del 2001, la Carta Democrática Interamericana declara que “los pueblos de América tienen derecho a la democracia y sus Gobiernos, la obligación de promoverla y defenderla”, proveyendo un marco de cooperación mutua entre los miembros de la Organización de los Estados Americanos (OEA), asumiendo, como organismo intergubernamental y foro de diálogo multilateral, un compromiso político a favor de la democracia en el hemisferio.

Por lo que a una década de su creación y una vez valorados los retos sistémicos y contextuales que en nuestros países asume su eficaz implementación, es menester reflexionar no solo sobre su impronta filosófico-política, su capacidad real de atender y conducir los cambios neoinstitucionales que la región demanda, en términos de proyección de certeza jurídica para el desarrollo de los Estados nación, cohesión social desde lo local y fortalecimiento de la convivencia multilateral, al tiempo de propiciar como principio y no fin en sí mismo.

Y es que la Carta Democrática Interamericana brinda pilares y puentes para el fortalecimiento institucional, en materia de protección a los derechos humanos, la defensa de la democracia, la solución pacífica de controversias, la igualdad jurídica de los Estados miembros y el mismo respeto al principio de no intervención.

En su artículo 9° consagra que la prevención de la discriminación en pleno siglo XXI constituye uno de los esfuerzos colectivos más importantes que deben enfrentar en forma democrática y directa las sociedades, instituciones y Gobiernos a fin de cautelar y fomentar la participación ciudadana.

La Carta igualmente afirma en materia de desarrollo económico, que la pobreza y el analfabetismo, así como un medio ambiente degradado y una educación insuficiente, son factores negativos para el desarrollo de la democracia.

Con el mismo empuje, exhorta a los Gobiernos a promover y observar los derechos económicos y sociales, así como a respetar los derechos de los trabajadores. Condena además toda forma de exclusión y compromete a los Estados signatarios a promover la participación plena e igualitaria de la mujer en las estructuras políticas de la sociedad.

Visiones humanistas cuya gestación data, como sabemos, de 1791 con la “Carta a los Americanos”, de Francisco de Miranda, seguida de la “Declaración de los Derechos del Pueblo” en Chile del año 1811, la “Carta de Jamaica”, realizada por el libertador Simón Bolívar cuatro años más tarde; dando paso a la “Liga Americana para la libertad humana”, realizada en 1820 por Henry Clay, quien fuese presidente de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, y posteriormente con la OEA mediante la Primera Conferencia Internacional de Estados Americanos en un periodo de octubre de 1889 a abril de 1890, creándose la Oficina de las Repúblicas Americanas, la cual en 1910 evolucionó a una Secretaría Permanente: la Unión Panamericana.

Para dar lugar al 30 de abril de 1948, cuando veintiún países de América reunidos en Bogotá, Colombia, adoptaron la Carta de la OEA.

A lo largo de este decenio hemos tenido la oportunidad de corroborar la trascendencia de los alcances y retos de la Carta Democrática Interamericana para nuestras naciones y reconocer el bien ganado aprecio que el Perú tiene por haber sido cuna de tan valioso instrumento para la vitalidad de nuestras democracias y su gobernabilidad; conscientes de las tareas pendientes que aún prevalecen para bien de los pueblos de las Américas.

(*)Ex canciller

Documento de Tren Venezuela


TRAS LA RECONSTRUCCIÓN NACIONAL

El estado de situación de la nación no puede continuar. No se puede detener el ingreso al siglo XXI de uno de los países mejor dotados de la tierra. Los venezolanos estamos convencidos de la necesidad de cambiar, de recuperar nuestras capacidades y nuestras libertades para llevar una vida valiosa. Recuperar la productividad  y el empleo. Superar la inseguridad y la violencia, enfrentar el empobrecimiento y la pérdida de calidad de vida, enrumbarnos por el camino de la prosperidad y el bienestar aprovechando nuestras posibilidades, nuestro don de gente y nuestra fuerza transformadora. Tenemos que re-unirnos para asumir el reto del bienestar. No podemos perder el Tren del futuro, el Tren de las oportunidades que el conocimiento y la información brindan a las sociedades para hacer cultura superior, funcionar hábilmente y en libertad, desarrollar la plena vigencia de los derechos humanos.

Debemos recordar cómo llegamos hasta aquí

Venezuela, entró muy tarde al desarrollo del capitalismo, y hasta la mitad del siglo pasado manteníamos una nación rural con rezagos de servilismo cuasifeudal en los campos. No fue sino hasta después de los años 1930 cuando el incipiente desarrollo económico y urbano, sirvió para apuntalar el crecimiento del mercado interno sobre el cual se desarrolló la industria, se modernizó la agricultura, se expandieron los servicios y crecieron las ciudades. El país vivió un largo periodo de desarrollo en todas las dimensiones de la nacionalidad. Se modificó la ocupación del territorio al urbanizarse y concentrarse en ciudades, se incrementó de manera sostenida el ingreso, alcanzando tasas interanuales sorprendentes, se mejoró la calidad de la vida soportado en un crecimiento exitoso de la educación, de la salud pública alcanzamos uno de los PIB per cápita más altos del continente, una tasa de desempleo muy baja, una cobertura de servicios básicos muy amplia y un mundo de oportunidades para los sectores emergentes todo lo cual configuró una sociedad con una amplia clase media y un indicador de distribución del ingreso muy saludable.

Consecuentemente conquistamos la democracia como forma de vida, el voto universal, el voto de la mujer y la participación de los ciudadanos en la cosa pública. La cita electoral reunió a más 90%  de los electores durante varias décadas.

La base de la ampliación del bienestar fueron dos componentes, la expansión sostenida del mercado interno y las posibilidades de un sector externo muy sólido por las crecientes y seguras exportaciones petroleras. Este modelo de industrialización sustitutiva, de modernización agrícola y de ampliación de los servicios y el comercio, sufrió un colapso con el crecimiento vertiginoso de los ingresos petroleros a partir de 1974. Allí se desató, lo que posteriormente se llamaría la enfermedad holandesa, una intoxicación de ingresos petroleros que desató el demonio de la inflación. Se combinó con una voracidad por el control de dicha renta por una élite política y económica, que hicieron de la circulación del súbito ingreso, un torbellino de desequilibrios, económicos, sociales, ambientales y políticos.

En los años 1980 perdimos el rumbo en medio de un creciente poderío del Estado, sostenido en el explosivo aumento de la renta petrolera. Se estancó el desarrollo. Creció la pobreza y la exclusión social. El PIB per cápita disminuyó año tras año. Y creció el desempleo, y la informalidad en la fuerza de trabajo, dejamos de lado la atención a la escuela y al servicio de salud, abandonamos al banco obrero, y deterioramos la seguridad social aumentando la brecha entre capital y trabajo. La renta petrolera nos embriagó y en vez de aprovecharla para impulsar el desarrollo como ya lo habíamos hecho antes, nos desbocamos por el precipicio de la incapacidad y la inmoralidad.

El resultado en todas las dimensiones fue

  • Estancamiento económico y caída sostenida del PIB per cápita, alta inflación y pérdida de la capacidad adquisitiva.
  • Crecimiento del desempleo y de la informalización de la actividad productiva y la fuerza de trabajo.
  • Concentración del ingreso y del poder. Incremento de la exclusión social y ampliación de la pobreza, de la desescolarización y el analfabetismo, deterioro de la salud, Informalización de las ciudades con la explosión de las invasiones urbanas y los barrios a juro, ranchificación, con ausencia de servicios básicos.
  • Deterioro consecuente de la gobernabilidad, incremento de la violencia social, la delincuencia, y aumento de la abstención y la apatía, mostrando un claro desinterés de los sectores excluidos social y económicamente del simple ejercicio de un voto en una democracia vacía de bienestar.

Esta es la condición que Hugo Chávez hace de punto de partida de su plan de reivindicación de los excluidos y su llamado a una recomposición del poder para resolver el déficit de bienestar humano mediante cuatro grandes líneas de política:

  • la ampliación de la educación en los sectores pobres mediante las misiones educativas
  • la ampliación de la salud y especialmente la prevención y la atención primaria en las misiones barrio adentro
  • incremento del empleo mediante la ampliación de la burocracia publica
  • el mejoramiento del ingreso real mediante una amplísima transferencia de rentas públicas a los pobres, mediante misiones como mercal, alimentación popular.

Esto le ha conferido al gobierno una base de sustentación muy amplia y una relación estado-sociedad relativamente sólida en la cual la gobernabilidad se sostiene con represión selectiva, formalidades democráticas, solo amenazada por el creciente malestar y la violencia social.  Estos 12 años, han sido el tiempo de un proyecto fallido de redistribución sostenible del ingreso. Esto no es posible estatizando la vida social, la economía y territorio.

 

El socialismo de Hugo Chávez de cara al 2012.

Hugo Chávez y su régimen convocan a fortalecer un proyecto socialista con una narrativa que incluye los siguientes componentes; en lo político, el Estado Comunal (que recoge la idea del poder en manos de los excluidos y pobres y de la clase militar que lo asegura), en lo social, Poder Popular como fórmula de democracia directa, de participación con elementos de distribución hacia la base comunitaria mediante la gestión participativa de algunos servicios y obras públicas menores, pero que en el fondo es poder centralizado, Economía Social con alto control por el estado no solo en las líneas macroeconómicas sino también en la microeconomia, en la política de oferta y de demanda, dejando arrinconado al sector privado, En lo territorial con un planteamiento de reorganización del espacio sobre la Comuna Socialista, la ciudad comunal y los Distritos Motores de Desarrollo, dejando también arrinconado al tradicional sector geopolítico de los gobernadores y alcaldes.  Este modelo se alimenta además de un discurso sobre una Ética social del “hombre nuevo” lleno de todas las virtudes.

 

UNA TEORÍA DEL DESARROLLO PARA CONSTRUIR UNA ALTERNATIVA.

Hemos señalado que solo con una amplia base social y una estrategia política adecuada, podemos recuperar la democracia plena y enrumbar al país por la senda del bienestar.

Lo que nos planteamos es el diseño de una estrategia para ampliar la base social con un proyecto más poderoso que el socialismo de Chávez. En  su formulación recurrimos a la concepción teórica más coherente en la actualidad sobre el desarrollo humano que superando la visión economicista y funcionalista de los procesos sociales, enfoca en el bienestar y la felicidad los fines últimos del desarrollo. El mejor exponente de esta teoría ampliamente reconocida en el mundo actual, es Amartya Sen, quien postula que el desarrollo es la conquista y ejercicio de los derechos humanos lo cual se logra mediante el empoderamiento social, la construcción de capacidades y libertades entendidas estas no en la concepción liberal, sino como libertades de elección, de opciones para que la gente decida su felicidad,  una vez que se han superado los límites de la pobreza absoluta.

Los institucionalistas, entre ellos Douglas North,  postulan que el desarrollo de una economía lo promueven, siempre, los actores de una sociedad que tiene una cultura y formas y mecanismos propios de organización. El nuevo pensamiento institucional argumenta que la relevancia estratégica de las instituciones en los procesos de desarrollo reside en que permite reducir los costes de transacción y producción, aumenta la confianza entre los actores económicos, estimula la capacidad empresarial, propicia el fortalecimiento de las redes y la cooperación entre los actores y estimula los mecanismos de aprendizaje y de interacción.

Otro autor, Putnam, plantea que la clave está en los recursos endógenos y especialmente en el capital social. El desarrollo encuentra la respuesta en tres factores: el grado de confianza existente entre los actores sociales de una sociedad; las normas de comportamiento cívico practicadas; y el nivel de asociatividad.

En el centro del problema está la ética social. Asi lo dijo Juan Pablo II en La Jornada Mundial por la Paz de 1998,  “Un signo distintivo del cristiano debe ser, hoy más que nunca, el amor por los pobres, los débiles y los que sufren. Vivir este exigente compromiso requiere un vuelco total de aquellos supuestos valores que inducen a buscar el bien solamente para sí mismo: el poder, el placer y el enriquecimiento sin escrúpulos

Los especialistas coinciden en plantear que se debe contar con una propuesta de desarrollo humano que busque el bienestar como concepto alternativo a la pobreza,  no como una acción complementaria sino como el eje de estructuración de la acción del estado para producir las capacidades, (educación, salud)  conectadas con un planteamiento económico que asuma desde la responsabilidad compartida la búsqueda de mecanismos de productividad y de distribución de riqueza.

La pobreza, la exclusión social y la informalidad, son tres elementos que conforman un triángulo en expansión del que no resulta fácil salir. Un Estado con prácticas que contienen vestigios de corrupción e indiferencia, el sector privado débil y con escasa practica de su responsabilidad social, organizaciones del tercer sector muy frágiles, medios de comunicación oligopolizados y la poca participación de la sociedad en general, presentan hoy una Nación vulnerable.

Aunque los paradigmas vigentes en el mundo mantienen una situación de inequidad que se agranda, existen sin embargo grupos de personas y organizaciones que, iluminados por un espíritu ético, han hecho aportes significativos al conocimiento de estrategias de trabajo en el sector informal de la economía, las cuales pueden hoy utilizarse como insumos para la elaboración de propuestas que generen oportunidades económicas más estables y potencien vínculos sociales en pro de una mejor distribución de la riqueza.

Este discurso debe partir de un estudio riguroso de la situación nacional, de un análisis de la coyuntura, y de la aplicación de un marco teórico y metodológico apropiado a los fines del proyecto, desgranado de las recientes teorías del desarrollo humano y el bienestar, (Sen) de las nuevas tesis sobre política, gobernabilidad y gobernanza, (Mayntz, Putnam, Sartori, Mainwaring, Prats) de las recientes elaboraciones sobre la economía de oferta para resolver el quid de la productividad y la equidad, (Przeworski, Coppedege, Arias, Legorini, Yamada) de la concepción sobre territorio como categoría sociopolítica (Maragal, Carrizosa, Montañez, Suarez).

Hoy comienza a vislumbrarse, aunque con poca claridad, caminos alternativos de incorporación paulatina al aparato productivo local, se presentan nuevas propuestas y desafíos de parte del gobierno, de la sociedad civil y de sectores empresarios que comienzan a involucrarse en la incipiente responsabilidad social ciudadana y empresaria. Aparecen experiencias de corta data que demuestran la potencialidad del desarrollo local cuando la participación de los actores de la población es comprometida. La sistematización y adecuación de metodologías exitosas a nivel mundial, regional y local, articulando esfuerzos de las esferas gubernamentales, privadas y del tercer sector, pueden significar una herramienta válida en la lucha contra la desocupación y la pobreza. Grandes tareas, a saber,  democratizar el mercado, poner el Estado al servicio de grandes objetivos nacionales de desarrollo y democratización, y construir un sector de economía popular de solidaridad y trabajo para superar la pobreza y la marginación.

En resumen la teoría nos señala que la vía es la de educar, promover el desarrollo local, redimensionar el aparato del, compartir las responsabilidades.

 

LA PROPUESTA Y SU EXPLANACIÓN

El Tren es un movimiento cívico conformado ante la necesidad de apoyar el proceso de reconstrucción nacional. Tal tarea le corresponde en primer lugar a los líderes políticos, a los gobernantes, pero de manera compartida también a las empresas y sus gerentes y a la sociedad civil, tal como las universidades, las iglesias, los medios de comunicación, los líderes deportivos, los artistas y todos quienes tienen un papel destacado en el modelaje y la educación mediática.

Lo que se propone es un proyecto de país que centre en el Desarrollo Humano una propuesta de Bienestar que afronte con valentía y jerarquía la educación, la cultura, la investigación, y la mejora profunda de la salud para construir las capacidades, las cuales se deben explayar en un marco de democracia de ciudadanos como forma de vida. Como señala Bordieu,  la democracia, solo accesoriamente es una forma de gobierno. En el fondo, es una filosofía, una religión, una manera de vivir, un estilo de relaciones humanas que rotula una enorme variedad de fenómenos.

En otras palabras, la idea democrática transciende sus modos de realización. Es una exigencia, que hasta ahora, no ha sido satisfecha plenamente. Las realizaciones así llamadas democráticas que conocemos, son apenas satisfacciones contingentes y provisionales. Con el agravante de que la misma idea democrática ha venido evolucionando con el decurso imparable del tiempo, que afecta tanto a las creencias como a las instituciones.

La democracia ha sido sucesivamente comprendida -y aplicada- como un instrumento de la libertad, como un instrumento de la justicia y como un ingrediente del bienestar. Estas interpretaciones corresponden a momentos diversos de la evolución política y económica de la sociedad, y no se excluyen entre sí. Pudiéramos más bien decir que el proceso democrático es acumulativo y no se realiza por mutaciones ni saltos.

Burdeau afirma: Sería, pues, inexacto decir: la democracia fue primero libertad, después justicia, y después bienestar. Lo verdadero es que si, en un primer tiempo, la democracia fue sin duda una búsqueda de la libertad, los hombres la han entendido a continuación como que es la libertad más la justicia, y, finalmente, como la libertad más la justicia más el bienestar.

Esta democracia requiere un modelo de economía de libertad, en el cual los derechos de la persona humana permitan la expansión de fuerzas productivas. Este modelo de desarrollo humano requiere una expresión concreta en la economía de desarrollo local en el cual lo endógeno (el territorio, el capital humano y sobre todo, el capital social) sean la base de los procesos de formalización, de incremento del empleo redistribuidor de la riqueza y de formas sostenibles de producción competitiva con referencia global. En el plano político, la sociedad debe permitir una redistribución del poder en el cual, las fuerzas locales y regionales accedan a las condiciones y capacidades para expresar sus potencialidades. Este Estado debe dentro de la unidad nacional asentarse en la más amplia redistribución del poder lo cual solo se concibe en un estado federal autonómico, con amplia redistribución de competencias y recursos para en forma cooperativa, de solidaridades territoriales permitan el desarrollo humano sobre la base de la conquista del bienestar general y la felicidad de todos los venezolanos.

El resumen de la propuesta y el contenido de una Narrativa de Proyecto País incluyen las ideas centrales de TREN que han sido formuladas en una amplia discusión en todo el país y con diversos sectores activos de la sociedad, en la academia, en la nueva fuerza sindical, en el empresariado, en la juventud, en las vecindades y las parroquias, hombres y mujeres preocupados por un destino de bienestar y libertad. Estas son las ideas que resumen la visión compartida del TREN VENEZUELA.

En los encuentros de los operadores del Tren con líderes sociales en muchas partes de la geografía, se han logrado identificar estrategias para salir adelante. 1. Lo primero es reconocernos entre todos, y luego incluirnos pues aquí todos sumamos y todos hacemos falta. 2. Desde una perspectiva unitaria en torno al propósito de construir un proyecto compartido de país, consideramos que hay que triangular. Que 1+2 es 3, que no es ni el pasado ni el presente, sino el futuro y que hay que compartir ideas no ideológicas para abordar los grandes problemas. 3. Lo que a todos afecta a todos nos cuesta, y todos debemos participar, no solo para ejercer los derechos soberanos de cada venezolano sino también y sobre todo para cumplir con nuestra responsabilidad ciudadana. 4. Debemos oírnos, de tal que hagamos de las redes sociales presenciales nuestro principal medio de comunicación. 5. Y cuando decimos presenciales pensamos en la comunidad y en la ciudad. El país es la integración de ciudades así como las ciudades son integraciones de familias y comunidades. Hagamos de la ciudad el centro de la acción pública. 6. Y por último hagamos planes entre todos, pues todos podemos pensar en lo común.

 

Existen varios nudos gordianos que hay que desatar.

El primero es la violencia y la inseguridad que le corresponde. Cambiarlas por paz y seguridad. Abordar los problemas de la violencia institucional, civilizar y desarmar la cosa pública, acabar con la impunidad, recuperar la justicia y la credibilidad en ella, y al final tener la capacidad de usar el monopolio de la violencia del estado solo como el medio auxiliar de una ética social de la convivencia, del respeto, de la honestidad, de la diligencia.

El segundo es la pobreza que hay que mutar en bienestar, no con propuestas complementarias, compensatorias, transicionales, provisionales. La pobreza solo se resuelve con capacidades, con salud y voluntad. Hay que reorganizar la estrategia pública desde la educación como eje transversal. Recuperar integralmente al sistema educativo, la educación en valores de la familia, la educación escolar para la prosperidad y el futuro y la educación social para la vida trascendente. Necesitamos fortalecer la familia venezolana, necesitamos fortalecer la educación escolar básica y la educación para el trabajo. La calle y el espacio público deben cumplir función educativa.

Sin salud, no hay vida. El estado debe garantizar la vida sana. Se requiere jerarquizar la acción pública para garantizar la prevención de la salud, su mantenimiento, la seguridad social para la vida. No podemos conformarnos con proyectos compensatorios que solo rodean el problema de la atención primaria, y de la recuperación de la salud sin resolver el fondo del problema. No son buenas las misiones que no alcanzan su misión. Hay que hacer salud de calidad.

 

El tercer nudo es el estancamiento económico, el desempleo y el costo de la vida. El rentismo y la ineficiencia. Necesitamos productividad y empleo de calidad, con prestaciones y seguridad, con estabilidad laboral y capacidad de ascenso. Hay que recuperar la economía con la libre iniciativa, respetar la propiedad, abrir mercados, lograr calidad y eficiencia para resolver el costo de la vida. Hay que abrir caminos a la formalización del aparato productivo, al emprendimiento, a las titularidades para que todo ciudadano sea un emprendedor.

 

El cuarto nudo es el desorden y las carencias en la ocupación del territorio y el acceso sustentable al hábitat para todos. Hay que urbanizar y civilizar la ciudad, desarrollar la vivienda, el agua, la energía, la movilidad y el espacio público. Hay que hacer ciudades desde las ciudades. Ciudades inclusivas, ciudades educadoras, ciudades de progreso. Hay que parroquializar las ciudades con perspectiva global, hay que localizar la globalidad.

 

El quinto nudo es el autoritarismo y la injusticia. Sustituirlo por democracia ciudadana. Por democracia como filosofía de la vida, como justa y balanceada formula de resolución de diferencias, de tolerancia y equidad. Democracia para que la sociedad pueda hacer control social sobre el Estado, democracia como forma de gobierno de consensos de acuerdos entre diferencias y diversidades, con respeto por las minorías y en particular por la menor de las minorías que es el individuo y los derechos humanos. El fin último del desarrollo es el ejercicio pleno de los derechos de la persona. Es indispensable la restitución plena del Estado de Derecho, la garantía de justicia, el fin de la impunidad y la discrecionalidad. Reconstruir el sistema de partidos desde la democracia interna y su compromiso con la ciudadanía.

 

El sexto nudo es el centralismo y la concentración del poder. Hay que impulsar un estado federal autonómico con nueva estatalidad y nueva fiscalidad que permita que el municipio y el estado regional, puedan asumir desde la proximidad, el abordaje eficiente y transparente de la gestión pública. Sera necesario analizar el sistema tributario y especialmente de la renta petrolera. Hay que romper el espinazo a las pretensiones homogeneizantes para reconocer la venezolanidad desde la diferencia, la heterogeneidad y la especificidad del gentilicio.

 

Estas conversaciones que hemos logrado entre miles de ciudadanos queremos que sea conocida y que invite a millones a discutirlas en una reflexión colectiva. Para ello pensamos en los micros como medio para servir de pepe grillo, de campanada para llamar la atención sobre lo común y la responsabilidad social, para lograr cambios de actitudes desde la información y la educación ciudadana.

También pensamos en programas de tv que puedan ser seguidos de manera interactiva por las comunidades.

 

UNIDOS POR LA VENEZUELA QUE QUEREMOS

Las ideas que el Tren ha logrado sintetizar en las discusiones en todo el país, con todos los sectores consultados se resumen en

  1. Unidad nacional sobre una firme ética social. Necesitamos re-unirnos, re-hermanarnos con el espíritu vino tinto para lograr una Venezuela de Seguridad Ciudadana, Seguridad Jurídica y Estado de Derecho,  edificado en fuertes valores de la moralidad, la espiritualidad y las buenas costumbres de la bonhomía venezolana.
  2. Autonomías federales. La  Federación de Autonomías como alternativa al centralismo y avenida para la distribución del Poder y el fortalecimiento de la democracia ciudadana.
  3. Primero la gente. El Plan de Desarrollo para el Bienestar, camino para superar la pobreza de manera estructural mediante la jerarquización de la educación, la salud y la seguridad social.
  4. Productividad y empleo. La Alianza por la Productividad y el Empleo formal entre los líderes sindicales, empresariales y gobierno, para impulsar una economía de empleo con bases de responsabilidad y equidad.
  5. Democracia de ciudadanía.  La Democracia de Ciudadanía, como estadio superior de la democracia participativa y de control social sobre el Estado de Responsabilidad Social
  6. La ciudad y el municipio para el desarrollo sustentable, recuperar nuestro espacio y hacer del municipio y la parroquia el espacio para ordenar el territorio, la calidad de la vida y el respeto por el ambiente

Finalmente postulamos la idea de promover un Compromiso Histórico entre todas las fuerzas democráticas, los partidos políticos, las instituciones académicas, los gremios empresariales, los gremios sindicales, las distintas expresiones de la sociedad civil, para garantizar el triunfo de la democracia y la gobernabilidad en el periodo de la transición para la reconstrucción de la nación.

Abordemos juntos este tren del futuro para que con una unidad nacional podamos alcanzar el destino de una patria grande donde logremos la plenitud del desarrollo humano y la felicidad de nuestros hijos

Carmelo Ecarri, miembro del equipo conductor de Tren Venezuela

Valencia, agosto de 2011

De la estética a la manipulación


Teódulo López Meléndez

Es evidente que los recursos que llamaremos estéticos forman parte del juego político contemporáneo tanto en la personalización, dramatización y puesta en escena. Si algún gobierno ha recurrido al teatro ha sido el de Hugo Chávez. Baste mirar el manejo de su enfermedad y su utilización con propósitos de reforzamiento del régimen. Hemos visto desde ancestrales prácticas africanas hasta apariciones donde el líder se hace mártir, desde uso abusivo de los medios oficiales para destacar tales prácticas y banalidades como su ascenso irrefrenable en número de seguidores en Twitter.

Si bien han sido considerados distantes estética y política han mantenido una relación en el campo filosófico, como lo comenzó atestiguando Platón hasta los más cercanos Walter Benjamin o el propio Nietzsche. Hay vinculaciones de términos, pues vemos dramatización, simulacros, hedonismo y narración en la actual praxis política. Podemos decir que el proceso político viene falsificado de esta manera, pues se construye una máscara al candidato, una de efectismo forjador de opinión. Hay un espacio mediático de conformación de una cultura de masas. La televisora se parcializa acomodando lo relativo a su aspirante favorito o se presenta una noticia como clave que lleva a la confusión entre espectáculo dramático y quehacer político. Es lo que hemos denominado la política como espectáculo, protagonizada por el actual presidente y desde el otro lado por quienes aseguran defender la libertad de expresión.

Kant definió a la estética como un conjunto de juicios que se realiza a partir del sentimiento y es por tanto subjetiva. Cuando no se tienen criterios o reflexión para juzgar el espectáculo es convertido en la única realidad real. Cuando cohabitan sentimientos y reflexiones la estética es campo de sentir consciente, como debería serlo la política. Toda estética que excluya la dimensión crítica conduce a la decisión sin reflexión. Jacques Rancière, en su magnífico libro El espectador emancipado, traza un cuadro inestimable sobre la función del espectador colocado como punto central entre la estética y la política.

Él lo llama la paradoja del espectador, lo que lleva a concluir con una aparente obviedad, no hay teatro sin espectadores. Esto es, si los ciudadanos no estuviesen centrada su atención en el espectáculo que se le ofrece el teatro mismo caería. Rancière nos recuerda que se mira al espectáculo y mirar es lo contrario de conocer. Lo que se nos muestra es una apariencia y frente a ella el espectador no actúa. Este pathos, de símiles entre estética y política, nos muestra al ciudadano inerme, uno que pone en las tablas la auto-división del sujeto debido a falta de conocimientos y de información. En el teatro propiamente dicho hay dos singulares rupturas, uno practicado por Brecht y otro por Artaud. En el escenario de la política estamos viendo el paso de espectadores a actores, como en España con los indignados o en los pueblos árabes con sus alzamiento contra dictaduras de décadas.

Los espectadores transformados tienen que aprender a moverse a ritmo comunitario y determinar el montaje de la obra. A la política no se puede asistir como al teatro, a ocupar una butaca y permanecer en silencio mientras la obra se desarrolla. En la democracia se nos ha impuesto una estética de manipulación. En las dictaduras una de aplanamiento. En las tablas se distinguió entre la verdadera esencia del teatro y el simulacro del espectáculo. En la democracia hay que distinguir entre la representación que nos ofrece el poder y quienes quieren sustituirlo por una imposición colectiva donde todos actúan. Como diría Artaud, hay que devolverle a la comunidad la posesión de sus propias energías.

Si en alguna parte hay que volver a imbricar estética y política es en Venezuela porque aquí la política pasó a ser espectáculo, fundamentalmente por el uso indiscriminado de las cadenas nacionales de radio y televisión y porque el régimen tiene una estética que produce la inmediata atención de los espectadores que no le son afectos. No asisten, es cierto, como silenciosos espectadores, puesto que protestan en las redes sociales –el nuevo escenario- de una forma y manera que complace a los libretistas dado que en el guión original estuvo siempre incluida esa forma de protestar ajena a toda acción. Del otro lado, en quienes se encerraron en sus camerinos en seguimiento de una sola propuesta -la vía electoral para sustituir libretistas y actores- la actuación se asemeja más a Beckett dado que toda su actividad se limita a esperar a Godot.

Este teatro venezolano, que llamamos así por respeto a la estética, pero que más asemeja a un circo de función continua, conduce a la pérdida de toda autenticidad social. Guy Debord, cuyas tesis no desconoce Derrière, insiste en el problema de la contemplación mimética, un mundo colectivo cuya realidad no es otra que la desposesión. Lo que resume en su magnífica frase “el hombre            cuanto más      contempla,       menos  es”.

En este indudable bosque de signos uno lee en Derrière que todo comienza cuando ignoramos la oposición entre mirar y actuar y cuando tomamos claridad de que lo visible no es otra cosa que la configuración de la dominación. Y agrega: “el principio de la emancipación es la disociación entre causa y efecto”. Y para seguir con el teatro suprimir esa exterioridad es el telos de la performance. El poder de la gente consiste en la capacidad de traducir lo que está mirando. Una vez traducido podrá cambiarlo pues habrá captado toda la manipulación.

teodulolopezm@yahoo.com

 

 

Libro: Guerras climáticas: por qué mataremos (y nos matarán) en el siglo XXI


El sociólogo alemán Harald Welzer plantea una tesis sobre las consecuencias climáticas de la “brutalidad” con que Occidente busca saciar su hambre. En este fragmento, la guerra y colonización de Africa

Un sonido metálico a mis espaldas me hizo volver la cabeza. Seis negros avanzaban en fila, ascendiendo con esfuerzo visible el sendero. Caminaban lentamente, el gesto erguido, balanceando pequeñas canastas llenas de tierra sobre las cabezas. Aquel sonido se acompasaba con sus pasos. [?] Podía verles todas las costillas; las uniones de sus miembros eran como nudos de una cuerda. Cada uno llevaba atado al cuello un collar de hierro, y estaban atados por una cadena cuyos eslabones colgaban entre ellos, con un rítmico sonido.

Esta escena, que Joseph Conrad describe en su novela El corazón de las tinieblas , transcurre durante el florecimiento del colonialismo europeo; desde la perspectiva actual, hace más de cien años.

La despiadada brutalidad con la que los países de industrialización temprana buscaron por entonces saciar su hambre de materias primas, tierras y poder, una brutalidad que dejó su marca en los continentes, ya no puede leerse a partir de las condiciones actuales de los países occidentales. El recuerdo de la explotación, la esclavitud y el exterminio cayó víctima de una amnesia democrática, como si los estados occidentales hubiesen sido siempre como lo son ahora, a pesar de que tanto su riqueza como la superioridad de su poder se construyeron sobre la base de una historia sangrienta.

En lugar de ello, estos países se enorgullecen de haber inventado los derechos humanos, de respetarlos y defenderlos, practican la corrección política, se comprometen con las causas humanitarias cada vez que una guerra civil, una inundación o una sequía en Africa o en Asia despojan a la gente de la base de su supervivencia. Deciden realizar intervenciones militares para propagar la democracia, olvidando que la mayoría de las democracias occidentales se apoyan sobre una historia de exclusión, limpieza étnica y genocidio. Mientras que la historia asimétrica de los siglos XIX y XX se inscribió en el lujo de las condiciones en las que viven las sociedades occidentales, muchos países del Segundo y del Tercer Mundo cargan con el peso de esa historia que por entonces les dejara su legado de violencia: muchos países poscoloniales jamás llegaron a alcanzar un carácter de estados estables, y mucho menos bienestar; en muchos estados, la historia de explotación continuó bajo distinto signo, y en muchas de estas sociedades frágiles no se advierten indicios de mejoras, sino de un deterioro cada vez más profundo.

El calentamiento global, producido como consecuencia del hambre insaciable de energías fósiles en los países de industrialización temprana, afecta con máxima dureza a las regiones más pobres del planeta; una ironía amarga que se burla de cualquier expectativa de una vida justa. En la página 6 de este libro se reproduce la foto del buque correo “Eduard Bohlen”, cuyos restos llevan casi cien años cubiertos por la arena del desierto de Namibia. Este buque tiene un papel pequeño en la historia de la gran injusticia. El 5 de septiembre de 1909 quedó atrapado en la niebla y encalló frente a las costas de ese país, que por entonces se llamaba África del Sudoeste Alemana. Hoy, sus restos se hallan doscientos metros tierra adentro; el desierto fue avanzando cada vez más hacia el mar. El “Eduard Bohlen” integraba la flota de la Woermann-Linie, una compañía naviera de Hamburgo, y desde 1891 navegaba regularmente como buque correo hacia África del Sudoeste. Durante la guerra de exterminio que emprendió la administración colonial alemana contra los herero y los nama, se convirtió en un buque de transporte de esclavos.

En esa guerra genocida, la primera del siglo XX, no sólo murió gran parte de la población nativa de África del Sudoeste; también se establecieron campos de trabajo y campos de concentración, y los prisioneros de guerra eran vendidos como trabajadores esclavos. […]

Esta guerra de exterminio no sólo fue un ejemplo de la brutalidad de la violencia colonial, sino que constituyó un anticipo de los genocidios posteriores: con sus intenciones de aniquilación total, con sus campos, con su estrategia de exterminar mediante el trabajo. En aquel entonces, todo esto aún podía relatarse como una historia de éxitos; en 1907, el Departamento I de Historia Militar del Gran Estado Mayor del Ejército informaba con orgullo que no se habían escatimado los esfuerzos, las privaciones para despojar al enemigo del último resto de fuerzas para resistir; éste iba siendo ahuyentado de un puesto de agua a otro como un animal salvaje moribundo, hasta que cayó por fin, convirtiéndose en víctima involuntaria de la naturaleza de su propia tierra. La región de Omaheke, carente de agua, terminaría lo que habían empezado las armas alemanas: el exterminio de la tribu de los herero.?

Esto ocurrió hace cien años; desde entonces han cambiado las formas de violencia, pero sobre todo la manera en que se habla de ella. Son contados los casos en los que Occidente ejerce la violencia directa contra otros países; hoy las guerras son emprendimientos que incluyen grandes cadenas de actuaciones y numerosos actores; la violencia se delega, se transforma, se vuelve invisible. Las guerras del siglo XXI son posheroicas; parece como si se libraran a regañadientes. Y tras el Holocausto, hablar con orgullo del exterminio de pueblos se ha vuelto imposible.

Hoy, el “Eduard Bohlen” yace en la arena, oxidándose; quizás algún día, ante los ojos de un historiador del siglo XXII, el modelo de sociedad occidental en su conjunto, con todas sus conquistas de democracia, sus libertades constitucionales, su liberalidad, su arte y su cultura, parezca encallado tan fuera de lugar como este buque de esclavos que ahora nada en el desierto, un curioso cuerpo extraño proveniente de otro mundo. Si es que en el siglo XXII sigue habiendo historiadores.

Justo ahora que triunfa globalmente y que hasta los países comunistas y aquellos que hasta hace poco lo eran han caído bajo el influjo de un estándar de vida con automóvil, pantalla plana y viajes a lugares lejanos, este modelo de sociedad que tan impiadosamente exitoso supo ser a lo largo de un cuarto de milenio está llegando al límite de su funcionamiento, un límite con el que prácticamente nadie habría contado en estos términos. La sed de energía de los países industrializados ?y cada vez más, también, la de los países emergentes? provoca emisiones que amenazan con hacer que el clima pierda el compás. Las consecuencias ya pueden advertirse en la actualidad, pero son impredecibles para el futuro; lo único cierto es que el consumo ilimitado de las energías fósiles no puede continuar indefinidamente, y que el fin no estará dictado por el agotamiento de los recursos, como se pensó durante mucho tiempo, sino por lo incontrolable de las consecuencias de su combustión.

La Tierra es una isla

Pero el modelo occidental está llegando a su límite no sólo porque el impacto que la contaminación genera en el clima se volverá incontrolable, sino también porque una forma de economía globalizada que apuesta al crecimiento y a la explotación de los recursos naturales jamás puede funcionar como principio universal. Por lógica, una economía así sólo puede funcionar si el poder se acumula en una parte del mundo y se aplica en la otra; su esencia es particularista, no universal: no es posible que todos se exploten unos a otros. Dado que la astronomía aún no puede ofrecer planetas colonizables a una distancia que esté a nuestro alcance, no se puede evitar llegar a la triste conclusión de que la Tierra es una isla. No habrá otro lugar adónde ir una vez que se hayan agotado las tierras y arrasado los campos de materias primas.

El problema es que como se están agotando los recursos para la supervivencia, al menos en algunas regiones de África, Asia, Este de Europa, América del Sur, el Ártico y los países isleños del Pacífico, cada vez más personas contarán con una base menor para asegurarse la supervivencia. Y es evidente que esto llevará a conflictos violentos entre todos los que pretendan alimentarse de una única porción de tierra o beber de la misma fuente de agua que se agota, como también es evidente que dentro de un tiempo no muy lejano será difícil distinguir razonablemente entre los refugiados climáticos y los refugiados de guerra, porque las nuevas guerras están condicionadas por el clima y las personas huyen de la violencia. Como tienen que quedarse en algún lugar, se desarrollan nuevas fuentes de violencia: en los propios países, en los que no se sabe qué hacer con los refugiados internos, o en las fronteras de los países a los que pretenden emigrar, donde no son en absoluto bienvenidos.

Este libro analiza la relación entre el clima y la violencia. En algunos casos, como el de la guerra en Sudán, la relación es directa, casi palpable. En muchos otros contextos de violencia actual y futura ?guerras civiles y permanentes, terror, inmigración ilegal, conflictos de fronteras, disturbios y levantamientos?, la conexión entre los efectos del clima y los conflictos ambientales se establece sólo de modo indirecto, y sobre todo de un modo tal que el calentamiento global acentúa las desigualdades globales en las situaciones de vida y las condiciones de supervivencia porque afecta a las sociedades de un modo muy dispar.

Pero más allá de si las guerras climáticas constituyen una forma directa o indirecta de resolver los conflictos en el siglo XXI, lo cierto es que la violencia en este siglo tiene mucho futuro. Este siglo será testigo no sólo de migraciones masivas, sino también de la resolución violenta de problemas de refugiados, no sólo de tensiones en torno de los derechos de agua y de extracción, sino de guerras por los recursos.

TEXTUALES

  • “En el futuro, los Estados Unidos y Europa deberán protegerse de manera más efectiva del millonario aluvión de migrantes ilegales que, se teme, habrá a causa del cambio climático: el hambre y los problemas de agua, guerras y devastación se encargarán de ejercer una presión difícil de calcular sobre las fronteras de las islas de bienestar que constituyen Europa Occidental y América del Norte.”
  • “Las catástrofes sociales del siglo xx han demostrado a las claras que las limpiezas étnicas y los genocidios no constituyen en absoluto desviaciones del sendero de la Modernidad, sino que más bien surgen como posibilidad sólo a partir de los desarrollos sociales modernos”

Colombia: Democracia sin partidos


Por Augusto Trujillo Muñoz

Entre el presente siglo y el anterior existe una inmensa diferencia, que tuve la oportunidad de mencionar en reciente diálogo universitario: En el pasado los cambios eran imperceptibles por lo lentos, mientras hoy son imperceptibles por lo rápidos.

El aserto tiene que ver fundamentalmente con ciertas tesis acuñadas por la modernidad, que se volvieron indiscutibles a partir del siglo xix. Una de ellas supone que sin partidos políticos no funciona una auténtica democracia. Tal afirmación podría ser válida en una sociedad más o menos homogénea y, sobre todo, en regímenes parlamentarios, pero carece de validez en esta América ibérica.

Dicha tesis está asociada con otra, que acabo de leer en la última columna publicada en este diario por el profesor Rodolfo Arango –un hombre de ideas, valioso como pocos- según la cual la democracia colombiana está en ruinas por causa de la crisis de los partidos políticos. Si bien el país necesita una reforma política y del sistema electoral para garantizar transparencia en la actividad pública, me temo que el problema va más allá de la crisis de los partidos. Estamos en un momento en que es necesario privilegiar sobre la de democracia con partidos políticos, la democracia con la gente, es decir, con los ciudadanos.

El pensamiento moderno encontró en la idea de la representación una respuesta al funcionamiento democrático en medio de su constructo, que separaba la sociedad y el estado. Hizo al representante irresponsable políticamente frente a sus representados, consecuente con toda una serie de abstracciones necesarias para justificar los nuevos paradigmas institucionales, comenzando por el estado-nación.

Pero el siglo xxi- que a mi juicio se inició con los años noventas- trajo consigo la pluralidad social y, en esa medida, superó la idea moderna de una ‘democracia unificadora’, según la denominación de Arend Liphart. En sociedades plurales la representación se fragmenta tanto que afecta no sólo el funcionamiento de los partidos sino del congreso. Por lo tanto es preciso matizar la idea de que los problemas de nuestra democracia obedecen a la crisis de los partidos.

La crisis de los partidos se debe –entre otras razones- al tránsito que se ha dado de la democracia tradicional hacia una democracia de participación. Es apenas obvio que si los ciudadanos se pueden representar a sí mismos, no van a demandar ni a necesitar de otro que los represente. Claro, la democracia participativa es más fácil de ejercer en comunidades pequeñas y con gobiernos de proximidad. Por eso la contrapartida de una economía globalizada, es una política localizada. No sin razones la constitución del 91 estableció al municipio como entidad fundamental del estado.

Pero la idea clásica de que la entidad fundamental del estado es la nación, neutraliza al pensamiento moderno frente a la idea de la participación, incluso en los niveles locales. Mantiene su ideal representativo, cuya eficacia no está probada más allá del parlamentarismo. Cuando las sociedades son tan desiguales y tan excluyentes como la nuestra, es preciso abrirse hacia el mencionado tránsito conceptual o estaremos suplantando la democracia por la partidocracia. Este cambio se ha venido operando con tanta rapidez que, por eso mismo, nos resulta imperceptible.

Ex senador, profesor universitario.

atm@cidan.net

 

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