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Democracia siglo XXI

mes

febrero 2013

La campaña electoral de los fantasmas

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Teódulo López Meléndez

El improperio contra el “paquetazo neoliberal” suena estridente en el discurso transmitido por los medio oficiales. Se ataca a alguien, no se sabe muy bien a quién, pero se ataca no se sabe a que “paquetazo”. Las “cuñas” de televisión muestran al presidente y sus bondades, como si el presidente se estuviese reeligiendo. Se entremezclan las publicidades y uno no sabe, ignorante como es, de qué campaña se trata y menos de que candidato.

Se anuncia que se recorrerá el país y se proclama se ha “raspao” a dos vicepresidentes. Se anuncian reuniones, se manifiestan preferencias sin manifestar preferencias, se asoman aspirantes sin asomar aspirantes. Se juega al lenguaje fuerte, como si el lenguaje fuerte produjese votos y no la comprensión del país existente.

Se anuncia como tranquilizante que no habrá ruptura, que la mesa no perderá una pata, que quien sea el elegido contará con todos. Ese tranquilizante huele a podrido, esa reiteración sólo quiere dejar claro que el ungido de ayer no es el ungido de hoy. Estar a estas alturas tranquilizando con esa banalidad de que habrá candidato único es un tranquilizante banal de hoy.

Se asegura que la oligarquía prepara un golpe. Se reitera en los alrededores del 27 de febrero, la fecha trágica del “caracazo”. Se inventan conspiraciones, se advierte que no se puede estar reposando mientras la derecha maquina en las profundidades oscuras de su tumba. Se abre una cacería para tener opciones a la hora de meter a alguien preso y reiterar que no se cede, que no habrá debilidades soltando presos, que la fortaleza recae, como siempre, en la amenaza y en la ejecución de algunas de ellas.

Hay una campaña electoral fantasma. Los fantasmas están en campaña electoral. Los candidatos son fantasmas. La situación del país es fantasmagórica. La política venezolana es un asunto de fantasmas. Aquí se baila una danza de fantasmas.

Esto es fantasmilandia. Nadie tiene la menor idea de cuando esta campaña fantasmal será real, de cuando será la fecha real de la campaña, de cuando procederán los dueños del poder a someternos a otra elección, esto es, de cuando esta campaña fantasma ratificará su condición de fantasmal.

En el mundo de los fantasmas no hay tiempo que apremie. Los fantasmas suelen ser burlones, irreverentes, gozones. Entre los fantasmas siempre es tiempo de campaña electoral. Las revoluciones deben estar siempre en permanente agitación, desafiando enemigos, amenazando con procesos judiciales, y si no existen se inventan porque la revolución necesita de un enemigo.

Los adversarios de la revolución viven de elecciones. Requieren de una elección para advertirnos que el candidato será único y para que algunos candidatos declaren que no aspiran ser candidatos. Sin elecciones dejarían de ser fantasmas. No tienen otro tema de que ocuparse sino de las elecciones. A un país de fantasmas lo único que le interesa son las elecciones fantasmales. Arguyen precaución para sumirse en la elección fantasmal, pero lo hacen repitiendo lo mismo de anteriores elecciones fantasmales. No se ocupan de un proyecto de país, de una concepción nacional, de una oferta competitiva. No, se ocupan de señalarse las fallas cometidas en la elección fantasmal anterior, porque todo se reduce a práctica electoral fantasmal.

Los muestreos de opinión se ocupan de la elección fantasmal. Esa es su especialidad y ejercen su función, algunos con seriedad y otros con evidente falsedad. Algunos muestran cifras impresionantes de cuáles serán los resultados, porque en elecciones fantasmales no hay mucho a dilucidar y menos si se entiende la verdad del país, pero automáticamente aparece el payaso -entre los fantasmas también hay payasos- a alegar a favor de alguno de los aspirantes y calificarlo como ‘sobrao”, no sabemos si para buscar rima con vicepresidentes “raspaos”.

Este país es una fiesta de fantasmas. Aquí sabemos que hay fiesta de fantasmas porque los fantasmas suelen ser ruidosos, ocultar bajo su manto transparente fechas y estados de salud, intríngulis y maniobrillas, mientras se lanzan en la campaña fantasmal contra adversarios fantasmas.

Este país es irreal. Asiste a la fiesta de los fantasmas y se hace  fantasmilandia.

@teodulolopezm

 

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La madre de nuestros males

Lobo_feroz

 

Por Antonio Limón López

 

Alguna vez todos los mexicanos, y esto quiere decir que sin excepción, nos hemos preguntado en medio de un profundo desasosiego ¿Cuál es el mayor mal nacional, cuál es la más insidiosa de todas nuestras debilidades, cuál nuestro peor defecto? ¿Cuál será nuestra mayor perversión o deformidad social? ¡Si! Por duros de entrañas o de sesera que seamos o por afortunados en la ruleta de la vida, todos nos hemos hecho esa pregunta al menos en una ocasión, otros nos la hacemos con frecuencia y seguramente habrá mexicanos sensibles y piadosos que la re formulen a diario.

 

Todos los días, cuando leo la sección editorial de los diarios o cuando escucho a nuestros políticos más ilustres proponer o justificar leyes o reformas, superficiales o estructurales, siento que sus palabras me dicen, a mí y a cualquiera que los lea o escuche, que van a resolver alguno de nuestros grandes problemas nacionales, sea el de la educación, el de la distribución de la riqueza, el de las  oportunidades para los necesitados, el de justicia para los ultrajados,  y así en un infinito  etcétera.

 

Estoy seguro que usted también ha escuchado, a linajudos caballeros y a señoras distinguidísimas exponer grandes soluciones para nuestros grandes males, los que son economistas coinciden al dejar en claro que el gran problema nacional es económico y que un par de ajustes, que por casualidad traen en la chistera, bastarán para poner a México y a nosotros en Jauja; Cuando son priistas o panistas o perredistas, argumentan sin que les tiemble la voz, que con votarlos a ellos todo será color de rosa; Cuándo son funcionarios dirán que con mayores facultades para ellos o para su jefe será suficiente, los ministros de la Suprema Corte pedirán mas dinero y plazas para sus protegidos; No solo es cuestión de funcionarios, los líderes de los comerciantes pedirán que les quiten de encima todos los trámites engorrosos, los automovilistas se conformarán con que se construya tal o cual vialidad o quiten tal o cual regla de tránsito o no se cobre la tenencia, cuando son intelectuales pedirán mayores presupuestos para el Sistema Nacional de Investigadores, para las amas de casa el mal está en los altos precios de todo, cuando son obreros la solución será que suba el salario, cuando se les pregunta a los reos pedirán buenos jueces y prisiones al menos soportables, cuando se les pregunte a los intelectuales snobs y exitosos pedirán que se legalicen las drogas y nuestros indígenas se conformarán con que les quiten de encima a los policías municipales, estatales y federales, para los narcos el problema mayor es la protección que las autoridades brindan a sus competidores. El mexicano cuando es ciudadano y elector pedirá que desaparezcan los partidos políticos, pero cuando se nos pregunta a cada uno de nosotros por el mayor mal de todos, no aquel que nos aqueja en lo particular, sino aquel que a todos nos lacera a todos, gritamos a coro nuestra respuesta: La corrupción.

 

Sin embargo es falso que el mayor de todos nuestros males sea la corrupción, simplemente es un mal entre todos los demás, un mal muy grave, pero no el mayor mal nacional, no es el mal de males, ni la madre de todos los males, ni el mal que realmente nos tiene en el pozo. El gran mal que padecemos y que produce a todos los demás, el mal que es padre de todos los males, que es la madre que pare a todos los demás es la simulación, la gesticulación. Por alguna maldición milenaria, los mexicanos desarrollamos este perverso mal, que seguramente ha inoculado a  otras sociedades del mundo, pero en México a diferencia del resto del planeta la simulación es la reina de los males, el mal primitivo, el mal primigenio del cual se derivan todos los restantes males endémicos.

 

Claro que los mexicanos simulamos casi por naturaleza, no me refiero a la simulación personal -esa con la que educamos a nuestros hijos y con la que vivimos en familia y con el círculo afectivo más cercano- esa la dejaremos para nuestra conciencia, solo nos concretaremos a la simulación de orden político, esa que practicamos cuando se trata de nuestras instituciones, esa que brilla en las cámaras de nuestras legislaturas y de nuestros tribunales, esa que practica cada mexicano cuando se dirige a la nación o a su cabildo, esa que resplandece en el seno de nuestros partidos políticos, esa que llena de contenido a los debates sobre los grandes temas nacionales, esa por la que aplaudimos a sabiendas de que aplaudimos una farsa, esa que se sublima en cada frase de nuestros economistas a sueldo o de cualquier dirigente o líder, esa misma que está en el centro de cualquier creación política nacional o la adaptación de cualquiera del exterior, esa que preside en cualquier sindicato sea de trabajadores o de patrones, esa que es el lugar común que permite a pandilleros apropiarse de las universidades públicas.

 

Simulamos desde que pretendimos ser una república que en realidad nunca hemos sido, simulamos cuando pretendimos ser además de república una federación, cuando en México reina el centralismo, desde que pretendimos ser una democracia sin serlo, cuando declaramos la separación de poderes que se encuentran en manos de lacayos, cuando adoptamos leyes de otros países pero para aclimatarlas las deformamos y degradamos, cuando somos candil de la calle con posturas que no practicamos dentro de México, cuando simulamos valores sociales y políticos que despreciamos y no existe oficio o profesión que escape a esta simulación generalizada, los contratistas que simulan ganar concursos públicos, los funcionarios que simulan equidad al resolver, los economistas que no creen en lo que proponen, ni los jefes policiacos, ni los legisladores, ni nuestros gobernadores creen en sus discursos, ni nuestros intelectuales son veraces y en todos los casos, por desgracia, los candidato simulan sistemáticamente y los electores aceptamos esa comedia electoral de cada tres o seis años.

 

La simulación engrasa mejor que la corrupción los ejes de nuestra carreta política, mueve mejor a los partidos, a los grandes medios de comunicación, a los funcionarios públicos desde los más modestos, hasta los que viven en la cumbre, la simulación se practica impunemente en cualquier pacto político, simula poderes legítimos que carecen de legitimidad, simulan a una democracia que no existe, a un federalismo de membrete, a una realidad que es simple ficción. En cuanto a lo real como el petróleo, el mayor recurso natural de que ha disfrutado la humanidad y que tuvimos en abundancia los mexicanos, la cosa fue y es dilapidarlo hasta que se acabe, vendiéndolo a precio de rebatinga mientras simulamos un debate sobre él, en cuanto a lo real que somos los más de 130 millones de mexicanos de carne y hueso, el asunto es que aguantemos hasta donde podamos, para que al final una minoría sobreviva con los vestigios que queden esparcidos.

 

No hay mal peor, ni más perverso que  la simulación, porque no proviene de afuera, sino de adentro de nosotros mismos, no de ese “nosotros” colectivo, sino de cada uno de nosotros como individuos, como personas. Los males sociales son el reflejo de nuestros males individuales, no podemos esperar, en general, tener políticos o gobernantes mejores que nosotros, tampoco debemos suponer que nuestros dirigentes estan infectados de un mal que exclusivamente los afecta a ellos y no a nosotros, por lo que para combatir a la simulación, a nuestra simulación, es una tarea personalísima, frente a nosotros queda solamente seguir simulando o .. dejar de hacerlo.

 

 

Las elecciones italianas

Audio de Teódulo López Meléndez

Bersani

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El regreso del padre

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Teódulo López Meléndez

En las sociedades que han adoptado un padre todo gira en torno del padre. Stalin era el padre de todas las Rusias, era el “marido” de “mamá” Rusia. A comienzo del siglo XX venezolano Juan Vicente Gómez era el “taita”, el padre protector que castigaba a sus “hijos malos” con el exilio, la tortura o los trabajos forzados, pero desde su aspecto bonachón “premiaba” al país con su presencia que transmitía seguridad, porque aquella sociedad necesitaba a un padre más allá de la bondad o de la maldad.

En psicología social se ha analizado como se gira en torno del padre, para amarlo u odiarlo, pero todo gira en torno del padre. Si el padre regresa, se duda del regreso. Si el padre está enfermo, se duda de su salud. Si el padre ha vuelto se celebra con cohetes. Si el padre ha vuelto la ausencia se asimila a un ínterin que fue necesario para el regreso del padre.

Quienes odian al padre dudan de su regreso, pero la certeza de quien marca la agenda y decide los destinos viene dada por la oportunidad de dudar del regreso del padre. Quienes aman al padre recobran el aliento a pesar de sus ambiciones por la posibilidad de una herencia. El regreso del padre calma a los herederos, los devuelve a la realidad de la presencia del padre.

Las sociedades que, para amarlo u odiarlo, han caído en el giro alrededor del padre lo miran como el vínculo necesario para toda conversación o expresión. Es el vínculo, es la esencia primaria que organiza el mundo interno de la sociedad infantil. Odiándolo o amándolo aquel padre es una garantía para la vida cotidiana, ¿de qué otra cosa podría hablarse sino del padre?, ¿qué otro elemento de pervivencia podría animarla sino es el padre?

En psicología social el padre de la sociedad infantil es la firmeza, la decisión y el amparo, porque toda sociedad infantil que ha adoptado un padre para su cotidianeidad es una sociedad desamparada y el padre, odiado o amado, es el lazo, es el enemigo o el amado sobre el cual todo gira, el vínculo cohesionador de una sociedad infantil asustada que requiere del padre.

Es obvio que una sociedad con padre tiene vínculos deficitarios, carece de una personalidad madura y está predispuesta a patologías. Una sociedad con padre tiene deficiencias de personalidad. Una sociedad con padre, para amarlo u odiarlo, tiene en el fondo un temor de perder al padre porque intuye que una sociedad sin padre sería una sociedad de la violencia. Una sociedad con padre carece de imágenes alternativas que le transmitan seguridad y ha perdido todo vínculo con lo “sagrado” por lo que necesita a un padre.

El padre encarna el sentido programador, otorga pautas, por lo que, cuando el padre regresa, la sociedad infantil respira hondo pues reencuentra un carácter relacional –los psicólogos sociales dirían transaccional- lo que significa que ha vuelto la pauta, esto es, el sentido de todo el uso del lenguaje que girará en torno al padre, de una conducta resuministrada para odiar o amar, la vuelta  del planteamiento fundamental en torno al cual respira la sociedad infantil que consciente o inconscientemente ha adoptado a un padre.

Hay un desorden psico-social que conduce a la angustia, pues la sociedad infantil no tiene referentes, sólo el padre. No puede haber pensamiento crítico ni discernimiento ético en una sociedad con padre. Autoridad viene de auctor, el que crea, aquél que crea las causas y origina.  Las sociedades con padre, odiándolo o amándolo, respetarán al padre.

El padre ha vuelto. Era absolutamente obvio que el padre volvería. Las discusiones seguirán girando en torno a la salud del padre, en torno al padre que no se ve, en torno a cómo sería el proceso de declaración hereditaria, a cuánto tiempo aún nos acompañará el padre. No es tema para juristas ni politólogos, es tema para psicólogos sociales mirar a la sociedad infantil que, por ahora, ha recobrado al padre.

Freud no era psicólogo social. Edipo no está en agenda.

@teodulolopezm

 

Intimidación eficaz y humillación permanente

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Alberto Medina Méndez

El poder se consolida y avanza en la medida que va encontrando avales tácitos y explícitos que se lo permiten. Cuando la sociedad por acción u omisión va firmando cheques en blanco, pues el sistema acelera el proceso y se fortalece día a día. Esto ocurre solo cuando las respuestas de la sociedad se convierten en permanentemente funcionales.

Pero también se refuerza esa idea por la cual cuando cada uno de los actores, se somete mansamente a la letra fría del guión sin más, pues los gobiernos siguen avanzando y lo hacen a todo ritmo.

Mucho de eso está pasando en estos tiempos. Por diferentes motivos, y con el poder va consiguiendo, secuencialmente, paso a paso, cada uno de los objetivos que se propone, y lo consigue en base a una dinámica poco novedosa pero muy pragmática, la de generar temor en la sociedad.

Es evidente que no pueden conseguir respetabilidad, ese atributo tan ansiado por muchos pero que tanto merito real implica lograrlo, y mediante el cual los ciudadanos se sumarían a ideas y proyectos de un modo activo, voluntario, con plena satisfacción y evidente entusiasmo.

Asumiendo sus limitaciones y escasos talentos, acuden al mecanismo más bajo, antiguo, pero efectivo, el de construir temor, el de producir miedo, ese que paraliza y que hace obedecer sin ninguna resistencia.

Bajo esta dinámica, todos, desde su lugar, parecen ser el blanco de la estrategia elegida. Nadie puede quedar afuera y en ese juego, el poder hace mucho esfuerzo por profesionalizarse y perfeccionar herramientas.

Primero empieza por lo más simple. Intenta comprar voluntades, o tal vez sería mejor decir, utilizando el término adecuado, que pretende alquilar voluntades abonando su canon periódicamente para conseguirlo.

Con esos ciudadanos, utiliza el más lineal de los instrumentos, el dinero, ese que permite quebrar voluntades, por el solo hecho de recibir algo a cambio. Esta modalidad es magistralmente exitosa, ya que establece un vínculo perverso pero altamente efectivo de dependencia sostenida.

Los sectores más vulnerables son los primeros en caer en esta redada. Son los que precisan sobrevivir y no han encontrado aun el modo de lograrlo. La pobreza es el primer escalón al que se acude bajo esta dinámica, con diferentes formas que comparten la esencia central. Ayuda social, dádivas, subsidios, cualquier forma de asignación de dinero, directo o indirecto, sirve para que este sector de la sociedad actúe en consecuencia y se someta a los mandatos del poder, sin ningún argumento que modere su impacto.

Si no cumplen al pie de la letra su parte del trato, serán abandonados, y el gobierno dejará de darles, lo que discrecionalmente les otorga cotidianamente. El temor a perder esa ayuda económica, hace que esa parte de la sociedad canjee dignidad por dinero sin pensarlo demasiado.

Pero a medida que se avanza en esta estrategia, se van encontrando con sectores más duros, que oponen algún tipo de escollo, que tienen mayor reservar moral y allí apelan a otras refinadas herramientas, mas retorcidas y sofisticadas, pero no por ello, menos efectivas.

A los medios de comunicación en general y a los periodistas en particular, los dominan con la pauta oficial. Un par de anuncios por acá, otros por allá y ya está, automáticamente se alinean y se avienen a decir lo necesario.

Lo hacen ya sea porque reciben favores económicos y eso los convence de que el gobierno dice la verdad siempre, y que hasta tienen enemigos comunes, o bien, cuando funciona la autocensura, esa variante de sobreactuada lealtad, de no morder a la mano del que les da de comer.

Sin justificarlo, se puede entender que los sectores asalariados, los más débiles desde lo económico, acepten someterse a cambio de supervivencia, aunque eso no los exime de la indignidad de hacerlo.

Pero llama mucho más la atención como gente que no precisa el dinero para su sostenimiento vital, y que inclusive ha construido grandes empresas, se someta linealmente, casi del mismo modo que el resto de la comunidad.

Resulta difícil entender la falta de coraje en general, pero mucho más la de los que más tienen. Es cierto que los gobiernos, se han especializado en encontrar nuevos modos de atemorizar, de intimidar, pero se supone que este grupo de ciudadanos debería tener más anticuerpos para oponerse.

Amenazas de mostrar trapos sucios, probables inspecciones de organismos estatales, algún incremento de tributos siempre inminente, cuando no operativos de prensa en proceso, o simple condena social organizada, las herramientas son múltiples y siempre existe la posibilidad de incorporar nuevos instrumentos que se agreguen al arsenal habitual de rutina.

Los empresarios, los hombres de negocios, también son objeto de esta disputa de poder, en el que los gobiernos se han propuesto amedrentarlos como uno más, aunque en estos casos con métodos diferentes.

Bajo ese paraguas de temor, muchos de ellos terminan claudicando, se ocultan, buscan perfil bajo, sacrifican ganancias y resignan negocios solo para no ser el nuevo blanco de los ataques.

Inclusive a veces son tentados por el poder de turno para ser parte de algunos proyectos y recibir su tajada redoblando la apuesta para asociarlos y tenerlos del mismo lado. De ese modo se asegura el poder, que nadie podrá arrepentirse pronto, al menos no mientras el nuevo negocio funcione.

Algunos pocos, han empezado a mostrar el camino. Solo se consigue vencer al poder, cuando se deja de respetarlo como tal, cuando se aparta esta idea de tenerle miedo crónico y temor visceral, y se comprende que arrodillándose solo se posterga el final, pero no se cambia su rumbo.

Por ahora estamos en el proceso de acrecentamiento de ese poder que solo los consolida cada vez más, y recorriendo ese temible círculo vicioso de tener más votos y apoyo popular, más adeptos y prisioneros del sistema, para seguir haciendo lo mismo con altos índices de resignación social. En fin, en estos tiempos solo vemos la indignidad de un proceso de intimidación eficaz y humillación permanente.

albertomedinamendez@gmail.com

skype: amedinamendez

www.albertomedinamendez.com

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El enjambre del ensamble: la porno-familia Sexxxton

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Ricardo Viscardi

 

Desde la famosa “puesta sobre los pies” de la dialéctica hegeliana por Marx, el tropo de la inversión ha contribuido, con un sugestivo y enjundioso gesto, a la discusión filosófica. La cuestión que parece pesar en el asunto no es de gravitación, mal que le pese al desmelenado humor sexual de los sesenta, que predicaba con desparpajo “amaos los unos sobre los otros”. En efecto, para dar lugar a un tropo de posición es necesario gozar (no forzosamente en familia) de una perspectiva. Una vez que se abandona el lugar del tercero excluido o incluido, o incluso supuesto (sub-puesto[1]) -problemática aristotélica que arrastramos arqueológicamente desde el “argumento del tercer hombre”[2], la cuestión se vuelve indecidible, que es como decir que decide por nosotros (Derrida dixit[3]), pero sin base -o arriba/abajo, afuera/adentro, etc.- de por medio.

 

Quino ha percibido en su propio humor que la base de la cuestión del ensamble familiar, que tanto atormenta a nuestros contemporáneos, no es otra que la propia base como tal, una vez que se la advierte añadida por debajo, en tercer lugar. Como se viene de señalar, si a algo se le quita tal “base” (ground, fundamento, subjetividad, etc.) le sucede lo mismo que al sujeto que pone en evidencia Vattimo[4]: queda involucrado en aquello mismo que denunciaba escandalizado. De ahí que la remarca de Quino sobre la familia ensamblada aporte, por provisión de humor, la explicación del enjambre en que nos mete tal ensamble: interpelado por la expresión “La familia es la base de la sociedad” Miguelito aclara “la mía no tiene la culpa”[5]. Pero hay gente que le está buscando a esta cuestión el derecho o el revés, o si se quiere (tratándose de familia) el arriba o el abajo[6].  Con el propósito de terciar sobre la base de la desaparición de tal base, pese a explorarse cierta vía escabrosa, no desprovista, incluso, de fines edificantes,  presentamos en lo que sigue algunas consideraciones relativas al caso de la porno-familia Sexxxton.

 

 

La familia Sexxxton: de la mediación negativa a la proactividad  mediática[7]

 

Una vez considerada con cierta seriedad, la cuestión de la pornografía cae bajo una atmósfera de ironía. La ironía proviene del escepticismo antiguo, en cuanto declara el sentimiento de distancia entre lo humano y el designio inaccesible. Pero no se sostiene que lo inaccesible no existe, sino que el designio de alcanzarlo es vano porque excede la condición humana. Por esa razón el escepticismo antiguo no se vinculaba primordialmente al conocimiento, como humorada ante un presunto saber, sino a la pretensión de alcanzar algo imposible para los medios humanos, despropósito que termina por convertirse en víctima de su propia desmesura ética.

 

Un tufillo de equívoco denuncia, con desenfado, el propósito de dar cuenta conceptualmente de la pornografía. La ironía se inscribe en este caso, dentro de cierto escepticismo del conocimiento que desacredita,  con un halo de vergüenza agregada y por avance, el intento de explicar la pornografía sin caer en la obscenidad. Ese hiato de vergüenza entre el propósito teórico y la condición expuesta de la pornografía es propiamente pornográfico, en cuanto nos señala que cunde aún cierto sesgo de pudor que se resiste a la puesta en escena de una grafepornía, es decir, una escritura de la prostitución.

 

 

Pornografía, representación, valor y escritura

 

Sin embargo, esa escritura avanza masivamente entre nosotros, tal como lo expresa el caso de las “Sexxxton”, madre e hija. La pornografía de índole filial  se ha convertido en un éxito comercial, en cuanto progenitora y progenie protagonizan, conjuntamente con terceros de distinto género, registros de sexo explícito[8]. Más allá de recaudos legales que adoptan las protagonistas, entre los que cuenta no mantener contacto carnal entre sí, el vínculo filial se convierte en exhibición deliberada, destinada a la excitación sexual de terceros. Entrevistada al respecto, la hija que protagoniza estas escenas declara que al registrarlas piensa ante todo en el dinero que obtendrá a cambio[9].

 

Por encima de interpretaciones de psicólogos que hacen notar los límites simbólicos infringidos[10], la declaración del propósito financiero que guía la participación de una de las protagonistas señala cómo, lejos de encontrarse exenta de valor, la actuación pornográfica se resume en el valor bajo su forma más abstracta y generalizada: el valor de cambio. En efecto, el afecto y la preferencia familiar se han puesto al servicio de un designio trascendente y jerárquico al mismo tiempo, en cuanto el dinero gobierna la circulación del valor y por vía de consecuencia, la constitución económica del capital[11]. Consignada monetariamente, la estrategia pornográfica de la familia Sexxxton, lejos de estar desprovista de valores, exhibe un designio obsedido –se diría que obscenamente y la redundancia queda por explicar- por el valor.

 

Ahora, quien dice valor dice representación y también escritura. En efecto, ningún valor puede ser concebido al margen de su vínculo con otro elemento, a través de una relación que pueda ser diferenciada y sostenida, es decir, representada. No sólo el valor económico se vincula con una finalidad de uso o un quantum de cambio, sino que el propio concepto de valor lingüístico, tal como lo concibe Saussure, depende de la posición relativa de los signos en la estructura de la lengua. En el habla, el valor expresa la significación de un signo con relación a un referente. Si me encuentro ante un pequeño curso de agua, “arroyo” y “río” revisten, en su significación propia, valores distintos puestos en relación al referente[12]. Es decir, la representación y el valor son concomitantes y no pueden ser separados, incluso en el campo del sentido lingüístico.

 

De la misma manera, la escritura supone la materialidad de un grafema, en tanto marca incorporada en un soporte, que es puesta en valor por una lectura. La escritura permite, al igual que el valor de cambio en la moneda, la circulación de la representación, en cuanto consignado en un soporte, el signo se separa del autor y permanece a la disposición de un tercero, más allá del lugar en que se encuentren uno y otro, en el espacio o en el tiempo[13].

 

Escribir sobre la prostitución (sentido etimológico de “pornografía”) y prostituir la escritura, particularmente por su publicación con destino a la lectura, son entonces inseparables, en cuanto tal como dijera Foucault de la segunda edición de la “Arqueología del Saber” “este libro ya no es el que yo he escrito”. En efecto, valido de la puesta en valor de la marca escrita, el lector prostituye inexorablemente el sentido primigenio, desviación que provee la interpretación de una obra, tanto en el sentido de la apología como del anatema.

 

Transformación de la pornografía

n de la pornografíaVinculada desde entonces, es decir desde la propia escritura, con la prostitución que representa tanto literaria como críticamente, la pornografía parece sin embargo excedida por sí misma, sobrepujada (chassing) por una insistencia en valerse del valor para desvirtuarlo. Tal corrupción es inherente a la prostitución, que como vimos, provee la condición originaria de la pornografía (etimológica y literalmente: escribir sobre la prostitución). Sin embargo, cierta prostitución de la prostitución, si se nos permite el exceso de lenguaje, acaece como efecto del sobrepujado virtuoso que se propone alcanzarlo todo valiéndose del dinero, que no provee desde ya la satisfacción de una necesidad, ambición o designio, sino que constituye un “objeto total”, tal como lo declara la “Sexxxton” hija.

 

En tal sentido, la prostitución no sólo se encuentra imbuida de un valor desde que lo violenta, manipula o desvirtúa, sino que además configura por sí sola la “clave de bóveda”, que tanto culmina como sostiene un sistema de mediaciones. Podemos afirmar,  de una forma simbólica, que se la ha “prostituido”. Sin remontarnos hasta la significación de la prostitución en la antigüedad griega, cabe recordar que el batllismo promovió la instalación del control de la salud de las meretrices, por razones de higiene pública[14]. Es decir, el ejercicio de la prostitución no sólo se encuentra, en la modernidad –capitalista si se quiere, gobernado por el valor de cambio, sino que además forma parte de un sistema de valores públicos que alcanza representación política.

 

En tanto objeto de valor, representación y escritura que se incorpora en el campo social y político, la prostitución y la escritura componen (pornográficamente) un vínculo de mediación. Mediación entre el deseo y el objeto del deseo, entre el trabajo sexual y el consumo erótico, entre la necesidad simbólica y la satisfacción orgánica. Cabe entonces preguntarse acerca del sentimiento negativo en torno a una mediación que se vale, sin embargo, de los mismos recursos que cualquier otra.

 

Constituyéndose por la misma vía de valor,  representación y escritura, la pornografía contradice sin embargo la estructura propia de toda mediación, en cuanto el objeto de que se vale en el vínculo con un tercero no lo designa personalmente, ni reclama de su parte una interpretación. Se trata entonces de una inversión de la significación misma de la mediación, en cuanto tal condición siempre reclama, para sí, la probidad de una intencionalidad y la persona de un semejante. Contrariando el sentido ético kantiano, la pornografía trata a una persona como una cosa -por ejemplo cuando incluye el vínculo filial entre madre e hija en una misma escena sexual, haciendo abstracción de la prohibición del incesto, que por esa prescripción instruye el fuero íntimo de la persona moral en nuestra cultura.  Por consiguiente, la pornografía no supone una anulación de la mediación, sino una mediación negativa, en cuanto la condición paradigmática de la mediación -manifestar la transparencia de una intencionalidad y dirigirse a alguien en su fuero propio- se encuentra desvirtuada en la índole sexualmente explícita que la constituye.

 

A este respecto, conviene tener presente que la acepción inicial de “pornografía” que registra el diccionario la subordina a “obsceno”, que a su vez se caracteriza en el léxico por la negación del pudor (en cuanto tal virtud se encuentra “obscenamente” desvirtuada, pervertida u ofendida).

 

pornografía.

(De pornógrafo).

1. f. Carácter obsceno de obras literarias o artísticas.

2. f. Obra literaria o artística de este carácter.

3. f. Tratado acerca de la prostitución.[15]

Sin embargo, el diccionario va a modificar esa acepción, que se inscribe negativamente con relación a una virtud (el pudor), por una acepción positiva, que se caracteriza ante todo por la actitud deliberada y la finalidad instrumental:

pornografía.

(De pornógrafo).

1. f. Presentación abierta y cruda del sexo que busca producir excitación.

2. f. Espectáculo, texto o producto audiovisual que utiliza la pornografía. Prohibieron la venta de pornografía en los quioscos.

3. f. Tratado acerca de la prostitución.[16]

 

Uno estaría tentado de sostener que la pornografía pasa de una ética de los valores (cuando significa lo contrario del pudor) a una ética de la responsabilidad (cuando pasa a significar la provocación carnal). Sin embargo, el carácter negativo de la mediación que reviste la prostitución de la escritura -por la opacidad de la intencionalidad que ostenta y la privación moral del semejante que supone, no permiten vincularla a una significación ética positiva.

 

Moral negativa, ética positiva

 

¿Cómo entender entonces la moral de la hija Sexxxton? ¿Existe tal moral en tanto estructura positiva de valores, sostenidos en una cristalización representativa de la persona? Pareciera que la respuesta es afirmativa, en cuanto la declaración de la protagonista de las actuaciones transgresoras sostiene una finalidad que no excluye bienes, expresados además pluralmente, en comunidad de propósitos y objetivos familiares. Se trataría entonces de una moral negativa, en cuanto contraría los valores propios del habitus en vigor, pero que curiosamente reviste asimismo una ética positiva, en cuanto traduce una actitud imbuida de los valores que implementa.

 

Cierta contradicción que asoma en el caso de las “Sexxxton” entre moral negativa y ética positiva, anclada a su vez en la diferenciación deleuziana entre moral (sistema de valores representables) y ética (rasgos característicos de una conducta)[17], permite interrogar el estatuto de la mediación negativa que reviste la pornografía, desde que, subordinada a la obscenidad, se la concibe en tanto virtud (el pudor) desvirtuada.

 

Desde esta perspectiva, la forma en que la declaración “mientras hago las escenas pienso en lo asquerosamente ricas que vamos a ser” llega a desvirtuar la virtud del pudor, no es pasiva a la manera de una permisividad o debilidad, sino enérgica y activa, supone como tal una decisión adoptada. No se trata de la mera exhibición, sino de la exhibición que es efecto de una implementación de intereses, de manera tal que la actuación escenográfica de la pornografía queda supeditada a la finalidad que se le encomienda.

 

Se podría contraponer a esa lectura de una condición deliberada de la actuación pornográfica, que en toda pornografía subyace la misma intencionalidad, vinculada a un interés económico, simbólico, emocional, etc. Sin embargo, en este caso tenemos dos aspectos que expresan la articulación proposicional de la pornografía con un universo de valores: la declaración de una intencionalidad que subordina la escenificación pornográfica a una finalidad monetaria “(…pienso en lo asquerosamente ricas…)”, en segundo lugar, la significación que prodiga sobre la transgresión protagonizada, el objetivo de enriquecimiento a piacere.

 

 

Proactividad mediática

Por lo tanto, la intencionalidad pornográfica presenta, para utilizar un término –quizás no casualmente- a la moda, un desarrollo proactivo. Tal “proactividad” se opone a la mediación negativa que representaba la obscenidad, que a su vez transfería a la pornografía una desacreditación de la mediación. En efecto, el régimen obsceno de la pornografía, como lo habíamos visto, contradecía la significación de la mediación, en razón de una anulación de la transparencia intencional y de la persona del destinatario.

 

Puesta al servicio de una alternativa ante el registro tradicional, la proactividad pornográfica no puede sustentarse en la mediación, ya que como lo planteábamos anteriormente, la constitución de la mediación se encuentra desvirtuada por la condición propia de la pornografía. Por consiguiente, tal proactividad parece presentarse en tanto exceso respecto a la mediación que la sobrepuja y  avasalla, convirtiéndola en un mero expediente instrumental.

 

Si la afirmación anterior pareciera escapar a la mera consideración sexual y llegar a emparentarse con el conjunto de la condición contemporánea, convendría tener en cuenta que la anulación de la distancia y de la escena, es decir, de la mediación, es para Baudrillard lo propio de la condición actual de “pantalla y red”[18]. Asimismo, Bernard Stiegler considera que el narcisismo primario que se constituye a través de una demanda de amor, se encuentra substituido por una condición tecnológica que anula la misma capacidad amatoria del humano, en cuanto esta capacidad exige una distancia orgánica eliminada por el artefacto tecnológico[19].

 

Por consiguiente, la condición obscena que observamos en actuaciones que trascienden lo sexual, se extiende al conjunto de la experiencia colectiva, incluso cuando se reivindica, por ejemplo, un relato heroico del pasado para justificar claudicaciones del presente, ante los poderes de turno.

 

Pareciera, por nuestros días, que la obscenidad prospera ante todo en el campo mediático, donde la mediación que antaño intermediaba hoy tan sólo efectúa designios de parte resuelta. Aunque la atracción sexual siga proveyendo una vía privilegiada para la explotación de la imagen, la condición proactiva de la prostitución de la escritura está muy lejos de reducirse a la mera cuestión de la exhibición de índole sexual. E incluso puede ser que esta termine por revestir las formas más pueriles y menos peligrosas de la manipulación mediática, en particular, en razón de la reversión simbólica que parece inclinar la sexualidad al servicio de cierto fervor, cuasi religioso, por el cuerpo.

 

Por el contrario, es en la noción de cuerpo, en tanto ella reviste el principio de la mediación en nuestra civilización, donde debe acentuarse el análisis, en cuanto la mediación es el verdadero objeto pervertido por la exhibición, antes que un cuerpo esgrimido estratégicamente o modelado obsesivamente. La cuestión central pareciera ser, desde este punto de vista, que el cuerpo se ha convertido en un vehículo de la pornografía proactiva. A su vez esa condición decidida prospera exponencialmente, en cuanto termina por convertir todo cuerpo en un vehículo de la imagen, es decir, en un mensajero.

 

La cuestión sería entonces, que este vehículo mensajero ha abandonado los equilibrios propios de la naturaleza y se ha incorporado en lo que Virilio ha denominado una “ecología gris”[20]. Es decir, el equilibrio de los mensajes corporales que los humanos establecen entre sí no depende, actualmente, sino de una actitud proactiva que ya no se subordina a ritmos ancestrales e ignotamente trascendentes, sino a la decisión que los particulares toman sobre su propio destino y además, sobre el destino ajeno. Tener presente esa destinación estratégica de un equilibrio a alcanzar, más allá de sí mismo, pero sin ninguna identidad esencial de por medio, ni mediación, es el desafío del presente, incluso a través de la obscenidad y la pornografía.

 

 

[1] Sobre este planteo de Derrida ver Viscardi, R. “Desarrollo y tecnología” en Biblioteca virtual de AFU https://www.box.com/shared/la1z84e37r (acceso el 20/01/13)

[2] “Argumento del tercer hombre” en Filosofía griega http://www.webdianoia.com/aristoteles/aristoteles_meta.htm (acceso el 20/01/13)

[3] Derrida, J. “Horizonte de pensamiento” (entrevista de C. Paoletti) en Derrida en castellano http://www.jacquesderrida.com.ar/audio/derrida_paoletti_5.htm  (acceso el 20/01/13)

[4] Vattimo, G. (1990) La sociedad transparente, Paidós, Barcelona, pp.148-149.

[5] “Quino anda ahí” Montevideo Portal (05/01/13) http://www.montevideo.com.uy/nottiempolibre_189047_1.html

[6] “El Papa exhorta a los cristianos a “decir no  a la teoría del género” LaRed21 (19/01/13) http://www.lr21.com.uy/mundo/1084931-el-papa-exhorta-a-los-cristianos-a-decir-no-a-la-teoria-del-genero

[7] Texto originalmente destinado al ciclo “1ª Muestra de cine pornográfico”, organizada en Café La Diaria por Mateo Etchegoyen (diciembre 2012).

[8] “The Sexxxtons” madre e hija se juntan en cine porno y facturan millones” LaRed21(10/12/12) http://www.lr21.com.uy/mundo/1078317-the-sexxxtones-madre-e-hija-se-juntan-en-cine-porno-y-facturan-millones (acceso el 20/12/12)

[9] Op.cit.

[10] “Mamita querida” Montevideo Portal (10/12/12) http://www.montevideo.com.uy/nottiempolibre_186706_1.html (acceso el 20/12/12)

[11] Marx, K. (1977) Le capital (Livre II), Ed. Sociales, Paris, p.310.

[12] Saussure, F. (1967) Cours de Linguistique Générale, Payot, Paris, p.160 http://es.scribd.com/doc/10935335/Saussure-Ferdinand-Cours-de-Linguistique-Generale (acceso el 20/12/12)

[13] Derrida, J. (1972) Marges. De la philosophie, Minuit, Paris, p.37d8.

[14] Acosta, L. “La mediación del “higienismo” en la génesis del servicio social en el Uruguay”, p.9 http://www.ts.ucr.ac.cr/binarios/pela/pl-000045.pdf (acceso el 20/12/12)

[15] Diccionario de la Real Academia Española (artículo enmendado) http://lema.rae.es (acceso el 20/12/12)

[16] Op.cit.

[17] Deleuze, G. (1981) Spinoza philosophie pratique, Minuit, Paris, p.35.

[18] Baudrillard, J. (2000) Mots de passe, Pauvert, France, pp.37-41.

[19] Stiegler,B. (2003) Aimer, s’aimer, nous aimer, Galilée, Paris, pp.16-17.

[20] Virilio, P. (1997) Cibermundo, Dolmen, Santiago, pp.59-60.

De cuando las imágenes no disimulan el vacío

Papa 2

 

Teódulo López Meléndez

El Miércoles de Ceniza el renunciante Benedicto XVI dio algunas claves sobre la verdadera situación al señalar que “el rostro de la Iglesia aparece muchas veces desfigurado”, precisando se refería a las divisiones en el cuerpo eclesial.

Las especulaciones, y hasta contradicciones, entre voceros vaticanos y L’Osservatore Romano, el establecimiento de listados de papábiles y hasta la apertura de las casas de apuestas sobre el presunto sucesor, pasaron a segundo plano ante la admisión un tanto camuflada de las profundas fisuras que atraviesan a una estructura de poder mantenida por siglos.

No son secretos los escándalos vaticanos, desde los bancarios hasta los de espionaje, como en el caso del mayordomo infiel filtrando documentos. La insidia y las luchas por el poder se compaginan con la supuesta beatitud del pequeño Estado de grandes intereses económicos y de soterradas batallas.

Ratzinger, en este memorable Miércoles de Ceniza, puso de manifiesto la hipocresía –esa fue la palabra utilizada- en cuanto a actuar sobre las conciencias e intenciones propias. Quién padeció el Vatileaks sabía perfectamente de la soledad y de la impotencia. Subrayando el individualismo y las rivalidades en el seno de la Iglesia, creemos Ratzinger no dio muestras de impotencia o debilidad al renunciar, más bien demostró un coraje personal más allá de lo que se le suponía, al tiempo que daba una demostración de poder, porque dominio del poder también se da cuando se renuncia a él.

Es inevitable ir hasta quizás el más respetado teólogo vivo, el Hans Kung de ¿Tiene salvación la Iglesia? donde señala como causa fundamental del mal lo que denomina el sistema romano de dominación, definido en su texto como monopolio de poder, juridicismo, clericalismo, aversión a la sexualidad y misoginia y el empleo espiritual-antiespiritual de la violencia, todos siempre en la base de los grandes cismas del cristianismo.

En otros de sus libros Hans Kung señala como el papado se fue transformando desde el siglo XI en un ejemplo monárquico-absolutista. Es el teólogo el que lo señala: la Iglesia está enferma y cabe preguntarse, con todos los límites y diferencias del caso, si la enfermedad de Europa no se le asemeja. Es aquí donde al que se señala como débil Ratzinger es posible se nos haya manifestado como el fuerte Ratzinger, pues su renuncia rompe con lo definido como “sistema romano de dominación”. Sobre la cabeza de todos los sucesores de Benedicto XVI  pesará este gesto.

Quizás deberíamos dejar de lado ese cúmulo de expresiones de lugar común sobre la humildad, admisión de limitaciones y demás hierbas que han abundado estos días, para decir que con su gesto Ratzinger ha desacralizado el cargo de Papa y ha realizado una acción de gobierno cuyas implicaciones veremos a la larga. Después de una renuncia papal cualquier otra cosa es posible. Lo menos a esperar es la Iglesia comience a deslastrarse de los vicios de poder, aunque asistamos ahora, en lo inmediato, a los conciliábulos para hacerse con el gobierno.

Hay un mensaje a Europa toda. No puede seguir siendo como fue. No dejan de llamar la atención las reacciones de los líderes europeos centrados en consideraciones secundarias y sin darse cuenta que desde el Vaticano un aparente Papa derrotado les ha mostrado con hechos que existe una mutación profunda, que un viejo mundo muestra los síntomas inequívocos de su erosión y que lo primero a admitir es que ya no se puede seguir siendo como se fue.

Quizás la referencia que hago ahora, entre decisiones trascendentales y mensajes de una fuerza no percibida en toda su magnitud, suene un tanto inoportuna, pero la intervención de la Secretaria General de las Juventudes Socialistas en la reunión de su Internacional en Cascais, Portugal, tiene una relación, porque esa chica le señaló a los líderes políticos su hipocresía, su arraigo a un mundo que se cae, sus espaldas como respuesta a las exigencias de la juventud europea. Beatríz Talegón, con su lenguaje propio y su indignación no disimulada, dejó claro ante unos líderes agotados, lo que es obvio: no es sólo la gran institución de occidente llamada Iglesia Católica la que se muestra en agotamiento, lo es Europa toda, cuyas crisis económicas y políticas lucen insignificantes ante lo que es su verdadero drama: una profunda crisis existencial.

Benedicto se va en helicóptero desde el Vaticano a Castel Gandolfo en una imagen que recuerda como salen los presidentes argentinos caídos desde la Casa Rosada hacia la residencia de Olivos. Ya las imágenes no disimulan el vacío.

@teodulolopezm

La invención del pasado ‘De cómo defender los interese presentes con un pasado hecho a la medida)

armas USA

 

Jorge Majfud

 

Unas semanas atrás me llamaron de una radio para discutir sobre la propuesta del control de armas en Estados Unidos. Una persona, a la que respeto sin reservas, argumentó que cualquier limitación al derecho de portar armas constituye una violación a la Segunda enmienda. Razón por la cual, deduje, todos los aeropuertos y los edificios federales de Estados Unidos estarían violando sistemáticamente la Constitución.

De ahí pasó a defender el espíritu americano y los valores que fundaron a este país.

Obviamente, eso del “espíritu americano”, como el espíritu de cualquier país, es algo mucho más vago y contradictorio de lo que se cree, ya que no veo que el “espíritu” de las sociedades esclavistas del siglo XIX, cotos de caza de los conservadores modernos, sea precisamente lo que se está revindicando. Tampoco creo que “los valores” sobre los cuales los llamados Padres fundadores crearon una nueva nación sean, precisamente, los valores religiosos en general y cristianos en particular, tal como se insiste como premisa y corolario inevitables.

En toda la Constitución de Estados Unidos y en la Carta de Derechos que le sigue, no hay una sola mención a Jesús; ni siquiera a Dios (la única referencia al “Señor” es sólo una costumbre de la época para fechar un documento). Nada de lo cual significa que estos fundamentos sean antirreligiosos o anticristianos, aunque no es difícil encontrar expresiones anticlericales en figuras claves como Thomas Jefferson o Thomas Paine. La separación de la religión y el Estado fue, precisamente, uno de los elementos más radicales que introdujeron los llamados Padres Fundadores.

No obstante, la mayoría de los ciudadanos americanos está convencida que la expresión “One Nation Under God” (“Una nación sometida a Dios”) es la base de los valores que fundaron este país a fines del siglo XVII, y no pocos se la atribuyen a la Constitución o a la Carta de Derechos, cuando no a alguna figura fundacional. Todo a pesar de que esta invocación fue agregada hace apenas medio siglo.

El famoso “Juramento de lealtad” que repiten los niños en las escuelas cada año no fue escrito en 1789 ni resume el espíritu religioso de los padres fundadores: en su brevedad, resume tres olas de miedos mucho más recientes.

Su inventor, Francis Bellamy, escribió y propuso esta plegaria en 1892 con la excusa del cuarto centenario del descubrimiento europeo de América. Este cristiano y declarado socialista americano quiso poner el acento en la “unión” (“one nation indivisible”). ¿Por qué? Obviamente porque los peligros de la secesión continuaban latentes luego de finalizada la Guerra Civil pocos años atrás.

Luego, las oleadas de inmigrantes llevaron a que en los años 20 se pusiera el acento en aclarar a qué país se refería “mi bandera”, por lo cual agregaron “la bandera de Estados Unidos de America”.

Una tercera ola de miedos por el avance del comunismo en Europa hizo posible la paranoia macartista de los 50 y, en 1954, se agregó la referencia a Dios, por lo cual su aprobación por parte del congreso significó una grosera violación a la propia Constitución de Estados Unidos, ya que la enmienda más sagrada de ésta, la primera, no sólo establece el inalienable derecho a la libre expresión sino, y en lógica coherencia, establece que “el Congreso no hará ley alguna con respecto a la adopción de una religión”.

La Revolución americana y sus fundamentos no establecieron una base religiosa a la nueva sociedad, lo cual era moneda común en la época. Precisamente intentaban evitar esto mismo tomando todas las medidas necesarias para apartar la religión de los asuntos de un Estado que debía ser radicalmente laico, y así lo prueban no sólo la Constitución y la Carta de Derechos sino una vasta gama de ensayos y cartas de los ahora llamados Padres Fundadores.

Pero cada ola conservadora necesita inventar su propia tradición, su propio pasado y el olvido general a través de la prédica, el sermón y la propaganda. De otra forma no se explicaría por qué muchos cristianos conservadores en Estados Unidos son precisamente aquellos que defienden el libre uso de las armas dentro de fronteras y son los más propensos a las intervenciones militares afuera. Jesús fue un pacifista radical a pesar de que vivió en un tiempo brutal, cuando Palestina/Israel era una colonia del imperio romano. (Mateo 5:38-4 Lucas 22:47-51). Son contradicciones perfectamente explicables desde un punto de vista histórico pero no desde un punto de vista moral, como por ejemplo, la aversión de Jesús al militarismo, al mercantilismo y a las riquezas materiales (Mateo 21:10-17, Marcos 10-25, etc.) que desde hace un buen tiempo son la misma base moral del capitalismo o de sus más radicales defensores.

Claro que es difícil para cualquiera de nosotros seguir a Jesús en prescripciones como: “no resistas al que te haga algún mal; al contrario, si alguien te pega en una mejilla, ofrécele también la otra”. Pero mucho más difícil resulta casar estas prescripciones con la prédica y las acciones de los cristianos más conservadores de la derecha americana. Difícil pero no imposible, porque la historia nos muestra que siempre ha sido posible encontrar a alguien que nos demuestre que allí donde Moisés, Jesús o Mahoma dicen “blanco”, en realidad querían decir “negro”. O viceversa, dependiendo de la conveniencia y los intereses del momento.

En el olvido confiamos.

 

Introducción al informe del TNI Poder Corporativo 2013

TNI

 

Susan George presenta el informe del TNI (Transnational Institute) Estado del poder 2013, poniendo al descubierto que la concentración sin precedentes del poder de las corporaciones y las elites se halla en la raíz de las crisis económicas y ecológicas.

 

Hacia fines de 2011, tres jóvenes matemáticos muy inteligentes y tenaces, especializados en teoría de la complejidad en la Escuela Politécnica de Zúrich, publicaron el informe que hacía tiempo que todos los demás estábamos esperando (aunque, para ser sinceros, ni siquiera habíamos sido conscientes de ello hasta el momento). Y es que nadie había asumido que se podían plantear las poderosas estructuras del control corporativo en un marco científico de rigurosidad indiscutible.1

 

Eso es precisamente lo que hicieron Stefano Battiston, James Glattfelder y Stefania Vitali con su Network of Global Corporate Control, un trabajo del que el TNI ha tomado prestados con gratitud varios datos para el presente informe. Naturalmente, antes ya contábamos con buenas fuentes para nuestros infográficos y este año las hemos vuelto a usar: fuentes fidedignas como la ONU, las propias corporaciones (Merrill Lynch) o revistas al servicio de esa misma clientela (como Forbes) hace años que publican listas de ‘los más grandes y poderosos’.

 

Pero Battiston, Glattfelder y Vitali crearon una perfecta radiografía de la clase de Davos, el nombre que les he dado a quienes encarnan el carácter interconectado de las corporaciones más poderosas del mundo; personas intercambiables con intereses y objetivos comunes, lo cual les convierte en una auténtica clase social internacional y nómada.

Lo hicieron trazando la topografía del universo corporativo del mismo modo que los astrónomos diseñan mapas con los soles, los planetas, las constelaciones y las supernovas del cielo nocturno y, con ello, pusieron en evidencia cómo las transnacionales están interconectadas a través de la propiedad directa e indirecta.

El uno por ciento controla el 40 por ciento de las transnacionales

Partiendo de una extensa base de datos de 43.000 transnacionales, Battiston, Glattfelder y Vitali redujeron esta amplia muestra hasta un grupo básico de 1.300 de las compañías más grandes y poderosas con fuertes vínculos entre sí; vínculos que garantizan que tres cuartas partes de los lazos de propiedad permanecen en manos de las propias compañías matrices.

Este grupo se siguió cribando hasta llegar a 737 compañías que controlan el 80 por ciento del valor de las 43.000 compañías de la muestra inicial. El cribado siguiente llevó hasta una ‘superentidad’ de 147 compañías, que poseen un control casi total de sí mismas y, además, del 40 por ciento del valor de todas las transnacionales.

Sin embargo, es en el anexo donde encontramos una de las grandes sorpresas: una lista de 50 compañías que ejemplifican lo que Battiston, Glattfelder y Vitali denominan la ‘propiedad en el filo de la navaja’, es decir, ese punto a partir del que las cosas pueden ir hacia un lado o hacia el otro, en la dirección correcta o en la equivocada.

Si todo va bien en la economía, la estructura parece fuerte y robusta. Pero si una sola de estas compañías fuertemente interconectadas tiene problemas, el efecto dominó está asegurado y puede volver a suceder como con Lehman Brothers o peor. Así, ¿quién aparece en esta exclusiva lista? De las 50 corporaciones, solo dos de ellas participan en la economía real, Walmart y China Petrochemical Group; el resto son bancos, grandes compañías aseguradoras y otras firmas financieras.

Los actores de la clase de Davos no se dedican a la conspiración ni a la connivencia, y las estructuras de sus relaciones de poder no son fruto de ningún diseño deliberado. Sencillamente, reflejan cómo están las cosas. Y las cosas están en una situación extremadamente peligrosa, especialmente al filo de la navaja corporativa.

Dinero y petróleo

La concentración extrema del sector financiero es un punto clave del informe Estado del poder de este año, y con buen motivo. Esto se debe en parte a la concentrada naturaleza del sector, como ilustran de forma magistral Battiston, Glattfelder y Vitali.

Pero hay otras razones para preocuparse por la concentración del poder corporativo y una de ellas es, paradójicamente, el cambio climático. Las finanzas, si se orientaran debidamente, podrían estar ayudándonos a invertir en una gran transición hacia la energía y el transporte limpios en todo el mundo. Sin embargo, si se analizan los infográficos y las interconexiones entre las grandes finanzas y los gigantes del gas y el petróleo, así como con la industria del automóvil, esa posibilidad se verá bajo una luz totalmente distinta.

El panorama de los vínculos entre las juntas directivas de los mayores bancos y de las mayores compañías energéticas no da la impresión de que estos intereses estén a punto de enfrentarse entre sí, por decirlo de la forma más suave posible. El cuadro se presenta, más bien, como un caso flagrante de ‘hoy por ti y mañana por mí’.

Las enormes ganancias de los gigantes del petróleo y el gas y de los bancos garantizan que se defenderán mutuamente y defenderán el orden establecido. Mientras tanto, las industrias extractivas se están asegurando de que el calentamiento global no cese. De hecho, los expertos más audaces afirman que deberíamos incluso dejar de discutir cómo evitarlo. A no ser que los Gobiernos, de forma milagrosa, dejen de defender inmediatamente a los bancos y las industrias extractivas, el planeta va a cambiar de manera cada vez más rápida. El debate ahora debe centrarse en la adaptación para los sectores más vulnerables.

La desigualdad vuelve a la agenda pública

Esto no significa que los ciudadanos y las ciudadanas deberían dejar de luchar contra el poder y darse por vencidos, sino todo lo contrario. Otros infográficos recordarán al lector que muchas veces –demasiado a menudo– el poder corporativo deja el poder del Estado en la sombra.

El poder del 0,01 por ciento de la población también se ha convertido en un escándalo permanente. La mayoría de las personas con el patrimonio personal más alto se encuentra en los Estados Unidos o en Europa. Este diminuto segmento de la población paga menos impuestos en nuestros días que en cualquier otro momento desde la década de 1920 y eso, al menos, esperamos poder cambiarlo. Economistas tan famosos y escuchados como Joseph Stiglitz están ya explicando cómo las grandes desigualdades “frenan la recuperación”.

Barack Obama ya ha comenzado su segundo mandato y quizá se le podría convencer de que hiciera algo sobre el estancamiento de la economía estadounidense e incrementara los impuestos a las corporaciones y los más ricos, por difícil que pueda resultar el Congreso. En Europa, donde por el momento reina la austeridad, es fácil demostrar que las políticas de austeridad no funcionan ni pueden funcionar, si por ‘funcionar’ se entiende alcanzar la recuperación (preferiblemente de forma positiva y verde) y crear más empleos.

Incluso el FMI está anunciando –a veces con rodeos y términos poco claros– que las circunstancias le están obligando a replantear sus políticas.

El poder de la resistencia

Los lectores y lectoras de los infográficos tienen motivos de sobra para seguir resistiendo y creando más centros de tensión, ayudando a otras personas a ver que las cartas están en contra de las personas de a pie y que son precisamente estas personas las que pueden generar una conciencia colectiva de esta injusticia.

Sea cual sea el destino de Occupy Wall Street, el movimiento consiguió algo que quedará para siempre, y es conseguir que ‘el 1 por ciento’ haya entrado en el debate internacional.

Desde el TNI esperamos que esta edición del informe Estado del poder ayude cada vez a más personas a entender que nuestros verdaderos problemas se derivan del 0,1 por ciento o, más bien dicho, del 0,001 por ciento.

Leer el informe del TNI: Estado del poder 2013

1 Vitali S, Glattfelder JB, Battiston S (2011) The Network of Global Corporate Control. PLoS ONE 6(10): e25995. doi:10.1371/journal.pone.0025995

Fuente: TNI

 

La revolución iconodula

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Teódulo López Meléndez

La veneración de imágenes no dejó de ocasionar problemas en la Iglesia Católica entre iconoclastas e iconodulas. El Imperio Bizantino fue testigo de las más duras batallas entre quienes se inclinaban por la adoración de las imágenes y quienes se oponían. Leon III se oponía, duro iclonocasta, cuyas posiciones condujeron a la definición que miramos: dulía, veneración, imágenes, iconos.

No asalta el recuerdo de esa vieja lucha por la tierna fotografía de los portadores de vírgenes que nos regaló el breve período entre la declaratoria del carnaval el 4 de febrero y el momento de anuncio de la devaluación del bolívar. Es la primera vez que se ve a un Ministro de Relaciones Exteriores y a una Procuradora General de la Nación portando vírgenes mientras flanquean a un vicepresidente. Y sin portar capuchas como en las procesiones de una Sevilla cualquiera. Es verdad que el rito católico diferencia entre iconodulia  e idolatría, permitiéndose la advocación de la Virgen María en diversas versiones, aunque sí sea considerada práctica idolátrica la adoración de dioses de otras religiones muy distintas, tal como la que se identifica con el titular de un “proceso revolucionario”.

En fin, que en un país donde se sucede de todo para que nada cambie. Los indios pemones de nuestra Amazonía repitieron la captura de unos cuantos soldados exigiendo algunas reivindicaciones, lo que bastó para levantar otra idolatría, la del héroe inesperado que anida en la mente de una sociedad venezolana de caracteres psicológicos débiles. Tema pemón es muy complejo. Implica minería ilegal, sobrevivencia, bandas armadas, deterioro ambiental, reclamo de derechos ancestrales, pero la situación fue simplificada no sabemos si como gesto de humillación hacia las Fuerzas Armadas o como reivindicación psicológica de una frustración evidente.

Las llamadas a los pemones y a sus cojones se multiplicaron como panes, tal vez como exigencia de milagro anticipado en la Cuaresma, desconociendo las complejas aristas de un problema muy serio. Sin entrar en esos intríngulis lo que queremos señalar es que la psicología venezolana de la búsqueda de un héroe, es una extremadamente peligrosa, pues nos atrevemos a apuntar que si las circunstancias mundiales fuesen otras ya lo habría encontrado.  Implica además un trasfondo psicológico implícito en sociedad venezolana de hoy: Apareció el valiente q nos va a solucionar todo Yo no, el héroe, lo que es reflejo de una quietud volitiva absoluta y total.

Y llegó la devaluación del signo monetario entre quejas por las constantes negativas previas, como si una devaluación pudiese ser admitida o anunciada, cuando la única verdad es que debe ser negada y sobre todo ejecutada en la proximidad de un fin de semana y mejor si seguida de un largo feriado bancario. A manera de ejemplo señalé en las redes sociales que si el Papa tuviese que devaluar juraría por Dios que eso no le ha pasado por la cabeza jamás o el caso del aquel ministro inglés de Finanzas que salió de una rueda de prensa negando rotundamente la devaluación de la libra esterlina para dirigirse a su despacho a firmarla.

La devaluación estaba prevista por cualquier analista medianamente enterado, ni siquiera del estado de las finanzas públicas, digamos de alguien que ha visto el gasto público creciente y necesario para ganar elecciones y, admitamos, para cubrir los exigentes programas de subsidios sociales del régimen. Cualquiera que hubiese ganado las elecciones presidenciales iba a enfrentar la decisión de igual manera, ante un signo monetario evidentemente sobrevaluado y ante un hueco fiscal cuya magnitud desconocemos con precisión.

Lo que más llama la atención, una vez más, es la devaluación total del lenguaje. En el país venezolano se puede ya decir cualquier cosa, pronunciar la frase más atrabiliaria, argumentar con una barbaridad, puesto que la reacción será repetirlas o creérselas. La colección de frases es de fantasía, desde “esta es una medida para proteger los dólares del pueblo” hasta la personalización en el vicepresidente Maduro de la hechura de la medida, lo que de paso lo reconoce como autoridad en ejercicio. Desde la eliminación en los medios públicos de ciertas palabras, como devaluación o paquetazo, sustituidas por ajuste y lucha contra las agresiones, hasta comunicados de condena a un hecho de política monetaria sin hacer la más remota referencia económica.

Habrá más inflación, el poder adquisitivo del bolívar se desploma, las arcas oficiales se inflan, en fin, todas las consecuencias propias de devaluar una moneda.

Nos queda la inconodulia confundida con idolatría, los indios pemones elevados al nivel heroico y una población disfrazada en carnaval de compradora de electrodomésticos. No parece mucho. Lo parecerá cuando salgamos a comprar comida a los nuevos precios.

tlopezmelendez@cantv.net

 

Mi reino por un Cabello

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Teódulo López Meléndez

Ha aparecido el rey. Ha aparecido el cadáver del rey. Ha sido encontrado debajo de las pesadas lápidas donde se suponía estaba, rodeado el lúgubre lugar por una pared roja. “Feo, jorobado, deformado, mutilado”, se escuchó gritar en Stratford-upon-Avon, como en The Life and Death of King Richard III. Los habitantes del lugar corrieron ante el grito y encontraron que su más ilustre paisano era el responsable de haberlo proferido, dado que la sentencia contra quien moviese aquellos restos había cambiado ligeramente de lugar.

Ha aparecido el cadáver de Ricardo III. Uno vuelve a ver al inolvidable Fausto Verdial colgando de un andamio en aquellos tiempos de la Compañía Nacional de Teatro de Venezuela profiriendo amenazas contra el rey Eduardo IV.  Son los tiempos de las conspiraciones. Ricardo contra su hermano Jorge para recluirlo en la Torre de Londres y eliminar a quien le precede como heredero al trono. Son los tiempos de los muertos, marido y padre de Lady Ana, para tomar para sí la doncella.

Es Ricardo III, aseguran patólogos y universidades. Ha salido de los siglos y como en la batalla de Bosworth Field los muertos que bien mató le gritan: “Desespera y muere”. Ese año de 1485 cuando Enrique Tudor le da muerte paga todas sus culpas. Cuenta William Shakespeare que sólo en medio de la batalla llora desconsoladamente gritando: “Un caballo, un caballo, mi reino por un caballo”.

Tiempos aquellos de permisividad y descontrol. Algunos aseguran que también el carnaval lo es y que por eso se usan máscaras. El carnaval se puede rastrear hasta 5 mil años de distancia y pasearse por las saturnales y las lupercales romanas hasta cuando navegantes portugueses y españoles lo trajeron hasta estas tierras denominadas en el pasado “de Gracia”.

Fue Río de Janeiro el más grande carnaval del mundo, hasta que al fin llegó la admisión de que tal récord había pasado a Caracas, pues otra cosa no fue la visita de Lula Da Silva a La Habana ataviado con una relampagueante guayabera roja. Caracas, desde hace unos años, inaugura su carnaval el 4 de febrero con aviones rusos sobrevolando los cielos y tanquetas adornadas con banderas alusivas y unos disfraces que causan la envidia de las escolas de Samba. Con un poco menos de cabello Diosdado ha podido alegar estaba disfrazado de Marcos Pérez Jiménez.

Sin embargo, este país holográfico -con dudas si llamarlo caricatural- no se conforma con el desplome de Rio y avanza sobre París. Este 4 de febrero hemos visto los Estados Generales convocados para anunciar el vicepresidente que el presidente de la Asamblea Nacional ha diseñado la nueva gorra oficial, la que estará presente para distinguir a Caracas como la nueva capital de la moda mundial, como símbolo perenne de la agitación y de la amenaza. Ni en París en 1789 se realizó anuncio tan trascendente.

No ha sido el hecho de Luis XVI destituir al ministro Necker. La ceremonia más bien parecía de celebración de uno nuevo, la de Elías Jaua como Canciller. Inválidos sí, con todo y alguna dama disfrazada de princesa enseñando al pueblo un seno del cual amamantarse. No se celebrará al año siguiente la demolición de la Pastilla. Aquí se ha convertido al Museo Militar en la Toma de la Pastilla y para ello se ha fijado el 14 de julio como la real de las elecciones locales de alcaldes y concejales, una postergada una y otra vez, en abierta violación de todo, porque una vez tomada la Pastilla “los revolucionarios nos tomamos la Pastilla cuando nos de la gana”.

París tiembla. Ha sido desplazado como cuna de una memorable revolución. El nuevo 14 de julio tendrá como escenario a Venezuela, con unas elecciones para los cuales se modifican circuitos y se complace al partido gobernante para que tenga tiempo de elegir a sus candidatos. El 14 de julio será venezolano. Ya la oposición anuncia, con ese carácter que hace temblar las piedras, que se harán primarias en el pintoresco municipio caraqueño de El Hatillo, mientras todo lo que se observa indica que tendrán un nuevo retroceso.

Quizás uno confunda las fechas. Quizás este ditirambo de vicepresidente mostrando la gorra diseñada por su socio en el poder, más la reaparición de Ricardo III, más la inauguración oficial del carnaval 2013 el memorable, por sangriento, 4 de febrero y elecciones un 14 de julio para usurpar a París la Toma de las Pastilla lo hayan a uno confundido y ya uno no sepa si es Shakespeare el que pone a gritar al usurpador “mi reino por un Cabello”.

tlopezmelendez@cantv.net

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