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Democracia siglo XXI

mes

junio 2012

Odres nuevos


por LUIS ENRIQUE ALCALÁ

 

Intervenir la sociedad con la intención de moldearla involucra una responsabilidad bastante grande, una responsabilidad muy grave. Por tal razón, ¿qué justificaría la constitución de una nueva asociación política en Venezuela? ¿Qué la justificaría en cualquier parte?

Una insuficiencia de los actores políticos convencionales sería parte de la justificación si esos actores estuvieran incapacitados para cambiar lo que es necesario cambiar. Que ésta es la situación de los actores políticos tradicionales es justamente un afirmación que puede sostenerse, y acá se incluye a los viejos partidos—AD, COPEI, MAS, Causa R—tanto como a nuevos: Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo o el Partido Socialista Único de Venezuela.

Y no es que se descalifique a los actores políticos convencionales porque supongamos que en ellos se encuentre una mayor cantidad de malicia que lo que sería dado esperar en agrupaciones humanas normales. Se les descalifica desde la persuasión de su incapacidad para comprender los procesos políticos, de un modo que no sea a través de conceptos y significados altamente inexactos. Puede desautorizárseles, entonces, si llegamos a convencernos de su incapacidad constitucional para diseñar cursos de acción que resuelvan problemas realmente cruciales. El espacio intelectual de los actores políticos tradicionales ya no puede incluir ni siquiera referencia a lo que son los verdaderos problemas de fondo, mucho menos resolverlos, puesto que está construido sobre esquemas conceptuales obsoletos. (La ubicación en un eje izquierda-derecha, por ejemplo). Así lo revela un cuidadoso análisis de las proposiciones que surgen de los actores políticos tradicionales, como supuestas soluciones a la crítica situación nacional, situación a la vez penosa y peligrosa.

Pero junto con esa insuficiencia en la conceptualización de lo político debe anotarse un total divorcio entre lo que es el adiestramiento típico de los líderes políticos y lo que serían las capacidades necesarias para el manejo de los asuntos públicos. Por esto, no solamente se trata de entender la política de modo diferente, sino de permitir la emergencia de nuevos actores políticos que posean experiencias y conocimientos distintos.

Las organizaciones políticas que operan en el país no son canales que permitan la emergencia de los nuevos actores que se requieren. Por lo contrario, su dinámica ejerce un efecto deformante sobre la persona política, hasta el punto de imponerle una inercia conceptual, técnica y actitudinal que le hacen incompetente políticamente. Hasta ahora, por supuesto, el país no ha conocido opciones diferentes, pero, como bien sabemos, aun en esas condiciones los registros de opinión pública han detectado grandes desplazamientos en la valoración popular de los actores políticos tradicionales, la que es cada vez más negativa.

Por evidencia experimental de primera mano sabemos que los actores políticos tradicionales están conformados de modo que sus reglas de operación se oponen a los cambios requeridos en conceptos, configuraciones y acciones políticas. Por esto es que es necesaria una nueva asociación política: porque de ninguna otra manera saludable podría proveerse un canal de salida a los nuevos actores políticos.

………

No basta, sin embargo, para justificar la aparición de una nueva asociación política la más contundente descalificación de las asociaciones existentes. La nueva asociación debe ser expresión ella misma de una nueva forma de entender y hacer la política y debe estar en capacidad de demostrar que sí propone soluciones que escapan a la descalificación que se ha hecho de las otras opciones. En suma, debe ser capaz de proponer soluciones reales, pertinentes y factibles a los problemas verdaderos.

No debe entenderse por esto, sin embargo, que tal asociación pretenda conocer la más correcta solución a los problemas. Tal cosa no existe y por tanto tampoco existe la persona o personas que puedan conocerla. Es ése, precisamente, el problema de definir a una organización por una ideología, que no es otra cosa que la pretensión de disponer de una panacea o solución universal. Ningún actor político que pretenda poseer la solución completa o perfecta es un actor serio.

Siendo las cosas así, lo que proponga un actor político cualquiera siempre podrá en principio ser mejorado, lo que de todas formas no necesariamente debe desembocar en el inmovilismo, ante la fundamental y eterna ignorancia de la mejor solución. (Lo perfecto es enemigo de lo bueno). Más todavía, una proposición política aceptable debe permitir ser sustituida por otra que se demuestre mejor: es decir, debe ser formulada de modo tal que la comparación de beneficios y costos entre varias proposiciones sea posible.

De este modo, una proposición deberá considerarse aceptable siempre y cuando resuelva realmente un conjunto de problemas, es decir, cuando tenga éxito en describir una secuencia de acciones concretas que vayan más allá de la mera recomendación de emplear una particular herramienta, de listar un agregado de estados deseables o de hacer explícitos los valores a partir de los cuales se rechaza el actual estado de cosas como indeseable. Pero una proposición aceptable debe ser sustituida si se da alguno de los siguientes dos casos: primero, si la proposición involucra obtener los beneficios que alcanza incurriendo en costos inaceptables o superiores a los beneficios; segundo, si a pesar de producir un beneficio neto existe otra proposición que resuelve más problemas o que resuelve los mismos problemas a un menor costo.

En ausencia de estas condiciones para su sustitución la política que se proponga puede considerarse correcta, y dependiendo de la urgencia de los problemas y de su importancia (o del tiempo de que se disponga para buscar una mejor solución) será necesario llevarla a la práctica, pues el reino político es reino de acción y no de una interminable y académica búsqueda de lo perfecto.

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Pero es importante también establecer que no constituyen razones válidas para rechazar una proposición la novedad de la misma (“esto no se ha hecho nunca”) o la presunción de resistencias a la proposición. Por lo que respecta a la primera razón debe apuntarse que una precondición de las políticas aceptables es precisamente la novedad. Respecto de la existencia de resistencias y obstáculos hay que señalar que eso es un rasgo insalvable de toda nueva proposición. El que las resistencias y los obstáculos hagan a una proposición improbable no es una descalificación válida, puesto que el trabajo del hombre es precisamente la negación de probabilidades, la consecución de cosas improbables.

Toda proposición política seria, y muy especialmente las que se pretenda emerjan por el canal de una nueva asociación política, deberá estar dispuesta a someterse a un escrutinio y a una crítica comparativa que se conduzcan con arreglo a las normas descritas más arriba. La “objetividad” política sólo se consigue a través de un proceso abierto y explícito de conjetura y refutación, pero jamás dentro de un ámbito en el que lo pautado es el silencio y el acatamiento a “líneas” establecidas por oligarquías (so pena de verse enfrentado a tribunales disciplinarios), o en el que se confunde la legitimidad política con la mera descalificación del adversario.

Las ofertas provenientes de los actores políticos tradicionales son insuficientes porque se producen dentro de una obsoleta conceptualización de lo político. En el fondo de la incompetencia de los actores políticos tradicionales está su manera de entender el negocio político. Son puntos de vista que subyacen, paradójicamente, a las distintas opciones doctrinarias en pugna. Es la sustitución de esas concepciones, por otras más acordes con la realidad de las cosas y con nuevos moldes conceptuales—la ciencia de los sistemas complejos, por ejemplo—, lo primero que es necesario, pues las políticas que se desprenden del uso de tales marcos conceptuales son políticas destinadas a aplicarse sobre un objeto que ya no está allí, sobre una sociedad que ya no existe.

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Tal vez el mito político más generalizado y penetrante sea el mito de la igualdad. Hay diferencia entre las versiones, pero en general ese mito es compartido por las cuatro principales ideologías del espectro político de la época industrial: el marxismo ortodoxo, la socialdemocracia, el social-cristianismo y el liberalismo. Sea que se postule como una condición originaria—como en el liberalismo—o que se vislumbre como utopía final—como en el marxismo—la igualdad del grupo humano es postulada como descripción básica en las ideologías de los distintos actores políticos tradicionales. El estado actual de los hombres no es ése, por supuesto, como jamás lo ha sido y nunca lo será. Tal condición de desigualdad se reconoce, pero se supone que minimizando al Estado es posible aproximarse a un mítico estado original del hombre, o, por lo contrario, se supone que la absolutización del poder del Estado como paso necesario a la construcción de la utopía igualitaria, hará posible llegar a la igualdad. (Entre estos polos procedimentales extremos se desenvuelven corrientes de postura intermedia, como la socialdemocracia y el socialcristianismo.) Entretanto, se concibe usualmente a la obvia desigualdad como organizada dicotómicamente. Así, por ejemplo, se comprende a la realidad política como si estuviese compuesta por un conjunto de los honestos y un conjunto de los corruptos, por un conjunto de los poseedores y un conjunto de los desposeídos, un conjunto de los reaccionarios y uno de los revolucionarios, etcétera.

La realidad social no es así. Tómese, para el caso, la distinción entre “honestos” y “corruptos” que parece tan crucial a la persistente y agravada problemática de corrupción administrativa. Si se piensa en la distribución real de la “honestidad”—o, menos abstractamente, en la conducta promedio de los hombres referida a un eje que va de la deshonestidad máxima a la honestidad máxima—es fácil constatar que no se trata de que existan dos grupos nítidamente distinguibles. Toda sociedad lo suficientemente grande tiende a ostentar una distribución que la ciencia estadística conoce como distribución normal de “las cualidades morales”: en esa sociedad habrá, naturalmente, pocos héroes y pocos santos, como habrá también pocos felones, y en medio de esos extremos la gran masa de personas cuya conducta se aleja tanto de la heroicidad como de la felonía.

Si no se entiende las cosas de ese modo la política pública se diseña entonces para un objeto social inexistente. Y esto es lo usual, pues nuestra legislación típica incluye un sesgo hacia una descripción angélica de los grupos humanos—la famosa “comunidad de profesores y estudiantes en busca de la verdad” de nuestra legislación universitaria, por ejemplo—o bien hacia el polo contrario de una legislación que supone la generalizada existencia de una propensión a delinquir, como es el caso de la legislación electoral o del instrumento orgánico de “salvaguarda del patrimonio público”.

Es necesario entonces que esa óptica dicotómica e igualitarista sea suplantada por un punto de vista que reconozca lo que es una distribución normal de los grupos humanos.

Por ejemplo, la distribución teóricamente “correcta” de las rentas, de adoptarse un principio meritológico, sería también la expresada por una curva de “distribución normal”, dado que en virtud de lo anteriormente anotado sobre la distribución de la heroicidad y en virtud de la distribución observable de las capacidades humanas—inteligencia, talentos especiales, facultades físicas, etc.—los esfuerzos de una sociedad adoptarán asimismo una configuración de curva normal.

Esta concepción que parece tan poco misteriosa y natural contiene, sin embargo, implicaciones muy importantes. Para comenzar, en relación con discusiones tales como la de la distribución de las riquezas, nos muestra que no hay algo intrínsecamente malo en la existencia de personas que perciban elevadas rentas, o que esto en principio se deba impedir por el solo hecho de que el resto de la población no las perciba. Por otra parte, también implica esa concepción que las operaciones factibles sobre la distribución de la renta en una sociedad tendrían como límite óptimo la de una “normalización”, en el sentido de que, si a esa distribución de la renta se la hiciera corresponder con una distribución de esfuerzos o de aportes, las características propias de los grupos humanos harían que esa distribución fuese una curva normal y no una distribución igualitaria, independientemente de si esa igualación fuese planteada hacia “arriba” o hacia “abajo”.

No es, sin embargo, la normalización de una sociedad una tarea pequeña. La actual distribución de la riqueza en Venezuela dista mucho de parecerse a una curva normal, y es importante políticamente, al igual que correspondiente a cualquier noción o valor de justicia social que se sustente, que ese estado de cosas sea modificado.

Otra conclusión, finalmente, que se desprende del concepto de sociedad normal, es que el progreso posible de una sociedad es el progreso que desplaza a la curva normal como conjunto en una dirección positiva, y no el de intentar el igualamiento de la distribución por modificación en la forma de la curva. Si bien es posible que todos progresen, los esfuerzos que lleven una intencionalidad igualitaria están condenados al fracaso por constituir operaciones tan imposibles como las de construir un móvil perpetuo. Tan imposible como hacer que una población esté compuesta por genios, es lograr que sea toda de idiotas. Tan imposible como hacer que toda sea una población de santos es obtener que sea íntegramente conformada por delincuentes, y, por tanto, en una sociedad económicamente justa, no podrá ser que todos sus habitantes sean ricos o que todos sus habitantes sean pobres.

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Son concepciones como las arriba contrastadas las que constituyen un viejo y un nuevo paradigma político. Por un lado las concepciones que se hacen cada vez más ineficaces y menos pertinentes. Por el otro las que introducen una perspectiva inusitada y en correspondencia con una visión más exacta de lo social, lo que reduce la impertinencia política, al ser concepciones más del tiempo de esta gran fase nueva de la civilización. Es importante construir lo necesario para que se dé el tránsito de uno a otro paradigma, de uno a otro concepto, de una vieja a una nueva conceptualización. Esto precisa de una nueva asociación política. Los actores políticos tradicionales, legitimados internamente por sostener alguna posición ideológica en algún “espacio” del viejo eje político de derechas e izquierdas, difícilmente pueden aceptar lo que tendrían que aceptar, que es, ni más ni menos, que de aquello que les sostiene no es posible deducir soluciones a los problemas políticos importantes. Las reglas de las organizaciones políticas tradicionales configuran un ambiente asfixiante que impide la ventilación de planteamientos que difieran de las interpretaciones consagradas. Es necesario por esto diseñar y crear una nueva asociación política, con unas normas que faciliten la emergencia y difusión de las nuevas concepciones, así como la actividad de nuevos y más competentes actores políticos individuales.

*Luis Enrique Alcalá reproduce en su página web www.doctor.politico.com  de este 30 de junio de 2012 este artículo de fecha 17/07/2008, pero que tiene absoluta vigencia, diríamos que patética vigencia.

Editorial: Más allá del fútbol

Este abrazo entre mamma Silvia y Mario excede al fútbol. Es una lección para la Europa de espaldas.

Una democracia intervenida

Por: Alternativas | 27 de junio de 2012

JOSÉ FERNÁNDEZ-ALBERTOS

 

Casi todas las propuestas concretas que se discuten como posibles soluciones a la crisis actual (devaluación interna, consolidación fiscal, creación de una unión bancaria o incluso fiscal europea) exigen, de manera más o menos explícita, un aislamiento de la política económica respecto de las demandas de la ciudadanía: Las reformas y recortes necesarios habrán de imponerse por muy impopulares que estos sean, y las decisiones de los gobiernos nacionales deberán ser supervisadas de manera más estricta por instituciones supranacionales sobre las que los ciudadanos apenas tienen capacidad de influencia.

Este progresivo aislamiento de la política económica respecto del control democrático ya lo llevamos practicando algún tiempo, y conocemos algunas de sus consecuencias: desafección de los ciudadanos, crisis de gobernabilidad asociadas al declive de los principales partidos, y aparición de tendencias populistas y extremistas. Como recientemente señalaba el politólogo James Alt parece que estemos siguiendo una versión adaptada del famoso consejo de los hermanos Marx: “si tienes un problema, contrata a un experto; esto hará que el problema se haga más grande, pero al menos tendrás experto”.

Algunos argumentan que esta crisis política es pasajera. En el momento en que las políticas impopulares empiecen a dar sus frutos en términos de crecimiento, la gente olvidará que los gobernantes las adoptaron de espaldas a ellos. A la población, se dice, le importan los fines, no los medios.

Este razonamiento parte, como mínimo, de una premisa errónea: pensar que hay “una” forma óptima de resolver la crisis y para dar con ella lo mejor es “aislar” a los políticos de la influencia de los votantes. Es esta una visión ingenua que ignora el hecho de que cualquier resolución de la crisis actual pasa por un reparto determinado de los costes del inevitable ajuste al que se enfrentan nuestras economías.

Dicho de otra forma, el hecho de que toda solución a la crisis implique una distribución determinada de sacrificios entre países, entre grupos sociales, y entre individuos nos obliga como sociedad a responder preguntas de naturales puramente política: ¿Qué grupos han de ser los más castigados por los ajustes y qué grupos han de ser protegidos? ¿Deben pagar más los contribuyentes o los beneficiarios del Estado del bienestar? ¿Qué tipos de contribuyentes y qué tipos de beneficiarios?

Desengañémonos: no existen respuestas “técnicas” a estas preguntas, sino únicamente políticas. Y la mejor forma que tenemos para resolver los debates distributivos que subyacen a todas estas cuestiones es mediante métodos democráticos.

Usurpar al debate público estas cuestiones y obligar a los políticos a seguir los dictados de expertos o agencias supranacionales no sometidas al control democrático tiene, además, la indeseable consecuencia de hacer estas políticas más frágiles e inestables en el tiempo. Este es uno de los argumentos que defiendo en el libro “Democracia Intervenida“: es precisamente el hecho de que los políticos tengan que someterse periódicamente al escrutinio ciudadano lo que hace que las políticas impopulares que adoptan sean inestables y generen incertidumbres en la economía.

Tengamos pues menor miedo a la democracia. Sólo adoptando políticas que gocen de amplio respaldo social lograremos que éstas sean percibidas como creíbles y sostenibles en el tiempo.

José Fernández-Albertos (twitter: @jfalbertos) es investigador en el Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC. Acaba de publicar “Democracia Intervenida. Políticas Económicas en la Gran Recesión” (Alternativas – La Catarata), que presenta este próximo miércoles 27 de junio a las 19:00 en el Centro Cultural Blanquerna (c/ Alcalá, 44).

 

Cartilha sobre Economia Verde

 

Cartilha sobre Economia Verde
TN Sustentável
Resumo: 
Cartilha sobre instrumentos da Economia Verde propõe leitura crítica da conferência
[Por: Redação TN / Repórter Brasil / EcoAgência] Você sabe o que é mercado de carbono? E os Mecanismos de Desenvolvimento Limpo (MDL)? Já ouviu falar em Redução de Emissões por Desmatamento e Degradação, Conservação, Manejo Florestal Sustentável (REDD)? Pagamento por Serviços Ambientais (PSA)? Todos estes instrumentos e conceitos, que fazem parte da assim chamada economia verde, estão explicados e detalhados na cartilha “O Lado B da Economia Verde – Roteiro para uma cobertura jornalística crítica da Rio+20”.

Com exemplos de como tais mecanismos têm sido aplicados na prática no Brasil e opiniões críticas de acadêmicos e especialistas, a cartilha foi pensada para auxiliar jornalistas envolvidos na cobertura do evento, mas pode ser útil para qualquer um que tenha interesse em aprender e se aprofundar sobre os temas em discussão.

Produzida em parceria da Fundação Heinrich Boell com a Repórter Brasil, a cartilha traz uma análise sobre o novo ambientalismo de mercado que tem permeado os debates em torno da na perspectiva de seus críticos. Uma das principais pautas da conferência, a economia verde ainda carece de consenso entre os negociadores dos Estados-membros das Nações Unidas quanto à sua conceituação e definição. Grosso modo, porém, seus proponentes apostam em um uso mais economicista dos recursos naturais – rebatizados de capital natural, defendendo novas regras de lucratividade inerentes à preservação ambiental, para que ela se justifique.

Modelo de desenvolvimento 

A premissa de que a proteção do meio ambiente só ocorrerá se for economicamente vantajosa, no entanto, tem sido duramente criticada por parte da sociedade civil organizada, cientistas e acadêmicos. De acordo com eles, esta lógica deixa de fora os aspectos científicos e biológicos ligados à saúde do planeta, e sociais, culturais e espirituais inerentes à sobrevivência das populações rurais e tradicionais que dependem e convivem com a natureza e seus recursos. Acima de tudo, nega o fato de que as crises climáticas e ambientais são decorrência direta de um modelo de desenvolvimento intrinsecamente predador e depredador.

Abordando este debate numa perspectiva crítica, a cartilha traça um quadro das várias forças que deverão atuar na Rio +20, focando em seguida nos principais instrumentos já criados ou propostos para fortalecer o ambientalismo de mercado. Basicamente, são analisados os conceitos de mercado de carbono, Mecanismos de Desenvolvimento Limpo (MDL), Redução de Emissões por Desmatamento e Degradação, Conservação, Manejo Florestal Sustentável (REDD) e Pagamento por Serviços Ambientais (PSA). Além de explicar criticamente o funcionamento destes instrumentos, a cartilha aborda seu status no Brasil e traz exemplos polêmicos de sua aplicação no país.

O FUTURO QUE ELES QUEREM

Por Luiz Carlos Amorim – Escritor – Http://luizcarlosamorim.blogspot.com

Eu não tinha muita esperança na Rio+20, que acabou de acontecer no Rio de Janeiro, reunindo  Chefes de Estado de mais de cem países, para discutir a sustentabilidade do planeta e assim tentar salvar o meio ambiente de nós mesmos.

Pois não era para ter, infelizmente. O resultado dessa Rio+20 repete o fiasco da Rio92. Ela resumiu-se a muitas promessas para conter a destruição do meio ambiente, a diminuição da pobreza e das desigualdades no mundo, mas sem a definição de como serão conseguidos os recursos para isso, de parâmetros  que apontassem de onde sairiam esses recursos para viabilizar o que está no documento firmado ao fim do encontro.

Tudo como dantes no quartel de Abrantes. Aliás, mais detalhes importantes para colocar em prática e tornar mais eficiente e eficaz o “acordo” firmado entre os representantes de tantos países presentes no Rio foram deixados de lado. Os países ricos, por exemplo, trataram de jogar para escanteio alguns pontos importantes para o desenvolvimento da sustentabilidade, para que não tivessem que se enquadrar na “economia verde” prevista no documento “O futuro que nós queremos”. E assim continuarem a escalada de poluição e destruição.

“O que vemos aqui não é o mundo que queremos, é um mundo no qual as corporações poluidoras e aqueles que destroem o meio ambiente dominam”, disse um ativista do Greenpeace Internacional.

As ameaças ao nosso meio ambiente são muitas: desertificação, esgotamento dos recursos pesqueiros, contaminação, desmatamento, extinção de milhares de espécies e aquecimento global, e todas elas são reconhecidas por todos, mas o resultado da Rio+20 parece não ser o enfrentamento desses desafios.

O evento é muito importante para o mundo, sim. Mas o documento resultante não evidencia vontade política de mudar o caos em que está se transformando o nosso mundo. E nossos políticos, aqueles que representam a população do mundo, tem o dever e a obrigação de cuidar das pessoas e do planeta, fazendo leis que protejam os dois e cuidando para que sejam cumpridas. Esses políticos, donos do poder, não estão fazendo o seu trabalho, o trabalho para o qual foram eleitos para fazer. E a Rio+20 deveria cobrar responsabilidades, no documento tirado.

Qual é, mesmo, o futuro que eles querem?

 

Crítica a las élites liberales

 

H. C. F.  Mansilla / Filósofo y escritor

 

Se puede aseverar que después de muchos años de transición a la democracia, en América Latina el proceso de democratización ha generado notables edificios institucionales que coexisten en curiosa simbiosis con normativas no escritas, costumbres ancestrales y prácticas cotidianas premodernas, particularistas y hasta irracionales. Muchas veces la democratización y la modernización han servido para revigorizar tradiciones populistas premodernas y, de este modo, hacerlas más resistentes frente a impugnaciones realmente serias.

Uno de los componentes básicos de la legitimidad democrática contemporánea se asienta en la capacidad de la sociedad respectiva de brindar un nivel de vida decoroso a la masa de la población, nivel que está determinado en gran proporción por las exigencias siempre crecientes del público y estas, a su vez, por lo ya alcanzado en las naciones altamente desarrolladas. Se trata, obviamente, de demandas elásticas (hacia arriba), que presuponen un aumento incesante de las actividades económicas de toda índole y, por consiguiente, sobrecargas cada vez mayores sobre los frágiles ecosistemas de un planeta básicamente finito.

Aquí se halla una de las carencias centrales de las actuales élites modernizadoras liberal-democráticas, que no son capaces de mostrar alternativas a largo plazo frente a las demandas de bienestar y progreso de todos los sectores sociales. La concepción de un crecimiento económico ilimitado tiene un carácter universal y pertenece a la dogmática del neoliberalismo, al núcleo de la doctrina del desarrollo sostenible, a la programática socialista y socialdemocrática y a las tendencias populistas y nacionalistas. El que posea una índole universal, es decir: aceptada por casi todos los estratos sociales, no transforma a esta demanda en lógicamente racional y humanamente razonable.

Es, simultáneamente, una de las ideas básicas que a priori subyacen a casi todas las teorías de la transición democrática. En vista del carácter finito de la Tierra y de los recursos naturales y considerando el incremento de la contaminación ambiental y el estado precario de los ecosistemas, estas visiones del mundo están edificadas sobre simples ilusiones, que los políticos, los responsables de los medios masivos de comunicación y hasta los teóricos del modelo democrático-liberal se han esforzado en mantener y fomentar como quimeras que dan réditos políticos.

En realidad la idea de un crecimiento irrestricto es un mecanismo de auto-engaño, que parte de presupuestos falsos, pero que tiene la función principalísima de tranquilizar las consciencias. De la misma forma, la competitividad a cualquier precio, la modernización a ultranza y el desarrollo como fin en sí mismo constituyen mitos contemporáneos basados en una lógica deleznable y en una total irresponsabilidad de cara al porvenir. En la praxis esto ha significado que la tradicional economía de subsistencia de muchas sociedades ha sido destruida, sin que una alternativa aceptable haya ocupado su lugar y que en pos de ganancias fáciles y rápidas el medio ambiente ha sido destruido de modo que nunca más podrá regenerarse.

Neoliberales comparten con antiliberales, populistas y socialistas algunas normativas básicas de la evolución histórica: el desarrollo y el crecimiento incesantes han sido convertidos en valores mágicos y casi sagrados, el desprecio por precauciones conservacionistas y ecologistas se mantiene pese a una cierta retórica de moda bajo el lema del desarrollo sostenible, y la edificación de un gran aparato productivo sigue representando la gran prioridad de políticas públicas.

La inmersión indiscriminada en la así llamada globalización y la competitividad a ultranza conforman rasgos de una psicosis colectiva, que terminará por erosionar todo contrato social, por convertir toda racionalidad en una meramente instrumental y por ceder la formulación de los grandes objetivos políticos en favor de consorcios privados, a los cuales el bien común les es indiferente.

Vemos entonces que uno de los problemas básicos del mundo contemporáneo es la calidad discutible de las élites políticas, en cuyas manos están los programas de modernización y democratización. La implementación de las reformas correspondientes ha estado y está en manos de grupos socio-políticos que disponen de la educación técnica y legal de rigor hoy en día, que exhiben las necesarias pautas cosmopolitas de comportamiento y que encarnan el espíritu tecnocrático de la época… y que son los principales responsables de la mediocridad del desarrollo global, de la preservación de la corrupción y de la ceguera frente a los dilemas de largo plazo, como son los temas ecológicos. Y es de lamentar que estos grupos en general posean irónicamente una legitimación democrática.

Esta constelación se da también en Europa Occidental, aunque en proporciones más aceptables y sin tanta corrupción abierta. Las élites actuales, como observó Erich Fromm, se comportan como las clases medias en su versión vulgarizada: ven los mismos programas de televisión que las clases subalternas, leen ─ si es que leen ─ los mismos periódicos, tienen apego por las mismas normativas, por los mismos gustos estéticos: la diferencia es cosa de cantidad y no de calidad.

La democracia es también una oportunidad para renegar de la meritocracia genuina y del talento crítico, pues el comportamiento colectivo se nutre de la envidia, que es una de las características más profundas y duraderas de la psique humana. Se puede afirmar que la envidia es algo más vigoroso y resistente que el anhelo de libertad y resulta, bajo el ropaje de la igualdad, mucho más peligrosa para una sociedad razonable que las jerarquías basadas en principios hereditarios.

En el fondo, los igualitaristas desarrollan un apetito incontrolable por diversiones baratas e indignas, por honores circunstanciales y, sobre todo, por bienes materiales; estos designios culminan en el régimen menos igualitario que uno puede imaginarse, en la plutocracia. Su peligrosidad se deriva de su carácter engañoso y larvado: el millonario que ve los mismos programas de televisión que sus empleados o el primer secretario del partido comunista que se viste como el obrero modesto ─la situación corresponde a Corea del Norte, Vietnam, Laos y Cambodia─ disimulan la inmensa concentración de poder que tienen en manos y encumbren la colosal distancia que existe entre élite y masa.

La élite política alemana, aseveró Hans Magnus Enzensberger, está exenta de aspectos como placer, opulencia, generosidad, fantasía, sensualidad, estilo y consciencia del futuro: su máximo lujo es el lujo plástico de las tarjetas de crédito. Es un poder frío, burocrático y tedioso. Según este autor, los empresarios más poderosos no poseen consciencia de clase, no tienen un estilo propio y diferenciable de otros estratos sociales, no imponen criterios relevantes para la conformación de la esfera pública, no disponen ni de ideología ni prestigio fuera de su pequeño círculo. Los títulos y los rangos se han esfumado: un buen cocinero vale tanto como un ministro.

En lugar del genio o del investigador hoy es celebrada la estrella de televisión, el cantante de moda o el deportista de éxito; la cultura se ha transformado en un aderezo ligero para amenizar los programas de los medios masivos de comunicación.

En medio de la actual euforia favorable a la modernización compulsiva, al crecimiento económico incesante y al pluralismo ideológico, surge como obligación ética e intelectual señalar las posibles limitaciones de la democracia contemporánea, asociadas a la calidad de las élites políticas actuales. Como toda obra humana, hasta el modelo más avanzado de ordenamiento político puede exhibir aspectos criticables. Este impulso crítico, contrapuesto a las inclinaciones apologéticas que nuevamente están de moda, tiene sus más remotos orígenes en el pensamiento social de la polis griega de la Antigüedad.

Basta recordar que los representantes más ilustres del pensamiento clásico, Platón, Aristóteles y Tucídides, dedicaron una parte considerable de sus obras a examinar aquellos conflictos de la vida humana que constituyen los dilemas políticos por excelencia. Y ellos percibieron ya entonces variados aspectos problemáticos en el modelo organizativo de la democracia clásica ateniense y analizaron las causas de su fracaso.

A comienzos del siglo XXI se puede afirmar que es indispensable contar con una sociedad que sea consciente de sí misma, de su potencial evolutivo y sobre todo de sus limitaciones, aunque esa autoconsciencia crítica sea detentada por una fracción reducida de sus habitantes: los ciudadanos dedicados al ingrato oficio de la reflexión teórica y el análisis científico. La historia de los modelos socialistas en la segunda mitad el siglo XX es, en el fondo, una crónica de burocratización, deficiente asignación de recursos, corrupción en gran escala y absoluto desprecio de los derechos humanos.

Considerando la dimensión del largo plazo los mejores gobiernos han resultado ser aquellos que pertenecen a la tradición liberal-democrática y que admiten en su seno tendencias contrapuestas, porque este modelo pluralista se basa en una visión más sobria y más realista de los seres humanos que todas las concepciones y las prácticas basadas en una antropología positiva del Hombre. Como ya lo percibieron los clásicos del liberalismo en los siglos XVII y XVIII, un ordenamiento social relativamente sólido se fundamenta en una noción pesimista de la humanidad; sus instituciones y normas tienen en cuenta y saben lidiar con el espíritu egoísta de los mortales, sus vicios, ambiciones y discordias perennes. Lo que hace falta ahora son élites políticas liberales de espíritu crítico que estén a la altura de los retos de este siglo.

A la vista de los dilemas mencionados más arriba, lo que se requiere es algo incómodo: un análisis que ponga en cuestionamiento la validez de las metas normativas de la democracia liberal contemporánea y un estudio que ponga en evidencia los límites y las insuficiencias de los modelos democráticos, los aspectos negativos concomitantes de toda modernización, el carácter superfluo de tantos fenómenos vinculados a la globalización y, en primer lugar, la calidad de sus clases dirigentes.

Lo que podríamos llamar la calamidad del presente estriba en que es teóricamente posible construir una sociedad más justa y razonable en base a los logros tecnológicos y organizativos pre-existentes, pero esta posibilidad se ve coartada por factores que se encuentran allende el horizonte teórico-conceptual de las élites políticas y también de las masas populares.

Por otro lado, estas concepciones que alaban generosamente la modernidad globalizada y la democracia representativa parten de presupuestos equivocados con respecto a la construcción de una opinión pública amplia, crítica y esencialmente responsable de su labor; acarician ideas demasiado optimistas en torno al rol supuestamente positivo y progresista que juegan la prensa y sobre todo la televisión. Mientras más crece el ámbito que cubren la prensa, la radio y la televisión, más débil resultan ser su mensaje cultural y su facultad de educación crítica.

La dilatada cobertura de los medios masivos de comunicación ─precisamente su aspecto democrático-popular─ hay que pagarla mediante el incremento de una publicidad irracional y una programación cercana a la estulticia. Si antes los medios estaban destinados a un público pequeño de ciudadanos que razonaba acerca de los asuntos políticos, hoy se dirigen mayoritariamente a una masa de consumidores mediocres y pasivos.

Las consecuencias pueden ser funestas para la conformación de una opinión pública razonable y, por ende, para todo modelo de democracia: los medios sirven para transmitir desde arriba mensajes a las masas por medio de un autoritarismo suave y persuasivo, y no para esclarecer a la población o para brindar legitimidad a proyectos mediante el debate basado en los buenos argumentos.

La mayoría de los autores que propugnan las reformas democratizadoras no llega a aprehender la gravedad de la situación global, especialmente de todo aquello que tiene que ver con la dilapidación de recursos naturales y el incremento de las demandas de la población. Hace falta una ética de la responsabilidad (Hans Jonas) frente a la naturaleza y a nuestros descendientes, y esta no puede ser la tarea de muchos agentes aislados que persiguen sólo su ventaja individual, como ha resultado ser la democracia neoliberal del presente transformada en un mercado de demandas de corto plazo.

Para actuar con responsabilidad social de largo aliento necesitamos una administración pública imbuida de un espíritu crítico y de una comprensión adecuada de problemas complejos, lo que equivale, lamentablemente, a pedir peras al olmo.

Tenemos necesidad de la noción clásica del bien común, para evitar la caída en la anomia y la destrucción: la democracia pluralista y el mercado libre deben funcionar en el marco de valores generalmente admitidos y concebidos para un largo aliento. Tenemos asimismo que recobrar la capacidad de decir no a las dilatadas ineptitudes sociales, aceptadas democráticamente y difundidas por los medios masivos de comunicación.

“Hay que reanudar la crítica de nuestras sociedades satisfechas  y adormecidas”, escribió Octavio Paz, y “despertar las consciencias anestesiadas por la publicidad”. Necesitamos una consciencia pública racional que transcienda el cálculo de estrategias y que se preocupe por objetivos no cuantificables como la convivencia razonable con los otros, la conservación de los ecosistemas a largo plazo, la moralidad social y la estética pública. La vida bien lograda no significa una vida de consumismo material excesivo, sino una de cooperación adecuada con los otros.

Finalmente debemos pensar en revalorizar concepciones que no tienen precisamente que ver con democracia ni con modernización: el retorno a la tradición entendida como herencia crítica, la religiosidad en cuanto dotación de sentido y la revalorización de las meritocracias políticas e intelectuales como factores para diluir la alienante cultura moderna de masas y para refrenar las plutocracias mafiosas

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Uruguay: Voto militante en blanco: el grado cero de la ideología

 

Por Ricardo Viscardi

 

¿Quién votaría por nada? Una figura del negativo fotográfico milita, sin embargo, en el voto en blanco, cuando se trata de sufragio voluntario. La acción supone un objeto y se inscribe en una circunstancia. En razón de no encontrarse sujeta a coerción –contrariamente a lo que ocurre en las elecciones nacionales, la voluntad de sufragio negativo introduce la universalidad de una acción por nada en particular, que corresponde al sistema político de la nada[1]. Este sistema existe y se denomina nihilismo, conduce al debilitamiento de la realidad en su consistencia de idealidad y al aniquilamiento de todo sistema, por cuanto no existe sistema sin sistematización que le procure consistencia de ideas.

Contraponiéndose a todo análisis contextual, el voto que nadie obliga ni convoca a emitir se pone, por encima de las alternativas comiciales, en una perspectiva que anula toda especulación coyuntural. ¿Suponen las elecciones internas del Frente Amplio un retorno de la izquierda tradicional? ¿Significan un “voto castigo” contra el gobierno tupamplista? ¿Manifiestan una consistencia del núcleo duro de la militancia de izquierda pese al desgaste de una administración errática y una bancada parlamentaria pusilánime? ¿Señalan el principio del fin del auge electoral frentista, si se compara los menos de 200.000 votos que obtiene con los 45.000 de una elección interna de jóvenes blancos?[2] Todas esas consideraciones se empañan de nimiedad ante los casi 30.000 votos por nada que se parezca a lo que existe y que sin embargo insisten en decir que algo huele mal desde Dinamarca hasta aquí.

Desde siempre, la nada no es nada ante lo que supone sostenerla. Elevada con entidad porcentual a la manifestación de un desiderátum incoercible, esa nulidad demarca un imponderable que gravita por sí solo, liquidando cualquier elucubración paramétrica. Las elecciones han votado contra el electoralismo. Se ha cumplido con creces el desiderátum de la dirigencia frenteamplista de promover la participación, sobre todo porque votar contra las opciones sin estar obligado a hacerlo, introduce en la urna una exorbitancia que socava las estructuras en el sentido institucional del término.

A partir de un voto militante en blanco todas las hipótesis ideológicas son posibles y quedan convalidadas: un lugar perforado por exceso de responsabilidad supera las opciones disponibles en el plano de las correspondencias (entre pertenencias, sectores o afinidades). Esta situación de virtualidad analítica es la que surge de la instancia frenteamplista, en cuanto un porcentaje significativo de votos en blanco voluntariamente emitidos en elecciones internas de un partido, significan que la sectorialidad partidaria sirve de pretexto a una visión del mundo (aún ideológica) que no se conforma con las opciones propuestas, pero que no deja de ponerlas al servicio de algo que está por encima.

Un frenteamplismo sin Frente Amplio no equivale a una sistematicidad sin sistema o a una estructuralidad sin estructura. El progresismo frenteamplista requiere, como cualquier otro ideologema, una realidad propicia en nutrientes democráticos sedimentados. La idea sólo hace sistema ideológicamente si cuenta con materialidad agregada, que en función propicia a la idealidad del sistema científico, propenda a acrecentarlo acumulativamente[3]. Por el contrario,  el voto militante en blanco no significa una simpatía sumada, o una afinidad gravitante, sino el enjuiciamiento público de una orientación cuestionada.

La hipótesis de un frenteamplismo sin partido excluye al Frente Amplio de la democracia representativa, ya que esta última requiere una organización ideológicamente estructurada.  La ideología supone que las ideas son proclives a adquirir una condición natural. Tal integración está antes que la ciencia, es decir antes que la conciencia del conocimiento, pero sólo la ciencia cristaliza el vínculo entre las ideas y la realidad, de forma tal que la ideología siempre se encuentra interpelada –a favor o en contra- por la misión de la ciencia. Por el contrario, una ciencia que se convirtiera en conductora de la misión colectiva, subrogaría exitosamente a la ideología, ya que esta estaría de más, ante la unión consumada sin obstáculos entre el saber y la sociedad.

El “grado cero” de la ciencia advino con el estructuralismo, en razón de la adopción –por Lévi-Strauss a partir de su encuentro con el lingüista Jakobson- del criterio de un fonema cero en tanto rasero habilitante conceptualmente de toda serie fonética empírica. Este “grado cero” supone que por fin el concepto gobierna cualquier asignación de entidad, en cuanto una idealidad pura instruye la asignación de lugares posibles para cualquier serie natural puesta en consideración. Por consiguiente, el “grado cero” no se vincula a un grado superior o inferior en cualquier escala de progresión, sino por el contrario, señala la cristalización definitiva de toda estructura, en la interioridad pura de su propia conceptuación habilitante. Se trata entonces de un cero de neutralización[4].

Obtenida por hibridación, esa victoria de la forma-estructura sobre el sistema-naturaleza significa el triunfo final de la ciencia sobre la ideología, tanto cuando esta promulgaba una  edificante “ciencia de las ideas” como cuando adoptaba el aire culposo de “falsa conciencia”. El acceso directo de la ciencia a la realidad a través del lenguaje, incluso hasta englutir el borde del inconsciente lacaniano, consume el límite de la realidad como universo progresista, así como inaugura la sistematicidad del sistema de la ciencia como estructura, forma pura. Desde entonces, la ciencia no puede ser sino un hacerse a sí misma, como la figura del barón Münchausen, capaz de elevarse en el aire jalando sus propios cabellos, cayendo por elevación en tecno-logía. La perfecta vacuidad formal de la verdad justifica, por otro lado, un faltante habilitante: siempre habrá una jugada más y un lugar que hacerle jugar.

Una vez registrada cierta magnitud de la desistencia electoral, un exceso de expectativa inhabilita el análisis,  en razón de la imposibilidad de dividir y diferenciar las partes (análisis) de aquello que trasciende el marco de referencia. Esta posibilidad furtiva de un electorado polizón dispara en los sentidos más diversos todas las hipótesis sucesivas, porque la serie de posibilidades hipotéticas ha sido inhabilitada protéticamente por un militante que incluso, llegado el caso, también vota contra la elección propuesta. Un voto que excede la elección, pauta tanto la posibilidad de un abandono del campo partidario, como abona la hipótesis de una sectorialización alternativa, dentro de un mismo partido, en razón de la alternativa que lo impugna para dejarlo atrás.

 

[1] Sobre “sistema político de la nada”  ver Viscardi, R. “Celulosa que me hiciste guapo” en Compañero, PVP, http://www.pvp.org.uy/viscardi3.htm

[2] Ver respecto al análisis coyuntural Pereira, M. “Apuntes sobre las internas del FA” La Diaria (14/06/12) http://ladiaria.com.uy/articulo/2012/6/apuntes-sobre-las-internas-del-fa/

[3] Foucault –(1966)Les mots et les choses, Gallimard, Paris, pp.85-86- señala la deuda de la “ideología” con el sensualismo de Condillac,  en la perspectiva que culmina en los “ideólogos” en una “ciencia de las ideas” cuya irrisión por Napoleón, generara a posteriori el sentido peyorativo de “ideología” en tanto “falsa conciencia”, particularmente en Marx. Por el lado positivo o el negativo, “ideología” significa conceptualmente con relación a “ciencia”: se trata de una disputa por el patrimonio de la idealidad post-cartesiana.

[4] Tal como Barthes describe la coyuntura de la escritura literaria: Barthes, R. (1972) Le degré zéro de l’écriture suivi de Nouveaux essais critiques, Seuil, Paris, pp.60-61.

Antes de que anochezca el 1 de julio

Los brotes de la Primavera Mexicana

Por José Ángel Leyva

 

Estamos a unos días de que se realicen las elecciones presidenciales en México. La amenaza del retorno del PRI es una realidad innegable. El problema no es que regrese un partido, sino que venga con su cortejo de males que nos aquejaron durante más de 70 años… y que venga reforzado.

El priismo no es un partido, es una cultura que nunca se fue, es una forma de ser del mexicano. Está en cada ciudadano y en cada aspirante a gobernarnos, está en los medios masivos y en quienes no aceptan el disenso porque lo consideran anti climático, está en la desmemoria, en las cabezas reducidas por la desinformación y le negación de la verdad.

Coincido con Javier Sicilia en que lo correcto sería anular el voto porque no se escucha a la ciudadanía, sino a las propias consignas. Pero lo cierto es que esa decisión abriría la puerta al dinosaurio y a todas las bestias que devastarían lo poco que han dejado de este país, de esta “democracia”. Sólo hay que ver quiénes acompañan a Peña Nieto para darse cuenta de sus tiranosáuricas intenciones. Eso ya lo advirtieron los jóvenes que se identifican como “Yo soy 132”.

Hay ahora muchos anti Sicilias porque se atrevió a decirle lo que piensa a López Obrador, que es autoritario, que no escucha, que es intolerante, entre otras linduras, y se le olvidó también recordar que tiene un intenso pasado priista. De cualquier manera, no se le puede meter en el mismo saco a López Obrador, por una sencilla razón, es un hombre que ha demostrado honestidad y mucha entrega, valentía y coraje para enfrentar la maquinaria en su contra. Él gobernó la Ciudad de México, y debemos reconocerlo, no lo hizo mal. La cultura le importó un comino y mandó a la señora Raquel Sosa, anterior Secretaria de Desarrollo social, como Secretaria de Cultura. De ella escribió bastante nuestro amigo, ya desaparecido, el dramaturgo Víctor Hugo Rascón Banda, que no le dejó hueso sano. No hace falta abundar en el asunto, baste decir que yo le renuncié porque la considero una persona no sólo insensible sino enemiga de las artes y la cultura.

Nunca le hemos escuchado a López Obrador reconocer sus errores, o pedir perdón a las personas a quienes pudo haber atropellado con sus malas decisiones. Sería bueno para todos escuchar algo en ese sentido, lo humanizaría y lo pondría en otro saco. Pero no estamos ahora en el momento de los reproches y de las especulaciones. López Obrador es la única opción de hacer un cambio, por muy superficial que sea, para darle un respiro al país, para recuperar las instituciones y empujar la transición democrática de la nación. Él no es garantía de nada, pero es una oportunidad, es una apuesta basada en el privilegio de la duda. No obstante, como también lo ha dicho Javier Sicilia, si no hay ciudadanía no habrá cambio aunque López Obrador se parta el alma en el intento. La responsabilidad ahora no es de él, ni de los partidos que lo apoyan, que tampoco merecen nuestra credibilidad, pues además de todos los ejemplos de corrupción que han dado, también integran en sus filas a los viejos y vergonzosos cuadros del priismo más nefasto.

Sicilia puso varios puntos como condición indispensable para avanzar en la credibilidad electoral, en su utilidad de gobierno:

  1. Reconocer que en México se vive en el 98 por ciento de impunidad y sólo  un dos por ciento de justicia. Cualquiera sabe que puede cometer un crimen con la casi absoluta impunidad a su favor. No lo dijo sólo Sicilia, lo dijo la Comisión de Derechos Humanos. Es una prioridad revertir esta deformación social.
  2. Es inaplazable conformar una Comisión de la Verdad para saber cómo y quiénes son los responsables de más de 50 mil muertos por la violencia, que según fuentes no oficiales  asciende a más de 70  mil.
  3. Un compromiso para resarcir el tejido social, para construir ciudadanía.
  4.  En síntesis, una agenda nacional que comprometa a todas las fuerzas políticas de México, ganen o no posiciones electorales, para enfrentar los principales problemas del país, para hacer las reformas que requerimos y transformar esta caída en picada en un vuelo de progreso y de paz, de justicia, del fin de la corrupción que nos mina por fuera y por dentro, que nos impide exigir, manifestarnos, denunciar, comprometernos a ser parte de este movimiento que nos llama al cambio.

López Obrador no debe ver nuestro voto como voluntad incondicional, como un acto de sumisión y entrega a sus designios, sino como un gesto de confianza en su palabra. No debe interpretar que la revuelta, la inconformidad, la protesta, el hartazgo son un cheque en blanco para gobernar este país. Debe saber que es el despertar de la ciudadanía, y que no puede llegar a la Presidencia sin tener claro que será acotado por las mayorías que emiten un voto no a favor de él, sino  en contra del pasado, no un sufragio para que él decida y mande, sino para convocar a los mexicanos a sumarse en un esfuerzo colectivo por la transformación y recuperación de nuestra cultura, de nuestro porvenir, de la paz con justicia y dignidad como lo piden las víctimas de la violencia, y todos los que estamos conscientes de esa necesidad, de esa urgencia. Esperamos que cumpla el mandato ciudadano.

Yo daré ese paso, lo daré por el beneficio de la duda. Mi voto es de López Obrador.

La primavera mexicana

La primavera en México no es homogénea, en el centro y el sur es un despliegue de colores con oleadas de calor con lluvias aisladas, mientras que en el norte del país las flores pueden también ser el anuncio de la sequía. No obstante, la primavera es parte de un imaginario donde la luz se intensifica y el espacio adquiere un resplandor cromático advertido por la poesía arquitectónica de Luis Barragán.

Ahora hablamos de Primavera Mexicana para referirnos a los brotes de inconformidad, de indignación, de protesta, de organización ciudadana. Coincide, cierto, con los últimos días previos al verano que nos traerá las lluvias, a las tolvaneras que se avizoran en el horizonte electoral del primero de julio.

Reconforta y da aliento ver a los jóvenes, a esos ciudadanos que en su mayoría viven aún bajo la tutela paterna, no sólo manifestar sus puntos de vista y sus reclamos a una clase política que está muy lejos de ser representante de los intereses de una nación, de ser servidora de los anhelos de la mayoría, y sí usufructuaria de un poder que se mueve en la impunidad y entre las sombras para garantizar la inmensa riqueza de una cuantas familias que empobrecen y envilecen a nuestra sociedad. Los medios masivos por un lado y la corrupción por el otro son instrumentos de control y degradación en sus manos.

“Yo soy 132” no es un grito, es una declaración de reconocimiento del otro, de exposición de motivos individuales y colectivos, una aglutinación de conciencias, de voluntades que nos enseñan que ser joven no significa ser sumiso, indolente, apático, ajeno a las decisiones que determinan el futuro de su país. Son las conciencias más claras y transparentes que aún ven una posibilidad para salvarnos de la decadencia y el mal tiempo. “Yo Soy 132” son los primeros brotes de una primavera mexicana; no es un voto, es una necesidad inaplazable, un imperativo categórico, una voz que nos llama a ser.

http://www.laotrarevista.com/2012/06/antes-de-que-anochezca-el-1-de-julio/

 

Fue uno de los grandes lingüistas del Siglo XX y es un indignado del XXI

En su nuevo libro, “Los enemigos íntimos de la democracia”, Tzvetan Todorov, lingüista y ensayista, desnuda el dominio estadounidense y cuestiona el mercado.

POR JUAN CRUZ RUIZ

TODOROV. “Se nos da mejor construir nuestras vidas privadas que nuestras vidas en sociedad”, dijo.

Tzvetan Todorov, uno de los lingüistas más importantes del siglo XX, es un indignado del siglo XXI. Nació en 1939 en Bulgaria, allí conoció la burocracia dictatorial del Este, y para entender el mundo, y reconciliarse con él, viajó en 1963 en Francia.

Su alma es del universo, de allí donde va, me dijo en París, al término de una conversación sosegada sobre la razón de las últimas guerras. Era fiesta en la capital de Francia, la ciudad parecía un cementerio muy bello, y él me esperaba en su casa de dos pisos; abajo está la vivienda, y arriba tiene una especie de santuario-escritorio por el que pasea como un pianista de manos huesudas y claras y como un intelectual cuyo pelo ensortijado y abundante sirve de marco a unos ojos azules que muestran, a la vez, curiosidad y melancolía.

Acaba de publicar un libro que araña en el interior de los tópicos y los destruye. Este volumen, Los enemigos íntimos de la democracia, consiste en preguntas, que él va desgranando con la misma naturalidad con la que el niño del célebre cuento afirma que el rey está desnudo… Todo el mundo considera que la democracia que conocemos establece una relación racional con el mundo de libertades que hemos escogido, y resulta que Todorov ve lo contrario. Que Estados Unidos, que capitanea desde que se derribó el Muro de Berlín, obliga a creer que lo que hace siempre está bien, y utilizó el terrible suceso del 11S para convertirse en la policía del mundo; y buscando inexistentes armas de destrucción masiva obligó a alianzas destructivas para llevar a cabo “guerras preventivas” que en realidad fueron invasiones de países que en otro tiempo habían servido de aliados en África, en Oriente Medio o en Asia.

Entre otros desmanes de la democracia tal como la conocemos y la aceptamos, ese tiene indignado a Todorov. También lo tiene indignado el mercado, único intérprete aceptado de la crisis económica que padece el mundo. “¿Y si el mercado no tuviera razón?” Con preguntas así, Todorov, gran experto en desmontar la semántica para entenderla mejor, desmonta el andamiaje de mentiras “y tópicos” que permiten al hombre sentirse cómodo con las respuestas que el mundo del poder establece para aliviar su mala conciencia. Al final del libro uno sale también indignado; el lingüista búlgaro ha sido capaz de trasladarnos su indignación. Se lo dije. Me respondió:
-Sí, también me siento indignado. También siento que no tengo el remedio, la solución. Señalo en algunas direcciones, pero son propuestas muy generales. Sin embargo, no siento que este sea mi rol. No soy un activista político. No conozco todos los mecanismos del Estado, de la economía, de la cultura… Puedo intentar ofrecer un horizonte hacia donde dirigirnos. Soy, simplemente, un observador pacífico.

Pacífico y silencioso; es, sin duda, el lingüista con mayor prestigio en el mundo intelectual y académico, pero un día, animado quizá por su amor por las pinturas tremendas de Goya, empezó a indagar en los desastres de la guerra, y este es uno entre muchos libros en los que muestra su manera de ver el desajuste del mundo que causa, como pinta el genial artista aragonés, grandes quebrantos en la humanidad.

-Al final del libro uno tiene la impresión de haber estado buscando las respuestas a preguntas únicas. ¿Cómo se vive eso? 

-Poco a poco, mis libros se han convertido en libros sobre la moralidad, sobre las decisiones básicas. Creo que hoy en día esto es importante. Tenemos tantas opciones, pero no nos preguntamos las preguntas grandes e importantes como: ¿en qué tipo de mundo queremos vivir?, ¿qué tipo de vida queremos vivir?… Deberíamos volver a a hacernos estas preguntas. Yo lo quiero hacer pero no pretendo sentar cátedra. Intento hacerlo contando historias y provocando discusiones productivas.

-¿Se siente cómodo en este mundo en el que la privacidad es algo casi obsoleto, perseguidos como estamos por decenas de aparatos que nos conectan? 

-Por supuesto que no e intento no resignarme a ello en mi vida privada. Soy muy primitivo en este aspecto. Sí que uso ordenador e Internet. Pero creo que la interacción directa y humana, esa calidez, es mucho más interesante que el número de supuestos amigos que tiene uno en la red social… Hay algo de barbarie, aunque esta palabra quizá sea demasiado fuerte, en esta falta de privacidad. Hay algo de regresión, no de progresión, en todo esto.

Le pregunté qué alegrías nos quedan en medio de esta barbarie. El autor de El miedo a los bárbaros me dijo: “Hay muchas, pero creo que ocurren en privado. Cuando estoy con mis amigos comunicándonos y viviendo cosas juntos es cuando estoy más feliz. Cuando leo los periódicos es cuando me deprimo. Se nos da mucho mejor construir y organizar nuestras vidas privadas que nuestras vidas en la sociedad. En nuestros círculos más íntimos es donde mejor estamos. En este aspecto, hemos progresado mucho”.

http://www.revistaenie.clarin.com

FORMANDO PERIODISTAS DIGITALES PARA LA DEMOCRACIA DEL SIGLO XXI

 

 

Rubén A. Canella

Teresa C.Tsuji

Francisco J. Albarello*

Universidad Nacional de  Lomas de Zamora

rubencanella@ciudad.com.ar

teretsuji@ciudad.com.ar

francisco.albarello@speedy.com.ar

 

Resumen:

El programa “Periodismo Escolar en Internet” que presentamos

en este artículo es producto de una de las transferencias de

investigación y desarrollo  de la Facultad de Ciencias Sociales

de la UNLZ,  desde el programa “Medios de comunicación en

Internet” que es parte de una estrategia mayor para la

reducción de la brecha digital, ofreciendo a la sociedad y a la

comunidad educativa,  herramientas y conocimientos sobre el

cambio de paradigma que significa el impacto de las

tecnologías en el marco de la Sociedad de la Información. En la

estrategia de comunicación que se desarrolla desde la Cátedra

“Seminario de Periodismo digital”,  se incluyen principalmente

cuatro áreas de impacto, la que nos ocupa principalmente en

esta artículo es la formación del profesorado de las escuelas

medias y la asistencia para la puesta en marcha de periódicos

escolares con sus alumnos.

 

El resultado es una serie de publicaciones online realizadas

desde Tierra del Fuego a Jujuy que suma a más de cien

instituciones.

 

Como innovación implementamos actualmente  una publicación

que integra temáticamente los aportes de todos los

participantes teniendo una suerte de “agencia de noticias

nacional” de alumnos de escuela media, sin “agenda” super

estructural,  y con la visión local de perspectiva global.

Palabras clave: Periodismo digital, formación, e-learning, blearning, publicador.

Introducción

 

En la estrategia de comunicación que se promueve desde la

Cátedra Seminario de Periodismo digital, y la investigación que

se desarrolla desde el programa “Medios de comunicación enInternet”, se incluyen principalmente cuatro áreas de impacto, éstas son: la formación de grado de los periodistas, la

formación de posgrado a los colegas periodistas profesionales y

de  otras disciplinas en el uso de herramientas de diversa

complejidad, según sus conocimientos anteriores y sus

necesidades; el desarrollo de revistas académicas y

capacitación de editores científicos para que califiquen sus

publicaciones de acuerdo con las normativas internacionales,

para su indización; y  como extensión,  la formación del

profesorado de las escuelas medias y la asistencia para la

puesta en marcha con sus alumnos de periódicos escolares, que

es el tema específico que desarrollaremos en este informe.

 

Los objetivos del programa son:

Reducir  la brecha digital en el plano del conocimiento

operativo y conceptual.

 

Capacitar a los docentes en el uso de TICs, como usuarios y

productores.

 

Promover protagonistas responsables de su historia, a través

del ejercicio de la comunicación social con el objeto de afianzar

la democracia.

 

Estimular la apropiación y uso de las TICs, por parte del

alumnado en funciones que trasciendan lo lúdico.

“Periodismo Escolar en Internet” está en su tercer año y ha

crecido exponencialmente tanto en la participación como en la

cantidad de visitas al portal que integra a nuestro proyecto

entre otros 16, orientados a los docentes de escuela media –

denominado Educared- sostenido como programa por la

Fundación Telefónica de Argentina.

 

Comenzamos con diez escuelas en el primer año y hoy estamos

capacitando noventa. Las visitas del portal, que integra cerca

de 20 proyectos crecieron  de diez mil en el primer año a

doscientas cincuenta mil a principios del tercer año.

Periodismo Escolar en Internet es un desarrollo integral de

nuestro equipo de investigación desde los contenidos, el diseño

y desarrollo del sistema de aula virtual que se utiliza y elsoftware publicador.

La organización de los cursos online involucran los cuatro ejes

que consideramos válidos para la articulación de la ciencia: la

reflexión epistemológica, la teoría, la metodología y la práctica.

Si bien el fin está dirigido a la apropiación tecnológica, creemos

esencial que se entienda el cambio del contexto del nuevo

paradigma de la comunicación digital (que integra la

hipertextualidad, la multimedialidad, la interactividad y la

actualización) para que no se siga trabajando con nuevas

herramientas sobre viejos conceptos.

 

Se incluye la participación en foros y sesiones de chat, a modo

de práctica, dado que la mayoría de los capacitandos

(docentes) no tienen esta experiencia y sus alumnos en muy

alto porcentaje conocen y dominan estos modos de

comunicación.

 

La implementación del proyecto “Periodismo Escolar en

Internet”

 

El proyecto Periodismo Escolar en Internet comienza en el año

2003 y propone utilizar Internet para que las escuelas

produzcan publicaciones periodísticas digitales con el trabajo de

docentes y alumnos.

 

La propuesta es llevada adelante por nuestro equipo docente

en alianza con el portal educativo EducaRed

(www.educared.org.ar) de la Fundación Telefónica de

Argentina. Se utilizan herramientas diseñadas y realizadas por

la cátedra tanto en la plataforma educativa como en el sistema

de publicación.

 

El proyecto se encuentra organizado en dos etapas: la primera

consiste en un curso de capacitación destinado a los docentes

en el que se reflexiona sobre los alcances de Internet para la

educación y se propone una apropiación concreta desde la

escuela. La segunda etapa está dedicada a la publicación de un

periódico escolar -utilizando un software especial que incorpora

las posibilidades de recibir y editar el material antes de su

publicación- en el que participan los docentes y los alumnos

como editores y periodistas, a fin de dar a conocer lasactividades de la escuela, sus experiencias, sus puntos de vista y todo lo que crean de interés para un público local-global.

 

Actualmente, esas dos etapas se dan en forma simultánea,

integrando la reflexión y la práctica en una misma instancia de

producción.

 

En el 2003 tuvo lugar la fase piloto del proyecto, con la

participación de 13 escuelas de Capital Federal y Zona Sur y

Oeste del Gran Buenos Aires (además de una escuela del

interior del país); en el 2004 se desarrolló el proyecto a escala

nacional, con la participación de 35 escuelas de todo el país. En

el 2005 se está desarrollando en todo el país, en 90 escuelas

de 20 provincias y en tres escuelas de Iberoamérica.

Desarrollo

 

La experiencia del 2003

El proyecto piloto estuvo circunscrito a 13 escuelas de capital

Federal, Zona Sur y Oeste del Gran Buenos Aires. Las

instituciones fueron contactadas por los responsables del

proyecto, quienes nos conectamos directamente con sus

autoridades a fin de lograr un compromiso institucional por

parte de las escuelas.

 

La primera etapa del proyecto (el curso de capacitación) tuvo

lugar entre el 23 de agosto y el 15 de octubre. Nos habíamos

propuesto, en la primera etapa  que por cada escuela

participaran tres docentes, a fin de involucrar en la mayor

medida posible a las instituciones.  El interés suscitado en las

escuelas, fue bueno ya que se inscribieron inicialmente más de

60 docentes (5 por escuela)  de los que 40 terminaron el

curso. Tuvimos tres encuentros presenciales (uno al comienzo,

otro a la mitad y un tercero al finalizar el proyecto), que

ayudaron significativamente para el dictado del curso y el

apuntalamiento de los docentes con más dificultades de

participación (por problemas de conectividad y de uso habitual

de la PC e Internet). Asimismo, los encuentros sirvieron para

generar un acercamiento afectivo importante entre los

participantes y quienes llevamos adelante la experiencia.En la segunda etapa del proyecto se concretaron las producciones, fueron desiguales en cuanto a la calidad y la

dedicación, pero se llegó a cumplir el objetivo final, y 12

escuelas lograron poner en línea su periódico digital, que

pueden ser visitados en la página web de EducaRed:

(http://www.educared.org.ar/periodismo/2004/educared2003/index.asp).

 

De la evaluación que del proyecto realizaron los mismos

docentes que participaron como alumnos, destacamos algunos

aspectos:

la valoración del curso fue positiva, la temática despertó

mucho interés, y la metodología fue evaluada como

correcta, varios docentes manifestaron dificultades de acceso

(conectividad, equipamiento necesario, etc.), tanto en

forma particular como desde las instituciones respectivas

es desigual la valoración que hacen de los espacios de

interactividad (foro, chat), pero en su mayoría fueron

aprovechados positivamente

la mayoría de los docentes manifestaron preferir que los

contenidos del curso se encuentren impresos además de

estar online

el software de publicación (desarrollado por la cátedra y

denominado Newsmatic) resultó sencillo en cuanto a su

manejo, aunque la falta de tiempo complicaba la

optimización de su manejo.

todos los docentes manifestaron interés en continuar con

la experiencia durante el ciclo lectivo 2004.

 

La experiencia del 2004

Podemos marcar como una de las diferencias principales con la

fase piloto el hecho de que las escuelas se inscribieron

voluntariamente al proyecto a través del portal EducaRed. Esto

implica que las escuelas tienen un interés particular en

participar del proyecto y que cuentan con las herramientas

mínimas para hacerlo. Asimismo, nos encontramos con

proyectos institucionales (muchos de ellos curriculares) que

incluían el desarrollo de un periódico escolar, y en muchas

escuelas éste se viene produciendo en forma impresa.Otro de los elementos que marca una diferencia es la procedencia geográfica de las escuelas: 12 de la Provincia de

Buenos Aires, 11 de Capital Federal, 2 de Tierra del Fuego, 2

de San Juan y 1 de provincias tales como Santa Cruz,

Neuquén, Río Negro, Santa Fe, Córdoba, La Pampa y Jujuy. La

variedad geográfica de las escuelas enriquece la experiencia en

tanto los docentes que participan se sienten más impulsados a

compartir sus opiniones y sentimientos en los espacios de

encuentro con sus colegas, que son el foro y el chat, además

de los encuentros presenciales, de carácter optativo, dadas las

dificultades impuestas por la distancia. Es así que se ha

observado una participación mucho mayor en las instancias

virtuales, si comparamos la experiencia con la fase piloto del

2003.

 

Se puede decir, entonces que en porcentajes hemos superado

el 70% de resultados. Si sumamos a esto que no es un tema

curricular, que no aporta puntaje, y que es un esfuerzo

agregado a sus tareas formales, entendemos que es alto el

nivel de entusiasmo que genera el proyecto. Hay que destacar

que, proporcionalmente, se registraron mejores resultados en

las escuelas distantes del interior del país, dado que los

docentes e instituciones involucradas valoran mucho este tipo

de propuestas.

 

Como muestra del éxito y de la penetración registrada por el

proyecto, resaltamos dos hechos puntuales: uno es el caso de

la Unidad Educativa Nº 19 de Intendente Alvear (Provincia de

La Pampa), donde su periódico escolar fue declarado de interés

municipal y provincial por parte de la intendencia municipal y la

Honorable Cámara de Diputados de esa provincia,

respectivamente. El otro caso es el del Colegio Santa Teresita

del Niño Jesús, de la localidad sanjuanina de Rawson, donde el

intendente declaró al periódico de interés municipal, y él mismo

escribió un artículo felicitando a los docentes y resaltando el

hecho de que se trata del único periódico digital de la ciudad.

 

Pueden visitarse los avances 2004 en

http://www.educared.org.ar/periodismo

Y consultar desde ediciones anteriores el desarrollo del proyectodurante el 2004.

 

La experiencia del 2005

La propuesta del año 2005 fue duplicar la cantidad del año

anterior llegando a cuarenta escuelas,  y diez más por el

posible abandono en el desarrollo del curso. Al cierre de la

inscripción teníamos más de cien postulantes que cumplían con

los requisitos solicitados y presentaban proyectos institucionales

válidos.

 

Después de una rigurosa selección quedaron noventa escuelas

aceptadas en el proyecto, esto demandó incluir a nuevos

tutores, para ello integramos a algunos docentes que

participaron como alumnos en experiencias anteriores, y que

estaban familiarizados con el contenido y el sistema.

Está en proceso la capacitación de las  90 escuelas de

Argentina y tres internacionales con una participación de

aproximadamente trescientos docentes en 20 provincias. Las

publicaciones están en proceso de  preparación, y se pueden

visitar las que están en marcha. Al mismo tiempo, se inauguró

una “fase abierta”, en la cual todos los interesados en el

proyecto puedan acceder a los textos principales del curso,

debatir en el foro de discusión y participar de algunas

publicaciones colaborativas disponibles para tal fin.

Los avances del 2005 pueden visualizarse en

http://www.educared.org.ar/periodismo

Perspectivas (1)

 

Nicholas Burbules afirma que “si un usuario no logra participar

eficazmente en todas las oportunidades que ofrece la Internet,

no se puede decir que tenga acceso a la Red, aún cuando

posea un ordenador y esté conectado”. Con “participación

eficaz”, Burbules se refiere a que las personas puedan

conseguir “que se le preste atención a sus ideas y opiniones”.

En ese sentido, Periodismo Escolar en Internet propone que las

escuelas sean comunidades que compartan información para

que –sumadas entre ellas- se pueda prestar atención a sus

opiniones.  Es necesario generar información desde la propia

escuela, para pasar de “ser hablados” por los medios a “hablar”por los medios, cuestionando los criterios de agenda y

noticiabilidad de los medios de comunicación cuando informan

acerca de la escuela. En ese sentido, la Agencia de Noticias

Escolares que proponemos puede ser una herramienta

poderosa, gracias a las posibilidades que brinda la sindicación

de noticias (RSS) para importar y exportar información entre

las distintas publicaciones, y desde ellas a quienes la soliciten.

En cuanto a la modalidad que asume la incorporación de

Internet como medio de comunicación en el ámbito escolar, es

importante destacar que la Red permite no sólo analizar,

validar, y comparar la información (lo que vendría a ser una

parte del “acceso”), sino “producir” información, y esa

información no queda relegada a una “simulación” del proceso

comunicativo, sino que esa información puede llegar a un

destinatario, que está fuera de la comunidad educativa (público

global)”.  Si las TICs, impuestas en la sociedad por las lógicas

del mercado, apuntan a un individuo aislado, la escuela puede

generarles un  sentido comunitario a esas TICs a través de

proyectos que produzcan identidad colectiva en torno a la

escuela, y eso cambia el uso de esa tecnología.

 

De la evaluación de estos tres años de experiencia, las

principales dificultades que surgen en la implementación del

proyecto son: en primer lugar, lograr que éste sea un proyecto

institucional -que involucre a diversas áreas de la escuela y

que cuente con un apoyo efectivo de las autoridades del

establecimiento-; y en segundo término, lograr la continuidad

una vez que concluye el período de capacitación y el contacto

cotidiano con los docentes que participan del mismo. Desde

nuestra perspectiva, este es un proyecto de largo aliento, y se

puede decir que recién en la tercera o la cuarta edición, los

periódicos escolares van encontrando su articulación con su

institución de referencia y consolidando su equipo de

producción, del cual participan docentes y alumnos en forma

organizada.

 

Finalmente, podemos considerar que este tipo de proyectos

colaboran en la construcción de una verdadera “comunidad

virtual”, constituida por docentes y alumnos que participan

activamente en una tarea común. En ese sentido, resultasignificativa la valoración que hacen los docentes de este tipo

de espacios, y de acuerdo a lo que ha quedado expresado

en los foros de discusión, los comentarios a las notas

publicadas y las comunicaciones por correo electrónico, estas

expresiones pueden ser sintetizadas de la siguiente manera:

valoración de Internet como medio de comunicación (el

que las escuelas distantes se encuentren, o que accedan

a instancias de capacitación de calidad)

valoración de Internet como herramienta de enseñanza y

aprendizaje (reconocimiento de su rol de mediadores con

los alumnos y de su necesidad de actualizar sus

competencias)

necesidad de reconocimiento de sí mismos: de su lugar

en su comunidad de referencia (local) y de identificarse

como docentes compartiendo un proyecto común (global)

valoración de la diversidad como enriquecedora (un arma

efectiva contra el prejuicio, el desconocimiento y la

indiferencia hacia el otro)

un espacio de encuentro (hasta afectivo) con el otro

 

Conclusiones

La escuela como institución-eje de la modernidad, se enfrenta

a una crisis profunda a raíz del nuevo contexto creado por el

advenimiento de la  Sociedad de la Información, y motorizado

por la revolución tecnológica de los medios de comunicación.

Lejos de desentenderse de su rol de formadora de sujetos en

un paisaje confuso y lleno de incertidumbre (definido por

muchos como posmoderno), la escuela necesita incorporar en

su seno a los nuevos medios digitales -especialmente Internet

como síntesis integradora-, pero no para reproducir las lógicas

que éstos entrañan, sino para realizar una verdadera

“mediación pedagógica” que se reapropie de los mensajes en

sus contextos culturales correspondientes y -sobre todo- desde

una perspectiva humanista y educadora, que no se centre en la

lógica consumista ni en la perspectiva determinista del

racionalismo tecnológico, omnipresente en la sociedad de

comienzo de siglo.

 

Invitamos a visitar las publicaciones y a participar en los

espacios de comentario tanto internos de las publicacionescomo el espacio público abierto a la comunidad interesada en

la temática, con el objeto de enriquecer la experiencia y

estimular a los estudiantes con la visita de pares y docentes de

otras latitudes, para hacer realidad esta posibilidad de

trascender las fronteras, en una búsqueda de integración

Iberoamericana (la lista de los contactos está en las

referencias). Los autores quedamos a disposición de los colegas

para responder consultas o ampliar información, o discutir las

posturas.

 

*Cátedra: Periodismo digital, Facultad de Ciencias Sociales.

Universidad Nacional de  Lomas de Zamora

Notas

1.            Los conceptos expresados en esta sección fueron

desarrollados por el Lic. Francisco Albarello en la ponencia

“Construyendo la comunidad global desde la identidad local”,

durante el  II Congreso Iberoamericano de Educared, celebrado

en Buenos Aires los días 31 de junio, 1 y 2 de julio de 2005.

BIBLIOGRAFÍA:

Battro, Antonio, Denham, Percival,  La educación digital,

(Buenos Aires), Emecé, 1997

Burbules, Nicholas. Callister, Thomas,  Educación: riesgos y

promesas de las nuevas tecnologías de la información,

(Barcelona), Granica, 2001

Carli, Sandra (Comp.), Estudios sobre comunicación, educación

y cultura, (Buenos Aires) Stella-La Crujía, 2003

Huergo, Jorge (Editor), Comunicación/Educación. Ámbitos,

Prácticas y Perspectivas, (La Plata), Ediciones de Periodismo y

Comunicación, 2001

Litwin, Edith (Comp.),  Tecnología Educativa, (Buenos Aires),

Paidós, 1995

Morduchowickz, Roxana, Calomarde, Rosa, Minzi, Viviana,

Mórtola, Gustavo, Marcon, Atilio, Internet en la Escuela. De la

información al conocimiento, (Buenos Aires), Secretaría deEducación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2003

Pérez Tornero, José Manuel (Compilador),  Comunicación y

educación en la sociedad de la información, (Barcelona),

Paidós, 2000

Prieto Castillo, Daniel,  La Comunicación en la Educación,

(Buenos Aires), Ediciones Ciccus La Crujía, 1999

Negroponte, Nicholas,  Ser digital, (Buenos Aires), Atlántida,

1999. 1995

Referencias de algunos periódicos escolares

seleccionados

“Prisma.com” (Instituto San Agustín, Remedios de Escalada,

Provincia de Buenos Aires)

http://www.educared.org.ar/periodismo/prisma

“La otra Palabra” (Colegio Calasanz, Ciudad Autónoma de

Buenos Aires)

http://www.educared.org.ar/periodismo/laotrapalabra

“El Carmelo” (Instituto Nuestra Sra. del Carmen, Lomas de

Zamora, Provincia de Buenos Aires)

http://www.educared.org.ar/periodismo/elcarmelo/

“Noti 19”  (Unidad Educativa N 19,  Intendente Alvear, La

Pampa)

http://www.educared.org.ar/periodismo/noti19/

“Infoperico” (Centro Educativo Fe y Alegría Cristo Rey, Perico

Jujuy)

http://www.educared.org.ar/periodismo/infoperico/

“Spes Digital”  (Colegio Nuestra Señora de la Misericordia,

Capital Federal)

http://www.educared.org.ar/periodismo/spes/

“La Yerra”, (Escuela de Agricultura y Ganadería, Bahía Blanca)http://www.educared.org.ar/periodismo/layerra/

“Páginas Juveniles” (EGB 12 de Perito Moreno, Santa Cruz)

http://www.educared.org.ar/periodismo/paginasjuveniles/

“La Juana” (IPEM 118 Juana Azurduy, Córdoba)

http://www.educared.org.ar/periodismo/lajuana/

El prisionero imperfecto

Video de Teódulo López Meléndez sobre Intenet, redes sociales e información digital

http://www.youtube.com/watch?v=LvEWnsRUWaA&list=UUXeNZUcJ1NqA5w8wO5it-RQ&index=1&feature=plcp

Uruguay: El fantasma de la papelera en el palacio de la crisis

 

Por Ricardo Viscardi

La satisfacción generalizada que cundió en filas frenteamplistas por el número relativamente alto de votantes, considerado con un rasero que percibía un incremento de la apatía, se ha visto rápidamente eclipsada por una nueva crisis en palacio de quincho, o un nuevo quincho del palacio de la crisis. Sólo una desmesurada confianza en el oído justifica que las asociaciones perceptivas se conviertan en metáforas verosímiles. Sin embargo, nadie se aventuraría en medio de la circulación vertiginosa que cunde por nuestros días, sin permitirse percibir las señales de tránsito.

Así, gobernados por el instinto de la reacción en cadena para evitar el choque múltiple, convendría quizás atender la señal que proviene de la condena, por parte de un presidente reputado por una locuacidad fogosa, de un ministro a abandonar un cargo tras una filtración en sus filas[1]. Mujica parece decirnos: “La filtración soy yo”. El caso es que lo es. Por eso mismo, debemos tomarlo en serio cuando nos dice, sacrificando a un mensajero, que va a sellar el recinto presidencial. En efecto lo sella por partida doble, en cuanto para empezar todo sello es doble: estampa y molde, así como “sellar” en el sentido de convertir un recipiente en estanco, supone que la fisura ya filtra.

¿Cómo sellar la comunicación? Ese es el verdadero problema que afronta el presidente, comenzando por sí propio. ¿Es la filtración una pérdida de sentido o el sentido no consiste sino en lo que atraviesa una división? ¿No sería propiamente entonces la división lo que manifiesta el sentido, constituyendo polémicamente su propia condición de existencia? ¿No significa una división lo que permite percibir el sentido de los límites, o lo que es lo mismo, los límites del sentido? ¿Desde entonces, como gobernar sin dejar filtrar o sin dejarse gobernar por un filtrar?

Mujica ha percibido que una generalización de la filtración atenta contra la soberanía que sustenta a cualquier gobierno. Sin embargo, ese criterio también lleva a cuestionarlo por una facundia desbordante[2]. Quizás ni un presidente extraordinariamente locuaz ni alguna filtración indebida motiven la crisis, sino lo que ata las moscas por un zumbar, esto es, la extensión de la filtración en tanto régimen de gobierno.

La propia palabra “régimen” suena duro al oído cuando se acerca a “gobierno”, ya que no es muy popular hablar de “régimen democrático”. Ello proviene del vínculo que se establece inmediatamente entre “régimen”, “regulación” y “reglas”. Si alguien pone las reglas y regula, constituye un régimen. El problema pasa a ser quien es ese alguien. El problema del presidente pasó a ser, por lo tanto, ser alguien que gobierna sin dejar filtrar, porque toda filtración, revelando la fisura, atenta contra lo gubernamental y contra alguien en tanto pretenda poner las reglas, para regular y constituir un régimen. El régimen no admite que se filtre lo que lo gobierna, porque desde entonces, la regulación decae en un régimen débil, lo que manifiesta a las claras que un gobierno consiste, ante todo, en expresar que gobierna quien está por encima de las reglas[3].

Pareciera, desde esa perspectiva de cohesión de un régimen gubernamental, que el reproche que le dirige el vicepresidente al presidente, en torno a cierto desvanecimiento de las reglas, adquiere el sentido de una exigencia de “mano dura”. Mantener las reglas es regular autoritariamente. En este plano ingresamos en un paroxismo de la contradicción entre la filtración y el gobierno, ya que Astori se dirigió al presidente en razón de la conmoción que produjo, en su propio sector político, la separación del cargo de un ministro que tenía por uno de los suyos. ¿Acaso predica Astori que debe dejarse correr la filtración y que esa regla es la regla del régimen que contraría Mujica, al pretender regularlo soberanamente?

Por más descabellada que parezca la ley de un régimen cuyas reglas no dependen de nada ni de nadie, eso es lo que refrenda el propio presidente, cuando desiste de enviar a la papelera una ley de medios que había destinado a ese bochornoso destino al inicio de su mandato[4]. No sólo anuncia que no la embocará en el cesto de lo impromulgable, sino que además se aboca a decir que no será una ley que regule ningún contenido, ultraliberalismo que  convierte tal ley en mera regulación de emisiones[5]. Por consiguiente, el presidente admite que ya no gobierna más, sobre todo en el sentido de impedir las filtraciones que tanto le preocupan, ya que excepción hecha de los contenidos, no se ve que quedaría por filtrar en un sentido que superara la trascendencia de un fluido. Por lo mismo anuncia presidencialmente que todas las filtraciones estarán a la orden del día. Se dirá que esta actitud es desconcertante, contradictoria y funambulesca, como se ha dicho tantas veces del actual presidente, pero cabe subrayar que admite una renuncia a gobernar, ya que no se ve en que sentido una ley podría renunciar a todo efecto sobre los contenidos, sin convertirse acto seguido en mera ley de la fuerza –abandonando por lo mismo toda pretensión a la emblemática “fuerza de ley”[6]. En ese punto, tal ley forzaría ante todo a quien la promulga a renunciar, o lo que es igual, supondría que renuncia quien la promulga, ya que un reino de la pura fuerza no se compadece con ninguna soberanía gubernamental, sobre todo con una que pretende impedir las filtraciones.

El desconcierto que se apodera del análisis ante estas aporías gubernamentales, que afectan al propio sentido ante todo, quizás promovidas por una oclusión terminal de los términos que llevaría al consiguiente auge de filtraciones interminables, merece que la cuestión sea llevada más allá del gobierno.

Lo primero que se encuentra en el “exterior inmediato” del gobierno es el partido de gobierno. Aquí nos encontramos ante un reverdecimiento electoral interno, aunque la súbita lozanía adquirida votación mediante[7], podría asimismo tomar el sentido del (re)surgimiento del verde en los chistes de velorio. Encandilados por una emisión del voto los frenteamplistas tienden, al igual que el presidente salido de sus filas, a condenar la ley de los contenidos.

No se observa que la decisión fundamental de la votación no está en el contenido de las urnas, según el número de votantes o los sectores que primen sobre otros y n+1 observación coyuntural, sino en su instalación funeraria. Se ha decidido que un conjunto de decisiones orgánicas se adopten con el concurso del sufragio universal y secreto de los frenteamplistas. Detrás de este razonamiento obra, a la chita callando, la idea de que es “más democrático” el voto de cada militante que su participación orgánica. Idea que es precisamente la que se había propuesto destruir la “cultura de izquierda” que pretendía que las formas democráticas no subsumían a los contenidos sociales. A punto tal de mofarse de las meras formas de elección democrático-liberal y considerarlas una “farsa” del poder, ajena y sobre todo enemiga, manipulación ideológica, social y económica de los explotados mediante, de la verdadera democracia.

Si alguien supusiera que la lucha contra el estalinismo y todas las formas de totalitarismo surgidas en la izquierda fundamenta la apertura a la democracia liberal bajo todas sus formas, le haríamos notar que el razonamiento frentista al presente no es “dejemos entrar el aire fresco de la democracia liberal” sino “refrendémonos por la votación masiva”.  De ahí el ditirambo a una participación acrecentada. Sin embargo tal legitimidad demográfica no es sino lo contrario de una legitimidad fundada. En tanto “sentido del número” manifiesta una cifra aciaga: la que puede significar el “número del sentido” o sea, el numerario como criterio de verdad (poder, legitmidad, democracia, etc.).

En cuanto pretende legitimarse por el número de votos, abandonando el criterio del contenido de la participación, el Frente Amplio corre a su fin más rápidamente de lo que se cree. Confinada en la confianza numeraria en la participación electoral, una votación es un test de índole análoga a una encuesta de opinión. Por consiguiente apostar a la legitimación por el número de papeletas, supone ingresar indefensamente en un ámbito  donde lo que cuenta es la emisión (del voto, de la opinión, de la voluntad) antes que el contenido que se dejaría filtrar.

En este punto es donde se reúnen, tanto el inefable afán de Mujica por sellar las filtraciones, como la insistencia de Astori sobre las reglas gubernamentales, con el intento frenteamplista de una legitimidad numeraria de izquierda. Mujica no podrá, no podría nadie, sellar las emisiones que son la regularidad misma del poder en una sociedad de medios, tanto más cuanto su propia presidencia no es sino un avatar mediático ante todo. Oscilando entre lo uno (ser el uno que gobierna) y lo otro (ser el otro que habla) irá fatalmente por el mismo camino de la renuncia que hoy le pide a un ministro, sin percatarse que vaticina sobre el desenlace de su propia inviabilidad, como lo anunciamos tiempo atrás[8]. Astori defenderá las reglas, que en una sociedad de medios son la medición de valores (contenidos incluidos) por el mercado y por lo tanto no se opondrá a las filtraciones, sino que las organizará bursátilmente. El Frente Amplio procurará la emisión del voto en su favor, sin dejar de favorecer ante todo el voto de la emisión, que lo llevará a un justo medio (de los medios), que mayoritariamente no son de izquierda.

[1] “Mírame a los ojos” La Diaria (4/06/12) http://ladiaria.com.uy/articulo/2012/6/mirame-a-los-ojos/

[2] “Juan Castillo: “Mujica habla mucho” Teledoce.com (26/11/10) http://www.teledoce.com/noticia/15540_Juan-Castillo%3A-%5CMujica-habla-mucho%5C/

[3] Es el criterio de Karl Schmitt: “soberano es quien determina el estado de excepción”.

[4] “Mujica descartó tener proyecto de ley de medios” Teledoce (24/05/12) http://www30.teledoce.com/noticia/34329_Mujica-descarto-tener-proyecto-de-ley-de-medios/

[5] “El presidente reiteró la idea de no “tocar” las líneas editoriales de lo medios”, tituló el portal del gobierno” La Red21 (01/05/12) http://www.lr21.com.uy/politica/1040893-el-presidente-reitero-la-idea-de-no-tocar-las-lineas-editoriales-de-los-medios-titulo-el-portal-del-gobierno-uruguayo

[6] Derrida parte del extraordinario sentido de esta expresión, que de por sí, deconstruye tanto como gobierna. Derrida, J. “Nombre de pila de Benajamín” en Derrida en castellano (sitio instalado por H. Potel) http://www.jacquesderrida.com.ar/textos/walter_benjamin.htm (acceso el 04/06/12)

[7] Uval, N. “No está tan mal” La Diaria (29/05/12) http://ladiaria.com.uy/articulo/2012/5/no-esta-tan-mal/

[8] Ver en este blog el fin del texto “Los alias del Pepe: un ejército de sombras” http://ricardoviscardi.blogspot.com/2011/04/los-alias-del-pepe-un-ejercito-de_02.html

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