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Democracia siglo XXI

mes

enero 2012

Siria, la revolución determinante

Siria, la revolución determinante: audio de Teódulo López Meléndez

http://www.ivoox.com/siria-revolucion-determinante-audios-mp3_rf_1021659_1.html 

Embusteros por elección

 

Por Alberto Medina Méndez

Quienes asumen la responsabilidad de gobernar deben enfrentar permanentemente desafíos. Algunos son heredados de gestiones anteriores y conviven con la sociedad desde hace décadas. Otros fueron generados por el gobierno actual y deben también ser atendidos.

Ocuparse de los problemas que preocupan a la comunidad es una tarea cotidiana. Pero en esto de hacer política, de dedicarse a resolver cuestiones importantes, se deben seleccionar no solo las soluciones, sino también los argumentos y los métodos para encarar los asuntos.

El Gobierno argentino, después del inapelable resultado electoral de 2011, anunció una serie de medidas que tienen un norte muy definido, y que en su mayoría tienen un neto corte económico y claro impacto presupuestario.

Se han enfocado en prepararse para lo que se plantea como un escenario con nubarrones a la vista y con un 2012 que parece proponer ciertas dificultades internas y externas, algunas de las cuales no se visualizaron a tiempo ni se informaron, pese a conocerlas.

Pero el propio discurso oficial no se permite la utilización de determinados vocablos por su significado negativo para varias generaciones. Hablar de “ajuste” sería políticamente incorrecto, y en esto son cuidadosos y se atienen al manual del populismo, ese que dice que hay que encontrar argumentos para construir un relato que se acomode a las necesidades.

En ese contexto no les preocupa la inflación, ya que para la historia oficial no existe tal cosa, aunque en sus presupuestos anuales contemplen una cifra de incrementos que no parece encontrar explicación razonable y que pese a su distorsión ubique de todos modos al país entre los de mayor aumento generalizado de precios. Ellos llamarán a este fenómeno remarcación de precios o simplemente adecuación de precios relativos.

El novedoso combate político contra el sindicalismo, otrora aliado para el triunfo comicial, no tiene que ver con lo partidario. Solo se trata de una disputa, oportunista por cierto, para evitar que las negociaciones salariales en curso y las presiones gremiales para quedarse con una porción mayor de la torta, en esta ocasión no escalen y produzcan el indeseable efecto, desmentido tantas veces, de apalancar las inercias inflacionarias.

Una certera estrategia antisindical, pretende poner límite a las ambiciones desmedidas de los sectores gremiales siempre privilegiados, que ya no son la niña mimada porque la cosa no viene tan cómoda como antes, y cierto espiral inflacionario no es bienvenido, aun sin reconocerlo.

Por otro lado parecemos haber descubierto, luego de décadas, que el gobierno federal venía sosteniendo económicamente, ciertos servicios públicos de un distrito, circunstancialmente alineado en otro sector de la política, aunque este dato es menor y casual, y que esto ya no es admisible.

También hemos decidido dar por finalizada una prolongada etapa de subsidios a sectores poco simpáticos para la sociedad ( casinos, petroleras, bancos, etc ) como así también a barrios privilegiados de sectores económicos de buen pasar que gozaban de esta “ayuda”.

Para sostener esta medida, una andanada de intelectuales y hombres del espectáculo, desde una publicidad oficial pagada por todos, alientan a renunciar a los subsidios para que otros conciudadanos no deban privarse de ello. Sigue siendo una curiosidad saber si esta gente no necesitaba subsidios, quien se los concedió y porque, y que extraño mecanismo ha hecho que ellos “espontáneamente” se encuentren con este hallazgo de que ya no lo necesitan más y que otros lo precisan más que ellos.

En otro orden, un repentino interés por conocer el origen de los fondos de quienes desean comprar divisas extranjeras, y un afán por luchar contra el lavado de dinero, llevó a implementar un sistema de control de cambios cuya principal finalidad fue frenar la fuga de divisas y la disminución de reservas del Banco Central que semana a semana venía interviniendo el mercado con significativos aportes.

Una manipulación sin precedentes del comercio exterior, con poderes discrecionales para decidir, que, como, cuando y cuanto importar, es la más flamante adquisición del sistema. Esta vez el disfraz de turno es la protección a la industria local, aunque el pasar de los días pone en evidencia que se limita compra de bienes que ni siquiera se producen aquí.

Lo paradójico es que parecen todos “descubrimientos”, como si se tratara de asuntos nuevos, cuestiones que antes del turno electoral que le permitió renovar el mandato a la Presidente, no hubieran figurado en la agenda.

En este marco las alternativas son pocas. O estos asuntos existían antes de la elección y fueron ignorados con intencionalidad, o todos estos fenómenos se produjeron desde la semana posterior a la elección presidencial.

La racionalidad nos obliga a inclinarnos por la primera de las alternativas. En ese caso deberemos afirmar que estamos frente a timadores profesionales, gente que se ha especializado, no solo en el ocultamiento sistemático de información, sino en la construcción de argumentos falaces que intenten sostener demagógicamente ante el electorado, razones que no se ajustan a la realidad, pero que gozan de cierta simpatía popular, para que algo que a priori parece negativo, no lo sea tanto, o inclusive sea visualizado como un gran logro digno de ser elogiado y aplaudido.

Para prestigiar la política es preciso tener la grandeza de asumir responsabilidades por los errores propios y poner todas las cartas sobre la mesa exponiendo la realidad, sin atenuantes. Pero para eso se precisa integridad moral y honestidad intelectual. Y no abunda eso en la política de estos tiempos.

En política no solo se pueden elegir diagnósticos y posibles soluciones, también se pueden seleccionar estilos y formas. Cierto sector de la política, ha elegido una forma de plantear las cosas a la sociedad.

Y hay que decirlo, no tienen el monopolio, son solo una versión más burda y desenfadada, más irrespetuosa de la sociedad a la que subestima y toma por ingenua e ignorante, con la impunidad que solo aparece cuando la arrogancia y la soberbia son moneda corriente. En este caso, tenemos poco margen para la duda, evidentemente se trata de embusteros por elección.

Alberto Medina Méndez
albertomedinamendez@gmail.com
skype: amedinamendez
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EL HISTORIADOR, LAS VÍCTIMAS Y EL LECTOR

 

Fernando Mires

Fue un día de coincidencias. El 27 de  Enero, día en que las tropas soviéticas abrieron los portones de Auschwitz (1945) ha sido elegido en Alemania como el día de conmemoración del Holocausto, día de recogimiento, dolor, y sobre todo, de perplejidad. Y ese mismo día recibí del por mí muy estimado historiador de Puerto Rico, Carlos Pabón, un sugestivo artículo dedicado a las dificultades que tienen algunos historiadores para interpretar la violencia cuando esta va más allá de sus propios límites. Naturalmente Carlos pensaba en el Holocausto.

1.

Carlos Pabón cita entre otros al afamado historiador Eric Hobsbawm, quien confesó una vez su imposibilidad para dar cuenta de las experiencias de los campos de concentración. Faltó agregar, tal vez, que esa “ausencia” no sólo es un problema personal de Hobswabm sino de su teoría de la historia. Pues según los historiadores marxistas los “actores” principales son “los procesos”,  “las estructuras”, “el “desarrollo”, las  “fuerzas productivas”. De ahí que para dichos historiadores los testimonios sólo cumplen la función de confirmar interpretaciones que anteceden a los acontecimientos y a sus reales actores.

La reacción frente a la objetividad cientista ha llevado, apunta Carlos Pabón, a fortalecer el lado contrario, a saber: a intentar reducir la historiografía al simple relato testimonial. Así se explica por qué el rol de los historiadores ha sido ocupado muchas veces por literatos. Primo Levi, Imre Kertész, Alexandr Solyenitzin y más recientemente Herta Müller, entre tantos, nos han proporcionado magistrales relatos testimoniales a los que ningún historiador debería renunciar.

Al fin, pareciera que el texto de Carlos Pabón se inclinara hacia la obvia solución salomónica, a saber: la de que no puede haber interpretación sin testimonio. Pero, por otra parte, agrega Pavón, la historiografía no puede agotarse en la pura testimonialidad, la que en muchos casos proviene de escenarios traumatizantes  y, luego, carentes de precisión historiográfica. Por lo tanto, el problema persiste.

¿Qué sucede cuando el historiador no puede dar cuenta de determinados acontecimientos si éstos sobrepasan su posibilidad de interpretación? Pabón cita en ese punto la acertada conclusión de Giorgio Agamben relativa a que el historiador también puede dar, en determinadas ocasiones, testimonio de su incapacidad de testimoniar, y eso es, sin duda, una parte importante del relato.
Y yo agregaría algo más: Hay momentos en los que el historiador, si ha de ser honesto, debe aceptar la posibilidad “objetiva” de su propia indecibilidad y como tal darla a conocer. Eso quiere decir que hay capítulos de la historia que no pueden ser explicados de acuerdo a una lógica racional, o por lo menos, no desde la lógica y la razón del historiador, sino desde la de los hechores, sean estos torturadores, verdugos o dictadores. Pero como el historiador no es ni lo uno ni lo otro, ha de tropezar siempre con el muro de su propia indecibilidad.

La indecibilidad puede ser, además, muy expresiva. Porque -y este es el punto- cuando la radicalidad del mal no puede ser explicada o interpretada, ahí, justamente ahí, estamos comenzando a entender la verdadera radicalidad del mal. Quiero decir: el verdadero mal comienza allí donde no alcanzan las palabras para nombrarlo y, por lo mismo, para pensarlo. Ese también es el momento en que el historiador debe ceder, a través de su silencio, la palabra al lector.
La escritura y la lectura de un texto son dos fases del mismo problema. Nadie, o muy pocos, escriben para sí mismos. A la vez, el mismo texto puede ser entendido por dos lectores de un modo muy distinto. Recuerdo, por ejemplo, a un conocido, pero también fatuo crítico literario quien al referirse al Archipiélago Gulag de Solhenitsyn, no tuvo mejor idea que comparar los múltiples relatos de tortura, desaparición, prisión y muerte, con una guía telefónica. “Póngase usted mismo en un sólo caso de los cientos que relata Solhenitsyn” -contestó el moderador del programa-  “y quizás pensará diferente”.
Hay, evidentemente, historiadores y lectores que carecen de esa mínima sensibilidad que lleva a uno a “ponerse en el lugar del otro”. De ahí su incapacidad interpretativa. Pero también hay quienes puestos en ese lugar no encontramos las palabras para decir lo que sentimos.

La imposibilidad de interpretar la extrema radicalidad del mal es también una incitación a pensar sobre lo impensable.
2.

Fue quizás la intención de pensar sobre lo impensable, la razón que llevó al Parlamento alemán a invitar el mismo día 27 de Enero de 2012, al “Papa de la literatura alemana”, Marcel Reich-Ranicki, a pronunciar el discurso central. Mas, como era de esperarse, el de Reich-Ranicki no fue un discurso. Fue un testimonio. Así lo dijo el mismo: “No hablo como historiador sino como un testigo del tiempo; mejor dicho: como un sobreviviente del Gueto de Varsovia”

Marcel Reich-Ranicki cuyos padres y hermano fueron asesinados en los campos de concentración nazi, se limitó a relatar un día, un solo día de los muchos que vivió en el Gueto, donde era utilizado como traductor por las autoridades. Entre otras funciones, el joven Reich-Ranicki debía traducir en voz alta el expediente de la ejecución a los presos que iban a ser asesinados.

Con voz entrecortada por la edad (91) y la emoción, Reich-Ranicki fue relatando punto por punto los acontecimientos de ese día 22 de Julio de 1942 cuando, con eficacia burocrática, los nazis realizaron el traslado de cientos de habitantes judíos desde el Gueto hacia el campo de concentración de Treblinka.
Fue sólo al llegar al final de su relato, en medio de un casi aterrante silencio, cuando Reich- Ranicki dijo lo que todos sabían. “Esa operación tenía un objetivo; sólo un fin: la muerte”.
3.

Ese mismo día de recogimiento y dolor, 27 de Enero de 2012, las organizaciones fascistas y fascistoides de Europa asistieron a un baile de gala en Viena. Ahí, danzando, estaba también Marine, la hija de Le Pen. Al saberlo, fue inevitable que me pusiera en el lugar de “otros”: En el de los ciudadanos judíos que viven en Viena, por ejemplo.

Si como historiador hubiera tenido que narrar los acontecimientos de ese agitado día ¿habría encontrado las palabras adecuadas para tratar de entender esos bailes de la muerte?  Si, creo que sí. Pero esas palabras no son publicables

El lugar del simulacro

Teódulo López Meléndez

I

El presente está marcado por todo tipo de crisis. La crisis se ha hecho un elemento contextual común al orbe afectando al cúmulo de relaciones sociales y de formas orgánicas mediante el rompimiento del equilibrio de los factores de cooperación y competencia. Ello también ha conducido a un desplazamiento de los intereses valorativos de la relación humana.

La organización social es un sistema compuesto de un complejo de relaciones entre los hombres y entre los hombres y las cosas. Estamos en un mundo de tensiones irresueltas y de disfunciones organizacionales. Deberemos tratar el conocimiento porque él genera poder, sea simbólico o utilitario. Es lo que denominamos cultura, una que crea conocimiento, genera normas, construye una memoria colectiva, en suma, edifica una organización grupal dinámica. Hoy estamos inmersos en el proceso globalizador que implica un avance tecnológico inusitado con aceleración del tiempo y unificación de los espacios lo que lleva a totalizar la realidad.

Hay una economía global, una cultura de la virtualidad real que ha integrado las culturas en un hipertexto electrónico, espacio y tiempo se han modificado dado que el espacio de los flujos sustituye a los lugares y el tiempo atemporal se aposenta en sustitución de los viejos marcadores. Las formas de la sociedad industrial terminada, entre las cuales las maneras políticas, las representaciones sociales y los sistemas simbólicos, dan muestras de inoperancia.

El siglo XX lo fue de la física (relatividad, cuántica, microchip). El XXI apunta a serlo de la biogenética. El escenario es distinto, quedan modificadas las pautas y es menester tratar de mirar a la ingente velocidad que nos domina aunque el hombre parezca incapaz de asimilarla y procesarla. Los retos de la biotecnología y de la genética van más aceleradamente que la capacidad de respuesta humana, lo que no constituye un inédito, sólo que ahora los impactos globales pueden tener carácter irreversible.

En los atisbos de la protesta contra las crisis propias de este interregno encontramos también globalización dado que los grupos protestantes parecen conformados por diversas capas de la estructura social y sus discursos van dirigidos al conjunto de una sociedad civil global que si bien está en pañales, asoma como protagonista, tal como lo ha mostrado el movimiento de los indignados. Se proclama una protesta y se dice lo que no se quiere antes de aquello que se quiere indicando así la inestabilidad de los nuevos movimientos sociales. Ya la protesta social es otra, aunque las nuevas formas sociales apenas nos indiquen algunos elementos como la crisis del Estado-nación y de la “sociedad del bienestar”. Se globaliza la ansiedad, aupada por los medios informacionales que la tecnología ha puesto a disposición, aunque los resultados recuerden a procesos históricos lejanos como la imbricación religiosa-política en el mundo árabe.

Atrás quedaron las formas de los viejos conflictos y los protagonistas de los mismos. Frente a los desafíos las reacciones tienden a ser globales tal como lo es frente a las relaciones entre la humanidad y el planeta. No existe una respuesta sistemática y totalizadora, menos aún frente al desafío tecnológico del que nos ocupamos, pero los rasgos son de un pluralismo de cosmovisiones y culturas.

Los nuevos movimientos sociales que vemos marcan un proceso de transición muy diferente de los que podríamos llamar clásicos. En ellos encontramos esfuerzos de creatividad y de construcción de fundamentos y una obvia y justificable indefinición. Aún así hay valores emergentes. Pueden surgir frente a problemas puntuales, como la crisis económica, algunos pueden albergar sentimientos postmaterialistas, otros no pueden ser llamados revolucionarios en el sentido clásico pues no están divorciados totalmente de los mecanismos tradicionales de intermediación, aunque sea evidente que estos son incapaces de atender a sus viejas clientelas. Algo es evidente: no alteran, en su generalidad, el orden político (indignados) pero sí introducen exigencias de valores.

 

No olvidemos que surgen en las “sociedades del bienestar”, unos, otros en reacción a arcaicas formas dictatoriales (primavera árabe). En el primer caso no nacen de lo que podría denominarse “la rabia del desposeído”, pero producen conocimiento social que trata de extender la autonomía humana contra tomadores de decisiones enclaustrados en parámetros tradicionales. Son actores sociales complejos, aún en el segundo caso en el cual aparentemente hay sólo un deseo de liberación de regímenes autoritarios y de incorporación a un nuevo tiempo difuso. En cualquier caso,  en una revuelta contra valores dominantes.

Un elemento primordial es la calidad de vida, esto es, van sobre problemas específicos. Su método preferido, el de la abierta deliberación y el de toma de decisiones por consenso. Son antecedentes a mencionar en esta fase de transición porque quizás nos suministren elementos para otear frente a los planteamientos que caen como cascadas y de entre los cuales habrá de emerger la organización social sustitutiva.

II

Paralelamente a la conmoción social que vivimos y a la transición hacia nuevas formas entran en el escenario la cibernética,  la inteligencia artificial y todos los avances tecnológicos que se alzan como los nuevos facilitadores de metáforas. La cibernética pretende ser un rompimiento de estrechez y agrupar no sólo científicos de diferentes áreas sino empadronarse como movimiento de ideas. Si bien se plantea como el estudio de las máquinas su interrelación con los humanos es punto clave, a un ritmo sin antecedentes, sobre todo porque al modelar un objeto lo que ha tenido en cuenta ha sido la reproducción de su funcionamiento sobre otra estructura y el objetivo de mostrar un comportamiento similar a la del original, como las primeras similitudes con los animales, esto es, reproducir la vida. En buena medida ha emergido como nueva ideología.

La Inteligencia Artificial (IA) se ha propuesto el desarrollo computacional capaz de mostrar una conducta inteligente, en algunos casos emulando a los humanos, en otros sin perseguir tal emulación. En cualquier caso una computadora diseña actitudes y afecta disposiciones psicológicas. Las máquinas superveloces lo son cada vez más, al igual que sus aplicaciones. Si caemos en hipótesis lo menos que podemos argumentar es que vamos hacia una interrelación  hombre-máquina que nos conduce hasta planteamientos como el hombre protésico, el ciborg  o androides o humanoides o replicantes y, en el campo social, hacia una organización cooperativa de hombres y máquinas. De allí los planteamientos que hemos visto del transhumanismo y del posthumanismo.

Veamos a Internet: crece aceleradamente la conectividad, el ancho de banda, la capacidad de archivo y la velocidad. Debemos plantearnos entonces el nacimiento de una inteligencia colectiva. La tecnología rompe la lentitud de la evolución biológica, hasta el punto de considerarse que el siglo XXI será equivalente a 20 mil años de desarrollo lineal. El ciberespacio y la realidad virtual pueden conducir a un solipsismo extremo, la de la vida en un mundo virtual.

Los procesos científicos que vivimos han alterado la relación del hombre con la naturaleza y la interacción entre los seres vivos, de manera que ellos deben ser mirados en el contexto social. La tecnología es parte de nuestras vidas. Si bien podemos admitir  que la capacidad de modificar la naturaleza siempre ha estado presente en la historia humana, nunca como ahora. Asistimos, por ejemplo, a la paradoja de un sistema de comunicaciones que facilita notablemente el intercambio y la organización, pero que al mismo tiempo aísla.

Ciencia y sociedad marchan hoy entrelazadas, aunque, al mismo tiempo, ha producido la ruptura del equilibrio entre el hombre y la sociedad. El sistema de información se hace espectáculo pero las redes sociales permitidas por Internet permiten las agrupaciones para la defensa de las libertades o se ofrecen soluciones a los asuntos prácticos al tiempo que crea otros sobre instituciones hasta ahora consideradas fundamentales a la estructura social, como la familia, por ejemplo.

Este avance implacable de la era digital está fundamentado en una interacción de la tecnología, el procesamiento de información y el conocimiento aplicado a las máquinas. Las computadoras nos facilitan el acceso a la información, pero no muestran ejemplos de mejor aprovechamiento de la misma o de un índice crecimiento en educación. Qué es lo que se adquiere y qué lo que se internaliza. Es obvio que los efectos políticos ya los estamos viendo. McLuhan planteó la concepción de la idea global y su principal alumno, Derrick de Kerckhove, respondió a estas preguntas creando la idea de la inteligencia conectiva (Connected Intelligence, The Architecture of Intelligence. Pierre Levy planteó su concepción de la inteligencia colectiva (L’Intelligence collective. Pour une anthropologie du cyberspace).

III

Kerckhove estable  su tesis partiendo de la base que las tecnologías de las telecomunicaciones y la informática son una extensión de la mente humana, o lo que es lo mismo, mira a Internet como un cerebro global que interconecta los cerebros individuales. Esta conectividad generaría un nuevo espíritu colectivo.

Pierre Levy piensa que la creciente informatización de la sociedad produce una mutación antropológica similar sólo a la acaecida con la aparición de la escritura. Habla de la informática como de una nueva piel. Esta “inteligencia colectiva” estaría basada en la capacidad de intercambiar información y cooperar.

Nada nuevo, a no ser que esa inteligencia colectiva o conectiva se traduce en muchos casos en brutalidad colectiva. Sobre los efectos políticos hemos visto muchos ejemplos positivos, como la organización de la primavera árabe, pero otros que no lo son, como un embrutecimiento que impide ver los caminos o flujos del quehacer público. Es lo que algunos llaman “sugestionabilidad extrema” donde cada quien dice lo suyo en una anarquía que sólo confluye sobre absurdos.

En cualquier caso hay una modificación de los sentidos exteriores e interiores del hombre que pueden llevarlo a mero participante inodoro, incoloro e insípido de una voz común que sólo adquiere sentido si viene presidida de un sentido de cohesión. La ruptura conduce siempre a un estado de recomposición, aunque aún estemos en las nebulosas en los efectos de modificación social reales que la virtualidad pueda traer.

Los continuos intentos de regulación de Internet podrían mostrarnos una falsificación del traspaso del poder a un colectivo generalmente desmañado o el establecimiento simple de un nuevo gran mercado. Puede permitir un acuerdo de protesta o de convocatoria o el señalamiento de actividades específicas en un combate político determinado que tendrá o no consecuencias, pero esas consecuencias lo serían de la acción directa y no del medio que permitió la convocatoria.

Sin caer en el territorio de la catastrófico, nos aproximamos a considerar a Internet como un “accidente” a la manera en que lo define Paul Virilio, quien bien nos recuerda que no hay adquisición sin pérdida, lo que nos lleva a nosotros a advertir que en los campos del reparto del poder y de la organización social emergente sólo hay ahora confusión. No olvidemos que la comunicación en las llamadas “redes sociales” generalmente implica mantenerse en la virtualidad sin un encuentro real. Este espacio romántico y libre no es más que una fantasía. Es posible que estemos frente a un mero espejismo cultural, uno denominable como la sociedad red.

De qué manera, entonces, Internet y esta comunicación instantánea puede inferir en la modificación de un nuevo cuadro social, es la pregunta a plantearse. Autores como Manuel Castell (La era de la información) indican que para que una nueva sociedad emerja se debe producir  una transformación estructural en las relaciones de producción, en las relaciones de poder y en las relaciones de experiencia, las que para él se están sucediendo. En las primeras hacia lo que denomina capitalismo informacional; en las segundas en cuanto a la ya señalada de manera reiterativa crisis del Estado-nación sin que ello produzca una desaparición del poder, uno real convertido en inmaterial; en cuanto a las relaciones de experiencia señala la obvia redefinición de la familia, del sexo, de las relaciones de género y de la personalidad.

Al inicio de nuestras lecturas del presente siglo hablamos de un eterno presente singularmente mostrado con la celebración del arribo del año 2000, uno donde el tiempo era igual en todas partes y se medía en bites. A eso nos está conduciendo cada vez más esta tecnología de la información, así como a una “sabiduría” simplista producida por la cohabitación universal en el ciberespacio y por una razón fundamental: la información no es conocimiento.

Más pesimista, si se quiere utilizar este adjetivo, es Giovanni Sartori (Homo Videns) al señalar que Internet será para la mayoría sólo una manera de matar el tiempo lo que los hará analfabetos culturales. Lo vemos en la realidad virtual cotidiana con las “redes sociales” convertidas en el campo nuevo de la evasión de la realidad real. Compara la red con la televisión y, en efecto, parece sembrarse como un simple nuevo juguete de deterioro de la capacidad de pensar y del juicio crítico. De Homo Sapiens a Homo Videns a Homo Digitalis a Homo Insipiens.

Las consecuencias políticas son las mismas que hemos señalado para la glocalización: crisis del Estado-nación, organización continental, reverdecer de lo local, desaparición del ya anticuado concepto de soberanía y difuminación del espacio o territorio geográfico tal como lo hemos conocido. En el plano económico seguramente se verá facilitada la concentración y dominio de las grandes corporaciones. La necesidad de la información es ya ansiedad y esa ansiedad por satisfacer se pasea en pocas manos. Información no es conocimiento, debemos repetir.

La tecnología implica un cambio de sistema cultural que reestructura el mundo social. En buena medida la técnica se ha hecho autónoma, aunque plantee su existencia como un propósito de mejorar al hombre y en términos de eficiencia mantiene su planteamiento. En efecto, lo que denominamos progreso está ligado al avance tecnológico. Es obvio que no producirá  los mismos efectos en todas las sociedades y que estos estarán marcados por la incertidumbre y bajo la influencia de las condiciones socioeconómicas.

Es muy difícil trazar una prospectiva de una futura organización social partiendo de los avances tecnológicos del presente. Se debe mirar el futuro, pero es bastante probable que deba hacerse desde él mismo y ello implica la multiplicidad de hipótesis. Ellas pasan por lo señalado, la Inteligencia Artificial o el posthumano. Como nunca el hombre y la máquina están cercanos y entendemos que lo que ahora miramos como avance tecnológico en el mañana nos parecerá ínfimo y remoto. Quizás ha sido Michio Kaku (La física del futuro, La física de lo imposible), autor de la teoría de las supercuerdas, quien se ha atrevido a plantear posibilidades de lo que seremos. En su concepción estamos en la civilización O que terminará con el agotamiento de las actuales fuentes de energía, para avanzar hacia las civilizaciones I, II y III. Aventurando la posibilidad de una IV indica que en la III la energía utilizada sería “energía Planck”, la energía necesaria para rasgar el tejido del espacio y del tiempo. Los viajes interplanetarios a velocidades cercanas a la de la luz serían comunes, todo presidido por tres revoluciones, la informática, la biomolecular y la cuántica.

Ciertamente, mientras más aumenta la capacidad de informarnos a distancia más aislados nos encontramos. Parodiando a Kaku quizás esta sea una revolución no tan visible, dado que sentimientos y emociones se encierran cada vez más en el ámbito individual. Quizás el crecimiento de la violencia tenga parentesco directo con el egoísmo. Los tiempos de la técnica y del hombre son diferentes, el de la primera impone el ritmo lo que tiende a hacer del segundo un prisionero imperfecto de un instrumento perfecto. Si el desarrollo técnico es desmesurado hay que preguntarse qué falla en la civilización humana si da preferencia a los instrumentos sobre el fin último de su propia existencia. Ello nos lleva a reemplazar la realidad por el simulacro y, como hemos dicho, llegamos a preferir la copia antes que al original.

IV

 

Los procedimientos sobre el cómputo, el procesamiento y las comunicaciones afectan todo, desde la manera de trabajar hasta la agricultura, el transporte, la manufactura. La población se hace más móvil y necesariamente aparecen nuevos diseños organizacionales, las organizaciones mismas son pensadas como diseños computacionales poblados de “agentes inteligentes” artificiales.

Si la empresa de hoy tiende a ser una variedad de redes puede pretenderse trasladar a la organización social tal concepto y la capacidad de raciocinio medible en la competencia para gestionar y atravesar esas redes, de manera que sería menester plantearse el rol de los agentes inteligentes en la organización humana derivada del actual avance tecnológico.

Teóricamente la información está disponible para todos los agentes, pero la capacidad de uso dependerá de muchas variables, tales como normas, incentivos, las regulaciones de privacidad y las medidas de seguridad adoptadas por la sociedad.

Manuel Castells (La ciudad informacional. Tecnologías de la información, estructuración económica y el proceso urbano-regional) nos habla precisamente de la nueva forma social y espacial que en su criterio emerge y que así llama: la ciudad informacional.

El autor rechaza cualquier tipo de determinismo tecnológico al señalar que es la sociedad y el sistema económico imperante quienes determinan la adaptación de los avances tecnológicos a su servicio, no sin dejar de admitir el fuerte impacto de los segundos en la primera, pero en una interacción con todo el cúmulo de procesos políticos, sociales y culturales de los cuales saldrá el nuevo modelo de organización socio-técnica que él denomina  modo de desarrollo informacional que parece ser una readaptación del capitalismo que da por superada la producción industrial en masa. En otras palabras, el informacionalismo sustituye varios parámetros capitalistas que se reflejan, en el campo político, en un detrimento de legitimación política y de redistribución social. En otras palabras, vislumbra un aumento de las diferencias entre grupos sociales, una disminución del estado de bienestar en su capacidad redistribuidora y, a escala internacional, una creciente fragmentación que incrementa las diferencias entre países e, incluso, a su propio interior.

En cualquier caso, el futuro nos plantea unas relaciones sociales cada vez más centradas en las relaciones entre el hombre y la máquina. Puede plantearse que no estamos frente a una revolución de la información sino frente a una revolución tecnológica de la información, criterio perfectamente válido, porque implica una acción independiente que trata de imponerse sobre el cuerpo social y que lo modificará con o sin su consentimiento. Inclusive, pues, en el plano de la información estamos en un interregno, en un lugar de nadie donde está lejos aún de definirse eso que eufemísticamente llamamos futuro, lo que no impide afirmar que ya podemos asistir a los cambios en la constitución de la identidad y de la personalidad al ser modificadas todas las coordenadas espaciotemporales. Quizás el resultado sea una vuelta de la bolsa y el retorno al egoísmo extremo, a la conformación del dividuo y al aislamiento en el cual la computadora sea la expresión de un individualismo exacerbado en lugar de un aparente lugar de encuentro.

Quizás este sea el verdadero nombre del ciberespacio, el lugar del simulacro

 

 

Debate AP: Las nuevas democracias son inacabadas

De izquierda a derecha, Michael Oreskes, vicepresidente de Associated Press;El canciller brasileño Antonio Patriota; la canciller paquistaní Hina Rabbani Khar y Rachid Ghannouchi, cofundador del movimiento tunecino Ennahda,asiste al debate de la Associated Press sobre “democracia” en el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, jueves 26 de enero de 2012. La democracia occidental sigue siendo un modelo válido para el mundo si incluye a todos los sectores de la sociedad y adopta la igualdad como premisa
26 de enero de 2012

JOHN DANISZEWSKI

Muchos gobiernos que se autocalifican de democráticos temen en la práctica a la democracia y corresponde a sus pueblos tomar la iniciativa, como lo han demostrado las revoluciones conocidas colectivamente como la Primavera Arabe.

Esta fue una de las conclusiones el jueves del encendido “Debate sobre la democracia” entre gobernantes del mundo auspiciado por The Associated Press en el Foro Económico Mundial.

El debate indagó en la reciente incapacidad de los gobiernos democráticos para satisfacer las necesidades económicas de la gente, el funcionamiento del islam político en los sistemas democráticos y las presiones que sufren las democracias más nuevas, carentes tanto de instituciones estables como de tradiciones de derechos humanos, de las mujeres y de las minorías.

La discusión reunió al líder del partido islamista elegido en los primeros comicios democráticos en Túnez; los cancilleres de Brasil y Pakistán; un congresista estadounidense y el director de Human Rights Watch para responder a la pregunta: “¿Está la democracia a la altura de los retos del siglo XXI?”

En épocas de regímenes asediados por insurrecciones de masas; personas influyentes derribadas por denuncias de corrupción; amiguismo y fracasos económicos, cuando las democracias más desarrolladas parecen estar paralizadas por la intransigencia partidista, el debate preguntó si la democracia misma funciona.

En esta cumbre anual de los poderosos e influyentes, el moderador Michael Oreskes, vicepresidente y director editorial de la AP para Estados Unidos, pidió a los participantes que respondieran a la consigna de un manifestante de Ocupemos Davos: “Si el voto pudiera cambiar algo, sería ilegal”.

La respuesta de los panelistas: La democracia de tipo occidental sigue siendo un modelo válido para el mundo en la medida que incluya a todos los sectores de la sociedad y adopte la igualdad como premisa central.

El canciller brasileño Antonio Patriota dijo que la democracia seguirá siendo fuerte en tanto todos tengan voz. “Si la democracia es el régimen de la mayoría y la mayoría es pobre, entonces la democracia debe tratar la inclusión social”, acotó.

Rachid Ghannouchi, fundador del partido Ennouda, que ganó las primeras elecciones libres en Túnez el año pasado, dijo que el “sueño” secular de la democracia en el mundo árabe tiene por fin la oportunidad de hacerse realidad, pero advirtió que subsisten riesgos graves.

“No basta el proceso electoral para realizar la democracia. La democracia necesita una sociedad civil muy fecunda”, dijo. “La democracia sin justicia social se puede transformar en una mafia”.

El congresista estadounidense David Dreier, republicano por California, dijo que movimientos como los de los Indignados deben ser parte del proceso democrático. “No podemos decirle a la gente que tenga paciencia. Debemos encontrar la manera de responder a esto”, sostuvo Dreier.

Kenneth Roth, director ejecutivo de Human Rights Watch, criticó a algunos países por tener la democracia en casa pero sin condenar a otros gobiernos que violan principios democráticos fundamentales. Se refirió en particular a Pakistán, que según él jamás condena la represión en las Naciones Unidas, “salvo, claro, que se trate de Israel”.

Sin embargo, Patriota presentó una visión distinta al señalar que hacer la guerra para proteger la democracia también es un error.

“Algo está muy mal cuando aquellos que deberían dar el ejemplo parecen establecer un vínculo entre la intervención militar y la democracia”, dijo el canciller brasileño.

 

Manuel Fraga Iribarne: Un trozo de Historia en blanco y negro

por ÁNXEL VENCE PALMA ­­

Al igual que los añejos documentales del NO-DO que sirvieron de banda sonora a su generación, la vida de Manuel Fraga Iribarne ha sido una película de gran metraje en blanco y negro que apenas dejó lugar para los matices. Estadista sin tacha para sus seguidores y villano arquetípico a ojos de sus adversarios, con el histórico líder, fundador y refundador de la actual derecha española no cabían medias ni cuartas tintas. Tal vez eso explique que su imagen en vida y acaso también en esta hora de las necrologías sufra la deformación propia de haberse visto reflejada con más frecuencia de la aconsejable en los espejos valleinclanescos del Callejón del Gato.

Son esos espejos los que devuelven, por su lado cóncavo, el perfil esquemático e incompleto de un mero ministro de la dictadura que por alguna extraña paradoja del destino habría de acabar siendo uno de los siete padres de la actual Constitución. Vista por el lado convexo, la figura de Fraga sería en cambio la del pragmático hombre de Estado que supo bajar a cierta derecha extrema del monte para integrarla –como nunca a lo largo de la Historia– en los usos habituales de la democracia. Las dos afirmaciones son ciertas, si se contemplan por separado. Pero las dos son también visiones reduccionistas de un político cuya larguísima trayectoria está alfombrada de contradicciones y exige, por tanto, tener en cuenta la miríada de matices que la acompañan.
La de Manuel Fraga ha sido en realidad una biografía de orden básicamente numeral, fundada sobre la estadística y la desmesura. Nadie como él se preciaba, acaso con justicia, de ser el español que más oposiciones superó con el número uno. Pocos han generado, igualmente, tal número de partidos y siglas –RD, AP, CD, PP, entre otras– en la reciente historia de España. Y resulta improbable, en fin, que en vida hubiese encontrado competidor por lo tocante a millones de kilómetros recorridos, en miles de almuerzos de trabajo, en cacerías a centenares y en decenas de libros escritos. Nada de lo que asombrarse si se tiene en cuenta que subió a su primer coche oficial hace sesenta años y desde entonces hasta su muerte no ha parado apenas de gastar despacho en algún cargo público: ya fuese bajo la dictadura a la que sirvió como “liberal” del régimen, ya en la democracia que ayudó a construir.

Hijo de gallego indiano y de madre vasco-francesa, Fraga tal vez debiese a esa fusión de sangres las dos personalidades a menudo contradictorias que conformaron su perfil político. Había un Fraga gallego, práctico y sentimental que convivía en el mismo cuerpo desgarbado y de andar bamboleante con un Iribarne de fuerte carácter vasco y temperamento mercurial poco dado a templar gaitas.

Parece natural que un talante bifurcado como ese concitase a partes aproximadamente iguales la adhesión de rendidos devotos –más que partidarios– y a la vez la irrecuperable animadversión de sus enemigos. Si el doctor Fraga era un culto y memorioso catedrático de Universidad, fluido hablante de varias lenguas, competente teórico del Estado y político de ortodoxia conservadora, su alter ego Iribarne exhibía sin embargo un carácter áspero y un lenguaje vagamente jupiterino, además de una irrefrenable tendencia a cometer despropósitos en nombre de la retórica razón de Estado.

Poco tenían que ver el doctor Fraga y el señor Iribarne, aunque los dos habitasen y actuasen bajo una misma identidad. Probablemente eso explique su zigzagueante trayectoria a lo largo de más de medio siglo de presencia activa en la vida política española.
Podía ocurrir, por ejemplo, que Fraga elaborase una ley de prensa que suprimió la censura previa en pleno franquismo, a la vez que su lado Iribarne aplicaba esa misma ley con criterios lo bastante represivos como para convertir a aquel ministro de Propaganda de Franco en la bestia negra de los periodistas españoles.

Existió también un Fraga capaz de domesticar a la entonces ultramontana derecha del país hasta convertirla –de grado o por fuerza– a los usos del parlamentarismo y la razón. Pero ese Fraga coexistía una vez más con el Iribarne que trató de prolongar inútilmente el franquismo asociándose en la primera Alianza Popular de Los Siete Magníficos con algunas de las más notables reliquias de aquel régimen.

Esa pertinaz tendencia a la contradicción ilustró toda su vida. El mismo Fraga que contribuyó a poner los cimientos del actual sistema democrático como uno de los redactores de la Constitución del 78 había sido anteriormente el que tan desdichado papel desempeñara en el caso de Julián Grimau o el que ironizaba sobre las sevicias infligidas a un grupo de mujeres durante una huelga minera en Asturias.

No sorprenderá, por tanto, que Fraga fuese el primer político del régimen en abogar por la legalización del comunismo en España y también el primero en tronar apocalípticamente cuando Adolfo Suárez siguió sus recomendaciones y sacó del lazareto al PCE de Santiago Carrillo. Rizando el rizo, Fraga sería también el que –para escándalo de sus correligionarios– se resolviese a presentar en sociedad al entonces apestado Carrillo en el sancta sanctórum franquista del Club Siglo XXI. Años después, ya como presidente de la Xunta de Galicia, reincidiría en esta vocación iconoclasta con sus viajes a Cuba –donde trabó una inesperada amistad con su medio paisano Fidel Castro– y las posteriores giras oficiales por lugares tan incómodos como la Libia de Gadafi o el Irán de los ayatolas.

Menos conocido aunque igualmente chocante podría resultar el hecho de que el ex ministro de Franco fuese uno de los primeros accionistas e impulsores del diario El País, uno de los referentes más notorios de la transición a la democracia. Cierto es que sus relaciones con el periódico que ayudó a crear acabarían agriándose hasta el límite de la bronca, como años después confesaría el propio Fraga con resignado humor. “Era una de esas empresas”, explicaba, “en las que uno entra para hacer amigos y perder dinero; pero sucedió todo lo contrario. Gané dinero y perdí un montón de amigos”.

La contradictoria biografía del patrón de la actual derecha abundaría aún en muchas otras paradojas. No fue la menor de ellas su radical cambio de opinión sobre el Estado de las Autonomías. Fraga había intentado reducirlo a una mera descentralización durante el debate del correspondiente título constitucional en las Cortes, pero eso no impidió que años más tarde propusiera –ya como presidente electo de Galicia– una “Administración única” que recordaba extraordinariamente a un modelo de Estado casi federal.

Paradójica y lineal a la vez, la de Fraga ha sido una vida intensa, numerosa, numerable y en cierto modo desaforada. De su peculiar sentido de la medida da idea el hecho de que titulase con el extravagante calificativo de “breves” las más de mil páginas en las que transcribió –a modo de memorias– los diarios y agendas que nunca dejó de redactar con disciplina y tenacidad estrictamente fraguianas durante el curso de su larga existencia.

Fiel a esa desmesura de carácter, Fraga lo ha sido casi todo –y a menudo una cosa y la contraria– durante el último medio siglo de vida política de este país. Ministro de propaganda y paradores del franquismo, embajador en Londres, ministro otra vez en democracia, jefe de la oposición, presidente de Galicia, senador y hasta director general de una compañía cervecera, su itinerario vital es el de un animal político en el sentido que Aristóteles daba a la expresión.
Una biografía tan ancha, dilatada y –sobre todo– contradictoria como la suya hace del todo imposible un resumen en blanco o negro, sin matices, como el que en vida solían hacer sus partidarios y detractores. No hay manera de conciliar al activo jefe de propaganda del Caudillo con el padre de la Constitución española; al estadista que curó a la derecha de su histórica alergia a las urnas con el político marcado por los sucesos de Vitoria y Montejurra; al culto catedrático con el tonante e irascible Iribarne que muchos de sus adversarios conocieron y padecieron.
Poco tentado por la modestia, Fraga solía compararse al canciller alemán Adenauer y a menudo frecuentaba también con placer las analogías con el británico Churchill. Puede que esto formase parte de su natural desmesura, pero –salvadas las insalvables distancias–, algo hay de cierto en que el político gallego encajaba en el perfil de esa generación de estadistas que ejercían el poder posando de perfil para la Historia, más bien que para las urnas. La diferencia –nada anecdótica– en el caso de Fraga reside en que a él le tocó comenzar a ejercer su carrera de político vocacional en un régimen que no ofrecía precisamente el mejor de los campos de juego posibles. Y lo cierto es que, aunque alguna vez se quejase de este hándicap, el propio Fraga no le puso demasiadas pegas al trabajo dentro de una dictadura que en el fondo no casaba del todo con su talante conservador.

Ministro de Franco y de Juan Carlos, redactor de la actual Constitución democrática e indiscutible reconstructor de la actual derecha española, Fraga hubiera cambiado probablemente todas esas circunstancias biográficas por la presidencia del Gobierno que –según admitía a menudo– fue la más tenaz aspiración de toda su vida. Lo intentó en varias ocasiones hasta caer en la cuenta de que su pasado y las circunstancias de la Transición conspiraban en su contra.

 

Todo ello acabaría por convertirlo en una especie de Moisés de la derecha que, si bien no llegó a pisar la tierra prometida de La Moncloa, logró al menos que lo hiciese por vía vicaria José María Aznar, el segundo de los sucesores por él designado. Aún le quedaría fuelle para conquistar en las urnas el premio de consolación de su Galicia natal, donde gobernó ininterrumpidamente durante casi quince años hasta que los electores gallegos le dieron la jubilación en 2005, cumplidos ya los ochenta.

Más de medio siglo de político –y a veces gobernante– en ejercicio han dado a Fraga un perfil lo bastante complejo y caudaloso como para que el número de sus partidarios y detractores se equilibre a partes más o menos iguales.

Un periodista británico dedujo tras entrevistarse con él que “es el mejor primer ministro que España nunca tuvo”: y en esa frase llena de dobles sentidos podría resumirse muy bien la personalidad del político que acaba de fallecer. Su reciente e inesperado amigo Fidel Castro aventuró en cierta ocasión que la Historia le absolvería, pero aún habrá que esperar años para que la posteridad dicte sentencia en el caso de un don Manuel que a veces ejercía de doctor Fraga y otras de mister Iribarne. Cualquiera que sea el veredicto, no hay duda de que la suya ha pasado ya a ser una de las figuras imprescindibles para entender la Historia de España del último medio siglo.

 

Audio de Teódulo López Meléndez: “Irán, el comienzo del año”

Una mirada a la situación en el Golfo Pérsico y a las posiciones de Estados Unidos, Israel e Irán:

http://www.ivoox.com/iran-comienzo-del-ano-audios-mp3_rf_990587_1.html

DEL “BUSHISMO” AL “OBAMISMO”

 

 

Por Fernando Mires

La experiencia ha enseñado que cuando un político, en este caso Barack Obama, es  atacado desde los extremos, es señal de que va caminando por la correcta senda.

En América Latina lo estamos viendo: los gobernantes del ALBA, siguiendo las diatribas que desde su lecho mortal envía Fidel Castro, insisten en declarar que entre Bush y Obama no hay diferencias, probando que añoran a Bush como a un amor que se fue para nunca más volver.

Los comentaristas de derecha tampoco se quedan cortos. Acusan a Obama de débil y vacilante; insisten en que debe aumentar las sanciones en contra de Cuba; se quejan porque ha retirado sus tropas de Irak; presionan para que declare cuanto antes la guerra a Irán; lo acusan de alimentar el auge del islamismo y, más recientemente, de no enviar marines a Siria. Añoran, en fin, al igual que sus epígonos izquierdistas, los tiempos de Bush (Jr.) cuando todo era fácil, cuando una línea recta separaba a los malos de los buenos, y cuando los esquemas de la Guerra Fría continuaban vigentes.

Son pocos los observadores que han leído el presente de acuerdo a perspectivas amplias. Uno de ellos es, a mi juicio, Shlomo Ben Ami, ex ministro israelí de Asuntos Exteriores.

Ben Ami fue uno de los primeros en señalar que el peligro que hoy se cierne sobre los países del Oriente Medio no reside en los regímenes islámicos sino en la contrarevolución de los militares. En su más reciente artículo (El País, 8 de enero de 2012) Ben Ami aconseja, además, a los EE UU, disminuir su obsesión por el Oriente Medio. El argumento de Ben Ami es muy fino: Si EE UU logra liderar un fuerte polo democrático mundial, los gobiernos árabes tenderán a orientarse en esa dirección y no, por ejemplo, hacia Rusia (o China). Eso es, por cierto, lo que Obama ha venido intentando desde los días en que pronunció su ya legendario discurso de El Cairo (2009) Releyendo ese discurso –según la visión literaria de Carlos Fuentes: profético- es posible detectar a la luz de acontecimientos recientes, tres líneas centrales:

1.- No existe ninguna contradicción fundamental entre el Islam y los EEUU. El entendimiento sobre bases políticas y no militares es posible. Ello implica un terminante rechazo a cualquier intento por revivir la tesis de la “guerra de las civilizaciones”

2.- El gobierno de los EE UU se compromete a corregir errores cometidos en el pasado, cuando apoyó, por razones geopolíticas, a implacables dictaduras militares.

3.- Pero un nuevo comienzo exige un compromiso tácito. Así como los EE UU se comprometen a disminuir la presión militar, los gobiernos de la región islámica deben aceptar dos condiciones: La primera: no habrá ninguna concesión en la lucha en contra del terrorismo internacional. La segunda: reconocimiento del Estado de Israel.

A primera vista pareciera que estuviéramos frente a una reedición de la polémica norteamericana entre un “poder duro” y un “poder suave”, términos que popularizó el ex consejero de Clinton, Joseph S. Nye, en su todavía actual libro Soft Power (2004). Sin embargo, la posición del gobierno de Obama va más allá de un cambio de método. Se trata de un giro trascendental en la política internacional. Estamos hablando –ese es el punto- de un cambio que implica sustituir el primado de la guerra por el de la política. O dicho en los términos de Joseph S. Nye: el objetivo es convertir una potencia imperial en una nación políticamente hegemónica.

De acuerdo a la línea Bush, los EE UU requerían de una presencia militar directa en el mundo islámico (Arabia Saudita es un aliado comercial mas no político). De acuerdo a la línea Obama, en cambio, los EE UU privilegian la presencia política (la que no es física) por sobre la dominación militar, apoyando a todos los gobiernos  dispuestos a ampliar las libertades democráticas en sus respectivos países.

Como estamos hablando de dos tipos de hegemonía, hay que destacar que la de Obama es una inversión a largo plazo. La primera hegemonía -Bush- está basada en la capacidad de fuego, la que no ha disminuído durante Obama. La segunda -Obama- en el liderazgo político internacional.

Tengo la impresión de que la que más asusta a los tiranos de la tierra es la segunda hegemonía. Frente a ella no tendrían armas –ni rusas ni chinas- que oponer.

 

Dictadura y prosperidad

 

por Luis Caro Figueroa

El siglo XX fue un periodo de graves contradicciones y marcados contrastes. Durante tres cuartas partes de aquella centuria, la gran mayoría de los países del mundo estuvo regida por gobiernos autoritarios y dictatoriales; emergieron los grandes totalitarismos y -excepto en las últimas dos décadas- la democracia fue un sistema político minoritario y marginal.

Durante el siglo pasado, la ciencia progresó como nunca antes lo había hecho en los siglos precedentes; sin embargo, la mayoría de los avances científicos se consiguieron a costa del empobrecimiento y la marginación de muchos seres humanos. El progreso de la ciencia y la tecnología hizo que la humanidad alcanzara las mayores cotas de prosperidad y bienestar de la historia, pero también se expandieron la pobreza y el hambre hasta niveles insospechados. Los países perfeccionaron los mecanismos para asegurar la paz, pero al mismo tiempo se produjeron las guerras más tremendas y devastadoras que recuerde la humanidad. Las conquistas de la libertad y de la civilización resultaron, a la postre, ensombrecidas por la barbarie, la opresión y el genocidio. Todo en un mismo siglo.

Solo hacia el final del periodo, el triunfo indiscutible del capitalismo, la aceptación prácticamente universal del mercado como sistema indispensable para la prosperidad, el colapso de la Unión Soviética y el empequeñecimiento del Estado en casi todos los continentes, propiciaron un acelerado proceso de expansión territorial de la democracia liberal como sistema de gobierno, que redujo significativamente el número de países regidos por dictaduras.

La difusión de la democracia fue acompañada por otros procesos igualmente vertiginosos: la aceleración de los intercambios económicos entre países, la interconexión e interdependencia progresiva de las economías nacionales, la mundialización de los mercados financieros internacionales y, especialmente, la interconexión tecnológica de estos y su virtual desregulación.

Un impulso de imitación

Sin embargo, transcurridas más de dos décadas desde el comienzo de aquellos procesos, es posible advertir hoy que el sostenido crecimiento espacial de la democracia en muchos casos no obedeció tanto a la sed de libertad, de justicia y de tolerancia de los pueblos, hasta entonces oprimidos por dictaduras, cuanto a un impulso de imitación: la democracia liberal unida a la economía de mercado había conseguido, hacia finales del siglo pasado, construir una gran prosperidad en un número reducido de “países avanzados”, mientras que las dictaduras y los regímenes autoritarios y populistas -en general, salvo contadas excepciones- solo habían conseguido traer miseria y marginación para sus pueblos.

La democracia formal -entendida como el reconocimiento de la soberanía popular, la celebración periódica de elecciones y la aplicación de la regla mayoritaria- se convirtió entonces en un instrumento al servicio de la prosperidad y del bienestar económicos, más que en una aspiración de justicia y libertad; en una carta de presentación para ingresar a un club de naciones cada vez más interdependientes entre sí, más que en una herramienta para la protección y realización efectiva de los derechos humanos y la consagración de valores como la igualdad o la solidaridad.

Las dudas democráticas

A comienzos de la segunda década del siglo XXI se comienza a poner en entredicho la relación positiva entre democracia liberal y economía de mercado, o, lo que es prácticamente lo mismo, se empieza a cuestionar si las dictaduras (y los regímenes autoritarios y populistas), efectivamente, son solo capaces de producir atraso económico y tecnológico.

Detrás de estas dudas cabalgan la profunda crisis económica y de legitimidad política que, desde 2008 en adelante, afecta a buena parte de las hasta aquí llamadas “democracias avanzadas”; y otro hecho nada desdeñable: que muchos de los países denominados “emergentes” -que no solo han resistido mejor la crisis financiera internacional sino que están creciendo económicamente a tasas muy elevadas- poseen en realidad regímenes autoritarios, cuasidictatoriales o populistas.

Algunos de estos países, como China y los “tigres asiáticos” responden a una larga tradición dictatorial o al menos autoritaria. Pero otros, como Rusia, Brasil o la Argentina son países de reciente democratización. La excepción es, quizá, la India, con una democracia muy antigua y consolidada, pero que exhibe altísimos niveles de desigualdad social.

Pocas dudas caben entonces acerca de que los dos factores antes apuntados han empujado a algunos países de democratización reciente a retroceder hacia fórmulas autoritarias y populistas (incluido el rebrote del caudillismo nacionalista), como única vía para garantizar el mantenimiento del crecimiento económico y, a través de él, para alcanzar mayores niveles de cohesión social.

El objetivo limitado del presente escrito impide entrar en los matices de este proceso de recidiva autoritaria que se está produciendo desde hace años en los países emergentes. Sin embargo, interesa destacar aquí lo que quizá constituya la paradoja más notable de este nuevo siglo: el marcado carácter instrumental de la democracia y el regreso a fórmulas autoritarias o populistas no solo parece estar presente en los países llamados emergentes, con economías hoy relativamente prósperas, sino también en algunos de los países avanzados, de larga tradición democrática, que se encuentran hoy afectados de modo singular por la crisis económica.

Países que llevaban seis décadas de crecimiento económico casi ininterrumpido y que, en base a mecanismos genuinamente políticos, inobjetablemente legales y probadamente democráticos, habían conseguido construir Estados del Bienestar sólidos y estables, atraviesan hoy por una profunda crisis que ya no solo amenaza con la quiebra financiera del Estado sino que también pone en riesgo a la propia democracia y al sistema de libertades públicas. En otras palabras, que en el ojo del huracán se encuentra nada menos que el sistema institucional que sustentó el crecimiento de estos países durante más de medio siglo.

El regreso de los “gobiernos fuertes”

Si bien todavía no hay señales inequívocas de un proceso de desguace a gran escala de las democracias del bienestar, sectores intelectuales y políticos de algunos de estos países miran hoy con una mezcla de recelo y envidia el éxito económico -por otra parte, indiscutible- de aquellos países con regímenes políticos difícilmente homologables a los estándares democráticos tradicionales.

Desde el autoritarismo de China -la segunda potencia mundial- o Rusia, pasando por los regímenes cuasidictatoriales de algunos de los llamados tigres asiáticos, hasta el remozado populismo nacionalista de países como el Brasil o la Argentina, todo se conjuga para que en el Primer Mundo democrático comiencen a escucharse voces que abogan por el regreso de “gobiernos fuertes” capaces de conducir la economía con mano de hierro y de contener, con idéntica firmeza, la creciente inquietud popular.

En algunos casos -afortunadamente, por ahora, muy marginales- se ensaya incluso una tardía defensa de las dictaduras del siglo XX, algunas de las cuales -se dice- trajeron prosperidad para sus pueblos y sentaron los cimientos de la verdadera democracia. En esta línea de pensamiento, hay ya quien propone levantar la excomunión a dictadores como Francisco Franco o Augusto Pinochet, con el argumento de que “no fueron nefastos” para sus pueblos, y en el convencimiento de que, al igual que en la economía, en la política también existen “ciclos”, en los que la variable de ajuste no parece ser otra que la libertad de los propios ciudadanos.

La sensación cada vez más generalizada de que hay países no muy claramente democráticos que están haciéndolo mucho mejor en materia económica está llevando a algunos a razonar de una forma parecida a la de Lenin cuando a comienzos del siglo pasado respondió a las inquietudes humanistas del socialista malagueño Fernando de los Ríos diciéndole aquello de “Libertad, ¿para qué?”.

Los argumentos que se ofrecen desde estas posturas son, desde luego, sorprendentes, pues tienden a poner de relieve una de las mayores paradojas del siglo XX: la prosperidad y la “grandeza nacional” fue construida por los dictadores más crueles del planeta. En esta línea, se recuerda -ya sin complejos- que Mao Tse Tung fue el autor de la modernización y de la grandeza de China y que nunca aquel gigantesco país había alcanzado, hasta Mao, semejante grado de prosperidad.

En tiempos en que se demanda “mano fuerte” para controlar el desbocado déficit fiscal de los países ahogados por la crisis de la deuda, no falta quienes recuerdan que el caso de China no es único y que lo mismo ha ocurrido en casi todos los países gobernados por regímenes de fuerza, de uno u otro carácter o de diferentes ideologías.

Basta con pensar -dicen- que en las dictaduras no hay huelgas; que los obreros trabajan más horas, cobran menos y realizan sus labores sujetos a la vigilancia de capataces y comisarios, bajo la amenaza de castigo. Alemania —afirman— nunca fue tan fuerte, tan próspera, ni impuso tanto respeto en el mundo entero como bajo Hitler. Lo mismo ocurrió en Italia con Mussolini, en la URSS con Stalin, en Cuba con Fidel Castro o en España con Franco.

Se trata, insisto, de posiciones extremas y no de movimientos consistentes que convoquen abiertamente a dejar de lado a la democracia, pero que ponen de manifiesto de una forma cada vez más nítida una relación directa y estrecha entre el disfrute de las libertades públicas y el desempeño de la economía.

La esperanza democrática

Son los científicos los llamados a estudiar en profundidad hasta qué punto el deterioro de la economía puede traer aparejado el retroceso de la democracia en los países centrales, y si los países emergentes, con sus fórmulas autoritarias o populistas, constituyen un ejemplo a imitar por aquéllos.

Lo que parece claro es que la prosperidad creciente de que disfrutan los países emergentes impedirá, en el medio plazo, que sus sociedades avancen en una línea de expansión de las libertades, de respeto de los derechos humanos, de afirmación del Estado de Derecho, de alternancia en el poder y de incorporación de las minorías a los mecanismos de decisión púbica.

En la medida en que la bonanza económica que beneficia a estos países mantenga a una parte considerable de la población contenta, aunque se profundicen las desigualdades y se ensanche la brecha social, los partidarios de los modelos autoritarios podrán conseguir lo que sistemáticamente se les había negado durante el siglo XX: destruir las instituciones democráticas, conculcar las libertades e instaurar dictaduras sin recurrir al uso de la violencia.

Solo queda la esperanza de que una pronta superación de la crisis económica en los países democráticos avanzados aleje definitivamente los fantasmas de la dictadura y que la recuperación de los valores tradicionales de la democracia liberal (que, por cierto, nada tiene que ver con el neoliberalismo económico) sea la oportunidad para que los países con democracias recientes conviertan a la prosperidad en un instrumento para construir un sistema político en el que prevalezcan los derechos que derivan de la filosofía ética, política y jurídica de la democracia.

 

 

Vicios de la democracia en el siglo XXI

Por Federico Vitale

Algo novedoso sucede en la República Argentina. Si tuviéramos que explicarle a los indignados del norte una serie de pasos a seguir para enfrentar el próximo escenario político y económico en sus naciones, esto es, las decisiones y acontecimientos de los últimos años que nos han permitido crecer luego de nuestra experiencia histórica reciente, primero deberíamos ponerlos al tanto de sus propias limitaciones enfocadas desde su definitoria pérdida de soberanía en el cabal sentido de la palabra.

La multilateralidad ha resultado ser un instrumento efectivo de contralor ya no de ciertos países contra otros. El complejo entramado de relaciones financieras, corporativas y políticas nos lleva a pensar prontamente en la necesidad de dejar de lado el enfoque de que hay países predominando sobre otros, porque ya no se trata de territorios geográficos sino verdaderas realidades virtuales bancarias actuando en consecuencia a las prerrogativas de los grupos económicos dominantes.

Dicho esto, nos encontramos con un Norte en donde:

  • Los Bancos Centrales son independientes de los gobiernos y quienes son elegidos por el pueblo no tienen posibilidades de administrar la política macroeconómica.
  • Se aplican políticas de crecimiento del sistema financiero por sobre el de la economía real, esto es, el trabajo y el consumo.
  • La sujeción al euro impide una política económica independiente de los poderes corporativos. La integración fue financiera, ni política ni en beneficio del crecimiento conjunto.
  • Los gobiernos son elegidos a partir de un fuerte lobby corporativo y mediático que, fuerza es reconocerlo, llegan al poder merced a una falsa percepción de sus electores de las alternativas a la salida de la crisis. Eligen creyendo que la solución propuesta por dichos candidatos son las únicas.
  • De dichos gobiernos participan verdaderos tecnócratas que provienen de diversas empresas que prontamente se ven beneficiadas por la aplicación de políticas de ajuste a las clases laboriosas.
  • Los medios de comunicación, naturalmente, influyen en la política económica y llegan incluso a definirla. Han demostrado ser verdaderos monopolios de información que impiden ampliar el debate y encontrar soluciones alternativas. Definen la agenda mediática y la prensa de menor escala se encuentra obligada a seguirla. Sin duda alguna, también son efectivos defendiendo los intereses de las grandes corporaciones que pagan grandes caudales de dinero en publicidad.

Nos proponemos ilustrar en una pirámide el régimen democrático tal como consideramos –o como los últimos acontecimientos nos han revelado- se encuentra definido en el mundo occidental en la actualidad. Los ciudadanos ya no se encuentran en la base, sino en la cúspide.

Pueblo
Sistema Político
Bancos Centrales
Organismos Multilaterales de Crédito
Banca Privada / Corporaciones.
Medios de Comunicación. (Base)

Bueno, es interesante como logramos desentrañar algo con solo mirar los estamentos: la pirámide se ha invertido en su totalidad. Además se han incluido nuevos actores que parecen estar ocultos en la escena cotidiana, pero, como decíamos, condicionan y hasta definen la agenda. La democracia se ha redefinido a si misma. Pero en la percepción del común de los habitantes de los pueblos del mundo, sigue siendo de la siguiente manera:

Sistema Financiero
Política económica
Sistema Político
Pueblo (Base)

Que en Argentina se haya dado una reforma comunicacional, y que a veces nos cueste creer que en el mundo no se den cuenta de estas falsas nociones del poder real, no quita que debamos comprender con una visión más abarcativa cuán fuerte ha sido esta promoción de ideas del pensamiento único, cuán fuerte penetra en los ciudadanos y qué tan difícil es lograr la puesta en escena de opciones distintas, de escuelas de pensamiento distintas. Dos años atrás un gobierno que había demostrado prontamente ampliar las bases reales de ciudadanía en Argentina, perdía elecciones legislativas por la amenaza constante en los medios de comunicación sobre el supuesto fracaso a futuro de la política económica que se estaba implementando y el peligro de la delincuencia. Y en esto hay que ser claros al llevar nuestro mensaje a las naciones del mundo: ¿por qué consideramos que la base del poder real actual se concentra en los medios de comunicación dominantes? Porque la inversión de la pirámide no logra ser percibida por los pueblos por una digresión comunicacional, promovida por dichos medios devenidos en corporaciones oligopólicas y con innegable influencia en esta época comprometida.

Leyes que democraticen en el mundo las telecomunicaciones, que amplíen el acceso al espectro comunicacional, permitiría enseguida engrandecer el debate, incluir nuevas opiniones, y acercar a nuevos actores para que se comprometan en la búsqueda de soluciones más acertadas en un mundo cada vez mas aliado financieramente pero excluido en sus aspectos sociales. Por otra parte, contribuiría increíblemente a esa abstracción cosificada en estos tiempos que significa la paz mundial, ya que los países hegemónicos encontrarían serias limitaciones para intervenir bélicamente otras naciones sin excusas ciertas acordes al derecho internacional y el cuidado de la humanidad.

 

 

Mensaje de Avaaz sobre la represión en Siria

Queridos amigos y amigas,

Un nuevo informe de Avaaz revela que el sangriento régimen sirio está torturando a los manifestantes pacíficos pro democracia, arrancándoles las uñas y aplicándoles electro-shocks. Pero podemos presionar a la ONU para que remita las atrocidades del brutal dictador Bachar el Asad a la Corte Penal Internacional para que sea juzgado por crímenes contra la humanidad. Impulsemos urgentemente una protesta global masiva:

Resulta duro difundir este tipo de hechos, pero matones al servicio del monstruoso régimen sirio están torturando a miembros de Avaaz. Manhal* contó que fue retenido en una prisión secreta en donde le arrancaron las uñas de los pies y de las manos y le aplicaron descargas eléctricas en el cuerpo. “He visto la muerte de cerca, me han torturado casi hasta la muerte”, nos dijo. Pero si actuamos ahora, podremos hacer que el sacrificio de Manhal sea la gota que colme el vaso y vuelque al mundo entero en contra del régimen de Bachar el Asad.

Los observadores de la Liga Árabe no han logrado parar la brutal represión en Siria, pero la presión sobre el Asad sigue aumentando. Avaaz acaba de publicar un informe escalofriante que revela la magnitud y la brutalidad que se vive dentro de los centros detención, incluyendo todo lo que le hicieron a Manhal. Si ahora construimos una enorme protesta global, podremos persuadir a gobiernos clave a que confronten los horrores contenidos en este informe y aceleren el fin de la era de Asad.

Firma la petición ahora mismo, y cuando reunamos 500.000 firmas, las entregaremos junto con el informe de Avaaz a la Liga Árabe y al Consejo de Seguridad de la ONU, exigiendo que lleven a Asad ante la Corte Penal Internacional y le juzguen por cometer crímenes contra la humanidad:

http://www.avaaz.org/es/arrest_syrias_torturers/?vl

La ONU ya ha declarado que se han venido cometiendo crímenes contra la humanidad en Siria. Ahora el régimen de Asad se enfrenta a un último golpe que podría ser vital: un informe desgarrador compilado por los valientes activistas sirios de Avaaz que ofrece evidencia de que esos crímenes de lesa humanidad fueron cometidos por altos funcionarios del gobierno del país. Ningún otro informe ha revelado con tanto detalle los vínculos entre las torturas y los altos miembros del régimen. Esta puede ser nuestra mejor oportunidad para hacer que se produzca una respuesta a nivel mundial.

Todos teníamos la esperanza de que la misión de observadores de la Liga Árabe podría detener la violencia, pero su independencia ha sido cuestionada y están perdiendo credibilidad. A pesar de ser testigos de primera mano de los crímenes de los francotiradores de Asad, los observadores se han limitado a extender el tiempo de su misión sin hacer un urgente llamamiento a la acción. Esto está permitiendo que países como Rusia, China e India impidan que la ONU pase a la acción. Y mientras tanto, el régimen sirio se aferra a una patética defensa alegando que sus despreciables actos buscan combatir una insurgencia terrorista, y no reprimir al movimiento pacífico pro democracia. Pero informes como el que Avaaz está publicando ahora desmienten a este corrupto y atroz régimen. Ahora sólo necesitamos que el mundo entero sea testigo de los horrores que allí se describen.

La hora de Bachar el Asad podría llegar en cualquier momento, si logramos crear una ola ensordecedora de presión pública para inclinar la balanza. Unamos a todos nuestros países para que exijan que el Consejo de Seguridad de la ONU refiera al brutal régimen sirio a la Corte Penal Internacional para que sea juzgado por la comisión de crímenes de lesa humanidad. Firma la petición y compártela con todos tus conocidos:

http://www.avaaz.org/es/arrest_syrias_torturers/?vl

En todo el mundo árabe, el poder ciudadano ha conseguido derribar dictador tras dictador, y nuestra increíble comunidad de Avaaz ha estado en el corazón de estas luchas por la democracia. Juntos hemos desafiado el bloqueo a los medios de comunicación impuesto por los corruptos gobernantes, hemos empoderado a periodistas ciudadanos, suministrado asistencia vital y de emergencia a comunidades sitiadas, y ayudado a proteger a cientos de activistas y a sus familias de los matones a servicio de los dictadores. No permitamos que el sufrimiento de Manhal en su lucha por la libertad sea en vano. Exijamos que la ONU tome acción ahora.

Con esperanza y determinación,

Luis, Ian, Stephanie, Maria Paz, Ricken, Emma, Wissam, Heather y todo el equipo de Avaaz

*El nombre de “Manhal” fue cambiado para proteger su identidad.

Más Información:

Informe de Avaaz sobre los Centros de Detención en Siria (sólo disponible en inglés)
http://avaazimages.s3.amazonaws.com/DetentionCentresinSyria.pdf

Bombas de clavos y gases lacrimógenos contra miles de opositores sirios (El Mundo)
http://www.elmundo.es/elmundo/2011/12/30/internacional/1325230840.html

Parlamento Arabe pide retirar a los observadores de Siria (La Tercera)
http://www.latercera.com/noticia/mundo/2012/01/678-419780-9-parlamento-arabe-pide-retirar-a-los-observadores-de-siria.shtml

Nueva ofensiva en Siria a pesar de la llegada de observadores (La Nación)
http://www.lanacion.com.ar/1435683-nueva-ofensiva-en-siria-a-pesar-de-la-llegada-de-observadores

Human Rights Watch pide llevar ante la justicia a 74 oficiales sirios (EFE)
http://www.google.com/hostednews/epa/article/ALeqM5hgP6zFkvacVrGZVROag-tr9spNIQ?docId=1675395

La oposición siria pide a la ONU intervenir contra “horribles masacres” (CNN)
http://cnnespanol.cnn.com/2011/12/21/la-oposicion-siria-pide-a-la-onu-intervenir-contra-horribles-masacres/

2012, un año crucial para la construcción de un futuro sostenible

El año 2012 que ahora comienza ofrece oportunidades privilegiadas para hacer frente a los graves problemas socioambientales a los que nos enfrentamos. Problemas bien conocidos y estrechamente relacionados (destrucción de recursos esenciales, contaminación pluriforme y sin fronteras, cambio climático de gravísimas consecuencias o crecientes desequilibrios sociales inaceptables e insostenibles) sobre los que la comunidad científica viene llamando fundamentadamente la atención y que reclaman medidas para las que cada vez disponemos de menos tiempo.

Esto es lo que advertía hace escasas semanas la Agencia Internacional de la Energía (AIE) pocos días antes de iniciarse la convención del clima COP 17 en Durban: apenas tenemos cinco años para intentar amortiguar los efectos del cambio climático -con drásticas reducciones de las emisiones de CO2 y un decidido impulso de las energías renovables- y evitar así la pérdida de control del mismo con consecuencias catastróficas e irreversibles (www.iea.org/).

Pese a ello Durban constituyó un rotundo fracaso, posponiéndose una vez más la adopción de los acuerdos necesarios, debido a que muchos gobiernos, medios de difusión y buena parte de la ciudadanía, están centrando su atención exclusivamente en la crisis económica y en la búsqueda de beneficios a corto plazo, perdiendo de vista su vinculación a la grave degradación socioambiental. Y esto es lo que seguirá sucediendo, a menos que logremos crear un clima social que exija el final de estas políticas suicidas y la adopción de las medidas necesarias para sentar las bases de un futuro sostenible.

2012 ofrece una ocasión privilegiada para crear ese clima. En primer lugar porque en junio tendrá lugar la Cumbre de la Tierra “Rio + 20”, que Naciones Unidas convoca 20 años después de la primera Cumbre de la Tierra, con el objetivo de “asegurar un compromiso político renovado para el Desarrollo Sustentable” (http://www.rio20.info/2012/), abordando cuestiones como el impulso de una economía verde capaz de generar millones de empleos y de contribuir a la protección del medio y a la erradicación de la pobreza.

Y en segundo lugar porque 2012 ha sido declarado Año Internacional de la Energía Sostenible para todos, “una valiosa oportunidad para profundizar la toma de conciencia sobre la importancia de incrementar el acceso sostenible a la energía, la eficiencia energética y la energía renovable en el ámbito local, nacional, regional e internacional”, dado que “Los servicios energéticos tienen un profundo efecto en la productividad, la salud, la educación, el cambio climático, la seguridad alimentaria e hídrica y los servicios de comunicación”. Como vemos, se trata de dos iniciativas convergentes para la construcción de un futuro sostenible.

No podemos desaprovechar estas convocatorias para revertir la actual situación de creciente degradación socioambiental que amenaza nuestra supervivencia. Pero, insistimos, será necesaria una acción continuada e intensa de la comunidad científica, educadores, instituciones cívicas, medios de difusión, etc., hasta lograr un clima de implicación ciudadana que se imponga a intereses particulares a corto plazo auténticamente suicidas. Ese ha de ser un objetivo prioritario en el año que ahora comienza.

 

Educadores por la sostenibilidad
Boletín Nº 75, 7 de enero de 2012
http://www.oei.es/decada/boletin075.php

 

 

 

Irán mantiene abiertas las puertas con el ALBA

La visita del presidente iraní a los países del ALBA creemos buscan mostrar que el país persa tiene puertas de salida ante las crecientes sanciones internacionales y que está lejos del aislamiento. Su agresiva política en en el Estrecho de Ormuz creemos tiene poca relación con su viaje, aunque es obvio que algunas de las posibilidades que le ofrecen los países visitados podrían ser la de triangulaciones que alivien las sanciones.

http://youtu.be/wiod7asfld8

El estallido de la indignación: Entrevista a Jorge Majfud, por Analía Gómez Vidal

 

 

Analía Gómez Vidal nació en Buenos Aires, Argentina, en 1989. Estudió Economía (especialización en Periodismo) en la Universidad Torcuato Di Tella. Actualmente, cursa la Maestría en Economía en la misma institución, y trabaja como asistente de investigación en la Federación Iberoamericana de Bolsas (FIAB). Es colaboradora habitual de distintos medios independientes y se desempeña como responsable del blog del South American Business Forum (SABF).  

Twitter: http://twitter.com/#!/agomezvidal

El doctor Jorge Majfud trabaja en la  Division of Humanities de la Jacksonville University en Florida. Es autor de libros y de numerosos artículos de opinión sobre la situación en América Latina.

Analía Gómez Vidal: En sus artículos anteriores, usted plantea una suerte de continuidad entre los procesos de Oriente y Occidente mediante una cita a Cronel West sobre “la continuidad entre la primavera árabe y el otoño americano“. Sin embargo, parecería que los orígenes de las protestas son distintos. Me arriesgaría a decir que, en el fondo, existe una suerte de “lag” o retraso temporal en las demandas. Es decir, mientras Occidente plantea sus dudas y desilusiones con el régimen capitalista actual y su desarrollo, en Oriente se plantea una suerte de acercamiento al paradigma occidental, comenzando por la consideración de la democracia como sistema político a implementar. ¿Qué hay de cierto en esto? ¿Se pueden analizar las situaciones en naciones tan heterogéneas como si estuvieran interrelacionadas?

Jorge Majfud: No. Precisamente, no creo que puedan ser equiparables. Están inevitablemente interrelacionados, pero no son lo mismo. En concreto, tienen orígenes diferentes. Unos protestan por mayores libertades y otros por cierta frustración económica y social. No había movimientos occupy antes de la crisis económica de los últimos tres años. Por otra parte, ambos movimientos, uno nacido en el mundo Oriental y el otro en el mundo Occidental, uno en países pobres y otro en países ricos, tienen algo en común: ambos luchan o resisten una tiranía, una injusticia. Uno pelea contra las tiranías personalistas; el otro, contra la de las elites capitalistas o financieras, representadas por ese ahora famoso eslogan del “Somos el 99%”. Ambas luchas serían, desde el punto de vista social, movimientos que reivindican una determinada justicia, aquella de las mayorías débiles, sometidas o gobernadas por las minorías más fuertes. Consecuentemente, ambas luchan por formas diferentes de libertad; ambos representan el otro elemento del par de opuestos que están en el centro de cualquier civilización: la lucha entre el poder y la libertad, la moral del oprimido contra la moral por el oprimido. Tienen otro aspecto en común: como no podía ser de otra forma, la mayoría de los participantes son jóvenes. Eso los asemeja a los levantamientos de los años ‘60, aunque mucho menos ideológicos en el sentido libresco de la palabra. Mucho antes de la crisis de 2008, en pleno apogeo de las fuerzas conservadoras, publicamos que el próximo decenio serían los nuevos años ‘60 que pondrían fin a los ‘80. Ahora estamos en ese momento de definición. Los dos son movimientos ideológicos desde el momento en que no carecen de ideas, aunque la idea de la primavera árabe es muy simple y los occupy son más emocionales que racionales. Todo lo cual no los desmerece, obviamente. Por el contrario, los occupy son tan necesarios como cualquiera de los grupos que desde hace décadas vienen luchando por los derechos de las minorías o de las mayorías débiles (débiles por el capital o por una cultura, como en el caso de las mujeres). Es una tradición moderna que no nace pero proviene de las primitivas luchas sindicales del siglo XIX. Es una lucha de fuerzas, pero es algo más. Cada vez estoy más convencido de que lo que alguna vez desarrollamos en una tesis académica sobre la lucha de los campos semánticos (2005) es mucho más determinante de lo que parecía en un principio. Es decir, si bien las fuerzas económicas y productivas pueden definir un discurso o una moral, no es menos real el poder que puede tener una narrativa que haya logrado el éxito en la lucha semántica. Basta con observar el caso de los negros y de los homosexuales. Su lucha dialéctica ha logrado tantas o más victorias que cualquiera de sus luchas por la fuerza. Una vez impuesto un sistema de valores, es muy difícil revertirlo simplemente a fuerza de dinero. En cuanto a la segunda parte de tu observación, sobre un “acercamiento” al paradigma occidental, podemos reiterarlo una vez más: existe una americanización del resto del mundo. La idea de “economías emergentes” se refiere a valores básicamente cuantitativos: acelerados (aunque sospechosos) incrementos anuales de los PIBs, etc. Pero la idea de “países emergentes” se refiere a un movimiento o tendencia que sigue un canon: se “emerge” y se tiene “éxito”, según los valores del capitalismo tardío que básicamente están resumidos en la sociedad de consumo: más producción y más consumo significa éxito social, a nivel nacional y a nivel individual. Pero hay otro punto: las sociedades islámicas tienen dos opciones claras y en conflicto: el giro hacia sociedades estructuradas en las tradiciones religiosas o hacia el secularismo que inauguró la Ilustración francesa y la Revolución americana; en el caso de Occidente, las opciones parecen más improbables: un socialismo (¿real?) que no tiene modelos brillantes como paradigmas y un capitalismo que se ha revelado insostenible hasta para los más ricos que comienzan a pedir que les suban los impuestos. A finales del siglo pasado, soñábamos con que una democracia directa reemplazaría a las anacrónicas democracias representativas. Pero esta realidad parece todavía muy lejana por dos motivos: las viejas estructuras se resisten a ceder terreno, y las nuevas herramientas digitales continúan distrayendo a los “ciudadanos” que persistimos en conductas obsesivas e intrascendentes. Sospecho que hoy en día, el instrumento más poderoso seria aquel que el activista americano Cesar Chávez resumió como “every dollar is a vote”. Bien, si los ricos pueden hacer lobbies, y por otras razones, tienen más poder político en esta democracia sin un sistema alternativo a corto plazo, entonces cada ciudadano deberá tomar conciencia de cómo actuar de forma colectiva para que “su dólar” junto al de otros, cuente para un cambio o para cambios puntuales.

AGV: Desde la crisis que comenzó en 2008, hemos escuchado voces muy dispares respecto a la situación del capitalismo y sus estadios. Algunos sostuvieron que estábamos ante el fin del capitalismo. Otros negaron fervientemente que el capitalismo fuera a terminar. Los más moderados se han centrado en la tesis del “fin del capitalismo tal como lo conocemos hoy”. En definitiva, tres años después mantenemos nuestro viaje vertiginoso en un sistema que poco tiene de control y mucho de incertidumbre y especulación. Esto nos permite pensar que estamos ante un panorama donde, incluso por omisión, se realimenta el sistema original en una suerte de “statu quo consentido” por los actores principales a nivel internacional. De ser cierta esta resistencia al cambio, ¿Son realmente las protestas actuales una vía hacia la solución? La notable amplitud de demandas de los indignados a nivel global, ¿pueden plantear realmente una alternativa a lo actual? ¿Cómo se puede pasar del “caos” reinante a estructuras de base que permitan cambiar de dirección?

JM: Recuerdo una conversación que tuve por entonces con Eduardo Galeano y él, con el sentido poético, metafórico y conciso que tiene del lenguaje y de las ideas mismas, me dijo algo como “he sido invitado muchas veces al funeral del capitalismo”. Claro que la historia nos enseña que todos los grandes sistemas sociales y paradigmas históricos tienen un ciclo. Tarde o temprano, se agotan. El problema es que no hay forma de calcular cuánto puede durar cada ciclo. El capitalismo no es el orden más longevo pero se las ha arreglado para sobrevivir en diferentes momentos cruciales de la historia, como en la Segunda Guerra Mundial (que fue la primera guerra global en realidad). Luego, el suicidio del bloque soviético le dio una bocanada de oxigeno. Es de esperar que un sistema sea reemplazado por otro. Pero cuando no hay otro como alternativa clara entonces no estamos en un tiempo de revolución sino de crisis, marcado por derrumbes y revueltas. La primavera árabe es una revolución política trascendente. Pero, medido en un marco más amplio, es apenas una revuelta internacional, ya que de ella no surgen nuevos paradigmas sino la consolidación del paradigma hegemónico, obviamente más moderno (aunque no menos rapaz) que las anacrónicas dictaduras personales, verticales y patriarcales, con sus previsibles tendencias a volver la mirada a un orden teocrático como forma de consolidar una identidad y una reacción a los viejos dictadores seculares. En el mundo más “contemporáneo” (medido en una escala de valores humanista-ilustrado), en el mundo occidental, las protestas no son la solución ni pueden cambiar ningún paradigma hegemónico sino confirmarlo a través de una reparación. Es decir, este sistema está agotado, pero en vista de que no hay una alternativa clara y su crisis general representa crisis individuales y sufrimientos concretos, entonces nos conformaremos con que sea más estable, próspero y justo (en lo posible). El centro reconocerá sus errores y la periferia aparecerá para repararlos, lo cual es, como dices, una forma de statu quo, con diferentes colores, con países que suben y otros que bajan y luego vuelven a subir. Es decir, ninguno de esos cambios nos sugiere un cambio de paradigma histórico. Insisto, ese cambio habría que buscarlo en los indicios de una democracia directa y global. Pero me temo que los instrumentos y la cultura que podría hacer posible una “profundización de la democracia (directa)” están ahora ocupadas en una “trivialización de la democracia”. Tarde o temprano se producirá.

Analía Gómez Vidal: En contraposición con lo expresado por usted en la primera parte de esta entrevista, existe la sensación colectiva de que las nuevas tecnologías “democratizan” y le dan voz al ciudadano que tiene acceso a ellas.

Jorge Majfud: Son un instrumento, una herramienta, un arma o un juguete. Depende del uso que se les dé.  

AGV: Bien, pero retomando su afirmación sobre la distracción de las nuevas tecnologías, ¿Son una pantalla engañosa para el atontamiento en masa? ¿Definen un nuevo estrato social, sin valor real a nivel político y civil, que marca una nueva forma de marginalidad? Pero en ese caso, ¿Cómo se justifica la expansión y globalización de ideas alrededor del mundo? ¿No sería simplista extremar el rol de las nuevas tecnologías en las revueltas árabes, ya sea posicionándolas como actores principales, o como “elementos de distracción”?

JM: Dese los antiguos egipcios, fenicios, hebreos y helenos las ideas se han expandido, internacionalizado y globalizado. Nacen, se desarrollan, se expanden y mueren. Algunas duran unos pocos años y otros algunos siglos. Algunas renacen permanentemente, como las ideas de los antiguos griegos. Las tecnologías tienen su propia dinámica pero no están exentas de los estímulos de la cultura, de la historia y de los intereses más temporales de la política. La invención de la imprenta provocó una revolución pero fue provocada por la revolución humanista, y así todo. Yo no creo que haya un Demiurgo capaz de calcular y provocar el “atontamiento de las masas”. Tampoco creo que las masas sean tontas, pero no voy a caer en la demagogia de “voz populi, vox Dei”, de la cual no creo ni medio. Basta con mirar un poco la historia. La democracia directa está todavía por nacer. Aparece más lejana de lo que pensábamos hace veinte años, pero la posibilidad real está ahí todavía y tal vez sea inevitable. Postergable, pero inevitable. Tenemos los instrumentos, pero nos falta la madurez social, la cultura necesaria que sólo llega con generaciones de aprendizaje. Por ahora hay sólo balbuceos, con frecuencia trágicos.

AGV: Volviendo al análisis sobre el sistema capitalista, como lo plantee anteriormente, existe una cierta sensación de statu quo aguerrido.

JM: Sí, esa es una buena definición. Pero también hay una lucha por una “reparación”. Todos quieren “salvar algo”, desde el Euro hasta los puestos de trabajo. Nadie, o casi nadie, habla de “sepultar algo”. Pero el statu quo siempre ha sido violento, más cuando se lo cuestiona. Pi i Margall, un catalán progresista, si no anarquista, en 1851 publicó Reacción y revolución… Lo tengo por aquí, decía: “la revolución es la paz y la reacción la guerra”. Y en otra parte: “Cincuenta años atrás —dicen— no existía entre nosotros esta peste abominable [de los partidos políticos]; a la voz de Dios doblaban todos los españoles la rodilla, a la del rey ceñían o desceñían sus espaldas. […] La libertad nos ha traído la discordia […] La revolución ha venido a cerrar la era de paz de nuestros padres, ha venido a encender la guerra entre clase y clase, entre hombre y hombre, entre la fe y la razón […] Nuestro pueblo, es cierto, se ha insurreccionado cien veces en lo que va del siglo; mas se ha insurreccionado, examinadlo bien, por falta de libertad, no por la libertad de que ha gozado”. Son reflexiones muy actuales, escritas en un contexto ultraconservador.

AGV: Mientras los indignados protestan y salen a las calles, hay un movimiento en sentido contrario, pero paralelo, que se refugia en la posición más conservadora. Entonces, surgen resultados políticos como el fortalecimiento del Tea Party en EE.UU., o la victoria del PP en España de la mano de Rajoy. Estos sucesos, a su vez, parecen estar en contradicción íntima con las demandas de los jóvenes y trabajadores indignados en Occidente. ¿Por qué entonces se dan estos resultados? ¿Qué hace que caminemos en dirección contraria a lo que demandamos?¿Son realmente alternativas o posiciones excluyentes?

JM: Vamos por partes. El Tea Party es un movimiento básicamente reaccionario. La confusión y la falta de sustento conceptual es tal que se mezclan un ejército de mediocres feudalistas con gente de una inteligencia extraordinaria y con algunas propuestas verdaderamente valientes, como es el caso del republicano Ron Paul y su no-intervencionismo radical. No obstante, sospecho que este movimiento fraudulento del Té disminuirá su influencia política de forma progresiva. Los Occupy han aparecido en el momento justo para contrabalancear lo que muchos piensan es una ola conservadora imparable. En España, como en otros países, votaron con el bolsillo y con un fuerte sentimiento de frustración. En esos casos de crisis económicas, los votantes necesitan encontrar un culpable que no sean ellos mismos. En el 2003 estuve en España por varios meses y le dije a mis colegas arquitectos: la nueva generación está demasiado acostumbrada a la bonanza económica. Sus niveles de gasto y ocio multiplican al de Uruguay y Argentina, mientras que no veo que la productividad por persona sea mayor. Por otra parte, el boom de la construcción no puede sostenerse indefinidamente. Me dijeron que los que estaban en crisis eran Uruguay y Argentina, no España. Cierto: las olas de inmigrantes provenían del sur. Ellos recordarán mi respuesta (algo de lo mismo ya había dicho en los diarios de España): No olviden que, por alguna razón, el Río de la Plata se llenó de inmigrantes europeos en el siglo XX, sobre todo de España, y esa realidad se va a repetir apenas se produzca la primer gran crisis aquí. Sonriendo, me preguntaron si sabía cuándo vendría esa crisis (razón por la cual rechazaba una magnífica oportunidad que me estaban ofreciendo por escrito para trabajar como arquitecto allí) y les dije: “No más de cinco años, al menos en la construcción; luego viene lo demás, como siempre”. Ahora los españoles están emigrando. Ahora, el sistema bipartidista es la ilusión perfecta del cambio que mantiene el statu quo: los electores votan al partido de la oposición cada vez que quieren un cambio pero no se animan a cambiar nada de verdad. El debate electoral en España fue alarmantemente mediocre. “Esto es inconcebible, es una real vergüenza, es incalificable, es producto de hacer las cosas mal, es inexcusable”. Es la política de los adjetivos. Luego de limpiar los discursos y los debates (en realidad no hubo debate entre Rajoy y Rubalcaba, ni entre el PP y el PSOE en general, sino simulacros) no quedaba nada, o casi nada. Entonces la política, que es concebida como solución y salvación de una sociedad en crisis, se convierte en su opuesto: en un consuelo destructivo, más que en un instrumento de potencialización de una sociedad. Porque un cambio real hubiese sido preguntarse, en tiempos de bonanza, qué se está haciendo mal para realizar los cambios a tiempo y no cuando llega la crisis. Esa es mi mayor crítica desde hace un par de años a los países de América Latina. Están dormidos en la autocomplacencia de la bonanza, en el festejo del derrumbe (muy cuestionable) del imperio. Pero si observamos que gran parte de esa bonanza se basa en la misma historia de décadas y siglos atrás, debería llamarlos a reflexión. Por ejemplo, la exportación de commodities, la lenta, y hasta, inexistencia de una mayor cultura democrática en el sentido del respeto individual por las reglas de juego (que se traduce en corrupción administrativa arriba y violencia civil e impunidad generalizada abajo) y la falta de coraje civil para cambiar esas mismas reglas y una repetición y renovación alarmante de viejos discursos exculpatorios.

AGV: Al observar la situación en América Latina, muchos plantean actualmente el reinado de la intolerancia como el ambiente actual en la región. Incluso algunos, un poco más extremos, se han animado a hablar de un acercamiento a la época negra de las dictaduras en América Latina (en países como Venezuela o Argentina), si bien esta vez se produce dentro de gobiernos democráticos. Muchos se han escudado también en una suerte de redención histórica después de haber vivido esa época, cayendo en el peligro de revisar la historia hacia un relato único, y reviviendo enfrentamientos y modos que, en definitiva, no parecieran permitir el avance de la región hacia una realidad de crecimiento y equidad. Otros, de forma más explícita, han recurrido a la persecución y al asesinato de comunicadores, periodistas y actores relevantes del ámbito político y económico. ¿Somos, efectivamente, rehenes de nuestra propia historia? ¿La intolerancia a la crítica y el debate son parte de nuestra idiosincrasia, o sólo un mecanismo de defensa política a la orden del día? ¿Cómo superar la falta de oposición articulada, como el caso argentino, que potencia el fortalecimiento de un sólo discurso, y divide la opinión entre amigos y enemigos?¿A qué otros mecanismos democráticos acceder para evitar el desgaste de nuestras democracias?

JM: Ahí hay varios puntos. En breve: 1) No podemos equiparar la América Latina de hoy con aquella de las viejas dictaduras militares. No hay punto de equiparación. 2) No hay que temerle a ningún revisionismo histórico, excepto aquellos que son promovidos o institucionalizados por un gobierno, como es el caso más reciente de Argentina. En una democracia no debe haber tabúes, pero esta discusión y revisionismo debe partir de la libertad de los distintos grupos independientes, no comprometidos con partidos políticos y menos con el oficialismo, es decir, el poder político del momento. 3). El problema de la violencia del narcotráfico en países como México no es solo responsabilidad de los países productores o de tránsito sino de los países consumidores, como Estados Unidos y los países europeos. La mejor forma de eliminar una oferta (y en consecuencia la violencia que se deriva de ella) es eliminando la demanda. Ningún país ha ilegalizado el trafico de estiércol de perro ni nadie se mata por ese producto porque no hay interés en comprarlo (al menos por ahora). Diferente ha sido la larga historia del guano, el codiciado estiércol de murciélago y aves marinas en Perú. 4) Sí, en parte somos rehenes de nuestra propia historia. Esa es una de las razones por las cuales personalmente excuso a aquellos que están en situación de miseria y escasa educación. Cuando en un país no faltan recursos, ellos (sobre todo los niños) son el rostro visible de un crimen colectivo. Somos rehenes de la historia cuando no sabemos hacer otra cosa. Pero cuando hemos visto alternativas, otras formas de ser, y persistimos, entonces ocurre algo muy común: somos rehenes voluntarios. A nivel personal, podemos tomar conciencia de un problema pero al mismo tiempo no tomamos medidas porque nos falta voluntad, coraje o simplemente porque no queremos cambiar. Entonces necesitamos una explicación acorde, una justificación: la culpa es del otro que ha arruinado mi vida. En nuestra sociedad consumista, la falta de coraje y voluntad se llama “enfermedad”; entonces pagamos a un tercero para que nos escuche y nos diga lo que en el fondo ya sabemos o nos lo han dicho los amigos o un familiar.

AGV: Eso podría justificar la cantidad de psicólogos en la región (en especial, en Argentina)…

JM: Bueno, el fenómeno de la proliferación de psicólogos y psiquiatras en Argentina es anterior. Probablemente se explique por la gran cantidad de inmigrantes europeos a principios del siglo XX, por la propensión a la nostalgia y el intelectualismo argentino-uruguayo que se refleja hasta en el tango y en la literatura rioplatense. Pero el fenómeno de la dictadura de la psicología popular, no la más profesional sino aquella que se ha vendido como pan caliente, es más reciente; probablemente tenga menos de dos generaciones. Hace unos años, discutía con unos amigos sobre las costumbres “políticamente correctas” que reproducimos inconscientemente; no puedo citar los correos ajenos pero sí me puedo citar a mí mismo: “antes esperábamos que nuestros padres terminasen de ver el informativo para ver dibujos animados; ahora los padres debemos esperar que nuestros niños dejen de ver dibujos animados para ver el informativo. Siempre hay una generación jodida”. Enseñamos a no tener coraje y a resolver deseos y necesidades comprando y pagando. En esta nueva cultura del mercado, se forman y consolidan actitudes, reflejos y fijaciones psicológicas: pagar es importante, como en el supermercado, pago y obtengo satisfacción. Tantas veces que luego no concibo uno sin el otro. Imagina este fenómeno a nivel colectivo. El problema es harto más complejo. Y aun así, al fin de cuentas, casi todo depende de la voluntad, que es el principal componente de la libertad. América Latina ha cambiado mucho y poco a la vez. Han habido algunos progresos, pero demasiado lentos. Creo que hay una persistencia que explica tu sorpresa: la cultura verticalista y personalista que lleva siglos en el continente. Sea de izquierda o de derecha, los políticos latinoamericanos se enamoran del poder y, mientras gobiernan, van tejiendo tramas de poder que se enquistan en el aparato político y en la sociedad.

Los presidentes que han promovido cambios, que han hecho revoluciones y han renunciado al poder son contados con las manos. Un caso es el de José Artigas, en el siglo XIX y otro caso notable y paradójico, que muchos no aceptarán, es el del quijotesco Ernesto Che Guevara. Pero la regla ha sido la contraria.

AGV: Con respecto a esto que menciona, es una tendencia en América Latina el desmantelamiento de las instituciones que forjan a la democracia, a partir de sus herramientas y mediante medidas amplias y poco definidas. Lo más llamativo, actualmente, es el desarrollo de este patrón desde gobiernos democráticos, en algunos casos incluso reelectos. Ante esto, ¿es tremendista advertir esta clase de movimientos políticos? ¿O pecamos de ingenuos al creer que las buenas intenciones son reales, y no sólo manipuladas? ¿Cuáles son los elementos que hacen de esta realidad algo común en Latinoamérica, con democracias tan jóvenes y tan buscadas?

JM: La ideología para muchos es como la pasión de un hincha de futbol: una vez que alguien se hace hincha de Boca o de las Chivas, defenderá a muerte su camiseta. Cambiará de esposa o de país, pero nunca dejará de ser hincha de ese equipo. Esta “lógica” no es ajena a muchos (por no decir arrogantemente a la mayoría) a los seguidores ideológicos. Y no lo dice alguien que cree que es posible vivir en una sociedad de forma neutral y sin ideología (sin un sistema de ideas), pero creo que también se puede ejercer la autocrítica y la conciencia de que una ideología es solo una forma parcial de ver la compleja realidad. Es la voluntad de explicar el todo a través de la comprensión de una de sus partes. Alguien dijo que los problemas de la democracia se solucionan con más democracia. Esto sigue siendo cierto. Los sistemas democráticos suelen tolerar prácticas autoritarias, sobre todo cuando hay una población “despolitizada” como en Estados Unidos o excesivamente “politizada” como en América Latina. En ambos casos es imposible un dialogo político, una reflexión política y entonces los pueblos fácilmente se dividen en izquierda y derecha, en blanco y negro, en “Braden o Peron”, Christianism or Communism”, “la burka ou la liberté”, etc. La esencia de un político exitoso que aspira al poder es crear dicotomías. La realidad es siempre compleja y si tiene cien variables el político elegirá dos: si usted elije la opción A, sufrirá las consecuencias de la catástrofe; si elige la opción B, la nuestra, será salvado y la prosperidad llegará a este reino. Claro que un político debe tomar decisiones dentro de un conjunto de opciones posibles. Pero el problema universal surge cuando se simplifica la realidad y se impone una sola narrativa. Y si no hay un enemigo claro, se lo inventa. Ese es parte del mecanismo por el cual una democracia (ni que hablar una dictadura) se convierte en un sistema ambiguamente autoritario, legitimado por el voto y las instituciones secuestradas con la complacencia (en democracia) o el temor (en dictadura) de las masas.

AGV: Entonces, en definitiva, ¿siempre tendemos al autoritarismo…? ¿Cómo podemos avanzar hacia una democracia real, con libertades individuales respetadas, y voz y voto como ciudadanos? ¿Es esto una utopía, o sólo un ensayo fallido de aquello a lo que aspiramos como sociedad?

JM: La infancia de una persona condiciona pero no determina su destino. Un ser humano se define por un diferencial: cierto grado de conciencia, de libertad y de responsabilidad. Gracias a estos tres factores que se parecen mucho entre sí, somos capaces de romper cualquier círculo vicioso. Es una perspectiva humanista. No es necesario dejar de reconocer, como en el pensamiento marxista, que la condición de clase condiciona nuestra libertad y nuestra conciencia, pero creo que debemos observar que si este mecanismo fuese absoluto cada individuo sería, necesariamente, una pieza de un engranaje. Para ser libres debemos tomar conciencia de las advertencias que han hecho los grandes marxistas de la historia, pero si nos limitamos a ellas nos paralizamos en el justo momento en que podemos ser libres. Es decir, por ejemplo, una mujer puede reconocer que sus ideas sobre cómo ser una buena mujer, una buena pobre y una buena negra o india proceden de su condición social y cultural. No sólo puede, debería hacerlo como primer paso a su propia liberación. Pero si se detiene en ese momento y no se hace responsable de su propia condición, entonces no saldrá de su círculo de violencia. Por el contrario, lo confirmará con su propia victimización. Lo mismo podemos decir del pensamiento psicoanalítico, etc. Estamos condicionados por un pasado, pero no condenados a repetimos. Igual la historia de los pueblos. Y lo digo yo que, precisamente, he propuesto y ampliado la resistida idea de que existen ciertos valores y probablemente ideas propios de las culturas latinoamericanas que proceden de las antiguas culturas prehispánicas. Algunos profesores me han dicho que unir el mito de Quetzalcóatl con el Che Guevara era imposible. Yo creo que es difícil probarlo, aunque he aportado muchos indicios al respecto, pero si es imposible probarlo también es imposible refutarlo con mayor fuerza. Todo lo cual no significa que cada pueblo esté determinado, fatalmente, por su pasado o por su nacimiento. A cada momento podemos decidir qué hacer con nuestro propio pasado. Esa decisión, a nivel social, es mucho menos radical; normalmente, si se tiene el coraje colectivo de realizar cambios profundos, puede llevar generaciones. Por la misma razón, no creo que los países cambien en diez años. Pueden tener crisis y bonanzas económicas, pero siguen siendo los mismos países, con sus mismas obsesiones y sus mismos defectos y virtudes pero con diferentes recursos.

 

 

 

 

 

 

El hombre intervenido (Octava lectura del nuevo milenio)

El nuevo e-book gratuito de Teódulo López Meléndez: El hombre intervenido (Octava lectura del nuevo milenio)

 

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Hacia el oscurantismo

 

 


por Alberto Mazor

 

No siempre el pueblo judío fue “una luz para los gentiles”. En 1666, por ejemplo, en el mismo año en que Isaac Newton escribió su “ley del inverso del cuadrado de la gravitación” y descubrió “los principios del cálculo diferencial e integral”, la dirigencia judía en aquella época se hallaba sumergida en una apasionante y categórica discusión: ¿Shabtai Tzví – el falso Mesías – descendía o no de la Casa de David?

En momentos críticos de la historia puede acontecer que un liderazgo débil, presionado por minorías influyentes de su ejecutivo, deje de lado lo primordial y pase a ocuparse de lo que cree que son sus necesidades más inmediatas.

Es así que hace varios meses venimos escuchado los discursos de la ultraderecha nacionalista y ortodoxa. Algunos de sus representantes no expresan más que remordimientos; otros se preguntan: “¿Qué nos pasó?”; otros optan por lamentarse: “Los jóvenes de las colinas y los ultraortodoxos actúan en contra de nuestra ideología”.

Eso sí; todos tienen un enemigo común: la izquierda, un adversario terrible, sombrío; el causante de todos sus males. Un Satanás astuto y escurridizo que controla la prensa, el gobierno de Bibi y la diplomacia mundial. “Si no fuera por esa maldita izquierda, nuestra predisposición a negociar la paz y nuestra aceptación sin límites de la normas del estado de derecho hubieran sido entendidas íntegramente por todos”, se quejan los ideólogos de los vándalos poniendo cara de pobrecitos. Resulta interesante saber cuánto tiempo más habrán de utilizar la misma excusa acerca de ese espantapájaros endeble incapaz ya de asustar a nadie, ni siquiera a sí mismo.

Durante la mayor parte de los últimos 30 años, la derecha y ultraderecha han controlado el gobierno de Israel. El laborismo se liberó de su influencia sólo hace poco tiempo. El Partido Laborista histórico nunca aceptó el hecho de que los israelíes prefirieron al Likud y a sus compinches. Nunca aceptó renunciar a formar parte del gobierno y se convirtió en una hoja de parra por excelencia; el certificado de kashrut de los fracasos de la ultraderecha nacionalista y ultraortodoxa en todos los ámbitos, y el principal depurador de todos sus parásitos.

Pero desde que Ehud Barak decidió enviar a sus antiguos compañeros a la oposición, una cosa es indudable: El actual gobierno de Bibi no tiene derivados de izquierda de ninguna clase; su accionar, aunque parezca mentira, tampoco provocó la aparición de un nuevo partido que represente a una auténtica y firme oposición.

Ahora ellos están solos. Toda esa mugre ultraderechista y ultraortodoxa les pertenece; y son ellos los que deben ocuparse de limpiarla. Así es como se ve una coalición de ultraderecha y ultraortodoxa cuando ya no dispone de una niñera exhausta que camine detrás de ella recogiendo la basura. Esa es la coalición gubernamental de sus sueños: legislación de ultraderecha contra todo: minorías, prensa, Corte Suprema; ONGs, etc., nacionalismo agresivo proveniente de las colinas de Cisjordania y grupos ultraortodoxos salvajes que escupen, insultan y discriminan. Eso es lo que son. Ellos fueron los elegidos por la Nación para que volvamos a marchar detrás de los nuevos falsos Mesías.

Que no los incomoden. Que lleguen hasta el final de su desequilibrada legislación, y hasta el final de su comprensión política. Que gobiernen. No sólo está prohibido interferir; cuando someten a votación sus imbéciles leyes, lo que resta de la oposición debe rehusar a tomar parte en ella. Que sólo puedan explicar que lograron la aprobación por medio del abuso de poder de una mayoría opresora ultraderechista, ultraortodoxa y con el apoyo de facciones anti-sionistas.

La oposición debe también dejar de llevar a cabo iniciativas de paz por cuenta propia. De seguir así, no hace más que empeorar la situación; crear ilusiones, en el país o en el extranjero, de que la realidad actual es algo solamente temporal; de que todavía puede ser posible guardar otra vez a los enormes y amenazantes genios en sus pequeñas lámparas mágicas. Pensar así es engañarse cínicamente. Es imposible. Hemos atravesado ya todos los límites y todos los puntos de no retorno.

En los últimos años el proceso se desarrollaba de la siguiente manera: la izquierda sionista difundía la esperanza de que a lo mejor – con mucha tolerancia, predisposición y esfuerzo – podrían encontrarse soluciones. Mientras tanto, ellos, en la práctica, se ocupaban de generar hechos desalentadores. Con el tiempo, la retórica de la izquierda sionista tuvo cierto éxito: Bibi llegó a pronunciar “Dos Estados”; pero todo fracasó. El accionar de la ultraderecha y la ultraortodoxia ha triunfado, y de hecho, es lo que nos está matando a todos ahora.

Así que basta de ilusiones. Ya no hay dos Estados posibles. Ahora es el turno de que la ultraderecha nacionalista y los ultraortodoxos viajen por el mundo tratando de explicar y esclarecer sus oscuras propuestas y convicciones totalmente liberados de esa capa de engañoso maquillaje que la izquierda le proporcionaba.

El tiempo – muy corto, por cierto – dirá si esa mercadería tiene o no demanda.

Mientras tanto, marchamos como rebaño hacia el oscurantismo. De seguir así, no será necesario que el último apague la luz.

http://www.semana.co.il/

El mayordomo de la mundialidad

 

Por Ricardo Viscardi

Auge económico, decepción política y renuncia electoral

A la par de la región, el Uruguay asiste a un crecimiento que desborda la integración productiva. La diversificación del mercado mundial multiplica los destinos y aumenta los precios de las exportaciones tradicionales del cono sur de América Latina, mientras la inversión transnacional incrementa colateralmente, en aras del mismo proceso de mundialización, el producto nacional de estas economías 1. Un giro favorable de los precios internacionales, acompañado del incremento de la demanda interna de bienes y servicios, sostiene la redistribución del ingreso, por la vía de recursos estatales orientados al aparato de asistencia social, así como promueve el descenso de la tasa de desocupación y aumenta tendencialmente los ingresos salariales.

Sin embargo, ni en el ámbito partidario ni en el plano de la opinión pública, se registra la significativa bonanza económica en tanto mérito del gobierno, pese a que el partido que lo sostiene cuenta inclusive con mayoría absoluta en la representación parlamentaria. Sin duda el elenco frenteamplista no está exento de méritos en varios terrenos exitosos, incluyendo una significativa moralización de la actuación pública y algunas reformas (salud, impositiva) que aunque defectuosas en muchas pautas, marcan un cambio de perspectivas, anhelos y condiciones. Cierto sedimento subjetivo de una militancia ardua se contrapuso con tesón –incluso haciendo frente a las secuelas del totalitarismo “cívico-militar”- al club de “excompañeros de colegio”, que demasiados años de un poder de conspicuos había inculcado en los hábitos partidarios de blancos y colorados.

Algunos rasgos subjetivos e históricos de la izquierda, dispersos en grados diversos y sujetos a capacidades intelectuales y políticas distintas, incluso entre sectores diferenciados claramente en calidades -no siempre justipreciadas por el electorado frentista, no llegan a ocultar ni las obvias diferencias de rumbo estratégico en el elenco gubernamental 2 ni, sobre todo, la concomitancia de algunos sectores, sea por proyecto, sea por obnubilación, con la misma derecha 3. En algunos tópicos, incluso aquellos considerados centrales por el propio gobierno (la “reforma del Estado” o la educación), la derecha gobierna por la mano de una izquierda que inclusive tiene el tupé de revestirse de un pasado de luchas, traicionadas sin embargo en la proyección que adquieren de cara al presente, siempre y cuando este último no se vea reducido a la versión – entre nostálgica y jibarizada- de “los generales de la derrota”. Campea desde la versión encabezada por el mismo presidente la denegación conceptual o incluso la descarada resignación estratégica, sustentada en la más supina ignorancia de la genuina discontinuidad que marcas rumbos de alternativa, entre los contextos de otrora (50-70) y estos del presente (89-2011).

Por eso conviene, al pasar raya al segundo año del gobierno desorientado por Mujica, señalar las razones del fracaso político de un giro a la izquierda que el electorado frentista identificó con el actual presidente. Aunque extremadamente ajeno al punto de vista que hemos sostenido en este blog, sin duda ayuda a la reflexión de muchos la constatación de tal yerro electoral, puesto en evidencia por quien una vez ungido presidente le tendió la mano, antes que a nadie, al empresariado más conservador 4. Conviene señalar del mismo contexto, además, las pautas que se desmarcan de la reedición nostálgica del país batllista en versión tupamplista o tecnocrática, a través de una sensibilidad protagonizada por redes y movilizaciones que se contraponen a la globalización del poder.

Un país proyectado y articulado desde el mercado mundial no supone, mal que le pese a un economicismo pésimamente democrático, un país integrado, incluso por razones primordiales, en cuanto los mercados no tienen por misión orquestar destinos compartidos, sino generar ganancias lucrativas. Una apreciación tan primaria pareciera obedecer ante todo a principios abstrusos, pero basta sin embargo contrastarla con la alarma pública que cunde sobre la seguridad y la educación, tras casi un quinquenio de crecimiento económico sostenido, para constatar que tal advertencia trasunta estados de ánimo colectivos que en nada se atan al “clima de negocios”.

A través de la trayectoria propia de la democracia liberal, el Estado-policía primero y el Estado-escuela después, han pautado las dos grandes vías de modulación política en la modernidad. En cuanto admite el devenir autónomo del mercado, la organicidad pública consigna, incluso a través de la conducción azarosa de la contingencia económica, la misión propia del Estado.

La paradoja gubernamental de la globalización consiste, sin embargo, en que la propia ampliación del mercado se vale de la desarticulación de la entidad nacional, que conduce tanto a un carácter viral de las crisis internacionales (efectos “tango”, “tequila” y sobre todo sub-prime 2008 mediante) como a un descrédito de la potencialidad orgánica de las instituciones estatales (reflejado en los pies de barro de las cúpulas presidenciales, encuestas catastróficas mediante).

Imbuidas de una certidumbre de escaparate, las descripciones reducidas a la mediación de la medición (o viceversa) 5 no advierten la disolución de la organicidad moderna que infunde, incluso por vía tradicional del “horizonte” interpretativo de la transmisión, la propia índole mediática de la celeridad, paroxismo de la contemporaneidad mediante 6.  La claudicación del Estado-nación ante la globalización, entendida con ese criterio, proviene de la permeabilidad de las fronteras como efecto de la integración global del todo mundial, en cuanto disuelve la sustancia particular de la delegación gubernamental en cada país.

En tanto característica primordial de la democracia liberal, tal sustancia representativa de la delegación provee el cimiento mismo de la representación moderna, no tan sólo cristalización formal del vínculo, sino sobre todo potencia del mismo vínculo ante otro, para propiciar un incremento social. El artiguismo lo ha acuñado memorablemente: “Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana”. La emanación desde un lugar natural articula el principio de la soberanía democrática moderna, que promueve la delegación de representación ciudadana desde la interioridad social, consolidando su organicidad constitutiva.

Ese vínculo de delegación, propio a la noción heideggeriana de una representación moderna donde el hombre “al ponerse a sí mismo en escena (…) se pone a sí mismo como la escena” 7 (tal como el abanderado escenifica la enseña que porta) se ve disuelto por la inmediatez del tiempo real. No se trata de una disolución de la vinculación, sino de la incorporación del vínculo presencial a la propia emisión a distancia, en cuanto la recepción consigna y reenvía inmediatamente, desde las antípodas, la misiva “contemporánea” en “tiempo real”.

Esta celeridad mundializada no elimina la condición sustantiva del vínculo (incluso de índole social), sino que la asimila a la conducción de una velocidad, que como todo propósito de alcanzar un destino, supone una estabilidad del vehículo y un criterio de equilibrio en el desplazamiento. Sin embargo, esta conducción equilibrada no puede encontrarse imbuida de su propia enseña sin olvidar las señales que se advierten a lo largo de la ruta, en particular, en sentido contrario. La organicidad localizada de la delegación no satisface, en la conducción a distancia, por ejemplo la que se sostiene ante la aproximación inminente de otras trayectorias, un criterio acorde a las circunstancias del tránsito global.

Perforada la representación por delegación orgánica, ante el avatar incesante del globalismo, el Estado dilapida su propia legitimidad pública por la vía de la homologación nacional de normas, funciones y misiones dictadas supranacionalmente (fallos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, listas a colores de la OCDE, criterios de evaluación educativa del BID), ceremonial palaciego que incluye la vistosa librea del mayordomo de la mundialidad. En tales términos, el duelo que se hace de un pasado de gloria representativa (la urna sepulcral del sistema político) no esconde, tras la desconsolada nostalgia de días que no volverán, sino la incapacidad de entender y afrontar el presente, actitud que persiste y signa en la denegación de tiempos alternativos, que sin embargo se anuncian vigorosamente.

El registro del desencanto está muy lejos de interpretar la sensibilidad que asoma en la renuencia a la representación electoral 8, en cuanto supone un desenlace entre el sentimiento y la idea, una vez que la responsabilidad asume la imposibilidad de un designio final. Muy por el contrario, la renuncia electoral no cunde a partir de una resignación desilusionada, sino que parte de una aleatoriedad periódica de la representación electoral, en cuanto un régimen de contemporaneidad mediática exige que la permanencia se sujete, antes que a los ciclos naturales, a la decisión tecnológica. En efecto, el fatalismo objetivo de la ciencia natural no es sino la expresión secularizada de una soberanía una e indivisible, cariz terrorífico de una persona todopoderosa 9. No en vano el sentido contradictorio de “ciencia y tecnología” sirve tanto a los operadores del saber como a los aparatos del poder, en cuanto tanto unos como otros invocan una realidad una e indivisible, matriz de resultados unívocos y de efectos incontrovertibles.

La renuncia a confundir política con partidismo es el elemento más destacado de la militancia por venir. Ese desistir del artilugio partidario se traduce en renuncia electoral, una vez que se advierte que la homologación institucional del Estado conduce al enrolamiento planetario, bajo el rótulo de Humanidad. Oponiéndose al principio de soberanía una e indivisible, que gobierna tanto la presencia de Estado como la veracidad de la información, la movilización antiglobal ancla en la índole idiosincrática de la red, que no existe por encima de sí misma, ni tampoco más allá del eslabonamiento.

1 “En el año de la crisis mundial Uruguay creció un 6%, llevando el ingreso per cápita a U$S 15.000” uy. press (27/12/11) Montevideo.

2 “Eduardo Brenta, ministro de Estado: el planteo de Astori genera más alarma que soluciones” uy.press (29/12/11) Montevideo.

3 “Educación: Mujica comienza este enero a trabajar con sus ministros” La Red21 (31/12/11) http://www.lr21.com.uy/politica/1012781-educacion-mujica-comienza-este-enero-a-trabajar-con-sus-ministros

4 “Mujica en el Conrad” Noticias del Uruguay http://uruguayosenelextranjero.blogspot.com/2011/04/mujica-en-el-conrad.html

5 Viscardi, R. “La mediación-medición o viceversa” (2009)Encuentros Uruguayos Nº2 (segunda época) Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Montevideo, pp.14-17 http://www.fhuce.edu.uy/images/archivos/REVISTA%20ENCUENTROS%20URUGUAYOS%202009.pdf

6 Para Vattimo la propia contemporaneidad tiende a subsumirse en “la crónica televisiva en directo”: Vattimo, G. (1990) La sociedad transparente, Paidós, Barcelona, p.96.

7 Heidegger, M. (1962) Chemins qui ne mènent nulle part, Gallimard, Paris, p.119.

8 “Ultima encuesta nacional Factum de intención de voto: FA 43%, PN 21%, PC 16%, Voto refractario 11%” Factum (22/12/11) http://www.factum.edu.uy/node/367

9 Vattimo, G. (2004) Después de la cristiandad, Paidós, Buenos Aires, pp.148-149.

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