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Democracia siglo XXI

mes

diciembre 2014

Tempus

Artículo de Teódulo López Meléndez en el diario El Universal

El Universal

Tempus 2http://www.eluniversal.com/opinion/141231/tempus 

 

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Los números de 2014

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 32.000 veces en 2014. Si fuera un concierto en el Sydney Opera House, se se necesitarían alrededor de 12 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean.

Haz click para ver el reporte completo.

El exilio

exilio

Por Pedro Corzo

El exilio cubano ha cumplido un rol en la lucha a favor de la democracia en Cuba que no tiene precedentes.

 

Entre los factores que le confieren esa condición está la diversidad de orígenes políticos de quienes  lo integran, la estrecha relación de los exiliados con quienes luchan al interior de la isla, el haber organizado durante décadas congresos,  protestas y manifestaciones a favor de la libertad y la democracia y como colofón, por más de medio siglo,  ha sido el principal acusador del castrismo  en foros nacionales e internacionales.

 

Cierto que en  principio un exiliado es un perseguido, un opositor, un individuo que pudo ser encarcelado por el gobierno que combatió y que se vio precisado a huir de sus país,   pero es justo decir que el exilio no es cuestión de veteranía,  sino de la conducta que se asume cuando se llega a otra nación.

 

No importa los años que puedan llevarse fuera del país. Hay que estar laborando por el regreso. Dejar de trabajar por retornar a la patria, coloca la condición de exiliado en pasado y simplemente el individuo se ha convertido en un inmigrante.

 

Entre el exiliado y el inmigrante hay diferencias de causas. El exiliado ha sido  perseguido por sus ideas o acciones de carácter político. Exiliarse nunca debe ser  el objetivo de los que enfrentan una dictadura,  sino una opción para continuar la lucha en otras latitudes.

 

Exilio  es crisis de conciencia, no con la nación sino con el gobierno que la conduce. El exilio, voluntario o por destierro, es distancia, lejanía de la patria pero no del culto. Se sigue con la casa a cuestas. En la conciencia está la memoria y el compromiso.

 

 

 

Justo  es recordar que en los tiempos más oscuros del castrismo cientos de hombres partieron de playas ajenas con las armas en las manos, a reconquistar las propias. Muchos murieron en combate o fusilados y no faltan los desaparecidos.

 

Amplios sectores del exilio  en todo momento han prestado asistencia a los que han luchado en Cuba. Primero con armas y explosivos, después con los materiales necesarios para la acción no violenta que los opositores continúan desarrollando en la isla.

 

El exiliado siempre será un militante de la causa que lo llevó al extrañamiento, nunca un individuo indiferente a lo que acontece en su país ni que eluda  los riesgos que conlleve actuar  para producir un cambio.

 

Hay que destacar que el exilio también ha sido el reservorio de muchas de las mejores tradiciones cubanas. Conserva costumbres y evoca lugares trascendentales de la historia de Cuba. El arte en todas sus manifestaciones y la cocina se conservan en cada hogar, al igual que la mayoría de los padres tratan de que sus hijos conserven la lengua materna.

 

Cierto también que algunos  exiliados pueden faltar al compromiso contraído con los ideales defendidos.  La frustración, el  desencanto y haber sembrado sin frutos,  puede conducir a un punto de no retorno en que el olvido es necesario para poder seguir viviendo, un sentir valido, pero ya no es exiliado.

 

El sentir del exiliado no tiene relación con la nostalgia dulce y quieta de emigrante que puede ser  anulada con una nueva experiencia, o con el retorno temporal al lugar de los recuerdos.

 

Exiliarse es una decisión política. Una resolución que se toma porque el espacio de la persona es anulado por la acción gubernamental. La condición de exiliado, exige pensamiento y acción en contra del gobierno que destierra, que reprime.

 

El exilio ha durado tantos años que algunos lo califican de histórico,  un término válido para representar a las decenas de miles de personas que abandonaron Cuba en su juventud y han envejecido laborando por un retorno en libertad y democracia, pero no resta méritos a quien arribando a otras costas en tiempos más recientes,  se suman a la digna tarea de trabajar por el bien del país en que nacieron.

 

Sin embargo es justo rendir tributo a los pioneros del exilio. A los que arribaron a cualquier país, a los que se asentaron en cualquier pueblo que  sin importar el tiempo que transcurría ni los problemas que podían enfrentar en el país que les había acogido, lucharon incansablemente por destruir la dictadura.

 

Hay muchas personas que han pasado a ser paradigmas del exilio político cubano, pero también hay muchos héroes desconocidos  que nunca deberían ser olvidados.  Mujeres y hombres, abuelos, abuelas,  desaparecido en su mayoría, que hubieran deseado dejar sus huesos en la tierra en la que nacieron, que los que han sobrevivido deberían honrar.

 

El exilio y la oposición interna en el presente están enfrentando  grandes retos. La colaboración debe ser cada día mas estrecha,  defender a ultranza la independencia de acción para evitar un nuevo Tratado de Paris.

 

Pedro Corzo

Periodista

(305) 498-1714

 

Felices fiestas 2

USA y Cuba hacia la normalización

Audio de Teódulo López Meléndez

Obama y Castro

http://www.ivoox.com/usa-cuba-hacia-normalizacion_md_3867808_wp_1.mp3″ <a href=”http://www.ivoox.com/usa-cuba-hacia-normalizacion-audios-mp3_rf_3867808_1.html&#8221; title=”USA y Cuba hacia la normalización”>Ir a descargar</a>

Un mapa anímico

Artículo de Teódulo López Meléndez en el diario “El Universal” (Miércoles 17/12/14)

mapa anímico

http://www.eluniversal.com/opinion/141217/un-mapa-animico

Malaparte

Artículo de Teódulo López Meléndez en el diario “Tal Cual” (‘Lunes 15/12/14)

Tal Cual

Curzio Malaparte

http://www.talcualdigital.com/Nota/visor.aspx?id=111546&tipo=AVA 

 

 

Un argumento demasiado frágil

argumento

Alberto Medina Méndez

Es bastante habitual que ciertas posiciones políticas intenten defenderse desde un complejo arsenal de justificaciones. La lectura acerca de lo que ocurre en el mundo real es invariablemente subjetiva, pero encuentra usualmente algún soporte intelectual en el nutrido intercambio de diversas miradas que procuran explicar cada uno de los acontecimientos.

En ese contexto y de modo recurrente, sobrevuela una estrategia argumental que tiene un marcado sesgo utilitarista y que se apoya en los hipotéticos resultados exitosos obtenidos. Desde allí, pretende advertir que una decisión política es instrumentalmente más conveniente que otra.

Es una gran tentación hacerlo. Es muy inocente caer en esa infantil trampa. De hecho hasta los más inteligentes, inexorablemente incurren en esta práctica, buscando tomar un atajo para demostrar sus eventuales razones.

Ese sendero procura conducir hacia una especie de camino breve que demuele cualquier comentario desde una pretendida objetividad manifiesta. A veces parece que se tratara de la ingenua tarea de ganar una pulseada mental para señalar que cierta idea ha sido más eficaz que otra.

En ese tipo de debates se corre el riesgo de vaciar de contenidos el valioso flujo de ideas. Sería bueno enriquecerlo con nuevos ingredientes en vez de buscar aplastarlo todo como metodología secuencial. El uso de datos técnicos, de estadísticas y cifras, no deja de ser solo una perspectiva particular sobre lo que ocurre y siempre puede alejar a la verdad.

La mayoría de los sectores políticos que gobiernan, y muchos de sus defensores acérrimos, apelan a este tipo de razonamientos de dudosa fortaleza. Sostienen que durante una etapa de tiempo consiguieron que un aumento del salario real, récord de exportaciones o una masiva compra  de vehículos nuevos, por solo citar ejemplos tan reiterados como irrelevantes.

Un peligro evidente es creer que esos números, demuestran algo realmente importante, sin visualizar que esos datos son cambiantes, que pueden revertirse velozmente y desmentir lo antedicho con excesiva simplicidad.

Es cierto también que esos movimientos políticos, tienen un manual preparado para su rutinaria manipulación informativa. Saben de antemano que cuando los vientos son favorables se adjudicarán el mérito, y cuando todo muestre lo contrario, encontrarán rápidamente un culpable, hecho a la medida, para endilgarles la responsabilidad del cambio de rumbo.

En realidad, el análisis esencial debería basarse en una escala de valores de orden conceptual. No se está mejor o peor porque un indicador u otro así lo determinen, sino en la medida que esas presuntas mediciones sean compatibles con los objetivos definidos como prioridad en un momento.

Que una persona obtenga más dinero no garantiza que sea dichoso. Pero tampoco el hecho de que consiga más ingresos lo convierte en desdichado. Si el parámetro fuera su felicidad, pues la evaluación no debería pasar entonces por indicadores que no pueden explicar una correlación directa.

Con las sociedades pasa algo muy parecido. En una comunidad, inclusive, esto constituye un fenómeno de mayor complejidad ya que supone la existencia de una voluntad difícil de establecer, ya que los objetivos de la misma no se pueden fijar con tanta contundencia porque se trata del deseo de la suma de muchos individuos con características y metas disimiles.

El dilema de fondo es interesante y merece ser discutido con suficiente profundidad. La libertad es un valor superior, lo es también la vida y por supuesto la propiedad, por solo citar los ejemplos más elementales.

Para medir el éxito de un sistema político, es imprescindible enfocarse en esas cuestiones y no en meras fórmulas estadísticas sin contenido y supuestos utilitaristas prejuicios tan encarnados en la sociedad moderna.

Aunque suene algo extraño, importa muy poco que un sistema económico sea eficiente en términos de índices si lo hace a costa de limitar libertades, irrespetar vidas humanas o apropiarse de lo ajeno. Esto mismo podría decirse en términos inversos, es decir en el caso de sistemas menos eficientes pero que permiten mayores márgenes de libertad individual, respeto a la integridad humana y al derecho de propiedad.

Estos debates pueden conducir innecesariamente hacia un callejón sin salida porque ponen en el centro de la escena a mediciones superfluas. La comparación con el deporte tal vez ayude, aunque a veces justamente este esquema es el que invita al error. En la actividad competitiva, muchos suponen que lo importante es ganar, y entonces los métodos, el estilo y hasta los ardides, no parecen ser primordiales y pasan a segundo plano.

Sin embargo para otros es posible que lo importante sea divertirse, disfrutar, compartir con amigos o hacerlo en armonía. En ese caso, si se gana será mucho mejor, pero igualmente anecdótico. Lo significativo no habrá sido el resultado, sino todo lo demás, claramente más importante.

Los números no están de más y pueden aportar un extra, un plus que agrega, y hasta convertirse en una consecuencia natural de todo lo fundamental. Nuevamente, como dirían los analistas deportivos, existen más oportunidades de ganar un campeonato jugando bien que haciéndolo mal, mostrando talento que siendo incapaz. Sin embargo, es probable que el mundo actual prefiera inclinarse frente a la linealidad que proponen los argumentos exclusivamente estadísticos.

El desafío es discutir las cuestiones de fondo, las trascendentes, las esenciales, superando la mediocridad que propone el debate superficial que se apoya en la mera conveniencia del corto plazo. Las sociedades maduras son aquellas que han logrado darle el espacio necesario a las discusiones vitales sin caer en el perverso juego de utilizar los números circunstanciales para demostrarlo todo. Hay que evitar tropezar con esa dinámica que solo invita a exhibir un argumento demasiado frágil.

albertomedinamendez@gmail.com

 

El hechizo de los redentores

carisma

Pedro Corzo

Los griegos decían que el carisma era un regalo divino, en consecuencia  si procede  de los dioses, es ajeno a los conceptos sobre el bien y el mal de los simple mortales.

 

Esa habilidad para generar entusiasmo,  atraer, convencer, llamar la atención e inspirar confianza, es un don  especial  que atrapa a los magnetizados en una telaraña virtual de la que se hace  difícil escapar porque entre otros factores, engendra dependencia y complicidad.

 

A esos individuos les puede rodear un aura de santidad o heroísmo. Sus actos difieren de los de las mayorías. Son rebeldes y tienen una infinita confianza en sus capacidades.

 

Otros componentes posibles de estas personalidades son: una sonrisa perpetua que muta a rigidez y furia celestial, cuando lo que  propone está en peligro o es atacado.

 

Un lenguaje halagador  fácil,  sencillo. Rápida confraternización con el interlocutor o  el público. Capacidad de trasmitir su certeza a la multitud a la que se dirige, como si fuera a un individuo en particular.

 

El líder carismático se diferencia del “Jefe” en que no inspira miedo,  gana adeptos por el respeto y la confianza que infunde. Vende a futuro, promete paraísos que el ávido comprador negaba minutos antes fuera posible su existencia.

 

Sin embargo en no pocos casos los lideres carismáticos han sido crueles, manipuladores, malignos, y con una capacidad de destrucción de carácter excepcional. Sus seguidores se transforman en las herramientas de sus propósitos.

 

La condición mesiánica de este tipo de líder  suele desarrollar toda su potencialidad en una sociedad en crisis. Una comunidad nacional o local en problemas,  es un caldo de cultivo ideal, porque vigoriza la figura del Guía, lo que le permite desarrollar hasta en los más pequeños detalles sus propuestas.

 

El carisma es intangible y  difícil de definir. La apariencia física, la voz, el talento para la comunicación y una inteligencia notable,  son entre otros,  factores que pueden hacer mas intensa y extensa la capacidad  de persuasión del elegido,  pero aunque algunas de estas cualidades falten, el individuo sigue siendo una personalidad notable que no pasa inadvertida para quienes le rodean.

 

El líder carismático tiene una autoridad muy difícil de cuestionar. Sus decisiones son respaldadas voluntariamente por sus partidarios y cuando deciden extender su influencia hasta  aquellos que son inmunes a su magnetismo y recurre a la violencia, le es fácil encontrar fieles dispuesto a llevar la nueva verdad hasta el último cobijo.

 

La confianza que inspiran y las esperanzas que siembran, atraen labriegos morales que sin cargos de conciencia, aplican la guadaña para eliminar la hierba corruptora.

 

El Profesor Richard Wiseman dice que una persona carismática tiene tres atributos, A) Siente emociones de forma muy intensa, .B) Las induce en otras personas .C) Es ajena a la influencia de otras personas carismáticas.

 

Por otra  parte Max Weber  considera que estos líderes tienen la habilidad de trasmitir ideas complejas de forma sencilla, se comunican usando símbolos, analogías, metáforas e historias.

 

Desde hace mucho tiempo escuchamos decir que a determinado dirigente le falta carisma para convencer, como si esa condición de  excepción fuera suficiente para que un elector consciente le conceda su confianza.

 

El carisma  como dice Weber, no es garantía de que la misión proyectada sea la correcta, ética y exitosa, por lo que aquellos que tienen el derecho a elegir a sus representantes, sin rechazar el liderazgo carismático, deben  ser mas juicioso y no dejarse encantar por modernas sirenas.

 

Los medios de comunicación han sido un factor determinante en promover individuos carismáticos.

 

En el pasado las condiciones de excepción de estas personalidades quedaban circunscritas a espacios limitados, pero  en la actualidad son globalizadas y su imagen y discursos,  satisfacen las expectativas de los que demandan reivindicaciones hasta en lugares que en el pasado reciente no era posible.

 

No hay vacunas contra el carisma si exceptuamos  la plena conciencia de que se poseen derechos naturales que no pueden ser transferidos ni asumidos por otros. La experiencia es un antídoto, haber padecido o convivido en un “paraíso”, puede estimular  anticuerpos contra un nuevo hechizo.

 

Pero es evidente que hay quienes nacen  inoculados  o  tienen  disposición a ser contaminados. Son  seducidos, atraídos, convencidos y esclavizados por un Mesías redentor, cuyas promesas pueden no ser de este mundo, pero  que los  partidarios  asumen  como una realidad incontrastable y pueden  hasta matar por ellas.

 

Muchos opinan  que el flautista de Hamelin era un intérprete de gran carisma, que su persona podía pasar inadvertida, pero su flauta tenía la capacidad de conducir hasta la propia muerte a los ratones de aquel  modesto poblado alemán, lo que obliga a pensar que algunas personas tienen oídos de ratones y marchan hacia los precipicios sin percatarse del desastre.

 

Periodista

(305) 498-1714

 

La propuesta deliberadamente omitida

Omisión

Alberto Medina Méndez

En tiempos de campaña electoral los dirigentes se aprestan a proponer soluciones a mansalva recorriendo cada uno de los temas que preocupan a la sociedad. La idea central es captar voluntades, sumar personas dispuestas a apoyarlos y para eso no solo resulta imprescindible trabajar en la imagen del candidato, sino también indispensable brindarle algún trascendente contenido discursivo que atraiga a los circunstanciales votantes.

Bajo esa modalidad, los postulantes además de recitar grandilocuentes alegatos y hablar de un modo políticamente correcto, suelen proponer ideas que llevarán a cabo si eventualmente son seleccionados.

En ese contexto, prometen hasta lo imposible para lograr el acompañamiento de sus eventuales adherentes. A veces ni siquiera explican demasiado como conseguirán esos resultados, sino que se limitan a mencionar objetivos generales, sin mayores precisiones para evitar que ciertos aspectos específicos deriven en la pérdida de apoyo electoral.

Cuando la cuestión económica está en el centro de la escena, todo pasa por allí. El candidato se muestra como un técnico solvente, que además se rodea de profesionales prestigiosos en la materia que le aportan ese plus que todo político desea disponer. La sensación de equipo económico, de gente que trabajará en el asunto, resulta determinante.

Si el tópico es la inseguridad, tampoco le faltarán argumentos al dirigente. Como en otros casos, tendrá a disposición una nutrida lista de especialistas que aportarán su mirada y estudios pormenorizados para darle marco formal y seriedad a esas propuestas que permitirían mejorar el presente.

Pero siempre existe un ausente sin aviso. De la corrupción no se habla. Cierto pragmatismo dirá que en las encuestas este ítem no tiene significación. Tal vez la gente se ha resignado y asume esa regla como parte del paisaje. Piensa que todos los dirigentes políticos, de uno u otro modo, apelan a ella en algún momento, o esperan hacerlo en el futuro.

Cierta crispación social se agudiza cuando las formas son demasiado burdas, y el despliegue del corrupto es desenfrenado. Pero esa no parece ser la mayor preocupación de una comunidad que entiende finalmente que todos son demasiado parecidos y que solo se puede esperar algo de pudor y de discreción a la hora de quedarse con el patrimonio de los ciudadanos.

Lo tangible es que las propuestas para erradicar la corrupción no aparecen en la grilla de iniciativas que los candidatos están dispuestos a sugerir a la comunidad para que los acompañen en las urnas. El nudo central del tema no está en la agenda, pero no por una omisión involuntaria, sino por una decisión premeditada del candidato, de su partido y de su entorno.

Si bien proponer transparencia en la administración de los recursos estatales, una lucha despiadada contra la corrupción, el encarcelamiento de funcionarios que se han apropiado de lo ajeno y malversado los presupuestos públicos, podría ser electoralmente interesante, ningún candidato está dispuesto a romper ese “código”, casi mafioso, que subsiste en las entrañas de la corporación política.

Por un lado los que están en el juego, los que gobiernan un municipio, una provincia o desde el mismísimo ámbito nacional no cometerán semejante error, y evitarán entonces meterse en problemas innecesariamente.

Saben que tienen mucho por ocultar y que sus gestiones no han sido para nada honestas. Mal podrían tirar la primera piedra. Sería muy riesgoso para ellos iniciar esa secuencia. Es que sobrepasar esa línea podría derivar en que sus adversarios coyunturales hicieran lo propio y le pusieran sobre la mesa la lista de cuestiones a explicar de sus propias administraciones.

Del otro lado, los que aun no son integrantes de gobierno alguno, tienen, probablemente, alguna cuenta pendiente del pasado, de ese momento en el que sí fueron protagonistas de esa conducción, y es posible que allí también exista alguna historia sin una sólida explicación.

Inclusive los que nunca siquiera participaron del sistema, prefieren dejar de lado este urticante punto. Saben que en el futuro pueden estar sentados allí y no desaprovecharían idéntica oportunidad de manotear lo de todos y quedarse con algo para su provecho personal y partidario.

La “caja” del Estado, en cualquiera de sus formas, sigue siendo un botín para la política. El que llega lo usará a discreción. Unos serán más burdos, otros más sutiles, pero todos de algún modo harán abuso de esa herramienta. Para ello necesitan que todo esté oculto y que sea lo suficientemente turbio para que nada se note demasiado.

En plena tarea proselitista, en ese momento clave en el que se está convocando a los votantes para apoyar propuestas, una de ellas nunca aparece. De juzgar a los corruptos y de terminar con esta etapa funesta en el que los dirigentes políticos y funcionarios saquean despiadadamente a la sociedad de una manera grosera, siempre se prefiere no hablar.

No ha sido un descuido menor, ni una distracción anecdótica, ni tampoco una omisión impensada. Cuando de corrupción se trata, los candidatos y los partidos políticos hacen de la lucha contra este flagelo una propuesta deliberadamente omitida.

albertomedinamendez@gmail.com

 

El sujeto desaparecido

Artículo de Teódulo López Meléndez en el diario “El Universal” (miércoles 03/12/14)

El Universal

virtual

 

http://www.eluniversal.com/opinion/141203/el-sujeto-desaparecido    

El país del escondite

Artículo de Teódulo López Meléndez hoy en el diario “Tal Cual”

http://www.talcualdigital.com/Nota/visor.aspx?id=110990&tipo=AVA 

Tal Cual

escondido

Están acorralados

 acorralados

Alberto Medina Méndez

Casi sin querer, la política fue girando progresivamente, fue mutando lentamente, y por esas vueltas que plantea lo electoral, casi todos los candidatos deberán responder a la agenda que propone la sociedad.

La inseguridad, la inflación y el empleo, lideran las preocupaciones de la gente. Más allá del autismo de la cúpula gobernante que ha optado por negar la realidad, minimizar indicadores y construir un relato que tiene cada vez menos adeptos, lo cierto es que todo se hace demasiado evidente y ya son pocos los que se animan a desmentir lo que está a la vista.

Frente al inminente proceso electoral, los postulantes buscan diferentes formas de aproximarse de un modo elegante a esa lista de asuntos que la comunidad plantea como la de los grandes desafíos por enfrentar.

Los más opositores, desde la comodidad que implica esa posición, critican a mansalva a los que gobiernan por su inacción, por sus persistentes medidas inadecuadas y hasta por sus torpezas indisimulables.

Desde el oficialismo eligen un sendero claramente más zigzagueante, mucho menos lineal, pero no por ello menos encaminado hacia idéntico norte. Eso implica, muchas veces, mentir lo suficiente como para no desdecir demasiado al esforzado relato. Pero es tarde, ya todos saben que es imprescindible apelar a ese discurso para no quedar fuera del juego.

En algún punto, la gente ha logrado instalar la nómina de temas a discutir. Las preocupaciones de todos ya están en el centro de la escena, y aunque no les guste demasiado, los dirigentes políticos son conscientes de que deberán decir algo al respecto y hasta tendrán que proponer estrategias para resolverlos, proponiendo algunas ideas puntuales que sean atractivas electoralmente y puedan percibirse como operativamente viables.

Tal vez por azar, probablemente con algún merito de los ciudadanos y hasta parcialmente gracias a algunos periodistas y medios de comunicación, lo concreto es que la política ha quedado virtualmente acorralada. Tendrá que ocuparse irremediablemente de estos asuntos, al menos desde lo retórico.

Todos saben que se recorre un camino casi inexorable. Que lo que hoy transcurre tiene fecha de vencimiento y que el actual estilo imperante se modificará muy pronto, aunque sea parcialmente.

No solo está agotado un gobierno y un modelo, sino fundamentalmente una forma de hacer y decir. La sociedad ya ha puesto un punto final. Y el síntoma más evidente que confirma esta visión es el que aporta el mismísimo partido gobernante que ni siquiera ha podido instalar un “delfín propio”, alguien desde el riñón del oficialismo, pese a sus numerosos intentos y variantes. Hoy no figura en la grilla alguien que garantice una posibilidad de continuidad de modos, formas y mucho menos de contenido.

Ya han perdido la batalla más importante. El futuro no será una extensión del presente, sino en todo caso un nuevo rumbo de mayor o menor magnitud según los matices que los comicios expresen.

Esa situación de encerrona circunstancial que enfrenta la política contemporánea, casual y no planificada, es una gran oportunidad pero no constituye, de ningún modo, una certeza de cara al porvenir.

La sociedad toda esta invitada a decidir acerca de lo que viene. Puede aprovechar esta ocasión que se le presenta apretando el acelerador y haciendo que esa coyuntura le resulte funcional, o bien puede dejar pasar como tantas otras veces, esta magnífica chance sin pena ni gloria.

Se ha llegado hasta aquí cometiendo errores, seleccionando mal, optando por alternativas que no fueron las mejores y que hicieron que se desperdiciaran años de viento a favor, dilapidando una ocasión que difícilmente se repita con tantas características favorables.

Pero si no se actúa en consecuencia, con inteligencia y empujando a la clase política a responder a las demandas explicitadas, podría repetirse el error, y hasta profundizar la pésima situación en esos asuntos ya que la pasividad o las decisiones desacertadas no mejorarían en nada la actualidad.

Falta poco para que empiecen las campañas políticas. La sociedad no puede relajarse demasiado y mucho menos distraerse. Pero debe asumir que lo que suceda de aquí en adelante depende, en buena medida, de su accionar.

Si apura el trámite, si se ocupa de que los temas no desaparezcan de la agenda que tanto costo construir e instalar, existe una chance concreta de ganar la pulseada, para que la política haga su parte y pueda dar el primer paso en la discusión previa, en el debate mediático y hasta tenga que comprometerse a aportar soluciones en estos temas que tanto preocupan.

La paridad en las encuestas, ayudan y mucho. La necesidad de ganar, o de al menos calificar para una segunda vuelta, obligará a los candidatos a tratar de establecer diferencias que le den ese plus electoral. También será tarea de los ciudadanos asegurarse que cumplan sus promesas. Lo cierto es que hoy están acorralados y que ahora todo depende de la sociedad.

albertomedinamendez@gmail.com

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