Democracia del siglo XXI

Relato de la crisis griega

Posted by Teódulo López Meléndez en julio 2, 2015

Audio de Teódulo López Meléndez

Grecia

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Acostumbro

Posted by Teódulo López Meléndez en julio 1, 2015

Artículo de Teódulo López Meléndez en el diario “El Universal” (Miércoles 01/07/15)

acostumbro

www.eluniversal.com/opinion/150701/acostumbro

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Decisiones intermitentes

Posted by Teódulo López Meléndez en junio 29, 2015

Intermitente

Alberto Medina Méndez

Alberto Medina Méndez

Cuando se observa la realidad cotidiana y sus frecuentes despropósitos es importante entender que la responsabilidad primaria siempre le cabe a la dirigencia política.

Ellos no pueden hacerse los distraídos y, mucho menos, endilgarle a la sociedad la culpa sobre todo lo que acaece. Si ocupan ciertos cargos es porque han tomado la decisión individual de postularse para alcanzarlos. No importa mucho si han sido electos o solo convocados por quienes consiguieron ese apoyo popular. En cualquier caso no están ahí por casualidad sino como consecuencia de una determinación explícita.

No es diferente el caso de los que aún no han logrado obtener esos puestos solo por no haber cosechado suficiente respaldo. Nadie los está empujando hacia esa meta. Son ellos los que se proponen ese desafío personal.

Sin embargo, no es bueno ignorar que los ciudadanos tienen también una elevada cuota de responsabilidad frente a lo que acontece a diario. Ellos tampoco pueden desentenderse como si todo fuera producto exclusivo de la acción maligna de terceros inescrupulosos.

Lo que sucede no es más que el resultado de una compleja combinación entre las intenciones de los políticos y las actitudes de la sociedad. En algún lugar entre esos dos puntos, se termina ubicando lo que finalmente ocurre.

A veces son los políticos los que imponen sus prioridades y manipulan todo para hacer lo que les conviene. En algunos casos su tarea pasa por concretar sus visiones y conseguir el consenso para que su idea tenga el sustento suficiente. En otras ocasiones, solo usan a la gente para sus fechorías de rutina.

No menos cierto es que la sociedad funciona de un modo bastante similar. A veces empuja a los políticos hacia el sendero adecuado reclamando lo necesario, pero tampoco están ausentes esos momentos en los que se los impulsa a promover planes insensatos, absurdos e imprudentes.

Tal vez el mayor pecado de una comunidad sea el de la omisión, esa instancia en la que la inacción y el silencio se convierten en esa letal herramienta, que con cierta complicidad, le entrega un cheque en blanco a la política para hacer lo que sea, sin medir sus abominables derivaciones.

Si se comprenden los niveles de incumbencia que le caben a la ciudadanía y se logra mensurar el costo de la pasividad, es posible que la gente consiga estructurar los mecanismos precisos para construir instituciones que puedan articular los intereses de todos e incidir con fuerza en la clase política.

El talón de Aquiles de la política sigue siendo su temor a la gente. Cuando la sociedad civil logra coordinar acciones y consigue conformar un grupo sólido de actores relevantes, finalmente establece una agenda consistente y entonces su potencialidad se vuelve temible y su poder trascendente.

Abundan saludables ejemplos de instituciones de la sociedad civil que han logrado una acción compacta de la mano de una vigorosa perseverancia. Esas entidades se transformaron en un verdadero y eficiente muro de contención frente a los abusos tan habituales. Allí donde esas organizaciones florecen, la política tiene menos poder, se encuentra muy acotada y sus movimientos quedan absolutamente condicionados.

Lamentablemente, demasiada gente sigue creyendo en los esfuerzos espasmódicos. Se irritan frente a un hecho puntual, se escandalizan cuando algún disparate emerge, pero su escasa tenacidad termina siendo su mayor enemigo. La política conoce muy bien esa dinámica. Sabe que el enojo caótico dura solo algún tiempo para luego desvanecerse. Los dirigentes solo deben tener la paciencia indispensable y esperar que todo se diluya.

Una ciudadanía activa no es suficiente para garantizar que la política haga lo correcto, pero se convierte en un instrumento vital para evitar que ciertos dislates se reproduzcan. Para ello hace falta que aparezcan liderazgos ciudadanos capaces de coordinar una participación inteligente. Nada es seguro, pero una sociedad civil organizada, desestimula a los mediocres, a los improvisados y a los corruptos, de esos que pululan en la política.

El modo más eficiente de mejorar la política no solo es poblarla de figuras de mayor jerarquía. También resulta importante que la contribución ciudadana sea significativa y para eso es esencial que la gente se encargue de ocupar los espacios indelegables que le tocan en suerte. En el barrio, en el club, en el consorcio, allí donde resulte posible y necesario, debe existir una ciudadanía comprometida capaz de señalar el camino.

Si esto se entiende, será cuestión entonces de pasar a la fase siguiente, la de la organización, la del aprendizaje y la imprescindible gimnasia que solo el ejercicio cotidiano de una ciudadanía responsable otorga. Queda claro que nada es fácil. Algunos creen que su deber es quejarse y que eso es suficiente. Otros suponen que la política siempre reaccionará correctamente frente al enojo circunstancial de la sociedad. Ambos se equivocan.

Tal vez sea tiempo de comprender lo que sucede y abandonar esa patética actitud de victimizarse sistemáticamente, de enfurecerse por poco tiempo,  para pasar a la etapa de la acción consistente, esa que no promete resultados, pero que tiene una chance concreta de lograrlos.

Sin dejar de lado la importante responsabilidad que le cabe a la política, tal vez la ciudadanía puede evitar que la inercia presente siga su curso. Para eso será imprescindible no repetir las lamentables experiencias, esas que la historia muestra como esa secuencia conocida de movilizaciones coyunturales, enfados anecdóticos e innumerables decisiones intermitentes.

Alberto Medina Méndez

albertomedinamendez@gmail.com

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El Estado contra los ciudadanos

Posted by Teódulo López Meléndez en junio 27, 2015

 Estado

 

Por Marisol Bustamante

Por más que la ordenación jurídica haya fijado una serie de derechos inalienables e intransferibles a los ciudadanos, pareciendo la constitución desde su preámbulo una especie de “Dorado Republicano” que los venezolanos anhelan conseguir, las clases políticas desde la promulgación de la primera constitución en 1811 han puesto cualquier tipo de excusa para su incumplimiento; dejando a las próximas generaciones, un país a la mitad del camino: endeudado y con proyectos sin terminar.

Sí en diferentes momentos históricos, entre asambleas constituyentes, reformas y enmiendas la constitución ha sido diseñada para ser el proyecto de país acordado por diferentes generaciones, entonces ¿porqué las clases políticas se resisten en ejecutar las normas establecidas en la estructura jurídica nacional, llevando a la población a situaciones extremas como la que vivimos actualmente?

Detallemos a continuación las razones. Observamos que el modelo populista venezolano, -adoptado por los partidos políticos- lleva a cabo prácticas políticas que utilizan las necesidades y problemas de la población como insumo para su permanencia en el poder y el diseño de su eterna oferta electoral. Por eso, es que los gobiernos no van a resolver ni atender los problemas estructuralmente: porque sería llevar al país a otro nivel de desarrollo y a la propia desaparición de estos en el espectro político. Es la misma razón por la cual, Proyectos Nacionales como el Sistema Hidráulico Yacambú-Quibor no ha sido culminado. Ya que la ejecución del mismo, le daría un tremendo impulso a la región larense y a la zona centro occidental del país: este proyecto consolidado incorporaría en su totalidad 40.000 hectáreas para el cultivo de diferentes rubros alimenticios vegetal y animal, lo cual generaría 100.000 empleos entre directos e indirectos. Esto llevaría a Lara al primer sitial agrícola del país. Por otra parte, se resolvería el problema de agua para consumo humano en el estado y se minimizaría los casos por enfermedades endémicas relacionados con la escasez del vital líquido. Pero hay más…..porque este proyecto de desarrollo, reimpulsaría a Lara como un centro de poder; situación que las elites gobernantes en el nivel nacional no estarían dispuestas a permitir: este modelo de gobierno practica la centralización por encima del bienestar de la población y el Proyecto Yacambú-Quíbor representaría para ellos la dispersión del poder, lo cual no forma parte de sus planes políticos en el mediano y el largo plazo.

Las razones del Estado contra el Ciudadano, son esas también que justifican la estatización de las empresas y con ello el quiebre de la producción y el aumento del desempleo. Y en nombre de todo esto, fundamentar todas las misiones que sean posibles para enrolar a estos desempleados y otorgarles la tarea de la movilización en masa a las convocatorias de la “patria”. Son muchas más las razones, de un Estado plenipotenciario con derecho al uso ilegítimo de la fuerza, asociado a clases políticas y económicas parasitarias en contra de unos ciudadanos sacudidos por la realidad, pero dispuestos al cambio institucional. Los distintos eventos ocurridos, dan señales de mayor claridad.

 

MARISOL BUSTAMANTE

POLÍTÓLOGA-DIRECTORA DE LA ORGANIZACIÓN DIVERSIDAD Y CAMBIO

diversidadycambio@gmail.com

TELÉFONO: 0414-9513754

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Consejo de Seguridad ignorará informe sobre crímenes en Gaza

Posted by Teódulo López Meléndez en junio 25, 2015

Gaza

Secuelas del conflicto de 2014 en Gaza. Crédito: Eskinder Debebe/ONU

Por Thalif Deen (Cortesía de Inter Press Service –IPS Venezuela)

NACIONES UNIDAS, 25 jun 2015 (IPS) – Una comisión de la ONU acusó a Israel y al movimiento palestino Hamás de posibles crímenes de guerra durante el conflicto en Gaza en 2014, pero es improbable que su Consejo de Seguridad tome medidas al respecto debido a la tradicional alianza entre Washington y Tel Aviv.

El  informe de la ONU (Organización de las Naciones Unidas) concluyó que Israel realizó más de 6.000 ataques aéreos que mataron a 2.251 palestinos, incluidos 1.462 civiles, y que Hamás disparó más de 6.600 cohetes y morteros que mataron a seis civiles israelíes e hirieron a 1.600 durante los 50 días del conflicto que terminó el 26 de agosto de 2014.

“La cifra de muertos por sí sola dice mucho. Y la magnitud de la devastación no tiene precedentes”, sostiene el informe publicado el lunes 22 por la Comisión Independiente de Investigación de la ONU sobre Gaza, integrada por su presidenta, la jurista estadounidense Mary McGowan, y por el abogado senegalés Doudou Dienne.

Para el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, el informe es “erróneo y sesgado”.

Pero en una conferencia de prensa el martes 23, el portavoz del Departamento de Estado estadounidense, John Kirby, se negó a hacer declaraciones referidas a si el Consejo de Seguridad de la ONU o la Corte Penal Internacional (CPI) tomarían medidas ulteriores en virtud del informe.

Kirby dijo a los medios de comunicación que Estados Unidos impugna “el mecanismo mismo que creó” la comisión, designada por el Consejo de Derechos Humanos, el cual Washington integra.

“Nosotros no vamos a refutarlo. Por cierto que lo vamos a leer, como leemos todos los informes de la ONU. Pero impugnamos la base misma sobre la cual este informe fue escrito, y no creemos que haya… necesidad de una labor adicional del Consejo de Seguridad al respecto”, declaró el portavoz.

“Nosotros no apoyamos ningún trabajo adicional de la ONU sobre este informe”, añadió cuando se le preguntó si el documento sería referido a la CPI.

“Rechazamos la base por la cual se creó esta comisión especial de investigación por su evidente sesgo en contra de Israel” respondió Kirby cuando se le indicó que Estados Unidos apoyó una investigación similar sobre la situación de derechos humanos en Corea del Norte pero rechazó la de Gaza.

“Estoy diciendo que nos oponemos al informe,” reiteró cuando se le preguntó si Estados Unidos también cree que el informe está sesgado en contra de Hamás.

Cuando se le preguntó si Estados Unidos se opone a todo el informe, respondió que “a la base sobre la cual se estableció la comisión, y por lo tanto al producto resultante de ese trabajo”.

Michael Ratner, presidente emérito del independiente Centro para los Derechos Constitucionales, con sede en Nueva York, dijo a IPS que, una vez más, como ocurrió tras la agresión israelí a Gaza en 2008-2009, el informe de la comisión de la ONU sobre el conflicto de 2014 fue demoledor con respecto a los crímenes de guerra de  Israel.

Ratner señaló que 65 por ciento de los 2.251 palestinos muertos eran civiles, y que se ignoraron los principios legales internacionales de distinción y proporcionalidad durante las hostilidades.

“Sí, el informe también condenó a los grupos armados palestinos, pero la inmensa mayoría de los crímenes” se atribuyeron a Israel, destacó Ratner.

“¿Y ahora qué? Una vez más, Estados Unidos, el principal facilitador de los crímenes de guerra de Israel, como una avestruz, ignora la evidencia de los crímenes israelíes y continúa dándole miles de millones (de dólares) para que cometa más”, aseguró.

“Cuando los funcionarios israelíes estén en el banquillo de los acusados, los… estadounidenses deberían estar ahí con ellos. Su conducta es inexcusable”, subrayó.

Balkees Jarrah, abogada del Programa de Justicia Internacional de la organización de derechos humanos Human Rights Watch, dijo a IPS que la CPI tiene jurisdicción sobre crímenes graves que se remonten al 13 de junio de 2014, cometidos en el territorio palestino o desde él.

Entre esos crímenes se encuentran los ataques indiscriminados contra la población civil, sean cometidos por israelíes o palestinos, incluidos los abusos durante el conflicto de 2014 en Gaza, señaló.

La fiscal de la CPI, Fatou Bensouda, realiza actualmente un examen preliminar para decidir si se debe realizar una investigación formal.

Ahora que la investigación de la CPI es posible, Israel y Hamás deben demostrar que están dispuestos y son capaces de investigar de manera creíble las acusaciones y someter a la justicia a quienes hayan violado las leyes de la guerra, explicó Jarrah.

“El informe de la ONU en Gaza deja en claro que en la actualidad ninguna de las partes lo está haciendo”, añadió.

En diálogo con IPS, Ratner dijo que “una vez más, el Consejo de Seguridad no tomará medida alguna ya que los vetos de Estados Unidos siempre son una amenaza inminente. Pero los crímenes de Israel y los informes al respecto siguen ahí”.

La siguiente escala seguramente será la CPI y esta semana, si todo sucede como está previsto, Palestina presentará su documentación sobre tres grupos de delitos, los asentamientos de colonos, los crímenes de guerra y el tratamiento de los reclusos, explicó.

“Israel, por supuesto, no hará nada, salvo gritar que Palestina no es un Estado, una discusión que ya perdió”, añadió Ratner.

La fiscal también puede indagar sobre los cohetes contra Israel procedentes de Gaza y es probable que si inicia una investigación preliminar sobre la conducta israelí, también investigue al lado palestino, manifestó.

Aunque no existen dudas reales sobre la violación de las leyes de la guerra por parte de Israel, y cómo se llevaron a cabo los ataques en Gaza, se presentarán distintos argumentos sobre la proporcionalidad aplicada en las hostilidades, entre otros aspectos similares, señaló.

Sin embargo, cuando se trata de la actividad en los asentamientos Israel no podrá presentar un argumento a su favor, sostuvo Ratner. Es un crimen de guerra absoluto para el cual no hay defensa y, en última instancia, para que la CPI tenga algo de legitimidad tendrá que abordar el tema, aseguró.

“Esperemos que, para el pueblo de Palestina, el tribunal lo haga más pronto que tarde”, concluyó.

Editado por Kitty Stapp / Traducido por Álvaro Queiruga

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Retroceso democrático en la mitad de los países de la ONU

Posted by Teódulo López Meléndez en junio 23, 2015

violencia

Por Thalif Deen © Cortesía de Inter Press Service – IPS Venezuela

NACIONES UNIDAS, 23 jun 2015 (IPS) – Las libertades democráticas retrocedieron y el autoritarismo avanzó en 96 de los 193 Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), según un nuevo informe independiente.

“El ataque sistemático generalizado contra estas libertades fundamentales de la sociedad civil toma muchas formas, incluidas la agresión, la tortura, el secuestro y el asesinato”, señala el Informe de Observación de la Sociedad Civil, de Civicus, una alianza internacional con sede en Sudáfrica dedicada a fortalecer la acción ciudadana en el mundo.

Las dos regiones de “mayor preocupación” son África subsahariana, Medio Oriente y el norte de África, que acumulan más de la mitad de los países contabilizados por la investigación, publicada el 18 de este mes.

Este retroceso va en aumento no solo en países percibidos como democráticos, sino también en aquellos con regímenes represores.

“Sabemos desde hace tiempo que la invasión del espacio cívico y la persecución de los activistas pacíficos van en aumento, pero es más generalizada de lo que muchos piensan”,  aseguró Dhananjayan Sriskandarajah, secretario general de Civicus.

“Nuestro monitoreo en 2014 muestra que las actividades legítimas de la sociedad civil están… bajo amenaza en un gran número de países del Norte y el Sur global, democráticos y autoritarios, en todos los continentes”, agregó.

Según Civicus, los activistas dedicados a lograr cambios políticos y a exponer la corrupción y la violación de derechos humanos siguen siendo perseguidos, así como los defensores de poblaciones locales frente a la apropiación de sus tierras y la degradación ambiental y quienes defienden los derechos de los grupos minoritarios.

“El vínculo entre las prácticas comerciales poco éticas y la clausura del espacio cívico es cada vez más claro a medida que aumenta la desigualdad mundial y la captura de poder y de recursos por parte de un puñado de élites políticas y económicas”, señala el informe.

El activismo a favor de los derechos de los trabajadores y el reparto equitativo de los recursos naturales está cada vez más lleno de peligros, advierte.

Entre los ejemplos mencionados se encuentran los asesinatos de defensores del medio ambiente en Brasil, la intimidación a organizaciones que desafían la hegemonía económica en India y la detención arbitraria de activistas contrarios a la prospección petrolera en República Democrática del Congo.

Cuando se le pidió que identificara a algunos de los peores Estados ofensores, Mandeep Tiwana, director de Política e Investigación de Civicus, respondió que la organización no tiene “un ranking de infracciones”, aunque distinguió entre “países completamente cerrados” e “infractores activos de las libertades cívicas”.

Tiwana explicó que los “países cerrados” son aquellos donde prácticamente no se pueden realizar actividades cívicas debido al entorno sumamente represivo, como sucede en Corea del Norte, Eritrea, Siria, Turkmenistán y Uzbekistán.

Los países que son “infractores activos de las libertades cívicas” encarcelan, intimidan y atacan a los miembros de organizaciones de la sociedad civil y aplican todo tipo de regulaciones para limitar sus actividades, en particular de quienes trabajan para exponer la corrupción y las violaciones de derechos humanos, distinguió.

En este segundo grupo se encuentran Arabia Saudita, Azerbaiyán, Bahréin, Belarús, China, Cuba, Egipto, Etiopía, Irán y Vietnam.

El informe también señala algunas de las tácticas empleadas para limitar el espacio cívico, como las leyes restrictivas y la persecución de organizaciones específicas mediante el allanamiento de sus oficinas o la congelación de sus cuentas bancarias.

Varios países democráticos también vigilan ilegalmente a los activistas, lo que debilita aún más el respeto de los derechos humanos.

La estigmatización y la demonización de los activistas por parte de poderosas figuras políticas y elementos de extrema derecha sigue siendo un motivo de preocupación, según Civicus.

“Cuando más de la mitad de los países del mundo violan los derechos democráticos más básicos del ciudadano, entonces deben comenzar a sonar las alarmas para la comunidad internacional y los gobernantes en todas partes”, manifestó Sriskandarajah.

Tiwana dijo a IPS que los gobiernos de Arabia Saudita, Bahréin, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Jordania y Omán redoblaron sus esfuerzos para impedir las manifestaciones públicas y las actividades de las organizaciones de derechos humanos.

“No parece haber tregua en la censura oficial y la represión de los ciudadanos activos en los Estados autoritarios como China, Cuba, Irán, Corea del Norte y Vietnam”, subrayó.

En África subsahariana la represión de las libertades cívicas se habría intensificado en Angola, Burundi, Etiopía, Gambia, Ruanda, Sudán, Swazilandia y Zimbabwe, añadió.

Y los activistas y grupos de la sociedad civil en muchos países de Asia central y Europa oriental,  donde la democracia sigue siendo frágil o inexistente (como en Azerbaiyán, Belarús, Hungría, Kirguistán, Rusia, Turquía, Uzbekistán y Turkmenistán), también padecen la reacción oficial que pretende aplastar sus demandas de reforma política.

En el sudeste de Asia, Tiwana indicó que países como Camboya y Malasia tienen un historial de gobiernos represores. En Tailandia, donde los militares tomaron el poder mediante un golpe de Estado en mayo de 2014, se siguen aplicando medidas de “seguridad” para restringir las libertades cívicas.

Cuando se le preguntó qué papel puede desempeñar la ONU en este contexto, Tiwana dijo que el Consejo de Derechos Humanos se transformó en un foro internacional clave para la protección de las libertades cívicas, en particular mediante el proceso del Examen Periódico Universal , que cada cuatro años analiza la situación de derechos humanos de los países.

La Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos está recopilando las mejores prácticas de los distintos países para crear un entorno seguro y propicio para la sociedad civil.

El comisionado Zeid Raad Al Hussein es un activo defensor de la capacidad de la sociedad civil para actuar libremente, como lo fue su antecesora, Navi Pillay, una ardiente defensora de las libertades cívicas, expresó Tiwana.

Editado por Kitty Stapp / Traducido por Álvaro Queiruga

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La oligarquía de siempre

Posted by Teódulo López Meléndez en junio 22, 2015

La oligarquía de siempre

Alberto Medina Méndez

Alberto Medina Méndez

La sociedad contemporánea se ufana de vivir bajo el amparo de sistemas democráticos. Sin embargo, los hechos cotidianos ofrecen una refutación contundente difícil de cuestionar.

La democracia supone una significativa participación ciudadana y aspira a ser el gobierno de todos, del pueblo. Lo cierto es que el sistema de selección de candidatos solo muestra el enorme poder de una corporación política que conforma una suerte de oligarquía moderna.

Los postulantes a ocupar cargos políticos se deciden entre cuatro paredes. Un minúsculo grupo de personas, de forma discrecional, determinan quiénes integrarán las listas de candidatos.

Este fenómeno ocurre en los partidos políticos pequeños pero también en los más grandes. En los más importantes es más trascendente aún, porque allí se eligen a quienes ocuparán efectivamente esos lugares de poder al ser electos y ya no solo quienes la integran por honor, de un modo testimonial.

A muchos les encantaría vivir en democracia, pero el presente propone una gran e hipócrita parodia que utiliza los supuestos encantos de un sistema para llevar adelante la más perversa manipulación a la que una sociedad puede someterse.

La escena es simple. Un conjunto de individuos, de un modo arbitrario, asume la delegación implícita de un sector de la política, y en su representación, sin mediar mecanismo alguno que los valide, se dedica con ahínco a la tarea de decidir quiénes se postularán, descartando al resto.

Apelan, en el mejor de los casos, a supuestas herramientas técnicas que le brindan soporte a sus decisiones. Un puñado de encuestas de opinión le dirán quienes son buenos candidatos y cuáles no merecen esa oportunidad porque no tendrán el suficiente acompañamiento en las elecciones.

En los casos más extremos, aunque no por ello menos abundantes, esa iluminada labor de armar las listas recae en una sola persona. Será su bolígrafo el que escriba la nómina definitiva que se presentará oficialmente.

La osadía de la corporación política no tiene límite alguno. No solo determina autoritariamente los nombres de las personas que figuraran en la lista madre, aquella sobre la que todos los ciudadanos tendrán que decidir, sino que se entromete en cuanto distrito menor se lo permite.

Así, esa camarilla inmoral, impone sin descaro, los nombres de los postulantes en provincias y municipios distantes, priorizando a los aduladores, esos que luego obedecerán las instrucciones de la “mesa chica”.

La idea no es proponerle a la sociedad a los mejores, a esos que se prepararon para gobernar. Solo se trata de reclutar a sujetos dispuestos a acatar, sin chistar, las órdenes del mandamás de turno.

Este esquema no es patrimonio exclusivo de un partido político. Es solo la resultante de la dinámica que se ha impuesto por usos y costumbres en casi todas las agrupaciones políticas. Claro que los afiliados no podrán opinar.

El “gremio” sabe que este funcionamiento le permite expulsar a los librepensadores. Ellos son demasiado peligrosos para los intereses de la cofradía porque podrían poner en riesgo muchos de los privilegios que ha logrado la actividad. Nadie que opere de un modo autónomo e independiente resulta funcional, ni compatible con la gran política.

El panorama no es alentador, sobre todo porque quienes controlan el poder cuentan con la legitimación que le otorga una sociedad que los valida con miles de votos. Es ese aval cómplice el que luego usarán para decir que ellos cuentan con apoyo ciudadano y actúan en nombre de la gente.

Es así que el círculo vicioso que han logrado diseñar se convierte en esta pantomima de democracia que esconde una forma de gobernar mucho más cruel, injusta e imperfecta. Es, a todas luces, el gobierno de unos pocos.

Frente a estos atropellos la ciudadanía se siente indefensa. Los valientes que se animan a enfrentar a la secta serán derrotados por esa partidocracia que abusa de los dineros públicos, esos que vuelca a las campañas políticas obscenamente sin que nadie tome nota, ni se inmute demasiado.

Será difícil torcerle el rumbo al poder. Han generado muchos anticuerpos para evitar que los aventureros tengan éxito. Se aseguran a diario de que no puedan ingresar a sus partidos, y si eventualmente lo logran, los segregan a gran velocidad. Saben como hacerlo rápida y efectivamente.

Los que no logran ser parte de su círculo, no deciden absolutamente nada y si se atreven a confrontar sus decisiones, son aplastados en los comicios con las herramientas que disponen imponiéndose a través de sus aparatos políticos e indecentes campañas.

La salida no parece sencilla. El primer paso imprescindible, es advertir el problema, identificarlo y darse cuenta de lo que sucede. Luego, con esa información debidamente procesada y comprendida, vendrá el tiempo de analizar cuáles son las debilidades del sistema que montaron, para intentar entonces jugar con sus pérfidas reglas y ganarles en su propio territorio.

Claro que no se trata de una empresa sencilla, sin sacrificios. Pero jamás se lograron grandes cambios en la humanidad de otra manera. Si no se está dispuesto a hacer ese importante esfuerzo, pues entonces la democracia será invariablemente una ilusión y gobernará la oligarquía de siempre.

Alberto Medina Méndez

albertomedinamendez@gmail.com

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La mitología del mitólogo

Posted by Teódulo López Meléndez en junio 17, 2015

Artículo de Teódulo López Meléndez en el diario “El Universal” (Miércoles 17/06/15)

Mitos 2

http://www.eluniversal.com/opinion/150617/la-mitologia-del-mitologo

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Renunciar a la inocencia

Posted by Teódulo López Meléndez en junio 16, 2015

Inocencia

Por Alberto Medina Méndez

Alberto Medina Méndez

Es habitual que los seres humanos caigan en la trampa de confundir los deseos con la realidad. A veces, las ansias de que algo suceda, hacen que se pueda creer que todo va en esa dirección y que es inexorable que esa percepción personal sea compartida por la inmensa mayoría de la sociedad.

La realidad siempre se ocupa de poner las cosas en su lugar. Lo que parecía evidente se derrumba y los hechos refutan todo con absoluta contundencia. En casi cualquier ámbito de la vida se puede convivir con esa ingenuidad casi eternamente, pero en la política lo empírico se presenta de un modo aplastante y no deja más alternativa que reconocer el error de perspectiva.

A veces, el anhelo es tan potente que la gente prefiere continuar desorientada por algún tiempo adicional, intentando explicar lo ocurrido y apelando a aspectos secundarios, existentes, pero no determinantes.

Hace tiempo que la sociedad considera que la política dejó de ser la herramienta de las transformaciones para convertirse en un instrumento de sometimiento, abusos y corrupción. Por eso se enfada y con razón.

Frente a esos inaceptables atropellos, reacciona casi heroicamente y asume un legítimo protagonismo que aspira a modificar la situación actual y encauzar entonces, aquello que nunca debió salirse de rumbo.

El ciudadano medio cree, con convicción, que la democracia es el camino para dirimir las discrepancias de una comunidad. Pero también percibe que ese sistema de gobierno ha sido cooptado por una casta, una corporación de personajes que se han apropiado de la conducción de esa maquinaria.

Es por eso, que esa ciudadanía enojada e indignada, con bronca e impotencia, entiende que debe hacer algo al respecto y asume la responsabilidad de liderar ese proceso de reformas indispensables.

Ese análisis, pese a su simplicidad, no es incorrecto, pero es insuficiente, porque no mensura con seriedad las variables más relevantes que explican el presente y el modo preciso en el que opera la política contemporánea.

Por obvio que parezca, nada se supera si no se comprende primero su dinámica y se entienden sus reglas básicas. Recién entonces se puede plantear una estrategia adecuada y tener así una posibilidad cierta de lograr resultados. Las ganas son necesarias, pero no alcanzan si no se les agrega una importante dosis de profesionalismo y una perseverancia sistemática.

Lo que ocurre en el presente es la consecuencia de una serie bastante prolongada de situaciones que derivaron en esta actualidad. No se ha llegado hasta aquí de la mano de casualidades o circunstancias inconexas.

El entramado actual es complejo, sofisticado y la maraña de ingredientes que lo componen lo hace casi inaccesible. No puede ser encarado con éxito solo apelando a rudimentarios recursos y maniobras primitivas.

El fraude estructural, las regulaciones que condicionan la participación política de los ciudadanos, los privilegios de la partidocracia, el financiamiento de las campañas son solo algunos de los condimentos cuyo replanteo de fondo es esencial. Sin embargo, la posibilidad concreta de lograrlo pronto parece políticamente inviable y fácticamente imposible.

A la farsa propia del sistema se agrega la apatía de una ciudadanía abatida por su extensa nómina de derrotas individuales y colectivas, situación que molesta a muchos, pero que es el desenlace esperable de un esquema que fue montado intencionalmente para que derive en esa postura general.

La desesperanza cívica no es un incidente fortuito, sino que es el resultado  de una planificada y exitosa estrategia de quienes ostentan el poder para evitar que la sociedad retome el mando. En una comunidad empoderada, ninguno de los despropósitos del presente, tendrían viabilidad alguna.

Quienes ejercen el poder, los que orientan los destinos de la política y llevan décadas en esto, no serán derrotados en las urnas por principiantes. Ellos pueden no saber gobernar, pero tienen la destreza para retener poder indefinidamente y son expertos en quitarse de encima a los aficionados.

El aparato político de los gobiernos, el clientelismo estructural, el asistencialismo vigente, la discrecionalidad con la que administran los dineros del Estado y cierto talento en el juego electoral son demasiadas ventajas para que un grupo de improvisados ciudadanos bien intencionados puedan destronar a los que han hecho de la política su forma de vida.

Siempre cabe la posibilidad de que los poderosos tropiecen, de que la soberbia les juegue una mala pasada, que un hecho inesperado los debilite y sean víctimas de sus andanzas, pero no es razonable pretender triunfos que dependan solo de una combinación infinita de errores ajenos.

Ningún desafío debe ser descartado, por difícil que parezca. Pero para encararlos se debe tener los pies sobre la tierra. Se precisa de bastante inteligencia, de una sabiduría inagotable para superar los escollos y de una actitud a prueba de casi todo para transitar el sendero a recorrer.

La idea no es caer en el desanimo sistemático y bajar los brazos. No es ese el planteo. Pero es vital e imprescindible entender profundamente como funciona el sistema, dimensionar su complejidad y comprender sus intrincados mecanismos para dar la batalla de un modo conducente. Se precisan de muchas cualidades para emprender ese recorrido. Pero el requisito número uno para enfrentar al régimen es renunciar a la inocencia.

albertomedinamendez@gmail.com

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Lo secreto y lo público en la política

Posted by Teódulo López Meléndez en junio 16, 2015

Cabello y Shannon

Por Fernando Mires

Fernando Mires

Hablar de política no pública es un contrasentido. La política es cosa pública por definición. Hablar de política secreta es parecido a decir en una sola palabra “bueno-malo”. Algo definitivamente imposible.

Eso no significa, sin embargo, que todo lo que se dice en política debe ser conocido en detalle por el público. Pues la política no solo es pública. Es, además, representativa y al ser representativa, es delegativa. Con nuestros impuestos pagamos a determinados ciudadanos para que nos representen en diferentes espacios a los cuales no tenemos acceso, incluyendo las dimensiones secretas de la política que son, predominantemente, las de la diplomacia.

Entonces podemos afirmar: la política como cosa pública contiene dos dimensiones: la pública propiamente tal y la secreta. Eso significa que para que la dimensión secreta tenga un valor político, debe encontrarse al servicio de la cosa pública y, en consecuencias, subordinada a ella.

Los diálogos, las conversaciones y sobre todo las negociaciones, no pueden ser conocidas por todo el público (ciudadanía). Eso es evidente. Pero el público sí debe y puede conocer el objetivo y el sentido que poseen los intercambios no públicos en la política. Si eso no es así, quiere decir que la política está siendo llevada a cabo sin el conocimiento del público. Y bien: eso es lisa y llanamente, abuso de poder. Es también una práctica anti-política y, por ende, anti-democrática.

Vale la pena diferenciar entre objetivo y sentido de la política. Es muy sencillo: El objetivo responde a la pregunta del “para qué”. El sentido a la pregunta del “por qué”. Expliquémonos con ejemplos:

Cuando Ángela Merkel conversa con Vladimir Putin, además de hablar acerca del clima, lo hacen sobre temas existenciales de la política europea.¿Para qué? Para asegurar las condiciones de la paz. ¿Por qué? Porque esa paz, desde que Putin invadió Crimea, se encuentra, por lo menos en una parte de Europa, en peligro. Y bien, ese “para qué” y ese “por qué” (objetivo y sentido) son conocidos por casi todos los habitantes de Europa. Lo que, y cómo, se conversa, es, por supuesto, secreto. Lo importante es que el “por qué” y el “para qué” sean de conocimiento público. Lo secreto se encuentra, en este caso, al servicio, y por lo tanto, subordinado a lo público.

Podríamos dar otros ejemplos: Todos sabemos “para qué” y “por qué” el gobierno colombiano dialoga con las FARC. De la misma manera, todos sabíamos que las múltiples conversaciones que tenían lugar entre delegados cubanos y estadounidenses tenían como objetivo levantar el embargo y, como sentido, un mejoramiento de las relaciones entre los EE UU y América Latina.

Ahora bien, si nos hemos extendido en este preámbulo se debe a lo siguiente: el 16 de Junio de 2015, dos representantes de gobierno, Diosdado Cabello, Presidente de la Asamblea Nacional venezolana (investigado en los EE UU por tráfico de drogas) y el consejero de Estado norteamericano, Thomas Shannon, se reunieron en Haití para conversar no solo sobre temas que nadie conoce, sino, además, cuyos objetivos y sentidos son, hasta el momento, secretos.

Si el gobierno venezolano eleva el secretismo a política de estado no puede sorprender a nadie que conozca la deriva anti-democrática que dicho gobierno ha venido experimentando. Pero que el gobierno norteamericano oculte no solo a la ciudadanía venezolana, sino también a la norteamericana, el “para qué” y el “por qué” (el objetivo y el sentido) de las conversaciones entre Cabello y Shannon, el encuentro entre esas dos personas aparece como un hecho políticamente inadmisible.

Puede ser incluso que un diálogo entre ambos hombres de estado traiga consigo efectos positivos en las relaciones de los dos países. Ese no es el problema. El problema es que ni en su objetivo ni en su sentido ese encuentro se ajusta a las normas más elementales de la política internacional.

Peor todavía: si las ciudadanías estadounidenses y venezolanas no reciben ninguna información acerca del objetivo y el sentido de lo que ambos representantes conversaron o negociaron, esas ciudadanías tienen todo el derecho a sentirse tratadas como idiotas por sus respectivos gobiernos.

Empleo el término idiota en sentido griego. Los idiotas en la antigua Grecia eran todos los que no tenían ningún derecho y por lo mismo ningún deber político.

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Subscripción a programas de audio

Posted by Teódulo López Meléndez en junio 8, 2015

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México: La elección, sin elección

Posted by Teódulo López Meléndez en junio 7, 2015

votar_basura

Por Antonio Limón López

Como si fueran dignos de admiración, los partidos políticos se pasearon frente a nosotros durante dos meses, que parecieron asfixiantes años. Nos queda la certeza de su inutilidad, de su aplanada homogeneidad, de su mal ejemplo. Nos perturba el saber que son clones de nuestros cromosomas. También recordaremos a miles de codiciosos, que fueron candidatos con la esperanza de pegarle al gordo de la lotería e inflarse con nuestro dinero.

En su enésima escisión, los tres grandes se dividieron para crear nuevos partidos, o simplemente para intercambiar o exportar candidatos. Los nuevos partidos, son a imagen y semejanza de sus progenitores, y nada nuevo aportan, pues el discurso y los sonsonetes son los mismos.

Los ambiciosos candidatos tuvieron que bregar en la miseria, pues las cúpulas de los partidos como es natural, se apropiaron del dinero que la ley les concede, pero que mafiosamente el INE entrega a las dirigencias rateras. El INE por su parte se comportó como si fuera el undécimo partido político, y se sumó felizmente al latrocinio y a la mendacidad.

En el México convertido en casino, todos perdemos, menos los líderes de los partidos, el INE y el gobierno que manejan la trampeada ruleta. Nada cambia para nosotros los electores, que o se abstendrán en masa la mayoría o anularemos nuestro voto, escribiendo sobre la boleta mexicanísimos recordatorios a las progenitoras de los líderes partidistas (¿No Habrían podido parir hijos decentes? ¿Qué les costaba?) .

Para las dirigencias de los partidos y para los candidatos pluris amarrados, el sacrificio consistió en soportar las injurias, a sabiendas del premio al desprestigio: Los jugosos cheques del erario nacional. Para los candidatos “independientes” hijos disidentes de los partidos tradicionales, la aventura les dejó al menos unos centavos, que ellos sí, recibieron directamente del INE.

En fin, que sin ideas de ninguna especie, ni proclamas ardientes y ni siquiera tibias, y sin novedades o curiosidades de ninguna especie, salvo la del “Bronco” en Nuevo León, los partidos políticos salieron en pasarela de prostíbulo de mala muerte a exhibir sus míseras carnes, ante un público aburrido e impaciente, irritado por los cortes a la telenovela del momento.

Por su parte los dirigentes de los partidos que seguirán en la pasarela, gritarán de júbilo al confirmar que continuarán lucrando y que algunos aspirantes a roer el mismo pastel, quedarán fuera del festín.

A final de cuentas, como ya es costumbre, el presidente invitará a a algunos anulistas a los Pinos, como hace seis años lo hizo Felipe Calderón, y acordarán algunas reformas, pero las harán tan inviables y banales que terminarán como siempre, en otro cuento chino, y a nosotros nos jugarán por enésima vez el dedo en la boca.

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Logomaquias

Posted by Teódulo López Meléndez en junio 3, 2015

Artículo de Teódulo López Meléndez en el diario “El Universal” (Miércoles 03/0615)

Logomaquias

www.eluniversal.com/opinion/150603/logomaquias

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Descuidos inconvenientes

Posted by Teódulo López Meléndez en junio 1, 2015

descuidos

Alberto Medina Méndez

El socialismo viene ganando, desde hace tiempo, la batalla cultural. No existen demasiadas dudas al respecto. Han logrado que su vocabulario sea universalmente utilizado en el discurso político contemporáneo. Hasta los que afirman oponerse a sus miradas, las repiten inconscientemente sin tomar nota de que las mismas forman parte de su histórico arsenal.

Es evidente que los defensores de la izquierda más tradicional han hecho muy bien su trabajo. Lograron impregnar la cultura, modificar el lenguaje cotidiano, instalar perspectivas que no ofrecen resistencia naturalizando aquello que, a todas luces, no tiene a su favor nada que lo justifique.

Pese a los innumerables disparates de los gobiernos, la sociedad global sigue progresando a paso decidido gracias a las invenciones de muchos individuos y a la potencia creadora de la actividad privada, verdadera locomotora del desarrollo, y no precisamente por mérito de las intervenciones estatales o de las “genialidades” de los políticos.

Queda cierta sensación de que el mundo podría estar mucho mejor, y la prosperidad podría multiplicarse si no se hubieran entrometido los pseudo intelectuales que contaminaron al planeta con sus mentiras seriales.

Que los socialistas sigan transitando su camino no llama la atención. Después de todo, no les ha ido tan mal con esa impronta. No existen motivos suficientes para que hagan grandes cambios en lo estratégico.

Lo inexplicable es que quienes promueven las ideas de la libertad sigan cayendo, a diario, en la ingenua trampa de sus adversarios, esos que triunfan casi siempre. Son los que han demostrado una gran destreza en estas lides. Justamente por eso, los que están profundamente convencidos, no deberían ceder un centímetro frente a esos retorcidos planteos.

La inmensa mayoría de los ciudadanos se comporta como observadora de esos intercambios. Se sabe que de un lado están los que apoyan unas ideas, y en el extremo opuesto, los que comulgan con visiones que están en las antípodas. Es esperable que cada uno impulse su propia percepción.

Los socialistas son disciplinados y se ajustan a rajatablas a su manual. Saben que su tarea es repetirlo todo. Para eso utilizan “lugares comunes”, frases demasiado trilladas, expresiones repletas de intencionadas simplificaciones, plagadas de falacias minuciosamente elaboradas, con consignas que parecen lógicas pero que no resisten ningún análisis.

Quienes proponen vivir en una sociedad abierta, deberían apelar a los abundantes argumentos disponibles, que encuentran sustento en evidencias demasiado visibles, esas que pueden ser exhibidas fácilmente porque son cotidianas. La mayoría de los seres humanos gozan de los beneficios del capitalismo y la globalización, aun viviendo en países cerrados, bajo regímenes populistas y con elevados niveles de intervencionismo estatal.

Resulta vital entonces “no seguirle el juego” a la izquierda. Ellos han cooptado el sistema educativo en todos sus estamentos. Han diseminado sus ideas a mansalva en los textos de los libro de historia, economía y política. Apostaron a construir un esquema de adoctrinamiento y por eso avalan un sistema estatal centralizado, con planes de estudio que controlan y diseñan. Fueron más allá al asegurarse que los docentes que dictan esos contenidos sean los fieles guardianes de esa conquista ideológica.

Es imperioso que quienes entienden esta dinámica perversa a la que recurre este sector político, no se someta tan mansamente a ese proyecto hecho absolutamente a su medida. Ellos quieren que sus contrincantes desistan y no se animen siquiera a decir lo que creen. Y hay que decirlo, han logrado con todo éxito que los que piensan diferente se sientan tan culpables que abandonen su prédica por considerarla políticamente incorrecta.

Saben que si en el mundo de las ideas no se da este debate, los políticos seguirán diciendo lo mismo, es decir solo aquello que se traduce en votos, ignorando todo lo que pueda perjudicarlos en sus aspiraciones. Si los que pueden dar una honesta discusión no lo hacen por temor y se comportan como dirigentes, la contienda tendrá idénticos desenlaces.

No se debe mezclar el mundo de las ideas con el terreno de lo electoral. Los políticos se mueven para conseguir apoyos electorales, pero en el debate no se puede ser timorato. Confundir roles resulta tremendamente perjudicial y muy peligroso, sin embargo es un hecho que sigue siendo frecuente.

Hay que perder el miedo a decir lo necesario. Se puede ser sutil, delinear propuestas alternativas y hasta buscar determinados consensos, siempre con el objetivo de lograr mayor libertad, pero la actitud nunca puede ser claudicante, porque de ese modo la derrota seguirá siendo sistemática y estará asegurada eternamente, casi como una profecía autocumplida.

Las omisiones, en este caso, terminan siendo una inadecuada elección. Se pueden obtener logros intermedios, trabajar solo con lo posible y hasta apelar al pragmatismo, pero ser condescendiente no parece ser el mejor sendero. No decir lo correcto en el momento preciso puede entenderse como un modo de admitir que ciertas ideas impropias tienen algún asidero.

No es necesario ser tan insensato. Se puede ser inteligente a la hora del planteo, pero tampoco es imprescindible faltar a la verdad solo para no incomodar a los interlocutores del socialismo de turno, y mucho menos por una cobardía manifiesta. El desafío es realmente complejo, pero claro que vale la pena intentarlo. Se debe ser firmes cuando de convicciones se trata sin caer en estos habituales descuidos inconvenientes.

Alberto Medina Méndez

albertomedinamendez@gmail.com

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El mercado de la política

Posted by Teódulo López Meléndez en mayo 25, 2015

mercado política

Alberto Medina Méndez

Si bien para algunos pocos es muy evidente que la política no es más que un mercado como tantos otros, lamentablemente, la mayoría de los ciudadanos no logra asumirlo y espera que su comportamiento sea diferente sin comprender sus reglas más básicas y elementales.

Como en todo ámbito en el que se encuentran la oferta y la demanda, la política termina descubriendo un punto de equilibrio. Siempre esa armonía es inestable, un mero acuerdo transitorio en constante mutación. Cualquier movimiento leve conduce a la búsqueda de un nuevo punto de confluencia.

Si se entiende que la política es un mercado, es mucho más fácil vislumbrar que el resultado que se obtiene hoy no es más que el producto de lo que la sumatoria de oferentes y demandantes lograron acordar en un instante.

Un ejemplo omnipresente es el de las propuestas de campaña. Un sector de la sociedad se suele quejar diciendo que los candidatos no plantean propuestas concretas. Algunos dirigentes hasta se animan a enumerarlas, pero jamás son demasiado específicos para describir como las concretarán.

Sin embargo parece que quienes demandan ese tipo de exigencias a los políticos no son los suficientes. De lo contrario los candidatos se tomarían en serio la cuestión y le dedicarían más energías a ese reclamo.

En realidad, no hacen propuestas precisas, ni dicen como las realizarán porque eso no es suficientemente valorado por los ciudadanos.  Es probable que esto explique porque unos y otros, políticos y ciudadanos, se comportan de un modo relativamente similar.

No vale la pena pedir algo que igualmente no otorgarán dicen los ciudadanos, mientras los políticos afirman que no tiene sentido proponer algo que tampoco es determinante. Todo funciona de este modo y seguirá así. No existen estímulos suficientes para que se modifiquen esas actitudes.

Un “mercado libre”, eventualmente, optimizaría los resultados colocándolos en su máximo punto de eficiencia. Pero claro, la actividad política no ha quedado exenta de la corriente intervencionista que rige esta era.

Es factible que la política del presente funcione de un modo ineficiente e inadecuado porque sus reglas han sido permanentemente manipuladas por quienes ostentan el poder y establecen esas normativas intencionalmente.

Se trata de un espacio brutalmente intervenido, absolutamente regulado, que instaura pautas que impiden, deliberadamente, la indispensable competencia. La extensa nómina de interferencias que exhibe este mercado político explica la escasez de alternativas. Por eso la gente termina optando entre lo disponible sin tener chances de ejercer legítimas elecciones libres.

Si se esperan progresos en la materia, resulta vital disminuir los obstáculos de acceso a la política y fomentar una verdadera competencia, esa que impulsa a brindar lo mejor para que los ciudadanos tengan opciones.

Como en todo mercado, los oferentes hacen lo que sea para satisfacer las pretensiones de la sociedad. No lo harán por altruismo, bondad natural o integridad personal, sino porque de lo contrario, siempre se corre el riesgo de que otro irrumpa en la escena y logre interpretar mejor las demandas.

El régimen actual solo encierra a los “consumidores” sin otorgarle salidas. Pero esto tampoco es casualidad. Los dueños del sistema se han ocupado de bloquear intencionalmente a los potenciales nuevos dirigentes.

Es por esa razón que existen muchas legislaciones en las que los partidos políticos tienen el monopolio formal de la representación. En ellas, los ciudadanos no pueden siquiera postularse sino pertenecen a una facción.

Como sucede en otros mercados, los oferentes intentan eliminar adversarios recurriendo a restricciones legales que les permitan limitar la oferta. Para hacerlo, utilizan argumentos que hasta parecen razonables.

Un caso emblemático, cuya comparación es pertinente, es el de los industriales nacionales  que se amparan en la sinuosa justificación de las posibles fuentes de trabajo perdidas para evitar que sus rivales extranjeros puedan ofrecer productos de mayor calidad o mejor precio. Esos pseudo empresarios apelan al tráfico de influencias para impedir que ingresen nuevos actores y su herramienta predilecta son las barreras aduaneras.

La política no es diferente. Los dirigentes contemporáneos, se ocupan de establecer normas que le garanticen la exclusividad de la representación. De hecho, los partidos mayoritarios acuerdan esas reglas para repartirse las porciones de poder. Listas sábanas, sistemas complejos de elecciones, de fiscalización, pisos mínimos para obtener representación, personería política con limitaciones de tiempo, cualquier instrumento es eficaz para quitar del camino a cualquier entrometido que quiera modificar el esquema vigente.

Si se espera que la política cambie, habrá que flexibilizar sus reglas, para que sean muchos los que deseen participar y puedan hacerlo sin una burocracia que se interponga. Si los ciudadanos tienen más poder, dispondrán de una mayor cantidad de alternativas para seleccionar. Nada asegura la perfección, pero esa dinámica incentivará a los postulantes a ser mejores e intentar seducir de otro modo a su potencial electorado.

Si se sigue creyendo que la política es solo servicio a la comunidad y que debe ser un apostolado vocacional, no se ha comprendido la naturaleza de las transacciones entre individuos. Ningún problema puede ser resuelto si antes no se comprende su dinámica. Si se quiere que la política sea el motor del cambio se debe entender primero que también es un mercado.

albertomedinamendez@gmail.com

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Elecciones peligrosas

Posted by Teódulo López Meléndez en mayo 20, 2015

Artículo de Teódulo López Meléndez en el diario “El Universal” (Miércoles 20/05/15)

elecciones peligrosas 2

www.eluniversal.com/opinion/150520/elecciones-peligrosas

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El pretexto de la “conciencia tributaria”

Posted by Teódulo López Meléndez en mayo 17, 2015

conciencia tributaria

Alberto Medina Méndez

La hipocresía es moneda corriente y eso ya no es primicia. Esta inadecuada postura cívica aparece, también, en el terreno de la tan mentada “conciencia tributaria”. Algunos han tenido hasta el atrevimiento de definirla con cierto sesgo académico, diciendo que es la “interiorización en los individuos de los deberes tributarios fijados por las leyes, para cumplirlos de una manera voluntaria, conociendo que su cumplimiento acarreará un beneficio común para la sociedad en la cual ellos están insertados”.

Es un verdadero disparate igualar dos términos que claramente se contradicen. Abonar impuestos no es un acto voluntario, porque la palabra impuesto se refiere a lo forzado, a lo obligado. Si fuera un gesto auténtico, espontaneo, vinculado al deseo genuino, en todo caso, sería una donación.

Como suele pasar en diferentes órdenes de la vida cotidiana, este tipo de justificación retorcida no deja de ser un mero ardid, casi un consuelo, que intenta convertir en aceptable algo que es intrínsecamente malo. Existen, al menos, cuatro grupos bien definidos que utilizan este recurso argumental y pretenden transformarlo en un axioma indiscutible, en un mandato bíblico.

Por un lado están, los recaudadores, los que trabajando de esto preservan la gestión de los organismos de recolección compulsiva de gravámenes. La medida de su eficiencia está directamente relacionada con el monto percibido. Por eso, en las campañas de difusión masiva apelan a esta consigna por ser la menos antipática. “La gente debe pagar sus impuestos porque es el único modo de que el Estado funcione y cuantas más personas lo hagan mucho mejor será para la sociedad”, sostienen. A veces inclusive recurren al ruin artilugio del “sorteo” como dispositivo para que unos ciudadanos sean delatores del resto, denunciando así a los que no cumplen.

Otro sector que opera en idéntica dirección es el de la parasitaria estructura estatal. Todos los que viven del Estado, saben que la sangre que fluye por esas venas se nutre de impuestos, emisión monetaria y endeudamiento. En tiempos en el que los dos últimos no son una posibilidad relevante, los impuestos, es decir el dinero detraído de la sociedad en forma coercitiva, posibilita la existencia del empleo estatal y de su cuantía depende, en buena medida, que sus remuneraciones puedan ser mejoradas.

Un tercer espacio lo ocupan los que no pagan casi ningún impuesto o, al menos, no perciben hacerlo. Son trabajadores, subsidiados o desocupados. Sus ingresos son bajos y no son alcanzados por algunos de los voraces impuestos diseñados especialmente para escarmentar a los segmentos más elevados. Ellos reclaman conciencia tributaria como fórmula para aliviar su rencor contra los que más producen. Pretenden igualdad y creen que un sistema tributario que les quita demasiado a los que más disponen, los nivela rápidamente. No saben como aumentar sus propios ingresos y se creen víctimas de este mundo cruel. Este perverso esquema es positivo porque les quita a los demás, a quienes culpan por tener más que ellos.

El último grupo está compuesto por los que pagan MUCHO en impuestos. No contribuyen por convicción, sino porque su actividad no les permite escapatoria. La administración ya ha encontrado el modo eficiente de tenerlos de rehenes. Como no pueden evadir, no admiten ser los únicos tontos y quieren compañía ante semejante abuso. Rendidos frente a la impotencia de estar atrapados por el régimen, apelan desesperadamente a este recurso dialéctico tan pobre como inmoral. En esto, se parecen al grupo anterior. Sus motivaciones surgen del resentimiento y eso no habla bien de ellos. Las garras del sistema los han cooptado y no desean sentirse tan estúpidos, por eso acusan al resto, para que reciban el mismo castigo.

Pagar impuestos no es un acto voluntario. El impuesto implica que el Estado detrae, por la fuerza, una parte demasiado relevante del esfuerzo personal. Nadie paga con satisfacción y alegría. En todo caso lo hace porque no puede evitarlo, porque el esquema se ha diseñado para que no se lleve el producto deseado sin ese “peaje” o bien porque no pagarlo implica un riesgo legal trascendente que se traduce en multas costosas o inclusive prisión.

Esta afirmación general puede verificarse empíricamente a diario. Quien intente refutarla puede dar testimonio personal de ello y hacer hoy mismo el ejercicio pidiendo que le aumenten el precio de un bien y le carguen impuestos no cobrados o hasta dejando un extra, ya no como propina para el individuo que le facilita el producto, sino directamente para el Estado.

Es más, si un individuo cree tan férreamente en la bondad de los impuestos podría pedir a los gobiernos, en cualquiera de sus jurisdicciones, que le facilite un número de cuenta bancaria para depositar allí dinero propio como donación para los “loables” fines para los cuales el Estado destina el dinero.

Después de todo este individuo que defiende la idea de “conciencia tributaria” cree que lo recaudado como tributo no termina en manos del aparato político, la corrupción o el despilfarro tradicional. El recita, a viva voz, que todo eso es para la salud, la educación y la seguridad. Pues bueno, que deposite masivamente sus recursos propios allí, en vez de utilizarlo para su entretenimiento o el consumo suntuario de innecesarios bienes. La inconsistencia ideológica es tan evidente que no admite casi ningún argumento serio que pueda ser tenido en cuenta con cierta sensatez.

Si finalmente se opta por pagar impuestos, asumiéndolo como el “mal menor”, si se lo hace porque no se ha encontrado un mejor modo de financiar las “supuestas” necesidades que permiten vivir en comunidad, al menos sería saludable evitarse los retorcidos planteos intelectuales que pretenden justificarlo. No es razonable intentar convertir lo malvado en bondadoso. En todo caso, un poco de resignación ciudadana, puede servir como transición, pero solo para intentar ser más creativos y seguir buscando mecanismos que permitan sustituir este atropello cotidiano por algo superador. Mientras tanto, sería muy conveniente asumir que cuando se habla de impuestos no se dispone de buenas razones que lo respalden. El desafío es pensar como se abandona el pretexto de la conciencia tributaria.

albertomedinamendez@gmail.com

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Sobre la guerra y como conjurarla

Posted by Teódulo López Meléndez en mayo 17, 2015

ROBERTO VIVOportada La guerra

Roberto Vivo

Por Esteban Lozano

“La guerra: un crimen contra la humanidad”, de Roberto Vivo —autor de “Breve historia de las religiones del mundo”—, es un esfuerzo monumental por pacificar al hombre.

El del empresario uruguayo Roberto Vivo es uno de esos libros inclasificables que, a priori, puede parecer que adolecen de una perspectiva naïve de la materia sobre la cual tratan. Nada más lejos que la ingenuidad en la perspicaz mirada del “idealista-de-pies-en-tierra-firme” que es Vivo. En el prólogo de su obra “La guerra: un crimen contra la humanidad”, Vivo aclara que su principal propuesta es “deslegitimizar” la guerra, y que debemos considerarla como crimen (“El hecho de que 9 de cada 10 víctimas de todo conflicto sean civiles es, a mi juicio, el factor determinante que permite afirmar, sin duda alguna, que hoy toda guerra debe ser considerada un crimen contra la humanidad”, señala Vivo). Lo que sigue a dicho prólogo es un esfuerzo monumental por parte del autor para ilustrarnos acerca de los cómos y los porqués de esta práctica que, según afirma, en los últimos 5.000 años fue permeada por efímeros períodos denominados —a falta de mejores definiciones— “paz.” Motivado por una serie de interrogantes que lo acompañaron desde su adolescencia, Vivo ha escrito —asistido en su laboriosa investigación por el periodista estadounidense Dan Newland, además editor y traductor del original al inglés— un libro al que realmente cabe calificar como imprescindible, puesto que la materia sobre la que trata no es fácil de hallar en otras fuentes: la guerra y cómo conjurarla. “La guerra: un crimen contra la humanidad” no se limita a denunciar o a hacer un mero relevamiento de la violencia y las guerras que han azotado y azotan al planeta sino que, a la manera de un vademécum, despliega un menú de genéricos para combatir las causas de los males que nos llevan a la confrontación armada.

Uno de los mayores méritos de Vivo es la prosa clara, precisa, amena, con que transmite sus conceptos. Su escritura —y, por consiguiente, su lectura— es fluida incluso en los más extensos párrafos, en cuya redacción otros autores olvidan a menudo al lector al cual se dirigen, haciéndolo naufragar en un sargazo de información excesiva muchas veces agravado por una complicada o torpe sintaxis.

Los títulos de los cuatro extensísimos capítulos que conforman el libro, y algunos de los subtítulos de las diversas partes en que cada uno de ellos se divide, dan cuenta de la vastedad de temas en él tratados: La violencia y el hombre (La deshumanización del otro, Efectos devastadores de la guerra, Grandes flagelos producidos por el hombre, Las causas de la guerra, La teoría de la guerra justa y su superación), La historia de la paz (La era axial, Celebrar la diversidad), Sociedad abierta y sociedad cerrada (Liberales versus conservadores, moderados versus radicales, Fundamentalismo, Secularismo: crisis u oportunidad), La guerra: un crimen contra la humanidad (Paralelos válidos: esclavitud, tortura y racismo, Definir la guerra como crimen, Fundamentos legales, El rol de Estados Unidos en un mundo unipolar, La prevención de conflictos, El rol de las instituciones y de las organizaciones internacionales, El papel de la justicia, La Corte Penal Internacional, Dar una oportunidad a la paz).

Sostiene Vivo que “hay quienes creen que el ser humano lleva la guerra en su ADN; que es un ser naturalmente violento inclinado a inventar enemigos y a exterminarlos. Pero la ciencia contemporánea no está de acuerdo. Los estudios más recientes demuestran que los primeros seres humanos no practicaban la guerra de manera habitual e institucionalizada, porque eran nómades, cazadores y recolectores, con un muy reducido sentido de la propiedad. Al no tener que defender lo propio, los conflictos dentro de la comunidad se reducían al mínimo. Como señala el célebre paleontólogo Richard Leaky, recién con  la agricultura el ser humano se hace sedentario y comienza a sentir la necesidad de defender la tierra que cultiva. Parece probable entonces que la guerra se haya originado como una respuesta social y política a un cambio de circunstancias económicas. En síntesis, lo que cambió con la transición de la caza y recolección nómades a la agricultura sedentaria fue la naturaleza de la sociedad, no la naturaleza del hombre.” Y se apresura a aseverar: “Otra tajante prueba de que el hombre no es naturalmente violento es el hecho de que todos los ejércitos del mundo someten a sus soldados a un duro entrenamiento, tanto físico como psicológico, para que puedan convertirse en máquinas de matar. Una etapa esencial de ese adiestramiento es la deshumanización del otro. Es decir, el objetivo del entrenamiento es que, para el soldado, el supuesto enemigo pierda su condición de persona. Pero nosotros, los seres humanos, no estamos preparados para comportarnos como asesinos, y por eso son miles los casos de soldados que al volver de la guerra recurren al alcohol, las drogas y hasta al suicidio en búsqueda de la paz perdida.” En cuanto a las causas variopintas que determinan el estallido de las guerras, y que por largo tiempo han sido tema de debate entre antropólogos, sociólogos, analistas políticos e historiadores, el autor cita: ausencia de negociación, de identificación, de voluntad para promover la paz, y ausencia absoluta de principios humanitarios, así como también el exceso de nacionalismo y la generación de falsas expectativas. Vivo hace hincapié en que “para lograr que la guerra sea catalogada como lo que es, ‘un crimen contra la humanidad’, hace falta un cambio cultural, para esto necesitamos apoyar el accionar de la Corte Penal Internacional, fomentando la educación para la paz, y ésta es una tarea en la que todos podemos contribuir.”

Detengámonos por un momento en uno de los flagelos que en el mundo actual nos toca padecer, quizá como nunca antes: el terrorismo. Como su mismo nombre lo deja entrever, el terrorismo es letal por partida doble: su finalidad es destruir a su objetivo físicamente, pero paralelamente, y por efecto multiplicador, destruye la individualidad de las personas al restringir sus derechos civiles y humanos a resultas del pánico que induce y mediante leyes y procedimientos excepcionales implementados, supuestamente, para combatirlo o neutralizarlo. Vivo afirma en su blog, Peace, Justice and the Ultimate Crime (www.vivoonwarpeaceandjustice.blogspot.com.ar), que desde el 9/11 el terrorismo internacional se halla en ascenso y que la victoria está de su lado. Los hechos que hemos vivido en lo que va del 2015, con posterioridad a la publicación del libro que nos ocupa, parecen doblar la apuesta hecha por tal aseveración. En cuanto a los “procedimientos excepcionales” mencionados más atrás, Vivo enumera “la suspensión de garantías para los prisioneros de guerra, la violación por parte del gobierno del derecho a la privacidad en las comunicaciones por teléfono y por correo electrónico, presiones aplicadas a los medios, arrestos arbitrarios y sin establecimiento de cargos por una corte penal, el uso limitado de torturas tanto dentro como fuera de su territorio, además de la implementación de tácticas bélicas que violan no sólo las tradiciones nacionales sino también las Convenciones de Ginebra y Viena.” También trae a cuento un dato tan acertado como ilustrativo: cuando al general carabinero italiano Carlo Dalla Chiesa, a cargo de las estrategias antiterroristas de Italia para enfrentar a las Brigadas Rojas en la década de 1970, le pidieron que utilizara la tortura para descubrir el paradero del primer ministro italiano Aldo Moro —secuestrado y luego asesinado—, respondió: “Italia podrá sobrevivir a la pérdida de Aldo Moro pero no sobrevivirá a la implementación de la tortura.” Así, Dalla Chiesa señalaba que violar el imperio de la ley conlleva el peligro de convertirse uno mismo en algo parecido a ese rival artero y no tradicional al que se combate. También una escena de la película “Espartaco” (Stanley Kubrick, 1960) ilustra perfectamente este pensamiento: los esclavos se rebelan contra sus opresores y toman la escuela de gladiadores en que son brutalmente entrenados. Un grupo de sublevados, para desquitarse, quiere obligar a dos de los romanos, ahora cautivos, a pelear entre ellos a muerte. Espartaco se opone, alegando que si no deponen su actitud también ellos, los oprimidos, se convertirán en aquello que aborrecen (firmaba el guión de “Espartaco” alguien que algo sabía sobre la restricción de los derechos civiles y humanos mediante el pánico y las leyes y procedimientos excepcionales: Dalton Trumbo, uno de los tristemente célebres “Diez10 de Hollywood” durante el maccarthismo).

Afirma Vivo que el mensaje de Dalla Chiesa “debería ser una admonición para EEUU y otras democracias occidentales, que alguna vez sirvieran de ejemplos morales y éticos para el mundo y que tenían en claro que si se permitía la violación de los derechos civiles y humanos de una sola persona, peligrarían los derechos de todos. No importa la magnitud de la amenaza.” Y a continuación agrega: “Cuando no se protege la libertad se resiente la esencia misma de la democracia”, aseveración que le permite meterse de lleno en uno de los temas centrales de su libro: la guerra en general y la conducción que los EEUU hacen de sus guerras desde los sucesos del 9/11 en particular, cuyos métodos son también aplicables a los que emplean otras democracias de occidente.

Como señala el ex-fiscal en Jefe de la Corte Penal Internacional Luis Moreno Ocampo (una de las eminencias que prologan el libro de Vivo, junto con el ex-presidente de la República Oriental del Uruguay Julio María Sanguinetti, el ex-fiscal en los Juicios de Nuremberg Benjamin Ferencz, el renombrado mediador, autor y disertante William Ury y el autor del best-seller “Megatrends”, John Naisbitt): “Este libro es necesario, pero abarca tantos campos de conocimiento que no lo podía escribir un académico que debe agotar cada detalle de la discusión científica. Hay tanta información y análisis que no puede ser analizado desde una sola disciplina.”

Moreno Ocampo no exagera: así de multifacético, ecléctico, ambicioso, profundo, extremadamente documentado y sorprendente es “La guerra: un crimen contra la humanidad”.

Y puestos a hablar de crímenes… sería inconveniente añadir a la lista de los muchos que el hombre comete el de no leer este valiente e imprescindible libro de Roberto Vivo.

“La guerra: un crimen contra la humanidad””, de Roberto Vivo. Versión impresa: Hojas del Sur, 2014. También disponible como libro electrónico, tanto en español como en inglés —War: A Crime Against Humanity—, para Kindle y Nook y en varios formatos a través de Smashwords.

……………………………………………………………………………………………

(*) Esteban Lozano nació en Buenos Aires en 1957. Obras: las novelas “Procurar antes perecer”; “Las crónicas madacasianas”; “El clan del Homo Lumpen” y “Las aventuras del Dr. Infante”. “HOLOween y otras historias del cercano mañana” (cuentos) y  “Los Amantes de Shakespeare” (teatro).

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Un alegato consistente que enamore

Posted by Teódulo López Meléndez en mayo 10, 2015

populismo

Alberto Medina Méndez

Los eternos opositores al modelo vigente siguen buscando atajos para salir del caos. Saben que el presente es lamentable y que resulta imperioso evitar la inercia actual, pero su ansiedad suele empujarlos hacia ingenuas confusiones, invirtiendo tiempo en estériles esfuerzos intermedios.

Algunos creen, con esperanza, que la aplicación de las nuevas tecnologías puede transformarlo todo mágicamente. Otros, mucho más cándidos, anhelan la llegada triunfal de ese líder carismático aclamado por las masas que con su encanto natural modificará el rumbo para siempre.

Es paradójico que quienes critican al populismo por fomentar el saqueo redistributivo y promover la holgazanería enfoquen todas sus energías hacia un esquema tan idéntico desde lo estratégico al supuestamente reprobado.

No es que las herramientas modernas no sean útiles para seducir a los ciudadanos de buena voluntad. No deben despreciarse esas eficaces variantes. Tampoco se trata de rechazar a esos dirigentes que logran esa indispensable empatía con la sociedad y que comprenden, aunque sea parcialmente, el daño que el populismo les ha generado a sus comunidades.

Luego de tantos intentos por estas tradicionales vías es necesario comprender la reinante dinámica social y el intenso anclaje que ciertas posturas tienen en la sociedad, esas que no retrocederán tan fácilmente.

Los eventuales fracasos económicos del populismo contemporáneo no han sido suficientes para arrinconar a un sistema de ideas tan arraigado en los ciudadanos. La gente se enfada por algún tiempo y reclama cambios en el sentido inverso, pero solo como parte de una coyuntura accidental, para salir del paso, y no porque hayan modificado su visión definitivamente.

Siempre encontrarán culpables para responsabilizarlos de su eventual traspié. Algunos dirán que fue la corrupción o la ineptitud del demagogo de turno. Tampoco faltarán quienes recurran al infalible argumento del poder de las corporaciones y la siempre posible confabulación del poder económico internacional como causantes de esa renovada frustración.

No se asumirá con convicción esa derrota ideológica si no se interpretan las ocultas raíces de su verdadero descalabro y se las reemplaza por nuevas miradas que expliquen lo que ha sucedido con una congruencia irrefutable.

Por eso, es preciso hurgar en las entrañas de la política, para entender que el sacrificio preciso es superior y probablemente mucho más prolongado que lo que la vida terrenal permite a un individuo en la actualidad.

Es posible que cierta vocación de poder personal nuble la vista y proponga llegar a la cima de un modo veloz. Muchos se entusiasman con esa posibilidad y descartan el meritorio esfuerzo consistente, sustituyéndolo por meros espejismos. Esa dinámica simplista solo alimenta ciertos apetitos personales, pero no resuelve de modo alguno el problema de fondo.

El populismo puede tropezar, pero solo se atrinchera para esperar una nueva oportunidad y obtener otra vez el poder. Las evidencias cuentan que cuando eso sucede, lleva demasiado tiempo retomar el sendero adecuado.

Hace falta mucho más que una suma interminable de pequeños y creativos trucos, innovadores instrumentos y modestos líderes con personalidad para cambiar el curso de los acontecimientos de un modo sustentable.

El ahínco debe ser superlativo, prolongado en el tiempo, y sobre todo coherente a lo largo de su recorrido. Habrá que armarse de paciencia y abandonar la premura si se quiere, en serio, lograr el desenlace esperado.

Se necesita cuanto antes un alegato que tenga solvencia, que resista los embates más elementales. No solo se debe proponer un planteo lógico, sino que se debe apelar a los sentimientos. Lo que se dice y escribe no solo debe responder a la racionalidad, sino que también debe enamorar.

La gente respeta, inclusive desde el disenso, a los que son capaces de alinear discurso y acción. No lo hace solo por un puñado de elementos aislados, sino cuando percibe una coherente y prolongada línea de aciertos.

Nadie dice que deban desecharse los ocasionales caminos cortos ni aprovechar cada tropiezo y torpeza del régimen para avanzar, pero es importante no caer en el infantilismo de ilusionarse con ciertas fantasías. El cambio vendrá de la mano de algo mucho más significativo y trascendente.

En el mientras tanto, es probable que el populismo vaya mutando de matices, y sea reemplazado secuencialmente por versiones más moderadas, con miradas parecidas, pero que conserve su esencia intacta. Mostrar versiones más amigables, no es más que un mecanismo de defensa. Esa dinámica constituye un riesgo mayor porque cuanto más presentable es el personaje que enarbola esas banderas, mas difícil será superar esa etapa.

Sus características básicas seguirán estando presentes de modo muy estable. Corrupción a mansalva, falta de transparencia, concentración del poder, inexistente independencia del poder judicial, economía intervenida y manipulada discrecionalmente, control del aparato electoral, presión a los medios de comunicación e intimidación a los disidentes, serán solo parte de ese catálogo inagotable de inmorales demostraciones de poder.

El populismo no es sinónimo de criminalidad, desmadres económicos y escándalos políticos. Esas son solo algunas de sus consecuencias más evidentes. Sus raíces son mucho más complejas y profundas. Para erradicarlas definitivamente habrá que construir, con paciencia, perseverancia y seriedad,  un alegato consistente que enamore.

albertomedinamendez@gmail.com

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La guerra de las ideas

Posted by Teódulo López Meléndez en mayo 9, 2015

Gramsci

Fernando Mires

 

Una de las dificultades que impiden a algunos analistas entender la nueva política internacional de los EE UU reside en el hecho de que muchos de ellos piensan con categorías de la Guerra Fría. Pocos han captado que el fin de esa guerra no ocurrió como resultado de una derrota militar del comunismo sino como consecuencia de su subdesarrollo en la ciencia, en la técnica, en la cultura, en la política, en fin, en las ideas.

La Guerra Fría fue una guerra armada pero también una guerra de ideas. No olvidemos que los partidos comunistas europeos y los cientos de intelectuales que los apoyaban eran portadores de una utopía fundada en una supuesta ciencia universal, el marxismo.

Según Antonio Gramsci la victoria del socialismo solo podía ser lograda gracias al triunfo de las ideas socialistas. Los intelectuales socialistas derrotarían a los del capitalismo, ese era su convencimiento más profundo.

En un punto Gramsci estaba en lo cierto. En política la razón de la fuerza no puede imponerse a largo plazo sin la fuerza de la razón. Donde evidentemente Gramsci se equivocó fue en su creencia -en el sentido religioso del término- de que las ideas socialistas eran superiores a las demás.

Mérito de Gramsci fue entender que, para que tuviera lugar una lucha de ideas, era necesario aceptar la existencia de un espacio democrático. Lo que no logró entender fue que la creación de ese espacio significaba de por sí una derrota de las ideas representadas por el socialismo de las dictaduras estalinistas. Fue – qué ironía- la aceptación de ese espacio la razón que llevó al PC italiano a romper con el marxismo soviético. Así, el triunfo final de los intelectuales disidentes sería el de las ideas democráticas anti-soviéticas. La derrota hegemónica del comunismo precedió a la caída del muro.

Recordar hoy esos momentos tiene importancia. Si analizamos la actual política internacional de EE UU podremos observar como Obama ha asumido no pocos elementos objetivamente gramscianos. Pues así como Gramsci creía en la superioridad de las ideas socialistas, Obama cree -en el sentido no religioso del término- en la superioridad de las ideas democráticas. Al igual también que el filósofo italiano piensa en que una dominación militar sin hegemonía de las ideas está destinada al fracaso (de hecho, fracasó durante Bush) Y no por último, Obama sabe que sin la creación de un espacio de diálogo con sus potenciales enemigos, no puede haber guerra de ideas.

Si pensamos a partir de la lógica de la guerra de las ideas, podemos entender mejor el momento que llevó a Obama a acercarse a Cuba. Esa  decisión fue tomada cuando el régimen de los Castro ya no contaba con apoyo de ideas ni fuera, ni dentro del país. Habiendo perdido en la guerra de las ideas, perdió su legitimación política continental y nacional. Lo otro vendrá después. El régimen venezolano deberá seguir el mismo camino. Cada vez está más aislado del mundo.

  1. La relación entre Obama y el pensamiento gramsciano no es especulativa. La obra central de Joseph Nye, Jr., Soft Power (2005), está basada en una reconstrucción del pensamiento gramsciano aplicado a la política internacionalNye fue asesor de Clinton y hoy es uno de los expertos más influyentes en la administración Obama

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