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Teódulo López Meléndez

Democracia del siglo XXI

colombia

Representantes de la Subcomisión de Género de la Mesa de los Diálogos de Paz de Colombia rodean a la representante especial de la ONU sobre la Violencia Sexual en los Conflictos, Zainab Hawa Bangura (en el centro a la izquierda), y a la directora ejecutiva de ONU Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka, durante la presentación de los primeros resultados de la inédita iniciativa, el 23 de julio en La Habana, Cuba. Crédito: Karina Terán/ONU Mujeres

Colombia incorpora enfoque de género para paz estable y duradera

Por Patricia Grogg

LA HABANA, 27 jul 2016 (IPS) – Los avances e inéditos mecanismos que incorporaron el enfoque de género en el proceso de paz de Colombia, constituyen un hito y una inspiración para la solución de otros conflictos en el mundo, a juicio de la directora de ONU Mujeres en ese país, Belén Sanz.

En declaraciones a IPS, la especialista consideró algo “innovador y pionero” la incorporación en septiembre de 2014 de la Subcomisión de Género, dentro de la Mesa de los Diálogos de Paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que acoge la capital cubana desde noviembre de 2012.

Para lectura completa http://www.ipsnoticias.net/2016/07/colombia-incorpora-enfoque-de-genero-para-paz-estable-y-duradera

USA frente a sí

Audio de Teódulo López Meléndez

Obama y Hillary

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El autócrata electoral

autocracia

 

Por Andrés Hoyos

La vida era más sencilla cuando los dictadores ejercían su abominable oficio sin tapujos. Para todos aplicaba la parábola de Churchill, quien dijo famosamente: “los dictadores van de arriba para abajo montados en tigres que no se atreven a desmontar. A los tigres les está dando hambre”. En ocasiones los tigres se hartaron de comerse lo que les caía del lomo. Unos, como Trujillo o Gadafi, murieron asesinados o ejecutados; otros, como Jean-Claude Duvalier o Stroessner, fueron derrocados y vivieron largos o cortos años de amargura en el exilio con lo que se habían robado; otros, como Manuel Augusto Noriega, terminaron en la cárcel; tan solo unos pocos, como Franco o Juan Vicente Gómez, murieron de viejos en sus camas, aunque algo me dice que ni en el lecho de muerte dejaron de pensar en el tigre de Churchill.

Últimamente el mundo se ha ido llenando de una estirpe distinta, la de los autócratas electorales. Son, en realidad, dictadores encubiertos que cada tanto celebran elecciones, las cuales, con mayor o menor recurso al fraude, “ganan”. La regla básica del club consiste en abolir la separación de poderes, haciendo una ensalada con Montesquieu y su libro clásico, Del espíritu de las leyes. Estos dictadores creen que hallaron una forma de montarse y desmontarse del tigre sin que se los coma, mejorando la fórmula tradicional. Hablo de Putin, de Erdogan, de Hugo Chávez (ahora representado por su grotesca caricatura, Nicolás Maduro), de Daniel Ortega y de Evo Morales. La lista, variada en enfoques y variopinta en excentricidades, no deja de crecer. No todos llevan el autoritarismo al mismo nivel. Lo que sí se puede decir es que todos usan las elecciones para socavar la democracia y atacar a las minorías. La fórmula incluye el control de los principales medios de comunicación o la destrucción de los que no se pueden controlar, el encarcelamiento o el exilio de los principales líderes opositores, el intento de instaurar partidos únicos, la purga de las burocracias estatales, la represión más o menos violenta y, muy en particular, la cooptación del poder judicial para convertirlo en un instrumento selectivo de represión.

Volverse un caudillo tal vez tenga sus recompensas —al menos eso parecen pensar estos caudillos—, pero solo un demócrata puede dormir tranquilo después de salir del poder. Los demás nunca dejan de temer al tigre, pues ahí está Alberto Fujimori para recordarles lo que pasa cuando la fórmula falla. El sueño tranquilo, sospecho, vale más que una corte llena de aduladores y unas cuentas gordas en Suiza.

Tomará algún tiempo actualizar en la mente de la gente la definición de democracia para que entienda que no basta con que haya elecciones para que un régimen sea democrático. También es indispensable que respete las minorías y que existan una separación efectiva de los poderes públicos y una clara libertad de opinión y crítica. Así, un gobierno como el de Erdogan puede ganar elecciones, y todavía ser una dictadura. ¿Eso hace legítimo derrocarlo mediante un golpe de Estado o alzarse en armas contra él? No, ambas “soluciones” a la antidemocracia son peores que la enfermedad, según se vio en Egipto. Lo que sí es legítimo es confrontar ese tipo de gobiernos con la protesta social, el aislamiento internacional y las sanciones multilaterales. ¿Qué entonces el desenlace toma más tiempo? No le hace: instaurar una democracia auténtica amerita el esfuerzo.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

 

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Las tiendas de campaña no son una solución de largo plazo para alojar a los refugiados, son caras y duran de seis a 12 meses. Crédito: Oxfam Internacional.

Egoísmos nacionales amenazan histórico acuerdo sobre refugiados

Por Aruna Dutt English version

NACIONES UNIDAS, 27 jul 2016 (IPS) – Intereses nacionales egoístas amenazan con descarrilar la próxima cumbre de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre migraciones, que reunirá a representantes de todos los países para diseñar una estrategia más humana y coordinada que haga frente a los grandes movimientos de refugiados y migrantes.

El sistema actual, creado tras la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), no logra atender el número sin precedentes de personas desplazadas, se lamentó Peter Sutherland, representante especial del secretario general de la ONU para migraciones internacionales en un encuentro organizado en Nueva York por el Instituto Internacional para la Paz (IPI, en inglés).

Para lectura completa http://www.ipsnoticias.net/2016/07/egoismos-nacionales-amenazan-historico-acuerdo-sobre-refugiados

 

Biopolítica

Artículo de Teódulo López Meléndez en el diario El Universal (Miércoles 27/07/16)

biopolítica

www.eluniversal.com/noticias/opinion/biopolitica_394668

Una épica vulgar

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Por Alberto Medina Méndez

A estas alturas ya no se puede discutir demasiado acerca de la vital importancia que tiene la construcción de un relato compacto e inteligente que acompañe permanentemente a la gestión de gobierno.

Se sabe que los resultados efectivos de la política práctica no dependen, exclusivamente, del discurso que se logra edificar, pero es bueno asumir que sin él, es difícil darle sustentabilidad a la cotidianeidad.

El populismo ha sido muy astuto y fue capaz de influir lo suficiente en el lenguaje como para que muchas palabras tengan ahora un significado diferente. Esas acepciones hoy son totalmente aceptadas por todos como si fueran verdades reveladas y prácticamente no admiten discusión alguna.

Esos gobiernos demagógicos han fracasado sistemáticamente, y los que aún resisten a duras penas, solo logran destruir a sus comunidades día a día, empobreciéndolas cada vez más y llenándolas de odio indefinidamente.

Sus políticas han sido y son nefastas, pero buena parte de su prolongada existencia tiene que ver con esa dinámica de haber convertido cada determinación en una epopeya irremplazable que transmite vivencias como si se tratara de un reto enorme con una secuencia interminable de victorias.

Claro que todo ese engendro termina invariablemente mal, pero no porque no hayan conseguido imponer su discurso, sino porque los hechos finalmente se han precipitado desnudándose la falsedad argumental frente a lo irrefutable que plantean los propios acontecimientos.

Es tan potente esa narración política, que buena parte de la sociedad termina concluyendo que son los protagonistas los que eventualmente decepcionan y no sus políticas. Asignan toda la culpabilidad a meros errores instrumentales y a la presencia de ciertos personajes corruptos que desdibujan todo lo positivo y arruinan el supuesto éxito de esas ideas.

Esa visión ideológica sobrevive gracias a un giro de ese mismo relato, que convierte a los verdaderos delincuentes e ineficaces gestores en víctimas de la persecución política y héroes expulsados por los grandes poderes económicos que rigen los destinos del mundo.

Nada de eso va a cambiar demasiado en el corto plazo. La izquierda, el socialismo en todas sus formas, se reinventará, como tantas otras veces mutando para sobrevivir eternamente y volver de nuevo a la escena.

Lo que no es aceptable es pretender contrarrestar esa estudiada estrategia con la infantil idea de recurrir al vaciamiento ideológico, apelando siempre a esa visión tecnocrática de la política, que ha demostrado su fugacidad.

Los gobiernos necesitan tener su propia épica, con una línea argumental sólida, con suficiente contenido, que explique pormenorizadamente los motivos por los cuales debe recorrerse el camino seleccionado.

No se trata de edificar retorcidas miradas repletas de racionalidad sino, muy por el contrario, de darle un hilo conductor al discurso, con altísimas cuotas de emotividad, que permitan que la sociedad haga propia esas ideas y se involucre en ese proceso con compromiso y convicción.

Deben existir allí motivos reales, razones suficientes, justificaciones contundentes que le brinden soporte. Pero esa matriz intelectual, sin contenido emotivo no tiene futuro alguno y es por ello que para ser exitoso en el proceso se deben contemplar abundantes dosis de estos ingredientes.

El horizonte siempre es complejo. No son estas ciencias exactas. Se trata de personas, seres humanos con experiencias y percepciones anteriores que condicionan su modo de visualizar e interpretar la realidad.

La tarea no pasa por mentir, ni tampoco por falsear los hechos. Eso no solo sería tramposo y deshonesto, sino que violaría los principios éticos elementales que solo consolidan el desprestigio de la política.

Lo relevante es darle trascendencia superlativa pero ya no a la acción específica de un gobierno, sino a sus esperables consecuencias favorables y a los innegables impactos positivos que son el fin último de cada decisión.

Los gobernantes no deben desarrollar acciones en la búsqueda del infaltable aplauso vacío y el elogio superficial de los aduladores de siempre. Tampoco deben intentarlo como único medio para sumar votos, sino porque comprenden, que la política brinda una excelente oportunidad para dejar un legado, para marcar una huella, esa que seguirán los que vengan atrás.

Si realmente los que detentan el poder, creen férreamente en su visión, están convencidos de que lo que plantean es lo necesario para la sociedad, pues entonces deben nutrir de significativos contenidos a su discurso.

No sirve de mucho gestionar bien, ni tampoco hacer lo correcto si no se logra articular complementariamente una narrativa creativa, movilizadora, desafiante que invite a la sociedad toda a sumarse de un modo responsable a esa ambiciosa labor de cimentar los pilares de un porvenir mejor.

Algunos gobernantes parecen no haber entendido esta lógica tan esencial. Siguen confiando únicamente en sus propios talentos e ignoran deliberadamente ciertas consignas universales de la política. Están persuadidos de que “haciendo” alcanza y es por eso que insisten en su tesitura y recurren nuevamente a una épica vulgar.

albertomedinamendez@gmail.com

 

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Pastores masai venden sus animales en un mercado de Narok, Kenia. Crédito: FAO 

Derechos de los indígenas son clave contra el cambio climático

Por Baher Kamal English version

ROMA, 25 jul 2016 (IPS) – Ya no se trata de restablecer los derechos legítimos de los más de 370 pueblos indígenas en 70 países, muchos de los cuales viven en condiciones precarias, sino de su papel clave en la lucha contra el cambio climático, subraya la relatora especial de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas.

“Muy pocos países han asumido un compromiso claro con un requisito del Acuerdo de París sobre Cambio Climático que (estipula) que los países que emprenden actividades contra el cambio climático deben asegurar los derechos de los pueblos indígenas” dice la relatora Victoria Tauli Corpuz, ella misma una dirigente indígena del pueblo kankanaey igorot de Filipinas.

Para lectura completa http://www.ipsnoticias.net/2016/07/derechos-de-los-indigenas-son-clave-contra-el-cambio-climatico

Dos venezolanos entre los cinco académicos latinoamericanos más brillantes en los Estados Unidos

Mónica

La arquitecta Mónica Ponce de León y el economista Ricardo Hausmann tienen algo en común además de estar en el Top 5 Académicos Latinoamericanos, según la revista Americas Quarterly (AQ): ambos son venezolanos.

 

MARIEL LOZADA | @MARIELOZADA

Ponce de León, caraqueña, es la primera mujer y la primera latina en ocupar el cargo de decana en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Princeton. También fue la primera hispana en ganar el Cooper-Hewitt National Design Award en arquitectura, fue decana del Taubman College of Architecture and Urban Planning de la Universidad de Michigan durante casi ocho años y tiene una maestría en Diseño Urbano en Harvard.

Hace cinco años fundó su propio estudio -MPdL Studio- y este año fue una de las dos estadounidenses que el Departamento de Estado escogió como curadoras adjuntas del Pabellón de Estados Unidos en la 15ª Bienal Internacional de Arquitectura de Venecia.

Hausmann actualmente es el director del Centro para Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, y durante su carrera ha asesorado a más de 50 países en el desarrollo de estrategias acertadas para el crecimiento. En Venezuela trabajó como ministro de planeación (1992-1993) y en el consejo del Banco Central de Venezuela (BCV).

Entre 1994 y el 2000, después de su paso por el ministerio y antes de llegar a Harvard, fue economista en jefe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

“Conservo mi optimismo por Venezuela; (la crisis) es sólo de origen humano”, señaló Hausmann en una entrevista para AQ. Nuestro país fue el único que repitió en la lista. La arquitecta y el economista están acompañados por el matemático brasileño Artur Avila, el doctor cubano Agustín Lage y la astrónoma chilena María Teresa Ruiz González.

Para AQ, una de las grandiosas historias sin contar de Venezuela es el “vasto número de venezolanos talentosos, muchos de los cuales viven en el exterior, que ojalá algún día sean llamados de vuelta para ayudar a recuperar a ese maravilloso país”.

La publicación termina diciendo que es una “colección de mentes formidable” en una región que usualmente no tiene mucha atención en estos temas. “Latinoamérica tiene muchas razones para tener esperanza”.

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En la laguna de Jacarepaguá es perceptible la mancha de aguas negras, al lado del Parque Olímpico, corazón de los Juegos Olímpicos que se celebrarán en la ciudad brasileña de Río de Janeiro entre el 5 y el 21 de agosto. El proyectado dragado de la laguna no se concretó por la restricción de los fondos para la obra. Crédito: Cortesía de Mario Moscatelli

Saneamiento, sin medalla en Juegos Olímpicos de Río de Janeiro

Por Mario Osava

RÍO DE JANEIRO, 24 jul 2016 (IPS) – La gran frustración de los Juegos Olímpicos que se inaugurarán en la ciudad brasileña de Río de Janeiro el 5 de agosto será el incumplimiento de metas y promesas de saneamiento ambiental de sus cuerpos de agua.

Se perdió la oportunidad de darle un empuje decisivo a la descontaminación de la emblemática bahía de Guanabara y de las lagunas de la ciudad, tal como establecía el plan con que la ciudad ganó ser la sede de los Juegos Olímpicos 2016.

Para lectura completa http://www.ipsnoticias.net/2016/07/saneamiento-sin-medalla-en-juegos-olimpicos-de-rio-de-janeiro

El mito político

mito

Teódulo López Meléndez

Los mitos giran entre dioses, monstruos y héroes. Son creencias de una cultura, buena parte de ellos inducidos, y son consideradas como verdaderas. Originariamente se les puede considerar un relato oral, mientras en nuestro tiempo son producto del “marketing”.

Los pueblos antiguos conservan los suyos cosmogónicos (la creación del mundo), las religiones los teogónicos (el origen de los dioses) y los pueblos engañados los que simplemente llamaremos poligónicos.

La temporalidad de los mitos es distinta a la de la historia, con particularidades en los mitos políticos, generalmente provenientes de una falsificación de la misma. Paralelamente tenemos la leyenda, que es también una relación de sucesos más maravillosos que verdaderos, aunque con un fondo histórico que puede ser real, de manera que aquél a quien se ha hecho entrar en una puede ser identificado. No hay explicación sobrenatural en la leyenda, le basta relatar lo no comprobable.

Para decirlo con palabras propias de los efectos civilizacionales actuales el mito es una organización de imágenes. Suele mediatizarse el político con valores y sentimientos para sostener una acción política de masas, especialmente si quien los genera pretexta lo que desde su intento de imposición denomina “revolución”, o “reconstrucción de la república” o “cambio social”.

Para ello se recurre a la propaganda, a la manipulación mediática muy similar a la de una arenga militar, lo que le permite tratar de hacer de su edificación un permanente. Se llega así a hacer del ritual una sacralización hasta el punto de hacer ver que cualquier resistencia al proyecto de poder en curso es contraria a la propia identidad y a la propia legitimación social.

La expresión “mito político” es original de George Sorel (Reflexiones sobre la violencia, 1935). La definición implica que no habrá movimientos revolucionarios sin mitos aceptados por las masas. El dramatismo del mito lleva al compromiso emocional dado que otorga significados a la acción política de sus constructores. Fascismo, nacionalsocialismo y comunismo deben mucho a sus tesis.

En América Latina apareció, por esa vía, la divinización del líder populista siempre alzado contra la oligarquía, contra los enemigos extranjeros que pretenden mancillar la “patria” y contra los autores de todo tipo de “guerras” contra la pretensión hegemónica. Después de la muerte el mito tiende a cosificarse lo que hace al pueblo que lo sigue uno ahistórico. Como el mito político se funda en símbolos no pueden encontrarse conceptos, apenas un juego para movilizar permanentemente a favor de los herederos del mito.

El mito político es una subespecie del mito que traduce todo a sentimentalismo, convirtiendo a la gente en una “unidad” que atrae, mediante su expansión publicitaria, a nuevos miembros y que permite movilizar sin la aridez y dificultades de los argumentos teóricos. Esto es, el lenguaje puede degenerarse, la reflexión echada al cesto de la basura y lograr la masa mediante la imposición de las imágenes que la creen.

El mito político, su utilización, es un elemento de retórica discursiva, un elemento estratégico de comunicación para amalgamar voluntades en torno a la memoria del héroe así construido. Es una combinación de simbolismo que se hace para el objeto, no una representación, dado que la imagen transmitida es el héroe mismo. Es obvio que el mito generalmente se teje alrededor de un “héroe”, uno en el cual sus “hazañas” integran la combinación misma. La creación del mito político es, pues, un hábil ejercicio de artificialidad ejecutado por manipuladores, generalmente desde el poder, pues se requiere una gran presencia hegemónica comunicacional para su fundación. Una de las vías más utilizadas es la referencia constante a una figura histórica resaltante y clave con la cual se identifica al mito en construcción, hasta arribar, como en numerosos casos, a describirlo como de la misma estatura de la referencia e, inclusive, hasta como superior en la etapa subsiguiente.

El mito político se corresponde con el dramatismo, con el lenguaje efervescente dirigido a crear conciencia que el mito no es el héroe, un ser individual, sino que ahora es todo el colectivo, uno donde todos son “hijos” suyos.

El mito político es enmascaramiento, un modo para justificar un orden. Si la política es interrogación cotidiana, el mito tiende a cosificarse, aunque sirva por un lapso para lograr mediante la fantasía una voluntad colectiva. Así, pasa a ser la fuente fundamental de estabilidad del nuevo orden. Antonio Gransci, vecino en este tema a Sorel, el fundador del término que dio lugar a los grandes mitos políticos que azolaron al siglo XX, lo considera indispensable para que las multitudes se conviertan en protagonistas de un proceso real, pues, para él, se necesita “la pasión del pueblo”. En otras palabras, sin mito no hay expresión real de la teoría revolucionaria o. si se quiere, no podría haber reordenamiento social.

 

En el caso venezolano de la conformación de un mito político con la figura de Hugo Chávez, la profesora Maritza Montero, de la Escuela de Psicología de la Universidad Central de Venezuela, (Génesis y desarrollo de un mito político), partiendo de los sucesos del 4 de febrero de 1992 (intento de golpe de Estado), traza toda la evolución de este proceso que bien organiza en apartados tales como marginación de aspectos negativos, abstracción del condicionamiento histórico, creación de una genealogía mítica, construcción de una imagen predominantemente positiva, dramatización y polarización más resistencia a la crítica, conexión entre el proceso de mitificación y la situación de crisis, marcado componente emocional unido a identificación con el personaje mítico.

Esto es, todos los ingredientes que conllevan al mitologema que recrea lo sucedido, dado que el carácter alegórico conlleva a que a partir de una cosa se represente y pase a significar otra. Para investigar esta fábula la profesora Montero realizó numerosos focosgroup para verificar como se incorpora a la narración el conjunto de representaciones míticas mediante los atributos conferidos.  O lo que es lo mismo, la interpretación mítica se realiza a partir de categorías extrarracionales provenientes, sin embargo, de ámbitos no míticos, pero que ignora o se produce paralelamente a la demostración lógica.  La expansión del mito requiere del establecimiento de un campo de batalla, vamos a llamarlo polarización, que conforme la expresión de una lucha feroz entre opuestos.

 

Quizás debamos recordar el mito platónico de la caverna donde los hombres encadenados consideran a las sombras que ven como verdad. El mito político se encierra en una supuesta transformación de lo vivido y en la posibilidad de dar un nuevo sentido a la crisis, al contrario de los mitos platónicos o cosmogónicos. Como es frágil requiere de constantes restauraciones. Un tratadista clásico de los mitos como Ernest Cassirer (El mito del Estado, 1945) advierte sobre la invalidez de los mitos para la fecha en la que escribe, al inicio de la postguerra. Gyõrgy Lukács

(El asalto a la razón, 1953) señala al mito político como prueba de una ubicación histórica irracional y de una falsa conciencia. El mito político se construye, pues, desde una manipulación ideológica.

 

En su libro Mitologías, escrito entre 1954 y 1956, Roland Barthes describe al mito como un lenguaje y se pregunta sobre la existencia de “una mitología del mitólogo”. Existen los mitólogos, los que fabrican los grandes mitos contemporáneos en pleno siglo XXI, sin percatarse de la fragilidad y temporalidad de ellos. En Mitos y símbolos políticos, Manuel García Pelayo nos describe el símbolo político como un antagonismo porque necesariamente hay que distinguirlo de quienes no lo siguen, generalmente denominados, agregamos nosotros,  como “enemigos del proceso”, pero al mismo tiempo como elemento de integración dado que fortalece una “identidad” dentro del mito político creado. Si este carece de significación los creadores del mito terminan sembrando desintegración. Las grandes fracturas y las grandes derrotas terminan cayendo como pesadas losas sobre los países que fueron sus víctimas.

El Consejo Nacional de Laicos ante la crisis de seguridad, alimentaria y sanitaria

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COMUNICADO URGENTE

Tomen decisiones justas, actúen con sinceridad, sean compasivos con sus hermanos. (Zac. 7,9)

Teniendo en cuenta que los venezolanos, y de modo particular los cristianos, estamos llamados a atender la voz de nuestros hermanos que padecen hambre y necesidad por carencia de alimentos básicos y medicinas;  y que esta carencia tiene rostro y sufrimiento humano, pues afecta a familias, vecinos, compañeros de trabajo y comunidades enteras que están pasando penurias día a día.

Ratificamos que la alimentación y la salud son derechos humanos fundamentales que deben ser garantizados, y no son un problema de cifras, por lo demás, alarmantes;  que conculcar esos derechos se traduce en una multitud de venezolanos que sufren; que esta  realidad  nos obliga a mirar con misericordia su dolor y a ser solidarios con sus carencias.

Denunciamos también que el mal manejo de la economía, la inflación, la especulación con los precios, el llamado “bachaqueo” son moralmente inaceptabley agravan notablemente la crisis.

Frente a esta situación, urge coordinar conocimientos, experiencias, decisiones técnicas y acciones prácticas. Es necesario abrir caminos, tender puentes, agilizar trámites que pongan el acento en el bien común y en el rostro del que sufre. Se trata de incrementar la voluntad de cooperación, encuentro y diálogo entre los diversos actores del país para combatir el hambre y las muertes por falta de medicamentos. El momento actual conlleva a reafirmar exigencias que hemos de asumir “todos”, sin demora, por el bien común de Venezuela.

 

El Papa Francisco nos invita constantemente a trabajar en actividades cada vez más vigorosas y eficaces para que “nadie carezca de pan” y para movilizar gestos de compasión y solidaridad.  Unido a ello, el pasado 19 de julio, la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Ginebra expresó: “Urgimos al Gobierno venezolano a que acepte la ayuda humanitaria para apoyar sus esfuerzos en la distribución de alimentos y el suministro adecuado de medicinas, así como garantizar su distribución justa“.

La Conferencia Episcopal de Venezuela el 12 de julio pasado, en su Centésima Sexta Asamblea Plenaria Ordinaria emitió su Exhortación en la cual  expresó que:La caridad nos impulsa a comportarnos como samaritanos compasivos, dispuestos a curar a los heridos del camino (Cf. Lc. 10, 25-37). (Texto anexo)

Por todo lo anterior, el Consejo Nacional de Laicos de Venezuela respalda en todo su contenido, la citada Exhortación de nuestros pastores,  y en esta línea, solicita:

1.- Que el Ejecutivo Nacional autorice, facilite y aliente todas las formas de ayuda de carácter humanitario a los venezolanos que hoy sufren escasez de alimentos y medicinas; que permita con urgencia la entrada de alimentos y medicamentos que vienen a satisfacer –temporalmente– estas necesidades, en tanto que el Gobierno Nacional, garante de la seguridad alimentaria y de la salud, instrumenta las políticas públicas dirigidas a solventar definitivamente la crisis de seguridad alimentaria y sanitaria que padece nuestro país.

2.- Que el Gobierno Nacional acepte -con urgente prioridad- el ofrecimiento de la Iglesia Católica para que Cáritas Venezuela, preste su acción de servicio en la recepción y distribución de alimentos y medicinas a las personas y comunidades necesitadas,  junto a  otras instancias eclesiales abiertas a la cooperación de otras confesiones religiosas e instituciones privadas. Este servicio que es temporal,  no será una solución definitiva, sin embargo,  constituye una ayuda significativa en las actuales circunstancias.

Finalmente, exhortamos al pueblo de Venezuela a preservar la sana convivencia, a los políticos a solucionar la grave crisis nacional por los caminos de la Constitución Nacional, del diálogo y el encuentro, que conducen a la paz con verdad y justicia, rechazando la violencia social, la confrontación y el vandalismo. No podemos dejarnos vencer por el odio y la rabia, ni tampoco caer en el miedo paralizante y la desesperanza.

Esperanzados en que por la vía del diálogo político, encontraremos soluciones eficaces a la crisis global que padecemos en esta hora de tanta necesidad en nuestra Patria, invitamos a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a invocar la protección deDios para que fortalezca nuestra Fe y Esperanza, así como nuestro compromiso fraterno, para construir una sociedad democrática identificada con el respeto a los derechos humanos y la promociónde la dignidad humana, la verdad, la justicia, la libertad y el bien común.

Que María de Coromoto, Patrona de Venezuela nos acompañe con su intercesión.

María Elena Febres-Cordero B., Presidente

Manuel I. Arcaya, Primer Vicepresidente

Arellis Mejía S., Segunda Vicepresidente

Directores: Virginia Rivero, Mary Cruz Hernández, Nora de Albarrán y Carlos Capriles

Caracas, 24 de Julio del 2016

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Crédito: Kristin Palitza / IPS

La banca multilateral y la defensa de los derechos humanos

Por Phillip Kaeding English version

NACIONES UNIDAS, 22 jul 2016 (IPS) – Más de 150 organizaciones no gubernamentales (ONG) de todo el mundo solicitaron a los organismos multilaterales de desarrollo que se aseguren de que los beneficiarios de sus préstamos respeten los derechos humanos cuando llevan a cabo sus proyectos.

Las 154 ONG, agrupadas en la Coalición para los Derechos Humanos en el Desarrollo, señalan que el Banco Mundial o el Banco Europeo de Inversiones suelen trabajar con gobiernos y empresas que realizan grandes proyectos en el Sur en desarrollo. Por ejemplo, bancos holandeses, finlandeses y centroamericanos financiaron la represa Agua Zarca, en Honduras, contra la que protestó la activista ambiental Berta Cáceres y por lo que fue asesinada.

“Lo que vemos es que los bancos multilaterales de desarrollo siguen actuando como de costumbre en lugar de trabajar con los propios defensores de derechos humanos para ejercer presión sobre los gobiernos y otros que los atacan”: Jessica Evans.

Organizaciones como Human Rights Watch y Oxfam consideran que la banca también tiene responsabilidad cuando se abusan los derechos de las poblaciones locales para facilitar la concreción de los proyectos. Las ONG que firmaron la petición quieren que los bancos de desarrollo defiendan los derechos humanos en las regiones en las que financian proyectos.

Para lectura completa http://www.ipsnoticias.net/2016/07/la-banca-multilateral-y-la-defensa-de-los-derechos-humanos

Cosas

cosas

Por Dulce María Tosta

Hay ciertas actuaciones de los políticos difíciles de asimilar para el hombre de la calle y cuya dificultad es achacada, en la mayoría de los casos, a falta de información o a inhabilidad para apreciar causas y efectos en ese enrevesado mundo.

Pero los que somos un poco más audaces y cargamos en nuestra cartera intelectual un «¿por qué?» en vez de lápiz labial y rímel, rechazamos todo aquello que desborde los diques de la lógica sencilla como, por ejemplo:

– La actitud timorata de la Asamblea Nacional ante el nombramiento de los magistrados exprés, que fue un claro reto del régimen a un pueblo que lo acababa de aplastar en las elecciones del 6 de diciembre, que si bien desde el punto de vista formal fueron para la elección de diputados, desde el político y real constituyó un contundente y masivo rechazo a la gestión de Nicolás Maduro, al PSUV y al manido legado de Chávez.

Cualquier estudiante de ciencias políticas hubiese percibido el objeto de esos apresurados nombramientos: convertir a la Sala Constitucional del Tribunal Supremo en una suerte de autoridad paralela ya experimentada en la Alcaldía Mayor, en la Gobernación de Miranda y en todo lugar donde el régimen haya perdido poder. Por tanto, era evidente que la segunda acción de la recién electa Asamblea, después de la elección de su directiva, debía ser la anulación plena de los nombramientos chimbos, no sólo por razones de supervivencia institucional, sino porque era el mandato recibido en un inmejorable momento político, producido por una victoria que superó las expectativas opositoras más optimistas y dejó al régimen en la lona y con cuenta de nueve.

Pero aquí entraron en juego los intereses grupales y personales con miras a las elecciones presidenciales del 2018, esos mismos que algunos llaman los tiempos de Dios. La inacción de la Asamblea bien pudo derivar de «opositores» que desean llegar a las elecciones de 2018 como tales de un régimen sin pueblo ni votos; ganar en tales condiciones, por mucha trampa que haga esa sucursal del PSUV llamada CNE, sería tarea de infantes. En tal situación, políticos mediocres, cegados por la ambición de poder y con poco afecto por la tierra en la que nacieron, ya se veían perteneciendo a esa suerte de familia real que se constituye alrededor del Presidente y que tanto daño ha hecho a la República.

Deseosa de llegar a esas elecciones, la perfidia política ideó el referendo revocatorio retrasado, es decir, en 2017 o después, de manera tal que la falta absoluta a que se refiere el artículo 233 de la Constitución fuese suplida por el vicepresidente o, en otras palabras, por el heredero de Maduro, como éste lo fuera de Chávez.

Así, con Leopoldo en la cárcel y María Corina ferozmente perseguida por tirios y troyanos, el peso de la fracción parlamentaria de Primero Justicia y los recursos que provee la Gobernación de Miranda y unas cuantas alcaldías huevo frito, Capriles tendría grandes posibilidades de ser el abanderado de la MUD, salvo por un obstáculo que comentaremos en el próximo apartado.

– La gran diferencia entre Manuel Rosales y Henrique Capriles es que mientras aquel admitió pacíficamente que su candidatura presidencial fue una circunstancia del juego político, Capriles se empeña en considerarse un gran líder y, como tal, llamado por la Providencia a lograr la cúspide política; en tal virtud, nada parece ser más importante para él que obtener la Presidencia de la República, a pesar de sus dos fallidos intentos y la circunstancia en la que se produjo el segundo, que le provocó gran descrédito.

Capriles sabe por experiencia propia (llegó al Congreso por vez primera por un subterráneo acuerdo entre Copei y la Cadena Capriles), que lo importante en la política venezolana no es contar con el apoyo de las grandes mayorías, sino obtener la anuencia de los factores de poder, de eso que mil veces hemos llamado «el dedo» y que tanto daño le ha causado al País.

Por tanto, Capriles y Primero Justicia atacarán todo intento de que el próximo candidato presidencial no chavista sea elegido mediante primarias y harán todo cuanto esté a su alcance para que sean las cúpulas las grandes electoras, dejando al pueblo el inocuo papel de votante, es decir, de convalidante de una decisión tomada en la obscuridad.

Mientras este régimen ostente el poder, Leopoldo seguirá preso, pues es su rehén para neutralizar a Capriles y a Primero Justicia; si éstos se ponen respondones, libera a Leopoldo y les desbarata su tercera candidatura presidencial. Para ambos bandos, quedaría solamente por resolver el problema de la incómoda María Corina, quien anda por pueblos y ciudades contactando a los más humildes y utilizando el sencillo, peligroso y cortante lenguaje de la verdad.

turmero_2009@hotmail.com
@DulceMTostaR
http://dulcemariatosta.com

El poder como estrategia

El poder 2

Teódulo López Meléndez

Max Weber (Sociología del poder: los tipos de dominación, Alianza (2012) definió al poder como la probabilidad de imponer la propia voluntad, dentro de una relación social, incluso contra toda resistencia y cualquiera fuese el fundamento de esa probabilidad.

Esta definición ha pesado a lo largo de la historia de la ciencia política, no sin profundos choques, del marxismo por ejemplo, hasta las más actuales concepciones. Ciertamente el concepto de poder se ha hecho elusivo, disperso, siendo Michel Foucault quien en la contemporaneidad lo abordó con mayor ahínco.

La ciencia política ha procurado desmenuzar un concepto que incluso se ha llegado a señalar como fuera de ella misma. Muchos lo han limitado a un subconjunto de relaciones sociales donde algunas de sus unidades dependen del comportamiento de otras no sin la advertencia de que su ejercicio lleve por condición inherente la satisfacción de los fines de alguien. En las concepciones novedosas se le considera como debe ser, como una participación en la toma de decisiones, lo que quiere significar una relación interpersonal.  Aun así, en esta concepción cercana al pensamiento de Hanna Arendt (Los orígenes del totalitarismo, 1951, 1955 ALIANZA EDITORIAL), hay que recordar que sin poder las cosas que suceden no habrían sucedido, de manera que con Karl Deutsch (Los nervios de Gobierno: Modelos de Comunicación Política y Control Paidós, 1968) hay que admitir que poder significa cambio de probabilidades en los acontecimientos del mundo, esto es, la posibilidad de alterar los cambios en proceso.

Como decíamos, en Arendt el poder se deslastra de coacción pues es una capacidad de actuar concertadamente, mientras la autoridad (distinción también vigente en Weber) es una variante que ejercen unos pocos con reconocimiento de aquellos a quienes se pide acatamiento, pero no sin distinciones pues para Arendt el poder sólo puede sobrevivir por el grado de adhesión que logre. Mantener, entonces, el ejercicio de poder sin consentimiento, se llama dictadura.

Foucault se centra en cómo se ejerce el poder, lo que lo reduce a un análisis de una situación estratégica compleja en un momento dado en una sociedad dada, distinguiendo entre violencia y poder, pues el poder requiere reconocimiento.  La crisis de los partidos políticos, por ejemplo, copiados en su verticalidad del modelo estalinista, han llevado a la exigencia de horizontalidad y a la aparición de las denominadas “organizaciones inteligentes” y, por ende, a una profunda revisión del concepto de poder.

La caracterización de la red implica heterogeneidad, elementos dispares unidos por líneas, definidos por las conexiones. En algunos casos han tenido éxito en la conformación de un poder actuante, caso de las revoluciones árabes o de las expresiones iniciales de los llamados “indignados” y en muchos otros han derivado en Torres de Babel donde la anarquía predomina y se hace imposible cualquier coordinación, a pesar del aparente propósito común. Por supuesto que las redes no son jerárquicas, aunque los detentadores que llamaremos “poder agonizante” (partidos, sindicatos, gremios, universidades) se cierren en las suyas propias tratando de crear una verticalidad disfrazada mediante la condena de cualquier alteración. A pesar de todo, incluso del languidecimiento de la red como instrumento de cambio político, es obvio que el tradicional concepto de poder es cuestionado, al emerger como sustitutos de la fuerza y la coacción un intercambio de negociación  y de estímulo. Si lo queremos decir de otra manera, el concepto de poder cambia con la modificación de los paradigmas, lo que nos lleva de nuevo a Foucault en cuanto a centrarse en su ejercicio y también al concepto de realidad pero, más aún, a un análisis de la complejidad donde el poder se transforma en un análisis de los objetivos perseguidos por un sector particular.

Bien podríamos decir que el análisis del poder se ha convertido en un buceo en un área específica de la realidad, en una profundización en alguna situación de una sociedad. En términos de Foucault (“La arqueología del saber”) el objetivo a estudiar son las instituciones de poder, la relación entre el sujeto y la verdad, dado que esta última se produce debido a numerosas coacciones y cada sociedad tiene o adquiere una especie de “política general” de la verdad, determinando lo que asume como verdadero o falso. En otras palabras, la búsqueda debe dirigirse a la historia de los discursos y su influencia en la creación de subjetividades. Ahora bien, poder así entendido es la capacidad de imposición a otros de mi verdad, lo que el filósofo francés termina llamando biopoder.

La imposición del discurso es, pues, elemental procedimiento para todo régimen que pretenda construir verdades en la subjetividad de los sujetos que espera obedezcan.  En Venezuela la ritualización ha llegado a su máximo esplendor, una para la cual los venezolanos no consiguieron otras maneras de juego, unas encarnadas en maneras distintas de pensar que encarnen acontecimientos contra la estabilidad de un poder que ha asumido la especialización de construir realidad desde el discurso. El poder, así considerado, no es más que una estrategia.

La estrategia del poder y el poder como espectáculo

El poder recurre a diversas maneras para mantener voluntades a su servicio, tales como el uso del miedo, retiro de las recompensas o la permanente amenaza de castigo a la resistencia. El poder, visto así, es asimétrico y su fuente la dependencia unilateral. Puede ejercerse poder por vía de la persuasión o del entendimiento, lo que implica, aún así, una percepción de cuánto poder tiene el sujeto y cuánto está dispuesto a ejercer, vigente aún en el sistema de redes.

El poder recurre a la distracción mediante el desvío de la atención de los problemas fundamentales. Para ello suele utilizar un proceso de inundación de informaciones intrascendentes, distraccionistas, que colocan a la gente alelada en temas sin importancia. Pueden crearse artificialmente problemas para ofrecer de inmediato soluciones. Puede permitirse un desbordamiento de violencia hamponil que conlleve a exigencias de dureza, aplicar procesos de degradación de las condiciones de vida para hacer aceptable la supuesta acción correctora ideologizada del poder o recurrir a la vieja frase de que son necesarios correctivos muy duros, pero absolutamente necesarios y sobre todo, la constante recurrencia a lo emocional para cortar el ejercicio racional. Las estrategias del poder es algo que los venezolanos vivimos a diario sin que medie una comprensión de sus alcance. Así de nuevo con Foucault al aseverar que más que el poder el objeto de estudio es el sujeto, el manipulado, e ir a los objetos banales y verificar sus relaciones.

Alguien que ha profundizado en el tema ha sido Peter Schröder (“Estrategias políticas”, Fundación Friedrich Naumann / OEA 2004), desde su vieja condición de asesor de campañas hasta su transformación en un exponente de sus tesis aplicadas. No mencionamos a Schröder como un manipulador totalitario, sino como un simple ejemplo de la complejidad del trazado de estrategias para la obtención del poder, lo cual no significa que el tema sea novedoso, más bien antiguo desde que la condición humana se planteó una jerarquización que condujese a la obtención de voluntades.

Quizás sea más interesante recurrir al psicoanálisis por aquello de buscarse una respuesta ante el dolor de existir uno donde aparece la política que pretende elevar al sujeto en el territorio de una satisfacción de influjo simbólico que termina en un real inmutable, puesto que para el psicoanálisis la política siempre se ejerce por y para la subjetividades, lo que lo lleva a una desconfianza definitiva del campo político por su condición de semblante, uno que se basa en la represión de la verdad y en hacer pasar sus invenciones como la verdad misma. De aquí podemos concluir que todo discurso del amo del poder está en el territorio de lo inconsciente, al constituir un saber que no se sabe, lo que significa lo que hemos repetido: la verdad del discurso impuesto, lo que conlleva a algo peor, si se quiere: cuando la ideología totalitaria encuentra su límite culpa y penaliza a aquellos que no se identifican con ella. El esloveno Žižek habla de cómo la ideología política sólo puede construirse mediante el fantasma de la fantasía, una que no es otra cosa que un argumento que llena una imposibilidad, es decir, como una representación, lo que nos lleva a la política y al poder como espectáculo.

Hay un ritual degenerativo en la política en general y en el ejercicio del poder en lo particular, especialmente en este último que se ejerce por cadenas radioeléctricas, conmemoraciones casi diarias de actos o palabras del caudillo, en ceremonias, inauguraciones o en anuncios repetidos o en muestras de cómo se manifiesta en respeto a la voluntad de los gobernados. El poder es ahora una dimensión simbólica del ritual, uno donde se ha sembrado la supervivencia y la incertidumbre sobre el futuro.

Guy Debord (“La sociedad del espectáculo”) desde el ya lejano año de 1967 nos explicó como esta escenificación establecía una modificación ante la cual la ignorancia no tenía nada que decir. El espectáculo como poder unitario y centralizador, pues permite y desautoriza y él mismo se hace realidad. Es cierto que la práctica del ritual y de la representación no es novedosa en regímenes de poder totalitario, como quedó demostrado ampliamente en el siglo XX, pero la reaparición de sus prácticas en el siglo XXI, con modalidades y usos tecnológicos propios de los tiempos,  obliga a mirar el concepto de poder, especialmente en esta república experimental, con ojos que ya lo sacan del territorio de la ciencia política para colocarlo en otros muy diversos, tal como lo hemos intentado.

 

 

 

 

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Emma Watson, embajadora de Buena Voluntad de ONU Mujeres, y el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon. Crédito: Mark Garten/UN Photo.

El feminismo logra cada vez más apoyo dentro de la ONU

Por Lyndal Rowlands English version

NACIONES UNIDAS, 21 jul 2016 (IPS) – Lograr la equidad de género ha sido una de las mayores prioridades de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), pero la palabra feminismo hace poco que se coló en los discursos oficiales en la sede del foro mundial de Nueva York.

La croata Vesna Pusic, una de las 12 candidatas para encabezar la Secretaría General de la ONU, explicó en un debate televisivo el 12 de este mes, por qué su orientación feminista la hacían apta para el cargo.

Pusic se sumó al grupo de conocidas feministas de la ONU, entre las que se encuentra la actriz británica Emma Watson, cuyo discurso de septiembre de 2014 sobre su propia posición feminista concentró la atención mundial.

Para lectura completa http://www.ipsnoticias.net/2016/07/el-feminismo-logra-cada-vez-mas-apoyo-dentro-de-la-onu

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La disyuntiva de producir alimentos y conservar los bosques

Por Baher Kamal English version

ROMA, 20 jul 2016 (IPS) – El mundo se enfrenta a un enorme desafío: por un lado, la necesidad imperiosa de producir alimentos para la creciente población mundial; por otro, la presión de frenar y revertir la desaparición de los bosques, tan necesarios para la vida humana como para cubrir las necesidades de su dieta.

Los bosques desempeñan un papel fundamental en el desarrollo de la agricultura sostenible por varios factores: los ciclos del agua, la conservación de suelos, el secuestro de carbono, el control natural de pestes, la incidencia en los climas locales y la preservación del hábitat de los polinizadores y otras especies.

Pero la agricultura es responsable de la mayor parte de la deforestación.

Para lectura completa http://www.ipsnoticias.net/2016/07/el-dilema-de-producir-alimentos-y-conservar-los-bosques

El minotauro militar

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Por Federico Boccanera

http://federicoboccanera.blogspot.com/

En estos días vivimos una explosión de polémica, tanto en la opinión pública mercantil como en la ciudadana, a raíz de la promulgación del decreto 2.367, en donde La Habana transfiere de un títere a otro, el poder para supervisar no tanto militarmente, sino entre compañías militares, el desmantelamiento de los últimos remanentes de mercado que quedan en la espectral economía venezolana.

Es el paso previo de la guerra económica a una guerra a secas, en donde el comando pasa a la parte militar para poder ejecutar mejor la destrucción final del viejo orden, con miras a la implantación de modos, no solo de producción, sino políticos, más compatibles con ese comunismo futuro según modelo chino/habanero/adaptado, que nos pretenden imponer.

La verdad, es que el estado castrochavista siempre se condujo ejerciendo la política como guerra, no tanto por hacer honor a la clásica equivalencia de von Clausewitz, no tanto por seguir, aquella fórmula de “caudillo-ejército-pueblo” propuesta por esa calamidad intelectual llamada Norberto Ceresole, sino por un hecho más simple y esencial, y es que Chávez era militar, un militar deformado en muchos sentidos, pero era un militar, y en modo militar, ordenó siempre todos sus pensamientos, sus planes y sus ejecuciones, su vida. Pero hay otra cosa que señalar.

Señores, hemos estado en guerra, contra militares y “armados”, desde hace un buen tiempo, y esta que nos afecta actualmente, ha sido guerra soterrada desde 1958, y abierta desde 1989.

Punto Fijo, fue pacto en tiempos de paz, pero pendiente de esa guerra, y Carlos Andrés Pérez, fue una baja de esa guerra, ese “hubiera preferido otra muerte” es un reflejo vano del que descubre tardíamente, de que se trata todo.

Y desde 1999, desde el primer acto, en donde a la constitución de 1961 la ponen en un campo de concentración, a la espera de su ejecución, siempre y desde el mismo principio, hemos estado bajo una tiranía civil militar. Una tiranía en guerra contra la nación, y en donde el único cambio fundamental que ha ocurrido en el plan, ha sido la sustitución del caudillo ductor militar, por un “locutor oficial” civil, adoptando la feliz definición exacta del caricaturesco personaje, surgida recientemente.

En fin, la “cuestión militar” ha vuelto a la palestra, y una vez más, se roza el problema, mas no se profundiza en él.

VENEZUELA NACIÓN MILITAR

Volvamos atrás para ejecutar unos pocos vuelos rasantes, tratando de aferrar algo del problema de lo militar en nuestra historia, y comencemos por lo manido, pero que nunca esta demás repetir: lo militar está en el origen de nuestra nación, y en toda su accidentada evolución a lo largo de sus dos siglos de existencia. Somos una nación que, a duras penas, puede mostrar civiles entre sus próceres originarios primero, y entre sus gobernantes después, hasta el sol de hoy.

En 205 años de “vivencia republicana”, hemos tenido (excluyendo provisionales e interinos) 13 gobernantes civiles de un total de 32 nombres (40 %), pero es en términos temporales, donde se aprecia la magnitud “militarista”, pues la extensión total de períodos de gobierno encabezados por civiles, apenas representa el 26%.

Y lo peor es que, habiendo logrado la “modernidad persistente” durante un período prolongado e ininterrumpido de gobiernos civiles y democráticos, que duró 40 años, de 1959 a 1999, terminamos poniendo de nuevo a un militar, al frente de nuestro destino, en un momento álgido curiosamente provocado en gran parte por él mismo, y de paso el elegido no es uno cualquiera: pues cuidadosa y sensatamente coronamos, a un teniente coronel golpista, que conspiró y atentó contra la democracia durante toda su vida adulta, y que además estaba lejos, pero muy lejos, de tener una hoja de servicio destacable en algún punto.

Esta sociedad en su conjunto, escogió a un sinvergüenza en todo sentido, para encargarse de su destino, increíblemente y sin que le temblara el pulso, lo apostó todo a un “comandante” comprobadamente más que mediocre, y no para rectificar y gobernar, sino para vengar y poner orden, y este atavismo, que avergonzaría incluso a la más bananera de las repúblicas, sobre todo afloró y germinó profundamente en nuestras elites, si, en nuestras elites.

Elites cretinas, la mayoría de ellas, que ciegamente alimentaron una crisis sin darse cuenta de que esa crisis, podría llevarse en su colapso a la democracia, elites calculadoras, que “pensaron” que el milico sería un monigote fácilmente manejable, elites cómplices, que ya sabían por dónde venía Chávez, que ya sabían que ese espécimen plenamente certificado por Fidel Castro, representaría el triunfo tantas veces soñado de “la izquierda” …

Al candidato militar, todas esas elites salvo mínimas y honrosas excepciones, le proporcionaron un apoyo jamás visto en candidato alguno, en elección alguna, realmente algo nunca visto y que proporcional a la economía, es posible que constituya un caso único, de porcentaje del producto interno bruto invertido en una sola campaña electoral, tal fue la intensidad arrolladora de esa operación en la cual empresas, medios, bancos, academia e intelectualidad, se zambulleron con un entusiasmo sin precedentes, para asegurarse de llevar a Chávez a la presidencia de la república.

Lo que las elites nunca hicieron, ni siquiera para cabildear por ellas mismas, lo hicieron en cambio por el candidato militar, el comandante de sus corazones. Pero la obra contaría con un alcance social transversal, que ya no obedecería a cálculos de tarambanas encumbrados, sino a una mezcla muy mal dosificada de taras culturales con ignorancia pura y dura, pues la obra de las elites sería rematada por la clase media, de hecho, el aluvión de votos para Chávez por parte del pueblo, ese debía darse por descontado, no se podía dudar de eso, no se podía esperar nada distinto. En cambio, fue algo alucinante observar el disparate, el suicidio absurdo de una clase media que le proporcionó millón y medio de votos delirantes al “comandante” … ese fue el aporte de nuestra, muy educada y preparada, clase media (y no crean que ha dado síntomas de mucha mejoría en los últimos años).

¿ES VENEZUELA UNA NACIÓN CIVILISTA?

La más grande omisión de esos 40 años continuos de poder civil, plural y democrático que tuvimos, lapso que ha debido procrear por lo menos dos generaciones nuevas de venezolanos, fue su esterilidad para crear ciudadanía, y más aún, una ciudadanía particularmente activa, que pudiese llegar a ser compatible con una vida civil, en democracia, aunque sólo se tratase de una “minoría esclarecida”, de una vanguardia, que al menos aportara la energía permanente y renovadora que se necesitaba, para evitar el estancamiento. Eso no pasó.

Nada de eso ocurrió, y la democracia de los civiles en el poder, al final degeneraría en régimen consensual, oligárquico, partidista, y el habitante votante que no ciudadano, se quedaría como cliente decepcionado, de una oferta engañosa de reparto y ascenso, que no pudo sostenerse en el tiempo, y sin entender que no era por democrática sino por rentista, que estaba fallando.

Nada que hacer, se exigía un acto sacrificial para contentar a ciertos dioses, y el cordero elegido al final, no fue uno, sino dos, fue la democracia y su contraparte esencial, la civilidad, las que fueron degolladas, de un solo cuchillazo, porque al elegir a un MILITAR SIN CARRERA, SINVERGÜENZA y GOLPISTA, no otra cosa se estaba haciendo…

LA INFECCIÓN MILITAR ES POR DEBILIDAD CIVIL

En el pasado, antes de la Venezuela petrolera, lo militar prevaleció en el tiempo por constante debilidad institucional, de estados que se sucedían más o menos precarios, al borde de una perenne inestabilidad, que podía incluso ligarse con la caracterial de sus jefes al mando, y así fue durante todo un largo y dramático siglo, hasta que, tan de hecho como paradójicamente, fueron Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez, los que más hicieron para desmilitarizar al país, al precisamente crear la escuela militar de Venezuela, lo que implicaba la creación de un único cuerpo institucionalizado para aplicar el monopolio de la violencia, y la consiguiente profesionalización para sus integrantes, de paso y a su vez, Gómez usó el rodearse de civiles inobjetablemente brillantes para el ejercicio del gobierno, gobierno que también fue creador de una sólida institucionalidad CIVIL, que aguantaría la prueba del tiempo.

Sin caer en la apología, estamos ante el primer régimen que le dio una respuesta/solución, civilizatoria y definitiva, al montonerismo y al caudillismo. El antimilitarismo gomecista efectivamente, no dejó como herencia ni dinastía ni otros dictadores, y sus sucesores, aunque militares los dos, precisamente se destacarían por abrirle la puerta a los civiles políticos y periodistas, para que llevaran el país hacia la modernidad, para fundar partidos y periódicos, o sea, abrieron la compuerta que llevaría a la libertad, y en algún momento a la democracia. Desde luego, las velocidades de los años treinta y cuarenta son las que son, y de hecho la respuesta al pedido de democracia fue lenta, pero no fue negada.

Lamentablemente, deplorables procesos que dieron como resultado el penoso retorno hacia a la fatalidad de la dictadura militar, en 1948, parecía que impedirían que la sociedad pudiese asimilar la noción de que orden y prosperidad, pudiesen ir de la mano con la libertad, y estar bajo la égida de civiles. Sin embargo, ciertos sectores de esa misma sociedad y de las elites -verdaderas elites que había por aquel entonces- por no hablar del sector político acallado y perseguido por Marcos Pérez Jiménez, siguieron estando firmemente convencidos de que el país si había madurado lo suficiente, para la libertad y la democracia, a pesar del deslumbre que producía la obra impresionante de desarrollo material, vertida por el dictador de turno.

Tenían razón. Su visión era correcta, y el carácter popularmente democrático y de predominio civil de los acontecimientos de enero de 1958, así lo confirmó, esa fue una revolución democrática.

Con la democracia civil y plural inaugurada en 1959, el país al fin pudo darse la oportunidad de unir la libertad con el progreso: la felicidad en todos los órdenes parecía posible. Pero se dieron dos procesos, cuya ingrata e inconveniente resolución y evolución, a la postre resucitarían el fantasma militar como opción correctiva y “corregidora”, de los destinos del país.

1974: COMIENZA LA INVOLUCIÓN CIVIL

“En el próximo período de gobierno (1974-1979) seré consecuente con los postulados que han guiado siempre la conducta de Acción Democrática, llevados al Gobierno por mis ilustres antecesores… nuestro gobierno mantendrá la plena vigencia de la democracia pluralista. Todas las organizaciones de ciudadanos participarán en la vida pública…”.

Carlos Andrés Pérez, sobre la “Democracia con Energía”.

En 1974, con el aluvión de petrodólares cuadruplicados en pocos meses, dio comienzo la “Gran Venezuela” de CAP I. El Estado venezolano comenzará a sentirse “omnipotente”, y capaz de asumir todas las tareas, todos los planes, toda la dirección. Es así como terminaríamos con un estado que, al sentirse dueño de la máxima riqueza y del poder que le confería, más que nacionalizar como supuestamente hizo con hierro y petróleo, en la práctica se privatizó, cometiendo un error de aprendiz de brujo que de todos modos era justificable, a la luz de los paradigmas de la época.

Lo que no puede justificarse ni defenderse, fue el efecto sobre la sociedad, y en particular, sobre lo que teníamos de sociedad civil.

A partir de 1974, se privatiza el estado y se estatiza la sociedad, y esta a su vez también terminará por caer en el mismo tonel de abundancia embriagante. Al final, todo terminara afectado por esta intoxicación.

Al empresario, el estado borracho dejará de verlo como el aliado indispensable del desarrollo, para convertirlo en cliente/socio, es así como al empresariado nacional lo veremos degradado a mero subconjunto clientelar, para luego convertirse en poder fáctico de posicionamiento colaboracionista o rival, según los cambios y reacomodos de apetencias y ambiciones de poder, de lado y lado.

Y lo mismo pasaría con muchas organizaciones de la sociedad civil como gremios, sindicatos, federaciones, asociaciones, etc… ocurrió también tanto en universidades como en colegios profesionales, incluso hasta en las juntas vecinales: es la politización extrema de una sociedad, pero no en un sentido constructivo y colaborativo, de participación con ideas, equipos y proyectos de país, sino en el sentido perverso y deformador, de extensión del control clientelar y prebendario. Cuando el estado finalmente colonice a los partidos y los incorpore integralmente, y haga lo mismo con la magistratura, y proceda a su “tribalización”, con eso habrá prácticamente colocado una lápida sepulcral, que dificultará mucho el surgimiento de cualquier forma de sociedad civil, políticamente válida.

Unos años después un cínico inveterado como Luis Miquilena, homenajeado por la actual AN durante la escritura de este artículo, preguntaría acerca de la Sociedad Civil: “con qué se come eso” (tenía razón y no fue tan cínico en ese caso…).

Al final de este proceso, no hay organización ni asociación importante que conserve su pureza civil, y la que no es clientela será factor de poder: triunfará por todo lo alto -y lo bajo- el corporativismo prebendario, y por lo tanto, toda salida evolutiva, toda perfectibilidad se trancará, es el momento a partir del cual, el trance regresivo hacia el pasado, quedará habilitado para el que lo sepa invocar…

Por parte de los partidos, su incorporación en el estado, daría lugar a la partitocracia, al régimen consensual y al abandono de todo trabajo político en la base social.

Ya no tendremos líderes naturales sino candidatos empaquetados, el trabajo político será el de la campaña electoral permanente, los “correajes” serán los de financistas y clientelas, los proyectos de país serán desplazados por promesas electorales, las bases serán maquinaria, y el ciudadano, un mero votante.

Cuando todo esto comience a derrumbarse, con el primer triunfo del mal manifestándose por vía del derrocamiento de Carlos Andrés Pérez en 1993, ya los partidos habrán comenzado a disolverse, y no es desdibujo sino derrumbe, pues la política como tal habrá dejado de existir como la “ordenadora de lo político”, o sea de los conflictos y necesidades de orden en la sociedad, para ella dedicarse a tratar de salvar su “propio orden” y su hábitat casi exclusivo dentro del estado: ya a estas alturas y ante el país, todo político aparece como un incapaz, un corrupto, como alguien que “actúa de espaldas al país”, “no da la cara” y “no se responsabiliza por nada”.

La respuesta a la plegaria, en fugaz aparición diurna, se mostrará haciendo lo contrario, es verdad que lo hace porque ha fallado, “los objetivos no fueron logrados…”, pero lo admite con serenidad y fluidez, y se enmarca con un “por ahora” de presagio puro… la respuesta a la plegaria es un engendro, y ese engendro es militar…

La reaparición del germen patógeno militar en 1992, nos agarra sin vacuna, con escasísimos anticuerpos ciudadanos, y con una sociedad civil quebrantada, por su promiscuidad venérea con la politiquería y unas elites que, o han perdido el rumbo, o siempre lo tuvieron firmemente apuntando hacia La Habana.

Lo cierto y lo que debería quedar como lección grabada para siempre, es que nunca podrá levantarse ninguna sociedad civil, con una “población” dependiente del estado para hacer cualquier cosa, casi cualquier cosa, como fue la que terminamos criando bajo el rentismo desaforado que comenzamos a desarrollar, desde mediados de los años setenta.

Y esa sociedad civil perennemente débil, que ya superó los 40 años pero de mengua, es la que no puede ni podrá impedir por los momentos, la reinfección militar, una y otra vez, y eso es algo que estamos viviendo a cada rato, cuando por ejemplo, algún general de la deshonra eterna, como un Rodríguez Torres, un Padrino López, o un Alcalá Cordones, se lanza en aparente invectiva contra el régimen madurista, y vemos con grima como cierto sector mentecato de nuestra clase media y su dirigencia atarantada, se aprestan a celebrarlo con entusiasmo bobalicón.

EL SUPRA PODER FORMAL/FÁCTICO PERO ARMADO

La reinfección nos viene de unas fuerzas armadas, convertidas en un tipo particular de clase política, que milita en una institución que ya no es proveedora de servicio (y de sacrificio si hace falta) sino que es una corporación esencialmente materialista, que trocó “altares de la patria” por arcas bancarias, que defiende al estado y no a la nación, que tutelan al poder y no al soberano, y que al entrar en relación rentista, de asociación y reparto, con el régimen imperante, les pasa lo mismo que le pasa, a los poderes públicos e instituciones, cuando pierden su independencia al ser reemplazada la república por una oligarquía, y es así como la fuerza armada se convierte, en una división formal del poder, pero con prerrogativas de poder fáctico/clientelar a la vez, aunque en este caso trátase de un poder fáctico pero armado.

Una fuerza armada ya distorsionada en supra factor de poder, convertida en compañía transformadora de renta en privilegio, en asociación “ecléctica” con el estado, no puede mantenerse sobre ningún basamento moral, y por lo tanto queda siempre abonado el terreno, para cualquier clase de contaminación, de penetración, incluso foránea, porque lo que se defiende es al poder en sí, y nada más.

Es así como llegamos a esta fuerza armada en el mínimo histórico de su autoestima, que no internaliza su rol como monopolizadora de la violencia, de baluarte de la civilidad y la soberanía, que ha quedado contraída, a clase política y clientelar defensora de su status supremo. Esta decadencia angustiosa, es el resultado de una evolución impedida, y una asociación indebida, la cual nos obliga a retrotraer cronológicamente el relato.

1958: COMIENZA LA GUERRA

La guerra contra la democracia venezolana comienza desde el primer momento, y vamos a estar claros, el Pacto de Punto Fijo, del 31 de octubre de 1958, no solo fue un pacto de gobernabilidad, sino también un pacto de defensa de la democracia civil, contra amenazas militares directas: amenazas internas promovidas desde la misma fuerza armada, y que nunca cesaron (ni cesarían), y una amenaza externa que comenzaría al poco tiempo…

Era necesario defenderse contra amenazas internas inmediatas, por parte de un sector del militarismo descontento por la repetición de un “nuevo desorden democrático”, y sobre todo, porque a diferencia de como participaron en el trienio 1945-1948, tendrían por primera vez en la historia que resignarse a quedar relegados a ser, el sostén obediente, APOLITICO y no deliberante del civilismo gobernante. Esto se manifestaría abiertamente, apenas a 6 meses del 23 de enero, con el intento de golpe de estado por parte del ministro de la defensa de la junta de gobierno, General Jesús María Castro León.

Pero también y al poco tiempo, el gobierno puntofijista de Rómulo Betancourt, debería ocuparse de una amenaza geopolítica externa, que surgiría prácticamente, al año de comenzada la revolución cubana de enero de 1959, y que tendría su expresión nacional materializada en la guerrilla. Se trata de la irrupción continental del expansionismo castrista y sus agentes venezolanos, que en 1960 dividirán al partido Acción Democrática, para llevarse su juventud al MIR (movimiento de izquierda revolucionaria), y que en 1961 activarán la lucha armada, desestabilizadora y conspiradora sin tregua, contra la incipiente democracia venezolana.

LA GRAN OCASIÓN PERDIDA

Esa lucha contra la guerrilla castrocomunista y sus agentes venezolanos, y la categórica derrota militar que la fuerza armada le propinaría en todos los frentes, representó una ocasión histórica única para graduarlas como ejército forjador, no sólo de libertades, sino de democracia, un título y reconocimiento más que merecido, porque además reposaba sobre el sacrificio y heroicidades de muchos hombres valientes. Se trataba de enaltecer al capítulo militar más exitoso y honroso del siglo veinte, para que hubiese podido quedar como “gesta refundadora”, de una institución consagrada y unívocamente identificable, con el nuevo estado democrático venezolano.

Pero nunca hubo tal homenaje, ni honra, ni gloria, al menos algo digno de mención, y así la gesta fue confinada casi que a la anécdota, para disolverse gradualmente hacia el olvido, en un relato relegado y fragmentado que nunca fue incorporado plenamente ni a la memoria, ni a la historia.

Las razones de esta censura histórica deliberada son múltiples: muchos con ruindad y vileza en grado superlativo, invocaron el temor al “César militar” que podría despertarse, ante una nueva “cesión de gloria” por parte de una sociedad agradecida por haber sido liberada de nuevo.

Pero la razón principal, debe atribuirse sin lugar a dudas, a la labor pertinaz de cierta intelectualidad, algunos medios, y la abrumadora mayoría de la academia (todos con su alma vendida a la nueva izquierda “pacificada y democrática”) que se entregó sin pudor a la adulteración de esa apreciable porción de nuestra historia, hasta deformarla, fragmentarla, encogerla, fantasmizando al militar, glorificando al guerrillero, y algo crucial, haciéndola desaparecer de todo plan de estudio, sea de enseñanza básica o superior, e incluso de la instrucción militar.

Mientras tanto la conspiradera en la fuerza armada nunca se detendría, con grupos para todos los gustos y colores, y también la penetración por parte del castrismo, también seguiría impertérrita, hasta empatarse al final con la conspiración a cielo abierto de los victimarios de la guerrilla, y sus socios corporativos, metiéndole la puñalada trapera a esa “política” y esa “democracia”, que años antes los había reconocido y dignificado, aun a costa de falsificar la historia, y mezquinarle toda gloria, al único hito que hubiésemos podido tener, de lo militar en clave civilista/democrática.

Duélale a quien le duela, fue Rómulo Betancourt, el único que siempre estuvo claro frente a la amenaza castrense y la amenaza castrista por igual, a las que tuvo que enfrentar y correr con las consecuencias, en gobierno e integridad de su propio partido, con dolorosas pérdidas en vidas humanas y compañeros, que se llevaban consigo vocación y porvenir, e incluso teniendo que reconocer sin ambages, y en pro de la misma democracia, a aquel Rafael Caldera que luego traicionaría repetidamente todo el esfuerzo, al serpentearse como notable cómplice de la conspiración contra CAP II, al destruir su propio partido fundador del ciclo virtuoso, volver al poder precisamente con los guerrilleros, y liberar apresuradamente en los primeros actos, al demonio exterminador, por “presión de la sociedad”.

Al final de la historia, esta fuerza armada, convertida en clase política cerrada sólo representativa de su propio poder, obrando desde el poder y por el poder, ella misma termina atrapada en un callejón sin salida dentro del cual, solo le quedará actuar con violencia creciente, sea para avanzar en su obra de oprobio hacia la nación, sea para retroceder y liberarse de un destino ominoso, que incluso podría incluir, su propia desintegración.

EL MINOTAURO MILITAR

En toda sociedad realmente democrática, el único factor de poder deberían ser los partidos políticos, como extensión operativa del interés público.

El estado, como organización política al servicio del interés público, y obedeciendo a ese solo interés, debe poder actuar con autoridad y potestad, en otras palabras, ejercer con soberanía, y eso sólo se logra, si puede aplicar un poder indisputable por monopolio de la ley y la violencia.

Para aplicar sus monopolios, el estado debe poder contar entre otros brazos ejecutantes, con una fuerza armada preparada y eficiente, especialmente en el caso de un país pletórico de recursos naturales como es el nuestro, y eso no es ni sustituible, ni delegable, salvo pantomimas como la del protectorado costarricense. Cabe recordar aquí que, la disuasión de la violencia, estamos lejos de poderla superar como método, sustituyéndola con la mera aplicación del derecho: es posible que algún día eso se logre, pero ese día aún está muy lejos.

La fuerza armada deberá seguir existiendo, y su vigencia institucional dependerá exclusivamente, de que siga existiendo como una organización que sirve a la nación, obedeciendo a un estado igualmente al servicio de la nación, esta es la ecuación básica, pero de increíble dificultad, que deberemos resolver en el futuro. En todo caso, la fuerza armada no puede proteger a un estado que secuestra a la nación o peor aún, cogobernar o erigirse ella misma en estado. Lo militar puede y debe eventualmente actuar, dentro de ese ámbito éticamente turbio de la “razón de estado”, pero siempre y cuando la preservación de ese estado, sea para seguir sirviendo únicamente, al interés público.

Al minotauro militar no hay que exterminarlo, pues lo encontraríamos multiplicado a la vuelta, mientras esta sociedad no logre superar su atavismo civil. Más bien, hay que demoler el laberinto en el cual ha sido encerrado, para que pueda sumarse al proceso civilizatorio que la nación tendrá que emprender en su conjunto, y que nos deberá llevar a que cada quien, vuelva al sitio de donde nunca ha debido salir: es así como los militares, solo podrán regresar a sus cuarteles, cuando el cuartel salga de todas las mentes, y los políticos -y la política- regresen a la sociedad civil.

@FBoccanera

La transformación de la mirada

Artículo de Teódulo López Meléndez en el diario El Universal (Miércoles 20/07/16)

lenguaje

www.eluniversal.com/noticias/opinion/transformacion-mirada_355882

La sociología de la acción colectiva

acción colectiva

Teódulo López Meléndez

Por qué los grupos sociales se comportan como se comportan es la pregunta fundamental de la teoría de la acción colectiva. No se trata de preguntarse de lo que no-ocurre sino de lo que ocurre, a propósito de lo que en Venezuela le repiten a uno en cada esquina: “esto no se aguanta, no sabemos por qué no estalla”. Parsons, sobre quien volveremos en este breve texto producto de las inquietudes venezolanas, habló de una “unidad” compuesta de un agente actor, de objetivos o fines de la acción, de la situación en el momento de emprender la acción y de los medios adecuados que debe seleccionar el actor para emprender la acción.

No quisiéramos perdernos en los laberintos de la sociología, pero hay que mencionar a Weber sobre los criterios racionales en orden decreciente pues se llega al momento de no medir por esa vía las consecuencias de la acción, más bien situada en el terreno afectivo. En verdad, la sociología de la acción colectiva se ha paseado extensamente sobre la problemática de por qué los individuos deciden actuar colectivamente, como hacen para coordinarse, cuáles deben ser las condiciones del entorno y cuales las consecuencias. Así se habla, por ejemplo, de la teoría cíclica del cambio social y cultural, de sociedades con mentalidad sensual, ideacional o idealista.

James M. Jasper (“¿De la estructura a la acción? La teoría de los movimientos sociales después de los grandes paradigmas”) nos pasea por las grandes teorías de los movimientos sociales precisando como son reexaminadas en búsqueda de un mayor empirismo. En verdad estas teorías ligaban la resistencia y la acción colectiva a la historia y a la sociedad, para ir hoy hacia enfoques analíticos con teorías culturales y al redescubrimiento de las emociones.

Así, se pasea desde el enfoque “materialista culturista” sobre movilización u oportunidad (Tilly o Kriesi), hasta “la sociedad programada” (Touraine, o Melucci), desde “la teoría de la acción racional o Teoría de Juegosd”(Olson o Coleman) hasta el “pragmatismo, Chat, feminismo, teoría homosexual, enfoques cultural-estratégicos o emocionales( Jasper o Polletta) denominándolas de “movilización de recursos o de “los agravios repentinamente impuestos” (Ed Walsh) o de reducciones a estructuras de oportunidad, de movilización y marcos de alienación (Zald) o las batallas entre quienes negaban al proceso político como un paradigma o quienes afirmaban era un paradigma cabal. Jasper no escatima esfuerzos en pasaer revista este complejo tema de las ciencias sociales citando a Jeff Goodwin observando el papel de las oportunidades políticas en el surgimiento de movimientos culturales, políticos y revolucionarios

Como puede apreciarse dar una respuesta a la pregunta básica es un tema de alta complejidad en el terreno de la sociología de la acción colectiva. Jasper pide dejar de ver a la sociedad como matriz del comportamiento colectivo, dejando de lado que los papeles son definidos exclusivamente por el estatus, las formas de autoridad o las normas y los valores, para pasar a considerar la sociedad como un lugar de combinación y conflicto entre acción estratégica e identidad. Esto es, la acción deja de residir en un actor colectivo procurando dirigir la “historicidad” sino en los esfuerzos de la gente común (el “sujeto” de Touraine) o la tesis de Mancur Olson (“La lógica de la acción colectiva”) donde se pregunta si los actores participan sólo si ganan personalmente algo que no obtendrían por no participar. O la tesis de la “pragmática racional” (Mustafá Emirtbayer) que rechaza que las entidades interactuantes permanezcan estables a través de las interacciones para sostener que “las unidades involucradas en una transacción derivan su intención, significado e identidad de los [cambiantes] roles funcionales que operan dentro de la transacción”.

Jasper pide sumar al análisis las emociones sumándolas al flujo de acción temporal de los grupos contestarios hasta llegar al papel del cuerpo en la acción humana y al término “experiencia vivida” como atención etnográfica sobre quienes se movilizan y sobre quienes no, lo que nos hace recordafr experiencias venezolanas como el “Caracazo” o “la salida”.  Concluye advirtiendo que los medios de acción impoortan tanto como las metas y los escenarios o tanto como los actores.

En el caso de Talcott Parsons (“The Structure of Social Action”) hay un abordaje de la racionalidad social y del problema complementario del factor no racional desde Max Weber, en gran medida contrario a Hobbs y a Rousseau y más bien cercana a Durkheim. Incluye la psicología, la ciencia política y la biología. Su concepción de la acción social es la de una preocupación con lo racional y no racional que explican el comportamiento humano, quizás resumibles la fenomenología en lugar del experimento, la semántica en lugar de las matemáticas, resumidad en la frase  “Una acción es social, cuando la situación de un actor es otro actor”. Hay un orden de acción social cuando todos los involucrados se convierten en actores, pero también cuando la situación de un actor es él mismo como actor.

Fue Alberto Melucci quien insistió en buscar la interrelación de las causas interna y externas de los movimientos sociales, negándolos como resultados de contradicciones estructurales o como posibilidad de construcciones individuales guiadas por la lógica para plantearlos como consecuencia de objetivos, recursos y obstáculos de los individuos en su vida cotidiana. En otras palabras implica una identidad colectiva en cuyo propio interior se define el sentido. Los individuos se comunican, negocian y producen significados y calculan los costos y beneficios. De tal manera se construye una identidad colectiva desprendida de los individuos permitiendo el surgimiento de una alternativa significativa del mundo, tal como un mecanismo cultural. Melucci señala que su triunfo es existir, nombrar lo innombrable y así cuestionar los mecanismos de dominación. Juegan un elemento latente y otro visible que crean nuevos códigos culturales, señalando que el problema específico se asocia a la lógica general del sistema reduciendo su complejidad para resolver las incertidumbres lo que origina nuevas. El poder está condicionado por la información, su principal instrumento, pero a la cual se ciñe, mientras los movimientos de acción social pasan a ser la contracorriente que implica la comprensión de las relaciones significativas como desafío simbólico. Transgredir como superación de los signos vacíos, con lo que un movimiento social se hace profeta atribuyendo nuevos significados.

Un poco más alejado del planteamiento teórico de la sociología de la acción colectiva, pero inmerso a profundidad en su comprensión práctica está James Davies (“When Men Revolt anda Why”) quien señala cuando sí y cuando no se producen estallidos o explosiones sociales. No en sociedades tradicionales estables y estáticas. Sí en aquellas que vienen de un largo período de aumento de los niveles de vida y de altas expectativas que de golpe se estrellan o comienza un proceso de reversión abrupto produciendo un descontento súbito. Esa expectativa sostenida de capacidad de satisfacer necesidades rota de improviso produce un estado de frustración que muestra una realidad distinta de la esperada. Al contrario, cuando el deterioro es gradual, aunque sostenido, la inexistencia de alimentos, medicinas, libertad o seguridad, conlleva a un estado de ánimo de supervivencia, de adecuación, de resolución de la escasez como asunto personal o familiar en lugar de uno proclive a las rupturas.

No basta el malestar de las clases medias o de más bajos recursos, se requeriría a los profesionales y a los intelectuales ejerciendo liderazgo pero, señala Davies, están condicionadas por vínculos con los detentadores del poder. Condición necesaria sería deshilachar esas conexiones. Ese retroceso hacia la acción colectiva sobreviene en un cuadro de quiebra, de colapso de la moneda, de corrupción desatada, de un ejercicio inadecuado del poder, ante una población inerme por la caída gradual que la hecho reducirse al hábito de las colas, del “arregle”, como podría considerarse usando un venezolanismo.

De manera que este profesor emérito de la Universidad de Oregón, al afirmarnos que es condición para una explosión social un cambio repentino de suerte después de un largo período de crecimiento y de expectativas saturadas, y al agregar como improbable que un pueblo se rebele cuando está en la más miserable de las situaciones, para tratar de hacernos entender su teoría denominada “Curva J”, explica como el sobrevivir día a día anula toda capacidad de reacción. Esa “Curva J”, también conocida como “Davies’ J-Curve” tiene su plantilla matemática que muestra a las revoluciones como una súbita inversión de fortuna, un desarrollo económico seguido por una depresión, una representación matemática de una “J” cabeza abajo que excluye la adecuación gradual pues llega el momento en que sólo importa la supervivencia personal o familiar, una excluyente de toda acción colectiva.

No podemos dejar de mencionar la acción de los gobiernos para contrarrestar la posibilidad de la acción colectiva. Desde recompensas a la fidelidad hasta la falsificación de situaciones pasando por efectos distraccionistas, tema abordado en otro de nuestros textos. Llegando al límite de este breve texto puede suponer una indiscreción citar a Maquiavelo, pero desde “El Príncipe”, pasando por “La historia de Florencia” hasta los “Discursos sobre la Primera Década de Tito Livio” el florentino siempre nos dejó claro que el gobierno que se defiende de la acción colectiva jamás actúa para reparar o para hacer justicia, sólo castiga para prevenir.

 

 

 

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La región de Hararghe occidental, en Etiopía, en diciembre de 2015. Unas 10.2 millones de personas sufren inseguridad alimentaria en el marco de una de las peores sequías registradas en ese país africano en décadas. Crédit: WFP/Stephanie Savariaud.

El Niño amaina, pero La Niña podría golpear pronto

Por Baher Kamal English version

 

ROMA, 18 jul 2016 (IPS) – El fenómeno de El Niño de 2015-2016 fue uno de los más fuertes registrados hasta ahora, y La Niña, que podría golpear pronto, agravaría la severa crisis humanitaria que afecta a millones de personas en las comunidades más vulnerables de decenas de países, pero en especial en África y Asia Pacífico.

El Niño es como se conoce al recalentamiento del océano Pacífico oriental ecuatorial que ocurre de forma cíclica cada tres a siete años. Este fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur eleva la temperatura en la superficie del mar y altera los sistemas climáticos del mundo generando lluvias copiosas en algunas zonas y sequía total en otras, al contrario de lo que ocurre habitualmente.

La fase de enfriamiento, conocida como La Niña, genera lluvias intensas en las zonas afectadas por la sequía durante El Niño e inundaciones donde ya habían caído abundantes precipitaciones.

Para lectura completa http://www.ipsnoticias.net/2016/07/el-nino-amaina-pero-la-nina-podria-golpear-pronto

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