Democracia del siglo XXI

  • Teódulo López Meléndez

    Abogado, diplomático, novelista, ensayista, poeta, editor, columnista de opinión.

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El error de construir una república legalista

Posted by Teódulo López Meléndez en marzo 26, 2015

Constituciones

por Marisol Bustamante

Erróneamente, nuestras clases políticas -las del  pasado y las del presente- han intentando construir una república a punta de Constituciones y de todo tipo de herramientas jurídicas, llámense: leyes orgánicas y superiores, decretos, resoluciones, etc. Tan desacertada ha sido esa práctica política, que teniendo Venezuela la primera constitución (1811) como república independentista de todo el continente y después de 25 constituciones a esta fecha, el país continúa produciendo leyes para generar controles como si estas fueran el recurso más importante para enfrentar toda una serie de carencias y desenfrenos  que impiden su desarrollo sostenido.

¿Es que las leyes no han servicio más que como estrategia política para la permanencia en el poder y para presumir ante los ciudadanos “los tremendos esfuerzos” de la gestión gubernamental de turno para resolver los problemas?. Cuando revisamos la historiografía y vemos que desde J.A Páez (1830), A.G Blanco (1870), J.T Monagas (1847), J.V Gómez (1908), Pérez Jiménez (1953), los gobiernos del bipartidismo (1959-1998) y hasta Hugo Chávez han hecho reformas y convocatorias de constituyente a la carta magna con el fin de adaptarlas a las necesidades e intereses de los grupos políticos de turno en el poder nos conduce a la confirmación de tal interrogante. Si los instrumentos jurídicos fueran el remedio a todos los males entonces Venezuela fuera uno de los países más desarrollados del mundo. Contrario a ello, estos gobiernos personalistas y populistas nos han dejado como resultado una economía sumida en la pobreza y niveles complejos de ingobernabilidad.

Más allá de las constituciones, ha sido la reproducción de prácticas políticas inescrupulosas, -repetimos- personalistas y populistas que han desviado los grandes principios originarios de nuestra república. Al respecto, la actual constitución de 1999 no escapa a esta revisión. Pues más allá de su capa revolucionaria e innovadora es reformista y profundiza los vicios del pasado. Por ejemplo: los constituyentistas no tocaron lo relacionado al perfil de los cargos a elección popular en sus tres niveles de gobierno. Los requisitos para elegir al Presidente de la República son los mismos de la constitución de 1961, a saber: ser venezolano por nacimiento, mayor de 30 años y otros requisitos que establezca la constitución (Art. 227) de la actual constitución. Esto quiere decir que en Venezuela cualquier ciudadano sin estudios o experiencia profesional puede ser responsable de la máxima magistratura de gobierno. Estos mismos requisitos se extienden a gobernadores, alcaldes, diputados y concejales. Cargos como estos, por su importancia y responsabilidad deben tener su nivel de exigencias y contar con un perfil académico y experiencia profesional, el cual debería extenderse al área comunitaria, entre otras.

“Si se notan úlceras no son del espejo ni es en el donde deben curarse”…..esta acertada consideración de Antonio Leocadio Guzmán, ha trascendido hasta nuestros días como parte de una serie de experiencias históricas viciadas –entre ellas la de su hijo Antonio Guzmán Blanco- que utilizaron todo tipo de subterfugios para su permanencia. En Venezuela hay varias úlceras, que no se curarán con leyes o acallando a quienes señalamos a viva voz y por cualquier medio los problemas que aquejan a la población. Somos mujeres y hombres de nuestro tiempo y como tales lo estamos viviendo, pero también lo estamos defendiendo con la mayor responsabilidad, apegados a las circunstancias que nos brinda la historia.

MARISOL BUSTAMANTE

POLITÓLOGA/DIRECTORA DE LA ORGANIZACIÓN NO GUBERNAMENTAL DIVERSIDAD Y CAMBIO

diversidadycambio@gmail.com

www.facebook.com/diversidadycambiomb

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Diplomacia

Posted by Teódulo López Meléndez en marzo 25, 2015

Artículo de Teódulo López Meléndez en el diario “El Universal” (Miércoles 25/03/15)

diplomacia

http:/www.eluniversal.com/opinion/150325/diplomacia 

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A merced de los asalariados de la política

Posted by Teódulo López Meléndez en marzo 23, 2015

asalariados

Alberto Medina Méndez

El tema es tan incómodo como políticamente incorrecto para la inmensa mayoría. La política está hoy en manos de demasiados inescrupulosos, personajes de escasa formación y dudosa moral, individuos con más aptitudes para la ingeniería electoral que para gobernar eficazmente. Claro que existen excepciones a la regla, lo que solo confirma la norma general.

En ciertos países, los políticos son personas que han triunfado previamente en sus profesiones, que han logrado ser exitosos en lo suyo, que han construido un capital intelectual y económico significativo digno de ser elogiado y aplaudido. Ellos llegan a la política solo para completar el círculo, por prestigio o bien para aportar algo a su comunidad, pero ya no para enriquecerse o conseguirse una remuneración que les permita sobrevivir.

Eso no los hace intrínsecamente mejores que el resto. No es que esa circunstancia garantice que harán lo óptimo, pero se constituye en una diferencia vital para poder comprender el mecanismo que regirá las decisiones que impactarán en todos. Cuando la política está plagada de personas que buscan en esa actividad una compensación económica, se tomarán determinaciones que no priorizarán sus consecuencias en los ciudadanos, sino en como afectará sobre su propia “continuidad laboral”.

Los que llegan a la política con ese propósito, el que consigue un cargo para acceder a una retribución, sabe que cuando culmine su ciclo deberá buscar en otro lugar esos ingresos que le permitan ganarse la vida y sustentar a los propios. Si ese sujeto depende de ese sueldo para mantener su estándar de vida, si obtiene más renta en la función pública que fuera de ella, sus decisiones estarán siempre condicionadas por su situación personal.

El no pretenderá favorecer a la gente, sino conservar su puesto, sostenerse en el poder para asegurar su espacio y por lo tanto sus beneficios. Su futuro personal y el de su familia dependen de ese esfuerzo, por lo tanto, siempre se concentrará en asegurar votos. El mejor modo de lograrlo  será apelar a la interminable demagogia populista. No vino a esa función para pasar a la historia ni para generar los cambios que la sociedad necesita. Está ahí solo para subsistir por todo el tiempo que le sea posible.

La cuestión va más allá. Su dependencia salarial lo subordina tanto que ni siquiera siente la libertad de renunciar cuando así lo desee y volver a lo de siempre con dignidad. Eso lo condena a asumir con mucha cobardía las órdenes que emanan de su jefe político, a riesgo de quedarse en la calle.

Cuando se seleccionan dirigentes, resulta primordial conocer sus logros en la labor profesional. Si esas personas no han alcanzado la excelencia en lo elegido, si en el pasado no han realizado lo suficiente para mantenerse por sus propios medios, sin favores estatales, prebendas o privilegios, pues difícilmente hagan lo correcto cuando les toque en suerte gobernar.

Ellos solo esperan llegar al poder para cobrar una mensualidad. Eso podría empeorar si su objetivo incluye premeditadamente alcanzar compensaciones “adicionales” de la mano de la omnipresente corrupción estructural, esa que le ofrecerá inconfesables ganancias desproporcionadas.

Muchos sostienen que la política es para cualquiera y que todos deben tener esa posibilidad. En realidad, lo saludable sería que los mejores en los negocios, en sus actividades, en cualquier profesión, pudieran estar dispuestos a contribuir en la búsqueda de las soluciones necesarias.

Si el que ingresa a la política lo hace solo para “ganar” más, para construirse un salario, para progresar individualmente, pues entonces la que está en problemas es la sociedad toda. Cuando los que gobiernan son los que solo saben vivir del Estado, y sus posibilidades fuera de ese ámbito son escasas, pues se corre un enorme peligro y el resultado es predecible.

Ese funcionario, solo espera estar cerca del “tesoro”, ese que sueña con administrar discrecionalmente y que pretende depredar sin piedad. Si su meta es esa, si espera cobrar más allí que fuera de la política, pues entonces la sociedad será su próxima víctima por demasiado tiempo.

Lamentablemente, los que son un ejemplo en lo suyo, los que aprendieron a generar ingresos genuinamente, demostrando ser útiles a sus comunidades, no desean ser parte de la política. Al menos no en una cantidad suficiente como para evitar que la política haya sido cooptada por los energúmenos que ingresan a ella para saquear sin miramientos a los contribuyentes.

Los votantes tienen una gran responsabilidad en esto que no sucede por casualidad. Si los exitosos, se sintieran respaldados, si se estimulara a los más capaces a comprometerse con las soluciones, otra sería la historia. La visión infantil de suponer que la “política grande” es territorio de todos y que cualquiera puede conducir el barco, es tremendamente nefasta.

Como en todos los ámbitos de la vida, como en casi cualquier actividad, algunos han demostrado una habilidad superior al resto. Los mejores son los que deben estar en el juego y ser protagonistas, lo que debe poder verificarse de antemano, con credenciales y evidencias demostrables.

El aterrizaje, en el mundo de la política, de los improvisados, de los amigos del poderoso de turno, de los que solo buscan un empleo para salir del paso y ganarse algo de dinero, no conseguirá que esta sea una sociedad mejor. Creer en eso, no solo es ingenuo, sino también, un verdadero despropósito.

Más grave es rechazar públicamente esas premisas, para luego validarlas con actitudes personales cotidianas. Eso tampoco ayuda. Es imprescindible mejorar la política. Pero para eso hay que ocuparse, como sociedad, de alentar a diario, sin mezquindad, a los sobresalientes, a los que pueden exhibir con orgullo sus victorias y estimularlos para que reemplacen pronto a los parásitos de siempre, esos que pululan en el Estado. Si se esperan resultados superlativos, es indispensable extirpar a los mediocres, para que los ciudadanos no queden a merced de los asalariados de la política.

albertomedinamendez@gmail.com

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Patologías de la política

Posted by Teódulo López Meléndez en marzo 21, 2015

patologías

Fernando Mires  

 

Un problema al parecer insalvable de las teorías políticas reside en el hecho de que por lo común son elaboradas para sujetos históricos definidos de acuerdo a la propia teoría. Tomemos como ejemplo a las teorías marxistas y veremos como sus sujetos actúan de acuerdo a determinaciones de clase teóricamente diseñadas. O también, piénsese en las teorías liberales construidas sobre la base de supuestos individuos autónomos en condiciones de discernir claramente sobre sus intereses políticos.

Las teorías modernas no van a la zaga. Las construcciones habermasianas, por ejemplo, parten de la premisa de que la llamada sociedad está constituida por seres racionales en condición de establecer relaciones comunicativas las que deberán conducir –nadie sabe como- a la articulación discursiva de un orden democrático.

Quizás la única excepción está representada por algunos alcances teóricos de Ernesto Laclau quien al recurrir a Lacan pudo observar como las demandas sociales han de ser descifradas en el espacio difuso y opaco de las representaciones simbólicas. Pero, lamentablemente, también en Laclau los actores sociales son deducidos desde la lógica de una teoría sustentada por un futuro “estratégicamente” condicionado.

Podría entonces afirmarse que la mayoría de las teorías políticas han sido hechas para seres humanos “normales”, es decir, para un “homo politicus” ideal.

No obstante, una simple mirada a los lugares marcados por confrontaciones políticas, mostrará como ese ser humano “normal”, deducido de la racionalidad de una teoría (todas las teorías son racionales) dista de ser la regla. Más bien es la excepción.

Dicho más claramente: la llamada sociedad está formada por personas que padecen de horrorosos miedos a morir. Por lo mismo, todo análisis político debe tratar con seres imprevisibles, paranoicos, histéricos, adictos, deseantes, megalómanos, sicóticos o simplemente neuróticos. Esa es, nos guste o no, “la madera carcomida” –expresión de Kant- sobre la cual han de carpinterear quienes intentan explicar las conductas ciudadanas.

En términos psicoanalíticos, la materia de toda infraestructura humana está formada por ocultas pasiones. ¿Bajas pasiones? Exactamente. Pero no porque sean bajas sino porque están “abajo”, aguardando el momento de aparecer en la superficie, disfrazadas de lógicos intereses y sublimes ideales. En ese sentido, todas las pasiones son “bajas”.

No fue un político, fue un economista, A. O. Hirschman, quien en su libro The Passions and the Interests pudo percibir como los intereses económicos racionales son, en muchos casos, simples pasiones revestidas (sublimadas, en lenguaje freudiano). Por lo mismo, aún convertidas en intereses, las pasiones no desaparecen. Suele suceder más bien lo contrario: los intereses racionales se convierten según Hirschman, en súbditos del imperio de las pasiones.

Extrapolando hacia lo político la tesis de Hirschman, podemos observar como, más aún que la economía, la política es un espacio proyectivo, no tanto de intereses, sino de pasiones mal disimuladas. Ahí reside el trasfondo patológico de muchas representaciones políticas. Por ese motivo algunos analistas de la política sostenemos que, aunque parezca paradoja, el análisis de lo político no se agota en lo político. Hay que recurrir a otras fuentes. Entre ellas, a las psicoanalíticas.

Ahora, desde una perspectiva inversa, la práctica política podría cumplir bajo ciertas condiciones una función terapéutica. Lo dicho se explica si consideramos que la política al ser actividad pública es también un espacio de ex -presión (liberación de presiones). Las re-presiones en cambio, cumplen el objetivo de impedir que las presiones salgan hacia fuera. No existe por lo mismo la represión política. Toda represión es anti- política.

Por otra parte, la política es una zona de conflicto. Allí los unos se enfrentan con los otros a través del uso de la palabra escrita u oral. En cierto modo, más que en los consultorios, la palabra debatida puede cumplir en la política una función liberadora, pero siempre y cuando esta no se convierta en un medio de agresión. Esa es la razón por la cual tanto las prácticas políticas como las clínicas requieren de cierta supervisión. Dicha función suele estar encargada en la política a la gobernancia. La tarea principal de una gobernancia, por lo tanto, no es incentivar, tampoco anular o disminuir el conflicto, pero sí, supervisarlo

De modo más preciso: entendemos por gobernancia no solo al gobernante sino al conjunto de personas e instituciones destinadas a regular la lucha política. Es por eso que la gobernancia, al no tomar parte por ningún bando en conflicto es la menos política de todas las tareas políticas. Pero sin gobernancia la política carecería de supervisión y las pasiones se revelarían en toda su desnudez como ocurre en los regímenes antipolíticos. En otras palabras, así como hay personas que no se saben gobernar a sí mismas, hay naciones sin, o con precaria gobernancia.

La gobernancia representa teóricamente al conjunto de la ciudadanía. Luego, si la gobernancia sólo atiende a una de las partes del conflicto o monopoliza todos los poderes en la persona de un gobernante, las ex -presiones ciudadanas dejan de pertenecer a la lucha política para transformarse en lucha por la política, o lo que es lo mismo, en una lucha por la recuperación de los escenarios de la política. En ese sentido las luchas democráticas no persiguen el desgobierno sino todo lo contrario: una mejor gobernabilidad. Las protestas sociales son en ese sentido más conservadoras de lo que se piensa. Buscan, antes que nada, “poner orden”.

Fue el Papa Benedicto XVl quien al referirse a los excesos cometidos por la Iglesia en los tiempos de la Inquisición, nos habló de las patologías de la religión. Al escucharlo no pude sino recordar el cuadro de Goya: “El sueño de la razón (también) produce monstruos”. Pues en los dos casos, el de la religión y el de la razón, las patologías latentes en la condición humana logran apoderarse de instancias sublimes de la vida. Mucho más en la vida política la que al ser esencialmente conflictiva estará siempre expuesta a los embates de las pasiones más primarias. Es cierto que al final siempre ha terminado por imponerse la cordura. Pero los regueros de sangre que dejan detrás de sí esas luchas, no son para rememorar.

Hasta ahora no tenemos ninguna prueba de que las patologías sean solo fenómenos individuales. Al contrario, todo nos muestra cuan fácilmente logran adquirir dimensiones colectivas. Más grave aún si la gobernancia ya ha sido “contagiada” (transferida).

Pero lo peor ocurre al revés, a saber, cuando una gobernancia enloquecida “contagia” –o transfiere- su patología a toda una nación. En ese caso extremo la patología política podría llegar a convertirse en un trauma de profundas dimensiones históricas. Hay efectivamente naciones que no pueden apartar la vista de un pasado que nunca termina definitivamente de pasar.

 

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No les interesa resolver casi nada

Posted by Teódulo López Meléndez en marzo 16, 2015

Irresuelto

Alberto Medina Méndez

Aun existe demasiada gente que confunde lo que anhela que suceda con lo que realmente ocurre. A la clase política, le interesa poco y nada resolver problemas. Su tiempo se consume haciendo política, pensando en como conservar o conseguir poder. El resto es solo circunstancial.

Aunque la afirmación pueda resultar brutal, todo lo que hacen apunta a obtener una mayor cantidad de adhesiones y construir un espacio que les permita administrar su poder actual y acrecentarlo en cualquier entorno.

Quien sostenga una idea contraria a la expuesta tendrá a su cargo la difícil tarea y el gran desafío de encontrar casos específicos que lo demuestren. Claro que existen matices y que algunos encajan absolutamente en esta fotografía y otros un poco menos. Pero en las grandes ligas de la política todo tiende a parecerse a la descripción original.

En las segundas líneas, en las terceras y las subsiguientes, aun quedan vestigios de esa vocación recitada de servir a la sociedad, de esa genuina intención de muchos de aportar a su comunidad ideas y esfuerzo.

En la historia reciente abundan las crónicas que confirman que el poder solo se dedica a concentrar decisiones y sostener un esquema de control político. Las grandes trasformaciones a las que la sociedad aspira y que inexorablemente forman parte del discurso de muchos dirigentes solo son “cantos de sirena” y no nacen de sus profundas convicciones.

Las encuestas serias muestran, detalladamente, los más sinceros deseos de la sociedad. La gente quiere una justicia eficiente, ágil e independiente, una educación exigente y de calidad, un sistema de salud más humanizado, vivir en paz y armonía, en una comunidad donde las víctimas de los delitos no estén en pie de igualdad con los criminales, por solo citar algunos ejemplos.

Nada de eso se resuelve porque la política, de cualquier color, la de ahora, la de antes y probablemente la de los que vengan, no decide tomar el “toro por las astas” y hacer algo concreto al respecto.

Existe una decisión implícita de no avanzar en una línea de acción correcta. Algunos aun creen que ellos no saben qué hacer, que no se les cae una idea, que les falta creatividad y capacidad para resolver esos asuntos.

Esa sería una visión muy benévola y excesivamente piadosa. No debe descartarse de plano esa hipótesis frente a cuestiones menores, de rutina y domesticas que precisan de algo de ese ingenio que se reclama con razón. Pero en los temas trascendentes e importantes, no es ese el dilema.

El problema combina, en proporciones variables, la falta de coraje y la estricta conveniencia electoral. Salir de este perverso círculo vicioso que propone el presente, obliga a la sociedad toda a construir, como primer peldaño, un certero diagnóstico. Sin una ajustada mirada sobre lo que está pasando difícilmente pueda encaminarse a la etapa siguiente.

No menos cierto es que hoy existe una gran resignación cívica respecto a lo que ocurre a diario. Es como si los ciudadanos observaran como sucede todo a su alrededor, registraran esas inmoralidades, las identificaran con claridad, pero luego quedaran paralizados a la hora de actuar y decir basta.

Fueron, probablemente, muchas las décadas dedicadas a defender un sistema que, en sus imperfecciones, encierra tantas trampas letales en términos sociales. Se ha instalado la idea de que no puede ser objetado, y eso, tal vez, sea un gran impedimento para corregirlo y perfeccionarlo.

La democracia concebida como ese régimen que debe ser endiosado, absolutamente incuestionable, solo lleva a sacralizar los procesos electorales como si fueran la fuente de todas las soluciones. Claro que sigue siendo menos deficiente que otros conocidos que tampoco resuelven nada, al menos no con herramientas aceptables para la vida moderna.

Pero convertirlo en inmaculado puede ser un pecado superior. Su exacerbación, deformación y manipulación puede llevar a su definitiva e indeseada desaparición y a su reemplazo por esquemas autoritarios mucho mas ruines que los actuales. De hecho muchos países recorren ese derrotero apelando a maniobras despiadadas que solo conducen al abismo.

La democracia es solo un sistema de organización social y política. Minimizar sus defectos, ignorarlos o negarlos no logrará rescatarlo. La política hoy sigue sus designios al pie de la letra. Los dirigentes tienen un testeo en las urnas con plazos reducidos y eso los empuja a considerar solo aquellas decisiones que tienen impacto popular en idénticos tiempos. Todo lo que requiera muchos años e implique pagar costos políticos ahora para cosechar frutos en un futuro lejano no les interesa y se descarta de plano.

El problema de fondo, es que las gigantes reformas que se precisan, en la justicia, la seguridad, la salud o la educación, por solo citar los tópicos más urgentes, necesitan de revisiones estructurales significativas, que pueden demandar lustros para que aparezcan sus primeros resultados. Esto no es compatible con los tiempos políticos que el personaje de turno dispone para ser protagonista en el siguiente turno electoral.

Se necesitan “estadistas”, políticos con grandeza y generosidad, dispuestos a hacer lo indispensable por el bien de las generaciones futuras, que puedan olvidar las tentaciones que les plantea la dinámica electoral de la divinizada democracia. Con las vigentes reglas de juego, eso no sucederá. Si no se revisan los paradigmas de ahora, esos que la ciudadanía defiende sin cuestionarse, pues solo se puede aspirar a tener más de lo mismo o, en el mejor de los casos, una versión un poco menos cruel que la del presente.

Los individuos funcionan, casi siempre, de acuerdo a los incentivos  que perciben a su alrededor. Hoy, la política tiene estímulos electorales de corto plazo, los visualiza y actúa de acuerdo a ellos. Esperar otra cosa sería irracional, ingenuo e infantil. En este escenario, bajo esta dinámica y contexto,  se puede afirmar con bastante contundencia que a la clase política contemporánea no le interesa resolver casi nada.

albertomedinamendez@gmail.com

 

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Venezuela sin tecnopolítica

Posted by Teódulo López Meléndez en marzo 15, 2015

tecnopolítica

 

Teódulo López Meléndez

 

 

   La irrupción de Internet, y todas sus variantes técnicas, han cambiado la política. No se trata de enumerarlas sino de comenzar advirtiendo que su presencia no sólo ha cambiado la política tal como se presentaba sino también su estructura misma. Es lo que se ha dado en llamar “tecnopolítica”, una que da formas inéditas al crear esferas públicas muy distintas de las tradicionales mutando así la propia naturaleza de la organización social.

   A lo largo de los últimos años hemos sido testigos de todos los esfuerzos por la realización de grandes movilizaciones, con resultados disparejos, pero también la aparición de toda una especulación teórica sobre las posibilidades: desde democracia directa, plebiscitaria o continua, uso electoral, vigilancia sobre las instituciones públicas y modificación radical de los procesos electorales, construcción de espacios autónomos y, por supuesto, de modificación radical de la ineficiencia de las políticas públicas. La tecnología abrió, así, un mundo lleno de promesas, desde el voto electrónico hasta la eventual construcción de una electronic town hall en una nación completa.

    El planteamiento de fondo, por encima de los entusiasmos, sigue siendo la sustitución de una caduca democracia representativa por una participación acentuada que bien puede llamarse democracia deliberativa o democracia del siglo XXI. Esto es, una democracia, como la hemos llamado, de interrogación ilimitada, una que implica acceso sin límites al conocimiento, a la transformación tajante de la relación entre dirigentes y ciudadanos y a una capacidad de movilización siempre disponible.

   Las ciencias sociales, hasta hace poco renuentes al abordaje de la tecnopolítica, hablan ahora de las multitudes conectadas, unas plenamente conscientes de sus capacidades y dispuestas a romper las inmensas limitaciones, de resistencia a la acción común, por parte de las tradicionales y vencidas maneras del ejercicio vertical de la política. La acción sinérgica se concibe como organización abierta a flujos y relaciones no fijas sino mutantes.

Sin duda han sido los jóvenes los que con mayor pasión han asumido la manera tecnológica de la política. Han demostrado en la práctica su eficacia para la aparición de nuevas identidades ciudadanas y para la revitalización del protagonismo social y político, aunque las frustraciones posteriores sean evidentes, digamos por ejemplo del caso de la primavera árabe. Aún así, son los jóvenes los más cansados de la pérdida de legitimidad de la democracia, de la falta de oportunidades y del ausentismo de los espacios deliberativos por la caída estrepitosa de los mecanismos tradicionales de intermediación. Por la vía de la tecnopolítica han encontrado la fórmula de retoma de la participación decisoria en un siglo XXI de alta complejidad, pero también de modelos agonizantes que no terminan de ser sustituidos.

La construcción de ciudadanía mediante comunidades virtuales y de software libre, ha hecho renacer un ideario de la democracia. También, como lo hemos visto en varios sucesos mundiales, modificando los modos habituales de las relaciones de poder rompiendo todo control unilateral de la información. Los argumentos críticos en contra señalan el acceso limitado a Internet o la advertencia de algún teórico de que no basta la tecnología para resolver la crisis de la democracia, tesis compartible, no sin reiterar la admisión de que la tecnopolítica permite la edificación de espacios hasta hace poco impensados que deberán encontrar en una dinámica interna la superación de la eficiente organización para llegar más lejos, a la superación de la utopía. No puede haber lugar a dudas que el ciberespacio ya está aquí como potencia instituyente de nueva ciudadanía.

Es cierto que en muchos casos Internet sigue siendo una vía desmejorada de alivio psicológico, lo que se llama del “simple hablar” y que muchos intentos se han hecho fragmentarios, intermitentes o inconclusos pero, aún así, ha seguido conformándose la interacción no mediada, el rescate del espacio público, el protagonismo común y, sobre todo, la construcción de una ciudadanía social. Digámoslo: la tecnología no basta, se requieren procesos de cambio de cultura política, de la organización de la esfera pública y de los procesos del pensamiento. Una complejidad que no debe angustiar.

 

 

En la pre-tecnopolítica

 

La política se ejercía a la espera de las decisiones de lo que comúnmente en Venezuela se dio en llamar “cogollos partidistas”. Se estaba, entonces, bajo el reinado omnímodo de los partidos políticos, unos en los cuales militar era sinónimo de orgullo y pertenencia. Los partidos se enorgullecían del número de sus militantes y de su poder de influencia, uno que se traducía en el “trabajo” de conseguir nuevos adherentes. En las sedes de los partidos políticos se hacía la política. La irrupción de la tecnopolítica llevó por ello a la frase, creo que originada en el 15M español, de cambio de las sedes a las redes.

La política era la encarnación de las decisiones verticales emanadas de la cúspide de la sede a través de los mecanismos de organización, una que era recibida como sacrosanta emanación de “la dirección nacional”, una que se fue endureciendo hasta convertirse en un cascarón hueco cuyo poder derivaba del acatamiento incondicional.

La no participación en la toma de decisiones, aunada a la esclerosis en cuanto a toda comprensión de los procesos sociales y al endurecimiento de costras dirigentes, fue parte de la democracia representativa y pretecnológica. Lo interesante a destacar es que en Venezuela se sigue viviendo, dentro de su particular y dramática situación, en el mismo punto. Tenemos una población inerme que espera instrucciones, bien sea desde las múltiples sedes o de la sede única donde ha sido implantada el entendimiento entre todas.

En la generalidad de los países irrumpió la ruptura de la comunicación unidireccional de arriba hacia abajo, con sus tradicionales medios de información de masas, a una de redes sustituyendo sedes, multidireccional, sin receptores cautivos sustituidos por una multiemisión, emisores en actividad de empoderamiento. Esta irrupción de la tecnopolítica provocó, sin que examinemos en detenimiento sus logros y fracasos posteriores, todos los movimientos de que hemos sido testigos, desde “primaveras” hasta “indignados”.

La tecnopolítica es, pues, definible como la apropiación de las herramientas digitales para permitir una acción colectiva, esto es, para permitir la reapropiación de la política por parte de los ciudadanos en lo que ha constituido el mayor desafío a lo que denominaremos “vieja democracia”, uno encarnado en un empoderamiento capaz de romper la verticalidad descendiente y frustrante de la obsoleta imposición desde arriba. En otras palabras, el avance tecnológico ha hecho posible la prescindencia de los intermediarios, la emersión de una conciencia-red con el uso de los elementos telemáticos y, claro está, la elaboración del relato desde una vocación colectiva.

Si recordamos los episodios donde Internet, o en particular las redes sociales, ha tenido un protagonismo podríamos alegar fracasos, pero siempre en las conclusiones, no en el proceso de convocatoria y de empuje. Se ha alegado que la tecnopolítica, hasta ahora, ha tenido una manifiesta incapacidad para producir procesos pues tiende a quedarse en el acontecimiento intermitente o en la carencia de un lugar a donde dirigirse después de él. Podemos admitirlo, pero el hecho mismo del cambio en la transmisión cultural hace de la tecnopolítica un fenómeno fundamental de este tiempo, lo que algunos autores definen como la superación de lo alfabético-crítico hacia lo pos-alfabético y configuracional. No olvidemos que con el uso del instrumento tecnológico estamos poniendo en comunicación a mentes de estructuras internas diferentes y a ratos incompatibles, lo que exige una mutación de la subjetividad social y la aparición de una socialización de las multitudes conectadas, lo que exige nuevas maneras de expresión inteligente y de acción colectiva. Estos “enjambres sociales” no pueden conformarse desde la simple reacción sino desde la interacción y de la movilización de la psique.

En Venezuela no se ha creado una conciencia de red, ni modificación alguna en el uso de la herramienta digital y, mucho menos, la superación de la dependencia del verticalismo que emite coordenadas y órdenes, ni una coordinación de inteligencias que deje sin efecto el poder anulatorio de todo proceso de empoderamiento que siguen emitiendo los viejos jefes de la verticalidad. En otras palabras, el pésimo uso tecnológico que se da en Venezuela ha impedido la creación de entidades sociales.

Una mirada a las experiencias vividas en torno a movimientos sociales originados en la red, puede darnos indicativos claves para comprender la omisión venezolana, como es el caso del 15-M español reflejado en libros como Tecnopolítica, Internet y r-evoluciones (Alcazan,Arnaumonty,Axebra, Quodlibertat, Simona Levy, Sunotissima, Takethesquare y Toret).

En efecto, si miramos la red como confluencia de comunicación, conocimiento y afecto, elementos de la subjetividad, debemos tomarlos como componentes de la productividad social y del común, un espacio donde se puede construir un imaginario y una autoorganización, una real comunicación intersubjetiva entre singularidades que en Venezuela continúan aisladas y atomizadas.

En otras palabras, las redes deben servir para expresar la indignación confabulada en común, (mientras aquí sigue presidiendo un exacerbado individualismo), no sin advertir que una vez producida esta se entra en serios problemas de organización. Un elemento debe ser la organización previa de diversos grupos que van sumándose al tejido de la red. Sin interconexión de estos intereses particulares hacia un punto de seguimiento común es imposible el encuentro de los valores colectivos, lo que conlleva a la recurrencia a los viejos métodos de la pre-tecnopolítica.

La clave parece ser, desde la “primavera árabe” hasta los movimientos de “indignados”, lo que los analistas llaman comunicación entre realidades –la virtual y analógica- hasta ir conformando un proceso de alfabetización digital. Logrado este objetivo se abre la hibridación de lo común conectado. Esto que en los términos actuales se llama nueva subjetividad tecnopolítica requiere un cambio drástico en los procesos comunicativos, empezando por el lenguaje. Esto es, la visualización de un estado de ánimo generalizado sumido en el aislamiento debe ser abordado desde la comprensión de la ruptura de la intermediación, desde la multiplicidad de las conexiones y hasta la aparición de la nueva subjetividad que implica la multiplicación de la inteligencia colectiva. Es menester transformar el malestar personal en proceso de politización reunida. Para decirlo de manera más precisa, las redes deben ser neuronales, sociales y digitales hasta la creación de un estado de ánimo común.

Los hábitos se modifican, se usan de otra manera las herramientas digitales y los canales de comunicación se transforman mediante la conformación del intelecto general. La nueva autonarración debe atravesar la realidad. En ello el lenguaje juega un papel esencial, dado que a lo establecido le es fácil determinar enemigos a los que puede encarcelar, pero muy difícil enfrentar sus contradicciones internas.

Internalizar lo nuevo que viene siempre de un cambio implica dejar de lado las competencias, como la aparición de la necesidad común implica olvidarse de la búsqueda de espacios de poder. Lo que se debe buscar es el conocimiento que aparecerá de la inteligencia colectiva.

tlopezmelendez@cantv.net

 

 

 

 

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López Meléndez hoy en su cuenta en Face Book

Posted by Teódulo López Meléndez en marzo 12, 2015

Teódulo López Meléndez publicó estas notas en su cuenta de Face Book en torno a la suspensión de la reunión de cancilleres de UNASUR en Montevideo. Para leer en orden ascendente.

En definitiva lo que corresponde a UNASUR no es un panfleto antiimperialista. Lo que tiene que hacer es manifestar su grave preocupación por el deterioro de las relaciones entre USA y Venezuela, pedir urgentes contactos bilaterales de alto nivel y ofrecerse como mediador.

 

Otro detalle: Uruguay presidente pro-tempore de UNASUR: La agresión de Maduro contra su vicepresidente provocó un llamado al embajador venezolano. No se admite públicamente, pero pesa: Maduro le dijo estúpido a Pepe Mujica por su llamado de atención sobre un golpe militar de izquierda.

 

En las acciones norteamericanas hay que leer un mensaje a UNASUR: Uds. no actuaron para bajarle la presión a la olla sino para aumentarla. Ya vieron las consecuencias.

 

Para este fin de semana se esperan fuertes manifestaciones en Brasil. El debate se concentra en la conveniencia o inconveniencia de Impeachment contra Dilma. Sudamérica no está en condiciones de jugar al “ángel protector”.

 

La convicción norteamericana de que era imposible morigerar al régimen venezolano llegó al máximo después de la visita de UNASUR a Caracas. No olvidemos que Argentina, y especialmente Brasil, están en serios problemas internos, suficientes como para evitarse complicaciones.

 

Como dije en su momento una de las razones que llevó a EE.UU a romper el muro de contención que se había impuesto fue la deplorable actuación de UNASUR en Caracas. Varias cancillerías sudamericanas están aprehensivas lo que conllevó al aplazamiento de la reunión de cancilleres en Montevideo

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La complejidad tecnológica

Posted by Teódulo López Meléndez en marzo 11, 2015

Artículo de Teódulo López Meléndez en el diario “El Universal” (11/03/15)

complejidad 3

http://eluniversal.com/opinion/150311/la-complejidad-tecnologica 

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Política y lenguaje: Deterioro paralelo

Posted by Teódulo López Meléndez en marzo 7, 2015

deterioro 2

Teódulo López Meléndez

Cuando una sociedad se corrompe, lo primero que se gangrena es el lenguaje.

 Octavio Paz

El tema del lenguaje ha sido siempre de interés de la filosofía. Sobre el desgaste del lenguaje o sobre la muerte de las palabras o sobre la relación entre mundo y lenguaje actuaron dos filósofos contemporáneos entre sí, como Heidegger y Wittgenstein, dejándonos expresiones como el hundimiento del lenguaje en la decadencia o de la búsqueda del sentido original de las palabras. Sobre las palabras, como signos convencionales, dejaron abierta la duda sobre la correspondencia entre ellas y los objetos.

Más allá, o más acá, de los filósofos expresando su búsqueda, encontramos la referencia directa a un deterioro del lenguaje en el siglo XXI, uno que parece compartido entre los medios tecnológicos y los actores políticos. Admitimos al lenguaje como un cuerpo vivo en constante transformación y sujeto a periodizaciones, pero también que toda descomposición del lenguaje implica una descomposición social. Quien tiene una lengua empobrecida simplemente ya no piensa.

El impacto tecnológico sobre el lenguaje ha provocado incertidumbres e interrogantes pues, en cualquier caso, están modelando nuevos procesos cognitivos y nuevas estructuras mentales. El lenguaje es expresión del pensamiento, la capacidad lingüística elabora reflexiones. El empobrecimiento del lenguaje a través del Messenger, del chat o de redes sociales con número limitado de caracteres ha sido señalado en innumerables ocasiones.

Al mismo tiempo que uno de los temas claves de las primeras dos décadas de este siglo ha sido el deterioro de la democracia; podemos apreciar un deterioro paralelo del lenguaje, de una crisis del debate público que conlleva a señalar a los actores políticos como unos vacíos de contenido y como pervertidores de este último. El lenguaje de los políticos se ha vuelto nimio, liviano, una nominación de insignificancias. La mentira descarada, la destrucción de la sintaxis, la aberrante “feminización” en ruptura de todas especificidades de nuestro idioma, la ausencia de sustancia argumentativa, el uso de todas las argucias para engañar, han convertido a los inertes ciudadanos en receptores de lenguaje corrompido. Seguramente lo que Giovanni Sartori llamaría “videopolítica”.

El filósofo italiano acuñó el término pensando en la imposición de la imagen, pero sus comentarios son pertinentes sobre la incidencia del lenguaje en el tema que nos ocupa porque se trata de una transformación radical del “ser político” y de la “administración de la política”. En efecto, este efecto distorsionador es más notorio en regímenes totalitarios, pero igual en democracias deformadas donde existe una oposición que contribuye a que los procesos de opinión no se produzcan de abajo hacia arriba sino en cascadas que se contraponen a lo que viene de abajo. En otras palabras, lo que resulta es una opinión masivamente heterodirigida que vacía a la democracia como gobierno de opinión, dado que lo que se produce con el descarrilamiento verbal es un seudoacontecimiento resultante de una manipulación. Sartori agrega a la lista las estadísticas falsas, amén del predominio del ataque y de la agresividad, como lo presenciamos a diario.

Los significados se tuercen y se define incorrectamente todo lo del ámbito público, desde poder hasta revolución, desde inflación hasta la política carcelaria, pasando por convertirlo en instrumento de violencia. Rafael Echeverría (Ontología del lenguaje, Dolmen, Santiago 1994) definió este derrumbe como “el giro lingüístico” que tomó el lugar de la razón.

Si la filosofía definió al lenguaje como el que permite el advenimiento y apertura del Ser, podemos advertir que el de los actores políticos y del debate público siembra anticipadamente la oscuridad. El empobrecimiento del lenguaje desarticula el pensamiento y sin él no hay ideas y sin ideas es imposible cualquier vía de escape de la realidad mortificante que atosiga a un cuerpo social en ese oscuro momento.

Es evidente que la palabra deterioro equivale a disminución de lo entero. No saben ya los actores de una vida pública acezante nombrar totalidades, redactar su textura. También podemos denominarlo decadencia que encuentra en la conducta desorientada su normal consecuencia. Estamos ante la ausencia del diálogo que se origina en el lenguaje y que ha sido sustituido por balbuceos, uno que sólo encarna simulación. La cesura del lenguaje transmisor equivale a sumisión social en el marasmo. La clase política no dice, dicta. El lenguaje ha sido reducido a instrumento de imposición que, por ende, elimina todo pensamiento. El lenguaje es, en la admisión de las diferencias, un reconocimiento de semejanza.  Un pueblo habita en su lenguaje de manera que el deterioro programado y ejecutado sin piedad por la clase política es un atentado a la pervivencia misma de ese pueblo.

Se recurre al eufemismo, un recurso aceptado en todos los idiomas, pero cuando un régimen, o quienes argumentan oponérsele, viven de él, se convierte en un enmascaramiento, en la forma habitual de las engañifitas, en una deformación del lenguaje que alcanza los linderos de un intento de dominación. Asistimos a diario a un emparentar  de palabras que sólo muestran vacío cultural. La vida pública se ha convertido, pues, en un territorio reservado a los depredadores. Ese deterioro del lenguaje deteriora la política y, a su vez, la política deteriora el lenguaje, en un realimentarse perverso que lo primero que aleja de la palabra es toda credibilidad.

En Venezuela hay análisis como El personalismo en el discurso político venezolano (Un enfoque semántico y pragmático) (Universidad del Zulia, Maracaibo. 1999), y muchos otros más de admirable oficio, de la profesora Lourdes Molero de Cabeza, estudio sobre los discursos de Hugo Chávez en la campaña presidencial de 1998 y durante su primer año de gobierno, donde podemos apreciar el personalismo en la perspectiva lingüística mediante la construcción del “yo” vía autoreferencias o comparación con personajes históricos. La autora destaca el estudio del discurso político desde Hobbes y el señalamiento en Austin y Searle del lenguaje como una forma de acción y a Chilton y Schaffner (Política como Texto y conversación: enfoques analíticos al discurso político) puntualizando como los términos del debate político, como los procesos políticos mismos, están constituidos por textos y habla y son comunicados por esos medios.

La política como discurso ha sido objeto de estudios desde hace mucho tiempo, en particular el lenguaje que corresponde al totalitarismo. George Orwell lo abordó en su obra fundamental 1984, pero también hay consideraciones suyas muy interesantes en un artículo publicado en 1946 bajo el título “La política y el lenguaje inglés”, donde insiste como la decadencia del lenguaje tiene causas políticas y económicas y de cómo el lenguaje se vuelve tosco por lo disparatado de nuestros pensamientos, pero al mismo tiempo la dejadez de nuestro lenguaje hace que pensemos disparates. Orwel observa como la voz de los políticos va careciendo de lenguaje nuevo, llenándose más bien de oscuras vaguedades. Si bien su crítica se centraba en el inglés son oportunos sus comentarios sobre la brecha entre los objetivos reales y los declarados y sobre los padecimientos del lenguaje en una atmósfera enrarecida.

El tema es puntual en el proceso de degradación generalizada de la política y del lenguaje al que asistimos en estas dos primeras décadas del siglo XXI, especialmente si se vive en un país donde ambos han llegado al extremo de la esterilidad. En países como España y Argentina, amén del nuestro, se vuelve a reflexionar sobre si la desvitalización del lenguaje se debe a la decadencia de valores morales y políticos o si el lenguaje no hace otra cosa que reflejar su agonía. Es obvia la presión degradante de la decadencia cultural sobre el lenguaje, apreciable en los mensajes emitidos desde el poder donde la vulgaridad y lo grotesco son mostrados como bienes adquiridos gracias al “proceso” encabezado por quienes hablan. Es tal el grado de importancia de esta caída de la palabra que podemos hacer una equivalencia con la subordinación a una voluntad despótica. En otras palabras, se trata de convertir sus cadenas significantes (llamadas en psicoanálisis “armazones de semblante”) en la verdad misma. El goce de la masa reunida, usada como escenografía, es harto difícil de superar como tal, pero es también cierto que la propia estructura de este discurso que excluye la realidad puede dar lugar a un deseo inconsciente de terminarla.

La filóloga, escritora y política española Irene Lozano nos habla en su libro “El saqueo de la imaginación” del cambio de sentido de las palabras en el lenguaje político lo que conlleva a un engaño generalizado para los valores de una sociedad y, obviamente, para la relación semántica entre las palabras. Y agrega que esta inestabilidad léxica o confusión semántica reflejan una carencia de sentido.

Ciertamente sabemos de una crisis generalizada, de un mundo agotado que se muestra incapaz de producir los elementos claves sustitutivos, a lo que debemos añadir, si es el verbo que cabe, el deterioro paralelo del lenguaje y de la política, las dos bases posibles para encontrar el camino. Por si fuera poco, el renacimiento de la manipulación lingüística llega en variados casos a tales extremos que muestran un retorno totalitario al uso de la destrucción de la palabra como arma fundamental de una neodominación. Para esta ideologización que desplaza el sentido original de las palabras Jorge Majfud encontró la expresión “narración invisible” en su texto “Teoría política de los campos semánticos”. “Palabras envenenadas”  llama Lozano a estas a las que atribuye precisamente “un saqueo de la imaginación”.

La consecuencia obvia de esta degeneración del lenguaje y de la política es la dificultad de hacer entender un lenguaje que hable con la verdad, que disienta de aquél que pronuncia el poder (de quien lo ejerce desde cualquier trinchera) y que rompa con la cascada diaria de la alteración, dado que el ciudadano ha sido degenerado a polichinela incapaz de entender para encontrarse a sí mismo.

tlopezmelendez@cantv.net

Publicado en Creatividad Internacional http://www.creatividadinternacional.com/profiles/blogs/pol-tica-y-lenguaje-deterioro-paralelo?xg_source=activity

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Lo que hay que hacer

Posted by Teódulo López Meléndez en marzo 5, 2015

opinadores

Alberto Medina Méndez

Es muy frecuente escuchar esta arrogante frase en estos tiempos. Casi todos los ciudadanos, de uno u otro modo, tienen la tentación de convertirse en ese consejero universal capaz de señalar las líneas de acción sobre las que la sociedad toda debería trabajar para su progreso.

No es que esa posición en sí misma sea incorrecta. Es saludable que la gente se interese en lo que pasa, le preocupe genuinamente lo que ocurre a su alrededor e impacta en sus vidas. Es útil tener un diagnóstico propio respecto de lo que sucede y animarse a sugerir diferentes caminos posibles.

Todo se complica, y mucho, cuando esa postura es escoltada por una conducta individual ambigua. No es que la gente no pueda, o no deba opinar. Es muy bueno que así sea. El dilema comienza cuando ese análisis agudo no está en sintonía con la labor cotidiana. No sirve demasiado decir “lo que se debe hacer” si eso no viene de la mano de un compromiso personal intransferible que conduzca a la concreción de esa anhelada visión.

Los problemas que se enfrentan a diario no precisan solo de un acertado diagnóstico y una elaborada orientación sobre los pasos a seguir. Es imprescindible también, que esa misma gente, esté dispuesta a pasar a la fase de implementación y pueda protagonizar esa etapa.

Sin embargo, en los últimos tiempos, la apatía imperante y cierta inocultable abulia ciudadana, han dado nacimiento a una perversa postura, que demuestra elevados niveles de contaminación cívica y poco ayudan.

Se trata de la aparición de una generación de opinadores seriales que se quedan siempre a mitad de camino. No solo no pasan a la acción, sino que aspiran a instruir al resto sobre lo que deberían hacer por el bien de todos, aunque no están dispuestos a mover un dedo para que ello suceda.

No solo pretenden dar las órdenes, sino que además esperan que la multitud los siga como rebaño, y si no lo hacen a su manera, se ofenden como si fuera un deber que todos comprendieran y acataran sus mandatos.

Este gesto social crece permanentemente. Se visualiza fácilmente cierto nivel de autoritarismo no asumido que preocupa. Muchos de estos personajes que opinan, esperan un apoyo irrestricto. Se incomodan porque no obtienen los  recursos suficientes para emprender su mesiánica causa, porque los dirigentes políticos no toman nota de tan brillantes ideas, ni los ciudadanos se entusiasman frente a ese apasionante sendero propuesto.

Tal vez, la tarea pasa por entender que si se desea fervientemente que algo suceda, se debe poder tomar las riendas del asunto y hacer algo concreto al respecto. Y no es que no se pueda opinar si no se hace algo. Es que no es razonable decidir que no se tiene tiempo, ganas o habilidad para un objetivo, y esperar que el resto asuma ese deber moral de hacerlo.

Se debe reflexionar profundamente sobre esta cuestión con absoluta honestidad intelectual. Todos tienen derecho a pensar y a decir lo que sea. También a emprender los proyectos en los que creen férreamente. A lo que no se tiene derecho es a pretender que los demás tomen las causas propias como eje de sus vidas y las ejecuten del modo que otro ha diseñado.

Como en la vida misma, si alguien cree en algo, tiene la responsabilidad de intentar que se haga realidad, pero no puede esperar que los demás lo conviertan en su meta vital.

Si esta premisa se comprendiera, probablemente la sociedad dispondría de más proyectos interesantes, de mayor cantidad de personas con ganas de gestar el cambio. Por ahora, solo existe mucha gente opinando, muy pocos haciendo lo correcto, y una inmensa cantidad de individuos frustrados, porque el mundo no hace, a su manera, lo que ellos sueñan para los demás.

Es bueno saber “lo que hay que hacer”. Es positivo tener infinitas ideas disponibles. Algunas serán contrapuestas y otras complementarias. Lo que se debe poder abandonar, es la despótica e insolente actitud de pretender que el resto haga lo que individualmente no se está dispuesto a encarar.

Si se aspira a contar con apoyo masivo y el acompañamiento de miles de ciudadanos y que esas ideas personales se plasmen en la realidad, pues habrá que tener la determinación suficiente para  liderar ese proceso, y tener las agallas para invertir tiempo, trabajo y dinero en ese sueño propio.

Si semejante pasión no es suficiente, si la convicción no alcanza, pues habrá que asumir que no es demasiado importante y entonces apelar a la humildad necesaria para dejar vía libre a los que tengan esa decisión.

Es una enorme virtud proyectar. Es muy conveniente y provechoso opinar. Muchos insisten en que saben “lo que hay que hacer”. Pues entonces, tendrán que tomar la determinación de hacer lo necesario, de alinear discurso y acción, o de sumarse a los que están en el itinerario más cercano. Pero lo más trascendente es aprovechar esta excelente oportunidad de abandonar la mezquina actitud de imponer al resto una agenda, a la que no se está dispuesto a invertir esfuerzo personal. No es moralmente correcto pedir a los demás que hagan lo que uno no tiene el coraje de llevar adelante. Es indispensable sincerarse. Y sobre todo asumir las propias debilidades con gran hidalguía.

albertomedinamendez@gmail.com

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Clave de la incertidumbre

Posted by Teódulo López Meléndez en febrero 25, 2015

Artículo de Teódulo López Meléndez en el diario “El Universal”( Miércoles 25/02/15)

Incertidumbre

 

www.eluniversal.com/opinion/150225/clave-de-la-incertidumbre

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El velorio interminable

Posted by Teódulo López Meléndez en febrero 23, 2015

Artículo de Teódulo López Meléndez en el diario “Tal Cual” (Lunes 23/02/15)

velorio interminablewww.talcualdigital.com/Nota/visor.aspx?id=113606&tipo=AVA 

 

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PODEMOS, la política y la cobardía

Posted by Teódulo López Meléndez en febrero 23, 2015

Podemos

Fernando Mires

Afirmaba Kant que si bien política y moral son dos cosas distintas, no puede ni debe haber contradicción entre ambas. Por eso mismo, cuando aparece la contradicción se trata de un síntoma de que algo no anda bien en la política o en la moral. Ha llegado entonces el momento del debate y de la rectificación. Esa es también la razón por la cual los debates políticos adquieren cada cierto tiempo un formato predominantemente moral.

Moral ha sido también el tono de la crítica pública ejercida en contra del dirigente del nuevo partido español Podemos, Juan Carlos Monedero, debido a las altas sumas de dinero recibidas de gobiernos por dirigir (monitorear, dicen los sociólogos cursis) proyectos que nunca fueron realizados. Crítica muy lógica por lo demás. Los de Podemos lograron instalarse en la escena pública como portadores de un fortísimo cuestionamiento moral no en contra de algunos políticos, sino de toda la clase política española, denominada por ellos como “la casta”.

Lo menos que podían esperar entonces los dirigentes de Podemos era ser medidos con la misma vara con la que ellos miden a los demás. Por ese mismo motivo, los servicios prestados por Monedero y otros miembros de Podemos a los gobiernos del ALBA demuestran algo muy obvio: Podemos no está formado por vírgenes del paraíso y sus dirigentes están tan contaminados por el vil dinero como cualquier miembro de la maligna casta; más aún, ya son parte de ella.

Y bien, aunque parezca afirmación sorprendente, para quienes no usamos la misma vara de Podemos -es  decir, para quienes creemos que los seres santos y virtuosos hay que ir a buscarlos en las religiones (supongo) pero nunca en la política- los dineros recibidos por Monedero no ameritan ningún gran desacato a la moral pública. Ese tema se lo dejamos a los moralistas, entre ellos a los de Podemos. Vale la pena recordar en ese punto a Max Weber cuando escribía que los políticos moralistas son por lo general grandes inmorales políticos (Robespierre, Stalin, entre otros)

Pero para quienes no andamos con el dedo acusando a nadie, las supuestas o reales faltas de Podemos no constituyen gran escándalo. Porque, coño, hay que ser justos: Monederos no recibió dinero como dirigente de Podemos sino como sociólogo, politólogo o sabe Dios que otro logo. Es decir, como un profesional que va, ofrece, presta y vende servicios a un buen postor. ¿No es acaso lo mismo que hacen cientos, quizás miles de investigadores sociales en todo el mundo?

En largos años de vida académica he tenido oportunidad de conocer a habilísimos vendedores de fantásticos proyectos quienes lograban financiamientos de empresas y fundaciones, organismos internacionales e incluso Estados. Por cierto, la mayoría de esos proyectos quedaron a medio camino. Y si alguna vez fueron entregados, su informes eran amontonados en estantes en espera de que algún miembro del personal de aseo tenga la buena idea de echarlos al tacho de la basura. De modo que no seamos hipócritas. Si Chávez se dejó embaucar por Monedero, ese fue un problema de Chávez y no de Monedero. Monedero vendía, Chávez compraba. Pura y simple ley de la oferta y de la demanda.

¿Dónde está el problema? Ah, dirán algunos: El problema reside en que Monedero se hizo pagar por gobiernos antidemocráticos y con abiertas tendencias totalitarias. ¿Y por qué debe sorprendernos si ha sido así? Mucho más grande habría sido el problema si Monedero hubiese sido un conservador o un neo-liberal y después hubiera vendido su capacidad intelectual (nótese, escribo intelectual sin comilla) a un gobierno socialista. Pero no. Monedero parece ser socialista de nacimiento, siempre ha sido de izquierda y nunca lo ha negado. Venera a la dictadura de los Castro y tal vez piensa que la caída del muro de Berlín fue un gran error histórico. Seguramente cree en el socialismo del siglo XXl, en la dictadura del pueblo y en la maldad infinita del imperio. Pero, aunque todo eso nos parezca absurdo, él, como ciudadano y político está en el derecho a creer lo que le dé la gana. España es plural y democrática.

Incluso si Monedero pensara que Stalin, Mao o  Calígula, fueron grandes líderes históricos, ese atañe a Monedero y a nadie más. Eso significa, Monedero prestó servicios a Chávez, su comandante eterno. Y si por realizar sus creencias y dar curso libre a sus convicciones fue, además, “bien pagao”, tanto mejor para él. Repito: ¿Dónde está el problema?

El problema, dirán otros, es que ni Podemos ni mucho menos Monedero se han distanciado de su pasado chavista. Solo Pablo Iglesias ha tenido el atrevimiento de afirmar que Maduro hace cosas buenas pero también cosas malas (si es así, Franco también hizo “cosas buenas”, piensa uno). ¿Y por qué tienen que distanciarse?  -es mi pregunta obvia-. Si los electores de Podemos votan por un partido que se dice moralista y no lo es, que proclama valores democráticos y no los practica, que cree en el pluralismo y sigue atado a gobiernos que han echado por la borda la libertad de opinión, de asociación y de prensa, eso es un problema que deben resolver los electores de Podemos. Nadie más.

Hasta aquí entonces mi alegato sobre las irregularidades de Podemos. Pero solo hasta aquí. Pues, si no hay grandes problemas en el hecho de que Monedero hubiese recibido dinero por sus mercancías socio-marxistas, si no hay ningún problema en que Monedero profese la ideología que le parezca más linda y si no hay problema en que Podemos tenga un pasado anti-democrático, eso no significa que no hay ningún problema. Hay, efectivamente, otro problema.

Ese otro problema es que el tema de las violaciones a los derechos humanos cometidos por el régimen de Maduro se encuentra en la primera plana de los medios españoles de comunicación y Podemos no dice nada. El problema es, además, que los dos partidos de “la casta”, el PSOE y el PP, se pronunciaron enérgicamente en contra del régimen venezolano y Podemos no dice nada. El problema, por último, es que los dirigentes de Podemos son los políticos españoles que más y mejor conocen por dentro al régimen chavista y Podemos no dice nada.

Entiéndase bien: nadie está pidiendo a Podemos un pronunciamiento sobre los derechos humanos en el Tibet o en Mongolia. Pero el mencionado es un tema del cual ellos no son espectadores. Por el contrario, son y han sido parte. Dicho más radicalmente: Podemos es libre, si así lo decide, de pronunciarse a favor de Maduro. Pero ¡díganlo! Porque si Podemos defiende con argumentos la prisión del dirigente de Voluntad Popular, Leopoldo López, a la prisión del alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, y la de tantos otros ciudadanos, estaría cumpliendo con el papel de un partido político, el de plantear posiciones contra los otros partidos frente a los cuales ellos imaginan ser tan diferentes.

Hannah Arendt distinguía dos tipos de verdades. La verdad de opinión y la verdad de hecho. Y bien; más allá de cualquiera opinión, en Venezuela están ocurriendo hechos que contradicen la letra y el sentido de la Declaración de los Derechos Humanos. Son hechos, no opiniones. Y el deber de un partido es pronunciarse con opiniones frente a la verdad de los hechos. Callar frente a la realidad es simple cobardía.

Cobardía es un término más moral que político pero demuestra la exactitud del pensamiento de Kant cuando escribía que moral y política son dos cosas muy diferentes aunque no pueden existir separadas. O, para decirlo con los términos del uso diario que aprendí en mi país natal: lo que tantos ciudadanos españoles y venezolanos está exigiendo a los dirigentes de Podemos es que no se sigan haciendo los huevones. Así no más. No sé si se entiende.

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El síndrome de abstinencia de poder

Posted by Teódulo López Meléndez en febrero 18, 2015

síndrome de abstinencia

Alberto Medina Méndez

El ejercicio del poder, bajo cualquiera de sus formas, tiene algunas semejanzas con el consumo de alcohol, drogas o tabaco, y no se aleja demasiado de lo que ocurre con el juego o cualquier otra adicción.

Los individuos que se han acostumbrado a ciertas situaciones parecen tener serias dificultades para abandonarlas y se someten a una atracción ilimitada por las sensaciones que les produce seguir haciéndolo. Luego de un lapso considerable, cuando ese comportamiento se transforma en rutina, no pueden dejar todo de la noche a la mañana, no al menos sin sufrir dramáticamente, las inevitables consecuencias que ello ocasiona.

Esta comparación puede resultar algo audaz desde lo conceptual, pero la abstinencia que se produce al dejar de ejercer un cargo, permite trazar este paralelo e intentar recorrer imaginariamente esta analogía que ayuda a comprender el trágico proceso por el que atraviesan los poderosos.

La diferencia más destacable respecto de esas otras adicciones, es que de la mayoría de ellas es posible salir cuando previamente se decide hacerlo. No es que sea simple lograrlo, porque ello implica un difícil trance de profunda autocrítica y revisión interna. A veces se da como resultado de la saturación y los excesos, pero generalmente es gracias al explicito reconocimiento de que lo vivido ha sido una experiencia altamente destructiva.

El poder, por el contrario, no se abandona por una determinación individual, sino por la existencia de factores externos, ajenos a la voluntad y, casi siempre, por imperio de las circunstancias. Los que lo ostentan se nutren a diario de esos paradigmas hasta convertirlos en los ejes centrales de sus vidas. Si dependiera exclusivamente de ellos, se quedarían para siempre.

La mayoría de las veces, son las instituciones las que establecen los límites a esa tentadora eternización que tanto cautiva, y en otros casos son solo las vicisitudes de la política las que disponen el irreversible fin de un ciclo.

Lo interesante y distinto es que el mandamás de turno, sufre los primeros síntomas de este síndrome muchos meses antes de su efectiva abstinencia. Tiene plena conciencia de que su futuro no será una extensión del presente, que lo que conoce y le brinda seguridad, está próximo a culminar y que no podrá extender su sueño en forma indefinida como lo anhela.

Con bastante antelación sus actitudes y decisiones empezarán a tomar un giro inusitado. Todo a su alrededor se modificará de un modo lento pero en un sentido bien definido. Será un proceso duro pero también inexorable. Se ofuscará con facilidad, perderá la paciencia muchas veces, mostrará su impotencia en cuestiones menores.

El poderoso no tolera la idea de ser ignorado, de que las determinaciones en el futuro no pasen por sus manos y que el coqueteo típico de los aduladores de siempre, busque cierta cercanía con el nuevo líder, ese que potencialmente tomará el mando y lo heredará en la siguiente fase.

Este personaje no soporta siquiera imaginar ese momento en el que pasará a ser solo uno más. Sabe que la impunidad propia de quien tiene una dosis de poder, desaparece mágicamente para dar lugar a una ola interminable de revanchas absolutamente imaginables.

No solo serán cuestiones jurídicas, sino el resultado de esa sumatoria de conductas impropias, reiteradas hasta el infinito, que durante esa etapa, alimentaron todo tipo de rencores y odios, siempre asociadas a la soberbia y a la necedad como matriz. Así se construyeron esas enemistades, esas que se acumulan y que en algún momento intentarán saldar la cuenta de las heridas que han dejado los abusos tan habituales en esa actividad.

Si el sujeto en cuestión entendiera que la posición a ocupar es solo por un breve tiempo, que no ha llegado allí para quedarse eternamente, y que el cargo que tiene que asumir es solo en representación de otros y no de su propiedad personal, otra sería realmente la historia.

Por mucho que lo reciten, por políticamente correctos que intenten ser, el relato diseñado termina siendo solo una carnada para los desprevenidos. Ellos están convencidos de que el puesto obtenido es parte de su patrimonio personal y que tienen derecho a usufructuarlo con todo lo que eso significa. Tal es la confusión que por instantes creen que el cargo que ostentan y ellos, son lo mismo, solo dos partes de un todo.

Claro que algunas debilidades psicológicas propias de cualquier ser humano hacen también su trabajo. Las inseguridades personales, las frustraciones que arrastran y las historias individuales nunca exentas de carencias afectivas, influyen demasiado en la impronta que le imprimen a su tarea.

Es imprescindible entender la realidad para luego internalizarla. Es vital comprender que la posición que ha sido deseada, solo sirve para cumplir una misión y luego pasar la posta a los que vienen. Como en la vida misma, la tarea consiste en dejar un legado, en marcar una huella, no más que eso.

De eso se trata el liderazgo, de hacer historia, de tener grandeza, de transitar un camino que valga la pena ser recorrido, y seducir a los demás para que sean ellos mismos quienes sientan la necesidad de continuar por ese sendero, aunque para eso deban recurrir a nuevos protagonistas. Trascender es lo importante. Lo otro, el enfermizo ejercicio del poder, solo trae consigo secuelas negativas para todos, pero especialmente para quien sufrirá irremediablemente de su ausencia.

El poder enferma. Eso no es una novedad. Su carencia también puede dañar y mucho. Eso tampoco es noticia. Es bueno saber que no existe un antídoto garantizado para ese padecimiento. En todo caso, la presencia de una alta dosis de integridad moral puede atenuar su impacto y minimizar sus efectos. Transitar por el poder de un modo digno es posible, pero lamentablemente no es moneda corriente. Como en tantas otras facetas de la vida humana, también existe un síndrome de abstinencia de poder.

albertomedinamendez@gmail.com

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Psicoanálisis del poder

Posted by Teódulo López Meléndez en febrero 11, 2015

Artículo de Teódulo López Meléndez en el diario “El Universal” (Miércoles 11/02/15)

El Universal

http://www.eluniversal.com/opinion/150211/psicoanalisis-del-poder

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Disposición al desamparo

Posted by Teódulo López Meléndez en febrero 9, 2015

Artículo de Teódulo López Meléndez en el diario “Tal Cual” (Lunes 09/02/15)

desamparo

 

http://www.talcualdigital.com/Nota/visor.aspx?id=113190&tipo=AVA

 

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Una agenda universal para la transición a la sostenibilidad

Posted by Teódulo López Meléndez en febrero 9, 2015

realidad social

 

Uno de los grandes proyectos que marcan la agenda planetaria de este año es la aprobación en septiembre, por la Asamblea General de Naciones Unidas, de unos Objetivos de Desarrollo Sostenible y de una nueva Agenda de Desarrollo Global Post 2015 para la Transición a la Sostenibilidad. Se persigue con ello profundizar en los logros alcanzados con los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y también corregir sus serias limitaciones (ver Objetivos de Desarrollo Sostenible).

Se trata de un proyecto en el que Naciones Unidas viene trabajando desde 2012mediante un Grupo Abierto de Trabajo que ha favorecido una amplia participación ciudadana,corrigiendo así una de las más serias limitacionesde los ODM que se elaboraron para el periodo 2000-2015. En particular se ha contado con lareflexión colectiva de Beyond 2015/Más Allá del 2015, una campaña mundial de la sociedad civil global que ha llegado a movilizara más de 1200 organizaciones –entre las que se encuentra Educadores para Sostenibilidad- en más de 140 países en todas regiones del mundo y que ha estado involucrada activamente en el proceso post-2015 desde el inicio.

Ahora, del 17 al 20  de febrero, los Estados Miembros de Naciones Unidas se reunirán en Nueva York para una sesión de negociación intergubernamental de la Agenda de Desarrollo Post-2015, con objeto de acordar los elementos que deben integrar la Declaración Política Post-2015. Esta Declaración es un elemento fundamental de la Agenda post-2015, ya que fijará las aspiraciones y ambiciones de la misma. Resulta por ello de la mayor importancia que contribuyamos a crear un clima de presión ciudadana para que se elabore una Declaración Política realmente ambiciosa e inspiradora.

Invitamos por ello a todos los educadores a difundir y debatir las recomendaciones de la campaña Más Allá del 2015/Beyond 2015, fruto del trabajo coordinado de más de mil organizaciones ciudadanas, científicas, culturales, sindicales, etc. Se propone igualmente promover el envío, antes del 13 de febrero, de  cartas institucionales o personales, al correspondiente Ministerio de Relaciones Exteriores, solicitando que se tomen en consideración dichas recomendaciones, que reproducimos a continuación:

Recomendaciones para la Declaración Política sobre la Agenda Post-2015

La Declaración Política sobre la Agenda Post-2015 será un elemento clave del nuevo marco de desarrollo. Debe establecer el tono, reafirmar los compromisos y demostrar la voluntad política colectiva de nuestros líderes para lograr un mundo más libre y más justo, basado en los derechos humanos, la tolerancia, la Sostenibilidad ambiental, la solidaridad, la inclusión y la responsabilidad universal y compartida.

Beyond 2015 desea compartir algunas recomendaciones para la Declaración Política sobre la Agenda Post-2015:

VISIÓN

Esperamos que nuestros líderes se comprometan a una visión compartida de ‘Un mundo equitativo y sostenible en el que cada persona goza de sus derechos humanos y vive bien, en seguridad y resiliencia; un mundo en el que los sistemas políticos y económicos ofrecen bienestar a todas las personas dentro de los límites de los recursos del planeta’.

VALORES, PRINCIPIOS Y MENSAJES CLAVES:

Como fue el caso en la Declaración del Milenio de las Naciones Unidas (A/RES/55/2), la Cumbre Mundial de 2005 (A/RES/60/1) y el documento final de Río+20 ‘El futuro que queremos’ (A/RES/ 66/288), esperamos que la Declaración política sobre la Agenda Post-2015 (re)afirmará algunos valores importantes, principios y mensajes claves:

● Un mundo sin pobreza – El párrafo 2 del Informe del Grupo de Trabajo Abierto sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (GdTA) ofrece una buena fuente de inspiración al reconocer que “La erradicación de la pobreza es el mayor problema que afronta el mundo en la actualidad y es una condición indispensable del Desarrollo Sostenible.” La Declaración sobre la Agenda Post-2015 debe reiterar el compromiso de liberar con urgencia a la humanidad de la pobreza y el hambre (A/RES/66/288, párrafo 2).
Al hacerlo, también es importante que la Declaración deje claro que la pobreza es multidimensional, abarcando la escasez de recursos, de capacidades, de opciones, de seguridad y de poder. Además, el texto debe comprometerse a hacer frente al consumo excesivo en muchos países y a satisfacer las necesidades de los más pobres, que muchas veces no pueden ni siquiera satisfacer sus necesidades básicas, y se ven privados del acceso a su parte justa de los recursos del planeta.

La igualdad fue definida como un valor fundamental en las resoluciones A/RES/55/2 y A/RES/60/1, y es imperativo que se mantenga como un objetivo general y un conjunto específico de acciones en la declaración sobre la agenda post-2015. El párrafo 4 del informe del GdTA es claro sobre la necesidad de desarrollo “económico sostenible e inclusivo, desarrollo social y protección del medio ambiente, en beneficio de todos, en particular de los niños del mundo, los jóvenes y las generaciones futuras del mundo, sin distinción alguna por motivos de edad, sexo, discapacidad, cultura, raza, etnia, origen, condición migratoria, religión o situación económica u otra condición”.
La Declaración Política debe prometer que la agenda de desarrollo post-2015 no dejará a nadie de lado y que el acuerdo sobre los objetivos de desarrollo sostenible ofrecerá una garantía explícita de que ninguna meta será considerada cumplida hasta que sea cumplida en relación a todos los grupos sociales y económicos, especialmente los más vulnerables y marginalizados. Los Estados miembros deben convenir que en la implementación de la Agenda Post-2015, tratarán dehacer posible que todas las personas vivan una vida buena, con acceso a su justa parte de los recursos del planeta.
Al reafirmar la igualdad como un principio de la Agenda Post-2015, los Estados miembros deben también ponerse de acuerdo para reducir la desigualdad dentro y entre las naciones, reforzando la propuesta del GdTA. La Declaración Post-2015 debe también reconocer y abordar las inequidades y desigualdades en las estructuras de poder fundamentales. Debe aspirar a medir y combatir la desigualdad económica entre los más ricos y los más pobres y a reducir las diferencias extremas entre los quintiles superiores e inferiores de la población, tanto dentro como entre países.

● Universalidad y Responsabilidad Compartida: Son principios transformativos que deben reflejarse claramente en la declaración sobre la Agenda Post-2015. La universalidad como principio significará un reconocimiento por parte de los Estados miembros del hecho que la humanidad se enfrenta a los mismos desafíos mundiales, y que estos trascienden las fronteras. Todos los Estados miembros deben convenir en cambiar, cada uno con su propio enfoque pero con un sentido del bien común mundial (Informe de síntesis del Secretario General, párrafo 48). La declaración sobre la Agenda Post-2015 debe mantener la responsabilidad de todos los países de lograr todos los objetivos en su territorio al tiempo que contribuyen a alcanzarlos más allá de sus fronteras.
También es importante que la Declaración sea clara sobre las sensibilidades y especificidades de cada país, y que dé prioridad a los países con circunstancias especiales, incluyendo las necesidades de los Países Menos Avanzados, los países en desarrollo sin litoral, y las necesidades de los Pequeños estados insulares en desarrollo.
La declaración sobre la Agenda Post-2015 debe reconocer no solo los desafíos globales compartidos, sino también la obligación, la apropiación y la responsabilidad de cada país para responder a las necesidades de todos los demás. Esto debería incluir, por ejemplo, compromisos para evaluar la Sostenibilidad de los patrones de consumo existentes, la coherencia de políticas para promover el bienestar y la equidad, y el acuerdo para mantener en conjunto el consumo dentro de los límites de los recursos de nuestro planeta.
Además, la declaración debe reconocer la “responsabilidad colectiva de respetar y defender los principios de la dignidad humana, la igualdad y la equidad en el plano mundial, y el respeto de todos los habitantes del planeta, en especial los más vulnerables y de los niños del mundo, a los que pertenece el futuro” (A/RES/55/2, párrafo 2)

● Sostenibilidad Ambiental – esta debe basarse en el principio previamente acordado de “Respeto de la naturaleza” y la declaración debería subrayar la necesidad de un desacople absoluto del crecimiento económico y la degradación ambiental, para garantizar que el desarrollo se mantenga dentro de los límites ecológicos de nuestro planeta, reforzando los vínculos entre los aspectos ambientales, sociales y económicos del desarrollo. La declaración sobre la Agenda Post-2015 debe reafirmar el compromiso de velar por la promoción de un futuro sostenible desde el punto de vista económico, social y ambiental para nuestro planeta y para las generaciones presentes y futuras (A/RES/66/288, párrafo 1). La Declaración debería también reconocer las limitaciones de los recursos globales y los Estados miembros deberían acordar una distribución más equitativa de los recursos, así como del uso y del manejo sostenible de los recursos naturales renovables y no renovables. Adicionalmente, debería llamar a una rápida transición hacia patrones de producción y de consumo sostenibles.

● Derechos humanos: La Declaración sobre la Agenda Post-2015 debe basarse en los principios y en las normas de derechos humanos e impulsar todos los esfuerzos encaminados a hacer respetar, proteger y cumplir los derechos humanos y las libertades fundamentales (A/RES/55/2, párrafo 4) sobre los bases de igualdad y de no discriminación. La declaración política sobre la Agenda Post-2015 también debe reforzar los compromisos, las leyes y las normas internacionales de derechos humanos; prometer la coherencia de la Agenda Post-2015 con los compromisos existentes en materia de derechos humanos; así como reafirmar la universalidad, indivisibilidad,interdependencia e interrelación de todos los derechos humanos (A/RES/60/1): económicos, sociales, culturales, civiles y políticos. La Declaración también debe velar para garantizar la aplicación, por los Estados Partes, de los tratados internacionales de derechos humanos (A/RES/55/2, párrafo 9). La garantía del derecho de los pueblos indígenas al consentimiento libre, previo e informado y de participar en la toma de decisiones sobre la extracción de recursos naturales en sus tierras y territorios debe reflejarse en la declaración sobre la Agenda Post-2015. La declaración política debe garantizar la inclusión de las personas con discapacidad en todo el marco, en consonancia con la Convención de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.
Es esencial que la declaración sobre la Agenda Post-2015 presente un compromiso definitivo para la realización plena de los derechos legales, políticos, sociales y económicos de la mujer, incluyendo una influencia igual en todas las formas de toma de decisiones, el derecho igual de acceso y de propiedad sobre los recursos económicos propios, las finanzas, la propiedad y la tierra, la herencia y el crédito, así como el pleno reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos.
Los Estados miembros deberían convenir en no escatimar esfuerzos para poner fin a la violencia y el abuso en todos los contextos y en particular la violencia de género y la violencia contra los niños y otros grupos vulnerables, en particular mediante el trabajo infantil, el matrimonio infantil, las prácticas nocivas, y negando a los niños su derecho humano a un identidad legal.

● Sociedades pacíficas: La promesa de un mundo pacífico y más seguro debe ser reforzada, una vez más. La Declaración política sobre la Agenda Post-2015 debe expresar un compromiso claro para un mundo pacífico y resistente, donde las libertades políticas, la justicia y el imperio de la ley se cumplan. La declaración debe reconocer que el conflicto violento, la inseguridad y el abuso tienen consecuencias para los resultados del Desarrollo Sostenible en todas partes, y acordar hacer frente a sus raíces. Los Estados miembros deben acordar proporcionar un entorno propicio para construir sociedades inclusivas y pacíficas, a través de la promoción de la cohesión social y del acceso a la justicia para todos, y el manteamiento de instituciones políticas responsables y sensibles a nivel nacional para asegurar que los beneficios de la paz no se pierdan. La Declaración sobre la Agenda Post-2015 también debería llamar a la acción colectiva mundial para hacer frente a los flujos irresponsables e ilegales de fondos, armas y productos de conflicto.

● Participación y Solidaridad: La Agenda Post-2015 ha establecido un nuevo paradigma de participación abierto, inclusivo y constructivo con organizaciones de la sociedad civil y personas de todo el mundo en la configuración del marco que afectará directamente sus vidas. La Declaración Post-2015, por lo tanto, deberíacomprometerse claramente a la creación de estrategias nacionales de Desarrollo Sostenible, implementación, seguimiento y revisión de la Agenda Post-2015 a través de la participación significativa de todas las partes interesadas en todos los niveles (local, nacional, regional y global), especialmente de las personas que viven en la pobreza extrema y la marginación. La nueva agenda debería asimismo garantizar un entorno propicio para empoderar a las organizaciones de la sociedad para cumplir su función crucial de manera independiente (informe de síntesis del Secretario General, párrafo 129). La Declaración sobre la Agenda Post-2015 también debería reafirmar la solidaridad como principio y reconocer que “Los problemas mundiales deben abordarse de manera tal que los costes y las cargas se distribuyan con justicia, conforme a los principios fundamentales de la equidad y la justicia social. Los que sufren, o los que menos se benefician, merecen la ayuda de los más beneficiados” (A/RES/55/2, párrafo 6).

● Tolerancia: Fue un valor fundamental de la Declaración del Milenio (A/RES/55/2) y debe ser reiterada así en la declaración Post-2015.

● Cambio Climático: Consideramos que el artículo 8 del preámbulo del documento del GdTA (bien arraigada en la resolución A/RES/66/288) constituye una buena introducción para los compromisos en torno al cambio climático y debe incluirse en la declaración sobre la Agenda Post-2015. Particularmente las siguientes secciones “la naturaleza mundial del cambio climático requiere la cooperación más amplia posible de todos los países y su participación en una respuesta internacional efectiva y apropiada, con miras a acelerar la reducción de las emisiones mundiales degases de efecto invernadero” y el objetivo de ” mantener el aumento de la temperatura mundial media por debajo de 2ºC, o 1,5ºC con respecto a los niveles preindustriales” serían cruciales para mostrar la magnitud y la importancia de la tarea, haciendo referencia a la CMNUCC como principal foro para la negociación de un acuerdo vinculante sobre el cambio climático. Además, en la declaración sobre la Agenda Post-2015, los líderes mundiales deberían ponerse de acuerdo para promover un enfoque basado en los derechos humanos para abordar la adaptación al cambio climático, con el fin de evitar la exacerbación de las desigualdades.

● Economías sostenibles: Al adoptar la declaración sobre la Agenda Post-2015, los líderes mundiales tienen una gran oportunidad de ponerse de acuerdo para re-examinar la actual dependencia excesiva en el crecimiento económico como medida de progreso social y de desarrollo. Los Estados miembros debencomprometerse a ir más allá del PIB como principal medida de progreso y avanzar hacia medidas basadas en el bienestar y la Sostenibilidad del medio ambiente, reflejando elementos de los tres pilares del Desarrollo Sostenible. Los Estados miembros deben asimismo ponerse de acuerdo sobre la aplicación de regulaciones financieras integrales y adecuada en todos los países. La declaración sobre la Agenda Post-2015 debería subrayar el hecho de que la economía debe estar al servicio de las personas y del planeta.

HACIENDO DE LA AGENDA POST-2015 UNA REALIDAD

● Enfoque coherente: los Estados miembros deberían también comprometerse a un enfoque coherente en la implementación del marco Post-2015 y reflejarlo en la Declaración. Esto significa acordar el logro de una coherencia entre las políticas nacionales en ámbitos como el cambio climático, el comercio, la inversión y las finanzas, la agricultura, la energía, la seguridad alimentaria, la salud, la migración y el conflicto, fragilidad de las estructuras estatales y la seguridad.
Además, los Estados miembros deben encargar al Sistema de Naciones Unidas la aplicación de un verdadero enfoque coherente e integrado para apoyar a los Estados Miembros y otras partes interesadas en la implementación de la Agenda Post-2015. Un enfoque de “silos”, en el que entidades de Naciones Unidas persigan objetivos individuales u específicos, socavará el potencial transformador de la implementación de la Agenda Post-2015.

● Medios de implementación: Los Estados miembros deberían utilizar la declaración sobre la Agenda Post-2015 para delinear compromisos financieros creíbles y significativos para la realización de los ODS. La Declaración debe incluir compromisos generales para la provisión de fuentes de financiación nuevas y adicionales, la transferencia de tecnología, el desarrollo de capacidades, políticas comerciales favorables al desarrollo y medios efectivos de implementación para los países en desarrollo. Los medios de implementación no financieros – por ejemplo el voluntariado o la participación de la sociedad civil – deberían ser reconocidos como medios de implementación poderosos y transversales. La declaración sobre la Agenda Post-2015 debería subrayar la importancia del acceso de todos los países a las tecnologías ambientalmente racionales, los nuevos conocimientos, y los conocimientos prácticos y especializados (A/RES/66/288, párrafo 270).

● Alianza global: Una alianza verdaderamente global solo será posible si se cuenta con la participación de los pueblos y, especialmente, de los más marginados y vulnerables. Por ello, la Declaración sobre la Agenda Post-2015 debe incluir un compromiso claro para aumentar la capacidad de las personas para participar y contribuir de forma efectiva y significativa en las decisiones políticas que les afectan, y para pedir cuentas a los gobiernos y otros actores relevantes por el progreso alcanzado.
Además, los Estados Miembros deberían comprometerse a fortalecer la participación y la voz de los países en desarrollo en la toma de decisiones en instituciones internacionales económicas y financieras para que sean eficaces, dignas de crédito, responsables y legítimas (A/RES/66/288, párrafo 92).
La declaración sobre la Agenda Post-2015 debe exigir que el sector privado se una a los esfuerzos globales y que no socave los compromisos de la nueva agenda de desarrollo, mediando su responsabilidad, rendición de cuentas y transparencia, el respeto de los derechos humanos, y una mayor regulación del sector financiero y de las corporaciones transnacionales.

● Rendición de cuentas, monitoreo, seguimiento y evaluación: En la Declaración, los líderes mundiales deben comprometerse a una arquitectura de rendición de cuentas con varios niveles, para seguir y evaluar la implementación de la Agenda Post-2015 a nivel sub-nacional, nacional, regional y mundial. La evaluación debe ser inclusiva y participativa en todos los niveles, garantizando mecanismos adecuados de transparencia y una amplia participación, incluyendo la de las personas que viven en la pobreza. La declaración debe incorporar compromisos de seguir, evaluar e informar sobre el progreso, compartir las lecciones aprendidas y el conocimiento, fortalecer capacidades, y especialmente crear un entorno propicio para empoderar los individuos y sus organizaciones para pedir cuentas a sus gobiernos, al sistema de Naciones Unidas y a otros actores del desarrollo (incluyendo el sector privado). El papel del Foro de Alto Nivel Político sobre el Desarrollo Sostenible (HLPF) como foro máximo del mecanismo de revisión participativo a nivel mundial debe reiterarse.
La Declaración debe reconocer la responsabilidad de las empresas de respetar los derechos humanos y proteger el medio ambiente y la necesidad de que sean significativamente responsables de sus acciones (Principios Rectores de la ONU sobre las Empresas y los Derechos Humanos).
Además, en la declaración, los Estados miembros deberían acordar invertir en la generación en tiempo real de datos desagregados de calidad para seguir los avances de la implementación de los ODS. Si bien se reconoce que los indicadores nacionales y regionales desempeñarán un papel crucial en el monitoreo de los progresos hacia las metas, los Estados miembros deben comprometerse en la Declaración Post-2015 a seguir el progreso a través de un conjunto de indicadores globales universales y armonizados. Además, deben comprometerse a invertir en el fortalecimiento de capacidades para seguir estos indicadores y asegurar que una amplia gama de partes interesadas, incluyendo los oficiales nacionales de estadística, los organismos de la ONU, las organizaciones regionales y la sociedad civil, participen en la producción y el análisis de datos.

La creación de un nuevo marco global representa una oportunidad histórica para catalizar la acción urgente y específica necesaria para ayudarnos a alcanzar nuestra visión de un mundo equitativo, pacífico y sostenible, donde todas las personas vivan con dignidad. La Declaración sobre la Agenda Post-2015 debe ser el trampolín hacia un nuevo paradigma basado en la democracia y la buena gobernanza, el empoderamiento de los más pobres y marginados, y el empoderamiento de los ciudadanos en torno a la justicia social, ambiental y económica, la solidaridad, las responsabilidades comunes pero diferenciadas, y la rendición de cuentas de todos los actores del desarrollo.

¡Contribuyamos a hacer realidad esta oportunidad histórica!

 

Educadores por la Sostenibilidad
Boletín Nº 102, 8 de febrero de 2015
http://www.oei.es/decada/boletin102.php

 

 

 

 

 

 

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La evanescente realidad

Posted by Teódulo López Meléndez en febrero 4, 2015

evanescente realidad 

Teódulo López Meléndez    

 

Lo real es lo que existe, podría definirse por oposición a lo situado en el terreno de la imaginación o de la ilusión. No obstante, tal simplismo ha sido rechazado por la filosofía pues, para comenzar, los sentimientos y las emociones también son reales, tanto como la fantasía.

El primero en desconfiar de los sentidos fue Platón al distinguir entre una realidad sensible e imperfecta captada por ellos y el mundo de las ideas, o Aristóteles, al suministrar el concepto de que cuando una posibilidad se concreta surge una nueva realidad. El punto fundamental estaba en la importancia atribuida a los sentidos en la comprensión del mundo, de allí a la conclusión platónica de que lo observado por los sentidos no era más que el reflejo de la verdadera realidad situada en el  mundo de las ideas, lo que conllevaba a considerarlo como una representación que carecía de un sustento propio.

Por supuesto que las visiones fueron cambiando, desde Aristóteles hasta Tomás de Aquino o hasta el empirismo afirmando que sólo existen percepciones del mundo o hasta Kant sumando lo percibido por los sentidos con las categorías mentales. Por otra parte, en el terreno de la lingüística se precisa sobre el significado de “realidad” como concepto abstracto y como concepto concreto, uno como el conjunto de todo lo que es real y lo segundo lo que es real para el sujeto concreto. Es decir, la “realidad” como algo conceptual o como cuantificable en el individuo existente.

   Desde la filosofía clásica, con sus bases en esencia y existencia, desde los argumentos ontológicos hasta la reflexión sobre la “conciencia”, desde los esfuerzos por sintetizar racionalismo y empirismo hasta las distinciones entre realidad dada y realidad puesta como categoría de realidad, se ha tratado con insistencia de comprenderla a nivel de categoría. Lo que pretendemos mostrar, antes que un resumen de la filosofía sobre “realidad”, es que esta palabra ha sido y es esquiva en el campo de la fenomenología ontológica, lo real como opuesto a aparente, lo real como actualidad o realidad como existencia, la suposición de un acto de ser o la determinación de lo real por el grado de plenitud de ser.

Lacan llegó a diferenciar la realidad de lo real. La primera es sólo una percepción de los humanos y lo segundo es el conjunto independientemente de cómo lo perciban esos humanos. Así, la “realidad” está marcado por los medios lingüísticos culturales lo que lleva a la distinción entre significante y significado y, obviamente, a su tesis sobre el psicoanálisis y al sujeto asumiendo sus espejismos (Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis). O las tesis que pretenden actualización en el tiempo hablando de como la mente y el mundo construyen conjuntamente la mente y el mundo.

   Quizás, para aproximarnos a nuestro tema deberíamos incidir en la distinción entre realidad y apariencia, pero primero debemos acercarnos a la Teoría de la Relatividad y a la física cuántica. Newton había establecido su “mecánica” que se suponía comprendía la naturaleza y sus leyes, pero la comunidad científica pronto percibió que las teorías no reflejan con exactitud la realidad. Einstein se puso a hablar del espacio-tiempo como una goma estirada que los cuerpos deformaban forzando así a otros cuerpos a acercarse. La cuántica, incluso llevada al terreno de la filosofía, puso bajo cuestionamiento el concepto de realidad tan como lo entendía la cultura occidental, con algo tan aparentemente sencillo como que no es posible medir todas las magnitudes físicas que definen un sistema, es decir, si no puedo saber el estado total de un sistema jamás puedo estar realmente seguro de lo que va a suceder. Podríamos concluir que la realidad es sólo que cada observador mide. Generalmente se habla en el terreno de la física de cosas como la inexistencia de una realidad profunda, de universos paralelos, de la realidad como creación de la conciencia. Tal vez fue el Físico Teórico Pascual Jordan quien mejor lo resumió: “La observación no solo afecta lo que se observa…también lo produce”

   Stephen Hawking (The Grand Design) también se pregunta, vaya novedad, si la realidad existe y cómo podemos estar seguros de tener de ella una percepción verdadera y no distorsionada y apela a las leyes de la física como un consenso aceptado, de manera que cuando dejen de serlo dejarán de ser la realidad, lo que está más que demostrado en la historia del pensamiento humano. Generalizando, tenemos modelos de realidad, pero no la realidad misma. Como Hawking lo afirma todo concepto de realidad depende de una teoría. Para aproximarnos al concepto de realidad social deberemos, entonces, partir de la base de llevar al plural la palabra y hablar de realidades.

La realidad social

   La realidad social bien puede definirse como una construcción simbólica estructurada por una sociedad específica, esto es, como una combinación de subjetividades que parte siempre de sus propios parámetros y prejuicios, derivadas de sus relaciones internas y de la visión de su entorno, uno condicionado por diversos tipos de factores, desde la información que circula hasta los paradigmas internalizados en las mentes de sus componentes. En otras palabras, la realidad de un cuerpo social sólo puede lograrse mediante el recurrir a abstracciones y análisis que van desde la psicología social hasta el análisis de los llamados medios de comunicación, desde la investigación sociológica de campo hasta la penetración en el lenguaje prevaleciente, desde las relaciones económicas – con todo lo que ellas implican- , hasta una medición del grado de conciencia política.

La realidad social es por tanto multiforme, dada la obvia multiplicidad de sus actores y de los factores que le son inherentes. Desde el control social que se ejerce sobre los individuos hasta los valores, las formas de ejercicio del poder en su seno hasta la implementación de los cambios culturales, muchos de ellos ejercidos mediante apabullante propaganda por regímenes inclinados al totalitarismo. Todo lo cual nos lleva al concepto de cambio, o mejor a su posibilidad, por cuanto podemos admitir tiene la condición de transformarse, aunque el elemento historia nos indique que tales cambios suelen suceder por lo que denominaremos rupturas.

Los intentos de cambios originados desde arriba suelen encontrarse la resistencia ante la intervención social generalmente inspirada por una concepción ideológica ortodoxa, lo que equivale a denominarla como trasnochada. Los exitosos suelen provenir de factores internos de gran variabilidad y que van desde el hartazgo ante un sistema autoritario, lo que bien podemos denominar como factor político en sentido muy estricto, hasta una concepción amplia y conveniente de la política que abarca todo tipo de transformaciones internas que van desde la aparición de una nueva generación (la que se requiere formada, lo que en infinidad de casos no sucede) hasta una necesidad existencial que encuentre formas de expresarse y no sea taponada por los actores que anunciándola hacen todo lo posible por convertirla en inviable.

   La calidad de vida alcanzada, fundamentalmente por el ascenso a estadística de clase media, implica –y lo estamos viendo en algunos países latinoamericanos- nuevas y mayores exigencias. Las crisis económicas que han azolado al mundo muestran procesos migratorios o conflictos de calle. En un siglo XXI que ha comenzado en la indefinición nos encontramos desde cambios sustanciales en el modelo productivo hasta la aparición relevante de lo local, transformada en algunos casos en solicitudes de independencia, desde la crisis del Estado-nación hasta un replanteo de las ideas en sustitución de las ideologías entendidas como cuerpos cerrados de doctrina que se proclamaban con respuestas a todo en el campo de la organización socio-política.

  Por supuesto que en el mundo actual surgen otras fuentes de conflicto, desde un individualismo entendido como forma de defensa frente a la imposibilidad  de ejercicio de formas efectivas de cambio, hasta las explosiones propiamente dichas que hemos visto en los últimos años y terminadas en frustración. Encontrar un instante de cohesión capaz de producir cambios sociopolíticos significativos –más allá de una simple sustitución de un gobierno- es harto difícil cuando los errores amontonados han convencido a una población de la inutilidad de un esfuerzo. Ello implica la pérdida de valores tales como la comunicación, la empatía, la disposición para la acción común y, sobre todo, el respeto. Toda necesidad de cambio latente, o simplemente percibido implica para su concreción, un conocimiento de la propia historia, el saber de los imprevistos con que suele sorprendernos y la plena conciencia de que producirlo exige sacrificios en dramáticos precios a pagar.

   La sociología ha discernido abundantemente sobre el concepto de “realidad social”. Desde las anteriores que la consideraban una integración de sustancias individuales por decisión voluntaria y racional hasta las más actuales que desdeñan de esa sustancia individual alegando que los individuos están modificados por los otros que han intervenido y modificado su propia realidad, constituyendo lo que bien podría denominarse una unidad primaria. Otros sostienen que lo social es pura imitación subsistiendo, obviamente, la individualidad que es lo que cada uno hace por sí mismo. Si concluyésemos que estas formas pertenecen a lo físico de cada individuo, pues no habría “realidad social” sino individuos con modulación social.

   Desde los estudios de las Naciones Unidas sobre los alimentos que se suministraban a poblaciones sometidas a hambrunas por cualquier razón, desde económicas propiamente dichas hasta conflictos violentos, desde las concepciones más recientes del desarrollo sostenible hasta la realidad palpable de la movilización social, encontramos hoy la acción comunitaria como esencial, hasta la aceptación de formas de propiedad común conviviendo pacíficamente con la propiedad privada individual. Esto es, con pleno respeto por el individuo, al que preferimos llamar persona, la discusión excede a la teoría sociológica, y filosóficas claro está, y sus preguntas sobre la vida en sociedad, para trasladarse a cómo modificar la realidad social mediante un espíritu comunitario.

   Una realidad social no es colocar un observador sobre un amontonamiento. Es la riqueza de la multiplicidad de alternativas que bien pueden concentrarse en objetivos, como un sistema autopoiético”, lo que plantea el concepto de conocimiento, hasta el punto de muchos hablar hoy de la necesidad de construir sociedades del conocimiento, como también este autor lo ha planteado como objetivo para su propio país. Ello implica desechar la comunicación como mera transmisión para convertirla en acontecimiento que autoriza al manejo múltiple de posibilidades o, si se quiere, es la apertura de una realidad a otra realidad. Cuando hablamos de cuerpo social entendemos que uno no acondicionado o cohesionado por la solidaridad ya no lo es, se ha convertido en un campamento, en una permanencia forzada, en un existir desprovisto. Sin embargo, hay que recordar que toda “realidad social” es siempre provisional, lo que llamaremos “un momento”, uno en el cual la “realidad” se ha hecho común, lo que quiere decir debe exceder a lo físico para ir hasta lo “imaginante”. No hay construcción posible de nuevas realidades sociales sin la presencia de la imaginación traducida a ideas. El conocimiento implica la toma y la respuesta, el conocimiento implica un juicio. Como el conocimiento puede definir la realidad.

En “La construcción social de la realidad”, P. Berger y T. Luckmann plantean otro aspecto, si la realidad se construye socialmente es porque esta no existe, no está edificada y estas ideas socialmente determinadas es lo que llaman ideología. Es así como el hombre de la calle no tiene ningún interés en cambiarla, de manera que vive en el conjunto de los signos y valores que él considera lo real lo que les lleva a considerar una ilusión la pretensión de conocer una determinada realidad social en un proceso transformador. Si seguimos a estos autores concluimos en la ideología como una cámara oscura en el que la realidad parece invertida. En otras palabras, la pregunta es cómo es posible que los significados subjetivos se conviertan en facticidades objetivas, de manera que el objetivo de la sociología del conocimiento debe centrarse en las maneras que para ese hombre común de la calle se cristaliza la realidad ya establecida. Los objetivos fundamentales serían la conciencia, el mundo intersubjetivo, la temporalidad, la interacción social y el lenguaje.

Diría María Zambrano que el hombre es el ser que padece su propia trascendencia en esa búsqueda suya de unidad de la filosofía y  de la poesía de donde proviene el leiv motiv fundamental de su obra: la razón poética. Egon Friedel  (Historia cultural de los tiempos) habla del “fin de la realidad” basándose en los descubrimientos científicos que nos han mostrado la incertidumbre del cosmos. Hoy se dice de la contingencia, de la indeterminación, de lo inesperado, de la codeterminación y hasta del escepticismo sobre los comportamientos de la realidad como para mirar sus fenómenos. La ciencia ha elevado la observación por encima de la materia. De allí tesis sobre el caos, sobre la incertidumbre o sobre las estructuras disipativas, proceso en el cual el arte y la filosofía han hecho lo suyo, contribuyendo a una evasión del ya esquivo concepto de realidad. Hoy nos caracterizamos por el derrumbe de las certezas, desde los conceptos mismos de sujeto y objeto. La realidad se desrealiza, bien puede ser la conclusión.

La tecnología nos ha introducido en la simulación del ciberespacio que nos dota de un espacio imaginario donde lo físico es sustituido por lo digital, a la copia de un mundo donde nunca ha existido un original, tal como ha sido bien definido en casi todas las aproximaciones filosóficas a este simulacro. La realidad  ha sido absorbida plenamente por la realidad virtual. En este proceso evanescente lo material se evapora hacia una subjetividad acentuada que implica un creciente desconocimiento por la separación que implica entre la realidad  tal como fue descrita, sobretodo en la cultura occidental, y el modelo tecnológico virtual, uno donde la realidad real pasa a un segundo plano, si es que tal realidad real pudiera ser precisada. Esta realidad alternativa nos lleva a concluir que viviremos de los efectos sin concreción.

 

La realidad virtual

La realidad virtual es una simulación de otra simulación para permitir al usuario, mediante el uso del artefacto tecnológico, una apariencia de presencia dentro de ella. Esto es, modifica las coordenadas de espacio-tiempo para hacerse un continuo donde lo importante es que el otro no tiene presencia física, que está lejos. Este “compartir” permite una “relación” que es percibida como “real” y como una posibilidad de manifestar identidad.

Por supuesto que la tecnología ha abierto con ella posibilidades impensadas, incluso en el campo de la medicina o de la arquitectura, pero a nuestro objetivo lo que interesa destacar es que su principal “producto” es la sensación de presencia, la posibilidad de ser otro durante el espacio de la inmersión. Este “hacer cosas especiales” nos la presenta como un mundo activo e ilimitado. Si vemos el avance tecnológico constatamos la aparición de instrumentos que permitirán sentir hasta la forma propia de los objetos situados en el interior de lo virtual o cascos que colocan, en cada ojo, pantallas diferentes de manera de conformar un relieve. Sin detallar instrumentos parece avanzar a la conformación de una habitación con visión de 360 grados entregándonos cualquier circunstancia imaginable.

Por supuesto que los aparatos tecnológicos suelen ser espectaculares, lo que conlleva a visiones parciales o exageradas, pero por encima de ello hay que precisar que su objetivo es engañar a los sentidos a los que se dirige, concediendo una simulación de vida mientras niega se trate de un simulacro donde se puntualiza lo importante es la “experiencia”, de manera que termina la distancia de la representación.

En este caso específico podemos entender la tecnología como un procedimiento técnico de acción sobre lo “real”. Existe una heterogeneidad tecnológica que en el terreno de la “realidad virtual” está desvirtuando al sujeto. Si la realidad pasa a ser fundamentalmente objetual con el sujeto desaparece una perspectiva para abordar el mundo donde la abstracción fingida hace desaparecer toda concreción. Si tuvimos una sociedad oral y una sociedad escrita resulta obvio que estamos entrando en una sociedad electrónica, lo que quiere decir asistimos a una sustitución de lo que subjetivamente hemos denominado una “realidad real” por una virtual donde el tiempo se hace atemporal, el espacio inmaterial y donde no hay referencias que llamaremos históricas, en el sentido de inexistencia de referencias a pasado o futuro, dado que desaparecen las secuencias.

Es obvio que se puede hablar de una sociedad tecnológica en cuanto se han erosionado los mapas cognitivos y las coordenadas de tiempo y espacio haciéndonos entrar, en la realidad virtual, en una especie der eterno presente donde lo inmediato es el protagonista. Las consecuencias exceden al sujeto humano para tenerlas sobre amplios aspectos desde el concepto mismo de democracia, con todos los que implica, hasta el orden jurídico y económico. Está claro que una época cambia fundamentalmente cuando hay modificaciones cualitativas de la experiencia humana y, por ende, de la cultura. La priorización del lenguaje audiovisual, la multimedia y el hipertexto conlleva a formas distintas de percepción. El cúmulo de problemas ontológicos, gnoseológicos, epistemológicos, axiológicos y teleológicos ya provocan abundantes reflexiones.

La prevalencia del control de la experiencia sensorial, nos ha convertido en necesidad apremiante la generación tecnológica de realidad virtual. La filosofía ha discutido a largo si la conciencia es o no real, si es simplemente una “virtualidad”, el ser intencional como puramente virtual. Recordemos que una posibilidad no es real, es simplemente un proyecto. El hombre crea -lo ha hecho en una “realidad real” proyectando sueños e ideas, personajes y obras-, lo que ahora parece transformarse en una sustitución por lo que crea la tecnología para intervenir los sentidos. No se trata, pues, de una prolongación del hombre creador que crea virtualidades. Más bien asimila al humano –con todo lo que le rodea- a un sujeto desaparecido.

Publicado en  Unión Hispano Mundial de Escritores” http://unionhispanoamericana.ning.com/profiles/blogs/la-evanescente-realidad?xg_source=activity

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Escepticismo endémico

Posted by Teódulo López Meléndez en febrero 2, 2015

escepticismo

Alberto Medina Méndez

Una importante cantidad de ciudadanos ha perdido la fe en la política y su entorno. No creen en los partidos ni en los dirigentes, tampoco en las instituciones o la república, y hasta se animan a criticar a la “sagrada” democracia, asumiendo el riesgo de ser políticamente incorrectos.

Algunos son solo pesimistas crónicos, pero los más, son sujetos normales, gente equilibrada, que está fastidiada con el presente, enojada con lo que sucede y con la innumerable nómina de crónicas retorcidas, con finales poco felices, que se encargan de avalar esa sensación tan frecuente.

Este no es un fenómeno exclusivo de países con sistemas políticos precarios, irregulares o inmaduros. Sucede en casi todo el mundo, aunque con matices evidentes, bien diferenciados entre los extremos opuestos.

Muchas sociedades han padecido aberraciones inadmisibles. Sus habitantes han escuchado hablar de fraudes, acuerdos oscuros, muertes dudosas y casos judiciales bajo sospecha que jamás llegan a la verdad. En realidad no lo saben con certeza, esas personas solo lo suponen. Pero el problema es que cada una de esas hipótesis que rodean a estas historias, son demasiado verosímiles, pueden ser ciertas, podrían realmente haber ocurrido.

Claro que esa base informativa, ese conocimiento disperso, impreciso, pero al mismo tiempo disponible, suele dar lugar a las mas intrincadas versiones, e inspira a los amantes de las conspiraciones, esos que ven confabulaciones por doquier y entramados que poco tienen que ver con la realidad.

Ese escenario de absoluto desprestigio de la política y de sus débiles instituciones no es para nada deseable, pero es saludable asumir que esta visión forma parte del esquema vigente en muchas comunidades.

Es inevitable, que en ese contexto de desesperanza, sea difícil ver la luz al final del túnel, y que muchos personajes de la política prefieran transitar idéntico camino, ya conocido, bajo los códigos contemporáneos, en vez de animarse a revertir la tendencia como si la misma fuera inmodificable.

Hace falta una generación de dirigentes preparados para torcer el rumbo. No debe ser solo una facción, un partido o algún sector de la política. Pero es imprescindible que sea una abrumadora legión de personas dispuestas a cambiar la perversa inercia que ofrece la corporación política actual.

Para muchos, es solo una expresión de deseos y no más que eso. Sostendrán, no con pocos argumentos, que muchos prometieron ser algo diferente y solo continuaron el camino trazado por sus antecesores.

La cuestión de fondo es que ese grupo de dirigentes necesarios, no solo deben ser políticos profesionales, sino una multitud de pobladores con suficiente vocación para modificar esta mecánica desde diferentes estratos.

No surgirá mágicamente una nueva especie en la política, y menos aún en forma espontanea, sino que aparecerá, solo en la medida que la sociedad pueda ser más exigente y deje de conformarse con los mediocres de siempre. Pero también será posible, en tanto y en cuanto, sean muchos los que abandonen definitivamente la comodidad que propone la apatía, renunciando a sus privilegiados lugares de espectadores de lo que ocurre, para ocupar un espacio protagónico allí donde sea preciso.

La política partidaria, esa que se encarga de ganar representatividad en el poder y que conforma gobiernos, es siempre el último peldaño, la cima de esta larga secuencia, que debe empezar mucho más abajo.

Es en el barrio o en el consorcio, en el club o en cualquiera de las organizaciones de la sociedad civil, en definitiva, en cada uno de los ámbitos de participación cívica donde se debe dar este proceso paulatino y progresivo, pero de un modo decidido, perseverante y comprometido.

No hay razones para resignarse totalmente. Se debe dar la batalla. Lo que no se puede hacer, es solo esperar que esto suceda gracias a un golpe de suerte, por un deseo superior, por justo que sea o necesario que resulte.

El desánimo seguirá ganando la pulseada solo si los ciudadanos lo permiten. No será la alta política la que modifique el curso de los acontecimientos, sino la decisión de una casta de individuos capaces de testimoniar, a diario, con su ejemplo personal e intransferible, que están saturados de esta forma de hacer. Que su cansancio ha llegado al límite y que resulta vital construir un punto de inflexión, indispensable para iniciar una nueva etapa.

Seguramente no será un recorrido lineal, libre de sobresaltos, y hasta se deben contemplar esperables retrocesos. No existe alquimia que muestre atajos para revertir el presente sin esfuerzo. Para eso, cada individuo debe revisar, hoy mismo, su actitud frente a lo que ocurre. Sus quejas, enojos, bronca e impotencia, son solo diminutos síntomas, pero no constituyen una acción concreta y mucho menos conducente. Hay que cooperar con algo más concreto, ser parte activa del cambio, participar de algún ámbito y, sobre todo, estar dispuesto a demostrar en el ejercicio de esa pequeña porción de poder, cuan convencido se está de modificar lo que incomoda.

Si esa dinámica diera sus primeros pasos, si ese esquema fuera capaz de demostrar su viabilidad, es posible entonces, que se empiece a superar esta patética situación que solo muestra la peor cara del escepticismo endémico.

Alberto Medina Méndez

albertomedinamendez@gmail.com

 

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Guantánamo

Posted by Teódulo López Meléndez en enero 28, 2015

Artículo de Teódulo López Mel;ende en el diario “El Universal” (Miércoles 28/01/15)

El Universal

http://www.eluniversal.com/opinion/150128/guantanamo

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