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Teódulo López Meléndez

Democracia del siglo XXI

Los derechos urbanos aún no son inteligentes en América Latina

ciudades

Una unidad de Metrobús, servicio público que usa unidades articuladas que circulan en carril confinado, recorre la céntrica avenida Insurgentes en Ciudad de México. El transporte es uno de los servicios que pueden mejorar con el modelo de ciudades inteligentes. Crédito: Emilio Godoy/IPS

Por Emilio Godoy

MÉXICO, 29 sep 2016 (IPS) – En los últimos años, el concepto de ciudades inteligentes ha adquirido preponderancia respecto al diseño y funcionamiento de las urbes, pero al mismo tiempo alimenta la inquietud si ese esquema contribuirá al acceso a diferentes derechos para sus habitantes.

“Detrás del concepto, hay un trabajo de ‘marketing’ muy grande, más que un trabajo real de conceptualización. Existe como una idea muy global, como la creación de infraestructura urbana en la que se mezclan medios digitales y físicos”, señaló a IPS el cofundador de la organización no gubernamental mexicana Medialabmx, Leonardo Aranda.

El experto, cuya organización se desempeña desde 2013 en el desarrollo y apropiación de la tecnología con fines sociales y culturales, sostuvo que está por ver si las urbes inteligentes “se convierten en una solución o si simplemente son una charada, en la cual las grandes corporaciones buscan la inversión pública muy grande que existe y encontraron un discurso muy vendible y que las ciudades están comprando”.

Para Aranda, las tecnologías pueden ayudar a resolver problemas urbanos, pero al mismo tiempo pueden crear otros. “Es un problema general de la tecnología, no soluciona problemas por sí sola, tiene que ver con su diseño”, externó.

El Grupo Temático sobre Ciudades Sostenibles e Inteligentes de la Unión Internacional de Telecomunicaciones las define como urbes innovadoras que utilizan las tecnologías de la información y comunicación y otros medios para mejorar la toma de decisiones, la eficiencia de las operaciones, la prestación de los servicios urbanos y su competitividad, para procurar la satisfacción de las necesidades económicas, sociales y ambientales.

Las ciudades inteligentes, también conocidas por el término inglés de “Smart Cities”, estarán en el foco de la Tercera Conferencia de Naciones Unidas sobre Vivienda y Desarrollo Urbano Sostenible (Hábitat III), que acogerá Quito entre el 17 y el 20 de octubre, organizada por ONU Hábitat.

De hecho, en el borrador de la “Declaración de Quito sobre ciudades sostenibles y asentamientos humanos para todos”, acordado el 10 de septiembre, los Estados parte se comprometen a “adoptar un enfoque de ciudad inteligente, que hace uso de oportunidades de la digitalización, energía limpia y tecnologías, así como tecnologías de transporte innovadoras, proporcionando opciones para la población de tomar decisiones más respetuosas con el ambiente y promover el crecimiento económico sostenible y permita mejorar la prestación de servicios”.

En América Latina, donde 80 por ciento de sus más de 600 millones de habitantes viven en ciudades, las metrópolis medianas y grandes se enfrentan a la congestión vehicular, la contaminación del aire, el estrés hídrico, el crecimiento desordenado, los asentamientos irregulares, el aumento de la temperatura y trámites engorrosos.

Inicialmente, se creyó que el desarrollo de aplicaciones para teléfonos y otros dispositivos inteligentes era la base del entorno digital citadino para atender problemas como el tráfico, baches callejeros o la calidad del aire. No hubo metrópoli que no las creara, pero esa visión pronto quedó rezagada.

En un intento por paliar esos flagelos, varias urbes han procedido a aplicar soluciones inteligentes, cuyos resultados aún no se visualizan claramente.

Brasil alienta el proyecto de acceso a banda ancha, mediante una llamada Red de Ciudades Digitales, que abarca a 300 municipios. Río de Janeiro, además, puso en marcha el Centro de Operaciones Río, de la mano de la transnacional estadounidense IBM.

Colombia, por su parte, ejecuta el Plan Vive Digital 2014-2018 y la ciudad de Medellín representa el caso más emblemático de la región, porque coloca a la tecnología como un instrumento y no un fin.

El proyecto Ciudad Inteligente,  liderado por la alcaldía de la segunda ciudad colombiana,  fomenta el buen uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), anclado en innovación social, sostenibilidad, gobierno abierto y participación ciudadana.

Por esos progresos, esa urbe recibió en marzo pasado el prestigiado Premio a la Ciudad Global Lee Kuan Yew, concedido por la Autoridad para el Resideño Urbano y el Centro para las Ciudades Habitables de Singapur y que distingue a metrópolis socialmente innovadoras.

Chile ha definido cinco diseños para ciudades inteligentes. En abril, la alcaldía de Santiago anunció que la plataforma DOM Digital para trámites y servicios ya estaba en línea en tres demarcaciones territoriales de las 52 del área metropolitana.

En Uruguay, el mayor exportador de programas informáticos de América Latina, el proyecto Montevideo 2030 busca convertirse en la plataforma de TIC más desarrollada de la región.

A criterio de Zulma Bolívar, presidenta del Instituto Metropolitano de Urbanismo Taller Caracas, la máxima autoridad en la ordenación urbanística de la Alcaldía Metropolitana de Caracas, la suma de gobernantes y ciudadanos inteligentes da ciudades inteligentes.

“El nombre tiene marketing. Las ciudades tienen que cubrir primero lo básico de los requerimientos para luego poder entonces aspirar a algo tan sofisticado, como la conexión a Internet. Aceptamos y tratamos de asimilar la tecnología y que esta ayude a los procesos, pero cuando no se puede andar en la calle con el celular en la mano, ¿qué inteligencia tiene esa ciudad?”, planteó la urbanista a IPS desde Caracas.

La funcionaria de la alcaldía en manos opositoras al gobierno de Venezuela, enfatizó que la política pública debe integrarse “desde lo local” y ofrecer resultados efectivos.

Para los cinco municipios de área metropolitana capitalina, de unos seis millones de habitantes, opera el Plan Caracas 2020, sobre los vectores de accesible y en movimiento, segura e integrada, sostenible, productiva y emprendedora, gobernable y ciudadana. Pero la crisis institucional y política venezolana ha dado prácticamente al traste con el proyecto.

En su informe “La ruta hacia las Smart Cities: migrando de una gestión tradicional a la ciudad inteligente”, publicado en julio, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) destacó que las ciudades latinoamericanas enfrentan retos como seguridad ciudadana, movilidad urbana sostenible, gestión de riesgos, prevención y respuesta a desastres, eficiencia energética, gestión hídrica, manejo de residuos, gobierno electrónico e inclusión digital.

Mediante su Programa Ciudades Emergentes y Sostenibles, el BID asesora desde 2011 a 76 ciudades de la región en áreas como sostenibilidad ambiental y de cambio climático; sostenibilidad urbana, fiscal y de gobernabilidad. Al menos 10 de ellas ya cuentan con estudios de factibilidad en temas de gestión inteligente.

Los especialistas esperan que Hábitat III transmita especificidades sobre la mejor forma para avanzar hacia ciudades inteligentes.

“La declaración (de Quito) puede sonar bien o muy general. La innovación puede significar un montón de cosas, generar redes de transporte inteligentes que permitan movilidad mixta o bien meter unidades nuevas con geolocalizadores”, que implicará mucha inversión pública, señaló Aranda.

Para Bolívar, la cumbre debe atender a las ciudades pequeñas, “donde incluso no hay señal telefónica y no se puede ni siquiera usar un teléfono móvil”.

La urbanista pidió “lograr la equidad, que la distribución de cargas y beneficios sea un poco más homogénea y que el hábitat ofrezca todos los servicios. Si algo debemos proponernos es que el beneficio sea colectivo y ayudar a la gobernabilidad de los países”.

Editado por Estrella Gutiérrez

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La granja instituyente

Artículo de Teódulo López Meléndez en el diario El Universal (Miércoles 28/09/16)

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www.eluniversal.com/noticias/opinion/granja-instituyente_578488

Países con tendencias demográficas opuestas no se atraen

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Vista de la ciudad de Daca, Bangladesh. Asia Pacífico vive un rápido proceso de urbanización. Crédito: Kibae Park/UN Photo.

Países con tendencias demográficas opuestas no se atraen

Por Joseph Chamie  English version

Este es un artículo de opinión de Joseph Chamie, demógrafo, consultor independiente y exdirector de la División de Población de la Organización de las Naciones Unidas.

NUEVA YORK, 23 sep 2016 (IPS) – La población mundial de 7.400 millones de personas aumenta 1,1 por ciento al año, alrededor de la mitad del pico alcanzado a fines de la década de los años 60, pero cada vez son más evidentes las diferencias enormes entre los países, lo que preocupa a la comunidad internacional.

En un extremo están los 29 países que verán por lo menos duplicarse su población para mediados del siglo XXI, y en el otro extremo, otros 38 que, por el contrario, verán reducirse su población en el mismo lapso.

Para lectura completa http://www.ipsnoticias.net/2016/09/paises-con-tendencias-demograficas-opuestas-no-se-atraen

Maduro se atornilla al poder

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Descripción de Maduro se atornilla al poder. Audio de Fernando Díaz Villanueva: la visión española sobre la crisis venezolana

El CNE venezolano admite el órdago del referéndum revocatorio, sí, pero con unas condiciones leoninas. Por un lado no será antes de febrero de 2017, lo que, con la Ley en la mano, impide la celebración de nuevas elecciones. Por otro se reserva el cómo, el cuándo y el dónde de las recogidas de las 4 millones de firmas necesarias para que el referéndum se celebre. Estas firmas se podrán recoger solo en un número limitado de centros, en un par de días y dentro de un horario muy restringido. Como dijo Diosdado Cabello hace unos meses, no se lo iban a poner fácil. Y era cierto, la única verdad que el chavismo ha dicho en muchos años.

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Yara ayudará a mejorar el crecimiento rural en Colombia

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El presidente y director ejecutivo de Yara, Svein Tore Holsether, se reunió con el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, en el marco del Día Internacional de la Paz, en septiembre de 2016. Crédito: Cortesía de Yara International.

Por Dominique Von Rohr |English version

ROMA, 22 sep 2016 (IPS) – Uno de los puntos centrales del acuerdo de paz que firmarán formalmente el gobierno de Colombia y las FARC el lunes 26 es una reforma rural integral, para lo cual Bogotá contará con la ayuda de Yara Internacional, dedicada desde hace décadas a apoyar a agricultores y a mejorar la nutrición en distintos países.

El histórico Acuerdo Final entre el gobierno y las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), que pone fin a un conflicto armado de 52 años tras casi cuatro años de negociaciones, permitirá que el país latinoamericano se disponga a mejorar la productividad agrícola.

Yara Internacional, una empresa noruega dedicada a ayudar a agricultores y a mejorar la nutrición a la vez que preserva los recursos y el ambiente, ofreció su ayuda al gobierno de Colombia para lograr su objetivo en el sector agrario.

El presidente y director ejecutivo de Yara Internacional, Svein Tore Holsether, se reunió el miércoles 21 en Nueva York con el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas, para refrendarle su respaldo al proceso de paz.

“La agricultura comercial es el motor de un crecimiento económico inclusivo y un fuerte instrumento para construir y sostener la paz en el mundo”, delcaró Holsether, tras el encuentro con Santos en el marco del Día Internacional de la Paz.

“Tenemos más de 100 millones de dólares invertidos en Colombia, contribuyendo así a la mejora de la productividad y la prosperidad del campo colombiano”, destacó.

Una tercera parte de sus inversiones se concentran en la región del Valle del CAuca, una de las más golpeadas por el conflicto y con grandes posibilidades para el crecimiento de una agricultura sostenible.

Fundada en 1905 para luchar contra el hambre que aquejaba entonces a Europa, Yara tiene en la actualidad proyectos en varios países con cerca de 13.000 empleados y ventas en más de 150 estados.

La agricultura es el principal sector de la economía colombiana, sin embargo, todavía padece un problema endémico de mala productividad. El territorio andino escabroso que caracteriza al país, así como la falta de irrigación, hacen que solo cinco por ciento del mismo sea apto para el cultivo, según coinciden diferentes estudios.

Yara lleva años invirtiendo en Colombia, y en 2014, con los 425 millones de dólares invertidos en ese país, se convirtió en el mayor inversor extranjero apoyando el desarrollo rural, la mejora de la productividad y la prosperidad en el campo colombiano.

Para la implementación del primer punto del acuerdo de paz, “Hacia un Nuevo Campo Colombiano: Reforma Rural Integral”, centrado en la lucha contra el hambre, el desarrollo del campo y una reforma rural integral, el gobierno de Colombia y las FARC también solicitaron el acompañamiento de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

El texto incluye un plan de desarrollo rural multifacético que ataca las raíces de la pobreza y el hambre rural, a través de la creación de un fondo de tierras para distribuir entre campesinos sin tierra y planes a gran escala para proveer bienes y servicios públicos en infraestructura, caminos, desarrollo social, educación, salud y vivienda.

También impulsa programas de desarrollo con un enfoque territorial, además de medidas para estimular la productividad agropecuaria en todo el país, acordadas con las comunidades en las regiones más afectadas por el conflicto y la pobreza.

Además, crea un sistema especial de alimentación y nutrición para erradicar el hambre y la malnutrición.

Millones de personas fueron desplazadas por el conflicto armado y muchos campesinos y campesinas perdieron sus tierras, razón por la cual es clave entregar apoyo a los agricultores familiares para que tengan acceso a los mercados, inversiones e infraestructura, además de sistemas de información de mercado y mecanismos de integración a los circuitos económicos agroalimentarios.

La intervención de Yara servirá para que Colombia mejore su producción en cantidad y calidad en el territorio que tiene a disposición para ello, según aseguró la compañía noruega.

Traducido por Verónica Firme

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La trampa

trampa

Teódulo López Meléndez

En este país pululan las trampas. Este es un país entrampado, uno que vive una cotidianeidad de trampa, una que parece alargarse más que una trampa.

Las trampas están a la orden del día. Las tácticas para entrampar van desde la persecución de fantasmas hasta la realización de crucigramas. La trampa se extiende desde dispositivos para capturar e incomodar hasta juegos verbales insustanciales rayanos en el acertijo.

En este país se asiste a la vieja expresión “hacer trampa” como se mira un acto fraudulento que anda detrás de un provecho malicioso y no se le considera más que una acción no delictual.

El país está trancado bajo la trampa. El proceso político se quedó estático en un punto, el de la trampa. El país no encuentra como salir de la trampa porque los actores piensan que se trata de un ratón buscando por las paredes de un laberinto la posibilidad de encontrar el queso compensatorio. Los días pasan en la mayor repetición concebible. No hay acciones para abrir la puerta de la trampa jaula ni movimiento alguno que conduzca a aliviar al país de sus penurias ya asumidas como fatídicas.

La trampa parece construir nuevas rejas o paredes cada día.  Estamos entrampados en la candidez, en una anormalidad resignada. Existe un dispositivo que se sirve del engaño para cazarnos. Se cuidan las salidas por la inseguridad, se busca en diversos lugares por la comida, se asiste a la violencia intolerable, se busca refugio ante la tormenta. La tormenta no cesa por los paraguas ni los impermeables ni amaina con la resignación a estar en una trampa. La tormenta prosigue haciéndose un torrente que arrasa, que produce apagones o nos deja sin ¨salidas constitucionales, democráticas y pacíficas”, por decir lo menos ante la avalancha en crecida de males que caen sobre la trampa, dentro de la trampa, impidiéndonos visualizar otra posibilidad de futuro.

La trampa tiene expertos operadores. Sobre la trampa se pasean los de diversos colores haciendo signos vacuos para que los habitantes de la trampa confíen en una forzada supervivencia. Los sucesos de cada día son mirados como noticias extraordinarias cuando no son más que una repetición penitente de pervivencia de la trampa.

Para que haya trampa tiene que haber tramposos, manipuladores, actores que simulan ante los entrampados que hay una obra en desarrollo, cuando la verdad es que la escena es la misma y hacen todos los esfuerzos por alargarlas hasta que el país se aletarga y se levanta al día siguiente a observar la misma caída vertiginosa, el desamparo, la desolación que caracteriza a toda trampa.

Los tramposos viven de la trampa. Suele llamársele clase dirigente, la misma que produce adjetivos duros e insiste en reunirse con sus homólogos tramposos o que proclama la inexistencia de un Estado de Derecho pero cada día acciona ante su inexistencia.

El país se está comiendo las migajas que caen en la trampa. Todos los días se acciona para que nada pase, para que el hábito reine, para que la inercia prevalezca, para que nada cambie la trampa en que está el país.

Salir de la trampa implicaría no mirar a los cuidadores y vigilantes de la trampa. Salir de la trampa es no seguir el juego de los laberintos y de los recovecos que cada día son lanzados para que las redes sociales ardan con supuesta y falsa anunciación de noticias renovadas y de esperanzas catalizadoras. Para salir de la trampa el país debe entender que está en una trampa.

A mar abierto

Artículo de Teódulo López Meléndez en el diario El Universal (Miércoles 21/09/06)

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www.eluniversal.com/noticias/opinion/mar-abierto_545143

Nadie es indispensable en una democracia

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Por Oscar Arias Sanchez English version

SAN JOSÉ, 20 sep 2016 (IPS) – He pensado mucho si debo regresar a la política. Grupos de distintos partidos políticos, y sin afiliación partidaria, me han expresado su preocupación por la situación actual del país y me han ofrecido su apoyo, y las encuestas que se han publicado hasta la fecha indican que tengo la oportunidad de alcanzar un tercer mandato presidencial.

El respaldo de tanta gente me llena de gratitud. Ninguna recompensa es para mí más importante que la confianza del pueblo costarricense, porque es una confianza que emana de los hechos, de conocerme desde hace más de 45 años, y de saber que, con todos mis defectos, siempre digo lo que pienso y siempre hago lo que digo.

La aprobación de mis dos administraciones es reflejo de lo que juntos fuimos capaces de hacer. En los ochentas, trajimos la paz a una región abatida por la guerra y pusimos así a Costa Rica en el mapa mundial. Hace 10 años, insertamos a nuestro pequeño país en la economía internacional, y lo colocamos nuevamente en el mapa cuando se logró la aprobación en las Naciones Unidas del Tratado sobre el Comercio de Armas, el mayor aporte de Costa Rica a la humanidad en toda su historia.

Durante muchos meses he sopesado la contribución que aún puedo hacer para servirle de nuevo a Costa Rica, frente a la necesidad de impulsar el surgimiento de una nueva generación de líderes costarricenses. Y es que no estoy pensando en los próximos cuatro años. Estoy pensando en los próximos cuarenta. Tengo suficientes fuerzas y suficientes ideas para servirles nuevamente. Pero también sé que no soy indispensable. Nadie lo es en una democracia.

Esto es algo que he dicho muchas veces: una de las principales obligaciones de un líder político es propiciar nuevos liderazgos. El futuro de un país depende de que haya siempre nuevos cuadros dispuestos a tomar la estafeta. Sólo los tiranos se aferran al poder. Los demócratas, y yo soy uno de ellos, entienden la importancia de hacerse a un lado. Creo que hay que darle espacio a los que vienen y ésta es la principal razón para no presentar mi nombre a una nueva candidatura presidencial.

La segunda razón emana de la ingobernabilidad política de Costa Rica. No me atormenta la oposición, por el contrario, siempre he creído que en una democracia si no existe oposición hay que crearla. Creo que un buen gobierno necesita que haya alguien, del otro lado de la acera, recordándole sus compromisos y llamándolo a cuenta.

Lamentablemente, hay un segmento de la oposición en nuestro país que, en lugar de exigirle al gobierno de turno que cumpla con sus promesas, usa cualquier herramienta para impedírselo. En lugar de dejar que ejecute el plan de gobierno que los ciudadanos respaldaron en las urnas, libran cuatro años seguidos de campaña electoral, paralizando el avance en la dirección que el pueblo señaló.

El 8 de mayo del 2006 en la  toma de posesión de mi segundo gobierno, hice el siguiente ruego a los costarricenses, que sigue vigente hasta el día de hoy: “ruego para que aprendamos que ningún partido y ningún grupo social tiene el monopolio de la honestidad, del patriotismo, de la buena intención y del amor a Costa Rica. Un ruego para que entendamos que el ejercicio responsable del poder político es mucho más que señalar, denunciar y obstruir, y consiste, ante todo, en dialogar, colaborar y construir.  Un ruego para que sepamos distinguir entre adversarios y enemigos; para que comprendamos que no es un signo de debilidad la voluntad para transigir, como no es un signo de fortaleza la intransigencia.  Un ruego para que desterremos la mezquindad de nuestro debate político; para que levantemos la cabeza, miremos hacia delante y pensemos en grande.”

La tercera y última razón que me impulsa a tomar esta decisión es que creo que hay muchas formas de trabajar por el pueblo de Costa Rica. Dicen que el que solo sirve para presidente, ni siquiera para presidente sirve. Es decir, que si uno sólo puede influir desde la silla presidencial, ha de ser poca su influencia. No planeo retirarme. Seguiré opinando sobre la realidad del país y seguiré impulsando las causas en las que creo: siempre defendí lo que considero es lo mejor para nuestro pueblo y, sobre todo, para los más humildes.

Seguiré promoviendo sin descanso la necesidad de que Costa Rica apruebe reformas educativas que permitan elevar la calidad de la enseñanza en nuestras escuelas, colegios y universidades, como la educación dual, evaluando a los educadores y asegurándonos de que nuestros jóvenes reciban las destrezas que les permitan competir en el mundo actual.

Seguiré insistiendo en la necesidad de que Costa Rica modernice su economía, invierta en infraestructura, se inserte aún más en los mercados globales, eleve significativamente su competitividad y acelere los motores de su productividad, el mejor instrumento para reducir las desigualdades. Y seguiré defendiendo la democracia, la paz y el desarme, porque el pequeño tamaño de nuestro país nunca debe ser la medida de su autoridad moral.

He tomado la decisión de no postular mi nombre para un tercer período presidencial porque creo que el problema principal que enfrentamos es de mediano y largo plazo. Si no logramos elevar la calidad de la política y el interés por el servicio público; si no logramos que los más capaces, los más preparados, los más honestos participen en la vida política, está en juego la sostenibilidad misma de nuestro sistema democrático.
Para preservar este sistema de vida que hemos disfrutado por años debemos animar a los jóvenes a que pongan sus manos en el timón de la historia.

Este es un país de gente joven. Son las nuevas generaciones las que deben luchar por el poder y ejercerlo. Si no les gusta el rumbo del país, deben transformarlo. Uno puede hacer mucho bien al margen de la política, pero un país en donde todos están al margen es un país a la deriva. Decía Arnold Toynbee, el gran historiador británico, que “el mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que serán gobernados por personas que sí se interesan”.

Los jóvenes deben ocupar el lugar que les corresponde en la toma de decisiones. Deben ponerse al timón porque este barco, que llamamos Patria, va en la dirección de su compromiso, o de su indiferencia. ¡Que la Costa Rica del futuro no sea fruto de la omisión, sino de la más decidida acción transformadora!

Mi profundo agradecimiento a todos los que me han apoyado. Muchísimas gracias por su cariño y por su confianza. Muchísimas gracias al pueblo de Costa Rica que no deja de conmoverme, que no deja de inspirarme, y que no deja de darme razones para creer que la política es un instrumento para el bien, para la paz, para la justicia; que la política es el taller de los sueños donde quizás se hacen más realistas, más precisos, más concretos, pero también el lugar en el que los sueños se vuelven verdaderos.

Los puntos de vista expresados corresponden al autor, y no necesariamente a IPS-Inter Press Service, ni pueden serle atribuidos.

 

Evidencias

chantaje

 

 Por Dulce María Tosta

«Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza»

Simón Bolívar

En una oportunidad oí a Er Conde del Guácharo decir algo parecido a esto: A mí no me arrecha cuando creen que uno es pendejo; lo que me arrecha es cuando están seguros. Este recuerdo se disparó cuando escuché a Chúo Torrealba y a otros «opositores» tratando de explicar el secretismo de las reuniones entre el régimen y el G4 de la MUD, calificándolas como prediálogo, neologismo que da cabida a otros como pretraiciónpreengaño y prefalsedad.

Desde hace bastante tiempo hemos observado extrañas conductas de la MUD y, sobre todo, su paciente y silente aceptación de las imposiciones inconstitucionales e ilegales de un régimen manifiestamente decidido a perpetuarse en el poder a la usanza cubana. La MUD ha utilizado el antichavismo como mercancía de su propiedad, altamente cotizada en el mercado electoral y por cuyo apaciguamiento el régimen estaría dispuesto a pagar caro; eso lo saben los miembros del G4, como saben también que sin chavismo no hay futuro para ellos, pues quedarían como anaquel de supermercado venezolano.

Según fuentes serias que merecen nuestra confianza, la MUD no se reúne desde enero; las decisiones son tomadas por el G4 y los demás partidos se enteran de ellas por la prensa o por algún infidente. Fue ese grupo quien le negó al País elecciones primarias previas a las legislativas y quien distribuyó diputaciones de acuerdo a sus propios intereses y, con ello, provocó la debilidad política de la Asamblea Nacional, hoy llena de activistas desconocidos. Son esos cuatro jinetes de nuestro apocalipsis los que silencian la vigente Ley de Nacionalidad y Ciudadanía(1), que muy útil podría ser para precisar la nacionalidad de Maduro, mientras se hacen los inocentes de haber convertido la inmensa manifestación popular del 1° de septiembre en una marcha más, solamente provechosa para mostrar su capacidad de movilización.

El prediálogo con el cual Chúo Torrealba ofende nuestra inteligencia, se convirtió en un alborotador de recuerdos y en un concatenador  de conductas que por separado lucen erráticas e inconexas. Veamos:

– En un artículo denominado «El cambio depende de ti, de todos»(2), aparecido envisionvenezuela.com.ve y fechado el 20 de marzo de este año, Henrique Capriles plantea el revocatorio como la única vía para salir de Maduro y su régimen, degradando las otras opciones, especialmente la referente a la prueba de nacionalidad. Pregunto: ¿Pudo el excandidato olvidar que cualquier revocatorio sería administrado por un CNE chavista hasta el tuétano? ¿Por qué mintió afirmando que forjar una partida de nacimiento es de extrema sencillez?(3)

– Una vez desviadas todas las aguas hacia el molino del revocatorio, la gente fue convocada para solicitarlo firmando en cantidad no inferior al 1% del padrón electoral, cuando en verdad tal requisito tuvo como objeto convertir a la MUD en un grupo de electores, que según la inconstitucional Resolución del CNE N° 070906-2770 de fecha 6 de septiembre de 2007(4), era trámite previo para solicitar la revocación. Las trabas que opuso el CNE a tal 1%, son historia reciente;

– El G4 de la MUD aceptó pasivamente la inversión del universal principio de buena fe, por lo que las firmas se presumieron inválidas hasta que fueron validadas. Con esta pirueta jurídica, el régimen ganó tiempo y se acercó a su codiciado RR2017;

– Al G4 se le ven las costuras cuando acepta que sea el CNE y no el peticionario quien determine el momento para realizar la petición de revocación del mandato presidencial. De esta manera, la simbiosis régimen/MUD deroga de hecho el artículo 51 de la Constitución, el cual establece que «Toda persona tiene el derecho de representar o dirigir peticiones ante cualquier autoridad, funcionario público o funcionaria pública sobre los asuntos que sean de la competencia de éstos o éstas, y de obtener oportuna y adecuada respuesta…» Así, es notorio que el chavismo y algunos partidos que dicen oponérsele nos llevan mansamente a la cámara de gas del RR2017.

El G4 de la MUD no podrá excusarse con la falta de idoneidad de nuestros tribunales, pues con su silencio y omisiones a propósito se hizo cómplice antes que víctima y como tal deberá responder ante la historia.

Los meses pasan y nos acercamos inexorablemente al 10 de enero de 2017, fecha en la cual se caerán las máscaras trituradas por el martillo de la verdad. De los mismos autores del prediálogo, del 1%, de la fecha para el 20% y de otras marramuncias de similar catadura, recibiremos un rosario de excusas, ninguna de las cuales los eximirá del duro castigo que merecen por haber engañado a un pueblo que vio en ellos el liderazgo necesario para recuperar la libertad. Pero no todo será pérdida, pues ese día «conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Juan 8:32).

turmero_2009@hotmail.com

@DulceMTostaR

http://www.dulcemariatosta.com

 

(1) Ley de Nacionalidad y Ciudadanía: http://www.dulcemariatosta.com/index.php/ley-de-nacionalidad-y-ciudadania

(2) El cambio depende de ti, de todos: http://dulcemariatosta.com/index.php/de-otras-firmas?layout=default&id=736

(3) Al respecto leer mi artículo «Carta a Henrique Capriles Radonski»: http://dulcemariatosta.com/index.php/de-dulce-maria-tosta?layout=default&id=697

(4) Resolución del CNE N° 070906-2770:  http://dulcemariatosta.com/index.php/resolucion-n-070906-2770-del-cne

 

La ética versátil de la política

 

zigzaguear

Por Alberto Medina Méndez

Muchos dirigentes políticos se ofenden cuando se sienten criticados por la actividad que han elegido como profesión. Sostienen que la generalización es siempre una injusticia y en eso probablemente tengan un poco de razón.

Algunos personajes de ese ambiente encajan perfectamente en la descripción universal, pero otros intentan salir de la matriz habitual. Pocos lo consiguen pero es cierto que existen unas pocas excepciones a la regla.

El problema de fondo está vinculado a los antecedentes de la clase política. El descrédito no es producto de una campaña de ensañamiento contra los dirigentes, sino de una percepción de la sociedad, siempre subjetiva, que observa múltiples conductas impropias en los líderes convencionales.

Historias de corrupción y despilfarros, de abuso de poder y soberbia, de inadmisibles posturas reiteradas hasta el cansancio, de manipulaciones perversas e intrigas infinitas. La lista de indeseables comportamientos es demasiado extensa y la gente los identifica de este inconfundible modo.

El que está fuera del poder, el opositor de turno, intentará diferenciarse al máximo señalando con dureza a los que gobiernan, mostrándolos como seres maliciosos dignos del más absoluto repudio popular.

Es interesante analizar esto en perspectiva porque un instante de la política contemporánea no alcanza a exhibir con realismo esa dinámica cambiante en la que los actores mutan sus roles y quienes gobiernan dejan el poder en manos de los que hasta hace poco estaban en la vereda de enfrente.

 

Es allí cuando la moral con mayúsculas entra en escena con contundencia. Se observa claramente como los paradigmas terminan girando, como los valores se deterioran y lo que hasta ayer era cierto, ahora deja de serlo.

Los que eran poderosos y cometieron todo tipo de desmadres ahora pretenden que sus adversarios sean transparentes, inmaculados, que rindan cuentas y cumplimenten todas las normativas, esas mismas que ellos pisotearon vulnerándolas durante años sin descaro, ni pudor alguno.

Los flamantes triunfadores ya no pueden ampararse en sus acostumbradas críticas despiadadas. Ahora les toca ser protagonistas y tomar la iniciativa a diario. Ya no alcanzan los rimbombantes discursos desde la cómoda postura de observadores circunstanciales analizando todo cruelmente, buscando siempre los errores ajenos y siendo punzantes en sus consideraciones.

Es tiempo de realizaciones, de lidiar con la realidad, de hacer lo que prometieron, de tomar determinaciones con coraje superando obstáculos y dejando de lado los inconvenientes que inexorablemente aparecen.

Lo curioso es observar como ese nuevo oficialismo ahora naturaliza lo incorrecto. Lo que antes estaba mal ahora parece estar bien. Lo que en el pasado configuraba un atropello ahora emana del mandato de la sociedad.

Cuando eran minoría, reclamaban respeto por las opiniones ajenas, tildando de antidemocráticos a los que les refregaban los fríos números electorales. Hoy son ellos los que cuentan con ese respaldo y no les parece tan mal ufanarse de ese apoyo coyuntural para avalar cualquiera de sus decisiones.

Hasta hace poco derrochar recursos de los contribuyentes les parecía inapropiado. En el ejercicio de gobernar esos dineros han tomado otra entidad y ahora les parece lógico malgastarlos en cuestiones personales, gestiones privadas y hasta familiares haciendo que lo paguen los ciudadanos, como si de pronto se hubiera convertido en algo legítimo.

Convivir con la ineficacia, la informalidad y el despilfarro ha pasado a ser un hábito y ahora que están en el gobierno, esas cuestiones ya no molestan como antes. Es como si los parámetros hubieran mutado velozmente.

El modo de hacer política sigue siendo muy parecido. Utilizar los recursos del Estado para hacer proselitismo, financiar la acción partidaria desde las arcas públicas es moneda corriente. Sostienen ahora que en el pasado los otros lo hacían y que no existe razón alguna para no continuar con ese esquema. Ese argumento no convierte mágicamente lo inmoral en justo.

Amedrentar adversarios, comprar voluntades con dádivas, hacer favores políticos designando amigos en cargos públicos, obtener dudosos apoyos parlamentarios a cambio de transferencias de recursos para jurisdicciones de otro signo político, siguen siendo parte del patético paisaje.

Es importante comprender que la moralidad de las decisiones no se debe medir según el lado del mostrador en el que se está operando. Esa circunstancia no lo describe. En todo caso justamente son sus actitudes cuando detenta el poder las que mejor explican su verdadera naturaleza.

Por mucho que se molesten algunos dirigentes y también sus partidarios, no alcanza con hacer ciertas cosas bien. No tiene que ver con la eficacia de la gestión y sus eventuales resultados efectivos. La integridad de un líder político no depende ni del éxito, ni del fracaso de sus políticas públicas.

Si realmente se quiere jerarquizar la actividad política es tiempo de que los que la ejercen muestren señales inconfundibles con sus comportamientos cotidianos. Si quieren ser respetados tendrán que hacer un esfuerzo mayor y proceder en consecuencia priorizando los valores apropiados.

Hasta ahora, lo que se logra identificar fácilmente es una sinuosa actitud, una zigzagueante conducta, una cuestionable impronta que confirma un rumbo con una larga y deplorable tradición, cuya característica principal sigue siendo la ética versátil de la política.

albertomedinamendez@gmail.com

 

La estructura y el funcionamiento del poder

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 Teódulo López Meléndez

El desarrollo del concepto de alienación echó en el olvido al de fetichismo. Ambos han sufrido períodos de esplendor y de olvido, remodelaciones y cambios. Marx está en el origen de ambos, sólo que la interpretación de “fetichismo de la mercancía” se fue reduciendo a una falsa valoración de las cosas lo que le daba una implicación ideológica, cuando hoy en día la sociedad del espectáculo ha convertido a esa mercancía en la creadora del mundo que habitamos.

 

Es evidente que ambos conceptos se entrelazan. El objeto es un fetiche (hoy el símbolo a citar sería el teléfono celular) y estamos alienados en el sentido de que nuestra creación escapó de nosotros y nos domina. Hoy decimos en relación a ambos conceptos que se han modificado sustancialmente los medios de dominación. Es evidente que insistimos en lo tecno-mediático porque vivimos en la civilización de la imagen, pero ella tiene relación directa con la mercancía “fuera de sí”. Este “rebaño normalizado” lo es ahora por vías distintas, las cuales han sido afinadas en su efectividad por la tecnología.

 

La precisión del cambio la definió Gilles Deleuze como el paso de una sociedad disciplinal a una sociedad de control. En la primera existen instituciones que funcionan como la columna vertebral y definen el especio social, esto es, la llamada sociedad civil (otro concepto en riesgo) define al cuerpo social todo. Si a ver vamos la casi totalidad de las instituciones que sirven de estructura a esa sociedad civil están derruidas trayendo como consecuencia lo que este pensador llama “vacío social”. La llamada sociedad civil, en algunos casos, sigue conservando las instituciones y características que alguna vez la definieron, pero estas han sido anegadas por las nuevas formas de control hasta llegar a una de las condiciones esenciales de este, la hipersegmentación de la sociedad. Aquí, y en todas partes, deberíamos comenzar a hablar más bien de una sociedad poscivil.

 

Está claro que para la existencia de una democracia la sociedad civil resulta indispensable. Es ella el campo donde lógicamente se producen las mediaciones esenciales al espíritu democrático. Fue Hegel el mayor estudioso de este tema, aunque, claro está, el concepto nació para oponerlo al de sociedad natural. Lo civil en los pensadores anteriores implicaba la organización social, con el Derecho incluido como gran ordenador, mientras Hegel parece referirse más bien a “sociedad burguesa”.

 

Bien podría argumentarse que la sociedad civil se ha convertido en un simulacro de lo social. La democracia, por ejemplo, parece alejarse de su marco de drenaje y composición, para elevarse por encima de las fuerzas conflictivas que se mueven en su seno. El poder que amenaza con surgir en el siglo XXI trabaja –ya lo hemos dicho hasta la saciedad- con la velocidad y con la imagen, más con la velocidad de la imagen. Su alzamiento por encima de una sociedad civil débil le permite recuperar el sueño del dominio total, de la modelación de los “contemporáneos” (antes ciudadanos) a su leal saber y entender. Así, el poder de la dominación se hace total. En el campo del sistema político la democracia comienza a ser mirada como un impedimento, como un estorbo.

 

Ya no estamos, pues, y a veces mucha gente no se da cuenta, en una sociedad industrial. En consecuencia las formas de poder son otras. Las que corresponden a una sociedad panóptica* si aceptamos el término, o, simplemente a una sociedad de control. En consecuencia, las viejas formas (sindicatos, partidos políticos, asociaciones empresariales y todas aquellas “instituciones” de la sociedad civil) se derrumban, al igual que los sistemas de valores tradicionales, la familia, los sistemas de poder (la democracia en peligro). No se trata, como repite tanta gente en mi país, de que los partidos se regeneren o se hagan diferentes. Lo que pasa es que la forma de expresión política de este tiempo ya no pasa por ellos. Hay nuevas formas de poder y también nuevas formas de política, sólo que la tendencia es a la eliminación de esta última, es decir, a un neo-totalitarismo. Si vemos, por ejemplo, la inutilidad de los sindicatos y la impotencia absoluta de los partidos para unir en torno a ideologías, debemos admitir que la nueva estructura política pasará por un entramado de redes de acción y presión política. Lo que hay que entender es que la política dejó de ser un espacio de acción individual o uni-organizativo para convertirse en una gran red de redes de transmisión de información, creación de coaliciones y alianzas y en articulación de presión política.

 

En su postdata sobre “Las sociedades de control”, Gilles Deleuze nos recuerda el proceso, con Foucault, de las sociedades disciplinarias de los siglos XVIII y XIX, en plenitud en los principios del siglo XX, donde el hombre pasa de espacio cerrado a espacio cerrado, esto es, la familia, la escuela, el cuartel, la fábrica y, eventualmente, la prisión, que sería el perfecto modelo analógico. Este modelo sería breve, apenas sustitutivo de las llamadas sociedades de soberanía, donde más se organiza la muerte que la vida. Deleuze considera el fin de la II Guerra Mundial como el punto de precipitación de las nuevas fuerzas y el inicio de la crisis de lo que llamamos sociedad civil. Entran en crisis la familia, la escuela, el hospital, el ejército, la prisión. En otras palabras, entran con fuerza las sociedades de control que sustituyen a las sociedades disciplinarias. Virilio habla así de control al aire libre por oposición a los viejos espacios cerrados. El gran diagnóstico sobre este proceso lo hace, qué duda cabe, Foucault, pero es a Deleuze a quien debemos recurrir para entender el cambio de los viejos moldes a lo que él denomina modulaciones. La modulación cambia constantemente, se adapta, se hace flexible. La clave está en que en las sociedades disciplinarias siempre se empezaba algo, mientras que en las de control nunca se termina nada, lo importante no es ni siquiera la masa, sino la cifra. Es decir, hemos dejado de ser individuos para convertirnos en “dividuos”. No hay duda de la mutación: estamos en la era de los servicios, la vieja forma capitalista de producción desapareció. He definido esta era como la de la velocidad, pues bien, el control es rápido, cambiante, continuo, ilimitado. Si algunos terroristas colocan collares explosivos a sus víctimas, la sociedad de control nos coloca un collar electrónico.

 

Y como siempre que diagnosticamos en este tema debemos regresar a Michael Foucault (“Microfísica del poder”, “Vigilar y castigar (Nacimiento de la prisión)”, “La arqueología del saber”, “Los anormales”, “Estrategias de poder”). Siempre ha existido algún tipo de vigilancia hacia los individuos o grupos sociales, pero una que pueda llamarse de “rango institucional centralizado” corresponde a este tiempo del nacimiento y progreso de las nuevas tecnologías. Así, la sociedad de control tiene mayor intensidad y sistematización en su vigilancia, alzándose esta última como sustituta de la coerción física. Esta pérdida de libertad es aceptada gustosamente. Foucault distingue así entre sociedad de espectáculo y sociedad de vigilancia, diferenciación que no encuentro correcta, pues como he dicho más arriba, el espectáculo es una forma vigilante. En cualquier caso podemos aceptar el término acuñado, el de sociedad panóptica, que no es otra que aquélla que reproduce la estructura y funcionamiento del poder. En otras palabras, se homogeniza el comportamiento. El preso no puede observar a quien lo observa, mientras que el panóptico no hace otra cosa, está fijo frente al carcelero, mirándole, aprendiendo de él, haciéndose él. Para decirlo con palabras propias de una dictadura, el que se sabe vigilado procura “comportarse bien”. La vigilancia se introyecta, se hace parte integral del “dividuo”. Nos hemos convertido en autómatas consumidores de imágenes. Y volvemos a lo que he llamado la plaga neo-totalitaria que puede avizorarse en el horizonte: ya no habrá dictaduras con estadios llenos, no hará falta, la sumisión estará en el interior del hombre, pues el “dividuo” no verá al poder, ni hará falta, y al no verlo le parecerá ausente, inaccesible, y eso hará del poder el amoroso dictador cuya eficacia está garantizada.

 

*Panóptico: Dicho de un edificio. Construido de modo que toda su parte interior se pueda ver desde un solo punto. DRAE),

 

Venezuela: Semana trágica para régimen y MUD

Audio de Teódulo López Meléndez

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Refugiados rohinyás de Birmania procuran que guardias de la patrulla fronteriza de Bangladesh los dejen pasar, en 2012. Crédito: Anurup Titu/IPS.

Nada que esperar de la reunión de la ONU sobre refugiados

Por Phoebe Braithwaite English version

NACIONES UNIDAS, 15 sep 2016 (IPS) – La reunión de alto nivel de la ONU sobre refugiados y migrantes iba a ayudar a reubicar a una de cada 10 personas en esa situación. En cambio, los estados miembro apenas si asumieron compromisos vagos, como una campaña para terminar con la xenofobia.

Las organizaciones y las personas que trabajan en cuestiones de derechos humanos y humanitarias quedaron decepcionadas con el resultado del documento acordado por los estados antes del encuentro, que se realizará este lunes 19 en la sede de la ONU (Organización de las Naciones Unidas) en Nueva York, porque no llega a crear un marco integral y vinculante que proteja a los refugiados.

Para lectura completa http://www.ipsnoticias.net/2016/09/nada-que-esperar-de-la-reunion-de-la-onu-sobre-refugiados

El desentierro de la nación

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Por Joaquín Roy

MIAMI, 14 sep 2016 (IPS) – Winston Churchill plasmó en 1946 con una frase histórica el nuevo fenómeno de la escena europea: “Desde Stettin en el Báltico hasta Trieste en el Adriático, un telón (“cortina”, en algunas traducciones literales) de acero (“hierro”, en el original) ha descendido sobre Europa”. Fue el anuncio de la novísima visión de Europa tras la tragedia de la Segunda Guerra Mundial y del principio de la Guerra Fría.

Los remedios ante ese diagnóstico fueron varios. Del lado norteamericano, la advertencia vino en 1947 del “memorando corto” firmado por “Mr X”, el diplomático George Kennan, artífice de la doctrina de la contención. Era la base de la resistencia de Washington a los argumentos de Moscú.

Así se crearía la Organización del  Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Por el lado europeo, la respuesta fue la Declaración Schuman de 1950, sobre el guión de Jean Monnet, con la fundación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), apoyada por Estados Unidos, no solamente para amaestrar el nacionalismo europeo, sino como facilitadora de la distribución de la ayuda del Plan Marshall. Se procedía al desmantelamiento de las barreras nacionales y apoyo a la supranacionalidad.

Hoy la sentencia histórica de Churchill podría rescribirse diciendo que desde el Polo Norte hasta Gibraltar se ha detectado el regreso de un telón de acero, multiplicado en medio centenar de muros nacionales. Un viejo protagonista de la historia europea se ha reinstalado: la nación, y peor, el nacionalismo. Las causas han sido varias.

Los problemas encarados por el proceso de la Unión Europea (UE) se detectaron claramente con el fracaso del tratado constitucional en 2005. Cuando los electorados francés y holandés vetaron el texto, la reacción vino en cadena y simplemente se optó por abandonar el grandilocuente proyecto y sustituirlo por el Tratado de Lisboa, una miniatura compuesta por los aspectos básicos. Se consiguió cauterizar el daño del arriesgado y ambicioso proyecto, pero el maquillaje no consiguió más que ocultar la fuerza de sus ambiciones. Los sectores de la resistencia tomaron debida nota y se aprestaron a la venganza contra lo que se interpretaba como un super-estado que sustituía al genuino estado-nación.

En el contexto de lo que se consideró como apresurada ampliación de la UE con la incorporación de diez países más, ocho de ellos antiguos miembros de la alianza bajo los soviéticos, la oposición se reforzó con la crisis económica consiguiente que convenientemente se atribuyó a las deficiencias de la instalación del euro. Fue un chivo expiatorio idóneo. La explosión inmigratoria con el refuerzo de la invasión de refugiados fue el siguiente golpe, maquiavélicamente explotado por las fuerzas nacionalistas.

Las debilidades de las instituciones europeas, poco preparadas para actuar en conjunto, dependientes de las acciones individuales de los gobiernos de los estados, causaron una sensación de orfandad que las fuerzas nacionalistas se apresuraron a rellenar con renovado entusiasmo. De la vieja época en que se había señalado al estado nacional como el causante de la tragedia europea se pasaba raudamente a rescatar la fuerza nacional como soporte del estado.

En el seno de la Unión Europea se exigía a los países deudores (notablemente, Grecia) la reparación urgente y el cumplimiento de políticas de ajuste y recorte de gastos. La reacción nacional no se hizo esperar: la UE era el nuevo ogro transnacional al que urgía enfrentar. Como oposición a las consignas de Bruselas para la recepción, distribución y adaptación de inmigrantes indocumentados y refugiados, algunos países (curiosamente, algunos de los más recientes miembros como Hungría) optaron por el cierre de sus fronteras y el refuerzo de sus argumentos nacionales.

Al otro lado del Canal de la Mancha los resquemores británicos acrecentaron sus privilegios de rechazo al acuerdo de Schengen y el euro, con la convocatoria del referéndum de abandono de la UE (“Brexit”). Los argumentos económicos de pretendidas desventajas laborales se presentaron reforzados por reclamos de identidad nacional ante la percibida amenaza a la esencia del país.

En Francia se han repetido las señales nacionalistas desde los conatos de Marine Le Pen hasta la tortuosa actuación del gobierno de François Hollande, culminando con la petición de carpetazo al Acuerdo de Comercio e Inversiones con Estados Unidos (TTIP). La cercanía de las elecciones presidenciales en 2017 es paralela a las circunstancias en Alemania, donde Angela Merkel está pagando el precio de su apoyo a la apertura de la inmigración. En su propio feudo de Meckemburgo-Pomerania ha cosechado una derrota electoral ante el partido xenófobo de Alternativa para Alemania (AfD), preludio de un desastre nacional el año próximo.

Son vientos atormentados europeos que han sido reforzados por la campaña presidencial en Estados Unidos y la reticencia-oposición de los candidatos al libre comercio. Aunque el panorama norteamericano se aclare en enero, los problemas europeos no desaparecerán. Habrá que encarar los efectos perniciosos del nacionalismo.

Joaquín Roy es catedrático Jean Monnet y director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami. jroy@miami.edu

Editado por Pablo Piacentini

La quebrada representatividad

Artículo de Teódulo López Meléndez en el diario El Universal (Miércoles 14/09/16)

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www.eluniversal.com/noticias/opinion/quebrada-representatividad_525464

Mercaderes

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Por Dulce María Tosta

En más de una oportunidad, hemos oído a dirigentes políticos pidiendo  paciencia a los venezolanos y tratando de convertirse en  administradores de nuestro tiempo y de nuestro futuro, en negociadores  de la voluntad popular y en rectores de las acciones dirigidas a la recuperación de la libertad perdida.

La característica conductual más notoria de esos dirigentes es la audacia. Son capaces de proponer cualquier dislate, si con él logran objetivos provechosos para sus personas o para los grupos a los que pertenecen, importándoles poco alargar la tragedia que sufre la Nación. Así, nos encontramos con la inmensa movilización cívica del 1° de septiembre; poco antes, decidieron ponerle horas de inicio y final, cual verbena de colegio, mientras el régimen, violando preceptos básicos de la Constitución, hacía lo indecible para impedir la Toma de Caracas.

Desde hace bastante tiempo la gente percibe al régimen y a la MUD como un par de expertos bailarines de tango, dando atrevidos pasos al son de la música y de una letra no escrita en el lunfardo rioplatense, sino en el más genuino argot habanero, pues flota en el ambiente del ciudadano común que hay acuerdos escondidos entre quienes gobiernan con actitud cuartelaría y quienes dicen oponerse con palabras, pero no con hechos, con marchas y cacerolazos inocuos, más importantes para los asuntos de la psiquis que de la política.

Pero hay un hecho que pudiera ponerle fin a la mascarada: la fecha del revocatorio; éste en 2017 sería tan ineficaz como los cacerolazos y las marchas sin destino convocadas por la MUD y –peor aún– sería de incalculable beneficio político para la supervivencia del chavismo, al permitirle convertir a Maduro en el chivo expiatorio, en el culpable de todos los males y a Chávez en el padre impoluto de la revolución de los humildes. Entonces, no es difícil percibir la importancia del 2017 para el chavismo y lo que estaría dispuesto a pagar para lograrlo; por ello, no es de extrañar que el tuit de María Corina que encendió las redes sociales «No cuenten conmigo si se acuerda el revocatorio en 2017» fuera acogido como la confirmación de una vieja sospecha fundamentada en la creciente desconfianza que genera la MUD con sus extrañas e inexplicadas actuaciones.

Reforzando la sospecha de los negociados turbios y secretos, el pasado 9, quince partidos de la MUD, parlamentarios y personalidades, entre los que no se cuentan los llamados caciques AD, UNT ni PJ (extrañamente tampoco VP), produjeron un documento que no tiene desperdicio y que, sin decirlo expresamente, permite suponer que hay negociaciones entre la MUD y el régimen para que el revocatorio se efectúe en 2017. En dicho comunicado se lee, entre otras cosas:

– «El Referendo Revocatorio es uno de los vehículos constitucionales para alcanzar la meta: salir de Maduro y su régimen este 2016»;

– «En la Unidad precisamos sin equívocos que la Toma de Caracas, a la que concurrió más de un millón de venezolanos, tuvo un objetivo expreso: Reiterar, en la calle, que una amplia mayoría del pueblo venezolano exige, de conformidad con lo establecido en la Constitución Nacional, la celebración este mismo año, del Referéndum Revocatorio del mandato de Nicolás Maduro Moros»;

– «La Unidad es más que una coalición electoral de partidos políticos. Es urgente y necesario construir una unidad amplia, responsable, serena y audaz, que incluya a los diversos sectores de la sociedad, para plantear una ruta efectiva que nos permita lograr el objetivo este año. Debemos dar prioridad al proyecto de país, antes que al líder llamado a conducirlo. La grave situación política, económica, social y moral, no la va a resolver ni un hombre, ni un partido político; sino la Unidad de todos los venezolanos.»

Es obvia la preocupación de los firmantes del Comunicado por la posibilidad de que el revocatorio se efectúe de acuerdo a los intereses del chavismo, en 2017; a la vez, se reitera la vieja sospecha de que la cacareada «Unidad» es, en verdad, una mampara tras la cual se esconden los pillos de siempre, los que hicieron que el 4 de febrero de 1992, fuera acogido por muchos como el nacimiento de una nueva esperanza. Recordar es vivir.

 

Nota: todas las negrillas son nuestras

turmero_2009@hotmail.com

@DulceMTostaR

http://www.dulcemariatosta.com

Argentina, nueve meses después de Macrí

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Por Fernando Díaz Villanueva

Descripción de La ContraCrónica (13/09/16) – Argentina, nueve meses después de Macri

El sábado se cumplieron nueve meses de la asunción de Mauricio Macri como presidente de Argentina. Se encontró al país en un estado comatoso y, en rigor, aun lo mantiene en la UVI aunque, eso sí, con pronóstico favorable. Las reformas que ha ido implementando el candidato de Cambiemos todavía no han dado fruto. Quizá sea demasiado pronto o quizá el shock no ha sido lo suficientemente decidido para reanimar a la moribunda economía argentina del tardokirchnerismo. Aún no ha perdido el favor popular por lo que le todavía le queda crédito político que tendrá que administrar con sumo cuidado.

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Un mercado único podría ser clave para transformar a África

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El comercio interno en África no es suficiente para impulsar el desarrollo económico. Pero una nueva zona de libre comercio podría cambiarlo todo. Crédito: Busani Bafana/IPS.

Este es un artículo especial de IPS por el Día de las Naciones Unidas para la Cooperación Sur-Sur, este 12 de septiembre.

Por Busani Bafana English version

BULAWAYO, Zimbabwe, 12 sep 2016 (IPS) – Numerosos especialistas sostienen que para hacer frente a la desigualdad, el desempleo, la pobreza generalizada y la inseguridad alimentaria, África debe apostar a tener aunque sea una pequeña participación en el comercio mundial de bienes y servicios, que supera los 70 billones de dólares, promoviendo el comercio interno en este continente.

Un continente rico, pero pobre

La descripción de África como un continente pobre podría cambiar, solo si se mantiene unida como lo hizo para luchar por su independencia política. Pero esta vez, la pelea será por un lugar en el comercio mundial.

La perspectiva de un mercado único es atractiva: 54 países, más de 1.000 millones de personas y un PIB combinado de más de 3.400 billones de dólares, casi el doble del valor actual del comercio anual de bienes y servicios dentro de África.

Después de años de negociaciones y de crear varios bloques de libre comercio, si se firma el acuerdo de la Zona de Libre Comercio Continental Africana (CFTA, en inglés), prevista para diciembre de 2017, este continente podría encaminarse hacia un nuevo tipo de desarrollo.

África ganará más de lo que perderá con la CFTA, que está a la altura de acuerdos como la Asociación Estratégica para el Comercio y la Inversión entre la Unión Europea y Estados Unidos y el Partenariado Económico Comprehensivo Regional, de 16 miembros.

Este continente ya suscribió el acuerdo de la Zona de Libre Comercio Tripartita en junio de 2015, que combina tres grandes bloques: la Comunidad de África Oriental (CAO, en inglés), el Mercado Común de África Oriental y Austral (Comesa) y la Comunidad de Desarrollo de África Austral (SADC).

Las tres comunidades económicas tienen un producto interno bruto (PIB) combinado mayor a 1,3 billones (millón de millones) de dólares y 565 millones de habitantes. Pero la Zona de Libre Comercio Tripartita, suscrita por 16 de los 26 miembros, todavía espera ser ratificada por todos para entrar en vigor, un golpe a la CFTA.

En un documento sobre la adopción de la zona tripartita, Calestous Juma, profesor de práctica de desarrollo internacional, y Francis Mangeni, director de Asuntos Monetarios, de Comercio y Aduanas de Comesa, consideran al comercio regional como parte de una estrategia más amplia para transformar la economía a largo plazo.

Los especialistas sostienen que las medidas de integración comercial combinan la facilidad del libre movimiento de bienes y servicios, la inversión en infraestructura y la promoción del desarrollo industrial como parte de una visión política de largo plazo para impulsar el potencial empresarial de este continente mediante el comercio regional para terminar en una Comunidad Económica Africana para 2028.

El comercio global es una fuente indiscutida de posibilidades de desarrollo económico y un decisor entre ricos y pobres, pues facilita la creación de riqueza y estimula la innovación en todos los sectores.

Un mercado único podría ser clave para transformar a África

Un mercado de Kivu, en República Democrática del Congo. Una zona de libre comercio continental podría transformar el destino de la economía africana. Crédito: Busani Bafana/IPS.

Según la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, el comercio mundial crece, pero los países en desarrollo, y muchos de los africanos, apenas acceden a una pequeña participación en él.

La inversión extranjera directa se disparó en África de 9.000 millones de dólares, en 2000, a 5.000 millones de dólares, en 2014, pero los que más se beneficiaron fueron los países ricos, una situación que el último de los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio, “Fomentar una alianza mundial para el desarrollo”, buscó revertir mediante un sistema financiero y de comercio, abierto, predecible, no discriminatorio y basado en el derecho.

Un sistema de comercio equitativo es un ideal global, pero África tiene posibilidades de utilizar ese volumen comercial a su favor transformando la voluntad política en acciones.

Este continente tiene vastos recursos naturales y minerales, lo que hace de las industrias de procesamiento una opción de inversión viable para reducir el desempleo y eliminar la pobreza, que aqueja a muchos países africanos.

Perspectivas y problemas

La perspectiva de un mercado único es atractiva: 54 países, más de 1.000 millones de personas y un PIB combinado de más de 3.400 billones de dólares, casi el doble del valor actual del comercio anual de bienes y servicios dentro de África.

“La Zona de Libre Comercio Continental Africana (CFTA) propuesta ampliará la inversión regional del continente a África occidental, que actualmente no está cubierta por la consolidación tripartita del Comesa, la CAO y la SADC”, precisó Juma, quien dirige el Proyecto de Ciencia, Tecnología y Globalización del Centro Belfer de Asuntos Internacionales y Científicos de la estadounidense Universidad de Harvard, en diálogo con IPS.

“Eso ampliará las oportunidades de inversión para que los africanos inviertan en todo el continente. Un mayor mercado continental también hará que África sea más atractiva para los inversores extranjeros”, apuntó.

Juma, quien escribió un libro sobre la CFTA, cuya publicación coincidirá con la firma del acuerdo en 2017, cree que un mercado único más grande permitirá que las empresas africanas operen con capacidad plena, lo que a su vez estimulará una mayor innovación tecnológica.

“El impacto de la innovación incluirá un mayor movimiento de capacidades hacia y entre los países de este continente. Los africanos podrán aprender nuevas habilidades de sus contrapartes extranjeras, lo que fortalecerá la base tecnológica de África”, destacó.

Pero este continente tiene tantas oportunidades comerciales como obstáculos para concretar la libre circulación de bienes, servicios y personas.

Uno de los mayores obstáculos para la CFTA es ajustar la legislación y las prácticas nacionales para que los países puedan implementar el acuerdo. La resistencia vendrá de las empresas protegidas de la competencia exterior, explicó Juma. Una solución, según él, es crear medidas correctivas mediante incentivos.

“El acuerdo necesita incluir remedios e incentivos para ayudar a los países a ajustarse al nuevo régimen”, explicó.

“En ese sentido, el acuerdo no debe tratarse solo de libre comercio, sino que debe incluir disposiciones en materia de infraestructura e industrialización. Debe ser un tratado de desarrollo económico, no solo un arreglo de libre comercio”, añadió.

Comercio africano casi inexistente

Datos del Comesa muestran que el comercio dentro de este continente es apenas de 12 por ciento, muy por debajo del que tiene con Europa y Asia, de casi 60 por ciento. Una de las razones son las normas nacionales, que hacen que sea mucho más fácil comprar productos a un país europeo que a uno africano.

Armonizar la política comercial y reducir los derechos de exportación e importación son fundamentales para liberar la circulación de bienes y personas.

El documento, en un principio solo para jefes de Estado, de gobiernos, cancilleres y personal diplomático, estará disponible para todos los ciudadanos africanos a partir de 2018.

En el marco de la UA, los gobiernos crearon el Foro de Negociación del Acuerdo de Libre Comercio Continental, que se reunió varias veces para analizar las modalidades de la zona de libre comercio, propuesta en 2012.

La comisaria de comercio e industria de la UA, Fatima Haram Acyl, dijo en la primera reunión del foro, en febrero de este año, que la CFTA integrará los mercados del continente de acuerdo con los objetivos y principios del Tratado de Abuya.

Las disparidades económicas representan un obstáculo que África deberá superar, pues muchos de los 54 países son pequeños, con menos de 20 millones de habitantes y economías inferiores a 10.000 millones de dólares.

Los mercados nacionales no justificarán las inversiones, pues el suministro adecuado de insumos y la demanda suficiente serán demasiado caros o estarán fuera del alcance en comparación con las posibilidades de un mercado más grande.

La empresa consultora McKinsey pronosticó que el gasto de los consumidores africanos aumentara de los actuales 860.000 millones de dólares a 1.400 billones de dólares para 2020, lo que podría sacar a millones de personas de la pobreza, si se inaugura un mercado único.

La Comisión Económica para África de las Naciones Unidas calculó que la CFTA podría elevar el comercio interno africano a unos 35.000 millones de dólares al año en los próximos seis años.

Si se terminan las negociaciones por la CFTA este año, a tiempo para la fecha límite prevista de 2017, podría abrirse un nuevo capítulo para el comercio africano, lo que marcará un nuevo camino hacia el crecimiento y la independencia económica de este continente.

La cuestión es, ¿logrará concretarlo?

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Traducido por Verónica Firme

Un pacto social genuino

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Por Alberto Medina Méndez

Desde hace unas cuantas décadas esta idea de un “pacto social” merodea la política. Los que la mencionan imaginan, en realidad, un gran acuerdo de corporaciones que bajo un perverso sistema de representatividad lograría que todos estuvieran satisfechos, fundamentalmente en materia económica.

Quienes deliran con este tipo de ensayos sociológicos tienen una mirada fascista porque asumen con absoluta irresponsabilidad que la sociedad se puede clasificar en grupos de intereses homogéneos y que entonces todo se puede resolverse mediante una simple negociación.

Ese patético modo de ejercer la política, que lamentablemente cuenta con muchos adeptos, supone que participarán de esa mesa los trabajadores a través de los sindicatos, las organizaciones de empresarios y obviamente el gobierno, con todos sus estamentos, agregando también a las instituciones religiosas y sociales, y adicionalmente a las provincias y a los municipios.

Vaya coincidencia. Todos los sectores que auspician este tipo de alquimias se sienten automáticamente convocados a ese gran desafió, y obviamente esperan ser protagonistas de esa vital instancia, asumiendo que disponen de muchos méritos para ocupar ese sitial y tomar decisiones por los demás.
Por políticamente incorrecto que resulte, hay que decir que esta forma de concebir la vida en comunidad, legitimando las decisiones de las cúpulas de una cofradía es eminentemente impráctica y profundamente inmoral.

Los sindicatos no defienden los intereses de todos los trabajadores, sino solo a los de sus agremiados. Aun en el caso de las centrales sindicales, que agrupan a muchos sectores del trabajo, su heterogeneidad geográfica y laboral, les impide sintetizar la totalidad de las voluntades.

Por poderoso que parezca un gremio, lo cierto es que muchos trabajadores no están afiliados, algunos por una voluntad explícita de no querer ser de la partida y otros porque ni siquiera tienen un empleo registrado y por lo tanto no se rigen por las reglas de los convenios colectivos.

En el empresariado sucede algo bastante similar. Por trascendente que resulte una entidad, la misma solo abarca a una fracción de la actividad emprendedora. Las organizaciones de los industriales, productores primarios y también de servicios estarán incluidas, pero no existe institución alguna que pueda contener efectivamente a todos los actores.

Ese tan mentado “pacto social”, no es ni más ni menos que una simplificación que no encaja en la realidad. No existe mecanismo alguno que permita resumir tantas ideas de la sociedad bajo un formato sectorial.

Cada una de estas corporaciones, intentará tironear para su lado, protegiendo sus inquietudes, inclinando la balanza según su conveniencia y asumiendo una dinámica peligrosa que induce a repartir tajadas de una torta fija, en vez de pensar en como hacerla crecer para que todos ganen.

La lógica de quienes estimulan este tipo de intrincados contratos sociales, es que los personajes se repartirán el botín, todos estarán conformes con lo logrado y por esa razón cumplirán con lo prometido.

La ingenuidad de los intelectuales que pergeñan estos engendros es que los sindicatos conseguirán mejoras y no reclamaran nada por algún tiempo. Los empresarios establecerán precios moderados y producirán más a cambio de pautas salariales sensatas mientras el gobierno no les aumente impuestos y mantenga aranceles impidiendo el ingreso de competidores externos.

En ese contexto todos actuarán buscando sacar partido de ese esquema, pero existe una imperdonable omisión que deja afuera a los ciudadanos que no participan al no disponer de una institución seria que los defienda.
Alguien dirá que los políticos deben interpretar a la gente. Pues no parece necesario ahondar demasiado en esta cuestión aportando argumentos adicionales para demostrar que esto no se verifica en el presente.

Los que defienden la idea de este tipo de componenda tienen una concepción fascista de la política. Para ellos la gente gobierna a través de las corporaciones de la que forman parte en un sistema indirecto de castas.

Muchos han demonizado al mercado. No lo han hecho inocentemente. Detestan la presencia de múltiples decisores, aman la utopía de las certezas y odian la incertidumbre que emana de las decisiones individuales.

Es cierto que algunos le tienen una fobia ideológica al mercado. Su sola mención los crispa y les genera un espontaneo e instintivo rechazo. Pero otros solo no logran comprender como funciona a diario ese complejo mundo en el que cada individuo vota con sus determinaciones personales.

El único gran pacto eficiente, sustentable y factible al que puede aspirar una sociedad es el que nace de la combinación pacífica de esas decisiones individuales en el que se conjugan las siempre cambiantes preferencias de cada persona defendiendo sus propias e intransferibles percepciones.

Es probable que algún distraído pueda seguir soñando con lo improbable y sostenga que los sindicatos, el gobierno, los credos, y el empresariado pueden lograr un acuerdo que represente a todos los ciudadanos.

Los que conforman esos grupos de presión saben que eso no es cierto, pero están dispuestos a aprovechar esta infantil perspectiva para sacar el máximo provecho sectorial posible gracias al poder que provee esa visión.

Los hechos no se modifican por mero voluntarismo y las variables económicas no obedecen a las negociaciones espurias. Ignorar a la gente solo consigue esconder los problemas, postergarlos, pero jamás logra resolverlos. Si eso fuera posible ya habría ocurrido hace tiempo y la historia reciente dice exactamente lo contrario. Por mucho que moleste a tantos el mercado sigue siendo el único modo de lograr un pacto social genuino.

albertomedinamendez@gmail.com

Una sociedad comunicada

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