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Democracia siglo XXI

mes

mayo 2009

El 18 Brumario

18 Brumario 1

por Teódulo López Meléndez

Al historiador,  académico y amigo Germán Carrera Damas

Uno lee a los analistas señalándole a los militares como cumplen órdenes ilegales, se dedican a gritar “Patria, socialismo o muerte” o presentan “boletines de guerra” al Comandante en Jefe después de arriesgadas operaciones de ocupación de aeropuertos donde no había más que una secretaria. Tengo la ligera sensación de un esguince de percepción.

Generales engordados ha habido en este país desde la Guerra de Independencia. Recordemos como las mejores tierras fueron repartidas entre los victoriosos comandantes independentistas, punto histórico donde Chávez debería ir a buscar los orígenes del latifundio en Venezuela. Durante el período democrático hubo muchas comisiones y más de un Ministro de Defensa desapareció del territorio patrio.

Me da la impresión que muchos olvidan que los militares son tan venezolanos como nosotros los civiles. Durante la Colonia se realizaban los llamados Juicios de Residencia, procedimiento mediante el cual la Corona encarcelaba a sus administradores que sueltos por estas tierras se llenaban los bolsillos. Esos juicios están recogidos en un sinnúmero de tomos publicados por la Academia Nacional de la Historia. Lo que quiero decir es que no se trata de un vicio militar esto de “aprovechar” al gobierno de turno para “resolverse”. Es un vicio nuestro, de los venezolanos, uno que quizás llegó de España, uno llamado corrupción, pero que está entronizado en la conciencia del ser nacional. Los militares corruptos es posible que sean más vistosos por los uniformes, pero si nos ponemos a hacer memoria de los civiles que se llenaron con pasados gobiernos y se están llenando con este nos damos cuenta de un principio general, sólo que con este hay militares vestidos de civil, para disimular que esto es una dictadura militar y no más.

Elizabeth Burgos escribió un interesante artículo sobre la dictadura militar birmana. Ya, cuando la manifestación de los monjes budistas, yo había analizado la situación allí, en especial la de la admirada Aung San Suu Kyi. Lo interesante es que cuando Elizabeth tenía la mente en Birmania yo la tenía en Corea del Norte, antes, inclusive, de que hiciera su experimento atómico. Es evidente que ambos andábamos pensando en férreas dictaduras militares, sólo que la tradición venezolana parece indicar otra cosa. No niego que podamos avanzar hacia una situación como la birmana o como la norcoreana, todo dependiendo de si hay o no hay interlocutor civil.

Veamos: la Asamblea Nacional aprueba en primera discusión la Ley de Procedimientos Electorales y escucha uno las declaraciones de un joven apellidado Caldera -que no tiene nada que ver con la familia Caldera-, Secretario General de “Primero Justicia”. Después de decirle a ese texto todos los improperios y ante mi impaciencia de televidente forzado que preguntaba en voz alta ¿Y? ¿Y?, el joven Caldera concluyó asegurando que eso reforzaba la participación electoral de su partido, que ello conllevaba el fortalecimiento de la vía electoral, a pesar de que se eliminaba de un plumazo el principio constitucional de la representación proporcional. De manera que el joven Secretario General de “Primero Justicia” convocó a una rueda de prensa para ratificar que en cualquier condición la vía electoral será la norma de su partido. Algo así como que si se nos pide que vayamos en cuatro patas y ladremos, su partido estará allí. Al día siguiente escucho a la gente del PPT, compañero del proceso, hablando del mismo texto con una dignidad y una fortaleza que me hizo preguntar cual era el partido supuestamente en el gobierno. Aquella comparación llevaba a pensar que era “Primero Justicia” el que estaba en el gobierno y el PPT el que estaba en la “oposición”. Podría celebrar –Juan José y Rafael Tomás Caldera, por quienes tengo gran aprecio, deben entender que la broma de mal gusto va hacia otra parte- que al fin, por aquello de que debe haber de todo en una democracia, había aparecido en el escenario nacional un Caldera bolsa. Sin embargo, no es tan fácil. Lo complicado es que no hay un interlocutor civil válido.

Los militares tienen un olfato especial para saber cuando un gobierno está llegando a su fin. Antes no actúan. Dada la situación mundial y lo sucedido con los integrantes de las dictaduras del Cono Sur, uno se pregunta sobre el tono con que los analistas de los temas militares se quejan de la inacción uniformada. Es cierto que tenemos un gobierno que perdió su legitimidad de origen, que con su comportamiento se ha hecho un gobierno de facto que viola la Constitución, que se ha convertido en una dictadura de estos tiempos.

Uno de los hechos más importantes de las últimas semanas, a mi modo de ver, es el asalto a la casa de AD en el oriente del país con Ramos Allup dentro. Un vistazo a los últimos resultados electorales indica una sensible recuperación adeca. A mí me llaman del interior del país para preguntarme mis opiniones sobre el presente y siempre los interlocutores añaden una coletilla, “por cierto, ayer pasó por aquí Ramos Allup” o “¿sabes quién estuvo la semana pasada aquí? Ramos Allup”. Los detractores de Ramos Allup tienen todo el derecho a decirle lo que les parezca –a mi me parece que en más de una ocasión no oye- pero es bueno señalar que Ramos Allup no descansa. AD se está reconstruyendo a pasos agigantados. AD es el primer partido, en fuerza y tamaño, que se le opone a la dictadura.

Esto es, se está reconstruyendo un dialogante civil valido. Yo, que nunca he sido adeco, lo reconozco. Como AD no ha asumido el neoliberalismo como doctrina partidista, lo que la debe convertir en detestable a los ojos de los conversos, es un interlocutor atractivo, por la sencilla razón, como en la década de los 40 -en que AD proclamaba la necesidad de un gobierno civil contra la posibilidad de reelección de López Contreras y planteaba reivindicaciones sociales profundas-, que lo único que le falta ahora a AD es hacerse abanderada de profundos cambios sociales, tal vez armarse de agua y jabón, como acostumbro decir. O retirar el GPS  empeñado de la tienda de la historia.

El cuadro no es el del retroceso. La única palabra está en purificar, en limpiar, en actuar para un avance democrático. Tal como lo dejó claro Rómulo Betancourt en 1945. Lo que pasó tres años después es harina de otro costal. No soy un determinista histórico, pero conocer la historia de este país ayuda a comprender lo que vivimos en el presente y lo que quizás vivamos en el futuro.

En estos días cargo a Marx conmigo. -¡Oh, escándalo!-, exclamarán los conversos. Sí, asalta mi condición de analista El 18 de Brumario de Luis Bonaparte. Y mi condición de simple analista me obliga a considerarlo: El verdadero y real peligro que tiene enfrente la presente dictadura es la recuperación ostensible de Acción Democrática.

teodulolopezm@yahoo.com

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LA MENTIRA: Tercer disipador controlentrópico del caos socia

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(*) Por Andrés Moreno Arreche

RESUMEN:

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s inevitable volver a las fuentes conceptuales. Aún para quienes se consideren expertos en cualquier materia o asunto, es conveniente refrescar conocimientos básicos, un ritornelo particularmente útil cuando se manejan conceptos y acepciones más bien recientes, como lo son la Teoría del Caos Social y su novel corpus propositivo. Volver es encontrarse de nuevo con la idea esclarecedora y en este caso con el concepto de ‘controlentropía’.

Allá lejos, en el primero de estos ensayos esgrimimos la definición del Vórtice Social como un proceso cíclico, dinámico, producto de una realidad, irregular y discontinua que se puede explicitar en sub fases, y aseguramos entonces que esas fases son cuatro: Controlentropía, fase entrópica, caos y negentropía. La primera fase es, en esencia, de auto organización social, está integrada por aquellos procesos que el sistema utiliza para controlar los mecanismos reductores de la entropía y su consecuencia: El caos.

Junto al miedo y al odio, la mentira se constituye en una de las herramientas más poderosas para la reducción de las entropías sociales, porque la mentira cohesiona a las poblaciones alrededor de un auto de Fe, en torno a las esperanzas manifiestas o tácitas que promueve un líder o la institucionalidad, y porque las masas siempre estarán más dispuestas a probar una y otra vez la miel empalagosa de una mentira que a tragarse el bocado seco de una verdad dolorosa.

¿Cuáles son los antecedentes literarios, psicológicos e históricos de la mentira como función ‘controlentrópica’ en la sociedad? ¿Cuál es el ‘protocolo operativo’ funcional de la mentira? ¿Existirá un ‘punto de saturación’ a partir del cual la mentira pierde efectividad y poder para generar energía cinética en los conglomerados? Y si la respuesta a esta última interrogante es cierta ¿Cómo se identifica ese punto? ¿Cómo se valida?  Vamos a averiguarlo investigando cómo la mentira se transforma en una controlentropía social; luego abordaremos la Teoría del Engaño y su protocolo operativo, para finalmente entrar en la estructura de la persuasión y desembocar en La Mentira como reductor de las entropías.

1. La mentira como función                                controlentrópica social

Referentes fisiológicos:

Con técnicas de resonancia magnética funcional se ha demostrado que hay mayor actividad cerebral en los momentos en que se miente, pues se activan las regiones pre-frontales, las más desarrolladas en los humanos. Mentir, entonces, supone un mayor esfuerzo creativo.
Sean Spence, investigador de la Universidad de Sheffield, publicó un trabajo que describe los correlatos neurológicos del mentir, donde probó la mayor activación de estas áreas pre-frontales.[1]

Adrian Raine [2] un psicólogo de la Universidad de Southern California encontró que los mentirosos patológicos tienen en promedio más materia blanca en la corteza pre-frontal, que es el área que más se activa durante la mentira que en personas que no son mentirosos en serie. La materia blanca del cerebro capacita para el pensamiento rápido, mientras que la materia gris lo inhibe. Raine afirma con estudios en mano que la combinación de extra materia blanca y menos materia gris podría dar la mezcla correcta de los rasgos para hacer más  mentirosas a las personas.

Esta es, por tanto, la primera diferencia fisiológica que se ha descubierto entre mentirosos patológicos y la población general. Así, los mentirosos patológicos constituirían un grupo fisiológicamente diferenciable, que sistemáticamente manipulan, mienten y usan alianzas para obtener ganancias o placer personal. Las personas con menos materia gris (pero con más de la ‘blanca’) tienden a romper las reglas y se cuidan menos de cometer transgresiones morales.
Estos estudios también explicarían por qué para los niños autistas es muy difícil mentir pues desarrollan un sexto de la materia blanca en su cerebro en comparación con  niños normales de sus mismas edades.
Los estudios también  comprobaron algo de lo que se venía hablando informalmente entre jugadores profesionales de póker y en algunos círculos del teatro profesional: A  los mentirosos les resulta más fácil suprimir las emociones, como la ansiedad y el impulso automático a decir la verdad.

Otro estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Pensilvania lo ratifica: demostró que el cerebro siempre está listo para decir la verdad y que para mentir precisa organizarse. Esta fue una de las conclusiones del estudio:

“Nuestra materia gris tiene que hacer un trabajo extra cuando va a engañar: se activan zonas del córtex frontal (que desempeñan un papel en la atención y concentración), además de otra área del cerebro responsable de vigilar los errores.”
Surge, entonces, la pregunta ¿Qué pasa en esa región del cerebro? La respuesta la tiene la doctora Cristina Besada[3], jefa de Neuroradiología del Hospital Italiano en Buenos Aires, Argentina:

“El lóbulo frontal es el más desarrollado en el humano frente a los otros seres vivos, el que más crecimiento tuvo y el más grande, donde están muchas de las funciones superiores. Si le pido a alguien que diga palabras que empiezan con tal letra, aunque no la digan, el pensamiento activa esa zona”.
Desde el punto de vista de la neurología, “… la falta de habilidad para decir una mentira es anormal”. Esto lo afirma el Dr. Facundo Manes, director del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) y del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro.

“Conocer la verdad para poder eludirla y construir el embuste es todo un esfuerzo. Para mentir se precisa inteligencia”, afirma Andrea Tagliacarne [4], profesor de filosofía y autor del libro “Filosofía de la Mentira“.

“Para mentir se precisa inteligencia. De entrada, supone el conocimiento de la verdad. Luego, la mentira tiene una estructura más compleja, de tipo teatral. Supone entender la expectativa de quien la escucha, entrar en la mente del interlocutor. En este sentido, el mentiroso no sólo es un expositor de hechos, sino un creador”.

Referentes filosóficos:

En una breve revisión de los inicios de la filosofía, se descubre el interés por la preocupación del conocimiento, interrogándonos sobre los aspectos fundamentales de la existencia y la experiencia. La filosofía propone ver que tan lejos es capaz de llevarnos la razón, preguntándonos sobre la naturaleza de la percepción, la experiencia y el entendimiento humano, es decir, la esencia última de todo aquello que existe, (Ontología) y cómo después de todo, podemos conocer, (Epistemología).

Pero es en la epistemología moral de las religiones (en este caso, de la religión católica, apostólica y romana)  donde más se abunda en definiciones y acepciones de la mentira como concepto filosófico de la transgresión a la verdad y sinónimo de pecado. Aquí, la filosofía de la mentira transmuta en una moral de la verdad asociada a una particular categorización de la mentira, clasificación que hace referencias sostenidas a Santo Tomás y San Agustín, como se podrá evidenciar de seguidas en este resumen sobre la mentira en el ‘Compendio Moral Salmaticense:

“Prohibiéndose también la mentira en el octavo precepto del Decálogo ¿Qué es mentira? Es: Studiosa locutio contra mentem; porque el mentir es propiamente contra mentem ire. Por locución se entiende al presente cualquier manifestación de la mente, sea con palabras, señas, o acciones. ¿En qué se divide la mentira? Comúnmente se divide en material tantum, en formal tantum, y en material y formal simul, según que ya queda dicho del falso testimonio. Divídese también la mentira según su propia esencia en ironía y jactancia. Ironía es: Dicere minora quam debet; como si uno calla de sí algunas cosas laudables. Jactancia es: Publicare de se majora quam habet. Uno y otro es mentira; bien que el decir de sí menos de lo que es, puede ser verdad y laudable, haciéndolo por no manifestar todo lo bueno que tiene. Véase Santo Tomás 2. 2., q. 109, art. 4 y q. 110, art. 2.  Divídese también la mentira ex parte finis en jocosa, oficiosa, y perniciosa. La jocosa se dice causa ludi. La oficiosa causa utilitatis, y la perniciosa causa nocendi alteri, o con daño propio o ajeno. A esta división se reducen las ocho que hace San Agustín de la mentira libr. De mendac. cap. 14, porque toda mentira, o es jocosa, u oficiosa, o perniciosa.

¿Es lo mismo decirle a uno que es falso lo que habla, que decirle que miente? No porque puede uno decir falsedad sin culpa, pensando ser así lo que dice, o refiriendo lo que ha oído; pero mentir no puede hacerse sin culpa. Por esta causa el decirle a un religioso grave, o a otra persona de honor, que miente, es grave contumelia; mas no lo es el decirle, que es falso lo que dice; bien que hablar de este modo a un Prelado o Superior, sería una audacia reprehensible, y una mala crianza.

¿Es pecado toda mentira formal? Que lo es; porque se opone a la verdad, y es intrínsecamente mala, sin que pueda prescindirse de su malicia. La cosa es indubitable, y así no nos detenemos [626] más en comprobarla, como ni en responder a los argumentos que se suelen poner en contra.¿Es toda mentira culpa grave? Que no; porque la mentira jocosa, u oficiosa no es culpa mortal, aunque la diga un religioso o un Obispo, a no causar grave escándalo. La perniciosa será grave, o leve, según fuere el daño que causare; y de esta mentira habla la Sagrada Escritura, cuando se dice en ella: Os quod mentitur occidit animam; y perdes omnoes, qui loquuntur mendacium, es a saber; de la mentira perniciosa grave. S. Tom. 2. 2., q. 110., art. 4., ad. 1.

¿Qué es simulación? Es: Quodam mendacium in exterioribus factis vel signis consistens. Se opone a la verdad, que manda se muestre uno en lo exterior, cual es en lo interior, como advierte Santo Tomás 2. 2 , q. 111., art. 1. Es por lo mismo pecado, por ser lo mismo mentir con las palabras, que con las acciones, o señas. Y así el que se simula pobre, docto, o noble, para conseguir la limosna, el grado, o la dignidad, pecará según la gravedad de la materia. Mas aunque la simulación sea regularmente viciosa, se podrá usar de ella, interviniendo justa y honesta causa: y por eso es lícito, con ella, usar el hombre de vestido de mujer y al contrario.

¿Qué es hipocresía? Es Simulatio seu fictio sanctitatis aut virtutis. No es siempre pecado grave, sino cuando es gravemente perniciosa, como queda dicho de la mentira; pero será siempre a lo menos culpa leve. No es crimen de hipocresía, el que aquellas que profesan estado de perfección, oculten algunos pecados en que cayeron, haciéndolo para evitar el escándalo; pues supuesto el pecado, antes es conveniente encubrirlo, para que el prójimo no se escandalice. Así lo advierte Santo. Tomás en el lugar citado, art. 2, ad. 2.

En varios pasajes de las obras de Nietzsche[5], pero sobre todo, en su pequeño escrito “Sobre Verdad y Mentira En Sentido Extramoral[6] (que vio la luz como texto póstumo en 1903), aclara que la fuente original del lenguaje y del conocimiento no está en la lógica sino en la imaginación. En la capacidad radical e innovadora que tiene la mente humana de crear metáforas, enigmas y modelos, y así, para Nietzsche, el edificio de la ciencia se alza sobre las arenas movedizas de ese origen.

“El intelecto, como medio de conservación del individuo, desarrolla sus fuerzas principales fingiendo, puesto que éste es el medio, merced al cual sobreviven los individuos débiles y poco robustos, como aquellos a quienes les ha sido negado servirse, en la lucha por la existencia, de cuernos, o de la afilada dentadura del animal de rapiña. En los hombres alcanza su punto culminante este arte de fingir; aquí el engaño, la adulación, la mentira y el fraude, la murmuración, la farsa, el vivir del brillo ajeno, el enmascaramiento, el convencionalismo encubridor, la escenificación ante los demás y ante uno mismo, en una palabra, el revoloteo incesante alrededor de la llama de la vanidad es hasta tal punto regla y ley, que apenas hay nada tan inconcebible como el hecho de que haya podido surgir entre los hombres una inclinación sincera y pura hacia la verdad”.

Aun cuando en los estudios de Derrida [7] y de Ricoeur [8] en torno a la metáfora y la interpretación apenas se insiste en Nietzsche, todo cuanto se piensa, se piensa a partir de él. La influencia que el pensamiento de Nietzsche ha producido en la mentalidad de Occidente es tan grande que ya no es posible filosofar sin contar con las impresiones causadas por su obra. Nietzsche fue el primero en sugerir explícitamente la exclusión de la idea de “conocer la verdad”, como si esta fuera algo ajeno a toda interpretación, como si pudiese darse una verdad purificada, aséptica, descomprometida de todo interés humano, ajena a toda voluntad de poder, puesta en ejercicio a través de la voluntad de ficción. Este “querer algo” es a lo que Nietzsche denomina “interpretar”.  Si la voluntad de poder es voluntad de más poder, la interpretación es la operación concreta de la adquisición del dominio sobre las cosas.

Para Nietzsche puede haber errores necesarios: a veces necesitamos la ceguera y debemos permitir que ciertos errores y artículos de fe permanezcan intactos en nosotros mientras nos mantengan en vida.

“Hemos organizado un mundo en el que podamos vivir suponiendo cuerpos, líneas, superficies, causas y efectos, movimiento y reposo, forma y contenido; ¡sin estos artículos de fe nadie sería capaz de soportar la vida! Pero esto no significa que ya se ha aprobado algo. La vida no es argumento; pues el error podría ser una de las condiciones de la vida” [9]

Es precisamente por esa organización de mundo que el mito, en tanto y cuanto ‘postulado-error’ abarca una dimensión de la vida humana, que sería inaccesible a una postura epistemológica puramente objetiva. El que no podamos aprehender una historia exclusivamente objetiva, tiene su fundamento no en una necesidad de mistificación, o en un anhelo de posibles trasmundos, que actuarían en una dirección oculta, sino en que el propio sujeto está inserto en la historia y pretende desesperanzadamente acceder a la profundidad insondable del sentido, lo que equivaldrá siempre a querer penetrar en la profundidad de sí mismo.  La constricción a la mentira se funda en la naturaleza de la propia verdad.

Pero para dar con la raíz de un referente filosófico sobre la mentira y el engaño, habría que remontarse hasta La paradoja de Epiménides [10] para luego dar un salto hasta Gödel [11] y su Teorema de la Incomplenitud. [12] Epiménides fue un legendario poeta filósofo del siglo VI a. C. a quien se le atribuye haber estado dormido durante cincuenta y siete años aunque Plutarco afirma que sólo fueron cincuenta. Se atribuye a Epiménides haber afirmado:

“Todos los cretenses son unos mentirosos”.

Sabiendo que él mismo era cretense, ¿Decía Epiménides la verdad? La paradoja de Epiménides, también puede sintetizarse en “Miento. Hablo” Así lo propone Foucault,[13] en “El pensamiento del afuera“. En este sentido, la ficción tal como la conocemos, también queda a prueba.

El resultado más revolucionario de la Lógica del siglo XX, por el que Kurt Gödel es especialmente famoso, es el teorema de incompletitud, publicado en 1931. El teorema de incompletitud de Gödel es bastante sencillo de entender una vez que hemos introducido la paradoja del mentiroso. [14] Gödel hizo manipulaciones para trasladar el lenguaje natural del mentiroso al lenguaje de las matemáticas. Lo que probó es comparable (isomorfo) a la afirmación “Este teorema no tiene demostración”. ¡Lo sorprendente es que él probó el teorema! Diseñó su propio lenguaje lógico para esto. En definitiva, descubrió que existían afirmaciones verdaderas que no podían ser probadas dentro del sistema.

Referentes literarios:

Los vínculos del engaño en “La República” de Platón:

Se ha aceptado como verdad única que “La República” es un tratado esencialmente educativo (Rousseau) pero que también es una obra que trata sobre la justicia, o al menos ese fue el criterio de Trasilo al añadir al nombre original el subtítulo “De lo justo”, tal como lo afirma Cerroni. Sin embargo, el texto de Platón es, en esencia, un tratado sobre la estabilidad de las sociedades, y por extensión derivada, sobre los instrumentos de ésta para que el Estado sea estable.  La obra es particularmente enriquecedora en cuanto a mostrar el uso del engaño y la mentira como instrumentos para alcanzar la obediencia al orden institucional representado en la polis, vale decir, como disipador controlentrópico.

En “La República” se perciben nítidamente los dispositivos de persuasión y engaño necesarios para la estabilidad del Estado, pero con una aproximación desde los modelos retóricos de Gorgias podremos establecer tal concomitancia. Cabe mencionar que si bien Platón no aborda directamente estos tópicos en “La República” (antes bien los rechaza como instrumentos propositivos generalizados) sí los plantea de modo indirecto e incluso se muestra proclive a consentirlos, al menos por razones de Estado, pues si la mentira  – en “La República”–  le es permitida a la autoridad, lo es únicamente como instrumento de beneficio de la polis. Así, en la medida en que los dispositivos institucionales del engaño sean operativos para tal fin, la ciudad permanecerá ‘equilibrada’ y desaparecerá el peligro de la disolución del Estado.

Gorgias fue uno de los más notables exponentes del escepticismo radical. Para él. La distancia entre el mundo real y las palabras era totalmente insalvable. Más dramático aún: No existía un mondo más allá de aquel que podía ser construido mediante la palabra:

“Aquello por medio de lo cual nos comunicamos es una fórmula (logos) y lo que está por fuera de nosotros y existe no es una fórmula; por tanto, no comunicamos… lo que existe, sino una fórmula que define lo que existe por fuera de nosotros”

(Gorgias citado en Barnes)

Asumiendo que Platón conocía profundamente la teoría de la retórica de Gorgias, podemos inferir que “La República” está estructurada bajo esos principios dialécticos.  Y es a partir de esta apreciación que en Platón, el concepto del engaño es beneficioso y bueno, siempre que se utilice como instrumento aleccionador o elemento de instrucción, ya que se le puede entender como una herramienta del Estado para orientar a la polis.

Es natural asumir que en “La República” Platón ha desarrollado una propuesta definitiva de ‘Estado ideal’, reafirmando que el gobernante ideal es el Rey-filósofo, pero al profundizar sobre la lectura es evidente que no todas las nociones de justicia de Sócrates que ha pretendido refutar Platón han quedado rebatidas definitivamente. La verdad platónica sobre el Estado y la polis metamorfosea los argumentos socráticos y los reinserta subliminalmente dentro de la dinámica filosófica que se desarrolla en la casa de Céfalo. Es este uno de los pasajes simbólicos de ·La República” en el que Platón parece  – o realmente-  niega aquello en lo que cree, colocando un velo tras otro, como en el retrato de Trasímaco, en el que apunta hacia la emociones del lector, en perfecta concordancia con las descripciones retórica de Gorgias.

La dialéctica del engaño en Sófocles:

El engaño y la violencia se entrelazan en esta tragedia de Sófocles para motorizar el impulso y el desarrollo y hacer estallar conflictos que  adquieren singular importancia en el diseño de los personajes.  El andamiaje de engaños y violencia ejercidos mediante la acción o la palabra por agentes humanos y divinos permite advertir  en la obra la inestabilidad de los roles y los cambios en las relaciones interpersonales.

La acción heroica de esta tragedia implica una actitud del héroe frente a una coyuntura en la que debe realizar una opción que lo compromete vitalmente, y lo lleva a enfrentar a otros personajes, humanos o divinos, que  no comparten su concepción del mundo o al menos su postura ante la dificultad planteada. Áyax de Sófocles es una obra particularmente rica en el entrecruzamiento de estrategias de persuasión, de engaño y de violencia, que generan un complejo diseño de las relaciones interpersonales, y particularmente de la actitud que asume Áyax ante la perspectiva de una vida despojada de honor.

Como sucede en general en la tragedia, observamos en esta obra el predominio de la palabra sobre la acción; pese a ser una obra donde la pasión bordea el atropello, la concreción de la acción violenta en escena se reduce al tormento que aplica Áyax a los animales del rebaño y parcialmente a su suicidio. El resto es palabra; y cuando esa palabra injuria, amenaza, somete, maldice, se configura como violencia pero no deja de ser palabra. Tan palabra como la que, trabajada por un hablante con llana honestidad o con engañosos dobleces, se propone persuadir a su destinatario, o como la palabra narrativa, que introduce lo sucedido fuera de la escena.

En la tragedia de Sófocles, Áyax resulta víctima de un doble engaño; de parte de los hombres, en la figura de Aquiles, porque considera que el juicio por las armas no fue imparcial (448-9) sino que resultó amañado; y de parte de los dioses, Atenea,  porque le infundió dusphórous gnómas, falsas creencias, para desviar su intento de masacrar a los jefes griegos. Así, y en momentos distintos, Áyax es víctima del engaño humano y del divino. Lo que Sófocles pone en escena es la consideración de la reacción del héroe y las consecuencias que esto le acarrea a él mismo al final de su vida y después de su muerte, y al círculo de sus allegados.

¿Cómo opera esta dialéctica? Veamos: Los antecedentes de la acción que se despliega en Áyax, y que son recuperados por distintas voces en la escena, nos remiten  al concurso por las armas de Aquiles en el que nuestro héroe resultó perdidoso, y a la cólera vengativa de Atenea por la desmesura que este puso en sus palabras en dos ocasiones lejanas. En ambos casos Áyax resulta víctima de un engaño; de parte de los hombres, porque considera que el juicio por las armas no fue imparcial sino que resultó amañado; y de parte de la diosa, porque le infundió dusphórous gnómas, falsas creencias, para desviar su intento de masacrar a los jefes griegos. Esto es que, en momentos distintos, Áyax es víctima del engaño humano y del divino. Lo que Sófocles pone en escena es la consideración de la reacción del héroe y las consecuencias que esto le acarrea a él mismo al final de su vida y después de su muerte, y al círculo de sus allegados.

En la versión homérica del juicio por las armas, quienes evalúan los méritos de los guerreros aqueos son los jóvenes teucros y Palas Atenea (que posiblemente haya influido en el veredicto). Sófocles, en cambio, atribuye la resolución fraudulenta que impidió a Áyax la posesión de las armas aquíleas, a  los Atridas y al mismo Odiseo;  este hecho doloso se constituyó en un acto de violencia por cuanto al escamotearle el premio de las armas le arrebató la honra debida a sus méritos. La injusta decisión provocó la ira de Áyax y desencadenó la ejecución de su venganza, nuevo acto de violencia.

El engaño a que lo sometió la diosa hizo que esa venganza resultara fallida; Atenea oscureció el juicio de Áyax y éste descargó la violencia de su brazo sobre pacientes rebaños e indefensos pastores; de este modo la deshonra del héroe creció hasta tornarse insoportable. Esta es  otra forma de privarlo de su honor, de despojarlo del reconocimiento de los demás. Como tal, esta trampa de origen divino se configura como  un nuevo acto de violencia.

Es decir que este doble engaño que sufre Áyax y que podríamos llamar bipolar, opera como el motor  que pone en marcha la acción dramática. En efecto, tiene como consecuencia una acción violenta que, pese a que se ejecuta, no cumple con la finalidad que se propuso su autor. Pero Áyax lleva a cabo esa acción violenta, a su vez, “solo, durante la noche y con engaños”; vemos, entonces, que la violencia y el engaño procedentes de los hombres conducen a Áyax a ejercer violencia con engaño en el mismo espacio de tiempo en que es engañado por la diosa. Creyendo, pues, recuperar su honor, Áyax empeora su reputación hasta un punto, para él, sin retorno. Esa situación lo conduce a ejercer violencia contra sí mismo, a descargar el ímpetu de su cólera quitándose la vida. Pero esta solución que Áyax encuentra como única salida posible no pone fin a la cadena de venganzas. Los Atridas extreman su odio hasta pretender descargarlo sobre el cadáver del enemigo muerto, y para ello prohíben la sepultura de Áyax. Esta desmedida actitud provoca el agón en que ambos por turno, ejerciendo violencia verbal debaten el caso con Teucro hasta que Odiseo pone fin pacífico a la querella.

Estos son los hechos más relevantes de la historia que Sófocles nos presenta sobre el tramo final de la vida de Áyax. Como vemos, el engaño y la violencia se entrelazan para poner en marcha la acción, para impulsar su desarrollo y hacer estallar los conflictos; y se constituyen, además,  en dos instancias que adquieren singular importancia en el diseño de los personajes.

La cadena de engaños y violencias que observamos en esta tragedia griega genera cambios abruptos que hacen que un héroe de las características de Áyax quede desinstalado, removido de sus certezas en relación con los dioses y con los hombres. Un dios que engaña, un aliado que hace trampa y se convierte en enemigo, un ejército de camaradas que lo amenaza con motivo suficiente  de conmoción, de perturbación interior. Si a esto se suma el asombro –o el espanto- de descubrirse a sí mismo cambiado, ubicado en un lugar en el que nunca pensó estar, colocado en una situación en la que es imposible definir claramente los roles y las relaciones interpersonales, se comprenderá que Áyax, agotada su capacidad de adaptación, no encuentre ya su lugar en el mundo.

La dialéctica del engaño, en esta tragedia así como en la vida de los hombres 25 siglos después, es la expresión teatralizada de los ‘suicidios humanos’, aquellos que motoriza el doble engaño en que caen los pueblos y las naciones cuando por partida doble son engañados por sus líderes (que asumen conscientemente el papel de Atenea) y también por su propia gente. Se trata del engaño que ‘controlentropiza’ el status quo. Que desata circunstancias ocultas para el héroe, pero que simultáneamente construye una opinión pública a su alrededor, que es opuesta a sus designios y que le condena irremediablemente.

En esta tragedia el héroe  reúne y condensa la violencia sufrida en sí mismo  y ejercida por él sobre otros y sobre sí; la persuasión y el engaño  se entrelazan inseparablemente en su discurso en virtud de la ambigüedad de la palabra poética; la resistencia al cambio y la indeseada y dolorosa experiencia de la propia mudanza y de la inversión de roles.

Las divertidas mentiras de Nicolás Maquiavelo:

En “La Mandrágora”, Nicolás Maquiavelo reafirma que la política es tan relevante para los colectivos humanos como lo manifestó en su otra obra, “El Príncipe”,  porque existe permanentemente un estado de conflicto latente entre los hombres y porque entre ellos mismos hay relaciones de poder persistentes que generan poderosas tensiones sociales. Si el mundo estuviese formado por “buenos salvajes”, la política, tal como la define Maquiavelo, carecería de sentido e interés. El hombre es visto como un ser peligroso y ávido de poder y en consecuencia, todo el análisis político que hace Maquiavelo en “La Mandrágora”, una obra teatral excepcional,  va a estar construido sobre estos supuestos.

Pues bien, ¿Cómo se presenta esta concepción en “La Mandrágora”? La obra tiene un argumento sencillo y a la vez de difícil anticipación para el espectador. Callimaco, un joven enamorado y dispuesto a todo, monta junto a Ligurio una gran farsa con el fin de engañar a un viejo y poco astuto marido (Nicias) y quedarse con su joven esposa (Lucrecia). Para ello cuenta con la ayuda de tres personajes que no tienen la misma relevancia. El principal es Fray Timoteo y lo acompañan Sostrata (la madre de Lucrecia) y Siro (el criado de Callimaco).

Lo primero que podemos concluir es que los personajes de “La Mandrágora” se ajustan plenamente a los supuestos antropológicos desarrollados por Maquiavelo en sus obras teóricas. La mentira es una constante a lo largo de la pieza: Callimaco miente, Ligurio miente, Timoteo y Lucrecia también lo hacen. El eje de la obra es el engaño que permite el logro de los objetivos de cada personaje. Como dice fray Timoteo para convencer a Lucrecia: “hay que tener en cuenta, en todo, el fin”. Callimaco y Ligurio engañan a Nicias, (Siro también actúa como cómplice)  y por último engañan a Timoteo.  Por su parte, el fraile engaña a Nicias, a Lucrecia y a su madre, Lucrecia engaña a Nicias cuando acepta a Callimaco en su cama, y hasta Nicias cree que engaña a un pobre transeúnte que en realidad es Callimaco. Si bien es cierto que los conflictos entre los personajes no llegan a ser enfrentamientos abiertos por el carácter cómico de la obra, esto sólo se debe al éxito de los engaños. El fracaso de cualquiera de ellos hubiese llevado a una tragedia.  Pero existe una segunda dimensión en el análisis del hombre realizado por Maquiavelo: todos participan en el juego político, sea como dominadores o dominados. Es por eso que Maquiavelo escribe para todos. Incluso “El Príncipe”, una obra que se presenta como un recetario sólo útil para un político de acción que pueda aplicar concretamente los consejos vertidos, es un libro que su autor califica de necesario para todos.

Otro escritor que aborda el tema de la mentira es Ignacio Mendiola en su libro “Elogio de la mentira” Allí, imagina una pesadilla, un mundo sin mentiras, transparente. “Invivible”, y lo define así:

“No cabe imaginar una sociedad en la que la mentira estuviera negada”.

Oscar Wilde ya había sentenciado: “Quien dijo la primera mentira fundó la sociedad civil” y el psicólogo Daniel Rubinsztejn plantea como constitutivo del “Yo” el hecho de mentir:  “Cuando el niño descubre que los padres no conocen su pensamiento, opera en él una revolución” afirma el Dr. Rubinsztejn, quien además le gusta citar a Nietzsche, cuando propone que la verdad es como “una chispa que surge del cruce entre dos espadas“.
Pero, ¿por qué no decimos la verdad? Según los psicólogos, se miente para eludir responsabilidades, para obtener cierto placer, por inseguridad y desconfianza en nuestra capacidad de ser aceptados como somos; para evitar un castigo; para acercarnos a nuestro interlocutor; cuando vemos nuestra autoestima amenazada. Incluso, afirman los expertos, hay oportunidades y casos en que decir la verdad no sólo está mal visto, sino que no es aconsejable: son las mentiras blancas, las que ocultan -por ejemplo- una enfermedad a un ser querido.
Si a veces la mentira es sana, inevitable, social, ¿Hay que condenarla? Rubén González Fernández lo contesta en el ensayo “La mentira, un arte con historia“:

“La estrategia vital realmente inteligente es entender, asumir y sufrir/gozar (vivir) la verdad de la ficción. Sin renunciar a nuestra identidad de pícaros que es la que nos caracteriza y a la que estamos un poco obligados”.

Referentes psicológicos:

Psicología del engaño social

A la vista del relativo desacuerdo entre quienes estudian el engaño como resultado de la mentira, específicamente los estudios acerca cómo el engaño y la comunicación falaz deben ser definidos, en el presente trabajo se intenta integrar la visión de los autores más influyentes en este campo con el fin de formular una definición del engaño lo más delimitada posible al ámbito del presente ensayo. El punto de partida está en los elementos de la mentira prototípica señalados por Coleman y Kay[15], así como la noción de “comunicación engañosa” de Gerald Miller[16] (Miller & Stiff, 1993). Para señalar un punto de partida conceptual, vamos a proponer una definición de ‘engaño’, y lo puntualizaremos como el intento deliberado, exitoso o no, de ocultar, generar, y/o manipular de algún otro modo, información factual y/o emocional, por medios verbales y/o no verbales, con el fin de crear o mantener en otra(s) persona(s) una creencia que el propio comunicador considera falsa.

Ahora bien, en la historia de las ideas, han sido muchas, variadas y diversas las formas de presentar la esencia de lo humano. Todas ellas (la racionalidad, el trabajo, el poder) hablan de lo mismo: que el ser humano se diferencia del reino animal porque va más allá de lo biológico. Ningún otro pariente natural piensa, inventa cosas, modifica el medio circundante. Tampoco, ningún otro animal domina a otros de su misma especie exclusivamente por el deseo mórbido de experimentar ese dominio. Más allá uso de la razón, de la capacidad de abstracción conceptual,  de la dialéctica controlador-controlado, lo que nos define particularmente es la capacidad de engañar conscientemente.

No hay ninguna novedad intelectual con esto del engaño como esencia, como atributo básico del ser humano. El psicoanálisis y el genial descubrimiento freudiano no dijeron otra cosa: El humano es el único animal que habla, y por ello miente. Al hacer uso de los símbolos -más allá de los puros mecanismos instintivos- se implica un engaño originario. Hablar es, por tanto, dejar siempre abierta la posibilidad de engañar. El símbolo, en tanto convención, roza esta arista del engaño: el discurso es la negación de la cosa concreta. Esta idea del engaño como esencia de la condición humana puede ser llevada más allá del ámbito psicopatológico; más allá, incluso, de lo que Freud utilizó para mostrar las facetas del ámbito del inconsciente: el sueño, la equivocación cotidiana, todo tipo de lapsus. El engaño hace parte fundamental de la arquitectura social.

Si las luchas en torno al poder constituyen el motor mismo de la historia de toda la humanidad, el engaño está siempre implícito en ellas. El campo de lo político -escenario donde se juegan las relaciones de poder- no es en definitiva sino el arte del engaño, de la manipulación. Esto no significa asignar a priori una etiqueta de malignidad a los políticos profesionales; tampoco implica asumir que las castas políticas –indiferentemente su signo ideológico- sean éticamente malas, contraproducentes o perversas. Lo que ellos personifican, en todo caso, es que el ejercicio del poder, de todo poder, se basa en un engaño primigenio. Si no fuera así ¿Cómo podría entenderse que un grupo siempre numéricamente menor ejerza relaciones de dominio, basadas en el poder, sobre conglomerados numéricamente superiores? La fuerza bruta es determinante, sin dudas; pero inmediatamente surge la pregunta ¿Por qué esa mayoría no reacciona? Porque más allá de las armas con que son dominadas, el engaño juega un papel disuasivo.

Esto sucede porque las relaciones humanas contienen en sí mismas, de manera estructural, un núcleo de engaño. No significa que todo, absolutamente todo vínculo interhumano es engañoso, pero sí que ello es posible y que puede encontrarse siempre presente en la mayoría de las interrelaciones humanas, en mayor o menor grado, asumiendo distintas formas más o menos explícitas. Cuando escuchamos de engaño lo asociamos a decepción, traición y mentira. También asociamos ese término, al dolor psicológico que conlleva. Engañar es faltar a la verdad en lo que se dice, se hace, se cree o se piense. Asimismo, es dar a lo falso apariencia de veracidad o provocar que alguien tenga por cierto lo que no lo es. El subproducto más elaborado de esta faceta humana es el autoengaño, que básica y funcionalmente consiste en provocar que las audiencias cierren los ojos a la realidad, por ser más grato y cómodo aceptar la mentira como verdad.

Mentira y persuasión política:

La persuasión, entendida como la intención consciente de modificar el pensamiento y la acción, manipulando los móviles de los hombres hacia fines predeterminados, está de hecho asociada con el control público de la recepción y la manipulación informativa programada. En este sentido, la persuasión es una forma consciente e intencional de manipulación informativa, cuyo objetivo es la orientación de las actitudes y del comportamiento de los receptores, influyendo mental, afectiva y cognitivamente en los destinatarios del mensaje a través de diversos medios psicosociológicos. Por tanto, al reivindicar la adhesión, veraz o interesada, del público mediante el convencimiento explícito o tácito en función de los intereses de los agentes emisores responsables, individual o institucionalmente, de los contenidos informativos, la persuasión comprende –como bien explica José Sierra:

“una forma directa de codificación intencionalmente manipuladora como, por ejemplo, los anuncios publicitarios y los mensajes políticos en las campañas electorales”.

Las fórmulas de comunicación persuasiva son desconocidas por los receptores, porque la eficacia y el éxito de la persuasión dependen casi siempre del desconocimiento por el público objetivo de las formas retóricas y psicosociales que motivan en la construcción y difusión de los mensajes la orientación de las opiniones y las actitudes públicas. En otras palabras, la estructura profunda de los mensajes, de los objetivos y estructura de la comunicación intencionalmente planificada es de alguna forma desconocida por el público destinatario.

Pero las mentiras útiles en gran escala para la persuasión masiva, como el mito religioso o el nacionalismo ciego requieren el apoyo de mentiras menores en momentos cruciales. Y en este caso la elite también tiene su rol. Debe utilizar su “habilidad retórica superior” para hacer que el argumento débil suene más fuerte. En otras palabras, la cábala no sólo debe proteger mitos y fabricar mentiras sino que tiene que trabajar para venderlos. Lo que Strauss [17] llamó “retórica”, podemos identificarlo como sesgo inferencial. Pero según Strauss, estas mentiras son necesarias para el buen funcionamiento de la sociedad y el triunfo de la propia nación en la guerra. De ahí que para Strauss, la mentira se hace “noble”. La frase de Platón que Strauss pide prestada (“mentira noble”) la deforma en un mito o una parábola que transmite una verdad subyacente sobre la moralidad o la naturaleza. Pero en manos de Strauss, la “mentira noble” se convierte en una manera de engañar masivamente.

La mentira en la sugestión de las masas

Psicológicamente, el engaño social es un proceso de sugestión que apela al lenguaje oral y corporal para generar un tipo particular de sugestión, la sugestión conceptual auto-inducida, y así obtener el desencadenamiento de los reflejos y comportamientos conductuales previstos. La sugestión es un estado psíquico provocado en el cual el individuo experimenta las sensaciones e ideas que le son sugeridas y deja de experimentar las que se le indica que no sienta. Por esta razón se comenzó a utilizar como tratamiento terapéutico.

Existen diversos métodos para conseguir este estado en una persona: la sugestión directa, que se obtiene mediante la autoridad ejercida sobre una persona que se somete a ella; la sugestión hipnótica que se consigue mediante la hipnosis, estado de influencia magnética, por fascinación por influjo personal o por aparatos adecuados; la sugestión indirecta, a través de la insinuación de ideas que los sujetos aceptan como verdaderas y propias.

Una forma de sugestión masiva basada en la autoridad es la que se utiliza con fines de persuasión política.  En estos escenarios, la mentira se convierte en una ‘política de comunicación persuasiva’ que no obstante el contraste de sus mensajes con la realidad, fundamenta su veracidad, ante los ojos de los conglomerados en la aceptación, en la aprobación que esos conglomerados de masas le otorgan al líder, al proceso o al partido. Es un mecanismo de transferencia psicológica mediante la cual los individuos seleccionan lo que para ellos es verdad o certeza, a partir de juicios subjetivos que se obtienen de la fuente sugestionante y se le otorga veracidad sobre la base del liderazgo. La aceptación de tal liderazgo opera como la proyección psicológica de los individuos acerca de unos ideales inalcanzables, en función de una conceptualización del ‘mi mismo’, pletórico de poder y fantasías, que proyecta en ‘el otro’ al que se asume como ‘padre’ omnipotente y omnisciente.

Hitler tenía una personalidad hipnótica y el poder de influir sobre la voluntad del Volk, con inusitada fuerza, con total dominio y atracción basados en su carisma y en base a ello pudo adoctrinar y manipular a uno de los pueblos más cultos de la Europa de mediados del Siglo XX.

La mentira como moldeamiento social.

Una de las tareas fundamentales de la persuasión psicológica de las multitudes  probablemente tenga que ver con la promoción de nuevas formas de comportamiento. La modificación de conducta dispone de técnicas especializadas en tal sentido siendo el moldeamiento el reforzamiento sistemático de las aproximaciones sucesivas a la conducta terminal que ‘el modelador’ promueve, y la consecuente extinción de las aproximaciones conductuales anteriores.

Visto así, el moldeamiento es una estrategia psicológica con la cual se pretende aumentar la frecuencia de una conducta en un individuo que no la realiza, o que no la hace con tanta frecuencia como se desearía. Sirve para establecer conductas complejas que aun no existen en el repertorio de comportamientos comunes de un individuo y su objetivo principal consiste en reforzar en aproximaciones sucesivas, conductas que el sujeto emita que se asemejen a la conducta meta.

El moldeamiento social se utiliza cuando el sujeto considera incongruente con su tradicional comportamiento social la conducta que se le solicita desde las estructuras referentes (grupos partido, o líder), bien porque le resulta extraña, bien porque colide con sus valores. Entonces, el moldeamiento social opera, pero no como un refuerzo o reforzador positivo cuando se consigue que el individuo ejecute la acción. En su lugar, la conducta se descompone en sus partes más simples y se escalona su aprendizaje, tomando en un primer lugar lo más elemental y avanzando hacia la solicitud de conductas y comportamientos más complejos. Así, se va reforzando una a una, primero las elementales y progresivamente, las más complicadas actitudes, apoyadas en las anteriores. Gracias a esta estrategia, el partidario  va aprendiendo poco a poco una conducta originariamente muy compleja y fuera de su repertorio.

La mentira disipa las incongruencias cognitivas del sujeto frente al comportamiento que se le solicita y coadyuva en el avance desestructurado de los procesos de moldeamiento social. Así, la conducta operante se analiza y se modifica de acuerdo con ciertas condiciones antecedentes y consecuentes de las que es función. Acaso entre las condiciones antecedentes figuren instrucciones verbales, lo que no haría sino apuntar a las consecuencias. Estamos entonces en presencia de un proceso conjugado de conducta moldeada por las contingencias y gobernada por reglas previamente establecidas por ‘el moldeador’.

Para ulteriores análisis sobre el rol de la mentira en el moldeamiento social de los conglomerados debemos tener en cuenta que la lógica operante es inherente a la conducta humana y se emplea en el procedimiento de civilización y educación. Es necesario subrayar también que la lógica operante se caracteriza por la causalidad final, es decir, incorpora propósito e intención. La operante supone tender hacia algo, en el sentido intencional que dan los objetos del deseo ahí alcanzables. Se dice que la conducta operante es final porque es función de sus fines, esto es, está causada por el logro resultante y no por alguna estimulación antecedente.

Este proceso es altamente efectivo cuando se aplica sobre colectivos  con grandes carencias sociales y personales, y cuyos integrantes son capturables con facilidad, a partir de la satisfacción momentánea de sus necesidades económicas y alimentarias. Se trata de un proceso más bien simple en el que se comienza por especificar la conducta final deseada. Luego de escogida, habrá que describirla para especificar su cantidad, latencia e intensidad. Esta conducta deberá ser relevante para los intereses del líder, del partido o de la organización y no exceder las posibilidades de intervención / corrección. El modelo de comportamiento a obtener debe estar previamente convenido, ser identificable y poseer validación social.  Posteriormente, habrá de seleccionarse los reforzadores entre las opciones más motivadoras y válidas en relación con los objetivos propuestos, los cuales habrán de aplicarse sobre el colectivo en función del programa de refuerzo.

La conducta de las masas se divide en pasos sucesivos y periódicos, tomando en cuenta el repertorio de respuesta, acciones y actitudes disponibles en los sujetos que integran el grupo-meta.  A esto se le denomina ‘desarrollo próximo’ y consiste en re-enseñar y reforzar positivamente las aproximaciones sucesivas conforme se avanza en cada sub-etapa del comportamiento grupal esperado, para extinguir los aprendizajes, los valores y la cultura social precedente.

La mentira en la modificación del comportamiento.

¿Por qué se forman las masas y aparece el comportamiento de masas? El individuo necesita al grupo, le proporciona seguridad. Resulta más sencilla la supervivencia en grupo, resulta más fácil vivir integrado, pero la masa está dominada por emociones, está subyugada por el miedo y controlada por la avaricia. Según los expertos en la psicología de masas, la visión que una persona tiene de su identidad depende de la capacidad para meditar sobre sus propias acciones, así como de la posibilidad para responder a las acciones de los demás. Las teorías de la psicología de masas intentan explicar la influencia que ejercen las acciones de grandes grupos sociales sobre la identidad, el nivel social y el papel del individuo, reforzándolo o subvirtiéndolo, y cómo esa influencia repercute a la hora de participar en modas, tendencias, política, movimientos y religiones.

El más connotado de estos expertos, Erich Fromm[18] estudió cómo el sentimiento de separación genera una gran ansiedad. Se inicia en la infancia con la experiencia de la separación de la madre. La ansiedad de la separación puede canalizarse de diferentes modos: de un modo creativo, mediante un trabajo y unas relaciones productivas, o bien de un modo destructivo, mediante una regresión a rituales primitivos, violentos e incluso orgiásticos. Al identificarse con movimientos de masas, el individuo exterioriza sus problemas internos. La conformidad puede actuar como un consuelo y una reducción de la ansiedad; el individuo puede sentirse cómodo formando parte de una multitud. Fromm observó que esta tendencia se daba en el autoritarismo y en las dictaduras y los investigadores actuales la observan en el fenómeno de los aficionados violentos en el fútbol.

Pero fue Roland Barthes[19] quien describió el modo en que se generan los mitos, al dotar de significados falsos a las cosas mundanas, como en el caso de los lemas propagandísticos. Al persuadir a un número suficiente de personas con una campaña de promoción de promesas y de ofertas sociales con fuerte ‘demanda’ en los colectivos sociales,  y si esas promesas se condensan en un lema publicitario, el sujeto se identificará inmediatamente con la propuesta, aún sin tomar en cuenta que esa promesa carezca de sustento o sea imposible de cumplir. Al hacerlo modificará sustancialmente su comportamiento, en virtud de la reducción de su ansiedad, y sus actitudes y comportamientos habrán saltado por encima del análisis racional y el instinto habrá vencido a la razón. La mentira en la propaganda política se convierte, entonces, en el disparador de las esperanzas pues actúa como modelador de la conducta grupal simplificando temas sociales complejos y simultáneamente en un controlador de las entropías al disolver el razonamiento crítico individual propiciando valores colectivos (todos referidos a la propuesta política) por encima de los valores individuales.

El autoengaño: Convicción de la profecía auto-cumplida

Una profecía auto-cumplida o auto-realizada es una predicción que, una vez hecha, es en sí misma la causa de que se haga realidad. Tal vez el ejemplo más bizarro de cómo la mentira opera como un disipador controlentrópico del caos social es la puesta en práctica en la escena política del ‘efecto Pigmalión’ el experimento más llamativo del profesor Rosenthal[20], uno de los puntales de Harvard hoy felizmente retirado en la Universidad Riverside de California. La prueba consistió en proporcionar a un grupo de profesores de primaria cierta información sobre las supuestas capacidades de los nuevos alumnos que los maestros iban a tener en clase. La información suministrada era falsa, completamente inventada, pero fue suficiente para que los alumnos señalados a priori como potencialmente brillantes consiguieran, efectivamente, resultados sobresalientes, mientras se quedaban atrás aquellos de los que, sin ninguna base para afirmarlo, se esperaba más bien poco.

La expresión es acuñada por el sociólogo Robert K. Merton[21], quien formalizó su estructura y sus consecuencias. En su libro Teoría social y estructura social, Merton da la siguiente definición:

“La profecía que se auto-realiza es, al principio, una definición “falsa” de la situación que despierta un nuevo comportamiento, que hace que la falsa concepción original de la situación se vuelva “verdadera”.

El efecto Pigmalión, que sirve ejemplo para la teoría de la profecía auto-cumplida, es un concepto perfectamente ilustrado por el sociólogo Robert K. Merton con el ficticio caso del banco de Millingville, un banco gestionado de forma honrada y eficaz, con algunos activos líquidos pero con la mayor parte de sus fondos invertidos en diferentes negocios. Ocurre sin embargo que un buen día, sin que nunca termine de aclararse por qué, un puñado de cliente se presenta en la oficina del banco porque a sus oídos ha llegado el rumor de que el banco corre el riesgo de quiebra, y piden retirar sus fondos. El banco hace frente a sus obligaciones sin problemas, pero la presencia de tanta gente en la oficina provoca nerviosismo y alimenta el rumor de una inminente bancarrota. El temor se extiende y los clientes, cada vez en mayor número, pretenden rescatar sus depósitos. La bola crece de forma que, finalmente, el falso augurio de que el banco se encaminaba a la quiebra termina cumpliéndose como una profecía que se consuma a sí misma simplemente porque el público percibió como auténtico un peligro que era falso, y actuó como si fuera real.

2.- TEORÍA DEL ENGAÑO Protocolo operativo y funcional de la mentira

Se asume que el lenguaje es la abstracción conceptual que representa lo externo al sujeto y por ello constituye un vínculo ontológico entre éste y la realidad. Pero el  lenguaje es también el instrumento de que disponemos para confundirnos o engañarnos unos a otros. No exclusivamente sirve para engañar a otros, sino que además engaña al propio hablante, cosa que sabían bien tanto Friedrich Nietzsche como Fritz Mauthner.

Muchas de nuestras elucubraciones y ofuscaciones mentales tienen su origen en el sentido de las palabras. No sólo porque las palabras pueden tener varios significados, sino porque además pueden significar lo mismo pero de diferentes maneras. Nuestra ingenua admiración por la ciencia nos ha hecho adaptar nuestro modo de pensar a una supuesta estructura dotada de precisión y univocidad matemática.

A la vista del relativo desacuerdo entre quienes estudian el engaño sobre cómo el engaño, la mentira o la comunicación engañosa deben ser definidos, pretendemos integrar la visión de los autores más influyentes en este campo con el fin de formular una definición del engaño comprehensiva y bien delimitada. El punto de partida lo conforman los elementos de la mentira prototípica señalados por Coleman y Kay[22], así como la noción de “comunicación engañosa” de Gerald Miller[23] (Miller y Stiff, 1993).

También abordamos la teoría de la comunicación de Vilém Flusser[24], que en gran medida aborda una particular teoría del engaño a partir del uso y el abuso de los sistemas simbólicos, que de acuerdo con este autor, eventualmente sustituyen las situaciones codificadas generando un estado de alienación. La bidimensionalidad de las imágenes, el unidimensionalismo del alfabeto y el ‘código híbrido de las imágenes virtuales constituyen, para este estudioso, la trilogía fundamental de la comunicación engañosa, llamada por él ‘magia de segundo grado’.

A los efectos introductorios de este epígrafe, vamos a exponer una definición experimental:

“El engaño es un intento deliberado, exitoso o no, de ocultar, generar, y/o manipular de algún otro modo información factual y/o emocional, por medios verbales y/o no verbales, con el fin de crear o mantener en otra(s) persona(s) una creencia que el propio comunicador considera falsa”.

Esta definición experimental la vamos a contrastar con los elementos señalados por Coleman y Kay y la contrastaremos con algunas de las más connotadas teorías de la comunicación persuasiva, en principio para identificar su protocolo operativo (asumimos que el engaño, en tanto que proceso comunicacional elaborado, requiere de una estructura lógica, que aquí llamamos ‘protocolo’) con el propósito de ir armando, paso a paso, una teoría que nos conduzca a prefabricar la estructura funcional del engaño.

La antropología cognitiva del engaño

La antropología cognitiva ha sido una disciplina clave en el desarrollo antropológico de las sociedades,  tanto en el aspecto teórico como metodológico. Sus vínculos con otras disciplinas de las ciencias cognitivas le han dado una poderosa capacidad explicativa interdisciplinar que se ha traducido en la generación de teorías propias sobre los procesos universales de la cognición cultural y cómo esta es la conformadora de los fenómenos estructurales de la cultura.

Los inicios de la antropología cognitiva podemos hallarlos en los antecedentes históricos de Adolf Bastián[25].  En él podemos definir el objetivo central de la antropología cognitiva, como sub disciplina de la antropología cultural, también conocida como “etnociencia” o “nueva etnografía” y que ha sido definida como el estudio de la relación entre lenguaje, cultura y pensamiento.

Los sistemas de clasificación social y cultural han sido un importante elemento de estudio en muchas áreas de la teoría antropológica, por lo que la antropología cognitiva se concentra en las categorías lingüísticas para aproximarse a los sistemas de clasificación y conocimiento cultural.

Aunque la metodología y los temas de estudio han variado a lo largo de su historia, se comparte la premisa de que la cultura es conocimiento; cada grupo de individuos tiene su propio sistema para percibir y organizar el mundo y el conocimiento cultural se refleja en la lengua.

Los antecedentes de la Antropología Cognitiva se encuentran en Boas y sus discípulos. En especial en Kroeber[26]. Estos asumieron los postulados relativistas pero fundamentando sus propuestas al amparo de la Lingüística estructuralista y tratando de establecer distancias con respecto a los planteamientos de Whorf[27].  Como ilustración de todo ello podemos ver algunas ideas de Goodenough, expresadas en su obra Introduction to Cultural Anthropology.

“Considerando la tipología y sus problemas concomitantes queda claro que las clasificaciones elaboradas para el estudio comparativo están a un nivel conceptual distinto –es decir, sirven a otros propósitos diferentes-, que las distinciones establecidas en forma de categorías, las cuales proporcionan un significado más apropiado de los fenómenos dentro de una sociedad concreta. Las primeras deben ser por regla general aplicables a todas las sociedades y las últimas deben permitir exponer con mayor economía las leyes que determinan los acontecimientos del comportamiento dentro de una sociedad tomada como un universo en sí misma”.

Para acceder a este conocimiento a través de la lengua se recurre al análisis formal, también conocido como ‘análisis semántico formal’ que puede aplicarse a cualquier dominio lingüístico cognitivo. Este tipo de análisis se enfoca en áreas o dominios de significación semántica y ha sido aplicado al estudio de las terminologías de parentesco, colores y plantas, sirviendo como herramienta en la investigación e interpretación etnográfica.

A partir de un período formativo, también conocido como el enfoque boasiano que va de la primera década del siglo XX hasta 1950, surge en los años sesentas y setentas una corriente que ha sido denominada ‘etnosemántica’ o ‘etnociencia’. Bajo influencia boasiana, la etnociencia en un principio enfatizaba la relatividad de las categorías culturales y se caracterizaba por tratar de evitar el etnocentrismo y registrar meticulosamente el punto de vista interno de otras culturas. Sin embargo, en otras etapas, debido a la influencia de la recién inaugurada teoría generativo-transformacional del lingüista Noam Chomsky[28], se busca establecer esquemas cognitivos universales; tendencia que, aún hoy, en varias investigaciones toma un corte universalista y en ocasiones, evolucionista.

Los primeros pasos investigativos fueron los de Goodemough y Lounsbury que abordaron el análisis componencial como metodología de culto.  Luego surgieron los estudios de la fase etnocientífica, junto a la semántica de los Folk Models que sentaron las bases metodológicas  de la ciencia cognitiva y su acercamiento a la psicolingüística para analizar la cultura como fenómeno cognitivo, en particular los prototipos, los esquemas, los modelos culturales y la ‘cognición distribuida’.

El modelo híbrido de arquitectura cognitivo-cultural de SOAR permitió discernir los problemas de los significados culturales, y entre ellos, cómo el engaño, en tanto que elemento representativo cultural se refleja desde las metáforas y se imbrica en los procesos cognitivo-discursivos.

Protocolo operativo y funcional

Para teorizar sobre el engaño hay que indagar, más allá de su referente antropológico, en su ceremonial ejecutante, un enfoque que sólo es posible discurrir a partir de “La Antropología de La Mentira”[29] del profesor Miguel Catalán[30]. Este protocolo queda develado así:

“Vista desde fuera, la mentira representa a la vez un enigma intelectual y un escándalo moral. El enigma y el escándalo de la mentira se suceden sin solución de continuidad al observar la feliz convivencia de dos realidades en apariencia incompatibles: me refiero al odio universal hacia la mentira y a su práctica no menos universal.”

La tesis de Catalán es simplemente que la mentira debe acogerse como parte de lo humano, sin mala conciencia: el engaño es una «realidad no sólo inevitable, sino también aceptable» (p. 291). Y por tanto, necesitamos un relato mítico que en vez de condenar la mentira, o proyectar nuestra naturaleza falaz hacia lo otro –el extranjero, el enemigo, la mujer– o descargar la culpa en una causa imaginaria –el embaucador, el diablo, la serpiente–, acepte la insinceridad y el fingimiento como parte esencial y valiosa de lo humano. Un relato que sustituya la nostalgia de una inexistente edad de la inocencia, por una narración sobre el origen animal y humano de la estratagema y la doblez. Catalán propone re-escribir la historia de la especie no como el relato de una caída (una expulsión del paraíso, una condena de los dioses por la culpable desobediencia y ocultamiento), sino como una elevación natural desde la animalidad.

Teniendo en cuenta que esa elevación implica una conciencia inteligente que permite la mentira tanto como la sinceridad, la falsedad tanto como la franqueza, la civil ocultación tanto como la transparencia infantil.

La demolición de los mitos emprendida por Catalán contiene capítulos iluminadores: el mito de Prometeo es reinterpretado a la luz de Esquilo y Goethe, y se convierte en el paradigma de la captura humana de la autonomía negada por los dioses; la expulsión del Paraíso se aprecia como mito ambivalente: por un lado simboliza igualmente el ascenso hacia la autonomía a través de la desobediencia y la ocultación, pero es un episodio paradigmático de proyección, pues el relato desplaza en parte la culpa del varón a la mujer y la serpiente. En todo caso, ambos mitos son recusados como un fundamental error en nuestra auto-concepción.

En paralelo a la reinterpretación de estos mitos, corre el desmontaje de cierta mitología filosófica: el buen salvaje de Rousseau; la comunidad ideal de diálogo de Apel y Habermas. Catalán dedica menos espacio a estos relatos filosóficos, pero su tesis se abre paso con la eficacia de un bisturí. Nada humano, ni fáctico ni contra-fáctico, es imaginable en ausencia total de velos, ocultaciones, hipocresía. Eliminado el factor mentira, se elimina de un plumazo la posibilidad de la humanidad misma: el inocente salvaje solitario rousseauniano no es concebible; el participante de una comunidad ideal de diálogo sin engaño ni error, es un ángel buenazo, incapaz de hecho de implicarse en nada humano, porque no responde al concepto esencial de un hombre, tal como Kant[31] mismo reconoce en su Antropología [32].

En su estructura, la obra es simétrica y parentética: simplificando un tanto, se puede decir que el capítulo inicial «El escándalo de la mentira» y el final «Alcance de los mitos antiguos y petición de un nuevo relato» concentran el análisis antropológico-filosófico-moral. El segundo «Configuración del engaño» y el penúltimo «La proyección del engaño» destilan las explicaciones psicológicas y psicoanalíticas de la mentira, aderezadas con los relatos diversos que cada cultura ha elegido para su propio confort.

Los dos capítulos centrales se consagran a los dos mitos fundamentales de Occidente (el pecado original en sus versiones judaica y griega: Adán y Prometeo) con su correspondiente nostalgia de un origen transparente, que atraviesa nuestra historia colectiva y nuestras neurosis privadas. La pregunta que se hace Catalán es ¿Por qué negamos y deploramos la mentira cuando no sólo vivimos en ella sino que en realidad ni podemos ni desearíamos eliminarla completamente de nuestra vida? Para Catalán detrás de esta pregunta se esconde un escándalo sobre todo intelectual, una hipocresía cultural sonora.

Ahora bien, según progresamos en la apasionante lectura de sus recuentos y argumentos, el contenido de esa pregunta se rebela y expresa el mayor escollo para aceptar el argumento de la obra: en efecto, ¿Habrá una explicación antropológica precisamente al hecho de que la cultura niegue y condene una parte tan esencial de sí misma? ¿No serán los mitos acaso necesarios para mantener a la mentira dentro de unos cauces y unas proporciones tolerables? ¿Resiste acaso la civil mendacidad –al margen de la ironía, el humor, la embriaguez o la irreflexión infantil– la verdad pública sobre sí misma? ¿No requiere la salud mental de la sociedad una dosis de auto-engaño, como le pasa a los individuos? ¿No es el terrible efecto de la mentira sobre el engañado, el «extravío de por vida» que señaló Hartman y el propio Catalán recuerda (p. 19), una causa suficiente para condenarla siempre?

Estas preguntas cuestionarían el proyecto de Catalán y reivindicarían el sentido tópico de los relatos míticos. Él, sin embargo, pide un «nuevo relato.» Sus razones son en el fondo «naturalistas.» El engaño no es consecuencia de una «caída», ni un fruto envenenado de la cultura, sino que es tan animal y tan natural como el bipedismo, la inteligencia o el lenguaje. Negarlo es inconsecuente en tiempos post-ilustrados, una culpable proyección fundada en el error de ver un mal radical donde sólo hay una gradación infinita de posibles usos del engaño, unos benéficos y tolerados, otros maléficos y reprobables, y otros en fin indiferentes.

La clave del argumento de Catalán aparece muy clara en el siguiente pasaje:

“Los peores mentirosos no son quienes declaran sinceramente mentir de vez en cuando, ni siquiera aquellos que declaran insinceramente no mentir nunca, sino justo quienes declaran sinceramente no mentir nunca: pues se auto-engañan siempre respecto a sí mismos, anulan en general las grandes diferencias morales entre unas mentiras y otras, tanto en los demás (para condenarlos) como en sí mismos (para absolverse)” (p. 292).

Pero defender la naturalidad de la mentira requiere contradecir a una parte considerable de la tradición mítico-religiosa y filosófica. Catalán llama la atención sobre el «escándalo» que supone la gigantesca hipocresía que rodea el asunto. Juiciosamente comienza por hacernos reflexionar sobre el hecho de que casi nadie llama a otro «mentiroso». La propia palabra es tabú. Esto es, además, una constante histórica y transcultural. Nada toleramos peor que ser acusados de algo que, sin embargo, hacemos todo el tiempo, con mejor o peor intención. Esta constante es escandalosa porque el engaño, sostiene Catalán, es «intrínseco» a la inteligencia, el lenguaje y la propia libertad.

Los argumentos en este punto son irrefutables; sólo se dispersan y deshilachan al justificar el engaño como intrínseco a la libertad.  Catalán recuerda que los infantes de diecinueve meses son capaces de confundir a los adultos sólo por diversión, que los griegos solían elogiar más la victoria cuando se debía a la astucia que cuando a la fuerza bruta, que incluso la doctrina cristiana recusa el impulso y la primera intención, y exalta el obrar con «segunda intención», tras reflexionar y meditar la acción y, en consecuencia, ahogando la sinceridad de la intención primera. Incluso el ámbito de la búsqueda de la verdad por excelencia, como la ciencia, ¿de qué se sirve sino de hipótesis, o sea, de ficciones y artificios, hasta el punto de que su avance sería imposible sin ellos?

Un motivo clásico, agustiniano por ejemplo, contra la mendacidad, es la suposición de que el «uso natural del lenguaje es la verdad». Aquí Catalán se ayuda de la semiología de Eco[33] y de la filosofía del lenguaje de Wittgenstein[34]. Las autoridades dotan de lustre unos argumentos que se sostienen sin esos apoyos: nada es un símbolo si no pude emplearse para simbolizar otra cosa, esto es, para engañar o confundir; la mentira no es sino «otro» juego del lenguaje, tiene sus reglas propias, en las que se puede y se debe ser competente para jugar con provecho.

La contradicción intrínseca en considerar que el uso natural del lenguaje prohíbe la mentira consiste en que si fuera así, las palabras (el símbolo) se estarían confundiendo con la cosa misma, como ocurre a los infantes y como, residualmente, ocurre cuando asignamos poderes mágicos a ciertas palabras. Si queda alguna duda basta consultar al uso: en los lenguajes mínimamente complejos existe la posibilidad de reforzar lo dicho con certificados de veracidad: «de verdad», «sinceramente», «de corazón», «te lo aseguro», e incluso existen instituciones sociales como el juramento. ¿Qué falta haría tanta enjundia si el lenguaje fuera naturalmente veraz? Más bien parece que tan natural es la transparencia como el ocultamiento mediante las palabras (p. 113).

Hasta aquí dos afirmaciones simples, pero contundentes: la mentira es intrínseca a la inteligencia y al lenguaje. Admitirlas, como sólo cabe hacer ante la evidencia y el peso de los mejores argumentos, equivale a destruir el mito del buen salvaje (en cualquiera de sus versiones) y al menos parte de las bases de cierta ética del discurso:

“… contra los valedores de cierta ética discursiva, la capacidad de afirmar algo distinto de, o contrario a, lo que se piensa es también un presupuesto lingüístico, no sólo de las lenguas naturales, sino de todo lenguaje que se oriente a producir alguna consecuencia práctica a partir de las cualidades esenciales del habla humana.” (p. 109).

Pero Catalán va más allá y aventura que la posibilidad de engañar es intrínseca a la libertad moral. El argumento en esta parte es sutil, y largo, al incorporar el tema de la omnividencia divina y su significado antropológico. Podría simplificarse en dos líneas argumentales: primera, si suponemos siquiera alguna capacidad divina de «ver el interior de los hombres», entonces la acción humana se configura necesariamente como un intento perpetuo de ocultarse a ese escrutinio; segunda, supuesta una total penetración divina y, por tanto, el castigo inevitable de toda acción pecaminosa (así como el premio necesario de toda acción loable), el hombre no podría actuar jamás desinteresadamente como la moralidad requiere. Ambas líneas conducen a un mismo punto: si no podemos actuar con total secreto no puede decirse que seamos, estrictamente hablando, libres. Pero actuar en secreto total (ser único y último responsable) no significa otra cosa que poder ocultar y engañar, poder tener un discurso público y otro privado.  Catalán lo afirma tomando palabras de Kant en la Antropología, donde describe como inherente al concepto específico de criatura humana el publicar los pensamientos ajenos, pero reservar los suyos (p. 227).

El carácter intrínseco del engaño se puede confirmar porque los mitos fundamentales de Occidente explican el segundo nacimiento de la humanidad como un acto de ocultación, o engaño a los dioses. En este punto los mitos nos dirigen a una verdad profunda. En otro sentido se equivocan, pues han colocado a Occidente en la paradoja de anhelar una edad de transparencia que nunca existió. En palabras de Catalán:

“Esta paradoja bajo la cual vivimos los occidentales modernos, generada por un análisis de la condición humana tan errónea como pesimista en los dos mitos, nos presenta en el origen bienaventurado una transparencia que nunca se dio en realidad” (p. 214).

Así, la solución parece sugerirse ella misma, y la demanda de un «nuevo relato» no requiere de mucha argumentación. Cabe preguntarse, no obstante, cuánto haría ese relato por suprimir la paradoja de Occidente. Porque no es obvio que un relato más «veraz» sobre el origen vaya a eliminar la necesidad de afirmar la sinceridad propia deplorando la mentira en otros. Pues el funcionamiento del juego de la mentira, como institución que es, requiere que una cierta proporción al menos de sus destinatarios la tengan por verdad. Porque una mentira no convencional –un «engaño natural»– deja de ser engaño pues deja de ser deliberado.

Las paradojas no parecen solucionarse con la demanda de un nuevo relato. Lo cual no frustra el objetivo de esta Antropología de la mentira. La intención no es, por supuesto, «solucionar» nada; únicamente señalar las contradicciones, invitar a la reflexión y contribuir a formar una imagen más fiel de nosotros mismos.

3.- PROCESOS CONTROLENTRÓPICOS DEL ENGAÑO

Vamos a iniciar este epígrafe con las palabras de Fernando Vallejo[35] relacionadas con su ‘Génesis del Engaño’:

“El ser humano es una bestia bípeda entrenada durante cuatro millones de años de evolución (contados desde que bajó del árbol) para mentir en las formas más  sutiles, de las cuales hoy por hoy las más prestigiosas son la palabra y las ecuaciones”.

Desde la aparición del Homo sapiens, cuya emergencia aún no tenemos bien conocida, el engaño en todas sus formas siempre lo ha acompañado. Haciendo un recuento breve de la historia desde este enfoque se pueden tratar casi todas las actividades y las áreas de conocimiento. Probablemente la más antigua de las actividades intelectuales sea la espiritualidad, que aparentemente surgió con los neandertales una variedad del Homo sapiens, que según parece enterraban a sus muertos en posiciones determinadas y les colocaban flores con algún propósito relacionado con el trasmundo.

El ser humano siempre ha tenido miedo óntico, y de éste y de su espiritualidad una minoría de aprovechados (políticos muy inteligentes, los llama el sofista Critias) crearon y perfeccionaron uno de los primeros sistemas de engaño para dominar a las mayorías. Desde este momento surge la división entre los que piensan por sí mismos y los que sólo siguen lo que otros dicen.

Las elites sociales han necesitado, históricamente, de manera consistente y consciente, del engaño (usualmente apoyado con el miedo) para sostener y crear un modelo que sirva a sus intereses y que al mismo tiempo pueda funcionar y ser aceptado por el resto de los colectivos. Esta estrategia no parece haber disminuido con los sistemas llamados democráticos, sino que tan sólo se han refinado más los instrumentos y los medios que sirven o facilitan su difusión y utilización.

Un ejemplo histórico de ello fueron los sofistas, que se especializaban en la descalificación del rival mediante trucos de razonamiento que se pueden considerar como las primeras enseñanzas para elaborar engaños razonados.

El engaño es por lo tanto, un fenómeno histórico y clave para el funcionamiento de los modelos sociales implantados en un mundo que se considera global, aunque, naturalmente, tales fenómenos no hayan nacido con el proceso de globalización, sino que han irrumpido en las sociedades, bien como decantación histórica de procesos precedentes, bien como un proceso evolutivo natural de las estructuras sociales más antiguas, como por ejemplo, la aristocracia.

La aristocracia (del griego aristos, los mejores), designa una forma de gobierno surgida en la antigua Grecia, en la que el poder lo detentan unos pocos, y en la que la justificación del poder estriba en el hecho de que quienes lo detentan se consideran los poseedores de la auténtica areté (ser digno de admiración y honor). Coincide también en que son los poseedores de las tierras. Los aristócratas se consideraban a sí mismos como los que encarnaban el ideal del kaloskagathos (hombres bellos y buenos, poseedores de toda la areté) (ilusión “aria”). La decadencia de la aristocracia, según Platón, origina la timocracia, poder de los militares que, a su vez, degenera en oligarquía, en la que una minoría sin escrúpulos oprime al resto de la población. Por lo general esa minoría es la de los ricos y entonces se le denomina plutocracia.

El engaño es, adicionalmente, una elaboración expresiva funcionalmente compleja de necesidades, reacciones y comportamientos sociales, construida sobre sustratos en ocasiones muy sofisticados de tipo biológico o fisiológico-funcional que en ese nivel anterior al de la organización social están diseñados para cubrir funciones de supervivencia de organismos, individuos y especies.  Así, a nivel biológico, muchos organismos aparentan lo que no son por medio de camuflajes, dispositivos estructurales estáticos o dinámicos e incluso a través de comportamientos imitativos o de distracción, para evitar ser eliminados por competidores más fuertes y agresivos o para apoderarse de presas incautas.  Esto puede ser considerado como el dispositivo básico del engaño en el plano biológico que, a medida que se incrementa la complejidad de las organizaciones, va siendo “recubierto” por decirlo así, con estructuras dinámicas más evolucionadas.

La ‘máscara social’

Desde la antigüedad muchas inteligencias han dicho lo mismo que Chuan Tzu[36]:

“Aquel que quiere tener lo correcto sin lo equivocado, orden sin caos, no entiende los principios del Cielo y de la Tierra. No sabe cómo están hechas las cosas.”

¿Qué papel desempeña “la máscara social” en el engaño colectivo? La máscara es la persona y al tiempo es la negación de la persona. En ella, como metáfora y como instrumento de dominio, confluyen las articulaciones dialécticas del ser –como haber y como actuar, como posibilidad y como seguridad- para que el individuo pueda ser aceptado dentro de su grupo y dentro de su estatus. Nadie hay, nada hay  –o es sin máscara. En palabras de Nietzsche[37], el humano se designa como el ser que mide valores, como el animal “tasador de sí”. Pero el problema comienza aquí mismo, ya que, no tardando mucho, ese sentimiento de intercambio ha de verse traspasado desde el ser individual hasta la comunidad, y allí lo que se tasa y se mide, se intercambia y se compara, ya no es lo “de sí”, sino el poder.

En lo que se refiere a la máscara como simbolismo y representación, primero ocurre su presencia vinculada a la persona, pero siempre como objeto superpuesto a la misma, en calidad de frontera, de limes. La máscara es aquí el otro que, en cualquier caso, llevamos dentro como una señal de aquél primer combate producido en el individuo por la determinación del yo. Es una imagen de aquél combate y de su resultado. En segundo lugar, la máscara simboliza el engaño, tanto el producido en el yo respecto a su propia delimitación con respecto a los otros próximos, como en el admitido, establecido y aceptado dentro del grupo social (“todos tenemos dos caras” –el dios Jano o el Hermes bifronte serían la simbolización o representación cognitiva de este proceso).  En tercer término, la máscara representa el engaño socialmente instituido pero públicamente rechazado y condenado por las instancias del poder. Todos estos aspectos son mutuamente dependientes y consecuencia unos de otros; no se pueden concebir aislados si no es de forma incompleta y parcial, hurtando para ello su “acción ejecutable” de entendimiento, sin cuya actuación carecen de sentido.

El proceso social del engaño sigue un curso paralelo con el miedo. En el ámbito del engaño se produce una gran transformación psicológica, una mutación cualitativa mediante la cual el sustrato sobre el que dicha mutación ocurre (es decir, el yo) queda radical y absolutamente cambiado en su propia naturaleza. Desde la etapa en que el engaño aun no es reconocido ni social ni individualmente como tal, es decir, cuando su representación –la máscara– permanece todavía vinculada a la persona y es considerada como el resultado de un proceso de “autodefinición”, hasta la primera de las transformaciones decisivas que va a experimentar, se produce un cambio cualitativo: el individuo comienza a perder su independencia como sujeto singular y adquiere su estatus de miembro de la colectividad.

Es éste el momento en que se lleva a cabo la primera manipulación seria sobre un instrumento que, en principio, tan sólo contribuye, junto con otros, al proceso auto definidor del yo. La familia, como órgano productor y reproductor de la ideología dominante, modela ese instrumento mediante el proceso de socialización primario, adaptándolo a su futuro papel como arma ideológicamente condicionada para la lucha de caracteres (competición dentro del ámbito familiar y conquista de la posición del yo entre los individuos integrantes de dicho ámbito) y para la lucha por la vida dentro de la sociedad (conquista y mantenimiento de estatus, consecución del poder, etc.). Sin embargo, con esa lucha que en ocasiones adquiere un carácter dramático y cuyos resultados van a condicionar siempre a los individuos, no ha hecho más que empezar un largo proceso que, seguramente, durará toda la vida del sujeto y que va a tener consecuencias no sólo para éste, sino para el desarrollo del grupo en su conjunto.

La segunda fase del proceso controlentrópico del engaño no es más que el umbral para el cambio más importante que se espera: La adopción pública del sistema general de relaciones, constituido por una pluralidad de relaciones parciales, vinculadas éstas al ámbito familiar y de estatus. Ese reconocimiento social supone la internalización del proceso que ha llevado al engaño hasta los niveles más significativos de actuación cognitiva. Tanto ha progresado en este proceso que la mayoría de los individuos lo considera (al engaño) como un mecanismo “natural”, es decir, propiciado por la naturaleza misma de las cosas e impulsado por ella. Con esta progresión dialéctica el propio yo individual se ha transformado, se ha cerrado el círculo. Desde sus orígenes en los sistemas biológicos, se ha completado el cambio del engaño hasta un instrumento de carácter social, al que, finalmente, se le desprovee de ese carácter para intentar la potenciación de los niveles instintivos y condicionantes.

El control de la entropía a partir del ‘paradigma social predominante’

La expresión “paradigma social” la entenderemos aquí como el esquema mental al que se adaptan o se sienten forzados a adaptarse las palabras, pensamientos y comportamientos de un grupo dado. El proceso de creación de un paradigma social parte de una actuación particular discutible, que es elevada a principio general, eliminándose o reduciéndose a su mínima expresión todos los comportamientos que contradigan dicho principio, aunque sean porcentualmente mayoritarios. De seguidas, el proyecto de paradigma social necesita de la “exageración conveniente” de todas las actuaciones e informaciones que convengan a lo que se quiere demostrar, con declaraciones de firmeza procedentes de alguna institución “de reconocido prestigio” para aumentar su poder y hacerlo incuestionable.  Cuando las estructuras de socialización secundaria obran así (y aquí nos referimos a cualquier estructura de control que posea una jerarquía y un ascendente socialmente aceptado) logran matrizar en la opinión de los públicos un paradigma social predominante, y a partir de él, el control de las entropías que puedan surgir en su seno.

El poder, por sus propias características intrínsecas, suele necesitar para su supervivencia mantener a sus fieles, súbditos, empleados y clientes, de alguna manera engañados y miedosos, pues otra cosa sería una amenaza directa a su propia existencia. Se trata de conseguir que los destinatarios de cada poder se comporten de manera suficientemente predecible, homogénea y ordenada, de forma que sean susceptibles de ser organizados, controlados y puedan exigírseles esfuerzos que puedan resultar contraproducentes para su interés real e incluso llegar a atentar contra su propia salud física y mental.

Para ello resulta necesaria la consagración de determinados paradigmas sociales que puedan servir de guías seguras al comportamiento organizado de los componentes de cada grupo social, paradigmas que son mantenidos en el tiempo más allá (o prescindiendo totalmente) de su verdad y/o autenticidad, llegando a despreciar, ocultar intencionadamente o ignorar los datos que puedan ponerlo en cuestión o aconsejen acuciantemente cambiarlo por otro.

La política, con su cultura del engaño, fue reforzada por el “maquiavelismo”, que se convirtió en el vademécum de los gobernantes. Recordemos algunas de sus máximas, que son de actualidad:

“El gobernante, como creador del estado, no sólo está fuera de la ley, sino que si la ley impone una moral, está también fuera de la moralidad. No hay otro patrón para juzgar sus actos sino el éxito de sus expedientes políticos para ampliar y perpetuar el poder de su estado”.

Maquiavelo dio abiertamente fuerza de ley al uso de la crueldad, la perfidia, el asesinato o cualesquiera otros medios, con tal de que fuesen utilizados con suficiente inteligencia y secreto para poder alcanzar sus fines:

“Pero conviene que cuando el hecho le acuse, el resultado le excuse; y cuando el resultado es bueno, como ocurrió en el caso de Rómulo [el asesinato de su hermano], siempre se le absolverá. Es digna de censura la violencia destructiva, no la violencia que reconstruye.

Ello es compatible, y probablemente en eso consiste nuestra libertad, con permitir a determinados grupos que se salgan de la norma/horma, consintiendo incluso actos contra-sistema, siempre que dichos grupos más creativos sean minoritarios y sus propuestas no puedan amenazar el “way of life” dominante.

No obstante para mantener ese proceso resulta necesario asimismo encumbrar la utilización de la máscara. La máscara, actúa y oculta la acción de lo humano socializado. No diremos que lo disfraza, ya que su funcionar es más complejo y se efectúa sobre estructuras del ser más fundamentales que el simple aparentar o el “hacer que se es”. En realidad, máscara y funcionar socializado (actuar y ocultar) son inseparables del individuo que intenta integrarse en los correspondientes niveles de su grupo.  Pero la máscara es también el resultado de un intento por reproducir y por perpetuar el sistema. Es la confesión pública, reconocida, “oficial”, de la posibilidad del engaño, casi podríamos decir de la imposibilidad del no-engaño, de hacerlo (al engaño, a su posibilidad, casi a la seguridad de su ocurrencia) “moralmente aceptable”, para lo cual hay que inutilizar el sentido riguroso de la moral y condicionarla con un modelo ideológico concreto. Y así la máscara adquiere una naturaleza sacramental –de ritual instituido y sacralizado– en representación de unos propósitos que ya han sido llevados hace tiempo al limbo de lo abstracto y de lo indiscutido.

Pero ni siquiera eso será suficiente para la actuación cognitiva externamente programada de la máscara –incluso así mantiene latente un poder demasiado violento– ya que su metáfora habrá de invocarse jaculatorialmente para que pueda ser utilizada sin riesgo, pasivamente, incondicionalmente.   Con la máscara así “sentida”, podríamos entrar los humanos ya preparados en ese reino del representante de la seriedad nietzscheano, allí donde el sacerdote ascético enarbola “con su ideal, no sólo su fe, sino también su voluntad, su poder, su interés”. De ese ideal depende todo “su derecho a existir”; no es extraño por tanto que sea tan terriblemente defendido aún a costa de nuestra entera felicidad y, llegado el caso, de nuestra propia existencia.

Una de las características más visibles y grotescas de las dictaduras de cualquier ralea (civiles o militares, de izquierda o derecha) es el ocultamiento, la restricción y/o la deformación de la información oficial. Otro rasgo, íntimamente vinculado con lo anterior, es la adulteración fraudulenta de las estadísticas. Y una tercera peculiaridad sería el sistemático-alineado discurso del funcionariado, un recital típicamente mentiroso, doloso, cínico y/o manipulador (desinformación premeditada) con la expresa finalidad de desvirtuar realidades, tergiversar verdades o disimular las consecuencias de los abusos de poder, corruptelas y errores de gestión de la prosapia regente.

A punta de inexactitudes o medias verdades, de negar el acceso a las fuentes de información y de adulterar u ocultar informes, los gobiernos (pero también las sociedades, las ONG y cualquier otra modalidad de control social) encubren y camuflan aspectos de sus respectivas gestiones-resultados que no se atreven a exponer porque son conscientes del rechazo que generarían.

El nuevo ‘paradigma social predominante’ lo impone la globalización. Hasta podría afirmarse que con el arribo de la globalización vivimos bajo una oligarquía “global” que bien podría llamarse “globarquía” donde el poder se ejerce mediante las siguientes formas:

  • a) Poder coercitivo (poder militar externo y poder policial interno), o la habilidad de A de inducir a actuar a B mediante una fuerza efectiva.
  • b) Poder económico, o el control sobre los recursos (financieros, materiales o tecnológicos) mediante el cual A puede influir a B a actuar en beneficio de A.
  • c) Poder político, o el grado hasta el cual A puede persuadir a otros de unirse a su causa en oposición a B, como resultado de los beneficios psicológicos o materiales que los potenciales adherentes vean derivados de la causa de A.
  • d) Poder legal o normativo, la ventaja que A puede obtener sobre B como resultado de la elaboración de reglas de sanción por cualquier institución a la cual A y B pertenezcan. El curso de la historia es producto de las interacciones dialécticas complejas, o luchas mediante las cuales los individuos o grupos intentan auto-realizarse tanto en oposición como en cooperación entre ellos.
  • e) Poder mediante el engaño, El dominio que A ejerce sobre B a través de la palabra de acuerdo con las acepciones que de engaño se dieron al inicio y que es el complemento de las otras cuatro formas de ejercer el poder.

Podríamos también argumentar que vivimos en una aristocracia y no en una oligarquía. Quienes nos gobiernan lo hacen sin temores, poseen la riqueza, son dueños no sólo de las tierras, sino de la Tierra y, por supuesto, son los mejores… para engañar.

Giovanni Sartori[38] cuenta que:

El “neo lenguaje” identificado por Orwell es en cambio un subproducto real, realísimo, de la sistemática propagación de lo falso aplicada por Stalin y por Hitler;” en la propaganda nazista y estalinista, “guerra era llamada paz, opresión llamada libertad, exterminio llamado solución, invasión llamada liberación”.

Esta forma de engaño, el neo lenguaje, en la “democracia” es más actual y está más perfeccionada que en tiempos de Stalin y Hitler porque no sólo surge en los discursos políticos de los líderes, sino en casi todos los órdenes de la cotidianidad. Es usado por los medios, en las negociaciones de todo nivel,

4.- ESTRUCTURA DE LA PERSUASIÓN

Se define con el término persuasión a la intención deliberada de una persona de modificar actitudes, creencias o comportamientos de otra persona o grupo de personas a través de la transmisión de un mensaje. Asimismo se considera a la persuasión un medio por el cual las personas colaboran unas con otras en la conformación de sus versiones de la realidad, individuales o compartidas, que comportan cambios de conducta.

Los antiguos retóricos distinguían tres elementos como pilares de la persuasión: el ethos, esto es, la bondad moral del mensaje y, por extensión, de quien actúa como fuente de información o persuasión. El logos, o corpus argumentativo, y el pathos, es decir, las emociones que dan soporte a los argumentos. Este enfoque no ha sido superado, aunque sí ampliado. La retórica clásica analizaba muy bien al orador pero olvidaba aspectos tan importantes como son el receptor del mensaje, el mensaje en sí mismo, y el canal con su carga de ‘interferencia’ o ruido interviniente.

La persuasión y la retórica eran ya técnicas sobradamente conocidas por los filósofos y escritores griegos de la Edad de Oro, y la oratoria era una profesión destacada en aquella época. El ciudadano griego debía defender sus tesis ante las asambleas políticas, y si no sabía argumentar estaba obligado a contratar a un sofista (maestro ambulante que elaboraba manuales para instruir en la mejor forma de argumentar). La Retórica de Aristóteles [39], y especialmente el desarrollo de sus tres conceptos fundamentales de ethos, logos y pathos, ha resultado ser un manual clásico de uso obligado para politólogos y aprendices de líderes en todas las épocas. Siglos más tarde, pensadores como Hume, Maquiavelo o Gracián han tratado de escudriñar la “naturaleza humana” analizando el comportamiento de los gobernantes, líderes, auditorios y buscando las mejores estrategias para desenvolvernos en la complejidad de las relaciones humanas.

El concepto persuasión  ha sido considerado como sinónimo de control mental, o más asertivamente, como seducción oculta. El término  propaganda es mucho más reciente; fue introducido por el papa Gregorio XV en 1662 y está asociado a técnicas de persuasión masiva, educación y predicación. Modernamente significa influencia de las masas mediante la manipulación de símbolos y técnicas de la psicología individual y social.

Los auditorios, las masas y los electores cambian y mudan sus opiniones con facilidad, especialmente si quienes lideran los medios y las estructuras políticas que modelan la opinión de los públicos se afanan en estructurar y confeccionar sus mensajes de forma adecuada. La clave del éxito no solo radica en el uso del léxico, las palabras y la sintaxis más convenientes, sino que tanto o más importante que el mensaje es la elección del momento y lugar adecuados para llevarlo a cabo.

Los estudios actuales sobre la persuasión dan una importancia crucial a la fuente de la que parte la acción persuasiva. La fuente debe ser creíble para que el mensaje tenga efecto.
Un mensaje es legítimo si quien emite el mensaje está socialmente legitimado para hacerlo, es decir, tiene autoridad moral o institucional. Para saber si un mensaje es legítimo podemos formularnos la pregunta: ¿Tiene esta persona autoridad para decir lo que dice? Si la respuesta es afirmativa, el mensaje es legítimo.

Un mensaje es competente si el mensaje es emitido de tal manera que el receptor se ve obligado a procesarlo y tomarlo en cuenta. La pregunta para saber si un mensaje es competente es: ¿Por su formato, obliga a ser procesado por el receptor? De ahí la diferencia ‘persuasiva entre la hoja promocional (que suele ser poco competente y por lo general la tiraremos sin leerla) y un oficio con el membrete del “Ministerio de Hacienda” Seguramente el remitente de este último mensaje nos ‘persuadirá a darle la máxima atención.

Un mensaje es persuasivo si el mensaje moviliza emociones o cogniciones capaces de transformar una actitud. Muchas veces un mensaje es persuasivo pero poco competente. Por ejemplo, podemos ver una promoción publicitaria en televisión sin comprender y atender al mensaje (baja competencia) pero cuando lo hacemos, quedamos fascinados o hipnotizados, y procedemos a aceptar todas las bondades y conveniencias subjetivas de la ‘promesa’ publicitaria, para terminar con la compra del producto.

Un ejemplo de mensaje competente pero no persuasivo es la carta que envía la Alcaldía de tu localidad conminándonos a pagar una nueva tasa municipal.  El mensaje puede ser poco persuasiva (en términos generales no hay nada ‘atractivo’ en pagar un nuevo impuesto), pero seguramente analizaremos de manera concienzuda los pros y los contras de pagarlo.

Un mensaje es apropiado si por su formato, por quién emite el mensaje, canal escogido y otras características, puede obtener los resultados apetecidos. Este concepto es muy global pues se refiere a sí en la vida real el mensaje ha logrado o no su propósito. La pregunta clave para saber si un mensaje es apropiado sería: ¿Es o fue eficaz para cambiar conductas? Como es lógico, tanto más será un mensaje apropiado cuanto más legítimo, competente y persuasivo sea en su estructura, referentes y propósitos.

La persuasión ha sido ampliamente estudiada e investigada desde la perspectiva de los medios de comunicación, sobre todo en el campo de la comunicación publicitaria y de la política. El primer abordaje sistemático sobre el tema se atribuye a Carl Hovland,[40] este científico social se centró en el cambio de actitud en función de la persuasión. Su aproximación al tema establece que el cambio de actitudes puede ser un método efectivo para combatir el prejuicio, los estereotipos, la delincuencia y los efectos negativos de la propaganda, que nosotros llamamos acá ‘entrópica’, en contraposición a la propaganda cuyo contenido propende a la fijación de los estereotipos y la cultura como parte del control sobre los conglomerados que la integran.

Según este enfoque, para que un mensaje persuasivo cambie la actitud y la conducta tiene que cambiar previamente las creencias del receptor del mensaje. Este cambio en las creencias se produciría siempre que el receptor recibiera creencias distintas a las suyas y que fueran acompañadas de incentivos.

La persuasión es, en definitiva,  parte del proceso controlentrópico que sustenta los modelos sociales implantados en los colectivos y que son promocionados y sostenidos por el poder (representado en la élites que lo detentan, pero sacralizado en las instituciones que lo representan) y que comunicacionalmente identifica y jerarquiza necesidades, preocupaciones e inquietudes en términos de resultados significantes, posicionando ideas y soluciones en el contexto de su proceder ideológico y a partir de necesidades con evidencias aparentes o verdaderas de una solución.

Las aproximaciones a la estructura de la persuasión de mayor vigencia son:

A) El grupo de investigación de la universidad de Yale.

La investigación desarrollada en la universidad de Yale se convirtió en el primer abordaje sistemático de la persuasión. Según este enfoque, para que un mensaje persuasivo cambie la actitud y la conducta, tiene que cambiar previamente los pensamientos o creencias del receptor del mensaje. Así, el proceso de persuasión es concebido como un conjunto de etapas, en las cuales hay una serie de elementos claves. La eficacia de un mensaje persuasivo depende fundamentalmente del efecto que produzcan en el receptor cuatro elementos claves: la fuente, el contenido del mensaje, el canal comunicativo y el contexto. Los efectos de estos cuatro elementos se ven modulados por ciertas características de los receptores, como su grado de susceptibilidad ante la persuasión. Los efectos psicológicos que los mensajes pueden producir en el receptor son cuatro: atención, comprensión, aceptación y retención.

B) La teoría de la respuesta cognitiva.

Según la teoría de la respuesta cognitiva, siempre que un receptor recibe un mensaje persuasivo, compara lo que la fuente dice con sus conocimientos, sentimientos y actitudes previas respecto al tema en cuestión, generando, de esta manera, unas respuestas cognitivas. Si los pensamientos van en la dirección indicada por el mensaje, la persuasión tendrá lugar; en cambio, si van en dirección opuesta, no habrá persuasión, o incluso puede darse un efecto boomerang. Los receptores no son ya persuadidos por la fuente o el mensaje, sino por sus propias respuestas ante lo que la fuente y el mensaje dicen.

C) El modelo heurístico.

En muchas ocasiones somos persuadidos porque seguimos determinadas reglas heurísticas de decisión que hemos aprendido por experiencia u observación. La persuasión no es resultado del análisis realizado sobre la validez del mensaje, sino fruto de alguna señal o característica superficial de éste, de la fuente que lo emite o de las reacciones de otras personas que reciben el mismo mensaje. Algunos de los heurísticos utilizados con mayor frecuencia se basan en la experiencia de la fuente, en la semejanza, en el consenso, o en el número y longitud de los argumentos. De esta manera, es más probable que las reglas heurísticas sean utilizadas cuando hay baja motivación, hay baja capacidad para comprender el mensaje, se da una alta prominencia de la regla heurística y los elementos externos al propio mensaje son muy llamativos.

D) El modelo de la probabilidad de elaboración.

Modelo elaborado por Petty y Cacioppo[41], el cual se centra en los procesos responsables del cambio de actitud cuando se recibe un mensaje así como en la fuerza de las actitudes que resultan de tales procesos. Según este modelo, cuando recibimos un mensaje, disponemos de dos estrategias para decidir si lo aceptamos o no: la primera estrategia, denominada ruta central, ocurre cuando se realiza una evaluación crítica del mensaje, se trata de llegar a una actitud razonada, bien articulada y basada en la información recibida; la segunda estrategia, denominada ruta periférica, ocurre cuando la gente no tiene la motivación o la capacidad para realizar un proceso tan laborioso de evaluación del mensaje.

Estructura del cambio de actitud, a partir de la persuasión

Los principios básicos de las actitudes afirman que cada quien es responsable de sus propias actitudes. Las actitudes son producto de la creación individual y es por esta circunstancia que la única persona que las puede cambiar es el sujeto  Al mismo tiempo, hay que considerar que ninguna persona, en tanto miembro de cualquier colectivo, es un sistema cerrado. Creamos nuestras actitudes para entender el mundo que nos rodea y,  por tanto, nuestras actitudes están permanentemente abiertas a la influencia del entorno. Esta circunstancia provoca que las actitudes estén en una continua y permanente transformación. Por lo tanto, el problema estructural de la persuasión para provocar un cambio, no es tanto conseguir que el otro cambie de actitud, sino conseguir que cambie en la dirección deseada.

El cambio de actitud que se produce a través de la ruta central es más duradero, predice mejor la conducta y es más resistente a la persuasión contraria. Las dos estrategias mencionadas constituyen los dos extremos de un continuo, el de probabilidad de elaboración. Cuando la probabilidad de elaboración es muy elevada, el receptor está utilizando la ruta central; cuando es muy baja, está utilizando la ruta periférica.

La probabilidad de elaboración depende de dos factores: motivación y capacidad. Las variables consideradas en la persuasión pueden influir en los juicios de cuatro maneras: sirviendo como argumentos apropiados para dilucidar los méritos de un objeto o posición, sesgando el procesamiento de la información relevante para la actitud, sirviendo como una señal periférica o influyendo en la motivación y capacidad.

La persuasión controlentrópica se desarrolla a dos niveles: Uno lo integran los efectos de la estructura de la comunicación. El segundo, los efectos del contenido en comunicaciones persuasivas. En la estructura se tratan cinco tópicos principales: la discusión sobre el orden de presentación, la presentación de uno o dos lados del argumento, la cuestión de sacar o no conclusiones, la pasividad o actividad de la audiencia receptora y cuándo presentar los principales argumentos del mensaje.

La estructura del cambio actitudinal no ha variado desde que el hombre ‘es’ y en consecuencia se ha asumido como ente. La capacidad para motivar el cambio de actitud está directamente relacionada con la influencia psicológica que se ejerce en el otro. Existirá más influencia cuanto más dispuesto esté ‘el otro’ a escuchar y a dejarse influenciar. Una de las grandes paradojas de la comunicación humana es que si se desea que ‘el otro’ deje de estar sordo y tenga interés en escuchar, primero habrá que escucharle. La empatía y la capacidad de entender al otro son los cimientos sobre los que se asienta la capacidad de motivación de los demás. Lo que quiere decir que el primer paso para poder motivar a los demás es intentar saber  todo lo posible sobre su manera de pensar.

Cuando se entiende al otro y se obtiene su atención y su confianza, es posible persuadirle con ideas nuevas, que provocarán nuevas actitudes. Naturalmente eso no  garantiza el control de la entropía, pero al menos distrae la atención de los sujetos y disuelve, por así decirlo, el efecto entrópico de los vórtices sociales.

¿Cómo se articula este cambio de actitud? El procedimiento a seguir para poder ofrecer alternativas viables se podría esquematizar de la siguiente manera:

1º.- Identificar la actitud a cambiar: Partiendo de la observación y conocimiento del otro, se identifican las actitudes que impiden la motivación. La pregunta a hacerse es ¿cómo se sabe que esa persona no está motivada? ¿Qué se debe percibir  para decidir que carece de motivación? ¿Cuáles comentarios evidencian esa falta de motivación? ¿Cuáles actitudes o comportamientos se deben identificar para decidir que el sujeto carece de la motivación adecuada?

2º.- Formular la actitud alternativa: Una vez identificada la actitud o actitudes a modificar, el segundo paso es formular la actitud alternativa.  Las actitudes son el mapa que utilizan los individuos para ‘navegar’ por la vida, y un mal mapa es mejor que no tener mapa, Para que alguien cambie el mapa que está usando es imprescindible ofrecerle otro mapa, que aparente ser mejor o de lo contrario seguirá usando el que tiene y al que está acostumbrado.  La pregunta básica es: ¿Qué es lo que necesita ‘el otro’ en vez de lo que tiene? ¿Qué querría ver en lugar de esto? ¿Qué comentarios tendría que oír? ¿qué tendría que notar para saber que esa persona está motivada?

3º.- Diseño de ‘la intervención’ persuasiva: Una vez que se conoce cuáles actitudes han de proponerse,  hay que decidir el cómo y cuándo. Para articular el cambio actitudinal se deben responder estas preguntas: ¿Se va a trabajar con una persona o con un grupo? ¿Cuáles medios serán utilizados para la promoción del cambio actitudinal? ¿Dónde y cuándo?

La comunicación persuasiva y su efecto en los colectivos sociales

Dentro del conjunto de las actuales Ciencias Sociales, nos encontramos con el problema de situar el status teórico y práctico de los análisis llevados a cabo sobre Comunicación de Masas. Existe en este sentido una sensación de crisis profunda, como la refiere Franco Rositi en su libro Teoría y crítica de la Comunicación de Masas. Se percibe una cierta desestructuración teórica motivada por la aparente novedad de los problemas. Novedad aparente ya que podríamos remontarnos a Platón y Aristóteles, e incluso a Parménides, como iniciadores de la investigación sobre el lenguaje y el acto comunicativo.

Una indagación de la comunicación persuasiva de las masas está orientada hacia el nuevo modelo cultural en el que los símbolos, valores y códigos de conducta son tomados de los mensajes mass-mediáticos. De este modo, la clasificación de las dos grandes Sociologías de la Comunicación, -la experimental desarrollada preferentemente en Norteamérica y la culturalista creada, sobre todo, en Europa y con clara inspiración en las obras de Marx, Freud y Saussure-, gira sobre los enfoques temáticos, epistemológicos y metodológicos que sirven como núcleo de sus análisis. En tales enfoques hay que citar necesariamente una línea intermedia entre los planteamientos norteamericanos y los europeos. Esta línea es la encabezada por Noam Chomsky y Herbert Schiller quienes, respectivamente, se acercan a la comunicación desde la Política y la Economía.

La comunicación persuasiva, cuyo exponente más conocido y público es el marketing electoral, aunque no el único ni el más influyente, es una clase de comunicación cuyo efecto puede ser, o bien crear opiniones y actitudes donde no existían, o incrementar o disminuir las actitudes preexistentes, o bien desplazar las opiniones desde una posición hasta su opuesto. Por lo tanto, la persuasión es, en palabras de D’adamo,

“… una comunicación intencionada, premeditada, con objetivos conscientes, preestablecidos y específicos cuyo efecto es la creación, disminución, aumento o conversión de opiniones, actitudes y/o conductas” D’adamo..

Ahora bien, a lo largo de las últimas décadas la forma de concebir la comunicación persuasiva ha ido transformándose, dicho proceso se manifiesta principalmente en la transición que se da de las sociedades de masas a las sociedades contemporáneas.

El viejo paradigma predominante de principios de siglo XX se caracterizaba por el modelo hipodérmico de la comunicación de masas, que consistía básicamente en creer que los medios ejercía un poder absoluto capaz de manipular por completo a una audiencia…

“… audiencia pasiva, homogénea y masificada, sin capacidad de respuesta personal a los mensajes”

Tal modelo se justificaba y era lógico porque partía de la idea de la sociedad de masas que reinaba en las ciencias sociales de la época, por lo tanto el concepto de comunicación persuasiva llegó a ser entendido bajo la lupa del modelo conductista del estímulo-respuesta. Esta lógica hacía creer que cualquier mensaje adecuadamente presentado por os medios puede tener un efecto de persuasión instantáneo y masivo en receptores sumamente vulnerables a la influencia.

Este modelo fallaba al subestimar de forma excesiva al receptor del discurso, dándole un valor mucho mayor al emisor del mensaje. Sin embargo tal modelo fue revaluado y perdió contundencia a medida que los investigadores en comunicación volcaron su mirada hacia el receptor, partiendo de cuestionar los principios que regían el modelo del impacto directo; es de esta manera como se dio la transición de dicho modelo a otros, como por ejemplo el de los efectos mínimos o limitados, que se ubica en el otro extremo de la relación emisor-receptor.

Fundamentalmente es Herbert Schiller[42] quien en sus obras más relevantes como son: Comunicación de Masas e imperialismo yanqui, La manipulación de los cerebros, Información  y Economía en tiempos de crisis y  El poder informático, replantea las conexiones globales en las que se enmarcan los procesos de comunicación. En este sentido, Schiller renueva la comprensión de los medios ya que se acerca a fenómenos que habían sido minusvalorados como, por ejemplo, el papel de la industria Walt Disney en la transmisión ideológica de los valores de la sociedad norteamericana, la National Geographic como difusora de imágenes estereotipadas de los países y de las culturas o la función de las encuestas de opinión para dirigir y encauzar al votante y al consumidor.  Estas contribuciones han influido en autores como Armand Mattelart (Para leer el Pato Donald) Ariel Dorfmann y, en general, toda la Sociología comunicativa latinoamericana.

Los cambios que han sufrido las formas de ver la comunicación persuasiva en la sociedad de masas en la sociedad contemporánea, demuestran que el proceso comunicativo –emisor-receptor- es más complejo que el solo hecho de decir que es lineal.  Hoy es posible hacer una distinción de varios elementos importantes que se deben tener en cuenta a la hora de producir un mensaje persuasivo, como por ejemplo, la influencia de la Sociología económica de Schiller, que se percibe en la reciente posición desarrollada principalmente en Francia por P. Flichy (Las multinacionales del audiovisual) e Y. Eudes (La colonización de las conciencias). Se abre, en definitiva, una importante vía de investigación en la que las interrelaciones sociopolíticas, culturales y económicas se articulan con la comunicación de masas entendida como el aparato ideológico -en concepto de Althusser- imprescindible para el mantenimiento del control de las entropías sociales y sus reajustes estructurales.

Para cerrar este tema del ensayo remitimos al lector a la propuesta de Janowitz cuando afirma:

“La comunicación de masas comprende las instituciones y técnicas mediante las cuales grupos especializados utilizan instrumentos técnicos (prensa, radio, películas, etc.) para difundir un contenido simbólico a audiencias amplias, heterogéneas, y muy diseminadas.”

5.- LA MENTIRA COMO REDUCTOR DE LA ENTROPÍA

La capacidad de percibir, de entender y de tratar con el mundo se ve severamente influenciada por la presencia de las mentiras en el devenir diario de la vida. El proceso de decidir lo que es verdadero y lo que es falso, cuándo mentir y cuándo decir la verdad, qué creer y qué no creer, es una merma constante de energías y dadas todas esas incertidumbres, la mente se ve impedida para trabajar en su nivel óptimo. Se dice que utilizamos tan sólo una pequeña porción de nuestra capacidad mental porque la mayoría se focaliza en información confusa; en desinformación, información pobre, falsedades y mentiras.

¿Por qué la mentira tiene un rol protagónico en el sujeto social? ¿Qué convierte a la mentira en un reductor de la entropía?

En esencia, la mentira es en sí misma un reductor de la complejidad porque disuelve las diferencias y las conduce a un común denominador.  Mentir es un mecanismo para mantener el control y es parte integrante de la conducta de mantenimiento y abuso del poder que la cultura estimula y demanda. A pesar del hecho que la religión y las leyes sociales proscriben las mentiras, mentir es un aspecto cotidiano en la vida casi desde el primer día de existencia;  incluso en los hogares más devotamente morales y religiosos. Ciertamente, en el momento en que el niño es capaz de hablar, los padres empiezan a mentirle rutinariamente y finalmente se espera del niño que mienta como resultado de ese proceso de socialización.

En este ensayo hemos podido observar cómo la literatura, la política, el mercadeo y las religiones se sustentan en la debilidad básica del ser humano. La mentira, el engaño, la ocultación total o parcial de la verdad.  Los políticos y sociólogos que estudian la Entropía Social tienden a especializarse en la siembra ‘focalizada’ y socialmente controlada del caos y la confusión para reafirmar el orden y la razón, como quien produce un incendio controlado para acelerar la transición física de un bosque en un área agrícola, o como el que quema un corta-fuegos para detener un ‘desastre social’. El combustible para ambos procesos es el mismo: La mentira.

Como mecanismo de socialización, la mentira está inserta en todos los procesos de interacción social cumpliendo funciones de manipulación, formación de Impresiones, fortalecimiento de autoconfianza y socialización (Lilienfeld et al, 1994).   La mentira, la censura, la represión no son en sí mismas manifestaciones o formas de ‘enfermedad social’ sino justamente lo contrario. Son formas de defensa, igual que la fiebre, que actúan como el contrapeso que las autoridades societales  poseen para mantener bajo control las entropías endógenas, que son percibidas bien como debilidades estructurales, bien como malformaciones embrionarias.  Cuanta más entropía más control. Cuanto más profundo y generalizado el vórtice entrópico, más y plurales han de ser las mentiras que provienen del gobierno estatal.

Pero para validar a la mentira como instrumento de socialización y control de las entropías, las sociedades requieren  de un intermediario muy particular, que actúe con altos niveles de credibilidad entre la estructura que gobierna y dirige, y los colectivos humanos que le reconocen tal ascendente.  Ese intermediario vocal no es otro que el líder.

La reducción de las entropías sociales comienza en la fase de auto organización de las sociedades, llamada Controlentrópica, integrada por aquellos procesos que el sistema utiliza para controlar los mecanismos reductores de la entropía. Cuando los sistemas sociales son estables se organiza la cohesión psico-social de una población en una institucionalidad estatal, que es orientadora y coherente con una narrativa discursiva, que explica la necesidad del tipo de organización económica que sustenta la materialidad del sistema y permite un crecimiento demográfico de acuerdo con ella, en la medida que las condiciones lo permitan. Cuando estas instancias están en congruencia se habla de una fase en que el sistema mantiene bajo su mando los mecanismos reductores de la entropía, Estos mecanismos son, en esencia, tres: el miedo, el odio y la mentira.

Cuando se trata de un Estado naciente, la sociedad es vista como una reorganización de todo el campo de la solidaridad o de la cohesión del sistema. Se está en presencia de una auto-organización del sistema. Si las condiciones son las propicias para la reorganización global del sistema, se produce un proceso de revolución cultural, lo cual implica una reordenación del campo social, político, económico y paradigmático e incluso ecológico. Es lo que se conoce como la fase negentrópica del sistema y que es el momento cuando la controlentropía manifiesta su más alta expresión y la mentira discurre entre el entramado social como una ‘propuesta novedosa’, distinta, mágica.

Según este principio de controlentropía, que aquí llamamos  ‘Principio de Disolución de los Vórtices Sociales’, el vocero ideal de un  gobierno controlentrópico que representa la institucionalidad ejecutiva suele ser, como sostiene Freud…

“…un ser extrovertido, comunicador, pero profundamente insatisfecho, que resuelve sus problemas sublimándolos a través de un mecanismo de dominación y proyectando en ese sometimiento masivo la resolución de su narcisismo exacerbado.”

(*) Comumicólogo.

Asesor de Identidad e Imagen Corporativas.

Profesor de  Mercadeo Electoral

Escritor


[1] Sean Spence demostró por primera vez la utilidad de la resonancia magnética funcional para detectar cuándo miente un sujeto. Acaba de aplicar esta técnica de neuro-imagen a un caso real para investigar la culpabilidad o inocencia de una mujer acusada de envenenar a un niño. La experiencia se recoge en el último número de la revista European Psychiatry.

[2] VIOLENCIA Y PSICOPATIA Raine, Adrián – Sanmartín, José Editorial: Ariel S.A. (España)  ISBN: 84-344-7470-0

[3] Cristina Besada es la jefa de Neurorradiología en el Hospital Italiano, una subespecialidad dentro del Diagnóstico por Imágenes que requiere una sólida formación, no sólo radiológica, sino clínica neurológica, neuropediátrica, neuroquirúrgica, psiquiátrica y de neurociencias básicas.

[4] Andrea Tagliacarne, profesor de Filosofía de la Universidad San Raffaele de Milán y autor del libro “Filosofia della bugia” (Mondadori ed.) [ Filosofía de la mentira]:

[5] Friedrich Wilhelm Nietzsche (IPA ˈfʁiːdʁɪç ˈvɪlhəlm ˈniːtsʃə) (Röcken, cerca de Lützen, 15 de octubre de 1844 – Weimar, 25 de agosto de 1900)  filósofo, poeta y filólogo alemán, considerado uno de los pensadores modernos más influyentes del siglo XIX.

[6] Sobre verdad y mentira en sentido extra moral (Über Wahrheit und Lüge im aussermoralischen Sinne en alemán) es un libro que forma parte de la obra filosófica de Friedrich Wilhelm Nietzsche que data del 1873. Nietzsche es considerado uno de los tres “Maestros de la sospecha” (según la conocida expresión de Paul Ricoeur), junto a Karl Marx y Sigmund Freud.

[7] Jacques Derrida (El-Biar 15 de julio de 1930 — París 8 de octubre de 2004), ciudadano francés nacido en Argelia, es considerado uno de los más influyentes pensadores y filósofos contemporáneos. Su trabajo ha sido conocido popularmente como pensamiento de la deconstrucción, aunque dicho término no ocupaba en su obra un lugar excepcional. “Lo revolucionario de su trabajo ha hecho que sea considerado como el Nuevo Emmanuel Kant por el pensador Emmanuel Lévinas y el Nuevo Friedrich Nietzsche según Richard Rorty”. Es, acaso, el pensador de finales del siglo XX que más polémica ha levantado y que más se ha hecho acreedor al concepto de Iconoclasta.

[8] Paul Ricoeur (Valence, 27 de febrero de 1913 – Châtenay-Malabry, 20 de mayo de 2005) fue un filósofo y antropólogo francés conocido por su intento de combinar la descripción fenomenológica con la interpretación hermenéutica.

[9] VAIHINGER, Hans, La voluntad de ilusión en Nietzsche. En Revista Teorema, 1980, 2

[10] La Paradoja de Epiménides es una incongruencia relacionada con la filosofía y la lógica. Pertenece al grupo de las paradojas falsídicas, ya que aparenta auto-contradecirse si se sigue un razonamiento, pero se puede mostrar que dicho razonamiento no es correcto.

[11] Kurt Gödel ([kuɹtˈgøːdl]) (28 de abril, 1906 Brno (Brünn), Austria-Hungría (ahora República Checa) – 14 de enero, 1978 Princeton, New Jersey) fue un lógico, matemático y filósofo austriaco-estadounidense. Reconocido como uno de los más importantes lógicos de todos los tiempos, el trabajo de Gödel ha tenido un impacto inmenso en el pensamiento científico y filosófico del siglo XX.

[12] Los teoremas de la incompletitud de Gödel son dos célebres teoremas demostrados por Kurt Gödel en 1930. Simplificando, el primer teorema afirma: En cualquier formalización consistente de las matemáticas que sea lo bastante fuerte para definir el concepto de números naturales, se puede construir una afirmación que ni se puede demostrar ni se puede refutar dentro de ese sistema.  El segundo teorema de la incompletitud afirma: Ningún sistema consistente se puede usar para demostrarse a sí mismo.

[13] Michel Foucault (Poitiers, 15 de octubre de 1926 – París, 25 de junio de 1984), fue un filósofo, sociólogo e historiador francés, profesor en varias universidades francesas y americanas y de la cátedra Historia de los sistemas de pensamiento en el Collège de France (1970-1984). Su trabajo ha influido en las más importantes personalidades de las ciencias sociales y las humanidades.

[14] Hay una antigua afirmación paradójica, llamada paradoja del mentiroso, que puede ayudarnos a ilustrar el tema: “Esta afirmación es falsa.” Pasemos a analizar tal afirmación. Si esta es verdadera, esto significa que la afirmación es falsa, lo cual contradice nuestra primera hipótesis. Por otra parte, si la afirmación es falsa, la afirmación debe de ser verdadera, lo cual nos lleva de nuevo a una contradicción. Una versión aun más simple de esta paradoja (como señaló Lewis Carrol) es la afirmación siguiente: “Yo estoy mintiendo.” En estas afirmaciones se presenta el fenómeno llamado bucle extraño. Cualquier suposición inicial que se haga conduce a una refutación de ésta. Muchas de las ilusiones ópticas del arte de M. C. Escher están basadas en este concepto.

[15] Coleman y Kay Word: Journal of the international linguistics associations, ISSN 0043-7956, Vol. 53, Nº 3, 2002 , pags. 405-409

[16] MILLER, G. R.: «Interpersonal Communication». En BOOK, Cassandra L.: Human Communication: Principles, Concepts & Skills. Nueva York, St. Martin´s Press, 1978, Pp. 141-185.

[17] Leo Strauss (1899-1973) fue un emigrante judío-alemán que huyó del régimen nazi y terminó en la Universidad de Chicago, donde desarrolló un grupo de analistas y otros grupos de estudio (Think-tank) que se han destacado en la política estadounidense. Entre sus estudiantes estaban Paul Wolfowitz, así como Irving Kristol. Padre de William Kristol, director de operaciones de los neoconservadores republicanos en Washington, editor del Weekly Standard y presidente del Proyecto para un Nuevo Siglo Estadounidense.

[18] Erich Fromm (n. 23 de marzo, 1900 en Fráncfort del Meno, Hesse, Alemania – † 18 de marzo, 1980 en Muralto, Cantón del Tesino, Suiza) fue un destacado psicólogo social, psicoanalista, filósofo y humanista alemán. Miembro del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Frankfurt, participó activamente en la primera fase de las investigaciones interdisciplinarias de la Escuela de Frankfurt, hasta que a fines de los años 40 rompió con ellos debido a su heterodoxa interpretación de la teoría freudiana (intentó sintetizar en una sola disciplina el Psicoanálisis y los postulados del Marxismo). Fue uno de los principales renovadores de la teoría y práctica psicoanalítica a mediados del siglo XX.

[19] Roland Barthes (Cherburgo, Francia, 12 de noviembre de 1915 – París, 25 de marzo de 1980) Escritor, ensayista y semiólogo francés. Barthes es parte de la escuela estructuralista, influenciado por el lingüista Ferdinand de Saussure, por Benveniste, Jakobson y Lévi-Strauss. Crítico de los conceptos positivistas en literatura que circulaban por los centros educativos franceses en los años 50.

[20] Rosenthal R Y Jacobson L, 1968. Pigmalion in the classroom. ..

[21] Robert King Merton, sociólogo estadounidense nacido en Filadelfia el 4 de julio de 1910, y muerto en Nueva York el 23 de febrero de 2003. Es el padre de la teoría de las funciones manifiestas y latentes, y autor de obras como El análisis estructural en la Sociología (1975).

[22] Linda Coleman y Paul Kay han mostrado cómo la pertenencia a esta categoría es, en ocasiones, el lugar de un hecho afirmativo o negativo, una cuestión de grado.

[23] Gerald Miller Interpersonal Communication. En BOOK, Cassandra L.: Human Communication: Principles, Concepts & Skills. Nueva York, St. Martin´s Press, 1978, Pp. 141-185.

[24] Vilém Flusser es un filósofo, teórico de los medios, de origen checo, que hizo de la imagen técnica y su función en la sociedad post-industrial, de los aparatos y medios culturales de la comunicación, desde la máquina fotográfica hasta el ordenador, su reflexión teórica fundamental. De allí que su principal ocupación fuera, en el fondo, la cultura de la imagen: nuestro futuro cultural inmediato

[25] Adolf Bastián ( * 26 de junio de 1826 en Bremen, Alemania – 2 de febrero de 1905 en Puerto España, Trinidad y Tobago) fue un erudito del siglo XIX, recordado por sus contribuciones al desarrollo de la etnografía y el desarrollo de la antropología como una disciplina. Además la Psicología contemporánea le tiene una gran deuda, debido a su teoría del Elementargedanke, que le daría a Carl Jung la posibilidad de desarrollar la teoría de los arquetipos.

[26] Alfred Louis Kroeber (11 de junio de 1876–5 de octubre de 1960) fue una influyente personalidad de la antropología estadounidense durante la primera mitad del siglo XX.

[27] Benjamín Lee Whorf (1897-1941) fue un lingüista estadounidense, pupilo de Edward Sapir, de quien tomaría la hipótesis etno linguístca para llevarla a lo que actualmente se conoce como la hipótesis de Sapir-Whorf. Esta teoría, una versión dura del relativismo lingüístico, refutada por numerosos lingüístas en la actualidad

[28] Avram Noam Chomsky (7 de diciembre de 1928 en Filadelfia, Estados Unidos) es un lingüista, filósofo, activista, autor y analista político estadounidense. Es profesor emérito de Lingüística en el MIT y una de las figuras más destacadas de la lingüística del siglo XX, es sumamente reconocido en la comunidad científica y académica por sus importantes trabajos en teoría lingüística y ciencia cognoscitiva. Propuso la gramática generativa, disciplina que situó la sintaxis en el centro de la investigación lingüística y con la que cambió por completo la perspectiva, los programas y métodos de investigación en el estudio del lenguaje, actividad que elevó definitivamente a la categoría de ciencia moderna.

[29] Antropología de la mentira, (Madrid: El Taller de Mario Muchnik, 2005)  obtuvo el premio Alfons el Magnànim de ensayo, saca a la luz las raíces antropológicas de las artes del engaño desde las dimensiones del lenguaje, la inteligencia y la libertad de elección humanas

[30] Miguel Catalán González (Valencia, 29 de enero de 1958) es un filósofo y escritor español Tanto en sus obras de ensayo como de ficción, Catalán investiga la naturaleza humana desde una perspectiva que pudiéramos denominar indirecta o negativa, basada en su interés por el error, el engaño y la ilusión.

[31] Immanuel Kant (Königsberg, Reino de Prusia, 22 de abril de 1724 – íbidem, 12 de febrero de 1804), filósofo alemán. Es considerado como uno de los pensadores más influyentes de la Europa moderna y del último período de la Ilustración. En la actualidad, Kant continúa teniendo sobrada vigencia en diversas disciplinas: filosofía, derecho, ética, estética, ciencia, política, etc. Una sostenida meditación sobre los diversos fenómenos del obrar humano nos remite necesariamente a Kant, que junto con Platón y Aristóteles constituye, según una gran mayoría, el hilo conductor de los grandes aportes al conocimiento humano.

[32]Antropología en sentido pragmático (Anthropologie in pragmatischer Hinsicht) (1798). Trad. de José Gaos. Revista de Occidente, Madrid, 1935; reed.: Madrid, Alianza, 1991 (ISBN 84-206-0526-3).

[33] Umberto Eco – (Alessandria, Piamonte; 5 de enero de 1932) escritor y filósofo italiano, experto en semiótica. Novelista y semiólogo italiano, se doctoró en Filosofía y Letras en la Universidad de Turín en 1954 con un trabajo que publicó dos años más tarde con el título de El problema estético en Santo Tomás de Aquino (1956). Se consagró como narrador con El nombre de la rosa (1980), novela histórica culturalista

[34] Ludwig Josef Johann Wittgenstein (Viena, Austria, 26 de abril de 1889 — Cambridge, Reino Unido, 29 de abril de 1951) filósofo austriaco, posteriormente nacionalizado británico. En vida publicó solamente un libro: el Tractatus logico-philosophicus, que influyó en los positivistas lógicos del Círculo de Viena, movimiento del que nunca se consideró miembro. Tiempo después, el Tractatus fue severamente criticado por el propio Wittgenstein en Los cuadernos azul y marrón y en sus Investigaciones filosóficas, ambas obras póstumas. Fue discípulo de Bertrand Russell en el Trinity College de Cambridge, donde más tarde también él llegó a ser profesor.

[35] Fernando Vallejo Rendón (Medellín, 24 de octubre de 1942) es un escritor, biólogo, cineasta y activista de los derechos de los animales nacido en Colombia y nacionalizado en México en 2007. Ha recibido numerosos reconocimientos por su obra incluido el Premio Rómulo Gallegos y es considerado un personaje controvertido por sus agudas críticas especialmente hacia la Iglesia Católica, la falsa moral, la física y los formalismos.

[36] Chuan Tzu Vivió hacia el s. IV a C. discípulo de Lao Tse. Aunque su constatación histórica sea más fiable que la legendaria de Lao Tse, poco se sabe de su vida. Sólo existen referencias biográficas de otros discípulos taoístas. Nació en Song, pequeña localidad cerca de Henan, y en su ciudad natal ocupó un modesto cargo administrativo.

[37] Friedrich Wilhelm Nietzsche (ver nota 5 en la pág. 4) – Realizó una crítica exhaustiva de la cultura, religión y filosofía occidental, mediante la deconstrucción de los conceptos que las integran basada en el análisis de las actitudes morales (positivas y negativas) hacia la vida. Este trabajo afectó profundamente generaciones posteriores de teólogos, filósofos, psicólogos, poetas, novelistas y dramaturgos.

[38] Giovanni Sartori (Florencia, Italia, 13 de marzo de 1924) es un prestigioso investigador en el campo de la ciencia política, especializado en el estudio de la política comparada. Su obra más destacada es Teoría de la Democracia.

[39] Aristóteles fue un filósofo griego del siglo IV a. J. C. que, nacido en Estágiro (más tarde Estagira), era súbdito del rey de Macedonia pero estaba enamorado de la cultura ateniense y sus manifestaciones y, entre ellas, de la retórica deliberativa o política que floreció a la sazón en Atenas como nunca.  Fue contemporáneo de Demóstenes, el mejor orador político de todos los tiempos.  La Retórica de Aristóteles es un “arte”, una tékhne, es decir, un tratado teórico-práctico sobre un objeto concreto, en este caso la palabra persuasiva, el discurso retórico. Es decir, es un conjunto sistemático de conocimentos universales teórico-prácticos que rebasa el nivel de la mera experiencia (empeiría, palabra de la que procede nuestro adjetivo «empírico»).

[40] Carl Hovland, Chicago, U.S.A., 1912 – 1961 Estudió matemáticas, ciencias y psicología en la Northwestern University, doctorándose en Yale bajo la dirección de Clark. L. Hull. Hovland comenzó la actividad docente en 1940 en Yale, en cuya Universidad permaneció hasta su muerte prematura. Coordinó  la evaluación de programas de entrenamiento y empleo del cine de propaganda entre las tropas norteamericanas. Está considerado como unos de los cuatro padres fundadores de los estudios sobre comunicación, junto con Lasswell, Lazarsfeld y Lewin.

[41] Petty, R. E., y Cacioppo, J. T. (1986). The Elaboration Likelihood Model of persuasion. New York: Academic Press.

[42] Herbert I. Schiller (Nueva York, Estados Unidos 1919 – Nueva York 2000) Para Schiller los medios son extensiones del poder político y económico, por lo que abandonan su funciones naturales en un sistema democrático, como son la crítica, la expresión plural y ejercer de contrapeso o contrapoder social. Por encima del poder político, es el podereconómico quien influye de manera decisiva en la agenda de los medios. Una constante en el discurso de Schiller fue la denuncia del avance de las empresas privadas en el dominio del especio público, con efectos sobre la libertad de expresión, pero también en la degradación de la oferta cultural y mediática.

En solidaridad con los blogueros cubanos

1 de junio 02

Una economía al servicio del hombre


por Teódulo López Meléndez

A Cedice

economía 3

La política perdió, entre tantas cosas, el control de la economía. No me refiero al Estado o a su intervencionismo a ultranza en los procesos económicos. Me refiero a que la democracia dejó de ser el gobierno del pueblo para pasar a ser un sistema en el que los mercados funcionen con libertad. La alteración del orden sí afecta al producto, puesto que si el mercado se convierte en el mecanismo superior de regulación social deja de ser la democracia precondición del mercado. Ello afecta la capacidad para la toma de decisiones, de manera que la democracia se desdibuja y pasa a ser un añadido del mercado. El traslado de las competencias es obvio. Hayeck ha llegado a los extremos de autorizar una violación del orden democrático para salvaguardar el orden del mercado. Para decirlo de otra manera, los precios se sobreponen a los votos. El individualismo se exacerba puesto que sería posible disfrutar de libertad personal sin libertad política.

Es necesario regular el mercado. El Estado no puede renunciar jamás a su poder de redistribución de la riqueza. El Estado no puede perder la capacidad de proporcionar a la parte débil de la población los recursos que el mercado le niega. Digamos que la situación se plantea a la inversa: sin democracia y sin política no puede haber capitalismo. Es en el campo de la política donde deben definirse las condiciones del intercambio o, en otras palabras, la política es el espacio donde se perfecciona el orden económico, pues debe resolver las claves del reparto. El asunto es la satisfacción material de las necesidades humanas. Podríamos decir que no hay identidad entre democracia y economía de mercado, lo que hay es un conflicto a resolver, uno más en la larga lista de la democracia.

El alejamiento entre política y economía cercena la capacidad de iniciativa de la ciudadanía en un terreno vital, pues toca sus condiciones materiales de existencia. Hay que incentivar los mecanismos de autogestión y cogestión, la influencia ciudadana en la determinación del gasto público y en la formulación de las políticas públicas.

Debemos decir que  hay que construir una convivencia articulada entre democracia y economía, creando formas específicas de distribución de la riqueza. Es cierto que economía y política tienden a desconocerse, por la sencilla razón de que la economía tiende a la obtención de una ganancia individual mientras la política debe procurar los intereses colectivos. Hay que lograr una convivencia entre el mercado y la democracia. He aquí el punto focal. Se han intentado muchas formas de lograr esta convivencia. Las diferencias son obvias, entre el capitalismo japonés, el francés o el alemán. Cada uno responde a características de diverso tipo. Hay que tomar en cuenta dos elementos: el primero, la forma en que los intereses comunes son expresados en las instituciones del Estado y, segundo, la forma en que las instituciones del Estado –y de la política- se ocupa de los intereses comunes. Finalmente, cómo pueden comprometerse en un acuerdo de entendimiento los pobres que nada tienen. De manera que hay tres asuntos fundamentales: integración social o democracia inclusiva -como la llama Takis Fotopoulos- la redistribución de la riqueza y la creación de empleo.

De manera que se trata –como ya se han estudiado en seminarios por toda América Latina- de cómo construir democracia por medio de oportunidades económicas renovadas, de las relaciones entre democracia y estabilidad macroeconómica. Es evidente que del estado de la política dependerán elementos como el macroeconómico, el productivo y el social.

Reaparece el concepto básico: la economía debe estar sujeta a la política. Si bien es cierto, como lo dijo Joseph Stiglitz- premio Nobel de Economía 2001- que “no existe un único conjunto de políticas dominantes que dé por resultado un óptimo de Pareto, es decir, uno que haga que todas las personas estén en mejor situación que si se hubiera aplicado cualquier otra política”, es obvio que el objetivo de una buena política económica–democrática es mantener un equilibrio entre objetivos encontrados. De allí la otra conclusión obvia: la ciudadanía debe participar en las decisiones económicas, como debe participar en las decisiones propiamente políticas.

Debemos acotar, entonces, que democracia es la extensión de igualdad  jurídica o, en otras palabras, implica el ejercicio de la ciudadanía civil, política y social, de la cual la economía no está excluida. Creo que todo puede enmarcarse en el concepto de ciudadanía. La visión tiene que ser paralela; democracia y ciudadanía como dos líneas que marchan juntas. No olvidemos que el concepto de igualdad jurídica  está asociado al surgimiento del capitalismo moderno. La disputa entre igualdad social y derecho de propiedad  se resuelve mediante el uso de principios jurídicos como la expropiación para fines de utilidad pública y el mantenimiento de medidas sociales redistributivas que atacan la desigualdad producida por el mercado. De esta manera, en una democracia del siglo XXI la equidad social debe ser vista como expresión fundamental de los propósitos colectivos y, por tanto, de la cohesión social. Es obvio que la admisión del concepto y su declaración a rango constitucional no garantiza su cumplimiento. No olvidemos la contrapartida que debe el cuerpo social que adquiere responsabilidades y obligaciones. Sin ello estaríamos ante un caso flagrante de populismo. Y una de esas contrapartidas, aparte de producir, es la de participar en lo político. Estos elementos constituyen en sí y per se lo que denominamos desarrollo. Para decirlo más claramente, el proceso económico debe estar sujeto al logro de los objetivos sociales. Lo que se ha denominado “Estado de bienestar” tiene infinitas variantes. En este sentido la palabra endógeno es consecuente con estas ideas. Este desarrollo tiene que tener origen interno. No podemos seguir viendo “economía de mercado” e intervencionismo estatal como antagonistas. El establecimiento de reglas macroeconómicas claras no es contrario al crecimiento democrático. Ni podemos permitir la caída en un populismo económico, entendiendo este último como la generación de prosperidad transitoria o el uso de promesas de bienestar social como instrumento de movilización de masas.  Hay que garantizar la propiedad, una distribución equitativa de los ingresos, el proyecto social gubernamental y el funcionamiento del mercado y, obviamente, el manejo de los inevitables conflictos. Así como hay que corregir las fallas del mercado hay que corregir las fallas del gobierno (clientelismo, corrupción, despilfarro) y ello sólo se puede lograr mediante la creación de una alta densidad institucional democrática diseñada sobre la bases de la responsabilidad ciudadana. Siempre encontramos lo mismo: la crisis se debe a la sustracción de contenidos básicos a la política. No puede lograrse el desarrollo social sin incidir sobre el mercado.

Yochai Benkler (profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Yale (EE.UU.) utiliza con acierto la expresión “economía política del procomún”. Para él, procomún son espacios en que se puede practicar una libertad respecto a las restricciones que se aceptan normalmente como precondiciones necesarias al funcionamiento de los mercados, lo que no significa que sean espacios anárquicos. Significa que se pueden usar recursos gobernados por tipos de restricciones diferentes  a las impuestas por el derecho de propiedad. “El procomún es un tipo particular de ordenación institucional para gobernar el uso y la disposición de los recursos. Su característica prominente, que la define en contraposición a la propiedad, es que ninguna persona individual tiene un control exclusivo sobre el uso y la disposición de cualquier recurso particular. En cambio, los recursos gobernados por procomún pueden ser usados por, o estar a disposición de, cualquiera que forme parte de un cierto número de personas (más o menos bien definido), bajo unas reglas que pueden abarcar desde `todo vale´ a reglas formales finamente articuladas y cuyo respeto se impone con efectividad”. Lo que propone es la posibilidad de existencia de propiedad común en un régimen de sostenibilidad y con mayor eficiencia que los regimenes de propiedad privada. Para él la web es un caso ejemplar de procomún. Allí podemos encontrar infinidad de organizaciones sin fines de lucro que utilizan Internet para proporcionar  información  e intercambio. “Permite el desarrollo de un papel sustancialmente más expansivo tanto para la producción no orientada al mercado como para la producción radicalmente descentralizada”. Benkler  cree posible una transición desde una sociedad de consumidores pasivos que compra lo que vende un pequeño número de productores comerciales hacia una sociedad en la que todos puedan hablar a todos y convertirse en participantes activos.

Esta tesis tiene perfecta concordancia con la que sostiene Takis Fotopoulos analizando la crisis de la democracia como el efecto de una concentración de poder. Propone como solución una democracia inclusiva. En mi criterio es precisamente lo que debemos hacer en los términos de la relación que describo: marchar hacia una economía inclusiva. Fotopoulos (editor de la revista “Democracy&Nature y profesor de la Universidad de North London, aunque griego de nacimiento) presenta su proyecto como uno de modificación de la sociedad a todos los niveles, en el sentido de que la gente pueda autodeterminarse, lo que implica la existencia de una democracia económica. Si bien no comparto algunas ideas del profesor Fotopoulos sí me gusta el contexto general inclusivo, específicamente el tema de la democracia a nivel social o microsocial (lugar de trabajo, hogar, centro educativo), no como espacio anárquico de falsa igualdad, sino como la expresión básica del ejercicio democrático pleno. Para Fotopoulos el asunto es buscar un sistema que garantice las necesidades básicas y, al mismo tiempo, garantice la libertad de elección propia del mercado. De este planteamiento lo que me interesa es la idea de la construcción de instituciones alternativas y la expectativa de una transición que mantenga ambos elementos con vida. A Fotopoulos sus ideas se le van de las manos –creo- pero es innegable que su aporte –compartido a medias- es interesante en la búsqueda de posibilidades de construcción de una sociedad más equilibrada.

Se pueden utilizar expresiones diversas  -“economía social de mercado” o “economía con rostro humano”, por ejemplo- pero el punto focal es que una democracia del siglo XXI no puede estar divorciada de los resultados económicos, en el sentido de la consecución de una justicia social mediante la redistribución de la riqueza y que la política contiene en sí a lo económico, no lo económico a lo político, lo que quiere decir que la democracia asume la búsqueda del nuevo equilibrio y niega la preponderancia del mercado reasumiendo su función de condición esencial para el desarrollo de una economía al servicio del hombre.

teodulolopezm@yahoo.com

¡Somos tan decentes!

decente 3

Por Teódulo López Meléndez

Nos reciben ogros, pero somos tan decentes. Expropian aquí y allá, pero somos tan decentes. Allanan, persiguen y abren toda clase de juicios, pero somos tan decentes. Se insulta y se dicen groserías a más no poder en cadena nacional, para que los columnistas que son tan decentes exclamen que nosotros somos decentes. Avanza el terrorismo de Estado, pero nosotros somos muy decentes. Nuestras “marchas” son tan decentes que contrastan con la rudeza de nuestros adversarios, dicen los plumíferos que son tan decentes.

Somos tan decentes que todo lo hacemos conforme a las reglas de la urbanidad, dicen las señoras tan decentes que ejercen la decencia. Corremos hacia el matadero, pero lo haremos con mucha decencia.

Mienten, hasta el infinito mienten, engañan, falsifican, pero las escritoras tan decentes dicen que no podemos perder la compostura, tenemos que comportarnos como gente decente.

Si llegase el momento de un paredón, lo principal será marchar hacia él con mucha decencia. La decencia es la condición esencial para que brote un liderazgo. Como esta gente se ha portado con tanta decencia al “marchar”, pues ellos deben ser los líderes, ya que lo hicieron con gran decencia. Al fin este país tosco nos ha dado un ejemplo de decencia. Quienes nos han dado un ejemplo de decencia nos han mostrado que para enfrentar la dictadura hay que ser muy decente y dialogar con ella guardando el buen comportamiento y la decencia.

La marcha tan decente ha podido tener más éxito del que tuvo, pero es que la otra parte era tan indecente. El contraste está dado, los parámetros definidos, la polarización delineada: nosotros somos tan decentes y ellos son unos indecentes.

Hemos llegado a la máxima expresión de la historia: somos tan decentes. La sociología ha sido definida: ellos son indecentes y para ser líder de este país frente a los indecentes hay que ser muy decente. Una cosa que en otro tiempo se llamaba habilidad política se reduce hoy a ser decente. Lo que en otro tiempo se llamaba capacidad de liderazgo se limita hoy a ser decente. Lo que antes se llamaba transformación para evitar que nos transformen por la fuerza y nos reduzcan a nada, ahora se llama guardar la compostura, actuar como damas y caballeros en un tinglado regido por el Manual de Carreño.

Nosotros somos tan decentes que cumplimos con todo lo que nos piden. Si quieren nuestros documentos en determinado tipo de papel, pues cumplimos porque somos muy decentes. Si nos dicen que nos desviemos por allí, pues nos desviamos porque somos muy decentes. Al cumplir con todo demostramos que somos muy decentes.

Ahora a los errores políticos se les llama decencia. Ahora a las metidas de pata se les llama decencia. Ahora a la falta de visión estratégica se le llama decencia. Ahora cuando uno ve tanta decencia se lanza a exclamar “apareció el liderazgo que es tan decente”.

“Avergüenza que todavía haya en Venezuela quienes se consideren intelectuales y aborrezcan del por ellos llamado `neoliberalismo”, estúpida fórmula con que –quienes dicen esto-  encubren la desidia, la irresponsabilidad y la estulticia

Quienes son tan cortos de mira son unos indecentes. Ya no sirven ni para aliados de ocasión.

teodulolopezm@yahoo.com

La estupidez de devaluar, pero terminará devaluando

Devaluar

por Alexander Guerrero

¿Qué pasa cuando hay poco de lo que se ofrece?

Hay una ley de la termodinámica, con valor universal, que rige todas las
actividades del hombre, define su comportamiento económico que dice que
cuando algo escasea, los precios suben, nada de especuladores, solo
decisiones racionales de individuos que cumplen con el fundamento básico de
ser libres. Si ocurre lo contrario, y los precios no suben, esa misma ley
dice que las cosas no “alcanzarán” para todos, y si ese arbitraje no se
efectúa porque el Estado -Gobierno interviene con acción depredadora, como
lo hace corrientemente el “gobierno revolucionario” del presidente Chávez,
la lucha por adquirir los bienes conduce irremediablemente al caos, y ese
caos no es precisamente el mejor terreno para dirimir diferencias políticas.

Por ello, para que los bienes alcancen y no depreden el ingreso de la gente,
se requieren políticas económicas con sentido de respeto de las cosas de la
gente -su propiedad- y sobre todo, inducir a la gente a que produzca,
invierta, y apueste a Venezuela. Por ahora eso no es lo que está ocurriendo,
el escenario estaría servido para una maxidevaluación y una hiperinflación,
explicando que una maxidevaluación puede ser solo de 40% y una
hiperinflación puede ser de 60%; la diferencia frente a otros casos en la
historia de muchos dígitos es la indexación de precios y salarios que en
Venezuela no es una institución.

El Estado y el Gobierno son gerenciados para depredar

¿Cómo pervierte el Gobierno ese arbitraje necesario? Pues regula precios,
golpea la producción del sector privado, raciona las divisas, en general
politiza las relaciones económicas e institucionales entre el sector privado
y el Estado creando nexos mercantilistas expresados en corruptelas ,
debilita el marco jurídico de protección de los derechos de propiedad, la
defensa de la propiedad privada se convierte en un negocio de alto costo,
con lo cual la acumulación de capital se pervierte, la inversión se
paraliza, y los capitales no regresan, el agregado, bajo esas onerosas
condiciones políticas y jurídicas, la ruina y el empobrecimiento es una
“alternativa” revolucionaria.

Como es evidente de la historia chiquita nuestra y universal, los comunistas
no aceptan esa ley de la termodinámica, no permiten que los precios suban, y
ante la eventualidad del caos, creen resolverlo con la violencia del Estado,
violencia que comienza con el racionamiento, la gente hace colas de
esperanza e ilusión todo el tiempo que el cuerpo aguante.

Escasez de dólares

En el mercado de divisas en Venezuela está ocurriendo lo mismo, la gente se
dio cuenta que el tal blindaje financiero que se cacareaba a finales y
principios de año fue un fiasco, nada que ver, el déficit que se acumula en
cuenta corriente por caída de los precios del petróleo y por derroche del
ahorro que no se realizó ha dejado descubierto al bolívar el cual día a día
vale menos, es decir, se deprecia realmente al ritmo de la presión
inflacionaria, cada día el bolívar compra menos, de manera muy rápida dejó
de ser fuerte, bueno nunca lo fue, ni por capricho.

El poder de compra del dinero se derrite a velocidad, el costo de
oportunidad es muy elevado, no todos pueden pagarlo; los precios del dólar
en el mercado permuta triplican el precio del dólar oficial, y como hay
menos en el BCV, se reduce la “mascada” a Cadivi, la demanda sobre ese dólar
de 2.15 bolívares es entonces infinita, no hay para todos, por lo que el
torniquete no solo asienta el racionamiento sino que se le sugiere a las
empresas desde la institución racionadora de divisas que vayan al mercado
libre a buscarlo. Lógico, de acuerdo a la ley de la termodinámica mencionada
arriba, el precio explota.

El Gobierno niega que va a devaluar, ¡la gente no le cree!

Decía en estos días el ministro del Tesoro, el mismo que unas semanas antes
nos decía que se estaba revisando la política cambiaria porque todo era
posible, inclusive la devaluación (Alí Rodríguez dixit), que la devaluación
era una estupidez, uno veía al ministro escupir para arriba, o al menos
piensa que quien devaluará el bolívar no será él, sino el que venga.

Así, no necesitamos que nos lo diga el ministro, un conocimiento
convencional y básico de la economía nos dice a gritos que el Gobierno
devaluaría la moneda y con fuerza porque está limpio, en lenguaje gráfico y
figurado, manando y un gobierno limpio es más peligroso que un mono con una
hojilla. Se sabe que devaluando además de la inflación que se convertirá en
impuesto y en ingreso fiscal, la devaluación le dará más bolívares por dólar
petrolero que venda Pdvsa para pagar impuestos, royalties y dividendos.

Es en todo caso, más o menos lo mismo que estaba haciendo Pdvsa al vender
sus divisas en el mercado permuta para obtener tres veces lo que recibiría
si se los vendiese al BCV. Ya sabemos por experiencia nuestra y ajena que
cuando los gobernantes dicen que no van a devaluar, en realidad están
tomándose el tiempo y el mejor momento para hacerlo, es lo que el Gobierno
evalúa en estos días, pese a la estupidez mencionada. Sin lugar a dudas
devaluará ¡porque está limpio!

La presión sobre el dólar: un déficit en cuenta corriente y el derroche

El mercado presiona con fuerza el dólar libre en el mercado permuta (swap),
ya no es tanto la demanda porque esta ha caído porque la economía venezolana
ya está en franca y aguda recesión, la gente que ya no se come el cuento del
blindaje financiero que el Presidente vende desde fin de año, ya percibe que
hay escasez de dólares, y que este se expresa en un monumental déficit en
balanza de pagos que tiene su correspondiente déficit fiscal, y que estos
déficit son causados por dos factores.

El primero de ellos, el derroche del ahorro interno en regalos, subsidios,
corrupción, mal manejo de la liquidez internacional que produce el ingreso
petrolero, descapitalización de Pdvsa y caída de la producción de petróleo,
pérdidas patrimoniales, ocasionadas por malas inversiones en euro -este se
ha devaluado frente al dólar considerablemente-,sobrevaluación de la tasa de
cambio, descapitalización de la economía privada a través de numerosos
esquemas de control de precios y de competencia desleal del Estado que se
transformó en importador masivo de bienes y servicio, induciendo cierre de
empresas privadas nacionales cuya capacidad de producción interna fue
sustituida por las importaciones del Estado, adquisición de activos, bancos,
electricidad, comunicaciones, cementos, confiscación de acuerdos petroleros,
una pendiente deuda contingente constituida por unos cuantos juicios que
corren en las cortes internacionales por incumplimiento de contratos,
adquisición de activos financieros, bonos públicos de países maulas mala
paga en el mercado internacional que de algún modo vía las “finanzas
creativas” de los clientes del Gobierno inmovilizan liquidez internacional.

Y el segundo factor, el que dejó al desnudo lo mencionado arriba, la caída
en los precios del petróleo, que develó de golpe y porrazo que la suerte de
las finanzas “opacas y oscuras” del Gobierno estaban atadas al ruego de que
los precios del petróleo se mantuvieran por encima de los 80 dólares el
barril; ya sabemos que el precio promedio para el año 2009, a duras penas
superará los 30 dólares el barril; pero ese es solo una tenaza, la otra es
la merma en la exportaciones (y las importaciones de petróleo en
combustible) que obliga a la caída de las exportaciones junto con la caída
en los precios.

El presupuesto del 2009, y su reestructuración que terminó en una maroma
legislativa, que viene ahora sin petróleo envuelto en papeles de un colosal
crecimiento de la deuda pública, nos muestra que las finanzas públicas
estaban en manos de otros; así, los venezolanos nos preparamos, muchos sin
saber, otros haciéndose los locos y algunos irresponsablemente desde el
Gobierno para enfrentar los efectos de una crisis en balanza de pagos, que
traerá una devaluación que pareciera ser tipo maxi, inflación y
racionamiento de divisas que con el torniquete Cadivi acumula 2.500 dólares
de deudas con los operadores financieros locales, y en rezago unos tantos
miles de millones de dólares en solicitudes de divisas y que
extraoficialmente se les ha sugerido a las empresas que demanden sus divisas
en el mercado libre.

Economista, PhD. (London)

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La Lógica Borrosa Instrumento para el análisis de las fases entrópicas de la realidad político-social

lógica borrosa

Por: Andrés Moreno Arreche(*)

El estudio del comportamiento social a partir de los conjuntos borrosos y de la lógica borrosa es una novísima disciplina estadigráfica aplicada recientemente a la psicología social. Una disciplina que está en plena evolución pero que permite abordar diversos temas y problemas sociales a través de una perspectiva diferente a los enfoques tradicionales.

En este tercer ensayo sobre la Teoría del Caos aplicado al análisis de los comportamientos sociales,  damos un repaso a la metodología del Razonamiento Aproximado para certificar su pertinencia investigativa en ambientes sociales entrópicos  y concluimos con una propuesta de instrumento para la validación y el análisis de una situación social, que en definitiva confirma la tesis propositiva del presente ensayo.

1.- A manera de introducción temática:

Es inevitable cruzar el desierto de la epistemología fundamental asociada al tema. No obstante ello, vamos a dar una primera aproximación conceptual, que si bien no aborda en profundidad los alcances del reto semántico, al menos sirve para sentar las bases cognitivas sobre el tema, pues aporta una visión holística e integradora:

La lógica borrosa o difusa se basa en la relatividad de lo observado

En tal relatividad, este tipo de lógica toma para el análisis comparativo dos o más valores aleatorios pero contextualizados y auto referidos. Así, por ejemplo, una persona que mida 2 metros es claramente una persona alta, si y sólo si previamente se ha asumido que el valor de altura estándar en una persona es de 1,75 metros, y la altura es baja si es de, digamos, 1,60 metros o menos. Decimos, entonces, que los tres valores están contextualizados a las personas y referidos a una medida métrica lineal. El juicio que produce tal razonamiento, basado en términos relativos, no puede ser exacto, porque representa una impresión subjetiva, quizá probable pero no exacta. Por ello, la Teoría de los Conjuntos Borrosos es más idónea que la lógica clásica para representar y analizar la mayoría del conocimiento humano, ya que permite que los fenómenos y observaciones tengan más de dos estadios lógicos.

Una manera de abordar la ‘lógica borrosa’ sería ésta: Juan mide 2 metros y es diestro. María mide 1.65 metros y tiene los ojos azules. Pedro es de ojos café y es zurdo ¿será alto o bajo? Esta paradoja se convierte en paradigma de lo difuso pues desmonta la lógica lineal al introducir una incertidumbre inesperada, o al menos incongruente con los postulados iniciales.

La incertidumbre valida la Lógica Borrosa

Pero no nos debe sorprender que la incertidumbre sea ‘moneda corriente’ en nuestras vidas ¿Se ha detenido a pensar cuáles fueron sus expectativas de ayer? Si, las de ayer. ¿Cuánta seguridad y certeza tenía Usted ayer en la mañana acerca de lo que le sucedería durante las 24 horas transcurridas hasta hoy? La incertidumbre puede derivarse de una falta de información o incluso por que exista desacuerdo sobre lo que se sabe o lo que podría saberse. Puede tener varios tipos de origen, desde errores cuantificables en los datos hasta terminología definida de forma ambigua o previsiones inciertas del comportamiento humano. La incertidumbre puede, por lo tanto, ser representada por medidas cuantitativas (por ejemplo, un rango de valores calculados según distintos modelos) o por afirmaciones cualitativas (por ejemplo, al reflejar el juicio de un grupo de expertos).

La realidad social, en todos sus ámbitos y niveles está saturada de incertidumbre.  El concepto de incertidumbre, tan importante para resaltar la validez de la lógica borrosa, tiene varias acepciones, lo cual introduce una variable externa de orden semántico y lingüístico que ‘ralentiza’ las operaciones de despeje conceptual. Veamos: Para los científicos, la guía ISO 3534-1 [ISO 1993], define incertidumbre como “una estimación unida al resultado de un ensayo que caracteriza el intervalo de valores dentro de los cuales se afirma que está el valor verdadero”. Esta definición tiene poca aplicación práctica ya que el “valor verdadero” no puede conocerse. Esto ha hecho que el Vocabulario de Metrología Internacional, VIM [BIPM, 1993], evite el término “valor verdadero” en su más reciente edición  y redefina la incertidumbre como “un parámetro, asociado al resultado de una medida, que caracteriza el intervalo de valores que puede ser razonablemente atribuidos al mensurando”.

En esta definición, el mensurando indica: “la propiedad sujeta a medida” [BIPM 1993]. El contenido de zinc en un acero o el índice de octano en gasolina son dos ejemplos de mensurandos en análisis químicos. El concepto de incertidumbre refleja, pues, duda acerca de la veracidad del resultado obtenido una vez que se han evaluado todas las posibles fuentes de error y que se han aplicado las correcciones oportunas. Por tanto, la incertidumbre nos da una idea de la calidad del resultado ya que nos muestra un intervalo alrededor del valor estimado dentro del cual se encuentra el valor considerado verdadero.

En la esfera de lo social, la inseguridad puede ser un rasgo característico de las sociedades contemporáneas, porque delimita los estados (individuales y/o sociales) invadidos por la perplejidad y la desconfianza. Es decir, nos habla de una realidad en la que sus agentes se encuentran anímicamente desconcertados a la hora de encontrar el sentido que tienen sus ideas, sus valores y sus acciones con respecto a las cosas que pasan en la realidad. La perplejidad que sentimos y la desconfianza que tenemos cotidianamente a la hora de salir a la calle están muy relacionadas con la costumbre, cada vez más desarrollada, de percibir la realidad sin contrastes. No nos referimos a la incapacidad orgánica de distinguir entre el frío o el calor, la noche o el día, lo dulce o lo amargo, sino a la incapacidad cultural de encontrarle un significado coherente a la imposibilidad de percibir con claridad los contrastes de las realidades cuya principal característica son precisamente los altos contrastes; por ejemplo, no percibir un contrasentido entre la pobreza extrema de determinados países y el hecho de que la obesidad aparezca como un relevante problema sanitario en los países más desarrollados.

Las situaciones de incertidumbre son cada vez más recurrentes, es decir, su periodicidad no sólo responde a una repetición estadística (frecuencia) sino más bien a una reiteración cultural que la hace, paradójicamente, más habitual. No obstante, la única y mayor seguridad posible que se puede dar en esas circunstancias se concentra en la sensación del incremento del riesgo a padecer un cambio o un trastorno de carácter destructivo, esto es, la inseguridad se reactiva a sí misma. La incertidumbre no es un trastorno (padecimiento, destrucción o cambio por el acaecimiento de algo tangible), sino más bien vulnerabilidad en estado puro hacia los trastornos que, a pesar de no haber culminado, se perciben muy cercanos y de aparición inminente.

En consecuencia, la incertidumbre es una situación de propensión a un padecimiento, destrucción o cambio no deseados, y se manifiesta en contextos muy proclives para que aflore la inseguridad. Por último la incertidumbre es una situación presencial, sentidamente experimentada por quienes están inmersos bajo su influencia; no tiene una conclusión en sí misma, sino siempre apunta hacia un futuro de obligado cumplimiento. Si al final se consolidan y se materializan las peores previsiones, la incertidumbre da paso a una realidad (ya trastornada) que se desvela con certezas muy crudas, con seguridades forzosamente renovadas y con un nuevo y diferente estado en calma con respecto al que le dio origen. Pero, tanto en el caso de alcanzarse o no los pronósticos proyectados, la situación de incertidumbre no desaparece por completo, permanece, en un segundo plano, tanto en el ánimo como en la memoria de las personas y las sociedades.

Teorías de la Lógica Borrosa

Recientemente han surgido, desde diferentes campos y disciplinas científicas, una serie de teorías que permiten aproximaciones a la realidad social, abordándola en toda su complejidad, todas ellas con un claro énfasis epistemológico. Una de estas teorías de la complejidad es la de los conjuntos borrosos o difusos (Zadeh)  como formalización matemática de un modelo lógico de lo impreciso, de lo indeterminado, lo difuso y lo borroso.

Los estudios sobre lógica borrosa nos presentan de forma mucho más creíble la naturaleza social de los conglomerados humanos y la comprensión de sus eventos, porque los sistemas convencionales que diariamente se utilizan en las ciencias sociales, en algunos casos no aportan una decisión real; sucede lo contrario en la lógica difusa, que se ha convertido en parte fundamental para el desarrollo de sistemas inteligentes. Esta lógica no-convencional nos permite generar una toma de decisión a partir de un cúmulo de información imprecisa, puesto que es un tipo de lógica que reconoce los valores que están en la zona gris de simples estimaciones verdaderas y falsas, y porque en la lógica difusa, las proposiciones pueden ser representadas con distintos grados de veracidad o falsedad, como aquellos que se expresan semánticamente desde una perspectiva subjetiva: “más que…”, “casi como…”

El catedrático de ingeniería eléctrica de la Universidad de California (Berkeley), el iraní L.A. Zadeh publicó en 1965 un artículo en la revista “Information and Control” , en el que aplicó la lógica multivalente de Lukasiewicz a los conjuntos o grupos de objetos. Comienza a referirse a cierto tipo de agrupaciones indefinidas y difusas como los “conjuntos borrosos” (“fuzzy sets” fue el título del mencionado artículo). Así, respecto al concepto de “lógica borrosa”, consideraremos su acepción más amplia, entendiéndola como…

“… un sistema lógico que está dedicado a la formalización de modos de razonamiento que son aproximados y no exactos.”

Basándose en la teoría de conjuntos borrosos, que es una teoría de clases “con fronteras no nítidas” (Zadeh, 1996: Information and Control p.p. 422), la lógica borrosa consiste en razonar con conjuntos imprecisos. Pero, ¿qué es un conjunto borroso? ¿Cómo se puede analizar los acontecimientos sucedidos recientemente en Venezuela a partir de la lógica borrosa?

La realidad no siempre se manifiesta en blanco-y-negro

Al hablar y referimos a nuestras percepciones, en la vida cotidiana hacemos mención a infinidad de conjuntos borrosos. Es decir, a “conceptos que no tienen fronteras nítidamente definidas, como por ejemplo: ‘alto’, ‘gordo’, ‘muchos’, ‘la mayoría’, ‘lentamente’, ‘viejo’, ‘familiar’… los nombres de los colores como ‘rojo’, ‘verde’, ‘azul’, ‘púrpura’…” (Zadeh, 1996: : Information and Control p.p. 425). Zadeh  denomina “granulación” al proceso de formar clases borrosas de conceptos agrupados por una similitud fundamentalmente subjetiva;  un proceso que está determinado por “la capacidad limitada de los humanos para resolver y/o almacenar detalles” (Zadeh, 1996: : Information and Control p.p. 426).

Si usted detiene la lectura de este ensayo y le formula la siguiente pregunta a, digamos, las primeras 10 personas que se tropiece: “¿Cómo está el clima político de hoy en el país?” inevitablemente descubrirá que hay una imprecisión conceptual que de manera difusa produce una dificultad para la medición cuantitativa de las respuestas.

Por esta circunstancia, la borrosidad de los conceptos puede graficarse en una “curva borrosa” o curva de  borrosidad y al hacerlo conseguimos una correspondencia más precisa con la realidad, un nuevo modo de conocerla o al menos de construirla conceptualmente, con transacciones lógicas no probabilísticas.  Entonces se sobrepone a la probabilidad el concepto de posibilidad, un extenso camino cualitativo que nos abre la epistemología. (Munné,  1995).

Aunque la lógica borrosa ha sido aplicada prioritariamente al control de sistemas ingeniería civil y en procesos industriales (llamados también ‘sistemas expertos’), la lógica borrosa se ha comenzado a considerar como un elemento clave en el estudio de la realidad social, un contexto impregnado permanentemente de borrosidad como casi todo en las ciencias humanas, en las que conceptos particulares como emoción, grupo, cognición  o clase social son esencialmente imprecisos.

Un ejemplo de esto son las categorías borrosas de una escala de Likert , así como todas las aplicaciones que directa o indirectamente se hacen de la misma, tal como la técnica de la rejilla de Kelly  para la exploración de los constructos personales.

Smithson plantea otra aplicación de la lógica borrosa en la construcción de un cuestionario acerca del consumo de drogas. Se utilizan variables borrosas para recoger las respuestas (cualitativas) de dicho cuestionario. Concretamente, Smithson analiza la distribución de posibilidad que se “esconde” tras las respuestas pre-categorizadas de “algunas veces” o “unas pocas veces” ante la pregunta “¿cuántas veces has consumido drogas?”.

Gil Quesada  (1990) realiza una aproximación empírica de aplicación de la teoría de los conjuntos borrosos para la evaluación escolar. Para ello elabora un examen con una serie de ítems puntuados según una valoración continua (de O a 1) con un punto de corte nítido y una “zona de corte borrosa” de aceptación de las respuestas. Con ello, Gil Quesada persigue una mayor adecuación en las evaluaciones de rendimientos académicos en exámenes grupales. Con esta aplicación borrosa, Gil Quesada accede al cálculo de una serie de nuevos índices, como son: (1) el índice de suficiencia nítida: % de alumnos del grupo que obtienen una puntuación superior al punto de corte nítido; (2) el índice de suficiencia borrosa: probabilidad de que un alumno supere el examen si consideramos la función de pertenencia como función de probabilidad; (3) el índice de borrosidad: % de alumnos del grupo que están nítidamente clasificados. Es de destacar que la teoría borrosa en la lógica computacional o inteligencia artificial ha tenido grandes e importantes aplicaciones para disponer de lenguajes y programas borrosos (Boehm, 1999; Zu-Guo Yu, 2000; Wei-Yi Liu, 2000) .

He aquí algunas reflexiones críticas acerca de la lógica borrosa y su aplicabilidad epistemológica a las ciencias sociales. Una primera valoración positiva respecto de la teoría de la borrosidad tiene directa relación con el “problema de la discordancia” (Kosko) : Tradicionalmente, la ciencia se ha planteado el abordaje de los problemas como la dicotomía “blanco o negro” para referirse a un mundo que es “gris”. En este sentido, el nuevo paradigma estaría reflejando con mayor precisión la realidad, porque como afirma Kosko:

“Cuando hablas (científicamente), simplificas. Y cuando simplificas, mientes”.

En este sentido, la lógica borrosa aporta matices enriquecedores a una perspectiva epistemológica, comprensiva y hermenéutica, como alternativa a la explicativa-positivista que es aún el enfoque dominante para las ciencias sociales. La lógica borrosa contribuye con el pensamiento holístico y facilita el análisis y la comprensión de las fases entrópicas de cualquier realidad social porque le aporta sentido  y relevancia a las sutiles pero importantes diferencias que surgen del magma gris y cuantitativamente impreciso de las percepciones, los sentimientos y las particularidades.

2.- Metodología del razonamiento aproximado.

Como pueden inferir mis lectores, el desierto epistemológico prosigue en este epígrafe. Comprendo sus angustias porque ya las sufrí ‘en carne propia’, y ahora que vengo de cruzar este desierto puedo asegurarles que el oasis de las aplicaciones prácticas de la teoría de La Lógica Borrosa como instrumento para el análisis de la Teoría del Caos Social está cerca, detrás de esta duna, que si bien no es la última, al menos es la más inminente. Por eso sugiero que no ‘se salten’ este capítulo (la tentación es grande, se los aseguro) porque aquí encontrarán los elementos metodológicos que convirtieron al razonamiento aproximado en el instrumento ideal para la comprensión del Caos Social. Tómese un vaso de agua, estire las piernas o actualice sus anotaciones; luego de esta pausa, respire hondo porque lo que viene es más denso aún. ¿Listos? Adelante.

Ya lo hemos mencionado en párrafos anteriores; Zadeh introdujo la teoría del razonamiento aproximado y otros muchos autores han hecho contribuciones importantes a este campo. Aunque superficialmente pueda parecer que la teoría del razonamiento aproximado y la lógica clásica se diferencian enormemente, la lógica clásica puede ser vista como un caso especial, una ‘excepción’ que se muestra a partir de un raciocinio explicativo-positivista. En ambos sistemas, se pueden ver a las premisas como inductoras de subconjuntos de mundos posibles que las satisfacen, aunque en el caso de la teoría del razonamiento aproximado, esos conjuntos estarán integrados por subconjuntos borrosos que se superponen, y al solaparse arrojan nuevos constructos informativos, escalares y subjetivos, pero no menos importantes ni menos significativos que las respuestas obtenidas a partir de la lógica clásica.

La inferencia en ambos sistemas está basada en una regla de inclusión: una hipótesis se infiere de una colección de premisas si el subconjunto de mundos posibles que satisfacen la conjunción de las premisas está contenido en el subconjunto de mundos posibles que satisfacen la hipótesis.

Variables y cuantificadores del razonamiento aproximado

La contribución fundamental del razonamiento aproximado es el uso que hace de las variables y la representación de las proposiciones en términos de valores de verdad lingüísticos -subconjuntos borrosos- como valores de esas variables. La lógica clásica sólo usa de modo implícito de idea de variable, en el sentido de valor de verdad asociado a una proposición. Sin embargo, su naturaleza binaria le permite ocultar este hecho, ya que nos podemos referir a una proposición que es verdadera por su denotación, p, y a una que es falsa simplemente por su negación, ¬p, evitando así la introducción de una variable Vp cuyo valor sea la valoración de la proposición p. El uso del concepto de variable en la teoría del razonamiento aproximado conduce a tratar dominios que no están dentro del ámbito de la lógica clásica, como es el caso de los problemas que tratan los Sistemas Expertos borrosos o los controladores borrosos.

La teoría del razonamiento aproximado permite representar también cuantificadores lingüísticos situados entre dos baremos difusos. Zadeh indicó que un cuantificador como “la mayoría” puede ser representado como un subconjunto borroso sobre un universo de discurso. Los cuantificadores aproximados se usan para representar conocimiento de sentido común.

Una extensión interesante de la teoría del razonamiento aproximado es la posibilidad de tratar con ella el conocimiento prototípico. Reiter  sugirió una aproximación a la representación de conocimiento de sentido común usando reglas por defecto y Yager lo estudió en el marco de la teoría del razonamiento aproximado. De acuerdo con Reiter, una regla por defecto tal como “típicamente los pájaros vuelan”, puede ser interpretada así: Si un objeto es un pájaro y nuestro conocimiento disponible no es incompatible con que el objeto vuele, entonces asumimos que el pájaro vuela.

La lógica binaria puede ser vista como un caso especial de la teoría del razonamiento aproximado en el cual los conjuntos base tienen dos elementos {T, F} y los grados de pertenencia se restringen a 1 ó 0. La lógica posibilística puede ser vista como una extensión de ésta, en tanto que, aunque se restringen los conjuntos base de valores a dos, T y F, se permiten que los grados de pertenencia sean números en el intervalo unidad.

Es por esta percepción cuántica que la Lógica Borrosa va más allá de la lógica binaria permitiendo su formalización en términos de la teoría del razonamiento aproximado. Así, lo que es verdadero alcanzaría varias representaciones y lo que es asumido como falso también; ambas indican que el valor de verdad absoluta de la proposición es desconocido.

La regla principal de inferencia en lógica clásica, el modo de razonamiento introducido por los Megáricos y Estoicos en tiempos de Aristóteles, es el Modus Ponens (nombre asignado en la Edad Media), que consiste en que si se tiene la regla A → B y, por ejemplo, la regla es “Si llueve entonces me mojo”, si se da el hecho cierto de que “llueve”, entonces podré concluir que “me mojo”. En lógica borrosa se puede generalizar esta regla, quedando su esquema de la siguiente forma: Por ejemplo, la regla podría ser “Si la ciudad es grande (x es A), el tráfico es muy denso (y es B)”, el hecho podría ser “la ciudad no es muy grande (x es A’)”, ¿Qué se podría decir del tráfico (B’(x))?.

Supongamos que las variables están relacionadas, y no necesariamente por una función, sino por cualquier relación. Supongamos que es una relación binaria borrosa R en el universo XxY. A’ y B’ son conjuntos borrosos en X e Y respectivamente. Si conocemos R y A’ podríamos conocer B’ mediante la denominada Regla composicional de inferencia:

B’= A’(x)° R(x, y)

B’(y) = supx∈Xmin[A’(x), R(x, y)]

Donde R(x, y) = I(A(x), B(y)) (Función de Implicación).

Y esto es posible porque una inferencia es una evaluación que realiza la mente entre conceptos que, al interactuar, muestran sus propiedades de forma discreta, necesitando utilizar la abstracción para lograr entender las unidades que componen el problema, o creando un punto axiomático o circunstancial, que permite trazar una línea lógica de causa-efecto, entre los diferentes puntos inferidos en la resolución del problema. Una vez resuelto el problema, nace lo que conocemos como postulado, o una premisa transformada de la original, de la que al estar enmarcada en un contexto referencial distinto, se obtiene un significado equivalente.

Un ejemplo que lo clarifica todo

Todo lo que hemos enunciado hasta aquí se lo explico con un ejemplo que, estoy seguro, comprenderá de inmediato, y entonces me criticará por no haberlo utilizado “antes – de” el abordaje teórico.

Una familia de clase media venezolana entra en un escenario de crisis. Una crisis cuyas variables le voy a exponer de seguidas, y que presentan una aparente relación de ‘causa-efecto’: Luego de 25 años de matrimonio, papá y mamá se enfrentan a la posibilidad de un divorcio. Sus tres hijos (las gemelas de 25 años y el menor de 21) son solteros y viven en la casa familiar, una cómoda y espaciosa quinta de tres niveles en el Este de Caracas, que la familia heredó de los abuelos maternos. No obstante que ‘papá es un demócrata convencido y ex- trabajador de PDVSA de los que ‘ya-no-están’ ( participó activamente en el “paro cívico” para unos o ‘boicot petrolero’ para otros) las gemelas son chavistas contumaces. ‘Mamá’ ha decidido retornar a las aulas universitarias (quiere optar por una segunda maestría) y el hijo  menor ha decidido formar una banda que él llama ‘de limpieza étnica’ con otros cinco vecinos del exclusivo sector donde vive, y todas las noches sale con sus amigos a ubicar indigentes en el centro de la capital,  y filman sus tropelías para colgar los vídeos en YouTube.

Cualquier explicación psicológica o social es posible para exponer el probable epicentro y las posibles causalidades de la crisis de esta familia. Se podrían inferir cientos de líneas lógicas de causa-efecto y cualquiera de ellas tendría altas contingencias de acierto en el diagnóstico de este trance familiar, porque el análisis binario ‘bueno – malo’, ‘correcto – incorrecto’, ‘cierto – falso’ sería el baremo a utilizar.  Sin embargo, la realidad es imprecisa y vaga, aún en las apariencias más sólidas. Si ya usted ha ‘mentalizado’ las causas de la crisis de esta familia, haga el siguiente ejercicio: Anótelas… Si, pare de leer, busque lápiz y papel y escriba lo que a su entender, son las causas de la crisis de esta familia. No anote muchas, sólo cinco.

¿Ya lo hizo? ¿Las tiene a mano? Ahora intente precisar sus aciertos con estos cuantificadores lingüísticos situados entre baremos difusos: ‘Mamá’ retorna a las aulas universitarias porque estima que “algunas veces” no es tan bien evaluada y aceptada en su dintorno social como su esposo. ‘Papá’, luego de su expulsión de PDVSA, descubrió que es más un líder democrático que un tecnócrata (¿’Cuánto’ más será significativamente ‘más’?). Las ‘gemelas’ entraron al PSUV inducidas por una amiga que también se convirtió en amante de las dos y ‘el menor’ sale ‘casi’ todas las noches ‘más o menos’ a localizar indigentes, y cuando les disparan con un rifle de paint ball filman esos acontecimientos como parte del trabajo de campo de una investigación social sobre la reacción de las personas a la agresión física inesperada, y que integra su Tesis de Grado.

¿Cómo quedaron sus causas de esta crisis familiar? ¿Verdad que le faltaron datos e información adicional? Lo que le sucedió es que al aplicar la inferencia de la lógica clásica en un escenario construido sobre información concreta pero parcial, usted obvió el impacto de las causalidades que se generan en el vórtice de lo indefinible. La poca o casi nula inter relación entre los deseos de ‘mamá’ con el descubrimiento de las nuevas habilidades sociales de ‘papá’, es tan inasible como relacionar la exploración homosexual de las gemelas con la tesis de grado del hijo menor. Hasta se podría inferir que la crisis del matrimonio (si es que la hay o la hubo) nada tiene que ver con las actividades o las nuevas acepciones de los miembros de esta familia.  La lógica binaria, lineal, deja de ser relevante y entonces surge la Teoría del Razonamiento Aproximado como la opción más idónea para el análisis del caos en el que se ha sumergido esta familia.

Ahora extrapole este análisis situacional a la globalidad del país ¿Son acertados los análisis y las percepciones que escucha en la calle y en los medios sobre el acontecer político y social? ¿Contemplan estos análisis las imperceptibles, aunque importantísimas diferencias lingüísticas que existen entre los baremos ‘extremos’?

Aunque la intención original del profesor Zadeh era crear un formalismo para manipular de manera más eficiente la imprecisión y vaguedad del razonamiento humano expresado lingüísticamente, causó cierta sorpresa que el éxito de la lógica borrosa llegase primero al campo del control automático de los procesos. Esto se debió principalmente al “boom” de lo borroso en Japón, iniciado en 1987 y que alcanzó su máximo apogeo a principios de los noventa. Desde entonces, han sido infinidad los productos lanzados al mercado que usan tecnología borrosa, muchos de ellos utilizando la etiqueta “fuzzy” como símbolo de calidad y prestaciones avanzadas. Un ejemplo de ello es el anuncio publicitario de la lavadora Bosch con sistema eco-fuzzy.

En 1974 el profesor Mamdani experimentó con éxito un controlador borroso en una máquina de vapor, pero la primera implantación real de un controlador de este tipo fue realizada en 1980 por F. L. Smidth & Co. en una planta cementera en Dinamarca. En 1983, Fuji aplica lógica borrosa para el control de inyección química para plantas depuradoras de agua, por primera vez en Japón. En 1987 la empresa OMRON desarrolla los primeros controladores borrosos comerciales con el profesor Yamakawa.

A partir de ese momento, el control borroso ha sido aplicado con éxito en muy diversas ramas tecnológicas, por ejemplo en la metalurgia, en los robots de fabricación, en controles de maniobra de aviones, ascensores o trenes (tren-metro de Sendai, Japón, 1987), en los sensores de imagen y sonido (sistema de estabilización de imagen en cámaras fotográficas y de video Sony, Sanyo, Cannon…), en los electrodomésticos como las lavadoras de Panasonic o Bosch, o el aire acondicionado Mitsubishi con sistema rice-cooker. También en la industria automovilística, cuyo ejemplo más notable está en los sistemas de ABS de Mazda o Nissan, o en el cambio automático de las cajas de velocidad de Renault y una larga lista de aplicaciones comerciales.

Pero ¿dónde radica el éxito de las aplicaciones de control? El éxito está en la simplicidad, tanto conceptual como de desarrollo. Los dos paradigmas clásicos de control borroso son el enfoque de Mamdani y el de Takagi-Sugeno que describo brevemente a continuación.

Las etiquetas lingüísticas de Mamdani y Takagi Sugeno

En el enfoque de Mamdani un experto ha de especificar su conocimiento en forma de reglas lingüísticas, ha de definir las etiquetas lingüísticas que van a describir los estados de las variables. Para cada entrada (input informativo) se ha de especificar la correspondiente etiqueta lingüística que define la salida informativa. Cada una de las n variables de entrada y la de salida han de repartirse en conjuntos borrosos específicos con unos significados. Así, podrán ser definidos diversos conjuntos borrosos, todos distintos, en la variable de salida .Lo mismo se puede hacer con el resto de las otras variables involucradas en el proceso y sus salidas. Cada conjunto borroso  debe llevar asociado a él una etiqueta lingüística.

He aquí un ejemplo de uso del  enfoque borroso de Mamdani para aplicar en un restaurant. Si capturamos lo esencial del problema y dejamos a un lado todos los factores que pudieran ser arbitrarios, podríamos quedarnos con el siguiente conjunto de reglas:

1.         Si el servicio es pobre o la comida es mala, entonces la propina será poca

2.         Si el servicio es bueno, entonces la propina será media

3.         Si el servicio es excelente o la comida es deliciosa, entonces la propina será generosa

En estas tres reglas se basa la solución. Acabamos de definir las reglas de un sistema de inferencia borrosa. Si diéramos significado matemático a las variables lingüísticas, tendríamos un sistema de inferencia borrosa completo. No entraremos en detalles en esta sección, lo que nos interesa es lo que acabamos de mostrar: la lógica borrosa es adaptable, simple y se aplica fácilmente.

Este es el gráfico asociado al sistema de inferencia borrosa, y generado por las tres reglas de arriba. Simplemente con estas tres reglas hemos podido generar una solución al problema, de una manera mucho más cercana a la forma de pensar humana y por tanto más fácil para nosotros. Todo lo contrario ocurre en el enfoque clásico, en el que nos tenemos que adaptar a la forma de actuar de la máquina.

Por último cabe destacar que si quisiéramos añadir o modificar ciertas consideraciones del problema, nos bastaría con incluir o cambiar reglas. Esta forma es mucho menos costosa que la utilizada en el enfoque clásico.

En el enfoque de Takagi-Sugeno se mantiene la misma especificación de las particiones borrosas de los dominios de las entradas que en el modelo de Mamdani, pero no se requiere una partición borrosa del dominio de salida. Las reglas de control deben contener una función que se supone generalmente lineal: El grado de aplicabilidad se obtiene de la misma manera que el modelo de Mamdani.

3.- Etapas de un controlador borroso

Este segmento va expresamente explicitado para los investigadores sociales, y también para los demás lectores, aclaratoria que hago para evitar una ‘diáspora’ entre quienes han tenido la valentía de acompañarme hasta aquí.  Vamos a abordar las etapas que integran el proceso de construcción de un ‘controlador borroso’.  En términos coloquiales, vamos a decirle cómo construir ‘la regla’ para que usted mismo, desde su casa u oficina, se entretenga ‘midiendo’ y ‘evaluando’ los fenómenos sociales que considera son más impactantes o atractivos. ¿Y para qué? Se preguntará con toda la razón que le aporta la incertidumbre. Pues para muchas cosas. Le menciono dos, las más comunes: 1.- Para recabar información relevante y confiable, si se dedica a la investigación social. 2.- Para que pueda exhibir resultados sólidos y pertinentes cada vez que a usted se le ocurra hablar, informalmente o en algún foro, sobre la incidencia de ‘X’ fenómeno social.  Busque lápiz y papel (o un resaltador) y sáquele punta a lo que viene.

La mayoría de los fenómenos que se presentan en el acontecer diario se pueden catalogar como imprecisos, es decir tienen implícito cierto grado de difusión en la descripción de su naturaleza. Esta imprecisión puede estar asociada con su forma, posición, momento, color, textura e incluso en la semántica que describe lo que son. En muchos casos el mismo concepto puede tener diferentes grados de imprecisión en diferentes contextos de tiempo. Un día cálido en Venezuela no es exactamente lo mismo que un día cálido en Dinamarca. Este tipo de imprecisión o dispersión asociada a los fenómenos atmosféricos es muy común en otros campos de estudio; las ciencias del comportamiento social es uno de ellos.

Ya hemos definido a la lógica borrosa como un sistema matemático que modela funciones no lineales, que convierte unas entradas en salidas, acordes con los planteamientos lógicos que usan el razonamiento aproximado. Se fundamenta en los denominados conjuntos borrosos y un sistema de inferencia borroso basado en reglas de la forma relativa  (“Si… entonces…”), donde los valores lingüísticos de la premisa y el consecuente están definidos por conjuntos borrosos, por lo que las reglas siempre convierten un conjunto borroso en otro.

Para la evaluación de los riesgos sociales se precisa de un controlador social borroso, un instrumento de medición cualitativa que consta de 4 etapas:

1.         Interfase de borrificación.

2.         Creación de la base de datos (para definir los conjuntos borrosos) y de la base de reglas (para caracterizar las acciones de control)

3.         Proceso de inferencia basado en lógica borrosa.

4.         Interfase de desborrificación.

Desglose de las etapas del controlador social borroso:

La primera  etapa de un controlador social borroso es la “Interfase de borrificación”. En ella se debe identificar el riesgo social asociado con el evento. Asignar los factores de riesgo social correspondientes al conglomerado en estudio, que se considerarán como ‘variables de entrada’ susceptibles de control, y se hará la medición de las variables de entrada en el contexto del universo discursivo del problema, donde las medidas de frecuencia y de consecuencia se combinarán para obtener un nivel de riesgo, que será el que caracterizará el evento en cuestión.  En dicha matriz influirán muchos factores subjetivos, pues las apreciaciones para cada individuo u organización en particular pueden no coincidir en muchos aspectos.

Esta primera etapa determinará una escala entre los valores lingüísticos y un rango numérico que se relacionará con los valores lingüísticos y asumirá estos valores desde cero hasta uno, es decir usando el sistema endecadario.

La segunda etapa Consiste en la creación de una base de datos, donde se definen los riesgos sociales, los factores de esos riesgos, las magnitudes a contemplar y el criterio semántico para su evaluación y la determinación de una base de reglas para utilizar en el proceso de inferencia, la cual está dada por el formulario que describe cada categoría que evalúa el sistema de riesgos.

En la tercera etapa el proceso de inferencia simula la toma de decisiones operando sobre las bases de datos y reglas establecidas en cada caso por la cantidad de riesgo (n), luego el índice  recorre ‘n’ valores o riesgos. Cada riesgo estará asociado a diferentes y variados factores, los cuales le darán origen; y cada uno de estos factores tendrá asociado a su vez una magnitud o rango numérico, en dependencia de su nivel de riesgo, el cual fue tomado según la relación existente entre la frecuencia y la severidad.

Finalmente, la cuarta etapa, llamada “Interfase de  desborroficación”, consiste en la interpretación del resultado en términos del problema real, el establecimiento de las acciones de control consecuentes, tomando la previsión que las acciones  de control consecuentes deben precisar, por su orden de prioridad, los objetivos de control, las técnicas de control correspondientes y los responsables de ejecutarlos.

Quisiera finalizar esta aproximación epistemológica a la metodología investigativa con el lema que acompaña el escudo de La Universidad del Zulia en Maracaibo, Venezuela, y que resume y explicita la importancia de la Lógica Borrosa para el análisis del caos social:

“Post Nubila Phoebus” , que se traduce…Después de las nubes, el sol.

(*) Comumicólogo.

Asesor de Identidad e Imagen Corporativas.

Profesor de  Mercadeo Electoral .

Escritor.

Los políticos caminan de espaldas a la nación, ignorantes de su estado

De espaldas

por Rafael Domingo
El Debate sobre el Estado de la Nación ha servido de telón de fondo para escenificar la mediocridad de la política española del siglo XXI. ¿Cómo es posible que nuestros políticos no sean capaces de obtener el máximo rendimiento de un sistema democrático ya maduro y consolidado como el nuestro?

Por desgracia, una partitocracia rampante ha tomado el poder, condenando a la ciudadanía al pavoroso rincón de los convidados de piedra. La gente de la calle considera a la clase política más como una carga social, que como un servicio al país. Con excepciones, por supuesto. La fuerte crisis económica que padecemos ha puesto de manifiesto el hecho incuestionable de que la política española ha perdido interés, a pesar de la trascendencia del momento en que vivimos.

Las oligarquías partidistas que se tienen a sí mismas por castas supremas de elegidos, terminan convirtiéndose en máquinas engrasadas de mediocridad corporativa y egoísmo utilitarista. La burocracia se ha apoderado del parlamento, fagocitándolo. La profesionalización de los partidos ha alcanzado un nivel insoportable. Hoy, más que nunca, es preciso inocularse, ante tanta palabrería sosa, una dosis de realismo que nos arranque de esa pasividad progre y hortera que enarbola como estandarte la clase dirigente.

Huérfanos de ideas, carentes de carisma y ofuscados por el mal de altura del poder, los políticos del Congreso caminan de espaldas a la nación, ignorantes de su estado, obtusos frente a sus necesidades, reticentes ante sus imperativos. La partitocracia se afana en maquillar la crisis y en sacarle un burdo rédito electoral. La receta está clara: Si queremos democracia, democraticemos los partidos. Es la única política sensata que nos apartará, para siempre, del abismo y la confusión. Y también de la crisis económica.

Presidente de Maiestas
gaceta.es

Las brújulas perdidas o como hacer la revolución con GPS

GPS-brújula

por Teódulo López Meléndez

El Norte magnético es diferente del Norte geográfico, aprendí en la escuela cuando la escuela era escuela. También que en lo sitios donde no servía la brújula era en los polos porque allí se producía la convergencia de las líneas de fuerza del campo magnético terrestre. Al iniciar mi artículo me divierto porque se me ocurre buscar las palabras “Norte” y “brújula” en Wikipedia y las nociones que encuentro son exactamente las mismas que estaban en mi libro de estudiante de primaria.

Como todavía, como buen venezolano, soy capaz de ejecutar “complejos” procesos deductivos, llego a una conclusión de “alta inteligencia”: la definición de los modernos servidores tiene que ser la misma por la sencilla razón de que el Norte sigue siendo el Norte y la brújula sigue siendo la brújula.

Es evidente que ando distraído. ¿Debo titular  brújulas perdidas o GPS perdidos? Me digo que es banal lo que me planteo. Si Jessie Chacón es el Ministro del Despropósito Impopular para la Ciencia, qué diablos hago yo con estas disquisiciones triviales. Debo ir hasta China en el siglo IX para determinar como fue este estupendo invento y como, en sus inicios, el pedacito de mental imantado flotaba sobre el agua.

Todo lo que uno busque para definir a la Venezuela de hoy tiene que ir a buscarlo en un pasado remoto. Aquí se funciona con brújula y no con GPS y las brújulas están desaparecidas. El país perdió la brújula, los dirigentillos jamás tuvieron una, estamos en una zona donde además tales adminículos no funcionan porque la línea de la fuerza obtusa enloquece y desorienta.

La gente no sabe hacia donde ir, no hay Norte. Nadie sabe donde está el Norte. No hay Norte. Si no se señala el camino hacia el Norte es porque ninguno de estos espantapájaros sabe donde está. Aquí lo que sabemos es donde está el show. Dónde el camino paciente hacia una estatización brutal mientras el “socialismo” destruye en procura de llegar a la meta anhelada del comunismo. Dónde se puede medrar, dónde se puede cuidar al partido en espera de mejores tiempos, dónde se puede camuflar para convivir con la dictadura, dónde se puede “marchar” para dejar claro que protesta hay.

Desechemos las brújulas. Arrasemos como en la Guerra Federal. Destruyamos, que entonces no tendrá ninguna importancia donde queda el Norte o donde queda el Sur, dónde está la izquierda o dónde la derecha, que ante la ausencia manifiesta de voces podemos todavía realizar una importación de “inteligencia” para que nos oriente y nos diga de las virtudes y hasta nos permita decir que Obama es un fracaso pues anda rodeado de izquierdistas y centristas, cuando en verdad lo que hace es lo que tiene que hacer, un gobierno de centroderecha –en su primera etapa- y bipartidista como corresponde a la crisis sistémica que deberá superar y superará.

En este país hasta las “brújulas” son importadas. Todo es importado. Volvemos a tener una economía de puerto, sólo que desde los consumidores se agregan nuevos productos, como el de la inteligencia. Aquí vivimos del ridículo: “rodeen el sitio, que no saquen nada”, “esperen que esté andando la cadena nacional para realizar el allanamiento e impedir que hagan escándalo”, “después informaremos en otra cadena”, “ahora sí los tenemos”, “usan al canal para tapar negocios ilícitos”, “nadie podrá decir que los cerramos para combatir la libertad de expresión”. Ridículos. Al menos los servicios de inteligencia tampoco tienen brújulas.

Aquí nadie se plantea el uso del GPS. Cómo podrían hacerlo si ni siquiera saben usar las brújulas. Aquí se vive dependiendo de lo que el dueño de los cuatro puntos cardinales diga desde la pantalla, desde la pantalla-ojo, en esta nueva manera de gobernar que se reduce a hablarle a las cámaras. El destruir para supuestamente después edificar es de bárbaros. No son capaces ni siquiera de hacer la revolución.

Entonces deberíamos lanzar nosotros el grito: ¡Hagamos la revolución! Vamos a hacer nosotros la revolución. Vamos a producir una universidad del siglo XXI, vamos a lanzar las ideas del siglo XXI, vamos a hacernos ciudadanos del siglo XXI., vamos a definir instituciones desde el poder instituyente y dejémosle a los revolucionarios de pacotilla y embuste su poder constituido. Algo se le debería ocurrir a los productores del campo con sus empleados rurales. Algo se le debería ocurrir a los empresarios, como por ejemplo los dedicados a la construcción iniciar un plan de vivienda popular de iniciativa privada, porque da la impresión de que sin subsidios oficiales no son nada. Los revolucionarios del gobierno hacen en la universidad lo mismo de siempre, encapucharse y quemar.

Vamos nosotros a hacer la revolución, visto que quienes tienen el poder no saben hacerla. Recurramos al poder instituyente, a los GPS, dejemos atrás a quienes no tienen ni brújulas. Comencemos a comportarnos en todo de otra manera, hagamos debates de otra manera, organicemos de otra manera muy distinta a las organizaciones tradicionales de la Era Industrial que ya terminó y con ella las llamadas instituciones intermedias que debían servir de correaje entre abajo y arriba y terminaron siendo frenos, partidocracias, cadenas opresoras. Vivimos en la Era Digital, la era de los GPS. La democracia de la Era Industrial se acabó. Hay que hacer la revolución buscando la democracia del siglo XXI.

Hagamos nosotros la revolución, antes que estos del Despropósito Impopular se metan hasta en la sopa y acogoten la sopa. Debemos ser nosotros los revolucionarios, porque ellos no lo son. Son apenas Atilas, tenientes de Atila, Ministros del Despropósito Impopular para la Destrucción. Vamos a transformar, antes que lleguen con sus excretas a demostrar como todo puede envilecerse. O sigan sentados gimoteando, ante los medios por ahora existentes, como vírgenes plañideras.

teodulolopezm@yahoo.com

La UCV, niña ingenua

UCV

por Teódulo López Meléndez

Esto dije en mi artículo “El plan de la ética” sobre la “marcha” convocada por la UCV: “Se anuncia una “marcha” de la UCV para protestar por el recorte presupuestario y se precisa que ya se hicieron todos los contactos con las “autoridades”. ¿Hasta cuando “marcha”? Eso se llama manifestación y uno no va a ponerse de acuerdo con el agente represor. ¿Se le acabaron a la UCV la imaginación, el coraje y el talante? Acción, por lo demás, inútil, pues no les van a dar más dinero. Qué invente la UCV, si es que capacidad de invención todavía le queda”.

Estos fueron los resultados: Dos días de violencia, quema de vehículos -incluidos. autobuses del transporte estudiantil-, disparos al inicio de la “marcha” y lo peor, el encuentro con el Ministro del Despropósito Impopular para la Educación Superior. Los universitarios fueron esperados por un panel preparado previamente donde se incluían las “autoridades” designadas a dedo para aquellos “centros de estudios socialistas”, más dirigentes estudiantiles del oficialismo hablando el lenguaje archiconocido y profiriendo acusaciones contra los dirigentes de la UCV. Añadamos las declaraciones del Ministro del Despropósito Impopular para el Interior e Injusticia entregándole el paquete de la violencia a las autoridades universitarias.

La UCV está convertida en una niña inocente. ¿Qué se esperaba la UCV? ¿Acaso un diálogo civilizado durante el cual el Ministro dijese que se reconsideraría el presupuesto universitario? La señora rectora no aguantó el show y ordenó retiro. Sus declaraciones a la salida se pueden comprender como producto de la rabieta, pero hay que recordarle a la señora rectora que si agarró la rabieta fue porque quiso. ¿Qué pretendía demostrar la UCV? ¿Qué son gente civilizada, demócratas a carta cabal, gente decente que recurre al diálogo? Eso no necesita demostración, como no necesita demostración que con dictadura no hay diálogo.

El panel que el Ministro del Despropósito Impopular para la Educación Superior organizó para darle la bienvenida a la UCV era la bofetada en sí. Lo que el panel significaba era “las universidades autónomas nos importan un pepino, lo nuestro son las universidades no autónomas que hemos creado para el socialismo y la construcción del hombre nuevo”. Esperemos que la lección haya sido aprendida.

El propósito final es la liquidación de las universidades como las hemos conocido. Lo importante no es pedir el aumentito para la beca estudiantil y un dinerillo para mejorar la comida en los restaurantes universitarios, lo importante es salvar a la universidad como centro libre de propagación de todas las ideas.

He aquí el quid del asunto. La UCV debe procurar su salvación y la única manera es iniciando una transformación interna de grandes proporciones. A eso me refería en mi propio texto que cito arriba cuando llamo a la UCV a inventar. Debo recordar que cuando apareció el llamado “movimiento estudiantil” que nos deslumbró a todos dije, que al igual como clamaba por la libertad de expresión, debía solicitar, plantear y liderar una exigencia de reforma universitaria.

¡Reforma universitaria! es el grito que falta. Cuando lo planteé seguramente nadie leyó y si leyó habrá pensado que era una solicitud extemporánea. Es posible que aún hoy les suene a chino, pero con la claridad del agua se los repito: o la UCV va a una reforma o se acaba. Reforma, a la manera de Córdoba, a la manera francesa, a la manera que les provoque, pero reforma, a la venezolana mejor que cualquier otra. La UCV no puede limitar sus quejas y angustias a que le falta dinerillo. Si siguen con esa cantaleta no va a aparecer Pío Tamayo diciendo “Indio tocuyo, yo, que quiero presupuesto”, en primer lugar porque mi gran poeta larense no hablaba sandeces ni se prestaría jamás para algo parecido. Tampoco tendrían la compañía de Rómulo Betancourt con su voz aguda y desafiante y Jóvito Villalba no movería sus brazos como remolinos de aspas cortantes.

La UCV debe encontrar dinero con su talento interno, haciendo investigaciones, incluso para grandes empresas del extranjero, reduciendo gastos que siempre se pueden reducir e inventando. Este espectáculo de la niña estudiante en televisión alegando que ella es pobrecita, que ella no es burguesa, que necesita su beca, lo hace a uno preguntarse porqué la reducción la tiene que pagar esa niña, la que, por lo demás, debería preguntarse sobre las causas de que no pueda obtener una educación gratuita y satisfactoria, de protección social a su talento.

La UCV debe removerlo todo. Está más que demostrado que el planteamiento de diálogo sólo es respondido por la dictadura con bandas armadas y terrorismo. La UCV debe cambiar para sobrevivir. Desde revisar los pensa hasta revisar los sueldos, desde revisar su estructura interna hasta revisar su capacidad de investigación, desde revisar su propia alma hasta revisar su propio cuerpo.

¡Reforma! es el grito que deben pegar las universidades.

teodulolopezm@yahoo.com

La derecha, se dice

por Teódulo López Meléndez

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CEDICE ha convocado a Caracas a los más conspicuos representantes de la derecha continental. Está en su derecho, sólo que el amontonamiento de tanto pensamiento neoliberal obliga a algunas reflexiones. En primer lugar, hay allí gente de derecha muy respetable, entremezclados con algunos de ultraderecha que no lo son tanto. En segundo lugar, la respuesta que CEDICE ofrece con este mandamiento unilateral nos obliga a muchos a marcar diferencias.

Tanta derecha reunida en estos momentos es un movimiento político errático. ¿Son estos los personajes apropiados para hablarnos de libertad en las dramáticas circunstancias que atravesamos? ¿La repetición unidireccional de los planteamientos harto conocidos de la derecha constituye la respuesta teórica a los tanteos del presente régimen?

La respuesta de esta gente no es mi respuesta. En lugar de propiciar un debate, CEDICE lo que nos propone es un monólogo. Además, es notable la ausencia de venezolanos en ese panel. Asistiremos, pues, a la repetición de la necesidad del libre mercado, de la libertad empresarial, de la necesaria competencia e, inclusive, a la ratificación de que en el mercado todo se arregla solo.

A este régimen no se le puede oponer este compendio. A este régimen se le opone el diseño de un avanzado Estado Social de Derecho superior a la simple “welfare”, se le opone la admisión de la necesidad de convivencia de distintas formas de propiedad, se le opone una economía inclusiva, se le opone un nuevo diseño político horizontal de toma de decisiones, se le opone todo un planteamiento ideático de organización social en democracia rediviva y de libertad reconceptuada.

No voy a hacer aquí un recuento de mis ideas sobre los temas elencados. Remito a los lectores a mi libro “Incisiones para una democracia del siglo XXI” http://d.scribd.com/docs/1d36942fe7o9sagmqre8.pdf– (está en e-book, cualquiera lo puede bajar gratuitamente, por lo que agradezco a las páginas web mantener este hipervínculo). En cuanto al envoltorio ideológico del presente régimen he dicho que hay unos cuantos principios correctos, sólo que han sido prostituidos, degenerados y ensuciados con el sectarismo, las “camisas rojas” y una solicitud totalitaria de dependencia y sumisión. Un sólo ejemplo, el de las cooperativas, traídas al inicio de nuestra vida democrática por Adelita de Calvani con el entusiasmo de Arístides, su marido, quien sonreiría si viese este comentario. Pues bien, las cooperativas han sido golpeadas porque “no deben obtener ganancias”. Conozco a más de un buen partidario de este gobierno, cooperativista de corazón, que se sigue partiendo el alma para hacerlas sobrevivir en medio de la intolerancia. Algún comentario morboso produjo mi texto sobre el trueque, hoy en día estudiado como materia esencial en las principales facultades de economía del mundo avanzado.

Parece que a CEDICE no se le ocurrió invitar a alguien avanzado en la materia y que, aún inclinándose hacia la derecha, tenga planteamientos renovadores. Aquí, en este mundo de hoy del siglo XXI, hay que reinventarlo todo, incluyendo al mercado, como lo he repetido hasta el cansancio. Y en cuanto a las posiciones políticas es obvio que los extremos son despreciables, que la adopción maniática de un cuerpo cerrado de doctrina no se compagina con este mundo, que es necesario poner a funcionar la imaginación creadora al servicio de la justicia.

En este mundo se parte del centro. Los extremos son desechables. Partiendo del centro uno se puede inclinar hacia la izquierda o hacia la derecha, territorios donde los grados son amplios y variados. También he dicho que no hay quienes se puedan entender mejor en un marco de democracia del siglo XXI que una centroizquierda buena y una centroderecha buena.

En este país venezolano los muertos no resucitan, ni siquiera para el día del juicio final. Quienes piensen que aquí podemos retroceder andan muy equivocados. Aquí tenemos que armarnos de jabón y esponja para hacerle justicia a las ideas buenas prostituidas y poner a funcionar la imaginación creadora para hacer una oferta de país. También en esto último tengo la conciencia tranquila.

No sabemos si Rafael Alfonso se va a persignar al instalar su foro unidireccional, como lo hizo cuando firmó ese error histórico que Gaviria y Carter pusieron sobre la mesa para salvar a un gobierno moribundo. En cualquier caso, damos la bienvenida a Caracas a estos visitantes, con el deseo de que la dictadura no los humille en el aeropuerto de Maiquetía y el escándalo pase a ser más importante que lo que tienen que repetirnos. Lo advierto porque ya jauría oficialista ha desatado toda clase de improperios, pues los invitados vienen “a subvertir, a crear caos, a conspirar”. No, simplemente vienen a hablar, a dictar conferencias, y en un país decente se puede hablar, sólo que la jauría oficialista ha transformado a este en un país indecente. La indecencia de la dictadura nos arropa como un manto mortal. Cualquier cosa porque puedan hablar, porque escuchando las opiniones del otro me hago digno de que alguien escuche las mías.

En cualquier caso, desde mi ego desbordado –como lo llama algún personero de la vieja izquierda sifrina- aquí están por escrito mis diferenciaciones.

teodulolopezm@yahoo.com

El plan de la ética

ética 2

por Teódulo López Meléndez

El deber encarnado en Pocaterra

El deber se cumple aún a sabiendas de la psicología colectiva, de los “sabios” encerrados en sus torres de marfil, de los “analistas” perdidos en su incapacidad manifiesta, de los “investigadores” que viven en el pasado, de los burlones cuya muy limitada capacidad de comprensión no produce otra cosa que sonrisas de estupefacción.

Los escritores tenemos una tendencia innata a dejar testimonio. A presentar constancia del deber cumplido. Somos desoídos -es la regla- pero nadie puede alegar que el testimonio no pervive, aunque los libros sean echados de las bibliotecas y aunque el pasado agonizante colabore con su ceguera. Los escritores tenemos ahora a Internet, al ciberespacio, para evitar que se diluya en el olvido lo que le dijimos a los pueblos sordos.

Quienes aquí persistimos –a pesar de la disolución de las instituciones que agrupan a escritores y a creadores- tenemos a quien mirar. Recuerdo siempre a Mario Briceño Iragorry y a Mariano Picón Salas y nunca olvido una entrevista que le hice para un diario a Marthe Arcand, la viuda de José Rafael Pocaterra. Uno de mis ganchos a la realidad es “Memorias de un venezolano de la decadencia”, porque  Marthe me contó como José Rafael la despertó una madrugada para leerle “Canto a Valencia”, como José Rafael a cualquier hora la estremecía con sus cuentos, como desde el exilio canadiense José Rafael Pocaterra seguía ejerciendo la hombría.

Pocaterra no se detuvo a pensar en el miedo que acogotaba a los venezolanos bajo la égida gomecista. Pocaterra no se detuvo a preguntarse porqué sus compatriotas no le hacían caso. No, Pocaterra cumplía con su deber. Pocaterra no miraba a quienes le llamaban “un loco muy inteligente”. En estos momentos de decadencia aferro la mano de José Rafael Pocaterra porque José Rafael Pocaterra encarna la intelectualidad más desafiante, la de la hombría, la del cumplimiento del deber sin esperar los aplausos de nadie, sin esperar la comprensión de nadie, sin esperar que el miedo se disipara de las almas agónicas de sus compatriotas. Y como muchos escritores acostumbran, José Rafael Pocaterra participó activamente en acciones concretas para desalojar al dueño de esta hacienda.

La confusión

Si algo caracteriza a este país en este momento es la confusión. Y el desorden mental. Los desesperados alegan que no se hace nada, pero cuando se les invita a una acción por banal que aparente ser, encuentran cualquier excusa. Como me dice alguien en la esquina, la más común es “todavía tengo a mis hijos pequeños”. Se quejan,  por ejemplo, de que la protesta contra el cierre de Globovisión será inútil como lo fue la ejercida en el caso de RCTV. La lista ejemplificadora de este aserto sería interminable.

Hay un miedo natural al ojo que vigila, al ojo represor, pero también contribuyen los que hablan. El dirigente estudiantil David Smolansky aseguró que “si cierran otro medio de comunicación el movimiento estudiantil volverá a la calle”, como si esto se tratara de un velorio donde se llora después de la muerte. La lógica -ahora retorcida y prácticamente inexistente- indica que se ejercen las acciones para impedir el cierre. Esto es, previamente. Esa declaración es igual a la de Ledezma declarando que “desde este momento estamos unidos” y en “estado de alerta”. Ya esas frases las he analizado, pero me toca adjuntar que las mismas se referían al seguro cierre del medio televisivo, obviando la expropiación que se hizo de absolutamente todo el territorio nacional.

Cuando Gómez la mitad de los intelectuales estaba en el gobierno y la otra mitad en el exilio o en las mazmorras. Uno escucha la entrevista que Globovisión le hizo a Domingo Alberto Rangel –debe ser la única en 40 años- y la diferencia con estos massmediáticos de hoy es abismal. Uno puede estar o no de acuerdo con este escritor de libros fundamentales, pero tiene que admitir que el análisis que produce es brillante y coherente. Quienes asistíamos a las sesiones del Congreso Nacional de los primeros años del período democrático quedábamos absortos escuchando a líderes de todas las tendencias en debates esclarecedores y pedagógicos, lo que no obviaba la dureza pero tampoco el posterior gesto de respeto.

El país se ablandó. La democracia produjo lo que podríamos llamar un “efecto colateral negativo indeseable”. Los escritores se dedicaron a beber y a medrar. La gente olvidó lo que era la política. La realidad de pobreza fue obviada. El desinterés por los asuntos públicos se hizo nulo. La única actividad que se permitían mis compatriotas confusos de hoy, era la de ir a votar.

Ahora quienes fungen de “dirigentes” están a muchísimos años-luz de una capacidad mínima para enfrentar este drama. Y lo más grave: el país se muestra incapaz de generar sustitutos. La inteligencia existe, sobre todo en el interior del país, pero no brota, o porque se niega o porque está contagiada del terror que inspira toda dictadura o porque no encuentra la manera.

Estamos en un callejón sin salida. Aquí el asunto no es escribir artículos con preguntas basadas en un desprecio por la capacidad de la gente, como ese que pregunta si es que usted hubiese preferido a Iztúriz en lugar de Ledezma como Alcalde Mayor. Aquí el asunto -ratificado por el inefable Rafael Ramírez al anunciar que “desalojarán” a Pérez Vivas de la gobernación del Táchira- es si se puede convivir o no desde cargos de elección popular con un gobierno dictatorial. Este callejón tiene una pared y es sobre esa pared que debemos ir. En dictadura se va a elecciones si se va a lograr un efecto político. Proclamar las elecciones como única vía para resistir es electoralismo, uno que oculta y dispara las sospechas.

Y siguen los errores de lenguaje que conducen a errores de comportamiento: a.- Américo Martín se empeña en seguir hablando de “disidentes”, ignorando la acepción del verbo disidir. “Disidente” es el que abandona lo aceptado, esto es, a la mayoría. Aquí no hay disidentes. Aquí lo que tiene que haber es gente que opone resistencia. b.- Se anuncia una “marcha” de la UCV para protestar por el recorte presupuestario y se precisa que ya se hicieron todos los contactos con las “autoridades”. ¿Hasta cuando “marcha”? Eso se llama manifestación y uno no va a ponerse de acuerdo con el agente represor. ¿Se le acabaron a la UCV la imaginación, el coraje y el talante? Acción, por lo demás, inútil, pues no les van a dar más dinero. Qué invente la UCV, si es que capacidad de invención todavía le queda. c.-La única cosa que preocupa a Petkoff son las elecciones parlamentarias. Da la impresión de que existen muchas otras cosas por las cuales preocuparse y no por si estos gentiles y educados caballeros se ponen o no de acuerdo para ofrecernos sus listados llenos de caras chamuscadas.

El país no es más que una mariposita de lluvia, una tarabita que se golpea contra las paredes sin saber que hacer o sabiéndolo incurriendo en omisión. Ese es el país sobre el cual el “padrecito” redivivo ejerce su “magisterio”. En el exterior se llama “Penis Cellphone” al celular que nos ha regalado la “revolución”, mientras se ejerce sobre el gentilicio venezolano toda clase de burlas. Recibo revistas, poemas, ensayos y toda clase de reacciones de amigos mexicanos alzados contra esa especie de apartheid que se aplica contra sus conciudadanos por el asunto de la epidemia de gripe. México todavía tiene corazón y voces.

Aquí somos muchísimos menos, pero seguiremos restregándole a este país su tragedia, produciendo análisis y sugiriendo acciones, mostrándole sus lacras y rebelándole sus miedos, señalándole sus fallas y conceptualizando sobre lo que deberíamos ponernos a construir.

teodulolopezm@yahoo.com

EL ODIO: Segundo disipador controlentrópico del caos social

odio

(*) Por Andrés  Moreno Arreche

RESUMEN:

Los disipadores del caos social pueden ser considerados, a priori como elementos del control social, que es el conjunto de prácticas, actitudes y valores destinados a mantener el orden establecido en las sociedades. Aunque a veces el control social se realiza por medios coactivos o violentos, el control social también incluye formas no específicamente coactivas, como los prejuicios, los valores y las creencias.  Entre los medios de control social tradicionalmente aceptados como tales están las normas sociales, las instituciones, la religión, las leyes, las jerarquías, los medios de represión, la indoctrinación, los comportamientos generalmente aceptados y los usos y costumbres (sistema informal, que puede incluir prejuicios) y leyes (sistema formal, que incluye sanciones).

La sociología moderna reconoce seis tipos de controles: El control físico, que es  la fuerza, la violencia, el castigo que se aplica al individuo que la sociedad determina está fuera de las normas establecidas; el control social primario y aquí nos referimos a la familia; el control político que se ejerce a través de las leyes, con la intervención del gobierno y con la aplicación de esas leyes; el control ético que se refiere a las costumbres; el control de clases también llamado ‘de las ocupaciones’ que se imbrica en la estructura misma de las sociedades y el control de las estratificaciones, un control que alude a otros aspectos, no solo económicos sino también culturales.

¿Dónde encaja ‘el odio’ como control social? ¿Por qué lo identificamos como un ‘disipador controlentrópico’ del caos social? ¿Hasta cuál punto el odio inhibe la entropía social y cuáles son las circunstancias que lo transforman en un disparador de la entropía? En el presente ensayo pretendemos arrojar luces sobre estas cuestiones para imbricar los resultados del análisis del odio a la formulación ulterior de un teorema del caos en la estructura social.

1.- APROXIMACIONES HACIA UNA TEORÍA DEL ODIO

Desde una perspectiva epistemológica, el enfoque cognoscente del odio es definido como un sentimiento negativo, de profunda antipatía, disgusto, aversión, enemistad o repulsión hacia una persona, cosa, situación o fenómeno, así como el deseo de evitar, limitar o destruir aquello que se odia. Así concebido, el odio se fundamenta en el miedo a su objetivo, ya sea justificado o no, o más allá de las consecuencias negativas de relacionarse con él. El odio se describe con frecuencia como lo contrario del amor o la amistad, pero otros investigadores sociales, como Elie Wiesel[1], consideran a la indiferencia como lo opuesto al amor. Para él, el odio puede generar aversión, sentimientos de destrucción, destrucción del equilibrio armónico y ocasionalmente autodestrucción, aunque la mayoría de las personas puede odiar eventualmente a algo o alguien y no necesariamente experimentar estos efectos.

Desde la historia de Abel y Caín, miles de relatos bíblicos y profanos nos recuerdan que el odio era un asunto pre moderno. Luego, en la modernidad, las batallas por la emancipación de los hombres, la formación de naciones y las disputas entre Estados nacionales, las empresas colonizadoras y la resistencia contra ellas son evidencias de que el odio no escaseó tampoco en esta época. Sin embargo, desde la Ilustración el furor y la crueldad vienen combinándose, más que nunca, con teorías dedicadas a explicarlos y contenerlos: la interpretación hegeliana de la historia como conflictos entre amos y esclavos, la marxista como lucha de clases, y las que trataron de dar cuenta de por qué colonizadores y colonizados, hegemónicos y subalternos, hombres y mujeres, se llevaban tan mal.

En esta proliferación de intentos por conjurar el odio, quizá el relativismo antropológico fue su elaboración más sofisticada. Ni bien terminada la matanza de la segunda guerra mundial, en 1947, la Asociación Antropológica Norteamericana, teniendo en cuenta “el gran número de sociedades que han entrado en estrecho contacto en el mundo moderno y la diversidad de sus modos de vida”, presentó a las Naciones Unidas un proyecto de Declaración sobre los Derechos del Hombre que aspiraba a responder a esta pregunta: “¿Cómo la declaración propuesta puede ser aplicable a todos los seres humanos y no ser una declaración de derechos concebida únicamente en los términos de los valores dominantes en los países de Europa occidental y América del Norte?” A partir de “los resultados de las ciencias humanas”, propusieron tres puntos de acuerdo:

1º) “El individuo realiza su personalidad por la cultura; el respeto a las diferencias individuales implica por lo tanto un respeto a las diferencias culturales”.

2º) “El respeto a esta diferencia entre culturas es válido por el hecho científico de que no ha sido descubierta ninguna técnica de evaluación cualitativa de las culturas” […] “Los fines que guían la vida de un pueblo son evidentes por ellos mismos en su significación para ese pueblo y no pueden ser superados por ningún punto de vista, incluido el de las pseudo verdades eternas”;

3º) “Los patrones y valores son relativos a la cultura de la cual derivan, de tal modo que todos los intentos de formular postulados que deriven de creencias o códigos morales de una cultura deben ser en esta medida retirados de la aplicación de toda Declaración de los Derechos del Hombre[2] a la humanidad entera!”.

Pero el odio no es necesariamente irracional o inusual. Para algunos psicólogos estructuralistas, odiar es razonable, entendiendo tal sentimiento como una aversión que se suele enfocar hacia la gente o a las organizaciones que amenazan la existencia, o que hacen sufrir, o cuya supervivencia se opone a la propia y entonces surge un sentimiento, que puede ser individual o grupal, a partir del cual se odia a lo que se opone a la salud y al bienestar.

Con la finalidad de permitir que surja una teoría psicoanalítica contemporánea del odio rencoroso y vengativo, debemos clarificar la distinción entre odio rencoroso y vengativo e impulso agresivo, y entre odio rencoroso y vengativo y rabia narcisista. Expuesto de forma diferente, debemos considerar hasta qué punto el odio rencoroso y vengativo es principalmente un derivado del impulso agresivo o un producto de descarga de él, tal como la psicología del yo a menudo sostiene. ¿O es el odio rencoroso y vengativo mejor conceptualizado desde el punto de vista de los teóricos de las relaciones objetales como resultado de la identificación proyectiva? ¿O es el odio rencoroso y vengativo un producto de fragmentación resultado de las fallas empáticas que amenazan la cohesión del self, desembocando en rabia narcisista, tal como los psicólogos del self han mantenido? Basando los intentos de re conceptualizar el odio rencoroso y vengativo en la teoría de sistemas motivacionales, miremos hacia las conceptualizaciones fundamentales de “impulso agresivo” y de “rabia narcisista”, para luego voltear la mirada en dirección a las “recompensas” del odio rencoroso y vengativo que identifican el poderoso y ubicuo lugar que el odiar tiene en la existencia humana, y para distinguir entre “el odiar” del uso común y el “odio rencoroso y vengativo”.

El impulso agresivo:

La interpretación freudiana de la agresividad pasó por tres fases sucesivas.
En un primer momento Freud interpretó el aspecto agresivo del comportamiento como parte constituyente del instinto sexual. Esto sucedía en el periodo inicial de sus estudios, cuando su atención se hallaba centrada en el instinto sexual, considerado el elemento fundamental en la aparición de las neurosis. Freud[3] consideraba que el componente agresivo consistía en la tendencia a querer dominar el objeto de amor, y que su origen era incierto.  Por consiguiente, según dicha hipótesis, la agresividad sería un aspecto del impulso sexual, y la agresión, es decir el comportamiento agresivo, un componente del comportamiento sexual, subordinado a este último y tendente a superar los obstáculos que pudieran interponerse en la consecución del placer. Sin embargo, más tarde Freud, a través de la observación más objetiva de los impulsos sádicos de sus pacientes y de los juegos de los niños, en ocasiones crueles con los animales, llegó a considerar la agresividad como un impulso agresivo autónomo, independiente de la sexualidad.

En esta segunda interpretación del fenómeno, la agresividad se configura como una manifestación de los impulsos del Yo, tendentes a la auto-conservación y al control de la realidad, y en concreto como una manifestación típica de tales impulsos en la superación de las frustraciones.  Básicamente la agresividad, en este momento del pensamiento freudiano, no se considera aún como un impulso autónomo, sino como una modalidad de expansión del Yo, regulable según los dictámenes de la realidad y tendente a proteger al individuo.

El desarrollo del pensamiento freudiano siguió luego otra dirección, poniendo de nuevo en discusión incluso este último planteamiento y llegando al punto final de su teoría de la agresividad, punto en que ésta es considerada como un impulso autónomo definido como “instinto de muerte” o “instinto de Thanatos” (que en la mitología griega es el dios de la muerte). El instinto de muerte se considera una tendencia que actúa en silencio, invade toda la vida de los individuos y se manifiesta en forma de impulsos agresivos, en origen orientados hacia ellos mismos (masoquismo) y sólo más tarde orientados hacia objetos externos (sadismo).
Según esta última hipótesis los instintos fundamentales humanos serían dos: el “instinto de vida” o “instinto de Eros’ (amor, en lengua griega), del que derivan los impulsos sexuales y que tiende a la conservación de la vida y a la obtención del placer, y el “instinto de muerte” o “Thanatos”, del que derivan los impulsos agresivos, expresión de la tendencia de toda la materia viva a volver al estado inorgánico, a la disolución, a la muerte.  El amor y el odio son las representaciones afectivas de estas dos tendencias. La vida aparece como la resultante del antagonismo y de la colaboración entre instintos de vida e instintos de muerte y por tanto entre amor y odio.

El pensamiento de Freud a tal respecto no se cuenta entre los más claros y sobre todo resulta difícil aceptar su particular concepto de la vida al servicio de la muerte, entendida como el estado en el que el organismo se libera completamente de toda tensión, el estado originado absoluto, anterior a la aparición de la propia vida. Él mismo aclararía en parte dicho concepto en sus escritos posteriores, en los que queda subrayado el papel que desempeñan los instintos agresivos en la vida psíquica individual y en la social. Se confirma, con cierto pesimismo, la existencia en el hombre de un poderoso deseo de agresividad que forma parte de los instintos humanos, por lo que la esperanza de quienes desearían erradicar las tendencias agresivas de los hombres, y de esta forma provocar la desaparición de la agresividad y de la violencia que alteran el armónico desarrollo de la sociedad, es una ilusión.

En el desarrollo del pensamiento psicoanalítico posterior a Freud[4], la hipótesis del instinto de muerte enfrentado al instinto de vida no fue en general aceptada, y se volvió a considerar la agresividad como impulso fundamental del hombre, con una base instintiva pero también, y sobre todo, con una función necesaria para la conservación de la vida. Según estos investigadores, el instinto agresivo no tiene nada que ver con el instinto de muerte de Freud, pero constituye la base de toda aspiración humana a la independencia y a la afirmación individual.

Más que con un instinto específico, la agresividad se relaciona con las necesidades típicas de exploración y de movimiento, tanto del hombre como del animal. Representa un modo y un medio a través del cual el hombre trata de extender su dominio sobre la realidad, de proteger su seguridad y de afirmar su propia identidad. La agresividad es en definitiva la expresión de una tensión más general del hombre a dominar el ambiente y a auto-realizarse, y su transformación en destructividad o en violencia es sinónimo de una falta de adaptación a la realidad. La destructividad y la violencia no formarían por tanto parte de la naturaleza del hombre, sino que serían más bien el resultado de un cierto tipo de educación y de aprendizaje, los síntomas de una mala adaptación a la realidad. Según dicha teoría, esta falta de adaptación tiene sus raíces en la infancia y se va agravando con el desarrollo de la persona, debido a la ausencia de compensaciones (o satisfacción a sus requerimientos) y por intolerancia ante las frustraciones.

Concluimos que la agresión en el ser humano no es, entonces, un instinto autodestructivo, ni tampoco es un instinto impersonal. La respuesta agresiva humana se da en dos circuitos: El circuito neurofisiológico infra consciente y el circuito auto consciente.  En una persona sana, la respuesta fisiológica automática al estímulo amenazante queda subordinado, integrado en la respuesta consciente y aún modulado por ella.  En este punto, la respuesta humana agresiva no difiere de una gran cantidad de conductas humanas, como la percepción, en donde se integran procesos neurofisiológicos involuntarios y voluntarios, dominados por el Yo consciente.

La etología moderna establece la función positiva del impulso agresivo para la sobrevivencia del gen y rechaza la noción de un instinto de muerte autodestructivo. Esta idea (la de un impulso masoquista primario) con una función autodestructiva ha sido criticada también por teóricos psicoanalíticos como Reich, Fairbairn y Bowlby[5], aunque este último acepta la noción de un impulso autodestructivo innato y ubica el origen de la agresión y la angustia en las relaciones objetales: Ira y angustia.

La rabia narcisista:

Toda frustración puede provocar algún tipo de angustia narcisista y de agresividad como respuesta o reacción de un Yo amenazado en su integridad, que procura reestructurar la imagen de Si del sujeto elevándola a un plano de superioridad y fuerza. Esa furia narcisista es una impugnación al Otro y su destitución a un plano inferior, procurando recomponer el balance, la homeostasis narcisista. La envidia kleiniana[6] se puede pensar desde esa perspectiva del narcisismo: el displacer narcisista, extrema frustración narcisista al compararse el sujeto en su inferioridad con la omnipotencia del otro, que lo posee todo. Esto genera una extrema agresividad que procura invertir la relación subjetiva.

Los trastornos narcisistas se presentan como un malestar difuso que lo invade todo, un sentimiento de vacío interior y de absurdidad de la vida. La crispación neurótica se sustituye por la flotación narcisista, y al acercarse a la terapia, la actitud de estos pacientes no es la de quien está pidiendo ayuda, sino la del que inicia un espectáculo en el que va a exhibirse.  Las frustraciones, la crítica en su entorno y los aspectos desplacientes de la realidad, pueden provocar reacciones llamadas de “rabia narcisista”, por lo desproporcionadas y violentas. Dichas rabias pueden obnubilar la conciencia y a veces crear reacciones francamente psicóticas, aunque transitorias y con características paranoicas.

La rabia narcisista entiende la agresividad como instrumento-tecnología-estrategia del sujeto sobre el otro y sobre sí mismo: ella opera de ese modo procurando reestructurar la imagen de sí del sujeto y la del otro concomitantemente, porque la agresividad en general significa fuerza, poder y razón (el que se enoja esgrime el enojo como prueba de que tiene razón). De ese modo el agresivo se representa o imagina a sí mismo como fuerte, potente y razonable.

Cuanto más extenso y calificado es “el eje del mal”, más justifica el agresor su agresividad, sobre todo si su palabra ha perdido eficacia mutativa. Esta dimensión instrumental, tecnológica –estratégico de la agresividad narcisista es estrictamente intersubjetiva: es un modo de relación con el otro y de acción sobre él, procurando someterlo al deseo del sujeto. Es un instrumento de poder dentro de la estructura narcisista del sujeto, aunque persiga también fines sexuales.

Este es el lado performativo, realizativo, pragmático, conativo y comunicativo de la agresividad, distinto del expresivo – afectivo; no podemos perder de vista que la agresividad es como una modalidad de discurso y como tal posee las funciones del mismo; no es mera afectividad o simple expresión de un afecto. Es como una discursividad, como una racionalidad instrumental, consciente e inconsciente, próxima a la voluntad de poder nietzscheana, cuyo objetivo final consiste en asegurar el poder sobre otro sujeto, el dominio sobre el objeto en eco con la pulsión de apoderamiento freudiana o con fantasías mágico omnipotentes.

El odio como rencor vengativo:

Spinoza[7] da, respecto del odio, una definición opuesta a la que establece para el amor, pero formalmente similar. Escribe al respecto:

“El que imagina que aquello a que tiene odio está afectado de tristeza, se alegrará; si, por el contrario, lo imagina afectado de alegría, se entristecerá; y uno y otro afecto será mayor o menor según sea mayor o menor el afecto contrario en aquello a que tiene odio”.

Nótese que, cuando alguien se alegra por la tristeza ajena, ese sentimiento puede manifestarse en forma de burla, mientras que, cuando alguien se entristece por la alegría ajena, estamos en presencia del sentimiento de la envidia. Por lo que podemos decir que el odio es una actitud que se manifiesta en forma de burla y envidia, al menos desde un punto de vista general. Spinoza escribió:

“Estos afectos de odio y otros similares se refieren a la envidia, que por eso no es nada más que el mismo odio, en cuanto se considera que dispone el hombre de tal manera, que se goce en el mal de otro y que, por el contrario, se entristezca del bien de ese otro”

Fernando Savater[8], en un ensayo sobre la ira, sostiene que del otro lado están la paciencia y el humor: convoca a la espera que ayudará a “intervenir en el cambio de circunstancias”, y a aligerarse con una “representación humorística de las cosas”. En el Diccionario de los Sentimientos[9], José Antonio Marina y Marisa López Penas definen al odio en el territorio de los deseos, sobre todo el de “hacer daño”, debido a “un temperamento frío” o al resentimiento acumulado con rencor.

Mientras que la mayoría de los analistas no subscribirían la creencia en un instinto de muerte que empuja al ser humano hacia un odio asesino dirigido hacia el propio self, o de forma protectora, proyectándolo hacia afuera en forma de odio asesino hacia los demás, muchos relacionarían ambas tendencias destructivas con un impulso agresivo[10]. Fenomenológicamente, el odio maligno (Gabbard [11]), tiene innegables cualidades de presión arrolladora y es parecido al impulso, con poca o ninguna capacidad para la conciencia reflexiva. Para ocuparse del supuesto ampliamente aceptado, basado en la teoría dual de la pulsión, de que el odio rencoroso y vengativo es un derivado de un impulso agresivo primario, es necesaria una apropiada propuesta alternativa apoyada en la investigación y observación del desarrollo infantil.

La teoría de los sistemas motivacionales ofrece esta alternativa: en la infancia más temprana (en realidad en el útero) un sistema motivacional aversivo se desarrolla en respuesta a la necesidad de reaccionar con antagonismo y/o retirada frente a cualquier estímulo distónico interno o externo. Cualquier falla de regulación de cualquier otro sistema –no responder a necesidades fisiológicas, a la intimidad de apego, a la exploración y afirmación de preferencias, o al placer sensual- hará que el infante se lamente, pelee, llore, amenace con el puño, frunza el ceño, se estremezca, desvíe la mirada, retroceda, se ponga rígido, o se ponga flácido. Cuando los cuidadores  responden a estos afectos, gestos, y conductas, eliminando la causa de la aflicción o, por lo menos, quedándose a su lado  y reconfortándolo (sirviendo como función contenedora (Bion,[12]), el sistema aversivo, durante el primer año de vida, se organizará en torno a  señales efectivas.

El enojo es una respuesta a la frustración y puede extinguirse si la frustración se supera o es eliminada. La rabia puede también ser desencadenada por la frustración pero implica un sentimiento de herida narcisista, una ofensa al orgullo, una vergüenza y humillación al sentido del self. El estado de rabia, con su contracción muscular y aumento en el latido cardíaco y presión sanguínea, elimina la sensación de indefensión asociada con el dañado sentimiento del self y lo sustituye por un provisional sentimiento de omnipotencia e invulnerabilidad.

¿Qué causa el odio? Charles Darwin decía que sus raíces estaban en la venganza y en la defensa de los intereses propios. “Si hemos sido o esperamos ser agredidos por alguien (…) ese alguien nos será desafecto; y el desafecto se convierte fácilmente en odio”, dijo aquel científico.

Erich Fromm[13] coincide –esta vez desde la Psicología- con la visión de Darwin: el odio surge como respuesta a la “amenaza (de alguien o de algo) a los intereses vitales de una persona”. Finalmente, Isaiah Berlin, el célebre historiador de las ideas, aseguraba que el origen de la xenofobia y de su sucedáneo más terrible –el nacionalismo- está en el sentimiento de humillación que un grupo de personas pudiera sentir a causa de otro grupo de gente.[14]

Según parece, la capacidad de odiar forma parte de la condición humana y se alimenta de sus miedos más atávicos y de sus pulsiones más primitivas.  En sus escenarios de odio rencoroso y vengativo las personas se mantienen en el pasado e imaginan venganzas en el futuro. Episodios recientes que generan dolor, decepción, envidia, vergüenza, turbación, humillación, y culpa, son absorbidos dentro del escenario. El odio rencoroso y vengativo mantiene una relación similar respecto al odio como el amor romántico respecto al afecto. Desde la infancia en adelante podemos sentir, si bien no originalmente expresado en palabras, “eres bueno conmigo; te quiero”; o, “me haces daño; estoy enojado contigo”.  Enojo, rabia, odio (aversión intensa) y temor, son experiencias afectivas de infantes y adultos. El odio rencoroso y vengativo, como escenario, es un desarrollo posterior que requiere maduración del cerebro y desarrollo de cruciales capacidades cognitivas.

Al igual que otros escenarios “de ambición”, lo que los niños y los adultos esperan que ellos puedan realizar en el futuro, un escenario de odio rencoroso y vengativo existe como un marco al que se acude de forma recurrente para repetidas revisiones, tanto como fuente como resultado. A veces las fuentes de la herida desencadenante son ostensibles y obvias pero, a menudo, son exquisitamente particulares para cada individuo. Dado que las fuentes son elaboradas en la mente de la persona herida pueden ser difícilmente revelables por el riesgo de que no sean aceptadas por otros, y por el riesgo de un daño vergonzoso adicional.

George Eliot[15] resumió muchas de estas observaciones en Daniel Deronda:

“La amargura del odio rencoroso y vengativo es a menudo tan inexplicable para los observadores como el desarrollo del amor devoto, y no sólo parece sino que no tiene relación directa con ninguna causa externa que se pueda alegar. La pasión es de la naturaleza de la semilla, y encuentra alimento en su interior, tendiendo a un predominio que atrae toda corriente hacia sí misma y hace de toda la vida su tributo.  La forma más intensa del odio rencoroso y vengativo es la enraizada en el temor, el cual obliga al silencio y fuerza un deseo vehemente de venganza no expresada, una aniquilación imaginaria del objeto detestado, algo parecido a los ritos ocultos de venganza con los cuales los perseguidos han hecho salir secretamente su rabia y han aplacado su sufrimiento hasta enmudecerlo (p.576).

En otro pasaje repite los temas de un sentimiento de impotencia frente a la expresión directa del enojo y la recompensa sustitutiva de la venganza:

Lydia…devoró su impotente ira…, pero no podía…irse del todo sin la recompensa de haber hecho una aparición de Medusa frente a Gwendolen, encontrando su deseo de venganza y sus celos alivio en una descarga de ponzoña” (p. 514).

Pao (1965), el primero de muchos autores psicoanalíticos contemporáneos en comentar estos patrones, ofreció una formulación notablemente penetrante. Pao afirmó que el odio rencoroso y vengativo, al vincular el pasado con el futuro, establecía un sentido de continuidad.

“Odiar es sentir algo, lo cual es mucho mejor que sentirse con falta de propósito, vacío, amorfo, o abrumado por ansiedades. El odio rencoroso y vengativo puede transformarse en un elemento esencial del cual uno deriva un sentido de mismidad y sobre el cual uno formula su propia identidad” (p.260).

Pao señala que la persona que odia está acosada por miedos y se siente tironeada en diferentes direcciones. La persona que odia siente que sería desastroso ofender al objeto de su odio, al cual adscribe omnipotencia y omnisciencia. Pero se siente agraviada y quiere desquitarse.

“De esta forma se encuentra en un estado de esclavitud. Si se mantiene cerca…,podría dejar al descubierto su odio rencoroso y vengativo y provocar la cólera del objeto, el cual podría aplastarle….Si intenta evitar al objeto odiado se está privando del necesario suministro libidinal. Metido en un dilema, la persona que odia se siente atrapada” (pp. 258-259).

El más severo y dominante de los afectos que en conjunto constituye la agresión como pulsión es el elaborado afecto del odio. Otto Kernberg[16] ve al odio rencoroso y vengativo como un afecto crónico y primitivo que desemboca en la negación primitiva y la anulación de funciones cognitivas. Kernberg advierte que los analistas deben ser conscientes de cuatro respuestas contra transferenciales: el retirarse emocionalmente ante el odio rencoroso y vengativo; el identificarse con la victimización del paciente y su desplazamiento de la agresión fuera de la transferencia; someterse de forma masoquista al odio rencoroso y vengativo del paciente con un eventual acting out agresivo; u oscilar entre tratar de generar comprensión por parte del paciente y retraerse. Es interesante que Kernberg no incluya el odiar al paciente.

Lazar (1996) afirma que, cuando el odio rencoroso y vengativo es buscado como una meta en sí misma, el analista debe determinar su significado subjetivo. ¿Es el odio rencoroso y vengativo una protesta por las necesidades motivacionales no satisfechas que el paciente quiere que el terapeuta reconozca? ¿O es el odio rencoroso y vengativo una negación de necesidades insatisfechas que el paciente quiere que el terapeuta también niegue a través de una gratificación directa? ¿Es el odio rencoroso y vengativo un deseo de reconocimiento de una tragedia o un intento de seducir al terapeuta hacia una repetición actuada?

Otra contribución a la comprensión del odio rencoroso y vengativo surge de una serie de estudios sobre la vergüenza (Wurmser, 1981; Morrison, 1989; Broucek, 1991; Lewis, 1991) Estos autores sugieren que los niños que fueron víctima de abuso, excesiva arrogancia y desprecio, experimentan una  vergüenza punzante. El estado afectivo de vergüenza baja la autoestima y transforma situaciones ordinarias en fuente de aversión. El odio rencoroso y vengativo se transforma en una vía para apartar la impotencia que conlleva la vergüenza. La paradoja es que mientras que la búsqueda secreta del odiar puede, de forma exitosa, evitar el impacto de la vergüenza que surge de cualquier fuente como la envidia, el miedo, o el auto-desprecio, la revelación a otros de la magnitud de la malignidad de la persona que odia y el deseo de venganza puede volver a desencadenar una vergüenza intensa. El potencial para una respuesta caracterizada por un estado de vergüenza debe ser también considerado y cuando hay una demasiado prematura confrontación con el escenario de odio rencoroso y vengativo del paciente.

El odio brota de la certeza de haber sido estafado, acosado, denigrado y llevado al abismo y, sin embargo, hace de este proceso una pasión que concentra sus ansias de conocimiento en un solo hecho, renunciando al saber del todo por profundización en una sola parte. Además el odio sólo tiene como destinatario a alguien a quien se ha querido, o al menos con quien se ha simpatizado o se ha sido solidario. Parafraseando a Rasinari, el odio es lo irrevocable en el momento que ya no podemos renovar nuestros pesares.

Desde el punto de vista del sistema aversivo, el odio rencoroso y vengativo no sólo sirve como medio para expresar antagonismo de forma placentera, sino que también provee una manera de evitar cualquiera y todos los afectos displacenteros. Una vez formado, el escenario de odio rencoroso y vengativo puede ser evocado de forma consciente, o tan automáticamente como para estar fuera de la consciencia, en cualquier momento que el paciente se sienta amenazado por el sufrimiento de cualquier afecto negativo como la envidia, la vergüenza, la desilusión, el miedo o la depresión. Como muchos han indicado, una razón para atesorar un escenario de odio rencoroso y vengativo, es que en vez de experimentar el dolor de la victimización, la persona que odia experimenta la fuerza de su cólera y el placer de su eventual triunfo final.

Queda claro, entonces, que el odio es una pasión por el conocimiento. Aparte de ello hay otra faceta que no ha sido debidamente apreciada, a saber: su voluntad pedagógica. Es falso que el sujeto que odia desee el mal (cualquier mal) del odiado. No es suficiente que una bala perdida aniquile al odiado, ni que una teja le destroce; ésos son accidentes que  aniquilan el acceso a la esencia del odio.  El odiador puro, el odiador sabio, sólo desea reciprocidad, es decir, que al otro le suceda lo mismo que ha padecido para que así pueda comprender el dolor que causó, aun a sabiendas de que es una misión imposible y de que, por otra parte, jamás se podrá ser tan miserable como el odiado.

Según afirma Héctor Subirats no se entiende la mala fama del odio cuando se analizan sus atributos y sus virtudes:

“Frente al sobrevalorado amor, el odio es un sentimiento que pide muy poco a quien lo ostenta y que ofrece a cambio una fidelidad duradera e insobornable”.

Pero el odio no es sólo un sentimiento individual. Como otros sentimientos, el odio está socialmente organizado. Marina y López Penas se refieren brevemente a “la tribu del odio”, como formas primarias de manifestar misoginia, misantropía y misoneísmo: rechazo a las mujeres, a la sociedad y a lo novedoso. El odio queda, así, asociado a algún tipo de arcaísmo. Los odios prototípicos, sostiene André Glucksmann[17], son milenarios, como los dirigidos contra las mujeres y los judíos, y sus ejecutores más fervientes son quienes se aferran a esa costumbre antigua de fanatizarse con un dios o querer serlo. Sin embargo, odiar es parte de la organización social de los sentimientos en la alta modernidad, reaparece y se complejiza en las interacciones entre grupos y países avanzados, adquiere nuevas formas en la globalización.

La base de apego del odio rencoroso y vengativo predomina en el intercambio clínico, pero la base afiliativa del odio rencoroso y vengativo grupal predomina en el mundo en general. Escenarios de odio rencoroso y vengativo, como un componente de experiencia grupal, en la forma de generaciones que emplean metáforas de odio rencoroso y vengativo para establecer lazos de hermandad, es la fuente de la enemistad de clan, tribal, racial, de género y nacionalista. Para finalizar, el escenario de odio rencoroso y vengativo, cuando está motivado afiliativamente, se vuelve valorado por la experiencia de vitalidad que conlleva el compartir, más que cuando está motivado por el apego y nutrido de forma privada. Las medidas de corrección de los escenarios de odio afiliativos suponen amplios acercamientos culturales

2.- LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE LOS ODIOS

La primera condición de una sociedad que se precie de ser democrática es la posibilidad que tienen sus integrantes de disentir y de aceptar el juicio distinto de otras personas, aún en temas fundamentales, sensibles, controversiales y trascendentes. La tolerancia al otro es la aceptación de su existencia y derecho a ser: como sea, como quiera. La tolerancia obliga a las formas más acabadas de la civilización. Sustituye por ejemplo, la acción directa por el diálogo; el enfrentamiento hasta abatir al contrario por el debate; el imperio de la fuerza por la diplomacia y por último, la guerra por la política. Obliga, en una palabra, a reconocer que la vida en sociedad es más el producto de lo que tenemos en común, de nuestro piso mínimo de acuerdo que es la posibilidad de negociar nuestro espacio vital con el otro, que la sustracción generada por la división y encono que nos encierra en un laberinto cruel.

A pesar de esta condición primigenia de la sociedad, ésta desarrolla – como planteamos en el cierre del epígrafe anterior – componentes grupales de odio rencoroso y vengativo como un vórtice extraño, un caos social que se auto organiza y produce patrones ordenados. Entonces surgen formas sociales estructuradas a partir de un punto de bifurcación, momento en el cual se crea un rizo de retroalimentación negativa (el odio social, en todas sus manifestaciones) y el sistema social se transforma a sí mismo.  Para investigadores sociales de la talla internacional de André Glucksmann[18], no hay dudas en que el odio está presente en la construcción social: “El odio existe; el odio no respeta nada; el odio juzga sin escuchar; el odio no atiende a razones; odio, luego existo” asegura André Glucksmann en su libro “El Discurso del Odio”, en cuyo prólogo podemos leer:

“El odio no es algo nuevo, ya hemos visto a Medea sublimando el nefas como acto de autoafirmación supremo. Desde la Antigüedad el grito de odio roza la eternidad. El odio se nos sirve ahora en odres nuevas, pero es el mismo odio que arrastró a millones de judíos por las vías de la muerte. Está presente entre nosotros, agazapado, buscando nuevas almas en las que inocular el veneno autodestructivo que lleva a la furia de la devastación nihilista. Su poder es, sin embargo, mayor, en cuestión de segundos es capaz de arrasar ciudades. De poner de rodillas a su imaginario enemigo. ¿Why not? Responderá un joven combatiente liberiano de trece años a la pregunta de si no le daba miedo matar con su kalashnikov a sus hermanos, a sus padres”.

El odio suele ser, con insistente frecuencia, el preludio de la violencia. Antes de la guerra, suele ser útil enseñar a la población a odiar a otra nación y a su régimen político. Para el apresto al combate, es común inculcar odio en los soldados, porque el odio hacia el enemigo trastoca las realidades del objeto del odio, deformando sus debilidades, sus amenazas y su realidad objetiva. En el nazismo, por ejemplo, se buscó aumentar el odio que la sociedad alemana ya tenía hacia el judío y eso condujo a una matanza de enormes proporciones que hoy conocemos como ‘El Holocausto judío’.

Por lo tanto, odiamos lo que no podemos amar, tener o controlar. Es por ello que el odio sigue siendo el principal motivador de los conflictos armados, como la guerra (en cualquiera de sus generaciones y simetrías) y el terrorismo de cualquier denominación. La propaganda política ha incitado, con relevante éxito, al odio hacia determinado pueblo o hacia alguna nación, fe o régimen político, y en la construcción social de un particular tipo de odio, como la xenofobia, el antisemitismo, la intolerancia, el etnocentrismo, provocado por la crisis económica mundial, la presión de los movimientos demográficos, las guerras, los cambios radicales en los países del Este, el lento y difícil proceso de unión Europea, y esencialmente, por la inseguridad y el miedo futuro ante el desempleo y la pobreza que se radicalizan en los países del llamado Tercer Mundo.

La paranoia del rencor que genera la propaganda del odio se dispersa fácilmente entre la población y la vuelven dócil. El odio avanza a paso redoblado porque es el método de los poderosos para mantener vigente el proceso controlentrópico en las sociedades. Las explicaciones socioeconómicas al uso, la miseria, la pobreza, el analfabetismo, son fruto de una tesis mayoritaria biempensante de que el odio mayúsculo no existe. Todo se explica, se comprende, se excusa: El pedófilo deja de ser el agresor de menores para transmutarse en otra víctima de una infancia desgraciada. El asesino de ancianas se autoexime arguyendo una presunta necesidad de dinero para alimentar a unos hijos que en la realidad tiene pero que abandonó hace años. Los violadores de barriada se consideran los hijos de la tasa de desempleo nacional. Mentiras mil veces repetidas como coartada de una condena del “sistema”, según la vulgata marxista, capitalista y, como alienación judeocristiana.

Contrario a ese pensamiento único del odio mesiánico, que bajo la apariencia de insurrección contra la miseria y la globalización, esconde un catecismo revolucionario que busca derrocar el “sistema” movilizando ideológicamente a las masas en nombre de la raza, la nación, la clase o Dios, Glucksmann nos recuerda que el odio sí existe. Incluso, en ocasiones, antes de esa redención que ejercen los medios, se nos aparece desnudo bajo la crudeza del horror. En Manhattan, en Atocha, en Beslán, en Londres, en Ruanda, en Liberia, en Chechenia…En tantos sitios, muchos de ellos olvidados por esa conciencia mundial que sólo acierta a vislumbrar la muerte allí donde puede magrearla a su propia conveniencia.

El racismo

La construcción social de los odios tiene una primera instancia histórica: El racismo. El término ‘raza’ ha sido utilizado en la cultura de las sociedades occidentales desde el momento del primer encuentro con pueblos de características externas diferentes. Desde entonces, hasta la segunda mitad de siglo XX se establece una jerarquía entre las “razas” basándose en diferencias observables: el color de la piel, la forma del cráneo, del cabello, la estructura física. A partir de ahí comienza el postulado de los odios sociales a partir de la existencia de diferentes razas; clasificando de esta manera los grupos humanos por sus características biológicas en superiores e inferiores.

A lo largo de la historia, sobre todo con la conquista y colonización de América y África, culminó el poder y supremacía de la raza blanca, con su religión monoteísta, que se consideraba por si sola única y absoluta, y lo que es peor, excluía totalmente cualquier otra forma de vida sociable, cultural y religiosa (gitanos, judíos, indios, luego negros, pueblos de religión islámica, eslavos etc.) Los prejuicios hacia estos pueblos tienen sus raíces ahí y se mantienen hasta hoy.

La escalada de manifestaciones racistas, basadas sobre todo en los prejuicios y estereotipos formados durante la historia de las sociedades occidentales, es larga y dependiendo del país, afecta a las creencias, sentimientos y comportamientos personales (antipatía, odio, desprecio, agresión física). Pero además a través de las estructuras gubernamentales se asienta la exclusión social, la discriminación, la privación de derechos, la segregación. Finalmente las manifestaciones racistas en muchos países, hoy llegan a su punto más dramático en las agresiones, la violencia, expulsiones, matanzas, limpieza étnica y exterminio. En época de tensiones, utilizar al extranjero, al inmigrante, o la minoría como “chivo emisario” para descargar tensiones, y no afrontar los problemas socio-económicos reales es un antiguo recurso histórico de los sectores más reaccionarios de la historia.

El racismo –es decir el fútil convencimiento de que hay grupos étnicamente superiores a otros- es una noción relativamente nueva. Fue cultivado con fines políticos a partir de las tesis nacionalistas de Johann Gottlieb Fichte[19] a inicios del siglo XIX. La ascendencia común, la ocupación de un territorio por largo tiempo, las tradiciones, recuerdos y costumbres fueron presentados por este pensador como elementos constitutivos de una nación.

El odio ‘nacionalista’ del chauvinismo:

El odio social original, generado y exacerbado por el racismo político de Johann Gottlieb (un odio racial que mantuvo su vigencia hasta muy entrada la modernidad, representado en el terrorífico apartheid surafricano, iniciado en la Guerra de los Boers y finalizado con la elección del  Nelson Mandela a la Primera Magistratura de Suráfrica) involucionó sutilmente hasta generar una nueva bifurcación en la sociedad occidental: El chauvinismo social, la más reciente y permanentemente actualizada construcción social de odios.

Se llama habitualmente chovinismo como también chauvinismo, (del personaje teatral de patriota francés Nicolás de Chauvin) a la creencia narcisista próxima a la paranoia y la mitomanía de que lo propio del país al que uno pertenece es lo mejor en cualquier aspecto. El nombre proviene de la comedia La cocarde tricolore de los hermanos Cogniard, en donde un actor, con el nombre de Chauvin, personifica un patriotismo exagerado.

El chovinismo resulta un razonamiento falso o paralógico, una falacia de tipo etnocéntrico o de ídola fori. En retórica, pues, constituye uno de los argumentos falsos llamados ad hominem que sirven para persuadir con sentimientos en vez de con razones a quienes se convencen más con aquellos que con éstos, y como tal se utilizó frecuentemente por parte de los políticos para persuadir a las masas. Nació fundamentalmente con la creencia del romanticismo en los “caracteres nacionales” o volkgeist[20], si bien los griegos ya se burlaban de quienes pretendían que la luna de Atenas era mejor que la de Éfeso; psicológicamente, sin embargo, se trata de un sistema delirante que esconde un sentimiento neurótico de inferioridad en forma paranoica (en su manifestación de delirio de grandeza) muy asentado en la naturaleza humana. Suele considerarse como una señal de nacionalismo y como tal suele ir acompañada de la manía persecutoria de echar las culpas siempre a otros de lo malo que se pueda encontrar en la nación de uno. Erich Fromm, León Poliakov y Jon Juaristi[21] han estudiado las manifestaciones más perversas y peligrosas del chauvinismo, que pueden ir asociadas a ideologías totalitarias xenófobas y racistas.

En Europa, la caja resonante del chauvinismo fue  -y lamentablemente continúa siendo-  España. Aún se pueden escuchar nítidamente, en las calles y los andenes del ‘subte’ de Madrid (y en muchísimas otras ciudades y en pueblos de la provincia ibérica) expresiones como “moros, sudacas, negratas”… Los españoles enseguida ponen nombres despectivos a los extranjeros, especialmente si son pobres y van a quedarse. Es una lamentable tradición histórica de siglos, como lo evidencia el epíteto “gavachos”, un término que identificaba a los franceses pirenaicos, rústicos y palurdos, que desde el siglo XV, y aún antes del descubrimiento de América por los españoles, cruzaban la frontera para intentar prosperar en el norte de España.

Más allá del racismo y del chauvinismo, el proceso controlentrópico de las sociedades encontró un nuevo elemento para construcción social del odio: la homofobia, la discriminación social por motivo de género (si… la homosexualidad ya está siendo considerada ‘un género’, el tercero), especialmente en colectividades conservadoras, apegadas fuertemente a la religiosidad, tradicionalistas y machistas.

El odio a las diferencias somato-sexuales: La homofobia.

El término homofobia se refiere a la aversión, odio, miedo, prejuicio o discriminación contra hombres o mujeres homosexuales, aunque también se incluye a las demás personas que integran a la diversidad sexual, como es el caso de las personas bisexuales o transexuales, y las que mantienen actitudes o hábitos comúnmente asociados al otro sexo, como los metrosexuales. El adjetivo correspondiente es homofóbico y el sustantivo que designa al sujeto homofóbico es homófobo.

Homofobia no es un término estrictamente psiquiátrico y no obstante ello pareciera que genera conductas delictuales asociadas a casos de la clínica psiquiátrica, pues se calcula que cada dos días una persona homosexual es asesinada en el mundo debido a actos violentos vinculados a la homofobia. Amnistía Internacional ha denunciado recientemente que en más de 70 países se persigue aún a los homosexuales, y en ocho de ellos (todos con gobiernos teocráticos musulmanes) son condenados a muerte.

Existe cierto relativismo sobre lo que abarca el concepto de homofobia. Así por ejemplo, los que rechazan las políticas de igualdad (entre personas de diferente orientación sexual) consideran que ese rechazo no es homofobia, sino simplemente una opinión igualmente respetable como la aprobación. Sin embargo parece indiscutible que todas las personas deben tener los mismos derechos sin distinción por razón de sexo o sexualidad, y por lo tanto negar ese reconocimiento sí parece ser una forma de homofobia.

La homofobia ha sido un proceso controlentrópico social casi desde el inicio de la humanidad. La sodomía en la Edad Media y en la Edad Moderna incluía a diversos «actos contra natura», pero principalmente era empleado en el caso del sexo anal. El origen del término está en la Biblia, en la historia de Sodoma y Gomorra. La identificación del «pecado de Sodoma» con el sexo anal y no con la falta de hospitalidad o la lujuria en general, se documenta por primera vez en san Agustín (354-430). No será hasta el siglo XI que aparezca la palabra «sodomía» en el Liber Gommorrhianus del monje benedictino Petrus Damianus[22], para el que la palabra incluía todas aquellas actividades sexuales que no servían para la reproducción. Debido a que las palabras para denominar la homosexualidad no aparecieron hasta el siglo XIX, se empleaba el término «sodomita» para denominar a los hombres que tenían relaciones sexuales con otros hombres. Las lesbianas eran ignoradas en gran medida, aunque mujeres que practicasen el sexo anal también caían bajo el epíteto «sodomita».

Las primeras persecuciones de homosexuales por sodomía son de mitad del siglo VI, cuando el emperador bizantino Justiniano y su esposa Teodora prohíben los «actos contra natura» por motivos políticos, amparándose en razones religiosas. La ley preveía como castigo la castración y el paseo público por las calles. No hay pruebas de que la iglesia ortodoxa jamás apoyara el edicto.

Hasta el siglo XIII la sodomía no era castigada en la mayoría de los países europeos, no era más que de tantos pecados que aparecían en los textos eclesiásticos. La actitud cambió en el transcurso de las cruzadas, en las que la propaganda anti-islámica identificaba a los musulmanes con sodomitas que violaban a obispos y niños cristianos. Poco después se identificaba la sodomía con la herejía y entre 1250 y 1300 se introdujeron leyes que castigaban con la muerte el pecado. Estas leyes se emplearon sobre todo como herramientas políticas, como fue el caso de los templarios o del asesinato de Eduardo II de Inglaterra, o en casos de peligrar la paz social, como en casos de violaciones o pederastia. En general, la homosexualidad estaba bastante extendida, siendo el elemento clave la discreción. En algunos lugares, como Londres y Ámsterdam (en 1730 y 1733), se dieron olas de persecución contra los sodomitas.

En España se encargaban de los castigos los tribunales civiles de las ciudades, que hasta época de los Reyes Católicos castigaban con la castración o la lapidación, castigo que más tarde se modificaría por la quema en la hoguera, para los casos más graves. La Inquisición española sólo se encargaba de juzgar la sodomía en la Corona de Aragón. En general, lo comentado para Europa es válido para España, con la diferencia de que no fueron las cruzadas sino la percepción de los reinos peninsulares musulmanes lo que llevó a identificar la sodomía con el islamismo y la herejía.

Las leyes contra la sodomía se convirtieron en una sólida construcción social de odios y se mantuvieron en los países europeos, también en las naciones occidentales, hasta los siglos XIX y XX. En Francia, las leyes contra la sodomía fueron anuladas durante la Revolución Francesa. En Inglaterra, Enrique VIII de Inglaterra introdujo la Buggery Act en 1533, que castigaba la sodomía (llamada uggery) con la horca. La ley no fue eliminada hasta 1861, y en Alemania, el párrafo 175 que penalizaba las relaciones homosexuales no fue completamente abolido hasta 1994.

Pero la homosexualidad continúa penada legalmente en la India, en ciertas zonas de África, así como en otros países como Nicaragua, Guyana, Malasia, Papúa Nueva Guinea, algunas repúblicas de Asia central y en un gran número de países islámicos (Oriente Próximo y Medio, norte de África). La pena de muerte por tener relaciones homosexuales o por sodomía sigue vigente en Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Irán, Mauritania, algunos estados del norte de Nigeria, Somalia, Sudán y Yemen.

En el caso de los Emiratos Árabes Unidos, las relaciones sexuales extramatrimoniales se pueden condenar con la muerte y el artículo 354 del código penal federal, que trata de la violación de mujeres y hombres, incluye al sexo anal consensual entre hombres. En algunos países o regiones en las que se aplica la Sharia, como es el caso de Afganistán, donde las leyes sobre la homosexualidad no están claras, la sodomía puede ser castigada a muerte por lapidación.

Todas estas leyes, disposiciones y normas que penalizan la homosexualidad son instrumentos que facilitan, promueven e instauran el odio. Un odio que disipa la entropía que genera la diversidad, en este caso la diversidad sexual, y que se contextualiza en las sociedades para evitar a toda costa, la primera manifestación de la entropía representada por la Ley del Vórtice, y que indefectiblemente desemboca en el caos, entendido éste como “el caos de la creatividad de la naturaleza” del que surgen nuevas formas estructuradas a partir de un punto de bifurcación, momento en el cual se crea un rizo de retroalimentación y el sistema social se transforma a sí mismo.

El fenómeno controlentrópico de la homofobia se hizo presente en la política de algunos gobiernos tanto de origen y tendencia democrática, como aquellos de marcada orientación autoritaria. Algunos ejemplos son el régimen nacionalsocialista en Alemania (liderado por Adolf Hitler, 1933-1945), el régimen franquista en España (1939-1975), el período dictatorial conocido como “Proceso de Reorganización Nacional” argentino (1976-1983). También lo son los gobiernos democráticos, como por ejemplo el de Nicaragua, que bajo el artículo 204, castiga la sodomía bajo penas de 1 a 3 años de cárcel (artículo que aún sigue vigente); y también en otras democracias de occidente que han tenido legislaciones y actuaciones homófobas, como por ejemplo en Alemania Occidental, donde la homosexualidad fue delito hasta 1969.

Pero el auge inusitado de las migraciones, el creciente intercambio cultural y comercial entre los países y un mestizaje cada vez más intenso han quebrado por su base aquellas concepciones chauvinistas. Hoy por hoy, las naciones no se crean en torno a razas ni costumbres únicas. Por el contrario, todas las sociedades modernas se precian de alimentarse de la riqueza étnica y cultural que le aportan sus miembros provenientes de todas partes del mundo.

Si el odio es una posibilidad siempre presente en el ser humano, ¿Qué hacer para evitarlo? Vai-Lam Mui, economista de la Universidad de Hong Kong, ha demostrado que el rencor social se evita cuando la Constitución de un país incluye fuertes protecciones a los derechos civiles y políticos de las minorías. Tales protecciones evitan que los actores políticos, en el rol de gobernantes autoritarios, instrumentalicen a esas minorías y las conviertan en objetos o sujetos activos de odio social.

Ese no es el caso de Venezuela, un país donde su Presidente ha fomentado la división apelando al recurso del odio. Un odio de clases; los ‘patriotas’ versus ‘los pitiyanquis’, la ‘burguesía’ versus ‘el pueblo’; los ‘hijitos-de-papá’ frente a ‘los muchachos revolucionarios’. El de Venezuela es un odio sembrado también en lo institucional: Las gobernaciones ‘patriotas’ versus las gobernaciones o municipalidades ‘golpistas’. Y también es un odio sexista que se manifestó groseramente hacia la mujer, cuando desde la Primera Magistratura del Poder Ejecutivo, el Presidente de la República amenazó públicamente a su esposa, a través de los medios de comunicación social ‘encadenados’ en una de sus tantas alocuciones, con ‘darte lo tuyo’ un Día de la Madre, en abierta y manifiesta sublimación de un narcisismo sexual.

3.- EL ODIO COMO ESTRATEGIA DE CONTROL SOCIAL

Dos referentes literarios latinoamericanos:

La Mala Hora, de Gabriel García Márquez y El Día Señalado, de Manuel Mejía Vallejo, nos plantean dos temas fundamentales: la institucionalización de la violencia, y el odio a partir de las instituciones. La Mala Hora transcurre en un pueblo que intenta restablecer el orden a través del terror bajo el poder de Rojas Pinilla. Una desafortunada noche los primeros pasquines (especies de chismorreos de pueblo donde se da cuenta de las andanzas, tropiezos…de los habitantes) aparecen en algunas puertas. El que llega a César Montero lo incita a asesinar a Pastor, el músico del pueblo. Los pasquines se multiplican y siembran la discordia entre familias, reanimando odios, reviviendo en la memoria rabias y crímenes cometidos en el pasado. El cura Angel, en principio indiferente, se reúne con el alcalde y lo persuade a tomar medidas de seguridad frente a este “caso de terrorismo en el orden moral”. Nada logra que los pasquines dejen de proliferar. El alcalde decide volver a la represión. La paz transitoria e irreal termina y el pueblo vuelve a su infierno cotidiano.

El relato se sitúa en un paraje distinto del clásico Macondo usado por el autor. Las acciones ocurren un hipotético año después de las persecuciones, cuando el estado de sitio sigue vigente en la mayoría del país. Sin hacerla explícita, la violencia asume un carácter cotidiano, como si fuese una institución. El odio ante la represión del pasado ha instalado una turbia actitud en los habitantes: no sienten verdadero miedo, no corren a esconderse y, por el contrario, practican un metódico ejercicio de oposición clandestina.

En opinión de Gustavo Cobo Borda, ”Los chismes, en La Hojarasca, como los pasquines en La mala hora, como las papeluchas en el General en su laberinto dispersan la presión de la caldera social pero a la vez difunden la malevolencia y sacan a la luz la ignominia de tantos conflictos, sociales, políticos, o sexuales.” Así, frente al padre y su creencia en una moral tradicional y digna se cocina una verdadera descomposición social. Los pasquines son sólo el detonante de algo que no podía tardar mucho tiempo: los nexos comunitarios se pierden, la razón de ser de ese orden social basado en una moral única y distinguible ha llegado a un punto de quiebre definitivo.

Es la pérdida total de colaboración entre miembros de una misma comunidad y lo viene a ratificar Casandra, la adivina del pasajero circo que le anuncia al alcalde con respecto a la autoridad de los pasquines: son todos y ninguno. Evidentemente que todos saben, pero no hacen nada para evitarlo; en el fondo ese es el objetivo, demostrar que no hay paz, que la aparente tensión tiene sus razones de ser y el teatro pacifista montado por el gobierno autoritario debe llegar a su fin.

No obstante la moral retardataria, la violencia y el odio juegan un papel importante en la ruptura de los nexos comunitarios. Se institucionalizó la violencia hasta el hartazgo. El odio explota como lo hace en otras novelas, no puede permanecer estancado y al margen de la opresión por mucho tiempo. Aquí es incluso a través del mismo que la oposición se gesta hasta convertirse en una nueva comunidad y como siempre, una comunidad de odio y al servicio de las guerrillas pero al margen de aquellos que no profesan la misma necesidad de exterminio de la otredad o del ser odiado. Difícilmente pueden seguir coexistiendo en el pueblo opositores y colaboradores.

La Mala Hora” es un libro de homenaje a la oposición. El odio, más que diferenciar conservadores de liberales, traza líneas recordatorias. Cumple el papel de memoria, otorga la posibilidad de resistencia. Por lo demás, constituye un ejemplar único en términos literarios: sin necesidad de asfixiantes descripciones que en su recorrido salpican sangre, trasmite con maestría y humor la tensión política de los años 50. Episodios como el del dentista y el alcalde, por ejemplo, le hicieron falta a la literatura del momento: con pocas palabras, García Márquez condensa en el dolor de una muela el significado político de una época.

“El Día Señalado” es por su parte un registro literario más tenebroso y directamente violento. En un dantesco territorio denominado Tambo se desarrolla la vida de un pueblo asustado y sitiado por la guerra de la Violencia. Varias historias confluyen en la narración, desde la llegada de un nuevo cura que intenta cambiar las actitudes de los habitantes, hasta el relato de un joven gallero que inicia un viaje hacia Tambo en busca de su padre (que resulta ser el gamonal del pueblo), al cual tiene por enemigo y piensa asesinar. Entre historias se da cuenta de la lucha entre guerrilleros atrincherados en el páramo y militares que cuidan y a la vez esclavizan al pueblo dejándolo sin hombres. En un contexto de violencia institucionalizada y sin sentido, de odios y rencores fundados en matanzas, la misión del cura fracasa debido a la irrupción de la guerrilla en el pueblo. El gallero encuentra a su padre y le perdona la vida tras su victoria en un combate eminentemente metafórico entre su gallo y el del gamonal.

Imagen central de la novela y elemento sumamente perturbador para el lector, Mejía Vallejo presenta la figura del enterrador, el encargado de cavar huecos para los constantes cadáveres que se registran en el pueblo. Independientemente de su macabra función, el enterrador es además un hombre con un triste pasado: los militares del pueblo asesinaron a su esposa y lo hicieron huir del campo con su hijo. En permanente acecho, el enterrador está presente en la mayoría de la obra, emitiendo extrañas amenazas en particular al sargento de los militares y al cojo Chútez, gamonal del pueblo. El personaje del sargento es a su vez la representación de la represión y el infinito odio hacia los guerrilleros. De semblanza fuerte y postura altiva, su devoción hacia la milicia es total. Junto al cojo Chútez, los dos personajes manejan a su antojo el pueblo.

El relato no escatima ingredientes que puedan emanar violencia y odio; todos murmuran y al mismo tiempo temen, convirtiendo el miedo en una tortura del diario vivir. La posición hacia los militares resulta sumamente ambigua en tanto el pueblo los percibe como culpables, pero el narrador no los condena. Al final del relato, en el momento en que los militares pierden una batalla tras caer en una emboscada en el páramo, organizada por el enterrador, el sargento surge como un personaje que infunde respeto y admiración en el pueblo. Los guerrilleros son igualmente ideados como elementos que aglutinan las esperanzas del pueblo, pero al hacer su irrupción, el día señalado, el desorden es tal que de cualquier manera el lector no encuentra mayores razones para identificarse con ellos. De hecho, la figura del líder Pedro Canal no pasa de ser autoritaria y evidentemente brusca hasta el cansancio. Aun así el miedo que ocasionan los militares es superior a las ilusiones que la guerrilla representa.

Entre los muchos tipos de odio que la novela plantea, uno, en especial, atrae la atención: el odio en la institución militar. Salvo el sargento, ninguno de los soldados expresa en un principio un verdadero odio o resentimiento hacia la guerrilla y, sin embargo, todos son víctimas de un adoctrinamiento supremamente efectivo. El ejercicio militar, además de ser en el relato uno de los grandes detonadores de excesos e injusticias, enseña a odiar. Entendidas como comunidad, la institución militar y la guerrilla se cohesionan respectivamente ante la existencia de un enemigo común. En conclusión, las comunidades se enfrentan hasta eliminarse mutuamente pues no pueden coexistir en paz cimentadas en el odio.

El odio como estrategia política de dominación y control

Ahora bien, regresando de lo descriptivo-novelístico a lo real-descriptivo, podemos intentar una aproximación epistemológica del odio como una particular estrategia de control social-institucional, siempre que entendamos por estrategias de control social, a una serie de mecanismos que no sólo pueden ser ponderados por lo que reprimen sino asimismo por lo que construyen. En este doble proceso es interesante marcar como relevante que al definir la figura de “delincuente, sospechoso, problemático” se construye la del vecino. En la medida que las nuevas políticas son presentadas como “democráticas” implican cambios en la relación Estado-Sociedad Civil, impulsando el primero la activación cívica de la comunidad con la creación de figuras tales como los “Consejos de Participación Ciudadana” en las que se incentiva la coparticipación vecinal, policial y gubernamental en la gestión de estrategias de control social.

Los procesos de controlentropía social, que en un principio pretenden incentivar la participación ciudadana mediante una propuesta de cogestión, la mayoría de las veces no son más que instrumentos colegiados para disolver los vórtices sociales, las entropías y finalmente el caos que pueda engendrar un nuevo estadio negentrópico. Ante la amenaza que representan los cambios sociales radicales, las diferencias de raza y de género y las novedades culturales provenientes de quienes defienden ideas y acciones contrarias al ‘status-quo’, y que son entendidas como una amenaza por parte de quienes detentan la gobernabilidad institucional de una sociedad, el odio es, después del miedo, el soporte estratégico del control social.

Al provocar e incentivar el odio hacia lo diferente, lo desconocido, lo nuevo, la institucionalidad no hace otra cosa que apelar a los instintos, que no a la razón o al diálogo, para crear una barrera que proteja la organización endógena de la sociedad sobre valores preestablecidos, que no son otros que aquellos procesos que el sistema utiliza para controlar y reducir los mecanismos y las acciones que puedan generar entropía.

El proceso mediante el cual quienes detentan la gobernabilidad institucional de las sociedades generan los sucesos que permiten prolongar la controlentropía se llama ‘comunicación de masas’. A través de una comunicación de masas eficaz, (la cual supone entender que el orador y la audiencia interactúan en una categoría social común, de modo tal que el orador puede interpretar la relación de los sucesos reales y posibles en función de las preocupaciones colectivas compartidas), los comunicadores se colocan en posición de responder determinadas preguntas fundamentales para el público destinatario que se proponen alcanzar: “¿Qué significa esto para nosotros? ¿Nos representa, o socava lo que somos, lo que creemos y lo que es importante para nosotros?”

En otras palabras, la orientación de un público hacia un objetivo determinado depende de cómo nos interpretamos “nosotros”, de cómo se interpretan “ellos” y de la relación que se forma entre esas dos interpretaciones. Contrariamente a las creencias populares y a las interpretaciones erróneas de ciertos círculos académicos, no existe una antipatía o un antagonismo inherente entre personas que son diferentes o que incluso se consideran pertenecientes a grupos diferentes. Incluso cuando ese antagonismo se presenta como un reflejo de “odios antiguos”, es necesario mucho trabajo de retórica para crear condiciones propicias para la exclusión, la discriminación y la violencia.

Por lo general, la violencia se legitima como “defensa propia” contra la agresión percibida por parte del objeto, y la atrocidad generalmente se presenta como un acto noble e incluso virtuoso. O, por el contrario, la atrocidad resulta más posible cuando los perpetradores son capaces de pensar que están haciendo el bien. En efecto, uno de los discursos más espeluznantes del siglo XX fue el que Himmler dirigió al personal de las SS en Poznan (Polonia), el 4 de octubre de 1943:

“Casi todos ustedes saben cómo es cuando hay cien cadáveres tendidos uno junto al otro, o quinientos, o mil. Haber soportado eso y al mismo tiempo… seguir siendo personas decentes. Ésta es una página gloriosa de nuestra historia”.

¿Cómo es posible aceptar el genocidio como una virtud? Desde el punto de vista analítico, el proceso puede dividirse en tres elementos, aunque en la práctica éstos pueden entrecruzarse. En primer lugar, que es el más importante, hay que interpretar la identidad del endogrupo de modo tal que el exogrupo quede excluido. La forma más peligrosa de este proceso es, quizás, la definición de la comunidad nacional (“el pueblo”) en términos étnicos, o, como dice Mann[23], transformar el demos en ethnos. Llegado este punto, las minorías ya quedan excluidas de los beneficios de la inclusión nacional y de los derechos y recursos que dimanan del hecho de ser un “nacional”. Además, identificar a las personas como una categoría distinta plantea, para la mayoría, una “cuestión de las minorías”. Esa identificación no determina, por sí misma, ningún curso de acción en particular, pero sí ofrece un espacio en el que se pueden proponer respuestas extremas. Además, permite que las instituciones de la nación y, cuando corresponda, el Estado, se movilicen para aplicar la “solución” que sea.
En segundo lugar, hay que interpretar a la minoría como un problema, o, peor aún, como una amenaza para el endogrupo. Mucho se ha hablado de la deshumanización de los exogrupos, pero, cuando se observan más de cerca las imágenes que usan los regímenes genocidas, se observa que los exogrupos a menudo se describen como subhumanos y sobrehumanos a la vez. En la propaganda extremista hutu, los tutsis a veces eran inyenzi (cucarachas), y a veces inkotanyi (guerreros fuertes). En la propaganda nazi, los judíos a veces eran gusanos y ratas, y a veces, figuras omniscientes y todopoderosas. No se trataba sólo de que fueran animales, sino que eran alimañas: estaban fuera de lugar, contaminaban, profanaban. Tampoco se trataba sólo de que fueran poderosos, sino que conspiraban contra Alemania. Lo que estas diferentes imágenes tenían en común era el peligro y la amenaza que el exogrupo supuestamente representaba para el endogrupo. A menudo, la amenaza implícita era la de la aniquilación física, pero muchas veces se trataba de una aniquilación simbólica: la destrucción de la identidad del endogrupo y de una forma de vida basada en las normas y valores del endogrupo. En este punto, se legitima una solución violenta a la “cuestión de la minoría”, ya que la violencia puede interpretarse como defensa propia.

En tercer lugar, hay que interpretar al endogrupo como virtuoso. Éste es, quizás, el aspecto más subvalorado del proceso. Pero Koonz[24], en su libro “The Nazi Conscience”, lo analiza en forma exhaustiva. Escribe: “Aunque sea difícil concebir a Adolf Hitler como un profeta de virtud, precisamente allí residía el secreto de su inmensa popularidad”. Hitler caracterizaba al Volk alemán como una comunidad ética, como personas altruistamente dedicadas a los demás, de gustos modestos y frugales. Celebraba su humildad, su pureza, su limpieza. Se comprometió a defender “la moralidad, las costumbres, el sentido de justicia, la religión” alemanes. Koonz destaca que, en los años siguientes a 1933, Hitler reiteradamente encomia “los pilares del carácter nacional (alemán)” pero casi no menciona a los judíos. Algunos comentadores pensaban que eso reflejaba que sus opiniones se habían suavizado, pero en este caso se equivocaron por completo.

En general, en la psicología y en otras disciplinas, los trabajos sobre discriminación se han centrado en las representaciones del exogrupo. Sin embargo, el núcleo explícito de la “retórica del odio” a menudo se sitúa en quiénes somos “nosotros”, lo que deja implícito (pero evidente) quiénes son los excluidos. Del mismo modo, una vez que queda claro quiénes son “ellos” y que “ellos” representan un peligro para nosotros, entonces basta con subrayar la vulnerabilidad y la virtud del endogrupo para legitimar la violencia inter grupal.

El odio como estrategia política de dominación y control no se contiene exclusivamente dentro de los límites de la legalidad de una sociedad estructurada. La post modernidad, con sus características más resaltantes, la integración mediática en una aldea global (internet) y el impulso sostenido a las singularidades han generado una amenaza muy particular, la identidad colectiva, que dispara los procesos entrópicos que amenazan el paradigma cultural del ‘estado-nación’ y provocan que éste pierde eficacia orientadora en el conjunto social. En ese momento, el mecanismo de control psico-social se vuelve incongruente, entre lo que se cree y siente. La realidad percibida en el inconsciente colectivo comienza a fracturar la relación-sentimiento entre la fe en el proyecto político y la ineficacia que muestra la narrativa dominante para justificarse. La sociedad, comienza a fracturarse y la población se torna ambivalente. Las presiones demográficas, la crisis fiscal, la división de las elites jóvenes insatisfechas, la angustia inflacionaria y las presiones tributarias en el pueblo generan una aguda ambivalencia psico-social, y así, los mecanismos institucionales, formales e informales reductores de la entropía se vuelven ineficaces, conduciendo con ello a que una entropía global del sistema aumente aún más.

4.- EL ODIO COMO DISPARADOR DEL CAOS

El miedo controlentrópico, ese “producto pasional inducido”, que es utilizado por las estructuras institucionales para reprimir y reconducir a los conglomerados sociales y para disipar las entropías que puedan conducir en un momento dado al desarrollo de los vórtices caóticos en la sociedad, es paradójicamente uno de los sentimientos esenciales para promover el caos. Existen al menos tres escenarios en los que el odio se transforma en disparador caótico: 1.- Cuando los individuos jerarquizan la identidad colectiva por encima de la identidad particular. 2.- Cuando los individuos, rechazados o no por su entorno, asumen el rol de vengadores anónimos y 3.- Cuando las estructuras sociales colapsan y surgen la anarquía, la desobediencia civil y el colapso institucional, cuyas manifestaciones más conocidas son el golpe de estado y la rebelión popular. Vamos a abordar en el presente ensayo los dos primeros escenarios y dejaremos para un análisis posterior el tercer escenario por tratarse de disparadores del caos que requieren un tratamiento en profundidad.

El odio también surge en la identidad colectiva:

El odio es una noción que abarca una interrogante aun más extensa: ¿se puede hacer política con sentimientos extremos? Para algunos grupos, especialmente los nacionalistas/terroristas, la identidad colectiva se superpone al constructo de la individualidad, un proceso de desplazamiento valorativo-subjetivo que se inicia a muy temprana edad, de manera que el odio se inculca desde la infancia, como un legado familiar pero también como un compromiso grupal indeclinable. No puede insistirse lo suficiente en la importancia de las identidades colectivas y de los procesos para formarlas y transformarlas. Los separatistas son un ejemplo de esto que afirmamos acá: Ellos han subordinado su identidad individual a la identidad colectiva, de manera que lo que sirve al grupo, a la organización o a la red tiene importancia primordial. Ahora bien, ¿cómo se forma en el sujeto ese tipo identidad colectiva fundamentada en el odio?

La causa se les inculca durante la niñez pues hay una transmisión generacional de odio entre dos colectivos que comparten un territorio: “nosotros” y “ellos”. Los niños oyen de sus padres, ya fuese en los bares de Irlanda del Norte o en los cafés de Beirut o en los territorios palestinos ocupados, lo que “ellos” nos han hecho a “nosotros”, cómo “ellos” nos han robado nuestras tierras, cómo “nos” han humillado. De manera que, leales a sus padres que han sido perjudicados por el régimen, por ‘ellos’, los jóvenes ‘nosotros’ aceptan naturalmente la disgregación y se preparan para ejecutar actos de venganza contra “ellos”, sin que opere algún protocolo de tipo moral.

Lo anterior representa una comprensión de la psicología terrorista nacionalista/separatista. ¿Qué pasa con la psicología terrorista religiosa fundamentalista? Aquí tenemos a individuos que “matan en nombre de Dios”. Sus acciones han sido investidas de significado sagrado por el clérigo extremista, ya sea un ayatolá, un rabino, un ministro o un sacerdote. Y debido a que ellos son “creyentes verdaderos” que aceptan sin crítica la interpretación de las escrituras por el clérigo extremista, no tienen la misma ambivalencia sobre la extensión de la violencia que tienen los nacionalistas/separatistas.

El fundamentalismo teológico es una poderosísima fuerza de odio que surge, en este caso, de la identidad religiosa, un enfoque aún más trascendente que pone cotas muy elevadas de sacrificio individual a favor del beneficio colectivo.  El odio internalizado va más allá de las costumbres focalizadas en un determinado espacio geográfico; se potencia por el respaldo de una deidad, cuyos texto sagrado y líderes adornan al ejecutante con el manto sacralizado del martirio y la promesa de un ‘más allá’ vívido y divino en el que el mismísimo Dios (Allāh اﷲ )le reconocerá . Y no es por coincidencia que los candidatos al suicidio religioso sean, como en los movimientos separatistas y/o nacionalistas, niños y jóvenes púberes.

El famoso estudioso del terrorismo Ariel Merari[25] hizo una observación notable en el otoño de 2004, indicando cuan “normal” era el suicida terrorista. Indicó que mientras caminaba por la plaza de Harvard (en Massachusetts), observó que los adolescentes son similares en todas partes del mundo. Cuando un periodista le preguntó qué quería decir con eso, respondió:

“Cuando entré en una pizzería en Cambridge, los adolescentes estaban hablando de su equipo de fútbol americano favorito, los Patriotas de Nueva Inglaterra (durante su campaña por el Súper Tazón), sobre sus héroes del equipo como el mariscal Tom Brady, y cómo algún día, cuando ellos crecieran, querían ser astros del fútbol americano profesional, como sus héroes. Era lo mismo en los campamentos de refugiados en los territorios ocupados; sólo que su equipo favorito era Hamas, sus héroes eran los shahids (mártires) y, algún día, cuando crecieran, querían ser un shahid como sus héroes. Fue espantosamente normal”.

No hay una explicación única para la causa de la psicología del suicidio terrorista. Muhammad Hafez,[26] en su “Manufacturing Human Bombs”, identifica tres condiciones como requisitos previos: 1.- una cultura de martirio, 2.- clérigos estratégicos para emplear esta táctica y 3.- el suministro de voluntarios dispuestos.

Para inhibir la proliferación del odio como detonante de las entropías en un colectivo, éste debe responder asertivamente unas inquietantes preguntas: ¿Cuáles son las implicaciones para el contraterrorismo? Si se acepta la premisa de que el terrorismo es una especie perversa de la guerra psicológica librada a través de la prensa, no se la combate con bombas inteligentes ni con misiles, sino con guerra contra-psicológica. Esto sugiere cuatro elementos de un programa de operaciones de información: 1.- Inhibir a los terroristas potenciales de incorporarse al grupo. 2.- Crear disensión en los grupos.  3.- Facilitar la salida de los disidentes del grupo. Y 4.- Reducir el apoyo al grupo y quitar legitimidad a sus líderes.

El odio de los vengadores o vigilantes anónimos:

Hace algunos años el actor antihéroe de Hollywood, Charles Bronson, interpretó la película “El Vengador Anónimo”, que tuvo más éxito en los foros de sociología que en la crítica cinematográfica por la naturaleza de la película En aquella historia cinematográfica,  Bronson salía a buscar y matar a cuanto presunto delincuente se topara en sus andanzas nocturnas, sin importarle la identidad del condenado, enceguecido por la furia, para descargar de esa manera su venganza ante el asesinato de su familia, por desconocidos invasores furtivos del domicilio, en su ausencia. ¿Cómo opera en los modernos ‘vengadores’ o ‘vigilantes’ el odio internalizado que se proyecta como agresión externa? ¿Cómo legitiman psicológicamente este tipo de violencia? ¿Son ellos generadores o productos del caos?

La psicología moderna identifica al odio internalizado como el resultado de carencias afectivas, de omisiones y también de agresiones recibidas a lo largo del desarrollo individual, pero proyectado hacia una otredad específica ubicada en determinadas categorías sociales (neonazis, terroristas, criminales, policías, homosexuales, blancos, negros, asiáticos, etc.) y también a otros tipos de individuos pero todas estas categorías rotuladas bajo un mismo sustantivo: ‘El enemigo’.

Aunque los diccionarios definen a la palabra ‘enemigo’ como aquel por quien se siente odio, a quien se quiere hacer daño o a cuyos intereses hay que oponerse, tal vez resulte excesivo decir que el odio se personaliza exclusivamente en la figura del enemigo.  Los límites entre el odio y el enojo, el rencor, la envidia, el resentimiento o incluso el desprecio, no siempre son muy claros y muchas veces lo primero desencadena las otras emociones.[27]

Una de las características de la personalidad del ‘vengador’ que odia es el autoconocimiento. Quien odia tiene que conocerse muy bien a sí mismo y al enemigo para saber cuándo se está engañando y cuándo sus creencias, basadas en su emoción, son fieles y están apropiadamente justificadas, porque el odio tiende de hecho a interferir en la manera que se forman las creencias y se percibe el mundo, a través del autoengaño y pensamiento por deseo. Pero incluso entonces hay ciertos puntos en la percepción y en la acción en los cuales el odio puede ayudar a la formación racional de creencias, como sucede en los procesos formativos de la identidad colectiva teocrática.

Pero usualmente el odio conduce a cometer actos que bien podríamos calificar de irracionales y destructivos. Tal sea el odio de Medea a Jasón. Medea mata a los hijos que había tenido con el argonauta Jasón como venganza cuando él la abandona por otra mujer, Glauce, con quien Jasón tendría un matrimonio política y económicamente más ventajoso. Medea también asesina a Glauce con su magia y sin duda que en este ejemplo encontramos imbricados en el odio de Medea todos los sentimientos colaterales que nos describía Spinoza: rencor, ira, celos, resentimiento e incluso el temor ante el destino que podrían tener sus propios hijos si ella se viera desterrada tras el nuevo matrimonio de Jasón.

Igualmente hallamos una modalidad extrema de odio, como Jasón mismo lo llama (mîsos) hacia el final de la tragedia de Eurípides[28] cuando ella ya ha consumado su venganza. El odio de Medea tal vez sea la transfiguración de un amor tan violento como el que ella tuvo antes de Jasón. Ese amor ya había tenido efectos irracionales y destructivos: Medea había traicionado a su pueblo y a su padre, y había matado a su propio hermano cortándole en pedazos luego, para ayudar a Jasón a encontrar el vellocino de oro. Jasón finalmente le paga con una traición.

La conducta de Medea es tal vez uno de los mejores ejemplos de los efectos irracionales que pueden tener las emociones, y cómo, en un contexto más moderno y actualizado, los ‘vengadores’ o ‘vigilantes’ anónimos son, por partida doble, tanto producto del caos, de su propio y particular caos en el que se empeñan sus vidas, como generadores de nuevas entropías caóticas.

Como alertamos al comienzo de este último epígrafe, dejamos para un análisis futuro el tercer escenario del odio como disparador del caos, que no es otro que aquel cuando las estructuras sociales colapsan e irrumpen la anarquía, la desobediencia civil y el colapso colectivo (cuyas manifestaciones más visibles son el golpe de Estado y la rebelión popular) como resultado de una implosión generalizada del tejido conjuntivo institucional.

(*) Comumicólogo.

Asesor de Identidad e Imagen Corporativas.

Profesor de  Mercadeo Electoral

Escritor


[1] Elie Wiesel (Sighet, 1928) Celebración bíblica: relatos y leyendas del Antiguo Testamento (1972), y Contra la melancolía (1996) Premio Nobel de la Paz 1986 /

[2] La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente francesa el 26 de agosto de 1789 es considerada uno de los documentos fundamentales de la Revolución francesa en cuanto a definir los derechos personales y colectivos como universales.

[3] Sigismund Schlomo Freud (Freiberg, 6 de mayo de 1856 – Londres, 23 de septiembre de 1939), más conocido como Sigmund Freud fue un médico y neurólogo austriaco, creador del psicoanálisis. / Psicopatología de la vida cotidiana. Versión en inglés

[4] Norberto M.  Leiberman de Bleichmar, Celia (1997 (reedición 1999)). El Psicoanálisis después de Freud. Teoría y clínica. Con la colaboración de Silvia Wikinski. México: Editorial Paidós. ISBN 978-968-853-351-2.

[5] Wilhelm Reich (Dobrzanica, Galitzia, Imperio Austrohúngaro, 24 de marzo de 1897 – Lewisburg, Pensilvania, EE.UU., 3 de noviembre de 1957) fue un inventor, postulador de la teoría del orgón, médico, psiquiatra, psicoanalista austriaco-estadounidense.                       William Ronald Dodds Fairbairn (11 de agosto de 1889 – 31 de diciembre de 1964) fue un teólogo, filósofo, médico y psicoanalista inglés, miembro de la Sociedad Psicoanalítica Británica. Uno de sus principales aportes al paradígma psicoanalítico fue el haber brindado un punto de vista alternativo respecto a la libido, pensándolo como la búsqueda de un objeto, en contraposición con la postura de Freud que la consideraba como la búsqueda de placer.                  John Bowlby (26 de febrero de 1907, Londres – 2 de septiembre de 1990, Isla de Skye, Escocia) fue un psicoanalista inglés, notable por su interés en el desarrollo infantil y sus pioneros trabajos sobre la teoría del apego.

[6] Melanie Reizes Klein (Viena; 30 de marzo de 1882 – Londres; 22 de septiembre de 1960); psicoanalista austriaca y creadora de una teoría del funcionamiento psíquico. Hizo importantes contribuciones sobre el desarrollo infantil desde la teoría psicoanalítica y fundó la escuela inglesa del Psicoanálisis.

[7] Baruch de Spinoza (Hebreo: ברוך שפינוזה, Latín: Benedictus de Spinoza, Portugués: Benedito de Espinosa), (Ámsterdam, 24 de noviembre de 1632 – La Haya, 21 de febrero de 1677) fue un filósofo holandés, de origen sefardí portugués, heredero crítico del cartesianismo, considerado uno de los tres grandes racionalistas de la filosofía del siglo XVII, junto con el francés René Descartes y el alemán Gottfried Leibniz

[8] Fernando Fernández-Savater Martín (San Sebastián, 21 de junio de 1947) es un filósofo, activista y escritor español. Novelista y autor dramático, destaca en el campo del ensayo y el artículo periodístico. Premio Planeta de novela 2008 con La hermandad de la buena suerte.

[9] Este libro no está escrito por sus autores. Reproduce el “Diccionario de los sentimientos” escrito por Usbek, un investigador extraterrestre que quiso averiguar cómo funciona el alma humana, y en principio sólo tuvo como fuente de información lo que los diccionarios dicen acerca de los sentimientos y de todo lo demás.

[10] ver Parens, 1979, y Lichtenberg, 1989, capítulo 7, para una discusión detallada

[11] Glen Gabbard. •. Doctor en medicina. •. Especialista en psiquiatría. •. Profesor de Psicoanálisis y Psiquiatría de Brown Foundation ·  Director de Baylor Psychiatry Clinic (Baylor College of Medicine (Houston, TexasEEUU)

[12] Wilfred Bion (1897-1979)  médico y psicoanalista británico. Su obra se basa inicialmente en Freud y Melanie Klein, Deja huellas en la escuela californiana de psicoanálisis, entre ellos dos grupos de fanáticos. Se autodenominan “Bion’s Babies” y “Kleinianos Furiosos”

[13] Erich Fromm (23 de marzo, 1900 – 18 de marzo, 1980) fue un destacado psicólogo social, psicoanalista, filósofo y humanista alemán. Miembro del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Frankfurt, participó activamente en la primera fase de las investigaciones interdisciplinarias de la Escuela de Frankfurt, hasta que a fines de los años 40 rompió con ellos debido a su heterodoxa interpretación de la teoría freudiana

[14] Sir Isaiah Berlin OM (6 de junio de 1909 – 5 de noviembre de 1997), politólogo e historiador de las ideas; está considerado como uno de los principales pensadores liberales del siglo XX.

[15] George Eliot es el seudónimo que empleó la escritora Mary Ann Evans (Arbury Farm, Astley 1819 – Londres, 1880), escritora británica. Sus novelas, de estilo realista, reflejan con pesimismo la vida provinciana británica y en general la complejidad de la vida británica de su época. Recrean conflictos morales, en los que ella aboga por la autenticidad.

[16] Otto Kernberg nacido en Austria, formado como médico, psiquiatra y psicoanalista en Chile / Obras: LA TEORIA DE LAS RELACIONES OBJETALES Y EL PSICOANALISIS CLINICO – DESORDENES FRONTERIZOS Y NARCISISMO PATOLOGICO – IDEOLOGIA, CONFLICTO Y LIDERAZGO EN GRUPOS Y ORGANIZACIONES

[17] André Glucksmann filósofo y ensayista francés, nacido el 19 de junio de 1937, en Boulogne-Billancourt, de padres judíos austríacos. Es miembro de la Academia Europea de Ciencias y Artes. / Discours de la guerre, théorie et stratégie (1967) / Le Bien et le malLe Discours de la haine (octubre de 2004) (septiembre de 1997) /

[18] André Glucksmann Le Bien et le mal (septiembre de 1997) / Le Discours de la haine (octubre de 2004)

[19] Johann Gottlieb Fichte (Rammenau (Alemania), 19 de mayo de 1762 – Berlín, 27 de enero de 1814), filósofo alemán de gran importancia en la historia del pensamiento occidental. Como continuador de la filosofía crítica de Kant y precursor tanto de Schelling como de la filosofía del espíritu de Hegel, es considerado uno de los padres del llamado idealismo alemán. OBRA RECOMENDADA: Discursos a la nación alemana (1807) /  Disertaciones de la época contemporánea (1804)

[20] Volkgeist: percepción del pueblo como un ente abstracto.

[21] Erich Fromm  (leer  nota 13)           León Poliakov según Abraham Bengio es “el máximo conocedor de la historia exterior del pueblo judío, es decir, de las vicisitudes por las que éste ha pasado”, OBRAS Historia del antisemitismo / La causalidad diabólica                  Jon Juaristi Linacero (Bilbao, 1951) es un poeta, novelista, ensayista y traductor español en euskera y castellano. OBRAS   La leyenda de Jaun Zuria (1980). La tradición romántica: leyendas vascas del s. XIX (1986). Leyendas. Flor de baladas vascas (1989). Recopilación de canciones tradicionales vascas. Cuando canta la serpiente (1989). Guión en colaboración con Mario Onaindía. Cambio de destino (2006). Memorias. La caza salvaje (2007). Novela. Voces para una enciclopedia interrumpida (2008). Memorias sobre Bilbao

[22] Petrus Damianus Autor del Liber Gommorrhianus El primer texto que menciona y define la palabra ‘sodomía’.

[23] Thomas Mann (Lübeck, 6 de junio de 1875 – † Zúrich, 12 de agosto de 1955). Escritor alemán, nacionalizado estadounidense, uno de los escritores más importantes de su generación, de quien se dijo que fue el último gran novelista del siglo XIX. Mann es recordado por el profundo análisis crítico que desarrolló acerca del alma europea y alemana en la primera mitad del siglo XX. Para ello tomó como referencias principales a la Biblia y las ideas de Goethe, Freud, Nietzsche y Schopenhauer. Fue distinguido con el Premio Nobel de Literatura en 1929.

[24] Claudia Koonz “La Conciencia Nazi: La formación del fundamentalismo étnico del Tercer Reich”

[25] Ariel Merari experto en Psicología del Terrorismo de la Universidad de Tel Aviv / Su trabajo durante la última década se ha centrado en el terrorismo suicida y las estrategias de disuasión.

[26] Hafez, Mohammad –Questions & Answer  taped  in Manufacturing Human Bombs: Strategy, Culture and Conflict in the Making of Palestinian Suicide Terrorism conference, National Institute of Justice, University of Washington, October 21th 2004.

[27] Para Spinoza, muchas emociones surgen del odio o se refieren a él:”La envidia, la irrisión, el desprecio, la ira, la venganza y los demás afectos que se refieren al odio o surgen de él. Son malos (Ética, III,45, corolario 1,p.214)  / Aristóteles habla sobre las diferencias entre el odio y la ira en Política (V, 1312b33-35) / Séneca habla del odio en muchas ocasiones al referirse a la ira en su tratado sobre La Emoción. Charles Darwinop. Cit., estudia la diferencia entre odio y cólera en The Expression of Emotions in Animal and Man cap. 10 / Puede investigarse el artículo de Ben-Ze’ev, Anger and Hate” y el de Aurel Kolnai “The Standard Modes of Aversion: Fear, Disgust and Hatred”Hampton y Murphy analizan las relaciones entre el odio y el resentimiento en “Forgiveness and Mercy”  / Plutarco aborda las diferencias entre el odio y la envidia en “Sobre la envidia y el odio”

[28] Eurípides (en griego, Ευριπίδης) (Salamina, 480 a. C. – Pella, 406 a. C.), es uno de los tres grandes poetas trágicos griegos de la antigüedad, junto con Esquilo y Sófocles. Tragedias. Obra completa. Madrid: Editorial Gredos. Volumen I: El Cíclope. Alcestis. Medea. Los Heraclidas. Hipólito. Andrómaca. Hécuba. 1990 [1ª edición, 5ª impresión]. ISBN 978-84-249-3484-2.

Democracia en crisis: Un sistema en riesgo en el siglo XXI

demo en crisis

Atrás quedaron los años ’80 y ’90, cuando una cierta euforia democrática había invadido al planeta Tierra. Hoy en día ciertas formas autoritarias avanzan sin pausa. El riesgo crece a diario.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). La democracia representativa se encuentra en dificultades desde hace ya algún tiempo.

Carnegie Endowment for International Peace, de Washington DC, había publicado ya en 2007 (‘U.S. Democracy Promotion During and After Bush’) acerca del legado perjudicial que dejaba el gobierno de George Bush, que le provocó daños probablemente irreparables a las libertades individuales, un soporte de la democracia representativa.

Casi contemporáneo a ese trabajo, la revista Foreign Affairs publicó un ensayo de Thomas Carothers acerca de la regresión que registraba a escala planetaria el sistema democrático (‘The Backlash Against Democracy Promotion’).

En 2008, los trabajos se multiplicaron porque ya fue inocultable que la democracia representativa convencional enfrenta problemas que ponen a prueba su capacidad de resistencia y su atractivo, en el marco del supuesto Nuevo Orden Mundial que le exige un equilibrio entre el universalismo democrático y la lucha por el poder mundial.

En 2009, con la firma de Richard Young, la revista Foreign Policy publicó un ensayo titulado ‘El retroceso de la democracia’, en el que se afirmó:

Cuando ya se había decretado la defunción de las ideologías que sacrificaban la libertad en el altar de la justicia social o del crecimiento económico, y la democracia se consideraba el fin natural de la historia, el autoritarismo resucita con fuerza en todos los continentes. Cada vez menos gente vive en regímenes que serían considerados democráticos en Occidente.

¿Vuelven los tiranos o es que nunca se fueron? Las libertades han sufrido una regresión en varios Estados clave en sus respectivas regiones, como Rusia, Egipto, Nigeria o Venezuela. No se ha salvado un solo continente. En 2007, según Freedom House, hubo 4 veces más países que sufrieron un deterioro de los derechos políticos que los que experimentaron mejoras.

El número de democracias no ha aumentado desde el principio de la década. Las revoluciones de colores en Georgia, Ucrania y Kirguizistán no han logrado una democratización plena.

Tailandia está retrocediendo a una forma suave de autocracia.
Bangladesh ha sufrido una interrupción similar del proceso democrático.
En África, incluso en muchos Estados que parecían ir por buen camino, la manipulación del poder todavía puede desencadenar con facilidad la violencia, como se vio en Kenia tras las elecciones presidenciales de diciembre de 2007.

Las esperanzas de que haya una reforma política dentro del mundo árabe se han visto cada vez más frustradas. Oriente Medio sigue sin dotarse de democracias plenas; la primavera árabe que pareció surgir hace tres o cuatro años se ha visto ahogada por los gobernantes.

El único Estado del mundo musulmán que ha desarrollado una política competitiva, Turquía, sufre hoy un tenso pulso entre el Gobierno, del AKP, y el aparato administrativo del Estado laico.

En otros tiempos existía cierto optimismo sobre la posibilidad de que, en las dictaduras, una gradual liberalización de la economía acabase convirtiéndose en reformas políticas. Pero esta opinión se ve cada vez menos respaldada por los hechos: países que, como China, llevan ya muchos años abriendo sus economías, siguen siendo autoritarios.

La idea de que hay que sacrificar la democracia en nombre de la justicia social y del crecimiento económico ha vuelto a encontrar eco entre muchos analistas. Crece la sensación de que la democracia es irrelevante a la hora de abordar los problemas más acuciantes del mundo, como el cambio climático. Eso ha fomentado una vuelta a la antigua idea de que la gente es un estorbo para el diseño de buenas políticas, y a una visión elitista de la presencia de expertos tecnócratas al frente del sistema internacional.

Además, a pesar del optimismo que existe ahora que Barack Obama ha asumido la presidencia, está claro que la política exterior de Bush ha manchado la imagen de la democracia en varias regiones del mundo.

Una Administración que se fijó el objetivo explícito de ayudar a extender la democracia ha conseguido, con sus acciones, engendrar nuevas dudas sobre su atractivo. Muchos de los que hablan del rechazo de la democracia se refieren, de hecho, al efecto bumerán de la invasión de Irak, tan difícil de revertir en el futuro. (…)”.

Tomemos un caso concreto: el conflicto palestino. En Gaza, Israel ha emprendido una tarea sangrienta para debilitar a Hamás y asegurar su propia frontera.

Pero todo lo que haya podido conseguir desde el punto de vista militar fue perdido por el daño a su imagen internacional al matar a civiles inocentes utilizados por los combatientes de Hamás como escudos humanos.

Y, tal vez más importante, las condiciones sociales y económicas en Gaza, que eran muy malas, son ahora espantosas.

¿Hay más o menos posibilidades de democracia hoy día en esa región?

Es obvio que no solamente hay menos. Además, el peligro latente de conflicto no ha desaparecido porque los derrotados son los moderados, avivando las llamas del radicalismo islamista en toda la región, incluido Egipto.

Irán continúa apoyando tanto a Hamás en Palestina y a Hezbollah en El Líbano mientras mantiene un supuesto programa nuclear que los israelíes consideran una amenaza para su existencia.

Niall Ferguson acaba de ir un poco más adelante en la descripción del escenario de riesgo democrático: “Olvidémonos de Irán, Irak y Corea del Norte, el ‘eje del mal’ de Bush. Ahora que el desastre económico se une a la agitación política y social, los peores problemas del mundo pueden originarse en países como Somalia, Rusia y México. Y no son más que el comienzo.”

Por supuesto que los mexicanos rechazan la posibilidad de que se los compare con Somalía, subestimando una vez más la destrucción de su sistema que provoca la vigencia del narcotráfico con la complicidad de parte de la estructura del Estado (fuerzas de seguridad, jueces, políticos y otros referentes sociales).

Ferguson escribió en Foreign Policy: “El problema del sucesor de Bush, Barack Obama, es que ahora se enfrenta a un eje mucho más amplio y que puede ser mucho más preocupante: el eje del  caos. Cuenta, al menos, con nueve miembros, y tal vez más. Les une no tanto la perversidad de sus intenciones como su inestabilidad, que la crisis financiera mundial no hace más que empeorar día a día. Por desgracia, esa misma crisis hace que a Estados Unidos no le sea nada fácil responder a este nuevo “peligro grave y creciente”.

Cuando los asesores de Bush acuñaron la expresión ‘eje del mal’ (al principio, ‘eje del odio’), estaban trazando un paralelismo con la alianza entre Alemania, Italia y Japón durante la 2da. Guerra Mundial, cristalizada en el pacto tripartito de septiembre de 1940.

El ‘eje del caos’, por el contrario, recuerda más a la década anterior al estallido de la guerra, cuando la Gran Depresión desató una oleada de crisis políticas en todo el mundo. Los años de Bush, por supuesto, han puesto al descubierto los peligros de trazar paralelismos simplones entre los retos de la actualidad y las grandes catástrofes del siglo 20.

No obstante, existen motivos para temer que la mayor crisis financiera desde 1929 pueda tener consecuencias equiparables para el sistema internacional. (…)”.

Según él, durante el siglo 20 ocurrieron 3 factores que permitían prever más o menos, en el tiempo y en el espacio, la aparición de la violencia organizada mortal:

> la desintegración étnica: la violencia era peor en las zonas con más tensiones de este tipo;

> la volatilidad económica: cuanto más grande la magnitud de las convulsiones económicas, más probabilidades de conflicto; y

> el declive de los imperios: cuando cayeron las estructuras de poder imperial, las batallas por el poder político fueron especialmente sangrientas.

Hay por lo menos una región del mundo –Oriente Medio en sentido amplio– en la que 2 de los 3 factores llevan cierto tiempo presentes: existe un conflicto étnico extendido desde hace decenios y, tras las dificultades y las decepciones de Irak y de Afganistán, hay grandes probabilidades de que Washington DC empiece a reducir su presencia casi imperial en la zona.

“(…) Ahora nos encontramos, y de qué manera, con la reaparición de la 3ra. variable, la volatilidad económica.

La gran moderación del presidente de la Reserva Federal estadounidense, Ben Bernanke –el supuesto declive de la volatilidad económica que auguró en una conferencia pronunciada en 2004–, ha quedado anulada por una reacción financiera en cadena que comenzó en el mercado de las hipotecas basura de USA, se extendió a todo el sistema bancario, llegó al sistema de crédito en la sombra basado en el recurso a los valores, y ahora está desencadenando la caída de los precios de los activos y de la actividad económica en todo el mundo.

Después de casi una década de crecimiento sin precedentes, está bastante claro que la economía mundial va a renquear en 2009, aunque seguramente no tanto como a comienzos de la década de los ’30, porque los gobiernos de todo el mundo están haciendo esfuerzos frenéticos para intentar contener esta nueva depresión.

No obstante, por mucho que bajen los tipos de interés o por mucho que crezcan los déficits, casi todas las economías sufrirán un aumento sustancial del desempleo y una dolorosa disminución de las rentas. Y ese tipo de dificultades económicas casi siempre tiene consecuencias geopolíticas. De hecho, ya podemos observar los primeros síntomas de las convulsiones que se avecinan. (…)”.

¿cómo puede afectar eso al sistema democrático? Pues ese es el núcleo del debate.

En la frontera oriental de Irán, en Afganistán, la agitación sigue estando al orden (o desorden) del día. Recién llegado del éxito del surge en Irak, el general David Petraeus, nuevo jefe del Mando Central de USA, se enfrenta ahora al problema, mucho más difícil, de pacificar el país afgano.

USA y sus aliados no cumplieron con sus objetivos para Afganistán. El reciente reconocimiento, de parte del gobierno de Kabul, de las reivindicaciones integristas del talibán en materia de orden social y rechazo de la igualdad de género, son pruebas de ello.

La tarea es especialmente complicada por la anarquía en el vecino Pakistán. India, mientras tanto, acusa a unos paquistaníes de estar relacionados con los atentados terroristas de Bombay el pasado noviembre y, con ello, vuelve a agitar los temores de una guerra en el sur de Asia.

Los gobiernos democráticos de Kabul e Islamabad son dos de los más débiles que existen. Uno de los mayores riesgos que corre el mundo este año es que uno de ellos, o los dos, acabe cayendo en medio de una espiral de violencia. También aquí, la crisis económica desempeña un papel crucial.

La clase media paquistaní, pequeña pero políticamente poderosa, se ha visto golpeada con dureza por la caída de la Bolsa. Mientras tanto, una parte cada vez mayor de la enorme masa de hombres jóvenes del país se enfrenta al desempleo. No es una receta para la estabilidad política.

Entre los candidatos a pertenecer a él se encuentran Indonesia, Tailandia y Turquía, donde ya se ven indicios de que la crisis económica está exacerbando conflictos políticos internos.

Y Somalia es un Estado-fallido, sumándose la guerra civil reavivada en la República Democrática del Congo, la violencia sin fin en la región sudanesa de Darfur y el corazón de las tinieblas que es el Zimbabwue del presidente Robert Mugabe. El eje del caos tiene muchos miembros. Y no es arriesgado decir que la lista va a aumentar en el futuro próximo.

El problema es que, como ocurría en los años ’30, casi todos los países están encerrados en sí mismos, dedicados a afrontar las consecuencias internas de la crisis económica, y prestan escasa atención a la crisis mundial. La volatilidad económica, más la desintegración étnica, más un imperio en declive: es la combinación más letal que existe en geopolítica. Tenemos los 3 factores. Está a punto de comenzar la era del caos“, escribió Ferguson.

Hay países que afirman que el concepto de la democracia representativa tradicional debe revisarse cuanto antes.

Quienes se oponen a ello afirman que el problema es la baja calidad de la democracia representativa convencional (corrupción, clases dirigentes depredadoras, sociedad civil débil, falta de independencia del poder judicial y de los medios y nula respuesta de los gobiernos a las reivindicaciones de sus ciudadanos).

Pero lo cierto es que en las democracias más recientes, y la Argentina es una de ellas, los ciudadanos se sienten cada vez más decepcionados porque la democratización no ha servido para proporcionarles mejoras económicas ni justicia social.

Hugo Chávez Frías o los Kirchner son el resultado de esa decepción que provocó la acogida de líderes populistas.

Pero esa desafección por la actuación de los gobiernos no significa que la democracia haya perdido su legitimidad normativa. Las encuestas en todas las regiones del mundo muestran que los ciudadanos desean sistemas más abiertos y plurales.

Pese a oponerse durante años a cualquier concesión a las demandas de su población, China tuvo que terminar aceptando una pequeña migración hacia una forma de autoritarismo consultivo. Rusia tuvo que intentar una experiencia similar.

Cuba ensaya una imitación.

La gente exige poder expresar su descontento y presionar para obtener mejoras económicas y sociales, sin renunciar a un nacionalismo que -en el caso de China y de Rusia- pretende restaurar el papel de ambas naciones.

Pero, ¿es esa ligera apertura estable o no?

¿Va a poner en marcha una cadena de consecuencias imprevistas, que es, al fin y al cabo, como ocurren la mayoría de los cambios políticos?

¿Es capaz el régimen de gestionar un sistema que está abriéndose, pero sólo dentro de unos límites?

Si en China se ha llevado a cabo cierta liberalización, ha sido con el fin de consolidar el poder del partido único; pero, ahora que la población dispone de más margen de maniobra, ¿cuánto tiempo seguirá aceptando que no se pueda poner en tela de juicio el monopartidismo?

La trayectoria a largo plazo de Rusia parece todavía más precaria. Se ha escrito mucho sobre el debilitamiento de los derechos democráticos a manos del [ex presidente y ahora primer ministro] Vladímir Putin. Moscú se subió a la ola del incremento de los precios de la energía para pagar sus deudas y generar crecimiento económico.

La democracia soberana de Putin (que tiene poco de democrática) se presenta como un modelo de capitalismo autoritario, una forma de recuperar el orgullo ruso y una base para desafiar las normas de la democracia liberal occidental en el ámbito internacional.

Pero los expertos señalan que el Kremlin no ha aprovechado el buen momento del gas y del petróleo para crear los fundamentos de un crecimiento económico sostenido. Gazprom trata de usar sus inflados beneficios para obtener el control de mercados extranjeros en lugar de invertir en la Federación.

El descenso de la capacidad productiva ha hecho que la fabricación de gas y de crudo haya empezado a bajar por primera vez en 10 años. Y, aunque Putin es popular por haber restaurado el orgullo nacional ruso, la intervención en Georgia es vista por algunos como un signo de debilidad y no de fortaleza. Además, existe una gran oposición a la dura represión estatal. Las protestas sugieren que el modelo no ha logrado la aceptación general.

Moscú y Pekín se sienten cada vez más seguras en su intento de exportar su propio modelo de desarrollo autoritario. No es extraño que otros regímenes autocráticos puedan recibirlo bien.

Pero no parece que las sociedades del resto del planeta se sientan atraídas por conceptos como el de “democracia dirigida”. Además, aunque se habla mucho del éxito de Rusia y de China, India demuestra que la democracia puede permitir un crecimiento igualmente espectacular y sin las violaciones de derechos humanos ni el opresivo control social.

La comunidad de países “impulsores de la democracia” sufre una crisis de confianza. Entre principios y mediados de los ’90 se vieron muchas transiciones que parecían contar con la ayuda de un modelo homogéneo occidental de sociedad civil, gobierno y defensa de los derechos humanos.

Los autócratas han aprendido a defenderse contra las embestidas democratizadoras, y lo que ocurre en Venezuela con Hugo Chávez es prueba de ello. Los Kirchner, en la Argentina, intentan aferrarse al caso de Venezuela. A varios gobernantes latinoamericanos parece fascinarles la permanencia en el poder. No solamente es el caso de Chávez y los Kirchner sino también de Álvaro Uribe en Colombia.

Ese afán por permanecer conduce a formas semiautoritarias de gobierno.

Es curioso porque es el espacio en el que también se desempeñan regímenes autoritarios que retroceden hacia aperturas políticas mínimas, concesiones para mantenerse en el poder, tal como ha ocurrido con la descarada brutalidad de la Junta birmana o del Zanu PF, en Zimbabwe, que buscan técnicas más sutiles y discretas para sofocar la oposición.

A través de la Organización de Cooperación de Shanghai, Rusia, China y los Estados de Asia Central han empezado a cooperar para neutralizar el apoyo occidental a la democracia.

La democracia se enfrenta a graves retos, aún cuando no sea discutible su legitimidad ética. Ferguson concluye: “El péndulo ha pasado de un extremo a otro: en los ’90, había optimistas desmesurados que decían que la democracia representaba el telos natural de la historia; ahora parece que muchos dudan de que la noción de democracia sea una aspiración o un derecho universal. Promoverla en distintos entornos culturales y sociales ha resultado más difícil de lo que muchos predecían. Pero la solución no es volver a caer en un relativismo cultural –como el que defendía que la democracia no era apropiada para la gente de otras regiones–, sino fomentar su desarrollo de una manera más amplia y elaborada“.

Pero todo eso podría ser solamente una manifestación de deseos. Hasta ahora, en concreto… muy poco o nada.

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¿Cuál es el rostro de Europa?

Europa

Por  Marta Cartabia

¿Más Europa o menos Europa? ¿Europeístas o euroescépticos? Con frecuencia, el debate sobre Europa cae en estas simplificaciones. A favor o en contra de Europa, parece que ésta es la cuestión que hay que decidir. De Europa se  habla muy poco, pero en ocasiones es necesario adoptar una postura: un tratado que ratificar, de vez en cuando un  referéndum, dentro de unas semanas las elecciones al Parlamento Europeo.

Pero, ¿cuál es la cara de Europa en el siglo XXI? Ésta es una cuestión que nos preguntamos con menos frecuencia. Para las generaciones más jóvenes la idea de Europa se vincula a la moneda única y a la libertad de circular por todo el continente, sin formalidades en las fronteras. Euro y  Schengen son los símbolos más generalizados de la Unión Europea.

Pero la UE no es sólo esto, nunca ha sido sólo esto. La integración europea es un proceso que ha recorrido un largo camino desde 1950, año de la famosa Declaración Schuman.  “Europa no se construirá gracias a un tratado”, se dijo entonces. Y, de hecho, Europa se hizo con pequeños pasos. Gran realismo y grandes ideales animaron a los padres fundadores en los años 50. Grandes objetivos políticos -la paz y la prosperidad para todo el continente- y medios limitados, pero bien definidos: inicialmente sólo la producción conjunta de carbón y acero. Una aparente desproporción entre los ideales y los instrumentos. Pero aquellos instrumentos tocaban el corazón de todos los problemas de la época: la producción del carbón y del acero, que eran las materias primas esenciales de la industria de guerra. Y, algo decisivo, unieron en un pacto del acero a históricos enemigos de siempre: Francia y Alemania. Un pequeño paso, pero eficaz respecto al gran objetivo de restablecer la paz en un continente asolado continuamente por la guerra. Y una gran magnanimidad al unir los intereses comunes de los enemigos históricos. Como si hoy se unieran las grandes potencias occidentales y todos los países árabes para la producción de petróleo.

Después del primer impulso, a partir de los 60 Europa sufrió varios años de estancamiento y frialdad. Sólo veinte años más tarde pudo impulsarse el relanzamiento del mercado interior, con el Acta Única Europea de 1986. Luego, finalmente, los gloriosos años de Maastricht, el inicio de la Unión Monetaria, la Europa de los bancos y del control de las políticas presupuestarias de los Estados-nación. Europa se convirtió en el motor de la competencia, del mercado y del liberalismo económico en todos los países de una Unión que se ampliaba hacia el Este. El neoliberalismo de matriz europea parecía una respuesta eficaz a los problemas del Viejo Continente a finales del siglo pasado.

Fuerte por el éxito, Europa se atrevió a dar el gran paso hacia la unificación política. Pero la gran operación simbólica del Tratado Constitucional fracasó, herida de muerte por las manos de uno de los grandes países fundadores. Y así el que podría haber sido el salto en la unificación política ha dado paso a una década en que la integración europea ha continuado alejada de cualquier énfasis político y mediático, sobre una base totalmente diferente, pero no menos incisiva: la Europa del siglo XXI ha sido hasta ahora la Europa de los jueces y de los derechos individuales, la de las burocracias y de los niveles “bajos” de las administraciones.

Europa tiene muchas facetas, expresadas durante los más de cincuenta años de integración. ¿Pero cuál será el rostro de Europa en los próximos años? Los retos históricos que se han perfilado en los últimos años son evidentes para todos: el terrorismo internacional, la imponencia de los flujos migratorios, la crisis energética y, más recientemente, la inesperada crisis económica de proporciones mundiales. Estos retos no son menos difíciles que los retos originales. Y, probablemente, es regresando al espíritu de nuestros orígenes como podemos encontrar el impulso para hacerles frente. La gran enseñanza de los padres fundadores es la de un gran realismo y la de grandes ideales para ir directos al corazón de los problemas más candentes de la época contemporánea.

Ante la dimensión de los problemas contemporáneos, Europa no puede permanecer replegada sobre sí misma, ocupándose sólo de micro-normativas de carácter interno que los estados y los ciudadanos europeos asumen cada vez con más dificultad. Debe encontrar el modo de colocarse en el escenario internacional y mundial como interlocutor autorizado de las principales potencias mundiales. Necesitamos un impulso político de carácter internacional, porque los problemas del mundo contemporáneo están en esa dimensión. Ningún estado nacional europeo puede pensar que puede afrontar y resolver por sí mismos los problemas de la inmigración, el terrorismo, la energía, la crisis económica. Desde este punto de vista, Europa no es una opción, sino una verdadera necesidad. En este contexto de grandes ideales es quizás más fácil de ver que lo que nos une es más fuerte que lo que nos divide, como en el tiempo de la fundación de Europa.

El error sería pensar que para hacer esto es necesario, en primer lugar, reforzar las estructuras internas de la Unión. El enésimo proceso de reforma institucional absorbería toda la agenda política y paralizaría las cosas.  No parece necesario o conveniente que para crecer Europa gaste su energía en transformarse en una estructura interna federal y menos aún en una organización estatal. La especificidad de la unificación de Europa es que no niega, sino que valora los estados nacionales, y no va contra ellos. Cada vez que se olvida esta especificidad el proceso de integración se ha estancado.

Es cierto que Europa en las últimas décadas ha sufrido un déficit político y democrático. Ese déficit está provocando la desafección de los pueblos europeos de las instituciones europeas, principalmente del Parlamento, que debe representar a esos pueblos. Pero también ante esta cuestión, tal vez los ciudadanos de Europa y los actores políticos se movilizarían más fácilmente y con más energía con una Unión Europea proyectada sobre el mundo y decidida a afrontar sin vacilar lo que la mayoría siente como problemas propios.

Catedrática de Derecho Constitucional de la U. de Milán

Los héroes de la República

Héroes


Por Alberto Medina Méndez

Una república implica división de poderes. Ese principio supone la capacidad de interrelacionarse de esos poderes, de funcionar en equipo actuando como contrapesos unos de otros y controlándose en forma cruzada.

Para ello, resulta imprescindible la autarquía de los mismos. El concepto de independencia es un criterio relativo. Se es independiente en relación a algo diferente, en este caso respecto de otro poder y de las organizaciones políticas.

La Argentina lleva unos cuantos años de democracia que ha sabido sostener con tropiezos. Sin embargo, nos cuesta aún comprender como ciudadanos la importancia de defender no solo la democracia sino la República. La una sin la otra, tiene poco sentido.

El ejercicio del gobierno suele, inexorablemente, derivar en abusos de autoridad. Siempre es posible que el mandamás de turno se tiente con hacer uso de esa fuerza incontenible, con esa impunidad casi legitimada, que cree que se deriva de una decisión electoral. No entiende que se trata solo de un “préstamo”, de una delegación transitoria de facultades al mandatario que tiene, en realidad, más obligaciones que derechos.

Para evitar esa eventual concentración del poder, resulta preciso acudir a los inteligentes e imperfectos mecanismos que propone la República. Aún con sus defectos, esta institución puede aportar “los frenos” a los exabruptos del poderoso de turno.

Es trascendente que la República funcione, que los poderes se encuentren debidamente balanceados, que nadie consiga aglutinar decisiones, que todos deban rendir cuentas y que puedan ser cuestionados, auditados y hasta despojados de sus atribuciones, cuando ejerzan de modo incorrecto el mandato delegado por los votantes.

El juego de la democracia y de la república tiene sentido, en tanto y en cuanto, consigue evitar un poder incontrolable. Se trata de lograr consensos y no de imponer formas ni decisiones.  Para evitar las atrocidades, están justamente los mecanismos institucionales.

Sin embargo la Argentina, como algunos otros países de estas latitudes, tiene un comportamiento históricamente autoritario y mesiánico. Ciertas sociedades pretenden un líder fuerte, que decida acerca de todo. No solo sobre lo que eventualmente le pudiera corresponder, sino también en relación a las leyes y la justicia.

Es demasiado frecuente escuchar a gente inteligente e instruida reclamando al titular del poder ejecutivo que tome decisiones legislativas o judiciales. Esto NO tiene que ver  con desinformación, sino con una marcada ausencia de convicciones republicanas.

Tal vez no creamos en la República. Quizás solo hayamos registrado esa observación evidente que nos muestra que quien detenta la autoridad conferida por el sistema democrático es aquel que se sienta en el sillón del titular del ejecutivo y que luego hace y deshace con absoluta discrecionalidad.

Un intendente, un gobernador o un presidente, define en ese modelo, no solo sus tareas, sino que establece la agenda legislativa y también la judicial. Salvo honrosas excepciones, decide que normas serán aprobadas y cuales otras rechazadas, y hasta define que fallos judiciales deben demorarse y cuales tomar mayor impulso.

Del otro lado, los serviles de la republiqueta, legisladores y funcionarios judiciales de diferente rango, aceptan mansamente “el empleo”, que fuera acordado en un sistema de lealtades atado a la suerte del propietario de la firma que suscribe las decisiones.

Para que esta payasada funcione como tal se precisan unos cuantos responsables y otros tantos cómplices necesarios. Un ambicioso con ínfulas de monarca, una secta de alcahuetes y traidores en potencia, y una sociedad sin convicciones.

Seguramente no será fácil librarse de los que están trabajando para constituirse en el próximo Mesías, ni de los aduladores profesionales. La especie humana está plagada de personajes como ellos. Sin embargo, una comunidad puede adquirir la confianza suficiente en un sistema imperfecto, pero claramente superador de la perversidad actual.

Buena parte de esa sociedad cree que la República esta dibujada, que es solo una institución ideal. Por eso sigue apostando a fuertes liderazgos. Pero puede y debe animarse a confiar en los mecanismos que otros países han aprendido con esfuerzo y diversa efectividad. Para ello, resulta imprescindible, tener una escala de valores y creer incondicionalmente en ella. En el proceso habrá, muchas veces, que privilegiar esas creencias por sobre las supuestas y tentadoras soluciones simplistas.

No tenemos República porque no hemos sido capaces de defenderla. No hemos tomado nota que el poder en pocas manos es peligroso, y que la esencia de la equidad es el equilibrio de las fuerzas. Aquel que todo lo puede, siempre tendrá sus preferencias y las ejercerá con la discrecionalidad e impunidad que la sociedad le permita.

Por eso, cuando vemos a legisladores capaces de resistir, remando contra la corriente, pidiendo informes y luchando por la transparencia, exigiendo a los demás poderes que hagan lo suyo y aportando las normas para que el ejecutivo las aplique, tenemos la responsabilidad de respaldarlos, aun en las diferencias.

Cuando los fiscales y los jueces son capaces de arriesgar su comodidad para investigar al poder, o fallar en contra de sus lineales intereses, cabe apoyarlos en forma irrestricta.

Si realmente se entiende el concepto de República, debemos defender a capa y espada, a aquellos hombres y mujeres que son capaces de resistir la tentación de buscar los calores del poder, que entienden que son empleados de la República y no de quienes eventualmente los promovieron en la lucha política.

En esa escala de valores, los hombres que se dedican a la cosa pública, deben comprender que su único compromiso es con la sociedad y con los derechos de cada ciudadano. Si no pueden sumar a esa causa, si solo son títeres del poderoso de turno, tal vez deban dar un paso al costado, revisando sus atrofiados e inconfesables principios. Asumir ciertas responsabilidades implica tener la grandeza suficiente para ocupar esos lugares. Esas posiciones, la del legislador, la del fiscal o la del juez, están reservados para gente INTEGRA. Los “escribanos” de decisiones ajenas, los que esperan la llamada telefónica con la orden actualizada, no merecen ni el espacio ni el respeto de la sociedad. No solo no hacen su tarea, sino que son mediocres a los que la historia no les tiene reservado ningún lugar de privilegio. Ni siquiera sus hijos podrán enorgullecerse del patético rol irrelevante que cumplieron, dejando pasar la oportunidad de hacer algo útil por sus vidas y su dignidad para dejarles un legado ejemplar a sus sucesores.

Hay que defender a los jueces que trabajan bien, a los fiscales, a los legisladores, a los que son capaces de establecer los indispensables contrapesos. Ellos son los héroes, muchas veces anónimos, de esta República anémica que supimos conseguir.

Cuando un fiscal investiga las denuncias de corrupción que recaen sobre el poder de turno, cuando un juez es capaz de darle impulso a una causa antipática para los gobernantes, cuando un legislador pide informes exigiendo transparencia, debemos apoyarlos como sociedad, sosteniendo públicamente a los que buscan verdades. No se trata de potenciar esas denuncias, sino de imprimirles idéntica fuerza para evitar caer en el “clásico” de las causas frenadas de esta bendita tierra.

Nuestra evidente ausencia de convicciones como sociedad, tal vez no nos haga merecedores de tanta entrega republicana. Pero alguien debe animarse a dar la batalla moral. Esos, ellos, los que están dispuestos a arriesgar su comodidad, merecen mucho más que nuestro respeto, porque están mostrando el camino correcto. Nosotros, como comunidad, aún no comprendimos la importancia de sostener las instituciones. Ellos, definitivamente son la reserva moral de esta sociedad. Con su lucha, defienden las instituciones. Sin dudarlo, son los héroes de la República.

Alberto Medina Méndez

03783 – 15602694

Corrientes – Corrientes – Argentina

amedinamendez@gmail.com

El día del padre

Stalin

Por Teódulo López Meléndez

El día del padre, que es como una madre, se regalaron celulares y a una nueva promoción de “jóvenes revolucionarios” se les ofreció carros iraníes. El día del padre sucedió lo que ni Mao ni Stalin estuvieron en capacidad de hacer: expropiar todo el territorio nacional  de un solo plumazo televisivo, al asegurar que todas las tierras son del Estado. Juan Vicente Gómez rezongó y seguramente dejó caer “…y pensar que decían que para mí el país era como mi hacienda”. El día del padre se puso un tope al valor de los alquileres, de manera que lo mismo cuesta el de un rancho que el de un Pent House en una urbanización de lujo, lo que protegerá a los bolivarianos que todavía no han reunido lo suficiente para comprarse una mansión. El día del padre se sentenció a Globovisión y se dejó claro que otros medios están advertidos.

Hemos tenido el mejor día del padre. Al día siguiente se anunció que “a partir de este momento” todas las fuerzas partidistas “están unidas” y uno se pregunta si no estaban ya unidas -diez o quince días atrás- cuando anunciaron la creación de un frente. Esperemos que en la próxima rueda de prensa no vuelvan a decir que “a partir de este momento estamos unidos”, porque si lo repiten los ciudadanos pensaremos que nos enfrentamos a una suprema mamadera de gallo. Se declararon en alerta, pero debe ser para esperar el trancazo, pues no anunciaron nada, no trazaron nada, no convocaron a nada. Tal vez por ello este servidor se ha sumado al “cornetazo” que para  este miércoles 13 a las 6 de la tarde están convocando ciudadanos comunes bajo el lema “Un llamado a la libertad” y que implica también que quienes no tengan carro ayuden con un cacerolazo.

El día del padre el PSUV se declaró Tribunal Supremo, Fiscalía General y Estado de Derecho reencarnado al aseverar que “el partido investigará” a Nelson Bocaranda. El día del padre se decidió llamarlo “Señor golpista” en lugar de Señor Presidente. Es contrastante, pues en la Asamblea Nacional lo llaman “Padre Nuestro que estás en los cielos”.

El día del padre, que ahora se celebrará en Venezuela el primer domingo de cada mayo, si es que las madres lo permiten, fue la muestra acariciante y amorosa para “quienes están conmigo” y del odio irracional para los demás. El padre premia y castiga a sus poseídos, esto es, a los habitantes de lo que se llamaba Venezuela y que el Día del Padre fue expropiada en su totalidad con todo adentro. El padre es bueno si no lo irritan, si nadie informa, si nadie habla, si nadie critica, si nadie abre la boca. El padre es tierno y comprensivo si todos hacen genuflexiones, si todos le lamben las botas. Si se portan bien tendrán su celular y si es necesario ganarse a la juventud habrá autos. El CNE se había anticipado a darle su regalo al padre, al decir -cuando organizaron el referéndum en un mes- que las elecciones para Alcalde de Maracaibo se podrán hacer a finales de año. Así el padre tendrá tiempo de seguir expropiando a ver si los maracuchos se voltean.

Stalin está molesto, Stalin está irritado. Desde las profundidades cavernosas del infierno alega que sólo a él se le llamaba “padrecito”, que él quiere seguir manteniendo en exclusividad el título que jamás otro gobernante había obtenido.

teodulolopezm@yahoo.com

El desarreglo del lenguaje

distorsiones 4

por Teódulo López Meléndez

Manifestación.- En mis tiempos de dirigente estudiantil cuando se decidía salir a la calle se iba a una manifestación. No entiendo porqué ahora se llama “marcha”, a menos que el lenguaje militar se haya introyectado de tal manera en la psiquis colectiva que hablamos lenguaje cuartelario sin percibirlo. Hay que acabar con esa palabreja, hay que llamar manifestación a lo que manifiesta, a la gente gritando por las calles en ejercicio de sus libertades públicas. Si van a convocar a otro ejercicio colectivo de caminar al menos no la llamen “marcha”, si van a convocar a otra prueba de resistencia a los gases “de los buenos” por lo menos llámenla manifestación, porque esta palabra da el sentido exacto de fortaleza, de voluntad y de decisión. Las palabras se desgastan y una que está hecha hilachas es “marcha”.

La ficción de Ledezma.- Voté por Antonio Ledezma para Alcalde Mayor. Lo hice, no sólo por ser el candidato de lo que en otros tiempos tal vez se podía llamar “oposición” y que ahora debe ser llamada resistencia. Lo hice porque ejecutó la mejor campaña electoral de todas las que se hicieron. Es más, voté por él con la tarjeta de su partido “Alianza Bravo Pueblo” porque estimé que se lo merecía. Antonio Ledezma ha podido ser un Alcalde de lujo, uno para hacer historia, como la hicieron algunos de los Alcaldes de Bogotá o de Medellín. Advertí repetidas veces que el régimen iría por él. Lo dejaron solo, permitieron las tomas armadas de su sede sin la menor protesta; la llamada “oposición” incurrió en otra omisión criminal. Lo liquidaron, lo despojaron, literalmente lo fusilaron ante los ojos impasibles de estos dirigentillos complacientes.

Ledezma ha resistido a su manera. De una manera típica de un “demócrata”, es verdad, pero realmente es difícil encontrar otra forma a la que haya podido recurrir el Alcalde Mayor execrado, cuando los cientos de miles que votaron por él no hicieron el menor gesto en su defensa. Algunos advertimos, llamamos a la acción, anunciamos que la Asamblea Nacional de focas “legislaría” para decapitarlo, pero fuimos desoídos, tal vez porque los dirigentillos pensaron que allí se estaba incubando un eventual candidato presidencial o porque esas acciones oficialistas eran simples “trapos rojos” para sacarlos de su ensimismamiento electoralista.

Ahora le terminan de quitar todo, hasta los bomberos. Le van a quitar hasta el modo de caminar. Ledezma se empeña en seguir diciendo que es el Alcalde Mayor, pero no lo es, sino de nombre y de una inexistente “legalidad democrática”. No tiene nada. El Alcalde Mayor Antonio Ledezma ha pasado a ser una ficción que él se empeña en mantener. A Antonio Ledezma hay que observarle, con el mayor respeto por su condición de hombre decente, que la ficción no es sostenible en el tiempo. Algunas ideas sobre su futuro comportamiento futuro deberán venirle a la cabeza, pero debe ser él quien tome las decisiones. A medida que pasen los días la ficción se hará menos sostenible y las peroratas de quienes hablan de San Antonio de Ledezma y hasta lo comparan con el Antonio de Ledesma de nuestra colonia y que salió a combatir a los piratas –hasta el punto de algunos sostener fue la inspiración de Cervantes- no serán más que pajazos tirados al viento.

En el fondo, el problema no es de Ledezma. En el fondo el asunto es mucho más peliagudo pues implica la factibilidad de ejercer un cargo público de elección popular en el envoltorio de una dictadura. Ese intríngulis es extremadamente peligroso pues las respuestas conducen a un callejón sin salida aparente. El golpe de Estado ha sido consumado, es necesario admitirlo.

Sin embargo, ahora Ledezma revienta y reta a quienes no estén con la unidad a decirlo. ¿A quién se refiere Ledezma? Recordemos que leyó un comunicado de creación de un Frente que anunciaba acciones conjuntas y en el cual se aseguraba que la “marcha” del 1ero de mayo era apenas la primera acción. ¿Dónde están las demás acciones? ¿Existe ese frente o fue otra ficción? Debemos entender que Ledezma se refería a los partidos supuestamente signatarios de ese acuerdo.

Sobre el ejercicio de acciones de gobierno por parte de funcionarios no oficialistas, la decisión más inteligente que he visto es la de transferir los ambulatorios a las Juntas Comunales, acierto del gobernador de Miranda Enrique Capriles. En primer lugar, porque obliga a la dictadura a ir a despojar a una institución, por ella creada, de atribuciones directas,  esto es, a seguir con las ocupaciones malandras de centros de salud para dejarlo en el aire. En segundo lugar, porque es la perfecta ejecución de lo que he planteado en diversas ocasiones: lavar con agua y jabón buenas ideas prostituidas por este gobierno con el sectarismo, “camisas rojas” e ideologización bastarda.

Unidad, unidad.- Gritan “unidad” como la gran panacea a nuestro males. Lo hacen después de haber aparecido en un acto anunciando la creación de un frente, lo que quiere decir  que aquello no fue más que una pantomima. Todo lo reducen a gritar “unidad”, sin anunciar una acción, sin establecer un cronograma de movimientos, sin plantearle salidas a la sociedad venezolana. No tienen nada que decir sino vociferar “unidad”, como si verlos a todos juntos fuese capaz de provocar una crisis política de magnitudes sísmicas.

Globovisión y el sismo.- Lo de la apertura a Globovisión de un nuevo expediente por la información sobre el sismo que conmovió a Caracas y a buena parte de la región central es un acto de ridiculez, de extravagancia y de desfachatez. He revisto la intervención de Alberto Federico Ravell esa madrugada y allí no hay absolutamente nada. El director del canal llama a la calma, a la tranquilidad, e informa que según el Sistema Sismológico de Estados Unidos el temblor fue de 5.4 en la escala de Richter, pero que afortunadamente no hay daños materiales ni pérdidas humanas. Lo que parece estar detrás de esta nueva medida es un complejo de inferioridad vergonzante. Ravell fue a informarse con los gringos porque aquí no conseguía los detalles. Eso no tiene perdón del “proceso revolucionario”.

Esto puede ser considerado lo anecdótico, pero va más allá. La dictadura quería otro procedimiento abierto para tener el número exacto de sanciones posibles que conlleven al cierre definitivo. Tiene ya listo otro “expediente”, de esos que se abren y se cierran, para lograr bajar la “intensidad” de las informaciones. Globovisión, por ejemplo, no informó absolutamente nada de las inmensas colas que había en las gasolineras de Caracas el jueves siete de mayo, día en el cual la iniciativa popular había pedido a los ciudadanos llenar el tanque.

Hay desarreglos en el lenguaje y los desarreglos en el lenguaje se traducen en desarreglos en el comportamiento. A veces comparo la situación venezolana con un gráfico donde la flecha está a punto de superar el marco y de golpe y porrazo desciende. Cuando me pongo a estudiar el descenso encuentro siempre a Globovisión, a Ledezma y a los zorros ululantes que aúllan “unidad”.

teodulolopezm@yahoo.com

Tarea de manualidades

resistencia-4

por Teódulo López Meléndez

Escucho, leo y veo, y así como la directiva del Colegio Nacional de Periodistas se dedicó, el Día Mundial de la Libertad de Expresión, a hacer una tarea de manualidades construyendo un dedo de cartón, mucho me temo que hay que hacer una tarea de lenguaje y una de conceptos, no una propia de escolares que, en lo que llaman “actividades extra-cátedra”, se distraen aprendiendo los rudimentos de la pega, del cartón y la madera.

De escuchar, leer y ver uno se siembra en el asombro. Ha retornado el lenguaje contemporizador. El líder de un partido despacha como algo de segunda importancia la represión del 1 de mayo y advierte que esa son “trampas” del gobierno en las cuales no se puede caer. Fijémonos en la variante: desaparece la expresión “trapo rojo” con la cual se justificó toda omisión y se suplanta por la expresión “trampa”. Los efectos políticos son los mismos. Otro vocero público que no tiene partido, pero fue muy activo en la Coordinadora Democrática, declara a una página web que no se debe hablar de “oposición” sino de “disidencia”. Disidir es separarse de la común doctrina, creencia o conducta. Esto es, quienes nos oponemos al régimen lo hacemos porque hemos abandonado lo mayoritario, lo aceptado y seguramente el camino que la nación ha decidido seguir. El declarante agrega que “nunca” deberemos abandonar la vía electoral.

El líder del partido a que nos referimos hace “oposición”, una suave, contemporizadora, light y podríamos argumentar que cómplice. Oposición se hace a un gobierno democrático. A una dictadura se le opone resistencia. Más aún, ejercer oposición light, contemporizadora y suave a una dictadura sólo tiene en la lengua que hablamos un calificativo: complicidad, más aún, si en los chismes de esta sociedad chismosa se corre la voz de que el personaje de marras mantiene regulares y apacibles entrevistas con algún representante conspicuo de la dictadura. En cuanto al negociador de la Coordinadora Democrática queda en evidencia que no somos disidentes; debemos calificarnos como resistentes al régimen opresor. Algunos han inventado otro interesante giro lingüístico: no llamarnos oposición, sino alternativa. Si alguien ha reclamado un proyecto de país y una concepción ha sido este articulista que, como podrán entender los lectores, está conteniendo la arrechera para no dañar el teclado de la computadora. Sin embargo, admitiendo –como yo lo entiendo y lo practico- que hay que resistir y conceptuar al mismo tiempo, equivale a desconocer la realidad y a esconder la cabeza como un avestruz, obviar la represión desatada por la presente dictadura. Si se obvia, si se minimaliza y si desde una vez se proclama que “nunca” debemos abandonar el camino electoral, lo que se nos está diciendo, ni más ni menos, es que no ejercerán resistencia alguna y que se dedicarán a esperar las próximas elecciones, mientras el gobierno elimina a personajes públicos y avanza en su proyecto “legislativo” desde la Asamblea Nacional de focas.

En esta “tarea de manualidades” que ejerzo mientras escribo, tratando de mantenerme de “baja intensidad”, es necesario precisar varias cosas. En un concepto de resistencia no cabe la palabra “nunca”. En este momento, y ante la experiencia, uno puede sostener que es necesario participar en las próximas elecciones donde se amontonará la selección de concejales, miembros de Juntas Parroquiales y diputados a la Asamblea Nacional. No sabemos cuales serán las condiciones existentes para el momento de esa elección, pero podemos avizorar que estaremos en un avanzado estado de totalitarismo. En pocas palabras, frente a una dictadura jamás se pueden saber de antemano los detalles ni las circunstancias. Frente a una dictadura es muy posible que convenga participar electoralmente, como es posible que convenga dejarla sola en una farsa electoral. Es muy posible que convenga forzarla al fraude para producir una crisis, como es posible que convenga participar porque hay factores que la forzarán a reconocer los resultados. Lo que sucede es que estos declarantes sólo consideran el camino electoral para abstenerse de ejercer resistencia. Lo que ocurre es que estos declarantes sólo ven la vía electoral para no ver algo que pueda afectarlos. Lo que pasa es que estos declarantes tienen tapaojos y no tapabocas, porque creen que la epidemia de gripe les puede entrar por los ojos. Lo que acontece es que estos declarantes carecen de inteligencia y no comprenden que dentro de una estrategia global la participación o no en unas elecciones específicas es apenas una táctica, no la totalidad del planteamiento. Como son cortos de mira creen que lo contrario a participación electoral es la violencia.

Si alguna vía no se debe ejercer contra una dictadura es la violencia, porque la dictadura tendrá siempre un poder de fuego infinitamente superior al de los civiles que se le oponen, como lo he repetido insistentemente. Uno comprende dos fenómenos que se producen en estos casos: por un lado el miedo y por el otro la desesperación. Esta última conlleva a presentar salidas descabelladas, como ejercer una suicida resistencia armada y no falta quien proponga acciones de tipo guerrilla. El primero ayuda considerablemente a la inacción, sobretodo incrementado por estos declarantes que se arropan en que hay que esperar las próximas elecciones y no más. El segundo es un drenaje equivocado y temerario. A las dictaduras se le opone inteligencia, no violencia. Ahora, oponerle inteligencia es resistir, precisamente lo que no quieren hacer estos declarantes, en primer lugar porque no la tienen y, en segundo lugar, porque hacerlo los saca de la comodidad del ejercicio de una “oposición” que conceptualmente no cabe. Aquí no estamos en Inglaterra donde se ejerce la oposición “en nombre de Su Majestad la Reina”. Aquí no cabe la oposición, sino la resistencia.

La resistencia se ejerce desde el acto más aparentemente nimio hasta acciones de calle sincronizadas no violentas. He propuesto unas cuantas que tengo la seguridad no serán tomadas en cuenta porque, según los declarantes, deberemos esperar las próximas elecciones para que todos votemos por las mismas y repetidas caras que nos presentarán. La violencia la ejercerá la dictadura hipocondríaca y resistir esa violencia que no se puede evitar es también un ejercicio táctico, un aprendizaje y la asunción de un comportamiento.

Hasta con el temblor de tierra que padecimos hemos visto consecuencias políticas. Si el Alcalde Mayor, argumentando que los informes de bomberos y Defensa Civil indican que es mejor inspeccionar las escuelas en busca de daños ocultos y suspender las clases por unas horas, salta el Ministro de Educación a decir que habrá sanciones para quienes las suspendan. Si el director de Globovisión, porque tiene sangre de periodista, informa, se le acusa de especular. Todo dentro del envoltorio de que se ha utilizado el temblor para desestabilizar. Esto indica que cualquier movimiento de resistencia, que no es el caso del temblor, será calificado de inmediato de conspiración y si a algo le tienen miedo los declarantes es a que se dude de su “integridad de demócratas”. Pero hay algo más, lo que sí incluye al temblor, y es que el gobierno está empeñado en dejar claro que no soporta gobernantes –léase alcaldes y gobernadores- que no sean del partido oficial de la dictadura. No voy a elencar de nuevo las persecuciones contra ellos, sólo a dejar constancia de un camino oficialista que devalúa el voto, que elimina el camino de las urnas electorales como mecanismo de producción de resultados respetables. ¿Es que acaso los declarantes no ven esta verdad de Perogrullo? La población ve las violaciones que cito y se interroga sobre otro dedo, ese que algunos escenificaron bajo el locuaz título de “dedito manchado”, y se somete a preguntas serias y graves. La dictadura misma, ¿no llegará el momento en que, teniendo absolutamente todo bajo su égida y descubierto a plenitud su carácter en el plano internacional, se interrogará sobre la conveniencia o no de convocar actos electorales? Aquí ya no se trata ni siquiera -por parte de gobernadores y alcaldes no oficialistas- de tratar de demostrar que se puede gobernar con eficacia y atender los problemas puntuales de la gente. Ledezma dice que pedirá dinero a los habitantes de Caracas y en el extranjero. No habrá nadie en el extranjero que contribuya con el Alcalde execrado, como no habrá ciudadanos que den dinero además de pagar impuestos, como no habrá empresas a ir más allá de arreglar algún jardincito de la Gran Caracas. Algunos han proclamado que ahora existen dos San Antonio, uno de Padova y otro de Ledezma. Cuán equivocados andan.

No podemos depender de la espera de las próximas elecciones, hay que ejercer la resistencia. Sólo que, viendo, oyendo y mirando, uno llega la conclusión de que los dirigentes de estos partidos llamados, de manera conceptualmente equivocada, de “oposición”, no la van a hacer, que dedicarán su tiempo y esfuerzos a seguir declarando, a “oponerse” como si estuviésemos frente a un gobierno democrático, a seguir esperando las próximas elecciones frente a un gobierno obsesivamente empeñado en demostrar que el voto no vale. Hay que hacer, entonces, una tarea de ensamblaje, de traza de una red que conecte los muchos desengaños y los muchos conflictos existentes, de una iniciativa que trascienda a los partidos y los obligue a ponerse a la cola de la sociedad decidida. Un estudio detenido de este caos indica que muchos emprendimientos se perderán, pero que, finalmente, uno prenderá en la conciencia nacional y el país se enganchará en él. Si ello no sucede, entraremos en la anarquía con un desbordamiento incontrolado y entonces podríamos ver a los declarantes corriendo a Palacio a hacerse con el gobierno que no merecen y que no tendrán nunca, por ineptos.

Cada uno debe contribuir desde su trinchera. Este servidor escribe artículos de opinión, no para catarsis inútil insultando, sino para dar ideas precisas de comportamiento, y mantiene un espacio para el desarrollo de ideas de una democracia del siglo XXI. Si yo tuviera acceso a los “medios oligárquicos” me permitiría aplicar lo del llamado a dejar las calles solas en determinadas horas de determinados días. Para empezar, porque resistir es imaginación. Resistir es mantener la mente en funcionamiento. Resistir es no parecerse a los declarantes.

teodulolopezm@yahoo.com

EL MIEDO: Primer disipador del caos social

miedo

(*) Por: Andrés Simón Moreno Arreche

Resumen:

Sostuvimos en nuestro ensayo “Venezuela y las Leyes del Caos Social” que la primera fase del auto organización de las sociedades es la llamada ‘Fase Controlentrópica’, el primero de los cuatro procesos que dinamizan las estructuras sociales. Decíamos que cuando los sistemas sociales son estables, se organiza la cohesión psico-social de una población alrededor de una institucionalidad estatal, que es orientadora y coherente con una narrativa discursiva, la misma que explica la necesidad del tipo de organización económica, que a su vez sustenta la materialidad del sistema y que permite un crecimiento demográfico de acuerdo con ella, en la medida que las condiciones  ambientales, geográficas y sociales lo permitan.

Cuando estas instancias están en congruencia se habla de una fase en la que el sistema mantiene bajo su mando los mecanismos reductores de la entropía. Es allí cuando el sistema se encuentra en la fase controlentrópica, la que en sociedades democráticas y participativas, abre el crecimiento del sistema en su conjunto, impulsa un desarrollo económico que permite la satisfacción de las necesidades de las élites así como de la población, y estabiliza y fortalece de tal manera el inconsciente colectivo, llamado también carácter social que propicia el crecimiento demográfico, aumentando la población joven.

Pero cuando la controlentropía se ejecuta en ambientes sociales ‘cerrados’, dirigidos por un líder que controla a su vez el conjunto de subsistemas sociales y éstos responden a una visión única, mesiánica y revolucionaria, entonces esta fase cierra el crecimiento social (o lo condiciona), induce  y dirige unilateralmente la economía, genera grandes insatisfacciones en la población y desestabiliza el inconsciente colectivo, provocando un cambio artificioso del carácter social que introduce profundas desviaciones en el contrato social previamente convenido y consensuado que llamamos proyecto país.

Para reafirmarse en los distintos colectivos y prologar lo más posible el estadio controlentrópico, las sociedades (a través de las instituciones gubernamentales, o de los entes formadores y forjadores del carácter social) utilizan diversos sistemas de control social que aquí llamamos ‘disipadores del caos social’. Pretendemos en este ensayo identificar los ‘disipadores del caos social’ más comunes y mostrar cómo y en cuáles fases de la controlentropía se utilizan.

0.- APROXIMACIÓN HOLÍSTICA

Los ‘disipadores del caos social’ pueden ser considerados, a priori como elementos del control social, que es el conjunto de prácticas, actitudes y valores destinados a mantener el orden establecido en las sociedades. Aunque a veces el control social se realiza por medios coactivos o violentos, el control social también incluye formas no específicamente coactivas, como los prejuicios, los valores y las creencias.

Entre los medios de control social están las normas sociales, las instituciones, la religión, las leyes, las jerarquías, los medios de represión, la indoctrinación, los comportamientos generalmente aceptados y los usos y costumbres (sistema informal, que puede incluir prejuicios) y leyes (sistema formal, que incluye sanciones). La sociología moderna reconoce 6 tipos de controles:

1.- El Control físico que es  la fuerza, la violencia, el castigo que se aplica al individuo que la sociedad determina está fuera de las normas establecidas y que se considera un peligro para la supervivencia de la sociedad y de sus integrantes.  2.- Control social primario y aquí nos referimos a la familia. Ésta controla y condiciona al individuo desde que nace. La forma que influye la familia sobre el individuo es afectivamente. Para que el niño aprenda recibe regalos o castigos. La imitación es la primera forma en la que el niño aprende de la familia, además, ésta tiene el deber de estimular lingüísticamente al individuo y de enseñarle los hábitos de limpieza. La familia inspira en el niño unos valores, es decir, que la familia “socializa” e introducir al individuo en la sociedad.  3.- El control político, que se ejerce a través de las leyes (legislativo), con la intervención del gobierno (ejecutivo) y con la aplicación de esas leyes (judicial). Hay que considerar que el control político también es ejercido en las sociedades por los medios de comunicación, que sin considerar aquí su rol (opositores, oficialistas, independientes) o su línea editorial, las sociedades occidentales les han atribuido un papel de ‘contralores comunicantes’, también llamado ‘Cuarto Poder’.   El verdadero control social debería ser el control 4.- El control moral, palabra de origen latino (mos-moris) que se refiere a las costumbres. La influencia de las costumbres en el individuo va en función de su temporalidad, pues las hay pasajeras o perdurables. Las pasajeras (como la moda) son las menos importantes, pero las perdurables son las que llegan a controlar el comportamiento de los individuos a través de generaciones, porque las costumbres coaccionan socialmente y controlan el comportamiento.   5.- El control de clases, también llamado ‘de las ocupaciones’. Este control social se imbrica en la existencia de clases sociales medidas a partir de las pertenencias físicas, las zonas geográficas, la solvencia económica o el tipo de desempeño profesional de sus integrantes. Todos estos aspectos describen y determinan roles sociales que terminan estableciendo controles, como la mayor o mejor educación de los individuos, aunque la educación esté diseñada por el Estado para legitimar a los individuos. 6.- El control de las estratificaciones, un control que alude a otros aspectos, no solo económicos sino también culturales pues la sociedad puede estar estratificada en castas, como India o Japón, en grupos etarios, en grupos económicos, en asociaciones y clubes y en un sinfín de clases y sub grupos tan amplios como las divergencias que se puedan suscitar espontáneamente en una sociedad.

Aún a sabiendas que los controles sociales pueden ser variados en su tipo y diferentes en su aplicación, la Teoría del Caos Social, con su corpus de teoremas, leyes y normas, concibe a los controles sociales sólo dentro de las funciones controlentrópicas del proceso dinámico de las sociedades, que como hemos analizado en los ensayos precedentes, se trata de un proceso dinámico en cuatro etapas:

1.- La primera fase de la auto organización de las sociedades es la llamada Controlentrópica integrada por aquellos procesos que el sistema utiliza para controlar los mecanismos reductores de la entropía. Cuando los sistemas sociales son estables se organiza la cohesión psico-social de una población en una institucionalidad estatal, que es orientadora y coherente con una narrativa discursiva que explica la necesidad del tipo de organización económica que sustenta la materialidad del sistema y permite un crecimiento demográfico de acuerdo con ella, en la medida que las condiciones lo permitan. Cuando estas instancias están en congruencia se habla de una fase en que el sistema mantiene bajo su mando los mecanismos reductores de la entropía, el sistema se encuentra en la fase Controlentrópica, y se abre el crecimiento del sistema en su conjunto; impulsa un crecimiento económico lo que permite la satisfacción de las necesidades de las élites así como de la población, estabilizando y fortaleciendo de tal manera el inconsciente colectivo, llamado también carácter social y, permitiendo un crecimiento demográfico, aumentando la población joven. Lo que genera entradas de financiación fiscal al Estado, que potencian su expansión para satisfacer el crecimiento demográfico de las clases dominantes, dándoles trabajo al interior del Estado, lo que conlleva a la consolidación y el fortalecimiento de la institucionalidad y la narrativa discursiva que justifica y legitima toda la organización social.

La estructura social de venezolana fue ‘Controlentrópica’ desde 1958 hasta los dos primeros años de la Presidencia de Jaime Lusinchi, lapso durante el cual los periodos de crecimiento, fueron procesos de fortalecimiento político y social. Estos procesos de fortalecimiento son lo que se conocen como la retroalimentación positiva, para diferenciarlos de la retroalimentación negativa o regulativa.

2.- La segunda fase, la Fase Entrópica, es económicamente hablando, de recesión larga, debido al decrecimiento agrícola y por otro, por la caída de la cuota media de ganancia en las sociedades capitalistas. La subsistencia de la población productora y  de las elites dominantes ven bloqueadas sus posibilidades de acceso al Estado, el cual ve restringido los impuestos, situación que provoca déficit fiscales, que acompañados por las altas presiones demográficas de las elites jóvenes y de las insatisfacciones poblacionales, generan una importante crisis políticas del estado.

El paradigma cultural del ‘estado-nación’ establecida pierde eficacia orientadora en el conjunto social y el mecanismo de control psico-social se vuelve incongruente, entre lo que se cree y siente. La realidad percibida en el inconsciente colectivo comienza a fracturar la relación-sentimiento entre la fe en el proyecto político y la ineficacia que muestra la narrativa dominante para justificarse. La población se torna ambivalente. Las presiones demográficas, la crisis fiscal, la división de las elites jóvenes insatisfechas, la angustia inflacionaria y las presiones tributarias en el pueblo que generan la aguda ambivalencia psico-social, son los índices característicos que muestran que los mecanismos reductores de la entropía se vuelven ineficaces, conduciendo con ello a que una entropía global del sistema aumente aún más.

La entropización global es el periodo que vive la sociedad venezolana a partir del mandato de Luis Herrera Campins, una entropía política y social que está sincronizada con dos fenómenos: El desmoronamiento de la institucionalidad y el crack económico producido por el Viernes Negro, cuando se decreta un control de cambios y la estabilidad económica del país comienza un oscuro periplo que aún se transita en estos tiempos de la Quinta República y la Revolución Bolivariana.

3.- La tercera etapa es la llamada Fase Caótica. El espacio psico-social comienza a entrar en la denominada sobrecarga depresiva. Las anomalías paradigmáticas se trasladan al centro del sistema, aunque cierta gente sigue fiel al paradigma cultural, pero sus emociones le están mostrando sus profundas anomalías. El sistema ya no funciona. El paradigma cultural está mintiendo. Este periodo psico-social es como una recta ascendente que se aleja hacia el infinito, la cual llegado a un momento, atraviesa un umbral y traspasa un punto de no retorno, a partir del cual la población manifiesta abiertamente su rechazo.

La población comienza a reunirse espontáneamente, y los que ya están en un estado de exaltación, reconocen su afinidad y empiezan a formar grupos y unos y otros comienzan a protestar y rebelarse. Se renueva el antiguo paradigma o se comienza a elaborar uno nuevo, formándose así múltiples grupos, abriéndose así una fase caótica del sistema, caracterizado este periodo con una serie de rebeliones, insurrecciones y movimientos de todo tipo, (religiosos, políticos, sindicales, culturales, étnicos, etc.), al comienzo en la zonas, áreas y regiones periféricas del sistema, allí donde los mecanismos de control son aún más débiles. El sistema dominante comienza a perder respaldo público y seguidores, la gente comienza a desobedecer, el control comunicativo se rompe, se está en la fase de entropía comunicativa o caótica, surge ‘El Caracazo’ como entropía comunicativa y nuevas formas de solidaridad social comenzaron a auto-organizarse.

Surgió a partir de allí un nuevo paradigma poderoso: la desobediencia civil y comienza a encausarse en una nueva realidad. Este periodo de caos es una fase de la inestabilidad caracterizada por amplias fluctuaciones de todo tipo, que se traducen en posibilidades de cambio social, lo que en la Teoría del Caos se conocen como bifurcaciones. En la fase caótica o de entropía comunicativa, de fluctuaciones y bifurcaciones, surge espontáneamente la auto-organización del sistema, a través, de una figura, que en la Teoría del Caos se conoce como atractor extraño o atractor caótico.

Chávez encarnó el papel de ‘atractor extraño’ en un momento de nuestra historia. Chávez fue como una figura geométrica compuesta por varias cuencas de atracción, por las cuales orbitan y circulan los elementos considerados, en nuestro caso, como movimientos sociales.  Los diferentes sistemas, que cada uno se desarrollaban por su cuenta, comienzan a encontrarse y a reconocer afinidades, a reconocer que se encuentran en una experiencia fundamental, que es la vivencia de un estado mental colectivo exaltado y entusiasta, lleno de sentido la cual los activa en su movimiento social. Con todo, los diferentes movimientos se reconocen entre sí y comienza un periodo de alianzas, allí donde multitud de activistas transitan de organización en organización o crean nuevas hasta sentirse identificados.

Otra manifestación de las orbitaciones se da cuando los movimientos que surgen a propósito del caos social comienzan a justificarse, buscando precedentes en la historia: Héroes, episodios o ideologías con las cuales identificar el proyecto político mientras genera una amalgama conceptual-sentimental con el dintorno social. Llevado esto a la matemática cuántica, se trata de orbitaciones en el espacio semiótico, allí donde el pasado y el presente está siempre presente, por lo cual es fácilmente atraíble al nuevo atractor.

La caotización de la formación global genera las inestabilidades, o más bien el comienzo del derrumbe de los Estados y, aquí solo estamos hablando del primer periodo, cuando el estado aún está en pié. Al jurar sobre ‘La Moribunda’ y emplazar al país hacia la Quinta República, Chávez no hizo otra cosa que ratificar el destino que le tenía preparado el Principio de la Turbulencia de la Ley del Vórtice.

4.- La cuarta etapa, o Fase Negentrópica es la del Estado naciente visto como una reorganización de todo el campo de la solidaridad o de la cohesión del sistema. Es una auto-organización del sistema. Si las condiciones son las propicias para la reorganización global del sistema, se está frente a un proceso de revolución cultural, lo cual implica una reordenación del campo social, político, económico y paradigmático e incluso ecológico. Es lo que se conoce como la fase negentrópica del sistema y que es el momento cuando Chávez se vuelve dominante o está en el centro del sistema. Es un periodo de creación ilimitada de las fantasías, donde se multiplican las bifurcaciones, generando una atmósfera de entusiasmo; se está, entonces, frente a una nueva realidad sociopolítica.

El lugar estructural donde se desenvuelve el estado naciente es la instancia psico-social, el inconsciente colectivo, el de las pasiones motores de la activación de los grupos, del cohesionador psíquico del sistema. Esta instancia es captada por el liderazgo insurgente de Chávez como un campo propicio para la solidaridad popular espontánea, un espacio dinámico organizador de energías e información, con una gran capacidad de cohesión de los grupos humanos.

La Quinta República venezolana, se auto organiza en atractores locales de ciclo límite. Atractores que justamente conquistan la plusvalía psíquica de la población y que retroalimenta al atractor principal (Chávez), produciéndose centros y periferias de dominio y control. De acuerdo con los postulados modernos de la psicología social, esta plusvalía psíquica tiene un fundamento neurofisiológico, ubicados en neurotransmisores cerebrales que generan la satisfacción; la endorfina, la excitación; la dopamina y la unión de oxitosina y vasopresina. “Esta plusvalía psíquica satisfactoria y unificadora”  – sostiene el renombrado psicólogo brasileño Aroldo Rodrígues  – “se traduce semióticamente en la fe que la población deposita o reviste a los líderes de ciclo límite o lo que es lo mismo, dota a la institucionalidad de la autoridad, de legitimidad.

Actualmente, Venezuela vive en un periodo de transición socio institucional retrógrado, que transcurre inversamente desde una fase ante presente, totalmente Negentrópica aún no consolidada en su totalidad (La Revolución Bolivariana) hacia una etapa Controlentrópica que, en teoría, debería estar consolidada, que no es otra que el proceso de refundación de la República que sucedió en 1999 con la aprobación vía Referéndum nacional de una nueva Constitución. Este escenario provoca instancias de caos, pero no de cualquier tipo, sino de un modelo particularísimo, el ‘caos controlentrópico’, aquel que es provocado y administrado por el ente controlador, el Estado, en dosificaciones específicas, cuya posología administran diferentes entidades gubernativas y del Estado cuando ellos se ven sometidos a un Poder Ejecutivo autocrático y mesiánico.

Son dos los aspectos sociales que identifican a la Venezuela actual en esta época cuando los postulados de la Quinta República, aún sin consolidar en el imaginario colectivo, chocan con una novísima revolución socialista bolivariana apellidada ahora ‘Del Siglo XXI’. El primero de ellos es la inestabilidad. Las instituciones públicas y privadas de Venezuela, con todos sus imaginarios, sus esperanzas de crecimiento y su pasado como referente histórico y cultural está sujeto a la contingencia de lo imprevisto, a la siniestralidad y los egoísmos que motorizan más los ánimos y lo auto exhortativo de un líder mesiánico, que lo trascendental que emana de lo colectivo. Estamos, a no dudar, en un fraccionamiento que nos clasifica como ciudadanos de primera o de segunda, que nos divide entre ‘patriotas’ y ‘escuálidos’, y que simultáneamente nos desdibuja como Estado, convirtiéndonos en ciudadanos frágiles y dependientes ante aquello que va más allá del horizonte inmediato.

Curiosamente, no es la ruptura social moderna, esa que explicitan los sociólogos industriales seguidores de las doctrinas de Weber. Estamos en presencia de la ruptura del tejido epitelial social que imposibilita a los ciudadanos la reconstrucción de un todo, llamado proyecto país; que los inhibe de pensar en sistemas sociales alternos y los cohíbe para que se  vinculen complementariamente, en la interrelación de las ideas que conduzcan hacia una concepción colegiada de futuro, que no es otra que la Venezuela posible y de oportunidades verdaderamente democráticas, en la que todos soñamos vivir. La fragilidad social está presente en la descomposición que nos borra la nitidez entre aquello que es razonable y lo que no lo es.

El segundo aspecto que dibuja el perfil de la crisis local es el paralelismo institucional, suerte de ‘Segundo Yo’ institucional utilizado para abordar la solución de los problemas sociales, pero que ocasiona una visión distorsionada de la realidad. Cuando un Gobierno autoritario y personalista no encuentra las fórmulas para alcanzar los objetivos trazados ni logra en unas medidas medianamente aceptables las metas de los grandes planes, recurre al Estado paralelo, a la gestión equivalente, para deslastrarse de la institucionalidad que lo obliga a respetar determinadas reglas y procedimientos. Cuando un régimen no puede controlar por vía electoral una circunscripción de ciudadanos, se enfrenta a un conato de crisis social, a la entropía que antecede al caos y entonces fragua una autoridad paralela, aunque con ello se debilite institucionalmente tanto al Estado mismo como al adversario. Entonces, lo paralelo termina por instalarse como cultura, desdibujando la institucionalidad e imponiendo un proyecto de país a contra corriente de la voluntad generalizada, criminalizando la disidencia de quienes no comulguen con el ‘Segundo Yo’ institucional que impone la pseudo cultura lo paralelo.

Inestabilidad y paralelismo social se convierten, por así decirlo, en los dos principales disipadores del caos social en Venezuela, aunque paradójicamente ambos provengan de una entropía cogestionada entre Gobierno y Partido gobernante. El resultado esperado con ambos disipadores es el mismo. El Miedo.  El miedo social paralizante que es la respuesta de los individuos cuando son colocados en el dintel de un vórtice social de consecuencias impredecibles. Un miedo que lo genera un ‘caos controlentrópico’, cuyo daño colateral ha sido cuantificado y se halla bajo control… Por ahora.

1.- TEORÍA DEL MIEDO COMO CONTROL SOCIAL

Casi todos los investigadores coinciden en afirmar que, de una manera u otra, el miedo mueve la historia. Julio César, Napoleón, Calvino, Hitler, Franco, fueron los dueños del miedo unipersonal, mientras que las leyes teocráticas, las organizaciones para-gubernativas y los regímenes políticos se apropiaron del miedo como institución controladora.  Angustia, asqueo, depresión, hastío, incertidumbre, intranquilidad, rabia, tristeza, son las sensaciones de quienes están sometidos por el poder en cualquiera de sus manifestaciones, específicamente cuando este poder ejecuta las acciones que disipan probables o posibles entropías sociales; vale decir, cuando utiliza para su provecho el miedo social, porque al inducir el miedo facilita el ejercicio del poder como control político y social.

Los Gobiernos, sean cuales fueran sus orígenes y sus sistemas gubernativos, han utilizado desde siempre la amenaza y el miedo como arma de dominación política y control social, pues el miedo impulsa a la victima a obrar de determinada manera para librarse de la amenaza y de la ansiedad que produce. Entonces, quien suscita miedo se apropia hasta cierto punto de la voluntad de la víctima e intenta conseguir que la otra persona ponga en práctica una de las conductas ancestrales para huir del miedo: la sumisión.

Ese es precisamente el objetivo de todo régimen político: Disipar los indicadores de la entropía, en especial aquellas que apuntan hacia las bases estructurales del sistema y que pueden provocar el vórtice social que antecede al caos, desmoralizando a los posibles seguidores de sus contrarios, desmovilizando a la sociedad toda y desmotivando cualquier intento de desestabilización. Básicamente generando una sensación de “plaza tomada”. Para alcanzar tal grado disipativo  los regímenes, desde los abiertamente dictatoriales y teocráticos, hasta los comprobadamente democráticos y parlamentarios, han desarrollado una estrategia en la que el terror, abierto o velado, se cuela por todos los ámbitos de la estructura social hasta alcanzar a sus organizaciones fundamentales: El grupo, la vecindad, la familia.

En la medida en que el miedo puede restar autonomía decisoria al sujeto, llega a ser un eximente de responsabilidad, pues el poder está estrechamente relacionado con la capacidad de atemorizar y es por eso que el miedo es utilizado en todas aquellas relaciones humanas en las que el afán de poder está presente. El poder, es decir, la capacidad del poderoso para conseguir que alguien se someta a su voluntad, se sustenta en tres capacidades: conceder premios, infligir castigos y cambiar las creencias y sentimientos de la víctima.

La represión política ha privilegiado el uso de métodos psicológicos, métodos invisibles, en el control político de una sociedad. La represión política se manifiesta de diferentes maneras, sin embargo, su carácter arbitrario generaliza la amenaza política a toda la sociedad, siendo percibida por la mayoría como una amenaza vital. El asesinato físico o moral de algunas personas, sean activistas políticos o no, refuerza la percepción de que cualquiera está amenazado. La existencia de una amenaza política permanente produce una respuesta de miedo crónico: éste deja de ser una reacción específica a situaciones concretas y se transforma prácticamente en un estado permanente en la vida cotidiana, no solo de los afectados directamente por la represión sino de cualquiera que pueda percibirse amenazado. La relación entre la amenaza política y la respuesta de miedo individual o social forma parte de procesos psicológicos y procesos políticos que se influyen recíprocamente. El miedo internalizado y crónico ha delimitado invisiblemente el espacio de la existencia. El gran antídoto contra el miedo es la acción pues con la valentía es como pueden obrar las organizaciones sociales opositoras a cualquier régimen político como si no tuviera miedo, sentimiento que es distinto de la insensibilidad y la temeridad, ya el valiente siente miedo, pero actúa como cree que debería actuar.

El miedo es uno de los factores que definen de forma más clara eso que llamamos la identidad nacional. Se refiere a qué cosas le tiene miedo una sociedad, que no siempre son los mismos miedos que desde el poder se procura sembrar para inhibir la identidad. Precisamente, cuando miles de personas son amenazadas simultáneamente dentro de un determinado régimen político, la amenaza y el miedo caracterizan las relaciones sociales, incidiendo sobre la conciencia y la conducta de los ciudadanos. La vida cotidiana se transforma. El ser humano se hace vulnerable. Las condiciones de la sobrevivencia material se ven afectadas. Surge la posibilidad de experimentar dolor y sufrimiento, la pérdida de personas amadas, pérdidas esenciales en relación al significado de la propia existencia o la muerte.

Se induce a la sociedad a tener miedo de su entorno, como una forma de controlar los impulsos de sus integrantes. La definición en el diccionario de ‘miedo’ es conceptualizada como una “Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario”. Esta acepción clarifica el hecho de que en Venezuela vivamos rodeados de miedos imaginarios, y es en esos miedos donde  políticos y medios de comunicación encuentran el filón de donde obtener mayores beneficios.

Hay otros autores que han desarrollado esta teoría de la cultura del miedo. Uno de ellos es el sicólogo norteamericano Martin E.P. Seligman (Albany, Nueva York, 12 agosto 1942) Seligman es un psicólogo y el escritor conocido por sus trabajos y sus contribuciones en el campo de la Psicología Positiva, como el enfoque que realizó en su texto “La teoría del temor”. Allí Martín Seligman sostiene que es más fácil aprender unos temores que otros. Seligman sostiene que estamos preparados por la evolución para desarrollar con facilidad temores a ciertos estímulos, como serpientes y arañas, y aunque es más probable que otros objetos comunes causen dolor o daño (como un martillo, un ventilador eléctrico, un enchufe, etc.), es menos probable que se desarrollen fobias por esos objetos que por las arañas o serpientes. Según Seligman estos estímulos representaban peligros en los inicios de la historia humana y por medio de la selección natural, se han vuelto estímulos condicionados muy efectivos.

Pero el miedo que sentimos los venezolanos no se circunscribe al ‘miedo – presente’ como el que se desató en Estados Unidos con el derrumbamiento de las Torres Gemelas en New York; lo nuestro es un miedo más ancestral,  se remonta a la época en que en este país vivía una población de blancos criollos militaristas que, en los 86 años transcurridos desde la Guerra de Independencia a la primera Gran Dictadura del Siglo XX  -la del Generalísimo Benemérito- , incrementó su presencia y su poder político de forma desmedida, y que hoy, luego de 45 años de ejercicio democrático, regresa como el fantasma olvidado en nuestra niñez republicana, cargado con los mismos miedos y fobias, y las mismas promesas y los mismos vandalismos, avasallando como otrora, con promesas de pasado. Un miedo institucionalizado que provoca y patrocina el gobierno y que funciona desde los medios de comunicación públicos que ha secuestrado y también desde otros, privados y comunitarios que ha incautado, con un lenguaje agresivo y una puesta en escena provocadora de cierta violencia simulada, dentro de una representación del poder (el término es del antropólogo George Baladier) que no demanda disparar los fusiles, pues mostrarlos resulta suficiente para sembrar el miedo en el colectivo que le adversa.

2.- EL BENEFICIO POLÍTICO DEL MIEDO

Dejemos por un momento los miedos históricos y presentes y regresemos a la sociología del miedo. Un escritor uruguayo, Eduardo Galeano, autor de “Las Venas Abiertas de América Latina”, (libro tristemente célebre, a propósito del ejemplar que regalara el Presidente de Venezuela a su homólogo estadounidense en la Cumbre de Trinidad 2009) nos recuerda que “el poder come del miedo”. Sin los demonios que crea, el poder perdería sus fuentes de justificación, impunidad y fortuna. “En el pasado nuestros políticos nos ofrecían soñar con un mundo mejor. Hoy prometen protegernos de las pesadillas. La más inquietante de ellas es la amenaza de una red terrorista internacional. Pero igual que los sueños no eran verdad, tampoco lo son estas pesadillas”.

Entre los distintos elementos y sentimientos que configuran nuestra historia, se encuentran el odio y el miedo como engranajes de la práctica política. Tanto el odio como el miedo siempre han resultado efectivos para establecer controles disuasivos en los conglomerados sociales. En palabras de Napoleón, éstas son las dos únicas fuerzas que unen a los hombres, por ello el discurso dominante en la cultura política diaria está lleno de características pasionales y melodramáticas, y cuyo reclamo apunta más al descrédito y a la desarticulación de la búsqueda de unidad político-social de la población, basados siempre en el odio y el miedo al pasado o a lo-que-vendrá y a los personajes vinculados a éste.

La sociedad venezolana está siendo reconstruida sobre una base afectiva e indeseable: el temor. Gracias a él,  imperios se han levantado y logrado sobrevivir. Hoy, un país como Estados Unidos utiliza esta emoción a su favor asegurándose, tal vez, una estabilidad económica y social. El miedo, como cualquier pasión, es un movimiento natural y por lo tanto neutral. Ni bueno, ni malo. Beneficioso para huir del mal y para el progreso moral, según el gran Salomón; causa de la cobardía y de la falta de constancia en el ánimo según Julio César, vencedor de las Galias.

En Venezuela asoma una neo teoría política sobre el mundo contemporáneo. Esta teoría no está formulada con el rigor que exhiben la filosofía política, sus autores canónicos, sus conceptos y marcos de referencia, sobre los que se vuelve una y otra vez. El estudio ni siquiera parece pretender el título de “teoría”, pues en esta nueva versión sociológica, el punto de referencia de la política es la ciudad, la polis pero desnuda de elementos propositivos globales, como tampoco de un proyecto país consensuado. En la actualidad, la ciudad es el espacio donde se imbrican la guerra y la política, ya sea siguiendo la famosa sentencia de Clausewitz —”La guerra es la continuación de la política por otros medios“—, ya sea siguiendo la inversión que hizo célebre Michel Foucault: “La política es la continuación de la guerra por otros medios“.

Pero el “miedo social” es una de las armas más poderosas que tiene el poder para enfrentar la lucha popular, desarticular las resistencias, y frenar la marcha. El miedo no nació de manera espontánea en nuestro cuerpo colectivo. Lo fabricaron a fuerza de reiterados golpes, de violaciones cada cual más violenta a nuestros cuerpos individuales y a nuestras vidas, de mutilaciones de nuestros sueños, de negación de nuestro poder grupal y social, como colectividades de intereses, de sentidos, de identidades, y como pueblo.

La propuesta hobbesiana (el miedo como fundador del orden político) se enmarca en la coyuntura del hundimiento de las sacralidades y de las viejas visiones metafísicas del mundo antiguo y medieval, que fundamentaban el orden de la sociedad en referentes extra temporal, mística y revelada. En consecuencia era preciso fundar el orden político sin recurrir a los argumentos de naturaleza teológica y sustentar sobre tesis racionales la justificación filosófica del mando y la obediencia, que entre otras cosas es el problema político por excelencia.

La desaparición forzosa de personas es uno de los mecanismos de disipación del caos social utilizada frecuentemente por los regímenes autocráticos y dictatoriales. En un principio como una ‘operación focalizada’ pero luego de manera generalizada, cuando las sociedades implotan como respuesta a la represión. La desaparición forzosa fue un mecanismo diseñado por el terrorismo de Estado en países latinoamericanos  para vulnerabilizar la subjetividad de los opositores al régimen de turno, para deteriorar sus impulsos solidarios, aislarlos y paralizarlos. Para desaparecerlos como amenaza a los intereses de la dominación, para tranquilizar a los poderosos que detentan el poder político.

Pero aunque las dictaduras pasen, el miedo queda alojado como un fantasma latente escondido en el desván histórico de las pesadillas sociales. Queda marcado en la piel de sus víctimas, en sus huesos, en los instintos de la sociedad toda. Quienes apelan a la represión y al miedo lo saben, y una y otra vez vuelven a recurrir a él, lo despiertan, lo sacuden. No necesitan ya del despliegue material de la maquinaria terrorista. Les alcanza con poner en escena algunos símbolos que activen en el inconsciente colectivo el alerta frente a lo que se asume como unas fuerzas oscuras, ingobernables, inmanejables, imparables, que supuestamente llegan y se van de acuerdo a designios que los ciudadanos nunca logran descifrar.

El miedo hobbesiano, esa pasión humana que explica la guerra y la paz, que es el principio estructurante del orden político y de la soberanía del Estado, es un miedo esencialmente moderno. Miedo a los otros hombres en tanto que son libres e iguales. Miedo racional que calcula, prevé y obra en consecuencia. Miedo que se presenta y se imagina lo que el otro puede hacer, porque todos tienen las mismas pasiones y deseos. Miedo secularizado que no puede esperar recompensas y por eso el propósito central de los seres humanos es preservar la vida hasta que la propia naturaleza defina cuál es el momento de la muerte, pero ante todo, se trata de un miedo al desorden, al caos, a la incertidumbre y a la contingencia de vivir sin un único principio de orden en la sociedad.

Quienes apelan al miedo como disipador del caos  han hecho creer que esas fuerzas reaccionan como bestias “civilizadoras”, para castigar los desórdenes de quienes estigmatizan como ‘opositores escuálidos’, ‘pitiyanquis vende patria’. Por eso, funcionan tan bien como disciplinadoras de una gobernabilidad en la que los intereses y necesidades de los sectores populares se deben subordinar siempre a los mandatos del poder, o de las facciones de aquél  que gobiernan en cada localidad, siempre a nombre de… o como intermediarios del poder omnímodo y centralizador.

El miedo que según Hobbes funda el orden moderno no tiene que ver, en principio, con los miedos ancestrales o metafísicos, como el temor a la ira de los dioses, o a las fuerzas desatadas de la naturaleza, ni a los castigos que provienen del cielo metafísico ni a las penas en ‘la otra vida. Esos “miedos perpetuos” como los llama Hobbes tendrían que ver, ante todo “con la oscuridad que reina entre los seres humanos, con la ignorancia sobre las causas que producen los desastres y la mala fortuna…” Es decir, con temores pre modernos que Hobbes aseguraba se irían desvaneciendo en la medida en que la humanidad explicase las razones que los producen.

Estos “miedos perpetuos o metafísicos” sólo tendrían repercusiones políticas cuando fuesen usados como recursos de dominación. El miedo del que se ocupa Hobbes es el que suscita en cada individuo la existencia de los otros con los cuales se relaciona y convive; miedo secular, mundano, que adquiere su sentido en el aquí y el ahora. Miedo propio de la naturaleza humana y de su condición, que le teme a sus semejantes porque sabe que no son diferentes a él y por lo tanto persiguen objetivos similares. Miedo que nace de la convivencia porque el hombre no es un ser solitario y está obligado a vivir en contrapunto con los deseos y las pasiones de los otros y por tanto en permanente discordia con ellos.

Es necesario entonces reconocer que el miedo existe como disipador de caos. Que hay un miedo construido desde el poder y cultivado por el silencio de quienes se sienten intimidados por la estructura represiva y no se animan a plantearlo como un problema a resolver, tanto como el hambre, o la falta de trabajo, o el analfabetismo. Que el miedo exista como control social no significa que las escenas que éste multiplica y amplifica, tengan la dimensión con que éstas se presentan bajo su lente. El miedo distorsiona las imágenes de la realidad.

Lo que se está realizando entonces en esta Venezuela revolucionaria y presuntamente socialista  -o en vías de un modelo neo socialista tropical –   es una pulseada en la que se juega quién detenta el monopolio de la violencia, los límites de la misma, y qué poder tiene cada fracción del bloque dominante a la hora del disciplinamiento social

3.- EL MIEDO COMO ESTRATEGIA DE CONTROL SOCIAL

El miedo, según Hobbes, sería el fundador del orden político, la justificación racional del mando y la obediencia y la condición para el logro de la vida en sociedad. Pero si por miedo al desorden y la anarquía los seres humanos crean el dios mortal, unitario y soberano, que los sustituye y está en lugar de ellos asumiendo la totalidad de su poder (El Leviatán de Hobbes, con todas sus caras y sus gentes, apretujadas ‘en’ pero integrándose ‘con’ un cuerpo literalmente multifacético, gigante y horroroso), pudiera pensarse que esta estrategia política iría dirigida a suprimir el miedo de vida de los hombres, a erradicarlo o a situarlo en lugares marginales o casuísticos pero no es así: El miedo, esa pasión racionalizante e imaginativa, secular y moderna no desaparece con la creación del Estado. Lo que se conquista con El Leviatán hobbiano es la seguridad pues está muy claro que para Hobbes la paz es seguridad y nada más, pero el miedo sigue allí, latente, serpenteante, omnipresente y justificando una estructura de mando y obediencia que de otra manera, de acuerdo a Hobbes, sería imposible mantener.

La incertidumbre es inherente a los sistemas políticos autocráticos y dominadores, de allí la importancia de crear contextos de posibles amenazas, reales o imaginarias, la importancia del ‘enemigo único’ y del forjamiento de temores. Sin embargo, más efectivo es crear la ilusión de que los opositores al régimen están solos, que la organización y movilización social no existen o por lo menos carecen de sentido.

De lo que se trata desde el poder, es de resquebrajar toda forma de tejido social; para ello el sistema recurre a diferentes estrategias, una de ellas: crear los marcos interpretativos que constituyan y legitimen las representaciones del miedo atravesando lo más colectivamente social hasta lo más íntimamente personal.

El sociólogo francés Pierre Bourdieu sostiene en una entrevista que “…no debemos menospreciar las cosas fútiles que los gobiernos dictatoriales y autocráticos presentan en la televisión, pues estos mensajes son, en realidad, muy importantes en la medida que ocultan cosas valiosas”. Las representaciones de la violencia cotidiana, ocultan la violencia estructural.  La amenaza se torna algo permanente. Por eso es importante que, de cuando en cuando, ocurra algo, violento y castrante pues ese el rito que vanagloria al felón y que consolida su régimen, que demanda una víctima, un acto del sacrificio. La paz, la calma, la tranquilidad no pueden ser duraderas, es necesario alimentar el imaginario con actos, alimentar el miedo con experiencias que la gente comente y retroalimente. Esta es una de las funciones de la cultura del miedo, orquestado y diseminado desde el poder establecido y sus dispositivos de disuasión y persuasión, como el uso abusivo e intempestivo de los medios públicos y comunitarios de comunicación de masas.

4.- LA CONSTRUCCION SOCIAL DEL MIEDO

La circulación de la violencia, las palabras, los rumores, el miedo representado e impregnado en personas o cosas cotidianas vuelven a éste una epidemia que corroe las raíces mismas de la sociedad, rompe con la cotidianidad y, en su lugar, dispone de nuevos códigos que harán de las relaciones sociales una convivencia en tensión permanente, en desconfianza, en inseguridad.

Es posible hablar de una nueva ciudadanía, una ciudadanía basada en el miedo donde confluyen más de un discurso y más de un símbolo. En sociedades mutiladas por la angustia queda el silencio como la única protección, la única garantía de vida. Entonces, se debe pretender que, si se ve, se oye y se calla, nada pasará. Es mejor no preguntar quién murió y menos por qué.  Todos lo saben pero nadie lo dice. “¡Fuenteovejuna, señor!” clamará, subyugado, el colectivo.

Nadie está a salvo, La era del terror, El planeta del miedo, Terrorismo, el nuevo enemigo o el mundo en jaque, fueron algunas de las muchas expresiones que circularon a propósito del ataque terrorista perpetuado el 11 de septiembre del 2001 contra las torres gemelas del World Trade Center en Nueva York y dan cuenta del límite que desde entonces transita la sociedad. Aunque aún no alcancemos a medir a cabalidad su impacto en las maneras de entender y ser en el mundo, es claro que con el ataque a las torres no sólo murieron de manera infame miles de personas provenientes de más de 37 países del mundo, con su derrumbe quedaron en entredicho, ya para siempre, nociones bastante caras a las sociedades contemporáneas como la seguridad, la estabilidad y el orden. Las reacciones y sentimientos generados a propósito de este hecho, han permitido visibilizar, aún más, el papel del miedo como ordenador de las sociedades y el mundo actual.

El desorden social institucional, representado por una delincuencia organizada desde el Gobierno, es consecuencia del deterioro de la estructura social, una especie de “campo de cultivo” de la violencia, y se presenta como una forma de riesgo y vulnerabilidad e incertidumbre en la población. Los factores que inciden en la problemática son: la falta de garantías, la ineficiencia de la policía, el poco o nulo profesionalismo de los agentes del ministerio público y la ausencia o no ejecución de reglas, normas, leyes que se apliquen conforme a derecho legal y jurídico.

Pretendemos acá una elemental reflexión sobre la dimensión social del miedo a través de diferentes autores y perspectivas analíticas que transitan por espacios y tiempos también distintos; pasados y presentes que nos hablan del mundo occidental, sobre la forma como se construyen y circulan los miedos en las sociedades como instrumentos disipadores de la entropía social.

De modo que la privatización de espacios residenciales, la contratación de vigilancia formal y/o informal, el pago de vacuna, el porte de armas, las precauciones cotidianas, las conductas de inhibición, la organización de comités de seguridad vecinal, etc., no son sino respuestas de autoprotección o autodefensa (unas benignas, unas no tan benignas) desarrolladas en forma colectiva o individual. Ese es el resultado de la inexistencia del control adecuado de la inseguridad por parte de las instituciones establecidas para tal fin, lo que posiblemente esté llevando a vivir en actitud de permanente vigilancia de unos a otros y con riesgos adicionales a los generados por la actividad delictiva común.

Jean Delumeau nos ofrece con el artículo Miedos de ayer y de hoy, una perspectiva histórica para entender la permanencia y los cambios de los miedos en el mundo occidental. No son iguales los miedos pero hay continuidades que es necesario entender, como La dimensión política del miedo en las reflexiones propuestas por María Teresa Uribe  sobre el miedo en Hobbes y Jorge Giraldo con el miedo según Santo Tomás de Aquino.

5.- LOS DOMINIOS SOCIALES DEL MIEDO

Las preguntas por el miedo y sus incidencias sobre la controlentropía social irremediablemente evocan la imagen del Leviatán; ese gran hombre artificial, cuyo cuerpo está formado por multitud de pequeñas figuras humanas que se apretujan en la vasta corporeidad del gigante, desdibujadas e imprecisas, como para darle realce y significación a ese nuevo dios mortal, que se alza majestuoso y amenazante sobre un horizonte de pacíficos entornos urbanos y rurales, blandiendo la espada de la victoria y el báculo de la autoridad. Esta imagen inquietante y perturbadora, propuesta por Hobbes para ilustrar la primera edición de su libro en 1651, despierta reacciones encontradas.

Día a día crece el sindrome del miedo. En las principales capitales latinoamericanas, así como en cualquier otra gran ciudad, el miedo agarrota los nervios y las mentes de las personas como un virus. El dominio social del miedo está representado en los asaltos, lo que lleva al ciudadano a convertirse en prisionero de su propia casa, cerrada con mil llaves, dotada de alarmas de seguridad y desfigurada visualmente por las verjas que cubren las ventanas porque el miedo es provocado por lo desconocido. El portero de la entrada debe exigir la identificación; el nombre y su procedencia el que se anuncia por intercomunicador; el visitante es espiado por el ojo mágico y finalmente las cerraduras infinitas de llaves dentadas especiales, desplazan postigos de acero, cuarterones y trampillas, una por una, mientras el miedo del que abre y el miedo de quien espera van in crescendo, llevados de la mano por la angustia, prima hermana de aquél.

Por ellos (el miedo y la angustia) la enfermedad de moda es la agorafobia: el miedo a los lugares públicos.  Se teme que en la plaza haya ladrones escondidos detrás de los árboles y que los niños mendigos se transformen en peligrosos asaltantes al aproximarse al vehículo. Aumenta el número de personas que prefieren no salir de noche, que nunca usan joyas y que sienten pánico si alguien se acerca a ellas para preguntar una dirección. El hombre es, ahora más que antes, el lobo del hombre.

¿De dónde procede tanto miedo? De la sociedad en que vivimos, marcada por una abismal desigualdad. Si no somos iguales en derechos y en las mínimas condiciones de vida, ¿por qué asustarse ante semejantes reacciones? ¿Cómo exigir cortesía a una persona que siente en la piel la discriminación racial, y en la pobreza la discriminación social? ¿Cómo esperar una sonrisa de un niño que, en el tugurio en que vive, ve a su padre desempleado descargar el efecto de la borrachera pegándole a su mujer? La discriminación humilla y la humillación genera resentimiento, amargura y sublevación.

Esta alegoría del Leviatán, plena de imágenes y de metáforas, que inquieta e interroga al mismo tiempo, es la representación simbólica de lo que sería del Nuevo Orden; el orden político moderno; el Estado Nacional soberano y unitario, que gobierna sobre un conjunto social pacificado y desarmado, un corpus político constituido y resguardado de las dificultades de la vida en común, una vez que se conjurase el peligro de las guerras civiles y las violencias comunes. Esta alegoría que ilustra la obra del Leviatán está prefigurando el nuevo sentido del poder en la modernidad y el advenimiento de un orden diferente de mando y obediencia.

En tanto la violencia se enseñorea desde el orden estatal de la sociedad de masas; se producen las inversiones que trastrocan el orden jerárquico no solo entre vita activa y vita contemplativa sino entre la articulación misma de acción, trabajo y labor –con esta última ocupando el rango más alto- ; y por último, el espacio de aparición es sofocado por el ascenso de la sociedad y la esfera económica. Entonces, ¿cuál es el lugar del poder en la modernidad?

La búsqueda de un nuevo principio racional de orden político, que indujo a Hobbes, como antes lo había hecho Maquiavelo, a situar la mirada sobre el Hombre, sobre la naturaleza humana, sobre la condición de ser mortal, con derechos naturales, es verdad, pero también con deseos y pasiones; con odios y amores; con temores y esperanzas; con ánimos de competencia y con propósitos de gloria y honor. En suma, un ser humano común, un cuerpo pasional lleno de deseos que compite por ellos con otros hombres iguales a él y que por lo tanto desean y temen las mismas cosas.

Pero para pensadores modernos, como Hannah Arendt el poder no se funda en el miedo ni es violencia. “Hablar de un poder no violento constituye en realidad una redundancia”. La violencia, lejos de ser una flagrante manifestación del poder, es su opuesto; donde uno domina absolutamente falta el otro. Ahondando en esta distinción, escribe: “Poder corresponde a la capacidad humana, no simplemente para actuar, sino para actuar concertadamente. El poder nunca es propiedad de un individuo; pertenece a un grupo y sigue existiendo mientras que el grupo se mantenga unido.” (1973)

Un gran contraste, este que genera la noción del poder en la post modernidad de Hanna Arendt en relación con el miedo hobbesiano, para quien el turbación que produce el miedo es una pasión humana que explica la guerra y la paz; miedo que él considera principio estructurante del orden político y de la soberanía del Estado. El miedo hobbesiano es esencialmente moderno; miedo a los otros hombres en tanto que son libres e iguales; miedo racional que calcula, prevé y obra en consecuencia; miedo que se representa y se imagina lo que el otro puede hacer, porque todos tienen las mismas pasiones y deseos; en fin miedo secularizado que no puede esperar recompensas en el más allá, porque no hay más vida que ésta y por eso el propósito central de los seres humanos es preservarla hasta que la propia naturaleza defina cuál es el momento de la muerte, pero ante todo, se trata de miedo al desorden, al caos, a la incertidumbre y a la contingencia de vivir sin un único principio de orden en la sociedad de la violencia.

La violencia aparece en la visión arendtiana como regida por la categoría medios-fin, como puramente instrumental, y por lo tanto, siempre necesitada de una guía y una justificación hasta lograr el fin que persigue. Podrá justificarse, pero nunca será legítima. La legitimidad queda reservada para el poder a la reunión inicial de quienes actuaron juntos en el pasado. De esta manera, el poder pertenece a la categoría de los absolutos, es un fin en sí mismo. El poder es la verdadera condición que permite a un grupo de personas pensar y actuar en términos de categoría medios-fin. El poder, entonces, corresponde a la esencia de todos los gobiernos, entendidos estos últimos como poder (no instrumental) organizado e institucionalizado. Pero cuando el poder se instrumentaliza, lo hace a partir de los miedos sociales e individuales.

Los dominios del miedo moderno suscitan en cada individuo la existencia de los otros con los cuales se relaciona y convive; la otredad provoca un miedo secular y mundano, que adquiere su sentido en el aquí y el ahora; miedo propio de la naturaleza humana y de su condición, que es propio de aquellos que temen a sus semejantes porque saben que no son diferentes a ellos y por lo tanto persiguen cosas similares; miedo que nace de la convivencia porque el hombre no es un ser solitario y está obligado a vivir en contrapunto con los deseos y las pasiones de los otros y por tanto en permanente discordia con aquellos.

A decir de Hobbes, son tres los  motivos principales generadores del miedo: La competencia, la seguridad y la gloria, el primero hace que los hombres se enfrenten por las ganancias y los beneficios, por los bienes escasos diríamos hoy; el segundo hace que los seres humanos usen la violencia para defenderse e impedir que otros se apropien de lo que ellos tienen; es decir, para garantizar su propia seguridad y la de sus bienes; el tercero, la gloria o el honor, se refiere a la necesidad humana de ser reconocidos y valorados por los otros.

El miedo, según Hobbes, sería el fundador del orden político, la justificación racional del mando y la obediencia y la condición para el logro de la vida en sociedad; si por miedo al desorden y a la anarquía, los seres humanos crean el dios mortal, unitario y soberano, que los sustituye y está en lugar de ellos asumiendo la totalidad de su poder, pudiera pensarse que esta estrategia política iría dirigida a suprimir el miedo de vida de los hombres a erradicarlo o a situarlo en lugares marginales o casuísticos pero no es así; el miedo, esa pasión racionalizante e imaginativa, secular y moderna no desaparece con la creación del Estado soberano; lo que se conquista con el Leviatán es la seguridad pues está muy claro que para Hobbes la paz, es seguridad y nada más, pero el miedo sigue allí, latente, serpenteante, omnipresente y justificando una estructura de mando y obediencia que de otra manera, opina Hobbes, sería imposible mantener.

Es decir, el devenir del Estado y la pervivencia de la soberanía, se siguen fundamentando en el temor; el temor a lo que él mismo creó, al castigo que puede derivarse de las acciones u omisiones si es que viola las leyes, rompe los órdenes constituidos o intenta desobedecer, disentir o revelarse; si incurre en alguna forma de desobediencia, esta actitud lo situaría por fuera del orden, en los márgenes de la sociedad, en el limbo de la indeterminación y con todo el peso del Estado soberano sobre su propia humanidad. Por eso es el miedo el que mantiene al individuo sujeto al orden establecido y en una estructura determinada de mando y obediencia.

Cuando la soberanía está en vilo y se ha vivido por largos períodos en situaciones difíciles, el miedo se vuelve el acompañante de los ciudadanos en casi todos los eventos de la vida cotidiana y es explicable que la principal demanda social se dirija a exigir seguridad, orden, vigilancia y control por parte de los poderes establecidos o que al menos posean la titularidad jurídica de la soberanía estatal. Entonces, el miedo deja de ser uno de los elementos disipadores del caos social, para convertirse en el principal generador de las entropías que conducirán, inevitablemente, al caos, entendido no como la ausencia de orden, sino como generador de un orden nuevo, desconocido pero vital para el progreso mismo de las organizaciones sociales que convulsiona.

(*) Comunicólogo.

Asesor de Identidad e Imagen Corporativas.

Profesor de  Mercadeo Electoral

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