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Democracia siglo XXI

mes

mayo 2012

México: El nuevo rumbo de la elección

 

Por Antonio Limón López

El diario Reforma publica hoy una encuesta que coloca a Andrés Manuel López Obrador a 4 puntos porcentuales del candidato Enrique Peña Nieto, Reuters por su parte aventura que el ascenso en la candidatura del candidato del PRD se debe a la movilización juvenil del 11 de mayo. En general existe la percepción de que el ascenso en la candidatura de López Obrador es real y que viene siendo impulsado por la desilusión de los panistas con su candidata Josefina Vázquez Mota, cuyos seguidores se desgranan en el sacrificio de un voto útil en favor del PRI o del PRD, o simplemente de repudio a los cinco años de calderonismo degradante para el PAN.

Así que no es ocioso imaginar esos escenarios que todo mundo quiere ignorar: Otra elección cerrada donde los últimos votos en computarse sean los del noroeste, el escenario de Enrique Peña Nieto perdiendo las elecciones o el de Andrés Manuel López Obrador enfrentando otra derrota por unos cuantos miles de votos, el de otra elección de estado, el de el Zócalo lleno celebrando o protestando, el de un Presidente que se pone la banda presidencial desde el balcón central de Palacio Nacional o el de un Presidente impugnado que se inviste con ella en una cámara de diputados acordonada, en todo caso la imagen de un presidente saliente Felipe Calderón despidiéndose bajo una silbatina monumental, de recordatorios de su madre y entre los que participan, algunos millones de panistas agraviados.

Los hechos que podemos dar por descontados son los siguientes: El primero de julio por la noche, el IFE va a informar que con los datos al corte del final del día, computados la mayoría de los resultados de la República, esa declaratoria dirá sin duda el nombre del candidato victorioso, así que a más tardar a las 00:15 horas del 2 de julio, ya sabremos el nombre del nuevo presidente de México.

Es improbable que se presente un escenario tan cerrado como el que presentó la elección del 2006, para este primero de julio uno de los dos candidatos habrá de tomar ventaja, la que de sería definitiva y contundente si tiene un margen de cuatro o más puntos de ventaja, por lo cual en este escenario no existiría ningún conflicto postelectoral, esto sería así aún en el caso de que el candidato derrotado fuera Andrés Manuel López Obrador, quien reconocería al candidato triunfador, no obstante insistir en la diferencia de ideas y de propósitos. El triunfo de Andrés Manuel López Obrador anunciado por el conteo rápido por el margen mencionado, acarrearía el inmediato reconocimiento de Enrique Peña Nieto.

En caso de que el IFE, según su conteo rápido, otorgara el triunfo a cualquier candidato por tres puntos porcentuales o menos, entonces la resolución quedaría en manos del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, así que este escenario post electoral sería simplemente desastroso, pues el desprestigio del IFE sería irreparable.

Cinco factores decisivos están en juego y operan en favor de Andrés Manuel López Obrador: En primer lugar la “DFcentralización” de México, que privilegia en el país a todo lo que gire en torno al “DF”, como el epicentro de toda vida cultural, social, económica, mediática y política, así que el candidato fuerte en el DF puede contagiar fácilmente al resto de la República; En segundo lugar, el antipriismo de nuestra juventud, descubierto a raíz de la protesta del 11 de mayo en la Ibero y potencializado desde entonces como el abierto repudio al  PRI y por extensión, a Enrique Peña Nieto, esto implica la posibilidad de que los 14 millones de nuevos electores presidenciales -jóvenes de 18 a 24 años- decidan limpiamente la elección; En tercer lugar, el terror sembrado en el duopolio televisivo y sus achichincles: Mitofsky, estaciones de radio, cadenas de cable, diarios nacionales, periodistas chayoteros, todos los cuales están esforzándose por recuperar un cierto prestigio y por ende, sufren de una catatonia que los inmoviliza como factores decisivos, además de que compiten con las redes sociales que les son totalmente adversas; El cuarto lugar es la decadencia y degradación moral y política del PAN que trae como consecuencia la desesperanza de los panistas y una postura más bien abstencionista o anulista, por lo que definitivamente el PRI no contará con el voto útil de los panistas norteños y por último, en quinto lugar, el perfil personal del candidato del PRI, que definitivamente no despierta simpatías apasionadas, pues su ascenso se debe únicamente a los pocos pero intensos años de envilecimiento del PAN, a manos del grupo de familia y amigos del presidente Calderón y del oro con el cual cebó a la Hidra mediática nacional.

López Obrador asciende la cuesta de la elección pisando en los escombros del PAN, arrojados por Felipe Calderón y el abotagado panísmo al que corrompió; Pisando sobre los escombros de un PRI al que nadie considera honorable ni digno de nada, pero sobre todo, apoyado en sus propias fuerzas: la perseverancia y la prudencia y sin embargo, a pesar de todo esto, sigue caminando como si estuviera sobre una cuerda vacilante que si bien lo puede llevar a la presidencia, solo lo hará si tiene el cuidado, la sabiduría y la paciencia para desplomarse de ella.

MËXICO Y TV: CÓMO DOMAR A NUESTRA HIDRA

 

por Antonio Limón López

 

La rebelión juvenil “Yo soy 131” del 11 de mayo en la “Ibero” ha sido contenida por la Babel en que se convirtió el movimiento nacional “Yo soy 132”, pero del cual, a pesar de todo lo que se quiera decir en su contra, se rescata una veta de genuina indignación y de grandes alcances para la reforma política, no solo juvenil, sino nacional.

Nuestros jóvenes cifraron su indignación contra el odiado Duopolio televisivo y al hacerlo acertaron con puntería de apaches ya que sin duda, las dos grandes televisoras nacionales son fuentes de nuestra injusticia, de nuestro atraso político, de nuestras miserias y de nuestra indignidad. No hay mal nacional que no haya sido magnificado por las dos grandes empresas televisoras, en todos los campos del ser nacional las televisoras han incursionado imponiendo pautas degradatorias, corrompiéndolo todo y cambio, no solo han recibido impunidad, sino todo el oro de la República.

¿Pero qué hacer con el duopolio televisivo? Para responder a esta interrogante es necesario comprender de donde deviene su poder, como se agiganta sobre nuestros gobiernos, sobre nuestros partidos, sobre la sociedad en general y como es que pase lo que pase se asienta siempre en aguas seguras, a salvo de las tempestades. La respuesta es en realidad sencilla y está a la vista de todos.

La fortaleza de las televisoras, desde un punto de vista filosófico, radica en la debilidad de nuestros gobiernos, de nuestros gobernantes, de nuestras instituciones políticas, de nuestros partidos y de nuestros políticos, quienes a mayor debilidad gastan más dinero en publicidad, en “publicidad institucional” –así la llaman en los presupuestos públicos- en pseudo propaganda política, vamos pues, gastan más dinero en las televisoras, pero además en lo que en realidad es una Hidra, un monstruo de mil cabezas, de estaciones radiofónicas, y todos los medios que estén al alcance de nuestro oro: Pasquines, diarios, notas a modo de periodistas chayoteros, gastan más y más en semanarios, en páginas web de dizque medios informativos o de dizque periodistas independientes, incluso en intermediarios publicitarios que ofrecen la factura para entregar el cohecho al periodista corrupto que siente pudor y no quiere un trato directo con su corruptor y para satisfacer su necesidad de “imagen” los gobiernos tienen un gigantesco sistema de ocultamiento.

Puede estar seguro que no encontrará en ninguna ley del presupuesto público un rubro único del gasto que diga  “publicidad institucional” encontrará cientos de rubros pero en cada secretaría, en cada comisión, en cada poder del estado, en cada municipio, en cada estado, en cada dependencia municipal, estatal o federal y en cada paraestatal, paramunicipal, en cada fideicomiso, en cada entidad ejecutora de obra, asi repartido el mundo de dinero que se gasta en publicidad no se percibe claramente, se esconde, se mimetiza y claro la mayor parte de todo este mundo de dinero va a dar a las arcas del duopolio televisivo, de Televisa y de Azteca, así como de sus apéndices, de sus extensiones, de sus intermediarios, de sus anexos y de sus periodistas corruptos.

No imagino a cuánto asciende  el total del presupuesto que por el concepto de publicidad institucional, nos gastamos cada año en México, no sabemos a cuánto asciende ese gasto una vez consolidado, no lo sé pero ciertamente a miles de millones de pesos ¿Y todo ese océano de dinero para qué sirve en estos momentos? Para satisfacer la vanidad de todos nuestros políticos, para hacerlos sentir queridos, amados por el pueblo y para que se sientan geniales, creativos, imaginativos y nos vean como si fuéramos sus pendejos.

Para disfrutar de esta jauja las televisoras solo deben soportar su “temporada baja” que son las elecciones presidenciales, pues en ellas se reduce la publicidad institucional a nada y se aumentan los espacios “gratuitos” o pautas de propaganda política, pero una vez que han pasado las elecciones y el nuevo presidente es ungido, vuelven los recibos a las ventanillas de gobierno y de ella salen los jugosos cheques, para programas de divulgación, para noticieros obsequiosos, para los atentos periodistas, para los medios “¢omprometido$” con la república y sobre todo con sus dineros. Una vez que pasa el trago amargo de las elecciones, vuelve a fluir la dulce ambrosía del oro del pueblo en las siempre secas gargantas del duopolio televisivo y claro… todo vuelve a su cruel normalidad.

¿Cómo resolver esto? La Respuesta es sencilla, hay que prohibir todo gasto en publicidad institucional a todos los gobiernos, a todas las paraestatales o fideicomisos o entidades de participación pública, ni un centavo a nadie, ni para nadie. Sí se llegará a necesitar transmitir un mensaje importante del gobierno al pueblo, para esto está la “Cadena Nacional” en manos del Secretario de Gobernación. Con esta medida nos ahorraríamos miles de millones de pesos y obligaríamos a las televisoras, radiodifusoras, grandes diarios, revistas nacionales y páginas “punto como” a volver a la realidad y a comprometerse no con los gobiernos irresponsables que gastan el dinero del pueblo con palas, sino a comprometerse directamente con el pueblo, a dejar de buscar el favor de las arcas públicas y obligarlos a que se pongan a nuestra altura, a la de nuestro vecino que necesita publicitar sus tortas, su taller mecánico, su centro comercial, sus casa en ventas.

¿Qué ganaríamos? En primer lugar, la Nación ahorraría una inmensa fortuna  que se podría utilizar para fines realmente benéficos; En segundo lugar, nuestro gobernantes se preocuparían más por hacerse publicidad con buenas obras, con honestidad manifiesta, con mejor planeación, con rectitud, con ejemplaridad; En tercer lugar, pondríamos a las grandes televisoras y a todos los medios de comunicación al servicio y al alcance del pueblo, porque si a este no lo convencen, se morirán de hambre y otras estaciones y medios surgirán el día de su sepelio; En penúltimo lugar, dejaríamos de escuchar los anuncios grandielocuentes e idiotas de nuestros “gobiernos” promoviendo e inaugurando cosas que es su obligación hacer. Pero por último, dejaríamos de ver a las televisoras y a los grandes medios de comunicación chayoteros como lo que hasta ahora son: Una Hidra espantosa de enemigos y conculcadores del pueblo.

Los audios de Teódulo López Meléndez

Último análisis efectuado: Las elecciones egipcias

http://www.ivoox.com/escuchar-teodulo-lopez-melendez_nq_1311_1.html

Científicos de todo el mundo se indignan ante el exceso de sustancias químicas en nuestros cuerpos y medioambiente

Científicos y representantes de instituciones internacionales relacionadas con la salud y el medioambiente se han reunido del 16 al 18 de mayo en la Universidad Politécnica de Madrid para dar voz de alarma sobre los perjuicios de nuevas tecnologías y sustancias, incluyendo transgénicos, pesticidas, nanotecnologías y ondas electromagnéticas entre otras.

Ecologistas en Acción, al igual que los científicos participantes, acusa a las autoridades de dar la espalda a la ciencia independiente, para privilegiar los estudios parciales de la industria sobre los riesgos de sus propios productos. Un verdadero escándalo sanitario contra el cual llama a actuar, si no se quiere ver seguir aumentando el número de cánceres en el futuro.

Desde el fin de la 2ª Guerra Mundial, el volumen de substancias químicas producidas al año en Europa ha pasado de ser de 1 millón a 400 millones de toneladas. Hoy en día, estas están por todas partes, tanto en nuestro entorno, comida, como en nuestros productos de uso cotidiano como cosméticos, productos de limpieza, productos de aseo personal, plásticos de envase etc. Nicolás Olea, catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada, se alarma entre otros que el Bisphenol A, una sustancia estrogénica y un pertubador endocrino presente de forma habitual en los plásticos, sea presente en la totalidad de la población: “El 100% de las mujeres embarazadas del tercer trimestre en España y el 100% de los niños de 4 años mean todos los días Bisphenol A, además de otros 17 residuos”.

El medioambiente también sufre de las últimas innovaciones tecnológicas. Después de 15 años de soja transgénica, la zona del Río de la Plata en Argentina está tan afectada por los monocultivos que es conocida como la “República Unida de la Soja” por los industriales. Ana Herrero, de la Universidad Nacional de General Sarmiento, denuncia una grave contaminación por los pesticidas, que mata la biodiversidad, empobrece los suelos de sus macronutrientes para luego dispersarse y atravesar las fronteras. Así mismo, muestra su preocupación por el fenómeno que acompaña los monocultivos de transgénicos, que se traduce por prácticas de deforestación así que la exportación del modelo de soja a otras áreas.

Ante tales casos, el Congreso Internacional de Riesgos para la Salud Publica y el Medio Ambiente, organizado por Red Europea de Científicos por la Responsabilidad Social y Ambiental, la Agencia Europea del Medio Ambiente (EEA) y la Fundación Vivo Sano/HDO, no se contentó de difundir estudios sino que llamó a actuar al nivel legislativo: “Este congreso era necesario porque siempre falta debate, falta un lugar donde poner por escrito un plan de acción concreto de cómo mejorar a nivel legislativo todas las políticas públicas que hoy en día se supone que nos dan un nivel de seguridad, y esto desde luego es muy mejorable, porque no hay criterios que unifiquen la seguridad ciudadana. Aquí en España se hacen transgénicos y en otros países no. La seguridad no es igual en todas partes ni se exigen los mismos niveles”, afirmó Irina de la Flor, responsable de la Organización para la Defensa de la Salud (HDO) y miembro del comité de organización del Congreso.

Para Irina de la Flor, resulta inadmisible la falta de control legal sobre estas sustancias tóxicas y la falta de análisis científicos sobre sus efectos a largo plazo, puesto que muchas veces las consecuencias sólo aparecen con el paso de los años. Un situación ventajosa para la industria, que ahorra gran sumas de dinero en evaluaciones científicas al entregar estudios superficiales: “Estamos siendo los conejillos de Indias de unas tecnologías que se introducen y para las cuales no hay una seguridad ni un control de riesgos, tal y como se hace en medicamentos o en otros productos”.

En efecto, de los 135.000 compuestos químicos que la UE tiene inventariados, sólo hay “estudios toxicológicos en menos de 20% y estudios completos en no más de 20 sustancias”, subraya el científico Nicolás Olea. Que además recuerda que lo factores ambientales son los responsables del 90% de los cánceres, de las alergias, de los problemas de la reproductividad humana, etc. “Lo peor es que la clase médica tampoco es consciente de estos riesgos. Para los profesionales de la salud éste es un asunto totalmente desconocido, tan lejano como está la agricultura ecológica de los médicos de cabecera”, añade.

Frente a estos escándalos sanitarios, Ecologistas en Acción exige que las autoridades de regulaciones como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) den prioridad a estudios independientes sobre los estudios parciales de la industria y que coloquen el principio de precaución al centro del protocolo de evaluación. La definición de innovación ya no debe restringirse al dominio ecotecnológico, sino que extenderse a creatividad social, promoviendo una reflexión ética y democrática sobre los objetivos de los avances tecnológicos y sobre sus verdaderos beneficiados.

 

Discusión, lo universitario en humanidades

 

Por Ricardo Viscardi

La última actualización de este blog (“Humanidades, la discusión de la universidad”[1]) ha recibido distintos comentarios, desde diferentes ángulos y por distintos canales. Algunas de las cuestiones que me fueron planteadas y de las respuestas que desarrollé eran de alcance supra-universitario, además de incluir aspectos compartidos. Por consiguiente, me pareció oportuno darle a mi respuesta el lugar propio de una actualización de blog, tomando a cargo algunas cuestiones subrayadas por quienes me hicieron llegar, por distintos medios, sus impresiones. Estos pareceres tanto se plantean algunas preguntas sobre aspectos a aclarar como dejan en suspenso interrogantes, o incluso subrayan elementos particulares.

Quizás este intercambio favorezca, a través de cierta “cyberdemocracia”[2], la ampliación de un debate que también surgió en distintas asambleas del orden docente de la misma facultad durante el semestre pasado, mientras ha sido subrayado desde el campo estudiantil en particular a través de la charla “La facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación en el marco de la Universidad de la República”, que diera lugar al texto comentado. Las principales referencias necesarias se encuentran consignadas en la última actualización de este blog, por lo que en esta presente se agregan tan sólo las indispensables a la economía de la argumentación no incluida aquí.

Ciertas apreciaciones exceden en mucho el campo universitario, o quizás lo universitario alcanza cierta actualidad, que permite conmutar rasgos compartidos intra y extramuros del recinto universitario. La primera cuestión que parece plantearse ante esa analogía proteica, se pregunta por qué la universidad se encuentra de cara a la actualidad. La cuestión quizás pueda ser invertida ¿por qué la agenda pública asigna esa preponderancia a la condición universitaria, en tanto requisito ineludible de la misma viabilidad futura de toda sociedad? La tradición propia de la universidad une el conocimiento al orden, el saber se asocia a la significación de un destino. Considerada al margen de esa inscripción, una condición meramente académica no se compromete con la base humana que la sustenta, ni necesariamente con la actualidad pública, sino tan sólo con el mero desarrollo procedimental del conocimiento.

La reivindicación “universitaria” tanto del poder estatal como de gremios empresariales o  partidos políticos, retomada como propia por la agenda periodística, etc.,  encuentra su motivación particular en cada uno de esos sectores, más allá de fines estrictamente académicos. Esta trascendencia pública del binomio saber-orden, que una diversidad de interlocutores convalida, destaca un auge de cometidos universitarios diversamente incorporados (universidades privadas, confesionales, tecnológicas, empresariales, etc.). Tal universalidad alcanzada por la significación universitaria corresponde a una proyección estratégica pautada por la tecnología, pero asimismo vincula esta última a una demanda de arraigo y de extensión, a un equilibrio de índole comunitaria, ampliamente reivindicado entre una diversidad de sectores.

Un paradójico efecto de retroceso se anuncia en el horizonte de la potencialidad tecnológica, de cara a sus propios efectos sobre los equilibrios mayores de una comunidad. El designio de una continuidad edificante entre el diseño operativo y los logros obtenidos, en razón de contextos problemáticos, no conlleva necesariamente la integración y la armonía pública. Cierta simplificación propia de la inmediatez instrumental termina, ante ese escenario que se configura amenazante,  por reprocharle estados de ánimo a la crítica, sobre todo porque ignora -incluso con soberbia- que la crisis proviene de la heterogeneidad inherente a las circunstancias, antes que de una airada impugnación subjetiva.

Es inherente al pragmatismo propender a la superación instrumental de las fracturas intencionales, en tanto lo inspira un criterio de continuidad cognitiva[3].  Ante una coyuntura tecnológica que  no presenta condiciones de desarrollo armónico e integrado, sino por el contrario confirma la discontinuidad humana, en cuanto amplía las pautas inherentes a la desigualdad social y genera regímenes de diferenciación vertical, la solución simplificadora consiste en “más simplificación”. Sin duda, estamos ante “menos pensamiento”, con la perspectiva que sigue a la carrera el avestruz ya degollado. En tanto denuncia esta situación, son elocuentes las declaraciones del propio rector,  quien recientemente señalaba la desigualdad generada por la misma educación tecnológica, cuya creciente vectorialidad aumenta la brecha social, incluso desde el plano educativo supuestamente destinado a combatirla[4].

Conviene entonces analizar la demanda de “inclusión universitaria” que proviene del horizonte social, en cuanto se dirige ante todo a la educación de masas y la capacitación laboral, mientras esta expectativa se presenta desarticulada de la tendencia universal que sigue por otro lado la generación de conocimientos,  protagonizada con fines militares, crecientemente orquestada desde las empresas y cada vez más segmentada de la enseñanza.

En tanto este desfasaje se incrementa a través de la índole y el período de auge tecnológico que sigue a la 2ª Guerra Mundial, conviene considerar que la tecnología no favorece una condición cíclica y permanente de las estructuras sociales, sino por el contrario, su desarticulación y contraposición sectorial. Parece apoyar esa lectura que contradice al positivismo tecnológico, la preocupación creciente por el desarrollo sostenible y la fragmentación social, al tiempo que la seguridad y la educación se convierten, enlazadas causalmente entre sí por el análisis y la observación, en temas periodísticos de actualidad.

Por consiguiente, no podemos hablar de un cambio de orientación –en el plano universitario en particular- sin cuestionar un “progreso” que destruye las pautas de convivencia, en particular, porque supone la inmanencia de un ordenamiento inherente al conocimiento, la educación y la cultura. Esta perspectiva ha sido destruida por la tecnología, que va de suyo en este texto aclararlo, es muy otra cosa que la ciencia y que la técnica. Por eso conviene tener particularmente presente, desde la perspectiva presentada en este blog, la figura de Oppenheimer tal como Foucault la evoca, en tanto “experto con poder sobre la vida y la muerte”,  cuyo lugar pasa a sustituir el que ocupaba el “intelectual orgánico”. En efecto, el relato progresista supone una evolución orgánica de la naturaleza que integra lo humano y lo proyecta hacia una  finalidad inherente a la emancipación. Pero tal “emancipación” parece conllevar un lote fatal de desigualdad creciente, destrucción del medio ambiente y disuasión militar como regla de coexistencia internacional.

Parece razonable considerar, por consiguiente, que la inscripción universitaria no puede tomar otro sentido en la misma dirección del progreso, que se proponga la corrección de un curso desviado a partir de antecedentes compartibles, una vez marcado el rumbo por encima de las partes que lo integran. La enunciación del lenguaje ha cristalizado, en particular a través de efectos de contexto, que no existe ni fundamento ni legitimidad que provean, por encima del disenso, un principio común y un horizonte compartido. El vínculo que establece Lyotard entre la deslegitimación del discurso de la modernidad y la coyuntura del saber, objeto del mismo “informe” destinado a universidades que lo solicitaron en un momento clave, propicia de forma impar el análisis que presenta la última actualización de este blog (que a su vez retoma la disertación presentada en la reunión organizada por el centro de estudiantes en nuestra facultad).

Esta destrucción de la noción de un orden previo al que referirse, se vincula en aquel texto con la característica tecnológica de la acumulación (del crecimiento y la concentración también) económica, en particular porque se afirma que tal “desarrollo” no puede desplegarse sin excluir a quienes no se sumen al dinamismo. Sostengo al respecto, ante todo, una perspectiva antropológica: en cuanto propone un mundo a la medida del conocimiento y este supone una integridad procedimental de la conciencia, la tecnología provee una consistencia narcisista, que asfixia necesariamente  –dicho sea sin licencia poética- la verdad en la transparencia de la igualdad formal.

Esta tautología fiel a la autocomplacencia se encuentra socialmente expresada por lo que algunos llaman “equidad”. Es decir, igualdad con relación normas y no a situaciones. Es “inequitativo” que una persona que es más inteligente que otras muchas y que destina una parte mayor de su tiempo al empeño cognitivo tenga que sufrir, en aras de una redistribución comunitaria de recursos públicos, una disminución del ingreso que percibe, legítimamente validado en proporción a la adquisición personal de conocimientos y por ende, relativo a un potencial tecno-social adquirido por mérito propio. Como el coeficiente intelectual se encuentra formalmente validado por criterios de medición, toda redistribución de recursos que no favorezca la transparencia de ese mandato tecnológico no puede sino entorpecer el crecimiento de todos,  en aras de una redistribución que alienta la índole de los ineptos.

El afán de evaluación que gana hoy día a las cúpulas proviene de dos causales a) los evaluadores, por serlo, no pueden encontrarse entre los (mal) evaluados b) la evaluación reproduce la distribución de recursos según el mismo horizonte con que se evalúa. Luego, como no podemos solicitarle a los poderes públicos y privados que alteren esa justificación, que se legitima a través del cristal moral del conocimiento, transparencia de procedimientos por medio, todo “cambio de rumbo dentro de las mismas  pautas” termina por validar el criterio del progreso (+inteligencia = +orden). Asimismo, esta diáfana perspectiva se encuentra en entredicho a partir de los mismos efectos que genera su autocomplacencia (según el rector dixit –ver supra, o recurrir a un atlas del desarrollo mundial).

Dicho de otra manera: el discurso que vincula el desarrollo a la tecnología y esta a la universidad no puede sino transformar la condición universitaria en “brazo social” de la clave narcisista del saber, destinándola en esa perspectiva, a difundir la tecnología y  propiciar la dominación que conlleva. De ahí que el binomio “ciencia y tecnología” se convierta en la bandera de tirios y troyanos, con el carácter de “política de Estado”: sirve tanto para recolectar votos prometiendo ascenso social por la vía educativa, como para justificar la medición de resultados empresariales (léase control de calidad), como para fortalecer cenáculos –frecuentemente “colegios invisibles”- de expertos.

Luego, en tanto la condición inherente a esa extensión narcisista de la tecnología es la fusión informativa del saber, es imposible quedar fuera de un dispositivo implementado a partir del supuesto de una homologación mediática universal. El modelo de esa metástasis informativa es provisto por la propia homologación formal (de índole numérico-matemática) de la información. La estadística provee el criterio de formalización de los estados de cosas. Todos somos computables y proyectados en una pantalla numéricamente programable. De ahí que la exclusión presente el carácter de fatalidad previsible: proviene del mismo tipo de “inclusión” informática que confunde cifrado con existencia. Una exclusión de esa índole incluye sin interpretar. Por consiguiente, es imposible que poniéndose al margen se logre ser excluido sin ser incluido, o viceversa (se trata de una formalización tautológica de la índole humana).

De ahí que lo que se puede considerar “mera resistencia” ante el dispositivo tecnológico, quizás sea mutación de cuerpos resistentes al virus de la equidad informática –cuyo primer efecto consiste, por cierto, en destruir la corporalidad singular de cara a la pantalla. Quizás como decía Marx en otro contexto “no lo saben pero lo hacen”.  Al mismo tiempo, en tanto es imposible quedar fuera del control de la información multimedial (visual, auditiva, codal, etc.), cierto ponerse al margen sin salirse de los márgenes quizás provea, incluso bajo forma pertinente, la desarticulación mediática de la mismidad programada. En todo caso, es lo que parece refrendar la estrategia contra-mediática de los “indignados”, “15M”, “demócratas islámicos”, “piqueteros”, etc: intervenir en los medios de forma que la mediatización (en el sentido que le daba la Ilustración) no prolifere mediáticamente (en el sentido medular de la tecnología: un medio que se transforma en finalidad objetiva).

En esa vía se sitúa nuestra alternativa universitaria: congregar y generar nuestros propios canales, sustentarlos en la negativa a aceptar que la universidad se convierta en el brazo social de la tecnología, vincularse a expensas de la vacuidad tecnológica de la información.

 

No se trata de una actitud meramente impugnadora, esterilizada por una crítica anquilosada y estereotipada en boinas con estrellas militantes. Para difundir y propiciar tales estereotipos contamos, desde su propia declaración, con voceros gubernamentales. En particular porque nos anuncian que han alcanzado un objetivo que debiéramos agradecerles[5]. También es cierto, como se destaca por otro lado, que en el campo del cuestionamiento de tendencias tecnocráticas se encuentran concepciones propias de otra “edad del saber” desandadas, también conviene admitirlo, por los caminos recorridos desde entonces. Sin embargo, cometeríamos una suerte de inversión de la “carga de la verdad” como la que –ya desde largo tiempo atrás- propicia en nuestro país la “teoría de los dos satanes”, si confundiéramos el camino difícil de la justicia con la senda facilitada y galardonada de los que se suman al poder de turno. Así como ayer la lucha violenta contra la explotación y la opresión no podía igualarse a la violencia que luchaba por extender un poder represor, hoy no puede ponerse cierta nostalgia reivindicativa a la par con un oportunismo encaramado sobre los mismos sentimientos, que mirados de arriba siempre se ven prematuros.

Naturalmente, la discusión queda abierta más allá de este texto, tanto como las puertas universitarias o las ventanas de interfaz, ya que le es propio a las humanidades no poder sumarse sin tomar la palabra o sin marcar un cuerpo de letra.

[1] Ver en la dirección http://ricardoviscardi.blogspot.com/2012/04/humanidadesla-discusion-de-la_9548.html

[2][2] Derrida, J. (2001) L’université sans condition, Galilee, Paris, p.26. Traducción al español en Derrida en castellano  http://www.jacquesderrida.com.ar/textos/universidad-sin-condicion.htm (acceso el 15/05/12)

[3] Marcuse, L. (1967) La philosophie américaine, Gallimard, Paris, p.77.

[4] La apreciación ya se encuentra en “Humanidades, la discusión de la universidad”.

[5] Rosencof, M. “Si hubiésemos sido derrotados ¿cómo se explica que el Pepe, el Ñato y el Bicho estén donde están? (entrevista de A. M. Mizrahi) La Red21 (18/04/12) http://www.lr21.com.uy/politica/1033323-si-hubiesemos-sido-derrotados-%C2%BFcomo-se-explica-que-pepe-el-nato-y-el-bicho-esten-donde-estan (acceso el 15/05/12)

“La información ya no se transforma en experiencia”: Safranski

 

¿Puede aún un filósofo llenar un auditorio para hablar Sobre el tiempo? El pensador alemán Rüdiger Safranski, autor de prestigiosas biografías de Nietzsche y Schopenhauer (ambas editadas por Tusquets), sí, y lo demostró este jueves cuando, en una de las aulas del Centre de Cultura Contemporànea de Barcelona (CCCB), intentó responder durante prácticamente dos horas a las complejas preguntas: ¿Cuánta aceleración puede soportar el ser humano? ¿Cómo puede lograrse una relación más razonable con el tiempo?

Safranski, que acaba de presentar su nuevo libroGoethe y Schiller. Historia de una amistad (Tusquets, 2011), comenzó haciendo un repaso histórico a la cuestión del tiempo, una “categoría filosófica” recurrente en la religión, la literatura y el pensamiento. Así, San Agustín decía saber qué era “pero no explicarlo si me lo preguntan”.

El autor fue presentado por la ensayista y traductora Rosa Sala Rose que, además de elogiar la capacidad del pensador alemán para enfrentarse a los campos más complejos, destacó uno de los muchísimos premios que ha recibido a lo largo de su trayectoria: el de un prestigioso club de fumadores de pipa. Más allá de la divertida anécdota, nos dice Sala, ese galardón sirve de metáfora de lo que quería decir Safranski. No en vano, el fumador de pipa es un fumador diferente a los demás, que vive el tiempo desde otra perspectiva. Así pues, ¿qué es el tiempo y cómo repensarlo desde nuestra cosmovisión?

Para Safranski, “el tiempo sólo tiene una dirección, no es como el espacio”. Se trata de un flujo irreversible. Sin embargo, nosotros vivimos la dicotomía entre el tiempo presente (“siempre hay un ahora”) y el tiempo imaginado (por el que viajamos al pasado o al futuro). Nos desplazamos, pero desde nuestra creatividad.

De este modo, el filósofo explica que se suele entender el tiempo como “aquello que miden los relojes”, pero en realidad eso no es más que una convención. “Se confunde el tiempo con sus instrumentos para medirlo”, asegura. Y es que, según sus palabras, “el tiempo no avanza, sino que fluye”, y sólo se puede hablar de tiempo si pasa alguna cosa, si podemos reconocer ciertos hechos o acontecimientos ocurridos entre un espacio temporal y otro.

Después de esta breve introducción en la idea ontológica del tiempo, Rüdiger Safranski quiso dedicar la conferencia a lo que denomina “socialibilización del tiempo“, que viene con la industrialización de la sociedad moderna, cuando se normalizan los grandes relojes en iglesias y fábricas… Hay una “mecanización” que, a partir de ese momento, dirige nuestro comportamiento. Somos proveedores de tiempo.

En nuestros días, el aumento de la “presión temporal” es brutal, y se habla de la “escasez del tiempo“. Para el autor alemán no se puede utilizar este término, ya que algo sólo puede ser “escaso” en relación a otra cosa, y no es una característica intrínseca del concepto. Siempre nos quejamos de que “tenemos poco tiempo”, que tenemos que “ganar tiempo”, porque lo vemos ya como un producto por el que pagamos o cobramos en plazos bien delimitados (sueldos, cuotas, préstamos, etcétera). La relación entre tiempo y economía es, en este sentido, fundamental. Mientras el que está dentro de la rueda laboral no tiene tiempo para nada, el que está fuera, el que la sociedad ha excluido, no sabe qué hacer con él.

Con la “aceleración” de nuestros días, en gran parte provocada por los nuevos sistemas de información, lo que se busca es, prioritariamente, el consumo. Así, nos dice Safranski, “los créditos no son creación de valor, sino que se compra el futuro, hipotecándonos”. Para el pensador, la especulación es eso, “basura que aún no hemos consumido” y, por ello, el problema fundamental radica en una falta de sincronización entre el tiempo financiero y el tiempo vital. Son dos trenes incompatibles, nos explica, que quieren convivir siendo uno de Alta Velocidad y otro de Cercanías.

Se cree que la aceleración – hacer cosas constantemente – ayuda a no pensar en la muerte. El filósofo no puede estar más en desacuerdo, ya que lo que se consigue es que, viviendo de esta forma, “la experiencia vital ya no tiene valor”. Vivimos en una “patología del tiempo” que nos lleva, irremediablemente, al horror vacui. ¿Por qué, después de mirar durante horas la televisión, al poco rato ya no recordamos nada de lo que hemos visto?

Rüdiger Safranski defiende que hoy “la información no se transforma en experiencia” y el exceso de estímulos provoca “un ataque del presente al resto del tiempo”. Si sólo estamos pendientes de lo inmediato, si no hay espacio para “lo mediado”, el conocimiento no es posible. “Necesitamos una revolución del tiempo social”, asegura.

¿Por dónde comenzamos? El pensador, que está trabajando en un nuevo libro sobre el tema, parece tenerlo claro: “La filosofía es un primer paso hacia la desaceleración”.

La administración del miedo

La administración del miedo, editado en España por Pasos Perdidos y Barataria, recoge las reflexiones de Paul Virilio (París, 1932), arquitecto, urbanista y filósofo cercano a los postulados de Deleuze, Lyotard o Baudrillard.

El pensador francés, teórico de la velocidad, se interroga constantemente por los efectos y consecuencias de lo virtual y lo instantáneo en nuestra forma de vida. Tal y como apunta Bertrand Richard en el prefacio, el “principio de terror” se basa en un doble fenómeno, el que ha puesto en duda que la ciencia pueda garantizar la seguridad y, por otra parte, de qué manera el miedo “ha pasado de quimérico a ser fundamento del pensamiento y la acción”.

El ensayo, en forma de entrevista, revela el diagnóstico de una política sin polis, donde los hombres quieren gestionar una ciudad, un país, cuando “carecen de lugar propio”. Virilio defiende, así, que el “terror es la consagración de la ley del movimiento”. Incluso, el pensador habla de una especie de “claustrofobia” del ciudadano posmoderno que siente pánico (en el sentido griego de “totalidad”). Y, del mismo modo, denuncia que los estados se sienten tentados a “hacer del miedo, de su difusión mediática, de su gestión, una política”.

Velocidad y desmesura
Virilio aborda la cuestión de la velocidad creando conceptos con los que referirse a la aceleración que nos condiciona. De este modo, la “dromosfera” es una suerte de constricción del espacio-tiempo en el campo de la comunicación: “hoy en día el momento de inercia del instante domina la inercia del lugar”.

Ideas como la simultaneidad, en esta línea, son imprescindibles para comprender la falta de protagonismo de la filosofía en la actualidad, donde lo mediato y lo inmediato son irreconciliables. Para el francés, la teoría crítica debe pensar en “una economía política de la velocidad, que tome el relevo de la tradicional economía política de la riqueza”. “No hemos dado forma al misterio del tiempo”, añade. Ha reaparecido hoy la hybris griega, la noción de desmesura, que ha vuelto a instaurarse. Por ello, Virilio apuesta por “mantener la cronodiversidad”.

El urbanista nos avisa: “en ningún caso se trata de un conflicto entre Antiguos y Modernos, tecnófilos y tecnófobos”. La dromología es, según sus propias palabras, u problema de ritmo. Si las redes sociales permiten una “sincronización de las emociones a escala mundial”, también facilitan una política del miedo en tiempo real, quitando protagonismo al “espacio real”. En este sentido, Virilio asegura que Fukuyama se equivoca: “no se trata tanto del fin de la historia como el de la geografía”.

La disuasión civil
Paul Virilio insiste en que no está “en contra de las nuevas tecnologías sino en contra de su promoción”. Nos habla en términos de una “contaminación” de la distancia que reduce la visión “lateral”. Para explicárnoslo mejor, utiliza metafóricamente la imagen del parabrisas del coche: “para sobrevivir hay que anticipar lo inesperado, porque lo inesperado nunca llega de frente”. Y añade que no es casual que los animales tengan ojos situados a cada lado de la cabeza: “los depredadores atacan por los lados o por detrás”.

La confusión entre progreso y propaganda, el culto a la velocidad, es también un tema político que afecta a “la disuasión civil”. La ubicuidad y la inmediatez no son sino formas de inmovilismos”, sostiene. Aquí Virilio vuelve a utilizar un neologismo, la “forclusión”, para expresar el cambio que se ha producido en las sociedades avanzadas, que han pasado de ser espacio de libertad para convertirse en “ciudades privadas, protegidas por su cerco eléctrico, cámaras de seguridad y guardias”. Síntomas de la “regresión patológica” a la que estamos sometidos, asegura el filósofo.

El teórico tiene claro que “sólo de una conciencia más profunda de la crisis surgirá una esperanza política” ya que, según sus propios argumentos, “hemos alcanzado los límites”.

Ensayos para el combate político

“Ensayos para el combate político” Tomo II de Obras selectas de Teódulo López Meléndez

http://es.scribd.com/doc/93239322

Nuevo Tiempo Histórico para la Democracia: Bases para reconstituir el demos político

 

Basado en Multiculturalidad, Inmigración y Democracia: La re-constitución del demos político de Ricardo Zapata-Barrero.

 

Continuando con el debate abierto en Multiculturalidad, Inmigración y Democracia, abordemos ahora los parámetros en un nuevo tiempo histórico para la democracia. El tiempo histórico que vivimos está condicionados por cambios no solo sociales y políticos, sino estructurales e inciden en la forma en cómo entendemos nuestras formas de organizarnos.

A partir de este siglo XXI cada vez es más evidente que las cosas están cambiando en todos los niveles, especialmente nuestras percepciones en torno a la relación entre cultura y política. Estamos en un proceso irreversible de multiculturalidad y, por lo tanto, hace falta trabajar conceptualmente muchos frentes para acomodarnos a las exigencias de esta nueva realidad.

Estamos en una situación de “bloqueo conceptual” al pensar que la democracia solo es posible con un Estado-Nación homogéneo. Desde el punto de vista conceptual, veremos que tenemos un problema de práctica, un problema de referencia porque tenemos dificultad para nombrar lo que vemos y lo que queremos en torno a la inmigración y la multiculturalidad. La única certidumbre sobre la que nos movemos y la que dificulta muchas veces el proceso de argumentación, es que el discurso que hagamos tiene un efecto generacional sobre cómo queremos vivir socialmente y organizarnos políticamente teniendo en cuenta la diversidad cultural que resulta de la inmigración.

En este marco introduciremos siete premisas básicas para conformar nuestro esquema de pensamiento y que luego nos ayudaran a generar los principales argumentos para situar el debate:

Estamos ante un proceso de multiculturalidad global, histórico e irreversible. Históricamente, cada sociedad ha tenido sus procesos de cambio. Hoy en día, este proceso viene determinado por el proceso de multiculturalidad en general, el que resulta de la inmigración en particular.

Este proceso de multiculturalidad es el principal eje del conflicto hoy en día y el principal motor del proceso de cambio que están viviendo nuestras sociedades democráticas avanzadas. Estamos ante un cambio estructural que se expresa a través de conflictos sociales y políticos y que opera tanto a nivel individual como colectivo. Tiene un efecto directo sobre nuestro comportamiento, nuestros marcos de referencia y modos de evaluar las acciones de otros y el mundo que nos rodea y sobre nuestra forma de organización social y política. Este proceso nos está obligando a redefinir quienes somos, que pensamos, como valoramos las cosas. Tiene un nivel de exigencia ontológica social sin precedentes.

Del pluralismo de valores al pluralismo cultural y al principio de la diferencia cultural. En este siglo XXI hemos pasado de la cuestión del pluralismo a la cuestión del pluralismo cultural. Hoy en día, la política y la sociedad deben cada vez más gestionar este tipo de conflictos que están relacionados con el pluralismo cultural. Este tipo de diversidad es un pluralismo de marcos de referencia, de tradiciones y culturas diferentes. La pregunta de nuestra época es cómo gestionar el vínculo entre democracia y pluralismo cultural. En este marco, la diferencia cultural adquiere el estatus de principio, en tanto que se percibe como el principio orientador de la nueva articulación de la sociedad, construida históricamente sobre la base de la categoría de “deficiencia social”. El intento de dar una respuesta política al reconocimiento del valor de la diversidad de la identidad cultural es una de las características distintivas de nuestra época. Es un hecho que nuestras sociedades se han construido sobre la base de la homogeneidad y lo idéntico en términos culturales y ubicado incluso en el seno de un Estado-nación. Sólo han aceptado el pluralismo cuando procede de la persona, de sus intereses y es fruto de su voluntad, y no el pluralismo cultural, como principio articulador de la sociedad. En este contexto se producen zonas de conflicto multiculturales, contextos de los que surgen conflictos debido a las diferencias culturales. Estas zonas de conflicto no se producen en la esfera privada, sino en la esfera pública.

Categoría de cultura-identidad tienen un significado social-político, explicativo para desigualdades sociales. El argumento es que con la llegada y permanencia de inmigrantes y el proceso de multiculturalidad que supone, hoy en día estamos ante una situación donde el concepto mismo de conflicto social tiene un componente identitario y cultural. El vínculo entre desigualdad social y pertenencia cultural es cada vez más evidente. El enfoque de la estructura de oportunidades nos ayuda a identificar estas situaciones de conflicto. Las estructuras institucionales no ofrecen las mismas oportunidades a las personas, independientemente de su identidad y su cultura. Es un hecho que la coexistencia dentro de un mismo territorio de culturas diferentes evidencia que nuestra sociedad no es culturalmente neutra. Debemos reconocer que las identidades culturales se valoran públicamente en función del lugar que ocupan sus portadores dentro de la estructura de poder de la sociedad. Su reconocimiento público implica redefinir la estructura básica. En temas de multiculturalidad, lo opuesto a la igualdad no es tanto la desigualdad como la discriminación, las relaciones de poder que se establecen entre las diferentes culturas.

Las políticas de bienestar como políticas de identidad: la cultura-identidad provoca desventajas. Redistribución y reconocimiento. El principal problema de las políticas públicas de bienestar es querer mantenerse ante una lógica de hacer del siglo XX, donde los conflictos se definían únicamente bajo la categoría social y económica. La separación entre políticas sociales y políticas de identidad es una falsa premisa. En la práctica se confunden. Querer resolver problemas de desigualdad social y económica sin ver que estamos ante un proceso de pauperización paulatina de ciertas expresiones culturales y religiosas puede consolidar la diferenciación de la sociedad por razones de nacimiento, rasgos físicos y pertenencia cultural. Si bien la política de la segunda mitad del siglo XX fue básicamente una política social, la política del siglo XXI es una política de identidades. Hacer política social hoy en día requiere que los que toman decisiones políticas y sus profesionales estén formados en la diversidad cultural y tengan una mente multicultural.

Tiempo histórico: Democracia y pluralismo cultural. Existen muchas más generaciones de personas que han vivido tiempos no-democráticos. Nuestra generación está viviendo una excepción histórica. Los conflictos relacionados con el pluralismo cultural solo nos interesan en tanto que se producen en el marco de la democracia y requieren, por lo tanto, respuestas democráticas. Los argumentos y preguntas que nos interesan son los que plantean preguntas a la democracia. Gestionar con nuestros fundamentos (valores y principios) democráticos la diversidad cultural, es decir, que las demandas y nuestra forma de gestionar el pluralismo cultural no vulneren nuestro marco de referencia democrático. Salir de la democracia para gestionar el pluralismo cultural es una posible forma de reacción, pero, en este caso, nos situamos en una contradicción e incoherencia históricas.

La mayoría de los conflictos que se debaten no versan sobre hechos concretos, sino sobre sus interpretaciones. Partimos de la base de que cuando nos referimos a la mayoría de conflictos que tienen la interacción entre los inmigrantes, los ciudadanos y las estructuras institucionales como referentes empíricos, no hablamos sobre hechos, sino sobre interpretaciones. No es un debate sobre la inmigración, sino sobre cómo se interpreta y percibe la inmigración. Esto implica que los conflictos sociales que se producen están relacionados con conflictos de significados.

Las siete premisas anteriores nos indican que el proceso de cambio que se produce con el proceso de multiculturalidad está generando también un proceso donde las mismas bases del demos político están siendo discutidas. Este proceso de reconstitución del demos político requiere reflexionar sobre la necesidad de replantearse un nuevo sistema de categorías para poder interpretar un nuevo mundo.

 

Nuevo sistema de categorías para interpretar un nuevo mundo

El debate que suscita el proceso de multiculturalidad debe situarse dentro del proceso histórico. Interesa identificar los argumentos que permitan distinguir este Tiempo. La base es que somos la primera generación que se plantea preguntas en torno al vínculo entre multiculturalidad y democracia. Existen cinco argumentos básicos para reconstruir el demos político.

Nuevo paradigma: monoculturalidad y multiculturalidad. El siglo XX se ha movido con un sistema de categorías que ha comparado el presente y el pasado, especialmente el pasado medieval frente a la Modernidad. Su argumentación política se ha construido dentro de los parámetros del debate entre tradición y Modernidad, paradigma dentro del cual se ha producido la mayoría de las distinciones analíticas de finales del siglo XIX. Si nos planteamos la misma pregunta hoy en día, constatamos que estamos en una situación similar a la que se produjo a finales del siglo XIX y principios del XX. La categoría de cultura y de identidad ayuda a conformar el nuevo paradigma que nos lleva a un pasado monocultural y a un futuro multicultural. Hoy en día, la mayoría de los conflictos tienen como marco de referencia explicativo el paradigma Monoculturalidad-Multiculturalidad.

Nueva categoría de progreso. Con el proceso de multiculturalidad la idea misma de progreso cambia. El progreso se mide hoy vinculando cultura-identidad y pluralismo y se evalúa en la posición que uno adopta frente al vínculo entre cultura, política y pluralismo. Expresa la capacidad que tengan nuestras democracias consolidadas de gestionar los procesos de multiculturalidad manteniendo los principios de igualdad y de respeto que las define. El vínculo entre gestión de la diversidad cultural, igualdad y respeto del pluralismo se convierte en la principal fuerza que define la acción política progresista.

Reenfocar la categoría de los derechos humanos para gestionar el pluralismo cultural. Los derechos humanos aparecieron en el año 1948 en un contexto de inicios de la “guerra fría” entre dos bloques enfrentados. Tras la Segunda Guerra Mundial fueron pensados básicamente para defender al ciudadano de su propio Estado. Este paradigma de relación ciudadano-Estado ayuda a entender las dificultades de aplicarse en no-ciudadanos, especialmente los inmigrantes irregulares. Esto se confirma con el conocido hecho ampliamente debatido de que el movimiento de personas está defendido en los artículos de derechos humanos sólo en la dirección salida, pero no en la entrada de los estados. Si bien en el siglo XX la “opción salida” era la que definía las fronteras, puesto que había una parte de la población mundial que no tenía opción de salir de su territorio, hoy en día podemos discutir la unidireccionalidad en la que está preconcebida “nuestra” sociedad abierta, puesto que el argumento está pensado para salir del territorio, pero no para entrar; o no se pensó en las migraciones internacionales y que la “opción entrada” pudiera tener algún día el estatuto de una reivindicación de derecho humano. De ahí que en el siglo XXI lo que define las fronteras ya no es la “opción salida”, sino la “opción entrada”. Lo que no estaba previsto eran las migraciones internacionales en las dimensiones actuales. Los derechos humanos y sus articulados sobre el movimiento de personas no fueron pensados para gestionar estas nuevas situaciones. De ahí que el debate tenta un claro sentido de desafío normativo. La capacidad que tengamos de restaurar esta asincronía debe ser la orientación de las políticas. En temas de inmigración vivimos en una “sociedad cerrada”. Si bien el gran logro de siglo XX ha sido asegurar la “opción salida” de nuestras sociedades, el gran reto del siglo XX es conseguir también que la “opción entrada”, en cualquier parte del territorio mundial se proteja como derecho humano.

Repensar la categoría de clase social como grupo cultural. Es un hecho que el incremento de conflictos sociales tiene hoy en día un claro componente cultural. En este sentido se está produciendo una “culturalización” de las desigualdades sociales, donde la categoría de identidad-cultura define las zonas de conflicto. Ante iguales circunstancias de desigualdad económica, en lugar de solidaridad hay racismo, puesto que la clase pobre ciudadana percibe a la nueva pobreza vinculada con la inmigración como competencia directa. Los destinatarios iniciales de políticas sociales no suelen admitir que dejen de ser público objetivo, puesto que siguiendo los mismos criterios de redistribución, hoy en día los inmigrantes suelen ser los que engrosan la categoría de pobreza. Esta realidad ayuda a explicar por qué la opinión pública negativa está vinculada a clase social.

La categoría de “Civilización” y el nuevo espacio para el conservadurismo. De la categoría de la “civilización” conocemos su procedencia y su construcción política, pero al final ha llegado a penetrar en las formas de interpretar el mundo y las relaciones internacionales. Incluso en su versión alternativa ya no se habla de Conflicto sino de Alianza de Civilizaciones. El hecho de que se introduzca esta categoría para interpretar los procesos de cambios profundos es una reacción conservadora en la que la civilización está en retroceso con la Revolución Francesa. La confusión entre civilización y cristianismo no es nueva, sino que también tiene su origen en el momento en que se conforma el pensamiento conservador, quien percibe estas dos categorías en términos de implicación. Hoy en día, el paradigma que nos lleva de un pasado monocultural a un futuro multicultural es propicio para el auge de un nuevo discurso conservador identitario. Este nuevo conservadurismo es un conservadurismo identitario, en el que la religión juega un papel muy importante.

Balance final: ¿Crisis del multiculturalismo o crisis de la democracia?

Si bien a finales del siglo XX una persona que se autodefinía como siendo multicultural no necesitaba justificarse, hoy, a esta misma persona se le requiere que dé razones. Estamos ante lo que podemos calificar como proceso de construcción política de un sentido negativo de la multiculturalidad que requiere una depuración semántica.

El multiculturalismo es visto ahora como amenaza de nuestros valores democráticos, como fuente de inestabilidad y de inseguridad, como conflicto irresoluble. Se ha construido la categoría de un cierto tipo de inmigrante como portador de valores culturales anti-democráticos, como amenaza a nuestras identidades culturales cristianas. La construcción política del discurso es clara. Como si en estos momentos estuviéramos iniciando un nuevo período más realista y dejáramos atrás la era idealista de multiculturalismo de los años noventa.

Se pueden distinguir tres niveles conceptuales al hablar de multiculturalismo:

Dimensión social como descripción de la realidad. El argumento contra la dimensión social del multiculturalismo tiene muy poca fuerza, puesto que nadie puede negar una evidencia: el hecho de que nuestras sociedades sean culturalmente diversas. Si se insiste en esta crítica, las únicas posiciones políticas viables son la defensa de la repatriación y la exclusión absoluta con un cierre hermético de fronteras.

Dimensión política como política pública. La idea es que el multiculturalismo pueda designar un tipo de política pública destinada a la defensa de grupos culturales minoritarios frente a los grupos mayoritarios ciudadanos.

Dimensión moral como una posición ética. No puede confundirse esta dimensión política de la dimensión ética, la que incide en que el multiculturalismo es también posición moral.

Se defiende que la diversidad es un valor, y que una defensa de políticas contra la diversidad equivale directamente a salir de nuestro marco de referencia democrático basado en la igualdad. Los argumentos principales giran en torno a la incapacidad de las políticas de evitar lo que los franceses denominan una “comunitarización” o el hecho de que cada grupo cultural se encierre sobre sí mismo y se pluralice también el espacio público, hasta tal punto que se disuelva la idea de espacio cívico compartido de valores y principios comunes.

El particularísimo cultural llega a ser tan dominante que pone en entredicho el mínimo de universalismo cívico que asegure la cohesión social. Todos coinciden en dar una interpretación histórica al proceso de cambio que presenciamos, pero inciden en que ese proceso de multiculturalidad lleva inevitablemente a la desaparición de nuestra forma de organización social democrática, puesto que piensan que el multiculturalismo supone tolerancia sin criterios, una defensa de modos de vida que contravienen nuestros valores democráticos.

Fundamentan sus argumentos sobre una base claramente religiosa, en tanto que perciben la inmigración musulmana en Europa como un caballo de Troya que esconde una nueva forma de invasión bárbara. Todas las culturas se basan en una concepción de lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto y, por lo tanto, no todas pueden tener el mismo tratamiento. Su reconocimiento igual es imposible.

Este es el “multiculturalismo del miedo” para el que no es posible encontrar un marco de referencia que pueda contentar a todas las culturas por igual. En este ambiente de claro retroceso del multiculturalismo se añade otro factor estructural global de gran impacto en nuestras conciencias colectivas. La generación del post-11-S se “está haciendo”, pero, sin lugar a dudas, está siendo socializada en un ambiente donde la sospecha se convierte en amenaza, donde el que tiene fisonomía árabe (sea o no islámico) es el fruto de todos los males de nuestra sociedad, como en un momento dado se estigmatizaron a los judíos.

La multiculturalidad ligada al Conflicto de Civilizaciones se convierte en la variable explicativa de casi todos los grandes conflictos sociales, superando a los clásicos de clase social entre la ciudadanía. Esta nueva confusión contribuye a hacer retroceder a los multiculturalistas, puesto que se comienza a utilizar prácticamente como sinónimo: el multiculturalismo como un verdadero conflicto entre modelos de sociedad irreconciliables. Los conceptos cambian de significado cuando tienen un marco real sobre el que apoyarse.

Ahora bien, este cambio conceptual del término multiculturalidad y sus derivados no es una simple variación de algún aspecto de sentido o una determinada acepción, sino que se trata de un cambio radical, puesto que pasa de ser un concepto positivo a un concepto negativo. Se convierte simplemente en una amenaza real y directa sobre nuestras vidas.

Capítulo 12 de Ciudad y Ciudadanía. Senderos contemporáneos de la Filosofía Política. Ed. de Fernando Quesada

http://filotecnologa.wordpress.com/2012/05/07/nuevo-tiempo-historico-para-la-democracia/

Hollande, la victoria del antihéroe

Audio de Teódulo López Meléndez sobre las elecciones presidenciales francesas

http://www.ivoox.com/hollande-victoria-del-antiheroe-audios-mp3_rf_1208635_1.html

Nada es gratis

Nada es gratis

Por Alberto Medina Méndez

Mucha gente habla de su disconformidad con el presente y reprueba a la mediocre dirigencia que nos conduce. Son los mismos que dicen que no hay futuro y que resulta casi imposible ser optimistas en las condiciones actuales. Y en alguna medida, todo eso parece cierto. El escepticismo y la resignación parecen estar ganando la batalla.

Lo que es paradójico es que quienes declaman su permanente disgusto con la situación, no consigan percibir la relación directa entre causa y efecto, entre sus propias acciones y las evidentes consecuencias. Pese a la aparente inteligencia de muchos de ellos, diera la sensación de que no logran conectar el vínculo lineal entre sus actitudes, los acontecimientos y los resultados de todo ello.

Es como si no pudieran comprender que estamos como estamos porque hacemos lo que hacemos, o mejor dicho aún, que estamos como estamos porque no hacemos lo que resulta necesario hacer.

Con exceso de abulia y apatía, con demasiada desidia y negligencia, con indolencia e ingenuidad, casi sin querer, van contribuyendo de modo activo con la construcción del poder de los gobernantes. Los que mandan, sustentan su supremacía, en esta característica sociológica de este tiempo, casi patológica, por la cual demasiados deciden no hacer casi nada.

Solo gracias a la insensata conducta de los más, puede explicarse semejante dimensión de atropellos. Es, cada vez más, una matriz global. Una minoría, pero muy organizada, consigue someter a los mas, solo porque ese conjunto de individuos carece de organicidad y termina siendo funcional al poder de turno, a pesar de sus disidencias con esas políticas.

Los que han hecho de la política una profesión, saben poco de lo que deberían realmente conocer, es decir del arte de gobernar con inteligencia, pero indudablemente, son expertos en esto de manipular voluntades. Conocen la ingeniería social al detalle, interpretan con habilidad las conductas humanas, perciben la pereza ciudadana, esa que hace que muchos sigan creyendo que forman parte de una sociedad democrática solo porque se presentan a votar una vez cada dos años, a veces inclusive de mala gana, casi forzados por las circunstancias legales o de repudio social.

Es paradigmático, ver como muchos ciudadanos de buena fe, caen en la trampa de no comprender que su accionar, muchas veces desidioso e indolente, son la principal causa de todo lo que soportan.

Las múltiples explicaciones que encuentran para justificar su decisión de no participar de la vida política de la sociedad, les sirven de consuelo, pero están lejos de alcanzar como argumentación para no hacer lo necesario.

Ningún resultado relevante en la vida humana, y mucho menos en comunidad, se consigue cruzándose de brazos, sentados en una silla, o simplemente con una postura de espectador en vez de protagonista.

Creer que la realidad se modificará en el sentido deseado, solo porque se invierte un escaso tiempo despotricando entre amigos contra el poderoso de turno o discutiendo en los bares, es pecar de una desmesurada ingenuidad.

Suponer que la sociedad cambiará sus paradigmas, sin un compromiso militante por parte de los que sienten profundo rechazo por el status quo, es demasiado infantil. La alteración del rumbo se consigue con mucho esfuerzo. Muchas veces inclusive, con trabajo tampoco resulta suficiente para lograrlo por falta de perseverancia o dirección correcta.

Lo que está plenamente garantizado es que con holgazanería ciudadana, no conseguiremos absolutamente nada significativo. Solo podremos llenarnos de impotencia inconducente.

Si no hacemos lo correcto, si no HACEMOS con mayúsculas, nada se transformará. Y si por lo contrario, preferimos seguir en la misma, justificándonos para explicar porqué hacemos tan poco, o a veces inclusive nada o lo incorrecto, debemos entonces estar dispuestos a pagar el precio de esa decisión.

Seguramente que muchas razones amparan nuestras elecciones individuales en lo que a la vida política hace. La corrupción, la falta de tiempo personal, la necesidad de buscar el sustento cotidiano o sencillamente la convicción de invertir el tiempo en otros asuntos que se consideran más importantes, son todas cuestiones atendibles.  Pero eso no logra modificar la ecuación. Siguen siendo decisiones que implican priorizar ciertas cosas por sobre otras. Y eso tiene consecuencias, siempre.

Asumir que lo que nos sucede es el resultado de lo decidido es un gran primer paso. Somos libres de tomar las determinaciones que deseemos, pero debemos comprender que ello conlleva un desenlace. Si no tomamos nota de esto seguiremos creyendo en esta fantasía de que lo que nos ocurre es responsabilidad de otros, los culpables de todos nuestros males.

La verdad es que esa caricatura de la realidad nos tranquiliza, nos despoja de culpas y nos hace sentir víctimas de esa casta enemiga. Es que tenemos responsabilidad y mucha, y si bien existe esa corporación que conspira  permanentemente contra nuestras vidas para arrebatarnos libertades, saquear nuestros recursos y amedrentarnos para que no reaccionemos, no menos cierto es  que está en nosotros, asumir que podemos modificar el presente con la actitud correcta y el esmero necesarios.

Hay que entender la dinámica de los acontecimientos para no fracasar en el diagnóstico de lo que nos sucede y poder luego, con la inteligencia apropiada, aplicar nuestros talentos para imprimir la energía necesaria, en el sentido preciso, y así, cambiar el curso de la historia.

Mientras tanto, resulta relevante, dar el primer paso, ese que nos ayude a entender que las decisiones que hemos tomado hasta aquí, explican lo que estamos padeciendo. Y que esto que nos pasa, de algún modo lo decidimos, por acción u omisión. Nuestro presente como sociedad es solo la inevitable consecuencia de nuestras determinaciones cotidianas, solo porque como en tantos otros aspectos de la vida personal, “nada es gratis”.

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LAS CINCO LEYES ECOLOGICAS DEL PLANETA TIERRA

Por Antonio Limón López*

 

La cultura ecológica esta en boga, precisamente en un mundo desconcertado, donde todos los valores relacionados con nuestro pasado reciente o remoto se encuentran en duda o en franco proceso de descrédito, sin embargo la ecología es una preocupación común a todos y no hay una sola voz que se levante en su contra, pero a pesar de ese aprecio y de la enorme cantidad de literatura que se escribe momento a momento y sin que obste la gran cantidad de horas de educación impartidas sobre ella en todas las escuelas básicas, medias y en todas las universidades, falta un eje central sobre el cual giren tanto los esfuerzos educativos, científicos, tecnológicos e industriales en el campo de la ecología.

Claro que existen leyes creadas en todos  los estados del mundo, además todos los días se firman acuerdos internacionales para proteger al medio ambiente ante sus muchas amenazas y proteger a las especies vivientes, e incluso existen prevenciones para la producción industrial, no solo en materias críticas como la energía nuclear, sino en la agricultura, en el uso de energéticos y en la construcción de obras de saneamiento frecuentes como el drenaje sanitario de nuestras ciudades y otras tan inusuales, como el manejo de ciertos desechos tóxicos o radioactivos, pero a pesar de esto, no se han proclamado todavía las leyes universales esenciales, para que todas las leyes, todas las regulaciones, todas las grandes tareas cumplan con ellas. Simplemente no existen.

La ausencia de estas leyes universales ocasiona que cada sociedad, cada empresa mercantil, cada estudiante, cada educador y cada persona elabore su propio código de ética ecológica conforme a sus propias prioridades o a las prioridades de sus clientes, de sus socios, de sus súbditos, permite que cada cual interprete libremente lo que entiende por los fines y los medios de lo “ecológico”, de manera que transitamos en esta tarea vital, pisando un suelo pantanoso, donde no existen rocas firmes que podamos pisar firmemente y por ello es probable que algún día resbalemos.

 

Es necesario proponer esas leyes fundamentales, generales y universales sobre la Ecología, tan amplias que puedan aplicarse a todos los casos incluso a los ahora inimaginables, sin importar la época en que se viva y que al mismo tiempo, sean útiles para interpretar los casos más puntuales que pueda haber, por lo que propongo:

LAS CINCO LEYES ECOLÓGICAS UNIVERSALES DEL PLANETA TIERRA

1.- La preservación del planeta Tierra, y la vida que habita en él, son la mayor responsabilidad de la especie humana.

2.-  El planeta Tierra es un sistema ecológico de conservación, capaz de reutilizar y reciclar a sus propios recursos naturales, no genera por sí mismo substancias que no puedan ser reutilizada o recicladas de manera natural. Este sistema debe preservarse y no debe modificarse de manera alguna.

3.- Deben conservarse por el ser humano sin deterioro o contaminación alguna y en las condiciones en que los recibió, los siguientes Recursos naturales fundamentales: Las aguas dulces o salobres del planeta, su ciclo natural dentro de la biosfera, las corrientes marítimas, sus océanos y grandes mares interiores; El aire o atmosfera gaseosa del planeta, así como sus corrientes; El magnetismo y el espectro eléctrico del planeta; El clima; La superficie terrestre, sus continentes, islas, los bosques, manglares y los demás ecosistemas; Las especies naturales vivientes y el entorno del planeta Tierra, la Luna y todo el Sistema Solar Planetario.

4.- Todos los bienes que produzca la humanidad, deben ser reutilizados o reciclados hasta que sean capaces de incorporarse a los procesos de esa naturaleza propios del planeta, así también las obras humanas deben ejecutarse sin que impliquen ningún peligro para los Recursos naturales fundamentales.

5.- Es responsabilidad de la humanidad en general y de las sociedades e individuos en lo particular, que los bienes producidos artificialmente para cualquier fin, sean manejados, almacenados, conservados, distribuidos, reutilizados, reciclados o alojados sin que ocasionen ningún daño irreparable a los Recursos naturales fundamentales. Por lo que se tomarán siempre las medidas adecuadas para que se garantice la protección o saneamiento de dichos recursos.

 

*Abogado y ensayista mexicano

Humanidades, la discusión de la universidad[1]

Por Ricardo Viscardi


El problema que nos plantea el sentido de “marco” que invoca el tema “La facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación en el marco de la Universidad de la República”,  se acrecienta si se requiere la postulación de un “marco teórico”,  porque se vincula el afán cognitivo a una elección de límites relativamente contingente. Todo “marco” admite, por la propia selectividad que declara, la exclusión de otras opciones que podrían aducir encontrarse igualmente fundadas. Prefiero considerar que un campo adopta un ordenamiento variable, en función de la actividad de los mismos elementos que lo sostienen y se identifican a través de relaciones recíprocas.  Esto equivale a decir, desde mi punto de vista, que no puedo entender un “marco” si no considero como se comportan los elementos que lo demarcan desde su propio ámbito.
En razón del paradigma que inspiró la Ley Orgánica de la Universidad de la República, esta configura un marco que a su vez se enmarca en uno mayor, que es el Estado-nación uruguayo y este último en el conjunto del país, que configura una totalidad de relaciones articulada en distintos terrenos y estadios de desarrollo. Entiendo que Carlos Quijano expresaba esa percepción de la universidad cuando decía “La universidad es el país”[2]. Es decir, la universidad es el elemento orientador de la integración del conjunto orgánico de la nación,  que se afinca en la naturaleza por un lado y en la comunidad internacional por el otro, mientras incorpora el conocimiento en tanto actividad medular de su propio desarrollo.
Sin embargo, esa visión consecuentemente moderna y orgánica de la universidad autónoma y cogobernada, identificada con la propia soberanía nacional, fue puesta en crisis sucesivamente por la doctrina de la seguridad nacional, en el marco de la Guerra Fría, a la que sucedió, tras la configuración de un poder mundial unipolar a partir de los 90’, la unificación tecnológica orquestada por la globalización informativa y comunicacional.  Este proceso que se desencadena con posterioridad a la 2ª Guerra Mundial y como consecuencia de la concentración del poder en un único aparato político-industrial-militar, radicado en dos bloques mundiales hegemónicos, generó la creciente integración de los Estados-nación en un proceso de articulación internacional.
Esa orientación que adquirió desde entonces la escena mundial desdibujó progresivamente la condición orgánica y la potestad soberana de las sociedades modernas. Es decir, el marco en el que se supone que el propio marco universitario se enmarca, representa en la actualidad un prurito constitucional de índole nostálgica[3].
Esta coyuntura universitaria se acelera a partir del último cuarto del siglo pasado, a través de la polémica que opuso entre sí al Banco Mundial y la Unesco en torno a la legitimación de las universidades[4]. Mientras la visión del primero pretendía reducir la legitimidad de la educación superior al pragmatismo económico, la segunda reivindicaba la validez de la actuación universitaria, de cara a las demandas y rasgos propios de la sociedad que la sostiene. En tanto gira en torno a la legitimidad comunitaria de la universidad, esa discusión deja en un cono de sombra la inscripción o regulación del saber en el marco del Estado, de manera que el fundamento contractual de la autonomía se transfiere, desde el ámbito jurídico de la constitución política, al ámbito ideológico de la opinión pública.
Como consecuencia de esa radicación alternativa del fundamento social vinculante, la legitimidad universitaria queda a la merced de la circularidad tautológica de la comunicación artefactual[5], en cuanto las tecnologías de la información vehiculan, por su misma base empresarial de desarrollo, las mismas consignas ideológicas del mercado que las implementa.
En razón del liderazgo que ejerce al presente la obtención y gestión de informaciones sobre la tecnología, el propio proceso del mercado se encuentra gobernado por una índole mediática, que determina incluso la subordinación relativa en que caen los marcos institucionales,  en cuanto cristalizan las formas jurídicas provistas por el campo tecno-económico[6]. La orientación de las instituciones públicas se encuentra instruida por las señales que provienen de la misma opinión pública, que a su vez se presenta con el aura de legitimidad cognitiva propia de la medición de la opinión.[7] Se configura con fundamento cognitivo la circularidad de las mismas informaciones y comunicaciones provistas tecnológicamente por las empresas de comunicación, que miden a posteriori la magnitud con que ha cundido o ha sido resistida, desviada o amortiguada, la emisión que protagonizan.
En la reciente presentación del libro “De trancas, calles y botones”[8] dedicado al estudio de la marginalidad en situación de calle y  elaborado por antropólogos académicamente inscriptos en nuestra facultad, el Rector de la Universidad de la República hacía hincapié en una paradoja propia del desarrollo social de la tecnología. Esta contradicción proviene del hiato social que genera el propio desarrollo educativo, en cuanto la capacitación del personal idóneo para la implementación tecnológica genera una brecha cognitiva, con un efecto de marginación tecno-económica sobre todos aquellos que no alcanzan la calificación promedio del umbral formativo exigido.
El dislocamiento del vínculo social como efecto derivado de la implementación técnica ya se encuentra consignado en El Capital. Marx señala que la instalación de la fabricación textil a escala industrial produjo en la Inglaterra de inicios del siglo XIX el desplazamiento de parte del campesinado, expropiada por los campesinos terratenientes en razón del aumento de precios relativo, quienes anexando las propiedades de los menos idóneos económicamente los expulsaron del campo, de forma que estos últimos pasaron a proveer, en condición de miserables, la fuerza de trabajo urbana de la misma industria textil que originó su expropiación campesina[9].
La 2ª Guerra Mundial marca un hito en la retroalimentación entre el poder y la tecnología[10], en razón de la disuasión nuclear y de la incidencia ideológica de la propaganda, que se acelera desde entonces, entre otros efectos, con la manipulación genética y el auge de las tecnologías de la información y la comunicación. Esta incrustación procedimental del saber en la índole social interviene incluso en el terreno de la evaluación de resultados, en cuanto la subordinación del conocimiento a la formalización estadística, en razón de la potencia informática del procesamiento de datos, termina por consignar toda capacidad humana en meras “variables ligadas” de medición, paradigmáticamente suministradas por el modelo que provee la performance tecno-económica. La fatalidad de la dualidad de oportunidades y la marginación social proviene en la actualidad de la tecnología, tanto en la generación de las condiciones económicas propicias, como en la cristalización pública de un relato patológico -paradójicamente razonable- de la exclusión. La acumulación económica se desarrolla vectorialmente a partir de la incorporación tecnológica,  pro-actividad narcisista que sustenta la adquisición de recursos en la transparencia cognitiva, que con fundamento en su misma lucidez formal, justifica finalmente la exclusión de todos aquellos que no accedan a la capacitación habilitante.
La simultánea concentración económica y exclusión social que genera la orientación tecnológica de la sociedad no puede ser revertida por una universalización de la educación en los contextos nacionales, según lo prescribía el canon del progreso moderno. La globalización redistribuye, con criterio casuístico y mundializado, los recursos disponibles según los criterios propios de una optimización tecno-económica universal, que prescinde por lo tanto, estratégica y oportunamente, de los anclajes idiosincráticos nacionales. Con ese criterio se ha visto desembarcar y desaparecer aceleradamente en distintos contextos las riquezas invertidas o  extraídas, según que la propiedad del capital en cuestión considerara que valía la pena acriollarse o emigrar, volatilidad de un despegue económico de significación gallinácea que hoy afecta incluso a los países desarrollados.
La presente determinación tecnológica de las sociedades, en razón de esas características de concentración del poder y de dualidad creciente de oportunidades, debiera constituir un razonable motivo de alarma universitaria. La versión acrítica que cunde acerca de la promisoria perspectiva que abriría el binomio “Ciencia y Tecnología” llega, sin embargo, a ser divinizada por los poderes públicos y privados, como otrora lo fuera el progreso en el contexto del desarrollo industrial o la exactitud predictiva en el contexto de las leyes de la naturaleza, sin que tal ditirambo del poder más cuestionado del presente mundial –particularmente por sus efectos ecológicos- parezca suscitar mayor inquietud universitaria en el Uruguay.
Asistimos en verdad a una fase superior de la desarticulación de la universidad moderna anclada en la organicidad propia de la sociedad nacional, en cuanto caducan las garantías estatales que adquiriera la autonomía por la vía de la autoridad democrático-representativa, a raíz de la regulación extrauniversitaria de la propia actuación supuestamente autónoma.
Conviene considerar como elemento característico de nuestro presente, la disociación que los mismos poderes públicos han introducido entre educación pública y autonomía universitaria, a través de la sucesiva creación de organismos académicos dotados por el mismo Estado de recursos, que luego se imputan al presupuesto público de la educación[11]. Sin embargo, tales recursos se encuentran destinados a partir de estrategias de sustentación electoral,  que llegan a ser labradas con prescindencia de las condiciones específicas de la educación y pretenden hacer abstracción tecnocrática de los márgenes idiosincráticos de la formación, incluso de la que se vincula a la formación de educadores.
Ante el cuestionamiento de la autonomía universitaria por la vía de la desviación de recursos y la asignación de atribuciones contradictorias con las propias instituciones educativas, la significación autonómica de la universidad tiende a distanciarse del sistema político estatal y a apoyarse en los márgenes reivindicativos de la sociedad. En tal sentido, las humanidades se encuentran inmejorablemente situadas, en razón de la discusión acerca de la problemática del saber[12] que provee su propio ámbito epistémico, para cuestionar los perfiles de desigualdad y arbitrariedad que crea el poder, en connatural sumisión al oportunismo instrumental de los resultados.
El sentido universitario de las humanidades concita el de la discusión, en cuanto desde su propio inicio en la defección respecto a la revelación de un saber supérstite, resumen en sí mismas el arraigo de la crítica en la condición humana[13]. Por esa vía defectiva respecto a los poderes llega a destacarse nuestra facultad, en tanto cuestiona la persistencia del ocultamiento, de versiones del pasado solapadas en la represión y de consensos sostenidos en la complicidad. Quizás convenga, en adelante, abrir esa discusión acerca de las condiciones de legitimidad del saber a la propia vigencia universitaria, en cuanto esta llegue a anclar en alternativas de justicia, contrapuestas a la exclusión tecnológica propia de la globalización.

[1] Texto con base en la intervención presentada inicialmente en “La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación en el marco de la Universidad de la República”, charla organizada por el Centro de Estudiantes de Humanides y Ciencias de la Educación, FHCE, Montevideo, 19 de abril de 2012.          
                               
[2] Berisso, Lía « Como decía Carlos Quijano, la universidad es el País” en Papeles de Trabajo (Teoría de la Universidad) FHCE, Departamento de Publicaciones, Montevideo, p.13.
[3] Conviene recordar que el título emblemático de un período (La condición posmoderna) lleva por subtítulo “Informe sobre el saber”. Respecto a la condición orgánica de las sociedades en el presente:  Lyotard, J-F (1987) La condición posmoderna, Cátedra, Madrid, pp.13-15.
[4] Díaz Barriga, A. “Dos miradas sobre la educación superior: Banco Mundial y Unesco”http://www.angeldiazbarriga.com/articulos/pdf_articulos/1996_dos%20miradas%20sobre%20la%20educacion_superior.pdf (acceso el 19/04/12).
[5] Lucen Sfez denomina « tautismo » a la condición tecnológíca de la comunicación: Sfez, L. (1991) La communication, PUF, Paris, pp-19-20.
[6] Cabe recordar la polémica generada recientemente por el proyecto SOPA, en cuanto se propone regular la propiedad intelectual en el campo de las “industrias culturales”. Piedra Cueva, N. “Proyectos SOPA y PIPA: Uruguay también responde” 180.com.uy, http://180.com.uy/articulo/23984_Leyes-SOPA-y-PIPA-Uruguay-tambien-responde (acceso el 22/04/12).
[7] Esta mediación se revierte en medición, así como la medición instruye la mediación, con base en una única instrucción arqueológica de nuestra tradición epistémica. Ver al respecto: Viscardi, R. “La mediación-medición o viceversa” (2009) Encuentros Uruguayos Nº2 (segunda época) Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Montevideo, pp.14-17http://www.fhuce.edu.uy/images/archivos/REVISTA%20ENCUENTROS%20URUGUAYOS%202009.pdf
[8] Fraiman, R., Rossal, M. (2011) De calles, trancas y botones, Ministerio del Interior, Montevideo.
[9] Marx, K. (1977) Le capital (livre premier), E. Sociales, Paris, p.545.
[10] Al respecto ya configura un clásico “Verdad y Poder” de M. Foucault. Ver Foucault, M. (1978) Microfísica del Poder, Ed. de la Piqueta, Madrid, pp. 175-189.
[11] Ver el decreto de creación del Instituto Nacional de Evaluación Educativa en Sitio de la Udelarhttp://www.universidad.edu.uy/renderPage/index/pageId/122#heading_418 (acceso el 22/04/12)
(12) Viscardi, R. “Las humanidades y la universidad en la globalización: interrogantes en torno a la “universidad sin condición de J. Derrida” (2010) Revista Científica de Información y Comunicación Nº7, Universidad de Sevillahttp://www.ic-journal.org/
[13] Para Erasmo lo único cuerdo de la condición humana consiste en aceptar que no puede sino ser desquiciada, por contraposición a la inteligencia divina. Ver Erasmo de Rotterdam (2002) Elogio da Loucura, Martin Claret, Sâo Paulo, pp.110-112.

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