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Democracia siglo XXI

mes

mayo 2010

La democracia digital frente a la palabra escrita: Chats, Blogs y paradigma cuántico

Por Joaquín Ortega

Preliminar

La conversación política parece haberse desplazado del mercado y la plaza, hacia nuevos espacios ciudadanos. El acceso a las nuevas tecnologías se convierte, por un lado, en una oportunidad y en una brecha a ser decrecida. Todos tienen el chance de opinar -más o menos, mejor o peor, asertivos o erráticos, en clave de tertulia o con estilo pontificado- pero, lo importante es que el encuentro de opiniones se está dando también, al interior de los espacios virtuales.

Del Messenger al blog, de la radio participativa al debate televisado en tiempo real, del comentario al margen a la respuesta direccionada hasta el próximo link, la discusión acalorada o la posición razonada confluyen frente a los ojos de todos. Si el comentario ha sido abierto, no hay duda de que alguien más lo está leyendo, e incluso, parte del placer es saberse actor frente a unos observadores, que darán palmadas de aprobación o postearán caritas tristes o de disgusto.

Ciencias duras y ciencias sociales

Poco pudiera agregarse al tema de la influencia de las llamadas ciencias duras en las ciencias sociales. La discusión enmarcada en la superficie metodológica, se ha movido a los zonas cartografiadas por la ética, la razón argumental o al propio padecimiento, rayano en el hastío, que significó la supuesta ruptura con -o el fracaso de- el proyecto de la modernidad. Si algo nos ha llamado la atención en estos días, es la posibilidad de entender la lógica de los diálogos, en función del tiempo de respuesta. Nunca será lo mismo, el período de atención y respuesta razonada por escrito –así sea breve, y careciendo de las características epistolares o previas a la invención del teléfono- que se le da a la entrada de un blog –y más recientemente, al comentario en el muro del Facebook– a la respuesta, mucho más rápida, y en tiempo cercano al real, que ofrece una discusión en un foro abierto o en un chat persona a persona.

Los riesgos son variados y escurridizos, por decir lo menos, apresurar la opinión, es lo más cercano a la incomunicación. Poco realista es intentar estructuras de conversación política razonada, incluso en el marco de un convenio que nos ayuda a “ponernos de acuerdo, para ponernos de acuerdo”, en clave Habermasiana-Rawlsiana. La ética discursiva y los perfeccionismos de la escuela filosófica de cadencia analítica, nos permiten dibujar un horizonte posible, pero jamás idéntico. Por ejemplo, tomemos la siguiente propuesta del profesor Joseph Raz, de manera que sea:

“En la actitud de una persona frente a la perspectiva de determinada acción (donde) resulta posible distinguir entre una etapa de deliberación y una de ejecución. La etapa de deliberación, en la cual la persona considera los méritos de los distintos cursos de acción, finaliza cuando llega a la conclusión de qué es lo que debe hacer. La sigue una etapa de ejecución, siempre y cuando se haya formado la intención, la deliberación concluye, aunque pueda comenzar de nuevo, y la intención pueda verse suspendida o revocada. En ocasiones la intención se consolidará en una decisión, indicando la reticencia a reabrir la deliberación. En todo caso, la existencia de una intención indica que se ha resuelto la cuestión de qué hacer, y que la persona está preparada para actuar” (Raz: 2006, 223)

Y prosigue, describiendo dos tiempos contractuales o cooperativos legislativos, en donde las reglas del juego internas deben hacerse explícitas:

“algunas sociedades permiten que los individuos participen en las decisiones acerca de esquemas de acción cooperativa y otros planes. Pero incluso, éstas deben trazar una distinción entre la etapa de la deliberación, en la cual los individuos contribuyen al proceso de toma de decisiones, y la etapa de la ejecución, en la cual quizás estos mismos individuos están obligados a respetar tales decisiones” (Raz: 2006, 223)

Concisamente, es en el lapso de la “deliberación” en donde se da una contribución a la toma de decisiones, y seguidamente, será en el espacio de la “ejecución”, cuando -y donde- se le otorgue un completo acatamiento a las decisiones tomadas.

Esta estructura procedimental permite al conjunto de deliberantes, valerse de una agonística programada y sólida, además de ejercitar una libertad con responsabilidades, y un ejercicio de la erudición cívica, sin levantar falsos e innecesarios cortafuegos comunicacionales. De muchas maneras, la “democracia al interior de la democracia”, está garantizada en el centro de los debates de éste tipo. Y aunque en el mundo virtual, el lenguaje, el tono, el modo y los prejuicios puedan colarse, dentro de las conversaciones públicas, los temas comunitarios, no vulneran, sino que proporcionan, la base para el propio pluralismo.

Política y economía: de unos poderes y de otros

No hay duda, de que los peligros de infiltración de un interés foráneo al tema, o a los actores ciudadanos, siempre estará latente, sobre todo cuando la comunicación se distrae hacia el lado más onanista de los seres humanos. Los efectos de un ego disparado, el afán de “notoriedad, por la notoriedad misma”, la ausencia de una agenda personal, e incluso el deterioro de la autoestima, colaboran claramente con la intoxicación -o el ruido- dentro del propio ciberespacio. Será la oportuna inteligencia del sistema de valores del conjunto comunitario, quien sepa hasta dónde -y hasta cuándo- deja permanecer al factor de rumor, en aquellos espacios habitados, por quienes no pretenden soluciones colaborativas, sino simplemente, tratan de ser escuchados, más no disentidos. Así, la angustia fundada de Benjamin Barber, pudiera tener o no pertinencia:

“en una realidad virtual del ciberespacio caracterizada por el solipsismo, la noción misma de “lo común” parece estar en peligro. No sólo el comercio tiende al monopolio, sino que implica privatización y la privatización es la muerte de la democracia puesto que ésta está irremediablemente ligada a la voluntad pública, en los bienes públicos y en el bien común. La descentralización puede promover la democracia; la privatización sólo corromperla. Lo pequeño no es mejor que lo grande cuando es privado y se basa en el beneficio en vez de público (pero local) y diseñado en aras del bien común (no por el beneficio personal). Uno puede ser devorado por las pirañas igual que por un gran tiburón blanco: la diferencia es que lleva un poco más de tiempo” (Barber: 2006, 235)”

Tanto para Barber, como para otros críticos de las democracia estandarizada o “McWorld”, mientras más nodos de opinión y decisores asomen, con voz propia en la red, mucho mejor para el cosmos naciente de las nuevas voces y los nuevos temas. Para Barber, la economía colocada en primer término, por encima del bien común, es lo que resulta más dañino, para cualquier propuesta que implique la reconstrucción de una voluntad soberana y pública; en especial, una que represente el ideal de prorrateo del buen juicio social.

Más máquinas, más economía

Las opiniones en torno a la máquina abundan: desde las reflexiones de inclinación neoluddista hasta los repasos pro Cyborgs. No sólo irrumpe la tecnología con un sello de maldad, dentro de núcleo motriz y esencia vital, sino que corrompe al hombre, apartándolo de su propia condición de homo faber. Si los mortales, le dejan a las demás máquinas, la tarea de hacer nuevos artificios, el próximo armatoste será una réplica del hombre, y por lo tanto, el futuro distópico se abona, conscientemente, desde un presente irresponsable.

De muchas formas, el estado de “alerta cívica”, la responsabilidad por el ámbito público es una tarea, que deber ser escasamente delegada. La supervisión de la libertad no es una ocupación reñida con el ideal del bien común o de la justicia o del propio respeto de la individualidad.

Una ecuación combinatoria de virtudes cívicas ejemplificadas, horizontes democráticos programáticos, y una pedagogía ciudadana estructurada en la pluralidad, no es un destino inalcanzable ni una ilusión poco viable: es una tarea a ser cumplida por el hombre en sociedad sobre sus congéneres, e incluso sobre los ayudantes que va creando en el camino –tecnología, robots, inteligencia artificial, etc.-

Para entender el peligro de cualquier fetichización, o miedo innecesario sobre las tecnologías, es cardinal comprender la lógica que el mercado impone a cualquier mercancía. Así,

“…las tendencias económicas de nuestro mundo tienden a la comercialización radical de los valores y del comportamiento de una forma que compromete no sólo la política cívica sino los valores familiares, la educación y la espiritualidad. La tecnología no es sí misma comercial o comerciable, sino comercializada; deviene otro arma en el arsenal de las corporaciones para quienes el consumo es el único comportamiento humano relevante (Barber: 2006, 238)”

Hay que destacar que el único enemigo de la libertad -que se mueve en el teatro del mundo- no son las corporaciones o el capital desbocado. También se encuentran entre los aprovechadores: el estatismo populista, las nuevas demagogias con capacidad de movilización clientelar, aquellos actores que se revuelven en los remolinos confusos de las economías paralelas: drogas, armas de primera y segunda mano, prostitución, tráfico de seres humanos, de órganos y de información personal financiera y de innovaciones corporativas.

La tecnología, en sí misma, es una herramienta. Tal vez por ello, Barber reivindica el tiempo de los ingenios clásicos para la elección y el escrutinio:

“…Desde la antigüedad griega, en la que se creía que el robo del fuego de los dioses por Prometeo había abierto el camino a la civilización humana, los avances técnicos han sido desarrollados para apoyar la democratización. En la antigua Atenas, pequeñas máquinas que distribuían al azar bolas blancas y negras eran empleadas para seleccionar al azar a los miembros de los jurados. Durante el Renacimiento, la imprenta, la pólvora y el compás ayudaron a la sociedad a transformarse a sí misma a través de fuerzas que igualaban y movilizaban a la población. Las tendencias democráticas, que ya estaban en marcha, se vieron así reforzadas” (Barber: 2006, 42)

Para la democracia electrónica resulta una circunstancia única para extender el alcance de los argumentos de la tolerancia, la convivencia, el pluralismo, la diferencia y la sinergia social, pudiendo combinar: los deseos individuales junto a las necesidades mayoritarias, respetando el desarrollo equilibrado de la capacidad de deliberación, el cuidado del yo, el fortalecimiento de los espacios públicos internos, así como, la integración racional y cooperativa de las necesidades del ciudadano, promoviendo un proyecto de vida político, que no sea óbice, a cada proyecto de vida individual.

En síntesis, pareciera que ha sido poco el tiempo para evaluar objetivamente el tema de la bondad o maldad intrínseca de los avances tecnológicos. Desde la revolución industrial, han sido numerosos los argumentos humanistas que se han visto reforzados, más por una retórica revanchista –o por una negación al cambio- que por un análisis sosegado de la reducción de la jornada laboral -o de la concreción de un trabajo menos riesgoso para el trabajador-

Incluso, el ensanchamiento de la esfera pública, a través del uso de éste nuevo medio de comunicaciones múltiples, simétrico y en tiempo real, conduce a la revisión de temas clásicos de la economía política, de la filosofía política, de la teoría política y de la teoría de las comunicaciones, ya sea en sus vertientes cibernéticas, semiológicas o sistémicas.

El cambio de paradigma: energización y cuantum

Desde el punto de vista del paradigma físico, veremos el paso de la llamada visión “newtoniana-cartesiana”, en el sentido de Miguel Martínez Miguelez, a la pretendida sociedad cuántica. Sociedad y realidad cuánticas, que apuntan especialmente, a la consideración del todo, más allá de las partes y en una íntima relación entre sus segmentos.

El paradigma físico ha dado un salto de dimensiones históricas, según The Future of Teledemocracy de Ted Becker y Christa Daryl Slaton. Especialmente, en el capítulo 2, podemos encontrar una propuesta de síntesis para ésta nueva aproximación. Las dos energías más importantes del universo sobre el planeta tierra son la energía social y la energía humana. Es por ello, que se debe generar una confluencia de ambas potencias. La llamada Human Energization consiste en la unión de ideas, ideales y amistad, direccionadas éstas tres fuerzas, con el único fin de maximizar resultados. Así, se producirá una sinergia entre la energía social, la “energización humana” y un subproducto combinatorio de ambas energías la “energización mutua”. Estas fuerzas combinables, producen una superación de las soluciones de los juegos suma cero, para darle paso a unas nuevas relaciones “suma positivo”.

Durante su exposición, destaca una idea recurrente: hacer énfasis en la necesidad de separación del contexto científico y poco solidario del siglo XX, para levantar una sociedad colaborativa, en donde se conecten un punto de vista más humano de la ciencia –esto es, más respetuoso del planeta- integrada al equilibrio ecológico y a un desarrollo de energías limpias. Así, en el siglo XXI veremos:

· Un aumento de las democracias participativas, por medio de las tecnologías de la comunicación e información interactivas

· Veremos el paso de una política de confrontación a una consensual

· Veremos el paso de una política de adversarios a una política colaborativa

· Veremos la evolución de unos derechos de propiedad individual a los llamados derechos de propiedad relacionales

· Veremos el nacimiento de una política ecológica user friendly

· Pasaremos del enfoque del ecofeminismo a una política de Deep Ecology (Hindman: 2009, 41-44)

Lo que no nos queda claro es cómo se produce este cambio de paradigma. Ya sea por:

a) una evolución gradual,

b) por el nacimiento de nuevas relaciones humanas,

c) por el trabajo denodado de reeducación,

d) por la magia de un decreto -vía un poder omnímodo-,

e) por un nuevo contrato social global,

f) por una decisión éticamente razonada en colaboración.

No hay duda, que las posibilidades de darle el sentido y la direccionalidad a un grupo humano, son virtualmente la tarea política más delicada y comprometida que pueda encararse individual o socialmente, y ésta propuesta, a nuestro juicio, dibuja unas líneas demasiado gruesas, incluso para asumirlas como un diseño de sociedad en fase 2.0

La extensión del invento y el imperio de los caracteres:

A veces se siente, que poco queda por hacerse en términos de comunicación digital. ¿Tal vez, llevar al extremo los avances logrados? así, posiblemente veremos maximizados -y elevados a equis potencia- inventos previos, pero integrados a nuevas plataformas o sin más, combinados con intereses para grupos específicos: chats con imagen televisada -y facultada con herramientas de edición para comunicaciones estrictamente románticas-; teléfonos epidérmicos con conexión satelital; automóviles con rutas programadas y activadas con tecnología de voz; sensores de seguridad desarrollados, a partir de microtecnología orgánica -sensibles al olor o la densidad molecular humana- etc.

Para medidos del 2010 la combinatoria de texto, voz e imagen es cada vez más una vieja realidad, de la cual sólo esperamos por su perfección. Incluso, las tecnologías han avanzado tanto, con respecto a cualquier evaluación, que van dejando atrás consideraciones, en donde se veía al texto, simplemente como el código primigenio para las comunicaciones en la red:

“…la red parece todavía atada a las palabras. El texto continúa siendo el vehículo de expresión de Internet, lo que sugiere una tecnología que es poco más que un telégrafo trucado. Pero, por supuesto, esto es únicamente un problema técnico derivado de la inmediatez del medio. Conforme aumente su capacidad para transformar más información, se convertirá probablemente en un sistema basado en la imagen en movimiento – como la televisión o las películas-. Las imágenes son la forma de información preferida de lo que, en definitiva, son pantallas con imágenes en movimiento, ya se encuentren en multicines o en operadores portátiles” (Barber: 2006, 243)

Asimismo, los viejos temores se visten de novedad, incluidos la supervisión de data privada, la educación enfocada a lo específico, olvidando el marco humanista del saber y la asimetría en la información, producto de disparidades en el ingreso o distribución de la renta:

“con la interacción participativa surge el peligro de la vigilancia económica y política. Con los módulos de preferencia personal interactiva, el riesgo de la tiranía de la mayoría. Con el razonamiento digital, la amenaza de que los modos contenciosos de pensar destruyan el consenso y olviden el terreno común. La alfabetización digital no puede existir independientemente de la educación de toda la vida. La era de la información puede reforzar existentes desigualdades haciendo al pobre en términos económicos pobre asimismo en términos de información. La ironía es que los que podrían salir más beneficiados por el potencial democrático e informativo, tendrán probablemente menor acceso, mientras que aquellos, con capacidad de acceso ya están provistos de educación, ingresos altos y alfabetización” (Barber: 2006, 250)

El riesgo del fetichismo de un objeto, todavía sin hiperconectarse con el usuario reaparece:

“…forma parte del folclore de la Edad de la Información la creencia de que el ordenador, especialmente el ordenador personal, nos traerá un renacimiento democrático. Se cree que la máquina que pone datos en abundancia al alcance de todo el mundo en su propio hogar está destinada a ser una fuerza liberadora. La idea se remonta Marshal McLuhan, que a mediados de los años sesenta predijo que varios medios de comunicación eléctricos transformarían el planeta en un pueblo mundial donde “la información instantánea crea participación en profundidad” (Roszak: 2009, 192)

En pocas palabras, la tecnología ni nos hace mejores seres humanos, ni nos enseña a comunicarnos más efectivamente: el uso errado de las palabras, los desatinos culturales y las brechas tecnológicas – de edad y motivación- nos revelan que seguimos siendo los mismos seres, pero con distintos juguetes. Si antes podíamos romper una relación por carta, ahora lo realizamos por chat. Si antes hacíamos el ridículo con una foto comprometedora, frente a media docena de conocidos, ahora podemos ser vistos ante millones de “amigos” dentro del entorno de las redes sociales.

¿Un asunto de élites?

Ahora, debemos preguntarnos ¿quiénes son las personas que tienen blogs? Si tener, no es lo mismo que generar contenido propio ¿la originalidad paga, al menos en popularidad? ¿Si el éxito reside en las visitas y en la actualización…es ésta una medida estándar dentro del entorno global? ¿Ser leído y responderle al público – receptor de los textos, imágenes, audios o videos- es la medida única e incuestionable?

Hindman opina:

“weblogs or blogs –first-person, frequently updated online journals presented in reverse chronological order- area a new feature of the political landscape. Virtually unknowwn during the 2000 election cycle, by 2004 these online diaries garnered millions of readers and received extensive coverage in traditional media. Most have assumed that blogs are empowering ordinary citizens, and expanding the social and ideological diversity of the voices that finda an audience. Stories of “ordinary” citizens catapulted to prominence by theirblogging and “citizen journalism” will displace the “elite” or “old” media” (Hindman: 2009,102)

Así, Mathew Hindman define a los blogs o weblogs, enfocando su mirada, en la importancia de que existan, dentro de una elección presidencial, voces multiplicadores del mensaje, de la opinión o de las diversas ideologías políticas. Destaca la veta natural que sirve para el empoderamiento y el periodismo ciudadano. Piensa en unas nuevas élites mediáticas -o informativas- que desplazan a las tradicionales como fuentes primarias, relevantes o de mayor credibilidad.

Pudiéramos pensar, que esto ocurre en tiempos agitados en donde la información oficial prohíbe ciertos contenidos. Pero, también sería pecar de ingenuos sí no dijéramos que muchos de los temas, enfoques y hasta contenidos de los blogs son fuente de apropiación –por todo aquel que pueda- para desvirtuarlos o integrarlos a sus propios textos, sin ninguna cita mediante. La colonización -o el muy antiguo plagio- cabalgan de nuevo en las llanuras del salvaje oeste virtual.

Hindman, se apoya en muestras estadísticas, así, considera que aquellos que más escriben -y suben contenidos a sus blogs– son en su gran mayoría abogados y profesores:

“The unmistakable conclusión is that almost all the bloggers in the sample are elites of one sort or another. More tan two-thirds were educational elites, holding either an advanced degree or having atended one of the nation´s most prestigious schools. A hugely disproportionate number of bloggers are lawyers or professors. Many are members of the elite media that the blogosphere so often criticizes. An even larger fraction are business elites, those who are either business owners or corporate decision makers. Also hugely overrepresented in the blogosphere are technical elites, those who get paid to work with technology. In fact, in the sample, there is only one respondent who is neither a journalist, nor a technical, educational, or business elite” (Hindman: 2009, 123)

La muestra revela que periodistas, técnicos con apoyo corporativo, educadores y élite de los negocios son los principales actores de la blogósfera. Y que no hay duda, de que quién se gane la vida escribiendo, tendrá mayor éxito en las columnas digitales. Todo aquel que posea una sólida formación el área pública, podrá hacer mejores investigaciones desde el punto de vista político, al contrario, de otras personas que no estén entrenadas en esas áreas. Incluso las mediciones muestran la ausencia de trabajadores o conserjes en las “altas esferas” del mundo de los blogs.

“these educational and occupational data suggest a broader point about the profesional skils that bloggers posses. In a general, bloggers are people who write for a living. From professors to public relations specialists, from lawyers to lobbyists, from fiction authors to management consultants to technical writers, the large majority of bloggers depend on the written word for their livelihood. Running a succesful political blog requires strong analityc training and encyclopedic knowledge of politics, the technical skill necessary to set up and maintain a blog, and wiritng abilty equal to that of a print journalist. It is not an accident that there are no factory workers or janitors in the upper ranks of blogosphere” (Hindman: 2009, 123)

Ensayando una conclusión

La democracia digital -vista como un subproducto actualizado de la vida civilizada y de las oposiciones amistosas entre puntos de vista tecnológicos, sociales y agonales disímiles- forma parte de un entorno cambiante, que por el lado de las ciencias físicas, permite entender la transformación -y los pasos irregulares dados- desde cierta rigidez determinista –física del siglo XVIII y XIX- hasta las áreas de la incertidumbre y la interconexión –física del siglo XX y teoría de redes del siglo XXI-

Los problemas de la democracia digital no son pocos, y casi, tal vez, ninguno de ellos sea totalmente nuevo. Entre los obstáculos a salvar y las pruebas a superar se encuentran:

· La distribución y acceso a las plataformas digitales, la alfabetización en y para la red desde el hogar y la escuela.

· La integración de temas clásicos a la agenda de los nativos digitales, asimismo, la colaboración con sus hermanos mayores y de mirada distinta, esto es, los inmigrantes digitales.

· El equilibrio entre una sociedad de élites -que muchas veces dirige, sigue, interpreta, desestima o se anquilosa- frente a una sociedad de masas, en proceso de autoconsciencia y superación, pero muchas veces fácil pasto de la demagogia, el populismo, el falso confort, la guerra psicológica o el miedo al fracaso personal o económico.

· La impostergable decodificación de los valores, sueños, motivaciones e intereses de los que no quieren instruirse o participar, y claro está, la nueva interpretación de la libertad y el respeto a sus decisiones.

· El avance de un nuevo enfoque censitario, que retrase la integración de los nuevos excluidos, quienes muchas veces, nacen y comienzan a dejarse atrás en el mismo hogar.

· La impostergable resignificación del locus del mercado frente a los temas políticos claves de la plaza pública. En pocas palabras el nacimiento de una nueva dialógica de los índices, repertorios y sumarios.

· La conformación o inexistencia de la opinión pública y la libertad de expresión, frente a los temas iniciados, seguidos u olvidados en la gran prensa o en los medios mainstream.

· La resolución de la simulada – o no- bifurcación entre ciudadanos y consumidores.

· Los temas de supervisión y respeto de la voluntad popular y ciudadana: el escrutinio dentro de una democracia electrónica y las características del nuevo fraude. ¿Restableceremos la vieja distinción entre sufragio con escrutinio, o de escrutinio sin sufragio, permutando las posibilidades, hasta que el cálculo se muerda la cola?

· La confrontación entre una supuesta “homogeneidad cultural” que le facilite el soporte a las “invasiones foráneas”, entendidas como productos culturales o simplemente moda.

· Asumir como decisión orgánica encontrar las hendiduras, lógica y métodos de los extremismos religiosos y políticos, quienes cada vez más, atentan contra la libertad, la justicia, la vida en paz y el ascenso social en democracia. Y, que por sí ya no fuera poco, temerariamente utilizan cualquier medio a su mano para cumplir con sus objetivos fanáticos.

· Develar las nuevas formas de la censura, que se alcanzan con una oferta restringida en el acceso a internet, TV o radio –esto es, las maneras subterráneas de limitación de horizontes plurales- al interior de las neodictaduras.

· Hacer públicas y confrontar de maneras legales y legítimas los monopolios en los medios de comunicación –corporativos o estatales-

· Indagar sobre el verdadero alcance de los micronodos –bloggers, et al– y su relevancia e incidencia real en el entorno. ¿En realidad generan nuevas perspectivas y enfoques o sólo convencen al que ya está convencido? ¿la lógica del fan de la estrella pop sirve como medida para los seguidores del opinador político?

· Asumir como tarea inmediata la consecución de una pedagogía pertinente a los tiempos que corren, hacer de la educación en el hipertexto, una educación para el hipertexto, pero también más allá de éste.

En una discusión que busque integrar la presencia de la familia, la comunidad, la cultura autóctona, la occidental, la escuela, el ágora y la universidad, nada más pertinente que las palabras de Walt Whitman sobre el tema de fondo y forma que nos ocupa:

“¿Supusiste tú también, amigo mío, que la democracia era sólo para las elecciones, la política y para darle nombre a un partido? Yo afirmo que la democracia sólo tiene utilidad cuando florece en las más elevadas formas de interacción entre los hombres y sus creencias –en religión, literatura, universidades y escuelas- en toda la vida pública y privada” (Barber: 2006, 197)

BIBLIOGRAFÍA

Barber, Benjamin. Pasión por la democracia. Almuzara, 2006

Becker, Ted and Christa Daryl Slaton. The Future of Teledemocracy. Praeger, 2000

Hindman, Matthew. The Myth of Digital Democracy. Princeton, 2009

Raz, Joseph. La ética en el ámbito público. Gedisa, 2006

Roszak, Theodore. El culto a la información. Gedisa, 2009

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El precio del miedo


Por Alberto Medina Méndez

Mucho de lo que nos pasa tiene que ver con lo que hacemos, o dejamos de hacer. La clásica explicación del destino o de la mala fortuna ya no resulta suficiente. Los regímenes que padecemos, los sistemas que parecen aplastarnos, en realidad solo son la predecible consecuencia que surge de nuestras propias acciones y omisiones.

Los que pretenden decidir por nosotros no son ni mejores, ni peores. Solo se trata de gente común, pero  que ha entendido la dinámica sociológica mucho mejor que el resto. Ellos saben que frente a su determinación y osadía, esta la apatía de los más y el temor del resto de la sociedad. Siguen avanzando sin miramientos, porque saben que del otro lado, los espera la abulia, la pereza y la queja inconducente de la retórica descartable.

Mientras muchos cacarean, los detentadores del poder acometen sin vacilar, con los objetivos claros y un plan que se cumple paso a paso. Y no es que tengan razón, ni siquiera que sus fines sean los adecuados. Solo se trata de personajes que han entendido mejor los sucesos de estos tiempos y que hacen uso ( y abuso ) de ese esquema que les resulta funcionalmente conveniente. El comportamiento del resto de la comunidad, no hace más que abonar a sus propósitos y facilitarles el logro de lo que se han planteado.

Muchos individuos dicen no interesarse por la política, ni por nada que tenga que ver con ello. Tal vez creen que no les impactará de modo alguno, y hasta se enorgullecen de su indiferencia como si esta fuera una virtud de la cual ufanarse. Algunos dicen que les preocupa, pero que sus múltiples actividades les impiden asignarle tiempo, mientras que otros aducen que se animarían, pero que tienen temor a las represalias del poder.

Los más, solo acumulan excusas para justificarse y mantenerse allí en el cálido ámbito de sus propias comodidades. El rol de víctimas de los políticos, de la cultura, de las corporaciones y de nuestra propia sociedad, no nos queda nada bien. Es en definitiva una muy simplista interpretación de la realidad, plagada de una excesiva benevolencia para con nosotros mismos. Se trata de una mirada poco autocrítica, sobre la parte que nos toca en suerte y las responsabilidades que se derivan de ella.

Y no es que todos debieran dedicarse a la política, tal cual la concibe la mayoría. Porque no solo es política esa actividad que tiene que ver con los partidos, las elecciones y el sistema democrático tradicional. Es mucho más simple y cotidiano al mismo tiempo.

Cada uno de nosotros participa de algún modo en diversos ámbitos. En el trabajo, como parte de una actividad empresaria, profesional, o esa que proviene del ejercicio de un oficio o empleo. Todas ellas suponen algún grado de interrelación que nos vincula con colegas, clientes o proveedores. De uno u otro modo, estamos conectados y eso en si mismo genera un compromiso, al menos sectorial. La vida en comunidad, la del barrio, la del club, la del credo religioso o cualquier otro espacio donde compartimos con otros ciudadanos algo en común, es solo otra muestra más de lo tanto que nos necesitamos.

Nuestra falta de involucramiento en entornos hasta domésticos, nos ha colocado en la situación presente. Tenemos lo que tenemos, porque hacemos lo que hacemos. Las justificaciones están a la orden del día. Seguramente abundarán las explicaciones más o menos convincentes que respaldan nuestro propio letargo e inacción.

Ellos, los que entienden la partitura, la música de este concierto, quienes asumen el poder como parte inseparable de sus vidas cotidianas, siguen ejerciendo el mando como si nada hubiera cambiado, ante nuestra timorata complacencia ciudadana.

Los que se escudan en el miedo, siguen construyendo un fantasma que funciona casi como un espejo. Es que el temor paraliza y vuelve a los humanos las más dóciles criaturas del Universo. Los pueblos que ejercen estas prácticas, han logrado altísimos niveles de sumisión popular. Ese recorrido, en estos tiempos, ya no viene de la mano de las revoluciones violentas, sino de las consecutivas batallas perdidas por la libertad.

El “supra argumento” del bien común, se ha constituido en la herramienta mas efectiva para anular las libertades individuales una a una. Viene siendo el camino elegido por los perversos de siempre que pretenden conducirnos plácidamente hacia el totalitarismo.

Nuestro continente recorre lenta pero decididamente ese sendero, el de suprimir las libertades progresivamente. Ese proceso está orientado por inescrupulosos, pero inteligentes lideres que interpretan acabadamente la mecánica con la que funciona una sociedad rodeada de prejuicios, falsas creencias y viejos paradigmas. El mayor de ellos, el temor al poder, el miedo a la represalia, la cobardía frente a la venganza.

Ellos lo saben y juegan con atemorizar, con asustar, con confrontar hasta el punto de disponer de sus propios escuadrones de milicias civiles violentas, capaces de intimidar con la fuerza física y sus modernas técnicas disuasivas, a los más audaces.

De ese modo, pretenden mantener disciplinada a una sociedad  que no debe dar pasos para quedarse allí, siempre a mitad de camino, masticando bronca y destilando impotencia, pero jamás dispuesta a dar el imprescindible paso siguiente, ese que produce el cambio tan ansiado.

Ellos saben que el temor está presente y trabajan en esa línea para fortalecer esa sensación, alardeando de los recursos disponibles. Pero la realidad es que ellos también tienen miedo. Algún día, cuando se hayan desnudado muchas de sus mentiras, los ciudadanos nos despabilaremos de este largo sueño, para tomar ese coraje hoy ausente y animarnos a más. Ese día, sus ardides y hasta su supuesto poder, ya no serán suficiente.

Mientras, seguirán haciendo de las suyas. Hasta tanto no despertemos y sigamos fabricando leyendas alrededor de las temibles consecuencias que pagaremos por asumir responsabilidades cívicas, no podremos convertirnos en ciudadanos con mayúsculas. Pero todo esto no será gratis, porque seguiremos pagando el “precio del miedo”.

Alberto Medina Méndez

amedinamendez@gmail.com

Skype: amedinamendez

http://www.albertomedinamendez.com

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La izquierda y la derecha en el siglo XXI

Por Fabricio de Potestad Menéndez

A fin de poder enfocar la cuestión de la izquierda y la derecha desde una perspectiva objetiva, hay que proceder intelectualmente a una revisión epistemológica, libre de los sentimientos y de los prejuicios habitualmente arraigados en la sociedad, para poder así analizar, interpretar y elaborar los datos de una diferencia real y racional entre lo que se considera progresista y conservador. Las clases dominantes siempre han detentado el poder político para conservar sus privilegios y, como respuesta, los trabajadores se han visto obligados a organizarse sindicalmente para reivindicar derechos sociales, laborales y mejorar sus condiciones de vida. De esta manera se han ido consolidando a lo largo de la historia dos posiciones dialécticamente opuestas: izquierda y derecha.

La derecha y la izquierda han tenido históricamente posiciones antagónicas sobre diversas cuestiones como la moral, las clases sociales, el modelo económico, la igualdad, la democracia y la propiedad privada. Pero ¿hasta qué punto siguen siendo objeto de oposición estos asuntos? ¿Qué ha cambiado socialmente para que esta dialéctica se ponga en cuestión, hasta el punto de que hay quien declara la muerte de las ideologías?

En la actualidad, todos los partidos políticos europeos son constitucionalistas, admiten las libertades públicas, la democracia, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, un régimen de protección social e incluso combinan la iniciativa privada con cierta intervención estatal. Por tanto, izquierda y derecha ya no se oponen de plano en las cuestiones fundamentales. Rorty llega a decir que hoy día una medida política es  buena si logra el fin que se propone y una proposición ideológica es verdadera sólo en la medida en que cumple con su cometido.

La utilidad, por tanto, se erige en árbitro de la verdad o falsedad de las propuestas de los partidos políticos. Sin embargo, lo que realmente ha dado lugar a la derecha y a la izquierda, independientemente del conflicto entre girondinos y jacobinos, han sido las desigualdades sociales que siguen siendo dramáticas, por lo que la distinción originaria sigue siendo necesaria. La actual división, algo virtual, entre ambas resulta a la vez ineludible y aciaga.

De una parte, no podemos ignorarla porque, como veremos más adelante, se pueden todavía identificar diferencias reales y sustanciales y, además, es imprescindible que exista en democracia una clara oposición que fiscalice la acción del gobierno de turno. De otra, es funesta porque las diferencias virtuales ocasionan falsos desencuentros, tensiones inútiles y obstaculizan la posibilidad de llegar a acuerdos que son muchas veces necesarios.

La dialéctica extrema entre la derecha y la izquierda no es solamente exagerada, arcaica y perniciosa, sino que, además, es un obstáculo para la concordia y la estabilidad social. Si de forma sistemática tenemos dos posiciones beligerantes, dos bloques antagónicos y monolíticos que no se hacen ninguna concesión sea cual sea la cuestión acerca de la cual debaten, además de ser contrario al sentido común y a la razón, pueden llevarnos a una escisión profunda de la sociedad y pueden comprometer el consenso en cuestiones de interés general. Más aún, si nos atenemos a las afirmaciones de Chomsky, Napoleoni y Ziegler acerca de que las democracias gobiernan sobre economías que no controlan, con más razón si cabe se debe tender a políticas consensuadas, sobre todo en el ámbito macroeconómico y transnacional.  En la práctica, es frecuente observar como los representantes electos de la mayoría respaldan incondicionalmente al gobierno mientras que la oposición, incluso si considera buena una iniciativa, vota en contra como una piña, lo cual no deja de ser absurdo, pues demuestra que en política no impera la racionalidad ni el sentido común, sino la disciplina de voto sobre cualquier otra cuestión. Quizá si los representantes de la derecha y la izquierda, en aras del interés general e independientemente de su legítimo derecho a mantener sus posturas discrepantes, tuviesen una mayor predisposición a negociar y a llegar a acuerdos, hubiese mayor estabilidad económica y menor crispación social.

En definitiva, en la actualidad la mayoría de las diferencias ya no son validas, pues ambas tendencias ideológicas han optado por la democracia, la economía de libre mercado, la libertad de conciencia y religión, el Estado laico, la sociedad interclasista y el mantenimiento de una red de protección social. Tampoco el derecho a libre opinión, manifestación, asociación o huelga son cuestión de debate. Ni siquiera existen grandes disensiones en lo que hace referencia al mercado laboral, pues todos los países de la Unión Europea, gobierne quien gobierne, disponen de una regulación que reconoce una serie de derechos de los trabajadores, como un salario mínimo, vacaciones, baja por enfermedad, permiso por maternidad, jubilación y otros relacionados con la duración de la jornada laboral y el despido. Por tanto, todo lo que durante mucho tiempo fue tema de controversia, ya no lo es. En cualquier caso, no podemos ignorar que hay una izquierda y una derecha que responden a ciertas diferencias políticas tan reales como necesarias. Pero ¿cuál es la discrepancia entre ambas que aún sigue vigente? En mi opinión la diferencia esencial se halla en el dispar criterio con el que ambas formaciones fundamentan la ética, los principios y los valores. Trataré de explicar a continuación esta cuestión.

La diferencia más importante entre la derecha y la izquierda es la ética. La derecha opta por una moral crédula, heredada de las religiones, es decir, basada en verdades absolutas y, por tanto, incuestionables, cerradas e inapelables. La izquierda, en cambio, heredera de la Ilustración, se rige por una ética racional, basada en el poder de los argumentos, en las pruebas y en el consenso social. Es, por tanto, más flexible, pragmática y versátil. La consecuencia es la dificultad o imposibilidad que tiene la derecha para aceptar cuestiones tales como el matrimonio homosexual, la eutanasia, el uso del preservativo o de los anticonceptivos, la píldora del día después, la interrupción voluntaria del embarazo, la manipulación genética, la investigación con células madre o la clonación, por poner algunos ejemplos. Mientras que la izquierda, sujeta a la realidad y al positivismo, si puede afrontar libremente estas cuestiones y dar respuesta a estas demandas sociales.

La derecha cree todavía que la naturaleza determina comportamientos acordes y contrarios a ella, por lo que considera necesario restringir ciertos comportamientos porque ve algo inmoral en ellos. Por el contrario, la izquierda, de acuerdo con el empirismo y el positivismo, piensa que nada hay escrito en la naturaleza, por lo que  considera que son los seres humanos los que deciden que es lo bueno y lo malo. Por consiguiente, la moral está sometida a criterios racionales y a evidencias científicas, pero nunca a creencias. La izquierda se organiza en función de la percepción de la realidad y sobre la base de las relaciones intersubjetivas, es decir que no reconoce en materia de moral nada externo al ser humano, mientras que la derecha se instituye de acuerdo con condicionamientos externos de origen supuestamente trascendental, aunque no aporte prueba objetiva alguna sobre sus afirmaciones.

Así, en relación con la enseñanza, la izquierda es favorable a un tipo de educación ética fundamentada en la racionalidad y no en las creencias. La derecha, por el contrario, opta por la educación familiar, que se basa, en general, en un adoctrinamiento de carácter religioso. La izquierda, sin poner en cuestión tal modelo educativo, considera que es una obligación del Estado formar ciudadanos críticos y libres, por lo que se inclina por completar la educación libremente elegida por las familias con una educación basada en la racionalidad científica, igual para todos e independiente de sus convicciones y creencias.

Históricamente, la lucha de clases era la marca sustancial de la izquierda, hasta el punto que el objetivo primordial era la desaparición de éstas mientras que la derecha consideraba que las clases eran una consecuencia inevitable del derecho a la propiedad privada y un elemento constitutivo del libre mercado, única economía viable y  eficiente. Lo cierto es que aceptado el libre mercado –tras el fracaso de la economía planificada del sistema comunista− en la actualidad, la izquierda y la derecha son interclasistas, lo cual supone para la izquierda un problema, pues es contrario a la igualdad que propugna. La derecha da por sentado de que así es como mejor funciona la economía, pues la libre iniciativa empresarial genera riqueza. De ahí que sean partidarios de favorecer fiscalmente a las empresas, de moderar los salarios de los trabajadores y de abaratar el despido, pues la disminución de los costes de producción incentiva la inversión y, por consiguiente, generan empleo. No cabe duda de que esta afirmación, en las coordenadas de una sociedad de libre mercado, es cierta. Pero también es verdad que una disminución de la recaudación de impuestos conlleva un recorte en las prestaciones sociales. Por ello, la izquierda, fiel a sus valores, trata de paliar las consecuencias de su renuncia a una sociedad sin clases mediante la política fiscal, es decir, cobrando más a quien más tiene, con objeto de redistribuir la riqueza y mantener la suficiencia de la red de cobertura social. Asimismo regula el mercado laboral para proteger los derechos de los trabajadores, facilitando además que la dialéctica entre ambas clases se exprese a través de la acción sindical y los convenios colectivos, cuyo objetivo es mejorar la calidad de vida de los empleados.

Otra cuestión muy debatida hoy es la distinción entre progresismo y conservadurismo, que clásicamente se asocian a la izquierda y derecha respectivamente. La opción más progresista es aquella que garantiza la libertad, extiende los derechos civiles, crea riqueza, genera empleo, innova tecnología, promueve el avance científico, presta servicios sanitarios, educativos y sociales eficientes y de calidad, pero, sobre todo, proporciona la cohesión social mediante un reparto justo del progreso obtenido. Curiosamente, la característica que define mejor la concepción conservadora es la creencia en una moral absoluta sobre la que la derecha sustenta un entramado ideológico rígido y estable que deja poco margen a la evolución y al cambio social. El progresismo, en cambio, responde a una liberalidad ética con respecto a los fundamentos morales y sociales de cada coyuntura histórica, lo que permite la permanente verificación racional de los mismos de acuerdo a la evolución de las necesidades sociales. Esta concepción relativa de la verdad favorece que la sociedad se adapte mejor a unas determinadas circunstancias, en un tiempo concreto y en un lugar específico. Por tanto, la izquierda es más apta para el progreso, pues, en la medida en que fundamenta la moral en la razón y en el consenso, tolera mejor la libertad de pensamiento, la pluralidad y la diversidad de experiencias humanas. En conclusión, ser progresista se basa en la capacidad de visualizar la necesidad de renovar permanentemente la sociedad, para ajustarla a lo que los ciudadanos demandan en cada momento, poniendo el acento en la redistribución de la riqueza y en la protección social.

Diplomacia 2.0

Por Kenneth Weisbrode

FLORENCIA – Se está hablando mucho últimamente –en particular, en Gran Bretaña y los Estados Unidos– de reinventar la diplomacia para el siglo XXI. Tanto la Secretaria de Estado de los EE.UU., Hillary Clinton, como el dirigente de los tories británicos, David Cameron, han hablado recientemente de una nueva síntesis de defensa, diplomacia y desarrollo, al observar que la política exterior británica y americana reciente ha insistido demasiado en el primer elemento a expensas de los otros dos.

Entretanto, la Unión Europea   ha creado un nuevo instrumento de política exterior llamado Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE), que ha de representar los intereses comunes de los 27 Estados miembros de la UE. Las divisorias entre la autoridad de los nuevos eurodiplomáticos y los actuales ministros de Asuntos Exteriores no están todavía claras, pero, aun así, el SEAE ya es una realidad.

Planes similares para Asia y otros lugares siguen aún en gran medida en proyecto, pero los miembros de organizaciones como, por ejemplo, el Foro Regional de la ASEAN, la Unión Africana y la Organización de Cooperación de Shanghai al menos están hablando cada vez más en serio de la armonización de políticas sobre asuntos de interés común.

El regionalismo ha pasado al primer plano de la política mundial, excepto en los Estados Unidos, donde se los considera antitéticos. Clinton ha calificado de imperativo mundial más importante en la actualidad para su país el de mejorar la comunicación transfronteriza y en todos los niveles de la sociedad, evidentemente en todas partes. Para ello, su jefa de planificación de políticas, la profesora de Princeton Anne-Marie Slaughter, ha promovido los EE.UU. como centro preferente de una red mundial de personas, instituciones y relaciones.

Pero, mientras que los Estados Unidos lo conciben en forma de redes, el resto del mundo está conectando activamente circuitos. ¿Estarán condenados a no entenderse? No hay razón para que así sea. Las dos concepciones parecen atractivas y coherentes con los principios tradicionales de las relaciones internacionales, en particular el deseo de Thomas Jefferson de “paz, comercio y hermandad amistosa con todas las naciones”, a lo que Clinton podría añadir “personas y grupos dentro de las naciones y entre ellas”.

Sin embargo, ni las personas ni las naciones tienen intereses idénticos. La red mundial de Clinton ya está topando con obstáculos, en particular con China. Está descubriendo que las formas antiguas de relación –tratados, embajadores, démarches , alianzas y demás– pueden, al fin y al cabo, ser útiles.

Desde que se inventó la diplomacia en la Italia del Renacimiento, los Estados han considerado necesario intercambiar enviados para alcanzar (o romper) acuerdos, ya sea en pergamino o por videoconferencia. No parece que la mundialización lo haya superado.

Aun así, no debemos negar que la tecnología ha tenido un efecto importante casi por doquier. Así como el telégrafo permitió eliminar semanas del tiempo que hacía falta para intercambiar mensajes con el extranjero y el aeroplano y el teléfono permitieron a los dirigentes relacionarse directamente con mucho mayor frecuencia que nunca, las tecnologías actuales seguirán sin lugar a dudas modificando los medios básicos de intercambio, ya sea entre naciones, regiones o entidades suprarregionales.

Sin embargo, debemos procurar no confundir los medios y los fines de las políticas. Una comunicación mejor y más rápida no es un valioso fin en sí mismo, al menos para los diplomáticos. Basta con recordar la caótica atmósfera durante la reciente conferencia de las Naciones Unidas sobre el clima en Copenhague para temer los desordenados y decepcionantes resultados que puede tener el deseo de todo el mundo de estar presente y ser aplaudido por doquier y a la vez… y de tener todos los medios para hacerlo. Si esas “cumbres mundiales” van a ser el medio principal de gobierno en el siglo XXI, tenemos un motivo justificado de preocupación.

Por fortuna, una tendencia opuesta manifestada en Copenhague es también digna de mención: la de Estados con opiniones semejantes, con frecuencia vecinos, agrupados para mancomunar su influencia, que fue notable en el caso de algunos de los Estados más pequeños y pobres y que más tenían que perder, de no abordarse el cambio climático. Semejantes agrupaciones pueden llegar a ser, si se hacen con buen juicio, las unidades constructivas, y no obstaculizadoras, del consenso mundial.

El mundo ya ha visto en ocasiones anteriores una síntesis semejante. Cuando, después de la primera guerra mundial, el Presidente Woodrow Wilson proclamó el advenimiento de la llamada “nueva diplomacia”, conforme a la cual el secretismo y el equilibrio de poder serían substituidos por pactos transparentes y seguridad colectiva, muchos lo consideraron un sueño de un predicador idealista. Desde luego, la Machtpolitik está viva y coleando en muchas partes del mundo actual. Sin embargo, nadie puede negar que los métodos de la diplomacia en 2010 son enormemente diferentes de los de 1910 –y probablemente superiores a ellos– y han dado mejores resultados por doquier.

No se debe sólo a una ley de hierro del progreso. Muchos elementos valiosos de la llamada “vieja diplomacia” persisten: el alineamiento de las políticas exteriores con los intereses nacionales y regionales, la preferencia por lo posible por encima de lo meramente deseable y el cultivo de las que hoy se llaman “medidas de creación de confianza”, es decir, métodos para afianzar la confianza entre grupos pequeños de negociadores profesionales y entre ellos y los pueblos a los que representan.

Quienes suponen que la anticuada diplomacia del siglo XX –como la califican los actuales entusiastas de las redes mundiales– se llevaba a cabo enteramente a puerta cerrada y por parte de minorías selectas no conocen su historia. Basta con leer las crónicas de la prensa contemporánea de cualquier conferencia internacional importante durante aquel período para comprender lo importantes que eran diversos grupos de presión –no sólo la prensa, sino también “activistas en pro de la paz”, banqueros, industriales, sindicatos, organizaciones religiosas y muchos otros– en casi todos aquellos casos.

De hecho, durante mucho tiempo los diplomáticos han sido algunos de los más competentes creadores de redes y conexiones sociales y durante mucho tiempo han afrontado programas y seguidores múltiples, desde los que clamaban para influir en las conferencias de desarme de la Sociedad de Naciones en el decenio de 1930 hasta los que empuñaban megáfonos en Copenhague el pasado mes de diciembre.

El imperativo actual es el de canalizar semejantes pasiones para obtener resultados, cosa que sólo se puede hacer mediante los métodos de eficacia demostrada consistentes en combinar la promoción con la profesionalidad y preparando a una nueva generación de funcionarios internacionales llamados “diplomáticos”. El mundo los necesita –a ellos y su bagaje diplomático– más que nunca.

Copyright: Project Syndicate, 2010.
www.project-syndicate.org
Traducido del inglés por Carlos Manzano.

Nuevo e-book: La tercera opción

He decidido recoger en libro (formato e-book) las  reflexiones que me portan a plantear la necesidad de constuir en Venezuela una tercera opción. Está en formato word y en formato PDF

http://www.scribd.com/doc/31105227/La-tercera-opcion

https://acrobat.com/#d=FCfMS1b6sBOZXesAeT7T*g

El desafío de la tercera opción


Teódulo López Meléndez

Los resultados de las primarias efectuadas por los dos extremos de este dañino fenómeno llamado polarización han mostrado el deterioro del gobierno, por una parte, y la incapacidad de superar, por la otra, las viejas prácticas de acuerdos propios de las alianzas de partido. La convocatoria del gobierno mostró una reducción notable de porcentajes de participantes, mientras la segunda implicó apenas una pequeña concesión a los ciudadanos que, por cierto, se lanzaron hambrientos a mostrar sus inmensos deseos de participación.

El PSUV se mostró en toda su realidad, esto es, un partido formado desde el gobierno para el sostenimiento de un régimen. Esto es historia repetida en este país, donde hemos visto a lo largo de los tiempos como los gobernantes de turno proceden a organizar sus cuadros militantes y como, cuando el gobierno que los ha creado desaparece, el partido que es su hijo va espirando algunas veces con lentitud, otras con una prontitud sorprendente. La MUD, a lo largo de toda la conformación de sus acuerdos, dejó a la vista de todos los viejos procedimientos que los partidos tradicionales han puesto en práctica a lo largo de su historia. Se nos ha remarcado la dificultad de poner de acuerdo a tanta gente, cuando en verdad se trataba de acordar a tantas siglas. Y se nos ha puesto el tema “dificultad” para presentarnos como un  hecho memorable lo obtenido. En verdad lo destacable es como la población ávida, aún limitada a las clases medias y alta, se lanzó a aprovechar el menudo intersticio que se le otorgó para complacer aquello de la participación.

Ambos polos mostraron todas sus debilidades y todas sus posibilidades. El cuadro electoral de septiembre quedó remarcado por el futuro inmediato, esto es, el uso abusivo, en todas sus formas, del poder para obtener unos resultados favorables. Todos los antecedentes y todas las condiciones previas que se establecieron para septiembre alcanzarán ahora su mayor grado de perversidad. Veremos los resultados que no son tan difíciles de prever como si de una quiniela se tratase.

La visión de estos dos procesos electorales internos, a mi entender, pone sobre el tapete en toda su magnitud la posibilidad real de construcción de una tercera opción que escapa a los resultados de septiembre. Es obvio que esos resultados tendrán una importancia grande, pero la simple obtención por parte de la MUD y del PPT de un número estimable de diputados podría bastar para considerar un sustento suficiente para el gobierno que eventualmente sustituiría al presente. Lo que quiero decir es que para la concepción eventual de la tercera opción esos resultados no son vitales, pero implican una necesidad de un mínimo, al menos, de obtención de curules. Pero más allá, lo que creo, de lo que estoy convencido, es que esos resultados harán estallar la burbuja de la decepción y del convencimiento de que se ha seguido un camino engañoso, por lo que será el momento oportuno de presentarle al país una tercera opción que rompa la polarización entre dos minorías.

Hay que hacer algunas observaciones pertinentes sobre los brotes que hemos visto últimamente. Durante la celebración del proceso del PSUV vimos al gobernador Henri Falcón en actitud celebratoria de los magros resultados obtenido por el oficialismo en su estado, pero limitado a la alcaldesa de Barquisimeto, pequeña pelea en la que parece encerrarse dado que la dama en cuestión es algo así como la comisionada para enfrentarlo. Hay que agregar el encierro de Falcón en el estado Lara. Podría argumentarse que el PPT y su nuevo aliado esperan los resultados de septiembre para salir al desarrollo de su estrategia, lo que puede ser cierto, pero hay otro elemento que desfigura a Falcón como la posibilidad de ser la tercera opción. Es su planteamiento constante de permanecer en el “socialismo”. Podemos admitir que su tono se aproxima más a la socialdemocracia, pero el asunto no radica allí. Radica en que la tercera opción no puede tener un manto ideológico, que necesariamente tiene que partir del centro para agrupar a su alrededor tanto a la centroizquierda como a la centroderecha. Para decirlo más precisamente, la tercera opción, si quiere tener posibilidades de éxito, debe estar desideologizada. El llamado grupo “De frente con Venezuela” se plantea la conformación de una tercera opción, pero lo hace desde un lenguaje abiertamente de izquierda, incluso un tanto del pasado, y allí se conforma como una alternativa de la vieja izquierda y no como la posibilidad de un gran frente que parta del centro.

Es obvio que lo que señalo no los inhabilita en absoluto para formar parte de la tercera opción, lo que los inhabilita es para encabezarla, pues una simple alternativa de izquierda con planteamiento ideológico no tendría la menor oportunidad de insurgir con éxito. Como también es bastante probable que algunos sectores de la oposición tradicional puedan venir ante un avance arrollador del nuevo formato. Como será necesario que la disidencia del oficialismo, léase PPT y personalidades sin compromisos, puedan venir, independientemente de lo que el PPT pueda corroer al oficialismo en votos y en diputados durante la contienda de septiembre. El encuentro tiene que ser en el centro sobre dos pragmatismos: derrotar al gobierno y hacer un gobierno de excepción para lo cual se ha producido un acuerdo previo.

La capacidad unitaria está en el centro. Y el planteamiento central debe ser el de una profunda reforma política, la de la construcción de una democracia de estos tiempos. De allí, derivar la oferta en materia económica y, obviamente, lo que podríamos denominar con propiedad “Plan de gobierno”, lo que se traduce como soluciones concretas y específicas a los grandes problemas que atraviesa la nación. En tal sentido, para conformidad de los sectores de centroizquierda, y creo que de todos, debe anunciarse que se salvará lo que haya de salvable en el gobierno saliente, fundamentalmente sus preocupaciones sociales. Todo dentro del respeto a la Constitución y a las leyes, todo dentro del Estado de Derecho, pero uno que deberá hacerse social, con todas las implicaciones de justicia que porta.

Lo que se exige es una mirada por encima de la miseria política en que hemos estado sumidos. Un planteamiento pragmático para enfrentar la situación de deterioro lamentable en que nos encontraremos, pero uno cargado de ideas de transformación y de construcción del futuro. La tercera opción debe tener una amplia provisión de ideas que permita delinear una salida real, eficiente y eficaz.

Es obvio que debemos tener delante los resultados del 26 de septiembre para tener con perfecta claridad el análisis de los elementos. Por ejemplo: en cuánto la disidencia oficialista logró erosionar al oficialismo o cuáles fueron los resultados finales de la alianza de partidos tradicionales. No sin observar, que esos resultados son apenas motivo de mirada sin que se constituyan en elemento fundamental para la construcción de la tercera opción, sin negar la importancia de que la MUD y el PPT logren lo que podremos denominar una aceptable votación retribuida en un aceptable número de asambleistas, pues ello puede constituir una base parlamentaria para la conformación de gobierno, si es que ello es el caso y arribamos al 2012.

Ahora bien, la experiencia de todos los países donde ha aparecido una tercera opción indica la necesidad de un líder insurgente que desafía. Ese desafío generalmente comienza con un bajo porcentaje y de su consistencia depende un crecimiento instantáneo y veloz, como lo demuestra el caso de Antanas Mockus en Colombia, en realidad una alianza de los cuatro mejores alcaldes que ha tenido ese país y que fueron capaces de transformar radicalmente las ciudades que gobernaron, a lo que hay que agregar un cansancio total de la polarización. Es menester el líder desafiante del status quo, uno del que forma parte el gobierno, pero también la oposición tradicional.

¿Dónde está ese líder? Nick Clegg pasó en tres semanas de absoluto desconocido a personaje central de la vida política. No somos británicos, es cierto, pero lo que considero es que puede ser un personaje hasta ahora no predilecto en la cobertura de los medios. Ciertamente, después del 26 de septiembre estará todo listo para el desafío de la tercera opción. Estará listo el escenario para quien encarne colectivamente un nuevo liderazgo.

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