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Democracia siglo XXI

mes

diciembre 2012

Los números de 2012

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2012 de este blog.

Aquí hay un extracto:

19,000 people fit into the new Barclays Center to see Jay-Z perform. This blog was viewed about 58.000 times in 2012. If it were a concert at the Barclays Center, it would take about 3 sold-out performances for that many people to see it.

Haz click para ver el reporte completo.

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feliz año 3

El ciclo de nuestros años

ciclo

 

Por Antonio Limón López

Cada año termina con los mejores propósitos, con grandes proyectos, con esperanzas y compromisos personales, es un ritual que parece una especie de “13 Baktún” personal, pues todo lo negativo del pasado se redime ante la aurora de un nuevo volver a empezar, así que en tales momentos ignoramos la memoria de aquello largos doce meses de insatisfacciones, debilidades, confusiones y actos dignos del pronto olvido.

Pocos años escapan a este embrujo cíclico, algunos pocos fueron como el 2000 en que iniciamos el segundo milenio con elecciones democráticas en México, o como 1992, que amaneció sin la existencia de la Unión Soviética y con la esperanza de una paz cimentada en el entendimiento de todo el mundo, o 1946 cuando el mundo despertó sin padecer ya la pesadilla del nazismo. Es cierto que en ningún caso lo prometido ha sido satisfecho plenamente en los hechos, pero fueron años en los que las malas inercias se tornaron en cauces positivos y esperanzadores.

En muchos sentidos 2012 fue uno de esos años prometedores de grandes cambios, no solo debido a las muchas interpretaciones del calendario maya, sino a precisas interpretaciones de nuestro presente, nuestras necesidades de cambio y las condiciones ideales para que se consolidaran esos cambios en este año. La derrota del PRI en las elecciones del 2000 no implicó derrotar al priismo como la forma de hacer política en México, pero el 2006 planteó la posibilidad real de enviar al infierno al priismo a cambio de una política congruente y de principios, donde el PRD y el PAN lograrían intercambiar sus reclamos y conjugarlos en una agenda común, hasta hacer superflua e inútil la presencia del oportunismo y pragmatismo amoral característico del PRI.

Sin el lastre del priismo, México podría caminar hacia el estado federal hasta ahora pospuesto o deformado, hacia la democracia sin máscaras que se practicaría desde el corazón mismo de nuestra sociedad, e incluso desde los partidos políticos, seríamos un país conformado por una sociedad meritocrática donde los talentos y las cualidades se apreciaran con justicia, vinieran de donde vinieran y donde las buenas razones se escucharían sin fanatismos sectarios. Para eso 2012 era el plazo justo, suficiente para que el cambio no solo fuera de membretes partidistas sino hacia una real transición democrática, sencilla y verdadera, por lo que las elecciones del 2012 se antojaban como el escenario perfecto para que surgiera el rompimiento definitivo con el pasado degradante, con el México irracional, obscuro, enfermo, fanático, aterrorizante y naciera el juego justo y democrático entre adversarios leales a fines superiores y comunes.

Ahora sabemos que todas esas esperanzas fueron vanas, en lugar de presenciar el declive del partidismo, asistimos a la enajenación partidista, donde los mexicanos fuimos llevados a los corrales de cada partido para disponerse de nosotros como si fuéramos reses, se despreció nuestro intelecto y se nos obligó a balar consignas, los partidos se convirtieron en burocracias sin  democracia, sin igualdad, centralizadas y tramposas, los liderazgos que nacieron o se consolidaron en estas condiciones, fueron obtusos, insensibles, demagógicos y los candidatos, todos fueron al contentillo de las cúpulas burocráticas de los partidos, dejando al militante la opción para escoger entre el malo impuesto y el otro malo igualmente impuesto, las elecciones no fueron mejores, todos los candidatos surgieron de procesos amañados y el fondo ideológico común fue el percudido priismo del pasado.

A contrario de lo esperado en 2000 y 2006, la realidad en 2012 fue la peor de todas las pesadillas, en primer lugar el triunfo absoluto del PRI dentro de la sociedad mexicana, dentro de los partidos de oposición, dentro del PAN y dentro del PRD, candidatos miserablemente pobres y legisladores electos que son verdaderas reses en el senado y en la cámara de diputados. En esencia el pragmatismo, la antidemocracia, el centralismo, el sectarismo, la irracionalidad son los elementos dominantes en el escenario nacional, que es una gigantesca farsa, donde las componendas se están haciendo en lo obscurito entre la pandilla del presidente de la república y los dirigentes de los “partidos” políticos nacionales. Estamos en medio de un pacto secreto cupular cuyo contenido y cuyas recíprocas contraprestaciones desconocemos, pero al que estamos sometidos sin dar nuestro consentimiento.

Lo que nos espera es la profundización de los males nacionales históricos, el pandillerismos político, el centralismo, el autoritarismo, el sectarismo ideológico, la rapiña, la simulación, el gobierno oculto de los líderes de los partidos políticos, la componenda sucia, la mentira, el ocultamiento de la verdad, la degradación de todo y de todos, a esto no escapa ningún partido político, ningún dirigente, ningún medio de comunicación. 2012 fue el año que termina en el momento triunfante del priismo y es el renacimiento del ciclo priista, donde sus anti valores se funden con el gobierno, con la “oposición” de todos los colores y con cada uno de nosotros, ya que abominamos de la igualdad, de la razón, de la inteligencia, de la justicia, de la democracia, del federalismo aun cuando simulamos y proclamamos esos valores como si fueran nuestros, cuando en realidad los despreciamos, los repudiamos.

Así que en estos días de fin de año, pasaremos por alto esta realidad y jugaremos a los grandes legisladores y al “pacto” de opereta, pues a final de cuentas a nadie le importa un cacahuate lo que ocurra y cada cual se aferrará a lo que pueda por seguir viviendo de esta simulación cíclica y eterna. 2012 Es otro año más en la cuenta de los años muertos, no termina nada con él, ni implica el principio de nada nuevo, es solo el punto de retorno a lo mismo de siempre, para seguir el mismo camino de siempre, honrando a gesticuladores, celebrando farsas y mentiras, es otro año igual entre otros también iguales, con el mismo pueblo que es o ignorante o apático, con una historia que se repite retorciéndose y anudándose en nuestro cuello, como la soga de la que colgamos desde 1821.

 

 

Unidad nacional o un brazo torcido

brazo 2

 

Teódulo López Meléndez

 

El presidente podrá venir o no venir el 10 de enero a tomar posesión de su nuevo mandato. Es algo que no podemos saber ni tiene ya relevancia política. Con un lápiz corrector blanco han eliminado esa fecha del almanaque, aunque veremos la puesta en escena.

 

Diosdado Cabello ha resultado un político de esos que le callan la boca a sus detractores haciendo uso de una habilidad nata. Lanzó una tesis que más que interpretación constitucional parecía de entrada una “boutade” o un juego peligroso que podría aislarlo o una simple ratificación de lealtad por encima de todo, pero que llevó a ejecución con grandes conversaciones con la oposición y poniendo a Nicolás Maduro ante la disyuntiva de aparecer como un ambicioso que por encima de todo pensaba en la conveniencia de cumplir con la Constitución que llevaría a nuevas elecciones.

 

La tesis –absolutamente válida- de que al PSUV convenía la pronta realización de elecciones presidenciales para aprovechar el impacto de las regionales fue desmontada hacia el interior del partido de gobierno, pero no hacia la oposición. Esta última sabía perfectamente que esa eventual elección la llevaría a otra derrota y vio la mano de Diosdado casi con la religiosidad de ese dedo de Dios que se admira en la Capilla Sixtina.

 

Una elección inmediata conllevaba a la inevitable candidatura de Nicolás Maduro, con muy buenas posibilidades de victoria. Había que ganar tiempo y el tiempo había que ganarlo haciendo uso de un lápiz corrector blanco, uno milagroso de alteración del calendario, más que de la Constitución,  para esperar lo que todos consideran inevitable. Había que ganar tiempo y en ello los intereses de Diosdado y de la MUD coincidían a la perfección.

 

Por su parte, Maduro quedó atrapado en las redes. Mostrarse como un cerrado y ortodoxo intérprete constitucional lo hubiese comprobado como un apresurado, como un deleznable ambicioso que quería elecciones ya para hacerse de la presidencia. Por lo demás, Maduro no ha mostrado una especial habilidad política y fue incapaz de encontrar el tridente de Neptuno para romper la red que le caía encima. Lentamente todos fueron entrando en ella, una de manifestación de solidaridad absoluta con el comandante-presidente que seguía siendo ambas cosas, uno reelecto para el cual el cumplimiento del mandato constitucional del 10 de enero no era más que un mero trámite que bien podría obviarse.

 

He aquí el milagro del Espíritu de la Navidad. Como un vaporoso manto una especie de unidad nacional impensable ha venido a sustituir la polarización encarnizada y el odio irredento. Los intereses comunes han privado. Lo que se diga en la Asamblea Nacional el 10 de enero carece de importancia. Sea cual sea la vía que aprueben, hablen de lo que hablen (ausencia temporal, juramentación ante TSJ o la tesis de porqué las ranas no echan pelo) el Derecho es absolutamente irrelevante frente al gran acuerdo político.

 

Habrá disidencias ese día. Alguno de la oposición puede que se rasgue las vestiduras o que toda en ella en conjunto lo haga, por aquello de guardar las apariencias o de hacer lo políticamente correcto. Puede también manifestarse alguna disidencia seria. Ya carece de importancia porque el resultado está escrito. Lo que no está escrito es lo que se hará con el tiempo ganado.

 

Estamos ante un hecho impreciso: la salud del presidente Chávez. No somos médicos en busca de fama o “periodistas estrellas” para especular al respecto y cuando la imprecisión es la norma no es mucho lo que se pueda determinar de antemano para un comportamiento estratégico y táctico planificado. Para la MUD será un mero aplazamiento, no más. Las mediciones son de Diosdado, pero ya hemos visto es un político habilidoso. A quién más le conviene que el comandante-presidente haga su entrada el 10 de enero en el recinto de la Asamblea Nacional y se juramente hasta su fin es a Nicolás, pues estaría protegido en el lapso. En el mientras tanto Nicolás sigue con el brazo torcido y a punto de no poder lanzar en el play off del beisbol venezolano.

 

En el lapso, Diosdado seguirá explicando a sus interlocutores de la oposición las ventajas que han podido ver de colocar al país en la calma y en la paz. No voy a usar la expresión de Izarrita “eso es lo que hay”. Prefiero recordar a ese personaje llamado Óscar Yánez y asegurar con él “así son las cosas”.

 

tlopezmelendez@cantv.net

 

 

 

Jugar a cara o sello

Cara o sello 1

Teódulo López Meléndez

En Venezuela no tenemos ningún problema constitucional, tenemos sí un serio problema político que no puede despacharse alegremente.

La Constitución señala una fecha precisa para la toma de posesión del presidente electo que en este caso es el mismo saliente y cuya ausencia por enfermedad es obvia.

La burlas sobre la salud del presidente me han llevado a llamar constantemente la atención sobre la necesaria seriedad con que hay q abordar este asunto, pero en las redes sociales se celebra muerte anticipada con un desparpajo que mueve a reflexión. No se trata solamente de una inexcusable manifestación de odio, sino de una inconsciencia rayana en la más atroz irresponsabilidad.

Si no logra percibirse lo delicado del momento político andamos muy mal. Lo que está planteado es el estado de salud del Jefe del Estado encarnado por un líder fuerte que ha presidido a su voluntad al país por más de 14 años. Jamás en la historia la eventual sustitución de alguien de esas características ha sido fácil, como no podemos recordar una transición donde no se produzcan luchas por cuotas de poder.

Las declaraciones originales producidas por el presidente de la Asamblea Nacional que llevan a esta reflexión, solicitando una interpretación del texto constitucional y sugiriendo una, las tomamos de entrada como un ejercicio político, como una jugada de preservación de su propio poder, no sin advertir que cuando se juega sobre un asunto de especial sensibilidad nacional se corren riesgos que pueden salirse de control. No obstante, quizás para no caer en la jugada de quien debería ser el presidente encargado si se produje la ausencia del titular –demostración de un desprendimiento del poder que forma parte de la jugada- el vicepresidente, no sin dejar claro que para él el testamento es preciso y contundente, ha abierto también la posibilidad de una consulta ante el Tribunal Supremo de Justicia. Y más grave aún, la presidenta del máximo órgano judicial comenzó a asomar una tesis sobre la “continuidad” que nos hace mirar la situación más allá de una “boutade” o de un simple movimiento de acomodo de poder frente a los hechos.

El país corre graves riesgos con esta maniobra, pero el chavismo también. Buscar la quinta pata del gato con interpretaciones dónde no caben puede conllevar para el partido de gobierno la pérdida de una muy buena posibilidad de victoria del elegido gracias al impulso de los resultados de las elecciones regionales, pero también al callejón sin salida de perseverar en un gobierno cuya legitimidad y constitucionalidad sería puesta en duda y con un presidente Chávez cuya salud nadie puede garantizar. Colocar al país en una situación de desconocimiento de la Constitución puede desatar los fantasmas. Me he permitido decir que quien abre las puertas del Averno es el primero en ser devorado por los demonios.

Ya existe chavismo sin Chávez, como lo demuestran las elecciones regionales, hay un movimiento allí consolidado que sería arrastrado al limbo si deciden tomar el camino de aplazar inconstitucionalmente la toma de posesión presidencial. La oposición, por su parte, estaría desafiada a un llamado de calle pues entre sus filas nadie entendería una omisión frente a una jugada disfrazada de interpretación constitucional.

De manera que la situación en esta Navidad es altamente preocupante. No hay ganancia para nadie en el cuadro hipotético que se asoma, menos para el país. Quizás resulte para algunos inocente llamar al mantenimiento de la sindéresis y de una frialdad de mente frente al hecho. Sin embargo, debemos hacerlo. La suerte de la república no se puede jugar a cara o sello.

tlopezmelendez@cantv.net

Navidad de

Estatización de la tecno-ciencia: el Soberano apolítico

gobernanza

Por Ricardo Viscardi

 

La inteligencia que lleva a la constitución de la epistemología, en cuanto supone una racionalidad de la ciencia, tiende a debilitar la ontología de la naturaleza. Es un movimiento que conlleva, de forma gradual pero inexorable,  una reflexividad segunda que se distingue del procedimiento reflexivo espontáneo y pone en vilo la condición última de la experiencia inmediata. Por esa razón de Bachelard[1] a Agamben[2], particularmente para la diferenciación que el profesor de Venecia establece entre Foucault y Kuhn, respecto al planteo político de la ciencia, la distinción entre esta última y la sociedad se torna difusa.

 

En tal medida, hablar de “institucionalización de la ciencia”, como lo hace Víctor Bacchetta[3] con relación a una “presentación en sociedad” de la Academia Nacional de Ciencias, merece ser objeto de consideración crítica. El artículo de Bacchetta no apunta a la cuestión epistemológica ni de un estatuto teórico de la ciencia, en cuanto no sólo es excelente en la información que brinda a guisa de puesta en perspectiva histórica de las academias de ciencias, sino que además por su propio cierre subraya de forma sucinta pero aguda,  la cuestión política que encierra esta Academia Nacional de Ciencias, en un momento de significativa movilización social contra el mega-empresismo de sustentación tecnológica.

 

Visto desde el punto de vista periodístico y político, el artículo no merece objeciones, sino quizás ante todo extensiones, intención que guía este texto de blog. La cuestión es que la ciencia no es separable, desde el punto de vista de su desarrollo actual, de la institucionalidad. Esto no refiere primigeniamente al Estado sino, por la misma constitución de la reflexión epistemológica a la que aludíamos anteriormente, a la propia institucionalidad social. No existe conocimiento científico que no suponga una comunidad científica, cuya forma de institucionalidad –no necesariamente la de una Academia Nacional de Ciencias- subyace en la misma condición de tal asociación académica. Puesta al límite de la posibilidad pública, cualquier actividad académica se apoya institucionalmente en el propio derecho, en cuanto la normativa jurídica admite la constitución de “asociaciones de hecho”.  Tampoco la  personería jurídica es condición suficiente para la regulación pública del saber, que en el presente incluso supone la intervención periodística -particularmente en la orientación denominada “periodismo científico”, que se ejerce a partir de la propia libertad de opinión. Esta subsunción de la verdad científica en la comunidad pública quizás encuentra su origen en la misma inserción del saber en la polis, que según Jean-Pierre Vernant  constituye la fuente misma de la democracia griega, en cuanto se confió los “misterios” religiosos al ámbito ciudadano, arrebatándolos al monopolio del Basileus[4].

 

Parece difícilmente sostenible, por consiguiente, la asociación que establece Bacchetta entre “institucionalización de la ciencia” y la instalación de una Academia Nacional de Ciencias. Pero por el contrario, parecen plenamente pertinentes las observaciones que despliega respecto al contexto que transluce esta instalación.

 

En primer lugar, tras reseñar las diferencias entre las distintas academias nacionales de ciencias, desde la primera instalación de la Academia de Ciencias de Francia por Luis XIV, Bacchetta observa que el caso uruguayo se coloca a medio camino entre la academia “de Estado” y la academia “reconocida por el Estado”. La observación, tan aguda como significativa con relación a nuestro contexto, apunta a señalar una curiosa condición híbrida, que no parece propicia a la delimitación de esferas de pertenencia, pero habilita por el contrario, a atenuar rasgos de formalización política entre gasas de anomia ideológica. En efecto, no se ve lo que tendría para ganar una institucionalidad científica adherida a la normativa estatal desde el punto de vista crítico –postura cuestionadora que sin embargo los científicos suelen reivindicar como el propio núcleo de su paradigma teórico.

 

En segundo lugar, el artículo señala la curiosa vecindad que presenta este organismo con relación a otras competencias ya instaladas, en cuanto cita la propia normativa de la Academia Nacional de Ciencias, que estipula atribuciones que supuestamente no vendrían en desmedro de otras instaladas. Sin duda, la primera aludida es la Universidad de la República, que parece curiosamente superpuesta, o mejor dicho, supeditada en las misiones que le atribuye su propia Ley Orgánica[5], de cara a un organismo de Estado que vendría a asesorar y orientar en materia de…ciencia.

 

En tercer lugar Bacchetta relata en un breve e incisivo párrafo final, que la “presentación en sociedad” de la Academia Nacional de Ciencias sufrió  a vista y paciencia de sus miembros de número, además de otros dignatarios allí destacados, la tumultuosa visita de un grupo de activistas ambientalistas. En medio de una exposición en temática geográfica, los manifestantes dieron fe de la inquietud que los prometidos asesoramientos y pronósticos suscitan, por parte de un organismo tan equívocamente vinculado al poder, entre los destinatarios de tal provisión bienhechora del saber.

 

Tanto en la  perspectiva política como desde el punto de vista teórico, ese tríptico que a nuestro juicio articula críticamente el texto de Bacchetta, quizás pudiera ser objeto de comentarios y desarrollos que van desde la teoría hasta la actualidad más notoria.  Caben sin embargo, ante el debate que la propia  colectividad científica uruguaya inaugura de cara a la comunidad, incluso tras una propalada “presentación en sociedad” de esta Academia Nacional de Ciencias,  algunas apreciaciones de carácter contextual a partir del artículo que comentamos.

 

En primer lugar,  hemos señalado en un artículo anterior[6], una curiosa perspectiva que fuera presentada en un documento público de ADUR con relación al debate que ese gremio, en aras de la participación el orden docente en la Universidad de la República, llevara adelante en la perspectiva de una nueva Ley Orgánica de la misma universidad. Curiosamente, ese texto presentado por miembros del gremio, sostenía que la universidad debiera instalar una “adaptabilidad normativa”, paradójicamente vinculada a la misma norma de ley, que le permitiera presentar sus propuestas institucionales a los poderes públicos sin rigideces formalizadas. Se trataba de una suerte de instrumentación política, que planteando el horizonte de las transformaciones posibles en la condición universitaria, disolviera tanto los bloqueos corporativos internos como las presiones políticas del Estado. En buen romance, la estrategia universitaria se confiaba a una eficacia política, antes que a una significación institucional cristalizada normativamente, en una suerte de política académica que se desvinculaba de anclajes públicos. Algo así como el credo político apolítico de la tecno-ciencia.

 

Quizás esta “sabiduría” de cierta parte de la academia uruguaya tenga que ver con los fracasos que conoció, en lo político e ideológico particularmente, la política de “flexibilización” académica que cierto sector impulsó desde mediados de los 90’. Jaqueada por la memoria cultural de la izquierda uruguaya, particularmente intensa en el movimiento estudiantil, esta tendencia se encuentra sin embargo fuertemente confortada por la deriva neoliberal, que en dispositivos tales como los “Acuerdos de Bolonia”, no cesa de ganar un terreno tan extenso como minado -particularmente tras la crisis de las subprime que desde 2008 parece no tener fin, en particular por el descaecimiento de la “flexibilización” en el sentimiento social.

 

En segundo lugar, la “substitución” de las atribuciones que le competen a la Universidad de la República por la Ley Orgánica, que comienzan a caer en desuso relativo ante homólogas potestades que el Estado atribuye a organismos paralelos, es una tendencia ya instalada  exitosamente desde años atrás. Cabe recordar que la creación de una Agencia Nacional de Investigación e Innovación fue resistida sin éxito por un significativo número de académicos, que vieron cómo la misma izquierda política en la que depositaron la confianza en una mejora sustancial de la condición universitaria, conspiraba para orientar sus decisiones financieras hacia destinatarios con significación electoral diversificada. A esa creación le siguió la de un Instituto Nacional de Evaluación y desde ya está en marcha, con gran viabilidad política, una Universidad Tecnológica que violenta de forma expresa un criterio básico de la autonomía universitaria, al instalarse con la participación de gobiernos departamentales (léase caudillos locales) en sus “consejos directivos”[7].

 

En tercer lugar, con relación al efecto público de una denuncia por parte del activismo ambientalista y otros sectores movilizados, eventualmente contrapuestos  a intervenciones investidas de autoridad científica, conviene observar que la manifestación que refiere el artículo no encontró eco en la gran prensa. Análogamente, la tumultuosa manifestación “por la tierra y la soberanía” que tuvo lugar a mediados de octubre, no logró ser identificada por el periodismo nacional con relación a una tendencia particular. Por otro lado, se viene desplegando, desde largo tiempo atrás,  una actuación específica en el campo del “periodismo científico”,  que traduce significativas estrategias corporativas con efectos estructurales en la opinión pública y en la propia orientación periodística.

 

Finalmente, conviene tener en cuenta que en el período inmediatamente posterior a la elección de Mujica y anterior a la instalación de su mandato, el actual presidente habría considerado la creación de un Ministerio de Ciencia y Tecnología[8], que impedido quizás de concreción por la exclusividad del planteo, se vio inmediatamente después explicitado en un ataque a las letras y las humanidades, que no ha cesado hasta el presente, por parte del propio presidente y de su entorno[9].

 

Tanto la virulencia de la diferenciación entre un saber “aplicable” y otro “inútil”, como el intento por menoscabar los ámbitos desde donde, más allá de múltiples contradicciones, ha sido resistida la reorganización del saber con signo neoliberal, marcan un campo de actuaciones sugestivas. Estos protagonismos concitan cierta alianza entre el poder político y el saber científico que no parece proclive a la ciencia, sino a la tecno-ciencia. En condiciones de globalización consolidada, esta trivialización utilitarista del saber encuentra, en proveniencia de organismos internacionales y empresas transnacionales, la mejor traducción por la propia vía de los estados-nación[10]. Esta clave de lectura quizás permita entender muchas ambigüedades que prosperan en ámbitos de la izquierda uruguaya, incluso como efecto de estrategias que debieron canalizarse desde el gobierno, ante el fracaso que sufrieron cuando intentaron ganar los ámbitos democráticos específicos de su incumbencia.

 

 

[1] Bachelard, G. (1983) La formation de l’esprit scientifique, Vrin, Paris, p.244.

[2] Agamben, G. (2008) Signatura Rerum, Vrin, Paris, pp-14-17.

[3] Bacchetta, V. “Institucionalización de la ciencia” Voces (06/12/12) Nº 370, p.23 https://2414f8b3-a-1cdd88af-s-sites.googlegroups.com/a/voces.com.uy/web/ediciones/2012/archivos/voces370.pdf?attachauth=ANoY7crtWeVYAWb04vdsoubXIP3LStbJhit8T8sVqoPg6NJGlA_j87G2meVfIHRSnk5xTl4k5BpfCFq5_18f12UVzEkMX_UmUZ_0jwekUD8kZ9_ZB4D2YbO4rfHPqkd9XyZ4_xV2TuxSBqPbo8BOZAJwaHl2ifq6FiQ-nihpfKaFPEUiFbIJ7L8yZIWzxb-d4UTWDr7Uk5XEyilbh5XeOMWeU-1AcpU8tZK-YBW8q5NDvHh1285V8MM%3D&attredirects=0 (acceso el 16/12/12)

[4] Vernant, J-P. (1993) Mito y pensamiento en Grecia Antigua, Ariel, España, pp.337-341. http://static.schoolrack.com/files/17592/435767/mitoy_razon_en_grecia.pdf (acceso el 16/12/12)

[5] Ley Orgánica de la Universidad de la República http://www.fing.edu.uy/sites/default/files/2011/3196/leyorganicaudelar.pdf (acceso el 16/12/12)

[6] Viscardi, R. “La reforma universitaria y la cuestión de la universidad en el Uruguay” (2009) Encuentros Uruguayos Nº2 (segunda época) Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Montevideo, pp.248-258 http://www.fhuce.edu.uy/images/archivos/REVISTA%20ENCUENTROS%20URUGUAYOS%202009.pdf (el artículo no se encontró on-line, lo enviamos al lector en caso de requerirse y Encuentros Uruguayos lo mantiene necesariamente en su archivo)

[7] “Universidad Tecnológica: Mesa Política del FA autoriza nueva negociación” LaRed21 (08/12/12) http://www.lr21.com.uy/politica/1077984-universidad-tecnologica-mesa-politica-del-fa-autoriza-nueva-negociacion (acceso el 16/12/12)

[8] Viscardi, R. “Carta abierta al presidente electo, Sr. José Mujica” Arjé Nº3 (segunda época) https://www.box.com/shared/hc4ph1i6fz (acceso el 16/12/12)

[9] “Ante el título universitario a otorgarse al presidente José Mujica” http://www.change.org/es/peticiones/ante-el-t%C3%ADtulo-universitario-a-otorgarse-al-presidente-jos%C3%A9-mujica#description

[10] Viscardi, R. « Autonomía universitaria y crisis de Soberanía” (2011) Fermentario Nº 5, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Montevideo, http://www.fermentario.fhuce.edu.uy/index.php/fermentario/article/view/83/20

Inventario de una derrota

complejidad

Teódulo López Meléndez

“Cubazuela”, han estado gritando por años algunos de los más dedicados opositores del gobierno venezolano. En ejercicio de una “boutade” que a la hora de la verdad no parece tanto, me atreví a hablar de “Mexizuela”, pues lo que aquí parece consolidarse es una experta manera de ganar elecciones con la perfección del PRI.

No se puede realizar un análisis de la contienda electoral que la oposición perdió estrepitosamente este pasado domingo 16 de diciembre sin comenzar por reiterar el absoluto divorcio entre lo que se expresa en redes sociales como Twitter y la realidad del país, lo que debe mostrar no sólo un uso inadecuado y contrario al que se le ha dado en numerosos y recientes episodios de la historia mundial, sino una muy especial incultura política de la clase media.

Los gritos de venganza caen ahora sobre los abstencionistas, un segmento cuya cifra llamaremos sin precisión aún oficial, casi la mitad del país. Pareciera que esos compatriotas venezolanos ya no contarán más, que han sido desaparecidos del futuro y que algunos no tendrán la “gentileza” de dirigirse a ellos en ocasión alguna. Todos los medianamente informados sabíamos la abstención sería alta, como siempre lo ha sido en elecciones regionales, y que aumentaría o disminuiría por los últimos acontecimientos relativos a la salud del presidente Chávez. Aumentó y a estas alturas uno parece tener la sensación que el suceso mencionado no tuvo una injerencia determinante.

Las causas de la derrota oposicionista se remontan al hecho de haber aceptado el orden de las elecciones, primero presidente, segundo gobernadores y tercero alcaldes, en un proceso de renovación de los poderes públicos de arriba hacia abajo que resultaba inaceptable. Luego las fechas, para que el día electoral hayamos sido testigos de “líderes políticos” lamentándose como vírgenes plañideras de lo perjudicial de votar un 16 de diciembre cuando la gente anda ocupada en reencontrar familiares o comprar sus cosas para pasar la Navidad.

Esa inconsistencia, para ser benignos en el término, es lo que caracteriza a una “dirigencia” inventora de excusas. Agréguenle un organismo electoral absolutamente tolerante con los abusos oficiales y esos mismos abusos en sí, como candidatos inaugurando obras como si de aspirantes se hubiesen convertido en ya designados, más todos los excesos de poder que por archiconocidos es innecesario inventariar.

Eso es lo que viene del poder actual, pero hay que inventariar lo que viene de los fallidos aspirantes al poder. La elección regional se producía, como hemos visto al recordar el orden de las tres elecciones, luego de la derrota en las presidenciales, porque hay que convertirse en Perogrullo para señalarles que una derrota fue, dadas las maniobras para disimular que van de trapecio en trapecio sin red.

La llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD) no es más que una alianza electoral de partidos reducidos que, por afán de no se sabe quién, pretendió erigirse como algo más. Señalé desde siempre que esa “concertación” jamás sería alternativa válida frente a Chávez y que la única vía era la constitución de una “unidad superior”. Se recordará perfectamente mi planteamiento de una “tercera opción”, inviable en apariencia por la cantidad de recursos que se requerirían en intentarla y por la falta de recursos humanos de los cuales el país parece hacer ostentación.

No se puede enfrentar a un claro proyecto de país como el que encarna Chávez sin un proyecto de país alternativo. Se entró entonces a discutir entre “vieja” y “nueva” política con una exacerbada adoración por unos muchachos inexpertos y a mostrar una incoherencia mental producto de la inmadurez, de la falta de formación y, sobre todo, del pequeño tamaño de unos “políticos” con absoluta carencia de experticia.

El país venezolano carece de una clase política que merezca tal nombre. He hecho esfuerzos porque esa reaparición de la intolerante polarización debida a la enfermedad del presidente se reduzca y he llamado a alzar la mirada. Los síntomas mostrados el mismo día de la elección no parecen ayudar, pero es mi deber insistir en un necesario diálogo que pasa por no hacer uso abusivo de los resultados electorales y por avanzar hacia la condición indispensable que es una decisión favorable sobre presos y exiliados.

Lo más conveniente a los intereses del país sería que el presidente Chávez pudiera juramentarse el 10 de enero, pero si las circunstancias no lo permitiesen sabemos bien deberemos ir a una nueva elección presidencial y sobre ella es menester hacer las reflexiones finales.

Hay que barajarlo todo. Suponemos, en este caso, será Nicolás Maduro el candidato del gobierno, en acatamiento a la voluntad del presidente Chávez, pero no podemos dar supuestos en el campo de la oposición. Henrique Capriles Radonsky no debería hacer prevalecer su victoria en el estado de Miranda ni su condición de electo en primarias para rescatar para sí la condición candidatural. Debería, por el contrario, llamar a un gran diálogo nacional con absoluto desprendimiento porque de lo contrario lo único que lograría sería batir un nada envidiable récord de perder dos elecciones presidenciales en cuestión de meses.

Quien detenta el poder tiene la mayor responsabilidad en lo que habrá de venir. En este sentido me permito recordarle a Nicolás Maduro, luego de haber hecho la observación a Capriles, que él no es Chávez. Trate de parecerse a Eleazar López Contreras, en el sentido de comprender que sería transición y que toda transición exige apertura.

tlopezmelendez@cantv.net

 

Entrevista con Teódulo López Meléndez

Entrevista en Buenos Aires

Teódulo López Meléndez analiza resultados del 16-D

Por Analía Gómez Vidal*

Elecciones 1

 

El domingo 16 de diciembre, Venezuela volvió a las urnas. Las elecciones regionales arrojaron otra derrota a la Mesa de Unidad Democrática, que sólo obtuvo 3 gobernaciones contra el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), el partido oficial. Entre sus victorias, la oposición volvió a asegurar el estado de Miranda en el liderazgo de Henrique Capriles. Sin embargo, se evidencia que queda mucho por trabajar en la construcción de la oposición venezolana. Teódulo López Melendez analiza los resultados y la evolución de la política en Venezuela mientras advierte: “Es necesario llamar a un gran diálogo nacional con absoluto desprendimiento”.

 

El optimismo de la oposición venezolana, que supo alcanzar una derrota digna de la mano de Henrique Capriles en octubre, contrasta con el resultado de las elecciones del 16 de diciembre. ¿Cuán representativos cree que son estos resultados para usted?

 

En primer lugar, no se puede realizar un análisis de la contienda electoral que la oposición perdió estrepitosamente sin comenzar por reiterar el absoluto divorcio entre lo que se expresa en redes sociales (Facebook, Twitter) y la realidad del país. Esto demuestra  no sólo un uso inadecuado y contrario al que se les ha dado en numerosos y recientes episodios de la historia mundial, sino una muy especial incultura política de la clase media.

 

¿Cuál es el peso real de la clase media venezolana? ¿Existe una sobrevaloración de sus percepciones que se proyecta y desinforma sobre la situación real de la política en Venezuela?

 

En Venezuela, se ha generado ascenso social con inserción en una clase media baja. La vieja clase media, que se mantuvo por décadas ajena a los asuntos públicos, reclama ahora soluciones mágicas que no aparecerán. He dicho muchas veces que los dirigentes políticos son producto del cuerpo social. Si no hay un cuerpo social que genere dirigentes para el momento histórico, siempre se sentirá sin protección. Los viejos elementos protectores (partidos, sindicatos, gremios, etc.) están en el máximo de la debilidad y esa sociedad a la deriva no logra tomar conciencia de su propio poder. Por otra parte, hay una escasez brutal en cuanto a la generación de ideas y pensamiento, trasnochados como andan los “dirigentes” en repetir desde hace medio siglo y, por supuesto, un cuerpo social que no presta la menor atención a lo que se genera.

 

En ese contexto que plantea, el nivel de abstención electoral de las elecciones del domingo fue cercano al 46%, un dato que muchos han remarcado como clave. ¿Está de acuerdo con su importancia? ¿A qué lo atribuiría?

 

Todos aquellos medianamente informados sabíamos que la abstención sería alta, como siempre lo ha sido en elecciones regionales, y aumentaría o disminuiría por los últimos acontecimientos relativos a la salud del presidente Chávez. Finalmente, aumentó, pero a estas alturas uno parece tener la sensación de que no tuvo una injerencia determinante. En definitiva, la abstención es apenas un elemento más en la consideración de los resultados.

 

Volviendo al análisis de la derrota opositora, ¿Cuánto de este resultado global se fundamenta en la exacerbación del apoyo chavista como demostración de apoyo aún ante sus circunstancias personales?¿Se puede seguir apostando por una oposición cuya fortaleza in crescendo pueda disputarle el poder a Chávez y el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV)?

 

Las causas de la derrota oposicionista se remontan al hecho de haber aceptado el orden de las elecciones: primero para presidente, después para gobernadores y luego para alcaldes, en un proceso de renovación de los poderes públicos de arriba hacia abajo que resultaba inaceptable. Luego, la aceptación de las fechas, por las que “líderes políticos” se lamentarían posteriormente de lo perjudicial de votar un 16 de diciembre cuando la gente anda ocupada en reencontrar familiares o comprar sus cosas para pasar la Navidad.

 

Esa inconsistencia, para ser benignos, es lo que caracteriza a una “dirigencia” inventora de excusas. Sumado a ello, un organismo electoral absolutamente tolerante con los abusos oficiales más todos los excesos de poder que por archiconocidos es innecesario inventariar.

 

 

¿Usted cree entonces que la derrota opositora reside más sobre las heridas provocadas por la ineficiencia estratégica de la oposición que por la capacidad de convocatoria y el aparato chavista?

 

Si no se entiende a un país, no se puede ganar ese país. Es cierto que la maquinaria chavista es fuerte y está sustentada sobre las mieles que el poder ofrece, pero también sobre una poderosa participación popular.  Para ganarse a un país hay que plantársele delante y decirle con meridiana claridad: “Esto es lo que queremos hacer de esta nación”.

 

¿Cuáles serían, desde su punto de vista, los pasos obligados de la oposición para mantener y ganar espacios hasta las próximas elecciones? ¿Cómo podría la oposición capitalizar su posición conciliadora para avanzar sin profundizar la polarización?

 

La llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD) no es más que una alianza electoral de partidos reducidos que pretendió erigirse como algo más. He señalado que esa “concertación” jamás sería alternativa válida frente a Chávez y que la única vía era la constitución de una “unidad superior”. No se puede enfrentar a un claro proyecto de país como el que encarna Chávez sin un proyecto de país alternativo. Se entró entonces a discutir entre “vieja” y “nueva” política con una exacerbada adoración por unos muchachos inexpertos.

 

El país venezolano carece de una clase política que merezca tal nombre. Los síntomas mostrados el mismo día de la elección no parecen ayudar. Lo más conveniente a los intereses del país sería que el presidente Chávez pudiera juramentarse el 10 de enero, pero si las circunstancias no lo permitiesen, sabemos bien que deberemos ir a una nueva elección presidencial. Suponemos, en ese caso, que será Nicolás Maduro el candidato del gobierno, en acatamiento a la voluntad del presidente Chávez, pero no podemos dar supuestos en el campo de la oposición.

 

Henrique Capriles Radonsky no debería hacer prevalecer su victoria en el estado de Miranda ni su condición de electo en primarias para rescatar para sí la condición candidatural. Debería, por el contrario, llamar a un gran diálogo nacional con absoluto desprendimiento porque de lo contrario lo único que lograría sería batir un nada envidiable récord de perder dos elecciones presidenciales en cuestión de meses.

 

Respecto a la salud de Hugo Chavez, cabe remarcar que las elecciones regionales del 16 de diciembre fueron las primeras transcurridas en ausencia del lider bolivariano. Esto abre la posibilidad a una serie de especulaciones sobre el futuro de Venezuela, con la pregunta obligada: ¿Hay Chavismo después de Chavez?

 

“Cubazuela” han estado gritando por años algunos de los más dedicados opositores al gobierno venezolano. En ejercicio de una “boutade” que a la hora de la verdad no parece tanto, me atreví a hablar de “Mexizuela”, pues lo que aquí parece consolidarse es, en realidad, una experta manera de ganar elecciones con la perfección del PRI.

 

Manteniendo su analogía entre el PSUV y el PRI, ¿cree usted que podría replicarse la experiencia mexicana  de transición sin violencia de 2000 en Venezuela, a la luz de la polarización que reina en la actualidad? Más allá de la posición oficialista de enaltecer la figura presidencial, ¿Cómo ve la recepción social de dicha estrategia en el futuro cercano?

 

La creo posible, y más que posible, imprescindible. Para ello, hay que hacer un esfuerzo de diálogo. En términos generales, debo decir que un liderazgo como el de Chávez no es sustituible, de manera que me permito observar que Nicolás Maduro debe insertarse en una dirección colectiva. En cuanto a la pervivencia de un chavismo sin Chávez, no mantengo dudas. La recepción social sigue, y seguirá siendo, grande, porque el chavismo dio voz y participación a los olvidados. En Venezuela podemos decir que hay otro país, uno que muchos no logran ver ni distinguir en su nueva cultura política. Pero quien detenta el poder tiene la mayor responsabilidad en lo que habrá de venir. En este sentido, me permito recordarle a Nicolás Maduro que él no es Chávez. Debe tratar acercarse más a un parecido con Eleazar López Contreras, en el sentido de comprender que sería transición y que toda transición exige apertura.

 

¿Considera que los herederos chavistas, con Nicolás Maduro al frente, podrían ser parte de una transición pos-chavista exitosa? ¿Considera, en última instancia, que la clase política venezolana está a la altura del desafío que se presenta?

 

No puedo adelantar una respuesta. Si es exitosa, dependerá de una visión de Estado que estoy reclamando con todas mis fuerzas. Deberán brotar nuevos liderazgos, lo que es fácil de decir y difícil de ver. He reclamado a mis compatriotas despojarse de las gríngolas y de los anteojos de suela. Los intelectuales solemos ser desoídos.

 

* Periodista independiente, Economista, Master en Política Internacional, Analista Junior en Federación Iberoamericana de Bolsas, Blogger in South American Business Forum, Presentador en FM 90.7 Autopista, Universidad Torcuato di Tella, Université Paris Dauphine

 

Venezuela: La hora de la mirada alta

 

democracia

 

Teódulo López Meléndez

 

Difícil escribir en medio de circunstancias electorales cuyas variables han sido sacudidas por el azar del destino. Desconocemos los resultados de las elecciones regionales en Venezuela y de cómo los acontecimientos han podido influir sobre ellas, pero no desconocemos los procesos históricos y menos las particularidades de cuadros como el que hoy vive la república venezolana.

La grave enfermedad del presidente obliga a revertir el primer efecto que se produjo: una reaparición acentuada de la polarización que tanto daño le ha hecho al país. En efecto, los más extremistas de ambos bandos se lanzaron a revivir los odios y a reponer sobre el tablero las viejas afrentas. Sobre ellos es menester reponer la voz de la cordura.

Entramos en una etapa en la cual hay que anteponer los intereses nacionales a cualquier otro. Hay que evitar la alteración de la paz nacional mediante un diálogo fecundo que conlleve a acuerdos básicos sin que por ello se obvie, en lo más mínimo, el libre juego democrático.

Advertimos en innumerables ocasiones que el destino de la república se decidiría en fecha posterior al 7 de octubre, fecha en que se realizaron las elecciones presidenciales. Observamos que era imprescindible buscar el cauce común que nos permitiera reconocernos de nuevo como una nación a la que todos pertenecemos.

Auguramos el restablecimiento de la salud presidencial, pero frente a la gravedad de la situación es necesario recordar que el texto constitucional prevé todos los pasos necesarios, no sin advertir que no es suficiente apegarse a él, que se requiere un entendimiento político que lo haga viable sin traumas y que permita un reacomodo general de la situación del país.

Estamos al servicio de los intereses de Venezuela, no de ninguna aventura ni de ninguna ambición de poder. La historia nos ha colocado ante dilemas que requieren grandeza de espíritu y capacidad de entendimiento. Esperamos, por ejemplo, que el acuerdo tácito que existía, y que se vio obstaculizado por la circunstancia, en torno a presos y exiliados, pueda materializarse a la brevedad. No podemos ignorar la complejidad y tensiones naturales en el gobierno, pero se deberá encontrar el espacio para finiquitar este delicado tema, porque es la base real y posible del inicio de un diálogo que resaltamos como absolutamente imprescindible.

No es necesario abundar sobre los temas a discutir y sobre las imprescindibles correcciones a hacer. Todos sabemos que más allá del acuerdo base sobre la eventual fecha de una nueva elección presidencial hay muchos otros de vital importancia. Hay que transmitir el sosiego de una clase política que muestre alto sentido de responsabilidad y haga desaparecer las tensiones que una minoría –estoy seguro de ello- aúpa sin conciencia alguna de las graves consecuencias que perder la sindéresis y la visión de Estado ocasionarían.

Hay que alzar la mirada del piso y ver el bosque antes que al árbol. Nos toca vivir este momento de nuestra historia con una demostración de gallardía, de sentido común y de país. Es por supuesto obvio que el resultado de las elecciones de gobernadores mostrará una tendencia que no podemos adivinar si será permanente o transitoria, pero que, al fin y al cabo, será la última de la que dispondremos antes de que los acontecimientos que analizamos se puedan precipitar. Serán una referencia que nadie deberá utilizar como planteamiento hegemónico ni como arma ventajista. Por el contrario, deberán ser administrados con cautela y cualesquiera que sean considerarlos como aporte al sentido de unidad nacional.

Al hacer los mejores votos por el restablecimiento pleno del presidente Chávez  llamo al mejor de los países que tenemos a asumir su responsabilidad frente al momento histórico imponiendo la voz de la sensatez, impidiendo que la baja política entre en juego y, sobre todo, exigiendo todos alcemos la mirada y sepamos estar a la altura de las circunstancias. Es la hora de la mirada alta.

tlopezmelendez@cantv.net

La matriz del desprecio

desprecio

Por Alberto Medina Méndez

(Rosario, Argentina)

Algunos dicen que, cuando hablamos de los políticos, no es bueno meter a todos en la misma bolsa. Sostienen que las generalizaciones no son saludables, porque en casos como estos solo alimentan la anarquía.

Tal vez lo que suceda, es que en la política nadie se esmere demasiado en esto de diferenciarse lo suficiente como para que los que pluralizan se detengan en decir “todos menos aquel otro”.

No se afirma nada nuevo si se recuerda que la política se maneja con sus propios códigos. La perversa deformación del concepto de democracia por la cual se manipula el uso de las mayorías, ha dado paso a nuevos esquemas de funcionamiento que priorizan determinadas acciones y descartan otras.

Lo concreto es que la carrera por los votos, ha generado una dinámica donde lo que importa es parecer. El corto plazo, el próximo turno electoral, invita a la política, solo a dedicarse a aquellos que tenga impacto electoral.

Pero lo cierto es que a la inmensa mayoría de los políticos no les interesa, en lo más mínimo, lo que sucede con la gente, en tanto y en cuanto eso no impacte fuertemente en la próxima encuesta de opinión.

La política acciona y reacciona, solo cuando percibe que electoralmente ciertas decisiones pueden complicarla en forma directa o bien cuando una determinación le significa un rédito partidario emergente.

Pero todo esto sería retórica si no fuera porque se confirma a diario. Muestras de esto, abundan por doquier. El desprecio de la política para con los individuos, es demasiado evidente y forma parte del paisaje cotidiano.

Hasta los más progres, esos que se ufanan de su humanismo y le critican a sus adversarios, la insensibilidad de sus políticas, terminan confirmando ese sendero en el que la política trata a la gente como basura.

Las postales que vemos son difíciles de refutar. Solo es necesario recorrer las salas de un hospital para ver como las supuestas “políticas de inclusión”, deshumanizan a la gente de la mano de quienes operan el régimen.

Pese al esfuerzo aislado de algunos agentes públicos, que desentonan en el contexto, la gente que padece una enfermedad queda relegada, su intimidad bastardeada en otro síntoma de la indolencia estructural. En ese sistema no importa la relación medico paciente, ni la contención o el estado de ánimo del que además de sufrir dolencias, termina siendo víctima de un esquema que lo ningunea sin parpadear, ni sonrojarse.

Los pacientes pasan a ser números de cama, o de turno en una guardia, en la que esperan que “el sistema” le asigne un caritativo facultativo que se ocupe de él y que no necesariamente, es el más apto para la tarea. Esta es solo una cara más de cómo el sistema desprecia a la gente.

Ni hablar de cuando ese ciudadano que paga impuestos debe hacer una gestión en una oficina pública. El destrato, la interminable lista de agravios y ofensas que tendrá que soportar para cumplir con la burocracia formal, es otro botón que sirve de muestra.

Otra fotografía es la de las largas filas de personas esperando para cobrar un plan social, para obtener su jubilación, o percibir sus haberes en otra señal evidente de esa desconsideración secuencial. Sectores sociales que no tienen posibilidades, inician esas hileras muchas horas antes, a veces en la madrugada, sufriendo inclemencias del tiempo de todo tipo, para que un funcionario estatal lo despersonalice y lo trate como a uno más.

En la educación estatal sucede lo mismo. Un alumno es solo eso, uno más en la lista. No importa enseñar, mucho menos que progresen y aprendan. Las aulas, los elementos de estudio, los contenidos, el edificio escolar, las instalaciones sanitarias, otro signo de lo que piensa el sistema de su gente.

Ese no parece ser el sistema que tanto elogian los defensores del régimen. Solo hay que recorrer, escuelas, hospitales, oficinas públicas, para entender la utopía del Estado eficiente, de ese costado humano que todos pretenden encontrar en esa construcción mental falaz y que no existe de modo alguno.

Algunos dirán que el problema son los operadores del Estado, esos empleados públicos que descalifican el esfuerzo del resto. Inclusive no faltará quien diga que los ineficientes son los menos.

El problema no son los empleados, el asunto de fondo está en el sistema, ese que desestimula a los que hacen bien las cosas pagándole lo mismo que a los que hacen mal, ese que otorga “estabilidad laboral” creyendo que eso es un valor, cuando es esa la herramienta que hace que a nadie le importe hacer su trabajo como corresponde, después de todo, no lo podrán quitar de la nómina. Ni hablar cuando media en este juego, el acomodo político, la recomendación, el padrinazgo del algún dirigente que nunca falta.

El sistema es esencialmente inhumano. Trata a la gente como basura. La destruye moralmente haciéndola sentir una lacra, a veces ni siquiera la considera un número, en todo caso como si fuera “una cosa”.

Es casi imposible defender un sistema que maltrata a la sociedad, sobre todo a los que menos pueden amortiguar el impacto de los atropellos de los abusadores seriales. Es notable como algunos pretenden justificar esta actitud cotidiana, que atraviesa épocas, gobiernos y colores partidarios.

La política tiene ciertos estímulos que marcan su norte. Sus conductores, líderes y dirigentes, solo están pensando en el próximo turno electoral. Allí tienen puestos sus esfuerzos, su concentración, y a eso se dedican. El resto es solo la matriz del desprecio.

albertomedinamendez@gmail.com

skype: amedinamendez

www.albertomedinamendez.com

 

 

De cuando Internet no libera

Internet 2

 

Teódulo López Meléndez

 

En la comunicación reposa buena parte del hecho globalizador. Sobre ella,  y a través de ella, se interconectan las culturas, se alza como un corte transversal sobre todos los aspectos y en el eje fundamental de la proyección social. La posibilidad de ejercicio de las modernas técnicas compartimenta las audiencias, en una compactación que, paradójicamente, comienza con una ruptura de la homogeneización y se hace múltiple para luego converger en lo que hemos denominado una sociedad de multitudes.

 

Como todo estudio de la comunicación, esta que se ha asomado, tiene que ser abordada de una multiplicidad de ángulos partiendo de los modelos epistémicos de la postmodernidad que son muchos y variados: neocomunidades, el poder de las ciudades, multiculturalidad, identidad, conformación psicológica, etc, algunos de los cuales ya hemos abordado.

Debemos, los que pretendemos influir sobre la construcción de una nueva realidad, montarnos sobre temas como la articulación colectiva, la restauración de un tejido social derruido y en el reforzamiento de la solidaridad y el intercambio entre la multiplicidad de los nuevos focos de poder ciudadano.

El asunto fundamental para estudiar la comunicación del nuevo mundo es volver al hombre como fuente de conocimiento. Hay que abordar temas como el intercambio simbólico o los problemas del sentido. Debe afrontarse la teoría de la comunicación con un episteme diferente al de la era que termina.

 

El nuevo mundo está naciendo en medio de serias injusticias. La comunicación es la panacea para la conformación de nuevas mentalidades. Son necesarios nuevos marcos éticos, bajo nuevas formas políticas y con nuevos grados de conciencia.

La única manera de salir del “no me doy cuenta” es mediante la comunicación. La reconfiguración del orden físico y espiritual ha estado asociada a los medios de comunicarse. Muchos de esos medios inventados por el hombre han contribuido a su alienación.

 

El intercambio de ideas se concreta en ideas nuevas que al anunciar salidas novedosas reducen la incertidumbre. Por supuesto que los medios tecnológicos de hoy son la clave, pero la invención humana no terminará y aparecerán nuevas maneras. Hoy debemos ocuparnos de las disponibles, sistemas, herramientas, software, redes, bases de datos. Son herramientas, el desafío está en que permiten conformar sociedades del conocimiento donde el mundo pasa a centrarse en el capital humano. Los llamados medios de comunicación de masas emiten el mismo mensaje, en infinidad de casos manipulado de acuerdo a los intereses del emisor, esto es, en el fondo medios impersonales, mientras ahora la comunicación es personalizada y permite la interacción. En Internet caben todos los medios que hemos conocido, por lo que se convierte en algo más que un medio en sí, dado que universaliza el conocimiento, impide la manipulación en mucho mayor grado que la que se produce en los massmedias, integra y personaliza. Debemos admitir que en países como Venezuela la tecnología se toma como juguete y no como elemento de liberación.

 

Los parámetros sociales son ya parámetros comunicativos. El periodismo se origina en el acontecimiento que se torna informativo al ser incorporado al discurso del medio. Los medios ordenan la importancia, pero están perdiendo esa capacidad. Ahora la interrelación detecta cuando una noticia es ocultada de manera intencional.

En la red se pueden utilizar toda clase de recursos, es obvio, pero la diferencia estriba en que no es estática y además rompe el carácter lineal de la comprensión y rompe el carácter inamovible del texto. Los roles se han invertido, pues es el receptor el que dirige el discurso y no el emisor. Con Internet la sociedad reclama su cualidad de productora y hace perder a la llamada sociedad mediática su monopolio. Además, productor y receptor pueden ser el mismo sujeto. Ahora enfrentamos un proceso reconstructivo de la realidad, uno que no encontramos en las redes sociales de algunos países más bien sometidas a una falsificación de estrellas mediáticas y de aventureros de toda laya.

tlopezmelendez@cantv.net

 

 

 

El Egipto que se estremece

Audio de Teódulo López Meléndez

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La revolución no visible

No visible

Teódulo López Meléndez

El presente está marcado por todo tipo de crisis. La crisis se ha hecho un elemento contextual común al orbe afectando al cúmulo de relaciones sociales y de formas orgánicas mediante el rompimiento del equilibrio de los factores de cooperación y competencia. Ello también ha conducido a un desplazamiento de los intereses valorativos de la relación humana.

La organización social es un sistema compuesto de un complejo de relaciones entre los hombres y entre los hombres y las cosas. Estamos en un mundo de tensiones irresueltas y de disfunciones organizacionales. Deberemos tratar el conocimiento porque él genera poder, sea simbólico o utilitario. Es lo que denominamos cultura, una que crea conocimiento, genera normas, construye una memoria colectiva, en suma, edifica una organización grupal dinámica. Hoy estamos inmersos en el proceso globalizador que implica un avance tecnológico inusitado con aceleración del tiempo y unificación de los espacios lo que lleva a totalizar la realidad.

En los atisbos de la protesta contra las crisis propias de este interregno encontramos también globalización dado que los grupos protestantes parecen conformados por diversas capas de la estructura social y sus discursos van dirigidos al conjunto de una sociedad civil global que si bien está en pañales, asoma como protagonista. Se proclama una protesta y se dice lo que no se quiere antes de aquello que se quiere indicando así la inestabilidad de los nuevos movimientos sociales. Ya la protesta social es otra, aunque las nuevas formas sociales apenas nos indiquen algunos elementos como la crisis del Estado-nación y de la “sociedad del bienestar”. Se globaliza la ansiedad, aupada por los medios informacionales que la tecnología ha puesto a disposición, aunque los resultados recuerden a procesos históricos lejanos como la imbricación religiosa-política en el mundo árabe, en la actualidad, y como lo fue en la Europa de siglos pasados.

Los nuevos movimientos sociales que vemos marcan un proceso de transición muy diferente de los que podríamos llamar clásicos. En ellos encontramos esfuerzos de creatividad y de construcción de fundamentos y una obvia y justificable indefinición. Aún así hay valores emergentes. Pueden surgir frente a problemas puntuales, como la crisis económica, algunos pueden albergar sentimientos postmaterialistas, otros no pueden ser llamados revolucionarios en el sentido clásico pues no están divorciados totalmente de los mecanismos tradicionales de intermediación, aunque sea evidente que estos son incapaces de atender a sus viejas clientelas. Algo es evidente: no alteran, en su generalidad, el orden político pero sí introducen exigencias de valores.

No olvidemos que surgen en las “sociedades del bienestar”, unos, otros en reacción a arcaicas formas dictatoriales (primavera árabe). En el primer caso no nacen de lo que podría denominarse “la rabia del desposeído”, pero producen conocimiento social que trata de extender la autonomía humana contra tomadores de decisiones enclaustrados en parámetros tradicionales. Son actores sociales complejos, aún en el segundo caso en el cual aparentemente hay sólo un deseo de liberación de regímenes autoritarios y de incorporación a un nuevo tiempo difuso. En cualquier caso,  en una revuelta contra valores dominantes.

Un elemento primordial es la calidad de vida, esto es, van sobre problemas específicos. Su método preferido, el de la abierta deliberación y el de toma de decisiones por consenso. Son antecedentes a mencionar en esta fase de transición porque quizás nos suministren elementos para otear frente a los planteamientos que caen como cascadas y de entre los cuales habrá de emerger la organización social sustitutiva.

En cualquier caso hay una modificación de los sentidos exteriores e interiores del hombre que pueden llevarlo a mero participante inodoro, incoloro e insípido de una voz común que sólo adquiere sentido si viene presidida de un sentido de cohesión. La ruptura conduce siempre a un estado de recomposición, aunque aún estemos en las nebulosas en los efectos de modificación social reales.

Quizás esta sea una revolución no tan visible, dado que sentimientos y emociones se encierran cada vez más en el ámbito individual

tlopezmelendez@cantv.net

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