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Democracia siglo XXI

mes

agosto 2013

Las grandes lecciones de la crisis siria

Audio de Teódulo López Meléndez

Obama y Biden

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La reapropiación de la política

Vídeo de Teódulo López Meléndez

En Cuervo TV

Castoriadis

En Cuervo TV: Castoriadis, una lección de democracia http://www.worldtv.com/cuervo_tv

I have a dream, a 50 años

Martin Luther King

 

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Audios para el análisis

audio 3

Teódulo López Meléndez

Audio: “La muerte y la hipocresía sobre el mundo árabe”

Audio de Teódulo López Meléndez

Ataque químico 1http://www.ivoox.com/muerte-hipocresia-sobre-mundo_md_2299907_1.mp3″ <a href=”http://www.ivoox.com/muerte-hipocresia-sobre-mundo-audios-mp3_rf_2299907_1.html&#8221; title=”La muerte y la hipocresía sobre el mundo árabe”>Ir a descargar</a>

Es sólo el primer paso

el primer

 


 Por Alberto Medina Méndez

Al plantearse una meta, el camino siempre supone varias etapas. Es una secuencia, a veces larga y otras no tanto. Nunca es un sendero recto. Su recorrido propone escollos, desafíos, barreras y tragos amargos.

Lo importante es que la brújula siga mostrando el norte, para que el itinerario y las férreas creencias puedan seguir intactas. No existe un atajo que lleve hacia el objetivo sin sobresaltos. Mucho menos cuando se trata de la vida en sociedad. Allí, una inmensa cantidad de factores operan simultáneamente y alteran el entorno presentando diversos problemas.

El populismo es hoy una plaga que destruye a las sociedades. Promete un mundo donde unos trabajan para que otros no, invita a saquear a los que se esfuerzan para derivar recursos hacia el aparato político clientelar, ese que hace de la maquinaria electoral un verdadero fin en sí mismo.

Su erradicación supone permanentes aprendizajes, porque solo lo que se internaliza produce reales cambios de hábito. Los rechazos circunstanciales pueden ser solo espasmódicos gestos de repudio a un aspecto aislado del régimen demagógico. Se percibe a diario la seducción que engendra el populismo cuando propone progreso como un derecho sin esfuerzo previo, casi como un acto mágico, cautivando a los más abúlicos y a los que, durante generaciones, demandaron necesidades sin ofrecer nada a cambio.

Los tropiezos del populismo en los comicios es siempre importante. Pero no se debe caer en la trampa del exitismo, ese que se proviene de las pasiones deportivas y que transmite la falsa idea de que el torneo concluyó.

La historia siempre es un proceso, su evolución muestra como se recorre una transición de la fase actual hacia una novedosa forma diferente, casi siempre desconocida e impredecible.

Las circunstancias en política siempre exhiben una dosis de realismo, de pragmatismo, que resulta imprescindible para interpretar el presente y diseñar las acciones que conforman el próximo paso hacia la meta deseada.

Siempre se construyen opciones con lo que hay y no con lo óptimo. Hay que comprender aquello de que “;lo excelente es enemigo de lo bueno”;. La idea de buscar lo extraordinario es un desafío constante, pero no debe impedir el paso a paso que cualquier ciclo conlleva. No se llega de un lugar a otro, sin pasar previamente por los anteriores. No existe mecanismo alguno que traslade de una instancia a otra sin pesares, contratiempos o amarguras.

El camino al éxito está plagado de obstáculos, dilemas morales e incómodas decisiones. Habrá que poner a prueba el temperamento y las profundas convicciones, lo que en política implica “;buscar lo mejor, dentro de lo posible”;, pero también exigir mucho para potenciar a los destacados y estimular a los que aun no están, para que sean parte del cambio.

El trabajo de la sociedad civil debe operar al mismo tiempo en dos dimensiones. La de lo factible, tratando de que los menos malos desplacen a los peores, y en un plano más riguroso, convocando a los sobresalientes para que sean protagonistas del futuro, y así integrar a la política a los más decentes, íntegros, honestos, idóneos, creativos e inteligentes.

No se puede esperar a que estos últimos ingresen a la política para iniciar el camino hacia el porvenir. Se debe poder operar de modo sincrónico para que en algún momento se unan los puntos que encaminen a lo deseable.

Salvadas las enormes distancias, durante la segunda guerra mundial, occidente decidió aliarse a su peor adversario, el comunismo. Lo hizo pese a sus evidentes diferencias y a su rivalidad manifiesta. La prioridad era  terminar con el inmoral régimen nazi, que era indudablemente lo peor que le sucedía al planeta. Aquella alianza entre el marxismo y el mundo occidental seguramente fue criticada por muchos con dureza, pero resulto imprescindible. Prevaleció un objetivo superior, el de dejar atrás una de las historias más nefastas y crueles de la humanidad. El tiempo pondría las cosas en su lugar y el fracaso comunista se agotó varias décadas después.

La lucha política se hace por etapas, secuencialmente y merece ser entendida para no perder la perspectiva global cayendo en cierta ingenuidad. Las alianzas circunstanciales son siempre una coyuntura, una necesidad ocasional para ir de ese escalón al siguiente, en un paso a paso.

Hay que armarse de paciencia, de pragmatismo en el corto plazo, pero sin claudicar en las convicciones, porque son ellas, las que en la medida que se mantengan intactas, marcaran el sendero a recorrer.

Nunca los triunfadores de la última elección son lo perfecto, de hecho muchos de ellos son indignos, pero en el contexto actual no son lo peor de lo peor. Son tal vez un mero instrumento, que permite la transición de lo pésimo a lo menos malo. Con ese criterio, debe ser analizado el presente.

Cada turno electoral invita a tomar decisiones, muchas veces con dudas que suponen gran perturbación. Hay que animarse a superarlo, tratando de no renunciar a los principios básicos y ser atropellado en las propias convicciones, pero comprendiendo que no se está al final del camino, sino que este hito es solo el primer paso.


albertomedinamendez@gmail.com

skype: amedinamendez

www.albertomedinamendez.com

 

Libros: “Gobernanza inteligente para el siglo XXI”

 

Gobernanza

 

Carlos Requena

 

¿Cuál es la mejor forma de gobernar un mundo en profunda transformación? La respuesta procuran compartirla Nicolas Berggruen y Nathan Gardels en su libro intitulado Gobernanza inteligente para el siglo XXI.

Conforme a la reseña, consultable en www.editorialtaurus.com, esta obra analiza la unión de las mejores prácticas de gobierno en Oriente y Occidente como fórmula para afrontar los desafíos de la globalización.

Indican que, durante décadas, la democracia liberal ha sido aplaudida como el mejor de los posibles sistemas de gobernanza.

Sin embargo, esa categórica afirmación es hoy cuestionable, pues la democracia -en crisis en Occidente- debe probar su vigencia.

En Occidente, argumentan Berggruen y Gardels, ya no vivimos en “democracias industriales”, sino en “democracias consumistas” en las que se impone el cortoplacismo. En contraste, la visión a largo plazo de los líderes chinos empuja a su nación hacia el futuro.

Pero China también se enfrenta a desafíos derivados de su meteórico ascenso: su floreciente clase media cada vez exigirá más participación, mejores mecanismos de control de la responsabilidad política, el freno a la corrupción y la ampliación del imperio de la ley.

La reseña narra que, en la medida de que el siglo XXI avance, estos dos sistemas deberán competir en un mundo auténticamente multipolar en el que ninguna potencia domina en solitario y en el que las sociedades son cada vez más diversas.

Para hacer frente a estos retos, es necesario un nuevo sistema de “gobernanza inteligente” que delegue el poder e implique verdaderamente a los ciudadanos en las cuestiones que los afectan, con el fin de reconciliar la democracia informada con la meritocracia responsable.

Este libro es una guía conceptual y práctica de los desafíos a los que se enfrenta la buena gobernanza en un mundo que se verá sometido a una profunda transformación en las próximas décadas. Muchos líderes comentan la obra.

Remedio contra las democracias disfuncionales

Michael Spence, premio Nobel de Economía, comenta que es un libro brillante, agudo y provocador sobre el tema central de nuestro tiempo: la gobernanza efectiva. Las democracias y los sistemas autocráticos se encuentran ambos en peligro de fracasar a gran escala. Los autores invitan, valientemente, a nosotros y a la siguiente generación, a abordar este problema de frente, con humildad y con mente abierta.

Arianna Huffington, directora de Huffington Post/AOL, asegura que los autores aportan una valiosa visión de por qué nuestras democracias occidentales se han vuelto tan disfuncionales. Y sostienen que sólo si desarrollamos una perspectiva de gobernanza a largo plazo, la “democracia de consumo” actual socavará su propio futuro. Un brillante punto de partida para un debate que se necesita con urgencia: el de cómo nos gobernamos en esta nueva era.

Nouriel Roubini concluye: diríase que Berggruen y Gardels están en todas partes -en Pekín y en Roma, pasando por la ciudad de México-, que conocen a todo el mundo, y que fecundan ideas más allá de cualquier frontera. Están dotados de determinación y recursos para poner en práctica ideas valiosas y originales.

Balas de goma, manos de yeso y fresas de la frescura

amargura

Ricardo Viscardi

 

Desde su mismo título, el film “Las fresas de la amargura” traduce mal una aporía que, por el contrario, sí expresa el título en inglés del tema principal de la banda sonora: “The circle game” (El juego en círculo). El círculo configura una aporía del movimiento, en cuanto la rotación circular compone una forma que no llega a diferenciarse de la quietud. Ese inmovilismo del movimiento, se distingue de cualquier otro movimiento o inmovilidad, en cuanto la misma noción de cambio supone contingencia y limitación de la forma.[1] Por el contrario, una forma que se confirma en el propio movimiento supera por sí misma toda precariedad.

 

La canción que se convierte en emblema del film relata cómo se contempla el pasado sin poder volver a él. La misma circularidad que se invoca se ve privada de trascendencia, eterno ensayo de un retorno inconcluso, fatalmente ajeno a lo que intenta lograr. Tal impotencia de la mirada arroja cierto descrédito, consabido y quejumbroso, sobre una teoría que no cunda más allá de sí misma.

 

Sin embargo, el título “Las fresas de la amargura” también expresa la imposibilidad de alcanzar lo anhelado: la dulzura del fruto. La metáfora que domina la película alude a la promesa que encierra la condición estudiantil para la juventud de los protagonistas, en una continuidad de vínculo inefable entre el amor, el entusiasmo y el compromiso. Esa progresión gradada no deja de involucrar entre sí el sentimiento, el saber y el mundo, ni  la condición estudiantil y la finalidad política. El sueño de la juventud y el sueño de la revolución, reunidos en la racionalidad subversiva de la modernidad,[2] se traducen en la nostalgia y el fracaso ante lo insondable, de cara a la noche de los tiempos.

 

Una izquierda que vota estratégicamente una rendición de cuentas presupuestal de cara al muro parlamentario, detrás del cual la increpa la incomprensión juvenil, vuelve a repetir el fracaso del sueño de la juventud y el sueño de la revolución reunidos. Pero esta vez los sueños no se reúnen juvenilmente, como en los enamorados fracasados de “Las fresas de la amargura”, sino que tan sólo los reúne la imposibilidad de aquella juventud, ante una juventud en la calle que les grita su fracaso. Han triunfado: están sentados en los escaños parlamentarios, han fracasado: quienes debieran heredarlos los increpan.

 

La circularidad del juego o el juego de la circularidad se manifiestan una y otra vez en la distancia entre la mirada que ve y la visión que escapa. El hiato está lleno de sentido y por eso mismo separa. Hay que votar juntos en acuerdo o en desacuerdo, en convicción o descreimiento, para mantener la cohesión de falange institucional que luego redunde en recolección de votos entre el cuerpo electoral.[3] La cohesión vale por sí misma, porque es la misma mismidad de cualquiera que admire la coherencia monolítica, poco importa que esta tome el signo de la manipulación mediática, para justificar la renuncia ideológica, o el de la omertá, para preservar una impunidad condenada por la memoria.

 

El voto por disciplina partidaria con mano de yeso y el disparo con bala de goma que no mata cumplen con el designio del sentido ante sí mismo: preservar la mayoría parlamentaria y la vida humana. Sin embargo, en los dos casos la prótesis ha desvirtuado el destino que supuestamente debiera alcanzar: el voto con mano de yeso desacredita a la representación parlamentaria y la bala de goma rebota en el descreimiento de la opinión pública.

 

No es posible fracasar a partir del descreimiento. Por sí mismo, el descreimiento no comporta fracaso sino para quien identifique el destino con la cohesión de las creencias. Desde esa perspectiva, cierto aire heteróclito de la marcha juvenil,[4] en el marco de la lucha presupuestal de los gremios de la educación y en memoria de las luchas estudiantiles del pasado, no deja de fructificar con frescura. Los jóvenes no son uniformes ni se corresponden entre sí en unidad de acción, sino que ante todo son jóvenes y  las consignas que levantan también movilizan a muchos otros sectores.

 

Las fresas de la frescura fructifican en el seto de la multitud. Pero no es una multitud que pueda ser contenida o encauzada por una versión que todo lo articule en un único proceso, porque esta multitud transcurre por una muchedumbre de relatos. De ahí que el afán por registrar, identificar y detener individuos, inclusive a kilómetro y medio y por memoria de policía,[5] no logra sino espasmódicamente reeditar aquella oposición entre legalidad y violencia,[6] que quiso creer en las formas acartonadas ante todo.

 

La preocupación que ganó la escena mediática, en torno al enfrentamiento violento que hubiera podido generar la marcha estudiantil no es sólo un efecto de memoria cultural, sino también de economía simbólica. Manifiesta a las claras aquella bulimia moderna de trascendencia ante la forma, tiende por su propio fantasma a ubicar la transgresión como el límite del deseo.  Pero mal que le pese a la condensación normativa de la forma, que la transmuta en bala de goma o mano de yeso, el juego ya no es circular, ni corre riesgo de precipitarse en el abismo que se procura colmar de sentido.

 

Lo insondable fructifica en red. Abierta una ventana se lo ve, en la frescura de las fresas.


[1] Mondolfo, R. (1952) Lo infinito en el pensamiento de la antigüedad clásica, Eudeba, Buenos Aires, p.94.

[2] Sapere Aude! (Atrévete a saber!), la consigna kantiana.

[3] “Diputado del PCU criticó a Mujica y pidió más recursos para la educación” El Observador (15/08/13) http://www.elobservador.com.uy/noticia/257537/diputado-del-pcu-critico-a-mujica-y-pidio-mas-recursos-para-la-educacion/

[4] Rómboli, L. “Memoria renovada” La Diaria (15/08/13) http://ladiaria.com.uy/articulo/2013/8/memoria-renovada/

[5] Rómboli, L. “Tiros y tiras” La Diaria (16/08/13) http://ladiaria.com.uy/articulo/2013/8/tiros-y-tiras/

[6] Pernas, W. “El sutil control de las masas” Brecha (09/08/13) http://brecha.com.uy/index.php/politica-uruguaya/2284-el-sutil-control-de-las-masas

 

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