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Democracia siglo XXI

mes

agosto 2013

Las grandes lecciones de la crisis siria

Audio de Teódulo López Meléndez

Obama y Biden

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La reapropiación de la política

Vídeo de Teódulo López Meléndez

En Cuervo TV

Castoriadis

En Cuervo TV: Castoriadis, una lección de democracia http://www.worldtv.com/cuervo_tv

I have a dream, a 50 años

Martin Luther King

 

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Audios para el análisis

audio 3

Teódulo López Meléndez

Audio: “La muerte y la hipocresía sobre el mundo árabe”

Audio de Teódulo López Meléndez

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Es sólo el primer paso

el primer

 


 Por Alberto Medina Méndez

Al plantearse una meta, el camino siempre supone varias etapas. Es una secuencia, a veces larga y otras no tanto. Nunca es un sendero recto. Su recorrido propone escollos, desafíos, barreras y tragos amargos.

Lo importante es que la brújula siga mostrando el norte, para que el itinerario y las férreas creencias puedan seguir intactas. No existe un atajo que lleve hacia el objetivo sin sobresaltos. Mucho menos cuando se trata de la vida en sociedad. Allí, una inmensa cantidad de factores operan simultáneamente y alteran el entorno presentando diversos problemas.

El populismo es hoy una plaga que destruye a las sociedades. Promete un mundo donde unos trabajan para que otros no, invita a saquear a los que se esfuerzan para derivar recursos hacia el aparato político clientelar, ese que hace de la maquinaria electoral un verdadero fin en sí mismo.

Su erradicación supone permanentes aprendizajes, porque solo lo que se internaliza produce reales cambios de hábito. Los rechazos circunstanciales pueden ser solo espasmódicos gestos de repudio a un aspecto aislado del régimen demagógico. Se percibe a diario la seducción que engendra el populismo cuando propone progreso como un derecho sin esfuerzo previo, casi como un acto mágico, cautivando a los más abúlicos y a los que, durante generaciones, demandaron necesidades sin ofrecer nada a cambio.

Los tropiezos del populismo en los comicios es siempre importante. Pero no se debe caer en la trampa del exitismo, ese que se proviene de las pasiones deportivas y que transmite la falsa idea de que el torneo concluyó.

La historia siempre es un proceso, su evolución muestra como se recorre una transición de la fase actual hacia una novedosa forma diferente, casi siempre desconocida e impredecible.

Las circunstancias en política siempre exhiben una dosis de realismo, de pragmatismo, que resulta imprescindible para interpretar el presente y diseñar las acciones que conforman el próximo paso hacia la meta deseada.

Siempre se construyen opciones con lo que hay y no con lo óptimo. Hay que comprender aquello de que “;lo excelente es enemigo de lo bueno”;. La idea de buscar lo extraordinario es un desafío constante, pero no debe impedir el paso a paso que cualquier ciclo conlleva. No se llega de un lugar a otro, sin pasar previamente por los anteriores. No existe mecanismo alguno que traslade de una instancia a otra sin pesares, contratiempos o amarguras.

El camino al éxito está plagado de obstáculos, dilemas morales e incómodas decisiones. Habrá que poner a prueba el temperamento y las profundas convicciones, lo que en política implica “;buscar lo mejor, dentro de lo posible”;, pero también exigir mucho para potenciar a los destacados y estimular a los que aun no están, para que sean parte del cambio.

El trabajo de la sociedad civil debe operar al mismo tiempo en dos dimensiones. La de lo factible, tratando de que los menos malos desplacen a los peores, y en un plano más riguroso, convocando a los sobresalientes para que sean protagonistas del futuro, y así integrar a la política a los más decentes, íntegros, honestos, idóneos, creativos e inteligentes.

No se puede esperar a que estos últimos ingresen a la política para iniciar el camino hacia el porvenir. Se debe poder operar de modo sincrónico para que en algún momento se unan los puntos que encaminen a lo deseable.

Salvadas las enormes distancias, durante la segunda guerra mundial, occidente decidió aliarse a su peor adversario, el comunismo. Lo hizo pese a sus evidentes diferencias y a su rivalidad manifiesta. La prioridad era  terminar con el inmoral régimen nazi, que era indudablemente lo peor que le sucedía al planeta. Aquella alianza entre el marxismo y el mundo occidental seguramente fue criticada por muchos con dureza, pero resulto imprescindible. Prevaleció un objetivo superior, el de dejar atrás una de las historias más nefastas y crueles de la humanidad. El tiempo pondría las cosas en su lugar y el fracaso comunista se agotó varias décadas después.

La lucha política se hace por etapas, secuencialmente y merece ser entendida para no perder la perspectiva global cayendo en cierta ingenuidad. Las alianzas circunstanciales son siempre una coyuntura, una necesidad ocasional para ir de ese escalón al siguiente, en un paso a paso.

Hay que armarse de paciencia, de pragmatismo en el corto plazo, pero sin claudicar en las convicciones, porque son ellas, las que en la medida que se mantengan intactas, marcaran el sendero a recorrer.

Nunca los triunfadores de la última elección son lo perfecto, de hecho muchos de ellos son indignos, pero en el contexto actual no son lo peor de lo peor. Son tal vez un mero instrumento, que permite la transición de lo pésimo a lo menos malo. Con ese criterio, debe ser analizado el presente.

Cada turno electoral invita a tomar decisiones, muchas veces con dudas que suponen gran perturbación. Hay que animarse a superarlo, tratando de no renunciar a los principios básicos y ser atropellado en las propias convicciones, pero comprendiendo que no se está al final del camino, sino que este hito es solo el primer paso.


albertomedinamendez@gmail.com

skype: amedinamendez

www.albertomedinamendez.com

 

Libros: “Gobernanza inteligente para el siglo XXI”

 

Gobernanza

 

Carlos Requena

 

¿Cuál es la mejor forma de gobernar un mundo en profunda transformación? La respuesta procuran compartirla Nicolas Berggruen y Nathan Gardels en su libro intitulado Gobernanza inteligente para el siglo XXI.

Conforme a la reseña, consultable en www.editorialtaurus.com, esta obra analiza la unión de las mejores prácticas de gobierno en Oriente y Occidente como fórmula para afrontar los desafíos de la globalización.

Indican que, durante décadas, la democracia liberal ha sido aplaudida como el mejor de los posibles sistemas de gobernanza.

Sin embargo, esa categórica afirmación es hoy cuestionable, pues la democracia -en crisis en Occidente- debe probar su vigencia.

En Occidente, argumentan Berggruen y Gardels, ya no vivimos en “democracias industriales”, sino en “democracias consumistas” en las que se impone el cortoplacismo. En contraste, la visión a largo plazo de los líderes chinos empuja a su nación hacia el futuro.

Pero China también se enfrenta a desafíos derivados de su meteórico ascenso: su floreciente clase media cada vez exigirá más participación, mejores mecanismos de control de la responsabilidad política, el freno a la corrupción y la ampliación del imperio de la ley.

La reseña narra que, en la medida de que el siglo XXI avance, estos dos sistemas deberán competir en un mundo auténticamente multipolar en el que ninguna potencia domina en solitario y en el que las sociedades son cada vez más diversas.

Para hacer frente a estos retos, es necesario un nuevo sistema de “gobernanza inteligente” que delegue el poder e implique verdaderamente a los ciudadanos en las cuestiones que los afectan, con el fin de reconciliar la democracia informada con la meritocracia responsable.

Este libro es una guía conceptual y práctica de los desafíos a los que se enfrenta la buena gobernanza en un mundo que se verá sometido a una profunda transformación en las próximas décadas. Muchos líderes comentan la obra.

Remedio contra las democracias disfuncionales

Michael Spence, premio Nobel de Economía, comenta que es un libro brillante, agudo y provocador sobre el tema central de nuestro tiempo: la gobernanza efectiva. Las democracias y los sistemas autocráticos se encuentran ambos en peligro de fracasar a gran escala. Los autores invitan, valientemente, a nosotros y a la siguiente generación, a abordar este problema de frente, con humildad y con mente abierta.

Arianna Huffington, directora de Huffington Post/AOL, asegura que los autores aportan una valiosa visión de por qué nuestras democracias occidentales se han vuelto tan disfuncionales. Y sostienen que sólo si desarrollamos una perspectiva de gobernanza a largo plazo, la “democracia de consumo” actual socavará su propio futuro. Un brillante punto de partida para un debate que se necesita con urgencia: el de cómo nos gobernamos en esta nueva era.

Nouriel Roubini concluye: diríase que Berggruen y Gardels están en todas partes -en Pekín y en Roma, pasando por la ciudad de México-, que conocen a todo el mundo, y que fecundan ideas más allá de cualquier frontera. Están dotados de determinación y recursos para poner en práctica ideas valiosas y originales.

Balas de goma, manos de yeso y fresas de la frescura

amargura

Ricardo Viscardi

 

Desde su mismo título, el film “Las fresas de la amargura” traduce mal una aporía que, por el contrario, sí expresa el título en inglés del tema principal de la banda sonora: “The circle game” (El juego en círculo). El círculo configura una aporía del movimiento, en cuanto la rotación circular compone una forma que no llega a diferenciarse de la quietud. Ese inmovilismo del movimiento, se distingue de cualquier otro movimiento o inmovilidad, en cuanto la misma noción de cambio supone contingencia y limitación de la forma.[1] Por el contrario, una forma que se confirma en el propio movimiento supera por sí misma toda precariedad.

 

La canción que se convierte en emblema del film relata cómo se contempla el pasado sin poder volver a él. La misma circularidad que se invoca se ve privada de trascendencia, eterno ensayo de un retorno inconcluso, fatalmente ajeno a lo que intenta lograr. Tal impotencia de la mirada arroja cierto descrédito, consabido y quejumbroso, sobre una teoría que no cunda más allá de sí misma.

 

Sin embargo, el título “Las fresas de la amargura” también expresa la imposibilidad de alcanzar lo anhelado: la dulzura del fruto. La metáfora que domina la película alude a la promesa que encierra la condición estudiantil para la juventud de los protagonistas, en una continuidad de vínculo inefable entre el amor, el entusiasmo y el compromiso. Esa progresión gradada no deja de involucrar entre sí el sentimiento, el saber y el mundo, ni  la condición estudiantil y la finalidad política. El sueño de la juventud y el sueño de la revolución, reunidos en la racionalidad subversiva de la modernidad,[2] se traducen en la nostalgia y el fracaso ante lo insondable, de cara a la noche de los tiempos.

 

Una izquierda que vota estratégicamente una rendición de cuentas presupuestal de cara al muro parlamentario, detrás del cual la increpa la incomprensión juvenil, vuelve a repetir el fracaso del sueño de la juventud y el sueño de la revolución reunidos. Pero esta vez los sueños no se reúnen juvenilmente, como en los enamorados fracasados de “Las fresas de la amargura”, sino que tan sólo los reúne la imposibilidad de aquella juventud, ante una juventud en la calle que les grita su fracaso. Han triunfado: están sentados en los escaños parlamentarios, han fracasado: quienes debieran heredarlos los increpan.

 

La circularidad del juego o el juego de la circularidad se manifiestan una y otra vez en la distancia entre la mirada que ve y la visión que escapa. El hiato está lleno de sentido y por eso mismo separa. Hay que votar juntos en acuerdo o en desacuerdo, en convicción o descreimiento, para mantener la cohesión de falange institucional que luego redunde en recolección de votos entre el cuerpo electoral.[3] La cohesión vale por sí misma, porque es la misma mismidad de cualquiera que admire la coherencia monolítica, poco importa que esta tome el signo de la manipulación mediática, para justificar la renuncia ideológica, o el de la omertá, para preservar una impunidad condenada por la memoria.

 

El voto por disciplina partidaria con mano de yeso y el disparo con bala de goma que no mata cumplen con el designio del sentido ante sí mismo: preservar la mayoría parlamentaria y la vida humana. Sin embargo, en los dos casos la prótesis ha desvirtuado el destino que supuestamente debiera alcanzar: el voto con mano de yeso desacredita a la representación parlamentaria y la bala de goma rebota en el descreimiento de la opinión pública.

 

No es posible fracasar a partir del descreimiento. Por sí mismo, el descreimiento no comporta fracaso sino para quien identifique el destino con la cohesión de las creencias. Desde esa perspectiva, cierto aire heteróclito de la marcha juvenil,[4] en el marco de la lucha presupuestal de los gremios de la educación y en memoria de las luchas estudiantiles del pasado, no deja de fructificar con frescura. Los jóvenes no son uniformes ni se corresponden entre sí en unidad de acción, sino que ante todo son jóvenes y  las consignas que levantan también movilizan a muchos otros sectores.

 

Las fresas de la frescura fructifican en el seto de la multitud. Pero no es una multitud que pueda ser contenida o encauzada por una versión que todo lo articule en un único proceso, porque esta multitud transcurre por una muchedumbre de relatos. De ahí que el afán por registrar, identificar y detener individuos, inclusive a kilómetro y medio y por memoria de policía,[5] no logra sino espasmódicamente reeditar aquella oposición entre legalidad y violencia,[6] que quiso creer en las formas acartonadas ante todo.

 

La preocupación que ganó la escena mediática, en torno al enfrentamiento violento que hubiera podido generar la marcha estudiantil no es sólo un efecto de memoria cultural, sino también de economía simbólica. Manifiesta a las claras aquella bulimia moderna de trascendencia ante la forma, tiende por su propio fantasma a ubicar la transgresión como el límite del deseo.  Pero mal que le pese a la condensación normativa de la forma, que la transmuta en bala de goma o mano de yeso, el juego ya no es circular, ni corre riesgo de precipitarse en el abismo que se procura colmar de sentido.

 

Lo insondable fructifica en red. Abierta una ventana se lo ve, en la frescura de las fresas.


[1] Mondolfo, R. (1952) Lo infinito en el pensamiento de la antigüedad clásica, Eudeba, Buenos Aires, p.94.

[2] Sapere Aude! (Atrévete a saber!), la consigna kantiana.

[3] “Diputado del PCU criticó a Mujica y pidió más recursos para la educación” El Observador (15/08/13) http://www.elobservador.com.uy/noticia/257537/diputado-del-pcu-critico-a-mujica-y-pidio-mas-recursos-para-la-educacion/

[4] Rómboli, L. “Memoria renovada” La Diaria (15/08/13) http://ladiaria.com.uy/articulo/2013/8/memoria-renovada/

[5] Rómboli, L. “Tiros y tiras” La Diaria (16/08/13) http://ladiaria.com.uy/articulo/2013/8/tiros-y-tiras/

[6] Pernas, W. “El sutil control de las masas” Brecha (09/08/13) http://brecha.com.uy/index.php/politica-uruguaya/2284-el-sutil-control-de-las-masas

 

Audio: “El fantasma argelino sobre Egipto”

Audio de Teódulo López Meléndez

audiohttp://www.ivoox.com/en-fantasma-argelino-sobre-egipto_md_2286485_1.mp3″ <a href=”http://www.ivoox.com/en-fantasma-argelino-sobre-egipto-audios-mp3_rf_2286485_1.html&#8221; title=”En fantasma argelino sobre Egipto”>Ir a descargar</a>

Radionexx entrevista a Teódulo López Meléndez

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http://www.radionexx.com entrevistó a Teódulo López Meléndez la tarde-noche del 8 de agosto 2013. Aquí la publicación en Youtube http://www.youtube.com/watch?v=MlEloGVJNU0

La procaz doctrina del chantaje

 

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 Por Alberto Medina Méndez

El populismo demagógico lleva décadas estimulando la ilusión del Estado del bienestar. Prevalece allí un sistema mercantilista, en el que se enriquecen funcionarios corruptos y esos que reciben prebendas desde el poder.

De la mano de un creciente intervencionismo estatal, han logrado una significativa concentración del poder. Lo consiguieron con una deformación del régimen impositivo, que centraliza recursos, quitar autonomía a las provincias y ciudades, violando el espíritu federal de la Constitución.

El esquema político ha sido funcional a este presente. Se han sucedido en forma intermitente, salvo honrosas excepciones, líderes mesiánicos y gobiernos cívico-militares que recorrieron idéntico camino, construyendo este engendro que sigue vigente como paradigma del poder.

La característica principal es la presencia de un Estado central gigante, omnipresente, pero también arbitrario, ineficaz y corrupto, que se apropia de la inmensa mayoría de los recursos al recaudar y disponer sin criterio de los impuestos que pagan todos, que utiliza el monopolio de la emisión monetaria a discreción y manipula cualquier negociación de endeudamiento.

Esta modalidad no se construyó hace semanas, sino que lleva décadas progresando, a veces gradualmente y en otras ocasiones, creciendo vertiginosamente. Bajo esa dinámica, mutó del estado federal al unitario, de un conjunto de provincias y ciudades que tenían la voluntad política de buscar un destino común, a este presente con una nación poderosa que somete a las provincias, bajo el yugo de la redistribución económica.

Los intendentes aliados, los gobernadores amigos, hasta los candidatos del oficialismo, gozan del privilegio del financiamiento ilimitado. El partido del gobierno usa la caja del Estado como si fuera propia y arbitrariamente decide a que ciudades y provincias ayudar, a que dirigente político apuntalar, hacia donde direccionar esfuerzos, como si ese dinero le perteneciera a la facción mayoritaria del poder.

Ya ni siquiera intenta disimularlo. Se hace a cara descubierta y hasta se dice a viva voz sin pudor alguno, que para que los fondos públicos lleguen a una ciudad o provincia, solo hay que apoyar electoralmente al candidato del color partidario del gobierno central.

Se trata de un mecanismo extorsivo, pero que cuenta ahora con el agravante de haberse naturalizado, de no tener siquiera un reproche moral por parte de los votantes. No es una casualidad, sino una filosofía política, que consiste en acumular dineros públicos, mediante el voraz saqueo a los ciudadanos, para luego utilizarlos en provecho propio del poder y chantajear a todos diciéndoles que ese dinero fluirá SOLO si ellos se someten electoralmente ungiendo al personaje indicado por el gobierno.

Los votantes, en ese esquema, son llevados a la posición de rehén. Sus opciones son avenirse a lo que plantea el poder, o ser habitantes de segunda como castigo por no avalar al candidato oficial.

Es grave que un inescrupuloso político lo proponga y que una banda de aduladores aplauda estas indecentes prácticas, pero más trágico es que un grupo de ciudadanos tan numeroso actúe en consecuencia, siendo funcional, para claudicar mansamente a esa inmoral propuesta.

Hacerlo, doblegarse con tanto servilismo utilitario, darle entidad lógica a esa indecente proposición política implica la negación de la dignidad, la prostitución de las ideas, donde se canjean favores económicos a cambio de hacer lo incorrecto, forzando la voluntad de los ciudadanos.

No es un caso aislado, se ha convertido definitivamente en una forma de hacer política, demasiado frecuente, extremadamente popularizada y que parece haber llegado para quedarse.

Los ciudadanos tendrán que comprender que si le fijan precio a sus creencias, serán objetos de uso y material de descarte de una casta política que demuestra su vocación de utilizarlos para sus fines, sin que importen demasiado sus verdaderos intereses y genuinas preocupaciones. Esta forma de hacer política, se está convirtiendo en una regla de juego sin discusión, una pauta incuestionable, un dato de la realidad.

Pero existe un modo concreto de enfrentarlo, que es tener algo de dignidad, asumir que los seres humanos y nuestras convicciones personales no son una mercadería que pueda ser adquirida a la vuelta de la esquina. Para eso resulta vital entender lo que pasa y no estimular con el voto este hábito. Si los votantes deciden acompañar este indecente ejercicio político se convierten en cómplices de la corrupción y en parte vital del sistema que tantas veces critican pero finamente convalidan con acciones concretas.

Es tiempo de repensar la política. Sus actores avanzan siempre que tienen respaldo electoral para hacerlo. Si no se tiene la dignidad cívica suficiente para no dejarse extorsionar, se pierde la autoridad moral para cuestionar al régimen. Mientras tanto se asiste al patético espectáculo que ha montado la procaz doctrina del chantaje.


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Alianzas y pactos “por México”

Pacto-por-México

 

Por Antonio Limón López

 

MIS REFORMAS ESTRUCTURALES I

ANTECEDENTES

 

El 13 de marzo de 1961, el presidente John F. Kennedy ofreció a los países latinoamericanos la creación de una alianza para resolver los problemas del continente, que como ahora eran el subdesarrollo, la pobreza, las enfermedades endémicas. Entonces existían también otros problemas como el analfabetismo y la carencia de profesionales necesarios para el desarrollo, a estos males de la época, habría que agregar la influencia soviética, dado que Estados Unidos estaba en plena “guerra fría” contra la potencia eslava; a Kennedy le interesaba que sus vecinos fueran sus aliados no solo por sometimiento sino por conveniencia. Esa alianza fue la “Alliance for Progress”.

 

Los antecedentes de la “Alianza para el progreso” se afincaban  en la experiencia norteamericana, en 1919 esa potencia participó en las discusiones para la paz al termino de la “Gran Guerra” (Primer guerra mundial), su resultado fueron los “Tratados de Paris” que incluyeron clausulas políticas, indemnizatorias, de comercio, financieras, económicas, de industria y de límites territoriales; Estados Unidos entre 1933 y 1938 implantó, su propio territorio el “New Deal” o “Nuevo Trato” por medio del cual se enfrentó a la crisis derivada del “crac” bursátil de 1929, fue un amplio plan con medidas para incentivar la economía norteamericana.

 

También EEUU participó en la “Conferencia de Yalta” con la que se decidió la suerte de los derrotados al término de la Segunda Guerra Mundial, también celebró el armisticio con el Japón, y por su sola cuenta sostuvo el “Plan Marshall” que alimentó a Europa del Este y posteriormente, se concentró en el desarrollo industrial del imperio del sol naciente, así que los norteamericanos eran expertos en planes de salvación, de recuperación o de estabilización que requerían “pactos” o alianzas con soluciones políticas, técnicas, económicas e incluso militares en el mismo paquete.

 

La “Alianza para el progreso” no fructificó debido al asesinato, en 1963, del presidente Kennedy, sin embargo gracias a sus preparativos los políticos latinoamericanos conocieron la forma norteamericana para solucionar problemas, algo nuevo, pues hasta entonces Estados Unidos se había concretado a imponer tiranos o a apoyar, en el mejor de los casos a nuestros regímenes despóticos.

 

Entre los presidentes latinoamericanos que participaron en la Alianza para el progreso estaban Rómulo Betancourt (fundador  de la OPEP), Fernando Belaúnde Terry, Eduardo Frei Montalva que entregó el mandato presidencial a Salvador Allende, Alberto Lleras Camargo, además de demócratas que fueron sucedidos por dictaduras, como Arturo Frondizi y Jânio Quadros, pero todos tuvieron proyección política internacional y recurrieron a soluciones “técnicas”, a pactos y a alianzas dentro de sus propios países.

 

A pesar de malograrse la “Alianza para el progreso”, aportó dos ideas a los gobiernos latinoamericanos: La primera fue la de crear grandes “alianzas” o “pactos” políticos con las partes interesadas en un plano de igualdad y de colaboración sincera y la segunda, la necesidad de que esos “pactos” se materializaran con “reformas” a los sistemas políticos y económicos, para esto colaborarían “políticos” y “técnicos expertos”. Por último, descubrieron el éxito propagandístico de las “alianzas”, pues eran noticia de portada en todos los medios de comunicación de la época, lo que sorprendió a nuestros gobernantes amantes del boato y la pompa.

 

En 1964 el presidente Gustavo Díaz Ordaz, inició su gobierno en México utilizando el lenguaje que caracterizó a la “Alianza para el progreso”, habló con todas las partes políticas y empresariales, ofreció comicios libres, elecciones limpias, respeto a la voluntad de los electores, una reforma fiscal y administrativa para impulsar los negocios, protección a los fabricantes nacionales y esto fue creído por muchos empresarios y por los partidos políticos de la época, sin embargo en las elecciones de 1968 y 1969 la Secretaría de Gobernación cometió sendos fraudes electorales en Baja California y Yucatán; en la ciudad de México ocurrieron los asesinatos de estudiantes a manos del ejército en la Plaza de Tlatelolco, y el lidero ferrocarrilero Demetrio Vallejo siguió encarcelado en Lecumberri,  por lo que cualquier intención de pacto o alianza democrática se vio traicionada desde la presidencia de la república.

 

No obstante, el secretario de gobernación Luís Echeverría Álvarez, instituyó en 1969 un programa reformista denominado “Desarrollo Compartido” que ofrecía cambios democráticos y nuevas reglas en favor de las empresas mexicanas, como simplificación de trámites, consolidación de funciones, un sistema de crédito moderno, pero de nueva cuenta, tanto como secretario de gobernación y luego como presidente del país, su gobierno fue centralista y no admitió cambio alguno en materia política, al contrario, intensificó el culto a la personalidad, el presidencialismo, la antidemocracia, las designaciones de candidatos y de gobernantes, el amiguismo y se confrontó abiertamente con los empresarios, los estudiantes, los intelectuales e incluso en el plano internacional llevó una política errática y de sesgo personal.

 

El presidente sucesor, José López Portillo se benefició con el descubrimiento de la cuenca petrolera “Cantarel”, por lo que México obtuvo grandes créditos para su desarrollo, sin embargo una pésima administración de la riqueza, condujo a una severa crisis con la que cerró el sexenio en medio de devaluaciones y profiriendo amenazas: “Ya nos saquearon. México no se ha acabado. ¡No nos volverán a saquear!”, gritó en su último informe de gobierno. López Portillo imitó a la Alianza para el progreso de Kennedy con sus propias alianzas, ellas fueron, por orden de aparición, la “Alianza para la Producción”, el “Plan Nacional de Zonas Deprimidas y Grupos Marginados”, el “Sistema Alimentario Mexicano” y el “Plan Global de Desarrollo”. Terminó entre gigantescos fracasos y en grandes derroches presupuestales.

 

El siguiente presidente, Miguel de la Madrid Hurtado, elaboró tantos o más programas, alianzas y pactos que sus predecesores, en su primer año de gobierno implementó el PIRE (programa Inmediato de Reordenación Económica), debemos recordar  el programa por la “Renovación Moral de la sociedad”, el “Plan Global de Desarrollo” y estableció constitucionalmente el “Sistema de planeación democrática” que da origen a cientos de programas anuales, trianuales, sexenales y de largo plazo, tanto de cada secretaría, de cada organismo público, de cada sector productivo, tanto en la federación, como en los estados y municipios, los cuales constituían monumentales donaciones del gobierno a la industria recicladora de papel, hasta la aparición de los medios digitales. A partir de octubre de 1987 el peso inició un proceso de devaluación que en 1988 acumuló un 3,100%; el peso llegó a cotizarse a 3,200 por un dólar, el papel moneda parecía basura y se pagaban con gruesos fajos de billetes cualquier compra en la tienda de la esquina, el gobierno de Miguel de la Madrid intentó entonces otro pacto, el “Pacto de Solidaridad Económica”, mejor conocido como el “Pacto de agresión”. Ningún otro presidente cometió tantos fraudes electorales, ni tan descarados como este, a su muerte fue honrado por el Presidente Felipe Calderón como si hubiera sido un héroe nacional.

 

En este punto el desprestigio de los pactos era absoluto, los firmantes eran practicamente obligados a comparecer a la firma de estos pactos por cuyo medio se quería rescatar algo del crédito del gobierno ante los diferentes “sectores” productivos y sociales, parecía que nadie más intentaría firmar uno de ellos, sin embargo estaba a punto de celebrarse el pacto más importante y de mayor trascendencia.

 

En julio de 1988 los cómputos fraudulentos de las elecciones presidenciales dieron como ganador a Carlos Salinas de Gortari, sus opositores Manuel de Jesús Clouthier y Cuauhtémoc Cárdenas encabezaron una rebelión que amenazó con destruir el anquilosado y antidemocrático sistema político. Para esa época los fraudes electorales eran la principal institución política de México, pero el fraude de 1988 ocurrió en un momento en que el mundo ya no se preocupaba por la guerra entre las superpotencias y por ello, prestó atención al caso mexicano. Para que Carlos Salinas de Gortari se quedara en la presidencia, era necesario el apoyo de diputados ajenos al PRI en el Colegio Electoral. Finalmente el PAN, dirigido por Luís Héctor Alvarez votó en favor de la aprobación de los comicios, esto fue como pago anticipado de un “pacto” no escrito, por medio del cual el régimen reconocería los resultados de proceso electorales limpios e implementaría, de la mano del PAN, una amplia variedad de reformas, económicas y políticas, incluso constitucionales en los temas “tabú” del sistema.

 

Las consecuencias de ese pacto, fueron de un amplia aliento, casi equivalió a una refundación del país, de inmediato se manifestaron con el reconocimiento a los resultados electorales de Baja California en 1989, en ellos el PAN ganó las elecciones no solo para gobernador sino para munícipes en Tijuana y Ensenada y la mayoría de diputados del congreso, después la oposición siguió ganando elecciones, excepto el PRD, al cual les serían reconocidas a partir de la presidencia de Ernesto Zedillo.

 

Ni durante el gobierno de Zedillo, ni durante los gobiernos de Vicente Fox Quezada y Felipe Calderón se volvió a mencionar la palabra “pacto”, no obstante siguieron intentándose, pues el presidente Fox supuestamente celebró un “pacto de caballeros” con el PRI para que se aprobaran las “Reformas Estructurales” que había elaborado el gobierno de Ernesto Zedillo y que el PAN había rechazado desde la oposición, pero que ahora consideraba indispensables; el pacto, en el caso de que hubiera existido no cumplió sus fines, las reformas estructurales fueron rechazadas por el PRI y el PRD, llevando al presidente Fox al primero de sus muchos fracasos. El presidente Felipe Calderón con mejor conocimiento de la naturaleza dual del PRI, ni siquiera intentó lograr un pacto para aprobar las reformas estructurales, que eran precisametne las mismas de Ernesto Zedillo.

 

Con la victoria del PRI en las elecciones del 2012, el presidente Enrique Peña Nieto resucita a los pactos escritos, que ya eran parte de la historia olvidada, pero a diferencia del pasado ahora los convocados no fueron ni los empresarios, ni los campesinos, ni los sectores obrero o popular como era lo normal, sino que convocó a los verdaderos dueños del control político del país, a las cúpulas de los partidos políticos dominantes en las cámaras legislativas federales y locales, es decir a las cúpulas del PRD y del PAN. Este es un pacto que tiene hasta adéndum y con el cual el presidente Enrique Peña Nieto pretende, en realidad, amaestrar a sus “opositores”, para lo que pueda necesitar, so pretexto de aprobar “reformas” que realmente conducen al fortalecimiento de la figura presidencial, a la manera del PRI de siempre, pero con nuevos comparsas.  

 

Por Antonio Limón López

MÉXICO 2013 – 2031

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