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Democracia siglo XXI

fecha

marzo 19, 2009

Poder instituyente

a

por Teódulo López Meléndez

Las instituciones dialogantes de la democracia representativa son lo que denominamos burocracia. Frente a este anquilosamiento se alza lo que hemos dado en llamar poder instituyente. En el caso venezolano la pregunta es si la sociedad puede constituirse como tal, en primer lugar frente a un poder autoritario con deseos de perpetuarse y frente a una organización opositora con las mismas características del pasado y que dieron lugar a lo segundo. Este poder instituyente debe estar en capacidad de pasar por encima de lo instituido y producir otro cuerpo social con características derivadas del planteamiento teórico que la llevó a insurgir. En otras palabras, deben estar en capacidad de pasar sobre el poder, no sólo el que encarna el gobierno, sino las propias formas que la sociedad instituida ha generado y que la mantienen inerme. En otras palabras, la sociedad instituyente debe servir para crear nuevas formas y no una repetición de lo existente. En el caso venezolano tenemos una sociedad instituida de características endebles, bajo la presión de las instituciones secuestradas y cuyas decisiones de resistencia están en manos de partidos débiles que se reproducen en los vicios tradicionales de las organizaciones partidistas desaparecidas y que en el fondo no hacen otra cosa que indicar una vuelta al pasado, a las instituciones de la democracia representativa con diálogo, consenso y acuerdos, sin alterar para nada la esencia de lo instituido.

Seguramente debemos ir hasta Cornelius Castoriadis para dilucidar que detrás de todo poder explícito está un imaginario no localizable de un poder instituyente. Así, se recuerda que los griegos, cuando inventaron la democracia trágica, acotaron que nadie debe decirnos como pensar y en el ágora se fue a discutir sobre la Polis en un proceso autoreflexivo. De allí Castoriadis: “Un sujeto que se da a sí mismo reflexivamente, sus leyes de ser. Por lo tanto la autonomía es el actuar reflexivo de una razón que se crea en un movimiento sin fin, de una manera a la vez individual y social”.

Ahora bien, de la democracia griega hasta la democracia representativa han pasado muchas consideraciones teóricas, hasta nuestros días cuando se habla de una democracia participativa. En otras palabras, la política ha desaparecido, en el sentido de la existencia de ciudadanos libres que permanentemente cuestionan reflexivamente las instituciones y a la sociedad instituida misma. Castoriadis juega con los artículos para asegurar que lo político ha sustituido a la política. Épimélia es una palabra que implica el cuidado de uno mismo y que da origen a la política, con el artículo “la”, para respetar las variantes conceptuales de Castoriadis. La libertad propia de la política ha sido exterminada, porque lo que se nos impone es como “pertenecer”.

Ahora bien, esta persona que piensa es un producto social. La sociedad hace a la persona, pero esta persona no puede olvidar que tiene un poder instituyente capaz de modificar, a su vez, a la sociedad. La persona se manifiesta en el campo socio-histórico propiamente dicho (la acción) y en la psiquis. Se nos ha metido en esa psiquis que resulta imposible un cambio dentro de ella que conlleve a una acción. Es cierto que las acciones de la sociedad instituyente no se dan a través de una acción radical visible. Nos toca, a quienes pensamos, señalar, hacer notar, que la participación impuesta en una heteronomía instituida, impide la personalización de la persona, pero que es posible la alteración del mundo social por un proceso lento de imposiciones por parte de una sociedad trasvasada de instituida a instituyente. La posibilidad pasa por la creación de articulaciones, no muy vistosas, es decir, mediante un despliegue de la sociedad sometida a un proceso de imaginación que cambie las significaciones produciendo así la alteración que conlleve a un cambio sociohistórico (acción). He allí la necesidad de un nuevo lenguaje, la creación de nuevos paradigmas que siguen pasando por lo social y por la psiquis. Partimos, necesariamente, de la convicción de que las cosas como están no funcionan y deben ser cambiadas (psiquis) y para ello debe ofrecerse otro tipo de sentido. La segunda (social) es hacer notar que la persona puede lograrlo sin tener un poder explícito (control de massmedia, un partido, o cualquier otra de las instituciones que tradicionalmente han sido depositarios del poder). Hay que insinuar una alteración de lo procedimental instituido. Se trata de producir un desplazamiento de la aceptación pasiva hacia un campo de creación sustitutiva. He puesto como ejemplo la no aceptación de los partidos verticales y su sustitución por una red social que permita el flujo de la voluntad ciudadana.

Apagar, disminuir, ocultar y frustrar el espíritu instituyente es una de las causas fundamentales de que los venezolanos vivamos lo que vivimos. Ahora tenemos al nuevo poder instituido tratando de crear un imaginario alterado al que no se le opone uno de liberación, en el sentido de soltar las posibilidades creativas del cuerpo social. En realidad lo único que se argumenta en su contra es la vuelta a la paz, a la tolerancia, al diálogo, manteniendo incólumes las viejas instituciones fracasadas. Alguien argumentó que siempre hay un porvenir por hacer. Sobre ese porvenir las sociedades se inclinan o por preservar lo instituido o por soltar las amarras de lo posible. En Venezuela debemos buscar nuevos significados derivados de nuevos significantes. Si este gobierno que padecemos continúa impertérrito su camino es porque los factores que lo sostienen se mantienen fieles a una legitimidad imaginaria. La explicación está en una sociedad instituyente constreñida, sin capacidad de poner sobre el tapete la respuesta al futuro.. Ya los griegos sabían que no podrá haber una persona que valga sin una polis que valga

Vivimos en lo instituido y, por si fuera poco, en un instituido aún más degenerado. Se está basando el presente en una legitimidad de la dominación, lo que hace dificultoso la transformación de la psiquis y su proyección hacia lo concreto histórico-social.

La transformación comienza cuando el cuerpo social pone en tela de juicio lo existente y suplanta el imaginario ofrecido. Se requiere la aparición de una persona con su concepción del Ser en la política, uno que se decide a hacer y a instituir. El asunto radica en que domesticar al venezolano no es posible. El planteamiento correcto es inducir que la vida humana no es repetición, y muchos menos de los enclaves políticos, y encontrar de nuevo en la reflexión y en la deliberación un nuevo sentido. No estamos hablando de una “revelación” súbita sino de la creación de un nuevo imaginario social. Así, sin llenarse de ideas y pensamiento sobre el futuro por hacer no será posible cambiar lo existente. La posibilidad instituyente está oculta en el colectivo anónimo. De esta manera hay que olvidar la terminología clásica. El máximo valor no es un poder constituyente. Lo es un poder instituyente, lo que no quiere decir que no se institucionalice lo instituyente, para luego ser cuestionado por la nueva emersión de lo instituyente. La democracia es, pues, cambio continuo. Todo proceso de este tipo transcurre -es obvio- en una circunstancia histórica concreta. En la nuestra, en la de los venezolanos de hoy, no podemos temer a lo incierto del futuro. Lo instituyente no es calificable a priori como bueno o malo. Ello es posible en una democracia viva. La clave está en hacerlo posible bajo un régimen que impone.

teodulolopezm@yahoo.com

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Articulación política y acción comunicativa

b

por Alfonso Torres

De ahí que un proyecto político que quiera aportar a la profundización de la democracia y la consolidación de sus instituciones está desafiado a apostar, más que por los modelos organizativos, por las acciones comunicativas.

Al momento de pensar la articulación de un movimiento político en el contexto actual del país se nos viene encima el peso de la concepción política organicista de la sociedad. Desde principios del siglo XX la política se ha desarrollado en sus componentes instrumentales en ambos bandos de la guerra fría. La razón instrumental derivada de la filosofía de la conciencia y de alianzas de sujetos explotados en pos de una “utopía” liberadora ocupó el centro de las producciones teóricas que orientaron la acción.

Desde Para qué la acción de Simone de Beauvoir de finales de los años 40, y las reflexiones políticas de Hannah Arent, conjuntamente con el Eclipse de la razón de Adorno y la Escuela de Fráncfort, las reflexiones acerca de la acción política libertaria tomó nuevos caminos.

Con la caída de los muros y la entrada en una época global el pensamiento crítico estructuró su hermenéutica con los temas de las sociedades abiertas y los teóricos liberales de la democracia. El choque de escuelas y de visiones dio lugar a un pensamiento complejo conjugador de vertientes múltiples y heterogéneas que fueron marcando huellas y ocupando vacíos de paradigmas de finales del siglo pasado.

Democracia es promesa, construcción, diversidad, autonomía, interculturalidad. Comunicación inter-subjetiva basada en códigos que revelan signos culturales, semióticas y niveles de información diferenciados. Variadas concepciones de ella misma conviven en el interior de este sintagma cuya genealogía más inmediata y cercana en América se remonta a Tocqueville y sus célebres estudios del mundo de la vida en Estados Unidos.

Una política democrática entonces toma en cuenta los ADN de los actores con los que trabaja y a partir de los cuales se propone interpelar el resto social. Por lo tanto habría que evitar una estructura organizativa que tenga por finalidad homogenizar, estructurar la acción, jerarquizar roles y actuaciones, superponer mandos, centralizar y concentrar la autoridad.

Entiendo que debemos hacer lo contrario. Auspiciar la diversidad, sacar provecho de la heterogeneidad, conjugar lo distinto sin tratar de convertirlo en único, y motivar para que puedan expresarse generaciones desiguales, variados sectores e intereses dentro de un mismo movimiento. Esto podría parecer inviable, y talvez lo sea, pero hasta ahora lo unísono, lo homogéneo, lo centralizado, lo totalitario es lo que se ha impuesto como forma de construcción política y los resultados humanos de este tipo de acción ya lo conocemos.

La fuerza del bi

Contrario pasa con la música. El bi digitalizado surgido en la Alemania unificada después de la caída del muro (good bye Lenin) da cuenta del poder de la música electrónica como uno de los fenómenos más espectaculares del siglo XXI. El bi se fusiona y al hacerlo genera su fuerza avasalladora. Las masas se electrocutan y se lanzan al vacío de la existencia reconociéndose en el parpadeo de imágenes ilusorias convertidas en realidad por el efecto de ritmos disímiles provenientes de todas las culturas. En la mezcla, en la fusión reside y se oculta la seducción, el contagio, la fuerza capaz de transformar lo imposible en posibilidad, lo irreal en realizable.

Podríamos entonces partir de que como la música somos signos y bi, y que igualarnos se hace no solamente innecesario sino que sería una pérdida de potencia y de riqueza. ¿Puede esto impedir articular actuaciones conjuntas en el sentido político? Es un dilema a resolver pues si la acción quiere seguir siendo política ha de tomar en cuenta esta cuestión. Mujeres y hombres somos distintos. Jóvenes y viejos separados por brechas generacionales tanto como campesinos, obreros, estudiantes, profesionales, comerciantes, empresarios que forman redes complejas tejidas bajo ciertas lógicas de poder.

Tenemos menos en común de lo que por lo general consideramos. De ahí que sea imposible encerrar en una ideología el interés y los saberes de un grupo o de una persona. Al formular los postulados básicos del neoliberalismo, que dieron pie al consenso de Washintong, Hayec estudió a profundidad la naturaleza del ser para levantar una propuesta de organización de la producción de bienes, de circulación de mercancías y de su consumo acorde con la voluntad de poder que da impulso a toda acción humana.

De otro lado, la racionalización de los estilos de vida en los socialismos reales o existentes tiene como fundamento la razón instrumental que tiende al autoritarismo. Una economía planificada que intenta controlar y pautar la creatividad individual pierde de vista ese basto infinito que es el Ser. En Totalidad e infinito Emmanuel Levinas encontró en esa la mirada del otro lo distinto que se esconde en cada ser humano y en esa distinción la infinitud de sus potencialidades. De ahí que la solidaridad, la a-cogida, la apertura y el acontecimiento sean nociones que nos proporcionan otro modo de ver la política si la asumimos desde una ética dialógica y comunicacional que da cabida a la condición postmoderna del ser contemporáneo (Lyotard).

Ahora bien. ¿Por qué siendo diversos nos conjugamos para hacer política? Porque la política hoy es acción común de lo plural. Ciudadanos y ciudadanas obligados a pactar sus individuales para convivir en paz y en armonía con la naturaleza tomando en cuenta su voluntad de poder destructora y animal. Es lo que hace surgir el Estado como control del Leviatán (Hobbes).

Acción comunicativa

En la actualidad se trata de ciudadanos subsumidos y subordinados por una política antidemocrática que les impide su realización. Nos juntamos libremente y nos valemos de los saberes acumulados para vivir mejor, para aprovechar de mejor manera nuestras potencialidades, para ser más libres y para que haya más justicia, he ahí la pertinencia de la democracia, paradigma que más allá de lo jurídico se concreta con los procedimientos y la reglamentación por la acción comunicativa (Habermas vs. Rawls).

De ahí que un proyecto político que quiera aportar a la profundización de la democracia y la consolidación de sus instituciones está desafiado a apostar, más que por los modelos organizativos, por las acciones comunicativas. Entendiendo comunicación como el espacio en disputa de lo público donde la democracia toma cuerpo.

Comunicar nuestras ideas, seducir y contagiar contingentes poblacionales, articular sectores con microrelatos atractivos, crear iconografía y semióticas que identifiquen ideas, relevar imágenes de-constructivas de verdades obsoletas son las armas de lucha de un proyecto político que pretende introducir innovaciones y vivificaciones en la sociedad.

Por lo tanto, la acción política contagiosa, seductora y liberadora de energías es contraria a toda organización arreglada a fines orientados por la razón instrumental. La razón comunicativa y dialogante escoge como escenario de su práctica el espacio de lo público y las corrientes de opinión de modo que en esta simbiótica vayan surgiendo las mejores formas y prácticas organizativas.

Por eso más que de construir un movimiento pienso que debemos hablar de articular los movimientos que ya existen como expresión de intereses preestablecidos en la sociedad. Seducirlos y contagiarlos con nuevos relatos del mundo de la vida, asidos a los signos del tiempo y de saberes sometidos (Foucault) de jóvenes y de mujeres que aspiran a otro país posible.

Un movimiento de movimientos, enfatizando que de lo que se trata es de articular la diversidad procurando que la misma pueda ser expresada en un clima de respeto y de autonomía. Por consiguiente la dirección política ha de estar sujeta a estos principios y debe promoverlos como fundamento de los modos organizativos.

Jans Jonás y su ética ecológica, Habermas y su democracia deliberativa, Derrida y su deconstrucción, Rorty y su contingencia encontraron eco tardío en América Latina para amortiguar un debate que apenas comienza y que tiende a abrirse campo con el giro a la izquierda, si se me permite tal vocablo, del continente americano.

Un movimiento político contemporáneo está compelido a hacer acopio de nuevas visiones y debates para iluminar su práctica y superar conceptos políticos excluyentes corroídos por el tiempo social. Las nuevas tecnologías, la revolución internetiana, los límites de los recursos naturales, el respeto de los estilos de vida y de los derechos de minorías, así como la economía y la política en la era de la globalización digital obligan a reflexiones que ameritan poner en tensión la imaginación creadora.

Superar los grandes relatos, las exclusiones, las utopías de un mundo fantástico, las totalidades y la autoridad cientificista de los saberes se hace imposible desde una visión cultural anquilosada y desde unas prácticas políticas acríticas y conservadoras muy presentes entre los actores que en República Dominicana asumen discursos de transformación, ciudadanía y democracia más como retórica que como compromiso cotidiano.

Democracia y juegos de lenguaje

Encarar los temas de los juegos de lenguaje, de los códigos comunicaciones como significantes de relaciones de poder, desempeña un rol estelar a la hora de plantearse la participación política de una asociación de ciudadanos y ciudadanas que se interpelan y que quieren dotar de nuevos sentidos y direccionalidad la crítica social.

Si asumimos que de lo que se trata es de contribuir a la generación de nuevas prácticas y de nuevas visiones de la política que se entronquen con la aspiración de una sociedad democrática, es oportuno preguntarse a qué nos referimos cuando hablamos de democracia.

* Periodista

CAMBIOS SIN COMPLICIDADES

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por Pedro Corzo

La llegada del presidente Barack Obama a la Casa Blanca ha estimulado a los sectores que promueven un cambio de política hacia el gobierno de Cuba. Los argumentos en cierta medida son los mismos del pasado, pero en esta ocasión se sostienen sobre la propuesta del mandatario de producir un cambio en las relaciones de Washington con La Habana.

La afirmación de que la situación en Cuba no ha cambiado en 50 años como exponen dirigentes de organizaciones defensoras de los derechos humanos, centros académicos y personalidades de prestigio internacional es una realidad, pero muy frágil, ya que se soporta en la hipótesis de que la sobrevivencia del totalitarismo es consecuencia de la política hostil de Estados Unidos hacia Cuba, por lo que obvian una realidad mas concreta, y es que entre el Gobierno de Cuba y la mayoría del pueblo, hay un diferendo que nada tiene que ver con el embargo y Estados Unidos.

Además es indiscutible que la influencia que tienen los cubanos en las diferentes vertientes de la vida política estadounidense hace que en ocasiones las relaciones con Cuba tiendan a parecer como un asunto interno de este país, pero no es así, Cuba no es parte de la Unión Americana por lo que ésta no tiene que determinar el futuro de nuestra nación.

Sin duda alguna muchas de las personas, instituciones y gobiernos que están a favor de relajar las restricciones del gobierno de Estados Unidos a la isla, incluyendo el embargo, rechazan la dictadura imperante en la isla y favorecen un cambio genuino hacia la democracia, pero por lo regular un sector de éstos, acomodan la solución de la crisis insular no en la voluntad del pueblo y de quienes lo gobiernan, sino en la convicción que por la indulgencia de una de las parte, se va a lograr el milagro que la dictadura crea en la alternabilidad democrática, el pluralismo y los derechos humanos.

Recientemente el Brookings Institute, por mencionar uno entre muchos, propuso en una serie de puntos los pasos que debería dar el presidente Obama para mejorar las relaciones entre los dos países y a la vez servir satisfactoriamente los intereses de Estados Unidos y del pueblo cubano. Un esfuerzo valido e importante pero que deja, una vez más, todo en las manos de la Casa Blanca, pasando por alto que los principales responsables de lo que sucede en Cuba no están en Washington.

Días mas tarde José Miguel Vivanco, director para América latina de Human Right Wacht, repitió en un programa de televisión en Miami, Maria Elvira Comenta, que la política del Potomac hacia Cuba tenia que cambiar para lograr así una unidad de acción entre la Unión Europea, Estados Unidos y América Latina que llevara los cambios a Cuba. No dijo, como no lo han dicho tampoco otras instituciones o personalidades, cual sería la estrategia para lograr el ansiado cambio, en caso de que Estados Unidos cese su hostilidad con el totalitarismo.

Nunca antes en el hemisferio, a pesar de que la isla se vive una sucesión dinástica, en la que el rey padre aparenta seguir con el sello real, había existido una corriente tan favorable a la dictadura cubana como en el presente. Algo similar ha ocurrido en Europa gracias a las gestiones del presidente del gobierno español, José Luís Rodríguez Zapatero

Rodríguez Zapatero y el presidente de Brasil, Lula da Silva, ha sido los principales impulsores de la oleada de solidaridad con la dictadura. Ocho presidentes del hemisferio, en menos de tres meses, han visitado Cuba que se integró al Grupo de Rió, recientemente. La Unión de Naciones Suramericana, UNASUR, en su reunión en Chile prácticamente condicionó la mejoría de los vínculos entre Latinoamérica y Estados Unidos al levantamiento del embargo.

En esto coincide Diálogo Interamericano, que apunta que si Washington quiere un acercamiento con América Latina debe reordenar la política hacía Cuba, porque el objetivo de la democracia no debe ser una precondición en las relaciones con la isla.

Por otra parte es paradójico que algunos de los que impulsan el acercamiento sean los primeros en alegar que Cuba no quiere estrechar relaciones con la Unión. Afirman que la dinastía de los Castro prefiere una política de tensiones, agregando que cuando en la Casa Blanca hay una disposición al diálogo, en La Habana se rompe el puente.

Aseveran que el gobierno de los Castro se gana una legitimidad interna y externa por la política de Estados Unidos, que el embargo le sirve de coartada al régimen y a aquellos que intentan justificar las depredaciones del totalitarismo, a lo que cabe preguntarse,¿por que entonces favorecer una política de cambio, si el régimen la sabotea?.

Tal parece que la mayoría de lo que defienden una entente cordial entre Cuba y Estado Unidos están convencidos que por el mero hecho de que Washington levante las restricciones existentes y suspenda el embargo, el gobierno de La Habana por mimetismo, o una especie de osmosis, va a cambiar su naturaleza y acceder a las demandas de propiciar una sociedad libre y abierta. ¿Ingenuidad o connivencia?

Sin dudas el embargo al régimen de los Castro se refleja en cierta medida en el pueblo cubano y puede servir de coartada al gobierno y a aquellos que intentan justificar las depredaciones del totalitarismo, pero ese argumento se invalida cuando se guarda silencio ante la represión y las restricciones que las autoridades de Cuba imponen a sus ciudadanos.

El ex presidente del gobierno español José María Aznar, que siempre ha abogado por el levantamiento del embargo, asegura que la miseria y opresión que padecen los cubanos son cosechas del comunismo insular y no consecuencia de esa disposición estadounidense, y afirma que para cualquier acción orientada hacia la democratización de Cuba, se debe tener en cuenta la oposición al régimen.

El desacuerdo entre los demócratas cubanos y la dictadura que los gobierna, debería ser el punto de partida de cualquier ofrecimiento serio que se oriente a resolver la tragedia de la isla. Todas las propuestas que ignoren a los demócratas cubanos, tienen un soplo de desprecio hacia aquellos que por años han confrontado la dictadura.
Cuando un gobernante calla ante las violaciones a los derechos humanos, apoya al régimen en los foros internacionales, viaja a Cuba y se niega a entrevistarse con la oposición, no tiene fuerza moral para hablar de cambios sino de complicidades.

Catastrofismo y “negacionismo”: Dos obstáculos para la implicación ciudadana en el logro de la sostenibilidad

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Una de las dificultades a la que hemos de hacer frente muchos ciudadanos y ciudadanas, incluidos los educadores, cuando intentamos entender problemas como el cambio climático, es que, frecuentemente, nos encontramos con informaciones muy contradictorias.

Por una parte se hacen públicos informes como, por ejemplo, los elaborados por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), organismo científico de Naciones Unidas, que llaman la atención sobre un preocupante incremento de los gases de efecto invernadero que amenaza con provocar un cambio climático de graves consecuencias. Pero cualquiera que siga la prensa diaria o “navegue” por la red se encontrará también con abundantes documentos que se refieren a “las mentiras del cambio climático”, al “catastrofismo de los ecologistas” o al “alarmismo climático” e incluso con contundentes tomas de posición de conocidos responsables políticos que se oponen a que, en épocas de crisis como la actual, se financien causas “científicamente cuestionables” como el cambio climático. ¿A quién hacer caso? No es de extrañar que la conclusión de muchos ciudadanos sea que la cuestión no está clara. Así, un reciente estudio señala que más del 60% de los estadounidenses piensa que el cambio climático es una cuestión científicamente controvertida. En consecuencia, buena parte de la ciudadanía –incluyendo, insistimos, muchos educadores- sigue sin ver necesaria su implicación en la resolución de esta problemática.

Ante esta situación, es preciso dejar claro que el consenso científico es total. Podemos referirnos, por ejemplo, al estudio realizado por la investigadora Naomi Orestes, con cerca de un millar de artículos científicos analizados (http://www.sciencemag.org/cgi/content/full/306/5702/1686) ni uno solo de los cuales ponía en duda la realidad del actual cambio climático, ni su origen, asociado, entre otros, a la quema de combustibles fósiles. Por contra, más del 50% de los artículos publicados en la prensa diaria durante el mismo periodo expresaban dudas acerca del cambio climático. Esta confusión constituye un serio obstáculo al que es preciso hacer frente, dejando claro que las posturas “negacionistas” no tienen ningún apoyo científico.

Una situación similar se vivió en los años 70 con el uso de los compuestos fluorcarbonados (CFC), utilizados en sistemas de refrigeración, pulverizadores, etc., y el hallazgo de que provocaban un peligroso adelgazamiento de la capa de ozono que nos protege de las radiaciones ultravioleta: gracias a los trabajos de científicos como Crutzen, Rowland y Molina y al apoyo del movimiento ecologista, que contribuyó a dar realce social a sus investigaciones, se logró en 1987 prohibir su uso en el Protocolo de Montreal, a tiempo de evitar una catástrofe. Pero no debemos olvidar que la primera reacción, sobre todo del mundo empresarial, fue poner en duda estos resultados acusando a los científicos de catastrofistas. Por ejemplo, el presidente de “Dupont”, líder mundial en producción de CFC, calificó los estudios de “relatos de ciencia ficción” y “montón de basura”. Crutzen, Rowland y Molina acabaron obteniendo el Premio Nobel de Química en 1995, pero en Internet podemos seguir encontrando “documentos” (¡incluso del año 2008!) acerca del “mito” y del “fraude” del agujero de Ozono (http://www.mitosyfraudes.org/Ozono.html); documentos tan escasamente fiables, por supuesto, como los que se refieren a “las mentiras del cambio climático”.

No es, pues, haciéndonos eco de quienes tildan hoy de catastrofistas a los científicos del IPCC (como se hizo antes con Crutzen, Rowland y Molina, por no mencionar otros ejemplos como el de Rachel Carson y su denuncia de las graves consecuencias del uso del DDT) como lograremos avanzar en la compresión de los problemas, sus causas y medidas que es necesario adoptar. Nuestra obligación como ciudadanos y educadores es manejar información contrastada, procedente de auténticas fuentes científicas, y no dejarnos confundir por opiniones peregrinas y a menudo interesadas (es decir, literalmente pagadas por compañías petrolíferas, mineras, etc., como se ha documentado también fehacientemente) aparecidas en unos media más atentos a la “noticia” con capacidad de llamar la atención que al rigor científico.

Este rechazo del “negacionismo” no supone, en modo alguno, adoptar las posturas catastrofistas de quienes afirman que los problemas no tienen solución y que, por tanto, no ven posible ni necesario hacer nada… lo que les condena a la misma pasividad de quienes sostienen que no hay problema. La forma de no ser catastrofistas es reconocer los problemas y trabajar por su solución. En efecto, el estudio científico de los problemas tiene como finalidad conocer su origen y poner a punto las posibles soluciones. Y debemos insistir en que esas soluciones existen y que estamos a tiempo de adoptar las medidas necesarias. Baste recordar que en el IV informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC, 2007) destaca el espacio concedido a las medidas mitigadoras y la fundamentada conclusión de que todavía estamos a tiempo… pero que es urgente actuar.

Educadores por la sostenibilidad
Boletín Nº 34, 15 de marzo de 2009
http://www.oei.es/decada/boletin034.htm

La crisis del becerro de oro

Cuando la hiperrealidad de los símbolos se fractura de la realidad material

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por Jorge Majfud

Ernesto Sábato alguna vez observó que la sencilla operación de cambiar una oveja por un saco de trigo ya implica un ejercicio de abstracción.

También podemos considerar que más tarde la aparición de las primeras formas de dinero, aun antes de la antigua Mesopotamia, materializó esta abstracción e implicó la invención de un Estado implícito.

Desde entonces, el dinero estuvo vinculado a una realidad material. En una última instancia histórica fue el oro. Pero el oro, representado por el dinero, también era una realidad más simbólica que material. No solo porque requería de un acto de fe colectiva sobre su misteriosa existencia en algún banco de Londres o de Estados Unidos sino porque el valor mismo de un lingote de oro como el valor de cualquier moneda o papel financiero es simbólico. En primera instancia depende de la fe colectiva. A su vez, esta fe se garantiza y estabiliza con la fuerza del Estado a través de sus ministerios de economía, de sus aparatos legislativos y judiciales y, en última, de la policía y del ejército.

La diferencia de nuestro tiempo con los tiempos de Hammurabi o de los primero siglos del capitalismo consiste en la progresiva y radical separación entre el símbolo y la realidad, entre el valor que se le atribuye al capital y los bienes de consumo y producción.

El valor abstracto del capital posmoderno ya no representa una realidad —por ejemplo, el número y la calidad de bienes escasos— sino que lo modifica doblemente: por un lado (1) es capaz de modificar la realidad material y por el otro (2) es capaz de decretar por sí sola el valor de esa realidad.

Un ejemplo breve consiste en recordar los valores inmobiliarios en Estados Unidos. En el 2007 existían N casas para N’ personas con un valor A’ en permanente crecimiento. En el 2008 existían las mismas N casas y las mismas N’ personas pero el valor A’’ de las mismas había caído abruptamente al tiempo que un X por ciento de las N’ personas desalojaban sus casas hipotecadas.

¿Qué cambio brusco de la realidad material provocó la caída abrupta del valor A’? Ninguno. La realidad seguía allí, exactamente igual, ciegamente indiferente, pero el valor abstracto de A’ había caído de forma radical.

Detrás del cambio de la realidad abstracta, representada por las dramáticas curvas del Down Jones y del Nasdaq, llegaron los cambios en el reino material, primero con la contracción del consumo, luego con la disminución de la producción de bienes y finalmente con la expulsión de los trabajadores.

Las graficas de Wall Street miden la superstición que relaciona el mundo abstracto de los valores y el mundo material de los bienes y servicios. No es una simple expresión del estado de estos últimos, sino la medición del pulso nervioso de los inversionistas que se mueven en este mundo abstracto que estratégicamente se llama “el mundo real”, “el mundo de los hombres pragmáticos”. No es casualidad, porque los mitos sociales siempre se refieren a un fenómeno con nombres que lo contradicen, lo niegan o lo silencian.

Una de las leyes más antiguas de la economía, la ley de la oferta y la demanda, relaciona el valor de algo con el mundo material. Este mundo material está compuesto por bienes (oferta) y necesidades (demanda). Esta ley todavía une el mundo material y el mundo simbólico de una forma estrecha. Ejemplo: durante la escalada del precio del petróleo en la primera mitad de 2008, la explicación y la posible razón del fenómeno derivaban de esta ley. El incremento del consumo industrial de China e India justificaban el precio del barril de petróleo a 145 dólares. Dejemos de lado el factor de la especulación y la manipulación de los precios por parte de las grandes petroleras. De cualquier forma la ley de la oferta y la demanda continuaban relacionando de forma estrecha el precio/valor de un producto a una determinada realidad material. Por entonces dijimos que semejante escalada solo podía ser una burbuja, ya que era difícil imaginar un incremento de la demanda proporcional a la triplicación del precio del petróleo en tan pocos meses. A partir de la histeria de Wall Street en setiembre del 2008 el precio del petróleo se derrumbó a menos de 40 dólares. Antes lo habían hecho los precios de las casas en Estados Unidos. ¿Qué ocurrió del lado de la realidad material? ¿Un tsunami devastó el veinte por ciento de las casas y mató el cinco por ciento de la población del mundo? No. Ni siquiera el terrible tsunami en Indonesia en el 2004 tuvo el más mínimo efecto en la economía mundial. ¿Algún terremoto movió los cimientos de la industria china? ¿Alguna plaga devastó las siembras en el Midwest? No. ¿Alguna sequía a nivel mundial detuvo la maquinaria de producción de alimentos? No. ¿Algún filosofo infestó el mundo con una ideología anticonsumista que contrajo la demanda de productos inútiles al treinta por ciento? Menos.

Entonces, ¿Qué es lo nuevo sino una ruptura en la relación que suele mantener ligados (1) el mundo material con (2) el reino de la tiránica abstracción del capital?

La crisis mundial actual es una crisis de los símbolos —el crédito y los capitales de inversión— que terminó por arrastrar al mundo material a una crisis real. Es lo más parecido a la situación donde el antiguo conquistador europeo, que iba detrás del oro en America o del diamante en África, no solo necesitó de la fuerza bruta para conseguir el objeto de su deseo sino también la fuerza ideológica para imponer al resto del mundo el reconocimiento del valor de esos minerales primero y el reconocimiento de sus representaciones abstractas en forma de dinero papel, de intereses y de deudas impagables más tarde. Pero tanto el dinero como una deuda no valen nada si entre deudor y acreedor no media un reconocimiento implícito y explicito sobre ese valor.

Esta relación que une al beneficiado con perjudicado de mutuo acuerdo, normalmente se da de forma implícita e incuestionable, pero en última instancia la relación está garantizada por el Estado que no solo legaliza la relación sino que tiene la facultad de validar al beneficiado en casos en que el perjudicado cuestione el reconocimiento de dicha relación simbólica.

En la crisis actual ese “acuerdo implícito” entre el mundo material y el mundo simbólico se mantiene a pesar de una ruptura entre ambas categorías, entre lo abstracto y lo concreto, entre lo simbólico y lo material. Sin dar noticia de la ruptura, ambas partes buscan desesperadamente su autoregeneración según las leyes y fórmulas anteriores. Es lo que se llama “botton up”, o rebote de las graficas del Down Jones, por ejemplo. Cuando esto ocurra, significará que los inversionistas han vuelto a confiar en el mundo material y los capitales (el agente del mundo simbólico) volverán a fluir hacia dichos templos financieros. Algunos meses después los trabajadores ocuparán nuevos puestos de trabajo, no obedeciendo a las leyes del mundo material sino a las leyes del mundo abstracto, simbólico, que el capitalismo ha fracturado en su desesperada empresa de generar valores materiales. Y todos nos afanaremos por aprender las nuevas leyes del juego en la lucha por no caer fuera del único sistema sin alternativas a la vista dentro de la cultura en la que nacimos —incluido los países que se llaman socialistas, que no conforman un mundo aparte sino una variación dentro del mundo capitalista-financiero.

Como lo bosquejamos en un ensayo anterior, el mundo actual casi no puede ser entendido según el clásico modelo marxista donde la infraestructura (el mundo material) determina o condiciona radicalmente la supraestructura (el mundo simbólico) sino que cada vez más es el mundo simbólico, a través de una tiranía ideológica asentada en los centros de poder financieros, la esfera que hace orbitar el mundo material según sus intereses y necesidades. Una tiranía sistemática, ideológica y monetaria. ¿O no es tiranía la que sufren los trabajadores del mundo, absolutamente a merced del estado de ánimo de los inversionistas, es decir, de los venerados dueños del mundo? No es una tiranía con un rostro personal, amargo y oscuro. Es una tiranía que se expresa con sonrisas en los medios de incomunicación. Una tiranía ideológica que exige el reconocimiento de que el mundo funciona y existe gracias a ella. Una tiranía del mundo simbólico desgarrado del mundo material y del mundo humano. Una tiranía del consumismo y la inestabilidad psicológica. Una tiranía dulce, por momentos orgásmica, pero tiranía al fin.

Jorge Majfud
Lincoln University, marzo 2009.

Jorge Majfud, PhD
http://majfud.info
http://escritos.us

Lincoln University
School of Humanities
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LIBROS: UNA PALABRA QUE MATA LA LIBERTAD

totalitarismo

por Pascual Tamburri Bariain

Simona Forti, El totalitarismo: trayectoria de una idea límite. Traducción de María Pons Irazazábal. Herder, Barcelona, 2008. 192 pp. 14,33 €

Camboya está juzgando estas semanas a Kaing Guek Eav, más conocido como Duch, uno de los responsables del sistema represivo de los Jemeres Rojos de Kampuchea. Entre una cuarta parte y un cincuenta por ciento de la población del pequeño país asiático fue “reeducada”, y en muchos casos asesinada, por no responder al proyecto de sociedad ideal que el partido comunista de Pol Pot había diseñado. Saber leer, hablar un idioma occidental, llevar gafas, tener estudios o haber viajado al extranjero se convirtieron de repente en otros tantos crímenes punibles con la muerte. Simona Forti intenta explicar lo más inexplicable del siglo XX en un libro que sintetiza muchas otras reflexiones.

Ya desde el primer tercio del siglo pasado “totalitarismo” y “totalitario” han sido conceptos polisémicos y debatidos. Los reproches generalizados de impotencia a los Estados liberales o tradicionales y la emergencia de nuevas ideologías políticas –el marxismo-leninismo, el fascismo y el nacionalsocialismo, ante todo- dieron como resultado la aparición de una nueva realidad: el Partido totalitario primero y el Estado totalitario después. Y si bien las culpas de la Segunda Guerra Mundial no pueden recaer en un totalitarismo apenas intuido cuando se firmó el error de Versalles, es innegable que la naturaleza totalitaria de determinadas ideologías ha hecho de las guerras y conflictos del siglo XX algo especialmente cruel, ilimitado y carente de sentido. ¿Qué es o qué fue, pues, un Estado totalitario?

El libro de Simona Forti no intenta ser una respuesta más, dentro de una larga lista de estudios que quizás empiece con los críticos más o menos liberales del régimen de Mussolini –de Benedetto Croce a Don Sturzo- y que llega hasta los postmodernos de nuestro tiempo. Forti reúne las diferentes respuestas que ha merecido el fenómeno totalitario y las hace accesibles al gran público de manera eficaz, casi a modo de prontuario, del que se pueden sacar conclusiones concretas para la acción pública en el siglo XXI.

Ante todo, para Forti –porque así fue ya para Margherita Sarfatti primero y para Hannah Arendt después- el totalitarismo no es una ideología, y en realidad casi todas las ideologías del siglo XX llevadas a su extremo son susceptibles de desarrollar una patología totalitaria. Puede debatirse si y cómo los mismos conceptos de “estado” y de “ideología” son totalitarios in nuce, pero no puede aceptarse que determinadas ideologías modernas sean inmunes al totalitarismo, e hipotéticamente ninguna de ellas estaría condenada in toto a serlo. Ser liberal o declararse demócrata no excluye que estemos hablando de un régimen totalitario, y de hecho muchos críticos norteamericanos de Franklin D. Roosevelt tuvieron esa opinión en los años 30 y 40 del siglo XX.

El totalitarismo no es una tentación recurrente: es un fenómeno político novedoso del siglo pasado, pero con los sucesos de 1945 y de 1989 no ha desaparecido como propuesta. Forti explica, preguntándose por la naturaleza del totalitarismo, que no es una realidad de épocas anteriores, sino que se trata de una consecuencia de la modernidad. No se trata sólo de saber quién lo bautizó, sino más bien de comprender que fue bautizado porque nada había sido así antes. Y desde entonces sigue entre nosotros: el secreto del totalitarismo es que se ofrece como atajo contundente para lograr esa felicidad que es la meta de nuestras vidas.

Tendemos a pensar en el totalitarismo como en una molesta posibilidad de tiempo de nuestros abuelos y bisabuelos, una posibilidad felizmente descartada por la historia. Pero el totalitarismo sigue vivo, no sólo en los partidos y regímenes más o menos herederos de los derrotados en el 45 y en el 89, sino sobre todo en todos los demás partidos y regímenes. Elevar la democracia parlamentaria existente a la suposición de perfección y eternidad es, ya, un paso hacia el totalitarismo. El totalitarismo no es una agresión externa a la democracia ni un mero paréntesis en ésta, sino un tumor interno, y por consiguiente su estudio es algo más que un capricho erudito. En este sentido el libro de Forti y la excelente traducción de María Pons Irazazábal para Herder ofrecen una amplia variedad de respuestas filosóficas, politológicas e históricas que podrán apreciar muy distintos tipos de lectores.

Cortesía de http://www.elsemanaldigital.com

LA SEVICIA

5

poema de Oscar Portela

Los monederos falsos han triunfado.

Tasadores y buitres se disputan

la historia escrita tras agónicos años

en los cuales reinaran las imperiales sombras

y las luces de lanzas y de dagas

hicieran la riqueza deste pueblo:

su memoria de equívocos y duelos.

Hoy se repite el estribillo cruento:

se remata el imperio de los sueños.

¿Quien da más? ¿Cuantos denarios

cuesta la corona que conseguir supieron

los ilustres en otros tiempos de clavel y olivos?

Hoy triunfa la canalla luctuosa

con un veneno que tritura el alma.

Argentina se vende. Buhoneros, bufones,

filisteos de rasgos inconclusos

van a pulir la lapida impoluta

con estilete vil e impulso ignaro.

Aquí yacen las sobras espectrales

de antiguos remos fundadores.

Argentina se ha muerto. La utopía

que el poeta de “argentum” puso en marcha

yace postrada ahora ante tanta estulticia

y tan oscura cantinela enana:

¿Quién da más? ¿Cuántos denarios

Cuesta aqueste sueño?

¡Oh tanta ingrata y cruel sevicia!

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