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Democracia siglo XXI

mes

noviembre 2011

Revista “Nueva política” lanza RedLad

La Red Latinoamericana y del Caribe para la Democracia (RedLad) en

conjunto con la Escuela de Gobierno Tomás Moro (EGTM) realizan el

lanzamiento oficial de la Revista mensual NUEVA POLITICA

La revista, forma parte de un gran esfuerzo por acrecentar y dar

difusión a la consolidación democrática en la región de Latinoamérica

y el Caribe. Cuenta con aportes de grandes personalidades

internacionales e intelectuales de diversas ramas, quienes plasman sus

ideas, acciones, experiencias, iniciativas y recomendaciones en

relación con importantes temas como la supremacía de los derechos

humanos, la democracia plena, el buen gobierno y los valores políticos

necesarios para un desarrollo integral de nuestros países.

 

El lanzamiento oficial de la revista se realizará mañana jueves 1 de

diciembre de 2011 en el siguiente horario:

12 md Centroamérica

1 pm Bogotá-Quito-Lima-Panamá-Washington

3 pm Buenos Aires

7 pm Madrid.

 

Dicho lanzamiento se realizará mediante conferencia de prensa online

realizada por tres miembros del Consejo Editorial de la Revista.

Podrán visualizar el lanzamiento a través de:

http://1836981.livebroadcast.talkfusionlive.com/golive/m/g9eov0PgcDdNKIHE

(en ella únicamente anotan su nombre sin espacios en la casilla de

Enter Guest Name).

Agradecemos la difusión que puedan darle a la iniciativa.

Cordialmente invitados,

RED LATINOAMERICANA Y DEL CARIBE PARA LA DEMOCRACIA http://www.democracialatinoamerica.org/

Tecnocracia no es democracia


Por Rogelio Demarchi

Mario Monti estrenó su cargo como jefe del gobierno italiano con una declaración harto significativa: la ausencia de políticos en el gabinete facilitará el trabajo que debe llevar adelante su gestión, que no es otro que un súper ajuste. En lugar de políticos, hay tecnócratas.

La tecnocracia parece ser el camino elegido por la Unión Europea (UE) para enfrentar la crisis económica. Yorgos Papandreu, primer ministro griego, perdió la confianza del dúo “Merkozy” (Merkel + Sarkozy) cuando propuso que el programa económico de emergencia impuesto por la UE fuera plebiscitado; tuvo que renunciar y en su lugar fue nombrado un tecnócrata, Lukas Papademos.

El problema de la tecnocracia es que es antidemocrática. En La au­toridad democrática. Los fun­damentos de las decisiones políticas legítimas (Siglo XXI, 2011), de David Estlund, están los argumentos que lo demuestran.

Profesor de Filosofía Política, y uno de los especialistas más reco­nocidos en el campo de la teoría democrática, Estlund es partidario de la democracia deliberativa (enten­dida como una discusión sin exclusiones), y en este libro presenta su marco teórico filosófico.

Uno de los objetivos de su trabajo es “desmontar el antiguo postulado que dice que los que más saben tienen derecho a gobernar y ser obedecidos”. Su concepción de la democracia es la de un sistema en el que todos los sujetos adultos tienen la misma posibilidad de influir en el resultado de una decisión. Y en el interior de ese sistema coloca como una clave de funcionamiento a la deliberación pública. La democracia deliberativa, entonces, otorga una importancia central a “la discusión pública sobre los méritos sustanciales de las distintas alternativas de decisión política”.

Dicho de otra manera, la demo­cracia es el único sistema que nos garantiza que ante cualquier decisión que haya que tomar se propongan distintas soluciones. El debate público de todas esas soluciones posibles suministrará a cada ciudadano los elementos necesarios para inclinarse a favor de una de ellas.

La tecnocracia, por el contrario, sostiene que el problema tiene una sola solución y que no es otra que 
la indicada por los que saben, los 
especialistas, así que no hay nada que debatir ni consultar. De modo que es una nueva manera de instalar la doctrina del pensamiento único; no hay opciones frente a la receta del que sabe.

Pero además, como señala Estlund, “la democracia implica relaciones de autoridad en las que algunos mandan sobre otros”; por eso mismo, el sistema democrático se asegura de que esa relación de autoridad pueda favorecer a cualquier actor político y pueda cambiar en cada elección.

La tecnocracia, en cambio, viola ese principio en tanto sólo le concede la posibilidad de mandar a esa élite a la que se señala como la poseedora del saber.

Por todo ello, debemos estar muy atentos: la tecnocracia, como respuesta a la crisis económica y a las demandas ciudadanas que crecen junto con ella, significa menos –y 
no más– democracia. No es difícil imaginar que esta opción puede provocar un desmadre social y político. Lo que no es tan fácil de pensar es por qué esquema la reemplazará la UE si no alcanza los objetivos que le ha fijado.

 

Inevitable democracia

Por Ángel Macías

En un breve ensayo publicado por la orteguiana Revista de Occidente en su número de marzo de 2008, leí una interesante reflexión: «En realidad, desde una perspectiva darwinista (se refieren los autores a la configuración de la democracia como el objetivo final perseguido por la humanidad a lo largo de la historia contemporánea, concebida, pues, como una lucha por la libertad), la experiencia de las dos guerras mundiales y de la guerra fría habría puesto de relieve la inesperada fuerza de la democracia ante unos adversarios que se jactaban de basar su poder en la unidad y en la disciplina».

La sinécdoque es una figura, un tropo para ser más exactos, consistente en designar al todo por el nombre de una de las partes que lo componen, o viceversa. La política parece avanzar con el paso de los tiempos, hacia una sucesión de sinécdoques encadenadas. Artificial e interesadamente, democracia queda reducida a partidos políticos y éstos a sus elites coyunturalmente dirigentes. Así, la opinión, meditada o antojadiza, de tal o cual presidente o secretario general de determinadas siglas, pasa a ser la única válida, aceptable y que se tolera a todos aquellos que comparten credo y carné, para, una vez convertida en criterio oficial del partido, subyugar al poder legislativo, al ejecutivo y a la sociedad civil.

Unidad y disciplina son los tótems del paradigma partitocrático. Ni siquiera la unidad verdadera fruto de la libre convicción compartida, sino, en expresión que me pone los pelos de punta, la «imagen de unidad» que es obligatorio transmitir, porque de no hacerlo así, ese ente que parece extraño a la democracia, los ciudadanos transfigurados en votantes, lo castigarán en el altar pagano del sacrificio que son las urnas. Unidad y disciplina priman, son la clave del éxito; libertad y democracia interna, riesgos innecesarios y absurdos. Suena añejo, huele rancio, pero ese es el mensaje, el salvoconducto para el triunfo. La democracia es debilidad, su ausencia, poda o limitación, aporta fortaleza. Los partidos deben estar dirigidos por machos alfa a los que la manada siga sin rechistar, silente, disciplinada, obediente.

Pero ese tiempo se agota. Como el siglo XX supuso el auge planetario de los grandes movimientos totalitarios, omnipotentes y excluyentes y luego su caída a manos de la despreciada por débil, democracia liberal, el siglo XXI, de las nuevas tecnologías, de la información en tiempo real, de la conexión directa y sin intermediarios ciudadano con ciudadano, supondrá sin remedio una nueva conformación de las estructuras políticas. O los partidos se modernizan y se abren a sus afiliados y a la sociedad o el electorado se irá fragmentando, porque, por mucho empeño que se ponga en ello, no es posible poner puertas al campo.

La democracia, como representación de la libertad, es, como leí en aquella reflexión de 2008, un anhelo inherente a la misma naturaleza humana desde el principio de los tiempos y, aunque a corto parezca lo contrario, da fuerza a quien la practica.

www.angel-macias.blogspot.com

La preferencia por la copia

 

Teódulo López Meléndez

La realidad era claramente precisable, pues tenía sustancia, lo real era autónomo, estaba allí como esencia. La diferenciación entre esta sustancia llamada realidad y las apariencias era clara y precisa. Esa realidad provenía de la historia, es decir, de una existencia. En  pocas palabras, fuera de la historia no había nada a no ser especulación.

La “realidad” de lo “real” es hoy cosa muy distinta. Estamos inmersos en el afán de la desaparición y, por ende, lo que hemos hasta ahora denominado significaciones retrocede a un segundo plano. Esta situación es perfectamente definida por Baudrillard como “teoría de la simulación” o “patafísica de la otredad”

Desde que Nietzsche describió al mundo como apariencia se había insertó la idea de que la realidad no era más que un conjunto de interpretaciones humanas. En otras palabras, la especulación estética se alzaba como la única manera de preservación del hombre, de evitar la muerte que lo acechaba y lo acecha, puesto que lo humano sólo es sustentable en el arte y el único superviviente posible es el hombre-cultura.

Queda claro que entramos en una situación definible como alteridad radical producto directo de la desaparición. Si la realidad era un conjunto de interpretaciones humanas ahora se impregna de extrañeza y esas interpretaciones se ahogan en su propia impotencia. La “realidad” ha girado sobre sí misma, queda consumado el vértigo, y ha desaparecido.

A lo que ahora asistimos es al amoldamiento de lo real a la forma. Estamos dándole la vuelta a la bolsa, esto es, el mundo se ha desrealizado, la ausencia es la norma, la única hipótesis del hombre pasa a ser la forma. Ya estamos ausentes. La comunicación humana  se reduce a buscar lo que el otro no es. Un viejo texto criticado y olvidado, “La sociedad del espectáculo” de Guy Debord, nos dice que frente a la pantalla contemplamos la vida de las mercancías  en lugar de vivir en primera persona.

Esta ha sido definida como la civilización del espectáculo y, sin lugar a dudas, lo es. Quizás el inicio de una explicación del porqué esté en la primacía de las mercancías en una sociedad que las produce, pero sobre la cual se devuelven a devorarla. Es obvio que esta también llamada civilización de la imagen conduzca a la muerte de la realidad. La imagen se ha aposentado sobre la realidad, la ha asesinado, tal vez porque como decía Feurbarch “nuestro mundo prefiere la copia al original”.

Ahora bien, es necesario precisar que el espectáculo es una formación histórico-social. El proceso ha pasado por un alejamiento del espectáculo de la realidad y por la eliminación de todo espacio de conciencia crítica y de toda posibilidad de desmitificación. El espectáculo se convirtió en sí mismo y se hizo imagen. Entramos, así, en la era de lo virtual. El simulacro es la nueva “realidad”, una sin sustancia. La realidad encontró el método para la evaporación en los medios de comunicación, en la tecnología, en los microchips. Cuando vemos la transmisión en directo de un suceso cualquiera a lo que estamos asistiendo es al paso de un meteorito errático en un espacio vacío. Por supuesto que todo va acompañado de otra desaparición, la del pensamiento. Ello porque la civilización de la imagen nos sobresatura, acumula sobre nosotros tal cantidad que no acumula nada, esto es, la acumulación se autodevora como un disco duro de computadora infectado por un virus. La respuesta es el vacío y la desaparición del pensamiento.

teodulolopezm@yahoo.com

En Twitter: @teodulolopezm

 

 

 

 

 

Libros: “El retorno a la sociedad civil. Democracia, ciudadanía y pluralismo en el siglo XXI”

 

Autor(es): Belloso Martín, Nuria / Julios Campuzano, Alfonso de (coords.)
Título: El retorno a la sociedad civil. Democracia, ciudadanía y pluralismo en el siglo XXI
SubTítulo:
ISBN: 978-84-9982-069-9
Edición: 1ª 2011 Páginas: 306 Precio: 26.00 €uros Peso: 0,700 Kgs.
Comentarios: Instituto Internacional de Sociología Jurídica de Oñati // Colección Derecho y Sociedad

Reseña: El resurgimiento de la sociedad civil, en las últimas décadas, es una realidad palmaria. La obra que ahora presentamos pretende ofrecer unas reflexiones sobre los presupuestos, las circunstancias, condicionantes y consecuencias del proceso de definición de una renovada sociedad civil, en el marco de un paradigma jurídico plural y flexible. Desde esta perspectiva, las diversas colaboraciones contenidas en la obra giran, fundamentalmente, en torno a tres ejes de reflexión:

1. La indagación de las razones de la sociedad civil, determinando la responsabilidad de los ciudadanos en la construcción de la misma y las circunstancias que definen actualmente las coordenadas de la sociedad civil en un contexto de interdependencia.
2. La ubicación de la sociedad civil en las coordenadas del debate filosófico político contemporáneo: su incardinación en las teorías liberales y la incidencia de las tesis republicanas y de las propuestas multiculturales del comunitarismo, en el marco de los sistemas democráticos. Todo ello acaba desembocando en una reflexión acerca del papel que desempeña la democracia como hábitat natural de la sociedad civil.
3. La reflexión acerca de los valores, la política, la ciudadanía y la sociedad civil. Esta reflexión ha ido acompañada de una revisión de la fundamentación del Derecho en el seno de una renovada sociedad civil. También ha resultado imprescindible proponer una ética de la sociedad civil del siglo XXI.

Confiamos en que el lector pueda encontrar en esta obra un clima propicio para que fructifiquen las reflexiones que, de la lectura de la obra, pueda extraer.


Indice: Introducción, Nuria BELLOSO MARTÍN y Alfonso de JULIOS-CAMPUZANO

SECCIÓN I: EL DEBATE REPUBLICANISMO-LIBERALISMO EN LOS ACTUALES CONTEXTOS

1- LUIS CARLOS AMEZÚA AMEZÚA: “El valor de las virtudes cívicas y el refuerzo de la democracia”.

2- ALFONSO DE JULIOS CAMPUZANO: “El espacio de la sociedad civil. El pensamiento liberal y las críticas comunitaristas y republicanas”.

3- JOSÉ LUIS BOLZAN DE MORAIS: “Estado y función social. Del “mal-estar” en la civilización al síndrome del miedo a la barbarie”.

4- MARÍA SUSANA BONETTO SCANDOGLIERO: “Revisando perspectivas teóricas para el abordaje de la democracia en América Latina”.

SECCIÓN II: LOS VALORES DEMOCRÁTICOS EN LOS PROCESOS CÍVICOS

1- JOSÉ LUIS PÉREZ TRIVIÑO: “Confianza: una comparación entre el liberalismo y el republicanismo”.

2- SERGIO HUMBERTO DE QUADROS SAMPAIO: “La tolerancia como factor de fortalecimiento de la convivencia democrática”.

3- JOSÉ MARÍA SECO MARTÍNEZ y RAFAEL RODRÍGUEZ PRIETO: “Educación, civismo y democracia. Una mirada desde el pensamiento de Benjamin R. Barber”.

4.- MARLI MARLENE DE MORAES DA COSTA y RICARDO HERMANY: “El principio de Dignidad Humana como fundamento del Estado de Derecho frente a los ciudadanos negados”.

5- ANTONIO CARLOS WOLKMER: “Sociedad civil, democracia y procesos participativos en la constitución de los derechos humanos”.

SECCIÓN III: SOCIEDAD CIVIL, PLURALISMO Y NUEVAS CIUDADANÍAS

1- NURIA BELLOSO MARTÍN: “Repensando la democracia en la perspectiva de las teorías deliberativas: En busca de unos ciudadanos deliberantes”.

2- JOSÉ JOAQUÍN JIMÉNEZ SÁNCHEZ: “El imperio de la mayoría”.

3- FRANCISCO JAVIER ANDRES SANTOS: “Ciudadanía europea y cosmopolitismo: un enfoque republicano”.

4- FRANCISCO REGIS FROTA ARAUJO: “Reflexiones acerca del Constitucionalismo Brasileño y sus principales emergencias en la actual coyuntura”.

No favorecemos un Paraíso Fiscal, pero propiciamos un Infierno Moral

 

Por Ricardo Viscardi

Agotado el maná financiero del petróleo barato a inicios de los años 70’, a raíz del conflicto en el Medio Oriente, se hizo popular en Francia un refrán oportuno “On n’a pas de petrole, mais on a des idées” (no tenemos petróleo, pero tenemos ideas). Otro refrán quizás pudiera, acuñado desde largo tiempo atrás en el habla francesa, servir de clave interpretativa ante el sentido de una privación amenazante, que se transforma sin embargo en oportunidad bienvenida: “On a les vertus de ses défauts et les défauts de ses vertus” (Se tiene las virtudes de sus defectos y los defectos de sus virtudes). Pareciera que la alternativa no se elabora en nosotros mismos como si tomáramos distancia de las circunstancias a superar, sino que ante las circunstancias pesarosas, sólo surge una alternativa a partir de las distancias que ya se encuentran en cada quien.

De ahí que el recurso al conocimiento, que supone el segundo tramo de la frase “(…mais on a des idées” (…pero tenemos ideas), alcance una significación edificante en el marco de la variable tecnológica que ya se destacaba como dominante entre el conjunto de las posibilidades que gobernaban una alternativa, incluso en el contexto que siguió al fin de la Segunda Guerra Mundial. La aptitud tecnológica supone asimismo, como condición previa, el desarrollo de una sinergia colectiva caracterizada por un dinamismo de la iniciativa personal, que se traduce en el creciente desliz de la terminología desde “ciencia” a “tecnología” y desde “investigación” a “innovación”.

Esta deriva terminológica traduce una trivialización intelectual que es la contracara de la extensión social que alcanza la secularización de la iniciativa personal y de la libertad de propuesta (la contraída “actitud proactiva”), en el marco de una creciente laicidad ideológica y moral. La secularización tecnológica de la modernidad acarrea un auge del individuo por contraposición a la colectividad, así como de la transgresión por contraposición a la legalidad, que alcanzarán tanto expresiones deliberadamente conservadoras como osadamente rupturistas, simplificadas en aras de la polémica bajo dos etiquetas: neoliberalismo y post-modernidad.

Sin embargo, aquellos contextos en que la incorporación tecnológica encontró mayores dificultades de desarrollo, ante la insuficiencia del capital inicial necesario a una inversión de riesgo, en razón de la contingencia intelectual del producto, o por la incongruencia de las capacidades culturales disponibles con relación al potencial creativo requerido, quedaron relativamente al margen de estos procesos. Es decir, librados a los márgenes de la globalización, por no tener petróleo o por no tener ideas, o por no llegar a implementar lo uno y/o lo otro en caso de tenerlo.

Maniatados relativamente por las condiciones desfavorables del intercambio internacional, tanto como por la moralidad ideológica característica de la modernidad, los desplazados del eje privilegiado de la época han llegado a igualar el neoliberalismo, que pretende restaurar el determinismo naturalista del siglo XVIII bajo el rótulo “mercado”, con la desarticulación de las subjetividades representativas que sostiene la post-modernidad, particularmente en la índole colectiva e ideológica. Sin embargo, no es lo mismo sostener que el Estado debe reducirse a juez y gendarme (es decir a la fuerza de la ley, eventualmente natural) que sostener que el Estado es un artefacto en desuso (en cuanto toda institución es una condensación discursiva) ante la desmultiplicación individual de la libertad enunciativa.

La denegación de la crisis de la modernidad, particularmente a través de la dispersión ideológica del orden social que propone el progreso, genera una moral militante de las instituciones que termina por procrear artilugios al servicio de la opresión (como el G20 o los encuentros de Davos) o por generar un seguidismo panfletario de las recetas de la globalización, que repiten los gobiernos atados al carro mundialista de los “organismos internacionales”. Un ejemplo de este seguidismo imbuido de corrección reglamentaria es el afán con que los partidos uruguayos se suman a “aplicar” (barbarismo anglófilo que se cuela a través del uso de los formularios internacionales por una rendija homológica entre “postular” y “cumplir”) a los mandatos de la OCDE. En un uso estricto del español, “aplicado” es un adjetivo que se vincula al escolar disciplinado y prolijo. Este sesgo le va bien al rol del “mejor alumno de la clase”, según la impronta mundialista que nos legara Lord Ponsomby y se propala en tanto rasgo de excelencia, quizás sin advertir que tal corrección difícilmente trazará un rumbo original o menos aún, una lección en cualquier sentido que haga honor a “lectura” en tanto interpretación propia.

Quizás en vez de preguntarse por qué se encuentra ante una injusta amenaza de penitencia internacional, cuando cumplía con aquel admonitorio “puede y debe mejorar” de los carnets escolares, la clase política y el estamento periodístico uruguayo harían mejor en preguntarse, como lo hiciera un académico compatriota, cual sería con relación a Latinoamérica en particular, el próximo paso que seguiría la Santa Alianza de los países desarrollados, una vez cumplida la misión de la OTAN en Libia. Formulada de esa forma, la pregunta podría parecer vaga y escasamente sugestiva. Sin embargo, la respuesta vino muy poco después con un destino particularmente uruguayo, a partir de una declaración del presidente francés en calidad de portavoz del G20 y de la OCDE. Esta confirmación de preocupación por la vía de los hechos muestra una vez más que es preferible preguntarse en el aire, aparentemente sin motivo acuciante, que divisar un artefacto volador teledirigido, particularmente si se tiene en cuenta el uso que se diera a los drones en Libia.

En un mundo de artefactos teledirigidos, por ejemplo como los enviados por las declaraciones de las cumbres, la inteligentsia uruguaya sigue apostando a la consistencia de la norma. Sin advertir que lo propio de la norma es la reducción de la multiplicidad de la experiencia a la unidad de una prescripción, de manera que es suficiente preguntarle a la norma (igual que a la estadística) por las dos interpretaciones del caso que sea, para advertir que darse por norma el criterio de la normatividad es atarse a un señuelo para bobos.

Ese es el camino por el que ineluctablemente va un estamento representativo que incluso en el plano de la educación pretende que es cuestión de “aplicarse”. Tenemos ya entre nosotros un G20 y una OCDE de la educación uruguaya que comienzan a preparar reglamentaciones y fiscales para impedir toda evasión del recinto normativo. Quizás sea hora de empezar a preguntarse, aunque por ahora parezca en el aire, que dron teledirigido intentará bombardear la díscola autonomía educativa.

 

1 Ver al respecto, en este blog “Mambrú a cielo abierto” http://ricardoviscardi.blogspot.com/2011/10/mambru-cielo-abierto-2-quincena-octubre_15.html

2 Bizzózero, L. “Razones de la intervención en Libia: un análisis desde la periferia latinoamericana”, Vadenuevo.com.uy Nº38, http://www.vadenuevo.com.uy/index.php/the-news/2548-38vadenuevo03 (acceso: 15/11/11)

3 Respecto a las alternativas de lectura de la norma: Pereira, M. La Diaria (10/11/11) Montevideo http://ladiaria.com.uy/articulo/2011/11/extranos-en-el-paraiso/ (acceso: 15/11/11)

4  “En desacuerdo” La Diaria (15/11/11) Montevideo http://ladiaria.com.uy/articulo/2011/11/en-desacuerdo/

 

El país de lo no calculable

 

Teódulo López Meléndez

No podemos escapar aunque apaguemos la pantalla o nos refugiemos en una cueva. Admitamos que ya el eremita o el santo no son posibles. Desde que el hombre se hizo sedentario comenzó a defender un territorio y desde entonces no puede escapar de las obsesiones. Los desiertos ya no existen como espacio de fuga, entre otras cosas, porque no hay manera de fugarse. Somos, ahora, perfectos engranajes  de la gran máquina universal, o mejor, de lo que en otra parte he citado como gran condón universal. Derrida habla de un “fetichismo toxicómano”. Debemos admitir que los hombres tuvieron siempre la tendencia a mirar lo particular en desmedro de la totalidad.

Los políticos son el ejemplo más patético de una participación degradada en la construcción del mundo plano. Los políticos, liquidados por la ineficiencia de las políticas públicas y por la absoluta falta de ideas, han sido absorbidos por los massmedia. Han pasado a ser antenas reproductoras. El intelectual debe entender que estamos ante el mundo de lo finito (encarnado en lo cotidiano por los políticos y la chatura de la pantalla) y que la tarea dura de mantener activo el pensamiento impone acciones que escapan de los viejos y obsoletos términos de “intelectual comprometido”. Los políticos pasaron a ser instrumentos que conectan la información con la mercancía. Tal vez podríamos decir que el intelectual debe atacar los efectos indeseados de lo massmediático, el principal el de la irrealización. En otras palabras, debe combatir el cansancio. Es la imitatio un enemigo a ser desbancado.

La filosofía ha procurado romper el esquema maniqueo. María Zambrano habló de la “razón poética”, una que tiene que vérselas con todo lo que ha sido menguado del espacio lógico. Si vemos bien, de ese espacio han sido eliminados infinidad de pensamientos y comportamientos, hasta el punto de imponerse, al menos en nuestro mundo occidental, una estrechez que inevitablemente condujo al abochornamiento actual. La tesis era, pues, reconsiderar a la metáfora y al símbolo como únicos vehículos del pensamiento. Si tomamos en cuenta que la filosofía más actual considera al mundo una trampa y al hombre un ser que la asume como mundo, podemos determinar como los mecanismos perversos de la “dicha” han podido ser injertados como nuevos sentidos.

Las viejas ideologías totalizantes se derrumbaron. Las premisas de un espíritu religioso dominando el siglo XXI resultaron falsas. La triunfante “literatura” de la auto-ayuda procura dar lecciones para el éxito dentro del sistema injertado. Todos, o casi todos, aceptamos que la democracia es el único sistema político aceptable y, a pesar de las perversiones que brotan de su seno, confirmamos que la libertad es la única posibilidad. En el plano político el hombre espera respuestas totales sin darse cuenta que ellas no existen, o son tan simples que no logran verlas. La primera de todas es que el hombre debe renunciar a la sociedad perfecta que las ideologías le ofrecieron y admitir que tal cosa no es posible. La segunda, que el sistema político llamado democracia sólo es perfectible en su continuo ejercicio y riesgo y que, como todo cuerpo, es susceptible de viejas y de nuevas enfermedades. La uniformidad debe ser combatida y ello pasa por la ampliación de la razón hacia eso que los filósofos llaman “lo no calculable” o “lo no condicionado”.

teodulolopezm@yahoo.com

En Twitter: @teodulolopezm

 

 

 

Democracia recortada

POR JUAN JOSÉ RUIZ MOLINERO

Lo único que nos está permitido hacer todavía a los ciudadanos, no sólo en España sino en la Europa devaluada en sus principios básicos, el principal de ellos la democracia misma, es acudir cada periodo de tiempo a prestar el voto a los candidatos o grupos políticos que nos merezcan más confianza. Sin embargo, la propia Europa, a la que siempre hemos querido parecernos, quizá por estar demasiado tiempo alejada de ella, está recortando peligrosamente las virtudes del sistema, reduciendo la voluntad popular a límites preocupantes, anteponiendo intereses económicos y de mercado -es decir, la esencia del capitalismo más deshumanizado e insaciable- a los legítimos de los ciudadanos que ya ni siquiera están seguros de que valga la pena votar unos programas u otros porque están viendo que los líderes elegidos democráticamente -al margen de sus aciertos o desaciertos, caso de Zapatero, Papandreu o el histriónico Berlusconi- o caen estrepitosamente impulsados por poderes escondidos tras conceptos como mercados, crisis, finanzas, primas de riesgo, etcétera o tienen que doblegarse a los designios de los que manejan esa Europa supuestamente unida que se ha convertido en una especio de barco del holandés errante.

Se está imponiendo la idea perversa de que da igual quien mande en una nación, incluidos sus parlamentos, si realmente tiene que obedecer ciegamente a Consejos Supremos, presididos por los más poderosos del club, si no quieren que lo manden a tribunales especiales, como ya se ha anunciado, donde castigarán su desobediencia. Castigo no para los legítimos representes de los pueblos, sino para los ciudadanos que son los que, al final, pagan las consecuencias de los recortes a su calidad de vida -incluyendo el derecho básico de un trabajo digno- para asegurar la voracidad de los especuladores y las ganancias desorbitadas que afloran en tiempo de crisis.

Con este sombrío panorama reconocerán que es poco estimulante para el proceso democrático ejercer lo que nos queda de los derechos más fundamentales y básicos, con el recelo de si nos están diciendo la verdad o nos consideran meros comparsas de una tragicomedia en la que se está convirtiendo la Europa de los Mercaderes, agitada por el viento inmisericorde de un Eolo sediento de oro, obtenido, como siempre ha ocurrido a lo largo de la historia, a costa del sacrificio de los más débiles. Estamos a un paso de convertirnos en los nuevos esclavos del siglo XXI que, en el fondo, pese a los maquillajes, ha sido el sueño dorado del capitalismo que vuelve a mostrar su faz más descarnada. No se si tras el resultado en las urnas de mañana se abrirá un portillo de esperanza o una avenida para las protestas colectivas, como ya ha aventurado algún líder político. Habrá que esperar a lo que dicen Merkel, los mercados y los usureros.

Italia necesita una ruptura


Por Jacopo Rosatelli

(Doctor en Políticas por la Universidad de Turín y profesor de Estudios Italianos en la Autónoma de Madrid)

 

Cualquier persona que se considere demócrata puede, sin temor a dejar de serlo, alegrarse por el nuevo Gobierno italiano de Mario Monti. Un Ejecutivo de tecnócratas que no nace de una victoria electoral produce, sin duda, una desagradable sensación: posee legitimidad formal pero carece de la sustancial. A pesar de esa evidencia, desde un punto de vista democrático no representa peligro alguno, si se compara con el Gabinete que lo ha precedido y que, al contrario, gozaba del respaldo de los electores. ¿Cómo puede ser más democrático un Gobierno que no fue elegido por el pueblo que otro que ganó en las urnas? Porque lo que hay que entender como “democracia” no es simplemente “lo que quiere el pueblo”, o mejor dicho, su mayoría.

Los teóricos de la democracia constitucional, como Norberto Bobbio y Luigi Ferrajoli, nos enseñan que la legitimidad que otorga el voto popular es sólo un componente del orden democrático; existen otros, como el respeto a la separación de poderes, a los derechos humanos y a las condiciones que garantizan el pluralismo cultural y político, como la libertad de prensa. Todo aquello que los gobiernos de Silvio Berlusconi se han empeñado durante demasiados años en despreciar y destruir, buscando la instauración de un régimen posconstitucional que no tiene similitudes en la Europa contemporánea (con la excepción, quizás, de Hungría). El nuevo Ejecutivo supone, en este sentido, un regreso a una normalidad democrática. A pesar de su evidente falta de legitimidad, derivada de su origen no electoral.

Entonces, ¿hay que celebrar la llegada de Monti como si fuese algo positivo sin más? No, sería un error hacerlo. Como sería equivocado, a mi juicio, pensar que Berlusconi ha sido derrotado y que el berlusconismo pertenece al pasado. El orden democrático ya no peligra como antes, pero el país sigue infectado. Su pésima clase política, su élite económica incapaz, los influyentes círculos mediáticos dignos de un Estado totalitario y el enorme poder de las mafias y del Vaticano siguen ahí. La cultura imperante es la misma que ha sido forjada en 30 años de manipulación televisiva por parte del expresidente: machista, homófoba, egoísta, racista. Los sentimientos antidemocráticos tienen un arraigo profundo. Existen sin duda muchas formas de resistencia, anticuerpos que han hecho posible que Italia no se haya convertido completamente en un régimen dictatorial de forma posmoderna, de los que ya no necesitan porras y aceite de ricino para “mantener el consenso”. Pero estos anticuerpos aún no han ganado la batalla contra el berlusconismo. No se ha producido ninguna ruptura: el país no está, ni mucho menos, desberlusconizado.

España conoce muy bien la gran diferencia que hay entre ruptura y transición. Ambas garantizan condiciones mejores que las que se viven en la situación anterior, pero sólo la primera conlleva rechazar explícitamente el legado cultural y material del pasado, con el fin de intentar que no sobrevivan estructuras y mentalidades del régimen precedente. Alemania rompió con el nacionalsocialismo al igual que Italia (aunque con menor eficacia) con el fascismo. España es el caso emblemático, como sabemos, de Transición: las cosas cambian a mejor, pero renunciando a llevar a cabo medidas que se propongan la tarea de erradicar los vestigios materiales y simbólicos de la dictadura. Hay situaciones históricas donde quizá no se pueda actuar de otra manera, y no es mi intención cuestionar aquí el complejo tema de la Transición española. Sólo me parece útil hacer referencia a ella para establecer un parangón con la Italia de hoy.

Si quiere desberlusconizarse, este país necesita una ruptura. El Gobierno Monti es, en el mejor de los casos, una transición. Los tecnócratas podrán establecer unas condiciones de normalidad democrática que alejen a Italia de una forma de fascismo del siglo XXI. Pero no están en condiciones de convertirla en un país con un nivel de calidad democrática alto, pues entre sus intenciones no se encuentra la de luchar contra las patologías de la sociedad italiana. Aquellas patologías que han permitido al hombre más rico del país (aliado con los racistas de la Liga Norte) ganar tres veces las elecciones y gozar siempre de un consenso nunca inferior a un tercio de la sociedad. A Monti no le interesa derrotar al berlusconismo, sino apartar a Berlusconi del poder, como exigían tanto los mercados internacionales como los poderes fácticos internos, desde la patronal hasta el Vaticano. Los mismos que antes le apoyaban, al darse cuenta de que sus chistes ya no hacían gracia a Merkozy, le han dado la espalda sin remordimientos.

No cabe duda de que los banqueros liberales que ahora se han convertido en ministros “técnicos” sean mejores que las velinas y los abogados del magnate. Y sean más democráticos, como decía al principio. Pero a estos banqueros-ministros no les importa lo más mínimo el grave estado de salud del pueblo italiano, porque a los mercados seguramente no les desagrada que campen a sus anchas el machismo, el racismo, y el desprecio de lo público y de valores como la solidaridad y la justicia. Todo aquello que ha nutrido y ha sido nutrido por el expresidente. Todo aquello con lo que hay que romper, si se aspira a ser un país civil, con una calidad democrática digna. Cabe esperar que las izquierdas italianas, que en los últimos 20 años no brillaron por sus capacidades, no confundan la transición que encabeza Monti con la ruptura que es necesaria para que una infamia similar a la era Berlusconi no pueda repetirse nunca más.

Los actores del vacío


 

Teódulo López Meléndez

El nuevo “dirigente” se inclina ante los factores de poder. Ahora, aún en las situaciones de alto riesgo, no es un grupo de “dedicados dirigentes” el que traza una estrategia; es la compañía publicitaria la que diseña los slogans. Ya la sociedad venezolana no genera sus dirigentes por la sencilla razón de que ha dejado de orientarse a sí misma. Sólo es capaz de percibirse en los símbolos mediáticos. Las sociedades actuales, nos lo recuerda Peter Sloterdijk en “El desprecio de las masas”, son inertes, miran la televisión para, en su individualismo feroz, hacerse suma desde su condición de microanarquismos. La expresividad se le murió a la masa postmoderna y, en consecuencia, no puede generar dirigentes. Hay una plaga inconmensurable asegurando que lo que sucede es que no es la hora de los líderes sino de la masa. El concepto de “opinión pública” está cuestionado desde los inicios mismos del siglo XX, pero, hoy en día, bajo los efectos narcóticos, se puede muy bien asegurar que estas sociedades atrasadas sólo son capaces de generar gobiernos fascistoides que le den afecto. Vivimos, lo dice Sloterdik, “un individualismo de masas”, uno, agregamos nosotros, sembrado en el alma por la pantalla-ojo que sólo produce “suma” mediante el sistema de inyunción.

En las democracias se hacían dirigentes en los partidos, pero los partidos están moribundos. Resultan incompatibles con las nuevas leyes de lo massmediático e, incluso, con las reglas nacientes del nuevo siglo. El viejo axioma de “no hay democracia sin partidos” parece haber sido sustituido por otro que reza “no hay democracia sin canales de televisión”. O “no hay democracia sin el dueño de la chequera”

Lo grave es que realmente marchamos hacia una democracia sin política. El presente está desquiciado. Si las democracias entran en  trastornos de esta magnitud lo que se puede esperar es, como lo he dicho, un gobierno amoroso y fascista o el retorno de otros fantasmas del pasado.  Si no hay política no hay funcionamiento social. He dicho en otras ocasiones que la necesidad es de más política, porque lo que produce cansancio es su ausencia, como en el caso venezolano presente, y no una supuesta y negada presencia excesiva. Lo excesivo es el vacío, una masa que no tiene quien la dirija y una dirección usurpadora.

Los acontecimientos pasan ahora a gran velocidad. Es lo que hemos denominado la instantaneidad suplantando a la noticia muerta. Es la velocidad la noticia. Paul Virilio, gran acuñador de términos, nos ha regalado éste otro, “dromología” o “economía política de la velocidad”, ciencia que se ocuparía de las consecuencias de la velocidad, porque es en función de ella que hoy se organizan las sociedades.

El ejercicio de la política es ahora, y también, instantáneo. Los “dirigentes” que medran aparecer en la pantalla no son más que actores de los canales de televisión, son personal contratado y subsidiario, esclavos balbuceantes del poder tecno-mediático. La democracia sin política pasa a ser un cascarón vacío.

No hay políticos, y mucho menos alguno que piense, que puedan salir a la palestra a discutir tal matrimonio. Serían silenciados por los “dirigentes” que conceden el oxígeno, que les permiten seguir participando en una vida pública altamente condicionada, que ceden el espacio y “elencan” los nombres de los entrevistables.

Todo está en revisión: el concepto de Parlamento, las elecciones, la representatividad, los partidos. De esas instituciones ya no emana poder o legitimidad para los “políticos”. Son nadie. No les queda más que hacerse actores de televisión. No los hay ya con talento, pero si alguno quedara, de igual manera pasaría a ser no más que un personaje massmediático. Un problema adicional aflora: mientras más mostrados por el poder tecno-mediático más incompetentes parecen y se hacen.

teodulolopezm@yahoo.com

En Twitter: @teodulolopezm

¿Tecnología para una mejor democracia?


Por Maria Jesús Verdugo

“Usamos Facebook para agendar nuestras protestas, Twitter para coordinarlas y Youtube para mostrárselo al mundo” es una de las frases de un activista egipcio citado por Patrick Meier (Ushahidi) que más se repitieron entre los participantes de la conferencia del Club de Madrid realizada en Nueva York este año. Resume precisamente cómo las redes sociales han ayudado no solo a organizar las distintas manifestaciones alrededor del mundo (ya sea en Medio Oriente, Europa o incluso Chile), sino que también han servido para exponer a la opinión pública lo que realmente está sucediendo por parte de los mismos protagonistas.

El Club de Madrid, creado en el 2001 con el propósito de lograr un fortalecimiento de los liderazgos democráticos alrededor del mundo, ha profundizado en varios temas durante su existencia, tales como la cohesión social, la participación de la mujer en la política, la religión, la seguridad, el terrorismo, entre otros. Y este año, su décimo aniversario, se dió cita para comprender y analizar el fenómeno de las plataformas tecnológicas y la participación ciudadana en este nuevo siglo bajo el título de: “Tecnologías Digitales para la Democracia del Siglo XXI”.

“La tecnología avanza cada vez más rápido y los políticos se van quedando atrás”, enfatizó el ex presidente de Chile, Ricardo Lagos, uno de los expositores invitados a esta conferencia. Lo que tiene enfrente la clase política no son más que grandes desafíos. Hoy deben entender que la comunicación ya no es unidireccional. Ya no se trata de dar un discurso y ser escuchado, hoy se debe responder a comentarios y críticas abiertas. Gracias a las distintas plataformas tecnológicas se ha abierto un camino a un diálogo real con los ciudadanos. Es por esto que las nuevas generaciones de políticos se han debido adaptar a esta dinámica, ya que en este tema no hay dudas, las redes sociales ya tienen mucha influencia en la opinión pública y esta seguirá aumentando.

Respecto a esto, un ejemplo digno de destacar es la intervención durante uno de los paneles de la conferencia por parte de un representante del sector de desarrollo de la Organización de Naciones Unidas, quien expresó su genuino interés (y preocupación) por lograr una “conversación global” para la próxima reunión de líderes del mundo de este organismo a realizarse en un par de años más. Destacó la importancia que tiene que los 193 participantes de esta reunión tengan una visión universal de lo que está sucediendo y desde ahí lograr las resoluciones necesarias para el desarrollo. Y enfatizó el problema que enfrentan al no existir aún un mecanismo global fidedigno para conseguirlo.

Y es que no todo en el futuro es brillante, como enfatiza Micah Sifry, co-fundador del Personal Democracy Forum. La abundancia de información que existe en este momento se convierte literalmente en “ruido blanco”. No existen filtros de lo que es realmente importante o incluso de lo que es o no verdad. Es necesario encontrar mecanismos para canalizar toda esta abundancia de datos que circula día a día por nuestros aparatos. He ahí la clave para lograr una mayor cooperación y participación junto con una legitimización de las plataformas tecnológicas que aún no tienen el peso ideológico para ser por si solas una fuente confiable de información.

En resumen, sabemos que vivimos en un mundo interconectado, como destacó el ex Presidente de Bolivia Jorge Quiroga. Si antes escribíamos con lápiz y papel, de eso pasamos a los diez dedos en el teclado, a los pulgares en el celular, al índice de los aparatos touch y ahora a la dirección por voz. Por lo que quien sabe que viene en el futuro. La tecnología nos ha permitido comprimir el tiempo y el espacio y hoy nos da la oportunidad de tomar acciones juntos.

Es más: son las mismas tecnologías que hoy nos permiten trabajar juntos, las que nos hacen creer que podemos lograr un mejor gobierno por nosotros mismos. Las elecciones democráticas ya no son suficientes para subsanar la crisis de credibilidad de la clase política a nivel mundial. Y, como lo destacó Beth Noveck (US Deputy Chief Technology Officer), la única forma de lograr un gobierno con mayor participación es a través de la apertura de la información (Open Data) y de la colaboración online.

Luego de dos días de paneles, exposiciones, diálogo y conversaciones, el futuro de este fenómeno sigue siendo incierto. Se comparó a Gutenberg y la imprenta con Internet y la facilidad para publicar, se estimó que se necesitan filtros para lograr mejor comunicación, se destacó que luego de la invención de la imprenta se necesitaron 100 años para discernir entre que era ficción y no ficción. Y más aun, 200 años para lograr un medio de comunicación impreso que revolucionara el sistema político de aquellos tiempos por completo. Lo único claro es que estamos a medio camino, un camino de grandes transformaciones que aún no tiene una meta clara, pero al que nos debemos adaptar y que ojalá nos lleve a una evolución mas positiva de lo que hoy conocemos como democracia.

 

 

El sentido de la paz en el siglo XXI

Por Shirin Ebadi*

Uno de los asuntos más importantes que debe concentrar nuestra atención en el siglo XXI es reconsiderar la definición de algunos conceptos sociales. A modo de muestra, podríamos empezar por la paz. ¿La paz significa la ausencia de guerra? Es decir, ¿si un país no está afectado por la guerra de manera directa, deberíamos pensar que el pueblo vive en paz y tranquilidad? No. No cabe duda. Sin embargo, esa fue la definición de la paz en siglos pasados. En el siglo XXI, pues, el concepto de la paz requiere una nueva definición.
Hay que tener en cuenta, por ejemplo, la situación de los enfermos de sida en el mundo, y especialmente en los países africanos. Es tan devastadora que se considera aún más peligrosa que las balas y las pistolas. Según los datos de Unicef del año 2006, el número de niños enfermos de sida en el planeta, desde recién nacidos hasta los 14 años, asciende a 2,1 millones. Esos niños perderán su vida sin que haya una guerra en su país. En 50 países pobres del mundo, como Chad, Guinea Bissau, Sierra Leona, Liberia, Afganistán o Somalia, un niño de cada seis muere antes de alcanzar los cinco años, y la razón principal es la falta de cooperación en temas de sanidad, agua potable, nutrición y vacunación. ¿Acaso estos niños pierden sus vidas por las bombas? No. Pierden la vida por la extrema pobreza. Es evidente que hace falta una nueva definición para la paz.

Paz quiere decir tranquilidad, y el ser humano solo llegará a estar tranquilo cuando no pierda sus derechos y sienta protegida su dignidad humana. Está claro que una persona que a causa de la pobreza no puede estudiar, o que por profesar sus creencias acaba siendo castigada o encarcelada, o que no tiene un techo que le cobije, no vive en paz. Para que la sociedad pueda gozar de una paz duradera debe contar con dos pilares esenciales: la democracia y la justicia social. Si en un país gobierna el despotismo o la tiranía, sea religiosa o política; si no se respeta la opinión o las creencias de sus ciudadanos, o si acallan cualquier voz contraria con latigazos, encarcelamiento y balas, no cabe duda de que algún día la tranquilidad desaparecerá de esa sociedad.

El otro pilar de la paz es la justicia social. No se puede vivir con tranquilidad donde hay diferencias de clase. Seremos felices el día en que nuestros vecinos no tengan hambre. ¿Cómo podemos confiar en el establecimiento de la paz internacional cuando más del 75% de la riqueza del planeta está en manos de un 1% de la población mundial? En el 2004 la Organización Internacional del Trabajo difundió datos que mostraban que 126 millones de niños están empleados en trabajos peligrosos.

Pero la justicia social no debe ser considerada solo en el ámbito internacional: también debe entenderse en el nacional. En una sociedad en la que existe una distancia abismal entre ricos y pobres no puede haber sosiego. La experiencia histórica muestra que la propiedad de solo un 1% de la población estadounidense equivale a la propiedad conjunta del 65% de toda la población de ese país. En la India nacen millones de personas sin hogar. Se casan en la calle, viven en ella y mueren en ella. Al mismo tiempo se construyen los hoteles más caros y lujosos, y se levantan palacios para el confort de solo un 5% de los habitantes. No cabe duda de que la lucha contra la corrupción económica y administrativa, además de la reducción del presupuesto militar, puede compensar parte de esas injusticias.

Otro punto que debemos considerar es la definición de la democracia. La democracia en su sentido clásico es el gobierno de la mayoría. Sin embargo, esa mayoría que ha sido elegida en unas elecciones libres no tiene derecho a gobernar como se le antoje. No olvidemos que muchas de las dictaduras del mundo han llegado al poder por medio de la democracia; es decir, por el voto de la mayoría de la gente, como en el caso de Hitler. Por tanto, esa victoria en unas elecciones no debe entenderse como democracia. La mayoría que llega al poder en unas elecciones libres debe respetar un marco general si quiere ser considerada democrática. ¿Y cuál es ese marco?

El marco de la democracia se define por los principios de los derechos humanos o, dicho de otro modo, la mayoría que alcanza el poder solo puede gobernar respetando esos derechos y no tiene derecho a transgredir esos límites. Ninguna mayoría que alcanza el poder puede oprimir, amparándose en la religión, a la mitad de la sociedad, que son las mujeres, como sucede en Irán con la excusa del islam. Ninguna mayoría que alcanza el poder tiene derecho a prohibir la libertad de expresión por ideología, como ocurre en Cuba y en China. Ninguna mayoría que alcanza el poder tiene derecho a circunscribir las libertades políticas, como pasa en EEUU, donde no está permitida la actividad de los partidos comunistas, a los que, directa o indirectamente, se limita.

Con esa definición, los gobiernos no solo obtienen su legitimidad por medio de las urnas y de la opinión del pueblo, sino también mediante el respeto de sus derechos. Cualquier excusa para obviarlos -ya sea la pertenencia cultural, religiosa o ideológica- es inaceptable, puesto que los derechos humanos son la esencia de las religiones y de las distintas civilizaciones y pueden vivir al unísono con cualquier cultura y civilización.

*Shirin Ebadi, abogada iraní, galardonada con el Premio Nobel de la Paz en el 2003.

 

El país empobrecido


Teódulo López Meléndez

El país da muestras por doquier de cansancio e indolencia. El país da muestras falsas de vitalidad quedándose en lo superficial y en lo anecdótico. El país carece de oxígeno. El país discute acaloradamente sobre banalidades. El país se solaza en la mediocridad y en el absurdo. El país se centra en lo intrascendente y en lo irrazonable. El país da lástima.

Aquí no vemos otra cosa que demostraciones ocasionales de salud mediante un trote que celebra el ingreso a la Academia Militar, convirtiendo el estado físico y mental del Jefe del Estado en una regular parodia cuando en cualquier país decente lo que se hace es informar si el titular del cargo puede ejercerlo, como acaba de suceder con el presidente de los Estados Unidos quien aprobó el examen médico.

Aquí no vemos otra cosa que anuncio de apoyos a precandidaturas presidenciales sobre la base de regionalismos trasnochados, como si ello constituyera base suficiente para decirle al país todo que a tal estado o región ya es hora de que le corresponda un presidente. Parecieran manifestaciones típicas de fines del siglo XIX en que los andinos gobernaban por el hecho de serlo.

Un incidente, provocado o no, inducido o no, maniobra o no, trampa o no, se convierte en una discusión altisonante sobre nuestra capacidad etílica, sobre que personaje del gobierno o de la oposición ha aparecido más en condiciones supuestas o no de intoxicación de licor. Se llega a extremo de hacer campañas mediáticas sobre la borrachera supuesta o no de alguien, a proclamar que los otros no pueden aludir a tales hechos porque los practican más y mejor.

Se debate sobre los términos que inventan los publicistas para remarcar ropa vieja y deteriorada y se asumen porque desde antes que los asesores con sus invenciones destruyeran propósitos había una simpatía originada en afinidades que nada tienen que ver con la decisión sobre el futuro del país.

Se insulta y desde el otro lado se celebra al que gritó respondiendo los insultos con otros más fuertes y sonoros. Se aprovecha cada incidente, banal o no, para fabricas héroes que suplanten la propia voluntad, héroes de corta duración, pero que llenan el espacio de las propias impotencias.

Se recurre a la burla socarrona, a la frase intrascendente, a la menudencia insignificante, para rellenar un espacio que rechaza las ideas y los planteamientos de fondo. Se deteriora, se corroe, se vive del recurrir a alguna expresión supuestamente graciosa para ocultar una mediocridad generalizada que coloca a la nación en uno de sus peores momentos y en uno de sus decaimientos más pronunciados.

La retroalimentación de lo vacuo, cual dos probetas que hierven al son de una llama sin luz, hace el experimento de la competencia por el palmarés de lo muerto un espectáculo lamentable, un teatro de la puerilidad, un escenario de la nimiedad, un derrumbe del edificio de la racionalidad.

El país da pena. Se alega estar en un momento trascedente pero se enmarca, se forra, se envuelve en la más absoluta de las futilidades. Algún supuesto intelectual escribe textos con títulos que incitan a la confusión y que muestran sus desvaríos mentales. El país es un bojote dejado a merced de los depredadores y de la inconsistencia.

El país vive uno de los peores momentos mentales de su historia. El país está tirado allí, dejado allí, sólo y a merced de supuestas ilusiones y de enrarecidos sueños. El país recurre a masturbaciones mentales para evitar un acceso de lucidez o un ataque de conciencia.

El país anda muy mal. El país nos está mostrando como ha languidecido, como ha ido empobreciéndose, como se ha hecho este dolor que muy pocos llevamos a cuestas.

teodulolopezm@yahoo.com

 

 

 

Audio: “El festival de Cannes con drama griego

Teódulo López Meléndez habla de “El festival de Cannes con drama griego”

http://www.ivoox.com/festival-cannes-drama-griego-audios-mp3_rf_876553_1.html

Ya somos más de siete mil millones de seres humanos. Demografía y sostenibilidad

Temas de acción clave

El 31 de octubre de este año 2011 se ha sobrepasado la cantidad de 7.000.000.000 de seres humanos y sigue aumentando. La enorme magnitud de esta cifra y de su ritmo de crecimiento se comprende mejor cuando recordamos que la humanidad tardó centenares de miles de años en alcanzar la cifra de mil millones y que, en cambio, en los últimos 60 años el aumento ha sido de 4500 millones. Tan solo entre 1960 y 2000 la población mundial se duplicó.

Son cifras que, naturalmente, preocupan a los expertos, porque nuestra especie utiliza ya alrededor del 40% de toda la producción fotosintética, es decir, casi tanto como la totalidad del resto de seres vivos. Y nuestra interacción con el medio es tan intensa que estamos contribuyendo a agotar recursos naturales básicos e incluso a modificar gravemente el clima y a extinguir miles de especies, rompiendo un equilibrio ecológico del que depende nuestra propia supervivencia.

Sabemos, sin embargo, que el crecimiento demográfico no es el único –y ni siquiera el más importante- de los problemas a los que se enfrenta hoy la humanidad. Por eso Babatunde Osotimehin, Director Ejecutivo del UNFPA (Fondo de Población de Naciones Unidas), advierte en el reciente informe Estado de la población mundial 2011 de que la pregunta a hacerse no es si somos demasiado numerosos, sino ¿qué podemos hacer para que nuestro mundo sea mejor?

La pregunta sigue siendo, pues, la misma que nos venimos haciendo desde que se ha comprendido que estamos viviendo una insostenible situación de emergencia planetaria marcada por un conjunto de problemas estrechamente vinculados (contaminación plural y sin fronteras, cambio climático, agotamiento de recursos básicos, pérdida de diversidad biológica y cultural, pobreza extrema de millones de seres humanos, etc.) que tienen su origen en la búsqueda de beneficios particulares a corto plazo. La pregunta sigue siendo la misma, pero cobra mayor urgencia y dramatismo con cada nueva generación, en la medida en que no se adoptan las medidas necesarias.

Por supuesto, como el propio Babatunde Osotimehin señala, la estabilización de la población es un requisito indispensable para el logro de un futuro sostenible. Pero ello no remite a políticas coercitivas de control de la natalidad, sino a la extensión de la educación, a la erradicación de la pobreza y, muy particularmente, a la supresión de las barreras que impiden una maternidad y paternidad responsables. A este respecto, Robert Engelman, Presidente del Worldwatch Institute y experto en población mundial, nos recuerda que más del 40% de los embarazos que se producen en el mundo son no deseados. Por eso, la medida más eficaz para reducir la tasa de nacimientos es favorecer la participación de las mujeres en la toma de decisiones, incrementando su concienciación y protagonismo y suprimiendo las barreras que les impiden ejercer este derecho básico.

Pero hemos de insistir en que junto a este problema del crecimiento demográfico resulta aún más grave el consumismo depredador de un quinta parte de la humanidad, vinculado a un sistema socioeconómico que exige el crecimiento continuo de la producción de bienes, con el consiguiente consumo de recursos y de generación de residuos que degradan el planeta.

Se hace por tanto imperiosa la necesidad de un cambio profundo en el sistema productivo y en la organización social, para poner fin a la degradación del medio y a inaceptables desequilibrios. Por ello la UNFPA ha lanzado este mismo año, en que se ha alcanzado la cifra de siete mil millones, su campaña 7000 millones de seres humanos, 7000 millones de acciones. Una campaña para destacar, en un foro abierto, las acciones positivas realizadas por personas y organizaciones para el logro de un desarrollo sostenible.

Ahora, este mes de noviembre, todas y todos tenemos la ocasión de participar en una acción de gran importancia: contribuir a crear un clima social que obligue a los responsables políticos a firmar, en la Convención Mundial del Clima que se inaugura en Durban el próximo 28, el acuerdo ambicioso, justo y vinculante de reducción de gases de efecto invernadero que reclama la comunidad científica como requisito de un futuro sostenible (ver boletín 69 en http://www.oei.es/decada/boletin069.php). El futuro de siete mil millones de seres humanos, el futuro de todos nosotros, está en juego. Podemos y debemos lograrlo. No nos dejemos dominar ni por el derrotismo ni por la pasividad.

Educadores por la sostenibilidad
Boletín Nº 72, 1 de noviembre de 2011
http://www.oei.es/decada/boletin072.php

RECORDATORIO IMPORTANTE: Es preciso reforzar nuestra contribución para crear un clima social que obligue a los responsables políticos a firmar, en la Convención mundial del clima que se inaugura en Durban el próximo 28 de noviembre, el acuerdo ambicioso, justo y vinculante de reducción de gases de efecto invernadero que reclama la comunidad científica para sentar las bases de un futuro sostenible (ver boletín 69 en http://www.oei.es/decada/boletin069.php).

Altanería militante


Por Alberto Medina Méndez

Algunos líderes se han convencido de su propio éxito, a tal punto de creer que han encontrado la fórmula mágica, la prescripción perfecta, el secreto tan anhelado, para conducir los destinos sus naciones.

Es tal la perdida de humildad de esos personajes, que no solo se elogian a sí mismos a diario, sino que se sienten tan inteligentes, tan superiores, que no aceptan bajo ningún punto de vista que alguien intente una discrepancia respecto de sus creencias. Toman sus visiones como las únicas posibles y no comprenden la posibilidad de un pensamiento divergente.

Obviamente, los rodean como siempre aduladores profesionales, fanáticos sin criterio propio, audaces oportunistas y gente que no solo aplaude sus acciones cotidianas sino que descubre en el líder atributos que ni siquiera él se habría reconocido.

Pero su arrogancia llega mucho más lejos aún, porque no solo se ufana de sus supuestos triunfos, sino que además cree férreamente en la originalidad de sus recetas, entiende que ha descubierto algo que no tiene antecedentes y que su acción de gobierno es fundacional, inédita, singular, y que por tanto quedará en la historia, en el bronce, por sus logros.

No admite bajo ningún punto de vista la posibilidad del error, mucho menos aceptará la crítica y buscará permanentemente cualquier mecanismo para dejar fuera de la cancha a sus detractores, aunque jamás reconocerá en público, su evidente nivel de intolerancia democrática, pese a recitar lo opuesto, declarándose defensor de la libertad de expresión y la pluralidad.

Lo paradójico es que los ciudadanos de su patria, reniegan de cualquier extranjero que se anime o tenga la osadía de opinar sobre su país, sus acontecimientos políticos o sus decisiones económicas. Cualquier foráneo que se atreva a dar su parecer sobre su patria, mucho más aun sobre sus políticas implementadas, es rechazado por el solo hecho de no haber nacido o, al menos habitado el suelo local.

Esa especie particular de xenofobia que forma parte del folklore doméstico, se transforma rápidamente en bronca, en odio y resentimiento, y alcanza diferentes niveles de vehemencia según la nacionalidad del eventual interlocutor. Los hermanos del continente y fundamentalmente de países vecinos serán menos cuestionados, pero aquellos de otras latitudes, con idiomas diferentes y culturas e idiosincrasias distintas, no tendrán siquiera cabida a la hora de dar su perspectiva y serán rechazados de plano.

Ni hablar del caso en el que esas opiniones provengan de instituciones políticas de otros países, gobiernos u organizaciones supranacionales. Esos comentarios, o sugerencias se tomarán como una pretendida orden imperial, o como la impertinente intromisión en asuntos de estado, o propios de la soberanía local, que ningún país debiera vulnerar.

Ahora, lo extraño de esta pretendida teoría pseudo nacionalista, es que cuando el líder local de turno tiene la oportunidad de disponer de una trinchera pública, de un ámbito mediático, o de un auditorio internacional, o institucional fuera de su país, parece en ese caso estar mágicamente habilitado para ocuparse de otras naciones y sus conductores.

No solo lo hace, sino que se anima a hacer recomendaciones con una arrogancia poco comparable con los jefes de Estado a los que suele criticar por lo que describe como idénticas acciones.

La explicación es simple. Considera que su figura no es comparable con ninguna, se ve a sí mismo como especial, inteligente y original, por lo tanto el sí se siente debidamente autorizado moralmente para hacer y decir lo que le plazca, sin el riesgo de ser juzgado de igual modo por los que reciben su discurso.

Cuando habla un extranjero interfiere en asuntos de otras naciones, pero cuando lo hace el líder de cabotaje, no hay problema alguno, es como que tiene argumentos para “entrometerse” sin ningún desparpajo.

Y un componente adicional son las circunstancias propias y ajenas. Dar consejos desde la cómoda posición que otorga el viento a favor es al menos poco objetivo, sino hipócrita. Darle recomendaciones a quien tiene viento en contra desde la vereda opuesta es un despropósito, y alguien debería tener al menos el decoro, la mesura, la prudencia de llamarse a silencio.

Cuando la coyuntura establece un escenario positivo, sobre el que no tenemos influencia pero que nos permite un despliegue más holgado, el sentido común, pero por sobre toda las cosas, la grandeza espiritual y humana debería aportar la cuota de recato que la situación amerita.

Y que quede claro que no hablamos de alguien, sino de muchos. No se trata de un personaje en particular, sino de varios y de una actitud reiterada en la historia. Cada nación, cada comunidad, cada ciudadano y sus dirigentes por ende, deben lidiar con sus propios problemas.

El arsenal de ideas, de herramientas y hasta de creencias que aplicarán para intentarlo depende de muchos factores, y hay que saber respetar esa singularidad, teniendo la cordura y la madurez para darse el lugar que corresponde y no otro.

Lo que hace grandes a los hombres, célebres a los dirigentes, estadistas y no mediocres a los conductores, son sus cualidades y atributos personales, y no sus defectos y bajezas humanas. Para que quede claro, no está en la lista de las virtudes esta permanente altanería militante.

amedinamendez@gmail.com

skype: amedinamendez

www.albertomedinamendez.com

54 – 03783 – 15602694

 

Audio: De cuando la democracia se muestra trágica

Estoy hablando (audio) sobre “De cuando la democracia se muestra trágica”

http://www.ivoox.com/de-cuando-democracia-se-muestra-tragica-audios-mp3_rf_869771_1.html

Teódulo López Meléndez

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