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Democracia siglo XXI

mes

junio 2011

Video: “Mensaje a la república bicentenaria”


Teódulo López Meléndez

Video: “Mensaje a la república bicentenaria

http://youtu.be/3QOQYFERJ4I

El justo aliado en la otra orilla del Mediterráneo


Teódulo López Meléndez

El comienzo, en Túnez, parecía marcar una diferencia con la tradición de golpes militares y de sustitución de gobiernos autoritarios por otros gobiernos autoritarios. Ahora subyacía un reclamo democrático y una exigencia de mejora en las condiciones de vida. Europa miraba los sucesos con su extraña persistencia en considerarlos ajenos, mientras Estados Unidos, un tanto más alerta, iniciaba un proceso de interés que bien podía dirigirse a la mediación y a la preservación de antiguos aliados.

El contagio a los vecinos tal vez hizo mirar mejor a través de la ventana. La crisis egipcia, particularmente, la espectacular caída de Hosni Mubarak por una revuelta callejera que partía de la emblemática plaza de Tahrir, desató el interés norteamericano por una inevitable transición y, en consecuencia, comenzó a mover las viejas piezas de los fieles para preservar sus intereses en un país que había sido el mejor aliado en el difícil equilibrio del Oriente Medio.

La historia la conocemos, con sus consecuenciales matanzas en Yemen, en Libia y Siria y con sacudidas en Marruecos y Argelia, en menor escala, y en Jordania y Bahrein. Corrupción, autocracia, desempleo, déficit de dignidad humana y falta de futuro para los jóvenes se habían conjugado en un coctel preciso que estaba produciendo la primera gran revolución del siglo XXI.

Los árabes, despreciados en su capacidad de movilización interna y puestas en dudas sus capacidades democráticas, estaban pasando, ante los ojos atónitos, por encima de los déspotas que habían recibido cheques en blanco de sus aliados occidentales para, supuestamente, mantener a raya a un incierto peligro islamista en el cual justificaban sus tropelías dictatoriales que les permitía mantener en los bancos de esta parte occidental del mundo grandes cantidades de dinero confundidas en las cuentas como propiedad del dictador específico y/o del Estado que regentaban. La juventud excluida salió a poner las víctimas para sacudirse la corrupción y la represión política y social.

Ante la evidencia de un derrumbe los analistas comenzaron a buscar antecedentes, como las revueltas argelinas de 1988, aplastadas como un hecho excepcional y circunstancial o a recordar que en Marruecos la vida diaria es muy difícil, mientras la caída del tunecino Ben Alí hacía ver a los árabes que por encima de los ejércitos poderosos una población en la calle podía labrar su destino, no sin poner una altísima cuota de víctimas, pero ya no importaba, se pondrían las víctimas, pero en esta ocasión nadie secuestraría la gran revuelta.

Por alguna parte se había colado un enfoque progresista de las cuestiones sociales, incluida la situación de la mujer. La tecnología había abierto los canales de Internet y de las redes sociales que fueron esenciales para las convocatorias -y también la de los teléfonos móviles- y para poner en los ojos de la juventud la ilusión de otra manera de vivir. Pero también la televisión, como el programa Bab al hara (La puerta del barrio) o las transmisiones de Al Yazira.

Se conjugaron, entonces, los núcleos urbanos juveniles, los grupos islámicos que entendieron debían montarse en el indetenible carro democrático, los ejércitos contagiados y divididos entre quienes debían lealtad a los viejos regímenes y quienes miraron los ojos de los jóvenes y lo entendieron todo, más las masas urbanas empobrecidas que midieron nada tenían que perder. El levantamiento a cualquier precio fue la orden perentoria emanada de la confusión y de la indefinición. La incertidumbre es lo propio de este tipo de sacudidas históricas. Hablamos de revolución árabe sin olvidar las diferencias de país a país, pero sin olvidar tampoco el obvio hilo transmisor que las une a todas.

El viejo socialismo encarnado en un líder militar o el fanatismo religioso fueron superados por un ansia democrática convertida en el motor esencial. Se trata de países islámicos donde ante los ojos de la incredulidad comienza a plantearse la identificación posible entre una religión calificada arbitrariamente de no apta para el ejercicio de la libertad y el camino democrático. No es por ello casualidad que los jóvenes agrupados en la emblemática plaza de El Cairo citaban constantemente a Turquía. La vertiente fundamentalista parecía derrotada, aún cuando los dictadores tambaleantes acusasen a Al Qaeda de estar detrás de las revueltas y aún intentasen vender a occidente esa versión que les permitiese seguir recibiendo la ayuda estabilizadora.
Obviamente lo importante era, y es, sacudirse las viejas formas políticas dictatoriales, pero el asunto de las nuevas formas sociales y económicas queda pendiente. Un régimen puede ser derrocado en días, pero la construcción de una nueva realidad sustitutiva toma décadas, de manera que la observación pertinente es que la revolución árabe apenas comienza.

II

Es necesario preguntarse si ella hubiese sido posible en el anterior cuadro de la realidad internacional, esto es, en el mundo aún no afectado por las transformaciones profundas o si ese proceso en el norte de África es la manifestación más conspicua de esos cambios, como también es posible preguntarse si es ambas cosas a la vez.

Recordemos la intervención norteamericana en Irak, la situación imposible de Afganistán y la irresuelta crisis israelí-palestina, desde el punto de vista de la vieja concepción militar, a la que debemos sumar la reciente crisis económica. Ciertamente la presidencia Obama marca un reconocimiento del nuevo cuadro que pasa por el abandono de las acciones unilaterales y la búsqueda de consensos y de responsabilidad compartida. La dura operación diplomática para involucrar a la OTAN en el caso libio es una prueba de ello.

Ciertamente la revolución árabe tomó por sorpresa a todos los organismos de inteligencia que esperaban no más que una represión violenta y el mantenimiento en el poder de los antiguos dictadores. Creemos que en el caso egipcio se hace más patente esta equivocación, pues nadie pensó que Mubarak podría ser echado del poder de la manera en que resultó.

El segundo elemento a mencionar es la heterogeneidad de las fuerzas que confluyeron para hacer posible la revuelta. Confluyeron prácticamente todas, desde los movimientos islamistas que entendieron debían incorporarse sin buscar excesivo protagonismo, los estudiantes y los jóvenes en general, las clases medias, las mujeres, los trabajadores, los militares y los intelectuales. Claro está, como ha sido mencionado hasta la saciedad, que el cansancio, la falta de oportunidades y una renovada ansia de libertad fueron los motores, con el firme propósito de derrocar a los antiguos regímenes y de obtener un sistema democrático, uno que sólo el tiempo determinará en sus formas y alcances. Es propio de todo movimiento de esta índole adolecer de indefiniciones. Sólo al paso de los años podremos medir su real alcance. Hay, sin duda, una modificación sobre el papel del mundo árabe en el mundo en surgimiento. Cuando se produzcan los sucesos que esperamos, queremos decir la caída de otros regímenes de la región, deberemos plantearnos si su nuevo e insurgente influencia será ejercida en común o bajo los parámetros de los Estados ahora existentes. La presencia islámica o el eventual brote nacionalista serán asuntos a considerar. Buena parte dependerá de la evolución del asunto palestino.

Un ingrediente a observar será la evolución del siempre presente petróleo. Países rentistas como Arabia Saudita han estado casi inmunes a la revuelta. Es obvio entonces que sobre el petrolero Golfo Pérsico hay que dirigir una mirada. Allí las reformas políticas son inexistentes, apenas algunos atisbos para adecuarse a la nueva realidad económica mundial. Bahrein y Omán están agotando sus reservas, pero en términos generales hay que recordar que la población del Golfo tiene una altísima población joven, que las tasas de alfabetización son muy altas y que cada día son más los egresados universitarios. Es muy difícil pensar que esta población no desee cambios drásticos de gobierno y de formas de vida. El miedo al contagio quedó de manifiesto con la intervención militar saudita en Bahréin.

Sea como sea, el punto focal del Golfo Pérsico es Arabia Saudita, por sus grandes reservas petroleras y su capacidad de producción que ayuda, en casos necesarios, a la estabilidad de los precios. Los insistentes llamados vía Twitter o Facebook han encontrado respuestas parciales, especialmente entre la población chií. La monarquía ha respondido con ingentes inversiones en infraestructuras, educación y sistema sanitario. Allí, como en buena parte del mundo árabe, hay que considerar el poder tribal. Arabia Saudita sigue siendo la incógnita de un extendido abrazo de las revueltas al corazón mismo del Golfo.
Se mencionan con frecuencia las muy buenas condiciones de vida de los habitantes de esta región como antídoto efectivo contra la posibilidad de un contagio. Sin embargo, dudamos que ello pese más que el descubierto poder de cambiar las cosas mediante las grandes protestas populares. El deseo de participación y de injerencia en la toma de decisiones sobre su propio destino parecen ya una marea indetenible. La posición norteamericana no es de apoyo incondicional. Europa, dentro de sus tradicionales vacilaciones, deberá entender perfectamente el papel a jugar en la transición hacia la democracia inicial, de manera especial con unos Estados Unidos recordándole que son los europeos quienes deben tener los ojos puestos en la evolución de los acontecimientos. El 45 por ciento del petróleo que el mundo consume sale de esa región aparentemente inmune llamada Golfo Pérsico. La importancia misma del petróleo determinará en alguna medida su suerte. Ninguno de los procesos árabes consumados ha amenazado en nada con una suspensión del suministro y si algún grito se ha escuchado contra occidente ha sido por excepción. El mundo árabe no ha dado muestras de rupturas o distanciamientos ni de diferencias irreconciliables con esta porción del planeta.

III

Los momentos de esplendor del mundo árabe parecían escondidos en la historia. La dominación de parte de la península ibérica y la extensión de la civilización islamo-árabe hasta los confines de Asia, la insurgencia tras las decadencias griega, romana y persa, el aporte inestimable a la civilización.

La ocupación bajo el imperio otomano, el colonialismo europeo como consecuencia de la Primera Guerra Mundial, la influencia dominadora gringa después de la Segunda. El mundo árabe apenas insurge en 1952 con el nacionalismo de Gamal Abdel Naser que hace retumbar de nuevo su voz en el mundo de mitad del siglo XX. Desde allí aparece el Gadafi del Libro Verde y la degeneración de la esperanza en dictaduras personalistas. De nuevo el mundo árabe decae y los vicios más atroces se instalan en monarquías hereditarias y en líderes socialistas convertidos en vulgares tiranos.

Pero el mundo evolucionaba y la revolución tecnológica de la comunicación, más el acceso al conocimiento, hacían su efecto sobre la juventud y surgían las preguntas y los desafíos. Ya no venía la información exclusivamente de los controlados medios oficiales, las perspectivas se ampliaban y los complejos establecidos falsamente sobre este pueblo comenzaban a agrietarse. No estaban condenados a la avaricia de monarcas o de dictadores que confunden el dinero del Estado con sus propias fortunas mal habidas, la libertad y la posibilidad de crecimiento humano comienzaban a empujar el renacer de una conciencia sepultada en el pasado.

Hay en curso una revolución en el mundo árabe. El amontonamiento de causas de todo tipo (históricas, políticas económicas, climáticas y sociales) lo ha hecho posible. Tiene pocos meses y sus verdaderos resultados tardarán años en verse, pero ya a nadie le puede caber la menor duda que los pueblos árabes han retomado un protagonismo de la historia y que pueden darnos grandes aportes civilizatorios. No se tiene un pasado de esa magnitud para despertar y caer de nuevo en el letargo. Sobre el Mediterráneo deberá Europa observar, desde su desfallecimiento, el renacer de quien no es su enemigo sino el justo aliado para una alianza de civilizaciones que conforme al planeta del siglo XXI.

teodulolopezm@yahoo.com

La enfermedad de Europa

Teódulo López Meléndez

No han sabido las élites construir una verdadera Europa sino una especie de patchwork institucional basado sobre equilibrios que en nada contribuye a la mejoría real de la vida. Hay, pues, una crisis de confianza. Y la vertiente económica que afecta al empleo y las prestaciones sociales.

En pocas palabras, Europa se convirtió en el segundo escenario de la crisis financiera global. The Times sentenció: “El sistema bancario es insolvente, el desempleo se acelera, los ingresos por impuestos caen, los mercados están en un estado de choque, la construcción se derrumba, los déficits aumentan vertiginosamente y la confianza de los consumidores sufre una masiva contracción en todo el sistema que podría salirse de control”.

La derecha aparece impotente y achantada generando extremismos que por momentos hacen recordar los grandes males del siglo XX. La izquierda ha perdido la brújula y se mueve enloquecida y sin ideas, nutriéndose del pasado o dando muestras de su incapacidad de sustituirlo.

La izquierda no logra refundarse sobre nuevo pensamiento, se manifiesta impotente para ofrecer respuestas. La derecha, ante su confusión encerrada en el traje del nacionalismo, sólo encuentra acción en planes de seguridad y de reactivación económica. No parece existir una política anti-crisis de ninguno de los dos lados que conlleve a los objetivos comunes y a la reaparición de una verdadera solidaridad.

Pero es la crisis moral la más grave. Algunos la denominan de moral civilizadora. La historia parece ha dejado de ser competencia por el poder o competencia por la riqueza. Europa era el centro de la cultura mundial y ya no lo es. Quedó de manifiesto al final de la Guerra Fría. Una crisis de cultura necesariamente lleva a una crisis política. El siglo XXI se está convirtiendo para Europa en el siglo de la nada. El nihilismo que he puesto de relieve en otros textos conlleva a un profundo cansancio y a un relativismo moral.

Hay un malestar intelectual que hace a los europeos incapaces de definir el resultado de la presente transición. El proceso de pensamiento parece paralizado en un proceso cultural de choque psicológico. El desgaste político se acentúa como normal consecuencia. La relación del individuo con la sociedad ha alcanzado altos grados de empobrecimiento.

Europa puede estallar como proyecto político o recomponerse. Como he insistido el problema radica claramente en la política. La pretensión que asoman algunos líderes de estatismo como solución contradice claramente el deslizarse del Estado-nación lo que implica la necesidad de un avance hacia el fortalecimiento de un poder público comunitario. Europa debe hacerse reinvención de la democracia en sustitución de esta casta impermeable que parece rodearla y que la hace caer en la desesperación impotente y en la corrupción. La democracia actual es la del siglo XX sin que Europa se de cuenta de lo que si se han dado unos pocos: la necesaria intervención de las comunidades en las instituciones supranacionales.

Si bien la situación económica provoca ansiedad e interrogaciones sobre el futuro es el marco general donde debemos buscar la irritación, la desesperación juvenil y la frustración. Cada ser humano vive su propia crisis subjetiva y la desadaptación se convierte en miedo y posteriormente en reacción.

Crisis económica, crisis cultural, crisis psicológica, crisis social, hasta quizás ser crisis humana. Aparte de lo puntual como consecuencia del quiebre económico, esto es, reducción de beneficios sociales y despido de empleados públicos –lo que refleja una reducción del Estado en medio de la paradoja de renacimiento del estatismo- la otra causa son las migraciones y la xenofobia. Y la otra cara de Jano: pretendieron construir a Europa sin la participación activa de sus ciudadanos. Y lo dijeron explícitamente al eliminar del Tratado de Lisboa la referencia a democracia participativa para quedarse en un concepto desmoronado de democracia representativa. Las quejas por las derrotas de una Constitución quizás deban ser reemplazadas con una autocrítica por el empujón de rechazo dado a los ciudadanos europeos.

Esta es la Europa de la crisis con la consecuencial pérdida de confianza en una clase política burocratizada con claras manifestaciones de ineptitud.

teodulolopezm@yahoo.com

Documento de “Democracia real ya” contra “El pacto del Euro”


http://www.democraciarealya.es/tmp/19j/DRYcontraelPactodelEuro.pdf

El 19J bajo la lupa

Por Carlos Carnicero
MADRID, 19 Jun. (OTR/PRESS)

La historia es testigo del desconcierto de las grandes transformaciones. Los procesos de cambio siempre encuentran resistencia. Los conservadores tienen, por definición, miedo a que las enseñanzas del pasado inviten a cambiar el futuro.
T
odo lo que está sucediendo en las calles de muchos países de Europa y en España en concreto está impregnado de signos de cambio. Nuestro modelo de vida no da más de sí sin grandes transformaciones. El cambio climático garantiza que nuestro modelo de consumo es insostenible. Las grandes diferencias sociales que se han proyectado en el final del siglo XX y comienzos del XXI hacen que las sociedades estén cebando bombas sociales de efectos retardados. La primacía de la economía financiera sobre la productiva genera burbujas que pagan todos los ciudadanos. La perdida de soberanía política de los países frente a los mercados es insostenible.

Han salido a la calle los “indignados”; cuando han demostrado su dimensión, muchos han querido darles una palmada en la espalda como si fueran adolescentes simpáticos pero algo peligrosos. Lo son; son un peligro para el stablishment que se resiste a hacer cambios hacia la democracia real, la democracia económica y la democracia participativa.

Como todo movimiento de cambio que se hace poderoso, promueve recelos que se terminan por convertir en enemigos. Hay muchos intereses en que lo que no desarticula el desánimo lo termine el descrédito. Mañana, la lupa estará puesta en cada una de las miles de manifestaciones que se celebrarán en España. Habrá gente rezando para que alguien se equivoque; a buen seguro aparecerán provocadores para tratar de demostrar falsamente que no es un movimiento pacífico. Entre todos los asistentes se distribuye la responsabilidad de que nada falle y de que, sobre todo, se corte radicalmente cualquier conato de violencia.

Por qué voy a la manifestación


Josep Maria Vallès
Catedrático de Ciencia Política de la UAB

La política está hecha de emociones y de proyectos. Las emociones pueden ser más o menos intensas. Los proyectos, más o menos elaborados. Pero no hay política viable sin combinar sentimientos y propuestas. Los acampados del 15-M son, por eso mismo, un fenómeno político. Han agrupado emociones: pasión, convicción, indignación, simpatía. Y han avanzado proyectos: muy genéricos o demasiado específicos, universales o locales. A pesar de su mezcla de estilos y de conductas, mi evaluación de conjunto es positiva. Porque entre la diversidad de sentimientos aparece la reclamación de más justicia social. Y porque entre la multitud de los proyectos, hay algunos que creo dignos de ser abordados.

Por eso mismo, discrepo de quienes tratan el fenómeno con indiferencia, con recelo o con decidida hostilidad. Una posición a la defensiva es negarse a encarar problemas de fondo de nuestras sociedades. La acción condenable de unos cuantos violentos no justifica descalificar el fenómeno en su conjunto. Si el movimiento se extinguiera -por cansancio o por manipulación interesada-, los problemas que expresa seguirían presentes y reclamando tratamiento.
¿Cuáles son los problemas? Se acumulan en tres niveles. El primero se sitúa en la capa más visible: la tendencia a convertir la política institucional en espectáculo, a menudo en una auténtica pantomima. En un juego de buenos y malos, resultado de la complicidad entre una parte importante de los profesionales de la política y de los medios de comunicación. Es un juego que ha hecho perder credibilidad a los actores que lo protagonizan: lo dicen las encuestas más solventes.

El segundo nivel es la capacidad disminuida de las instituciones democráticas actuales para procesar y regular los problemas colectivos. Tenemos -aquí y en el resto de Europa- un sistema institucional (parlamento, justicia, administraciones, partidos, sindicados) nacido en el contexto social y cultural del siglo XIX. Un contexto que no es el del siglo XXI: el parlamento o los partidos de la era del telégrafo no pueden responder como es debido a los problemas de la era de internet.

Y, finalmente, el tercer nivel -el más profundo- es la crisis de un modelo socioeconómico agotado. El que combinaba liberalismo económico con una democracia de ambiciones igualitarias. Ha sido el modelo vigente en Europa occidental entre 1950 y 1980, aproximadamente. Pero ya nos han dicho voces autorizadas que la superación de la crisis no significará recuperar la situación de los 30 años gloriosos que no volverán. En España, este periodo ha durado menos de dos décadas. Hoy tenemos suficientes indicios para afirmar que el capitalismo financiero globalizado en sus mercados es incompatible con el grado de democracia política y de bienestar social que habían tolerado hasta ahora. Esto obliga a optar: menos democracia para asegurar la continuidad de este modelo económico o corregir el modelo económico para preservar el máximo de democracia y de justicia social.

El 15-M y las acampadas no resolverán todos los problemas en los tres niveles apuntados. Pero -de manera abigarrada y desordenada- han expresado no solo una profunda inquietud, sino la voluntad de encontrar alguna salida. El reto es ahora garantizar la continuidad de la dinámica puesta en marcha. Con métodos más efectivos, con alianzas más amplias, con una combinación inteligente de objetivos a corto y a largo plazo. También con una autocrítica de los propios comportamientos personales y generacionales. Hace falta, pues, evitar que el fenómeno se extinga dejando un rastro de más frustración. La cita internacional de hoy no será una unánime e improbable apoteosis final. Pero sí puede ser una muestra más de lo que es hacer política en el sentido total del concepto: participar de una emoción legítima -una protesta no resignada- y reforzar una actitud -la voluntad de contribuir a encontrar respuestas viables a los problemas pendientes-.

Por todo esto, participaré en la manifestación de hoy.

La cultura en el mundo que aparece

Teódulo López Meléndez

El enfoque cultural del proceso de globalización implica escapar de un economicismo trasnochado al que lo reducen algunos analistas. Si tenemos que mirar al mundo como un proceso multidimensional y a la cultura como el medidor supremo del desarrollo, podemos escapar de los simplismos. La construcción de una red de redes en diferentes planos interconectados debe llevarnos a una profundización de los peligros de homogeneización y al análisis de cómo la diversidad (tradiciones, lenguas, identidades) se insertan en esta nueva realidad global. El simplismo de que globalización es McDonald en cada sitio no parece apropiado para una investigación seria.

Una cosa es el comportamiento de los llamados centros del poder, tal como han existido y existen, y otra la diversidad repotenciada de manifestaciones culturales que se insertan en la globalización saliendo, algunas, del desconocimiento y haciéndose universales mediante los medios de la nueva comunicación horizontal.

Admitamos, no obstante, que el temor existía en algunos: la sepultura de la cultura local. Lo que ha pasado es todo lo contrario, se ha reordenado esa cultura y en muchos casos se ha hecho igualmente global. Lo que ha sucedido es que ha surgido una nueva manera de entenderla, entenderla desde lo global y lo más significativo, hacerlo a la inversa. Es obvio que los cambios culturales se producen en diversas áreas, como el trabajo y la comunicación y en todos los planos de la nueva ecuación, incluyendo en el interior de los territorios delimitados por la división llamada fronteras.

No puede pretenderse que la globalización, y menos la cultura en su seno, sea un proceso homogéneo. Por el contrario, es necesario esperar contradicciones y conflictos. Todo es aquí fragmentario, diverso, por definir. La cultura tiene que ver con todo lo creativo y cuando diversos modos creativos o formas de crear o resultados creados se encuentran se produce un enriquecimiento global. Es obvio que ello conduce a una heterogeneización agudizada, pero una ya preexistente en la condición misma de existencia de las culturas que se encuentran.

Hay que admitir, no obstante, que el sacar el proceso de globalización de donde algunos pretenden encallejonarlo, esto es, en lo económico y luego, en menor cuantía, en lo político, para llevarlo al terreno de lo socio cultural, plantea exigencias epistemológicas de hipercomplejidad y exigiría el abordaje de temas como el caos, la autoorganización, los fractales y los conjuntos borrosos. Manuel Castells (La era de la información, la ciudad y los ciudadanos, La galaxia Internet) insiste, en un análisis volcado hacia lo comunicacional, en una “virtualidad real”, es decir, los símbolos se convierten en experiencia real y donde cambia el concepto de poder y hasta la razón lógica. Ello conlleva a lo que ya hemos señalado, a la construcción de redes como nuevas formas de poder y al renacer, en todo su esplendor, de la vida local. Es algo que podríamos llamar con Zigmunt Bauman (Liquid modernization, Globalization. The human consequences) el fin de la geografía, un fin que afecta desde el amor y los vínculos humanos hasta el arte mismo. Quizás sea Bauman el primero en haber utilizado el término “glocalización”, para poner de relieve los daños de una mirada unilateral, es decir, mirar sólo desde el punto global perdiendo de vista lo local.

Estamos, pues, ante una situación que hemos denominado de multiculturalismo lo que quiere decir una mirada multidimensional. Y, obviamente, ese rescate rechaza lo global como simple homogeneización. Al fin y al cabo, lo global multiplica las interdependencias.

Frederic Munné, (De la globalización del mundo a la globalización de la mente) analiza el tema manejando puntos como las relaciones no lineales, dinámica caótica, organización autógena, desarrollo fractal y delimitación borrosa. Brevemente: la globalización no es una sucesión lineal de causas y efectos, de manera que hay que leerlo como un hipertexto, insiste Munné, señalando que “un contexto lineal o no lineal muestra realidades distintas: en aquél, la incertidumbre es desconocimiento que emana de la información faltante, mientras que en este pasa a ser fuente de conocimiento entanto que emana de la información emergente”. Caótica, porque estamos ante un sistema hipersensible a las variaciones, aunque sean pequeñas, lo que indica que subyace el caos, lo que paradójicamente lleva a concluir que no se está en un desorden sino ante la génesis de un orden. La complejización aumenta la posibilidad de organización dado que en lo local pasa a residir la creatividad emergente, de manera que no hay posibilidad de repetición de mimetismo o de clonación, puesto que al fractalizarse la sociedad genera una iteración creadora.

Lo que garantiza el progreso humano es una dialéctica de las culturas. Esta navegación global de las mercancías tiene, pues, un efecto limitado, si bien dentro de esa limitación modifica comportamientos, como lo hemos señalado, desde el lugar del trabajo hasta la manera de ejercerlo, desde modificaciones en la vieja organización familiar hasta cambios en la psicología dado que ahora tendremos una preocupación global adicional a las antiguos intereses. Todo eso es verdad y no negamos la existencia de un peligro, como siempre existió en todo cambio de la organización del hombre, en todos sus paso, desde lo tribal, a la Ciudad-estado, al Estado-nación, sólo por mencionar tres.

No olvidamos serios problemas, como la concentración de un monopolio tecnológico, los derechos de propiedad intelectual, las patentes o hasta las acciones intencionales y planificadas dirigidas a absorber o a implantar. Hay que ejercer la defensa y ello pasa por la selección de lo que se quiere absorber desde un ángulo de la multiculturización lo que permita reestructurar en beneficio de un desarrollo humano sostenido.

teodulolopezm@yahoo.com

Teódulo López Meléndez habla de “Venezuela está en peligro”

http://tinyurl.com/6drclxf

Teódulo López Meléndez habla de las elecciones turcas (audio)

Audio: “Turquía, las elecciones del equilibrio” http://tinyurl.com/6z3nfn6

Pretensión improcedente

Por Alberto Medina Méndez

Cierto sector de la ciudadanía, y buena parte de la política pretenden que la actividad periodística traicione su esencia. Alguna vez ya lo dijimos. No existe tal cosa como el periodismo oficialista.

El oficio de quien ha elegido la comunicación como medio de vida supone una perseverante actitud crítica. No hacerlo, sería abandonar el rol primordial y claudicar en la misión de convertirse en un contrapeso del sistema, una oportunidad para mostrar una mirada diferente.

El periodista debe tener compromiso con sus convicciones, equivocado o no, disponer de fundamentos, argumentar, esgrimir ideas que sostengan su visión. No se trata de que le asista la razón, solo que sea capaz de aportar elementos sólidos que hagan de su perspectiva, algo verosímil, consistente.

Queda claro que a la inmensa mayoría, le incomoda recibir críticas, a su desempeño, a su gestión, a su despliegue cotidiano. Que los elogios suenan mejor a los oídos de cualquiera, que los despiadados cuestionamientos de algunos.

Más allá de la imprescindible sutileza del lenguaje, del cuidado en los modos, que resulta necesario para decir lo adecuado y no pasarse de la línea, es bueno saber que la critica forma parte inseparable del repertorio de un comunicador, y que su trabajo es más efectivo cuando detecta la pieza que no encaja, señala lo incorrecto, marca lo que no lo convence.

También resulta evidente que el poder desea comprar alabanzas y que nunca faltan aduladores dispuestos a recibir recompensas para darle fluidez a los mas preciosas palabras dedicadas al poderoso de turno.

Pero habrá que entender que sin reproches, sin un profundo examen de cada decisión, sobre todo de las que involucran la cosa pública, solo construiremos un discurso único, y seremos cómplices de una hegemonía que poco favor le hace a la sociedad.

Si hay que pecar de excesos, si ellos se hacen inevitables, es preferible que estos se abusen de su falta de prudencia, a que la abundancia de sensatez se convierta en la cuna de la concentración de poder.

Sabemos que están aquellos, que amparados en las supuestas prerrogativas que se derivan del ejercicio profesional, caen en la arbitrariedad extralimitándose sin encontrar frenos. Somos testigos también del protagonismo que cobran a veces los más audaces, perversos y hasta maliciosos, que no dejan de usar todos los medios para fines inconfesables.

Pero hay que perderle el miedo a la libertad. A los criticados los fortalece si hacen las lecturas correctas, si aprovechan lo que parece negativo para corregir lo evidente, si entienden la música y giran a tiempo.

Y si el enjuiciamiento al que son sometidos a veces los personajes públicos, se consideran excesivos, crueles o injustos, debiera ser una ocasión para poner las cosas en claro con elementos concretos, que demuestren la irresponsabilidad de los comunicadores que adolecen de profesionalismo.

Hay que decir que solo los grandes, soportan estoicamente el embate de la crítica. Quien no resiste esa prueba, no puede siquiera pretender pasar a la historia. Los que optan por acallar voces y recurren al perverso mecanismo de engordar los bolsillos de los estafadores crónicos que deambulan por los medios de comunicación, los que prefieren rodearse de los hipócritas que repugnan con sus modos, tan indignos como abyectos, solo construirán una farsa, un microclima alejado de la realidad.

El periodismo es una actividad que no escapa a las reglas generales. Caben en ella los mejores y también los peores, militan en sus filas mediocres y geniales, talentosos y despreciables, gente integra y de las otras.

Pero pedirle a un periodista que abandone su esencia, deje su sentido crítico de lado, abandone sus convicciones, es como exigirle a un atleta que quede inmóvil. La sociedad, y sobre todo el poder, debe tomar el riesgo de asumir la necesidad de un periodismo inteligente, lo que no significa acertado, debe ser demandante a la hora de reclamar profesionales comprometidos para no terminar conformándose con la fauna de extorsionadores endémicos.

El comunicador, el que abrazó este oficio con convicción, puede tener su propia visión ideológica y es sano que así sea. Su supuesta asepsia no lo hace mejor en lo suyo. Y puede desde su mirada aplaudir gestos, obras, discursos, acciones. Tampoco eso es incorrecto en sí mismo. Lo que no resulta convincente es cuando elogia todo avalando lo injustificable, cuando aplaude a libro cerrado y firma cheques en blanco al poderoso de turno.

El mayor capital de un profesional es su idoneidad, y sobre todo su credibilidad. No se trata de que siempre tenga razón, sino de que se juegue por lo que piensa. Cuando sus palabras, sus dichos, la letra fría de lo que expresa, cae en la sospecha de un sesgo rentado, de una opinión mercantilizada, y financiada por el poder, en cualquiera de sus formas, ese comunicador, habrá iniciado un camino sin retorno.

Para los muchos que han elegido este oficio, el del periodismo, como medio de vida, y entendido el significado de custodiar con criterio su mayor capital profesional, mucho de lo dicho aquí está lejos de ser novedoso. Para otros que optaron por el sendero más corto, ese que construye supuestos triunfos en el presente para culminar con la derrota definitiva del mañana, esto solo son teorías, meras especulaciones vacías de contenido.

Pero lo que importa es la opinión de la sociedad, y esta no debe equivocarse, ni entusiasmarse con las grandilocuencias de la intelectualidad, para no caer en el juego de pedir a los periodistas que traicionen su esencia, que prescindan de la crítica para plegarse gentilmente a la inercia del momento. A todas luces, intentarlo, sería una pretensión improcedente.

Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
skype: amedinamendez
http://www.albertomedinamendez.com
54 – 03783 – 15602694

Humanismo social

Teódulo López Meléndez

El hombre busca su interpretación. Es probable –al menos lo queremos creer- que estemos en las puertas de un nuevo humanismo social. Todos los indicadores apuntan que en el mundo globalizado la cultura creativa del ser humano prevalecerá sobre otras consideraciones.

En verdad la globalización acentúa la propia identidad y provoca reacciones frente a lo puramente racional. Ejerce una presión para decidir cerca de uno mismo e invita al holismo frente al pensamiento unidisciplinario. Estímulos existen para que seamos optimistas frente a un proceso de reconsideración social del hombre. El destino indefinido es siempre incierto, pero la salida siempre pasa por un reconocimiento del sí mismo. Todo proceso de individuación conlleva a la autoafirmación y esta al pensamiento propio. Dicho en otras palabras, el hombre cínico y nihilista buscará ser protagonista de su propia historia y de la historia de los demás. Allí debemos dirigir nuestros esfuerzos.

Estamos ante un cambio social, uno crucial, pero uno que debemos mirar en la multiplicidad de ellos que se han producido. Para mirarlos se recurrió primero a la Filosofía de la historia y se desplegó una Teoría General de la Sociedad. Luego se introdujo la noción de evolución social y el materialismo histórico, finalmente, un concepto polémico de desarrollo. Ahora se asoma la tesis de la homogeneización, tal como lo hemos visto. Los escépticos elencan los eventuales males.

El sociólogo inglés neomarxista T. B Bottomore (Introducción a la sociología) trazó una diferenciación al colocar las teorías sobre la evolución social en dos vertientes, las lineales y las cíclicas. Entre las primeras, cita todas aquellas que hablan del cambio acumulativo, como aumento del conocimiento, de la complejidad y el movimiento hacia la igualdad socio-política. Entre las segundas aquellas que vuelven a una Filosofía de la Historia. Para él, sin embargo, es el aumento del conocimiento un factor determinante de un cambio social, tesis que se corresponde con lo que ahora vivimos.

Alain Touraine (Un deseo de historia) estudió la aparición de los valores y como impulsan la acción de las colectividades y fijó dos posibilidades para estudiar el cambio: historicista y evolucionista.

Antes que enumerar teorías prefiero referirme a la necesidad de una reflexión filosófica sobre el hombre, sin entrar en distinciones entre filosofía y cosmovisión. En cualquier caso es menester tener una visión de conjunto sobre el hombre y el mundo en que actúa. Así, las críticas que hemos advertido sobre la era industrial, con sus conjuntos alienantes, y para lo cual sirvió estudiar a Marx, nos llevan a bosquejar la globalización como una contrapartida del hombre-masa. Los fines estrictamente humanos desaparecieron en una sociedad industrial proclive a fomentar una existencia impersonal. Ese es el hombre que estamos heredando, el mismo que enfrenta la nueva perspectiva y al cual, creemos, hay que señalarle la imperiosa necesidad de conformar una voluntad.

Peter Sloterdijk (Esferas) ha trazado una “imagen de pensamiento” que le permita al hombre ser en el mundo como un espacio de apertura a lo ilimitado. Este es el principio cardinal que hago en mis consideraciones. Tenemos a un hombre dominado por la apatía y el conformismo con el consecuencial aplastamiento de la idea democrática. Lo que Sloterdijk busca es un nuevo análisis del dinamismo social (lo cual incluye todas sus facetas) y volver a definir lo que es real. Esto, es, la globalización carece de sentido si no se observa como objeto teórico lo cual implica reconstruir el motivo de la “esfera”. Hay que analizar, en consecuencia, el enfrentamiento entre la modernidad terminada y la globalización asomada y en vías de ejecución en una clave espacial, lo que quiere decir que la cultura en este nuevo mundo abandona un modo unilateral de actuar. Vamos hacia un mundo denso y así cabe definir densidad como la posibilidad de un agente de encontrarse a otro sobre el cual actuar. Y he aquí el elemento que los lectores seguramente se plantean: como es la estructura de los procesos de decisión que hacen pasar la teoría a la praxis. El hombre de la era terminada actuaba en la incertidumbre, una que continúa, sólo que ahora, el hombre debe pasar a ser uno que está en capacidad de auto aprovisionarse de razones suficientes para pasar de la teoría a la práctica. Y ello implica un proceso deliberativo interior, uno que excede a la aplicación universal de los derechos humanos, por ejemplo, más bien de la convicción pragmática de que significa libertad o moral. Así, la comunicación que sustituye a la información adquiere un rango ontológico, porque es de esta manera que el mundo podrá definirse para bien. Y para bien es que esa comunicación sea para poner frente a frente dimensiones donde los grupos sociales se obligan recíprocamente a desistir de actuar por un interés unilateral y, en consecuencia, a procurar entre todos el bien común.

Aún así las palabras crean mundo, conforme al antiguo adagio, y se habla, por ejemplo, de economías del conocimiento para abrir actividades de valor agregado intangible. Lo cierto es que cada vez es más notoria la presencia de organizaciones sociales participando en eventos de definición del futuro lo que hace realidad el entorno habilitador. Así saltan expresiones como sociedades de la comunicación incluyentes y equitativas, el rechazo a expresiones como el de “neutralidad tecnológica”, el apelo a una sociedad visionaria, el rechazo al desarrollo basado únicamente del rédito económico y el apelo a nuevos mecanismos para canalizar los recursos financieros de manera vinculada a la solidaridad social.

Los desafíos que el nuevo mundo plantea son tan abundantes como para retar al hombre a dejar su narcisismo, su encierro nihilista y su cinismo manifiesto en la era que termina y en este interregno de incertidumbre conservada.

teodulolopezm@yahoo.com

Democracia Real Ya: el movimiento del 15M o la spanish revolution. Consideraciones desde la filosofía política

Por Javier Monserrat s.j *

El movimiento ciudadano autodenominado “Democracia Real Ya” ha despertado un enorme interés social. No sólo por la atención que le han prestado los medios de comunicación, sino también por el interés que ha suscitado entre los ciudadanos. Una vez celebradas las elecciones municipales en España, el interés se ha desinflado a gran velocidad. Sin embargo, se trata de un suceso político-social que merece la pena reflexionar a la luz de la filosofía política de la sociedad civil. En parte, el interés ciudadano ha estado impulsado por el eco en los medios. Pero, a su vez, también podemos decir que los medios le han prestado una enorme atención porque, sin duda, los periodistas, como ciudadanos “sensibles”, se han visto afectados individualmente por lo que ese movimiento ciudadano “parecía” o “pudiera” significar (o al menos por su capacidad de sugerencia). Han hablado de él porque les ha tocado alguna fibra “sensible”, alguna intuición de que detrás de lo que se estaba viendo podría estar latiendo algo importante (intuición que se ha ido perdiendo a medida que transcurría el tiempo y se ponderaba mejor lo que en realidad estaba pasando).

A mi juicio personal, este movimiento es una confirmación de cuanto quiero defender en mi blog “Hacia un Nuevo Mundo”: a saber, que estamos viviendo en un tiempo histórico en que se está produciendo la emergencia progresiva del nuevo protagonismo de la sociedad civil. El 15M es, sin embargo, sólo eso: una manifestación, un síntoma de algo que está intentando nacer pero que todavía no tiene entidad, porque ni sabe cómo nacer, ni qué hacer para alcanzar la entidad que querría tener. Es la contradicción entre el querer, el saber y el poder. Este movimiento se mueve sólo dentro de un puro querer que ni “sabe cómo”, ni “puede llegar a algo”. Ni siquiera es un “querer” definido que tenga una idea clara de lo que quiere representar. Más bien se trataría de la intuición de un querer. Podríamos incluso decir que es un “querer” que hace aquello que nunca podrá conducir a dar realidad lo que se quiere (movilizar la sociedad civil). Pero su valor del movimiento 15M como un signo premonitorio más es muy claro, a mi entender: es un nuevo anuncio de que la sociedad civil está en proceso de emergencia hacia un protagonismo socio-político que podría cambiar el rumbo de la historia.

Recordemos primero una revisión breve de la historia de los movimientos civiles en los últimos años y pasemos después a proponer una valoración del movimiento que inspira este artículo: la Democracia Real Ya, el movimiento del 15M o la spanish revolution.

Nace el protagonismo autónomo de la sociedad civil

1) En los últimos veinte años del siglo XX, y en lo que llevamos del XXI, nacieron una gran cantidad de organizaciones civiles y movimientos ciudadanos de todo tipo. En ellos alentaba ya: a) el deseo ciudadano de convertirse en promotor y en gestor independiente de una variada gama de iniciativas necesarias que redundaran en el beneficio de la comunidad, b) la persuasión de que la organización socio-político oficial controlada por los partidos políticos no tenía la deseable eficacia de gestión, que debía ser suplantada y que la misma ciudadanía debía dirigir la resolución de sus inquietudes urgentes e inmediatas, y c) el sentimiento intenso, individual, ciudadano, pero también progresivamente compartido, de la indignidad humana y del sufrimiento extendido por doquier, hasta el punto de sentir la responsabilidad solidaria de actuar y hacer algo con urgencia y pragmatismo por la sociedad, algo que los partidos políticos llevan siglos diciendo que va a solucionar pero todavía no lo han hecho. Por tanto, en el primer nacimiento del movimiento de las organizaciones civiles recientes estaban ya presentes ya la angustia ante un estado de sufrimiento insoportable, la urgencia ante el protagonismo civil autónomo que debe comprometerse en aliviar ese sufrimiento y la desconfianza en los partidos políticos y en las estructuras sociales establecidas.

2) Pero, más allá de los simples movimientos ciudadanos, comenzaron a aparecer pronto las ONG como nuevas formas de organización civil, independiente de los partidos políticos, que apuntaban siempre a resolver misiones altruistas, a veces en el entorno inmediato, a veces en el tercer mundo en los entornos mundiales de pobreza y subdesarrollo. Las ONG tuvieron desde el principio objetivos estratégicos muy concretos (enfermedad, pobreza, asistencia a marginados, educación, asistencia a catástrofes naturales…), pero la verdad es que pronto quedaron atrapadas por el poder político (por su dependencia de las subvenciones) y por su propia burocracia organizativa. La verdad es que cada vez tengo menos aprecio de las ONG, aunque reconozco que algunas cumplen su misión correctamente y la mayoría “algo bueno hacen siempre”. Pero no en todos los casos.

El protagonismo civil presiona sobre las decisiones políticas

1) Finalmente la organización ciudadana derivó al nacimiento de ciertos movimientos orientados a ejercer una presión política. Presión para forzar la resolución política de problemas de pobreza y subdesarrollo en el tercer mundo. Me refiero, por ejemplo, al movimiento ATTAC o al movimiento para la promoción de la Tasa Tobin. Estos movimientos suponen, a mi entender, un cambio cualitativo en relación a las puras ONG, limitadas a la gestión de microproblemas sociales. ATTAC o la Tasa Tobin son ya un cierto proyecto de organización civil para presionar “decisiones políticas” globales (algo que no parece interesar a las ONG, al menos desde que han caído en manos de su dependencia del poder político). Sin embargo, a mi entender, dejando aparte sus loables intenciones prácticas y recaudatorias, ATTAC y Tasa Tobin son diseños conceptual y organizativamente pobres con pocas posibilidades de llegar a ejercer una influencia real importante sobre la historia, forzando los cambios que realmente se necesitan. De hecho, llevan ya años de presencia social y sus resultados son escasos, sin que se pueda prever que vayan a más en el futuro próximo. A mi juicio, no tienen diseño suficiente para ello.

2) Además, el prestigio de la idea de “sociedad civil” –incluso como contrapuesta a los partidos políticos– estuvo también en la base del nacimiento de un sin número de organizaciones o foros civiles, distintos de las antiguas organizaciones o colegios profesionales, cuyo objetivo era sin duda asociar a los ciudadanos como tales con el objetivo de poder ejercer una presión sobre el poder político (algunas de estas organizaciones llegarían incluso a presentarse en algunos países como un posible germen de futuros partidos políticos). A mi entender, la totalidad de este tipo de organizaciones, al menos las que conozco, suelen estar orientadas a intervenir en contextos sociales nacionales (vg. en España). Además, responden a una cierta ideología política que, de manera evidente está detrás de ellas (bien sea de “derechas” o de “izquierdas”); esta orientación política precisa (a favor y en contra de formas de actuación política nacional) es manifiesta y les confiere un limitado marco de actuación. A veces son organizaciones de objetivos socio-políticos muy restringidos a cuestiones políticas, sociales o morales, como son, por ejemplo, la defensa de la vida, la denuncia y control de la violencia de los estados, de los derechos de los emigrantes, o de la actuación ante el terrorismo. Algunas de estas organizaciones no ocultan incluso que se trata de un “movimiento civil en apoyo de tal o cual partido político”. Creo que este tipo de organizaciones civiles responden hasta ahora a un diseño que limita seriamente su eficacia de su actuación. Es posible que hagan algo útil y tengan una cierta influencia real en el campo que ellas mismas delimitan; no lo negamos. Pero será dentro sus nichos sociales muy limitados y no poseen un diseño que permita esperar su contribución a la resolución de problemas globales de la humanidad.

Democracia Real Ya: el movimiento 15M, la spanish revolution

En el marco de este proceso de emergencia creciente de un nuevo protagonismo de la sociedad civil, ¿qué significa el movimiento 15M o Democracia Real Ya? ¿Por qué se le ha conferido tanta importancia? ¿Merecía la pena prestarle tanta atención? ¿Cabe augurarle algún tipo de futuro? Si hay algo que caracteriza al movimiento 15M es precisamente su oscuridad e imprecisión. Ni los protagonistas del movimiento saben en realidad lo que quieren con una cierta claridad que sea transmisible (cuando hablan se siente siempre la decepción de ver que no se trata de aquello que se hubiera deseado que fuera, al menos se suscita en mi esta impresión). A través de los media he podido seguir una gran variedad de valoraciones. Son siempre subjetivas y legítimas en cuanto opinión que todos tienen derecho a emitir. También aquí expongo mi propia valoración, también subjetiva, en el contexto de referencia propio de las ideas que defiendo en mi blog “Hacia un Nuevo Mundo”, dedicado precisamente a aportar ideas sobre algo que pienso decisivo en el tiempo futuro: la emergencia del protagonismo histórico de la sociedad civil.

1) Causas remotas. El evidente humus social que provoca el 15M es, sin duda, la penosa situación del paro juvenil o del estancamiento de las expectativas sociales en sectores mucho más amplios. Es el dramatismo de la crisis económica y social que todos conocemos y no hace falta describir aquí en detalle. Es la sensación intuitiva, sentida además en la propia carne por muchos, de que el funcionamiento y la lógica económico-financiera del mundo actual no responde. No es posible que esté bien diseñada si produce tanto caos y sufrimiento. El mundo no funciona como debiera funcionar en su diseño económico-político. Es la protesta ante una sociedad que abandona al individuo a su sufrimiento, después de ser la responsable probable de que ese sufrimiento se haya producido. Aparece una intuición de gran fuerza que dice a muchos que las cosas no son como debieran ser. Este estado de insatisfacción generalizado por razones objetivas se ha visto potenciado por el éxito del pequeño libro, folleto u opúsculo, de Stéphane Hessel, titulado ¡Indignaos!, a su vez redactado por un autor que ha sentido el caos de la situación y se ha indignado ante ella. El 15M ha sido una convocatoria para manifestar un estado de indignación.

2) Cómo nace el movimiento 15M. He oído muchas versiones del proceso. Podría haber sido un movimiento espontáneo de personas vinculadas en redes sociales que deciden reunirse testimonialmente para mostrar la indignación que en las redes sociales, en parte promovida por el libro de Hessel, se estaba extendiendo a toda velocidad. Podría ser que estas personas fueran independientes y se tratara de una iniciativa puramente cívica, no apoyada por organizaciones políticas o sociales de más peso. Pero pudiera ser también que detrás de este movimiento se encontraran grupos de personas vinculadas a ciertas organizaciones radicales o a partidos políticos que han visto la ocasión ideal para sacar provecho. Estos militantes comprometidos habrían iniciado el movimiento, controlando y metiendo dentro de él a grupos político-sociales ya organizados que podrían darle ya un volumen suficiente de salida. No parece fácil que un movimiento así haya surgido por carambola de iniciatiavas ingénuas de simples dialogantes en las redes sociales. ¿Cuál ha sido su origen en realidad? No lo sé. Pienso que su origen podrá reconstruirse con precisión cuando se investigue. Sin embargo, no tengo, hoy por hoy, una opinión personal. Ni pretendo proponer una explicación real de cómo surgió la “movida” de la Puerta del Sol. Sencillamente porque no tengo elementos para identificarme con una explicación concreta. Tampoco creo que sea decisivo para emitir las valoraciones que siguen.

3) Quiénes se reúnen el 15M en la Puerta del Sol. Según lo dicho, parece que, por una parte, acuden grupos germinales, preparados por una intercomunicación previa en las redes sociales. Pero en estas redes estaban ya probablemente también presentes grupos políticos radicales, pero no sólo, más o menos dentro de lo que en general se llama el anti-sistema. Una vez que las proclamas del movimiento 15M (las primeras razones de la concentración, muy generales y asumibles por mucha gente) fueron divulgadas por los media, otras muchas personas sintieron empatía con sus deseos y fueron acudiendo también poco a poco. Creo que cabe suponer que esas personas neutrales, libres, y no dependientes de organizaciones previas respondían más bien a una mentalidad que pudiéramos llamar “progresista” (sensibles a la persuasión de que en nuestro mundo las cosas no funcionan bien y deberían producirse muchos cambios que, en último término, hicieran la vida más fácil a todos). Entre estas personas “progresistas” había sin duda gente de izquierdas y de derechas. Pero lo que vimos en la Puerta del Sol nos dice que hubo también mucha gente normal, pero sensible al caos actual, como eran muchos jubilados indigentes cuya presencia era patente.

4) Primeras declaraciones. A medida que fueron acudiendo los primeros concentrados, los participantes fueron abordados por los media para preguntar acerca de su filiación y de los objetivos de la concentración. Una de las cosas que más han influido, a mi entender, en la atención prestada a este movimiento fue el tono de las primeras declaraciones. Se dijo que a) no era una manifestación ni a favor ni en contra de ningún partido político, b) que había gentes de diversos partidos, c) que era una manifestación de ciudadanos, un movimiento ciudadano, d) que denunciaba una sociedad que no funcionaba, que producía la crisis económica y el sufrimiento de mucha gente, e) que exigía un cambio de las cosas que redundara en beneficio de los ciudadanos, f) un cambio que debía afectar al sistema como tal y g) hiciera posible una democracia real que realizara lo que los ciudadanos desean y que dejara de estar prisionera de los grupos de presión económica. Esto es lo que más o menos recuerdo, pero creo que estos rasgos eran efectivamente lo que defendían los primeros portavoces del movimiento. Incluso en declaraciones hechas pasados ya algunos días observé que había jóvenes que insistían más o menos en estas idea y que se esforzaban en que el movimiento no fuera identificado con otras cosas. Querían mantener lo que entendían como la “pureza” del movimiento. Se les veía incluso un esfuerzo por ser atentos y educados en su atención a la gente y a los media.

5) Declaraciones posteriores. Después de esta primera expresión de deseos (que cabe suponer que respondía efectivamente a algo existente), fue tomando más y más fuerza la concentración. Si había en Madrid algún grupo radical antisistema que no había acudido por despiste en los primeros momentos, seguro que ya estaba en la Puerta del Sol. Se construyeron las primeras tiendas de campaña y comenzaron las asambleas con la intención de que en ellas fuera naciendo la nueva ideología del movimiento. En consecuencia, se fueron produciendo otra serie de declaraciones que, a mi entender, incluían a) un sesgo marcadamente nacional (referido a la política española y a sus circunstancias) y b) una aparición de una serie de temas y propuestas socio-políticas que respondían ya claramente a la ideología de ciertos grupos políticos definidos en el marco general de las izquierdas, e incluso a las propuestas radicales del antisistema. Algunas propuestas como el cambio de la ley electoral, y similares, eran peticiones más aceptables por grupos de diversa tendencia, pero otras como la nacionalización de la banca, y similares, pertenecían ya a un sesgo político muy preciso.

6) Metamorfosis del movimiento 15M y metamorfosis de la opinión pública. Lo acontecido en la Puerta del Sol tuvo dos momentos (correspondientes a las primeras declaraciones y a las declaraciones posteriores) que suscitaron también como dos actitudes de la opinión pública. El movimiento y la opinión pública sufrió una clara metamorfosis. La pureza del primer movimiento suscitó sorpresa y simpatía. La radicalización del segundo movimiento suscitó crecientemente desencanto y desapego.

Las “primeras declaraciones” produjeron la impresión de que se trataba de algo nuevo de gran interés: un movimiento espontáneo de la sociedad civil que quería asumir un protagonismo frente al sistema y los partidos políticos al servicio del sistema, aspirando a una nueva forma para organizar mejor el mundo y para hacer imposible el sufrimiento de una sociedad en crisis. Esta primera forma de enunciar lo que se pretendía con el movimiento tuvo un gran impacto en la opinión pública: es como si muchos intuyeran que detrás de estos objetivos civiles podía esconderse algo muy importante, a saber, la organización de un movimiento ciudadano potente (¿) frente al poder político. Esta intuición respondía probablemente a algo presentido en muchos comentaristas y por ello se explica la atención prestada y la aparición de muchas opiniones iniciales de respeto e interés. Más de las esperadas, y por esto sorprendió.

Las “declaraciones posteriores”, sin embargo, fueron creando la impresión creciente de que se trataba ya de una historia conocida. A medida que fue aflorando la ideología ordinaria de los grupos radicales antisistema (aunque también mezclada con algún contenido menos radical) se desinfló la expectativa que habían creado las primeras declaraciones. Es verdad que alguno de los portavoces insistía en mantener los sesgos de los primeros momentos, pero ya estaba todo tamizado por un dominio preferente a una ideología antisistema en la línea de los grupos de izquierda ya conocidos que concurren normalmente a las elecciones. Esta metamorfosis ideológica fue también acompañada por la aparición creciente de un sesgo radical en las conductas: las tiendas de campaña, el juego a las “comunas”, quitar las flores y poner tomates, calentar el puchero, empapelar abusivamente calles y escaparates de honrados comerciantes… Sea esto dicho también añadiendo que la concentración fue en general pacífica, no agresiva, respetuosa y, dentro de todo, ordenada (con alguna excepción no controlada que no sería justo atribuir al movimiento como tal). Otro elemento negativo fue, a mi entender, la persistencia en la acampada, incluso después de que se hubiera declarado ilegal por los órganos competentes.

7) Impresión general. Pienso que el movimiento 15M ha mostrado que el espíritu de quienes han participado y lo han promovido tenía en principio la intuición válida de que la sociedad civil, el ciudadano como tal, debía manifestar su indignación ante una sociedad que, ni en su sistema ni en su gestión política, está teniendo la calidad humana que cabría exigir de ella, de tal manera que, siendo una democracia, sin embargo, no da lugar al gobierno justo que el pueblo, la sociedad civil desearía. Esta actitud de principio creó grandes simpatías y se generó un movimiento de adhesión que desbordaba las dimensiones físicas de la Puerta del Sol. Este movimiento, en su forma inicial, suscitó como la alucinación de que estaba naciendo algo que en realidad no nacía, tal como he descrito en el párrafo introductorio a este escrito. Pienso que quienes iniciaron el movimiento alumbraban el deseo de presentarse como pura sociedad civil, entendiendo que esto tenía una fuerza especial y nueva. Hubo alusiones a algo que es muy real: que las nuevas tecnologías informáticas debían hacer posible una creciente participación popular en las decisiones políticas (la informática abre posibilidades para el ideal del asamblearismo del antiguo anarquismo, presente en no pocos grupos radicales). Sin embargo, como he indicado, la falta de consistencia intelectual del movimiento, así como la presencia masiva de grupos radicales, hizo que poco a poco fuera dominado por los estilos y por la ideología política de grupos radicales ya conocidos. En cuanto esto fue percibido el apoyo de muchos que, a distancia, observaban este movimiento, desapareció de inmediato. Muchos de los comentaristas que al principio lo vieron todo con simpatía hicieron de inmediato marcha atrás y se distanciaron del movimiento. Lo mismo pasó con la mayoría de sus simpatizantes. Pasadas las elecciones se tiene ya la sensación de una anécdota que está a punto de terminar y a la que cabe atribuir un futuro escaso. Y esto no quiere decir que no puedan mantenerse grupos antisistema en los barrios o que hayan mejorado en su organización e influencia. Pero su campo de acción es inevitablemente muy reducido, tanto menor cuanto que la población llegue a ver con claridad que se trata del mismo radicalismo antisistema que había mucho antes del 15M.

Valoración del 15M desde la filosofía política de la sociedad civil

¿Cómo valorar el movimiento 15M desde la filosofía política? Es obvio que, en mi caso, se trata de valorarlo desde la filosofía política de la sociedad civil que he expuesto en mi libro “Hacia un Nuevo Mundo. Filosofía Política del protagonismo histórico emergente de la sociedad civil”, cuyo contenido comento en el blog “Hacia un Nuevo Mundo” (en Tendencias21). Para mí, la importancia del movimiento 15M no radica en la fuerza o transcendencia futura que pueda adquirir como tal (que pienso que será muy limitada), sino en su carácter de ser un signo más de una “tendencia” creciente, manifiesta de mil maneras, que, poco a poco, irá haciendo que la sociedad civil se organice y se convierta en uno de los protagonistas decisivos de la historia en el siglo XXI. Para que este protagonismo sea eficaz y real deberá responder, a mi entender, a ciertas características y a un diseño que están todavía por surgir y que no responden a lo que parece significar el movimiento del 15M.

1) Lo más importante de cuanto ha sucedido es que el movimiento 15M ha sido un balbuceo incipiente, pronto atrofiado y pervertido, de un protagonismo emergente de la sociedad civil. La percepción de que podría tratarse del comienzo de algo que todos presentimos –a saber, del despertar de la sociedad civil para asumir un protagonismo político cuya viabilidad es una “intuición presentida” presente en nuestro tiempo– estaba probablemente en muchos de quienes acudieron a la llamada de la Puerta del Sol en un primer momento y, desde luego, latía también en cuantos se sintieron tocados desde el principio por el impacto de aquel lenguaje nuevo, en apariencia puramente civil y al margen de los partidos políticos. La reacción desmedida y sorprendente de los medios de comunicación –y la misma atención de la sociedad a lo que acontecía– muestra a mi entender la fuerza que tiene ya en nosotros la “intuición presentida” de algo nuevo que se avecina, a saber, que la sociedad civil puede y debe organizarse para adquirir un protagonismo que le haga controlar las decisiones socio-políticas. Y, en definitiva, para hacer posible aquello que constituyó la aspiración esencial del mundo moderno desde la filosofía del Renacimiento: que la forma del gobierno de las naciones respondiera al sentir del pueblo, de la sociedad civil, a quien pertenece la soberanía, la capacidad última de decidir sobre sí misma, de acuerdo con la filosofía de los derechos del hombre y de los derechos de los pueblos. El 15M, truncado en sí mismo, es un signo premonitorio del eco sorprendente y masivo que podría tener en la sociedad civil la propuesta de un proyecto bien diseñado y dirigido que le hiciera jugar el protagonismo histórico que las circunstancias demandan. El 15M ha sido una llamada en falso; pero lo importante es darse cuenta del eco que ha producido. Es un indicio probable de la expectativa, de lo que he llamado la “intuición presentida” presente ya en nuestro tiempo, signo premonitorio del apoyo que recibiría el movimiento civil correctamente diseñado en el momento en que apareciera.

2) He expuesto la hipótesis filosófico-política de que en nuestro tiempo es un tiempo excepcional. A) En él se está produciendo la emergencia de un nuevo ideal ético-utópico de la sociedad, de la gente de nuestro tiempo, que no responde ya al ideal-ético utópico de la modernidad ni al ideal ético-utópico del comunitarismo en ninguna de sus versiones (socialista-marxista, historicista o anarquista). Es una nueva sensibilidad que asume aspectos tanto de la modernidad como del comunitarismo, pero que es algo nuevo, no ideológico, que apunta a la resolución urgente y pragmática del problema del sufrimiento humano. B) Ahora bien, ¿cuál sería el “proyecto de acción en común” que respondería a la lógica de esta nueva sensibilidad ético-utópica? Es lo que he llamado el “proyecto universal de desarrollo solidario” que conciliaría elementos de la modernidad-liberal con elementos del comunitarismo social-demócrata. Pero el cambio que hiciera posible un mundo más libre, justo y solidario, debería tener una dimensión internacional ineludible que respondiera a lo que confusamente se apunta hoy en diversos foros como el “nuevo orden económico internacional” que se intuye. C) Pero la cuestión fundamental hace referencia a la forma en que podría promoverse la realización del “proyecto universal de desarrollo solidario” que demanda la sensibilidad de nuestro tiempo. Y aquí es donde entra la tesis fundamental de mi filosofía política: la argumentación que lleva a tomar conciencia de que las circunstancias históricas concurrentes producirán la organización de la sociedad civil, de una forma nueva no dada hasta ahora en la historia, para hacerse con el protagonismo, urgente y pragmático, de la promoción del “proyecto universal de desarrollo solidario”. Por tanto, ¿cómo debería organizarse la sociedad civil? Mi análisis de los rasgos que debería tener el movimiento civil para poder llegar con garantía a la gestión de sus objetivos me ha llevado a concebir precisamente lo que debería ser el proyecto de acción civil que he denominado Nuevo Mundo. No cualquier iniciativa o proyecto tendría posibilidades de prosperar. Para hacerlo debería tratarse de un proyecto de propiedades muy precisas.

3) Por consiguiente, ¿cómo y cuándo podría darse la emergencia de un verdadero protagonismo histórico de la sociedad civil para forzar las decisiones políticas que condujeran a más libertad, más justicia y más solidaridad? Por una parte, estoy persuadido de que hoy existe un gran movimiento emergente en que la sociedad civil está forzando la aparición de su nuevo papel histórico. En este artículo he hecho una pequeña historia de este proceso emergente. Entiendo que el movimiento del 15M es un episodio más, frustrado y en último término desorientado, de este proceso en que se constatan los conatos por constituir algo que la lógica de la historia está forzando y que acabará probablemente por triunfar cuando encuentre su diseño apropiado, el único que puede llevarle a transformar realmente la sociedad. Pienso pues que lo que acabe por triunfar deberá responder a las características de diseño que lo hagan posible. Es decir, no todo movimiento civil tendrá posibilidad de triunfar. Las revoluciones imposibles acaban siempre en el fracaso, y en la pérdida de un precioso tiempo histórico. Si no se sabe diseñar “revoluciones posibles”, y no se tiene la capacidad de gestionarlas con toda precisión, se perderá la ocasión de mejorar sustancialmente el mundo. A mi entender, y es lo que he expuesto con amplitud, no nacerá el nuevo movimiento civil si no se suscita la conciencia creciente reflexiva de la sensibilidad ético-utópica que aúna hoy mayoritariamente a los ciudadanos de nuestro tiempo. Tampoco nacerá si no se tiene un “proyecto de acción en común” preciso que refleje esa sensibilidad ético-utópica y que sea realmente viable. La sociedad civil no podrá comprometerse si no sabe por qué y para qué se compromete: tiene que tener objetivos viables formulados con precisión. No basta con proponer los fantasmas del pasado (como ha acabado haciendo el 15M manuipulado por los radicales) que sólo nos llevarían a una deriva de la historia que ya ha pasado y ha perdido su oportunidad. Por último, el protagonismo de la sociedad civil sólo nacerá si se le ofrece una forma precisa, técnicamente bien diseñada, para poder jugar el papel determinante que le haga poder controlar la historia en una dimensión internacional. La forma que debería tener el movimiento civil, para que pudiera iniciarse algo que tuviera la posibilidad de prosperar, es lo que he llamado el movimiento de acción civil Nuevo Mundo.

Es sin duda creciente la conciencia de que el ciudadano, la sociedad civil, tiene en sus manos el poder para transformar la realidad y salir del caos actual controlado (o, más bien, descontrolado) por las oligarquías, las estructuras de dominación y los partidos políticos. La emergencia del nuevo protagonismo histórico de la sociedad civil es inevitable, es una dinámica esencial de la sensibilidad del hombre de nuestro tiempo. Pero la creación del “nuevo orden económico” es por su propia naturaleza algo que debe tener una dimensión “internacional”. Las iniciativas sociales que acaben por triunfar nacerán en un nicho local, pero deberán extenderse internacionalmente. Para ello deberan promover un proyecto de cambio (el proyecto universal de desarrollo solidario) que sea posible y realizable sin traumas. Deberá además ser un proyecto consensuable por una gran parte de la sociedad civil internacional. Sólo así el movimiento de acción civil será exportable universalmente y tendrá garantías de constituir algo que pueda realmente transformar la historia y contribuir a la lucha de la humanidad contra el sufrimiento y la indignidad humana. No es fácil diseñar algo que posea condiciones objetivas de diseño para poder triunfar. Y para ello los líderes civiles –que yo desearía que aparecieran pronto– llamados a modelar la nueva historia del siglo XXI deberán necesariamente pensar, trabajar los conceptos y concebir en sus mentes los proyectos que pueda realmente contribuir a transformar la realidad. Estos líderes deberán ser también mentes abiertas, capaces de romper con las ataduras conceptuales y emotivas con el pasado, un pasado sin futuro ya a la deriva de la historia, para abrirse a la nueva lógica que está emergiendo en nuestro tiempo.

http://www.tendencias21.net/nuevomundo/Democracia-Real-Ya-el-movimiento-del-15M-o-la-spanish-revolution-Consideraciones-desde-la-filosofia-politica_a11.html

*Javier Monserrat es jesuita y profesor en la Universidad Autónoma de Madrid. Estudia psicología y filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, donde se doctora con una tesis sobre Hegel. Estudia también teología en la Philosophische-Theologische Hochschule Sank Georgen, Frankfurt am Main. Entre otras estancias en universidades extranjeras, en 1992-1993 permanece un año como visiting researcher en la University of California, Berkeley, en el Institute of Cognitive Studies estudiando ciencia de la visión. Es miembro del Seminario X. Zubiri y Director de la revista PENSAMIENTO. Es también asesor de la Cátedra Ciencia, Tecnología y Religión, en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de la Universidad Comillas. Es también editor de los primeros cuatro volúmenes de la serie especial Ciencia, Filosofía y Religión (2007-2010) de la revista PENSAMIENTO y editor de Tendencias de las Religiones en Tendencias21. Su docencia e investigación en la UAM, y en las facultades eclesiásticas de la Universidad Pontificia Comillas, ha versado sobre percepción, ciencia de la visión, epistemología, filosofía y psicología de la cultura, filosofía política, filosofía de la religión y teología. En los dos blogs de TENDENCIAS21 se limita al comentario de tres de sus últimas obras: Dédalo. La revolución americana del siglo XXI, Biblioteca Nueva, Madrid 2002; Hacia un Nuevo Mundo. Filosofía Política del protagonismo histórico emergente de la sociedad civil, Publicaciones UPComillas, Madrid 2005; Hacia el Nuevo Concilio, El paradigma de la modernidad en la Era de la Ciencia, San Pablo, Madrid 2010. El blog titulado Hacia un Nuevo Mundo se centra en filosofía política de la sociedad civil; el blog titulado Hacia el Nuevo Concilio aborda los temas filosóficos y teológicos.

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