Pacto-por-México

 

Por Antonio Limón López

 

MIS REFORMAS ESTRUCTURALES I

ANTECEDENTES

 

El 13 de marzo de 1961, el presidente John F. Kennedy ofreció a los países latinoamericanos la creación de una alianza para resolver los problemas del continente, que como ahora eran el subdesarrollo, la pobreza, las enfermedades endémicas. Entonces existían también otros problemas como el analfabetismo y la carencia de profesionales necesarios para el desarrollo, a estos males de la época, habría que agregar la influencia soviética, dado que Estados Unidos estaba en plena “guerra fría” contra la potencia eslava; a Kennedy le interesaba que sus vecinos fueran sus aliados no solo por sometimiento sino por conveniencia. Esa alianza fue la “Alliance for Progress”.

 

Los antecedentes de la “Alianza para el progreso” se afincaban  en la experiencia norteamericana, en 1919 esa potencia participó en las discusiones para la paz al termino de la “Gran Guerra” (Primer guerra mundial), su resultado fueron los “Tratados de Paris” que incluyeron clausulas políticas, indemnizatorias, de comercio, financieras, económicas, de industria y de límites territoriales; Estados Unidos entre 1933 y 1938 implantó, su propio territorio el “New Deal” o “Nuevo Trato” por medio del cual se enfrentó a la crisis derivada del “crac” bursátil de 1929, fue un amplio plan con medidas para incentivar la economía norteamericana.

 

También EEUU participó en la “Conferencia de Yalta” con la que se decidió la suerte de los derrotados al término de la Segunda Guerra Mundial, también celebró el armisticio con el Japón, y por su sola cuenta sostuvo el “Plan Marshall” que alimentó a Europa del Este y posteriormente, se concentró en el desarrollo industrial del imperio del sol naciente, así que los norteamericanos eran expertos en planes de salvación, de recuperación o de estabilización que requerían “pactos” o alianzas con soluciones políticas, técnicas, económicas e incluso militares en el mismo paquete.

 

La “Alianza para el progreso” no fructificó debido al asesinato, en 1963, del presidente Kennedy, sin embargo gracias a sus preparativos los políticos latinoamericanos conocieron la forma norteamericana para solucionar problemas, algo nuevo, pues hasta entonces Estados Unidos se había concretado a imponer tiranos o a apoyar, en el mejor de los casos a nuestros regímenes despóticos.

 

Entre los presidentes latinoamericanos que participaron en la Alianza para el progreso estaban Rómulo Betancourt (fundador  de la OPEP), Fernando Belaúnde Terry, Eduardo Frei Montalva que entregó el mandato presidencial a Salvador Allende, Alberto Lleras Camargo, además de demócratas que fueron sucedidos por dictaduras, como Arturo Frondizi y Jânio Quadros, pero todos tuvieron proyección política internacional y recurrieron a soluciones “técnicas”, a pactos y a alianzas dentro de sus propios países.

 

A pesar de malograrse la “Alianza para el progreso”, aportó dos ideas a los gobiernos latinoamericanos: La primera fue la de crear grandes “alianzas” o “pactos” políticos con las partes interesadas en un plano de igualdad y de colaboración sincera y la segunda, la necesidad de que esos “pactos” se materializaran con “reformas” a los sistemas políticos y económicos, para esto colaborarían “políticos” y “técnicos expertos”. Por último, descubrieron el éxito propagandístico de las “alianzas”, pues eran noticia de portada en todos los medios de comunicación de la época, lo que sorprendió a nuestros gobernantes amantes del boato y la pompa.

 

En 1964 el presidente Gustavo Díaz Ordaz, inició su gobierno en México utilizando el lenguaje que caracterizó a la “Alianza para el progreso”, habló con todas las partes políticas y empresariales, ofreció comicios libres, elecciones limpias, respeto a la voluntad de los electores, una reforma fiscal y administrativa para impulsar los negocios, protección a los fabricantes nacionales y esto fue creído por muchos empresarios y por los partidos políticos de la época, sin embargo en las elecciones de 1968 y 1969 la Secretaría de Gobernación cometió sendos fraudes electorales en Baja California y Yucatán; en la ciudad de México ocurrieron los asesinatos de estudiantes a manos del ejército en la Plaza de Tlatelolco, y el lidero ferrocarrilero Demetrio Vallejo siguió encarcelado en Lecumberri,  por lo que cualquier intención de pacto o alianza democrática se vio traicionada desde la presidencia de la república.

 

No obstante, el secretario de gobernación Luís Echeverría Álvarez, instituyó en 1969 un programa reformista denominado “Desarrollo Compartido” que ofrecía cambios democráticos y nuevas reglas en favor de las empresas mexicanas, como simplificación de trámites, consolidación de funciones, un sistema de crédito moderno, pero de nueva cuenta, tanto como secretario de gobernación y luego como presidente del país, su gobierno fue centralista y no admitió cambio alguno en materia política, al contrario, intensificó el culto a la personalidad, el presidencialismo, la antidemocracia, las designaciones de candidatos y de gobernantes, el amiguismo y se confrontó abiertamente con los empresarios, los estudiantes, los intelectuales e incluso en el plano internacional llevó una política errática y de sesgo personal.

 

El presidente sucesor, José López Portillo se benefició con el descubrimiento de la cuenca petrolera “Cantarel”, por lo que México obtuvo grandes créditos para su desarrollo, sin embargo una pésima administración de la riqueza, condujo a una severa crisis con la que cerró el sexenio en medio de devaluaciones y profiriendo amenazas: “Ya nos saquearon. México no se ha acabado. ¡No nos volverán a saquear!”, gritó en su último informe de gobierno. López Portillo imitó a la Alianza para el progreso de Kennedy con sus propias alianzas, ellas fueron, por orden de aparición, la “Alianza para la Producción”, el “Plan Nacional de Zonas Deprimidas y Grupos Marginados”, el “Sistema Alimentario Mexicano” y el “Plan Global de Desarrollo”. Terminó entre gigantescos fracasos y en grandes derroches presupuestales.

 

El siguiente presidente, Miguel de la Madrid Hurtado, elaboró tantos o más programas, alianzas y pactos que sus predecesores, en su primer año de gobierno implementó el PIRE (programa Inmediato de Reordenación Económica), debemos recordar  el programa por la “Renovación Moral de la sociedad”, el “Plan Global de Desarrollo” y estableció constitucionalmente el “Sistema de planeación democrática” que da origen a cientos de programas anuales, trianuales, sexenales y de largo plazo, tanto de cada secretaría, de cada organismo público, de cada sector productivo, tanto en la federación, como en los estados y municipios, los cuales constituían monumentales donaciones del gobierno a la industria recicladora de papel, hasta la aparición de los medios digitales. A partir de octubre de 1987 el peso inició un proceso de devaluación que en 1988 acumuló un 3,100%; el peso llegó a cotizarse a 3,200 por un dólar, el papel moneda parecía basura y se pagaban con gruesos fajos de billetes cualquier compra en la tienda de la esquina, el gobierno de Miguel de la Madrid intentó entonces otro pacto, el “Pacto de Solidaridad Económica”, mejor conocido como el “Pacto de agresión”. Ningún otro presidente cometió tantos fraudes electorales, ni tan descarados como este, a su muerte fue honrado por el Presidente Felipe Calderón como si hubiera sido un héroe nacional.

 

En este punto el desprestigio de los pactos era absoluto, los firmantes eran practicamente obligados a comparecer a la firma de estos pactos por cuyo medio se quería rescatar algo del crédito del gobierno ante los diferentes “sectores” productivos y sociales, parecía que nadie más intentaría firmar uno de ellos, sin embargo estaba a punto de celebrarse el pacto más importante y de mayor trascendencia.

 

En julio de 1988 los cómputos fraudulentos de las elecciones presidenciales dieron como ganador a Carlos Salinas de Gortari, sus opositores Manuel de Jesús Clouthier y Cuauhtémoc Cárdenas encabezaron una rebelión que amenazó con destruir el anquilosado y antidemocrático sistema político. Para esa época los fraudes electorales eran la principal institución política de México, pero el fraude de 1988 ocurrió en un momento en que el mundo ya no se preocupaba por la guerra entre las superpotencias y por ello, prestó atención al caso mexicano. Para que Carlos Salinas de Gortari se quedara en la presidencia, era necesario el apoyo de diputados ajenos al PRI en el Colegio Electoral. Finalmente el PAN, dirigido por Luís Héctor Alvarez votó en favor de la aprobación de los comicios, esto fue como pago anticipado de un “pacto” no escrito, por medio del cual el régimen reconocería los resultados de proceso electorales limpios e implementaría, de la mano del PAN, una amplia variedad de reformas, económicas y políticas, incluso constitucionales en los temas “tabú” del sistema.

 

Las consecuencias de ese pacto, fueron de un amplia aliento, casi equivalió a una refundación del país, de inmediato se manifestaron con el reconocimiento a los resultados electorales de Baja California en 1989, en ellos el PAN ganó las elecciones no solo para gobernador sino para munícipes en Tijuana y Ensenada y la mayoría de diputados del congreso, después la oposición siguió ganando elecciones, excepto el PRD, al cual les serían reconocidas a partir de la presidencia de Ernesto Zedillo.

 

Ni durante el gobierno de Zedillo, ni durante los gobiernos de Vicente Fox Quezada y Felipe Calderón se volvió a mencionar la palabra “pacto”, no obstante siguieron intentándose, pues el presidente Fox supuestamente celebró un “pacto de caballeros” con el PRI para que se aprobaran las “Reformas Estructurales” que había elaborado el gobierno de Ernesto Zedillo y que el PAN había rechazado desde la oposición, pero que ahora consideraba indispensables; el pacto, en el caso de que hubiera existido no cumplió sus fines, las reformas estructurales fueron rechazadas por el PRI y el PRD, llevando al presidente Fox al primero de sus muchos fracasos. El presidente Felipe Calderón con mejor conocimiento de la naturaleza dual del PRI, ni siquiera intentó lograr un pacto para aprobar las reformas estructurales, que eran precisametne las mismas de Ernesto Zedillo.

 

Con la victoria del PRI en las elecciones del 2012, el presidente Enrique Peña Nieto resucita a los pactos escritos, que ya eran parte de la historia olvidada, pero a diferencia del pasado ahora los convocados no fueron ni los empresarios, ni los campesinos, ni los sectores obrero o popular como era lo normal, sino que convocó a los verdaderos dueños del control político del país, a las cúpulas de los partidos políticos dominantes en las cámaras legislativas federales y locales, es decir a las cúpulas del PRD y del PAN. Este es un pacto que tiene hasta adéndum y con el cual el presidente Enrique Peña Nieto pretende, en realidad, amaestrar a sus “opositores”, para lo que pueda necesitar, so pretexto de aprobar “reformas” que realmente conducen al fortalecimiento de la figura presidencial, a la manera del PRI de siempre, pero con nuevos comparsas.  

 

Por Antonio Limón López

MÉXICO 2013 – 2031

Pacto por México

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