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Democracia siglo XXI

fecha

junio 13, 2013

La ideologización del conflicto

ideología 2

 

Teódulo López Meléndez

“Encontramos razones que confirman nuestra creencia porque ya creemos: no es que creamos porque hayamos encontrado suficientes buenas razones para creer”

Slavoj Zizek

 

Tal vez deberíamos ir a la representación simbólica de la realidad social para escudriñar los supuestos  reales contenidos ideológicos del presente conflicto perverso o pasearnos por las definiciones siempre contrastantes y polémicas de ideología.  Quizás nos inclinemos por recurrir a la segunda acepción de Bobbio, en el sentido de que en el asunto ideológico lo importante no es la verdad sino su valor funcional.

La representación tiene una mezcla de elementos entre los cuales, sin duda, está incluida la ideología, sobre todo y a nuestro entender, como elemento afectivo que moldea la visión, procesa la información y determina comportamientos derivados de esa representación. Esto es, al lado del elemento afectivo hay uno normativo y también uno cognoscitivo. Entre los tres forman una conciencia social.

El planteamiento del “socialismo del siglo XXI” provee de una autovaloración y de una justificación, en pocas palabras, otorga la fe, como concede una autorización para determinar lo bueno y lo malo y, en consecuencia, un movimiento actuante. El contenido ideológico otorga la especificidad necesaria a una eficacia. Así sucede a pesar de ser una noción del marxismo ortodoxo el ‘fin de la ideología” al considerarla como típico producto del capitalismo y en consecuencia innecesaria al término de las relaciones de dominación. De manera que hablar del “socialismo del siglo XXI” como una teoría de base sólida o como verdadera o de efectos perniciosos es absolutamente banal puesto que lo único que interesa a los efectos del conflicto es su eficiencia práctica, dado que otorga coherencia en el ejercicio del poder.

La identificación no proviene de alguna racionalidad, más bien de las connotaciones subliminales. La identificación proviene de “una oferta de vida”. Esta forma va desde lo trivial hasta lo supuestamente profundo que permite la expresión ‘daría mi vida por el proceso”. En situaciones como la presente venezolana el elemento ideología contribuye grandemente a la radicalización de los opuestos o, si se quiere, a determinar el grado de intensidad de lo que hemos denominado polarización.

Frente al hecho encontramos la radicalización de los opuestos, pero ahora nos interesa destacar el llamado a la reconciliación y al diálogo. Es evidente que la eliminación del antagonismo, tal como lo hemos descrito, resulta muy difícil porque ya se ha erigido como elemento constitutivo del ordenamiento social. El constante ataque a la “burguesía” nos lleva a considerar al Marx del La ideología alemana donde se define a la ideología” como una falsa conciencia de posición de clase. Si en el caso venezolano estuviésemos viviendo un enfrentamiento de los trabajadores contra la burguesía, lo que no es cierto para nada, podrían explicarse los ataques a los que hacemos referencia, lo que a su vez nos obliga a señalar el elemento ideológico como uno distorsionador y falso, producto de resabios de un Marx mal entendido o simplemente de uno dejado en su contexto histórico. Por este camino la única posible conclusión es que “la construcción del proceso” sólo es posible excluyendo de manera definitiva a un sector de la población como condición necesaria para la posibilidad de logro revolucionario.

Creo existe una ignorancia supina del pensamiento postmarxista y/o neomarxista. Desde este punto de vista la única posibilidad de atemperar los disentimientos es el abandono de la idea de liquidación y colocar el enfrentamiento en términos de siglo XXI, lo que significa, por parte de quienes ahora ejercen el poder,  de la admisión de la tesis de que debemos desechar las deformaciones conducidas por las formas imaginarias. Por parte de quienes se le oponen la aceptación de estar viviendo un proceso de reconstrucción social que implica la incorporación de un elemento consensual que conlleve la construcción de un principio comunitario frente a las drásticas consecuencias eventuales del enfrentamiento.

En buena medida, podríamos hablar de un retorno a la política, si pensamos con el esloveno Zizek y su inmersión en Jacques Lacan,  que ese elemento ideológico la forcluye y avanza a lo que se ha denominado “consensualismo puro”, lo que deberemos leer, creemos nosotros, como imposición totalitaria que pretende el objetivo imposible de eliminar la alteridad. Este retorno a la política permitiría conformar lo que llamaremos a estos fines específicos como “objetividad”, cuya ausencia, extrema paradoja no visible para los ojos cegatos de los extremismos, impide la realización de lo social. Creemos que su ausencia ha sido denominada fascismo.

 

tlopezmelendez@cantv.net

 

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México 2013-2031

ciudad-del-futuro

Por Antonio Limón López

 

La descripción más importante de cómo será México los próximos 18 años, no radica en cómo serán los autos modelo 2025, o si los edificios serán de plástico y tampoco si serán robots quienes realicen las cirugías a los enfermos de ese futuro no tan remoto, no es que sean cuestiones sin importancia o sin interés, pero para nosotros, que podemos modificar el futuro o dejarlo que se presente conforme a la inercia, nos debe interesar más que cualquier otra curiosidad, prever la forma del Estado que hemos estado creando desde hace años y decidir de una buena vez si ese es el que queremos, o si tenemos alternativas para evitarlo o transformarlo en otra cosa.

Los elementos para pronosticar lo que viene políticamente para México están frente a nosotros, los estamos viendo en la conducta de nuestros gobernantes, en la forma como se reorganiza el gasto público, en el florecimiento de ciertas secretarías sobre otras, en los discursos de todos nuestros líderes y en los textos de todos nuestros politólogos, en el descredito de nuestra clase política, en la riqueza de nuestro gobierno, en su eficiencia para algunas actividades y su displicencia para otras y en la miseria rampante de más del 60% de la población nacional. Aquí están las evidencias en espera de una recta interpretación de lo que está ocurriendo y lo que seguirá ocurriendo a menos que exista un golpe de timón, lo cual se antoja imposible.

El primer elemento a tomar en cuenta es la riqueza de nuestro gobierno, desde los años cuarenta el petróleo ha sido la fuente principal de recursos para el gobierno mexicano, tan importante que el gobierno se ha venido convirtiendo en un gigantesco elefante blanco para cobrar impuestos, toda su enorme riqueza proviene de la venta de nuestro petróleo crudo a los países industrializados, esta riqueza del gobierno ha creado a una minoría acomodada, de empresas exitosas debido al impulso gubernamental como lo son el Grupo Carso, las cerveceras, algunas panificadoras, empresas constructoras, de alimentos y medicinas, ciertos grandes prestadores de servicios, maquiladoras, armadoras, minas, maestros y los altos y medianos servidores públicos. En el futuro aumentarán algunos rubros afortunados, pero con todo es previsible que a lo sumo un 35% de los mexicanos puedan pagar impuestos y sostener con sus medios una vida decorosa o de riqueza para una minoría dentro de estos, el resto un 65% de los mexicanos estarán dentro de la clase económicamente pobre, sin capacidad de auto sustento digno y sin capacidad de pagar impuestos, tal vez un 10% escape a la pobreza pero no a la informalidad al ser comerciantes sin registro fiscal o delincuentes de alguna pandilla gangsteril. Al menos el 55% estará realmente en la pobreza, sin capacidad para tener una casa digna, educar a sus hijos en escuelas privadas, viajar, educarse, pagar impuestos, tener negocios, despachos, autos.

El otro elemento a la vista, es la competencia política, los partidos políticos se enfrentan como organizaciones antidemocráticas en el interior, desprestigiadas ante la sociedad pero sostenidas por el gobierno y un sistema político que no cambia ni aspira a democratizar los partidos, esto ocasiona que el electorado en su mayoría en condiciones precarias económicamente se convierta en el objetivo de los partidos, quienes para atraer votantes, están dispuestos a disponer de los recursos del petróleo para repartir privilegios, despensas, materiales de construcción, créditos baratos para adquirir bienes indispensables para vivir, prueba de este proceso es la enorme importancia de los programas contra la pobreza, en especial el creciente presupuesto de la Secretaría de Desarrollo Social, SEDESOL, dedicada a dar lo necesario a los pobres a cambio de votos. El Seguro Popular, gratuito y para quienes no tienen Seguro Social (IMSS) o seguros médicos de gastos mayores.

Estamos viendo a una sociedad mayoritariamente pobre, que es necesaria para que los partidos políticos puedan seguir prosperando y conservando su hegemonía, con gobiernos extremadamente ricos mientras dure la bonanza petrolera, que repartirán entre las elites políticas de los partidos una riqueza enorme para que estos controlen las condiciones políticas, dando dinero a los medios de comunicación, coptando a los intelectuales, hasta que voces como democracia, igualdad, legalidad pierdan todo sentido, en medio de “reformas políticas” y estructurales sin importancia, pero realzadas como grandes temas nacionales solo para lograr distraer la atención nacional y crear falsas válvulas de escape a la inconformidad social, política y económica.

Las reformas políticas bajo las banderas de mayor democracia y transparencia electoral, solo serán instrumentos de control en manos de las dirigencias de los partidos políticos, centralizarán el poder en el centro del país, desde donde se dominará todo el territorio nacional, las minorías dominantes crecerán en poder e influencia y los mecanismos de reparto de privilegios se sofisticarán hasta la perfección, permitiendo mayor control sobre una población mayoritaria ignorante, dogmatizada y anulada totalmente.

El México del futuro hasta el 2031 en que tenemos garantizada la “renta petrolera” será ese, el de un estado antidemocrático, donde el engaño y la manipulación tendrán proporciones inimitables, donde pocos a lo sumo el 35% tendrán una posición independiente pero no podrán contra el resto de la sociedad mediatizada, ese resto, entre un 55 y un 65% de la población nacional serán una masa inconsciente en manos de las cúpulas partidistas, serán pobres que vivirán de lo que el Estado les proporcione, alimento de pobre calidad, habitaciones indignas, utensilios básicos, automóviles chatarra, educación deleznable, un sistema de asistencia médica regido por el interés político, un sistema de pensiones miserable, trabajos mal pagados. El pobre vivirá como un pedigüeño de un estado generoso en las campañas y calculador entre ellas. Los medios de comunicación serán socios o cómplices de toda la estructura de dominación y mediatización que perdurará hasta que el petróleo se acabe.

No hay escapatoria, los partidos políticos, el dinero del gobierno y de los partidos, la pobreza de la mayoría de la nación y los programas contra la pobreza, serán los grilletes de un pueblo ignorante, sin sentido de la dignidad, manipulado, sin esperanza y que vivirá de las migajas del pastel que se repartirá una minoría feliz, despectiva y todopoderosa.

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