cambio climático

Gerardo Gil Valdivia

 

En breve, el Secretario General de la ONU, Ban Ki Moon, presidirá una cumbre sobre el cambio climático en la que se espera el anuncio de medidas a tomar en el corto y mediano plazo, para poder alcanzar los objetivos de largo plazo en la materia.

 

Esta cumbre pretende estimular el alcance de los compromisos que se asuman en la conferencia sobre el clima en diciembre en Lima, antesala de la reunión de París, del año próximo, que tratará de establecer un antes y un después en la reducción de emisiones de carbono. También tiene como objeto diseñar los esquemas de apoyo a los más pobres y vulnerables al cambio climático.

 

El quinto informe de Evaluación del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático determina que para mantener el calentamiento global por debajo de los dos grados centígrados a finales del siglo XXI, se deben reducir las emisiones de gases de efecto invernadero o mantenerlas cerca del crecimiento cero.

 

Un objetivo central es proteger a los grupos sociales más vulnerables de las consecuencias del cambio climático que se manifiesta con fenómenos más intensos como las olas de calor, las malas cosechas, las inundaciones o las sequías cada vez más graves, que ponen en riesgo vidas.

De no actuarse ahora, el clima podría sufrir cambios irreversibles afectando a todos los sectores de la sociedad, por lo que es necesario dejar atrás el modelo actual generador de altos niveles de gases de efecto invernadero.

 

Pero el objetivo no debe ser sólo preservar la sustentabilidad de la vida en el planeta sino también mejorar las condiciones sociales a través de la erradicación de la pobreza y lograr un mundo más seguro, con una visión que vaya más allá de la segunda mitad del siglo XXI. Es necesario diseñar un horizonte para que los más de 9 mil millones de habitantes del mundo en 2050, tengan mejores expectativas de vida en un planeta próspero y saludable.

 

En este sentido, vale la pena retomar el impacto que ha tenido el libro de Thomas Piketty: “El Capital en el siglo XXI”, que es expresión de la preocupación internacional por la creciente desigualdad.

 

Los 30 años siguientes al fin de la Segunda Guerra Mundial tuvieron un acelerado crecimiento económico con una prosperidad ampliamente compartida. A partir de la década de los años ochenta del siglo pasado se da un crecimiento más lento y los beneficios se concentran en los grupos con los niveles superiores del ingreso y de la riqueza. Este incremento de la riqueza se da en buena medida como producto de la especulación financiera y en algunos países también la inmobiliaria.

 

El crecimiento de los niveles de desigualdad que se están registrando en varios países desarrollados y en economías emergentes puede afectar no solo el desarrollo sino también a la democracia.

 

Debemos tener reglas de juego claras para retomar el crecimiento económico dinámico y equitativo con cuidado de la naturaleza y el ambiente. Hay que preservar la democracia del siglo XXI para poder tomar decisiones adecuadas para la sustentabilidad y la equidad distributiva. Para preservar el interés general.

 

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