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Democracia siglo XXI

fecha

febrero 19, 2013

El regreso del padre

padre 2

Teódulo López Meléndez

En las sociedades que han adoptado un padre todo gira en torno del padre. Stalin era el padre de todas las Rusias, era el “marido” de “mamá” Rusia. A comienzo del siglo XX venezolano Juan Vicente Gómez era el “taita”, el padre protector que castigaba a sus “hijos malos” con el exilio, la tortura o los trabajos forzados, pero desde su aspecto bonachón “premiaba” al país con su presencia que transmitía seguridad, porque aquella sociedad necesitaba a un padre más allá de la bondad o de la maldad.

En psicología social se ha analizado como se gira en torno del padre, para amarlo u odiarlo, pero todo gira en torno del padre. Si el padre regresa, se duda del regreso. Si el padre está enfermo, se duda de su salud. Si el padre ha vuelto se celebra con cohetes. Si el padre ha vuelto la ausencia se asimila a un ínterin que fue necesario para el regreso del padre.

Quienes odian al padre dudan de su regreso, pero la certeza de quien marca la agenda y decide los destinos viene dada por la oportunidad de dudar del regreso del padre. Quienes aman al padre recobran el aliento a pesar de sus ambiciones por la posibilidad de una herencia. El regreso del padre calma a los herederos, los devuelve a la realidad de la presencia del padre.

Las sociedades que, para amarlo u odiarlo, han caído en el giro alrededor del padre lo miran como el vínculo necesario para toda conversación o expresión. Es el vínculo, es la esencia primaria que organiza el mundo interno de la sociedad infantil. Odiándolo o amándolo aquel padre es una garantía para la vida cotidiana, ¿de qué otra cosa podría hablarse sino del padre?, ¿qué otro elemento de pervivencia podría animarla sino es el padre?

En psicología social el padre de la sociedad infantil es la firmeza, la decisión y el amparo, porque toda sociedad infantil que ha adoptado un padre para su cotidianeidad es una sociedad desamparada y el padre, odiado o amado, es el lazo, es el enemigo o el amado sobre el cual todo gira, el vínculo cohesionador de una sociedad infantil asustada que requiere del padre.

Es obvio que una sociedad con padre tiene vínculos deficitarios, carece de una personalidad madura y está predispuesta a patologías. Una sociedad con padre tiene deficiencias de personalidad. Una sociedad con padre, para amarlo u odiarlo, tiene en el fondo un temor de perder al padre porque intuye que una sociedad sin padre sería una sociedad de la violencia. Una sociedad con padre carece de imágenes alternativas que le transmitan seguridad y ha perdido todo vínculo con lo “sagrado” por lo que necesita a un padre.

El padre encarna el sentido programador, otorga pautas, por lo que, cuando el padre regresa, la sociedad infantil respira hondo pues reencuentra un carácter relacional –los psicólogos sociales dirían transaccional- lo que significa que ha vuelto la pauta, esto es, el sentido de todo el uso del lenguaje que girará en torno al padre, de una conducta resuministrada para odiar o amar, la vuelta  del planteamiento fundamental en torno al cual respira la sociedad infantil que consciente o inconscientemente ha adoptado a un padre.

Hay un desorden psico-social que conduce a la angustia, pues la sociedad infantil no tiene referentes, sólo el padre. No puede haber pensamiento crítico ni discernimiento ético en una sociedad con padre. Autoridad viene de auctor, el que crea, aquél que crea las causas y origina.  Las sociedades con padre, odiándolo o amándolo, respetarán al padre.

El padre ha vuelto. Era absolutamente obvio que el padre volvería. Las discusiones seguirán girando en torno a la salud del padre, en torno al padre que no se ve, en torno a cómo sería el proceso de declaración hereditaria, a cuánto tiempo aún nos acompañará el padre. No es tema para juristas ni politólogos, es tema para psicólogos sociales mirar a la sociedad infantil que, por ahora, ha recobrado al padre.

Freud no era psicólogo social. Edipo no está en agenda.

@teodulolopezm

 

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Intimidación eficaz y humillación permanente

cheque

 

Alberto Medina Méndez

El poder se consolida y avanza en la medida que va encontrando avales tácitos y explícitos que se lo permiten. Cuando la sociedad por acción u omisión va firmando cheques en blanco, pues el sistema acelera el proceso y se fortalece día a día. Esto ocurre solo cuando las respuestas de la sociedad se convierten en permanentemente funcionales.

Pero también se refuerza esa idea por la cual cuando cada uno de los actores, se somete mansamente a la letra fría del guión sin más, pues los gobiernos siguen avanzando y lo hacen a todo ritmo.

Mucho de eso está pasando en estos tiempos. Por diferentes motivos, y con el poder va consiguiendo, secuencialmente, paso a paso, cada uno de los objetivos que se propone, y lo consigue en base a una dinámica poco novedosa pero muy pragmática, la de generar temor en la sociedad.

Es evidente que no pueden conseguir respetabilidad, ese atributo tan ansiado por muchos pero que tanto merito real implica lograrlo, y mediante el cual los ciudadanos se sumarían a ideas y proyectos de un modo activo, voluntario, con plena satisfacción y evidente entusiasmo.

Asumiendo sus limitaciones y escasos talentos, acuden al mecanismo más bajo, antiguo, pero efectivo, el de construir temor, el de producir miedo, ese que paraliza y que hace obedecer sin ninguna resistencia.

Bajo esta dinámica, todos, desde su lugar, parecen ser el blanco de la estrategia elegida. Nadie puede quedar afuera y en ese juego, el poder hace mucho esfuerzo por profesionalizarse y perfeccionar herramientas.

Primero empieza por lo más simple. Intenta comprar voluntades, o tal vez sería mejor decir, utilizando el término adecuado, que pretende alquilar voluntades abonando su canon periódicamente para conseguirlo.

Con esos ciudadanos, utiliza el más lineal de los instrumentos, el dinero, ese que permite quebrar voluntades, por el solo hecho de recibir algo a cambio. Esta modalidad es magistralmente exitosa, ya que establece un vínculo perverso pero altamente efectivo de dependencia sostenida.

Los sectores más vulnerables son los primeros en caer en esta redada. Son los que precisan sobrevivir y no han encontrado aun el modo de lograrlo. La pobreza es el primer escalón al que se acude bajo esta dinámica, con diferentes formas que comparten la esencia central. Ayuda social, dádivas, subsidios, cualquier forma de asignación de dinero, directo o indirecto, sirve para que este sector de la sociedad actúe en consecuencia y se someta a los mandatos del poder, sin ningún argumento que modere su impacto.

Si no cumplen al pie de la letra su parte del trato, serán abandonados, y el gobierno dejará de darles, lo que discrecionalmente les otorga cotidianamente. El temor a perder esa ayuda económica, hace que esa parte de la sociedad canjee dignidad por dinero sin pensarlo demasiado.

Pero a medida que se avanza en esta estrategia, se van encontrando con sectores más duros, que oponen algún tipo de escollo, que tienen mayor reservar moral y allí apelan a otras refinadas herramientas, mas retorcidas y sofisticadas, pero no por ello, menos efectivas.

A los medios de comunicación en general y a los periodistas en particular, los dominan con la pauta oficial. Un par de anuncios por acá, otros por allá y ya está, automáticamente se alinean y se avienen a decir lo necesario.

Lo hacen ya sea porque reciben favores económicos y eso los convence de que el gobierno dice la verdad siempre, y que hasta tienen enemigos comunes, o bien, cuando funciona la autocensura, esa variante de sobreactuada lealtad, de no morder a la mano del que les da de comer.

Sin justificarlo, se puede entender que los sectores asalariados, los más débiles desde lo económico, acepten someterse a cambio de supervivencia, aunque eso no los exime de la indignidad de hacerlo.

Pero llama mucho más la atención como gente que no precisa el dinero para su sostenimiento vital, y que inclusive ha construido grandes empresas, se someta linealmente, casi del mismo modo que el resto de la comunidad.

Resulta difícil entender la falta de coraje en general, pero mucho más la de los que más tienen. Es cierto que los gobiernos, se han especializado en encontrar nuevos modos de atemorizar, de intimidar, pero se supone que este grupo de ciudadanos debería tener más anticuerpos para oponerse.

Amenazas de mostrar trapos sucios, probables inspecciones de organismos estatales, algún incremento de tributos siempre inminente, cuando no operativos de prensa en proceso, o simple condena social organizada, las herramientas son múltiples y siempre existe la posibilidad de incorporar nuevos instrumentos que se agreguen al arsenal habitual de rutina.

Los empresarios, los hombres de negocios, también son objeto de esta disputa de poder, en el que los gobiernos se han propuesto amedrentarlos como uno más, aunque en estos casos con métodos diferentes.

Bajo ese paraguas de temor, muchos de ellos terminan claudicando, se ocultan, buscan perfil bajo, sacrifican ganancias y resignan negocios solo para no ser el nuevo blanco de los ataques.

Inclusive a veces son tentados por el poder de turno para ser parte de algunos proyectos y recibir su tajada redoblando la apuesta para asociarlos y tenerlos del mismo lado. De ese modo se asegura el poder, que nadie podrá arrepentirse pronto, al menos no mientras el nuevo negocio funcione.

Algunos pocos, han empezado a mostrar el camino. Solo se consigue vencer al poder, cuando se deja de respetarlo como tal, cuando se aparta esta idea de tenerle miedo crónico y temor visceral, y se comprende que arrodillándose solo se posterga el final, pero no se cambia su rumbo.

Por ahora estamos en el proceso de acrecentamiento de ese poder que solo los consolida cada vez más, y recorriendo ese temible círculo vicioso de tener más votos y apoyo popular, más adeptos y prisioneros del sistema, para seguir haciendo lo mismo con altos índices de resignación social. En fin, en estos tiempos solo vemos la indignidad de un proceso de intimidación eficaz y humillación permanente.

albertomedinamendez@gmail.com

skype: amedinamendez

www.albertomedinamendez.com

54 – 0379 – 154602694

 

El enjambre del ensamble: la porno-familia Sexxxton

porno

 

Ricardo Viscardi

 

Desde la famosa “puesta sobre los pies” de la dialéctica hegeliana por Marx, el tropo de la inversión ha contribuido, con un sugestivo y enjundioso gesto, a la discusión filosófica. La cuestión que parece pesar en el asunto no es de gravitación, mal que le pese al desmelenado humor sexual de los sesenta, que predicaba con desparpajo “amaos los unos sobre los otros”. En efecto, para dar lugar a un tropo de posición es necesario gozar (no forzosamente en familia) de una perspectiva. Una vez que se abandona el lugar del tercero excluido o incluido, o incluso supuesto (sub-puesto[1]) -problemática aristotélica que arrastramos arqueológicamente desde el “argumento del tercer hombre”[2], la cuestión se vuelve indecidible, que es como decir que decide por nosotros (Derrida dixit[3]), pero sin base -o arriba/abajo, afuera/adentro, etc.- de por medio.

 

Quino ha percibido en su propio humor que la base de la cuestión del ensamble familiar, que tanto atormenta a nuestros contemporáneos, no es otra que la propia base como tal, una vez que se la advierte añadida por debajo, en tercer lugar. Como se viene de señalar, si a algo se le quita tal “base” (ground, fundamento, subjetividad, etc.) le sucede lo mismo que al sujeto que pone en evidencia Vattimo[4]: queda involucrado en aquello mismo que denunciaba escandalizado. De ahí que la remarca de Quino sobre la familia ensamblada aporte, por provisión de humor, la explicación del enjambre en que nos mete tal ensamble: interpelado por la expresión “La familia es la base de la sociedad” Miguelito aclara “la mía no tiene la culpa”[5]. Pero hay gente que le está buscando a esta cuestión el derecho o el revés, o si se quiere (tratándose de familia) el arriba o el abajo[6].  Con el propósito de terciar sobre la base de la desaparición de tal base, pese a explorarse cierta vía escabrosa, no desprovista, incluso, de fines edificantes,  presentamos en lo que sigue algunas consideraciones relativas al caso de la porno-familia Sexxxton.

 

 

La familia Sexxxton: de la mediación negativa a la proactividad  mediática[7]

 

Una vez considerada con cierta seriedad, la cuestión de la pornografía cae bajo una atmósfera de ironía. La ironía proviene del escepticismo antiguo, en cuanto declara el sentimiento de distancia entre lo humano y el designio inaccesible. Pero no se sostiene que lo inaccesible no existe, sino que el designio de alcanzarlo es vano porque excede la condición humana. Por esa razón el escepticismo antiguo no se vinculaba primordialmente al conocimiento, como humorada ante un presunto saber, sino a la pretensión de alcanzar algo imposible para los medios humanos, despropósito que termina por convertirse en víctima de su propia desmesura ética.

 

Un tufillo de equívoco denuncia, con desenfado, el propósito de dar cuenta conceptualmente de la pornografía. La ironía se inscribe en este caso, dentro de cierto escepticismo del conocimiento que desacredita,  con un halo de vergüenza agregada y por avance, el intento de explicar la pornografía sin caer en la obscenidad. Ese hiato de vergüenza entre el propósito teórico y la condición expuesta de la pornografía es propiamente pornográfico, en cuanto nos señala que cunde aún cierto sesgo de pudor que se resiste a la puesta en escena de una grafepornía, es decir, una escritura de la prostitución.

 

 

Pornografía, representación, valor y escritura

 

Sin embargo, esa escritura avanza masivamente entre nosotros, tal como lo expresa el caso de las “Sexxxton”, madre e hija. La pornografía de índole filial  se ha convertido en un éxito comercial, en cuanto progenitora y progenie protagonizan, conjuntamente con terceros de distinto género, registros de sexo explícito[8]. Más allá de recaudos legales que adoptan las protagonistas, entre los que cuenta no mantener contacto carnal entre sí, el vínculo filial se convierte en exhibición deliberada, destinada a la excitación sexual de terceros. Entrevistada al respecto, la hija que protagoniza estas escenas declara que al registrarlas piensa ante todo en el dinero que obtendrá a cambio[9].

 

Por encima de interpretaciones de psicólogos que hacen notar los límites simbólicos infringidos[10], la declaración del propósito financiero que guía la participación de una de las protagonistas señala cómo, lejos de encontrarse exenta de valor, la actuación pornográfica se resume en el valor bajo su forma más abstracta y generalizada: el valor de cambio. En efecto, el afecto y la preferencia familiar se han puesto al servicio de un designio trascendente y jerárquico al mismo tiempo, en cuanto el dinero gobierna la circulación del valor y por vía de consecuencia, la constitución económica del capital[11]. Consignada monetariamente, la estrategia pornográfica de la familia Sexxxton, lejos de estar desprovista de valores, exhibe un designio obsedido –se diría que obscenamente y la redundancia queda por explicar- por el valor.

 

Ahora, quien dice valor dice representación y también escritura. En efecto, ningún valor puede ser concebido al margen de su vínculo con otro elemento, a través de una relación que pueda ser diferenciada y sostenida, es decir, representada. No sólo el valor económico se vincula con una finalidad de uso o un quantum de cambio, sino que el propio concepto de valor lingüístico, tal como lo concibe Saussure, depende de la posición relativa de los signos en la estructura de la lengua. En el habla, el valor expresa la significación de un signo con relación a un referente. Si me encuentro ante un pequeño curso de agua, “arroyo” y “río” revisten, en su significación propia, valores distintos puestos en relación al referente[12]. Es decir, la representación y el valor son concomitantes y no pueden ser separados, incluso en el campo del sentido lingüístico.

 

De la misma manera, la escritura supone la materialidad de un grafema, en tanto marca incorporada en un soporte, que es puesta en valor por una lectura. La escritura permite, al igual que el valor de cambio en la moneda, la circulación de la representación, en cuanto consignado en un soporte, el signo se separa del autor y permanece a la disposición de un tercero, más allá del lugar en que se encuentren uno y otro, en el espacio o en el tiempo[13].

 

Escribir sobre la prostitución (sentido etimológico de “pornografía”) y prostituir la escritura, particularmente por su publicación con destino a la lectura, son entonces inseparables, en cuanto tal como dijera Foucault de la segunda edición de la “Arqueología del Saber” “este libro ya no es el que yo he escrito”. En efecto, valido de la puesta en valor de la marca escrita, el lector prostituye inexorablemente el sentido primigenio, desviación que provee la interpretación de una obra, tanto en el sentido de la apología como del anatema.

 

Transformación de la pornografía

n de la pornografíaVinculada desde entonces, es decir desde la propia escritura, con la prostitución que representa tanto literaria como críticamente, la pornografía parece sin embargo excedida por sí misma, sobrepujada (chassing) por una insistencia en valerse del valor para desvirtuarlo. Tal corrupción es inherente a la prostitución, que como vimos, provee la condición originaria de la pornografía (etimológica y literalmente: escribir sobre la prostitución). Sin embargo, cierta prostitución de la prostitución, si se nos permite el exceso de lenguaje, acaece como efecto del sobrepujado virtuoso que se propone alcanzarlo todo valiéndose del dinero, que no provee desde ya la satisfacción de una necesidad, ambición o designio, sino que constituye un “objeto total”, tal como lo declara la “Sexxxton” hija.

 

En tal sentido, la prostitución no sólo se encuentra imbuida de un valor desde que lo violenta, manipula o desvirtúa, sino que además configura por sí sola la “clave de bóveda”, que tanto culmina como sostiene un sistema de mediaciones. Podemos afirmar,  de una forma simbólica, que se la ha “prostituido”. Sin remontarnos hasta la significación de la prostitución en la antigüedad griega, cabe recordar que el batllismo promovió la instalación del control de la salud de las meretrices, por razones de higiene pública[14]. Es decir, el ejercicio de la prostitución no sólo se encuentra, en la modernidad –capitalista si se quiere, gobernado por el valor de cambio, sino que además forma parte de un sistema de valores públicos que alcanza representación política.

 

En tanto objeto de valor, representación y escritura que se incorpora en el campo social y político, la prostitución y la escritura componen (pornográficamente) un vínculo de mediación. Mediación entre el deseo y el objeto del deseo, entre el trabajo sexual y el consumo erótico, entre la necesidad simbólica y la satisfacción orgánica. Cabe entonces preguntarse acerca del sentimiento negativo en torno a una mediación que se vale, sin embargo, de los mismos recursos que cualquier otra.

 

Constituyéndose por la misma vía de valor,  representación y escritura, la pornografía contradice sin embargo la estructura propia de toda mediación, en cuanto el objeto de que se vale en el vínculo con un tercero no lo designa personalmente, ni reclama de su parte una interpretación. Se trata entonces de una inversión de la significación misma de la mediación, en cuanto tal condición siempre reclama, para sí, la probidad de una intencionalidad y la persona de un semejante. Contrariando el sentido ético kantiano, la pornografía trata a una persona como una cosa -por ejemplo cuando incluye el vínculo filial entre madre e hija en una misma escena sexual, haciendo abstracción de la prohibición del incesto, que por esa prescripción instruye el fuero íntimo de la persona moral en nuestra cultura.  Por consiguiente, la pornografía no supone una anulación de la mediación, sino una mediación negativa, en cuanto la condición paradigmática de la mediación -manifestar la transparencia de una intencionalidad y dirigirse a alguien en su fuero propio- se encuentra desvirtuada en la índole sexualmente explícita que la constituye.

 

A este respecto, conviene tener presente que la acepción inicial de “pornografía” que registra el diccionario la subordina a “obsceno”, que a su vez se caracteriza en el léxico por la negación del pudor (en cuanto tal virtud se encuentra “obscenamente” desvirtuada, pervertida u ofendida).

 

pornografía.

(De pornógrafo).

1. f. Carácter obsceno de obras literarias o artísticas.

2. f. Obra literaria o artística de este carácter.

3. f. Tratado acerca de la prostitución.[15]

Sin embargo, el diccionario va a modificar esa acepción, que se inscribe negativamente con relación a una virtud (el pudor), por una acepción positiva, que se caracteriza ante todo por la actitud deliberada y la finalidad instrumental:

pornografía.

(De pornógrafo).

1. f. Presentación abierta y cruda del sexo que busca producir excitación.

2. f. Espectáculo, texto o producto audiovisual que utiliza la pornografía. Prohibieron la venta de pornografía en los quioscos.

3. f. Tratado acerca de la prostitución.[16]

 

Uno estaría tentado de sostener que la pornografía pasa de una ética de los valores (cuando significa lo contrario del pudor) a una ética de la responsabilidad (cuando pasa a significar la provocación carnal). Sin embargo, el carácter negativo de la mediación que reviste la prostitución de la escritura -por la opacidad de la intencionalidad que ostenta y la privación moral del semejante que supone, no permiten vincularla a una significación ética positiva.

 

Moral negativa, ética positiva

 

¿Cómo entender entonces la moral de la hija Sexxxton? ¿Existe tal moral en tanto estructura positiva de valores, sostenidos en una cristalización representativa de la persona? Pareciera que la respuesta es afirmativa, en cuanto la declaración de la protagonista de las actuaciones transgresoras sostiene una finalidad que no excluye bienes, expresados además pluralmente, en comunidad de propósitos y objetivos familiares. Se trataría entonces de una moral negativa, en cuanto contraría los valores propios del habitus en vigor, pero que curiosamente reviste asimismo una ética positiva, en cuanto traduce una actitud imbuida de los valores que implementa.

 

Cierta contradicción que asoma en el caso de las “Sexxxton” entre moral negativa y ética positiva, anclada a su vez en la diferenciación deleuziana entre moral (sistema de valores representables) y ética (rasgos característicos de una conducta)[17], permite interrogar el estatuto de la mediación negativa que reviste la pornografía, desde que, subordinada a la obscenidad, se la concibe en tanto virtud (el pudor) desvirtuada.

 

Desde esta perspectiva, la forma en que la declaración “mientras hago las escenas pienso en lo asquerosamente ricas que vamos a ser” llega a desvirtuar la virtud del pudor, no es pasiva a la manera de una permisividad o debilidad, sino enérgica y activa, supone como tal una decisión adoptada. No se trata de la mera exhibición, sino de la exhibición que es efecto de una implementación de intereses, de manera tal que la actuación escenográfica de la pornografía queda supeditada a la finalidad que se le encomienda.

 

Se podría contraponer a esa lectura de una condición deliberada de la actuación pornográfica, que en toda pornografía subyace la misma intencionalidad, vinculada a un interés económico, simbólico, emocional, etc. Sin embargo, en este caso tenemos dos aspectos que expresan la articulación proposicional de la pornografía con un universo de valores: la declaración de una intencionalidad que subordina la escenificación pornográfica a una finalidad monetaria “(…pienso en lo asquerosamente ricas…)”, en segundo lugar, la significación que prodiga sobre la transgresión protagonizada, el objetivo de enriquecimiento a piacere.

 

 

Proactividad mediática

Por lo tanto, la intencionalidad pornográfica presenta, para utilizar un término –quizás no casualmente- a la moda, un desarrollo proactivo. Tal “proactividad” se opone a la mediación negativa que representaba la obscenidad, que a su vez transfería a la pornografía una desacreditación de la mediación. En efecto, el régimen obsceno de la pornografía, como lo habíamos visto, contradecía la significación de la mediación, en razón de una anulación de la transparencia intencional y de la persona del destinatario.

 

Puesta al servicio de una alternativa ante el registro tradicional, la proactividad pornográfica no puede sustentarse en la mediación, ya que como lo planteábamos anteriormente, la constitución de la mediación se encuentra desvirtuada por la condición propia de la pornografía. Por consiguiente, tal proactividad parece presentarse en tanto exceso respecto a la mediación que la sobrepuja y  avasalla, convirtiéndola en un mero expediente instrumental.

 

Si la afirmación anterior pareciera escapar a la mera consideración sexual y llegar a emparentarse con el conjunto de la condición contemporánea, convendría tener en cuenta que la anulación de la distancia y de la escena, es decir, de la mediación, es para Baudrillard lo propio de la condición actual de “pantalla y red”[18]. Asimismo, Bernard Stiegler considera que el narcisismo primario que se constituye a través de una demanda de amor, se encuentra substituido por una condición tecnológica que anula la misma capacidad amatoria del humano, en cuanto esta capacidad exige una distancia orgánica eliminada por el artefacto tecnológico[19].

 

Por consiguiente, la condición obscena que observamos en actuaciones que trascienden lo sexual, se extiende al conjunto de la experiencia colectiva, incluso cuando se reivindica, por ejemplo, un relato heroico del pasado para justificar claudicaciones del presente, ante los poderes de turno.

 

Pareciera, por nuestros días, que la obscenidad prospera ante todo en el campo mediático, donde la mediación que antaño intermediaba hoy tan sólo efectúa designios de parte resuelta. Aunque la atracción sexual siga proveyendo una vía privilegiada para la explotación de la imagen, la condición proactiva de la prostitución de la escritura está muy lejos de reducirse a la mera cuestión de la exhibición de índole sexual. E incluso puede ser que esta termine por revestir las formas más pueriles y menos peligrosas de la manipulación mediática, en particular, en razón de la reversión simbólica que parece inclinar la sexualidad al servicio de cierto fervor, cuasi religioso, por el cuerpo.

 

Por el contrario, es en la noción de cuerpo, en tanto ella reviste el principio de la mediación en nuestra civilización, donde debe acentuarse el análisis, en cuanto la mediación es el verdadero objeto pervertido por la exhibición, antes que un cuerpo esgrimido estratégicamente o modelado obsesivamente. La cuestión central pareciera ser, desde este punto de vista, que el cuerpo se ha convertido en un vehículo de la pornografía proactiva. A su vez esa condición decidida prospera exponencialmente, en cuanto termina por convertir todo cuerpo en un vehículo de la imagen, es decir, en un mensajero.

 

La cuestión sería entonces, que este vehículo mensajero ha abandonado los equilibrios propios de la naturaleza y se ha incorporado en lo que Virilio ha denominado una “ecología gris”[20]. Es decir, el equilibrio de los mensajes corporales que los humanos establecen entre sí no depende, actualmente, sino de una actitud proactiva que ya no se subordina a ritmos ancestrales e ignotamente trascendentes, sino a la decisión que los particulares toman sobre su propio destino y además, sobre el destino ajeno. Tener presente esa destinación estratégica de un equilibrio a alcanzar, más allá de sí mismo, pero sin ninguna identidad esencial de por medio, ni mediación, es el desafío del presente, incluso a través de la obscenidad y la pornografía.

 

 

[1] Sobre este planteo de Derrida ver Viscardi, R. “Desarrollo y tecnología” en Biblioteca virtual de AFU https://www.box.com/shared/la1z84e37r (acceso el 20/01/13)

[2] “Argumento del tercer hombre” en Filosofía griega http://www.webdianoia.com/aristoteles/aristoteles_meta.htm (acceso el 20/01/13)

[3] Derrida, J. “Horizonte de pensamiento” (entrevista de C. Paoletti) en Derrida en castellano http://www.jacquesderrida.com.ar/audio/derrida_paoletti_5.htm  (acceso el 20/01/13)

[4] Vattimo, G. (1990) La sociedad transparente, Paidós, Barcelona, pp.148-149.

[5] “Quino anda ahí” Montevideo Portal (05/01/13) http://www.montevideo.com.uy/nottiempolibre_189047_1.html

[6] “El Papa exhorta a los cristianos a “decir no  a la teoría del género” LaRed21 (19/01/13) http://www.lr21.com.uy/mundo/1084931-el-papa-exhorta-a-los-cristianos-a-decir-no-a-la-teoria-del-genero

[7] Texto originalmente destinado al ciclo “1ª Muestra de cine pornográfico”, organizada en Café La Diaria por Mateo Etchegoyen (diciembre 2012).

[8] “The Sexxxtons” madre e hija se juntan en cine porno y facturan millones” LaRed21(10/12/12) http://www.lr21.com.uy/mundo/1078317-the-sexxxtones-madre-e-hija-se-juntan-en-cine-porno-y-facturan-millones (acceso el 20/12/12)

[9] Op.cit.

[10] “Mamita querida” Montevideo Portal (10/12/12) http://www.montevideo.com.uy/nottiempolibre_186706_1.html (acceso el 20/12/12)

[11] Marx, K. (1977) Le capital (Livre II), Ed. Sociales, Paris, p.310.

[12] Saussure, F. (1967) Cours de Linguistique Générale, Payot, Paris, p.160 http://es.scribd.com/doc/10935335/Saussure-Ferdinand-Cours-de-Linguistique-Generale (acceso el 20/12/12)

[13] Derrida, J. (1972) Marges. De la philosophie, Minuit, Paris, p.37d8.

[14] Acosta, L. “La mediación del “higienismo” en la génesis del servicio social en el Uruguay”, p.9 http://www.ts.ucr.ac.cr/binarios/pela/pl-000045.pdf (acceso el 20/12/12)

[15] Diccionario de la Real Academia Española (artículo enmendado) http://lema.rae.es (acceso el 20/12/12)

[16] Op.cit.

[17] Deleuze, G. (1981) Spinoza philosophie pratique, Minuit, Paris, p.35.

[18] Baudrillard, J. (2000) Mots de passe, Pauvert, France, pp.37-41.

[19] Stiegler,B. (2003) Aimer, s’aimer, nous aimer, Galilée, Paris, pp.16-17.

[20] Virilio, P. (1997) Cibermundo, Dolmen, Santiago, pp.59-60.

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