TNI

 

Susan George presenta el informe del TNI (Transnational Institute) Estado del poder 2013, poniendo al descubierto que la concentración sin precedentes del poder de las corporaciones y las elites se halla en la raíz de las crisis económicas y ecológicas.

 

Hacia fines de 2011, tres jóvenes matemáticos muy inteligentes y tenaces, especializados en teoría de la complejidad en la Escuela Politécnica de Zúrich, publicaron el informe que hacía tiempo que todos los demás estábamos esperando (aunque, para ser sinceros, ni siquiera habíamos sido conscientes de ello hasta el momento). Y es que nadie había asumido que se podían plantear las poderosas estructuras del control corporativo en un marco científico de rigurosidad indiscutible.1

 

Eso es precisamente lo que hicieron Stefano Battiston, James Glattfelder y Stefania Vitali con su Network of Global Corporate Control, un trabajo del que el TNI ha tomado prestados con gratitud varios datos para el presente informe. Naturalmente, antes ya contábamos con buenas fuentes para nuestros infográficos y este año las hemos vuelto a usar: fuentes fidedignas como la ONU, las propias corporaciones (Merrill Lynch) o revistas al servicio de esa misma clientela (como Forbes) hace años que publican listas de ‘los más grandes y poderosos’.

 

Pero Battiston, Glattfelder y Vitali crearon una perfecta radiografía de la clase de Davos, el nombre que les he dado a quienes encarnan el carácter interconectado de las corporaciones más poderosas del mundo; personas intercambiables con intereses y objetivos comunes, lo cual les convierte en una auténtica clase social internacional y nómada.

Lo hicieron trazando la topografía del universo corporativo del mismo modo que los astrónomos diseñan mapas con los soles, los planetas, las constelaciones y las supernovas del cielo nocturno y, con ello, pusieron en evidencia cómo las transnacionales están interconectadas a través de la propiedad directa e indirecta.

El uno por ciento controla el 40 por ciento de las transnacionales

Partiendo de una extensa base de datos de 43.000 transnacionales, Battiston, Glattfelder y Vitali redujeron esta amplia muestra hasta un grupo básico de 1.300 de las compañías más grandes y poderosas con fuertes vínculos entre sí; vínculos que garantizan que tres cuartas partes de los lazos de propiedad permanecen en manos de las propias compañías matrices.

Este grupo se siguió cribando hasta llegar a 737 compañías que controlan el 80 por ciento del valor de las 43.000 compañías de la muestra inicial. El cribado siguiente llevó hasta una ‘superentidad’ de 147 compañías, que poseen un control casi total de sí mismas y, además, del 40 por ciento del valor de todas las transnacionales.

Sin embargo, es en el anexo donde encontramos una de las grandes sorpresas: una lista de 50 compañías que ejemplifican lo que Battiston, Glattfelder y Vitali denominan la ‘propiedad en el filo de la navaja’, es decir, ese punto a partir del que las cosas pueden ir hacia un lado o hacia el otro, en la dirección correcta o en la equivocada.

Si todo va bien en la economía, la estructura parece fuerte y robusta. Pero si una sola de estas compañías fuertemente interconectadas tiene problemas, el efecto dominó está asegurado y puede volver a suceder como con Lehman Brothers o peor. Así, ¿quién aparece en esta exclusiva lista? De las 50 corporaciones, solo dos de ellas participan en la economía real, Walmart y China Petrochemical Group; el resto son bancos, grandes compañías aseguradoras y otras firmas financieras.

Los actores de la clase de Davos no se dedican a la conspiración ni a la connivencia, y las estructuras de sus relaciones de poder no son fruto de ningún diseño deliberado. Sencillamente, reflejan cómo están las cosas. Y las cosas están en una situación extremadamente peligrosa, especialmente al filo de la navaja corporativa.

Dinero y petróleo

La concentración extrema del sector financiero es un punto clave del informe Estado del poder de este año, y con buen motivo. Esto se debe en parte a la concentrada naturaleza del sector, como ilustran de forma magistral Battiston, Glattfelder y Vitali.

Pero hay otras razones para preocuparse por la concentración del poder corporativo y una de ellas es, paradójicamente, el cambio climático. Las finanzas, si se orientaran debidamente, podrían estar ayudándonos a invertir en una gran transición hacia la energía y el transporte limpios en todo el mundo. Sin embargo, si se analizan los infográficos y las interconexiones entre las grandes finanzas y los gigantes del gas y el petróleo, así como con la industria del automóvil, esa posibilidad se verá bajo una luz totalmente distinta.

El panorama de los vínculos entre las juntas directivas de los mayores bancos y de las mayores compañías energéticas no da la impresión de que estos intereses estén a punto de enfrentarse entre sí, por decirlo de la forma más suave posible. El cuadro se presenta, más bien, como un caso flagrante de ‘hoy por ti y mañana por mí’.

Las enormes ganancias de los gigantes del petróleo y el gas y de los bancos garantizan que se defenderán mutuamente y defenderán el orden establecido. Mientras tanto, las industrias extractivas se están asegurando de que el calentamiento global no cese. De hecho, los expertos más audaces afirman que deberíamos incluso dejar de discutir cómo evitarlo. A no ser que los Gobiernos, de forma milagrosa, dejen de defender inmediatamente a los bancos y las industrias extractivas, el planeta va a cambiar de manera cada vez más rápida. El debate ahora debe centrarse en la adaptación para los sectores más vulnerables.

La desigualdad vuelve a la agenda pública

Esto no significa que los ciudadanos y las ciudadanas deberían dejar de luchar contra el poder y darse por vencidos, sino todo lo contrario. Otros infográficos recordarán al lector que muchas veces –demasiado a menudo– el poder corporativo deja el poder del Estado en la sombra.

El poder del 0,01 por ciento de la población también se ha convertido en un escándalo permanente. La mayoría de las personas con el patrimonio personal más alto se encuentra en los Estados Unidos o en Europa. Este diminuto segmento de la población paga menos impuestos en nuestros días que en cualquier otro momento desde la década de 1920 y eso, al menos, esperamos poder cambiarlo. Economistas tan famosos y escuchados como Joseph Stiglitz están ya explicando cómo las grandes desigualdades “frenan la recuperación”.

Barack Obama ya ha comenzado su segundo mandato y quizá se le podría convencer de que hiciera algo sobre el estancamiento de la economía estadounidense e incrementara los impuestos a las corporaciones y los más ricos, por difícil que pueda resultar el Congreso. En Europa, donde por el momento reina la austeridad, es fácil demostrar que las políticas de austeridad no funcionan ni pueden funcionar, si por ‘funcionar’ se entiende alcanzar la recuperación (preferiblemente de forma positiva y verde) y crear más empleos.

Incluso el FMI está anunciando –a veces con rodeos y términos poco claros– que las circunstancias le están obligando a replantear sus políticas.

El poder de la resistencia

Los lectores y lectoras de los infográficos tienen motivos de sobra para seguir resistiendo y creando más centros de tensión, ayudando a otras personas a ver que las cartas están en contra de las personas de a pie y que son precisamente estas personas las que pueden generar una conciencia colectiva de esta injusticia.

Sea cual sea el destino de Occupy Wall Street, el movimiento consiguió algo que quedará para siempre, y es conseguir que ‘el 1 por ciento’ haya entrado en el debate internacional.

Desde el TNI esperamos que esta edición del informe Estado del poder ayude cada vez a más personas a entender que nuestros verdaderos problemas se derivan del 0,1 por ciento o, más bien dicho, del 0,001 por ciento.

Leer el informe del TNI: Estado del poder 2013

1 Vitali S, Glattfelder JB, Battiston S (2011) The Network of Global Corporate Control. PLoS ONE 6(10): e25995. doi:10.1371/journal.pone.0025995

Fuente: TNI

 

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