Democracia del siglo XXI

  • Teódulo López Meléndez

    Abogado, diplomático, novelista, ensayista, poeta, editor, columnista de opinión.

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El exilio

Posted by Teódulo López Meléndez en diciembre 19, 2014

exilio

Por Pedro Corzo

El exilio cubano ha cumplido un rol en la lucha a favor de la democracia en Cuba que no tiene precedentes.

 

Entre los factores que le confieren esa condición está la diversidad de orígenes políticos de quienes  lo integran, la estrecha relación de los exiliados con quienes luchan al interior de la isla, el haber organizado durante décadas congresos,  protestas y manifestaciones a favor de la libertad y la democracia y como colofón, por más de medio siglo,  ha sido el principal acusador del castrismo  en foros nacionales e internacionales.

 

Cierto que en  principio un exiliado es un perseguido, un opositor, un individuo que pudo ser encarcelado por el gobierno que combatió y que se vio precisado a huir de sus país,   pero es justo decir que el exilio no es cuestión de veteranía,  sino de la conducta que se asume cuando se llega a otra nación.

 

No importa los años que puedan llevarse fuera del país. Hay que estar laborando por el regreso. Dejar de trabajar por retornar a la patria, coloca la condición de exiliado en pasado y simplemente el individuo se ha convertido en un inmigrante.

 

Entre el exiliado y el inmigrante hay diferencias de causas. El exiliado ha sido  perseguido por sus ideas o acciones de carácter político. Exiliarse nunca debe ser  el objetivo de los que enfrentan una dictadura,  sino una opción para continuar la lucha en otras latitudes.

 

Exilio  es crisis de conciencia, no con la nación sino con el gobierno que la conduce. El exilio, voluntario o por destierro, es distancia, lejanía de la patria pero no del culto. Se sigue con la casa a cuestas. En la conciencia está la memoria y el compromiso.

 

 

 

Justo  es recordar que en los tiempos más oscuros del castrismo cientos de hombres partieron de playas ajenas con las armas en las manos, a reconquistar las propias. Muchos murieron en combate o fusilados y no faltan los desaparecidos.

 

Amplios sectores del exilio  en todo momento han prestado asistencia a los que han luchado en Cuba. Primero con armas y explosivos, después con los materiales necesarios para la acción no violenta que los opositores continúan desarrollando en la isla.

 

El exiliado siempre será un militante de la causa que lo llevó al extrañamiento, nunca un individuo indiferente a lo que acontece en su país ni que eluda  los riesgos que conlleve actuar  para producir un cambio.

 

Hay que destacar que el exilio también ha sido el reservorio de muchas de las mejores tradiciones cubanas. Conserva costumbres y evoca lugares trascendentales de la historia de Cuba. El arte en todas sus manifestaciones y la cocina se conservan en cada hogar, al igual que la mayoría de los padres tratan de que sus hijos conserven la lengua materna.

 

Cierto también que algunos  exiliados pueden faltar al compromiso contraído con los ideales defendidos.  La frustración, el  desencanto y haber sembrado sin frutos,  puede conducir a un punto de no retorno en que el olvido es necesario para poder seguir viviendo, un sentir valido, pero ya no es exiliado.

 

El sentir del exiliado no tiene relación con la nostalgia dulce y quieta de emigrante que puede ser  anulada con una nueva experiencia, o con el retorno temporal al lugar de los recuerdos.

 

Exiliarse es una decisión política. Una resolución que se toma porque el espacio de la persona es anulado por la acción gubernamental. La condición de exiliado, exige pensamiento y acción en contra del gobierno que destierra, que reprime.

 

El exilio ha durado tantos años que algunos lo califican de histórico,  un término válido para representar a las decenas de miles de personas que abandonaron Cuba en su juventud y han envejecido laborando por un retorno en libertad y democracia, pero no resta méritos a quien arribando a otras costas en tiempos más recientes,  se suman a la digna tarea de trabajar por el bien del país en que nacieron.

 

Sin embargo es justo rendir tributo a los pioneros del exilio. A los que arribaron a cualquier país, a los que se asentaron en cualquier pueblo que  sin importar el tiempo que transcurría ni los problemas que podían enfrentar en el país que les había acogido, lucharon incansablemente por destruir la dictadura.

 

Hay muchas personas que han pasado a ser paradigmas del exilio político cubano, pero también hay muchos héroes desconocidos  que nunca deberían ser olvidados.  Mujeres y hombres, abuelos, abuelas,  desaparecido en su mayoría, que hubieran deseado dejar sus huesos en la tierra en la que nacieron, que los que han sobrevivido deberían honrar.

 

El exilio y la oposición interna en el presente están enfrentando  grandes retos. La colaboración debe ser cada día mas estrecha,  defender a ultranza la independencia de acción para evitar un nuevo Tratado de Paris.

 

Pedro Corzo

Periodista

(305) 498-1714

 

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Felices Fiestas a nuestros lectores

Posted by Teódulo López Meléndez en diciembre 17, 2014

Felices fiestas 2

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USA y Cuba hacia la normalización

Posted by Teódulo López Meléndez en diciembre 17, 2014

Audio de Teódulo López Meléndez

Obama y Castro

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Un mapa anímico

Posted by Teódulo López Meléndez en diciembre 17, 2014

Artículo de Teódulo López Meléndez en el diario “El Universal” (Miércoles 17/12/14)

mapa anímico

http://www.eluniversal.com/opinion/141217/un-mapa-animico

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Malaparte

Posted by Teódulo López Meléndez en diciembre 15, 2014

Artículo de Teódulo López Meléndez en el diario “Tal Cual” (‘Lunes 15/12/14)

Tal Cual

Curzio Malaparte

http://www.talcualdigital.com/Nota/visor.aspx?id=111546&tipo=AVA 

 

 

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Un argumento demasiado frágil

Posted by Teódulo López Meléndez en diciembre 15, 2014

argumento

Alberto Medina Méndez

Es bastante habitual que ciertas posiciones políticas intenten defenderse desde un complejo arsenal de justificaciones. La lectura acerca de lo que ocurre en el mundo real es invariablemente subjetiva, pero encuentra usualmente algún soporte intelectual en el nutrido intercambio de diversas miradas que procuran explicar cada uno de los acontecimientos.

En ese contexto y de modo recurrente, sobrevuela una estrategia argumental que tiene un marcado sesgo utilitarista y que se apoya en los hipotéticos resultados exitosos obtenidos. Desde allí, pretende advertir que una decisión política es instrumentalmente más conveniente que otra.

Es una gran tentación hacerlo. Es muy inocente caer en esa infantil trampa. De hecho hasta los más inteligentes, inexorablemente incurren en esta práctica, buscando tomar un atajo para demostrar sus eventuales razones.

Ese sendero procura conducir hacia una especie de camino breve que demuele cualquier comentario desde una pretendida objetividad manifiesta. A veces parece que se tratara de la ingenua tarea de ganar una pulseada mental para señalar que cierta idea ha sido más eficaz que otra.

En ese tipo de debates se corre el riesgo de vaciar de contenidos el valioso flujo de ideas. Sería bueno enriquecerlo con nuevos ingredientes en vez de buscar aplastarlo todo como metodología secuencial. El uso de datos técnicos, de estadísticas y cifras, no deja de ser solo una perspectiva particular sobre lo que ocurre y siempre puede alejar a la verdad.

La mayoría de los sectores políticos que gobiernan, y muchos de sus defensores acérrimos, apelan a este tipo de razonamientos de dudosa fortaleza. Sostienen que durante una etapa de tiempo consiguieron que un aumento del salario real, récord de exportaciones o una masiva compra  de vehículos nuevos, por solo citar ejemplos tan reiterados como irrelevantes.

Un peligro evidente es creer que esos números, demuestran algo realmente importante, sin visualizar que esos datos son cambiantes, que pueden revertirse velozmente y desmentir lo antedicho con excesiva simplicidad.

Es cierto también que esos movimientos políticos, tienen un manual preparado para su rutinaria manipulación informativa. Saben de antemano que cuando los vientos son favorables se adjudicarán el mérito, y cuando todo muestre lo contrario, encontrarán rápidamente un culpable, hecho a la medida, para endilgarles la responsabilidad del cambio de rumbo.

En realidad, el análisis esencial debería basarse en una escala de valores de orden conceptual. No se está mejor o peor porque un indicador u otro así lo determinen, sino en la medida que esas presuntas mediciones sean compatibles con los objetivos definidos como prioridad en un momento.

Que una persona obtenga más dinero no garantiza que sea dichoso. Pero tampoco el hecho de que consiga más ingresos lo convierte en desdichado. Si el parámetro fuera su felicidad, pues la evaluación no debería pasar entonces por indicadores que no pueden explicar una correlación directa.

Con las sociedades pasa algo muy parecido. En una comunidad, inclusive, esto constituye un fenómeno de mayor complejidad ya que supone la existencia de una voluntad difícil de establecer, ya que los objetivos de la misma no se pueden fijar con tanta contundencia porque se trata del deseo de la suma de muchos individuos con características y metas disimiles.

El dilema de fondo es interesante y merece ser discutido con suficiente profundidad. La libertad es un valor superior, lo es también la vida y por supuesto la propiedad, por solo citar los ejemplos más elementales.

Para medir el éxito de un sistema político, es imprescindible enfocarse en esas cuestiones y no en meras fórmulas estadísticas sin contenido y supuestos utilitaristas prejuicios tan encarnados en la sociedad moderna.

Aunque suene algo extraño, importa muy poco que un sistema económico sea eficiente en términos de índices si lo hace a costa de limitar libertades, irrespetar vidas humanas o apropiarse de lo ajeno. Esto mismo podría decirse en términos inversos, es decir en el caso de sistemas menos eficientes pero que permiten mayores márgenes de libertad individual, respeto a la integridad humana y al derecho de propiedad.

Estos debates pueden conducir innecesariamente hacia un callejón sin salida porque ponen en el centro de la escena a mediciones superfluas. La comparación con el deporte tal vez ayude, aunque a veces justamente este esquema es el que invita al error. En la actividad competitiva, muchos suponen que lo importante es ganar, y entonces los métodos, el estilo y hasta los ardides, no parecen ser primordiales y pasan a segundo plano.

Sin embargo para otros es posible que lo importante sea divertirse, disfrutar, compartir con amigos o hacerlo en armonía. En ese caso, si se gana será mucho mejor, pero igualmente anecdótico. Lo significativo no habrá sido el resultado, sino todo lo demás, claramente más importante.

Los números no están de más y pueden aportar un extra, un plus que agrega, y hasta convertirse en una consecuencia natural de todo lo fundamental. Nuevamente, como dirían los analistas deportivos, existen más oportunidades de ganar un campeonato jugando bien que haciéndolo mal, mostrando talento que siendo incapaz. Sin embargo, es probable que el mundo actual prefiera inclinarse frente a la linealidad que proponen los argumentos exclusivamente estadísticos.

El desafío es discutir las cuestiones de fondo, las trascendentes, las esenciales, superando la mediocridad que propone el debate superficial que se apoya en la mera conveniencia del corto plazo. Las sociedades maduras son aquellas que han logrado darle el espacio necesario a las discusiones vitales sin caer en el perverso juego de utilizar los números circunstanciales para demostrarlo todo. Hay que evitar tropezar con esa dinámica que solo invita a exhibir un argumento demasiado frágil.

albertomedinamendez@gmail.com

 

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El hechizo de los redentores

Posted by Teódulo López Meléndez en diciembre 12, 2014

carisma

Pedro Corzo

Los griegos decían que el carisma era un regalo divino, en consecuencia  si procede  de los dioses, es ajeno a los conceptos sobre el bien y el mal de los simple mortales.

 

Esa habilidad para generar entusiasmo,  atraer, convencer, llamar la atención e inspirar confianza, es un don  especial  que atrapa a los magnetizados en una telaraña virtual de la que se hace  difícil escapar porque entre otros factores, engendra dependencia y complicidad.

 

A esos individuos les puede rodear un aura de santidad o heroísmo. Sus actos difieren de los de las mayorías. Son rebeldes y tienen una infinita confianza en sus capacidades.

 

Otros componentes posibles de estas personalidades son: una sonrisa perpetua que muta a rigidez y furia celestial, cuando lo que  propone está en peligro o es atacado.

 

Un lenguaje halagador  fácil,  sencillo. Rápida confraternización con el interlocutor o  el público. Capacidad de trasmitir su certeza a la multitud a la que se dirige, como si fuera a un individuo en particular.

 

El líder carismático se diferencia del “Jefe” en que no inspira miedo,  gana adeptos por el respeto y la confianza que infunde. Vende a futuro, promete paraísos que el ávido comprador negaba minutos antes fuera posible su existencia.

 

Sin embargo en no pocos casos los lideres carismáticos han sido crueles, manipuladores, malignos, y con una capacidad de destrucción de carácter excepcional. Sus seguidores se transforman en las herramientas de sus propósitos.

 

La condición mesiánica de este tipo de líder  suele desarrollar toda su potencialidad en una sociedad en crisis. Una comunidad nacional o local en problemas,  es un caldo de cultivo ideal, porque vigoriza la figura del Guía, lo que le permite desarrollar hasta en los más pequeños detalles sus propuestas.

 

El carisma es intangible y  difícil de definir. La apariencia física, la voz, el talento para la comunicación y una inteligencia notable,  son entre otros,  factores que pueden hacer mas intensa y extensa la capacidad  de persuasión del elegido,  pero aunque algunas de estas cualidades falten, el individuo sigue siendo una personalidad notable que no pasa inadvertida para quienes le rodean.

 

El líder carismático tiene una autoridad muy difícil de cuestionar. Sus decisiones son respaldadas voluntariamente por sus partidarios y cuando deciden extender su influencia hasta  aquellos que son inmunes a su magnetismo y recurre a la violencia, le es fácil encontrar fieles dispuesto a llevar la nueva verdad hasta el último cobijo.

 

La confianza que inspiran y las esperanzas que siembran, atraen labriegos morales que sin cargos de conciencia, aplican la guadaña para eliminar la hierba corruptora.

 

El Profesor Richard Wiseman dice que una persona carismática tiene tres atributos, A) Siente emociones de forma muy intensa, .B) Las induce en otras personas .C) Es ajena a la influencia de otras personas carismáticas.

 

Por otra  parte Max Weber  considera que estos líderes tienen la habilidad de trasmitir ideas complejas de forma sencilla, se comunican usando símbolos, analogías, metáforas e historias.

 

Desde hace mucho tiempo escuchamos decir que a determinado dirigente le falta carisma para convencer, como si esa condición de  excepción fuera suficiente para que un elector consciente le conceda su confianza.

 

El carisma  como dice Weber, no es garantía de que la misión proyectada sea la correcta, ética y exitosa, por lo que aquellos que tienen el derecho a elegir a sus representantes, sin rechazar el liderazgo carismático, deben  ser mas juicioso y no dejarse encantar por modernas sirenas.

 

Los medios de comunicación han sido un factor determinante en promover individuos carismáticos.

 

En el pasado las condiciones de excepción de estas personalidades quedaban circunscritas a espacios limitados, pero  en la actualidad son globalizadas y su imagen y discursos,  satisfacen las expectativas de los que demandan reivindicaciones hasta en lugares que en el pasado reciente no era posible.

 

No hay vacunas contra el carisma si exceptuamos  la plena conciencia de que se poseen derechos naturales que no pueden ser transferidos ni asumidos por otros. La experiencia es un antídoto, haber padecido o convivido en un “paraíso”, puede estimular  anticuerpos contra un nuevo hechizo.

 

Pero es evidente que hay quienes nacen  inoculados  o  tienen  disposición a ser contaminados. Son  seducidos, atraídos, convencidos y esclavizados por un Mesías redentor, cuyas promesas pueden no ser de este mundo, pero  que los  partidarios  asumen  como una realidad incontrastable y pueden  hasta matar por ellas.

 

Muchos opinan  que el flautista de Hamelin era un intérprete de gran carisma, que su persona podía pasar inadvertida, pero su flauta tenía la capacidad de conducir hasta la propia muerte a los ratones de aquel  modesto poblado alemán, lo que obliga a pensar que algunas personas tienen oídos de ratones y marchan hacia los precipicios sin percatarse del desastre.

 

Periodista

(305) 498-1714

 

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La propuesta deliberadamente omitida

Posted by Teódulo López Meléndez en diciembre 8, 2014

Omisión

Alberto Medina Méndez

En tiempos de campaña electoral los dirigentes se aprestan a proponer soluciones a mansalva recorriendo cada uno de los temas que preocupan a la sociedad. La idea central es captar voluntades, sumar personas dispuestas a apoyarlos y para eso no solo resulta imprescindible trabajar en la imagen del candidato, sino también indispensable brindarle algún trascendente contenido discursivo que atraiga a los circunstanciales votantes.

Bajo esa modalidad, los postulantes además de recitar grandilocuentes alegatos y hablar de un modo políticamente correcto, suelen proponer ideas que llevarán a cabo si eventualmente son seleccionados.

En ese contexto, prometen hasta lo imposible para lograr el acompañamiento de sus eventuales adherentes. A veces ni siquiera explican demasiado como conseguirán esos resultados, sino que se limitan a mencionar objetivos generales, sin mayores precisiones para evitar que ciertos aspectos específicos deriven en la pérdida de apoyo electoral.

Cuando la cuestión económica está en el centro de la escena, todo pasa por allí. El candidato se muestra como un técnico solvente, que además se rodea de profesionales prestigiosos en la materia que le aportan ese plus que todo político desea disponer. La sensación de equipo económico, de gente que trabajará en el asunto, resulta determinante.

Si el tópico es la inseguridad, tampoco le faltarán argumentos al dirigente. Como en otros casos, tendrá a disposición una nutrida lista de especialistas que aportarán su mirada y estudios pormenorizados para darle marco formal y seriedad a esas propuestas que permitirían mejorar el presente.

Pero siempre existe un ausente sin aviso. De la corrupción no se habla. Cierto pragmatismo dirá que en las encuestas este ítem no tiene significación. Tal vez la gente se ha resignado y asume esa regla como parte del paisaje. Piensa que todos los dirigentes políticos, de uno u otro modo, apelan a ella en algún momento, o esperan hacerlo en el futuro.

Cierta crispación social se agudiza cuando las formas son demasiado burdas, y el despliegue del corrupto es desenfrenado. Pero esa no parece ser la mayor preocupación de una comunidad que entiende finalmente que todos son demasiado parecidos y que solo se puede esperar algo de pudor y de discreción a la hora de quedarse con el patrimonio de los ciudadanos.

Lo tangible es que las propuestas para erradicar la corrupción no aparecen en la grilla de iniciativas que los candidatos están dispuestos a sugerir a la comunidad para que los acompañen en las urnas. El nudo central del tema no está en la agenda, pero no por una omisión involuntaria, sino por una decisión premeditada del candidato, de su partido y de su entorno.

Si bien proponer transparencia en la administración de los recursos estatales, una lucha despiadada contra la corrupción, el encarcelamiento de funcionarios que se han apropiado de lo ajeno y malversado los presupuestos públicos, podría ser electoralmente interesante, ningún candidato está dispuesto a romper ese “código”, casi mafioso, que subsiste en las entrañas de la corporación política.

Por un lado los que están en el juego, los que gobiernan un municipio, una provincia o desde el mismísimo ámbito nacional no cometerán semejante error, y evitarán entonces meterse en problemas innecesariamente.

Saben que tienen mucho por ocultar y que sus gestiones no han sido para nada honestas. Mal podrían tirar la primera piedra. Sería muy riesgoso para ellos iniciar esa secuencia. Es que sobrepasar esa línea podría derivar en que sus adversarios coyunturales hicieran lo propio y le pusieran sobre la mesa la lista de cuestiones a explicar de sus propias administraciones.

Del otro lado, los que aun no son integrantes de gobierno alguno, tienen, probablemente, alguna cuenta pendiente del pasado, de ese momento en el que sí fueron protagonistas de esa conducción, y es posible que allí también exista alguna historia sin una sólida explicación.

Inclusive los que nunca siquiera participaron del sistema, prefieren dejar de lado este urticante punto. Saben que en el futuro pueden estar sentados allí y no desaprovecharían idéntica oportunidad de manotear lo de todos y quedarse con algo para su provecho personal y partidario.

La “caja” del Estado, en cualquiera de sus formas, sigue siendo un botín para la política. El que llega lo usará a discreción. Unos serán más burdos, otros más sutiles, pero todos de algún modo harán abuso de esa herramienta. Para ello necesitan que todo esté oculto y que sea lo suficientemente turbio para que nada se note demasiado.

En plena tarea proselitista, en ese momento clave en el que se está convocando a los votantes para apoyar propuestas, una de ellas nunca aparece. De juzgar a los corruptos y de terminar con esta etapa funesta en el que los dirigentes políticos y funcionarios saquean despiadadamente a la sociedad de una manera grosera, siempre se prefiere no hablar.

No ha sido un descuido menor, ni una distracción anecdótica, ni tampoco una omisión impensada. Cuando de corrupción se trata, los candidatos y los partidos políticos hacen de la lucha contra este flagelo una propuesta deliberadamente omitida.

albertomedinamendez@gmail.com

 

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El sujeto desaparecido

Posted by Teódulo López Meléndez en diciembre 3, 2014

Artículo de Teódulo López Meléndez en el diario “El Universal” (miércoles 03/12/14)

El Universal

virtual

 

http://www.eluniversal.com/opinion/141203/el-sujeto-desaparecido    

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El país del escondite

Posted by Teódulo López Meléndez en diciembre 1, 2014

Artículo de Teódulo López Meléndez hoy en el diario “Tal Cual”

http://www.talcualdigital.com/Nota/visor.aspx?id=110990&tipo=AVA 

Tal Cual

escondido

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Están acorralados

Posted by Teódulo López Meléndez en diciembre 1, 2014

 acorralados

Alberto Medina Méndez

Casi sin querer, la política fue girando progresivamente, fue mutando lentamente, y por esas vueltas que plantea lo electoral, casi todos los candidatos deberán responder a la agenda que propone la sociedad.

La inseguridad, la inflación y el empleo, lideran las preocupaciones de la gente. Más allá del autismo de la cúpula gobernante que ha optado por negar la realidad, minimizar indicadores y construir un relato que tiene cada vez menos adeptos, lo cierto es que todo se hace demasiado evidente y ya son pocos los que se animan a desmentir lo que está a la vista.

Frente al inminente proceso electoral, los postulantes buscan diferentes formas de aproximarse de un modo elegante a esa lista de asuntos que la comunidad plantea como la de los grandes desafíos por enfrentar.

Los más opositores, desde la comodidad que implica esa posición, critican a mansalva a los que gobiernan por su inacción, por sus persistentes medidas inadecuadas y hasta por sus torpezas indisimulables.

Desde el oficialismo eligen un sendero claramente más zigzagueante, mucho menos lineal, pero no por ello menos encaminado hacia idéntico norte. Eso implica, muchas veces, mentir lo suficiente como para no desdecir demasiado al esforzado relato. Pero es tarde, ya todos saben que es imprescindible apelar a ese discurso para no quedar fuera del juego.

En algún punto, la gente ha logrado instalar la nómina de temas a discutir. Las preocupaciones de todos ya están en el centro de la escena, y aunque no les guste demasiado, los dirigentes políticos son conscientes de que deberán decir algo al respecto y hasta tendrán que proponer estrategias para resolverlos, proponiendo algunas ideas puntuales que sean atractivas electoralmente y puedan percibirse como operativamente viables.

Tal vez por azar, probablemente con algún merito de los ciudadanos y hasta parcialmente gracias a algunos periodistas y medios de comunicación, lo concreto es que la política ha quedado virtualmente acorralada. Tendrá que ocuparse irremediablemente de estos asuntos, al menos desde lo retórico.

Todos saben que se recorre un camino casi inexorable. Que lo que hoy transcurre tiene fecha de vencimiento y que el actual estilo imperante se modificará muy pronto, aunque sea parcialmente.

No solo está agotado un gobierno y un modelo, sino fundamentalmente una forma de hacer y decir. La sociedad ya ha puesto un punto final. Y el síntoma más evidente que confirma esta visión es el que aporta el mismísimo partido gobernante que ni siquiera ha podido instalar un “delfín propio”, alguien desde el riñón del oficialismo, pese a sus numerosos intentos y variantes. Hoy no figura en la grilla alguien que garantice una posibilidad de continuidad de modos, formas y mucho menos de contenido.

Ya han perdido la batalla más importante. El futuro no será una extensión del presente, sino en todo caso un nuevo rumbo de mayor o menor magnitud según los matices que los comicios expresen.

Esa situación de encerrona circunstancial que enfrenta la política contemporánea, casual y no planificada, es una gran oportunidad pero no constituye, de ningún modo, una certeza de cara al porvenir.

La sociedad toda esta invitada a decidir acerca de lo que viene. Puede aprovechar esta ocasión que se le presenta apretando el acelerador y haciendo que esa coyuntura le resulte funcional, o bien puede dejar pasar como tantas otras veces, esta magnífica chance sin pena ni gloria.

Se ha llegado hasta aquí cometiendo errores, seleccionando mal, optando por alternativas que no fueron las mejores y que hicieron que se desperdiciaran años de viento a favor, dilapidando una ocasión que difícilmente se repita con tantas características favorables.

Pero si no se actúa en consecuencia, con inteligencia y empujando a la clase política a responder a las demandas explicitadas, podría repetirse el error, y hasta profundizar la pésima situación en esos asuntos ya que la pasividad o las decisiones desacertadas no mejorarían en nada la actualidad.

Falta poco para que empiecen las campañas políticas. La sociedad no puede relajarse demasiado y mucho menos distraerse. Pero debe asumir que lo que suceda de aquí en adelante depende, en buena medida, de su accionar.

Si apura el trámite, si se ocupa de que los temas no desaparezcan de la agenda que tanto costo construir e instalar, existe una chance concreta de ganar la pulseada, para que la política haga su parte y pueda dar el primer paso en la discusión previa, en el debate mediático y hasta tenga que comprometerse a aportar soluciones en estos temas que tanto preocupan.

La paridad en las encuestas, ayudan y mucho. La necesidad de ganar, o de al menos calificar para una segunda vuelta, obligará a los candidatos a tratar de establecer diferencias que le den ese plus electoral. También será tarea de los ciudadanos asegurarse que cumplan sus promesas. Lo cierto es que hoy están acorralados y que ahora todo depende de la sociedad.

albertomedinamendez@gmail.com

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Obama a la carga

Posted by Teódulo López Meléndez en noviembre 21, 2014

Audio de Teódulo López Meléndez

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Obama

 

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La realidad social en cambio

Posted by Teódulo López Meléndez en noviembre 19, 2014

Artículo de Teódulo López Meléndez en el diario “El Universal”(Miércoles 19/10/14)

El Universal

cambio social 2

eluniversal.com/opinion/141119/la-realidad-social-en-cambio  

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La cultura democrática

Posted by Teódulo López Meléndez en noviembre 17, 2014

Artículo de Teódulo López Meléndez en el diario “Tal Cual” el lunes 17 de noviembre 2014

Tal Cual

cultura democrática

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Asombrosa ingenuidad

Posted by Teódulo López Meléndez en noviembre 17, 2014

Ingenuidad

Alberto Medina Méndez

Es increíble como alguna gente que parece inteligente y que ha tenido acceso a una educación de cierta calidad, puede caer en tan elemental trampa, esa que muestra una candidez serial solo admisible en la niñez.

El éxito, en los negocios, en la vida personal, en la actividad política o inclusive en las relaciones interpersonales, nunca es el producto de meros golpes de suerte, sucesos impensados u ocasionales actos espasmódicos.

Ese camino jamás es lineal. Está repleto de obstáculos, de infinitos desvíos y momentos especiales en los que se requiere detenerse y a veces hasta retroceder para luego recién desde allí seguir avanzando.

Cuando se observa un efectivo cambio en el rumbo de las decisiones políticas de un territorio que se encamina con mayor determinación hacia un futuro mejor, eso no ha ocurrido por obra de la casualidad, de un habilidoso truco de magia o de un guiño del destino.

La inmensa mayoría de las veces, esas transformaciones que tanto se anhelan, son la consecuencia inevitable de una combinación de situaciones particulares, de acciones prácticas y detonantes generados por la coyuntura. Nada ocurre porque sí, por un simple accidente o por azar.

Es difícil comprender la conducta de algunos individuos que siendo astutos, capaces y hasta exitosos en sus círculos profesionales, suponen que en el campo de la política y de los espacios sociales, el progreso puede alcanzarse de la mano del eterno voluntarismo.

Es incomprensible esa actitud de quienes tienen plena conciencia de lo mucho que les ha costado estar allí donde están y llegar hasta ese meritorio lugar que ocupan. Muchos de ellos le han dedicado miles de horas a estudiar para conseguir cierto status académico. Otros han trabajado en diferentes lugares, a veces en condiciones casi indignas, con un ahínco desproporcionado y haciendo un enorme sacrificio para desarrollarse.

Algunos llegaron aunque no todos. Sin embargo, todos aprendieron la lección. Ahora saben que el recorrido es muy complejo y que la perseverancia es vital para conseguir cualquier meta propuesta.

Bajo estas reglas y en ese contexto, es inadmisible que un ser humano que sabe del valor del esmero y que conoce por experiencia propia, que la constancia es un atributo esencial, pueda creer tan inocentemente que en la vida ciudadana se pueden obtener evoluciones importantes solo con ganas.

Si en lo personal, si en la existencia propia, eso se torna muy difícil, a veces casi imposible, mucho más aun es lograr esas mejoras en una sociedad. Es importante comprender la naturaleza del problema. Cuando eso no se logra, sucede lo ya conocido, con individuos haciendo demasiado sin conquistar los resultados esperados, dedicando energías a lo inconducente.

Existe un agravante que preocupa también. Cada batalla perdida, cada maniobra fallida, solo consigue instalar en el ambiente una gran desazón, una frustración que carcome las fuerzas de cara al próximo intento. Cuando triunfa la resignación sobreviene lo peor, el acostumbramiento a la situación actual, el conformismo interminable y con él,  la más absoluta decadencia.

Cambiar la realidad no es un objetivo imposible, pero se requiere tomar la iniciativa e imprimirle una impronta diferente. Para ganarle a la mediocridad, resulta fundamental entender lo más básico de la partitura.

Es allí donde aparecen los mayores problemas. En la comprensión de este fenómeno social. No se puede pretender caminar en el aire creyendo que la ley de gravedad no hará su parte. Ningún esfuerzo puesto al servicio de hacer lo inadecuado generará algún resultado favorable.

Comprender esta dinámica es solo una parte del asunto. La otra es entender que para avanzar en positivo se precisan consensuar una nómina de mínimos acuerdos con los otros, con los que piensan diferente.

La tarea es construir sobre aspectos comunes, encontrar esa masa crítica para conseguir desde allí una fortaleza estructural que logre que esas voces tengan trascendencia y se puedan multiplicar, aunque no necesariamente sean la mayoría numérica, pero sí que tengan una significación relevante.

Si realmente se quiere protagonizar el cambio, si se pretende lograr transformaciones en el rumbo de los acontecimientos, primero habrá que entender los mecanismos bajo los cuales funciona la sociedad. Desde esa acabada comprensión de la dinámica, se puede iniciar una labor ininterrumpida que tendrá un norte definido, pero no un plazo predecible.

En materia de comportamientos sociales no existen demasiadas certezas. No se trata de una ciencia exacta. Pero no menos cierto es que haciendo lo correcto, eligiendo las estrategias convenientes y utilizando las tácticas oportunas con el debido criterio, se puede avanzar en el sentido apropiado.

Si se quiere realmente cambiar el estado de situación habrá que hacer mucho más que unos pocos esfuerzos aislados. Suponer que una movilización ciudadana, una denuncia judicial o un ciclo televisivo de carácter crítico, es suficiente para lograr un objetivo de real transformación es no entender absolutamente nada y denota una asombrosa ingenuidad.

albertomedinamendez@gmail.com

 

 

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Las elecciones norteamericanas

Posted by Teódulo López Meléndez en noviembre 5, 2014

Audio de Teódulo López Meléndez

elecciones USA

 

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Una dificultosa asunción

Posted by Teódulo López Meléndez en noviembre 5, 2014

Artículo de Teódulo López Meléndez en el diario “El Universal” (Miércoles 5 noviembre 2014)

asunción

http://www.eluniversal.com/opinion/141105/una-dificultosa-asuncion

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Fundación Alternativas: Europa

Posted by Teódulo López Meléndez en noviembre 3, 2014

UE

Fundación Alternativas: Europa

El 1 de noviembre se inauguró la nueva Comisión Europea que tendrá que afrontar temas claves como el desempleo, la reforma de las instituciones comunitarias o la mejora de la democracia a nivel europeo.

La Fundación Alternativas sigue de cerca estos acontecimientos elaborando el próximo informe sobre la Unión Europea para el año 2015 con análisis y recomendaciones sobre este decisivo momento para Europa:

Informe El Estado de la Unión Europea 2014: La ciudadanía europea en tiempo de crisis

Seminario El nuevo Parlamento Europeo: cambio de ciclo y recuperación económica

La Europa de la Energía, el Clima y la recuperación económica. Consejo Europeo 23 – 24 de octubre del 2014

Un año más, la Fundación Alternativas, ha sido nominada para el Global Go To Think Tank Index & Abridged Report (2014), de la Universidad de Pennsylvania. Puedes visitar nuestra página web http://www.falternativas.org/ donde podrás ver más información, informes, documentos, así como nuestra presencia en los medios.

 

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Decadencia

Posted by Teódulo López Meléndez en noviembre 3, 2014

Artículo de Teódulo López Meléndez en el el diario “Tal Cual”  (Lunes 3 noviembre 2014)

Tal Cual

decadencia

http://www.talcualdigital.com/Nota/visor.aspx?id=109943&tipo=AVA

 

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Otra perspectiva sobre el soborno

Posted by Teódulo López Meléndez en noviembre 2, 2014

soborno

Alberto Medina Méndez

Una mirada excesivamente moralina suele aparecer cuando de sobornos se trata. Los que alzan la voz, las más de las veces con una enorme hipocresía, despotrican contra las prácticas corruptas e intentan explicar el fenómeno desde lo estrictamente ético.

Una reciente encuesta realizada entre hombres de negocios en un tradicional foro empresario, confirmó que poco menos de la mitad de los consultados manifestó que no sería censurable un acto de esta naturaleza.

Si bien el muestreo contempla matices en esa mitad de los entrevistados entre los que dicen que esa sería una situación aceptable solo en casos extremos y los que afirman que nunca sería un acto condenable, lo que preocupa finalmente no es esa porción, sino la elevada cuota de falsedad de la otra, esa que se espanta frente a esta realidad, ocultándose, negándolo y hasta repudiando conductas habituales propias en lo cotidiano.

La corrupción, en cualquiera de sus grados, tiene un origen concreto y su resolución no pasa ni por aterrarse, ni por negar su existencia. Una de las claves del asunto tiene que ver con que la sociedad toda, frente a situaciones como estas, se coloca, con absoluta ausencia de autocrítica, en una posición repleta de incongruencias y cargada de prejuicios.

Son muchos los ciudadanos que defienden la vigencia de aquella creencia que dice que para que exista un cohecho se requieren dos actores, el que cobra y el que paga. Esa visión pretende, intencionadamente, quitarle responsabilidad al funcionario que solicita el pago de dinero a cambio de un favor. Lo plantean como si fuera una cuestión menor e intrascendente.

Con inusitada virulencia se inculpa con fuerza a quien está dispuesto a pagar a cambio de un beneficio irregularmente otorgado. Es solo en ese caso en el que se califica al protagonista como una persona corrupta. Para esa caricaturesca descripción, ese privado, ese particular es alguien que incita al ingenuo y desprevenido funcionario estatal a cometer un delito en el que no desearía incurrir, pero que dadas las circunstancias no tiene otra salida más que aceptar de mala gana y con culpa semejante despropósito.

Lo habitual es que este tipo de razonamientos surja de gente que reivindica, desde la derecha autoritaria a la izquierda socialista, el protagónico rol del Estado como contralor de la vida ciudadana, despreciando el papel de los individuos y el empresariado genuino en el desarrollo. Se trata de personas que atacan ideológicamente al capitalismo y descreen de sus bondades.

Es frecuente que quienes critican en los demás estas conductas sean los mismos que en su vida cotidiana, evaden impuestos, utilizan tecnología sin pagar licencias, fotocopian literatura y contratan servicios de personas sin registrarlas. Son los cultores de la doble moral de este tiempo.

La corrupción forma parte de la realidad y está presente de diversas formas en la vida terrenal. En el mundo empresario, como en todas las actividades, se puede encontrar a aquellos que disponen de un comportamiento ético, progresan asumiendo riesgos y compiten en el mercado ofreciendo talento.

Pero no menos cierto es que otra importante cantidad de personas viven a la luz de negocios espurios, de prebendas estatales, de privilegios otorgados desde las sombras del poder. Obviamente esos individuos obtienen sus ingresos gracias a la influencia circunstancial de empleados que trabajan para la sociedad desde el Estado y que con atribuciones desmedidas más una absoluta discrecionalidad, deciden los destinos de esos fondos.

Es peligroso generalizar, pero más hipócrita es hacerse el distraído y hacer creer a los demás que la corrupción incluye a unos pocos cuando la realidad muestra a diario exactamente lo contrario. En todo caso, la tarea consiste en entender lo que sucede y asumir las verdaderas implicancias de defender ciertas ideas. Un Estado grande en el que los funcionarios tienen atribuciones inmensas gracias a regulaciones impulsadas inocentemente por personas que creen en las benevolencia de sistemas intervencionistas, solo genera más corrupción y de eso también hay que hacerse cargo.

Cuando alguien “puede” pagar por un favor a un funcionario, es porque previamente alguien creó un texto legal que lo habilita. Nadie abona dinero extra por algo que no resulta necesario. Cuando el Estado exige requisitos, allí nacen los sobornos. Sin regulaciones, simplemente, eso no sería posible.

Son los votantes y sus ideas políticas, los que han generado esta dinámica interminable de múltiples controles e infinitas regulaciones. Son esas normas, esa excesiva burocracia estatal, la que multiplica los hechos de corrupción. Allí está la causa y no en la falsa moral que se pretende de los demás cuando en la vida propia se hace algo demasiado parecido.

No se resuelve nada con retórica y voluntarismo moral. El problema no es que la mitad de los empresarios reconozcan que están dispuestos a cometer cohecho, sino que la otra mitad no asuma que también lo hace. La solución pasa por comprender lo que ocurre, eliminar la inmoral burocracia, los excesos regulatorios y terminar con la cultura de pretender controlarlo todo.

Sin esa acción decidida todo seguirá igual y los políticos continuarán creando normativas, porque ellos sí saben como se consiguen recursos adicionales con esa modalidad. Por eso estimulan estas ideas, para poder crear reglas que les permitan utilizarlas para su provecho personal.

Para que un inconveniente no encuentre solución precisa de un diagnóstico equivocado. Si la evaluación de la situación es errónea, las chances concretas de resolverlas son nulas. Es por eso que no hay que cometer el infantil error de quedarse con la mirada simplista de observar las consecuencias de los hechos, sino en todo caso, si se está disconforme con el presente, comprender como funciona todo y actuar sobre las verdaderas causas que lo originan. Solo así se puede cambiar la historia. El resto es solo una versión más del cinismo contemporáneo.

albertomedinamendez@gmail.com

 

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