Democracia del siglo XXI

  • Teódulo López Meléndez

    Abogado, diplomático, novelista, ensayista, poeta, editor, columnista de opinión.

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Ocultar el problema no lo resuelve

Posted by Teódulo López Meléndez en septiembre 20, 2014

Ocultar

Alberto Medina Méndez

La eterna mirada de corto plazo, las interminables urgencias electorales y la imperiosa necesidad de sostener poder, vienen empujando a los gobiernos y a la política a disfrazar la realidad para no quedar exageradamente expuestos. Apelan con convicción a deformar las cifras, implementar normas y confundir a toda la sociedad para lograr sus objetivos.

Muchos dirigentes políticos piensan que su tarea consiste en esconder problemas, justamente porque estos pueden ser ocultados indefinidamente. Siguen apostando a la dinámica que les propone esa vieja estrategia que dice que lo que no se puede visualizar, no existe.

El recurso más común, aunque no el único, reside en manipular las estadísticas. El objetivo central es que “el termómetro” no alerte sobre la presencia de la fiebre, o si lo hace, que parezca algo de escasa gravedad.

La leyenda dice que si las cifras no convalidan un suceso, este mágicamente desaparece convirtiéndose entonces en un tema absolutamente subjetivo, opinable, de meras percepciones y sensaciones.

Es imposible dar batalla a los asuntos que preocupan si antes no se sabe su magnitud aproximada y si no se alcanza previamente un diagnóstico afinado que permita saber como enfrentarlo con cierta chance de éxito.

Algunos gobernantes han decidido deliberadamente silenciar las dificultades, ponerlas bajo la alfombra y que no se hagan evidentes. No es que no sepan que la mentira tiene patas cortas y que tarde o temprano la verdad saldrá a la luz, sin que exista modo alguno que evite su visibilidad.

Lo que sucede es que ellos apuestan decididamente al corto plazo. Trabajan para que el obstáculo no los afecte electoralmente en el turno que se acerca. El subsiguiente está demasiado lejos. Más adelante decidirán ocuparse de él o simplemente volver a disimularlo hasta mejor oportunidad.

No es que los políticos realmente crean que el conflicto dejará de estar presente por su simple capricho. Saben que eso no ocurrirá. Para ellos sólo se trata de superar la coyuntura, de patear el inconveniente hacia adelante y no precisamente de invertir energías en solucionarlo.

En general son asuntos complejos, cuya resolución lleva mucho tiempo. Por eso no hacen esfuerzo alguno en solucionar la cuestión de fondo, porque su eventual éxito no podrán capitalizarlo políticamente.

La lógica de la democracia contemporánea obliga a triunfar en cada turno electoral. Siempre la elección más importante es la que viene. Por eso el político sólo intenta superar la coyuntura, sin pretender resolver el aprieto.

Una parte importante de la responsabilidad tiene que ver con una sociedad que también juega ese juego, que permite que la prioridad electoral sea más trascendente que los escollos que propone la cotidianeidad.

La mayoría de la  gente premia con su voto a los que niegan las contrariedades y no a aquellos que deciden exhibirlas. Es por eso que los que ofrecen un mundo color de rosas se ven incentivados a repetir conductas inadecuadas. La sociedad ha caído en la trampa de la “evasión”.

Habrá que asumir que las dificultades están ahí. Una decisión normativa no elimina la pobreza sólo por modificar ciertos parámetros. Tampoco la actitud de no denunciar hace que los niveles de delincuencia disminuyan. La inflación no se reduce porque la lista de productos incluidos en el relevamiento se altere, o porque los algoritmos y ponderaciones se manipulen para minimizar su impacto. Tampoco al impedir que los alumnos tengan puntajes bajos se los convierte en inteligentes o sabios.

Es probable que por ahora triunfe la mezquina modalidad de camuflar problemas. Es posible que los más perversos dirigentes se salgan con la suya durante algún tiempo. Es factible que la gente termine castigando electoralmente a los que les hablan desde la incómoda sinceridad.

Pero no menos cierto es que las sociedades maduran y que, en algún momento, los ciudadanos entenderán que es preferible enfrentar la verdad por dolorosa que sea, a vivir en un mundo irreal plagado de fantasías.

Desde lo estrictamente práctico, lo más relevante pasa por comprender que los tropiezos que no se explicitan, tampoco se atienden. Y que aquellos otros a los que se intenta quitarle relevancia, jamás serán encarados.

Como en la vida misma. Si alguien no identifica un drama, no se ocupará del mismo. Si cree que es insignificante, tampoco merecerá que se le preste demasiada atención. Sólo valdrá la pena ser abordado cuando su existencia obstruya posibilidades futuras o impida seguir adelante con el presente.

Una forma de interrumpir esa inercia es recompensar a los que no eluden la realidad, a los que la describen con crudeza. Son ellos los que podrán diseñar soluciones efectivas, los que se animarán a abordar los asuntos con la seriedad que se merecen. Los otros, los que juegan al ritmo de la democracia electoral, los que se sirven de ella, seguirán funcionando con las crueles reglas de la actualidad, intentando desnaturalizarlo todo, escondiendo las preocupaciones, no porque vivan engañados, sino porque saben que la sociedad los incentivará a recorrer ese camino. Es la gente y no la política la que debe entender que ocultar el problema no lo resuelve.

 

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La democracia en el siglo XXI y el Cambio Climático

Posted by Teódulo López Meléndez en septiembre 20, 2014

cambio climático

Gerardo Gil Valdivia

 

En breve, el Secretario General de la ONU, Ban Ki Moon, presidirá una cumbre sobre el cambio climático en la que se espera el anuncio de medidas a tomar en el corto y mediano plazo, para poder alcanzar los objetivos de largo plazo en la materia.

 

Esta cumbre pretende estimular el alcance de los compromisos que se asuman en la conferencia sobre el clima en diciembre en Lima, antesala de la reunión de París, del año próximo, que tratará de establecer un antes y un después en la reducción de emisiones de carbono. También tiene como objeto diseñar los esquemas de apoyo a los más pobres y vulnerables al cambio climático.

 

El quinto informe de Evaluación del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático determina que para mantener el calentamiento global por debajo de los dos grados centígrados a finales del siglo XXI, se deben reducir las emisiones de gases de efecto invernadero o mantenerlas cerca del crecimiento cero.

 

Un objetivo central es proteger a los grupos sociales más vulnerables de las consecuencias del cambio climático que se manifiesta con fenómenos más intensos como las olas de calor, las malas cosechas, las inundaciones o las sequías cada vez más graves, que ponen en riesgo vidas.

De no actuarse ahora, el clima podría sufrir cambios irreversibles afectando a todos los sectores de la sociedad, por lo que es necesario dejar atrás el modelo actual generador de altos niveles de gases de efecto invernadero.

 

Pero el objetivo no debe ser sólo preservar la sustentabilidad de la vida en el planeta sino también mejorar las condiciones sociales a través de la erradicación de la pobreza y lograr un mundo más seguro, con una visión que vaya más allá de la segunda mitad del siglo XXI. Es necesario diseñar un horizonte para que los más de 9 mil millones de habitantes del mundo en 2050, tengan mejores expectativas de vida en un planeta próspero y saludable.

 

En este sentido, vale la pena retomar el impacto que ha tenido el libro de Thomas Piketty: “El Capital en el siglo XXI”, que es expresión de la preocupación internacional por la creciente desigualdad.

 

Los 30 años siguientes al fin de la Segunda Guerra Mundial tuvieron un acelerado crecimiento económico con una prosperidad ampliamente compartida. A partir de la década de los años ochenta del siglo pasado se da un crecimiento más lento y los beneficios se concentran en los grupos con los niveles superiores del ingreso y de la riqueza. Este incremento de la riqueza se da en buena medida como producto de la especulación financiera y en algunos países también la inmobiliaria.

 

El crecimiento de los niveles de desigualdad que se están registrando en varios países desarrollados y en economías emergentes puede afectar no solo el desarrollo sino también a la democracia.

 

Debemos tener reglas de juego claras para retomar el crecimiento económico dinámico y equitativo con cuidado de la naturaleza y el ambiente. Hay que preservar la democracia del siglo XXI para poder tomar decisiones adecuadas para la sustentabilidad y la equidad distributiva. Para preservar el interés general.

 

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Fiebre

Posted by Teódulo López Meléndez en septiembre 18, 2014

Fiebre

Teódulo López Meléndez

El joven Miguel Otero Silva bien noveló a la generación del 28 en su novela Fiebre. La calentura, para decirlo en términos coloquiales, es ahora otra, la que invade a unos venezolanos acosados por dengue y chikungunya, mientras no se oye al poeta Pío Tamayo proclamando a la reina libertad sino el llamado angustioso a acetaminafen.

Lo que ahora se escucha es de la eliminación del Ministerio del Ambiente, de la falta de fumigación, de las redes sociales plenas de adoloridos pedidos de auxilio para encontrar alguna medicina. Sairam Rivas, la joven chica de la Escuela de trabajo social de la UCV, sale en libertad, si plenamente se puede llamar tal a la prohibición de hablar.

Quizás deberíamos ir más bien a Casas Muertas, dado el anuncio de la venta de CITGO, del vencimiento de una deuda que es causa para solicitar un procedimiento contra el profesor de Harvard Ricardo Hausmann y del lenguaje altisonante, si lenguaje se puede llamar, que insiste en los manuales periclitados y en las formas económica vencidas. Baste ver que los críticos asomados en el partido de gobierno parecen rectificar pidiendo más socialismo en una especie de asunción de los mitos para regenerarse de sus palabras anteriores.

El país tiene fiebre, una muy alta, una difícil de atacar en medio de la escasez. No hay prevención, pero menos decisión, dado que nos permitimos recordar nuestra solicitud de meses atrás a los usuarios de las redes sociales para que exigiesen fumigación sin que nadie se tomase la molestia o simplemente nuestro texto anterior llamando a una defensa social. El país pareciera acostado soportando la fiebre sin ponerse siquiera compresas aliviadoras.

El país padece de la indolencia, tiene fiebre. El inadmisible uso político de las enfermedades nos ha hecho ver acusaciones al presidente de un Colegio Médico por su simple militancia política o la denuncia reiterada de una nueva conspiración mientras los supuestos golpistas tienen fiebre y el anuncio formal  de que habrá acetaminofen desconociéndose si alguna vez tendremos las medicinas para las diversas enfermedades que padecen los integrantes de cualquier cuerpo social. Hay escasez, pero no de fiebre.

El país está afiebrado, mientras los zancudos pican en repeticiones de constituyente, de elecciones parlamentarias y de aplazamientos. Es que no hay en ninguna parte espirales, tabletas o insecticidas, menos en el campo de la política porque la política tiene fiebre y ya se habituó a las picadas de “país tropical”.

No titularía Otero Silva Oficina No 1. Quizás repetiría aquella travesura de “los tres cochinitos” contra la dictadura militar o invertiría el título de otra de sus novelas para poner “este país llora cuando quiere llorar”.

El país tiene calentura, de esa que tumba, no de la que irrita y mueve a la acción. El país está afiebrado, “tumbado” como coloquialmente se responde cuando se está en la cama golpeado por una enfermedad. El país necesita acetaminofen, antivirales y hasta pastillas anticonceptivas, aunque luzca difícil hacer el amor con un “fiebrón”.

Al país hay que bajarle la fiebre, porque esta fiebre es peligrosa y cobra vidas. Al país hay que medicarlo. Las responsabilidades son obvias, los retardos patentes, las sustituciones de las calenturas por otras de asunción de una defensa absolutamente necesarias. Al país inmóvil le cayó la plaga. El país está enfermo, el país guarda reposo, el país está en la cama.

Quizás Otero Silva, en una reescritura de La piedra que era Cristo volvería a cambiar el ambiente y las parábolas, pero hoy tenemos que decir que el país tiene fiebre porque el país tiene fiebre, sin metáfora, sin parábola y sin imagen.

tlopezmelendez@cantv.net

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Movilización mundial para frenar el cambio climático

Posted by Teódulo López Meléndez en septiembre 13, 2014

cambio climático

21 de septiembre 2014

El último informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) es claro y contundente: urge reducir de manera drástica las emisiones de gases invernadero. Más claramente: urge reducir de manera drástica la extracción y quema de combustibles fósiles. No tiene sentido seguir utilizándolos y, mucho menos, seguir buscando yacimientos en los fondos marinos o extraer gas de esquistos mediante la técnica del fracking (fractura hidráulica).

Es hora, por el contrario, de impulsar una profunda transición energética basada en las energías renovables, la eficiencia y el ahorro energético. Una transición necesaria y posible. Así lo han mostrado diversos estudios de resultados convergentes y así se lo ha comunicado al Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, su amplio grupo asesor en energía y cambio climático.

Las resistencias, que están abocando a esta dramática situación, proceden de las grandes corporaciones del sector energético y sectores financieros vinculados, que solo contemplan los beneficios a corto plazo y se niegan a escuchar las fundamentadas recomendaciones de la comunidad científica, presionando a gobiernos y medios de comunicación. Es preciso romper esta dinámica irracional y suicida que nos arrastra aceleradamente al colapso. Se debe y se puede hacer: la convergencia de los estudios científicos y del apoyo ciudadano a los mismos lograron la prohibición del DDT y de otros plaguicidas extremadamente peligrosos, venciendo fuertes resistencias. Y lo mismo sucedió con la substitución de los freones que destruyen la capa de ozono que protege a la biosfera de las radiaciones más agresivas. Podemos y debemos volver a hacerlo.

Ban Ki-moon ha convocado a los líderes mundiales el próximo 23 de septiembre para debatir el último informe del IPCC y crear un clima favorable para que se adopten acuerdos ambiciosos y vinculantes en Paris 2015. Pero la fundamentación científica no basta para vencer las resistencias y las inercias. Se necesita, una vez más, una fuerte presión ciudadana. Eso es lo que se persigue con la propuesta de organizar el domingo 21 de septiembre la mayor movilización mundial por el clima de la historia: miles de marchas y concentraciones, entre otras acciones, por todo el planeta para exigir la adopción urgente de medidas contra el desarreglo climático y a favor de la transición energética. Contribuyamos a que esta movilización mundial por nuestro futuro y el de las próximas generaciones sea un éxito.

Educadores por la sostenibilidad
Boletín Nº 99 12 de septiembre de 2014
http://www.oei.es/decada/boletin099.php

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Defensa social

Posted by Teódulo López Meléndez en septiembre 12, 2014

Defensa

Teódulo López Meléndez

Se debe escribir un artículo de opinión mientras se leen las noticias del día sobre las balaceras de la mañana en Caracas y no provoca. Se debe escribir un artículo de opinión mientras las panaderías lanzan alerta sobre sus existencias de harina de trigo y pequeños políticos se tiran de las greñas y no provoca.

A este país la única definición que le es posible es el de uno agredido y cuando un país está siendo agredido por enemigos internos la única posibilidad es organizar una defensa social. Lo hemos planteado repetidas veces a través de las intrascendentes redes sociales. En verdad la defensa individual se ha hecho irrelevante. Si la defensa no es colectiva será inútil.

Tomamos, para ejemplarizar, el caso grave de inexistencia de medicinas y apelamos a una Iglesia para que promoviera su recepción con ayuda de la feligresía y el silencio fue la respuesta. Se debe escribir un artículo de opinión y no provoca.

Sobre lo ocurrido en Maracay hay que esperar informes serios, los que no abundan de ningún lado si uno ve como se utilizan fotografías sacadas de Internet o se ordena promover acciones judiciales contra todos los que informaron sobre el caso. Como se ordena juicio contra un economista por haber realizado un análisis de la situación financiera del país. Todo se resuelve con represión, mientras se acerca octubre, uno que amenaza con convertirse en clave en la historia económica del país.

Para que haya defensa social se requiere partir de la solidaridad. Si ella no preside la acción de este país cristiano no será posible. Se requiere comunicación, una que excede al mero intercambio de información, pues debe ser la identificación de destinos. Y el elemento clave, la voluntad, una que se manifiesta individualmente, pero que no se hace motor del cuerpo social.

Hay que crear líneas de defensa social. Un país agredido debe hacerlo. Entre los agresores el gobierno, uno al que no se le puede creer, pues si dice que en mes y medio se “normalizará” el abastecimiento de medicinas la conclusión será que llegarán algunas para luego desaparecer de nuevo.

Se debe escribir un artículo de opinión para repetirle al país lo que ya se le ha dicho, pero que no internaliza, y no provoca. El país parece cada vez más un campamento en estado de desesperación sin que logre articularse.

El concepto de defensa social es originario del Derecho Penal, pero perfectamente utilizable en el campo de lo social genérico, pues se pena a la transgresión y este es un país transgredido a diario por agentes disolventes que amenazan con conducirlo  a situaciones aún más graves de las que vivimos. El país debe penalizar a los agentes corrosivos.

Organización, voluntad y solidaridad, pero ya hemos mencionado que esos elementos deben obtener como identificación el reconocimiento de destinos. Es precisamente lo que pasa: la ausencia de destinos claramente definidos, pues se trata desde la defensa social amalgamar un nuevo país.

El país está dejando de ser territorio de la materia prima esencial que no es otra que el lenguaje. Aquí puede decirse lo que sea sin que medie una responsabilidad por lo dicho. Hemos devaluado la palabra y el poder se ha convertido en mediocridad extrema garantizada sólo por la orden de proceder contra.

El país es una queja, una solicitud de auxilio, un desgarramiento sin conclusiones. El país debe pasar a ser una defensa social manifestada en cada una de las calamidades que lo acogotan. El país debe defenderse de las agresiones. El país debe tomar aliento y ejercer una legítima defensa. Cuando el país se recuerde de cuáles son las características que lo hacen tal, entonces el lenguaje volverá a merecer la pena.

tlopezmelendez@cantv.net

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Escocia decide

Posted by Teódulo López Meléndez en septiembre 11, 2014

Audio de Teódulo López Meléndez

Escocia

 

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Pertinaz confusión

Posted by Teódulo López Meléndez en septiembre 10, 2014

confusión

Alberto Medina Méndez

Varias generaciones persisten en ese error que parece eterno. El desorden conceptual tiende a combinarse con la congoja que propone la coyuntura. Invariablemente, esa situación empuja a actuar, a ejecutar, como si esa postura rectificara los dislates del pasado. Es de gran utilidad pasar a la acción, pero no de cualquier modo. Jamás puede ser esa decisión más importante que definir previamente el rumbo a transitar.

Algunas sociedades deliran creyendo que lo relevante es hacer y que el resto es una cuestión menor, filosófica, abstracta y fundamentalmente intrascendente, sin comprender que nada valioso se puede lograr sin una inteligente y previa fijación de objetivos, sin esa vital claridad conceptual que orienta hacia un propósito. Recién allí el campo de la acción tiene algún sentido. Antes solo consigue dispersar las escasas energías que finalmente conducen a lugares inciertos muy distantes del sueño al que se aspira.

Es recurrente ver este escenario, no solo en la política sino también en la sociedad civil, en las instituciones y en personas que deambulan sin norte, entreteniéndose con maniobras irrelevantes que solo consumen tiempo.

La elección del itinerario es un proceso que puede llevar demasiado y que no necesariamente precisa convivir con la pasividad, pero si requiere de suficiente concentración, de un pormenorizado estudio, de un análisis lúcido y a fondo que permita aclarar los objetivos perseguidos para luego recién seleccionar las herramientas útiles que ayuden a tener el éxito pretendido.

Es allí cuando el sistema de ideas orienta y manda. La escala de valores y las convicciones profundas deben ser la guía irremplazable para no desbarrancar. No es igual ir al norte que al sur, sin embargo algunos siguen creyendo que lo primordial es hacer, no importa que, porqué, ni para qué.

Probablemente las angustias jueguen una mala pasada e inviten a hacerlo todo ahora, sin demasiado criterio. Es posible también que algunos ya no tengan paciencia porque sienten que no tienen fuerzas, que les quedan pocos años de sus vidas, y esperan ingenuamente, ver el resultado de sus ganas en un plazo breve. No han comprendido que las grandes transformaciones llevan tiempo, a veces mucho, y que suelen ser el resultado del complejo esfuerzo de grupos humanos que disponen de una visión aguda, integral, completa y no de intentos aislados caóticos.

Los países del mundo que han logrado triunfar en ciertas cuestiones específicas, se han tomado la tarea de pensar el futuro, de establecer con bastante precisión su horizonte, para recién luego de ese detallado análisis, empezar a diseñar la nómina de tareas a llevar a cabo para conseguirlo, no sin antes relevar las herramientas disponibles y sus posibilidades concretas de alcanzarlo, y así evitar caer en la desilusión que trae consigo el fracaso.

A riesgo de que algunos supongan que se les va la vida, es el momento de tomarse todo con más seriedad y menos improvisación. La salida a cada uno de los grandes problemas que enfrenta la sociedad contemporánea precisa de una previa delimitación del sendero a recorrer y de un razonable consenso acerca de hacia dónde dirigir todos los esfuerzos.

Habrá que serenarse, dejar de lado la infinita ansiedad que plantea trampas de modo permanente y tener la templanza suficiente para que antes de emprender el viaje se pueda determinar el destino pretendido con nitidez.

Si realmente se desean soluciones sustentables y dejar atrás largos años de frustraciones, hay que evitar caer en el zigzagueo interminable que muestra la historia reciente, que no es más que el producto de esa actitud espasmódica de arrancar constantemente hacia cualquier lado y suponer que se está perfectamente encaminado solo porque se hace algo o mucho.

Las sociedades repiten hasta el cansancio las mismas recetas y obviamente obtienen resultados similares. El ciclo se retroalimenta cuando después de haber fracasado, se hacen pequeños giros casi imperceptibles a esa ruta impropia, bajo la infantil pretensión de que esta nueva etapa será sustancialmente mejor, sin darse cuenta que solo han confirmado la dirección para hacer más de lo mismo, reiterando experiencias anteriores.

Es probable que se persista en insistir en este derrotero. Es posible que aún no se haya aprendido la lección. El habitual proceso de negación puede hacer creer que los descalabros son responsabilidad ajena por simples errores de implementación o la presencia de líderes ineficientes, sin registrar que el nudo del problema sigue siendo el incorrecto rumbo elegido.

No solo la clase política, sino fundamentalmente la sociedad, viene transitando esta senda plagada de equivocaciones. Cuando los disparates sirven como paso previo a la elección adecuada, los tropiezos son de gran utilidad. La tragedia actual es que, por ahora, esos errores son solo uno más en la larga lista de inagotables desaciertos, sin que se consideren los reales motivos que explican ese resultado, para finalmente atribuírselo a cualquier cosa que implique no asumir responsabilidades propias.

El gran desafío es reflexionar con grandeza, humildad y con la necesaria sensatez que la inocultable evidencia proporciona. Lo obtenido hasta aquí no es lo esperado. El resultado no es el pretendido. Es hora de renunciar al mal hábito de los incontinentes que quieren hacer lo que sea con tal de arrancar ya mismo, para tomar otra estrategia, detenerse el tiempo que sea necesario, analizar lo sucedido, observar críticamente el presente y cambiar drásticamente la dirección de los esfuerzos.

Está claro que el trayecto elegido no fue el adecuado. Se precisa mucho más que meros retoques para enderezar el rumbo y alcanzar los objetivos. El enorme primer paso que hay que dar es el de la incómoda autocrítica. Luego habrá que dibujar el nuevo norte y entonces encaminar las acciones hacia ese flamante objetivo. Es esencial abandonar esa pertinaz confusión.

albertomedinamendez@gmail.com

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Narciso el subsidiado

Posted by Teódulo López Meléndez en septiembre 5, 2014

 Narciso 2

 

Teódulo López Meléndez

La prioridad del régimen es él mismo. Se mira en las aguas procurando mantenerse coherente, tratando de evitar alguna pieza se le desconecte o alguna facción pueda pensar ha llegado el momento de abandonar el hermoso cuerpo del poder.

La Iglesia sale de las catacumbas airada por un “Chávez nuestro” que parece haberla irisado mucha más allá de su deber cívico de pronunciarse sobre la situación del país.

La llamada oposición duerme a la orilla del bosque ya sin mirarse en las aguas bajo un castigo particular de Némesis, la diosa de la venganza, y sólo escucha su propio eco bajo total abandono de la ninfa del mismo nombre.

El discurso al que los venezolanos están habituados es al de la doblez, al del populismo, al de la demagogia. Respuestas no faltan al drama nacional, más bien faltan oídos. Las “verdades” son eternas, pareciera imponer la lógica de la epidemia nacional de “lugarcomunismo”, olvidando que ellas son planteamientos generalmente aceptados que a lo largo de la historia se desploman cuando lo hace la mayoría que las convirtió en Narciso.

La prioridad de cada sector del país es su propio sector, sin que nadie recuerde que su imagen reflejada los obligará a lanzarse a las aguas como consecuencia de tanto amor por sí mismo.

Así, sacudones no son más que anhelos de cohesión interna, sin mirada al bosque donde las penurias de una crisis galopante anida, pero para ello habrá cinco “revoluciones dentro de la revolución” ya que el asunto se trata de hacer la revolución, porque la revolución es bella como Narciso, el mismo que se niega a atender la ninfa de la economía pues miedo le da alguien llegue a ocuparlo por encima de sí mismo. Se le suma que para tal fecha no habrá pobreza, pues haciendo la revolución, revolución habrá.

Los subsidios no son eternos. Pueden y deben aparecer en circunstancias específicas para ser suplantados por empresas focalizadas de producción social, esto es, una preparación previa para luego impulsar el desarrollo sustentable de lo humano. Y vale también para el espíritu, pues la convivencia con quien mantiene subsidios no obvia manifestarse por los presos políticos, por la inflación, por la escasez de alimentos y medicinas, pues habrá que recordar Narciso no es más que un mito.

El lenguaje es la base de todo proceso cognoscitivo. Aquí el discurso parece más bien una letanía, la condena de la ninfa Eco. El discurso obsoleto, la recurrencia sobre el círculo de las pocas palabras de lo “políticamente correcto” es obsolescencia, vencimiento de un tiempo histórico donde hay que insertar otro discurso, pues las estructuras mentales tienen lenguaje y el prevaleciente es tiránico. Con este discurso agotado se reproducirán los mismos resultados y su inmenso árbol caduco impedirá la visión del bosque.

El nuevo discurso no se entiende. Es natural: a los oídos cimentados sólo entra el viejo. Lo importante es que exista un nuevo discurso qué los oídos se enterarán de la existencia de uno. La existencia de otro vocabulario al menos impide el asentamiento definitivo del fracaso. Mientras, “haremos cinco revoluciones”, una multiplicidad revolucionaria, o “llamamos al diálogo gobierno-oposición rezando un Padre Nuestro”  o “protestamos a Nicaragua que ya llegamos al acuerdo de alianza electoral para el 2015”.

Narciso rechaza a diario a su pretendiente país. Esperemos que el país rechazado no se suicide a las puertas de las casas de Narciso. Qué no se repita la versión romana según la cual el vidente Teresias arguyó, frente a la consulta, que Narciso jamás se conocería a sí mismo. No obstante, la versión es ratificada por redes sociales de desahogo incapaces de generar legitimidades sustitutivas de las viejas y sus mitos.

tlopezmelendez@cantv.net

 

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El desgrane y la criba

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 28, 2014

 criba

Teódulo López Meléndez

 

Batir o sacudir, lidiar con la humedad, verificar la madurez de los granos, pues las cosechas se pierden si no se desgrana o se trilla, si no se separan a tiempo de las plantas. Presumen que ha habido un cultivo, pues si nada se ha sembrado nada se cosecha.

 

Es tal el déficit ético en la Venezuela del presente que no sólo se debe parecer honesto sino serlo, pues debemos voltear la expresión dicha de Pompeya Sila, la segunda esposa de Julio César, en cuanto “la esposa del Cesar no solo debe ser honesta, sino parecerlo”, pues el juego de las apariencias es lo que preside la vida pública venezolana de hoy y no la esencia para la asunción de un comportamiento de cara al país.

 

Vivimos en la contradicción aparente, en una medición constante de hasta dónde se puede llegar en el abuso de la poda de las plantas antes de esperar que los granos vayan perdiendo su verdor y se muestren listos para el consumo. Se pide al gabinete que ponga sus cargos a la orden y pasan los días sin nuevo gabinete o se impone un control de consumo para luego señalarlo como voluntario. A medida que el régimen se hace inviable en su tarea de podar al país, el país se hace inviable por falta de siembra y de cosecha.

 

El país requiere de ejemplos como prédica. El país no requiere de bacanales exhibicionistas de búsqueda de candidaturas porque la única candidatura es el país. El país necesita saber que hay gente que coloca los intereses nacionales por encima de los suyos. El país no está para edulcorantes ni mediatintas. Hay q hablarle con una sinceridad rayana en la crudeza extrema: la siembra que hemos hecho como nación a lo largo de nuestra larga existencia requiere de criba para limpiar el grano de paja y tallos.

 

No podemos permitirnos otro grave retardo histórico similar al que nos ocurrió el siglo pasado. No podemos autorizarnos a entrar en una involución que nos va retardando como país. Debemos cambiar el retroceso por un acelerado desafío de futuro. Hasta el cansancio hemos hablado de la necesidad de un cambio histórico, uno que pasa por los desafíos entre los cuales consideramos el esencial hacer entrar a este país al siglo XXI. Para ello, el desgrane, la madurez del grano, y la criba, para limpiarnos de la paja encarnada en este país somnoliento en un continuo recurrir a lo intrascendente, a lo banal, a lo secundario, a lo meramente superfluo.

 

Poner a este país en el siglo XXI, es el foco y el objetivo que todo lo abarca, en un siglo cuyo comienzo en verdad parece retrógrado, pero desafiante como todas las épocas de transiciones y aleccionador para el espíritu emprendedor de una nación que produzca alimentos materiales y espirituales, que esquive los vientos tormentosos y se aposente sobre la seguridad y la confianza a alzarse pragmáticamente como sitio hacia dónde se volteen las miradas y en dónde se encuentren ideas y realizaciones.

 

El país debe limpiar los granos de la paja. El país se consume en un accidente histórico propio de quien no tiene por costumbre limpiar los terrenos de cultivo. Es nuestra tradición, dejar a la arbitrariedad del clima la tierra o para que se erosione o para que por inercia asome tímido algún tallo. Ya basta con nuestra inoperancia. Los pésimos gobiernos autoritarios del siglo XIX o los ideologizados del XX, los manuales del caudillismo de uno y los manuales del activista del otro, deben ser suplantados por el encuentro de un cambio histórico que preciso de manera tajante en “entrar al siglo XXI”.

 

El astrónomo, poeta, geógrafo y filósofo griego Erastótenes se dedicó a medir la Tierra y luego a dirigir la Biblioteca de Alejandría hasta su fin. Cuando estaba ciego y ya libros no había cuentan que decidió morir de hambre. Aquí debemos hacer, para este país,  de este anaquel vacío, una fructífera travesía por este imperfecto siglo que nos tocó en suerte y de la falta de alimentos, los del cuerpo y los del espíritu, fuerza para sacarlo de la ruina.

tlopezmelendez@cantv.net

 

 

 

 

 

 

 

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El credo predilecto de los políticos

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 28, 2014

chinchorro

Por Alberto Medina Méndez

La política como actividad profesional ha instalado una serie de creencias hasta convertirlas en verdades irrefutables. La mayoría de ellas apuntan a que la sociedad incorpore la idea de que los políticos son imprescindibles protagonistas, necesarios participes y vitales intérpretes en su función de intermediarios entre las dificultades y las soluciones.

El paradigma central de ese dogma preferido por los políticos, es aquel que sostiene que son los gobiernos los que deben “solucionar los problemas de la gente”. Esta perspectiva, además de perversa y falaz, apuesta a la pereza ciudadana promoviendo la comodidad de ciudadanos que creen, genuinamente, que todos sus padecimientos son responsabilidad de terceros, de otros, de personajes que se empeñan en hacerlos desdichados.

En el marco de esa engañosa teoría, la política como sacerdocio y vocación, asume el heroico rol de ofrecer “alivios y remedios” para que la comunidad los apoye electoralmente y de ese modo deleguen esa agotadora gestión dejando todo en manos de políticos supuestamente eficientes que toman la posta para resolver cada inconveniente que los ciudadanos identifican.

La felicidad es un concepto subjetivo, individual, absolutamente personal, por el que cada ciudadano fija sus prioridades, gustos, preferencias y una escala de valores bajo la cual intenta alcanzar ese estándar sublime.

No existen garantías para ello. Esa búsqueda es permanente y siempre imperfecta. Lo que cada individuo intenta es lograrlo, pero no lo consigue con la frecuencia deseada, siendo invitado entonces a ajustar reiteradamente sus estrategias y tácticas para obtener la meta soñada. Por momentos lo consigue, pero sabe que ese bienestar es efímero y que pronto algo volverá a romper el equilibrio, obligándolo a un nuevo intento.

Imaginar que esas vivencias individuales pueden resumirse en una consigna única, común y universal, es un gran embuste. La política lo plantea porque si no implanta la visión del bien común, esa matriz genérica que sirva para todos, no puede operar y su existencia no tendría sentido. Y es así que desemboca en la mágica fórmula de “resolver los problemas de la gente”.

Resulta demagógico, pero al mismo tiempo muy simpático, sostener ese discurso que dice que la sociedad no es culpable de nada, que todo lo que le sucede es responsabilidad ajena y que la política se encargará de poner las cosas en su lugar para que de ese modo todos sean afortunados.

En realidad, los individuos deberían comprender que lograr ese progreso y felicidad depende de ellos mismos, que la tarea no es esperar que las cosas ocurran sino, justamente, hacer que sucedan.

Las personas prosperan, avanzan y consiguen ser felices, cuando gobiernan sus vidas y triunfan por sus propios méritos. Claro que están los que tienen suerte y que el contexto influye, pero eso no debe invitar a cruzarse de brazos y esperar que “otros” resuelvan los inconvenientes particulares.

La tarea es hacerse cargo, ser responsables del propio destino, ocuparse de uno mismo y también de sus respectivos entornos. Son los individuos los que deben accionar y organizarse cuando la voluntad individual no alcanza para cooperar y ejecutar cuando un tema les interesa.

Existen varias generaciones de ciudadanos que creen que los gobiernos deben proveerles trabajo, vivienda, alimentos, educación y salud, entre tantas otras necesidades. Están convencidos que se trata de una obligación de los gobiernos consagrarse a esos temas. Entienden que alguien debe pagar ese costo, y no son ellos, sino el resto. Por eso promueven la exigencia, y no apelan al esfuerzo personal como herramienta de cambio.

Ni los políticos, ni los gobiernos, están para quitar los obstáculos del camino. Nacieron con el objetivo de garantizar derechos a cada individuo, y asegurar a los ciudadanos la posibilidad de convivir en armonía, evitando que se quiten la vida, la libertad y la propiedad unos a otros a través de mecanismos inmorales y del tradicional abuso de poder.

Los políticos tendrían que poner sus energías en generar las condiciones para que sean los individuos los que puedan crear su propia felicidad a través de sus decisiones personales, asumiendo los riesgos derivados de cada determinación. La responsabilidad de la política es cerciorarse de que nadie inicie el uso de la fuerza contra otra persona y que si lo hace, esa actitud tenga consecuencias negativas que desestimulen un nuevo intento.

La política debe dedicarse a que los individuos tengan reglas de juego claras, transparentes, estables, con incentivos bien definidos, para poder en ese marco buscar su propia felicidad, y no pretender reemplazar a los ciudadanos en esa labor. La sociedad, por su parte, debe esforzarse, esmerarse, para que el resultado de tanto trabajo sea su mayor estímulo y para no caer en la trampa de asignar culpas para justificar errores propios.

La dirigencia se ha esmerado en instalar esta idea en la mente de todos. Cada ciudadano que cree en esa frase que dice que los políticos están para resolver sus dificultades, en algún punto, es porque prefiere descansar en esa mirada que tomar riesgos asumiendo sus éxitos y fracasos.

Es prioritario cuestionar el discurso de los políticos, el verdadero rol de los gobiernos, y la función del Estado en todas sus formas y jurisdicciones. Definitivamente, son los individuos los que deben encontrar atajos frente a cada conflicto, en forma personal cuando ese sea el ámbito, o también organizándose socialmente cuando el objetivo amerite un trabajo coordinado en equipo. Pero es bueno empezar a destruir aquel confortable slogan que afirma que son ellos los que deben solucionar los problemas de la gente. Lamentablemente esa visión es parte del discurso cotidiano y se ha constituido en el credo predilecto de los políticos.

albertomedinamendez@gmail.com

 

 

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Lo biométrico como “polibiología”

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 21, 2014

biométrico

 

Teódulo López Meléndez

 

Desconocemos si existe la palabra “polibiología”. Seguramente no, pero lo biométrico nos autoriza a inventarla, pues todos los diccionarios nos dicen es estudio estadístico de los fenómenos o procesos biológicos. De manera que llamar de tal manera a un método de control de consumo de alimentos (en latín captahuellas, en griego tarjeta de racionamiento) debe implicar una relación entre política y biología, algo así como un interés del Estado en examinar los procesos internos de los órganos de quienes habitamos en esta república desposeída.

 

Es el escape hacia adelante. Mientras el país se cae a pedazos en áreas vitales el régimen ratifica que el problema es el contrabando y una “guerra económica”, asuntos para los cuales recurre a métodos biométricos que bien pueden traducirse como abandono de toda racionalidad económica y persistencia en el “manual para activistas”.

 

Las advertencias han llovido desde todos los sectores, incluidos los afines al oficialismo, pero he aquí que de nuevo se nos plantea una “puesta a la orden” de los cargos del ejército de ministros con total sordera a las encuestas que muestran descenso creciente o a los análisis que señalan un agotamiento del tiempo para recurrir al pragmatismo.

 

El país, mientras tanto, traga grueso, traga sin masticar. Los “dirigentes” se resumen en profundidades como “queremos Maduro renuncie ante el pueblo”. Otros observamos como las redes sociales resultan inútiles para generar cualquier posibilidad de cambio, en un proceso regresivo de su antiguo esplendor de cuando la “primavera árabe” o desde los “indignados” europeos.  El país chancea frente a cada nueva turbulencia y lo hace desde una patética inercia que nos hace preguntarnos si los análisis biométricos serán capaces de revisarle estómagos e intestinos.

 

Frente a tal estulticia uno admite la existencia de extraterrestres, pero también la discusión sobre si son o no inteligentes o vuelve a recurrir a una necesaria Antología del Absurdo sin que ninguno de nuestros excelentes humoristas declare asumir la tarea. O vuelve a reclamar la presencia de la inteligencia del interior del país asumiendo una rebelión contra una clase política parasitaria, sin olvidar que hemos oscilado en esa propuesta, oscilación seguramente originada en el hecho de que llamar la atención del país sobre su inercia ya se hace tarea vana.

 

Con inusitada frecuencia vuelca una gandola en estas carreteras nuestras y resulta saqueada. Lo primero es lo extraño, lo segundo no, lo que nos hace recurrir a una perversa imagen asimétrica (al fin y al cabo uno se contagia con la métrica) para pensar que si este país se vuelca saqueadores no faltarán.

 

Una visión retrospectiva de nuestra ya larga historia nos indica que servirle al país es una de las tareas más difíciles, puesto que el país hace tiempo tiene el habito de renegar de quien quiere servirle. Momentos históricos, en alguna medida similares a éste, deben abundar, pero bajo un común denominador de pesadumbre: este país siempre ha sido una indefinición, entre otras variadas razones porque desconoce su pasado y carece absolutamente de memoria.

 

Dudamos si esperar por el “cambio de gabinete” para escribir esta expiación semanal, pero nos asalta el enroque como medida defensiva en el ajedrez –aunque esto sea en verdad una partida de damas chinas- y las sabias palabras del gran maestro cubano Capablanca cuando indicó la vida era muy corta para pasársela jugando ajedrez.

 

Confiemos, pues, en la capacidad biométrica de suplantar insumos en hospitales y productos en las estanterías de los supermercados, dado que los alfiles (léase ministros) cabalgan sobre los peones y el Rey no se da por enterado de la eventualidad de un jaque. El día del envío de este artículo carece de interés. Al fin y al cabo las cuentas y mediciones sobre el cuerpo social hay que hacerlas con ábaco, como en la antigua Mesopotamia.

 

tlopezmelendez@cantv.net

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Marina Silva, el revolcón

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 18, 2014

Audio de Teódulo López Meléndez

Marina Silva 2

 

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El país desalmado

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 15, 2014

desalmado 1

Teódulo López Meléndez

El trágico accidente aéreo que costó la vida al candidato presidencial de los socialistas brasileños Daniel Campos nos mostró a un país. La conmoción fue total, desde la gente en la calle hasta los más conspicuos líderes políticos, desde el gobierno hasta sus adversarios. La campaña electoral fue suspendida de inmediato y la presidenta declaraba duelo nacional.

En suma, un país. Uno recuerda a los ilustres venezolanos fallecidos sin que un acuerdo de duelo haya sido emitido e, incluso, hasta las celebraciones poco disimuladas por la muerte de un adversario o los deseos de fallecimiento para otros. Esto es, un país que transcurre su drama desalmadamente.

Nos hemos echado a perder como país. Hemos sustituido la humanidad propia de un conglomerado que se sabe tal por una especie de incordia incontrolada. La siembra artificial del odio entre venezolanos, la caracterización de una falsa lucha de clases y la conversión de la política en batalla sin escrúpulos pesará a largo y hará difícil el reencuentro de la unidad nacional y el retorno a un juego político civilizado.

Cierto el mundo no anda bien. Las matanzas indiscriminadas y las guerras civiles con ribetes religiosos, la inestabilidad del Oriente Medio, el irrespeto por la vida mujeres y niños no combatientes, son características que signan al año en curso. En el escenario de nuestro continente vemos los intentos de pacificación de Colombia, de una Colombia con más de medio siglo de violencia, un esfuerzo q conllevaría a proclamar a nuestra América como libre de combates intestinos y no sin pesar la incomprensión fatal de un sector de sus actores políticos.

El mundo sigue en su drama: lo viejo no se muere y lo nuevo no termina de nacer o, si se quiere, los conflictos asemejan a un vertiginoso regresar de épocas históricas indeseables. En Venezuela hemos tenido violencia y muerte sin que haya degenerado en un conflicto total, uno que, sin embargo, no podemos borrar del escenario por arte de magia. Los síntomas son de descomposición social. Baste mirar a la criminalidad con los cuerpos que aparecen descuartizados o lanzados a autopistas y ríos. Se mata sin necesidad alguna al objetivo del delincuente de apoderarse de los bienes ajenos, pero también -se constata en la obviedad de las noticias- por encargo, por eso que llaman sicariato.

Los índices que nos colocan en los primeros lugares de la criminalidad mundial muestran una ruptura de todo freno que incluye desprecio total por la vida humana. Se han roto los diques. Han caído las paredes de los embalses.

Sin embargo, lo que los venezolanos llamamos con la generalidad “inseguridad” es sólo un aspecto del drama. Lo más profundo es que no vemos futuro aceptable, lo que fuerza a la emigración, al desconsuelo o al encierro preventivo. Los venezolanos solo recibimos mentiras, acrobacias, desparpajo, distracciones, obra bufa. Los actores de nuestra vida pública muestran rutilante incapacidad para abrir vías a las posibilidades, a perspectivas que hagan de la gran enfermedad nacional llamada pesimismo una curable o desterrable.

Los venezolanos se mueven en el lamento, en el lanzar su disconformidad como forma de alivio, sin que se apresten al rescate de un entorno civilizado dentro de lo fáctico de un mundo revuelto. Siguen ahogándose en paradigmas agotados, en formas políticas del pasado, en la construcción de liderazgos superfluos.

Por supuesto que el país tiene tiempo mal, no es una novedad, la novedad –si es que la palabra cabe- es que sus pesares se acentúan y comprueban que los países no tienen fondo cuando van en barrena dado que siempre puede ser peor. Es obvio que la principal responsabilidad la tienen quienes ejercen el poder, más aún cuando se dedican al pregón de una felicidad inexistente o al abuso permanente de la propaganda para tapar su ineptitud. Es también obvio que la responsabilidad es de toda una clase dirigente sin respuestas. Cuando eso sucede corresponde al cuerpo social asumirse, pero este parece desencajado y maltrecho como para aprestarse a tal tarea.

tlopezmelendez@cantv.net

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El anhelo, el esfuerzo y el cambio

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 11, 2014

anhelos

Por Alberto Medina Méndez

Todas las sociedades aspiran a vivir mejor. Hablan de progreso, sin aclarar que el deseo no alcanza. Tampoco sirve demasiado repetirlo hasta el cansancio y llenarse la boca de discursos grandilocuentes para que se convierta en realidad. Hace falta bastante más que eso.

Para conseguir triunfos extraordinarios hace falta mucho más que una retórica elaborada. Se precisa pasar a la acción, llevar adelante esfuerzos incansables, prolongados en el tiempo, con una constancia a prueba de todo y esa perseverancia propia de quien tiene convicciones profundas, virtudes que no abundan a la hora de construir un vida en comunidad.

Es importante comprender que las ganas y el sacrificio tampoco garantizan los resultados esperados. Es que las ansias son necesarias y el esfuerzo es vital, pero son las ideas correctas las que hacen la diferencia. Si el rumbo seleccionado no es el adecuado, esa inmensa labor será inconducente.

Es allí donde claramente las sociedades contemporáneas no parecen encontrar el camino. Es saludable intentar entender como se produce esa secuencia de acontecimientos que configuran la realidad. Si se cree que todo ocurre por mera ventura divina, pues entonces, habrá que concluir que no vale la pena hacer mucho, ya que lo que viene, no depende del accionar de los hombres sino de la intervención celestial. En ese caso, parece mejor esperar que lo bueno aparezca y agradecer a Dios cuando ello suceda.

Para otros solo se trata de tener un poco de suerte, o al menos de evitar los sinsabores de la mala fortuna. En esas circunstancias, tampoco tiene sentido hacer demasiado. El futuro depende, desde esa perspectiva, del azar y entonces esmerarse no parece muy inteligente.

No falta nunca ese grupo que atribuye los descalabros y las crisis a las conspiraciones, a la participación deliberada y la actitud despiadada de confabuladores seriales que se ocupan de que todo resulte pésimo. Bajo esas reglas, no amerita hacer esfuerzo alguno. Después de todo, las fuerzas del mal son exageradamente poderosas y no fracasarán jamás.

Todas esas miradas invitan, directa o indirectamente, a la pasividad, a esperar, a cruzarse de brazos, a actuar como simples espectadores y por lo tanto renunciar al protagonismo, al trabajo y a hacer todo lo necesario para que el mañana sea distinto y no una mera proyección del presente.

Ahora, si se comprende que son los ciudadanos los que toman decisiones y son ellos los que hacen que las cosas sucedan, y que su participación incide, de algún modo, en su destino, pues en ese caso es central repasar que es lo que se debe hacer para que algo novedoso ocurra.

Queda claro que lo que se hace hoy es insuficiente. Es evidente que las ideas que se han defendido hasta aquí producen esto que se conoce como actualidad y por lo tanto se trata de construcciones intelectuales que han demostrado su absoluta ineficiencia, siendo más de lo mismo. De lo contrario no se podría convivir con tanta inseguridad, corrupción, injusticias, manipulación del poder y cuanta perversidad deambule por estas tierras.

Muchas veces, la sociedad no logra vincular los hechos y prefiere creer que con soñar alcanza. Es importante tener un norte como herramienta motivadora, porque estimula a tomar las riendas. Pero es falso suponer que solo por quererlo, todo ocurrirá favorablemente, como por arte de magia.

El deseo precisa de una acción decidida, de un impulso enorme, perseverante y sistemático. La historia reciente solo muestra espasmos que, como tales, se agotan en sí mismos, sin haber conseguido su meta por falta de profundidad, paciencia y claridad conceptual.

Cuando la victoria no aparece en forma automática, la ansiedad hace de las suyas y entonces todo vuelve a cero, con el agravante de que la desilusión y la desesperanza instalan la visión de que es imposible lograr algo positivo.

Hablar de esfuerzo, no es apuntar solo al sacrificio que implica esmerarse, sino también a pagar los costos derivados de los objetivos pretendidos. Nadie consigue grandes cosas sin tropiezos. Los logros muchas veces vienen de la mano de colosales renunciamientos. Es probable que muchos no estén dispuestos a hacerlo y eso explique en buena medida lo que pasa.

Si el deseo es potente y el esfuerzo constante, pero las ideas son las incorrectas, todo fracasará. Para ser optimistas hay que anhelar con entusiasmo, prepararse para hacer un esfuerzo gigante, pero además estar absolutamente dispuestos a cambiar, a dejar de lado los sistemas equivocados para reemplazarlos por las que han demostrado su éxito.

Los paradigmas con los que se analiza la realidad son determinantes. Si ciertas ideas no se reemplazan por las diametralmente opuestas, pues no habrá esfuerzo ni ganas que consigan algo interesante. Elegir el rumbo inadecuado conduce invariablemente a un fracaso predecible.

Todos los países son optimistas respecto del porvenir. Saben que recorren una coyuntura, pero también que esa circunstancia tiene fecha de vencimiento. Tienen esperanzas respecto de lo que viene, y confían en que todo será mejor. Pero ese pronóstico será el correcto solo si se comprende el vínculo profundo que existe entre el anhelo, el esfuerzo y el cambio.

albertomedinamendez@gmail.com

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Los calorones de agosto

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 8, 2014

calorón 1

 

Teódulo López Meléndez

 

Se puede aparecer en pantalla convirtiendo una precaución en una obra de envergadura para los barrios. Otra cosa no sucedió en la pasada cadena de radio y televisión del jueves efectuada por Maduro. Bajo la apariencia de retomar el proyecto Barrio Tricolor, nombrado por enésima vez, se ocultó la creación, o el intento de creación, de una barrera protectora contra eventual “pérdida de paciencia” de los sectores populares.

 

Lo que se mostró, -con maquinaria, factores ideológicos, premisas de desarrollo- no fue más que un plan de seguridad disfrazado de proyecto de cirugía urbana. El acompañamiento de un trato, que no sabríamos como calificar, al aumento anunciado de la gasolina, hace más evidente lo señalado. Ahora no es necesario ese aumento, es un simple correctivo que deberá tomarse, pero puede ser en dos o en diez años.

 

Por si fuera poco, Maduro elogió al general encargado del proyecto por lo que llamó esfuerzo sobrehumano de recorrer lo que llaman callejones en tiempo récord, como si esa misión no hubiese sido anunciada hace meses y de repente había que recurrir a esfuerzo extra, a prisa inaudita, a carrera contra el tiempo.

 

Estos elementos por tratar de convertir una medida de seguridad en una acción gubernamental de aparente asistencia a los sectores de las barriadas populares pasó a ser un aquelarre. A todo el que siguió la cadena con ojos atentos, quiere decir casi nadie, le quedó patente un tablero con todas las alarmas encendidas. El gobierno está más que nervioso por el eventual comportamiento de los pobres que dice defender y encarnar.

 

Recordemos que el inefable presidente había anunciado previamente la adquisición de nuevos equipos represivos para “combatir terroristas” y que en las redes sociales había corrido la versión –cuya veracidad desconocemos- de muy especiales convocatorias a la Guardia Nacional para mirar a los nuevos y eventuales escenarios.

 

Conjuntamente el superpoderoso Rafael Ramírez había anunciado que nuestra empresa en Estados Unidos, CITGO, estaba a la venta a quien realizase la oferta conveniente, en un paso acariciado años atrás por razones ideologizantes, y ahora reforzado por falta de efectivo y por compromiso con China de elevar nuestra cuota de suministro petrolero. Es obvio que ello equivaldría al abandono del mercado norteamericano, en una acción de alto riesgo.

 

Es tal la complejidad del mundo en estos momentos, y sobre todo en los que están por venir, que cualquier acontecimiento en Venezuela no entraría en la primera página de quienes andarían muy ocupados con sus propios dilemas. Tenemos a un gobierno nervioso y una economía colapsada. La preocupación del gobierno es notoria como patética, pero nadie, aparte de los íntimos del régimen, parece, fuera de él quiero decir, estar haciendo un seguimiento a los temblores, ocupados como andan en las maniobras secundarias para mantenerse vigentes y frente a un país que, como hemos dicho hasta el cansancio, se ocupa de las minucias sin percibir las alarmas de tsunami.

La cadena fue realizada sin ninguna explicación de las razones por las que se suspendía el viaje de Maduro a la toma de posesión de Santos y exactamente a la misma hora, como para reforzar la tesis de una tranquilidad conventual. El que quedó muy mal fue el sempiterno Uribe que había alegado tal presencia como excusa para producir el hecho histórico de que por vez primera en la historia de Colombia una oposición no asistía a una toma de posesión presidencial. Pero fuera de los actos en Bogotá hay que explicar que la reunión sostenida días atrás en Cartagena de Indias no era justificativo para la inasistencia, dado que estos actos sirven para ver a docenas de mandatarios extranjeros y representantes de alto nivel de los organismos internacionales.

Este ha sido un agosto, y sigue siendo, uno muy particular, uno en el cual el régimen asegura no haber visto nunca antes tantos alegres viajeros, cuando IATA advierte Venezuela se acerca al aislamiento aéreo y la gente hace las más espectaculares conexiones para tratar de ver a sus familiares emigrados, número in crescendo como es fácil advertir. Agosto tiene calorones.

tlopezmelendez@cantv.net

 

 

 

 

 

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La contribución de los incondicionales

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 4, 2014

incondicionales

Por Alberto Medina Méndez

 

Existe un grupo de individuos que actúa en forma inorgánica, espontánea y hasta genuina. Se trata de los incondicionales. Son personajes que defienden todo lo que hace su circunstancial líder. Se pueden inmolar por él y no importa lo que diga o haga, ellos lo avalan con un cheque en blanco.

En estas latitudes, esa modalidad tiene mucho vínculo con el personalismo y es el presidencialismo como sistema político, el que mejor lo representa. Estos intransigentes sujetos no protegen un sistema de ideas. En realidad, apoyan a un dirigente político, al que endiosan, atribuyéndole talentos sobrenaturales, condiciones inigualables, que poco tienen que ver con la indiscutible imperfección humana.

Aplauden a su guía político sin importar demasiado sus argumentos ni propósitos. Convierten todo en positivo, inclusive los inocultables defectos, esos que critican en otros, pero que festejan en su ídolo cuando los usa.

Le asignan virtudes que no tiene, multiplican sus eventuales éxitos y minimizan sus evidentes fracasos. Cuando el jefe acierta, recuerdan que sus planes fueron perfectamente diseñados, y cuando algo sale mal, especulan con conspiraciones que sus enemigos prepararon contra su brillante idea.

Es pertinente aclarar que no conforman la nómina de incondicionales los eternos hipócritas del sistema, esos que estando rentados “alquilan” su opinión favorable a cambio de una oportuna compensación económica.

La referencia no apunta a esa categoría en la que se enrolan los empresarios prebendarios, esos que reciben favores del poder, ni tampoco a la de los militantes mercantilizados, los que sobreviven gracias al sueldo o los interesantes contratos que les provee su ocasional amo político.

La alusión de incondicionales es solo para aquellos, que sin depender económicamente de los beneficios que distribuye discrecionalmente el poder, amparan incansablemente cada decisión del gobernante.

Estos fanáticos razonan de un modo muy particular. Su conclusión sobre lo que ocurre, es siempre independiente de las premisas. Saben de antemano que su cabecilla tomará la decisión adecuada, no importa cuál sea la estrategia ni el tema en cuestión. Si el caudillo selecciona una orientación definida, la aprueban y si prefiere exactamente la opuesta, también. En ambos casos su tarea consiste en construir argumentos que expliquen todas las posturas posibles, inclusive las antagónicas.

Ellos no resguardan una ideología determinada, de hecho las detestan, aunque les deslumbra la posibilidad de rotularse con generalidades que parecen simpáticas por su aceptación, pero que no dicen demasiado.

Los amantes de lo absoluto, pululan por todas partes. Aparecen muy frecuentemente en los medios de comunicación pero también en las redes sociales, aunque discuten en cuanto ámbito se les presente.

La adulación sistemática, la alabanza indiscriminada, no es racional. Nadie es perfecto. Todos cometen errores. No existe excepción para esta regla universal, al menos cuando de la especie humana se trata. Defender a alguien sin admitir desaciertos es ir contra el más elemental sentido común.

No se ayuda a quien se respeta validándole absolutamente todo, mucho menos celebrando la universalidad de sus actos. Al contrario. Al no señalarle sus errores, se lo invita a repetirlos, profundizarlos e ignorarlos. Y es así, que las supuestas ventajas de lo hecho se van desdibujando hasta finalmente deslegitimarse por sí mismas, cayendo por su propio peso.

Los incondicionales, no eran así. No respaldaban todo sin criterio. Solo elogiaban lo que consideraban correcto y alineado con su visión personal. Pero han mutado su actitud, exacerbando su estilo, con mucho de intolerancia, girando sin necesidad hacia el fundamentalismo, solo porque les molesta la crítica, esa que consideran injusta y desproporcionada. Desprecian al adversario y por eso marchan disciplinadamente detrás del mandamás, solo para denostar a sus tradicionales rivales.

Creen que colaboran con el régimen combatiendo a los contrincantes naturales de su referente. Suponen estar haciendo un valioso aporte a la causa con ese combate intelectual, sin advertir cuanto se equivocan.

No solo no se han dado cuenta de lo patético e indigno de su postura, sino lo absolutamente ineficaz e insostenible que resulta esa dinámica. Tampoco se percataron del escaso favor que le hacen a sus supuestos ideales.

El ciudadano promedio es sensato. Puede ser engañado durante algún tiempo, pero no siempre. Las posiciones extremistas, esas que defienden lo que sea, son distinguidas con claridad por la gente moderada y menos apasionada. Solo terminan expulsando a quienes en realidad tienen coincidencias generales, pero logran comprender que no pueden acompañarlo todo, ciegamente y a cualquier costo.

El ocaso empieza en algún momento. La caída del régimen tiene escalones y su declinación se visualiza progresivamente. En esta etapa, la de la pendiente hacia abajo, el final de la historia no lo aceleran necesariamente los hechos políticos, sino justamente el accionar de quien lidera el proceso. Pero nada de eso podría lograrse sin la contribución de los incondicionales.

albertomedinamendez@gmail.com

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La lámpara de Diógenes

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 2, 2014

 

Diógenes

 

Teódulo López Meléndez

 

No se trata de personas. Se trata de conceptos. No puede desafiar quien busca cuotas. Desafía el que busca al país todo.

 

El impoluto consensa intereses extraviados. El desafiante reta a mirar distinto.

 

Aquí no se trata de mediadores mesurados conservadores del estatus. Aquí se trata de romper en procura de un cambio histórico.

No se trata de acomodar intereses contrarios con guantes de seda. Se trata de empujar a una nación hacia un nuevo estadio.

 

Lo que el país requiere no es un impoluto mediador. Es un desafiante de la voluntad ciudadana.

 

Lo que el país requiere no es acuerdo para presentar candidatos sino para presentar el país posible.

 

Lo q el país requiere no es una alianza con fines electorales. Es una convergencia ciudadana hacia el país. En un drama nacional se busca broten todas las tesis y se enfrenten. En un acomodo se requiere el apaciguador que consuela.

 

Desafiar a un país se topa con la incomprensión. Hacerle carantoñas a un país tiene aquiescencia. La incomprensión es parte del desafío.

 

No se requiere al acomodador que pone cojines para evitar se rocen los ambiciosos. Lo q se requiere es sacarlos del teatro.

 

No se requiere de “unidad” como chantaje ni “pega loca”. Se requiere una insurgencia nacional que rompa el presente.

Moverse por ambición de poder es exactamente contrario a la posibilidad de gobernar y hacer viable un destino.

El país se queja. El país no se asume. El país exorciza. El país no construye. El país en la minucia. El país no visualiza futuro.

Cada vez que veo la exigencia de transformación de la MUD me pregunto cuando los dinosaurios se hicieron aves. Si bien hay novedosas teorías científicas al respecto por análisis comparativos de los esqueletos de unos y otras persiste la duda sobre los miles de años que tal evolución requirió.

Estos días de acomodos de poder, de preparación de escenarios para la obra de mañana a uno lo asalta Diógenes de Sinope, Lo imagina en su tonel, sin olvidar sus antecedentes de falsificación de monedas junto a su padre, dado que, al fin y al cabo, a eso se le atribuye su dedicación a la filosofía. Con su habitual agudeza Platón lo describió como un “Sócrates delirante”. Sólo portaba un manto, un zurrón, un báculo y un cuenco y su maravillosa lámpara con la que buscaba a un hombre honesto. La historia de la filosofía no nos da cuenta si encontró a alguno.

Lo único que sí se sabe es que un día en las callejuelas de Atenas Diógenes vio a un niño recogiendo agua con las manos y le regaló el cuenco. Es posible que el fuego de su lámpara lo haya llevado al agua.

Jamás escribió una línea. Practicaba con el ejemplo. No deja, por esto último, de ser curioso que haya logrado la inmortalidad.

tlopezmelendez@cantv.net

 

 

 

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El peligroso 2014

Posted by Teódulo López Meléndez en julio 29, 2014

Audio de Teódulo López Meléndez

peligro 2

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La persistencia de los paranoicos

Posted by Teódulo López Meléndez en julio 28, 2014

paranoia

Por Alberto Medina Méndez

El debate político es habitualmente apasionante. No se trata de un entretenimiento o de un simple pasatiempo como cualquier otro, ya que de su desarrollo y acciones dependen, en buena medida, muchas de las decisiones que impactan fuertemente en la vida cotidiana de las personas.

Esa batalla cultural, donde las ideas compiten con la intención de lograr mayor aceptación general, inspirar a los gobernantes e influir en el discurso que regirá el destino de los individuos, tiene una diversidad casi infinita.

Sin embargo, en este casi inagotable universo de visiones, un caricaturesco grupo humano, minoritario pero grandilocuente, que se hace notar en cuanta oportunidad dispone, es el de los eternos predicadores que sostienen que la humanidad toda vive bajo la constante amenaza de un gran complot.

Su teoría general se apoya sobre la base de que un conjunto de individuos, que tienen perversas intenciones, se reúnen a diario para confabular, construyendo así una enorme conspiración que busca, por diferentes medios, destruir todo a su paso, para apropiarse del poder mundial.

Esa retorcida visión de la vida tiene plena convicción sobre la existencia de un nuevo orden mundial que se edifica día a día, silenciosa pero tenazmente, con el objetivo de conseguir que triunfen las fuerzas del mal.

Según el perfil del interlocutor que plantea estos dislates, la facción a la que circunstancialmente pertenece o la inclinación doctrinaria que asume, sus adversarios pueden tener múltiples facetas y procedencias.

Estos exóticos miembros de la sociedad provienen desde dispares sectores. Pueden ser nacionalistas, ultraconservadores, fanáticos religiosos o militantes de la izquierda más fundamentalista.

Unos y otros se inspiran en similares frases hechas, casi siempre panfletarias. Su argumentación es invariablemente superficial, bastante vacía pero con mucho componente  místico y con más retórica que seriedad. Sus prejuicios no tienen nunca explicación adicional alguna. Son como dogmas los que en realidad sostienen sus elucubraciones sin asidero.

Pese a la heterogeneidad de los orígenes ideológicos, existen rasgos comunes en ese andamiaje argumental. Todos ellos coinciden en asignarle responsabilidades respecto de lo que sucede en el presente, a las corporaciones ocultas, esas que administran el poder desde las sombras.

En general, sus enemigos son absolutamente anónimos y no tienen rostro. A lo sumo pueden identificar a algún poderoso al que señalan como la cabeza visible de esa cofradía. De hecho, buena parte de su esquema de razonamiento, plantea que esos movimientos tutelan el poder desde la clandestinidad, compartiendo así atributos comunes con las sectas secretas, lo que abona con creces al pretendido paradigma de lo temible.

Los contrincantes elegidos como parte de este pérfido juego intelectual son de una gran diversidad y originalidad. Muchos se inclinan por las cuestiones religiosas. Son los que apuntan como culpables, al sionismo internacional, cuando no, un poco mas audazmente y en forma políticamente incorrecta, a los judíos en su totalidad, siempre vinculándolos a los intereses económicos que están detrás de la guerra y el capital financiero.

Otros apuntan a temas más desconocidos, aprovechando la ignorancia reinante y entonces acusan de conspiradores a la masonería. Lo enigmático que rodea a las logias, ha convertido a ese planteo en uno de los preferidos por estos personajes que viven perseguidos por ilusiones inconsistentes.

No faltan tampoco los que creen que el comunismo, prepara su arremetida final desde el marxismo más intransigente, siempre asociado a su ateísmo implícito y demonizándolo por esa conjunción de visiones aberrantes desde la perspectiva del denunciante serial.

Otra tendencia, tal vez la que más adeptos exhibe, se inclina por las corporaciones económicas que controlan el mundo, las multinacionales siempre funcionales al capitalismo salvaje. En esa misma sintonía, quedan relacionados los servicios de inteligencia, sobre todo los de ciertos países. Inevitablemente en esa ficción aparecen la CIA y la Mosad, pudiendo sumarse otros para magnificar el tamaño de la confabulación.

Un párrafo aparte merece la más esotérica de las suposiciones, esa que anuncia el conjuro planetario universal. Es que los extraterrestres, pueden ser también protagonistas de ese mundo de fantasía que imaginan estos sujetos que no tienen límite alguno a la hora de delirar con sus cavilaciones.

Es difícil establecer un dialogo racional con estos comediantes del debate político. Una cosa es plantear cuestiones racionalmente demostrables, aunque sean opinables y otra es discutir en el ámbito de las elucubraciones que se sostienen en espejismos cuyos únicos cimientos son las divagaciones de sus apóstoles de turno. Hay que evitar enredarse en discusiones eternas con estos enajenados, aunque resulta saludable confrontarlos en el terreno del intercambio de ideas para dejarlos en evidencia y así limitar el impacto de sus disparates. Lo que se debe recordar es que ellos son fieles exponentes de la persistencia de los paranoicos.

albertomedinamendez@gmail.com

 

 

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Centenario de la primera Gran Guerra

Posted by Teódulo López Meléndez en julio 27, 2014

 

Audio de Teódulo López Meléndez

Primera Guerra 1

 

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