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(*) Por Andrés Moreno Arreche
RESUMEN:
s inevitable volver a las fuentes conceptuales. Aún para quienes se consideren expertos en cualquier materia o asunto, es conveniente refrescar conocimientos básicos, un ritornelo particularmente útil cuando se manejan conceptos y acepciones más bien recientes, como lo son la Teoría del Caos Social y su novel corpus propositivo. Volver es encontrarse de nuevo con la idea esclarecedora y en este caso con el concepto de ‘controlentropía’.
Allá lejos, en el primero de estos ensayos esgrimimos la definición del Vórtice Social como un proceso cíclico, dinámico, producto de una realidad, irregular y discontinua que se puede explicitar en sub fases, y aseguramos entonces que esas fases son cuatro: Controlentropía, fase entrópica, caos y negentropía. La primera fase es, en esencia, de auto organización social, está integrada por aquellos procesos que el sistema utiliza para controlar los mecanismos reductores de la entropía y su consecuencia: El caos.
Junto al miedo y al odio, la mentira se constituye en una de las herramientas más poderosas para la reducción de las entropías sociales, porque la mentira cohesiona a las poblaciones alrededor de un auto de Fe, en torno a las esperanzas manifiestas o tácitas que promueve un líder o la institucionalidad, y porque las masas siempre estarán más dispuestas a probar una y otra vez la miel empalagosa de una mentira que a tragarse el bocado seco de una verdad dolorosa.
¿Cuáles son los antecedentes literarios, psicológicos e históricos de la mentira como función ‘controlentrópica’ en la sociedad? ¿Cuál es el ‘protocolo operativo’ funcional de la mentira? ¿Existirá un ‘punto de saturación’ a partir del cual la mentira pierde efectividad y poder para generar energía cinética en los conglomerados? Y si la respuesta a esta última interrogante es cierta ¿Cómo se identifica ese punto? ¿Cómo se valida? Vamos a averiguarlo investigando cómo la mentira se transforma en una controlentropía social; luego abordaremos la Teoría del Engaño y su protocolo operativo, para finalmente entrar en la estructura de la persuasión y desembocar en La Mentira como reductor de las entropías.
1. La mentira como función controlentrópica social
Referentes fisiológicos:
Con técnicas de resonancia magnética funcional se ha demostrado que hay mayor actividad cerebral en los momentos en que se miente, pues se activan las regiones pre-frontales, las más desarrolladas en los humanos. Mentir, entonces, supone un mayor esfuerzo creativo.
Sean Spence, investigador de la Universidad de Sheffield, publicó un trabajo que describe los correlatos neurológicos del mentir, donde probó la mayor activación de estas áreas pre-frontales.[1]
Adrian Raine [2] un psicólogo de la Universidad de Southern California encontró que los mentirosos patológicos tienen en promedio más materia blanca en la corteza pre-frontal, que es el área que más se activa durante la mentira que en personas que no son mentirosos en serie. La materia blanca del cerebro capacita para el pensamiento rápido, mientras que la materia gris lo inhibe. Raine afirma con estudios en mano que la combinación de extra materia blanca y menos materia gris podría dar la mezcla correcta de los rasgos para hacer más mentirosas a las personas.
Esta es, por tanto, la primera diferencia fisiológica que se ha descubierto entre mentirosos patológicos y la población general. Así, los mentirosos patológicos constituirían un grupo fisiológicamente diferenciable, que sistemáticamente manipulan, mienten y usan alianzas para obtener ganancias o placer personal. Las personas con menos materia gris (pero con más de la ‘blanca’) tienden a romper las reglas y se cuidan menos de cometer transgresiones morales.
Estos estudios también explicarían por qué para los niños autistas es muy difícil mentir pues desarrollan un sexto de la materia blanca en su cerebro en comparación con niños normales de sus mismas edades.
Los estudios también comprobaron algo de lo que se venía hablando informalmente entre jugadores profesionales de póker y en algunos círculos del teatro profesional: A los mentirosos les resulta más fácil suprimir las emociones, como la ansiedad y el impulso automático a decir la verdad.
Otro estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Pensilvania lo ratifica: demostró que el cerebro siempre está listo para decir la verdad y que para mentir precisa organizarse. Esta fue una de las conclusiones del estudio:
“Nuestra materia gris tiene que hacer un trabajo extra cuando va a engañar: se activan zonas del córtex frontal (que desempeñan un papel en la atención y concentración), además de otra área del cerebro responsable de vigilar los errores.”
Surge, entonces, la pregunta ¿Qué pasa en esa región del cerebro? La respuesta la tiene la doctora Cristina Besada[3], jefa de Neuroradiología del Hospital Italiano en Buenos Aires, Argentina:
“El lóbulo frontal es el más desarrollado en el humano frente a los otros seres vivos, el que más crecimiento tuvo y el más grande, donde están muchas de las funciones superiores. Si le pido a alguien que diga palabras que empiezan con tal letra, aunque no la digan, el pensamiento activa esa zona”.
Desde el punto de vista de la neurología, “… la falta de habilidad para decir una mentira es anormal”. Esto lo afirma el Dr. Facundo Manes, director del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) y del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro.
“Conocer la verdad para poder eludirla y construir el embuste es todo un esfuerzo. Para mentir se precisa inteligencia”, afirma Andrea Tagliacarne [4], profesor de filosofía y autor del libro “Filosofía de la Mentira“.
“Para mentir se precisa inteligencia. De entrada, supone el conocimiento de la verdad. Luego, la mentira tiene una estructura más compleja, de tipo teatral. Supone entender la expectativa de quien la escucha, entrar en la mente del interlocutor. En este sentido, el mentiroso no sólo es un expositor de hechos, sino un creador”.
Referentes filosóficos:
En una breve revisión de los inicios de la filosofía, se descubre el interés por la preocupación del conocimiento, interrogándonos sobre los aspectos fundamentales de la existencia y la experiencia. La filosofía propone ver que tan lejos es capaz de llevarnos la razón, preguntándonos sobre la naturaleza de la percepción, la experiencia y el entendimiento humano, es decir, la esencia última de todo aquello que existe, (Ontología) y cómo después de todo, podemos conocer, (Epistemología).
Pero es en la epistemología moral de las religiones (en este caso, de la religión católica, apostólica y romana) donde más se abunda en definiciones y acepciones de la mentira como concepto filosófico de la transgresión a la verdad y sinónimo de pecado. Aquí, la filosofía de la mentira transmuta en una moral de la verdad asociada a una particular categorización de la mentira, clasificación que hace referencias sostenidas a Santo Tomás y San Agustín, como se podrá evidenciar de seguidas en este resumen sobre la mentira en el ‘Compendio Moral Salmaticense:
“Prohibiéndose también la mentira en el octavo precepto del Decálogo ¿Qué es mentira? Es: Studiosa locutio contra mentem; porque el mentir es propiamente contra mentem ire. Por locución se entiende al presente cualquier manifestación de la mente, sea con palabras, señas, o acciones. ¿En qué se divide la mentira? Comúnmente se divide en material tantum, en formal tantum, y en material y formal simul, según que ya queda dicho del falso testimonio. Divídese también la mentira según su propia esencia en ironía y jactancia. Ironía es: Dicere minora quam debet; como si uno calla de sí algunas cosas laudables. Jactancia es: Publicare de se majora quam habet. Uno y otro es mentira; bien que el decir de sí menos de lo que es, puede ser verdad y laudable, haciéndolo por no manifestar todo lo bueno que tiene. Véase Santo Tomás 2. 2., q. 109, art. 4 y q. 110, art. 2. Divídese también la mentira ex parte finis en jocosa, oficiosa, y perniciosa. La jocosa se dice causa ludi. La oficiosa causa utilitatis, y la perniciosa causa nocendi alteri, o con daño propio o ajeno. A esta división se reducen las ocho que hace San Agustín de la mentira libr. De mendac. cap. 14, porque toda mentira, o es jocosa, u oficiosa, o perniciosa.
¿Es lo mismo decirle a uno que es falso lo que habla, que decirle que miente? No porque puede uno decir falsedad sin culpa, pensando ser así lo que dice, o refiriendo lo que ha oído; pero mentir no puede hacerse sin culpa. Por esta causa el decirle a un religioso grave, o a otra persona de honor, que miente, es grave contumelia; mas no lo es el decirle, que es falso lo que dice; bien que hablar de este modo a un Prelado o Superior, sería una audacia reprehensible, y una mala crianza.
¿Es pecado toda mentira formal? Que lo es; porque se opone a la verdad, y es intrínsecamente mala, sin que pueda prescindirse de su malicia. La cosa es indubitable, y así no nos detenemos [626] más en comprobarla, como ni en responder a los argumentos que se suelen poner en contra.¿Es toda mentira culpa grave? Que no; porque la mentira jocosa, u oficiosa no es culpa mortal, aunque la diga un religioso o un Obispo, a no causar grave escándalo. La perniciosa será grave, o leve, según fuere el daño que causare; y de esta mentira habla la Sagrada Escritura, cuando se dice en ella: Os quod mentitur occidit animam; y perdes omnoes, qui loquuntur mendacium, es a saber; de la mentira perniciosa grave. S. Tom. 2. 2., q. 110., art. 4., ad. 1.
¿Qué es simulación? Es: Quodam mendacium in exterioribus factis vel signis consistens. Se opone a la verdad, que manda se muestre uno en lo exterior, cual es en lo interior, como advierte Santo Tomás 2. 2 , q. 111., art. 1. Es por lo mismo pecado, por ser lo mismo mentir con las palabras, que con las acciones, o señas. Y así el que se simula pobre, docto, o noble, para conseguir la limosna, el grado, o la dignidad, pecará según la gravedad de la materia. Mas aunque la simulación sea regularmente viciosa, se podrá usar de ella, interviniendo justa y honesta causa: y por eso es lícito, con ella, usar el hombre de vestido de mujer y al contrario.
¿Qué es hipocresía? Es Simulatio seu fictio sanctitatis aut virtutis. No es siempre pecado grave, sino cuando es gravemente perniciosa, como queda dicho de la mentira; pero será siempre a lo menos culpa leve. No es crimen de hipocresía, el que aquellas que profesan estado de perfección, oculten algunos pecados en que cayeron, haciéndolo para evitar el escándalo; pues supuesto el pecado, antes es conveniente encubrirlo, para que el prójimo no se escandalice. Así lo advierte Santo. Tomás en el lugar citado, art. 2, ad. 2.
En varios pasajes de las obras de Nietzsche[5], pero sobre todo, en su pequeño escrito “Sobre Verdad y Mentira En Sentido Extramoral” [6] (que vio la luz como texto póstumo en 1903), aclara que la fuente original del lenguaje y del conocimiento no está en la lógica sino en la imaginación. En la capacidad radical e innovadora que tiene la mente humana de crear metáforas, enigmas y modelos, y así, para Nietzsche, el edificio de la ciencia se alza sobre las arenas movedizas de ese origen.
“El intelecto, como medio de conservación del individuo, desarrolla sus fuerzas principales fingiendo, puesto que éste es el medio, merced al cual sobreviven los individuos débiles y poco robustos, como aquellos a quienes les ha sido negado servirse, en la lucha por la existencia, de cuernos, o de la afilada dentadura del animal de rapiña. En los hombres alcanza su punto culminante este arte de fingir; aquí el engaño, la adulación, la mentira y el fraude, la murmuración, la farsa, el vivir del brillo ajeno, el enmascaramiento, el convencionalismo encubridor, la escenificación ante los demás y ante uno mismo, en una palabra, el revoloteo incesante alrededor de la llama de la vanidad es hasta tal punto regla y ley, que apenas hay nada tan inconcebible como el hecho de que haya podido surgir entre los hombres una inclinación sincera y pura hacia la verdad”.
Aun cuando en los estudios de Derrida [7] y de Ricoeur [8] en torno a la metáfora y la interpretación apenas se insiste en Nietzsche, todo cuanto se piensa, se piensa a partir de él. La influencia que el pensamiento de Nietzsche ha producido en la mentalidad de Occidente es tan grande que ya no es posible filosofar sin contar con las impresiones causadas por su obra. Nietzsche fue el primero en sugerir explícitamente la exclusión de la idea de “conocer la verdad”, como si esta fuera algo ajeno a toda interpretación, como si pudiese darse una verdad purificada, aséptica, descomprometida de todo interés humano, ajena a toda voluntad de poder, puesta en ejercicio a través de la voluntad de ficción. Este “querer algo” es a lo que Nietzsche denomina “interpretar”. Si la voluntad de poder es voluntad de más poder, la interpretación es la operación concreta de la adquisición del dominio sobre las cosas.
Para Nietzsche puede haber errores necesarios: a veces necesitamos la ceguera y debemos permitir que ciertos errores y artículos de fe permanezcan intactos en nosotros mientras nos mantengan en vida.
“Hemos organizado un mundo en el que podamos vivir suponiendo cuerpos, líneas, superficies, causas y efectos, movimiento y reposo, forma y contenido; ¡sin estos artículos de fe nadie sería capaz de soportar la vida! Pero esto no significa que ya se ha aprobado algo. La vida no es argumento; pues el error podría ser una de las condiciones de la vida” [9]
Es precisamente por esa organización de mundo que el mito, en tanto y cuanto ‘postulado-error’ abarca una dimensión de la vida humana, que sería inaccesible a una postura epistemológica puramente objetiva. El que no podamos aprehender una historia exclusivamente objetiva, tiene su fundamento no en una necesidad de mistificación, o en un anhelo de posibles trasmundos, que actuarían en una dirección oculta, sino en que el propio sujeto está inserto en la historia y pretende desesperanzadamente acceder a la profundidad insondable del sentido, lo que equivaldrá siempre a querer penetrar en la profundidad de sí mismo. La constricción a la mentira se funda en la naturaleza de la propia verdad.
Pero para dar con la raíz de un referente filosófico sobre la mentira y el engaño, habría que remontarse hasta La paradoja de Epiménides [10] para luego dar un salto hasta Gödel [11] y su Teorema de la Incomplenitud. [12] Epiménides fue un legendario poeta filósofo del siglo VI a. C. a quien se le atribuye haber estado dormido durante cincuenta y siete años aunque Plutarco afirma que sólo fueron cincuenta. Se atribuye a Epiménides haber afirmado:
“Todos los cretenses son unos mentirosos”.
Sabiendo que él mismo era cretense, ¿Decía Epiménides la verdad? La paradoja de Epiménides, también puede sintetizarse en “Miento. Hablo” Así lo propone Foucault,[13] en “El pensamiento del afuera“. En este sentido, la ficción tal como la conocemos, también queda a prueba.
El resultado más revolucionario de la Lógica del siglo XX, por el que Kurt Gödel es especialmente famoso, es el teorema de incompletitud, publicado en 1931. El teorema de incompletitud de Gödel es bastante sencillo de entender una vez que hemos introducido la paradoja del mentiroso. [14] Gödel hizo manipulaciones para trasladar el lenguaje natural del mentiroso al lenguaje de las matemáticas. Lo que probó es comparable (isomorfo) a la afirmación “Este teorema no tiene demostración”. ¡Lo sorprendente es que él probó el teorema! Diseñó su propio lenguaje lógico para esto. En definitiva, descubrió que existían afirmaciones verdaderas que no podían ser probadas dentro del sistema.
Referentes literarios:
Los vínculos del engaño en “La República” de Platón:
Se ha aceptado como verdad única que “La República” es un tratado esencialmente educativo (Rousseau) pero que también es una obra que trata sobre la justicia, o al menos ese fue el criterio de Trasilo al añadir al nombre original el subtítulo “De lo justo”, tal como lo afirma Cerroni. Sin embargo, el texto de Platón es, en esencia, un tratado sobre la estabilidad de las sociedades, y por extensión derivada, sobre los instrumentos de ésta para que el Estado sea estable. La obra es particularmente enriquecedora en cuanto a mostrar el uso del engaño y la mentira como instrumentos para alcanzar la obediencia al orden institucional representado en la polis, vale decir, como disipador controlentrópico.
En “La República” se perciben nítidamente los dispositivos de persuasión y engaño necesarios para la estabilidad del Estado, pero con una aproximación desde los modelos retóricos de Gorgias podremos establecer tal concomitancia. Cabe mencionar que si bien Platón no aborda directamente estos tópicos en “La República” (antes bien los rechaza como instrumentos propositivos generalizados) sí los plantea de modo indirecto e incluso se muestra proclive a consentirlos, al menos por razones de Estado, pues si la mentira – en “La República”- le es permitida a la autoridad, lo es únicamente como instrumento de beneficio de la polis. Así, en la medida en que los dispositivos institucionales del engaño sean operativos para tal fin, la ciudad permanecerá ‘equilibrada’ y desaparecerá el peligro de la disolución del Estado.
Gorgias fue uno de los más notables exponentes del escepticismo radical. Para él. La distancia entre el mundo real y las palabras era totalmente insalvable. Más dramático aún: No existía un mondo más allá de aquel que podía ser construido mediante la palabra:
“Aquello por medio de lo cual nos comunicamos es una fórmula (logos) y lo que está por fuera de nosotros y existe no es una fórmula; por tanto, no comunicamos… lo que existe, sino una fórmula que define lo que existe por fuera de nosotros”
(Gorgias citado en Barnes)
Asumiendo que Platón conocía profundamente la teoría de la retórica de Gorgias, podemos inferir que “La República” está estructurada bajo esos principios dialécticos. Y es a partir de esta apreciación que en Platón, el concepto del engaño es beneficioso y bueno, siempre que se utilice como instrumento aleccionador o elemento de instrucción, ya que se le puede entender como una herramienta del Estado para orientar a la polis.
Es natural asumir que en “La República” Platón ha desarrollado una propuesta definitiva de ‘Estado ideal’, reafirmando que el gobernante ideal es el Rey-filósofo, pero al profundizar sobre la lectura es evidente que no todas las nociones de justicia de Sócrates que ha pretendido refutar Platón han quedado rebatidas definitivamente. La verdad platónica sobre el Estado y la polis metamorfosea los argumentos socráticos y los reinserta subliminalmente dentro de la dinámica filosófica que se desarrolla en la casa de Céfalo. Es este uno de los pasajes simbólicos de ·La República” en el que Platón parece – o realmente- niega aquello en lo que cree, colocando un velo tras otro, como en el retrato de Trasímaco, en el que apunta hacia la emociones del lector, en perfecta concordancia con las descripciones retórica de Gorgias.
La dialéctica del engaño en Sófocles:
El engaño y la violencia se entrelazan en esta tragedia de Sófocles para motorizar el impulso y el desarrollo y hacer estallar conflictos que adquieren singular importancia en el diseño de los personajes. El andamiaje de engaños y violencia ejercidos mediante la acción o la palabra por agentes humanos y divinos permite advertir en la obra la inestabilidad de los roles y los cambios en las relaciones interpersonales.
La acción heroica de esta tragedia implica una actitud del héroe frente a una coyuntura en la que debe realizar una opción que lo compromete vitalmente, y lo lleva a enfrentar a otros personajes, humanos o divinos, que no comparten su concepción del mundo o al menos su postura ante la dificultad planteada. Áyax de Sófocles es una obra particularmente rica en el entrecruzamiento de estrategias de persuasión, de engaño y de violencia, que generan un complejo diseño de las relaciones interpersonales, y particularmente de la actitud que asume Áyax ante la perspectiva de una vida despojada de honor.
Como sucede en general en la tragedia, observamos en esta obra el predominio de la palabra sobre la acción; pese a ser una obra donde la pasión bordea el atropello, la concreción de la acción violenta en escena se reduce al tormento que aplica Áyax a los animales del rebaño y parcialmente a su suicidio. El resto es palabra; y cuando esa palabra injuria, amenaza, somete, maldice, se configura como violencia pero no deja de ser palabra. Tan palabra como la que, trabajada por un hablante con llana honestidad o con engañosos dobleces, se propone persuadir a su destinatario, o como la palabra narrativa, que introduce lo sucedido fuera de la escena.
En la tragedia de Sófocles, Áyax resulta víctima de un doble engaño; de parte de los hombres, en la figura de Aquiles, porque considera que el juicio por las armas no fue imparcial (448-9) sino que resultó amañado; y de parte de los dioses, Atenea, porque le infundió dusphórous gnómas, falsas creencias, para desviar su intento de masacrar a los jefes griegos. Así, y en momentos distintos, Áyax es víctima del engaño humano y del divino. Lo que Sófocles pone en escena es la consideración de la reacción del héroe y las consecuencias que esto le acarrea a él mismo al final de su vida y después de su muerte, y al círculo de sus allegados.
¿Cómo opera esta dialéctica? Veamos: Los antecedentes de la acción que se despliega en Áyax, y que son recuperados por distintas voces en la escena, nos remiten al concurso por las armas de Aquiles en el que nuestro héroe resultó perdidoso, y a la cólera vengativa de Atenea por la desmesura que este puso en sus palabras en dos ocasiones lejanas. En ambos casos Áyax resulta víctima de un engaño; de parte de los hombres, porque considera que el juicio por las armas no fue imparcial sino que resultó amañado; y de parte de la diosa, porque le infundió dusphórous gnómas, falsas creencias, para desviar su intento de masacrar a los jefes griegos. Esto es que, en momentos distintos, Áyax es víctima del engaño humano y del divino. Lo que Sófocles pone en escena es la consideración de la reacción del héroe y las consecuencias que esto le acarrea a él mismo al final de su vida y después de su muerte, y al círculo de sus allegados.
En la versión homérica del juicio por las armas, quienes evalúan los méritos de los guerreros aqueos son los jóvenes teucros y Palas Atenea (que posiblemente haya influido en el veredicto). Sófocles, en cambio, atribuye la resolución fraudulenta que impidió a Áyax la posesión de las armas aquíleas, a los Atridas y al mismo Odiseo; este hecho doloso se constituyó en un acto de violencia por cuanto al escamotearle el premio de las armas le arrebató la honra debida a sus méritos. La injusta decisión provocó la ira de Áyax y desencadenó la ejecución de su venganza, nuevo acto de violencia.
El engaño a que lo sometió la diosa hizo que esa venganza resultara fallida; Atenea oscureció el juicio de Áyax y éste descargó la violencia de su brazo sobre pacientes rebaños e indefensos pastores; de este modo la deshonra del héroe creció hasta tornarse insoportable. Esta es otra forma de privarlo de su honor, de despojarlo del reconocimiento de los demás. Como tal, esta trampa de origen divino se configura como un nuevo acto de violencia.
Es decir que este doble engaño que sufre Áyax y que podríamos llamar bipolar, opera como el motor que pone en marcha la acción dramática. En efecto, tiene como consecuencia una acción violenta que, pese a que se ejecuta, no cumple con la finalidad que se propuso su autor. Pero Áyax lleva a cabo esa acción violenta, a su vez, “solo, durante la noche y con engaños”; vemos, entonces, que la violencia y el engaño procedentes de los hombres conducen a Áyax a ejercer violencia con engaño en el mismo espacio de tiempo en que es engañado por la diosa. Creyendo, pues, recuperar su honor, Áyax empeora su reputación hasta un punto, para él, sin retorno. Esa situación lo conduce a ejercer violencia contra sí mismo, a descargar el ímpetu de su cólera quitándose la vida. Pero esta solución que Áyax encuentra como única salida posible no pone fin a la cadena de venganzas. Los Atridas extreman su odio hasta pretender descargarlo sobre el cadáver del enemigo muerto, y para ello prohíben la sepultura de Áyax. Esta desmedida actitud provoca el agón en que ambos por turno, ejerciendo violencia verbal debaten el caso con Teucro hasta que Odiseo pone fin pacífico a la querella.
Estos son los hechos más relevantes de la historia que Sófocles nos presenta sobre el tramo final de la vida de Áyax. Como vemos, el engaño y la violencia se entrelazan para poner en marcha la acción, para impulsar su desarrollo y hacer estallar los conflictos; y se constituyen, además, en dos instancias que adquieren singular importancia en el diseño de los personajes.
La cadena de engaños y violencias que observamos en esta tragedia griega genera cambios abruptos que hacen que un héroe de las características de Áyax quede desinstalado, removido de sus certezas en relación con los dioses y con los hombres. Un dios que engaña, un aliado que hace trampa y se convierte en enemigo, un ejército de camaradas que lo amenaza con motivo suficiente de conmoción, de perturbación interior. Si a esto se suma el asombro –o el espanto- de descubrirse a sí mismo cambiado, ubicado en un lugar en el que nunca pensó estar, colocado en una situación en la que es imposible definir claramente los roles y las relaciones interpersonales, se comprenderá que Áyax, agotada su capacidad de adaptación, no encuentre ya su lugar en el mundo.
La dialéctica del engaño, en esta tragedia así como en la vida de los hombres 25 siglos después, es la expresión teatralizada de los ‘suicidios humanos’, aquellos que motoriza el doble engaño en que caen los pueblos y las naciones cuando por partida doble son engañados por sus líderes (que asumen conscientemente el papel de Atenea) y también por su propia gente. Se trata del engaño que ‘controlentropiza’ el status quo. Que desata circunstancias ocultas para el héroe, pero que simultáneamente construye una opinión pública a su alrededor, que es opuesta a sus designios y que le condena irremediablemente.
En esta tragedia el héroe reúne y condensa la violencia sufrida en sí mismo y ejercida por él sobre otros y sobre sí; la persuasión y el engaño se entrelazan inseparablemente en su discurso en virtud de la ambigüedad de la palabra poética; la resistencia al cambio y la indeseada y dolorosa experiencia de la propia mudanza y de la inversión de roles.
Las divertidas mentiras de Nicolás Maquiavelo:
En “La Mandrágora”, Nicolás Maquiavelo reafirma que la política es tan relevante para los colectivos humanos como lo manifestó en su otra obra, “El Príncipe”, porque existe permanentemente un estado de conflicto latente entre los hombres y porque entre ellos mismos hay relaciones de poder persistentes que generan poderosas tensiones sociales. Si el mundo estuviese formado por “buenos salvajes”, la política, tal como la define Maquiavelo, carecería de sentido e interés. El hombre es visto como un ser peligroso y ávido de poder y en consecuencia, todo el análisis político que hace Maquiavelo en “La Mandrágora”, una obra teatral excepcional, va a estar construido sobre estos supuestos.
Pues bien, ¿Cómo se presenta esta concepción en “La Mandrágora”? La obra tiene un argumento sencillo y a la vez de difícil anticipación para el espectador. Callimaco, un joven enamorado y dispuesto a todo, monta junto a Ligurio una gran farsa con el fin de engañar a un viejo y poco astuto marido (Nicias) y quedarse con su joven esposa (Lucrecia). Para ello cuenta con la ayuda de tres personajes que no tienen la misma relevancia. El principal es Fray Timoteo y lo acompañan Sostrata (la madre de Lucrecia) y Siro (el criado de Callimaco).
Lo primero que podemos concluir es que los personajes de “La Mandrágora” se ajustan plenamente a los supuestos antropológicos desarrollados por Maquiavelo en sus obras teóricas. La mentira es una constante a lo largo de la pieza: Callimaco miente, Ligurio miente, Timoteo y Lucrecia también lo hacen. El eje de la obra es el engaño que permite el logro de los objetivos de cada personaje. Como dice fray Timoteo para convencer a Lucrecia: “hay que tener en cuenta, en todo, el fin”. Callimaco y Ligurio engañan a Nicias, (Siro también actúa como cómplice) y por último engañan a Timoteo. Por su parte, el fraile engaña a Nicias, a Lucrecia y a su madre, Lucrecia engaña a Nicias cuando acepta a Callimaco en su cama, y hasta Nicias cree que engaña a un pobre transeúnte que en realidad es Callimaco. Si bien es cierto que los conflictos entre los personajes no llegan a ser enfrentamientos abiertos por el carácter cómico de la obra, esto sólo se debe al éxito de los engaños. El fracaso de cualquiera de ellos hubiese llevado a una tragedia. Pero existe una segunda dimensión en el análisis del hombre realizado por Maquiavelo: todos participan en el juego político, sea como dominadores o dominados. Es por eso que Maquiavelo escribe para todos. Incluso “El Príncipe”, una obra que se presenta como un recetario sólo útil para un político de acción que pueda aplicar concretamente los consejos vertidos, es un libro que su autor califica de necesario para todos.
Otro escritor que aborda el tema de la mentira es Ignacio Mendiola en su libro “Elogio de la mentira” Allí, imagina una pesadilla, un mundo sin mentiras, transparente. “Invivible”, y lo define así:
“No cabe imaginar una sociedad en la que la mentira estuviera negada”.
Oscar Wilde ya había sentenciado: “Quien dijo la primera mentira fundó la sociedad civil” y el psicólogo Daniel Rubinsztejn plantea como constitutivo del “Yo” el hecho de mentir: “Cuando el niño descubre que los padres no conocen su pensamiento, opera en él una revolución” afirma el Dr. Rubinsztejn, quien además le gusta citar a Nietzsche, cuando propone que la verdad es como “una chispa que surge del cruce entre dos espadas“.
Pero, ¿por qué no decimos la verdad? Según los psicólogos, se miente para eludir responsabilidades, para obtener cierto placer, por inseguridad y desconfianza en nuestra capacidad de ser aceptados como somos; para evitar un castigo; para acercarnos a nuestro interlocutor; cuando vemos nuestra autoestima amenazada. Incluso, afirman los expertos, hay oportunidades y casos en que decir la verdad no sólo está mal visto, sino que no es aconsejable: son las mentiras blancas, las que ocultan -por ejemplo- una enfermedad a un ser querido.
Si a veces la mentira es sana, inevitable, social, ¿Hay que condenarla? Rubén González Fernández lo contesta en el ensayo “La mentira, un arte con historia“:
“La estrategia vital realmente inteligente es entender, asumir y sufrir/gozar (vivir) la verdad de la ficción. Sin renunciar a nuestra identidad de pícaros que es la que nos caracteriza y a la que estamos un poco obligados”.
Referentes psicológicos:
Psicología del engaño social
A la vista del relativo desacuerdo entre quienes estudian el engaño como resultado de la mentira, específicamente los estudios acerca cómo el engaño y la comunicación falaz deben ser definidos, en el presente trabajo se intenta integrar la visión de los autores más influyentes en este campo con el fin de formular una definición del engaño lo más delimitada posible al ámbito del presente ensayo. El punto de partida está en los elementos de la mentira prototípica señalados por Coleman y Kay[15], así como la noción de “comunicación engañosa” de Gerald Miller[16] (Miller & Stiff, 1993). Para señalar un punto de partida conceptual, vamos a proponer una definición de ‘engaño’, y lo puntualizaremos como el intento deliberado, exitoso o no, de ocultar, generar, y/o manipular de algún otro modo, información factual y/o emocional, por medios verbales y/o no verbales, con el fin de crear o mantener en otra(s) persona(s) una creencia que el propio comunicador considera falsa.
Ahora bien, en la historia de las ideas, han sido muchas, variadas y diversas las formas de presentar la esencia de lo humano. Todas ellas (la racionalidad, el trabajo, el poder) hablan de lo mismo: que el ser humano se diferencia del reino animal porque va más allá de lo biológico. Ningún otro pariente natural piensa, inventa cosas, modifica el medio circundante. Tampoco, ningún otro animal domina a otros de su misma especie exclusivamente por el deseo mórbido de experimentar ese dominio. Más allá uso de la razón, de la capacidad de abstracción conceptual, de la dialéctica controlador-controlado, lo que nos define particularmente es la capacidad de engañar conscientemente.
No hay ninguna novedad intelectual con esto del engaño como esencia, como atributo básico del ser humano. El psicoanálisis y el genial descubrimiento freudiano no dijeron otra cosa: El humano es el único animal que habla, y por ello miente. Al hacer uso de los símbolos -más allá de los puros mecanismos instintivos- se implica un engaño originario. Hablar es, por tanto, dejar siempre abierta la posibilidad de engañar. El símbolo, en tanto convención, roza esta arista del engaño: el discurso es la negación de la cosa concreta. Esta idea del engaño como esencia de la condición humana puede ser llevada más allá del ámbito psicopatológico; más allá, incluso, de lo que Freud utilizó para mostrar las facetas del ámbito del inconsciente: el sueño, la equivocación cotidiana, todo tipo de lapsus. El engaño hace parte fundamental de la arquitectura social.
Si las luchas en torno al poder constituyen el motor mismo de la historia de toda la humanidad, el engaño está siempre implícito en ellas. El campo de lo político -escenario donde se juegan las relaciones de poder- no es en definitiva sino el arte del engaño, de la manipulación. Esto no significa asignar a priori una etiqueta de malignidad a los políticos profesionales; tampoco implica asumir que las castas políticas –indiferentemente su signo ideológico- sean éticamente malas, contraproducentes o perversas. Lo que ellos personifican, en todo caso, es que el ejercicio del poder, de todo poder, se basa en un engaño primigenio. Si no fuera así ¿Cómo podría entenderse que un grupo siempre numéricamente menor ejerza relaciones de dominio, basadas en el poder, sobre conglomerados numéricamente superiores? La fuerza bruta es determinante, sin dudas; pero inmediatamente surge la pregunta ¿Por qué esa mayoría no reacciona? Porque más allá de las armas con que son dominadas, el engaño juega un papel disuasivo.
Esto sucede porque las relaciones humanas contienen en sí mismas, de manera estructural, un núcleo de engaño. No significa que todo, absolutamente todo vínculo interhumano es engañoso, pero sí que ello es posible y que puede encontrarse siempre presente en la mayoría de las interrelaciones humanas, en mayor o menor grado, asumiendo distintas formas más o menos explícitas. Cuando escuchamos de engaño lo asociamos a decepción, traición y mentira. También asociamos ese término, al dolor psicológico que conlleva. Engañar es faltar a la verdad en lo que se dice, se hace, se cree o se piense. Asimismo, es dar a lo falso apariencia de veracidad o provocar que alguien tenga por cierto lo que no lo es. El subproducto más elaborado de esta faceta humana es el autoengaño, que básica y funcionalmente consiste en provocar que las audiencias cierren los ojos a la realidad, por ser más grato y cómodo aceptar la mentira como verdad.
Mentira y persuasión política:
La persuasión, entendida como la intención consciente de modificar el pensamiento y la acción, manipulando los móviles de los hombres hacia fines predeterminados, está de hecho asociada con el control público de la recepción y la manipulación informativa programada. En este sentido, la persuasión es una forma consciente e intencional de manipulación informativa, cuyo objetivo es la orientación de las actitudes y del comportamiento de los receptores, influyendo mental, afectiva y cognitivamente en los destinatarios del mensaje a través de diversos medios psicosociológicos. Por tanto, al reivindicar la adhesión, veraz o interesada, del público mediante el convencimiento explícito o tácito en función de los intereses de los agentes emisores responsables, individual o institucionalmente, de los contenidos informativos, la persuasión comprende –como bien explica José Sierra:
“una forma directa de codificación intencionalmente manipuladora como, por ejemplo, los anuncios publicitarios y los mensajes políticos en las campañas electorales”.
Las fórmulas de comunicación persuasiva son desconocidas por los receptores, porque la eficacia y el éxito de la persuasión dependen casi siempre del desconocimiento por el público objetivo de las formas retóricas y psicosociales que motivan en la construcción y difusión de los mensajes la orientación de las opiniones y las actitudes públicas. En otras palabras, la estructura profunda de los mensajes, de los objetivos y estructura de la comunicación intencionalmente planificada es de alguna forma desconocida por el público destinatario.
Pero las mentiras útiles en gran escala para la persuasión masiva, como el mito religioso o el nacionalismo ciego requieren el apoyo de mentiras menores en momentos cruciales. Y en este caso la elite también tiene su rol. Debe utilizar su “habilidad retórica superior” para hacer que el argumento débil suene más fuerte. En otras palabras, la cábala no sólo debe proteger mitos y fabricar mentiras sino que tiene que trabajar para venderlos. Lo que Strauss [17] llamó “retórica”, podemos identificarlo como sesgo inferencial. Pero según Strauss, estas mentiras son necesarias para el buen funcionamiento de la sociedad y el triunfo de la propia nación en la guerra. De ahí que para Strauss, la mentira se hace “noble”. La frase de Platón que Strauss pide prestada (“mentira noble”) la deforma en un mito o una parábola que transmite una verdad subyacente sobre la moralidad o la naturaleza. Pero en manos de Strauss, la “mentira noble” se convierte en una manera de engañar masivamente.
La mentira en la sugestión de las masas
Psicológicamente, el engaño social es un proceso de sugestión que apela al lenguaje oral y corporal para generar un tipo particular de sugestión, la sugestión conceptual auto-inducida, y así obtener el desencadenamiento de los reflejos y comportamientos conductuales previstos. La sugestión es un estado psíquico provocado en el cual el individuo experimenta las sensaciones e ideas que le son sugeridas y deja de experimentar las que se le indica que no sienta. Por esta razón se comenzó a utilizar como tratamiento terapéutico.
Existen diversos métodos para conseguir este estado en una persona: la sugestión directa, que se obtiene mediante la autoridad ejercida sobre una persona que se somete a ella; la sugestión hipnótica que se consigue mediante la hipnosis, estado de influencia magnética, por fascinación por influjo personal o por aparatos adecuados; la sugestión indirecta, a través de la insinuación de ideas que los sujetos aceptan como verdaderas y propias.
Una forma de sugestión masiva basada en la autoridad es la que se utiliza con fines de persuasión política. En estos escenarios, la mentira se convierte en una ‘política de comunicación persuasiva’ que no obstante el contraste de sus mensajes con la realidad, fundamenta su veracidad, ante los ojos de los conglomerados en la aceptación, en la aprobación que esos conglomerados de masas le otorgan al líder, al proceso o al partido. Es un mecanismo de transferencia psicológica mediante la cual los individuos seleccionan lo que para ellos es verdad o certeza, a partir de juicios subjetivos que se obtienen de la fuente sugestionante y se le otorga veracidad sobre la base del liderazgo. La aceptación de tal liderazgo opera como la proyección psicológica de los individuos acerca de unos ideales inalcanzables, en función de una conceptualización del ‘mi mismo’, pletórico de poder y fantasías, que proyecta en ‘el otro’ al que se asume como ‘padre’ omnipotente y omnisciente.
Hitler tenía una personalidad hipnótica y el poder de influir sobre la voluntad del Volk, con inusitada fuerza, con total dominio y atracción basados en su carisma y en base a ello pudo adoctrinar y manipular a uno de los pueblos más cultos de la Europa de mediados del Siglo XX.
La mentira como moldeamiento social.
Una de las tareas fundamentales de la persuasión psicológica de las multitudes probablemente tenga que ver con la promoción de nuevas formas de comportamiento. La modificación de conducta dispone de técnicas especializadas en tal sentido siendo el moldeamiento el reforzamiento sistemático de las aproximaciones sucesivas a la conducta terminal que ‘el modelador’ promueve, y la consecuente extinción de las aproximaciones conductuales anteriores.
Visto así, el moldeamiento es una estrategia psicológica con la cual se pretende aumentar la frecuencia de una conducta en un individuo que no la realiza, o que no la hace con tanta frecuencia como se desearía. Sirve para establecer conductas complejas que aun no existen en el repertorio de comportamientos comunes de un individuo y su objetivo principal consiste en reforzar en aproximaciones sucesivas, conductas que el sujeto emita que se asemejen a la conducta meta.
El moldeamiento social se utiliza cuando el sujeto considera incongruente con su tradicional comportamiento social la conducta que se le solicita desde las estructuras referentes (grupos partido, o líder), bien porque le resulta extraña, bien porque colide con sus valores. Entonces, el moldeamiento social opera, pero no como un refuerzo o reforzador positivo cuando se consigue que el individuo ejecute la acción. En su lugar, la conducta se descompone en sus partes más simples y se escalona su aprendizaje, tomando en un primer lugar lo más elemental y avanzando hacia la solicitud de conductas y comportamientos más complejos. Así, se va reforzando una a una, primero las elementales y progresivamente, las más complicadas actitudes, apoyadas en las anteriores. Gracias a esta estrategia, el partidario va aprendiendo poco a poco una conducta originariamente muy compleja y fuera de su repertorio.
La mentira disipa las incongruencias cognitivas del sujeto frente al comportamiento que se le solicita y coadyuva en el avance desestructurado de los procesos de moldeamiento social. Así, la conducta operante se analiza y se modifica de acuerdo con ciertas condiciones antecedentes y consecuentes de las que es función. Acaso entre las condiciones antecedentes figuren instrucciones verbales, lo que no haría sino apuntar a las consecuencias. Estamos entonces en presencia de un proceso conjugado de conducta moldeada por las contingencias y gobernada por reglas previamente establecidas por ‘el moldeador’.
Para ulteriores análisis sobre el rol de la mentira en el moldeamiento social de los conglomerados debemos tener en cuenta que la lógica operante es inherente a la conducta humana y se emplea en el procedimiento de civilización y educación. Es necesario subrayar también que la lógica operante se caracteriza por la causalidad final, es decir, incorpora propósito e intención. La operante supone tender hacia algo, en el sentido intencional que dan los objetos del deseo ahí alcanzables. Se dice que la conducta operante es final porque es función de sus fines, esto es, está causada por el logro resultante y no por alguna estimulación antecedente.
Este proceso es altamente efectivo cuando se aplica sobre colectivos con grandes carencias sociales y personales, y cuyos integrantes son capturables con facilidad, a partir de la satisfacción momentánea de sus necesidades económicas y alimentarias. Se trata de un proceso más bien simple en el que se comienza por especificar la conducta final deseada. Luego de escogida, habrá que describirla para especificar su cantidad, latencia e intensidad. Esta conducta deberá ser relevante para los intereses del líder, del partido o de la organización y no exceder las posibilidades de intervención / corrección. El modelo de comportamiento a obtener debe estar previamente convenido, ser identificable y poseer validación social. Posteriormente, habrá de seleccionarse los reforzadores entre las opciones más motivadoras y válidas en relación con los objetivos propuestos, los cuales habrán de aplicarse sobre el colectivo en función del programa de refuerzo.
La conducta de las masas se divide en pasos sucesivos y periódicos, tomando en cuenta el repertorio de respuesta, acciones y actitudes disponibles en los sujetos que integran el grupo-meta. A esto se le denomina ‘desarrollo próximo’ y consiste en re-enseñar y reforzar positivamente las aproximaciones sucesivas conforme se avanza en cada sub-etapa del comportamiento grupal esperado, para extinguir los aprendizajes, los valores y la cultura social precedente.
La mentira en la modificación del comportamiento.
¿Por qué se forman las masas y aparece el comportamiento de masas? El individuo necesita al grupo, le proporciona seguridad. Resulta más sencilla la supervivencia en grupo, resulta más fácil vivir integrado, pero la masa está dominada por emociones, está subyugada por el miedo y controlada por la avaricia. Según los expertos en la psicología de masas, la visión que una persona tiene de su identidad depende de la capacidad para meditar sobre sus propias acciones, así como de la posibilidad para responder a las acciones de los demás. Las teorías de la psicología de masas intentan explicar la influencia que ejercen las acciones de grandes grupos sociales sobre la identidad, el nivel social y el papel del individuo, reforzándolo o subvirtiéndolo, y cómo esa influencia repercute a la hora de participar en modas, tendencias, política, movimientos y religiones.
El más connotado de estos expertos, Erich Fromm[18] estudió cómo el sentimiento de separación genera una gran ansiedad. Se inicia en la infancia con la experiencia de la separación de la madre. La ansiedad de la separación puede canalizarse de diferentes modos: de un modo creativo, mediante un trabajo y unas relaciones productivas, o bien de un modo destructivo, mediante una regresión a rituales primitivos, violentos e incluso orgiásticos. Al identificarse con movimientos de masas, el individuo exterioriza sus problemas internos. La conformidad puede actuar como un consuelo y una reducción de la ansiedad; el individuo puede sentirse cómodo formando parte de una multitud. Fromm observó que esta tendencia se daba en el autoritarismo y en las dictaduras y los investigadores actuales la observan en el fenómeno de los aficionados violentos en el fútbol.
Pero fue Roland Barthes[19] quien describió el modo en que se generan los mitos, al dotar de significados falsos a las cosas mundanas, como en el caso de los lemas propagandísticos. Al persuadir a un número suficiente de personas con una campaña de promoción de promesas y de ofertas sociales con fuerte ‘demanda’ en los colectivos sociales, y si esas promesas se condensan en un lema publicitario, el sujeto se identificará inmediatamente con la propuesta, aún sin tomar en cuenta que esa promesa carezca de sustento o sea imposible de cumplir. Al hacerlo modificará sustancialmente su comportamiento, en virtud de la reducción de su ansiedad, y sus actitudes y comportamientos habrán saltado por encima del análisis racional y el instinto habrá vencido a la razón. La mentira en la propaganda política se convierte, entonces, en el disparador de las esperanzas pues actúa como modelador de la conducta grupal simplificando temas sociales complejos y simultáneamente en un controlador de las entropías al disolver el razonamiento crítico individual propiciando valores colectivos (todos referidos a la propuesta política) por encima de los valores individuales.
El autoengaño: Convicción de la profecía auto-cumplida
Una profecía auto-cumplida o auto-realizada es una predicción que, una vez hecha, es en sí misma la causa de que se haga realidad. Tal vez el ejemplo más bizarro de cómo la mentira opera como un disipador controlentrópico del caos social es la puesta en práctica en la escena política del ‘efecto Pigmalión’ el experimento más llamativo del profesor Rosenthal[20], uno de los puntales de Harvard hoy felizmente retirado en la Universidad Riverside de California. La prueba consistió en proporcionar a un grupo de profesores de primaria cierta información sobre las supuestas capacidades de los nuevos alumnos que los maestros iban a tener en clase. La información suministrada era falsa, completamente inventada, pero fue suficiente para que los alumnos señalados a priori como potencialmente brillantes consiguieran, efectivamente, resultados sobresalientes, mientras se quedaban atrás aquellos de los que, sin ninguna base para afirmarlo, se esperaba más bien poco.
La expresión es acuñada por el sociólogo Robert K. Merton[21], quien formalizó su estructura y sus consecuencias. En su libro Teoría social y estructura social, Merton da la siguiente definición:
“La profecía que se auto-realiza es, al principio, una definición “falsa” de la situación que despierta un nuevo comportamiento, que hace que la falsa concepción original de la situación se vuelva “verdadera”.
El efecto Pigmalión, que sirve ejemplo para la teoría de la profecía auto-cumplida, es un concepto perfectamente ilustrado por el sociólogo Robert K. Merton con el ficticio caso del banco de Millingville, un banco gestionado de forma honrada y eficaz, con algunos activos líquidos pero con la mayor parte de sus fondos invertidos en diferentes negocios. Ocurre sin embargo que un buen día, sin que nunca termine de aclararse por qué, un puñado de cliente se presenta en la oficina del banco porque a sus oídos ha llegado el rumor de que el banco corre el riesgo de quiebra, y piden retirar sus fondos. El banco hace frente a sus obligaciones sin problemas, pero la presencia de tanta gente en la oficina provoca nerviosismo y alimenta el rumor de una inminente bancarrota. El temor se extiende y los clientes, cada vez en mayor número, pretenden rescatar sus depósitos. La bola crece de forma que, finalmente, el falso augurio de que el banco se encaminaba a la quiebra termina cumpliéndose como una profecía que se consuma a sí misma simplemente porque el público percibió como auténtico un peligro que era falso, y actuó como si fuera real.
2.- TEORÍA DEL ENGAÑO Protocolo operativo y funcional de la mentira
Se asume que el lenguaje es la abstracción conceptual que representa lo externo al sujeto y por ello constituye un vínculo ontológico entre éste y la realidad. Pero el lenguaje es también el instrumento de que disponemos para confundirnos o engañarnos unos a otros. No exclusivamente sirve para engañar a otros, sino que además engaña al propio hablante, cosa que sabían bien tanto Friedrich Nietzsche como Fritz Mauthner.
Muchas de nuestras elucubraciones y ofuscaciones mentales tienen su origen en el sentido de las palabras. No sólo porque las palabras pueden tener varios significados, sino porque además pueden significar lo mismo pero de diferentes maneras. Nuestra ingenua admiración por la ciencia nos ha hecho adaptar nuestro modo de pensar a una supuesta estructura dotada de precisión y univocidad matemática.
A la vista del relativo desacuerdo entre quienes estudian el engaño sobre cómo el engaño, la mentira o la comunicación engañosa deben ser definidos, pretendemos integrar la visión de los autores más influyentes en este campo con el fin de formular una definición del engaño comprehensiva y bien delimitada. El punto de partida lo conforman los elementos de la mentira prototípica señalados por Coleman y Kay[22], así como la noción de “comunicación engañosa” de Gerald Miller[23] (Miller y Stiff, 1993).
También abordamos la teoría de la comunicación de Vilém Flusser[24], que en gran medida aborda una particular teoría del engaño a partir del uso y el abuso de los sistemas simbólicos, que de acuerdo con este autor, eventualmente sustituyen las situaciones codificadas generando un estado de alienación. La bidimensionalidad de las imágenes, el unidimensionalismo del alfabeto y el ‘código híbrido de las imágenes virtuales constituyen, para este estudioso, la trilogía fundamental de la comunicación engañosa, llamada por él ‘magia de segundo grado’.
A los efectos introductorios de este epígrafe, vamos a exponer una definición experimental:
“El engaño es un intento deliberado, exitoso o no, de ocultar, generar, y/o manipular de algún otro modo información factual y/o emocional, por medios verbales y/o no verbales, con el fin de crear o mantener en otra(s) persona(s) una creencia que el propio comunicador considera falsa”.
Esta definición experimental la vamos a contrastar con los elementos señalados por Coleman y Kay y la contrastaremos con algunas de las más connotadas teorías de la comunicación persuasiva, en principio para identificar su protocolo operativo (asumimos que el engaño, en tanto que proceso comunicacional elaborado, requiere de una estructura lógica, que aquí llamamos ‘protocolo’) con el propósito de ir armando, paso a paso, una teoría que nos conduzca a prefabricar la estructura funcional del engaño.
La antropología cognitiva del engaño
La antropología cognitiva ha sido una disciplina clave en el desarrollo antropológico de las sociedades, tanto en el aspecto teórico como metodológico. Sus vínculos con otras disciplinas de las ciencias cognitivas le han dado una poderosa capacidad explicativa interdisciplinar que se ha traducido en la generación de teorías propias sobre los procesos universales de la cognición cultural y cómo esta es la conformadora de los fenómenos estructurales de la cultura.
Los inicios de la antropología cognitiva podemos hallarlos en los antecedentes históricos de Adolf Bastián[25]. En él podemos definir el objetivo central de la antropología cognitiva, como sub disciplina de la antropología cultural, también conocida como “etnociencia” o “nueva etnografía” y que ha sido definida como el estudio de la relación entre lenguaje, cultura y pensamiento.
Los sistemas de clasificación social y cultural han sido un importante elemento de estudio en muchas áreas de la teoría antropológica, por lo que la antropología cognitiva se concentra en las categorías lingüísticas para aproximarse a los sistemas de clasificación y conocimiento cultural.
Aunque la metodología y los temas de estudio han variado a lo largo de su historia, se comparte la premisa de que la cultura es conocimiento; cada grupo de individuos tiene su propio sistema para percibir y organizar el mundo y el conocimiento cultural se refleja en la lengua.
Los antecedentes de la Antropología Cognitiva se encuentran en Boas y sus discípulos. En especial en Kroeber[26]. Estos asumieron los postulados relativistas pero fundamentando sus propuestas al amparo de la Lingüística estructuralista y tratando de establecer distancias con respecto a los planteamientos de Whorf[27]. Como ilustración de todo ello podemos ver algunas ideas de Goodenough, expresadas en su obra Introduction to Cultural Anthropology.
“Considerando la tipología y sus problemas concomitantes queda claro que las clasificaciones elaboradas para el estudio comparativo están a un nivel conceptual distinto –es decir, sirven a otros propósitos diferentes-, que las distinciones establecidas en forma de categorías, las cuales proporcionan un significado más apropiado de los fenómenos dentro de una sociedad concreta. Las primeras deben ser por regla general aplicables a todas las sociedades y las últimas deben permitir exponer con mayor economía las leyes que determinan los acontecimientos del comportamiento dentro de una sociedad tomada como un universo en sí misma”.
Para acceder a este conocimiento a través de la lengua se recurre al análisis formal, también conocido como ‘análisis semántico formal’ que puede aplicarse a cualquier dominio lingüístico cognitivo. Este tipo de análisis se enfoca en áreas o dominios de significación semántica y ha sido aplicado al estudio de las terminologías de parentesco, colores y plantas, sirviendo como herramienta en la investigación e interpretación etnográfica.
A partir de un período formativo, también conocido como el enfoque boasiano que va de la primera década del siglo XX hasta 1950, surge en los años sesentas y setentas una corriente que ha sido denominada ‘etnosemántica’ o ‘etnociencia’. Bajo influencia boasiana, la etnociencia en un principio enfatizaba la relatividad de las categorías culturales y se caracterizaba por tratar de evitar el etnocentrismo y registrar meticulosamente el punto de vista interno de otras culturas. Sin embargo, en otras etapas, debido a la influencia de la recién inaugurada teoría generativo-transformacional del lingüista Noam Chomsky[28], se busca establecer esquemas cognitivos universales; tendencia que, aún hoy, en varias investigaciones toma un corte universalista y en ocasiones, evolucionista.
Los primeros pasos investigativos fueron los de Goodemough y Lounsbury que abordaron el análisis componencial como metodología de culto. Luego surgieron los estudios de la fase etnocientífica, junto a la semántica de los Folk Models que sentaron las bases metodológicas de la ciencia cognitiva y su acercamiento a la psicolingüística para analizar la cultura como fenómeno cognitivo, en particular los prototipos, los esquemas, los modelos culturales y la ‘cognición distribuida’.
El modelo híbrido de arquitectura cognitivo-cultural de SOAR permitió discernir los problemas de los significados culturales, y entre ellos, cómo el engaño, en tanto que elemento representativo cultural se refleja desde las metáforas y se imbrica en los procesos cognitivo-discursivos.
Protocolo operativo y funcional
Para teorizar sobre el engaño hay que indagar, más allá de su referente antropológico, en su ceremonial ejecutante, un enfoque que sólo es posible discurrir a partir de “La Antropología de La Mentira”[29] del profesor Miguel Catalán[30]. Este protocolo queda develado así:
“Vista desde fuera, la mentira representa a la vez un enigma intelectual y un escándalo moral. El enigma y el escándalo de la mentira se suceden sin solución de continuidad al observar la feliz convivencia de dos realidades en apariencia incompatibles: me refiero al odio universal hacia la mentira y a su práctica no menos universal.”
La tesis de Catalán es simplemente que la mentira debe acogerse como parte de lo humano, sin mala conciencia: el engaño es una «realidad no sólo inevitable, sino también aceptable» (p. 291). Y por tanto, necesitamos un relato mítico que en vez de condenar la mentira, o proyectar nuestra naturaleza falaz hacia lo otro –el extranjero, el enemigo, la mujer– o descargar la culpa en una causa imaginaria –el embaucador, el diablo, la serpiente–, acepte la insinceridad y el fingimiento como parte esencial y valiosa de lo humano. Un relato que sustituya la nostalgia de una inexistente edad de la inocencia, por una narración sobre el origen animal y humano de la estratagema y la doblez. Catalán propone re-escribir la historia de la especie no como el relato de una caída (una expulsión del paraíso, una condena de los dioses por la culpable desobediencia y ocultamiento), sino como una elevación natural desde la animalidad.
Teniendo en cuenta que esa elevación implica una conciencia inteligente que permite la mentira tanto como la sinceridad, la falsedad tanto como la franqueza, la civil ocultación tanto como la transparencia infantil.
La demolición de los mitos emprendida por Catalán contiene capítulos iluminadores: el mito de Prometeo es reinterpretado a la luz de Esquilo y Goethe, y se convierte en el paradigma de la captura humana de la autonomía negada por los dioses; la expulsión del Paraíso se aprecia como mito ambivalente: por un lado simboliza igualmente el ascenso hacia la autonomía a través de la desobediencia y la ocultación, pero es un episodio paradigmático de proyección, pues el relato desplaza en parte la culpa del varón a la mujer y la serpiente. En todo caso, ambos mitos son recusados como un fundamental error en nuestra auto-concepción.
En paralelo a la reinterpretación de estos mitos, corre el desmontaje de cierta mitología filosófica: el buen salvaje de Rousseau; la comunidad ideal de diálogo de Apel y Habermas. Catalán dedica menos espacio a estos relatos filosóficos, pero su tesis se abre paso con la eficacia de un bisturí. Nada humano, ni fáctico ni contra-fáctico, es imaginable en ausencia total de velos, ocultaciones, hipocresía. Eliminado el factor mentira, se elimina de un plumazo la posibilidad de la humanidad misma: el inocente salvaje solitario rousseauniano no es concebible; el participante de una comunidad ideal de diálogo sin engaño ni error, es un ángel buenazo, incapaz de hecho de implicarse en nada humano, porque no responde al concepto esencial de un hombre, tal como Kant[31] mismo reconoce en su Antropología [32].
En su estructura, la obra es simétrica y parentética: simplificando un tanto, se puede decir que el capítulo inicial «El escándalo de la mentira» y el final «Alcance de los mitos antiguos y petición de un nuevo relato» concentran el análisis antropológico-filosófico-moral. El segundo «Configuración del engaño» y el penúltimo «La proyección del engaño» destilan las explicaciones psicológicas y psicoanalíticas de la mentira, aderezadas con los relatos diversos que cada cultura ha elegido para su propio confort.
Los dos capítulos centrales se consagran a los dos mitos fundamentales de Occidente (el pecado original en sus versiones judaica y griega: Adán y Prometeo) con su correspondiente nostalgia de un origen transparente, que atraviesa nuestra historia colectiva y nuestras neurosis privadas. La pregunta que se hace Catalán es ¿Por qué negamos y deploramos la mentira cuando no sólo vivimos en ella sino que en realidad ni podemos ni desearíamos eliminarla completamente de nuestra vida? Para Catalán detrás de esta pregunta se esconde un escándalo sobre todo intelectual, una hipocresía cultural sonora.
Ahora bien, según progresamos en la apasionante lectura de sus recuentos y argumentos, el contenido de esa pregunta se rebela y expresa el mayor escollo para aceptar el argumento de la obra: en efecto, ¿Habrá una explicación antropológica precisamente al hecho de que la cultura niegue y condene una parte tan esencial de sí misma? ¿No serán los mitos acaso necesarios para mantener a la mentira dentro de unos cauces y unas proporciones tolerables? ¿Resiste acaso la civil mendacidad –al margen de la ironía, el humor, la embriaguez o la irreflexión infantil– la verdad pública sobre sí misma? ¿No requiere la salud mental de la sociedad una dosis de auto-engaño, como le pasa a los individuos? ¿No es el terrible efecto de la mentira sobre el engañado, el «extravío de por vida» que señaló Hartman y el propio Catalán recuerda (p. 19), una causa suficiente para condenarla siempre?
Estas preguntas cuestionarían el proyecto de Catalán y reivindicarían el sentido tópico de los relatos míticos. Él, sin embargo, pide un «nuevo relato.» Sus razones son en el fondo «naturalistas.» El engaño no es consecuencia de una «caída», ni un fruto envenenado de la cultura, sino que es tan animal y tan natural como el bipedismo, la inteligencia o el lenguaje. Negarlo es inconsecuente en tiempos post-ilustrados, una culpable proyección fundada en el error de ver un mal radical donde sólo hay una gradación infinita de posibles usos del engaño, unos benéficos y tolerados, otros maléficos y reprobables, y otros en fin indiferentes.
La clave del argumento de Catalán aparece muy clara en el siguiente pasaje:
“Los peores mentirosos no son quienes declaran sinceramente mentir de vez en cuando, ni siquiera aquellos que declaran insinceramente no mentir nunca, sino justo quienes declaran sinceramente no mentir nunca: pues se auto-engañan siempre respecto a sí mismos, anulan en general las grandes diferencias morales entre unas mentiras y otras, tanto en los demás (para condenarlos) como en sí mismos (para absolverse)” (p. 292).
Pero defender la naturalidad de la mentira requiere contradecir a una parte considerable de la tradición mítico-religiosa y filosófica. Catalán llama la atención sobre el «escándalo» que supone la gigantesca hipocresía que rodea el asunto. Juiciosamente comienza por hacernos reflexionar sobre el hecho de que casi nadie llama a otro «mentiroso». La propia palabra es tabú. Esto es, además, una constante histórica y transcultural. Nada toleramos peor que ser acusados de algo que, sin embargo, hacemos todo el tiempo, con mejor o peor intención. Esta constante es escandalosa porque el engaño, sostiene Catalán, es «intrínseco» a la inteligencia, el lenguaje y la propia libertad.
Los argumentos en este punto son irrefutables; sólo se dispersan y deshilachan al justificar el engaño como intrínseco a la libertad. Catalán recuerda que los infantes de diecinueve meses son capaces de confundir a los adultos sólo por diversión, que los griegos solían elogiar más la victoria cuando se debía a la astucia que cuando a la fuerza bruta, que incluso la doctrina cristiana recusa el impulso y la primera intención, y exalta el obrar con «segunda intención», tras reflexionar y meditar la acción y, en consecuencia, ahogando la sinceridad de la intención primera. Incluso el ámbito de la búsqueda de la verdad por excelencia, como la ciencia, ¿de qué se sirve sino de hipótesis, o sea, de ficciones y artificios, hasta el punto de que su avance sería imposible sin ellos?
Un motivo clásico, agustiniano por ejemplo, contra la mendacidad, es la suposición de que el «uso natural del lenguaje es la verdad». Aquí Catalán se ayuda de la semiología de Eco[33] y de la filosofía del lenguaje de Wittgenstein[34]. Las autoridades dotan de lustre unos argumentos que se sostienen sin esos apoyos: nada es un símbolo si no pude emplearse para simbolizar otra cosa, esto es, para engañar o confundir; la mentira no es sino «otro» juego del lenguaje, tiene sus reglas propias, en las que se puede y se debe ser competente para jugar con provecho.
La contradicción intrínseca en considerar que el uso natural del lenguaje prohíbe la mentira consiste en que si fuera así, las palabras (el símbolo) se estarían confundiendo con la cosa misma, como ocurre a los infantes y como, residualmente, ocurre cuando asignamos poderes mágicos a ciertas palabras. Si queda alguna duda basta consultar al uso: en los lenguajes mínimamente complejos existe la posibilidad de reforzar lo dicho con certificados de veracidad: «de verdad», «sinceramente», «de corazón», «te lo aseguro», e incluso existen instituciones sociales como el juramento. ¿Qué falta haría tanta enjundia si el lenguaje fuera naturalmente veraz? Más bien parece que tan natural es la transparencia como el ocultamiento mediante las palabras (p. 113).
Hasta aquí dos afirmaciones simples, pero contundentes: la mentira es intrínseca a la inteligencia y al lenguaje. Admitirlas, como sólo cabe hacer ante la evidencia y el peso de los mejores argumentos, equivale a destruir el mito del buen salvaje (en cualquiera de sus versiones) y al menos parte de las bases de cierta ética del discurso:
“… contra los valedores de cierta ética discursiva, la capacidad de afirmar algo distinto de, o contrario a, lo que se piensa es también un presupuesto lingüístico, no sólo de las lenguas naturales, sino de todo lenguaje que se oriente a producir alguna consecuencia práctica a partir de las cualidades esenciales del habla humana.” (p. 109).
Pero Catalán va más allá y aventura que la posibilidad de engañar es intrínseca a la libertad moral. El argumento en esta parte es sutil, y largo, al incorporar el tema de la omnividencia divina y su significado antropológico. Podría simplificarse en dos líneas argumentales: primera, si suponemos siquiera alguna capacidad divina de «ver el interior de los hombres», entonces la acción humana se configura necesariamente como un intento perpetuo de ocultarse a ese escrutinio; segunda, supuesta una total penetración divina y, por tanto, el castigo inevitable de toda acción pecaminosa (así como el premio necesario de toda acción loable), el hombre no podría actuar jamás desinteresadamente como la moralidad requiere. Ambas líneas conducen a un mismo punto: si no podemos actuar con total secreto no puede decirse que seamos, estrictamente hablando, libres. Pero actuar en secreto total (ser único y último responsable) no significa otra cosa que poder ocultar y engañar, poder tener un discurso público y otro privado. Catalán lo afirma tomando palabras de Kant en la Antropología, donde describe como inherente al concepto específico de criatura humana el publicar los pensamientos ajenos, pero reservar los suyos (p. 227).
El carácter intrínseco del engaño se puede confirmar porque los mitos fundamentales de Occidente explican el segundo nacimiento de la humanidad como un acto de ocultación, o engaño a los dioses. En este punto los mitos nos dirigen a una verdad profunda. En otro sentido se equivocan, pues han colocado a Occidente en la paradoja de anhelar una edad de transparencia que nunca existió. En palabras de Catalán:
“Esta paradoja bajo la cual vivimos los occidentales modernos, generada por un análisis de la condición humana tan errónea como pesimista en los dos mitos, nos presenta en el origen bienaventurado una transparencia que nunca se dio en realidad” (p. 214).
Así, la solución parece sugerirse ella misma, y la demanda de un «nuevo relato» no requiere de mucha argumentación. Cabe preguntarse, no obstante, cuánto haría ese relato por suprimir la paradoja de Occidente. Porque no es obvio que un relato más «veraz» sobre el origen vaya a eliminar la necesidad de afirmar la sinceridad propia deplorando la mentira en otros. Pues el funcionamiento del juego de la mentira, como institución que es, requiere que una cierta proporción al menos de sus destinatarios la tengan por verdad. Porque una mentira no convencional –un «engaño natural»– deja de ser engaño pues deja de ser deliberado.
Las paradojas no parecen solucionarse con la demanda de un nuevo relato. Lo cual no frustra el objetivo de esta Antropología de la mentira. La intención no es, por supuesto, «solucionar» nada; únicamente señalar las contradicciones, invitar a la reflexión y contribuir a formar una imagen más fiel de nosotros mismos.
3.- PROCESOS CONTROLENTRÓPICOS DEL ENGAÑO
Vamos a iniciar este epígrafe con las palabras de Fernando Vallejo[35] relacionadas con su ‘Génesis del Engaño’:
“El ser humano es una bestia bípeda entrenada durante cuatro millones de años de evolución (contados desde que bajó del árbol) para mentir en las formas más sutiles, de las cuales hoy por hoy las más prestigiosas son la palabra y las ecuaciones”.
Desde la aparición del Homo sapiens, cuya emergencia aún no tenemos bien conocida, el engaño en todas sus formas siempre lo ha acompañado. Haciendo un recuento breve de la historia desde este enfoque se pueden tratar casi todas las actividades y las áreas de conocimiento. Probablemente la más antigua de las actividades intelectuales sea la espiritualidad, que aparentemente surgió con los neandertales una variedad del Homo sapiens, que según parece enterraban a sus muertos en posiciones determinadas y les colocaban flores con algún propósito relacionado con el trasmundo.
El ser humano siempre ha tenido miedo óntico, y de éste y de su espiritualidad una minoría de aprovechados (políticos muy inteligentes, los llama el sofista Critias) crearon y perfeccionaron uno de los primeros sistemas de engaño para dominar a las mayorías. Desde este momento surge la división entre los que piensan por sí mismos y los que sólo siguen lo que otros dicen.
Las elites sociales han necesitado, históricamente, de manera consistente y consciente, del engaño (usualmente apoyado con el miedo) para sostener y crear un modelo que sirva a sus intereses y que al mismo tiempo pueda funcionar y ser aceptado por el resto de los colectivos. Esta estrategia no parece haber disminuido con los sistemas llamados democráticos, sino que tan sólo se han refinado más los instrumentos y los medios que sirven o facilitan su difusión y utilización.
Un ejemplo histórico de ello fueron los sofistas, que se especializaban en la descalificación del rival mediante trucos de razonamiento que se pueden considerar como las primeras enseñanzas para elaborar engaños razonados.
El engaño es por lo tanto, un fenómeno histórico y clave para el funcionamiento de los modelos sociales implantados en un mundo que se considera global, aunque, naturalmente, tales fenómenos no hayan nacido con el proceso de globalización, sino que han irrumpido en las sociedades, bien como decantación histórica de procesos precedentes, bien como un proceso evolutivo natural de las estructuras sociales más antiguas, como por ejemplo, la aristocracia.
La aristocracia (del griego aristos, los mejores), designa una forma de gobierno surgida en la antigua Grecia, en la que el poder lo detentan unos pocos, y en la que la justificación del poder estriba en el hecho de que quienes lo detentan se consideran los poseedores de la auténtica areté (ser digno de admiración y honor). Coincide también en que son los poseedores de las tierras. Los aristócratas se consideraban a sí mismos como los que encarnaban el ideal del kaloskagathos (hombres bellos y buenos, poseedores de toda la areté) (ilusión “aria”). La decadencia de la aristocracia, según Platón, origina la timocracia, poder de los militares que, a su vez, degenera en oligarquía, en la que una minoría sin escrúpulos oprime al resto de la población. Por lo general esa minoría es la de los ricos y entonces se le denomina plutocracia.
El engaño es, adicionalmente, una elaboración expresiva funcionalmente compleja de necesidades, reacciones y comportamientos sociales, construida sobre sustratos en ocasiones muy sofisticados de tipo biológico o fisiológico-funcional que en ese nivel anterior al de la organización social están diseñados para cubrir funciones de supervivencia de organismos, individuos y especies. Así, a nivel biológico, muchos organismos aparentan lo que no son por medio de camuflajes, dispositivos estructurales estáticos o dinámicos e incluso a través de comportamientos imitativos o de distracción, para evitar ser eliminados por competidores más fuertes y agresivos o para apoderarse de presas incautas. Esto puede ser considerado como el dispositivo básico del engaño en el plano biológico que, a medida que se incrementa la complejidad de las organizaciones, va siendo “recubierto” por decirlo así, con estructuras dinámicas más evolucionadas.
La ‘máscara social’
Desde la antigüedad muchas inteligencias han dicho lo mismo que Chuan Tzu[36]:
“Aquel que quiere tener lo correcto sin lo equivocado, orden sin caos, no entiende los principios del Cielo y de la Tierra. No sabe cómo están hechas las cosas.”
¿Qué papel desempeña “la máscara social” en el engaño colectivo? La máscara es la persona y al tiempo es la negación de la persona. En ella, como metáfora y como instrumento de dominio, confluyen las articulaciones dialécticas del ser –como haber y como actuar, como posibilidad y como seguridad- para que el individuo pueda ser aceptado dentro de su grupo y dentro de su estatus. Nadie hay, nada hay –o es sin máscara. En palabras de Nietzsche[37], el humano se designa como el ser que mide valores, como el animal “tasador de sí”. Pero el problema comienza aquí mismo, ya que, no tardando mucho, ese sentimiento de intercambio ha de verse traspasado desde el ser individual hasta la comunidad, y allí lo que se tasa y se mide, se intercambia y se compara, ya no es lo “de sí”, sino el poder.
En lo que se refiere a la máscara como simbolismo y representación, primero ocurre su presencia vinculada a la persona, pero siempre como objeto superpuesto a la misma, en calidad de frontera, de limes. La máscara es aquí el otro que, en cualquier caso, llevamos dentro como una señal de aquél primer combate producido en el individuo por la determinación del yo. Es una imagen de aquél combate y de su resultado. En segundo lugar, la máscara simboliza el engaño, tanto el producido en el yo respecto a su propia delimitación con respecto a los otros próximos, como en el admitido, establecido y aceptado dentro del grupo social (“todos tenemos dos caras” –el dios Jano o el Hermes bifronte serían la simbolización o representación cognitiva de este proceso). En tercer término, la máscara representa el engaño socialmente instituido pero públicamente rechazado y condenado por las instancias del poder. Todos estos aspectos son mutuamente dependientes y consecuencia unos de otros; no se pueden concebir aislados si no es de forma incompleta y parcial, hurtando para ello su “acción ejecutable” de entendimiento, sin cuya actuación carecen de sentido.
El proceso social del engaño sigue un curso paralelo con el miedo. En el ámbito del engaño se produce una gran transformación psicológica, una mutación cualitativa mediante la cual el sustrato sobre el que dicha mutación ocurre (es decir, el yo) queda radical y absolutamente cambiado en su propia naturaleza. Desde la etapa en que el engaño aun no es reconocido ni social ni individualmente como tal, es decir, cuando su representación –la máscara– permanece todavía vinculada a la persona y es considerada como el resultado de un proceso de “autodefinición”, hasta la primera de las transformaciones decisivas que va a experimentar, se produce un cambio cualitativo: el individuo comienza a perder su independencia como sujeto singular y adquiere su estatus de miembro de la colectividad.
Es éste el momento en que se lleva a cabo la primera manipulación seria sobre un instrumento que, en principio, tan sólo contribuye, junto con otros, al proceso auto definidor del yo. La familia, como órgano productor y reproductor de la ideología dominante, modela ese instrumento mediante el proceso de socialización primario, adaptándolo a su futuro papel como arma ideológicamente condicionada para la lucha de caracteres (competición dentro del ámbito familiar y conquista de la posición del yo entre los individuos integrantes de dicho ámbito) y para la lucha por la vida dentro de la sociedad (conquista y mantenimiento de estatus, consecución del poder, etc.). Sin embargo, con esa lucha que en ocasiones adquiere un carácter dramático y cuyos resultados van a condicionar siempre a los individuos, no ha hecho más que empezar un largo proceso que, seguramente, durará toda la vida del sujeto y que va a tener consecuencias no sólo para éste, sino para el desarrollo del grupo en su conjunto.
La segunda fase del proceso controlentrópico del engaño no es más que el umbral para el cambio más importante que se espera: La adopción pública del sistema general de relaciones, constituido por una pluralidad de relaciones parciales, vinculadas éstas al ámbito familiar y de estatus. Ese reconocimiento social supone la internalización del proceso que ha llevado al engaño hasta los niveles más significativos de actuación cognitiva. Tanto ha progresado en este proceso que la mayoría de los individuos lo considera (al engaño) como un mecanismo “natural”, es decir, propiciado por la naturaleza misma de las cosas e impulsado por ella. Con esta progresión dialéctica el propio yo individual se ha transformado, se ha cerrado el círculo. Desde sus orígenes en los sistemas biológicos, se ha completado el cambio del engaño hasta un instrumento de carácter social, al que, finalmente, se le desprovee de ese carácter para intentar la potenciación de los niveles instintivos y condicionantes.
El control de la entropía a partir del ‘paradigma social predominante’
La expresión “paradigma social” la entenderemos aquí como el esquema mental al que se adaptan o se sienten forzados a adaptarse las palabras, pensamientos y comportamientos de un grupo dado. El proceso de creación de un paradigma social parte de una actuación particular discutible, que es elevada a principio general, eliminándose o reduciéndose a su mínima expresión todos los comportamientos que contradigan dicho principio, aunque sean porcentualmente mayoritarios. De seguidas, el proyecto de paradigma social necesita de la “exageración conveniente” de todas las actuaciones e informaciones que convengan a lo que se quiere demostrar, con declaraciones de firmeza procedentes de alguna institución “de reconocido prestigio” para aumentar su poder y hacerlo incuestionable. Cuando las estructuras de socialización secundaria obran así (y aquí nos referimos a cualquier estructura de control que posea una jerarquía y un ascendente socialmente aceptado) logran matrizar en la opinión de los públicos un paradigma social predominante, y a partir de él, el control de las entropías que puedan surgir en su seno.
El poder, por sus propias características intrínsecas, suele necesitar para su supervivencia mantener a sus fieles, súbditos, empleados y clientes, de alguna manera engañados y miedosos, pues otra cosa sería una amenaza directa a su propia existencia. Se trata de conseguir que los destinatarios de cada poder se comporten de manera suficientemente predecible, homogénea y ordenada, de forma que sean susceptibles de ser organizados, controlados y puedan exigírseles esfuerzos que puedan resultar contraproducentes para su interés real e incluso llegar a atentar contra su propia salud física y mental.
Para ello resulta necesaria la consagración de determinados paradigmas sociales que puedan servir de guías seguras al comportamiento organizado de los componentes de cada grupo social, paradigmas que son mantenidos en el tiempo más allá (o prescindiendo totalmente) de su verdad y/o autenticidad, llegando a despreciar, ocultar intencionadamente o ignorar los datos que puedan ponerlo en cuestión o aconsejen acuciantemente cambiarlo por otro.
La política, con su cultura del engaño, fue reforzada por el “maquiavelismo”, que se convirtió en el vademécum de los gobernantes. Recordemos algunas de sus máximas, que son de actualidad:
“El gobernante, como creador del estado, no sólo está fuera de la ley, sino que si la ley impone una moral, está también fuera de la moralidad. No hay otro patrón para juzgar sus actos sino el éxito de sus expedientes políticos para ampliar y perpetuar el poder de su estado”.
Maquiavelo dio abiertamente fuerza de ley al uso de la crueldad, la perfidia, el asesinato o cualesquiera otros medios, con tal de que fuesen utilizados con suficiente inteligencia y secreto para poder alcanzar sus fines:
“Pero conviene que cuando el hecho le acuse, el resultado le excuse; y cuando el resultado es bueno, como ocurrió en el caso de Rómulo [el asesinato de su hermano], siempre se le absolverá. Es digna de censura la violencia destructiva, no la violencia que reconstruye.
Ello es compatible, y probablemente en eso consiste nuestra libertad, con permitir a determinados grupos que se salgan de la norma/horma, consintiendo incluso actos contra-sistema, siempre que dichos grupos más creativos sean minoritarios y sus propuestas no puedan amenazar el “way of life” dominante.
No obstante para mantener ese proceso resulta necesario asimismo encumbrar la utilización de la máscara. La máscara, actúa y oculta la acción de lo humano socializado. No diremos que lo disfraza, ya que su funcionar es más complejo y se efectúa sobre estructuras del ser más fundamentales que el simple aparentar o el “hacer que se es”. En realidad, máscara y funcionar socializado (actuar y ocultar) son inseparables del individuo que intenta integrarse en los correspondientes niveles de su grupo. Pero la máscara es también el resultado de un intento por reproducir y por perpetuar el sistema. Es la confesión pública, reconocida, “oficial”, de la posibilidad del engaño, casi podríamos decir de la imposibilidad del no-engaño, de hacerlo (al engaño, a su posibilidad, casi a la seguridad de su ocurrencia) “moralmente aceptable”, para lo cual hay que inutilizar el sentido riguroso de la moral y condicionarla con un modelo ideológico concreto. Y así la máscara adquiere una naturaleza sacramental –de ritual instituido y sacralizado– en representación de unos propósitos que ya han sido llevados hace tiempo al limbo de lo abstracto y de lo indiscutido.
Pero ni siquiera eso será suficiente para la actuación cognitiva externamente programada de la máscara –incluso así mantiene latente un poder demasiado violento– ya que su metáfora habrá de invocarse jaculatorialmente para que pueda ser utilizada sin riesgo, pasivamente, incondicionalmente. Con la máscara así “sentida”, podríamos entrar los humanos ya preparados en ese reino del representante de la seriedad nietzscheano, allí donde el sacerdote ascético enarbola “con su ideal, no sólo su fe, sino también su voluntad, su poder, su interés”. De ese ideal depende todo “su derecho a existir”; no es extraño por tanto que sea tan terriblemente defendido aún a costa de nuestra entera felicidad y, llegado el caso, de nuestra propia existencia.
Una de las características más visibles y grotescas de las dictaduras de cualquier ralea (civiles o militares, de izquierda o derecha) es el ocultamiento, la restricción y/o la deformación de la información oficial. Otro rasgo, íntimamente vinculado con lo anterior, es la adulteración fraudulenta de las estadísticas. Y una tercera peculiaridad sería el sistemático-alineado discurso del funcionariado, un recital típicamente mentiroso, doloso, cínico y/o manipulador (desinformación premeditada) con la expresa finalidad de desvirtuar realidades, tergiversar verdades o disimular las consecuencias de los abusos de poder, corruptelas y errores de gestión de la prosapia regente.
A punta de inexactitudes o medias verdades, de negar el acceso a las fuentes de información y de adulterar u ocultar informes, los gobiernos (pero también las sociedades, las ONG y cualquier otra modalidad de control social) encubren y camuflan aspectos de sus respectivas gestiones-resultados que no se atreven a exponer porque son conscientes del rechazo que generarían.
El nuevo ‘paradigma social predominante’ lo impone la globalización. Hasta podría afirmarse que con el arribo de la globalización vivimos bajo una oligarquía “global” que bien podría llamarse “globarquía” donde el poder se ejerce mediante las siguientes formas:
- a) Poder coercitivo (poder militar externo y poder policial interno), o la habilidad de A de inducir a actuar a B mediante una fuerza efectiva.
- b) Poder económico, o el control sobre los recursos (financieros, materiales o tecnológicos) mediante el cual A puede influir a B a actuar en beneficio de A.
- c) Poder político, o el grado hasta el cual A puede persuadir a otros de unirse a su causa en oposición a B, como resultado de los beneficios psicológicos o materiales que los potenciales adherentes vean derivados de la causa de A.
- d) Poder legal o normativo, la ventaja que A puede obtener sobre B como resultado de la elaboración de reglas de sanción por cualquier institución a la cual A y B pertenezcan. El curso de la historia es producto de las interacciones dialécticas complejas, o luchas mediante las cuales los individuos o grupos intentan auto-realizarse tanto en oposición como en cooperación entre ellos.
- e) Poder mediante el engaño, El dominio que A ejerce sobre B a través de la palabra de acuerdo con las acepciones que de engaño se dieron al inicio y que es el complemento de las otras cuatro formas de ejercer el poder.
Podríamos también argumentar que vivimos en una aristocracia y no en una oligarquía. Quienes nos gobiernan lo hacen sin temores, poseen la riqueza, son dueños no sólo de las tierras, sino de la Tierra y, por supuesto, son los mejores… para engañar.
Giovanni Sartori[38] cuenta que:
El “neo lenguaje” identificado por Orwell es en cambio un subproducto real, realísimo, de la sistemática propagación de lo falso aplicada por Stalin y por Hitler;” en la propaganda nazista y estalinista, “guerra era llamada paz, opresión llamada libertad, exterminio llamado solución, invasión llamada liberación”.
Esta forma de engaño, el neo lenguaje, en la “democracia” es más actual y está más perfeccionada que en tiempos de Stalin y Hitler porque no sólo surge en los discursos políticos de los líderes, sino en casi todos los órdenes de la cotidianidad. Es usado por los medios, en las negociaciones de todo nivel,
4.- ESTRUCTURA DE LA PERSUASIÓN
Se define con el término persuasión a la intención deliberada de una persona de modificar actitudes, creencias o comportamientos de otra persona o grupo de personas a través de la transmisión de un mensaje. Asimismo se considera a la persuasión un medio por el cual las personas colaboran unas con otras en la conformación de sus versiones de la realidad, individuales o compartidas, que comportan cambios de conducta.
Los antiguos retóricos distinguían tres elementos como pilares de la persuasión: el ethos, esto es, la bondad moral del mensaje y, por extensión, de quien actúa como fuente de información o persuasión. El logos, o corpus argumentativo, y el pathos, es decir, las emociones que dan soporte a los argumentos. Este enfoque no ha sido superado, aunque sí ampliado. La retórica clásica analizaba muy bien al orador pero olvidaba aspectos tan importantes como son el receptor del mensaje, el mensaje en sí mismo, y el canal con su carga de ‘interferencia’ o ruido interviniente.
La persuasión y la retórica eran ya técnicas sobradamente conocidas por los filósofos y escritores griegos de la Edad de Oro, y la oratoria era una profesión destacada en aquella época. El ciudadano griego debía defender sus tesis ante las asambleas políticas, y si no sabía argumentar estaba obligado a contratar a un sofista (maestro ambulante que elaboraba manuales para instruir en la mejor forma de argumentar). La Retórica de Aristóteles [39], y especialmente el desarrollo de sus tres conceptos fundamentales de ethos, logos y pathos, ha resultado ser un manual clásico de uso obligado para politólogos y aprendices de líderes en todas las épocas. Siglos más tarde, pensadores como Hume, Maquiavelo o Gracián han tratado de escudriñar la “naturaleza humana” analizando el comportamiento de los gobernantes, líderes, auditorios y buscando las mejores estrategias para desenvolvernos en la complejidad de las relaciones humanas.
El concepto persuasión ha sido considerado como sinónimo de control mental, o más asertivamente, como seducción oculta. El término propaganda es mucho más reciente; fue introducido por el papa Gregorio XV en 1662 y está asociado a técnicas de persuasión masiva, educación y predicación. Modernamente significa influencia de las masas mediante la manipulación de símbolos y técnicas de la psicología individual y social.
Los auditorios, las masas y los electores cambian y mudan sus opiniones con facilidad, especialmente si quienes lideran los medios y las estructuras políticas que modelan la opinión de los públicos se afanan en estructurar y confeccionar sus mensajes de forma adecuada. La clave del éxito no solo radica en el uso del léxico, las palabras y la sintaxis más convenientes, sino que tanto o más importante que el mensaje es la elección del momento y lugar adecuados para llevarlo a cabo.
Los estudios actuales sobre la persuasión dan una importancia crucial a la fuente de la que parte la acción persuasiva. La fuente debe ser creíble para que el mensaje tenga efecto.
Un mensaje es legítimo si quien emite el mensaje está socialmente legitimado para hacerlo, es decir, tiene autoridad moral o institucional. Para saber si un mensaje es legítimo podemos formularnos la pregunta: ¿Tiene esta persona autoridad para decir lo que dice? Si la respuesta es afirmativa, el mensaje es legítimo.
Un mensaje es competente si el mensaje es emitido de tal manera que el receptor se ve obligado a procesarlo y tomarlo en cuenta. La pregunta para saber si un mensaje es competente es: ¿Por su formato, obliga a ser procesado por el receptor? De ahí la diferencia ‘persuasiva entre la hoja promocional (que suele ser poco competente y por lo general la tiraremos sin leerla) y un oficio con el membrete del “Ministerio de Hacienda” Seguramente el remitente de este último mensaje nos ‘persuadirá a darle la máxima atención.
Un mensaje es persuasivo si el mensaje moviliza emociones o cogniciones capaces de transformar una actitud. Muchas veces un mensaje es persuasivo pero poco competente. Por ejemplo, podemos ver una promoción publicitaria en televisión sin comprender y atender al mensaje (baja competencia) pero cuando lo hacemos, quedamos fascinados o hipnotizados, y procedemos a aceptar todas las bondades y conveniencias subjetivas de la ‘promesa’ publicitaria, para terminar con la compra del producto.
Un ejemplo de mensaje competente pero no persuasivo es la carta que envía la Alcaldía de tu localidad conminándonos a pagar una nueva tasa municipal. El mensaje puede ser poco persuasiva (en términos generales no hay nada ‘atractivo’ en pagar un nuevo impuesto), pero seguramente analizaremos de manera concienzuda los pros y los contras de pagarlo.
Un mensaje es apropiado si por su formato, por quién emite el mensaje, canal escogido y otras características, puede obtener los resultados apetecidos. Este concepto es muy global pues se refiere a sí en la vida real el mensaje ha logrado o no su propósito. La pregunta clave para saber si un mensaje es apropiado sería: ¿Es o fue eficaz para cambiar conductas? Como es lógico, tanto más será un mensaje apropiado cuanto más legítimo, competente y persuasivo sea en su estructura, referentes y propósitos.
La persuasión ha sido ampliamente estudiada e investigada desde la perspectiva de los medios de comunicación, sobre todo en el campo de la comunicación publicitaria y de la política. El primer abordaje sistemático sobre el tema se atribuye a Carl Hovland,[40] este científico social se centró en el cambio de actitud en función de la persuasión. Su aproximación al tema establece que el cambio de actitudes puede ser un método efectivo para combatir el prejuicio, los estereotipos, la delincuencia y los efectos negativos de la propaganda, que nosotros llamamos acá ‘entrópica’, en contraposición a la propaganda cuyo contenido propende a la fijación de los estereotipos y la cultura como parte del control sobre los conglomerados que la integran.
Según este enfoque, para que un mensaje persuasivo cambie la actitud y la conducta tiene que cambiar previamente las creencias del receptor del mensaje. Este cambio en las creencias se produciría siempre que el receptor recibiera creencias distintas a las suyas y que fueran acompañadas de incentivos.
La persuasión es, en definitiva, parte del proceso controlentrópico que sustenta los modelos sociales implantados en los colectivos y que son promocionados y sostenidos por el poder (representado en la élites que lo detentan, pero sacralizado en las instituciones que lo representan) y que comunicacionalmente identifica y jerarquiza necesidades, preocupaciones e inquietudes en términos de resultados significantes, posicionando ideas y soluciones en el contexto de su proceder ideológico y a partir de necesidades con evidencias aparentes o verdaderas de una solución.
Las aproximaciones a la estructura de la persuasión de mayor vigencia son:
A) El grupo de investigación de la universidad de Yale.
La investigación desarrollada en la universidad de Yale se convirtió en el primer abordaje sistemático de la persuasión. Según este enfoque, para que un mensaje persuasivo cambie la actitud y la conducta, tiene que cambiar previamente los pensamientos o creencias del receptor del mensaje. Así, el proceso de persuasión es concebido como un conjunto de etapas, en las cuales hay una serie de elementos claves. La eficacia de un mensaje persuasivo depende fundamentalmente del efecto que produzcan en el receptor cuatro elementos claves: la fuente, el contenido del mensaje, el canal comunicativo y el contexto. Los efectos de estos cuatro elementos se ven modulados por ciertas características de los receptores, como su grado de susceptibilidad ante la persuasión. Los efectos psicológicos que los mensajes pueden producir en el receptor son cuatro: atención, comprensión, aceptación y retención.
B) La teoría de la respuesta cognitiva.
Según la teoría de la respuesta cognitiva, siempre que un receptor recibe un mensaje persuasivo, compara lo que la fuente dice con sus conocimientos, sentimientos y actitudes previas respecto al tema en cuestión, generando, de esta manera, unas respuestas cognitivas. Si los pensamientos van en la dirección indicada por el mensaje, la persuasión tendrá lugar; en cambio, si van en dirección opuesta, no habrá persuasión, o incluso puede darse un efecto boomerang. Los receptores no son ya persuadidos por la fuente o el mensaje, sino por sus propias respuestas ante lo que la fuente y el mensaje dicen.
C) El modelo heurístico.
En muchas ocasiones somos persuadidos porque seguimos determinadas reglas heurísticas de decisión que hemos aprendido por experiencia u observación. La persuasión no es resultado del análisis realizado sobre la validez del mensaje, sino fruto de alguna señal o característica superficial de éste, de la fuente que lo emite o de las reacciones de otras personas que reciben el mismo mensaje. Algunos de los heurísticos utilizados con mayor frecuencia se basan en la experiencia de la fuente, en la semejanza, en el consenso, o en el número y longitud de los argumentos. De esta manera, es más probable que las reglas heurísticas sean utilizadas cuando hay baja motivación, hay baja capacidad para comprender el mensaje, se da una alta prominencia de la regla heurística y los elementos externos al propio mensaje son muy llamativos.
D) El modelo de la probabilidad de elaboración.
Modelo elaborado por Petty y Cacioppo[41], el cual se centra en los procesos responsables del cambio de actitud cuando se recibe un mensaje así como en la fuerza de las actitudes que resultan de tales procesos. Según este modelo, cuando recibimos un mensaje, disponemos de dos estrategias para decidir si lo aceptamos o no: la primera estrategia, denominada ruta central, ocurre cuando se realiza una evaluación crítica del mensaje, se trata de llegar a una actitud razonada, bien articulada y basada en la información recibida; la segunda estrategia, denominada ruta periférica, ocurre cuando la gente no tiene la motivación o la capacidad para realizar un proceso tan laborioso de evaluación del mensaje.
Estructura del cambio de actitud, a partir de la persuasión
Los principios básicos de las actitudes afirman que cada quien es responsable de sus propias actitudes. Las actitudes son producto de la creación individual y es por esta circunstancia que la única persona que las puede cambiar es el sujeto Al mismo tiempo, hay que considerar que ninguna persona, en tanto miembro de cualquier colectivo, es un sistema cerrado. Creamos nuestras actitudes para entender el mundo que nos rodea y, por tanto, nuestras actitudes están permanentemente abiertas a la influencia del entorno. Esta circunstancia provoca que las actitudes estén en una continua y permanente transformación. Por lo tanto, el problema estructural de la persuasión para provocar un cambio, no es tanto conseguir que el otro cambie de actitud, sino conseguir que cambie en la dirección deseada.
El cambio de actitud que se produce a través de la ruta central es más duradero, predice mejor la conducta y es más resistente a la persuasión contraria. Las dos estrategias mencionadas constituyen los dos extremos de un continuo, el de probabilidad de elaboración. Cuando la probabilidad de elaboración es muy elevada, el receptor está utilizando la ruta central; cuando es muy baja, está utilizando la ruta periférica.
La probabilidad de elaboración depende de dos factores: motivación y capacidad. Las variables consideradas en la persuasión pueden influir en los juicios de cuatro maneras: sirviendo como argumentos apropiados para dilucidar los méritos de un objeto o posición, sesgando el procesamiento de la información relevante para la actitud, sirviendo como una señal periférica o influyendo en la motivación y capacidad.
La persuasión controlentrópica se desarrolla a dos niveles: Uno lo integran los efectos de la estructura de la comunicación. El segundo, los efectos del contenido en comunicaciones persuasivas. En la estructura se tratan cinco tópicos principales: la discusión sobre el orden de presentación, la presentación de uno o dos lados del argumento, la cuestión de sacar o no conclusiones, la pasividad o actividad de la audiencia receptora y cuándo presentar los principales argumentos del mensaje.
La estructura del cambio actitudinal no ha variado desde que el hombre ‘es’ y en consecuencia se ha asumido como ente. La capacidad para motivar el cambio de actitud está directamente relacionada con la influencia psicológica que se ejerce en el otro. Existirá más influencia cuanto más dispuesto esté ‘el otro’ a escuchar y a dejarse influenciar. Una de las grandes paradojas de la comunicación humana es que si se desea que ‘el otro’ deje de estar sordo y tenga interés en escuchar, primero habrá que escucharle. La empatía y la capacidad de entender al otro son los cimientos sobre los que se asienta la capacidad de motivación de los demás. Lo que quiere decir que el primer paso para poder motivar a los demás es intentar saber todo lo posible sobre su manera de pensar.
Cuando se entiende al otro y se obtiene su atención y su confianza, es posible persuadirle con ideas nuevas, que provocarán nuevas actitudes. Naturalmente eso no garantiza el control de la entropía, pero al menos distrae la atención de los sujetos y disuelve, por así decirlo, el efecto entrópico de los vórtices sociales.
¿Cómo se articula este cambio de actitud? El procedimiento a seguir para poder ofrecer alternativas viables se podría esquematizar de la siguiente manera:
1º.- Identificar la actitud a cambiar: Partiendo de la observación y conocimiento del otro, se identifican las actitudes que impiden la motivación. La pregunta a hacerse es ¿cómo se sabe que esa persona no está motivada? ¿Qué se debe percibir para decidir que carece de motivación? ¿Cuáles comentarios evidencian esa falta de motivación? ¿Cuáles actitudes o comportamientos se deben identificar para decidir que el sujeto carece de la motivación adecuada?
2º.- Formular la actitud alternativa: Una vez identificada la actitud o actitudes a modificar, el segundo paso es formular la actitud alternativa. Las actitudes son el mapa que utilizan los individuos para ‘navegar’ por la vida, y un mal mapa es mejor que no tener mapa, Para que alguien cambie el mapa que está usando es imprescindible ofrecerle otro mapa, que aparente ser mejor o de lo contrario seguirá usando el que tiene y al que está acostumbrado. La pregunta básica es: ¿Qué es lo que necesita ‘el otro’ en vez de lo que tiene? ¿Qué querría ver en lugar de esto? ¿Qué comentarios tendría que oír? ¿qué tendría que notar para saber que esa persona está motivada?
3º.- Diseño de ‘la intervención’ persuasiva: Una vez que se conoce cuáles actitudes han de proponerse, hay que decidir el cómo y cuándo. Para articular el cambio actitudinal se deben responder estas preguntas: ¿Se va a trabajar con una persona o con un grupo? ¿Cuáles medios serán utilizados para la promoción del cambio actitudinal? ¿Dónde y cuándo?
La comunicación persuasiva y su efecto en los colectivos sociales
Dentro del conjunto de las actuales Ciencias Sociales, nos encontramos con el problema de situar el status teórico y práctico de los análisis llevados a cabo sobre Comunicación de Masas. Existe en este sentido una sensación de crisis profunda, como la refiere Franco Rositi en su libro Teoría y crítica de la Comunicación de Masas. Se percibe una cierta desestructuración teórica motivada por la aparente novedad de los problemas. Novedad aparente ya que podríamos remontarnos a Platón y Aristóteles, e incluso a Parménides, como iniciadores de la investigación sobre el lenguaje y el acto comunicativo.
Una indagación de la comunicación persuasiva de las masas está orientada hacia el nuevo modelo cultural en el que los símbolos, valores y códigos de conducta son tomados de los mensajes mass-mediáticos. De este modo, la clasificación de las dos grandes Sociologías de la Comunicación, -la experimental desarrollada preferentemente en Norteamérica y la culturalista creada, sobre todo, en Europa y con clara inspiración en las obras de Marx, Freud y Saussure-, gira sobre los enfoques temáticos, epistemológicos y metodológicos que sirven como núcleo de sus análisis. En tales enfoques hay que citar necesariamente una línea intermedia entre los planteamientos norteamericanos y los europeos. Esta línea es la encabezada por Noam Chomsky y Herbert Schiller quienes, respectivamente, se acercan a la comunicación desde la Política y la Economía.
La comunicación persuasiva, cuyo exponente más conocido y público es el marketing electoral, aunque no el único ni el más influyente, es una clase de comunicación cuyo efecto puede ser, o bien crear opiniones y actitudes donde no existían, o incrementar o disminuir las actitudes preexistentes, o bien desplazar las opiniones desde una posición hasta su opuesto. Por lo tanto, la persuasión es, en palabras de D’adamo,
“… una comunicación intencionada, premeditada, con objetivos conscientes, preestablecidos y específicos cuyo efecto es la creación, disminución, aumento o conversión de opiniones, actitudes y/o conductas” D’adamo..
Ahora bien, a lo largo de las últimas décadas la forma de concebir la comunicación persuasiva ha ido transformándose, dicho proceso se manifiesta principalmente en la transición que se da de las sociedades de masas a las sociedades contemporáneas.
El viejo paradigma predominante de principios de siglo XX se caracterizaba por el modelo hipodérmico de la comunicación de masas, que consistía básicamente en creer que los medios ejercía un poder absoluto capaz de manipular por completo a una audiencia…
“… audiencia pasiva, homogénea y masificada, sin capacidad de respuesta personal a los mensajes”
Tal modelo se justificaba y era lógico porque partía de la idea de la sociedad de masas que reinaba en las ciencias sociales de la época, por lo tanto el concepto de comunicación persuasiva llegó a ser entendido bajo la lupa del modelo conductista del estímulo-respuesta. Esta lógica hacía creer que cualquier mensaje adecuadamente presentado por os medios puede tener un efecto de persuasión instantáneo y masivo en receptores sumamente vulnerables a la influencia.
Este modelo fallaba al subestimar de forma excesiva al receptor del discurso, dándole un valor mucho mayor al emisor del mensaje. Sin embargo tal modelo fue revaluado y perdió contundencia a medida que los investigadores en comunicación volcaron su mirada hacia el receptor, partiendo de cuestionar los principios que regían el modelo del impacto directo; es de esta manera como se dio la transición de dicho modelo a otros, como por ejemplo el de los efectos mínimos o limitados, que se ubica en el otro extremo de la relación emisor-receptor.
Fundamentalmente es Herbert Schiller[42] quien en sus obras más relevantes como son: Comunicación de Masas e imperialismo yanqui, La manipulación de los cerebros, Información y Economía en tiempos de crisis y El poder informático, replantea las conexiones globales en las que se enmarcan los procesos de comunicación. En este sentido, Schiller renueva la comprensión de los medios ya que se acerca a fenómenos que habían sido minusvalorados como, por ejemplo, el papel de la industria Walt Disney en la transmisión ideológica de los valores de la sociedad norteamericana, la National Geographic como difusora de imágenes estereotipadas de los países y de las culturas o la función de las encuestas de opinión para dirigir y encauzar al votante y al consumidor. Estas contribuciones han influido en autores como Armand Mattelart (Para leer el Pato Donald) Ariel Dorfmann y, en general, toda la Sociología comunicativa latinoamericana.
Los cambios que han sufrido las formas de ver la comunicación persuasiva en la sociedad de masas en la sociedad contemporánea, demuestran que el proceso comunicativo –emisor-receptor- es más complejo que el solo hecho de decir que es lineal. Hoy es posible hacer una distinción de varios elementos importantes que se deben tener en cuenta a la hora de producir un mensaje persuasivo, como por ejemplo, la influencia de la Sociología económica de Schiller, que se percibe en la reciente posición desarrollada principalmente en Francia por P. Flichy (Las multinacionales del audiovisual) e Y. Eudes (La colonización de las conciencias). Se abre, en definitiva, una importante vía de investigación en la que las interrelaciones sociopolíticas, culturales y económicas se articulan con la comunicación de masas entendida como el aparato ideológico -en concepto de Althusser- imprescindible para el mantenimiento del control de las entropías sociales y sus reajustes estructurales.
Para cerrar este tema del ensayo remitimos al lector a la propuesta de Janowitz cuando afirma:
“La comunicación de masas comprende las instituciones y técnicas mediante las cuales grupos especializados utilizan instrumentos técnicos (prensa, radio, películas, etc.) para difundir un contenido simbólico a audiencias amplias, heterogéneas, y muy diseminadas.”
5.- LA MENTIRA COMO REDUCTOR DE LA ENTROPÍA
La capacidad de percibir, de entender y de tratar con el mundo se ve severamente influenciada por la presencia de las mentiras en el devenir diario de la vida. El proceso de decidir lo que es verdadero y lo que es falso, cuándo mentir y cuándo decir la verdad, qué creer y qué no creer, es una merma constante de energías y dadas todas esas incertidumbres, la mente se ve impedida para trabajar en su nivel óptimo. Se dice que utilizamos tan sólo una pequeña porción de nuestra capacidad mental porque la mayoría se focaliza en información confusa; en desinformación, información pobre, falsedades y mentiras.
¿Por qué la mentira tiene un rol protagónico en el sujeto social? ¿Qué convierte a la mentira en un reductor de la entropía?
En esencia, la mentira es en sí misma un reductor de la complejidad porque disuelve las diferencias y las conduce a un común denominador. Mentir es un mecanismo para mantener el control y es parte integrante de la conducta de mantenimiento y abuso del poder que la cultura estimula y demanda. A pesar del hecho que la religión y las leyes sociales proscriben las mentiras, mentir es un aspecto cotidiano en la vida casi desde el primer día de existencia; incluso en los hogares más devotamente morales y religiosos. Ciertamente, en el momento en que el niño es capaz de hablar, los padres empiezan a mentirle rutinariamente y finalmente se espera del niño que mienta como resultado de ese proceso de socialización.
En este ensayo hemos podido observar cómo la literatura, la política, el mercadeo y las religiones se sustentan en la debilidad básica del ser humano. La mentira, el engaño, la ocultación total o parcial de la verdad. Los políticos y sociólogos que estudian la Entropía Social tienden a especializarse en la siembra ‘focalizada’ y socialmente controlada del caos y la confusión para reafirmar el orden y la razón, como quien produce un incendio controlado para acelerar la transición física de un bosque en un área agrícola, o como el que quema un corta-fuegos para detener un ‘desastre social’. El combustible para ambos procesos es el mismo: La mentira.
Como mecanismo de socialización, la mentira está inserta en todos los procesos de interacción social cumpliendo funciones de manipulación, formación de Impresiones, fortalecimiento de autoconfianza y socialización (Lilienfeld et al, 1994). La mentira, la censura, la represión no son en sí mismas manifestaciones o formas de ‘enfermedad social’ sino justamente lo contrario. Son formas de defensa, igual que la fiebre, que actúan como el contrapeso que las autoridades societales poseen para mantener bajo control las entropías endógenas, que son percibidas bien como debilidades estructurales, bien como malformaciones embrionarias. Cuanta más entropía más control. Cuanto más profundo y generalizado el vórtice entrópico, más y plurales han de ser las mentiras que provienen del gobierno estatal.
Pero para validar a la mentira como instrumento de socialización y control de las entropías, las sociedades requieren de un intermediario muy particular, que actúe con altos niveles de credibilidad entre la estructura que gobierna y dirige, y los colectivos humanos que le reconocen tal ascendente. Ese intermediario vocal no es otro que el líder.
La reducción de las entropías sociales comienza en la fase de auto organización de las sociedades, llamada Controlentrópica, integrada por aquellos procesos que el sistema utiliza para controlar los mecanismos reductores de la entropía. Cuando los sistemas sociales son estables se organiza la cohesión psico-social de una población en una institucionalidad estatal, que es orientadora y coherente con una narrativa discursiva, que explica la necesidad del tipo de organización económica que sustenta la materialidad del sistema y permite un crecimiento demográfico de acuerdo con ella, en la medida que las condiciones lo permitan. Cuando estas instancias están en congruencia se habla de una fase en que el sistema mantiene bajo su mando los mecanismos reductores de la entropía, Estos mecanismos son, en esencia, tres: el miedo, el odio y la mentira.
Cuando se trata de un Estado naciente, la sociedad es vista como una reorganización de todo el campo de la solidaridad o de la cohesión del sistema. Se está en presencia de una auto-organización del sistema. Si las condiciones son las propicias para la reorganización global del sistema, se produce un proceso de revolución cultural, lo cual implica una reordenación del campo social, político, económico y paradigmático e incluso ecológico. Es lo que se conoce como la fase negentrópica del sistema y que es el momento cuando la controlentropía manifiesta su más alta expresión y la mentira discurre entre el entramado social como una ‘propuesta novedosa’, distinta, mágica.
Según este principio de controlentropía, que aquí llamamos ‘Principio de Disolución de los Vórtices Sociales’, el vocero ideal de un gobierno controlentrópico que representa la institucionalidad ejecutiva suele ser, como sostiene Freud…
“…un ser extrovertido, comunicador, pero profundamente insatisfecho, que resuelve sus problemas sublimándolos a través de un mecanismo de dominación y proyectando en ese sometimiento masivo la resolución de su narcisismo exacerbado.”
(*) Comumicólogo.
Asesor de Identidad e Imagen Corporativas.
Profesor de Mercadeo Electoral
Escritor
[1] Sean Spence demostró por primera vez la utilidad de la
resonancia magnética funcional para detectar cuándo miente un sujeto. Acaba de aplicar
esta técnica de neuro-imagen a un
caso real para investigar la culpabilidad o inocencia de una mujer acusada de envenenar a un niño. La experiencia se recoge en el último número
de la revista
European Psychiatry.
[2] VIOLENCIA Y PSICOPATIA Raine, Adrián – Sanmartín, José Editorial: Ariel S.A. (España) ISBN: 84-344-7470-0
[3] Cristina Besada es la jefa de Neurorradiología en el Hospital Italiano, una subespecialidad dentro del Diagnóstico por Imágenes que requiere una sólida formación, no sólo radiológica, sino clínica neurológica, neuropediátrica, neuroquirúrgica, psiquiátrica y de neurociencias básicas.
[4] Andrea Tagliacarne, profesor de Filosofía de la Universidad San Raffaele de Milán y autor del libro “Filosofia della bugia” (Mondadori ed.) [ Filosofía de la mentira]:
[5] Friedrich Wilhelm Nietzsche (IPA ˈfʁiːdʁɪç ˈvɪlhəlm ˈniːtsʃə) (Röcken, cerca de Lützen, 15 de octubre de 1844 – Weimar, 25 de agosto de 1900) filósofo, poeta y filólogo alemán, considerado uno de los pensadores modernos más influyentes del siglo XIX.
[6] Sobre verdad y mentira en sentido extra moral (Über Wahrheit und Lüge im aussermoralischen Sinne en alemán) es un libro que forma parte de la obra filosófica de Friedrich Wilhelm Nietzsche que data del 1873. Nietzsche es considerado uno de los tres “Maestros de la sospecha” (según la conocida expresión de Paul Ricoeur), junto a Karl Marx y Sigmund Freud.
[7] Jacques Derrida (El-Biar 15 de julio de 1930 — París 8 de octubre de 2004), ciudadano francés nacido en Argelia, es considerado uno de los más influyentes pensadores y filósofos contemporáneos. Su trabajo ha sido conocido popularmente como pensamiento de la deconstrucción, aunque dicho término no ocupaba en su obra un lugar excepcional. “Lo revolucionario de su trabajo ha hecho que sea considerado como el Nuevo Emmanuel Kant por el pensador Emmanuel Lévinas y el Nuevo Friedrich Nietzsche según Richard Rorty”. Es, acaso, el pensador de finales del siglo XX que más polémica ha levantado y que más se ha hecho acreedor al concepto de Iconoclasta.
[8] Paul Ricoeur (Valence, 27 de febrero de 1913 – Châtenay-Malabry, 20 de mayo de 2005) fue un filósofo y antropólogo francés conocido por su intento de combinar la descripción fenomenológica con la interpretación hermenéutica.
[9] VAIHINGER, Hans, La voluntad de ilusión en Nietzsche. En Revista Teorema, 1980, 2
[10] La Paradoja de Epiménides es una incongruencia relacionada con la filosofía y la lógica. Pertenece al grupo de las paradojas falsídicas, ya que aparenta auto-contradecirse si se sigue un razonamiento, pero se puede mostrar que dicho razonamiento no es correcto.
[11] Kurt Gödel ([kuɹtˈgøːdl]) (28 de abril, 1906 Brno (Brünn), Austria-Hungría (ahora República Checa) – 14 de enero, 1978 Princeton, New Jersey) fue un lógico, matemático y filósofo austriaco-estadounidense. Reconocido como uno de los más importantes lógicos de todos los tiempos, el trabajo de Gödel ha tenido un impacto inmenso en el pensamiento científico y filosófico del siglo XX.
[12] Los teoremas de la incompletitud de Gödel son dos célebres teoremas demostrados por Kurt Gödel en 1930. Simplificando, el primer teorema afirma: En cualquier formalización consistente de las matemáticas que sea lo bastante fuerte para definir el concepto de números naturales, se puede construir una afirmación que ni se puede demostrar ni se puede refutar dentro de ese sistema. El segundo teorema de la incompletitud afirma: Ningún sistema consistente se puede usar para demostrarse a sí mismo.
[13] Michel Foucault (Poitiers, 15 de octubre de 1926 – París, 25 de junio de 1984), fue un filósofo, sociólogo e historiador francés, profesor en varias universidades francesas y americanas y de la cátedra Historia de los sistemas de pensamiento en el Collège de France (1970-1984). Su trabajo ha influido en las más importantes personalidades de las ciencias sociales y las humanidades.
[14] Hay una antigua afirmación paradójica, llamada paradoja del mentiroso, que puede ayudarnos a ilustrar el tema: “Esta afirmación es falsa.” Pasemos a analizar tal afirmación. Si esta es verdadera, esto significa que la afirmación es falsa, lo cual contradice nuestra primera hipótesis. Por otra parte, si la afirmación es falsa, la afirmación debe de ser verdadera, lo cual nos lleva de nuevo a una contradicción. Una versión aun más simple de esta paradoja (como señaló Lewis Carrol) es la afirmación siguiente: “Yo estoy mintiendo.” En estas afirmaciones se presenta el fenómeno llamado bucle extraño. Cualquier suposición inicial que se haga conduce a una refutación de ésta. Muchas de las ilusiones ópticas del arte de M. C. Escher están basadas en este concepto.
[15] Coleman y Kay Word: Journal of the international linguistics associations, ISSN 0043-7956, Vol. 53, Nº 3, 2002 , pags. 405-409
[16] MILLER, G. R.: «Interpersonal Communication». En BOOK, Cassandra L.: Human Communication: Principles, Concepts & Skills. Nueva York, St. Martin´s Press, 1978, Pp. 141-185.
[17] Leo Strauss (1899-1973) fue un emigrante judío-alemán que huyó del régimen nazi y terminó en la Universidad de Chicago, donde desarrolló un grupo de analistas y otros grupos de estudio (Think-tank) que se han destacado en la política estadounidense. Entre sus estudiantes estaban Paul Wolfowitz, así como Irving Kristol. Padre de William Kristol, director de operaciones de los neoconservadores republicanos en Washington, editor del Weekly Standard y presidente del Proyecto para un Nuevo Siglo Estadounidense.
[18] Erich Fromm (n. 23 de marzo, 1900 en Fráncfort del Meno, Hesse, Alemania – † 18 de marzo, 1980 en Muralto, Cantón del Tesino, Suiza) fue un destacado psicólogo social, psicoanalista, filósofo y humanista alemán. Miembro del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Frankfurt, participó activamente en la primera fase de las investigaciones interdisciplinarias de la Escuela de Frankfurt, hasta que a fines de los años 40 rompió con ellos debido a su heterodoxa interpretación de la teoría freudiana (intentó sintetizar en una sola disciplina el Psicoanálisis y los postulados del Marxismo). Fue uno de los principales renovadores de la teoría y práctica psicoanalítica a mediados del siglo XX.
[19] Roland Barthes (Cherburgo, Francia, 12 de noviembre de 1915 – París, 25 de marzo de 1980) Escritor, ensayista y semiólogo francés. Barthes es parte de la escuela estructuralista, influenciado por el lingüista Ferdinand de Saussure, por Benveniste, Jakobson y Lévi-Strauss. Crítico de los conceptos positivistas en literatura que circulaban por los centros educativos franceses en los años 50.
[20] Rosenthal R Y Jacobson L, 1968. Pigmalion in the classroom. ..
[21] Robert King Merton, sociólogo estadounidense nacido en Filadelfia el 4 de julio de 1910, y muerto en Nueva York el 23 de febrero de 2003. Es el padre de la teoría de las funciones manifiestas y latentes, y autor de obras como El análisis estructural en la Sociología (1975).
[22] Linda Coleman y Paul Kay han mostrado cómo la pertenencia a esta categoría es, en ocasiones, el lugar de un hecho afirmativo o negativo, una cuestión de grado.
[23] Gerald Miller Interpersonal Communication. En BOOK, Cassandra L.: Human Communication: Principles, Concepts & Skills. Nueva York, St. Martin´s Press, 1978, Pp. 141-185.
[24] Vilém Flusser es un filósofo, teórico de los medios, de origen checo, que hizo de la imagen técnica y su función en la sociedad post-industrial, de los aparatos y medios culturales de la comunicación, desde la máquina fotográfica hasta el ordenador, su reflexión teórica fundamental. De allí que su principal ocupación fuera, en el fondo, la cultura de la imagen: nuestro futuro cultural inmediato
[25] Adolf Bastián ( * 26 de junio de 1826 en Bremen, Alemania – 2 de febrero de 1905 en Puerto España, Trinidad y Tobago) fue un erudito del siglo XIX, recordado por sus contribuciones al desarrollo de la etnografía y el desarrollo de la antropología como una disciplina. Además la Psicología contemporánea le tiene una gran deuda, debido a su teoría del Elementargedanke, que le daría a Carl Jung la posibilidad de desarrollar la teoría de los arquetipos.
[26] Alfred Louis Kroeber (11 de junio de 1876–5 de octubre de 1960) fue una influyente personalidad de la antropología estadounidense durante la primera mitad del siglo XX.
[27] Benjamín Lee Whorf (1897-1941) fue un lingüista estadounidense, pupilo de Edward Sapir, de quien tomaría la hipótesis etno linguístca para llevarla a lo que actualmente se conoce como la hipótesis de Sapir-Whorf. Esta teoría, una versión dura del relativismo lingüístico, refutada por numerosos lingüístas en la actualidad
[28] Avram Noam Chomsky (7 de diciembre de 1928 en Filadelfia, Estados Unidos) es un lingüista, filósofo, activista, autor y analista político estadounidense. Es profesor emérito de Lingüística en el MIT y una de las figuras más destacadas de la lingüística del siglo XX, es sumamente reconocido en la comunidad científica y académica por sus importantes trabajos en teoría lingüística y ciencia cognoscitiva. Propuso la gramática generativa, disciplina que situó la sintaxis en el centro de la investigación lingüística y con la que cambió por completo la perspectiva, los programas y métodos de investigación en el estudio del lenguaje, actividad que elevó definitivamente a la categoría de ciencia moderna.
[29] Antropología de la mentira, (Madrid: El Taller de Mario Muchnik, 2005) obtuvo el premio Alfons el Magnànim de ensayo, saca a la luz las raíces antropológicas de las artes del engaño desde las dimensiones del lenguaje, la inteligencia y la libertad de elección humanas
[30] Miguel Catalán González (Valencia, 29 de enero de 1958) es un filósofo y escritor español Tanto en sus obras de ensayo como de ficción, Catalán investiga la naturaleza humana desde una perspectiva que pudiéramos denominar indirecta o negativa, basada en su interés por el error, el engaño y la ilusión.
[31] Immanuel Kant (Königsberg, Reino de Prusia, 22 de abril de 1724 – íbidem, 12 de febrero de 1804), filósofo alemán. Es considerado como uno de los pensadores más influyentes de la Europa moderna y del último período de la Ilustración. En la actualidad, Kant continúa teniendo sobrada vigencia en diversas disciplinas: filosofía, derecho, ética, estética, ciencia, política, etc. Una sostenida meditación sobre los diversos fenómenos del obrar humano nos remite necesariamente a Kant, que junto con Platón y Aristóteles constituye, según una gran mayoría, el hilo conductor de los grandes aportes al conocimiento humano.
[32]Antropología en sentido pragmático (Anthropologie in pragmatischer Hinsicht) (1798). Trad. de José Gaos. Revista de Occidente, Madrid, 1935; reed.: Madrid, Alianza, 1991 (ISBN 84-206-0526-3).
[33] Umberto Eco – (Alessandria, Piamonte; 5 de enero de 1932) escritor y filósofo italiano, experto en semiótica. Novelista y semiólogo italiano, se doctoró en Filosofía y Letras en la Universidad de Turín en 1954 con un trabajo que publicó dos años más tarde con el título de El problema estético en Santo Tomás de Aquino (1956). Se consagró como narrador con El nombre de la rosa (1980), novela histórica culturalista
[34] Ludwig Josef Johann Wittgenstein (Viena, Austria, 26 de abril de 1889 — Cambridge, Reino Unido, 29 de abril de 1951) filósofo austriaco, posteriormente nacionalizado británico. En vida publicó solamente un libro: el Tractatus logico-philosophicus, que influyó en los positivistas lógicos del Círculo de Viena, movimiento del que nunca se consideró miembro. Tiempo después, el Tractatus fue severamente criticado por el propio Wittgenstein en Los cuadernos azul y marrón y en sus Investigaciones filosóficas, ambas obras póstumas. Fue discípulo de Bertrand Russell en el Trinity College de Cambridge, donde más tarde también él llegó a ser profesor.
[35] Fernando Vallejo Rendón (Medellín, 24 de octubre de 1942) es un escritor, biólogo, cineasta y activista de los derechos de los animales nacido en Colombia y nacionalizado en México en 2007. Ha recibido numerosos reconocimientos por su obra incluido el Premio Rómulo Gallegos y es considerado un personaje controvertido por sus agudas críticas especialmente hacia la Iglesia Católica, la falsa moral, la física y los formalismos.
[36] Chuan Tzu Vivió hacia el s. IV a C. discípulo de Lao Tse. Aunque su constatación histórica sea más fiable que la legendaria de Lao Tse, poco se sabe de su vida. Sólo existen referencias biográficas de otros discípulos taoístas. Nació en Song, pequeña localidad cerca de Henan, y en su ciudad natal ocupó un modesto cargo administrativo.
[37] Friedrich Wilhelm Nietzsche (ver nota 5 en la pág. 4) – Realizó una crítica exhaustiva de la cultura, religión y filosofía occidental, mediante la deconstrucción de los conceptos que las integran basada en el análisis de las actitudes morales (positivas y negativas) hacia la vida. Este trabajo afectó profundamente generaciones posteriores de teólogos, filósofos, psicólogos, poetas, novelistas y dramaturgos.
[38] Giovanni Sartori (Florencia, Italia, 13 de marzo de 1924) es un prestigioso investigador en el campo de la ciencia política, especializado en el estudio de la política comparada. Su obra más destacada es Teoría de la Democracia.
[39] Aristóteles fue un filósofo griego del siglo IV a. J. C. que, nacido en Estágiro (más tarde Estagira), era súbdito del rey de Macedonia pero estaba enamorado de la cultura ateniense y sus manifestaciones y, entre ellas, de la retórica deliberativa o política que floreció a la sazón en Atenas como nunca. Fue contemporáneo de Demóstenes, el mejor orador político de todos los tiempos. La Retórica de Aristóteles es un “arte”, una tékhne, es decir, un tratado teórico-práctico sobre un objeto concreto, en este caso la palabra persuasiva, el discurso retórico. Es decir, es un conjunto sistemático de conocimentos universales teórico-prácticos que rebasa el nivel de la mera experiencia (empeiría, palabra de la que procede nuestro adjetivo «empírico»).
[40] Carl Hovland, Chicago, U.S.A., 1912 – 1961 Estudió matemáticas, ciencias y psicología en la Northwestern University, doctorándose en Yale bajo la dirección de Clark. L. Hull. Hovland comenzó la actividad docente en 1940 en Yale, en cuya Universidad permaneció hasta su muerte prematura. Coordinó la evaluación de programas de entrenamiento y empleo del cine de propaganda entre las tropas norteamericanas. Está considerado como unos de los cuatro padres fundadores de los estudios sobre comunicación, junto con Lasswell, Lazarsfeld y Lewin.
[41] Petty, R. E., y Cacioppo, J. T. (1986). The Elaboration Likelihood Model of persuasion. New York: Academic Press.