Democracia del siglo XXI

  • Teódulo López Meléndez

    Abogado, diplomático, novelista, ensayista, poeta, editor, columnista de opinión.

  • Lectores

    • 243,467 hits
  • Enter your email address to subscribe to this blog and receive notifications of new posts by email.

    Únete a otros 100 seguidores

  • Noticias

  • Sígueme en Twitter

El desgrane y la criba

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 28, 2014

 criba

Teódulo López Meléndez

 

Batir o sacudir, lidiar con la humedad, verificar la madurez de los granos, pues las cosechas se pierden si no se desgrana o se trilla, si no se separan a tiempo de las plantas. Presumen que ha habido un cultivo, pues si nada se ha sembrado nada se cosecha.

 

Es tal el déficit ético en la Venezuela del presente que no sólo se debe parecer honesto sino serlo, pues debemos voltear la expresión dicha de Pompeya Sila, la segunda esposa de Julio César, en cuanto “la esposa del Cesar no solo debe ser honesta, sino parecerlo”, pues el juego de las apariencias es lo que preside la vida pública venezolana de hoy y no la esencia para la asunción de un comportamiento de cara al país.

 

Vivimos en la contradicción aparente, en una medición constante de hasta dónde se puede llegar en el abuso de la poda de las plantas antes de esperar que los granos vayan perdiendo su verdor y se muestren listos para el consumo. Se pide al gabinete que ponga sus cargos a la orden y pasan los días sin nuevo gabinete o se impone un control de consumo para luego señalarlo como voluntario. A medida que el régimen se hace inviable en su tarea de podar al país, el país se hace inviable por falta de siembra y de cosecha.

 

El país requiere de ejemplos como prédica. El país no requiere de bacanales exhibicionistas de búsqueda de candidaturas porque la única candidatura es el país. El país necesita saber que hay gente que coloca los intereses nacionales por encima de los suyos. El país no está para edulcorantes ni mediatintas. Hay q hablarle con una sinceridad rayana en la crudeza extrema: la siembra que hemos hecho como nación a lo largo de nuestra larga existencia requiere de criba para limpiar el grano de paja y tallos.

 

No podemos permitirnos otro grave retardo histórico similar al que nos ocurrió el siglo pasado. No podemos autorizarnos a entrar en una involución que nos va retardando como país. Debemos cambiar el retroceso por un acelerado desafío de futuro. Hasta el cansancio hemos hablado de la necesidad de un cambio histórico, uno que pasa por los desafíos entre los cuales consideramos el esencial hacer entrar a este país al siglo XXI. Para ello, el desgrane, la madurez del grano, y la criba, para limpiarnos de la paja encarnada en este país somnoliento en un continuo recurrir a lo intrascendente, a lo banal, a lo secundario, a lo meramente superfluo.

 

Poner a este país en el siglo XXI, es el foco y el objetivo que todo lo abarca, en un siglo cuyo comienzo en verdad parece retrógrado, pero desafiante como todas las épocas de transiciones y aleccionador para el espíritu emprendedor de una nación que produzca alimentos materiales y espirituales, que esquive los vientos tormentosos y se aposente sobre la seguridad y la confianza a alzarse pragmáticamente como sitio hacia dónde se volteen las miradas y en dónde se encuentren ideas y realizaciones.

 

El país debe limpiar los granos de la paja. El país se consume en un accidente histórico propio de quien no tiene por costumbre limpiar los terrenos de cultivo. Es nuestra tradición, dejar a la arbitrariedad del clima la tierra o para que se erosione o para que por inercia asome tímido algún tallo. Ya basta con nuestra inoperancia. Los pésimos gobiernos autoritarios del siglo XIX o los ideologizados del XX, los manuales del caudillismo de uno y los manuales del activista del otro, deben ser suplantados por el encuentro de un cambio histórico que preciso de manera tajante en “entrar al siglo XXI”.

 

El astrónomo, poeta, geógrafo y filósofo griego Erastótenes se dedicó a medir la Tierra y luego a dirigir la Biblioteca de Alejandría hasta su fin. Cuando estaba ciego y ya libros no había cuentan que decidió morir de hambre. Aquí debemos hacer, para este país,  de este anaquel vacío, una fructífera travesía por este imperfecto siglo que nos tocó en suerte y de la falta de alimentos, los del cuerpo y los del espíritu, fuerza para sacarlo de la ruina.

tlopezmelendez@cantv.net

 

 

 

 

 

 

 

Posted in Los artículos de Teódulo López Meléndez | Etiquetado: | Leave a Comment »

El credo predilecto de los políticos

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 28, 2014

chinchorro

Por Alberto Medina Méndez

La política como actividad profesional ha instalado una serie de creencias hasta convertirlas en verdades irrefutables. La mayoría de ellas apuntan a que la sociedad incorpore la idea de que los políticos son imprescindibles protagonistas, necesarios participes y vitales intérpretes en su función de intermediarios entre las dificultades y las soluciones.

El paradigma central de ese dogma preferido por los políticos, es aquel que sostiene que son los gobiernos los que deben “solucionar los problemas de la gente”. Esta perspectiva, además de perversa y falaz, apuesta a la pereza ciudadana promoviendo la comodidad de ciudadanos que creen, genuinamente, que todos sus padecimientos son responsabilidad de terceros, de otros, de personajes que se empeñan en hacerlos desdichados.

En el marco de esa engañosa teoría, la política como sacerdocio y vocación, asume el heroico rol de ofrecer “alivios y remedios” para que la comunidad los apoye electoralmente y de ese modo deleguen esa agotadora gestión dejando todo en manos de políticos supuestamente eficientes que toman la posta para resolver cada inconveniente que los ciudadanos identifican.

La felicidad es un concepto subjetivo, individual, absolutamente personal, por el que cada ciudadano fija sus prioridades, gustos, preferencias y una escala de valores bajo la cual intenta alcanzar ese estándar sublime.

No existen garantías para ello. Esa búsqueda es permanente y siempre imperfecta. Lo que cada individuo intenta es lograrlo, pero no lo consigue con la frecuencia deseada, siendo invitado entonces a ajustar reiteradamente sus estrategias y tácticas para obtener la meta soñada. Por momentos lo consigue, pero sabe que ese bienestar es efímero y que pronto algo volverá a romper el equilibrio, obligándolo a un nuevo intento.

Imaginar que esas vivencias individuales pueden resumirse en una consigna única, común y universal, es un gran embuste. La política lo plantea porque si no implanta la visión del bien común, esa matriz genérica que sirva para todos, no puede operar y su existencia no tendría sentido. Y es así que desemboca en la mágica fórmula de “resolver los problemas de la gente”.

Resulta demagógico, pero al mismo tiempo muy simpático, sostener ese discurso que dice que la sociedad no es culpable de nada, que todo lo que le sucede es responsabilidad ajena y que la política se encargará de poner las cosas en su lugar para que de ese modo todos sean afortunados.

En realidad, los individuos deberían comprender que lograr ese progreso y felicidad depende de ellos mismos, que la tarea no es esperar que las cosas ocurran sino, justamente, hacer que sucedan.

Las personas prosperan, avanzan y consiguen ser felices, cuando gobiernan sus vidas y triunfan por sus propios méritos. Claro que están los que tienen suerte y que el contexto influye, pero eso no debe invitar a cruzarse de brazos y esperar que “otros” resuelvan los inconvenientes particulares.

La tarea es hacerse cargo, ser responsables del propio destino, ocuparse de uno mismo y también de sus respectivos entornos. Son los individuos los que deben accionar y organizarse cuando la voluntad individual no alcanza para cooperar y ejecutar cuando un tema les interesa.

Existen varias generaciones de ciudadanos que creen que los gobiernos deben proveerles trabajo, vivienda, alimentos, educación y salud, entre tantas otras necesidades. Están convencidos que se trata de una obligación de los gobiernos consagrarse a esos temas. Entienden que alguien debe pagar ese costo, y no son ellos, sino el resto. Por eso promueven la exigencia, y no apelan al esfuerzo personal como herramienta de cambio.

Ni los políticos, ni los gobiernos, están para quitar los obstáculos del camino. Nacieron con el objetivo de garantizar derechos a cada individuo, y asegurar a los ciudadanos la posibilidad de convivir en armonía, evitando que se quiten la vida, la libertad y la propiedad unos a otros a través de mecanismos inmorales y del tradicional abuso de poder.

Los políticos tendrían que poner sus energías en generar las condiciones para que sean los individuos los que puedan crear su propia felicidad a través de sus decisiones personales, asumiendo los riesgos derivados de cada determinación. La responsabilidad de la política es cerciorarse de que nadie inicie el uso de la fuerza contra otra persona y que si lo hace, esa actitud tenga consecuencias negativas que desestimulen un nuevo intento.

La política debe dedicarse a que los individuos tengan reglas de juego claras, transparentes, estables, con incentivos bien definidos, para poder en ese marco buscar su propia felicidad, y no pretender reemplazar a los ciudadanos en esa labor. La sociedad, por su parte, debe esforzarse, esmerarse, para que el resultado de tanto trabajo sea su mayor estímulo y para no caer en la trampa de asignar culpas para justificar errores propios.

La dirigencia se ha esmerado en instalar esta idea en la mente de todos. Cada ciudadano que cree en esa frase que dice que los políticos están para resolver sus dificultades, en algún punto, es porque prefiere descansar en esa mirada que tomar riesgos asumiendo sus éxitos y fracasos.

Es prioritario cuestionar el discurso de los políticos, el verdadero rol de los gobiernos, y la función del Estado en todas sus formas y jurisdicciones. Definitivamente, son los individuos los que deben encontrar atajos frente a cada conflicto, en forma personal cuando ese sea el ámbito, o también organizándose socialmente cuando el objetivo amerite un trabajo coordinado en equipo. Pero es bueno empezar a destruir aquel confortable slogan que afirma que son ellos los que deben solucionar los problemas de la gente. Lamentablemente esa visión es parte del discurso cotidiano y se ha constituido en el credo predilecto de los políticos.

albertomedinamendez@gmail.com

 

 

Posted in Uncategorized | Leave a Comment »

Lo biométrico como “polibiología”

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 21, 2014

biométrico

 

Teódulo López Meléndez

 

Desconocemos si existe la palabra “polibiología”. Seguramente no, pero lo biométrico nos autoriza a inventarla, pues todos los diccionarios nos dicen es estudio estadístico de los fenómenos o procesos biológicos. De manera que llamar de tal manera a un método de control de consumo de alimentos (en latín captahuellas, en griego tarjeta de racionamiento) debe implicar una relación entre política y biología, algo así como un interés del Estado en examinar los procesos internos de los órganos de quienes habitamos en esta república desposeída.

 

Es el escape hacia adelante. Mientras el país se cae a pedazos en áreas vitales el régimen ratifica que el problema es el contrabando y una “guerra económica”, asuntos para los cuales recurre a métodos biométricos que bien pueden traducirse como abandono de toda racionalidad económica y persistencia en el “manual para activistas”.

 

Las advertencias han llovido desde todos los sectores, incluidos los afines al oficialismo, pero he aquí que de nuevo se nos plantea una “puesta a la orden” de los cargos del ejército de ministros con total sordera a las encuestas que muestran descenso creciente o a los análisis que señalan un agotamiento del tiempo para recurrir al pragmatismo.

 

El país, mientras tanto, traga grueso, traga sin masticar. Los “dirigentes” se resumen en profundidades como “queremos Maduro renuncie ante el pueblo”. Otros observamos como las redes sociales resultan inútiles para generar cualquier posibilidad de cambio, en un proceso regresivo de su antiguo esplendor de cuando la “primavera árabe” o desde los “indignados” europeos.  El país chancea frente a cada nueva turbulencia y lo hace desde una patética inercia que nos hace preguntarnos si los análisis biométricos serán capaces de revisarle estómagos e intestinos.

 

Frente a tal estulticia uno admite la existencia de extraterrestres, pero también la discusión sobre si son o no inteligentes o vuelve a recurrir a una necesaria Antología del Absurdo sin que ninguno de nuestros excelentes humoristas declare asumir la tarea. O vuelve a reclamar la presencia de la inteligencia del interior del país asumiendo una rebelión contra una clase política parasitaria, sin olvidar que hemos oscilado en esa propuesta, oscilación seguramente originada en el hecho de que llamar la atención del país sobre su inercia ya se hace tarea vana.

 

Con inusitada frecuencia vuelca una gandola en estas carreteras nuestras y resulta saqueada. Lo primero es lo extraño, lo segundo no, lo que nos hace recurrir a una perversa imagen asimétrica (al fin y al cabo uno se contagia con la métrica) para pensar que si este país se vuelca saqueadores no faltarán.

 

Una visión retrospectiva de nuestra ya larga historia nos indica que servirle al país es una de las tareas más difíciles, puesto que el país hace tiempo tiene el habito de renegar de quien quiere servirle. Momentos históricos, en alguna medida similares a éste, deben abundar, pero bajo un común denominador de pesadumbre: este país siempre ha sido una indefinición, entre otras variadas razones porque desconoce su pasado y carece absolutamente de memoria.

 

Dudamos si esperar por el “cambio de gabinete” para escribir esta expiación semanal, pero nos asalta el enroque como medida defensiva en el ajedrez –aunque esto sea en verdad una partida de damas chinas- y las sabias palabras del gran maestro cubano Capablanca cuando indicó la vida era muy corta para pasársela jugando ajedrez.

 

Confiemos, pues, en la capacidad biométrica de suplantar insumos en hospitales y productos en las estanterías de los supermercados, dado que los alfiles (léase ministros) cabalgan sobre los peones y el Rey no se da por enterado de la eventualidad de un jaque. El día del envío de este artículo carece de interés. Al fin y al cabo las cuentas y mediciones sobre el cuerpo social hay que hacerlas con ábaco, como en la antigua Mesopotamia.

 

tlopezmelendez@cantv.net

Posted in Los artículos de Teódulo López Meléndez | Etiquetado: | Leave a Comment »

Marina Silva, el revolcón

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 18, 2014

Audio de Teódulo López Meléndez

Marina Silva 2

 

<a href=”http://www.ivoox.com/marina-silva-revolcon-audios-mp3_rf_3409877_1.html&#8221; title=”Marina Silva, el revolcón”>Ir a descargar</a>

Posted in Los artículos de Teódulo López Meléndez | Etiquetado: | Leave a Comment »

El país desalmado

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 15, 2014

desalmado 1

Teódulo López Meléndez

El trágico accidente aéreo que costó la vida al candidato presidencial de los socialistas brasileños Daniel Campos nos mostró a un país. La conmoción fue total, desde la gente en la calle hasta los más conspicuos líderes políticos, desde el gobierno hasta sus adversarios. La campaña electoral fue suspendida de inmediato y la presidenta declaraba duelo nacional.

En suma, un país. Uno recuerda a los ilustres venezolanos fallecidos sin que un acuerdo de duelo haya sido emitido e, incluso, hasta las celebraciones poco disimuladas por la muerte de un adversario o los deseos de fallecimiento para otros. Esto es, un país que transcurre su drama desalmadamente.

Nos hemos echado a perder como país. Hemos sustituido la humanidad propia de un conglomerado que se sabe tal por una especie de incordia incontrolada. La siembra artificial del odio entre venezolanos, la caracterización de una falsa lucha de clases y la conversión de la política en batalla sin escrúpulos pesará a largo y hará difícil el reencuentro de la unidad nacional y el retorno a un juego político civilizado.

Cierto el mundo no anda bien. Las matanzas indiscriminadas y las guerras civiles con ribetes religiosos, la inestabilidad del Oriente Medio, el irrespeto por la vida mujeres y niños no combatientes, son características que signan al año en curso. En el escenario de nuestro continente vemos los intentos de pacificación de Colombia, de una Colombia con más de medio siglo de violencia, un esfuerzo q conllevaría a proclamar a nuestra América como libre de combates intestinos y no sin pesar la incomprensión fatal de un sector de sus actores políticos.

El mundo sigue en su drama: lo viejo no se muere y lo nuevo no termina de nacer o, si se quiere, los conflictos asemejan a un vertiginoso regresar de épocas históricas indeseables. En Venezuela hemos tenido violencia y muerte sin que haya degenerado en un conflicto total, uno que, sin embargo, no podemos borrar del escenario por arte de magia. Los síntomas son de descomposición social. Baste mirar a la criminalidad con los cuerpos que aparecen descuartizados o lanzados a autopistas y ríos. Se mata sin necesidad alguna al objetivo del delincuente de apoderarse de los bienes ajenos, pero también -se constata en la obviedad de las noticias- por encargo, por eso que llaman sicariato.

Los índices que nos colocan en los primeros lugares de la criminalidad mundial muestran una ruptura de todo freno que incluye desprecio total por la vida humana. Se han roto los diques. Han caído las paredes de los embalses.

Sin embargo, lo que los venezolanos llamamos con la generalidad “inseguridad” es sólo un aspecto del drama. Lo más profundo es que no vemos futuro aceptable, lo que fuerza a la emigración, al desconsuelo o al encierro preventivo. Los venezolanos solo recibimos mentiras, acrobacias, desparpajo, distracciones, obra bufa. Los actores de nuestra vida pública muestran rutilante incapacidad para abrir vías a las posibilidades, a perspectivas que hagan de la gran enfermedad nacional llamada pesimismo una curable o desterrable.

Los venezolanos se mueven en el lamento, en el lanzar su disconformidad como forma de alivio, sin que se apresten al rescate de un entorno civilizado dentro de lo fáctico de un mundo revuelto. Siguen ahogándose en paradigmas agotados, en formas políticas del pasado, en la construcción de liderazgos superfluos.

Por supuesto que el país tiene tiempo mal, no es una novedad, la novedad –si es que la palabra cabe- es que sus pesares se acentúan y comprueban que los países no tienen fondo cuando van en barrena dado que siempre puede ser peor. Es obvio que la principal responsabilidad la tienen quienes ejercen el poder, más aún cuando se dedican al pregón de una felicidad inexistente o al abuso permanente de la propaganda para tapar su ineptitud. Es también obvio que la responsabilidad es de toda una clase dirigente sin respuestas. Cuando eso sucede corresponde al cuerpo social asumirse, pero este parece desencajado y maltrecho como para aprestarse a tal tarea.

tlopezmelendez@cantv.net

Posted in Los artículos de Teódulo López Meléndez | Etiquetado: | Leave a Comment »

El anhelo, el esfuerzo y el cambio

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 11, 2014

anhelos

Por Alberto Medina Méndez

Todas las sociedades aspiran a vivir mejor. Hablan de progreso, sin aclarar que el deseo no alcanza. Tampoco sirve demasiado repetirlo hasta el cansancio y llenarse la boca de discursos grandilocuentes para que se convierta en realidad. Hace falta bastante más que eso.

Para conseguir triunfos extraordinarios hace falta mucho más que una retórica elaborada. Se precisa pasar a la acción, llevar adelante esfuerzos incansables, prolongados en el tiempo, con una constancia a prueba de todo y esa perseverancia propia de quien tiene convicciones profundas, virtudes que no abundan a la hora de construir un vida en comunidad.

Es importante comprender que las ganas y el sacrificio tampoco garantizan los resultados esperados. Es que las ansias son necesarias y el esfuerzo es vital, pero son las ideas correctas las que hacen la diferencia. Si el rumbo seleccionado no es el adecuado, esa inmensa labor será inconducente.

Es allí donde claramente las sociedades contemporáneas no parecen encontrar el camino. Es saludable intentar entender como se produce esa secuencia de acontecimientos que configuran la realidad. Si se cree que todo ocurre por mera ventura divina, pues entonces, habrá que concluir que no vale la pena hacer mucho, ya que lo que viene, no depende del accionar de los hombres sino de la intervención celestial. En ese caso, parece mejor esperar que lo bueno aparezca y agradecer a Dios cuando ello suceda.

Para otros solo se trata de tener un poco de suerte, o al menos de evitar los sinsabores de la mala fortuna. En esas circunstancias, tampoco tiene sentido hacer demasiado. El futuro depende, desde esa perspectiva, del azar y entonces esmerarse no parece muy inteligente.

No falta nunca ese grupo que atribuye los descalabros y las crisis a las conspiraciones, a la participación deliberada y la actitud despiadada de confabuladores seriales que se ocupan de que todo resulte pésimo. Bajo esas reglas, no amerita hacer esfuerzo alguno. Después de todo, las fuerzas del mal son exageradamente poderosas y no fracasarán jamás.

Todas esas miradas invitan, directa o indirectamente, a la pasividad, a esperar, a cruzarse de brazos, a actuar como simples espectadores y por lo tanto renunciar al protagonismo, al trabajo y a hacer todo lo necesario para que el mañana sea distinto y no una mera proyección del presente.

Ahora, si se comprende que son los ciudadanos los que toman decisiones y son ellos los que hacen que las cosas sucedan, y que su participación incide, de algún modo, en su destino, pues en ese caso es central repasar que es lo que se debe hacer para que algo novedoso ocurra.

Queda claro que lo que se hace hoy es insuficiente. Es evidente que las ideas que se han defendido hasta aquí producen esto que se conoce como actualidad y por lo tanto se trata de construcciones intelectuales que han demostrado su absoluta ineficiencia, siendo más de lo mismo. De lo contrario no se podría convivir con tanta inseguridad, corrupción, injusticias, manipulación del poder y cuanta perversidad deambule por estas tierras.

Muchas veces, la sociedad no logra vincular los hechos y prefiere creer que con soñar alcanza. Es importante tener un norte como herramienta motivadora, porque estimula a tomar las riendas. Pero es falso suponer que solo por quererlo, todo ocurrirá favorablemente, como por arte de magia.

El deseo precisa de una acción decidida, de un impulso enorme, perseverante y sistemático. La historia reciente solo muestra espasmos que, como tales, se agotan en sí mismos, sin haber conseguido su meta por falta de profundidad, paciencia y claridad conceptual.

Cuando la victoria no aparece en forma automática, la ansiedad hace de las suyas y entonces todo vuelve a cero, con el agravante de que la desilusión y la desesperanza instalan la visión de que es imposible lograr algo positivo.

Hablar de esfuerzo, no es apuntar solo al sacrificio que implica esmerarse, sino también a pagar los costos derivados de los objetivos pretendidos. Nadie consigue grandes cosas sin tropiezos. Los logros muchas veces vienen de la mano de colosales renunciamientos. Es probable que muchos no estén dispuestos a hacerlo y eso explique en buena medida lo que pasa.

Si el deseo es potente y el esfuerzo constante, pero las ideas son las incorrectas, todo fracasará. Para ser optimistas hay que anhelar con entusiasmo, prepararse para hacer un esfuerzo gigante, pero además estar absolutamente dispuestos a cambiar, a dejar de lado los sistemas equivocados para reemplazarlos por las que han demostrado su éxito.

Los paradigmas con los que se analiza la realidad son determinantes. Si ciertas ideas no se reemplazan por las diametralmente opuestas, pues no habrá esfuerzo ni ganas que consigan algo interesante. Elegir el rumbo inadecuado conduce invariablemente a un fracaso predecible.

Todos los países son optimistas respecto del porvenir. Saben que recorren una coyuntura, pero también que esa circunstancia tiene fecha de vencimiento. Tienen esperanzas respecto de lo que viene, y confían en que todo será mejor. Pero ese pronóstico será el correcto solo si se comprende el vínculo profundo que existe entre el anhelo, el esfuerzo y el cambio.

albertomedinamendez@gmail.com

Posted in Uncategorized | Leave a Comment »

Los calorones de agosto

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 8, 2014

calorón 1

 

Teódulo López Meléndez

 

Se puede aparecer en pantalla convirtiendo una precaución en una obra de envergadura para los barrios. Otra cosa no sucedió en la pasada cadena de radio y televisión del jueves efectuada por Maduro. Bajo la apariencia de retomar el proyecto Barrio Tricolor, nombrado por enésima vez, se ocultó la creación, o el intento de creación, de una barrera protectora contra eventual “pérdida de paciencia” de los sectores populares.

 

Lo que se mostró, -con maquinaria, factores ideológicos, premisas de desarrollo- no fue más que un plan de seguridad disfrazado de proyecto de cirugía urbana. El acompañamiento de un trato, que no sabríamos como calificar, al aumento anunciado de la gasolina, hace más evidente lo señalado. Ahora no es necesario ese aumento, es un simple correctivo que deberá tomarse, pero puede ser en dos o en diez años.

 

Por si fuera poco, Maduro elogió al general encargado del proyecto por lo que llamó esfuerzo sobrehumano de recorrer lo que llaman callejones en tiempo récord, como si esa misión no hubiese sido anunciada hace meses y de repente había que recurrir a esfuerzo extra, a prisa inaudita, a carrera contra el tiempo.

 

Estos elementos por tratar de convertir una medida de seguridad en una acción gubernamental de aparente asistencia a los sectores de las barriadas populares pasó a ser un aquelarre. A todo el que siguió la cadena con ojos atentos, quiere decir casi nadie, le quedó patente un tablero con todas las alarmas encendidas. El gobierno está más que nervioso por el eventual comportamiento de los pobres que dice defender y encarnar.

 

Recordemos que el inefable presidente había anunciado previamente la adquisición de nuevos equipos represivos para “combatir terroristas” y que en las redes sociales había corrido la versión –cuya veracidad desconocemos- de muy especiales convocatorias a la Guardia Nacional para mirar a los nuevos y eventuales escenarios.

 

Conjuntamente el superpoderoso Rafael Ramírez había anunciado que nuestra empresa en Estados Unidos, CITGO, estaba a la venta a quien realizase la oferta conveniente, en un paso acariciado años atrás por razones ideologizantes, y ahora reforzado por falta de efectivo y por compromiso con China de elevar nuestra cuota de suministro petrolero. Es obvio que ello equivaldría al abandono del mercado norteamericano, en una acción de alto riesgo.

 

Es tal la complejidad del mundo en estos momentos, y sobre todo en los que están por venir, que cualquier acontecimiento en Venezuela no entraría en la primera página de quienes andarían muy ocupados con sus propios dilemas. Tenemos a un gobierno nervioso y una economía colapsada. La preocupación del gobierno es notoria como patética, pero nadie, aparte de los íntimos del régimen, parece, fuera de él quiero decir, estar haciendo un seguimiento a los temblores, ocupados como andan en las maniobras secundarias para mantenerse vigentes y frente a un país que, como hemos dicho hasta el cansancio, se ocupa de las minucias sin percibir las alarmas de tsunami.

La cadena fue realizada sin ninguna explicación de las razones por las que se suspendía el viaje de Maduro a la toma de posesión de Santos y exactamente a la misma hora, como para reforzar la tesis de una tranquilidad conventual. El que quedó muy mal fue el sempiterno Uribe que había alegado tal presencia como excusa para producir el hecho histórico de que por vez primera en la historia de Colombia una oposición no asistía a una toma de posesión presidencial. Pero fuera de los actos en Bogotá hay que explicar que la reunión sostenida días atrás en Cartagena de Indias no era justificativo para la inasistencia, dado que estos actos sirven para ver a docenas de mandatarios extranjeros y representantes de alto nivel de los organismos internacionales.

Este ha sido un agosto, y sigue siendo, uno muy particular, uno en el cual el régimen asegura no haber visto nunca antes tantos alegres viajeros, cuando IATA advierte Venezuela se acerca al aislamiento aéreo y la gente hace las más espectaculares conexiones para tratar de ver a sus familiares emigrados, número in crescendo como es fácil advertir. Agosto tiene calorones.

tlopezmelendez@cantv.net

 

 

 

 

 

Posted in Los artículos de Teódulo López Meléndez | Etiquetado: | Leave a Comment »

La contribución de los incondicionales

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 4, 2014

incondicionales

Por Alberto Medina Méndez

 

Existe un grupo de individuos que actúa en forma inorgánica, espontánea y hasta genuina. Se trata de los incondicionales. Son personajes que defienden todo lo que hace su circunstancial líder. Se pueden inmolar por él y no importa lo que diga o haga, ellos lo avalan con un cheque en blanco.

En estas latitudes, esa modalidad tiene mucho vínculo con el personalismo y es el presidencialismo como sistema político, el que mejor lo representa. Estos intransigentes sujetos no protegen un sistema de ideas. En realidad, apoyan a un dirigente político, al que endiosan, atribuyéndole talentos sobrenaturales, condiciones inigualables, que poco tienen que ver con la indiscutible imperfección humana.

Aplauden a su guía político sin importar demasiado sus argumentos ni propósitos. Convierten todo en positivo, inclusive los inocultables defectos, esos que critican en otros, pero que festejan en su ídolo cuando los usa.

Le asignan virtudes que no tiene, multiplican sus eventuales éxitos y minimizan sus evidentes fracasos. Cuando el jefe acierta, recuerdan que sus planes fueron perfectamente diseñados, y cuando algo sale mal, especulan con conspiraciones que sus enemigos prepararon contra su brillante idea.

Es pertinente aclarar que no conforman la nómina de incondicionales los eternos hipócritas del sistema, esos que estando rentados “alquilan” su opinión favorable a cambio de una oportuna compensación económica.

La referencia no apunta a esa categoría en la que se enrolan los empresarios prebendarios, esos que reciben favores del poder, ni tampoco a la de los militantes mercantilizados, los que sobreviven gracias al sueldo o los interesantes contratos que les provee su ocasional amo político.

La alusión de incondicionales es solo para aquellos, que sin depender económicamente de los beneficios que distribuye discrecionalmente el poder, amparan incansablemente cada decisión del gobernante.

Estos fanáticos razonan de un modo muy particular. Su conclusión sobre lo que ocurre, es siempre independiente de las premisas. Saben de antemano que su cabecilla tomará la decisión adecuada, no importa cuál sea la estrategia ni el tema en cuestión. Si el caudillo selecciona una orientación definida, la aprueban y si prefiere exactamente la opuesta, también. En ambos casos su tarea consiste en construir argumentos que expliquen todas las posturas posibles, inclusive las antagónicas.

Ellos no resguardan una ideología determinada, de hecho las detestan, aunque les deslumbra la posibilidad de rotularse con generalidades que parecen simpáticas por su aceptación, pero que no dicen demasiado.

Los amantes de lo absoluto, pululan por todas partes. Aparecen muy frecuentemente en los medios de comunicación pero también en las redes sociales, aunque discuten en cuanto ámbito se les presente.

La adulación sistemática, la alabanza indiscriminada, no es racional. Nadie es perfecto. Todos cometen errores. No existe excepción para esta regla universal, al menos cuando de la especie humana se trata. Defender a alguien sin admitir desaciertos es ir contra el más elemental sentido común.

No se ayuda a quien se respeta validándole absolutamente todo, mucho menos celebrando la universalidad de sus actos. Al contrario. Al no señalarle sus errores, se lo invita a repetirlos, profundizarlos e ignorarlos. Y es así, que las supuestas ventajas de lo hecho se van desdibujando hasta finalmente deslegitimarse por sí mismas, cayendo por su propio peso.

Los incondicionales, no eran así. No respaldaban todo sin criterio. Solo elogiaban lo que consideraban correcto y alineado con su visión personal. Pero han mutado su actitud, exacerbando su estilo, con mucho de intolerancia, girando sin necesidad hacia el fundamentalismo, solo porque les molesta la crítica, esa que consideran injusta y desproporcionada. Desprecian al adversario y por eso marchan disciplinadamente detrás del mandamás, solo para denostar a sus tradicionales rivales.

Creen que colaboran con el régimen combatiendo a los contrincantes naturales de su referente. Suponen estar haciendo un valioso aporte a la causa con ese combate intelectual, sin advertir cuanto se equivocan.

No solo no se han dado cuenta de lo patético e indigno de su postura, sino lo absolutamente ineficaz e insostenible que resulta esa dinámica. Tampoco se percataron del escaso favor que le hacen a sus supuestos ideales.

El ciudadano promedio es sensato. Puede ser engañado durante algún tiempo, pero no siempre. Las posiciones extremistas, esas que defienden lo que sea, son distinguidas con claridad por la gente moderada y menos apasionada. Solo terminan expulsando a quienes en realidad tienen coincidencias generales, pero logran comprender que no pueden acompañarlo todo, ciegamente y a cualquier costo.

El ocaso empieza en algún momento. La caída del régimen tiene escalones y su declinación se visualiza progresivamente. En esta etapa, la de la pendiente hacia abajo, el final de la historia no lo aceleran necesariamente los hechos políticos, sino justamente el accionar de quien lidera el proceso. Pero nada de eso podría lograrse sin la contribución de los incondicionales.

albertomedinamendez@gmail.com

Posted in Uncategorized | Leave a Comment »

La lámpara de Diógenes

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 2, 2014

 

Diógenes

 

Teódulo López Meléndez

 

No se trata de personas. Se trata de conceptos. No puede desafiar quien busca cuotas. Desafía el que busca al país todo.

 

El impoluto consensa intereses extraviados. El desafiante reta a mirar distinto.

 

Aquí no se trata de mediadores mesurados conservadores del estatus. Aquí se trata de romper en procura de un cambio histórico.

No se trata de acomodar intereses contrarios con guantes de seda. Se trata de empujar a una nación hacia un nuevo estadio.

 

Lo que el país requiere no es un impoluto mediador. Es un desafiante de la voluntad ciudadana.

 

Lo que el país requiere no es acuerdo para presentar candidatos sino para presentar el país posible.

 

Lo q el país requiere no es una alianza con fines electorales. Es una convergencia ciudadana hacia el país. En un drama nacional se busca broten todas las tesis y se enfrenten. En un acomodo se requiere el apaciguador que consuela.

 

Desafiar a un país se topa con la incomprensión. Hacerle carantoñas a un país tiene aquiescencia. La incomprensión es parte del desafío.

 

No se requiere al acomodador que pone cojines para evitar se rocen los ambiciosos. Lo q se requiere es sacarlos del teatro.

 

No se requiere de “unidad” como chantaje ni “pega loca”. Se requiere una insurgencia nacional que rompa el presente.

Moverse por ambición de poder es exactamente contrario a la posibilidad de gobernar y hacer viable un destino.

El país se queja. El país no se asume. El país exorciza. El país no construye. El país en la minucia. El país no visualiza futuro.

Cada vez que veo la exigencia de transformación de la MUD me pregunto cuando los dinosaurios se hicieron aves. Si bien hay novedosas teorías científicas al respecto por análisis comparativos de los esqueletos de unos y otras persiste la duda sobre los miles de años que tal evolución requirió.

Estos días de acomodos de poder, de preparación de escenarios para la obra de mañana a uno lo asalta Diógenes de Sinope, Lo imagina en su tonel, sin olvidar sus antecedentes de falsificación de monedas junto a su padre, dado que, al fin y al cabo, a eso se le atribuye su dedicación a la filosofía. Con su habitual agudeza Platón lo describió como un “Sócrates delirante”. Sólo portaba un manto, un zurrón, un báculo y un cuenco y su maravillosa lámpara con la que buscaba a un hombre honesto. La historia de la filosofía no nos da cuenta si encontró a alguno.

Lo único que sí se sabe es que un día en las callejuelas de Atenas Diógenes vio a un niño recogiendo agua con las manos y le regaló el cuenco. Es posible que el fuego de su lámpara lo haya llevado al agua.

Jamás escribió una línea. Practicaba con el ejemplo. No deja, por esto último, de ser curioso que haya logrado la inmortalidad.

tlopezmelendez@cantv.net

 

 

 

Posted in Los artículos de Teódulo López Meléndez | Etiquetado: | Leave a Comment »

El peligroso 2014

Posted by Teódulo López Meléndez en julio 29, 2014

Audio de Teódulo López Meléndez

peligro 2

<a href=”http://www.ivoox.com/peligroso-2014-audios-mp3_rf_3358829_1.html&#8221; title=”El peligroso 2014″>Ir a descargar</a>

 

Posted in Los artículos de Teódulo López Meléndez | Etiquetado: | Leave a Comment »

La persistencia de los paranoicos

Posted by Teódulo López Meléndez en julio 28, 2014

paranoia

Por Alberto Medina Méndez

El debate político es habitualmente apasionante. No se trata de un entretenimiento o de un simple pasatiempo como cualquier otro, ya que de su desarrollo y acciones dependen, en buena medida, muchas de las decisiones que impactan fuertemente en la vida cotidiana de las personas.

Esa batalla cultural, donde las ideas compiten con la intención de lograr mayor aceptación general, inspirar a los gobernantes e influir en el discurso que regirá el destino de los individuos, tiene una diversidad casi infinita.

Sin embargo, en este casi inagotable universo de visiones, un caricaturesco grupo humano, minoritario pero grandilocuente, que se hace notar en cuanta oportunidad dispone, es el de los eternos predicadores que sostienen que la humanidad toda vive bajo la constante amenaza de un gran complot.

Su teoría general se apoya sobre la base de que un conjunto de individuos, que tienen perversas intenciones, se reúnen a diario para confabular, construyendo así una enorme conspiración que busca, por diferentes medios, destruir todo a su paso, para apropiarse del poder mundial.

Esa retorcida visión de la vida tiene plena convicción sobre la existencia de un nuevo orden mundial que se edifica día a día, silenciosa pero tenazmente, con el objetivo de conseguir que triunfen las fuerzas del mal.

Según el perfil del interlocutor que plantea estos dislates, la facción a la que circunstancialmente pertenece o la inclinación doctrinaria que asume, sus adversarios pueden tener múltiples facetas y procedencias.

Estos exóticos miembros de la sociedad provienen desde dispares sectores. Pueden ser nacionalistas, ultraconservadores, fanáticos religiosos o militantes de la izquierda más fundamentalista.

Unos y otros se inspiran en similares frases hechas, casi siempre panfletarias. Su argumentación es invariablemente superficial, bastante vacía pero con mucho componente  místico y con más retórica que seriedad. Sus prejuicios no tienen nunca explicación adicional alguna. Son como dogmas los que en realidad sostienen sus elucubraciones sin asidero.

Pese a la heterogeneidad de los orígenes ideológicos, existen rasgos comunes en ese andamiaje argumental. Todos ellos coinciden en asignarle responsabilidades respecto de lo que sucede en el presente, a las corporaciones ocultas, esas que administran el poder desde las sombras.

En general, sus enemigos son absolutamente anónimos y no tienen rostro. A lo sumo pueden identificar a algún poderoso al que señalan como la cabeza visible de esa cofradía. De hecho, buena parte de su esquema de razonamiento, plantea que esos movimientos tutelan el poder desde la clandestinidad, compartiendo así atributos comunes con las sectas secretas, lo que abona con creces al pretendido paradigma de lo temible.

Los contrincantes elegidos como parte de este pérfido juego intelectual son de una gran diversidad y originalidad. Muchos se inclinan por las cuestiones religiosas. Son los que apuntan como culpables, al sionismo internacional, cuando no, un poco mas audazmente y en forma políticamente incorrecta, a los judíos en su totalidad, siempre vinculándolos a los intereses económicos que están detrás de la guerra y el capital financiero.

Otros apuntan a temas más desconocidos, aprovechando la ignorancia reinante y entonces acusan de conspiradores a la masonería. Lo enigmático que rodea a las logias, ha convertido a ese planteo en uno de los preferidos por estos personajes que viven perseguidos por ilusiones inconsistentes.

No faltan tampoco los que creen que el comunismo, prepara su arremetida final desde el marxismo más intransigente, siempre asociado a su ateísmo implícito y demonizándolo por esa conjunción de visiones aberrantes desde la perspectiva del denunciante serial.

Otra tendencia, tal vez la que más adeptos exhibe, se inclina por las corporaciones económicas que controlan el mundo, las multinacionales siempre funcionales al capitalismo salvaje. En esa misma sintonía, quedan relacionados los servicios de inteligencia, sobre todo los de ciertos países. Inevitablemente en esa ficción aparecen la CIA y la Mosad, pudiendo sumarse otros para magnificar el tamaño de la confabulación.

Un párrafo aparte merece la más esotérica de las suposiciones, esa que anuncia el conjuro planetario universal. Es que los extraterrestres, pueden ser también protagonistas de ese mundo de fantasía que imaginan estos sujetos que no tienen límite alguno a la hora de delirar con sus cavilaciones.

Es difícil establecer un dialogo racional con estos comediantes del debate político. Una cosa es plantear cuestiones racionalmente demostrables, aunque sean opinables y otra es discutir en el ámbito de las elucubraciones que se sostienen en espejismos cuyos únicos cimientos son las divagaciones de sus apóstoles de turno. Hay que evitar enredarse en discusiones eternas con estos enajenados, aunque resulta saludable confrontarlos en el terreno del intercambio de ideas para dejarlos en evidencia y así limitar el impacto de sus disparates. Lo que se debe recordar es que ellos son fieles exponentes de la persistencia de los paranoicos.

albertomedinamendez@gmail.com

 

 

Posted in Uncategorized | Leave a Comment »

Centenario de la primera Gran Guerra

Posted by Teódulo López Meléndez en julio 27, 2014

 

Audio de Teódulo López Meléndez

Primera Guerra 1

 

<a href=”http://www.ivoox.com/centenario-primera-gran-guerra-audios-mp3_rf_3353601_1.html&#8221; title=”Centenario de la primera Gran Guerra”>Ir a descargar</a>

 

 

Posted in Los artículos de Teódulo López Meléndez | Etiquetado: | Leave a Comment »

Convergencia hacia el centro

Posted by Teódulo López Meléndez en julio 26, 2014

 Centro

Teódulo López Meléndez

 

El país se inunda de simulaciones vestidas como propuestas. El país ve correr tinta con supuestas alternativas que no son más que justificaciones inventadas para el ejercicio vacuo del diario acontecer  de mantenimiento. Estamos en una discusión estéril sobre “salidas constitucionales” y demás yerbas aromáticas entre las cuales no faltan las violentas.

 

El país lo que recibe es una tormenta de distracciones, de diseños de “caminos verdes”, de políticos de segunda tratando de mantenerse en la palestra. Este país parece una gran fábrica de fuegos artificiales. Como ya lo es de dinosaurios ejerciendo el poder desde gríngolas ideológicas y con apego a normas jurásicas.

 

El caos es el cierto vertedero de cada día, con líneas aéreas suspendiendo vuelos, negándose a fletar aviones al Estado maula o con la suspensión de otros por retaliación. Sólo de apariencia el caos es aéreo, pues si se mira bien lo es también terrestre y marítimo para usar una imagen que nos indique que anda por todas partes, como yedra venenosa. Podríamos asegurar que el caos es existencial.

 

El país tiene, o debería tener, conciencia, de que la posibilidad del escape es sólo suya, que sólo él puede desarrollar la concentración de energía necesaria para producir un cambio histórico, pues de cambio histórico se trata más allá del planteamiento simple y llano de obstinación frente a un gobierno y frente a quienes se le oponen desde la socarronería.

 

La única posibilidad es la de la constitución de una gran fuerza organizada que imponga a los actores del drama una voluntad y un camino, mediante un ejercicio serio de política, con estrategias y tácticas adecuadas de una presencia incontrastable.

 

Ese movimiento tiene que ser hacia el centro, pues los extremos han asumido hasta la paranoia sus habituales desvaríos. Ese centro tiene que estar definido por el pragmatismo, uno que conduzca a la asunción de las posibilidades que nos quedan sin pensar en definiciones ideológicas congeladas. Ese pragmatismo debe estar centrado sobre férreos principios éticos y sobre las ideas, porque la acción política sin ellas es bastarda.

 

Las ideas deben ser sobre una definición de país, de uno donde se puedan combinar en armonía las diversas variantes, las actualizaciones de la teoría democrática y económica y la asunción plena de una realidad marcada por el tiempo: este es el siglo XXI y no podemos seguir con praxis añeja y desvaríos propios del pasado.

 

Es esa conformación la única manera de imponerse a los actores del presente dramático. El país no puede continuar como uno enceguecido de bandos ni de bandos de los bandos. Se requiere una convergencia de centroizquierda y de centroderecha con eje en el centro. Tengo tiempo llamándolo “unidad superior” y también como “tercera opción”, que ya en verdad no es definible como tercera sino como “la” opción.

 

Se requieren voluntades, como el despertar de la inteligencia nacional de su sueño absurdo y de omisión. Se requiere una “unidad superior” que entienda somos un país en emergencia, un país aún. Se requiere los ciudadanos se arranquen los anteojos de suela, alcen la mirada y perciban que la respuesta no está en los arranques sinuosos de una clase política moribunda sino en ellos mismos.

 

Es una tarea difícil, no por falta de conceptualización ni por realpolitik de su procedencia, que es tan obvia que lo proclama a gritos frente a la sordera, sino por un adormecimiento impuesto a la gente, uno que cree no existe cuando sólo se dedica en verdad a gritar su inconformidad en vano. Mientras, estamos expuestos a los avatares, a las sorpresas que el transcurrir de este drama pueda traer consigo. Si dejamos al azar o a los imprevistos que la historia suele acobijar, se nos impondrá otra realidad sin que hayamos hecho lo que debíamos hacer por construir una, porque los pueblos despiertos construyen realidades.

 

tlopezmelendez@cantv.net

 

 

Posted in Los artículos de Teódulo López Meléndez | Etiquetado: | Leave a Comment »

La trascendencia de estar preparados

Posted by Teódulo López Meléndez en julio 22, 2014

Listos

Por Alberto Medina Méndez


A veces el desanimo invita a perder el norte. Muchos parecen resignados a vivir lo que viene como si fuera una mera extensión del presente. Tal vez sea eso lo que suceda, o quizás ocurra algo bien diferente.

La inmensa mayoría de las grandes transformaciones que contempló el mundo no se produjeron como consecuencia de una simple sucesión programada de hazañas y gestas previamente planificadas.

Fueron demasiadas las ocasiones en las que se desencadenaron circunstancias absolutamente inesperadas, que aceleraron procesos ya iniciados o encauzaron esfuerzos de un modo más ordenado. Es probable que no hayan sido casualidades, sino una serie de eventos que ayudaron a encaminar lo que se estaba gestándose pausadamente. No es un guiño del destino, sino más bien un atajo hacia la posteridad.

No se trata de no hacer nada pensando que de todos modos ocurrirá lo mejor, ni tampoco la idea es que se deba descansar en lo que proveerá el azar. Muy por el contrario, en todo caso tiene que ver  con la eterna necesidad de estar preparados para que eso se constituya en una gran oportunidad plenamente disponible para ser aprovechada.

Si se revisa la historia de las mas épicas revoluciones del planeta, se encontraran relatos que hablan de esta maravillosa combinación de ciudadanos que pretendían progresar y una lista de decisiones políticas, aparentemente irrelevantes, que actuaron como el detonante de una situación que se acumulo por años, pero que ante una coyuntura especial, produjo un efecto dominó impensado, iniciando una cadena de incidentes, supuestamente inconexos, que culminaron con una monumental reforma.

El futuro siempre está plagado de incertidumbre. Es imposible saber fehacientemente lo que ocurrirá mañana mismo. Se puede proyectar y pronosticar, pero solo serán subjetivas estimaciones que, con mayor o menor precisión, describen las probabilidades de que algo puede acontecer.

Si se examina este tiempo se encontrarán situaciones por doquier que hablan de acciones que se fueron empalmando unas con otras. Y que quede claro que el mérito no pasa por tener algo de suerte, y esperar todo de ella, o simplemente creer en el destino como ordenador natural. Ninguno de esos dos ingredientes aislados, generan algo por sí mismos.

Lo que realmente impacta e incide de modo relevante es hacer todo lo necesario para estar preparados, listos, disponibles y entonces acompañar de forma activa los acontecimientos que permitan determinar el sendero a recorrer y encaminarse definitivamente hacia el futuro que viene.

Por eso, pese al permanente derrotismo y descontento, no se deben perder las esperanzas, ya no como un acto de fe, sino comprendiendo que si se asumen las responsabilidades, se puede estar preparado para cuando el tren pase, sabiendo que puede eso ocurrir solo una vez, y no estar despabilados implica desperdiciar una ocasión que puede no repetirse.

Todas las personas deben preguntarse qué están haciendo, además de quejarse, para prepararse para esa circunstancia irrepetible. Los dirigentes políticos podrían también cuestionarse acerca de lo que están haciendo para construir el puente hacia el porvenir. Muchos pueden creer que no tendrán chance alguna. El escenario actual les dice eso a diario, pero quizás no visualizan que un hecho cualquiera puede, mañana mismo, cambiar las reglas imprevistamente y ponerlos allí en el centro de la escena.

Cuantos de los personajes del presente están manejando el poder, sin tener los merecimientos suficientes para hacerlo. Los más están ahí porque fueron muy audaces y estuvieron alertas para dar el salto en el momento indicado. Nadie apostaba por ellos, muy pocos creían en sus posibilidades y es probable que casi todos los hayan subestimado demasiado.

Ellos llegaron. Creyeron en sí mismos y vale la pena reconocer que tuvieron ciertas virtudes que explican porque están donde están. La primera es haber comprendido cabalmente como funciona el sistema. Ellos sabían que sus talentos no eran tantos, pero que tendrían una posibilidad y todo se trataba entonces de utilizarla con efectividad. Fueron osados, siempre fueron por mas, no se conformaron con lo logrado y dieron entonces otro paso más y luego el siguiente, hasta el final.

Pero lo más importante, es que no esperaron pasivamente que todo ocurra casualmente, sino que se prepararon para tomar en sus manos la ocasión adecuada y subirse a esa oportunidad que, sabían que surgiría. Solo tenían que estar atentos, listos para explotarla al máximo, y así fue.

Es por esa misma razón que muchos no llegan. Bajan los brazos antes de tiempo, se rinden porque las evidencias parecen abrumadoras y solo incitan a someterse. Si la sociedad comprendiera esta simple dinámica, si solo lograra entender el rol de las eventualidades, tal vez se daría una oportunidad a sí misma y entonces los mejores, tendrían su chance soñada.

Puede no aparecer nunca esa contingencia, pero también cabe la posibilidad de que suceda y se abra esa ansiada puerta. Si no se está ahí, en el instante justo, con la postura correcta, es probable que la puerta se termine abriendo en vano sin que exista una segunda oportunidad.

El mañana es solo para quienes logren entenderlo. Para eso, resulta imprescindible estar despiertos, pero también hacer todos los deberes previos, ejercitarse, tener la gimnasia y los músculos entrenados.

El porvenir se define todos los días. En cualquier instante todo puede dar un giro brusco en el sentido deseado. Si se está ahí, se puede ser protagonista y así incidir para que el rumbo se modifique. De lo contrario, siempre se estará en la vereda de los espectadores. La clave es comprender la trascendencia de estar preparados.

albertomedinamendez@gmail.com

Posted in Uncategorized | Leave a Comment »

La era de las falsificaciones

Posted by Teódulo López Meléndez en julio 19, 2014

falsificación 2

 

Teódulo López Meléndez

Venezuela sigue empeñada en las mismas discusiones, en un ritornello ocioso que no es más que tapaderas del vacío.

En Venezuela no se hace política, se hace albañilería. Se ha convertido al país en una mezcladora  de cemento en medio de la paradoja de que cemento no hay. La astucia, los cambios de traje, los retrocesos que muestran una ambición desmedida, se disfrazan de “planteamientos a discutir” cuando no son más que parches como en la vieja historia de aquel que metía los dedos en los huecos de la represa para evitar su colapso.

Se exige discutir las excusas y los acomodos como si de novedosas tesis de salvación nacional se tratasen.  Hasta las acusaciones semejan cucharadas de albañil tratando de corregir una pared derruida.

El país no requiere albañiles frisando. El país requiere de grandes movimientos mientras está pleno de albañiles. El país requiere de ideas, no de simulacros. El país requiere de obras de alta ingeniería inteligente, no de remiendos. El país no necesita distraccionistas lanzando al aire bolos para recoger en las esquinas algún émulo.

El país requiere la suplantación de los falsificadores. He hablado de las modificaciones sufridas por las tablas de dividir y multiplicar. Aquí mientras se dice sumar se resta. Es menester un gran fraccionamiento, que cada quien salga de donde no debe estar, para confluir en la evidente necesidad de ofrecer al país una nueva alternativa contra su anquilosamiento en un gobierno de fingimiento y parches y de una oposición de fingimiento y parches.

Aquí se amontonan todas las vaguedades, desde “salidas constitucionales” hasta monumentos religiosos argüidos como atractivos turísticos, desde repentinos “darse cuenta” de que la organización adversada en verdad tiene todos los planes para liberar a los presos hasta la repetición de frases empalagosas y vacías. La única posibilidad es realmente la conformación de un gran movimiento político que asuma la totalidad de la república por encima de los bloques levantados por los albañiles de turno.

El país oye las cucharadas de los albañiles sobre la pared derruida como un ritmo cadente que ayuda a su siesta. De paso, los corea. Cada paletada levanta seguidores. La profesión de albañil es muy respetable, pero la de político es otra. La del político es vislumbrar las salidas por encima de la monotonía de los ganadores de tiempo e, incluso, por encima del país que corea las paletadas de los albañiles y por encima de los fabricantes de imagen en un marketing político que sustituye a la política.

El país está inmerso en una era de falsificaciones. Más allá de “era” como espacio de tiempo quizás la palabra nos asalta como pequeño terreno donde se machaca, en este caso a un país absorto y minado por los engañifitas. En realidad aquí el tiempo no cuenta. De esta pésima obra se hace una reproducción infinita, diríamos que un “clásico”, pero ello equivaldría a un uso injusto y deleznable del lenguaje. En verdad no hay nada de clásico, no podemos recurrir al griego Theatron pues su etimología es “lugar donde se mira” y este país ha pasado a ser el lugar donde se falsifica y no se mira.

Los saltimbanquis siguen en las esquinas aprovechando el tráfico detenido esperando se les metan votos en sus sombreros de pedigüeños, mientras el país lo que requiere es destino. El destino pasa por una recomposición total, por lo que hemos denominado rebarajar  las cartas, por el despido de los actores de esquina, por dejar los fingimientos de mal teatro y la asunción del país como supremo objetivo de nuestros intereses.

Fingen, se inventan planteamientos trillados y repetitivos porque esta clase dirigente carece de imaginación. Se usan latiguillos más propios de la publicidad comercial para tapar la total falta de ideas y para justificarse en una sobrevivencia artificial como actores de la política y de lo político. Este es un pequeño terreno donde nos machacan. Estamos, en efecto, en una era, en una donde el principal mineral es la falsificación.

tlopezmelendez@cantv.net

 

 

 

 

Posted in Los artículos de Teódulo López Meléndez | Etiquetado: | Leave a Comment »

Retorno a la guerra fría o simulacro de tal

Posted by Teódulo López Meléndez en julio 17, 2014

Audio de Teódulo López Meléndez

Avión malasio

 

<a href=”http://www.ivoox.com/retorno-a-guerra-fria-o-simulacro-de-audios-mp3_rf_3326240_1.html&#8221; title=”Retorno a la guerra fría o simulacro de tal”>Ir a descargar</a>

Posted in Los artículos de Teódulo López Meléndez | Etiquetado: | Leave a Comment »

BRICS en Fortaleza

Posted by Teódulo López Meléndez en julio 15, 2014

BRICS 2

 

 Audio de Teódulo López Meléndez

<a href=”http://www.ivoox.com/brics-fortaleza-audios-mp3_rf_3318392_1.html&#8221; title=”BRICS en Fortaleza”>Ir a descargar</a>

Posted in Los artículos de Teódulo López Meléndez | Etiquetado: | Leave a Comment »

Divorcio a la venezolana

Posted by Teódulo López Meléndez en julio 13, 2014

división 2

 

Teódulo López Meléndez

La clase política venezolana es, seguramente, la peor que podamos recordar en nuestra larga historia de país viejo lleno de juventud.

He usado la palabra estulticia para referirme al diario bochorno de un debate intrascendente, donde los intereses sectoriales prevalecen, de tal manera obvia que se puede afirmar nadie mira a los intereses superiores de la república.

El gobierno no es gobierno ni la oposición es oposición. Esto es una entelequia, un campamento o un erial, como se prefiera.

La “unidad” fue convertida en un fetiche, en un chantaje que sirve, según cada bando, para sostener la revolución o para enfrentar al régimen, proposición que en verdad sólo es usada para mantener clientelas y el juego perverso. Últimamente se le ha sumado un chantaje, adicional, la recurrencia a la palabra “antipolítica” para señalar cualquier muestra de desagrado con lo que sucede.

He apelado en innumerables ocasiones al concepto de “unidad superior”, una que ya es patéticamente imposible si los llamados a la “unidad” no son sustituidos por un firme llamado a la división.

El país tiene que terminar de dividirse, de fraccionarse, como única posibilidad de comenzar la regeneración. Tienen que dividirse los partidarios de ambos bandos. En el régimen y en la oposición formal han aparecido los bandos internos, pero aún, cobardemente, permanecen en sus senos por creencias atávicas venezolanas de que sin partido se está perdido o de que sin la ubre del poder no hay manera de sobrevivir. No logran entender, o no quieren, que es menester rebarajar las cartas como única posibilidad de encontrar alivio a este sofoco donde ya no bastan plantas de ozono.

Tiene que dividirse el PSUV y tiene que dividirse la MUD. Tienen que dividirse los partidos que en esta última han encontrado cobijo para elegir algunos concejales, alcaldes o diputados. Hay juventudes partidistas que no comulgan, que no tienen nada que ver con los eternos jefazos internos y que deben procurar una redistribución de las posibilidades. Es menester dividirse. La gente honesta que cohonesta los acuerdos por debajo de la mesa debe dejar de hacerlo, debe dividir. En este país todas las reglas matemáticas han sido cambiadas: ya la única posibilidad de multiplicar es dividiendo.

Por el país hay abundancia de pequeños grupos sin relación alguna entre ellos, tantos que un amigo tiene como propósito hacer un censo. A ellos hay que sumarles todos los que salgan de la multiplicidad de divisiones necesarias, como condición sine que non para recomenzar un reagrupamiento imprescindible. Sólo desde la división podrán entender los puntos en comunes y la inmensa posibilidad de lograr una unidad superior. Hay que dividir, hay que dividirse. Ya el único llamado posible en este campamento es a la división.

Es necesario un gran divorcio a la venezolana. En su momento escribí un texto titulado “Matrimonio a la italiana” para referirme al caso de unión allí de sectores del Partido Comunista y de la Democracia Cristiana para la formación hacia el centro, que fue cubierto bajo conceptos como  símbolo viviente de nuevas concepciones de la vida política, como un llamado a superar las incertidumbre, como una proclama del fin de los protagonismos, la elección de los directivos en primarias, como el fin de las dañinas cuotas y grupos internos. Se produjo la unión luego de una noviazgo de 12 años porque ambas partes entendieron que el PCI y la DC estaban muertos, que su ciclo había terminado y que las ideologías había que enterrarlas en aras de un pragmatismo sustentado por nuevas ideas y nuevos paradigmas.

Es tal el caso nuestro que la única invocación posible es a un divorcio generalizado, a una multiplicidad de traumas, dado que nuestros actores no se entenderán nunca terminados. Tómese este texto como un responsable y sólido llamado a la división.

tlopezmelendez@cantv.net

 

 

Posted in Los artículos de Teódulo López Meléndez | Etiquetado: | Leave a Comment »

11 de julio, Día Mundial de la Población.Problemática demográfica y Ciencia de la Sostenibilidad

Posted by Teódulo López Meléndez en julio 11, 2014

poblacion14

 

Desde 1989, se viene celebrando, cada 11 de julio, el Día Mundial de la Población con objeto de llamar la atención sobre la dinámica poblacional, promover estudios en profundidad de la misma y reclamar la adopción de medidas adecuadas para resolver los problemas que conlleva. En el Tema de Acción Clave Crecimiento demográfico y Sostenibilidad hemos justificado la necesidad de abordar con profundidad esta problemática, recordando hechos como los siguientes:

  • A lo largo del siglo XX la población se ha más que cuadruplicado superando en la actualidad los 7000 millones. Y aunque se ha producido un descenso en la tasa de crecimiento de la población, esta sigue aumentando en unos 80 millones cada año, por lo que puede duplicarse de nuevo en pocas décadas.
  • Esta ingente población consume ya alrededor de un 40% de la producción fotosintética primaria de los ecosistemas terrestres para, fundamentalmente, comer, obtener madera y leña, etc. Es decir, la especie humana está próxima a consumir tanto como el conjunto de las otras especies, lo que pone en grave peligro la biodiversidad de la que depende su supervivencia.
  • La biocapacidad del planeta por habitante (es decir el terreno productivo disponible para satisfacer las necesidades de cada uno de los más de 7000 millones de habitantes del planeta) se estima en 1,7 hectáreas, mientras que la huella ecológica media por habitante es ya de 2,8 hectáreas.

Hechos como estos llevan a concluir que la estabilización de la población mundial es un requisito para detener la destrucción de los recursos naturales y garantizar de manera sostenible la satisfacción de las necesidades básicas de todas las personas. Esta preocupación por las consecuencias del crecimiento demográfico es recogida a menudo por revistas especializadas y medios de comunicación, donde llegamos a leer que se ha superado la capacidad de carga del planeta y que el problema demográfico es el más grave al que se enfrenta la humanidad, dada la enorme diferencia de tiempo que ha de transcurrir entre la puesta en marcha de un programa adecuado y el comienzo de la necesaria interrupción del crecimiento.

Sin embargo, también a menudo, nos encontramos con estudios y noticias que reclaman o anuncian medidas de impulso de la natalidad para “rejuvenecer la población” con argumentos que apuntan a la necesidad de evitar un envejecimiento que pone en peligro la capacidad productiva e innovadora de la sociedad. Podemos recordar a este respecto un informe de la ONU sobre la evolución de la población activa, según el cual se precisa un mínimo de 4 a 5 trabajadores por pensionista para que los sistemas de protección social, como se conciben actualmente, puedan mantenerse. Por ello se expresa el temor de que, en los países de baja tasa de natalidad, esta proporción descienda muy rápidamente, haciendo inviable el sistema de pensiones. No se consideran, sin embargo, las consecuencias a medio plazo de las medidas propuestas, pues cabe esperar que la mayoría de esos 4 ó 5 trabajadores lleguen a ser pensionistas, lo que exigiría seguir aumentando el número de trabajadores, haciendo inevitable la explosión demográfica.

Tampoco tiene sentido reclamar, sin más, un descenso de la tasa de fecundidad, para evitar la explosión demográfica y sus repercusiones en el agotamiento de recursos y degradación ambiental, sin tener en cuenta la incidencia en estos problemas de otros factores tanto o más determinantes como el hiperconsumo que practica el 20% de la humanidad, el modelo alimentario de los países desarrollados o los también graves problemas que indudablemente conlleva a corto plazo el envejecimiento de la población.

Nos encontramos en ambos casos con planteamientos que pretenden resolver un único problema (bien la explosión demográfica, bien el envejecimiento de la población) sin tener en cuenta su vinculación con otros estrechamente vinculados. Por eso Babatunde Osotimehin, Director Ejecutivo del UNFPA (Fondo de Población de Naciones Unidas), señalaba, en el informe Estado de la población mundial 2011, que la pregunta a hacerse no es si somos o no demasiado numerosos, sino ¿qué podemos hacer para que nuestro mundo sea mejor? Dicho de otra manera, el problema demográfico no puede resolverse con planteamientos que solo atiendan a un aspecto del mismo desde un cierto aquí y ahora, sino que debe contemplarse, tal como recomienda la Ciencia de la Sostenibilidad, con una visión holística, plenamente interdisciplinaria, y una perspectiva espacial y temporal amplia.

Se trata de proponer una “Nueva cultura demográfica”, tan necesaria para la transición a la Sostenibilidad como la “Nueva cultura energética”, la “Nueva cultura del agua”, etc. Una cultura demográfica que tenga en cuenta la estrecha vinculación de los problemas y su carácter glocal (a la vez global y local), evitando propuestas localistas y a corto plazo. Este planteamiento permite comprender que la actual pirámide poblacional, con muchas más personas jóvenes que ancianas, es insostenible porque exige el crecimiento permanente de la población; debe, pues, evolucionar hacia un “cilindro” de crecimiento neto cero, con números similares de seres humanos en los distintos grupos de edad. Pero también permite comprender que ello exige que se produzcan, solidariamente, todo un conjunto de transformaciones, que deben adoptarse haciendo participar a la sociedad en su conjunto y muy en particular a las mujeres como protagonistas principales, respetando así el principio de transdisciplinariedad que reclama la ciencia de la Sostenibilidad. Destacaremos dos de estas transformaciones, sin duda complejas, pero necesarias y posibles:

Es preciso erradicar las barreras educativas y legislativas que se oponen a una maternidad y paternidad responsables y a una vida afectiva y sexual satisfactoria, no obligatoriamente vinculada a la reproducción, rompiendo con inaceptables fundamentalismos religiosos y culturales. Ha de reconocerse el derecho humano básico de determinar libre y responsablemente el número y el espaciamiento de los hijos, facilitando el acceso a la información y procedimientos de planificación familiar, así como a los servicios de salud sexual y reproductiva necesarios para poder ejercer este derecho.

Y se precisa, muy en particular, una profunda transformación del modelo socioeconómico actual, por el que un 1% de la población posee casi la mitad de la riqueza mundial. Con esta apropiación de la riqueza y capacidad de decisión económica por una ínfima minoría, es ciertamente imposible garantizar un bienestar aceptable para el conjunto de una población demográficamente estable… pero tampoco lo garantiza actualmente, como es bien evidente, con una pirámide con muchos más jóvenes que ancianos: millones de jóvenes en todo el mundo carecen hoy de trabajo decente, mientras se elevan las edades de jubilación y crece la riqueza de los multimillonarios. Este modelo depredador e insolidario ha de dejar paso a una economía del bien común, sostenible, que promueva la universalización de todos los derechos humanos –incluido el derecho a un ambiente saludable- para el conjunto de la población y las generaciones futuras.

El 11 de julio ha de ser una nueva ocasión para profundizar en la comprensión de la estrecha vinculación de la problemática demográfica con el conjunto de problemas que determinan la actual situación de emergencia planetaria, saliendo al paso de enfoques parciales que impiden un tratamiento adecuado. Esto es algo que parece haberse comprendido en el diseño de la Agenda de Desarrollo Sostenible Post-2015 que ha de ser aprobada en la próxima Asamblea General de Naciones Unidas (ver Objetivos de Desarrollo Sostenible). Esta Agenda ha de tomar en consideración la rápida evolución hacia una población con mayor proporción de ancianos y promover la integración de las personas mayores en la transición a la Sostenibilidad como un activo y no como una carga. Como ciudadanas y ciudadanos comprometidos con esa transición, hemos de contribuir a que así sea.

 

Educadores por la sostenibilidad

Boletín Nº 98 11 de julio de 2014
Día Mundial de la Población
http://www.oei.es/decada/boletin098.php

 

Posted in Uncategorized | Leave a Comment »

Abundante docilidad

Posted by Teódulo López Meléndez en julio 10, 2014

docilidad

 

Por Alberto Medina Méndez

Algunas naciones con múltiples posibilidades demoran demasiado en evolucionar. No lo hacen al ritmo que deberían. A veces ni arrancan ese vital proceso de desarrollo que dicen anhelar. En varios de esos países las riquezas naturales están por todas partes y las oportunidades disponibles son excesivamente evidentes.

Escoger las ideas incorrectas es parte sustancial de la explicación. Cuando se selecciona el camino inadecuado, el destino es el esperable y no otro. Si el presente no satisface es porque se ha transitado por una senda repleta de consignas falsas. Lo que se creía que conducía hacia el progreso no lo ha logrado, al menos no en la proporción deseada.

Pero también ilustra este momento, la excesiva sumisión de una sociedad que tiene más paciencia que ambición. Teniendo la chance de prosperar deliberadamente espera. No lo hace sin querer. Tiene plena conciencia de que su pasividad implica como consecuencia inevitable este presente.

Las sociedades que avanzan son más exigentes. Sus ciudadanos son menos tolerantes con lo imperfecto. No soportan la corrupción, ni se dejan engañar con tanta facilidad. Y cuando eso eventualmente sucede, tratan de aprender del error, señalando con claridad su absoluta disconformidad.

Los ciudadanos prefieren seguir en esa realidad virtual cuya inconfundible cualidad es su eterna esperanza. Sueñan con la oportunidad de torcer el rumbo. Piensan que se presentará casi mágicamente esa ocasión. Siguen creyendo en la ilusión de que la democracia que tanto veneran sirve por sí misma para superarse, sin comprender que eso funciona solo si la actitud cívica es la apropiada.

El cambio solo ocurrirá cuando se modifique sustancialmente la postura de los ciudadanos. La política no es más que una mera extensión de la vida en comunidad. Cuando la ciudadanía abandone la comodidad del silencio y deje de mirar para otro lado frente a cada despropósito, será entonces la ocasión de dar el giro tantas veces reclamado, pero casi nunca exigido.

Es la sociedad la que debe liderar este proceso de cambio y no la actividad política. Cuando la comunidad decida ser impiadosa con el error de sus dirigentes, será entonces el tiempo de cambiar la historia. Antes no.

Los ciudadanos de los países que han dado pasos firmes en el sendero acertado son menos obedientes. Y eso se verifica no solo en el campo de la política, sino en lo cotidiano. Ellos son habitantes que esperan más de sus semejantes. Exigen excelente trato si son clientes, respeto en todas las relaciones interpersonales y amabilidad en sus vínculos personales.

Quien no se ajusta a esas reglas no consigue desarrollar. No es una obligación formal, sino una norma no escrita de convivencia que permite valorizar a los mejores y relegar a los que no son parte de esa dinámica.

Esa conducta frente a todo no garantiza elegir el camino correcto, ni siquiera a la hora de optar por las ideas necesarias para prosperar, pero asegura que ante el fracaso se tiene capacidad de aprendizaje.

No se trata de encontrar un método infalible. De hecho no existe tal cosa como el mundo de las certezas en esto de tomar decisiones. Justamente por eso importa tanto tener el talento de maniobrar, para lo cual resulta central darse cuenta, asumir el error y reaccionar a la velocidad precisa para retomar la ruta que lleva hacia los objetivos esperados.

No es tarea sencilla semejante desafío. Volverse exigente es una gimnasia que empieza siendo individual, para luego convertirse en una característica social que se difunde por etapas y que resulta irresistible.

No hay que caer en el derrotismo de suponer que es imposible. Mucho menos en la trampa de asumir con resignación que solo es mero atributo cultural incorregible. De hecho quienes pasan de residir en comunidades mansas para luego radicarse en otras más rigurosas, aprenden con rapidez las nuevas reglas y se apropian de esa rutina con total convicción.

El primer paso es asumir el problema. Entenderlo, comprenderlo en toda su dimensión, para luego intentar convertirlo en un hábito, replicarlo en el entorno e instalarlo como costumbre natural en la vida en comunidad.

La clase política seguirá haciendo de las suyas si la sociedad no revisa sus actuales paradigmas. Ellos pueden manipular todo, mentir de modo serial, abusar de su poder, asignarse privilegios y delinquir crónicamente sin siquiera ofrecer algo como compensación. La calidad de los dirigentes se transforma solo cuando la gente es capaz de expulsar a los peores, y desde entonces lidiar únicamente con los que cumplen con cierto estándar.

Si se desea progresar, si realmente se espera vivir en una sociedad mejor, habrá que hacer los deberes primero. Una postura cívica responsable antecede a lo que se espera conseguir. Cuando la regla general es dejarse aplastar de forma cotidiana, permitir el saqueo como experiencia diario y la propuesta permanente es seguir en lo mismo, el resultado está a la vista. Una parte relevante de ese gran cambio que todos pretenden pasa por dejar de lado esta patética historia de abundante docilidad.

albertomedinamendez@gmail.com

 

Posted in Uncategorized | Leave a Comment »

 
WordPress.com

WordPress.com is the best place for your personal blog or business site.

Blogs Of The Day

Just another WordPress.com weblog

WordPress.com News

The latest news on WordPress.com and the WordPress community.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 100 seguidores

%d personas les gusta esto: