Alberto Medina Méndez
Se viven épocas de desmesurada confrontación discursiva, de acalorados debates, de excesivas pasiones políticas, pero es bueno entender que la salud de una sociedad depende de su capacidad para convivir con las diferencias. Es imposible construir algo sustentable sin consensos. Todo lo que se hace sin cierto acuerdo y apoyo es efímero, dura poco, y se pone en juego en cada turno electoral, o cambio circunstancial de las mayorías.
El debate se ha venido complicando más de lo necesario, y no solo entre los actores de la política, esos que la han elegido como profesión y el centro de sus vidas. Ellos desdramatizan el intercambio de ideas, porque solo les importa el resultado comicial, que les permite obtener poder, sostenerlo o acceder a él, y asumen que el resto son solo cuestiones anecdóticas.
Pero intranquiliza este clima, fundamentalmente, en la sociedad civil, en los habitantes que se crispan cada vez con mayor facilidad, sin aparente relación directa con la cuestión, pero con la razonable preocupación que cierta responsabilidad cívica e indignación ciudadana les provoca.
Pero, en realidad, existen razones profundas que explican mejor este fenómeno creciente. Por un lado están aquellos que alimentan el odio sistemáticamente. Es probable que hayan tenido poca suerte en sus vidas personales, o que fueran criados en un ámbito plagado de envidias, celos, y fundamentalmente, baja autoestima que termina derivando en un discurso con alto contenido de violencia verbal, modo en el que han encontrado la manera de canalizar sus frustraciones individuales. Los atraviesa el rencor, el resentimiento, y construyen desde esos sentimientos negativos una especie de ideología sin soporte argumental, pero repleta de bronca e ira.
Lo concreto y cada vez menos disimulable, es la presencia de un ingrediente central, un aspecto que ha pasado a ser el protagonista indiscutido de esta era. Es que un sector de la sociedad, lamentablemente cada vez más numeroso, discute con otros bajo un esquema de absoluta negación, de terquedad, obstinación, porfía, testarudez y escasa amplitud mental.
No los entusiasma, para nada la búsqueda de la verdad, mucho menos su descubrimiento, solo se conmueven con cuestiones meramente emotivas, carentes de racionalidad, pero que responden a una trama más profunda pero de mucha mayor indignidad.
Tal vez lo explique mucho mejor aquella frase que se le atribuye a Bernard Shaw cuando dice “No se puede discutir con una persona cuya subsistencia depende de no dejarse convencer.”
Es que hay gente que NECESITA no dejarse convencer. Precisa que ese mundo irreal construido sobre pilares falsos sobreviva en el tiempo, porque su propia supervivencia económica depende de la existencia de esa ilusión.
Esas personas viven del favor estatal, tienen puestos en la administración pública, son beneficiarios directos de la ficción creada, o son meros proveedores del sistema. La sola posibilidad de que la inercia actual del presente se interrumpa, los aterra, los paraliza.
Algunos tienen motivos más ostensibles, porque se vienen enriqueciendo a expensas del gobierno. Están ganando demasiado dinero con un insignificante esfuerzo y nada que modifique este presente los entusiasma.
Otros, solo tienen poca autoestima, y suponen que un eventual final de este ciclo político podría dejarlos sin posibilidades de mantener su estándar de vida, al que consideran aceptable.
Por esas razones, básicas pero robustas, defienden con uñas y dientes a esas personas e ideas, por eso se enojan, se crispan, se enfadan y enardecen frente a cada discusión. No les interesa ni la historia, ni el futuro, ni lo que puedan decir los analistas políticos, juristas o economistas.
Para ellos, aun no se han construido los argumentos que refuten la bondad de su presente individual. No les importa si se está claudicando en las convicciones, ni si el futuro puede oscurecer por lo que se está haciendo ahora, solo importa seguir, a cualquier precio, al que sea.
Y cuando se sienten acorralados, porque les falta argumentación, caen en la siguiente fase, la de la justificación, esa que sostiene que si estos funcionarios son corruptos, siempre existió la corrupción, o el opositor de turno también lo es. O bien apelan a la trillada estrategia de desacreditar al mensajero, de enojarse con los medios, lo que sea preciso, pero siempre con la claridad de que nada les impida seguir disfrutando de su presente.
Reconocer que quienes anteponen buenos argumentos tienen razón, sería aceptar que su fuente de financiamiento puede concluir esta etapa y ser reemplazada, en un marco republicano, por otra conducción. Ellos saben lo que implica un cambio de color político y las consecuencias para sus vidas.
Se podría ser indulgente diciendo que en realidad no saben lo que hacen, que se trata de personas con limitaciones intelectuales, pero lo cierto es que eso sería minimizar la situación. A estas alturas, todos saben muy bien cómo son las cosas. Lo que sucede, es que estas personas han descendido varios peldaños en sus convicciones, y abandonaron esos principios que defendieron antes con vehemencia, cuando los valores morales eran más importantes que el dinero al que tanto critican pero terminan endiosando.
Lo más grave es que lograron ponerlos de rodillas y hacerlos claudicar en sus creencias, los mercantilizaron, comprándolos “solo” con monedas. Han perdido las riendas de sus vidas y su escala de valores ha quedado pisoteada por ellos mismos. Prefirieron la comodidad de la ayuda económica estatal, a la propuesta de ganarse la vida con esfuerzo, pero con dignidad. Después de todo, tal vez sea buena idea considerarlos solo como lo que son, individuos que han preferido doblegarse para subsistir.
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mayo 20, 2013
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Teódulo López Meléndez
“… hay que prepararse para nuestro mundo incierto y esperar lo inesperado”
Edgar Morin
Al incidir poderosamente sobre la física cuántica el físico alemán Werner K. Heisemberg no podía esperarse décadas después que el “principio de la incertidumbre”, que le había merecido el Premio Nobel, sería considerado como herramienta de análisis de las ciencias sociales.
El principio de la incertidumbre asegura que es imposible medir simultáneamente de forma precisa la posición y el momento lineal de una partícula.
He venido insistiendo a lo largo de los años que no podemos partir de una concepción determinista de la historia ni de una visión lineal de los acontecimientos ni de realidades que nos parezcan insuperables. Las realidades son sólo probabilidades que pueden hacerse realidades según la voluntad de los actores.
Si lográsemos entender, al fin y al cabo este es el siglo XXI, que no existen modelos fijos e invariables, pudiésemos comenzar a proceder con la convicción de que el sistema que buscamos lo debemos hacer con lo que hemos llamado una interrogación ilimitada y que las realidades son producto de una partícula que llamaremos “búsqueda” que deberá ser siempre incierta y que no se mueve linealmente. Otra cosa no es el principio de la incertidumbre.
La construcción requerirá siempre de pensamiento complejo, uno que por serlo, sabe de las diferencias y de los conflictos siempre existentes, pero que hay que domeñar –principio no comprendido en la Venezuela actual- para la construcción de un proyecto común que permita una unidad social.
La percepción de una realidad como insuperable nos lleva a sembrarnos en ella dejando de lado la conciencia del movimiento comunitario que permite salir de las fronteras de la percepción cotidiana. Concluimos, partiendo de un análisis político simplista, mediocre y elemental, que si esa realidad nos muestra opuestos irreconciliables, pues siempre será así.
La incertidumbre no es otra cosa que la convicción de que la realidad no es previsible, lo que nos lleva, en consecuencia, a concluir que sólo pueden ofrecerse conjeturas. La realidad es, pues, una contingencia y nuevas realidades son posibles. Como podría argumentar cualquier reflexión filosófica sobre la física cuántica los humanos materializan propiedades de una sociedad porque han elegido medir esas propiedades. En otras palabras, en la física clásica el observador estaba en una especie de laboratorio protegido. En términos de física cuántica el “observador” es partícipe activo. Al igual, en términos cuánticos, un instante es producto de los factores de ese instante que constituyen la realidad de ese instante. Ese instante es un impulso de vida no fragmentable para su explicación, pero instrumento indispensable para un cuerpo social “atractor” que actúa sobre las posibilidades.
Si lo queremos poner en términos políticos lo que llamamos realidad se hace rígida por la forma en que la pensamos. Debemos mirar, entonces, la realidad, como una posibilidad de creación. Por supuesto estamos hablando en términos de ciencias sociales y no de la infinita gama de la vida de cada ser humano. En términos sociales lo que señalamos es una sociedad enquistada en el segundo presente que a sí misma se convierte en ejemplo de a-crítica mientras se cree actora de un movimiento de resistencia.
Lo que le sucede a la Venezuela actual es una asunción inconsciente de los factores circunstancialmente vencedores que la hace sumirse como pilar de ese modelo. Más aún, cree que la salida está en volver a los del pasado, manifestándose así como un observador protegido en el ayer y no como un participante capaz de crear vida. En otras palabras, la Venezuela de hoy desconoce una de las enseñanzas claves de la física cuántica: la interrelación entre pensamiento y realidad. Todos los experimentos neurológicos han demostrado que el cerebro no hace diferencias entre lo que ve y lo que imagina lo que quiere decir “fabricamos nuestra realidad” desde nuestras experiencias o, lo que es lo mismo, desde nuestras emociones.
Para volver a Heinsenberg, creador para la física cuántica del principio de la incertidumbre, la materia no es estática ni predecible, los átomos no son cosas sino meras tendencias de manera que hay que pensarlos como posibilidades de la conciencia.
tlopezmelendez@cantv.net
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mayo 17, 2013
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Por Ricardo Viscardi
La circunstancia crítica por la que atraviesan las Humanidades está lejos de constituir un patrimonio nacional. Tanto en calidad de disminución relativa, como en cuanto fuente de esperanza, surge incluso de la noción de “Nuevas Humanidades”, propuesta por Derrida en La Universidad sin condición, cuya característica más significativa en el plano estratégico, consiste en vincular el destino de la universidad a esa proyección actual de las Humanidades. Sin embargo, el Uruguay que los uruguayos siempre comienzan por presentar, fuera de fronteras, enfatizando la grandeza de espíritu de una pequeñez de tamaño, ha engendrando un rasgo prominente a escala mundial –como a los uruguayos, pese a la contrición que abunda en su estilo, les place que sea: un presidente de la República que ataca a las Humanidades.
No se trata, por cierto, del único rasgo que ha hecho prominente a nuestro actual presidente, sobre todo si tenemos en cuenta la contraposición entre su eminente cargo y la humildad de sus costumbres, o entre lo revolucionario de su pasado y lo conformista de su presente. Sin embargo, tal profesión de fe anti-humanista expresa el compromiso académico más significativo de su gobierno, en cuanto además, se ejerce sobre un país que nadie reconocería en el plano internacional, en lo que hace al relieve histórico de su actividad cultural, más allá del campo que articulan académicamente las Humanidades.
Los propósitos avanzados por el actual titular del poder ejecutivo en el Uruguay son de índole claramente moderna: las humanidades, enfrascadas en la disquisición letrada, configuran un saber estéril y refractario, ajeno a la frescura del conocimiento, mientras una lozanía ajena convive con la realidad positiva y concreta en disciplinas aplicables, productivas económicamente y progresistas socialmente. Más allá del aire obsoleto de estos propósitos, no debe olvidarse que toda nostalgia dicha en presente, también representa una interpelación actual. Sin duda, la problemática de la tecnología en la actualidad, con sus trascendentes reversiones de la estructura del poder y de la significación del saber, se encuentra en el meollo de los signos que Mujica cree interpretar, pero que más allá de sus declaraciones, los agentes del poder y los sapientes del conocer manipulan en provecho propio.
En efecto, de Habermas a Foucault y de Marcuse a Vattimo el tema de la tecnología ha constituido un rasgo dominante de la crítica del totalitarismo hasta nuestros días, según una progresión de la que surge un rasgo predominante: la autoridad teórica adquirida por la inscripción de la tecnología en la comunicación. La obsolescencia del propósito presidencial uruguayo al presente se manifiesta, en este punto, en cuanto el tópico de una índole primaria de la materia declina, ante la inmaterialidad manifiesta de la captación y emisión de imagen a distancia, profana irrealidad de la que se espera, gubernamentalmente, el mayor provecho. Pero sobre todo, esa obsolescencia de la materia prima en tanto efecto de una sacrosanta “base material de la producción”, contrasta con la actualidad del debate político, jurídico y tecnológico en el mismo país.
Este debate se concreta, tanto en el plano jurídico como en el político, en torno a la condición estratégica más humanística: la sospechosa consideración de la “generación de contenidos”. La propia empresa estatal de telecomunicaciones (ANTEL), monopólica en el campo de distintas tecnologías de la comunicación, proyecta al presente la construcción de un edificio destinado a los espectáculos masivos que favorecen la captación de imagen espectacular, ya sea de índole deportiva, artística o incluso académica: una Arena. Pese a no formar parte de la panoplia instrumental de la comunicación –ni menos de su materialidad técnica, tales producciones culturales se vinculan de la forma más estrecha a las telecomunicaciones, en cuanto proveen un contenido de interés masivo. El propio titular del Ejecutivo apoya sin ambages un emprendimiento que reúne la cultura y la recaudación bajo los haces reflectores, aunque irreflexivos, de la masividad del consumo ocioso.
En cuanto el emprendimiento mediático redituaría generosamente para las arcas públicas, cunde más significativa que el manifiesto interés presidencial por el beneficio económico y al margen de la polémica partidaria, una argumentación teórica cargada de humanismos, por parte de humanidades poco humanísticas.
El ingeniero Juan Grompone no alberga la menor duda acerca de la debida apropiación tecnológica, por los fueros de la empresa estatal, dirigida a la “generación de contenidos”. Grompone va más lejos que Shannon, en cuanto este último hizo profesión de fe de la abstracción de todo contenido del receptor o del emisor, en aras de la omnisciencia del cálculo matemático de la fidelidad de una transmisión. Esa misma abstracción de la interacción entre individuos, que es el objeto de toda comunicación que se precie de tal, convierte la divinizada exactitud del cálculo matemático, que en este caso toma por objeto una calidad de transmisión, en mera medición del soporte informativo de un canal tecnológico. Sin embargo, tal limitación formalista –aunque no humanística- no arredra a Grompone, quien enuncia la sucesiva supeditación de la “generación de contenidos” al canal que los extiende a distancia, desde el telégrafo hasta internet, según una ley fatal que se cumpliría en tanto (tele) apropiación tecnológica. Tanta captación tele-tecnológica de la mayor diversidad de contenidos quedaría, sin embargo, curiosamente al margen de la propia disquisición acerca de las “tele-tecnologías” que ocupa al ingeniero, sobre todo si tal esencialidad es provista por una humana –sino humanística- “generación de contenidos”.
Omar Paganini, desde la misma titulación en ingeniería que Grompone, se contrapone sin embargo al reduccionismo formalista de éste último, en cuanto reivindica una condición de la “generación de contenidos” inaccesible al aparato tecnológico. Sin embargo, los ejemplos de “contenido” que aduce no ilustran la contraposición con los artefactos, sino en tanto Paganini excluye a los primeros de toda posibilidad de transvasarse en continente, condición abstracta de una “generación de contenidos” que supone, por vía de consecuencia, la intangibilidad antihumanística de tales esencias ultraterrenas.
En este punto convendría que Paganini nos proveyera el fundamento de su inaccesible referente, ya que los más renombrados especialistas, como Jacques Derrida, por ejemplo, no han logrado encontrar diferencia, en cuanto al contenido, entre el sujeto y el objeto, tratándose en uno y otro de caso de entidades cuya puridad parece tan cristalina (para el primero) como opaca (para el segundo). Pareciera imposible por lo tanto que un objeto generara contenidos, tanto como identificar a un sujeto con la generación de lo que ya lo constituye, humana dificultad de generación de toda diferencia (o diferensia, si se quiere) que no vinculara al objeto con el sujeto y viceversa, ante cuya humana impureza, no se ve como Paganini lograría dividir la “generación de contenidos” de una “tele-tecnología” humanística.
Sin embargo, la negatividad de Mujica ante sus propios dichos sobre las abstrusas humanidades comunicacionales, la de Grompone ante la acepción de “contenido” o la de Paganini con relación a la intangibilidad propia de la “generación” de los mismos, presentan en común una misma referencia: el poder.
Pese a sus desafíos a los saberes improductivos, Mujica obtempera ante el financiamiento del espectáculo, de cara a las fabulosas ganancias que genera –ya hoy- la “inmaterial” empresa pública de telecomunicaciones, en razón de un emprendimiento que, según declara el presidente en funciones, sería imposible al margen de la inversión pública. Grompone, pese al reduccionismo tecnológico que profesa, lo niega ex profeso cuando aduce la legitimidad de la tecnología para “extenderse” hacia los contenidos, ya que no se ve cómo tal extensión pudiera alcanzar su propio objeto, sin que tales esencias presentaran una condición supra-tecnológica efectiva. Finalmente, Paganini hace de la “generación de contenidos” una instancia que debiera permanecer incólume por sus fueros, sin embargo, la negatividad social de tal entelequia surge con cristalina transparencia, cuando el mismo autor señala la necesidad de defender la neutralidad de las telecomunicaciones en tanto mercado, marcado –sobre todo en las telecomunicaciones- por la eterna neutralidad de la libre empresa capitalista.
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mayo 16, 2013
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Tecnología cada vez más pequeña y eficaz, dispositivos con sorprendentes aplicaciones y usos revolucionan el mundo de las ciencias conformando una biotecnología y biomedicina cada vez más amplia. Proyectos y desarrollos que desafían siempre el límite de lo existente en busca de soluciones, sobre todo para las afecciones de la salud o el cuidado del bienestar físico. Aquí un repaso de algunos de los logros y proyectos del año que concluyó y algunos recientes del año que comienza.
Investigadores de Harvard School of Engineering and Applied Sciences, conducidos por el profesor de Mecánica y Materiales, Zhigang Suo han logrado un innovador material: hidrogel compuesto por agua y polímeros que puede estirarse hasta veinte veces su tamaño y absorber presión y tensión sin romperse (una banda elástica o de goma se rompe al estirarse seis veces su tamaño). Tal resistencia se ha logrado gracias a dos componentes que sirven de estructura. La primera son largas cadenas de carbohidratos derivadas de algas. Las cadenas encastran gracias a la acción de iones de calcio. La segunda estructura, está hecha de polímeros sintéticos. La energía del impacto se distribuye de tal forma por el material que los iones de calcio, atraídos a los segmentos con carga negativa en la estructura de algas, encastran manteniendo la estructura primaria aun cuando se estira el material.
Actualmente, si en el organismo humano un cartílago se rompe, difícilmente pueda repararse por sí mismo. Este hidrogel, podrá ser utilizado en el futuro para la ingeniería de tejidos y prótesis. La autoreparación en este hidrogel lleva un proceso de horas, por lo que todavía los científicos deben mejorar este tiempo para que pueda ser usado en la medicina regenerativa del futuro con amplias posibilidades de éxito.
John Klein, cardiólogo del Boston Children Hospital y su equipo de colaboradores han desarrollado una solución inyectable que contiene microburbujas de oxígeno para casos de emergencia en pacientes con un ataque de asma, personas que sufren un ahogo por atragantamiento o por inmersión en agua y que sufren de falta de oxígeno; falla que conduce en pocos minutos a la muerte por paro cardiorrespiratorio y daño cerebral.
Gracias a la nanotecnología, los científicos obtienen la mezcla de fosfo-lípidos en una cámara oxigenada; así logran microburbujas con una membrana lípida que contiene puro oxígeno, su presión es más elevada que la del torrente sanguíneo. Así es que el gas se puede esparcir a los glóbulos rojos por contacto, sin provocar embolia. Los científicos inyectaron esta solución a conejos bajo anestesia con su sistema respiratorio bloqueado y pudieron mantenerse vivos, quince minutos, sin llegar al paro cardiorrespiratorio. Es un tiempo más que valioso para poder realizar procedimientos para salvar la vida, ya sea en un accidente o en una cirugía. Pero existe todavía un obstáculo a superar; la solución oxigenada necesita constante flujo de solución salina, lo que puede conducir a un edema.
Otro obstáculo es la generación de dióxido de carbono que no logre eliminarse del organismo debido a que no hay respiración normal.
En esta misma línea de investigación, la empresa de tecnología militar DARPA (Agencia de Investigación en Proyectos Avanzados de Defensa, por sus siglas en inglés) perteneciente al Departamento de Defensa de Estados Unidos, también ha desarrollado una espuma de polímeros que detiene el sangrado. Una reacción química es la que evita el sangrado gracias a una espuma que presiona en la herida interna deteniendo el flujo de sangre. Esta espuma incrementa las chances de sobrevivir en un herido luego de tres horas, del 8 al 72 por ciento.
El especialista en Materiales John Rogers, de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, junto a la empresa MC10 de Massachussets ha desarrollado circuitos de silicio en forma de apósitos. Son dispositivos elásticos que podrán adherirse al cuerpo como un apósito y realizar diversas funciones, tales como medir temperatura corporal, frecuencia cardiaca, presión arterial, nivel de perspiración, hidratación y transmitir esta información en forma inalámbrica a un smartphone. La empresa ya trabaja para sumar esta tecnología a una conocida marca de ropa deportiva. Específicamente un indicador de impacto en una fina malla a colocarse dentro de los protectores de cabeza o casco para diversos deportes como el hockey. “Contiene sensores biométricos que proveen información sobre el impacto sufrido en la cabeza” dice David Icke, CEO de MC10.
Por otra parte, en la feria de tecnología CES (Consumer Electronics Show, por sus siglas en inglés) que se lleva a cabo cada año en Las Vegas, muchos son los dispositivos tecnológicos que se han presentado para el cuidado de la salud.
Es el caso del iSpO2, un oxímetro de pulso fabricado por la empresa Masimo en Irvine, California. El iSpO2 mide la cantidad de oxígeno en sangre. El dispositivo emite una luz infrarroja y otra roja hacia el dedo y la sangre absorbe cantidades diferentes de cada frecuencia en función de la cantidad de oxígeno transportado por los glóbulos rojos. Masimo ya fabrica oxímetros de pulso para el entorno médico, pero su producto pretende estar destinado a los consumidores. Quienes seguramente harán uso de este dispositivo son los pilotos de avión en el caso de sufrir una despresurización, y los alpinistas en grandes alturas; ya que el iSpO2 es una alerta ante la hipoxia, es decir la falta de oxígeno en sangre. Este dispositivo se utiliza conjuntamente a un IPad o IPhone, descargando una aplicación gratuita de Internet.
Hothead Technologies, compañía de Dallas que se especializa en sistemas de advertencia de sobrecalentamiento para el sector industrial y el deporte, ha presentado su producto Spree, una cinta con sensores que se ubican en la cabeza y que miden la frecuencia cardiaca, la temperatura corporal y el movimiento, y que funciona con o sin un teléfono inteligente.
Carol Torgan, fisióloga del ejercicio y miembro del Colegio Americano de Medicina Deportiva sostiene que la amplia cantidad de usuarios que se conectan a los teléfonos inteligentes está cambiando el concepto del fitness. Consiste en conectar a los deportistas un dispositivo para su seguimiento, que permite el monitoreo de datos, y la posibilidad de compartir y comparar los mismos.
La compañía Illumina fabrica secuenciadores para análisis de ADN, enfocada en los cromosomas, y su tecnología puede detectar cuando existe un número anormal de cromosomas en embriones fecundados in vitro. El análisis de ADN también podría servir de ayuda antes de la concepción.
Por su parte, la compañía de Biotecnología Presage Biosciences, con sede en Seattle ha logrado desarrollar un dispositivo que inyecta pequeñísimas dosis de drogas a tumores cancerígenos mientras están en el cuerpo del paciente. El dispositivo utiliza varias agujas para inyectar pequeñas cantidades de fármacos a través de la piel en un tumor vivo. Luego los médicos pueden extirparlo y estudiar cómo ha sido la acción de lo inyectado, y al ser mínimas cantidades los fármacos actúan localmente en el tumor sin causar efectos secundarios. El doctor Jim Olson, oncólogo fundador de Presage e investigador del Centro de Investigación contra el Cáncer Fred Hutchinson, señala que quieren desarrollar una versión portátil y desechable del dispositivo que además tendrá otras aplicaciones. Podría utilizarse para estudiar nuevos tratamientos experimentales. Así, la empresa farmacéutica Millennium está utilizando la tecnología de Presage para probar combinaciones de medicamentos contra el cáncer en tumores sólidos en animales de laboratorio e identificar los tratamientos más eficaces. Después, los medicamentos que funcionen mejor dentro del tumor pueden ser administrados en dosis mayores en forma sistémica para combatir el cáncer en todo el cuerpo; y quizás se logren terapias con menos efectos secundarios para el paciente.
Fuentes:
http://www.seas.harvard.edu/directory/suo
http://mc10inc.com/pages/tech_overview.php
http://www.illumina.com/
http://www.darpa.mil/
http://www.cesweb.org/
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mayo 13, 2013
Publicado por Teódulo López Meléndez |
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Ensayo
EL MALESTAR DE LA DEMOCRACIA
CARLO GALLI
(Fondo de Cultura – Buenos Aires)
El catedrático boloñés Carlo Galli teoriza acerca de una situación de la que hablan los noticieros de televisión, los portales de internet y la prensa gráfica: la crisis de la democracia en el siglo XXI. Es un hecho nuevo, que obliga a repensar los supuestos en que se basó el sistema político occidental. Al plantear el estado de la cuestión, el autor describe que el malestar de la democracia, reconoce un aspecto subjetivo y otro objetivo. El primero afecta al sujeto que debe considerarse ciudadano y que se traduce en apatía y en desgano. Siente resignación o repulsa hacia la política. El malestar objetivo se centra en lo estructural. “La democracia ha sido arrasada por las transformaciones del mundo”, postula Galli. A partir de estas premisas, describe el itinerario que recorrió el pensamiento político desde la Grecia clásica hasta las objeciones de los críticos radicales de la democracia, como la belga Chantal Mouffe, de reconocida influencia intelectual en el mundo kirchnerista. De ese recorrido histórico, vale retener este dato central: la sustitución del republicanismo de la Antigüedad por el eje Estado-mercado, a partir del siglo XVIII. Esta fórmula política prevaleció hasta fines de la década de 1980, precisa Galli. El colapso del socialismo real en Europa del Este constituyó una línea demarcatoria muy precisa. Durante tan extenso período, el edificio institucional construido a partir de ese eje, pudo superar la confrontación con los totalitarismos y mejorar el nivel de vida de millones de personas.
Nada es definitivo, sin embargo, en el devenir de la historia. Después de 1989 cambiaron las cosas. En la edad global, el capitalismo exige independencia de la política, advierte el politólogo italiano. El multiculturalismo adiciona otro problema a la democracia, al sumarse a la inseguridad social. Las instituciones de la democracia liberal, en ese contexto, están jaqueadas por el populismo. En ese contexto, Galli apunta que debe admitirse la existencia de democracias diferentes a la occidental. La idea renovada de democracia que propicia acepta que el conflicto puede resolverse en un ámbito cívico sin necesidad del uso de la violencia y en el reconocimiento de las pluralidades.
© LA GACETA
Carlos Abrehu
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mayo 12, 2013
Publicado por Teódulo López Meléndez |
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Teódulo López Meléndez
…quienes se encierran se convierten en sospechosos
Elias Canetti Masa y poder
La filosofía política ha discutido a largo las diferencias entre la política y lo político. Es así como podemos considerar que la teórica de la “democracia radical” Chantal Mouffe ha sido una de las más acuciosas sobre este tema al señalar como “política” a las prácticas de la actividad tradicional y como “político” el o los modos en que se instituye la sociedad, esto, la primera pertenecería al nivel “óntico” y el segundo al nivel “ontológico”.
En medio de esta situación venezolana de pre-violencia andarse con digresiones teóricas parece carecer totalmente de sentido, pero es necesario recordar que la política es conflicto, pero es esencial a su existencia el pluralismo y permanente el recuerdo que es absolutamente indispensable impedir se destruya la asociación política. De manera que lo que vivimos en Venezuela bien puede ser definido con palabra gratas a Mouffe: “antagonismo”, “agonismo”, para luego transformar este en un modelo adversarial, una concepción agonística y no antagónica de la política, que logre mantener la relación adversarial sin que ésta se transforme en una relación amigo-enemigo radical.
Hannah Arendt advirtió que la política es estar juntos partiendo de un caos absoluto de las diferencias, pero también recordó que sin ética –perdida absolutamente por buena parte de los protagonistas del combate político venezolano- lo que llega es lo que nosotros llamamos devaluación de un cuerpo social. Sin embargo, la ética es un asunto personal y no colectivo, lo que quiere decir que cada quien es un delincuente o un ciudadano respetuoso, pero las prácticas políticas cotidianas van conformando, desde esa acción individual, lo que denominamos crisis y que puede terminar de los modos más imprevistos o desde la simple repetición de las tragedias ya conocidas.
Convertir el conflicto –siempre al borde de lo terminal- – en un modo irresoluble y sin reglas del combate político es convertir a la política en un fusilamiento de las ideas. Nadie puede, en estos términos, hablar con seriedad de un proyecto país y la cotidianeidad se convierte, no más, en un proceso aniquilador de toda concepción válida y de toda posibilidad de sobrevivencia de un cuerpo nacional procesador eficaz del caos natural de las oposiciones que le son inherentes.
Inmersas en el conflicto las partes no ven más allá de sus narices y toda la “reflexión” que se produce se relativiza a encarnizarse con el “enemigo”. Eso constituye un aire irrespirable que a su vez construye una inviabilidad. Eso es exactamente lo que está sucediendo con Venezuela: se hace inviable.
He dicho muchas veces que no se trata de una especie de elevación mística que nos haga desconocer la gravedad del presente y mucho menos tratar de conjurarlo con un acto de escamoteo mental calificable por la psiquiatría. Lo que he hablado –y ahora mismo hablo-, es de buscar un modelo adversarial que permita restaurar lo político y ello sólo es posible con pensamiento complejo que permita la reconstrucción de la política.
Es también comprensible que en medio de la brutalidad manifiesta -pensemos nada más en las agresiones en la Asamblea Nacional venezolana- resulte todo en una obcecación reducida a conservar el poder o a desplazar a sus titulares de circunstancia y que veamos la absoluta ceguera reflejada en las redes sociales como imposibilidad para intentar una elevación de la mirada. El presente se hace así todopoderoso con olvido de la mirada del día siguiente, una que bastante ayuda siempre a no ver las realidades, por más dañinas que sean, como inmutables.
El aire venezolano es irrespirable, el maniqueísmo la norma de comportamiento, la insuficiencia teórica más que manifiesta, la incapacidad de las miradas más que obvia. Podríamos reseñarla como el de un país sin una política de aliento y de un accionar político de entelequia. Eso conduce al hartazgo y cuando el hartazgo llega se producen las rupturas, los quiebres, unos generalmente determinados por el azar y por la acción del más audaz o por la fortuna de ser el primero en llegar. La conclusión/diagnóstico se aleja cada día de un cuerpo social a flote en la vulnerabilidad lo que significará que decidir puede ser un verbo en proceso de alejamiento para convertirnos en un país a merced.
Para entender la diferencia entre antagonismo y “agonismo” planteada por Mouffe es necesario recurrir a la bioquímica. Un “agonista” puede unirse a un receptor celular y provocar una respuesta de la célula para estimular una función, específica o adversa, mientras que un antagonista se une a un receptor al que no solamente no activa sino que lo bloquea.
Es ese el pensamiento de fondo de la pensadora belga sobre este tema: “convertir el antagonismo en ‘agonismo”, superando la ilusión de una sociedad reconciliada por una salida racional que implica el reconocimiento de los oponentes en cuanto a partícipes de una misma asociación política y de un mismo espacio simbólico.
En el caso venezolano cada parte tiene “su” verdad y el tratamiento que se dan es el de enemigos, llegándose al extremo de tratar el conflicto como un enfrentamiento del bien contra el mal, e implicando elementos religiosos de alta peligrosidad, con olvido de la contingencia de las creencias. Es, pues, probable, que necesitemos no más que un consenso conflictual.
tlopezmelendez@cantv.net
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mayo 10, 2013
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Teódulo López Meléndez
Estamos en un conflicto que describiremos como un “libro repetido”, pues no otra cosa hacen los actores sino volver sobre los viejos parlamentos, olvidando que los tiempos en política se construyen y con ellos el espacio.
El libro repetido no es atacado en la ordenación de los factores, en una alteración de los diálogos y mucho menos en los tiempos verbales. Nadie se mueve del lugar descrito. Este libro parece no conocer la interacción del hipertexto, de la acción común que permite barajar, modificar y reordenar. Esto es, no se inventa, de manera que se siguen los mismos caminos y se transitan los mismos trayectos en una repetición inmutable como si los pesados “tipos” de la era gutemberiana prevalecieran de manera inevitable e insuperable.
La invención política que modifica textos, traza nuevos senderos, fija metas y se lanza a la acción en procura del mañana es mirada con desdén, se sacrifica en aras de una convicción de inevitabilidad de que el mundo agobiante en que se está sembrado es el mundo y otro es imposible de describir. Por ello se repite el libro, se actúan los mismos libretos, se aburre al auditorio haciendo lo mismo para que la irritación se haga crisis.
Las viejas definiciones se toman como dogmas, la ciencia política como un cadáver exquisito, la praxis frente a la situación concreta como a una impresora a la que no se le ha fijado con precisión que debía imprimir sólo una copia. Se ha olvidado la calidad de un sujeto actuante e imaginativo en el altar de una supuesta acción táctica que se transforma en violencia con olvido total del pensamiento que permite reescribir el libro cuantas veces haga falta.
Una acción de ruptura del libro repetido es una que no se está repitiendo, para decirlo con complicadas palabras, una nueva, una inventada, una que no se ha hecho antes. El verbo inventar es tomado generalmente como improvisar, como sacar del sombrero del prestidigitador un conejo o, como es práctica en la Venezuela de hoy, escuchar a un “profeta” que se inserta en los análisis electorales. No, inventar no es nada de eso. Es pensar, preparar y organizar una acción colectiva que permita elevar, aprender a mirar de otro modo, a mover lo estático y repetitivo, a alterar los tiempos y crear el espacio nuevo.
Renovar el libro es parte esencial de la política y moverse sobre la invención política procurando alterar la realidad real es esencial, pero hay que comprender que si se parte de la realidad enquistada se va a volver al libro repetido. Hay que pensar desde más allá para así mirar el presente ya teniendo una primera visión del nuevo libro y entonces poder definir la estrategia y las tácticas para construir lo nuevo, esto es, escribir nuevos libros siempre sujetos a la interacción que, permítaseme el ejemplo, puedan ser modificados constantemente mediante la “tecnología” de la nueva comunicación inventada en la acción del pensamiento.
Encerrados en la repetición del libro repetido el poder circunstancial se ve omnímodo, las circunstancias insuperables, la impotencia como la norma, el desamparo como algo aceptado, el cansancio como natural a los esfuerzos baldíos, la violencia que comienza a asomarse irreversible como una tragedia de la cual debemos escondernos de cualquier manera, quizás maldiciendo al que se asomó desde la caverna de Platón a asegurar que allí afuera había otro mundo.
Hay que reinventar el libro, hay que tumbar los tabiques, hay que rearticular, hay que cambiar de posición la mirada, hay que evitar solazarse siempre en lo mismo, hay que evitar quedarse siempre en el mismo sitio. Hay que afirmar y no negar, hay que inventar y no repetir, hay que aprender a leer los nuevos textos mientras se escriben, hay que hacer circular ideas no dominantes porque estas se han demostrado inútiles, hay que salir de los encierros, hay que mandar a callar a los viejos discursos.
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mayo 3, 2013
Publicado por Teódulo López Meléndez |
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Ricardo Viscardi
Al recompensar a Abrahm por su obediencia filicida con una descendencia “tan numerosa como la arena del mar”,[1] Javhé parece haber olvidado que una obsecuencia aún más absoluta cunde en el obsoleto paraíso uruguayo de la racionalidad moderna, que no sólo pretende depositar el contenido de la historia en un cilindro municipal, sino además ir, uno por uno, al grano de cada contenido de Antel-Arena.[2] Un único contenido de grano permanece, sin embargo, incólume ante tal catástrofe bíblica contenida en los contenidos del Cilindro Municipal de Montevideo: el contenido de “contenido”.
En efecto, esta historia comienza por un término, que conlleva una manera clásica de ponerle fin: un diccionario. Alentándonos a hacer uso del diccionario de la Real Academia Española, el ingeniero Grompone[3] no soslaya su fidelidad tecnológica, ya que tal instrumento se encuentra on-line. Ahora ¿no sería el mismo diccionario una fuente de los mismos contenidos antes de ser incorporado on-line, o incluso, tomado de un anaquel, si se quiere, desde una escalera de biblioteca? En ese caso, la definición de “telecomunicaciones” que el propio Grompone encuentra “perfecta”, tal como la provee la legislación nacional en la materia, no hubiera agregado ni una jota al contenido del mayor diccionario de la lengua (en particular porque es en el grano de sus contenidos que se funda el abordaje que propone, de la cuestión de la ley, el mismo enunciador, ante la polémica que suscita que supone Antel-Arena).
Entonces ¿cómo entender que las telecomunicaciones, entendidas como las entiende Grompone incorporan los contenidos, sino tan sólo en cuanto los extienden? Si la tecnología no hace sino extender los contenidos, no se ve cómo podrían las telecomunicaciones proveer el criterio para entender lo que se transmite a distancia, incluso de diccionario, ni menos, para gobernarlo. Por ende, la pretensión de Antel a configurar a través de una Arena la mejor generación de contenidos, se encontraría con una contradicción clásica: lo extenso (de la transmisión a distancia) se opondría a lo intenso (del contenido a transmitir).[4] Lo que inhabilitaría a Antel no sería la legislación nacional, ni la malversación habitual de sus contenidos por la partidocracia uruguaya, sino la propia impropiedad de la extensión para contener el contenido de “contenido”. La antena, todo lo electromagnética que se quiera, se hundiría en la trivialidad, falta de contenido.
En su contraposición a Grompone, Omar Paganini[5] pretende que el planteamiento idiomático de la cuestión legal encierra un sofisma. Para dejar en evidencia la truculencia reductora que le imputa al primero, denuncia la falacia que incluye la “generación de contenidos” como “parte” de las telecomunicaciones. Le parece tan inadecuado incluir la “parte” “generación de contenidos” en el todo “telecomunicaciones”, como la “parte” “producción de soja” en el “todo” “transporte naviero”, o la parte “generación de niños” en el “todo” “transporte escolar”. Cree así Paganini denunciar un sofisma asestado mediante el idioma, cuando lo que hace es usar el idioma de los sofismas para asestar la noción de “contenido” en tanto “esencia apropiada”, válida por igual para el transporte fluvial o la gestación biológica, como para la “premisa menor” de un silogismo.
Si aplicáramos la noción de “parte” como sinónimo de “contenido”, sin diferenciación conceptual entre la enunciación lógica y la agregación de segmentos físicos, o la complementariedad de elementos biológicos, debiéramos entender que la pata del caballo es el contenido del caballo. O que la veta de mineral es el contenido de la estratificación geológica. Pero parece difícil que el contenido “contenido” se use en tal sentido, a no ser en tanto “telecomunicación” entre el idioma y los referentes, lo que nos retrotrae por la vía más insospechada a un substancialismo acerbo, vestido de “objetividad”, a la más pura acepción de metafísica que Ricoeur imputa, más allá del silogismo, al aristotelismo.[6]
En tanto “forma parte” del ordenamiento de la forma en el cosmos griego, la “parte” es “contenido” en cuanto articula (“mediáticamente”, para una percepción “anacrónica” que leyera el planteo griego desde la contemporaneidad) la mediación entre la premisa mayor y la conclusión.[7] En ese punto Aristóteles creyó haber resuelto un problema de “telecomunicación” de la theoria griega, planteada por la intangibilidad de las formas ideales platónicas, en cuanto tal inaccesibilidad de la idealidad desafiaba la mediación de un cosmos integrado en todas sus “partes”, de cara las unas a las otras.[8]
Tanto la noción de telecomunicaciones como extensión de contenidos, en la acepción que le parece satisfactoria a Grompone, como la noción de “contenido” en que Paganini pretende disolver, mediante una acepción gobernada por la observación empírica, una acepción de “parte” gobernada por la mediación aristotélica entre las formas y los casos; llevan por igual a ignorar que la noción de “contenido” no se diluye en la transmisión (“telecomunicacional” en un sentido lato de la teoría) que constituye la tradición, sino que es la sucesiva traducción de “esencia” y de “idea”, a través de distintos contextos semánticos. Más grave aún es que tal noción de “telecomunicaciones” en tanto fatal articulación tecnológica de contenidos, o en tanto neutralidad ante su gestión económica, conlleva tanto la defensa de un reduccionismo tecnológico como la aceptación de un indeterminismo empresarial.
La historia no precipita el maná de su contenido en “tecnología”, de manera tal que las telecomunicaciones proveen la Arena en que se dirime el cotejo entre los intereses de la empresa estatal y las empresas multinacionales, como termina por afirmarlo Grompone. Menos aún “los negocios” proveen un difuso criterio de “gente” y “empresas de todos los rubros” apaciblemente contrapuesto a los razonables “oligopolios naturales”, de manera que no nos cabe sino confiar en la “neutralidad de la red”, que así presentada por Paganini, parece una cosa tan justamente mediada como un “justo medio” –incluso el de la “premisa menor”.
La falencia crítica que trasuntan por igual el fatalismo artefactual y la indeterminación empresarial, desprecia de la metafísica todo lo que ignora de la teoría de la comunicación. El “determinismo tecnológico” de McLuhan dejó por el contrario estampado que “un medio es el contenido de otro medio”,[9] de forma tal que disolvió la diferencia entre las “telecomunicaciones” y la “generación de contenidos”, puesto que la tecnología pauta los contenidos tanto como éstos se plasman en contextos artefactuales propios. Por otro lado, la teoría del discurso disolvió la pureza de los contenidos en “el medio” de la formalización del lenguaje, en tanto calibró la teoría como “caja de herramientas”,[10] en cuya panoplia instrumental ningún contenido queda al margen de la habilidad del usuario, ni de la entidad del problema que se pretenda resolver.
La tragedia crítica que asola al Uruguay se hace patente en que no sólo el rey está desnudo,[11] sino que además cierta acepción mirífica de la tecnología lo hace aún más transparente.
1]“Tu descendencia será como las estrellas del cielo” en Nos ponemos en camino http://nosponemosencamino.blogspot.com/2013/01/tu-descendencia-sera-como-las-estrellas.html (Acceso el 30/04/13)
[2] La empresa estatal de telecomunicaciones (Antel) y la Intendencia Municipal de Montevideo se ha asociado para construir una Arena mediática, generando acusaciones de inconstitucionalidad de la oposición. Ver “Mujeres de Arena” Montevideo Portal (23/04/13) http://www.montevideo.com.uy/notnoticias_198643_1.html
[3] Grompone, J. “ANTEL nuevamente en la lucha” Voces (11/04/13) p.8. Versión electrónica en https://2414f8b3-a-1cdd88af-s-sites.googlegroups.com/a/voces.com.uy/web/ediciones/2013/archivos/voces380.pdf?attachauth=ANoY7cpSQPB3gfMOIldPbCsgsSgdRL-zJRW_o_pW35aSawklg-6PMLhof0uOXUd2rUjSQ4rc_nDG9FWIXTRczKXZMvo0k82q-pmnkfioMrJvKo7gVpQommW6B9rtQhRbvRTEvSTXxtkOQ0fUIB8hwZw7QKJuUencfSsNlwyyI3rkkvlei8JcV4RIgvsRnX2d1OxvFPLGM5Dz_LBGnOA33k3tUdUSuNyDPCrknMNpKdbIcj3pIwK_udI%3D&attredirects=0 (Acceso el 01/05/13)
[4] Serrano, G. (2005) Conocimiento versus forma lógica. La querella en torno al silogismo 1605-1704, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, pp.207 a 211. Versión electrónica en http://www.bdigital.unal.edu.co/1442/6/05CAPI04.pdf (Acceso el 01/05/13).
[5] Paganini, O. “La generación de contenidos y las telecomunicaciones” Voces (18/04/13), p.4. Versión electrónica accesible en https://2414f8b3-a-1cdd88af-s-sites.googlegroups.com/a/voces.com.uy/web/ediciones/2013/archivos/voces380.pdf?attachauth=ANoY7cpSQPB3gfMOIldPbCsgsSgdRL-zJRW_o_pW35aSawklg-6PMLhof0uOXUd2rUjSQ4rc_nDG9FWIXTRczKXZMvo0k82q-pmnkfioMrJvKo7gVpQommW6B9rtQhRbvRTEvSTXxtkOQ0fUIB8hwZw7QKJuUencfSsNlwyyI3rkkvlei8JcV4RIgvsRnX2d1OxvFPLGM5Dz_LBGnOA33k3tUdUSuNyDPCrknMNpKdbIcj3pIwK_udI%3D&attredirects=0 (Acceso el 01/05/13)
[6] Ricoeur, P. (1990) « Individuo e identidad personal » en Sobre el Individuo, Paidós, Barcelona, p.70.
[7] Brun, J. (1961) Aristote et le Lycée,PUF, Paris, p.41.
[8] Op.cit.p.38.
[9] Mc.Luhan, M. (1996) Comprender los medios de comunicación, Paidós, Barcelona, p.30. Versión electrónica en http://cedoc.infd.edu.ar/upload/McLuhan_Marshall__Comprender_los_medios_de_comunicacion.pdf (Acceso el 01/05/13)
[10] Foucault, M. (1979) Microfísica del poder, Ed. de la Piqueta, Madrid, p.79. (Versión electrónica en http://sociologicahumanitatis.files.wordpress.com/2009/10/foucault-m-microfisica-del-poder-espanol.pdf (Acceso el 01/05/79)
[11] Amir, H. “Sastrería del desastre” Henciclopedia http://www.henciclopedia.org.uy/Columna%20H/HamedSastreriadeldesastre.htm (Acceso el 01/05/13).
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mayo 1, 2013
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Nuestro anterior Boletín estuvo dedicado al reciente surgimiento y potente desarrollo de la Ciencia de la Sostenibilidad, de la que destacábamos su caráctertransdisciplinar. Efectivamente, esta nueva ciencia incorpora en sus investigaciones y toma de decisiones a quienes trabajan fuera del ámbito académico, puesto que las aspiraciones, conocimientos e intervención de la ciudadanía, resultan imprescindibles para hacer posible la necesaria y urgente transición a la sostenibilidad desde la actual situación de emergencia planetaria.
Ya no se trata, pues, de contar con la participación ciudadana para llevar adelante las propuestas de los expertos, sino de incorporarla al diseño mismo de las propuestas y de las estrategias. Se rompe así el aislamiento del mundo académico, potenciando su efectividad.
Esta nueva orientación impregna el ambicioso proyecto Beyond 2015 (Más allá de 2015), fecha en que culmina el actual proyecto de Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Se ha empezado a diseñar una nueva Agenda de Desarrollo Global Post 2015 que persigue profundizar en los logros alcanzados con estos ODM y también corregir sus serias limitaciones, como el hecho de haber sido establecidos por un número reducido de expertos o la ausencia de referencias a los Derechos Humanos.
Beyond 2015 constituye una campaña de la sociedad civil global que reúne ya a más de 620 organizaciones y a la que se invita a participar a los movimientos sociales y organizaciones de la sociedad civil de todo el mundo (http://www.beyond2015.org/es/content/unirse-beyond-2015). Se pretende así construir un movimiento global con los múltiples actores involucrados en la construcción de un futuro sostenible. En este esfuerzo colectivo, las organizaciones educativas pueden jugar un importante papel. De hecho, el movimiento Beyond 2015 converge con objetivos e iniciativas que Educadores por la Sostenibilidad ha venido impulsando en los Temas de Acción Clave y en los Boletines publicados en esta web de la Década de la educación por un futuro sostenible.Podemos referirnos, en efecto, a algunas características comunes como, en primer lugar, la naturaleza interdisciplinar y transdisciplinar que se considera ha de poseer el trabajo para la transición a la sostenibilidad, integrando los esfuerzos de la comunidad científica, la educativa y los movimientos ciudadanos.
Otra característica en la que convergen tanto el movimiento Beyond 2015, la Ciencia de la Sostenibilidad y la Educación para la Sostenibilidad (EDS) es que sus estrategias están concebidas en una perspectiva “glocal” (a la vez global y local) y a largo plazo, para construir una visión amplia de hacia dónde pretendemos dirigirnos, lo que permite anticipar riesgos y obstáculos, y aprovechar las tendencias positivas. Todos los objetivos a corto o a medio plazo han de tener presente esta visión amplia, para evitar las contradicciones que a menudo afectan a las medidas adoptadas para resolver problemas puntuales en el tiempo y/o en el espacio.
Se ha de ser consciente, por supuesto, de que la transición a sociedades sostenibles reviste una gran complejidad y se enfrenta a serias dificultades. Ello obligará, sin duda, a establecer prioridades coyunturales, dando lugar a metas concretas, cuantificables en periodos definidos de tiempo, de forma que sea posible su evaluación -es decir, el seguimiento de en qué medida se van cumpliendo- y poder, en su caso, introducir medidas correctoras. Pero previamente se ha de construir una visión global de lo que supone la transición a la sostenibilidad, sabiendo que dicha transición ha de ser el fruto de una [r]evolución (revolución en cuanto a cambios profundos, pero evolución en cuanto que dichos cambios van a demandar tiempo y esfuerzos continuados).
Estas convergencias de planteamientos permiten concebir que el trabajo de la Década de la educación por un futuro sostenible, que finaliza en diciembre de 2014, encuentre continuidad en la Ciencia de la Sostenibilidad y en iniciativas como Beyond 2015, que promueve el diseño e implementación de una nueva Agenda de Desarrollo Global, o la Conferencia Mundial de UNESCO sobre desarrollo sostenible “Aprender hoy para un futuro sostenible”, que se celebrará en Japón en noviembre de 2014, para la formulación de estrategias de EDS más allá de 2014. Se podrá contribuir así más eficazmente a sentar las bases de un futuro sostenible y satisfactorio para el conjunto de los seres humanos, que garantice la universalización y respeto de las tres generaciones de los Derechos Humanos: Derechos políticos, Derechos económicos y culturales y Derechos de tercera generación o solidaridad (a la paz, a un ambiente saludable y al desarrollo sostenible).
Educadores por la sostenibilidad
Boletín Nº 87, 1 de mayo 2013
http://www.oei.es/decada/boletin087.php
Ciencia, tecnología e innovación para el desarrollo y la cohesión social
Programa iberoamericano para la década de los bicentenarios
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mayo 1, 2013
Publicado por Teódulo López Meléndez |
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Teódulo López Meléndez
Pensar es una actividad intelectual que pretende comprender un hecho. Pensar la política implica mucho más, pues llega hasta la configuración de un mundo. Hanna Arend señaló que el pensamiento tiene un efecto destructivo dado que socava lo establecido. Cuando pensamos la política, desde ella y desde lo político, es evidente que hay dificultades y es preciso recomenzar. Pensar la política busca la posibilidad de un mundo común.
Cuando se deja de pensar la política y se instaura la mediocridad de la búsqueda del poder y no más, se entra en la barrena de la inestabilidad y la decrepitud. Cuando la política se burla de la consistencia de la complejidad del pensamiento y se reduce a las maniobras y a hacer de ella misma un deterioro las sociedades languidecen en las formalidades y se encuentran incapaces de saltos cualitativos.
Es impresionante ver como la sociedad venezolana no entiende nada, ni a un nuevo gobierno cuya preocupación única parece ser el establecimiento de “una nueva mayoría”, ni a un candidato opositor jugando a huir hacia adelante para lo cual recurre al último argumento de mantenimiento de clientela: habrá nuevas elecciones presidenciales.
Ciertamente uno puede entender la política como lo opuesto a lo estático. Resulta irritante ver a un cuerpo social sembrado en él y cuya supuesta “inocencia” no es justificable y menos perdonable. La única posibilidad que cabe es remitirse a un fracaso educativo y cultural que lo lleva a maniqueísmos como el de negar la existencia misma de quien no esté en alguno de los bandos. Menos logra entender cuando se le habla desde una mirada de país.
La política es una revisión permanente y la democracia una interrogación que nunca termina. El que se mueva en los parámetros agotados es un insuficiente que desconoce totalmente hasta la definición misma del verbo “pensar”. Vivir desde y para la asfixiante coyuntura, gritar de entusiasmo frente a la aparente palabra dura y solazarse en los radicalismos estériles, es propio de una sociedad en sí misma estéril. Nadie puede pretender borrar de un plumazo la angustia del presente. Lo que se pretende es recordar que las realidades son construibles, que hay que modificar el ángulo de los observadores y, sobre todo, que la política se piensa y se piensa alejándose de la linealidad y de la miseria. Hay una crisis política puntual envuelta en otra de igual o mayor gravedad: la absoluta inconsistencia de los políticos.
Esto que vivimos en Venezuela no es la política. No llega ni a rango de antipolítica. La política es hoy una voluntad colectiva y ella no existe porque tenemos a unos actuantes que giran sobre sí mismos embebidos en el odio mutuo y en la incapacidad manifiesta de escaparse de las maniobras de una praxis envenenada. Se olvida la caída de todos los conceptos, hasta del poder mismo. Cuando se piensa la política las estrecheces comienzan a diluirse. Se inventan los caminos y se inventa en el futuro. Los presentes sólo son diluibles cuando se tiene la mirada más allá, en la escritura de un relato a transitar, uno que nos hace pensar el presente desde el futuro.
Hoy ya ni sabemos lo que es la política. La labor pedagógica pasa por comenzar a decir que en el siglo XXI la política no es lo que fue. Hay que inventar el siglo que sólo será posible si inventamos la política de este siglo, pues nada es construible en cuanto a organización humana que no esté marcada por la nueva concepción de la política. No se trata de la aparición de iluminados. Hoy el líder es un modesto suministrador de insumos que ejerce la más detestada de las actividades: pensar para los demás, porque pensar por lo demás resultaría una simple manifestación totalitaria. Pensar la política es una acción liberadora pues, en primer término, permite entender los atascos de los actores de la no-política y autoriza a vislumbrar sacudírselos. Cuando se piensa la política aparecen los acontecimientos que nadie creía posibles y las soluciones van conformándose en una realidad distinta de la realidad real. Entonces habrá aparecido el nuevo concepto de poder, el del común hecho líder, que pasará por encima de quienes encarnan el Estado en lo momentáneo y de quienes lo encarnan desde talismanes, llámese unidad o llámese como se llame, organizados en el vacuo propósito único de sacar del poder, del viejo poder, a quienes hoy se solazan en él.
@teodulolopezm
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abril 27, 2013
Publicado por Teódulo López Meléndez |
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Cada cierto tiempo el equilibrio social se rompe a favor de la mediocridad.
El ambiente se torna refractario a todo afán de perfección, los ideales se debilitan y la dignidad se ausenta; los hombres acomodaticios tienen su primavera florida.
Los gobernantes no crean ese estado de cosas; lo representan.
__________
El mediocre ignora el justo medio, nunca hace un juicio sobre sí, desconoce la autocrítica, está condenado a permanecer en su módico refugio.
El mediocre rechaza el diálogo, no se atreve a confrontar, con el que piensa distinto.
Es fundamentalmente inseguro y busca excusas que siempre se apoyan en la descalificación del otro.
Carece de coraje para expresar o debatir públicamente sus ideas, propósitos y proyectos.
Se comunica mediante el monologo y el aplauso.
Esta actitud lo encierra en la convicción de que él posee la verdad, la luz, y su adversario el error, la oscuridad.
______________________
Los que piensan y actúan así integran una comunidad enferma y más grave aún, la dirigen, o pretenden hacerlo.
El mediocre no logra liberarse de sus resentimientos, viejísimo problema que siempre desnaturaliza a la Justicia.
No soporta las formas, las confunde con formalidades, por lo cual desconoce la cortesía, que es una forma de respeto por los demás.
Se siente libre de culpa y serena su conciencia si disposiciones legales lo liberan de las sanciones por las faltas que cometió.
La impunidad lo tranquiliza.
__________________________
Siempre hay mediocres, son perennes.
Lo que varía es su prestigio y su influencia.
Cuando se reemplaza lo cualitativo por lo conveniente, el rebelde es igual al lacayo, porque los valores se acomodan a las circunstancias.
Hay más presencias personales que proyectos.
___________________________
La declinación de la “educación” y su confusión con “enseñanza” permiten una sociedad sin ideales y sin cultura, lo que facilita la existencia de políticos ignorantes y rapaces.”
José Ingenieros
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abril 25, 2013
Publicado por Teódulo López Meléndez |
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Alberto Medina Méndez
A ciertos políticos les disgusta que la comunidad sospeche de ellos, los insulte con absoluto desprecio, los critique por sus habituales debilidades, ambigüedades y dobleces, por sus claudicaciones y desaciertos constantes.
Es evidente que muchas veces la gente prejuzga. A veces, con pocos elementos disponibles y escasa información, toma posición, asume una postura crítica, sin profundizar demasiado en la búsqueda de la verdad.
Y es también irrefutable, que esto genera un importante margen de error, porque el prejuicio asume esa cuota de riesgo, la de creer en algo que no necesariamente es veraz, pero que por sus características puede serlo, porque resulta compatible con la historia, con los antecedentes, con lo que ha ocurrido en el pasado reciente.
La sensación ciudadana cae en esa generalización porque los considera a los políticos, parte de una corporación, con comportamientos idénticos, con actitudes similares, de los que solo se puede esperar ese tipo de historias.
Pero tal vez valga la pena detenerse un instante, para evitar caer en la obviedad de enojarse con los que se hacen eco de la información superficial, para enfocarse en lo importante, en definitiva, en lo que tiene que ver con las causas más profundas que sostienen estas creencias.
La gente tiene una percepción que tiene sustento y cierto correlato con lo que la realidad le demuestra día a día. Sus ideas, suposiciones y conjeturas no son tan disparatadas, si tenemos en cuenta la evidencia empírica que ofrecen los innumerables actos de corrupción de funcionarios.
La corrupción, lejos de ser una novedad, ha pasado a ser un lugar común en la administración de la cosa pública. Hasta que punto esto es así, que para que un relato de esa naturaleza llame la atención o asombre, debe ser un hecho burdo, demasiado rústico, o abrumadoramente desproporcionado.
Una denuncia de rutina, de las habituales, ya no sorprende, y hasta puede no ser noticia. Para que lo sea, precisa tener ribetes que la diferencien, lo que habla a las claras de la frecuencia de estos ilícitos.
Es tanto el hartazgo en la materia, y al mismo tiempo, la impotencia y enojo, que los ciudadanos se molestan ya no solo con los corruptos de siempre, sino con cualquiera que pudiera eventualmente serlo.
Hechos de este tipo se suceden en buena parte del planeta, aunque es justo decir que con diferente habitualidad e intensidad. Lo cierto es que la corrupción es un fenómeno que atraviesa la política. La gente percibe que los dirigentes son una casta, y que funcionan de modo similar sin importar sus aparentes diferencias políticas.
Saben que algunos son corruptos, pero también presumen que el resto es al menos cómplice, y sin aprovechar al máximo el resultado de la corrupción en forma directa, son beneficiarios de esas fechorías y su silencio no tiene, a los ojos de los ciudadanos, justificación alguna.
La política ha hecho un culto de la NO transparencia, la discrecionalidad y la arbitrariedad cuando maneja los recursos del Estado. Los ciudadanos no acceden siquiera a la información para poder cambiar de idea al respecto.
El oscurantismo como forma de administrar lo que es de todos, es funcional a la corrupción. Sin información los ciudadanos no pueden opinar con solvencia, pero tampoco pueden confirmar o descartar lo que sospechan.
La política sabe que ocultando información puede contratar servicios de terceros desde el Estado, sin pasar por ningún filtro, con absoluto desparpajo, modalidad que se ha construido bajo el argumento de que necesitan celeridad y evitar la burocracia estatal.
Otras veces, es justamente la burocracia la que les permite poner barreras de acceso a eventuales competidores, y así favorecer a amigos, ya que con determinadas restricciones los dejan virtualmente en condiciones monopólicas de ofrecer sus servicios o productos.
La inmensa gama de variantes que ofrece la corrupción moderna, se despliegan a diario. La gente, indefensa, sin datos, desde su lugar de mera observadora, se somete al humillante papel, de financiar con su esfuerzo cotidiano, a través del pago de impuestos, a los corruptos de la política.
No es razonable enojarse con quienes financian las aventuras políticas de los caudillos de turno. En todo caso, habría que enfadarse con una clase política, que pudiendo terminar con la corrupción estructural, la deja indemne, y hasta la alimenta, para poder usarla ahora y siempre.
Desde el oficialismo, lucrando sin escrúpulo alguno con todos las grietas que ofrece este débil sistema. Desde la oposición usando políticamente la deshonestidad ajena, pero no haciendo lo suficiente para cerrar los espacios por donde se cuela esta epidemia a diario.
El problema no es la gente que supone e imagina. El drama no lo constituye una ciudadanía que se engancha en cuanta historia escucha. Ni tampoco los que difunden estas cuestiones. El dilema lo tiene la política, porque no hace lo que debe, terminando con este flagelo, cerrando los grifos, eliminando el ocultamiento como estrategia, y transparentando todas las cuentas públicas para que cada ciudadano pueda saber que, como y donde se gasta.
Hasta que esto no suceda, una parte importante de la política seguirá haciendo de las suyas, apropiándose indebidamente del dinero de todos, que no es más que una parte significativa del esfuerzo de cada ciudadano.
Por ahora, seguiremos escuchando crónicas de este tipo, y los políticos continuarán haciéndose los ofendidos, en vez de tomar cartas en el asunto para que esto no vuelva a suceder, ya no solo enjuiciando y encarcelando a los corruptos, sino resolviendo los problemas estructurales, esos que hacen posible la corrupción actual, y también la de los que vendrán en el futuro.
Mientras tanto las historias se sucederán y la gente creerá mayoritariamente cada una de ellas, solo porque es “demasiado verosímil”.
albertomedinamendez@gmail.com
skype: amedinamendez
www.albertomedinamendez.com
54 – 0379 – 154602694
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abril 23, 2013
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Teódulo López Meléndez
En Así habló Zaratustra recordamos como Nietzsche habla de la transmutación de todos los valores. Pensando en la realización de prospectiva del futuro nos preguntamos si este último es posible de construir en un país atrapado en certezas y que olvida todo cambia. Tampoco podemos dejar de recordar que esas certezas de los observadores les vienen de la posición en que miran al objeto país y que la narración es sólo eso, la instrumentación de las técnicas para hacer posible el trascurso del relato.
Si vemos sólo lo que queremos ver, cada uno encerrado en sus certezas equivalentes a ficciones, viviremos en un eterno presente. Si no es posible mover a los observadores será igualmente imposible una actualización de las miradas con el consecuente enterramiento en un presente continuo. Queremos señalar como imposible la prospectiva del futuro si no se sale de la mirada rutinaria.
La mejor manera de construcción del futuro es alimentar el presente con él. Nadie pide la sustitución de una ficción por otra. Lo que se requiere es hacer de la mirada una complejidad de interacción. Si nos sentamos en las creencias sin dotarla de visión el presente se asienta y el futuro se torna esquivo. Michel Foucault los llama ‘sistemas de transformaciones”. Prospectiva es una manera de mirar a lo lejos y de lejos. Quiere decir que la búsqueda del futuro no pasa por un análisis de las evoluciones posibles del presente sino por conjeturarlo. La determinación de cómo llegamos al presente es la primera pregunta, lo que se denomina retroceso retrospectivo hasta arribar a un retroceso prospectivo que determina, vía imaginación, la posibilidad de lo que viene.
En términos heredados de la tecnología se puede hablar de “gestión de la innovación”. En ese campo encontramos expresiones tales como aquella que indica que la mejor manera de predecir el futuro es creándolo uno mismo. Nadie pretende que esta inerme sociedad venezolana olvide el presente. Lo que nos permitimos recordarle a esta sociedad venezolana es que encerrada en el presente se ha olvidado de pensar el futuro y, en consecuencia, ha contribuido a eliminar lo político, pues el futuro es una construcción eminentemente política.
La mirada sobre el presente tiene que provenir del futuro. El político que mire el presente desde el presente perdió la capacidad de soñar, pues no podrá influir al presente hacia una transformación y constitución del mañana. Si no se tiene la visión del futuro toda actuación sobre el presente no es más que un enterramiento de la estaca en el mismo lugar con el único cambio del creciente hundimiento de la estaca.
Volvemos a Foucault cuando nos reclama percibir la singularidad de los sucesos escapando de toda finalidad monótona. Quizás podríamos alegar que debemos captar el futuro como su retorno e ir entonces a todas las escenas y a todos los roles posibles, definiendo incluso las ausencias (puede leerse en la praxis política como el fracaso en haber alcanzado los objetivos propuestos) porque determinar lo que no ha tenido lugar es esencial para definir el futuro, uno visto correctamente como una construcción para poder decidir en el presente.
La sociedad venezolana está centrada en el cortoplacismo, entendible por la gravedad de los sucesos que vive cotidianamente. Uno de sus problemas es que el liderazgo tampoco encuentra tiempo para superar lo omnipresente, aunque prevalezca, hay que admitirlo, su falta de talento. Han olvidado que sólo la mirada desde el futuro hace posible la modificación del presente porque sabiendo lo que se quiere los textos ficcionales del presente se modifican hacia un relato pendiente de ser convertido en realidad mediante la acción de lo político.
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abril 21, 2013
Publicado por Teódulo López Meléndez |
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Teódulo López Meléndez
Recordaba en las redes sociales que en un país normal se suele otorgar a un nuevo mandatario unos cien días de “luna de miel” mientras nombra su gabinete y toma sus primeras decisiones. Especulaba sobre cuánto duraría en un país anormal como Venezuela lo que motivó que algunos tuiteros ensayaran sus propias respuestas: Unos hablaron de 30 días y otros de cien horas. La realidad fue más dura, pues no hubo tal espacio. La única verdad es que el gobierno perdió todo chance de espera en un lapso comprendido entre la proclamación y la toma de posesión o, si se quiere, en los segundos siguientes al anuncio de los resultados electorales.
El gobierno ha ratificado con creces que no hay “luna de miel”. Frente a la solicitud del candidato Capriles respondió con una virulencia clásica y la ha estado repitiendo hasta lograr que, incluso antes de su toma de posesión formal, ya no haya lugar a dudas sobre la necesidad de mantenerse de frente. El gobierno no tomó nota de nada, a no ser algunos sectores críticos que han manifestado su preocupación por los resultados y el futuro de este denominado “proceso”.
Ha sucedido de todo, hasta la prohibición emanada de Maduro de la realización de una marcha oposicionista lo que equivalió a una suspensión de hecho de la garantía constitucional a la libre manifestación. La Constitución establece ese derecho y nadie jurídicamente está autorizado a prejuzgar violencia. La vía es la de un decreto de suspensión firmado por el presidente y aprobado en Consejo de Ministros, pero aquí funcionó de hecho. La reacción oposicionista de suspenderla es correcta, pues a nadie le cabe duda que hubiese desembocado en penosos hechos de violencia con un saldo sangriento, lo que no obvia digamos que la suspensión de hecho de una garantía constitucional surtió su efecto y que es menester recordar cuando un político convoca a una acción debe prever todas las respuestas posibles, pues, como en este caso, una decisión correcta conduce a una derrota, pues la única conclusión posible es que en el episodio que narramos el gobierno ganó.
Este gobierno entrante, desde sus pañales, está actuando como una pésima copia, con una torpeza inigualable, con la manifestación diaria de prepotencia y amenazas no correspondiente a la pírrica ventaja electoral obtenida. Hemos oído todo género de amenazas, pero basta citar la de “radicalizar la revolución” hasta la del presidente de la Asamblea Nacional de no conceder la palabra a los diputados oposicionistas que, por lógica, se mantienen en la postura asumida ante el resultado. Hemos oído toda clase sandeces, como la del Ministro de Información que, refiriendo los muertos habidos en la protesta, ha señalado a uno de ellos, hecho ocurrido en una barriada de Caracas, como sucedida porque “no le perdonaron haber sido adjudicatario de una vivienda”.
La conclusión es que en el gobierno no hay la menor inteligencia, afirmación que alguno podrá calificar de Perogrullo, pero que abre serias perspectivas sobre el futuro del país. Estamos frente a un gobierno débil y tan torpe como elefante en cristalería y, más aún, tutelado “por ahora”, como señalamos en texto anterior. El humor del país ha quedado de manifiesto. El otro humor brotará en conformidad.
He planteado, seguramente a destiempo, es mi hábito, la necesidad de un gran diálogo, uno que entiendo no es entre gobierno y oposición, sino entre los factores críticos de ambos bandos y que incluye a quienes no tienen bando. La situación de un futuro frágil obliga a adelantarse y comenzar a mirar la posibilidad de definir, bajo una gran y seria discusión, la posibilidad de un proyecto común de país. Al menos que por ahora se sepa que ese diálogo es posible y conveniente.
En nuestra fecha patria del 19 de abril tomará posesión el inefable Nicolás Maduro y la irritación de la sensibilizada piel de este país llegará a requerir dosis extras de paciencia. Luego bajará, pero comenzará otra, la incertidumbre del futuro. Es allí cuando el diálogo entre opuestos, no entre gobierno y oposición repito, sino entre quienes han mantenido vivo el sentido crítico, pertenezcan a cualquier bando o a ninguno, se manifestará como absolutamente indispensable a la reorganización de nuestro futuro.
@teodulolopezm
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abril 17, 2013
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Teódulo López Meléndez
Para analizar la complejidad de lo sucedido y de lo que ahora somos requeriremos de unas cuantas páginas. Basta mirar las preguntas que me arriban por redes sociales y correo electrónico para darse cuenta de la magnitud de las interrogantes. Me permito recordar dije tres días antes de las elecciones que si había alguna forma de definir a este país era como uno de preguntas sin respuestas.
El punto central fue la asunción de Nicolás Maduro como presidente encargado, en abierta violación a la Constitución, y su consecuencial marcha a la contienda electoral bajo esa investidura. El estrecho margen de su victoria no me modifica del criterio, expresado con meridiana claridad, de que la aceptación de ese cuadro definía de antemano el conteo de los votos. Toda la estrategia oficialista se basó en ese hecho. En otras palabras, si la Constitución hubiese sido respetada y Maduro hubiese marchado a la contienda sin la investidura presidencial los resultados hubiesen sido otros. Expresé que al asumir el heredero designado ambas condiciones el abuso de poder impediría un cambio de gobierno.
Siempre he usado la expresión “fraude continuo”. Eso implica uso indiscriminado de los recursos del poder, en todos los sentidos y en todas las magnitudes. No ha habido adulteración de cifras el 14 de abril. Lo que se ha producido es una adulteración jurídica y política de todas las condiciones que pudiesen permitir una contienda electoral propiamente democrática y medianamente definible como equilibrada. Asumir marchar a ella bajo un peso abusivo extremo no es una responsabilidad que yo hubiese tomado.
Los resultados son en buena parte sorpresivos, a pesar de haber advertido en numerosas ocasiones que, en mi criterio, la diferencia sería de un dígito y que la lógica más elemental me hacía dudar profundamente de la amplia ventaja que las encuestadoras le otorgaban a Maduro. Podríamos aceptar se produjo una abrupta caída del candidato oficial, pero aún eso hay que examinarlo con pinzas.
Una primera conclusión no habla bien del cuadro político venezolano. Chávez construyó su fuerza electoral -entre las muchas razones arguibles, entre las cuales las positivas mencionadas muchas veces- sobre la base de una confrontación acérrima que dividió al país. Se le atribuye a Capriles haber remontado por sus ataques furibundos, lo que enardeció a los más radicales celebrantes de que al fin se atacaba inmisericordemente, ataques reducidos a la colocación de sobrenombres o de frases burlonas o, admitámoslo, de señalamientos obvios sobre la ineficacia gubernamental. En cualquier caso, confrontar hasta la sangre parece ser lo que da resultados electorales en Venezuela, pues me permito repetir esta fue la peor campaña electoral de nuestra historia, una donde no se discutió, con argumentos y propuestas, nada, absolutamente nada relativo a los intereses superiores de esta república.
La mediocridad campante de nuestra clase dirigente quedó de manifiesto hasta en las declaraciones mismas producidas el día electoral, en los comportamientos asumidos y en las reacciones frente a los resultados del conteo de votos. Capriles no ha debido llamar a Maduro y Maduro no ha debido pronunciar el discurso que pronunció. Podríamos hurgar en detalle en las inconveniencias de lo dicho y hecho, pero hay temas más apremiantes. La primera, que ese es el resultado electoral y no otro y que el conteo del 100% de los sufragios no alterará en nada la realidad: Nicolás Maduro ha sido proclamado presidente de la república y eso es un hecho consumado. Tenemos ejemplos abundantes de resultados estrechos sobre los cuales las acciones emprendidas no alteran nada. Me viene a la memoria López Obrador y sus acciones de masa en el querido México.
Cosa muy distinta será hurgar en el destino venezolano inmediato y mediato, en el destino de este país que he definido como uno lleno de preguntas sin respuestas. Las deberemos construir. Un país de gobierno débil, dividido más que nunca, si ello es posible. Deberemos meter la mirada en los comportamientos del cuerpo social, en sus minucias, casi, o sin el casi, material para una lupa sociológica. Por ahora, a la hora de titular esta primera mirada, me viene parafrasear a Umberto Eco.
@teodulolopezm
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abril 15, 2013
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Alberto Medina Méndez
Siempre queda en evidencia la responsabilidad que le cabe al oficialismo, esas que siendo elegidas por la sociedad para tomar las riendas del poder, cometen errores a diario, y hacen gala de su criticable estilo, cuando no de su soberbia, corrupción, negligencia o impericia.
Pero buena parte de ese presente tiene que ver, además, con la ausencia de opciones válidas, es decir de alternativas que sean consideradas por los votantes como una posibilidad de recambio frente a lo que insatisfactorio.
A veces, en la generalización, se puede caer en la trampa de creer que oficialismo y gobierno son sinónimos. Si bien la estructura política que obtiene el triunfo en las urnas, debe asumir la tarea ejecutiva de implementar decisiones, no menos cierto es que las fuerzas opositoras tienen una misión relevante, en la que también pueden aportar y mucho.
En primer lugar, desde los espacios legislativos, tienen funciones específicas que cumplir, que van desde la propuesta normativa que pueda modificar el curso de los acontecimientos, a su participación directa en la vigencia de la división de poderes y el contralor cruzado que eso implica, que permita evitar la concentración de las decisiones, fenómeno propio de este tiempo.
Cuando un problema cotidiano no se resuelve, y no solo eso, ni siquiera es abordado, como para estudiarlo, entenderlo, encontrar sus causas profundas y desde allí empezar a plantear posibles soluciones, es porque no se ha trabajado lo suficiente en ello, ni el oficialismo, ni la oposición.
El conjunto de los asuntos que aquejan a la sociedad, fundamentalmente cuestiones estructurales, de vieja data, con raíces añosas, no han sido encarados con la profundidad e inteligencia que merecen.
De hecho una de las tantas razones por las que la sociedad sostiene al poder actual, es por su percepción, muy atinada por cierto, de que si bien el oficialismo no tiene la solución, ni tiene vocación para resolverlo, la oposición no dispone ni de mayor conocimiento, ni exhibe una mínima muestra de estar preparada para enfrentar ese asunto con mayor solvencia.
Cuando se dice que la oposición es el problema porque no ha sido capaz de construir una alternativa políticamente creíble, se dice algo parcialmente cierto, y por lo tanto incompleto. No solo faltan actitudes de liderazgo, más contundentes, dirigentes menos mezquinos, con grandeza y capacidad de construir consensos. Escasean en realidad atributos más elementales.
Lo ausente en la oposición son ideas superadoras, profesionalidad no solo desde la comunicación y el marketing político, sino desde sus raíces, desde la construcción de propuestas que sean percibidas por la sociedad como una verdadera variante que puede funcionar frente a temas que no se han resuelto por décadas y que siguen esperando soluciones.
La gente no cambia políticamente, no solo por lo obvio, sino porque no advierte que exista en las filas de la oposición, materia prima adecuada para producir las mejoras que reclama. Creer que la gente no quiere terminar con la inflación, con la corrupción o con la inseguridad, es no comprender la esencia del problema y hacerse el distraído.
La sociedad evidentemente pretende soluciones. Pero por lo visto, ningún dirigente político, más allá de sus retóricos recursos, de recitar discursos interminables, ha podido exhibir un plan de trabajo que sea entendido por la sociedad como una real posibilidad para cambiar la historia.
La oposición lejos de diferenciarse del oficialismo, en el discurso y en la acción, se reitera, imita, mantiene lo central y cae en el juego de no decir lo opuesto por miedo a decir lo políticamente incorrecto. En ese esquema, los votantes prefieren la versión original a una mala copia que no parece tener nada que ofrecer, solo matices casi imperceptibles.
Se podrá discutir si frente a propuestas sólidas, la gente sigue prefiriendo el status quo, pero mientras esa “oferta” electoral no esté a la mano, la sociedad podrá seguir sosteniendo con bastante razón, de que no existe del “otro lado” de la política nada serio que esté a la altura de las necesidades.
Queda tal vez un capítulo importante en el camino. Y es ese que tiene que ver con la necesaria participación de la ciudadanía en esa construcción opositora. Se dispone de las alternativas que se tienen a mano, porque una importante parte de la sociedad, ha decidido participar de las decisiones solo el día de los comicios y aportar solo eso.
Cuando la gente decide enojarse por la escasa oferta, o porque solo dispone de opciones de baja calidad, omite una parte trascendente del relato. Es que se puede elegir solo entre lo que existente. Y nada nuevo mejor viene naciendo porque, probablemente, un sector de la sociedad no viene haciendo su tarea de ayudar en esa construcción, no solo formando parte activa de la política, sino también marcando el camino, estimulando a los mejores, contribuyendo sin temor a que los distintos, los que realmente pueden cambiar la historia, puedan avanzar y dar pasos firmes.
La acción permite cambiar, pero la omisión suele ser cómplice, partícipe necesario de este juego. Y a no pecar de ingenuidad, los profesionales de la política, de un lado y del otro, especulan siempre con la abulia ciudadana, esa que les resulta extraordinariamente funcional para seguir ocupando el espacio de poder que les toca en suerte, al menos, por algún tiempo más.
Los problemas que sufre la sociedad contemporánea son demasiados. La responsabilidad la tienen, en buena medida, los que tienen la tarea de aplicar las políticas que apoyaron las mayorías circunstanciales. Pero los que no ganaron, los que no tuvieron la posibilidad de triunfar en los comicios, esos a los que la sociedad los colocó en el rol de contrapesos, tienen también su importante función, y no la están cumpliendo como corresponde. Sin dudas, mucho de los problemas que se padecen, perduran aún, porque existe una considerable responsabilidad opositora.
albertomedinamendez@gmail.com
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abril 10, 2013
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Alberto Medina Méndez
La linealidad conceptual, propia de estos tiempos, ha llevado a algunos a cometer el infantil error de anteponer siempre, el carro por delante de los caballos.
Esa mirada ansiosa, poco práctica y algo ingenua sostiene que se puede cambiar el rumbo de los acontecimientos sin que la sociedad previamente deba modificar su postura ideológica frente a los acontecimientos.
Hay que comprender que lo que sucede a diario, tiene que ver con el modo elegido, por la comunidad toda, de razonar acerca de la realidad, de interpretar la historia, el presente y el futuro.
Parece poco sensato creer que un hecho aislado, la aparición de un líder renovado, un golpe de suerte o hasta un traspié de los circunstanciales adversarios, darán paso a un cambio profundo, serio y sostenible en el tiempo.
Los procesos de transformación, requieren de etapas, pero fundamentalmente de una metamorfosis que nace desde el seno mismo de la sociedad, que a los tropezones, aprende y comprende la necesidad de buscar nuevos caminos, de hurgar por alternativas diferentes.
Como en la vida misma, suponer que se puede hacer algo distinto por casualidad, es no comprender la esencia de la humanidad. Solo se modifica la acción, cuando se tiene la capacidad de aprender de los propios errores, de repasar lo hecho hasta allí y de entender cabalmente que para avanzar se necesita revisar constantemente las ideas vigentes, para ponerlas a prueba, y de ese modo confirmarlas o bien proponerse reemplazarlas por otras mejores, superadoras.
No es novedad que el ser humano se resiste naturalmente al cambio. Siempre le cuesta, le lleva tiempo, por eso es importante entender que se trata de un proceso y no de una mera bisagra casual y aleatoria. Se precisa escuchar nuevas ideas, analizarlas, pero fundamentalmente que las mismas maduren lo suficiente para ser internalizadas, y recién allí poder emprender el recorrido hacia su implementación secuencial. A veces inclusive se requieren de muchas idas y venidas, de reiterados zigzagueos, de permanentes dudas, para dar finalmente el paso. Esa es una característica central de los seres humanos, y no asumirlo debidamente solo deforma la realidad y aleja la solución.
Por eso es que, resulta vital en este tiempo, dar la batalla cultural, meterse a fondo en el mundo de las ideas, que son en definitiva las que gobiernan. De poco sirve mutar, de tanto en tanto, de políticos y partidos, si las ideas que ellos defienden son idénticas o semejantes.
Los que piensan parecido solo están dispuestos a ofrecer matices, se distancian solo por cuestiones de estilo, de forma, que son más o menos amigables u hostiles, según sea el caso, pero en el fondo defienden paradigmas demasiado similares.
Para que cambien los dirigentes, para que aparezcan otros, nuevos en serio, la sociedad debe primero renovar sus ideas, y no reclamar que sus líderes circunstanciales sean distintos por arte de magia.
Una sociedad que defiende las ideas actuales, y que espera resultados diferentes, pues aun no ha comprendido la relación entre sus creencias y sus ineludibles consecuencias.
Muchos aun creen que se trata de un problema de instrumentación sin advertir que son esas ideas que se repiten y defienden a rajatabla, sus parámetros equivocados, su forma de razonar, la que provoca buena parte de lo que sucede.
Cuando la gente se enfada con la clase política, por temas como la eterna corrupción y la discrecionalidad con la que se ejercer el poder, o por el autoritarismo, el clientelismo y asistencialismo cada vez más presentes, o la centralización en las decisiones, no advierte que ha sido la gente, con su apatía y desprecio por la política, con su nula, mezquina o escasa participación, y su compulsiva delegación de responsabilidades, lo que ha construido este imperio de corrupción y poder desproporcionado, más allá de los protagonistas circunstanciales.
Cuando se decide entregar todo el poder a un iluminado y solo exigirle soluciones de vez en cuando, para luego pasar a la fase de solo mutar por otro parecido, las consecuencias son evidentes y están a la vista.
La disputa es definitivamente en el terreno de las ideas. Si estas no se permutan, no se pueden esperar grandes revoluciones. Seguirán gobernando los corruptos, mediocres e ingenuos, en la medida que la sociedad no asuma sus propias responsabilidades y evite caer en el facilismo de esperar la llegada del mesías que salvará a todos.
Mientras tanto, habrá que dar, por un lado, la batalla política, para ir midiendo la capacidad de la sociedad para modificar las condiciones de base, pero se debe asumir que el cambio con mayúsculas solo llegará cuando la gente esté dispuesta a dar vuelta la página, asumir sus propios errores, y entender que el rumbo que se recorre fue el elegido, y que no se trata de mejores o peores implementadores, sino de buenas o malas ideas.
Se necesita que muchos participen, desde cualquier espacio, no solo desde la política tradicional y los partidos, sino que ocupen sus posiciones donde sea, para ser parte del cambio, pero mientras tanto se debe comprender que habrá que dedicarle mucho tiempo y esfuerzo para dar la mayor de las batallas, esa que propone nuevas ideas, que reemplace a las actuales, con convicción, y así dar el paso que tanto cuesta.
Por eso, a no subestimar la tarea, porque sin dar el debate adecuado y contribuir a la construcción de nuevos paradigmas, no se avanzará lo suficiente. Hoy, como siempre, habrá que ir por la cruzada cultural.
albertomedinamendez@gmail.com
skype: amedinamendez
www.albertomedinamendez.com
54 – 0379 – 154602694
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abril 9, 2013
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