Democracia del siglo XXI

  • Teódulo López Meléndez

    Abogado, diplomático, novelista, ensayista, poeta, editor, columnista de opinión.

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Marcos Pérez Jiménez, presidente constitucional

Publicado por Teódulo López Meléndez en abril 12, 2014

Marcos Pérez Jiménez
Teódulo López Meléndez

La mirada se dirige preferiblemente a los espectadores y no al espectáculo. Haberles dicho unos cuantos lugares comunes alimenta la catarsis. Como si de un debate electoral se hubiese tratado se apunta a la victoria, lo que, obviamente, no considera algún resultado. Como si de una primarias hubiese sido se toman preferencias por quien supuestamente estuvo mejor. El “oíste lo que le dijo” se enarbola entre risas nerviosas. Se exceden algunos al proclamar que fue el enfrentamiento entre civilización y barbarie, mientras otros establecen como vendetta conseguida haber interrumpido al especialista en “cortar” micrófonos en el remedo de Parlamento que maneja como pulpería de pueblo y, en consecuencia, haber hecho justicia a los diputados que no saben si algún día podrán hablar como se debe. Algunos se transfieren al boxeo y hablan del primer round con la elegancia que suele acompañar al desparpajo superfluo.

El país se aplicó a comentar durante el día el capítulo anterior de la telenovela. Es su hábito desde que este subgénero irrumpió para quedarse. Se omitió el cartel que suele acompañar a todo reality show, el que indica que no todo lo presentado se compagina con la realidad o que algunos hechos fueron cambiados para proteger a los inocentes. En el imaginario colectivo la palabra “diálogo” fue rápidamente cambiada por la palabra “debate”, cambio lingüístico no siempre apreciado por los escasos de vocabulario.

Aún así, hay que mirar al debate. Aquí no hay elecciones, a no ser las convocadas previamente para sustituir a los alcaldes de San Cristóbal y San Diego, presos políticos sobre los cuales el llamado a votar indica seguirán presos, siendo la libertad una de las “condiciones” establecidas para retomar la rutina de un régimen dictatorial que avanza y de una oposición formal que desea el tiempo pase para llegar a una nueva elección o a eso que llaman “salida constitucional”. El mundo celebra el inicio, dejando atrás todos los avances y eventuales pronunciamientos sobre la realidad del país. En la calle se cometen torpezas, como una huelga de hambre. Uno vuelve inevitablemente a los espectadores para concluir que los indicadores apuntan a que se sienten muy bien representados en la clase política mostrada en pantalla, mientras otros nos consolidamos en la tesis de que las posibilidades del país pasan por defenestrarla.

En medio de la confusión uno llega a recordar que el extraño lenguaje del régimen de ponerle femenino a toda palabra se aplica en un caso del Derecho Mercantil, donde bien se podría hablar de protesta y de protesto, siendo este último un documento para dejar constancia del no pago de un efecto de comercio. Mientras, sigue desaparecida la periodista Nairoby Pinto, en nuestra opinión un hecho de extrema gravedad.

Me asalta la infancia. Recuerdo de pequeñín el jingle que sonaba incansable repitiendo “Marcos Pérez Jiménez, presidente constitucional”. La invocación a la Constitución es, desde cuando tengo memoria real porque la remota la tengo de esa costumbre que los venezolanos no practican de leer historia, una acción recurrente de la política, hasta para permitir a uno de los Monagas exclamar que ese era un librito que servía para todo. Uno recuerda a la presente evaporada y algunos conceptos básicos como las normas primarias que permiten una convivencia de un cuerpo social que sabe de la referencia a la hora de administrar los conflictos propios y necesarios de la política.

El país persiste en un punto peligroso. La economía sigue allí, con su carga de molestias y déficits. Los estudiantes, sobre los cuales las cifras espantosas prueban que jamás habían sido tan golpeados contando desde que Colón avizoró estas tierras, siguen allí, con errores propios de la juventud, pero incansables. La ratificación explícita del régimen sobre su encierro apunta a un gotero medio tapado a la hora de soltar una concesión de libertad o una ligerísima corrección del rumbo. El conflicto está intacto. El país no.

tlopezmelendez@cantv.net

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Los huecos del laberinto

Publicado por Teódulo López Meléndez en abril 8, 2014

huecos laberinto
Teódulo López Meléndez

En 1957 Monseñor Arias Blanco emite al país una pastoral que sería leída en cada templo. No hay un llamado a derrocar a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Lo que hay es una apelación a un cambio histórico que el ilustre prelado sustenta en la doctrina social de la Iglesia. Eran los tiempos de la migración rural a las ciudades, de la mala distribución de la riqueza y de una situación profundamente negativa para los trabajadores. Es así como aquella pastoral procura una respuesta que no se centra en un diálogo sino en una superación definitiva de aquel presente. Era un país naciente regido por un gobierno incapaz de entenderlo, desde sus formas dictatoriales y desde su inepcia conceptual.

La Conferencia Episcopal Venezolana emitió un documento sobre este otro presente con severas denuncias contra el régimen, con la ilación de lo que todos conocemos, con algunas críticas suaves a los sucesos de calle y con un llamado al diálogo enmarcado en una afirmación tajante que lo contradice: el “totalitarismo” está encarnado en el “plan de la patria”. Casi banal recordar que ese “plan” es ley y constituye el corazón mismo del actual régimen. En otras palabras, el diálogo sería sobre lo tangencial, aunque sea grave y doloroso, puesto que podremos considerar que quienes gobiernan no estarían dispuestos a arrancarse ese órgano vital. Por encima de las palabras duras no hay planteamiento alguno hacia una transición y menos hacia un cambio histórico como lo planteaba Arias Blanco. En otras palabras, para quienes comparan 1957 y 2014 desde el ángulo de la Iglesia, no hay nada en común.

En este cuadro uno recuerda la veteranía y sapiencia de la diplomacia vaticana. Como también debe hacer mención a UNASUR en sus esfuerzos de diálogo, puesto que es notorio que estos mis artículos de opinión irán a parar a un libro que escribo sobre este duro año 2014 con el único propósito de ayudar a entender a algún historiador ignoto que dentro de 50 años merodee por estos tiempos tormentosos.

La palabra “diálogo” tiene sus propias connotaciones y las reuniones sus propias reglas, tales como establecer número de delegados de cada parte, nombres, lugar de reunión y agenda. Contradictorio reunirse sin haber tenido la más mínima injerencia en los sucesos que se discuten y sin llamar a formar parte de la propia delegación a quienes desde la cárcel o desde la calle han sido sus protagonistas. No se hace porque se tiene una franquicia, que si bien es sólo electoral, bien sirve para revivir desde la falta de protagonismo y sirve como bombona de oxígeno para mantener con vida aparente a la clase dirigente sin perspectiva.

Sobre el presente seguramente habrá demoras, esguinces y contradicciones. Mientras, el acoso represivo sobre una zona de Caracas por más de seis horas es “resuelto” diciendo que se establecen siete u ocho puntos de control para evitar violentos y se llama a la población a no hacer caso de grupos minoritarios. Dije en Twitter que antes los alcaldes construían alcantarillas y ahora las tapan y que antes los alcaldes agradecían a sus electores mientras ahora los llaman “grupos minoritarios”. Me he permitido recordar mi constante afirmación de que las posibilidades de este país pasan por defenestrar a la clase dirigente.

En situaciones como la que vivimos el laberinto está lleno de huecos, no precisamente como respiraderos, más bien como efectos de una implacable polilla. Venezuela es un país sin memoria. Ya no recuerda en los sucesos de los años pasados se nombró una Comisión de la Verdad que jamás se instaló y que hubiese impedido, por ejemplo, la prisión de Iván Simonovis. Ya nadie recuerda al único firmante que se precinó y que hoy preside CEDICE y que dentro de pocos días tendrá una sesión en Caracas con la presencia de Mario Vargas Llosa. No podemos especular con que ahora alguien se haga la señal de la cruz sobre sí, pues tal vez colegiraríamos que Parolín es santo y que Francisco ya hace milagros.

Lo digo porque es difícil hablarle a un país sin memoria. Este país suele arrebatarse de ira por dos días cuando al tercero ya no recuerda la causa de su ira y los protagonistas de las engañifas comienzan a tejer las nuevas. No hay respuestas sobre las preguntas de fondo, porque el avenir suele estar lleno de imprevistos. Baste recordar que hay que construir una nueva opción para el futuro desde el cual se cambia al presente, que debe procurarse un cambio histórico y que las restauraciones no conducen sino a una revolución repetida.

Si ese desconocido historiador para el cual armo el expediente no logra entender seguramente la explicación se encontrará en que nació en el exterior hijo de venezolanos que emigraron mientras una clase dirigente vivía de la alharaca y de los simulacros.

tlopezmelendez@cantv.net

 

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El arte de posponer

Publicado por Teódulo López Meléndez en abril 7, 2014

Por Alberto Medina Méndez

Los políticos contemporáneos se han esforzado en desarrollar cierta envidiable habilidad que les permite no resolver problema alguno pero siempre bajo la premisa de conservar intacto su poder.

Muchas veces no tienen las soluciones a mano, no saben muy bien qué hacer al respecto, no disponen de plan alguno, ni mucho menos de alternativas para seleccionar, no tienen tampoco ideas demasiado creativas para poder aplicar con algún criterio a esa secuencia interminable de inconvenientes que la sociedad identifica con total claridad y que son parte del paisaje.

Es justo decir, que no siempre se trata de eso, sino que muchas veces es simplemente la deliberada decisión de no hacer lo correcto, ni lo necesario siquiera, ya que un eventual intento de recorrer ese sendero, podría significar para ese sector político, perder demasiados adeptos y hasta espantar a los potenciales votantes, y de ese modo socavar los pilares centrales de su poder real, poniendo en riesgo su esmerado respaldo popular.

En ambos casos, ya sea porque las ideas son escasas o cuando deciden expresamente no aplicarlas, es demasiado evidente que se ven motivados, empujados e incentivados a desplegar su ingenio al máximo, ese que solo utilizan en casos extremos como estos, para hacer lo que en realidad mejor saben, es decir, postergarlo todo.

Los dirigentes políticos y la sociedad tienen mucho en común. De hecho, se parecen bastante en situaciones como estas. Ninguno quiere sufrir las consecuencias negativas de enfrentar los verdaderos dilemas que parecen preocuparlos. Aunque por diferentes motivos, tanto unos como otros, prefieren gozar de los tangibles y elocuentes beneficios del corto plazo y hacerse los distraídos para pasarla mejor.

Los políticos saben que prorrogar los nefastos impactos que irremediable se plantearán, les ahorra innumerables dolores de cabeza en el presente. Ellos tienen la ingenua esperanza de que los inconvenientes no se notarán demasiado en lo inmediato y que todo lo malo recaerá finalmente en “otro” periodo de gobierno, en el siguiente, o inclusive porque no en alguno más lejano aún.

La sociedad también tiene una ilusión bastante parecida, aunque igualmente cándida. Son muchos los que creen que si el efecto nocivo no aparece pronto, tal vez, con algo de suerte, termine diluyéndose lentamente y nadie tome nota de lo que ha ocurrido, como si los hechos pudieran evaporarse casi mágicamente.

Pese al deseable optimismo que se pretenda ostentar, la realidad siempre se impone y se ocupa inexorablemente de hacerse notar lo suficiente. Los problemas solo desaparecen en serio, cuando son resueltos con criterio, y las más de las veces, si no se toman medidas adecuadas a su debido tiempo, sus consecuencias son absolutamente indisimulables y se presentarán, mas tarde o más temprano, con mayor contundencia y ferocidad.

Toda esta dinámica solo muestra la escasa sagacidad de una sociedad que se cree muy inteligente pero que peca de infantil. A su lado progresa y evoluciona una clase política equivalente, que se corresponde con lo que percibe, pero que le agrega a sus componentes naturales, esa imprescindible cuota de perversidad manipuladora que la caracteriza y la distingue sin disimulo.

Postergar el impacto de los problemas, no resulta un acto demasiado racional. Es en vano intentar esquivarlos, no vale la pena prodigarse en la inmensa e interminable tarea de eludirlos, pero por sobre todas las cosas, no habla nada bien de una sociedad que definitivamente muestra más cobardía que coraje. Rige en este ruin esquema la absurda moral de no asumir con hidalguía los propios errores, para suponer luego que el presente es producto de una mera casualidad y no la irremediable consecuencia de la suma de los desaciertos del pasado.

El círculo vicioso está haciendo su parte. Nada hace pensar que pueda interrumpirse pronto. Una dirigencia política irresponsable, que vive de la coyuntura, que hace una gimnasia casi profesional de sus hábitos y rutinas, que se ocupa de no hacer lo adecuado y pone la totalidad de sus energías en engañar a la gente, ha decidido seguir sus propios pasos y no modificar ni su accionar ni su estilo ya conocido.

Del otro lado del mostrador, están los partícipes necesarios de esta farsa, los ciudadanos, que son funcionales a esta parodia montada. Ellos también hacen su tarea para que el presente no cambie el rumbo. Sin esa actitud nada de lo que sucede sería posible.

Mientras tanto los problemas gozan de buena salud. Nadie se ocupa en serio de ellos. La leyenda sostenida por unos y repetida por otros, dirá que nada ocurre, que no sucederá ningún hecho relevante, que la vida continuará sin consecuencia alguna y que una mañana al despertar cuando todo ya sea inocultable, solo habrá que buscar culpables a quienes responsabilizar de lo que pudiera estar pasando.

Los problemas están ahí, a la vista de quien quiera observarlos, son demasiado evidentes y ni siquiera tienen interés propio en ocultarse. Los discute la gente a diario, se queja la sociedad casi cotidianamente. Después de todo, los políticos están allí, firmes en su postura, siempre dispuestos a aportar en la línea habitual, a colaborar con su histórica tradición, a amplificar lo que mejor hacen, el arte de posponer.

 

albertomedinamendez@gmail.com

 

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El reinado de la confusión

Publicado por Teódulo López Meléndez en abril 2, 2014

abc

Teódulo López Meléndez

Desde el inicio de una huelga de hambre hasta una proclama absurda que fijaba el primero de abril como día de un “paro nacional”. Las muestras han sido de una dirección confusa o, quizás, de la ausencia de una dirección. Uno puede perdonar errores de lenguaje, pero no en una situación tan grave. De allí, una dirigente estudiantil tuiteando “no puede haber diálogo sin…, lo que contradice su posición de no ir a tal diálogo, pues es evidente que al condicionarlo lo acepta. Hablando de lenguaje bien sería quitar la B a la GN o a la PN, pues bolivariana en tal represión no lo parece, lo que suele no ser entendido y que no es más que poner de manifiesto el valor de los símbolos. O cuando uno, recordando viejos sistemas de resistencia, apela a un “Día sin nadie en la calle”, para encontrarse con la respuesta de que eso haría feliz a Maduro; debe ser que entienden que uno se refiere a un día sin manifestantes. Lo dicho: la destrucción del lenguaje es uno de los daños fundamentales.

La falta de memoria es proverbial o se trata de brotes anarcoides. En el último “paro nacional” existían una CTV y una Fedecámaras fuertes, más una sólida presencia en PDVSA y sabemos de sus resultados. Proclaman alegremente que el primero de abril es el día de “paro nacional” mientras millones de personas siguen su vida rutinaria. No saben de lo que hablan. O vemos que, mientras en la plaza pública se proclama la muerte de la república, se anuncia como próxima acción recurrir con solicitud de amparo ante el TSJ de las interpretaciones complacientes y de las barricadas que lo separan del Derecho.

Uno puede explicarse, más no justificar, semejantes gazapos, mientras la represión es brutal y caen muertos, heridos y presos. Si algo se requiere es un replanteo táctico mediante la asunción de variantes que no automáticamente suministran inteligencia y coherencia. Las maniobras, los acomodos, la espera del momento de la “normalidad” para ir a negociar, corren a la par de los errores.

Podríamos atemperar esta observación recurriendo al ABC de la estrategia y de la táctica, no sin el presentimiento de que las letras ABC forman parte del lenguaje y que, en consecuencia, también las letras ABC presentan óxido y casi no se le pueden colocar vocales intermedias e intentar un mínimo de sujeto, verbo y predicado.

No obstante, digámoslo, que la estrategia implica planificación y coordinación apuntando a un fin predeterminado y que la táctica es el método o forma usados para conseguir ese objetivo. La estrategia se revisa y se ajusta, las tácticas se cambian. El movimiento que hemos visto requiere de ambas vertientes. No hay variantes excluyentes. Bien pueden administrarse y alternarse. Existe eso que llaman repliegue táctico y eso otro que llaman movimientos ficticios para confundir. Las luchas se conducen exitosamente cuando no hay dudas razonables sobre lo que la dirección plantea, si es que tal dirección existe.

Los logros alcanzados, repito que a un altísimo precio, están a la vista: deterioro obvio del régimen en el escenario internacional y disminución consistente y progresiva en su apoyo interno, caída de la máscara y asunción plena del criterio de que nadie lo sacará por ninguna vía sin que obtenga como respuesta una violencia desatada y sin escrúpulos. Esos logros tienen nombre y apellido, los de nuestros muertos. Esos logros no se echan por la ventana con torpeza ni con cansancio ni con abulia ni con meteduras de pata.

Es la hora de los señalamientos. No estamos para mirar con imperturbable frialdad este cuadro. Estamos para apelar a un sentido común que parece escaso. Asumimos como deber llamar la atención y así lo hacemos sin que midamos los malentendidos o las incomprensiones, bagatelas a la hora de la suerte de una nación.

tlopezmelendez@cantv.net

 

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La demagogia como amenaza constante

Publicado por Teódulo López Meléndez en marzo 31, 2014

demagogia
Por Alberto Medina Méndez

No se resuelven los problemas de la vida real, rodeándose de halagadores profesionales, ni tampoco estimulando crueles practicas manipuladoras.

Las soluciones suelen venir de la mano del creativo intercambio de ideas, del plural aporte de muchos a la construcción de la mejor alternativa. Sin embargo, la sociedad prefiere votar a los que halagan a la gente. Terminan recibiendo más apoyos los oradores carismáticos, los que sostienen miradas políticamente correctas y plantean un escenario de total ficción pero compatible con lo esperado por los más.

Es posible que a los seres humanos no les guste demasiado que se les muestre la realidad, es probable que la mentira sea más piadosa que la verdad. Tal vez por eso los políticos que pretenden ganar elecciones se manifiestan en la misma dirección que la mayoría.

Si ese es el esquema exitoso, si los ciudadanos validan este procedimiento porque se ajusta a sus deseos, no se puede esperar entonces otra cosa que candidatos que mientan, que seduzcan al electorado diciéndoles siempre solo lo que ellos quieren escuchar.

En todo el planeta, con diferentes matices, abundan personajes como estos, que ocupando altos cargos, consiguen sostenerse en el poder gracias a la dedicada impronta que le imprimen a sus permanentes discursos.

La estrategia es muy simple, casi básica, solo consiste en averiguar lo que la gente quiere y luego decirlo, repitiéndolo hasta el cansancio. Por eso el candidato, el personaje de turno, consigue sumar adeptos sin que necesariamente lo expresado tenga que ver con su particular visión.

Bajo esta mecánica, el candidato, los partidos y todo aquel que actúa en público, se ha vaciado de ideas y convicciones. Solo importa insistir en lo que la gente quiere y aplaudir “sus” creencias, aunque sean inexactas.

Es difícil que el mundo sea mejor si solo se admira a los aduladores. No se puede soñar con algo superador si se hace lo de siempre. Una sociedad que no busca la verdad, que no crítica, ni comprende que lo bueno implica sacrificios, que los logros son la consecuencia del esfuerzo y no de un acto de magia, seguirá transitando invariablemente este patético camino.

La demagogia ha llegado a lugares absolutamente impensados. Ya no solo es territorio exclusivo de los políticos y su discurso de rutina, en ese juego por conseguir el voto de de los ciudadanos para acceder al poder.

Esta dinámica cada vez más desmesurada y menos disimulada, viene penetrando otros espacios. Alcanza a los dirigentes de cualquier ámbito. Los hay sindicalistas, directivos de organizaciones de la sociedad civil, de clubes deportivos, representantes de comisiones barriales o del consorcio de un edificio. Ni la religión ha logrado escapar a la regla. Líderes espirituales que ven en peligro su masa crítica por el éxodo de sus fieles, han optado por recurrir a esta perversa táctica de apelar a la retórica fácil, que asegura adhesión automática. Todo sirve para sumar poder, pero muy especialmente decir lo que los demás quieren escuchar, aunque no se corresponda con las convicciones personales.

Los ciudadanos del mundo tienen por delante el gran desafío, de intentar evitar a estos personajes, reconocer rápidamente a los mentirosos seriales, esos que han hecho del engaño una forma de vida, solo porque pretenden llegar al poder para luego empeñarse en conservarlo eternamente.

Proliferan sujetos así, están por todas partes. No aparecen solo en la política, sino en casi cualquier actividad. Es tiempo de revisar las actitudes cívicas. Si los individuos pudieran premiar a la sinceridad por sobre la hipocresía, se tendrían oportunidades de encontrar soluciones inteligentes.

Mientras se aplauda a los que dicen lo necesario para agradar a los más, pues no existe salida posible. Si se quiere progresar habrá que empezar a recompensar a los que dicen lo que piensan, aunque eso no coincida con lo que cada uno defiende. Solo de ese modo aparecerán ideas brillantes, múltiples opciones para elegir y posibilidades realmente diferentes.

Si solo se aplauden ideas compatibles y se castiga a los que dicen lo que no encaja con la visión individual, se terminará haciendo lo que todos piden y se sabe que esa fórmula ha hecho que la humanidad cometa muchos errores, demasiados tal vez.

La democracia es un sistema imperfecto. Sobran pruebas de que la gente no siempre acierta. Empujar masivamente a la sociedad hacia el abismo, solo porque una percepción se multiplica y consigue aprobación popular, para desde allí condenar al resto a seguirlos, no parece ser el espíritu de un sistema que solo debería seleccionar administradores transitorios y no monarcas que conduzcan la vida de todos con el opinable criterio que imponen ciertas mayorías eventuales.

Mientras no se revise esta idea y se asuma con tanta naturalidad que los más pueden darle órdenes a los menos, esta fallida interpretación de la democracia seguirá generando líderes meramente electoralistas y la demagogia será una amenaza constante.

albertomedinamendez@gmail.com

 

 

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Crucigrama

Publicado por Teódulo López Meléndez en marzo 27, 2014

crucigrama 1
Teódulo López Meléndez

Me parece haberlo visto entre las ruinas de Pompeya, vecino a las figuras petrificadas por la lava del volcán iracundo, en alguna calle desolada apenas incidida por algún turista errabundo. Sí, me parece haberlo visto entre los restos de comida solidificada e inclusive vecino a la fundida estatua de una pareja que hacía el amor. Era un crucigrama, que gracias a una guía espontánea y voluntariosa supe se llamaba “cuadrado sator”, uno que, sin embargo, no indicaba nada de concesión de poder por traspuesto, nada de la designación de una hermana como ministra para aliviar la pesada carga de alcalde olvidado entre los indeseables a los que no se les puede permitir salir de la pobreza pues pueden derivar en oposición.

Un simple pasatiempo, una plantilla para cruzar palabras verticales y horizontales, uno para el cual, no obstante, se requiere habilidad y conocimiento del lenguaje. Tal como un scrabble sobre un tablero de 15 x 15 casillas donde gana el que acumule más puntos. Algo así como capturar tres generales en uno de los países que casi alcanza más trisoleados que el ejército norteamericano o jugar sudoku para romperse la cabeza con una lógica inexistente ingresando los números del 1 al 9 como pueden ingresarse conspiraciones e intentos de magnicidio, tratando de no repetirse, aunque cada día se juegue a fecha en que una “memorable hazaña” fue cometida por el desaparecido sin que hubiese ocurrido la sorpresiva erupción y un escándalo de corrupción perturbase los baños del imperio.

No hay palabras a cruzar en esta Pompeya recalentada por protestas, a no ser por los que luchan denodadamente por recobrar protagonismo y marchan bajo la erupción con un pliego de peticiones que recuerdan a Gustavo Cisneros como gran figura en la autopista frente a la multitud, acompañado de Miss Venezuela de traje típico y de brazos de Osmel Sousa, mientras en el balcón se veía al Secretario General de la OEA junto a Roy Chaderton matando las horas y a un denodado Centro Carter vigilando que el papel se firmaría no se conviertese en algo realizable como un crucigrama. Los tiempos son otros: nuestras mujeres bellas caen muertas o se les ve iracundas en un desafío que no tiene nada de sudoku.

La diplomacia carcomida gusta de empezar los crucigramas con la palabra “diálogo” y procurar derivaciones. La palabra en cuestión permite degenerar la palabra a nivel de una pimpina desde la cual Poncio Pilatos vertió el agua en una ponchera. Es cómoda la palabra, especialmente si ya ha sido utilizada como argucia por el régimen al cual se llega con entrañable simpatía. Siempre hay gente dispuesta a jugar al crucigrama. Lo está, porque siempre ha jugado a realizar el crucigrama y el sudoku termina en 9, sólo que representando el final de la segunda década del siglo.

El derecho se hace palabreja y la conjunción vertical, de arriba hacia abajo, como una daga rasga cualquier posibilidad de idioma, porque en el arriba del hemiciclo sólo hay orden de silencio, de gritos sobre “fascistas” y, por ende, se levanta la inmunidad parlamentaria a gusto, a voluntad, a decisión unipersonal del co-dictador. Uno recuerda nadie se entrega a una dictadura, uno recuerda lo que dijeron los perseguidos del ayer sobre el deber de mantenerse libre o de imponerse el pensamiento, 24 horas sobre 24, de tratar de fugarse. Uno recuerda dónde el perseguido o la perseguida puede rendir mayor utilidad, por ejemplo viajando, sin pedir aún el asilo, hablando allí y acullá.

No hay crucigrama repetido. Las palabras con acento venezolano que cruzan el mundo son otras. La mirada del mundo, por encima de la diplomacia ramplona, habla de un deterioro irreversible, como tampoco es la misma dentro, dónde se nota una caída vertiginosa en el apoyo popular que espera tarjetas de racionamiento, precios inimaginables de los productos básicos y cansancio de llevar silla y sombrilla a la espera del acto normal de comprar comida. En las colas no se hacen crucigramas, más bien se cocina la ira.

El precio ha sido alto, altísimo, aún con letras de cambio por pagar, pero este país, donde una clase dirigente agotada hace crucigramas, las palabras que surgen son para indicar el peor de los temores: una clase dirigente nueva se asoma no a jugar.

tlopezmelendez@cantv.net

 

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Fuenteovejuna, Señor

Publicado por Teódulo López Meléndez en marzo 21, 2014

 

Fuenteovejuna

Teódulo López Meléndez

En 1612 un escritor llamado Lope de Vega comenzó a escribir lo que podríamos llamar el cumplimiento del deber de un “intelectual”, si la palabra ya hubiese sido inventada por los antidreyfusistas para ofender a personajes como Émile Zola o Anatole France. La palabra, sin embargo, dejó de ser peyorativa y en muchos casos se usa como sinónimo de intelligentsia. Pero no marchemos hacia lo lateral: lo cierto es que Lope de Vega daba una lección de valentía personal entremezclada con un político ejercicio de pedagogía. Se trataba de un pueblo ejerciendo la justicia, lo que aquel escritor relataba frente a un poder omnímodo desbocado y a un deseo lascivo del Comendador.

Vemos desde una Sala Constitucional impartiendo sentencias penales, contra su propia jurisprudencia, hasta el mantenimiento de una ofensiva contra alcaldes que no amontonaron a tiempo barricadas, mientras el supuesto órgano judicial las colocaba entre sí mismo y el derecho. Fuenteovejuna, Señor.

Vemos destituidos a la máxima expresión del poder local para que irrumpa el Consejo Nacional Electoral convocando elecciones de inmediato, mientras la “justicia”, entre sus antecedentes, guarda alcaldes procesados por corrupción sin que el paso de los meses para ellos haya sido obstáculo a meter en una prisión militar en menos de un día al alcalde de San Diego o que el de San Cristobal haya sido sacado de una habitación de hotel alegando una supuesta decisión y llevado, en su condición de civil, también hasta la prisión militar. Fuenteovejuna, Señor.

Esa vieja mayoría de las antiguas islas que por el Caribe subsisten se ejerce siempre a favor de las dádivas, de la subsistencia precaria, que desde el Grupo de los 3 (Venezuela, Colombia, México) asistía a sus necesidades energéticas y que por voluntad hegemónica de Chávez fue disuelto para ser suplantado con un chorro que impone condiciones y que pasa factura a la hora de silenciar voces y de sumar votos, cuando en un órgano multinacional se debería otorgar cantidad de votos por población. Fuenteovejuna, Señor.

Qué la izquierda latinoamericana ande trasnochada podría ser objeto de arqueólogos, aunque la derecha no deje tampoco de mostrar su óxido y los sentimientos a la hora de las cuadraturas procuren conservar inversiones, negocios, suministros, alianzas comerciales. Fuenteovejuna, Señor.

Mientras se proyecta un film sobre Mandela en la hacienda Altamira de Gallegos, el novelista, como para evocar larga penuria tras las rejas, las fuerzas del Comendador no cesan en su presencia para continuar lo que he definido como “una guerra de barrio” a la manera de Beirut y en las cabezas de los estudiantes siguen cayendo gases, y algo más, tal vez en procura de un aturdimiento que no llega. Fuenteovejuna, Señor.

En los tiempos de Lope de Vega luego de las preguntas de rigor del juez llegan los reyes y restablecen el orden reconociendo el justo proceder del pueblo de Fuenteovejuna y el final feliz se asoma en una condena a la lascivia del Comendador por Laurencia y en exaltación del cristiano amor de Frondoso. 

Los tiempos de Lope de Vega eran los tiempos de Lope de Vega. Ahora estamos en el siglo XXI y el pueblo de Fuenteovejuna no debe andar para nada matando Comendadores, puesto que el ejercicio de la venganza es condenable y nada se resuelve por esa vía, pero la imagen del pueblo de Fuenteovejuna sigue allí porque Lope de Vega se hizo inmortal y porque su texto invoca la reivindicación superior de un pueblo ante la injusticia. Hoy el Comendador puede llamarse dictadura, represión, ahogamiento de la justicia. Son estos los Comendadores de la Venezuela de hoy, una donde no llegarán reyes a imponer justicia como en Fuenteovejuna y será el pueblo el que produzca la misma respuesta ante la misma pregunta. ¿Quién es Fuenteovejuna?  Todo el pueblo,  a una.

tlopezmelendez@cantv.net

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El espejismo de una noche de Altamira

Publicado por Teódulo López Meléndez en marzo 18, 2014

 

 

Altamira 1

Teódulo López Meléndez

Es obvio que estoy usando para titular “El sueño de una noche de verano” de Shakespeare, por la sencilla razón de haber sido lo que me asaltó automáticamente con lo sucedido en la Plaza de Francia la noche del 17 de marzo.

Es paradójico, pero no tanto, que se vaya hasta el maestro inglés para escudriñar en un proceso de psicología social del siglo XXI. De aquellos tiempos en que uno decidía leer completo a Shakespeare a estos en que uno recuerda la emblemática plaza se llama “Francia” parece haber pasado una eternidad. Al fin y al cabo Shakespeare no debe su grandeza a un azar y uno no tiene la memoria para recordar con exactitud la trama de la obra que citamos; menos las ganas.

Una toma militar desproporcionada en la madrugada y en la noche una aparición de señoras rezando, una convivencia nocturna que es calificada de entendimiento cívico-militar y un estallido de celebraciones por la reconquista del lugar, un festejo que se anuncia como actos de protesta que abarcarán desde lo cultural hasta el ejercicio democrático a ella y una proclama de un pueblo que sin miedo vuelve a la civilidad frente al militarismo. Así bien podría enunciarse lo acontecido desde la óptica de un espectador de los mercados de Londres donde Shakespeare complacía a los buhoneros de la época y a sus fieles compradores, mientras nadie oteaba que ese autor ejercía una penetración fuera de límites que le merecería la inmortalidad.

Bien podría leerse la obra desde otro ángulo: En el fondo la gente acude a celebrar el cese de la violencia que perturbó su sueño, lo martirizó con incendios y barricadas, con ataques a sus viviendas, con la presencia de la muerte y del abuso. Podría leerse como un agradecimiento por el cese de la perturbación y sí, como un pacto cívico-militar, como uno que hace evaporar esa realidad perturbadora y permite de nuevo la protesta que nada cambia. Esta lectura no agradaría a los “guarimberos”, pues bien podría entenderse como la aceptación al regreso de un Tomassi de Lampedusa que demuestra que todo ha cambiado para que sobre el asunto de fondo se establezca lapidaria la sentencia de que nada ha cambiado.

La interpretación de los textos es siempre polémica. Hasta en los métodos. El presente llega hasta la psicología social, pero para los lectores –y menos para ese historiador del futuro al que creo facilito la tarea- quizás lo importante sean las consecuencias políticas inmediatas y mediatas de un espejismo en una noche de Altamira, dado que las consecuencias sobre la evolución inmediata pasarán por las retóricas preguntas de quién ganó y no sobre la manifestación de un pueblo que anhela la paz –anhelo perfectamente comprensible- y que la practica reagrupándose en ella asumiendo los viejos fracasos, mientras condena los métodos violentos que, hay que decirlo, tampoco indicaban absolutamente nada en la evolución de esta triste historia de la cándida Eréndida.

Es que esta historia de Eréndida partió de los errores, de unos que fueron olvidados en honor a la vieja sentencia de que una vez montado el potro no conviene desmontarlo o de la realización de invocaciones al azar o a esas perturbaciones que en la historia suelen llamarse imprevistos. La catalogación es inmediata: mezcla de apresurados con timoratos, de coraje sin par que lleva el nombre de nuestros muertos y de reticencia cobarde de los pronunciadores de frases de ocasión, de un pueblo que perdió el miedo con un liderazgo que oculta el suyo, de una vocación libertaria con otra de acomodo. Y yo recordando que la plaza se llama Francia y otros soltándome  frases como “recuerda este es un saco de gatos” o eso de “recordar la plaza se llama Francia es de un intelectualismo fuera de tono”. Los senos de Marianne queden a buen resguardo.

El peregrinaje por el desierto hace ver espejismos. La sed insatisfecha, el aire refractando la luz, la interpretación de los observadores, el agua que está allá una simple ilusión. Los psicólogos sociales creo hablan de espejismos emocionales. La periodista Laura Weffer escribió un texto sobre la plaza que fue censurado, lo cual no entiendo porque en verdad era una penetración singular sobre la fauna humana, desde el que creía en la búsqueda de la libertad hasta el que solo buscaba compañía. Quizás la plaza no deba llamarse Francia. Debe ser recordada como Altamira, la de Gallegos.

tlopezmelendez@cantv.net

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La guerra civil de los barrios

Publicado por Teódulo López Meléndez en marzo 12, 2014

Disturbios 1

Teódulo López Meléndez

Más allá de los sectores sociales involucrados o no en la batalla que se libra en Venezuela la única expresión utilizable para describirla es la de rebelión política. Excede de largo a una situación puntual o a una protesta pasajera. La recurrencia por parte del régimen al ejercicio de una violencia indiscriminada, con el uso incluido de bandas paramilitares, lo colocó, ya sin ambages, bajo el rótulo de dictadura, una que, en aras de las apariencias, todavía permite resquicios a la libre expresión. Por su parte, quienes están involucrados en la rebelión contra ella, muestran todos los signos de una imposibilidad de regreso, superando a la dirigencia tradicional, presta a embarcarse en un “diálogo” de imprevisibles consecuencias y de tonalidades más que oscuras.

Sobre esto de “resquicios a la libertad de expresión” hay que colocar de inmediato lo sucedido con el diario “Tal Cual”, donde por vez primera en la historia del periodismo se hace responsable a la directiva de un medio por la opinión de un columnista, como si debiesen producirse sesudas deliberaciones cada vez que llega un artículo. En este caso concreto, por una cita hecha por el columnista Carlos Genatios, se ha extremado hasta el punto de emitir medidas cautelares que incluyen prohibición de salida del país a Teodoro Petkoff y a sus compañeros directivos, amén de al columnista, más presentación semanal para que los “reos” no huyan. Tal práctica, aberrante desde una descripción jurídica, mucho me temo proseguirá dado que la Defensora del Pueblo amenaza al diario “El Nacional” con acusación penal parecida por sus enrevesadas declaraciones sobre la tortura.

El aumento constante de la represión establece una posibilidad de análisis que no se puede despachar con simples frases como las habituales de un gobierno desesperado que intenta no caer o la excesivamente banal y falsa de “derrotar un intento de golpe de Estado”. El día 12 el diario “El Universal” publica una nota –brillante, concisa, espeluznante- donde se narran los sucesos de la noche anterior en la plaza Altamira y en el barrio de Chacao. La periodista que la redactó seguramente no tenía conciencia de estar describiendo un momento clave de esta historia, -no podía tenerla- pero lo hizo. A mí me trasladó de inmediato a Beirut y a varios episodios ocurridos en las revueltas árabes que fueron calificados por la prensa y los analistas como “la guerra de los barrios”.

En Venezuela no hay una guerra civil, lo que vivimos es una represión que, en algunos casos puntuales, trae a la mente los “Convenios de Ginebra” y el Derecho Internacional Humanitario y por ende el concepto jurídico de “perfidia”. Lo que también lleva a considerar de nuevo las revueltas árabes y un planteamiento que prevaleció en la mente de quienes afrontaban rebeliones políticas, la de que la única posibilidad era convertir el conflicto en guerra civil pues de ninguna manera podía perderse dado el poder de fuego del que disponían, lo que en países como Libia no resultó cierto por la única razón de la intervención militar extranjera.

En la otra parte, con evidente decisión de no retroceder, podría estar incubándose la recurrencia a la guerrilla urbana, paradójicamente como lo hicieron en su momento de los 60 parte de los que hoy ocupan el poder. Es tal el poder represivo del régimen que podría empujar a una defensa que exceda a la construcción de máscaras antigases artesanales o escudos de cartón o barricadas hechas con lo que esté a mano, defensa inclusive proveniente de los barrios que son atacados con disparos a casas y edificios o con la quema de sus vehículos. La historia suele llenarse de vericuetos.

Un vericueto es, por ejemplo, la demostración de China pulverizando la falsa idea de que capitalismo y democracia eran como la uña y la carne. Quizás esta referencia extrapolada me venga por la aplicación misma del concepto de “rebelión política”, dado que no hay oferta de futuro y que las rebeliones, triunfantes o no, son algo así como los pájaros y otros animales que trasladan semillas o esparcen para que nuevos movimientos históricos aprendan la lección de que los cambios de gobierno no aparejan necesariamente un cambio histórico.

Aún no aparecen los signos de este último. Mi recuerdo va hasta las mujeres parisinas del mercado de La Halle en los tiempos de la revolución francesa. Deberá ser la falta de pan la que determine el curso de los acontecimientos y, por ende, la actitud a tomar por los diversos sectores de los militares venezolanos.

tlopezmelendez@cantv.net

 

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El Salvador: A la espera de un vencedor

Publicado por Teódulo López Meléndez en marzo 10, 2014

 

El Salvador

 

Por Yenny Gomes

 

Pese el favoritismo de las electoras en otorgar amplia ventaja a Salvador  Sánchez candidato por el  FMLN , las elecciones de este domingo  realizadas en El Salvador dieron un giro sorpresivo, y hasta el momento de escribir este artículo el FMLN, obtuvo un total del 50,11% de los votos y su rival Norman Quijano, candidato por el partido por la Alianza Republicana Nacionalista(ARENA),obtuvo un 48,89% de los votos, lo que se traduce en una diferencia de 6.357 votos, por lo que en virtud del corto margen, el Tribunal Supremo Electoral de la  referida nación centroamericana  no proclamará ningún vencedor hasta no hacerse el conteo  total de los votos.

 

Este giro radical puede deberse a la influencia de los votantes en el exterior. Recordemos que esta es la  primera vez en la historia democrática El Salvador donde los salvadoreños residentes en el exterior pudieron ejercer su derecho al sufragio, las cifras indican que  esas cifras equivalen a dos millones y medio de votantes, y aunque la primera ronda electoral estuvo marcada por una participación escueta por parte de los residentes en el exterior, no parece haber sido así en esta segunda ronda, lo que fue un balde de agua fría para el favorito de las encuestas, el candidato de izquierda, Salvador Sánchez.

 

La primer ronda electoral, el voto en el exterior tuvo un aporte mínimo de  apenas dos mil votos que mayoritariamente, beneficiaron al partido en el poder.Una eventual victoria del FMNL,  podría generar cambios sustanciales en las relaciones de Estados Unidos con El Salvador en consideración que por décadas ambas naciones han tenido una relación cercana. Teniendo cuenta que uno de cuatro salvadoreños vive en los Estados Unidos, y las remesas que envían al Salvador, equivalen a 4 billones de dólares anuales, lo que equivale aproximadamente el 17% de su Producto Interno Bruto (PIB), el voto de los residentes en el exterior pudo ejercer una influencia decisiva en esta segunda vuelta electoral.

 

Igualmente cabe citar la ola de protestas que se han generado en  Venezuela y la terrible represión ejercida por el Gobierno venezolano ante los graves problemas que vive el país: inseguridad, escasez, alto desempleo y la inflación donde el más castigado es el ciudadano más pobre, lo que pudo influir en electorado, recordando que  en la  mencionada nación centroamericana 34.5% de la población  total vive en condiciones de  pobreza. Con un sistema educativo desigual y una economía que ha tenido un promedio de crecimiento real de tan solo 2% en los últimos quince años, aunado a los altos índices de inseguridad, donde según cifras de 2012, 39.6  de cada 100.000 habitantes son víctimas de homicidios, catalogado  por la Organización Mundial de la Salud como una “epidemia de homicidios” puesto que la cifra es superior al limite establecido de 10 por cada 100.000 habitantes.Por lo que su vinculación con Nicolás Maduro, como es conocida cuando éste último ejercía el despacho del Ministerio de Relaciones Exteriores y medió en una operación  de narcotráfico con   el peso fuerte del FMNL José Luis Merino, quien envió a un capo de la droga para negociar con las FARC en un vuelo gestionado con el despacho del  actual presidente venezolano. Así como el financiamiento de sus actividades con crudo venezolano, donde el diario ABC señala que los dirigentes del FMLN han estado pagando la deuda petrolera contraída con PDVSA,  con cargamentos de café entregados con sobreprecio, dándoles margen para operaciones encubiertas y generar clientelismo político, fueron puntos fuertes a favor del partido ARENA y que definitivamente empañaron la ventaja del candidato del FMLN en esta segunda  vuelta electoral.

 

La reciente campaña electoral ha estado marcada por revivir   las hostilidades entre clases, que en el pasado llevaron El Salvador a  una guerra civil  que duró  12 años y con más de  75.000 muertos y medio millón de desplazados. El  partido ARENA representa a la comunidad empresarial y está orientado a una economía de libre mercado.  En cambio, el FMLN es partidario  de una economía planificada, con fuerte acento estatal,  aunque en un esfuerzo por ganar espacios políticos, en los últimos cinco años han hecho  para ganar la confianza de los empresarios mediante el  establecimiento de alianzas público-privadas en proyectos de energía e infraestructura, aunque es sabida la experiencia de un gobierno con fuerte acento estatal en Venezuela y Argentina,   quedo en manos de los salvadoreños decidir su destino y esperemos que el vencedor ponga de lado la ideología y sea capaz de adaptarse a los retos de una sociedad globalizada  para hacer frente al espiral de violencia que azota al Salvador y se adopte una política sostenible, inclusiva y respetuosa de las instituciones, de manera que sus ciudadanos puedan salir de la pobreza y sean instrumentos claves en el desarrollo.

 

 

 

 

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La clase política y la lucha de clases

Publicado por Teódulo López Meléndez en marzo 6, 2014

 

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Teódulo López Meléndez

Los últimos acontecimientos nos han mostrado a la clase política y hablar de clase política es recordar al sociólogo italiano Gaetano Mosca pues fue él quien usó por vez primera tal término en la década de los 40. No nos detengamos en profundidad en la teoría de Mosca, fundamentalmente escrita para desvirtuar la tesis marxista de lucha de clases ni menos en las objeciones de los gramscianos, pero sí quedarnos un poco en su tesis de cómo esa clase se reproduce.

Pertenecer a la “clase política” es monopolizar el poder y gozar de las ventajas consecuentes. En Venezuela existe una lucha de clases, de clases políticas, una oficialista y otra “oposicionista” que centran su batalla en la conservación u obtención del poder. Los hambrientos que lo ejercen no se sacian y el hambre de quienes lo aspiran llega ya a niveles de hambruna, a pesar de que la primera procura mantenerla con sobras.

Vemos así, mientras hay más presos, mientras contabilizamos heridos y las cruces recuerdan a los muertos, como se afirma que la protesta debe dirigirse a obtener lo que bien podría llamarse “una mejor calidad de diálogo”, esto es, una negociación que implique la monopolización del poder sobre la masa oposicionista y el disfrute de las ventajas consecuentes. En esta “lucha de clases”, donde se omite por conveniencia “toda actividad” “por respeto a la otra parte”, se olvida inclusive que la presencia de mandatarios extranjeros en un país en conflicto es un simple apoyo a la parte que domina el poder del Estado, lo cual es una injerencia inaceptable.

Es menester, entonces, superar “esta lucha de clases”. Si la gente está descontenta deberá comenzar por formar en su seno una minoría que comience a actuar como agente de la deposición de las clases políticas y se ofrezca como se entiende el liderazgo hoy, no como una nueva clase, sino como vanguardia alimentadora de un empoderamiento ciudadano.

Las clases políticas en Venezuela no han evolucionado. La oficialista es una rancia de logia militar y la “oposicionista” una que sigue dependiendo de antiguallas  partidistas erosionadas dónde se sigue viviendo del “financiamiento” de los dólares y de los bolívares y donde, por obvias razones, los mejores puestos son conquistados por quienes tengan más dólares y bolívares. Así se sigue reproduciendo, diría Mosca.

El país venezolano, aún turbio en cuanto a concepción política, comienza apenas a plantearse la patada en el trasero a las clases políticas que protagonizan la lucha de clases políticas. Es menester, para que esa nueva fuerza dislocadora  nazca la aparición de fuentes que logren el desajuste de las dominantes. Por lo que nos toca sólo podemos hacerlo en el campo de las ideas y en la propuesta del conocimiento, aunque se produzcan en el seno del oficialismo, para pánico del flamante Ministro de la Desudecación, ascensos sociales que lo hacen temer cambien de parecer. Quizás la conjunción de elementos sea la que pueda producir los dislocamientos de unas clases políticas gobernantes, porque las dos de la lucha de clases política venezolana son gobernantes, dado que la “oposicionista” conserva lo que logra en las elecciones repetidas de dónde emana su supervivencia.

Por supuesto que de las clases políticas viene la reacción contra toda posibilidad de ser desplazadas. No les importan ni los fracasos que convierten a un país en inviable ni los fracasos de un cuerpo social que lucha desesperado, no por colocarlos a ellos en el poder, sino reconquistar lo que llaman genéricamente “la libertad”. Es más, la situación ha llegado a tal punto que los “oposicionistas” saben que una caída de la clase política a la que se opone sería absolutamente peligrosa para ellos, pues podrían emerger quienes no los llamarían a la nueva configuración del poder. Así, la comodidad de la “lucha de clases” hay que mantenerla evitando que el cuerpo social los disloque con el parto de nuevos dirigentes. Olvidan que la historia muestra la caída de las clases políticas cuando ya han dado muestras suficientes de no poder seguir ejerciendo la cualidad que las llevó al poder, léase Chávez en la oficialista, léase “democracia” en la oposicionista. Todo lo que pasa, lleno de fracasos, avances y retrocesos, ha sido intervenido, condicionado, negociado por los actores que quieren hacerse “siempre” en la vida política.

tlopezmelendez@cantv.net

 

 

 

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El inexorable derrotero del fascismo populista

Publicado por Teódulo López Meléndez en marzo 3, 2014

 

populismo

 Por Alberto Medina Méndez

Hace tiempo que los manipuladores del discurso político se vienen ocupando de tergiversar el significado de las palabras. No es casualidad. Lo hacen con una intencionalidad inocultable.

Buena parte de la explicación de sus éxitos electorales tienen que ver con que han conseguido instalar determinadas visiones, apelando a las más elementales enseñanzas de Antonio Gramsci, pero siempre con la necesaria complicidad de la holgazanería ciudadana que opta por aceptar linealmente el adoctrinamiento que propone esa dinámica panfletaria y superficial, que se esfuma ante el primer razonamiento relativamente sensato.

Han construido una caricatura de la historia que les resulta inmensamente funcional. Así le dieron nacimiento al perverso “Socialismo del Siglo XXI” que es solo la peor combinación de marxismo y fascismo, y la empírica demostración de su innegable parentesco. Solo le han agregado ciertas aristas folklóricas para brindarle un aire más domestico y regional, bajo un formato y presentación más amigable para estas latitudes.

Estos regímenes vienen con la pretensión de quedarse. Es por ello que su impulso inicial se oriento, en casi todos los casos, a modificar sus Constituciones, para garantizarse reelecciones indefinidas o ciertos mecanismos de centralización del poder que le permitieran continuar.

Han destrozado deliberadamente la república, vulnerando la división de poderes que evita los abusos, fracturando principios básicos como el estado de derecho, la periodicidad de los mandatos y al mismo tiempo cooptando a los miembros de la justicia para asegurarse impunidad y convirtiendo a los legisladores en la virtual escribanía del mandamás de turno.

Son sistemas de gobierno autoritarios, donde el poder se concentra en una sola persona que aglutina las decisiones, como si fuera un monarca con plenos poderes y sin limitaciones, lo que siempre viene acompañado de obscenos negocios, corrupción indisimulable y un descaro difícil de ocultar.

El fascismo como sistema político tiene algunas características que le son propias y son parte de su esencia, como su totalitarismo, el desprecio por el capitalismo, un nacionalismo premeditadamente extremo y el infaltable enemigo social específico, siempre seleccionado cuidadosamente, al que se responsabiliza de todas las calamidades que se puedan padecer.

Un líder carismático siempre es el que encarna el proyecto, difundiendo el odio sobre otros, pero también montando ese imprescindible aparato de propaganda enorme que intenta convertir premisas falsas, que de tanto repetirse parezcan indiscutiblemente verdades repletas de verosimilitud.

El continente tiene en Venezuela al máximo exponente de este desarrollo, el que a medida que pasa el tiempo y sigue obtenido triunfos electorales ha profundizado su autoritarismo como así también el resto de las características de este régimen político. Las confiscaciones son cada vez más burdas y carecen de pudor, mientras las libertades se diluyen una a una, hasta desvanecerse, como parte del atropello a los derechos de forma siempre gradual, sistemática y progresiva.

Otros países del continente tienen intenciones de seguir ese recorrido y vienen haciendo los deberes como buenos alumnos, siempre con sus necesarios matices y estilos de liderazgos circunstanciales.

En realidad se trata de un sistema insostenible en el tiempo. No existe forma de sostenerlo demasiado porque cada vez precisa de mayores dosis de totalitarismo para proseguir su rumbo. El fracaso anunciado de sus políticas, los lleva a necesitar de mayor control y eso irremediablemente significa que necesitan retirar más libertades para mantenerse en el poder.

La cobardía de los primeros mandatarios del resto de las naciones es difícil de explicar. El silencio que legitima las tropelías cotidianas es difícil de comprender. Los ciudadanos del mundo ya han tomado nota de este hecho.

Lo que resulta incomprensible es la cantidad de personas que pareciendo inteligentes y bien intencionadas, lejos de los intereses del poder, bajo el pretexto de coincidir con algunas posturas demagógicas como el supuesto enfrentamiento al imperialismo y otras actitudes típicas del nacionalismo fingido, terminan avalando y aplaudiendo los despropósitos de esta época.

La lista es larga. Supresión de la libertad de expresión, represión en las calles a manifestantes que reclaman, intimidación a medios de prensa locales e internacionales, restricciones a las libertades en todas sus formas, a lo que se agrega con crueldad los ciudadanos condenados a la pobreza, al desabastecimiento y a la inflación, mientras la violencia desenfrenada provoca muertes en hechos delictivos, que a veces hasta sirven de pantalla para enmascarar persecuciones políticas.

La estrategia es clara. Quedarse en el poder a cualquier precio. Los pilares de este sistema están a la vista. Un nacionalismo político que exacerba la soberanía de la mano de un odio contra lo foráneo, un intervencionismo económico que hace estragos y destruye la riqueza a su paso, generando un paulatino empobrecimiento, una hipócrita religiosidad contradictoria con su accionar permanente y ese despiadado monopolio de la fuerza que les permite controlar militarmente cualquier manifestación ciudadana.

Sus triunfos electorales provienen de un manoseado esquema electoral. Con esos argumentos justifican cualquier decisión como si tener votos habilitara a los gobernantes a ejercer la fuerza contra sus oponentes, acallarlos, encarcelarlos, quedarse con sus propiedades y limitar sus libertades.

Lamentablemente, el final de esta historia no podrá ser color de rosas. Cuando esta farsa concluya y la disparatada aventura culmine, solo quedará una sociedad dividida, enfrentada, plagada de resentimientos, con una economía destruida cuya reconstrucción llevará mucho tiempo y esfuerzo.

Sería deseable que los mecanismos institucionales permitan ese renacimiento imprescindible, que las formas sean civilizadas y que los mezquinos intereses de los déspotas de turno no provoquen más sangre que la ya innecesariamente derramada.

Aunque sigan persistiendo en modificar la historia, acomodar el relato a sus caprichos y difundir mentiras con apariencias elegantes ya no quedan muchas dudas sobre el inexorable derrotero del fascismo populista.


albertomedinamendez@gmail.com

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Rusia sobre Crimea

Publicado por Teódulo López Meléndez en marzo 1, 2014

Audio de Teódulo López Meléndez

Crimea


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La revolución de las premisas

Publicado por Teódulo López Meléndez en febrero 27, 2014

 

premisas 3

Teódulo López Meléndez

Los estudiantes suelen ser la vanguardia, el catalizador de los procesos políticos que generalmente son llamados revolucionarios, pero ellos jamás han tenido el poder, en ninguna parte del mundo, de concluir en la implementación de un salto hacia adelante. Quizás la vieja expresión “estudiantes no tumban gobierno” sirva para ilustrar que se requiere el subsiguiente acompañamiento de las multitudes –unas en acción no en “mostración”- para que la revuelta trascienda lo esporádico o se convierta en no más que un efímero sacrificio donde la voluntad de los jóvenes paga un alto precio.

La situación venezolana conlleva más que todo a pensar en grupos de estudiantes organizados más que la aparición de un gran movimiento estudiantil, porque si él existiese uno de sus pasos claros hubiese sido convertir la universidad y exceder las peticiones tradicionales de libertad para los que fueron cayendo en las garras de los organismos represivos. Ha brotado, no obstante, y hay que admitirlo, una vanguardia estudiantil que ha tenido el efecto de politización creciente del cuerpo social, aún insuficiente para provocar transformaciones.

Uno de los últimos gestos del régimen dictatorial venezolano ha sido la del apelo a los “campesinos”, a un intento de ruralizar la situación conflictiva visto que las protestas son urbanas. Los “rurales” son presentados como los nuevos agentes productivos, no sabemos si con la intención oculta de tratar de convertirlos en una especie de nuevo frente de defensa del régimen paralelamente a los llamados “colectivos”, unos que ya aparentemente desecharon cualquier control sobre ellos. En cualquier caso, el intento ruralizador no es de pertenencia exclusiva del siglo XIX, pues los podemos encontrar hasta en algunos casos de Europa Central ante la inminencia de la caída del poder comunista.

La situación del régimen parece la de convivencia de micro-poderes dictatoriales, dado que no se requiere de información privilegiada para saber donde cada uno de ellos tiene su parcela de influencia, o donde la mezcla de intereses sirve de cemento a las obvias discrepancias. La tentación de lanzarse sobre el otro aún no ha aparecido, pues aún prevalece la necesidad de defensa de lo que es el valor superior, léase el poder, aunque en los acontecimientos del diario podamos encontrar acciones de ejercicio en solitario por parte de las facciones por ahora unificadas en la defensa del único interés común.

Las Fuerzas Armadas, por lo que les corresponde, aún no han tenido el desafío mayor, esto es, someter a inventario los pro y los contra, contabilizar los costos y beneficios y dejan a uno de sus componentes ejercer, en comandita con los civiles armados, la represión que aún les parece acomodada a parámetros admisibles, aunque a nosotros, la población civil, la brutalidad de disparar perdigones en la cara o insistir contra un muchacho caído nos parezcan flagrantes violaciones a los derechos humanos. Y digo a nosotros, porque muy pocos en el mundo han ido más allá de pedir diálogo recitando una especie de catecismo que tienen guardado para cuando quieren manifestarse sin que sus manifestaciones tengan efecto alguno. La gran decisión militar llega cuando el desbordamiento y la inestabilidad son tales que deben decidir entre la matanza, léase genocidio, o una especie de neutralidad sin que ella implique dejar de estar atentos a la toma directa del poder. Ahora lo ejercen por persona interpuesta pero los generales, porque a ellos nos referimos, siempre deben cuidarse de los cuadros medios, dado que suelen ser ellos los protagonistas a la hora de las decisiones verdaderamente con efectos tangibles. Por lo demás, una división de las Fuerzas Armadas es siempre el ingrediente determinante de una guerra civil.

La caída de una dictadura no trae paz y tranquilidad. Es simplemente una premisa para la posibilidad de cambios sustanciales. Una revolución política no es una revolución social, pues las primeras suelen tener como único objetivo la caída de un régimen, lo que hace dificultoso prever la segunda, dado que la caída de todo gobierno por medios revolucionarios abre la espita a las luchas por el poder entre las distintas facciones y a una consecuente inestabilidad con buenas probabilidades de ser tan violenta con el hecho concreto que la permitió.

 

La hipocresía internacional no tiene nada que ver con acciones honestas de defensa de la democracia, de los derechos humanos o del afecto por un pueblo sometido a vejaciones. Veamos cómo hemos asistido en los últimos días a la reiterada práctica de expulsar funcionarios diplomáticos o consulares norteamericanos, lo que produce decisión similar desde Washington, para que el inefable canciller venezolano hable de “retaliación”  en su siempre desconocimiento de los términos apropiados. Sin embargo, la posterior declaración del Secretario de Estado Kerry reiterando la voluntad de su país para proceder a la normalización de relaciones y lamentando “tengan ya demasiado tiempo deterioradas” es la muestra más fehaciente de la duplicidad, pues implican que en sus cálculos no está la caída inmediata del régimen venezolano y, en consecuencia, debe arreglarse con él. Por cierto, y de paso, un desmentido a la supuesta injerencia gringa en las últimas acciones protagonizadas por el duramente golpeado pueblo venezolano.

 

Las premisas suelen también ser revolucionarias. Como la economía.

 

tlopezmelendez@cantv.net

 

 

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La Pax Sinica

Publicado por Teódulo López Meléndez en febrero 20, 2014

 

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Teódulo López Meléndez

Hay un hilo conductor, uno con nudos que llamaremos hitos de esta historia. Narrar la historia mientras acontece parece tarea de esos valientes a quienes llaman corresponsales de guerra. Cuando la guerra ha pasado suele prevalecer la visión del vencedor. A veces se asiste al testimonio para dejar al futuro elementos disponibles para un análisis póstumo.

Necios hay por todas partes, seguramente exclamó Tucídides para permitir Herodoto refrendara. La proclamación constante de que el régimen era una dictadura es un caso a mostrar. Autoritario, violador constante del Estado de Derecho, desintegrador de los términos clásicos de la separación de poderes, permitía resquicios, celebraba elecciones –las cuales analizar ahora es ejercicio vano dada su habilidad para envolver a los adversarios, ponérselas en el orden conveniente, cambiar circuitos electorales y usar abusivamente de los recursos del Estado- y lanzaba petardos contra medios impresos y radioeléctricos. Llegamos a hablar de “dictadura del siglo XXI”, de una adecuada a los tiempos que ya no necesitaba de llenar estadios de prisioneros, de recurrir a la tortura o de practicar una sistemática violación de los derechos humanos.

Los tiempos corren, los acontecimientos acontecen y suelen poner fecha y hora. Siempre hay un proceso detrás. Desde los apresurados que luchan entre sí para limpiar adversarios del camino al poder, desde la inmadurez y desde la impaciencia, desde la torpeza y desde el equívoco, pero esos episodios han sido narrados antes, en otros de estos textos que llamamos columnas de opinión. Podría argumentarse que la enumeración anterior sólo ha acelerado lo inevitable, que la conclusión hubiese sido la misma y que siempre es mejor sincerar antes de arrastrar. Concedemos a tales argumentos el beneficio de inventario, para utilizar una expresión jurídica en estos tiempos de la fuerza.

Lo cierto es lo cierto, obviando en este texto lo ya dicho. El 19 de febrero de 2014 la represión alcanzó su clímax, el amontonamiento se hizo barricada a toda legalidad, el desbordamiento tan patente y la furia desatada tan incontrolable, la acumulación de los hechos anteriores tan patética, que nuevamente un siglo escapó de vuelta atrás, el uso de expresiones con pretensión de definición sociológica novedosa un ejercicio entre escamoteo a la responsabilidad y/u omisión a la verdad. Huele a dictadura, se comporta como una dictadura, reprime como dictadura, encarcela como una dictadura, tortura como dictadura. Es una dictadura.

Aún conservará resquicios, aún intentará las apariencias, aún girará sobre la obsolescencias de unos adversarios apagados, aún alegará existe un Parlamento donde irán los domesticados por la Pax Romana a ejercer el derecho concedido por el imperio de conservar sus dirigentes y en ese “senado” bajo la bota del César reproducirán en carne propia las más claras definiciones dadas por Marco Aurelio en   “Pensamientos” o, quizás mejor, las invectivas de Epícteto.  Los gobernadores de olvidadas provincias alabarán la Pax Augusta  y dirán quienes luchan en las fronteras como los germanos y los partos son pueblos inconcebibles.

Recordaba estos días las conversas de los viejos luchadores sobre el primer deber de un combatiente, no caer preso, y sobre el segundo, si caes piensa las 24 horas en la fuga. Nadie puede sobrevaluarse hasta el extremo de creer el punto de inflexión su entrega. Mientras Augusto imponía la suya, China dominaba el Asia Oriental. Eran los tiempos de las dinastías, de otras que nada tienen que ver con las de hoy, con las del Partido Comunista Chino, aunque muchos piensen el siglo XXI verá de llegar de nuevo la Pax Sinica que no significa otra cosa que “paz china”.  Entre Pax y Pax floreció el comercio entre los grandes imperios de la época y lo que suponemos existía entonces, forzando o sin forzar la terminología, una izquierda caviar, celebró entre banquetes la genialidad de los conductores.  En los tiempos presentes de América Latina la izquierda es una bazofia y la derecha un escondrijo, pero dejemos, por ahora, en paz, la disquisición sobre la necesidad de insurgir con conceptos de este siglo, dado que el pueblo no termina de empoderarse y sólo es víctima.

Mientras, uno piensa en atrasos conceptuales, en como el ejército es el único que a lo largo de la historia ha puesto bajo control a la Guardia Nacional, en el derrumbe de los valores al ver bandas armadas haciendo de las suyas ante los ojos impertérritos de quienes deberían reducirlas, en el castigo histórico de que cada comienzo de siglo en este pantano de arenas movedizas la única palabra invocable es “decadencia” tal como lo hizo José Rafael Pocaterra y que como él es menester escribir un “Canto a Valencia”, sólo que ahora habría que titularlo “Génesis” para incluir en el primer libro del Antiguo Testamento a todos los caídos, pero también la seguridad de que el hombre venezolano será insuflado de vida.

tlopezmelendez@cantv.net

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Prolongar la agonía

Publicado por Teódulo López Meléndez en febrero 17, 2014

 tiempo

Por Alberto Medina Méndez

Las señales siguen confirmando el rumbo. El gobierno de Argentina se esmera en esto de ganar tiempo y hacer de esta actitud, una absoluta política de fondo. En realidad, ese es justamente su gran plan en marcha.

El oficialismo solo pretende concluir el actual mandato constitucional con el menor daño político posible. No le interesa, en lo más mínimo, los padecimientos por los que la sociedad deba transitar, ni mucho menos aún, lograr los objetivos que recita en ese relato retorcido que ha fabricado con dedicación y que se ha convertido en su propio callejón sin salida.

En el mientras tanto, intentará negociar las mejores condiciones de impunidad para la mayor cantidad de integrantes de su tropa partidaria y si complementariamente puede producir un milagro político, pondrán empeño para promover al candidato más amigable para sucederlos luego de esta etapa nefasta signada por la degradación moral.

Ya han demostrado que solo pueden conducir la nave con viento favorable y cuantiosos recursos. Se han ocupado de dilapidar una de las mejores oportunidades que ha tenido este país en su breve historia como nación.

Las decisiones que toman a diario tienen una sola dirección. Ellos NO harán absolutamente nada para resolver los problemas reales, las verdaderas cuestiones de fondo. No saben como, o simplemente no quieren hacerlo. Las soluciones disponibles no son de su agrado porque han resuelto no hacer el trabajo duro. No tienen el coraje necesario para enfrentar esa determinación, ni el valor político suficiente para hacerse cargo de las consecuencias esperables de lo que han engendrado durante años.

Sus energías están puestas en el arte de disimularlo todo. Por cada decisión que deben tomar, invierten abundante cantidad de horas y dinero en diseñar argumentos que los justifiquen. La labor consiste en delinear un discurso aceptablemente verosímil, que logre esconder la verdad y encontrar a los culpables de lo que está ocurriendo.

La oposición también necesita de tiempo. Está desorientada y no tiene las soluciones a la mano, ni siquiera ha logrado construir un proyecto político capaz de enfrentar con dignidad al inmenso e inescrupuloso aparato estatal con el que cuenta el oficialismo para la próxima batalla electoral.

De ese lado del mostrador, una dirigencia sin principios, mezquina por convicción, que cuida sus negocios domésticos y que hace de la disputa interna su centro de interés, no encuentra los caminos para encontrar acuerdos elementales que garanticen al menos un poco de institucionalidad, cierta sensatez y un horizonte con algunos parámetros definidos.

Lo paradójico de esta etapa, es que muchos ciudadanos, demasiados tal vez, prefieren este desenlace lento que propone el oficialismo y le resulta incluso funcional a la oposición. Es probable que eso explique, en parte, la crueldad de este proceso político. Los “representantes del pueblo”, después de todo, se parecen bastante a los representados.

Dicho de otro modo, los votantes, los que seleccionan a los políticos de turno, no están dispuestos a asumir los errores como propios, ni tampoco los evidentes desaciertos electorales, ni mucho menos admitir que su mirada política errónea es la que explica, en buena medida, el presente.

La sociedad no es la que instruye a ciertos funcionarios para que se corrompan y administren las arcas públicas como si fueran suyas y se tratara de un botín. Pero es justo decir que lo estructural de este fenómeno es la consecuencia inexorable del conjunto de ideas que defiende una ciudadanía contradictoria que sigue creyendo en la utopía del Estado honesto y eficiente, cuando abundan pruebas que demuestran exactamente lo contrario. Es la gente la que fomenta la existencia de un Estado grande, omnipresente y controlador, ingrediente vital de la descomposición actual.

Una inmensa mayoría de personas están enojadas con lo que pasa, pero en algún punto, prefieren este sinuoso sendero, que ofrece una medicina amarga, como parte de un tratamiento prolongado que tampoco curará la enfermedad sino que solo atacará parcialmente los síntomas. Se acepta sin euforia y con resignación, este tipo de alivios porque resulta menos desagradable, en el corto plazo, que el duro sobresalto que en realidad se merece una sociedad que ha vivido equivocada desde hace décadas.

Las malas noticias nunca son bienvenidas. Nadie quiere un fuerte impacto, pero no menos cierto es que esta visión de posponer el trance sistemáticamente, solo aleja las soluciones reales y pone mayor distancia del anhelado desarrollo y progreso sobre el que tanto se declama.

El futuro tiene preparado algo mejor. Pero esta es una decisión que se debe tomar con plena conciencia y resulta evidente que la ciudadanía no está lista para semejante esfuerzo. La dinámica de emparcharlo todo, solo postergará el final de esta brutal etapa que ha anestesiado a la gente, haciendo que la prosperidad deba esperar mansamente su turno.

El dilema de esta nación está a la vista. Y su preferencia también. Ningún actor social, mucho menos en la política, tiene la más mínima intención de enfrentar los problemas como corresponde. Eso solo la muestra la irresponsabilidad de una sociedad que pretende que la realidad se acomode a sus deseos, sin terminar de comprender que transita este momento difícil porque ha hecho los méritos más que suficientes para estar en el lugar en que está. Por ahora, es indudable que existe consenso tácito para prolongar la agonía.


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El pantano de las arenas movedizas

Publicado por Teódulo López Meléndez en febrero 14, 2014

 

 12 febrero 2

 

Teódulo López Meléndez

Una de las tareas de este instrumento llamado “columna de opinión” –uno que no cambia la historia-  es contrarrestar las devociones reinantes. Una repetición de lo reinante para solazarse con la imagen fragmentaria rompe con el propósito de las respuestas.

El escritor en ella tiende a combatir la realidad como fraccionamiento. La hace no para convertirse en un transmisor de mitos, pues su tarea  es precisamente la de generar contramitos. El escritor no es un cómplice, es un instrumento para mostrar que, por encima de lo que ocurre, siempre está ocurriendo algo más.

Si lo que hemos vivido esta semana es un hecho insurreccional, -al fin y al cabo plantear que se busca la salida lo es, pues se entiende como la salida del gobierno en funciones-, ha mostrado lo que sin duda alguna es el inmenso malestar de una buena parte del cuerpo social, uno cuya determinación como mayoritario o minoritario es simplemente una tarea banal, dado que abocarse a ella indica de inmediato que la otra parte, mayoritaria o minoritaria, es otra parte con apoyo sólido. Si en términos electorales se habla –presumiendo, claro está, limpieza- un voto decide. En la “física” no electoral no, son mitades donde la disquisición mayoría-minoría carece de todo sentido.

Es imposible provocar la caída de un régimen que goza de un buen porcentaje de popularidad, de respaldo social, independientemente de esa cruzada por alegar es minoritario. Uno diría que la primera tarea es hacerlo impopular, mediante la determinación de las causas por las cuales conserva ese respaldo y trabajar en consecuencia.

 

Hay variadas razones por las cuales un gobierno no se cae en estos tiempos tecnológicos. Una, la inexistencia de una integración digital consciente, más bien con una diluida en la información especulativa (frente a la “desaparición” de los medios tradicionales lo virtual es el único territorio posible); otra, la inexistencia de una presión militar que apunte al cambio y, finalmente, la incomprensión de la magnitud de una tarea que lleva a especular con Ucrania y a ignorar el precio humano a pagar.

 

Un mínimo de objetividad en el análisis conllevaría a determinar los sectores involucrados en las protestas recientes y a la verificación de si se produjo o no la incorporación de nuevos, fundamentalmente de los más pobres o, si por el contrario, la participación estuvo una vez más enmarcada en los sectores altos y medios, lo que no encuentra una explicación de fondo en los estudiantes siempre una entremezcla de clases sociales.

Una rápida constatación indica que los sectores populares siguen teniendo un manto de protección, ciertamente disminuido, pero existente, lo suficiente para mantener hacia el gobierno un respaldo que, como voy a repetir, hace imposible el objetivo apresurado.

Hay factores de percepción comunicacional a tomar en cuenta. Las últimas y obsesivas “cadenas” radioeléctricas muestran a un presidente y a un régimen patéticos centrados en la prosecución de una “guerra económica” que pretende inculcar en la población la idea de unos demonios escondiendo azúcar o harina como única causa de la grave situación inflacionaria, de desabastecimiento, de devaluación y de escasez que nos aflige. No hay una contraofensiva racional para demostrar que la causa verdadera proviene de una ideologización ortodoxa y perversa que cree necesario este trance se produzca para el arribo al “socialismo”.

Los acontecimientos muestran un predominio del radicalismo. Los llamados “colectivos” actúan de la manera original para la que fueron creados, ejerciendo violencia, disparando, sirviendo de paramilitarismo sin tapujos. La MUD ha perdido todo control sobre la “institucionalización” de la masa opositora. Estamos en un punto de caos que se traduce en muerte. El régimen recurre a forzar la autocensura, a convertir, mediante manipulación, la protesta en un “ataque fascista”, a “ignorar” el alzamiento en su seno de los sectores radicales, a criminalizar el legítimo derecho a la protesta y llega a ordenar la detención de una visible figura pública oposicionista. Del otro lado, quienes dieron el paso están montados en un potro cerrero: la detención del movimiento los hará efímeros, su continuación un propósito sin victoria, factura siempre a pagar.

El “rosario” de delitos de los que se acusa a Leopoldo López no es más que otro hecho palpable de lo que he señalado como “Constitución evaporada”. Antes vimos los hechos de Margarita y Táchira: el Ministerio Público “pide” y el “juez” de turno “complace”. La situación es de inexistencia total de una norma básica que amalgame. Si alguna definición cabe a este territorio llamado Venezuela es la de un inmenso pantano repleto de arenas movedizas.

tlopezmelendez@cantv.net

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Argentina: Hacer lo difícil no les sale-El capricho de embestir los síntomas

Publicado por Teódulo López Meléndez en febrero 10, 2014

 

dinero

 Por Alberto Medina Méndez

Negar la estrecha relación entre emisión monetaria e inflación ya no resulta razonable. Los dirigentes y los economistas lo saben cabalmente. Sin embargo, la política contemporánea prefiere brindar una infantil e incorrecta descripción del problema.

Esto no es casualidad. El oficialismo no está dispuesto a dejar de emitir irresponsablemente porque ello implicaría reducir el gasto estatal con todo lo que conlleva esa determinación. Los políticos no desean hablar de ajuste. Temen por las consecuencias electorales que se derivan de ese término. Después de todo, son ellos los que se han ocupado con perseverancia de engordar el aparato estatal durante años. Desarmar ese engendro significaría, para su concepción de la política, una absoluta calamidad.

Su estrategia es buscar responsables fuera de su entorno, culpando a los especuladores, comerciantes y empresarios, formadores de precios, para luego fabricar la ficción de una verosímil conspiración que pretende sacarlos del poder. Sus intelectuales y técnicos se ocupan de darle contenido a la gran mentira, manoseando números, aportando rebuscados razonamientos y manipulando hechos aislados que hagan posible su interpretación.

Instigan a la ciudadanía para que ataque a los supuestos culpables, con escraches y campañas de hostigamiento que erosionen el prestigio de las empresas hasta el punto de personalizar el embate señalando a los enemigos públicos como si fueran los verdaderos generadores de inflación. Ellos saben que no es cierto, lo que los convierte además en cínicos.

Si por un momento se aceptara su disparatada versión y la inflación fuera realmente engendrada por otros y no por la insensata emisión de moneda que ellos mismos instrumentan cotidianamente, cabría reclamarles entonces una decisión que resultaría tan simple como efectiva para resolver las dificultades del planeta. Si la emisión monetaria NO explica la inflación pues entonces podrían crear dinero ilimitado para todos, repartiendo millones entre los ciudadanos y así acabar definitivamente con la pobreza.

En ese mundo de ilusión, se podría dejar de trabajar y dedicar todo el tiempo al ocio, ya que el dinero fluiría mágicamente desde las arcas del Banco Central hacia las personas, sin esfuerzo alguno. Todos serían ricos. Pero en realidad no lo hacen porque la emisión genera inflación y ellos lo saben. Este lineal razonamiento refuta cualquiera de sus retorcidas teorías.

No es que ellos deseen convivir con la inflación. Es solo su daño colateral. En realidad no están preparados para dejar de emitir porque no conocen otra forma de hacer las cosas que gastar mucho, siempre con dinero ajeno. Les fascina repartir recursos. Es su especialidad. Hacer lo difícil no les sale, porque supone sacrificio, honestidad e inteligencia y tienen poco de eso.

Pero nada de esto se puede implementar sin la connivencia de otros actores. Por un lado, los opositores piensan demasiado parecido, por eso no proponen abiertamente la extinción de la herramienta emisora de dinero. Pero existe un cómplice necesario e imprescindible para que esto ocurra y es la expresa participación de una sociedad que se presta a este juego sin darse cuenta que es la que siempre paga los platos rotos.

A algunos les resulta más fácil ignorar las verdaderas causas de los problemas que enfrentarlas. Evadirse de la realidad es un mecanismo habitual, mas aun cuando comprender el fondo de la cuestión implica admitir responsabilidades propias. No es fácil abandonar el aparente confort del presente para dedicarse a una nueva construcción más sensata, que requiere de un trabajo lento y sacrificado que incluye elevados costos.

La clase política conoce esta dinámica al detalle y con gran hipocresía la aprovecha. Lo hace a sabiendas, asumiendo que es el único modo que conoce de hacer política, llegar al poder y disfrutarlo. Los políticos prefieren hacerse los distraídos. Lo que preocupa es que la gente sea funcional a la mentira y se deje engañar ya no por falta de explicaciones, sino porque el diagnóstico ofrecido importa hacerse cargo y obrar en consecuencia.

A estas alturas ya no es ignorancia sino solo el deseo de vivir una fantasía. Hasta que la sociedad no exija que el Estado deje de gastar mucho y mal, los gobiernos seguirán recurriendo al saqueo sistemático vía impuestos, quedándose con una parte del esfuerzo de los individuos, endeudándose y apelando a la máquina de fabricar dinero para cubrir sus despilfarros.

Es la sociedad la que debe salir de este círculo vicioso. Para eso será necesario ocuparse en serio de resolver las causas profundas exhortando a los políticos para que hagan lo necesario y así abandonar de una vez por todas, el capricho de embestir los síntomas.

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La república de los espejos deformantes

Publicado por Teódulo López Meléndez en febrero 8, 2014

 

espejo 1

Teódulo López Meléndez

La filosofía se ha preguntado desde siempre donde se construye la cultura política de un cuerpo social, apuntando, entre varias, a la experiencia cotidiana de la gente, a lo que le toca vivir, esto es, a los micromundos de los valores.

La política no es así uniforme, pues se deriva de una práctica constante en diferentes contextos, lo que da lugar a variedad de normas no por obligación compartidas. La política es precisamente lo que podríamos denominar el lugar de reunión para tratar los asuntos de interés común, lo que implica un respeto por la pluralidad.

En términos contemporáneos, la discriminación significa prejuicio, intolerancia, ceguera ante las virtudes de lo que no es idéntico a sí mismo. Nos hemos habituado a actuar por medio del concepto del enemigo. Hay una tendencia a ordenar los fenómenos políticos por sus efectos inmediatos, como en el caso de la propuesta de una Constituyente que en verdad sólo tendría por objetivo ordenar el fin del período actual de gobierno antes que redactar una nueva Constitución. Las inmensas dificultades de convocar a tal asamblea son obvios, pero aún así hay un pecado original en la propuesta, una que ignora que el incumplimiento del texto vigente no es culpa de ese texto y que va a otro problema de fondo: que no es posible aquí que esa violación por parte de alguno de los poderes constituidos sea subsanada por los magistrados de la jurisdicción ordinaria. La Constitución puede contener mecanismos de resolución tales como referendos o abrogaciones, pero el camino real de una crisis del poder estatal suele llevársela consigo.

Esa constante apelación al artículo 350, uno que podría estar o no estar en el texto actual, dado que el principio básico sigue vigente aún sin él,  pues se trata de un principio de Derecho Natural, indica el olvido de una situación mucho más grave: hemos llegado a tal punto de violaciones que puede alegarse la ruptura del contrato social básico, la práctica inexistencia de un ordenamiento que conjugue la convergencia de todos los ciudadanos en un acuerdo general de convivencia. Apelar a un artículo de la Constitución evaporada para resolver la crisis ha llegado a convertirse en una paradoja. Los sucesos de ruptura del poder establecido generalmente vienen de un acuerdo de partes de la sociedad que se manifiestan de manera abrupta y sin orientarse por caminos preestablecidos.

Las “revoluciones” son un corte violento en procura del establecimiento nuevo, pero el presente régimen venezolano no se encuentra ya a gusto en lo que estableció, léase Constitución del 99. En verdad si alguien podríamos denominar como el mayor interesado en convocar a una Constituyente, en procura de un nuevo establecimiento, es al régimen, mientras la paradoja nos conduce a una oposición apelando al texto vigente como único instrumento para tratar de evitar el siguiente salto del poder hacia un nuevo “establecido” que le permita conservar todos los visos de un orden jurídico respetado.

En este cuarto de espejos deformantes en que se ha convertido la política venezolana – dónde unos se ven más gordos o más delgados conforme al elegido para mirarse- la política se hace incognoscible y no más que un mero señalamiento burlón -lo que no evita su sentido trágico- dónde las reacciones hormonales se confunden con severas tomas de posición. Aún así, la paradoja apunta a que quienes son conservadores hacen lo posible por conservar mientras parecen radicales dispuestos a tumbar a un gobierno y quienes se alegan revolucionarios se ahogan en falsas contradicciones sobre debilidad o radicalismo en su siguiente paso, no más que confusión propia del pecado de la ideologización exacerbada.

 

Una de las manifestaciones más obvias de los espejos deformantes fue convertir en ley el llamado “Plan de la Patria”. No entremos en supuestas violaciones constitucionales, pues si sigue el hilo de mi argumentación ello ya sería literalmente irrelevante. Implica, más bien, una autosatisfacción erótica, la fijación de un espejo. La otra “ruptura”,  la que vivimos estos días, de verbo encendido y disfraz de rebelión, algo así como la danza de los espejos que se intercambian.

 

Terminó el viejo uso de los espejos como reflejo fiel de la imagen de quien se le pone delante. Lo mataron los espejos deformantes de un circo asociológico. En esta república es mejor preguntarle a quien tenemos al lado cómo nos ve. Esto equivale a mirar la cultura política, el micromundo de los valores, a la experiencia cotidiana de la gente que la hace cuerpo social. También se le llama política.

 

tlopezmelendez@cantv.net  

 

 

 

 

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Elecciones 2014: El Salvador y Costa Rica

Publicado por Teódulo López Meléndez en febrero 3, 2014

 

 Centroamérica

Por Yenny Gomes

 

Este domingo El Salvador y con Costa Rica celebraron elecciones, ambas cruciales y marcadas con alta probabilidad por parte de las encuestadoras, en definirse en una segunda ronda.

 

Esta  jornada salvadoreña, estuvo marcada por la participación de cinco candidatos, sin embargo,  los diferentes medios de comunicación y encuestas, han señalado como  grandes favoritos  a  Salvador Sánchez Cerén, quien es el actual vicepresidente y candidato por el  FMLN  y Norman Quijano, candidato por el partido por la Alianza Republicana Nacionalista(ARENA).

           

Según  un informe del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales,  34.5% de la población  total vive allí en condiciones de  pobreza. Con un sistema educativo desigual y una economia que ha tenido un promedio de crecimiento real de tan solo 2% en los últimos quince años,  demuestra que los indicadores son preocupantes, aunado a los altos índices de inseguridad, donde según cifras de 2012, 39.6  de cada 100.000 habitantes son víctimas de homicídios, catalogado  por la Organización Mundial de la Salud como una “epidemia de homicídios” puesto que la cifra es superior al limite establecido de 10 por cada 100.000 habitantes.

 

Estos índices de pobreza e inseguridad,  han tenido impacto en el surgimento de la crimen organizado, convirtiendo a la nación centroamericana  en el destino predilecto para tráfico de drogas  hacia los Estados Unidos, que tienen como fuente de origen  países de América del Sur.

 

El candidato del FMLN, Sánchez Cerén, ha sido visto como  motivo de preocupación a los ojos de la comunidad internacional. En primer lugar, porque en El Salvador urge avanzar en un pacto fiscal, que permita solventar la grave crisis económica, especialmente en el tema de liquidez monetaria, transparencia fiscal y mejorar la calificación de la deuda soberana. Los índices de libertad económica y el combate a la corrupción se han deteriorado, traduciéndose en  un frágil  crecimiento económico, aumento de la pobreza,  aumento de la emigración y un  pobre sistema social.  Y desde este punto de vista, es preocupante  el destino de los salvadoreños en los próximos cinco (05) años si el FMLN asume el poder,  con una ideología radical de izquierda que podría agravar más el panorama económico. Sin embargo, pero más preocupantes son las denuncias que han salido a la luz pública las conexiones del FMLN   con  el crimen organizado y la corrupción de sus membros, así como su estrecha vinculación con el chavismo, tal como ha señalado el diario español  ABC, cuando Maduro ejercía el despacho del Ministerio de Relaciones Exteriores, medió en una operación  de narcotráfico con   el peso fuerte del FMNL José Luis Merino, quien envió a un capo de la droga para negociar con las FARC en un vuelo gestionado con el despacho del  actual presidente venezolano. Así como el financiamiento de sus actividades con crudo venezolano, donde el diario ABC señala que los dirigentes del FMLN han estado pagando la deuda petrolera contraída con PDVSA con cargamentos de café entregados con sobreprecio, dándoles margen para operaciones encubiertas y generar clientelismo político.

           

De ganar el FMNL, las relaciones de Estados Unidos con El Salvador, podrían sufrir cambios sustanciales, teniendo en consideración que por décadas ambas naciones han tenido una relación cercana. De hecho, uno de cuatro salvadoreños vive en los Estados Unidos, y las remesas que envían al Salvador, equivalen a 4 billones de dólares anuales, lo que equivale aproximadamente el 17% de su Producto Interno Bruto (PIB).

 

La reciente campaña electoral ha estado marcada por revivir   las hostilidades entre clases, que en el pasado llevaron El Salvador a  una guerra civil  que duró  12 años y con más de  75.000 muertos y medio millón de desplazados. El  partido ARENA representa a la comunidad empresarial y está orientado a una economía de libre mercado.  En cambio, el FMLN es partidario  de una economía planificada, con fuerte acento estatal,  aunque en un esfuerzo por ganar espacios políticos, en los últimos cinco años han hecho  para ganar la confianza de los empresarios mediante el  establecimiento de alianzas público-privadas en proyectos de energía e infraestructura.

 

En recientes sondeos  se señala que  Salvador Sánchez del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) se impondrá ante Quijano de la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), pero los resultados de la primera ronda no sumarán el 50 % de los votos necesarios para proclamarlo vencedor, por lo que la contienda electoral se definiría en una segunda ronda.  Independientemente de quien sea proclamado vencedor, debe tener en cuentas los retos que tienen al frente para contener el espiral de violencia y hacer inversiones en infraestructura, educación, formación profesional y mayor ocupación en el mercado formal de trabajo, en aras de alcanzar la prosperidad y la anhelada paz.

 

Igualmente, 3.078.321 costarricenses ejercieron su derecho al sufragio en elecciones simultáneas de Presidente y Vicepresidente en conjunto con los diputados de la Asamblea Legislativa,  con la particularidad de que por primera vez, los nacionales residentes en el exterior podrán participar en  las elecciones que transcurren en el día de hoy gracias al programa  “Yo voto en el extranjero” aprobado por el Tribunal Supremo de Elecciones de Costa Rica, permitiendo que un total de 12.654 costarricenses estén empadronados para ejercer su voto.

 

De hecho, los primeros en acudir a las urnas, fueron los ciudadanos residentes en Australia, quienes sufragaron por primera vez en unas elecciones marcadas por la indecisión, estimada  en un 34% al final del cierre de campaña. Una de las razones expresadas es el alto número de candidatos a la presidencia,  en total trece aspirantes,  y diecinueve agrupaciones que pugnan por escaños en el Parlamento. Unas elecciones reñidas para el Partido de Liberación Nacional (PLN), quien  busca su tercer mandato consecutivo,  tras los gobiernos de Oscar Arias y Laura Chinchilla, en los períodos 2006-2010, y 2010-2014 respectivamente, ésta última marcada con un mandato no exento de polémicas, especialmente en las disputas  territoriales sobre  la provincia costarricense de Guanacaste, donde Nicaragua afirma tener soberanía, afectando las relaciones bilaterales entre ambas Naciones, aunado a la crisis de popularidad donde obtuvo los  peores niveles de las últimas tres administraciones en lo que respecta a la gestión del Gobierno, en temas sensibles como la corrupción y el gasto público,  según datos ofrecidos por   la encuestadora Unimer.

 

Cabe destacar que  el sistema electoral costarricense se rige por  las « reglas  de la mayoría » para las elecciones del Presidente y Vicepresidente; esto significa que el candidato vencedor debe obtener más del 40% de los votos, en consecuencia, de no ser alcanzado el referido porcentaje, los dos candidatos que obtuvieron el mayor porcentaje de votos en la contienda electoral, están sujetos a una segunda vuelta, que tendría lugar en dos meses de conformidad con el procedimiento establecido en la Carta Magna, es decir, que la segunda ronda tendría lugar para el mes de abril.

 

Tal como ha señalado el reconocido diario español “El País”, las elecciones costarricenses están marcadas por  ambiente volátil,  y con la existencia del voto a ganar; por lo que el protagonismo recae en  buena parte en los resultados ofrecidos por las encuestas,   donde en principio el candidato con mayor apoyo es el candidato Johnny Araya, quien fue alcalde de San José por 22 años,  con un porcentaje 17,4% ,  perteneciente al Partido de Liberación Nacional (PLN), seguido por José María Villalta, representante de la izquierda, con un porcentaje de 14,4%, candidato del Frente Amplio (FA) y en tercer lugar  estaria Luis Guillermo Solís, historiador y politólogo,  con el 11,6% , candidato del  Partido Acción Ciudadana (PAC), considerado como una alternativa de izquierda moderada, y en último lugar estaria Otto Guevara, abogado y exdiputado con 7,3% de intención de voto, candidato y fundador del Movimiento Libertario (ML), según encuesta elaborada por el Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica para el Semanario Universidad, con un margen de error de 3,46%.  El hecho que el mayor peso  protagonismo recaiga  en las encuestas,  en declaraciones oferecidas por el Presidente del Tribunal Supremo Electoral (TSE), Luis Antonio Sobrado, implica  “un sesgo de inequidad” porque que pese  son solo siete empresas  registradas   las únicas cuyas publicaciones sobre las encuestas  son legales , son  éstas las que determinan el acceso a la contribución financiera y ha generado el debate sobre la instauración de franjas electorales en los medios de comunicación, así como el fortalecimento del financiamento estatal.

 

Sin embargo, los resultados arrojados entre medios de comunicación y las diferentes encuestadoras no coinciden, y así la contienda electoral se definirá en una segunda vuelta electoral, en ambos países, ante la imposibilidad de los candidatos de arrebatar el título de favorito en las encuestas.

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