Democracia del siglo XXI

  • Teódulo López Meléndez

    Abogado, diplomático, novelista, ensayista, poeta, editor, columnista de opinión.

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Xenofobia. Otra vez la hipocresía

Posted by Teódulo López Meléndez en octubre 27, 2014

xenofobia

Alberto Medina Méndez

Un reciente anuncio oficial cargado de un alto contenido demagógico, propone expulsar con celeridad a los extranjeros que cometen delitos.

Promete ser el nuevo ícono del nacionalismo doméstico, ese que defienden tantos, desde diversos extremos ideológicos. Es increíble que un país que ha sido poblado mayoritariamente por quienes vinieron desde otras naciones, tenga hoy la osadía de aborrecer a quienes han decidido ( como sus propios abuelos ) elegir este lugar para construir el futuro de los suyos.

Es difícil comprender tanto odio, rencor y resentimiento hacia aquellos cuyo único pecado ha sido nacer en ciudades diferentes a las propias. La calidad de un ser humano, su hombría de bien, sus valores, no dependen de modo alguno del ámbito geográfico en el que ha dado sus primeros pasos.

La despreciable actitud de los que clasifican a los individuos según su lugar de nacimiento, muestra una forma de concebir el mundo. Se puede y debe repudiar el delito, la apropiación de lo ajeno, el ataque a la libertad o a la  vida y la integridad física. Pero encasillar a la gente según su nacionalidad, es un síntoma de la creciente degradación moral de una sociedad.

Lo más patético frente a esta cuestión es la hipócrita postura de esos que alientan la deportación de extranjeros frente a delitos no probados, con sumarios abreviados sin garantías procesales indispensables.

Aunque no lo reconozcan, cuando se refieren a “los extranjeros”, solo piensan en bolivianos, paraguayos, uruguayos, peruanos o brasileros. Es que no solo rechazan al forastero, sino que tienen una carga discriminatoria adicional, que mezcla cuestiones étnicas, raciales y prejuicios sociales, una letal combinación de fobias imposibles de justificar con seriedad y sensatez.

Sus “extranjeros” no son daneses, australianos, canadienses, japoneses o franceses. No lo admitirían, pero el extranjero al que se refieren pertenece a una casta inferior, un subhumano. Es lo que creen, pero ni siquiera tienen el coraje de defender su verdadera posición, mostrando entonces otro de sus detestables costados, el de la deshonestidad intelectual.

No son capaces de defender sus ideas con valentía. Saben que el odio no es un valor sustentable y entonces disfrazan su visión xenófoba detrás de razonamientos elaborados que pretenden presentar con suma inteligencia.

Dicen que la sociedad no debería solventar los cuantiosos costos carcelarios que se derivan de enviar a prisión a los extranjeros que delinquen, justificando así la deportación como una solución ingeniosa. Resulta bastante extraño que les incomoden esas erogaciones pero no tengan la misma vehemencia a la hora de repudiar la corrupción estructural de sus compatriotas, al punto de apoyar a esos indecentes dirigentes en las urnas.

Ni siquiera desde lo pragmático resulta razonable apoyar semejante dislate. Si una persona comete un crimen debe responder por ello y eso implica que luego del proceso judicial que lo condene con las pruebas suficientes, es necesario que cumpla con las penas establecidas. Desterrarlo por ser extranjero en un procedimiento reducido, en definitiva bajo un proceso inadecuado, es deambular entre dos riesgosas situaciones. Una posibilidad es la injusta inculpación anticipada, la otra es premiar la criminalidad expulsándolo y evitando entonces que cumpla una pena por sus fechorías.

Las fronteras son solo un invento del hombre, absolutamente artificial y discrecional, que transita a contramano de la naturaleza. Los individuos viven en ciudades, por eso son ciudadanos. Habitan territorios delimitados por la lógica que propone el devenir espontaneo de sus comunidades.

La creación de las naciones, y su producto derivado más exacerbado, el de ese nacionalismo patriotero, le han hecho un escaso favor a la conformación de sociedades pacificas, constructivas y armónicas. Solo han logrado hasta ahora promover enfrentamientos, guerras, divisiones y resentimientos.

La incoherencia es una de las claves de este asunto. Algunos que dicen defender libertades, son los primeros en pretender diferencias jurídicas entre los nativos locales y los foráneos, apoyando leyes como estas que se proponen. Del otro lado, los supuestos “progres”, esos que dicen resguardar los derechos humanos, son los que luego piden normas proteccionistas para la industria nacional atacando a todo lo que provenga de afuera.

Es evidentemente que son demasiados los que tienen un gran desorden de ideas. Sus inconsistencias son muchas y sus argumentos se acomodan según sus sentimientos y no en función de una visión racional y equilibrada.

A la incoherencia se le suma una constante hipocresía en esto de justificar posiciones. A estos personajes los mueven pasiones, los moviliza ese conjunto de abominaciones viscerales y desde una mirada emocional, construyen ciertas tesis solo para disimular. Saben que el odio no puede ser exhibido como algo positivo y entonces tratan de intelectualizar premisas para no quedar tan descolocados.

La xenofobia es un sentimiento detestable. Los que odian a los extranjeros no lo reconocen con sinceridad e intentan camuflar sus ruines sensaciones. Ellos saben de su indigna conducta, pero la misma debe ser considerada solo como una renovada versión de la más absoluta hipocresía e inconsistencia del pensamiento contemporáneo.

albertomedinamendez@gmail.com

 

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“Fenómeno pensable”

Posted by Teódulo López Meléndez en octubre 22, 2014

Artículo de Teódulo López Meléndez en el diario “El Universal” (miércoles 22-10-2014)

El Universal

Fenómeno pensable

 

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La caída de la política

Posted by Teódulo López Meléndez en octubre 20, 2014

Artículo de Teódulo López Meléndez en Diario “Tal cual” (Lunes 20-10-2014)

Tal Cual

Política

 

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Todo termina algún día

Posted by Teódulo López Meléndez en octubre 12, 2014

Todo termina

Alberto Medina Méndez

En la política, como en la vida misma, todo se termina, todo finalmente concluye. El delirio de algunos personajes nefastos puede hacerles creer que su presente es eterno. El poder obnubila, las “alfombras rojas” marean y determinadas circunstancias pueden hacer que un ser humano pierda contacto con el mundo real, al punto de creerse un monarca, sin registrar que es solo un dirigente elegido por una minoría ciudadana ocasional.

La historia de la humanidad corrobora empíricamente esta visión en muchos de sus tramos. Ni los imperios más vigorosos pudieron sobrevivir en el tiempo y un día concluyeron su ciclo, pereciendo invariablemente. Las crónicas muestran cierta continuidad en esos procesos, pero en realidad fueron momentos de gloria y abrumadores fracasos, en forma intermitente.

El fatalismo puede hacer creer que todo está mal, que será peor aún y que las sociedades están condenadas al sufrimiento eterno. Eso no se ajusta a lo que ha sucedido cuando se reconstruyen los hechos del pasado.

No menos cierto es que esos periodos de euforia y posterior deterioro pueden durar más, o a veces un poco menos, según cómo reacciona la sociedad. Con actitudes más serviles y de resignación, pueden prolongarse en el tiempo. Cuando la gente reflexiona y pone límites a los desmadres, los plazos se acortan dando lugar a una nueva fase, que no necesariamente será mejor, pero que con otros ingredientes garantiza ser diferente.

Los populismos ya han demostrado su gran capacidad de mutación, han exhibido su talento para reaparecer de tanto en tanto, aunque no necesariamente con los mismos protagonistas. Su accionar no se extingue para siempre, sino que solo se agazapa para luego volver al ruedo.

Probablemente eso sucede porque la gente cree que el problema es su gobernante circunstancial, sin comprender que la cuestión de fondo pasa por sus propias ideas aplicadas a lo cotidiano. Supone, ingenuamente, que si se desprende del personaje de turno, todo se resolverá mágicamente, sin entender que es muy probable que pronto surja otro caudillo para continuar la dinámica de su predecesor, sin siquiera mencionarlo, asumiendo una nueva etapa fundacional, para hacer más de lo mismo.

Varios países están viviendo este proceso de inexorable salida de una fase política. Los mandatarios actuales se resisten a aceptarlo y sus seguidores también. La impotencia los invade y por eso toman medidas que son mucho más insensatas que las habituales. Estos personajes suponen, equivocadamente, que profundizando la línea de acción seleccionada, que redoblando la apuesta, evitarán su ineludible derrotero.

El futuro de muchas naciones es mejor que su presente. Es probable que alguna cuota de cordura y sentido común llegue pronto. No es que hayan comprendido la magnitud de los errores, sino que la inviabilidad intrínseca del populismo obligará a los nuevos liderazgos a corregir rumbos. Esto no ocurre por convicción, sino porque no les queda otra posibilidad frente a los desvaríos del pasado y la herencia recibida que deberán administrar.

Cualquiera sea la razón, lo cierto es que los líderes contemporáneos culminarán sus mandatos, y eso ocurrirá irremediablemente, aunque ellos no lo puedan aceptar. Seguramente, sus mentes enfermas de autoridad, no pueden asumir el duelo que implica la pérdida de poder. Es que sus excesos tienen costo porque nada es gratis. Un día los mismos que los aclamaban, demandarán su retiro y hasta desearán su encarcelamiento por los abusos.

Lo que viene será seguramente mejor. Ya no porque la gente haya comprendido la magnitud del problema ni las implicancias de las decisiones del pasado, sino porque cierta racionalidad resulta imprescindible para retomar el sendero de lo posible, de lo admisible y realizable.

El populismo puede construir una fantasía durante algún tiempo, pero  tarde o temprano, sus dislates se convierten en inconsistentes contradicciones, configurándose en la causa central de la debacle. Son los populistas de siempre, los que se han cavado su propia fosa. Sus desatinos y disparates, su desconexión de la realidad, constituyen la razón principal de su retroceso y de esta humillante forma de abandonar el poder.

Por algún tiempo, pensaron que eran individuos iluminados, superdotados, que eran los “elegidos”, sin darse cuenta de que solo fueron convocados por la ciudadanía para administrar una porción del presente y siempre con fecha de vencimiento. Les ha faltado la humildad de los grandes. Sus egos los han traicionado, colocándolos en un lugar en el que nunca estuvieron. Fueron los aplaudidores de siempre los que los han elogiado desproporcionadamente haciéndoles creer que eran superiores.

La realidad está haciendo su parte y ahora se acerca el momento de vivir la etapa del declive, de esa cruel fase en el que los mismos que los apoyaban los reprueban, hasta el punto de ponerse en las filas adversarias para provocar su ocaso. No es más que el precio de los errores propios.

La gente lo sabe, o al menos lo intuye, aunque el pesimismo a veces juegue una mala pasada. Todo concluye en algún momento. Inclusive lo que vendrá también se agotará alguna vez. Aunque los que gobiernan se resistan, se enfaden y pataleen como un niño con berrinche, no lo podrán evitar. Todo termina algún día.

albertomedinamendez@gmail.com

 

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El viejo libro del capitán Hart

Posted by Teódulo López Meléndez en octubre 8, 2014

Artículo de Teódulo López Meléndez en el diario El Universal (miércoles 8-oct-2014)

 

Hart

http://www.eluniversal.com/opinion/141008/el-viejo-libro-del-capitan-hart 

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“Gas del bueno” en Hong Kong

Posted by Teódulo López Meléndez en octubre 6, 2014

Artículo de Teódulo López Meléndez en diario “Tal Cual” (Lunes 6-oct.2014)

Tal CualHong Kong 2

http://ow.ly/ClqCB

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Las primera vuelta brasileña

Posted by Teódulo López Meléndez en octubre 6, 2014

Audio de Teódulo López Meléndez

Dilma Aécio

 

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La miserable conducta oficial

Posted by Teódulo López Meléndez en octubre 5, 2014

cortoplacismo

Alberto Medina Méndez

Que la política decide con los mezquinos parámetros del corto plazo no es una novedad. Al menos no en estas últimas décadas en las que la dinámica de una democracia mal entendida y peor interpretada empuja a priorizar el escenario electoral más cercano sin que el futuro importe demasiado.

Sorprende como se empieza a naturalizar en la comunidad, a considerarse no solo habitual sino también normal, esta lógica canalla que parece atravesar a la política en todos sus estamentos y jurisdicciones.

No se trata de un fenómeno exclusivo de los populismos, aunque justo es reconocer que en ellos esta actitud brutalmente inadecuada se exacerba, tomando potencia y mostrando su peor costado.

Preocupa que este esquema del “sálvese quien pueda” haya calado tan profundo en la mente de los gobernantes que administran la coyuntura sin importarles lo que ocurrirá más adelante. Es exactamente al revés de lo que sucede en la vida familiar. Los padres siempre tratan de pensar en el futuro de sus hijos trascendiendo el tiempo de vida que les toca acompañarlos.

Los gobernantes comprenden muy bien lo que están haciendo, entienden cómo funciona el poder y las consecuencias que generan sus políticas en el mediano plazo. Saben que el dinero que están gastando hoy, habrá que pagarlo cuando lleguen los vencimientos de sus deudas, esas que asumen ahora sabiendo que tendrán que cancelar otros gobiernos más adelante.

Conocen también el impacto de sus prácticas inflacionarias de emisión artificial de dinero. Son conscientes de que los que los sucedan en el poder tendrán que hacer un sacrificio enorme y serán “los malos de la película” cuando deban acomodar la caja, reducir gastos y eliminar el despilfarro.

Se dan cuenta de las torpezas que han cometido designando funcionarios y empleados a mansalva, incrementando el gasto estatal y comprometiendo a las generaciones venideras a hacerse cargo de un costo descomunal. Esto no sucede involuntariamente. No les cabe la ignorancia como justificación. Lo hacen a conciencia, lo que los convierte en verdaderos miserables.

La clase política, que muchas veces funciona como casta, no dice mucho al respecto porque cada uno de los integrantes de esa actividad, lo ha hecho en el pasado, tal vez en magnitudes menos relevantes, y es posible además que deba terminar recurriendo a mecanismos similares muy pronto.

La democracia moderna no ha encontrado aun resortes institucionales para protegerse de estas despreciables posturas tan frecuentes en la política contemporánea. Se habla de acotar el gasto estatal y evitar el déficit en el presupuesto. Pero eso no ha sucedido. El Estado es aún hoy el botín de los que ganan elecciones, esos que saquean las arcas públicas desde que llegan hasta que se van.

Los ciudadanos están indefensos ante esta actitud corporativa que no distingue entre partidos, sino que muestra matices de una postura uniforme. Algunos parecen más sensatos y prudentes, otros más irresponsables y ruines.

La sociedad debe hacer un gran esfuerzo y despertar. Parece no registrar los hechos. Es probable que se haya resignado pasivamente, y entienda que esa inmoralidad es parte esencial de las inalterables reglas de juego.

El endiosamiento a la democracia ha logrado que situaciones como estas sean asumidas como un simple daño colateral, un mero mal necesario y solo parte del paisaje. Tal vez no se ha dedicado el tiempo suficiente para que la ciudadanía encuentre artilugios de contrapeso que condicionen a la política a la hora de tomar decisiones que comprometen el porvenir.

En este tema existen dos planos. Uno es el de lo fáctico, ese en el que los mecanismos institucionales deben funcionar como un verdadero límite para evitar estas trampas que la política utiliza para gestionar el presente legando los efectos adversos al que viene. Por otro lado, está lo moral, y es allí donde la condena debe ser despiadada por parte de la ciudadanía. Si la gente no crítica con contundencia no solo verbal, sino electoral, a quienes ejercen estas prácticas, la clase política lo seguirá haciendo porque no tiene señales disuasivas que le indiquen el umbral aceptable para la sociedad.

Está muy mal derrochar irresponsablemente los recursos de la gente, pero mucho peor es hacerlo conociendo las reales consecuencias de esa acción sin detenerse por la ausencia de escrúpulos. El desafío de la sociedad pasa por descubrir pronto engranajes formales que impidan estas inmorales acciones. Es imperioso hacerlo si se pretende conservar a la democracia como un valor de este tiempo. Pero no menos importante es empezar a castigar con eficacia estas actitudes con señales claras, sin ambigüedades, mostrando repudio genuino frente a estas indignidades explicitas.

Un gran primer paso es identificar a los inmorales y no jugar su juego, ese que invita a seguirlos porque los otros son peores. Cabe intentar comprender que los procesos políticos implican etapas, que los eventuales sucesores, son solo un descarte frente al resto y no los legítimos héroes que harán lo necesario. La idea es evolucionar. Para eso no solo es preciso que los gobernantes cumplan su mandato y se vayan desprestigiados, sino que los que vengan, sepan que la sociedad está despertando y que algunas conductas serán inadmisibles. Es posiblemente el único modo de minimizar esa nefasta tradición y desterrar para siempre la miserable conducta oficial.

albertomedinamendez@gmail.com

 

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La maldición de Pío Tamayo

Posted by Teódulo López Meléndez en octubre 3, 2014

Pío Tamayo

Luis Marín

De José Pío Tamayo puede decirse con toda propiedad que fue un hombre desafortunado. Ninguna de las empresas que emprendió, fueran económicas, políticas e incluso literarias, arribó a buen puerto. Todas, sin excepción, naufragaron en las tormentas del camino.

 

La tiranía militarista bolivariana de Juan Vicente Gómez lo enterró en vida en el Castillo de Puerto Cabello en 1928 sentenciando que no saldría de allí sino muerto, lo que cumplió a cabalidad porque sólo tuvo una breve dispensa, precursora de lo que hoy llamarían “casa por cárcel”, para morir miserablemente en Barquisimeto el 5 de octubre de 1935, apenas dos meses antes que su verdugo.

 

En todas las culturas existe un personaje, a veces maléfico a veces sólo travieso, como el diablo de la imprenta, un hado o un jorobadito, que tuerce las cosas, trastoca las señalizaciones de la ruta, se burla de pronósticos, frustra nuestras mejores intenciones y genera los resultados más inesperados.

 

En Venezuela, por alguna razón misteriosa, se prefiere atribuir este papel a una “mano peluda” que siempre está interfiriendo desde las sombras para desquiciar el curso del destino o quién sabe si, visto de otro modo, no sea más bien su agente encubierto para lograr que sea lo que tiene que ser.

 

En el caso de JPT esto es particularmente notorio, considerando que él no aparece a la hora de los homenajes y hasta monumentos conmemorativos de la llamada Generación del 28, con el argumento casi unánime de que “no era un estudiante”. Extremando el argumento, ni siquiera era de esa generación porque ya frisaba los treinta años mientras los demás andaban en sus veinte.

 

Lo curioso es que ese argumento que parece plausible para excluirlo de toda mención, no lo fue al momento de la organización del evento central de la Semana del Estudiante en el Teatro Municipal, en que Pío Tamayo recitó su famoso “Homenaje y demanda del indio”, que produjo tanta conmoción y que, al fin y al cabo, le costó la vida.

 

¿Qué mano peluda puso a JPT allí, en el centro de la escena, para que dijera lo que dijo? ¿Por qué él y no otro, entre quienes había tantas plumas finas, como la de Andrés Eloy Blanco?

 

Cuenta Isabelita Jiménez Arráiz que le advirtió, cuando le leyó el poema en su casa: “Pío, tú sabes que de allí sales preso”. Y más tarde en una nota clandestina a la prisión: “fíjate que todos los demás salieron y tú te quedaste, eso fue lo que ganaste”.

 

Pero Pío reaccionó muy airadamente al primer comentario: ¡déjate de veletismo! Y a   éste segundo más bien con cierta melancolía, comparándose con aquellos árboles que echan sus semillas al viento, sin saber dónde van a retoñar.

 

“Así he sido yo. No creas que esto se acaba. Esto, como las flores del samán, va a volar por todo el mundo. Y tú no supiste comprender que así era mi palabra. La palabra de Pio Tamayo está en estos momentos volando por el mundo entero. De manera que mi palabra no ha muerto y va a germinar. Y tú vas a ver que será como el samán que donde menos se espera salen nuevos samanes.”

 

Pero JPT murió en silencio, sin salvas, manifiestos, ni duelos públicos, salvo el de sus antiguos peones que quisieron cargarlo hasta su última residencia en la tierra.

 

CUIDADO CON LOS POETAS

 

El drama es más o menos así: el indio se lamenta de que le han raptado a su novia y suplica a la Reina Beatriz I que mande a sus súbditos, los estudiantes, que vayan a buscarla. Su novia se llama… ¡Libertad!

 

Misteriosamente desde entonces la sociedad venezolana ha descargado sobre los hombros de los estudiantes esta tarea. Son los llamados a buscar la libertad y a ser sus custodios, en un país devastado por sempiternas tiranías militaristas bolivarianas.

 

Esa situación perdura en nuestros días y esa dialéctica de prisión y rebeldía parece ser el sino de nuestra historia, magistralmente simbolizada con su vida y condensada en muy pocas palabras por José Pío Tamayo, con plena conciencia de su trascendencia.

 

Su cárcel fue ejecutiva, sin la charada de un juicio con acusaciones rebuscadas como estilan los militares de hoy en día, sino que fue encerrado arbitrariamente y punto, bajo vagos señalamientos de ser comunista, agente de alguna fuerza antinacional y el todavía más indemostrable de haber traído las huelgas a este país.

 

Pero simultáneamente era repudiado por los comunistas, que entonces todavía abrigaban la pretenciosa idea de contar con una concepción científica de la sociedad y el Estado, por lo que lo despacharon como un iluso idealista.

 

Sólo muy tardíamente trataron de reivindicarlo como una suerte de precursor del socialismo, basándose sobre todo en sus clases en el Castillo Libertador; pero lo cierto es que él no se definía a sí mismo como comunista sino de “idealidad avanzada”, lo que, por supuesto, era un anatema.

 

Desde los orígenes del pensamiento occidental, los poetas han sido considerados siempre como poco confiables en política, en particular porque privilegian los sentimientos en detrimento de la razón, que es el eje de la acción política.

 

Nada puede estar más alejado del cálculo frío, de la pretensión de un “comunismo científico”; ni igualmente equidistante de la mezquindad acomodaticia de los corifeos del gomecismo. El sino de Pio Tamayo es, pues, la incomodidad, la molesta inquietud que causan aquellos que no pueden encasillarse fácilmente.

 

JPT nunca se ganó un premio literario, no fue objeto de homenajes ni reconocimientos, aún en la actualidad, en que la más reciente tiranía militar bolivariana quiso elevarlo de forma oportunista a las honras del  Panteón Nacional, con la manifiesta oposición de sus familiares y amigos, este propósito se extravió en los vericuetos de la burocracia oficial.

 

Igual suerte corrió la solicitud de darle su nombre a la nueva Sala E de la Biblioteca Central de la UCV, donde su Cátedra ha funcionado por más de treinta años. Las autoridades de esta ilustre casa de estudios prefirieron darle el nombre de Francisco de Miranda, esto a pesar de que la antigua Sala E ya se llamaba así, con lo que hay dos salas homónimas y sin contar que así se llama el Estado Federal lindante con la Universidad, la principal avenida central de Caracas y ser éste un militar sin ningún vínculo conocido con la Universidad.

 

Ora por presiones del gobierno o quejas de la oposición oficial, las autoridades fueron más allá declarando a la Cátedra Pío Tamayo como un “ente externo” a la UCV, para desembarazarse de la incomodidad que causan las opiniones que allí se ventilan.

 

Debe ser el único caso en la historia universitaria en que toda una Cátedra es expulsada de una Universidad por motivos de opinión.

 

Así que cercano a los 80 años de su muerte, la nube negra sigue gravitando sobre la cabeza de JPT y por lo que se ve, de cualquiera que se le acerque o invoque su nombre.

 

EL ALA LUMINOSA

 

Otro aspecto incomodo que trae el caso de JPT es constatar que aún bajo las tiranías más abyectas hay gente que la pasa estupendamente bien. Aunque haya que reconocer que no sólo bajo el gomecismo existía un ala luminosa, es seguro que puede rastrearse una cáfila de privilegiados a la sombra de cualquier tiranía que haya padecido este país, incluyendo la actual tiranía filo castrista.

 

El más sobresaliente fue por supuesto Arturo Uslar Pietri, que sí era de la generación del 28, pero al contrario de sus compañeros que se debatían entre la cárcel y el exilio, estaba cómodamente en París junto a la legación gomecista y su familia, que vivía en Maracay en la vecindad del tirano, tenía con él una relación intima, más que amistosa.

 

Pero también estaba José Gil Fortoul, paisano de Pío Tamayo, de cuyas diligencias a su favor no existen evidencias y no parece que hayan mejorado su situación en cautiverio sino todo lo contrario,  al parecer las empeoró.

 

Son famosos Laureano Vallenilla Lanz, Pedro Manuel Arcaya; pero sería arduo e injusto tratar de nombrarlos a todos porque siempre quedan muchos fuera y además la cuestión central es desbaratar el mito de que las tiranías militares no gozan de apoyos ilustres e incluso de fervor popular.

 

Lo cual crea una eterna controversia de carácter moral, porque no se sabe quién tiene al final la razón, si unos u otros: ¿Qué hubiera pasado si JPT hubiera leído un panegírico de JVG como hacían tantos? ¿Hubiera sido más inteligente de su parte? ¿Le hubieran premiado con una beca al exterior en lugar de la feroz persecución que le tocó sufrir? ¿Cuál sería hoy su imagen? ¿Qué partidarios tendría?

 

La sola mención de Pío Tamayo vuelve a plantear ese doloroso dilema: pensemos en los privilegiados de la actual tiranía. Los mismos que persiguen hoy la memoria de JPT, que quisieran borrarlo de todo recuerdo son los que advierten la herida social que representa, el vivo contraste entre el martirio y la exuberancia.

 

JPT desafió a la tiranía de JVG no con las armas, como había sido la costumbre hasta ese momento, sino con la palabra, con el verbo encendido, un enemigo nuevo que incomodaba al régimen y contra el que no estaba preparado para luchar.

 

Esto fue una ruptura con las montoneras propias del siglo XIX, con las intentonas cuartelarías y las invasiones que eran las formas de acción tradicionales, para dar inicio a una nueva concepción de la lucha política, no militarista sino civilizada. Venezuela entraba sin retorno al siglo XX.

 

Pero hay otra cuestión embarazosa. Cuando Pío Tamayo tiene la  osadía de pararse en el medio del escenario del Teatro Municipal para decir: “Soy un indio tocuyo, yo”; estaba desafiando también a la buena sociedad, que no era exactamente una aristocracia, pero tenía pretensiones de ascenso, lo que desencajaba con ese discurso.

 

Y este es otro problema de Venezuela, el de una sociedad de castas que no termina de asimilar los valores democráticos, por lo que las relaciones se enredan en hipocresía, impostura y simulación. Las élites no han cedido nada, solo se llevan sus prejuicios racistas a la alcoba y no los ventilan en público para conservar la corrección política.

 

La gran ventaja de Pío Tamayo es que nunca podrá ser el centro de ninguna escuela, ni política ni literaria, las élites no podrán sacarle provecho porque no está dado para el éxito sino para el fracaso, no para el oropel sino para la fría oscuridad del calabozo.

 

“¿Somos simplemente unos líricos, los últimos románticos quizás o somos los revolucionarios sanos de conciencia e infantiles de corazón que necesitan los pueblos, útiles para sacrificarse, inútiles para triunfar, pero indispensables siempre para la mejoría de la humanidad?”

 

Una vez más los hijos de apellidos de mucho lustre y abolengo, que abusan del inmenso poder de que disponen para perpetrar el feo vicio del auto-homenaje, le niegan el más mínimo espacio a los “humillados y ofendidos”; no es solo que nieguen el derecho de petición, sino que ni siquiera responden, así sea negativamente, lo que los asemeja más al gobierno títere, que tanto repudian.

 

Misteriosamente, el hijo de Dios resulta ser no el hombre exaltado sino el escarnecido.

 

 

 

 

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Venezuela 2014: El año duro

Posted by Teódulo López Meléndez en septiembre 29, 2014

Nuevo e-book de Teódulo López Meléndez

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Ocultar el problema no lo resuelve

Posted by Teódulo López Meléndez en septiembre 20, 2014

Ocultar

Alberto Medina Méndez

La eterna mirada de corto plazo, las interminables urgencias electorales y la imperiosa necesidad de sostener poder, vienen empujando a los gobiernos y a la política a disfrazar la realidad para no quedar exageradamente expuestos. Apelan con convicción a deformar las cifras, implementar normas y confundir a toda la sociedad para lograr sus objetivos.

Muchos dirigentes políticos piensan que su tarea consiste en esconder problemas, justamente porque estos pueden ser ocultados indefinidamente. Siguen apostando a la dinámica que les propone esa vieja estrategia que dice que lo que no se puede visualizar, no existe.

El recurso más común, aunque no el único, reside en manipular las estadísticas. El objetivo central es que “el termómetro” no alerte sobre la presencia de la fiebre, o si lo hace, que parezca algo de escasa gravedad.

La leyenda dice que si las cifras no convalidan un suceso, este mágicamente desaparece convirtiéndose entonces en un tema absolutamente subjetivo, opinable, de meras percepciones y sensaciones.

Es imposible dar batalla a los asuntos que preocupan si antes no se sabe su magnitud aproximada y si no se alcanza previamente un diagnóstico afinado que permita saber como enfrentarlo con cierta chance de éxito.

Algunos gobernantes han decidido deliberadamente silenciar las dificultades, ponerlas bajo la alfombra y que no se hagan evidentes. No es que no sepan que la mentira tiene patas cortas y que tarde o temprano la verdad saldrá a la luz, sin que exista modo alguno que evite su visibilidad.

Lo que sucede es que ellos apuestan decididamente al corto plazo. Trabajan para que el obstáculo no los afecte electoralmente en el turno que se acerca. El subsiguiente está demasiado lejos. Más adelante decidirán ocuparse de él o simplemente volver a disimularlo hasta mejor oportunidad.

No es que los políticos realmente crean que el conflicto dejará de estar presente por su simple capricho. Saben que eso no ocurrirá. Para ellos sólo se trata de superar la coyuntura, de patear el inconveniente hacia adelante y no precisamente de invertir energías en solucionarlo.

En general son asuntos complejos, cuya resolución lleva mucho tiempo. Por eso no hacen esfuerzo alguno en solucionar la cuestión de fondo, porque su eventual éxito no podrán capitalizarlo políticamente.

La lógica de la democracia contemporánea obliga a triunfar en cada turno electoral. Siempre la elección más importante es la que viene. Por eso el político sólo intenta superar la coyuntura, sin pretender resolver el aprieto.

Una parte importante de la responsabilidad tiene que ver con una sociedad que también juega ese juego, que permite que la prioridad electoral sea más trascendente que los escollos que propone la cotidianeidad.

La mayoría de la  gente premia con su voto a los que niegan las contrariedades y no a aquellos que deciden exhibirlas. Es por eso que los que ofrecen un mundo color de rosas se ven incentivados a repetir conductas inadecuadas. La sociedad ha caído en la trampa de la “evasión”.

Habrá que asumir que las dificultades están ahí. Una decisión normativa no elimina la pobreza sólo por modificar ciertos parámetros. Tampoco la actitud de no denunciar hace que los niveles de delincuencia disminuyan. La inflación no se reduce porque la lista de productos incluidos en el relevamiento se altere, o porque los algoritmos y ponderaciones se manipulen para minimizar su impacto. Tampoco al impedir que los alumnos tengan puntajes bajos se los convierte en inteligentes o sabios.

Es probable que por ahora triunfe la mezquina modalidad de camuflar problemas. Es posible que los más perversos dirigentes se salgan con la suya durante algún tiempo. Es factible que la gente termine castigando electoralmente a los que les hablan desde la incómoda sinceridad.

Pero no menos cierto es que las sociedades maduran y que, en algún momento, los ciudadanos entenderán que es preferible enfrentar la verdad por dolorosa que sea, a vivir en un mundo irreal plagado de fantasías.

Desde lo estrictamente práctico, lo más relevante pasa por comprender que los tropiezos que no se explicitan, tampoco se atienden. Y que aquellos otros a los que se intenta quitarle relevancia, jamás serán encarados.

Como en la vida misma. Si alguien no identifica un drama, no se ocupará del mismo. Si cree que es insignificante, tampoco merecerá que se le preste demasiada atención. Sólo valdrá la pena ser abordado cuando su existencia obstruya posibilidades futuras o impida seguir adelante con el presente.

Una forma de interrumpir esa inercia es recompensar a los que no eluden la realidad, a los que la describen con crudeza. Son ellos los que podrán diseñar soluciones efectivas, los que se animarán a abordar los asuntos con la seriedad que se merecen. Los otros, los que juegan al ritmo de la democracia electoral, los que se sirven de ella, seguirán funcionando con las crueles reglas de la actualidad, intentando desnaturalizarlo todo, escondiendo las preocupaciones, no porque vivan engañados, sino porque saben que la sociedad los incentivará a recorrer ese camino. Es la gente y no la política la que debe entender que ocultar el problema no lo resuelve.

 

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La democracia en el siglo XXI y el Cambio Climático

Posted by Teódulo López Meléndez en septiembre 20, 2014

cambio climático

Gerardo Gil Valdivia

 

En breve, el Secretario General de la ONU, Ban Ki Moon, presidirá una cumbre sobre el cambio climático en la que se espera el anuncio de medidas a tomar en el corto y mediano plazo, para poder alcanzar los objetivos de largo plazo en la materia.

 

Esta cumbre pretende estimular el alcance de los compromisos que se asuman en la conferencia sobre el clima en diciembre en Lima, antesala de la reunión de París, del año próximo, que tratará de establecer un antes y un después en la reducción de emisiones de carbono. También tiene como objeto diseñar los esquemas de apoyo a los más pobres y vulnerables al cambio climático.

 

El quinto informe de Evaluación del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático determina que para mantener el calentamiento global por debajo de los dos grados centígrados a finales del siglo XXI, se deben reducir las emisiones de gases de efecto invernadero o mantenerlas cerca del crecimiento cero.

 

Un objetivo central es proteger a los grupos sociales más vulnerables de las consecuencias del cambio climático que se manifiesta con fenómenos más intensos como las olas de calor, las malas cosechas, las inundaciones o las sequías cada vez más graves, que ponen en riesgo vidas.

De no actuarse ahora, el clima podría sufrir cambios irreversibles afectando a todos los sectores de la sociedad, por lo que es necesario dejar atrás el modelo actual generador de altos niveles de gases de efecto invernadero.

 

Pero el objetivo no debe ser sólo preservar la sustentabilidad de la vida en el planeta sino también mejorar las condiciones sociales a través de la erradicación de la pobreza y lograr un mundo más seguro, con una visión que vaya más allá de la segunda mitad del siglo XXI. Es necesario diseñar un horizonte para que los más de 9 mil millones de habitantes del mundo en 2050, tengan mejores expectativas de vida en un planeta próspero y saludable.

 

En este sentido, vale la pena retomar el impacto que ha tenido el libro de Thomas Piketty: “El Capital en el siglo XXI”, que es expresión de la preocupación internacional por la creciente desigualdad.

 

Los 30 años siguientes al fin de la Segunda Guerra Mundial tuvieron un acelerado crecimiento económico con una prosperidad ampliamente compartida. A partir de la década de los años ochenta del siglo pasado se da un crecimiento más lento y los beneficios se concentran en los grupos con los niveles superiores del ingreso y de la riqueza. Este incremento de la riqueza se da en buena medida como producto de la especulación financiera y en algunos países también la inmobiliaria.

 

El crecimiento de los niveles de desigualdad que se están registrando en varios países desarrollados y en economías emergentes puede afectar no solo el desarrollo sino también a la democracia.

 

Debemos tener reglas de juego claras para retomar el crecimiento económico dinámico y equitativo con cuidado de la naturaleza y el ambiente. Hay que preservar la democracia del siglo XXI para poder tomar decisiones adecuadas para la sustentabilidad y la equidad distributiva. Para preservar el interés general.

 

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Fiebre

Posted by Teódulo López Meléndez en septiembre 18, 2014

Fiebre

Teódulo López Meléndez

El joven Miguel Otero Silva bien noveló a la generación del 28 en su novela Fiebre. La calentura, para decirlo en términos coloquiales, es ahora otra, la que invade a unos venezolanos acosados por dengue y chikungunya, mientras no se oye al poeta Pío Tamayo proclamando a la reina libertad sino el llamado angustioso a acetaminafen.

Lo que ahora se escucha es de la eliminación del Ministerio del Ambiente, de la falta de fumigación, de las redes sociales plenas de adoloridos pedidos de auxilio para encontrar alguna medicina. Sairam Rivas, la joven chica de la Escuela de trabajo social de la UCV, sale en libertad, si plenamente se puede llamar tal a la prohibición de hablar.

Quizás deberíamos ir más bien a Casas Muertas, dado el anuncio de la venta de CITGO, del vencimiento de una deuda que es causa para solicitar un procedimiento contra el profesor de Harvard Ricardo Hausmann y del lenguaje altisonante, si lenguaje se puede llamar, que insiste en los manuales periclitados y en las formas económica vencidas. Baste ver que los críticos asomados en el partido de gobierno parecen rectificar pidiendo más socialismo en una especie de asunción de los mitos para regenerarse de sus palabras anteriores.

El país tiene fiebre, una muy alta, una difícil de atacar en medio de la escasez. No hay prevención, pero menos decisión, dado que nos permitimos recordar nuestra solicitud de meses atrás a los usuarios de las redes sociales para que exigiesen fumigación sin que nadie se tomase la molestia o simplemente nuestro texto anterior llamando a una defensa social. El país pareciera acostado soportando la fiebre sin ponerse siquiera compresas aliviadoras.

El país padece de la indolencia, tiene fiebre. El inadmisible uso político de las enfermedades nos ha hecho ver acusaciones al presidente de un Colegio Médico por su simple militancia política o la denuncia reiterada de una nueva conspiración mientras los supuestos golpistas tienen fiebre y el anuncio formal  de que habrá acetaminofen desconociéndose si alguna vez tendremos las medicinas para las diversas enfermedades que padecen los integrantes de cualquier cuerpo social. Hay escasez, pero no de fiebre.

El país está afiebrado, mientras los zancudos pican en repeticiones de constituyente, de elecciones parlamentarias y de aplazamientos. Es que no hay en ninguna parte espirales, tabletas o insecticidas, menos en el campo de la política porque la política tiene fiebre y ya se habituó a las picadas de “país tropical”.

No titularía Otero Silva Oficina No 1. Quizás repetiría aquella travesura de “los tres cochinitos” contra la dictadura militar o invertiría el título de otra de sus novelas para poner “este país llora cuando quiere llorar”.

El país tiene calentura, de esa que tumba, no de la que irrita y mueve a la acción. El país está afiebrado, “tumbado” como coloquialmente se responde cuando se está en la cama golpeado por una enfermedad. El país necesita acetaminofen, antivirales y hasta pastillas anticonceptivas, aunque luzca difícil hacer el amor con un “fiebrón”.

Al país hay que bajarle la fiebre, porque esta fiebre es peligrosa y cobra vidas. Al país hay que medicarlo. Las responsabilidades son obvias, los retardos patentes, las sustituciones de las calenturas por otras de asunción de una defensa absolutamente necesarias. Al país inmóvil le cayó la plaga. El país está enfermo, el país guarda reposo, el país está en la cama.

Quizás Otero Silva, en una reescritura de La piedra que era Cristo volvería a cambiar el ambiente y las parábolas, pero hoy tenemos que decir que el país tiene fiebre porque el país tiene fiebre, sin metáfora, sin parábola y sin imagen.

tlopezmelendez@cantv.net

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Movilización mundial para frenar el cambio climático

Posted by Teódulo López Meléndez en septiembre 13, 2014

cambio climático

21 de septiembre 2014

El último informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) es claro y contundente: urge reducir de manera drástica las emisiones de gases invernadero. Más claramente: urge reducir de manera drástica la extracción y quema de combustibles fósiles. No tiene sentido seguir utilizándolos y, mucho menos, seguir buscando yacimientos en los fondos marinos o extraer gas de esquistos mediante la técnica del fracking (fractura hidráulica).

Es hora, por el contrario, de impulsar una profunda transición energética basada en las energías renovables, la eficiencia y el ahorro energético. Una transición necesaria y posible. Así lo han mostrado diversos estudios de resultados convergentes y así se lo ha comunicado al Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, su amplio grupo asesor en energía y cambio climático.

Las resistencias, que están abocando a esta dramática situación, proceden de las grandes corporaciones del sector energético y sectores financieros vinculados, que solo contemplan los beneficios a corto plazo y se niegan a escuchar las fundamentadas recomendaciones de la comunidad científica, presionando a gobiernos y medios de comunicación. Es preciso romper esta dinámica irracional y suicida que nos arrastra aceleradamente al colapso. Se debe y se puede hacer: la convergencia de los estudios científicos y del apoyo ciudadano a los mismos lograron la prohibición del DDT y de otros plaguicidas extremadamente peligrosos, venciendo fuertes resistencias. Y lo mismo sucedió con la substitución de los freones que destruyen la capa de ozono que protege a la biosfera de las radiaciones más agresivas. Podemos y debemos volver a hacerlo.

Ban Ki-moon ha convocado a los líderes mundiales el próximo 23 de septiembre para debatir el último informe del IPCC y crear un clima favorable para que se adopten acuerdos ambiciosos y vinculantes en Paris 2015. Pero la fundamentación científica no basta para vencer las resistencias y las inercias. Se necesita, una vez más, una fuerte presión ciudadana. Eso es lo que se persigue con la propuesta de organizar el domingo 21 de septiembre la mayor movilización mundial por el clima de la historia: miles de marchas y concentraciones, entre otras acciones, por todo el planeta para exigir la adopción urgente de medidas contra el desarreglo climático y a favor de la transición energética. Contribuyamos a que esta movilización mundial por nuestro futuro y el de las próximas generaciones sea un éxito.

Educadores por la sostenibilidad
Boletín Nº 99 12 de septiembre de 2014
http://www.oei.es/decada/boletin099.php

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Defensa social

Posted by Teódulo López Meléndez en septiembre 12, 2014

Defensa

Teódulo López Meléndez

Se debe escribir un artículo de opinión mientras se leen las noticias del día sobre las balaceras de la mañana en Caracas y no provoca. Se debe escribir un artículo de opinión mientras las panaderías lanzan alerta sobre sus existencias de harina de trigo y pequeños políticos se tiran de las greñas y no provoca.

A este país la única definición que le es posible es el de uno agredido y cuando un país está siendo agredido por enemigos internos la única posibilidad es organizar una defensa social. Lo hemos planteado repetidas veces a través de las intrascendentes redes sociales. En verdad la defensa individual se ha hecho irrelevante. Si la defensa no es colectiva será inútil.

Tomamos, para ejemplarizar, el caso grave de inexistencia de medicinas y apelamos a una Iglesia para que promoviera su recepción con ayuda de la feligresía y el silencio fue la respuesta. Se debe escribir un artículo de opinión y no provoca.

Sobre lo ocurrido en Maracay hay que esperar informes serios, los que no abundan de ningún lado si uno ve como se utilizan fotografías sacadas de Internet o se ordena promover acciones judiciales contra todos los que informaron sobre el caso. Como se ordena juicio contra un economista por haber realizado un análisis de la situación financiera del país. Todo se resuelve con represión, mientras se acerca octubre, uno que amenaza con convertirse en clave en la historia económica del país.

Para que haya defensa social se requiere partir de la solidaridad. Si ella no preside la acción de este país cristiano no será posible. Se requiere comunicación, una que excede al mero intercambio de información, pues debe ser la identificación de destinos. Y el elemento clave, la voluntad, una que se manifiesta individualmente, pero que no se hace motor del cuerpo social.

Hay que crear líneas de defensa social. Un país agredido debe hacerlo. Entre los agresores el gobierno, uno al que no se le puede creer, pues si dice que en mes y medio se “normalizará” el abastecimiento de medicinas la conclusión será que llegarán algunas para luego desaparecer de nuevo.

Se debe escribir un artículo de opinión para repetirle al país lo que ya se le ha dicho, pero que no internaliza, y no provoca. El país parece cada vez más un campamento en estado de desesperación sin que logre articularse.

El concepto de defensa social es originario del Derecho Penal, pero perfectamente utilizable en el campo de lo social genérico, pues se pena a la transgresión y este es un país transgredido a diario por agentes disolventes que amenazan con conducirlo  a situaciones aún más graves de las que vivimos. El país debe penalizar a los agentes corrosivos.

Organización, voluntad y solidaridad, pero ya hemos mencionado que esos elementos deben obtener como identificación el reconocimiento de destinos. Es precisamente lo que pasa: la ausencia de destinos claramente definidos, pues se trata desde la defensa social amalgamar un nuevo país.

El país está dejando de ser territorio de la materia prima esencial que no es otra que el lenguaje. Aquí puede decirse lo que sea sin que medie una responsabilidad por lo dicho. Hemos devaluado la palabra y el poder se ha convertido en mediocridad extrema garantizada sólo por la orden de proceder contra.

El país es una queja, una solicitud de auxilio, un desgarramiento sin conclusiones. El país debe pasar a ser una defensa social manifestada en cada una de las calamidades que lo acogotan. El país debe defenderse de las agresiones. El país debe tomar aliento y ejercer una legítima defensa. Cuando el país se recuerde de cuáles son las características que lo hacen tal, entonces el lenguaje volverá a merecer la pena.

tlopezmelendez@cantv.net

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Escocia decide

Posted by Teódulo López Meléndez en septiembre 11, 2014

Audio de Teódulo López Meléndez

Escocia

 

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Pertinaz confusión

Posted by Teódulo López Meléndez en septiembre 10, 2014

confusión

Alberto Medina Méndez

Varias generaciones persisten en ese error que parece eterno. El desorden conceptual tiende a combinarse con la congoja que propone la coyuntura. Invariablemente, esa situación empuja a actuar, a ejecutar, como si esa postura rectificara los dislates del pasado. Es de gran utilidad pasar a la acción, pero no de cualquier modo. Jamás puede ser esa decisión más importante que definir previamente el rumbo a transitar.

Algunas sociedades deliran creyendo que lo relevante es hacer y que el resto es una cuestión menor, filosófica, abstracta y fundamentalmente intrascendente, sin comprender que nada valioso se puede lograr sin una inteligente y previa fijación de objetivos, sin esa vital claridad conceptual que orienta hacia un propósito. Recién allí el campo de la acción tiene algún sentido. Antes solo consigue dispersar las escasas energías que finalmente conducen a lugares inciertos muy distantes del sueño al que se aspira.

Es recurrente ver este escenario, no solo en la política sino también en la sociedad civil, en las instituciones y en personas que deambulan sin norte, entreteniéndose con maniobras irrelevantes que solo consumen tiempo.

La elección del itinerario es un proceso que puede llevar demasiado y que no necesariamente precisa convivir con la pasividad, pero si requiere de suficiente concentración, de un pormenorizado estudio, de un análisis lúcido y a fondo que permita aclarar los objetivos perseguidos para luego recién seleccionar las herramientas útiles que ayuden a tener el éxito pretendido.

Es allí cuando el sistema de ideas orienta y manda. La escala de valores y las convicciones profundas deben ser la guía irremplazable para no desbarrancar. No es igual ir al norte que al sur, sin embargo algunos siguen creyendo que lo primordial es hacer, no importa que, porqué, ni para qué.

Probablemente las angustias jueguen una mala pasada e inviten a hacerlo todo ahora, sin demasiado criterio. Es posible también que algunos ya no tengan paciencia porque sienten que no tienen fuerzas, que les quedan pocos años de sus vidas, y esperan ingenuamente, ver el resultado de sus ganas en un plazo breve. No han comprendido que las grandes transformaciones llevan tiempo, a veces mucho, y que suelen ser el resultado del complejo esfuerzo de grupos humanos que disponen de una visión aguda, integral, completa y no de intentos aislados caóticos.

Los países del mundo que han logrado triunfar en ciertas cuestiones específicas, se han tomado la tarea de pensar el futuro, de establecer con bastante precisión su horizonte, para recién luego de ese detallado análisis, empezar a diseñar la nómina de tareas a llevar a cabo para conseguirlo, no sin antes relevar las herramientas disponibles y sus posibilidades concretas de alcanzarlo, y así evitar caer en la desilusión que trae consigo el fracaso.

A riesgo de que algunos supongan que se les va la vida, es el momento de tomarse todo con más seriedad y menos improvisación. La salida a cada uno de los grandes problemas que enfrenta la sociedad contemporánea precisa de una previa delimitación del sendero a recorrer y de un razonable consenso acerca de hacia dónde dirigir todos los esfuerzos.

Habrá que serenarse, dejar de lado la infinita ansiedad que plantea trampas de modo permanente y tener la templanza suficiente para que antes de emprender el viaje se pueda determinar el destino pretendido con nitidez.

Si realmente se desean soluciones sustentables y dejar atrás largos años de frustraciones, hay que evitar caer en el zigzagueo interminable que muestra la historia reciente, que no es más que el producto de esa actitud espasmódica de arrancar constantemente hacia cualquier lado y suponer que se está perfectamente encaminado solo porque se hace algo o mucho.

Las sociedades repiten hasta el cansancio las mismas recetas y obviamente obtienen resultados similares. El ciclo se retroalimenta cuando después de haber fracasado, se hacen pequeños giros casi imperceptibles a esa ruta impropia, bajo la infantil pretensión de que esta nueva etapa será sustancialmente mejor, sin darse cuenta que solo han confirmado la dirección para hacer más de lo mismo, reiterando experiencias anteriores.

Es probable que se persista en insistir en este derrotero. Es posible que aún no se haya aprendido la lección. El habitual proceso de negación puede hacer creer que los descalabros son responsabilidad ajena por simples errores de implementación o la presencia de líderes ineficientes, sin registrar que el nudo del problema sigue siendo el incorrecto rumbo elegido.

No solo la clase política, sino fundamentalmente la sociedad, viene transitando esta senda plagada de equivocaciones. Cuando los disparates sirven como paso previo a la elección adecuada, los tropiezos son de gran utilidad. La tragedia actual es que, por ahora, esos errores son solo uno más en la larga lista de inagotables desaciertos, sin que se consideren los reales motivos que explican ese resultado, para finalmente atribuírselo a cualquier cosa que implique no asumir responsabilidades propias.

El gran desafío es reflexionar con grandeza, humildad y con la necesaria sensatez que la inocultable evidencia proporciona. Lo obtenido hasta aquí no es lo esperado. El resultado no es el pretendido. Es hora de renunciar al mal hábito de los incontinentes que quieren hacer lo que sea con tal de arrancar ya mismo, para tomar otra estrategia, detenerse el tiempo que sea necesario, analizar lo sucedido, observar críticamente el presente y cambiar drásticamente la dirección de los esfuerzos.

Está claro que el trayecto elegido no fue el adecuado. Se precisa mucho más que meros retoques para enderezar el rumbo y alcanzar los objetivos. El enorme primer paso que hay que dar es el de la incómoda autocrítica. Luego habrá que dibujar el nuevo norte y entonces encaminar las acciones hacia ese flamante objetivo. Es esencial abandonar esa pertinaz confusión.

albertomedinamendez@gmail.com

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Narciso el subsidiado

Posted by Teódulo López Meléndez en septiembre 5, 2014

 Narciso 2

 

Teódulo López Meléndez

La prioridad del régimen es él mismo. Se mira en las aguas procurando mantenerse coherente, tratando de evitar alguna pieza se le desconecte o alguna facción pueda pensar ha llegado el momento de abandonar el hermoso cuerpo del poder.

La Iglesia sale de las catacumbas airada por un “Chávez nuestro” que parece haberla irisado mucha más allá de su deber cívico de pronunciarse sobre la situación del país.

La llamada oposición duerme a la orilla del bosque ya sin mirarse en las aguas bajo un castigo particular de Némesis, la diosa de la venganza, y sólo escucha su propio eco bajo total abandono de la ninfa del mismo nombre.

El discurso al que los venezolanos están habituados es al de la doblez, al del populismo, al de la demagogia. Respuestas no faltan al drama nacional, más bien faltan oídos. Las “verdades” son eternas, pareciera imponer la lógica de la epidemia nacional de “lugarcomunismo”, olvidando que ellas son planteamientos generalmente aceptados que a lo largo de la historia se desploman cuando lo hace la mayoría que las convirtió en Narciso.

La prioridad de cada sector del país es su propio sector, sin que nadie recuerde que su imagen reflejada los obligará a lanzarse a las aguas como consecuencia de tanto amor por sí mismo.

Así, sacudones no son más que anhelos de cohesión interna, sin mirada al bosque donde las penurias de una crisis galopante anida, pero para ello habrá cinco “revoluciones dentro de la revolución” ya que el asunto se trata de hacer la revolución, porque la revolución es bella como Narciso, el mismo que se niega a atender la ninfa de la economía pues miedo le da alguien llegue a ocuparlo por encima de sí mismo. Se le suma que para tal fecha no habrá pobreza, pues haciendo la revolución, revolución habrá.

Los subsidios no son eternos. Pueden y deben aparecer en circunstancias específicas para ser suplantados por empresas focalizadas de producción social, esto es, una preparación previa para luego impulsar el desarrollo sustentable de lo humano. Y vale también para el espíritu, pues la convivencia con quien mantiene subsidios no obvia manifestarse por los presos políticos, por la inflación, por la escasez de alimentos y medicinas, pues habrá que recordar Narciso no es más que un mito.

El lenguaje es la base de todo proceso cognoscitivo. Aquí el discurso parece más bien una letanía, la condena de la ninfa Eco. El discurso obsoleto, la recurrencia sobre el círculo de las pocas palabras de lo “políticamente correcto” es obsolescencia, vencimiento de un tiempo histórico donde hay que insertar otro discurso, pues las estructuras mentales tienen lenguaje y el prevaleciente es tiránico. Con este discurso agotado se reproducirán los mismos resultados y su inmenso árbol caduco impedirá la visión del bosque.

El nuevo discurso no se entiende. Es natural: a los oídos cimentados sólo entra el viejo. Lo importante es que exista un nuevo discurso qué los oídos se enterarán de la existencia de uno. La existencia de otro vocabulario al menos impide el asentamiento definitivo del fracaso. Mientras, “haremos cinco revoluciones”, una multiplicidad revolucionaria, o “llamamos al diálogo gobierno-oposición rezando un Padre Nuestro”  o “protestamos a Nicaragua que ya llegamos al acuerdo de alianza electoral para el 2015”.

Narciso rechaza a diario a su pretendiente país. Esperemos que el país rechazado no se suicide a las puertas de las casas de Narciso. Qué no se repita la versión romana según la cual el vidente Teresias arguyó, frente a la consulta, que Narciso jamás se conocería a sí mismo. No obstante, la versión es ratificada por redes sociales de desahogo incapaces de generar legitimidades sustitutivas de las viejas y sus mitos.

tlopezmelendez@cantv.net

 

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El desgrane y la criba

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 28, 2014

 criba

Teódulo López Meléndez

 

Batir o sacudir, lidiar con la humedad, verificar la madurez de los granos, pues las cosechas se pierden si no se desgrana o se trilla, si no se separan a tiempo de las plantas. Presumen que ha habido un cultivo, pues si nada se ha sembrado nada se cosecha.

 

Es tal el déficit ético en la Venezuela del presente que no sólo se debe parecer honesto sino serlo, pues debemos voltear la expresión dicha de Pompeya Sila, la segunda esposa de Julio César, en cuanto “la esposa del Cesar no solo debe ser honesta, sino parecerlo”, pues el juego de las apariencias es lo que preside la vida pública venezolana de hoy y no la esencia para la asunción de un comportamiento de cara al país.

 

Vivimos en la contradicción aparente, en una medición constante de hasta dónde se puede llegar en el abuso de la poda de las plantas antes de esperar que los granos vayan perdiendo su verdor y se muestren listos para el consumo. Se pide al gabinete que ponga sus cargos a la orden y pasan los días sin nuevo gabinete o se impone un control de consumo para luego señalarlo como voluntario. A medida que el régimen se hace inviable en su tarea de podar al país, el país se hace inviable por falta de siembra y de cosecha.

 

El país requiere de ejemplos como prédica. El país no requiere de bacanales exhibicionistas de búsqueda de candidaturas porque la única candidatura es el país. El país necesita saber que hay gente que coloca los intereses nacionales por encima de los suyos. El país no está para edulcorantes ni mediatintas. Hay q hablarle con una sinceridad rayana en la crudeza extrema: la siembra que hemos hecho como nación a lo largo de nuestra larga existencia requiere de criba para limpiar el grano de paja y tallos.

 

No podemos permitirnos otro grave retardo histórico similar al que nos ocurrió el siglo pasado. No podemos autorizarnos a entrar en una involución que nos va retardando como país. Debemos cambiar el retroceso por un acelerado desafío de futuro. Hasta el cansancio hemos hablado de la necesidad de un cambio histórico, uno que pasa por los desafíos entre los cuales consideramos el esencial hacer entrar a este país al siglo XXI. Para ello, el desgrane, la madurez del grano, y la criba, para limpiarnos de la paja encarnada en este país somnoliento en un continuo recurrir a lo intrascendente, a lo banal, a lo secundario, a lo meramente superfluo.

 

Poner a este país en el siglo XXI, es el foco y el objetivo que todo lo abarca, en un siglo cuyo comienzo en verdad parece retrógrado, pero desafiante como todas las épocas de transiciones y aleccionador para el espíritu emprendedor de una nación que produzca alimentos materiales y espirituales, que esquive los vientos tormentosos y se aposente sobre la seguridad y la confianza a alzarse pragmáticamente como sitio hacia dónde se volteen las miradas y en dónde se encuentren ideas y realizaciones.

 

El país debe limpiar los granos de la paja. El país se consume en un accidente histórico propio de quien no tiene por costumbre limpiar los terrenos de cultivo. Es nuestra tradición, dejar a la arbitrariedad del clima la tierra o para que se erosione o para que por inercia asome tímido algún tallo. Ya basta con nuestra inoperancia. Los pésimos gobiernos autoritarios del siglo XIX o los ideologizados del XX, los manuales del caudillismo de uno y los manuales del activista del otro, deben ser suplantados por el encuentro de un cambio histórico que preciso de manera tajante en “entrar al siglo XXI”.

 

El astrónomo, poeta, geógrafo y filósofo griego Erastótenes se dedicó a medir la Tierra y luego a dirigir la Biblioteca de Alejandría hasta su fin. Cuando estaba ciego y ya libros no había cuentan que decidió morir de hambre. Aquí debemos hacer, para este país,  de este anaquel vacío, una fructífera travesía por este imperfecto siglo que nos tocó en suerte y de la falta de alimentos, los del cuerpo y los del espíritu, fuerza para sacarlo de la ruina.

tlopezmelendez@cantv.net

 

 

 

 

 

 

 

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El credo predilecto de los políticos

Posted by Teódulo López Meléndez en agosto 28, 2014

chinchorro

Por Alberto Medina Méndez

La política como actividad profesional ha instalado una serie de creencias hasta convertirlas en verdades irrefutables. La mayoría de ellas apuntan a que la sociedad incorpore la idea de que los políticos son imprescindibles protagonistas, necesarios participes y vitales intérpretes en su función de intermediarios entre las dificultades y las soluciones.

El paradigma central de ese dogma preferido por los políticos, es aquel que sostiene que son los gobiernos los que deben “solucionar los problemas de la gente”. Esta perspectiva, además de perversa y falaz, apuesta a la pereza ciudadana promoviendo la comodidad de ciudadanos que creen, genuinamente, que todos sus padecimientos son responsabilidad de terceros, de otros, de personajes que se empeñan en hacerlos desdichados.

En el marco de esa engañosa teoría, la política como sacerdocio y vocación, asume el heroico rol de ofrecer “alivios y remedios” para que la comunidad los apoye electoralmente y de ese modo deleguen esa agotadora gestión dejando todo en manos de políticos supuestamente eficientes que toman la posta para resolver cada inconveniente que los ciudadanos identifican.

La felicidad es un concepto subjetivo, individual, absolutamente personal, por el que cada ciudadano fija sus prioridades, gustos, preferencias y una escala de valores bajo la cual intenta alcanzar ese estándar sublime.

No existen garantías para ello. Esa búsqueda es permanente y siempre imperfecta. Lo que cada individuo intenta es lograrlo, pero no lo consigue con la frecuencia deseada, siendo invitado entonces a ajustar reiteradamente sus estrategias y tácticas para obtener la meta soñada. Por momentos lo consigue, pero sabe que ese bienestar es efímero y que pronto algo volverá a romper el equilibrio, obligándolo a un nuevo intento.

Imaginar que esas vivencias individuales pueden resumirse en una consigna única, común y universal, es un gran embuste. La política lo plantea porque si no implanta la visión del bien común, esa matriz genérica que sirva para todos, no puede operar y su existencia no tendría sentido. Y es así que desemboca en la mágica fórmula de “resolver los problemas de la gente”.

Resulta demagógico, pero al mismo tiempo muy simpático, sostener ese discurso que dice que la sociedad no es culpable de nada, que todo lo que le sucede es responsabilidad ajena y que la política se encargará de poner las cosas en su lugar para que de ese modo todos sean afortunados.

En realidad, los individuos deberían comprender que lograr ese progreso y felicidad depende de ellos mismos, que la tarea no es esperar que las cosas ocurran sino, justamente, hacer que sucedan.

Las personas prosperan, avanzan y consiguen ser felices, cuando gobiernan sus vidas y triunfan por sus propios méritos. Claro que están los que tienen suerte y que el contexto influye, pero eso no debe invitar a cruzarse de brazos y esperar que “otros” resuelvan los inconvenientes particulares.

La tarea es hacerse cargo, ser responsables del propio destino, ocuparse de uno mismo y también de sus respectivos entornos. Son los individuos los que deben accionar y organizarse cuando la voluntad individual no alcanza para cooperar y ejecutar cuando un tema les interesa.

Existen varias generaciones de ciudadanos que creen que los gobiernos deben proveerles trabajo, vivienda, alimentos, educación y salud, entre tantas otras necesidades. Están convencidos que se trata de una obligación de los gobiernos consagrarse a esos temas. Entienden que alguien debe pagar ese costo, y no son ellos, sino el resto. Por eso promueven la exigencia, y no apelan al esfuerzo personal como herramienta de cambio.

Ni los políticos, ni los gobiernos, están para quitar los obstáculos del camino. Nacieron con el objetivo de garantizar derechos a cada individuo, y asegurar a los ciudadanos la posibilidad de convivir en armonía, evitando que se quiten la vida, la libertad y la propiedad unos a otros a través de mecanismos inmorales y del tradicional abuso de poder.

Los políticos tendrían que poner sus energías en generar las condiciones para que sean los individuos los que puedan crear su propia felicidad a través de sus decisiones personales, asumiendo los riesgos derivados de cada determinación. La responsabilidad de la política es cerciorarse de que nadie inicie el uso de la fuerza contra otra persona y que si lo hace, esa actitud tenga consecuencias negativas que desestimulen un nuevo intento.

La política debe dedicarse a que los individuos tengan reglas de juego claras, transparentes, estables, con incentivos bien definidos, para poder en ese marco buscar su propia felicidad, y no pretender reemplazar a los ciudadanos en esa labor. La sociedad, por su parte, debe esforzarse, esmerarse, para que el resultado de tanto trabajo sea su mayor estímulo y para no caer en la trampa de asignar culpas para justificar errores propios.

La dirigencia se ha esmerado en instalar esta idea en la mente de todos. Cada ciudadano que cree en esa frase que dice que los políticos están para resolver sus dificultades, en algún punto, es porque prefiere descansar en esa mirada que tomar riesgos asumiendo sus éxitos y fracasos.

Es prioritario cuestionar el discurso de los políticos, el verdadero rol de los gobiernos, y la función del Estado en todas sus formas y jurisdicciones. Definitivamente, son los individuos los que deben encontrar atajos frente a cada conflicto, en forma personal cuando ese sea el ámbito, o también organizándose socialmente cuando el objetivo amerite un trabajo coordinado en equipo. Pero es bueno empezar a destruir aquel confortable slogan que afirma que son ellos los que deben solucionar los problemas de la gente. Lamentablemente esa visión es parte del discurso cotidiano y se ha constituido en el credo predilecto de los políticos.

albertomedinamendez@gmail.com

 

 

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