abismo

 

por Ricardo Viscardi

Significativamente interpelada desde la globalización, la jurisprudencia uruguaya oscila entre los derechos humanos y la Constitución de la República.[1] Los instigadores del liberticidio traen a la memoria los tiempos en que avasallaron la misma Constitución republicana que decían defender[2], mientras la impunidad encuentra sus mejores aliados en algunos subversivos de ayer, arrepentidos hoy día.[3] Quizás convenga percibir que entre un derecho acartonado en memoria vernácula y un clamor de justicia respaldado por un cuestionamiento universal del totalitarismo, se abre también una memoria del abismo, como auténtica duda del sí mismo, mirada por Ibero cuando duda poéticamente de la realidad.

La objetividad supone cierta consolidación del sentido. En cuanto manifiesta una regulación  de la experiencia según un protagonismo verificador, la verdad se somete a una normatividad, expresada tanto por un tribunal del saber[4] como por la jurisprudencia del derecho.[5] Sin embargo,  la normatividad teórica no ancla en el dictamen, sino en la verdad, mientras la legalidad del derecho se disuelve sin la justicia. Sobreviniente por demasía entre la normatividad y el derecho, la verdad de la justicia habilita un quiasma que nunca deja de apelar a un exterior mayor que lo instruye.  Escindido por la trascendencia,  el simple sentido de objetividad cae en la trivialidad, si no somete la consistencia normativa al trance abismal de la verdad y la justicia.

Si Marx tenía razón al sostener que las sociedades no se plantean problemas que no puedan resolver[6], esa impregnación de la solución en el devenir deja suspendida la verdad sobre lo inescrutable por venir. La puesta en suspenso de la evidencia  hace justicia a la trascendencia, como se la lee en Ibero[7], en cuanto somete la conciencia al escrutinio de una sospecha absoluta, con el quién de la pregunta como único asidero, al borde del abismo de sí mismo.

El derecho a la sospecha se sostiene en el criterio del sí mismo, que pone en danza  la autenticidad al son de lo insondable. Con cierto equilibrio, un eje soslayado permite seguir el ritmo, sin dejar de quedar erguido de paso.

Cuando se anula ese derecho a una franja de vaivén entre la normatividad y el derecho, lo primero que se sacrifica es la poesía. En particular, porque su cosa es el sentido, impregnado sin embargo de otras cosas que el sentido. Ibero alcanzó esa impregnación del mundo en su realidad y de ahí su enorme don poético: decir aquel sentido que se sostenía por sí mismo, de manera que su poesía nunca es tan sólo el mismo Ibero.

De ahí que todo él no fuera reductible al simple sentido, ni su sentido de la verdad separable de la justicia que todo lo envuelve. De ahí también que esa duda que levanta sobre todo lo que lo rodeó, hasta los 22 años en que muere, sea una duda en la que todavía bailamos, al son incluso, de los sentidos de aquella muerte.

En ese lugar estuvieron todos los asesinos y todos los asesinatos, porque no se mataba a alguien por lo que era, sino ante todo por lo que se podía decir que era. Desde entonces es una muerte signada por cierta tergiversación del sentido, que intentaba decir: así mueren los tupamaros.[8] No fue asesinado un estudiante que era poeta, pintor, enamorado y tupamaro, sino alguien que mediáticamente, en cuanto había sido encarcelado por razones políticas ligadas a la insurgencia subversiva, quería ser imputado víctima para fomentar el terror.

Esa manipulación mediática del sentido ya estaba presente en la prohibición por parte de Pacheco Areco de la difusión masiva de siete palabras del idioma[9] y se va a ver prolongada en los “Comunicados de las Fuerzas Conjuntas” que modulan la cotidianeidad amenazante del terror  -a partir del Estado de Guerra Interno votado en el Parlamento por todos los sectores de los partidos tradicionales, seguidos más tarde aún, por la política de desapariciones del totalitarismo uruguayo (inocuamente titulado “dictadura militar”).

Todos estos episodios son manifestaciones de la inverosimilitud del sentido inmediato de la normatividad objetiva, que paradójicamente exige la verosimilitud de la mentira como mentira,  paráfrasis que amplifica la frase de Goebbels: “Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”.

Sin embargo, la prostitución del sentido que señala esa frase no es tan sólo publicitaria (en la doble acepción de animar una condición pública y una política de publicidad), sino que además provee un criterio. Por ejemplo, el que sostiene una “guerra interna” contra la insurgencia democrática o la que “presenta” una realidad conformada por desapariciones. Que una realidad pueda presentarse a través de desapariciones reales señala hasta qué punto el sentido ha traspasado la verdad de la mera evidencia y se encuentra sometido a un régimen de sospecha, verosímil porque inverificable en lo inmediato. No que la sospecha no pueda llegar a ser dilucidada, sino que la objetividad normativa atenida a la evidencia no puede, ya en adelante, satisfacer la verdad.[10]

Esa “realidad producida” tecnológicamente, en particular a través de la comunicación masiva,  conlleva tanto la obnubilación totalitaria que se tiene por único sentido posible, como el cuestionamiento de la realidad sostenida en la transparencia del sentido. En los dos casos, el sentido se topa con la cuestión de la justicia y la verdad, en el primero, en cuanto pretende estamparse en ellas, en el segundo, en cuanto las inscribe en palimpsesto, entre escrituras pretéritas y emergentes.

En esa infinitud de horizonte no perece la pregunta por la verdad, sino un procedimiento reductor de la decisión. Requerida a destiempo[11] por un hambre de sentido, la verdad acude a la superficie de la memoria, desde las propias raíces de la justicia.

 

[1] Pereira, M. “Traduciendo a la Corte” La Diaria (26/02/13) http://ladiaria.com.uy/articulo/2013/2/traduciendo-a-la-corte/

[2] “Poco convencional” Montevideo Portal (01/03/13) http://www.montevideo.com.uy/notnoticias_193865_1.html

[3] Según Zabalza, el número de quienes participaron del MLN y acompañan, desde el entorno presidencial, la política de impunidad, no supera los 70 a 80, sobre los 3000 miembros de la misma organización en el pasado. Ver: Tagliaferro, G. “El lado B de la revolución” Montevideo Portal (12/02/13) http://www.montevideo.com.uy/noticia_192275_1.html.

[4] Kant vincula prioritariamente la Crítica de la Razón Pura a la figura de un “Tribunal ” que dictara leyes “eternas e inmutables”. Kant, I. (1973) Critique de la Raison Pure (Préfaces et Introduction), Aubier-Montagne, Paris, pp.18-20.

[5] El término “contexto” que actualmente vinculamos a la realidad que suma un conjunto de circunstancias, se origina en las disposiciones subordinadas a un mismo un acto jurídico, ver Lalande, A. (1983) Vocabulaire technique et critique de la philosophie, PUF, Paris, p.181.

[6] Marx, K. (1976) “Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía

política” en Marx, Karl y Engels, Friedrich Obras escogidas , Tomo I

Editorial Progreso, pp.517-518.

[7] Gutiérrez, I. (2009) Obra Junta (1966-1972),  (Antología de Laura Oreggioni y Luis Bravo), Estuario, Montevideo. Asimismo se encuentra información sobre Ibero en “Ibero Gutiérrez” facebook, http://www.facebook.com/pages/Ibero-Guti%C3%A9rrez/249738293942?fref=ts

[8] La ejecución de Ibero fue firmada “Comando cazatupamaros”. Ibero se encontraba fatalmente identificado, en la propaganda totalitaria de entonces, como  “tupamaro”, a raíz de su viaje a Cuba, premiado por un ensayo juvenil, así como por  haber sido procesado y remitido, por pocos meses, al Penal de Punta Carretas.

[9] “Cuando estaba prohibido decir “tupamaros” en el Uruguay” Blog de Blogs, http://blogsdeteaydeportea.com/contenidos/1548-cuando-estaba-prohibido-decir-tupamaros-en-uruguay.html (acceso el 03/03/13)

[10] “Gilberto Vázquez admitió haber removido cuerpos de desaparecidos durante la dictadura militar” El Observador (06/08/06) http://www.elobservador.com.uy/noticia/54812/gilberto-vazquez-admitio-haber-removido-cuerpos-de-desaparecidos-durante-la-dictadura-militar/

[11] Según Agamben, “contemporáneo” es aquel sentido que quiebra la continuidad cronológica del tiempo, ver Agamben, G. (2008) Qu’est-ce que le contemporain?, Payot-Rivages, Paris, pp.37-41.

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