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Democracia siglo XXI

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Los artículos de Teódulo López Meléndez

Los artículos deTeódulo López Meléndez

El Estado Social de Derecho

Teódulo López Meléndez

Si no hay Estado de Derecho no existe  democracia, dado que ese Estado de Derecho excede a un simple conjunto de normas constitucionales y legales,  pues  involucra a todos los ciudadanos, no sólo a parlamentarios que legislan o a políticos que gobiernan. La existencia del Estado de Derecho se mide en el funcionamiento de las instituciones y en la praxis política cotidiana. El Estado de Derecho suministra la libertad para el libre juego de pensamiento y acciones y debe permitir las modificaciones y cambio que el proceso social requiera. El Estado de Derecho excede el campo de lo jurídico para tocar el terreno de la moral, pues existen derechos naturales inalienables. Así comprendido podemos hablar de un Estado Social de Derecho, pues comprende los derechos sociales de los cuales la población ciudadana es titular.

Si bien la democracia es una forma jurídica específica no puede limitarse a garantizar la alternabilidad en el poder de las diversas expresiones políticas, sino que debe avanzar en la institucionalización de principios y valores de justicia social distributiva. El derecho, para decirlo claramente, es un fenómeno politizado pues dependerá del consenso alcanzado en democracia. En otras palabras los derechos sociales deben ser incorporados a los fundamentos del orden estatal mismo. Es esto lo que se llama Estado Social de Derecho.

La democracia está hecha de los materiales sociales que componen la sociedad dicha democrática. Las normas jurídicas no son legítimas sólo por su origen, fundamentalmente lo deben ser por sus efectos. El Estado de Derecho implica principios morales, jurídicos y políticos que deben tener eco en las decisiones judiciales que fomenten el respeto a las reglas fundamentales del juego político. Cuando no se puede intervenir para modificar los esquemas de iniquidad no estamos ante un real Estado de Derecho. Es indispensable entonces cerrar la brecha entre el orden jurídico formal y las formas y prácticas de la realidad. Esto, que podríamos llamar reinstalación del Estado de Derecho, pasa por la modificación de la cultura política que necesariamente debe traducirse en mejores leyes e instituciones. Hay que hacer subir desde el cuerpo social las nuevas formas.

teodulolopezm@outlook.com

Artículo en el diario El Universal (Miércoles 17 de julio 2019)

Derecho y política

Teódulo López Meléndez

Hay que plantearse un discurso práctico en la acción política que cree condiciones sociales aptas mediante la institucionalización del discurso ético asumiendo el derecho los desafíos planteados a la política en el ámbito cultural y socio-político. Hay una “pluralización de las formas de vida y una individualización de las biografías” que imponen una multiplicación de tareas y roles sociales. Así surge el planteamiento de una democracia deliberativa. El ciudadano deja de ser un sujeto que simplemente expresa preferencias (por ejemplo electorales) para pasar a ser considerado un agente activo en la construcción del proceso político mediante la modificación del agotado concepto de opinión pública.

El derecho estuvo sustentado en fundamentaciones religiosas o metafísicas, ya no, por lo que hay que buscar nuevas formas de legitimación para el derecho positivo, dado que este no es una mera administración institucionalizada sino un control que busca resolver los conflictos sociales en procura de un eventual consenso. La legitimidad de este derecho positivo no se funda sólo en la moral sino también en la racionalidad de los procedimientos jurídicos, tanto de fundamentación como de aplicación. Entran en escena así las leyes electorales y los procedimientos legislativos, pero aún insuficientes pues  así está en el juego solo una pequeña porción de la vida pública. Es evidente que el derecho y la política deben procurar la reconstitución de una integración social rota por las diferencias mediante un complejo proceso de mediación social que pasa por las tensiones entre “hechos y normas” o entre “facticidad y validez”.

Habermas acepta que las condiciones económicas y políticas pueden ser controladas en la misma medida en que se fortalecen las expresiones de una razón comunicativa, una política que contempla la deliberación participativa de los ciudadanos, más allá de la lógica instrumental o estratégica. En Teoría de la acción comunicativa (1981) asoma que el derecho puede tener el rol de aparecer como la mediación que cataliza las manifestaciones o reclamaciones ético/morales y políticas. Esto es, el derecho y la democracia se manejan en un nuevo paradigma de derecho fundado en el principio de la discusión

teodulolopezm@outlook.com

Artículo en el diario El Universal (Miércoles 10 de julio 2019)

Gerenciar la comprensión

Teódulo López Meléndez

Desde el poder no se está haciendo política, este tipo de poder no la concibe. Quienes se le oponen deben entenderla como una especificidad de acción. Plantear un supuesto regreso no es una ruptura. Si se mantiene en un territorio evanescente la política se hace innecesaria y el oponente habrá ganado la batalla. Los términos de la política son de mañana, no de ayer.

Es esencial a su existencia la visibilidad y hacer del disenso una modalidad específica de “su” ser, lo que significa que plantar cara al poder sin política, sin la construcción ideática de una sustitución mediante una oferta concreta de ruptura entre el aparato que se alza omnímodo y alega ser la construcción de algo, por una parte, y del estado de lo social que debe estar en ebullición reclamando esa sustitución desde un aparataje conceptual, sólo conduce al fracaso.

Una estrategia correcta de combate es dejar claro que las élites no monopolizan el poder, que son dueños sólo de gerenciar, que las instituciones no son de su propiedad privada y que un líder es el que enseña a pensar. Cuando esto no se hace el poder populista se consolida y la política vuelve a desleírse en su ausencia. Sin política no hay formas.

¿Quieren gerentes? Muy bien, pero parece que los quieren para administrar con eficacia, probidad  y eficiencia los dineros públicos. Eso es obvio. Los que quieren gerentes lo que no saben es la post-obviedad. Pues se los digo: aquí lo que hay que gerenciar es la comprensión de un gran movimiento colectivo inteligente hacia las nuevas estructuras nacionales. En otras palabras, la aparición de un liderazgo colectivo que los aspirantes incitan a permanecer en acción en un proceso de transformación que ellos simplemente inducen y mantienen en la dirección correcta decidida por el cuerpo social. Esos son los gerentes y los gerentes son conductores políticos.

Puede generarse una inteligencia colectiva y ello pasa por una transición a un modelo de auto-organización, aplicable hasta en el aspecto económico, por lo que se habla ya de una “economía sostenible de colaboración”. En buena parte se está haciendo ante la desavenencia de los hablanchines. La hemos llamado democracia siglo XXI e implica generar y gerenciar la comprensión.

teodulolopezm@outlook.com

Artículo en el diario El Universal (Miércoles 26 de junio 2019)

Visión de país

Teódulo López Meléndez

En los procesos revolucionarios del siglo XVIII se comienza el proceso de conversión política de los derechos naturales. El siglo XIX se mueve sobre la idea del progreso. A pesar de las guerras del siglo XX se establece la forma política que algunos han denominado la “era de las Constituciones” y el traslado de la soberanía de la nación al pueblo. El programa demoliberal, luego de no pocas luchas, concede el sufragio y las mujeres libran una de sus batallas más vistosas, el voto. La reacción fascista se extiende sobre Europa, pero el resultado de la II Gran Guerra hace renacer la condena a los poderes absolutos aún en la Guerra Fría y entramos de lleno en el ciclo del liberalismo democrático, las democracias pluralistas y un ritmo keynesiano de la economía. Los partidos políticos viven su época de esplendor. El mercado reina encontrando su máxima expresión en la era Reagan-Thatcher.

A finales del siglo XX asoma la crisis plenamente. La democracia comienza a dejar al descubierto sus profundos vicios y la desconexión del ciudadano del sistema resalta sus falencias. La representación y la delegación del poder se resquebrajan. La democracia representativa comienza a diluirse como el sistema económico donde funcionaba. Es lo que bien se denomina una crisis de legitimidad. Los partidos políticos se convierten en “partidocracias”, en cotos cerrados que ya no cumplen su función de servir de vehículo a las aspiraciones de la gente común y su papel de intermediación entre el poder y la gente se oscurece. De allí al brote del populismo habría poco espacio. La nueva expresión telegénica saltaría a la palestra con la oferta de soluciones “revolucionarias” milagrosas.

La democracia es un cambio continuo. Todo proceso de este tipo transcurre en una circunstancia histórica concreta. En la nuestra, en la de los venezolanos de hoy, no podemos temer a lo incierto del futuro. Es la hora de construirlo. Ello es posible en una democracia viva. Imposible en un régimen que impone. Esa transición es parte de nuestro drama actual.

Son cuatro los pilares sobre los cuales edificamos nuestra visión de país: una sociedad del conocimiento, una república de ciudadanos, una democracia del siglo XXI y una economía al servicio del hombre.

teodulolopezm@outlook.com

Artículo en el diario El Universal (Miércoles 12 de junio 2019).

La política de sombra

Artículo de Teódulo López Meléndez en el diario El Universal (Miércoles 5 de junio 2019)

www.eluniversal.com/el-universal/41872/la-politica-de-sombra

Homo Insipiens

Teódulo López Meléndez

La tecnología es parte de nuestras vidas. Si bien podemos admitir  que la capacidad de modificar la naturaleza siempre ha estado presente en la historia humana, nunca como ahora. Asistimos, por ejemplo, a la paradoja de un sistema de comunicaciones que facilita notablemente el intercambio y la organización, pero que al mismo tiempo aísla.

Las computadoras nos facilitan el acceso a la información, pero no muestran ejemplos de mejor aprovechamiento de la misma o de un índice de crecimiento en educación. Qué es lo que se adquiere y qué lo que se internaliza. Es obvio que los efectos políticos ya los estamos viendo. McLuhan planteó la concepción de la idea global y su principal alumno, Derrick de Kerckhove, respondió a estas preguntas creando la idea de la inteligencia conectiva (Connected Intelligence, The Architecture of Intelligence). Pierre Levy planteó su concepción de la inteligencia colectiva (L’Intelligence collective. Pour une anthropologie du cyberspace).

Nada nuevo, a no ser que esa inteligencia colectiva o conectiva se traduce en muchos casos en brutalidad colectiva. Es lo que algunos llaman “sugestionabilidad extrema” donde cada quien dice lo suyo en una anarquía que sólo confluye sobre absurdos. En cualquier caso hay una modificación de los sentidos exteriores e interiores del hombre que pueden llevarlo a mero participante inodoro, incoloro e insípido de una voz común que sólo adquiere sentido si viene presidida de un sentido de cohesión.

Sin caer en el territorio de la catastrófico, nos aproximamos a considerar a Internet como un “accidente” a la manera en que lo define Paul Virilio, quien bien nos recuerda que no hay adquisición sin pérdida, lo que nos lleva a nosotros a advertir que en los campos del reparto del poder y de la organización social emergente sólo hay ahora confusión.

Más pesimista, si se quiere decir así, es Giovanni Sartori (Homo Videns) al señalar que Internet será para la mayoría sólo una manera de matar el tiempo lo que los hará analfabetos culturales. Lo vemos en la realidad virtual cotidiana con las “redes sociales” convertidas en el campo nuevo de la evasión. Quizás el resultado sea el retorno del dividuo. De Homo Sapiens a Homo Videns a Homo Digitalis a Homo Insipiens.

teodulolopezm@outlook.com

Artículo en el diario El Universal (Miércoles 22 de mayo 2019)

http://www.eluniversal.com/el-universal/40636/homo-insipiens

La búsqueda de la interpretación

Teódulo López Meléndez

El hombre pierde los envoltorios protectores a los que estaba habituado y se cierra en nuevas manifestaciones de nihilismo y cinismo. No obstante busca su interpretación. Esa vendrá dada en un personalismo social y en una relacionalidad en todos los ámbitos. Es probable –al menos lo queremos creer- que estemos en las puertas de un nuevo humanismo social.

Estímulos existen para que seamos optimistas frente a un proceso de reconsideración social. El destino indefinido es siempre incierto, pero la salida siempre pasa por un reconocimiento del sí mismo. Todo proceso de individuación conlleva a la autoafirmación y al pensamiento propio. En otras palabras, el hombre cínico y nihilista buscará ser protagonista de su propia historia y de la historia de los demás.

Peter Sloterdijk (Esferas) ha trazado una “imagen de pensamiento” que le permita al hombre ser en el mundo como un espacio de apertura a lo ilimitado. Este es el principio cardinal que hago en  mis consideraciones. Tenemos a un hombre dominado por la apatía y el conformismo con el consecuencial aplastamiento de la idea democrática. Lo que Sloterdijk busca es un nuevo análisis del dinamismo social (lo cual incluye todas sus facetas) y volver a definir lo que es real.

Vamos hacia un mundo denso y así cabe definir densidad como la posibilidad de un agente de encontrarse a otro sobre el cual actuar. El hombre de la era terminada actuaba en la incertidumbre, una que continúa, sólo que ahora el hombre debe pasar a ser uno que está en capacidad de auto aprovisionarse de razones suficientes para pasar de la teoría a la práctica. Ello implica un proceso deliberativo interior, uno que excede a la aplicación universal de los derechos humanos, por ejemplo, sino de la convicción pragmática de que significa libertad o moral. Así, la comunicación que sustituye a la información adquiere un rango ontológico, porque es de esta manera que el mundo podrá definirse para bien. Y para bien es que esa comunicación sea para poner frente a frente dimensiones donde los grupos sociales se obligan recíprocamente a desistir de actuar por un interés unilateral.

Es un apelo al hombre a profundizar en sí mismo, a convertir la reflexividad en motor del devenir social.

teodulolopezm@outlook.com

Artículo en el diario El Universal (Miércoles 15 de mayo 2019)

Antropo-ética

Teódulo López Meléndez

En su excelente texto sobre “los siete saberes necesarios”, Edgar Morin nos da varias lecciones sobre la educación para este siglo: ella debe mostrar que no existe conocimiento que no esté, en alguna medida, amenazado por el error y la ilusión; el conocimiento debe ser pertinente, esto es, debe servir para conocer los problemas claves del mundo, por el contrario de la educación actual que especializa y descontextualiza creando incapacidad para pensar y comprender los problemas; enseñar la condición humana, es decir, enseñar lo que es común al ser humano y la necesidad de las diferencias; enseñar la identidad terrenal, porque la falta de conciencia planetaria nos está llevando a la destrucción; enseñar a enfrentar las incertidumbres, mediante la conciencia del riesgo y la estrategia; enseñar la comprensión, como garantía de la solidaridad intelectual y moral de la humanidad; resaltar la ética del género humano vista como una antropo-ética.

En otras palabras, hay que curar también la ceguera del conocimiento que mientras transmite ignora lo humano, de manera que el conocimiento del conocimiento equivale a armar para la lucidez. En este mundo global es necesario preparar para abordar los problemas globales, mientras que el fraccionamiento impide el entramado entre partes y totalidades cuando en vez se hace necesario ubicar la información en un contexto y en un conjunto. La condición humana pasa por tomar conciencia de una identidad compleja y común a todos y la identidad terrenal que nos impone el siglo XXI nos obligará a dar la educación el propósito de enseñar que vivimos en una misma comunidad de destino. En esta etapa que he definido, en infinidad de ocasiones, como de incertidumbre, la mejor manera de enfrentarla es conocerla. Si no aprendemos a comprendernos nos encerraremos en la repetición de los procesos destructivos del pasado, de manera que la educación debe enseñar a comprender para atacar xenofobia y racismo. Y finalmente, el aprendizaje de la persona que controla a la sociedad y la sociedad que controla a la persona debe ser una misión esencial de la educación.

Hay que hacer brotar un pensamiento sistemático, una respuesta a la libertad. El nuevo paradigma bien puede ser llamado reflexión.

teodulolopezm@outlook.com

Artículo en el diario El Universal (Miércoles 8 de mayo 2019)

Inteligencia colectiva

Inteligencia colectiva

Teódulo López Meléndez

La sociedad venezolana de hoy es como un corpus callosum sobre el cual debe aplicarse una buena dosis de comprensión. La idea de una inteligencia colectiva es uno de los temas predominantes en la investigación no ficticia de nuestro mundo.

La idea es que los sesgos cognitivos individuales pueden ser llevados al pensamiento de grupo para alcanzar un rendimiento intelectual mejorado. Es lo que se ha dado en llamar la inteligencia colectiva. Podríamos también explicar argumentando que se puede llevar a las comunidades humanas hacia un orden de complejidad mayor, lo que, obviamente, conllevaría a otro tipo de comportamiento sobre la realidad.

La inteligencia colectiva está en todas partes, está repartida. Debe ser valorada y coordinada para llevarnos hacia la construcción de las bases de una sociedad del conocimiento, lo que implica, de entrada, el enriquecimiento mutuo de las personas. Si la inteligencia está repartida, como realmente lo está, se modifican los conceptos de élite y de poder, y se rompen los paradigmas del liderazgo, más aún, los de la soberbia, pues reconocerlo implica desde ya una manifestación de humildad.

Ahora esa inteligencia repartida debe ser sometida a una acción para que comencemos a conseguir la inteligencia colectiva. Teilhard de Chardin  habló de noosfera (conjunción de los seres inteligentes con el medio en que viven) y lo extendió más allá al vislumbrar lo que los pensadores de hoy llamarían el cerebro global.

Pues bien, la clave está, quizás, en crear numerosas y pequeñas noosferas. Ello pasa por ver con menos individualismo y en un contexto ético de alteridad. Hay, sin embargo, una razón más práctica que escapa a lo teórico-moral para insertarse en la brutal realidad real: hacia adonde va el mundo o se sabe o se perece, o se coopera o se fracasa, o se respeta o se es condenado.

La web inteligente que aparecerá en cualquier momento podrá, por ejemplo, organizar la información que le interesa exclusivamente a una comunidad. Los problemas de una comunidad específica seguramente son los de muchas lo que conllevará a un contexto compartido. El primer paso es la aceptación de que estamos en la era del conocimiento y que en consecuencia debemos actuar dentro de ese marco.

teodulolopezm@outlook.com

Artículo en el diario El Universal (Miércoles 1 de mayo 2019)

Identidad libertaria

I

Teódulo López Meléndez

La psicología social, dentro de sus variantes y evolución, se ocupa del lugar del hombre en la cultura y la sociedad. Desde Emilio Durkheim se trabaja con los fenómenos de sugestión y conformación de identidades en la interacción social y Gustave Le Bon insistió en una psicología de las multitudes.

Cierto es que los comportamientos sociales no se pueden predecir, no hay determinismos sociológicos ni psicológicos. Entender la conducta social sólo es posible en el contexto de una estructura concreta.

La aceptación del colectivo de una estructura en particular proviene de la admisión de un orden social incuestionable afianzado por una disciplina desde el poder. De allí la pérdida del deseo de cambio y del acomodo del individuo como sujeto que debe modificarse para adecuarse a ella. Se le conoce como “condicionamiento respondiente” que sólo es vencido por un estímulo que llamaremos concientización y que pasa por pensar y, en consecuencia, por una análisis de las contradicciones.

De esta manera podríamos concluir que un nuevo pensamiento social está, más que dentro de las personas, entre las personas y que allí se dé inicio a un proceso que comienza a romper con la conducta de la autoridad dominante. Es todo un proceso de aprendizaje que proviene de las dificultades para hacer frente a una realidad. Ese cambio actitudinal deviene de las necesidades que provoca una agresión.

Las actitudes determinan el comportamiento y hacen entender la nueva conducta que se  dirigirá hacia las acciones. Llegar a esas actitudes nuevas requiere de aprendizaje que cambia las representaciones por las condiciones socio-económicas. Ellas son siempre dinámicas.

Cuando se desafía con democracia y movilidad se produce una determinación, al tiempo que se acentúa la respuesta del totalitarismo. La decisión la he llamado surgimiento de una “identidad libertaria”, una que creo constituida entre nosotros. Ha provenido de una interacción social y del brote de una psicología colectiva. La observación sobre un retardo en su aparición es banal y no debe confundirse con acciones anteriores. No habíamos tenido un antecedente de “unidad superior”. Ahora aquí libertario excede a la polisemia y se hace un contexto propio de identidad nacional.

teodulolopezm@outlook.com

Artículo en el diario El Universal (Miércoles 24 de abril 2019).

Poshumanismo

Poshumanismo

Teódulo López Meléndez

Hemos hablado de un cambio de paradigmas que constituye, cierto es, una exigencia de cambio en las disposiciones subjetivas capaces de alterar el vector político. Ello se refiere a que la descreencia se transforme en la convicción de crear realidad desde el pensamiento y desde un ejercicio colectivo de la inteligencia.

No hay una conciencia político-filosófica de la posmodernidad. Hasta el último momento del siglo XX vivimos la obviedad de la crisis del constitucionalismo, del estado-nación y del pensamiento político clásico, sin que se produjese una multiplicad de miradas a los eventuales nuevos órdenes que por fuerza surgirían. Algunos llegan a plantear si los hombres sólo pasarán a ser un material necesario a una construcción tecnopolítica. Un antihumanismo creciente podría inducir en ese sentido.

Hemos tenido grandes avances en la informática, la tecnología espacial o la biología y en una creciente demanda a favor de los derechos de las minorías. Desciframiento del mapa genético, celulares con 3G, GPS y WiFi o la manipulación de embriones, pero la política ha planteado retos que no han sido abordados con pensamiento complejo capaz de trazar coordenadas en este momento de la historia y de la cultura universal. Ha faltado, diría, la razón poética, esto es, la posibilidad de soñar las nuevas formas de organización comunitaria del hombre desde la luz de la conciencia hasta la creación de un cuerpo especular, lo que se llamaría la función imaginante.

La proclamación de la victoria de la técnica, la falta de sentido como nuevo sentido y la prevalencia del pensamiento débil debe ser contrarrestada con el fuerte resurgir del pensamiento. Es una caída vertical que venimos sufriendo desde más allá de esta década que termina en zona oscura. Si el ciudadano de este siglo deja de padecer como víctima y se decide a realizar las nuevas formas son bastantes probables los nuevos surgimientos, en especial en la política y en las ideas que deben envolverla.

La disutopía en que estamos envueltos abre las espitas para el pensamiento y las nuevas prácticas sociales. Hay que convencerse de que el pasado ha perdido su función, a no ser el propio de un muestrario de los caminos que nos condujeron hasta la situación presente.

teodulolopezm@outlook.com  

Artículo en el diario El Universal (Miércoles 10 de abril 2019)

La pospolítica

Teódulo López Meléndez

Sobre el siglo XIX se fijaron las miradas de Tocqueville, Heine, Marx, Burkhard y Nietsche, por ejemplo. Hablaban de una sociedad inmersa en una crisis de legitimación crónica. El siglo XX dio paso a una pléyade de pensadores en medio de los conflictos más atroces. En este inicio del siglo XXI, antes que proclamar de nuevo la muerte de Dios, Stephen Hawking lo que hizo fue proclamar la muerte de la filosofía. Ahora lo que está deslegitimado y requiere con urgencia de pensamiento son las formas políticas. Hay que revisar, reafirmar o negar sus premisas básicas, desde la manifestación política de la filosofía. El momento es de transición con una caída de los partidismos conocidos y con un proceso de desideologización terminal. Algunos hablan hasta del fin de las constituciones.

Los discursos siempre giraron sobre la falta de legitimación. También ahora, con un cuestionamiento drástico a la representación, pero las teorías políticas decimonónicas tuvieron un efecto retardado, pero lo tuvieron, mientras en esta época vislumbramos la escasez de lo teórico y un esfuerzo no sólo por retener el presente sino, incluso, uno destinado a regresar a las viejas formas.

El tiempo presente ha determinado la imposibilidad de lo que denominaremos la parábola de la innovación y una interrogación muy profunda sobre la posibilidad de cambiar lo humano a través de la praxis política. El punto es que comienza a hablarse de pospolítica,

La defensa y progreso de los derechos humanos había tomado una aceleración que parecía determinar los tiempos, pero la lucha antiterrorista los ha golpeado seriamente. La reciente crisis económica ha replanteado la necesidad de la actividad reguladora. Las virtudes de la globalización –por contraste con sus múltiples peligros- están siendo duramente golpeadas especialmente en Europa. La aparente calma –excepción hecha de las guerras locales que aún se libran- se debe fundamentalmente a la inexistencia de algo o de alguien que se aproveche. Saltan por los aires nacionalidad, partidos, viejas construcciones  y las respuestas provienen de prácticas de antaño  o de encerramiento a ultranza en las  maltrechas formas del presente. Así deja de ser novedad que la gente se aburra de la política.

teodulolopezm@outlook.com

Artículo en el diario El Universal (Miércoles 1 de abril 2019)

Consideraciones a PROSUR


Teódulo López Meléndez

Obvia la necesidad de un sistema comercial y financiero abierto y no discriminatorio o del acceso libre de aranceles y cupos de exportaciones de los países menos desarrollados o el problema de la deuda o de la sugerencia de un porcentaje del PIB de los países donantes. Los petitorios están en todos los documentos que analizan la situación del comercio y de las relaciones económicas internacionales.

Se ha dicho que con los actuales avances tecnológicos, conocimientos y recursos financieros, es posible superar la pobreza extrema, mientras se recuerda el déficit en la asistencia para el desarrollo y su mala calidad. Y nadie ha pasado por alto que las políticas comerciales siguen negando a los países pobres una participación justa en la prosperidad global.

Se requiere una distribución más equitativa y políticas fiscales con poder de transformación social. En el plano de la ayuda internacional todavía encontramos que por cada dólar destinado a la cooperación se gastan diez en presupuestos militares. Las desigualdades estructurales es el comercio persisten. Más allá, se recuerda que el comercio es un medio y no un fin en términos de desarrollo humano.

Este consiste en libertad y en formación de capacidades y las condiciones básicas son tener una vida larga y saludable, disponer de educación y de acceso a los recursos necesarios, una activa y decisoria participación en la vida comunitaria y en la determinación política de la sociedad en que viven. La desigualdad es freno fundamental al desarrollo de lo humano y causa esencial de la pobreza. Con este flagelo no puede haber cohesión social.

Hablamos en términos de derechos humanos. La cuantificación debe hacerse en términos más allá de lo financiero, debe hacerse en términos sociales y políticos, esto es, debemos combatir el acceso desigual a los recursos y en la distribución del poder. El desarrollo de lo humano supera la esfera de la economía para introducirse en los individuos como personas. Más allá de las consideraciones técnicas sobre el ingreso per cápita o los índices de productividad hay que mirar hacia el capital social y la formación de ciudadanía. Hay que accionar sobre ese imaginario de cultura en procura de un desarrollo integral colectivo.

teodulolopezm@outlook.com

Espacio llamado tiempo

Artículo de Teódulo López Meléndez en el diario El Universal (Miércoles 6 de marzo 2019)

www.eluniversal.com/el-universal/34756/espacio-llamado-tiempo

Cinismo y nihilismo

Artículo de Teódulo López Meléndez en el diario El Universal (Miércoles 27 de febrero 2019)

 www.eluniversal.com/el-universal/34092/cinismo-y-nihilismo




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