Buscar

Democracia siglo XXI

Categoría

Los artículos de Teódulo López Meléndez

Los artículos deTeódulo López Meléndez

Sociedad poscivil

Teódulo López Meléndez

La precisión del cambio la definió Gilles Deleuze como el paso de una sociedad disciplinal a una sociedad de control. En la primera existen instituciones que funcionan como la columna vertebral y definen el espacio social, esto es, la llamada sociedad. Si a ver vamos la casi totalidad de las instituciones que sirven de estructura a esa sociedad civil están derruidas trayendo como consecuencia lo que este pensador llama “vacío social”. La llamada sociedad civil, en algunos casos, sigue conservando las instituciones y características que alguna vez la definieron, pero estas han sido anegadas por las nuevas formas de control hasta llegar a una de las condiciones esenciales de este, la hipersegmentación de la sociedad. Aquí, y en todas partes, deberíamos comenzar a hablar más bien de una sociedad poscivil.

Para la existencia de una democracia la sociedad civil resulta indispensable. Es ella el campo donde se producen las mediaciones esenciales al espíritu democrático. Bien podría argumentarse que la sociedad civil se ha convertido en un simulacro de lo social. La democracia, por ejemplo, parece alejarse de su marco de drenaje y composición, para elevarse por encima de las fuerzas conflictivas que se mueven en su seno. El poder que amenaza con surgir en el siglo XXI trabaja por encima de una sociedad civil débil lo que le permite recuperar el sueño del dominio total, de la modelación de los “contemporáneos” (antes ciudadanos) a su leal saber y entender. En el campo del sistema político la democracia comienza a ser mirada como un impedimento, como un estorbo.

Ya no estamos en una sociedad industrial. Las formas de poder son otras. Las que corresponden a una sociedad panóptica o, simplemente, a una sociedad de control. En consecuencia, las viejas formas (sindicatos, partidos, asociaciones y todas aquellas “instituciones” de la sociedad civil) se derrumban, al igual que los sistemas de valores tradicionales. Hay nuevas formas de poder y también nuevas formas de política, sólo que la tendencia es a la eliminación de esta última, es decir, a un neo-totalitarismo. El “dividuo” no verá al poder y al no verlo le parecerá ausente, inaccesible, y eso lo hará el amoroso dictador cuya eficacia está garantizada.

teodulolopezm@outlook.com

De la aceptación pasiva

Teódulo López Meléndez

La democracia es una cultura de la responsabilidad colectiva. La democracia debe ser considerada como un sistema cultural.

Esto es, debemos ir a los conceptos de pertenencia y ciudadanía, a la revalorización de la cultura como conciencia crítica. La democracia reposa sobre la autonomía humana y la cultura es un componente esencial de la complejidad de lo social-histórico. De lo que somos testigos es de una desocialización sucedida artificialmente. Una democracia del siglo XXI tiene que tener necesariamente a una sociedad capaz de interrogarse sobre su destino en un movimiento sin fin. Hay que romper el encierro del sentido y restaurarle a la sociedad y al individuo la posibilidad de crearlo.

Debemos ver hasta donde los sujetos sociales se dan cuenta de lo que pasa. La cultura política cambia en la medida en que los ciudadanos descubran nuevas relaciones entre el entorno inmediato y el devenir social. El primer paso es el contacto entre los diversos actores sociales que comienzan a necesitar del otro, lo que los hace mirar al mundo como una interconexión de redes. Si avanzamos hacia lo que podríamos denominar una “sociedad comunicada” es evidente que esa sociedad se autogobierna aun usando los canales rígidos conocidos y puede autotransformarse.

Es evidente que una democracia del siglo XXI requiere de individuos y grupos sociales distintos de los que actuaron en la democracia del siglo XX. No se trata de una utopía o de una irracionalidad. Se trata de evitar que las energías se gasten en el refuerzo a una estructura autoritaria no-participativa y de conseguir un salto de una sociedad que sólo busca información a una que busca la conformación de una voluntad alternativa lograda mediante la consecución de cambios impuestos por un comportamiento colectivo. En cada fase del avance la cultura política juega un papel fundamental que permite autogenerarse y autoreproducirse. La democracia sólo es posible cuando se tiene la exacta dimensión de una cultura democrática.

He allí la necesidad de un nuevo lenguaje, de la creación de nuevos paradigmas que siguen pasando por lo social y por la psiquis. Se trata de producir un desplazamiento de la aceptación pasiva hacia un pleno campo de creación sustitutiva.

teodulolopezm@outlook.com

Artículo en el diario El Universal (Miércoles 9 de octubre 2019)

Porvenir por hacer

Teódulo López Meléndez

Épimélia es una palabra que implica el cuidado de uno mismo y enraíza en la política. La libertad propia de la política ha sido difuminada, porque lo que se nos impone es como “pertenecer”. Apagar, disminuir, ocultar y frustrar el espíritu instituyente es una de las causas fundamentales de lo que los venezolanos vivimos. Ahora tenemos al nuevo poder instituido tratando de crear un imaginario alterado al que debe oponerse la voluntad de soltar las posibilidades creativas del cuerpo social.

Alguien argumentó que siempre hay un porvenir por hacer. Sobre ese porvenir las sociedades se inclinan o por preservar lo instituido o por soltar las amarras de lo posible. En Venezuela debemos buscar nuevos significados derivados de nuevos significantes. Si este gobierno que padecemos continúa impertérrito su camino es porque los factores que lo sostienen se mantienen fieles a una legitimidad falsificada. La explicación está en una sociedad instituyente constreñida, sin capacidad de poner sobre el tapete la respuesta al futuro. Ya los griegos sabían que no podía haber una persona que valga sin una polis que valga.

La transformación comienza cuando el cuerpo social pone en tela de juicio lo existente y suplanta el imaginario ofrecido. Se requiere la aparición de una persona con su concepción del Ser en la política, uno que se decide a hacer y a instituir. El planteamiento correcto es inducir que la vida humana no es repetición, y muchos menos de los enclaves políticos, y encontrar de nuevo en la reflexión y en la deliberación un nuevo sentido. No estamos hablando de una “revelación” súbita sino de la creación de un nuevo imaginario social. Así, sin llenarse de ideas y pensamiento sobre el futuro por hacer no será posible cambiar lo existente. La posibilidad instituyente está oculta en el colectivo anónimo. De esta manera hay que olvidar la terminología clásica. Todo proceso de este tipo transcurre –es obvio- en una circunstancia histórica concreta. En la nuestra, en la de los venezolanos de hoy, no podemos temer a lo incierto del futuro.

El espacio de esas herramientas es el conocimiento, el poder de pensamiento, de un espacio dinámico y vivo donde se transforman cualidades del ser y maneras de actuar en sociedad.

teodulolopezm@outlook.com

Artículo en el diario El Universal (Miércoles 25 de septiembre 2019)

Conectar personas

Teódulo López Meléndez

No podemos permitir que Venezuela siga siendo un territorio ahistórico. Para emanciparnos de los graves problemas que nos aquejan hay que desatar un proceso filosófico-político emancipatorio. Este ser humano inteligente que es el venezolano debe organizarse hacia la aparición de un nuevo orden social. Debemos hacernos de un pragmatismo atento a las incitaciones del presente y a los desafíos de las circunstancias teniendo en la mano las respuestas de una filosofía política renovada.

El movimiento debe venir provenir de una sociedad pensante, desde un humanismo global. El venezolano de este tiempo vive la ruptura con un mundo que se tambalea. Lo que se requiere es un intercambio fluido y permanente de diversas comprensiones.

La idea es que los sesgos cognitivos individuales pueden ser llevados al pensamiento de grupo para alcanzar un rendimiento intelectual mejorado. Es lo que se ha dado en llamar la inteligencia colectiva, lo que, obviamente, conllevaría a otro tipo de comportamiento sobre la realidad.

La inteligencia colectiva está en todas partes, está repartida. Debe ser valorada y coordinada para llevarnos hacia la construcción de las bases de una sociedad del conocimiento, lo que implica el enriquecimiento mutuo de las personas.

La clave está en crear numerosas y pequeñas noosferas. Ello pasa por ver con menos individualismo y en un contexto ético de alteridad. Hay, sin embargo, una razón más práctica que escapa a lo teórico-moral para insertarse en la brutal realidad real: hacia dónde va el mundo se sabe o se perece, se coopera o se fracasa, se respeta o se es condenado.

Esto es, la gente no piensa junta para llegar a determinadas conclusiones sino que piensa junta para obtener el valor de la conexión y de la confrontación de ideas. Enseñar es conectar personas con oportunidades, experiencias con conocimientos, es ayudar a que se establezcan una o más conexiones, conectar experiencias, conectar para que otros aprendan a conectarse, conectar personas con contenido.

Efectivamente, la realidad es sustituible siempre y cuando se tenga clara la nueva realidad. Para ello es menester el diseño colectivo de un proyecto que pasa por una inteligencia colectiva o conectiva, en cualquier caso organizada.

teodulolopezm@outlook.com

Artículo en el diario El Universal (Miércoles 18 de septiembre 2019)

La ciudad humanizada

Teódulo López Meléndez

Hay que incluir la deshumanización de las ciudades dentro del tema ecológico porque llega hasta la concepción de la salud y al malestar social. Nuestras ciudades están fragmentadas, contaminadas y agresivas, unas donde se pasan horas para llegar al trabajo y devolverse a casa.

Hay barreras físicas, simbólicas y psicológicas, desniveles socio-económicos. La educación reaparece como búsqueda de armonía, de tolerancia, de justicia social y de solidaridad. Hay que recurrir a la práctica de la ciudad como entidad educadora en lucha compartida entre organismos nacionales y locales en la difusión de valores y de ideas para el cuidado de los espacios comunes, el respeto, el comportamiento de los conductores, la lucha contra las drogas y la conservación. Encontramos que quien más contamina es quien tiene más necesidades.

La ciudad debe ser considerada como un ecosistema. Los aspectos culturales son un prerrequisito para enfrentar la tarea de humanización. Hay que unificar, sin olvidar variantes, las ordenanzas de protección ambiental y crear un Tribunal de Faltas Ambientales.

Enfrentar la situación de las zonas de “ranchos” será uno de los asuntos más complejos, pero la experiencia existente en otras naciones del mundo bien puede colocarnos en el camino correcto. Si partimos de la ciudad como eco-sistema la enfrentaremos, como todo lo de la ciudad en general, esto es, mirando los recursos vivificantes, la estructura física y la estructura social, la participación comunitaria.

Hay serios problemas de urbanismo. Nuestras ciudades han crecido anárquicamente, no se han construido vías internas en muchos años capaces de absorber el pesado tráfico, pero tampoco se ha establecido un sistema de transporte colectivo que incentive al abandono diario del uso del automóvil particular. Se dice fácil, pero la tarea de humanizar nuestras asfixiantes ciudades constituye un reto de inmensas proporciones, uno que incluye reformas urbanas, vialidad, pero también  educación y cultura. El rompimiento de las barreras, el encuentro en los espacios adecuados para el compartir, el acceso a los medios comunes de desahogo y lo que algunos urbanistas han llamado “el espacio para la vida entre edificios” requerirá del mayor esfuerzo.

teodulolopezm@outlook.com

Artículo en el diario El Universal (Miércoles 11 de septiembre 2019)

La protección ambiental

Teódulo López Meléndez

El primer programa en materia ambiental es el de la concientización, uno que excede a los parámetros donde se le ha pretendido restringir para llegar hasta el uso del agua y de su ahorro, de la conciencia de los químicos contaminantes, del uso del transporte masivo en sustitución del auto privado, hasta el aprendizaje en la clasificación de desperdicios y del reciclaje.

Las agresiones contra el medio ambiente, la conservación de los espacios naturales y todos los elementos vinculados a este tema ya no son desconocidos por la generalidad de los ciudadanos. Ha faltado la conciencia de que la cuestión ecológica puede convertirse en una centralidad estratégica de fuerzas de emancipación social. La denuncia ecológica ha mostrado, por ejemplo, la ruptura de una concepción lineal de la historia, del mito del progreso en ascenso indetenible y de la concepción del hombre como un individuo abstracto.

Una política ecologista debe concebirse en un marco económico y en una concepción de la diversidad biológica inseparable de la diversidad humana. Es menester ubicar esta lucha en la concepción que se tiene del país y en la organización socio-política-cultural que se pretende para él. Concepciones como una economía que favorezca los empleos “verdes” y una apuesta decidida por las energías renovables son indispensables, por lo que hay que abordar el tema de la contaminación de nuestras ciudades y de una política destinada a su humanización.

Debe incluir también la contaminación tanto en el agua como en el suelo como en el aire, la pérdida de capa fértil, la extinción de especies, la deforestación, la desertización, y las específicamente relacionadas con la salud humana, como olores, enfermedades crónicas, incapacidad laboral, y por supuesto las relacionadas con el mundo animal.

Hay que incorporar las medidas de conservación ambiental al concepto de desarrollo sustentable, es decir, uno centrado sobre el hombre y no meramente sobre el crecimiento económico, uno sobre la erradicación de la pobreza y la obtención de la satisfacción de las necesidades básicas. Nos encontramos de nuevo con la educación, no sólo mediante concientización, sino también con el fortalecimiento de la investigación científica y tecnológica.

teodulolopezm@outlook.com

Artículo en el diario El Universal (Miércoles 4 de septiembre 2019)

El combate a la inseguridad

Teódulo López Meléndez

La inseguridad ataca en todo el mundo, aunque en Venezuela, por razones generales y específicas, seamos el escenario de una multiplicación delictiva que nos coloca entre los países más peligrosos del mundo. El asunto del delito está enmarañado en las relaciones sociales y políticas, hasta el punto que los teóricos atacan el problema de la criminalidad como empresa. Existe el crimen organizado y el crimen ordinario. En Venezuela tenemos ambos.

El segundo grave problema es el de la posesión ilegal de armas. Sin una operación de desarme efectiva será imposible erradicar el delito violento, el que en infinidad de casos ejecuta sin necesidad.

Tenemos un ingrediente político: se ha sembrado el odio social y se ha llegado a intolerables justificaciones. El hampa entre nosotros bien podría ser considerada como instrumento de siembra de miedo.

El combate se debe dar con policías y jueces honestos, pero aun teniéndolos son de hecho sometidos a presiones intolerables. Es obvio que no podrá darse efectividad al combate con tribunales que violan todos los lapsos procesales.

Dedicar los recursos necesarios al combate contra la inseguridad es una exigencia obvia, pero no basta. Los anuncios en este sentido no son más que reacciones frente al clamor de la gente y muestra de una ausencia de política criminal. Adicionemos el problema de las cárceles, con hacinamiento y fuerte “educación especializada” en delinquir. La desesperación ante el vencimiento de los lapsos procesales hace disparar la paciencia de los hacinados.

La delincuencia se combate con educación, salud, empleo, con una determinación de acabar con la discriminación y la exclusión, por lo que toda lucha contra el delito y la inseguridad va inserta también en el programa de lucha contra la pobreza. Hay que prevenir, como primera política. Si en este país todas las denuncias se formulasen nuestros índices delictivos se dispararían, pero no se denuncia porque no se tiene confianza y porque la respuesta ante la denuncia es una sin consecuencias.

Me permito recordar que en muchos barrios peligrosos de América Latina la falta de alcantarillado, de energía eléctrica y de gas, de desempleo juvenil, son causas fundamentales del crecimiento delictivo.

teodulolopezm@outlook.com

Artículo en el diario El Universal (Miércoles 28 de agosto 2019)

Salud como cohesión social

Teódulo López Meléndez

Universalmente se reconoce la Seguridad Social como un derecho humano de acceso a una protección básica para satisfacer estados de necesidad. La expresión ya fue usada por Bolívar en el Discurso de Angostura. La OIT y la Asociación Internacional de la Seguridad Social (AISS), publicaron en 1991 un documento donde se lee: “Es la protección que la sociedad proporciona a sus miembros mediante una serie de medidas públicas, contra las privaciones económicas y sociales que, de no ser así, ocasionarían la desaparición o una fuerte reducción de los ingresos por causa de enfermedad, maternidad, accidente de trabajo o enfermedad laboral, desempleo, invalidez, vejez y muerte y también la protección en forma de asistencia médica y de ayuda a las familias con hijos”.

En el 2002 salió en Gaceta Oficial el nuevo régimen de seguridad social de Venezuela, la llamada LOSS, pero está en una especie de vacatio legis. En este campo también asistimos a una desconcertante ausencia de voluntad política. Agreguemos la ausencia de estadísticas que nos permitan establecer  programas sobre epidemias que reaparecen y una política de prevención.

Hay que establecer acceso de los no asegurados a los sistemas de salud y medicinas y un sistema de atención médica a domicilio. Hay que devolver a los entes locales la administración de los hospitales y centros de prestación de servicios. La regionalización debe permitir el incremento de la capacidad operativa de los sistemas, la descentralización administrativa y la participación de la comunidad en la solución de sus problemas de salud.

Hay que involucrar a las universidades en el desarrollo del Plan Nacional de Salud y una cuidadosa evaluación de los egresados de algunas instituciones sobre las cuales caben dudas razonables. Otro asunto prioritario es el aumento de la calidad del servicio prestado lo que se puede lograr mediante una estrategia adecuada a cada nivel de complejidad y obtener así indicadores en cada sitio de prevención, de hospitalización y de intervención sanitaria. Ante las emergencias constantes que vemos en las redes sociales es menester la creación de un depósito estratégico de medicamentos.

Hagamos de la salud la base de la restauración de la cohesión social.

teodulolopezm@oulook.com

Artículo en el diario El Universal (Miércoles 21 de agosto 2019)

Génesis

Teódulo López Meléndez

Requiere la sociedad venezolana un personalismo social y una relacionalidad. La digresión permanente en que parecemos vivir se traduce en incoherencia. Es un requerimiento frente a una mediocridad que tiende a uniformar, una reconsideración social del hombre venezolano que porte a la autoafirmación. Esto es, un planteamiento que lo haga hacerse protagonista de su propia historia y de la historia de los demás. Ahora mismo podemos asumir la del cambio acumulativo como aumento del conocimiento, es decir, la asunción de la complejidad.

Es menester hacer del hombre un espacio de apertura a lo ilimitado. Para ello es necesario recurrir a un nuevo análisis del dinamismo social lo que conlleva a redefinir lo que es real y a meter en la cabeza de nuestros compatriotas que las realidades se construyen.

El hombre venezolano sigue marcado por su “realidad personal” con convicciones pasadas y sin comprender las formas emergentes. La existencia de otros como él aún le sigue pareciendo un ensamblado extraño y el desconocimiento de su poder le lleva a caer en el divertimento de un luego político a todas luces absurdo. Ya no habrá mundos autárquicos volcados hacia adentro, apenas transformados por un leve influjo gatopardiano.

La situación venezolana no admite lecturas lineales o simplistas. Vivimos una hipercomplejidad que hay que analizar recurriendo a “pensamiento complejo” y/o a “pensamiento lateral”. Esto de Venezuela es lo que podríamos denominar un “conjunto borroso”, uno donde cabe un abordaje analítico con conceptos como caos y fractales. La razón lógica siempre conduce a los mismos resultados y en nuestro caso esa parece ser la consabida frase de “no hay salida”. Es necesario plantearle al país que existe una “virtualidad real” en la cual cambia el concepto de poder y las experiencias engendran nuevas realidades.

Hay que recurrir a una dinámica no lineal, a la invocación de análisis capaz de partir de una dinámica caótica. Hay que fomentar un sistema organizativo autógeno. No estamos ante una sucesión lineal de causas y efectos. Desde este punto de vista podríamos reproducir el viejo cuento del vaso medio lleno o medio vacío para asegurar a los venezolanos que esto no es un desorden sino la génesis de un nuevo orden.

teodulolopezm@outlook.com

Artículo en el diario El Universal (Miércoles 14de agosto 2019)

De la reconstrucción

Teódulo López Meléndez

Será necesario enfrentar serios problemas de gobernabilidad provenientes de la estructura misma del Estado y de una frondosa reglamentación heredada. Es decir, en el mismo primer año será necesario plantearse una reforma constitucional, sobre lo cual hay algunas ideas. La primera es establecer la elección del vicepresidente con la del presidente: no podemos seguir en esta variación continua y caprichosa de nombres. Luego, hay que restituir la cámara del Senado. De joven me inclinaba por el parlamento unicameral, pero la experiencia me indica que es necesario un equilibrio que serviría, además, de refuerzo invalorable a la descentralización. Todo lo que ayude a este principio debe ser promovido.

Otra cosa que es cierta es que la división político-territorial de la república no responde a ningún criterio de desarrollo y menos a hechos históricos relevantes. Antes de entrar en un conflicto con los estados prefiero instituir mecanismos compensatorios, tales como la creación de cinco Consejos Regionales de Desarrollo (Centro, Oriente, Andes, Llanos, Centrooccidente y posiblemente un sexto específico para el Zulia) integrado por los gobernadores y alcaldes. Es cierto que tuvimos las Corporaciones Regionales de Desarrollo, en mala hora eliminadas.

Igualmente creo necesario eliminar los Consejos Legislativos Estadales y su sustitución por una Asamblea de Alcaldes que cumpliría las funciones hoy atribuidas a esos entes, tales como la aprobación del presupuesto, el control político, la aprobación de leyes locales y todas aquellas que las constituciones regionales establecen. Nadie mejor que los alcaldes para pelear por una distribución presupuestaria equitativa que haría bajar el poder al ente local. Esas reformas tienen que incluirse en el texto constitucional, aparte de que deberá procederse de inmediato a liberar los poderes secuestrados y con cuya permanencia será muy difícil el ejercicio del gobierno.

Lo importante es atenazar la posibilidad de gobernar real y efectivamente y para ello hay que tener claro que nos enfrentaremos a la situación más conflictiva y difícil imaginable. Hay que abordar los grandes temas de la reconstrucción. La mejor manera de superar el presente es imaginándolo desde el futuro.

teodulolopezm@outlook.com

Artículo en el diario El Universal (Miércoles 7 de agosto 2019).

La protección ambiental

Teódulo López Meléndez

El primer programa en materia ambiental es el de la concientización, uno que excede a los parámetros donde se le ha pretendido restringir para llegar hasta el uso del agua y de su ahorro, de la conciencia de los químicos contaminantes, del uso del transporte masivo en sustitución del auto privado, hasta el aprendizaje en la clasificación de desperdicios y del reciclaje.

Las agresiones contra el medio ambiente, la conservación de los espacios naturales y todos los elementos vinculados a este tema no son desconocidos. Las advertencias del ecologismo han logrado que la información llegue, pero ha faltado la instrumentación legal y técnica para la práctica de una política racional en la materia. Es más, ha faltado la conciencia de que la cuestión ecológica puede convertirse en una centralidad estratégica de fuerzas de emancipación social. Por una razón  muy sencilla: exagerada o no, catastrofista o no, la denuncia ecológica ha mostrado, por ejemplo, la ruptura de una concepción lineal de la historia, del mito del progreso en ascenso indetenible y de la concepción del hombre como un individuo abstracto.

El problema es de alta complejidad y debe incluir también la contaminación tanto en el agua como en el suelo como en el aire, la pérdida de capa fértil, la extinción de especies, la deforestación, la desertización, y las específicamente relacionadas con la salud humana, como olores, enfermedades crónicas, incapacidad laboral, y por supuesto las relacionadas con el mundo animal.

Hay que incorporar las medidas de conservación ambiental al concepto de desarrollo sustentable. Hay que incluir la deshumanización de las ciudades dentro del tema ecológico porque llega hasta la concepción de la salud y al malestar social. Nuestras ciudades están fragmentadas, contaminadas y agresivas, unas donde se pasan horas para llegar al trabajo y devolverse a casa. La ciudad debe ser considerada como un ecosistema.

Nuestras ciudades han crecido anárquicamente, no se han construido vías internas en años. La ruptura de barreras, el encuentro en los espacios adecuados para compartir, el acceso a los medios comunes de desahogo y lo que algunos urbanistas llaman “el espacio para la vida entre edificios” requerirá de esfuerzo.

teodulolopezm@outlook.com

Artículo en el diario El Universal (Miércoles 31 de julio 2019)

La transgresión de la oscuridad

Vídeo de Teódulo López Meléndez

El Estado Social de Derecho

Teódulo López Meléndez

Si no hay Estado de Derecho no existe  democracia, dado que ese Estado de Derecho excede a un simple conjunto de normas constitucionales y legales,  pues  involucra a todos los ciudadanos, no sólo a parlamentarios que legislan o a políticos que gobiernan. La existencia del Estado de Derecho se mide en el funcionamiento de las instituciones y en la praxis política cotidiana. El Estado de Derecho suministra la libertad para el libre juego de pensamiento y acciones y debe permitir las modificaciones y cambio que el proceso social requiera. El Estado de Derecho excede el campo de lo jurídico para tocar el terreno de la moral, pues existen derechos naturales inalienables. Así comprendido podemos hablar de un Estado Social de Derecho, pues comprende los derechos sociales de los cuales la población ciudadana es titular.

Si bien la democracia es una forma jurídica específica no puede limitarse a garantizar la alternabilidad en el poder de las diversas expresiones políticas, sino que debe avanzar en la institucionalización de principios y valores de justicia social distributiva. El derecho, para decirlo claramente, es un fenómeno politizado pues dependerá del consenso alcanzado en democracia. En otras palabras los derechos sociales deben ser incorporados a los fundamentos del orden estatal mismo. Es esto lo que se llama Estado Social de Derecho.

La democracia está hecha de los materiales sociales que componen la sociedad dicha democrática. Las normas jurídicas no son legítimas sólo por su origen, fundamentalmente lo deben ser por sus efectos. El Estado de Derecho implica principios morales, jurídicos y políticos que deben tener eco en las decisiones judiciales que fomenten el respeto a las reglas fundamentales del juego político. Cuando no se puede intervenir para modificar los esquemas de iniquidad no estamos ante un real Estado de Derecho. Es indispensable entonces cerrar la brecha entre el orden jurídico formal y las formas y prácticas de la realidad. Esto, que podríamos llamar reinstalación del Estado de Derecho, pasa por la modificación de la cultura política que necesariamente debe traducirse en mejores leyes e instituciones. Hay que hacer subir desde el cuerpo social las nuevas formas.

teodulolopezm@outlook.com

Artículo en el diario El Universal (Miércoles 17 de julio 2019)

Derecho y política

Teódulo López Meléndez

Hay que plantearse un discurso práctico en la acción política que cree condiciones sociales aptas mediante la institucionalización del discurso ético asumiendo el derecho los desafíos planteados a la política en el ámbito cultural y socio-político. Hay una “pluralización de las formas de vida y una individualización de las biografías” que imponen una multiplicación de tareas y roles sociales. Así surge el planteamiento de una democracia deliberativa. El ciudadano deja de ser un sujeto que simplemente expresa preferencias (por ejemplo electorales) para pasar a ser considerado un agente activo en la construcción del proceso político mediante la modificación del agotado concepto de opinión pública.

El derecho estuvo sustentado en fundamentaciones religiosas o metafísicas, ya no, por lo que hay que buscar nuevas formas de legitimación para el derecho positivo, dado que este no es una mera administración institucionalizada sino un control que busca resolver los conflictos sociales en procura de un eventual consenso. La legitimidad de este derecho positivo no se funda sólo en la moral sino también en la racionalidad de los procedimientos jurídicos, tanto de fundamentación como de aplicación. Entran en escena así las leyes electorales y los procedimientos legislativos, pero aún insuficientes pues  así está en el juego solo una pequeña porción de la vida pública. Es evidente que el derecho y la política deben procurar la reconstitución de una integración social rota por las diferencias mediante un complejo proceso de mediación social que pasa por las tensiones entre “hechos y normas” o entre “facticidad y validez”.

Habermas acepta que las condiciones económicas y políticas pueden ser controladas en la misma medida en que se fortalecen las expresiones de una razón comunicativa, una política que contempla la deliberación participativa de los ciudadanos, más allá de la lógica instrumental o estratégica. En Teoría de la acción comunicativa (1981) asoma que el derecho puede tener el rol de aparecer como la mediación que cataliza las manifestaciones o reclamaciones ético/morales y políticas. Esto es, el derecho y la democracia se manejan en un nuevo paradigma de derecho fundado en el principio de la discusión

teodulolopezm@outlook.com

Artículo en el diario El Universal (Miércoles 10 de julio 2019)

Gerenciar la comprensión

Teódulo López Meléndez

Desde el poder no se está haciendo política, este tipo de poder no la concibe. Quienes se le oponen deben entenderla como una especificidad de acción. Plantear un supuesto regreso no es una ruptura. Si se mantiene en un territorio evanescente la política se hace innecesaria y el oponente habrá ganado la batalla. Los términos de la política son de mañana, no de ayer.

Es esencial a su existencia la visibilidad y hacer del disenso una modalidad específica de “su” ser, lo que significa que plantar cara al poder sin política, sin la construcción ideática de una sustitución mediante una oferta concreta de ruptura entre el aparato que se alza omnímodo y alega ser la construcción de algo, por una parte, y del estado de lo social que debe estar en ebullición reclamando esa sustitución desde un aparataje conceptual, sólo conduce al fracaso.

Una estrategia correcta de combate es dejar claro que las élites no monopolizan el poder, que son dueños sólo de gerenciar, que las instituciones no son de su propiedad privada y que un líder es el que enseña a pensar. Cuando esto no se hace el poder populista se consolida y la política vuelve a desleírse en su ausencia. Sin política no hay formas.

¿Quieren gerentes? Muy bien, pero parece que los quieren para administrar con eficacia, probidad  y eficiencia los dineros públicos. Eso es obvio. Los que quieren gerentes lo que no saben es la post-obviedad. Pues se los digo: aquí lo que hay que gerenciar es la comprensión de un gran movimiento colectivo inteligente hacia las nuevas estructuras nacionales. En otras palabras, la aparición de un liderazgo colectivo que los aspirantes incitan a permanecer en acción en un proceso de transformación que ellos simplemente inducen y mantienen en la dirección correcta decidida por el cuerpo social. Esos son los gerentes y los gerentes son conductores políticos.

Puede generarse una inteligencia colectiva y ello pasa por una transición a un modelo de auto-organización, aplicable hasta en el aspecto económico, por lo que se habla ya de una “economía sostenible de colaboración”. En buena parte se está haciendo ante la desavenencia de los hablanchines. La hemos llamado democracia siglo XXI e implica generar y gerenciar la comprensión.

teodulolopezm@outlook.com

Artículo en el diario El Universal (Miércoles 26 de junio 2019)

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

democraciasiempre

Just another WordPress.com site

Mesopotamia

Este sitio WordPress.com es la caña

ladireccioneticaenlaadmpublica

LA ÉTICA EN LA ADMINISTRACIÓN PUBLICA MUNICIPAL

Entre letras y números

Porque lo escrito, escrito está entre letras y números

Blogs Of The Day

Just another WordPress.com weblog

WordPress.com

WordPress.com is the best place for your personal blog or business site.

The WordPress.com Blog

The latest news on WordPress.com and the WordPress community.

A %d blogueros les gusta esto: