Democracia del siglo XXI

  • Teódulo López Meléndez

    Abogado, diplomático, novelista, ensayista, poeta, editor, columnista de opinión.

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La recuperación del sentido

Posted by Teódulo López Meléndez en noviembre 25, 2012

 

 


 

Teódulo López Meléndez

Vivimos una época en que la política dejó de ser espacio de redención para convertirse en una imposibilidad frustrante. He repetido cientos de veces que el pensamiento y la política se divorciaron, convirtiéndose la segunda en un giro lamentable sobre lo instituido. La política pasó a ser la administración de lo instituido despojándose de toda carga, incluso de aquella vieja concepción que la definía como “el arte de lo posible”.

Encontramos que quienes anuncian prácticas de “democracia representativa” la transforman en verdad en una situación deliberativa intrascendente incapaz de incidir con modificaciones sobre lo instituido. Lo representativo ha dejado prácticamente de existir al constituirse en un mecanismo conservador de lo existente y al no encarnar una voluntad expresada desde la fuente instituyente  y lo llamado “participativo” ha sido convertido en una farsa que obtiene resultados exactamente contrarios a los necesarios..

Es necesaria la tensión modificadora que produce una sociedad en afán instituyente. Nos hemos planteado cambios institucionales y no cambios estructurales que son los propicios para el logro de la equidad social.  Hay que construir una ciudadanía y no tenemos tiempo como para andar proclamando que se requerirían 20 o 30 años de un proceso educativo profundo. Hay que procurar un despertar hacia una autodeterminación ciudadana y no detenerse en la larga espera de una formación poblacional masiva.

Pasa por hacerlas interpelar y crear así una tensión. Ello implica innovación originada en un profundo discernimiento. Esto es, deben poder ser convertidas en activistas en procura de la inclusión y del reconocimiento de derechos aún no reconocidos. Se trata de la ruptura de una lógica instituida e impositiva que mantiene en vigencia un acuerdo social básico absolutamente inepto para atender a las necesidades políticas inmediatas de superación de un régimen autoritario e impide el poder arrollador de una sociedad instituyente. Ello implica una nueva ética política que hará posible la erupción de una nueva cultura política  que posibilitará –entonces sí- el largo período de educación masiva en la formación de ciudadanos. Algo muy contrario al asistencialismo del estado, un perverso mecanismo que no hace ciudadanos sino aciudadanos.

Cuando se fragmenta se enseña que la movilización colectiva es inocua, se corroe el poder instituyente del cuerpo social. La sociedad venezolana actual está en fase negativa. La protesta es una simple pérdida de paciencia y la lectura de columnistas que insultan al gobierno un simple ejercicio de catarsis.

Es lo que intentamos hacer: procurarnos algunos ciudadanos, ya dueños de esta condición, para comenzar a generar una cultura política esencialmente nueva.

Lo que pretendo al hablar de ciudadanía instituyente no se refiere a un mito fundante. La política de resolución de conflictos y de armonización de intereses se basaba en el respeto estricto al orden legal vigente como única posibilidad política de mantenimiento democrático. Después del revolcón que hemos sufrido ese contexto de política está marchito. La paradoja es fácilmente soluble, puesto que al estar encerrados (como estamos) en la “sin salida” (repito que ya he hablado suficientemente de nihilismo y cinismo del siglo XXI) va a encontrarse inevitablemente con una reacción frente al sometimiento, una que también de manera inevitable va a estar marcada por una concepción de la política absolutamente distinta de esta que practican entre nosotros tanto gobierno como oposición. Hay, pues, esperanza, porque de la nueva ética saldrá racionalidad en la nueva construcción. Ello provendrá de la toma de conciencia de una necesaria recuperación (no del pasado, en ningún caso), sino del sentido.

tlopezmelendez@cantv.net

 

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Después de la tregua

Posted by Teódulo López Meléndez en noviembre 21, 2012

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Arboretum: plantarse de raíz

Posted by Teódulo López Meléndez en noviembre 16, 2012

Por Ricardo Viscardi

La actividad convocada en torno a “Lecturas del Progreso” en el arboreto Lussich[1], en Punta Ballena, presenta algunas consonancias de particular actualidad. La primera y quizás la más significativa, proviene de la diferenciación entre lectura y Progreso. Una vez que se admite una pluralidad de lecturas, que instruyen otras tantas versiones del avance ordenado y sistemático de la naturaleza, comenzando por la propia naturaleza humana, caduca la integridad del Progreso en tanto progresión ordenadora, que  se ilustraría por sí misma. La propia diferenciación de una actividad de lectura con relación a un texto lo desarticula como tal, es decir en su progresión textual, en cuanto supone que un mismo conjunto puede encontrarse injertado[2] por distintas miradas lectoras.

Sin embargo, esta irrupción en desorden idiosincrático de una multitud de lectores posibles,  que desarticulan una única de dirección por la que transcurre el sentido, está lejos de configurar un esnobismo intelectual. Días atrás, la prensa dio cuenta de la mayor manifestación pública que haya desfilado en el Uruguay durante este año, convocada sin embargo por una multitud de grupos de discreta integración y sin señales de identidad conferidas, ni desde el sistema político ni desde el movimiento sindical[3].

Sería más que aventurado suponer que esa muchedumbre de grupos comparte una misma lectura de la movilización “Por la tierra y los bienes naturales”, tan aventurado como suponer que esa movilización no constituye una señal que se sitúa por fuera y quizás, sobre todo, por encima de referencias históricas. Con el consabido efecto de alternativa que estas dificultades de identificación contextual generan, particularmente, en tanto señales del presente.

Conviene recordar, a efectos de identificación de diferentes entre sí, que cuando empleamos el término “contexto” en tanto sinónimo de “realidad”, decimos que tal realidad aglutina diferentes comentarios deferentes. Una abigarrada muchedumbre se comenta, textualmente, entre sí[4]. Allí hay ante todo movimiento, pero de una agitación tal, que escapa a una unicidad consistente de la realidad, una en tanto tal.

En ese sentido realista, el paralelo entre la multitud y las lecturas está lejos de agotar el presente en que se despliega, particularmente si se lo considera desde el punto de vista del requisito formal de unidad, necesario para distinguir una índole propia de la realidad. En efecto, tal índice de realidad se presenta con rasgos definitorios e inconfundibles, contraponiéndose a la abigarrada muchedumbre que lo impugna, a través de un conjunto de proyectos de desarrollo, que aúnan la iniciativa pública y privada con el objetivo de valorización económica de la base material.

Esta realidad presenta como trasfondo invariable la propia explotación posible de los recursos naturales, en particular aquellos vinculados a la superficie marítima y terrestre del Estado-nación,  con especial predilección por la interface económica entre la salida marítima y el hinterland productivo. Incluso, una arborescencia internacional vincula un conjunto de mega-proyectos, tanto a la exportación con destino de ultramar, como con el comercio por vía marítima de la producción regional latinoamericana.

A poco de andar en el razonamiento que articula la realidad en torno a la  condición productiva, se adivina la progresión del Progreso, en cuanto tanto la interface terrestre-portuaria, como la integración regional de la cuenca del Plata suponen, en tanto vínculo articulador, el interés económico. La unidad de la realidad, entendida incluso en tanto sinónimo de contexto, alimentado por una única lectura que engarza entre sí diferentes textos, supone la integridad de un mismo interés.

Ese interés compartido se manifiesta en torno a algunos emprendimientos que cuentan con el auspicio gubernamental y el apoyo de las intendencias locales, con el visto bueno de los gremios empresariales y con la anuencia de los sectores sindicales, coro que al unísono proclama la utilidad mega-empresarial en tanto señal del Progreso[5]. Esta unanimidad parece respaldar proyectos tales como la mega-minería a cielo abierto, o el puerto de aguas profundas que le sería complementario, o aún la conexión vial que consolide el desarrollo urbano de la zona turística del este, en un eje que va de Punta del Este a La Paloma[6].

Ante tal unanimidad de pareceres, no deja de sorprender que la manifestación más significativa del año haya sido protagonizada por una sumatoria de grupos, que pese a la unanimidad contextual de la realidad, no leen en el texto del Progreso mega-empresarial el sentido de una progresión integradora. Pareciera que esa desafección ante el propósito autorizado revela cierta desconfianza o resquemor, que pudiera provenir del fracaso de experiencias singulares. Pero también pudiera ocurrir que tal desafiliación no provenga del fracaso, sino de una lectura del Progreso que no lo identifica con la progresión del Orden, sino con la inminencia del desastre. Inminencia de una inmanencia, si nos atenemos a que la propia lectura puede ser entendida como una progresión en el Progreso textual y entenderse por consiguiente, viceversa, el Progreso económico en tanto mera lectura singular del contexto natural.

Esa desarticulación entre la progresión del orden y el Progreso ordenador proviene de la propia noción de lectura,  en cuanto interviene públicamente desde la mirada de cada quién: nada nos asegura que otros ojos ven lo mismo que los demás, sino que la experiencia nos indica,  a título democrático en particular, lo contrario.

Pudiera ser también, según algunas lecturas expuestas en el evento que tuvo lugar en el Arboretum Lussich, que lo que damos por avance del Progreso se haya impuesto a través de la defectuosa condición del lapso y la falencia, instituyentes por carencia fundacional, antes que por una pretendida progresión ordenadora de la realidad. Es decir, que damos por unidad de procedimientos lo que se nos impone, como consecuencia de una deriva que nos gobierna, aunque pretendamos lo contrario.\

Quisiera citar a título de memoria personal, sin incursionar en ninguna exposición sistemática ni interpretativa, dos intervenciones que en el mismo evento “Lecturas del Progreso” me parecieron ilustrativas en el sentido de un “Progreso” de progresión forzosa y defección directiva.

La primera se vincula a la ponencia de la Dra. Sonnia Romero, quien presentó el caso de emprendimientos turísticos de especulación inmobiliaria, que terminaron por arruinar los encantos naturales de las zonas que supuestamente habilitaban a la frecuentación. En estos casos, el Progreso supone, a posteriori de esas experiencias, impedir la instalación de intereses especulativos, que más preocupados por la tesorería que por el paisaje, terminen en el consabido sacrificio de la célebre ponedora áurea.

La segunda se refiere a la intervención del Dr. Javier Gallardo, quien manifestó que la democracia en el registro que caracteriza actualmente a los estados-nación, esto es, determinada por el sufragio universal y secreto a partir de la igualdad de derechos entre los ciudadanos, estuvo lejos de constituir históricamente el criterio predominante en la opinión pública. En sucesivos períodos políticos, tal democracia “radical” encontró, según expuso Gallardo, “mala prensa” entre los sectores influyentes y dominantes, de manera que no se impuso sino como “último recurso” para evitar “males peores”.

Pudiera ser entonces, que una multitud de lecturas, lejos de constituir un único tronco del “árbol de la ciencia” caro a Descartes,  no constituyan sino otras tantas raíces de un árbol de pensamientos, en búsqueda de humedales profundos. En ese caso, conviene desde ya, que siguiendo el ejemplo de Lussich a partir de su arboretum, nos internemos en la tierra aparentemente inhóspita, como lo era La Ballena hacia fines del siglo XIX, porque pudiera ser que tantas raíces de pensamiento enraícen, finalmente, entre la muchedumbre que desfila sin progresión de Progreso.

[1] “Jornadas de Pensamiento y Debate: Lecturas del Progreso” http://www.facebook.com/events/410396405682838/

[2] Derrida, J. (1972) Marges, Minuit, Paris, p.377. Versión en español en el sitio Derrida en Castellano http://www.jacquesderrida.com.ar/textos/firma_acontecimiento_contexto.htm (acceso el 15/11/12)

[3] Gilet, E. “Inesperada multitud” Brecha Digital (19/10/12) http://brecha.com.uy/index.php/sociedad/729-inesperada-multitud

[4] Derrida, Op.cit. pp.377-383.

[5] “Sindicato metalúrgico apoya proyecto de la minera Aratirí” Ministerio de Defensa Nacional (05/05/11) http://www.mdn.gub.uy/public/admdoc/34c86c2be68c942707595ab93f7a9966/resprenac050511.pdf (acceso el 15/11/12)

[6] Muñoz, A. “A medio camino” La Diaria (31/01/12) http://ladiaria.com.uy/articulo/2012/1/a-medio-camino/

Publicado por Ricardo Viscardi en 20:57 

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La nueva crisis en Oriente Medio

Posted by Teódulo López Meléndez en noviembre 15, 2012

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El Congreso del Partido Comunista Chino

Posted by Teódulo López Meléndez en noviembre 11, 2012

 

Teódulo López Meléndez

En su habitualidad de decir las cosas con discreción, pero de decirlas, el Partido Comunista Chino ha visto transcurrir su nuevo Congreso, coincidencialmente reunido un par de días después de la elección presidencial norteamericana.

De las cosas a mostrar el crecimiento del Producto Interno Bruto, a pesar de la crisis, y el consenso mantenido en la élite dirigente a pesar de algunas purgas. La dirigencia saliente –que China ha adoptado el buen hábito de cambiar los pañales- encabezada por el presidente Hu Jintao y el primer ministro Wen Jiabao no ha ocultado las dificultades del modelo económico que requiere cambios, la urgencia de atender exigencias de legitimidad y de un cambio político que han dejado claro jamás pasará por una imitación de las democracias occidentales.

Cómo aumentar este ingrediente democrático sin abandonar el sistema de partido único es algo que resta inédito, quizás simplemente para las décadas por venir. Si algo hemos visto en China es una hasta hace poco incipiente protesta reflejo de un aumento de las desigualdades sociales. Si bien el partido, con 82 millones de miembros, maneja una espectacular red de contactos, no hay lugar a dudas sobre dos elementos peligrosos: nepotismo y corrupción. A las élites dinásticas se han alzado sectores populares a través de la Liga de la Juventud y algunos éxitos han logrado hasta llegar al politburó del partido.

Entre los tímidos cambios económicos parecen haber quedado claro una mayor vinculación del tipo de cambio con el mercado, un aumento de las inversiones en el exterior, la convertibilidad de la moneda, más fondo estatales en la industria no sin descuidar una mayor participación privada, una peculiar pues unos cuantos millonarios andaban entre los dos mil delegados al congreso. Si bien las exportaciones se han visto golpeadas por la crisis y por una debilidad en aumentar el consumo interno China creció este tercer trimestre un 7.4 %. Seguramente se las arreglarán para que el sector privado de la economía pueda competir en igualdad de condiciones con las empresas estatales. El Fondo Monetario Internacional cree que el crecimiento chino este 2012 alcanzará en definitiva un 8%. Al fin y al cabo la nación asiática mantiene un alto superávit comercial y, a pesar de todo, las exportaciones muestran aún buena cara, lo que indica que habrá ajusten lentos que corresponderán al nuevo presidente. El propósito, duplicar el ingreso per cápita tanto de la población urbana como rural para 2020.China es ya la segunda economía del mundo y se estima en 2016 supere a Estados Unidos, según las cifras  de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Es bajo estos indicadores que llega Xi Jinping a la secretaría general del PCCH y en marzo de 2013 a la presidencia. Deberá procurar, pues, un mayor cuidado del ambiente, alejar los fantasmas del nepotismo y de la corrupción, acelerar ese proceso de “democratización” sin copiar a occidente y estabilizar lo que la élite dirigente determinó, como poner más recursos en manos de los chinos para que consuman más.

Una cosa ha quedado clara en el plano militar. China dedicará sus mejores esfuerzos en este campo al desarrollo de su marina de guerra, quizás porque el conflicto con Japón por unas pequeñas islas le mostró fallas a superar.

Una mirada final al desarrollo del Congreso del Partido Comunista Chino muestra una coherencia y una unidad en la cúpula que no desconoce ni trata de ocultar las tensiones abajo. Esa combinación de mercado y régimen político cerrado ha producido una necesaria apertura de ojos en buena parte de la población, mientras la corrupción ha causado malestar y los requerimientos sociales son cada día mayores. Sobre la base de su sólida economía en crecimiento se formularán pequeñas modificaciones que tienden a una mayor apertura hacia la iniciativa privada.

En términos generales el congreso nos ha dejado claro lo que hará China en los próximos años. Quizás las referencias a convertibilidad de la moneda sean escuchadas en Estados Unidos con especial agrado. En cuanto al mundo, podrán estar tranquilos unos cuantos países, dado que el gigante asiático no sólo mantendrá sus inversiones sino que las aumentará. Esas inversiones han sido claves para que América Latina no sufra la crisis económica.

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Estados Unidos: Las lecciones enseñan

Posted by Teódulo López Meléndez en noviembre 8, 2012

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Obama o el regreso de un líder

Posted by Teódulo López Meléndez en noviembre 7, 2012

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En Uruguay: “Lecturas del progreso” Jornadas de pensamiento y debate

Posted by Teódulo López Meléndez en noviembre 6, 2012

 

La actividad, declarada de interés cultural por el MEC, se desarrollará  el viernes 9 de noviembre de 11 a  19 h en el Arboretum Lussich de Punta Ballena, Maldonado. El eje principal de las jornadas se relacionan a la idea de «progreso» y las distintas lecturas que emanan de la misma. Habrá  locomoción gratuita que sale de FHCE a las 9.00 h. Las actividades no se suspenderán en caso de lluvia.

Por más información e inscripciones para la locomoción  comunicarse al correo lecturasdelprogreso@gmail.com

Concepto y fundamentación:

El eje principal giraría en torno a la idea de Progreso y las distintas lecturas que emanan de la misma. Distintos actores se habrán de encargar de llevar a cabo desarrollos conceptuales desde miradas distintas, todo lo cual propenderá a efectivizar un debate ciudadano. La problematización filosófica, económica, legal, subjetiva, etc. del concepto de progreso nos parece sumamente apremiante dadas las características del presente en términos globales y principalmente locales en lo relativo a los cambios infraestructurales y culturales que vive el país y la región Este. El Progreso es ante todo una noción que nace desde la mentalidad moderna; nos interesa que sea problematizado el concepto, desde su realidad o virtualidad, desde sus costos naturales y culturales o desde las posibilidades que se abren dado el impulso contemporáneo por alcanzar nuevas realidades artefactuales, legales o culturales en general.

Hemos creído propicio, dadas las características específicas de las circunstancias de la región Este y en particular de Maldonado, llevar a cabo un debate ciudadano sobre una de las problemáticas más relevantes de la actualidad en lo concerniente a la cuestión de la vida y el desarrollo humano. Nos ha parecido, por su parte, sumamente sugerente realizar una de las actividades de la Jornada en el Arboretum Lussich. Justamente este sitio, por un lado, simboliza un espacio que enraíza la discusión por su propias características; por otro, rompe con la típica puesta en escena de los debates públicos: las paredes y los techos, y da, al mismo tiempo, un carácter particular a la actividad. Además abre este espacio natural para darle cabida a una actividad ciudadana de reflexión y diálogo en uno de los lugares más bellos del departamento así como de conservación de la naturaleza que ha llegado a convertirse en una de las reservas de árboles más importantes del mundo y es orgullo silencioso del departamento.

 

Nómina de participantes:

Ricardo Viscardi, Doctor en Filosofía, (Dpto. de Filosofía Teórica, FHCE).

Sonnia Romero, Doctora en Antropología, (Dpto. de Antropología Social, FHCE).

Mauricio Langón, Profesor de Filosofía, investigador en el campo de la filosofía y su enseñanza.

Valeria Díaz, Psicoanalista investigadora.

Ronald Teliz, Prof. de Filosofía, Psicólogo, (Dpto de Filosofía moderna FHCE; CURE).

Gonzalo Percovich, Psicoanalista, miembro de la Escuela lacaniana de psicoanálisis, investigador.

Bruno Cabrera, Lingüista, escritor, desarrolla agriculturas alternativas.

Javier Gallardo, Doctor en Ciencias Políticas (Dpto. de ciencias políticas, FCS, Udelar).

Alma Bolon, Doctora en Ciencias del lenguaje, (Facultad de Derecho; FHCE, Udelar).

Raquel Capurro, Psicoanalista, miembro de la Escuela lacaniana de psicoanálisis, escritora.

Damián Baccino, Lic. en Filosofía, investigador, escritor.

José Portillo, Médico, filósofo, escritor.

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Aborto de verdad: la excomunión ante Lacan

Posted by Teódulo López Meléndez en noviembre 2, 2012

 

 

Ricardo Viscardi

Una coincidencia que propicia la excomunión, vincula al libro La no-excomunión de Jacques Lacan. Cuando el psicoanálisis perdió a Spinoza[1] con la excomunión de los parlamentarios uruguayos que votaron la ley de despenalización del aborto. El libro de orientación psicoanalítica origina en estos días eventos lacanianos en Montevideo [2], de manera que su presentación se pone en paralelo con la excomunión,  que por razones doctrinarias la Conferencia Episcopal uruguaya da por implícitamente sentenciada, sin notificación a los interesados, a partir del texto teológico [3].

Igualmente implícita la auto-excomunión de Lacan se infiere, según la presunción del célebre psicoanalista, de los avatares de un congreso reunido en Stockholmo, por el año 1963. Inversamente a lo que ocurre con los parlamentarios uruguayos que han votado la ley de despenalización del aborto, tal excomunión no cuenta con ningún registro institucional de parte ejecutante. Sin embargo, en el sentido que da Lacan al término, por más que vincule su peripecia sueca con la excomunión de Spinoza en 1656[4], la excomunión significa, en un sentido lato, la exclusión que margina de una comunidad. Esta significación se encuentra asimismo extendida a partir de la vasta significación del término francés que la designa: excommunication.

Tan vasta marginación sigue caminos tortuosos, tanto en el relato del libro de José Attal, como en el caso de las declaraciones que emanan de la Iglesia uruguaya, con relación a los parlamentarios excluidos del sacramento de la comunión. Según el libro que plantea la polémica, Lacan rectifica su auto-excomunión, en cuanto la convierte en mero “hecho” al que refiere a posteriori desde una comunidad alternativa que lo adopta, por manes de Althusser, en beneficio de la influencia directriz que el segundo ejerce sobre la filosofía marxista de los 60’. Integrado en l’Ecole Normale por obra y gracia del aggiornamiento teórico del marxismo, Lacan rehusa “todo Spinoza” según el criterio de José Attal, cuando pocos meses después recusa la máxima “Amor intellectualis Dei” (Amor intelectual de Dios). Inversamente, interrogada acerca del dictamen que fulmina a los parlamentarios que votaron la ley, la iglesia uruguaya lo hace derivar del texto de la norma eclesial, como si cierto pudor político la llevara a eclipsarse detrás de un dictamen subrepticio.

Basta comparar el edicto de excomunión que pesó sobre Spinoza en el siglo XVII con el aislamiento que se cerniera sobre Lacan, o con cierta inconveniencia que encuentra la Iglesia uruguaya en pronunciarse sobre las personas, para observar que el criterio de excomunión toma, desde hace ya buen tiempo, un sentido lato difícil de consignar con precisión. En el caso uruguayo se suma la postura presidencial vernácula, cuyo zafarrancho de opinión apoya un plebiscito destinado a derogar lo que dificultosamente llegó a aprobar la mayoría del partido de gobierno[5]. Tal amplitud de miras democráticas presidenciales fue antecedida por el veto de una ley con el mismo objeto, pero con contenido más radical,  interpuesto por su antecesor surgido de las mismas filas partidarias, mientras enfáticas declaraciones del propio Mujica proclamaban, por entonces,  un “principio de no intervención” en el desenlace legislativo.

Excomulgada de la institución, ante tantos vaivenes de laxitud,  la excomunión queda vinculada a la verdad de la exclusión. Llevada al gradiente de saber lo que supone la exclusión, en cuanto se contrapone a la admisión, la excomunión queda a la merced de la verdad del límite que dictaminan las instituciones. En tales términos de verdad que instituye un adentro y un afuera, el dictum del propio Lacan sobre el monopolio religioso propio a la Iglesia Católica [6] alcanzaría para fundamentar, in voce como en el caso de Spinoza, o sotto voce como ocurre con los parlamentarios que votaron la despenalización del aborto, la excomunión del propio autor de “La no-excomunión de Jacques Lacan”. El autor de los Ecrits confiere a la Iglesia Católica los derechos de autor sobre la única religión, que atribuyéndose el vínculo propio al todo que mancomuna sentido y verdad [7], excluye por sus propios fueros a todo otro culto dedicado a lo divino.

El propósito de Lacan es por demás tajante y sibilino, lo sostiene a lo largo de una conferencia de prensa mientras polemiza, en la Roma eterna que visita por el año 1967, con los mismos periodistas que intentan infructuosamente cercarlo con preguntas trazadoras, ante la impenetrable aseveración cifrada. Según Lacan existe una sola religión, la católica, apostólica y romana. Su religiosidad consiste en la prolífica extensión del sentido, que amenaza incluso con aniquilar la débil interrogación psicoanalítica, en razón de la entidad concernida por el sentido religioso (exclusivamente católico),  que no es otra que la mismísima verdad.

La puridad de la verdad como criterio de la excomunión articula, sin embargo, todas las variantes circunstanciales de exclusión que consideramos, en lo anterior, como antecedentes. Spinoza es excomulgado por la verdad que profesa en tanto filósofo. Lacan por la duración de su sesión ante la verdad práctica del análisis. Los parlamentarios de izquierda que votaron la ley de despenalización del aborto por la verdad de la concepción divina de la vida. Attal, que propone un culto incrédulo en tanto modelo de escuela freudiana, por lo que dijo Lacan de la verdad con relación a la religión católica. Mujica se excomulga a sí mismo, no como presidente, sino como hablante incontinente de una verdad que es tanto una cosa como la otra (digo que respetaré el laudo parlamentario sin vetarlo, pero ya que estamos, me parece mejor un plebiscito).

Pareciera, si aplicamos la verdad como medida para dirimir la exclusión, es decir la excomunión, que el sentido de la verdad explica porqué un protagonista llega a ser marginado, según la trascendencia de un dictamen. Pero asimismo, para que tal  alcance de la verdad deje a un antagonista al margen, es necesario que el sentido lo haya involucrado en una misma dirección. La direccionalidad trazada desde el sentido de la verdad constituye la religión, en tanto laudo trascendente, que no logra excluir sino porque, inclusive, incorpora negativamente.

Con idéntico propósito Serge Margel explaya, 28 años después de aquella provocativa conferencia de prensa que Lacan sostuvo en Roma, la clave de la enigmática declaración del psicoanalista francés[8]. La Iglesia Católica constituye la única religión, para Margel, porque su doctrina iguala teológicamente este mundo con el celestial, en cuanto la divinidad concibe el mismo designio, para un único orbe que comprende, por igual, más acá y más allá[9]. La trascendencia que une la verdad de dos esferas distintas proviene de la encarnación, que el propio Dios sufre como cualquier mortal, de forma tal que una misma provisión de destino trasciende, por encima del límite que separa vida y muerte[10]. La trascendencia une los dos lados del mismo designio que la delimita, en tanto el sentido de la verdad expresa el vínculo que comparten Creador y creatura, existencia celestial y terrena.

Sólo puede excluir quien puede discriminar. No discrimina sino quien incrimina, desde la verdad, que sólo se alcanza, en verdad, por la trascendencia del sentido. No existe verdad sin trascendencia del sentido y esa es toda la verdad de la verdad. De ahí que Tarski no pudiera avanzar más allá de la índole semántica de la verdad [11]. Es que a la verdad le alcanza con alcanzar la trascendencia del sentido, donde caben toda la semántica y la verdad. Por la misma razón la Iglesia, para ser católica, apostólica y romana, debe ser excomulgando, ya que de no hacerlo no tendría sentido, en verdad, la trascendencia de la divinidad, en cuanto todo formaría parte de un único magma secular, democrático y multitudinario.

En eso estamos, mal que le pese a las discriminaciones religiosas y laicas por igual, ya que unas y otras se sostienen en ignorar que hace algunas décadas descubrimos, con Wittgenstein, que el lenguaje en el que anida todo sentido no concierne sino al propio mundo que designa[12], mientras Foucault señaló asimismo que en verdad el poder no se toma sino a través de “juegos de verdad”[13]. Quizás hayamos perdido a Spinoza, pero ¿quién encontraría a quién en el juego del Amor intellectualis Dei?

[1] Attal, J. (2012) La no-excomunión de Jacques Lacan. Cuando el psicoanálisis perdió a Spinoza, Cuenco de Plata, Buenos Aires. En este texto seguimos el original francés Attal, J. (2010) La non-excommunication de Jacques Lacan. Quand la psychanalise a perdu Spinoza, l’Unebévue éditeur, Paris.

[2] L’Ecole Lacanniene de Psychanalise organiza en estos días varios eventos en Montevideo en torno al libro de José Attal. Entre ellos, una conferencia del autor en el Centro de Farmacias, Lauro Müller 2028, el 6 de noviembre próximo a las 20h.

[3] “La Iglesia Uruguaya excomulga a los políticos que votaron la ley del aborto” Religión Digital (19/10/12) http://www.periodistadigital.com/religion/america/2012/10/19/la-iglesia-uruguaya-excomulga-a-los-poiticos-que-votaron-la-ley-del-aborto-religion-obispos.shtml (acceso el 1/11/12)

[4] “Decreto de excomunión de Baruch Spinoza-1656” La Máquina del Tiempo http://www.lamaquinadeltiempo.com/algode/spinoza.htm (acceso el 1/11/12)

[5] “Usted dirá” Montevideo Portal (29/10/12) http://www.montevideo.com.uy/notnoticias_182947_1.html (acceso el 1/11/12)    

[6] Lacan, J. (1980) « Conferencia de prensa del Doctor Lacan » en Actas de la Escuela Freudianna de Paris, Petrel, Barcelona, p.23.

[7] Op.cit.p.21.

[8] Margel, S. (2005) Superstition, Galilée, Paris.

[9] Op.cit.p.89.

[10] Op.cit.p.91.

[11] Tarski, A. (1997) “La concepción semántica de la verdad y los fundamentos de la semántica” en Teorías de la verdad en el siglo XX, Tecnos, Madrid, pp.65-108.

[12] Wittgenstein, L. (1961) Tractatus lógico-philosophicus, Gallimard, Paris, p.141.

[13] Foucault, M. “La ética del cuidado de uno mismo” Scribd  http://es.scribd.com/doc/30828120/Michel-Foucault-La-Etica-Del-Cuidado-de-Uno-Mismo (acceso el 1/11/12)

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La realidad y la ficción en la democracia: “La mentira os hará libres”

Posted by Teódulo López Meléndez en octubre 31, 2012

 

Por Francisco Vélez Nieto

 

Libros: “La mentira os hará libres” de Fernando Vallespín

Galaxia Gutenberg – Círculo de Lectores

Si como decía D´Israeli la política es el “arte de gobernar a la humanidad mediante el engaño”, no le cabe la menor duda a la mayoría de la ciudadanía de este país, todavía conocido como España, ya que se encuentra, por desgracia desencantada de nuestra clase política. Esta en la “realidad y la ficción en la democracia” nacional, que plantea Fernando Vallespín, catedrático de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid desde 1992, en la que ha ejercido casi toda su carrera académica, y donde ha ocupado cargos como el de vicerrector de Cultura, la dirección del Departamento de Ciencia Política o del Centro de Teoría Política de dicha universidad. También ha sido presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas de 2004 a 2008, y en la actualidad ostenta el cargo de director académico de la Fundación Ortega-Marañón.

Ha publicado varios libros y más de un centenar de artículos académicos y capítulos de libros de ciencia y teoría política en revistas españolas y extranjeras, con especial predilección por la teoría política contemporánea. Colabora habitualmente en el diario El País y en la Cadena SER, expone con estilo, claridad y mesura, pero sin que le tiemble la escritura expresada con sencillez dirigida a un “público general, no a sus colegas”.

El autor a considerado advertir antes de entrar en materia que, aunque “el libro está escrito por un académico” no va dirigido a sus colegas”, ha tratado de “evitar los excesos retóricos, las muchas citas y la “pedantería” casi tanto como caer en la banalidad o la presentación frívola de un tema que considero de la máxima importancia para la calidad de la democracia” Justa medida ya que la situación política y democrática en que nos vemos obligados a vivir, las castas políticas de unos y otros partidos nos la ha situado en mal lugar dejando mucho que desear, porque “La veracidad nunca se ha contado entre las virtudes políticas, y las mentiras se han visto siempre como instrumentos justificados en las transacciones políticas” Una dolorosa y triste realidad que para la ciudadanía no es una mera sospecha o capricho, pues está mayoritariamente descontenta y en algunos términos colérica porque “Hoy más que nunca comienza a extenderse la sospecha de que vivimos en la mentira, en la esfera de las medias verdades, de la simulación de las realidades aparentes”. La hipocresía lo domina todo hasta convertirse en el “tributo que el vicio paga a la virtud”, contando, previo pago, con “los medios de comunicación los que se convierten en algo inevitable e incluso la incentivan”, por lo que hemos llegado a algo que en 1521 ya expresó Maquiavelo: “Desde hace ya algún tiempo nunca digo lo que creo y nunca creo lo que digo, y así alguna vez resulta que digo la verdad, la escondo entre tantas mentiras que es difícil de encontrar”

La claridad de Vallespín exponiendo sólidos ejemplos y por tanto contundentes, en cuanto a crítica objetiva del enmarañado estado de nuestra política nacional e internacional, insiste en que soportamos “Un mundo huérfano de verdad donde la textura de lo real se nos abre a una ilimitada gama de interpretaciones es un suelo fértil para edificar sobre él casi cuanto nos venga en gana” Y prosigue: “Y puede que en ese “casi” es donde esté la diferencia que hace que la diferencia, donde nos jugamos el ser o no ser de la democracia” Un panorama que a estas alturas a pocos ciudadanos coge de sorpresa, pues el asco reboza toda tolerancia hacia lo político, alcanzando niveles preocupante, peligrosos, para nuestra joven y endeble democracia, donde las libertades empiezan a recortarse y la ineficacia política aumenta hasta obligar la pregunta más insistentes de la sociedad española, porque “No es nada seguro que baste con la libertad, con gozar de espacio, prácticas y estructuras democráticas pasara combatir el engaño mediante el ejercicio de la crítica” Con la crisis la sociedad ante el miedo a perderlo todo busca la forma de poder salvar algo convirtiendo el diario vivir en una lucha por la supervivencia, por salvar lo posible de no perderlo todo, quien algo tenga, Esto crea, por imperativo, una ocupación total absorbente y en gran medida alienadora, siendo todos concientes de que “Los políticos ya no representan a los ciudadanos y sus supuestos intereses y expectativas, se limitan a administrar los imperativos, casi siempre técnicos, de un sistema económico-aunque no sólo sea esté- sobre el que han perdido la capacidad de iniciativa”.

Un libro reflexivo y transparente, recomendable por su lectura fluida y agradecida por la sinceridad del contenido y muestra de compromiso que todo intelectual, así como el ciudadano corriente, debe mostrar con solidez, realismo y tolerancia, los muchos males que padece nuestra incompleta democracia poseída del virus de la degeneración y desmemoria de las ideas, suplantadas por el disfraz de los esperpénticos por ambiguas y mediocres cuadrillas de voceros del bostezo y el miedo.

 

 

 

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La definición del futuro

Posted by Teódulo López Meléndez en octubre 30, 2012

Audio de Teódulo López Meléndez

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China acecha a Colombia y reta a Estados Unidos

Posted by Teódulo López Meléndez en octubre 25, 2012

Por MICHAEL SHIFTER *

 

Son innegables el crecimiento de China como potencia, el desafío para Estados Unidos y el reto para Colombia: practicar una diplomacia inteligente.

Un importante relato de política exterior en el siglo XXI se ha basado en el rápido ascenso de grandes países en desarrollo -sobresale China en particular- como un contrapeso o un desafío a la hegemonía de Estados Unidos. ]

Claro está que hablar sobre la caída de la influencia americana se viene comentando por décadas. Pero en años recientes, la presencia de China en las esferas tradicionales de influencia estadounidense se ha convertido en algo cada vez más visible.

En ningún lugar es tan claro este cambio como en América Latina, por mucho tiempo considerada el “patio trasero” de los Estados Unidos. Cada vez más, los líderes de la región están mirando hacia el oriente en lugar de hacia el norte a la hora de desarrollar políticas para competir en la economía global actual.  Este cambio trae tanto oportunidades significativas como retos para la región.

China ya es el mayor socio comercial de Brasil, Chile y Perú, y pronto será el segundo más grande de Colombia (hace diez años era el decimocuarto).

La presencia creciente del país en la región es en gran parte una función de su tremendo apetito por las materias primas, abundantes en América del Sur, lo que ha alimentado su espectacular desarrollo. China ha hecho esfuerzos agresivos por aprovechar las oportunidades en la región en que los Estados Unidos han mostrado poco interés.

Aunque Colombia se ha quedado atrás con respecto a algunos de sus vecinos en el proceso de involucrarse de lleno con China, rápidamente los está alcanzando. Un tratado de libre comercio entre Colombia y China podría expandir el comercio bilateral aún más.

Pero el comercio está sesgado fuertemente hacia la extracción de recursos, con el 84 porciento concentrado en el sector minero colombiano.

Hay algo de preocupación en cuanto a volverse demasiado dependiente de la exportación de materia prima, lo que podría tener implicaciones como lograr un crecimiento equilibrado a largo plazo. Sin embargo, más allá del comercio, el papel económico de China en Colombia ha sido modesto. No hay más de 40 compañías chinas operando en el país actualmente y China apenas ha invertido 32 millones de dólares en Colombia en los últimos diez años.

Aunque el sector privado de los Estados Unidos está entusiasmado con la idea de invertir en Colombia (y otros países de A.L.), el clima político de Washington ha afectado la relación entre E.U.  y Colombia en general.

China, en cambio, está lista para hacer negocios. En desarrollo de infraestructura, los colombianos están mirando hacia China para conseguir capital necesario y sin condiciones para financiar proyectos como el oleoducto en Venezuela y el proyecto hidroeléctrico en el Río Magdalena.

Pero sería un error ignorar las ventajas que traen la geografía, la historia y la cultura.

E.U. y Colombia disfrutan de una larga relación en gran parte positiva, marcada por un grado de confianza mutua que, como lo destacaron Hu Jintao y el presidente Juan Manuel Santos recientemente en Beijing, es un reto en las incipientes relaciones entre Colombia y China.

Los vínculos de larga data con los Estados Unidos y la relativa extranjería de la cultura china y sus prácticas comerciales sugieren que, si Colombia practica diplomacia inteligente, será capaz de mantener a ambas potencias como socios productivos en el futuro previsible.

En el hemisferio occidental, Estados Unidos no ve a China como una amenaza, sino más bien como parte central de una realidad del siglo XXI caracterizada por nuevas y crecientes potencias globales.

La pregunta es si Washington va a presenciar este cambio pasivamente, o si se va a mostrar más enérgico, con sentido estratégico para aprovechar las oportunidades de crecimiento en Colombia y gran parte de América Latina.

* Presidente del Diálogo Interamericano

 

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Las correcciones a la historia

Posted by Teódulo López Meléndez en octubre 24, 2012

Audio de Teódulo López Meléndez

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El ideal del hombre democrático

Posted by Teódulo López Meléndez en octubre 23, 2012

 

 

Por José Manuel Pérez Rivera

 

La crisis multidimensional en la que estamos inmersos está propiciando un profundo debate sobre la actual forma de organización social, económica y política. El vigente modelo ha dado claras muestras de su incompatibilidad con la justicia, la equidad y el pleno desarrollo de la persona. Ha llegado el momento de dar un salto cualitativo en la condición humana e iniciar la definitiva transformación del hombre. En estas circunstancias necesitamos un modelo que nos sirva de guía para este ansiado cambio en el modo de organizarnos en sociedad. Pero antes de cambiar la sociedad, debemos cambiarnos a nosotros mismos. Necesitamos producir una especie más completa de hombre de la que hasta ahora ha revelado la historia. En esta larga evolución de la humanidad ha habido momentos en el que los hombres dedicaron un gran esfuerzo por alcanzar la totalidad, el equilibrio y la universalidad. El ejemplo más conocido fue el de la cultura griega entre los siglos VI y IV a.C. Pocas culturas, como la Grecia clásica, han sido capaces de representar lo verdadero y plenamente humano. Estos hombres totales, como Solón, Sócrates y Sófocles, sobresalientes pero no únicos entre los suyos, son la prueba de las posibilidades reales del hombre para dotarse de un modo ideal de vida que permita el desarrollo de una personalidad completa y una comunidad equilibrada. En lo político idearon un sistema basado en la distribución equitativa del poder, la isonomía (la igualdad de todos los ciudadanos) y la isegoría (el poder de la palabra). La combinación de estos tres principios fue lo que hizo posible la democracia. Y si queremos recuperarla debemos conocer mejor cómo eran y cómo pensaban las personas que la hicieron posible.

Para hacer este breve comentario sobre el pensamiento griego voy a basarme en la síntesis que sobre este particular realizó Lewis Mumford en su obra, recientemente reeditada en España, “La ciudad en la historia” (Editorial Pepitas de Calabaza, 2011). Según Mumford, el ciudadano griego tenía como principales ideales la armonía, la moderación, el aplomo, la integridad, el equilibrio, la simetría y la autodisciplina. Además contaban con un espíritu personal que hacía alarde de flexibilidad, falta de prejuicios, libertad y coraje solitario. Este último aspecto fue subrayado por Mumford en esta obra y en muchas otras en la que analiza la condición humana y, en especial, la forma de ser de los griegos en la época clásica. Este coraje solitario del que habla Mumford se resume en una frase que figura en el antiguo juramento efébico de Atenas, “en solitario o con el apoyo de todos”.

Los griegos ahorraban en los niveles inferiores del ser (necesidades puramente físicas) y gastaban en lo más elevado (espíritu, pensamiento y creación). Ambas necesidades, las físicas y las espirituales, estaban en interacción rítmica, el trabajo y ocio, la teoría y la práctica, la vida privada y la vida pública, por tanto, no eran entendidas como esferas separadas del ser humano. La aludida despreocupación por la parte material de la existencia se traducía en un modo austero de vida. El ciudadano griego era pobre en comodidades. No estaban oprimidos por muchos requisitos de lo que hoy en día entendemos como civilización, entre ellos la rutina de comprar y gastar. De modo que la pobreza no era un estorbo, ni la pequeñez era un símbolo de inferioridad, si de algo se sospechaba era de la riqueza.

Las ciudades helenas no tenían grandes excedentes de productos, sino que disponían de un excedente de tiempo libre que dedicaban a la conversación, la pasión sexual, la reflexión intelectual y el deleite estético. La belleza era barata y las mejores cosas de esta vida, sobre todo la ciudad misma, estaban allí, al alcance de quien las pidiera. Esto no quita que, siguiendo el principio clásico de “mens sana in corpore sano”, dedicaran parte de su tiempo al cuidado de su estado físico. Llevaban una vida atlética y no eran dados a la gula y al exceso en el consumo de vino.

En el apartado más político, la vida pública del ciudadano griego exigía su atención y participación constantes. El propio Pericles llegó a decir: “…Consideramos al hombre que no se interesa en los asuntos públicos, no un ser inofensivo, sino un carácter inútil; y aunque pocos de nosotros somos creadores, todos somos jueces dignos de la política” (Oración Fúnebre, en Tucídides, La Guerra del Peloponeso, II, 40-41). Los griegos acuñaron incluso un término para referirse a quienes rehuían de la acción cívica, idiotis, que quiere decir individuo limitado a lo privado, de aquí procede el término moderna de idiota. Como bien comentó en cierta ocasión Cornelius Castoriadis, “para los antiguos griegos era un imbécil aquel que no era capaz de ocuparse de otra cosa que no fueran sus asuntos privados”. Esta separación de la esfera pública es una característica fundamental de la sociedad actual, lo que ha llevado a acentuar el individualismo, la apatía política, la privatización de los individuos y un superlativo grado de cinismo de la gente con respecto a lo político. Un sentimiento alentado por la clase política que recelan de quienes se implican en la vida pública, desde la crítica activa y vigilante, -siempre que no lo hagan en el estrecho margen de los partidos políticos- y al mismo tiempo alaban, como hizo el Sr. Rayoy, a los “idiotas”, -con perdón-, que se quedan en sus casas y conforman la “mayoría silenciosa” de este país.

Otro rasgo característico de la vida pública en Grecia era el respeto por las leyes. Según Rostovtzeff, citado por Karl Polanyi en “El sustento del hombre”: “en Grecia, las leyes están hechas por hombres. Si una ley ofende a la conciencia de la mayoría, puede y debe cambiarse; pero mientras esté en vigor, todos están obligados a obedecerla, porque hay algo divino en ella y en la idea misma de ley”. Un apartado que merece la pena subrayarse es que esta estricta regla de la ley en la ciudad procedía de la toma de conciencia general de que era una “ley creada por todo el cuerpo de ciudadanos”. Esta diferencia es básica para comprender lo que diferencia la concepción de las leyes por los antiguos helenos de la nuestra. Las leyes en la Grecia clásica eran promovidas y propuestas por la Boulé (asamblea restringida de ciudadanos, elegidos por sorteo de carácter rotatorio), pero eran aprobadas por la Ekklesía o Asamblea de ciudadanos. Una diferencia notable con el modelo vigente en España y en el resto de los países que se rigen por la llamada “democracia representativa”, que, como tuvimos ocasión de tratar en una ocasión anterior, no son otra cosa que regímenes oligárquicos liberales.

Como resultado de esta tergiversación de la idea de democracia, nos vemos obligados a acatar una serie de leyes promovidas por estas oligarquías políticas, en el que participan, como enumeró Castoriadis, “la burocracia de los partidos políticos, la cima del aparato del Estado, los dirigentes económicos y los grandes propietarios, el managment de las grandes firmas y, cada vez más, los dirigentes de los medios de comunicación e información”. Los integrantes de esta oligarquía, como era previsible, redactan y aprueban leyes que en muchas ocasiones atienden exclusivamente a su interés. Pero la cosa no queda ahí. En los últimos tiempos estamos asistiendo a un proceso en el que esta capacidad legislativa está siendo utilizada para socavar los principios básicos de la verdadera democracia como es el derecho de reunión, manifestación y libre expresión de la palabra (isegoría).

Hemos llegado a un punto en el que hasta la resistencia pacífica está siendo criminalizada en nuestro país por un partido político de claro signo autoritario. Hoy, más que nunca, cobran sentido las palabras de Henry Thoreau, contenidas en su conocida obra “La desobediencia civil”, en la que proclamaba “que lo deseable no es cultivar el respeto por la ley, sino por la justicia. La única obligación que tengo derecho a asumir es la de hacer en cada momento lo que crea justo…Y para ser (la ley) estrictamente justa habrá de contar con la aprobación y consenso de los gobernados”.

Como todo ideal, y el del hombre democrático no deja de ser uno de ellos, necesita un camino para convertirlo en realidad. Este camino, -el que siguieron los griegos que hicieron posible la democracia-, es el de paideia o la educación. Tal y como nos recuerda Werner Jaeger en su estudio “Paideia: los ideales de la cultura griega”, “la democracia, con su apreciación optimista de la capacidad del hombre para gobernarse a sí mismo, presuponía un alto nivel de cultura. Esto sugería la idea de hacer de la educación el punto de Arquímedes en que era necesario apoyarse para mover el mundo político”. Las ideas de Jaeger sobre la paideia fueron resumidas por Lewis Mumford en su obra “Las transformaciones del hombre”. Según la lectura que hace Mumford de este término, lapaideia, -tarea que debe de convertirse en la principal de la vida del hombre democrático-, “es la educación mirada como una transformación de la personalidad humana que dura toda la vida, y en la cual todos los aspectos de ella desempeñan un papel. A diferencia de la educación en el sentido tradicional, la paideia no se limita a procesos de aprendizaje consciente, ni a iniciar a los jóvenes en la herencia social de la comunidad. La paideia es más bien la tarea de dar forma al acto mismo de vivir, tratando toda ocasión de la vida como un medio para hacerse a sí mismo, y como parte de un proceso más amplio de conversión de hechos en valores, procesos en finalidades, esperanzas y planes en consumaciones y realizaciones. La paideia no es únicamente un aprendizaje: es un hacer y un formar, y la obra de arte perseguida por la paideia es el hombre mismo”: el hombre democrático.

http://www.rebelion.org

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La dignidad es el motivo adecuado

Posted by Teódulo López Meléndez en octubre 23, 2012

 

Por Alberto Medina Méndez

En épocas como estas, de crecimiento económico inercial impulsado, principalmente, por condiciones internacionales más que favorables, cierto populismo avanza despiadadamente sobre las libertades, amparado en las bondades que recibe sin méritos propios suficientes.

Sin embargo, estos líderes demagógicos han trabajado duro para construir su propio relato y poder así explicar cómo han conseguido los logros de los que se ufanan, pero sobre los cuales poco hicieron.

El despliegue económico generalizado en estas naciones, derivado de los excelentes precios de los comodities, afirmación fácilmente verificable con múltiples cifras disponibles, permitieron al populismo, primero llegar al poder y luego sostenerse en él pese a sus impericias, negligencias e inclusive a su ya indiscutible corrupción sistemática.

En este contexto más que propicio, en el que muchos individuos pudieron prosperar, el descaro, la ineficiencia y fundamentalmente los profundos errores conceptuales de quienes gobiernan, han provocado fenómenos absolutamente innecesarios como la inflación, la destrucción de la cultura del trabajo y un despilfarro de oportunidades de magnitudes impensadas.

Una soberbia que solo se corresponde con seres inseguros, han contribuido a dar paso a la inseguridad como matriz cotidiana, un discurso grandilocuente sin autocrítica, y una escala de valores de gran pobreza moral, que se ha convertido en el ámbito ideal para una corrupción que parece no encontrar límites.

Ese escenario que mezcla progreso con degradación, es un coctel que, al menos por ahora, les ha permitido permanecer en el poder y contar con el apoyo popular. Y no es que los ciudadanos no se den cuenta de la presencia de la inseguridad, la corrupción, el deterioro moral o la inflación. Cada uno de estos padecimientos se viven a diario, y sus consecuencias son evidentes para cualquiera que quiera darse cuenta.

Lo que parece suceder es que a la hora de poner todo en la balanza, estas comunidades se siguen rigiendo por aquel viejo principio universal en el que la economía es la que manda, y determina las preferencias electorales. Probablemente, en algún momento la humanidad, mayoritariamente comprenderá que son más importantes las libertades, la dignidad.

El populismo plantea una permanente extorsión por la cual se amenaza a la ciudadanía con dejar de gozar de los privilegios que graciosamente les concede su exitosa gestión, si se renuncia a esos liderazgos mesiánicos

Una ciudadanía que viene de malas experiencias, de ciclos inestables, de idas y vueltas, donde el progreso siempre parece prestado, teme que las historias se repitan y termina jugando, muchas veces a regañadientes, ese perverso juego en el que resigna sus valores, acepta lo inaceptable, claudica en sus convicciones, por lo que entiende, el único camino posible para sostener su situación actual y no tropezar como tantas otras veces.

Tal vez sea esta la ocasión para replantearse todo esto que sucede desde los valores. La libertad nunca puede ser moneda de cambio, ni pieza de negociación, y mucho menos aún se puede aceptar esta modalidad extorsiva, por la cual para garantizar progreso, deben perderse libertades.

La inseguridad creciente que amenaza con la vida, la integridad física y los bienes de los individuos, una inflación que se queda con una parte importante del poder adquisitivo y del esfuerzo de los que menos tienen,  una corrupción que pretende ser aceptada como parte del paisaje, no puede ser JAMÁS el precio a pagar por cierto progreso.

Estas condiciones inmejorables que propone el presente, y sobre el que se tiene escaso mérito, debería ser mucho mejor, sin inseguridad, corrupción, pérdida de libertades, inflación y tanto deterioro moral.

Es tiempo de despertarse. No es justo ni razonable, que una banda de inmorales dirigentes, que han hecho una profesión de este modo de manipular a la sociedad, se termine saliendo con la suya.

La libertad, los valores, los principios y creencias, no pueden ser parte de una transacción donde se debe resignar cada una de estas cuestiones para acceder a otras tan banales como cierto progreso económico.

En algún momento se debe poder reflexionar sobre esta cuestión de fondo que ha tomado de rehén a los habitantes de esta sociedad. Lo económico es importante, muy trascendente, pero jamás se puede aceptar como argumento central para ceder un centímetro en materia de libertades.

El continente seguirá creciendo económicamente porque las condiciones son más que saludables para que ello suceda. Algunos ciudadanos preferirán seguir comportándose como hasta ahora, privilegiando lo estrictamente económico. Otros apostarán con convicción a no dejarse amedrentar por lo superficial y secundario.

No se necesita mucho más que poner las cosas en su lugar, recuperar las convicciones, darle prioridad a lo que vale la pena, y entender que lo económico es esencial, siempre que no nos hayan humillado previamente para permitirnos lograr el progreso que tiene que ver con esforzarse y obtener lo que se desea después de esmerarse para ello. Es tiempo de hacer lo correcto y dar vuelta la página. La dignidad es el motivo adecuado.

albertomedinamendez@gmail.com

 

skype: amedinamendez

 

www.albertomedinamendez.com

 

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El político mexicano

Posted by Teódulo López Meléndez en octubre 20, 2012

Por Antonio Limón López

A Samuel Ramos debemos el primer texto específico sobre el carácter del mexicano, que adicionado al pensamiento nacionalista de Vasconcelos, formaron los cimientos sobre los cuales Octavio Paz edificó una obra imperecedera: “El laberinto de la soledad”. Pero a diferencia de Vasconcelos y de Ramos, Octavio Paz era en la época en que publicó su libro, no un pensador, ni un educador, ni un filósofo, ni siquiera un sociólogo, era un poeta. El éxito extraordinario de este libro, se debe a que como poeta Paz, veía al entorno con una mirada realista, pero su poesía liberaba a la realidad de sus miserias, le ponía alas para que escapara a lo ordinario y eso precisamente fue lo que ocurrió con la visión de nuestro Nobel sobre el mexicano, pues a pesar de que nos juzgó severamente, al mismo tiempo la belleza de su poesía, en prosa, hizo que el libro fuera aceptado y admirado por todos los mexicanos.

 

“El Laberinto de la soledad” a pesar de ser la obra de un poeta, fascinó e inspiró a intelectuales desde su publicación y hasta la fecha lo sigue haciendo. Entre los continuadores de la obra analítica de Paz, están Jorge Castañeda, Roger Bartra, Agustín Basave, Denise Dresser entre otros otros más, pero al igual que Octavio Paz, omitieron caracterizar a un par de tipos mexicanos: El primero de ellos es el “Mexicano político” que nos guste o no, lo somos todos por acción o por omisión, y el “Político mexicano” quién también fue ignorado no solo por el bardo sino por todos. El Político en México, sin embargo es recordado a diario por el pueblo llano, que lo recuerda con insultos y vilipendios de todo tipo y tamaño, pero a fin de cuentas también lo envidia, por la fortuna que lo envuelve y el Poder que en ciertos casos encarna o dimana.

 

Dejando de lado a Paz, a Castañeda y a Dresser ¿Qué podemos decir del “Político mexicano”? ..Lo primero, hablando de su extracción, es que este espécimen proviene de nosotros los mexicanos, es tan ignorante como lo somos todos, no debemos extrañarnos de que nuestros políticos no puedan citar a tres libros y a sus autores, puesto que nosotros tampoco podemos hacerlo, en la casa de nuestros políticos lo que se lee son las revistas de sociales o de chismes de artistas y frivolidades de la televisión, pero eso es lo que se lee o se ve en todos los hogares mexicanos.

 

Nuestros gobernantes carecen, por su incultura, del discernimiento apropiado para seleccionar adecuadamente a sus colaboradores, por ello los gabinetes mexicanos se empantanan con técnicos mediocres y esto solo en el mejor de los casos, porque generalmente es el lugar reservado a los amigos y a los cómplices vulgares. Dicen que ni la belleza, ni el dinero se pueden ocultar, pero es más visible la ignorancia, la cerrazón de miras. La pobreza intelectual resplandece en los discursos que escuchamos tanto en la oposición, como en la facción gobernante, en la minoría política o en la mayoría y hasta en los  discursos pronunciados por nuestros presidentes de la República.

 

Pero ¿Por qué la mediocridad intelectual de nuestra élite gubernamental no es criticada por nuestros intelectuales? La respuesta es más triste que obvia, simplemente porque nuestra clase intelectual claudicó, lo que sobrevive de ella lo hace alimentándose de lo que le arroja el poder. México navega en un mar de pobreza  intelectual porque no exigimos que el  político y el intelectual sean excelentes y vayan unidos, porque no existe un público que lea y compre libros, es decir porque no existe un público ilustrado, menos uno intelectual, incluso lo que mas se le parece es nuestro periodismo, que sobrevive vendiendo su independencia y mancillando su integridad. Es lamentable comprobar que el interés que suscitaron intelectuales como Jean Paul Sartre en la juventud francesa, nunca se haya visto en México, pero en cambio creamos especies de  pseudo intelectuales o más bien técnicos o asesores especializados, que laboran bajo contrato con las diferentes facciones políticas o con el mismo gobierno.

 

Nuestra clase política actúa reclutando a sus militantes en un sistema que erróneamente se le denomina “clientelar”, pero que no lo es, por principio el “cliente” es difícil de convencer y de conservar, es independiente, esquivo e impone sus condiciones, por el contrario, el sistema político mexicano no tiene ningún interés en reclutar a ningún cliente político, pues el sistema no se basa en el convencimiento, sino en la satisfacción de las necesidades del reclutado, del militante, es decir en la pastura que deben recibir los borregos-militantes, esto es mas sencillo que convencer a un “cliente” basta, para muchos casos,  una despensa repleta con “galletas de animalitos”, para los mas exigentes puede ser suficiente un paquete de construcción, otros exigen un permiso de taxista o un local en el mercado municipal, otros un permiso de licorería, y otros nada menos que un puesto en el Consejo de la Judicatura o un sillón en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, otros con una notaría pública se dan por bien servidos o una diputación plurinominal, una agencia aduanal, una estación de radio, un permiso de telefonía, un terrenito junto al mar, en fin este es nuestro sistema, donde el convencimiento político se hace lanzando fardos de heno o pacas de dinero a los nuevos adeptos.

 

Por estas razones es lógico que nuestros políticos rehúyan al debate ideológico, simplemente porque no tienen nada que argumentar, porque no tienen nada que impugnar, porque no tienen nada que debatir. El político como cualquier otro mexicano, rehúye confrontar sus ideas y cuando esto ocurre se siente ofendido en lo personal. Nuestros políticos no pueden aceptar que otros piensen, lo que desean de sus camaradas es sometimiento, obediencia, asentimiento y nada menos que eso. Nuestros políticos no descalifican a las ideas -porque no las entienden- descalifican a las personas, en particular si piensan; Por ello nuestro sistema garantiza que el político que actúa en conciencia, que sea justo consigo mismo y hasta con sus adversarios, que sea un político ilustrado, cultivado en los libros y que no repita estribillos, no prospere, que se encuentre en el vacío total, en la nada, pero eso no solo es deseado por nuestros políticos, sino también es lo que desea el pueblo, que le avienten mendrugos, monedas, chambas, lo que sea que suene.

 

En el mundo y a lo largo de la Historia los profesionales del Poder, es decir los políticos, han tenido ideas claras de lo que pretenden, algunos han buscado cambios revolucionarios y otros simples reformas necesarias a su sociedad, pero todos han sabido perfectamente por qué participan en la política. En el caso de México nuestros políticos ni pretenden cambios revolucionarios, ni se plantean programas reformistas de la sociedad, es falso suponer que busquen el “Bien común”, pero si saben lo que quieren: lo único que cada uno de nuestros políticos ansía con toda su alma -suponiendo que la tengan- es su “Bienestar personal” es decir, su acomodo en el reparto del botín, ya sea siendo electos o designados directamente a un cargo de “elección popular amarrado” o enchufado a una buena “chamba”, por ello no tienen inconveniente alguno en “saltar” de Secretario de Salud a Secretario de Educación, de diputado a cónsul de cualquier pueblo en California, a fin de cuentas todo el gobierno es botín y premio y cada puesto, cada función pública es un redondo y sabroso “hueso”; Bien dice la más añosa sabiduría política, hoy por hoy plenamente vigente: “Vivir fuera del presupuesto, es vivir en el error” .

 

¿Pero que es lo que hacen nuestros políticos para conseguir su “Bienestar personal”? ¿Acaso salen a la calle a hablar con los transeúntes o se lanzan en una campaña permanente para convencer al “La Ciudadanía”? No, bien sabemos que no. El político mexicano esta desconectado del ciudadano, no le interesa, pues no es éste quien le proporcionará la prosperidad, la designación ansiada, la candidatura o el puesto añorado; No, no es el ciudadano quien le otorgará nada de eso, son los dirigentes de su partido, el Presidente de la República si su partido se encuentra en el Poder, o alguno de sus allegados, por eso nuestros políticos saben que el Poder se dispensa en las cúpulas partidistas, que tienen todo el poder para realizar los mas locos sueños de gloria de nuestros políticos, pero entonces ¿Que debe hacer el político si como ya se expresó, no puede salir a la calle a hacer proselitismo y menos aun a divulgar ideas que no tiene? La respuesta es sencilla, el Político mexicano debe actuar y practicar las virtudes de un “cortesano”, es decir de un experto en satisfacer los deseos de quien detenta el poder; Las modernas “cortes” similares a las del siglo XVIII están en los pasillos de la mansión presidencial, en las oficinas de los dirigentes nacionales, y también en algunas cantinas donde los poderosos despachan, así nuestros políticos perdieron -si alguna vez la tuvieron- dignidad, ahora solo practican la obsequiosidad, la simpatía, el acomodo, la fraseología glorificante o la repetitiva de las consignas, la sumisión, las apariencias, la insidia y son expertos en intrigas.

 

Cuando nuestros jóvenes, descubren que los políticos son tan exitosos cuanto más degradados lo sean, primero se asombran, pero pronto comprenden que si desean hacer “carrera política”  estarán obligados a seguir los pasos y malos ejemplos de nuestros cortesanos-políticos, pues solo obedeciendo, acatando consignas, alimentándose de los despojos que les arrojen sus amos mostrándose siempre felices, solo entonces podrán hacer “carreras brillantes” y escalar hasta la cumbre, coronada no por heladas nieves, sino por apetitosas diputaciones, regidurías, gubernaturas, comisiones, secretarías de estado y hasta la presidencia de la república se encuentra en el menú, al precio de vivir intensamente, abyectamente, en el rastrerismo más absoluto, simulando una vida recta y de dignidad.

 

A la postre, la resplandeciente ruindad de nuestra política como carrera hacia el bienestar personal, apoyada en la pandilla, siguiendo el modelo del cortesano, se convierte en una carrera hacia el infierno, pues nos empobrece a todos, condenando a México a la condición de nación de cuarta categoría, con un sistema educativo lastimero, con un sistema de justicia abominable y con un sistema político que debiera abochornar a cualquier persona que se precie de asumir una vida y conducta fundada en los mejores valores humanos.

 

Es cierto que todos los pueblos del mundo, aun los más desarrollados han sufrido clases gobernantes que los han hundido en la desgracia, es cierto que potencias mundiales como Alemania, Japón, China o Rusia, han vivido en desgracia y ningún pueblo puede estar exento de ella, pero sí la padecen es por algún infortunio pero no porque la merezcan, pues al cabo de un tiempo desaparecen las desgracias y el pueblo se fortalece. En nuestro caso, al tener y tolerar al tipo político que tenemos, que nos gobierna o al que se apresta a substituirlo, siendo idéntico el uno al otro, debemos concluir que nuestras desgracias las tenemos bien merecidas. Que nada es de gratis, que no es un designio que se impone desde afuera, que no es un capricho impuesto por un espíritu chocarrero, sino que somos nosotros, quienes desde lo más profundo de nuestro ser esculpimos al político mexicano a nuestra imagen y semejanza.

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La lucha contra la incertidumbre

Posted by Teódulo López Meléndez en octubre 17, 2012

Audio de Teódulo López Meléndez

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Opción diferente, se busca

Posted by Teódulo López Meléndez en octubre 17, 2012

 

Por Alberto Medina Méndez

Algunos suelen enfadarse cuando se critica a la política. Sostienen que esas afirmaciones contra el sistema, dañan la esencia democrática. Es posible que el debate no haya sido suficientemente profundizado y se confundan, como tantas otras veces, consecuencias con causas.

La política no goza de buena reputación, y esto está lejos de ser una suposición, sino en todo caso la conclusión a la que arriban muchos estudios serios en buena parte del planeta. La política, sin duda alguna, genera más rechazo que adhesión.

Cuando la opinión ciudadana afirma detestar esa palabra y todo lo que simboliza, se deberían buscar las razones que explican esa visión.

Si se hiciera un intento sensato, mas desapasionado, tal vez se podría comprender, que mucha gente, y con buenos argumentos por cierto, relaciona la política a la mentira, a la corrupción y a la hipocresía.

No se puede esperar otra cosa de la sociedad, cuando se le pide opinión sobre la política, que cierto desprecio, una importante dosis de desconfianza y poca esperanza respecto del futuro de esa actividad.

Es inevitable que cuando se consulta a cualquiera por estas cuestiones, automáticamente la relacionen con la figura de los gobernantes de turno, de los que acceden al poder, de quienes realmente lo ejercen.

Lo que sigue sin quedar claro, es porque los que pretenden reemplazar a los que gobiernan, los supuestos opositores, se parecen tanto a sus contrincantes y no ofrecen una verdadera alternativa de cambio, ni se mueven con una modalidad distinta o plantean un discurso absolutamente diferente.

La sociedad, mayoritariamente, piensa lo que piensa, porque las evidencias lo demuestran y están a la vista, porque ese desprecio encuentra fundamento a cada paso en lo que se observa a diario, y en lo que las revelaciones que siempre se filtran, terminan confirmando todo.

La sociedad, se ha convertido finalmente, en prisionera de los “sistemas” que ella misma ha avalado y posibilitado construir. Los que pretenden el poder, y mucho más aun los que lo detentan, se ocupan permanentemente de generar condiciones que les garanticen el mejor margen de maniobra para el ocultamiento, el manejo discrecional y la escasa transparencia, todas cuestiones que claramente no podrían contar con anuencia social alguna.

Pero algún día llegará lo que la mayoría dice buscar, es decir un espacio político capaz de satisfacer las condiciones más elementales de demanda de la sociedad. Y surgirán desde allí algunos líderes capaces de representar lo que la gente desea, hombres y mujeres dispuestos a ofrecer transparencia en la administración de los recursos públicos, honestidad como valor central de la gestión, integridad en la forma de hacer las cosas, inclusive hasta el aval de la comunidad para decir lo políticamente incorrecto.

Pero buena parte de la tarea no es que esos líderes surjan espontáneamente como producto de la casualidad, o de alguna cuestión mágica del destino, sino como la inevitable y esperable consecuencia de una acción sistemática de los individuos.

Los ciudadanos reclaman justicia. La idea es terminar con la corrupción, para que esos políticos no se salgan con la suya, llevándose el fruto del esfuerzo de todos, financiando sus aventuras políticas y alimentando su crónica ambición por enriquecerse con dinero ajeno.

Reclamarle a la política, honestidad intelectual no debería ser un despropósito y exigirle un verdadero culto a la verdad, aunque muchas veces no sea el paraíso que se desea escuchar y conocer, tampoco tendría que suponer demasiado.

Los ciudadanos tienen, en estos tiempos, la responsabilidad de establecer nuevas reglas de juego, otros estándares de mayor calidad. Si los corruptos no son juzgados jamás, es en buena medida porque se tiene con ellos una actitud que conjuga resignación y falta de perseverancia, aceptando con displicencia, el olvido como medio de superar etapas históricas.

Tal vez haya que comprender que, en la medida, que los incentivos sociales, sigan mostrando que los corruptos triunfan, que se salen con la suya, que nunca pagan el precio de sus delitos, que se les tolera cualquier decisión, este tipo de personajes, seguirán pululando y proponiéndose al electorado.

Es el turno de los ciudadanos, es el momento de generar condiciones con altos umbrales, con requisitos adaptados a las nuevas demandas, que descarten de plano a los hipócritas, que expulsen a los delincuentes, a los manipuladores de la verdad y a los inmorales.

Si el piso de exigencia deja fuera a los que no tienen integridad para gobernar, se podrá disponer de la posibilidad de elegir entre los mejores y no entre los más pícaros. Mientras se siga seleccionando entre mediocres y deshonestos, el resultado será idéntico al que muestra la rutina cotidiana.

Es imprescindible revisar muy pronto los paradigmas, para entender la relación causa efecto. Tal vez así se pueda descubrir que gobiernan los que obtienen cierta aprobación social, suficiente tolerancia de los votantes, y consiguen hacer de las suyas porque los ciudadanos permiten que esta historia se repita cíclica e indefinidamente.

Una decisión ciudadana debe emerger pronto, con contundencia y determinación, para que todo cambie en el sentido declamado. Habrá que alinear discurso y acción a nivel individual. Y cuando eso suceda, solo en ese momento, aparecerá la alternativa concreta, esa que afirmen con consistencia, “opción diferente, se busca”.

albertomedinamendez@gmail.com

skype: amedinamendez

 

www.albertomedinamendez.com

 

54 – 0379 – 154602694

 

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Honoris Causa a Mujica: la petición de autonomía

Posted by Teódulo López Meléndez en octubre 15, 2012

Por Ricardo Viscardi

La extensión de la expresión “petición de principio” a la expresión “petición de autonomía” conllevaría, ante todo desde un criterio autónomo, es decir conceptual, un paralogismo, para retomar la expresión kantiana que desarrolla Vaz Ferreira. Ante el alcance que adquiere ese “efecto Münchaussen” de sostenerse en los aires tirándose por los cabellos, tal paralogismo de autonomía parece expresar la artificialidad tecnológica de nuestra actualidad (ante todo porque la tecnología consagra su virtud propia a través de la actualidad), hasta llegar a constituir una paradoja inducida por la racionalidad moderna: intentar dar por fundamento aquello que se desea lograr[1]. La autonomía universitaria representaría, en tal perspectiva, la forma cognitiva propia de esa paradoja: pretender que un mero declarar los principios autonómicos de cara a la realidad los estampa en los rostros interpelados.

En efecto, si genera perplejidad que el presidente Mujica acuda a recibir una distinción que se le otorga desde un ámbito que ha vituperado, no parece menos sorprendente que una universidad autónoma le discierna un galardón honoris causa, sobre todo si expresa como fundamento de tal decisión los principios de la reforma universitaria de Córdoba[2]. Podría entenderse que tan inmerecida distinción emerge de una secuencia de reconocimientos dirigidos a mandatarios en condiciones análogas[3]. Tal obligación ante todo diplomática podría explicar, como efecto de una política universitaria militante ante el presente, que el mismo Mujica sea reconocido, más allá de su persona, como representante de un anhelo, incluso por sobre el rumbo que haya terminado por tomar su mandato.

Sin embargo, en este caso es el propio galardonado quien irradia un cariz escandaloso sobre la distinción, en cuanto la misma deposita en su persona los fundamentos que el propio Mujica ha transgredido, no sólo declarativamente, sino distintivamente a través de las medidas de gobierno que ha impulsado[4].

Por consiguiente, la cuestión de “perplejidad” que sostiene la petición iniciada por “ciudadanos uruguayos” y abierta universalmente a firmas solidarias, no significa tan sólo un cuestionamiento a la actitud de Mujica ante la universidad, por encima y más allá de esta circunstancia de una distinción errada, sino que además plantea la cuestión de la condición universitaria en el presente[5].

En La universidad sin condición Derrida sostiene que por su mismo afán de incondicionalidad, es decir, tanto por no aceptar condicionamientos, como por arrostrar todas las condiciones a sus efectos, la universidad puede convertirse en la ciudadela más expuesta[6]. En cuanto se pone de cara al presente, con virtud que no admite que se le dicte ningún sentido, la universidad imbuida de autonomía puede confirmar, bajo su propio sello, el lugar que le asignan sus adversarios. Al igualar un dictado de conciencia con cualquier consecuencia ulterior a su enunciado, la transparencia moral termina por convalidar un rasgo que se le impone, antes que trasuntar la huella de un sí propio.

En efecto, de la lectura de la información que proporciona la Universidad Nacional de La Plata acerca de la resolución que distingue con el doctorado honoris causa al actual presidente uruguayo, surge el sentimiento de una expresión de deseos antes que de una información actualizada, sobre todo para quien posee esta última y se encuentra, por consiguiente, instruido por el contexto para interpretar con amplitud el sentido que reviste.

Conviene por lo tanto preguntarse respecto a esta resolución, si un impulso de intervención universitaria en el presente internacional, por mejor inspirada que se encuentre en las mayores tradiciones universitarias, puede alcanzar legitimidad al margen de una estricta consideración de las circunstancias. Al mismo tiempo, este requisito de la coyuntura universitaria parece alejarse de cierta percepción del pasado acerca, asumida en tanto racionalidad propia de la autonomía universitaria, que depositaba entera confianza en la índole estatal de la autonomía universitaria. En efecto, por más que la estatalidad le otorgue a las universidades que reivindican un carácter nacional una inscripción emblemática, pareciera que la característica propia de la globalización tecnológica pone en tensión, de forma contradictoria, la inscripción estatal con la condición autonómica[7]. Tal marca de actualidad que surge de la misma actualización tecnológica del saber –verbigracia “globalización”, sugiere una cautela singular, ante los efectos que genera por sus propios fueros la política universitaria.

Quizás una clave de tal exposición que induce la condición tecnológica de la globalización, tanto en la estatalidad partidaria como en la universitaria, anima la interrogación que Derrida dirige a la incondicionalidad universitaria, singularmente inspirada por la propia incidencia profesional de la virtualidad[8]. En efecto, si se entiende en clave de virtualidad la integridad que la universidad (y particularmente la Universidad Nacional de La Plata) no ha dejado de reivindicar como su misma virtud autonómica,  es decir su incondicionalidad de cara a la fuerza de actualización del saber, entonces el gobierno de tal virtud de virtualidad no puede ejercerse sino de cara a sí propio.

Tal recato autonómico conlleva, asimismo, cierta discreción institucional, en cuanto todo lugar que pretenda legitimarse en una condición virtual por sí misma (por ejemplo la de una universidad autónoma, o la de un Estado independiente, o la de una identidad por antonomasia), se encuentra expuesta a la malversación de aquello mismo que pretende consolidar. Es decir, al intentar consignarlo como su propia estampa, lo desvirtúa al dirigirlo virtualmente a un destino impropio.

Derrida pauta la interrogación acerca de la incondicionalidad universitaria del presente, en sus aspectos más notorios, a través de una interrogación sobre la virtualidad. Esta cuestiona a la profesión (y particularmente del profesor, aunque también la de todo aquel que profesa), pero asimismo al trabajo, en razón ante todo, de la virtud del saber, si se lo considera en tanto fuerza de la virtualidad. Términos cuyo círculo a partir del prefijo latino “vir” se deshace, como efecto contradictorio de la actualidad tecnológica, ante un hacer  que “arriesga lo que salva”[9]. Tal salvar, como “guardar”[10], no parece ajeno a una guardia que el hombre encontraba por cometido ante la “casa del ser” que procuraba el lenguaje. Sin embargo, tal preservación suponía cierta prosternación del guardián ante un pensar propio del lenguaje, que no podía provenir sino del ser, por encima del ser propio del hombre-guardián[11]. Encomendándose a la salvación, lo humano puede perderse de sí mismo, es decir de su autonomía, mientras cree salvar, llegar a perderse.

Quizás en el intento de salvar los principios de la reforma de Córdoba y la educación pública libre y gratuita, la distinción que la UNLP discierne a Mujica los arriesga, al galardonar a quien no cesa de menoscabarlos de palabra y combatirlos presidencialmente. Por esa razón, preguntarse por la perplejidad que suscita el gesto que le cumple a un rector dirigir, no deja de salvar el riesgo de un equívoco,  en particular, al vincularlo con el presente de un riesgo universitario.

[1] Ver al respecto la entrada “petición de principio” en el Diccionario RAE http://lema.rae.es/drae/?val=principio (acceso el 15/10/12).

[2] “José Mujica Doctor Honoris Causa de la UNLP” en Universidad Nacional de La Plata http://www.unlp.edu.ar/articulo/2012/10/12/doctor_honoris_causa_jose_mujica (acceso el 15/10/12)

[3] “Universidad de La Plata distingue a presidente de Uruguay” en El Comercial http://www.elcomercial.com.ar/index.php?option=com_telam&view=deauno&idnota=241239&Itemid=116 (acceso el 15/10/12)

[4] Ver en este blog, entre otras, las dos últimas actualizaciones “UTU: Uruguay Trabaja en la Universidad” http://ricardoviscardi.blogspot.com/2012/09/utu-1-uruguay-trabaja-en-la-universidad_14.html y “La educación es un asunto demasiado político para dejarlo en manos de la política partidaria” http://ricardoviscardi.blogspot.com/2012/09/laeducacion-es-un-asunto-demasiado.html

[5] “Ante el título universitario a otorgarse al presidente José Mujica” http://www.change.org/es/peticiones/ante-el-t%C3%ADtulo-universitario-a-otorgarse-al-presidente-jos%C3%A9-mujica#description (ver asimismo link en la imagen superior de la columna izquierda de este blog)

[6] Derrida, J. (2001) L’université sans condition, Galilée, Paris, pp.18-19. La traducción del texto se encuentra en el sitio Derrida en castellano http://www.jacquesderrida.com.ar/textos/universidad-sin-condicion.htm (acceso el 15/10/12)

[7] Viscardi, R. “Autonomía universitaria y crisis de soberanía” Rev. Fermentario Nº 5, sept. 2011, http://www.fermentario.fhuce.edu.uy/index.php/fermentario/article/view/83/20 (acceso el 15/10/12)

[8] Derrida, J. (2001) L’université sans condition, Galilée, Paris, pp.25-26.

[9] Derrida,J. (1997) Mal de archivo, Trotta, Madrid, pp.19-20.

[10] Derrida se refiere en el pasaje antedicho al sentido informático de “guardar” un archivo, que lo asimila a “salvar” (de la pérdida por olvido, descarte o destrucción).

[11] Heidegger, M. “Carta sobre el humanismo” en Heidegger en castellano http://www.heideggeriana.com.ar/textos/carta_humanismo.htm  (acceso el 28/09/12).

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El papel redefinidor de la inteligencia aún difusa

Posted by Teódulo López Meléndez en octubre 11, 2012

Audio de Teódulo López Meléndez

http://www.ivoox.com/papel-redefinidor-inteligencia-aun-difusa_md_1489972_1.mp3 <a href=”http://www.ivoox.com/papel-redefinidor-inteligencia-aun-difusa-audios-mp3_rf_1489972_1.html&#8221; title=”El papel redefinidor de la inteligencia aún difusa”>Ir a descargar</a>

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