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Teódulo López Meléndez

Democracia del siglo XXI

El debate sobre la función del voto en la democracia

reinventar 3

Por José Miguel Onaindia

Esta semana se producen debates en las dos orillas del Río de la Plata que invitan a reflexionar sobre el voto y sus funciones en un sistema democrático del siglo XXI. En Uruguay, se inició un proceso para convocar a referéndum contra la ley que legaliza y regula la interrupción voluntaria del embarazo, sancionada por el Congreso, según el procedimiento de participación popular que establece la Constitución y que tiene una tradición en el desarrollo institucional y, especialmente, desde su recuperación democrática. En Argentina, la Corte Suprema declaró inconstitucional la ley que modifica el sistema de elección de los miembros del Consejo de la Magistratura, órgano incorporado en la reforma constitucional de 1994.

Ambas situaciones, que no tienen semejanzas ni por la materia ni por los procedimientos, son disparadores para discernir sobre los mecanismos de legitimidad en las democracias contemporáneas: ambos contrapuestos escenarios tienen la participación popular como eje de la reflexión institucional.

Votar o no votar. El domingo comenzará, en Uruguay, el proceso para someter a referéndum la ley de legalización del aborto, que como en muchos países causó controversias y divisiones aun entre legisladores de las mismas fuerzas. Es necesario aclarar que plebiscito y referéndum no son sinóminos. El plebiscito es convocado para aprobar o rechazar una reforma constitucional, como la última etapa del proceso reformador de la norma fundamental. El referéndum es un procedimiento de participación popular que se inicia con el aval de un 25% del total de inscriptos habilitados para votar, dentro del año de promulgada la ley. Si alcanza ese piso de respaldo, permite que mediante otro acto electoral se ratifique o rechace la ley cuestionada.

Las fuerzas políticas se dividen respecto de su posición sobre la participación en el acto electoral. Mientras el grupo Voz y Voto, que promueve el referéndum, sostiene que la ley fue votada por la mayoría , con diferencia de un voto, el Frente Amplio gobernante recuerda a la ciudadanía que la ley se aprobó por sesenta y siete votos. Mientras los opositores sostienen que los uruguayos superan sus diferencias mediante el voto, el oficialismo recuerda que la consulta convocada no es obligatoria. Estas posturas fueron plasmadas en campañas publicitarias que provocaron arduas discusiones en las redes sociales.

Del otro lado del Río de la Plata y en la misma semana, la Corte Suprema declaró la inconstitucionalidad de una ley recientemente aprobada por el Congreso que determinó que los miembros del Consejo de la Magistratura fueran elegidos por el voto popular. Más allá del juicio de valor que esta decisión merezca, lo cierto es que basta la lectura del artículo 114 de la Constitución para advertir que la decisión legislativa es violatoria de esa disposición. La norma establece que el Consejo será integrado por representantes de los órganos políticos resultantes de la elección popular, de los jueces de todas las instancias, de los abogados de la matrícula federal y de personas del ámbito científico y académico.

La sentencia recibió la dura condena del oficialismo, que tuvo como vocero principal a la Presidenta y una amplia aprobación de la oposición política y de vastos sectores del pensamiento académico. La crítica tiene como principal argumento la violación de la voluntad popular, expresada por la mayoría del Congreso, de votar la ley cuestionada, mientras quienes apoyan la decisión jurisprudencial sostienen la legitimidad del principio de control de constitucionalidad que la Constitución otorga al Poder Judicial para mantener el principio de supremacía de la Constitución.

Indispensable, pero insuficiente. El lector puede preguntarse qué me conduce a relacionar ambas situaciones de dos países muy diferentes en sus sistemas de organización política y en sus comportamientos sociales. Entiendo que en ambos escenarios hay una cuestión que subyace: ¿en una democracia todo se legitima con el voto? Hace ya veinte años, en un ensayo que se tituló ¿Qué es la democracia?, Alain Touraine sostenía que “con votar no basta” . Esta afirmación parte de la base de que el voto es indispensable para que se establezca un sistema democrático, pero insuficiente en el siglo XXI para determinar la existencia de un sistema democrático.

Elegidos los órganos de representación popular por el sufragio universal, supuesto indispensable para que se establezca una democracia, ¿el voto legitima toda decisión o conducta? ¿Puede el voto popular habilitar la restricción o supresión de derechos humanos fundamentales? ¿Puede el Congreso elegido por el pueblo y expresión de la mayoría transitoria dictar normas que transgredan y modifiquen las normas constitucionales?

Estas preguntas que pueden parecer de respuesta obvia están en la base de las controversias que se suscitan en ambos países frente a supuestos de hecho y mecanismos constitucionales de control muy diferentes.

La ley de interrupción voluntaria del embarazo fue sancionada por una legítima mayoría que no fue expresión única del frente político gobernante, sino que contó con el voto de algunos legisladores de la oposición. Para sus adherentes, significa una ampliación de los derechos humanos y un avance en el reconocimiento de la extensión de derechos a la mujer, ayudando a que el Estado controle y custodie el derecho a la vida y a la salud de quienes deciden voluntariamente asumir esa decisión. Para sus opositores, cercena el derecho a la vida de la persona por nacer. La Constitución uruguaya permite dentro del primer año de promulgación que la ley sea sometida a este proceso de ratificación popular.

Me parece interesante recordar que estos mecanismos de participación popular surgen para tornar más participativos los sistemas democráticos y permitir que el ciudadano se pronuncie por la aceptación o rechazo de determinadas materias que se ponderen de importancia política. Su recepción constitucional ha sido una tendencia de la evolución del constitucionalismo en el siglo XX.

El control judicial de constitucionalidad de las leyes es un mecanismo que surge desde los orígenes del movimiento constitucional y que en una forma de gobierno presidencialista como la argentina constituye un necesario mecanismo de control para la adecuación a la norma constitucional de gobernantes y gobernados. La sentencia de la Corte que declara la inconstitucionalidad parcial de la ley de elección de los miembros del Consejo de la Magistratura reitera principios que son la base del sistema político como la separación de poderes, la supremacía de la Constitución y el control de los actos de los restantes órganos por el Poder Judicial.

Más allá de muchas críticas que pueden hacerse y que he formulado a la organización de sistema judicial argentino, me parece necesario señalar que en los casi treinta años de la recuperación del orden constitucional, en muchas situaciones mediante el control de constitucionalidad se ha ampliado la base de los derechos humanos y se ha anticipado medidas legislativas demoradas. Desde la ley de divorcio vincular a la de matrimonio igualitario, desde el cuestionamiento a la obediencia debida y al indulto hasta la ampliación de los derechos sociales como la movilidad del haber jubilatorio, la Justicia, mediante este sistema de control, ha tenido un rol trascendente en la protección de los derechos y el orden constitucional.

Las democracias contemporáneas se legitiman y amplían cuando, además de la elección popular de sus representantes y el ejercicio de formas de participación popular, hacen que sus normas e instituciones permitan la más amplia extensión de los derechos de las personas, respeten la diversidad de individuos y grupos y diriman sus conflictos dentro de los mecanismos del sistema. Como expresa el ya citado Alain Touraine, la democracia no consiste en que el pueblo se siente en el trono, sino en que no haya trono.

 

*Profesor de Derecho Constitucional y Legislación Cultural en UBA, UNC y Flacso.

 

El Brasil que grita

Audio de Teódulo López Meléndez

Bras 1

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El conflicto político como aporía resoluble

 

aporía 3

 

Teódulo López Meléndez

 

El conflicto político ha sido analizado desde Platón y la lista de filósofos que lo han abordado pudiera hacerse interminable. Platón partía, para justificar su república, de un reconocimiento a nuestros enemigos como iguales. Kant hablaba de saber conjugar los elementos para crear las bases de la comprensión. Schmitt sugería la idea del enemigo justo. Gramsci, desde su posición de definir a la sociedad civil como parte de una superestructura en la que se presenta el consenso social, nos refiere a una estructura donde están las clases sociales divididas y en conflicto y que no pueden ser consideradas como tal. Quizás sea, entonces, desde Gramsci, que podamos partir para preguntarnos hasta donde la venezolana puede seguir siendo considerada una sociedad civil, dado el grado de división interna.

Los análisis contemporáneos de la violencia política van desde la penetración en las crisis, rigideces y bloqueos hasta lo que se ha denominado una ‘frustración relativa”, pasando por lo que se ha dado en llamar la toma revolucionaria del poder para convertirse, o intentar convertirse, en un protagonista político permanente, tesis calificada por sus defensores como violencia de carácter instrumental y que, seguramente, es la versión teórica más afín con la praxis venezolana de estos últimos años.

Si lo decimos en términos de Habermas el conflicto proviene de la imposibilidad de clarificar en forma reflexiva las necesidades y sus modos de satisfacción, valores a preservar y sistema de vida compartible. En esta “sociedad democrática” es obvio que se requiere un cuerpo social con criterio que es precisamente lo que falta cuando el conflicto aparece.

 

En medio del conflicto suelen aparecer las preguntas inadecuadas dado que surgen sobre presupuestos de lucha por el poder y donde las representaciones a las que es llevado impiden convertirlo en concepto y, sobre todo, donde el lenguaje es convertido en obstáculo, batalla que algunos hemos señalado volteando el viejo adagio de que es necesario demostrarlo con hechos para decir que debe ser demostrado con lenguaje.

 

La lucha por el poder obliga a una inmersión total en la realidad con olvido de toda pretensión de cambiarla, más aún, hacen todo a su alcance porque ella se mantenga fiel al conflicto. De esta manera se aleja toda posibilidad de otro conflicto que es inherente a la sociedad misma, el conflicto de la pluralidad que debate en acción y palabra y que requiere ciudadanía, para centrarlo todo en un “estado de guerra” con las consecuentes persecuciones y exclusiones.

 

El concepto de poder por el que se lucha limita la política a una mera técnica de dominación. El poder se hace así método para hacernos obedecer  y es aplicado por los actores que se retroalimentan de la realidad del conflicto. De cada una de estas acciones hay responsables, aún cuando a veces pareciera diluirse esa responsabilidad en un anonimato atribuible al conflicto mismo. Es así como las sociedades comienzan a creerse víctimas de una especie de fatalidad inducida, claro está, por una ausencia de criterio ciudadano y cuando ya no hay aspecto de la vida que no haya sido invadido por el conflicto.

Esa invasión de la totalidad hace del conflicto mismo una expresión totalitaria, si se nos permite un aparente juego de palabras. Todo pasa a dominio del conflicto, todas las relaciones sociales están interpenetradas y se llega a hablar del destino que tocó en suerte a ese cuerpo social específico como fatalidad. Como los órganos del poder se han puesto al servicio del conflicto no hay adónde acudir en procura de un equilibrio de respuesta justa, el poder actúa de manera omnímoda pretendiendo cambiar el pasado histórico, haciéndose él mismo el administrador de una fuerza que excede hasta el mismo Leviatán del que hablaba Hobbes. Una fuerza justificada en la lucha contra “los enemigos de la patria” o contra los “enemigos del proceso”, una oposición  a una especie de sanación justiciera. El hombre común pierde todo sentido de seguridad y quienes pretenden restituírsela sólo alcanzan a balbucear el regreso de un viejo entramado que sólo lleva a una disposición anímica de desamparo y, con la tecnología de hoy, a una descarga anímica incongruente en las redes sociales, descarga que contribuye grandemente al engorde del conflicto.

El proceso que se vive, o des-vive-, hace cada día más informe al cuerpo social, dado que todo fin es reducido a la derrota de la contraparte. Procesos históricos de conflictos con resultados variables hay a montones en la historia, pero en el aspecto psicológico lleva al aislamiento en procura de un espacio donde el conflicto no llegue o a la militancia exacerbada en procura de resolver el conflicto por la fuerza. En ese preciso momento se habrá dejado de ser sujeto para pasar a ser un mero instrumento de los sucesos. Habrá llegado la hora al hombre vivo de dejar de retroceder.

Al fin y al cabo el poder no es más que una representación, cierto que encarcela, reprime y/o persigue, pero en el campo de la filosofía del conflicto, y para adelantarnos a los reclamos de ocuparnos del presente real,  hay que decir que esa representación requiere de constante reconocimiento de su existencia  mediante una percepción de lo que se cree de él. Lo hemos reclamado a lo largo de los años: “la modificación de la mirada”. Ya va siendo hora de que los venezolanos dejen de describir fenómenos y pongan significados.  La falta de respuestas – y seguramente de interrogantes- ya parece la conversión del conflicto en un anhelo de aclaración insatisfecho. Pareciera necesario el reclamo, al cuerpo social, de recomenzar a tener ideas. Las ideas cambian los paradigmas y así las aporías se niegan a sí mismas  dejando de ser irresolubles.

tlopezmelendez@cantv.net 

Brasil o la protesta de los 20 céntimos

Audio de Teódulo López Meléndez

Brasil 1

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El peligro de emular al adversario

ideología

 

Por Alberto Medina Méndez

Al brillante escritor argentino Jorge Luis Borges se le atribuye aquella frase que entre ironía y verdad decía que “;hay que tener cuidado cuando se elige a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos”.

Algo de eso se verifica en el presente cuando se observa la conducta de muchos que han perdido el rumbo, tal vez por impaciencia, bronca o impotencia, o porque cometieron el pecado de reflejarse en sus adversarios.

Existe cierta ambigüedad en este tipo de situaciones. Por un lado el adversario pone reglas de juego, y en la medida que consigue imponerlas crea la sensación de que sus logros son el producto de sus modos, sus formas, su estilo, y obviamente sus ideas.

Así, la tendencia a imitarlos, se genera como si fuera el único camino. Ellos ya no solo imponen su relato, sino que lo convierten en exitoso, por el solo hecho de que consiguen triunfos electorales, o porque son muchos los que repiten esa cantinela, como si se tratara de una verdad indiscutible.

Avanzan, empujan, aplastan, y de ese modo, transmiten la idea consolidada de que para superarlos hay que hacer lo mismo que ellos, pero mejor, es decir ofrecer más de lo mismo, con matices adicionales. Pero ese es solo el comienzo, porque el problema arranca allí, para empeorar, cuando las inmoralidades del régimen se convierten en reglas de juego inmutables.

Parece tan potente ese falaz argumento, que consiguen trasmitir la visión de que para ganarles habrá que ser más tramposos que ellos, se deberá mentir el doble y recurrir a todos los ardides y picardías que ellos aplican.

No está mal aprender de sus aciertos, si los tuvieran. Tampoco es incorrecto detectar sus eventuales fortalezas, pero solo para ver si esos ingredientes son necesarios o pueden ser reemplazados en una estrategia equivalente pero opuesta. El desafío es justamente no parecerse al adversario, diferenciarse en todo lo que sea posible, sobre todo en lo esencial que no tiene que ver con sus formas sino con su inmoralidad intrínseca.

Siempre parece más fácil ganar haciendo trampas que siguiendo valores y convicciones, pero imitarlos en su vulgaridad y falta de escrúpulos, en su crueldad y ausencia de principios, solo implica distanciarse de la meta.

Se trata de triunfar, pero no a cualquier precio. Obtener un buen resultado haciendo lo incorrecto, no es ganar, sino perder. Y es peor cuando esa derrota implica que se ha claudicado en las convicciones para que ellos impongan las suyas y logren que la sociedad las considere indispensables.

La gran batalla que vienen ganando no es la que parece, no es la de los triunfos electorales o la implementación de sus perversas políticas. Han ganado mucho más que eso. Impusieron sus reglas, diseñaron un contexto moral a su medida, fijando los parámetros bajo los cuales quieren competir, y es justamente por eso que triunfan muchas veces, porque son SUS reglas.

Para lograr equilibrio, armonía y orden, hay que animarse a hacer las cosas de un modo diferente. Está claro que eso requiere paciencia. Este desafío no es para ansiosos. No es casualidad que sean los más añosos quienes hayan caído en la trampa de aceptar el presente con resignación, o bien de incitar a la búsqueda de recursos indebidos cruentos e inaceptables.

La historia de una sociedad no se modifica por arte de magia. De hecho, es correcto y hasta saludable que las sociedades paguen por sus propios errores, como corresponde. De lo contrario, se podría creer que se pueden corregir rumbos con solo apretar un botón, y eso no forma parte del mundo real, sino de un universo imaginario ajeno a la esencia humana.

Hay que hacerse cargo de los errores, de eso se trata. Claro que el aprendizaje es doloroso y amargo, pero solo de ese modo se asumen los desaciertos y se los internaliza para evitar repetirlos.

El camino de regreso a la sensatez, será probablemente largo, lento y también difícil, porque hacerlo con corrección, honestidad, transparencia y con la verdad como bandera, traerá consigo tropiezos y cierta dificultad para lograr acuerdos y consensos. Pero eso es lo que se precisa hacer, es lo que se debe y lo que resulta imprescindible para dar vuelta la página.

Tal vez, con algo de inteligencia, creatividad, y sobre todo tenacidad y perseverancia, se dispondrá de la posibilidad de acortar en algo estos plazos que pueden parecer interminables.

Se necesita construir una alternativa o, tal vez, varias, pero que todas ellas sean capaces de transitar ese camino diferente, distinto, diverso. Se debe poder reemplazar el odio como matriz para que vuelva la armonía, esa que logre sustituir la imposición autoritaria del presente por el debate, el intercambio de inquietudes, la articulación de propuestas, la discusión pausada y serena de variantes que nos acerquen a las soluciones.

Algunos que intentan buscar atajos, están equivocando el camino. Apurados por terminar este proceso de indignidad, atropellos y autoritarismo sistemático, pretenden recurrir a cualquier artilugio, imitando a sus adversarios y solo proponiendo otra alternativa demasiado parecida que ofrecer los mismos ingredientes y similares herramientas.

A no confundirse. La recuperación del equilibrio, viene de la mano de hacer lo adecuado, con métodos que no puedan ser cuestionados por su inmoralidad, y transitando una construcción prudente, para que el futuro sea la consecuencia esperable de hacer las cosas del modo correcto.

Es por eso que se debe abandonar esa mágica idea de imitarlos. Allí está la clave, en evitar esa tentación, porque hacerlo implica terminar pareciéndose a ellos y asumir entonces el peligro de emular al adversario.

Inefable Educación sin Rendición de Cuentas: hacia el voto en blanco

aporía 2

 

Por Ricardo Viscardi

En su última intervención radial, el presidente Mujica nos ha alertado acerca de la futilidad de confundir la educación con todo lo demás. De esta necesaria diferenciación de la educación con los demás aspectos de la experiencia humana, surge incluso la posibilidad de diferenciar la enseñanza de la educación, lo que vuelve a esta última aún más inefable, ya que aligerada de la gravitación de la enseñanza, la labor educativa se convierte en un éter social absoluto. A partir del Iluminismo, el presidente vincula por igual esa esencia inasible con los improperios que surgen de la vituperación pública con ocasión de los accidentes de tránsito, así como con el Holocausto del pueblo judío en manos de los nazis, e incluso con cualquier otra catástrofe, si atendemos a la extensión generalizada del riesgo público en que incurrimos, por exceso o defecto de algo incondicionado: la educación.[1]

 

Recuerdo haber oido, con anterioridad al “giro copernicano” del planteo presidencial ante la demanda de los gremios de la Educación, el mismo criterio en una conversación al paso, entre un vendedor y una clienta, en plena feria ciudadana. Abierto ante todo al talante popular que sabe (que sabe) por antonomasia sin necesidad de enseñanza, Mujica no dudaría, sin duda,  en suscribir tanto al escenario callejero de la sabia apreciación, como a su propósito absolutamente imbuido de verdad popular, a la vista ferial del alimento mismo del saber social. El propósito del feriante, que fuera en su momento objeto del pleno asentimiento de una clienta, conmovida a su vez por la fructífera contundencia del argumento, señalaba que más allá de cualquier calidad personal, la educación se lleva en la persona, de manera que se porta con las maneras propias a uno mismo. No es educado quien aprende, sino quien desde ya se muestra bien educado. Esta condición inherente a la calidad de la educación, la separa de toda ínfula de diferenciación, ya que basta la buena intención, que proviene del vientre materno primero y de la lactancia que le sigue después, para suministrar el nutriente por excelencia al educando.

 

 Yendo más atrás, otro antecedente presidencial nos recordaba, en momentos en que la subversión amenazaba la consistencia social de la constitución ciudadana, que había connacionales “bien nacidos” y otros no (o no tanto, o menos, o maleducados, etc.). Por consiguiente, la educación tal como lo han afirmado dos titulares de la presidencia de la República, que por lo visto no sólo aproxima entre sí el cargo (Pacheco primero, Mujica ahora) es estrictamente inefable e innata en el sentido cartesiano del término: eterna.

 

En ese sentido racional Descartes infiere la existencia humana de la contraposición entre la duda sobre sí propio[2] y la certidumbre del ser divino que adviene, sin embargo, de pensarlo en uno mismo. Por lo tanto, este “sí mismo” llega a la afirmación de la existencia propia a partir de la duda y de cara a una certidumbre, sin ser a ciencia cierta, sino el quedar sujeto entre lo uno (lo humano precario) y lo otro (la idea de la divinidad).[3] Sin embargo la precariedad del sujeto racional se explica como fundamento, si se admite que provista de la idea de Dios, tal limitación queda sujeta a un influjo que no puede provenir sino de un orden sin falencia posible. Esta inscripción de lo humano en lo divino supera la participación, en razón de la acción permanente y actual del creador, providencia inmanente que explica, por lo tanto, tanto lo inefable de la idea de Dios en el hombre como lo inasible de la educación, una vez que el rango que se le atribuye la habilita incluso a prescindir de la enseñanza (revisando también la pedagogía sensualista de Condillac, para quien sólo la enseñanza inculcaba la idea en el humano).[4]

 

Sucede que ante la supuesta condición inefable de la educación, que  tanto nos permite salir con buenos modales de un accidente de tránsito como evitar un Holocausto, uno termina por preguntarse a que viene todo esto de las instituciones, las constituciones y las presidencias de las repúblicas. Confiados en que somos “bien nacidos” y educados desde el vientre materno por la mejor lactancia, conviene que nos hagamos a la idea de confiarnos educadamente a lo que nos depare el próximo paso, librados a la providencia de las buenas intenciones propias y ajenas.

 

Quien no se tome por arcángel de lo inefable aceptará de buen grado considerar las informaciones que difunden los medios de comunicación, incluso en aras de la “buena educación” de la prensa internacional del chisme, que se deleita “al ras del terrón” con el propio Mujica, en cuanto tales medios finalmente también llegan al punto más auténtico del territorio. Al tiempo que batía a pleno la inquietud por los recursos asignados a la Educación en la Rendición de Cuentas, surgía una encuesta de opinión pública cuyo artífice destacaba la supremacía del Frente Amplio en las intenciones de voto (45%) por encima del Partido Nacional (23%), del Partido Colorado (15%) y del Partido Independiente (2%) sumados. Curiosamente, el mismo comentador no incluía en sus consideraciones de enjundia una última cifra (15%) que igualaba al Partido Colorado (el tercer partido, sólo 8 puntos por debajo del Partido Nacional) y que reunía “no sabe, no contesta, en blanco, partidos pequeños”.[5]

 

Mientras el porcentaje obtenido por el Frente Amplio parece adquirir particular significación de cara a la Rendición de Cuentas, no reviste sin embargo, a los ojos de quien pergeñó la misma compulsa entre la población,  magnitud digna de ser comentada una cifra que constituye la mayor noticia electoral del Uruguay de los últimos años: los votos que emigran hacia los márgenes del sistema de partidos, particularmente, a partir del Frente Amplio. Si este último sigue sobresaliendo por sobre los otros dos partidos (más) tradicionales: tal predominio obedece a que sus adherentes en menos no pasan sin embargo a otras tiendas partidarias, sino que se incorporan a un espacio propio y diferenciado, que se preocupa cada vez menos en votar y cada vez más en incidir puntualmente a través de campañas de opinión (DDHH, despenalización del aborto, campañas contra la entrega de los recursos naturales al megaempresismo).

 

Es posible que pese a los esfuerzos dedicados por el director de CIFRA a hacer entrar la interpretación de los datos en el marco del sistema de partidos, lo inefable que recorre a este último, tanto desde el punto de vista de la “buena educación” que ensalzan por igual el presidente y el feriante, como desde el punto de la pulcritud programática y macro-económica que instruye el ministro de economía y finanzas, pugne por hacer salir de cualquier marco definible algo tan etéreo e inasible. Sobre todo si se tiene en cuenta que la consultora Factum estimaba, por su lado, en 8% la participación de los “refractarios” al sistema de partidos con fecha de abril último,[6] apreciación de otra consultora y competidora, que justificaría un desglose del 15% que Cifra atribuye a un “varios”, entre los que se encuentra el sector de mayor movilidad electoral en el Uruguay de hoy: los “refractarios”.

 

 En efecto, el mismo ministro se ha preocupado en hacernos saber que no ve razón, de cara a los desaires de los gremios, que lleve a modificar una programación que tiene por virtud principal ser una programación,[7] a su entender en provecho de todos. Por cierto, se trata de un “todos demográfico” un poco confundido entre aquella insistencia en “educación, educación, educación” que propalara Mujica en su discurso de toma de mando y esta referencia a lo inefable de la totalidad de la existencia social (que reagrupa los accidentes de tránsito y las cámaras de gas) pero excluye la “changa” –si se nos permite expresarnos en el estilo presidencial de Mujica- de la enseñanza.

 

No sólo los desaires gremiales se vinculan a una situación vivencial (como la que quien suscribe experimentara en plena feria vecinal), sino que además los hirsutos y desmelenados gremialistas aducen un gráfico del propio Banco Central donde la visual del PBI asciende en valores al estilo de la Montaña Rusa del Parque Rodó, mientras el gasto en la enseñanza se hunde más rápido que el Gusano Loco (del Parque Rodó chico) en la bajada.[8] El problema es que las dos curvas, más vertiginosas que las de una miss estadounidense sobrealimentada, componen entre sí una intersección que arroja un mismo perfil de evolución lineal, pero además, corresponden al mismo período a cuyo propósito el ministro nos dice que ya suministró el programa programático.

 

 Pese a la confianza ministerial en el beneficio para el “todos” del programa quinquenal, pareciera que las clases sin docente (40 grupos sólo en Montevideo) que comienzan a cundir en Enseñanza Primaria,[9] así como las renuncias que anuncian por doquier los gremios docentes de secundaria, podrían tener que ver con una economía donde las vocaciones se transforman en vacantes. Quizás tal renuncia suponga unas vacaciones de vocaciones, ante algo tan inefable como el valor de cambio de un salario, cuyo éter se puede cambiar por cualquier otra cosa, en un camino de sendas perdidas para la enseñanza, aunque según vimos seguirían siendo todas sendas de educación –gracias a la latitud absoluta que le otorga a esta última Mujica.

 

Alejados de lo inefable por curvas de todo tipo, los gremialistas llegan a hacer consideraciones en torno a las motivaciones que llevan al gobierno a persistir en “la calidad del gasto”, es decir, en imputar de holgazanes a los hambreados en el entorno de 12.000 pesos.[10] Sobre todo cuando un experto del país que se tiene por modelo en educación (en el sentido concreto, no en el inefable) les recuerda que para contar con buenos docentes hay que contarles, a fin de mes, un numerario de salario digno a la altura de lo que se pretende que eduquen.[11] Entre las desviadas consideraciones que el común puede pergeñar a dos años del próximo presupuesto nacional (sin rendición de cuentas posible en el año 2014 por pasar en período electoral), llevados por sendas perdidas muy lejos de lo inefable, tales desviaciones pueden tomar en cuenta que, elecciones de por medio, al gobierno poco le importa que aumente el voto en blanco y decrezca, gremios de la enseñanza de por medio, el caudal electoral del Frente Amplio.

 

En verdad, esa hipótesis no por amplia (en un sentido poco frenteamplista), deja de encontrarse refrendada por el análisis de la composición sectorial del gobierno. En efecto, las políticas de alianzas de los sectores que lo integran con mayor influencia, configuradas por la solidaridad entre el presidente y el vicepresidente, plantean perfiles electorales que no miran hacia la izquierda, sino hacia la derecha del Frente Amplio.  A través de las tomas de posición de sus principales abanderados y aliados (la CAP-L) en el gobierno, el MPP se ha opuesto a la reactualización de la legislación en DDHH, ha declarado la neutralidad presidencial o incluso la oposición ante la despenalización del aborto, e incluso ha propiciado la privatización a través de una campaña contra los trabajadores del Estado, conjunto de señales cuyo efecto electoral no puede llevarlo a crecer sino hacia su derecha. Tanto Mujica como sus ministros más próximos han prodigado, con la misma orientación estratégica, las señales destinadas a sellar “sobre el terrón” la alianza con los sectores de centro del Partido Nacional -por ejemplo con oportunidad de la celebración del “Bicentenario Oriental” (1811-2011).[12] Incluso el presidente ha destacado sin pudor ideológico alguno que encuentra la audiencia más propicia en el Congreso de Intendentes, sin hablar de la Universidad Tecnológica, cuyo diseño institucional que integra a empresarios y políticos apunta, particularmente en el interior del país (atravesado por el clientelismo atávico de los partidos tradicionales), a ganar votos apuntando a convencer en base a  “la izquierda también es del campo”.

 

Tampoco el sector de Astori puede pretender, ni lo espera, crecer hacia su izquierda, en cuanto levanta ante todo el estandarte de una “racionalidad económica” destinada a convertir al Uruguay, según el designio de los organismos financieros internacionales, en un dechado de buena conducta fiscal. Estos propósitos persisten incluso haciendo “memoria rasa” de las catástrofes que esos asesoramientos no han dejado de propiciar urbi et orbi, según un clímax alcanzado en la crisis de las sub-prime durante 2008, pero además agrega como “frutilla en la torta” el hasta ahora no desmentido apoyo del equipo económico del anterior gobierno frenteamplista, encabezado por Astori, a cerrar un Tratado de Libre Comercio con EEUU.

 

Por consiguiente, no forma parte del horizonte gubernamental, en razón de las estrategias sectoriales que predominan en ese ámbito ante la coyuntura electoral del año próximo, desviar un perfil dificultosamente pergeñado a contracorriente de la sensibilidad histórica de la izquierda, con el efectivo propósito de alcanzar la estabilidad electoral por la derecha. Al mismo tiempo se perfilan acreedores, ante un centro tan sensato como pacato, a la verosimilitud conservadora de una adaptación al status-quo.

 

El costo del “gasto cero” sería, sin embargo, mayúsculo tanto electoralmente como  estratégicamente para el Frente Amplio. En efecto, la quita de votos que significaría desilusionar las esperanzas del sector de la educación se mide por dos ángulos. En principio por el propio número de afectados, tanto en calidad de individuos como, en mayor proporción aún,  en razón del efecto sobre el entorno familiar. Baste recordar que el total de efectivos involucrados suma alrededor de 800.000 estudiantes en todos los niveles de la enseñanza pública, así como cerca de 60.000 docentes en las tres ramas de la enseñanza, a los que corresponde sumar decenas de miles de funcionarios no docentes.

 

Ante esta magnitud demográfica involucrada en la problemática de la educación, cabe señalar que entre este sector social y la izquierda política se registra, para el Uruguay, el mayor grado de integración ideológica relativa. Caracterizado históricamente por una estructura social con predominio de clases medias y la consiguiente movilidad social con base en la educación, el mismo país expresa una inclinación casi tradicional a la incorporación de la profesión educativa en un registro de izquierdas.

 

Esta constatación que en sí se ha vuelto teóricamente trivial, adquiere sin embargo una significación alternativa, si se considera que asimismo se tiene por indudable que el incremento del voto en blanco proviene, en los últimos años, de la misma izquierda política donde se inscribe mayoritariamente el sector social educativo. Parece por lo tanto razonable suponer que una agudización del conflicto entre el gobierno y los gremios de la educación, ambos dos contendientes vinculados, sin embargo, al mismo universo ideológico de izquierda, no puede sino incrementar significativamente la desistencia partidaria entre las inclinaciones electorales de la población.

 

No determina por vía directa lo antedicho que tal tendencia incidirá decisivamente en las próximas elecciones nacionales, donde puede encontrarse aún mitigada por el propósito de no favorecer indirectamente, al restarle un incremento del voto en blanco cociente propio a la izquierda, un reingreso de la derecha a posiciones claves en el plano nacional.  Ante todo, esa actitud conservadora puede obedecer al arraigado criterio corporativista de los uruguayos en la conducta ideológica, que se caracteriza por defender posiciones asumidas, bajo el criterio que advierte “no le hagás el juego a….”. Sin embargo, una auto-represión ideológica de índole corporativista en las elecciones nacionales puede revertirse en las elecciones municipales, en cuanto los comicios locales se celebran sólo seis meses después de las nacionales. El mismo prurito ideológico podría librarse de prejuicios ante una opción de menor entidad, como ya ocurriera en mayo de 2010, para marcar el sentido de “voto castigo” (en blanco) a la primera posición electoral ganada por la izquierda uruguaya y de alguna forma su bastión histórico: la intendencia de Montevideo. En ese caso, la ya pergeñada alianza electoral “rosada” (“colorados” y “blancos” mezclados) de los partidos “históricos” encontraría las puertas de Montevideo abiertas desde el interior de la ciudadela, por el caballo de Troya de una disensión entre la estrategia electoral del actual gobierno y la reivindicación insoslayable para la izquierda gremial, con una distribución de responsabilidades relativas que surge de las potestades propias a unos y otros.

 

 

[1] “Educación, educación, ¿educación?” Montevideo Portal (14/06/13) http://www.cifra.com.uy/novedades.php?idNoticia=195

[2] Descartes, R. (1979) Méditations Métaphysiques, Garnier-Flammarion, Paris, pp.79-81.

[3] Op.cit.pp.99-101.

[4] Condillac, D. (1798) Essai sur l’origine des connaissances humaines, Ch. Houel, Paris, pp.100-101.

[5]  “Intención de voto “si las elecciones fueran hoy” Cifra  http://www.cifra.com.uy/novedades.php?idNoticia=195 (acceso el 16/06/13)

[6] “Inclinación política actual. 1º trimestre 2013” Factum  http://www.factum.uy/node/915  (acceso el 16/06/13)

[7] “Lorenzo: “la Rendición de Cuentas no es una suma de aspiraciones individuales” LaRed21 (14/06/13) http://www.lr21.com.uy/economia/1110497-lorenzo-rendicion-de-cuentas-no-es-una-suma-de-aspiraciones-individuales

[8] Yohai, W. “La mala educación progresista. Cuando los de afuera nos vienen a cantar lo obvio” Resonando en Fénix https://docs.google.com/document/d/1HA99r2cusKE-K4upatF0riAWzJ8yk2I0YAljPhXrZjY/edit (acceso el 16/06/13)

[9] “VTV noticias: escuelas en obra, clases sin maestros” VTB http://www.youtube.com/watch?v=Sykk-BlAcfs (acceso el 16/06/13)

[10] “Rendición de Cuentas: Mujica tirará de la “frazada hasta que alcance” LaRed21 (13/06/13) http://www.lr21.com.uy/economia/1110210-rendicion-de-cuentas-mujica-tirara-de-la-frazada-hasta-que-alcance

[11] Op.cit. Yohai, W. “La mala educación progresista”

[12] Ver en este blog “Bicentenario, Patria gaucha y Patria chaucha: no es lo mismo, pero da igual” http://ricardoviscardi.blogspot.com/2011/05/bicentenario-patria-gaucha-y-patria_312.html

Audio: La nueva situación en Siria

Audio de Teódulo López Meléndez

Guerra Siria

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La ideologización del conflicto

ideología 2

 

Teódulo López Meléndez

“Encontramos razones que confirman nuestra creencia porque ya creemos: no es que creamos porque hayamos encontrado suficientes buenas razones para creer”

Slavoj Zizek

 

Tal vez deberíamos ir a la representación simbólica de la realidad social para escudriñar los supuestos  reales contenidos ideológicos del presente conflicto perverso o pasearnos por las definiciones siempre contrastantes y polémicas de ideología.  Quizás nos inclinemos por recurrir a la segunda acepción de Bobbio, en el sentido de que en el asunto ideológico lo importante no es la verdad sino su valor funcional.

La representación tiene una mezcla de elementos entre los cuales, sin duda, está incluida la ideología, sobre todo y a nuestro entender, como elemento afectivo que moldea la visión, procesa la información y determina comportamientos derivados de esa representación. Esto es, al lado del elemento afectivo hay uno normativo y también uno cognoscitivo. Entre los tres forman una conciencia social.

El planteamiento del “socialismo del siglo XXI” provee de una autovaloración y de una justificación, en pocas palabras, otorga la fe, como concede una autorización para determinar lo bueno y lo malo y, en consecuencia, un movimiento actuante. El contenido ideológico otorga la especificidad necesaria a una eficacia. Así sucede a pesar de ser una noción del marxismo ortodoxo el ‘fin de la ideología” al considerarla como típico producto del capitalismo y en consecuencia innecesaria al término de las relaciones de dominación. De manera que hablar del “socialismo del siglo XXI” como una teoría de base sólida o como verdadera o de efectos perniciosos es absolutamente banal puesto que lo único que interesa a los efectos del conflicto es su eficiencia práctica, dado que otorga coherencia en el ejercicio del poder.

La identificación no proviene de alguna racionalidad, más bien de las connotaciones subliminales. La identificación proviene de “una oferta de vida”. Esta forma va desde lo trivial hasta lo supuestamente profundo que permite la expresión ‘daría mi vida por el proceso”. En situaciones como la presente venezolana el elemento ideología contribuye grandemente a la radicalización de los opuestos o, si se quiere, a determinar el grado de intensidad de lo que hemos denominado polarización.

Frente al hecho encontramos la radicalización de los opuestos, pero ahora nos interesa destacar el llamado a la reconciliación y al diálogo. Es evidente que la eliminación del antagonismo, tal como lo hemos descrito, resulta muy difícil porque ya se ha erigido como elemento constitutivo del ordenamiento social. El constante ataque a la “burguesía” nos lleva a considerar al Marx del La ideología alemana donde se define a la ideología” como una falsa conciencia de posición de clase. Si en el caso venezolano estuviésemos viviendo un enfrentamiento de los trabajadores contra la burguesía, lo que no es cierto para nada, podrían explicarse los ataques a los que hacemos referencia, lo que a su vez nos obliga a señalar el elemento ideológico como uno distorsionador y falso, producto de resabios de un Marx mal entendido o simplemente de uno dejado en su contexto histórico. Por este camino la única posible conclusión es que “la construcción del proceso” sólo es posible excluyendo de manera definitiva a un sector de la población como condición necesaria para la posibilidad de logro revolucionario.

Creo existe una ignorancia supina del pensamiento postmarxista y/o neomarxista. Desde este punto de vista la única posibilidad de atemperar los disentimientos es el abandono de la idea de liquidación y colocar el enfrentamiento en términos de siglo XXI, lo que significa, por parte de quienes ahora ejercen el poder,  de la admisión de la tesis de que debemos desechar las deformaciones conducidas por las formas imaginarias. Por parte de quienes se le oponen la aceptación de estar viviendo un proceso de reconstrucción social que implica la incorporación de un elemento consensual que conlleve la construcción de un principio comunitario frente a las drásticas consecuencias eventuales del enfrentamiento.

En buena medida, podríamos hablar de un retorno a la política, si pensamos con el esloveno Zizek y su inmersión en Jacques Lacan,  que ese elemento ideológico la forcluye y avanza a lo que se ha denominado “consensualismo puro”, lo que deberemos leer, creemos nosotros, como imposición totalitaria que pretende el objetivo imposible de eliminar la alteridad. Este retorno a la política permitiría conformar lo que llamaremos a estos fines específicos como “objetividad”, cuya ausencia, extrema paradoja no visible para los ojos cegatos de los extremismos, impide la realización de lo social. Creemos que su ausencia ha sido denominada fascismo.

 

tlopezmelendez@cantv.net

 

México 2013-2031

ciudad-del-futuro

Por Antonio Limón López

 

La descripción más importante de cómo será México los próximos 18 años, no radica en cómo serán los autos modelo 2025, o si los edificios serán de plástico y tampoco si serán robots quienes realicen las cirugías a los enfermos de ese futuro no tan remoto, no es que sean cuestiones sin importancia o sin interés, pero para nosotros, que podemos modificar el futuro o dejarlo que se presente conforme a la inercia, nos debe interesar más que cualquier otra curiosidad, prever la forma del Estado que hemos estado creando desde hace años y decidir de una buena vez si ese es el que queremos, o si tenemos alternativas para evitarlo o transformarlo en otra cosa.

Los elementos para pronosticar lo que viene políticamente para México están frente a nosotros, los estamos viendo en la conducta de nuestros gobernantes, en la forma como se reorganiza el gasto público, en el florecimiento de ciertas secretarías sobre otras, en los discursos de todos nuestros líderes y en los textos de todos nuestros politólogos, en el descredito de nuestra clase política, en la riqueza de nuestro gobierno, en su eficiencia para algunas actividades y su displicencia para otras y en la miseria rampante de más del 60% de la población nacional. Aquí están las evidencias en espera de una recta interpretación de lo que está ocurriendo y lo que seguirá ocurriendo a menos que exista un golpe de timón, lo cual se antoja imposible.

El primer elemento a tomar en cuenta es la riqueza de nuestro gobierno, desde los años cuarenta el petróleo ha sido la fuente principal de recursos para el gobierno mexicano, tan importante que el gobierno se ha venido convirtiendo en un gigantesco elefante blanco para cobrar impuestos, toda su enorme riqueza proviene de la venta de nuestro petróleo crudo a los países industrializados, esta riqueza del gobierno ha creado a una minoría acomodada, de empresas exitosas debido al impulso gubernamental como lo son el Grupo Carso, las cerveceras, algunas panificadoras, empresas constructoras, de alimentos y medicinas, ciertos grandes prestadores de servicios, maquiladoras, armadoras, minas, maestros y los altos y medianos servidores públicos. En el futuro aumentarán algunos rubros afortunados, pero con todo es previsible que a lo sumo un 35% de los mexicanos puedan pagar impuestos y sostener con sus medios una vida decorosa o de riqueza para una minoría dentro de estos, el resto un 65% de los mexicanos estarán dentro de la clase económicamente pobre, sin capacidad de auto sustento digno y sin capacidad de pagar impuestos, tal vez un 10% escape a la pobreza pero no a la informalidad al ser comerciantes sin registro fiscal o delincuentes de alguna pandilla gangsteril. Al menos el 55% estará realmente en la pobreza, sin capacidad para tener una casa digna, educar a sus hijos en escuelas privadas, viajar, educarse, pagar impuestos, tener negocios, despachos, autos.

El otro elemento a la vista, es la competencia política, los partidos políticos se enfrentan como organizaciones antidemocráticas en el interior, desprestigiadas ante la sociedad pero sostenidas por el gobierno y un sistema político que no cambia ni aspira a democratizar los partidos, esto ocasiona que el electorado en su mayoría en condiciones precarias económicamente se convierta en el objetivo de los partidos, quienes para atraer votantes, están dispuestos a disponer de los recursos del petróleo para repartir privilegios, despensas, materiales de construcción, créditos baratos para adquirir bienes indispensables para vivir, prueba de este proceso es la enorme importancia de los programas contra la pobreza, en especial el creciente presupuesto de la Secretaría de Desarrollo Social, SEDESOL, dedicada a dar lo necesario a los pobres a cambio de votos. El Seguro Popular, gratuito y para quienes no tienen Seguro Social (IMSS) o seguros médicos de gastos mayores.

Estamos viendo a una sociedad mayoritariamente pobre, que es necesaria para que los partidos políticos puedan seguir prosperando y conservando su hegemonía, con gobiernos extremadamente ricos mientras dure la bonanza petrolera, que repartirán entre las elites políticas de los partidos una riqueza enorme para que estos controlen las condiciones políticas, dando dinero a los medios de comunicación, coptando a los intelectuales, hasta que voces como democracia, igualdad, legalidad pierdan todo sentido, en medio de “reformas políticas” y estructurales sin importancia, pero realzadas como grandes temas nacionales solo para lograr distraer la atención nacional y crear falsas válvulas de escape a la inconformidad social, política y económica.

Las reformas políticas bajo las banderas de mayor democracia y transparencia electoral, solo serán instrumentos de control en manos de las dirigencias de los partidos políticos, centralizarán el poder en el centro del país, desde donde se dominará todo el territorio nacional, las minorías dominantes crecerán en poder e influencia y los mecanismos de reparto de privilegios se sofisticarán hasta la perfección, permitiendo mayor control sobre una población mayoritaria ignorante, dogmatizada y anulada totalmente.

El México del futuro hasta el 2031 en que tenemos garantizada la “renta petrolera” será ese, el de un estado antidemocrático, donde el engaño y la manipulación tendrán proporciones inimitables, donde pocos a lo sumo el 35% tendrán una posición independiente pero no podrán contra el resto de la sociedad mediatizada, ese resto, entre un 55 y un 65% de la población nacional serán una masa inconsciente en manos de las cúpulas partidistas, serán pobres que vivirán de lo que el Estado les proporcione, alimento de pobre calidad, habitaciones indignas, utensilios básicos, automóviles chatarra, educación deleznable, un sistema de asistencia médica regido por el interés político, un sistema de pensiones miserable, trabajos mal pagados. El pobre vivirá como un pedigüeño de un estado generoso en las campañas y calculador entre ellas. Los medios de comunicación serán socios o cómplices de toda la estructura de dominación y mediatización que perdurará hasta que el petróleo se acabe.

No hay escapatoria, los partidos políticos, el dinero del gobierno y de los partidos, la pobreza de la mayoría de la nación y los programas contra la pobreza, serán los grilletes de un pueblo ignorante, sin sentido de la dignidad, manipulado, sin esperanza y que vivirá de las migajas del pastel que se repartirá una minoría feliz, despectiva y todopoderosa.

La deconstrucción del conflicto

deconstrucción 2

Teódulo López Meléndez

La solución al conflicto venezolano no pasa por los términos de diálogo y mediación. La aplicación de estas tesis las tenemos muy claras en la memoria de sucesos anteriores. El entonces Secretario General de la OEA César Gaviria se instaló en nuestro país por seis meses, situación sin antecedentes, y que llevó a la firma de un acuerdo entre las partes enfrentadas, uno que, entre otras cosas, mandaba la constitución de una Comisión de la Verdad que jamás entró en ejercicio. Recordamos sobre aquellos hechos del 2002 y siguientes las crecientes promesas de enmienda del presidente Chávez, unas utilizadas simplemente para el reacomodo  de su proyecto.

El diálogo se mostró imposible en el presente de hoy desde el mismo momento de la ejecución de una de las torpezas más insólitas de nuestra historia política, como lo fue la negativa de concesión de palabra a diputados de la oposición que no respondiesen afirmativamente si reconocían a Maduro, su destitución de las comisiones parlamentarias y la posterior violencia que concluyó con varios heridos. Esta tesis ha sido ratificada por Maduro siguiendo el camino de la confrontación en lo político, aunque abra una tímida apertura en lo económico, lo que ha llevado a los sectores más radicales de su bando a acusarlo de socialdemócrata.

El mantenimiento de la agresión gubernamental como respuesta a su precaria ventaja de las últimas elecciones presidenciales y el anuncio de que la acción principal será la reconstrucción de una nueva mayoría, muestra al gobierno en la continuidad de una pretensión hegemónica. El hecho mismo de designación de una falsa comisión para el diálogo de la cual formaba parte Diosdado Cabello, el autor del desaguisado parlamentario que más que un golpe contra la oposición lo parecía contra el propio Maduro al dejar por largas semanas al Estado sin poder parlamentario, uno que deberemos llamar así a pesar de no ser más que un remedo útil a las simples apariencias, indica la falta absoluta de voluntad real del gobierno de entrar en ese proceso tan estudiado y perfeccionado de la mediación, del diálogo y de la resolución pacífica de los conflictos.

Por otra parte, la oposición anclada en la coalición de partidos oponentes se mantiene en su tesis de considerar a Maduro un ilegítimo, acentúa la radicalización de su lenguaje y si bien se abstiene de protestas callejeras que conducirían a la violencia, reitera sus posiciones en una especie de campaña electoral ininterrumpida que asegura llevará a nuevas elecciones, lo que sólo sería posible mediante una interrupción violenta del actual gobierno, dado que las instituciones no son independientes bajo el concepto de que la separación de poderes es no más que una simple concepción superada de la democracia burguesa, lo que las hace inviables para una reconsideración de los resultados electorales.

Los ensalzados procedimientos de resolución de conflictos parecen lejanos. Es cierto que un gobierno no negocia hasta que se encuentra débil, pero este lo está y se refugia en la pugnacidad en busca de una recuperación que no encontrará. No lo encontrará porque su planteamiento pugnaz ya es ineficaz, porque parece absolutamente incapaz de superar su ineficacia congénita en la atención de los problemas básicos y porque la economía, si bien podrá reaccionar momentáneamente a los esfuerzos del ministro Merentes, presenta una microbiología insuperable por la concepción de fondo del régimen.

En otras palabras, el gobierno está destinado a continuar deteriorándose, no hay manera de que implemente una recuperación que lo ponga de nuevo en el camino de obtención de la hegemonía pretendida. Afronta, además, peligros de camino. Su deterioro creciente puede llevar a salidas de otro tipo, a una interrupción que sabemos siempre ha sido de consecuencias nefastas. Podría sobrevivir, pero con el pago de una derrota electoral al fin de un sexenio angustioso.

Esto nos lleva al terreno de lo electoral y a un planteamiento clave de nuestro polémico planteamiento. Con los dos bandos existentes confrontándose en elecciones no hay resolución del conflicto. Si la diferencia fuese pequeña tendríamos una repetición del presente y si fuese amplia tampoco contribuiría a la salida, como vimos con las confortables victorias obtenidas por Chávez en sus buenos momentos.

Lo que queremos plantear es que, paradójicamente o no, el conflicto se ha alimentado de un principio aparentemente “bueno”, uno denominado unidad. Aún en el presente la oposición clama por ella en sus filas aferrándose ahora al argumento de su avance electoral, la que puede convertirse en clara mayoría contable en unas elecciones locales previstas para este año de 2013. Desde el gobierno se clama por la unidad en sus filas, especialmente cuando afloran los elementos que surgen siempre después de la desaparición del hombre fuerte y las naturales intrigas de los reacomodos del poder interno. “Unidad” es así el principio básico que mantiene monolíticos a ambos bloques y que impide la consideración de salidas propias de eso que se llama resolución de conflictos.

Todo modelo fijo conduce a una inhibición implícita. Lo llamé hace años en ejercicio de una “boutade”que ahora no me parece tal, “la unidad es nociva para la salud”. Un análisis partiendo de la lógica estricta indicaría un enfrentamiento en dos partes que podríamos catalogar, no sin incurrir en un exceso,  como “componentes naturales” del presente conflicto, uno en el cual una parte quiere construir un “socialismo del siglo XXI” y la otra un mero regreso a las fórmulas de la democracia clásica, por lo demás un error crucial que obvia los parámetros culturales que están emergiendo o ya han emergido, pero en cualquier caso lo que nos interesa plantear en este texto es que el fraccionamiento necesario de ambos bloques, tal como lo concebimos, es una búsqueda de material que permita la reestructuración de los modelos. Ya no se trata simplemente de explicar el conflicto, se requiere reordenarlo mediante el inicio de un necesario proceso disgregador. No se trata de suplantar dos bloques por una multiplicidad de bloquecillos sumidos en una anarquía continua, pues la disgregación que concebimos implica un entendimiento entre sectores de los dos bloques originales en búsqueda de una síntesis que les permita su actuación conjunta, el establecimiento de principios aceptados para el ejercicio político y la descomposición de los dos bloques. Cuando se produjo en Italia la alianza entre sectores avanzados de la Democracia Cristiana y sectores del Partido Comunista para constituir el Partido Democrático escribí un texto titulado “Matrimonio a la italiana”, uno donde se ponía de relieve la inmensa posibilidad  de reunión de sectores incluso diversos ontológicamente para la construcción de una alternativa política  e, incluso, de uno que podríamos denominar de reformulación del imaginario cultural.

He insistido en la formulación conceptual de lo que denominado “tercera opción” y sigo creyendo en ella para el tema específico que me ocupa en este texto, esto es, la filosofía del conflicto político. La única vía para poner término a esta alteración profunda de la vida a la que asistimos los venezolanos será mediante un entendimiento entre factores hoy enfrentados y con una participación precaria o forzada en alguno de los dos bloques estáticos, unos que partiendo de su actitud pensante, de su disconformidad y, ¿por qué no decirlo?  de un requerimiento de sobrevivencia en el escenario, impelidos por las circunstancias desagradables de asistencia al deterioro de sus antiguas posiciones o por las agradable de una lucidez pragmática, marchen a un entendimiento que ahora mismo deberemos definir como inédito. Entonces el conflicto habrá sido domeñado, la salida electoral recuperada y el juego infinito de la política habrá ocupado de nuevo su lugar. Habremos encontrado al fin lo subyacente que nos inmoviliza en el conflicto, que ya las categorías políticas presentes no nos sirven, que aún sin tener en la mano la construcción práctica de la salida, podemos pensar la política y plantear las nuevas categorías desde una deconstrucción de las anteriores.

tlopezmelendez@cantv.net

Audio: Colombia en la OTAN

Audio de Teódulo López Meléndez

OTAN 1

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La crisis turca

Audio de Teódulo López Meléndez: La crisis turca

Crisis turca 2

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El pensamiento invisible

Pensar 2

 

Teódulo López Meléndez

 

Una afirmación que podemos realizar sin titubeos, en términos de neurociencia, es que nadie ha visto nunca un pensamiento. A lo sumo la tormenta eléctrica que produce. Por allí, en las células, anda la conciencia y la forma de pensar, y que por efecto de lo que los científicos llaman neuropéptidos, se hace hábito. Sin embargo, la forma de pensar es modificable, pues, sostienen también los científicos, el cerebro tiene el hábito de recrearse. En ciencias sociales podríamos argumentar que la única manera de cambiar es interrumpir esa asociación derivada de la repetición, lo que, traducido a palabras algo más claras, equivale a afirmar que la única manera de salir es aprendiendo a pensar de otra manera.

Cuando se tiende a engañar a las células del cuerpo social lo que se busca es distraer del miedo, pues la verdadera definición de tal no es ese que se señala en el combate político venezolano como no tenerlo al enfrentamiento virulento con el gobierno. No, la verdadera mecánica y el verdadero miedo lo son a modificar la posición del observador lo que conllevaría a pensar de otra manera y a posibilitar así la construcción de otra realidad. En neurociencia se llama crear otro puente entre neuronas: en ciencias sociales crear un cuerpo común que posibilite la liberación del presente. Esa liberación no consiste en asumir otro miedo que llamaremos pasado, sino en otra forma de manejar las emociones que pasaron a ser reflejo indiferenciado de la realidad. En palabras precisas, es necesario convertir a ese cuerpo social en uno capaz de crear, a lo que se negará insistentemente para atarse al segundo de realidad y no enfrentar el miedo, que no es otro que el que hemos descrito en este párrafo.

Si la realidad es producto de nuestras expectativas, pues debemos cambiar las expectativas. Nuestras expectativas las podemos armar armoniosa o caóticamente. En el terreno de la política el cuerpo social reacciona de una u otra manera dependiendo del “mensaje” que lo abruma con su proveniencia exacerbada desde todas las fuentes. El mensaje distinto, se me ocurre, puede provenir de las similitudes entre la ciencia social y las ciencias. Si las teorías e investigaciones de estas últimas son difíciles de entender para la generalidad, en el terreno de lo político es obligación hacer entender las implicaciones que para la vida en sociedad tienen. Si bien no se trata de un análisis de la espiritualidad humana, hay que recalcar que el encierro en nuestros pensamientos preestablecidos  nos impide de alcanzar metas dentro de ese abanico de la incertidumbre. Y la palabra es esencial a la creación de realidad.

Nuestro modelo interior de lo exterior está construido sobre la base de la experiencia, de manera que procuraremos actuar en cada caso conforme lo vivido. La palabra tiene una misión esencial en romper esas asociaciones.  Quienes nos dedicamos a la incomprendida tarea de procurar un despertar lo llamamos creación de conciencia. Así como se desarrolló el principio de la incertidumbre también lo hizo el principio de la complementariedad.

Así como no hay en lo humano una sola perspectiva que capture la realidad de manera integral, hemos recordado siempre a Kuhn con la palabra paradigma, diciendo de las ataduras de las sociedades a los ya vencidos y la necesidad de adoptar otros. Así el principio de la complementariedad nos vuelve a recordar que la realidad supera a las explicaciones que de ella se dan pues nadie es capaz de conocerlo todo a su respecto. Cada parte, en un enfrentamiento, expondrá su “verdad” según la cual todas las que se le oponen están equivocadas, olvidando que las antinomias también están llenas de verdades.

Es menester recordar, entonces, que una modificación social parte del rechazo de un pensamiento único y que la forma de rechazarlo no es oponiéndole otro con iguales pretensiones. El conjunto es una suma de propiedades de todas las partes. El lenguaje defensivo es una aceptación de una fragilidad que se cree insuperable. El lenguaje creativo inventa futuro, de allí la importancia de la palabra, cuyo lento ritmo es conocido, pero, quienes nos arrimamos a él, sabemos con toda la lentitud del caso puede irse haciendo pensamiento invisible que rompa los viejos paradigmas.

tlopezmelendez@cantv.net

Nuevo e-book gratuito de Teódulo López Meléndez

La filosofía del conflicto político

Teódulo López Meléndez

filosofía

 

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Democracia y medios electrónicos de comunicación

medios electrónicos

Alfonso J. Palacios Echeverría  

 

Uno de los aspectos a considerar en las reflexiones actuales sobre la democracia es que la discusión pública cotidiana que continúa en este primer decenio del Siglo XXI, tiene que ver con una fuerte tendencia de inclusión de los medios de comunicación social como actores (¿políticos?) en el proceso democrático. Los medios, al intervenir activamente en la priorización de temas y valoraciones en la discusión diaria, son objeto de reflexión en torno a su relación con el proceso de constitución de hábitos mentales que han venido configurando la manera de entender hoy día las reglas del juego en la práctica política y, en consecuencia, la democracia.

Por ejemplo, una actitud complaciente o que le otorga poca importancia a los casos de corrupción perpetrados por gobernantes o empresarios por parte de la prensa tradicional, tiende a crear en la mente de los ciudadanos una lasitud moral y ética que se manifiesta en la generalización de conductas corruptas hasta en los casos más simples del acontecer cotidiano. Y allí está el germen más destructivo que atenta contra la democracia.

Pero los análisis realizados por estudiosos del tema que tiene que ver con la relación de la democracia con los medios de comunicación (por lo general tradicionales)  no es hasta ahora que empiezan a ocuparse con mayor seriedad de los medios electrónicos, su papel en la comunicación de las masas, de transmisión de noticias vistas por los actores y espectadores, sin que medie el “filtrado” de los medios tradicionales (prensa, radio y televisión) y su importancia para impulsar movimientos importantes, como el que se gestó con la “primavera árabe”, que por cierto está empantanada en Siria y se ha convertido en un largo y crudo invierno de mortalidad, destrucción e irrespeto de los más elementales derechos humanos.

Al revisar la relación medios-democracia, principalmente a partir de las prioridades que desde la agenda periodística establecen una representación mediática asociada a los asuntos de Estado y su relación con los distintos actores sociales, encontramos temas sumamente interesantes que requieren alguna consideración de nuestra parte.

En primer lugar, con relación al tema de la democracia, Robert Dahl expresa: “…el mismo hecho de que la democracia posea una historia tan dilatada, ha contribuido a la confusión y al desacuerdo, pues `democracia` ha significado muchas cosas distintas para gente diferente en diversas épocas y lugares” (1999). La democracia, culmina Dahl, “es un tanto incierta”.

Así, se ha llegado a hablar de “grados” de democracia, dándole paso a un concepto amplio, en el que, más allá de su aplicación real, ha tenido gran peso la disposición de los colectivos a interpretarlo como válido. Y cuando hablamos de interpretación, acudimos a ese “significado” de muchas cosas del que habla Dahl, cuyo referente principal depende de una socialización de hábitos que valorizan (cada sociedad y época a su manera) la figura de Estado y Sociedad Civil.

En su recorrido como propuesta conceptual por la historia de la Humanidad, la democracia ha estado asociada a categorías de pensamiento como libertad, participación e igualdad. Principalmente en la historia del siglo XX, estas categorías se han debatido en grandes dicotomías que al cerrar el siglo mantenían su vigencia, se agotan o reproponen temas como: mayor o menor Estado; colectivismo o individualismo, entre otros.

Por su lado, los medios, tras una ocupación inversamente proporcional a la de los partidos políticos a finales del siglo XX, obtuvieron un sitial importante en el espacio de credibilidad del colectivo, que no debe soslayarse en los últimos estudios de la democracia, por más contracorriente que se le vea frente a las teorías clásicas. Al incidir éstos en ese espacio de mediación entre gobernantes y gobernados y en la construcción de la racionalidad en torno a lo público, cambian considerablemente las condiciones de la democracia, ofreciendo cuadros complejos sobre los cuales autores como Vallespín (2000), Dahl (1999) y Bobbio (1992), desde la Ciencia Política han abordado prudentemente.

Entendida la democracia dentro de mecanismos de interacción colectiva que involucran la construcción permanente de significaciones y sentidos, es decir, como una “elaboración social” que permanece en un tiempo determinado, podemos definirla como un objeto de Representación Social, en el que se involucran elementos que refuerzan valores y creencias.

Esta perspectiva pretende ubicar la explicación del pensamiento social, a partir de posturas como las siguientes: “…la actividad mental que está al origen de la representación social permite a un conjunto social apropiarse de la realidad, a partir de un trabajo de construcción y reconstrucción destinado a volverla significativa, pero siempre en sintonía con el sistema de juicios y evaluaciones que le es propio, dependiente de la historia del grupo y del contexto social…” (Calonge, 2001, p. 18). Con ello, podríamos hacer una revisión de la democracia como objeto social derivado en una representación simbólica del día a día, en la que los medios inciden de acuerdo a su forma de actuar, generada por presiones distintas.

En una democracia en construcción y con una sociedad civil con pocos espacios como la nuestra, es importante que la ciudadanía asuma una mayor responsabilidad y control de las instituciones que garantizan su fortalecimiento. Por esto es decisivo que los procesos democráticos se consoliden con una actitud ciudadana responsable, activa y vigilante de sus derechos; entre los que se incluye el derecho a estar bien informado. Para lograrlo, es fundamental crear mecanismos para que los ciudadanos puedan evaluar la calidad de la información que reciben. Entre ellos aparecen los medios electrónicos independientes y las redes sociales, como una forma nueva, ágil e independiente de transmisión de información y de creación de opinión.

Los medios ejercen una importante influencia en la concepción que las personas tienen de la realidad. Aquellas entidades de la sociedad que no pueden acceder a espacios significativos, resultan prácticamente invisibles a la opinión pública. Se les impone así un silencio difícil de romper. Por otro lado, existen actores sociales con una sobre representación mediática que les otorga una “mayor importancia” en la vida pública. Por eso es indispensable que la sociedad civil organizada sea capaz de generar iniciativas de observación y supervisión del desempeño mediático relacionado con la actividad política, lo que justificaría la creación de un órgano receptor de quejas ciudadanas sobre medios de comunicación

En el caso específico de nuestro país, es importante resaltar la concentración de los medios de información, porque deja de lado aspectos relevantes de la libertad de expresión como lo son la pluralidad, la veracidad, el derecho de réplica de los actores involucrados en la información. Las prácticas corporativas suelen generar noticias que no responden a las necesidades ciudadanos, sino a intereses específicos de particulares, lo que puede poner en riesgo el interés público asestándole un golpe a la democracia.

Darle poder a los ciudadanos, implica, entre otras cosas, impulsar el conocimiento del marco legal que rige el comportamiento de los medios de comunicación; transparentar las relaciones entre los diferentes niveles de gobierno y los medios de comunicación; promover la responsabilidad pública y social de los medios; generar la discusión pública sobre leyes, regulaciones y decretos en todos los niveles de gobierno; y sobre todo, incentivar a la sociedad civil a que vigile el funcionamiento informativo vinculado con la libertad de expresión; la pluralidad; el equilibrio; la veracidad y el derecho de réplica en los medios.

Debido a lo anterior, insistimos: es importante crear mecanismos ciudadanos independientes que monitoreen cómo son presentadas las noticias a la población. El desarrollo de actividades cívicas a través de la deliberación democrática, la observación de procesos políticos y la generación de información veraz y oportuna, convertirá a los ciudadanos, en constructores de una sociedad civil más fuerte y un país más democrático.

Los medios de comunicación son palancas, pero también obstáculos para la democracia. Allí se expresan todos aquellos que aspiran a influir en la vida pública, pero en los medios además se encuentran algunas de las principales limitaciones a la diversidad y la libertad de expresión.

En las más variadas latitudes, a los medios se les relaciona cada vez más con la posibilidad de mejorar la calidad de la democracia contemporánea y de esa manera contribuir –o no– a la gobernabilidad. Los medios también pueden ser instrumentos de opacidad y no de transparencia, con frecuencia propagan falsedades y no únicamente hechos verificables, sus contenidos suelen estar saturados de trivialidades y los espacios para la deliberación y la reflexión escasean.

En conclusión, el significativo desarrollo de las tecnologías de la información y comunicación ha tenido fuerte impacto en las diferentes esferas de la vida social (económica, política, jurídica, etc.), razón por la cual algunos autores denominan a la sociedad actual sociedad de la información, haciendo énfasis en uno de sus principales elementos como son los avances tecnológicos que han facilitado la vida cotidiana, y simplificado y vuelto eficientes multitud de procesos (Rodríguez, 2004), en el ámbito laboral, familiar, empresarial, no siendo para nada el campo político la excepción.

Las implicaciones políticas de las aplicaciones de las nuevas tecnologías no se han hecho esperar, y es que la utilización de los medios tecnológicos como revolución intrasocial se ha diseminado, haciendo inevitable su aplicación desde ya en actividades relacionadas con los derechos políticos de los ciudadanos: libertad de opinión, de información, de pensamiento, etc. Queda entonces patente las inmensas posibilidades que tienen las nuevas tecnologías de ponerse al servicio del ideal democrático, es decir, de profundizar la democracia, constituyéndola en una nueva forma, que desde ya se aprecia en la vida cotidiana, la Cyberdemocracia, democracia digital o democracia Electrónica, aquella que se ejerce a través de los nuevos medios tecnológicos de comunicación e información.

Realicemos un intento definición o conceptualización, sólo un intento, por eso preferimos llamarla, una noción, porque las aplicaciones de las nuevas tecnologías a la democracia electrónica están en pleno desarrollo y en consecuencia, en desarrollo también su teorización.

En términos sencillos, la democracia electrónica, democracia digital o cyberdemocracia, será el ejercicio de los derechos políticos propios de los regímenes o gobiernos democráticos a través de las nuevas tecnologías de información y comunicación, verbigracia, el Internet. En esta era digital, los derechos y libertades democráticas son ejercidos informáticamente, en efecto, la libertad de expresión, de pensamiento, de información, de discusión, de decisión, de influencia sobre las decisiones públicas, se ejercen a través de estos nuevos mecanismos.

Esta nueva democracia, merece su propia definición o categoría, porque el impacto de las nuevas tecnologías con su propia esencia y contenido, le imprime cualidades y elementos nuevos a la democracia, que la hace distinta a las otras formas de democracia tradicionalmente conocidas, como democracia participativa, representativa, etc.

La democracia electrónica está en estos momentos en plena elaboración, se está construyendo, según nuestra opinión con ensayos y errores, a través de un proceso donde se aprovechan las ventajas de las tecnologías para profundizar la participación democrática de los ciudadanos, pero también con la asunción de diversos riesgos, siendo a nuestro entender clave para solucionar esta paradoja, la cultura democrática de los ciudadanos, la cual es capaz de alertar sobre las posibles fallas que podrían traer en palabras de Zubero (1998) una involución democrática y también para solidificar y consolidar los aciertos.

Bajo una concepción, esta aproximación a la democracia entenderá que los ciudadanos deben ser tanto actores como espectadores del juego democrático. La aceptación de la diversidad será el principio básica para que, a partir del reconocimiento mutuo, los ciudadanos puedan participar de forma efectiva en las tareas de gobierno.

No obstante, este modelo es consciente de los límites que tiene la diversidad, y, con la finalidad de evitar la extrema fragmentación cultural y de los valores políticos desea que la discusión y la interrelación virtual fomente el intercambio de pareceres que conduce al reconocimiento mutuo necesario para el surgimiento del sentido de comunidad. El discurso electrónico será pues el nexo político entre Estado y Sociedad, nunca más unidos que bajo este modelo.

Las comunidades y redes electrónicas se convertirán en el principal nexo de intermediación entre ciudadanos, y entre éstos y los poderes políticos. Dichas redes funcionarán a modo de foros y asambleas públicas abiertas a todo el mundo y pautadas por procedimientos de deliberación que aseguren que el mejor argumento es el que gana. Asimismo, dichas las decisiones gestadas en dichas comunidades y redes tendrán una traducción efectiva en accesiones públicas que contarán con el consentimiento de la sociedad civil.

Para que la intermediación de las comunidades y redes electrónicas traslade adecuadamente el sentir y la racionalidad de la ciudadanía a los poderes públicos, será necesario que los procedimientos deliberativos que se producen en el seno de las mismas fomenten el desarrollo de competencias y de la identidad común. Es decir, de capacidades técnicas y del sentido de pertenencia a una comunidad plural de identidades múltiples.

Bajo esta visión de la democracia, la asimilación de las nuevas tecnologías por la política tenderá a valorar y reconocer la importancia de los medios de expresión de la opinión pública y, en especial, a los medios de comunicación. Por esta razón, tanto las organizaciones civiles como las organizaciones corporativistas, pero sobretodo la prensa virtual deben guiarse por procedimientos limpios, representativos y racionales que garanticen una efectiva expresión de la mejor conciencia ciudadana posible. Mata (1994) sostiene que la escena se ha desplazado.

 

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Gestionar la incertidumbre

 

holografía 1

Teódulo López Meléndez

Así como es aplicable a lo social el principio de la incertidumbre es también posible gestionar esta incertidumbre. Hemos explicado que la primera crisis a enfrentar es la de las herramientas de visión, lo que implica o despojarla de los anteojos de suela que la fijan no más que en el llanto, la queja inútil y la descarga de rabia en las redes sociales, y en encontrar nuevas maneras de entender los significados.

Como el nombre mismo de incertidumbre indica hay que gestionar lo existente y paralelamente lo inexistente, pues habrá que moverse sobre las posibilidades que las acciones tendrán en el tiempo. Hay que dotarse de una teoría de la penetración social. Esta teoría no es novedosa. Si el cuerpo social está sembrado en un creciente individualismo que solo es combatido por una de las partes con propuestas de organización comunitaria, la conclusión será la de una profunda división con apariencia de insalvable. Las propuestas organizativas de los partidos políticos no son sustitutas pues han demostrado hasta el agotamiento no ser más que maquinarias de búsqueda del poder y nunca organizaciones de expresión ciudadana.

Hay que marchar, entonces, a la recomposición de un desarrollo relacional sobre la base de la ciudadanía, entendida como una vocación colectiva de ejercicio del poder. El brote individualista será la primera respuesta, seguida de inmediato por la ratificación de lealtad a los viejos líderes que los mantienen atados al conflicto. Crear confianza en un planteamiento que asegure no busca el poder sino el otorgamiento del mismo requiere de un esfuerzo constante de interacción que permita llevar la comunicación a su máximo grado.

Son estas tesis unas desarrolladas tiempo atrás por la psicología social. Hay que lograr un proceso de autorevelación que hemos denominado hasta el cansancio como conciencia. Hay que retomar el camino de remachar una identidad social hoy perdida en el caso venezolano y, obviamente una identidad cultural. Acostumbra decirse que los tiempos de crisis son siempre buenos para quienes tienen el sentido de la oportunidad. En términos sociales está más que demostrado que esos tiempos son buenos para el brote de las decisiones aparentemente complejas salidas de los límites de una rigidez impuesta, de un azar llamado incertidumbre y de una efervescencia caótica. Edgar Morin la ha descrito muy bien al señalar que no se trata de que una esencia sea compleja, sino que implica tanto unión como multiplicidad y el encuentro final con lo indecible.

En otras palabras nada complejo se hará único. En términos políticos, en una sociedad que medianamente ha comenzado a pensar, la libertad toma el sitial clave y todo planteamiento reductivo a su propia “verdad” no tendrá ninguna posibilidad de éxito o preeminencia. Significa que hay q escapar del pensamiento reductor que no ve más que los elementos y de su opuesto que no ve más que el todo. La incertidumbre no podrá ser eliminada, sólo gestionada con un pensamiento cognoscitivo.  Una clara conciencia político-social permitirá, para seguir con los términos de Morin, una “traducción” adecuada del mundo exterior que, señalamos nosotros, agota a los participantes en un círculo vicioso.

El ejercicio de pensar es altamente peligroso pues destruye viejas creencias y saca de antiguos encierros. Un paradigma controla al discurso. El discurso sólo puede cambiar si se cambia el paradigma. Todo nuevo paradigma es un planteamiento de incertidumbre, pues genera ideas que deberán ser sometidas a prueba. Ninguna de ellas llegará para quedarse por los tiempos.

“Gestionar la incertidumbre” es una expresión grata al mundo económico-empresarial que se plantea como afrontar los cambios sucesivos de las primeras décadas del siglo XXI, pero es, al menos a mi modo de entender, una expresión útil en el campo social, entre otras cosas porque en la especificidad de la política ya el liderazgo no está vinculado a la capacidad para crear certidumbre sino más bien, y precisamente, para gestionarla. Más aún, el líder verdadero es el que suministra los insumos para acrecentarla, en el sentido de lograr que una sociedad estancada en el pantano de una crisis rompa moldes y obtenga, mediante la reflexión sobre las ideas, la luz necesaria para cambiar su presente.

Parece tenemos estructuras dirigidas a generar mediocridad. Así nunca generaremos un cuerpo social “resiliente”   capaz de inventar, de innovar, de gestionar la incertidumbre.

tlopezmelendez@cantv.net  

 

Doblegarse para subsistir

 

doblegarseAlberto Medina Méndez

Se viven épocas de desmesurada confrontación discursiva, de acalorados debates, de excesivas pasiones políticas, pero es bueno entender que la salud de una sociedad depende de su capacidad para convivir con las diferencias. Es imposible construir algo sustentable sin consensos. Todo lo que se hace sin cierto acuerdo y apoyo es efímero, dura poco, y se pone en juego en cada turno electoral, o cambio circunstancial de las mayorías.


El debate se ha venido complicando más de lo necesario, y no solo entre los actores de la política, esos que la han elegido como profesión y el centro de sus vidas. Ellos desdramatizan el intercambio de ideas, porque solo les importa el resultado comicial, que les permite obtener poder, sostenerlo o acceder a él, y asumen que el resto son solo cuestiones anecdóticas.

Pero intranquiliza este clima, fundamentalmente, en la sociedad civil, en los habitantes que se crispan cada vez con mayor facilidad, sin aparente relación directa con la cuestión, pero con la razonable preocupación que cierta responsabilidad cívica e indignación ciudadana les provoca.

Pero, en realidad, existen razones profundas que explican mejor este fenómeno creciente. Por un lado están aquellos que alimentan el odio sistemáticamente. Es probable que hayan tenido poca suerte en sus vidas personales, o que fueran criados en un ámbito plagado de envidias, celos, y fundamentalmente, baja autoestima que termina derivando en un discurso con alto contenido de violencia verbal, modo en el que han encontrado la manera de canalizar sus frustraciones individuales. Los atraviesa el rencor, el resentimiento, y construyen desde esos sentimientos negativos una especie de ideología sin soporte argumental, pero repleta de bronca e ira.

Lo concreto y cada vez menos disimulable, es la presencia de un ingrediente central, un aspecto que ha pasado a ser el protagonista indiscutido de esta era. Es que un sector de la sociedad, lamentablemente cada vez más numeroso, discute con otros bajo un esquema de absoluta negación, de terquedad, obstinación, porfía, testarudez y escasa amplitud mental.

No los entusiasma, para nada la búsqueda de la verdad, mucho menos su descubrimiento, solo se conmueven con cuestiones meramente emotivas, carentes de racionalidad, pero que responden a una trama más profunda pero de mucha mayor indignidad.

Tal vez lo explique mucho mejor aquella frase que se le atribuye a Bernard Shaw cuando dice “No se puede discutir con una persona cuya subsistencia depende de no dejarse convencer.”

Es que hay gente que NECESITA no dejarse convencer. Precisa que ese mundo irreal construido sobre pilares falsos sobreviva en el tiempo, porque su propia supervivencia económica depende de la existencia de esa ilusión.

Esas personas viven del favor estatal, tienen puestos en la administración pública, son beneficiarios directos de la ficción creada, o son meros proveedores del sistema. La sola posibilidad de que la inercia actual del presente se interrumpa, los aterra, los paraliza.

Algunos tienen motivos más ostensibles, porque se vienen enriqueciendo a expensas del gobierno. Están ganando demasiado dinero con un insignificante esfuerzo y nada que modifique este presente los entusiasma.

Otros, solo tienen poca autoestima, y suponen que un eventual final de este ciclo político podría dejarlos sin posibilidades de mantener su estándar de vida, al que consideran aceptable.

Por esas razones, básicas pero robustas, defienden con uñas y dientes a esas personas e ideas, por eso se enojan, se crispan, se enfadan y enardecen frente a cada discusión. No les interesa ni la historia, ni el futuro, ni lo que puedan decir los analistas políticos, juristas o economistas.

Para ellos, aun no se han construido los argumentos que refuten la bondad de su presente individual. No les importa si se está claudicando en las convicciones, ni si el futuro puede oscurecer por lo que se está haciendo ahora, solo importa seguir, a cualquier precio, al que sea.

Y cuando se sienten acorralados, porque les falta argumentación, caen en la siguiente fase, la de la justificación, esa que sostiene que si estos funcionarios son corruptos, siempre existió la corrupción, o el opositor de turno también lo es. O bien apelan a la trillada estrategia de desacreditar al mensajero, de enojarse con los medios, lo que sea preciso, pero siempre con la claridad de que nada les impida seguir disfrutando de su presente.

Reconocer que quienes anteponen buenos argumentos tienen razón, sería aceptar que su fuente de financiamiento puede concluir esta etapa y ser reemplazada, en un marco republicano, por otra conducción. Ellos saben lo que implica un cambio de color político y las consecuencias para sus vidas.

Se podría ser indulgente diciendo que en realidad no saben lo que hacen, que se trata de personas con limitaciones intelectuales, pero lo cierto es que eso sería minimizar la situación. A estas alturas, todos saben muy bien cómo son las cosas. Lo que sucede, es que estas personas han descendido varios peldaños en sus convicciones, y abandonaron esos principios que defendieron antes con vehemencia, cuando los valores morales eran más importantes que el dinero al que tanto critican pero terminan endiosando.

Lo más grave es que lograron ponerlos de rodillas y hacerlos claudicar en sus creencias, los mercantilizaron, comprándolos “solo” con monedas. Han perdido las riendas de sus vidas y su escala de valores ha quedado pisoteada por ellos mismos. Prefirieron la comodidad de la ayuda económica estatal, a la propuesta de ganarse la vida con esfuerzo, pero con dignidad. Después de todo, tal vez sea buena idea considerarlos solo como lo que son, individuos que han preferido doblegarse para subsistir.

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El principio de la incertidumbre

 

 

Incertidumbre 2Teódulo López Meléndez

“… hay que prepararse para nuestro mundo incierto y esperar lo inesperado”

Edgar Morin

 

Al incidir poderosamente sobre la física cuántica el físico alemán Werner K. Heisemberg no podía esperarse décadas después que el “principio de la incertidumbre”, que le había merecido el Premio Nobel, sería considerado como herramienta de análisis de las ciencias sociales.

El principio de la incertidumbre asegura que es imposible medir simultáneamente de forma precisa la posición y el momento lineal de una partícula.

He venido insistiendo a lo largo de los años que no podemos partir de una concepción determinista de la historia ni de una visión lineal de los acontecimientos ni de realidades que nos parezcan insuperables. Las realidades son sólo probabilidades que pueden hacerse realidades según la voluntad de los actores.

Si lográsemos entender, al fin y al cabo este es el siglo XXI, que no existen modelos fijos e invariables, pudiésemos comenzar a proceder con la convicción de que el sistema que buscamos lo debemos hacer con lo que hemos llamado una interrogación ilimitada y que las realidades son producto de una partícula que llamaremos “búsqueda” que deberá ser siempre incierta y que no se mueve linealmente. Otra cosa no es el principio de la incertidumbre.

La construcción requerirá siempre de pensamiento complejo, uno que por serlo, sabe de las diferencias y de los conflictos siempre existentes, pero que hay que domeñar –principio no comprendido en la Venezuela actual- para la construcción de un proyecto común  que permita una unidad social.

 

La percepción de una realidad como insuperable nos lleva a sembrarnos en ella dejando de lado la conciencia del movimiento comunitario que permite salir de las fronteras de la percepción cotidiana. Concluimos, partiendo de un análisis político simplista, mediocre y elemental, que si esa realidad nos muestra opuestos irreconciliables, pues siempre será así.

La incertidumbre no es otra cosa que la convicción de que la realidad no es previsible, lo que nos lleva, en consecuencia, a concluir que sólo pueden ofrecerse conjeturas. La realidad es, pues, una contingencia y nuevas realidades son posibles. Como podría argumentar cualquier reflexión filosófica sobre la física cuántica los humanos materializan propiedades de una sociedad porque han elegido medir esas propiedades. En otras palabras, en la física clásica el observador estaba en una especie de laboratorio protegido. En términos de física cuántica el “observador” es partícipe activo. Al igual, en términos cuánticos, un instante es producto de los factores de ese instante que constituyen la realidad de ese instante. Ese instante es un impulso de vida no fragmentable para su explicación, pero instrumento indispensable para un cuerpo social “atractor” que actúa sobre las posibilidades.

Si lo queremos poner en términos políticos lo que llamamos realidad se hace rígida por la forma en que la pensamos. Debemos mirar, entonces, la realidad, como una posibilidad de creación. Por supuesto estamos hablando en términos de ciencias sociales y no de la infinita gama de la vida de cada ser humano. En términos sociales lo que señalamos es una sociedad enquistada en el segundo presente que a sí misma se convierte en ejemplo de a-crítica mientras se cree actora de un movimiento de resistencia. 

Lo que le sucede a la Venezuela actual es una asunción inconsciente de los factores circunstancialmente vencedores que la hace sumirse como pilar de ese modelo. Más aún, cree que la salida está en volver a los del pasado, manifestándose así como un observador protegido en el ayer y no como un participante capaz de crear vida. En otras palabras, la Venezuela de hoy desconoce una de las enseñanzas claves de la física cuántica: la interrelación entre pensamiento y realidad. Todos los experimentos neurológicos han demostrado que el cerebro no hace diferencias entre lo que ve y lo que imagina lo que quiere decir “fabricamos nuestra realidad” desde nuestras experiencias o, lo que es lo mismo, desde nuestras emociones.

Para volver a Heinsenberg, creador para la física cuántica del principio de la incertidumbre, la materia no es estática ni predecible, los átomos no son cosas sino meras tendencias de manera que hay que pensarlos como posibilidades de la conciencia.

tlopezmelendez@cantv.net

Humanidades del poder: los “contenidos” de Antel-Arena

 

antel-arena 

Por Ricardo Viscardi
La circunstancia crítica por la que atraviesan las Humanidades está lejos de constituir un patrimonio nacional. Tanto en calidad de disminución relativa, como en cuanto fuente de esperanza, surge incluso de la noción de “Nuevas Humanidades”, propuesta por Derrida en La Universidad sin condición,[1] cuya característica más significativa en el plano estratégico, consiste en vincular el destino de la universidad a esa proyección actual de las Humanidades. Sin embargo, el Uruguay que los uruguayos siempre comienzan por presentar, fuera de fronteras, enfatizando la grandeza de espíritu de una pequeñez de tamaño, ha engendrando un rasgo prominente a escala mundial –como a los uruguayos, pese a la contrición que abunda en su estilo, les place que sea: un presidente de la República que ataca a las Humanidades.[2] 

No se trata, por cierto, del único rasgo que ha hecho prominente a nuestro actual presidente, sobre todo si tenemos en cuenta la contraposición entre su eminente cargo y la humildad de sus costumbres, o entre lo revolucionario de su pasado y lo conformista de su presente. Sin embargo, tal profesión de fe anti-humanista expresa el compromiso académico más significativo de su gobierno, en cuanto además, se ejerce sobre un país que nadie reconocería en el plano internacional, en lo que hace al relieve histórico de su actividad cultural, más allá del campo que articulan académicamente las Humanidades. 

Los propósitos avanzados por el actual titular del poder ejecutivo en el Uruguay son de índole claramente moderna: las humanidades, enfrascadas en la disquisición letrada, configuran un saber estéril y refractario, ajeno a la frescura del conocimiento, mientras una lozanía ajena convive con la realidad positiva y concreta en disciplinas aplicables, productivas económicamente y progresistas socialmente. Más allá del aire obsoleto de estos propósitos, no debe olvidarse que toda nostalgia dicha en presente, también representa una interpelación actual. Sin duda, la problemática de la tecnología en la actualidad, con sus trascendentes reversiones de la estructura del poder y de la significación del saber, se encuentra en el meollo de los signos que Mujica cree interpretar, pero que más allá de sus declaraciones, los agentes del poder y los sapientes del conocer manipulan en provecho propio. 

En efecto, de Habermas a Foucault y de Marcuse a Vattimo el tema de la tecnología ha constituido un rasgo dominante de la crítica del totalitarismo hasta nuestros días, según una progresión de la que surge un rasgo predominante: la autoridad teórica adquirida por la inscripción de la tecnología en la comunicación. La obsolescencia del propósito presidencial uruguayo al presente se manifiesta, en este punto, en cuanto el tópico de una índole primaria de la materia declina,[3] ante la inmaterialidad manifiesta de la captación y emisión de imagen a distancia, profana irrealidad de la que se espera, gubernamentalmente, el mayor provecho.  Pero sobre todo, esa obsolescencia de la materia prima en tanto efecto de una sacrosanta “base material de la producción”, contrasta con la actualidad del debate político, jurídico y tecnológico en el mismo país.

 Este debate se concreta, tanto en el plano jurídico como en el político, en torno a la condición estratégica más humanística: la sospechosa consideración de la “generación de contenidos”. La propia empresa estatal de telecomunicaciones (ANTEL), monopólica en el campo de distintas tecnologías de la comunicación, proyecta al presente la construcción de un edificio destinado a los espectáculos masivos que favorecen la captación de imagen espectacular, ya sea de índole deportiva, artística o incluso académica: una Arena. Pese a no formar parte de la panoplia instrumental de la comunicación –ni menos de su materialidad técnica, tales producciones culturales se vinculan de la forma más estrecha a las telecomunicaciones, en cuanto proveen un contenido de interés masivo. El propio titular del Ejecutivo apoya sin ambages  un emprendimiento que reúne la cultura y la recaudación bajo los haces reflectores, aunque irreflexivos, de la masividad del consumo ocioso.[4] 

En cuanto el emprendimiento mediático redituaría generosamente para las arcas públicas, cunde más significativa que el manifiesto interés presidencial por el beneficio económico y al margen de la polémica partidaria,  una argumentación teórica cargada de humanismos, por parte de humanidades poco humanísticas.

 El ingeniero Juan Grompone no alberga la menor duda acerca de la debida apropiación tecnológica, por los fueros de la empresa estatal, dirigida a la  “generación de contenidos”.[5] Grompone va más lejos que Shannon,[6] en cuanto este último hizo profesión de fe de la abstracción de todo contenido del receptor o del emisor, en aras de la omnisciencia del cálculo matemático de la fidelidad de una transmisión.  Esa misma abstracción de la interacción entre individuos,  que es el objeto de toda comunicación que se precie de tal,  convierte la divinizada exactitud del cálculo matemático, que en este caso toma por objeto una calidad de transmisión, en mera medición del soporte informativo de un canal tecnológico. Sin embargo, tal limitación formalista –aunque no humanística- no arredra a Grompone, quien enuncia la sucesiva supeditación de la “generación de contenidos” al canal que los extiende a distancia, desde el telégrafo hasta internet, según una ley fatal que se cumpliría en tanto (tele) apropiación tecnológica. Tanta captación tele-tecnológica de la mayor diversidad de contenidos quedaría, sin embargo, curiosamente al margen de la propia disquisición acerca de las “tele-tecnologías” que ocupa al ingeniero, sobre todo si tal esencialidad es provista por una humana –sino humanística- “generación de contenidos”.

Omar Paganini, desde la misma titulación en ingeniería que Grompone,  se contrapone sin embargo al reduccionismo formalista de éste último, en cuanto reivindica una condición de la “generación de contenidos” inaccesible al aparato tecnológico.[7] Sin embargo, los ejemplos de “contenido” que aduce no ilustran la contraposición con los artefactos, sino en tanto Paganini excluye a los primeros de toda posibilidad de transvasarse en continente, condición abstracta de una “generación de contenidos” que supone, por vía de consecuencia, la intangibilidad antihumanística de tales esencias ultraterrenas. 

En este punto convendría que Paganini nos proveyera el fundamento de su inaccesible referente, ya que los más renombrados especialistas, como Jacques Derrida, por ejemplo, no han logrado encontrar diferencia, en cuanto al contenido, entre el sujeto y el objeto, tratándose en uno y otro de caso de entidades cuya puridad parece tan cristalina (para el primero) como opaca (para el segundo).[8] Pareciera imposible por lo tanto que un objeto generara contenidos, tanto como identificar a un sujeto con la generación de lo que ya lo constituye, humana dificultad de generación de toda diferencia (o diferensia, si se quiere) que no vinculara al objeto con el sujeto y viceversa, ante cuya humana impureza, no se ve como Paganini lograría dividir la “generación de contenidos” de una “tele-tecnología” humanística. 

Sin embargo, la negatividad de Mujica ante sus propios dichos sobre las abstrusas humanidades comunicacionales, la de Grompone ante la acepción de “contenido” o la de Paganini con relación a la intangibilidad propia de la “generación” de los mismos, presentan en común una misma referencia: el poder.

 Pese a sus desafíos a los saberes improductivos, Mujica obtempera ante el financiamiento del espectáculo, de cara a las fabulosas ganancias que genera –ya hoy- la “inmaterial” empresa pública de telecomunicaciones, en razón de un emprendimiento que, según declara el presidente en funciones, sería imposible al margen de la inversión pública. Grompone, pese al reduccionismo tecnológico que profesa, lo niega ex profeso cuando aduce la legitimidad de la tecnología para “extenderse” hacia los contenidos, ya que no se ve cómo tal extensión pudiera alcanzar su propio objeto, sin que tales esencias presentaran una condición supra-tecnológica efectiva. Finalmente, Paganini hace de la “generación de contenidos” una instancia que debiera permanecer incólume por sus fueros, sin embargo, la negatividad social de tal entelequia surge con cristalina transparencia, cuando el mismo autor señala la necesidad de defender la neutralidad de las telecomunicaciones en tanto mercado, marcado –sobre todo en las telecomunicaciones- por la eterna neutralidad de la libre empresa capitalista. 



* Texto presentado en calidad de “disparador” de la Mesa de Discusión “Humanidades hoy”, en XVI Jornadas de Pensamiento Filosófico, FEPAI, Buenos Aires, 10 y 11 de mayo 2013.
[1] Derrida, J. “La universidad sin condición” en Derrida en castellanohttp://www.jacquesderrida.com.ar/textos/universidad-sin-condicion.htm (acceso el 15/05/13)
[2] “Viru-viru” tu madrina” Mediorama (26/11/11) http://mediorama.blogspot.com/2011/11/viru-viru-tu-madrina.html(Acceso el 15/05/13)
[3] Wolton, D. (1992) Elogio del gran público, Gedisa, Bardelona, p.95 .
[4] “Tirate que hay arenita” Montevideo Portal (30/04/13) http://www.montevideo.com.uy/notnoticias_199214_1.html(Acceso el 15/05/13)
[6] Shannon, C. “A Mathematical Theory of Communication”  http://circuit.ucsd.edu/~yhk/ece287a-win08/shannon1948.pdf  p.5 (Acceso el 15/05/13)
[8] Derrida, J. (1967) La voix et le phenomène, PUF, Paris, pp.112-113. Ver igualmente (aunque sin paginación) « El suplemento de origen » en Derrida en castellano http://www.jacquesderrida.com.ar/textos/suplemento_origen.htm(Acceso el 15/05/13).

La superMedicina

super medicina

Tecnología cada vez más pequeña y eficaz, dispositivos con sorprendentes aplicaciones y usos revolucionan el mundo de las ciencias conformando una biotecnología y biomedicina cada vez más amplia. Proyectos y desarrollos que desafían siempre el límite de lo existente en busca de soluciones, sobre todo para las afecciones de la salud o el cuidado del bienestar físico. Aquí un repaso de algunos de los logros y proyectos del año que concluyó y algunos recientes del año que comienza.

 

Investigadores de Harvard School of Engineering and Applied Sciences, conducidos por el profesor de Mecánica y Materiales, Zhigang Suo han logrado un innovador material: hidrogel compuesto por agua y polímeros que puede estirarse hasta veinte veces su tamaño y absorber presión y tensión sin romperse (una banda elástica o de goma se rompe al estirarse seis veces su tamaño). Tal resistencia se ha logrado gracias a dos componentes que sirven de estructura. La primera son largas cadenas de carbohidratos derivadas de algas. Las cadenas encastran gracias a la acción de iones de calcio. La segunda estructura, está hecha de polímeros sintéticos. La energía del impacto se distribuye de tal forma por el material que los iones de calcio, atraídos a los segmentos con carga negativa en la estructura de algas, encastran manteniendo la estructura primaria aun cuando se estira el material.

Actualmente, si en el organismo humano un cartílago se rompe, difícilmente pueda repararse por sí mismo. Este hidrogel, podrá ser utilizado en el futuro para la ingeniería de tejidos y prótesis. La autoreparación en este hidrogel lleva un proceso de horas, por lo que todavía los científicos deben mejorar este tiempo para que pueda ser usado en la medicina regenerativa del futuro con amplias posibilidades de éxito.

 

John Klein, cardiólogo del Boston Children Hospital y su equipo de colaboradores han desarrollado una solución inyectable que contiene microburbujas de oxígeno para casos de emergencia en pacientes con un ataque de asma, personas que sufren un ahogo por atragantamiento o por inmersión en agua y que sufren de falta de oxígeno; falla que conduce en pocos minutos a la muerte por paro cardiorrespiratorio y daño cerebral.

Gracias a la nanotecnología, los científicos obtienen la mezcla de fosfo-lípidos en una cámara oxigenada; así logran microburbujas con una membrana lípida que contiene puro oxígeno, su presión es más elevada que la del torrente sanguíneo. Así es que el gas se puede esparcir a los glóbulos rojos por contacto, sin provocar embolia. Los científicos inyectaron esta solución a conejos bajo anestesia con su sistema respiratorio bloqueado y pudieron mantenerse vivos, quince minutos, sin llegar al paro cardiorrespiratorio. Es un tiempo más que valioso para poder realizar procedimientos para salvar la vida, ya sea en un accidente o en una cirugía. Pero existe todavía un obstáculo a superar; la solución oxigenada necesita constante flujo de solución salina, lo que puede conducir a un edema.

 

Otro obstáculo es la generación de dióxido de carbono que no logre eliminarse del organismo debido a que no hay respiración normal.

 

En esta misma línea de investigación, la empresa de tecnología militar DARPA (Agencia de Investigación en Proyectos Avanzados de Defensa, por sus siglas en inglés) perteneciente al Departamento de Defensa de Estados Unidos, también ha desarrollado una espuma de polímeros que detiene el sangrado. Una reacción química es la que evita el sangrado gracias a una espuma que presiona en la herida interna deteniendo el flujo de sangre. Esta espuma incrementa las chances de sobrevivir en un herido luego de tres horas, del 8 al 72 por ciento.

El especialista en Materiales John Rogers, de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, junto a la empresa MC10 de Massachussets ha desarrollado circuitos de silicio en forma de apósitos. Son dispositivos elásticos que podrán adherirse al cuerpo como un apósito y realizar diversas funciones, tales como medir temperatura corporal, frecuencia cardiaca, presión arterial, nivel de perspiración, hidratación y transmitir esta información en forma inalámbrica a un smartphone. La empresa ya trabaja para sumar esta tecnología a una conocida marca de ropa deportiva. Específicamente un indicador de impacto en una fina malla a colocarse dentro de los protectores de cabeza o casco para diversos deportes como el hockey. “Contiene sensores biométricos que proveen información sobre el impacto sufrido en la cabeza” dice David Icke, CEO de MC10.

 

Por otra parte, en la feria de tecnología CES (Consumer Electronics Show, por sus siglas en inglés) que se lleva a cabo cada año en Las Vegas, muchos son los dispositivos tecnológicos que se han presentado para el cuidado de la salud.

Es el caso del iSpO2, un oxímetro de pulso fabricado por la empresa Masimo en Irvine, California. El iSpO2 mide la cantidad de oxígeno en sangre. El dispositivo emite una luz infrarroja y otra roja hacia el dedo y la sangre absorbe cantidades diferentes de cada frecuencia en función de la cantidad de oxígeno transportado por los glóbulos rojos. Masimo ya fabrica oxímetros de pulso para el entorno médico, pero su producto pretende estar destinado a los consumidores. Quienes seguramente harán uso de este dispositivo son los pilotos de avión en el caso de sufrir una despresurización, y los alpinistas en grandes alturas; ya que el iSpO2 es una alerta ante la hipoxia, es decir la falta de oxígeno en sangre. Este dispositivo se utiliza conjuntamente a un IPad o IPhone, descargando una aplicación gratuita de Internet.

Hothead Technologies, compañía de Dallas que se especializa en sistemas de advertencia de sobrecalentamiento para el sector industrial y el deporte, ha presentado su producto Spree, una cinta con sensores que se ubican en la cabeza y que miden la frecuencia cardiaca, la temperatura corporal y el movimiento, y que funciona con o sin un teléfono inteligente.

Carol Torgan, fisióloga del ejercicio y miembro del Colegio Americano de Medicina Deportiva sostiene que la amplia cantidad de usuarios que se conectan a los teléfonos inteligentes está cambiando el concepto del fitness. Consiste en conectar a los deportistas un dispositivo para su seguimiento, que permite el monitoreo de datos, y la posibilidad de compartir y comparar los mismos.

 

La compañía Illumina fabrica secuenciadores para análisis de ADN, enfocada en los cromosomas, y su tecnología puede detectar cuando existe un número anormal de cromosomas en embriones fecundados in vitro. El análisis de ADN también podría servir de ayuda antes de la concepción.

Por su parte, la compañía de Biotecnología Presage Biosciences, con sede en Seattle ha logrado desarrollar un dispositivo que inyecta pequeñísimas dosis de drogas a tumores cancerígenos mientras están en el cuerpo del paciente. El dispositivo utiliza varias agujas para inyectar pequeñas cantidades de fármacos a través de la piel en un tumor vivo. Luego los médicos pueden extirparlo y estudiar cómo ha sido la acción de lo inyectado, y al ser mínimas cantidades los fármacos actúan localmente en el tumor sin causar efectos secundarios. El doctor Jim Olson, oncólogo fundador de Presage e investigador del Centro de Investigación contra el Cáncer Fred Hutchinson, señala que quieren desarrollar una versión portátil y desechable del dispositivo que además tendrá otras aplicaciones. Podría utilizarse para estudiar nuevos tratamientos experimentales. Así, la empresa farmacéutica Millennium está utilizando la tecnología de Presage para probar combinaciones de medicamentos contra el cáncer en tumores sólidos en animales de laboratorio e identificar los tratamientos más eficaces. Después, los medicamentos que funcionen mejor dentro del tumor pueden ser administrados en dosis mayores en forma sistémica para combatir el cáncer en todo el cuerpo; y quizás se logren terapias con menos efectos secundarios para el paciente.

 Fuentes:

http://www.seas.harvard.edu/directory/suo

http://mc10inc.com/pages/tech_overview.php

http://www.illumina.com/

http://www.darpa.mil/

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