El libro repetido

libro repetido 3

Teódulo López Meléndez

Estamos en un conflicto que describiremos  como un “libro repetido”,  pues no otra cosa hacen los actores sino volver sobre los viejos parlamentos, olvidando que los tiempos en política se construyen y con ellos el espacio.

El libro repetido no es atacado en la ordenación de los factores, en una alteración de los diálogos y mucho menos en los tiempos verbales. Nadie se mueve del lugar descrito. Este libro parece no conocer la interacción del hipertexto, de la acción común que permite barajar, modificar y reordenar. Esto es, no se inventa, de manera que se siguen los mismos caminos y se transitan los mismos trayectos en una repetición inmutable como si los pesados  “tipos” de la era gutemberiana prevalecieran de manera inevitable e insuperable.

La invención política que modifica textos, traza nuevos senderos, fija metas y se lanza a la acción en procura del mañana es mirada con desdén, se sacrifica en aras de una convicción de inevitabilidad de que el mundo agobiante en que se está sembrado es el mundo y otro es imposible  de describir. Por ello se repite el libro, se actúan los mismos libretos, se aburre al auditorio haciendo lo mismo para que la irritación se haga crisis.

Las viejas definiciones se toman como dogmas, la ciencia política como un cadáver exquisito, la praxis frente a la situación concreta como a una impresora a la que no se le ha fijado con precisión que debía imprimir sólo una copia. Se ha olvidado la calidad de un sujeto actuante e imaginativo en el altar de una supuesta acción táctica que se transforma en violencia con olvido total del pensamiento que permite reescribir el libro cuantas veces haga falta.

Una acción de ruptura del libro repetido es una que no se está repitiendo, para decirlo con complicadas palabras, una nueva, una inventada, una que no se ha hecho antes. El verbo inventar es tomado generalmente como improvisar, como sacar del sombrero del prestidigitador  un conejo o, como es práctica en la Venezuela de hoy, escuchar a un “profeta” que se inserta en los análisis electorales. No, inventar no es nada de eso. Es pensar, preparar y organizar una acción colectiva que permita elevar, aprender a mirar de otro modo, a mover lo estático y repetitivo, a alterar los tiempos y crear el espacio nuevo.

Renovar el libro es parte esencial de la política y moverse sobre la invención política procurando alterar la realidad real es esencial, pero hay que comprender que si se parte de la realidad enquistada se va a volver al libro repetido. Hay que pensar desde más allá para así mirar el presente ya teniendo una primera visión del nuevo libro y entonces poder definir la estrategia y las tácticas para construir lo nuevo, esto es, escribir nuevos libros siempre sujetos a la interacción que, permítaseme el ejemplo, puedan ser modificados constantemente mediante la “tecnología” de la nueva comunicación inventada en la acción del pensamiento.

Encerrados en la repetición del libro repetido el poder circunstancial se ve omnímodo, las circunstancias insuperables, la impotencia como la norma, el desamparo como algo aceptado, el cansancio como natural a los esfuerzos baldíos, la violencia que comienza a asomarse irreversible como una tragedia de la cual debemos escondernos de cualquier manera, quizás maldiciendo al que se asomó desde la caverna de Platón a asegurar que allí afuera había otro mundo.

 

Hay que reinventar el libro, hay que tumbar los tabiques,  hay que rearticular, hay que cambiar de posición la mirada, hay que evitar solazarse siempre en lo mismo, hay que evitar quedarse siempre en el mismo sitio. Hay que afirmar y no negar, hay que inventar y no repetir, hay que aprender a leer los nuevos textos mientras se escriben, hay que hacer circular ideas no dominantes porque estas se han demostrado inútiles, hay que salir de los encierros, hay que mandar a callar a los viejos discursos.

 

 

 

 

 

Granos de arena de Antel

cilindro municipal

Ricardo Viscardi

Al recompensar a Abrahm por su obediencia filicida con una descendencia “tan numerosa como la arena del mar”,[1] Javhé parece haber olvidado que una obsecuencia aún más absoluta cunde en el obsoleto paraíso uruguayo de la racionalidad moderna, que no sólo pretende depositar el contenido de la historia en un cilindro municipal, sino además ir, uno por uno, al grano de cada contenido de Antel-Arena.[2] Un único contenido de grano permanece, sin embargo, incólume ante tal catástrofe bíblica contenida en los contenidos del Cilindro Municipal de Montevideo: el contenido de “contenido”.

 

En efecto, esta historia comienza por un término, que conlleva una manera clásica de ponerle fin: un diccionario. Alentándonos a hacer uso del diccionario de la Real Academia Española, el ingeniero Grompone[3] no soslaya su fidelidad tecnológica, ya que tal instrumento se encuentra on-line. Ahora ¿no sería el mismo diccionario una fuente de los mismos contenidos antes de ser incorporado on-line, o incluso, tomado de un anaquel, si se quiere, desde una escalera de biblioteca? En ese caso, la definición de “telecomunicaciones” que el propio Grompone encuentra “perfecta”, tal como la provee la legislación nacional en la materia, no hubiera agregado ni una jota al contenido del mayor diccionario de la lengua (en particular porque es en el grano de sus contenidos que se funda el abordaje que  propone, de la cuestión de la ley, el mismo enunciador, ante la polémica que suscita que supone Antel-Arena).

 

Entonces ¿cómo entender que las telecomunicaciones, entendidas como las entiende Grompone incorporan los contenidos, sino tan sólo en cuanto los extienden? Si la tecnología no hace sino extender los contenidos, no se ve cómo podrían las telecomunicaciones proveer el criterio para entender lo que se transmite a distancia, incluso de diccionario, ni menos, para gobernarlo. Por ende, la pretensión de Antel a configurar a través de una Arena la mejor generación de contenidos, se encontraría con una contradicción clásica: lo extenso (de la transmisión a distancia) se opondría a lo intenso (del contenido a transmitir).[4] Lo que inhabilitaría a Antel no sería la legislación nacional, ni la malversación habitual de sus contenidos por la partidocracia uruguaya, sino la propia impropiedad de la extensión para contener el contenido de “contenido”. La antena, todo lo electromagnética que se quiera, se hundiría en la trivialidad, falta de contenido.

 

En su contraposición a Grompone, Omar Paganini[5] pretende que el planteamiento idiomático de la cuestión legal encierra un sofisma. Para dejar en evidencia la truculencia reductora que le imputa al primero, denuncia la falacia que incluye la “generación de contenidos” como “parte” de las telecomunicaciones. Le parece tan inadecuado incluir la “parte” “generación de contenidos” en el todo “telecomunicaciones”,  como la “parte” “producción de soja” en el “todo” “transporte naviero”, o la parte “generación de niños” en el “todo”  “transporte escolar”. Cree así Paganini denunciar un sofisma asestado mediante el idioma, cuando lo que hace es usar el idioma de los sofismas para asestar la noción de “contenido” en tanto “esencia apropiada”, válida por igual para el transporte fluvial o la gestación biológica, como para la “premisa menor” de un silogismo.

 

Si aplicáramos la noción de “parte” como sinónimo de “contenido”, sin diferenciación conceptual entre la enunciación lógica y la agregación de segmentos físicos, o la complementariedad de elementos biológicos, debiéramos entender que la pata del caballo es el contenido del caballo. O que la veta de mineral es el contenido de la estratificación geológica. Pero parece difícil que el contenido “contenido” se use en tal sentido, a no ser en tanto “telecomunicación” entre el idioma y los referentes, lo que nos retrotrae por la vía más insospechada a un substancialismo acerbo, vestido de “objetividad”, a la más pura acepción de metafísica que Ricoeur imputa, más allá del silogismo, al aristotelismo.[6]

 

En tanto “forma parte” del ordenamiento de la forma en el cosmos griego, la “parte” es “contenido” en cuanto articula (“mediáticamente”, para una percepción “anacrónica” que leyera el planteo griego desde la contemporaneidad) la mediación entre la premisa mayor y la conclusión.[7] En ese punto Aristóteles creyó haber resuelto un problema de “telecomunicación” de la theoria griega, planteada por la intangibilidad de las formas ideales platónicas, en cuanto tal inaccesibilidad de la idealidad desafiaba la mediación de un cosmos integrado en todas sus “partes”, de cara las unas a las otras.[8]

 

Tanto la noción de telecomunicaciones como extensión de contenidos, en la acepción que le parece satisfactoria a Grompone, como la noción de “contenido” en que Paganini pretende disolver, mediante una acepción gobernada por la observación empírica, una acepción de “parte” gobernada por la mediación aristotélica entre las formas y los casos; llevan por igual a ignorar que la noción de “contenido” no se diluye en la transmisión (“telecomunicacional” en un sentido lato de la teoría) que constituye la tradición, sino que es la sucesiva traducción de “esencia” y de “idea”, a través de distintos contextos semánticos. Más grave aún es que tal noción de “telecomunicaciones” en tanto fatal articulación tecnológica de contenidos, o en tanto neutralidad ante su gestión económica, conlleva tanto la defensa de un reduccionismo tecnológico como la aceptación de un indeterminismo empresarial.

 

La historia no precipita el maná de su contenido en “tecnología”, de manera tal que las telecomunicaciones proveen la Arena en que se dirime el cotejo entre los intereses de la empresa estatal y las empresas multinacionales, como termina por afirmarlo Grompone. Menos aún “los negocios” proveen un difuso criterio de “gente” y “empresas de todos los rubros” apaciblemente contrapuesto a los razonables “oligopolios naturales”, de manera que no nos cabe sino confiar en la “neutralidad de la red”, que así presentada  por Paganini, parece una cosa tan justamente mediada como un “justo medio” –incluso el de la “premisa menor”.

 

La falencia crítica que trasuntan por igual el fatalismo artefactual y la indeterminación empresarial, desprecia de la metafísica todo lo que ignora de la teoría de la comunicación. El “determinismo tecnológico” de McLuhan dejó por el contrario estampado que “un medio es el contenido de otro medio”,[9] de forma tal que disolvió la diferencia entre las “telecomunicaciones” y la “generación de contenidos”, puesto que la tecnología pauta los contenidos tanto como éstos se plasman en contextos artefactuales propios. Por otro lado, la teoría del discurso disolvió la pureza de los contenidos en “el medio” de la formalización del lenguaje, en tanto calibró la teoría como  “caja de herramientas”,[10] en cuya panoplia instrumental ningún contenido queda al margen de la habilidad del usuario,  ni de la entidad del problema que se pretenda resolver.

 

 La tragedia crítica que asola al Uruguay se hace patente en que no sólo el rey está desnudo,[11] sino que además cierta acepción mirífica de la tecnología lo hace aún más transparente.

1]“Tu descendencia será como las estrellas del cielo” en Nos ponemos en camino http://nosponemosencamino.blogspot.com/2013/01/tu-descendencia-sera-como-las-estrellas.html (Acceso el 30/04/13)

[2] La empresa estatal de telecomunicaciones (Antel) y la Intendencia Municipal de Montevideo se ha asociado para construir una Arena mediática, generando acusaciones de inconstitucionalidad de la oposición. Ver “Mujeres de Arena” Montevideo Portal (23/04/13) http://www.montevideo.com.uy/notnoticias_198643_1.html

[3] Grompone, J. “ANTEL nuevamente en la lucha”  Voces (11/04/13) p.8. Versión electrónica en https://2414f8b3-a-1cdd88af-s-sites.googlegroups.com/a/voces.com.uy/web/ediciones/2013/archivos/voces380.pdf?attachauth=ANoY7cpSQPB3gfMOIldPbCsgsSgdRL-zJRW_o_pW35aSawklg-6PMLhof0uOXUd2rUjSQ4rc_nDG9FWIXTRczKXZMvo0k82q-pmnkfioMrJvKo7gVpQommW6B9rtQhRbvRTEvSTXxtkOQ0fUIB8hwZw7QKJuUencfSsNlwyyI3rkkvlei8JcV4RIgvsRnX2d1OxvFPLGM5Dz_LBGnOA33k3tUdUSuNyDPCrknMNpKdbIcj3pIwK_udI%3D&attredirects=0 (Acceso el 01/05/13)

[4] Serrano, G. (2005) Conocimiento versus forma lógica. La querella en torno al silogismo 1605-1704, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, pp.207 a 211. Versión electrónica en http://www.bdigital.unal.edu.co/1442/6/05CAPI04.pdf (Acceso el 01/05/13).

[5] Paganini, O. “La generación de contenidos y las telecomunicaciones” Voces (18/04/13), p.4. Versión electrónica accesible en https://2414f8b3-a-1cdd88af-s-sites.googlegroups.com/a/voces.com.uy/web/ediciones/2013/archivos/voces380.pdf?attachauth=ANoY7cpSQPB3gfMOIldPbCsgsSgdRL-zJRW_o_pW35aSawklg-6PMLhof0uOXUd2rUjSQ4rc_nDG9FWIXTRczKXZMvo0k82q-pmnkfioMrJvKo7gVpQommW6B9rtQhRbvRTEvSTXxtkOQ0fUIB8hwZw7QKJuUencfSsNlwyyI3rkkvlei8JcV4RIgvsRnX2d1OxvFPLGM5Dz_LBGnOA33k3tUdUSuNyDPCrknMNpKdbIcj3pIwK_udI%3D&attredirects=0 (Acceso el 01/05/13)

[6] Ricoeur, P. (1990) « Individuo e identidad personal » en Sobre el Individuo, Paidós, Barcelona, p.70.

[7] Brun, J. (1961) Aristote et le Lycée,PUF, Paris, p.41.

[8] Op.cit.p.38.

[9] Mc.Luhan, M. (1996) Comprender los medios de comunicación, Paidós, Barcelona, p.30. Versión electrónica en http://cedoc.infd.edu.ar/upload/McLuhan_Marshall__Comprender_los_medios_de_comunicacion.pdf (Acceso el 01/05/13)

[10] Foucault, M. (1979) Microfísica del poder, Ed. de la Piqueta, Madrid, p.79. (Versión electrónica en http://sociologicahumanitatis.files.wordpress.com/2009/10/foucault-m-microfisica-del-poder-espanol.pdf (Acceso el 01/05/79)

[11] Amir, H. “Sastrería del desastre” Henciclopedia http://www.henciclopedia.org.uy/Columna%20H/HamedSastreriadeldesastre.htm (Acceso el 01/05/13).

Avanzando hacia la Sostenibilidad: Campaña de la Sociedad Civil Global Post-2015

El mundo que queremos

Nuestro anterior Boletín estuvo dedicado al reciente surgimiento y potente desarrollo de la Ciencia de la Sostenibilidad, de la que destacábamos su caráctertransdisciplinar. Efectivamente, esta nueva ciencia incorpora en sus investigaciones y toma de decisiones a quienes trabajan fuera del ámbito académico, puesto que las aspiraciones, conocimientos e intervención de la ciudadanía, resultan imprescindibles para hacer posible la necesaria y urgente transición a la sostenibilidad desde la actual situación de emergencia planetaria.

Ya no se trata, pues, de contar con la participación ciudadana para llevar adelante las propuestas de los expertos, sino de incorporarla al diseño mismo de las propuestas y de las estrategias. Se rompe así el aislamiento del mundo académico, potenciando su efectividad.

Esta nueva orientación impregna el ambicioso proyecto Beyond 2015 (Más allá de 2015), fecha en que culmina el actual proyecto de Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Se ha empezado a diseñar una nueva Agenda de Desarrollo Global Post 2015 que persigue profundizar en los logros alcanzados con estos ODM y también corregir sus serias limitaciones, como el hecho de haber sido establecidos por un número reducido de expertos o la ausencia de referencias a los Derechos Humanos.

Beyond 2015 constituye una campaña de la sociedad civil global que reúne ya a más de 620 organizaciones y a la que se invita a participar a los movimientos sociales y organizaciones de la sociedad civil de todo el mundo (http://www.beyond2015.org/es/content/unirse-beyond-2015). Se pretende así construir un movimiento global con los múltiples actores involucrados en la construcción de un futuro sostenible. En este esfuerzo colectivo, las organizaciones educativas pueden jugar un importante papel. De hecho, el movimiento Beyond 2015 converge con objetivos e iniciativas que Educadores por la Sostenibilidad ha venido impulsando en los Temas de Acción Clave y en los Boletines publicados en esta web de la Década de la educación por un futuro sostenible.Podemos referirnos, en efecto, a algunas características comunes como, en primer lugar, la naturaleza interdisciplinar y transdisciplinar que se considera ha de poseer el trabajo para la transición a la sostenibilidad, integrando los esfuerzos de la comunidad científica, la educativa y los movimientos ciudadanos.

Otra característica en la que convergen tanto el movimiento Beyond 2015, la Ciencia de la Sostenibilidad y la Educación para la Sostenibilidad (EDS) es que sus estrategias están concebidas en una perspectiva “glocal” (a la vez global y local) y a largo plazo, para construir una visión amplia de hacia dónde pretendemos dirigirnos, lo que permite anticipar riesgos y obstáculos, y aprovechar las tendencias positivas. Todos los objetivos a corto o a medio plazo han de tener presente esta visión amplia, para evitar las contradicciones que a menudo afectan a las medidas adoptadas para resolver problemas puntuales en el tiempo y/o en el espacio.

Se ha de ser consciente, por supuesto, de que la transición a sociedades sostenibles reviste una gran complejidad y se enfrenta a serias dificultades. Ello obligará, sin duda, a establecer prioridades coyunturales, dando lugar a metas concretas, cuantificables en periodos definidos de tiempo, de forma que sea posible su evaluación -es decir, el seguimiento de en qué medida se van cumpliendo- y poder, en su caso, introducir medidas correctoras. Pero previamente se ha de construir una visión global de lo que supone la transición a la sostenibilidad, sabiendo que dicha transición ha de ser el fruto de una [r]evolución (revolución en cuanto a cambios profundos, pero evolución en cuanto que dichos cambios van a demandar tiempo y esfuerzos continuados).

Estas convergencias de planteamientos permiten concebir que el trabajo de la Década de la educación por un futuro sostenible, que finaliza en diciembre de 2014, encuentre continuidad en la Ciencia de la Sostenibilidad y en iniciativas como Beyond 2015, que promueve el diseño e implementación de una nueva Agenda de Desarrollo Global, o la Conferencia Mundial de UNESCO sobre desarrollo sostenible “Aprender hoy para un futuro sostenible”, que se celebrará en Japón en noviembre de 2014, para la formulación de estrategias de EDS más allá de 2014. Se podrá contribuir así más eficazmente a sentar las bases de un futuro sostenible y satisfactorio para el conjunto de los seres humanos, que garantice la universalización y respeto de las tres generaciones de los Derechos Humanos: Derechos políticos, Derechos económicos y culturales y Derechos de tercera generación o solidaridad (a la paz, a un ambiente saludable y al desarrollo sostenible).

Educadores por la sostenibilidad
Boletín Nº 87, 1 de mayo 2013
http://www.oei.es/decada/boletin087.php

Ciencia, tecnología e innovación para el desarrollo y la cohesión social
Programa iberoamericano para la década de los bicentenarios

 

 

Pensar la política

Pensar la política 1

 

Teódulo López Meléndez

Pensar es una actividad intelectual que pretende comprender un  hecho. Pensar la política implica mucho más, pues llega hasta la configuración de un mundo. Hanna Arend señaló que el pensamiento tiene un efecto destructivo dado que socava lo establecido. Cuando pensamos la política, desde ella y desde lo político, es evidente que hay dificultades y es preciso recomenzar. Pensar la política busca la posibilidad de un mundo común.

Cuando se deja de pensar la política y se instaura la mediocridad de la búsqueda del poder y no más, se entra en la barrena de la inestabilidad y la decrepitud. Cuando la política se burla de la consistencia de la complejidad del pensamiento y se reduce a las maniobras y a hacer de ella misma un deterioro las sociedades languidecen en las formalidades y se encuentran incapaces de saltos cualitativos.

Es impresionante ver como la sociedad venezolana no entiende nada, ni a un nuevo gobierno cuya preocupación única parece ser el establecimiento de “una nueva mayoría”, ni a un candidato opositor jugando a huir hacia adelante para lo cual recurre al último argumento de mantenimiento de clientela: habrá nuevas elecciones presidenciales.

Ciertamente uno puede entender la política como lo opuesto a lo estático. Resulta irritante ver a un cuerpo social sembrado en él y cuya supuesta “inocencia” no es justificable y menos perdonable. La única posibilidad que cabe es remitirse a un fracaso educativo y cultural que lo lleva a maniqueísmos como el de negar la existencia misma de quien no esté en alguno de los bandos. Menos logra entender cuando se le habla desde una mirada de país.

La política es una revisión permanente y la democracia una interrogación que nunca termina. El que se mueva en los parámetros agotados es un insuficiente que desconoce totalmente hasta la definición misma del verbo “pensar”. Vivir desde y para la asfixiante coyuntura, gritar de entusiasmo frente a la aparente palabra dura y solazarse en los radicalismos estériles, es propio de una sociedad en sí misma estéril. Nadie puede pretender borrar de un plumazo la angustia del presente. Lo que se pretende es recordar que las realidades son construibles, que hay que modificar el ángulo de los observadores y, sobre todo, que la política se piensa y se piensa alejándose de la linealidad y de la miseria. Hay una crisis política puntual envuelta en otra de igual o mayor gravedad: la absoluta inconsistencia de los políticos.

Esto que vivimos en Venezuela no es la política. No llega ni a rango de antipolítica. La política es hoy una voluntad colectiva y ella no existe porque tenemos a unos actuantes que giran sobre sí mismos embebidos en el odio mutuo y en la incapacidad manifiesta de escaparse de las maniobras de una praxis envenenada. Se olvida la caída de todos los conceptos, hasta del poder mismo. Cuando se piensa la política las estrecheces comienzan a diluirse. Se inventan los caminos y se inventa en el futuro. Los presentes sólo son diluibles cuando se tiene la mirada más allá, en la escritura de un relato a transitar, uno que nos hace pensar el presente desde el futuro.

Hoy ya ni sabemos lo que es la política.  La labor pedagógica pasa por comenzar a decir que en el siglo XXI la política no es lo que fue. Hay que inventar el siglo que sólo será posible si inventamos la política de este siglo, pues nada es construible en cuanto a organización humana que no esté marcada por la nueva concepción de la política. No se trata de la aparición de iluminados. Hoy el líder es un modesto suministrador de insumos que ejerce la más detestada de las actividades: pensar para los demás, porque pensar por lo demás resultaría una simple manifestación totalitaria. Pensar la política es una acción liberadora pues, en primer término, permite entender los atascos de los actores de la no-política y autoriza a vislumbrar sacudírselos. Cuando se piensa la política aparecen los acontecimientos que nadie creía posibles y las soluciones van conformándose en una realidad distinta de la realidad real. Entonces habrá aparecido el nuevo concepto de poder, el del común hecho líder, que pasará por encima de quienes encarnan el Estado en lo momentáneo y de quienes lo encarnan desde talismanes, llámese unidad o llámese como se llame,  organizados en el vacuo propósito único de sacar del poder, del viejo poder, a quienes hoy se solazan en él.

@teodulolopezm

De “El hombre mediocre” de José Ingenieros

 

 José Ingenieros

 

Cada cierto tiempo el equilibrio social se rompe a favor de la mediocridad.

El ambiente se torna refractario a todo afán de perfección, los ideales se debilitan y la dignidad se ausenta; los hombres acomodaticios tienen su primavera florida.

Los gobernantes no crean ese estado de cosas; lo representan.

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El mediocre ignora el justo medio, nunca hace un juicio sobre sí, desconoce la autocrítica, está condenado a permanecer en su módico refugio.

El mediocre rechaza el diálogo, no se atreve a confrontar, con el que piensa distinto.

Es fundamentalmente inseguro y busca excusas que siempre se apoyan en la descalificación del otro.

Carece de coraje para expresar o debatir públicamente sus ideas, propósitos y proyectos.

Se comunica mediante el monologo y el aplauso.

Esta actitud lo encierra en la convicción de que él posee la verdad, la luz, y su adversario el error, la oscuridad.

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Los que piensan y actúan así integran una comunidad enferma y más grave aún, la dirigen, o pretenden hacerlo.

El mediocre no logra liberarse de sus resentimientos, viejísimo problema que siempre desnaturaliza a la Justicia.

No soporta las formas, las confunde con formalidades, por lo cual desconoce la cortesía, que es una forma de respeto por los demás.

Se siente libre de culpa y serena su conciencia si disposiciones legales lo liberan de las sanciones por las faltas que cometió.

La impunidad lo tranquiliza.

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Siempre hay mediocres, son perennes.

Lo que varía es su prestigio y su influencia.

Cuando se reemplaza lo cualitativo por lo conveniente, el rebelde es igual al lacayo, porque los valores se acomodan a las circunstancias.

Hay más presencias personales que proyectos.

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La declinación de la “educación” y su confusión con “enseñanza” permiten una sociedad sin ideales y sin cultura, lo que facilita la existencia de políticos ignorantes y rapaces.”

 

José Ingenieros

 

Demasiado verosímil

vero

Alberto Medina Méndez

A ciertos políticos les disgusta que la comunidad sospeche de ellos, los insulte con absoluto desprecio, los critique por sus habituales debilidades, ambigüedades y dobleces, por sus claudicaciones y desaciertos constantes.

Es evidente que muchas veces la gente prejuzga. A veces, con pocos elementos disponibles y escasa información, toma posición, asume una postura crítica, sin profundizar demasiado en la búsqueda de la verdad.

Y es también irrefutable, que esto genera un importante margen de error, porque el prejuicio asume esa cuota de riesgo, la de creer en algo que no necesariamente es veraz, pero que por sus características puede serlo, porque resulta compatible con la historia, con los antecedentes, con lo que ha ocurrido en el pasado reciente.

La sensación ciudadana cae en esa generalización porque los considera a los políticos, parte de una corporación, con comportamientos idénticos, con actitudes similares, de los que solo se puede esperar ese tipo de historias.

Pero tal vez valga la pena detenerse un instante, para evitar caer en la obviedad de enojarse con los que se hacen eco de la información superficial, para enfocarse en lo importante, en definitiva, en lo que tiene que ver con las causas más profundas que sostienen estas creencias.

La gente tiene una percepción que tiene sustento y cierto correlato con lo que la realidad le demuestra día a día. Sus ideas, suposiciones y conjeturas no son tan disparatadas, si tenemos en cuenta la evidencia empírica que ofrecen los innumerables actos de corrupción de funcionarios.

La corrupción, lejos de ser una novedad, ha pasado a ser un lugar común en la administración de la cosa pública. Hasta que punto esto es así, que para que un relato de esa naturaleza llame la atención o asombre, debe ser un hecho burdo, demasiado rústico, o abrumadoramente desproporcionado.

Una denuncia de rutina, de las habituales, ya no sorprende, y hasta puede no ser noticia. Para que lo sea, precisa tener ribetes que la diferencien, lo que habla a las claras de la frecuencia de estos ilícitos.

Es tanto el hartazgo en la materia, y al mismo tiempo, la impotencia y enojo, que los ciudadanos se molestan ya no solo con los corruptos de siempre, sino con cualquiera que pudiera eventualmente serlo.

Hechos de este tipo se suceden en buena parte del planeta, aunque es justo decir que con diferente habitualidad e intensidad. Lo cierto es que la corrupción es un fenómeno que atraviesa la política. La gente percibe que los dirigentes son una casta, y que funcionan de modo similar sin importar sus aparentes diferencias políticas.

Saben que algunos son corruptos, pero también presumen que el resto es al menos cómplice, y sin aprovechar al máximo el resultado de la corrupción en forma directa, son beneficiarios de esas fechorías y su silencio no tiene, a los ojos de los ciudadanos, justificación alguna.

La política ha hecho un culto de la NO transparencia, la discrecionalidad y la arbitrariedad cuando maneja los recursos del Estado. Los ciudadanos no acceden siquiera a la información para poder cambiar de idea al respecto.

El oscurantismo como forma de administrar lo que es de todos, es funcional a la corrupción. Sin información los ciudadanos no pueden opinar con solvencia, pero tampoco pueden confirmar o descartar lo que sospechan.

La política sabe que ocultando información puede contratar servicios de terceros desde el Estado, sin pasar por ningún filtro, con absoluto desparpajo, modalidad que se ha construido bajo el argumento de que necesitan celeridad y evitar la burocracia estatal.

Otras veces, es justamente la burocracia la que les permite poner barreras de acceso a eventuales competidores, y así favorecer a amigos, ya que con determinadas restricciones los dejan virtualmente en condiciones monopólicas de ofrecer sus servicios o productos.

La inmensa gama de variantes que ofrece la corrupción moderna, se despliegan a diario. La gente, indefensa, sin datos, desde su lugar de mera observadora, se somete al humillante papel, de financiar con su esfuerzo cotidiano, a través del pago de impuestos, a los corruptos de la política.

No es razonable enojarse con quienes financian las aventuras políticas de los caudillos de turno. En todo caso, habría que enfadarse con una clase política, que pudiendo terminar con la corrupción estructural, la deja indemne, y hasta la alimenta, para poder usarla ahora y siempre.
Desde el oficialismo, lucrando sin escrúpulo alguno con todos las grietas que ofrece este débil sistema. Desde la oposición usando políticamente la deshonestidad ajena, pero no haciendo lo suficiente para cerrar los espacios por donde se cuela esta epidemia a diario.

El problema no es la gente que supone e imagina. El drama no lo constituye una ciudadanía que se engancha en cuanta historia escucha. Ni tampoco los que difunden estas cuestiones. El dilema lo tiene la política, porque no hace lo que debe, terminando con este flagelo, cerrando los grifos, eliminando el ocultamiento como estrategia, y transparentando todas las cuentas públicas para que cada ciudadano pueda saber que, como y donde se gasta.

Hasta que esto no suceda, una parte importante de la política seguirá haciendo de las suyas, apropiándose indebidamente del dinero de todos, que no es más que una parte significativa del esfuerzo de cada ciudadano.

Por ahora, seguiremos escuchando crónicas de este tipo, y los políticos continuarán haciéndose los ofendidos, en vez de tomar cartas en el asunto para que esto no vuelva a suceder, ya no solo enjuiciando y encarcelando a los corruptos, sino resolviendo los problemas estructurales, esos que hacen posible la corrupción actual, y también la de los que vendrán en el futuro.

Mientras tanto las historias se sucederán y la gente creerá mayoritariamente cada una de ellas, solo porque es “demasiado verosímil”.

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La invención del futuro

Invención

 

Teódulo López Meléndez

En Así habló Zaratustra recordamos como Nietzsche habla de la transmutación de todos los valores. Pensando en la realización de prospectiva del futuro nos preguntamos si este último es posible de construir en un país atrapado en certezas y que olvida todo cambia. Tampoco podemos dejar de recordar que esas certezas de los observadores les vienen de la posición en que miran al objeto país y que la narración es sólo eso, la instrumentación de las técnicas para hacer posible el trascurso del relato.

Si vemos sólo lo que queremos ver, cada uno encerrado en sus certezas equivalentes a ficciones, viviremos en un eterno presente. Si no es posible mover a los observadores será igualmente imposible una actualización de las miradas con el consecuente enterramiento en un presente continuo. Queremos señalar como imposible la prospectiva del futuro si no se sale de la mirada rutinaria.

La mejor manera de construcción del futuro es alimentar el presente con él. Nadie pide la sustitución de una ficción por otra. Lo que se requiere es hacer de la mirada una complejidad de interacción. Si nos sentamos en las creencias sin dotarla de visión el presente se asienta y el futuro se torna esquivo. Michel Foucault los llama ‘sistemas de transformaciones”. Prospectiva es una manera de mirar a lo lejos y de lejos.  Quiere decir que la búsqueda del futuro no pasa por un análisis de las evoluciones posibles del presente sino por conjeturarlo. La determinación de cómo llegamos al presente es la primera pregunta, lo que se denomina retroceso retrospectivo hasta arribar a un retroceso prospectivo que determina, vía imaginación, la posibilidad de lo que viene.  

En términos heredados de la tecnología se puede hablar de “gestión de la innovación”. En ese campo encontramos expresiones tales como aquella que indica que la mejor manera de predecir el futuro es creándolo uno mismo. Nadie pretende que esta inerme sociedad venezolana olvide el presente. Lo que nos permitimos recordarle a esta sociedad venezolana es que encerrada en el presente se ha olvidado de pensar el futuro y, en consecuencia, ha contribuido a eliminar lo político, pues el futuro es una construcción eminentemente política.

La mirada sobre el presente tiene que provenir del futuro. El político que mire el presente desde el presente perdió la capacidad de soñar, pues no podrá influir al presente hacia una transformación y constitución del mañana. Si no se tiene la visión del futuro toda actuación sobre el presente no es más que un enterramiento de la estaca en el mismo lugar con el único cambio del creciente hundimiento de la estaca.

Volvemos a Foucault cuando nos reclama percibir la singularidad de los sucesos escapando de toda finalidad monótona. Quizás podríamos alegar que debemos captar el futuro como su retorno e ir entonces a todas las escenas y a todos los roles posibles, definiendo incluso las ausencias (puede leerse en la praxis política como el fracaso en haber alcanzado los objetivos propuestos) porque determinar lo que no ha tenido lugar es esencial para definir el futuro, uno visto correctamente como una construcción para poder decidir en el presente.

La sociedad venezolana está centrada en el cortoplacismo, entendible por la gravedad de los sucesos que vive cotidianamente. Uno de sus problemas es que el liderazgo tampoco encuentra tiempo para superar lo omnipresente, aunque prevalezca, hay que admitirlo, su falta de talento. Han olvidado que sólo la mirada desde el futuro hace posible la modificación del presente porque sabiendo lo que se quiere los textos ficcionales del presente se modifican hacia un relato pendiente de ser convertido en realidad mediante la acción de lo político.

@teodulolopezm

En nombre del diálogo

diálogo 2

 

Teódulo López Meléndez

Recordaba en las redes sociales que en un país normal se suele otorgar a un nuevo mandatario unos cien días de “luna de miel” mientras nombra su gabinete y toma sus primeras decisiones. Especulaba sobre cuánto duraría en un país anormal como Venezuela lo que motivó que algunos tuiteros ensayaran sus propias respuestas: Unos hablaron de 30 días y otros de cien horas. La realidad fue más dura, pues no hubo tal espacio. La única verdad es que el gobierno perdió todo chance de espera en un lapso comprendido entre la proclamación y la toma de posesión o, si se quiere, en los segundos siguientes al anuncio de los resultados electorales.

El gobierno ha ratificado con creces que no hay “luna de miel”. Frente a la solicitud del candidato Capriles respondió con una virulencia clásica y la ha estado repitiendo hasta lograr que, incluso antes de su toma de posesión formal, ya no haya lugar a dudas sobre la necesidad de mantenerse de frente. El gobierno no tomó nota de nada, a no ser algunos sectores críticos que han manifestado su preocupación por los resultados y el futuro de este denominado “proceso”.

Ha sucedido de todo, hasta la prohibición emanada de Maduro de la realización de una marcha oposicionista lo que equivalió a una suspensión de hecho de la garantía constitucional a la libre manifestación. La Constitución establece ese derecho y nadie jurídicamente está autorizado a prejuzgar violencia. La vía es la de un decreto de suspensión firmado por el presidente y aprobado en Consejo de Ministros, pero aquí funcionó de hecho. La reacción oposicionista de suspenderla es correcta, pues a nadie le cabe duda que hubiese desembocado en penosos hechos de violencia con un saldo sangriento, lo que no obvia digamos que la suspensión de hecho de una garantía constitucional surtió su efecto y que es menester recordar cuando un político convoca a una acción debe prever todas las respuestas posibles, pues, como en este caso, una decisión correcta conduce a una derrota, pues la única conclusión posible es que en el episodio que narramos el gobierno ganó.

Este gobierno entrante, desde sus pañales, está actuando como una pésima copia, con una torpeza inigualable, con la manifestación diaria de prepotencia y amenazas no correspondiente a la pírrica ventaja electoral obtenida. Hemos oído todo género de amenazas, pero basta citar la de “radicalizar la revolución” hasta la del presidente de la Asamblea Nacional de no conceder la palabra a los diputados oposicionistas que, por lógica, se mantienen en la postura asumida ante el resultado. Hemos oído toda clase sandeces, como la del Ministro de Información que, refiriendo los muertos habidos en la protesta, ha señalado a uno de ellos, hecho ocurrido en una barriada de Caracas, como sucedida porque “no le perdonaron haber sido adjudicatario de una vivienda”.

La conclusión es que en el gobierno no hay la menor inteligencia, afirmación que alguno podrá calificar de Perogrullo, pero que abre serias perspectivas sobre el futuro del país. Estamos frente a un gobierno débil y tan torpe como elefante en cristalería y, más aún, tutelado “por ahora”, como señalamos en texto anterior. El humor del país ha quedado de manifiesto. El otro humor brotará en conformidad.

He planteado, seguramente a destiempo, es mi hábito,  la necesidad de un gran diálogo, uno que entiendo no es entre gobierno y oposición, sino entre los factores críticos de ambos bandos y que incluye a quienes no tienen bando. La situación de un futuro frágil obliga a adelantarse y comenzar a mirar la posibilidad de definir, bajo una gran y seria discusión, la posibilidad de un proyecto común de país. Al menos que por ahora se sepa que ese diálogo es posible y conveniente.

En nuestra fecha patria del 19 de abril tomará posesión el inefable Nicolás Maduro y la irritación de la sensibilizada piel de este país llegará a requerir dosis extras de paciencia. Luego bajará, pero comenzará otra, la incertidumbre del futuro. Es allí cuando el diálogo entre opuestos, no entre gobierno y oposición repito, sino entre quienes han mantenido vivo el sentido crítico, pertenezcan a cualquier bando o a ninguno, se manifestará como absolutamente indispensable a la reorganización de nuestro futuro.

@teodulolopezm

En nombre de la rosa

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Teódulo López Meléndez

Para analizar la complejidad de lo sucedido y de lo que ahora somos requeriremos de unas cuantas páginas. Basta mirar las preguntas que me arriban por redes sociales y correo electrónico para darse cuenta de la magnitud de las interrogantes. Me permito recordar dije tres días antes de las elecciones que si había alguna forma de definir a este país era como uno de preguntas sin respuestas.

El punto central fue la asunción de Nicolás Maduro como presidente encargado, en abierta violación a la Constitución, y su consecuencial marcha a la contienda electoral bajo esa investidura. El estrecho margen de su victoria no me modifica del criterio, expresado con meridiana claridad, de que la aceptación de ese cuadro definía de antemano el conteo de los votos. Toda la estrategia oficialista se basó en ese hecho. En otras palabras, si la Constitución hubiese sido respetada y Maduro hubiese marchado a la contienda sin la investidura presidencial los resultados hubiesen sido otros. Expresé que al asumir el heredero designado ambas condiciones el abuso de poder impediría un cambio de gobierno.

Siempre he usado la expresión “fraude continuo”. Eso implica uso indiscriminado de los recursos del poder, en todos los sentidos y en todas las magnitudes. No ha habido adulteración de cifras el 14 de abril. Lo que se ha producido es una adulteración jurídica y política de todas las condiciones que pudiesen permitir una contienda electoral propiamente democrática y medianamente definible como equilibrada. Asumir marchar a ella bajo un peso abusivo extremo no es una responsabilidad que yo hubiese tomado.

Los resultados son en buena parte sorpresivos, a pesar de haber advertido en numerosas ocasiones que, en mi criterio, la diferencia sería de un dígito y que la lógica más elemental me hacía dudar profundamente de la amplia ventaja que las encuestadoras le otorgaban a Maduro. Podríamos aceptar se produjo una abrupta caída del candidato oficial, pero aún eso hay que examinarlo con pinzas.

Una primera conclusión no habla bien del cuadro político venezolano. Chávez construyó su fuerza electoral -entre las muchas razones arguibles, entre las cuales las positivas mencionadas muchas veces- sobre la base de una confrontación acérrima que dividió al país. Se le atribuye a Capriles haber remontado por sus ataques furibundos, lo que enardeció a los más radicales celebrantes de que al fin se atacaba inmisericordemente, ataques reducidos a la colocación de sobrenombres o de frases burlonas o, admitámoslo, de señalamientos obvios sobre la ineficacia gubernamental. En cualquier caso, confrontar hasta la sangre parece ser lo que da resultados electorales en Venezuela, pues me permito repetir esta fue la peor campaña electoral de nuestra historia, una donde no se discutió, con argumentos y propuestas, nada, absolutamente nada relativo a los intereses superiores de esta república.

La mediocridad campante de nuestra clase dirigente quedó de manifiesto hasta en las declaraciones mismas producidas el día electoral, en los comportamientos asumidos y en las reacciones frente a los resultados  del conteo de votos. Capriles no ha debido llamar a Maduro y Maduro no ha debido pronunciar el discurso que pronunció. Podríamos hurgar en detalle en las inconveniencias de lo dicho y hecho, pero hay temas más apremiantes. La primera, que ese es el resultado electoral y no otro y que el conteo del 100% de los sufragios no alterará en nada la realidad: Nicolás Maduro ha sido proclamado presidente de la república y eso es un hecho consumado. Tenemos ejemplos abundantes de resultados estrechos sobre los cuales las acciones emprendidas no alteran nada. Me viene a la memoria López Obrador y sus acciones de masa en el querido México.

Cosa muy distinta será hurgar en el destino venezolano inmediato y mediato, en el destino de este país que he definido como uno lleno de preguntas sin respuestas. Las deberemos construir. Un país de gobierno débil, dividido más que nunca, si ello es posible. Deberemos meter la mirada en los comportamientos del cuerpo social, en sus minucias, casi, o sin el casi, material para una lupa sociológica. Por ahora, a la hora de titular esta primera mirada, me viene parafrasear a Umberto Eco.

@teodulolopezm

La responsabilidad opositora

responsabilidad

Alberto Medina Méndez

Siempre queda en evidencia la responsabilidad que le cabe al oficialismo, esas que siendo elegidas por la sociedad para tomar las riendas del poder, cometen errores a diario, y hacen gala de su criticable estilo, cuando no de su soberbia, corrupción, negligencia o impericia.

Pero buena parte de ese presente tiene que ver, además, con la ausencia de opciones válidas, es decir de alternativas que sean consideradas por los votantes como una posibilidad de recambio frente a lo que insatisfactorio.

A veces, en la generalización, se puede caer en la trampa de creer que oficialismo y gobierno son sinónimos. Si bien la estructura política que obtiene el triunfo en las urnas, debe asumir la tarea ejecutiva de implementar decisiones, no menos cierto es que las fuerzas opositoras tienen una misión relevante, en la que también pueden aportar y mucho.

En primer lugar, desde los espacios legislativos, tienen funciones específicas que cumplir, que van desde la propuesta normativa que pueda modificar el curso de los acontecimientos, a su participación directa en la vigencia de la división de poderes y el contralor cruzado que eso implica, que permita evitar la concentración de las decisiones, fenómeno propio de este tiempo.

Cuando un problema cotidiano no se resuelve, y no solo eso, ni siquiera es abordado, como para estudiarlo, entenderlo, encontrar sus causas profundas y desde allí empezar a plantear posibles soluciones, es porque no se ha trabajado lo suficiente en ello, ni el oficialismo, ni la oposición.

El conjunto de los asuntos que aquejan a la sociedad, fundamentalmente cuestiones estructurales, de vieja data, con raíces añosas, no han sido encarados con la profundidad e inteligencia que merecen.

De hecho una de las tantas razones por las que la sociedad sostiene al poder actual, es por su percepción, muy atinada por cierto, de que si bien el oficialismo no tiene la solución, ni tiene vocación para resolverlo, la oposición no dispone ni de mayor conocimiento, ni exhibe una mínima muestra de estar preparada para enfrentar ese asunto con mayor solvencia.

Cuando se dice que la oposición es el problema porque no ha sido capaz de construir una alternativa políticamente creíble, se dice algo parcialmente cierto, y por lo tanto incompleto. No solo faltan actitudes de liderazgo, más contundentes, dirigentes menos mezquinos, con grandeza y capacidad de construir consensos. Escasean en realidad atributos más elementales.

Lo ausente en la oposición son ideas superadoras, profesionalidad no solo desde la comunicación y el marketing político, sino desde sus raíces, desde la construcción de propuestas que sean percibidas por la sociedad como una verdadera variante que puede funcionar frente a temas que no se han resuelto por décadas y que siguen esperando soluciones.

La gente no cambia políticamente, no solo por lo obvio, sino porque no advierte que exista en las filas de la oposición, materia prima adecuada para producir las mejoras que reclama. Creer que la gente no quiere terminar con la inflación, con la corrupción o con la inseguridad, es no comprender la esencia del problema y hacerse el distraído.

La sociedad evidentemente pretende soluciones. Pero por lo visto, ningún dirigente político, más allá de sus retóricos recursos, de recitar discursos interminables, ha podido exhibir un plan de trabajo que sea entendido por la sociedad como una real posibilidad para cambiar la historia.

La oposición lejos de diferenciarse del oficialismo, en el discurso y en la acción, se reitera, imita, mantiene lo central y cae en el juego de no decir lo opuesto por miedo a decir lo políticamente incorrecto. En ese esquema, los votantes prefieren la versión original a una mala copia que no parece tener nada que ofrecer, solo matices casi imperceptibles.

Se podrá discutir si frente a propuestas sólidas, la gente sigue prefiriendo el status quo, pero mientras esa “oferta” electoral no esté a la mano, la sociedad podrá seguir sosteniendo con bastante razón, de que no existe del “otro lado” de la política nada serio que esté a la altura de las necesidades.

Queda tal vez un capítulo importante en el camino. Y es ese que tiene que ver con la necesaria participación de la ciudadanía en esa construcción opositora. Se dispone de las alternativas que se tienen a mano, porque una importante parte de la sociedad, ha decidido participar de las decisiones solo el día de los comicios y aportar solo eso.

Cuando la gente decide enojarse por la escasa oferta, o porque solo dispone de opciones de baja calidad, omite una parte trascendente del relato. Es que se puede elegir solo entre lo que existente. Y nada nuevo mejor viene naciendo porque, probablemente, un sector de la sociedad no viene haciendo su tarea de ayudar en esa construcción, no solo formando parte activa de la política, sino también marcando el camino, estimulando a los mejores, contribuyendo sin temor a que los distintos, los que realmente pueden cambiar la historia, puedan avanzar y dar pasos firmes.

La acción permite cambiar, pero la omisión suele ser cómplice, partícipe necesario de este juego. Y a no pecar de ingenuidad, los profesionales de la política, de un lado y del otro, especulan siempre con la abulia ciudadana, esa que les resulta extraordinariamente funcional para seguir ocupando el espacio de poder que les toca en suerte, al menos, por algún tiempo más.

Los problemas que sufre la sociedad contemporánea son demasiados. La responsabilidad la tienen, en buena medida, los que tienen la tarea de aplicar las políticas que apoyaron las mayorías circunstanciales. Pero los que no ganaron, los que no tuvieron la posibilidad de triunfar en los comicios, esos a los que la sociedad los colocó en el rol de contrapesos, tienen también su importante función, y no la están cumpliendo como corresponde. Sin dudas, mucho de los problemas que se padecen, perduran aún, porque existe una considerable responsabilidad opositora.

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La cruzada cultural

cultural

 

Alberto Medina Méndez

La linealidad conceptual, propia de estos tiempos, ha llevado a algunos a cometer el infantil error de anteponer siempre, el carro por delante de los caballos.

Esa mirada ansiosa, poco práctica y algo ingenua sostiene que se puede cambiar el rumbo de los acontecimientos sin que la sociedad previamente deba modificar su postura ideológica frente a los acontecimientos.

Hay que comprender que lo que sucede a diario, tiene que ver con el modo elegido, por la comunidad toda, de razonar acerca de la realidad, de interpretar la historia, el presente y el futuro.

Parece poco sensato creer que un hecho aislado, la aparición de un líder renovado, un golpe de suerte o hasta un traspié de los circunstanciales adversarios, darán paso a un cambio profundo, serio y sostenible en el tiempo.

Los procesos de transformación, requieren de etapas, pero fundamentalmente de una metamorfosis que nace desde el seno mismo de la sociedad, que a los tropezones, aprende y comprende la necesidad de buscar nuevos caminos, de hurgar por alternativas diferentes.

Como en la vida misma, suponer que se puede hacer algo distinto por casualidad, es no comprender la esencia de la humanidad. Solo se modifica la acción, cuando se tiene la capacidad de aprender de los propios errores, de repasar lo hecho hasta allí y de entender cabalmente que para avanzar se necesita revisar constantemente las ideas vigentes, para ponerlas a prueba, y de ese modo confirmarlas o bien proponerse reemplazarlas por otras mejores, superadoras.

No es novedad que el ser humano se resiste naturalmente al cambio. Siempre le cuesta, le lleva tiempo, por eso es importante entender que se trata de un proceso y no de una mera bisagra casual y aleatoria. Se precisa escuchar nuevas ideas, analizarlas, pero fundamentalmente que las mismas maduren lo suficiente para ser internalizadas, y recién allí poder emprender el recorrido hacia su implementación secuencial. A veces inclusive se requieren de muchas idas y venidas, de reiterados zigzagueos, de permanentes dudas, para dar finalmente el paso. Esa es una característica central de los seres humanos, y no asumirlo debidamente solo deforma la realidad y aleja la solución.

Por eso es que, resulta vital en este tiempo, dar la batalla cultural, meterse a fondo en el mundo de las ideas, que son en definitiva las que gobiernan. De poco sirve mutar, de tanto en tanto, de políticos y partidos, si las ideas que ellos defienden son idénticas o semejantes.

Los que piensan parecido solo están dispuestos a ofrecer matices, se distancian solo por cuestiones de estilo, de forma, que son más o menos amigables u hostiles, según sea el caso, pero en el fondo defienden paradigmas demasiado similares.

Para que cambien los dirigentes, para que aparezcan otros, nuevos en serio, la sociedad debe primero renovar sus ideas, y no reclamar que sus líderes circunstanciales sean distintos por arte de magia.

Una sociedad que defiende las ideas actuales, y que espera resultados diferentes, pues aun no ha comprendido la relación entre sus creencias y sus ineludibles consecuencias.

Muchos aun creen que se trata de un problema de instrumentación sin advertir que son esas ideas que se repiten y defienden a rajatabla, sus parámetros equivocados, su forma de razonar, la que provoca buena parte de lo que sucede.

Cuando la gente se enfada con la clase política, por temas como la eterna corrupción y la discrecionalidad con la que se ejercer el poder, o por el autoritarismo, el clientelismo y asistencialismo cada vez más presentes, o la centralización en las decisiones, no advierte que ha sido la gente, con su apatía y desprecio por la política, con su nula, mezquina o escasa participación, y su compulsiva delegación de responsabilidades, lo que ha construido este imperio de corrupción y poder desproporcionado, más allá de los protagonistas circunstanciales.

Cuando se decide entregar todo el poder a un iluminado y solo exigirle soluciones de vez en cuando, para luego pasar a la fase de solo mutar por otro parecido, las consecuencias son evidentes y están a la vista.

La disputa es definitivamente en el terreno de las ideas. Si estas no se permutan, no se pueden esperar grandes revoluciones. Seguirán gobernando los corruptos, mediocres e ingenuos, en la medida que la sociedad no asuma sus propias responsabilidades y evite caer en el facilismo de esperar la llegada del mesías que salvará a todos.

Mientras tanto, habrá que dar, por un lado, la batalla política, para ir midiendo la capacidad de la sociedad para modificar las condiciones de base, pero se debe asumir que el cambio con mayúsculas solo llegará cuando la gente esté dispuesta a dar vuelta la página, asumir sus propios errores, y entender que el rumbo que se recorre fue el elegido, y que no se trata de mejores o peores implementadores, sino de buenas o malas ideas.

Se necesita que muchos participen, desde cualquier espacio, no solo desde la política tradicional y los partidos, sino que ocupen sus posiciones donde sea, para ser parte del cambio, pero mientras tanto se debe comprender que habrá que dedicarle mucho tiempo y esfuerzo para dar la mayor de las batallas, esa que propone nuevas ideas, que reemplace a las actuales, con convicción, y así dar el paso que tanto cuesta.

Por eso, a no subestimar la tarea, porque sin dar el debate adecuado y contribuir a la construcción de nuevos paradigmas, no se avanzará lo suficiente. Hoy, como siempre, habrá que ir por la cruzada cultural.

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LA PARTICIPACIÓN POLÍTICA: ¿HACIA LA DEMOCRACIA DEL SIGLO XXI?

participación

 Las formas posibles de participación política de la ciudadanía y las instituciones que las apoyan han variado a través del tiempo, en buena parte por las posibilidades que permiten las tecnologías de comunicación e información. Con las redes e internet se abre un campo para seguir profundizando la democracia renovando las instituciones democráticas con nuevos dispositivos. 

André-Noël Roth

El mundo ha sufrido más de los dirigentes y autoridades que de las masas (J. Dewey, 1927)

Con el inicio de las discusiones del tema de la participación política, el proceso de negociación entre la delegación del gobierno de Santos y la de las Farc en la Mesa de Conversaciones de la Habana entra en una nueva fase que, si se aprovecha la oportunidad, puede ser histórica para la democracia del siglo XXI. En efecto, el segundo punto considera la revisión de los “Mecanismos democráticos de participación ciudadana, incluidos los de participación directa, en los diferentes niveles y diversos temas”. Pensar instituciones democráticas para el siglo XXI pasa por una redefinición de las relaciones entre gobernantes y gobernados, entre Estado, administración y ciudadanía. Teniendo como horizonte la superación de las formas y de los mecanismos institucionales imaginados en el siglo XVIII en otro contexto, podría ser la oportunidad histórica de profundizar seriamente las prácticas de democracia participativa institucionalizándolas, y poniendo así a Colombia a la delantera de la construcción de un nuevo modo de gobierno más democrático.

El cambio tecnológico en el campo de la comunicación y de la difusión de los saberes tiene un impacto directo sobre las formas de representación política y de gobierno imaginables que luego se traduce, aunque siempre imperfectamente, en instituciones. Así, se admite comúnmente que la invención de la imprenta permitió la difusión de saberes y de competencias a un público más amplio, lo cual no tardó en provocar revueltas contra las formas entonces establecidas de gobierno. La difusión de la Biblia permitió la contestación del monopolio de la interpretación de los textos sagrados por la jerarquía clerical católica. El cisma “protestante” de Lutero se inscribe así en un proceso democratizador de las instituciones. Igualmente, la imprenta facilitó la difusión de las ideas de la Ilustración. En el plano político, la monarquía absoluta tuvo que ceder ante la presión de la democracia censitaria instaurada por la República. Las nuevas instituciones representativas corresponden así a una nueva legitimidad basada sobre el conocimiento y el éxito económico. El gobierno debe ser ejercido por los más inteligentes, y éstos son los más educados, dirán los revolucionarios franceses. Esto permitió imponer una nueva forma de dominación basada sobre las cualidades individuales medidas en éxito económico (como señal de destino divino) y en títulos académicos certificados por el Estado. El triunfo de los valores de la burguesía tenía la ventaja para, de un lado, permitir la confusión entre la legitimidad para ejercer el poder político y la dominación económica. Y por otro lado, permitía también devolver el pueblo que había invadido el espacio público a sus (miserables) hogares mientras no se educaba.

En América latina, esta victoria de la mentalidad burguesa se reflejó, además, en un proceso de exclusión racial: los negros e indios no disponían de las competencias necesarias para legitimar su participación a las nuevas instituciones. De esta forma, las instituciones republicanas, como dispositivos funcionales, son producto de este “racismo de la inteligencia” (Bourdieu) impuesto a la sociedad por los grupos sociales que tuvieron acceso a estas nuevas formas legítimas de dominación válidas hasta hoy en día. La difusión del saber impreso en el siglo XIX, luego complementado por la radio y la televisión en lo siglo XX, impulsará luego la legitimación progresiva del sufragio universal, como dispositivo institucional de la masificación de la democracia y del consumo permitido por la producción en masa. En este proceso la diferencia entre los regímenes occidentales de democracia representativa y las democracias “populares” a partido único de tipo soviético no es sino de grado. En esencia, en los dos modelos el pueblo fue excluido del ejercicio directo del poder político por su manifiesta incompetencia e ignorancia; el poder es confiscado por una sucesión de élites ilustradas, en una versión siempre renovada del gobierno de los sabios de Platón. El público fue eclipsado, como diría el filósofo pragmatista John Dewey.

La revolución informática, iniciada en los años 80, genera nuevas perspectivas para la democracia. La comunicación horizontal e inmediata que posibilitan las redes informáticas ayudó al colapso de la forma soviética de gobierno, permitiendo nuevamente la irrupción del público-pueblo, socavando la capacidad de control societal ejercido de forma vertical y compartimentada por algún Comité Central. Más recientemente, el mayor acceso a la información y su instantaneidad fue un factor importante para arrasar a varios de los regímenes dictatoriales y corruptos del medio oriente. La difusión del saber y de la información sigue ejerciendo así una presión democratizadora, la ciudadanía exigiendo una mayor participación a los asuntos de gobierno.

En el mundo occidental, y en América Latina en particular, la presión por una mayor democratización de la sociedad se expresó también, aunque de forma menos espectacular,  con la introducción de la noción de democracia participativa. Hasta volverse un imperativo. Las contradicciones con la lógica censitaria y oligárquica de hecho y de poder indirecto del régimen representativo se hacen cada vez más evidentes. Es significativo que uno de los argumentos que legitimó el retiro del proyecto de reforma a la ley 30 (Educación superior) en Colombia en el 2011 fuese justamente el hecho de que no había sido concertado con los interesados. Sin participación de, o concertación con los interesados, ya no se vuelve difícil tomar decisiones políticas legítimas. La “nueva” ciudadanía está poniendo en aprietos y deslegitima las ahora envejecidas y anticuadas prácticas e instituciones de representación y de gobierno. Las formas democráticas de gobierno que resultaron hegemónicas durante los siglos XIX y XX están agotadas y colapsando.

Las condiciones tecnológicas contemporáneas de la comunicación inducen hacia una nueva ruptura del orden democrático. La comunicación dejó de ser monopólica o oligopólica y unidireccional como en tiempos de la información de los medios impresos y audiovisuales controlados, en su inmensa mayoría, por los poderes políticos o los grandes grupos económicos. La interactividad directa permitida por los medios de comunicación del siglo XXI tiene el potencial de generar las condiciones para una nueva irrupción de la ciudadanía en la gestión de los asuntos que la concierne. ¿Será el fin del eclipse?

Es tal vez aún utópico pensarlo. Pero, por lo menos, es factible imaginar instituciones que servirían de soporte a un nuevo proceso de profundización democrática. Y como siempre, lo nuevo ya está en gestación en lo viejo. Lo que necesita la democracia es el mejoramiento radical de las condiciones de deliberación. Hoy en día estas condiciones deben significar la inclusión y la participación de los involucrados en nuevos escenarios para deliberar y debatir sobre las decisiones que pueden afectarlos. Desde varios ámbitos, la presión por la participación ha permitido nuevas experimentaciones político-sociales y administrativas como el presupuesto participativo o la consulta pevia. Un dispositivo como la consulta previa, establecido para instaurar un diálogo con  base en la interculturalidad entre Estado y minorías étnicas, podría ser extendido al conjunto de la población, tanto rural como urbana. Por ejemplo, ¿por qué no se establecen dispositivos de concertación y consulta con la ciudadanía bogotana para la construcción del metro o sus alternativas? La resistencia misma del poder político a institucionalizar dispositivos participativos de manera seria y adecuada es tal vez señal de su potencial emancipador. Instaurar el diálogo y la deliberación sobre diversos asuntos públicos de forma organizada y directa entre los distintos actores involucrados e interesados y de manera equitativa en término de acceso a la información, experticia, recursos y poder de decisión significaría una transformación radical de las relaciones entre gobernantes y gobernados.

Hoy las condiciones tecnológicas para la institucionalización generalizada de la consulta previa ya están dadas. Así mismo, en estas últimas décadas las ciencias sociales han desarrollado importantes capacidades y técnicas para recolectar las reflexiones y opiniones de la ciudadanía mediante metodologías participativas. Se trata de generar, vía la participación directa a las deliberaciones, un aumento de las aptitudes de la ciudadanía para estimar el alcance de decisiones y ser a su vez coproductor de éstas. En el campo del análisis de las políticas públicas, dispositivos como las Conferencias de consenso y los sondeos deliberativos buscan reintroducir la voz y la competencia ciudadanas, el saber profano, en el proceso de decisión político y administrativo. La democratización de la tarea administrativa, lugar en donde se formatean hoy en día gran parte de las decisiones políticas, implica inventar mecanismos de participación ciudadana en este ámbito. Incluso, repensar la reintroducción razonable y razonada de un mecanismo altamente democrático como el sorteo, combinado con procesos electivos, para la ocupación de diversas funciones públicas ofrecería una real posibilidad de romper con el clientelismo y la corrupción, así como limitaría el espíritu exacerbado de competición individual.

El Foro sobre participación ciudadana, a cargo de la ONU y de la Universidad Nacional de Colombia, a realizarse por invitación de la Mesa de Conversaciones debería ser un escenario adecuado para que surjan nuevas propuestas de participación ciudadana para construir los dispositivos y las instituciones de la democracia del siglo XXI.

Margaret Thatcher, neoliberalismo sin concesiones

 

Margaret

 

Margaret Thatcher, que falleció hoy a los 87 años, levantó como pocos políticos en la historia del Reino Unido las pasiones más encontradas, desde la admiración absoluta hasta un rechazo que rozaba en muchos casos el rencor y el odio.

EFE  |  Londres (Reino Unido)

 

Para bien o para mal, Thatcher pasará a la historia como una primera ministra conservadora fundamental que transformó, y dividió, al país en los casi once años que estuvo en el Gobierno y fue la primera mujer del Reino Unido en llegar al cargo más alto del poder.

Con tesón y estilo agresivo a la hora de negociar, Thatcher se atrevió con todo, desde la casi destrucción de los sindicatos, el enfrentamiento con el IRA, la defensa de los intereses británicos frente a Europa, sus críticas a la desaparecida URSS y a un conflicto armado en 1982, cuando envió tropas al Atlántico Sur para defender las islas Malvinas de la ocupación argentina.

La fuerte voluntad y la determinación de Thatcher le valieron el nombre de la “dama de hierro”, apodada así en su día por los medios soviéticos por su férrea oposición al comunismo.

 

Nacida el 13 de octubre de 1925 en Grantham (norte de Inglaterra), la política “tory” procedía de una familia de modestos recursos pues su padre había sido propietario de dos tiendas de comestibles. Con gran capacidad para el estudio, Thatcher ingresó en un colegio secundario público de carácter selectivo y consiguió entrar en la Universidad de Oxford, donde estudió Química. Pronto se daría cuenta de que su pasión era la política, por lo que estudió Derecho y se graduó como abogada en 1954.

El paso más importante lo daría en 1959 cuando fue elegida diputada por la circunscripción de Finchley (norte de Londres), lo que le permitió ocupar la subsecretaría de Estado de Pensiones en el Gobierno de Harold Mcmillan (1957-63).

Después desempeñaría diversos cargos en su partido cuando estaba en la oposición hasta 1970. Con la victoria del “tory” Edward Heath en 1970, Thatcher se encargó de la cartera de Educación, pero cuando los conservadores perdieron las elecciones generales en 1974, desafió ese liderazgo y, para sorpresa de muchos, salió victoriosa.

Desde entonces, su carrera al 10 de Downing Street, residencia de los primeros ministros, fue meteórica al ganar los comicios de 1979 en momentos en que el Partido Laborista estaba debilitado y el país parecía paralizado por las huelgas y la crisis económica. Su llegada al poder supuso una completa transformación del Reino Unido al apoyar la privatización de industrias estatales y el transporte público (trenes y autobuses); la reforma de los sindicatos, a los que prácticamente despojó de poder, la reducción de los impuestos y del gasto público y la flexibilidad laboral.

Las medidas pronto consiguieron rebajar una inflación que parecía no tener freno, pero tuvieron un coste muy alto para la población británica por el aumento del número de parados. La euforia inicial por su llegada al poder se transformó pronto en frustración, a tal punto que los sondeos presagiaban la derrota de Thatcher en las elecciones generales de 1983.

Sin embargo, la inesperada ocupación de las islas Malvinas por parte de los militares argentinos el 2 de abril de 1982 cambió el rumbo de la historia. La victoria de los británicos en junio de ese año selló el destino, y la fama, de la “dama de hierro”, que se alzó con la victoria en las generales de 1983. Con ese triunfo vendrían los años duros de Thatcher, que no dudó en continuar con el congreso anual de su partido en Brighton (sur de Inglaterra) cuando el IRA perpetró en 1984 un atentado contra el hotel donde se celebraba o cuando se enfrentó a los mineros, a los que derrotó en 1985, después de un año de enfrentamientos por el cierre de pozos de carbón.

 

También marcaron los años de Thatcher su fuerte alianza con el expresidente de EEUU Ronald Reagan y su oposición al comunismo, si bien se dejó seducir por el carisma del reformador soviético Mijail Gorbachov.

 

Pero el declive de Thatcher llegó a finales de los 80 con su impopular “poll-tax”, un impuesto municipal cuyo impago se castigaba con la negación del derecho al voto, además de su continua intransigencia sobre la integración europea. Su caída por el controvertido impuesto no vino de la mano del votante, sino de su propio partido, que el 22 de noviembre de 1990 la castigó con una revuelta interna por su implacable determinación, la misma que la llevó al poder.

 

Los tutelajes

tutelaje 1

 

Teódulo López Meléndez

La transición se da con los signos aparentes que creen disimulan algo a otros que disimulan que no hay nada, para utilizar una expresión grata a Jean Baudrillard.  Toda simulación implica un regreso. Esta simulación extrema bien la podemos definir entonces como una disolución del poder mismo, pues los nuevos factores determinantes se mueven con la apariencia y la apariencia dejarán cuando los simuladores ya no puedan crear la ilusión de una realidad. Esta campaña electoral dramática por su vaciedad bien puede ser definida como una transición de lo real a lo hiperreal.

Hay nuevos determinantes del poder, no ya tan nuevos, pero con la novedad de asumir su papel de manera abierta. En Venezuela los militares son el principal partido de gobierno, son las tutelas del poder. Eso que algunos venezolanos confunden, en una expresión muy criolla, con “jalabolismo” no es otra cosa que el remarcaje de la tutela. Es evidente con las continuas declaraciones y con las respuestas que se hacen a denuncias, falsas o verdaderas, sobre injerencia militar en movilizaciones el día electoral. Los militares hacen saber que el régimen se sostendrá por su presencia activa.

Eso equivale a un “efecto realizado”, para seguir con la terminología de Baudrillard, dado que la oposición denunciante debería saber y admitir que su acción electoral y sus denuncias se estrellan contra el verdadero factor tutelar que a diario hace gestos en una especie de modelo repetitivo y manifiesto que encarna la verdadera simulación de poder. La política y el poder mismo pierden así todo su contenido y funciones para convertirse en un modelo de espacio simulado cuyos actos y efectos serán vistos el día del simulacro electoral.

Paralelo al tutelaje militar existe uno popular, en simbiosis, lo que es llamado la unión cívico-militar, que mejor debería ser definido como militar-cívico. En la terminología de Ceresole ejército-pueblo-caudillo, sólo que este último desapareció y para cubrirlo se recurre a su última voluntad, esto es, frente a la inexistencia del poder se recurre a la simulación.

 

Está claro que la oposición también simula en una permanente acción defensiva que, apenas ahora, incluye la denuncia, una que pareciera señalar como equivocada sus acciones y errático su proceder. Inobjetablemente, aceptadas las denuncias, habría que reconocer que los partidos agrupados en la MUD y su candidato presidencial no deberían estar en este proceso regresivo que alcanzará su máxima expresión al conocerse los resultados electorales previsibles.

 

Hablaba de un  tutelaje popular que resulta obvio. Hay un pueblo que alcanzó protagonismo y una clase media emergente, sectores beneficiados por la acción social y un factor mágico-religioso muy fuerte, no dispuestos para nada a arriesgar lo alcanzado. En este cuadro donde siente la solidaridad de las Fuerzas Armadas no se puede recurrir a la generalización de algún asesor experto en guerra sucia para simplemente mantener a los fieles. Sigue faltando el elemento que permita modificaciones en la sólida estatificación de los bloques.

 

Esta campaña electoral está marcando un hito muy peligroso, la desaparición de lo político y su sustitución por una simulación. Desde el poder escasea la realidad y por ello se ofrecen signos de realidad. Desde la oposición se produce una unión en torno a la desaparición, una que se concreta en el lenguaje de conservar la apariencia. Si no pudiese ir a elecciones, o decidiese no hacerlo, dejaría de producir signos de realidad, dada su impotencia de producir realidad.

 

Un régimen como el que tenemos en Venezuela no puede ser explosionado desde fuera sin una implosión. Conscientes del hecho se produjeron todos los arreglos internos, a pesar de todas las intrigas para dividirlos, como sucedió con el caso de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello.  Las Fuerzas Armadas pueden tener elementos discrepantes en su seno, pero están decididas en su conjunto a mantener lo que llaman el logro del Comandante en cuanto a unión cívico-militar.

 

Una implosión no existe como perspectiva inmediata. El principal factor tutelar dejará que ocurran acontecimientos cuando verifiquen, si es que ese momento llega, divisiones, malestar, cansancio y disolución de los lazos. Lo hemos visto hasta en el proceso egipcio. No somos egipcios, ciertamente, pero aquí, al igual que allá, la palabra es tutelaje.

 

@teodulolopezm

La postergación como política

postergar

 

Alberto Medina Méndez

La vapuleada y manoseada democracia moderna, le viene dando cobijo a una casta de perversos políticos que, abusando de las características del sistema, han desplegado un deplorable culto al corto plazo.

Ellos descubrieron que a los votantes parece importarles más el presente inmediato que el futuro lejano. Su tesis la ponen a prueba a diario, y encuestas, estudios y cuanta medición está disponible, dice que la economía manda, y que si el hoy afirma que “estamos bien”, las perspectivas del largo plazo pueden interesar conceptualmente a algunos, pero no definen.

En ese juego, han aprendido a priorizar sus propios intereses, por sobre los de la sociedad a la que intentan representar, y así es que se han convertido en unos crónicos constructores de la postergación como política de Estado.

Su filosofía ahora consiste fundamentalmente en ganar elecciones, les importa el poder, su continuidad y por lo tanto dan preferencia al próximo turno electoral. En ese esquema, lo importante no es resolver problemas, sino que los mismos no exploten en sus narices, o al menos que ello no suceda demasiado pronto.

Esta estrategia general, los ha llevado a desarrollar, y perfeccionarse lo suficiente, en el arte de contener y sostener los inconvenientes. Ya no se trata de enfocarse en las soluciones, sino solo en trabajar sobre procedimientos que posibiliten posponer los malos efectos, al menos hasta que lleguen los siguientes comicios.

Con el resultado electoral en mano, cualquier fuera el mismo, casi siempre favorable, podrán reconsiderar la situación y actuar en consecuencia, ya sea con más de lo mismo o simplemente replanteando el discurso vigente.

Pero para ello no solo ejercitan políticas específicas, centralmente dilatorias, que tienen por objetivo amortiguar el eventual impacto, o más linealmente, trasladar sus circunstanciales efectos a sus nuevas víctimas y protagonistas.

En este contexto, también intentan buscar responsables, diluir culpas y sobre todo asegurarse que si algo sale mal, el chivo expiatorio estará al alcance, y se dispondrá del discurso adecuado que le endilgue la plena incumbencia por lo ocurrido.

La tarea no es muy compleja. Pero se debe ser consciente que como en todos los órdenes de la vida, los obstáculos deben en realidad ser enfrentados, más tarde o más temprano. La estrategia de “ganar tiempo”, es solo eso, y sus efectos no son neutros.

La dilación hasta el infinito, hace que el impedimento sea mayor, y que su salida resulte mucho más engorrosa, difícil y demasiado onerosa no solo en términos políticos para sus implementadores, sino para la sociedad que invariablemente pagará las consecuencias de decisiones desacertadas a un valor muy elevado.

Como ocurre en la vida misma, no ocuparse de los problemas, hacer de cuenta que no existen, ignorarlos, y al mismo tiempo priorizar la inmediatez de la efímera felicidad, es no comprender lo que sucede.

Cada asunto, como la corrupción, la inflación, la inseguridad, por solo citar ejemplos cotidianos, deben ser debidamente considerados, seriamente estudiados y adecuadamente enfrentados, eligiendo la estrategia correcta. Es posible tomar algún razonable tiempo, pero solo el suficiente para construir las herramientas que permitan dar la batalla final y derrotarlo con éxito. Una postergación ilimitada es sinónimo de seguro fracaso.

Los políticos que defienden esta idea de sobrevivir solo al próximo turno electoral, no solo muestran su escasa vocación de estadistas, sino la lineal perversidad de sus mentes y una maldad manifiesta.

Ningún ser humano de bien, frente a una contrariedad de un ser querido, elegiría el camino de engañarlo para pasarla bien, sabiendo que el hecho de no ocuparse de su problemática, solo empeorará el escenario.

Si fuera un tema de salud, la actitud de posponer, tendría el riesgo adicional, de poder alcanzar un punto sin retorno para intentar solucionarlo, por haberle permitido que se desarrolle, crezca y se torne incurable.

La comparación, solo pone en evidencia, que ya no solo se trata de dirigentes que quieren ganar elecciones, sino que fundamentalmente ni son estadistas, ni desean ayudar a la gente que pretenden representar. Solo los apasiona el poder, y la sociedad es solo un instrumento para lograrlo.

La mala noticia es que no se sale de este círculo vicioso así nomas. Para conseguirlo, hay que privarse de los supuestos beneficios del corto plazo, para entender la dinámica de la vida acabadamente, sabiendo que los dificultades no se solucionan esquivándolas, sino todo lo contrario, haciendo lo correcto, enfrentándolas, con inteligencia, soluciones e ideas claras.

Cuando la sociedad premie a los políticos que propongan sacrificio para dar la batalla contra los problemas estructurales que nos aquejan, tendremos alguna chance de cambiar el rumbo. De lo contrario, si seguimos igual, solo alimentaremos esta secuencial historia de dirigentes, que mienten descaradamente, estafan la buena fe de los más y por sobre todas las cosas, hacen de la postergación, su política.

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México: Otra reforma perjudicial a nuestra Constitución

 

México

 

Antonio Limón López

 

Era una prerrogativa exclusiva del Presidente de la República, ahora reformar nuestra constitución es una simple moneda de cambio entre los partidos políticos, pero esto no significa que las reformas sean mejores, al contrario, los partidos y sus dirigentes solo ansían que la reforma de lustre a sus nombres y les permita repetir si son senadores como diputados y si son diputados como senadores. Por ello, la reforma en sí misma, su necesidad social, la prudencia y buen cálculo de sus efectos y los beneficios que nos pueda deparar a los mexicanos nada importan, solo importa el éxito publicitario del fugaz momento y los reflectores que lo alumbren con la mas frívola de las luces.

 

A esta cauda de reformas sin utilidad alguna, pero que garantizan pingues dividendos mediáticos, se suma la reforma a los artículos 38, 61, 111 y 112 de nuestra sufrida Constitución Política, que tiene como tema central al “Fuero constitucional”. No me detendré en las largas disquisiciones doctrinales de la iniciativa de reforma aprobada por los diputados y que consta de 37 páginas tamaño oficio, solo abordaré la parte operativa de la reforma que tiene por propósito quitar el fuero constitucional a los servidores públicos que disfrutan de él, entre los que destacan los diputados, senadores, el propio, los altos funcionarios de gobierno y del Poder Judicial, incluso del IFE.

 

El tema es muy bueno, pues nuestros legisladores gozan de cabal fama de pillos y en los hechos algunos han eludido el cumplimiento de órdenes de aprehensión en contra de su persona, por estar investidos de la protección que les otorga nuestra constitución y que impide a los jueces penales juzgar a tanto pillo que comete todo tipo de tropelías impunemente, así que reformar la constitución para quitar a estos delincuentes el beneficio del fuero, es algo que aplaudiríamos a brazo partido, como ya es costumbre, nada hay que aplaudir pues se trata de otra tomadura de pelo.

 

La reforma empieza con un aparente buen primer paso, actualmente para proceder contra cualquiera de los funcionarios con “fuero” constitucional, es necesario que se le solicite a la Cámara de Diputados que por mayoría absoluta de los diputados presentes, autoricen la procedencia del proceso penal en contra del funcionario. Es en este punto donde la cámara se convierte en una asamblea deliberativa sobre la presunta responsabilidad o no del funcionario público, este puede acudir a la cámara a defenderse. Ahora el Ministerio Público podría no solo iniciar la indagatoria, sino incluso consignar los hechos a un Juez solicitando que sea sometido a proceso el funcionario, sin tener que pedir a la cámara la declaración de procedencia por mayoría absoluta de los diputados presentes. En caso de que el delito amerite pena corporal, se seguiría el procedimiento contra el legislador o funcionario sin que este fuera detenido, hasta en tanto el juicio llega a Sentencia Ejecutoria.

 

El legislador o funcionario podrá defenderse con todos los derechos que le competen a un indiciado y posteriormente a un procesado, interponer recursos y acudir en amparo, incluso para evitar la suspicacia de que la acusación en su contra fuera una farsa, o una maquinación política, el auto de sujeción a proceso sería revisado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la que determinaría si el legislador o funcionario, tiene méritos suficientes para someterse al proceso penal.

 

Todo parece muy bueno, pero en realidad es todo lo contrario, pues cualquiera sabe que un proceso penal defendido con el ánimo de alargarlo, puede durar no seis años, sino diez y en particular si la Suprema Corte de Justicia de la Nación tiene algo que resolver, el caso de Florence Cassez empezó en el 2005 y terminó en el 2013, duró 8 largos años y eso que la señora estuvo detenida, por lo que nuestros juzgadores obraron con mayor premura que si disfrutara de libertad. Así que cualquier legislador o funcionario puede salir y desaparecer antes de que se dicte sentencia ejecutoriada.

 

Así las cosas, todo parece que queda igual, pues de una u otra manera, el legislador o diputado de que se trate no pisará la prisión, por lo que si bien no existe beneficio, tampoco existe perjuicio. Esto es falso, pues el nuevo mecanismo al quitar la posibilidad a los diputados de declarar la procedencia de la acusación penal, les da a los legisladores o funcionarios presuntos autores de ilícitos graves el beneficio de no someterse a ese proceso. El juicio de procedencia aun cuando no prospere, implica una grave mancha pública para el legislador o funcionario, pues los acusadores se ven obligados a mostrar a los diputados los datos en que se funda la acusación y esto en medio de un gran escándalo público, que puede demeritar al funcionario o legislador o al contrario, demostrar que la acusación es una farsa.

 

Mas nos beneficiamos con el conocimiento público de los ilícitos que se les imputan a nuestros altos funcionario o legisladores con el actual sistema y en cambio nos perjudicará la reforma pues los delincuentes gozarán no solo de la impunidad sino también del silencio, pues solo hasta que se dicte una sentencia ejecutoria, es decir firme, el funcionario o legislador sería detenido.

Los ejemplos saltan a la vista, si bien los senadores Ricardo Aldana y Jorge Romero Deschamps no fueron juzgados, porque la PGR se desistió, al menos fueron exhibidos en su momento y desde entonces son ejemplo consumado de corrupción e impunidad. En el caso de Julio César Godoy Toscano, este tuvo que salir huyendo pues el Juicio de Procedencia notoriamente sería aprobado por la mayoría de los diputados.

 

Conforme a la reforma, Ricardo Aldana y Jorge Romero Deschamps jamás se hubieran exhibido, ni se hubieran convertido en objeto de la reprobación nacional, pues la acusación hubiera estado protegida por el silencio en algún juzgado anónimo, y por su parte Julio César Godoy Toscano habría terminado tranquilamente como diputado sin que nadie lo molestara.

 

En suma ¿Ganaremos algo con esta reforma o solo seremos engañados, como ya es costumbre?

 
Aquí el texto de la minuta de Reforma Constitucional enviada al Senado 


Los ángeles estalinistas y la militancia del Papa

Francisco

 

Ricardo Viscardi

La profusión mediática en torno a la figura del Papa, ha disuelto con sencillez franciscana las rispideces polémicas que sucedieron al inicio del pontificado de Francisco. Tal emanación informativa justifica, personificándola, la acepción “experiencia vicaria”, con que se ha designado a  la comunicación.[1] Esta elisión procede según el secreto de toda transferencia: se deja atrás un sentido que pasa a ser opacado por otro. El sentido relativizado no queda en el secreto en cuanto oculto, sino que pasa a un lugar diferido, relegado o aún, subsidiario.

 

La gran prensa y una mayoría del público han dejado atrás la preocupación por las acusaciones de colaboración que vinculan a Francisco, cuando aún no había asumido el papado, con el régimen de terror en Argentina durante los años 70’. En este giro mediático han cumplido un rol decisivo declaraciones que eximían al actual Papa, por entonces Superior Jesuita en aquel país, de cualquier responsabilidad en la colaboración con el régimen en el poder. Entre estas declaraciones se destaca en particular la de nuestro compatriota Gonzalo Mosca[2], que provee cierto desvanecimiento de la imputación. Este efecto de sobreseimiento se debe, en buena medida, a que Gonzalo no se vincula, ni por trayectoria ni por actividad, a intereses que pudieran atenerse a cierta benevolencia hacia aquel Superior Jesuita. En ese sentido, su declaración contrasta con la de Pérez Esquivel, en más de un aspecto, tanto por el involucramiento personal del Premio Nobel argentino con la problemática del período en cuestión como, sobre todo, en razón del vínculo que mantiene con la Iglesia Católica en tanto laico notable.

 

El relato que hizo Gonzalo ante los medios lo oí en persona, de fuente propia, durante uno de los encuentros que mantuvimos, en ocasión de reuniones de exalumnos del colegio en el compartimos, desde tercer año de primaria, la misma clase hasta cuarto año de liceo. En aquella narración de la peripecia personal faltaba un nombre que surge en la versión que difunden los medios: Bergoglio. Esa ausencia se explica perfectamente, ya que en aquel encuentro entre nosotros, la figura del director de San Miguel no era relevante a efectos del relato personal entre amigos, mientras sí lo era, ahora ante los medios, para cumplir con el propósito de dar testimonio a favor de quién, en un acto de coraje personal e institucional, probablemente le haya salvado la vida.

 

Este gesto enaltece a Gonzalo, no sólo porque cumple con su convicción íntima a raíz de la experiencia personal, sino además, porque retribuye la notable solidaridad que se le prodigara en una circunstancia límite. Por otro lado, mi propia memoria ratifica en un todo lo relatado por Gonzalo a los medios, en cuanto lo he oído de él personalmente, muchos años antes, en el mismo relato de su peripecia singular ante la represión.

 

Aunque la suma de testimonios favorece al actual pontífice ante la memoria posible, tampoco resulta suficiente, a no ser a la luz de la mediatización de los medios masivos, para satisfacer la interrogación sobre la actuación en el pasado de quien ha sido ungido Papa en el presente. La cuestión supera en mucho, de cara a una comprensión satisfactoria, el plano de la responsabilidad personal de Francisco.

 

En efecto, Página 12 está muy lejos de constituir un órgano meramente difamatorio y anticlerical, tal como la Iglesia ha querido presentarlo. No sólo por su papel en el esclarecimiento de los crímenes ocurridos bajo la represión militar en la Argentina, sino ante todo, por el rol que ha cumplido en el periodismo rioplatense, en cuanto se ha hecho eco de una perspectiva vinculada a sesgos suprapartidistas de la actividad  política. Incluso las declaraciones sobre su propio estado de ánimo del jesuita Jalics -que según distintas versiones habría sido “entregado” por Bergoglio-[3] refieren que el  religioso húngaro actualmente se “encontraría en paz” con el Papa,[4] expresión cuyo implícito –reforzado porque Jalics también declara “no puedo comentar sobre el papel del padre Bergoglio en estos sucesos”- supone que tal estado de ánimo fue precedido por una agitación en otro sentido. Por igual las declaraciones de Pérez Esquivel, señalan a las claras que se exime al actual Papa de responsabilidad, pero en un sentido negativo, en cuanto no habría emprendido gestiones que, cuando tuvieron lugar, de todas formas fracasaron.[5]

 

Este conjunto en cierta forma cacofónico y contradictorio, deja cundir la impresión de un defecto clásico de formulación, e incluso menos, de una composición de lugar mal elaborada: un problema mal planteado. Para esclarecer tal defecto, quizás ayude admitir provisoriamente un punto de vista extremo: a favor del papa Francisco. Ha cundido mundialmente el voto de confianza que le dispensa Leonardo Boff, quien apoyándose en señales dadas por el actual pontífice (tales como adoptar el nombre “Francisco” o antecedentes a favor de la liberalización doctrinaria), augura una renovación de la Iglesia.[6] En tal sentido, conviene destacar que el vaticinio de Boff se sostiene en el factum institucional: una vez ungido papa, el sucesor de Pedro cuenta –según el teólogo brasileño- con un margen de maniobra insospechado.

 

Sin embargo, esta profesión de fe en la institución es precisamente lo que permite albergar dudas ante el crédito político que extiende el eminente teólogo. Esa perspectiva institucional instala una bisagra ética que gira con cierta ambigüedad, en torno a la actuación del imputado, vinculada desde entonces a un contexto que trasciende su lugar personal. En efecto, si socorrer a un perseguido corresponde a un acto de caridad perfectamente compatible con la fe cristiana, por otro lado, también constituye una obligación del responsable bajo cuyo cuidado se encomienda una grey, no favorecer actitudes que pongan en peligro la misión evangélica emprendida en común.

 

Si salvar a alguien perseguido por su acción a favor de los desposeídos sigue siendo la obligación personal de un cristiano más allá del cargo que ocupe, velar por la protección de la institución que evangeliza en el sentido de la justicia también lo es. Desde el punto de vista de la reconstrucción hipotética de una circunstancia crítica, quien por entonces  oficiaba como Superior jesuita en la Argentina, podía entender encontrarse ante dos mandatos cristianos contradictorios en su forma, pero no en su contenido, cuando evitaba que un perseguido (por ejemplo Gonzalo Mosca) cayera en manos de la represión y  cuando se desentendía de las acciones de quienes (por ejemplo Yorio y Jalics) quizás ponían, a su parecer, en peligro la misión pastoral bajo su responsabilidad.

 

Si esa “doble articulación” de la responsabilidad revistiera cierta eficacia explicativa a partir de una conjetura, el eventual efecto de esclarecimiento logrado pone asimismo en duda la confianza política que Leonardo Boff deposita en la investidura papal, en cuanto espera que la institución cambie unilateralmente, precisamente por la cumbre. Alternativamente, la misma ambigüedad personal que encarna toda institución cuestiona la fe militante de quienes parecían esperar, por la base, que la institución eclesial orbitara contra el terrorismo de Estado. Sin duda muchas lecturas del evangelio y varias tendencias teológicas, amén de los antecedentes históricos en el mismo sentido,[7] otorgan verosimilitud a la hipótesis de una conjunción entre la Iglesia y la actividad revolucionaria.

 

Pese a esos elementos, la hipótesis de una “iglesia por la liberación social”, tiende a alejar a la comunidad religiosa de la expresión institucional, incluso como Estado, que singulariza a la Iglesia Católica como un poder terrenal que da testimonio de una revelación divina. La articulación entre la verdad revelada y su transmisión terrenal constituye la característica propia de la Iglesia Católica, en cuanto un sentido inalterable se trasunta a partir de un testimonio faliblemente transmitido.

 

En tal perspectiva, el sentido de la verdad y la verdad de la institución reflejan una misma –doble- articulación entre lo inalterable y lo efímero, en la que se constituye la singularidad diferenciadora del catolicismo. Sólo si la divinidad autoriza la verdad, la misma luce inalterable, por lo tanto, tal intangibilidad suprema no puede transmitirse sino por medio de instrumentos limitados y falibles. Iglesia y verdad son indisociables en la significación institucional de la trascendencia,[8] unión que a su vez viene a ser secularmente refrendada por la fatal cortedad de miras, que aqueja necesariamente al instrumento mundano de la voluntad divina.

 

Por consiguiente, estos dos polos entre los que se instituye el sentido de verdad y el sentido de institución no pueden ser tensionados al extremo a favor de uno, sin que desaparezca simultáneamente el otro. Incluso, su mutua complementariedad explica, a través de la acepción doctrinaria, que la Iglesia haya logrado fundar la índole propia de la comunicación en tanto tradición, según una mutua justificación entre el sentido trascendente y la expresión mundana. A punto tal que para distintos autores, la Iglesia Católica expresa un régimen de recuperación simbólica de toda disidencia, cuyo principio  de sustentación rige por igual a la comunicación moderna, al punto de proveer el ejemplo canónico de manipulación de toda insumisión posible.[9]

 

En este punto, el trazado del círculo explicativo se cierra y por igual se abre. Si la comunicación masiva ha logrado hacer “olvidar” la duda exhibida sobre el pasado del Papa, lo ha logrado ante todo, porque toda comunicación es sustancialmente “papal”. Como tal, la “experiencia vicaria” como la entendía el teórico de la comunicación Molles, concuerda con lo expresado por el teólogo de la liberación Boff: no es Bergoglio ante quien estamos, sino ante el vicario de Cristo en la tierra. Ahora es Francisco, ya no el cardenal argentino anti-kirchnerista.

 

Pareciera entonces, que si se buscara una alternativa a esa recuperación protagonizada en pocos días por la comunicación y desde hace siglos por su madre Católica, Apostólica y Romana, debiéramos procurarla en una destitución de las instituciones, antes que en un cambio en la cúpula del edificio.

 

Inclusive, porque la propia institucionalidad izquierdista parece extrañamente favorable a las transferencias más inauditas, e incluso, por anticipado. En el caso del Uruguay, una curiosísima amnesia crítica aqueja al espectro intelectual, en cuanto a la memoria crítica  del totalitarismo soviético. Pareciera que nuestro horizonte analítico estuviera poblado de curiosísimos ángeles estalinistas. No sólo haber pertenecido al Partido Comunista del Uruguay no supone de por sí un baldón que se asocie a la complicidad ideológica con el Goulag,  la Cortina de Hierro y proezas tales como la invasión de Checoslovaquia, sino que no faltan quienes añoren –incluso sin proponerse integrarlo- el retorno de aquel “buen viejo partido”,[10] que decía amén sobre lo que profesara el Kremlin.[11]

 

En efecto, algunas memorias más equívocas que las que rememoran a Bergoglio en su período de Superior Jesuita, parecen no recordar la condena de la invasión de Hungría por al FEUU en 1956, o la declaración contra el golpe de Estado en Polonia que firmamos 73 exiliados en Francia en 1981.[12] Sin embargo, a tal respecto, también quien escribe se encuentra en condiciones de testimoniar personalmente, en particular sobre la condición de “disidentes” que se atribuía a quienes denunciábamos entre los uruguayos lo que era una evidencia para cualquier sensibilidad crítica, que debiera como tal, ser tan irritable ante el “Big Stick” estadounidense en el Caribe, como ante la presión sobre las “repúblicas hermanas” del Pacto de Varsovia. Si los “disidentes” uruguayos no conocieron el destino de tantos de sus homólogos húngaros, checos, polacos o incluso soviéticos, fue ante todo porque el famoso “sistema” y su “verdad” se derritieron como un terrón de azúcar en el agua de la crisis mundial de los corporativismos de Estado.

 

Sin embargo, los ángeles estalinistas no sólo transitan sin mayor reproche de memoria en medio uruguayo, sino que además no conocen por aquí crítica teórica alguna. Recientemente se editó un libro destinado al análisis del Partido Comunista del Uruguay, que sin embargo, como un testimonio más de la angelical trayectoria del estalinismo entre nosotros, se ha agotado.[13] El lector podría pensar que tal éxito de librería se debe a las virtudes críticas de la obra. Sin embargo, la recensión a la que tenemos que resignarnos a falta del texto en librería, subraya que el planteo en cuestión no se pregunta por el fundamento de una lectura de Marx a partir de la versión soviética.[14] Tal elemento bastaría, si se recuerda que el  “lenguaje estalinista y postestalinista”, en tanto característica propia de la “transformación autoritaria del lenguaje marxiano”,  ya era imputada por Marcuse en “El Hombre Unidimensional”[15] –obra inspiradora del movimiento del 68’, es decir, 45 años atrás, para entender el grado de “liberación” ante la problemática del totalitarismo que luce nuestra perspectiva vernácula, así como para explicar la ligereza de libélula con que evolucionan por nuestro cielo ideológico los ángeles estalinistas.

 

Sería tan absurdo esperar militancia del papa como exigir espíritu crítico de un ángel estalinista, porque los vincula entre sí cierta intangibilidad infalible, producto de la teología cristiana en el primero y de la secularización marxista del mismo trasfondo en el segundo, con efectos significativamente análogos.

 

 

 

 

 

 

[1] Moles, A. (bajo la dirección de) (1985) La comunicación y los mass media, El Mensajero, Bilbao, p.121.

[2] Civils, A.I. “Papa Francisco: uruguayo recuerda a un Bergoglio valiente que le ayudó a huir de la dictadura” LaRed21 (23/03/13) http://www.lr21.com.uy/comunidad/1094074-papa-francisco-uruguayo-recuerda-a-un-bergoglio-valiente-que-le-ayudo-a-huir-de-dictadura

[3] Verbitsky, H. “Recordando con ira: Jorge Bergoglio en la dictadura argentina” (tomado de Página 12)  LaRed21 (13/02/13) http://www.lr21.com.uy/comunidad/1092643-recordando-con-ira-jorge-bergoglio-en-la-dictadura-argentina

[4] “Con Bergoglio estamos en paz”, dijo el sacerdote jesuita Francisco Jalics” Tiempo Argentino (16/03/13) http://tiempo.infonews.com/2013/03/16/mundo-98330-con-bergoglio-estamos-en-paz-dijo-el-sacerdote-jesuita-francisco-jalics.php

[5] “De derechos e izquierdas” Montevideo Portal (14/03/13) http://www.montevideo.com.uy/notnoticias_195000_1.html

[6] Frayssinet, F. “Lo que interesa no es Bergoglio y su pasado, sino Francisco y su futuro” Adital (25/03/13) http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?lang=ES&cod=74328&grv=N

[7] Por ejemplo, los curas franciscanos expulsados de Montevideo por los españoles, bajo la acusación de conspirar a favor del artiguismo, a la voz de “váyanse con sus amigos los matreros” ver Parteli, C. “Mensaje del Arzobispo de Montevideo a la comunidad dicocesana” (11/10/82) http://www.franciscanos.net/teolespir/partlepr.htm

[8] Para una discusión in extenso de este criterio teórico, ver en este blog: “Aborto de verdad: la excomunión ante Lacan” http://ricardoviscardi.blogspot.com/2012/11/abortode-verdad-la-excomunion-ante.html

[9] Ver al respecto Viscardi, R. (2007) Guerra, en su nombre, Biblioteca Virtual de AFU, https://www.box.com/public/cud9v5x1h9 , p.30

[10] López, D. “¿Dónde está el PCU uruguayo, frenteamplista, comunista?” Voces (18/07/11) http://www.voces.com.uy/articulos-1/%C2%BFdondeestaelpcuuruguayofrenteamplistacomunistapordanielalopezr

[11] Ver particularmente el capítulo “La URSS: la utopía territorializada” en Silva, M. (2009) Aquellos comunistas, Taurus, Montevideo.

[12] Publicada por la Revista Diálogo (1981) Paris.

[13] Martínez, F. Ciganda, J.P. Olivari, F. (2012) ¿Nos habíamos amado tanto?, La Bicicleta, Montevideo.

[14] Pereira, M. “Un valioso punto de partida” La Diaria (16/11/12) http://ladiaria.com.uy/articulo/2012/11/un-valioso-punto-de-partida/

[15] Marcuse, H. (1969) El hombre unidimensional, Seix Barral, Barcelona, pp.131-132.

April fools day

april 2

 

Teódulo López Meléndez

El primero de abril es llamado en los países nórdicos “el pescado de abril”, en otros el “Día de los Inocentes”, pero quizás es mejor conocido por su expresión en inglés, April fools day o día de los tontos y los bufones. En cualquier caso tiene su origen en la Francia de 1564 cuando se adoptó el calendario gregoriano y quienes se oponían celebraron todo tipo de fiestas y burlas para recibir al año nuevo tal como se acostumbraba en ese tiempo.

En April fools day comienza” en Venezuela una campaña electoral que tiene semanas de comenzada. Se oficializa el primero de abril una campaña que tiene semanas en campaña, como si se tratase de una burla indicativa ante un cambio de calendario o de un regalo jocoso del Consejo Supremo Electoral.

Es así como funciona. Se establecen normas de fácil transgresión o la vista se eleva a los cielos del Tribunal Supremo de Justicia para dejar que Nicolás Maduro vaya a campaña como presidente en funciones o se lanzan cohetones cuando todos los excesos del Estado se han puesto a su servicio.

Esta campaña electoral, casi de entrecomillar, que comienza por voluntad de los bromistas en April fools day, pero que comenzó hace largo tiempo, ha sido ejemplo de la realidad del país. Ha sido una marcada por los improperios, por la falta de contenido, por los asesores que se inventan estrategias cargadas de inyectadoras de odio y por una ausencia casi total de mención a alguno de los problemas claves que afectan a la nación.

Las encuestadoras comienzan a mostrar tendencias que se asoman como irreversibles, dado que April fools day es tan efímero como un carnaval y tan cargado de transgresiones como este. Se recurre a contrainformación, a la colocación de sobrenombres de desprecio y se alaban estrategias absurdas como retar a un ring, para supuestamente desdeificar, o llamar herederos de Hitler a los adversarios o descubrir conspiraciones provenientes del Sanedrín. Lo que se ha hecho en esta campaña electoral que comienza en April fools day, porque mejor fecha resultaba imposible para los sentidos, es desvirtuar lo que es una campaña electoral, hacerla inútil, ya mostrar una campaña electoral como algo no perteneciente a un proceso de decisión sino más bien como un paso necesario de apariencia para convertir lo de facto en Iuris. A los sesudos analistas que hablan de marginar las consecuencias de esta “participación” electoral en el altar de la participación misma hay que recordarles que las estrategias se miden por los resultados.

El país profundo sigue allí, tan profundo que muchos no lo ven y, claro está, menos entender.  Hay una clase media emergente aferrada a su ascenso, hay nuevos valores y paradigmas y, por supuesto, una nueva clase parasitaria ahíta de ingresos, tal como la hubo en regímenes anteriores. La religiosidad ha sido llevada a extremos inadmisibles, con altares o con llamados a mantenerse en oración, con iconodulas redivivos y con un sustrato de “guerra santa” que se manifiesta en banalidades como medir cuántos de los Judas quemados en Domingo de Resurrección, conforme a la tradición venezolana, pertenecían a cada bando.

Es April fools day, en un hábito o costumbre que nos es ajeno, porque el Día de los Inocentes para rememorar la matanza ordenada por Herodes, convertida por las transformaciónes de los conceptos en día de bromas, cae el 28de diciembre, pero no fue el 28 de diciembre sino más bien en enero, porque las fechas se mueven y los calendarios cambian, porque aparecen nuevas tutelas y los actores rezagados siguen pensando que la gran jugada es zaherir.

Es April fools day donde la broma superior afecta al tiempo mismo pues se le extenderá hasta el 14. Nada de lo resultante de April fools day es permanente. Las jugarretas se evaporan y las burlas no trascienden. El 14 de abril, al igual que el 7 de octubre, serán mencionados en esta historia que se escribe. Mencionados.

@teodulolopezm