Democracia del siglo XXI

  • Teódulo López Meléndez

    Abogado, diplomático, novelista, ensayista, poeta, editor, columnista de opinión.

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El imperio de los contrasentidos

Posted by Teódulo López Meléndez en enero 23, 2013

sentido 2

 

Teódulo  López Meléndez

“La problemática constitucional no es un problema de derecho sino de poder, ya que la verdadera constitución de un país sólo reside en los factores reales y efectivos de poder que en ese país rigen. Las constituciones escritas no tienen valor ni son verdaderas más que cuando dan expresión fiel a los factores de poder imperantes en la sociedad”.

 

Ferdinand Lassalle

 

Aún cuando todavía perviven sendas disquisiciones constitucionales sobre lo sucedido en Venezuela, la realidad muestra el poder de los hechos. Estamos ante un gobierno de facto cuya legitimidad nadie pone en duda, lo que no supone para nada una contradicción y, si la supusiese, la misma no sería más que una ratificación del poder.

No se trata de esa bizantina discusión que parece haber asaltado en los últimos días a sectores oposicionistas separados entre supuestos “radicales” y contemporizadores “comeflor”. Se trata de una ausencia total de inteligencia a la hora de ejercer el nada fácil oficio de opositor. Parecen ver con gríngolas, son incapaces de evitar las flagrantes contradicciones y, ante el sector del país que los acompaña, se muestran o como decididos valientes que llaman a la acción o como visionarios que andan escudriñando el tiempo futuro. Los primeros buscan posicionarse ante el sector que se desespera y lo segundos conservarse en un presente que saben largo pero ante el cual dejan a la vista su más que absoluta inconsistencia.

Toda esa legitimidad que amontona el gobierno se origina –muchos parecen olvidarlo- en la victoria electoral obtenida en la última elección presidencial. Lo de facto le viene porque quien ganó esa elección se llama de otra manera y está fuera de circulación sin que sepamos los detalles de ese estacionamiento. Aún así, han incurrido en torpes retahílas de amenazas, innecesarias, si miramos la realidad real de que ejercerán el poder por el período señalado.

La coalición con propósitos electorales que aglutina a los viejos partidos –y a nuevos con mañas antiguas- no puede generar una alternativa de país dado que en sus mismos genes se mueven las células del pasado, la piel del pasado, el planteamiento de hace medio siglo. Frente a ello he insistido en la necesidad de una “tercera opción” a la que he dotado de un cuerpo conceptual, no sin admitir que el país debe vivir lo que debe vivir y que este cuerpo social es aún inepto para asumir su propio destino.

La última afirmación no parece novedosa si miramos a nuestra historia o leemos los llamados de los intelectuales que en el pasado tuvimos. Nuestros comienzos de siglo se asemejan, con la diferencia de otra ausencia, la patética de la inteligencia que tuvimos en décadas pasadas.

Esta sociedad opacada fabrica héroes que aparecen desde el exterior, sin darse cuenta que héroes no necesita; le bastaría una clase política inteligente, pero este es el país de las ausencias, temporales o definitivas.

Seguimos, pues, viviendo los intrascendentes acontecimientos a lo que nos somete la cotidianeidad. Así, la fracción parlamentaria oposicionista convocó a una marcha el 23 de enero para tratar de demostrar no era un inútil adefesio. Así el gobierno convocó la contramarcha, pues parece inmerso en un síndrome incurable. Así, la oposición suspendió la marcha, lo que no constituyó ninguna sorpresa. Así, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) se limitó a un acto en el este de Caracas para “relanzarse”, siendo obvio que lo que se relanza es porque al suelo cayó. Así, el gobierno celebró la caída de la última dictadura militar bajo la consigna de apoyo a Chávez quien, por cierto, ofreció a ese dictador su regreso al país y reivindicó su gobierno, gesto muy propio de este régimen militar-cívico imperante en el país. Uno se atrevería a decir que esta cotidianeidad es miserable.

Ha muerto estos días Nagisa Oshima, director del controversial film “El imperio de los sentidos”, que si no recuerdo mal fue titulado así como una ironía al El imperio de los signos de Roland Barthes, muy marcado el director japonés por Georges Bataille. En esta larga película venezolana no se trata de sexo explícito. Se trata de mediocridad explícita. Este país es el imperio de cualquier contrasentido.

tlopezmelendez@cantv.net

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El río color de ceniza

Posted by Teódulo López Meléndez en enero 15, 2013

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Teódulo López Meléndez

Alea iacta est (“La suerte está echada”) exclamó Julio César ante el Rubicón, para agregar en griego de Menandro, su dramaturgo preferido, “Qué empiece el juego”.  Desde entonces, y hasta nuestros días, la frase se ha convertido para la política en una expresión clara de comenzar un episodio que no permite el regreso, que no autoriza una vuelta atrás, el inicio de una acción irreversible hasta sus últimas consecuencias.

Es de extrema peligrosidad cruzar el Rubicón. Se aconseja para la flexibilidad del juego político no cruzar el Rubicón. Para Julio César, aún teniendo detrás las legiones estacionadas en Galia, cruzar el Rubicón era peligroso ante la república romana. Hasta Julio César vaciló ante el río turbio.

Los envalentonamientos teniendo la legalidad son una cosa. Envalentonarse desde su duda, otra. Envalentonarse desde una situación de facto implica multiplicar los riesgos de cruzar el Rubicón. Hemos asistido en seguidillas a todas las amenazas, con formas distintas, desde la proclamación de una condena a lo que han llamado “formalismos burgueses” hasta la proclamación de la doctrina oficial bajo un resumen rotundo que formulamos en ejercicio de la síntesis: “Hacemos lo que nos da la gana”.

No puede ser considerado un gobierno de Iure el que está instalado en una república presidencialista que no tiene presidente. Es, obviamente, un gobierno de facto. No lo ha dotado de legalidad una decisión de un poder dependiente con su barniz aguado. No sabemos si la escalada de envalentonamiento viene de un temor oculto, más bien pensamos proviene de un complejo, uno que llamaremos “complejo de golpe”, aproximando este al que siente el secuestrado por sus secuestradores, aunque en el caso narrado lo sientan los últimos.

No se trata de desconocer a un vicepresidente, como erróneamente ha señalado algún columnista. Se trata de reconocer que no existe un presidente en funciones de su cargo. Se trata de mantenerse coherente con todo lo que se ha dicho de la decisión del Tribunal Supremo de Justicia y con todas las solicitudes, vía cartitas, a la OEA, Mercosur y el Parlamento Latinoamericano. Se trata de mantener un principio, no de desconocer la situación de facto. ¿Con qué cara la oposición escribe a organismos internacionales pidiendo pronunciamientos y reuniones de urgencia con sus gobernadores instalados en el Consejo Federal de Gobierno o con sus diputados instalados en la sesión de la Asamblea Nacional cuando el texto constitucional dice que “personalmente” el Jefe del Estado deberá presentar Memoria y Cuenta?

No se trata de desconocer a un vicepresidente. Se trata de reconocer que el gobierno de la república es de facto, lo que es muy distinto Vladimir Villegas. Y se reconoce la existencia de un gobierno de facto porque la oposición es absolutamente incoherente, desmelenada y sin fuerza. Al asistir a los actos mencionados se reconoce la legitimidad del de facto. Ello podría significar para la oposición un cruce inocente del Río Turbio de Variquecemeto (voz chaquetía, río color ceniza), sin legiones, Ramón Guillermo Aveledo. No se trata, pues, de desconocer al vicepresidente Maduro- está allí, habla y manda-, se trata de calificarlo, lo que es muy distinto Vladimir Villegas.

Un gobierno de facto se caracteriza por quebrar el ordenamiento constitucional, hacer surgir formas “extrañas” de generar Derecho, concentración de todos los poderes del Estado, reconocimiento internacional –como lo tiene el de Maduro- en base al principio de efectividad, es decir, es obedecido como poder estatal en su territorio.

Un gobierno de facto es un sujeto de Derecho, especialmente del Internacional, por lo que no entiendo aseguren no tendrá validez alguna lo que firme. Pueden imputársele deberes y poderes. Si gobierna sobre su territorio tendrá legitimidad para comprometer al Estado con sus actos. Por lo demás, la jurisprudencia internacional ha dicho en repetidas ocasiones que los actos de los gobiernos de facto obligan internacionalmente al Estado. Es la legitimidad lo que ha otorgado la oposición al presente gobierno de facto,  es la legitimidad.

Pero al lado de la disquisición jurídica, la cual ruego me disculpen, está la practicidad política. En la presente situación venezolana, mientras el gobierno de facto amenaza y la oposición cruza el río color ceniza,  hay otro factor de hecho. No se podrá mantener por mucho tiempo, más bien lo veo corto, este gobierno como uno de facto, por lo que la única manera de convertirse en uno de Iure es convocando a elecciones. Medir los tiempos del presidente enfermo y contrastarlos con las del aspirante Maduro puede ser una práctica que nos conduzca de nuevo al teatro peligroso, vamos a llamarlo del absurdo, con las consecuentes disculpas a Ionesco, porque citar a Menandro fue cosa de Julio César.

Las condiciones de esas elecciones y sus previsibles resultados son otro tema, objeto de otro banal texto que escribiremos. Peor sería escribir uno sobre un aplazamiento indefinido.

tlopezmelendez@cantv.net

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El kitsch avanza por la pantalla: liberar la sala Plaza de pentecostales

Posted by Teódulo López Meléndez en enero 15, 2013

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Por Ricardo Viscardi

Marx sostenía que “la historia avanza por el mal lado”, en cuanto el impulso revolucionario también se prepara a través de los golpes marrados[1]. La ocupación de la pantalla invierte esa fatalidad del porvenir, ya que adopta lo más previsible para convertirlo en éxito. De Marx hasta Eco hemos ganado en mentar, es decir, en usar los signos en aras de los designios[2],  antes que para transformar la realidad según un destino trascendente.

Este salto intransitivo de la transformación semiótica explica que el kitsch haya sido dudosamente promovido, de criterio estético a política de Estado, en un sentido contrario al de la Reforma del Estado tupamplista[3], que se propone convertir a los funcionarios públicos en feligreses de la eficacia privada. En cuanto intentamos birlar una sala culturalmente estratégica a la Iglesia Dios es Amor  (pentecostales), estamos librando una batalla por la escena, que hoy sólo se entiende tal como los pentecostales la libran, en tanto efecto local de una pantalla global.

 Ante el avance religioso en terreno cultural deprimido, el sentimiento predominante en la comunidad uruguaya se sazona de cierto desencanto, que conoció un episodio inaugural hacia fines de los 80’, con el comienzo de las emisiones de propaganda de fe en la radiofonía uruguaya.  No se trata ahora, ni tampoco se trataba por entonces, de una desaprobación particular de la iglesia Dios es Amor (ni de cualquier otra creencia, inclinación o desviación de las costumbres), sino de una percepción medular que  vincula la difusión cultural con la laicidad en materia de religión. Esta inclinación colectiva uruguaya viene a ser confirmada, entre la opinión pública, por el saco roto en que han caído las convocatorias de la propia Iglesia Católica, que recientemente condenó el matrimonio igualitario y la interrupción voluntaria del embarazo.  El sentimiento arraigado por estos lares confirma que cierta gema destella, en el confín de la comunidad, confiada a una secularización radical de las creencias.

Cabe anotar incluso, que la convocatoria a devolver la sala del Plaza a la escena artística, en cuanto se afana declarativamente en descartar cualquier finalidad anti-religiosa[4], pauta cierto repliegue de la inclinación propia de la tradición uruguaya. En particular, porque no parece que  un credo que predica una realidad milagrosa,  pudiera utilizar la sala Plaza para favorecer la sensibilidad civilista, crítica y universalista que pauta la tradición del mismo país.

 Si a lo anterior se objetara que el Estado uruguayo ha discernido, en el propio monumento a Iemanjá, iguales derechos a la representación cultural para todos los miembros de la ciudadanía, cabría acotar que en la engorrosa atribución de tal universalidad ciudadana consiste el galimatías político del presente. Como el mismo término lo invoca, un galimatías no consiste en la acepción unívoca y ordenada, sino en la profusión textual que no llega a orquestarse en un único orden de lectura. Cierto “universalismo de la diferencia”[5] supone que la identidad ancla en cada quien y no en la igualdad de cada uno por separado, por más que tal igualdad denunciara su frivolidad en la proverbial sentencia “algunos son más iguales que otros”. En cuanto estampa la paradoja de la igualdad en la sintaxis, esa expresión igualitarista denuncia la defección de una perfección que hizo mutis por el horizonte del presente: la igualdad del Soberano consigo mismo.

Igual consigo mismo, se deviene idéntico a la diferencia que se sostiene en cada quien. De tal manera, habrá ciudadanías femeninas, de extranjería, homosexuales, confesionales, marginales, etc. como otras tantas traducciones,  a un sí mismo impar, de una misma condición dispersa entre todos. Esta diferenciación por  singularidad reivindicada supone una libertad de decirse a sí diferente, según una narrativa del yo por cuenta propia.

Tal libertad de diferenciación exige una capacidad de expresión de las opciones singulares, que a su vez requieren  una proliferación de los canales de manifestación pública, sostenidos en el despliegue tecnológico. Tal desarrollo avanza puntualmente a través del kitsch de la pantalla, con su mundo indiferenciado para todos y diferente, según quien lo mire o se dé a mirar.

Es en este punto que conviene volver a la iglesia Dios es Amor. Si  a fines de los años 80’ el kitsch milagrero invadía en horarios tardíos el dial, tal proliferación alcanzó hacia fines de los 90’ y principios del siglo XXI la pantalla chica. Es decir, la pantalla que llega al mayor número y en el plano más íntimo. Por esa vía, la propaganda de la fe se difunde y extiende entre los posibles conversos, ganando márgenes de verosimilitud por la intercesión de la interfaz. La proliferación de locales adquiridos sigue después, como otras tantas posiciones tomadas en un territorio de desembarco, previo tendido de cabeceras de puente mediáticas.

El desarrollo de las identificaciones masivas, de la fusión cultural y de las creencias sincréticas, lejos de provenir de una mera difusión a distancia, supone que entre lo global y lo local se produce una anticresis, por la cual se accede en el lugar “real” al usufructo del lugar “virtual”. La sala litúrgica fusiona testimonialmente, en presencia del creyente, aquello que milagrosamente ya aconteció en un lugar virtual (el trabajo, el matrimonio, el padecimiento).

Esta condición “glocal” de la identificación contemporánea opera por igual, tecnología mediante, tanto para la iglesia Dios es Amor como para  el Estado-nación. Por esa razón, suponer que detrás de una “intervención pública” con tenor político cunde un retorno de la soberanía ciudadana igualitaria, significa algo así como un hapenning militante, o una performance urbana.  Probablemente el mayor usufructo de tal acontecimiento ciudadano corra a favor de las creencias religiosas, que verán una posibilidad más de celebrar un milagro de la fe, esta vez, por la vía del culto a la ciudadanía.

Sin embargo, al igual que en el  criterio del “avance por el mal lado”, caro a Marx como manifestación de un cotejo inevitable aunque no siempre exitoso, conviene tener en cuenta que la glocalidad, mal que le pese a las resistencias institucionales, tiende a colarse por el entramado del presente.

En primer lugar, la interpelación se dirige al gobierno nacional, en aras de una defensa del patrimonio cultural ciudadano[6]. Ahora, no sólo este gobierno no se ha destacado por la defensa de la cultura, claramente subordinada en el discurso oficial a la tecnología, particularmente en perspectiva notoriamente productivista, sino que además ha atacado expresamente al núcleo teórico de la cultura, representado por las humanidades y el saber social. Por si tamaño desajuste de perspectivas con relación a la iniciativa de recuperación de una sala dedicada a la actividad artística no fuera ya suficiente, el actual gobierno ha ultrajado la autonomía de la educación, celebrando por encima de las propias instancias institucionales un “acuerdo educativo” a título político-partidario. Como corolario de lo uno y lo otro, el emprendimiento cultural que reviste el lugar de “buque insignia” del actual elenco gubernamental es una universidad tecnológica, que viola incluso los más elementales preceptos de la autonomía universitaria, aposentando a los gobiernos departamentales en los propios consejos universitarios[7].

Aunque la iniciativa también se dirige a la Intendencia de Montevideo, que no se encuentra directamente involucrada en la regresión cultural y educativa que auspicia el gobierno nacional, no parece que la coyuntura política adorne con los mejores auspicios el patrocinio solicitado ante la repartición gubernamental.

Por otro lado, la reivindicación surge pautada por la pertenencia frenteamplista de sus gestores, tanto en razón de las responsabilidades institucionales involucradas como por la trayectoria militante de sus protagonistas. Cabe preguntarse por el rol que le cabe a la estructura frenteamplista, tan altisonantemente actualizada, particularmente con una elección interna de autoridades de muy reciente data. En efecto, una de las preocupaciones permanentes del frenteamplismo ha consistido, estos últimos años, en lograr la actualización de la estructura organizativa, para dar cuenta de una participación militante cada vez más esquiva.

Este ausentismo militante se hace cada vez más patente de cara a la falencia de las sedes locales de los comités de base, en cuanto ese flaquear presencial se acompasa, por sobre todo,  de un vigor de las “redes sociales”, particularmente e incluso, las frenteamplistas.  Aunque se embandere con reivindicaciones históricas de la izquierda, particularmente relativas a la intervención estatal y a la laicidad pública, esta iniciativa encabezada por Gustavo Leal no deja de desplegarse por fuera de la estructura orgánico-representativa del Frente Amplio, que sufre un nuevo desaire en términos de movilización militante. Se configura, por desvío colateral de iniciativas militantes, un nuevo augurio desfavorable en el horizonte de los aparatchiks, sobre todo al divisarse en este inicio de año el disco de la llegada electoral en 2014.

Apenas cumplida una quincena de la última actualización de este blog[8], la convocatoria a contragobernar que invocábamos hace dos semanas avanza bajo kitsch de pantalla, proponiéndose liberar una sala Plaza ocupada por la iglesia Dios es Amor. Sin embargo, así como el “avance por el mal lado” según Marx depuraba el criterio de la transformación, instruyéndolo a través del mismo fracaso, el kitsch mediático no deja de traslucir el alcance político que encierra: una iniciativa que se despliega  en el campo mediático antes que en el terreno soberano del Estado, una intervención glocal que planta territorialmente un designio virtual, una postergación de las instituciones partidarias relegadas una vez más al margen del cotejo público.

 

[1] Bensaïd, D. Una mirada a la historia y a la lucha de clases, http://biblioteca.clacso.edu.ar/ar/libros/campus/marxis/P2C1Bensaid.pdf (acceso el 14/01/13)

[2] Ver la “teoría de la mentira” en Eco, H. (2000) Tratado de gemiótica general, pp. 21-22  http://exordio.qfb.umich.mx/archivos%20pdf%20de%20trabajo%20umsnh/libros/6928335-Eco-Umberto-Tratado-de-Semiotica-General-01.pdf (acceso el 15/01/13)

[3] “COFE evalúa acciones 2013 a la luz de aprobación del Estatuto del Funcionario” LaRed21 (11/01/13) http://www.lr21.com.uy/politica/1083400-cofe-evalua-acciones-2013-a-la-luz-de-aprobacion-del-estatuto-del-funcionario

[4] “Llamado a Sala”, Montevideo Portal (12/01/13) http://www.montevideo.com.uy/notnoticias_189700_1.html

[5] Marramao, G. (2006) Pasaje a Occidente, Katz, Buenos Aires, pp.181-184.

[6] “Al Gobierno Nacional y a la Intendencia de Montevideo: expropiar el Cine Teatro Plaza para garantizar el uso público” https://www.change.org/es-LA/peticiones/al-gobierno-nacional-y-a-la-intendencia-de-montevideo-expropiar-el-cine-teatro-plaza-para-garantizar-el-uso-p%C3%BAblico?utm_campaign=twitter_link&utm_medium=twitter&utm_source=share_petition&utm_source=share_petition&utm_medium=url_share&utm_campaign=url_share_before_sign&utm_source=action_alert&utm_medium=email&utm_campaign=16273&alert_id=OnIbqqqXIc_PPaucjyJCX

[7] Ver en este blog “Estatización de la tecno-ciencia: el Soberano apolítico” http://ricardoviscardi.blogspot.com/2012/12/estatizacionde-la-tecno-ciencia-el.html

[8] Ver en este blog “Renuncia, regresión y reagrupamiento: contragobernar en 2013” http://ricardoviscardi.blogspot.com/2013/01/renunciaregresion-y-reagrupamiento.html

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A Derecho o torcido

Posted by Teódulo López Meléndez en enero 13, 2013

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La toma de posesión de Nadie

Posted by Teódulo López Meléndez en enero 10, 2013

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Teódulo López Meléndez

 

Los hechos históricos son a veces homólogos, pero nunca análogos

Goethe

Curzio Malaparte consideró que su libro Técnicas del golpe de Estado había sido una maldición que lo llevó a la fama. El viejo periodista se convirtió en objetivo del nazismo y del fascismo, señalado como una especie de nuevo Maquiavelo, pero también rescatado por quienes vieron en su texto un manual para evitar a los gobiernos democráticos las asechanzas de los golpes de Estado.

Fue el primer escritor italiano preso por su obra literaria y condenado a cinco años de prisión. Alabado por casi toda la prensa occidental, Curzio Malaparte pagó carísimo en su vida haber escrito aquel libro que lo llevó a la inmortalidad literaria. No es asunto fácil andar hablando de golpes de estado. Malaparte había escrito un texto donde el único tema era las formas de estrangular la libertad y asesinar la independencia. En suma, había escrito el texto del contrapoder.

Uno podría preguntarse sobre cómo construir una pequeña fuente de poder y no encuentra respuestas. Los poderes fácticos del pasado desaparecieron o víctimas de sus propios errores o de sus propias canalladas.

Uno puede encontrar en Malaparte desde el 18 Brumario de Napoleón disolviendo la Asamblea Nacional hasta la “Marcha sobre Roma” de Mussolini. En fin, todo un manual sociológico que desmenuza las fuerzas actuantes y también una gran belleza literaria, desde la descripción del Napoleón golpista hasta la toma del palacio de la Táuride por el ejército rojo. Lo que jamás podrá encontrar en este texto, ni en ningún otro, es el antecedente de un “golpe de Estado” para tumbar a Nadie. A. Brunalti – si recuerdo bien en su texto Politiche, anterior al de Malaparte- definió como tal una medida violenta para determinar un cambio de Estado y V. Gueli – si no recuerdo mal en Diritto costituzionale provvisorio e transitorio– se solazó en describir la forma secreta de su preparación y la forma violenta de su ejecución.

Ha sido cambiado todo el concepto, dirán los sesudos constitucionalistas que han aparecido en esta circunstancia venezolana. Ahora “golpe de Estado” puede ser definido como un episodio donde los poderes constituidos realizan una ceremonia pública, previamente anunciada con bombos y platillos para que Nadie tome posesión del poder. Debo dirigirme a Lewis Carrol porque, una vez más, me asalta la expresión de Alicia en su país de maravillas al manifestar su extrañeza de que en ese país sólo existiese un día al mismo tiempo.

Hemos, pues, realizado una solemne toma de posesión, de Nadie. Han asistido Jefes de Estado extranjeros, la multitud ha sido investida como nuevo presidente, los oradores extranjeros desde su rango de cancilleres han tomado la palabra y un concierto ha coronado la juramentación, la de Nadie. Tal como lo dije en un texto anterior también hubo honores militares, para Nadie. Pero para ello la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia había tomado previamente dos decisiones: la de rechazar un recurso de amparo contra la negativa del presidente de la Asamblea Nacional de encargarse de la presidencia del país y otra, subsiguiente, donde declaró no había ausencia ni temporal ni definitiva y esgrimió la tesis de la “continuidad” que permite al presidente seguir siendo presidente sin juramentarse y sin tomar posesión, de manera que la única decisión que tocaba a los opositores era ir o no ir al concierto de la noche.

La toma de posesión de Nadie se produjo el día 10, pero el día 8 fue convocada una “inocente” sesión que sólo tenía por propósito aparente aprobar un crédito adicional y he aquí la “sorpresa”: carta del vicepresidente diciendo que el presidente le dijo no podría asistir a la toma de posesión. Oportunidad única para adelantar el “debate” y poner a hablar a una oposición que el día 5 –después que sus tres oradores habían reconocido el partido de gobierno tenía derecho a presidir la Asamblea Nacional- se negó a votar por el candidato oficialista, para luego el 8 exigirle se encargara de la presidencia de la república, más que en cumplimiento de la Constitución en cumplimiento de la voluntad testamentaria de Chávez convertida así en nuevo dogma constitucional. Por si faltara poco, el excandidato presidencial Capriles convocó a una rueda de prensa donde cifró todo en una decisión del TSJ que estaba cantada de antemano, como hemos visto. Es por ello que he hecho nacer al “Diputado Gasparín”, dado que si andamos entre fantasmas al menos que aparezca uno amistoso.

El diputado Gasparín le señaló a sus colegas parlamentarios que quizás la única sesión de la Asamblea Nacional ordenada por la Constitución era el día 10, que en el reglamento interno estaba estipulada esa convocatoria y que el primer paso a dar era hacerse presente en esa fecha en la sede del Palacio Federal Legislativo y verificar, como era su deber, la ausencia del electo. Gasparín fue desoído, pero parece seguirá pidiendo a diario la palabra.

Estamos en el siglo XXI, qué duda cabe, aunque la mediocridad de nuestros políticos se muestre como jamás antes en la historia de Venezuela. Sin embargo, algunas cosas positivas quedan, como una innovación radical en los conceptos emitidos por los tratadistas, italianos sobre todo –lo que me hizo dudar si titular este artículo “Drama a la italiana o Berlusconi se quedó pendejo”-, un amable recuerdo para Curzio Malaparte que logró su trascendencia literaria gracias a un  libro que le provocó todas las desgracias y seguramente un retiro masivo de estudiantes de las Facultades de Derecho pues habrán comprendido la inutilidad de sus propósitos frente al poder de hecho.

Nadie ha tomado el poder. Nadie es el presidente. Han colocado la muerte del presidente como meollo del huracán, para lograr que Nicolás Maduro vaya a la eventual elección presidencial como presidente en funciones, con todo lo que eso significa. Al cerrar este texto aún se oye en el cielo de Caracas el estruendo de los aviones militares.

tlopezmelendez@cantv.net

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¡Viva la Pepa!

Posted by Teódulo López Meléndez en enero 5, 2013

Viva la Pepa 2

 

Teódulo López Meléndez

“Pepa” fue denominada seguramente por haber sido aprobada el 19 de marzo día de San José. Era la Constitución de Cádiz de 1812, la expresión jurídica de los liberales españoles hasta que se produce la reinstauración absolutista de Fernando VII. El grito “Viva la Pepa” era uno de protesta, de resistencia, de incomodidad frente a la represión.

Podríamos pensar que la acepción que toma en Venezuela la expresión “ese es un viva la pepa” se deba a que el grito era pronunciado por algunos de comportamiento non sancto, quizás de alguno extraviado en el alcohol o poco dado a cumplir sus compromisos, pero también podríamos pensarlo como un señalamiento de los monárquicos locales a quienes lo pronunciaban indicando de esta manera a un  enemigo de Fernando VII.

Sea como haya sido la expresión pervivió entre los venezolanismos como un calificativo de desprecio, lo que nos lleva a tal punto de pensar que no estamos en vísperas de una consideración constitucional sino más bien de una mirada a nuestros vicios. Al fin y al cabo Pedro I Carmona Estanga de un plumazo, y con la ayuda de ilustres juristas,  derogó nuestra Constitución del 99 y proclamó rediviva la del 61, lo que nos hace reflexionar sobre el poder de hecho antes que en sesudas disquisiciones jurídicas. Es decir, una absoluta continuidad de nuestra historia.

Es lo que ahora vemos, una pervivencia de los viejos hábitos enmarcados en la tecnología del presente. Asistimos al divorcio evidente entre redes sociales y realidad, a la credulidad a los rumores y especulaciones, a una clase media dando bandazos y alojada en una morbosidad poco disimulada, a la ignorancia de la existencia de otro país marcado por una fe cuasireligiosa y a la manifestación patética de un desamparo ocasionado por los errores políticos de reciente data que condujeron a la destrucción definitiva de los ya tambaleantes viejos envoltorios protectores, llámense partidos, sindicatos o gremios.

Lo que le queda a los desamparados es el refugio en sus sueños de milagro y a los dueños del poder el mantenerse acorazados, impermeables en un dominio que les parece eterno. Lo hemos visto en la instalación de la Asamblea Nacional, una fuera de lo normal dadas las circunstancias que vivimos. Entre otras cosas hemos asistido a suicidios políticos tal vez como algún senador romano se quitó la vida, en esa ocasión textualmente, ante el acoso de una poblada.

La jugada de Diosdado Cabello trayendo a la palestra interpretaciones constitucionales torcidas, y que tanto éxito le dieron en las primeras de cambio, en el tiempo de las confusiones iniciales y antes de que algún comandante de legión se diera cuenta, cayeron con su elección como presidente de eso que todavía llaman Parlamento. Quizás el propio Cabello no se ha dado cuenta, pero su única salida era ser reelecto también con los votos de la oposición a cambio de la cesión de la segunda vicepresidencia. Al no producirse el hecho –que no se produce por la imposición de una línea dura de no moverse un milímetro como si Chávez estuviese allí- perdió toda posibilidad de encontrar una ruta hacia una competencia con posibilidades de éxito. Diosdado ha sido reelecto, descanse en paz Diosdado. Y con él la oposición que jugó al efímero pensamiento de considerarlo la tabla de salvación, bajo el argumento de que Maduro era el comunista castrodependiente y Cabello apenas un militar nacionalista.

La historia se escribe mientras se sucede, podría argumentar Don Francisco de Quevedo, a quien es mejor interpretar que a la Constitución. La parafernalia del acto, con vicepresidente, ministros, gobernadores, alto mando militar y Don Perico de los Palotes, más la clientela popular rodeando el Hemiciclo por si alguna falla ameritara llamar a al general Monagas a ponerle orden a algún Fermín Toro levantisco, marca el proceso que se nos adelanta y nos hace asegurar que si hasta el momento había un brazo torcido ahora existe colocada una camisa de fuerza.

Es tal la necesidad de hacerse Perogrullo que debimos recordar antes del 10 estaba el 5. Con tal despliegue podemos esperar, incluso, que el día 10 tengamos honores militares incluidos al presidente.  “Es nuestra historia, estúpido, es nuestra historia” quizás deberíamos exclamar parafraseando a Bill Clinton. O deberíamos recurrir al grito de “viva la pepa”.

tlolopezmelendez@cantv.net

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Renuncia, regresión y reagrupamiento: contragobernar en 2013

Posted by Teódulo López Meléndez en enero 2, 2013

renuncia

Por Ricardo Viscardi

Renuncia. El presidente mediático termina por quedar mediatizado –es decir, prisionero [1]- de la propia mediatización  -término que significa también la incorporación a la regulación mediática[2]. La substitución de la mediación presencial por la interfaz a distancia cuestiona el criterio de la transformación histórica, que anclaba en la crítica de la acción cumplida (“el análisis concreto de la situación concreta”[3]), a partir de la propia subjetividad que asumía la responsabilidad del caso. La disolución de la continuidad histórica del sujeto en la convergencia mediática de la tecnología, precipita la renuncia a la teoría (la mirada que desplaza lo inmediato) en un oscurantismo pragmático, que confunde la voluntad con el destino.

La adecuación pragmática del sentido también habilita, a partir de la calibrada perfección de la designación adoptada, un recorrido de boomerang en reversa,  que le replica al inefable “como te digo una cosa te digo la otra” con el expiatorio “desde todos lados te dicen lo mismo”. Mientras desde la oposición denuncian el zarandeo de la opinión presidencial, incluso porque comparten su intencionalidad, desde el oficialismo llaman a hacer oídos sordos a la volubilidad del gobierno, ante todo porque no le dan crédito[4].

La fatalidad de una irrenunciable renuncia, que se anuncia en este blog desde cierto tiempo atrás[5], obedece al propósito presidencial de erigir el espíritu de unidad nacional a distancia, fundándolo en el abismo mediático de la tecnología. La declinación de candidatura sectorial que se eleva desde el entorno presidencial, encierra bajo excusa de entrega militante -ya desde las elecciones del 71’ por parte del  Movimiento 26 de Marzo[6], la cesión de derechos políticos al primer aparato de Estado con ínfulas de soberano. Tal soberano, que ayer encarnaba un partido inspirado por la ciencia, hoy queda en manos de la información gestionada por la tecnología.

En términos de una transferencia de poderes de la historia a la máquina, la renuncia que antes se ofrendaba a la fatalidad estratégica del mandato popular, ahora se pronuncia de cara al tele-prompter (la pantalla que apunta desde el frente de la cámara, el mismo texto que pronuncia un locutor, en el curso de una emisión informativa) que dicta la última encuesta de opinión (ver nota 4 al pie de página). En los dos casos, la renuncia (presidencial por excelencia) se pronuncia irrenunciable, porque antes de decidir singularmente (sin excelencia ni presidencia) ya se abandonó en manos de la necesidad soberana de la estructura (ayer “social” hoy “cognitiva”). El relato mediático hará lo demás, bajo una versión tardía y medicalizada[7], desde ya prevista en la agenda setting[8].

Regresión. El crecimiento político de la izquierda uruguaya fue efecto de la extensión en profundidad nacional de una diversidad de orientaciones ideológicas (anarquista, socialdemócrata, bolchevique). Contrapuesta a esa raigambre decimonónica de la reivindicación democrática, la ruptura paradigmática con la modernidad, que adviene en la segundad mitad del siglo XX, no fue incorporada ni a la lectura ortodoxa (tal como intentó hacerlo el eurocomunismo) ni al nacionalismo cultural latinoamericano (tal como lo ha logrado la fusión indigenista a partir del zapatismo). Las grandes vertientes de participación política que se abren con la militancia antiimperialista de los 60’ y los movimientos sociales de los 80’, fueron coaguladas a partir de la década siguiente  por la matriz frenteamplista, doblemente anclada en el fundamentalismo soviético de los frentes populares antifascistas y en la jerarquía partidocrática de la cultura política uruguaya.

Imbuida de una defensa racionalista del paradigma positivista y progresista, que se veía universalmente cuestionado desde los 60’ y se descalabró con la disolución del “socialismo real”, la izquierda perdió dialécticamente todas las discusiones. Sin embargo, también ganó tendencialmente todas las elecciones, beneficiaria de una inercia propia de la matriz izquierdista del batllismo. Una y otra vez cuestionada desde los mismos partidos “históricos” que se veían, particularmente en perspectiva electoral, víctimas de la máquina que habían inventado, la memoria cultural progresista obró como una fuente permanente de energía política, a favor de una izquierda juiciosamente lerda en la aproximación al gobierno. Una derecha que favoreció primero el golpe de Estado y protegió más tarde a sus protagonistas, justificó el lento giro hacia la faz superior de un revés de la trama izquierdista, que comenzó a mostrarse como el espejo mismo de la nostalgia batllista, una vez que el Frente Amplio llegó al gobierno.

Hoy día el vicepresidente frenteamplista sintetiza ese conglomerado imbuido de sensatez, cuando celebra la salida económica que patrocinó el propio Sanguinetti[9]. Dispuesto ante todo a pedalear en la bajada, aquel Papa batllista encuentra ahora un émulo en el candidato natural del Frente Amplio a la presidencia, dispuesto a su vez, a endosar el paternalismo financiero por encima de opciones inmaduras.

Desprovisto de todo relato alternativo por su propia actuación ideológica, tras haber albergado bajo la bandera del interés nacional la implantación globalista de Botnia, para favorecer más tarde la regimentación de los funcionarios públicos en aras de una fantasmal “reforma del Estado”, el Frente Amplio carece de convocatoria movilizadora de sectores que escapen a los círculos involucrados en la partidocracia.  Representada ante todo por el hundimiento electoral de las mayorías heteróclitas, pero también diversas, que sumaba el MPP en las últimas internas frentistas, esta regresión habla a las claras de un relato heroico descreditado por la propia posteridad que reivindicaba.

Reagrupamiento. Cierto laudo que insiste en la fatalidad de la recuperación capitalista, auxiliado contextualmente por una obsecuencia oligárquica de algunos subversivos de antaño, quizás manifiesta, antes que una fatalidad de la claudicación democrática, un apresuramiento crítico. Si se supone que la determinación económica exige ante todo un objeto ostensible y conmensurable, entonces siempre vamos a encontrar “capitalismo” donde podamos observar la “mejorvalía” que ya analizaba Sismondi[10]. Sin embargo, hoy la acumulación económica no se dirime en razón directamente proporcional a la propiedad jurídica del capital, sino a las condiciones idiosincráticas de la cohesión productiva y tecnológica –tal como lo ha demostrado el contexto asiático desde el “milagro japonés” en adelante.

Es decir, tal objetividad no mide sino efectos de una disciplina social, que proviene ante todo de configuraciones antropológicas y sedimentaciones culturales. Por lo tanto, donde se constata una “fatalidad objetiva de la recuperación capitalista” quizás no se registra sino el desglose corpóreo de un “sí mismo”, diferenciado a partir de la propia actividad, tal como la analizara Foucault al entenderla como “una actividad extensa, una red de obligaciones y servicios para el alma”[11]. ¿No se ha señalado desde Weber en adelante que el desarrollo capitalista encuentra como principal promotor histórico el ascetismo protestante[12]? Si algo caracteriza al espíritu cristiano, es su afinidad con la materia terrenal (misterio de la encarnación mediante, sobre todo, “mediante” en el sentido de la mediación, prosaicamente encarnada por el valor de cambio).

Colegir de la ambición estatal que cunde entre algunos que ayer arrostraron el sacrificio personal, una fatal  seducción del más obvio de los poderes públicos, es confundir los lugares con las inscripciones. Desde la movilización multitudinaria y relativamente súbita contra la dominación totalitaria que anunciaba el pachequismo, el camino recorrido se encuentra jalonado por una suma de pasos que desacreditaron sucesivamente los propios fundamentos del poder de Estado.  ¿Alguien propondría hoy, como cundía en los 60’, “tomar el poder” por una vía de asalto, para instalar desde allí un porvenir democrático venturoso? Por más que algunos sigan fantaseando con un desenlace irreversible y trascendente, encabezado por una vanguardia esclarecida (es decir “la transformación histórica”), la proyección venturosa que se vinculaba a un aparato de Estado (a “transformar”) dejó de formar parte de las descripciones verosímiles del acontecer público.

Esta inverosimilitud no proviene de un “fracaso de experiencias” o de “errores estratégicos” –sintetizados en el episodio de “la caída del muro”, sino de la cuestión democrática entendida a partir de las redes sociales y la tecnología mediática, incompatible bajo esas pautas con una versión soberana del poder público.   En el marco de una diáspora de desvinculaciones –iniciada con múltiples secuencias a partir de los 70’, el MLN quedó reducido a una expresión subsidiaria dentro de la izquierda. Ante un debacle que comportaba la desaparición política,  la supina ambición de ocupar cargos gubernamentales ofrece un oportuno placebo de designios juveniles, más ambiciosos en su momento, pero crudamente vacuos de contenido crítico en el presente.

Antes que caer en el fatalismo de una objetividad perogrullesca, que sólo conforta al determinismo economicista, o abordar desde el plano moral una claudicación política, que trasunta ante todo obsolescencia ideológica, conviene reseñar un legado que recoge el presente. Desde la crisis del modelo batllista, que hoy se intenta recomponer desde el sistema de partidos, la colectividad uruguaya registra tres grandes desplazamientos de las conductas sociales y de las perspectivas ideológicas.

El primero traduce la ambivalencia de una “democracia legal” contrapuesta a la subversión armada y clandestina, que justificándose en la “defensa de las instituciones”, abrió una senda de incorporación estratégica al bloque occidental, en el contexto de la Guerra Fría. La experiencia totalitaria del Uruguay, cristalizada por encima de una mera dictadura de estamentos,  removió un sustento de las libertades que no se transparenta en el cristal de las formas jurídicas, sino que acontece –mal que le pese a todos los formalismos- al borde de cualquier representación.

El segundo episodio mayor de la experiencia pública corresponde al surgimiento de los movimientos sociales, hacia el fin del período del gobierno totalitario de seguridad nacional, afiliado a la hegemonía estadounidense. Estos movimientos expresan el anclaje de la actividad democrática en un haz de singularidades públicas, que por contraposición al monolitismo de las “visiones del mundo”,  no pretenden unificarse en un punto finalista del destino histórico (a la manera de “el socialismo” o “el comunismo”). La diversidad de los movimientos sociales señala la inversión de la flecha vectorial de la organización pública democrática, que toma el sentido del terreno idiosincrático, irreductible a la “violencia metafísica” que infunde un criterio soberano de la unidad social[13].

Desde inicios de la última década, la organización en redes virtuales, denota un criterio de vinculación que escapa a la territorialidad geográfica y configura colectividades a distancia. En cuanto la situación social deja de ser una determinación clave del vínculo público, la confluencia adopta la vía de la afinidad idiosincrática. La índole comunitaria proviene del vínculo establecido antes que de la base de subsistencia, tanto en el sentido de un espectro de elecciones compartidas, como en el sentido de la índole “inmaterial” de la participación. La condición democrática llega a ser entendida como un efecto de la intervención virtual, que apunta hacia un mismo terreno de elección en razón de una convocatoria compartida.

Contragobernar en 2013. El sistema de gobierno actual, patéticamente replicado desde el Estado, se sostiene en los medios de información y comunicación, a través de la mediación tecnológica de la sociedad. Ya forma parte del acerbo tradicional del saber político que “dos minutos en la televisión valen más que dos horas en el parlamento”. Reiteradamente hemos traído a colación en este blog la convicción presidencial, al inicio de un segundo mandato: “Sanguinetti cree que los medios son más “fuertes” que los estados y los gobernantes”[14].

El delgado hilo de la zafra electoral que une a los políticos profesionales con los medios de comunicación y las empresas de medición pública transita por un itsmo que episódicamente se angosta sin cesar. Periódicamente, la marea mediática relega al sistema político en una isla separada del continente público, que pugna por ganar la orilla de una racionalidad del rating, que prospera a espaldas y frecuentemente en desmedro de toda proyección ideológica (por ejemplo, a través del segmento informativo seguridad/violencia/drogadicción).

Por consiguiente, el paso de la opinión a la movilización se hace cada vez más frecuente y ocasional, depende relativamente menos, a cada giro de coyuntura, de la regulación ideológica y partidaria. Esto supone que otra índole de regulación, concernida ante todo por la opinión pública y su movilización de impacto sobre las asociaciones ciudadanas, gana significativamente terreno a cada paso.

Sería un error entender que esa configuración virtual de la existencia pública prescinde de las comunidades cristalizadas idiosincráticamente. Tanto como sería un error entender que la parafernalia artefactual es el plano articulador de las coyunturas ciudadanas. Pero sí es necesario observar que la regulación mediática del presente se activa allí donde la relación presencial es substituida por el vínculo a distancia y donde el soporte discursivo de la institucionalidad deja paso a la sinergia gregaria de la interfaz.

Conviene por lo tanto aprender de experiencias diferenciadas. El conflicto desatado en torno a la instalación de Botnia se desplegó estratégicamente en el campo de la opinión pública. En tanto primó la diferenciación con la Argentina, en un terreno de la problemática social (la promesa de inversión extranjera directa en un contexto de pauperización generalizada) poco transitado en el país, la partida mediática fue ampliamente ganada por la conjunción de la “amenaza argentina” con la promesa de inversión directa transnacional.

Sin embargo, en el caso de la propuesta de instalación de un Tratado de Libre Comercio con EEUU, la profundidad histórica del registro contrario al vínculo con la potencia imperial primó en la opinión pública, en sentido contrario al designio gubernamental. Esta instrucción incorporada por la memoria política ganó la partida, pese a que se enfrentaba al mismo proyecto estratégico que sostenía al “proyecto agroforestal”. De esta manera, la movilización pública liderada por la central obrera con el  “coro” de una pluralidad de asociaciones y colectivos sumados, determinó una amplia movilización que echó por tierra un proyecto que contaba en el gobierno, sin embargo, con un convicción similar a la culminó con la instalación de Botnia.

¿Qué significa entonces “contragobernar”? Significa que la disyuntiva entre la destitución del poder de Estado –desmontado por  Foucault a partir de la explicación del dispositivo panóptico- y la imperiosa necesidad de ganar injerencia en la gestión pública, no pasa por la contraposición entre una pulsión de  movilización y una incorporación administrativa a la gestión estatal[15]. En cuanto la “campaña electoral permanente” -que desarrollan combinadamente los medios de comunicación y las encuestadoras de opinión- deja al sistema político a merced de una multitud promovida y solicitada con rango de soberanía, Leviatán tiende a incorporarse desde la propia anatomía mediática de la opinión pública. Esta transferencia de la fuente de la soberanía trastoca la economía del poder público, porque coarta la noción unitaria de la emanación, es decir la noción de la inmanencia como efecto de un principio, supérstite o fundamental, que sólo Spinoza desplegó como efecto corpóreo sucedáneo al poder[16].

Conviene prestar atención al afán parlamentario de establecer canales de televisión propios para entender, por esa vía aparentemente paradójica de una soberanía que gobierna por tecnología interpuesta, que el elemento medular del poder en clave de redes y medios, es la configuración de la opinión pública en tanto asamblea a distancia.

Esta configuración no es espontánea ni advenediza, e incluso se enfrenta al control de los sistemas de comunicación (la gran prensa, la publicidad mercadotécnica, las “industrias culturales”), otros tantos comisarios políticos de la tecnología. Pero puede sin duda afirmarse que el campo mediático ofrece, por el mismo carácter estratégico que representa para los poderes del presente –incluso por la diseminación artefactual a la que propende una tecnología presidida por la información, un terreno en el que la intervención democrática puede retroalimentarse de la necesidad de su adversario, e incluso por vía de consecuencia, llevarlo a retroceder puntualmente en cuestiones estratégicas. Hoy debemos avizorar un Uruguay de mega-empresas, pero no un Uruguay-Estado-Asociado, vía TLC, a los Estados Unidos. El desafío del contragobierno queda planteado, sobre un terreno que los poderes no logran ocupar sin concitar una incidencia mediática de la ciudadanía.

 

[1] “Mediatizar” (y “mediatización” por extensión) RAE http://lema.rae.es/drae/?val=mediatizar

[2] Igarza, R. (2008) Nuevos medios, La Crujía, Buenos Aires, p.135.

[3]   Lenin, citado por Mao Zedong en La Contradicción, p.8  http://www.matxingunea.org/media/pdf/mao_tesis_filosoficas_la_contradiccion.pdf

[4] “Vamo’ a hacer ese” Montevideo Portal (28/12/12) http://www.montevideo.com.uy/notnoticias_188465_1.html

[5] Viscardi, R. “Mujica contra la filosofía: la desobediencia civil presidencial” en Tiempo de Crítica (Rev. Caras y Caretas) 16/11/12, p.13 http://ricardoviscardi.blogspot.com/2011/06/mujica-contra-la-filosofia-la_7065.html

[6] Vadell, A. “La senda está trazada, pero se confundió el camino” Mate Amargo, http://www.mateamargo.org.uy/index.php?pagina=notas&seccion=la_ronda_del_mate&nota=228&columnista=12&edicion=10

[7] “Presidencia Compulsiva” Montevideo Portal (12/12/12) http://www.montevideo.com.uy/notnoticias_186930_1.html

[8] Anticipación programada periodísticamente de la actualidad futura.

[9] “Qué cuadro, Julio” Montevideo Portal (06/12/12) http://www.montevideo.com.uy/nottiempolibre_186446_1.html

[10] Piazza, G. “Sismondi” (consultar el subtítulo “Fuente del marxismo”) en Zona Económica http://www.zonaeconomica.com/sismondi

[11] Foucault, M. (1990) Tecnologías del yo, Paidós, Barcelona, p.61.

[12] Op.cit.pp.46-47.

[13] Vattimo, G. (2009) “El final de la filosofía en la edad de la democracia” en Ontología del Declinar, Biblos, Buenos Aires, p.259.

[14] Pereyra, G. “Sanguinetti cree que los medios son más “fuertes” que los estados y los gobernantes” Búsqueda (14/09/95) p.10.

[15]  Ver la “crítica” de Zizek en Roca Jusmet, L. “La democracia como emancipación” en Tiempo de Crítica (Rev. Caras y Caretas) (14/12/12) p.14.

[16] Spinoza, B. (2000) Tratado de la reforma del entendimiento, elaleph.com, pp.64-65 http://www.elaleph.com/libro/Tratado-de-la-reforma-del-entendimiento-de-Spinoza/440534/

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Los números de 2012

Posted by Teódulo López Meléndez en diciembre 30, 2012

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2012 de este blog.

Aquí hay un extracto:

19,000 people fit into the new Barclays Center to see Jay-Z perform. This blog was viewed about 58.000 times in 2012. If it were a concert at the Barclays Center, it would take about 3 sold-out performances for that many people to see it.

Haz click para ver el reporte completo.

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Feliz Año Nuevo

Posted by Teódulo López Meléndez en diciembre 28, 2012

feliz año 3

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El ciclo de nuestros años

Posted by Teódulo López Meléndez en diciembre 27, 2012

ciclo

 

Por Antonio Limón López

Cada año termina con los mejores propósitos, con grandes proyectos, con esperanzas y compromisos personales, es un ritual que parece una especie de “13 Baktún” personal, pues todo lo negativo del pasado se redime ante la aurora de un nuevo volver a empezar, así que en tales momentos ignoramos la memoria de aquello largos doce meses de insatisfacciones, debilidades, confusiones y actos dignos del pronto olvido.

Pocos años escapan a este embrujo cíclico, algunos pocos fueron como el 2000 en que iniciamos el segundo milenio con elecciones democráticas en México, o como 1992, que amaneció sin la existencia de la Unión Soviética y con la esperanza de una paz cimentada en el entendimiento de todo el mundo, o 1946 cuando el mundo despertó sin padecer ya la pesadilla del nazismo. Es cierto que en ningún caso lo prometido ha sido satisfecho plenamente en los hechos, pero fueron años en los que las malas inercias se tornaron en cauces positivos y esperanzadores.

En muchos sentidos 2012 fue uno de esos años prometedores de grandes cambios, no solo debido a las muchas interpretaciones del calendario maya, sino a precisas interpretaciones de nuestro presente, nuestras necesidades de cambio y las condiciones ideales para que se consolidaran esos cambios en este año. La derrota del PRI en las elecciones del 2000 no implicó derrotar al priismo como la forma de hacer política en México, pero el 2006 planteó la posibilidad real de enviar al infierno al priismo a cambio de una política congruente y de principios, donde el PRD y el PAN lograrían intercambiar sus reclamos y conjugarlos en una agenda común, hasta hacer superflua e inútil la presencia del oportunismo y pragmatismo amoral característico del PRI.

Sin el lastre del priismo, México podría caminar hacia el estado federal hasta ahora pospuesto o deformado, hacia la democracia sin máscaras que se practicaría desde el corazón mismo de nuestra sociedad, e incluso desde los partidos políticos, seríamos un país conformado por una sociedad meritocrática donde los talentos y las cualidades se apreciaran con justicia, vinieran de donde vinieran y donde las buenas razones se escucharían sin fanatismos sectarios. Para eso 2012 era el plazo justo, suficiente para que el cambio no solo fuera de membretes partidistas sino hacia una real transición democrática, sencilla y verdadera, por lo que las elecciones del 2012 se antojaban como el escenario perfecto para que surgiera el rompimiento definitivo con el pasado degradante, con el México irracional, obscuro, enfermo, fanático, aterrorizante y naciera el juego justo y democrático entre adversarios leales a fines superiores y comunes.

Ahora sabemos que todas esas esperanzas fueron vanas, en lugar de presenciar el declive del partidismo, asistimos a la enajenación partidista, donde los mexicanos fuimos llevados a los corrales de cada partido para disponerse de nosotros como si fuéramos reses, se despreció nuestro intelecto y se nos obligó a balar consignas, los partidos se convirtieron en burocracias sin  democracia, sin igualdad, centralizadas y tramposas, los liderazgos que nacieron o se consolidaron en estas condiciones, fueron obtusos, insensibles, demagógicos y los candidatos, todos fueron al contentillo de las cúpulas burocráticas de los partidos, dejando al militante la opción para escoger entre el malo impuesto y el otro malo igualmente impuesto, las elecciones no fueron mejores, todos los candidatos surgieron de procesos amañados y el fondo ideológico común fue el percudido priismo del pasado.

A contrario de lo esperado en 2000 y 2006, la realidad en 2012 fue la peor de todas las pesadillas, en primer lugar el triunfo absoluto del PRI dentro de la sociedad mexicana, dentro de los partidos de oposición, dentro del PAN y dentro del PRD, candidatos miserablemente pobres y legisladores electos que son verdaderas reses en el senado y en la cámara de diputados. En esencia el pragmatismo, la antidemocracia, el centralismo, el sectarismo, la irracionalidad son los elementos dominantes en el escenario nacional, que es una gigantesca farsa, donde las componendas se están haciendo en lo obscurito entre la pandilla del presidente de la república y los dirigentes de los “partidos” políticos nacionales. Estamos en medio de un pacto secreto cupular cuyo contenido y cuyas recíprocas contraprestaciones desconocemos, pero al que estamos sometidos sin dar nuestro consentimiento.

Lo que nos espera es la profundización de los males nacionales históricos, el pandillerismos político, el centralismo, el autoritarismo, el sectarismo ideológico, la rapiña, la simulación, el gobierno oculto de los líderes de los partidos políticos, la componenda sucia, la mentira, el ocultamiento de la verdad, la degradación de todo y de todos, a esto no escapa ningún partido político, ningún dirigente, ningún medio de comunicación. 2012 fue el año que termina en el momento triunfante del priismo y es el renacimiento del ciclo priista, donde sus anti valores se funden con el gobierno, con la “oposición” de todos los colores y con cada uno de nosotros, ya que abominamos de la igualdad, de la razón, de la inteligencia, de la justicia, de la democracia, del federalismo aun cuando simulamos y proclamamos esos valores como si fueran nuestros, cuando en realidad los despreciamos, los repudiamos.

Así que en estos días de fin de año, pasaremos por alto esta realidad y jugaremos a los grandes legisladores y al “pacto” de opereta, pues a final de cuentas a nadie le importa un cacahuate lo que ocurra y cada cual se aferrará a lo que pueda por seguir viviendo de esta simulación cíclica y eterna. 2012 Es otro año más en la cuenta de los años muertos, no termina nada con él, ni implica el principio de nada nuevo, es solo el punto de retorno a lo mismo de siempre, para seguir el mismo camino de siempre, honrando a gesticuladores, celebrando farsas y mentiras, es otro año igual entre otros también iguales, con el mismo pueblo que es o ignorante o apático, con una historia que se repite retorciéndose y anudándose en nuestro cuello, como la soga de la que colgamos desde 1821.

 

 

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Unidad nacional o un brazo torcido

Posted by Teódulo López Meléndez en diciembre 25, 2012

brazo 2

 

Teódulo López Meléndez

 

El presidente podrá venir o no venir el 10 de enero a tomar posesión de su nuevo mandato. Es algo que no podemos saber ni tiene ya relevancia política. Con un lápiz corrector blanco han eliminado esa fecha del almanaque, aunque veremos la puesta en escena.

 

Diosdado Cabello ha resultado un político de esos que le callan la boca a sus detractores haciendo uso de una habilidad nata. Lanzó una tesis que más que interpretación constitucional parecía de entrada una “boutade” o un juego peligroso que podría aislarlo o una simple ratificación de lealtad por encima de todo, pero que llevó a ejecución con grandes conversaciones con la oposición y poniendo a Nicolás Maduro ante la disyuntiva de aparecer como un ambicioso que por encima de todo pensaba en la conveniencia de cumplir con la Constitución que llevaría a nuevas elecciones.

 

La tesis –absolutamente válida- de que al PSUV convenía la pronta realización de elecciones presidenciales para aprovechar el impacto de las regionales fue desmontada hacia el interior del partido de gobierno, pero no hacia la oposición. Esta última sabía perfectamente que esa eventual elección la llevaría a otra derrota y vio la mano de Diosdado casi con la religiosidad de ese dedo de Dios que se admira en la Capilla Sixtina.

 

Una elección inmediata conllevaba a la inevitable candidatura de Nicolás Maduro, con muy buenas posibilidades de victoria. Había que ganar tiempo y el tiempo había que ganarlo haciendo uso de un lápiz corrector blanco, uno milagroso de alteración del calendario, más que de la Constitución,  para esperar lo que todos consideran inevitable. Había que ganar tiempo y en ello los intereses de Diosdado y de la MUD coincidían a la perfección.

 

Por su parte, Maduro quedó atrapado en las redes. Mostrarse como un cerrado y ortodoxo intérprete constitucional lo hubiese comprobado como un apresurado, como un deleznable ambicioso que quería elecciones ya para hacerse de la presidencia. Por lo demás, Maduro no ha mostrado una especial habilidad política y fue incapaz de encontrar el tridente de Neptuno para romper la red que le caía encima. Lentamente todos fueron entrando en ella, una de manifestación de solidaridad absoluta con el comandante-presidente que seguía siendo ambas cosas, uno reelecto para el cual el cumplimiento del mandato constitucional del 10 de enero no era más que un mero trámite que bien podría obviarse.

 

He aquí el milagro del Espíritu de la Navidad. Como un vaporoso manto una especie de unidad nacional impensable ha venido a sustituir la polarización encarnizada y el odio irredento. Los intereses comunes han privado. Lo que se diga en la Asamblea Nacional el 10 de enero carece de importancia. Sea cual sea la vía que aprueben, hablen de lo que hablen (ausencia temporal, juramentación ante TSJ o la tesis de porqué las ranas no echan pelo) el Derecho es absolutamente irrelevante frente al gran acuerdo político.

 

Habrá disidencias ese día. Alguno de la oposición puede que se rasgue las vestiduras o que toda en ella en conjunto lo haga, por aquello de guardar las apariencias o de hacer lo políticamente correcto. Puede también manifestarse alguna disidencia seria. Ya carece de importancia porque el resultado está escrito. Lo que no está escrito es lo que se hará con el tiempo ganado.

 

Estamos ante un hecho impreciso: la salud del presidente Chávez. No somos médicos en busca de fama o “periodistas estrellas” para especular al respecto y cuando la imprecisión es la norma no es mucho lo que se pueda determinar de antemano para un comportamiento estratégico y táctico planificado. Para la MUD será un mero aplazamiento, no más. Las mediciones son de Diosdado, pero ya hemos visto es un político habilidoso. A quién más le conviene que el comandante-presidente haga su entrada el 10 de enero en el recinto de la Asamblea Nacional y se juramente hasta su fin es a Nicolás, pues estaría protegido en el lapso. En el mientras tanto Nicolás sigue con el brazo torcido y a punto de no poder lanzar en el play off del beisbol venezolano.

 

En el lapso, Diosdado seguirá explicando a sus interlocutores de la oposición las ventajas que han podido ver de colocar al país en la calma y en la paz. No voy a usar la expresión de Izarrita “eso es lo que hay”. Prefiero recordar a ese personaje llamado Óscar Yánez y asegurar con él “así son las cosas”.

 

tlopezmelendez@cantv.net

 

 

 

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Jugar a cara o sello

Posted by Teódulo López Meléndez en diciembre 21, 2012

Cara o sello 1

Teódulo López Meléndez

En Venezuela no tenemos ningún problema constitucional, tenemos sí un serio problema político que no puede despacharse alegremente.

La Constitución señala una fecha precisa para la toma de posesión del presidente electo que en este caso es el mismo saliente y cuya ausencia por enfermedad es obvia.

La burlas sobre la salud del presidente me han llevado a llamar constantemente la atención sobre la necesaria seriedad con que hay q abordar este asunto, pero en las redes sociales se celebra muerte anticipada con un desparpajo que mueve a reflexión. No se trata solamente de una inexcusable manifestación de odio, sino de una inconsciencia rayana en la más atroz irresponsabilidad.

Si no logra percibirse lo delicado del momento político andamos muy mal. Lo que está planteado es el estado de salud del Jefe del Estado encarnado por un líder fuerte que ha presidido a su voluntad al país por más de 14 años. Jamás en la historia la eventual sustitución de alguien de esas características ha sido fácil, como no podemos recordar una transición donde no se produzcan luchas por cuotas de poder.

Las declaraciones originales producidas por el presidente de la Asamblea Nacional que llevan a esta reflexión, solicitando una interpretación del texto constitucional y sugiriendo una, las tomamos de entrada como un ejercicio político, como una jugada de preservación de su propio poder, no sin advertir que cuando se juega sobre un asunto de especial sensibilidad nacional se corren riesgos que pueden salirse de control. No obstante, quizás para no caer en la jugada de quien debería ser el presidente encargado si se produje la ausencia del titular –demostración de un desprendimiento del poder que forma parte de la jugada- el vicepresidente, no sin dejar claro que para él el testamento es preciso y contundente, ha abierto también la posibilidad de una consulta ante el Tribunal Supremo de Justicia. Y más grave aún, la presidenta del máximo órgano judicial comenzó a asomar una tesis sobre la “continuidad” que nos hace mirar la situación más allá de una “boutade” o de un simple movimiento de acomodo de poder frente a los hechos.

El país corre graves riesgos con esta maniobra, pero el chavismo también. Buscar la quinta pata del gato con interpretaciones dónde no caben puede conllevar para el partido de gobierno la pérdida de una muy buena posibilidad de victoria del elegido gracias al impulso de los resultados de las elecciones regionales, pero también al callejón sin salida de perseverar en un gobierno cuya legitimidad y constitucionalidad sería puesta en duda y con un presidente Chávez cuya salud nadie puede garantizar. Colocar al país en una situación de desconocimiento de la Constitución puede desatar los fantasmas. Me he permitido decir que quien abre las puertas del Averno es el primero en ser devorado por los demonios.

Ya existe chavismo sin Chávez, como lo demuestran las elecciones regionales, hay un movimiento allí consolidado que sería arrastrado al limbo si deciden tomar el camino de aplazar inconstitucionalmente la toma de posesión presidencial. La oposición, por su parte, estaría desafiada a un llamado de calle pues entre sus filas nadie entendería una omisión frente a una jugada disfrazada de interpretación constitucional.

De manera que la situación en esta Navidad es altamente preocupante. No hay ganancia para nadie en el cuadro hipotético que se asoma, menos para el país. Quizás resulte para algunos inocente llamar al mantenimiento de la sindéresis y de una frialdad de mente frente al hecho. Sin embargo, debemos hacerlo. La suerte de la república no se puede jugar a cara o sello.

tlopezmelendez@cantv.net

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Feliz Navidad a todos nuestros lectores

Posted by Teódulo López Meléndez en diciembre 19, 2012

Navidad de

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Estatización de la tecno-ciencia: el Soberano apolítico

Posted by Teódulo López Meléndez en diciembre 19, 2012

gobernanza

Por Ricardo Viscardi

 

La inteligencia que lleva a la constitución de la epistemología, en cuanto supone una racionalidad de la ciencia, tiende a debilitar la ontología de la naturaleza. Es un movimiento que conlleva, de forma gradual pero inexorable,  una reflexividad segunda que se distingue del procedimiento reflexivo espontáneo y pone en vilo la condición última de la experiencia inmediata. Por esa razón de Bachelard[1] a Agamben[2], particularmente para la diferenciación que el profesor de Venecia establece entre Foucault y Kuhn, respecto al planteo político de la ciencia, la distinción entre esta última y la sociedad se torna difusa.

 

En tal medida, hablar de “institucionalización de la ciencia”, como lo hace Víctor Bacchetta[3] con relación a una “presentación en sociedad” de la Academia Nacional de Ciencias, merece ser objeto de consideración crítica. El artículo de Bacchetta no apunta a la cuestión epistemológica ni de un estatuto teórico de la ciencia, en cuanto no sólo es excelente en la información que brinda a guisa de puesta en perspectiva histórica de las academias de ciencias, sino que además por su propio cierre subraya de forma sucinta pero aguda,  la cuestión política que encierra esta Academia Nacional de Ciencias, en un momento de significativa movilización social contra el mega-empresismo de sustentación tecnológica.

 

Visto desde el punto de vista periodístico y político, el artículo no merece objeciones, sino quizás ante todo extensiones, intención que guía este texto de blog. La cuestión es que la ciencia no es separable, desde el punto de vista de su desarrollo actual, de la institucionalidad. Esto no refiere primigeniamente al Estado sino, por la misma constitución de la reflexión epistemológica a la que aludíamos anteriormente, a la propia institucionalidad social. No existe conocimiento científico que no suponga una comunidad científica, cuya forma de institucionalidad –no necesariamente la de una Academia Nacional de Ciencias- subyace en la misma condición de tal asociación académica. Puesta al límite de la posibilidad pública, cualquier actividad académica se apoya institucionalmente en el propio derecho, en cuanto la normativa jurídica admite la constitución de “asociaciones de hecho”.  Tampoco la  personería jurídica es condición suficiente para la regulación pública del saber, que en el presente incluso supone la intervención periodística -particularmente en la orientación denominada “periodismo científico”, que se ejerce a partir de la propia libertad de opinión. Esta subsunción de la verdad científica en la comunidad pública quizás encuentra su origen en la misma inserción del saber en la polis, que según Jean-Pierre Vernant  constituye la fuente misma de la democracia griega, en cuanto se confió los “misterios” religiosos al ámbito ciudadano, arrebatándolos al monopolio del Basileus[4].

 

Parece difícilmente sostenible, por consiguiente, la asociación que establece Bacchetta entre “institucionalización de la ciencia” y la instalación de una Academia Nacional de Ciencias. Pero por el contrario, parecen plenamente pertinentes las observaciones que despliega respecto al contexto que transluce esta instalación.

 

En primer lugar, tras reseñar las diferencias entre las distintas academias nacionales de ciencias, desde la primera instalación de la Academia de Ciencias de Francia por Luis XIV, Bacchetta observa que el caso uruguayo se coloca a medio camino entre la academia “de Estado” y la academia “reconocida por el Estado”. La observación, tan aguda como significativa con relación a nuestro contexto, apunta a señalar una curiosa condición híbrida, que no parece propicia a la delimitación de esferas de pertenencia, pero habilita por el contrario, a atenuar rasgos de formalización política entre gasas de anomia ideológica. En efecto, no se ve lo que tendría para ganar una institucionalidad científica adherida a la normativa estatal desde el punto de vista crítico –postura cuestionadora que sin embargo los científicos suelen reivindicar como el propio núcleo de su paradigma teórico.

 

En segundo lugar, el artículo señala la curiosa vecindad que presenta este organismo con relación a otras competencias ya instaladas, en cuanto cita la propia normativa de la Academia Nacional de Ciencias, que estipula atribuciones que supuestamente no vendrían en desmedro de otras instaladas. Sin duda, la primera aludida es la Universidad de la República, que parece curiosamente superpuesta, o mejor dicho, supeditada en las misiones que le atribuye su propia Ley Orgánica[5], de cara a un organismo de Estado que vendría a asesorar y orientar en materia de…ciencia.

 

En tercer lugar Bacchetta relata en un breve e incisivo párrafo final, que la “presentación en sociedad” de la Academia Nacional de Ciencias sufrió  a vista y paciencia de sus miembros de número, además de otros dignatarios allí destacados, la tumultuosa visita de un grupo de activistas ambientalistas. En medio de una exposición en temática geográfica, los manifestantes dieron fe de la inquietud que los prometidos asesoramientos y pronósticos suscitan, por parte de un organismo tan equívocamente vinculado al poder, entre los destinatarios de tal provisión bienhechora del saber.

 

Tanto en la  perspectiva política como desde el punto de vista teórico, ese tríptico que a nuestro juicio articula críticamente el texto de Bacchetta, quizás pudiera ser objeto de comentarios y desarrollos que van desde la teoría hasta la actualidad más notoria.  Caben sin embargo, ante el debate que la propia  colectividad científica uruguaya inaugura de cara a la comunidad, incluso tras una propalada “presentación en sociedad” de esta Academia Nacional de Ciencias,  algunas apreciaciones de carácter contextual a partir del artículo que comentamos.

 

En primer lugar,  hemos señalado en un artículo anterior[6], una curiosa perspectiva que fuera presentada en un documento público de ADUR con relación al debate que ese gremio, en aras de la participación el orden docente en la Universidad de la República, llevara adelante en la perspectiva de una nueva Ley Orgánica de la misma universidad. Curiosamente, ese texto presentado por miembros del gremio, sostenía que la universidad debiera instalar una “adaptabilidad normativa”, paradójicamente vinculada a la misma norma de ley, que le permitiera presentar sus propuestas institucionales a los poderes públicos sin rigideces formalizadas. Se trataba de una suerte de instrumentación política, que planteando el horizonte de las transformaciones posibles en la condición universitaria, disolviera tanto los bloqueos corporativos internos como las presiones políticas del Estado. En buen romance, la estrategia universitaria se confiaba a una eficacia política, antes que a una significación institucional cristalizada normativamente, en una suerte de política académica que se desvinculaba de anclajes públicos. Algo así como el credo político apolítico de la tecno-ciencia.

 

Quizás esta “sabiduría” de cierta parte de la academia uruguaya tenga que ver con los fracasos que conoció, en lo político e ideológico particularmente, la política de “flexibilización” académica que cierto sector impulsó desde mediados de los 90’. Jaqueada por la memoria cultural de la izquierda uruguaya, particularmente intensa en el movimiento estudiantil, esta tendencia se encuentra sin embargo fuertemente confortada por la deriva neoliberal, que en dispositivos tales como los “Acuerdos de Bolonia”, no cesa de ganar un terreno tan extenso como minado -particularmente tras la crisis de las subprime que desde 2008 parece no tener fin, en particular por el descaecimiento de la “flexibilización” en el sentimiento social.

 

En segundo lugar, la “substitución” de las atribuciones que le competen a la Universidad de la República por la Ley Orgánica, que comienzan a caer en desuso relativo ante homólogas potestades que el Estado atribuye a organismos paralelos, es una tendencia ya instalada  exitosamente desde años atrás. Cabe recordar que la creación de una Agencia Nacional de Investigación e Innovación fue resistida sin éxito por un significativo número de académicos, que vieron cómo la misma izquierda política en la que depositaron la confianza en una mejora sustancial de la condición universitaria, conspiraba para orientar sus decisiones financieras hacia destinatarios con significación electoral diversificada. A esa creación le siguió la de un Instituto Nacional de Evaluación y desde ya está en marcha, con gran viabilidad política, una Universidad Tecnológica que violenta de forma expresa un criterio básico de la autonomía universitaria, al instalarse con la participación de gobiernos departamentales (léase caudillos locales) en sus “consejos directivos”[7].

 

En tercer lugar, con relación al efecto público de una denuncia por parte del activismo ambientalista y otros sectores movilizados, eventualmente contrapuestos  a intervenciones investidas de autoridad científica, conviene observar que la manifestación que refiere el artículo no encontró eco en la gran prensa. Análogamente, la tumultuosa manifestación “por la tierra y la soberanía” que tuvo lugar a mediados de octubre, no logró ser identificada por el periodismo nacional con relación a una tendencia particular. Por otro lado, se viene desplegando, desde largo tiempo atrás,  una actuación específica en el campo del “periodismo científico”,  que traduce significativas estrategias corporativas con efectos estructurales en la opinión pública y en la propia orientación periodística.

 

Finalmente, conviene tener en cuenta que en el período inmediatamente posterior a la elección de Mujica y anterior a la instalación de su mandato, el actual presidente habría considerado la creación de un Ministerio de Ciencia y Tecnología[8], que impedido quizás de concreción por la exclusividad del planteo, se vio inmediatamente después explicitado en un ataque a las letras y las humanidades, que no ha cesado hasta el presente, por parte del propio presidente y de su entorno[9].

 

Tanto la virulencia de la diferenciación entre un saber “aplicable” y otro “inútil”, como el intento por menoscabar los ámbitos desde donde, más allá de múltiples contradicciones, ha sido resistida la reorganización del saber con signo neoliberal, marcan un campo de actuaciones sugestivas. Estos protagonismos concitan cierta alianza entre el poder político y el saber científico que no parece proclive a la ciencia, sino a la tecno-ciencia. En condiciones de globalización consolidada, esta trivialización utilitarista del saber encuentra, en proveniencia de organismos internacionales y empresas transnacionales, la mejor traducción por la propia vía de los estados-nación[10]. Esta clave de lectura quizás permita entender muchas ambigüedades que prosperan en ámbitos de la izquierda uruguaya, incluso como efecto de estrategias que debieron canalizarse desde el gobierno, ante el fracaso que sufrieron cuando intentaron ganar los ámbitos democráticos específicos de su incumbencia.

 

 

[1] Bachelard, G. (1983) La formation de l’esprit scientifique, Vrin, Paris, p.244.

[2] Agamben, G. (2008) Signatura Rerum, Vrin, Paris, pp-14-17.

[3] Bacchetta, V. “Institucionalización de la ciencia” Voces (06/12/12) Nº 370, p.23 https://2414f8b3-a-1cdd88af-s-sites.googlegroups.com/a/voces.com.uy/web/ediciones/2012/archivos/voces370.pdf?attachauth=ANoY7crtWeVYAWb04vdsoubXIP3LStbJhit8T8sVqoPg6NJGlA_j87G2meVfIHRSnk5xTl4k5BpfCFq5_18f12UVzEkMX_UmUZ_0jwekUD8kZ9_ZB4D2YbO4rfHPqkd9XyZ4_xV2TuxSBqPbo8BOZAJwaHl2ifq6FiQ-nihpfKaFPEUiFbIJ7L8yZIWzxb-d4UTWDr7Uk5XEyilbh5XeOMWeU-1AcpU8tZK-YBW8q5NDvHh1285V8MM%3D&attredirects=0 (acceso el 16/12/12)

[4] Vernant, J-P. (1993) Mito y pensamiento en Grecia Antigua, Ariel, España, pp.337-341. http://static.schoolrack.com/files/17592/435767/mitoy_razon_en_grecia.pdf (acceso el 16/12/12)

[5] Ley Orgánica de la Universidad de la República http://www.fing.edu.uy/sites/default/files/2011/3196/leyorganicaudelar.pdf (acceso el 16/12/12)

[6] Viscardi, R. “La reforma universitaria y la cuestión de la universidad en el Uruguay” (2009) Encuentros Uruguayos Nº2 (segunda época) Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Montevideo, pp.248-258 http://www.fhuce.edu.uy/images/archivos/REVISTA%20ENCUENTROS%20URUGUAYOS%202009.pdf (el artículo no se encontró on-line, lo enviamos al lector en caso de requerirse y Encuentros Uruguayos lo mantiene necesariamente en su archivo)

[7] “Universidad Tecnológica: Mesa Política del FA autoriza nueva negociación” LaRed21 (08/12/12) http://www.lr21.com.uy/politica/1077984-universidad-tecnologica-mesa-politica-del-fa-autoriza-nueva-negociacion (acceso el 16/12/12)

[8] Viscardi, R. “Carta abierta al presidente electo, Sr. José Mujica” Arjé Nº3 (segunda época) https://www.box.com/shared/hc4ph1i6fz (acceso el 16/12/12)

[9] “Ante el título universitario a otorgarse al presidente José Mujica” http://www.change.org/es/peticiones/ante-el-t%C3%ADtulo-universitario-a-otorgarse-al-presidente-jos%C3%A9-mujica#description

[10] Viscardi, R. « Autonomía universitaria y crisis de Soberanía” (2011) Fermentario Nº 5, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Montevideo, http://www.fermentario.fhuce.edu.uy/index.php/fermentario/article/view/83/20

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Inventario de una derrota

Posted by Teódulo López Meléndez en diciembre 18, 2012

complejidad

Teódulo López Meléndez

“Cubazuela”, han estado gritando por años algunos de los más dedicados opositores del gobierno venezolano. En ejercicio de una “boutade” que a la hora de la verdad no parece tanto, me atreví a hablar de “Mexizuela”, pues lo que aquí parece consolidarse es una experta manera de ganar elecciones con la perfección del PRI.

No se puede realizar un análisis de la contienda electoral que la oposición perdió estrepitosamente este pasado domingo 16 de diciembre sin comenzar por reiterar el absoluto divorcio entre lo que se expresa en redes sociales como Twitter y la realidad del país, lo que debe mostrar no sólo un uso inadecuado y contrario al que se le ha dado en numerosos y recientes episodios de la historia mundial, sino una muy especial incultura política de la clase media.

Los gritos de venganza caen ahora sobre los abstencionistas, un segmento cuya cifra llamaremos sin precisión aún oficial, casi la mitad del país. Pareciera que esos compatriotas venezolanos ya no contarán más, que han sido desaparecidos del futuro y que algunos no tendrán la “gentileza” de dirigirse a ellos en ocasión alguna. Todos los medianamente informados sabíamos la abstención sería alta, como siempre lo ha sido en elecciones regionales, y que aumentaría o disminuiría por los últimos acontecimientos relativos a la salud del presidente Chávez. Aumentó y a estas alturas uno parece tener la sensación que el suceso mencionado no tuvo una injerencia determinante.

Las causas de la derrota oposicionista se remontan al hecho de haber aceptado el orden de las elecciones, primero presidente, segundo gobernadores y tercero alcaldes, en un proceso de renovación de los poderes públicos de arriba hacia abajo que resultaba inaceptable. Luego las fechas, para que el día electoral hayamos sido testigos de “líderes políticos” lamentándose como vírgenes plañideras de lo perjudicial de votar un 16 de diciembre cuando la gente anda ocupada en reencontrar familiares o comprar sus cosas para pasar la Navidad.

Esa inconsistencia, para ser benignos en el término, es lo que caracteriza a una “dirigencia” inventora de excusas. Agréguenle un organismo electoral absolutamente tolerante con los abusos oficiales y esos mismos abusos en sí, como candidatos inaugurando obras como si de aspirantes se hubiesen convertido en ya designados, más todos los excesos de poder que por archiconocidos es innecesario inventariar.

Eso es lo que viene del poder actual, pero hay que inventariar lo que viene de los fallidos aspirantes al poder. La elección regional se producía, como hemos visto al recordar el orden de las tres elecciones, luego de la derrota en las presidenciales, porque hay que convertirse en Perogrullo para señalarles que una derrota fue, dadas las maniobras para disimular que van de trapecio en trapecio sin red.

La llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD) no es más que una alianza electoral de partidos reducidos que, por afán de no se sabe quién, pretendió erigirse como algo más. Señalé desde siempre que esa “concertación” jamás sería alternativa válida frente a Chávez y que la única vía era la constitución de una “unidad superior”. Se recordará perfectamente mi planteamiento de una “tercera opción”, inviable en apariencia por la cantidad de recursos que se requerirían en intentarla y por la falta de recursos humanos de los cuales el país parece hacer ostentación.

No se puede enfrentar a un claro proyecto de país como el que encarna Chávez sin un proyecto de país alternativo. Se entró entonces a discutir entre “vieja” y “nueva” política con una exacerbada adoración por unos muchachos inexpertos y a mostrar una incoherencia mental producto de la inmadurez, de la falta de formación y, sobre todo, del pequeño tamaño de unos “políticos” con absoluta carencia de experticia.

El país venezolano carece de una clase política que merezca tal nombre. He hecho esfuerzos porque esa reaparición de la intolerante polarización debida a la enfermedad del presidente se reduzca y he llamado a alzar la mirada. Los síntomas mostrados el mismo día de la elección no parecen ayudar, pero es mi deber insistir en un necesario diálogo que pasa por no hacer uso abusivo de los resultados electorales y por avanzar hacia la condición indispensable que es una decisión favorable sobre presos y exiliados.

Lo más conveniente a los intereses del país sería que el presidente Chávez pudiera juramentarse el 10 de enero, pero si las circunstancias no lo permitiesen sabemos bien deberemos ir a una nueva elección presidencial y sobre ella es menester hacer las reflexiones finales.

Hay que barajarlo todo. Suponemos, en este caso, será Nicolás Maduro el candidato del gobierno, en acatamiento a la voluntad del presidente Chávez, pero no podemos dar supuestos en el campo de la oposición. Henrique Capriles Radonsky no debería hacer prevalecer su victoria en el estado de Miranda ni su condición de electo en primarias para rescatar para sí la condición candidatural. Debería, por el contrario, llamar a un gran diálogo nacional con absoluto desprendimiento porque de lo contrario lo único que lograría sería batir un nada envidiable récord de perder dos elecciones presidenciales en cuestión de meses.

Quien detenta el poder tiene la mayor responsabilidad en lo que habrá de venir. En este sentido me permito recordarle a Nicolás Maduro, luego de haber hecho la observación a Capriles, que él no es Chávez. Trate de parecerse a Eleazar López Contreras, en el sentido de comprender que sería transición y que toda transición exige apertura.

tlopezmelendez@cantv.net

 

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Entrevista con Teódulo López Meléndez

Posted by Teódulo López Meléndez en diciembre 17, 2012

Entrevista en Buenos Aires

Teódulo López Meléndez analiza resultados del 16-D

Por Analía Gómez Vidal*

Elecciones 1

 

El domingo 16 de diciembre, Venezuela volvió a las urnas. Las elecciones regionales arrojaron otra derrota a la Mesa de Unidad Democrática, que sólo obtuvo 3 gobernaciones contra el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), el partido oficial. Entre sus victorias, la oposición volvió a asegurar el estado de Miranda en el liderazgo de Henrique Capriles. Sin embargo, se evidencia que queda mucho por trabajar en la construcción de la oposición venezolana. Teódulo López Melendez analiza los resultados y la evolución de la política en Venezuela mientras advierte: “Es necesario llamar a un gran diálogo nacional con absoluto desprendimiento”.

 

El optimismo de la oposición venezolana, que supo alcanzar una derrota digna de la mano de Henrique Capriles en octubre, contrasta con el resultado de las elecciones del 16 de diciembre. ¿Cuán representativos cree que son estos resultados para usted?

 

En primer lugar, no se puede realizar un análisis de la contienda electoral que la oposición perdió estrepitosamente sin comenzar por reiterar el absoluto divorcio entre lo que se expresa en redes sociales (Facebook, Twitter) y la realidad del país. Esto demuestra  no sólo un uso inadecuado y contrario al que se les ha dado en numerosos y recientes episodios de la historia mundial, sino una muy especial incultura política de la clase media.

 

¿Cuál es el peso real de la clase media venezolana? ¿Existe una sobrevaloración de sus percepciones que se proyecta y desinforma sobre la situación real de la política en Venezuela?

 

En Venezuela, se ha generado ascenso social con inserción en una clase media baja. La vieja clase media, que se mantuvo por décadas ajena a los asuntos públicos, reclama ahora soluciones mágicas que no aparecerán. He dicho muchas veces que los dirigentes políticos son producto del cuerpo social. Si no hay un cuerpo social que genere dirigentes para el momento histórico, siempre se sentirá sin protección. Los viejos elementos protectores (partidos, sindicatos, gremios, etc.) están en el máximo de la debilidad y esa sociedad a la deriva no logra tomar conciencia de su propio poder. Por otra parte, hay una escasez brutal en cuanto a la generación de ideas y pensamiento, trasnochados como andan los “dirigentes” en repetir desde hace medio siglo y, por supuesto, un cuerpo social que no presta la menor atención a lo que se genera.

 

En ese contexto que plantea, el nivel de abstención electoral de las elecciones del domingo fue cercano al 46%, un dato que muchos han remarcado como clave. ¿Está de acuerdo con su importancia? ¿A qué lo atribuiría?

 

Todos aquellos medianamente informados sabíamos que la abstención sería alta, como siempre lo ha sido en elecciones regionales, y aumentaría o disminuiría por los últimos acontecimientos relativos a la salud del presidente Chávez. Finalmente, aumentó, pero a estas alturas uno parece tener la sensación de que no tuvo una injerencia determinante. En definitiva, la abstención es apenas un elemento más en la consideración de los resultados.

 

Volviendo al análisis de la derrota opositora, ¿Cuánto de este resultado global se fundamenta en la exacerbación del apoyo chavista como demostración de apoyo aún ante sus circunstancias personales?¿Se puede seguir apostando por una oposición cuya fortaleza in crescendo pueda disputarle el poder a Chávez y el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV)?

 

Las causas de la derrota oposicionista se remontan al hecho de haber aceptado el orden de las elecciones: primero para presidente, después para gobernadores y luego para alcaldes, en un proceso de renovación de los poderes públicos de arriba hacia abajo que resultaba inaceptable. Luego, la aceptación de las fechas, por las que “líderes políticos” se lamentarían posteriormente de lo perjudicial de votar un 16 de diciembre cuando la gente anda ocupada en reencontrar familiares o comprar sus cosas para pasar la Navidad.

 

Esa inconsistencia, para ser benignos, es lo que caracteriza a una “dirigencia” inventora de excusas. Sumado a ello, un organismo electoral absolutamente tolerante con los abusos oficiales más todos los excesos de poder que por archiconocidos es innecesario inventariar.

 

 

¿Usted cree entonces que la derrota opositora reside más sobre las heridas provocadas por la ineficiencia estratégica de la oposición que por la capacidad de convocatoria y el aparato chavista?

 

Si no se entiende a un país, no se puede ganar ese país. Es cierto que la maquinaria chavista es fuerte y está sustentada sobre las mieles que el poder ofrece, pero también sobre una poderosa participación popular.  Para ganarse a un país hay que plantársele delante y decirle con meridiana claridad: “Esto es lo que queremos hacer de esta nación”.

 

¿Cuáles serían, desde su punto de vista, los pasos obligados de la oposición para mantener y ganar espacios hasta las próximas elecciones? ¿Cómo podría la oposición capitalizar su posición conciliadora para avanzar sin profundizar la polarización?

 

La llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD) no es más que una alianza electoral de partidos reducidos que pretendió erigirse como algo más. He señalado que esa “concertación” jamás sería alternativa válida frente a Chávez y que la única vía era la constitución de una “unidad superior”. No se puede enfrentar a un claro proyecto de país como el que encarna Chávez sin un proyecto de país alternativo. Se entró entonces a discutir entre “vieja” y “nueva” política con una exacerbada adoración por unos muchachos inexpertos.

 

El país venezolano carece de una clase política que merezca tal nombre. Los síntomas mostrados el mismo día de la elección no parecen ayudar. Lo más conveniente a los intereses del país sería que el presidente Chávez pudiera juramentarse el 10 de enero, pero si las circunstancias no lo permitiesen, sabemos bien que deberemos ir a una nueva elección presidencial. Suponemos, en ese caso, que será Nicolás Maduro el candidato del gobierno, en acatamiento a la voluntad del presidente Chávez, pero no podemos dar supuestos en el campo de la oposición.

 

Henrique Capriles Radonsky no debería hacer prevalecer su victoria en el estado de Miranda ni su condición de electo en primarias para rescatar para sí la condición candidatural. Debería, por el contrario, llamar a un gran diálogo nacional con absoluto desprendimiento porque de lo contrario lo único que lograría sería batir un nada envidiable récord de perder dos elecciones presidenciales en cuestión de meses.

 

Respecto a la salud de Hugo Chavez, cabe remarcar que las elecciones regionales del 16 de diciembre fueron las primeras transcurridas en ausencia del lider bolivariano. Esto abre la posibilidad a una serie de especulaciones sobre el futuro de Venezuela, con la pregunta obligada: ¿Hay Chavismo después de Chavez?

 

“Cubazuela” han estado gritando por años algunos de los más dedicados opositores al gobierno venezolano. En ejercicio de una “boutade” que a la hora de la verdad no parece tanto, me atreví a hablar de “Mexizuela”, pues lo que aquí parece consolidarse es, en realidad, una experta manera de ganar elecciones con la perfección del PRI.

 

Manteniendo su analogía entre el PSUV y el PRI, ¿cree usted que podría replicarse la experiencia mexicana  de transición sin violencia de 2000 en Venezuela, a la luz de la polarización que reina en la actualidad? Más allá de la posición oficialista de enaltecer la figura presidencial, ¿Cómo ve la recepción social de dicha estrategia en el futuro cercano?

 

La creo posible, y más que posible, imprescindible. Para ello, hay que hacer un esfuerzo de diálogo. En términos generales, debo decir que un liderazgo como el de Chávez no es sustituible, de manera que me permito observar que Nicolás Maduro debe insertarse en una dirección colectiva. En cuanto a la pervivencia de un chavismo sin Chávez, no mantengo dudas. La recepción social sigue, y seguirá siendo, grande, porque el chavismo dio voz y participación a los olvidados. En Venezuela podemos decir que hay otro país, uno que muchos no logran ver ni distinguir en su nueva cultura política. Pero quien detenta el poder tiene la mayor responsabilidad en lo que habrá de venir. En este sentido, me permito recordarle a Nicolás Maduro que él no es Chávez. Debe tratar acercarse más a un parecido con Eleazar López Contreras, en el sentido de comprender que sería transición y que toda transición exige apertura.

 

¿Considera que los herederos chavistas, con Nicolás Maduro al frente, podrían ser parte de una transición pos-chavista exitosa? ¿Considera, en última instancia, que la clase política venezolana está a la altura del desafío que se presenta?

 

No puedo adelantar una respuesta. Si es exitosa, dependerá de una visión de Estado que estoy reclamando con todas mis fuerzas. Deberán brotar nuevos liderazgos, lo que es fácil de decir y difícil de ver. He reclamado a mis compatriotas despojarse de las gríngolas y de los anteojos de suela. Los intelectuales solemos ser desoídos.

 

* Periodista independiente, Economista, Master en Política Internacional, Analista Junior en Federación Iberoamericana de Bolsas, Blogger in South American Business Forum, Presentador en FM 90.7 Autopista, Universidad Torcuato di Tella, Université Paris Dauphine

 

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Venezuela: La hora de la mirada alta

Posted by Teódulo López Meléndez en diciembre 13, 2012

 

democracia

 

Teódulo López Meléndez

 

Difícil escribir en medio de circunstancias electorales cuyas variables han sido sacudidas por el azar del destino. Desconocemos los resultados de las elecciones regionales en Venezuela y de cómo los acontecimientos han podido influir sobre ellas, pero no desconocemos los procesos históricos y menos las particularidades de cuadros como el que hoy vive la república venezolana.

La grave enfermedad del presidente obliga a revertir el primer efecto que se produjo: una reaparición acentuada de la polarización que tanto daño le ha hecho al país. En efecto, los más extremistas de ambos bandos se lanzaron a revivir los odios y a reponer sobre el tablero las viejas afrentas. Sobre ellos es menester reponer la voz de la cordura.

Entramos en una etapa en la cual hay que anteponer los intereses nacionales a cualquier otro. Hay que evitar la alteración de la paz nacional mediante un diálogo fecundo que conlleve a acuerdos básicos sin que por ello se obvie, en lo más mínimo, el libre juego democrático.

Advertimos en innumerables ocasiones que el destino de la república se decidiría en fecha posterior al 7 de octubre, fecha en que se realizaron las elecciones presidenciales. Observamos que era imprescindible buscar el cauce común que nos permitiera reconocernos de nuevo como una nación a la que todos pertenecemos.

Auguramos el restablecimiento de la salud presidencial, pero frente a la gravedad de la situación es necesario recordar que el texto constitucional prevé todos los pasos necesarios, no sin advertir que no es suficiente apegarse a él, que se requiere un entendimiento político que lo haga viable sin traumas y que permita un reacomodo general de la situación del país.

Estamos al servicio de los intereses de Venezuela, no de ninguna aventura ni de ninguna ambición de poder. La historia nos ha colocado ante dilemas que requieren grandeza de espíritu y capacidad de entendimiento. Esperamos, por ejemplo, que el acuerdo tácito que existía, y que se vio obstaculizado por la circunstancia, en torno a presos y exiliados, pueda materializarse a la brevedad. No podemos ignorar la complejidad y tensiones naturales en el gobierno, pero se deberá encontrar el espacio para finiquitar este delicado tema, porque es la base real y posible del inicio de un diálogo que resaltamos como absolutamente imprescindible.

No es necesario abundar sobre los temas a discutir y sobre las imprescindibles correcciones a hacer. Todos sabemos que más allá del acuerdo base sobre la eventual fecha de una nueva elección presidencial hay muchos otros de vital importancia. Hay que transmitir el sosiego de una clase política que muestre alto sentido de responsabilidad y haga desaparecer las tensiones que una minoría –estoy seguro de ello- aúpa sin conciencia alguna de las graves consecuencias que perder la sindéresis y la visión de Estado ocasionarían.

Hay que alzar la mirada del piso y ver el bosque antes que al árbol. Nos toca vivir este momento de nuestra historia con una demostración de gallardía, de sentido común y de país. Es por supuesto obvio que el resultado de las elecciones de gobernadores mostrará una tendencia que no podemos adivinar si será permanente o transitoria, pero que, al fin y al cabo, será la última de la que dispondremos antes de que los acontecimientos que analizamos se puedan precipitar. Serán una referencia que nadie deberá utilizar como planteamiento hegemónico ni como arma ventajista. Por el contrario, deberán ser administrados con cautela y cualesquiera que sean considerarlos como aporte al sentido de unidad nacional.

Al hacer los mejores votos por el restablecimiento pleno del presidente Chávez  llamo al mejor de los países que tenemos a asumir su responsabilidad frente al momento histórico imponiendo la voz de la sensatez, impidiendo que la baja política entre en juego y, sobre todo, exigiendo todos alcemos la mirada y sepamos estar a la altura de las circunstancias. Es la hora de la mirada alta.

tlopezmelendez@cantv.net

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La matriz del desprecio

Posted by Teódulo López Meléndez en diciembre 12, 2012

desprecio

Por Alberto Medina Méndez

(Rosario, Argentina)

Algunos dicen que, cuando hablamos de los políticos, no es bueno meter a todos en la misma bolsa. Sostienen que las generalizaciones no son saludables, porque en casos como estos solo alimentan la anarquía.

Tal vez lo que suceda, es que en la política nadie se esmere demasiado en esto de diferenciarse lo suficiente como para que los que pluralizan se detengan en decir “todos menos aquel otro”.

No se afirma nada nuevo si se recuerda que la política se maneja con sus propios códigos. La perversa deformación del concepto de democracia por la cual se manipula el uso de las mayorías, ha dado paso a nuevos esquemas de funcionamiento que priorizan determinadas acciones y descartan otras.

Lo concreto es que la carrera por los votos, ha generado una dinámica donde lo que importa es parecer. El corto plazo, el próximo turno electoral, invita a la política, solo a dedicarse a aquellos que tenga impacto electoral.

Pero lo cierto es que a la inmensa mayoría de los políticos no les interesa, en lo más mínimo, lo que sucede con la gente, en tanto y en cuanto eso no impacte fuertemente en la próxima encuesta de opinión.

La política acciona y reacciona, solo cuando percibe que electoralmente ciertas decisiones pueden complicarla en forma directa o bien cuando una determinación le significa un rédito partidario emergente.

Pero todo esto sería retórica si no fuera porque se confirma a diario. Muestras de esto, abundan por doquier. El desprecio de la política para con los individuos, es demasiado evidente y forma parte del paisaje cotidiano.

Hasta los más progres, esos que se ufanan de su humanismo y le critican a sus adversarios, la insensibilidad de sus políticas, terminan confirmando ese sendero en el que la política trata a la gente como basura.

Las postales que vemos son difíciles de refutar. Solo es necesario recorrer las salas de un hospital para ver como las supuestas “políticas de inclusión”, deshumanizan a la gente de la mano de quienes operan el régimen.

Pese al esfuerzo aislado de algunos agentes públicos, que desentonan en el contexto, la gente que padece una enfermedad queda relegada, su intimidad bastardeada en otro síntoma de la indolencia estructural. En ese sistema no importa la relación medico paciente, ni la contención o el estado de ánimo del que además de sufrir dolencias, termina siendo víctima de un esquema que lo ningunea sin parpadear, ni sonrojarse.

Los pacientes pasan a ser números de cama, o de turno en una guardia, en la que esperan que “el sistema” le asigne un caritativo facultativo que se ocupe de él y que no necesariamente, es el más apto para la tarea. Esta es solo una cara más de cómo el sistema desprecia a la gente.

Ni hablar de cuando ese ciudadano que paga impuestos debe hacer una gestión en una oficina pública. El destrato, la interminable lista de agravios y ofensas que tendrá que soportar para cumplir con la burocracia formal, es otro botón que sirve de muestra.

Otra fotografía es la de las largas filas de personas esperando para cobrar un plan social, para obtener su jubilación, o percibir sus haberes en otra señal evidente de esa desconsideración secuencial. Sectores sociales que no tienen posibilidades, inician esas hileras muchas horas antes, a veces en la madrugada, sufriendo inclemencias del tiempo de todo tipo, para que un funcionario estatal lo despersonalice y lo trate como a uno más.

En la educación estatal sucede lo mismo. Un alumno es solo eso, uno más en la lista. No importa enseñar, mucho menos que progresen y aprendan. Las aulas, los elementos de estudio, los contenidos, el edificio escolar, las instalaciones sanitarias, otro signo de lo que piensa el sistema de su gente.

Ese no parece ser el sistema que tanto elogian los defensores del régimen. Solo hay que recorrer, escuelas, hospitales, oficinas públicas, para entender la utopía del Estado eficiente, de ese costado humano que todos pretenden encontrar en esa construcción mental falaz y que no existe de modo alguno.

Algunos dirán que el problema son los operadores del Estado, esos empleados públicos que descalifican el esfuerzo del resto. Inclusive no faltará quien diga que los ineficientes son los menos.

El problema no son los empleados, el asunto de fondo está en el sistema, ese que desestimula a los que hacen bien las cosas pagándole lo mismo que a los que hacen mal, ese que otorga “estabilidad laboral” creyendo que eso es un valor, cuando es esa la herramienta que hace que a nadie le importe hacer su trabajo como corresponde, después de todo, no lo podrán quitar de la nómina. Ni hablar cuando media en este juego, el acomodo político, la recomendación, el padrinazgo del algún dirigente que nunca falta.

El sistema es esencialmente inhumano. Trata a la gente como basura. La destruye moralmente haciéndola sentir una lacra, a veces ni siquiera la considera un número, en todo caso como si fuera “una cosa”.

Es casi imposible defender un sistema que maltrata a la sociedad, sobre todo a los que menos pueden amortiguar el impacto de los atropellos de los abusadores seriales. Es notable como algunos pretenden justificar esta actitud cotidiana, que atraviesa épocas, gobiernos y colores partidarios.

La política tiene ciertos estímulos que marcan su norte. Sus conductores, líderes y dirigentes, solo están pensando en el próximo turno electoral. Allí tienen puestos sus esfuerzos, su concentración, y a eso se dedican. El resto es solo la matriz del desprecio.

albertomedinamendez@gmail.com

skype: amedinamendez

www.albertomedinamendez.com

 

 

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De cuando Internet no libera

Posted by Teódulo López Meléndez en diciembre 9, 2012

Internet 2

 

Teódulo López Meléndez

 

En la comunicación reposa buena parte del hecho globalizador. Sobre ella,  y a través de ella, se interconectan las culturas, se alza como un corte transversal sobre todos los aspectos y en el eje fundamental de la proyección social. La posibilidad de ejercicio de las modernas técnicas compartimenta las audiencias, en una compactación que, paradójicamente, comienza con una ruptura de la homogeneización y se hace múltiple para luego converger en lo que hemos denominado una sociedad de multitudes.

 

Como todo estudio de la comunicación, esta que se ha asomado, tiene que ser abordada de una multiplicidad de ángulos partiendo de los modelos epistémicos de la postmodernidad que son muchos y variados: neocomunidades, el poder de las ciudades, multiculturalidad, identidad, conformación psicológica, etc, algunos de los cuales ya hemos abordado.

Debemos, los que pretendemos influir sobre la construcción de una nueva realidad, montarnos sobre temas como la articulación colectiva, la restauración de un tejido social derruido y en el reforzamiento de la solidaridad y el intercambio entre la multiplicidad de los nuevos focos de poder ciudadano.

El asunto fundamental para estudiar la comunicación del nuevo mundo es volver al hombre como fuente de conocimiento. Hay que abordar temas como el intercambio simbólico o los problemas del sentido. Debe afrontarse la teoría de la comunicación con un episteme diferente al de la era que termina.

 

El nuevo mundo está naciendo en medio de serias injusticias. La comunicación es la panacea para la conformación de nuevas mentalidades. Son necesarios nuevos marcos éticos, bajo nuevas formas políticas y con nuevos grados de conciencia.

La única manera de salir del “no me doy cuenta” es mediante la comunicación. La reconfiguración del orden físico y espiritual ha estado asociada a los medios de comunicarse. Muchos de esos medios inventados por el hombre han contribuido a su alienación.

 

El intercambio de ideas se concreta en ideas nuevas que al anunciar salidas novedosas reducen la incertidumbre. Por supuesto que los medios tecnológicos de hoy son la clave, pero la invención humana no terminará y aparecerán nuevas maneras. Hoy debemos ocuparnos de las disponibles, sistemas, herramientas, software, redes, bases de datos. Son herramientas, el desafío está en que permiten conformar sociedades del conocimiento donde el mundo pasa a centrarse en el capital humano. Los llamados medios de comunicación de masas emiten el mismo mensaje, en infinidad de casos manipulado de acuerdo a los intereses del emisor, esto es, en el fondo medios impersonales, mientras ahora la comunicación es personalizada y permite la interacción. En Internet caben todos los medios que hemos conocido, por lo que se convierte en algo más que un medio en sí, dado que universaliza el conocimiento, impide la manipulación en mucho mayor grado que la que se produce en los massmedias, integra y personaliza. Debemos admitir que en países como Venezuela la tecnología se toma como juguete y no como elemento de liberación.

 

Los parámetros sociales son ya parámetros comunicativos. El periodismo se origina en el acontecimiento que se torna informativo al ser incorporado al discurso del medio. Los medios ordenan la importancia, pero están perdiendo esa capacidad. Ahora la interrelación detecta cuando una noticia es ocultada de manera intencional.

En la red se pueden utilizar toda clase de recursos, es obvio, pero la diferencia estriba en que no es estática y además rompe el carácter lineal de la comprensión y rompe el carácter inamovible del texto. Los roles se han invertido, pues es el receptor el que dirige el discurso y no el emisor. Con Internet la sociedad reclama su cualidad de productora y hace perder a la llamada sociedad mediática su monopolio. Además, productor y receptor pueden ser el mismo sujeto. Ahora enfrentamos un proceso reconstructivo de la realidad, uno que no encontramos en las redes sociales de algunos países más bien sometidas a una falsificación de estrellas mediáticas y de aventureros de toda laya.

tlopezmelendez@cantv.net

 

 

 

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El Egipto que se estremece

Posted by Teódulo López Meléndez en diciembre 5, 2012

Audio de Teódulo López Meléndez

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