Democracia del siglo XXI

El enjambre del ensamble: la porno-familia Sexxxton

Posted by Teódulo López Meléndez en febrero 19, 2013

porno

 

Ricardo Viscardi

 

Desde la famosa “puesta sobre los pies” de la dialéctica hegeliana por Marx, el tropo de la inversión ha contribuido, con un sugestivo y enjundioso gesto, a la discusión filosófica. La cuestión que parece pesar en el asunto no es de gravitación, mal que le pese al desmelenado humor sexual de los sesenta, que predicaba con desparpajo “amaos los unos sobre los otros”. En efecto, para dar lugar a un tropo de posición es necesario gozar (no forzosamente en familia) de una perspectiva. Una vez que se abandona el lugar del tercero excluido o incluido, o incluso supuesto (sub-puesto[1]) -problemática aristotélica que arrastramos arqueológicamente desde el “argumento del tercer hombre”[2], la cuestión se vuelve indecidible, que es como decir que decide por nosotros (Derrida dixit[3]), pero sin base -o arriba/abajo, afuera/adentro, etc.- de por medio.

 

Quino ha percibido en su propio humor que la base de la cuestión del ensamble familiar, que tanto atormenta a nuestros contemporáneos, no es otra que la propia base como tal, una vez que se la advierte añadida por debajo, en tercer lugar. Como se viene de señalar, si a algo se le quita tal “base” (ground, fundamento, subjetividad, etc.) le sucede lo mismo que al sujeto que pone en evidencia Vattimo[4]: queda involucrado en aquello mismo que denunciaba escandalizado. De ahí que la remarca de Quino sobre la familia ensamblada aporte, por provisión de humor, la explicación del enjambre en que nos mete tal ensamble: interpelado por la expresión “La familia es la base de la sociedad” Miguelito aclara “la mía no tiene la culpa”[5]. Pero hay gente que le está buscando a esta cuestión el derecho o el revés, o si se quiere (tratándose de familia) el arriba o el abajo[6].  Con el propósito de terciar sobre la base de la desaparición de tal base, pese a explorarse cierta vía escabrosa, no desprovista, incluso, de fines edificantes,  presentamos en lo que sigue algunas consideraciones relativas al caso de la porno-familia Sexxxton.

 

 

La familia Sexxxton: de la mediación negativa a la proactividad  mediática[7]

 

Una vez considerada con cierta seriedad, la cuestión de la pornografía cae bajo una atmósfera de ironía. La ironía proviene del escepticismo antiguo, en cuanto declara el sentimiento de distancia entre lo humano y el designio inaccesible. Pero no se sostiene que lo inaccesible no existe, sino que el designio de alcanzarlo es vano porque excede la condición humana. Por esa razón el escepticismo antiguo no se vinculaba primordialmente al conocimiento, como humorada ante un presunto saber, sino a la pretensión de alcanzar algo imposible para los medios humanos, despropósito que termina por convertirse en víctima de su propia desmesura ética.

 

Un tufillo de equívoco denuncia, con desenfado, el propósito de dar cuenta conceptualmente de la pornografía. La ironía se inscribe en este caso, dentro de cierto escepticismo del conocimiento que desacredita,  con un halo de vergüenza agregada y por avance, el intento de explicar la pornografía sin caer en la obscenidad. Ese hiato de vergüenza entre el propósito teórico y la condición expuesta de la pornografía es propiamente pornográfico, en cuanto nos señala que cunde aún cierto sesgo de pudor que se resiste a la puesta en escena de una grafepornía, es decir, una escritura de la prostitución.

 

 

Pornografía, representación, valor y escritura

 

Sin embargo, esa escritura avanza masivamente entre nosotros, tal como lo expresa el caso de las “Sexxxton”, madre e hija. La pornografía de índole filial  se ha convertido en un éxito comercial, en cuanto progenitora y progenie protagonizan, conjuntamente con terceros de distinto género, registros de sexo explícito[8]. Más allá de recaudos legales que adoptan las protagonistas, entre los que cuenta no mantener contacto carnal entre sí, el vínculo filial se convierte en exhibición deliberada, destinada a la excitación sexual de terceros. Entrevistada al respecto, la hija que protagoniza estas escenas declara que al registrarlas piensa ante todo en el dinero que obtendrá a cambio[9].

 

Por encima de interpretaciones de psicólogos que hacen notar los límites simbólicos infringidos[10], la declaración del propósito financiero que guía la participación de una de las protagonistas señala cómo, lejos de encontrarse exenta de valor, la actuación pornográfica se resume en el valor bajo su forma más abstracta y generalizada: el valor de cambio. En efecto, el afecto y la preferencia familiar se han puesto al servicio de un designio trascendente y jerárquico al mismo tiempo, en cuanto el dinero gobierna la circulación del valor y por vía de consecuencia, la constitución económica del capital[11]. Consignada monetariamente, la estrategia pornográfica de la familia Sexxxton, lejos de estar desprovista de valores, exhibe un designio obsedido –se diría que obscenamente y la redundancia queda por explicar- por el valor.

 

Ahora, quien dice valor dice representación y también escritura. En efecto, ningún valor puede ser concebido al margen de su vínculo con otro elemento, a través de una relación que pueda ser diferenciada y sostenida, es decir, representada. No sólo el valor económico se vincula con una finalidad de uso o un quantum de cambio, sino que el propio concepto de valor lingüístico, tal como lo concibe Saussure, depende de la posición relativa de los signos en la estructura de la lengua. En el habla, el valor expresa la significación de un signo con relación a un referente. Si me encuentro ante un pequeño curso de agua, “arroyo” y “río” revisten, en su significación propia, valores distintos puestos en relación al referente[12]. Es decir, la representación y el valor son concomitantes y no pueden ser separados, incluso en el campo del sentido lingüístico.

 

De la misma manera, la escritura supone la materialidad de un grafema, en tanto marca incorporada en un soporte, que es puesta en valor por una lectura. La escritura permite, al igual que el valor de cambio en la moneda, la circulación de la representación, en cuanto consignado en un soporte, el signo se separa del autor y permanece a la disposición de un tercero, más allá del lugar en que se encuentren uno y otro, en el espacio o en el tiempo[13].

 

Escribir sobre la prostitución (sentido etimológico de “pornografía”) y prostituir la escritura, particularmente por su publicación con destino a la lectura, son entonces inseparables, en cuanto tal como dijera Foucault de la segunda edición de la “Arqueología del Saber” “este libro ya no es el que yo he escrito”. En efecto, valido de la puesta en valor de la marca escrita, el lector prostituye inexorablemente el sentido primigenio, desviación que provee la interpretación de una obra, tanto en el sentido de la apología como del anatema.

 

Transformación de la pornografía

n de la pornografíaVinculada desde entonces, es decir desde la propia escritura, con la prostitución que representa tanto literaria como críticamente, la pornografía parece sin embargo excedida por sí misma, sobrepujada (chassing) por una insistencia en valerse del valor para desvirtuarlo. Tal corrupción es inherente a la prostitución, que como vimos, provee la condición originaria de la pornografía (etimológica y literalmente: escribir sobre la prostitución). Sin embargo, cierta prostitución de la prostitución, si se nos permite el exceso de lenguaje, acaece como efecto del sobrepujado virtuoso que se propone alcanzarlo todo valiéndose del dinero, que no provee desde ya la satisfacción de una necesidad, ambición o designio, sino que constituye un “objeto total”, tal como lo declara la “Sexxxton” hija.

 

En tal sentido, la prostitución no sólo se encuentra imbuida de un valor desde que lo violenta, manipula o desvirtúa, sino que además configura por sí sola la “clave de bóveda”, que tanto culmina como sostiene un sistema de mediaciones. Podemos afirmar,  de una forma simbólica, que se la ha “prostituido”. Sin remontarnos hasta la significación de la prostitución en la antigüedad griega, cabe recordar que el batllismo promovió la instalación del control de la salud de las meretrices, por razones de higiene pública[14]. Es decir, el ejercicio de la prostitución no sólo se encuentra, en la modernidad –capitalista si se quiere, gobernado por el valor de cambio, sino que además forma parte de un sistema de valores públicos que alcanza representación política.

 

En tanto objeto de valor, representación y escritura que se incorpora en el campo social y político, la prostitución y la escritura componen (pornográficamente) un vínculo de mediación. Mediación entre el deseo y el objeto del deseo, entre el trabajo sexual y el consumo erótico, entre la necesidad simbólica y la satisfacción orgánica. Cabe entonces preguntarse acerca del sentimiento negativo en torno a una mediación que se vale, sin embargo, de los mismos recursos que cualquier otra.

 

Constituyéndose por la misma vía de valor,  representación y escritura, la pornografía contradice sin embargo la estructura propia de toda mediación, en cuanto el objeto de que se vale en el vínculo con un tercero no lo designa personalmente, ni reclama de su parte una interpretación. Se trata entonces de una inversión de la significación misma de la mediación, en cuanto tal condición siempre reclama, para sí, la probidad de una intencionalidad y la persona de un semejante. Contrariando el sentido ético kantiano, la pornografía trata a una persona como una cosa -por ejemplo cuando incluye el vínculo filial entre madre e hija en una misma escena sexual, haciendo abstracción de la prohibición del incesto, que por esa prescripción instruye el fuero íntimo de la persona moral en nuestra cultura.  Por consiguiente, la pornografía no supone una anulación de la mediación, sino una mediación negativa, en cuanto la condición paradigmática de la mediación -manifestar la transparencia de una intencionalidad y dirigirse a alguien en su fuero propio- se encuentra desvirtuada en la índole sexualmente explícita que la constituye.

 

A este respecto, conviene tener presente que la acepción inicial de “pornografía” que registra el diccionario la subordina a “obsceno”, que a su vez se caracteriza en el léxico por la negación del pudor (en cuanto tal virtud se encuentra “obscenamente” desvirtuada, pervertida u ofendida).

 

pornografía.

(De pornógrafo).

1. f. Carácter obsceno de obras literarias o artísticas.

2. f. Obra literaria o artística de este carácter.

3. f. Tratado acerca de la prostitución.[15]

Sin embargo, el diccionario va a modificar esa acepción, que se inscribe negativamente con relación a una virtud (el pudor), por una acepción positiva, que se caracteriza ante todo por la actitud deliberada y la finalidad instrumental:

pornografía.

(De pornógrafo).

1. f. Presentación abierta y cruda del sexo que busca producir excitación.

2. f. Espectáculo, texto o producto audiovisual que utiliza la pornografía. Prohibieron la venta de pornografía en los quioscos.

3. f. Tratado acerca de la prostitución.[16]

 

Uno estaría tentado de sostener que la pornografía pasa de una ética de los valores (cuando significa lo contrario del pudor) a una ética de la responsabilidad (cuando pasa a significar la provocación carnal). Sin embargo, el carácter negativo de la mediación que reviste la prostitución de la escritura -por la opacidad de la intencionalidad que ostenta y la privación moral del semejante que supone, no permiten vincularla a una significación ética positiva.

 

Moral negativa, ética positiva

 

¿Cómo entender entonces la moral de la hija Sexxxton? ¿Existe tal moral en tanto estructura positiva de valores, sostenidos en una cristalización representativa de la persona? Pareciera que la respuesta es afirmativa, en cuanto la declaración de la protagonista de las actuaciones transgresoras sostiene una finalidad que no excluye bienes, expresados además pluralmente, en comunidad de propósitos y objetivos familiares. Se trataría entonces de una moral negativa, en cuanto contraría los valores propios del habitus en vigor, pero que curiosamente reviste asimismo una ética positiva, en cuanto traduce una actitud imbuida de los valores que implementa.

 

Cierta contradicción que asoma en el caso de las “Sexxxton” entre moral negativa y ética positiva, anclada a su vez en la diferenciación deleuziana entre moral (sistema de valores representables) y ética (rasgos característicos de una conducta)[17], permite interrogar el estatuto de la mediación negativa que reviste la pornografía, desde que, subordinada a la obscenidad, se la concibe en tanto virtud (el pudor) desvirtuada.

 

Desde esta perspectiva, la forma en que la declaración “mientras hago las escenas pienso en lo asquerosamente ricas que vamos a ser” llega a desvirtuar la virtud del pudor, no es pasiva a la manera de una permisividad o debilidad, sino enérgica y activa, supone como tal una decisión adoptada. No se trata de la mera exhibición, sino de la exhibición que es efecto de una implementación de intereses, de manera tal que la actuación escenográfica de la pornografía queda supeditada a la finalidad que se le encomienda.

 

Se podría contraponer a esa lectura de una condición deliberada de la actuación pornográfica, que en toda pornografía subyace la misma intencionalidad, vinculada a un interés económico, simbólico, emocional, etc. Sin embargo, en este caso tenemos dos aspectos que expresan la articulación proposicional de la pornografía con un universo de valores: la declaración de una intencionalidad que subordina la escenificación pornográfica a una finalidad monetaria “(…pienso en lo asquerosamente ricas…)”, en segundo lugar, la significación que prodiga sobre la transgresión protagonizada, el objetivo de enriquecimiento a piacere.

 

 

Proactividad mediática

Por lo tanto, la intencionalidad pornográfica presenta, para utilizar un término –quizás no casualmente- a la moda, un desarrollo proactivo. Tal “proactividad” se opone a la mediación negativa que representaba la obscenidad, que a su vez transfería a la pornografía una desacreditación de la mediación. En efecto, el régimen obsceno de la pornografía, como lo habíamos visto, contradecía la significación de la mediación, en razón de una anulación de la transparencia intencional y de la persona del destinatario.

 

Puesta al servicio de una alternativa ante el registro tradicional, la proactividad pornográfica no puede sustentarse en la mediación, ya que como lo planteábamos anteriormente, la constitución de la mediación se encuentra desvirtuada por la condición propia de la pornografía. Por consiguiente, tal proactividad parece presentarse en tanto exceso respecto a la mediación que la sobrepuja y  avasalla, convirtiéndola en un mero expediente instrumental.

 

Si la afirmación anterior pareciera escapar a la mera consideración sexual y llegar a emparentarse con el conjunto de la condición contemporánea, convendría tener en cuenta que la anulación de la distancia y de la escena, es decir, de la mediación, es para Baudrillard lo propio de la condición actual de “pantalla y red”[18]. Asimismo, Bernard Stiegler considera que el narcisismo primario que se constituye a través de una demanda de amor, se encuentra substituido por una condición tecnológica que anula la misma capacidad amatoria del humano, en cuanto esta capacidad exige una distancia orgánica eliminada por el artefacto tecnológico[19].

 

Por consiguiente, la condición obscena que observamos en actuaciones que trascienden lo sexual, se extiende al conjunto de la experiencia colectiva, incluso cuando se reivindica, por ejemplo, un relato heroico del pasado para justificar claudicaciones del presente, ante los poderes de turno.

 

Pareciera, por nuestros días, que la obscenidad prospera ante todo en el campo mediático, donde la mediación que antaño intermediaba hoy tan sólo efectúa designios de parte resuelta. Aunque la atracción sexual siga proveyendo una vía privilegiada para la explotación de la imagen, la condición proactiva de la prostitución de la escritura está muy lejos de reducirse a la mera cuestión de la exhibición de índole sexual. E incluso puede ser que esta termine por revestir las formas más pueriles y menos peligrosas de la manipulación mediática, en particular, en razón de la reversión simbólica que parece inclinar la sexualidad al servicio de cierto fervor, cuasi religioso, por el cuerpo.

 

Por el contrario, es en la noción de cuerpo, en tanto ella reviste el principio de la mediación en nuestra civilización, donde debe acentuarse el análisis, en cuanto la mediación es el verdadero objeto pervertido por la exhibición, antes que un cuerpo esgrimido estratégicamente o modelado obsesivamente. La cuestión central pareciera ser, desde este punto de vista, que el cuerpo se ha convertido en un vehículo de la pornografía proactiva. A su vez esa condición decidida prospera exponencialmente, en cuanto termina por convertir todo cuerpo en un vehículo de la imagen, es decir, en un mensajero.

 

La cuestión sería entonces, que este vehículo mensajero ha abandonado los equilibrios propios de la naturaleza y se ha incorporado en lo que Virilio ha denominado una “ecología gris”[20]. Es decir, el equilibrio de los mensajes corporales que los humanos establecen entre sí no depende, actualmente, sino de una actitud proactiva que ya no se subordina a ritmos ancestrales e ignotamente trascendentes, sino a la decisión que los particulares toman sobre su propio destino y además, sobre el destino ajeno. Tener presente esa destinación estratégica de un equilibrio a alcanzar, más allá de sí mismo, pero sin ninguna identidad esencial de por medio, ni mediación, es el desafío del presente, incluso a través de la obscenidad y la pornografía.

 

 

[1] Sobre este planteo de Derrida ver Viscardi, R. “Desarrollo y tecnología” en Biblioteca virtual de AFU https://www.box.com/shared/la1z84e37r (acceso el 20/01/13)

[2] “Argumento del tercer hombre” en Filosofía griega http://www.webdianoia.com/aristoteles/aristoteles_meta.htm (acceso el 20/01/13)

[3] Derrida, J. “Horizonte de pensamiento” (entrevista de C. Paoletti) en Derrida en castellano http://www.jacquesderrida.com.ar/audio/derrida_paoletti_5.htm  (acceso el 20/01/13)

[4] Vattimo, G. (1990) La sociedad transparente, Paidós, Barcelona, pp.148-149.

[5] “Quino anda ahí” Montevideo Portal (05/01/13) http://www.montevideo.com.uy/nottiempolibre_189047_1.html

[6] “El Papa exhorta a los cristianos a “decir no  a la teoría del género” LaRed21 (19/01/13) http://www.lr21.com.uy/mundo/1084931-el-papa-exhorta-a-los-cristianos-a-decir-no-a-la-teoria-del-genero

[7] Texto originalmente destinado al ciclo “1ª Muestra de cine pornográfico”, organizada en Café La Diaria por Mateo Etchegoyen (diciembre 2012).

[8] “The Sexxxtons” madre e hija se juntan en cine porno y facturan millones” LaRed21(10/12/12) http://www.lr21.com.uy/mundo/1078317-the-sexxxtones-madre-e-hija-se-juntan-en-cine-porno-y-facturan-millones (acceso el 20/12/12)

[9] Op.cit.

[10] “Mamita querida” Montevideo Portal (10/12/12) http://www.montevideo.com.uy/nottiempolibre_186706_1.html (acceso el 20/12/12)

[11] Marx, K. (1977) Le capital (Livre II), Ed. Sociales, Paris, p.310.

[12] Saussure, F. (1967) Cours de Linguistique Générale, Payot, Paris, p.160 http://es.scribd.com/doc/10935335/Saussure-Ferdinand-Cours-de-Linguistique-Generale (acceso el 20/12/12)

[13] Derrida, J. (1972) Marges. De la philosophie, Minuit, Paris, p.37d8.

[14] Acosta, L. “La mediación del “higienismo” en la génesis del servicio social en el Uruguay”, p.9 http://www.ts.ucr.ac.cr/binarios/pela/pl-000045.pdf (acceso el 20/12/12)

[15] Diccionario de la Real Academia Española (artículo enmendado) http://lema.rae.es (acceso el 20/12/12)

[16] Op.cit.

[17] Deleuze, G. (1981) Spinoza philosophie pratique, Minuit, Paris, p.35.

[18] Baudrillard, J. (2000) Mots de passe, Pauvert, France, pp.37-41.

[19] Stiegler,B. (2003) Aimer, s’aimer, nous aimer, Galilée, Paris, pp.16-17.

[20] Virilio, P. (1997) Cibermundo, Dolmen, Santiago, pp.59-60.

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De cuando las imágenes no disimulan el vacío

Posted by Teódulo López Meléndez en febrero 14, 2013

Papa 2

 

Teódulo López Meléndez

El Miércoles de Ceniza el renunciante Benedicto XVI dio algunas claves sobre la verdadera situación al señalar que “el rostro de la Iglesia aparece muchas veces desfigurado”, precisando se refería a las divisiones en el cuerpo eclesial.

Las especulaciones, y hasta contradicciones, entre voceros vaticanos y L’Osservatore Romano, el establecimiento de listados de papábiles y hasta la apertura de las casas de apuestas sobre el presunto sucesor, pasaron a segundo plano ante la admisión un tanto camuflada de las profundas fisuras que atraviesan a una estructura de poder mantenida por siglos.

No son secretos los escándalos vaticanos, desde los bancarios hasta los de espionaje, como en el caso del mayordomo infiel filtrando documentos. La insidia y las luchas por el poder se compaginan con la supuesta beatitud del pequeño Estado de grandes intereses económicos y de soterradas batallas.

Ratzinger, en este memorable Miércoles de Ceniza, puso de manifiesto la hipocresía –esa fue la palabra utilizada- en cuanto a actuar sobre las conciencias e intenciones propias. Quién padeció el Vatileaks sabía perfectamente de la soledad y de la impotencia. Subrayando el individualismo y las rivalidades en el seno de la Iglesia, creemos Ratzinger no dio muestras de impotencia o debilidad al renunciar, más bien demostró un coraje personal más allá de lo que se le suponía, al tiempo que daba una demostración de poder, porque dominio del poder también se da cuando se renuncia a él.

Es inevitable ir hasta quizás el más respetado teólogo vivo, el Hans Kung de ¿Tiene salvación la Iglesia? donde señala como causa fundamental del mal lo que denomina el sistema romano de dominación, definido en su texto como monopolio de poder, juridicismo, clericalismo, aversión a la sexualidad y misoginia y el empleo espiritual-antiespiritual de la violencia, todos siempre en la base de los grandes cismas del cristianismo.

En otros de sus libros Hans Kung señala como el papado se fue transformando desde el siglo XI en un ejemplo monárquico-absolutista. Es el teólogo el que lo señala: la Iglesia está enferma y cabe preguntarse, con todos los límites y diferencias del caso, si la enfermedad de Europa no se le asemeja. Es aquí donde al que se señala como débil Ratzinger es posible se nos haya manifestado como el fuerte Ratzinger, pues su renuncia rompe con lo definido como “sistema romano de dominación”. Sobre la cabeza de todos los sucesores de Benedicto XVI  pesará este gesto.

Quizás deberíamos dejar de lado ese cúmulo de expresiones de lugar común sobre la humildad, admisión de limitaciones y demás hierbas que han abundado estos días, para decir que con su gesto Ratzinger ha desacralizado el cargo de Papa y ha realizado una acción de gobierno cuyas implicaciones veremos a la larga. Después de una renuncia papal cualquier otra cosa es posible. Lo menos a esperar es la Iglesia comience a deslastrarse de los vicios de poder, aunque asistamos ahora, en lo inmediato, a los conciliábulos para hacerse con el gobierno.

Hay un mensaje a Europa toda. No puede seguir siendo como fue. No dejan de llamar la atención las reacciones de los líderes europeos centrados en consideraciones secundarias y sin darse cuenta que desde el Vaticano un aparente Papa derrotado les ha mostrado con hechos que existe una mutación profunda, que un viejo mundo muestra los síntomas inequívocos de su erosión y que lo primero a admitir es que ya no se puede seguir siendo como se fue.

Quizás la referencia que hago ahora, entre decisiones trascendentales y mensajes de una fuerza no percibida en toda su magnitud, suene un tanto inoportuna, pero la intervención de la Secretaria General de las Juventudes Socialistas en la reunión de su Internacional en Cascais, Portugal, tiene una relación, porque esa chica le señaló a los líderes políticos su hipocresía, su arraigo a un mundo que se cae, sus espaldas como respuesta a las exigencias de la juventud europea. Beatríz Talegón, con su lenguaje propio y su indignación no disimulada, dejó claro ante unos líderes agotados, lo que es obvio: no es sólo la gran institución de occidente llamada Iglesia Católica la que se muestra en agotamiento, lo es Europa toda, cuyas crisis económicas y políticas lucen insignificantes ante lo que es su verdadero drama: una profunda crisis existencial.

Benedicto se va en helicóptero desde el Vaticano a Castel Gandolfo en una imagen que recuerda como salen los presidentes argentinos caídos desde la Casa Rosada hacia la residencia de Olivos. Ya las imágenes no disimulan el vacío.

@teodulolopezm

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La invención del pasado ‘De cómo defender los interese presentes con un pasado hecho a la medida)

Posted by Teódulo López Meléndez en febrero 13, 2013

armas USA

 

Jorge Majfud

 

Unas semanas atrás me llamaron de una radio para discutir sobre la propuesta del control de armas en Estados Unidos. Una persona, a la que respeto sin reservas, argumentó que cualquier limitación al derecho de portar armas constituye una violación a la Segunda enmienda. Razón por la cual, deduje, todos los aeropuertos y los edificios federales de Estados Unidos estarían violando sistemáticamente la Constitución.

De ahí pasó a defender el espíritu americano y los valores que fundaron a este país.

Obviamente, eso del “espíritu americano”, como el espíritu de cualquier país, es algo mucho más vago y contradictorio de lo que se cree, ya que no veo que el “espíritu” de las sociedades esclavistas del siglo XIX, cotos de caza de los conservadores modernos, sea precisamente lo que se está revindicando. Tampoco creo que “los valores” sobre los cuales los llamados Padres fundadores crearon una nueva nación sean, precisamente, los valores religiosos en general y cristianos en particular, tal como se insiste como premisa y corolario inevitables.

En toda la Constitución de Estados Unidos y en la Carta de Derechos que le sigue, no hay una sola mención a Jesús; ni siquiera a Dios (la única referencia al “Señor” es sólo una costumbre de la época para fechar un documento). Nada de lo cual significa que estos fundamentos sean antirreligiosos o anticristianos, aunque no es difícil encontrar expresiones anticlericales en figuras claves como Thomas Jefferson o Thomas Paine. La separación de la religión y el Estado fue, precisamente, uno de los elementos más radicales que introdujeron los llamados Padres Fundadores.

No obstante, la mayoría de los ciudadanos americanos está convencida que la expresión “One Nation Under God” (“Una nación sometida a Dios”) es la base de los valores que fundaron este país a fines del siglo XVII, y no pocos se la atribuyen a la Constitución o a la Carta de Derechos, cuando no a alguna figura fundacional. Todo a pesar de que esta invocación fue agregada hace apenas medio siglo.

El famoso “Juramento de lealtad” que repiten los niños en las escuelas cada año no fue escrito en 1789 ni resume el espíritu religioso de los padres fundadores: en su brevedad, resume tres olas de miedos mucho más recientes.

Su inventor, Francis Bellamy, escribió y propuso esta plegaria en 1892 con la excusa del cuarto centenario del descubrimiento europeo de América. Este cristiano y declarado socialista americano quiso poner el acento en la “unión” (“one nation indivisible”). ¿Por qué? Obviamente porque los peligros de la secesión continuaban latentes luego de finalizada la Guerra Civil pocos años atrás.

Luego, las oleadas de inmigrantes llevaron a que en los años 20 se pusiera el acento en aclarar a qué país se refería “mi bandera”, por lo cual agregaron “la bandera de Estados Unidos de America”.

Una tercera ola de miedos por el avance del comunismo en Europa hizo posible la paranoia macartista de los 50 y, en 1954, se agregó la referencia a Dios, por lo cual su aprobación por parte del congreso significó una grosera violación a la propia Constitución de Estados Unidos, ya que la enmienda más sagrada de ésta, la primera, no sólo establece el inalienable derecho a la libre expresión sino, y en lógica coherencia, establece que “el Congreso no hará ley alguna con respecto a la adopción de una religión”.

La Revolución americana y sus fundamentos no establecieron una base religiosa a la nueva sociedad, lo cual era moneda común en la época. Precisamente intentaban evitar esto mismo tomando todas las medidas necesarias para apartar la religión de los asuntos de un Estado que debía ser radicalmente laico, y así lo prueban no sólo la Constitución y la Carta de Derechos sino una vasta gama de ensayos y cartas de los ahora llamados Padres Fundadores.

Pero cada ola conservadora necesita inventar su propia tradición, su propio pasado y el olvido general a través de la prédica, el sermón y la propaganda. De otra forma no se explicaría por qué muchos cristianos conservadores en Estados Unidos son precisamente aquellos que defienden el libre uso de las armas dentro de fronteras y son los más propensos a las intervenciones militares afuera. Jesús fue un pacifista radical a pesar de que vivió en un tiempo brutal, cuando Palestina/Israel era una colonia del imperio romano. (Mateo 5:38-4 Lucas 22:47-51). Son contradicciones perfectamente explicables desde un punto de vista histórico pero no desde un punto de vista moral, como por ejemplo, la aversión de Jesús al militarismo, al mercantilismo y a las riquezas materiales (Mateo 21:10-17, Marcos 10-25, etc.) que desde hace un buen tiempo son la misma base moral del capitalismo o de sus más radicales defensores.

Claro que es difícil para cualquiera de nosotros seguir a Jesús en prescripciones como: “no resistas al que te haga algún mal; al contrario, si alguien te pega en una mejilla, ofrécele también la otra”. Pero mucho más difícil resulta casar estas prescripciones con la prédica y las acciones de los cristianos más conservadores de la derecha americana. Difícil pero no imposible, porque la historia nos muestra que siempre ha sido posible encontrar a alguien que nos demuestre que allí donde Moisés, Jesús o Mahoma dicen “blanco”, en realidad querían decir “negro”. O viceversa, dependiendo de la conveniencia y los intereses del momento.

En el olvido confiamos.

 

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Introducción al informe del TNI Poder Corporativo 2013

Posted by Teódulo López Meléndez en febrero 12, 2013

TNI

 

Susan George presenta el informe del TNI (Transnational Institute) Estado del poder 2013, poniendo al descubierto que la concentración sin precedentes del poder de las corporaciones y las elites se halla en la raíz de las crisis económicas y ecológicas.

 

Hacia fines de 2011, tres jóvenes matemáticos muy inteligentes y tenaces, especializados en teoría de la complejidad en la Escuela Politécnica de Zúrich, publicaron el informe que hacía tiempo que todos los demás estábamos esperando (aunque, para ser sinceros, ni siquiera habíamos sido conscientes de ello hasta el momento). Y es que nadie había asumido que se podían plantear las poderosas estructuras del control corporativo en un marco científico de rigurosidad indiscutible.1

 

Eso es precisamente lo que hicieron Stefano Battiston, James Glattfelder y Stefania Vitali con su Network of Global Corporate Control, un trabajo del que el TNI ha tomado prestados con gratitud varios datos para el presente informe. Naturalmente, antes ya contábamos con buenas fuentes para nuestros infográficos y este año las hemos vuelto a usar: fuentes fidedignas como la ONU, las propias corporaciones (Merrill Lynch) o revistas al servicio de esa misma clientela (como Forbes) hace años que publican listas de ‘los más grandes y poderosos’.

 

Pero Battiston, Glattfelder y Vitali crearon una perfecta radiografía de la clase de Davos, el nombre que les he dado a quienes encarnan el carácter interconectado de las corporaciones más poderosas del mundo; personas intercambiables con intereses y objetivos comunes, lo cual les convierte en una auténtica clase social internacional y nómada.

Lo hicieron trazando la topografía del universo corporativo del mismo modo que los astrónomos diseñan mapas con los soles, los planetas, las constelaciones y las supernovas del cielo nocturno y, con ello, pusieron en evidencia cómo las transnacionales están interconectadas a través de la propiedad directa e indirecta.

El uno por ciento controla el 40 por ciento de las transnacionales

Partiendo de una extensa base de datos de 43.000 transnacionales, Battiston, Glattfelder y Vitali redujeron esta amplia muestra hasta un grupo básico de 1.300 de las compañías más grandes y poderosas con fuertes vínculos entre sí; vínculos que garantizan que tres cuartas partes de los lazos de propiedad permanecen en manos de las propias compañías matrices.

Este grupo se siguió cribando hasta llegar a 737 compañías que controlan el 80 por ciento del valor de las 43.000 compañías de la muestra inicial. El cribado siguiente llevó hasta una ‘superentidad’ de 147 compañías, que poseen un control casi total de sí mismas y, además, del 40 por ciento del valor de todas las transnacionales.

Sin embargo, es en el anexo donde encontramos una de las grandes sorpresas: una lista de 50 compañías que ejemplifican lo que Battiston, Glattfelder y Vitali denominan la ‘propiedad en el filo de la navaja’, es decir, ese punto a partir del que las cosas pueden ir hacia un lado o hacia el otro, en la dirección correcta o en la equivocada.

Si todo va bien en la economía, la estructura parece fuerte y robusta. Pero si una sola de estas compañías fuertemente interconectadas tiene problemas, el efecto dominó está asegurado y puede volver a suceder como con Lehman Brothers o peor. Así, ¿quién aparece en esta exclusiva lista? De las 50 corporaciones, solo dos de ellas participan en la economía real, Walmart y China Petrochemical Group; el resto son bancos, grandes compañías aseguradoras y otras firmas financieras.

Los actores de la clase de Davos no se dedican a la conspiración ni a la connivencia, y las estructuras de sus relaciones de poder no son fruto de ningún diseño deliberado. Sencillamente, reflejan cómo están las cosas. Y las cosas están en una situación extremadamente peligrosa, especialmente al filo de la navaja corporativa.

Dinero y petróleo

La concentración extrema del sector financiero es un punto clave del informe Estado del poder de este año, y con buen motivo. Esto se debe en parte a la concentrada naturaleza del sector, como ilustran de forma magistral Battiston, Glattfelder y Vitali.

Pero hay otras razones para preocuparse por la concentración del poder corporativo y una de ellas es, paradójicamente, el cambio climático. Las finanzas, si se orientaran debidamente, podrían estar ayudándonos a invertir en una gran transición hacia la energía y el transporte limpios en todo el mundo. Sin embargo, si se analizan los infográficos y las interconexiones entre las grandes finanzas y los gigantes del gas y el petróleo, así como con la industria del automóvil, esa posibilidad se verá bajo una luz totalmente distinta.

El panorama de los vínculos entre las juntas directivas de los mayores bancos y de las mayores compañías energéticas no da la impresión de que estos intereses estén a punto de enfrentarse entre sí, por decirlo de la forma más suave posible. El cuadro se presenta, más bien, como un caso flagrante de ‘hoy por ti y mañana por mí’.

Las enormes ganancias de los gigantes del petróleo y el gas y de los bancos garantizan que se defenderán mutuamente y defenderán el orden establecido. Mientras tanto, las industrias extractivas se están asegurando de que el calentamiento global no cese. De hecho, los expertos más audaces afirman que deberíamos incluso dejar de discutir cómo evitarlo. A no ser que los Gobiernos, de forma milagrosa, dejen de defender inmediatamente a los bancos y las industrias extractivas, el planeta va a cambiar de manera cada vez más rápida. El debate ahora debe centrarse en la adaptación para los sectores más vulnerables.

La desigualdad vuelve a la agenda pública

Esto no significa que los ciudadanos y las ciudadanas deberían dejar de luchar contra el poder y darse por vencidos, sino todo lo contrario. Otros infográficos recordarán al lector que muchas veces –demasiado a menudo– el poder corporativo deja el poder del Estado en la sombra.

El poder del 0,01 por ciento de la población también se ha convertido en un escándalo permanente. La mayoría de las personas con el patrimonio personal más alto se encuentra en los Estados Unidos o en Europa. Este diminuto segmento de la población paga menos impuestos en nuestros días que en cualquier otro momento desde la década de 1920 y eso, al menos, esperamos poder cambiarlo. Economistas tan famosos y escuchados como Joseph Stiglitz están ya explicando cómo las grandes desigualdades “frenan la recuperación”.

Barack Obama ya ha comenzado su segundo mandato y quizá se le podría convencer de que hiciera algo sobre el estancamiento de la economía estadounidense e incrementara los impuestos a las corporaciones y los más ricos, por difícil que pueda resultar el Congreso. En Europa, donde por el momento reina la austeridad, es fácil demostrar que las políticas de austeridad no funcionan ni pueden funcionar, si por ‘funcionar’ se entiende alcanzar la recuperación (preferiblemente de forma positiva y verde) y crear más empleos.

Incluso el FMI está anunciando –a veces con rodeos y términos poco claros– que las circunstancias le están obligando a replantear sus políticas.

El poder de la resistencia

Los lectores y lectoras de los infográficos tienen motivos de sobra para seguir resistiendo y creando más centros de tensión, ayudando a otras personas a ver que las cartas están en contra de las personas de a pie y que son precisamente estas personas las que pueden generar una conciencia colectiva de esta injusticia.

Sea cual sea el destino de Occupy Wall Street, el movimiento consiguió algo que quedará para siempre, y es conseguir que ‘el 1 por ciento’ haya entrado en el debate internacional.

Desde el TNI esperamos que esta edición del informe Estado del poder ayude cada vez a más personas a entender que nuestros verdaderos problemas se derivan del 0,1 por ciento o, más bien dicho, del 0,001 por ciento.

Leer el informe del TNI: Estado del poder 2013

1 Vitali S, Glattfelder JB, Battiston S (2011) The Network of Global Corporate Control. PLoS ONE 6(10): e25995. doi:10.1371/journal.pone.0025995

Fuente: TNI

 

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La revolución iconodula

Posted by Teódulo López Meléndez en febrero 10, 2013

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Teódulo López Meléndez

La veneración de imágenes no dejó de ocasionar problemas en la Iglesia Católica entre iconoclastas e iconodulas. El Imperio Bizantino fue testigo de las más duras batallas entre quienes se inclinaban por la adoración de las imágenes y quienes se oponían. Leon III se oponía, duro iclonocasta, cuyas posiciones condujeron a la definición que miramos: dulía, veneración, imágenes, iconos.

No asalta el recuerdo de esa vieja lucha por la tierna fotografía de los portadores de vírgenes que nos regaló el breve período entre la declaratoria del carnaval el 4 de febrero y el momento de anuncio de la devaluación del bolívar. Es la primera vez que se ve a un Ministro de Relaciones Exteriores y a una Procuradora General de la Nación portando vírgenes mientras flanquean a un vicepresidente. Y sin portar capuchas como en las procesiones de una Sevilla cualquiera. Es verdad que el rito católico diferencia entre iconodulia  e idolatría, permitiéndose la advocación de la Virgen María en diversas versiones, aunque sí sea considerada práctica idolátrica la adoración de dioses de otras religiones muy distintas, tal como la que se identifica con el titular de un “proceso revolucionario”.

En fin, que en un país donde se sucede de todo para que nada cambie. Los indios pemones de nuestra Amazonía repitieron la captura de unos cuantos soldados exigiendo algunas reivindicaciones, lo que bastó para levantar otra idolatría, la del héroe inesperado que anida en la mente de una sociedad venezolana de caracteres psicológicos débiles. Tema pemón es muy complejo. Implica minería ilegal, sobrevivencia, bandas armadas, deterioro ambiental, reclamo de derechos ancestrales, pero la situación fue simplificada no sabemos si como gesto de humillación hacia las Fuerzas Armadas o como reivindicación psicológica de una frustración evidente.

Las llamadas a los pemones y a sus cojones se multiplicaron como panes, tal vez como exigencia de milagro anticipado en la Cuaresma, desconociendo las complejas aristas de un problema muy serio. Sin entrar en esos intríngulis lo que queremos señalar es que la psicología venezolana de la búsqueda de un héroe, es una extremadamente peligrosa, pues nos atrevemos a apuntar que si las circunstancias mundiales fuesen otras ya lo habría encontrado.  Implica además un trasfondo psicológico implícito en sociedad venezolana de hoy: Apareció el valiente q nos va a solucionar todo Yo no, el héroe, lo que es reflejo de una quietud volitiva absoluta y total.

Y llegó la devaluación del signo monetario entre quejas por las constantes negativas previas, como si una devaluación pudiese ser admitida o anunciada, cuando la única verdad es que debe ser negada y sobre todo ejecutada en la proximidad de un fin de semana y mejor si seguida de un largo feriado bancario. A manera de ejemplo señalé en las redes sociales que si el Papa tuviese que devaluar juraría por Dios que eso no le ha pasado por la cabeza jamás o el caso del aquel ministro inglés de Finanzas que salió de una rueda de prensa negando rotundamente la devaluación de la libra esterlina para dirigirse a su despacho a firmarla.

La devaluación estaba prevista por cualquier analista medianamente enterado, ni siquiera del estado de las finanzas públicas, digamos de alguien que ha visto el gasto público creciente y necesario para ganar elecciones y, admitamos, para cubrir los exigentes programas de subsidios sociales del régimen. Cualquiera que hubiese ganado las elecciones presidenciales iba a enfrentar la decisión de igual manera, ante un signo monetario evidentemente sobrevaluado y ante un hueco fiscal cuya magnitud desconocemos con precisión.

Lo que más llama la atención, una vez más, es la devaluación total del lenguaje. En el país venezolano se puede ya decir cualquier cosa, pronunciar la frase más atrabiliaria, argumentar con una barbaridad, puesto que la reacción será repetirlas o creérselas. La colección de frases es de fantasía, desde “esta es una medida para proteger los dólares del pueblo” hasta la personalización en el vicepresidente Maduro de la hechura de la medida, lo que de paso lo reconoce como autoridad en ejercicio. Desde la eliminación en los medios públicos de ciertas palabras, como devaluación o paquetazo, sustituidas por ajuste y lucha contra las agresiones, hasta comunicados de condena a un hecho de política monetaria sin hacer la más remota referencia económica.

Habrá más inflación, el poder adquisitivo del bolívar se desploma, las arcas oficiales se inflan, en fin, todas las consecuencias propias de devaluar una moneda.

Nos queda la inconodulia confundida con idolatría, los indios pemones elevados al nivel heroico y una población disfrazada en carnaval de compradora de electrodomésticos. No parece mucho. Lo parecerá cuando salgamos a comprar comida a los nuevos precios.

tlopezmelendez@cantv.net

 

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Mi reino por un Cabello

Posted by Teódulo López Meléndez en febrero 4, 2013

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Teódulo López Meléndez

Ha aparecido el rey. Ha aparecido el cadáver del rey. Ha sido encontrado debajo de las pesadas lápidas donde se suponía estaba, rodeado el lúgubre lugar por una pared roja. “Feo, jorobado, deformado, mutilado”, se escuchó gritar en Stratford-upon-Avon, como en The Life and Death of King Richard III. Los habitantes del lugar corrieron ante el grito y encontraron que su más ilustre paisano era el responsable de haberlo proferido, dado que la sentencia contra quien moviese aquellos restos había cambiado ligeramente de lugar.

Ha aparecido el cadáver de Ricardo III. Uno vuelve a ver al inolvidable Fausto Verdial colgando de un andamio en aquellos tiempos de la Compañía Nacional de Teatro de Venezuela profiriendo amenazas contra el rey Eduardo IV.  Son los tiempos de las conspiraciones. Ricardo contra su hermano Jorge para recluirlo en la Torre de Londres y eliminar a quien le precede como heredero al trono. Son los tiempos de los muertos, marido y padre de Lady Ana, para tomar para sí la doncella.

Es Ricardo III, aseguran patólogos y universidades. Ha salido de los siglos y como en la batalla de Bosworth Field los muertos que bien mató le gritan: “Desespera y muere”. Ese año de 1485 cuando Enrique Tudor le da muerte paga todas sus culpas. Cuenta William Shakespeare que sólo en medio de la batalla llora desconsoladamente gritando: “Un caballo, un caballo, mi reino por un caballo”.

Tiempos aquellos de permisividad y descontrol. Algunos aseguran que también el carnaval lo es y que por eso se usan máscaras. El carnaval se puede rastrear hasta 5 mil años de distancia y pasearse por las saturnales y las lupercales romanas hasta cuando navegantes portugueses y españoles lo trajeron hasta estas tierras denominadas en el pasado “de Gracia”.

Fue Río de Janeiro el más grande carnaval del mundo, hasta que al fin llegó la admisión de que tal récord había pasado a Caracas, pues otra cosa no fue la visita de Lula Da Silva a La Habana ataviado con una relampagueante guayabera roja. Caracas, desde hace unos años, inaugura su carnaval el 4 de febrero con aviones rusos sobrevolando los cielos y tanquetas adornadas con banderas alusivas y unos disfraces que causan la envidia de las escolas de Samba. Con un poco menos de cabello Diosdado ha podido alegar estaba disfrazado de Marcos Pérez Jiménez.

Sin embargo, este país holográfico -con dudas si llamarlo caricatural- no se conforma con el desplome de Rio y avanza sobre París. Este 4 de febrero hemos visto los Estados Generales convocados para anunciar el vicepresidente que el presidente de la Asamblea Nacional ha diseñado la nueva gorra oficial, la que estará presente para distinguir a Caracas como la nueva capital de la moda mundial, como símbolo perenne de la agitación y de la amenaza. Ni en París en 1789 se realizó anuncio tan trascendente.

No ha sido el hecho de Luis XVI destituir al ministro Necker. La ceremonia más bien parecía de celebración de uno nuevo, la de Elías Jaua como Canciller. Inválidos sí, con todo y alguna dama disfrazada de princesa enseñando al pueblo un seno del cual amamantarse. No se celebrará al año siguiente la demolición de la Pastilla. Aquí se ha convertido al Museo Militar en la Toma de la Pastilla y para ello se ha fijado el 14 de julio como la real de las elecciones locales de alcaldes y concejales, una postergada una y otra vez, en abierta violación de todo, porque una vez tomada la Pastilla “los revolucionarios nos tomamos la Pastilla cuando nos de la gana”.

París tiembla. Ha sido desplazado como cuna de una memorable revolución. El nuevo 14 de julio tendrá como escenario a Venezuela, con unas elecciones para los cuales se modifican circuitos y se complace al partido gobernante para que tenga tiempo de elegir a sus candidatos. El 14 de julio será venezolano. Ya la oposición anuncia, con ese carácter que hace temblar las piedras, que se harán primarias en el pintoresco municipio caraqueño de El Hatillo, mientras todo lo que se observa indica que tendrán un nuevo retroceso.

Quizás uno confunda las fechas. Quizás este ditirambo de vicepresidente mostrando la gorra diseñada por su socio en el poder, más la reaparición de Ricardo III, más la inauguración oficial del carnaval 2013 el memorable, por sangriento, 4 de febrero y elecciones un 14 de julio para usurpar a París la Toma de las Pastilla lo hayan a uno confundido y ya uno no sepa si es Shakespeare el que pone a gritar al usurpador “mi reino por un Cabello”.

tlopezmelendez@cantv.net

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El país holográfico

Posted by Teódulo López Meléndez en enero 31, 2013

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Teódulo López Meléndez

Caracas está aquí. Uno la puede percibir en todos sus sonidos y olores. Es falso que haya dejado de existir. Uno puede ver las bolsas de basura amontonadas y oír el incesante corneteo de los ciudadanos por cualquier nimiedad, apresurados como van a no se sabe dónde, haciendo uso de su cornetas porque una anciana esté cruzando la calle.

Para no tener dudas uno mira hacia el norte y allí está la montaña mágica, el Ávila, aunque sus colores no coincidan con la hora, tal como nos tiene habituados.

Todo está en orden, la ciudad está aquí. Uno cruza hasta el supermercado y la escasez es brutal y la inflación un inmenso mamut. Los portugueses de la panadería se las arreglan para hacer el producto, aunque sepa a todo menos a harina de trigo. ¿Quién ha osado decir que la ciudad ya no está? Baste comprobar los motociclistas exigiendo paso y atropellando, abusivos y sin ley.

Baste salir un poco o conversar con los conocidos para enterarse de los últimos asaltos. No se logra entender quien ha osado proclamar que esto ya no existe. Baste ir al kiosco del vecindario para enterarse de las últimas intemperancias y de la violencia política.

Admitamos que la ciudad ha sobrevivido, pero que ha quedado aislada, que ha sido levantada como un último recuerdo. Veamos al país. Entonces uno verifica los accidentes de tráfico diarios por el mal estado de la vías o se sugiere un viaje al litoral central para reposarse en la playa y encuentra la misma vieja autopista agotada de la época perezjimenista y los nuevos edificios de la “Misión Vivienda” como una reproducción de la época soviética, pajareras atravesadas allí para connotar que será imposible algún desarrollo turístico futuro.

Debe ser un error. Volteemos la mirada hacia oriente u occidente. No hagamos caso de los reportes de los amigos. Son unos exagerados. El país existe. ¿Quién se atrevió a decir que había desaparecido?  Baste mirar al gobierno con su juego sobre la salud del presidente y observar cómo se alimenta con los sucesos de abril de 2002 en el mismo instante en que se niega una solicitud de gracia a un hombre enfermo apellidado Simonovis.

Es falso de toda falsedad que el país no exista. Está aquí, lo vivimos, no hay piedad. El país se alimenta de una cotidianeidad morbosa, de un deterioro establecido como norma. Uno recurre a la tecnología y todos los mapas muestran que existe, no ha desaparecido, es uno sin calidad de vida, quizás deberíamos decir que sin vida.

Sólo que las dudas asaltan. Si el país es real ¿cómo resulta imposible e inmodificable? Uno mira entonces las noticias para verificar que se suceden. En efecto, hay sucesos, los políticos declaran, el gobierno no gobierna, la oposición no hace oposición, todo se mueve para quedar en el mismo sitio. El país parece vivir en la más absoluta normalidad. ¿Cómo puede alguien dedicarse a verificar que existe? Claro que existe, los coches abruman y ya no caben, la gente va por las calles, la gente compra lo poco que se consigue, sus voceros públicos hablan. Una constatación mayor lleva a encender estaciones de radio y televisión y se puede ver que funcionan, los teléfonos suenan, hasta el clima parece ser el habitual de estos primeros meses del año.

La explicación debe estar en otra parte. Alguien ha incurrido en una suplantación. Esto no existe. Debe estar atravesada alguna patraña. Esta presencia debe ser falsa. Esto no puede ser real porque carece de espíritu. Las voces son repetitivas. No hay una ruptura que indique un cuerpo vivo. Esta realidad supone una monotonía no propia de un organismo que mueva adrenalina. Hay que averiguar que sucede. Esto parece, pero no es. Esto tiene todas las características de un simulacro, de una falsificación.

Hasta que al fin damos con el hecho. Alguien se llevó a la ciudad y al país. Alguien, con propósitos altruistas, de detener el deterioro, nos dejó una versión holográfica para impedirnos ver como seguimos cayendo. Esa alma caritativa nos impuso una visión holográfica de cuando aún era posible subsistir. Lo que ahora tenemos es un país holográfico y no estamos muy seguros las holografías sean modificables.

tlopezmelendez@cantv.net

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Mundo de enero

Posted by Teódulo López Meléndez en enero 27, 2013

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Audio de Teódulo López Meléndez

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El imperio de los contrasentidos

Posted by Teódulo López Meléndez en enero 23, 2013

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Teódulo  López Meléndez

“La problemática constitucional no es un problema de derecho sino de poder, ya que la verdadera constitución de un país sólo reside en los factores reales y efectivos de poder que en ese país rigen. Las constituciones escritas no tienen valor ni son verdaderas más que cuando dan expresión fiel a los factores de poder imperantes en la sociedad”.

 

Ferdinand Lassalle

 

Aún cuando todavía perviven sendas disquisiciones constitucionales sobre lo sucedido en Venezuela, la realidad muestra el poder de los hechos. Estamos ante un gobierno de facto cuya legitimidad nadie pone en duda, lo que no supone para nada una contradicción y, si la supusiese, la misma no sería más que una ratificación del poder.

No se trata de esa bizantina discusión que parece haber asaltado en los últimos días a sectores oposicionistas separados entre supuestos “radicales” y contemporizadores “comeflor”. Se trata de una ausencia total de inteligencia a la hora de ejercer el nada fácil oficio de opositor. Parecen ver con gríngolas, son incapaces de evitar las flagrantes contradicciones y, ante el sector del país que los acompaña, se muestran o como decididos valientes que llaman a la acción o como visionarios que andan escudriñando el tiempo futuro. Los primeros buscan posicionarse ante el sector que se desespera y lo segundos conservarse en un presente que saben largo pero ante el cual dejan a la vista su más que absoluta inconsistencia.

Toda esa legitimidad que amontona el gobierno se origina –muchos parecen olvidarlo- en la victoria electoral obtenida en la última elección presidencial. Lo de facto le viene porque quien ganó esa elección se llama de otra manera y está fuera de circulación sin que sepamos los detalles de ese estacionamiento. Aún así, han incurrido en torpes retahílas de amenazas, innecesarias, si miramos la realidad real de que ejercerán el poder por el período señalado.

La coalición con propósitos electorales que aglutina a los viejos partidos –y a nuevos con mañas antiguas- no puede generar una alternativa de país dado que en sus mismos genes se mueven las células del pasado, la piel del pasado, el planteamiento de hace medio siglo. Frente a ello he insistido en la necesidad de una “tercera opción” a la que he dotado de un cuerpo conceptual, no sin admitir que el país debe vivir lo que debe vivir y que este cuerpo social es aún inepto para asumir su propio destino.

La última afirmación no parece novedosa si miramos a nuestra historia o leemos los llamados de los intelectuales que en el pasado tuvimos. Nuestros comienzos de siglo se asemejan, con la diferencia de otra ausencia, la patética de la inteligencia que tuvimos en décadas pasadas.

Esta sociedad opacada fabrica héroes que aparecen desde el exterior, sin darse cuenta que héroes no necesita; le bastaría una clase política inteligente, pero este es el país de las ausencias, temporales o definitivas.

Seguimos, pues, viviendo los intrascendentes acontecimientos a lo que nos somete la cotidianeidad. Así, la fracción parlamentaria oposicionista convocó a una marcha el 23 de enero para tratar de demostrar no era un inútil adefesio. Así el gobierno convocó la contramarcha, pues parece inmerso en un síndrome incurable. Así, la oposición suspendió la marcha, lo que no constituyó ninguna sorpresa. Así, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) se limitó a un acto en el este de Caracas para “relanzarse”, siendo obvio que lo que se relanza es porque al suelo cayó. Así, el gobierno celebró la caída de la última dictadura militar bajo la consigna de apoyo a Chávez quien, por cierto, ofreció a ese dictador su regreso al país y reivindicó su gobierno, gesto muy propio de este régimen militar-cívico imperante en el país. Uno se atrevería a decir que esta cotidianeidad es miserable.

Ha muerto estos días Nagisa Oshima, director del controversial film “El imperio de los sentidos”, que si no recuerdo mal fue titulado así como una ironía al El imperio de los signos de Roland Barthes, muy marcado el director japonés por Georges Bataille. En esta larga película venezolana no se trata de sexo explícito. Se trata de mediocridad explícita. Este país es el imperio de cualquier contrasentido.

tlopezmelendez@cantv.net

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El río color de ceniza

Posted by Teódulo López Meléndez en enero 15, 2013

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Teódulo López Meléndez

Alea iacta est (“La suerte está echada”) exclamó Julio César ante el Rubicón, para agregar en griego de Menandro, su dramaturgo preferido, “Qué empiece el juego”.  Desde entonces, y hasta nuestros días, la frase se ha convertido para la política en una expresión clara de comenzar un episodio que no permite el regreso, que no autoriza una vuelta atrás, el inicio de una acción irreversible hasta sus últimas consecuencias.

Es de extrema peligrosidad cruzar el Rubicón. Se aconseja para la flexibilidad del juego político no cruzar el Rubicón. Para Julio César, aún teniendo detrás las legiones estacionadas en Galia, cruzar el Rubicón era peligroso ante la república romana. Hasta Julio César vaciló ante el río turbio.

Los envalentonamientos teniendo la legalidad son una cosa. Envalentonarse desde su duda, otra. Envalentonarse desde una situación de facto implica multiplicar los riesgos de cruzar el Rubicón. Hemos asistido en seguidillas a todas las amenazas, con formas distintas, desde la proclamación de una condena a lo que han llamado “formalismos burgueses” hasta la proclamación de la doctrina oficial bajo un resumen rotundo que formulamos en ejercicio de la síntesis: “Hacemos lo que nos da la gana”.

No puede ser considerado un gobierno de Iure el que está instalado en una república presidencialista que no tiene presidente. Es, obviamente, un gobierno de facto. No lo ha dotado de legalidad una decisión de un poder dependiente con su barniz aguado. No sabemos si la escalada de envalentonamiento viene de un temor oculto, más bien pensamos proviene de un complejo, uno que llamaremos “complejo de golpe”, aproximando este al que siente el secuestrado por sus secuestradores, aunque en el caso narrado lo sientan los últimos.

No se trata de desconocer a un vicepresidente, como erróneamente ha señalado algún columnista. Se trata de reconocer que no existe un presidente en funciones de su cargo. Se trata de mantenerse coherente con todo lo que se ha dicho de la decisión del Tribunal Supremo de Justicia y con todas las solicitudes, vía cartitas, a la OEA, Mercosur y el Parlamento Latinoamericano. Se trata de mantener un principio, no de desconocer la situación de facto. ¿Con qué cara la oposición escribe a organismos internacionales pidiendo pronunciamientos y reuniones de urgencia con sus gobernadores instalados en el Consejo Federal de Gobierno o con sus diputados instalados en la sesión de la Asamblea Nacional cuando el texto constitucional dice que “personalmente” el Jefe del Estado deberá presentar Memoria y Cuenta?

No se trata de desconocer a un vicepresidente. Se trata de reconocer que el gobierno de la república es de facto, lo que es muy distinto Vladimir Villegas. Y se reconoce la existencia de un gobierno de facto porque la oposición es absolutamente incoherente, desmelenada y sin fuerza. Al asistir a los actos mencionados se reconoce la legitimidad del de facto. Ello podría significar para la oposición un cruce inocente del Río Turbio de Variquecemeto (voz chaquetía, río color ceniza), sin legiones, Ramón Guillermo Aveledo. No se trata, pues, de desconocer al vicepresidente Maduro- está allí, habla y manda-, se trata de calificarlo, lo que es muy distinto Vladimir Villegas.

Un gobierno de facto se caracteriza por quebrar el ordenamiento constitucional, hacer surgir formas “extrañas” de generar Derecho, concentración de todos los poderes del Estado, reconocimiento internacional –como lo tiene el de Maduro- en base al principio de efectividad, es decir, es obedecido como poder estatal en su territorio.

Un gobierno de facto es un sujeto de Derecho, especialmente del Internacional, por lo que no entiendo aseguren no tendrá validez alguna lo que firme. Pueden imputársele deberes y poderes. Si gobierna sobre su territorio tendrá legitimidad para comprometer al Estado con sus actos. Por lo demás, la jurisprudencia internacional ha dicho en repetidas ocasiones que los actos de los gobiernos de facto obligan internacionalmente al Estado. Es la legitimidad lo que ha otorgado la oposición al presente gobierno de facto,  es la legitimidad.

Pero al lado de la disquisición jurídica, la cual ruego me disculpen, está la practicidad política. En la presente situación venezolana, mientras el gobierno de facto amenaza y la oposición cruza el río color ceniza,  hay otro factor de hecho. No se podrá mantener por mucho tiempo, más bien lo veo corto, este gobierno como uno de facto, por lo que la única manera de convertirse en uno de Iure es convocando a elecciones. Medir los tiempos del presidente enfermo y contrastarlos con las del aspirante Maduro puede ser una práctica que nos conduzca de nuevo al teatro peligroso, vamos a llamarlo del absurdo, con las consecuentes disculpas a Ionesco, porque citar a Menandro fue cosa de Julio César.

Las condiciones de esas elecciones y sus previsibles resultados son otro tema, objeto de otro banal texto que escribiremos. Peor sería escribir uno sobre un aplazamiento indefinido.

tlopezmelendez@cantv.net

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El kitsch avanza por la pantalla: liberar la sala Plaza de pentecostales

Posted by Teódulo López Meléndez en enero 15, 2013

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Por Ricardo Viscardi

Marx sostenía que “la historia avanza por el mal lado”, en cuanto el impulso revolucionario también se prepara a través de los golpes marrados[1]. La ocupación de la pantalla invierte esa fatalidad del porvenir, ya que adopta lo más previsible para convertirlo en éxito. De Marx hasta Eco hemos ganado en mentar, es decir, en usar los signos en aras de los designios[2],  antes que para transformar la realidad según un destino trascendente.

Este salto intransitivo de la transformación semiótica explica que el kitsch haya sido dudosamente promovido, de criterio estético a política de Estado, en un sentido contrario al de la Reforma del Estado tupamplista[3], que se propone convertir a los funcionarios públicos en feligreses de la eficacia privada. En cuanto intentamos birlar una sala culturalmente estratégica a la Iglesia Dios es Amor  (pentecostales), estamos librando una batalla por la escena, que hoy sólo se entiende tal como los pentecostales la libran, en tanto efecto local de una pantalla global.

 Ante el avance religioso en terreno cultural deprimido, el sentimiento predominante en la comunidad uruguaya se sazona de cierto desencanto, que conoció un episodio inaugural hacia fines de los 80’, con el comienzo de las emisiones de propaganda de fe en la radiofonía uruguaya.  No se trata ahora, ni tampoco se trataba por entonces, de una desaprobación particular de la iglesia Dios es Amor (ni de cualquier otra creencia, inclinación o desviación de las costumbres), sino de una percepción medular que  vincula la difusión cultural con la laicidad en materia de religión. Esta inclinación colectiva uruguaya viene a ser confirmada, entre la opinión pública, por el saco roto en que han caído las convocatorias de la propia Iglesia Católica, que recientemente condenó el matrimonio igualitario y la interrupción voluntaria del embarazo.  El sentimiento arraigado por estos lares confirma que cierta gema destella, en el confín de la comunidad, confiada a una secularización radical de las creencias.

Cabe anotar incluso, que la convocatoria a devolver la sala del Plaza a la escena artística, en cuanto se afana declarativamente en descartar cualquier finalidad anti-religiosa[4], pauta cierto repliegue de la inclinación propia de la tradición uruguaya. En particular, porque no parece que  un credo que predica una realidad milagrosa,  pudiera utilizar la sala Plaza para favorecer la sensibilidad civilista, crítica y universalista que pauta la tradición del mismo país.

 Si a lo anterior se objetara que el Estado uruguayo ha discernido, en el propio monumento a Iemanjá, iguales derechos a la representación cultural para todos los miembros de la ciudadanía, cabría acotar que en la engorrosa atribución de tal universalidad ciudadana consiste el galimatías político del presente. Como el mismo término lo invoca, un galimatías no consiste en la acepción unívoca y ordenada, sino en la profusión textual que no llega a orquestarse en un único orden de lectura. Cierto “universalismo de la diferencia”[5] supone que la identidad ancla en cada quien y no en la igualdad de cada uno por separado, por más que tal igualdad denunciara su frivolidad en la proverbial sentencia “algunos son más iguales que otros”. En cuanto estampa la paradoja de la igualdad en la sintaxis, esa expresión igualitarista denuncia la defección de una perfección que hizo mutis por el horizonte del presente: la igualdad del Soberano consigo mismo.

Igual consigo mismo, se deviene idéntico a la diferencia que se sostiene en cada quien. De tal manera, habrá ciudadanías femeninas, de extranjería, homosexuales, confesionales, marginales, etc. como otras tantas traducciones,  a un sí mismo impar, de una misma condición dispersa entre todos. Esta diferenciación por  singularidad reivindicada supone una libertad de decirse a sí diferente, según una narrativa del yo por cuenta propia.

Tal libertad de diferenciación exige una capacidad de expresión de las opciones singulares, que a su vez requieren  una proliferación de los canales de manifestación pública, sostenidos en el despliegue tecnológico. Tal desarrollo avanza puntualmente a través del kitsch de la pantalla, con su mundo indiferenciado para todos y diferente, según quien lo mire o se dé a mirar.

Es en este punto que conviene volver a la iglesia Dios es Amor. Si  a fines de los años 80’ el kitsch milagrero invadía en horarios tardíos el dial, tal proliferación alcanzó hacia fines de los 90’ y principios del siglo XXI la pantalla chica. Es decir, la pantalla que llega al mayor número y en el plano más íntimo. Por esa vía, la propaganda de la fe se difunde y extiende entre los posibles conversos, ganando márgenes de verosimilitud por la intercesión de la interfaz. La proliferación de locales adquiridos sigue después, como otras tantas posiciones tomadas en un territorio de desembarco, previo tendido de cabeceras de puente mediáticas.

El desarrollo de las identificaciones masivas, de la fusión cultural y de las creencias sincréticas, lejos de provenir de una mera difusión a distancia, supone que entre lo global y lo local se produce una anticresis, por la cual se accede en el lugar “real” al usufructo del lugar “virtual”. La sala litúrgica fusiona testimonialmente, en presencia del creyente, aquello que milagrosamente ya aconteció en un lugar virtual (el trabajo, el matrimonio, el padecimiento).

Esta condición “glocal” de la identificación contemporánea opera por igual, tecnología mediante, tanto para la iglesia Dios es Amor como para  el Estado-nación. Por esa razón, suponer que detrás de una “intervención pública” con tenor político cunde un retorno de la soberanía ciudadana igualitaria, significa algo así como un hapenning militante, o una performance urbana.  Probablemente el mayor usufructo de tal acontecimiento ciudadano corra a favor de las creencias religiosas, que verán una posibilidad más de celebrar un milagro de la fe, esta vez, por la vía del culto a la ciudadanía.

Sin embargo, al igual que en el  criterio del “avance por el mal lado”, caro a Marx como manifestación de un cotejo inevitable aunque no siempre exitoso, conviene tener en cuenta que la glocalidad, mal que le pese a las resistencias institucionales, tiende a colarse por el entramado del presente.

En primer lugar, la interpelación se dirige al gobierno nacional, en aras de una defensa del patrimonio cultural ciudadano[6]. Ahora, no sólo este gobierno no se ha destacado por la defensa de la cultura, claramente subordinada en el discurso oficial a la tecnología, particularmente en perspectiva notoriamente productivista, sino que además ha atacado expresamente al núcleo teórico de la cultura, representado por las humanidades y el saber social. Por si tamaño desajuste de perspectivas con relación a la iniciativa de recuperación de una sala dedicada a la actividad artística no fuera ya suficiente, el actual gobierno ha ultrajado la autonomía de la educación, celebrando por encima de las propias instancias institucionales un “acuerdo educativo” a título político-partidario. Como corolario de lo uno y lo otro, el emprendimiento cultural que reviste el lugar de “buque insignia” del actual elenco gubernamental es una universidad tecnológica, que viola incluso los más elementales preceptos de la autonomía universitaria, aposentando a los gobiernos departamentales en los propios consejos universitarios[7].

Aunque la iniciativa también se dirige a la Intendencia de Montevideo, que no se encuentra directamente involucrada en la regresión cultural y educativa que auspicia el gobierno nacional, no parece que la coyuntura política adorne con los mejores auspicios el patrocinio solicitado ante la repartición gubernamental.

Por otro lado, la reivindicación surge pautada por la pertenencia frenteamplista de sus gestores, tanto en razón de las responsabilidades institucionales involucradas como por la trayectoria militante de sus protagonistas. Cabe preguntarse por el rol que le cabe a la estructura frenteamplista, tan altisonantemente actualizada, particularmente con una elección interna de autoridades de muy reciente data. En efecto, una de las preocupaciones permanentes del frenteamplismo ha consistido, estos últimos años, en lograr la actualización de la estructura organizativa, para dar cuenta de una participación militante cada vez más esquiva.

Este ausentismo militante se hace cada vez más patente de cara a la falencia de las sedes locales de los comités de base, en cuanto ese flaquear presencial se acompasa, por sobre todo,  de un vigor de las “redes sociales”, particularmente e incluso, las frenteamplistas.  Aunque se embandere con reivindicaciones históricas de la izquierda, particularmente relativas a la intervención estatal y a la laicidad pública, esta iniciativa encabezada por Gustavo Leal no deja de desplegarse por fuera de la estructura orgánico-representativa del Frente Amplio, que sufre un nuevo desaire en términos de movilización militante. Se configura, por desvío colateral de iniciativas militantes, un nuevo augurio desfavorable en el horizonte de los aparatchiks, sobre todo al divisarse en este inicio de año el disco de la llegada electoral en 2014.

Apenas cumplida una quincena de la última actualización de este blog[8], la convocatoria a contragobernar que invocábamos hace dos semanas avanza bajo kitsch de pantalla, proponiéndose liberar una sala Plaza ocupada por la iglesia Dios es Amor. Sin embargo, así como el “avance por el mal lado” según Marx depuraba el criterio de la transformación, instruyéndolo a través del mismo fracaso, el kitsch mediático no deja de traslucir el alcance político que encierra: una iniciativa que se despliega  en el campo mediático antes que en el terreno soberano del Estado, una intervención glocal que planta territorialmente un designio virtual, una postergación de las instituciones partidarias relegadas una vez más al margen del cotejo público.

 

[1] Bensaïd, D. Una mirada a la historia y a la lucha de clases, http://biblioteca.clacso.edu.ar/ar/libros/campus/marxis/P2C1Bensaid.pdf (acceso el 14/01/13)

[2] Ver la “teoría de la mentira” en Eco, H. (2000) Tratado de gemiótica general, pp. 21-22  http://exordio.qfb.umich.mx/archivos%20pdf%20de%20trabajo%20umsnh/libros/6928335-Eco-Umberto-Tratado-de-Semiotica-General-01.pdf (acceso el 15/01/13)

[3] “COFE evalúa acciones 2013 a la luz de aprobación del Estatuto del Funcionario” LaRed21 (11/01/13) http://www.lr21.com.uy/politica/1083400-cofe-evalua-acciones-2013-a-la-luz-de-aprobacion-del-estatuto-del-funcionario

[4] “Llamado a Sala”, Montevideo Portal (12/01/13) http://www.montevideo.com.uy/notnoticias_189700_1.html

[5] Marramao, G. (2006) Pasaje a Occidente, Katz, Buenos Aires, pp.181-184.

[6] “Al Gobierno Nacional y a la Intendencia de Montevideo: expropiar el Cine Teatro Plaza para garantizar el uso público” https://www.change.org/es-LA/peticiones/al-gobierno-nacional-y-a-la-intendencia-de-montevideo-expropiar-el-cine-teatro-plaza-para-garantizar-el-uso-p%C3%BAblico?utm_campaign=twitter_link&utm_medium=twitter&utm_source=share_petition&utm_source=share_petition&utm_medium=url_share&utm_campaign=url_share_before_sign&utm_source=action_alert&utm_medium=email&utm_campaign=16273&alert_id=OnIbqqqXIc_PPaucjyJCX

[7] Ver en este blog “Estatización de la tecno-ciencia: el Soberano apolítico” http://ricardoviscardi.blogspot.com/2012/12/estatizacionde-la-tecno-ciencia-el.html

[8] Ver en este blog “Renuncia, regresión y reagrupamiento: contragobernar en 2013” http://ricardoviscardi.blogspot.com/2013/01/renunciaregresion-y-reagrupamiento.html

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A Derecho o torcido

Posted by Teódulo López Meléndez en enero 13, 2013

Audio de Teódulo López Meléndez

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La toma de posesión de Nadie

Posted by Teódulo López Meléndez en enero 10, 2013

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Teódulo López Meléndez

 

Los hechos históricos son a veces homólogos, pero nunca análogos

Goethe

Curzio Malaparte consideró que su libro Técnicas del golpe de Estado había sido una maldición que lo llevó a la fama. El viejo periodista se convirtió en objetivo del nazismo y del fascismo, señalado como una especie de nuevo Maquiavelo, pero también rescatado por quienes vieron en su texto un manual para evitar a los gobiernos democráticos las asechanzas de los golpes de Estado.

Fue el primer escritor italiano preso por su obra literaria y condenado a cinco años de prisión. Alabado por casi toda la prensa occidental, Curzio Malaparte pagó carísimo en su vida haber escrito aquel libro que lo llevó a la inmortalidad literaria. No es asunto fácil andar hablando de golpes de estado. Malaparte había escrito un texto donde el único tema era las formas de estrangular la libertad y asesinar la independencia. En suma, había escrito el texto del contrapoder.

Uno podría preguntarse sobre cómo construir una pequeña fuente de poder y no encuentra respuestas. Los poderes fácticos del pasado desaparecieron o víctimas de sus propios errores o de sus propias canalladas.

Uno puede encontrar en Malaparte desde el 18 Brumario de Napoleón disolviendo la Asamblea Nacional hasta la “Marcha sobre Roma” de Mussolini. En fin, todo un manual sociológico que desmenuza las fuerzas actuantes y también una gran belleza literaria, desde la descripción del Napoleón golpista hasta la toma del palacio de la Táuride por el ejército rojo. Lo que jamás podrá encontrar en este texto, ni en ningún otro, es el antecedente de un “golpe de Estado” para tumbar a Nadie. A. Brunalti – si recuerdo bien en su texto Politiche, anterior al de Malaparte- definió como tal una medida violenta para determinar un cambio de Estado y V. Gueli – si no recuerdo mal en Diritto costituzionale provvisorio e transitorio– se solazó en describir la forma secreta de su preparación y la forma violenta de su ejecución.

Ha sido cambiado todo el concepto, dirán los sesudos constitucionalistas que han aparecido en esta circunstancia venezolana. Ahora “golpe de Estado” puede ser definido como un episodio donde los poderes constituidos realizan una ceremonia pública, previamente anunciada con bombos y platillos para que Nadie tome posesión del poder. Debo dirigirme a Lewis Carrol porque, una vez más, me asalta la expresión de Alicia en su país de maravillas al manifestar su extrañeza de que en ese país sólo existiese un día al mismo tiempo.

Hemos, pues, realizado una solemne toma de posesión, de Nadie. Han asistido Jefes de Estado extranjeros, la multitud ha sido investida como nuevo presidente, los oradores extranjeros desde su rango de cancilleres han tomado la palabra y un concierto ha coronado la juramentación, la de Nadie. Tal como lo dije en un texto anterior también hubo honores militares, para Nadie. Pero para ello la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia había tomado previamente dos decisiones: la de rechazar un recurso de amparo contra la negativa del presidente de la Asamblea Nacional de encargarse de la presidencia del país y otra, subsiguiente, donde declaró no había ausencia ni temporal ni definitiva y esgrimió la tesis de la “continuidad” que permite al presidente seguir siendo presidente sin juramentarse y sin tomar posesión, de manera que la única decisión que tocaba a los opositores era ir o no ir al concierto de la noche.

La toma de posesión de Nadie se produjo el día 10, pero el día 8 fue convocada una “inocente” sesión que sólo tenía por propósito aparente aprobar un crédito adicional y he aquí la “sorpresa”: carta del vicepresidente diciendo que el presidente le dijo no podría asistir a la toma de posesión. Oportunidad única para adelantar el “debate” y poner a hablar a una oposición que el día 5 –después que sus tres oradores habían reconocido el partido de gobierno tenía derecho a presidir la Asamblea Nacional- se negó a votar por el candidato oficialista, para luego el 8 exigirle se encargara de la presidencia de la república, más que en cumplimiento de la Constitución en cumplimiento de la voluntad testamentaria de Chávez convertida así en nuevo dogma constitucional. Por si faltara poco, el excandidato presidencial Capriles convocó a una rueda de prensa donde cifró todo en una decisión del TSJ que estaba cantada de antemano, como hemos visto. Es por ello que he hecho nacer al “Diputado Gasparín”, dado que si andamos entre fantasmas al menos que aparezca uno amistoso.

El diputado Gasparín le señaló a sus colegas parlamentarios que quizás la única sesión de la Asamblea Nacional ordenada por la Constitución era el día 10, que en el reglamento interno estaba estipulada esa convocatoria y que el primer paso a dar era hacerse presente en esa fecha en la sede del Palacio Federal Legislativo y verificar, como era su deber, la ausencia del electo. Gasparín fue desoído, pero parece seguirá pidiendo a diario la palabra.

Estamos en el siglo XXI, qué duda cabe, aunque la mediocridad de nuestros políticos se muestre como jamás antes en la historia de Venezuela. Sin embargo, algunas cosas positivas quedan, como una innovación radical en los conceptos emitidos por los tratadistas, italianos sobre todo –lo que me hizo dudar si titular este artículo “Drama a la italiana o Berlusconi se quedó pendejo”-, un amable recuerdo para Curzio Malaparte que logró su trascendencia literaria gracias a un  libro que le provocó todas las desgracias y seguramente un retiro masivo de estudiantes de las Facultades de Derecho pues habrán comprendido la inutilidad de sus propósitos frente al poder de hecho.

Nadie ha tomado el poder. Nadie es el presidente. Han colocado la muerte del presidente como meollo del huracán, para lograr que Nicolás Maduro vaya a la eventual elección presidencial como presidente en funciones, con todo lo que eso significa. Al cerrar este texto aún se oye en el cielo de Caracas el estruendo de los aviones militares.

tlopezmelendez@cantv.net

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¡Viva la Pepa!

Posted by Teódulo López Meléndez en enero 5, 2013

Viva la Pepa 2

 

Teódulo López Meléndez

“Pepa” fue denominada seguramente por haber sido aprobada el 19 de marzo día de San José. Era la Constitución de Cádiz de 1812, la expresión jurídica de los liberales españoles hasta que se produce la reinstauración absolutista de Fernando VII. El grito “Viva la Pepa” era uno de protesta, de resistencia, de incomodidad frente a la represión.

Podríamos pensar que la acepción que toma en Venezuela la expresión “ese es un viva la pepa” se deba a que el grito era pronunciado por algunos de comportamiento non sancto, quizás de alguno extraviado en el alcohol o poco dado a cumplir sus compromisos, pero también podríamos pensarlo como un señalamiento de los monárquicos locales a quienes lo pronunciaban indicando de esta manera a un  enemigo de Fernando VII.

Sea como haya sido la expresión pervivió entre los venezolanismos como un calificativo de desprecio, lo que nos lleva a tal punto de pensar que no estamos en vísperas de una consideración constitucional sino más bien de una mirada a nuestros vicios. Al fin y al cabo Pedro I Carmona Estanga de un plumazo, y con la ayuda de ilustres juristas,  derogó nuestra Constitución del 99 y proclamó rediviva la del 61, lo que nos hace reflexionar sobre el poder de hecho antes que en sesudas disquisiciones jurídicas. Es decir, una absoluta continuidad de nuestra historia.

Es lo que ahora vemos, una pervivencia de los viejos hábitos enmarcados en la tecnología del presente. Asistimos al divorcio evidente entre redes sociales y realidad, a la credulidad a los rumores y especulaciones, a una clase media dando bandazos y alojada en una morbosidad poco disimulada, a la ignorancia de la existencia de otro país marcado por una fe cuasireligiosa y a la manifestación patética de un desamparo ocasionado por los errores políticos de reciente data que condujeron a la destrucción definitiva de los ya tambaleantes viejos envoltorios protectores, llámense partidos, sindicatos o gremios.

Lo que le queda a los desamparados es el refugio en sus sueños de milagro y a los dueños del poder el mantenerse acorazados, impermeables en un dominio que les parece eterno. Lo hemos visto en la instalación de la Asamblea Nacional, una fuera de lo normal dadas las circunstancias que vivimos. Entre otras cosas hemos asistido a suicidios políticos tal vez como algún senador romano se quitó la vida, en esa ocasión textualmente, ante el acoso de una poblada.

La jugada de Diosdado Cabello trayendo a la palestra interpretaciones constitucionales torcidas, y que tanto éxito le dieron en las primeras de cambio, en el tiempo de las confusiones iniciales y antes de que algún comandante de legión se diera cuenta, cayeron con su elección como presidente de eso que todavía llaman Parlamento. Quizás el propio Cabello no se ha dado cuenta, pero su única salida era ser reelecto también con los votos de la oposición a cambio de la cesión de la segunda vicepresidencia. Al no producirse el hecho –que no se produce por la imposición de una línea dura de no moverse un milímetro como si Chávez estuviese allí- perdió toda posibilidad de encontrar una ruta hacia una competencia con posibilidades de éxito. Diosdado ha sido reelecto, descanse en paz Diosdado. Y con él la oposición que jugó al efímero pensamiento de considerarlo la tabla de salvación, bajo el argumento de que Maduro era el comunista castrodependiente y Cabello apenas un militar nacionalista.

La historia se escribe mientras se sucede, podría argumentar Don Francisco de Quevedo, a quien es mejor interpretar que a la Constitución. La parafernalia del acto, con vicepresidente, ministros, gobernadores, alto mando militar y Don Perico de los Palotes, más la clientela popular rodeando el Hemiciclo por si alguna falla ameritara llamar a al general Monagas a ponerle orden a algún Fermín Toro levantisco, marca el proceso que se nos adelanta y nos hace asegurar que si hasta el momento había un brazo torcido ahora existe colocada una camisa de fuerza.

Es tal la necesidad de hacerse Perogrullo que debimos recordar antes del 10 estaba el 5. Con tal despliegue podemos esperar, incluso, que el día 10 tengamos honores militares incluidos al presidente.  “Es nuestra historia, estúpido, es nuestra historia” quizás deberíamos exclamar parafraseando a Bill Clinton. O deberíamos recurrir al grito de “viva la pepa”.

tlolopezmelendez@cantv.net

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Renuncia, regresión y reagrupamiento: contragobernar en 2013

Posted by Teódulo López Meléndez en enero 2, 2013

renuncia

Por Ricardo Viscardi

Renuncia. El presidente mediático termina por quedar mediatizado –es decir, prisionero [1]- de la propia mediatización  -término que significa también la incorporación a la regulación mediática[2]. La substitución de la mediación presencial por la interfaz a distancia cuestiona el criterio de la transformación histórica, que anclaba en la crítica de la acción cumplida (“el análisis concreto de la situación concreta”[3]), a partir de la propia subjetividad que asumía la responsabilidad del caso. La disolución de la continuidad histórica del sujeto en la convergencia mediática de la tecnología, precipita la renuncia a la teoría (la mirada que desplaza lo inmediato) en un oscurantismo pragmático, que confunde la voluntad con el destino.

La adecuación pragmática del sentido también habilita, a partir de la calibrada perfección de la designación adoptada, un recorrido de boomerang en reversa,  que le replica al inefable “como te digo una cosa te digo la otra” con el expiatorio “desde todos lados te dicen lo mismo”. Mientras desde la oposición denuncian el zarandeo de la opinión presidencial, incluso porque comparten su intencionalidad, desde el oficialismo llaman a hacer oídos sordos a la volubilidad del gobierno, ante todo porque no le dan crédito[4].

La fatalidad de una irrenunciable renuncia, que se anuncia en este blog desde cierto tiempo atrás[5], obedece al propósito presidencial de erigir el espíritu de unidad nacional a distancia, fundándolo en el abismo mediático de la tecnología. La declinación de candidatura sectorial que se eleva desde el entorno presidencial, encierra bajo excusa de entrega militante -ya desde las elecciones del 71’ por parte del  Movimiento 26 de Marzo[6], la cesión de derechos políticos al primer aparato de Estado con ínfulas de soberano. Tal soberano, que ayer encarnaba un partido inspirado por la ciencia, hoy queda en manos de la información gestionada por la tecnología.

En términos de una transferencia de poderes de la historia a la máquina, la renuncia que antes se ofrendaba a la fatalidad estratégica del mandato popular, ahora se pronuncia de cara al tele-prompter (la pantalla que apunta desde el frente de la cámara, el mismo texto que pronuncia un locutor, en el curso de una emisión informativa) que dicta la última encuesta de opinión (ver nota 4 al pie de página). En los dos casos, la renuncia (presidencial por excelencia) se pronuncia irrenunciable, porque antes de decidir singularmente (sin excelencia ni presidencia) ya se abandonó en manos de la necesidad soberana de la estructura (ayer “social” hoy “cognitiva”). El relato mediático hará lo demás, bajo una versión tardía y medicalizada[7], desde ya prevista en la agenda setting[8].

Regresión. El crecimiento político de la izquierda uruguaya fue efecto de la extensión en profundidad nacional de una diversidad de orientaciones ideológicas (anarquista, socialdemócrata, bolchevique). Contrapuesta a esa raigambre decimonónica de la reivindicación democrática, la ruptura paradigmática con la modernidad, que adviene en la segundad mitad del siglo XX, no fue incorporada ni a la lectura ortodoxa (tal como intentó hacerlo el eurocomunismo) ni al nacionalismo cultural latinoamericano (tal como lo ha logrado la fusión indigenista a partir del zapatismo). Las grandes vertientes de participación política que se abren con la militancia antiimperialista de los 60’ y los movimientos sociales de los 80’, fueron coaguladas a partir de la década siguiente  por la matriz frenteamplista, doblemente anclada en el fundamentalismo soviético de los frentes populares antifascistas y en la jerarquía partidocrática de la cultura política uruguaya.

Imbuida de una defensa racionalista del paradigma positivista y progresista, que se veía universalmente cuestionado desde los 60’ y se descalabró con la disolución del “socialismo real”, la izquierda perdió dialécticamente todas las discusiones. Sin embargo, también ganó tendencialmente todas las elecciones, beneficiaria de una inercia propia de la matriz izquierdista del batllismo. Una y otra vez cuestionada desde los mismos partidos “históricos” que se veían, particularmente en perspectiva electoral, víctimas de la máquina que habían inventado, la memoria cultural progresista obró como una fuente permanente de energía política, a favor de una izquierda juiciosamente lerda en la aproximación al gobierno. Una derecha que favoreció primero el golpe de Estado y protegió más tarde a sus protagonistas, justificó el lento giro hacia la faz superior de un revés de la trama izquierdista, que comenzó a mostrarse como el espejo mismo de la nostalgia batllista, una vez que el Frente Amplio llegó al gobierno.

Hoy día el vicepresidente frenteamplista sintetiza ese conglomerado imbuido de sensatez, cuando celebra la salida económica que patrocinó el propio Sanguinetti[9]. Dispuesto ante todo a pedalear en la bajada, aquel Papa batllista encuentra ahora un émulo en el candidato natural del Frente Amplio a la presidencia, dispuesto a su vez, a endosar el paternalismo financiero por encima de opciones inmaduras.

Desprovisto de todo relato alternativo por su propia actuación ideológica, tras haber albergado bajo la bandera del interés nacional la implantación globalista de Botnia, para favorecer más tarde la regimentación de los funcionarios públicos en aras de una fantasmal “reforma del Estado”, el Frente Amplio carece de convocatoria movilizadora de sectores que escapen a los círculos involucrados en la partidocracia.  Representada ante todo por el hundimiento electoral de las mayorías heteróclitas, pero también diversas, que sumaba el MPP en las últimas internas frentistas, esta regresión habla a las claras de un relato heroico descreditado por la propia posteridad que reivindicaba.

Reagrupamiento. Cierto laudo que insiste en la fatalidad de la recuperación capitalista, auxiliado contextualmente por una obsecuencia oligárquica de algunos subversivos de antaño, quizás manifiesta, antes que una fatalidad de la claudicación democrática, un apresuramiento crítico. Si se supone que la determinación económica exige ante todo un objeto ostensible y conmensurable, entonces siempre vamos a encontrar “capitalismo” donde podamos observar la “mejorvalía” que ya analizaba Sismondi[10]. Sin embargo, hoy la acumulación económica no se dirime en razón directamente proporcional a la propiedad jurídica del capital, sino a las condiciones idiosincráticas de la cohesión productiva y tecnológica –tal como lo ha demostrado el contexto asiático desde el “milagro japonés” en adelante.

Es decir, tal objetividad no mide sino efectos de una disciplina social, que proviene ante todo de configuraciones antropológicas y sedimentaciones culturales. Por lo tanto, donde se constata una “fatalidad objetiva de la recuperación capitalista” quizás no se registra sino el desglose corpóreo de un “sí mismo”, diferenciado a partir de la propia actividad, tal como la analizara Foucault al entenderla como “una actividad extensa, una red de obligaciones y servicios para el alma”[11]. ¿No se ha señalado desde Weber en adelante que el desarrollo capitalista encuentra como principal promotor histórico el ascetismo protestante[12]? Si algo caracteriza al espíritu cristiano, es su afinidad con la materia terrenal (misterio de la encarnación mediante, sobre todo, “mediante” en el sentido de la mediación, prosaicamente encarnada por el valor de cambio).

Colegir de la ambición estatal que cunde entre algunos que ayer arrostraron el sacrificio personal, una fatal  seducción del más obvio de los poderes públicos, es confundir los lugares con las inscripciones. Desde la movilización multitudinaria y relativamente súbita contra la dominación totalitaria que anunciaba el pachequismo, el camino recorrido se encuentra jalonado por una suma de pasos que desacreditaron sucesivamente los propios fundamentos del poder de Estado.  ¿Alguien propondría hoy, como cundía en los 60’, “tomar el poder” por una vía de asalto, para instalar desde allí un porvenir democrático venturoso? Por más que algunos sigan fantaseando con un desenlace irreversible y trascendente, encabezado por una vanguardia esclarecida (es decir “la transformación histórica”), la proyección venturosa que se vinculaba a un aparato de Estado (a “transformar”) dejó de formar parte de las descripciones verosímiles del acontecer público.

Esta inverosimilitud no proviene de un “fracaso de experiencias” o de “errores estratégicos” –sintetizados en el episodio de “la caída del muro”, sino de la cuestión democrática entendida a partir de las redes sociales y la tecnología mediática, incompatible bajo esas pautas con una versión soberana del poder público.   En el marco de una diáspora de desvinculaciones –iniciada con múltiples secuencias a partir de los 70’, el MLN quedó reducido a una expresión subsidiaria dentro de la izquierda. Ante un debacle que comportaba la desaparición política,  la supina ambición de ocupar cargos gubernamentales ofrece un oportuno placebo de designios juveniles, más ambiciosos en su momento, pero crudamente vacuos de contenido crítico en el presente.

Antes que caer en el fatalismo de una objetividad perogrullesca, que sólo conforta al determinismo economicista, o abordar desde el plano moral una claudicación política, que trasunta ante todo obsolescencia ideológica, conviene reseñar un legado que recoge el presente. Desde la crisis del modelo batllista, que hoy se intenta recomponer desde el sistema de partidos, la colectividad uruguaya registra tres grandes desplazamientos de las conductas sociales y de las perspectivas ideológicas.

El primero traduce la ambivalencia de una “democracia legal” contrapuesta a la subversión armada y clandestina, que justificándose en la “defensa de las instituciones”, abrió una senda de incorporación estratégica al bloque occidental, en el contexto de la Guerra Fría. La experiencia totalitaria del Uruguay, cristalizada por encima de una mera dictadura de estamentos,  removió un sustento de las libertades que no se transparenta en el cristal de las formas jurídicas, sino que acontece –mal que le pese a todos los formalismos- al borde de cualquier representación.

El segundo episodio mayor de la experiencia pública corresponde al surgimiento de los movimientos sociales, hacia el fin del período del gobierno totalitario de seguridad nacional, afiliado a la hegemonía estadounidense. Estos movimientos expresan el anclaje de la actividad democrática en un haz de singularidades públicas, que por contraposición al monolitismo de las “visiones del mundo”,  no pretenden unificarse en un punto finalista del destino histórico (a la manera de “el socialismo” o “el comunismo”). La diversidad de los movimientos sociales señala la inversión de la flecha vectorial de la organización pública democrática, que toma el sentido del terreno idiosincrático, irreductible a la “violencia metafísica” que infunde un criterio soberano de la unidad social[13].

Desde inicios de la última década, la organización en redes virtuales, denota un criterio de vinculación que escapa a la territorialidad geográfica y configura colectividades a distancia. En cuanto la situación social deja de ser una determinación clave del vínculo público, la confluencia adopta la vía de la afinidad idiosincrática. La índole comunitaria proviene del vínculo establecido antes que de la base de subsistencia, tanto en el sentido de un espectro de elecciones compartidas, como en el sentido de la índole “inmaterial” de la participación. La condición democrática llega a ser entendida como un efecto de la intervención virtual, que apunta hacia un mismo terreno de elección en razón de una convocatoria compartida.

Contragobernar en 2013. El sistema de gobierno actual, patéticamente replicado desde el Estado, se sostiene en los medios de información y comunicación, a través de la mediación tecnológica de la sociedad. Ya forma parte del acerbo tradicional del saber político que “dos minutos en la televisión valen más que dos horas en el parlamento”. Reiteradamente hemos traído a colación en este blog la convicción presidencial, al inicio de un segundo mandato: “Sanguinetti cree que los medios son más “fuertes” que los estados y los gobernantes”[14].

El delgado hilo de la zafra electoral que une a los políticos profesionales con los medios de comunicación y las empresas de medición pública transita por un itsmo que episódicamente se angosta sin cesar. Periódicamente, la marea mediática relega al sistema político en una isla separada del continente público, que pugna por ganar la orilla de una racionalidad del rating, que prospera a espaldas y frecuentemente en desmedro de toda proyección ideológica (por ejemplo, a través del segmento informativo seguridad/violencia/drogadicción).

Por consiguiente, el paso de la opinión a la movilización se hace cada vez más frecuente y ocasional, depende relativamente menos, a cada giro de coyuntura, de la regulación ideológica y partidaria. Esto supone que otra índole de regulación, concernida ante todo por la opinión pública y su movilización de impacto sobre las asociaciones ciudadanas, gana significativamente terreno a cada paso.

Sería un error entender que esa configuración virtual de la existencia pública prescinde de las comunidades cristalizadas idiosincráticamente. Tanto como sería un error entender que la parafernalia artefactual es el plano articulador de las coyunturas ciudadanas. Pero sí es necesario observar que la regulación mediática del presente se activa allí donde la relación presencial es substituida por el vínculo a distancia y donde el soporte discursivo de la institucionalidad deja paso a la sinergia gregaria de la interfaz.

Conviene por lo tanto aprender de experiencias diferenciadas. El conflicto desatado en torno a la instalación de Botnia se desplegó estratégicamente en el campo de la opinión pública. En tanto primó la diferenciación con la Argentina, en un terreno de la problemática social (la promesa de inversión extranjera directa en un contexto de pauperización generalizada) poco transitado en el país, la partida mediática fue ampliamente ganada por la conjunción de la “amenaza argentina” con la promesa de inversión directa transnacional.

Sin embargo, en el caso de la propuesta de instalación de un Tratado de Libre Comercio con EEUU, la profundidad histórica del registro contrario al vínculo con la potencia imperial primó en la opinión pública, en sentido contrario al designio gubernamental. Esta instrucción incorporada por la memoria política ganó la partida, pese a que se enfrentaba al mismo proyecto estratégico que sostenía al “proyecto agroforestal”. De esta manera, la movilización pública liderada por la central obrera con el  “coro” de una pluralidad de asociaciones y colectivos sumados, determinó una amplia movilización que echó por tierra un proyecto que contaba en el gobierno, sin embargo, con un convicción similar a la culminó con la instalación de Botnia.

¿Qué significa entonces “contragobernar”? Significa que la disyuntiva entre la destitución del poder de Estado –desmontado por  Foucault a partir de la explicación del dispositivo panóptico- y la imperiosa necesidad de ganar injerencia en la gestión pública, no pasa por la contraposición entre una pulsión de  movilización y una incorporación administrativa a la gestión estatal[15]. En cuanto la “campaña electoral permanente” -que desarrollan combinadamente los medios de comunicación y las encuestadoras de opinión- deja al sistema político a merced de una multitud promovida y solicitada con rango de soberanía, Leviatán tiende a incorporarse desde la propia anatomía mediática de la opinión pública. Esta transferencia de la fuente de la soberanía trastoca la economía del poder público, porque coarta la noción unitaria de la emanación, es decir la noción de la inmanencia como efecto de un principio, supérstite o fundamental, que sólo Spinoza desplegó como efecto corpóreo sucedáneo al poder[16].

Conviene prestar atención al afán parlamentario de establecer canales de televisión propios para entender, por esa vía aparentemente paradójica de una soberanía que gobierna por tecnología interpuesta, que el elemento medular del poder en clave de redes y medios, es la configuración de la opinión pública en tanto asamblea a distancia.

Esta configuración no es espontánea ni advenediza, e incluso se enfrenta al control de los sistemas de comunicación (la gran prensa, la publicidad mercadotécnica, las “industrias culturales”), otros tantos comisarios políticos de la tecnología. Pero puede sin duda afirmarse que el campo mediático ofrece, por el mismo carácter estratégico que representa para los poderes del presente –incluso por la diseminación artefactual a la que propende una tecnología presidida por la información, un terreno en el que la intervención democrática puede retroalimentarse de la necesidad de su adversario, e incluso por vía de consecuencia, llevarlo a retroceder puntualmente en cuestiones estratégicas. Hoy debemos avizorar un Uruguay de mega-empresas, pero no un Uruguay-Estado-Asociado, vía TLC, a los Estados Unidos. El desafío del contragobierno queda planteado, sobre un terreno que los poderes no logran ocupar sin concitar una incidencia mediática de la ciudadanía.

 

[1] “Mediatizar” (y “mediatización” por extensión) RAE http://lema.rae.es/drae/?val=mediatizar

[2] Igarza, R. (2008) Nuevos medios, La Crujía, Buenos Aires, p.135.

[3]   Lenin, citado por Mao Zedong en La Contradicción, p.8  http://www.matxingunea.org/media/pdf/mao_tesis_filosoficas_la_contradiccion.pdf

[4] “Vamo’ a hacer ese” Montevideo Portal (28/12/12) http://www.montevideo.com.uy/notnoticias_188465_1.html

[5] Viscardi, R. “Mujica contra la filosofía: la desobediencia civil presidencial” en Tiempo de Crítica (Rev. Caras y Caretas) 16/11/12, p.13 http://ricardoviscardi.blogspot.com/2011/06/mujica-contra-la-filosofia-la_7065.html

[6] Vadell, A. “La senda está trazada, pero se confundió el camino” Mate Amargo, http://www.mateamargo.org.uy/index.php?pagina=notas&seccion=la_ronda_del_mate&nota=228&columnista=12&edicion=10

[7] “Presidencia Compulsiva” Montevideo Portal (12/12/12) http://www.montevideo.com.uy/notnoticias_186930_1.html

[8] Anticipación programada periodísticamente de la actualidad futura.

[9] “Qué cuadro, Julio” Montevideo Portal (06/12/12) http://www.montevideo.com.uy/nottiempolibre_186446_1.html

[10] Piazza, G. “Sismondi” (consultar el subtítulo “Fuente del marxismo”) en Zona Económica http://www.zonaeconomica.com/sismondi

[11] Foucault, M. (1990) Tecnologías del yo, Paidós, Barcelona, p.61.

[12] Op.cit.pp.46-47.

[13] Vattimo, G. (2009) “El final de la filosofía en la edad de la democracia” en Ontología del Declinar, Biblos, Buenos Aires, p.259.

[14] Pereyra, G. “Sanguinetti cree que los medios son más “fuertes” que los estados y los gobernantes” Búsqueda (14/09/95) p.10.

[15]  Ver la “crítica” de Zizek en Roca Jusmet, L. “La democracia como emancipación” en Tiempo de Crítica (Rev. Caras y Caretas) (14/12/12) p.14.

[16] Spinoza, B. (2000) Tratado de la reforma del entendimiento, elaleph.com, pp.64-65 http://www.elaleph.com/libro/Tratado-de-la-reforma-del-entendimiento-de-Spinoza/440534/

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Los números de 2012

Posted by Teódulo López Meléndez en diciembre 30, 2012

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2012 de este blog.

Aquí hay un extracto:

19,000 people fit into the new Barclays Center to see Jay-Z perform. This blog was viewed about 58.000 times in 2012. If it were a concert at the Barclays Center, it would take about 3 sold-out performances for that many people to see it.

Haz click para ver el reporte completo.

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Feliz Año Nuevo

Posted by Teódulo López Meléndez en diciembre 28, 2012

feliz año 3

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El ciclo de nuestros años

Posted by Teódulo López Meléndez en diciembre 27, 2012

ciclo

 

Por Antonio Limón López

Cada año termina con los mejores propósitos, con grandes proyectos, con esperanzas y compromisos personales, es un ritual que parece una especie de “13 Baktún” personal, pues todo lo negativo del pasado se redime ante la aurora de un nuevo volver a empezar, así que en tales momentos ignoramos la memoria de aquello largos doce meses de insatisfacciones, debilidades, confusiones y actos dignos del pronto olvido.

Pocos años escapan a este embrujo cíclico, algunos pocos fueron como el 2000 en que iniciamos el segundo milenio con elecciones democráticas en México, o como 1992, que amaneció sin la existencia de la Unión Soviética y con la esperanza de una paz cimentada en el entendimiento de todo el mundo, o 1946 cuando el mundo despertó sin padecer ya la pesadilla del nazismo. Es cierto que en ningún caso lo prometido ha sido satisfecho plenamente en los hechos, pero fueron años en los que las malas inercias se tornaron en cauces positivos y esperanzadores.

En muchos sentidos 2012 fue uno de esos años prometedores de grandes cambios, no solo debido a las muchas interpretaciones del calendario maya, sino a precisas interpretaciones de nuestro presente, nuestras necesidades de cambio y las condiciones ideales para que se consolidaran esos cambios en este año. La derrota del PRI en las elecciones del 2000 no implicó derrotar al priismo como la forma de hacer política en México, pero el 2006 planteó la posibilidad real de enviar al infierno al priismo a cambio de una política congruente y de principios, donde el PRD y el PAN lograrían intercambiar sus reclamos y conjugarlos en una agenda común, hasta hacer superflua e inútil la presencia del oportunismo y pragmatismo amoral característico del PRI.

Sin el lastre del priismo, México podría caminar hacia el estado federal hasta ahora pospuesto o deformado, hacia la democracia sin máscaras que se practicaría desde el corazón mismo de nuestra sociedad, e incluso desde los partidos políticos, seríamos un país conformado por una sociedad meritocrática donde los talentos y las cualidades se apreciaran con justicia, vinieran de donde vinieran y donde las buenas razones se escucharían sin fanatismos sectarios. Para eso 2012 era el plazo justo, suficiente para que el cambio no solo fuera de membretes partidistas sino hacia una real transición democrática, sencilla y verdadera, por lo que las elecciones del 2012 se antojaban como el escenario perfecto para que surgiera el rompimiento definitivo con el pasado degradante, con el México irracional, obscuro, enfermo, fanático, aterrorizante y naciera el juego justo y democrático entre adversarios leales a fines superiores y comunes.

Ahora sabemos que todas esas esperanzas fueron vanas, en lugar de presenciar el declive del partidismo, asistimos a la enajenación partidista, donde los mexicanos fuimos llevados a los corrales de cada partido para disponerse de nosotros como si fuéramos reses, se despreció nuestro intelecto y se nos obligó a balar consignas, los partidos se convirtieron en burocracias sin  democracia, sin igualdad, centralizadas y tramposas, los liderazgos que nacieron o se consolidaron en estas condiciones, fueron obtusos, insensibles, demagógicos y los candidatos, todos fueron al contentillo de las cúpulas burocráticas de los partidos, dejando al militante la opción para escoger entre el malo impuesto y el otro malo igualmente impuesto, las elecciones no fueron mejores, todos los candidatos surgieron de procesos amañados y el fondo ideológico común fue el percudido priismo del pasado.

A contrario de lo esperado en 2000 y 2006, la realidad en 2012 fue la peor de todas las pesadillas, en primer lugar el triunfo absoluto del PRI dentro de la sociedad mexicana, dentro de los partidos de oposición, dentro del PAN y dentro del PRD, candidatos miserablemente pobres y legisladores electos que son verdaderas reses en el senado y en la cámara de diputados. En esencia el pragmatismo, la antidemocracia, el centralismo, el sectarismo, la irracionalidad son los elementos dominantes en el escenario nacional, que es una gigantesca farsa, donde las componendas se están haciendo en lo obscurito entre la pandilla del presidente de la república y los dirigentes de los “partidos” políticos nacionales. Estamos en medio de un pacto secreto cupular cuyo contenido y cuyas recíprocas contraprestaciones desconocemos, pero al que estamos sometidos sin dar nuestro consentimiento.

Lo que nos espera es la profundización de los males nacionales históricos, el pandillerismos político, el centralismo, el autoritarismo, el sectarismo ideológico, la rapiña, la simulación, el gobierno oculto de los líderes de los partidos políticos, la componenda sucia, la mentira, el ocultamiento de la verdad, la degradación de todo y de todos, a esto no escapa ningún partido político, ningún dirigente, ningún medio de comunicación. 2012 fue el año que termina en el momento triunfante del priismo y es el renacimiento del ciclo priista, donde sus anti valores se funden con el gobierno, con la “oposición” de todos los colores y con cada uno de nosotros, ya que abominamos de la igualdad, de la razón, de la inteligencia, de la justicia, de la democracia, del federalismo aun cuando simulamos y proclamamos esos valores como si fueran nuestros, cuando en realidad los despreciamos, los repudiamos.

Así que en estos días de fin de año, pasaremos por alto esta realidad y jugaremos a los grandes legisladores y al “pacto” de opereta, pues a final de cuentas a nadie le importa un cacahuate lo que ocurra y cada cual se aferrará a lo que pueda por seguir viviendo de esta simulación cíclica y eterna. 2012 Es otro año más en la cuenta de los años muertos, no termina nada con él, ni implica el principio de nada nuevo, es solo el punto de retorno a lo mismo de siempre, para seguir el mismo camino de siempre, honrando a gesticuladores, celebrando farsas y mentiras, es otro año igual entre otros también iguales, con el mismo pueblo que es o ignorante o apático, con una historia que se repite retorciéndose y anudándose en nuestro cuello, como la soga de la que colgamos desde 1821.

 

 

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Unidad nacional o un brazo torcido

Posted by Teódulo López Meléndez en diciembre 25, 2012

brazo 2

 

Teódulo López Meléndez

 

El presidente podrá venir o no venir el 10 de enero a tomar posesión de su nuevo mandato. Es algo que no podemos saber ni tiene ya relevancia política. Con un lápiz corrector blanco han eliminado esa fecha del almanaque, aunque veremos la puesta en escena.

 

Diosdado Cabello ha resultado un político de esos que le callan la boca a sus detractores haciendo uso de una habilidad nata. Lanzó una tesis que más que interpretación constitucional parecía de entrada una “boutade” o un juego peligroso que podría aislarlo o una simple ratificación de lealtad por encima de todo, pero que llevó a ejecución con grandes conversaciones con la oposición y poniendo a Nicolás Maduro ante la disyuntiva de aparecer como un ambicioso que por encima de todo pensaba en la conveniencia de cumplir con la Constitución que llevaría a nuevas elecciones.

 

La tesis –absolutamente válida- de que al PSUV convenía la pronta realización de elecciones presidenciales para aprovechar el impacto de las regionales fue desmontada hacia el interior del partido de gobierno, pero no hacia la oposición. Esta última sabía perfectamente que esa eventual elección la llevaría a otra derrota y vio la mano de Diosdado casi con la religiosidad de ese dedo de Dios que se admira en la Capilla Sixtina.

 

Una elección inmediata conllevaba a la inevitable candidatura de Nicolás Maduro, con muy buenas posibilidades de victoria. Había que ganar tiempo y el tiempo había que ganarlo haciendo uso de un lápiz corrector blanco, uno milagroso de alteración del calendario, más que de la Constitución,  para esperar lo que todos consideran inevitable. Había que ganar tiempo y en ello los intereses de Diosdado y de la MUD coincidían a la perfección.

 

Por su parte, Maduro quedó atrapado en las redes. Mostrarse como un cerrado y ortodoxo intérprete constitucional lo hubiese comprobado como un apresurado, como un deleznable ambicioso que quería elecciones ya para hacerse de la presidencia. Por lo demás, Maduro no ha mostrado una especial habilidad política y fue incapaz de encontrar el tridente de Neptuno para romper la red que le caía encima. Lentamente todos fueron entrando en ella, una de manifestación de solidaridad absoluta con el comandante-presidente que seguía siendo ambas cosas, uno reelecto para el cual el cumplimiento del mandato constitucional del 10 de enero no era más que un mero trámite que bien podría obviarse.

 

He aquí el milagro del Espíritu de la Navidad. Como un vaporoso manto una especie de unidad nacional impensable ha venido a sustituir la polarización encarnizada y el odio irredento. Los intereses comunes han privado. Lo que se diga en la Asamblea Nacional el 10 de enero carece de importancia. Sea cual sea la vía que aprueben, hablen de lo que hablen (ausencia temporal, juramentación ante TSJ o la tesis de porqué las ranas no echan pelo) el Derecho es absolutamente irrelevante frente al gran acuerdo político.

 

Habrá disidencias ese día. Alguno de la oposición puede que se rasgue las vestiduras o que toda en ella en conjunto lo haga, por aquello de guardar las apariencias o de hacer lo políticamente correcto. Puede también manifestarse alguna disidencia seria. Ya carece de importancia porque el resultado está escrito. Lo que no está escrito es lo que se hará con el tiempo ganado.

 

Estamos ante un hecho impreciso: la salud del presidente Chávez. No somos médicos en busca de fama o “periodistas estrellas” para especular al respecto y cuando la imprecisión es la norma no es mucho lo que se pueda determinar de antemano para un comportamiento estratégico y táctico planificado. Para la MUD será un mero aplazamiento, no más. Las mediciones son de Diosdado, pero ya hemos visto es un político habilidoso. A quién más le conviene que el comandante-presidente haga su entrada el 10 de enero en el recinto de la Asamblea Nacional y se juramente hasta su fin es a Nicolás, pues estaría protegido en el lapso. En el mientras tanto Nicolás sigue con el brazo torcido y a punto de no poder lanzar en el play off del beisbol venezolano.

 

En el lapso, Diosdado seguirá explicando a sus interlocutores de la oposición las ventajas que han podido ver de colocar al país en la calma y en la paz. No voy a usar la expresión de Izarrita “eso es lo que hay”. Prefiero recordar a ese personaje llamado Óscar Yánez y asegurar con él “así son las cosas”.

 

tlopezmelendez@cantv.net

 

 

 

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Jugar a cara o sello

Posted by Teódulo López Meléndez en diciembre 21, 2012

Cara o sello 1

Teódulo López Meléndez

En Venezuela no tenemos ningún problema constitucional, tenemos sí un serio problema político que no puede despacharse alegremente.

La Constitución señala una fecha precisa para la toma de posesión del presidente electo que en este caso es el mismo saliente y cuya ausencia por enfermedad es obvia.

La burlas sobre la salud del presidente me han llevado a llamar constantemente la atención sobre la necesaria seriedad con que hay q abordar este asunto, pero en las redes sociales se celebra muerte anticipada con un desparpajo que mueve a reflexión. No se trata solamente de una inexcusable manifestación de odio, sino de una inconsciencia rayana en la más atroz irresponsabilidad.

Si no logra percibirse lo delicado del momento político andamos muy mal. Lo que está planteado es el estado de salud del Jefe del Estado encarnado por un líder fuerte que ha presidido a su voluntad al país por más de 14 años. Jamás en la historia la eventual sustitución de alguien de esas características ha sido fácil, como no podemos recordar una transición donde no se produzcan luchas por cuotas de poder.

Las declaraciones originales producidas por el presidente de la Asamblea Nacional que llevan a esta reflexión, solicitando una interpretación del texto constitucional y sugiriendo una, las tomamos de entrada como un ejercicio político, como una jugada de preservación de su propio poder, no sin advertir que cuando se juega sobre un asunto de especial sensibilidad nacional se corren riesgos que pueden salirse de control. No obstante, quizás para no caer en la jugada de quien debería ser el presidente encargado si se produje la ausencia del titular –demostración de un desprendimiento del poder que forma parte de la jugada- el vicepresidente, no sin dejar claro que para él el testamento es preciso y contundente, ha abierto también la posibilidad de una consulta ante el Tribunal Supremo de Justicia. Y más grave aún, la presidenta del máximo órgano judicial comenzó a asomar una tesis sobre la “continuidad” que nos hace mirar la situación más allá de una “boutade” o de un simple movimiento de acomodo de poder frente a los hechos.

El país corre graves riesgos con esta maniobra, pero el chavismo también. Buscar la quinta pata del gato con interpretaciones dónde no caben puede conllevar para el partido de gobierno la pérdida de una muy buena posibilidad de victoria del elegido gracias al impulso de los resultados de las elecciones regionales, pero también al callejón sin salida de perseverar en un gobierno cuya legitimidad y constitucionalidad sería puesta en duda y con un presidente Chávez cuya salud nadie puede garantizar. Colocar al país en una situación de desconocimiento de la Constitución puede desatar los fantasmas. Me he permitido decir que quien abre las puertas del Averno es el primero en ser devorado por los demonios.

Ya existe chavismo sin Chávez, como lo demuestran las elecciones regionales, hay un movimiento allí consolidado que sería arrastrado al limbo si deciden tomar el camino de aplazar inconstitucionalmente la toma de posesión presidencial. La oposición, por su parte, estaría desafiada a un llamado de calle pues entre sus filas nadie entendería una omisión frente a una jugada disfrazada de interpretación constitucional.

De manera que la situación en esta Navidad es altamente preocupante. No hay ganancia para nadie en el cuadro hipotético que se asoma, menos para el país. Quizás resulte para algunos inocente llamar al mantenimiento de la sindéresis y de una frialdad de mente frente al hecho. Sin embargo, debemos hacerlo. La suerte de la república no se puede jugar a cara o sello.

tlopezmelendez@cantv.net

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