Por Mauricio Botero Montoya

En su auge a principios del siglo pasado, abrió el canal de Panamá en donde Francia fracasó. Su dirigencia “WASP”, blancos, anglosajones, protestantes, con su vocero Teodoro Roosevelt exclamó con agresividad “I took Panama”.

Pero sin duda fue una respuesta creadora de impacto global, inmediato. Convirtieron a los países del viejo imperio español en sus aliados, devinieron en el nuevo imperio.

En su declive los cansados WASP representados por Trump han perdido el ángel de dar respuestas creadoras. Pretenden volver a su grandeza levantando una barrera contra México, a quien le quitaron el 52% de su territorio en 1848. Teodoro Roosevelt se habría burlado de esa miseria.

Como país constituido por millones de emigrantes lograron, por ejemplo, que los hispanos, cubanos, puertorriqueños y, como no, colombianos, convirtieran al atrasado estado de La Florida, en un emporio pujante. Se preciaban de ser una nación de puertas abiertas. La estatua de la libertad en Nueva York fue el símbolo en el imaginario colectivo (y en la realidad física) de llegada de los que buscaban “el sueño americano”, pues en su pujanza se apropiaron de pasada del nombre de todo el continente.

Los WASP hoy temen que los migrantes, negros, hispanos, y demás, los desplacen por simple realidad numérica. Y sus élites saben que están en un proceso acelerado de perder la supremacía. Eso los exaspera, pero sobre todo por cuanto son ya incapaces de generar respuestas creadoras de verdadero liderazgo universal. En consecuencia, sus alianzas, las que ganaron al inicio del imperio por ser la mejor locomotora, se están atascando como rueda en un lodo otoñal. No logran suscitar un entusiasmo moral distinto a la aritmética de suma cero, ni despiertan entusiasmo alguno que sobrepase el ámbito material de lo inmediato. Incluso, como es el caso de lo que queda de México, eso está en cuestión.

Su otrora bandera de libertad, de igualdad de trato, o de tolerancia, está remendada desde la derrota en el Vietnam. Y cuando se evoca el fin de la segunda guerra mundial, sus aliados les recuerdan ese antiguo espíritu de grandeza que ya su presidente ni comparte, ni acoge, ni tolera. No sabemos si Trump o lo que representa, es solo una anomalía histórica pasajera o un síntoma permanente.

Lo análogo ahora en este siglo XXI a la iniciativa del canal de Panamá, es “El Camino de la seda” que construye la China como imperio en ascenso. Impactará al Asia, a Europa y al norte del África de forma directa y, en fin, a todo el globo. Como el estado chino es autocrático, totalitario, sabrá dios que deparará a Occidente, y al mundo.

EU en su apogeo como imperio (ha habido poco más de 70 en la historia humana), omitió hacer algo que ningún otro imperio ha hecho. Se abstuvo de usar la bomba atómica contra su contrincante histórico Rusia, cuando tuvo su dominio exclusivo tras 1945. De haberla tenido Stalin o Hitler, la historia ¿cómo sería?