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Por Jacek Rostowski

BUDAPEST – Los populistas como el presidente estadounidense Donald Trump y el líder polaco de facto Jaroslaw Kaczynski, y los autoritarios como el presidente turco Recep Tayyip Erdogan y el presidente ruso Vladimir Putin no solo comparten la etiqueta de la llamada “democracia antiliberal” del primer ministro húngaro Viktor Orbán. Cada uno de ellos también propugna una forma de “capitalismo antiliberal”.

Pero ¿qué implica el capitalismo antiliberal y cuán compatible es con la democracia antiliberal? En primer lugar, como nacionalistas, Trump, Kaczynski, Erdogan, Putin y Orbán consideran la economía de mercado no como un medio para impulsar el dinamismo, la eficiencia, la prosperidad y la libertad individual, sino principalmente como una herramienta para fortalecer el poder estatal.

Históricamente ha habido varias escuelas de pensamiento autoritario de derechas sobre la relación entre el mercado y el Estado. En un extremo, los nazis instauraron una economía dirigida mientras mantenían la propiedad privada y un alto nivel de desigualdad del ingreso. En el otro extremo, en Europa y Estados Unidos los darwinistas sociales de principios del siglo XX reclamaban libres mercados internos sin trabas en los que solo sobrevivirían los “más aptos”, lo que conduciría a un país más fuerte.

Rusia se encuentra actualmente en un extremo del espectro capitalista antiliberal. Putin considera el colapso de la Unión Soviética en gran medida como un fracaso económico, y reconoce que la propiedad privada y el mercado pueden hacer que la economía rusa sea más resistente a las sanciones occidentales. Pero también cree que los derechos de propiedad privada se sitúan detrás de las necesidades del “Estado de seguridad” ruso, lo que significa que la propiedad siempre es condicional.

Putin también cree, como corresponde a un exoficial de la KGB, que el Estado ruso tiene “derechos de propiedad última” sobre los activos privados de sus ciudadanos no solo en Rusia, sino también en el extranjero. De este modo, los oligarcas rusos y las empresas que operan a escala internacional (como las que han interactuado con The Trump Organization) son potenciales instrumentos de la política exterior rusa.

Una famosa broma de Hitler señalaba que mientras los bolcheviques habían nacionalizado los medios de producción, los nazis habían ido más lejos al nacionalizar el pueblo mismo. Esto resulta similar (si bien es más “total”) a la idea que Putin tiene de la relación entre los capitalistas y el Estado: incluso el oligarca ruso más rico es básicamente un siervo de este.

Texto completo en:

http://www.nacion.com/opinion/foros/anatomia-capitalismo-antiliberal_0_1658034187.html

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