Domar la corrupción exige cambios en Brasil

 

Por Mario Osava

Las protestas sociales y sindicales se han sido casi diarias en Brasil, como esta del 24 de mayo en la capital, en demanda de la renuncia del presidente Michel Temer por los casos de corrupción que lo involucran directamente, mientras crece el cerco judicial en su contra. Crédito: Marcelo Camargo/Agência Brasil

Las protestas sociales y sindicales se han sido casi diarias en Brasil, como esta del 24 de mayo en la capital, en demanda de la renuncia del presidente Michel Temer por los casos de corrupción que lo involucran directamente, mientras crece el cerco judicial en su contra. Crédito: Marcelo Camargo/Agência Brasil

 

RÍO DE JANEIRO, 2 jun 2017 (IPS) – Brasil parece cerca de superar la actual  epidemia de corrupción en los centros del poder político y económico, pero para que se produzcan cambios que conviertan ese tipo de delitos en excepcionales se requieren batallas mucho más largas.

La corrupción sistémica, de relaciones promiscuas entre grandes empresas y casi todos los políticos influyentes en un asalto al Estado, es lo que se desarrolló en el país durante al menos la última década, indican las investigaciones del Ministerio Público (fiscalía) y la Policía Federal, especialmente de la llamada operación Lava Jato (lavado de vehículos).

Pero hay otras dos dimensiones del problema que se combinan en Brasil, dificultando el combate, según Luiz Hanns, sicólogo especializado en análisis de comportamientos individuales y colectivos.

Eso viene de la tradición portuguesa e ibérica de controlar e inspeccionar todo, basada en la desconfianza y contrastando con la sajona, de control por muestreo. Es disfuncional, con reglas incumplibles, donde corromper aparece como única forma de oxigenar la economía”: Luiz Hanns.

Una es la forma endémica, en una sociedad que practica y tolera deslices generalizados como coimas para borrar infracciones u obtener beneficios ilegales, fomenta el todo vale en el sistema político-electoral, restando eficacia a la represión del delito.

 

A eso se suma el síndrome del subdesarrollo o sindrómica, en que “la corrupción se amalgama a la burocracia y la mala gestión, por un exceso de reglas cuya violación es la única alternativa a la quiebra de los negocios”, destacó Hanns a IPS.

Para lectura completa http://www.ipsnoticias.net/2017/06/domar-la-corrupcion-exige-cambios-institucionales-en-brasil/

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