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Parte del equipo de El Chulla de Quito. Pilar Guacho (tercera por la izquierda) es la editora del periódico y directora de Comunicación de la Zona Centro de la alcaldía de la capital de Ecuador, y Elsa Mejía (quinta por la izquierda) es la “abuela” de la redacción. Crédito: Mario Osava/IPS

Por Mario Osava

QUITO/RÍO DE JANEIRO, 18 nov 2016 (IPS) – “Siempre quise ser periodista, El Chulla es mi oportunidad, acá me siento bien y pongo todo mi esfuerzo”, confesó Elsa Mejía, la “abuela” del equipo que redacta el periódico comunitario de la Zona Centro de Quito.

La publicación trimestral es financiada por la Municipalidad, pero su contenido es producido con total independencia por 15 voluntarios, 13 mujeres, que cubren los varios barrios del Centro Histórico quiteño y sus alrededores.

“Es la gente la que elabora la información directamente de su sector, sosteniendo la credibilidad ciudadana, porque son noticias contadas desde la vecindad”, aseguró Pilar Guacho, responsable de la edición como directora de Comunicación de la Administración Zona Centro de la alcaldía.

“La población local se siente identificada con este medio de comunicación redactado por los vecinos y sabe que es verdad lo que está escrito”, acotó a IPS en la sede de la publicación en la capital de Ecuador.

El Chulla lleva el nombre de un personaje histórico de las calles de Quito, elegante en su único traje, aunque pobre. Se publica cada trimestre, a veces con atraso por retardo en los recursos municipales para la impresión de sus 10.000 ejemplares, distribuidos gratuitamente.

Su éxito se mide por su longevidad, en comparación con publicaciones similares que suelen desaparecer precozmente, y por la acogida popular. “En la Plaza Grande, 200 ejemplares se acaban en cinco minutos”, según Guacho. No se aumenta la tirada por falta de presupuesto.

El periódico ya cumplió 12 años, sobreviviendo a cambios de alcaldes y de orientaciones políticas en la gestión municipal.

“Somos propositivas, informamos sobre buenas actividades, fiestas”, explicó Mejia, de 67 años, una de las fundadoras del periódico, maestra en corte y confección y reportera del barrio Santa Lucia.

Un ejemplo fue la reforma de la Casa Parroquial del barrio San Marcos, impulsada por el Chulla. El deterioro de la casa de 1820 no permitía al padre vivir allí “sin el riesgo de le cayera el techo en la cabeza”, recordó Nancy Solís, reportera del área.

La movilización logró que el Instituto del Patrimonio Cultural asumiera la obra y “la comunidad retiró los escombros en cinco camiones de desechos, ahora el padre vive feliz en su casa”, celebró.

“Mi barrio hizo guardería ciudadana, los vecinos hacían guardia voluntaria, observaban y avisaban sospechas por radios de comunicación. Los delincuentes se fueron y no hubo costos para el municipio”, contó Margarita Valladares, licenciada en finanzas y ahora periodista en Edén del Valle.

Sirvió de ejemplo a otras comunidades. “Los barrios compiten, quieren hacerlo mejor que el pionero”, bromeó.

El grupo fundador del periódico, de 30 reporteros en 2004, se ha reducido a la mitad, pero la información la suministran los pobladores en general. “El Chulla consiguió la participación y apropiación ciudadanas”, destacó la editora.

“Aprendimos mucho, fueron 12 años de capacitación constante”, resumió Susana Vargas, de la Colmena, trabajadora social. “Hemos estudiado, pero ahora vemos en la práctica”, añadió Nancy Solís.

“Sentirse útil”, tener una segunda familia en el equipo y “divertirse”, viajando incluso al exterior y festejando cada cumpleaños de El Chulla, son otras satisfacciones que ofrece la actividad periodística, según esas voluntarias.

El periodismo comunitario o local es el futuro de la comunicación social, cree Carlos Castillo, veterano periodista que dirige hoy la redacción del Observatorio da Imprensa, un portal de análisis en Brasil.

Las nuevas tecnologías digitales y la diversificación del consumo, un vuelco en la uniformización promovida por la globalización económica, imponen cambios también al periodismo, que “deja de ser una actividad comercial-industrial para convertirse en componente de la producción cultural y de conocimientos”, planteó a IPS.

La noticia se hizo tan abundante en Internet que perdió la fuerza para atraer el público y en consecuencia la publicidad. “Deja así de ser fundamental como fuente de ingresos y pasa a ser factor de reflexión sobre el futuro individual y colectivo”, evaluó.

“Cuanto más amplia la circulación de informaciones locales, mayor será la producción de conocimientos y del llamado capital social”, y en eso está el rol del periodismo local, dictó Castillo, investigador del tema desde su doctorado en gestión del conocimiento.

La expansión del periodismo comunitario o local, sin embargo, enfrenta muchos desafíos, como definir una nueva relación entre periodistas y la población local, más interactiva, un modelo de sustentabilidad económica en un ambiente digital y la formación de “periodistas aficionados o ciudadanos”, advirtió.

La pujanza de periódicos locales es visible en la metrópoli brasileña de São Paulo, donde la Asociación de Diarios y Revistas de Barrio tiene 50 afiliados y estima haber cerca de 150 otras publicaciones similares. Como la ciudad tiene más de 2.000 barrios, la posibilidad de incremento es enorme.

Se destaca el “Jornal dos Bairros”, con ediciones mensuales de 130.000 ejemplares que circulan en ocho barrios céntricos, “el ‘filet mignon’ (parte mejor) del mercado”, que concentra una población de altos ingresos, alabó a IPS su director de redacción, Haroldo Lago.

La prensa de barrios “sobrevive y crece porque tiene bajos costos, con pequeñas tirada y redacción y publicidad asegurada de empresas locales”, observó.

“Cada ciudadano es un reportero potencial” que suministra informaciones inmediatas a los periódicos que se dedican a los hechos y problemas del barrio, como cuestiones de seguridad, salud y transporte, apuntó Lago.

La planta gráfica del Jornal dos Bairros imprime también 55 periódicos de ciudades del interior.

Lago solo lamenta que grandes empresas, gobiernos e instituciones públicas aún no se hayan dado cuenta de la mayor eficacia de la publicidad en medios pequeños y locales, que alcanzan directamente el público deseado.

En Blumenau, ciudad industrial de unos 340.000 habitantes del estado de Santa Catarina, en el sur de Brasil, pueden estar naciendo un modelo y herramientas digitales para el periodismo comunitario, o colaborativo como prefiere denominarla Evandro de Assis, uno de los socios del proyecto.

La idea surgió en febrero, cuando quebró la empresa de autobuses local, dejando la ciudad sin transporte colectivo durante ocho días, a pesar de la contratación de otra empresa por la alcaldía.

Tres periodistas, entre ellos Assis que había sido editor-jefe del gran diario local, Jornal de Santa Catarina, crearon el Colectivo Blumenau, una red informativa por Facebook para buscar soluciones.

“Invitamos a los ciudadanos a informar sobre los servicios de la nueva empresa, cantidad y calidad de los autobuses, horarios. En algunos días se registraron 240 personas y subió a 2.000 en un mes. Fue demasiado para los tres periodistas y  Facebook se reveló una herramienta inadecuada”, relató Assis a IPS.

El grupo decidió formar una empresa, a través de una incubadora local, para desarrollar un programa de informática para facilitar la comunicación entre periodistas y comunidades y un modelo sustentable de periodismo participativo.

Las fuentes de financiamiento podrían ser el “crowdfunding” (micromezenazgo) y las grandes empresas, que no tienen interés en publicidad local porque su mercado es nacional, pero se comprometen a mejorar la calidad de vida local.

El proyecto se contrapone a la decadencia de la prensa tradicional. “El Jornal de Santa Catarina empleaba 50 periodistas hace siete años, hoy solo 16”, señaló Assis.

Editado por Estrella Gutiérrez