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Laura Carpineta (TELAM)

A una semana de la sorpresiva elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, las protestas continúan en varias ciudades de ese país. En esta entrevista con Telam el escritor Jorge Majfud se refiere al sistema electoral, a la situación actual de la sociedad estadounidense y las posibles consecuencias de una presidencia del magnate. Según Majfud, “el lado positivo del triunfo de Trump es que una buena parte de la sociedad estadounidense se va a mirar en el espejo, en un espejo sin humos, sin maquillajes”.

Telam: Las protestas masivas en todo el país contra la asunción de un presidente electo no son un dato usual en Estados Unidos y sólo pueden encontrar un antecedente claro en el período previo a la guerra civil. ¿Cómo argumentan los jóvenes o las personas en general que están saliendo a protestar el hecho de que se niegan a aceptar un resultado legítimo en términos institucionales?

JM: Los activistas han dicho varias veces que las protestas no son contra la legitimidad del proceso sino contra la justicia del mismo y contra el candidato elegido. Antes de las elecciones, el ganador, Donald Trump, había criticado el sistema electoralista como una desgracia de la democracia estadounidense y había repetido que sólo aceptaría el resultado si él ganaba. Bien, aunque perdió el voto popular, aunque recibió menos votos que su contrincante, obtuvo los 270 electores necesarios de los estados y el sistema lo eligió presidente. En consecuencia, ahora considera que ese mismo sistema es razonable. De igual forma, quienes no lo votaron, no se conforman con el discurso típico del ganador sobre la necesidad de “unir al país”. Los jóvenes, quienes son los que han salido a las calles o están sufriendo esta situación, en su abrumadora mayoría votantes del senador socialista Bernie Sanders, no se conforman ni están dispuestos a aceptar la realidad. De ahí su lema: “Este no es mi presidente”

Telam: ¿Hay un cuestionamiento profundo al sistema electoral presidencial indirecto? ¿Hay un pedido concreto y masivo para cambiarlo?

 JM: Sí. Por segunda vez en dieciséis años, el candidato más votado pierde las elecciones. Cada vez más gente lo cuestiona. Lo mejor radica en que todavía se ejercitan referéndums sobre temas concretos, lo cual es lo más parecido a una democracia directa, algo muy conocido en otros países más democráticos.

Telam: ¿Cuáles son los pedidos concretos que emanan hoy de las protestas en las universidades? 

 JM: No hay un pedido concreto sino una voluntad de marcar terreno, el ejercicio de un derecho democrático y la perspectiva de una reconstrucción de la movilización de movimientos populares, que hace pocos años tuvo un momento fugaz de resurgimiento, como fue el caso de  los Occupy Wall Street, pero que han sido superados ampliamente por la movilización de la derecha más radical en este país, como lo fueron el Tea Party y los agitadores radiales durante la última década y lo son ahora los Alt-Right, los supremacistas blancos y los neo Ku Klux Klan que se animaron a salir del closet, envalentonados y legitimados por esa borrachera social llamada Trump. Un ejemplo es Stephen Bannon, un militar retirado y “hombre de negocios” nombrado primer consejero del presiente, católico y casado varias veces, como el mismo Trump y tantos otros conservadores, solo por casualidad, alguien conocido por sus ideas abiertamente racistas. Es solo un ejemplo entre muchos.

Telam: ¿Existe un debate entre estudiantes y profesores sobre cuáles podrían ser las alternativas de cara a evitar una Presidencia Trump? 

 JM: No. En general nadie está proponiendo evitar que un presidente electo asuma la presidencia. Eso era la tradición de los gobiernos de Estados Unidos y de agencias independientes como la CIA en otros países. Cuando en América Latina los pueblos elegían a alguien que les convenía (es decir, algún miembro o mercenario de la oligarquía criolla) las democracias funcionaban a la perfección. Sólo cuando los pueblos cometían la tontería de elegir a alguien que no les convenía (es decir, alguien con alguna tendencia izquierdista) simplemente organizaban un sangriento golpe militar que dejaba cientos de miles de muertos a lo largo de unas pocas décadas. No es eso lo que se está proponiendo aquí. Lo más probable es que el oportunista Trump (que poco después de lanzar su candidatura había reconocido que “no iba a durar mucho”) se encuentre con una revuelta interna de su propio partido –y no por las mejores razones.

Telam: ¿Existe un debate sobre cómo seguir después de estas elecciones?

 JM: Claro, en todas las áreas. El partido Demócrata tendrá que hacer sus propias revisiones. Por el otro lado, conozco muchos republicanos que todavía están aturdidos, entre la euforia y la preocupación. El Wall Street Journal acaba de predecir una aceleración del PIB en la administración Trump, como consecuencia de nuevos recortes de impuestos. Algo así como la receta del FMI donada a Menem en los noventa o la de George Bush diez años después. Ambas euforias de crecimiento terminaron en profundas crisis y en una nueva acumulación de capitales por parte el uno por ciento de la sociedad… Bueno, yo no sería tan optimista. Creo que todo ese odio aislacionista y las viejas recetas reaganianas tarde o temprano pasarán factura, ya no solo a la sociedad, a la cultura, sino a la economía nacional. Seguramente no veremos ningún boom a largo plazo sino una recesión en dos o tres años o algo parecido. ¿Acaso el autodefinido “exitoso hombre de negocios” no es un experto en bancarrotas? Entonces, como siempre, cuando a la gente le tocan la parte más sensible del cuerpo, el bolsillo, enseguida se acuerdan de los déficits morales de sus gobernantes. Eso ha pasado siempre en todo el mundo.

Telam: ¿Existe un intento de redescubrir, entender o redefinir la sociedad estadounidense después de la victoria de Trump? ¿Se abrió un debate sobre quiénes son los votantes y cuáles fueron sus motivaciones para apoyarlo?

 JM: El debate para definir a los votantes de Trump es tan viejo como su postulación en 2015. En su mayoría pertenecen a una población rural, conservadora, religiosa y blanca, con un fuerte sentimiento de frustración y nostalgia por un  pasado que nunca volverá. (Aquí se dice “población menos educada”, porque en Estados Unidos, diferente a América Latina, cultura y educación coinciden; yo he conocido a muchas personas cultas en nuestros países, sin educación formal, sin títulos; eso casi nunca ocurre en Estados Unidos.) De ahí la epidemia de alcoholismo, drogadicción y suicido en este grupo social. Creo que el lado positivo del triunfo de Trump es que una buena parte de la sociedad estadounidense se va a mirar en el espejo, en un espejo sin humos, sin maquillajes. Porque eso es lo que son, diversas variaciones de Trump. Ahora que han parido a la criatura, tendrán que hacerse cargo de ella.

Telam: Las campañas presidenciales de Estados Unidos revelan una desmovilización política de gran parte de la sociedad estadounidense. 

 JM: Sí, con excepción de algunas iglesias conservadoras y de los lobbies (mega corporaciones industriales y financieras) que dominan la narrativa y la moral social a través de la propaganda subliminal. Los grandes medios sobreviven de sus avisos, por lo cual ni siquiera necesitan recibir instrucción explicita para promover unas narrativas y censurar otras, al estilo de los dictadores del tercer mundo. Cada “periodista independiente” sabe de qué depende su trabajo.

Telam: ¿Cree que la victoria de Trump y una potencial Presidencia virulenta podría revertir esta tendencia? ¿O se imagina una situación social similar a los años más polémicos de George W. Bush?

 JM: Será un estímulo o al menos una llamada de atención para las organizaciones populares que durante los años sesenta impulsaron la lucha por los derechos civiles y lucharon contra guerras como las de Vietnam. Pero todavía están muy lejos de aquello. Bush fue un manipulador más sutil y llevó a su país a la catástrofe económica y es el principal responsable, junto con varios líderes europeos, del caos en que está sumergido Medio Oriente hoy. Trump es igual de peligroso, pero la carencia de sofisticación política a la hora de mentir lo hará más vulnerable. Los racistas, xenófobos y misóginos siempre estuvieron ahí, no son algo nuevo. Pero estaban más o menos ocultos. Ahora podremos comenzar a verlos desfilando con sus banderas en las plazas, lo cual es algo positivo.