carta

Por Andrés Hoyos

 Querida L., no sé si allá en tu sur ahora primaveral se viva un marasmo por el estilo del que sentimos en Colombia, pero aquí la calma chicha nos tiene a muchos con los pelos de punta. La incertidumbre nos asedia por varios frentes, no solo por el más obvio.

Para comenzar por este, nada sabemos con certeza sobre las reparaciones que habrá que hacerle al proceso de paz. Haz de cuenta que es un carro que, tal vez por conducirlo en forma alegre y por una carretera peligrosa, estrellamos colectivamente el pasado 2 de octubre. Accidente hubo, de eso no cabe duda, pero ¿qué fue en últimas lo que se le dañó al carro? ¿Las luces delanteras, el búmper y las latas del lado derecho, o hubo, como quieren algunos botafuegos del mal llamado Centro Democrático (ambos términos son dudosos), pérdida total? Si es lo primero, podríamos tener el aparato reparado para volver a salir de viaje este fin de año, como desea y espera el presidente Santos; si es lo segundo, aplicará el viejo cliché de “apaga y vámonos”.

Al mismo tiempo, vivimos pendientes de la peliaguda encrucijada por la que pasa Venezuela, país con el que compartimos 2.200 kilómetros de frontera, así seamos muy distintos. Haz de cuenta una gritería continua y creciente en la casa de tus vecinos. Sí, ya sabes que la pelea la tienen casada hace mucho y que se dicen de todo, pero igual te agachas porque sabes que esa casa está llena de gente armada. Mañana jueves 3 de noviembre será una jornada decisiva y siguen otras.

Por si lo anterior fuera poco, las elecciones de Estados Unidos el martes próximo no pueden dejar tranquilo a nadie. Qué demonios, un loco de la pradera está a un paso de ser el hombre más poderoso del mundo. Hillary Clinton iba adelante, ya casi con suficiente ventaja como para cantar victoria anticipada, cuando llegó James Comey, el hasta ayer desconocido director del FBI, y sin dar mayores explicaciones reabrió el caso de los correos de marras, armando un despelote de la madona. La injerencia de Putin, en cambio, no le mereció a Comey ningún comentario. Ahora cabe incluso la exasperante posibilidad de que una presidenta electa siga siendo investigada después del 8 de noviembre. ¿Tú entiendes? Yo ni pío. Además, es imposible ignorar que Trump amenazó a Hillary con enviarla a la cárcel en caso de ser elegido presidente. El tipo habla y actúa como un vil dictadorzuelo de los que teníamos por aquí hace décadas. Y pensar que en Estados Unidos Banana Republic solía ser apenas una popular marca de ropa.

Concordarás conmigo en que todo esto es trascendental, si bien una parte creciente de la taquicardia nos viene de estar hiperconectados. ¿Por qué creeremos que al mirar diez veces por hora el teléfono para revisar el WhatsApp, los correos entrantes o el último escándalo vamos a enterarnos de algo trascendental? Nos invade una suerte de hipocondría de los acontecimientos, tanto los importantes como los banales. Que si Dylan va a recoger o no su premio Nobel —irá, si tiene tiempo—, que si un majadero bocón que aquí hacía las veces de procurador (hasta que anularon su nombramiento debido a las irregularidades en su elección) necesita un ejército para protegerlo de quién sabe qué. Que si songo le dio a borondogo y que si borondongo le dio a bernabé. Vamos por la vida a ritmo de merengue y se nos olvidó que existe el tempo de adagio.

En fin, esta semana me siento agobiado y podría no estar pensando al derecho. Te mando un abrazo.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes