Ranciere

 

Entrevista a Jacques Rancière realizada por Joseph Confraveux

Entrevista realizada por Joseph Confraveux, publicada por Médiapart (1/V/2016), traducida por Fernando García para Revista de Ensayos.

-¿Qué mirada tiene Ud. sobre el momento/movimiento de la “Nuit debout”?

-Digamos en principio que mi punto de vista es estrictamente limitado: es el de un observadorexterior que simplemente reacciona a lo que evocan para él los temas y las formas de este movimiento. A primera vista, se puede percibir en este movimiento una suerte de versión francesa en miniatura del “movimiento de plazas”, que ha tenido lugar en Madrid, Nueva York, Atenas o Estambul.  Es tolerado en el espacio que ocupa, más que lo invada. Pero comparte, con esas ocupaciones, la inquietud de devolver a la política su aspecto de subversión material efectiva de un orden dado de espacios y de tiempos. Esta práctica ha tenido problemas para llegar a Francia donde el todo de la “política” es reducido actualmente a la lucha de los candidatos a la presidencia de la República. La Nuit debout tiene problemas para creer en ella misma y se parece por momentos a una “semi-ocupación”. Sin embargo, también es parte de esos movimientos que han operado una conversión de la forma-manifestación a la forma-ocupación. En este caso, eso significó pasar de la lucha contra ciertas disposiciones de la ley de trabajo a una oposición frontal a lo que algunos llaman la “uberización” del mundo del trabajo, una resistencia frente a esa tendencia a suprimir todo control colectivo sobre las formas de vida colectiva.

Más allá de las medidas particulares de la ley El Khomry, esto lo que está en juego. Esta “ley de trabajo” apareció como el resultado de todo un proceso de privatización del espacio público, de la política, de la vida… ¿el contrato de trabajo es algo que se negocia para cada individuo, lo que significa volver a la situación del siglo XIX antes del nacimiento de las formas modernas de la lucha obrera, o bien se defiende una sociedad fundada sobre el control colectivo y la  discusión colectiva, de la vida tanto como del trabajo?

La  Nuit debout apareció, en ese contexto, como una reducción a escala francesa de algo singular que se podría llamar un deseo de comunidad. Conocimos la época en la que nos encontrábamos en  estructuras colectivas poderosas en cuyo seno se daban las batallas, ya fuera en el seno de la universidad o de la empresa. La lucha, pues, oponía en un mismo lugar dos maneras de hacer comunidad. Pero llegamos al término de una gran ofensiva, que algunos llaman neoliberal, y que yo denomino más bien la ofensiva del capitalismo absoluto, que tiende a la privatización absoluta de todas las relaciones sociales y a la destrucción de los espacios colectivos donde dos mundos se enfrentan.

Contra esta privatización y esta individualización, hemos visto nacer, y se ha sentido muy profundamente en “Occupy Wall street”, un deseo un tanto abstracto de comunidad que encontró, para materializarse, el último lugar disponible: la calle. La ocupación antiguamente tenía su lugar privilegiado en  la fábrica donde la colectividad obrera afirmaba su poder sobre el lugar y sobre el proceso en que sufría el poder patronal, haciendo, de esta manera, de ese lugar privado un espacio público. Ahora, la ocupación se practica en las calles, en las plazas, como los últimos espacios públicos donde se puede estar en común; discutir y actuar en común.

-En la Nuit debout, la Revolución francesa, la Comuna o el Mayo del 68 son a menudo evocados.

¿Qué piensa ud. de esta movilización de la historia revolucionaria, que algunos juzgan más paródica que real?

-Los amigos de la Comuna tienen efectivamente su stand en Plaza de la República. ¿Con eso quedan situados en continuidad con una gran tradición histórica? Es preciso ver que la ofensiva del capitalismo absolutizado cuenta con una intensa contra-revolución intelectual, con una ofensiva revisionista de todas  las formas de la tradición de izquierda, sea revolucionaria, comunista, anticolonilista o resistente. Esta contra-revolución intelectual se ha esforzado en reducir a nada, incluso en criminalizar, todos los elementos de esta tradición. La revolución de 1917 fue reducida a los campos estalinistas, la revolución francesa al Terror, el anticolonialismo al inútil “sollozo del hombre blanco” y finalmente la Resistencia a los excesos de la depuración. Hubo pues una gran anulación de todo un pasado, realizada por gente que además no deja de quejarse sobre “la transmisión” perdida.

Esta voluntad de vincularse con el pasado es pues importante, incluso si puede parecer formal y simbólica. Esta relación con una historia de luchas y de contradicciones puede también jugar un rol de contrapeso de cara al riesgo de disolución de la política en una suerte de fraternidad new age, para un movimiento como Nuit debout que no se sitúa más, como el de Mayo del 68, sobre un fondo asegurado de creencia marxista en la lucha de clases y de conflictos obreros.

-¿Qué lectura hace Ud. de la condición tan horizontalista, sin representantes ni líderes, llevada adelante por la Nuit debout?

-Hay que situarla en un contexto que es el del horror siempre creciente que puede inspirar la política oficial: para el 15-M de Madrid la gran consigna, dirigida a aquellos que hacían campaña, era “Ustedes no nos representan”. Pero eso corresponde también a un descrédito de las vanguardias políticas revolucionarias que eran aún muy poderosas en 1968. Las asambleas actuales reaccionan contra esas asambleas, que conocimos, en Mayo del 68 y después, manipuladas por pequeños grupos. Estamos obligados a comprender este recordatorio de lo que puede significar la igualdad, inclusive bajo sus formas más materiales. Pero, más allá de eso, lo que plantea la pregunta, es la ideología del consenso, con la idea de que todo el mundo debe estar de acuerdo y con una fetichización de la asamblea como forma, que sería el único lugar donde cada uno debería poder hablar.

Es una preocupación que es compartida además por mucha gente implicada en el movimiento: una asamblea popular no debe ser solamente una asamblea donde cada uno viene, a su turno, a expresar su problema y su rebeldía y a defender la causa militante que le afecta particularmente. Nuit debout como todas las ocupaciones del mismo género, reúne por un lado individuos deseosos de recrear lo común pero también esta multitud de militantismos parciales, especializados, que se desarrollaron en el mismo contexto de privatización de la vida pública y de rechazo por las “vanguardias”. Es importante que el derecho de cualquier voz sea afirmado, pero una asamblea debe poder decidir algo y no solamente proclamar “somos todos iguales”.

Una asamblea debe pues manifestarse a través de decisiones, luchas y no simplemente por una figuración formal de la igualdad. Seguro que es importante materializarla espacialmente. En 1848, se propuso en una asamblea que los representantes estuvieran todos por debajo, con, por encima de ellos, miles de personas del pueblo para vigilarlos. El aspecto propiamente material de la política igualitaria es pues importante. Pero el acto de la libertad y de la igualdad no puede tomar simplemente la forma de una asamblea donde cada uno tendría su libertad de palabra. La libertad es un proceso de verificación, un proceso de invención,  no es simplemente una fotografía de la comunidad. El problema sigue siendo inventar acciones, consignas, para que la igualdad se ponga en marcha.

Una asamblea igualitaria no es pues una asamblea consensual, incluso si la noción de consenso se sitúa en el corazón de todos los movimientos que ocupan las plazas. Recuerdo el shock experimentado una vez que fui invitado a hablar en una universidad ocupada por los estudiantes en Amsterdam delante de la gran pancarta que proclamaba: “Consensus. No leaders”. La lucha contra las jerarquías es una cosa, la ideología del consenso es otra. Oponerse a los líderes y a la jerarquía, por supuesto, pero eso no significa que todo el mundo esté de acuerdo y que solo se actúe a condición  de que todo el mundo esté de acuerdo.

-¿Esto supone redefinir lo que se entiende por democracia, después que se vio con el episodio Finkielkraut que había división sobre lo que se ponía en ese término: consenso o conflicto?

-El episodio Finkielkraut desacreditó a la Nuit debout solamente en los medios donde, de todas maneras, ella estaba descalificada desde el inicio. ¿Qué habría ocurrido si Finkielkraut hubiese quedado sin nadie que le prestase atención? Los Joffrin, Onfray y consortes, en lugar de pegar gritos por el totalitarismo, se habrían burlado diciendo: ¡miren a estos terribles revolucionarios! ¡Ni siquiera se han atrevido a interpelar a Finkielkraut! Nada de esto es muy importante. El problema es otro.

La democracia quiere decir, en el seno mismo del pueblo democrático, las posiciones que entran en conflicto unas con otras y no simplemente la sucesión en el micrófono de una persona que viene a hablar de marxismo, de una segunda que evoca los derechos de los animales y de una tercera que recuerda la situación de los inmigrantes. Son necesarios muchos tipos de asambleas: asambleas donde cada uno pueda decir lo que quiere, porque allí puede surgir algo que no se esperaba. Pero sobre todo asambleas donde se pregunte: ¿qué estamos haciendo aquí y qué es lo que queremos? El problema de la democracia es llegar a constituir la voluntad del pueblo. ¿Con qué consignas decidimos que vamos a hacer pueblo, que podemos construir un colectivo democrático?

Actualmente, tenemos el sentimiento de estar dentro de un espacio de subjetivación, pero sin que una subjetivación colectiva se instaure verdaderamente. Ello supondría sin duda que existan además movimientos sociales fuertes y especialmente que todos los jóvenes que viven al margen de la comunidad nacional constituyan, ellos también, colectivos, para decir lo que ellos quieren. En los años 1980, hubo una marcha por la igualdad, de la que participaron jóvenes provenientes de la inmigración, que después fue recuperada, manipulada, aniquilada, como todas las energías ahogadas por la mentira “socialista”. Es muy difícil hoy poner otra vez en marcha la igualdad. Yo no tengo más imaginación que nadie, pero pienso que es justamente ahí donde se encuentra el problema. Vemos todavía a menudo la idea de que, cuanta más opresión, más resistencia. ¡Pero las formas de opresión que nos gobiernan justamente no crean resistencia, sino desánimo! Asco hacia uno mismo, sensación de que somos incapaces de hacer algo, fuere lo que fuere. Entonces se puede decir que la Nuit debout funciona de forma aislada y está hecha de falsas ilusiones, pero salir del desánimo es algo fundamental.

-¿Qué piensa Ud. del asunto de escribir una constitución y preparar una asamblea constituyente?

-El desinterés por las formas de la vida pública institucional en nombre de una pretendida radicalidad revolucionaria ha contribuido a la desmovilización de las energías. Es pues importante repetir hasta qué punto el estado en el que nos encontramos es una consecuencia de la desastrosa constitución de la Quinta República y de la anestesia de toda vía política y del empobrecimiento espiritual que ella ha producido a largo plazo. Un movimiento anti-Quinta República, anti-presidencia es pues una necesidad. Asimismo, la enunciación de ciertas verdades provocativas sobre la democracia, como el sorteo y lo que éste implica: la desprofesionalización de la vida política.

Pero por un lado, el llamado a una constituyente es a menudo acompañado de ideologías “ciudadanas” un poco planas y de ideologías “republicanas” un poco rígidas. Sobre todo, no hay que imaginar que se vaya a salir de la podredumbre oligárquica actual simplemente redactando una buena constitución. Redactar una constitución es importante cuando la redacta gente a quien no se le solicita que lo haga, gente que no tiene “cualidad” para hacerlo. Pero es también importante cuando se ha asumido un proceso de lucha donde las palabras ya no son recetas para una felicidad futura sino armas para el presente. Sería bueno por ejemplo que esas constituciones “redactadas por ciudadanos” se inscriban en procesos de lucha efectivos contra el orden constitucional existente, que sirvan por ejemplo para armar lío en las famosas “grandes elecciones primarias democráticas”. La gente bien ubicada en sus puestos se escandalizará y acusará de “antidemócratas”, pero eso creará una discusión sobre el sentido mismo de la palabra democracia que podría ser útil.

El fondo del problema es que hay que imaginar formas de la vida política que, a la vez, sean enteramente heterogéneas en relación con esta vida política oficial enteramente confiscada por una clase de profesionales que se reproduce indefinidamente -una situación que alcanzó en Francia un nivel sin igual en Europa occidental-, y con todo capaces de afrontar esa vida según sus formas y su agenda propias.

-¿Qué se hace con el reproche de homogeneidad sociológica dirigido contra la Nuit debout?

-Al principio, Mayo del 68 era un movimiento de un pequeño grupo de estudiantes “pequeño burgueses”, que acarreó la dinámica de la huelga general que a su vez lo transformó a sí mismo, con la convergencia en la Sorbonne de múltiples luchas que estallaban en un lado y en otro. Hay que recordar el papel  de modelo que desempeñó para la ocupación de la Sorbonne la huelga con ocupación y secuestro que tenía lugar desde hacía varias en la fábrica de Sud-Aviation en Nantes. La Nuit debout llega después del juicio simbólico que condena a penas de prisión, por los mismos hechos, a los obreros de Goodyear. Llega en ese contexto de deslocalización de las empresas, de cierre de las fábricas, de derrotas obreras y de penalización de las formas de resistencia. No puede beneficiarse con la dinámica social que hemos conocido en Mayo del 68. Claro que serían necesarios movimientos  Nuit debout o movimientos de todo tipo por todas partes y especialmente en los barrios donde hubo revueltas.

Siempre se puede reprochar a la gente de Plaza de la República de ser liceales, jóvenes precarios o individuos que no representan más que a ellos mismos. Pero lo que hay que tomar en cuenta es el estado general de eso que aquí llamamos política en una Francia devenida amorfa por la ofensiva neo-liberal, el fraude socialista y una intensa campaña intelectual contra toda la tradición social militante, no podemos contentarnos con achacar a la Nuit debout al hecho de que no representa gran cosa sociológicamente.

Para que este movimiento vaya más lejos, es necesario que pueda inventar consignas que lo haga expandirse más allá de sí mismo. Existe tal vez la posibilidad de asirse de la coyuntura preelectora para crear no una “primaria de la verdadera izquierda”, sino una movilización muy fuerte contra el sistema presidencial. Podríamos imaginar que un movimiento de este tipo conduzca no solamente a declaraciones de que nunca más se votará a los socialistas, sino a algo así como un movimiento por la no-presidencia, o la supresión de la presidencia de la República.

-Las Nuits debout ¿pueden permitir que se salga del manto de plomo post-atentados, simbolizado por una Plaza de la República transformada por la palabra y la lucha, después de que se hubiera convertido en un mausoleo?

-No hay que pedir demasiado a este movimiento. Pero es verdad que uno de esos elementos significativos es la transformación de una juventud en duelo, en juventud en lucha, aunque esta transformación no es fácil. Cuando vamos a la Plaza de la República vemos que es muy lentamente que, alrededor de la estatua, los símbolos de la lucha colectiva vienen a superponerse a las expresiones de duelo. Esto no es fácil, en razón de la contra-revolución intelectual que ha logrado separar la juventud de toda una tradición de lucha social y de horizonte político. Lo propio de todos los movimientos de plazas ha sido la dificultad para identificarse en tanto que portadores de poderes futuros y para incorporar subjetivaciones colectivas, identidades a trabajar y a transformar contra las entidades impuestas, como pudieron ser los colectivos obreros o los colectivos de mujeres.

Esto es incluso más verdadero en Francia, a causa del manto de plomo ideológico creado por esta contra-revolución intelectual. En Grecia existen movimientos autónomos poderosos que han creado lugares de vida, de saber, o de cuidados. En España en torno a la lucha contra los desalojos convergió un colectivo que ocupa hoy en día el ayuntamiento de Barcelona: movimientos de estas formas de organización y de esta amplitud no existen en Francia, y el movimiento Nuit debout está huérfano de bases de lucha que hayan podido ser movilizadas en otras partes.

-¿Incluso si permanece la sensación de que con la  Nuit debout se manifiesta un poder de invención renovador de ciertas maneras de pensar de la izquierda radical?

-No sabemos exactamente lo que hay en la cabeza de las personas que se mezclan en la Plaza de la República. Encontramos grandes cosas dispares. Pero es verdad que encontramos ahí una exigencia democrática que se opone a la vieja cantilena sobre la democracia formal como simple apariencia que cubre la dominación económica burguesa. La exigencia de democracia “real” y ahora tiene el mérito de romper con esta lógica de denuncia que pretende ser radical pero produce de hecho  una suerte de quietismo, finalmente reaccionario, tipo: de todas maneras, es el Capital la causa de todo, y esa gente que se agita en nombre de la democracia no hace mas que ocultar su dominación y fortalecer su ideología. Pero evidentemente las ganancias se pierden si se reduce la democracia a la forma de la asamblea. La democracia es asunto de imaginación.

-¿Es usted sensible a la circulación de la palabra, de la escritura en las  Nuits debout?

-Hay efectivamente muchas palabras que circulan, aunque no son siempre de una riqueza inolvidable. La gente viene a decir sus poemas pero raramente es una poesía que produce un choque de novedad. Al mismo tiempo vemos gente que no habla jamás y que se atreve a hablar en este lugar y eso es significativo aunque, por lo que se puede percibir allí, esa circulación de la palabra es menos rica de lo que se pudo conocer en Mayo del 68. Por un lado la asamblea como forma permite a más gente venir a contar su historia. Por el otro tenemos la impresión de estar por debajo de la floración de eslóganes e imágenes múltiples que, en muchas de las manifestaciones recientes,  habían reemplazado las grandes pancartas unitarias de antaño. Más profundamente, la cuestión es que el deseo de comunidad igual no frene el poder de invención igualitaria.

-Los iniciadores de la  Nuit debout quieren converger con los sindicatos en la perspectiva del Primero de Mayo ¿Cómo observa esta propuesta?

-La “convergencia” de luchas es un poco la versión del gran sueño de Mayo del 68, la unión entre estudiantes y obreros en esa época se había materializado por la marcha estudiantil en dirección a Billancourt. Hoy Billancourt está arrasado y la Sorbonne es un lugar en donde únicamente se puede penetrar con una tarjeta. También el asunto se debatió en el breve espacio que se extiende entre la Plaza de la República y la Bolsa de Trabajo, en torno a la preparación de los desfiles del Primero de Mayo. En todo caso la cuestión de la convergencia de luchas depende de la cuestión de la naturaleza de esas luchas.

 Publicado en el boletín:

Nº 9 | Otro París

Anuncios