debate

Fernando Mires

Fernando Mires

Debe ser una de las mejores discusiones políticas que he visto. Con esa opinión no estoy solo. Miles en España y otros países siguieron el debate protagonizado por tres candidatos a la presidencia organizado por el diario El País (30. 11). Vendrán otros. España, hasta bordear la Navidad, seguirá vibrando en política tanto o más que con el fútbol. Nótese la enormidad de lo que he dicho.

El gran perdedor del debate fue Rajoy. La presencia de su ausencia fue notoria. Rajoy insiste en restaurar el antiguo bi-partidismo despreciando a los partidos “pequeños”: Ciudadanos, que ya se instaló entre los grandes y Podemos que viene de nuevo en alza. El podio vacío fue una metáfora de lo que ha llegado a ser Rajoy.

Rajoy tiene cosas que mostrar pero entre política y administraciónn ha elegido solo lo segundo. Muy poco para el apasionado momento que vive el país. La gran cantidad de votos que desde el PP emigrará a Ciudadanos y al PSOE, habrá que cargarlos a su cuenta.

¿Quién fue el vencedor? Difícil decirlo. Cada uno mostró lo suyo con desplante. El tuteo facilitó la discusión, acalorada pero siempre objetiva. Interesante: dependiendo de los temas casi siempre se dio un dos contra uno. Eso demuestra que los tres partidos son comunicables entre sí.

El que las tuvo más difícil fue Pedro Sánchez. Difícil por dos razones. La primera: El PSOE es un partido con diversas fracciones y Sánchez debía dejarlas a todas contentas. La segunda: el PSOE, de los tres, es el único partido con pasado. Sánchez defendió muy bien a ese pasado, remarcando que el Estado Social lo debe España al PSOE. Pero eso mismo lo obligó a salirse del presente que era al fin lo que importaba a los espectadores.

Técnicamente hablando Pablo Iglesias fue el mejor. Sabe discutir, es irónico, punzante y muy oportuno. Poco a poco ha ido adaptando la rebeldía inicial de Podemos a las condiciones políticas que imperan en España. De su antigua retórica dogmática ya no queda casi nada. Ha entendido que Podemos solo puede crecer si avanza hacia el centro. La marginación del chavista Monederos le ha hecho bien. Se le ve más libre, más suelto.

Políticamente hablando el ganador fue Albert Rivera. Sin forzar su protagonismo se concentró en los problemas más serios. Sus adversarios intentaron, ante la ausencia de Rajoy, encajonarlo en “la derecha”. No lo lograron. Rivera fue quien más duro atacó al ausente Rajoy. En algunas ocasiones logró incluso poner a Iglesias a su derecha. Ocurrió con relación al tema secesionista catalán.

Rivera, catalán y español, fue quien mejor defendió los intereses de España frente al separatismo. Iglesias en cambio fue el único que defendió un referéndum. Su oportunista indecisión le dará algunos votos en Cataluña, pero le hará perder otros en el resto del país. A menos de que rectifique a tiempo.

Vivimos tiempos de intensos debates. Quince días antes del español, al promediar la campaña del balotaje, tuvo lugar en Buenos Aires un duro debate político entre dos acérrimos contendientes: Mauricio Macri y Daniel Scioli. Al igual que en España, toda la nación argentina siguió con gran interés la discusión.

De acuerdo a los sondeos Scioli logró, desde el punto de vista retórico, superar a Macri. No pocos de los puntos que ganó en la fase final de la campaña hay que adjudicarlos a su buena perfomance en el debate. Ahí se demostró cuán equivocado estuvo Scioli al haber rechazado un debate antes del balotaje. Si lo hubiera aceptado quizás en este momento Scioli sería el presidente de la república.  Además, Argentina habría gozado un debate de a tres, como ocurrió en España.

¿Por qué no aceptó Scioli debatir en la primera vuelta?  Probablemente por dos razones. La primera es que más que la de Macri a Scioli le incomodaba la presencia de Massa, disidente del cristinismo con el cual tiene en común muchos puntos de vista. Por eso mismo, si hubiera debatido habría quedado situado entre dos fuegos. Posición muy incómoda. Algo así como Messi jugando de defensa central.

La segunda razón es que a la Jefa, más admiradora de Chávez que de Perón, no le gustan los debates. Para ella, al igual que para el finado venezolano, la política no se discute. Los adversarios son enemigos y la tarea es destruirlos. Tal vez lo mismo persiguen muchos políticos. Pero los mejores saben que el arma de destrucción mortífera que les ha sido dada no es otra sino la palabra. Eso fue lo que no olvidaron los candidatos españoles en el debate del 30 de Noviembre. Se dieron con todo pero al final terminaron ilesos. No sin razón el editorial del El País señaló el 01. 12 que el gran ganador del debate había sido el debate.

El debate español lo seguí en un momento en el que estoy concentrado intensamente en las elecciones venezolanas del 6D. Me fue imposible entonces no pensar en Venezuela. ¿Cuándo será posible que en ese país tenga lugar un debate como el que brindaron los políticos españoles y argentinos?

En la Venezuela de hoy nadie debate con nadie. Desde su presidente hacia abajo los dueños del poder se dedican a insultar de la manera mas brutal a la oposición. Imaginan que están exterminando a un enemigo. Esa es la razón por la cual entre las filas chavistas no hay ningún polemista de fuste. Poseídos por la lógica militar que les impuso el presidente muerto, la política se reduce para ellos a dar ordenes y a acatarlas en medio de una batalla situada en el campo de una guerra que ellos mismos se inventaron

¿Puede haber democracia sin debate? Evidentemente, no. La polémica es la sal de la política. Donde no hay debate solo hay gritos e insultos. Basta escuchar a Maduro.

Si la oposición logra un triunfo en Venezuela, una de sus principales tareas será rehabilitar a la palabra. La Asamblea deberá, al fin, recuperar el lugar para el cual fue concebida: el del debate público. Nunca más debe volver a ser ese antro de matones en el que la convirtieron los chavistas.

 

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