La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, durante la firma de una nueva ley

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, durante la firma de una nueva ley, el 6 de octubre en Brasilia, mientras el cerco opositor en su contra busca que lo que rubrique sea su renuncia o un juicio político la desaloje del Palacio de Planalto, sede del gobierno. Crédito: Roberto Stuckert Filho/PR

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Mario Isava

RÍO DE JANEIRO, 11 oct 2015 (IPS) – Brasil sufre sobresaltos casi diarios, hace varios meses, que mantienen al país en tensión permanente, impotente ante el agravamiento de la crisis económica y los descaminos de la política nacional.

“El desenlace es imprevisible”, reconoció la diputada Luiza Erundina, del opositor Partido Socialista Brasileño (PSB) desde la capital y epicentro de la crisis, Brasilia. Son muchos los actores decisivos y a la vez vulnerables a hechos en germinación.

La presidenta Dilma Rousseff sufrió el miércoles 7 el rechazo de sus cuentas de 2014 por el Tribunal de Cuentas de la Unión, un órgano consultivo del bicameral Congreso Nacional legislativo. Esa evaluación, si la ratifican los legisladores, puede justificar un proceso de inhabilitación en el Senado que podría anular el mandato presidencial.

En este caso la sustituiría el vicepresidente Michel Temer, del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), principal aliado del Partido de los Trabajadores (PT) al que pertenece Rousseff, en el poder desde enero de 2011.

Quien más impulsa la acción por la inhabilitación (impeachment) de Rousseff es el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, a su vez acusado de recibir cinco millones de dólares como soborno para facilitar negocios de astilleros con la empresa petrolera estatal Petrobras.

Informaciones de bancos suizos, que comprobarían la existencia de cuentas de Cunha con dinero de la corrupción, alentaron a un grupo de diputados a pedir su proscripción por violación del decoro parlamentario. Eso depende de un fallo de la Comisión de Ética de la Cámara.

Aunque es miembro del PMDB y de la coalición oficial, y tiene como aliado al ministro de Ciencia y Tecnología, Cunha ejerce una feroz oposición a la presidenta desde julio, después que apareció como uno de los investigados por corrupción en la llamada Operación Lava-Jato (autolavado) de fiscales y Policía Federal.

“Las investigaciones (sobre corrupción) debilitaron el presidente de la Cámara, con el alejamiento de sus aliados que se oponen al gobierno, ablandando la saña por la inhabilitación de la presidenta”, evaluó Erundina.

Además, Rousseff había reformado su gobierno el 2 de este mes, entregando siete ministerios al PMDB para recomponer la coalición y neutralizar intentos de derrocarla.

Pero otro riesgo amenaza su permanencia en el poder.

El Tribunal Superior Electoral (TSE) decidió, el martes 6, investigar denuncias de que la fórmula de Roussef y Temer cometió abusos del poder económico y político en la campaña electoral de 2014 en que ganó la reelección. Además se sospecha que dinero de la corrupción apoyó su propaganda.

Si se comprueba la violación de las reglas, el resultado sería impugnado y se llamaría a nuevas elecciones, una alternativa que alienta a los partidos opositores.

“Por primera vez, en las evaluaciones Rousseff aparece con la mitad de las posibilidades de no permanecer en la presidencia hasta el final de su mandato en (el último día de) 2018, ante el agravamiento de la crisis económica”, según André Pereira, consultor político independiente en Brasilia.

 Sede

Sede del bicameral Congreso Nacional legislativo, en Brasilia, donde el 7 de octubre se dio el primer paso para un posible juicio político en el Senado a la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, que eventualmente llevaría a su inhabilitación. Crédito: Creative Commons

Eso puede ocurrir por la inhabilitación, a causa de fraudes en las cuentas del gobierno en 2014, de la impugnación del resultado electoral de ese año por el Poder Judicial o por la renuncia, aclaró en diálogo con IPS.

“En Brasilia el clima es de incertidumbre general, de perplejidad y de temor a que otros políticos sean involucrados en las investigaciones sobre corrupción en los negocios de Petrobras o aparezcan nuevas evidencias” contra los sospechosos, señaló.

Eso genera “desconfianza entre todos”, observó.

Pese a la recesión económica que extendería durante el próximo año, con el riesgo de degenerar en una depresión, el mundo político no se moviliza ni dialoga en busca de soluciones, sino que se fractura aún más en función de intereses personales o de pequeños grupos. Y eso, a su vez, agrava la crisis económica.

“Refleja el agotamiento del sistema político. En mis 16 años de vida parlamentaria siempre oí hablar de la necesidad y de propuestas de reforma política, pero la plenaria sigue a merced de lo que piensa cada uno en su propio interés”, lamentó Erundina.

“No creo que se pueda aprobar una reforma política, aunque se necesiten medidas para reducir la cantidad de partidos. Un ciudadano común no comprende la existencia de más de 30 partidos, muchos de ellos llamados “de alquiler”, cuyo objetivo es ganar dinero. Habría que limitarlos a menos de 10”, sentenció Pereira.

“Con menos partidos, aunque sean los mismos que dominan la política brasileña, se harán más orgánicos. El PT, por ejemplo, podría refundarse y volver a actuar como en los años 80. Sin la reforma, cae Rousseff, viene otro presidente y la crisis continuará”, concluyó el analista político.

El izquierdista PT gobierna el país desde 2003, primero con Luiz Inácio Lula da Silva y luego con Rousseff. El PSB, el partido de centroizquierda de la diputada Erundina, fue aliado de los gobiernos del PT hasta 2013.

Para Erundina, sin embargo, la múltiple crisis que vive el país no se debe solo al distorsionado sistema electoral, sino al hecho de que se rompió el principio de la independencia de los poderes y hace falta reestructurar el Estado, con “mejor distribución del poder entre Unión (federación nacional), estados y municipios”.

“Hay que reformar todo el sistema, hacerlo solo en una parte genera más distorsiones, como pasó en intentos anteriores. Remendar un tejido provoca que se deshilache más”, comparó. “Solo cambiar las reglas electorales o el sistema partidario no es solución”, reforzó.

Es clave, por ejemplo, una reforma del “injusto” sistema tributario brasileño, con “impuestos regresivos” que gravan más el consumo y los salarios, en lugar de las utilidades y el patrimonio. “La injusticia tributaria impide la justicia social”, sostuvo.

“Los impuestos son también un mecanismo para distribuir ingresos, para reducir la desigualdad, gravando más a quien gana más”, explicó.

“Combinar la democracia representativa con la directa, que avanza en el mundo”, es una formula defendida por la diputada socialista.

En el régimen presidencialista brasileño “el presidente puede todo” y eso contamina incluso el parlamento, donde Cunha permanece en la presidencia de la Cámara, pese a las denuncias y evidencias de su participación en el gran escándalo de corrupción de  Petrobras, destacó.

Ese marco impide que las autoridades comprendan la “insatisfacción generalizada de la sociedad”, manifestada en las protestas masivas de junio de 2013, en su análisis. “Al descrédito de la representación política se suma la corrupción, efecto y no causa de las distorsiones del sistema”, dijo Erundina.

“El clima rabioso” que se instaló en el país tras las elecciones de 2014 impiden el diálogo en busca de salidas para la crisis, admite la diputada. Pero no es exclusivo de Brasil.

“Vivimos el fin de un ciclo en el mundo, no solo en Brasil, y no sabemos cuál es el nuevo ciclo, pero la historia no camina hacia atrás. A veces avanza a saltos, como pasó (en 1985), al final de la dictadura militar en Brasil que parecía interminable”, concluyó.

Editado por Estrella Gutiérrez

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